María Isabella Olivo, C.I.: 29.551.
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San Agustín
San Agustín es uno de los personajes más importantes en el pensamiento de
occidental, ya que marca un antes y un después en la Patrística latina. Asumiendo
“la herencia griega de Platón, los estoicos y Plotino, cumpliendo su síntesis y
superación desde una concepción original basada en la sabiduría cristiana.”
(Ferrer, Román, pag.1) Agustín nace en el 354 d.C en Tagaste, Provincia de
Númida, actual Argelia. Su madre fue Santa Mónica, una devota mujer que educo
a su hijo en la religión cristiana pero nunca lo llego a bautizar, y este no fue hasta
después de mucho tiempo que abrazo la fe.
Estudió gramática en su pueblo natal, luego artes liberales en Metauro y retorica
en Cartago. Estando en esta última ciudad se desvía de la vida de los valores
cristianos que su madre le había enseñado teniendo una desenfrenada donde
conocería a su amante la cual vivió con él por 16 año teniendo un hijo en común al
cual llamaron Adeodato. En su segundo año en Cartago lee Hortensio de Cicerón,
esta lo impulsa a comenzar su búsqueda de la verdad, esta inicia cuando ingresa
a la secta maniquea, alejándose aún más del cristianismo que luego más tarde
regresaría. “Poco antes de la partida de Agustín hacia Roma en 383, Fausto, un
conocido obispo maniqueo, llegó a Cartago y no supo darles una respuesta
satisfactoria a sus dudas, por lo que su fe en el maniqueísmo comenzó a
resquebrajarse. Sus desengaños intelectuales no hicieron sino alimentar su apetito
de verdad.” (Ferrer, Román, pag.2)
En el 384 llego a Milán con el puesto de profesor municipal, interesándose
filosóficamente al escepticismo académico. En esta época estudia algunos
escritos neoplatónicos, como las Eneadas de Plotino, lo que contribuyó a
desencadenarse del materialismo y acoger la existencia de una realidad
inmaterial. Esto favoreció a que tuviera una respuesta a la incógnita del mal por
medio del concepto de privación y le ayuda a entender la razonabilidad del
cristianismo. Estando en Milán, conoce a San Ambrosio, que le enseño el rastro
para concordar la razón y la fe cristiana, “en una lectura alegórica de la Biblia y
para alcanzar la conversión total de su voluntad en la famosa revelación del jardín
de Milán.” (Encuentra,2010)
Agustín se retira a Cassiaco donde se empeñó, a través de la lectura, reflexión y el
dialogo con sus amigos, en comprender mejor al cristianismo.
“Allí escribió Contra Academicos, De Beata Vita y De Ordine; de vuelta a
Milán escribió De Immortalitate Animae, probablemente los Soliloquios y
comenzó De Música. El 25 de abril de 387, sábado santo, fue bautizado por
San Ambrosio. Poco después regresó a África, tras la repentina muerte de
su madre acaecida mientras esperaban embarcar en el puerto Ostia.
Aplazando su regreso a África, en Roma escribió el De libero arbitrio, el De
quantitate animae y De moribus ecclesiae Catholicae et de moribus
Manichaeorum, pasando a África en otoño de 388. Ya en Tagaste,
estableció una pequeña comunidad monástica y escribió, entre otros, el De
vera religione y el final de De Musica.” (Ferrer, Román, pag.3)
Del 195 al 396 fue obispo auxiliar de Hipona y tras la muerte de Valerio en 396 le
sucede en el cargo de Obispo, dedicándose a la lucha frente al cisma donastista
aunque sus deseos hubiesen sido más el de tener una vida de oración y estudio,
encontrando el tiempo para comenzar el libro de sus Confesiones terminadas en el
400. En el 430 los vándalos asediaron Hipona y San Agustín muere el 28 de
agosto de 430. Aunque los Vándalos incendiaron la ciudad, la Catedral y la
biblioteca de San Agustín se salvaron.
Pensamiento Filosófico de San Agustín
San Agustín tiene una gran influencia de Plotino, considerado el neoplatónico más
importante. Así que la base platónica de la filosofía de Agustín de Hipona es
indiscutiblemente parte fundamental para entender a San Agustín.
“Para San Agustín, encerrado en un esquema materialista y bajo una concepción
maniquea; dualista y substancial del mal, su conversión radical y la acogida de la
fe de Cristo, serán derroteros fundamentales, no sólo de su vida, sino también de
su pensamiento. La fe, vivida y reflexionada desde la filosofía, será en adelante el
horizonte abierto e inconmensurable hacia la búsqueda de la verdad. Para Agustín
es fundamental explicar la relación entre el alma humana y Dios y será en esta
dialéctica que la fe y la razón se harán aliadas y se constituirán en instrumentos
complementarios para encontrar la verdad”. (Gomez,2017)
Aquí Agustín une dos cosas que parecían imposible la fe y la razón, y las convierte
en complemento de una y de la otra, en la búsqueda de la verdad. Ya que la fe
ayuda a ir mas allá de los límites de la razón, es así como la verdadera oposición
filosófica no está entre la razón y la fe, sino entre la razón y la duda.
“El cristianismo es para San Agustín la culminación de la Filosofía, entendida
como sabiduría. De ahí que identifique sabiduría con sabiduría cristiana y Filosofía
con religión. Pero lo que formula San Agustín no es una doctrina religiosa sin más:
es la filosofía verdadera, la sabiduría que ha alcanzado con el cristianismo su
plenitud.” (Ferrer, Román, pag.5) Es así como la búsqueda de la sabiduría es
también la de Dios, ya que podemos llamar sabiduría a la Sapientia Dei (sabudiria
de Dios), siendo esta la Verdad.
La búsqueda de la verdad para Agustín fue una tarea de investigación filosófica
con dos objetivos: conocer a Dios y conocer el alma. Y al saber que Dios está en
los más profundo de nuestra alma, para conocerlo hay que recogerse en el alma
para así encontrar a Dios. Para San Agustín la Confesión es la forma en la que se
inicia esta búsqueda, porque esta no solo un estado sentimental interior, sino que
es sobre aclarar los conflictos más hondos que residen en el centro del alma,
lanzando claridad sobre la misma existencia. San Agustín reflejaba esta búsqueda
con las siguientes palabras: «No salgas de ti mismo, vuelve a ti, en el interior del
hombre habita la verdad» (La verdadera religión: 39).
La Doctrina de la iluminación de Agustín de Hipona, es la percepción de lo
inteligible de la que brota la sabiduría. Que, a diferencia de Platón, no se somete a
la alusión del mundo de las ideas sino de la iluminación divina de la luz eterna de
la razón. En este asunto San Agustín se cautivó por el modo de captar la verdad
inteligible.
San Agustín se le aprecia en este asunto un motivo neoplatónico, adoptado de las
ideas de Plotino, donde el Uno o Dios se equipará con el sol de lo inteligible, esto
es; con la luz trascendente.” En esta línea, el Doctor de la gracia también sostiene
que es imposible percibir la verdad inmutable de las cosas si no están iluminadas
como por un sol”(Soliloquios: I, 6). Este sol es para Agustín la luz divina de Dios,
que ilumina la mente humana y la instruye para captar las notas de necesariedad
e inmutabilidad de las verdades eternas. Es así como la mente humana, a través
de la luz inteligible de Dios, hace que comprendamos y observemos las ideas
ejemplares o verdades eternas.
Para el Santo de Hipona el hombre tiene la posibilidad de alcanzar la verdad,
independiente de cual fuera la profundidad de la interrogante planteada, la
capacidad racional humana posee la verdad, considerada está dentro de sus
límites. Las verdades indubitables que expuso Agustín fueron: 1) El principio de no
contradicción; 2) Los sentidos; 3) Las verdades matemáticas; 4) La capacidad de
dudar; 5) La propia existencia; y 6) El hombre sabe lo que quiere.
“Lo que interesó realmente a San Agustín fue el conocimiento de las cosas eternas
-las ideas ejemplares o los inteligibles-, y su relación con Dios. En esto consiste la
sabiduría (ratio superior), así que su actitud hacia los objetos sensibles es
platónica: no puede obtenerse verdadero conocimiento de ellos por su carácter
mudable, lo que les priva del status de verdadero objeto de conocimiento. Siendo
la sensación común a hombres y animales, al hombre le diferencia del animal la
posibilidad de conocimiento racional de los objetos corpóreos (ratio inferior)”.
(Ferrer, Román, pag.8)
Siendo los niveles de conocimiento los siguientes, primero en el nivel inferior se
encuentra las sensaciones, siendo este común entre el hombre y los brutos, en el
nivel del medio está el conocimiento racional, y en el nivel más alto se encuentra
la sabiduría que constituye la contemplación que realiza la mente de las cosas
eternas por sí mismas, sin intervención de la sensación.
Así como este sentido refleja los objetos físicos sobre los que descansa, así
también lo hace la verdad eterna. Sólo puede ser la Verdad misma, un ser
necesario e inmutable, es decir, Dios. La necesidad y constancia de verdades
eternas reflejan la necesidad y constancia de Dios. Dios es la base de todas las
normas, ideas o modelos.
Bibliografía:
AGUSTÍN, SAN, Obras completas, 41 vol., BAC, Madrid, 1946. En especial Contra
academicos, De libero arbitrio, Confesiones, De Trinitate, De civitate Dei.
Ferrer.U,Roman.A. San Agustín de Hipona. Obtenido de:
[Link]
Encuentra.A.(2010).San Agustín, Confesiones, Introducción. Obtenido de:
[Link]
[Link]
Galvez.J.(2010). Agustín de Hipona: Pedagogo de la Sabiduría. Obtenido de:
[Link]
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