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Llorando, Pero Sembrando La Preciosa Semilla

El documento resume un salmo bíblico sobre sembrar con lágrimas pero cosechar con alegría. Explica que aunque los israelitas regresaron a su tierra llorando por las ciudades destruidas, sembraron a pesar de sus lágrimas. Luego volvieron con alegría trayendo una abundante cosecha. El salmo enseña que aunque haya dificultades, debemos continuar trabajando para el Señor con esperanza en una futura recompensa.

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Llorando, Pero Sembrando La Preciosa Semilla

El documento resume un salmo bíblico sobre sembrar con lágrimas pero cosechar con alegría. Explica que aunque los israelitas regresaron a su tierra llorando por las ciudades destruidas, sembraron a pesar de sus lágrimas. Luego volvieron con alegría trayendo una abundante cosecha. El salmo enseña que aunque haya dificultades, debemos continuar trabajando para el Señor con esperanza en una futura recompensa.

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LLORANDO, PERO SEMBRANDO LA PRECIOSA SEMILLA

(Sal. 126:5 y 6).


«Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la
preciosa semilla; mas volverá con regocijo, trayendo las gavillas»
¡Qué versículo más espléndido! Ha sido una inspiración para el obrero creyente desde que fue
escrito por el buen rey Ezequías hace dos milenios y medio.

Puede ser llamado un proverbio inspirado. Ha encontrado entrada en la literatura general, y es


citado frecuentemente con diversos propósitos. Es en realidad una profecía, cumplida muchos
tiempos en la historia de Israel, y espera un pleno y más grande cumplimiento en el futuro.

Pero de entrada presenta un problema. Porque ¿quién ha oído de un sembrador lloroso, de un


granjero u hortelano llorando mientras sembraba? Generalmente, esta tarea se lleva a cabo
con un espíritu de alegría y de abundante esperanza. Lo cierto es que nunca se «siembre con
lágrimas» aunque puedan «segar con regocijo». Esto nos presenta un problema.

Pero la clave de la respuesta es muy sencilla. Estudiando el Salmo entero, el problema quedará
contestado fácilmente. Es un Salmo de cautividad, o más bien un Salmo del regreso de la
cautividad. «Cuando Jehová hizo volver la cautividad de Sion, estábamos como los que
sueñan.» Las nuevas de la inminente emancipación parecían demasiado buenas para ser
verdaderas.
Pero la profecía se cumplió. «Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de
alabanza.» Incluso los paganos exclamaron: «Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos», tan
patente era obra del Señor la liberación de ellos.

Cuando los felices libertados oyeron esto, exclamaron todos a una: «Grandes cosas ha hecho
Jehová con nosotros; estamos alegres».

Alegres, gozosos, triunfantes, volvieron a su tierra amada. Pero el espectáculo de las ciudades,
villas y aldeas asoladas y de los viñedos devastados abrió la fuente de las lágrimas, y el duelo
ahogó el nuevo gozo. Pero ahí está el fondo de la cuestión: ¿Se abandonaron a sus dolores?
¿Abrigaron sus penas en sus brazos? No, nada de esto.
Aunque con llanto, comenzaron sus trabajos para remediar aquel triste estado de cosas.
Araron y cavaron, y sembraron, aunque con lágrimas.

Aunque se fueron llorando, sin embargo llevaron consigo sus cestos de semillas, llevando la
preciosa semilla. Y así, al cabo de un tiempo, volvieron «con regocijo, trayendo sus gavillas».

No es difícil ver la aplicación. Muchos hombres de negocios hoy día hacen frente a la ruina. Un
buen negocio, resultado de años de trabajo, ha dejado de existir. ¿Qué, entonces? ¿Debe el
desafortunado abandonarse a la desesperación? No, sino que, aunque con lágrimas, se deben
reemprender las viejas tareas.

El día después del calamitoso incendio de Chicago (El Gran Incendio de Chicago se inició el día
8 de octubre y fue controlado tres días después, el 10 de octubre de 1871. El fuego produjo
grandes pérdidas destruyendo alrededor de 9 km² de la ciudad, matando a 300 personas y
dejando sin hogar a más de 100 000 residentes) Se encontró este cartel sobre las ruinas
ennegrecidas de una tienda antes próspera: «Todo se ha perdido, ¡menos la esposa, los hijos
y la esperanza! Mañana se reanudan las actividades como de costumbre». ¡Maravilloso!

A veces, los conductores de actividades cristianas se encuentran, sin culpa suya, con que el
trabajo de años queda deshecho. ¿Qué entonces? No se debe abandonar la esperanza, sino
que se debe tomar el cesto de las semillas, y reanudar las tareas familiares, con la certidumbre
de una cosecha abundante.

¿No tenemos aquí un mensaje? Sí, un mensaje para creyentes derrotados y desalentados,
dolidos por su estado recaído, y por la desolación y ruina en sus vidas y experiencias.

Si se hace confesión de pecado, no solo habrá perdón, sino que en Jesucristo hay una plena y
total liberación, y la restauración de los años que se comió la langosta. Los tales pueden, más
aún, deben, retomar las antiguas y benditas tareas familiares en el servicio del Señor, sabiendo
que «los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán».
Hay siete hechos tocantes al obrero cristiano que deben ser notados al ponderar esta
Escritura.

I. Su actividad. «Irá andando.» Dios tiene una obra para que todos la llevemos a cabo. Felices
seremos si las tareas que ocupan nuestro tiempo y pensamiento están designadas por Dios.

II. Su desprendimiento. «Irá andando.» Bien dispuesto a dejar los cómodos sillones y el
caliente fuego de la chimenea ante la llamada del deber, recordando que no puede haber
logros sin dolor.

III. Su sinceridad. «Irá andando y llorando.» Es decir, emprendiendo las tareas asignadas no de
una manera formal y seca. Haremos nuestra tarea no de una manera seca y formal, sino de
corazón y de buena gana. El sufrimiento es el precio de todo verdadero progreso.

IV. Sus recursos. «El que lleva la preciosa semilla.» La semilla es la Palabra de Dios. Su preciosa
verdad ha de ser sembrada en fidelidad y confianza. ¡Qué glorioso cesto de semillas tenemos
en la Palabra de Dios.

V. Su certidumbre. «De seguro» (V.M.). Dale vueltas a esta palabra: sin duda alguna, con toda
certidumbre. Podemos salir andando con la total certidumbre de una cosecha gloriosa.

VI. Su alegría. «Volverá a venir con regocijo.» El gozo de la cosecha es ciertamente un


verdadero gozo.

VII. Su recompensa. «Trayendo sus gavillas». Acudiendo ante el gran Trono de Recompensas
no en solitario, no con las manos vacías. Qué recompensa por un servicio sacrificado!

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