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¿Cómo hacer un ensayo de la vida de Azorín?
● Janeth Acosta
● El planeta de Abraham
● Rodolfo Martínez.
● Noe Capelo
● Miguel Salazar
● Hipólito Mena
● Orlando Rener desde Estados Unidos
● Onida Rojas, desde Nicaragua
● Arelis Pichardo
● Verónica
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Azorín: El escritor que le dijo a Pío Baroja: “Hombre no llores, todos nos vamos a morir”
Introducción:
José Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín, fue un escritor español
perteneciente a la generación del 98, que cultivó diversos géneros literarios: la novela, el ensayo, la
crónica periodística y la crítica literaria y, en menor medida, el teatro. Como político, ocupó en cinco
ocasiones escaño de diputado a Cortes durante la Restauración. Originalmente fue conocido por ser
reaccionario y anárquico, pero durante los últimos años de su vida se volvió cercano al poder.
Integró junto con Pío Baroja y Ramón del Valle Inclán el grupo de los tres. Azorín no fue su verdadero
nombre, sino su seudónimo. Fue hombre de una sola mujer pero nunca pudo tener hijos. Vivió casi
una década y fue el autor de obras importantes como: Memorias inmemoriales, La ruta de Don
Quijote y La voluntad.
Desarrollo:
Nacido en la localidad alicantina de Monóvar el 8 de junio de 1873, su nombre completo al
nacer fue José Augusto Trinidad Martínez Ruiz. Su padre era natural de Yecla (Murcia) y militaba en
el Partido Liberal-Conservador (llegó a ser alcalde, diputado y seguidor de Francisco Romero
Robledo). Ejercía de abogado en Monóvar y poseía una importante hacienda. Su madre había nacido
en Petrel. Era de una familia tradicional burguesa y acomodada. Azorín fue el mayor de nueve
hermanos. Estudió bachillerato interno durante ocho años en el colegio de los Escolapios de Yecla,
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etapa que refleja en sus dos primeras novelas, de fuerte contenido autobiográfico. De 1888 a 1896
cursó derecho en Valencia, donde se interesa por el krausismo y el anarquismo y se entrega a
febriles lecturas literarias y políticas. En ese tiempo comienza a publicar diversos artículos
periodísticos.
Inicialmente usa seudónimos como Fray José, en La Educación Católica de Petrer, y Juan de
Lis, en El Defensor de Yecla, pero al final decide que Azorín, que era el apellido de algunos de sus
familiares, es su mejor seudónimo. Escribe también en los periódicos El Eco de Monóvar, El
Mercantil Valenciano e incluso en El Pueblo, periódico de Vicente Blasco Ibáñez. Casi siempre hace
crítica teatral de obras de fuerte contenido social (elogia las obras de Ángel Guimerá y Benito Pérez
Galdós o el Juan José de Joaquín Dicenta) y ya refleja sus inclinaciones anarquistas. Traduce el drama
La intrusa de Maurice Maeterlinck, la conferencia del francés A. Hamon De la patria o Las prisiones
de Kropotkin. En 1895 publica dos ensayos, Anarquistas literarios y Notas sociales, en los que
presenta al público las principales teorías anarquistas.
Se examinó en Granada y Salamanca, pero fue más estudiante que estudioso y más atento a
las tertulias, al periodismo, al teatro y a la literatura que a las leyes. Llegado el 25 de noviembre de
1896 a Madrid para seguir sus estudios, se inició en medio de grandes privaciones en el periodismo
republicano haciendo trabajos para El País (1896), de donde le echaron, o en El Progreso (1897),
periódico de Alejandro Lerroux. En ese tiempo trabajó como crítico, bajo los seudónimos de Cándido
—en honor a Voltaire—, Ahrimán —el dios persa de la destrucción—, Charivari y Este, entre otros.
Poco a poco su nombre fue apareciendo cada vez más en revistas y periódicos como Revista
Nueva, Juventud (firmando con Baroja y Maeztu como grupo de los Tres), Arte Joven, El Globo, Alma
Española, España, El Imparcial y ABC. Al mismo tiempo va publicando folletos y libros. Escribe una
trilogía de novelas autobiográficas de donde sacará su definitivo seudónimo, «Azorín», con el que
empezará a firmar en 1904 algunas de sus obras más importantes: La voluntad, Antonio Azorín y Las
confesiones de un pequeño filósofo.
A partir de 1905 el pensamiento y la literatura de Azorín están ya instalados en el
conservadurismo. Comienza a colaborar en La ABC donde participó activamente en la vida política.
Antonio Maura y sobre todo el ministro Juan de la Cierva y Peñafiel se convierten en sus máximos
mecenas, y eso cambia el carácter anárquico de su obra, pasándose totalmente al conservadurismo.
Entre 1907 y 1919 fue elegido cinco veces diputado cunero y dos breves temporadas (en 1917 y
1919) subsecretario de Instrucción Pública. Crítico en sus primeros años contra el sistema político de
la Restauración, al que tenía por corrupto, pasó, con el tiempo, a integrarse en él, por lo que tuvo
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una larga lista de detractores. Tenía ya una larga trayectoria en la prensa madrileña cuando se
incorporó a La Vanguardia como crítico literario. Gracias al empeño del director Miquel dels Sants
Oliver, Azorín publicó, en este rotativo, cerca de doscientos artículos entre 1914 y 1917. No es de
extrañar que un conspicuo representante de la cultura castellana publicara en las páginas de un
diario barcelonés como La Vanguardia, ya que Barcelona fue la capital donde se impulsó y se dio a
conocer, según los estudiosos, la generación del 98, término que él acuñó.
Desde hace unas décadas, la crítica literaria inscribe su obra, al igual que la del resto de la
generación del 98 –a la que pertenece–, dentro de la gran renovación literaria del modernismo
europeo. Su producción literaria se divide fundamentalmente en dos grandes apartados: ensayo y
novela. También escribió algunas obras teatrales experimentales, pero con escaso éxito.
La producción literaria de Azorín tiene también un gran valor estilístico. Su forma de escribir,
muy peculiar, se caracteriza por el uso de una frase corta y de sintaxis simple, por el menudeo de un
léxico castizo y por las series de dos o tres adjetivos unidos por una coma. Aunque existe cierto
debate entre los críticos, se está imponiendo la caracterización de ese estilo como de un
impresionismo simbolista, arraigado en la literatura simbolista en lengua francesa.Entre sus técnicas
literarias más innovadoras está el uso, a la manera de Virginia Woolf, de personajes que viven al
mismo tiempo en varias épocas de la historia, como Don Juan o Inés, fundiendo a la vez mito y
eterno retorno.
Como ensayista, dedicó especial atención a dos temas: el paisaje español y la
reinterpretación impresionista de las obras literarias clásicas.En los ensayos dedicados a la situación
española se observa el mismo proceso evolutivo que marcó a toda la generación del 98: si en sus
primeras obras examina aspectos concretos de la realidad española y analiza los graves problemas
de España, en Castilla publicada en 1912, su objetivo es profundizar en la tradición cultural española
(reflexiones que surgen espontáneamente a partir de pequeñas observaciones del paisaje), además
de incorporar un sentido del tiempo cíclico inspirado en Nietzsche.
Entre los ensayos literarios de Azorín destaca Ruta de Don Quijote (1905), Clásicos y
modernos (1913), Los valores literarios (1914) y Al margen de los clásicos (1915). En ellos, su
intención no es la de hacer un estudio pormenorizado de los textos, sino despertar la curiosidad y el
interés ofreciendo una lectura impresionista de los mismos y destacando los elementos más
significativos para la personalidad del escritor. Por tanto, se limita a expresar sus impresiones y
reflexiones personales sobre la literatura española. También destaca su ensayo La Andalucía trágica.
Para escribirlo Azorín irá a Andalucía y recorrerá la zona de Sevilla.
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En cuanto a su producción novelística, las dieciséis novelas de Azorín se podrían catalogar
como novelas líricas, subgénero literario propio de la modernidad, aunque arraigado en el
Romanticismo alemán y en el simbolismo francés, muy cultivado por algunos de los autores de la
generación del 98. La novela lírica supone una fusión entre los géneros novelístico y poético. Son
novelas que suponen una fuerte ruptura con el canon novelístico de la literatura decimonónica.
Según algunos autores (como Martínez Cachero), sus novelas se podrían dividir en cuatro etapas,
por la evolución de su estilo, aunque mantienen una cierta unidad entre ellas.
La primera etapa muestra predominio de los elementos autobiográficos y de impresiones
suscitadas por el paisaje. El protagonista es Antonio Azorín (del cual tomará su seudónimo),
personaje de ficción que se convierte en la conciencia de su creador. Estas novelas son un pretexto
para desarrollar las experiencias vitales y culturales del autor. A ella pertenecen Diario de un
enfermo (1901), La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo
(1904). Estas tres últimas son consideradas como el ciclo de Antonio Azorín, ya que en las tres su
protagonista será ese personaje de ficción. Posteriormente el autor adoptará ese pseudónimo en
1904, tras la publicación de su obra Las confesiones.
En la segunda etapa, Azorín abandona los elementos autobiográficos, si bien continúa
reflejando sus propias inquietudes en los personajes: la fatalidad, la obsesión por el tiempo, el
destino, etc. Son novelas de este período El licenciado vidriera , de 1915 y especialmente, Don Juan
(1922) y Doña Inés (1925), recreaciones literarias muy personales del mito literario de Don Juan.
Ambas novelas son consideradas por Martínez Cachero como cimas de la producción novelística
azoriniana.
A la tercera etapa pertenecen Félix Vargas (1928), Superrealismo (1929) y Pueblo (1930). Son
novelas fuertemente experimentales. De hecho, Azorín, que contaba con más de cincuenta años en
la publicación de estas obras, fue considerado por el grupo de jóvenes escritores vanguardistas
como uno de los suyos, por la perfecta adecuación de estas obras a la visión rupturista propia de las
vanguardias. De hecho, Vargas Llosa considera Pueblo como una de las mejores novelas del escritor
levantino.
En la cuarta etapa, tras un período de relativo silencio profundamente marcado por la
contienda civil, Azorín vuelve a la narrativa con El escritor (1942), El enfermo (1943), Capricho
(1943), La isla sin aurora (1944), la novela rosa María Fontán (1944) y, su última novela, Salvadora de
Olbena (1944).
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Por otro lado, es importante mencionar que Azorín siempre sintió gran afición por el teatro;
aunque sus obras no gozaron del favor popular. De su pluma saldrían Old Spain (1926), Brandy,
mucho brandy (1927), Comedia del arte (1927) y la trilogía Lo invisible, vinculada a la estética del
expresionismo, de la que forman parte La arañita en el espejo, El segador y Doctor Death. La
intención de Azorín con estas obras es liberar al teatro español de todo provincianismo y elevarlo a
la categoría de teatro europeo. Pero la mentalidad española no estaba preparada para asumir estas
nuevas propuestas dramáticas. De ahí que el teatro azoriniano, al igual que el de Ramón María del
Valle Inclán y Miguel de Unamuno, tuviera un éxito escaso.
Para lograr toda esta producción literaria, Azorín viajó incansablemente por España y
ahondó en la lectura de los clásicos del Siglo de Oro Español, convencido de que era necesaria la
relectura de los clásicos y proponer una revisión más alejada del estricto corsé de la academia. Es
por eso que muchos críticos consideran que Azorín fue un auténtico pedagogo ya que gran parte de
su obra estuvo orientada a proponer una revisión más libre y menos canónica. Durante la dictadura
de Primo de Rivera, la actividad pública de Azorín se vio disminuida ya que se negó a aceptar los
cargos políticos que este le ofreció. En 1924 fue elegido miembro de la Real Academia Española, silla
que ocupó con poca responsabilidad.
Cuando estalló la Guerra Civil huyó del Madrid del Frente Popular. En ese momento ya
estaba casado con su esposa, Julia Guinda Urzanqui (1876-1974), y se refugió en Francia. Años
después, en 1966, fruto de su estancia en París durante la contienda, escribió el ensayo París, con
sus impresiones sobre la capital francesa. Terminada la contienda, pudo regresar a España gracias a
la ayuda que recibió del ministro del Interior, Ramón Serrano Suñer, a quien años más tarde (1955)
dedicó «con viva gratitud» su obra El pasado . En 1946 se le otorgó la gran cruz de la Orden de
Alfonso X el Sabio.
Por otro lado, Azorín fue muy amigo de Pío Baroja, de Ramón del Valle Inclán y de Unamuno,
aunque tuvo siempre un carácter retraído y callado. De hecho cuando supo que la madre de Pío
Baroja había muerto lo visitó y le dijo: “Hombre, no llores, todos nos vamos a morir”. Acto seguido
se marchó. Esto nos da una idea de la difícil personalidad de Azorín, quien no era hombre de
expresar sus sentimientos. Por otro lado Azorín era un gran observador de la realidad, por lo que le
encantaba hacer viajes al interior de España. En cuanto a su relación con Julia, su esposa, siempre
fue buena. Ella asumió las riendas de la economía familiar despejando el camino para que su esposo
se dedicara a escribir. Sus amigos cuentan que en una ocasión Azorín se sintió abrumado por la
lectura de una obra que estaba reseñando y su esposa la dijo: “Hombre no te abrumes, léelo otro
día”. Esto indica el nivel de confianza que había entre ellos. En cuanto a sus finanzas, Azorín no tuvo
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grandes comodidades, y tuvo que complementar sus ingresos como escritor con su trabajo como
periodista y articulista.
En sus últimos años se mostró apasionado y asiduo espectador cinematográfico. Por su
actividad articulista en el tema, el Círculo de Escritores Cinematográficos le concedió en 1950 la
Medalla a la mejor labor literaria. El 5 de julio de 1963 fue nombrado hijo adoptivo de Alicante.
Falleció en su domicilio del número 21 de la calle de Zorrilla, en Madrid, el 2 de marzo de 1967 y no
tuvo herederos. Sin embargo, su obra ha sido rescatada por el gobierno español.
Conclusión:
Azorín fue miembro de la Generación del 98, hombre callado y algo taciturno que dedicó su
vida a su obra literaria, aunque también tuvo una faceta política. Fue gran amigo de Pío Baroja,
Unamuno y Ramón del Valle Inclán, y destacó en la novela, la poesía y el teatro. Fue hombre de una
sola mujer y no pudo tener hijos, algo que siempre lamentó. Dedicó gran parte de su vida a la
relectura de los clásicos, escribiendo ensayos que pretendían tener un acercamiento más didáctico y
amable a estas obras. Tuvo una importante faceta como periodista y colaboró con varios periódicos
a lo largo de toda su vida. Fue miembro destacado de la RAE y propuso una forma de escribir sencilla
con tres adjetivos. Ese fue Azorín, el gran pedagogo de su tiempo.
«¡Pobre Rosa!»
De nada te han servido tus defensas,
ni tus estambres, reclamando vida,
ni las fragancias que en el alma escondes:
el jardinero te troquela en ramo…
… para morir estática,
sabiendo la tortura en que agonizas.
No será el viento quien te arranque el pétalo
hasta quedar desnuda,
ni la abeja libando de tu jugo
podrá polinizarte…
Los ojos que te miran
de sobra sabes que ya no te ven,
final aborrecible siendo aún bella.
En soledad mortal de cementerio
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hoy te han dejado,
solo para adornar una mortaja…
Lista de referencias:
Diputación de Alicante. Documental 'Azorín. La imagen y la palabra'.https://youtu.be/Uq9xjGvOq5c
Biblioteca Nacional de España. Homenaje a Azorín con motivo del 50º aniversario de su
muerte.https://youtu.be/iBV_iKa8Wic
Fundación Juan March. La triple resurrección de Azorín | Domingo Ródenas de
Moyahttps://www.youtube.com/watch?v=rHGgxQ7hwoo&ab_channel=FUNDACI%C3%93
NJUANMARCH