Rory Ireland - Indecent Infatuation
Rory Ireland - Indecent Infatuation
Índice
Sinopsis
Aclaración
Advertencia
Dedicatoria
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Capítulo Cuatro
Capítulo Cinco
Agradecimientos
Sobre la Autora
s
SINOPSIS
s
ACLARACIÓN
s
ADVERTENCIA DE
CONTENIDO
s
INDECENT INFATUATION
RORY IRLAND
s
Jay-quellin, no podría pedir una mejor asistente perso-
nal, editora y amiga. Estoy tan agradecida de que al-
guien finalmente reciba todas mis referencias. Así que
este libro está dedicado a ti, pero al igual que, por ejem-
plo.... cincuenta y cinco por ciento.
s
Capítulo 1
ELIJAH
Quiero golpear su cara contra el mostrador y
romper su cráneo por sonreírle, en cambio, me inclino
en la cabina en la que estoy sentado. Observo cómo el
jodido tipo de la Ivy League se inclina demasiado hacia
adelante en el mostrador de este restaurante de mierda.
No puedo escucharlo, pero debe contarle algún chiste
que hace sonreír a Cadence cuando ella pone el plato con
huevos y tocino frente a él.
—¿Estás bien, Eli?— Nicole pregunta, y final-
mente la miro. Se estira sobre la mesa y pone su mano
sobre una de las mías. Ella es mi novia, pero no el amor
de mi vida. Ese título se lo di a Cadence hace mucho
tiempo. Ella es “mi zorrita”. La parte jodida es que tam-
bién es mi prima.
—Sí, simplemente no me gusta ese tipo.— In-
clino mi cabeza hacia el niño de mamá bronceado por el
sol, envuelto en ropa de diseñador y zapatos náuticos.
Colt ha sido amigo de Cadence desde que éramos niños,
y la única razón por la que todavía está vivo es porque
ella me pidió que no lo lastimara. De lo contrario, le ha-
bría dado con un bate de béisbol en la nuca. Una herida
s
limpia. No es que lo haya pensado un par de cientos de
veces a lo largo de los años o nada psicótico.
Nicole aparta dramáticamente su mano de mí,
como si se hubiera quemado. La única razón por la que
está aquí, o por la que la entretengo, es por Cadence. Nos
atraparon de nuevo esta mañana acurrucados en mi cama
por la tía Angela. Para salir de eso señalé el hecho de que
he tenido la misma novia desde que me mudé con ellos.
Sé que está mal, no debería usar a Nicole de la forma en
que lo hago, pero realmente me importa una mierda. Ca-
dence es todo lo que me importa, y si eso significa que
necesito mantener a Nicole cerca, eso es lo que haré. Me
mudé con la familia de Cadence después de que mi padre
muriera con el pretexto de ayudarlos a pagar sus cuentas.
Por supuesto, la tía Ángela tergiversó la narrativa y les
dijo a todos que me acogió porque necesitaba apoyo
emocional. Mi padre era un imbécil adicto a las drogas, y
no lo extraño. Si mi tía fuera la mitad de inteligente de lo
que pretende ser, se daría cuenta de que me importa una
mierda otra cosa que no sea su hija.
—No te gustan los hombres que muestran algún
interés en Candence, querrás decir.— Jesús, ¿esta perra al-
guna vez se calla la puta boca? Me cruzo de brazos, dejando
que mis dedos rocen mis tatuajes porque si no me dis-
traigo de alguna manera, voy a cruzar la mesa y estrangu-
larla. Me queda un nervio y ella está empeñada en que-
jarse hasta que se rompa.
s
—¿Incluso vas a negarlo?— Nicole susurra con
dureza.
—Ella es mi primita.— Las palabras son amargas
cuando salen perfectamente ensayadas de mi boca. Ella
tiene diecinueve años, yo tengo veintiuno y no somos pa-
rientes de sangre, pero crecimos juntos como verdaderos
primos y eso hace que todo sea turbio. Siempre he sido
protector, muy protector con ella, y soy a quien siempre
busca por consuelo. No fue hasta que crecimos que su
madre se opuso a que Cadence se sentara en mi regazo o
nos acurrucáramos en el sofá. La noche en que arrestaron
a su padre y avergonzaron públicamente a su familia por
sus crímenes, se subió a mi regazo y me pidió que la abra-
zara mientras lloraba. Sólo que en lugar de dejar que sus
piernas colgaran a un lado y se enroscaran en mi pecho
de la forma en que lo haría normalmente, se sentó a hor-
cajadas sobre mi regazo. Su vestido subió por sus muslos,
e instintivamente, mis manos migraron allí, acercándola
más y dejándola enterrar su rostro en mi cuello.
Fue entonces cuando mi atracción por Cadence
se convirtió en una obsesión en toda regla. Ella es virgen,
tan dulce e inocente. Pero también sé que mis manos so-
bre su cuerpo la hacen sentir algo que nunca podría sentir
con nadie más. Así que no la he presionado por más de
lo que me ofrece. Por ahora.
—No actúas como si quisieras asesinar a alguien
s
cuando los chicos coquetean conmigo —se queja Nicole,
pero rápidamente reemplaza su ceño fruncido con una
sonrisa falsa cuando Cadence se acerca a nuestra mesa.
—Lo siento chicos, ha sido como un manicomio
aquí esta mañana.— Ella es la cosa más bonita en este
restaurante cochambroso, y odio que tenga que trabajar
aquí. Pero cuando eres la hija del exjefe de policía que
resultó que vendía las drogas que confiscaba a los trafi-
cantes, no te contratarían en muchos lugares. Él fue
quien enganchó a mi padre en las pastillas que lo mata-
ron. Pronto saldrá de prisión, y aunque la tía Ángela dice
que no lo dejará volver a la casa, todos sabemos que es
mentira.
—Tomaremos dos combos de desayuno —de-
cide Nicole sin preguntarme, pero me importa un carajo.
No es que venga aquí por la comida.
—¿Blanco, trigo o c-c-enten-o?— Cadence tro-
pieza con la última palabra cuando dejo que mis nudillos
se arrastren desde su rodilla hasta justo debajo del dobla-
dillo del vestido rosa pálido y el delantal blanco que ha-
cen que todas las camareras usen. Me encanta que se
ponga nerviosa por un toque tan simple. Es apenas se-
xual, pero mi polla está dura solo de recordar la pequeña
camiseta sin mangas y las bragas que llevaba cuando se
metió en mi cama anoche. Tratar de evitar que mueva su
culo contra mi polla dura antes de que se duerma es mi
puta historia de origen de villano. Pero yo soy alto y ella
s
no mide nada, así que me las he arreglado. Apenas. Puede
que no sepa cómo se siente su coño, pero pronto lo sa-
bré.
Me doy cuenta de que me desconecté cuando Ni-
cole me patea debajo de la mesa. —¿En qué planeta es-
tás, Eli? Dios, puedes ser un imbécil. ¿Qué quieres be-
ber?— La miro fijamente, pero ella no se da cuenta por-
que Cadence se mueve sobre sus pies, alejando su piel
sedosa de mi alcance. Quiero saber qué bragas se puso
después de la ducha esta mañana. ¿Son las de encaje rosa,
que siempre serán mis favoritas?
—Sabes que está gruñón por las mañanas —bro-
mea Cadence, pero puedo escuchar el temblor en su voz.
Me encanta poder hacerle eso. Le doy la vuelta jugueto-
namente y ella sonríe, agradecida de que esté interpre-
tando el papel de primo mayor malhumorado sin es-
fuerzo. Nunca lo ha dicho, pero sé que piensa en lo que
podría ser si lo llevara demasiado lejos. Tiene esa mirada
suave y necesitada justo antes de que sus pestañas se cie-
rren y se empapen de las manzanas de sus mejillas. La
única razón por la que no la he tomado, haciéndola com-
pletamente mía, es que sé que una vez que lo haga, no
podré parar. No hay un hijo de puta al que no mataría si
se interpusiera en mi camino
Es domingo, así que tendré que entretener a Ni-
cole todo el día. Ya que el taller mecánico en el que tra-
bajo está cerrado los fines de semana, no puedo usar un
s
turno extra como excusa. No estoy seguro de poder pa-
sar todo el día escuchando sus incesantes quejas cuando
mi mente todavía está en las bragas de Cadence.
—Él está de mal humor todo el tiempo —se
queja Nicole y luego me da una pequeña sonrisa que sería
linda si no fuera porque agrega.— ¿Colt está en la ciudad
solo para verte? Se ve bastante enamorado.
Cadence se remueve incómoda, apartando me-
chones de su cabello rubio rojizo que han salido de su
moño desordenado. —¿Colt? Ah, no. Está en casa llegó
del MIT1 para visitar a su familia antes de que llegue el
invierno. Se supone que este año será difícil.— Colt es
un chico de fondos fiduciarios, y la única razón por la
que conoce a Cadence es porque lo echaron de esa lujosa
escuela privada y tuvo que vivir en un barrio marginal
con el resto de nosotros durante unos años.
—Ustedes dos harían una pareja tan linda.— Ni-
cole me mira directamente a los ojos cuando habla antes
de volver su atención a Cadence.
—Bueno, dijo que hay algo que necesita pregun-
tarme. Tal vez quiera casarse conmigo y sacarme de este
basurero.— Cadence ríe alegremente, claramente bro-
meando. Ella nunca se casaría con alguien por su dinero,
pero la idea de sus manos sobre ella, su anillo en su dedo
me da ganas de romper cada hueso de su cuerpo.
s
—¿Por qué fue expulsado de Hollow Hill Prep
otra vez?— Estoy siendo un imbécil, pero me importa
una mierda. Ella es mía. Puede que todavía no lo entienda
por completo, pero me pertenece. Cuando solo me mira
con los ojos muy abiertos, sus labios entreabiertos por la
confusión porque mi tono es duro, agrego—. Ve a hacer
nuestro pedido, no tengo todo el jodido día.— Algo den-
tro de mí se alegra cuando el dolor destella en sus ojos
verdes. Apenas pasada la medianoche, estará trepando en
mi cama, acurrucándose en mi pecho como si hubiera
sido moldeado para ella. Así de jodido estoy de la cabeza
por esta chica. Disfruto molestarla porque sé que soy el
único que puede hacerla mejor.
—Todo lo que digo es que tal vez deberías darle
una verdadera oportunidad en lugar de pasar todo tu
tiempo con Elijah.— Puedo escuchar la ira hirviendo a
fuego lento, incluso a través del tono condescendiente
que está usando.
Cadence inmediatamente me mira ante la acusa-
ción, pero se recupera, volviéndose hacia Nicole cuando
dice. —N-no paso todo mi tiempo con Elijah, pero
él…— Sus palabras son interrumpidas por Nicole.
—Cada vez que lo llamo, estás con él cariño. Tie-
nes que dejar de depender de mi novio por apoyo emo-
cional. Lo dejé pasar porque tu papá está en prisión,
pero…
—¡BASTA!— Golpeo mi puño en la mesa, y es
s
lo suficientemente discordante como para hacer que
todo el restaurante se quede en silencio por unos segun-
dos.
Nicole finge inocencia, como si no estuviera tra-
tando de manipular a Cadence justo en frente de mí. —
Solo estoy tratando de ayudarla…
—Si necesito consejos sobre una relación, me
aseguraré de hacértelo saber, ya que parece que la tuya va
muy bien —dice Cadence.
Tengo que taparme la boca con la mano para
ocultar mi sonrisa sorprendida. Cadence suele ser tan
dulce, y es tan jodidamente caliente cuando se reafirma a
sí misma.
—¡Eli! ¿Vas a dejar que me hable de esa ma-
nera?— Nicole llora cuando Cadence se aleja rígida sin
decir nada más. Las lágrimas de cocodrilo de Nicole no
me distraen de la sonrisa satisfecha que tira de sus labios
mientras se mete el pelo corto y rubio en un pasador. Sus
piercings en los pezones son visibles a través de su fina
camiseta blanca mientras arquea la espalda en un estira-
miento exagerado. Se los hizo porque le dije que me gus-
taban, pero se quejó del dolor, tratando de hacerme sen-
tir culpable por ello. Pongo los ojos en blanco mental-
mente cuando recuerdo la forma en que ella no me ha-
blaba de camino a casa porque no me ponía celoso de
que los chicos de la tienda de tatuajes vieran sus tetas
desnudas. Realmente no me ha importado una mierda
s
desde el primer día, y a veces me pregunto por qué se
queda esperando a que yo se lo demuestre. Todo en lo
que puedo pensar es en la piel intacta de Cadence y cómo
se vería con barras plateadas a través de sus pezones ro-
sados. ¿Se los pondría si se lo dijera? ¿Haría eso por mí?
—¿Cuál es tu problema hoy?— Me doy cuenta de
que Nicole ha estado hablando y no he oído una palabra
de ello. Parece como si le hubiera dado una bofetada en
la cara, pero incluso eso no me produce placer, solo mo-
lestia.
He tenido suficiente de su mierda, y no puedo
mantener la calma por más tiempo. Me inclino y espeto.
—La única razón por la que tu boca debería estar abierta
es para chuparme la polla, así que cállate.
s
de antes.
Ignoro la pregunta. Tuve que dejar a Nicole en la
casa de sus padres después de todo un maldito día entero
con ella tocándome. Incluso después de que ella co-
menzó a llorar en el restaurante en un esfuerzo por hacer
que Cadence se sintiera mal por responderle. Ella piensa
que es mucho más inteligente que nosotros, pero veo a
través de ella. Tan pronto como estuvimos solos en mi
camioneta, actuó como una perra en celo. No estoy se-
guro de cuánto tiempo más puedo aguantarla, incluso
para ocultar mis sentimientos por Cadence. Sus últimas
palabras antes de salir de mi camioneta fueron «Tenemos
que hablar, Eli». Probablemente soy el único tipo en el
mundo que no puede mantener una novia que ni siquiera
quiere.
—¿Por qué no me dijiste que estabas trabajando
en un segundo turno?— Sé que estoy siendo cortante
con Cadence, pero estoy de mal humor. Estoy bastante
seguro que decirle que quiero golpear la cabeza de su
amigo con el bate de béisbol que guardo en mi camioneta
no va a mejorar nada.
—Háblame amablemente, Elijah.— Cadence
hace un puchero con los labios y estoy jodidamente duro
como una roca con sólo mirarla. Claramente está ex-
hausta, y eso me enoja, que trabaje tan duro. Pero mi
parte enferma está emocionada porque sé lo flexible que
estará en mis brazos esta noche. Solo quiero llevármela
s
de aquí, de esta vida que no se merece. Se estira y toca un
lado de mi cara, y eso calma instantáneamente mis pen-
samientos apresurados—. Son sólo un par de manzanas.
No tienes que preocuparte por mí todo el tiempo. Puedo
caminar, ya sabes —me dice, sonriendo dulcemente.
Cuántos putos tíos en esta mugrienta ciudad po-
drían parar y hacer vete a saber qué en los veinte minutos
que ella tardaría en llegar a casa. Sólo la miro fijamente y
le digo. —Sube.
No hablamos la mayor parte del camino, y un me-
jor hombre la llevaría directamente a casa, le prepararía
un baño y la dejaría dormir un poco. Pero no soy un buen
hombre, y estoy jodidamente obsesionado con ella.
—¿Adónde vamos? —pregunta soñolienta, y
puedo sentir su mirando en mi perfil mientras conduzco
fuera de la ciudad.
—Violent Peak —le digo en broma, porque so-
líamos ir de vacaciones a Hollow Hill Mountain cuando
éramos niños, antes de que nuestras familias se convir-
tieran en una jodida broma. Antes de saber en qué mise-
rable hijo de puta me convertiría porque no puedo tener
la única cosa que más quiero. Nada me gustaría más que
llevarla a la cima de la montaña, hasta Violent Peak, y
quedármela solo para mí. Siempre he deseado la natura-
leza salvaje de un lugar remoto como ese. Cadence es lo
único que me ha mantenido aquí durante tanto tiempo.
s
No estoy por encima de secuestrarla y quedármela vo-
luntariamente o no. A medida que pasan los días, la parte
oscura de mí que se preocupa por algo excepto por ganar
y poseerla, y es sólo cuestión de tiempo antes de que
gane. Sería la época perfecta del año para desaparecer y
empezar a construir nuestra nueva vida antes de que lle-
gue el invierno. Lo he pensado tantas veces que sé cómo
lo haría, paso a paso.
Echo un vistazo para ver su reacción, y no estoy
decepcionado. Se ha quitado los zapatos y las puntas ro-
sadas de sus pies descansan sobre mi tablero. Quiero
acercarme y pasar mi mano desde su rodilla hasta su
muslo, pero agarro el volante en su lugar. Ella me sonríe,
como si huir juntos a las montañas suene como una
buena idea. Siempre le ha gustado la naturaleza salvaje
que ofrecen las montañas, los árboles y los paisajes que
no están sobrecargados por los edificios y el smog que
esta ciudad tiene para ofrecer. Sé que ella sería feliz allí
conmigo. Ella no necesitaría a nadie más.
Tenía toda la intención de conducir por un
tiempo hasta que mi erección finalmente se calmara y
luego llevarla a casa. Pero hay un coche que me pisa los
talones y no estoy de humor para que me pongan otra
multa por ir a sesenta en veinticinco. Me hago a un lado
de la carretera y el coche vuela a mi alrededor, acelerando
el motor a medida que pasa. Observo las luces traseras
mientras desaparecen en la oscuridad. No pude ubicar de
s
quién era el vehículo, pero quienquiera que fuera sabía
que era yo. Tengo muchos enemigos en esta ciudad, prin-
cipalmente porque no me daré la vuelta y haré lo que se
me pida. Y también, porque soy un maldito imbécil la
mayor parte del tiempo. Necesito llevarla a casa antes de
que quienquiera que haya sido dé la vuelta y comience
algo conmigo. Tengo mi bate de béisbol detrás de mi
asiento y una pistola en mi consola central si deciden que
quieren jugar esta noche. Pero no quiero que Cadence
vea toda esa mierda. Intento protegerla tanto como
puedo, protegerla de la mierda sórdida que sucede en esta
ciudad, pero sé que ha visto su parte justa. Ella ha estado
llorando por cosas que los clientes del restaurante le han
hecho y dicho, y yo siempre me he encargado de eso.
Nunca sabrá las cosas brutales que he hecho para prote-
gerla. He roto rótulas, dedos y destrozado mandíbulas.
Vi el horror en sus ojos cuando los rocié con gasolina y
sonreí cuando encendí los fósforos. He matado hombres
por el simple hecho de hacerla sentir incómoda. Es posi-
ble que no sepa los detalles sangrientos, pero seguro que
sabe que nunca ha tenido que lidiar con el mismo imbécil
dos veces.
Cadence se mueve en el asiento para mirarme.
Mis ojos se sienten atraídos por sus piernas bronceadas
mientras las levanta en el asiento y su uniforme se sube.
Instintivamente, me estiro y ahueco mi gran mano alre-
dedor de su delicado tobillo. Estira las piernas sobre mi
s
regazo y la agarro un poco fuerte, ajustándola para que
no sienta lo jodidamente duro que me pone.
Joder, odio no poder meterme en su cabeza, saber
cada pensamiento que cruza por su mente. En un mo-
mento, Cadence y yo compartimos cada pensamiento,
cada respiración, y ahora tengo que esconder mis deseos
indecentes por ella para protegerla. Ella tiene que sentir
el cambio, porque me mata a mí también. Veo la forma
en que me evalúa, sin saber si la atacaré como lo hice hoy
en el restaurante. —¿Te reconciliaste con Nicole? —pre-
gunta, y no puedo identificar la mirada que me está
dando. ¿Triste? ¿Incierta?—. Ella estaba llorando bas-
tante.— Se muerde el labio, y me pregunto si se ha dado
cuenta del hecho de que a Nicole no le gusta lo unidos
que somos.
—Ella está siendo una perra como siempre —
murmuro las palabras, deslizando mi mano desde su to-
billo hasta su rodilla. Su respiración se queda atrapada en
su garganta, y una ráfaga de adrenalina me golpea direc-
tamente en la polla. Me importa una mierda nada excepto
este maldito sentimiento. Mi mirada va de sus ojos muy
abiertos a sus labios carnosos.
—Siempre me he preguntado por qué estás con
ella.— Cadence aparta la mirada tímidamente y luego fi-
nalmente fija sus ojos en los míos. —Ella es tan mez-
quina. No me cae mal mucha gente, pero no la soporto.
No creo que le guste que seas mi mejor amigo —dice y
s
la tensión en su voz mientras elige cuidadosamente sus
palabras me tiene pendiente de cada palabra. Estoy duro
como una roca y cuanto más baila sobre el estado de
nuestra relación, me excita aún más—. A veces creo que
está celosa por la forma en que me miras.— Veo cómo
el rubor recorre sus pálidas mejillas y no sé hasta dónde
va a llegar. Es la primera vez que alguno de nosotros re-
conoce que hay algo más que una amistad o un vínculo
familiar entre nosotros.
Me aclaro la garganta antes de preguntar en voz
baja. —¿Cómo te miro, “zorrita”?
Se cubre la cara avergonzada, pero no permitiré
nada de eso. Ella no esconderá ninguna parte de ella de
mí. Quiero conocer sus pensamientos más profundos y
oscuros y quiero darles vida. —Dime —gruñí.
No estoy seguro de lo que espero que diga, pero
no estoy preparado para que se arrodille y se mueva para
sentarse a horcajadas sobre mi regazo. La agarro por las
caderas, evitando que se siente en mi regazo. Hay esa mi-
rada necesitada en sus ojos otra vez, y me dan ganas de
rasgar sus bragas a un lado y follarla justo aquí al lado de
la carretera.
Tal vez sabe más de lo que le estoy ocultando de
lo que pensaba. —Estás jodidamente jugando con fuego,
Cadence.— Le advierto cuando sus manos se posan so-
bre mis hombros, sus uñas se clavan en la camisa de fra-
nela que llevo puesta y hace que mi polla salte.
s
—No me importa si me quemo —susurra, levan-
tando una de sus manos para ahuecar un lado de mi cue-
llo—. Sé que no está bien, pero… —no logra terminar el
resto de su pensamiento porque mi resistencia se ha roto.
La acomodo en mi regazo con fuerza y sus rodi-
llas se abren para que su trasero quede al ras contra mis
muslos. La sensación de su coño presionado contra mi
palpitante polla es suficiente para hacerme gemir. Ella ja-
dea y no estoy seguro si está sorprendida de que ya esté
duro, o si nunca ha estado tan cerca de un hombre antes.
Deslizó mis manos debajo de su vestido y agarró sus ca-
deras, mis pulgares se deslizan debajo de la delgada banda
de sus bragas.
Inclino mi cabeza hacia atrás y observo su rostro
mientras levanto mis caderas. Incluso con mis jeans y sus
bragas separándonos, es lo mejor que he sentido en mi
vida. Ella inclina la cabeza hacia un lado y sus ojos se
cierran con placer en mi tercer empuje. Una de sus pe-
queñas manos se desliza por mi cuello, y sé que debe sen-
tir la tensión que llevo allí. Estoy tratando con todos los
nervios de mi cuerpo para no sacarla de este maldito ca-
mión y follarla en el capo.
Cuando frota un lado de mi cara y su pulgar roza
mi labio inferior, la aprieto más fuerte sobre mí, mo-
viendo mis caderas hacia arriba para rozar su coño. De
todas las veces que he fantaseado con quitarle la virgini-
s
dad, nunca imaginé que sería así. Cualquiera podría acer-
carse y vernos, y debería importarme. Realmente debería,
pero me importa una mierda.
Antes de que pueda reaccionar, estoy arrancando
los botones de la parte posterior de su vestido y tirando
de la tela hacia abajo sobre sus pechos llenos. Me deleito
con su chillido de sorpresa por un momento y observo
el sostén de encaje rojo intenso que contrasta con su piel
pálida. Se muerde el labio inferior con timidez y me doy
cuenta de que probablemente se sienta expuesta. Debería
facilitarle esto, preguntarle si se siente cómoda. Pero
cuando se pone nerviosa, moviendo su trasero en mi re-
gazo, todo pensamiento coherente es arrojado por la
ventana.
—Maldita sea, “zorrita” —gruño, tirando del
suave encaje para que descanse debajo de sus tetas, ex-
poniendo sus pezones de color rosa a mis ojos codicio-
sos. Las pequeñas barras plateadas perforadas a través de
ambos pezones envían una chispa de placer directamente
a mi polla. Me inclino hacia adelante y la devoro, la-
miendo mi lengua a través del pico endurecido antes de
chuparlo entre mis labios. Gimo en su dulce piel; ella es
tan jodidamente perfecta. No podría haber imaginado
que ella sabría mejor. Es solo cuando mis dedos encuen-
tran el otro pezón, y ahí es cuando me doy cuenta.
Aparto la boca y me muevo, sentándome para que
estemos cara a cara. Sus labios carnosos están separados
s
mientras gime suavemente de frustración. Retiro mi boca
y me muevo, sentándome para que estemos frente a
frente. La agarro por la cadera con fuerza para calmar sus
movimientos. Si sigue chocando contra mi polla de esa
manera, voy a olvidar por qué estoy cabreado ahora
mismo. Le pellizco el pezón perforado y lo hago rodar
entre el pulgar y el antebrazo. —Quién coño te ha per-
forado los pezones, “zorrita”.— Mi tono áspero no sale
como una pregunta, pero quiero putas respuestas y las
quiero ya.
Incluso con solo la luz de la luna brillando en la
cabina de mi camión, veo el rubor extenderse por sus
mejillas mientras desvía la mirada e intenta mover la
mano para cubrir sus pechos perfectos.
Pellizco más fuerte, causando que ella grite y me
mire con un puchero. Me encanta cuando hace pucheros
con esos labios carnosos. El placer recorre mi polla y
tengo que contenerme para no presionarla.
—Contéstame. Ahora.
—Danielle me llevó hace un tiempo, paramos un
día después del trabajo cuando me llevaba a casa.—
Mueve sus manos a mi pecho, jugando con los botones
de mi camisa de franela—. Ella se estaba haciendo los
suyos, bueno, yo…— Me mira cuando la agarro por la
mandíbula, obligándola a verme a los ojos en lugar de los
botones, ambos sabemos que a ella no le parecen intere-
santes.
s
—¿Quién vio tus tetas?— No puedo mantener la
ira fuera de mí voz, y siendo realista, sé que estoy ac-
tuando como un loco. Es su cuerpo. Ella puede hacer lo
que ella quiera. Ella no es mi novia.
Simplemente no me importa una mierda.
Ella es mucho más que eso para mí y la idea de
los ojos de otro hombre en su carne desnuda me dan ga-
nas de golpearlo hasta que no pueda recordar cómo se ve
su cuerpo.
Cuando ella no me responde, gruño. —¿Te qui-
taste la ropa y dejaste que un imbécil pusiera sus manos
sobre tu cuerpo? Soy el único que debería poder tocarte.
Me toma por sorpresa cuando sus labios se cur-
van en una brillante sonrisa. Sus ojos se agrandan y sua-
vizan, como lo hacen cuando he dicho o hecho algo para
complacerla.
—¿Estás celoso, Elijah? No te importó cuando tu
novia dejó que un hombre la viera desnuda —susurra
contra mis labios, apenas rozando su piel contra la mía y
casi me rompo en ese momento. Necesito sentirla des-
nuda debajo de mí, quiero sentir su calor húmedo alrede-
dor de mi polla mientras sus ojos se ponen en blanco y
su único pensamiento consciente es mi nombre.
—Dime quién fue y te mostraré lo celoso que es-
toy —ladré las palabras, y estoy satisfecho de que su son-
risa se haya ido. Ella me cree. Sabe que asesiné a alguien
por ella y ese pensamiento me oprime el pecho con una
s
emoción que no trataré de descifrar. Ella es la única con
la que me siento así, y la única que alguna vez sacará este
lado de mí.
Me frota suavemente un lado de la cara con la
palma de la mano cuando farfulla las palabras. —Danie-
lle... ¿Conoces a la camarera que me lleva a veces? Su cu-
ñada, Jen, trabaja en una tienda de tatuajes. Éramos solo
Jen y yo en la habitación, y fue una decisión espontánea.
Ni siquiera estaba segura de quererlos.— Ella resopla una
risita, sacudiendo su dedo contra el frío metal.
Siento que mi polla se contrae ante la vista. —
Eres el único chico que alguna vez me ha visto así, Elijah.
Solo pensé que tal vez…— se apaga, apartando la mirada
de mí con esa actitud tímida que me hace querer conquis-
tarla y reclamarla como mía.
—Mírame y dime lo que piensas —digo, fro-
tando mi pulgar a lo largo de su regordete labio infe-
rior—. ¿Por qué lo hiciste?
Un poco enojada, admite. —Me los hice después
de que escuché a Nicole quejarse de cuánto le dolía y de
cuánto le debías por hacerse los piercing.— Estoy muy
quieto, casi conteniendo la respiración mientras espero
que termine lo que sea que esté a punto de decir—. Pensé
que te deben gustar, si se lo habías pedido a ella... no lo
sé.— Se está sonrojando de nuevo y es lo más sexy que
he visto en mi maldita vida.
s
Esta vez le acaricio la mandíbula con suavidad y
le agarro el muslo con la mano libre. La constante pre-
sión de su leve peso sobre mi polla me está volviendo
lentamente loco, y lo agradezco.
—¿Te perforaste los pezones porque pensaste
que me gustaría?— Me da un pequeño asentimiento,
pero eso no es suficiente para mí. Soy un bastardo codi-
cioso cuando se trata de esta chica. Lo quiero todo. —
Dime. Dime, “zorrita”. Dime por quién hiciste esto.
—Por ti. Lo hice por ti —admite antes de susu-
rrar—. No pensé que alguna vez los descubrirías.
El hecho de que haya hecho algo para compla-
cerme y que ni siquiera haya tenido que pedírselo hace
que la bestia que llevo dentro ruja. Ha ido demasiado le-
jos. Ella es mía ahora, no hay vuelta atrás.
Ahora que la rabia dentro de mí se ha reprimido,
quiero verla jugar con sus pezones.
—Tócate para mí. No seas tímida “zorrita” —
exijo bruscamente, y ella lo hace. Un suave gemido se le
escapa mientras tira de los picos tensos y arquea la es-
palda. El movimiento hace que sus tetas se acerquen más
a mi cara y no puedo contenerme ni un puto segundo
más.
Aparto sus dedos de una de sus tetas y la agarro
con fuerza, llevándomela a los labios. La devoro, alter-
nando entre chupar y el chasquido de mi lengua contra
el sensible nódulo.
s
Muevo mis manos a sus caderas y la aprieto con-
tra mi dureza. Quiero que sienta lo que me está haciendo.
Ahora me doy cuenta de que no la he besado. No de la
forma en que necesito besarla.
En el momento en que muevo mi mano hacia su
nuca para atraer su boca hacia la mía, aparecen unos bri-
llantes faros y me doy cuenta de que alguien ha parado
justo detrás de nosotros.
s
CAPÍTULO DOS
CADENCE
s
de puta malvado, pero nunca me haría daño.
—¡Colt, cállate!— Lo regaño. Estoy intentando
salvarle la vida y evitar que mi primo vaya a la cárcel, y él
no para de hablar.
—Podría haberte disparado en la puta cabeza por
acercarte así a mi camión —ruge Elijah. Y no se equi-
voca.
Vivimos en una zona de alta criminalidad y acer-
carse a alguien en la oscuridad era una jugada estúpida.
Siento los músculos abdominales de Elijah apretados
bajo mis dedos cuando Colt se mueve lentamente para
arrastrarse por el capo de su coche.
—¡Me has roto el parabrisas, imbécil! —La voz
de Colt sube una octava cuando se da cuenta del daño
que se ha hecho.
Las manos de Elijah se dirigen a mi cintura y me
aparta rápidamente de su camino. Antes de que pueda
reaccionar, está en la cara de Colt.
—Te romperé el puto cráneo si no te vas de aquí
ahora mismo.
—Colt, sólo vete. Por favor —le ruego.
Colt retrocede hacia el lado del conductor y abre
la puerta antes de decir. —¿Por qué estás a un lado de
una carretera desierta a estas horas de la noche?
Los ojos de Colt se dirigen a Elijah cuando dice.
—Parecen muy unidos.— Cuando sus ojos cómplices se
posan en los míos, me doy cuenta de que debe haber
s
visto más de lo que yo creía en un principio. Se me re-
vuelve el estómago. Colt siempre ha sido agradable con-
migo, pero puede ser insistente cuando quiere algo. Y
durante los últimos años en los que he esquivado sus as-
tutas insinuaciones, me he dado cuenta de que lo que
quiere es a mí—. ¿Te ha hecho algo, Cadie?— Me estre-
mezco por el apodo que odio.
Mi padre me llama Cadie.
—¿Qué? No —respondo con demasiada rapidez.
Me apresuré a salir del regazo de Elijah, pero no estoy
segura de que Colt haya visto algo cuando se acerca a la
camioneta. Colt me lanza una mirada escéptica antes de
subir a su coche—. Es mi primo —susurro para mí por-
que no tengo la suficiente convicción para decírselo a na-
die más en forma convincente.
—Sube a la camioneta antes de que lo saque por
la ventana y lo mate a golpes —me suelta Elijah, y casi
salto por el tono. Me está hablando como le habla a todo
el mundo. El tono, el que suele guardar sólo para mí, está
enterrado en alguna parte y tengo la clara impresión de
que no volverá en mucho tiempo.
Cuando no me muevo de inmediato, agrega. —
¿Quieres ver cómo le rompo el cráneo?— Él observa
mientras abro la puerta del lado del conductor y obe-
dezco su orden. Porque con Elijah, eso es lo que hace
con la gente. Obedecen o cosechan las consecuencias.
s
Mientras subo, me quedo helada cuando siento su mano
en mi culo, empujándome hacia arriba y hacia el asiento.
Ahora tengo claro que no le importa lo que haya visto
Colt o a quién se lo pueda contar.
Elijah no sube a la camioneta hasta que Colt se
aleja y ya no podemos ver sus luces traseras. Me parece
que todo el aire de la cabina del camión desaparece
cuando lo pone en marcha y se aleja de la carretera. No
estoy segura de lo que espero de él, pero siento que ne-
cesito poner algo de espacio entre nosotros. Si Colt no
hubiera aparecido como lo hizo, le habría rogado que me
follara.
Estoy tan jodida de la cabeza. Es mi primo, tiene
una novia y nada de eso me importaba. Lo único que me
importaba era sentir sus manos sobre mí y la mirada de
deseo en sus ojos. Nunca lo había visto mirar a Nicole ni
a ninguna otra chica de esa manera.
Hago un movimiento brusco cuando la mano de
Elijah me agarra por el muslo y tira de mí para que me
siente hombro con hombro con él. No soy lo suficiente-
mente fuerte como para poner la distancia que necesita-
mos entre nosotros. —Deja de pensar tanto “zorrita”.—
Mis ojos se desvían para mirar su perfil. Sus ojos están
en la carretera, pero su mano se desliza más hacia mi
muslo. Mi coño se aprieta cuando las ásperas yemas de
sus dedos se clavan en mi muslo. Al principio creo que
s
sabe que estoy luchando con lo que pasó entre nosotros.
Lo que yo quería que pasara. Pero entonces añade—. Po-
dría haber herido a tu amiguito mucho más de lo que lo
hice.
Su mandíbula se aprieta y mi primer instinto es
acercarme a consolarlo, pero me detengo. Las cosas
nunca se aclararán entre nosotros si sigo haciendo eso,
siendo su punto débil para aterrizar. Y nunca me confor-
maré con otra persona si él está cerca para protegerme.
Me giro hacia él, descansando mi mano en su pe-
cho. En contra de mi buen juicio, me permito consolarlo.
Su respiración se entrecorta bajo mi toque, y me hace
sentir poderosa. El hecho de que alguien tan fuerte como
Elijah se sienta tan afectado por mí es una locura para
mí.
—¿Por qué odias tanto a Colt? Te pone tan ner-
vioso que incluso me gritas. Por lo general, soy la única
persona con la que realmente eres amable.
Se queda en silencio por un momento mientras se
detiene en nuestra entrada. No estoy segura de cuál es-
pero que sea su respuesta, pero no era la honesta y cruda
que me da.
—Odio a cualquiera que desvíe tu atención de mí.
Siempre deberíamos ser solo tú y yo.
Niego con la cabeza lentamente porque la niebla
en la que me encuentro por estar cerca de él comienza a
s
desvanecerse. Suspiro antes de decirle. —Esto es total-
mente mi culpa, Elijah. Eres la única persona en la que
he podido confiar. Siempre has estado ahí para mí sin
importar qué.— Me estiro y tocó su brazo, y lo siento
tensarse bajo mis yemas de los dedos—. Eres como un
superhéroe para mí, siempre salvándome de errores es-
túpidos. Te pones en segundo lugar para mantenerme a
salvo.
Me fijo en su perfil, en su mandíbula afilada, en
su pelo desordenado y el polvo de sus largas pestañas
mientras mira su parabrisas. Necesito aligerar el am-
biente. Necesito arreglar esto. No puedo perderlo, y sé
que si esto va más allá… los dos vamos a estar fuera de
control. —Igual que todas las chicas de esta ciudad, creo
que eres agradable de ver.— Me esfuerzo a soltar una
risita, pero me suena falsa—. Sólo estaba confundida. Te
pedí algo que estaba mal. Arruinaría a toda nuestra fami-
lia.
Por fin dirige su mirada hacia mí, y sus ojos son
absolutamente letales. —Tienes que entender algo, Ca-
dence. No soy el héroe que crees. Traicionaría a todos
los que confían en mí, y mataría a todos tus seres queri-
dos. Eso me convierte en el villano.
s
NO DORMÍ ni un minuto de las pocas horas que
he estado en casa. Me duché y fui directamente a mi ha-
bitación y cerré la puerta detrás de mí. Mamá ya estaba
dormida; Fácilmente podría haber pasado unas cuantas
horas bajo las sábanas de Elijah terminando lo que co-
mencé en su camioneta. Pero solo terminará en dolor
para mí y con él en problemas por pelear contra la gente
que no está de acuerdo con lo que estamos haciendo.
Tengo una sensación realmente incómoda por todo lo
que pasó entre él y Colt. Fue una llamada de atención
para mí. Es fácil fingir que Elijah y yo pertenecemos jun-
tos cuando tengo su cálido cuerpo envolviéndome toda
la noche. Pero a la aleccionadora luz del día, es una his-
toria completamente diferente. No podemos estar juntos
públicamente; nunca irá más allá de perder el tiempo en
la oscuridad. Nuestra familia nunca lo aceptaría. Nunca
entenderían lo que siento por él.
Son las cuatro y media de la mañana, lo que signi-
fica que tengo exactamente media hora para vestirme y
salir de la casa antes de que Elijah se despierte para ir a
trabajar. Sé que, si lo veo, no podré mantener esta reso-
lución. Solo necesito unos días para descifrar las cosas,
principalmente para descifrar cómo expresar lo que estoy
sintiendo. Ni siquiera nos besamos, pero la forma en que
me mira, la forma en que habla de mí, sé que para él es
más que solo tensión sexual.
s
No me molesto en encender la luz de mi habita-
ción mientras me pongo un uniforme limpio y busco en
mi armario un par de tenis de lona. Casi tropiezo con mi
mochila y maldigo por lo bajo cuando mi hombro golpea
la puerta. Contengo la respiración mientras miro hacia la
puerta de Elijah. Todavía está cerrada, y puedo escuchar
el suave zumbido de la televisión. Debe haberse quedado
dormido viendo una película, y la idea hace que mi estó-
mago se hunda de arrepentimiento. Sé que necesita ruido
para conciliar el sueño a menos que esté a su lado. Me las
arreglo para arrastrarme silenciosamente por el pasillo
hasta el baño.
Solo dedicó unos minutos a lavarme la cara y ce-
pillarme los dientes. Tendré que preocuparme por mi ca-
bello y maquillaje una vez que mi compañera de trabajo,
Danielle, me recoja. Tiene cuarenta y tantos años y odia
trabajar en el restaurante tanto como yo. Pero a ella no le
importa recogerme porque le gusta coquetear con Elijah
cuando entra al restaurante.
Rápidamente me meto en la cocina, completa-
mente preparada para agarrar una manzana del mostra-
dor y salir por la puerta que conduce al callejón detrás de
la casa y esperar mi transporte. Pero no soy tan sigilosa
como Elijah, porque lo siento antes de escucharlo. Su
boca cae a mi oído y sus manos están en mis caderas,
atrayéndome hacia él.
s
—Hacerte la dura no me va a hacer perder el in-
terés. No me gustan esos cabrones de la Ivy League con
los que andas.— Su tono es mortalmente serio, pero
puedo sentirlo sonriendo contra mi piel como un psicó-
pata—. Ahora que sé lo que es tener una pequeña parte
de ti, lo quiero todo.— Raspa sus dientes contra mi piel
y mi coño late, y mis pezones se tensan. Quiero que sea
dueño de cada parte de mí. Quiero ser suya por com-
pleto.
Me sacan de la pequeña burbuja que Elijah y yo
creamos hace mucho tiempo cuando un ruido de auto
suena cuando alguien pasa por delante de la casa. Podría
haber sido eso. Mamá podría dar la vuelta a la esquina en
cualquier momento y atraparnos.
Estoy demasiado nerviosa para articular que estoy
tratando de salvarlo. Si alguien nos pilla, él será el culpa-
ble. Yo no. Así es como siempre ha sido, y siempre ha
tomado la culpa por mí, incluso si no fue su culpa. Si nos
atrapaban escabulléndonos cuando éramos niños, siem-
pre decía que me obligaba a ir con él. Pero ese nunca fue
el caso. Habría seguido a ese chico a cualquier lugar que
me pidiera. Cuando tenía catorce años y no podía mane-
jar las rígidas reglas de mi padre, estúpidamente tomé sus
llaves y me fui en su auto en medio de la noche. No llegué
muy lejos y no tenía ningún destino en mente. Solo que-
ría alejarme de mi padre controlador y mi gritona madre.
s
Elijah me encontró antes que la policía, y antes de
que pudiera decir algo, les dijo que había sido idea suya.
No vaciló ni un momento. Cuando los oficiales lo tiraron
al asfalto y lo esposaron, lo único que me gritó fue a mí.
Me dijo que todo estaría bien. Pasó la noche bajo custo-
dia antes de que mi padre finalmente retirara los cargos
en su contra.
—Elijah, nos van a atrapar si no lo detenemos
ahora.— Mi susurro es tembloroso con tantas emociones
que siento por él. Una de sus manos sube por mi estó-
mago y ahueca mi pecho lo suficientemente fuerte como
para hacerme gritar de sorpresa.
Me muerde la oreja antes de replicar. —Dema-
siado tarde. Deberías haber pensado en eso antes de
subirte a mi polla anoche.— Me da la vuelta en sus bra-
zos y me levanta sobre el mostrador en un movimiento
fluido.
Tomo su cara entre mis manos y sus dedos se cla-
van en mi piel mientras suben por mis muslos. Sus ma-
nos me sostienen con tanta firmeza que hay un poco de
dolor, y se siente delicioso mezclado con la calidez de su
toque. —Todo el mundo se asustará. Nunca nos acepta-
rán. No lo entenderán.
—Tienes que entender que me importa un carajo
lo que piense cualquiera, ahora abre tus piernas para mí,
“zorrita” —gruñe justo antes de que sus labios choquen
contra los míos. Y hago lo que me dijo. Mis piernas se
s
abrieron prácticamente a la orden de él. Me derrito en él,
mis brazos alrededor de su cuello mientras su boca de-
vora la mía. No pierde el tiempo tirando de mis bragas a
un lado. La forma en que gime me moja aún más de lo
que ya estaba mientras sus dedos encuentran mis pliegues
resbaladizos. Esta es la primera vez que toca mi coño y
siente lo que le hace a mi cuerpo. —Joder, bebé. Tan
mojada… ¿Vas a ser una buena chica para mí? —susurra
contra mi boca.
Cuando aparta su boca de la mía, tengo suficiente
cerebro para poder arreglármelas para gemir su nombre.
Si yo no fuera ya un charco de huesos fundidos, por la
carne entre sus dedos, lo habría sido por la acalorada mi-
rada que me lanza cuando gimo las palabras en voz alta.
—No podemos hacer esto. Sea lo que sea esto tiene que
terminar entre nosotros.
Su pulgar encuentra mi clítoris y rodea el manojo
de nervios, provocando un gemido de mi garganta. Cu-
bre mi boca con su otra mano cuando no puedo contro-
lar los ruidos que me está provocando. Mis ojos están
muy abiertos y fijos en los suyos cuando él se inclina y
dice. —Esto solo se termina cuando yo lo diga.
Golpeo mis palmas sobre sus hombros, tratando
de alejarlo cuando empuja dos dedos hasta la mitad den-
tro de mí sin previo aviso. Sus dedos son gruesos y lar-
gos, y al principio duele cuando me estira. Veo el destello
de emoción en sus ojos cuando siente lo apretada que
s
estoy.
—Mi polla va a arruinar este lindo coñito —pro-
mete—. Sostén tu vestido, quiero ver mis dedos estirarte
—suena tan diferente del hombre que me protege a toda
costa. Sus ojos se iluminan cuando me subo el vestido
por encima del estómago y observa cómo las puntas de
sus dedos entran y salen de mi abertura. Sus ojos no de-
jan los míos mientras deja que una gota de saliva de su
lengua aterrice en mi clítoris antes de que se deslice hacia
abajo para cubrir sus dedos mientras continúan movién-
dose dentro de mí. No tengo mucha experiencia en el
camino de los hombres, pero Elijah Pritchard sabe lo que
está haciendo.
Me congelo cuando escucho el chirrido de la
puerta abriéndose de la recámara de mi mamá, pero los
ojos de Elijah están fijos en donde estamos unidos. —
¡Elijah! —susurro-grito—. Por favor.— Puedo escuchar
el pánico en mi propia voz, y él también debe hacerlo,
porque saca sus dedos de mi coño tan abruptamente
como los empujó dentro. No veo ni una pizca de remor-
dimiento o arrepentimiento en sus hermosos rasgos. Mis
ojos recorren su rostro mientras tira de mi vestido hacia
abajo, y tengo muchas ganas de estirar la mano y quitarle
las ondas de cabello desordenado de los ojos, o incli-
narme para abrazarlo y sentir la parte atrás de su cuello y
la sombra de la barba contra la suave piel de mi cara y
cuello. Pero no puedo. No puedo volver a hacer ninguna
s
de esas cosas.
Elijah me ayuda a bajar del mostrador y soy capaz
de volverme hacia el lavabo justo cuando ella da la vuelta
a la esquina. Todavía puedo sentir a Elijah flotando di-
rectamente detrás de mí. Está dejando en claro que, lite-
ralmente, ya no le importa un carajo. Abro el fregadero
para mojarme la cara con agua fría. Sé que, si no hago
algo, ella echará un vistazo a mi piel enrojecida y sabrá
que algo pasó entre nosotros.
—Buenos días —dice mamá, pero luego su voz
baja con preocupación—. ¿Está todo bien?
—Ella tiene algo en el ojo —responde Elijah, sin
hacer ningún movimiento para alejarse de mí. Necesito
salir de aquí antes de que las cosas me exploten en la cara.
Se siente como si estuviera prácticamente vibrando con
energía. No se necesitaría mucho para empujarlo a arre-
meter, y no estoy segura de ser suficiente para calmarlo
más.
—Estoy bien. Creo que fue el maquillaje de ano-
che. Trabajé doble —digo con una sonrisa forzada, gi-
rándome para mirar a mi madre. Veo la forma en que sus
ojos se enfocan en el espacio mínimo entre Elijah y yo.
Ella ha estado tratando de atraparnos haciendo algo se-
xual por un tiempo, pero Elijah siempre explica los abra-
zos o caricias como un ingenio encantador. Nunca estoy
segura de si ella se lo cree, pero lo deja pasar de todos
s
modos.
—Sí, escuché que ustedes dos llegaron más tarde
de lo habitual anoche.
Se mueve hacia el refrigerador y desliza el reci-
piente de leche del estante superior antes de mirarme de
nuevo.
Miro a Elijah cuando sus labios carnosos se esti-
ran en una sonrisa como el maldito psicópata que es. Pro-
bablemente esté recordando arrojar a Colt contra el pa-
rabrisas, o tocarme en el mostrador donde ella está a
punto de preparar el desayuno. —Colt pasó por el res-
taurante, estará en la ciudad por unos días. Perdí la no-
ción del tiempo.— No estoy mintiendo, solo dejé un
montón de detalles fuera.
—Ese maldito payaso.— Elijah se ríe, acostán-
dose contra la pared y cruzando los brazos. Los músculos
de sus brazos bronceados se flexionan con movimiento
y tengo que desviar la mirada.
Es una obra maestra sin camisa a mis ojos, y sé
cómo se sienten su pecho y sus abdominales bajo mis
manos. Mi estómago se hunde con el pensamiento de
que ningún otro hombre me ha hecho sentir de esta ma-
nera. El calor se acumula en la parte inferior de mi vientre
con solo mirar su cuerpo alto y musculoso.
—Lenguaje, Elijah.— Mi madre lo regaña, pero
él solo encoge sus anchos hombros. Ella no lo molesta
s
más porque todos sabemos que no servirá de nada. Él es
quien es, y eso nunca cambiará. Me encanta eso de él, y
desearía tanto poder ser más como él de esa manera.
Casi salgo de mi piel cuando una bocina suena
fuerte dos veces justo afuera de la puerta de la cocina.
—Danielle va a llevarme esta mañana —digo, to-
mando mi mochila y dirigiéndome hacia la puerta—. Es-
toy trabajando otro doble, así que llegaré tarde.— Oigo
a mi madre murmurar algo, probablemente sobre que
trabajo demasiado, pero no respondo. Nada de lo que
diga o haga será lo suficientemente bueno de todos mo-
dos, así que guardo mi aliento. Si acepto turnos adiciona-
les para ayudar con las facturas, ella se queja de que nunca
estoy en casa. Cuando estoy en casa, se queja de que no
estoy haciendo lo suficiente.
No miro hacia atrás ni siquiera cuando escucho
que la puerta de la cocina se abre detrás de mí. Sé que es
Elijah porque puedo sentirlo mirándome desde atrás.
Siempre estoy pendiente de él, al igual que él parece ser
capaz de anticipar cada uno de mis movimientos. La ne-
cesidad de correr hacia atrás y saltar a sus brazos me
abruma. Pero sigo adelante, saludando rápidamente a
Danielle. Pongo los ojos en blanco mientras rodeo la
parte trasera de su coche porque prácticamente está col-
ganda de la ventana saludando a Elijah. Estoy conven-
cida de que todas las camareras con las que trabajo han
intentado acostarse con él en algún momento, y me doy
s
cuenta de que estoy celosa de que algunas de ellas proba-
blemente lo hayan logrado en algún momento. Debería
estar celosa por su relación con Nicole, pero nunca lo he
estado. La mitad del tiempo parece que ni siquiera la
quiere cerca, pero debe gustarle ella si la ha mantenido
cerca tanto tiempo.
Niego con la cabeza, tratando de sacudirme los
pensamientos que se sienten como si estuvieran perfo-
rando físicamente mi corazón. Necesito poner distancia
entre nosotros, y no solo unos pocos metros. Necesito
estar lejos de él para poner mi mente en orden. No de-
bería estar tan enamorada de él. Levanto la vista y, tal
como sospechaba, está en el porche trasero, todavía sin
camisa y con pantalones de chándal grises colgando de
sus musculosas caderas.
Me sonríe cuando finalmente lo miro. Estoy a
punto de deslizarme en el asiento del pasajero del auto,
pero él me detiene en seco cuando pone dos de sus dedos
entre sus labios y los lame. Los mismos dos dedos que
acababa de tener dentro de mí.
s
AUNQUE el restaurante está lleno, mi turno pa-
rece haberse prolongado cuatro horas desde el momento
en que crucé la puerta. Elijah es todo en lo que puedo
pensar. La forma en que me tocó y me besó me hace
sentir como si estuviera entre niebla. Él es todo lo que
siempre he querido, y hay tantas razones por las que
nunca podré tenerlo. He estropeado más pedidos de los
que me gustaría admitir hoy, pero en realidad no importa,
de todos modos, detesto este trabajo. Siempre hay algún
tipo baboso que quiere hacer bromas que no son gracio-
sas mientras me miran como si desearan que fuera su
próxima comida.
—El chico amante está aquí para verte —Danie-
lle se burla de mí con una voz cantarina mientras asoma
la cabeza por la esquina que conduce a la cocina. Me he
estado escondiendo aquí durante los últimos diez minu-
tos.
Mi estómago se retuerce de la emoción. Me he
estado diciendo todo el día que Elijah y yo necesitamos
un tiempo separados o vamos a arruinarlo todo. Lo ne-
cesito demasiado para perderlo, y no hay forma en esta
ciudad, con la familia que tenemos, de que podamos estar
juntos. Fue una llamada con lo de Colt anoche, y no
puedo dejar que la vida de Elijah se arruine por mi culpa.
Enderezo mi uniforme antes de dar la vuelta a la
esquina, mis ojos buscando la figura alta y melancólica
que protagoniza cada fantasía que tengo. Se siente como
s
si me hubieran dado una bofetada en la cara cuando veo
a Colt apoyado contra el mostrador con una mirada de
suficiencia torciendo su cara raspada.
Soy un idiota. Por supuesto que es Colt. ¿Por qué
Danielle llamaría a mi primo Chico Amante?
—Estoy, eh… siento lo de anoche. ¿Estás
bien?— Hago un gesto hacia el lado de su cara que ha
elegido no cubrir o vendar. Anoche fue un borrón, pero
estoy bastante segura de que su espalda se llevó la peor
parte de la caída contra el parabrisas. Cuando no me res-
ponde, sino que deja que sus ojos recorran mi cuerpo de
arriba abajo, me pongo nerviosa—. Pagaré por los daños.
Dime cuál es el costo y yo me encargo.— Trago saliva,
porque trabajaré turnos triples hasta que me muera para
conseguir el dinero extra.
—No quiero tu dinero, Cadie. He jugado bien du-
rante demasiado tiempo.
Miro al anciano sentado a su lado, temeroso de
que pueda estar escuchando a escondidas. Pero solo está
leyendo el periódico y revolviendo el desayuno en el
plato con el tenedor. —Y sé cuánto odiarías que arresta-
ran a tu primo como lo hicieron con tu papá.— Se me
hiela la sangre por su tono, las cosas que dice. No me
molestó en corregir que Elijah y yo no somos parientes
de sangre, o que él no se parece en nada a mi padre. Elijah
podría ser rudo, incluso podría ser un tipo malo a los ojos
s
de algunas personas, pero haría cualquier cosa para pro-
tegerme. Para mí, es jodidamente perfecto.
Y es por eso por lo que no puedo dejar que Colt
arruine su vida.
—¿Podemos hablar en algún lugar privado? —su-
surro cuando siento que Danielle se acerca a algún lugar
detrás de mí. Es una buena dama, pero es entrometida.
—No —dice lacónicamente, enderezándose de
donde estaba apoyado contra el viejo y manchado mos-
trador. Está rígido y probablemente muy adolorido por
el ataque de Elijah. He visto a Colt tener un tempera-
mento, incluso un ataque de ira, pero nunca lo había visto
tan enojado antes—. Recoge tus cosas, nos vamos de
viaje.— No puedo dejar mi turno, Colt.— Comenzando
a entrar en pánico, pero la determinación en sus ojos ma-
rrones me dice que no voy a salir de esta.
—Está bien. Puedo sentarme aquí todo el día y
decirle a cada persona que veo que te estás follando a tu
primo de mierda —suelta las palabras y jadeo audible-
mente. El hombre sentado a su lado ya no está revol-
viendo su comida no deseada, sino que me mira con ojos
grandes y sorprendidos—. ¿O debería simplemente ir a
la estación de policía y denunciarlo por cargos de asalto
y agresión? ¿Daño a la propiedad? Estoy seguro de que,
si hablara con tu madre, podría ayudarme a pensar en
otras cosas para decirle a la policía. ¿Ella sabe que su so-
brino le ha estado metiendo la polla a su hija?
s
—¡Está bien! —grito, pero luego me doy cuenta
de que estoy llamando demasiado la atención. Agrego
una súplica susurrada—. Detente. Solo para.— Elijah y
yo no hemos tenido sexo, pero ella nunca creería eso. No
con lo suspicaz que ha sido y lo mucho que quiere que
termine con un chico rico como Colt. Ella le creería a él
antes que a Elijah cualquier día, y él solo está inventando
una mierda en su narrativa en este punto. Tengo dos op-
ciones. Puedo protegerme o puedo proteger a Elijah. Me
muerdo el labio con nerviosismo, pero ya he tomado la
decisión cuando pregunto—. ¿A dónde vamos?
No siento nada más que náuseas cuando me son-
ríe como un cazador que sabe que su presa está atrapada.
—A la cabaña de mis padres en Hollow Hill. Tengo cinco
días hasta que necesite estar de vuelta en la universidad.
Mucho tiempo para que nos volvamos a encontrar.—
Me trago mi miedo. Puede que no tenga experiencia,
pero sé exactamente lo que está planeando. Sus padres
son dueños de una de esas mansiones en las montañas
que solo se llaman cabañas porque están hechas a mano
en su mayoría de madera. Son hermosas, apartadas y el
lugar perfecto para que él me obligue a hacer lo que
quiera sin interferencias.
Elijah siempre se ha puesto en segundo lugar des-
pués de mí desde que tengo memoria. Necesito hacer lo
mismo por él. Apaciguar a Colt por ahora, hasta que
s
pueda descubrir cómo salir de esta situación.
—Solo necesito hacerles saber que me voy y aga-
rrar mis cosas. Te veo en el coche —le digo, pero él niega
con la cabeza negativamente.
—Esperaré aquí mismo, Cadie. Consigue tus co-
sas.
Respiro con enojo y giro sobre mis talones y do-
bló la esquina hacia la cocina donde tengo mi bolso y mi
chaqueta escondidos. Casi choco con Danielle, y ella
debe ver la expresión de preocupación en mi rostro por-
que su sonrisa se desvanece al instante.
—¿Estás bien?— Me sostiene por los hombros y
hago una pausa antes de asentir lentamente.
—Si. Mira, tengo que salir temprano. Colt y Elijah
tuvieron una gran pelea anoche y necesito hacer un poco
de control de daños.— Me alejo de ella antes de que
pueda hacer alguna pregunta. Empujo las puertas de la
cocina y agarro mis cosas.
—¿Adónde vas? Solo sabes que en caso de que
pase algo, alguien debería saber dónde vas a estar —dice,
sorprendiéndome. Normalmente es el espíritu libre, deja
todo al destino y nunca piensa demasiado en nada.
—Sus padres tienen una cabaña en Hollow Hill.
No recuerdo la dirección, pero la calle es Raven's Court.
Solo vamos a arreglar las cosas. No puedo dejar que Eli-
jah se meta en problemas.
—Sólo prométeme que me llamarás si necesitas
s
algo. No me gusta la forma en que te está mirando.—
Mis ojos se fijan en el bloque de cuchillos en el mostrador
detrás de ella, pero ella tiene toda mi atención cuando
agrega—. No es la forma en que Elijah te mira. Como si
fueras lo único que él quisiera mirar. Así que cuando en-
tre aquí buscándote, ambos sabemos que lo hará. Le diré
lo que sé.
—Sé que lo harás.— Le doy una sonrisa amable
antes de rodearla y agarrar uno de los cuchillos afilados y
envolverlo en un trapo antes de meterlo dentro de mi
bolso—. Espero tener todo arreglado antes de que él me
encuentre.
Danielle me abraza antes de que me dirija hacia la
puerta, ambos sabemos que no la volveré a ver en mucho
tiempo y, a pesar de lo asustada que estoy ahora, una
punzada de tristeza fluye a través de mí ante la idea.
—Elijah lo va a matar, si no lo haces —me dice
cuando la miro, con la palma de la mano sobre la puerta
batiente.
—Yo también lo sé.
s
CAPÍTULO TRES
ELIJAH
He estado sentado fuera del restaurante durante los úl-
timos veinte minutos como un puto acosador esperando a que
el turno de Cadence termine. Pasé la noche sin ella en mi cama,
y no pasaré otra sin ella. Observo a través de las grandes ven-
tanas de vidrio cómo los uniformes rosas zumban de un lado
a otro entre la cocina y las mesas. Pero no la he visto. Ni una
sola vez. Ella no estaría en un descanso tan tarde en su turno.
Ella ha sido muy vaga al responder mis mensajes de texto hoy
y luego dejó de responder por completo. Sé que es porque está
dudando de lo que está pasando entre nosotros. Probable-
mente necesite algo de tiempo para averiguar lo que yo ya sé.
Nadie más importa. Ella me pertenece.
Justo cuando decidí salir del camión, entrar y arrástrala
hasta aquí, mi teléfono vibra. Gimo cuando me doy cuenta de
que es Nicole. Siempre me olvido de Nicole. Lo dejé ir al bu-
zón de voz, pero ella regresa la llamada. Sé que, si no contesto,
simplemente conducirá buscando mi camioneta. Nada puede
salir mal esta noche. Tan pronto como tenga en mis manos a
mi “zorrita” esta noche, no haré nada más que explorar cada
centímetro de su delicioso cuerpo. No me detendré hasta que
s
ella sea un desastre tembloroso y suplicante debajo de mí.
Quiero oírla decir las palabras, que me ama de la forma en que
sé que lo hace. Quiero oírla decir con esa pequeña y bonita
boca que a ella no le importan las consecuencias porque yo soy
lo único que le importa.
Y estoy absolutamente seguro de que no voy a dejar
que el culo entrometido de Nicole interfiera con eso.
—¿Qué diablos quieres? —preguntó cuando contesto.
No es así como había planeado romper con ella, pero, de
nuevo, no planeo nada en lo que a ella se refiere. Sólo tengo
que arrancar la venda y dejar que se haga. La he engañado de-
masiado tiempo, y el daño ya está hecho entre Cadence y yo.
Sé a qué sabe, y estoy jodidamente hambriento de ella—. ¿Por
qué me ignoras? —se queja, y mis dedos agarran el volante.
Estoy en mi punto de ruptura.
—Porque eres jodidamente irritante. Hemos termi-
nado, Nicole. Hemos terminado durante mucho tiempo. Solo
déjalo ir, joder.— Para cuando presiono finalizar la llamada, ya
he olvidado la agitación que acaba de causar y ya estoy ajus-
tando mi postura para poder buscar a Cadence nuevamente.
Todavía no está a la vista y la sensación de dolor en mi pecho
me dice que algo anda mal.
Antes de tomar una decisión consciente, ya estoy pi-
sando fuerte en el restaurante, abriendo las puertas de vidrio
adornadas con campanas molestamente ruidosas y entrando
como si fuera el dueño del lugar. Soy dueño de Cadence. La
s
reclamé jodidamente hace mucho tiempo, y ahora estoy to-
mando lo que es mío. La anfitriona de mediana edad me mira
de arriba abajo mientras ajusta su cola de caballo más naranja
que rubia. No la reconozco, así que debe ser nueva. Normal-
mente, las mujeres de aquí caen sobre mí, mirándome como si
hubiera alguna posibilidad de que me las follara. Por lo general,
entretengo el coqueteo, sobre todo porque hace que Cadence
se ponga un poco nerviosa, lo que me hace sentir bien. Me
gusta que esté celosa, y si soy honesto, esa es parte de la razón
por la que traje a Nicole con ella en primer lugar. Pero no tengo
tiempo ni paciencia esta noche.
—Ningún mierda. ¿Dónde está Cadence?— Sé que es-
toy siendo un idiota grosero, pero honestamente ya no me im-
porta un carajo.
He estado reprimiendo estos sentimientos durante
tanto tiempo, y mi “zorrita” aflojó el sello. Me voy a romper si
no la tengo inclinada con mi polla dentro de ella, llenándola de
semen pronto.
La camarera apoya un codo en el podio que sostiene los
menús plastificados de mierda que están tan sucios como el
piso. Levanta una ceja ante mi tono, pero pregunta. —¿Es esa
linda pelirroja que lleva un moño en el pelo?— Hace estallar
su chicle y quiero reventarla en un lado de la cabeza. No tengo
puto tiempo para jugar a adivina quién. Y su pelo no es rojo.
Es rubio fresa.
—Sí —corto la palabra antes de mirar hacia la barra.
s
Esa perra que la recogió esta mañana, Danielle, está apoyada
en él, sonriendo a dos jugadores de fútbol de la universidad
local mientras comen el pastel que les acaba de servir. Se estira
sobre el mostrador y toca un parche en una de sus chaquetas
con letras, y pongo los ojos en blanco. Ella es como una perra
en celo y se están comiendo esa mierda.
Estoy a punto de pisar fuerte y tomarla como rehén
hasta que me diga dónde está Cadence, pero me detengo y
prácticamente dejo de respirar cuando la mujer frente a mí dice
casualmente en un tono aburrido. —Lo siento cariño, la per-
diste. Se fue con su novio hace un rato.
—¿Ella qué? —gruño las palabras y soy vagamente
consciente que la charla de las camareras y pocos clientes cesa
de inmediato. El único tipo lo suficientemente tonto como
para llevarse a Cadence a cualquier parte es ese idiota de Colt.
Es hombre muerto. No importa la jodida excusa o historia que
me dé cuando los encuentre. Él va a sufrir, y voy a hacer que
ella lo vea desvanecerse lentamente.
La mesera pone su mano contra su pecho como si la
hubiera asustado.
—¿Qué dijiste? —exijo, entrecerrando los ojos y luego
miro fijamente a Danielle. Ella sabrá dónde está.
Y derribaré este edificio pieza por pieza hasta que lo
haga.
—Qué grosero para una cara tan bonita —oigo vaga-
mente murmurar a la que se aferra a las perlas, pero no me
s
molesto en responderle. Ahora mismo estoy buscando sangre
y no voy a perder el tiempo con gente que no tiene las respues-
tas que necesito. Me muevo rápidamente a través de la cafetería
para colocarme directamente frente a Danielle. Las dos excu-
sas escuálidas de jugadores de fútbol se mueven como si fueran
a levantarse para defenderla.
Los paro con una mirada aguda. —¿Cuál de ustedes,
cabrones, quiere que le rompan las piernas primero?— Ambos
detienen sus movimientos, pero añado—. Quítate de mi cara,
joder.— Con la rabia que me recorre ahora, podría derribar a
cualquiera. Los dos se recuestan en sus taburetes, y yo miro a
Danielle con el ceño fruncido.
—¿Dónde. Está. Ella?— Mantengo la distancia porque
siento que pierdo el control porque no sé dónde está Cadence
o si está en peligro. Cuando la encuentre, no la perderé de vista
nunca más, lo quiera ella o no. Lo que siento por ella me con-
sume, me sufoca, y ambos somos víctimas—. ¡Contesta, mal-
dita sea! —Golpeo mi mano en el mostrador. Ella se tapa la
boca, amortiguando el chillido de sorpresa, pero se recupera
rápidamente.
—Colt se la llevó —susurra Danielle con dureza, aga-
rrándome del brazo y llevándome detrás del mostrador—.
Amenazó con delatarte por lo que le hiciste anoche. Así que se
fue con él para protegerte.— Se coloca el pelo corto y castaño
detrás de las orejas.
La rabia me atraviesa y la culpa me corroe el pecho. La
s
puse en esta situación porque no pude controlar mi maldito
temperamento. No creí que la comadreja tuviera la capacidad
de chantajearla.
—Quemaré este puto edificio hasta los cimientos con
todos los que están dentro si no me dices dónde coño se ha
llevado ese cabrón a mi chica.— Veo que sus ojos se abren de
par en par, pero no de miedo. Suspira antes de apretar sus la-
bios en una fina línea de conocimiento.
Sabía de Cadence y de mí mucho antes de que se lo
dijera, y algo de eso me llena de satisfacción. Cadence puede
tener miedo de que todos en esta estúpida ciudad sepan de no-
sotros, pero quiero que lo sepan. No estoy avergonzado.
Quiero que todos sepan a quién pertenece y que cada noche a
partir de ahora, quién está muy dentro de ella haciéndola gritar
de placer.
—Hollow Hill. La cabaña de sus padres en Raven's
Court. Eso es todo lo que sé. Y la recogió en un Range Rover
negro.— Tan pronto como las palabras salen de su boca, me
preparo para salir corriendo de la cafetería, pero su mano
atrapa la manga de mi franela gris—. Espera un segundo.
Toma, necesitarás esto.— La miro confundido mientras se
agacha detrás del mostrador.
—¿Qué coño? —pregunto, en voz baja, mientras ella
abre la caja fuerte y empieza a guardar el dinero en una bolsa
negra.
—Shh —me hace callar antes de darme la bolsa—. Los
s
dos sabemos que no vas a volver. Lo necesitarás. Dale un
abrazo a Cadence de mi parte.— No me quedo para hacer pre-
guntas. No hay cámaras en el interior de la cafetería, pero in-
cluso si ella dice que robé el dinero, me importa una mierda.
Ella tiene razón en una cosa. Mi “zorrita” y yo nunca volvere-
mos a esta ciudad.
Apenas he salido de la cafetería cuando el miedo me
hiela la sangre. Se me había pasado por alto al entrar, pero allí,
en el agrietado y sucio asfalto, está el teléfono móvil de Ca-
dence hecho añicos. Lo cojo y me lo meto en el bolsillo antes
de saltar a mi camioneta y salir del aparcamiento.
Mi instinto es llamarlo y amenazarlo, pero él tiene lo
único que me importa. El elemento sorpresa es la única ventaja
que tengo ahora mismo.
Mis labios se tuercen en una sonrisa cruel mientras me
paso el semáforo en rojo al final de la carretera y enciendo el
motor. Será mejor que rece a cualquier Dios en el que crea para
que no le haya hecho daño cuando yo llegue, porque tengo un
largo viaje por delante y nada más que tiempo para pensar en
todas las formas en que puedo brutalizar su cuerpo.
s
CAPÍTULO CUATRO
CADENCE
s
manoteaba como un animal salvaje anoche.— Se gira para mi-
rarme, la sonrisa nefasta que me había dado en el restaurante
se ha ido y es reemplazada por una falsa simpatía. Veo a través
de él ahora, y no sé cómo lo perdí antes. Sospecho que siempre
estuve tan enamorada de Elijah, que nunca presté mucha aten-
ción a nadie ni a nada más. Pero Elijah tenía razón sobre mi
supuesto amigo todo el tiempo. Es un imbécil hipócrita.
No estoy segura de cuánta influencia tengo aquí. Pero
sé que defender a Elijah, lo que estábamos haciendo en su ca-
mioneta, o reconocer que participé voluntariamente en cada
segundo, sólo empeorará mi situación. Pero cuando los ojos
de Colt recorren mi cuerpo como si estuviera listo para aba-
lanzarse sobre mí, mi mente lógica sale por la ventana.
—No quiero acostarme contigo, Colt —digo—. No te
quiero así. Eres mi amigo. Eso es todo.— La palabra amigo
sale vacía y a él también le debe sonar así, porque me mira con
desprecio, como si yo hubiera sido su enemiga sin saberlo todo
el tiempo.
Baja la copa y luego golpea el vaso contra la madera de
la barra. Cuando cruza la sala para colocarse justo delante de
mí, siento que la bilis me sube a la garganta. Ya está. Ha per-
dido la cabeza y no hay vuelta atrás. Nunca fuimos tan cerca-
nos como lo soy con Elijah, pero lo habría llamado amigo.
Pensaba que era un tipo decente, y me siento estúpida por pro-
s
tegerlo de Elijah cuando quería golpearle la cabeza por ser sim-
plemente mi amigo.
Colt estira la mano para acariciar mi pelo y yo aspiro
con dificultad, todo mi cuerpo se congela de repulsión. No
quiero que nadie me toque, excepto Elijah. Abro la boca para
protestar, para decirle que no me toque, pero sus ojos están
tan llenos de rabia y odio, que trago con fuerza todas las pala-
bras que quiero decir.
—¿Por qué no te gusto? Todas tus estúpidas amigas ca-
mareras prácticamente babean cuando entro en ese lugar.—
Colt gruñe las palabras, pero no tiene el mismo efecto que
cuando Elijah está enfadado. Solo suena como un capullo pre-
tencioso y llorón en medio de una rabieta. Me odio a mí misma
por haberme echado la bronca cuando me da una palmada en
la mejilla antes de agarrarme por la mandíbula—. No eres más
que una sucia prima cabrona, ¿verdad? ¿Es eso? ¿No soy lo
suficientemente bueno porque no somos parientes? No puedo
creer que te guste esa mierda.
Él sabe que Elijah y yo no somos parientes biológicos,
pero lo que no sabe es que cuando dice que lo somos, no me
molesta. Ya no me importa un carajo. Necesito mantener la
calma si voy a tomar la delantera. Me sonríe con humor, sus
ojos buscan en mi rostro una respuesta a su diatriba. Quiero
escupirle en la cara y sacarle los ojos, pero me dominará fácil-
mente. Si me mata, sus padres tienen suficiente dinero para
s
hacer desaparecer el problema y la primera persona a la que
irán será por Elijah.
Mis ojos se dirigen a mi bolso, que me arrancó de las
manos y tiró sobre el caro sofá de cuero después de llevarme
al interior de la enorme cabaña. Había cogido el cuchillo de la
cafetería por instinto, porque lo necesitaría para protegerme.
Pero ¿podría realmente hacerlo? ¿Podría matar a alguien para
salvarme? ¿Podría hacerlo para mantener a Elijah fuera de la
cárcel? Podría decir que Colt me atacó, lo cual no es una men-
tira. Y Danielle me respaldaría en que me amenazó y secuestró.
Sólo necesito calmarlo lo suficiente para poder llegar a
mi bolso.
Cierro los ojos y me relajo en el abrazo de Colt. —Haré
lo que quieras, pero ¿puedo al menos darme una ducha? Me
siento asquerosa de estar en el trabajo y...— Me calla, sus dedos
se clavan en la piel de mi mejilla. Sacude la cabeza y la sonrisa
que lleva me dice que sabe que no cedería tan fácilmente.
—Podemos ducharnos juntos.— La forma en que lo
dice suena como un castigo y se me revuelve el estómago. No
va a dejarme sola el tiempo suficiente para que saque el cuchillo
del bolso, y yo no soy físicamente capaz de dominarlo. El pá-
nico me recorre y de repente me arrepiento de no haberle ro-
gado a Elijah que me quitara la virginidad cuando tuve la opor-
tunidad. Las cosas no pueden acabar así, con este sádico gili-
pollas agarrándome como si fuera un juguete nuevo y brillante.
—Colt, por favor, me estás haciendo daño —grito,
s
cuando me agarra por el pelo y me obliga a seguirle por un
largo escalera doble que conduce al segundo piso de la cabaña.
Mis ojos revisan el pasillo en busca de algo que pueda
agarrar para golpearlo, pero no hay nada a mi alcance. No hay
nada lo suficientemente pesado como para causar la cantidad
de daño que necesitaría para salir de su alcance. E incluso si
me escapó ¿dónde me deja eso?
—Deja de pelear conmigo, pequeña perra —exige Colt
cuando me empuja a lo que me doy cuenta de que es el baño
una vez que enciende las brillantes luces fluorescentes. Re-
tuerce mi cabello con tanta fuerza que tengo que ponerme de
puntillas para aliviar la sensación de ardor en mi cuero cabe-
lludo. Me empuja dentro de la lujosa ducha, finalmente deján-
dome salir de su agarre. Tropiezo, casi me caigo, pero me
atrapó contra la lujosa pared de azulejos de pizarra. Estoy tan
aliviada de que me haya dejado ir, pero se me cae el corazón
en el estómago cuando veo que se está desabrochando el cin-
turón y bajando la cremallera de sus pantalones caqui.
Miro alrededor de la ducha en busca de algo que pueda
usar para defenderme, pero lo único cerca de mí es un par de
envases de champú elegante y una esponja vegetal.
Me evalúa con avidez antes de decir bruscamente: —
Desnúdate. Me muero por ver tus tetas.— Siento que voy a
vomitar y no hago ningún movimiento para quitarme la ropa.
—Habría hecho las cosas bien para ti. Te hubiera hecho
venirte.— Colt se ríe y lucho contra el impulso de poner los
s
ojos en blanco—. Pero esto se trata solo de que me complazcas
ahora. Después de todo lo que hice, siendo tu amigo durante
años. Me gané esto.— Se quita la camisa y se para frente a mí
solo con sus bóxer. Su piel es rosada, como si hubiera estado
demasiado tiempo al sol, y sus brazos, pecho y estómago se
ven más suaves que tonificados. Es ahora cuando desearía ha-
ber tenido tiempo de enviarle un mensaje de texto a Elijah con
la dirección antes de que Colt rompiera mi teléfono. No sería
rival para Elijah, ni siquiera cerca.
—¡HAZLO!— Colt grita, acercando su cara lo sufi-
ciente a la mía para que me mueva más adentro de la ducha—
. O lo haré por ti.— Me agarra por la garganta y aprieta con
fuerza hasta que tiro de la cremallera de mi vestido y dejo que
la tela caiga a mis pies.
—Ahora lo demás.
Intento tragar, pero me sujeta con tanta brusquedad
que me cuesta respirar. Empujo mis bragas al suelo y luego mi
sostén. —Está bien, ya lo hice —jadeo las palabras—. Si al-
guna vez te preocupaste por mí, me dejarás lavarme antes de
hacer esto.
Afloja los dedos un poco y se estira para abrir la ducha
con la mano libre. Sus ojos en mi cuerpo me hacen sentir as-
queada. Deja ir mi garganta solo para apretar mis tetas brusca-
mente y empujarme bajo el agua caliente. Me sigue de cerca,
pero mantiene sus manos quietas. Acaricia su polla a través de
s
su ropa interior mientras observa cada uno de mis movimien-
tos.
—Date prisa y lávate, hazlo rápido —exige, haciendo
un gesto hacia la pequeña botella de gel de baño rosa que se
encuentra en la repisa.
Mantengo la boca cerrada y agarro la botella y aprieto
todo lo que puedo en la palma de mi mano. Me giro para en-
frentarlo. —Estoy segura de que será rápido, Colt.— Miro de-
liberadamente su entrepierna y luego vuelvo a sus ojos sor-
prendidos—. Las chicas hablan, cariño. Estoy segura de que
apenas lo sentiré —me burlo de él, y funciona. Se abalanza so-
bre mí, yendo a por mí cuello otra vez.
Y voy directo a sus ojos.
Levanto mis brazos y froto el jabón por toda su cara.
Instantáneamente me deja ir, cubriendo su rostro con ambas
manos. Lo empujo con fuerza y lo derribo contra la ducha.
Salgo corriendo al baño, preparada para correr escaleras abajo
y tomar mi cuchillo, pero no llego tan lejos.
Choco contra el pecho duro como una roca de Elijah.
Mis ojos se encuentran con los suyos y a pesar del hecho de
que está agarrando un bate de béisbol en una mano, y que se
ve absolutamente trastornado, dejo escapar un sollozo aho-
gado de alivio. Nunca me ha defraudado, ni siquiera cuando
tomo decisiones estúpidas.
Los ojos de Elijah se concentran en Colt, quien logra
levantarse y sumergir su rostro bajo el agua caliente. Su rostro
s
está retorcido por el dolor, y me da placer después de lo que
acaba de intentar hacerme. —¡Fuera de la casa de mis padres,
hijo de puta!— Colt chilla desde la ducha, y los labios de Elijah
se tuercen en una sonrisa enfermiza por un momento. Él va a
disfrutar esto.
—Mi padre te va a aniquilar. ¡Te enterrarán debajo de
la prisión cuando termine contigo!— Colt saca pecho, pero sé
que tiene miedo. Puedo ver cómo le tiemblan las manos.
—¡CÁLLATE LA PUTA BOCA!— Elijah gruñe, ba-
lanceando el bate en una de las paredes exteriores de la ducha,
rompiendo el mosaico de vidrios de colores por todo el lugar.
Los ojos de Colt se agrandan y retrocede, sus ojos rojos y ado-
loridos ahora olvidados. Veo la expresión de comprensión en
su rostro, y me pregunto si así es como me veía cuando me
tenía acorralada en ese mismo lugar.
—Ve abajo y espérame —Elijah baja la voz, y el tono
calienta todo mi cuerpo.
—¿Qué? No, no te voy a dejar. Él está loco. Él me hizo
venir aquí. Él dijo… —Elijah me nivela con una mirada. Está
colgando de su paciencia por un solo hilo.
—Sé que carajos dijo.— Sus ojos se sumergen en mi
pecho y luego más abajo, deteniéndose justo en mi coño des-
nudo. Es entonces cuando recuerdo que estoy completamente
desnuda y empapada. Debería sentirme vulnerable, expuesta,
pero no es así. El calor que hierve a fuego lento en sus ojos
mientras recorre mi cuerpo hace que mi vagina se apriete y
s
hace que el calor se acumule en la parte inferior de mi vien-
tre—.Voy a matarlo, “zorrita”.
Lo está afirmando. Esta es mi última oportunidad de
huir, así que no tengo que ver lo que está a punto de hacer.
—No, no, no. Podemos resolver esto. Mantendré la
boca cerrada. Cadie, díselo. Querías venir conmigo. No pasó
nada. Ni siquiera nos besamos —la voz de Colt está al borde
de la histeria, todavía parado en la ducha como el cobarde que
es.
—Me hiciste desnudarme y me manoseaste los senos.
Ibas a violarme.— Mi voz es tan tensa que ni siquiera suena
como yo a mis propios oídos. Me acerco, presionando mis te-
tas contra el abdomen de Elijah mirando su hermoso rostro,
mi pequeña mano envolviendo su bíceps—. Quiero ver.
Algo salvaje dentro de Elijah se desata con mis palabras
porque sus dedos agarran mi cabello mojado y tira de mí para
besarlo. El mordisco del dolor se mezcla con el placer cuando
mis pezones perforados se frotan contra su pecho. Muerde mi
labio inferior lo suficientemente fuerte como para hacerme ge-
mir y el placer se dispara directamente a mi clítoris.
—Cuando termine contigo, ni siquiera recordarás
cómo se siente su toque —jura Elijah, dejando que su mano se
deslice por la parte plana de mi estómago. Él no duda mientras
ahueca mi coño bruscamente. Tan rápido como me dio su to-
que, lo quita y da dos zancadas hacia Colt.
—Ponte de rodillas —exige Elijah, agarrando a Colt
s
por el brazo y arrojándolo al piso del enorme baño.
—¡Por favor, por favor! Detente. ¡Cadie, detenlo!—
Colt ruega, y no siento más que alivio cuando veo a Elijah ba-
lancear el bate de béisbol y golpear a Colt en un lado de la
cabeza, tirándolo al suelo con un golpe.
Es como si el primer golpe rompiera el sello de la ira de
Elijah. Él gruñe, balanceándose una y otra vez. No estoy segura
de lo que pensé que sentiría al ver a Elijah matar a Colt, pero
quedar hipnotizada no estaba en la lista. No siento nada por
Colt, ni ira, ni alivio, definitivamente no empatía. Solo soy
consciente de Elijah, la forma en que se flexionan los múscu-
los, el sonido de sus gruñidos y la forma en que sus hermosos
rasgos se retuercen en ira desplegada.
—¡Nunca la tocarás ni la mirarás de nuevo!— Elijah
ruge, golpeando a Colt una y otra vez, su sangre salpicando las
manos y los brazos de Elijah. Levanta el bate sobre su cabeza
y lo golpea contra lo que queda del cráneo de Colt tantas veces
que creo que la madera podría romperse bajo su agarre del
modo que lo sujeta.
Me muevo hacia él y presiono mis manos en su espalda
en un esfuerzo para calmar su ira.
Se congela, a medio golpe, y se vuelve hacia mí, su
mano ensangrentada se mueve hacia mi cuello, inclinando mi
cabeza hacia atrás para inspeccionar la piel adolorida. —¿Qué
más te hizo?— gruñe
s
—Me ahorcó —susurro—. Y él me tocó aquí —le-
vanto mi mano para ahuecar mi pecho—. Pero nada más. Es-
toy bien —le aseguro, pero él sigue de pie con rabia, con el
bate ensangrentado todavía en la mano. Sus ojos se mueven a
mi mano en mi teta, y pellizco mi pezón entre mis dedos. Co-
nozco a Elijah mejor que nadie. Sé lo que necesita en este mo-
mento. Lo que ambos necesitamos.
Elijah me sorprende levantando su mano ensangren-
tada para cubrir mi otro seno, apretando con tanta fuerza que
dejo escapar un sonido entre un lloriqueo y un gemido. —Ve
abajo. Estoy demasiado excitado. Te haré daño.— Tiene la
mandíbula apretada, y algo en la forma en que me mira como
si quisiera partirme en dos pone mi cuerpo en llamas. Quiero
que lo haga. Quiero que me dé toda su rabia, quiero que me
llene de todo lo que ha acumulado durante años.
Doy un paso adelante y agarro la parte inferior de su
camiseta y tiro suavemente hacia arriba. No se mueve, pero tira
el bate al suelo. Lo tomo como una señal de que me permite
ayudarle a quitarse la camiseta. Lo arrojo al suelo junto al
cuerpo de Colt y me acerco a Elijah. Todo mi cuerpo está en
llamas de anticipación.
—No puedo contenerme mucho más, “zorrita” —ad-
vierte.
—Tienes tres segundos para salir de aquí y dejar que
me calme o te voy a follar hasta que no puedas caminar.
—Uno —susurro, presionando un beso en el centro de
s
su pecho. Le sonrío y repito el gesto, contando—. Dos. —
Aspira una bocanada de aire y sus manos suben para agarrarme
el culo antes de que pueda confirmar que no voy a ir a ninguna
parte con la palabra—. Tres.— No estoy segura de lo que es-
pero de Elijah en este momento, pero seguro que no es una
palmada en el culo y una declaración de amor.
Me hace girar y me inclina sobre la encimera de granito
del tocador. Su rodilla se mete entre las mías y me abre las
piernas. Oigo cómo se desabrocha el cinturón y cómo sus va-
queros caen al suelo. Una de sus manos ensangrentadas se des-
liza por mi espalda y me agarra la nuca antes de inclinarse de-
trás de mí, hablándome directamente al oído.
—¿Sabes cuánto te quiero, “zorrita”?— Acompaña la
pregunta agarrando mi muslo con la otra mano. Me retuerzo y
miro hacia atrás para ver la huella de la mano ensangrentada
en mi piel—. ¿Sabes cuánto deseo poseer cada centímetro de
ti?
—Lo suficiente como para matar por mí —le digo, y
eso le hace gemir, presionando su dura polla contra mi culo
desnudo.
Frota la punta a lo largo de mi suave y húmedo coño.
Se burla de mí, frotándose de un lado a otro. Me agarro al gra-
nito y mi larga melena se agita en mi espalda cuando me giro
para mirarle. Mi coño se aprieta cuando veo el calor intensa-
mente lujurioso en sus ojos al ver cómo la punta de su polla se
s
detiene contra mi abertura.
—Esto va a doler —gruñe, y sus ojos encuentran por
fin los míos. Mi boca se afloja de placer y lo único que puedo
hacer es gemir en una súplica para que me folle. Saca la punta
de la lengua y deja que un hilo de saliva caiga sobre la raja de
mi culo. Me agarra el culo, abriéndome para repetir el movi-
miento.
Siento que la saliva caliente gotea por mi raja e instinti-
vamente miro hacia delante y aprieto mi culo contra él. Sin
previo aviso, me penetra con fuerza y rapidez. Grito, porque
es largo, grueso y demasiado grande mientras rompe mi
inocencia que siempre le ha pertenecido.
—Ah, joder —maldice, sacando todo el camino y vol-
viendo a clavarse dentro de mi apretado coño. No ha mentido.
Es como un monstruo, gruñendo, con sus manos por todo mi
cuerpo, mientras sus caderas golpean mi culo. El dolor se mez-
cla con el placer mientras me llena y me saca el jugo. Siento
que separa mi culo, permitiéndole empujar más profunda-
mente, y todo lo que puedo hacer es gritar su nombre. Lo
siento por todas partes en mi piel y grito cuando tira de mi
cabello con fuerza en su puño, controlando sus movimientos
bruscos para acercarnos más. Todo lo que puedo hacer es gri-
tar su nombre.
—Ven aquí —exige, justo antes de salirse de mi coño.
Casi gimoteo por la pérdida, queriendo que me llene de nuevo.
s
En su lugar, me voltea sobre mi espalda. Antes de que pueda
parpadear o darme cuenta de cuáles son sus intenciones,
vuelve a estar entre mis piernas. Una de sus manos agarra mi
pecho y la otra encuentra mi clítoris mientras su gruesa y pal-
pitante polla presiona mi abertura. Estoy tan adolorida, pero
aun así quiero más de lo que él quiera darme. No me da tiempo
para adaptarme, y recibo con entusiasmo el dolor ardiente de
la intrusión. Sus dedos pellizcan y tiran de mis pezones y clíto-
ris, enviando descargas de placer a través de todo mi cuerpo.
Se inclina hacia adelante, toma uno de mis pezones entre sus
labios y lo chupa con fuerza. Una mirada de puro placer reco-
rre su rostro, y eso solo es suficiente para hacer que mi coño
se mueva alrededor de su polla. Quiero complacer a este hom-
bre en todo lo que pueda.
—Córrete sobre mi polla, “zorrita”. Quiero ver cómo
te corres para mí —dice cuando sale y entra en mí, siento que
los ojos se me ponen en blanco. Estoy tan cerca, y esto es mu-
cho más intenso que cuando me he tocado antes. Abro la boca,
pero no sale nada. Levanto las manos y encuentro su duro pe-
cho, y mis palmas exploran con avidez sus tensos músculos.
Necesito sentir su piel bajo las yemas de mis dedos, lo quiero
encima de mí. Quiero sentir cada músculo de su cuerpo mien-
tras me utiliza para su placer.
—Mírame —grita, y mis ojos se encuentran con los su-
yos cuando me rodea el cuello con sus manos, sujetando mi
cuerpo mientras me penetra cada vez más fuerte. Mi cuerpo se
s
estremece cuando un orgasmo me atraviesa. Le rodeo con las
piernas, tratando de mantenerlo dentro de mí mientras el pla-
cer recorre todas las terminaciones nerviosas.
Me acerca a él e instintivamente le rodeo los hombros
con los brazos y aprieto la frente contra su cuello mientras él
sigue moviéndose dentro de mí. Siento que se tensa y me doy
cuenta de que no lleva preservativo y de que yo no tomo anti-
conceptivos.
—Elijah, tienes que salir, no estoy tomando nada.— Le
empujo el pecho, pero me agarra con más fuerza, negándose a
dejarme mover mientras me penetra con más fuerza que antes,
deteniéndose dentro de mí.
—Bien.— Un profundo gemido resuena en su pecho
mientras me llena de líquido caliente. Se retira del todo e inme-
diatamente vuelve a penetrarme dos veces más antes de depo-
sitarme de nuevo sobre la encimera y desplomarse contra mí.
Deslizo mis manos por su espalda en lo que espero que sea un
gesto tranquilizador mientras él intenta regular su respiración.
Por fin se aparta para mirarme, con el pelo desordenado
y empapado de sudor y sangre. Traga con fuerza y su nuez de
Adán se mueve con el movimiento.
—Lo has hecho bien para mí —dice, con reverencia, y
de repente me siento caliente por todo el cuerpo, sonrojada
por sus elogios. Se mueve para sacarlo y yo intento no hacer
una mueca de dolor, pero él es grande y yo estoy dolorida—.
Joder, cervatilla —susurra con pura lujuria. Sigo sus ojos hasta
s
su polla, que está cubierta de nuestro semen y de mi sangre. Mi
coño se aprieta involuntariamente, echando de menos la sen-
sación de que está estirando mis apretadas paredes. Su semen
gotea lentamente por el interior de mi muslo y el sonido de
aprobación que sale de los labios de Elijah eclipsa mi preocu-
pación inicial por quedarme embarazada.
Introduce dos de sus dedos en mi interior, empujando
hacia dentro y hacia fuera varias veces y cubriéndolos con
nuestros jugos antes de llevármelos a los labios. Los chupo,
sacando la lengua contra su piel sólo para ver cómo sus ojos se
iluminan de deseo. Abro la boca de par en par y le dejo meter
y sacar sus dedos de mi boca. Una palabrota sale de sus labios
mientras sus dedos desaparecen en la parte posterior de mi gar-
ganta, haciéndome dar arcadas. Dejaré que este hombre me
haga lo que quiera si sigue mirándome así. Apoya las manos en
el mostrador, envolviéndome con sus fuertes brazos antes de
que se incline, presionando su frente contra la mía por solo un
segundo antes de chocar sus labios contra los míos, chupando
mi labio inferior entre sus dientes.
—Dúchate conmigo. Nos ocuparemos de todo lo de-
más más tarde. Necesito follarte de nuevo —dice entre besos.
Sus manos están en mi cabello y me está levantando antes de
siquiera sacarme una respuesta—. Quiero probar cada parte de
ti, “zorrita” —susurra cuando nuestras bocas se abren.
Tomo su rostro entre mis pequeñas manos mientras
pasa por encima de la forma desplomada de Colt, llevándonos
s
hacia la ducha. —Te quiero mucho, Elijah. Lamento haberme
ido, solo estaba tratando de hacer lo —me interrumpe, presio-
nando un dedo en mis labios que todavía hormiguean por sus
besos ásperos.
—Esta no es la primera vez que mato a alguien por ti,
y no será la última.— Su mandíbula se tensa, como si estuviera
recordando algo que lo enoja—. Siempre has sido tú. Nunca
he amado a otra persona o cosa de la forma en que te adoro a
ti.
Tan pronto como las palabras salen de su boca, está
devorando mi cuello, haciéndome difícil permanecer en la
realidad. ¿Ha matado a alguien por mí antes? ¿Quién? Sé que
tenemos mucho que resolver, pero no puedo arruinar este mo-
mento para obtener respuestas que, en última instancia, real-
mente no me importan. ¿Qué vamos a hacer con Colt?
¿Adónde vamos a ir cuando nos vayamos de aquí? ¿Y si la
gente empieza a buscarnos? Todo puede esperar. Confío en
Elijah, y eso es todo lo que me importa.
Elijah debe sentir lo que estoy pensando porque me
echa el pelo hacia atrás. —Déjalo. Siempre cuidaré de ti, “zo-
rrita”. Estaremos bien. Me importa un carajo cualquier otra
persona. Luché por ti, y ahora eres mía.
Le sonrío, acariciando con mis dedos el lado de su her-
moso rostro mientras abre el agua caliente. Lentamente me
deja deslizarme a lo largo de su cuerpo, de modo que estoy
bajo el chorro.
s
Mientras me recuesto contra él, me hundo en la sensa-
ción de sus manos jabonosas deslizándose arriba y abajo de mi
cuerpo. Nuestros movimientos de ambos se detienen abrupta-
mente cuando escuchamos lo que suena como un vidrio rom-
piéndose abajo. Me giro en los brazos de Elijah, sin saber qué
está pasando hasta que escuchamos el sonido inconfundible de
Nicole llamando a Elijah.
s
CAPÍTULO CINCO
ELIJAH
s
No estoy enfadado con Nicole. No siento nada por ella. Tengo
todo lo que quiero, y ella sólo se ha convertido en un obstáculo
más en mi camino para mantener lo que tanto he luchado—.
Quédate aquí mientras voy a ocuparme de ello.
Frunzo el ceño cuando mi “zorrita” se cubre la piel le-
chosa con la toalla blanca. No me he hartado de ella, ni mucho
menos. Ella mira al cabrón que aún yace en su propia sangre
antes de que su atención se centre totalmente en mí. —¿Vas a
matarla también?— No parece alarmada, sino que suena tran-
quila, como si me preguntara qué vamos a cenar.
—¿Quieres que lo haga?— Enarco una ceja cuando me
sonríe, pero es la única respuesta que necesito. Sabía que su
alma estaba atada a la mía y destinada al infierno, pero no me
había dado cuenta de lo diabólica que ya es. Levanto la barbilla
y le doy un beso abrasador que sólo rompo cuando oigo a Ni-
cole gritar de nuevo mi nombre. Suena como si ella estuviera
caminando por el frente de la cabaña.
—Quiero un montón de cosas que pretendía que no
tenía —dice Cadence suavemente contra mis labios, sus dedos
acariciando mi cara con reverencia—. Puedo ser mi verdadero
yo cuando estoy contigo. No me importa lo que piensen los
demás.— Aprieta sus labios contra los míos y deja escapar un
chillido cuando le doy una fuerte palmada en el culo cubierto
por la toalla. La suelto de mala gana y me dirijo a la puerta.
—Quiero que estés desnuda cuando vuelva a subir —
s
digo, y no me decepciona cuando saca la lengua con descaro,
abre la toalla y me enseña sus tetas. Si no me voy ahora, voy a
pasar las próximas horas con la cara enterrada en su dulce
coño.
Cuando llego a la parte superior de la escalera, Nicole
ya está en el tercer escalón totalmente preparada para venir a
buscarme. Parece absolutamente furiosa, como si no fuera ella
la que acaba de entrar en la casa de otra persona.
—¿Qué coño estás haciendo aquí? —pregunto, pero en
realidad no me importa por qué está aquí. Pero sí necesito sa-
ber si le dijo a alguien a dónde iba. Bajo lentamente las escale-
ras, y ella debe darse cuenta de que está en problemas porque
retrocede y se coloca junto a la chimenea.
—La anfitriona del restaurante me dijo que amenazaste
a todo el mundo para que encontrarán a Cadence y escuchó
que era aquí donde ibas. Creí que venías a luchar con Colt, pero
cuando no volviste a salir al cabo de un rato, me preocupó que
tal vez te hubiera dominado.— Pongo los ojos en blanco ante
esa idea. Realmente es una perra muy tonta, pero no tengo
energía para discutir con ella sobre la resistencia de un imbécil
al que ya le he roto el cerebro. Me examina las caderas cubiertas
de toallas antes de añadir—. Pero está claro que te has recon-
ciliado con Colt si te estás bañando en su casa de vacaciones.—
Se burla, torciendo la cara en señal de asco.
Me río mientras me acerco a ella y sus ojos se abren de
s
par en par. —¿Le dijiste a alguien a dónde ibas? ¿A tu fami-
lia?— No importa si lo hizo. Para cuando alguien investigue
nuestras desapariciones, mi camión no será más que metal car-
bonizado y no se encontrará ningún cuerpo. Cadence y yo se-
remos dados por muertos con Nicole y Colt. Nos habremos
ido al desierto de Violent Peak. Sólo seremos mi “zorrita” y
yo.
Sé que incluso cuando tenga toda su atención, sin inte-
rrupciones, no será suficiente. Puedo poseerla, cada maldito
pedazo de ella, y no será suficiente para saciar mi obsesión por
ella.
—No. ¿Por qué iba a decírselo a alguien? Es tan jodi-
damente embarazoso, Eli. Tengo que perseguirte y rogarte que
pases tiempo conmigo. —resopla antes de continuar con su
pequeña diatriba. Se aleja de mí poniendo su espalda hacia la
escalera, supongo que en un intento para evitar que la acorrale
contra la chimenea—. ¡Estás tan jodidamente obsesionado con
Cadence que da asco! ¿Acaso entiendes lo que parece? Eres un
psicópata cuando se trata de ella.
Aprieto los dientes cuando gruño las palabras. —Tie-
nes razón. Soy un psicópata cuando se trata de ella. Y real-
mente me importa un carajo.— Los ojos de Nicole se abren
de par en par y luego su cara se contorsiona en lo que supongo
que es ira. Sus tácticas de manipulación y su falso llanto han
desaparecido. Está lívida porque por fin le estoy diciendo la
verdad, y me importa una mierda cómo la haga sentir. Se queda
s
callada, lo cual es una jodida novedad, y veo que me doy cuenta
de que la he estado utilizando para disimular mi enamora-
miento de Cadence desde el principio.
Vuelve a salir cosas de su boca, pero no presto atención
a nada de lo que dice. Levanto la vista y veo a Cadence bajando
las escaleras de puntillas, todavía vestida solo con la toalla.
Nunca la había visto tan tranquilamente enfadada, tan decidida
y segura de sí misma. Ni siquiera cuando entré cuando Colt
intentaba atacarla. Veo el cambio en mi “zorrita”, por fin ha
dejado de lado la máscara de niña buena, y ya no le importa lo
que su madre o la sociedad le exigen. Tiene más poder de lo
que cree, pero el cambio en ella es repentino, aunque es algo
que yo sabía que estaba ahí todo el tiempo. Rápidamente des-
vío la mirada hacia Nicole porque no quiero que dirija su rabia
hacia Cadence.
Podría encargarme de Nicole rápidamente, pero tengo
curiosidad por ver cuál es la intención de mi “zorrita”. Rechino
mis molares y agarro a Nicole por los hombros cuando ella
cierra sus manos en puños y me golpea directamente en el pe-
cho.
—Le voy a decir a todo el mundo que te estás tirando
a esa puta. Tendrás que abandonar la ciudad. No podrás volver
a mostrar tu cara, Elijah. ¡Eres repugnante!— Levanta su mano
trata de golpearme en la cara, pero la agarró por la muñeca con
la suficiente brusquedad como para hacerla gritar de dolor.
Hago girar a Nicole para que se enfrente a Cadence, que
s
lleva una sonrisa que no tiene humor y que sólo pretende bur-
larse de su presa. Mantiene sus ojos en los míos mientras ca-
mina decididamente hasta situarse frente a Nicole. Siento que
Nicole se tensa al ver el gran cuchillo de acero que Cadence
sostiene entre sus delicados dedos.
Cadence me lanza un beso antes de sonreír a Nicole,
que se sacude en mis brazos en un intento inútil de liberarse.
Eso es todo lo que hace falta para que mi polla se ponga
dura de nuevo para mi “zorrita”. Parece un ángel bañado en el
pecado, con rizos húmedos enmarcando su rostro y nada más
que esa toalla mostrando sus curvas. La anticipación hierve en
mi sangre mientras espero su próximo movimiento. No dudo
de que pueda aguantar una pelea con Nicole, pero no estoy
dispuesto a arriesgarme a que Nicole le ponga un dedo encima.
—¡Puta estúpida! —Nicole grita, pateando sus piernas,
pero sin acercarse a hacer contacto con Cadence—. Voy a
arruinar toda tu vida. Me aseguraré de que todo el mundo sepa
lo que realmente eres. Una pequeña y sucia zorra.
—¿Estás siendo tan puta porque él adora mi cuerpo de
una manera que nunca te tocaría?— La voz de Cadence es
dulce como el azúcar, pero sus ojos atraviesan a Nicole—.
Ponte de rodillas y discúlpate por llamarme puta.— Cadence
inclina la cabeza hacia un lado de forma juguetona—. Soy la
puta de Elijah, algo que tú nunca podrías ser, por mucho que
lo intentaras —le espetó, dando dos zancadas hacia delante
para quedar frente a frente con Nicole.
s
—Le dejaría hacer lo que jodidamente quiera conmigo
—susurra ásperamente, llena de toda la ira que ha estado al-
bergando desde el día que traje a Nicole. Los ojos verdes de
mi “zorrita” se posan en los míos cuando agrega—. Haría cual-
quier cosa por él.
Estúpidamente, Nicole agarra a Cadence tirando de su
toalla lo suficiente como para hacerla caer al suelo. Ella le es-
cupe, tratando de liberarse de mi agarre, pero no es lo suficien-
temente fuerte. La agarro por el cabello y aseguro sus brazos
con mi mano libre mientras la empujo de rodillas frente a Ca-
dence. Tiro su cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello mien-
tras ella grita y trata de golpear su cuerpo. Estoy disfrutando
ver a Cadence jugar con ella, pero ya he tenido suficiente. Ca-
dence no se molesta en recoger su toalla o cubrirse, y el cuerpo
es una distracción. Puedo ver las marcas que se forman en su
piel suave por la dureza con la que la follé, y es la cosa más
caliente que he visto en mi vida. No he tenido mucho de ella
por mucho tiempo, y esta perra solo se interpone en el camino.
—Lo psicópata es de familia, ¿no es así, Elijah?— Ca-
dence dice mientras toma la hoja del cuchillo y la pasa entre
sus propios senos, hasta el ombligo, deteniéndose justo antes
de llegar a su montículo. Siento la mandíbula en el suelo, al ver
cómo el frío acero vuelve a subir por su suave piel y choca
contra su pezón. Mueve el cuchillo más arriba y saca la lengua,
lamiendo la punta. No puedo contenerme, así que con una
s
sonrisa maliciosa que tuerce mis labios, alargo la mano, pelliz-
cando uno de sus pezones. Nicole está gritando lo que asumo
son insultos y amenazas, pero no escucho ninguno de ellos.
Toda mi atención está en Cadence mientras gime, pasando la
cuchilla por el cuello de Nicole. Me mira en busca de aproba-
ción desde esas gruesas pestañas. Su intención es clara. Ella
está montando este pequeño espectáculo para mí,
—Suéltame, imbécil. No eres lo suficientemente estú-
pido para terminar con esto.— Nicole me grita, y luego dirige
su ira hacia Cadence—. Espera a que tu madre se entere, le voy
a contar todo, princesa.
Ella deja escapar un grito de dolor cuando tiro de su
cabello.
—Elijah golpeó a Colt hasta matarlo por tocarme y
luego me folló cubierto de sangre.— Cadence sonríe, espe-
rando un momento mientras Nicole deja escapar un grito aho-
gado de comprensión—. Es demasiado tarde para que arruines
algo. Hemos tomado nuestra decisión, y nos elegimos a noso-
tros.
Suelto el cabello de Nicole, pero mantengo sus brazos
asegurados para que no pueda atacar. Necesito tocar alguna
parte de Cadence, así que le hago un gesto para que se acerque
a mí. Ella no necesita más que eso, porque sin perder el ritmo,
mueve su cuerpo más cerca del mío, y no puedo creer que sea
jodidamente real. Pensé que mi obsesión por ella era intensa
antes, pero ahora ruge en mis venas, consumiendo todo mi ser.
s
Sus ojos se iluminan cuando mis dedos rozan su suave trasero,
se muerde el labio inferior entre los dientes mientras le doy una
palmada fuerte en el muslo, indicando que quiero que abra las
piernas. Los labios de Cadence se separan en un gemido
cuando mis dedos se hunden dentro su coño sin previo aviso,
todo el camino hasta el nudillo.
Mi semen todavía cubre las paredes de su apretado agu-
jero, lo que me permite tocarla con movimientos largos y sua-
ves. Me cuesta todo no olvidarme por completo de Nicole y
sujetar a Cadence contra el suelo de madera y follarla hasta que
grite. Quiero dominarla, poseer cada centímetro de su ser y
verla someterse a mí.
Cadence agarra el cabello de Nicole con una mano y
sostiene el cuchillo en su garganta con la otra, inclinándose li-
geramente, dándome acceso completo para bombear mis de-
dos dentro de ella desde atrás. —¡Vete al infierno!— Nicole
grita.
—Oh, lo planeo.— La voz de Cadence es ronca mien-
tras la follo rápidamente con dos dedos. Observo mientras
desliza la hoja a lo largo del cuello de Nicole en un movimiento
limpio, silenciando sus gritos. Suelto a Nicole, pero Cadence
aún tiene que soltar su cabello. La sangre salpica, cubriendo las
tetas y los brazos desnudos de Cadence, y la vista desata una
bestia dentro de mí. Deja caer a Nicole al suelo con un fuerte
golpe y empieza a enderezar su espalda, pero aún no he termi-
s
nado con ella. La agarro bruscamente y la levanto en mis bra-
zos, la necesidad de poseer su cuerpo es demasiado intensa
para ignorarla. Me siento en el sofá de cuero con ella en mi
regazo, mis dedos encuentran el camino de regreso a su coño
resbaladizo.
—Monta mis dedos, “zorrita”. Solo te correrás por mí.
Y lo hace, arqueando la espalda mientras mi otra mano
frota su estómago cubierto de sangre y mis dedos encuentran
sus pezones. Tiro con fuerza de cada uno de sus capullos en-
durecidos, pellizcando mientras sus caderas se mecen de un
lado a otro. Siento que sus paredes se tensan y saco mis dedos
justo a tiempo para frotar su clítoris mientras su orgasmo la
atraviesa. Sus uñas se clavan en mis hombros y frota su coño
contra mi polla cubierta con una toalla.
Las piernas de Cadence están temblando cuando final-
mente se relaja en mi regazo y tomo su trasero, dándole una
fuerte palmada. —Me diste un buen espectáculo —digo, acer-
cando sus labios a los míos para un rápido beso. Ella tararea
contra mis labios y su boca se tuerce en una sonrisa mientras
le azoto el culo dos veces más antes diciéndole. —Sube y su-
mérgete en un baño de burbujas mientras esperas a que te folle
de nuevo. Necesito encargarme del desorden antes del amane-
cer.— Le doy otro beso rápido, gruñendo en protesta cuando
se desliza fuera de mi regazo. La agarro de la mano y la miro
de arriba abajo una última vez antes de soltarla. Es jodidamente
hermosa, y nadie más sabrá lo que es poseerla como yo. Ella
s
es mía, cuerpo, mente y alma ahora.
Ella hace esa pequeña y linda cosa mitad caminar, mitad
saltar antes de subir las escaleras. La observo todo el camino,
sin apartar mi atención de ella hasta que desaparece por el pa-
sillo. Mientras busco el cuchillo, uso el costado de mi pie para
empujar el cuerpo de Nicole fuera del camino. Lo recogí y me
recuerdo mentalmente que debo asegurarme de que esté des-
truido para que las huellas de Cadence no sean detectables.
s
trasera de la camioneta para que eventualmente la policía bus-
que nuestros cuerpos en lugar de buscarnos a nosotros. Podría
haber dejado los cuerpos en la casa, pero esto los confundirá a
todos.
Sé que tenemos que ponernos en marcha, salir de aquí
y averiguar dónde exactamente nos vamos a instalar en el de-
sierto de Violent Peak, pero estoy zumbando de emoción ante
la idea de volver a ver a Cadence. Pero es tarde, nadie está bus-
cando a ninguno de nosotros por lo que sabemos, y no puedo
imaginarme pasar otras horas sin follar con ella de nuevo. No
tendremos que preocuparnos por un vehículo cada vez que
salgamos. Ya elegí un camión de bajo perfil que será fácil de
conectar, y robé algunas placas de un automóvil en mi camino
de regreso a la cabaña. Estoy usando la ropa de Colt y una
gorra de béisbol, y las botas de su papá ya que mis pies eran
demasiado grandes para entrar en los suyos. Esa fue idea de
Cadence, en caso de que alguien me viera caminando por la
propiedad. Ella nunca para de sorprenderme.
Cuando subo, la encuentro recostada en la enorme ba-
ñera del baño conectado a la habitación de Colt. No debe ha-
ber querido relajarse en el baño donde el piso todavía está cu-
bierta de sangre. Las burbujas cubren todo lo que quiero ver,
pero ella está recostada con los ojos cerrados y sus labios se
estiran en una pequeña sonrisa. Tan jodidamente loco como
suena, se ve más relajada de lo que la he visto en años. Hubiera
s
pensado que estaría preocupada, asustada, incluso traumati-
zada. Pero cuando sus ojos se abren con el sonido de mí qui-
tándome las botas cubiertas de tierra, sus ojos se iluminan. Ella
está feliz de verme, y no puedo quitarme la ropa lo suficiente-
mente rápido.
—¿Me extrañaste?— Su dulce voz despierta algo sal-
vaje dentro de mí. Sé que ella no puede entender la forma en
que quiero poseer su alma. Quiero ser el único que la toque, el
único que la haga sonreír. Ella sonríe con picardía, moviéndose
hacia el lado de la enorme bañera para sentarse sobre sus rodi-
llas. Empujo hacia abajo los pantalones de chándal azul marino
que estoy usando, pateándolos bruscamente mientras observo
la espuma de jabón deslizarse por sus tetas respingonas. El bri-
llo de las barras plateadas a través de sus pezones rosados llama
mi atención y se me hace agua la boca. Necesito una ducha,
pero más que eso necesito saborearla.
El chillido que deja escapar es tan jodidamente satisfac-
torio cuando me acerco a ella y caigo de rodillas frente a ella.
Palmeo bruscamente sus dos tetas y chupo uno de sus pezones
entre mis labios. No puedo tener suficiente de ella mientras
raspo mis dientes a lo largo del capullo endurecido y luego
cambio al otro lado. Sus manos hacen un túnel a través de mi
cabello, y me acerca a su pecho, presionando su teta más cerca
de mi boca. Si no me detengo ahora, voy a terminar follándo-
mela aquí mismo, al borde de la bañera. Muerdo su pezón con
fuerza, haciendo que sus uñas tiren bruscamente de mi cabello
s
y gima mi nombre. Sonrío contra su piel y dejo que su pezón
se deslice de mi boca con un chasquido audible.
—Necesito limpiarme correctamente. Y quiero un es-
pectáculo mientras lo hago.
Mi voz es baja, grave, exigente mientras me levanto y
me muevo hacia la ducha para abrir el agua caliente. Mis ojos
nunca la dejan y tan pronto como las palabras salen de mi boca,
sus dedos están sobre sus pezones, tirando lo suficiente y sol-
tándolos para que sus senos reboten con el movimiento. Es
como si pudiera leerme la mente, sabe exactamente lo que
quiero sin apenas dirección.
—Se siente mejor cuando lo haces tú —dice en broma,
saliendo de la bañera y acercándose a la abertura de la ducha.
Estoy hipnotizado por la espuma de jabón deslizándose lenta-
mente por su piel pálida. Quiero lamer el mismo camino, co-
menzando en sus clavículas y terminando en su dulce coño. La
observo mientras frota su mano por su suave vientre y luego
usa dos dedos para separar los labios de su coño. Estoy en pi-
loto automático, limpiando la suciedad y el sudor de mi piel,
pero mi mente está en lamerla de pies a cabeza.
—Fóllate el coño con los dedos, bebé —gruño, y ella
cumple, deslizando dos dedos dentro de sí misma. Sus ojos
solo dejan los míos cuando retroceden de placer. Eso es sufi-
ciente para ponerme fuera. Quiero mirarla y me encanta ver su
rostro contraído por el placer. Pero soy un hijo de puta celoso
incluso cuando es ella la que se toca a sí misma.
s
Estoy absolutamente psicótico. Si alguna vez cambia de
opinión y quiere escapar de mí, está jodida. Ella es mía ahora,
y nunca la dejaré ir.
Cierro la ducha y no me molesto con una toalla mien-
tras le aparto la mano de entre sus muslos mojados. Froto mi
palma sobre su montículo y le doy un pequeño golpe que hace
que se cubra la boca con sorpresa, ahogando el gemido que se
desgarra de su garganta. El sonido de su piel desnuda conec-
tando con mi mano hace que mí ya dura polla se ponga rígida.
Me recuerdo a mí mismo que no puedo dejarme llevar esta vez.
Quiero explorar lentamente, así que la levanto y la lanzo sobre
mi hombro. Sonrío ampliamente cuando ella se ríe, chillando
y tratando de agarrarme mientras me dirijo al dormitorio. Voy
a lamerla y hacer temblar todo su cuerpo antes de correrme
profundamente dentro de su dulce y pequeño coño. Justo aquí
en la cama de Colt. Le doy una palmada fuerte en el culo, tres
veces seguidas en el mismo lugar. Hace que mi pene se estre-
mezca al pensar en la huella de mi mano en su delicada piel.
—Ponte de rodillas, “zorrita”. Quiero saborearte.
Ella inmediatamente hace lo que le digo, moviéndose
hacia adelante para presionar su cara contra el colchón y pre-
sentando su trasero regordete para que le haga lo que quiera.
El salvaje en mí quiere presionar mi mano a un lado de su cara
y sujetarla mientras la golpeo por detrás. Ya habrá un mo-
mento para eso, porque tengo la sensación de que a mi “zo-
rrita” le gusta cuando soy rudo con ella. Pero por ahora, quiero
s
saborear cada segundo antes de follarla en este colchón.
Ya estoy acariciando su raja húmeda y rosada con las
yemas de dos de mis dedos antes de arrodillarme ante ella.
Hundo ambos dedos profundamente dentro de ella y observo
cómo su agujero se contrae alrededor de ellos tratando de em-
pujarlos más adentro. Está tan apretada, y un gemido primitivo
sale de mis labios porque sé que soy el único que alguna vez
sabrá cómo se siente su coño.
Saco mis dedos y veo cómo se hunden lentamente en
su interior varias veces, disfrutando de cada súplica que sale de
sus labios.
—Elijah, por favor. Por favor. Por favor —grita
cuando desacelero mis caricias aún más, empujando mis dedos
dentro de ella hasta los nudillos y luego deteniéndome. Curvo
mis dedos, provocando un gemido de placer. Su voz sigue
siendo dulce, pero ahora también está entrecortada y necesi-
tada. Finalmente, tomo el ritmo, la follo con los dedos y la tra-
bajo hasta que me ruega que vaya más rápido.
Me inclino y muerdo su nalga mientras la follo brusca-
mente con mis dedos. Lamo su culo y saco mis dedos para
devorar su coño con mi lengua. Ella sabe tan dulce, y no puedo
tener suficiente. Aprieto mi polla con una mano y exploro su
piel suave con la otra. Ella gime, presionando de nuevo en mi
lengua lame. Chupo y pellizco su piel y luego me muevo hacia
su pequeño ojete rosado. Abriendo los globos de su trasero,
s
gemí audiblemente ante la vista frente a mí. Escupo en el es-
trecho agujero y presiono mi pulgar contra él. Ella grita por el
contacto y trata de alejarse de mí, pero tiro de ella hacia atrás,
aplanando mi lengua y lamiendo la piel sensible. Todavía no
está lista para llevarme a ese agujero, pero lo hará pronto. Para
cuando termine con ella, me dará cada parte de ella. Me dejará
tomar lo que quiera de ella cuando quiera. Y llenaré cada agu-
jero que tenga hasta que no pueda decir dónde empieza ella y
dónde termino yo.
—Fóllame, Elijah. Por favor. Necesito más. Te nece-
sito —grita, y el anhelo en su voz casi me hace ceder, pero
quiero saborear esto. Corrí nuestra primera vez porque estaba
sobrecargado por haber matado a Colt. Tenía tanta energía re-
primida, tanta necesidad de ella que no podría haber ido más
despacio, aunque hubiera querido. Pero esta vez, voy a lamerla
hasta que se corra por toda mi cara. Voy a hacer que me supli-
que que le dé lo que necesita. Ella sabe que soy el único que
puede hacerla sentir así.
Yo soy el único que puede hacer que su coño palpite
porque anhela mi polla.
—Todavía no, “zorrita”. Da la vuelta sobre tu espalda.
Déjame ver ese lindo y pequeño clítoris.— Tan pronto como
ella obedece, mis antebrazos se enganchan debajo de sus pier-
nas y mis labios chupan su clítoris, llevándolo a mi boca. Gimo,
sabiendo que las vibraciones enviarán pequeños picos de pla-
cer directamente a su coño.
s
Mueve las caderas, probablemente porque el placer es
demasiado para manejar. No puedo evitar sonreír mientras la
sostengo firmemente contra mi boca, haciendo que sus piernas
tiemblen incontrolablemente. Finalmente me alejo, frunciendo
los labios y soplando aire frío directamente sobre su clítoris.
Sus caderas se sacuden, pero la tomo como rehén sin mucho
esfuerzo.
—Deja de pelear, “zorrita”. Tu cuerpo es mío ahora
para jugar con él como quiera —digo antes de deslizar mi len-
gua sobre su clítoris. Lamo de un lado a otro tan dolorosa-
mente lento que sus caderas se mueven hacia arriba y hacia
abajo, tratando de que acelere el ritmo. Me río cuando deja es-
capar el gemido nervioso más lindo, y finalmente le doy lo que
necesita. Chupo su clítoris con fuerza antes de empezar a lamer
mi lengua rabiosamente contra su clítoris. Pasan más momen-
tos antes de que ella clave sus uñas en los músculos tensos de
mis hombros y se corra por toda mi cara.
—Elijah detente. No puedo —jadea las palabras, pero
continúo, y sin previo aviso presiono dos dedos contra su res-
baladiza abertura y rápidamente los empujo dentro de ella. —
Ay Dios mío.— Mueve sus caderas contra mi boca y se sacude
violentamente, un intenso orgasmo la atraviesa por segunda
vez en solo minutos.
No puedo negarme más. Levanto a mi “zorrita” con
facilidad y lo muevo a la parte superior de la cama. Apenas
s
estoy pensando, solo hago mientras abro sus piernas y me co-
loco entre ellas. Sus ojos están vidriosos, y la sonrisa que me
da es de pura felicidad.
—Podría follarte hasta morir, y valdría la pena —digo,
y ella me recompensa con una risita que solo yo parezco poder
sacarle.
—Parece una manera terriblemente heroica de morir
—bromea, inclinándose para besar mis labios hinchados. El
pensamiento de ella probándose a sí misma en nuestro beso
me enciende de una manera que nunca esperé. Me estiro entre
nosotros y froto mi polla contra sus sensibles pliegues. Sus ojos
se ponen en blanco mientras me muevo de su clítoris a la es-
trecha abertura que sé que apenas me acomodará.
—Dime lo que quieres —susurro contra sus labios y
apoyo uno de mis antebrazos junto a su cabeza. La necesidad
de agarrar un puñado de su sedoso cabello en mi puño es abru-
madora. Quiero sentir todo de ella, cada parte de ella al mismo
tiempo.
—Quiero que me muestres lo que quisiste hacerme to-
dos estos años.— Sus palabras están entrecortadas por la anti-
cipación. Para cuando termine con ella, nunca cuestionará que
he estado absolutamente obsesionado con ella durante toda la
vida.
Mientras mi polla empuja dentro de ella, la necesidad
de reclamar es abrumadora. Me muevo, mis dedos encuentran
su cuello, apretando lo suficiente como para saber que dejaré
s
moretones atrás. Si es posible, mi polla se endurece aún más al
pensar en ella usando mi marca en su cuello para que todos la
vean. Quiero que cada hijo de puta que la mire sepa quién es
su dueño. Ella jadea ante la áspera intrusión de mí abriéndola,
pero toma cada centímetro, y sus ojos nunca dejan los míos.
Prácticamente gruño. —Buena chica. Tómatelo como
mi buena “zorrita”.— Mis dedos se flexionan, y su gemido sin
aliento me da ganas de consumirla, en cuerpo y alma—. Nadie
sabrá nunca cómo se siente este coño. Es mío. Nadie más lo
va a joder jamás, ni siquiera tú.— Saco todo el camino y vuelvo
a entrar en ella, y el placer me recorre cuando siento que su
coño me agarra con más fuerza. Mis dedos abandonan a rega-
ñadientes su garganta para agarrar su mandíbula, inclinando su
cabeza y cuello tal como los quiero. Quiero que me mire a los
ojos cuando le diga ella—. Solo yo puedo follar este coño. Te
follaré cuando quiera, como quiera, donde quiera. No estaré
saciado hasta que cada agujero esté goteando con mi semen.
Ella asiente con la cabeza, pero su placer debe apode-
rarse de ella mientras cierra los ojos por solo un segundo. Gol-
peo su mejilla y engancho mi pulgar en su boca deliciosa, cau-
sando que vuelva a poner su atención en mí, donde pertenece.
Cierra sus labios carnosos y chupa mi pulgar, mostrándome lo
buena que será cuando tenga mi polla metida en su pequeña y
apretada garganta. El pensamiento me hace tocar fondo dentro
de ella, y siento que no puedo profundizar lo suficiente. No
me arrepiento de haberla tomado por detrás antes, pero esto
s
se siente diferente. Siento todo su cuerpo enjaulado bajo mi
peso, atrapado y para que lo use como quiera. Sus pechos están
aplastados contra mi pecho, sus piernas están entrelazadas al-
rededor de mi cintura y sus súplicas suenan mucho más dulces
con sus labios tan cerca de mi oído.
Sus uñas me arañan la espalda y el mordisco de dolor
me incita a follarla con más fuerza. Beso y chupo su cuello
mientras pierdo el control, empujando dentro de ella como si
mi vida dependiera de ello. Quiero sentir cómo se corre alre-
dedor de mi polla mientras estoy dentro de ella. Quiero que
recuerde a quién pertenece.
—Córrete para mí otra vez —exijo, inclinando su ca-
beza hacia atrás para poder mirar sus ojos con placer.
— Saca la lengua para mí, nena.— Ella jadea, su boca
se abre en un gemido. Empujo con más fuerza, mis ojos nunca
dejan los de ella mientras espero que la saliva se acumule en mi
boca antes de dejar que gotee deliberadamente directamente
sobre su lengua. —Joder —maldigo mirando el líquido que cu-
bre su lengua. —Déjame ver cómo te lo tragas —le instruyo, y
mis dedos se mueven hacia su garganta justo a tiempo para
sentir que los músculos de su cuello se tensan mientras lo hace.
Ella es tan jodidamente buena y no tiene ni idea de que lo es.
Un millón de escenarios de follarla en diferentes posiciones
pasan por mi mente mientras la follo. Tengo años que com-
pensar, y no puedo esperar.
Dos embestidas más y ella se está desmoronando a mi
s
alrededor, todo su cuerpo tiembla debajo del mío. Ella se
muele contra mí, llevándome más profundo de lo que pensé
que era posible. Los ruidos que hace y la forma en que se aferra
a mí nunca dejarán mi memoria. Un trazo más profundo es
todo lo que se necesita. Me estrello por última vez, tan pro-
fundo que ella grita en lo que suena como una mezcla de placer
y dolor, y exploto. Me salgo del todo y luego, instintivamente,
vuelvo a empujar dentro de ella dos veces más.. La necesidad
de embarazar a alguien no es algo que haya experimentado con
nadie más, pero me consume. La quiero llena de mi semen.
Quiero verlo gotear de su coño recién follado y gotear por sus
muslos suaves.
Me derrumbo encima de ella, y en vez de quejarse sobre
mi peso aplastándola, envuelve sus brazos alrededor de mí. Sus
uñas me calman mientras raspan suavemente mi columna. En
este momento con ella, soy hiper consciente del hecho de que
nunca antes había sentido un consuelo como este en toda mi
vida. Quemaría el mundo entero para sentirlo, aunque sea por
un segundo más.
Después de lo que parecen cinco minutos, pero proba-
blemente sea más bien una hora, está tumbada a mi lado con
la cabeza apoyada en mi pecho. Se siente como si siempre hu-
biera sido así.
—Mientras no estabas, estuve pensando en lo extraño
que es que ambos seamos así de… está bien. Ya sabes, después
s
de todo lo que pasó. Debería estar preocupada, pero no lo es-
toy en absoluto. No me arrepiento de nada. Ni siquiera creo
que vaya a extrañar a nadie.— Ella entrelaza sus dedos con los
míos mientras habla en voz baja—. Pero creo que es porque
siempre se suponía que debía ser así. Solo tú y yo.
La hago rodar sobre su espalda y le doy un rápido beso
en los labios. Si me demoro un segundo más, la tomaré de
nuevo, y por mucho que eso me atraiga, tenemos que mover-
nos si vamos a desaparecer en Violent Peak.
Tomo su mandíbula y le digo: —Solo tú y yo, “zorrita”.
Así lo quise siempre.
s
¡GRACIAS!
s
SOBRE LA AUTORA
2 Cojedores en franela. Cojedores: se refiere a un hombre que tiene muchas parejas sexuales ocasio-
nales.