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CASINA

Este documento presenta un diálogo entre varios personajes en tres escenas. En la primera escena, Olimpión intenta convencer a Calino de que se casará con Casina, la esclava que Calino ama. En la segunda escena, Cleóstrata se queja con su vecina Mirrina sobre cómo su marido Lisídamo la desprecia y ama a Casina. En la tercera escena, Lisídamo discute con Cleóstrata sobre su amor por Casina y su intento de casarla con su granjero. Cleóstrata acusa a Lisídam

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CASINA

Este documento presenta un diálogo entre varios personajes en tres escenas. En la primera escena, Olimpión intenta convencer a Calino de que se casará con Casina, la esclava que Calino ama. En la segunda escena, Cleóstrata se queja con su vecina Mirrina sobre cómo su marido Lisídamo la desprecia y ama a Casina. En la tercera escena, Lisídamo discute con Cleóstrata sobre su amor por Casina y su intento de casarla con su granjero. Cleóstrata acusa a Lisídam

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TRADUCCIÓN DEFINITIVA

ACTO I
OLIMPIÓN: ¿Que no me está permitido, porque quiero, hablar solo (conmigo mismo) y
pensar sobre mis asuntos sin que tu seas un juez? ¿Por qué me sigues, infeliz?
CALINO: Porque he decidido seguirte como si fuera una sombra siempre allá donde tú vas.
En efecto, aunque quisieras crucificarte, es necesario que te siga. De ahí, considera el resto de
cosas, si podrías o no tomar de antemano como esposa a Casina por medio de tus ardides, así
como lo piensas.
OLIMPIÓN: ¿Qué empresa tienes conmigo?
CALINO: ¿Qué dices, insensato? ¿Qué andas buscando en la ciudad, hombre de poco valor?
OLIMPIÓN: Lo que me plazca
CALINO: ¿Por qué no estás en tu terreno? ¿Por qué no te preocupas más bien de ello, del
hecho que tienes una empresa como legado, y te apartas de los asuntos de la ciudad? Has
venido aquí para robarme a mi mujer. Vuelve al campo, vete directamente a tu provincia.
OLIMPIÓN: Calino, no me he olvidado de mis ocupaciones, en mi ausencia, he dispuesto a
un hombre para que lo cuide diligentemente. Si consigo lo que he venido a hacer aquí a la
ciudad, llevarme a esa como esposa, a la que tu amas locamente, cuando yo me la haya
llevado conmigo al campo como esposa, sin interrupción, dormiré seguro en el campo con
ella, en mi tierra.
CALINO: ¿Que tú te vas a casar con ella? Por Hércules que es mejor que muera en la horca
que tu la poseas
OLIMPIÓN: Ella es mi botín; asi pues, ve a poner la cabeza en la soga(ahórcate)
CALINO: Fosa de un montón de estiércol, ¿que aquella es tu botín?
OLIMPIÓN: Sabrás que esto es así
CALINO: ¡Vete al infierno!
OLIMPIÓN: ¡De cuantas maneras te voy a hacer infeliz, tan seguro como que estoy vivo, con
mi boda!
CALINO: ¿Qué me vas a hacer?
OLIMPIO: ¿Que qué te voy a hacer? Lo primero de todo, encenderás una antorcha para esta
nueva nupcia; segundo, no vales nada y eres siempre un inútil; tercero, cuando vengas a mi
villa, se te entregará una ánfora, un camino, una fuente, un caldero de bronce y ocho vasos;
los cuales, si no están siempre llenos, te llenaré a latigazos. Así, haré que te dobles bien para
acumular agua de modo que se pueda hacer de ti una grupa. Pero luego a no ser que comas
muchísimo, o como si fueras una lombriz la tierra, si piensa en comer alguna cosa, el Hambre
por si solo no tiene hambre igual como que te devolveré al campo. Más tarde, cuando estés
cansado y famélico, que se cuide que durante la noche te acuestes tal y como mereces.
CALINO: ¿Qué harás?
OLIMPIO: Te encerraré en una ventana fuertemente, desde donde puedas escuchar cuando
vaya a besarla (la bese), cuando ella me vaya a decir: ‘’mi corazón, mi Olimpión, mi vida, mi
miel endulzada, mi alegría, te besaría de arriba a abajo esos ojitos, mi placer, por favor, deja
que te ame, mi día de fiesta, mi gorrioncito, mi paloma, mi liebre...’’ Cuando me esté
diciendo estas palabras, entonces tú, bellaco, como un ratón en medio de la pared te
revolverás. Ahora no pretendas que te responda, vuelvo dentro; se cansa uno de tu verborrea.
CALINO: Te sigo, por Polúx que aquí sin duda, tenlo por seguro, nada llevarás a cabo sin
que yo lo juzgue.
ACTUS II
ESCENA I
CLEÓSTRATA: Cerrad las despensas, devolvedme el anillo grabado. Yo voy a a atravesar
por la siguiente puerta hacia casa de la vecina. Si mi marido quiere algo de mi, llamadme
para venir aquí
PARDALISCA: El viejo había ordenado que se le prepara la comida
CLEÓSTRATA: ¡Sh! Cállate y vete; ni la preparó ni se cocina hoy. Cuando él se enfrenta a
mí y a su hijo por motivo de su estado ánimo y amor, aquella desgracia de hombre; yo le haré
pasar hambre, sed, y me vengaré del amante con malas acciones y maldiciones. Por Pólux
que yo lo estrangularé bien por sus desafortunadas palabras, así pues, haré, como es digno,
que viva una vida como pasto del Aquerunte, seguidor de la desgracia, morada de la infamia.
Por ello, ahora voy para quejarme a mi vecina de mis bienes. Pero escucho la puerta y mírala,
está aquí, sale fuera. Por Pólux, aquí no ha empezado oportunamente mi camino.
ESCENA II
MIRRINA: Seguidme, sirvientas, aquí a mi vera. ¿Eh vosotras, tal vez se escucha esto que
estoy diciendo? Estaré aquí, si mi marido pide alguna cosa. Pues cuando estoy sola en casa, el
sopor se adueña de la mano. ¿No te he ordenado que me trajeras la rueca?
CLEÓSTRATA: ¡Salud!, Mirrina
MIRRINA: Por Cástor, ¡salud! Pero, por favor, ¿por qué estás triste?
CLEÓSTRATA: Así acostumbran a estarlo las que están mal casadas. Hay suficiente para
molestarlos dentro y fuera de casa. En efecto, iba hacia ti para hablar sobre ello
MIRRINA: Y, por Pólux, yo también iba ahí para hablar contigo. Entonces/Pero ahora, ¿qué
es lo que aflige a tu ánimo? Pues lo que te aflige a ti, lo mismo es para mí la tristeza.
CLEÓSTRATA: Merecidamente, creo, por Cástor, pues, que no amo a ninguna vecina más
que a ti; (y no hay nadie más en que quisiera más para mi estas cosas)
MIRRINA: Te amo, y así pido saber que te sucede
CLEÓSTRATA: Me desprecia de las peores formas en casa
MIRRINA: ¡Eh! ¿de qué se trata? Dímelo ahora mismo, te lo ruego (pues, por Pólux no
entiendo tus quejas en mi corazón)
CLEÓSTRATA: Mi marido me desprecia de las peores maneras, y no existe la posibilidad de
obtener plenos derechos en favor mío
MIRRINA: En el caso de que digas la verdad, es sorprendente que no estén en estado de
ejercer sus derechos maritales
CLEÓSTRATA: ¡Porque pretende en contra mía y contra mi deseo casar a la esclavilla, que
es mía, y aunque había sido educada con mi gasto, pretende entregársela a su granjero! Pues
él mismo la ama
MIRRINA: ¡Te lo suplico, cállate!
CLEÓSTRATA: Pues me conviene contarte algo aparte: estamos solas.
MIRRINA: Así es. ¿Cómo puede ser tuya? Pues, conviene no tener nada como prueba de
propiedad privada a las espaldas del marido, pero la que tiene, no lo posee apropiadamente,
sin que o bien se la quite al marido o la encuentre por medio de una infidelidad. Pienso que
todo esto es propiedad del marido, lo que es tuyo.
CLEÓSTRATA: Sin duda alguna, hablas sobre todo esto en contra de tu amiga
MIRRINA: Por favor, cállate, estúpida, y escúchame. Por favor, no quieras enfrentrarte a él.
Permite que te ame, deja que haga lo que le convenga, cuando a ti nada te falta en casa.
CLEÓSTRATA: ¿Estás suficientemente cuerda? Pues sin duda hablas en contra de tus
propios intereses
MIRRINA: Imprudente, evita siempre esta palabra de tu esposo
CLEÓSTRATA: ¿A qué palabra te refieres?
MIRRINA: ¡Fuera de casa, mujer!
CLEÓSTRATA: ¡Sh! Calla
MIRRINA: ¿Qué es?
CLEÓSTRATA: ¡Mira!
MIRRINA: ¿Quién es? ¿a quién ves?
CLEÓSTRATA: Míralo, se acerca mi marido. Vuelvo adentro, apresúrate, ven, por favor.
MIRRINA: Lo que ordenes; me voy
CLEÓSTRATA: Más tarde, cuando tenga mayor tiempo libre, entonces hablaré contigo
Ahora, adiós
MIRRINA: Adiós
ESCENA III
LISÍDAMO: Pienso que el amor sobrepasa a todas las cosas y a los estallidos brillantes, y no
se puede recordar nada hoy en día que tenga más condimento y más gracia; sin duda, siento
muchísima admiración por los cocineros que se sirven de sabores, que por eso no utilizan uno
solo, que aventaja a todos. En efecto, cuando el amor entra como sabor, pienso que va a
gustar al ciudadano, Y no puede existir nada salado ni dulce cuando el amor no se mezcla. La
hiel que está amarga, se hará miel, y al hombre que está triste agradable y tierno/dulce. Yo,
desde mi propia experiencia en casa lo deduzco más que de lo ya escuchado. Que, desde que
amo a Casina, brillo más, he superado al refinamiento con refinamiento. Me gano a todos los
perfumistas, allá donde haya un agradable perfume, me perfumo, para agradar a aquella; y le
gusto, por lo que parece. Pero mi esposa me tortura porque está viva. Veo /observo que se
mantiene hostil; ha de llamarme desastre de forma halagadora. Esposa mía y mi tranquilidad,
¿cómo estás?
CLEÓSTRATA: Vete y aparta tu mano de mí.
LISÍDAMO: Ey, mi Juno, no conviene que estés tan hostil con tu Júpiter. ¿A dónde vas
ahora?
CLEÓSTRATA: Déjame sola
LISÍDAMO: Espera
CLEÓSTRATA: No me espero
LISÍDAMO: Entonces, por Pólux, te seguiré
CLEÓSTRATA: Te lo ruego, ¿estás cuerdo?
LISÍDAMO: ¡Cuerdo estoy, como que te amo!
CLEÓSTRATA: No quiero que me ames
LISÍDAMO: No puedes obtener eso
CLÉOSTRATA: Me matas
LISÍDAMO: Quisiera que me dijeras la verdad
CLEÓSTRATA: En eso, creo que tú tienes razón
LISÍDAMO: Vuelve a mirar hacia atrás, oh mi dulce.
CLEÓSTRATA: De hecho, asi del mismo modo como tú lo haces para mí. Por favor, ¿de
dónde viene aquí el olor a perfume?
LÍSIDAMO: ¡Estoy perdido! Pobre de mi, soy retenido por lo evidente. ¿Porque soy tan lento
para lavar la cabeza con el manto? Que el Mercurio bueno te pierda, perfumista, puesto que
me entregaste estos perfumes
CLEÓSTRATA: ¡¡¡Qué!!! Tú, bobo, mosquito de pelo gris, apenas me contengo las cosas
que convendría que te dijera. ¿Vas por las calles perfumado con tu edad, so inútil?
LISÍDAMO: Por Pólux, estaba ayudando a un amigo mientras vendía perfumes
CLEÓSTRATA: ¡Como se lo inventa rápidamente! ¿Acaso te avergüenza algo?
LISÍDAMO: Todo lo que tú quieras
CLEÓSTRATA: ¿En qué guaridas te has acostado?
LISÍDAMO: ¿Yo en guaridas?
CLEÓSTRATA: Sé más de lo que piensas
LISÍDAMO: ¿De qué se trata? ¿Qué sabes?
CLEÓSTRATA: Que ningún anciano de entre todos es más cobarde que tú.¿ De dónde
vienes, tontorrusco? ¿dónde has estado? ¿has frecuentado lugares de mala reputación? ¿dónde
has bebido? Por Cástor, estás borracho: mira cómo se arruga tu manto
LISÍDAMO: Que los dioses nos hagan unos desgraciados, si yo hoy vierto una gota de vino
en mi boca.
CLEÓSTRATA: Al contrario, haz como guste, bebe, come, malgasta el dinero
LISÍDAMO: Oye esposa mía, ya es suficiente; contente, vociferas demasiado. Quédate para
ti alguna que otra palabra, que ya discutirás conmigo mañana. ¿Pero qué dices? ¿ya has
controlado tu energía para hacer esto, lo que tu marido quiere, mejor que enfrentarte a él?
CLEÓSTRATA: ¿Sobre qué cosa?
LISÍDAMO: ¿Lo preguntas? Sobre la esclava Casina, para ser entregada en matrimonio a
nuestro campesino, esclavo considerado bueno y que estaría bien con ella, no estaría
necesitada de leña y tendría agua caliente, alimento, ropas, lugar donde educar a los hijos que
diera a luz, mejor que las dos terceras partes de , aquel esclavo de poco valor, portador de
armas y bobo, para el cual hoy en día no tiene una suma que tenga valor de su ahorro.
CLEÓSTRATA: Por Cástor, me sorprende que no te acuerdes de tus obligaciones por tu
avanzada edad
LISÍDAMO: ¿Por qué ahora?
CLEÓSTRATA: Porque si hicieras lo correcto y lo que te incumbe, me dejarías cuidar a las
esclavas, las cuales son mi oficio.
LISÍDAMO: ¿Porqué, infeliz, convendría confiarla a un hombre que lleva escudos?
CLEÓSTRATA: De hecho, porque nos corresponde ayudar a nuestro único hijo
LISÍDAMO: Pero, aunque sea nuestro hijo único, no es más hijo único para mí que yo padre
para aquél. Para mí es más justo aquello, que me concedan las cosas que quiero, que a aquel.
CLEÓSTRATA: Tu, por Cástor, mi buen esposo, te buscarás un problema, huele mal, lo
percibo.
LISÍDAMO: ¿Yo?
CLEÓSTRATA: Tú. Pues, ¿por qué parloteas? ¿por qué deseas eso tan ardientemente?
LISÍDAMO: Pues porque prefiero casarla con un esclavo honesto mejor que con un esclavo
tonto.
CLEÓSTRATA: ¿Y si yo lo obtengo y lo pido por el campesino, y que por mi causa permita
confiarla a aquel?
LISÍDAMO: Sin embargo, si yo lo consigo del portador de armas, ¿se confiará a aquella para
aquel? Y creo que lo voy a conseguir
CLEÓSTRATA: Está decidido, ¿quieres que llame a Calino fuera de aquí, según tus
palabras? Tu pídeselo a él, pero sin embargo yo se lo pediré al campesino
LISÍDAMO: Así lo quiero
CLEÓSTRATA: Pronto estaré aquí, intentemos que alguno de nosotros sea más amable.
LISÍDAMO: Si ahora está permitido decirlo, que Hércules y los dioses pierdan a esa. Yo,
pobre de mí, sufro por amor, sin embargo, se enfrenta a mi como si fuera a propósito. Esto
que estoy urdiendo ya se lo huele mi esposa. Con más razón, da más al que lleva las armas
voluntariamente. Que todos estos dioses y diosas pierdan a este.

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