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Poesía Desde 1939 Hasta El Siglo XX Reducido

Este documento resume las principales tendencias poéticas en España desde 1939 hasta finales del siglo XX. Tras la Guerra Civil, poetas como León Felipe y Rafael Alberti escribieron desde el exilio sobre la derrota y el deseo de regresar, mientras que en España la poesía estuvo marcada por la censura franquista. En los años 40 surgieron dos tendencias opuestas: la "poesía arraigada", afín al régimen, y la "poesía desarraigada", más existencialista. En los 50 surgió la poesía social

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Poesía Desde 1939 Hasta El Siglo XX Reducido

Este documento resume las principales tendencias poéticas en España desde 1939 hasta finales del siglo XX. Tras la Guerra Civil, poetas como León Felipe y Rafael Alberti escribieron desde el exilio sobre la derrota y el deseo de regresar, mientras que en España la poesía estuvo marcada por la censura franquista. En los años 40 surgieron dos tendencias opuestas: la "poesía arraigada", afín al régimen, y la "poesía desarraigada", más existencialista. En los 50 surgió la poesía social

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LA POESÍA DE 1939 A FINALES DEL SIGLO XX.

TENDENCIAS, AUTORES
Y OBRAS PRINCIPALES

La Guerra Civil puso punto final a la denominada Edad de Plata de las


letras españolas. Muchos escritores fueron asesinados, exiliados o encarcelados
y aquellos que permanecieron en España se vieron obligados a adaptarse a las
circunstancias sufriendo las consecuencias de la guerra.

En el exilio poetas como León Felipe, Rafael Alberti, Manuel


Altolaguirre o Emilio Prados escribieron inicialmente sobre la derrota en la
guerra, la nostalgia de la patria perdida y el anhelo de regresar. Asimismo,
criticaron con dureza el régimen franquista. Más adelante, mostraron en sus
poemas su deseo de asimilar su condición de exiliados y buscar un espacio
propio en el exterior. A partir de ahí su poesía evolucionó de forma diversa.

En España tras la Guerra Civil los primeros años estuvieron marcados


por el hambre, la pobreza, el aislamiento internacional y la autarquía. En el
terreno literario, además, se vivió una férrea censura. Esta influyó notablemente
en los autores de la llamada generación del 36 o generación escindida. Ligado
a esta generación encontramos a Miguel Hernández (El rayo que no cesa, El
hombre acecha), autor que se considera un puente entre la generación del 27 y
la del 36. Miguel Hernández cultivó tanto poesía pura como vanguardia, tradición
y clasicismo.

En los años 40, mientras proseguía la represión y la censura, se


desarrollaron dos tendencias opuestas que fueron bautizadas por Dámaso
Alonso como poesía arraigada y poesía desarraigada. La poesía arraigada,
afín al régimen franquista, fue seguida por autores como Luis Rosales (La casa
encendida), Leopoldo Panero y Luis Felipe Vivanco. Todos ellos apostaron
por una poesía de corte clásico, con Garcilaso de la Vega como inspiración y
como símbolo de equilibrio y recuperación de los valores tradicionales de la
nación. Sus textos se caracterizaron por una estética clasicista y por una visión
del mundo distanciada de la realidad cotidiana del país, y fueron publicados en
revistas como Garcilaso y Escorial. La poesía desarraigada, en cambio, cultivó
una poesía existencialista que reflejaba el sufrimiento y la desolación de la
época. Su tono era dramático y utilizaba un lenguaje brusco y desgarrado.
Además, se alejaba de las formas clásicas y daba paso al verso libre y al
versículo. Los textos de estos autores fueron publicados en revistas como
Espadaña. Entre ellos podemos destacar a Dámaso Alonso (Hijos de la ira),
Blas de Otero (Ángel fieramente humano), Victoriano Cremer y Eugenio de
Nora.

Por último, aparte de estas dos grandes tendencias, también cabría


señalar la aparición en esta década del Grupo Cántico, grupo que cultivaba una
poesía refinada y sensual, de tono nostálgico y de corte vanguardista, heredera
de los poetas del 27, en especial de Luis Cernuda. Entre sus seguidores
podemos destacar a Pablo García Baena. Asimismo, en esta etapa también
apareció el postismo (abreviatura de postsurrealismo), corriente poética que
continuará desarrollándose en los años 50. Se trata de un movimiento
subversivo, desde el punto de vista artístico, que defendía el surrealismo, la
experimentación y la imaginación sin límites. Entre sus cultivadores destaca
Carlos Edmundo de Ory. Las obras de estos autores fueron publicadas en
revistas como Postismo y La Cerbatana.

En los años 50 las circunstancias sociales y políticas empezaron a


cambiar gracias al reconocimiento internacional del régimen de Franco y a la
ayuda económica de las naciones. Tuvo lugar entonces la aparición de una
poesía social que continuó la línea trazada por la poesía desarraigada. El yo
evolucionó a un nosotros y se sustituyeron las quejas ante el absurdo de la vida
por las denuncias de las injusticias sociales. El poeta se convirtió en un testigo
de su época y utilizó su palabra para intentar cambiar el mundo. El estilo de esta
poesía estuvo condicionado por la intención comunicativa y la censura. Por ello,
el lenguaje que adoptó presentaba un tono llano y conversacional que omitía los
recursos retóricos. Entre los cultivadores más destacados se encuentran Gabriel
Celaya (Cantos Iberos) y Blas de Otero (Pido la paz y la palabra).

En los años 60 se produjo en España un desarrollo económico


acompañado de una cierta liberalización social. Los poetas abandonaron el tono
épico de la poesía social y se orientaron hacia una nueva dirección. Tuvo lugar
entonces la aparición de la Generación del 50. Los autores de esta generación,
que habían comenzado a publicar a finales de los cincuenta, concibieron la
poesía como un modo de conocerse a sí mismos y el mundo que les rodeaba.
Sus reflexiones partían, pues, de su propia experiencia personal. Aunque en
ellos había desaparecido el tono combativo, todavía se manifestaba cierto
compromiso moral con su realidad y su tiempo, hecho que desembocó en una
actitud crítica ante la sociedad a través de la ironía y de la sátira. Asimismo, todos
los poetas de esta generación intentaron buscar un modo de expresión personal
que les permitiese manifestar su conciencia y su emoción. Entre los poetas más
relevantes cabe destacar a Jaime Gil de Biedma (Las personas del verbo), José
Hierro (Libro de las alucinaciones), José Angel Valente (La memoria y los
signos) y Ángel González (Sin esperanza, con convencimiento).

En la década de los 70 finalizó la dictadura franquista y tuvo lugar el inicio


de la transición. En estos años aparecen los Novísimos, generación que toma
su nombre de una antología de José María Castellet titulada Nueve novísimos
poetas españoles. Los novísimos rechazaron el realismo social y se alejaron de
la concepción del arte como testimonio de la realidad. Sus influencias fueron muy
heterogéneas: además de tomar aspectos de otros movimientos como el
simbolismo, el surrealismo, el parnasianismo, la vanguardia o el postismo,
también se dejaron influir por elementos de la cultura popular como el cine, la
publicidad, la televisión y el arte pop. Su estilo, por otro lado, experimentó con el
poder creador del lenguaje con alardes técnicos y una combinación de elementos
culturales variados (culturalismo). Entre los autores más destacados de este
movimiento poético se encuentran Pere Gimferrer (La muerte en Beverly Hills),
Leopoldo María Panero (Así se fundó Carnaby Street) y Ana María Moix (A
imagen y semejanza).

Tras el inicio de la transición y durante los años ochenta y noventa


tuvo lugar una heterogeneidad de tendencias, dando lugar a muy diversas
corrientes. La poesía de la experiencia de Andrés Trapiello o Benjamín
Prado, el neosurrealismo de Blanca Andreu (Báculo de papel), el clasicismo
vitalista y culturalista de Luis Antonio de Villena (Hymnica), la poesía
neoerótica de Ana Rossetti (Los devaneos de Erato) y la poesía del silencio
de Jaime Siles se iniciarán en esta época.

En la actualidad, las corrientes de finales del siglo XX confluyen en todos


los poetas aunque de forma diferentes. Sus rasgos comunes son una visión del
mundo y el yo desde una perspectiva distante e irónica y un tono intimista que
prescinde de efectos ornamentales. Entre estos autores se encuentran Elena
Medel, Antonio Lucas y María-Eloy García

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