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Cyberpunk Rol

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Martin Peralta
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░▒▓█►─═ 𝙴𝚜𝚝𝚊𝚏𝚊𝚜, 𝚎𝚗𝚌𝚞𝚎𝚗𝚝𝚛𝚘𝚜 𝚢 𝚎𝚍𝚒𝚜 ═─◄█▓▒░

ㅤㅤ ㅤ ㅤㅤ ╭─━━━━━━━━━━━─╮

ㅤㅤ ㅤ ㅤㅤ ㅤ ㅤㅤ 💉 ᕼOTᒪIᑎE 💉

ㅤㅤ ㅤ ㅤㅤ ╰─━━━━━━━━━━━─╯

Apenas y se encontraba consciente, al borde del desangramiento. Aún de pie, tambaleante. Su


biomonitor lanzaba alertas constante, alertas renegadas a una pequeña esquina de la visión del
asiáticos. El pitido aún resonaba en sus metálicos oídos y ¿Qué podía esperar? Si mientras sostenía
a un malnacido del cuello alcanzó a desplegar un cañón de brazo que casi le vuela los sesos, unos
reflejos especialmente pulidos en combinación de una potente droga le permitió dar esquinazo a
la muerte una vez más.

Sus orbitas empiezas a deambular, a perder el foco y en un protocolo de acto reflejo su mano va
hacia su chaqueta blanca manchada de sangre y desde un bolsillo interno saca una jeringa de aire
comprimido cargada con un dial de Rapidetox para clavarla sobre su corazón casi sin fuerzas.

La jeringa hace su trabajo, inyecta con rapidez la medicina que por momentos le permite
mantenerse mejor en pie, centrar la mirada y percatarse de su estado actual. Mientras sus
músculos biomecánicos respondieras no moriría, eso lo tenía claro. Carga un nuevo dial, uno que
contenía una mezcla de antibióticos y Velosan, un regenerador de efecto rápido. Esta vez lo
inyecta sobre la arteria cubital de su brazo y sin pensarlo acciona el aparato. Rápida, pero
burdamente la herida de bala que perforó su estómago deja de sangrar, se siente con algo más de
fuerzas, las suficientes para alejarse de las puertas de la muerte en una buena dirección.

Un grupo de hombres se acercan por su espalda para palmearlo, lo felicitan al ritmo de «¡Buena
doc!». Todos ríen, menos los chumbas que recibieron más castigo que Hotline, a ellos aún les
quedaba un poco más de sufrimiento antes de poder reír.


̧̖̜̖̃͑͛̀
ㅤㅤ ㅤ ㅤㅤ ㅤ ㅤ-̸̬̥̝̳̫͕̠͓̭̖̎͂̏͑͊̄͘-̵̤̈́́̾--̵̡̮͙̻̙̰̌͒̈̎̂ ̴̦̈́̌́͌͘͠-̶̡͚̞̤̟̥͙̙͇̞͗͋̌͘͝--̶̞͙͇̦̝̒̇́͜ͅ ̸̢̩̤̾͑̅͌̽̍̽̇̕-̶̛ ̳̹̗̾̉̅̓͆̈́̎́̕-̸̥̩͛͠-̷̢̤̙̙̪̯̏͌͂̾͗̅̚--̸̧͙̖̗̠̮͛̋̏̓̓̐͆́͠͝ ̵̧̘̣̀͌̆́̄N̴̜̰̯̙̙͇̈̇́͋̿̄͒̾͝ͅe̷̩̣̦̜̗̅̏x̶t̴-̢̲̜̞̻̼̰̋͆͊̓̒͌̐͒̅͝ͅ ̸̥̒̇̋̌̋̈́̅-̶̛̮͕͍̰̝̗̫̗̥̺̈̆͐̿͗̄̈̊̕-̵-͕̝̈́̅̇̈́ ̵̨̛̰̖̮̯̭͖̲͍͊̅̾--̷̠͙̣͊̌̚ ̸̢̘̝̫̠̈́̃̓̆̃̋̕͝-̴̨͔̖̣̫̦͔̺͇͈̽̊͑̀̇--̸̩͈́̈́͌̀̈́̆͌̌͘ ̴̮͇́̉̋̏̽͊̓̕-̴̨̛̱͔̮̲̗̲͉͓̟̑́͑--̸͕̺̰̀̇́́͂̀͠ ̷͓̿̌

Suena el pistoletazo de salida, américa del sur había sido bendecida con una buena bonanza.
Evitando por mucho las guerras corporativas muchos de esos países tercermundistas pudieron
alcanzar a sus colegas del norte, devastados por la guerra y la anarquía.

Muchos habían aprovechado esa instancia para mejorarse, progresar y destacar. El público sabía
bien a quién debían animar, por mucho que no fuese necesario. Banderas, camisetas, toda una
barra brava gritando un sólo apodo «¡SPARKY, SPARKY!» y es que estos tipos siempre habían
puesto sus esperanzas, emocionales y financieras, en esa chica brasileña que se había paseado por
caso todos los deportes, apareciendo en todos los canales regiones y claro, ocupando cada podio.
Un sandevistan bien refinado le bastaba para superar a sus competidores, mejorados de pies a
cabeza con cromo de todos los colores y valores.

No es que se le hubiese tornado aburrido, es que algo la llamaba desde la lejanía. La ciudad del
neón, de la velocidad y el caos. Una ciudad que nunca duerme, una gemela desconocida, la
encarnación de aquello que los punks llamaban "diversión".

Para poner la fresa sobre el pastel los contratos de sponsors deportivos en Night City eran una
locura al compararlos con las ofertas latinoamericanas. Unas cuantas llamadas, mover un par de
favores y desaparecer en medio de la gloria, tomarse unas pequeñas vacaciones antes de una
vuelta triunfal en las pistas y canchas de la gran ciudad.

Un arriendo que dentro de lo que cabía era barato, sin ser el mejor barrio tampoco era el peor y
por suerte el lugar tenía vistas a la calle. Mientras el agente inmobiliario guiaba a la deportista por
el edificio hasta llegar a la séptima planta, lugar del departamento. Una puertas con cerradura a
presión, suficiente para sentirse segura de que no entrarían a su departamento a robar con tanta
facilidad. Una dato sobre el cual el agente inmobiliario se negó a responder preguntas era el
antiguo inquilino al cual obviamente habían desalojado dejando sus pertenencias apiladas y en fila
a un lado de la puerta.

Por los muebles del interior el lugar parecía una pequeña clínica de urgencias. Según el anunció
que Sparky vio «¡Fácilmente adaptable a cualquier gusto o actividad!», cosa que en la práctica no
le parecía muy viable, mas el precio era tentador. La vista era buena, buena en comparativa al
resto de departamentos que había encontrado disponibles y que no se escapaban de su
presupuesto. Aceptó el trato, firmó el contrato y apoquinó los eurodólares para quedarse por el
mes.


̡̢̦̫͇̞̻̜̰̬͛̌̑͆͐̎
ㅤㅤ ㅤ ㅤㅤ ㅤ ㅤ-̸͔̬̮̈̌͂͋̈́͒-̸͎̽̓́͌-̵͚͐̈͛̕-̶̛̟̮̝̗̗̈́̾͊̋̋̓̌͑̌͜-̶̞̿̋̆-̸̛̖̬̲͉̞̟̭̺͍̋̕--̶̧̞̥͉̩̬̱̙̙̅̀̉͌͆̚ ̷̨̢̡͕͓̰͔̹̎̔̿͊̓͗̋̂͝-̸̧̮͔͇̼̆̎̏̈--̶̙̑́͒ͅ ̵̦̥̬̟͔̬̻̭̙̙̂͗͘-̶̢̱͖̙̼̤̹̤̃̏̉̓́̕H̸̡̹̫̲̝̬̎͐̂͐̑́̓̔̚o̵m̸̠̀́̔̾̃ e̷̡̨̼̦̹͕͇̻̝̟͐-̷̩̯̬̫̐ͅ--̷̛̗̓̽͂̃̾̑̊̕̚ ̸̳̥̝̤̳̣͎̬͉͒̌͗̍̏̀̓́̕͝-̸̢̥͓̜̟̹͙̳̓̀̎̒͛͛̂͝--̷̨͖̠̟͈͖̤̮̹̎ͅ ̶̧͙̏̇̈́̍̈́̌́̋̕̕-̴̨̧̭̱͕͖̞̩͐͆̇̄͝--̷̡̛̠̩̲̱̭͈̪͊̔̎͗ ̶̨̫̱͔̟͍̞̱͉͂͋͊̈́̈́́-̷̢̡̢̫̰͚̤̦̮̱̅̎̈́̈́̏̈́̍̚--̵̨̥̹̥̦̣̌̐͌͒̕̚͜͜ ̶̧̖̟̟̯̠̙͝ͅ

La noche caía sobre Night City y a través de un amplio ventanal podía verse como la actividad
urbana había aumentado repentinamente. Ignorando los ecos de disparos, la música callejera
invadía la escena consumiendo todo en un ambiente que priorizaba el estilo por sobre la
sustancia. Aquel era un escenario que pocas veces la brasileña había podido contemplar, una vida
nocturna realmente viva.

Y hablando de cosas que usualmente están vivas, ascendía por el ascensor. Apoyado en la baranda
que quedaba a una altura levemente menor a la de su cintura. Estaba apaleado, físicamente
estable, mentalmente destruido. Una semana con trabajo demasiado pesado, compañeros
temporales tan idiotas que serían incapaces de hacer la O con un vaso. Aquel era el nivel de
algunos pseudo mercenarios «"Dinero fácil", tsk» lleva repitiéndose esa frase tramposa en la que
solía caer siempre que necesitaba dinero, lo que era más habitual de lo que le gustaría.
—Trabajo es trabajo— pasa a decir sin muchas ganas sus primeras palabras en días. El ascensor se
detiene en su planta, camina directo a su departamento. Desinhibido como siempre a tal punto
que no nota las cajas al lado de su puerta, como tampoco nota el cartel que su HUD óptica le
muestra. Un cartel en rojo «Alquiler vencido» que no alcanzó a ver antes de chocarse de bruces
contra una puerta que no se habría.

Un golpe duro, inesperado, capaz de hacerlo retroceder un par de pasos mientras se llevaba la
mano a la nariz que había chocado de lleno. Sus ojos ahora bajan, miran con detenimiento el
mensaje y llevando la mirada hacia un lado detecta las cajas, cajas llenas de sus cosas. El alquiler ni
siquiera se había vencido, era mitad de mes. Se planta un momento a pensar, conociendo un poco
de esa ciudad no sería raro pensar que tras una semana sin noticias de alguien lo más seguro es
que esté muerto.

Aprieta los dientes y sin calma alguna se acerca a la puerta. Esqueleto y músculo resultaban en una
fuerza bruta que no dudó en aplicar en la cerradura a presión. Lento, pero seguro logra abrirla lo
suficiente para colar los dedos y entonces jalar con más precisión logrando que el mecanismo
cediera. Desde el interior del departamento una chica atlética a medio vestir le observaba
estupefacta, no sólo por la capacidad ajena de abrir la puerta sino por la carencia total de una
alarma que llamase a la policía.

Al recién haber cerrado el trato no todos los seguros habían sido pagados correctamente dejando
una vulnerabilidad enorme del nuevo hogar de la brasileña y ante la sorpresa no dudó en activar
ese sandevistan que le dio una descarga de alta potencia a través de cada músculo. El mundo se
ralentiza un poco y sin dudarlo se mueve hacia la mesa de la cocina americana, empuña su arma y
apunta a gran velocidad hacia el contrario que apenas y ha empezado a moverse, más rápido de lo
que podría esperarse de alguien sin sandevistan, pero aún demasiado lento para competir con
aquella gran corredora.

Antes de apretar el gatillo el efecto de acelerón termina regresando el mundo a la normal en la


perspectiva de Sparky la cual apretó el gatillo para descargar medio cargador.

El invasor se mueve ágilmente, como un experto y sin vacilar ante los destellos o el sonido de
disparos entra a la habitación corriendo para intentar alcanzarla en una carga elíptica que termina
con él saltando sobre ella sin recibir un solo disparo. Ambos forcejean, pero las mejoras del
hombre resultan ser más prácticas para la tarea tanto que tras un rato el arma que empuñaba la
corredora queda apoyada sobre su pecho, siendo presionada para inmovilizar unos brazos que aún
tenían sujeta el arma a duras penas y un torso que ya se había pegado al suelo.

—¿Quién coño eres?— pregunta el asiáticos estando sobre ella, manteniendo la fuerza y presión
para que no tratase de contraatacar.

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