Armas en la Conquista de México
Armas en la Conquista de México
El armamento hispano-mexica 8
RESULTA INTERESANTE QUE DE UNA ETAPA DE LA HISTORIA HISPANO-MEXICANA TAN CORTA COMO
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LO FUE LA CONQUISTA DE MÉXICO (DE 1519 A 1521) SE HAYA ESCRITO TANTO EN AMBAS
LATITUDES DEL PLANETA, SOBRESALIENDO LAS PUBLICACIONES DE DIVERSOS INVESTIGADORES
COMO SON HUGH THOMAS, MIGUEL LEÓN PORTILLA, JOSÉ LUIS MARTÍNEZ O ROSS HASSIG, SOLO 2
POR CITAR ALGUNOS. PESE A ESTA INTERESANTE Y YA CONOCIDA HISTORIA, EL TEMA DEDICADO A
LAS TÁCTICAS MILITARES Y LOS SISTEMAS DE ARMAMENTO DE DICHO PERIODO HA SIDO MUY POCO
TRATADO Y LLEVA CONSIGO UNA SERIE DE MITOS QUE ES NECESARIO ELIMINAR.
R
eferente al tema del armamento tanto prehispánico entre otros o las versiones de los frailes como fray Diego Durán
como español, es sobre todo del primero que se han ge- o fray Bernardino de Sahagún en el libro XII de su gran obra,
nerado algunos avances sobre su clasificación y funcio- Historia General de las Cosas de la Nueva España. Los documen-
nalidad en el campo de batalla. Entre los autores del lado tos pictográficos que tratan el tema de la conquista son también
mesoamericano destacan Ross Hassig, Alfonso Garduño, Alejan- de gran importancia, como el Lienzo de Tlaxcala, Códice Azca-
dro Pastrana y Marco Cervera. Del lado europeo el estudio del titlan, Telleriano Remensis entre muchos otros. Finalmente la
armamento español ha sido muy trabajado pero vinculado a las fuente menos contemplada entre los especialistas sobre la con-
problemáticas bélicas del Viejo Continente y no tanto en su con- quista de México es la Arqueología y la Antropología Física, es
texto de la conquista de México. Entre los especialistas podemos decir, las evidencias materiales de la conquista. En ellas que des-
mencionar a Álvaro Soler del Campo, Ada Bruhn de Hoffmeyer, tacan las armas, aunque también son las que presentan la mayor
John Pohl, Germán Dueñas y quien esto suscribe, que tuvo la problemática, ya que los diversos ejemplares tanto españoles
oportunidad de presentar algunas propuestas preliminares en el como mesoamericanos no necesariamente proceden de un con-
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último capítulo del libro El armamento entre los mexicas (2007). texto específicamente de este momento histórico. 3
Recientemente ha aparecido un trabajo interesante a cargo No debemos olvidar que en México también se cuenta con
de Renaud Figueres en el cual se incorpora el análisis desde la algunas colecciones de armamento europeo, sobre todo en los 4
Antropología Física que, sin embargo, creo no tiene los suficien- diferentes museos regionales dependientes del INAH, que a falta
tes materiales originales de tipo osteológico para poder sustentar de especialistas y de trabajos improvisados, hace que dichas co-
dicho estudio. lecciones se encuentran mal catalogadas, estudiadas y ni siquiera
Referente a las fuentes de investigación para conocer el ar- publicadas. Respecto al caso español se cuentan con extraordi-
mamento en el momento del contacto resulta muy rico el em- narias colecciones como las del Museo del Ejército de Toledo y
pleo de las narraciones de los mismos españoles, como Hernán la Real Armería de Madrid entre otras que están en proceso de
Cortés, Bernal Díaz del Castillo y el Conquistador Anónimo estudio y que van generando investigaciones más experimenta-
En
u claro contraste con las elites guerreras mexicas (representadas en la ilustración de la Noche Triste en la p. 21), el grueso de los COMBATIENTES MESOAMERICANOS, como el
representado en la ilustración 1, lucharían desnudos, a excepción de un faldellín (maxtlatl), y con sus cuerpos pintados con los colores y emblemas de sus caciques. El ARMAMENTO
OFENSIVO más usual comprendía armas de proyectil, principalmente el arco 2, fabricado con maderas flexibles y resistentes y cuya cuerda estaba realizada de manera meticulosa 5
con fibras extraídas de algunas plantas de la zona, y en otros casos, con cuero tratado. La fabricación de arcos era considerada una arte entre los aztecas, y existían talleres especiales
dentro de sus ciudades que se dedicaban exclusivamente a ello –en el caso de Tenochtitlan se situaba en el patio del templo de Huitzilopochtli, dios de la guerra– lo que de por sí
nos puede aportar una idea de la importancia del arco como arma tanto de guerra como de caza. Las flechas 3 que utilizaban estaban fabricadas con cañas o madera, y su punta
era generalmente de obsidiana, aunque también de espinas o cobre. También había un tipo de flechas con la punta dentada 4, la cual era muy complicada de extraer una vez que 6
hacían blanco, y que los españoles temían por encima de cualquier otra. El emplumado se hacían en forma de espiral para dotarla de rotación durante el vuelo y de mayor fuerza
en la penetración. Otra arma muy utilizada, aunque menos precisa que el arco, era la honda 5, capaz de lanzar piedras de un tamaño considerable o varias más pequeñas. El átlatl,
una estólica o propulsor 6, y su correspondiente venablo 7 eran muy frecuentes entre los guerreros aztecas. La estólica hacía que el venablo, que bien podía ser una lanza corta
como la de la ilustración o también dardos, fuera impulsado con mucha más potencia, lo que le proporcionaba un mayor alcance y poder de penetración. En la parte superior puede
observarse la forma en la que el guerrero empuñaba la estólica y el venablo 8. Como único ARMAMENTO DEFENSIVO destacamos el chimalli 9, un escudo fabricado con cañas y
fibras vegetales, muy ligero y resistente. En el reverso se colocaban dos tiras horizontales para ser embrazado por el guerrero y en la parte inferior colgaba una falda de cuero o tela
con mosaicos de plumas que podían tener distintos significados de tipo heráldico, religioso o referente a alguno de sus animales sagrados. Las fuentes hablan de rodelas de diferentes
tamaños (de 20 a 80 cm), materiales (cuero, madera) y decoración (en ocasiones planos y sin faldas), así como de paveses de cuero que cubrían el cuerpo entero.
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das y profesionales que harán necesaria una verdadera revisión siderable, muchas de ellas elaboradas ex profeso por niños y mu-
de este tema. jeres para tales efectos. Acompañando este arsenal de larga dis-
tancia, también se contaba con jabalinas elaboradas simplemente
EL ARMAMENTO MESOAMERICANO de varas con punta y endurecidas al fuego, o bien con una inser-
La evolución de la panoplia mesoamericana desde el Preclásico ción de punta de obsidiana.
(1800 a. C.-100 d. C.) hasta el Posclásico Tardío en época mexica En cuanto al armamento de choque, contaban principal-
(1200-1521) no sufrió muchos cambios, hasta donde sabemos, mente con tres armas. La primera y más famosa de ellas era el
1 aunque con el tiempo se fueron añadiendo algunas aportaciones macuahuitl, un bastón de más de 80 cm de largo, al cual se le
importantes, caso particular del macuháuitl, una de las armas añadía, con resinas de huizache o colorín, navajas o lascas de
más emblemáticas de esta civilización. En cuanto a los materia- obsidiana. Las lanzas de combate cuerpo a cuerpo, denomina-
les, el arsenal ofensivo mesoamericano estaba elaborado básica- das teputzopilli, tenían hasta 2 m de largo (conviene tener en
mente de madera y obsidiana. cuenta que el promedio de altura de los indígenas sería de 1,60
Entre las armas a distancia, establecidas para la infantería li- m). La hoja de la lanza podía estar elaborada bajo dos formas
8 4 gera, se encontraba el átlatl o lanza lardos, una de las más carac- básicas: la primera, se añadía al asta una gran punta de obsi-
terísticas del México antiguo, ya con ellas armaban a sus dioses diana; la segunda, más característica del pueblo mexica, cons-
y representaban cetros de poder. El alcance de este arma en taba de una “punta de lanza” en madera con una acanaladura
manos de un tirador experto podía ser de hasta 150 m. El arco donde poder colocar, a la manera del macuahuitl, navajas de
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y flecha fue otra de las armas más utilizadas por los pueblos me- obsidiana. Una tercera arma, el quauhololli, tenía la forma de
9 soamericanos. Debemos destacar que el uso del carcaj parece un gran mazo tallado en madera y rematado en una gran es-
2 poco probable, interpretación están sostenida en la iconografía fera, artefacto que permitía un efecto contundente y devasta-
original mesoamericana (esculturas, pintura mural, cerámica...) dor entre sus enemigos.
en la cual no aparece nunca un artefacto de estas características, Finalmente las armas de tipo defensivo estaban básicamente
salvo en los documentos pictográficos que pueden estar conta- compuestas por petos de algodón acolchado y escudos circulares
minados por la lógica española. Por el contrario, los arqueros elaborados de fibras vegetales con alto grado de resistencia. Res-
q
mesoamericanos solucionaban este problema sujetando los ma- pecto a los yelmos, existe la controversia de si podemos integrarlos
nojos de flechas en las manos. La honda, elaborada de ixtle (fibra como armamento defensivo o tenían solo fines simbólicos, como
textil de origen vegetal), podía arrojar rocas de un tamaño con- parte de los trajes.
t Frente a la extendida idea de la superioridad tecnológica del armamento de los ESPAÑOLES fue esencial para la consecución de la conquista, a decir verdad fueron sus planteamientos tácticos
los que les dieron la ventaja y la victoria; su armamento, desarrollado para la guerra en Europa, a medio camino entre la Baja Edad Media y el Renacimiento, tuvo que adaptarse necesariamente
a un medio distinto. En cuanto al ARMAMENTO OFENSIVO, sin duda serían las armas de fuego como la espingarda, la “escopeta” o el arcabuz 1, cuyos fogonazos, detonaciones y olor, así
como las terribles heridas que causaban sembraban el pavor entre los indígenas, tuvieron un impacto, tanto psicológico como efectivo, devastador en el enemigo. Sin embargo, al principio de
la conquista no dispusieron de gran cantidad de armas de fuego y estas eran lentas en su manejo, imprecisas, sumamente inestables y requerían de especiales cuidados (sobre todo en un
clima tan húmedo como el mesoamericano) y de numerosos accesorios (desde pólvora y distintos recipientes para su transporte hasta plomo y moldes para fundir las balas, pasando por las
largas mechas, que los arcabuceros portaban enrolladas bien en el cinturón, bien en su propio brazo), lo que limitó su uso y complicó aún más la precaria logística de Cortés. Ante esta
problemática, los conquistadores emplearon como alternativa la ballesta 2, un arma que si bien gozaba de mayor precisión en el tiro era más lenta que el arcabuz: un indígena podía
disparar entre 8 y 12 flechas por cada virote español. Esto obligó a los conquistadores, a fin de mantener una cadencia de fuego constante frente a la incesante lluvia de flechas enemiga, a
7 operar en equipos de dos o incluso tres individuos, que tensionaban su poderoso arco de acero o de hueso –valiéndose de utensilios como el armatoste, el pie de cabra o el cranequín 3–
y recargaban varias armas en secuencia para que el ballestero pudiera disparar al tiempo. Es de suponer que replicando las tácticas empleadas tanto en la Guerra de Granada como en Italia,
los combatientes equipados con armas de proyectil estarían guarnecidos por otros equipados con alabardas y picas. Estas últimas, de unos 5 metros, como las empleadas en Europa, serían re-
emplazadas, ante la dificultad de su fabricación (especialmente dada la ausencia de madera de fresno) y transporte, por lanzas más cortas 4, de unos 2 metros de longitud y rematadas
w
con un regatón metálico, también empleadas por la caballería a la manera hispano-morisca. Sin embargo, sería en el cuerpo a cuerpo donde el armamento español marcaría la diferencia de
manera más significativa, ámbito en el que tendrán singular protagonismo las espadas, desde las que hoy denominamos de punta y corte 5, como la del propio Cortés (en la Real Armería),
con hojas de considerable anchura y en torno a 80-90 cm de longitud y guardas de largos gavilanes, hasta los montantes 6 de a dos manos, con hojas que superaban ampliamente el
metro de longitud (115-125 cm era lo más frecuente en los españoles) y enormes empuñaduras de 35-40 cm, que blandidos por hábiles combatientes debían de causar estragos entre los
apenas guarnecidos indígenas. El ARMAMENTO DEFENSIVO destaca igualmente por su proceso de adaptabilidad al medio a partir de la obsolescencia de las armaduras traídas por los
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conquistadores. Unos pocos debieron vestir armaduras completas 7 de acero y hierro, similares a las utilizadas en la Guerra de Granada o las campañas del Gran Capitán, de manufactura
tanto española como milanesa, aunque muchos otros vestirían simples coseletes (a veces sin espaldar) con o sin escarcelas e incluso cotas de malla o brigantinas. A esto habría que sumarle
distintos tipos de cascos, de entre los que el capacete 8 fue el modelo predominante, y la gorguera metálica para proteger el cuello durante el combate. Sin embargo, el clima húmedo y
caluroso convertía las armaduras de metal, por otro lado difíciles de transportar, en auténticos hornos para hombres y caballos, que producían tremendas quemaduras en la piel. Por ello, los
españoles adoptaron rápidamente el ichcahuipilli o escaupil 9 indígena, una chaqueta de tela acolchada con algodón, no muy diferente al gambax europeo, que Cortés ordenó confeccionar
en Cuba para proteger tanto a sus hombres como a sus valiosas monturas e incluso a los perros. Además de resultar sumamente eficaz frente al poco letal armamento mesoamericano (las
pocas flechas que lograban penetrar el acolchado, por otro lado idóneo para amortiguar el impacto de los proyectiles de las hondas, no hacían heridas de consideración), era más ligera y
menos calurosa. En cuanto al armamento defensivo activo, las rodelas de madera o metal q resultaban, por su peso y dimensiones, incómodas e inmanejables. Progresivamente se fueron
sustituyendo por escudos más ligeros, bien rodelas más pequeñas (50-60 cm de diámetro) de madera con bastidor de metal, o incluso de corcho, especialmente efectivo contra los proyectiles,
bien adargas w hispano-moriscas de cuero curtido y con forma de corazón, utilizada tanto por la infantería como por la caballería. El vestido también se adaptó, lógicamente, a las necesidades
del entorno, plasmado en la ilustración en el empleo de sandalias indígenas y unas calzas recortadas y remangadas para evitar los desgarros, prescindiendo del tradicional calzón que dificultaba
los movimientos entre la espesa y espinosa vegetación de la zona.
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Toda la panoplia se encontraba combinada para generar sis- del siglo XVI y XVII. El propio Cortés, e incluso sus aliados de los indígenas con armas españolas, sobre todo espadas, ya con asesoría y apoyo de los colegas españoles sobre el arma-
temas de armamento que se adaptaban a diferentes tipos de gue- indígenas, fueron armados con algunas de estas espadas. Una que son las más comunes, fáciles de usar y distribuir entre sus mento de la conquista de México Tenochtitlan y Tlatelolco.
rreros con fines específicos en el campo de batalla (Cervera, de sus características más conocidas es que la guarda, además tropas. De igual manera, los españoles comenzaron a utilizar
2007). de ser en forma de cruz, estaba muy elaborada, ampliada con los petos de algodón mexica por su capacidad de defensa y
los gavilanes más estilizados que protegían la mano. La tipo- mayor maniobrabilidad en el combate
EL ARMAMENTO ESPAÑOL logía de espadas españolas del siglo XVI tiene a la fecha una Analizando las fuentes literarias se pueden encontrar na-
En cuanto al arsenal español, su estudio resulta ser mucho más serie de vicios, ya su definición ha variado dependiendo qué rraciones extraordinarias de los combates librados por los es-
complejo, ya que al parecer, los españoles del siglo XVI que lle- sección de la misma es tomada más en cuenta, sea la guarda, pañoles e indígenas que nos hablan de esta versatilidad a la
garon a México contaban con un armamento poco homogé- la hoja o su función, lo que dificulta el problema de identifica- hora del uso de armas del enemigo. En ocasiones los mexicas
neo, como ya se ha advertido por otros estudiosos, sobre todo ción en el caso mexicano. De ellas tenemos evidencia en algu- llegaron a robar armas a los españoles y la reutilizaron contra
por factores económicos y que no necesariamente todo lo que nos ejemplares de la Real Armería de Madrid, como el caso de ellos. Casos de espadas y, un dato interesante, de un ballestero
se usaba en la península ibérica en el siglo XVI llegó a México la espada de Cortés, que de acuerdo a algunos autores es la que que fue capturado, del cual trataron de utilizar su arma pero
de la misma forma. Todo ello, combinado con la tecnología de usó en sus enfrentamientos en México. Acompañando este tipo al parecer el tiro quedó fuera del alcance de los españoles.
las armas de fuego que iniciaban su camino. de espadas era común el uso de dagas denominadas izquierdi- En cuanto a la arqueología experimental, hemos tenido la
Fray Bernardino de Sahagún nos dice al respecto: “Y de la llas, que permitirían un sistema de armamento muy dinámico oportunidad de desarrollar algunas pruebas. Pudimos impac-
relación que le dieron de las armas muy fuertes que usaban así a la hora del combate. tar una punta de proyectil tirada con atlatl en contra de un peto
ofensivas como defensivas como son coseletes, cotas, celadas, Finalmente, respecto al armamento defensivo activo, el tipo español. La potencia de disparo fue de gran envergadura, pero
etc., espadas, ballestas, arcabuces, y lanzas” (Sahagún, Historia de escudos que llevaban los españoles era una especie de ro- el daño real fue mínimo. Al momento del choque, la punta de
General… Lib. XII). delas que podían ser de madera o de metal. Igualmente, algu- proyectil estalló y el daño se redujo a un simple rasguño en el
Dentro del armamento ofensivo de larga distancia, conta- nas de estas estaban hechas de corcho, y eran utilizadas metal.
ban sobre todo con arcabuces, que tenían un alcance efectivo especialmente por los infantes. Algunos ejemplos de este tipo Otros casos de experimentación han incluido tiros de ar-
de tan solo 50 m, pero si se lograba un fuego concentrado de de rodelas los podemos encontrar en las láminas del Lienzo de cabuz experimental, alabardas, choque con espadas contra ma-
varios de ellos podía ser devastador. Para este momento la ba- Tlaxcala. cuahuitl, entre otros aspectos con esta metodología que han
llesta ya había evolucionado de otros ejemplares más sencillos Referente al armamento defensivo pasivo, presenta una sido sobre todo difundidos en canales de televisión, incluyendo
medievales. Parte de sus sistema de carga consistía en una serie complejidad y variabilidad interesante y que en otro momento las versiones de algunos colegas como Ross Hassig y Frances
de poleas que eran tensadas bajo la sujeción de un estribo en pretendemos desarrollar en trabajos posteriores. Podemos Berdan.
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
la parte delantera de la misma, lo que permitía cargar el arma decir, sin embargo, que no todos los hombres de Cortés lleva-
q
Sin embargo, las armas de cuerpo a cuerpo más importan- el armamento español y mesoamericano. Es evidente que esta factos arqueológicos que permita generar un trabajo en conjunto
tes fueron las espadas. Las fuentes escritas mencionan los mon- brecha estaba en favor de los españoles, pero en el momento
tantes o mandobles, también conocidos en las fuentes como del combate la situación fue cambiando dependiendo del te- Marco Antonio Cervera Obregón es arqueólogo por la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, master en
espadas de a dos manos, ya usadas desde la Edad Media y cuya rreno, los planteamientos tácticos y los contextos. Arqueología Clásica por la Universidad Autónoma de Barcelona, doctor en la misma especialidad por el Instituto Catalán
de Arqueología Clásica y la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Se ha especializado en la arqueología, historia y
continuidad hasta los siglos XV y XVI es muy clara. Pero de Dado que una buena parte de las filas de Cortés estaban
cultura mexicas, en arqueología militar tanto en el ámbito mesoamericano como en el mundo clásico Mediterráneo. Es
todas ellas la espada tradicional de una sola mano, de unos 70 conformadas por indígenas, he podido reconocer que durante
autor de los libros: Breve historia de los aztecas, El armamento entre los mexicas y Guerreros aztecas, así como diversos
a 80 cm de hoja, es el arma con la que contaba la mayoría de los combates se dieron etapas en las cuales los sistemas de ar-
artículos en diferentes revistas y proyectos editoriales. Actualmente es profesor de Historia y Arqueología mesoamericana y del
los conquistadores, de acuerdo a Germán Dueñas, ya que eran mamento, en ambos sentidos, fueron combinándose de forma
Mediterráneo antiguo en la FES Acatlán, UNAM y en el Centro Universitario de Integración Humanística (CUIH).
de uso común en casi todo tipo de estrato social en la España extraordinaria. Sabemos que Cortés llegó a equipar a algunos