La hormiguita
Fernán Caballero
VOZ 1: Había una vez una hormiguita tan primorosa, tan
concertada, tan hacendosa, que era un encanto. Un día que estaba
barriendo la puerta de su casa, se halló un ochavito. Dijo para sí: -
¿Qué haré con este ochavito? ¿Compraré piñones? No, que no los
puedo partir. ¿Compraré merengues? No, que es una golosina.-
VOZ 2: Pensolo más, y se fue a una tienda, donde compró un poco
de arrebol, se lavó, se peinó, se aderezó, se puso su colorete y se
sentó a la ventana. Ya se ve; como que estaba tan acicalada y tan
bonita, todo el que pasaba se enamoraba de ella. Pasó un toro, y le
dijo:
VOZ 3: -Hormiguita, ¿te quieres casar conmigo?-
-¿Y cómo me enamorarás? -respondió la hormiguita.
El toro se puso a rugir; la hormiga se tapó los oídos con ambas
patas.
-Sigue tu camino- le dijo al toro, -que me asustas, me asombras y
me espantas.-
VOZ 4: Y lo propio sucedió con un perro que ladró, un gato que
maulló, un cochino que gruñó, un gallo que cacareó. Todos
causaban alejamiento a la hormiga; ninguno se ganó su voluntad,
hasta que pasó un ratonpérez, que la supo enamorar tan fina y
delicadamente, que la hormiguita le dio su manita negra.
VOZ 1: Vivían como tortolitos, y tan felices, que de eso no se ha
visto desde que el mundo es mundo.
Quiso la mala suerte que un día fuese la hormiguita sola a misa,
después de poner la olla, que dejó al cuidado de ratonpérez,
advirtiéndole, como tan prudente que era, que no menease la olla
con la cuchara chica, sino con el cucharón.
VOZ 2: Pero el ratonpérez hizo, por su mal, lo contrario de lo que
le dijo su mujer: cogió la cuchara chica para menear la olla, y así
fue que sucedió lo que ella había previsto. Ratonpérez, con su
torpeza, se cayó en la olla, como en un pozo, y allí murió ahogado.
VOZ 3: Al volver la hormiguita a su casa, llamó a la puerta. Nadie
respondió ni vino a abrir. Entonces se fue a casa de una vecina
para que la dejase entrar por el tejado. Pero la vecina no quiso, y
tuvo que mandar por el cerrajero, que le descerrajase la puerta.
VOZ 4: Fuese la hormiguita en derechura a la cocina; miró la olla,
y allí estaba, ¡qué dolor!, el ratonpérez ahogado, dando vueltas
sobre el caldo que hervía. La hormiguita se echó a llorar
amargamente. Vino el pájaro, y le dijo:
VOZ 1: -¿Por qué lloras?-
Ella respondió:
-Porque ratonpérez se cayó en la olla.-
-Pues yo, pajarito, me corto el piquito.-
VOZ 2: Vino la paloma, y le dijo:-¿Por qué, pajarito, te has
cortado el pico?-
-Porque el ratonpérez se cayó en la olla, y que la hormiguita lo
siente y lo llora.-
-Pues yo, la paloma, me corto la cola.-
VOZ 3: Dijo el palomar:
-¿Por qué tú, paloma, cortaste tu cola?-
-Porque ratonpérez se cayó en la olla, y que la hormiguita lo siente
y lo llora; y que el pajarito cortó su piquito, y yo, la paloma, me
corto la cola.-
-Pues yo, palomar, voyme a derribar.-
VOZ 4: Dijo la fuente clara:
-¿Por qué, palomar, vaste a derribar?-
-Porque el ratonpérez se cayó en la olla, y que la hormiguita lo
siente y lo llora; y que el pajarito cortó su piquito; y que la paloma
se corta la cola; y yo, palomar, voyme a derribar.-
-Pues yo, fuente clara, me pongo a llorar.-
VOZ 1: Vino la Infanta a llenar la cántara.
-¿Por qué, fuente clara, póneste a llorar?-
-Porque el ratonpérez se cayó en la olla, y que la hormiguita lo
siente y lo llora; y que el pajarito se cortó el piquito, y que la
paloma se corta la cola; y que el palomar fuese a derribar; y yo,
fuente clara, me pongo a llorar.-
-Pues yo, que soy Infanta, romperé mi cántara.-
VOZ 2: Y yo, que lo cuento, acabo en lamento, porque el
ratonpérez se cayó en la olla, ¡y que la hormiguita lo siente y lo
llora!
FIN