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8 Mitos para Aprender

El documento presenta varias leyendas orales que exploran temas de amor, venganza, poder y moralidad en la cultura mochica. Entre ellas, se destaca la historia de la Luna que castiga a un hechicero por su desdén, el Sol como creador y brujo, y relatos sobre aves que simbolizan la dualidad del bien y el mal. Estas narraciones reflejan la rica tradición oral de la región de Lambayeque, transmitiendo enseñanzas y valores a través de personajes y eventos míticos.

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8 Mitos para Aprender

El documento presenta varias leyendas orales que exploran temas de amor, venganza, poder y moralidad en la cultura mochica. Entre ellas, se destaca la historia de la Luna que castiga a un hechicero por su desdén, el Sol como creador y brujo, y relatos sobre aves que simbolizan la dualidad del bien y el mal. Estas narraciones reflejan la rica tradición oral de la región de Lambayeque, transmitiendo enseñanzas y valores a través de personajes y eventos míticos.

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Leyendas orales elegidas:

1. La venganza de la luna

La luna se había enamorado de un indio mochica noble, que era un hechicero, para lo cual
se convirtió en mujer, pero fue desdeñada por él, a pesar de los constantes requerimientos
de aquella, debido a que él quería dedicarse por entero a las actividades de su oficio.

Sin embargo, fue tal la paciencia y la constancia de la Luna , cuya condición desconocía el
hechicero, que éste para deshacerse de ella y engañarla, fingió aceptar sus amores llegando
a realizarse la ceremonia matrimonial.

Para sancionar el acto, como era de ritual, se colocó entre ambos novios una vasija nueva,
de barro, conteniendo harina de maíz. En seguida fue encendida la hoguera, que ambos
novios avivaron soplando y una vez que el fuego había cocido la torta, el más anciano de los
concurrentes a la ceremonia, que debería ser presenciada por todos los habitantes de la
comarca, dijo ritualizando el acto: “Ya estáis casados y formáis una sola pareja. Estáis
obligados a l mismo cariño ya a partir igual las penas y alegrías, tal como habéis atizado los
dos juntos, esta hoguera, que refleja vuestro amor no se holgará el uno cuando el otro no
lo haga, ni se mostrará indiferente el uno cuando el otro se encienda en las llamas del amor
de esta hoguera, porque entre vosotros habrá ligadura de un solo afecto”.

Y el ritual matrimonial estaba terminado, esperándose solamente la torta de maíz se


enfriara para ser dividida y repartida entre ambos novios y el padrino.

Pero como quiera que el hechicero mochica había asistido al acto con el deliberado
propósito de no cumplirlo, hizo que la torta conservara su calor y que no pudiera ser
repartida, por cuyo inconveniente el matrimonio, en realidad, no tenía legalidad requerida.

Cuando la Luna se dio cuenta del hechizo que sufría la torta de maíz leyó en la mente de su
consorte sus pensamientos más recónditos, castigó al mochica como ladrón, por haberle
robado su amor y lo colocó en el Cielo, en la constelación de las Tres Marías.

De las tres estrellas que forman esta constelación la del medio representa la hechicero
mochica, a quien la Luna para castigar, hizo prender por las otras dos estrellas, las de los
extremos, las cuales no lo dejan escapar. Pero previendo que pudiera evadirse, colocó
cuatro guardianes más, que son las otras cuatro estrellas, las que se encuentran al sur de
dicha constelación y que en realidad son cuatro buitres con la misión de devorar al
desgraciado hechicero en caso de que pudiera evadirse de los guardianes.

Estas siete estrellas fueron colocadas en el firmamento por la Luna que escribió así
permanentemente, este suceso en el Cielo para que se tuviera constante recuerdo del
hecho, algo así como un Código Penal eterno que perpetuara el robo y simbolizara el
castigo.
Y desde entonces nunca más la Luna se convirtió en mujer; y desde entonces nunca más la
Luna se volvió a enamorar; y desde entonces la Luna se tornó en perseguidora de ladrones
y en castigadora de malhechores.

2. El sol padre de los brujos

Para esta leyenda el Sol fue un brujo, el más sabio, el más poderoso y el más completo de
todos. Con la ciencia mágica de su brujería creó los Mundos y edificó los Cielos, que por su
aspecto redondeado semejan a las piedras mágicas; el mar a la mesa del sacrificio; los astros
las diferentes clases de imanes; las culebras maceradas los cometas; las yerbas del
conocimiento y el sopor que producen representan la noche y la “macana” la vara mágica
del poder.

El Sol en su calidad de brujo trabaja siempre de noche, para engañar a los Dioses, ya que si
éstos se dan cuenta de que abandona sus huestes celestiales, le despojarán de sus atributos
reales.

Símbolo de su poder mágico es la “macana”, especie de cetro, que por su semejanza


ostentan todos los Dioses de las más diversas mitologías y todas las Autoridades,
desfigurándolo o simbolizándolo, pero siempre bajo el mismo tipo y con idéntico objeto.

La “macana” es en realidad una especie de calabaza, que representa el poder mágico, la


autoridad del taumaturgo, la fuerza invisible; las piedras que dentro contiene y que al ser
agitadas, producen un crepitar especial tienen por objeto alejar, con su ruido, a los poderes
maléficos, llamando a las fuerzas del Bien, evidenciar “el daño” de los brujos y hacerlos
propicios para el sacrificio sagrado.

Los brujos, para seguir las primitivas enseñanzas del Sol, trabajan sólo de noche, en reserva;
cortan los malos vientos con una espada enmohecida y mocha; cogen las yerbas del
conocimiento a la media noche, en los sitios más abruptos de los cerros y para este fín
deberán ir solos, descalzos y caminando sobre los dedos de los pies.

Siendo, pues, la brujería una verdadera escuela de sabiduría primitiva, que según la leyenda
estableció el propio Sol, tuvo su máxima representación en las costas yungas y continúa
existiendo, como lado representativo de la forma sacerdotal de una religión y como
degeneración de las primitivas prácticas mágicas.

3. El Chiroque y la chilla

De este crisol de culturas que es la Costa hemos elegido un breve relato oral, “Leyenda del
chiroque y el chilala”, producido en la zona rural norte, una de las más calurosas del país,
en la que se desarrolla una agricultura de exportación (azúcar, arroz, algodón) de gran
volumen. En ese contexto existe, además, una rica fauna y dentro de ella una diversidad de
aves, a la que pertenecen las dos variedades que aparecen como protagonistas en la
leyenda que presentamos. Este texto pertenece a la literatura popular del departamento de
Lambayeque y lo podemos adscribir a la categoría de relato de origen, pues su propósito es
explicar la existencia y características de estas dos clases de aves, a las que se les atribuye
la condición de hijos del Sol, y por tanto ostentan un rango real. En cuanto al color de su
plumaje, ambos lucen el color amarillo, matiz sumamente connotativo y que expresa
visualmente su procedencia divina.

El conflicto en el relato tiene un carácter generacional y surge a partir del parecer de los dos
hermanos de que el Sol, a causa su vejez, ya debía descansar y por tanto uno de ellos estaba
llamado a reemplazarlo (el problema de la sucesión en el Poder). La diferencia residía en
que al chiroque le guiaba un afán altruista, mientras que en su hermano había una
“ambición desmedida” por ocupar el trono (aquí aparece el tópico de los hermanos
opuestos).

Cuando Dios se enteró de la conspiración, los expulsó de su reino celestial y los envió de
castigo a la Tierra para que allí añoraran “el amor y el poder perdidos, hasta la total
purificación de su culpa”. Y tomando en cuenta la “intención de cada cual” dosificó el castigo
de cada uno: al chiroque (el bueno) le dio un color más semejante al oro que el de su
hermano, por haber amado más a su padre; mandó que “ostentara plumas negras en
recuerdo del dolor que le produjo su desgracia”; estableció que “hiciera sus nidos en forma
de hamaca y con ramas y hojas, como probanza” de su bondad interior” y dictaminó “que
su canto fuese constante, por su fe, y melodioso en recuerdo a su felicidad perdida”.

A su vez, al chilalá lo castigó con “un plumaje amarillo pálido”, pues su amor había sido
interesado; sus nidos tendrían que ser sólidos y resistentes, para ampararse del miedo y de
sus propias maldades”; su canto carecería de armonía y belleza y debería escucharse, en
especial, “a la salida y a la puesta del Sol, su Padre, como prueba de reverencia y disciplinado
respeto”.

Sorprenden gratamente la brevedad, la simetría, la belleza, la sabiduría y el indudable


carácter ejemplarizador de esta deliciosa leyenda engendrada en el seno de la rica y creativa
cultura oral de la zona norte de Lambayeque. Si nos fijamos solo en la correspondencia
establecida entre el plano figurativo de lo perceptible y el plano connotativo del contenido,
veremos que el texto expresa, con arte, una visión del mundo acerca de temas tan
universales como la divinidad, el poder, el amor, el castigo, etc. Por ello, puede será
preciado por un ser humano de cualquier lugar y época.

4. El origen del mochica y del algarrobo

Se dice que desde hace mucho tiempo los genios del bien y el mal se encontraban peleando,
el motivo era la creación del hombre: el genio del bien quería crearlo, y el genio del mal no
lo permitía. En esta lucha cósmica llegaron a la Tierra, no habitaba nadie en ella, sólo el
algarrobo, que era una planta enclenque. Debido al agotamiento el genio del bien iba
perdiendo, pero; el algarrobo, extendió una de sus lianas y sujetó el pie del genio del mal,
permitiendo que el genio del bien gane. En recompensa el genio del bien decidió crear al
mochica sacándolo del algarrobo y llenándolo de virtudes, pero el genio del mal también
intervino y le llenó de defectos.

5. La mano peluda de Lambayeque

Cuenta la tradición que en la calle llamada Santa Catalina, hoy San Martín, cuadra
comprendida entre las calles Real y San Roque, que se conocía con el nombre de calle de la
Mano Peluda; todas las noches, una mano velluda y grasosa, llamaba indistintamente a todo
aquel que por ella transitara, llamado que después se convertía en signo de amenaza. Esa
mano aparecía primeramente por una de las dos ventanas de la antigua Escuela de la Patria,
que por tanto tiempo dirigiera el maestro Chanamé y después recorría toda esa cuadra, en
actitud de búsqueda y en ademán desafiante. Indagando sobre las causales de esta visión,
que era aceptada por los hombres, temida por las mujeres y terrorífica para los muchachos,
la tradición nos cuenta los siguientes hechos:

Fray Francisco Díaz de Cabrera fue el primer Obispo de Trujillo, pero debido al terremoto
que tuvo lugar en dicha ciudad el 14 de febrero de 1619, llamado el terremoto de San
Valentín, se trasladó a Lambayeque, estableciendo su sede en esa ciudad. A pesar de la
orden dada por el Virrey del Perú, Príncipe de Esquilache, para que regresara a Trujillo, el
Obispo Cabrera se resistió y desobedeció, habiendo muerto en Lambayeque, el 25 de abril
de 1619, siendo por lo tanto esta última ciudad, sede del Obispado de Trujillo por algo más
de dos meses.

Según parece, al Obispo Cabrera, que había instalado su oficina en la indicada Escuela dela
Patria, seguramente para estar más cerca de la Iglesia y de la Casa Parroquial, le había
mortificado profundamente la orden y no sólo la había desbedecido, sino que le había
enviado algunos recados y misivas poco afectuosas al Virrey, quien exasperado por tales
hechos le mandó decir que ya tendría "oportunidad de agarrarlo". En cambio, el Obispo que
contaba únicamente con sus prerrogativas canónicas, se contentó con responder: "Primero
lo agarraré yo", y pretendió formular un remedo de excomunión haciendo el signo
condenatorio, pero la muerte piadosa se lo llevó a la tumba, junto con su cólera y sus
deseos.

De aquí resulta claramente explicable por qué el Obispo, no habiendo podido "agarrar"
envida al Virrey, pretendía hacerlo ya muerto, y por cuya causa todas las noches, alrededor
delas diez, hora en que falleció el Obispo Cabrera, su mano peluda y gordiflona vaga en
búsqueda afanosa del Príncipe de Esquilache, quizá para darle algunos mojicones o tal vez
para hacerle el signo maléfico del anatema.

Con el fin de contrariar, hasta el mayor extremo al Virrey del Perú, el Obispo Cabrera, no
sólo no quiso regresar de Obispo a Trujillo, sino que tampoco quiso entrar allí en calidad de
cadáver y, para este fin, dio instrucciones precisas para que se le sepultara en la Iglesia de
Lambayeque.
Y en efecto, el Obispo de Trujillo, Fray Francisco Díaz de cabrera, se encuentra sepultado en
el altar del Rosario, como religioso dominico que era, entre la pared maestra que sostiene
el retablo y el camarín de la Virgen. Cuando el cura de Lambayeque, don Justo Modesto
Rubiños y de Andrade, en 1977, después de más de un siglo, hizo cambiar el retablo antiguo
por el nuevo, encontró el cadáver, con su mitra de cartón dorado y en el ataud las letras
siguientes: Y. R. D. D. F. F. C. E. I., que tradujo así: "Ilusstríssimo y Reverendísimo Señor
doctor don Fray Francisco Cabrera, Obispo de Trujillo".

6. Leyenda del cerro de la vieja

En Lambayeque cuentan los antepasados esta leyenda del cerro de la Vieja y del Viejo que
se encuentra en el centro de la carretera de Lambayeque a Motupe. Dicen que en el cerro
vivían un par de viejitos; y un día se les presentó Nuestro Señor Jesucristo en persona, y
como tenía sed, les pidió por favor le dieran agua. Los viejos le negaron; y entonces Nuestro
Señor Jesucristo, en castigo, los convirtió en cerros. Y dicen que cada año cae una piedra de
los cerros y que éstos lanzan sus quejidos.

7. El cerro chalpón y el cerro rajado

Los cerros Chalpón y Rajado, cercanos al pueblo de Motupe, fueron dos hermanos gemelos
que tuvieron idéntica creación y objeto, ya que eran centinelas avanzadas del Cielo,
guardianes de la Ley Divina y anunciadores del triunfo del bien. Como los hombres, nacieron
y vivieron, gozaron y sufrieron y morirían también.

El cerro Chalpón, además de la difundida devoción que existe por la cruz que posee, tiene
el privilegio de haber sido dedicado a Dios mientras su hermano, el cerro Rajado, se dedicó
al servicio del diablo.

Como pruebas evidentes de ello encontramos las siguientes creencias populares de la


región. En la falda del cerro Chalpón, que mira hacia Motupe, existe un jagüey o manantial
destinado a dar de beber a los ángeles que allí vivían. Ellos sembraron en ese sitio varias
cañas de Guayaquil, para que les ofrecieran sombra y les refrescara el ambiente, privilegios
de los que no gozaba el cerro Rajado, que por haberse entregado al diablo, es oscuro, tétrico
y negro.

Para su hogar y reposo, los ángeles construyeron la gruta y el jardín, la propia cueva, la cama
de piedra para su descanso y colocaron una cruz, no teniendo el cerro Rajado ninguno de
estos distintivos, fuera de la cruz.

El cerro Rajado lleva este nombre por ostentar una raya muy ancha, producida por un
sablazo que el arcángel Gabriel pretendió darle al diablo, pero el diablo al esquivarlo, cayó
sobre el cerro, produciéndole la raya que le sirve de distintivo, para que todo aquel que
viviera o visitara ese cerro sufriera su maligna influencia. Los mismos ángeles encantaron el
pozo que se formó por aquel sablazo, del que brota agua sucia y pestilente, y cuyo
encantamiento consiste en que lo que cae en él no podrá ser hallado jamás.
Como el cerro Chalpón se había dedicado a Dios, la cruz que se colocó es objeto de
adoración, devoción y fe, en prueba de triunfo de la verdad cristiana, con el agregado de
que cuando fuera encontrada por los hombres se convertiría en milagrosa intercesora entre
ellos y el Cielo.

En cambio, la cruz colocada en el cerro Rajado serviría para representar la influencia del
Mal, y estaba decretado que cuando fuera encontrada por los hombres, en previsión del
peligro que encerraba, se convertiría en tierra. De allí se explica el porqué cuando esta cruz
fue hallada, por los mismos que descubrieron la del cerro Chalpón, se convirtió en polvo en
sus manos, mientras que la del cerro Chalpón aún hoy es objeto de veneración, porque es
la cruz de Dios.

Así se encuentra simbolizada la dualidad de la ley eterna: premia a uno y castiga al otro, por
sus intenciones y acciones contrarias, cuando los dos cerros fueron hijos del mismo Padre
Dios.

8. Mito del dios kon

Kon es el antiguo dios costeño adorado como creador del mundo por importantes reinos
como Paracas y Nazca que lo representaban en finos tejidos y bellos huacos policromados.

Era un dios eminentemente volador, no tenía huesos, era rápido y ligero, y podía acortar
distancias a su antojo. En sus imágenes más conocidas se le puede ver volando, con
máscaras felínicas, pies replegados y portando un báculo, alimentos y cabezas trofeo.

Cuenta un mito que Kon, en los tiempos más remotos, pobló la tierra de seres humanos y
los colmó de abundante agua y frutos; pero sus criaturas olvidaron pronto las ofrendas que
le debían al padre creador. Kon los castigó quitándoles las lluvias y transformando las fértiles
tierras en los inmensos desiertos costeños. Kon sólo dejó algunos ríos para que con mucho
esfuerzo y trabajo los humanos puedan subsistir.

El dios Kon fue el creador de esta primera generación de hombres que poblaron la
tierra,pero un día fue vencido por el dios Pachacamac quien los convirtió en monos,
zorros,lagartos para luego crear una nueva generación de seres humanos.

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