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Cuento de Tarma

Este documento narra la historia de cómo el hijo del Inca Huayna Cápac se enamoró de una pastora local llamada Cusi Urpi mientras se recuperaba de una enfermedad. Para poder casarse con ella, el príncipe realizó un milagro divino convirtiendo un lago en fértiles tierras de cultivo, lo que convenció a Cusi Urpi y a sus padres de que su unión estaba bendecida. La pareja se casó y posteriormente se unió al Inca Huayna Cápac en Quito.
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Cuento de Tarma

Este documento narra la historia de cómo el hijo del Inca Huayna Cápac se enamoró de una pastora local llamada Cusi Urpi mientras se recuperaba de una enfermedad. Para poder casarse con ella, el príncipe realizó un milagro divino convirtiendo un lago en fértiles tierras de cultivo, lo que convenció a Cusi Urpi y a sus padres de que su unión estaba bendecida. La pareja se casó y posteriormente se unió al Inca Huayna Cápac en Quito.
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Cuentan que, en el tiempo del incanato, allá por el año 1493, Huayna

Cápac, tras heredar el imperio de su padre, el Inca Túpac Yupanqui,


consiguió la mayor expansión del Tahuantinsuyo. Es así, que, en el
año 1500, acompañado de uno de sus hijos, y un gran ejército, se
dirigió hacia el norte con destino a Quito a enfrentar al Shyri (rey), a
fin de regresar al dominio Inca, el territorio conquistado por su
padre.
Estando en pleno viaje, el hijo del Inca enfermó, por lo que, al llegar a
Tarmatambo, que ya formaba parte del Tahuantinsuyo y donde
moraban los Tarumas, el Inca decidió dejarlo al cuidado de un
sancoyoc (curandero), con quien el príncipe permaneció por unos
días; hasta que, sintiéndose mejor, decidió ir rumbo a Carhuacatac,
donde fue sorprendido por una fuerte tempestad que lo obligó a
buscar guarida. Para su fortuna, halló una choza donde le dieron
refugio; pero, producto de la lluvia, el joven príncipe volvió a
desmejorar, y debió permanecer en la vivienda al cuidado de Cusi
Urpi, una dulce muchacha hija de los pastores que lo acogieron,
quien le prodigaba de atenciones, y él de cumplidos, naciendo poco a
poco el amor entre ellos.
Un día, el Inca Huayna Cápac, conocedor de la mejoría de su hijo, le
envió con un chasqui, la orden de continuar la marcha, por lo que el
joven, decidido a no dejar ir su felicidad, pidió a los padres de su
amada, consentir su matrimonio con ella. Grande fue su desilusión,
cuando éstos se negaron, ya que tenían claro que tal unión debía
tener la licencia del Inca.
En un último intento, el príncipe fue a hablar con la bella pastora,
quien no deseaba desobedecer a sus padres, pero tampoco quería
perder su amor; por lo que, tras llegarle una inspiración divina, al ver
frente a ella una gran laguna, pidió al príncipe, convertir aquellas
aguas azuladas en tierra fértil; solo así consentiría casarse con él.
Entonces, el joven se arrodilló y con gran fervor oró a su Padre el Dios
Sol, quien, conmovido, hizo caer a sus pies, un trozo de oro, el cual el
hijo del Inca tomó, colocó en su honda y lo lanzó hacia el fondo de la
laguna. Súbitamente, las aguas se tornaron agitadas, se sintió el crujir
de la montaña, tembló la tierra y el cerro que rodeaba la laguna se
partió en dos, permitiendo el paso de sus aguas hacia la selva,
dejando tras de sí, un hermoso valle.
Al ver aquello, Cusi Urpi tuvo la seguridad de que su unión era
bendecida por el Dios, y aceptó casarse con el príncipe. La noticia del
portento se propagó rápidamente y la pareja se casó con la
aprobación de los Tarumas en medio de gran regocijo. Finalmente,
ambos, se enrumbaron hacia Quito, donde el Inca Huayna Cápac ya
se había establecido, al haber derrotado y dado muerte al último
Shyri.
Los Tarumas, ocuparon desde entonces aquel valle fértil, iniciando
con el cultivo del maíz y posteriormente, con la papa, el olluco y la
oca.

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