Modulo
¿Qué es el duelo?
El proceso de Duelo
OBJETIVO GENERAL:
Brindar información sobre lo que es un duelo y como se interviene
adecuadamente.
OBEJETIVOS ESPECIFICOS:
1. Definir que se engloba en el concepto de duelo, que tipos existen y
cuáles son sus etapas.
2. Conocer de qué manera se puede intervenir un duelo, con el fin de
sostener y acompañar a la persona evitando que esta se instale en el
dolor a medio plazo y así pueda seguir viviendo satisfactoriamente.
I. Duelo
***Nota: dinámica Punto de partida
El duelo (del latín dolium, dolor, aflicción) es la reacción natural ante la pérdida
de una persona, objeto o evento significativo; o, también, la reacción emocional
y de comportamiento en forma de sufrimiento y aflicción cuando un vínculo
afectivo se rompe. Incluye componentes psicológicos, físicos y sociales, con
una intensidad y duración proporcionales a la dimensión y significado de la
pérdida. En términos generales es un proceso normal, por lo que no se
requieren situaciones especiales para su resolución (Gómez, 2004).
Se tiende a pensar en el duelo sólo en el contexto de la muerte de un ser
querido, pero también suele producirse como reacción ante la pérdida de una
persona amada o de alguna abstracción que ha ocupado su lugar, como la
patria, la libertad, un ideal, entre otros. En todo tipo de situaciones vitales existe
un grado de aflicción y duelo; incluso, cambios tan corrientes como mudarse a
otra casa o trasladarse a una nueva región pueden implicar la sensación de
pesar por la pérdida del contexto en el que siempre hemos vivido y, a veces,
del estrecho contacto con los amigos. Entre los diferentes procesos de duelo
que tienen que enfrentarse, el más doloroso se refiere a la finitud de nuestra
vida y la de los seres queridos. A medida que transcurre la vida tenemos un
contacto más directo y más frecuente con la muerte, cada vez más cercana.
Cuando mueren familiares y amigos, sobre todo si son aproximadamente de
nuestra edad, su pérdida nos enfrenta a nuestra propia realidad y futuro
inexorable. No toda muerte entraña, ipso facto, un duelo; para ello es preciso
que la persona objeto de la pérdida tenga importancia y significado para el o los
que le pierden, y que unos y otros tengan lazos de unión estrechos. Lo esencial
del duelo es el cariño (apego) y la pérdida. La muerte imprime al duelo un
carácter particular en razón de su radicalidad, de su irreversibilidad, de su
universalidad y de su implacabilidad. Una separación no mortal deja siempre
abierta la esperanza del reencuentro; la muerte, jamás; de ahí que nos
referiremos al proceso de duelo ante la muerte sin desestimar que otras
pérdidas pueden desencadenar respuestas intensas e impredecibles, pero la
muerte de un ser querido es la forma paradigmática de pérdida. La intensidad
del duelo no depende de la naturaleza del objeto perdido, sino del valor que se
le atribuye.
Duración del duelo
No se dispone de una respuesta a la pregunta de cuándo se ha terminado un
duelo. Más bien, debe considerarse que es imprescindible haber completado
las etapas; un punto de referencia de un duelo acabado es cuando la persona
es capaz de pensar sin dolor en el fallecido, cuando la persona puede volver a
invertir sus emociones en la vida y en los vivos.
Manifestaciones normales de un duelo
Según lo expuesto por Gil Juliá et al. (2008), son normales manifestaciones
como:
1. Sentimientos: tristeza, angustia, apatía, enfado, ira, culpa, soledad,
abandono, impotencia, insensibilidad, extrañeza con respecto a sí mismo o
ante el mundo habitual.
2. Cogniciones: incredulidad, confusión, preocupación, rumiaciones,
pensamientos e imágenes recurrentes, sentido de presencia, alucinaciones
visuales y/o auditivas, dificultades de atención, concentración y memoria,
distorsiones cognitivas.
3. Sensaciones físicas: vacío en el estómago y/o boca seca, opresión en
tórax/garganta, falta de aire y/o palpitaciones, hipersensibilidad al ruido, sentido
de despersonalización, falta de energía/debilidad.
4. Conductas: alteraciones del sueño y/o la alimentación, conducta distraída,
aislamiento social, llorar y/o suspirar, llevar o atesorar objetos, visitar lugares
que frecuentaba el fallecido, llamar y/o hablar del difunto o con él, hiper o hipo
actividad, evitar recordatorios del fallecido.
De igual forma, Díaz et al. (2018) nos aporta que los síntomas que suelen
destacar para reconocer un duelo son:
La sensación de ahogo
La falta de ilusión.
Agotamiento.
Hipersomnia o insomnio
Síntomas somáticos.
¿Qué es un duelo normal?
Este término abarca un amplio rango de sentimientos y conductas que son
normales después de una pérdida. La mayoría de los autores e investigadores
piensa que el duelo ante la muerte de un ser querido es una reacción humana
normal, por extrañas que sean sus manifestaciones. La derivación hacia el
duelo patológico se plantea cuando esas anomalías se extienden en el tiempo
o derivan a otro tipo de problema psiquiátrico.
Etapas del duelo
Existen en realidad diversas conceptualizaciones de las etapas de duelo, sin
embargo por cuestiones de claridad, usaremos la postulada por Parkes (1993),
por tanto, las etapas por la que pasa la persona en duelo serían, de modo
esquemático:
1. “Entumecimiento y embotamiento” (Shock): en esta fase aparece
fundamentalmente embotamiento afectivo, sentimientos de irrealidad (“no
puede ser verdad”), incredulidad.
2. Anhelo y languidez: largos períodos de pena y anhelo intercalados con otros
de ansiedad y tensión. Se pueden añadir a esta confusión emocional
sentimientos de ira, autoreproches, baja autoestima y aturdimiento. La persona
se puede sentir insegura y con la sensación de estar esperando cualquier
desastre de un momento a otro.
3. Desorganización y desesperación: disminuye la intensidad emocional y
aparecen amplios períodos de apatía y de desesperación. Todos los deseos se
ven disminuidos y se prefiere no mirar al futuro. Puede aparecer aislamiento
social y el doliente puede comportarse como si hubiese sido mutilado
físicamente.
4. Reorganización y Recuperación: Primero se recupera el apetito por la
comida. Los aniversarios suelen ser momentos de revivir el duelo, pero una vez
pasan puede haber una mejora del humor y la energía. Las vacaciones pueden
ser un momento de escape de todo lo que recuerda al fallecido. Aparecen otra
vez, paulatinamente, las motivaciones.
Estas fases no siguen un orden temporal fijo y hay que tener en cuenta además
la variabilidad interpersonal que hará que la duración y el orden de las mismas
sea diferente. Por otra parte también hay que señalar que es difícil concretar un
punto final del duelo ya que incluso años después pueden aparecer recuerdos
tan vívidos como los experimentados inmediatamente después de la pérdida
(Alberola et al., 2018).
Tipos de Duelo
Duelo patológico
El duelo anormal aparece en varias formas y se le han dado diferentes
nombres. Se le llama patológico, no resuelto, complicado, crónico, retrasado o
exagerado. En la versión más reciente del Manual Diagnóstico y Estadístico de
la Asociación Psiquiátrica Americana4 se hace referencia a las reacciones
anormales de duelo como “duelo complicado”. Como sea que se llame, es la
intensificación del duelo al nivel en que la persona está desbordada, recurre a
conductas desadaptativas o permanece en este estado sin avanzar en el
proceso del duelo hacia su resolución. Esto implica procesos que llevan a
repeticiones estereotipadas o a interrupciones frecuentes de la curación. Se
tiende a considerar que hay riesgo de duelo patológico cuando el dolor moral
se prolonga considerablemente en el tiempo; cuando su intensidad no coincide
con la personalidad previa del deudo; cuando impide amar a otras personas o
interesarse por ellas y cuando el sujeto se ve invalidado en su vida diaria, sin
más ocupación que la rememoración del muerto (Dávalos et al., 2008).
Duelo anticipado
El duelo no comienza en el momento de la muerte, sino mucho tiempo antes.
Cuando se emite un pronóstico de incurabilidad, se produce tristeza en el
familiar, pero también una adaptación más o menos inconsciente a la nueva
situación que se acaba de crear. A partir de ese momento se crea lo que se ha
llamado el duelo anticipado, que ofrece a las personas involucradas la
oportunidad de compartir sus sentimientos y prepararse para la despedida
(Dávalos et al., 2008).
Preduelo
Es un duelo completo en sí mismo que consiste en creer que el ser querido ha
muerto definitivamente “en estado de salud”.2 El que está ahora a nuestro lado
ha sido transformado por la enfermedad a tal punto, que en algunos casos no
se le reconoce más (Dávalos et al., 2008).
Duelo inhibido o negado
Se niega la expresión del duelo porque la persona no afronta la realidad de la
pérdida. Puede prevalecer una falsa euforia, que sugiere la tendencia
patológica de la aflicción (Dávalos et al., 2008).
Duelo crónico
Es el que tiene una duración excesiva y nunca llega a una conclusión
satisfactoria. Un duelo crónico puede llegar a ocupar toda una vida. Se dice
que existen personas estructuradas existencialmente por el duelo, en las que
éste determina el núcleo constitutivo de su existencia (Dávalos et al., 2008).
Síntomas de un duelo complicado
Según Llorca (2002.), un sujeto no está elaborando su duelo de forma
adecuada cuando da alguna de las siguientes señales:
La persona menciona la pérdida con dolor intenso pasados varios meses
de la misma.
Algún acontecimiento desencadena una reacción excesiva.
Períodos de extrema tristeza o demasiado extensos, deseos de suicidio
(a veces en fechas señaladas).
Episodios de conducta agresiva o conductas impulsivas, como abuso de
sustancias.
Objetos de vinculación muy marcados o lo contrario, esconder o
deshacerse de todos los objetos recordatorios.
Imposibilidad de incorporarse al funcionamiento vital pasadas unas
semanas de la muerte.
Compulsión de imitar al fallecido o presencia de los mismos síntomas
que tenía al morir. Obsesión con la enfermedad y la muerte.
No haber expresado abiertamente dolor en las primeras semanas de
duelo o haber realizado cambios radicales de estilo de vida.
Tareas o retos que debe cumplir alguien en duelo
Tal como nos postula Worden (1997 )el duelo no se trata únicamente de un
estado en el que se sumerge una persona tras la pérdida, sino que implica un
proceso activo. Se trata de un tiempo en el que la persona ha de realizar
diferentes tareas a través de las cuales poder ir elaborando la pérdida.
Para este autor existen cuatro tareas básicas que la persona en duelo ha de
realizar tras la pérdida. Estas tareas, no necesariamente siguen un orden
específico, aunque sí es cierto que se sugiere un cierto orden ya que hay
determinada tareas que resulta difícil incluso plantearlas si antes no se han
llevado a cabo otras más elementales (Alberola et al., 2018).
Las cuatro tareas propuestas son:
Tarea 1: Aceptar la realidad de la pérdida. Esta primera tarea es básica para
poder seguir haciendo el trabajo del duelo. Aunque parezca algo evidente,
incluso si la muerte es esperada, como sucede en los casos de enfermedad
terminal, en los primeros momentos casi siempre existe la sensación de que no
es verdad, una sensación de incredulidad que generalmente se resuelve en
poco tiempo.
Tarea 2: trabajar las emociones y el dolor de la pérdida. Aquí Worden (1997)
hace referencia tanto al dolor emocional como al dolor físico que muchas
personas sienten tras una pérdida significativa. Es importante reconocer los
sentimientos que ésta despierta y no intentar evitarlos, sentir el dolor
plenamente y saber que algún día pasará.
Tarea 3: adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente.
La realización de esta tarea implica cosas muy diferentes en función del rol del
fallecido y del doliente y de la relación que existiese entre ambos, pues no es lo
mismo el que el fallecido sea el padre, la pareja o un hijo.
Tarea 4: recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.
Básicamente se trata de poder continuar la vida de un modo satisfactorio, sin
que el dolor por la pérdida impida la vivencia plena de sentimientos positivos
respecto a los otros.
I. Intervención y apoyo a las personas en duelo
Sea cual fuere la relación de los deudos con el difunto, sólo puede lograrse una
recuperación si aquéllos llevan a cabo el trabajo de duelo. Esto exige que un
deudo se desprenda de la relación e interacción con el difunto, con el fin de
liberarse de ellas para desarrollar relaciones por otro lado, estas intervenciones
se brindan de acuerdo al momento en el que se encuentre la persona luego de
la emergencia, es, por tanto, muy importante la intervención temprana ante las
crisis (Dávalos et al., 2008).
Niveles de intervención
En realidad, existen tres niveles de intervención: ya sea en acompañamiento,
asesoramiento o terapia (Worden, 2013). Para ser capaces de discernir entre
cada uno, mencionaremos las diferencias entre cada nivel son las siguientes:
Terapia: La meta de la terapia es identificar y resolver los conflictos que
impiden completar las tareas del duelo a personas cuyo duelo no
aparece, se retrasa, es excesivo o prolongado. Es decir: que sufren lo
que conocemos como duelo complicado. La terapia la llevará a cabo un
psicólogo experto en duelo
Asesoramiento: El objetivo del asesoramiento es facilitar a la persona la
resolución de las tareas del duelo reciente, para que su proceso finalice
con éxito. Lo realizan profesionales socio-sanitarios formados en duelo,
aunque también existen lugares donde esta labor es asumida por
voluntarios que han atravesado circunstancias similares.
Acompañamiento: El fin del acompañamiento es permanecer al lado de
la persona que sufre dolor por la pérdida reciente de un ser querido,
escuchar su dolor y validarlo: darle tiempo para la expresión emocional.
De esto se encargan los profesionales que están en contacto puntual
con personas en situación de duelo agudo, como los trabajadores de los
tanatorios o los profesionales de urgencias.
Sea cual sea el nivel de intervención en el que se encuentre el profesional,
el marco general de intervención indicado para la experiencia de duelo es el
asesoramiento o counselling (Gómez, 2000).
Objetivo de la Intervención
Los objetivos generales de la intervención ante el duelo, según Worden
(1997) son:
• Ayudar a la persona a que acepte la realidad de la pérdida.
• Ayudar a elaborar las emociones y el dolor que implica la pérdida.
• Ayudar al doliente a adaptarse al mundo ahora que el fallecido ya
no está.
• Y, por último, ayudarle a recolocar psico-emocionalmente al
fallecido.
Para conseguir estos objetivos, Losantos et al., (2018) nos proponen una
serie de principios generales que pueden orientar la intervención:
• Hablar de la muerte (y de todo lo relativo a ella) ayuda y alivia.
• No existe un duelo igual a otro. Sólo nuestra escucha atenta nos
ayudará a descubrir las claves de cada proceso.
• Fomentar la expresión de las emociones y el dolor.
• Explicar en líneas generales en qué consiste el proceso de duelo
facilita que la persona se sitúe dentro de él y no se sienta tan
perdida.
• Ayudar a dar respuesta a las preguntas que sí la tienen.
• Fomentar la reconstrucción del mundo personal de significados
tras la pérdida (valores, creencias, la propia identidad, etc.). El
duelo nos da la oportunidad de actualizar o reconstruir nuestro
mundo interior.
Asi pues, existen algunos principios generales que pueden ayudar a la
resolución del duelo evitando que éste se convierta en un duelo complicado o
patológico. Sin embargo, Worden (1997) nos proporciona pautas más
específicas:
1. Ayudar al superviviente a hacer real la pérdida. Para ello es importante poder
hablar de la pérdida, explicando cómo sucedió, cómo fue el funeral ... de forma
que a través del relato la persona va adquiriendo mayor conciencia de lo
sucedido.
2. Ayudar al superviviente a identificar y expresar sentimientos. Algunos de los
sentimientos que mayor dificultad presentan a la hora de reconocerlos e incluso
poder sentirlos son:
El enfado. Probablemente el enfado proviene de la frustración y de la
impotencia. Si este enfado que normalmente va dirigido al fallecido no se
expresa ni se desplaza hacia otra persona se puede volver hacia uno
mismo convirtiéndose en los casos más extremos en ideación suicida.
La culpa. Es frecuente experimentar culpa tras un fallecimiento, por no
haber cuidado suficiente al fallecido, por no haberse dado cuenta antes
de la enfermedad... e incluso por no sentir la pena suficiente tras la
pérdida; esto último, junto con cierto sentimiento de alivio o liberación
puede ocurrir tras el fallecimiento por una enfermedad especialmente si
ésta ha sido larga y penosa obligando a la persona en duelo a dispensar
cuidados continuos. Si la culpa es irracional es relativamente sencillo
confrontarla con la realidad, pero puede complicarse si existe una culpa
real la cual es más difícil de trabajar.
La ansiedad y la impotencia. La ansiedad puede derivar de la sensación
de impotencia ante la expectativa de vivir si el fallecido. También es una
fuente de ansiedad importante la derivada de la toma de conciencia de
la propia muerte que suele producirse tras la pérdida de alguien allegado
o muy querido.
La tristeza. Hay ocasiones en que es necesario estimular la tristeza y el
llanto, pues la persona en duelo no se atreve a hacerlo, considera que
ya lo ha hecho lo suficiente o bien cree que puede incomodar a los
demás si lo hace frecuentemente. Es importante poder llorar por la
pérdida y fundamentalmente hacerlo en compañía, sintiéndose
comprendido y apoyado. Hay que tener en cuenta que la simple
expresión de los sentimientos no es suficiente sino que hay que ayudar
a la persona a identificar el significado de las lágrimas.
3. Ayudar a vivir sin el fallecido. Implica poderse adaptar a una nueva vida
sin la persona fallecida. En función del rol que desempeñase tanto el
fallecido como la persona en duelo las tareas a desempeñar serán
diferentes, aunque suele resultar útil ayudar en la resolución de problemas
para los que anteriormente se contaba con la ayuda del fallecido. Por otra
parte también es importante ayudar a que no se tomen decisiones
importantes en la fase aguda del duelo ya que las posibilidades de hacerlo
de forma desadaptada son mayores.
4. Facilitar la recolocación emocional del fallecido. Se trata de colaborar en
la búsqueda de un nuevo lugar en la vida del superviviente de su ser
querido fallecido. Ayudar a que la persona entienda que el fallecido será
importante para él probablemente toda la vida, pero ahora como recuerdo y
no como realidad. Pueden darse los dos extremos y encontrar personas
incapaces de seguir con su vida por la creencia de que rehacer su vida
implica de algún modo deslealtad hacia el fallecido o bien personas que
rápidamente sustituyen al fallecido en sus vidas en un intento desesperado
de llenar el vacío que les ha dejado. Ambas formas han de ser
reconducidas de manera que el duelo pueda ser vivido por completo y de
algún modo terminado.
5. Dar tiempo para elaborar el duelo. Como indicábamos anteriormente el
duelo es un proceso largo, gradual y con momentos en los que parece que
no hemos avanzado nada, pues se vuelve una y otra vez a experimentar el
dolor y la pena de forma más o menos intensa. Estos momentos suelen
coincidir con los aniversarios, vacaciones, fechas señaladas... en las que el
dolor por la ausencia se hace más evidente. Con el tiempo, si la evolución
es normal, también en estos momentos la intensidad de los sentimientos va
disminuyendo y pueden vivirse con normalidad.
6. Interpretar la conducta “normal”. En muchas ocasiones las personas tras
una pérdida importante refieren tener la sensación de estar volviéndose
locas ya que sienten y experimentas cosas que normalmente no sentían,
como puede ser alucinaciones visuales o auditivas en relación con la
persona fallecida, intensa rabia u hostilidad entre otros. Resulta muy
tranquilizador que alguien pueda transmitirle la normalidad de todo lo que le
está pasando.
7. Permitir las diferencias individuales. Cada persona elabora el duelo de
forma diferente en función múltiples factores (relación con el fallecido, edad,
pérdidas anteriores...) siendo muy importante aclarar que, mientras el
proceso siga su curso, hemos de respetar las diferencias individuales en
cuanto a las formas de actuar o de sentir.
8. Dar apoyo continuado. A diferencia de la terapia, durante el
asesoramiento se ha procurar estar disponible durante un tiempo más largo
y fundamentalmente en los momentos más críticos. Sin embargo si no
puede mantenerse la frecuencia durante un largo periodo de tiempo, es
mejor comenzar también con menor frecuencia en lugar de realizar
inicialmente un acompañamiento intensivo y al poco tiempo no poder
responder a las demandas de la persona en duelo.
9. Examinar defensas y estilos de afrontamiento. Generalmente las
defensas o estilos de afrontamiento se intensifican tras la pérdida de un ser
querido, de forma que si éstas no son adaptativas puede suponer
complicaciones a la hora de elaborar la pérdida. Es importante tener en
cuenta que algunos estilos de afronta miento como pueden ser la negación
bien de la realidad o bien de los sentimientos que esa realidad despierta
pueden resultar útiles al inicio pero convertirse en desadaptativos si se
mantienen de forma inflexible durante un tiempo, sería aconsejable explorar
formas alternativas de afrontamiento que ayuden a la resolución del duelo
de forma satisfactoria. Otras formas de afrontamiento como puede ser el
consumo abusivo de alcohol o drogas suele resultar desadaptativo ya desde
el inicio teniendo que iniciar un tratamiento activo del problema desde el
primer momento.
***Nota: dinámica palabras cl
¿Qué NO debemos decir?
El tiempo lo cura todo: Esta idea habla de una persona pasiva que
espera a que las cosas ocurran y que no tiene ningún control sobre lo
que pasa a su alrededor. Genera mucha sensación de pérdida de control
y presenta un panorama donde solo cabe esperar a que el dolor
desaparezca, casi como por arte de magia. Pero, en realidad lo que
hace el tiempo es poner distancia real con la muerte de nuestro ser
querido, permitiéndonos mirarlo con otra perspectiva. Lo que si podemos
afirmar de manera contundente es que no es el tiempo lo que conduce a
la resolución del duelo, sino lo que uno haga con su tiempo.
A él/ella no le gustaría que sufrieras: Esa expresión induce a la pensar
en la persona fallecida como si aún estuviera viva, lo que puede
bloquear la aceptación de la muerte por parte del doliente y, al mismo
tiempo, impulsarle a censurar determinadas acciones por temor a ser
visto desde el mas allá y desairar a su ser querido.
No lo pienses que es peor: Cuando una persona intenta resolver su
duelo, necesita digerirlo y pensar en ello para poder encontrarle un
sentido.
Tú lo que tienes que hacer es distraerte: Esta sugerencia hace
referencia a la necesidad de ocultar o distraer el dolor, así que bloque el
flujo que es curativo de forma natural. Bloquear, distraer o disfrazar el
dolor solo contribuye a complicar el duelo.
Hay que ser fuerte: Este consejo hace referencia a que la imposibilidad
de expresar el dolor sea un símbolo de fortaleza.
Si no lo superas, no dejas descansar al fallecido: Este pensamiento
sigue la misma línea que el de “a él no le gustaría que sufrieras”. Morir
implica dejar de ver, de pensar, y de sentir. Una persona que está
muerta por definición no descansa ya que sus funciones vitales y sus
sentidos ya no existen. Si una persona no supera el duelo, lo pasara mal
y quizás sufra más de lo necesario, pero eso no implica que tenga que
cargar con la culpa de estarle impidiendo el descanso del fallecido.
Los que estamos de aquí necesitamos que estés bien. Cada una de
estas ideas son expresadas por las personas más cercanas al doliente,
con una intención: aliviar, reconfortar y evitar el dolor. El único problema
es que no siempre se puede evitar el dolor: “los duelos duelen y no se
puede hacer nada por evitarlo”. Por eso, aunque digan esto con las
mejores intenciones, es decir para evitamos sufrimientos innecesarios,
estos consejos solo llevan al doliente a encapsular el dolor, prolongarlo o
deferirlo en el tiempo.
Conclusión
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