La cigarra y la hormiga
Una vez, al llegar el invierno, una cigarra que estaba muerta de hambre se acercó a la
puerta de un hormiguero pidiendo comida. A su pedido respondieron las hormigas,
haciendo la siguiente pregunta:
-¿Por qué durante el verano no hiciste tu reserva de alimentos como lo hicimos nosotras?
La cigarra respondió:
- Estuve cantando alegremente todo el tiempo, y disfrutando el verano plenamente ¡Si
hubiera sabido lo duro que es el invierno...!
Las hormigas le dijeron:
-Mientras nosotras trabajamos duro durante el verano para tener las provisiones y poder
pasar el invierno, tú disfrutabas y perdías el tiempo. Así que ahora...¡sigue bailando!
Pero las hormigas sintieron pena por la situación y entendieron que la cigarra había
aprendido la lección, entonces finalmente compartieron con ella su alimento.
Moraleja: Quien quiere pasar bien el invierno, mientras es joven debe aprovechar el
tiempo.
El sol y las ranas
Las Ranas decidieron celebrar un consejo. Estaban muy asustadas.
El Sol había dicho que iba a cambiar su rumbo. Que sólo calentaría la Tierra durante
seis meses al año; los otros serían de oscuridad y frío.
-¿Qué será de nosotras? -alegaban consternadas-, se secarán las charcas, los ríos... No
podremos echarnos panza arriba a calentarnos, desaparecerán los insectos que nos
alimentan. ¡No es justo! ¡Tenemos que protestar seriamente!
Elevaron sus clamores, y entonces una voz les respondió:
-¿Sólo por ustedes, por su bienestar, desean que el Sol siga alumbrando y calentando la
tierra todo el año?
-¿Y por qué tenemos que desearlo por alguien más? -contestaron sorprendidas.
Moraleja: con egoísmo no conseguiremos nuestros objetivos.
Los dos gallos
En un gallinero vivían dos gallos, que nunca tuvieron un conflicto, compartían el lugar en
paz y en armonía. Un cierto día el granjero, trajo al corral una gallina hermosa y altanera,
de la cual se enamoraron los gallos a primera vista. Así que pasaron de ser amigos, a ser
rivales, a competir por el amor de la bella gallinita.
Decidieron enfrentarse en combate, y el vencedor se haría acreedor del amor de la dama.
Pelearon largo rato, hasta que el más fuerte, se fue del brazo de la gallina y el otro se
retiró a los fondos del corral a llorar su pena.
El vencedor, se subió al tejado para hacer alarde de su triunfo y comenzó a gritar para que
los vecinos se enteraran de ello. Con tan mala suerte que un buitre lo escucho, y sin
dudarlo se abalanzo sobre él, terminando con su vida y su soberbia.
Moraleja: Es preciso ser modesto cuando se gana una acción.
Los ladrones y el asno
Dos hombres que habían robado un asno, no se ponían de acuerdo en el destino que
querían darle al animal. Uno quería venderlo de inmediato para disfrutar del dinero y el otro
quería usarlo para cargar la mercadería que robarían con posterioridad.
No llegaban a un acuerdo, la discusión cada vez se tornaba mas violenta, hasta que en un
determinado momento llegaron a los golpes. Mientras ambos rodaban por el suelo en
plena lucha, paso por el lugar un tercer ladrón, que por curiosidad se acerco a escuchar la
discusión y ver la escena.
A éste se le ocurrió, que podía sacar partido de la situación, aprovechando que los otros
dos ladrones, no se daban cuenta que sucedía a su alrededor, por estar absortos en la
pelea, se apoderó del burro y escapó del lugar.
Moraleja: Has de saber que los bienes, mal habidos de la misma manera son perdidos.
Los dos amigos
En el mundo en que vivimos la verdadera amistad no es frecuente. Muchas personas egoístas
olvidan que la felicidad está en el amor desinteresado que brindamos a los demás.Esta historia
se refiere a dos amigos verdaderos. Todo lo que era de uno era también del otro; se
apreciaban, se respetaban y vivían en perfecta armonía.
Una noche, uno de los amigos despertó sobresaltado. Saltó de la cama, se vistió
apresuradamente y se dirigió a la casa del otro. Al llegar, golpeó ruidosamente y todos se
despertaron. Los criados le abrieron la puerta, asustados, y él entró en la residencia. El dueño
de la casa, que lo esperaba con una bolsa de dinero en una mano y su espada en la otra, le
dijo:
- Amigo mío: sé que no eres hombre de salir corriendo en plena noche sin ningún motivo. Si
viniste a mi casa es porque algo grave te sucede. Si perdiste dinero en el juego, aquí tienes,
tómalo. Y si tuviste un altercado y necesitas ayuda para enfrentar a los que te persiguen,
juntos pelearemos. Ya sabes que puedes contar conmigo para todo.
El visitante respondió:
- Mucho agradezco tus generosos ofrecimientos, pero no estoy aquí por ninguno de esos
motivos. Estaba durmiendo tranquilamente cuando soñé que estabas intranquilo y triste, que
la angustia te dominaba y que me necesitabas a tu lado. La pesadilla me preocupó y por eso
vine a tu casa a estas horas. No podía estar seguro de que te encontrabas bien y tuve que
comprobarlo por mí mismo.
Así actúa un verdadero amigo. No espera que su compañero acuda a él sino que, cuando
supone que algo le sucede, corre a ofrecerle su ayuda.
Moraleja: La amistad es eso: estar atento a las necesidades del otro y tratar de ayudar a
solucionarlas, ser leal y generoso y compartir no sólo las alegrías sino también los pesares.
El avaro y el oro
Un avaro vendió todo lo que tenía de más y compró una pieza de oro, la cual enterró en la
tierra a la orilla de una vieja pared y todos los días iba a mirar el sitio.
Uno de sus vecinos observó sus frecuentes visitas al lugar y decidió averiguar que pasaba.
Pronto descubrió lo del tesoro escondido, y cavando, tomó la pieza de oro, robándosela.
El avaro, a su siguiente visita encontró el hueco vacío y jalándose sus cabellos se
lamentaba amargamente.
Entonces otro vecino, enterándose del motivo de su queja, lo consoló diciéndole:
- Da gracias de que el asunto no es tan grave. Ve y trae una piedra y colócala en el hueco.
Imagínate entonces que el oro aún está allí. Para ti será lo mismo que aquello sea o no
sea oro, ya que de por sí no harías nunca ningún uso de él.
Moraleja: Valora las cosas por lo que sirven, no por lo que aparenta
La zorra y las uvas. Fábula sobre el esfuerzo para niños
En una mañana de otoño, mientras una zorra descansaba debajo de una plantación de
uvas, vio unos hermosos racimos de uvas ya maduras, colgando delante de sus ojos.
Deseosa de comer algo refrescante y distinto de lo que estaba acostumbrada, la zorra se
levantó, se remangó y se puso manos a la obra para comer las uvas.
Lo que la zorra no sabía es que los racimos de uvas estaban mucho más altos de lo
que ella imaginaba. Entonces, buscó un medio para alcanzarlos. Saltó, saltó, pero sus
dedos no conseguían ni tocarlos.
Había muchas uvas, pero la zorra no podía alcanzarlas. Tomó carrera y saltó otra vez,
pero el salto quedó corto. Aún así, la zorra no se dio por vencida. Tomó carrera otra vez y
volvió a saltar y nada. Las uvas parecían estar cada vez más altas y lejanas.
Cansada por el esfuerzo y sintiéndose incapaz de alcanzar las uvas, la zorra se
convenció de que era inútil repetir el intento. Las uvas estaban demasiado altas y la
zorra sintió una profunda frustración. Agotada y resignada, la zorra decidió renunciar a las
uvas.
Cuando la zorra se disponía a regresar al bosque se dio cuenta de que un pájaro que
volaba por allí, había observado toda la escena y se sintió avergonzada. Creyendo que
había hecho un papel ridículo para conseguir alcanzar las uvas, la zorra se dirigió al pájaro
y le dijo:
- Yo habría conseguido alcanzar las uvas si hubieran estado maduras. Me equivoqué al
principio pensando que estaban maduras pero cuando me di cuenta de que estaban aún
verdes, preferí desistir de alcanzarlas. Las uvas verdes no son un buen alimento para un
paladar tan refinado como el mío.
Y así fue, la zorra siguió su camino, intentando convencerse de que no fue por su falta de
esfuerzo por lo que ella no había comido aquellas riquísimas uvas. Y sí porque estaban
verdes.
Moraleja: Si hay algo que de verdad te interesa, no desistas. Esfuérzate y persevera
hasta conseguirlo.
La rana sorda - Fábula oriental motivadora para los niños
Esto era un grupo de pequeñas ranas que atravesaban juntas un bosque. Pero de pronto,
dos de ellas cayeron en un hoyo muy profundo. El resto de ranas, se asomaron para
mirarla, rodeando el agujero.
Rápidamente se dieron cuenta de que el agujero era muy profundo. Sus compañeras
saltaban y saltaban, pero no podían alcanzar la orilla.
Las ranas comenzaron a cuchichear entre sí. Todas daban por muertas a las dos ranas, ya
que no veían posible que pudieran dar un salto tan alto como para salir del agujero. Así
que comenzaron a gritar a las ranas que no podían hacer nada, que no podrían salir de
allí.
¡Dejadlo, no lo conseguiréis! - gritaban las ranas desde la orilla.
Pero las dos ranas continuaban saltando sin parar, ignorando los gritos de sus
compañeras, que no dejaban de decirlas que iban a morir igualmente a pesar de sus
esfuerzos.
- ¡No lo intentéis más! - gritaban las ranas - ¡No lo conseguiréis!
Las ranas les llegaron a insinuar a sus dos compañeras que no gastaran más fuerzas, que
se dejaran morir. Y gritaban tanto, que al final una de las dos ranas que saltaba sin parar
se dio por vencida y decidió parar. Se dejó caer al suelo sin más, y murió.
Sin embargo, la otra rana continuó saltando, a pesar del agotamiento. Cada vez más
alto, cada vez con más fuerza. Y las demás compañeras gritaron mucho más alto para que
dejara de saltar.
- ¡Deja de sufrir ya! - le gritaban una y otra vez.
Y la rana saltaba más y más. Hasta que de pronto, logró salir del agujero. Ella pensó que
sus compañeras le estaban animando todo el rato, fijándose en los gestos que hacían. Y
les agradeció de todo corazón el haberle ofrecido todo su aliento.
En realidad, la rana era sorda y le era imposible escuchar los gritos de las demás.
FIN
Moraleja:
Una palabra de aliento tiene más poder del que imaginas. Dedica palabras positivas y
motivadoras a quien lo necesita y le estarás ayudando a conseguir su objetivo. Sin
embargo, una palabra destructiva a alguien que esta pasando por un mal momento puede
ser lo único que se necesite para hundirlo más.
El zorro y la cigüeña
Al zorro le encantaban las bromas pesadas y quiso gastarle una a su amiga la cigüeña. Un
día la invitó a cenar a su casa y la cigüeña aceptó con mucho agrado. La cigueña se
presentó a la hora acordada y tras conversar un buen rato, se dirigieron al comedor.
El zorro había preparado una deliciosa sopa, pero la sirvió en dos platos muy llanos. La
cigüeña apenas pudo probar la sopa con la punta de su largo pico. El zorro, entre risas
burlonas, se tomó toda la sopa y al final se lamió y relamió el plato.
La cigüeña pronto se dio cuenta de la broma de mal gusto que le estaba jugando el zorro.
Sin embargo, disimuló su enojo. Al despedirse, dio las gracias al zorro dejándole saber que
estaba invitado a almorzar a su casa al día siguiente.
El zorro se presentó en la casa de la cigüeña. Al entrar, sintió un olor exquisito que le hizo
agua la boca y lo llenó de emoción. Pero la emoción le duró poco, porque el guiso que
había preparado la cigüeña le fue servido en un jarro muy largo y de cuello estrecho. La
cigüeña alcanzaba fácilmente el guiso con su pico, pero no el zorro con su hocico ancho y
corto. El zorro, muy avergonzado, se marchó con el rabo entre las patas.
Moraleja: No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.
El escorpión y la rana: fábulas educativas con valores
Un escorpión y una rana se encontraban junto a una charca. El escorpión deseaba cruzar
al otro lado y no sabía cómo hasta que se le ocurrió la idea de pedir a la rana que le
cruzara. La rana, atemorizada, se negó a cruzarle:
- Si te cruzo, me picarás y moriré.
- ¿Cómo voy a hacer eso? Si te pico, morirás y nos ahogaremos los dos.
El argumento era tan lógico que la rana acabó aceptando. Sin embargo, cuando iban por la
mitad de la charca, el escorpión picó a la rana. Antes de que ambos murieran ahogados, la
rana miró incrédula al escorpión y preguntó por qué lo había hecho:
- No lo pude evitar, está en mi naturaleza.
Moraleja: aléjate de la gente que intenta hacer daño, incluso cuando parezca que tiene
buenas intenciones, querrá tu mal.
El perro y su reflejo
Un perro muy hambriento caminaba de aquí para allá buscando algo para comer, hasta
que un carnicero le tiró un hueso. Llevando el hueso en el hocico, tuvo que cruzar un río.
Al mirar su reflejo en el agua creyó ver a otro perro con un hueso más grande que el suyo,
así que intentó arrebatárselo de un solo mordisco. Pero cuando abrió el hocico, el hueso
que llevaba cayó al río y se lo llevó la corriente. Muy triste quedó aquel perro al darse
cuenta de que había soltado algo que era real por perseguir lo que solo era un reflejo.
Moraleja: Valora lo que tienes y no lo pierdas por envidiar a los demás.