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El Papel de La Teoría de La Traducción en La Enseñanza de La Traducción Práctica

El artículo analiza el papel que puede desempeñar la teoría de la traducción en la enseñanza práctica de la traducción. Propone seguir cuatro pasos para lograr una aplicación real de la teoría en la práctica: estudiar aspectos teóricos que influyen en la traducción, analizar aspectos textuales relevantes, prestar especial cuidado a la transferencia del texto original al texto traducido, y evaluar el texto traducido producido.
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El Papel de La Teoría de La Traducción en La Enseñanza de La Traducción Práctica

El artículo analiza el papel que puede desempeñar la teoría de la traducción en la enseñanza práctica de la traducción. Propone seguir cuatro pasos para lograr una aplicación real de la teoría en la práctica: estudiar aspectos teóricos que influyen en la traducción, analizar aspectos textuales relevantes, prestar especial cuidado a la transferencia del texto original al texto traducido, y evaluar el texto traducido producido.
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Tradução & Comunicação EL PAPEL DE LA TEORÍA DE LA TRADUCCIÓN EN

Revista Brasileira de Tradutores


LA ENSEÑANZA DE LA TRADUCCIÓN PRÁCTICA
Nº. 20, Ano 2010
Translation Theory's role in the teaching of
Translation Practice

Javier Ortiz García


Universidad Autónoma de Madrid (ES) RESUMEN
[email protected]
Se aborda en este artículo el difícil papel que puede desempeñar la teoría de
la traducción en las clases de traducción práctica. Para que el ejercicio teórico
tenga verdadera aplicación en la práctica se propone un desarrollo lógico, se
sugiere seguir cuatro pasos que se complementan, y que se analizan e
ilustran en detalle. En primer lugar se estudian algunos aspectos de la teoría
de la traducción que actúan explícitamente en la práctica de la traducción; en
segundo lugar, se analizan algunos aspectos textuales de gran relevancia
para el traductor; se continúa con el especial cuidado que los estudiantes han
de tener en la transferencia de un texto a otro; por último, y casi a modo de
conclusión, se reflexiona sobre la evaluación que el futuro traductor ha de
hacer sobre el texto término que acaba de producir.

Palabras-Clave: teoría y práctica de la traducción; enseñanza de la teoría de


la traducción; enseñanza de la práctica de la traducción.

ABSTRACT

This article analyzes the difficult role translation theory plays in translation
practice classes. In order to achieve a real implementation of the proposed
exercise, a four-step process is suggested, where those stages are both
analyzed and illustrated. Firstly, we study some aspects of translation theory
which interact directly with the practice of translation; secondly, some
textual aspects highly relevant for translators are studied from the student’s
point of view; thirdly, the focus of the essay lies on the transfer from target to
source text; finally, and to conclude, it is emphasized that the student has to
pay special attention to the importance target text assessment has in the
overall process of translation.

Keywords: theory and practice of translation; teaching of translation theory;


teaching of the practice of translation.

Anhanguera Educacional S.A.


Correspondência/Contato
Alameda Maria Tereza, 2000
Valinhos, São Paulo
CEP 13.278-181
[email protected]
Coordenação
Instituto de Pesquisas Aplicadas e
Desenvolvimento Educacional - IPADE
Artigo Original
Recebido em: 23/04/2010
Avaliado em: 20/06/2010
Publicação: 30 de setembro de 2010 7
8 El papel de la teoría de la traducción en la enseñanza de la traducción práctica

1. INTRODUCIÓN

El presente artículo trata de arrojar algo de luz sobre la difícil tarea de la enseñanza
práctica de la traducción; en ningún momento se pretende analizar lo que en otros
estudios – fundamental, aunque no exclusivamente filológicos – se realiza: los objetivos
perseguidos, los medios empleados y los resultados obtenidos son en la mayoría de los
casos diferentes en los estudios de Traducción e Interpretación que en los cursos de
escritura – creativa o funcional, ya sea en las titulaciones de filología o en otras. Nos
centraremos, pues, en el ejercicio de la traducción de una lengua extranjera hacia la lengua
materna, y más en concreto, del inglés al español, aunque este par de lenguas sólo se
empleará de modo ilustrativo: los argumentos subyacentes pretenden un calado más
general.

Según la experiencia propia, los estudiantes que siguen un curso (o cursos) de


teoría de la traducción, que puede incluir en sus contenidos, entre otros aspectos, teoría
semántica, gramática contrastiva, teoría de la comunicación y algunos principios de la
equivalencia, captan los argumentos teóricos en un nivel abstracto, aunque no siempre
son capaces de vincular todos estos conocimientos con la práctica de la traducción de un
texto concreto. Según nuestros planes de estudios actuales, los dos últimos cursos de los
estudios de traducción e interpretación casi siempre incluyen la enseñanza de la
traducción como un ejercicio de aprendizaje con carácter lingüístico. No quiero decir con
esto que el proceso heurístico que agrupa la comprensión de, digamos, un texto en inglés,
y luego la reescritura de ese texto en español no esté directamente relacionado con el
aprendizaje de las lenguas involucradas: la adquisición del vocabulario y la asimilación de
la sintaxis y el estilo han de derivarse casi obligatoriamente de un análisis exhaustivo del
texto fuente con el que se trabaja; sin embargo, los objetivos del ejercicio de la traducción
casi nunca se limitan a los arriba enumerados. Un buen número de cursos de lengua ya
incluyen el ejercicio de la traducción como una actividad profesional afín; algunos
licenciados en estos estudios trabajan como traductores y otros emplean la traducción
como parte de su trabajo. A partir de aquí, si consideramos la traducción desde el punto
de vista de su enseñanza, el objetivo principal debería ser conseguir que los alumnos
produzcan versiones que no sólo contemplen una buena comprensión del texto fuente,
sino que también posean parámetros de aceptabilidad y posibilidades reales de
publicación. La cuestión principal, pues, es considerar en qué puntos la teoría de la
traducción puede ser de ayuda a la hora de conseguir esas traducciones.

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Javier Ortiz García 9

2. ¿QUÉ APORTA LA TEORÍA DE LA TRADUCCIÓN A LA PRÁCTICA?

Se han dado muchas – y, curiosamente, muy diferentes – visiones de lo que es la teoría de


la traducción. Para Catford, la teoría de la traducción no es más que una rama de la
lingüística comparada y la define como «The replacement of textual material in one
language (SL) by equivalent textual material in another language (TL)» (1965, 31). Esta
simple y simplista definición le lleva a postular cierto grado de equivalencia de categorías
gramaticales en las dos lenguas en cuestión y a formular proposiciones como ésta: «A
formal correspondent is any TL category which may be said to occupy, as nearly as
possible, the “same” place in the economy of the TL as the given SL category ocupéis in
the SL» (Catford, 1965, 32). De esta manera, la equivalencia de las categorías gramaticales
en la lengua fuente y la lengua término se antojaría fundamental para determinar las
correspondencias de la traducción. Catford afirma que, por ejemplo, según un estudio
estadístico la probabilidad de que una preposición de un texto en francés aparezca en la
versión inglesa como tal – como preposición – es del 75%. Sin negar que la afirmación
pueda ser de interés para algún estudioso, no es fácil ver la utilidad de la misma desde el
punto de vista práctico del proceso de la traducción.

Entre tanto, Vinay & Darbelnet, con su manual de estilística comparada inglés-
francés, muestran una mayor preocupación por buscar y encontrar equivalentes
auténticos en las categorías léxica y sintáctica entre las dos lenguas. Pero, como Kelly
(1979, 23) correctamente apunta, la estilística comparada es en realidad una rama de la
lingüística contrastiva, en la que el único elemento de la estilística que se encuentra uno es
la diferencia entre los equivalentes obligatorios y los opcionales (servitude y option, según
la terminología de Vinay & Darbelnet). Otros autores, entre los que quizá quepa destacar
a Nida (o al menos en sus primeros escritos), basan su aproximación a la teoría de la
traducción en la gramática generativa transformacional; postula Nida que «The translator
must go beyond mere comparisons of corresponding structures» (Nida, 1964, 9). Más
adelante, en su extenso intento por acercar la traducción a unos parámetros más o menos
científicos, Nida concluye: «For the translator especially, the view of languages as a
generative device is important, since it provides him first with a technique for analyzing
the process of decoding the source text, and secondly with a procedure for describing the
generation of the appropriate corresponding expressions in the receptor language» (Nida,
1964, 90).

Siguiendo una línea más pragmática, Newmark sugiere que, más que una teoría
de la traducción, tendríamos que hablar de una ology, esto es, una rama de un saber más
amplio, que define como «A framework of principles… and hints… a background for

Tradução & Comunicação: Revista Brasileira de Tradutores • Nº. 20, Ano 2010 • p. 7-25
10 El papel de la teoría de la traducción en la enseñanza de la traducción práctica

problem solving» (1980, 1). Continúa diciendo que «translation theory’s main concern is
to determine appropriate translation methods for the widest possible range of texts or text
categories» (1980, 1); en contra de la inclusión de la traducción en la lingüística contrastiva
dice Newmark que «Translation theory is concerned with choices and decisions, not with
the mechanics of either the source language or the target language» (1980, 1).

También Lederer, de la Escuela de Traducción e Interpretación de París, se


muestra contraria a la simbiosis traducción-lingüística contrastiva, de quienes afirma que
son ámbitos de estudio esencialmente diferentes. La lingüística contrastiva, según Lederer
«Conçoit la traduction au plan de la langue; le traducteur, lui, constate qu’il ne traduit pas
une langue mais toujours un message (poème ou roman, Manuel ou mode d’emploi,
communication scientifique ou brevet)» (Lederer, 1973, 8). La desigualdad es el resultado
de las diferencias entre langue y parole; el texto que contiene el mensaje que se ha de
traducir es, como afirma Lederer, un ejemplo de parole; en consecuencia, la equivalencia
teórica en el nivel de la langue no es necesariamente relevante para el proceso de la
traducción. El énfasis ha de ponerse, pues, en el texto más que en la lengua.

A la vista de lo expuesto arriba, se puede poner en tela de juicio el hecho de que


la lingüística contrastiva sirva de gran ayuda en el proceso de la traducción. Después de
todo, el método propuesto por Vinay & Darbelnet se ha considerado durante décadas
válido y empleado en muchas escuelas de traducción; no estoy afirmando que el método
de la estilística comparada sea inútil en su conjunto para la traducción, sino que su valor
radica principalmente, como Lederer y otros autores han mantenido, en su capacidad
para mejorar la competencia lingüística del estudiante. La lingüística comparada es un
método para la enseñanza de una lengua extranjera y no – como reza el subtítulo de la
disciplina que con tanto empeño Vinay & Darbelnet defendieron – un método de
enseñanza de la traducción; dicen Vinay & Darbelnet: «Nous pensons par exemple que
celui qui a traduit “ Ecole maternelle” par “motherly school” aurait évité cette faute s’il
avait su que “motherly” est un mot purement affectif, alors que “maternel” peut être à la
fois intellectual et affectif» (Vinay & Darlbelnet, 27).

No queda duda de que aquí estaban pensando en un hablante de francés


traduciendo al inglés y no de un hablante cuya primera lengua fuera el inglés. Tal como
he sugerido arriba, es fundamental no confundir estos dos tipos de ejercicios,
esencialmente diferentes: el análisis semántico de motherly y maternel – siguiendo con el
ejemplo de Vinay & Darbelnet – es un ejercicio de lingüística contrastiva, pero no forma
parte del mecanismo traductológico cuando se traduce a la propia lengua materna. Lo
lógico pensar en este caso es que el traductor seleccionaría el equivalente conceptual del

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francés, esto es, en inglés británico, nursery school, independientemente de los atributos
semánticos que pudieran tener nursery y maternel. En un curso del aprendizaje o la mejora
de la escritura en una u otra lengua, en el que a menudo el estudiante se ve involucrado
en un proceso de búsqueda de la expresión adecuada en la lengua fuente, quizá la
lingüística comparada reportara más ayuda, y es ahí, y no tanto en los estudios de
traducción, donde el manual de Vinay & Darbelnet tiene un valor inestimable como libro
de referencia.

El aspecto contrastivo, sin embargo, no debe desestimarse por completo cuando


hablamos de la enseñanza de la traducción. En el nivel de la langue se pueden hacer
ciertas generalizaciones que pueden llegar a alcanzar el estatus de «reglas» de traducción.
Es, por ejemplo, inevitable pensar en lo que Vinay & Darbelnet llaman le plan de
l’entndement, es decir, el estilo naturalmente más abstracto del francés – o, por extensión,
del español – que casi siempre encuentra su equivalente en inglés en un estilo más directo
y concreto (le plan du réel). La consideración de lo que podemos llamar aquí «regla» sí que
puede ayudar en el proceso de la traducción, y tener ya dispuestos de antemano los
ajustes necesarios es algo que cualquier traductor que se precie ha de poseer. La
lingüística contrastiva también nos es útil cuando actúa de fedataria de la inevitable
pérdida de información al traducir entre un par determinado de lenguas cuando nos
referimos a categorías gramaticales que no son isomórficas. Por ejemplo, en un texto en el
que se emplea indistintamente el uso del «tú» y el «usted» en forma dialogada, la
traducción al inglés quedará irremediablemente incompleta; si tradujésemos en la
dirección opuesta, el texto en español ganaría supuestamente esa parte de la información.
La presencia o la ausencia de género, por citar otro ejemplo muy común, puede causar
problemas cuando se traducen dos lenguas que tienen un tratamiento bien diferenciado
del mismo. En palabras de Jakobson, «Languages differ essentially in what they must
convey and not in what they can convey» (Jakobson, 1959, 115). La lingüística contrastiva,
pues, resalta todas esas «inequivalencias» entre las lenguas, mientras que la teoría de la
traducción sugiere cómo compensarlas en contextos más o menos específicos. Estas
últimas palabras son importantes: la traducción de palabras aisladas y sin contexto alguno
es un ejercicio absolutamente artificial, que queda en la mayoría de las ocasiones fuera de
la traducción como tal. Por tanto, desde el punto de vista del traductor, la estilística
comparada le presenta una desventaja más: su excesivo apego a la traducción en el nivel
de la palabra. Tomemos como ejemplo la traducción de la palabra «liberal» cuando
traducimos un texto escrito en los Estados Unidos; según el contexto en el que se suceda el
escrito, el traductor de ese texto al español tendrá que optar por una u otra alternativa (no
será la solución la misma si el texto trata de cuestiones económicas, políticas o, digamos,

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12 El papel de la teoría de la traducción en la enseñanza de la traducción práctica

éticas. En algunos casos la mejor traducción será el cognado, mientras que cuando el texto
hable de política, quizá el traductor deba indagar en otras posibilidades extralingüísticas).
En un caso como este último el traductor debe tomar sus decisiones en un nivel textual, ya
que lo que ha de hacer es traducir el vouloir dire (Lederer), el mensaje más que la
estructura de la lengua.

3. TEXTO

La materia prima del traductor, pues, no es el lenguaje sino el texto. Las técnicas que
abogan por la solución de problemas en el nivel de la palabra – muy extendidas en la
enseñanza de la traducción – suelen ser poco productivas a largo plazo. Nida y Newmark,
por ejemplo, ilustran una de estas técnicas, estrategias o soluciones, que los tres
sustantivos se han empleado: el análisis componencial (de la semántica estructuralista –
Trier, Pottier y Coseriu – y la primera semántica generativa – Katz, Fodor y Leech), esto
es, el análisis del significado de la palabra que se divide en componentes más pequeños,
es decir, en rasgos semánticos, y, en términos eminentemente traductológicos, la
consiguiente comparación de estos rasgos con los de la lengua a la que se va a traducir.
Esta aproximación al problema en cuestión podría tener alguna utilidad en la formación
de traductores, ya que ayuda en la explicación de los problemas que causa la falta de
equivalencia e incrementa la habilidad del estudiante para percibir los diferentes matices
del significado; sin embargo, esta utilidad es bastante limitada, pues la palabra que se
analiza aisladamente rara vez supone una unidad de traducción. Quizá se puedan admitir
aquí dos excepciones: i) aquellos casos en los que el problema sea pura y exclusivamente
terminológico, para el que, en la mayoría de los casos, la solución es un equivalente en las
dos lenguas, que se encuentra en diccionarios, glosarios, fuentes terminológicas, etc.,
como, por ejemplo, deepfreezing, que ha de traducirse siempre como «criotratamiento» o
lineman’s belt, como «cinturón de seguridad para celadores de línea» en la jerga de las
telecomunicaciones; ii) en la traducción de nombres propios, términos institucionales y
cargos políticos y administrativos, que puede que reclamen una traducción (o no) pero
que en algunos casos ya tienen traducción asignada; ¿debería traducirse Secretary of State
por «Secretario de Estado»?, ¿se puede traducir al español el nombre del avión
presidencial de los Estados Unidos, Air Force One?

Fuera de estos dos casos, suscribo las palabras de Beaugrande que afirma que
«The relevant language unit for translating is not the individual word or the single
sentence, but rather the text» (Beaugrande, 1978, 13). Esto quiere decir que el texto fuente
es la unidad lingüística de partida, por lo que el resto de este ensayo versará sobre el

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proceso de la traducción desde una primera etapa que analiza el texto fuente, para a
continuación activar los principios y las técnicas involucradas en la transferencia del
mensaje hasta llegar a la consecución de un texto meta aceptable como traducción. Y, por
supuesto, como se afirmó al comienzo del trabajo será aquí donde se sugieran pautas para
que la teoría pueda ser una asistencia práctica real para los estudiantes de traducción.

Un exhaustivo análisis del texto fuente implica la obtención de la máxima


información del mismo, claro está, tanto en la forma como en el contenido; es también
recomendable (y deseable) poseer información sobre el origen, la autoría y el propósito
del mismo. Es evidente que la «variedad lingüística» concreta en la que se acople el texto
inglés, en nuestro caso, que se va a traducir ha de tener una inmensa importancia para el
traductor; el término «registro» se emplea con frecuencia a este respecto. Por desgracia, el
término suele aparecer con excesiva frecuencia y, como concepto, no aparece lo
suficientemente bien definido para que, en nuestro particular análisis, nos sea útil. El uso
frecuente del término «registro» en frases casi acuñadas como «registro periodístico» o
«registro de la lengua hablada» puede llevar a confusión a la hora de entender bien qué es
lo quiere decir. Para el buen análisis del texto fuente es necesario distinguir todos los
aspectos que describen un texto y percatarse de que, por ejemplo, el lenguaje periodístico,
ya sea hablado o escrito, puede ser formal o coloquial: las variables pertenecen a
diferentes categorías de la descripción.

Si queremos discernir todas las categorías relevantes para la descripción de un


texto, quizá sea de ayuda considerar aquí la importancia que la Escuela de Traducción de
Leipzig dio no sólo a la pragmática en el ámbito traductológico, sino también a los
aspectos estilísticos del texto. El concepto «registro», en el ámbito en el que se mueve este
ensayo, y definido de una manera simple, se refiere a la interacción activada entre el
emisor y el receptor del mensaje, esto es, entre el autor, el texto y el lector; esta interacción
implica cuestiones como la actitud del autor, su intención (o intenciones) y el posible
efecto que el mensaje pueda causar en el lector. El carácter de cualquier texto, y, por
extensión de cualquier traducción, viene en gran medida determinado por el propósito
por el que se escribió y por el lector al que va dirigido. Si quiere comunicar con ciertas
garantías, el traductor ha de estar en condiciones de hacer algunos juicios de valor
respecto a su lector potencial y al propósito que el texto original pretendía cumplir. En
esta tarea, el traductor debería estar en buena disposición para decidir a qué tipo de
variante de las siguientes categorías el texto que tiene entre manos pertenece.

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Consideremos, en primera instancia, el «dominio» del texto (o, en palabras de


Crystal & Davy, su province). Un texto puede ser (permítase la simplificación en aras de
una mejor aplicación práctica de las intenciones metodológicas):

• Científico o técnico • Literario


• Administrativo • Periodístico
• Político • Legal
• Religioso • Etc.

Cuando asignamos un texto a uno u otro de estos dominios, lo que hacemos no


es identificar el tema en concreto (un texto periodístico puede tratar, entre otras cosas de
temas políticos; un texto religioso puede ser literario o histórico); más bien, lo que
hacemos es enmarcarlo en el tipo de «occupational or professional activity» (Crystal &
Davy, 71) con la que la producción del texto estaba directamente emparentada. Estos
dominios tampoco han de tener un afán clasificatorio o estilístico: no hacen sino dar una
pista más o menos vaga sobre el tipo de lenguaje que se emplea en él. Al asignar un texto
a un dominio concreto, lo situamos en un contexto social, que el traductor ha de reconocer
y, por supuesto, conocer de primera mano con el fin de plasmarlo en el equivalente de la
lengua a la que traduce.

Una vez determinado el dominio del texto, el traductor tiene que tener en
consideración lo que podemos denominar el «tono». M. Joos enumera cinco «estilos» de
uso (Joos, 1962):

• Rígido • Coloquial
• Formal • Vulgar
• Informal

Joos llega a definir detalladamente los atributos lingüísticos de cada uno de los
cinco estilos, aunque parece difícil que esa tipificación se pueda mantener estrictamente
sin solapamientos. ¿Por qué hay sólo cinco estilos? o ¿dónde se encuentra la línea
divisoria entre el estilo, digamos formal y el informal? son sólo dos cuestiones que a
cualquiera le asaltan nada más ver el listado. Parece evidente que lo realmente importante
en nuestro caso no son las etiquetas ni el número de ellas que podamos imaginar, sino el
hecho de que esas variaciones existen entre los diferentes textos a los que podamos llegar
a enfrentarnos. Consideremos, pues, que existe un continuum que se mueve entre el estilo
más vulgar hasta el más rígido.

Parece claro que expuesto de esta manera esta escala es diferente (y más flexible)
que la categoría anterior (dominio). Es cierto que algunos dominios se asocian
habitualmente con ciertos tonos: los textos administrativos, por ejemplo, suelen ser

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formales, y se podría por eso suponer que el tono queda condicionado por el dominio,
aunque eso no es así. No es del todo inconcebible que un texto científico aparezca con un
tono coloquial con el fin de que su comprensión sea más fácil (o con otro objetivo). Se
pueden encontrar hoy día no pocas obras de prestigiosos investigadores escritas con la
mayor pulcritud científica en tono muy distendido y asequible (Stephen J. Gould, Steven
Pinker o Jared Diamond, por citar tres representantes de disciplinas diferentes, son claros
ejemplos). Quizá más clarificador sea el ejemplo del lenguaje periodístico que abraza
prácticamente todos los tonos, del vulgar al más formal. También es cierto que dentro de
un dominio más o menos bien definido se pueden encontrar sutiles variaciones y, como
ejemplo, veamos dos textos administrativos, uno en inglés y otro en español; ambos están
extraídos de las páginas de información al ciudadano de sus respectivos países: el primero
es de la página web informativa de la Social Security estadounidense; el segundo, de la
también página web informativa de la Seguridad Social española, que, aunque no tiene el
mismo ámbito de actuación que lo que parece su homónimo en Estados Unidos (no es ni
mucho menos así), sí que nos sirve como ejemplo para ilustrar nuestro objetivo.

El tono general del texto en español es más formal, más impersonal que el del
inglés. Consideremos el tono del siguiente extracto de las normas generales del
funcionamiento de la Seguridad Social española:
Artículo 1. Derecho de los españoles a la Seguridad Social.
El derecho de los españoles a la Seguridad Social, establecido en el artículo 41 de la
Constitución, se ajustará a lo dispuesto en la presente Ley.

Artículo 2. Principios y fines de la Seguridad Social.


1. El Sistema de la Seguridad Social, configurado por la acción protectora en sus
modalidades contributiva y no contributiva, se fundamenta en los principios de
universalidad, unidad, solidaridad e igualdad.
2. El Estado, por medio de la Seguridad Social, garantiza a las personas comprendidas
en el campo de aplicación de ésta, por cumplir los requisitos exigidos en las
modalidades contributiva o no contributiva, así como a los familiares o asimilados
que tuvieran a su cargo, la protección adecuada frente a las contingencias y en las
situaciones que se contemplan en esta Ley.

Artículo 3. Irrenunciabilidad de los derechos de la Seguridad Social.


Será nulo todo pacto, individual o colectivo, por el cual el trabajador renuncie a los
derechos que le confiere la presente Ley.

Artículo 4. Delimitación de funciones.


1. Corresponde al Estado la ordenación, jurisdicción e inspección de la Seguridad
Social.
2. Los trabajadores y empresarios colaborarán en la gestión de la Seguridad Social en
los términos previstos en la presente Ley, sin perjuicio de otras formas de
participación de los interesados establecidas por las Leyes, de acuerdo con el artículo
129.1 de la Constitución.
3. En ningún caso, la ordenación de la Seguridad Social podrá servir de fundamento a
operaciones de lucro mercantil.

El empleo de la forma impersonal y las construcciones en tercera persona dotan


al texto de una formalidad que contrasta con el texto siguiente, extraído de la sección de
información de la página de la Seguridad Social estadounidense:

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16 El papel de la teoría de la traducción en la enseñanza de la traducción práctica

How do I apply for a Social Security number and card?

In general, only noncitizens who have permission to work from the Department of
Homeland Security (DHS) can apply for a Social Security number. To apply for a Social
Security number:
• Complete an Application For A Social Security Card1 (Form SS-5)
• Show us original documents proving your:
o Immigration status;
o Work eligibility;
o Age; and
o Identity.
• Take your completed application and original documents to your local Social
Security office.

Immigration status
To prove your U.S. immigration status, you must show us the current U.S. immigration
document, I-94, Arrival/Departure Record, issued to you when you arrived in the United
States. If you are an F-1 or M-1 student, you also must show us your I-20, Certificate of
Eligibility for Nonimmigrant Student Status. If you are a J-1 or J-2 exchange visitor, you
must show us your DS-2019, Certificate of Eligibility for Exchange Visitor Status.

Work eligibility
For most foreign workers, we only need to see your I-94, Arrival/Departure Record. Some
foreign workers also must show their work permits from DHS (I-766 or I-688B).
International students must present further documentation. For more information, see
International Students And Social Security Numbers2 (Publication No. 05-10181).

Age
You must present your birth certificate if you have it or can easily obtain it. If not, we
can consider other documents, such as your passport or a document issued by DHS, to
prove your age.

El dominio de estos dos textos es muy similar; su función es la misma; el tono, sin
embargo, es bien diferente. Las implicaciones de este hecho para el traductor son grandes,
y son precisamente las cuestiones que trataremos de aquí en adelante.

Para nuestra discusión, es preferible el término «tono» a «estilo», según la


terminología de Joos, ya que no me interesa referirme específicamente al tipo de lenguaje
empleado, sino al tono general que se crea por medios lingüísticos. El tono de un texto
refleja la actitud del autor hacia su lector, el material con el que trabaja y el impacto que
busca causar en él. Mounin distingue cuatro funciones connotativas que, en el nivel del
significado léxico, dependen de la relación pragmática entre texto, autor y lector (énoncé,
locuteur y auditeur, Mounin, 1963, 159-60):

1. Attitude affective du locuteur envers les signifies de l’énoncé: les


diminutifs, les péjoratifs, les augmentatifs, les hypocoristiques, etc. …
2. Attitude affective (individuelle ou sociale) de l’auditeur seul envers les
énoncés du locuteur: c’est le sens des connotations dites vulgaires,
argotiques, pédantes, archaïques, etc. … ces connotations formulent les
jugements de valeur de l’auditeur sur l’énoncé du locuteur …
3. Valeurs affectives de l’énoncé … comunes au locuteur et à l’auditeur.

1 Disponible en el sitio: < http://www.ssa.gov/online/ss-5.pdf>


2 Disponible en el sitio: <http://www.ssa.gov/pubs/10181.html>

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4. Attitude du locuteur vis-à-vis de l’auditeur.


Esta última categoría corresponde a lo que Ogden & Richard habían etiquetado
mucho antes como el «feeling» del texto, e incluye factores ya señalados también por
Crystal & Davy, como respeto, deferencia, intimidad, etc. Cuestiones como el grado de
subjetividad del autor o su intrusión en el texto son de gran relevancia aquí: ¿se capta en
el texto fuente un intento por involucrar al lector, por establecer una relación o
connivencia con él o incluso por llegar a irritarlo?; ¿es el tono del texto impersonal,
dirigido a un público muy amplio? La percepción que el traductor tenga de estos factores
se ha de trasladar al texto que traduce, no sólo en el nivel de la palabra o la oración, sino
al más general del texto completo, donde la equivalencia del tono es a menudo – aunque
no siempre – necesaria (sirvan como ejemplos los de arriba de la(s) Seguridad(es)
Social(es)).

La tercera dimensión del análisis del texto fuente, la función del texto, a veces se
pasa por alto, aunque es una categoría esencial para definir mejor el tono y el dominio.
¿Cuál es el propósito del texto?; ¿qué pretende conseguir? La tipología, aunque manida,
podría quedar así:

• Descriptivo • Persuasivo
• Directivo • Narrativo
• Instructivo • Jocoso

La designación adecuada de cada texto queda con frecuencia clara con un simple
vistazo pero la verdadera intención del texto a veces está disfrazada. En este caso, el
traductor no sólo ha de discernir que el texto «oculta» esa intención, sino que además
debe captar cuál es la intención que el mensaje trata de transmitir al lector. Saber quién es
el autor y las circunstancias particulares de su publicación son, evidentemente,
informaciones valiosas en este caso; por tanto, siempre que sea posible, se deben dejar
claras desde el principio las fuentes originales para que el alumno tenga una primera – e
inestimable – toma de contacto directa con el texto que va a traducir. El resultado de una
buena traducción no se produce nunca del vacío, de la misma manera que el texto fuente
tampoco surge de una tabla rasa.

Antes de dejar de lado la cuestión de las funciones del texto, sería conveniente
subrayar que esta noción deriva directamente de la función del lenguaje (tal como la
definen Jakobson, Halliday y otros) y que, como House afirma acertadamente, no es de
gran ayuda dar por bueno que una función del lenguaje en particular caracteriza en
exclusiva un texto determinado.

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18 El papel de la teoría de la traducción en la enseñanza de la traducción práctica

Las categorías aquí descritas son meramente nocionales. Para una mejor
caracterización lingüística del texto resta determinar qué rasgos formales contribuyen a
una u otra función, tono o dominio. El significado referencial de las unidades léxicas
determina en parte el dominio del texto. Los significados connotativos y emotivos de las
unidades dan cuenta en parte tanto del tono como de la función. Los diferentes rasgos
sintácticos y morfológicos son indicadores del dominio, el tono y la función – por ejemplo,
el uso de formas contraídas en el inglés informal, la preferencia por el infinitivo en textos
de naturaleza instructiva, el empleo de la hipotaxis en los textos legislativos, etc. Las
desviaciones de la norma se deben atribuir, en su mayoría, a los idiolectos o estilos
individuales. Por último, la estructura del texto se puede ver como un número de «actos
de habla» (Widdowson, 1973). Widdowson sugiere que, por ejemplo, un texto científico
puede analizarse como una serie de actos de definición, clasificación, generalización,
calificación, etc., conformando unidades comunicativas mayores como explicaciones,
descripciones, informes, etc.

No estoy aquí sugiriendo que el traductor tenga que realizar laboriosamente ese
análisis del texto fuente con el que trabaja, ni que ese proceso preliminar sea necesario. El
traductor experto ha de llegar casi intuitivamente a los resultados que ese análisis
arrojaría. Lo que sí afirmo es que para el traductor en formación este ejercicio le podría
reportar una visión más amplia de la multiplicidad de equivalencias que pueden aparecer
en la traducción y así desarrollar una capacidad valiosa para distinguir intuitivamente los
rasgos estilísticamente relevantes de un texto que lo caracterizan y determinar el tipo de
lengua que requiere su traducción.

4. TRANSFERENCIA

Una vez que el mensaje, con toda la información proveniente de los aspectos pragmáticos
del texto, se ha extraído del texto fuente, es este mensaje – y no las estructuras lingüísticas
– el que se tiene que trasladar a la lengua término. Los problemas que surgen en este
punto de la traducción se podrían calificar como conflictos de intereses. Como afirma
Nida, el debate entre los teóricos de la traducción tiende a centrarse alrededor de estas
cuestiones, aunque las ramificaciones y digresiones sobre ellas suelen ser interminables: i)
traducción literal vs. traducción libre (lo que él llama equivalencia «formal» vs.
equivalencia «dinámica», (Nida, 1964, 1977); ii) la importancia de concentrarse en la forma
o en el contenido. Que la equivalencia formal de Nida está todavía vigente se puede
ilustrar comparando la siguiente noticia aparecida en The Guardian el 1 de febrero de 2007

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y su correspondiente traducción, publicada por El País el 4 de febrero de 2007, tres días


después:
Multiculturalism is under attack. The Daily Mail runs a front page story saying “the
doctrine of multiculturalism” has alienated an entire generation of young Muslims.
David Cameron delivers a speech describing multiculturalism as one of five “Berlin
walls of division” that we must tear down, along with extremism, poverty, uncontrolled
immigration and educational apartheid. According to Cameron, Ken Livingstone has
been messing up London with this ghastly ism. A conservative thinktank, Policy
Exchange, and a Conservative party working group both issue reportas describing
multiculturalism as part of the problem for which the party claims to be the solution […]

El multiculturalismo está amenazado en Reino Unido. El influyente periódico


conservador Daily Mail publica en su portada una información en la que se asegura que
“la doctrina del multiculturalismo” ha alienado a toda una generación de jóvenes
musulmanes. El líder del Partido Conservador, David Cameron, pronuncia un discurso
en el que tacha al multiculturalismo de ser uno de los cinco “muros de Berlín de la
división” que debemos derribar, junto con el extremismo, la pobreza, la inmigración
descontrolada y el apartheid educativo. Según Cameron, el alcalde de Londres, Ken
Livingstone, de izquierdas, ha convertido la capital en un caos con este horrible ismo.
Sendos informes de un think-tank conservador, Policy Exchange, y un grupo de trabajo del
Partido Conservador, dicen que el multiculturalismo es parte del problema que pretende
resolver.

Llaman poderosamente la atención las explicaciones de la traducción, en primer


lugar, y la falta de otras, en segundo lugar. Por un lado, se le aclara al lector del diario
español que el Daily Mail es «influyente» y «conservador»; que David Cameron es el líder
del Partido Conservador británico; y que Ken Livingstone es el alcalde de izquierdas de
Londres. Sin embargo, el lector debe saber lo que es un thinktank y, aunque seguro que en
el caso de apartheid el lector está familiarizado con el término, el español posee términos
relativamente bien conocidos en los dos ejemplos: «laboratorio de ideas» (se lleva
empleando desde la Segunda Guerra Mundial) para el primer caso y «segregacionismo»
para el segundo.

No obstante, el conflicto literal/libre no es el único, ni mucho menos, al que el


traductor se enfrenta. A veces no es posible trasladar el significado referencial completo
y/o el significado connotativo de las palabras o las oraciones. Veamos el siguiente
ejemplo de la obra Sanctuary de William Faulkner y su correspondiente traducción al
español. En el capítulo XVIII Faulkner escribe:
Popeye drove swiftly but without any quality of haste or of flight, down the clay road
and into the sand. Temple was beside him. Her hat was jammed onto the back of her
head, her hair escaping beneath the crumpled brim in matted clots. Her face looked like
a sleep-walker’s as she swayed limply to the lurching of the car. She lurched against
Popeye, lifting her hand in limp reflex. Without releasing the wheel he thrust her back
with his elbow. “Brace yourself,” he said. “Come on, now.” (136).

La versión española dice:


Popeye guiaba rápidamente, pero sin la menor muestra de llevar prisa o de ir en fuga, a
lo largo del camino de barro y al interior de la arena. Temple iba a su lado. Llevaba el
sombrero encajado en la coronilla; el pelo se le escapaba por debajo del ala arrugada, en
bucles desgreñados. Según se balanceaba flojamente a los bruscos vaivenes del coche, su
rostro tenía la expresión del de un sonámbulo. Se balanceaba contra Popeye, levantando

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20 El papel de la teoría de la traducción en la enseñanza de la traducción práctica

la mano en un débil movimiento reflejo. Sin soltar el volante él la echó hacia atrás con el
codo.
—Vamos, no te eches encima —dijo él—. A ver si te puedes tener sobre ti. (135).

Echando un vistazo rápido a la traducción, y sin ningún ánimo de crítica


displicente a la traducción de un autor tan difícil desde tantos puntos de vista como es
Faulkner, sí que hay un par de aspectos que llaman la atención. Por una parte, claro está,
tiene que ver con el nombre del protagonista de la novela, que hace referencia clara a su
aspecto físico: los ojos «saltones» no es su única característica fisiológica – como Faulkner
se encarga de reiterar a lo largo de toda la novela –, pero sí el que aparece en su
nombre/apodo, que en español se pierde por completo. También en la breve pero
expresiva descripción de la conducción de Popeye, el autor no pierde la ocasión de
relatarnos el modus operandi del protagonista: todo lo hace a la velocidad del rayo, aunque
la apariencia es la de una persona pausada, tranquila y reflexiva, que la versión inglesa
(«Popeye drove swiftly but without any quality of haste or of flight») connota e intensifica
con «swiftly» y «haste», sin que la versión española («rápidamente» y «prisa») aparente
haber conseguido el mismo efecto.

Se encuentra el traductor con otro conflicto entre el estilo del texto fuente y las
normas estilísticas más o menos aceptadas de la lengua término. La naturaleza abstracta
del español en ciertos escritos académicos es mal aceptada en textos escritos en inglés de
las mismas características; por el contrario, el estilo más informal y directo del inglés en
estos casos puede a veces parecer inapropiado en español. Veamos una ilustración de este
aspecto, claro en la práctica, oscuro a veces en la teoría cuando el traductor ha de
enfrentarse a este tipo de discurso. El ejemplo en inglés corresponde a un resumen
valorativo de una obra de traducción audiovisual – Minority Language Dubbing for
Children: Screen Translation from German to Irish de Eithne O’Connell – publicado en
Bibliography of Translation Studies (2003, 21); el segundo corresponde al resumen de un
artículo de traducción, publicado en Hermenéus. Revista de Traducción (2006):
This monograph provides a clear and concise introduction to: minority language
translation; writing and translating for children; and technical and other, often
neglected, non-textual and political issues in dubbing. It goes on to examine how
constraints imposed by each of these broad areas affect the dubbing into Irish of a small
corpus of animated films originally broadcasted in Germany […] The analysis of the
Irish language films, which is set against an unobtrusive theoretical background
informed by descriptive translation studies, points to a high level of lexical
simplification […] The author ends by making a number of suggestions as to how
current practices could be improved, making this a highly readable scholarly study that
could find very practical application

La literatura traducida, compuesta por textos pensados para satisfacer el polo receptor y
condicionados por sus necesidades, pertenece al proceso literario del respectivo país
siendo, además, una manifestación de la cultura mundial. El cuento es uno de los
géneros que de mayor prestigio artístico gozan hoy en día por haber sabido transformar
la expresión estereotipada en poética, sugerente e impactante […] Los lectores de
cuentos maravillosos aceptan sin extrañeza los cuentos de otros pueblos y culturas,
gracias a sus hábitos de lectores de cuentos «nacionales». Así pues, adecuándose a las

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milenarias reglas de las tradiciones folklóricas, la traducción de una pieza popular suena
distinta del original no sólo en cuanto a idioma sino también en cuanto a capacidad de
recepción cultural del auditorio, distinguiendo secuencias en las que traducir es decir lo
que se ha dicho en la Lengua Origen con los medios léxico-gramaticales de la lengua
Meta […]

Dejando de lado los diferentes objetivos de estos dos textos – uno trata de dar
una valoración del libro que reseña; el otro es meramente informativo – sí que podemos
acordar que el tipo de lenguaje que ambos requieren es muy parecido: el lenguaje
académico dirigido a un segmento bien definido. Sin embargo, el estilo de ambos es casi
opuesto: el primero es directo, claro, sencillo y, en parte, informal; el segundo es un estilo
retórico, complicado y subordinado. Lógicamente, el traductor de cualquiera de estos
textos, y por extensión del tipo textual que representan, habrá de tener en cuenta lo que
representan y cómo se ha de verter en la lengua término. Se podría aquí concluir que el
estilo del texto meta debe: i) ser compatible con las normas de la lengua de llegada; y ii)
tener una equivalencia dinámica con el estilo del texto fuente.

Todos estos conflictos se ven fácilmente en el nivel de la palabra o de la oración,


pero en muchas ocasiones no se pueden solucionar en esos mismos niveles. En el nivel
textual, sin embargo, el traductor debe buscar las equivalencias generales. A veces la
técnica de la compensación es útil en esta instancia: la información que se pierde en un
momento determinado de la traducción – ya sea de significado emotivo o referencial o de
estilo – se puede restaurar en otro punto de la traducción. La traducción de la serie
televisiva Los Simpson, por ejemplo, que se encuentra con juegos de palabras a veces (casi)
intraducibles, se puede compensar con otros juegos de palabras en español insertados en
otros lugares del episodio en cuestión (con un impacto equivalente, que no un significado
equivalente). Se hacen ajustes, entonces, en la totalidad del texto con el fin de asegurar, o
intentarlo, la equivalencia no sólo en el nivel referencial, sino también en los del tono, la
función y el estilo. Como he apuntado arriba, el traslado del tono y la función del texto
son requisitos innegociables en una traducción adecuada. Con mucha frecuencia, sin
embargo, los traductores pasan por alto estos aspectos, apremiados por verter todos, y
sobre todo, los significados referenciales del texto original, como si por sí solos
constituyeran la totalidad del mensaje.

Para ilustrar este punto, voy a considerar dos ejemplos de una obra de Philip
Roth, Everyman, y su versión española, Elegía. Todas las novelas de Roth abordan,
directamente o indirectamente, los avatares, éxitos, fracasos, etc. de los judíos que viven
en los Estados Unidos en la actualidad. El narrador de esta novela habla de la juventud de
uno sus personajes cuando dice:

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Along with Howie, he’d stopped taking Judaism seriously at thirteen—the Sunday after
the Saturday of his bar mitzvah—and had not set foot since then in a synagogue (Roth,
2006, 51).

Dice la traducción al español:


Junto con Howie, había dejado de tomarse el judaísmo en serio a los trece años (el
domingo después del sábado de su bar mitzvah), y desde entonces no había puesto los
pies en una sinagoga (Roth, 2006b, 49).

Independientemente de que en español la alocución que indica la confirmación


religiosa judía se suela transcribir como «bar mitzvá», al lector de la traducción no
avezado en el judaísmo – y para disfrutar de la literatura de Philip Roth no es necesario
serlo – se le hurta un elemento que se antoja casi indispensable aquí, y es que es
precisamente a los trece años cuando la confirmación/bar mitzvá se realiza; en otras
palabras, lo que Roth le está diciendo a su lector es algo así como si nuestro hombre no
hubiese pisado la iglesia – permítaseme la comparación – desde su Primera Comunión.

A pesar de que Everyman – al igual que el resto de novelas de este mismo autor –
está plagado de ejemplos de este tipo, veamos otra ilustración sin contenido «religioso».
Más adelante en la novela, el narrador sigue con la historia del padre recientemente
fallecido y nos cuenta:
He was sixty.-five, newly retired, and by now divorced for the third time. He went on
Medicare, began to collect Social Security, and sat down with his lawyer to write a will
(Roth, 2006, 62).

Se traduce de la siguiente manera:


Tenía sesenta y cinco años, acababa de jubilarse y se había divorciado por tercera vez.
Estaba asistido por el programa de Medicare, empezó a cobrar de la seguridad social y
se sentó con su abogado para redactar un testamento (Roth, 2006b, 58).

Medicare es el programa de seguro sanitario del gobierno federal de Estados


Unidos para personas mayores de setenta y cinco años o con discapacidades y
determinadas enfermedades, en este último caso para personas con escasos ingresos.
Como bien dice el texto en inglés, el difunto protagonista todavía no había cumplido la
edad para acogerse al programa; en el segundo caso, el de las enfermedades crónicas, se
suele conceder cuando los ingresos son bien escasos. Quiere esto decir que muchas de las
personas que se acogen a este programa pertenecen a la franja social más baja, lo que en la
cultura estadounidense, y más concretamente para la clase media, es poco menos que un
ultraje, aspecto éste meridianamente claro para el lector estadounidense y
meridianamente oscuro para el lector español. (En efecto, la obligación de acogerse al
programa Medicare fue un golpe duro moral para el protagonista de Everyman.)

En los ejemplos citados, la pérdida de información no es irreparable: se pueden


esparcir por el texto toques culturales/religiosos o toques personales esparcidos. Sin
embargo, es éste un principio fundamental – y además que conviene enseñar a los

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estudiantes de traducción desde bien temprano – que dice que las pérdidas menores de
información cuando se repiten con relativa frecuencia pueden llegar a adquirir un efecto
distorsionador del carácter del texto fuente. En nuestro caso, las frecuentes referencias
perdidas del entorno cultural del difunto protagonista oscurecen la actitud del autor
cuando se enfrenta a su lector de la versión española; es decir, parte de lo que he
denominado tono del texto se escabulle en la traducción. La equivalencia del tono y de la
función es esencial si el texto fuente quiere evocar una respuesta equivalente en la lengua
del lector.

5. EVALUACIÓN DEL TEXTO TÉRMINO

El último paso del proceso que he ido trazando desde el autor hacia el lector de la
traducción es la evaluación del texto de llegada. Lo que aquí interesa no es simplemente
cotejar la fidelidad del texto traducido, sino también fijarse en la aceptabilidad de ese
texto por parte del lector al que supuestamente se dirige, a saber, la aceptación que ese
texto traducido tiene en el sistema de llegada. Con el fin de subrayar la importancia de
este aspecto del proceso de la traducción, la teoría de la comunicación juega un papel
relevante en el acercamiento teórico de las clases de traducción. Al abordar en clase la
teoría de la comunicación, se introduce al estudiante en las nociones de la información (en
el sentido técnico del término) y en la relación entre la información y la redundancia en el
envío del mensaje. Con relativa frecuencia se suceden en la traducción, por ejemplo,
pérdidas en las redundancias lingüísticas y culturales del texto fuente, produciéndose así
lo que se puede denominar «carga de información» en un tramo determinado de texto.
Demasiada información (y escasez de redundancia) en un tramo textual excesivamente
corto sobrecarga la comunicación. Es, pues, importante que el traductor se percate de la
necesidad de restaurar las pequeñas pérdidas de redundancia que se produzcan en la
transferencia.

A la hora de evaluar su texto, el traductor ha de considerar el posible impacto


que pueda causar en el lector. ¿Cuál es la posible franja social a la que pertenece el lector
al que se dirige el texto?; o ¿se dirige a grupos diferentes de lectores? En cualquier caso, el
traductor, por lo general, debe buscar una respuesta a su texto equivalente a la que
pretendía el texto fuente. Según Kelly (1979, 214) «The translator seeks to find in the
translation the same equilibrium between signifié, significant and the human user as in the
original text». Es entonces importante desarrollar en el estudiante la facultad para juzgar
adecuadamente y, en este punto, la evaluación de traducciones se muestra como un
ejercicio muy útil y enriquecedor. El valor pedagógico de la comparación del original y su

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traducción ya publicada no radica fundamentalmente en la identificación de «errores» de


la traducción, sino que conviene incidir en el análisis de los problemas de equivalencia
que el traductor se haya podido encontrar y en el abanico de soluciones que se podría
presentar. Otros ejercicios que pueden ayudar en la formación del estudiante en este
aspecto son, por ejemplo, las traducciones resumidas (en las que el alumno aprende a
diferenciar la información esencial de la que no lo es), las revisiones de traducciones de
compañeros de clase y, con menor frecuencia, las traducciones de textos más largos que
ayudan a comprender la perspectiva textual completa de la traducción.

Para concluir, me gustaría reafirmar la creencia de que la teoría de la traducción


puede ser de gran ayuda en la formación del traductor. Si la teoría no aborda
adecuadamente desde el principio los análisis semánticos y sintácticos de las lenguas
involucradas en el proceso o en el análisis contrastivo en los planos de la palabra y el
sintagma, el estudiante de traducción puede que no sea capaz, posteriormente, de poner
en práctica lo aprendido en las sesiones teóricas. El lingüista seguro que aprecia sin
dificultad la unión teoría/práctica, pero si los principios teóricos no se aplican a textos
reales, la materia prima del traductor, se corre el riesgo de que esa unión pase
desapercibida para el estudiante. Si, como he sugerido a lo largo de este ensayo, la teoría
se emplea para una mejor puesta en marcha de la práctica, el estudiante empezará a
traducir, presumiblemente, de manera más concienzuda y analítica. La traducción es una
disciplina autónoma con contenidos de calado intelectual: no sólo es un ejercicio de
adquisición lingüística, sino que también requiere – quizá en mayor medida – un fuerte
componente analítico y creativo.

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Javier Ortiz García


Profesor de Traducción Literaria (Inglés). Facultad
de Filosofía y Letras. Departamento de Filología
Inglesa da Universidad Autónoma de Madrid,
España.

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