Página | 1
Página | 2
Nota al lector
E sta traducción fue hecha sin fines de lucro.
Es una traducción de fans para fans. Ningún miembro del staff recibe una
retribución económica y se prohíbe a todos los miembros el uso de este con
fines lucrativos. Si el libro llega a tu país, te invitamos a apoyar al escritor
comprando su libro. También puedes apoyar al autor con una reseña,
siguiéndolo en sus redes sociales y ayudándolo a promocionar su libro.
¡Disfruta la lectura!
Página | 3
Créditos
MODERADORA
Daniela Herondale
TRADUCTORAS
Neera
Lvic15
REVISIÓN Y RECOPILACIÓN
Neera
DISEÑO
Daniela Herondale
Página | 4
Índice
Sinopsis
Playlist
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Página | 5
Sinopsis
W illiam Blackwell
Mira pero nunca toques.
Eso es lo que he vivido durante años, desde que noté a
la hija de mi mejor amigo.
La pequeña princesa prohibida que me ha estado volviendo loco por
años.
Me quedé lejos.
Mantuve mi distancia.
Pero cuando alejarme fue demasiado difícil, cedí. Llámame como
quieras, pero ahora que he probado... no puedo vivir sin ella.
Inocente. Pura. El máximo tabú.
Brielle Ryger
La princesa de papá, esa soy yo.
¿O es eso?
No todo es lo que se ve y estoy lejos de ser la chica de papá.
William Blackwell es el sueño de toda chica y no me detendré ante
nada hasta que me desflore. Obtengo lo que quiero y lo que quiero es él.
Página | 6
Playlist
Collide – Justine Skye, Tyga
Devils Touch - TIAAN
Up and Down – Audio Push
Promises – Wiz Khalifa
Motivation – Kelly Roland, Lil Wayne
Control – SoMo
Suffocate – J. Holiday
Bad Intentions – Niykee Heaton, Migos
I’m Him – Sammie
Losin Control – Russ
Página | 7
Prólogo
M ientras crecía, algunas niñas jugaban con muñecas, ¿pero yo?
Jugaba con los muchachos. Es lo que hago. Pero antes de que
empieces a asumir y juzgar, soy más una bromista. El juego es de
lo que se trata. Me da una emoción, una altura que es indescriptible. Los
seduzco hasta que ya no sea divertido y los echo a un lado como la Barbie
vieja y harapienta que ya no quieres. A ellos les encanta, sin embargo. Es
por eso que vienen en primer lugar. Soy virgen. Lo sé, lo sé, es probable que
no me creas, pero es verdad. Nadie se ha acercado lo suficiente para tomar
la sagrada carta v y probablemente no lo haga. Nadie capta mi atención
lo suficiente como para aguantar tanto tiempo.
—Papá, ¿podemos almorzar hoy en el lugar de sushi del centro? —
Asiente con la cabeza como si todavía estuviera hablando, sin levantar la
vista de su teléfono. Esto no era nada nuevo. Si él no tuviera a la criada
vigilándome, nunca sabría que estaba respirando.
—Claro, nena. Lo que quieras.
—¡Vamos, entonces! —respondo.
Él levanta la vista de su teléfono y se acerca.
—Nena, tengo que irme. Reunión a la una. No me esperes. —Luego se
va, salió por la puerta. Me quedé sola en esta gran casa. Vacía. Como
siempre.
Que se joda. Me pasaré el día junto a la piscina trabajando en mi
bronceado. Sin escuela por vacaciones de verano, lo que me deja aburrida.
Subo las escaleras y me pongo mi nuevo bikini Prada, otro regalo de mi
querido papá por ser el padre de mierda del año. Eso es lo que hace. Me
compra cosas caras y ridículas para compensar el hecho de que nunca está
cerca. El año pasado trabajó en Nochebuena y me compró un Mercedes.
Me detengo ante el espejo de cuerpo entero que se adjunta a las
puertas de mi armario y me inspecciono detenidamente. Mi cabello rubio,
natural, no de salón, cae a la cintura. El bikini negro abraza todas las mejores
partes de mí y creo que lo mantendré. Estoy segura de que los chicos se lo
comerán. Agarrando una toalla de playa del armario, me dirijo a la cabaña.
La casa hace eco con cada paso que doy, un recordatorio de que estoy
sola, una vez más. Se vuelve viejo. La tranquilidad. La mayoría de las veces
tengo amigos, pero no llena el hoyo que dejaron mis padres. Abandonada.
Página | 8
Esa es la palabra perfecta para describir lo que me hicieron. Mamá está en
otra retirada, también conocida como rehabilitación. ¿Su vicio? Pastillas con
receta. Usualmente Xanax.
La piscina brilla cuando coloco la toalla sobre la silla de la piscina. El
nuevo chico de la piscina de papá debe estar haciendo un gran trabajo.
No lo he visto todavía, pero espero que sea lindo. Un nuevo juguete. Yum.
La silla ya está reclinada, así que me acuesto y me pongo las gafas.
Mierda.
Aceite bronceador.
Me levanto y corro hacia la cabaña, agarro una botella y regreso a la
silla. Sirvo un puñado generoso y comienzo a frotarlo.
La puerta de un auto se cierra de golpe y oigo mi nombre.
—¡Brielle!
Es William. El mejor amigo de mi padre y CEO de RYGER ENTERPRISES.
Jodido sexo con piernas.
Apenas puedo soportar estar cerca sin querer arrojarme sobre él.
—Brielle, es Will, estoy entrando. —Llama desde el otro lado de la valla.
Me apresuré a ajustar mi bikini, bajando una pulgada o cuatro en mis
caderas. Se pavonea por la puerta, y aprieto mis muslos para calmar el
dolor. Dios, es hermoso. Seis tres, cabello color café perfectamente peinado
que siempre está en su lugar. Siempre en un Armani de tres piezas que me
hace babear. Él emana confianza, poder y dominio.
—Hola, Will —le dije con voz ronca.
—Brielle. Siempre es un placer —dice secamente. Sus ojos recorren
arriba y abajo mi cuerpo deteniéndose en mis tetas un segundo más de lo
normal.
—Will, creo que olvidé un lugar en mi espalda, ¿podrías darme una
mano? —le pregunto dulcemente, sosteniendo la botella hacia él. Me
vuelvo hacia mi estómago y desengancho el bikini, dejándolo caer.
Lo escucho gemir en voz baja.
—Sí, Brielle, claro. —Echa un puñado de aceite en su mano y comienza
en la parte superior de mi espalda, frotando hacia abajo. Se toma su tiempo
masajeando mi espalda hasta el borde de mis nalgas, y no puedo evitar el
gemido que se escapa.
Página | 9
Se pone de pie, y me levanto repentinamente, olvidando que he
desenganchado mi parte superior. Oops. Sus ojos son amplios, y su
respiración es dura mientras sus ojos encuentran mis tetas.
—Brielle... —susurra.
Me mordí el labio y me levanté más alta. Puedo decir que él me quiere.
Puedo ver la forma en que las llamas arden detrás de sus ojos.
—Tócame.
Él duda, sacudiendo la cabeza. Cuento en mi cabeza los segundos que
pasan, cinco, cuatro, tres, y luego avanza.
Me levanto de la silla, y estamos tan cerca que mis tetas se frotan
contra el material de su traje.
Sus manos agarran mi rostro, se deslizan en mi cabello y me atraen
hacia él. Sus labios toman los míos con fiebre. Pasión reprimida. Agarro las
solapas de su traje para acercarlo a mí, sus manos se sujetan más fuerte en
mi cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás para ofrecer acceso a mi
garganta. Su barba incipiente produce la quemadura más deliciosa contra
mi garganta mientras mordisquea y chupa hasta la clavícula. Un rastro de
fuego bajó por mi piel, dejándome humeante en el suelo.
Su teléfono suena en su bolsillo, y él gime.
—Mierda.
Se saca el teléfono del bolsillo y ladra:
—Qué. —Escucha atentamente y cuelga.
»Tengo que irme. Hay una emergencia en el trabajo.
Asiento y muevo mis manos para cubrirme.
—No. —Él ordena.
Deja caer su cabeza sobre mi pecho y toma un pezón en su boca y
chupa. Duro.
—No hemos terminado. No por mucho, princesa. ¿Quieres jugar? Es
hora de jugar.
—¡Brielle! —Me despierto sobresaltada de mi sueño. Will está parado
frente a mí agitando su mano frente a mi cara.
—Lo siento, me distraje. ¿Qué pasa? —pregunto. Estoy segura de que
estoy roja brillante por la combinación de sol y rubor. ¡No puedo creer que
hice eso justo en frente de él!
Página | 10
—Tu padre me pidió que fuera y te revisara, me enteré de que estabas
volviendo a necesitar ayuda... —Se detiene, manteniendo sus manos en el
bolsillo del traje, pero manteniendo mi mirada firme.
—No los necesito ni a mi padre ni a ti sobre mí, William.
—Está bien, Brielle. ¿Puedes tratar de mantener los berrinches a raya?
Sabes que tiene mucho que hacer.
Mi genio se enciende y grito:
—Claro, William. ¿Puedes dejarme para broncearme ahora? Gracias.
»Idiota —susurro en voz baja. Me recuesto contra la silla una vez más y
me vuelvo a poner las gafas, ignorándolo.
Hace una breve pausa y se inclina, sus labios patinando sobre mi oreja.
—No tienes idea, princesa. —Luego se va. Dejándome empapada la
parte inferior de mi bañador, y una necesidad que sé que nunca llenaré por
dentro.
Página | 11
Capítulo 1
Brielle
L as puertas dobles a mi cuarto se abrieron y el ruido de vajilla me
despierta.
—¡Buenos días, señorita Brielle! —Estela me saluda mientras
entra con mi bandeja del desayuno. Una taza de café con crema
y azúcar, salchichas, huevos revueltos y tostadas de mantequilla de maní,
mi favorito.
—Buenos días, Estela. No tienes que traerme el desayuno hoy. Voy a
desayunar con Papá, ¿recuerdas? —La sonrisa de Estela cae.
—Tu padre pidió que te trajera tu desayuno favorito esta mañana
porque algo apareció en el trabajo. —Ella habla con un escaso inglés.
—Sólo lleva el desayuno hasta allí. —Señalé a mi tocador—. Gracias,
Estela. Puedes tomarte el resto del día libre.
—¿En serio? ¡Oh gracias! ¡Gracias, señorita Brielle!
No es como que haya mucho que hacer por aquí cuando soy la única
que está siempre aquí, en esta gran casa vacía. Nada cambiará. Debería
saberlo ya, que mi padre siempre estará demasiado ocupado para mí.
Siempre lo ha estado y siempre lo estará. Me quito mis sabas rosas de seda
y me deslizo fuera de la cama, arrastrándome hacia mi tocador, cogiendo
unas salchichas y metiéndolas en mi boca. Escucho la gran puerta de la
entrada de la planta baja cerrarse mientras Estela se va. Ahora estoy sola.
Sola. Un sentimiento al que debería estar acostumbrada, pero no lo estoy.
Anhelo una conversación, un abrazo tal vez, o incluso sólo de un roce contra
mi hombro. Diablos, ni siquiera sería codiciosa, sólo escuchar a alguien
respirar en la misma habitación que yo sería suficiente para mí.
Después de terminar mi desayuno, me meto en la ducha y luego me
preparo para el día. La vestimenta de hoy consiste en un nuevo bikini de
Louis Vuitton, grandes gafas de sol, y un moño desordenado. Me acerco a
mi biblioteca y agarro uno de mis favoritos de siempre, The Pearl de John
Steinbeck. Creo que si alguien me viera leyendo a Steinbeck
probablemente se cagaria en sus pantalones y comprobaría que no
estuviera sosteniendo el libro del revés. Creo que la mayoría de la gente me
ve como una rubia tonta y boba porque mi papá es rico y me gusta el color
rosa. Meto el libro bajo mi axila, agarro mi toalla de playa, y bajo por la
Página | 12
escalera de caracol y salgo por la puerta del patio para tumbarme y leer en
la piscina de aguas cristalinas.
***
Las horas pasan, y se pone el sol, escucho un suave rugido de un motor
aparcando en el camino. Miro por la ventana, con la esperanza de ver a
papá, pero veo que se trata de un BMW negro. William. Tiene que ser William.
Miro mientras el coche se acerca y puedo verle, realmente es William. Dios
tenga piedad de mi alma, es un hombre tan hermoso.
He conocido a William desde que tenía trece años, nunca he estado
cerca de él por nada porque estar cerca de él es como estar cerca de mi
padre. Está mal por mi parte que incluso piense en él de una manera sexual,
pero simplemente no puedo evitarlo. Es musculoso y está bronceado, tiene
una voz masculina y exuda confianza, y es sexo en un traje. Daría cualquier
cosa porque William tomase mi virginidad y me hiciera suya.
La sola idea hace que mi coño duela. Cierro la cortina, salto sobre mi
cama, y me quito mis bragas. Empiezo a imaginarme las manos de William
arrastrándose sobre mi piel, y tomando mis pechos. Deslizo mi mano hasta
mi camisón de encaje blanco y exprimo una de mis tetas, deslizando mi otra
mano hasta mi coño mojado. Escucho la puerta abrirse, y el clic de sus
zapatos de vestir a través de los suelos de mármol. Mi padre le debe haber
enviado a vigilarme. Al parecer, es mi nueva niñera. Estoy segura de que
ama este trabajo.
—¡Brielle! —grita por las escaleras.
William gritando mi nombre me pone casi al borde de un orgasmo.
Aprieto mis dedos sobre mi clítoris y muevo mis dedos hacia atrás y adelante
a través de él, y luego en círculos. Escucho a William subir las escaleras, y un
gemido se me escapa. Meto mis dedos dentro de mi coño mojado y me
follo. Escucho un golpe contra el marco de la puerta y mi mirada se dispara
por encima de la grieta donde mis puertas estaban ligeramente abiertas.
Veo a William allí de pie, con sus ojos llenos de deseo y con una pizca de
culpa. Deslizo mi labio entre mis dientes y muerdo mientras me follo con mis
dedos todavía más. La presión está aumentando en mi coño y deslizo mis
dedos hasta mi clítoris de nuevo, enviándome por el borde.
—¡Oh, Dios mío, William! ¡Sí, William, sí! —grito mientras me corro, y mis
piernas tiemblan. No puedo creer que acabo de hacer eso. Pero estoy
dispuesta a llegar a cualquier extremo por él, para darle cada pequeño
pedazo de mi inocencia. Puedo ser muchas cosas, pero mi determinación
no tiene límites.
Página | 13
Capítulo 2
William
C onferencias telefónicas, reuniones, informes anuales. Otro día, otro
dólar. Bueno, millones de dólares para mí. Dejó la taza de café de
Starbucks en mi escritorio y presiono el intercomunicador para
llamar a mi recepcionista, Sarah. El interfono emite un sonido de inmediato
de vuelta y la voz llega a través del altavoz, haciendo eco en las paredes
de mi oficina.
—¿Sí señor?
—Cancela la reunión de las 1:30 mañana con Jefferson, tengo que
hacer un mandado. Reprograma y envíame la información. Luego puedes
irte por el día. —Responde estando de acuerdo, apago en el
intercomunicador.
Me apoyo en mi silla, y veo las luces de la ciudad desde la terriblemente
gran ventana. En eso consiste mi vida, verla pasar desde el interior de esta
oficina. Mi madre dice que trabajo demasiado duro, pero no creo que
trabaje lo suficientemente duro. Dieciséis horas al día para relaciones
comerciales sin fin no es suficiente. Me esfuerzo por ser mejor, presionar con
más fuerza, y crear más conexiones. Hay poco tiempo para nada más.
Desde que tuve la edad suficiente para caminar mi padre me crió para
seguir sus pasos. El gran Blackwell senior, una leyenda de Wall Street. Aquí
estoy, con treinta y ocho años, solo, y un dios en Wall Street. El idiota
consiguió lo que quería. Nuestra relación es tensa por decir lo menos. Lo veo
una vez por semana con mamá para el desayuno-almuerzo de los
domingos, y es nada más que una discusión de una hora sobre mis fracasos,
y qué puedo hacer para ser un mejor hombre. Los sábados siempre acaban
con una botella de whisky.
Mi teléfono suena en el bolsillo de mi traje, sacándome de mis
pensamientos, y veo que es Jonathan. Mi socio en Ryger, y mi mejor amigo.
Le debo mucho de mi éxito a él.
Deslizo para responder.
—Blackwell.
—William, mi hombre, ¿cómo te va? —pregunta. Como si no lo supiera,
su vida se parece mucho a la mía. Interminables horas en la oficina y cuando
no está aquí, está enterrado dentro de una vagina apenas legal que va tras
su dinero. ¿Yo, por otro lado? No tengo tiempo para coños. No me pongo
Página | 14
en situaciones que den lugar a distracción o disuasión. No puedo recordar
la última vez que estuve con una mujer. Joder, parecen años. La última vez
supongo que fue hace unos ocho años. Fue un puto desastre que podría
haber terminado mucho peor de cómo acabó y no es algo en lo que intente
pensar nunca. Me quedo en mi caparazón y dejo las distracciones atrás.
Estoy casado con mi trabajo y así será. Las mujeres son una debilidad y un
Blackwell no se entretiene con las debilidades.
—Terminando algunas llamadas en la oficina, ¿qué pasa? —pregunto.
—Me voy a una cena tardía de reunión. ¿Me puedes hacer un favor?
—Depende. ¿Cuánto tiempo me llevará?
Se ríe.
—Pasa por casa y comprueba a Brielle. No he estado en casa durante
unos pocos días. Lo último que necesito es que tenga uno de sus ataques
de histerias. La última vez tuve que conseguir una nueva criada. La siguiente
botella es de mi parte.
Brielle. Si alguna vez hubo una debilidad para mí, sería ella. La conozco
desde que era una adolescente, pero nunca pasé mucho tiempo a su
alrededor, excepto en alguna que otra fiesta ocasional de su padre. Es sólo
que recientemente la he notado. Realmente me he fijado en ella quiero
decir. Se graduó hace un par de años y la noche de su fiesta de graduación,
la vi. La vi por primera vez, bajo una nueva luz. Admiré a la mujer hermosa e
impresionante en que se había convertido. Entre el trabajo y mi horario sin
pausas, ella es realmente la única persona que veo aparte de mi personal.
La parte triste es, que es el punto culminante de mi semana. Jonathan me
pide que vaya a ver cómo está una vez a la semana para poder evitarla.
Hace lo que puede para evitar estar en casa por sus propias razones.
Supongo que todos tenemos nuestra propia mierda que enfrentar, nuestros
propios demonios con los que luchar.
—Sí, pasaré por allí de camino a casa. Tienes que ir a casa de vez en
cuando, Jon —contesto.
—Pasaré allí un día esta semana. Ya sabes cómo es, siempre hay
trabajo por hacer. Oye escucha, me tengo que ir, pero lo aprecio tío. —Y
termina la llamada antes de que tenga la oportunidad de responder.
Con un suspiro, dejo mi teléfono sobre la mesa y termino los últimos
mensajes de correo antes de marcharme. Me pregunto en qué estado de
ánimo estará la princesa esta noche.
***
Página | 15
Atravieso la puerta de la casa de Jon y aparco mi BMW delante de la
escalera. Toco el botón del mando cerrándolo detrás de mí y entro. Nadie
respondería, aunque hubiera tocado de todos modos. He tenido mi propia
llave durante años.
—¡Brielle! —grito por la escalera.
Siempre pensé que esta casa era ridículamente grande para solo
Brielle. Jon ha estado quedándose en su apartamento en la ciudad desde
que puedo recordar. Apariencias.
Negando, comienzo a subir las escaleras y a escuchar por cualquier
signo astro de ella. La casa está completamente silenciosa mientras me
acerco a la puerta, que está ligeramente entreabierta. Estoy levantando mi
mano para llamar cuando escucho el más pequeño, el sonido más
significativo desde el otro lado. Me asomo por la rendija y oro por fuerza
mientras veo a Brielle estirada en su remilgada cama rosa, pasando sus
dedos por la costura de su coño. Necesito cada pedacito de mi fuerza de
voluntad para contener el gemido que está luchando por escapar.
Se ve como una diosa con el halo de cabello rubio que la rodea. Lleva
un camisón de encaje blanco y nada más. El blanco se ve inocente, fresco
contra su piel y nunca ha habido una mejor manera de describirla.
Sus gemidos hacen eco por toda la habitación mientras sumerge un
dedo dentro de ella. Mi pene se estira contra mis pantalones Armani y no
quiero nada más que acariciarme junto con ella. Debería sentirme culpable,
debería sentir vergüenza, pero todo lo que siento es una cegadora lujuria.
La veo metiéndose los dedos en su pequeño coño apretado hasta que está
a punto de caer por el borde. Mi mano agarra el marco de la puerta más
duro mientras sus gemidos se vuelven más fuertes, más jadeantes hasta que
mi pie golpea contra el marco de la puerta.
Mierda.
Sus ojos se abren y conectan con los míos. Esperaba que saltara
enfurecida por estar aquí como un maldito acosador, observándola. Pero
en lugar de eso muerde sus perfectos, labios carnosos y, se corre. Gritando
mi nombre mientras se corre.
Se siente como si hubiera habido un cambio definitivo en nuestra
relación. En esto, lo que coño sea esto. Hemos caminado en la línea durante
semanas con coqueteo inocente y sonrisas robadas, pero esto no es algo
de lo que podamos regresar. Esa línea está cruzada, y no puedo
jodidamente volver atrás. Nunca. Estoy jodido.
Página | 16
Capítulo 3
Brielle
M i teléfono suena y veo que se trata de un número desconocido.
La mayoría de la gente no respondería a un número desconocido,
pero cuando estás anhelante de conversación, tomas lo que
puedes conseguir, incluso si se trata de un tipo que apenas puede hablar
español tratando de venderme una multipropiedad barata.
—¿Hola? —contesto, burbujeante.
—¡Hola, cariño! —Oh, genial... Es mi madre.
—Hola, mamá —suspiro.
—¿Cómo estás? ¿Cómo está papá? —pregunta con ansiedad.
—Estamos bien.
—¡Eso es bueno! ¿No vas a preguntar cómo estoy?
No quería saber cómo estaba. No me importaba. Es una perra
egocéntrica drogadicta. Nunca ha sido una madre para mí y nunca se ha
preocupado por mí. Fui criada por numerosas niñeras a pesar de que mi
madre no tenía que trabajar. Citas para botox, cirugías plásticas, días de
spa, y salidas con otras amas de casa de por aquí la mantenían ocupada
todo el tiempo, demasiado ocupada para su propia hija.
—¿Cómo estás, mamá? —espeto. No se da cuenta de mi tono, y si lo
hace no le molesta porque se pone a hablar sobre ella misma.
—Realmente creo que esto ha sido una gran cosa para mí. ¡Me siento
tan renovada! Tengo confianza en mí misma y mi viaje hacia la
recuperación. He conocido a tantas personas aquí, Bri. Son absolutamente
increíbles. ¡Estoy tan bendecida por estar aquí! Incluso estoy pensando en
alojarme unos noventa días extras para seguir viviendo una vida sobria... —
Desconecto, y sus palabras se juntan y todo lo que oigo son murmullos. ¿Por
qué no podría haber sido un vendedor por teléfono?
***
Mi teléfono suena y veo que es Reese Carmichael. Mi mejor amiga
desde el tercer grado. Reese es la única constante positiva en mi vida. Ha
atravesado casi todo conmigo. Las peleas de mis padres, los muchos retiros
de mi madre, mis padres olvidándose de recogerme después de la clase de
danza y las prácticas de fútbol de manera que sus padres siempre me traían
Página | 17
a casa. Sus padres nos llevaban dos ramos de flores a cada recital sólo
porque sabían que mis padres no estarían allí esperando con uno para
felicitarme. Nunca estuve muy unida a sus padres, sólo les conocí por las
veces que me dejaban en casa y después de los recitales. Reese nunca
quería que fuera a su casa porque era pobre. Pensaba que la juzgaría y la
miraría por encima a ella y a su familia. Pero hubiera dado cualquier cosa
por poder tener pijamadas en su casa, estar cerca de una familia funcional
que podía no ser financieramente rica, pero eran ricos en amor. Ella siempre
ha envidiado mi vida, y yo siempre he envidiado la suya.
Reese: ¡Hola cariño! ¡Estoy aquí!
Corro escaleras abajo hasta la puerta principal y abro para recibirla.
—¡Hola, chica! —chilla y lanza sus brazos a mi alrededor. Creo que este
es el primer abrazo que he recibido en meses. Ha estado ocupada
cuidando de su abuelo enfermo, por lo que no nos hemos visto desde hace
un tiempo.
—¿Cómo estás? ¡Te extrañé mucho, Reese piece! —Cierro la puerta tras
ella y la llevo a la cocina.
—Estoy bien. El abuelo está mejorando poco a poco. Tenemos la
esperanza de que se recupere por completo. La neumonía en una persona
mayor da miedo. ¡Pensamos que le íbamos a perder!
—Gracias a Dios que está haciéndolo mejor. Lo siento tanto que tú y tu
familia hayáis tenido que pasar por eso, es horrible. Si hay algo que pueda
hacer para ayudar, sabes que lo haré.
Abro la nevera y saco un par de botellas de Perrier. Atravesamos las
puertas del patio y nos sentamos a la mesa. La ligera brisa atrapa su pelo
castaño rojizo, y lo junta todo para hacerse una coleta.
—¡Cuéntame lo que está pasando en tu vida! —Frota sus manos
menudas, y menea las cejas hacia arriba y abajo—. Puedo decir que algo
ha sucedido porque te ves feliz y, bueno, casi nunca te ves muy feliz. —
Afirma con la mayor naturalidad.
—¿Me estás tomando el pelo? ¿Es así de fácil de ver? ¡No te puedo
ocultar nada! —me río.
—¡Oh, Dios mío! ¡Te estás riendo! Es música para mis oídos. Cuéntamelo.
Ahora. Ahora mismo. ¿Quién es? ¿A qué escuela va? Esto no es sólo otro de
tus habituales desechables, ¡lo puedo decir! —divaga con entusiasmo.
—Bueno... no sé cómo decirte esto, ¿pero prometes que no me
juzgarás? No se lo puedes decir a nadie, en serio. Si lo haces, no dudaré en
matarte. —Alzo mi ceja.
Página | 18
—¡Oh Dios! Cuéntamelo ahora. Sabes que no voy a decir una palabra.
—¿Sabes quién es el mejor amigo de mi papá? —Los ojos de Reese se
ensanchan—. William. William Blackwell... Bueno... puede que me haya
masturbado mientras me observaba desde una abertura en mi puerta. Grité
su nombre mientras que corrí. —Termino la frase de un tirón para sacarlo
todo. Me tapo los ojos para evitar su reacción.
—¡CÁLLATE! ¡Oh Dios mío! No. ¡No puedes! ¡Conoces a tu padre y los va
a matar! ¿En qué estás pensando?
—Estoy pensando que realmente no me importa una mierda lo que
piensen. Lo quiero y consigo lo que quiero. —Le guiño y le doy un sorbo a mi
Perrier.
—¿Cómo sacarás esto adelante? ¡Esto es una locura, Bri!
—Lo sé. Pero hay algo en él. Quiero decir, siempre he tenido un flechazo
con él, pero hay algo más que no puedo explicar. Me siento atraída por él
como nunca me he sentido atraída por nadie antes.
Reese pone sus ojos en blanco.
—Sólo ten cuidado, Bri. Por favor. En serio, sólo ten cuidado.
Página | 19
Capítulo 4
William
E l último lugar donde necesito estar es en cualquier lugar donde
esté Brielle. Todos los momentos despierto han pasado
fantaseando sobre ella. Acerca de sus perfectos labios rosados
brillando con su orgasmo mientras gritaba mi nombre. Estoy soñando con
eso por la noche. Me sorprendí soñando despierto en una reunión,
perdiendo por completo la importancia de una presentación con
pensamientos sobre ella. Es por eso que no hago eso con mujeres. No tengas
relaciones. La distracción no es una opción para mí. Y ahora mis
pensamientos son consumidos por esta rubia bomba. Mi polla ha dolido
durante días pensando en hundirse dentro de ella hasta que mis bolas
golpeen contra ella. Quiero azotar su culo pequeño hasta que esté rojo por
cada latigazo.
—¡Will! —Jon ladra desde el otro lado de la mesa.
—Sí, lo siento —le respondí, recogiendo el bolígrafo que caía sin rumbo
fijo.
—¿Qué mierda pasa contigo? ¿Dónde ha estado tu cabeza?
—Preocupado. ¿Cuál es el movimiento con la cuenta de Johnson? —
El archivo que tengo delante me intimida, recordándome la distracción que
Brielle está implementando en mí.
—Afortunadamente nada que una botella de whisky no pueda
arreglar. Necesito que te concentres, Will. Esta cuenta es la más importante
que hemos tratado en años. Necesito que manejes esto —dice con una
mirada de desdén en su rostro. Jodeme.
—Estoy bien, solo tengo algo de mierda pasando. ¿Qué tenemos que
hacer desde aquí?
—Necesito que manejes la cena en LA mañana. Tengo algo con lo que
tengo que lidiar aquí, y necesito que vayas en mi lugar. Haré que Sarah
arregle mi agenda y maneje los detalles. —Me levanto y cierro el cierre de
mi traje antes de salir de su oficina.
—Oye, Blackwell. —Escucho detrás de mí—. Enviaré a Brielle, también.
Los pondré a los dos en el Ritz así puedes vigilarla. Ha estado terriblemente
callada últimamente. Joder, no sé qué hacer con la chica. No puedo
tenerla en la prensa de fiesta. Odio siquiera preguntarte hombre, pero no la
Página | 20
enviaré sola para meterse en la mierda. Tenemos que cerrar esta cuenta sin
interrupciones, sin problemas.
Gruño por dentro. Joder, no hay manera de que esté pasando esta
semana cuerdo.
***
Estamos cerca de nuestro destino LAX. Son casi las 4:00 a.m. Los vuelos
nocturnos de Red Eye son mis favoritos. Son tranquilos y serenos, y pude
hacer un trabajo en mi iPad mientras Brielle dormía plácidamente a mi lado.
Ninguno de nosotros ha dicho mucho al otro ya que la tensión pende entre
nosotros como una sábana. Cada vez que la miro fijamente, sus ojos se
llenan de lujuria y algo que no puedo entender, rompo la mirada y me
ocupo de hacer cualquier otra cosa. Esta es una línea que ninguno de
nosotros cruzará. Simplemente no puedo permitirlo. Soy el mejor amigo de
su padre y casi el doble de su edad por el amor de Dios.
Se despierta cuando las ruedas tocan la tira, y se estira en silencio. Un
pequeño gemido se escapa de ella y mi pene está instantáneamente duro
como una piedra. Mi mente se siente nublada por la lujuria, con un fuego
que parece que ya no puedo apagar.
—¿Cuánto tiempo estuve dormida? —pregunta adormilada, sacando
su iPhone de su sudadera con capucha. Vestida con pantalones de
chándal, sin maquillaje, y sigue siendo la mujer más sexy que he visto en mi
vida. Es suave, sutil con las curvas más perfectas que me hacen querer
hundirme en ella.
—No mucho —le digo secamente. Me levanto y me estiro para agarrar
el equipaje que guardé allí antes del vuelo. Accidentalmente, rozo contra
ella, y gime.
Tenemos que detener esto.
Salimos del vuelo apresuradamente y encontramos el auto que llamé
para nosotros, esperando frente al aeropuerto.
—¿Sr. Blackwell? —pregunta el hombre, apresurándose a mi lado.
Asiento y lo ayudo a cargar nuestro equipaje en el maletero antes de
subir al asiento trasero junto a Brielle. Presiono el botón de la pantalla de
privacidad y espero hasta que estemos completamente solos antes de
hablar.
—Brielle, esto tiene que parar. —Mi voz suena ronca y mucho más baja
de lo esperado.
Página | 21
Me mira y no dice nada, en cambio se muerde el labio inferior como si
supiera exactamente lo que significa para mí.
»Soy el socio comercial de tu padre. No podemos hacer esto. Esto… —
Señalo entre los dos—. Tiene que parar. Tenemos que terminar con la tensión,
cualquiera que sea la causa, y volver a la normalidad. No quiero que él vea
que hay un problema. —Me giro y la miro.
—No estoy segura de lo que estás hablando, Will. —Se cruza de brazos
y me mira con aire de suficiencia.
—Para ahí, princesa. Ambos sabemos lo que está pasando aquí. Hemos
estado haciendo este mismo baile desde hace días. —Me acerco hasta que
mis labios casi rozan los de ella.
»Sé que te viniste pensando en mi polla la otra noche, te observé. Te vi
hundir esos diminutos dedos dentro de ti. Sé que cada vez que estoy en una
habitación contigo, mi polla está tan dura que podría correrme solo
pensando en cómo se siente tu pequeño coño apretado. ¿No es así,
princesa? —Sus respiraciones son fuertes contra la mía, y estoy tan cerca de
perder mi control que siento deslizarse frente a mí.
—Tienes razón, William. —Se lleva la mano a la cinturilla de los
pantalones y se queda sin aliento.
»He estado pensando en ti durante años, pensando en ti tomando mi
virginidad. Es divertido jugar con todos estos muchachos, pero eres tú el que
quiero. Siempre te he deseado. —Sumerge sus dedos dentro de su coño y
luego los lleva a mis labios. Sus dedos empujan dentro de mi boca, y atrapo
su muñeca con mi mano, chupando sus dedos en mi boca.
Si pensé que estaba jodido antes, no tenía ni puta idea.
Ella sabe como lo prohibido debe saber. Dulce, suculento, inocente.
La mezcla perfecta de pecado, no puedo esperar más para perderme
en su lado.
Limpio sus dedos y dejo caer su mano.
—No estás lista para lo que te estoy ofreciendo, princesa. Ahora
muévete. —La rechazo y salgo del auto.
***
Con mi traje negro de Armani, ajustado a la perfección, me miro en el
espejo mientras salgo del hotel. Voy a encontrarme con Brielle abajo para
la cena a las seis. No me molesté en afeitarme, y en cambio, dejé mi barba
incipiente y mi pelo revuelto. Me dirijo al ascensor y me sorprende cuando
Brielle se acerca a mi lado. No sabía que estaba en el mismo piso.
Página | 22
—Buenas noches —saludo.
—Hola —dice en voz baja. Sus rizos rubios caen por su espalda, y lleva
un vestido negro casi demasiado revelador que abraza sus curvas a la
perfección. Mi boca se llena de agua al verla.
Joder, va a ser una noche larga.
La cena es en Cecconi en una habitación privada, y estamos sentados
en la esquina más alejada mientras esperamos a los demás. Es sin duda uno
de mis lugares favoritos para cenar cuando estoy en Los Ángeles. Uno por
uno ingresan, las presentaciones se hacen, las manos se agitan. Brielle sonríe
y encanta a todos los que conoce, lo cual no es ninguna sorpresa. Sería la
esposa de negocios perfecta. Es parte de su pedigrí, como fue criada. Está
familiarizada con los negocios y el comportamiento que conlleva. Ni siquiera
sé por qué mierda estoy pensando en esto.
El camarero trae vino a la mesa y me sirve un generoso vaso de, sin
duda, su mejor blanco. Brielle también pide un vaso, a pesar de que está
por debajo de la edad legal para beber. Todo transcurre sin problemas
durante toda la cena mientras hablamos de la próxima conferencia y de las
tonterías habituales. Dos copas adentro, me siento relajado, y me recuesto
contra el asiento, escuchando cualquier chiste cursi que me cuente el
banquero.
Brielle mueve su silla más cerca de mí hasta que su brazo roza el mío.
No aparto la vista de la conversación hasta que siento que desliza su mano
en mi regazo. Me mira traviesamente y frota su pequeña mano contra mi
polla. Miro a mi alrededor y veo que el mantel nos esconde de todos, y
suavemente le quito la mano.
Mi pene está tan duro que podría reventar mis pantalones aquí en la
mesa.
Ella mueve su mano hacia atrás y lentamente comienza a abrir mis
pantalones. Aprieto la mandíbula con moderación y trato de concentrarme
en las preguntas que me hace.
—Lo siento, repítelo, me perdí —le digo, mirando hacia abajo en mi
regazo. Sus manos dentro de mis pantalones, frotándome a través de mi
Calvin, sacándome hasta que me tiene en su mano. Su mano cálida, suave
y pequeña. Mis caderas se flexionan instintivamente, y su pulgar roza el
líquido preseminal en la cabeza de mi pene. Estoy a dos segundos de
venirme por toda la mesa, ella y yo. Le quito la mano y me pongo de nuevo
en mi pantalón y excusándome de la mesa.
Página | 23
Está bien, princesa. Dos pueden jugar a este juego, y yo solo estoy
comenzando. Esta persecución es mía. Ella debería saber a estas alturas que
un Blackwell siempre gana.
Página | 24
Capítulo 5
Brielle
O bservo a William de pies a cabeza mientras él se para y empuja
su silla hacia atrás al final de la cena, admirando lo jodidamente
sexy que está en su traje Armani. No puedo dejar de pensar en lo
grande que es su polla. Pone su mano en el respaldo de mi silla y me ofrece
su otra mano para ayudarme a salir de la mía, como un verdadero
caballero.
—Gracias, William. —Me levanto y estrecho la mano de los demás,
diciéndoles adiós. Agarro mi agua de la mesa y tomo unos sorbos antes de
irnos. Esperaba poder tomar un par de copas de vino para pasar la aburrida
cena, pero William me cortó después de la primera. Alfa.
Finalmente, salimos del restaurante y regresamos al hotel. Entramos en
el ascensor y presiono el botón para llegar al decimoséptimo piso.
—¿Te importaría venir a mi habitación, y tal vez podamos pedir un
postre del servicio de habitaciones? —Ofrezco con una sonrisa coqueta.
Puedo ver a William luchando contra los pensamientos en su cabeza. Sé que
me quiere, pero siento la culpa que siente como resultado. Me acerco a él—
. Podríamos pedir tarta de queso o tiramisú —le susurro al oído.
—Uh... no creo que sea una buena idea, Brielle. —Me rechaza,
encendiendo un fuego dentro de mí. Veo el contorno de su polla en sus
pantalones. Me quiere, tanto como yo lo quiero. No puede engañarme. Esta
es mi oportunidad de hacer que me folle.
—Lo suficientemente justo. ¿Cuál es el número de tu habitación? Solo
te llevaré el postre a tu habitación. —Deslizo mi labio inferior entre mis
dientes.
—1739. —El elevador suena y la puerta se abre, nos separamos.
***
Después de entrar en mi habitación, me apresuro a la ducha y me
refresco, teniendo cuidado de no mojarme el cabello. Afeitando mis piernas
nuevamente asegurándome de que estén lo más lisas posible, refrescando
mis partes femeninas y cepillándome los dientes. He estado esperando este
día por tanto tiempo. Rápidamente me seco, me pongo el encaje blanco,
veo la lencería que compré específicamente para este viaje. Saco la bata
Página | 25
del armario para cubrirme. Dios mío, esto es todo. Pienso para mí misma
antes de salir de mi habitación.
***
Echo un vistazo a los números de la habitación acercándome a los de
él cuando paso por cada puerta. ¿Debería volver atrás, regresar a mi
habitación y dejar que se vaya? Tal vez no debería ser tan persistente en
esto. ¿Qué pasa si le dice a mi papá? No quiero que piense que estoy
desesperada. No estoy desesperada, solo estoy decidida. Lo quiero, y quiero
entregarme a él. Es mi virginidad. Debería poder elegir quién recibe esa
parte especial de mí. No quiero que nadie más obtenga esa parte de mí, lo
elijo a él.
1-7-3-7, 1-7-3-9. Me susurro a mí misma cuando me detengo ante la
puerta de William. Estoy a punto de dar una parte de mí que nunca
recuperaré. Bueno, posiblemente. ¿Quién sabe si incluso me aceptara? Él
podría simplemente rechazarme de nuevo, enviarme a mi habitación como
un niño. Levanto mi puño hacia la puerta, dudando en llamar. ¿Qué está
pasando conmigo? Estaba tan decidida a hacer esto, y ahora estoy
tentada de girar para otro lado y correr. Pero no puedo. Lo quiero tanto. Lo
necesito. Mi puño se encuentra con la puerta, una, dos veces. La manija de
la puerta gira, y mi estómago se cae. Allí está él, de pie con la camisa
desabotonada, mostrando su glorioso cuerpo.
—Brielle, ¿qué estás haciendo? —No tengo ni puta idea. No tengo ni
una sola pista de lo que estoy haciendo, pero aquí no pasa nada...
—¿Puedo entrar? —pregunto, mirando sus ojos azules asombrosamente
hermosos. Él abre la puerta vacilante, haciendo un gesto hacia adentro.
La puerta se cierra de golpe detrás de mí y dice:
—Pensé que no estábamos haciendo esto, Brielle. No podemos.
Sin perder tiempo, deshago mi bata y la dejo caer sobre mis pies, mi
espalda todavía frente a él. Él gime. Me volteo para mirarlo.
—Decidí traerte el postre. —William se lame los labios y traga como si
de repente se hubiera quedado con la boca seca.
—Maldita sea, princesa. —William lentamente se arrastra hacia mí. La
pelea deja su cuerpo mientras me ordena—. Date la vuelta. —Lentamente
me giro y miro hacia la ventana, viendo las luces de la ciudad tan abajo y
el cielo despejado. Su mano mueve mi cabello de mi hombro, dándole
acceso a mi cuello. Sus dedos suavemente trazan la parte posterior de mi
cuello, y de vuelta a mi hombro abierto. La electricidad envía chispas por
todo mi núcleo, causando una sensación de hormigueo en mi coño. Los
Página | 26
labios de William se encuentran con mi cuello, estampando con cuidado un
rastro de besos calientes y húmedos en mi hombro. Él quita la correa de mi
sujetador y lo deja caer, y luego lo hace con la otra.
—Soy virgen, William. —Dejo escapar nerviosamente. Él detiene lo que
está haciendo y me da vuelta para mirarlo, sus manos no se alejan de mis
hombros.
—Pensé que estabas bromeando conmigo. —Se ríe.
—No, hablaba en serio. No miento, realmente soy virgen. Nunca he
hecho nada con nadie.
—¿Por qué? ¿Por qué querrías hacer esto conmigo entonces? —Sus
ojos son suaves, reconfortantes.
—Porque te elijo. Quiero que me tengas, Will. No quiero perderme en
nadie más que contigo. —Y con eso me levanta hacia sus fuertes brazos,
envuelvo mis piernas alrededor de su cintura, y me lleva a la cama.
—¿Alguien te ha probado alguna vez, princesa? —Siento que me
arden las mejillas. Mi corazón se acelera. Mis manos sudan.
—No —le susurro.
Me tiende sobre la cama, y se cierne sobre mí, inclinándose hacia
donde sus labios, sus labios perfectos y llenos, se encuentran con los míos. Su
lengua entra en mi boca y gira alrededor de la mía. Desliza mi labio inferior
entre sus dientes y mordisquea suavemente. William baja por mi pecho y mi
estómago, y se detiene justo encima de mi coño. Sus ojos hambrientos miran
fijamente a los míos, mi coño duele. Rompo el contacto visual y miro hacia
el techo nerviosamente.
—Mírame, princesa. Quiero que me mires mientras devoro este dulce
coño intacto. —Lo miro mientras quita mi tanga de encaje blanco,
arrojándola detrás al piso. La luz de la luna que brillaba a través de la
ventana ilumina perfectamente su fuerte mandíbula y su barba incipiente.
Extiende mi coño como si estuviera admirando su belleza. Siento su barba
rozar contra mi muslo, y él toma su dedo y lo desliza suavemente por mi
clítoris—. Ya estás muy mojada, princesa. —William besa mi coño húmedo y
caliente, su lengua comienza a deslizarse por mi clítoris, mordisquea
suavemente y gime. No puedo controlar mis manos ya que su lengua se
mueve más rápido. Agarro su cabello con mis dedos, tratando de alejarlo
de mí.
—¡Oh Dios mío! —Gimoteo.
Su lengua entra en mi coño y se arremolina, puedo escucharlo
lamiéndome todos los jugos. Besos y lengua follando mi coño virgen. Su
Página | 27
lengua golpea más fuerte y más rápido contra mi clítoris, la desliza entre sus
dientes otra vez. Ya no puedo controlarme, la presión en mi coño, me corro
y él lame cada gota de mi humedad. Me tiemblan las piernas y también las
manos. Me mira sonriendo.
—Eso, princesa, es mi postre favorito. Es el mejor postre que he comido
en toda mi existencia. —Me siento, agotada, poniendo mis manos sobre su
cuerpo. Le arranco la camisa y le beso el estómago. Sin embargo, me
detiene, con su dedo debajo de mi barbilla, inclinando mi rostro hacia él.
—No, princesa. Esto se trata de ti ahora mismo. —William se desabrocha
el cinturón y lo tira al costado de la cama. Lo miro mientras se desliza fuera
de sus pantalones, su polla a punto de estallar las costuras de su ropa interior
de Calvin Klein. Jadeo cuando veo su polla a la vista por primera vez. Me va
a arruinar.
—No creo que se ajuste... —digo nerviosamente. Él se ríe y se cierne
sobre mí nuevamente.
—Supongo que lo averiguaremos, ¿eh?
—¿Va a doler? —pregunto
—Sí, pero cualquier dolor que sientas va a estar enmascarado por el
abrumador placer que estoy a punto de darte. Lo prometo. —Me acerco a
la mesita de noche y le doy un condón que tomé de la clínica. Me lo quita,
lo abre con sus dientes y lo desliza sobre su polla palpitante. Frota su pene
en mi humedad antes de que lo sienta a la entrada de mi coño—. ¿Segura
de que quieres esto, princesa?
—Sí, William. Fóllame, ahora. —No puedo esperar más, mi cuerpo está
ardiendo de deseo. Extendiendo su mano, escupe en su palma y lubrica su
polla. Nunca he visto algo más erótico en mi vida. Entra lentamente en mí,
un deje de dolor me golpea, y lloro. Se desliza más profundo dentro de mí,
con cuidado. Se inclina hacia mi oído y susurra:
—¿Estás bien? ¿Quieres que me detenga?
—No. Sigue. Fóllame, William. Tomame. Hazme tuya. —Lo agarro por los
hombros, él empuja fuerte esta vez, y grito. Mis uñas se clavan en él, empuja
aún más fuerte, su pene penetrándome tan profundamente que puedo
sentirlo en la boca del estómago—. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Sí! —grito. Me corro
alrededor de su polla y mis piernas tiemblan.
—Oh, mierda, princesa. Tu estrecho coño virgen es el paraíso para mi
pene. —Él bombea más duro, más rápido. Mis uñas cavan más profundo y
se deslizan por su espalda.
—Uh… uh… ¡Sí, William! —grito más fuerte.
Página | 28
—Buena chica, princesa —gruñe.
Sus manos recorren suavemente mi cuerpo mientras desliza lentamente
su pene dentro y fuera de mi coño.
—Eres tan jodidamente bella, Princesa. Toda maldita cosa sobre ti es
perfecta —susurra mientras mordisquea el lóbulo de mi oreja, y luego deja
un rastro de besos en mi cuello. Nunca me he sentido más amada que en
este momento con William.
—Tengo miedo de perderte. —Lloro mientras empuja su polla más
fuerte en mi coño.
—Nunca me perderás, bebé. No hay manera en el infierno de que
alguna vez te deje ir. —Agarra mis pechos, y bombea su pene en mi coño
más fuerte, haciéndome gemir de dolor.
Empuja una y otra vez hasta que termina. Sus venas estallan en sus
sienes y cuello. Sus manos agarran mis caderas lo suficientemente fuerte
como para hacerme dar un respingo, pero un dolor al que le doy la
bienvenida. Sé que dejó su marca en mí, en más de un sentido.
Página | 29
Capítulo 6
William
A l regresar a casa desde LA, la vida continúa su rutina agitada y
sin parar. Solo que ahora, hay una pequeña rubia que consume
mis pensamientos a cada hora del día. No puedo concentrarme,
no puedo trabajar, y todo lo que puedo pensar es su apretado envuelto
alrededor de mí. Ella es el pequeño, absolutamente perfecto, pequeño
presente que viene disfrazado en inocencia pero desenvuelvo todas las
noches con mis dientes. Mi misión es hacer que se corra una y otra vez hasta
que esté flácida y declarada. En ese momento, mi teléfono se enciende, un
marcado contraste con mi oficina tenue, y veo que es un mensaje de texto
de la princesa.
Princesa: trabajas demasiado duro. Ven a casa y follame hasta que
grite. Estoy esperando pacientemente.
Adjunto hay una foto de su culo respingón desde arriba. Mi pene se
endurece y mi boca se ríe a la vista. Es la perfección. La cantidad perfecta
de curvas y una piel delicada y pálida que me encanta marcar. No puedo
esperar para irme y darle exactamente lo que me está pidiendo. Duro.
Rápido. Áspero. Hasta que ella sepa a quién le pertenece su cuerpo. A quién
le pertenece.
Will: sigue tentandome, princesa. No estoy seguro de que estés lista
para mí esta noche.
Respondo apresuradamente y trato de concentrarme en los informes
que tengo delante. Mierda. Es todo una distracción. Intenté alejarla, luchar
por lo que siento por ella, pero estoy cansado de luchar contra ella. Es una
sirena aquí para atraerme a la más dulce de las muertes. Con mucho gusto
me sacrificaré por ella.
Después de intentar concentrarme durante otra hora, cierro mi
computadora y dejo todo como está. Lo terminare mañana. Mi princesa me
necesita
***
—No te vengas hasta que yo lo diga. —Traigo mi palma hacia abajo
sobre su trasero, dejando una huella de mano, brillante y enojada para que
yo admire.
Página | 30
Su cuerpo tiembla debajo de mí, y me mira con el labio entre los
dientes, asintiendo con la cabeza.
»Buena niña.
Nunca me cansa, al verla frente a mí. Podría pasar el resto de mis días
dándole orgasmo tras orgasmo a este coñito perfecto. Ella está en cuatro
patas, culo apuntando al aire, dándome la vista más deliciosa de sus labios
rosados. Sus muslos están en carne viva de mi barba y nunca ha habido una
vista más perfecta. Este coño es mío. Todo sobre ella es mío. Quiero pararme
en lo alto del edificio más alto de Nueva York y gritarlo.
»¿Te gusta eso, Princesa? ¿Te gusta cuando te llevo al límite y no dejo
que llegues? Lo prometo, amor, será mucho más dulce cuando permita que
el placer te consuma.
Dejo caer la boca hasta su clítoris y lo chupo. Ella arquea su espalda
empujándome hacia atrás.
—Por favor, Will, fóllame. No puedo esperar más —suplica.
Mi pene está duro, y lo arrastro a través de sus empapados pliegues,
burlándome de ella. Prolongando su placer.
—Has sido una buena chica y creo que es hora de que te corras. ¿Qué
piensas? —Agarro su culo, tirando de ella más cerca de mí. La cabeza de
mi pene entra lentamente en su apretado y pequeño coño. Ella empuja
contra mí con impaciencia.
»Ah ah ah, yo controlo esto. Controlo tu placer. —Aprieto más fuerte,
manteniéndola quieta.
Empujo lentamente dentro de ella, pulgada por pulgada hasta que su
canal húmedo, me envuelve como un puño.
Joder, no puedo vivir sin ella. Nunca podré volver a una vida en la que
ella no sea parte de eso. Ella es.
Me estiro alrededor de su cintura y levanto cada una de sus muñecas
y las pongo detrás de su espalda hasta que están unidas por mi mano.
Usando su cuerpo como palanca, retrocedí hasta estar apenas dentro de
ella y empujé con toda la fuerza que tenía. Sus tetas rebotan con cada
empuje, cada empuje más duro que el anterior pero nunca lo
suficientemente fuerte. Los sonidos de nuestro brutal puto eco en la sala. Los
golpes de piel empapada en sudor mezclado con sus gemidos me acercan
al borde.
»Me encanta tu coño. Joder, me encanta todo. Fuiste hecha para mí,
Princesa. —Golpeo más rápido, soltando sus manos y ella cae plana contra
Página | 31
la cama, agarrando las sábanas en apretados puños. Su coño se aprieta
alrededor de mi polla, y llevo mis dedos a su clítoris hinchado y froto
suavemente.
Primero pequeños círculos, luego lo pellizco entre dos dedos.
»Correte, nena. Correte ahora. —La instruyo.
Se corre al comando como si estuviera hecha para que yo toque como
un instrumento.
»Me estoy corriendo dentro de ti, lo más profundo que puedo alcanzar,
hasta que gotee de tu coño. ¿Me escuchas?
—Sí, papi —gime mientras se corre alrededor de mi polla, su coño
exprimiendo cualquier restricción que me quedaba.
Agarro sus caderas y la aprieto contra mí y me vengo, disparando mi
semen dentro de ella, marcándola por dentro y por fuera como mía. Mis
embestidas disminuyen a un ritmo pausado a medida que bajamos de lo
alto que hemos estado buscando desesperadamente. La beso desde la
base de su columna vertebral hasta su cuello, pequeños besos húmedos.
—Eres perfecta, hasta el último centímetro de ti, Brielle —susurro contra
su piel.
***
Mi cliente del almuerzo sale treinta minutos más tarde de lo planeado.
Dejándome en un humor repugnante, horrible, y no estoy ni a medio
terminar con mi día de trabajo.
—Sarah —ladro en el intercomunicador.
—Sí, ¿señor? —responde de inmediato.
—Ordena el almuerzo de Caniglia's y pídales que se apuren. Me muero
de hambre y solo tengo treinta minutos entre reuniones.
Me recliné en la silla por un momento de silencio cuando llaman
suavemente a la puerta. Mierda, le dije a Sarah que mantuviera a todos
hasta después de las tres.
»Adelante.
La puerta se abre, y Brielle camina, cerrándola silenciosamente detrás
de ella.
»¡Brielle! ¿Has perdido la razón, qué estás haciendo aquí? —susurro tan
fuerte como puedo.
Página | 32
—No puedo esperar ni un segundo más para verte. —Se mueve por la
habitación hacia donde estoy sentado, y se mete entre mis piernas. Sus
labios encuentran los míos, luego ella deja caer sus labios contra mi cuello,
chupando suavemente.
—No podemos hacer esto aquí, Brielle. ¡Cualquiera puede entrar!
Pone su dedo contra mis labios para silenciarme y cae de rodillas. Jesús,
ella no está chupando mi polla detrás de mi escritorio. Estas fantasías de
trabajo que ves en televisión nunca funcionan en la vida real.
Mi polla está fuera de mis pantalones antes de que pueda detenerla, y
tiene sus labios alrededor de mi cabeza. Gruño por reflejo. Llevo mis manos
a su cabello y la guio suavemente hacia abajo sobre mi polla hasta que se
ahoga. Mmm... Un reflejo de nausea. Me encanta la sensación de su
apretada garganta alrededor de mi polla.
»Dios, eso es todo, nena. Chúpame la polla. Chúpala. —La ánimo. Mis
ojos casi retroceden en mi cabeza por el placer.
Su cabeza se balancea arriba y abajo sobre mi polla, cada vez me
chupa más profundamente en su garganta.
»Me voy a correr, princesa. Déjame correrme por tu garganta. —
Empujo su cabeza hacia abajo aún más hasta que siento mi polla golpear
la parte posterior de su garganta. Siento mi semen corre por su garganta en
montones, cálido y húmedo, y ella traga con avidez. Lame cada gota desde
la cabeza hasta que me acomodo en mis pantalones.
»Jesús, Brielle —le digo mientras se para frente a mí.
—Necesitabas que te alegrara el día y estoy más que feliz de
complacerte. —Se inclina por un beso y luego me deja sin palabras.
Página | 33
Capítulo 7
Brielle
M e despierto con dedos frotando contra mi clítoris.
—Despiértate y levántate, Princesa —dice William con voz
ronca. Una sonrisa se extiende por mi cara.
—¿Seguro que estás listo para otra ronda después de
anoche, viejo? —Bromeo con él.
—Oye, oye, oye. Vigila tu boca, señorita.
—No eres mi padre. No me puedes decir qué hacer. —Bromeo con él
de nuevo y me muerdo el labio.
—Oh, ¿no? —Se sienta, y me gira en broma, arrancándome las bragas,
su palma golpeando contra mi culo. Me gustó eso, mucho—. No me
respondas de nuevo, Princesa. —William acaba de bajarme las bragas.
Dejándome completamente desnuda dado que duermo sólo en ropa
interior.
—Mmmm, está bien, Papi —susurro y me giro sobre mi espalda de
nuevo.
—¿He dicho que podías darte la vuelta? Te quiero a cuatro patas,
Princesa. —No puedo dejar de reír y hacer exactamente lo que dice.
Instintivamente arqueo mi espalda, presentándole mi coño con él detrás de
mí.
—Dios mío. Eres una jodida obra de arte, Brielle. Lo digo en serio. Cada
pequeño centímetro de tu cuerpo es puro. —Pasa su mano por mi espalda,
por encima de mi culo, y aprieta—. ¿Cómo diablos he tenido tanta suerte?
¿Cómo diablos pasó esto, Princesa?
—No sé, pero sé que no hay otro lugar donde preferiría estar —digo
mientras miro por encima de mi hombro hacia él, lamiéndome el labio
inferior.
—¿Quieres ser follada, Princesa? Dile a Papi lo que quieres. —Pone
ambas manos en mi culo y alinea su polla hasta mi coño húmedo y
palpitante.
—Sí, Papi Blackwell. Quiero que me folles. Quiero que folles mi apretado
coño mojado hasta que esté gritando tu nombre y gritando en éxtasis tan
fuerte que los vecinos te quieran. —Con eso, lame sus dedos y los mete en
Página | 34
mi vagina cogiendo mi humedad y frotándola sobre su polla. Su pene entra
en mí, y gime.
—Joder, bebé. Estás tan malditamente apretada.
—Vamos a ver cuántas veces la polla grande puede hacer que me
corra, chico grande.
—Oh, ¿es un desafío? —La mete más y me agarra el culo.
—¡Ahh! ¡Sí! Es un desafío. ¡Vamos, fóllame más fuerte, Papi! —grito. Mete
su polla de golpe más profundamente en mí, más rápido, más fuerte, más
rápido, más fuerte, más profundo—. ¡Oh fóllame! Fóllame. ¡Joder, sí! —
Mientras estoy corriéndome mis puertas dobles se abren, William para de
repente.
—¡Oh! ¡Dios mío! ¡Lo siento! ¡Lo siento, mija! —Estela deja caer mi
bandeja de desayuno, cubre sus ojos y grita. Se apresura a recoger la vajilla
rota y la comida derramada. Will y yo nos apresuramos a vestirnos. Voy
corriendo a ayudarla.
—Lo siento mucho, Estela. Lo siento.
Ella me mira y frunce el ceño.
—El señor William es demasiado viejo para ti, Brielle. El señor William es
amigo del señor Jon. ¡Necesitas a Jesús! —Me regaña en un áspero y alto
susurro—. ¡Qué vergüenza, mija!1
—Inglés, Estela. Inglés. Por favor.
—Qué vergüenza. ¡Y qué vergüenza usted! —grita Estela y me señala y
luego a William.
—¡Estela! Por favor, no le digas nada a papá. Por favor. ¡Te aumentaré
el sueldo!
—¿Cuánto? —Estela se cruza de brazos, mirando el desorden en el
suelo y de nuevo a mí, luego a William.
—Pon tu precio. —William deja ir.
1 Español en el original
Página | 35
Capítulo 8
William
T engo treinta y ocho años, prácticamente un maldito dinosaurio en
comparación con Brielle, pero puedo contar con una mano la
cantidad de veces que tuve un sábado "flojo". La princesa del
castillo insistió en que pasáramos el sábado en casa sin hacer
absolutamente nada. Confiscó mi computadora portátil y teléfono celular,
escondiéndolos en alguna parte para no ser encontrados. Imploró con esos
labios rosa, y ¿a quién coño estoy engañando? Me tiene envuelto alrededor
de su dedo meñique. Da la casualidad de que mi auto ha estado en el taller
durante los últimos días, así que me tomé un descanso de la oficina y fui a
buscarlo por la mañana temprano. Se había quedado dormida en mi
regazo a mitad de lo que fue la última película de chicas, y yo había estado
allí sentado mirando pero sin prestar atención. He estado pensando en lo
que sucederá cuando su padre descubra que he estado follando con su
hija. ¿Qué pensará? ¿Creerá que la amo sinceramente y no quiero nada
más que lo mejor para ella?
Ella se despierta de su sueño y me mira y sonríe perezosamente. Se da
vuelta hasta que me mira y baja mi cabeza para un beso.
—Mmm. Sabes que acabo de tener el mejor sueño.
—¿Eso es así? Ilumíname princesa —le digo, pasando mi mano por su
frente hasta que alcanzo la banda de sus pantalones de chándal.
—Bueno, tenía algo que ver con tu polla y mi trasero y dejaré que tu
imaginación haga el resto.
—¿Es eso una pista, bebé? —Me río.
Se levanta de mi regazo y me deja sentado solo en el sofá.
—Tal vez si puedes atraparme, podemos discutirlo, papi Blackwell. Era
una estrella de la pista en la escuela secundaria. —Corre escaleras arriba
lejos de mí, y estoy detrás antes de que pueda llegar a la cima. Para cuando
llega a la puerta de su dormitorio, la tomo en mis brazos. Sus risitas hacen
eco en la gran casa vacía, y por primera vez, siento una punzada en mi
corazón. Esta chica tiene que vivir aquí sola, día tras día. Claro, tiene a
Reese, y la ayuda, pero esa no es forma de vivir tu vida. Solo.
Página | 36
La llevo dentro y cierro la puerta con mi pie, arrojándola suavemente
sobre su cama. Me quito la camisa por detrás de mi cuello y la arrojo al piso,
y me tiendo sobre ella suavemente.
—Podría perderme en esto, princesa. No me di cuenta de lo mucho
que mi vida apestaba hasta que te convertiste en el centro de todo lo que
me rodea. Estaba sobrecargado de trabajo. Estaba cansado. ¿Y para qué?
—Niego, continuando—. Todos los días que paso contigo me hacen temer
el día laboral que viene. Dieciséis horas por día, sin hijos, nadie para
recibirme en la puerta. Todo este tiempo he estado haciendo esta mierda
por las razones equivocadas. Te quiero, Brielle. Te quiero para siempre, y no
me importa una mierda que se interponga en mi camino.
Sus ojos brillan con lágrimas, y asiente mientras empiezan a derramarse
por sus mejillas.
»No llores, princesa. Estamos en esto juntos. Haremos que tu papá
entienda. De algún modo.
Le quité el pantalón de chándal, junto con la sudadera con capucha,
y desenganché el sujetador de encaje que sé que eligió solo para mí.
Blanco. El color perfecto para mi niña.
»Te amo en blanco. —Beso el espacio suave entre sus tetas y me tomo
mi tiempo en cada pezón. Chupando, mordiendo, dejando evidencia de
mí en cada espacio que puedo en su cuerpo.
Cuando finalmente la tengo desnuda frente a mí, me siento y la miro.
Nunca me cansaré de ella. Nunca me cansare de tenerla envuelta
alrededor de mí.
Me quito los shorts y los calzoncillos y los echo a un lado. Ella tiene una
botella de KY en su cajón junto a la cama para jugar, y la tomo y la coloco
en mi polla.
»Veamos si solo eres charla, nena. Sabes que nunca bromeo cuando
se trata de ti —le digo mientras forro la cabeza de mi polla con su pequeño
culo apretado.
Sus ojos se abren, y sus manos se cierran en mis bíceps mientras me
muevo sobre ella.
»No puedo esperar para follarte aquí. —Paso mi dedo sobre su capullo
rosa para asegurarme de que esté mojado y listo para mí. Deslizo la punta
de mi dedo dentro lentamente, preparándola para lo que está por venir
hasta que la siento aflojarse levemente. Coloco mi polla allí una vez más y
empujo suavemente una fracción dentro de ella. Se estremece de dolor y
se muerde el labio.
Página | 37
»Relájate, no te tenses. —Pulgada por pulgada, la empujo dentro,
lentamente, hasta que estoy enterrado profundamente en su pequeño culo
apretado.
—¿Sigo adelante? —pregunto. He estado dentro de ella unos
segundos, y estoy listo para correrme. Lo más estrecho en que he estado
dentro y es el maldito cielo.
Asiente y se relaja contra la cama.
Me retiro por completo y empujo suavemente, lentamente. Pronto sus
gemidos pasan del dolor al placer, y me da la luz verde para llevarla al límite.
Deslizo mi mano entre nosotros y froto su clítoris suavemente mientras follo su
culo. Un par de círculos de mi dedo y ella se está cayendo a pedazos,
arañando mi espalda, golpeo mi polla más profundamente dentro de su
culo, y antes de que me corra, salgo y cubro su coño con mi semilla. Uso mis
dedos para empujar el resto del semen dentro de su coño hasta donde
puedo alcanzar. Estoy casi duro de nuevo viendo su pequeño coño rosado
cubierto con mi semen, reluciente. Mía.
»Eres mía. Te he tomado en todos los sentidos, y nunca le daré eso a
nadie más. Eres mía para siempre, princesa.
Juntos, nos quedamos allí sucios y pegajosos, pero de alguna manera
ambos contentos. Oigo el portazo de un auto y me siento.
»Brielle, ¿cuándo regresa Jon? —le pregunto.
—No hasta la próxima semana. ¿Creo? No estoy segura, no hablamos
mucho.
—¡Brielle! —Lo escuchamos llamar desde las escaleras.
¡Mierda!
Me tiro de la cama, recojo mis pantalones cortos y mi camisa, y corro
hacia el armario. ¿Es esto en lo que consistirá nuestra relación?
¿Conversaciones a escondidas y besos robados? La puerta del armario
apenas se cierra detrás de mí cuando escucho a Brielle abrir la puerta de la
habitación. Presiono mi oreja contra la madera para escuchar.
—¿Qué estás haciendo aquí, papá? El penthouse se está volviendo
demasiado grande y solitario? —dice rencorosa. Ya ha tenido suficiente de
él comprando su amor.
—Regresé a la ciudad antes, y pensé que pasaría para ver cómo
estaba. ¿Todo bien?
Su teléfono comienza a sonar, pausando su conversación.
—Sí, todo bien, estoy a punto de irme —dice.
Página | 38
—Eso es genial, Bri. Iremos a cenar pronto, ¿está bien? Promesa.
—Sí, claro. Ten un buen día.
La puerta se cierra, y la escucho correr hacia la puerta del armario. Se
abre y ella salta a mis brazos.
—Dios lo odio, Will. Es un maldito imbécil. No sé cómo lo has tratado
durante todos estos años.
—Paciencia. Además, no hacemos mucho fuera del trabajo. Tu padre
es... un hombre ocupado —le digo simplemente, silenciándola con un beso.
»Ahora, ¿dónde estábamos? —Continúo, llevándola de regreso a la
cama.
Página | 39
Capítulo 9
Brielle
emanas habían pasado desde el incidente cuando Estela nos pilló.
S William le pagó un ojo de la cara y les consiguió a ella y a su hija un
viaje de regreso a México para visitar a su familia. Mi teléfono sonó
y se encendió. Era Papi Blackwell.
Papi Blackwell: Me gustaría hablar de algunas cosas contigo esta
noche durante la cena en mi casa.
Princesa: Oooh suena delicioso. ¿Postre, también? ;)
Papi Blackwell: No esta noche...
¿Qué diablos es eso? ¿Brielle? Soy su Princesa. Él nunca es seco
conmigo, y seguro como la mierda que nunca me dice no cuando se trata
de sexo. Genial, va a terminar con esto. Puedo verlo. Me va a abandonar y
dejarme más rota que cuando me encontró. Que se joda. Que jodan a esto.
Agarro mi teléfono y llamo a Reese.
—¡Hola! —responde burbujeante.
—H-Hola —lloriqueo.
—Oh Dios mío. ¿Qué pasa? ¿Tengo que matarlo?
—Yo… yo creo que sí. —sollozo.
—Estoy de camino.
—Para y consigue una prueba de embarazo, también.
—¡Qué! Estás bromeando, ¿verdad?
Toque finalizar en mi teléfono.
***
—¡Vas tarde! ¿Qué coño quieres decir con que estás retrasada? —
exclama Reese.
—¡Quiero decir que estoy retrasada! ¿A qué coño crees que me
refiero? Estoy retrasada, y él está diciéndome esta mierda. Iba a decírselo
esta noche, y tal vez hacerme la prueba con él allí. —Sollozo más fuerte.
Página | 40
—Estará bien. Estará bien, Bri. —Me consuela y me frota la espalda—.
Vamos, hazte la prueba. —Me guía al baño, confortándome todo el
camino. Llegamos al baño, y abre la caja azul, saca la prueba junto con las
instrucciones.
—¿Quieres orinar en el palo o en una taza y podemos probarlo en la
copa? Dice que se obtienen mejores resultados meando en el palo. Sin
embargo, deberías haberlo hecho con tu primer pis —divaga Reese. Creo
que puede estar más nerviosa que yo ahora.
—¡Sólo dame la jodida prueba!
—¡Está bien, está bien! —Me entrega la prueba, me bajo mis
pantalones, y me siento en el inodoro, colocando la prueba de embarazo
entre mis piernas—. Oh, Dios mío, Bri. ¿Qué si sale positivo? ¿Qué carajo
harás? —Comienza a entrar en pánico.
—¡Cálmate! Seguramente estoy retrasada porque he estado estresada
por la posibilidad de que mi padre se entere de lo mío con Will. Apuesto a
que no es nada.
Saco el palo y lo pongo en el fregadero. Ella lo agarra con la misma
rapidez.
—¿Qué haces? ¡He meado en eso!
—¡No me importa! Quiero saberlo tan pronto como aparezca.
—¡Yo también! ¡Tráelo aquí!
—No. ¡Te lo diré, por favor! —suplica.
—Uf. Bien. —Ruedo mis ojos.
Los segundos pasan, cada uno sintiéndose como minutos.
¡Bip!
Su mano vuela a su rostro y golpea sobre su boca.
—Oh mi dios de mierda, Brielle. Estás tan jodida. ¡Estás embarazada!
—¡Cállate! No, no lo estoy. —Me río con nerviosismo. Arranco la prueba
de su mano. Ahí está, mirándome. Sólo una palabra, una palabra que
cambia la vida.
Embarazada.
***
Finalmente llego a la casa de William. Ahí está. Puedo verlo a través de
su ventana, de pie en la entrada, esperando mi llegada. ¿Cómo coño voy
a decirle que estoy embarazada? Está a punto de romper conmigo, y llevo
Página | 41
a su bebé. Abre la puerta para saludarme antes de que llegue al escalón
final.
—¿Qué pasa, Bri? Parece que has estado llorando.
Mis lágrimas se me escapan, y comienzo a llorar. Envuelve sus brazos
alrededor de mí.
—¿Que está pasando? Háblame.
—¿Por qué no me llamas Princesa? Empecemos con eso. ¡Estás a punto
de romper conmigo, te lo puedo decir!
—Venga. Vamos a sentarnos.
Ando con él a su sofá, y se sienta a mi lado.
—He estado pensando mucho acerca de nosotros y lo que tenemos...
las cosas se han puesto tan serias, tan rápido entre nosotros. Sé que no fue
planeado, pero estoy enamorado de ti Bri. Estaba nervioso como la mierda
incluso por tener esta conversación contigo, pero necesito que lo sepas. No
me importa un carajo la diferencia de edad, o lo que Jon vaya a pensar.
Esta es nuestra relación, nuestra vida. Nosotros la controlamos y nadie más.
Sólo quiero saber si estamos en la misma página. —Me mira con ojos
penetrantes, y siento mi resolución rompiéndose.
—Estoy embarazada, Will.
—¿Qué?
—Nos absorbió el momento, perdimos la cabeza, y ahora estoy
embarazada. Me hice una prueba esta mañana.
Deja caer su cabeza entre sus manos, y mi estómago da una vuelta.
Nunca he estado más nerviosa en toda mi maldita vida.
—Sé que esto no es lo que querías o esperabas, pero es nuestra
realidad. Espero que me apoyes a través de ello —digo en voz baja.
—¿Me estás tomando el pelo? ¿De verdad crees que te dejaría
atravesar esto sola? Eres jodidamente todo para mí, Bri. Joder, nunca esperé
ser padre. Mira el trabajo de mierda que hizo mi padre criándome. Mi vida
gira en torno trabajar, mi trabajo, la oficina. Siento que no puedo ser el
hombre que necesitas. Siento que te defraudaré.
Por una vez, me deja ver su parte débil. La parte que esconde tras la
máscara, lejos del mundo.
—No sé lo que depara el futuro, Will, pero sé que necesito que seas una
parte de ella con el bebé y conmigo.
Página | 42
Sonríe al escuchar sobre su bebé. El alivio inunda mi cuerpo en un
torrente.
—Me estás dando algo que no me di cuenta de que necesitaba. Algo
tan jodidamente oculto dentro de mí, y que has traído a la superficie. Somos
tú y yo, Princesa. Estamos creando nuestra propia familia ahora.
Página | 43
Capítulo 10
William
stoy harto de esconderme. Estoy harto de tener que ocultarla del
E mundo en lugar de mostrarla como debería ser. Es una diosa, algo
que cualquier hombre estaría orgulloso de tener. Y lo estoy.
Orgulloso. Estoy loco por esta chica, independientemente de la situación o
circunstancia. No puedes evitar lo que el corazón siente. Ni siquiera puedo
explicar la sensación que tengo de saber que lleva mi hijo. Mi legado. Mi
teléfono se ilumina con un mensaje, lo cojo y veo que es de Brielle.
Llámeme lo antes posible, emergencia.
Inmediatamente toco el botón del teléfono para llamarla. Responde al
primer tono.
—Ho-la. —Ha estado llorando, lo oigo en su voz cuando tartamudea el
saludo. Me hiela la sangre.
—¿Que ocurre nena?
—Mi estúpido jodido padre. Hicimos planes para cenar hace semanas,
y lo prometió. Juró que estaría allí, Will. ¿Puedes creer que su maldita
secretaria llamó para cancelar? —Su voz se eleva octavas mientras
continúa su historia—. ¡Su secretaria! Ni siquiera tiene la puta decencia de
llamar y cancelar. Tenía que hacer que alguien más hiciera el trabajo sucio.
Estoy tan harta de él. Piensa que su dinero me puede pacificar y lo he
superado. Prefiero estar jodidamente en la banca rota y sin hogar que seguir
permitiendo que crea que puede comprar mi amor.
Ella estando molesta por él me enfada, me da rabia saber que él es
quien le hace daño.
—Tengo una idea. Haré planes con tu padre. Haré planes para cenar y
haré que se reúna conmigo, puedes estar allí. Hablaremos hablar con él y le
diremos lo que está pasando.
—¿Estás seguro? No quiero causar ninguna tensión entre ustedes. No
creo que se lo tome muy bien —susurra.
—Estoy seguro, y estoy listo. Nos vemos esta noche para cenar,
Princesa. Ponte algo blanco para papi —bromea.
Página | 44
—Hasta entonces.
La línea muere. Lista o no…
***
El restaurante está tranquilo, pero lleno como de costumbre. Elegí este
lugar cuando preparé la cena por su privacidad, a pesar de su vida
nocturna. No estoy seguro de qué necesitaremos más cuando tengamos
esta conversación. Le dije a Brielle que apareciera unos minutos tarde para
hacer una entrada. No sé si es la forma correcta de acercarse a él o no,
pero algo tiene que dar. No voy a tenerla molesta por esto por más tiempo,
y me siento responsable de su felicidad. Sea su padre o no, está de pie en
el camino.
Estoy sentado en la parte de atrás, a la espera de su llegada, ya con
dos whiskys para cuando él entra por la puerta. Unos veinte minutos más
tarde. Típico.
—Que agradable que te unas a mí, Jon —digo secamente, sin
molestarme en levantarme de mi asiento.
—Lo siento, ya sabes cómo va, hombre. Atado a la oficina. —Saca la
silla, y se pone justo frente a mí, pasándose las manos por su pelo. Se ve
despeinado. Estoy seguro de que lo que lo mantenía atado no tenía nada
que ver con la oficina.
Un mensaje ilumina mi móvil, dice, Estoy aquí.
Justo a tiempo.
Minutos después, Princesa aparece por la puerta, viéndose como un
millón de dólares en un vestido que llega hasta el suelo y abraza cada lugar
donde quiero poner mi lengua. Se ve como una verdadera diosa esta
noche.
Se pasea hacia nosotros y toma su lugar junto a mí, y le sonríe desde mi
asiento.
—Hola papi —dice simplemente. No sé si ella se está dirigiendo a su
padre, o a mí, pero asumiré que a mí, dado que nunca mira hacia él.
Se ve sobresaltado.
—Brielle, no sabía que te unirías a nosotros. Lo siento, tuve que volver a
reprogramar la cena. Algo apareció en el último minuto. —Tiene las bolas
para buscar un poco de pena, lo que hace que quiera poner un puño en
su rostro. Todo por el espectáculo. Eso siempre es su motivo. A quienquiera
que pueda engañar, incluso a su propia hija.
Página | 45
—Sí, bueno supongo que es la única manera en que puedo hacer
planes contigo —espeta cruzando sus brazos sobre su pecho. Casi no puedo
concentrarme con la forma en que sus pechos son empujados hacia arriba
juntos.
—Jon, hay una razón por la que estamos los dos aquí. Sabes que los
últimos meses han sido agitados para mí. Han sido muy diferentes, y tu hija
es la razón tras eso. Estoy enamorado de ella, Jon. No fue nuestra intención
ocultártelo, es por eso por lo que estamos aquí ahora. —Tomo su mano sobre
la mesa.
—Will, ¿estás bromeando? —exclama.
—No. Voy a ti como un hombre y te permito saber lo que tu hija adulta
y yo hemos estado haciendo. No es que realmente te importe un carajo si
algo no tiene que ver con el trabajo o un coño apenas legal.
—Sí, jodete, Will. No puedes juzgar mis decisiones.
—Sé que nunca pondría por encima de mi hija a un coño, Jon.
—Papi, lo amo y o lo aceptes, o no. No cambiará nada —dice
directamente.
La mira fijamente por un momento y luego dirige su atención hacia mí.
—¿Seguro que esto es lo que quieres hacer, William? Absolutamente
seguro.
—Sin lugar a dudas. —No lo dudé.
—Entonces, prepárate para jodidamente perder todo en lo que has
trabajado tan condenadamente duro todos estos años. Por ella.
Se pone de pie bruscamente, casi tirando su silla hacia atrás y se va.
Ella está lloriqueando en silencio a mi lado. La gravedad de lo que está
pasando me golpea como una tonelada de ladrillos. Durante años he
trabajado para lograr las cosas que tengo.
¿Vale la pena empezar de nuevo? ¿Vale la pena perder todo lo que
he construido desde cero?
Sin ninguna jodida duda. Él quiere una guerra, conseguirá guerra.
Estoy jugando para ganar.
CONTINUARÁ
Página | 46