Trabajo Edwin
Trabajo Edwin
Teoria se determina por la verificación para ser modificadas, AUNQUE DE EALLI ESTA SUJETO
los fundambentos que posee cada persona que aporta dicho proceso.
La ciencia es categorizada como conocimiento desde Aristoteles que planteaba que este era
cierto por sus causas hasta constituir la realidad
Platon plantea que primero surge la idea luego los objetivos del mundo sensible
Por otro lado el pensamiento episteme se reconocia por ser conocimiento reflexivo y se
oponía al conocimiento doxa,
99
Newton (1642-1727), Locke (1632-1704), Leibniz (1646-1716)
y Kant. El Novum Organum y la Gran instauración de las
ciencias de Bacon, el Discurso del método de Descartes, la
Reforma del entendimiento de Spinoza y la Búsqueda de la
verdad de Malebranche ofrecen observaciones interesantes
para el epistemólogo, aunque propiamente no pueden
considerarse como obras de epistemología. Sí se acercan más
al sentido actual de la epistemología el libro IV del Ensayo
sobre la inteligencia humana de Locke y en especial la
respuesta que le da Leibniz en sus Nuevos Ensayos. En el siglo
XVIII, la obra que mejor predice lo que será posteriormente la
epistemología es el Discurso preliminar a la Enciclopedia, de
D'Alembert.
Al respecto, cabe destacar que René Descartes (1596-
1650) pretendía instaurar un conocimiento cierto basado en la
existencia indudable de un sujeto pensante (la llamada “duda
cartesiana” y su cogito ergo sum: “pienso luego existo”), así
como avanzar gracias a ideas claras y distintas (método
cartesiano), dejando el papel de la experiencia en segundo
plano. No es de extrañar que en el campo de la ciencia, los
racionalistas destacaran en matemáticas, como el mismo
Descartes o Leibniz, creador junto con Newton del cálculo
infinitesimal.
Luego vino el empirismo. La corriente filosófica
iniciada por Francis Bacon (1561-1626) proponía un
conocimiento de la naturaleza empirista e inductista. Para
elegir entre teorías rivales no había que recurrir a la
argumentación, sino realizar un experimento crucial (instantia
crucis) que permitiese la selección. David Hume (1711-1776),
el principal filósofo empirista, subrayó aún más la importancia
de los hechos frente a las interpretaciones. Pero el
racionalismo y el empirismo clásicos destacaban
excesivamente uno de los aspectos de la ciencia (la
racionalidad o la experiencia) en detrimento del otro.
Después surgió el idealismo trascendental de Kant
(1724-1804), que intentó una primera síntesis de ambos
sistemas en la que el espacio y el tiempo absolutos de Newton
100
se convirtieron en condiciones que impone la mente para
poder aprehender el mundo externo.
Con posterioridad, dentro de la tradición empirista
Auguste Comte (1798-1857) propuso una filosofía, el
positivismo, en la que la ciencia se reducía a relacionar
fenómenos observables, renunciando al conocimiento de
causas. Ernst Mach (1838-1916) ejerció, con su empirismo-
criticismo, una gran influencia que preparó el nacimiento del
Círculo de Viena. Mach desarrolló una filosofía de orientación
empirista centrada en los conceptos y métodos de la ciencia.
Ésta debe estudiar sólo las apariencias (los fenómenos), de
forma que intentar estudiar algo que no se nos presenta
directamente a los sentidos es hacer metafísica. Coherente
con sus ideas filosóficas, Mach se opuso hasta el final a la
nueva teoría atómica, cuyo objeto es inalcanzable a la
experiencia.
b) Autores contemporáneos.
1) Escuelas.
En el siglo XX, la epistemología científica se agrupó en
tres movimientos: el neopositivismo lógico, el racionalismo
crítico y el pospopperianismo.
El neopositivismo lógico tuvo en Bertrand Russell
(1872-1970) y Ludwig Wittgenstein (1889-1951) sus dos
principales predecesores. Bajo su influencia, se formó en los
años veinte del pasado siglo el llamado Círculo de Viena, con
el que el positivismo se transforma en neopositivismo lógico y
toma cuerpo la primera gran escuela de epistemología
científica en el siglo XX. Los miembros más representativos de
esta escuela fueron Moritz Schlick (1882-1936), Otto Neurath
(1882-1945), Herbert Feigl (1902), Félix Kaufmann (1895) y
Rudolf Carnap (1891-1970). En el Congreso sobre
epistemología de la ciencia natural, en el año 1929, fue
elegido Schlick como presidente del Círculo. En Berlín se
formó pronto un nuevo centro de neopositivismo lógico a
ejemplo del de Viena, cuyos principales representantes fueron
Hans Reichenbach (1891-1953), Kurt Grelling y Walter
101
Dubislav (1895-1937). En 1931, Rudolf Carnap propició la
creación de otro centro de neopositivismo en Praga y el
filósofo inglés Alfred Jules Ayer (1910) introdujo el
neopositivismo lógico en Inglaterra.
El racionalismo crítico tuvo su origen en la
epistemología de Karl Popper. Esta corriente se entiende
como reacción crítica ante las directrices fundamentales del
neopositivismo lógico. El racionalismo crítico discutirá las
principales tesis del Círculo de Viena e instaurará una nueva
escuela de teoría de la ciencia que, desde 1934, en que
publica Popper su primera obra, se irá haciendo poco a poco
predominante e influirá en la evolución posterior de los
autores del Círculo (por ejemplo, en el mismo Carnap o en
Reichenbach). Entre los muchos discípulos de Popper pueden
citarse a Hans Albert o a John Watkins. La importancia de las
teorías popperianas se ha dejado notar en toda la teoría de la
ciencia de los años 50 y 60, e incluso en la actualidad, bien sea
como aceptación de las mismas, bien para construir otras
nuevas a partir de él.
Por último, se hallan los autores llamados
pospopperianos. Se caracterizan por presentar epistemologías
inspiradas preferentemente en el positivismo o en Popper,
aunque no se identifican totalmente con ninguno de estas
concepciones. Entre los principales autores pospopperianos
cabe citar a Thomas Kuhn, Paul Feyerabend, Irme Lakatos y
Norwood Russell Hanson.
2) Breve síntesis.
Durante el siglo XIX, un grupo de matemáticos
(Cauchy, Weierstrass) había emprendido un programa para
alcanzar un mayor rigor conceptual a las nociones
fundamentales de cálculo infinitesimal (límite, continuidad,
infinito matemático, etc.): el llamado proyecto de
“aritmetización del análisis”.
Sin embargo, otros pensadores como Frege (1848-
1925) y Cantor (1845-1918), que no coincidían en la
naturalidad de la base constituida por la aritmética, intentaron
102
llevarla a un fundamento más profundo, reduciendo el
concepto de número natural al concepto lógico de “clase”,
porque la lógica de las clases surgía como la tesis más
adecuada para la investigación sobre los fundamentos de la
matemática. Bertrand Russell escribió en “Principios de la
matemática”, que “matemáticamente, un número no es más
que una clase de clases equipotentes”. Pero Russell en
realidad quería postular que “la matemática y la lógica son
idénticas” y de que “toda matemática pura trata
exclusivamente de conceptos definibles en términos de un
número pequeñísimo de conceptos lógicos fundamentales”.
Russell mediante su vinculación con la obra de Frege y el
conocimiento de Peano sobre la técnica lógica, desarrolló el
programa de construir toda la matemática desde la lógica 135.
Russell (1872-1970) puso en crisis la teoría de Frege
cuando descubrió una antinomia que mostraba cómo una
proposición –legítima en los fundamentos aritméticos- era no
obstante contradictoria (la antinomia de clases). Luego se
formularon otras teorías, como la teoría axiomática de
conjuntos. Russell, convencido de que las contradicciones se
debían a un mal uso de lenguaje, propuso resolver estos
problemas con la “teoría de tipos”, la que se ciñe a
prescripciones de carácter lingüísticos.
Con posterioridad, Alfred Tarski (1902-1983) elaboró
un sistema formal sobre la base de la semántica: la “teoría de
los modelos”. Investigó las relaciones que pueden
establecerse entre los lenguajes formales y los conjuntos de
objetos sobre los cuales dichos lenguajes pueden ser
interpretados, de forma que den origen a proposiciones
verdaderas sobre esos objetos136.
En el ámbito de la física, se presenta un dualismo de
programas. Por un lado, las investigaciones de las primeras
135 Reale, Giovanni y Antiseri, Dario, Historia del Pensamiento Filosófico y
Científico, 3ª ed., Herder, 2005, t. III, pp. 843/844.
136 Reale y Antiseri, Historia del Pensamiento Filosófico y Científico, op. cit., t.
III, p. 848.
103
décadas del siglo XX se desenvolvieron a partir de la crisis de
la mecánica en su impacto con el electromagnetismo y
alrededor del paradigma relativista de Albert Einstein. Por
otro lado, en las últimas décadas del siglo XIX el estudio de los
fenómenos de interacción de la materia y las radiaciones
permitía el desarrollo de otro paradigma: el cuántico. Ambos
programas coinciden en algunos aspectos, pero se instalan en
diferentes planos de observación. Las dos indagaciones de la
realidad reconocen que la física clásica es una buena
aproximación en lo atinente a los valores de las magnitudes
físicas de la experiencia ordinaria. La teoría cuántica, empero,
es necesaria para examinar los fenómenos microscópicos, en
tanto que la relatividad a las velocidades y longitudes
extraordinarias (la astronómica)137.
La filosofía de la ciencia tuvo su epicentro, antes de la
Segunda Guerra Mundial, en la universidad de Viena, donde se
forjó un grupo importante de científicos. Entre ellos se
destaca el físico y filósofo Moritz Schelik (1882-1936), que
años más tarde dio origen al “Círculo de Viena” 138 junto con
Rudolf Carnap (1891-1970), Otto Neurath (1882-1945) y Hans
Hahn (1879-1934). Esta corriente de pensamiento que se
conoce como neopositivismo, positivismo lógico o empirismo
lógico139, se caracteriza por una actitud antimetafísica y por su
gran investigación del lenguaje, la estructura y métodos de las
ciencias naturales, así como los fundamentos de la
matemática.
Schlick fue llamado desde Kiel a la universidad de
Viena para encargarse de la cátedra de Filosofía de las ciencias
137 Reale y Antiseri, Historia del Pensamiento Filosófico y Científico, op. cit., t.
III, p. 849.
138 El Círculo comenzó cuando en 1924 Schlick entrevistó a Herbert Feigl y
Friedrich Waismann con la idea de formar un grupo de debate. Así
comenzaron los coloquios que contó con la presencia de físicos, matemáticos,
etc., como Frank, Hahn, von Mises, Neurath y su esposa, Kaufmann, Kraft,
Reidemeister, etc.
139 Fazio, Mariano y Fernández Labastida, Francisco, Historia de la filosofía,
Filosofía Contemporánea, ed. Palabra, 2004, p. 237.
107
Bachelard no acepta un criterio a priori idóneo para captar la
esencialidad de la cientificidad ni rechaza los aportes de la
historia.
Las características más destacadas de sus ideas son:
el filósofo debe ser contemporáneo de la ciencia de su
tiempo; la insuficiencia de las explicaciones del empirismo
tradicional como del racionalismo idealista; la ciencia es un
suceso esencialmente histórico; la ciencia presenta un
carácter social.
Bachelard advierte que la “ciencia no tiene la filosofía
que se merece”. La filosofía va siempre por detrás respecto de
los avances del conocimiento científico: “la epistemología
debe ser tan móvil como la ciencia”, para lo cual es necesario
estar dentro de las prácticas científicas y no limitarse a
juzgarlas desde afuera. Y si bien controvierte la filosofía de los
filósofos, no considera que la metafísica sea insensata o
indiferente para la ciencia.
Del lado del conocimiento científico observa que, a
diferencia de lo que ocurre en el ámbito vulgar, el mismo
progresa mediante sucesivas rectificaciones de las teorías
precedentes. El nuevo espíritu científico es una rectificación
del saber, una ampliación de los esquemas de conocimiento.
Su estructura es la conciencia de sus históricos errores.
El problema del conocimiento científico debe ser
planteado en términos de “obstáculos epistemológicos”: es
una idea que prohíbe y bloquea otras ideas (hábitos
intelectuales solidificados, la inercia que obliga al
estancamiento de las culturas, teorías científicas enseñadas
como si fuesen dogmas, etc.). Por ello, no se trata entonces de
obstáculos puramente externos ([Link]. la complejidad y la
fugacidad de los fenómenos, ni de la debilidad de los sentidos
y del espíritu humano).
Es el momento ahora de abordar el racionalismo
crítico de Karl Popper (1902-1994). Su pensamiento ha
ejercido una notable influencia en la filosofía de la ciencia
contemporánea, y también en otros ámbitos (especialmente
108
en el de la teoría socio-política)142. Su tesis filosófica es que
todo conocimiento humano es conjetural y falible, de tal
modo que nunca se pueden afirmar verdades definitivas (al
punto que su filosofía es incompatible con la existencia de
Dios y de una revelación sobrenatural).
Popper descubrió a partir de las teorías físicas de
Einstein, frente a las verdades incuestionables de la mecánica
de Newton y la electrodinámica de Maxwell, así como de la
actitud de aquél ante las de Marx, Freud y Adler, de que el
propio Einstein consideraba sus ideas como “insostenible si no
resistía ciertos tests: “He aquí una actitud totalmente
diferente de la actitud dogmática de Marx, Freud, Adler y aún
más de la de sus seguidores. Einstein buscaba experimentos
cruciales, cuyo acuerdo con sus predicciones en modo alguno
establecería su teoría; mientras que un acuerdo, como él
mismo fue el primero en señalar, mostraría que su teoría era
insostenible. Esta, pensé, era la verdadera actitud científica.
Actitud completamente diferente de la actitud dogmática que
constantemente pretendía hallar ‘verificaciones’ para sus
teorías favoritas. De este modo llegué, hacia el final de 1919, a
la conclusión de que la actitud científica era la actitud crítica,
que no buscaba verificaciones, sino contrastaciones cruciales;
contrastaciones que podían ‘refutar’ la teoría contrastada,
aunque nunca podrían establecerla”143.
He aquí el núcleo central de su actitud filosófica: la
“actitud crítica”. En lo esencial consistirá en no dar nunca un
valor definitivo al conocimiento de la realidad, y en buscar
siempre la manera de refutar los conocimientos ya adquiridos
como medio de progresar: Popper creyó descubrir en la
ciencia física el modelo de actitud crítica.
A partir de ello se convenció del carácter hipotético
de todas las teorías científicas. Al mismo tiempo, concibió la
idea de que en la mayoría de los procesos de aprendizaje
142 Artigas, Mariano, Karl Popper: Búsqueda sin término, ed. E.M.E.S.A., 1979,
p. 7.
143 Texto transcripto de Artigas, Karl Popper..., op. cit., p. 16.
109
consisten en la formación de teorías o conjeturas que tienen
siempre una fase “dogmática” y a menudo “crítica” -la
psicología del descubrimiento-, considerando a este método
de formación como un método por ensayo y error. Aplicando
luego estas ideas a la teoría de la ciencia, resultaba que el
pretendido método inductivo de la ciencia tenía que ser
reemplazado por el método de ensayo –dogmático- y
eliminación –crítica- de error, que era el modo de
descubrimiento de todos los organismos.
De esta forma, Popper concibió una tesis de
conocimiento, aplicable tanto al ordinario como al científico, y
que venía a ser como una proyección al ámbito de los
problemas del conocimiento de los procesos de adaptación de
los organismos frente a las condiciones de vida en que se
encuentran. Según Popper, todo conocimiento seguiría el
mismo proceso básico: ante una situación determinada
(problema) se conjetura una teoría que se somete a
confrontación con la experiencia, y el choque de la teoría con
la experiencia determinará las sucesivas correcciones a que se
hayan de someter las teorías (eliminación de error), creándose
así una situación problemática que dará lugar a otro proceso
semejante, y así sucesivamente: la diferencia con el
conocimiento vulgar, estaría dado que en el científico las
teorías son elaboradas de un modo especial y las
contrastaciones experimentales se realizan de modo
sistemático144.
En cuanto a su trabajos, se destaca el libro publicado
en 1934 “La lógica de la investigación científica” donde
expone su teoría falsificacionista como basamento
epistemológico racional de la investigación científica. No
obstante la influencia del Círculo de Viena, Popper no
perteneció a él, al contrario, Carnap y Neurath lo estimaban
como la “oposición oficial” de su escuela neopositivista. Más
tarde escribió “Conjeturas y confutaciones” (1963),
“Conocimiento objetivo: un enfoque evolucionista” (1972),
144 Artigas, Karl Popper..., op. cit., p. 20.
110
“Búsqueda sin término” (1974, su autobiografía), etcétera.
Entre sus discípulos se destacan Imre Lakatos y Paul
Feyerabend.
El falsacionismo, sin embargo, presenta en común
con el neopositivismo que único conocimiento válido es la
ciencia, aunque descarta la verificación empírica como criterio
de validez de una proposición o teoría científica. Basa su tesis
en los argumentos de Hume en contra del valor de la
inducción o generalización como medio para expresar
afirmaciones acerca de la realidad que pretendan ser
verdaderas145. Según Popper, la inducción no puede ser
justificada en modo lógico, no resulta procedente la
verificación de una teoría simplemente acumulando y
sistematizando observaciones empíricas. La condición de
cientificidad de una teoría no reside en que pueda ser
verificada en observaciones experimentales, sino más bien en
lo contrario, es decir, en el hecho de que las afirmaciones de
la ciencia siempre están abiertas a la posibilidad de ser
refutadas por la experiencia. De ahí que el método de la
ciencia parte de las conjeturas que la razón hace para resolver
los problemas planteados en la experiencia, y no el método
inductivo ([Link]. el clásico ejemplo de los cisnes blancos) 146.
En lo que respecta a las ciencias sociales, Popper
afirma que si no pretenden convertirse en pseudo-ciencias,
tienen que proceder utilizando el método de conjeturas y
sometiendo sus resultados a un posible rebatimiento
empírico, como el caso de las ciencias naturales 147.
Popper define una teoría científica como un sistema
de suposiciones o conjeturas acerca del mundo que no se
puede demostrar verdadera como tal, pero cuyas hipótesis
pueden ser sometidas a pruebas experimentales que permiten
comprobar su solidez o verosimilitud, dejando siempre abierta
145 Gaeta, Rodolfo, Gentile, Nélida y Lucero, Susana, Aspectos críticos de las
ciencias sociales. Entre la realidad y la metafísica, ed. Eudeba, 2007, p. 21.
146 Cfr. Fazio y Fernández Labastida, Historia de la filosofía, op. cit., pp.
242/243.
147 Adorno y Habermas criticaron esta tesis de Popper de positivista.
111
la puerta a la posibilidad de mostrar que es falsa 148. Cuando
una teoría se demuestra falsa, es reemplazada por otra serie
de conjeturas que explican mejor los hechos conocidos y
amplían el horizonte, abriendo la investigación a nuevos
problemas que reclaman ser resueltos con los instrumentos
que proporciona la nueva teoría. De esta manera, el
conocimiento progresa mediante el método de prueba y error,
mediante la sucesión de conjeturas y confutaciones.
Así, la ciencia evoluciona en la historia, a través de
una cierta “selección natural”: las teorías científicas
sobreviven mientras son capaces de dar respuestas y
solucionar problemas, y son dejadas de lado cuando los
hechos las descalifican. El fin de la ciencia es pues desarrollar
mejores teorías que describan y expliquen los hechos de
experiencia, y de este modo sean más verosímiles 149.
La epistemología popperiana incitó una nueva
generación de filósofos de la ciencia, muy diversos entre sí,
que se animaron a exploran medios nuevos de conocimiento.
Entre los autores más destacados se encuentran Imre Lakatos
(1922-1974)150, el que propone una metodología más
sofisticada de los programas de investigación; Paul
Feyerabend (1924-1994)151, quien entiende a las
transgresiones de las normas establecidas como el auténtico
motor del progreso científico; Michael Polanyi (1891-1976), el
que propone una epistemología realista basada en la creencia
natural del hombre de que el universo es una realidad en sí
148 Popper, Karl, Búsqueda sin término, ed. Tecnos, 1977, pp. 79/80; Cfr. Fazio
y Fernández Labastida, Historia de la filosofía, op. cit., p. 244.
149 De esta manera, sin negar explícitamente la noción realista de verdad,
sustituye ese ideal del saber científico por el de verosimilitud, que es solo una
aproximación (Cfr. Fazio y Fernández Labastida, op. cit., p. 245).
150 Uno de sus trabajos principales es “La metodología de los programas de
investigación científica” (ed. Alianza Universidad, 1983).
151 La obra más destacado de Feyerabend es el “Contra el método: esquema
de una teoría anarquista del conocimiento”, ed. Folio, trad. Francisco Hernán,
2000. “Tratado contra el método: Esquema de una teoría anarquista del
conocimiento”, ed. Tecnos, 2003.
112
mismo inteligible152; Thomas Kuhn (1922-1996), quien en su
conocido trabajo “La estructura de las revoluciones
científicas” sostuvo que la historia no muestra un progreso
continuo del conocimiento científico, en el cual se suceden
teorías cada vez más verosímiles, sino más bien una evolución
discontinua o a saltos, en los que cambia no solo la cantidad o
calidad del conocimiento, sino también el modo de concebir la
ciencia misma153.
Lakatos se vale de las ideas del racionalismo crítico de
Popper, principalmente, la convicción de que el desarrollo del
conocimiento científico es racional y que es precisamente la
crítica la actitud o medio para tal crecimiento. Asimismo
adopta de Kuhn el empeño de los que hacen ciencia y la
importancia de contextualizar la explicación del crecimiento
de la ciencia, mas no adhiere a la tesis relativista kuhniana
acerca de cómo se da dicho crecimiento. Por otra parte, Imre
Lakatos crítica también la ingenuidad del falsacionismo
popperiano y de sus “experimentos cruciales”, y su falta de
contextualización de la explicación del crecimiento científico a
partir del choque entre las conjeturas y sus correspondientes
refutaciones.
Feyerabend, en su prefacio a su libro “Contra el
método”, nos dice que su ensayo ha sido escrito desde la
convicción de que el anarquismo puede procurar, sin duda,
una base excelente a la epistemología y a la filosofía de la
ciencia. La historia de las revoluciones es más rica y variada en
contenido, más viva y sutil de lo que incluso el mejor
historiador y el mejor metodólogo pueden imaginar.
Accidentes y coyunturas, y curiosas yuxtaposiciones de evento
152 Uno de sus principales libros es Conocimiento Personal (“Personal
Knowledge: Towards a Post-Critical Philosophy”, University of Chicago Press).
En esta obra cuestiona la idea predominante (neopositivismo), según la cual el
método científico permite alcanzar la verdad de modo “mecánico” al
científico. En cambio, en su pensamiento postula que todo el conocimiento es
personal, y como tal depende de suposiciones falibles. Asevera que la
objetividad absoluta (objetivismo) es una falsa ilusión.
153 Cfr. Fazio y Fernández Labastida, Historia de la filosofía, op. cit., p. 249.
113
son la sustancia misma de la historia, y la complejidad del
cambio humano y el carácter impredictible de las últimas
consecuencias de cualquier acto o decisión de los hombres. De
este carácter del proceso histórico se siguen dos importantes
conclusiones prácticas: primera, que, para llevar a cabo su
tarea, la clase revolucionaria debe ser capaz de dominar
todas las formas y aspectos de la actividad social, sin
excepción; segunda, la clase revolucionaria debe estar
preparada para pasar de una a otra de la manera más rápida e
inesperada. Las condiciones externas -escribe Einstein-, que se
manifiestan por medio de los hechos experimentales, no le
permiten al científico ser demasiado estricto en la
construcción de su mundo conceptual mediante la adhesión a
un sistema epistemológico. Por eso tiene que aparecer ante el
epistemólogo sistemático como un oportunista poco
escrupuloso.
Y añade Feyerabend, la diferencia entre teoría
epistemológica y práctica científica que emerge de estas citas
se formula usualmente como una diferencia entre reglas o
estándares ciertos e infalibles (o, en cualquier caso, claros,
sistemáticos y objetivos) y nuestras falibles e inciertas
facultades que parten de aquéllos y caen en el error. La
ciencia como debería ser, ciencia del tercer mundo, está de
acuerdo con las reglas que acaban de ser denunciadas como
peligrosas. La ciencia como realmente la encontramos en la
historia es una combinación de tales reglas y de error. De lo
que se sigue que el científico que trabaja en una situación
histórica particular debe aprender a reconocer el error y a
convivir con él, teniendo siempre presente que él mismo está
sujeto a añadir nuevos errores en cualquier etapa de la
investigación. Necesita una teoría del error que añadir a las
reglas ciertas e infalibles que definen la «aproximación a la
verdad.
En suma, Feyerabend piensa que no es necesario
adoptar una metodología rígida para ejercer una ciencia, más
aún, entiende que es mejor la libertad de procedimiento (una
114
anarquía basada en reflexiones e inferencias)154. De la misma
manera piensa que el conocimiento científico no es algo
perfecto y elevado, si no que intenta señalar que la ciencia
puede estar alcance de cualquier persona. El libro de “Contra
el método” se propone ser deliberadamente provocador, con
respecto a los esfuerzos de Lakatos y sobre todo de Popper
para construir un aparato ordenado de reglas que permita
guiar los procedimientos y las decisiones del científico
“militante”.
Polanyi estima que el acto cognoscitivo no es una
construcción de la subjetividad, sino un encuentro de la
persona con la realidad, que se abre a la experiencia. Sostiene
que todos los modos de conocer, incluyendo el conocimiento
científico, se originan en la pasión intelectual que lo impulsa a
entrar en contacto con el ser mismo de la realidad. Ese
contacto se da en un principio a través del conocimiento
“tácito”: es la intuición o experiencia originaria del mundo,
que todavía no ha sido formalizado y por ende es pre-reflexivo
y pre-lingüístico. La filosofía y la ciencia, partiendo de este
conocimiento, explicitan su contenido con el fin de
aprehender con mayor rigor y profundidad la realidad 155.
Kuhn observó, en su tesis, que a lo largo de la historia
de la ciencia ocurren períodos más o menos extensos en los
que el conocimiento científico se desarrolla en modo gradual,
explicitando los contenidos y virtualidades de las teorías
científicas en auge. Empero, en un momento dado la ciencia
entra en un período de crisis: en el seno de la comunidad
científica se empieza a perder la confianza en la capacidad de
las teorías vigentes para dar respuesta a los problemas que la
investigación plantea (por ej. en la astronomía). Este período
es un momento de revolución científica, en el que un nuevo
modo de hacer ciencia entra en competencia con el anterior,
154 En rigor de verdad Feyerabend no controvierte la importancia de la razón,
al contrario, la considera una herramienta útil para la práctica. Empero, deja
en claro que la razón no es suficiente, por lo que requiere ser complementada
con la praxis.
155 Cfr. Fazio y Fernández Labastida, Historia de la filosofía, op. cit., p. 248.
115
constituyéndose paulatinamente como nuevo esquema
regulador del quehacer científico. Y cuando la mayoría de la
comunidad científica adopta este nuevo modo de proceder,
da inicio a un nuevo periodo de crecimiento normal del
saber156.
Kuhn llama paradigma a la visión del mundo que la
comunidad científica comparte durante el tiempo de ciencia
estable (que llama ciencia normal157), el cual está conformado
por un complejo órgano de teorías científicas, por las cuales se
intenta explicar de modo coherente los hechos conocidos
(Reale, Antiseri, Fazio, Fernández Labastida).
En sus propias palabras: “Con este término quiero
indicar conquistas científicas universalmente aceptadas, que
durante un tiempo determinado brindan un modelo de
problemas y soluciones aceptadas a aquellos que trabajan en
un campo de investigaciones” (La estructura de las
revoluciones científicas, 1962). Aunque es de destacar que
Kuhn utiliza la voz paradigma en más de un sentido.
El paradigma representa, fundamentalmente, una
manera de ver el mundo (importa, por ello, una teoría
historicista). Incluye componentes teóricos, definiciones
implícitas de los términos, compromisos metafísicos, valores y
metodologías de investigación que le son propios. El
paradigma fija una perspectiva para observar y comprender el
mundo, y determina no sólo cuales son los problemas a
resolver sino, también, el espectro de soluciones
admisibles158.
Los factores que confluyen en un cambio de
paradigma son heterogéneos, y no se ciñen a
156 Cfr. Gaeta, Rodolfo, Gentile, Nélida y Lucero, Susana, Aspectos críticos de
las ciencias sociales. Entre la realidad y la metafísica, ed. Eudeba, 2007, pp.
24/29. Fazio y Fernández Labastida, op. cit., p. 249.
157 La ciencia normal es acumulativa (se construyen instrumentos más
potentes, se efectúan mediciones más exactas, se amplía la teoría en otros
terrenos, etc.) y el científico normal no busca la novedad.
158 Gaeta, Gentile y Lucero, Aspectos críticos de las ciencias sociales, op. cit.,
pp. 24/25.
116
argumentaciones científicas. En las razones que impulsan a los
científicos a adoptar una nueva teoría se unen motivos
religiosos, metafísicos, sociales y hasta políticos. Para Kuhn los
distintos paradigmas son inconmensurables entre sí, pues
reflejan modos distintos de ver la realidad. Rechaza, al mismo
tiempo, que la evolución de la ciencia sea un proceso
teleológico ([Link]. que las teorías sean más verosímiles, como
Popper). La única explicación es la retrospectiva.
Las ideas de Kuhn sobre el desarrollo de la ciencia
fueron criticadas por el mismo Popper en su libro “Ciencia
normal y sus peligros” (1966), por cuanto la ciencia normal
existe normalmente, aunque es la actividad del profesional no
revolucionario, no demasiado crítico: “del cultivador de
disciplinas científicas que acepta el dogma predominante en
su época, no quiere ponerlo en discusión y acepta una nueva
teoría revolucionaria sólo si casi todos los demás se hallan
dispuestos a admitirla, es decir, si se convierte en moda por
una especie de arrebatador consenso universal”. Además
cuestiona la tesis de la imposibilidad de comparar los
paradigmas; dice que es un mito; que en nuestro tiempo
constituye un “baluarte del irracionalismo”. También
cuestiona que el esquema propuesto sólo puede ser útil para
la astronomía, pero para las ciencias de la materia o de la
ciencia biológica, por ejemplo a partir de Darwin y de Pasteur.
Otra de las críticas fue formulada por el epistemólogo
JohnWatkins (1924-1999). Entiende equivocada la idea de que
la comunidad de los científicos sea como una secta religiosa y
no como una sagaz aunque ordenada república de hombres
de ciencia. Asimismo, Irme Lakatos cuestiona la idea de un
paradigma que domine casi de manera teológica la comunidad
científica, y en contra del pensamiento de que el desarrollo de
la ciencia debería progresar a través de sucesivas catástrofes:
Lakatos propone la idea de que la ciencia ha sido y es una
competencia entre programas rivales de investigación. Para
entender cómo avanza una ciencia, Lakatos entiende que es
una “sucesión de teorías y no una única teoría lo que hay que
evaluar como científica o pseudocientífica”.
117
Cabe también acotar algunas pinceladas sobre Larry
Laudan (nació en Austin, Texas, en 1941). Es un filósofo
contemporáneo de la ciencia y epistemología. Este pensador
afirma que la ciencia “propone de manera fundamental la
solución de problemas”. En su libro “El progreso científico”
(1977) desarrolló las implicancias, tanto para la historia como
para la filosofía de la ciencia, del análisis concebido de esta
perspectiva: la ciencia como una actividad dedicada a la
solución de problemas.
Sus postulados básicos son: el problema resuelto,
empírico o conceptual, es la unidad básica del progreso
científico; el propósito de la ciencia consiste en maximizar el
alcance de los problemas empíricos resueltos y reducir el
alcance de los problemas empíricos anómalos, y de los
conceptuales no resueltos. El control cognoscitivo
fundamental para toda teoría consiste en determinar su
aptitud para solucionar problemas empíricos y conceptuales.
Al referirse a las teorías, señala dos cuestiones: a) la
evaluación de las teorías es un proceso comparativo; y b) las
teorías no viven de forma aislada. Su pensamiento nos lleva a
la idea de paradigmas de Kuhn y a los programas científicos de
investigación de Lakatos, convencido de que las teorías más
generales son un instrumento clave para la comprensión y la
apreciación del progreso científico.
Finalmente, debo mencionar a Mario Bunge, nacido
en Buenos Aires en 1919 y reside en Montreal, Canadá, desde
1966. Se graduó en la Universidad Nacional de La Plata y
obtuvo un Ph.D. en ciencias físico-matemáticas. Fue profesor
de teoría física y de filosofía. Actualmente es profesor en
lógica y metafísica en McGill University en Montreal. Publicó
numerosísimas obras, pero la más relevante es su Tratado de
filosofía (Treatise on Basic Philosophy), cuyo contenido es
amplísimo: semántica, ontología, gnoseología y la ética.
Es un defensor acérrimo del realismo científico y un
gran crítico de las pseudo-ciencias, entre las que incluye al
psicoanálisis, la homeopatía, la microeconomía neoclásica (u
ortodoxa) entre otras, además de sus críticas contra corrientes
118
filosóficas como el existencialismo, la fenomenología, el
posmodernismo, la hermenéutica y el feminismo filosófico.
Ha trabajo incesantemente en la filosofía de la ciencia
y epistemología, preocupándose por el conocimiento
elaborado por la ciencia y, especialmente, por su método.
Aunque como Laudan, estima que la investigación científica
debe ocuparse de “problemas”: una investigación científica
arranca con la percepción de que el acervo disponible es
insuficiente para manejar ciertos problemas159.
El mismo ha descripto su concepción filosófica. En el
confluyen el realismo, principalmente, y también el
cientificismo, el materialismo y el sistemismo 160.
Bunge considera que la “epistemología” (o “filosofía
de la ciencia”) es la rama de la filosofía que estudia la
investigación científica y su producto, el conocimiento
científico161. Señala que hasta medio siglo atrás, la
epistemología era sólo un capítulo de la teoría del
conocimiento o gnoseología. Aún no se advertían –dice- los
problemas semánticos, ontológicos, axiológicos, éticos y otros
que se presentan tanto en el curso de la investigación
científica como en el de la reflexión metacientífica. Entre los
problemas actuales que ocupan a esta disciplina menciona a:
a) Los semánticos: cuál es el contenido fáctico de una
teoría; en qué consiste la interpretación fáctica de una teoría
159 Bunge, Mario, La investigación científica, 3ª ed., Siglo XXI Editores, 2004, p.
3 y ss.
160 Cfr. Bunge, Mario, A la caza de la realidad. La controversia sobre el
realismo, ed. Gedisa, 2007. El realismo científico de Bunge abarca los aspectos
ontológicos (las cosas tienen existencia independientemente de que un sujeto
las conozca), gnoseológicos (la realidad es inteligible) y éticos (hay hechos
morales y verdades morales objetivas) de su pensamiento. El cientificismo es
la concepción que afirma que el mejor conocimiento sobre la realidad es el
que se obtiene a través de la aplicación del método de investigación científica.
El materialismo sostiene que todo lo que existe es material, o sea materia y
energía. El sistemismo, finalmente, es la perspectiva de que todo lo que existe
es un sistema o parte de un sistema.
161 Bunge, Mario, Epistemología, ed. Siglo Veintiuno Editores, 4ª ed., 2004, p.
21.
120
cual, por la índole objetiva de la experiencia y la posibilidad
del acceso (directo o indirecto) a los objetos, son factibles la
indagación y la comprobación plurales163.
Hoy en día, sin embargo, no existe una idea única
acerca de la ciencia, ni hay acuerdo entre los científicos sobre
su concepto. La ciencia, según se ponga el acento en un
aspecto u otro, puede ser: 1) un conjunto de verdades
demostradas que eventualmente contiene hipótesis todavía
no probadas; 2) aquella actividad humana en la que se busca
un conocimiento de la naturaleza que permita obtener un
dominio controlado de sí misma; y 3) una actividad
cognoscitiva cuyos contenidos teóricos se relacionan de modo
lógico y coherente con datos controlables mediante la
experimentación.
A partir de estas perspectivas se habla de diversos
aspectos de la ciencia, a saber: 1) como una actividad humana
(en vistas de objetos); 2) como los medios para alcanzar tales
objetos (específicos): “los métodos científicos”; y 3) como la
aplicación de los métodos científicos (proporcionan
“resultados”: contenidos teóricos; enunciados acerca de los
hechos, leyes experimentales y sistemas teóricos).
Por otra parte, las ciencias fácticas (experimentales)
presentan el problema de la validez de las construcciones
teóricas. Como veremos más adelante, autores como Popper
sostienen que nunca pueden demostrarse las teorías
científicas. La comprobación empírica proporciona
indicaciones imprescindibles para juzgar el valor de las teorías,
pero éstas son siempre conjeturales y nunca se convertirán en
verdaderas definitivamente demostradas (conocimiento
objetivo).
Pues bien, más allá de estos verdaderos dilemas
teóricos, lo cierto es que se puede caracterizar a la ciencia
como una actividad organizada bajo dos concepciones.
Para la concepción tradicional, se trata de un
Romero, Francisco, Lógica e introducción a la problemática filosófica, 4ª
163