o2b~5
María de Lourdes Aguilar Salas
Lírica Novohispana del siglo xvi:
la naturaleza en Eugenio de Salazar
IIIIUIIIMMM
‘5309824988’
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
Dirigida por Manuel Alvar
TONO 1
Tesis doctoral
Departamento de Filología Española II
Facultad de Filología
Universidad Complutense de Madrid
Madrid, 1997
21.755
u
u
u
u
u
¡ Lírica Novohispana del siglo xvi:
u la naturaleza en Eugenio de Salazar
E
u
u
u
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¡
E
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u
u
u
u 114n1 CE
PREFACIO .4
u INTRODUCCION . 8
u CAPíTULO 1: LA. VIDA DE EUGENIO DE SALAZAR
1. Esquema biográfico
19
19
u 2. Obra literaria 34
u 3. Crítica, estado de la cuestión
4. Relación con la escuela sevillana
44
56
¡ 5. Nueva España y Salazar • 63
u 6. El pensamiento de Eugenio de Salazar
CAPÍTULO II: LA POESÍA DE EUGENIO DE SALAZAR
• 69
76
u 1. Descripción del manuscrito C-56 de la Academia de la
u Historia
1.1. Datos bibliográficos
76
76
u 1.2. Descripción general del manuscrito 79
u 2. Recapitulación: las cuatro partes de la Silva
2.1. Primera parte de la Silva (Fol.l-l8O)
136
136
¡ 2.1.1. La primera parte de la Primera
u de la Silva
2.1.2. La segunda parte de la Primera
138
u de la Silva
-1-
144
u
3
3 2.2. Segunda parte de la Silva (Fol.l81-312> . . . 147
u
2.3. Tercera parte de la Silva (Fol.313-49’7) . . . 161
u
2.3.1. La primera parte de esta Tercera . . . 162
2.3.2. La segunda parte de la Tercera
u
de la Silva 165
2.3.3. La tercera parte de la Tercera
3 de la Silva 173
3. El testamento literario 180
3 3.1. Pretensiones editoriales 187
u 4.
3.2. Influencias literarias
Formas, estilos y temas
193
205
E
u CAPITULO III: LA NATURALEZA EN LA POESÍA DE EUGENIO
DE SALAZAR 211
1. La concepción de la Naturaleza en el mundo clásico . 217
E 2. Del mundo clásico al renacentista 234
¡ 3. La Naturaleza en la obra de Salazar 265
3.1. La Naturaleza en la poesía amatoria 274
uu 3.1.1. La Naturaleza de la amada
en Salazar 274
3.1.2. La Naturaleza en escenario:
¡ los pastores amantes 311
u 3.1.3. El Canto del Cisne
3.1.4. Perpetuación de Mayo
316
328
E 3.2. Naturaleza y artificio: el mundo
-2-
u pastoril y bucólico, el mundo mitológico,
el mundo cultural 330
¡ 3.2.1. Más sobre la Perpetuación de Mayo 330
u 3.2.2. Más sobre Naturaleza y artificio:
u
el mundo de los pastores 345
3.2.3. El reino animal y el reino vegetal 361
u 3.2.4. Descripción de la laguna de México
3.2.5. La Epístola a Herrera
• 372
• 388
u 3.3. La Naturaleza en la poesía religiosa . . • 399
u CONCLUSIONES
BIBLIOGRAFÍA
414
420
u APÉNDICE 433
¡
u
¡
u
u
u
u
E
u -3-
u
u
PREFACIO
De gran interés resultó para mí, siempre, el hecho de estudiar en
España, pero sobre todo de poder ver con mis propios ojos los
lugares y personas que tanto habían animado mis clases de
Literatura. Con el paso de los años en este país, comprendí que la
razón de nuestra cultura estaba en la fusión de las ideas,
sentimientos, costumbres y paisajes. Todas estas circunstancias
personales, que como profesora de Literatura me llevaron a España,
en concreto a la Universidad Hispalense y más tarde al Instituto de
Cooperación Iberoamericana en Madrid. Allí tuve la fortuna de
conocer al profesor Manuel Alvar, quien desde entonces atendió mis
engorrosas dudas y peticiones, y quien aceptó amablemente dirigir
esta tesis desde hace ya varios años. Le estoy profundamente
agradecida por la minuciosidad de sus comentarios a los sucesivos
borradores de este trabajo.
Estas Instituciones hicieron de mí una investigadora
permanente del fenómeno cultural de las relaciones hispano-
mexicanas. Quizá por ello encontré, en el Programa de los Siglos de
-4-
u
u
¡ Oro de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense, el
mejor de los terrenos para cultivar las ideas, las dudas, las
hipótesis sobre la génesis de la lírica española y mexicana. Poco
u a poco fui determinando el campo de estudio. El primer intento fue
el conocimiento exhaustivo de los poetas novohispanos (de los
u siglos XVI y XVII) . De este gran marco fui descendiendo hasta la
¡ idea básica del mestizaje. Pensaba que podía elaborarse una teoría
del mestizaje, en la que se subrayaran todos aquellos elementos
¡ culturales de sustrato y adstrato presentes en los escritores de
¡ los siglos de Oro, sobre todo en los del primer siglo. Sin embargo,
u
la búsqueda en archivos y bibliotecas, en especial durante dos años
en la Biblioteca Nacional de Madrid y después en la Biblioteca
• Nacional de México y en el excelente acervo del Colegio de México,
me llevó a la conclusión de que, tanto en España como en México, se
E
u
estaba ya recuperando gran parte de esta producción, y de que el
mejor de los caminos era por país y por poeta. Seguí la ruta de
varios de ellos, relacionados todos con América, no exclusivamente
U con Nueva España.
¡ Pero fue hasta llegar a México, una vez concluido el
Doctorado, cuando fortuitamente tomé contacto con la profesora
¡ Margit Frenk, de la Universidad Nacional Autónoma de México y del
u Colegio de México y, a la luz de todas mis inquietudes y papeles
del “baúl”, pude dilucidar que un poeta indicado para este
¡ acercamiento novohispano era nada menos que Eugenio de Salazar y
-5-
Alarcón, escritor madrileño (versador y prosista) , de mediados del
siglo XVI, poeta de su tiempo renacentista y, además, hombre
relacionado con la vida política del momento. De él, además, mi
profesor Antonio Prieto me había dado ya la Segunda Parte de la
Silva, en Madrid, desde hac{a ya varios años. Así que empezó la
búsqueda, rastreo y petición a la Academia de la Historia del
manuscrito de Salazar, la Silva de Poessía. Todo esto en la
distancia del Atlántico se hace un tanto difícil, por lo que
agradezco al profesor José O. Moreno de Alba, Director de la
Biblioteca Nacional de México de la Universidad Nacional Autónoma
de México, las consideraciones que para este efecto realizó, ya que
sin el manuscrito hubiese sido imposible este trabajo. En tanto
llegaba la Silva a México, se fue elaborando todo lo que sería el
marco conceptual de este poeta, así como la plataforma filosófica
y literaria de la Naturaleza. Pero fue hasta mis sesiones y
pláticas con el profesor Aurelio González Pérez, del Centro de
Estudios LingCiísticos y Literarios del Colegio de México, que tomó
realmente cuerpo el trabajo que ahora presento, por lo que
agradezco enormemente estas asesorías.
De la misma manera quiero agradecer a Pedro Martín Butragueño,
mi esposo, quien desde su perfil agudo de filólogo español, siempre
tuvo la serenidad para escucharme y el acierto para orientarme,
además de su profundo amor. Doy las gracias a José Manuel Martín
Butragueño, mi cuñado, quien, como enlace, en Madrid, realizó
-6-
u
u
• eficazmente todas las penosas tareas administrativas para la
presentación de esta tesis. Y agradezco a mi madre y mis hijos,
• quienes desde su muy peculiar papel fueron testigos de esta
¡ empresa, aquí en México.
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U
INTRODUCCIÓN
I}4TRODUCCION
U Esta tesis estudia el problema de la Naturaleza, su concepción y su
u expresión, en un poeta petrarquista novohispano, Eugenio de
Salazar. El estudio de la Naturaleza se vuelve la clave conceptual
• para poder ordenar y entender la compleja -por variada- producción
lírica de Eugenio de Salazar. La hipótesis que se va a desarrollar
U a lo largo de este trabajo intenta establecer tres ámbitos en el
U conjunto principal de la producción poética de Salazar. A su vez,
varias concepciones de la Naturaleza dan coherencia a cada uno de
U esos universos poéticos: la poesía amatoria, desarrollada en medio
de una Naturaleza idealizada que tiene su centro en la amada; la
poesía bucólica y mitológica, que manifiesta una Naturaleza
U artificiosa construida alrededor del mundo de los pastores; la
¡ poesía religiosa, que da lugar al problema de la Naturaleza de
Dios. Como se verá a lo largo del trabajo, esta hipótesis tan
u
•
general habrá de matizarse bastante ante la complejidad de los
materiales que se van a estudiar.
-8-
INTRODUCCIÓN
En todo caso, es el hilo conceptual surgido al estudiar el
problema de la Naturaleza el que permite vincular aspectos a veces
muy diversos de un mismo poeta. El método de trabajo parte del
estucho de los tópicos e imágenes, mientras que los aspectos
formales quedan en un papel secundario -como parece razonable
tratándose de un análisis del problema de la Naturaleza. El
capítulo 1 se ocupa de la vida y obra de Salazar, el 2 de su
producción poética y el 3 retoma el problema de la Naturaleza.
Eugenio de Salazar nació en Madrid hacia 1530, pasó en la
Nueva España buena parte de su vida madura y murió en Valladolid en
1602. Es, claramente, un poeta de la segunda mitad del siglo XVI.
Se suele hablar de una división generacional de poetas, en la que
se propone dos generaciones de petrarquistas en el siglo XVI: la de
Garcilaso y sus seguidores, con Petrarca como modelo, y la de
Herrera y fray Luis de León, que parte de Garcilaso. No obstante,
el estudio de grandes figuras no debe marginar el de los poetas
menores, quienes desde su muy peculiar tentativa lograron, a su
manera, una contribución a la lírica española del momento. Este es
el caso de Eugenio de Salazar, a quien toca vivir una serie de
cambios considerables a partir de 1550. Blecua ha señalado que
algunos de ellos fueron la rápida desaparición del arte mayor, el
triunfo del endecasílabo (con las reediciones de Boscán y
-9-
INTRODUCCIÓN
3 Garcilaso>, las traducciones en metros italianos del Orlando de
u Ariosto,
Hernández por Urrea yy Alcocer,
de Velasco, la de los la traducción
Triunfos de la por
de Petrarca Eneida por
Hernando
¡ de Hozes. Hay un éxito notable de los romanceros y también de los
cancioneros derivados del General. Hacia la década de 1550 y 1560
se produce la lenta asimilación de la lengua poética italiana y las
¡ tradiciones poéticas castellanas van impregnándose de la poesía
moderna. Es innegable que el éxito de la Diana de Montemayor fue
• uno de los cambios más notables que contribuyo a la lírica pastoril
U de Garcilaso. Con esta poesía se aclimatan los poetas de España
hasta por lo menos 1580.
U Todo este periodo parece centrar su atención, principalmente,
U sobre seis figuras poéticas, que son las creadoras de modelos
subsecuentes en la mitad de siglo. Estos poetas son: Garcilaso,
U Boscán, Petrarca, March, así como Castillejo <con las tradiciones
¡ castellanas) y Garci Sánchez de Badajoz. No termina aquí la lista,
pues al respecto contribuyen considerablemente los poetas que
u3 habían asimilado ya la literatura italiana: Cetina y Acuña, quienes
dominan el endecasílabo, mientras que los demás poetas, como
Hurtado de Mendoza, Silvestre, Montemayor y Nuñez de Reinoso, se
U apegan a sus hábitos estilísticos castellanos.
u Toca a los poetas de segunda
-lo-
fila, como Alonso Nuñez de
INTRODUCCIÓN
¡ Reinoso, Sebastián de Horozco, Antonio de Villegas, Ramírez Pagán,
¡ el acrecentar no sólo un listado onomástico, sino una producción
que se había desarrolado en cascada. Otros poetas existen de una
¡ manera más enigmática, como por ejemplo Francisco de la Torre.
u Y es así como puede definirse la segunda mitad del siglo XVI,
con sorpresas tales que repercutieron a lo largo de los siglos, tal
¡ es el caso de la aparición de las Anotaciones de Fernando de
Herrera a las Obras de Garcilaso de la Vega, publicadas en Sevilla
U en 1580. Este fue sin duda el máximo acontecimiento en el campo de
¡ la estética literaria del siglo XVI, tal y como ha señalado Antonio
Vilanova.
U Dentro de las Anotaciones, hay declaraciones del Divino que se
¡ deben tomar mucho en consideración al momento de acercanos a
cualquier poeta de la época. De lo más sobresaliente en las fuentes
U que inspiraron las Anotaciones, es aquel pasaje en el que Herrera
¡ declara “haber aplicado a la poesía de Garcilaso el método de
comentarios y exégesis crítica que la erudición humanística del
• Renacimiento aplicaba a losclásicosgrecolatinos”. Herrera también
U añade uno de los motivos principales, y es que además de buscar las
fuentes de Garcilaso (que fue también el trabajo del Brocense)
U pone de relieve “la riqueza idiomática de nuestra lengua, y la
¡ erudición poética de Garcilaso comparándole con los mejores poetas
-11-
INTRODUCCIÓN
grecolatinos y toscanos’. Herrera expone de una manera bellísima
u sus teorías el
poéticos, lingúisticas
origen de y ortográficas, la historia los
las formas estróficas, de los géneros
preceptos
¡ métricos de la escuela italiana y una serie de juicios de valor
excepcional sobre los grandes poetas grecolatinos, italianos y
¡ españoles. Las Anotaciones de Herrera se convierten en toda una
¡ teoría poética platónica de su siglo, y por si fuera poco se
edifica como la más alta creación crítica del Renacimiento
u hispánico.
U Si consideramos que Herrera, como ninguno, desarrolla un
u sistema literario y estético en función del sentimiento artístico,
así como del lenguaje y el estilo, creando un concepto nuevo del
¡ ideal estético poético, partimos de una difícil situación para
Salazar, quien, desde su perspectiva limitada, ve a su maestro
E sevillano, pero parece no entenderlo en esta amplia concepción
¡ estética y filosófica.
Salazar, además de poesía, tuvo que haber leído a los
U preceptistas. Se ciñe, como muchos de sus contemporáneos, a la
3 poesía primordialmente petrarquista: pertenece a una moda de su
tiempo.
¡ Y, dentro de lo que pudiera ser el modelo herreriano y
3 garcilasiano, Eugenio de Salazar se queda más bien en un estadio de
-12-
INTRODUCCIÓN
la emulación. Él, buen conocedor de Petrarca, March, Garcilaso,
Herrera y Garci Sánchez, cabalga entre los muy petrarquistas, los
muy pastoriles (con su vertiente mitológica), y también los muy
religiosos. Su propósito es cultivar, como los grandes, los más de
los géneros.
Pero qué es lo que en verdad puede ocurrir a un hombre que en
pleno siglo XVI viaja a América, con aventajados conocimientos
líricos (amén de los jurídicos de su profesión), pero que en
realidad no cultiva sólidamente ninguno de los géneros métricos del
momento. Lo que ocurre realmente en la figura, persona y escritor
de Eugenio de Salazar es un condicionamiento, en mucho, dado por
las responsabilidades que como Oidor y Fiscal tuvo. Se relaciona
muy prontamente con la realeza y monarquía española, otro tanto
ocurre con las autoridades en Guatemala y Santo Domingo, pero
especialmente en Nueva España, donde guarda ciertos criterios de
orden político al establecer relación amistosa con los marqueses de
Villamanrique, quienes llegaron a ser virreyes, y quienes tuvieron
un sin número de problemas y dificultades, porque de manera rotunda
en sus cinco años de mandato nunca fueron aceptados en sus
funciones. Pero para nuestro poeta madrileño eran sus benefactores,
y a ellos dedica gran parte de su obra. Hasta aquí todavía no
alcanzamos a entender profundamente ni al Licenciado Salazar ni al
-13-
INTRODUCCIÓN
poeta Eugenio de Salazar; es hasta la lectura de sus Cartas (las
cinco que aparecen en su obra compendiada) que se establece quién
es quién. Eugenio de Salazar, hijo de Madrid, había vivido la Corte
y sus problemas (si no en forma directa, a través de su padre,
Pedro Salazar, que al igual que el hijo ocupó cargos importantes,
y que además también tomó la pluma para referir sucesos históricos
importantes. El joven que había estudiado en Alcalá y Salamanca y
que se había graduado de “jurisconsulto doctíssimo y philosopho
severíssimo”, tomó pronto contacto con el ambiente cultural de
España, y muy pronto también con las nuevas universidades y
academias americanas. El destino trajo a Salazar a América e hizo
que se quedara una veintena de años en la capital novohispana.
Habían ya pasado más de sesenta años de la conquista. LLega el
poeta madrileño a una ciudad española-americana, con
características propias del naciente mestizaje mexicano, escenario
que se suma a la tradición petrarquista de Salazar con
enunciaciones lingúísticas nuevas. En Salazar se cumple, entre
varias otros fenómenos de orden lingúístico, lo que Manuel Alvar ha
señalado tantas veces: “la libertad del poeta había revuelto con el
crisol de su necesidad los nombres europeos con los bárbaros”.
Contemplo así una mixtura en el pensamiento, palabra y vida de
Eugenio de Salazar.
-14-
INTRODUCCIÓN
¡ Todos estos acontecimientos están líricamente expresados en un
¡ manuscrito, que a la fecha se encuentra en el acervo de la Academia
de la Historia en Madrid, y que lleva por nombre Silva de Poessía
u¡ compuesta por Eugenio de Salazar vezino y natural de Madrid. Este
manuscrito recoge las poesías de Salazar desde su juventud hasta
casi su muerte, así como cinco de las cartas conocidas y leídas del
¡ autor con un toque más que sarcástico. En ningún momento, las
cuatro partes en que se divide esta Silva <tres primeras de lírica
¡ y una final de cartas en prosa) , tienen el sentido exprofeso de
¡ guardar un orden cronológico ni mucho menos. Más bien se trata de
datos que, a la luz de este trabajo, he podido inferir. Salazar
¡ reúne en su mamotreto aquellas composiciones netamente
3 petrarquistas y las agrupa bajo el nombre de “.. .las obras, que
Eugenio de Salazar hizo a contemplacion de Doña Catalina Carrillo
¡ su amada muger” <obras amatorio-pastoriles) ; éstas coinciden con
¡ sus primeros años de amador, ya que en la Silva se dan algunas
fechas importantes para su compromiso, sus bodas y su velación con
¡ la que fuera su esposa. También existe en esta Primera parte un
U soneto autobiográfico que permitió a la crítica reconstruir parte
de su vida. Ya desde esta Primera parte se justifica la aparición
¡ de Salazar en los motivos americanos y más propiamente en la lírica
3 novohispana, con la composición de La Perpetuación de Mayo. En la
-15-
INTRODUCCIÓN
Segunda Parte de la Silva, el poeta madrileño da un giro a la
temática de su composición amatoria y contemplativa del paisaje,
para enfocarse a la poesía laudatoria .... . que el author compuso a
contemplacion de diversas personas, y para diversos fines”. Aquí es
donde Salazar se afilia a los motivos americanos y por lo que se
justifica su estudio desde una perspectiva novohispana, con la
Bucólica a los marqueses de Villarnanri que, donde se incluye la
interesante Descripción de la laguna de México. Para la Tercera
parte de la Silva, desaparece el perfil de Salazar dentro de esta
línea americana. El poeta retoma la esencia de la naturaleza, pero
divina, volcada toda ella en la imagen de Dios con un porcentaje
totalizador, incluso la misma amada desaparece, y así se justifican
“las obras de devocion del author”. La Cuarta parte de la Silva
presenta un Salazar agudo y crítico de su época, que llena su prosa
de cuadros al estilo costumbrista que muy bien reflejan la época de
mediados de siglo.
Acerca de la impresión de este manuscrito, corrió la misma
suerte de muchísimos que todavía están en el anonimato, debido,
principalmente, a cuestiones familiares y económicas de los poetas,
según consta en varios testamentos de ellos. Han pasado ya 400 años
de la hechura a mano de esta Silva, que un día pidiera Salazar, en
su testamento incluido en el manuscrito, a sus hijos Fernando y
-16-
INTRODUCCIÓN
Pedro se la publicaran, y que hasta ahora se encuentra bajo la
forma de muchísimos libros listos para su edición. Edición
preparada para que se imprimiese en México, con una detallada guía
de anotaciones al interior del testamento. Notas que le han valido
al poeta para ser estudiado y valorado como un escritor con
bastante conciencia lingúística y editorial, en palabras de Antonio
Prieto. Sólo se sabe que existe en la actualidad una edición ya
terminada y anunciada por J. M. Blecua desde hace tiempo. Todavía
no contamos con este valioso material publicado.
Existe otro manuscrito inédito e interesante de Salazar bajo
el nombre de La Navegación del Alma, que se encuentra en la
Biblioteca Nacional de Madrid, esperando ser rescatado para su
conocimiento y estudio.
Fuera de toda problemática editorial de Salazar, quiero
resaltar el motivo por el que este personaje resulta de gran
interés para la historia novohispana del primer siglo de
colonización española. Se trata de los escasos documentos, de orden
verdaderamente literario, además de las crónicas de Indias, que
pueden ayudar a la reconstrucción fidedigna de la idiosincrasia,
valores y costumbres de esa naciente sociedad mexicana. Toca a
Salazar todavía un periodo importante de]. asentamiento español.
Antes de él, había tocado con gran ímpetu describir la ciudad
-17-
INTRODUCCIÓN
¡ novohispana a Cervantes de Salazar en 1554. Después de él
¡ corresponderá a Bernardo de Balbuena, ya en el siguiente siglo del
pensamiento consolidado español. Por eso puede decirse que la
u figura literaria e histórica de Eugenio de Salazar cabalga entre
los Diálogos, de Cervantes de Salazar, y la Grandeza Mexicana, de
¡ Bernardo de Balbuena. Bienvenidas todas estas plumas que recrean el
U México novohispano de nuestros antepasados.
¡
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u
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U -18-
u
u
CAPÍTULO 1
CAPíTULO 1
LA VIDA DE EUGENIO DE SALAZAR
1. Esquema biográfico
Eugenio de Salazar pertenece a la historia literaria española y a
la novohispana. En su producción poética aparecen elementos que
permiten mantener esta afirmación, como se irá viendo. Pese a lo
escaso de los estudios acerca de él y de su obra, sabemos que
estuvo en Nueva España buena parte de su vida. Es personaje
interesante, hijo de su época y relacionado con la vida política de
la primera colonia.
Nace en Madrid en 1530 y muere en la ciudad de Valladolid el
16 de octubre de 1602; pasa en Nueva España de 1581 a 1600. Desde
su infancia estuvo cercano a la vida y noticias de la monarquía, ya
que su padre, Pedro Salazar, es muy probable que haya sido cronista
-19-
CAPíTULO 1
del emperador Carlos V1. Sus estudios los realizó en las ciudades
españolas de Alcalá, Salamanca y Sigúenza. A la edad de treinta
años se trasladó a Toledo, donde estaba la Corte (1560) . Toda su
vida ocupo cargos como magistrado; sus actividades más relevantes
las desempeñó de 1559 a 1602.
Los cargos importantes que ocupara Eugenio de Salazar, sin
embargo, dan inicio el 31 de julio de 1567, al ser nombrado
gobernador de las islas de Tenerife y La Palma, en las Canarias.
1 Acerca de la posibilidad de que el padre del poeta fuera
cronista del Emperador hay algunas dudas, así Pérez de Guzmán
<“Cervantes Salazar”, p. 178) dice que “toda su vida deseó emplear
el talento que Dios le dió en historiar las memorables victorias
del emperador Carlos V contra los rebeldes del Imperio”. Por su
parte, Cioranescu (Obras Festivas, PP. 9-29) dice no existir una
constancia de que haya sido cronista, ya que nunca emplea este
título en sus obras impresas y manuscritas. Las obras cuya autoría
están plenamente confirmadas son: Historia de los sucesos de la
guerra que la niagestad del invitísimo don Carlos Quinto, emperador
de España y rey de españa y Alemaña, hizo contra los príncipes y
ciudadanos de Alernaña y del fin que tuvo. Compuesto por Pedro de
Salazar, vizino de la Villa de Madrid. Nápoles 1548. Folio 1V-SS
fol. (4); Hystoria de la guerra y presa de Africa, con la
des truyción de la villa de Monazter y isla del Gozo y pérdida de
Tripol de Berbería, con otras muy nuevas cosas. Nápoles 1552. Eolio
dos columnas IV-120 fol.; Hispania victrix. Historia en la que se
cuentan muchas guerras sucedidas entre [Link] e infieles,
compuesta por Pedro de Salazar. Medina del Campo 1570. Folio a 2
columnas, 111-272 fol. (Cioranescu, Obras Festivas, pp. 11-12).
-20-
CAPíTULO 1
Parece que no hubo contratiempos mayores en su gobierno; sin
embargo, tres años después Salazar tuvo serios problemas
económicos. Fue al cabo de cuatro años, en diciembre de 1573,
cuando lo nombran oidor de la Audiencia de Santo Domingo2 y se
traslada a ese destino3. En esta ciudad se relacionó con la
sociedad literaria; así, se sabe que mantuvo amistad con Doña
Leonor de Ovando4 y con Francisco Tostado de la Peña5, además de con
2 La Audiencia de Santo Domingo se había fundado hacía ya más
de sesenta años, el 5 de octubre de 1511. Cf. Rubio Mañé, El
Virreinato, 1, p. 287.
3 “En 1573, Eugenio de Salazar hizo... un viaje a Santo
Domingo, a donde iba como oidor... Sus noticias dan detalles
suplementarios de la azarosa travesía e indican que el servicio
transatlántico no había mejorado notablemente en el curso de una
generación. El oidor Salazar se embarcó con su familia en Sanlúcar
el 19 de julio de 1573 en el “Nuestra Señora de los Remedios”, que
-según observa el cronista- “tenía mejor nombre que modales”.. •1’
(Leonard, Los libros del conquistador, p. 140)
4 Consta en los fol. 205 a 208 pertenecientes a la Silva, la
correspondencia lírica que mantuvo Salazar con Doña Leonor de
Ovando: “El que ab eterno es hijo glorioso. Se trata de 10 . .“
sonetos intercalados, cinco de Eugenio de Salazar, y cinco de la
poeta, más una sextina de esta última; todas estas composiciones
con relación a las fiestas religiosas de la Natividad, Pascua de
Reyes, Pascua de Resurrección, Pascua del Espíritu Santo y el día
de San Juan Bautista.
-21-
CAPITULO 1
“la ilustre poeta y señora doña Elvira de Mendoza”6. Su estancia en
la isla fue de cuatro años, llegando a Guatemala7 en 1577. Se sabe
que ahí guardó amistad y correspondencia con don Pedro de Liébana8.
Ya para el año 1581, fue nombrado fiscal de la Audiencia de
México,en donde sirvió veinte años.
Como magistrado, entonces, desempeñó sus actividades más
5 De quien incluye un soneto dirigido a Eugenio, en el fol.
209 de la Silva (es decir, a continuación de las composiciones de
Doña Leonor de Ovando) “Divino Eugenio illustre y sublimado...”
6 De esta mujer hace referencia puntual Salazar diciendo que
“la ilustre poeta y señora Doña Elvira Mendoq~a, moradora en la
qiudad de Sancto Domingo de la española tenia unos papeles del
author, con las quales habla este soneto.- Cantares mios, que
estays rebelados...”, en el fol. 211 de la Silva.
7 Sobre personajes de Guatemala hay brevísimas referencias en
la Silva. Se trata de una sextina y un epitafio a “Doña Madalena de
Vargas natural de Madrid, que murio en Guathemala”: “Gana tenia de
vos el justo cielo...” y “En aquesta sepultura...”, fol. 216 a 217.
8 Este es el personaje de quien se hacen varias menciones a lo
largo de la Silva; desde el inicio del manuscrito se incluye un
soneto del Deán: “Si quando aquel gran Alexandro vido. r•, en el . .
fol. 1. Más adelante, en el fol. 215 aparece otro soneto del mismo:
“Eugenio, preclarisimo, el poeta...”. Ahí mismo va la respuesta de
Salazar. Por último, en el fol. 421, un soneto más que envió a
Salazar: “Sea la gloria a Dios en las alturas...”, y en el fol.
422, el soneto: “A ricas bodas del divino esposo...”; estas dos
últimas composiciones de la Natividad y Pascua de Reyes, con
respuesta del poeta madrileño.
-22-
CAPITULO 1
¡ importantes de 1559 a 1602. Los hechos más relevantes de esta etapa
son los que se detallan:
1559 Pretendiente en Corte, obteniendo, por los servicios de
su padre al Emperador, plaza de juez en Galicia.
1560 Fiscal en la Audiencia de Galicia.
1567 Gobernador de las islas de Tenerife y La Palma en las
Canarias.
1573 Oidor en Santo Domingo.
1577 Fiscal de la Audiencia de Guatemala.
1580 Dispuso las hieroglíficas para el Túmulo en las honras
que hizo la Audiencia de Santo Domingo a la Reina Doña
Ana de Austria.
1581 Fiscal en México.
1583 Oidor en la misma Audiencia, hasta la muerte de Felipe
II.
1591 Se graduó de Doctor en la Universidad Real y Pontificia
de México.
1592-1593 Rector de la Universidad de México9.
9 Otros dos personajes relacionados con la vida literaria de
Salazar también fueron rectores de esta Universidad; en 1581, Diego
García de Paredes Palacio y en 1582, el Dr. Santiago de Era.
-23-
CAPITULO 1
1599 Regreso a España. Consejero de Indias, a solicitud de
Felipe III. En este cargo murió en 1602, en Valladolid10.
A pesar de los múltiples cargos y funciones, se dedicó también
a la creación poética. Su vida literaria va ligada a las ciudades
en las que vivió y a los estudios que en ellas cursó. En Alcalá y
Salamanca, a la edad de 22 años, se graduó de “jurisconsulto
doctíssimo y philosopho severíssimo”. Desde su juventud, tomó parte
en las academias de las universidades españolas.
Por lo que respecta a México, se relacionó con el ambiente
cultural de la capital novohispana. Sobre todo, a través de su
relación con los marqueses de Villamanrique, don Alvaro Manrique de
Zúñiga y doña Blanca Enríquez, quienes en su palacio tenían
una pequeña academia, á que asiduamente concurrían Fray
Bernardino de Sahagún. . y otros ingenios de aquel tiempo, a
los que se agregaban algunos doctores de la Universidad y
algunos oidores de la Audiencia. Dábase, con el ejemplo y el
estímulo que del palacio partía, gran impulso al movimiento de
u 10 Todas estas actividades de Salazar han sido reseñadas por
Méndez Plancarte, en la introducción a los Poetas novohispanos, de
1964, quien a su vez se basó en los datos proporcionados por
U Menéndez Pelayo, Historia de la poesía hispanoamericana, de 1911.
¡ -24-
CAPITULO 1
la cultura general.
Los marqueses de Villamanrique tenían una hija de trece años,
quien perdió la vida al llegar a Nueva España, y esto dio lugar al
homenaje, por parte de Salazar, para cantar sus exequias, que
fueron notables. Desde entonces, “D. Eugenio tomó el cetro
literario de la hermosa ciudad de las lagunas”11.
Lo cierto es que estos personajes políticos de la colonia son
importantes para el conocimiento de la obra de Salazar, debido a
que en la figura de la marquesa se concentrará buena parte de la
dedicatoria de la Silva de poesia.
El marqués de Villamanrique tomó posesión del virreinato el
18 de noviembre de 158512, esto es, sólo cuatro años después de la
llegada de Salazar a Nueva España, lo que quiere decir que Salazar
tiene pronto contacto con los representantes de la monarquía, y que
11 Véase Pérez de Guzmán, “Cervantes Salazar”, Pp. 178-179. A
propósito del nombre del marqués de Villamanrique, encuentro un
error en Pérez de Guzmán, que lo da como Alonso Manrique de Zúñiga,
cuando en realidad es Álvaro Manrique de Zúñiga; acaso la confusión
sea por la existencia de ese otro personaje don Alonso de Quñiga,
a quien trae a colación el propio Salazar en su carta del año 1599
(véase al respecto Humberto Maldonado, “Una carta desconocida”, p.
209)
12 Porras Muñoz, El gobierno de la ciudad, p. 166.
-25-
CAPíTULO 1
U además mantiene una relación durante todo el tiempo de permanencia
en Nueva España con los virreyes, tal y como lo revela la última de
¡ las cartas de Eugenio de Salazar, fechada en el año 1599, donde
U hace referencia a una gestión con el virrey, en cuyo caso se trata
ya del sucesor de Villamanrique, quien, por las fechas, debió
¡ tratarse de don Gaspar de Zúñiga y Acevedo, que deja su puesto
¡ hacia 1603. En esta misiva Salazar escribe al doctor Santiago Vera
que “el Virrey escribirá a V.S., y de su carta se collegirá su
¡ voluntad, que yo creo es muy buena para todo lo que a V.S toca”13.
Por lo que respecta a los protectores del poeta, no se tienen
muy buenas referencias políticas de su mandato. En tan sólo cinco
U años de virreinato de los marqueses de Villamanrique (1585-1590)
¡ hubo gran revuelo y descontento en la Corte. Al respecto,
Torquemada resume estos acontecimientos así:
Don Alvaro era hombre sabio, sagaz y prudente; todas estas
cualidades fueron perdidas en la cuestión con la Audiencia de
Guadalajara que estuvo a punto de provocar un conflicto
armado y que fué explotado por los enemigos del Virrey para
13 Maldonado, “Una carta”, p. 211.
-26-
CAPÍTULO 1
instar al Rey Felipe II a removerlo de su puesto14.
Además, parece ser que en estos cinco años de gobierno se
cometieron muchas irregularidades graves por parte del virrey,
según consta en varios documentos oficiales, entre ellos la
Relación de algunos agravios del Obispo de Tlaxcala. 1592, escrita
por el propio marqués, y donde se ve el trato que recibieron al
final de su mandato los protectores de Eugenio de Salazar:
Y todo el tiempo que e). juez estuvo en Jalapa, de día y de
noche, cercaba la casa del marqués y a donde quiera que él o
la marquesa iban, los seguían y guardaban. Por los caminos
tenían puestas personas que tomaban todas las cartas que de
amistad o en sus negocios enviaban o les venían, y las abría
y leía y quedaba con ellas sin entregárselas, con lo cual ni
pudo acudir a su defensa ni saber lo que en sus negocios se
hacia ni era necesario hacerse, cosa que no habiendo cometido
14 Citado por Soler Alonso, Virreyes, p. 25. Para saber más
acerca del virrey Álvaro Manrique de Zúñiga, se encuentran algunos
datos curiosos en Montoro, Virreyes españoles, pp. 98-99, y
documentos originales en Hanke, Los virreyes españoles, pp. 251-
329.
-27-
CAPITULO 1
mal caso contra a su rey, no se debía ni podía permitir15.
Dejando aparte la vida de los marqueses, sabemos que Salazar
llega a Nueva España con una vida matrimonial plenamente
establecida. Para el año de su llegada, 1581, él tenía ya 24 años
de casado, y probablemente ya le habrían nacido nietos. De su vida
conyugal en tierras novohispanas y de sus hijos en la Península, no
hay noticias certeras. Los únicos datos que tenemos son acerca de
su boda en España.
Eugenio de Salazar contrajo nupcias con Doña Catalina
Carrillo, “dama principal, hermosa y discreta, a quien celebró en
sus versos y de quien tuvo dos hijos, Fernando y Pedro”. Además de
estos dos, nacidos probablemente en Madrid, tuvo una hija que nació
durante su estancia en Canarias, a la que llamaron Eugenia. La
fecha del acontecimiento nupcial se anota en la propia Silva, a un
lado del soneto “Trescientos y once lustros acabados...” El
matrimonio tuvo lugar el 9 de mayo de 155716. Salazar debió vivir
por esa época en Toledo y Madrid. Aquí escribió numerosos versos a
15 Del Archivo General de Indias, México, Legajo 22. Tomado en
Hanke, Los virreyes españoles, p. 309.
16 El soneto se encuentra en el fol. 104 de la Silva, y ya en
su estudio, Antonio Prieto lo hace notar (La poesía, pp. 655-677,
n. 12)
-28-
CAPITULO 1
su esposa, a quien poéticamente llamo Carilia, seguramente
derivando tal nombre del apellido Carrillo, y cantándola en
numerosas ocasiones; sobre todo, en el poema la “Perpetuación del
Mayo: Después que Amor y la Fortuna y Hado... “‘~. En diferentes
estudios hay referencias a quince sonetos dedicados a resaltar las
partes físicas de su musa: “Al cuerpo, y faQiones de su Catalina
los quinze sonetos siguientes... “u. En los versos dirigidos a su
amada, utiliza el nombre de Eugonio, fácilmente reconocible con el
de Eugenio.
Dos años después de su matrimonio, hacia el año de 1559,
acepta “el rango poco envidiable y menos confortable de
catarribera”, debido a sus penurias económicas, ya que “a él lo que
le desesperaba era ver que no había suficientes razones para
alargar la pesquisa y multiplicar las dietas”19.
17 Se trata de 154 octavas de versos endecasílabos, que van
del fol. 155 al 180 de la Silva. Para datos de referencia véase
Álvarez y Baena, Hijos de Madrid, p. 406.
18 Estos quince sonetos abarcan del fol. 110 al 114 de la
Silva. Estos están referidos, pero no anotados, en Pérez de Guzmán,
Cervantes Salazar, p. 178 y en Cioranescu, Obras Festivas, p. 14.
19 Acerca del oficio de catarribera y la palabra se sabe que
viene de “catar, ver, examinar, y ribera. m. Cetr. Sirviente de á
caballo, destinado á tomar los puestos y seguir los halcones, para
recogerlos cuando bajaban con la presa”. Un ejemplo se encuentra en
-29-
CAPITULO 1
A partir de estos momentos, Eugenio de Salazar atraviesa por
una serie de problemas, altibajos y misiones que cumplir, que según
Cioranescu “si no le enriquecieron, por lo menos le ayudaron a
vivir”. Habrá que esperar hasta el año de 1567 para que inicie
propiamente su carrera importante, llena de nombramientos, como
quedó consignado.
Su vida literaria y poética en México se enmarca desde el año
de 1581 hasta casi su muerte. En 1598 fue nombrado Consejero de
Indias, para lo cual recibió ayuda del Rey, para trasladarse a
España, donde fallece en el año de 1602.
Su esposa tan sólo le sobrevivió año y medio. Cioranescu
proporciona algunos datos sobre la merced que doña Catalina pidió
al Rey, y de cómo al morir ésta recibía esa cantidad su nieta doña
Cervantes : “yo, desventurado, ser-vi siempre a catarriberas y a
gente advenediza”. Otra acepción probablemente nos sirva más, ya
que está ligada a la profesión de Salazar: “catarribera: fam. Se
daba este nombre á los abogados que se empleaban en residencias y
pesquisas, y á los alcaldes mayores y corregidores de letras, así
como a los pretendientes de estas plazas” (Diccionario de
Autoridades, p. 208) Para los datos de los catarriberas y Salazar
.
véase, entre otras cosas, Cioranescu, Obras Festivas, pp. 15-16.
Huelga decir que en la carta de los cata-riberas de Salazar es
donde mejor se vive la “pretensión de oficios temporales” o
corregimientos, y todas las infortunias que pasaban estos hombres
a quienes se les comparaba con los catarriberas de la cetrería.
-30-
CAPÍTULO 1
Eugenia de Salazar. La última fecha conocida acerca de los
parientes de Eugenio de Salazar es de 1614; a partir de esto nada
se sabe “de las demás visicitudes de la descendencia del
Licenciado”20.
Poco antes de regresar Salazar a España, y de morir, escribe,
desde México, los versos a la muerte de Felipe II, y las
hieroglíficas del Túmulo que se levantó en su honra. Es casi seguro
que estos fueron los últimos versos que escribió en territorio
novohispano.
Parte de los acontecimientos vividos por Salazar en la
Península y en Nueva España quedan referidos, por él mismo, en su
soneto autobiográfico:
Nací y casé en Madrid. Crióme estudiando
U La escuela Complutense y Salmantina,
U La Licencia me dió la seguntina,
La Mexicana de Doctor el mando;
¡ Las Salinas Reales fui juzgando
u Puertos de raya a Portugal vezina,
Juez Pesquisidor fui a la contina,
U Y estuve en las Canarias gobernando.
20 Véase Obras Festivas, pp. 22-23.
-31-
CAPíTULO 1
Oidor f uy en la Española y Guathemala
Me tuvo por Fiscal. Y de allí un salto
di en México a Fiscal, y a oidor luego.
De allí di otro al tribunal más alto
De Indias, que me puso Dios la scala:
alli me abrase su divino fuego21 (Fol. 302).
El propio poeta atestigua su nombre de pila en un soneto de la
Tercera parte de la Silva, dedicado “Al glorioso sancto
Eugenio...
Bendito Eugenio, del señor amado,
21 Este último terceto reemplaza a otro que fue tachado por el
propio Salazar y que decía: “O quien lediesse al tribunal mas
alto.! O quien subiesse al eterno al que vala..! aunque pasasse por
el agua y fuego” (fol. 302 de la Silva) Dicha enmendadura ha
.
traído algunos problemas, por parte de sus lectores críticos, ya
que en el testimonio de Pérez de Guzmán se prefirió este terceto
invalidado (“Cervantes Salazar”, p. 178) Otro defecto ha sido el
.
encontrado en Álvarez y Baena <Hijos de Madrid, pp. 405-406>, quien
leyó en el 70verso “cantina”, en lugar de “contina”, tal y como
está en el original. Este último error podría ser simplemente
tipográfico. Se ha venido señalando que este soneto pertenece a la
edad madura del poeta. García Icazbalceta calcula que su autor
pasaba de los setenta años (Bibliografía, p. 320)
-32-
CAPÍTULO 1
primer Pastor del Toledano exido,
del alto Rey de Reyes favorido,
y en Qelestial asiento collocado:
Mete mi petiqion, se mi abogado
ante el gran Rey, a quien mergedes pido,
que en tu majada, y dia fui nasgido,
y con tu sancto nombre confirmado.
Ayudeme (gran sancto) tu privanqa
para alcangar favor del Rey de gloria,
que de valor a aquestos mis sudores:
que tu teniendo ante el de mi memoria,
espero saldra 4erta mi esperanga,
que alcangare favor por ti, y favores (Fol. 314)
Y también en folios posteriores se reitera la correspondencia
onomástica del poeta con el santo:
Dichoso yo Eugenio: Si
tener tal nombre merezco,
dichoso me llamo a mi,
que en vuestro dia nasci:
si su bien no desmerezco.
u
u
U
CAPÍTULO 1
Dichosa sea sin duda
mi alma, que ya no duda
de su bien, y su derecho:
si tuviese vuestra ayuda
en este camino estrecho (Fol.344)
2. Obra literaria
La obra literaria que Salazar pudo ver impresa en vida se reduce a
algunos versos que por encargo hizo a conocidos. Se sabe que versos
ocasionales escritos a sus amigos fueron: un soneto en el Diálogo
entre Pedro Barran tes Maldonado y un cavallero estrangero, en que
cuenta el saco que los Turcos hizieron en Gibraltar (Alcalá, 1566);
un “Soneto a la villa de Madrid”, entre las piezas poéticas que
encabezan la obra de su padre, Hispania victrix <Medina del Campo,
1570> ; un canto en loor del autor, en la obra de su compañero Diego
García de Palacio, oidor de la Audiencia de Guatemala, titulada
Diálogos del arte militar <México, 1583)22.
22 Véase Cioranescu, Obras Festivas, p. 22, para la primera
referencia; para la segunda, encontramos el título completo de la
obra en García Icazbalceta, Bibliografía, pp. 316-317, quien nos
refiere que se trata de 34 octavas reales de Eugenio de Salazar
-34-
CAPITULO 1
También hay algunas referencias sobre su obra de tipo legal,
pero tampoco se sabe haya sido impresa. Así, Álvarez y Baena nos
refiere que “escribió, De los negocios incidentes en las Audiencias
de Indias, que él llama Puntos de derecho”, y añade que “de estas
obras no he visto ninguna impresa, y solo sé por lo que resulta de
aquellas, que algunas se habian impreso, y otras permanecían m.
~ También, parece que el propio Salazar en algún momento
refiere la existencia de esta obra, según Pérez de Guzman: “al
morir dejó escrito, y con ánimo de darlo á la estampa, un libro de
estudios jurídicos, «que podrá ser muy útil en aquellas partes de
las Indias donde tanto tiempo he servido»”24. Lo cierto es que,
sobre esta obra, encontramos en el testamento de la Silva (sin
foliar), las siguientes líneas que escribe Salazar a sus hijos: “Y
intituladas: “Argumento y recomendación a los Diálogos Militares
desta obra, por Eugenio de Salazar, natural de Madrid”, en Diálogos
Militares de la formación e información de personas, instrumentos,
y cosas necesarias para el buen uso de la guerra. De esta misma
obra, señala Icazbalceta, a pie de página, que fue “publicado por
Medina, pp. 254-257 (La imprenta en México] Sin duda, es la misma
.
obra que se encuentra en la Silva (fol. 223-229), en cuyo caso se
transcribe el nombre como: “A los Diálogos militares del Licenciado
Diego García de Palacio, del consejo de S.M y su oidor en la real
Audiencia de Guatemala, Canto”. En Gallardo, Ensayo, col. 341.
23 Alvarez y Baena, Mijos de Madrid, 1, p. 407.
24 Pérez de Guzmán, “Cervantes Salazar”, p. 178.
-35-
CAPÍTULO 1
¡ si Dios es servido que yo deje acabados mis puntos en Derecho, o en
estado de que vosotros los podais acabar de imprimir en mi
U nombre...”.
U De las obras anteriores sólo existen noticias.
conoce y se tiene plena seguridad de su existencia
Lo que sí se
es la obra
U máxima de Eugenio de Salazar, un grueso manuscrito de quinientos
¡ treinta folios, que lleva por nombre Silva de poesía, y del que
García Icazbalceta atestigua “que [fue] puesto en limpio y
U preparado para la prensa en México.. “a. Al parecer, permaneció en
¡ manos de particulares, hasta que Francisco París, vecino de Madrid,
lo cedió a la Academia de la Historia en 1788, en cuyo acervo se
U encuentra actualmente, bajo la signatura 0 56. Dicho manuscrito fue
U preparado por Salazar para la impresión,
precisiones para sus hijos Fernando y
dejando una serie de
Pedro, en una nota
U a buen término26.
u testamentaria. Sin embargo, esto no pudo llevarse
25 García Icazbalceta, Bibliografía, p. 320. Por otra parte,
hace bastante tiempo se anunció una edición de la Silva a cargo del
¡ profesor José Manuel Blecua, quien precisamente trabajó el
manuscrito que la contiene en su tesis doctoral. Hasta el momento
U no hemos podido ver ese valioso material.
26 Por la situación económica que privaba en la época, hubiera
U sido difícil la publicación de tan grueso manuscrito poético.
Recuérdese que pocos poetas publicaban en vida, y en condiciones
U póstumas publicaron, sobre todo, los poetas de primera fila. Se
¡ -36-
CAPÍTULO 1
U La Silva de Eugenio de Salazar contiene obra en verso y prosa
y está dividida en cuatro partes. Las primeras tres partes de la
¡ Silva son el conjunto de obras poéticas, que Salazar escribió al
estilo tradicional de su época, siguiendo los modelos renacentistas
y cancioneriles. La cuarta y última parte de la Silva la forman las
U cinco cartas en prosa, que Salazar quería que aparecieran en esta
Silva, con diferentes motivos y estilos. La parte correspondiente
a la prosa ha sido la más estudiada y conocida del autor.
¡ De toda su obra, sólo han sido editadas y estudiadas sus
U cartas, principalmente, las incluidas en la Silva. Por lo que
haremos una breve reseña del conjunto de las que en la actualidad
U se conocen, a manera casi de catálogo, ya que no es el interés
U central de este trabajo.
El conjunto de cartas que se conocen de Eugenio de Salazar son
U 17. Cinco están incluidas en la cuarta parte de la Silva (y son las
u más conocidas) ; de las doce restantes, once fueron las publicadas
por Paz y Meliá en 1902, y la duodécima ha sido dada a conocer
U recientemente en un artículo de Humberto Maldonado, quien la
examina más detenidamente el problema en la sección 3.1 del
capítulo 2, dedicada a las pretensiones editoriales de Salazar.
-37-
CAPÍTULO 1
publica en 199027. Siguiendo este mismo orden anotamos la cabeza de
cada misiva, con el fin de situar la temática a tratar por Salazar
en cada una de sus correspondencias.
La cuarta parte del ms. queda intitulado por el autor como:
“Quarta Parte de las obras de Eugenio de Salazar, que contiene
algunas de las cartas en prosa, que escribio a muy particulares
amigos suyos”28. Se trata de cinco cartas que son:
(i) “Carta a un hidalgo amigo del author, llamado Juan de
Cartagena, en que se trata de la corte” (sin fechar,
probablemente anterior a 1567)
(u) “Carta escrita al Capitan Mondragon, en que se describe
la miligia de una isla. Es util para la notigia del
lenguaje militar, y algo del orden de la miligia” (10 de
27 A partir de una referencia periodística de Guillermo de
Tovar y de Teresa del año 1988
28 Las ediciones de las cinco cartas de la Silva son: Ed. de
Pascual de Gayangos y Arce, 1866, Madrid, Sociedad de Bibliófilos
Españoles; reproducidas en la edición de Eugenio de Ochoa, 1870,
Epistolario Español II, BAE, Madrid, Imprenta y Esterotipia de M.
Rivadeneyra, pp. 283-310 (2a. ed. en 1965); la edición de Felipe C.
R. Maldonado, 1966, Madrid, Sociedad de Bibliófilos Españoles. Para
este trabajo hemos recurrido al original en la Silva, que abarca de
los fol. 505 al 533 del manuscrito.
-38-
CAPÍTULO 1
¡ noviembre de 1563)
(iii) “Carta escrita al Ldo. Miranda de Ron, particular amigo
U del author. En que se pinta un navio, y la vida, y
U exercicios de los offiqiales, y Marineros del, y como lo
passan los que hazen viajes por la mar. -Es util para la
U noticia del lenguaje marino” (sin fechar, probablemente
U escrita hacia 1573-1574)
(iv) “Carta scripta al muy Illo. Señor don Juan Hurtado de
U Mendo9a, señor de la villa de Fresno de Torote, en que se
¡ trata de los Catarriberas” (Toledo, 15 de abril de 1560)
(y> “Carta al Po. Augustin Guedeja, entonces Relator del
¡ consejo, y de la camara de su Mag. y agora su Fiscal en
¡ la Real audien9ia de Gali9ia. En que se describe la villa
de Tormaleo, que es en el congejo de Ibias de las quatro
U sacadas de Asturias, y se trata algo de la gente della.
u -Escribiola el author estando en una comision en aquel
pueblo” (sin fechar, probablemente anterior a 1567).
Las once cartas restantes no guardan un orden cronológico; Paz
y Meliá las da como inéditas del año 157029:
29 Recogidas por Antonio Paz y Meliá, 2a. ed. de Ramón Paz,
Sales Españolas o Agudezas del Ingenio Nacional, BAE, Madrid,
-39-
CAPÍTULO 1
¡ (vi) “Escrita a una dama, sobre que mandó al autor le hiziese
u unos versos en nombre de una pastora a un pastor, dando
amorosa salida a ciertas palabras que ella le había
U escrito, las quales el pastor había tomado en diferente
sentido, por lo qual él se había enojado y no la vía, y
U el autor prometió de hacer los dichos versos y no lo
¡ cumplió, entendiendo después que la pastora era la misma
dama que le mandó hazer los versos y los quería para dar
¡ a otro galán” (Guadalajara)
u (vii) “Al mismo licenciado Agustín sobre que él, por burlar al
author, fingió una carta en nombre de un arcediano de
¡ Sigúenza en que el dicho arcediano paresce que escribía
U al autor que su muger le había recebido por huésped en su
casa estando el author ausente” (Azauchal)
¡ (viii) “Escrita por el author a un amigo suyo, en que le refiere
U algunas mentiras que oyó a ciertos gentiles hombres iendo
caminando con ellos de Madrid para Toledo, y al propósito
U
u trata de otras mentiras
especies que ay de mentiras”
de otras personas y de muchas
(Toledo)
<ix) “Escrita por el author desde la ysla de Tenerife a una
¡ mulata que le servió unos días en la ysla de la Palma, la
Atlas, 1964.
-40-
CAPITULO 1
U qual era muger muy donosa, y que sufría todas las burlas
de palabras sin correrse” (Tenerife)
¡ (x) “Escrita al licenqiado Guedeja, relator del Consejo y de
U la Cámara de su Magestad, embiando el author al Consejo
el processo de la residenqia que le fue tomada de la
U goberna~ión de la ysla de Tenerife” (Tenerife, 15 de
U (xi)
noviembre de 1570)
“Escrita a Alonso Cabrera de Rojas y Pero Hernández
U Lordelo, escribanos de la ysla de Tenerife, en respuesta
U de otra que ellos escribieron del author, firmada del
nombre de entrambos, con que le embiaron cierta miel y
1 acúcar desde un lugar de aquella ysla donde estavan en
U visita con el doctor Gante, gobernador della, y con dos
regidores diputados del cabildo”.
U (xii) “Para una vieja tripera y partera que se preciava de
u hermosa, y se jactava de muchos servidores.- Advierta el
lector, que en todo lo que toca al loor de la hermosura
U
u desta dama, y encarescimiento del amor y pena del galán,
van palabras anfibológicas que se pueden adoptar a dos
sentidos, y aquí se han de tomar en sentido contrario del
¡ que paresce que quieren sonar”.
(xiii) “Escrita al dhean de la cathedral de la ysla de Gran
-41-
CAPÍTULO 1
¡ Canaria, sobre que estando el author en la ysla de
Tenerife aguardando ser proveido, llegó Nueva a Canaria
U que al author le había llegado provisión de Oidor de la
U audiencia de aquella ysla, y teniéndose por cierta en
Canaria, sin serlo, le escribieron al Deán y otras
U personas al parabién, sobrescribendo las cartas”.
(xiv) “Escrita al Illustre Señor Don Luis de Toledo, en que el
author glossa una canción antigua que dize: Si amores me
u han de matan agora tienen lugar”.
¡ (xv) “Escrita a una dama llada Isabel de los Angeles, que
estava depositada en un monasterio, lo qual pidió al
U author le escribiese una carta para ver su nota”.
U (xvi) “Escrita al canónigo Santistevan, de la Cathedral de la
ysla de Gran Canaria, preguntándole algunas
U particularidades de la ysla Española de Santo Domingo,
u donde él había residido muchos años, y para donde le vino
carta al author que estava proveido por Oydor de la Real
U Audiencia que reside en aquella ysla”.
Por último, la carta dada a conocer recientemente:
(xvii) “De Eugenio de Salazar de 3 de agosto al Doctor Santiago
u -42-
U
u
CAPÍTULO 1
de Vera, del Consejo de Su Magestad y su Presidente de la
Nueva Galizia 1599” (México, 1599)30.
Además de la Silva y de las cartas varias, existe otro
manuscrito de Eugenio de Salazar, intitulado la Navegación del
Alma, poema en tercetos, y que se refiere al discurso de todas las
edades del hombre (infancia, puericia, adolescencia, juventud, edad
viril, senectud y decrepitud) . Este poema alegórico se encuentra en
la Biblioteca Nacional de Madrid y lo ha describió brevemente
Gallardo de la siguiente manera:
MS. original en fol. 80h. Era del conde de Cervellón. Versos
encomiásticos. Sextina del [Link] de Cirogondo, rector del
Colegio del Seminario de la Compañía de Jesús, del nombre de
Jesús en Méjico. Epigrama latino de [Link] de Liévana, decano
de la Audiencia de Guatemala.- soneto. (Faltan de los
principios las hojas 7 a 9 inclusive) . Dedicatoria <...)
Sextina á la majestad de D. Felipe III, nuestro señor, etc.
30 Humberto Maldonado, “Una carta desconocida de Eugenio de
Salazar”, Literatura Mexicana, 1, 1, 1990, pp. 209-215. Esta carta
se extrajo del Archivo de la Real Audiencia, Ramo Judicial Civil,
Leg. 2-7, fols. 2r-3v, de la Biblioteca Pública de Jalisco
(Guadalajara)
-43-
CAPÍTULO 1
Metáfora y alegoría de la obra...” Al fin del libro se pone la
tabla de los vocablos náuticos, explicados al margen del libro
del puño del autor <...) Acabado el poema en el fol. 72, se
sigue una canción a las cuatro postrimerías31•
Al estudiar a los poetas novohispanos, es importante
considerar a Salazar, ya que él y sus contemporáneos dejaron
pruebas de lo que vieron en su siglo y en el siguiente en tierras
novohispanas. Sin embargo, muchos de estos testimonios de la edad
áurea aún son desconocidos, por el derrotero que tocó enfrentar a
estos poetas en su propio tiempo, y es material poco explorado por
los estudiosos modernos.
3. Crítica, estado de la cuestión
Por lo que respecta al epistolario de Eugenio de Salazar, como se
ha dicho, tuvo mejor suerte que su obra lírica, ya que se siguió
¡ 31 Gallardo, Ensayo, col. 395-396.
U
U
U
CAPITULO 1
¡ dando a conocer a través del tiempo.
En el año 1866 se seleccionan las Cartas de Eugenio de
Salazar, para inaugurar las ediciones de la Sociedad de Bibliófilos
U españoles, con un prólogo de Pascual de Gayangos. Estas mismas
cartas se publican en facsímile en el centenario de la Sociedad de
U Bibliófilos (1966), con la transcripción de Felipe C. R. Maldonado.
¡ Posteriormente, se incluyó a las Cartas de Salazar en las Obras
Festivas (1968) , publicadas por Cioranescu32. Acerca de estas cartas
U en prosa se han expresado algunas ideas y comparaciones. Por
U ejemplo, se ha señalado la relación de la actividad epistolar
renacentista típica de Petrarca y la argumentación objetiva de las
U cartas de Salazar, que a su vez, “transmiten la tensión de una vida
3 en fragmenta que explican muchos motivos del Canzoniere”33. De esta
manera, se piensa que así como en Aretino hay una evidente
u __________________
U 32 Véase Prieto, La prosa, pp. 89-98. Aquí se dan las fuentes
originales para un seguimiento bibliográfico de las cartas de
U Salazar: Sales españolas o agudezas del ingenio nacional, Madrid,
Sucesores de Rivadeneyra, 1902, pp. 211-276. Cartas de Eugenio de
u Salazar, Madrid, Bibliófilos
Festivas, pp. 9-29.
Españoles, 1966 y Cioranescu, Obras
33 Cf. las interesantes precisiones que sobre las Cartas en
U Prosa de la Silva hace Álvaro Alonso Miguel, “Acerca de las cartas
u de Eugenio de Salazar”, Revista de Filología Española, 64, 1984,
PP. 147-160.
U
U
¡
CAPÍTULO 1
¡ intención de vulgarizar el sistema epistolar, al escribir sus
¡ cartas, no en latín, sino en lengua vulgar, en Salazar hay una
conciencia de autor humanista recibida de la herencia epistolar
¡ renacentista, que le lleva a la “transmissiva y la transcriptio in
ordine, en un sentido petrarquista”34.
U Las Cartas de Eugenio de Salazar han llamado la atención desde
¡ el siglo XVI, principalmente la llamada “Carta de los
Catarriberas”, escrita desde Toledo en el año 1560. Esta carta
¡ apareció en diferentes copias manuscritas y hasta se llegó a
¡ adjudicar a Diego Hurtado de Mendoza en el siglo XVIII, al
publicarse en el Seminario erudito de Valladares. Gallardo es quien
U dilucida el conflicto y devuelve su autoría a Salazar 35
3 Otra de las cartas de Salazar, muy leídas y estudiada, además
de la de los catarriberas, es la de Asturias. Curiosamente, éstas
U son las que señala Eugenio de Salazar, en su nota testamentaria,
U que no se publiquen:
Las tres Cartas, la de la Corte, y la de la Mar se pueden
U 34 Véase Álvaro Alonso Miguel, “Acerca de las cartas...”, p.
149.
U 35 Obras escogidas de Bartolomé José Gallardo (Madrid, 1928,
u 1, 213: El Criticón, núm. 3).
Festivas, p. 15; Prieto, La prosa, pp. 89-90.
Véase también Cioranescu, Obras
U -46-
U
u
U
u
U CAPITULO 1
¡ imprimir, porque parece traen alguna utilidad común. La de los
¡ Cata-rriberas, ni la de las Asturias, ni otra alguna no se
impriman, porque aunque tienen agudeza y erudición, son cartas
¡ de donaire, y no se puede sacar frutos della, mas que el gusto
de las razones36.
¡
U estilo
Y sobre ellas se ha dicho que “pertenecen
epistolar del siglo XVI”37.
al mejor y más vivo
U Por otra parte, y por lo que respecta a la poesía de Eugenio
¡ de Salazar, se ha dicho que “al leer la Silva (Selva) da la
impresión de que el petrarquismo fue un capricho pasajero para
¡ Salazar”38. Acerca de la abundancia de los versos amorosos del
3 poeta, también se han hecho algunas reflexiones: “la soltura
degenera en desaliño, y la ternura conyugal en prosaísmo casero”,
¡ y se ha llegado a pensar que los únicos versos que se salvan son
¡ los de la “parte erótica”, es decir, los versos hechos a
contemplación de doña Catalina Carrillo, su amada mujer”. También
¡ se menciona que un factor recurrente en Salazar es un cierto
U 36 Gallardo, Ensayo, col. 329.
37 Prieto, La prosa, p. 93.
1 38 Joseph Fucilla, Estudios sobre el petrarquismo en España,
Anejo ‘72 de la Revista de Filología Española, Madrid, CSTC, pp. 73-
U ‘77.
U
U
u
CAPÍTULO 1
“realismo prosaico, que se complace en el detalle menudo y en
llamar las cosas por su nombre, sin perífrasis ni eufemismos
retóricos”. Para esto se toma como ejemplo la octava en que Salazar
emplea ya algunos términos de origen indígena39:
Allí bermejo chile colorea,
¡ y el anaranjado ají no muy maduro;
Allí el frito tomate verdeguea,
¡ y flores de color claro y oscuro,
y el agua dulce entre ellas que blanquea
haciendo un enrejado claro y puro,
U De blanca plata y variado esmalte,
U porque ninguna cosa bella falte.
En forma más contundente se han hecho algunos otros
comentarios:
Las cartas de Salazar pertenecen a un tiempo de creación muy
distinto de su poesía, en la que yo no advierto el menor
indicio no ya de burla sino de voluntad en desasirse de una
39 Menéndez y Pelayo, Historia de la literatura
hispanoamericana, Madrid, CSIC, 1948, Pp. 24-25.
-48-
CAPÍTULO 1
tradición poética o rebelarse ante ella. Sencillamente,
Salazar lleva a su poesía una situación de ámbito familiar
centrado en su esposa, que era en sí contrario a la tensión
poética, y en esta proyección lírica predomina su «vena» sobre
el estudio (...) Si la epístola manifiesta, como un ejemplo
más, la alta consideración intelectual en la que era tenido
Herrera, también denuncia la dedicación de Salazar a una
poesía sometida a la tradición (...) y que no alimentó con
demasiado estudio40.
Lo cierto es que al leer los versos de Eugenio de Salazar
estamos frente a un hombre producto de dos ambientes vividos (y
enfrentados) : el español y el novohispano. Difícil sería quedarse
sólo con los distintos comentarios. Es el propio entorno del poeta
y su obra los que dilucidan muchas ideas acerca de su obra. Por
ello creemos conveniente acercarnos más al contexto social de
Salazar, así como a la vida en general de sus contemporáneos de un
mismo siglo renacentista.
Resulta que Salazar convive con poetas en la Península y en el
territorio novohispano, cuestión que dificulta enmarcar su poesía
en un periodo preciso y en un lugar geográfico determinado; sin
40 Prieto, La poesía, pp. 664-665.
-49-
CAPÍTULO 1
embargo, el ambiente lírico en España por los años de 1560 a 1580
no experimenta demasiados cambios, tal como se ve en las
precisiones de A. Blecua al hablar de los impresos en España:
En el decenio de 1560 a 1570 la situación por lo que respecta
a los impresos poéticos varia poco en relación con los años
anteriores. Los romanceros y los cancionerillos, Boscán y
Garcilaso, Montemayor y las célebres traducciones de Urrea y
Hernández de Velasco son los preferidos de los impresores
(...) El fenómeno más notable es (...) el éxito de la Diana de
Montemayor, que dio unos toques nuevos al pastorilismo de
Garcilaso al utilizar gran variedad de metros, desde la
sextina a los tercetos, octavas, canciones, glosas, romances
y villancicos.. .Este es el tipo de poesía que va a dominar en
España hasta finales de siglo y, en particular, hasta l580~’.
U Esto en lo que se refiere a España. Por lo que respecta a la
uu misma época,
trasplante
en territorio novohispano,
americano de la literatura
puede
renacentista”,
hablarse de
en palabras
un
de Jose Ma. Valverde. En América, y principalmente en México,
41 A. Blecua, “Fernando de Herrera”, p. 432.
-50-
CAPÍTULO 1
¡ prospera la nueva cultura humanista, aunque de manera modesta,
comparada con la Península42. De todos estos influjos literarios
U habla el propio Eugenio de Salazar en su Epístola a Herrera. Valgan
U unos tercetos tan sólo de ejemplo:
Ya nos envía nuestra madre España,
U de su copiosa lengua mil riquezas,
U que hacen rica aquesta tierra estraña
U La Nueva España: ya resuena en ella
U el canto de las Musas deleitosas
que vienen con gran gusto a ennoblecella...
¡ Esta influencia humanística se debe en mucho a la vida
universitaria formalizada en México a partir de 1533. Esto es, que
¡ desde mediados del primer siglo colonial ya se ha trasladado o
U “trasplantado”
americanas. Y
la cultura de la España renacentista a tierras
la prueba, quizá, más fehaciente de la poesía
U renacentista en México sea el manuscrito de las Flores de baria
poesía de 1577. Dicho mamotreto, ya editado y estudiado en la
U actualidad, debió ser una de las representaciones más claras de la
42 J. Ma. Valverde, Historia de la literatura, 1, p. 42.
-51-
u
U
U CAPÍTULO 1
U producción lírica del momento, escrita, probablemente, a uno y otro
U lado del mar. Este volumen del año 1577 es de capital importancia
para el estudio de la lírica en el siglo XVI novohispano. Según el
U propio manuscrito, fue recopilado en México en este ano. Se ha
U especulado mucho sobre su autoría; entre los que figuran como más
probables compiladores son Gutierre de Cetina (con un número mayor
U de poemas) y Juan de la Cueva. Sin embargo, esto ha desatado
U innumerables hipótésis, sin que a la fecha quede claro el asunto.
Sobre esto nos da todos los pormenores Margarita Peña en su edición
U de las Flores43.
¡ El destino de este manuscrito pudo haber sido el de su
impresión en la Península, pues consta que éste se encontraba en
U Sevilla en 1612. Sin embargo, al igual que otros, como la propia
I Silva de Salazar, se fueron alojando posiblemente en varias
U 43 M. Peña refiere en su edición algunos datos sobre la
posible relación de Salazar y el manuscrito. Dice que algunos
U críticos (como Icaza y Rosaldo) han señalado que Bartolomé José
Gallardo, en su Ensayo de una biblioteca española de libros raros
y curiosos, identifica a Eugenio de Salazar como el compilador del
U volumen. Esta idea de Gallardo surge a partir de la comparación
caligráfica: “La letra de la portada y el encabezamiento del libro
U es gallarda, y muy parecida a la de las Poesías de Eugenio de
Salazar que se hallan en la Academia de la Historia”. Creo que esta
E idea es un tanto atrevida, ya que en la Silva aparecen por lo menos
tres tipos distintos de letra.
U -52-
1•
CAPÍTULO 1
bibliotecas particulares44.
Por otra parte, lo interesante es ver quiénes fueron los
contemporáneos a Salazar, algunos incluidos en el grupo de los 2’7
poetas de las Flores; pero es difícil saber cuántos habrán quedado
en el olvido de los pliegos sueltos. De otros sucesores de Salazar
quedaron más que claros sus testimonios, tal es el caso de
Cervantes de Salazar y de Bernardo de Balbuena. Pero no sólo
cuentan los “famosos”, sino también aquéllos que pueden denominarse
como de “segunda fila”; a ellos, conocidos y menos conocidos, M.
Peña los caracteriza como un solo grupo, haciendo mención, entre
éstos, de Salazar:
U Criollos avecinados en el Nuevo Mundo, conquistadores, o
¡ visitantes en tránsito, cada uno deja su particular testimonio
poetizado, subjetivo, fantaseado, tan fresco, tan válido como
U el de cualquier otro que haya incursionado en Indias durante
U el primer siglo de la conquista. Escritores por vocación, a
los que el descubrimiento abre un venero riquísimo de temas,
U ambientes, caracteres, tipos (. . .) Los hombres, blancos y
U boquirrubios, surcan el mar en frágiles barquillas; como en La
navegación del alma, el poema alegórico de Eugenio de
44 M. Peña, Flores, p. 15.
-53-
CAPÍTULO 1
Salazar45.
La lectura del poeta madrileño puede hacerse a la luz del gran
maestro de todo poeta renacentista, Petrarca, y a veces a la sombra
U de Ausias March. Sin embargo, creo que de quien toma más para su
imaginería poética, con la que construirá su mundo natural (divino
U y terrenal), es de Garcilaso y de Herrera. Sobre todo del divino
U Herrera, aunque no quepa intentar siquiera la comparación con el
u sevillano.
escuela
Más bien
sevillana.
se trata de una especie de filiación con la
U A Salazar tiene que entendérsele como un poeta que pretendió,
incluso, estar cerca de Herrera (en un sentido epistolar, al
U menos) . Sin embargo, pesará siempre más la vida política del
U Licenciado Salazar, que sus sentimientos verdaderos de creación
poética. De esta manera no resulta un poeta completo, en términos
U renacentistas, porque a pesar de estar cerca de la Corte, no fue
U soldado, como el gran Garcilaso. Se trata de un hombre que viaja a
45 En este trabajo, M. Peña, Descubrimiento y conquista,
(intr. y p.13), hace una antología de diferentes escritores de la
época, que dan buena cuenta de los sucesos históricos; algunos son
Américo Vespucio, Fray Ramón Pané, Cabeza de Vaca, Hernán Cortés,
Fray Bartolomé de las Casas, y otros más. Sin embargo, a pesar de
nombrar a Eugenio de Salazar, no incluye ninguna composición del
madrileño en dicha antología.
-54-
CAPÍTULO 1
¡ América, llevando consigo su vena (buena o mala) de escritor.
U Debido a las características de cada uno de los poetas
contemporáneos del madrileño, no puede colocarse a Salazar junto a
U un Juan de la Cueva, quien logró mucho más empapar su lírica de
U motivos novohispanos, o junto a Hernández dé Eslava, que desde su
estrado litúrgico contribuyó tantísimo a la lírica y dramaturgia
U mexicana. Estaría fuera de lugar querer comparar a Eugenio de
U Salazar con los otros poetas; simplemente hay que entenderlo a él
y su Silva, que lleva en cada uno de sus folios los sucesos vividos
U en la Península, Santo Domingo, Guatemala y Nueva España, siempre
U por designación política de su vida.
Por todo lo anterior, y para aclarar un poco más el ambiente
U que reinaba en Nueva España, debemos acercarnos a los
U acontecimientos
Herrera. ¿Qué es
artísticos y poéticos de la
lo que en verdad ocurría en Sevilla en
ciudad natal de
este
U periodo de intensa actividad literaria, quiénes y qué hacían en la
U ciudad bética, cómo puede
Sevilla en la de Nueva
influir de alguna manera la vida de
España? Probablemente, en este sentido
U lingúístico y literario, se encuentre que no existía tanta
¡ distancia entre las dos ciudades.
-Ss-
CAPÍTULO 1
4. Relaci¿n con la escuela sevillana
Sevilla ha sido desde tiempos memorables el lugar de los poetas. En
U la ciudad hispalense se llevaban a cabo verdaderas reuniones y
U confrontaciones poéticas. Recuérdense las famosas justas, que
tuvieron lugar en la ciudad bética46. Además, en Sevilla el arte no
U tiene fronteras, conviven las letras y la pintura prontamente, y es
U aquí donde se mezclan y tienen razón de ser tanto las academias
literarias como propiamente las escuelas poéticas.
U A propósito del siglo XVI en la ciudad, se ha dicho que
a fines del siglo se desarrolla un verdadero movimiento
poético-artístico tan extraordinario que se constituye en una
escuela literaria. Es la época cuando la poesía y las artes
tuvieron un feliz maridaje entre aquellos ingenios
sevillanos... En el taller de Pacheco se debieron confundir la
poesía y la pintura; los poetas empleaban el pincel, los
pintores la pluma. Allí, en aquel clima de puerto caluroso, en
las diversas reuniones de principios de siglo XVII, se
46 Véase Justas poéticas sevillanas del siglo XVI (1531-1542)
con uñ estudio preliminar de Santiago Montoto, Valencia, Castalia,
1955.
-56-
CAPÍTULO 1
u conocieron Cetina, Arguijo, Rioja, Baltasar del Alcázar, el
U pintor Pablo de Céspedes, y tal vez Cervantes. Allí vivían y
¡ trabajaban también Fernando de Herrera, Juan de la Cueva,
Mateo Alemán, Pedro de Quirós, Rodrigo Caro, Diego Jiménez
U Enciso, Diego de Colindres, Ortiz Melgarejo, Juan de Espinosa
u y otros47.
U Todo este ambiente de las academias y escuelas pudo haberlo
vivido Salazar en Toledo o en Madrid, afiliándose de alguna manera
U a una escuela poética, entendiendo como seguidor de una escuela el
¡ concepto de Blecua, en que nos dice que son las palabras, las
estrofas y los géneros los que hacen escuelas48.
E Eugenio de Salazar, aunque madrileño de cuna, puede
U emparentarse con la práctica de la escuela sevillana, es decir, de
Herrera. Esto no quiere decir que haya participado de cerca en las
u _________________
U 47 Cf. José Sánchez, Academias literarias, p. 195.
48 Véase A. Blecua, “Fernando de Herrera”, p. 431. Sobre esta
3 misma idea, Begoña López Bueno afirma que en el binomio estrofa-
género es donde en verdad se constituyen los modelos, y enmarca de
una manera más general el problema: “Y sabemos sobradamente que la
U poesía del Siglo de Oro se realiza sobre la fuerza de los modelos:
no a partir de preceptivas y poéticas, sino a partir de modelos
U pragmáticos, esto es, retóricos” (“La implicación género-estrofa”,
p. 102)
¡ -57-
CAPÍTULO 1
U
actividades artísticas de la ciudad bética, ni mucho menos, pero sí
U que procuró, en estilo, seguir a los poetas herrerianos, que en
esos momentos intentaban poner en práctica una serie de preceptos
I todavía renacentistas y petrarquescos. Pero, en el concepto de 2.
U López Bueno, Salazar no siguió un manual, sino que fue todo un
ambiente más de orden pragmático, el que hizo que los poetas
U conformaran el grupo de los “improvisadores geniales”, en palabras
U de Vilanova49. Sin embargo, creo que Salazar si siguió una serie de
preceptos bien asimilados por los poetas de “segunda fila”, tal y
U como demuestro en el capítulo 3 de este trabajo.
¡ A pesar de todo esto, sigue siendo difícil situar al madrileño
dentro de un grupo poético. Salazar, debido a sus características
¡ propias y a su no editada Silva, lleva a varias dudas e
¡ imprecisiones en su estudio como poeta. Probablemente por ello
aparece en algunos trabajos en bloques no específicos. Tal es el
caso de A. Prieto, quien coloca a Salazar a continuación del grupo
U de Herrera, pero no dentro de éste, concluyendo que Salazar sigue
de cerca una poesía renacentista, que podría llamarse de tipo
49 En E. López Bueno, “La implicación género-estrofa”, p.102.
Para más acerca de las ideas de Vilanova, véase “Preceptistas
españoles”, Pp. 567-569.
-58-
CAPÍTULO 1
¡ “sometida”50.
U En Salazar existe una teoría autobiográfica51, al estilo de
Herrera, ya que al igual que el Divino, Salazar pretende, a lo
U largo de la Silva, dejar constancia de acontecimientos reales (de
U su vida, bodas, viajes, amigos y sucesos varios. .1 . Sin embargo,
para el caso de Herrera es mucho más complejo este estudio, por la
U postura ficticia presente en su lírica. Para Salazar, en cambio,
U está más que claro que toda la Primera Parte de la Silva no tiene
otro propósito que mostrar su vida amorosa con su musa y esposa
¡ Doña Catalina, mismo propósito que “en apariencia” varía la Segunda
I ~ Tercera parte de este manuscrito. De todas maneras, en la Segunda
parte, Salazar conserva rasgos de similitud con Herrera, ya que él
¡ también está agradecido con sus protectores y tiene que
¡ demostrarlo, a los marqueses de Villamanrique y también al Deán de
Guatemala52.
¡ Dejando aparte el problema de “etiquetar” a Salazar, nos
U asalta la interrogante de la crítica erudita. ¿Puede hablarse de
50 Véase A. Prieto, “Poesía vallisoletana”, Pp. 655-667.
51 Esta teoría bibliográfica acerca de la vida y permanencia
en la obra de Herrera, se encuentra muy bien señalada por Cristóbal
Cuevas, en su edición a Fernando de Herera, (pp.24-25)
52 Cf. Cuevas, edición de Fernando de Herrera, Poesía
castellana, pp. 25 y 26.
-59-
CAPITULO 1
una escuela poética sevillana en los siglos XVI y XVII? Tal parece
¡ que ha sido una tradición en los manuales de literatura oponer a
una escuela otra, con sus características propias. Así, tenemos
U específicamente tres tipos de escuelas poéticas de la época, la
I castellana y la salmantina (más definidas) frente a la sevillana.
u
53
Alberto Sánchez nos hace referencias históricas al respecto
¡ Las escuelas salmantina y sevillana han de sostener con
idéntica firmeza el cetro de la lírica durante el siglo de
¡ oro. La primera evitará el ornato excesivo en la forma;
atenderá más bien a la nitidez y vigor del pensamiento y
escogerá con preferencia sus modelos en los mejores líricos
latinos, Horacio en primer término. La escuela sevillana,
imaginativa y ardiente, con cierta predilección por las
expresiones grandilocuentes y las fogosas metáforas de la
poesía bíblica, cuidará, sobre todo, de adornarse con los más
lucidos ropajes lingáisticos, en busca de un idioma selecto y
coloreado <. . .> Estas cualidades distintivas son las que
campean en los dos adalides representativos de las escuelas:
fray Luis de León y Fernando de Herrera, respectivamente.
Suele decirse que fue en la Academia de Juan de Mal-Lara
53 Poesía sevillana, Madrid, p. 36.
-60-
CAPÍTULO 1
U
(1524-1571) donde se inició esta escuela poética. Se dice que
U durante los primeros años del maestro Mal-Lara se siembran los
principios clásicos en la apreciación de la belleza literaria. “En
U ese momento, la escuela sevillana fluctúa entre la imitación
U propiamente latina y la imitación petrarquista”54.
y junto a Herrera, asistían el canónigo Pacheco, el maestro Medina,
En esta Academia
U Juan de la Cueva, Cristóbal de las Casas y Diego Girón, entre
U varios más. Otras Academias importantes de Sevilla fueron las
descritas por José Sánchez en su trabajo sobre las Academias
I literarias: Hernán Cortés (1544-1547) , Francisco de Medina (1563>
U del Conde de Gelves (1565) , de Pedro de Villejas Marmolejo (1566)
del Marqués de Algaba (1576), de Hernando de León (1580), de Ochoa
U (~5g~) de Juan de Arguijo (1600-1628) , del Duque de Alcalá (1606)
¡ de Francisco Pacheco, de Antonio de Vera (1617) , del Diablo
Cojuelo, de Sandoval (Osuna), 1567 y anual de Sevilla (1666>
U A pesar de todos los datos que se tienen, todavía está en el
¡ aire la crítica de la existencia real de una escuela poética
u
española. Se han reseñado algunos de los puntos importantes al
respecto, como han sido los de Ortega y Gasset, don Manuel Ma. de
¡ Arjona, Félix José Reinosos, Lasso de la Vega, Amador de los Ríos
y Menéndez Pelayo, principalmente. Se suele concluir que la tesis
54 Sánchez, Poesía sevillana, p. 42.
¡ -61-
U
U
CAPÍTULO 1
del maestro de la historiografía española ha sido la más aceptada,
ya que sin negar la existencia de tal escuela poética, “afirma que
no pueden tomarse estas designaciones con un rígido criterio
normativo”, ya que según Menéndez y Pelayo
creábanse estas agrupaciones... no por engreimiento local...
sino naturalmente y sin sentirse, por el trato y convivencia
de los poetas, por la familiaridad de idénticos estudios y por
el gusto de unos mismos modelos, venerados de todos y seguidos
55
con predilección
u Salazar llega a Nueva España con una poesía formada, con
modelos preestablecidos, por la escuela de Herrera, como lo
U demuestra su Silva. Sin embargo, no sólo es la formación adquirida
en las universidades españolas, en las academias o en las
U tertulias. Salazar, aunque de manera breve, vivió los ambientes de
Santo Domingo y Guatemala. Al llegar a México ya trae el arte
U lírico combinado de su tierra y de las primeras tierras americanas
U visitadas. Qué es lo que ocurrió realmente a Salazar al llegar a
U Nueva España, con quienes habrá tomado pronto contacto, además de
sus relaciones políticas con los virreyes, cuánto habrá tenido ya
SS Alberto Sánchez, Poesía sevillana, p. 43.
-62-
CAPÍTULO 1
escrito de su Silva, y por qué no intentó su edición (aun parcial)
en vida. Son muchas las interrogantes que nos asaltan y no son
fáciles de resolver. Lo cierto es que el poeta madrileño madura
intelectualmente en México, y aquí termina de conformar lo que
sería su obra máxima, en cuatro partes bien definidas.
5. Nueva Espafía y Salazar
E
Eugenio de Salazar se traslada al Nuevo Mundo, donde repite y
U procura
Nueva
un estilo poético y literario. Es de esperarse que,
España, gente como él y otros poetas de los
en
llamados
U patriarcas, hayan motivado el mismo ambiente de las escuelas
U literarias (en un gran ámbito) y de las academias literarias (en un
plano menos amplio) . La posibilidad de que el propio Salazar haya
U influido de alguna manera en el ambiente poético novohispano se ha
contemplado en algunos trabajos ya antiguos56; no obstante, esto no
U
¡ 56 Juan Pérez de Guzmán, “Cervantes de Salazar”, p. 139, nos
dice que “del ejemplo y de las enseñanzas de Cervantes de Salazar,
Salazar de Alarcón y Cetina, comenzaron á salir, á poco, ingenios
U mejicanos de primer orden, como D. Antonio de Saavedra y Guzmán,
don Bernardo de Balbuena, D. Pedro de Oña, D. Gabriel Ayrolo y
U Calar, D. Juan Ruiz de Alarcón, y otros que son muy conocidos, así
en nuestra poesía lírica y épica, como en la dramática
U -63-
CAPÍTULO 1
U ha sido mencionado por la crítica moderna.
U De lo que no existe duda es de que Salazar tuvo en Nueva
España contacto con la realeza, y que procuró rodearse de aquéllas
U personas de alcurnia en la Corte, y por ende en las artes. Así, el
U poeta madrileño tuvo sus benefactores, y en casa de éstos tenían
lugar las reuniones literarias, como se ha recreado:
U
U Salazar de Alarcón fué el poeta de la corte y el oráculo de
u los
una literatos. Era á la sazón
pequeña academia, á queel asiduamente
palacio de los Villamanrique
concurrían Fray
U Bernardino de Sahagún... el presbítero Fernando de Bustamante,
el canónigo Bernardo de la Vega, el general de la Armada de
U Nueva España D. Pedro de las Roelas, el hidalgo caballero Don
U Luis Hurtado de Mendoza, gobernador de una de las provincias
del virreinato, el licenciado Santiago de Esquivel, Pérez de
U Medina Vaca y otros ingenios de aquel tiempo, á los que se
U agregaban algunos doctores de la Universidad y algunos oidores
de la Audiencia57.
¡
Sobre los frutos que diera su poesía en Nueva España, Méndez
57 Juan Pérez de Guzmán, “Cervantes Salazar”, p. 178.
-64-
CAPITULO 1
Plancarte58 ha señalado que están matizadas del naciente carácter
de los mexicanos de ese siglo, plasmando el color local con el uso
de algunos nahuatlismos.
El propio Salazar nos da una idea acerca de la poesía
novohispana:
En ellas se señala y amplifica
la Nueva España. Ya resuena en ella
el canto de las Musas deleitosas
que vienen con gran gusto a ennobledecella59;
Méndez Plancarte concuerda en este color local y realismo
poético con las anotaciones de Menéndez y Pelayo60.
Sobre la forma en que Salazar percibió el ambiente mexicano,
se tiene como posible testimonio los versos de la Descripción de la
laguna en la Silva. Esta obra de 38 octavas61 está dedicada a
58 En su introducción a los Poetas novohispanos, de 1964, p.
XI.
59 Op. cit., p. 20.
60 Menéndez y Pelayo, Historia de la literatura, 1, p. 25 y
Ss.
61 Sobre el número de octavas, Méndez Plancarte señala en sus
notas que abarca 39; sin embargo, cotejando el extracto de Gallardo
-65-
1
u CAPÍTULO 1
engrandecer el paisaje, y la grandeza de la laguna donde se asentó
U la capital azteca México-Tenochtitlán. No obstante, es difícil que
Salazar haya alcanzado algo de la naturaleza de esta laguna y de
U esta gran ciudad prehispánica. Él llega aproximadamente unos 60
u años después de la caída de Tenochtitlán, en 1581. Acerca de la
prontitud con que desaparece la ciudad de los aztecas, los
U testimonios de la época y posteriores estudiosos se han dado a la
U tarea de reconstruir los hechos. De esta manera sabemos que,
después de la rendición del pueblo mexica, empiezan las obras de
U construcción de la nueva ciudad sobre la antigua capital azteca; la
I traza se inicia hacia diciembre de 1521 y enero del año siguiente.
Todo el trabajo se hizo rápidamente con la colaboración de los
U indios. Las cartas de Hernán Cortés dan buena cuenta de lo pronto
que se alzó la ciudad de México. Así leemos en la Segunda de las
Cartas de Relación, la primera impresión de Hernán Cortés fechada
U el 30 de octubre de 1520 en Nueva España:
Esta gran ciudad de Temixtitán está fundada en esta laguna, y
desde la tierra firme hasta el cuerpo de la dicha ciudad (...)
así como el original (fol. 182-188>, encontramos 38 estrofas. Cf.
U Méndez Plancarte, Poetas novohispanos, p. 62 y Gallardo, Ensayo,
IV, col. 362-366.
U -66-
u
U
U
u
U CAPÍTULO 1
hay dos leguas (...) Es tan grande la ciudad como Sevilla y
Córdoba. Son las calles della (...> muy anchas y muy derechas
(. . .) son la mitad de tierra y por la otra mitad es agua, por
la cual andan en sus canoas.
Dos años después, el conquistador, desde una perspectiva menos
contemplativa, escribe al emperador Carlos y, el 15 de mayo de
1522:
U De cuatro o cinco meses acá, que la dicha ciudad de Temixtitan
U se va reparando, está muy hermosa (. .) que cada día se irá
ennobleciendo en tal manera, que como antes fue principal y
.
U señora de todas estas provincias, que lo será de aquí
¡ adelante62.
Es razonable que la ciudad y la laguna que describe Salazar en
su poesía sean más producto de la ensoñación poética y de la
realidad española, que de una ambientación indígena vivida y
sentida. Y prueba de ello es el testimonio didáctico literario que
dejó Francisco Cervantes de Salazar a mediados del siglo XVI, en
62 cf. Manuel Orozco y Berra, Historia de la ciudad, pp. 28-
66.
-67-
CAPÍTULO 1
sus diálogos latinos, en los que Alfaro, uno de los interlocutores
exclama:
¡ Está la ciudad toda asentada en un lugar plano y amplísimo,
U sin que nada la oculte a la vista por ningún lado. Los
soberbios y elevados edificios españoles, que ocupan una gran
parte del terreno, y se ennoblecen con altísimas torres y
U excelsos templos63.
E Es parte de la obra de Salazar, es decir de la Silva, el
U espejo neoclásico con el que el poeta obtiene la imagen novohispana
que quería. Se trata de toda una implantación de modelos, esquemas,
¡ géneros, motivos y costumbres de la Península, puestos en escena en
Nueva España.
U Pero todo esto importado de la Península e implantado en
¡ México obedece a un pensamiento, no sólo de orden colectivo y
¡ social, sino bastante personal. A Eugenio de Salazar, por
naturaleza geográfica e histórica, le corresponde todavía el medio
U siglo de pensamiento ciceroniano, virgiliano y hasta aristotélico.
U Pero de qué manera podemos llegar al pensamiento de esta figura
intelectual de la época. A través de sus textos, y de sus notas que
63 Cervantes de Salazar, México en 1554, p. 90.
-68-
U
U
CAPÍTULO 1
U denotan más el contexto, que le regía. En la lectura de los versos
U de la Silva, de sus notas al margen y hasta de sus enmendaduras,
pueden descubrirse algunas de sus ilusiones, y también de sus
U inseguridades y sinsabores. En la Silva, a trasluz, está el
U verdadero Eugenio, el licenciado, el hombre casado y el poeta.
6. El pensamiento de Eugenio de Salazar
U Ya la crítica de La ilustración española y americana (1890>
¡ reseñaba algunos aspectos en la obra literaria de Salazar, que
colocamos en un orden más filosófico y didáctico que literario; con
U estos aspectos puede presumirse apenas algo sobre el pensamiento
U del poeta. Al parecer, Eugenio escribe en edad avanzada el poema
que reflejaría su madurez literaria e intelectual; éste es La
U Navegación del alma, del que Juan Pérez de Guzmán resumía
U concisamente que
sus cartas (...) no tienen la profundidad filósofica del
último de sus poemas, La Navegación del alma, en el que el
navegante es el espíritu humano; el cuerpo del hombre, el
navío; la mente o el entendimiento, el piloto; el juicio y la
U -69-
u
u
U
u
CAPÍTULO 1
u discreción, el timonel; la diligencia, el trabajo y la
¡ presteza, los marineros; la prevención para evitar los
peligros, el calafate; el libre albedrío, el maestre; el ánimo
y la osadía, el capitán; la quilla del navío, el discurso de
¡ la vida humana; los fines de la vida, la proa; la popa, la
fortaleza contra los sufrimientos: los costados del navío, la
U esperanza; los mástiles y arboladura, los auxilios de la fe;
U las gavias,
sucesos; el
la perspicacia para ver á larga distancia los
lastre, la cordura y el buen seso, y así en,
U diversas otras representaciones metafísicas las demás piezas
¡ opartes de la nave.
U Si bien es cierto que La Navegación sirve para entender un
pensamiento ya configurado de Salazar, es necesario recordar que
U en este poema hay también un motivo “político”, ya que fue hecho
U exprofeso para el rey Felipe III, para que “discurriese fácilmente
por los riesgos de la verde y florida adolescencia”. Con esta
U metáfora y alegoría, Salazar ejemplifica el pensamiento moral
u deseable para la realeza, pero también su pensamiento religioso
U cristiano que lo acompaña a lo largo de su pluma.
Por otra parte, y haciendo de lado los móviles políticos del
poeta en la corte, también existió la intención de Salazar de
U -70-
u
U
CAPÍTULO 1
¡ plasmar todos aquellos defectos humanos-sociales, pero
U
u
principalmente los de la Corte. En estas imágenes, Eugenio nos
recrea de manera fiel una sociedad vivida y compartida; así, en la
Segunda Parte de la Silva hay unos tercetos de la Sátira por
¡ símiles y comparaciones contra los abusos de la Corte, donde se
habla de la amistad interesada, y pone de parangón la vida de las
U mujeres públicas:
Mirando voy, y tengo a maravilla
Que una amistad no veo verdadera,
Ni aún una voluntad llana y sencilla.
En su interese se funda aquí cualquiera:
Fuero hay usado en Corte, que dispone
Que, muerto el interese, amistad muera.
Como el querer que la ramera pone,
Que dura cuanto dura la moneda
En el querido y luego le traspone,
De la misma forma, Salazar cuestiona la vida en Palacio:
¿Quién vedará que en los palacios viva
Murmuración, lisonja, idolatría,
U -71-
u
u
CAPÍTULO 1
U Rubiosa envidia y altivez esquiva?
¡ Regúeldos dan de mundo noche y día
Cuerpos mal sanos de corrupción llenos,
I De humores malos con melancolía.
U Veo hoy Privados que ayer eran menos,
Que como gallos de Indias van hinchados,
U Llenos de Rey, de vanidad rellenos.
U Veo otros que se vieron levantados,
y ya de su pujanza están caídos,
U Ilustres edificios arruinados.
Si se quiere más agudeza en Salazar y con la misma idea, hay
U unas líneas claves para entender su pensamiento social, en una de
U sus cartas “escritas a muy particulares amigos
palabras no necesitan comentario:
suyos””, éuyas
U Carta a un hidalgo amigo del autor, llamado Juan de Castejón,
en que se trata de la Corte:
U (. .4 Darse han de esta córte mil contradictorias verdaderas;
U hombres de mucha cristiandad, religion y celo, y por el
64 Biblioteca de Autores Españoles, Epistolario Español.
Colección de cartas de españoles, pp. 283-291.
-72-
CAPÍTULO 1
contrario otros, ¡Oh his de putas, y que grandísimos bellacos
y malos cristianos, sin acuerdo de Dios ni de sus ánimas,
olvidados de su muerte temporal, y aún de la vida eterna!
Hombres de grande autoridad y veneración; y hombres (hablando
con perdon de los que lo son) tan bajos de pensamientos, tan
viles, apocados e infames, que con razón pueden ser tenidos
por la hez del mundo.
Dentro de la vida cortesana, también preocupó siempre a
Salazar la castidad, la pureza de la mujer65. Así, en los versos de
la anterior Sátira... acerca de las mujeres casadas piensa que:
¡ Suele así la casada
¡ Y de las galas es muy codiciosa
Tener de su familia poca pena:
U Y por gozar la ropa muy costosa,
el rico juboncillo y la basquiña
U y el manto de la seda más lustrosa;
U La casa está cual vendimiada viña,
Los hijos desgarrados por la calle
U
¡ 65 Su máxima obra moralizante al respecto son las reglas de la
buena casada, que se comentan en el capítulo 3.
U
U
u
CAPÍTULO 1
De sarna llenos y de sucia tina.
Y aun al marido trata de estrechalle
Y dalle dieta, porque para galas
Se teme que el dinero ha de faltalle.
Por lo que respecta a la prosa, hay unas líneas también en la
U carta dirigida a Juan de Castejón, donde hace referencia a las
U mujeres de la servidumbre en la Corte:
U Pues ya que la de las mujeres es carga tan pesada, y el de los
u criados contrapeso tan insufrible, las criadas y mozas de
casas alivianan á los pobres cortesanos y á los que en córte
U vivimos. Pasóse ya aquel siglo dorado en que las criadas y
¡ mozas de servicio servian, tenían vergúenza y honestidad, y
guardaban su limpieza.
Esta intención de criticar a los hombres de bajos pensamientos
la usó en verso y prosa, quizá con mayor fuerza en sus cartas; pero
no deja de llamar la atención la misma objetividad aplicada en sus
versos. Así el terceto, correspondiente a la sátira ya referida:
¿Cuántos habrá en la Corte que no escapen
-.74-
L
u
U CAPITULO 1
De estar con las rameras enramados
Que su necesidad y hoyos tapen.
U En suma, también en su pensamiento como en su vida, Salazar es
U hijo de su tiempo. Salazar no es un poeta profesional, aunque su
producción lírica sea voluminosa. Practicó la poesía amatoria, la
U religiosa, la moral, la laudatoria, la circunstancial, muchas veces
U al estilo de Herrera. Poeta petrarquista más en lo formal que en lo
conceptual, la concepción del universo, de la naturaleza y de los
U seres que lo pueblan se reviste en Salazar de unos rasgos
especiales que lo afilian al ambiente novohispano y lo apartan de
U los rasgos característicos de los poetas exclusivamente
U petrarquistas. Los aspectos más formales y generales de su poesía
U se desarrollan en el capítulo siguiente, en el que también se
revalora la producción poética de las tres primeras partes de la
U Silva; desde allí se irá perfilando el problema de la naturaleza,
U que se estudiará detenidamente en el capítulo 3.
-75-
U
U
U CAPÍTULO II
CAPITULO II
LA. POESíA DE EUGENIO DE SALAZAR
1. Descripción del manuscrito 0-56 de la Academia de la Historia
Toda la descripción de la Silva se hace a partir de una copia en
microficha del original. Se trata de un manuscrito original de puño
del autor, con letra del siglo XVI, en fol. 533 hojas. Se observan
al menos tres cambios en la letra de la Silva.
U
1.1. Datos bibliográficos
U Para la descripción bibliográfica del manuscrito de Salazar,
¡ se ha tomado como referencia las normas propuestas por Agustín
Millares Carlo para la redacción de las fichas de los catálogos de
¡ incunables1:
U 1 A. Millares Carlo, Introducción a la historia del libro, pp.
131-134. De esta manera, distinguimos cuatro cédulas para el
U conocimiento de éste: A. Noticia Bibliográfica, B. Colación, C.
Descripción del texto y D. Indicación de los repertorios.
• -76-
u
U
CAPÍTULO II
Salazar Eugenio de.- Silva de Poessía compuesta/ por Eugenio de
Sala/zar vezino y na/tural de/ Madrid..., manuscrito del siglo
XVI.
Fol. 10 hojas sin foliar + 533 hojas foliadas. Letra del siglo XVI,
con tres tipos de letras diferentes. Pocas abreviaturas. Texto
a una columna de 20 a 28 líneas aprox. por plana. Apostillas
marginales.
U [Fol.l y 2 sin foliar, nota testamentaria] Hijos esta silva de
U poesía no me determine a
foliar] : Repertorio delas
publicarla... [Fol.3 a 10 sin
obras deste libro! El numero
¡ significa la hoja, donde se ha del hallar cada cosa en la
U primera, o en! la segunda plana. [Fol.11 sin foliar] : Silva de
Poesía compuesta! por Eugenio de Sala! zar vezino y na/ tural
U de Madrid... [[Link] numerado] : Don Pedro de Lievana Dean dela
U Cathe/dral de Guatemala en Indias. Soneto. Si quando aquel
gran Alexandro vido. . . [Fol.2v numerado]: Primera parte de la
¡ silva, en que estan las obras, que Eugenio del Salazar hizo a
¡ contemplacion de Doña Ca/talma Carrillo su amada! muqer.
Dividese esta primera parte en dos: y en la pri/’mera estan las
U obras Pastoriles. A su muy amada Esposa y señora Doña
-77-
CAPITULO II
¡ Catali/na Carrillo su Eugenio de Salazar. Excellentes poetas
U ha habido (muy amada! esposa, y señora mía) quehan empleado
las fuerqas... [Fol.73 numerado] : Segunda parte dela/ primera
¡ dela! silva. Soneto. Agora es proprio tiempo de
¡ ayudarme... [Fol.l8l numerado] : Segunda parte de la Silva de
Poesia./ donde ay obras, que el Author compuso/ a
¡ contemplagion de diversas! personas, y para di/versos fines.-
¡ A Doña Blanca Enriquez/ Marquesa de Villamanrique, Virreyna/
Dela Nueva España. Soneto. Blanca sobre las blancas, que por
¡ suerte... [Fol.313 numerado] Tercera parte de la sil/va de
U poesia, que! contiene las obras/ de devocion! del author.
Dividida en tres partes. Primera parte de la tercera, en que
¡ estan! las obras Pastoriles. - Cancion sestina al Padre
U eterno,/ offresqiendole las obras deste! Libro, y las demas.-
Criaste cielo, y tierra, y agua, y fuego,... [Fol.339
¡ numerado] : Segunda parte dela! tercera de la silva en! que se
U contienen las obras! en metro castellano.- Aplicaciones del!
Alma.- En el principio (señor>... [Fol.413 numerado]: Terqera
¡ dela ter9era par/te dela silva de poesia! de Eugenio de!
U Salazar. En que ay sonetos, y lyricos, y psalmos,! y otras
obras. [Fol.505 numerado]: Quarta Parte delas obras de Eugenio
¡ de! Salazar, que contiene algunas de las! cartas en prossa,
U -78-
U
u
CAPITULO II
¡ que escribio! a muy particulares a!migos suyos. Carta a un
U hidalgo amigo del author,llamado Juan de Cartagena, en que se
¡ trata de la Corte.- Mucho me importuna V.m sobre que le
escriba algo del modo, uso trato, y cosas de la corte,
¡ [Fol.533 numerado]: . . . hagalo Dios como los tres desseamos,
que antes se cuaxara el mar de Oriente, que las paces de
U Tormaleo. Excellentisimo señor [Fin de la Silva]
Este manuscrito aparece descrito en Gallardo, y a partir de
allí se ha venido conociendo la Silva de Salazar2.
u 1.2. Descripción general del manuscrito
Al inicio de la silva de poesía, Eugenio de Salazar escribe
¡ dos hojas a manera de nota testamentaria, dirigidas a sus hijos,
estas sin numerar: “Hijos, esta Silva de Poesía no me determiné a
¡ publicarla en mis días.. .“. A continuación, siete hojas que forman
el Repertorio de las obras deste libro, en forma alfabética y sin
U numerar.
¡ Es en el Fol.l donde inicia propiamente la obra, antecede una
U portadilla que dice: Silva de Poessía compuesta por Eugenio de
Salazar vecino y natural de Madrid...
2 Véase el capítulo 1 para una breve historia del manuscrito.
-79-
CAPÍTULO II
¡ Fol.l Don Pedro de Liévana Dean de la Cathedral de Guatemala en
¡ Indias. Soneto. Si quando aquel gran Alexandro vido.
¡ Soneto de un religioso muy grave y docto cuyo nombre no se
declara porque el no dio licencia para ello. Eugonio, Eugonio,
¡ toca tu zampoña, ...
Fol.2-3 Primera parte de la Silva, en que están las obras, que
¡ Eugenio de Salazar, hizo a contemplación de Doña Catalina
¡ Carrillo su amada muger. Dividese esta primera parte en dos:
y en la primera están las obras Pastoriles. A su muy amada
• Esposa y señora Doña Catalina Carrillo su Eugenio de Salazar.
¡ Excellentes poetas ha havido (muy amada esposa, y señora mía>
que han empleado las fuer~as... [En prosa]
¡ Fol.3-5 Eugenio de Salazar a su muy amada esposa y señora Doña
¡ Catalina Carrillo. Canto. A quien cantaré lyricos
cantares.. . [Canción en 18 estrofas de seis versos
¡ endecasílabos, cada una, con verso libre]
Fol.5 Soneto. Salid del agua pura cristalina...
U Fol.6 Egloga 1. Eugonio. En la espesura de la selva umbrosa... [10
¡ estrofas de 4 versos endecasílabos]
Fol.7 Soneto. Del río Guadarrama en la ribera... [Nota del autor;
U Guadarrama, Rio de Madrid, llamado por otro nombre
E Manqanares]
U -80-
¡
U
CAPÍTULO II
Soneto. Yba un pastor, que Eugonio se llamava...
Faltan Fol.8-9
Fol.10-13 Egloga II. Eugonio. De la conversación de las majadas...
[quince estrofas de 12 versos <?> ...]
Fol.13 Soneto. Acompañado de tristeza amarga...
Faltan Fol.14-lS-16
Fol.17-28 Egloga III. Allí do va mas manso el alto Duero,... [nota:
description local] [en verso suelto]
Fol .19 Corydon-Ortino-Eugonio
Fol.25 Canto de los dos pastores. Eugonio-Ortino
Fol.28 Madrial. Por un florido valle Eugonio andaba...
Madrial. Más bella que las bellas...
Faltan Fol.29-30
Fol.31-36 Egloga IV. Eugonio. Quando mas en su furia el bravo
ynvierno... [nota: después de desposado con su Catalina] [en
verso suelto]
Fol.37 Soneto. Por el lumbroso Oriente parescía...
Faltan Fol.38-39
Fol.40-43 Egloga V. Eugonio. Qual fuerga, y gruesa perla de
Oriente... [15 estrofas de 12 versos endecasílabos: 70 y 90
heptasílabos]
Fol.43 Soneto. Carilia mia di, qué vida es ésta?...
-81-
CAPíTULO II
¡ Faltan Fol.44,45 y 46.
I Fol 47-57 Egloga VI. Carilia-Eugonio. Junto a la antigua Villa, que
¡ fundaron,... [notas: description local.- Después de velado con
su Carilia.- Man9anares, rio de Madrid por otro nombre
¡ Guadarrama] [verso suelto]
Fol.S0 Carilia [12 estrofas de 12 versos endecasílabos: el 70 y 1l~
U heptasílabos, la penúltima estrofa es de trece versos y la
¡ última de 14 versos, todos endecasílabos]
Fol.54 Eugonio [14 estrofas de 12 versos endecasílabos: 70 y 11~
E heptasílabos], y la última de 15 versos endecasílabos]
I Fol.58 Soneto. Eugonio, ya después que estás gozando... Soneto. A
sombra de un enebro esta tendido...
U Faltan Fol.59-60
¡ Fol.61-62 Glosa y canción pastoril. Junto a la ribera! del claro
Guadarrama estaba un día. . . [nota: Guadarrama, el rio de Madrid
¡ llamado por otro nombre Manqanares] [6 estrofas de tres
¡ tercetos con versos de seis y once sílabas, se repite siempre
el último verso de cada estrofa]
u FOl.6371 Reportamiento del Alma. Pues mi cuerpo es débil
U cosa.. [nota tachada del autor: Esta obra ha de ponerse al fin
.
de la Segunda parte de la tercera de la traducción de la
¡ lección lexía del Santo Job... foja 407] [55 estrofas- décimas
¡ -82-
¡
U
CAPÍTULO II
¡ de octosílabos]
I Fol.73 Segunda parte de la primera de la Silva. Soneto. Agora es
¡ proprio tiempo de ayudarme...
Soneto. Doraba el sol, la celebre mañana.. . (nota: en el día y
¡ lugar que se enamoró de su Catalina]
Soneto. Quizá por gracia, o por desgracia ......
U Fol 74 Soneto. Puerto galano, por quien tanto peno, ... [nota: Mando
¡ su Catalina que hiciese un soneto muy enamorado a una Dama que
u
tenía el apellido de Portugal]
Soneto. Ya nueva ley es dada a mis sentidos, ... [nota: tomar el
puerto en lenguaje de marineros es entrar en algun puerto de
mar]
¡ Soneto. Amor cómo permite tu derecho, ... [nota: En una ausencia
¡ que hizo su Catalina]
Soneto. Quien fuera aquel tan bien aventurado, .
¡ Fol.75 Soneto. Altas ventanas de aquel Paraíso... [nota: a las
U ventanas de la casa de su Catalina]
Soneto. Pilar ilustre, que para su arrimo... [nota: Al pilar
U donde su Catalina se arrimaba en la iglesia]
u Fol.75-77 Canción 1. La pena rigurosa/de gran beldad nasyida, ... [6
estrofas de 13 versos cada una de arte menor y una última de
¡ 7 versos]
-83-
CAPÍTULO II
¡ Fol.?? Soneto. Tended Señora por este Occidente...
U Soneto. Amada frente, honesta y muy serena...
Soneto. Preciosa mano de lindezas llena, . [nota: Estando una
u . .
vez su Catalina a una ventana, pusose la mano delante del
¡ rostro por desfavorecerle]
Fol. 78 Soneto. Manos preciosas, blancas, delicadas,...
¡ Soneto. Rasgados ojos, donde mas contento...
¡ Soneto. Ojos cve escureceys a las estrellas, ...
Soneto. De todos amadores he notado, ...
I Fol.79 Soneto. Gallarda Dama, cuya altiva frente... [nota: Un
¡ primero día de quaresma, que vio a su Catalina con la cruz de
ceniza en la frente]
¡ Soneto. Si puedo no temer el no quereros, ...
¡ Soneto. Quando mi amor, y fe bien considero...
Soneto. Podreisme vós bedar que yo no os ame?
¡ Fol.80-82 Epístola a su Catalina. Ya tengo el escribir por fin
¡ probecho,!(cruel señora) y el representarte. . . [50 tercetos en
endecasílabos y una estrofa final de cuatro versos]
U Fol.82 Soneto. Sacóme vuestro amor de mi sosiego,...
¡ Fol.83 Canción II. Si ser agradescida/mere9e una fe firme en el
amante, . . . [6 estrofas de 6 versos heptasílabos y
¡ endecasílabos alternados y un terceto final)
-84-
CAPÍTULO II
Fol.84 Soneto. Maravillado estaba Amor un día,...
Soneto. En gran cuydado está el Amor metido...
Soneto. Al cielo hijo, ya nos recojamos.
Soneto. Degracias, y virtudes una Idea.
Fol.85 Soneto. Escribe, escribe, (Amor me dijo un día)...
Soneto. Caer podrá a la Tierra el firmamento...
Soneto. Un solo bien me ha hecho el Dios de amores, .
Soneto. Hízome Amor de quien no quiere yerme, ...
Fol.86 Soneto. Dentro en mi tengo, lo que busco fuera,...
Soneto. Tienes licencia tu, <Mosca importuna) ... [nota: Una
mosca que estaba picando en el rostro a su Catalina]
Soneto. Jugais Señora al axedrez conmigo, .
Fol.89-90 Canción Vallata III. Para cualquier oydo delicado, !que al
dulce son se inclina/lindo, y suave nombre es Catalina.-[7
estrofas de 7 versos endecasílabos y heptasílabos alternados,
cada una]
Fol.90 Soneto. El jabalí que en monte fue herido...
Soneto. Si disparates llamas mis razones, ...
Fol.91 Soneto. Ya (Dama> estays muy hecha a mis fieros,... [nota:
Dixo su Catalina que desseaba le diessen dozientos azotes por
justicia: y este dicho dio ocasión a este soneto]
Soneto. ¿A dónde estás? o cora~on de aquella... [nota:
-85-
1~
u
U CAPÍTULO II
u Respondióle una vez su Catalina que no tenía coraqón, que se
¡ le había perdido, o se le había huido, y no le hallaba. Y esta
¡ respuesta dió causa a los dos sonetos siguientes]
Soneto. En mi estais vós, y quanto en vós florece.
¡ Fol.92-93 Canción 1111. Si dixe (ay triste> yo damas tal cosa/Jamas
mi pena vea yo acabada: ... (nota: Una Dama dixo a su Catalina,
¡ que dezia el author que ya no la amaba, y que quería mas a
¡ otra. por lo qual ella con desden le daba a entender, darsele
u
poco por ello] . [6 octavas y una estrofa final de 4 versos
endecasílabosyheptasílabos].
U Fol.93 Soneto. Yo dixe tal cosa?: estaba yo privado...
Soneto. Creer, o no creer, si bien se acierta, ...
U Fol.94-95 Canción V. Varias, y lindas flores,/suaves, frescas
U rosas, . . . [6 estrofas de 13 versos heptasílabos y endecasílabos
y una estrofa final de 6 versos iguales]
¡ Fol.95 Llevóme por un paso la ventura,... [nota: Passando por una
¡ calle vio a su Catalina en una ventana, y ella se retiro]
Fol.96 Mano preciosa, rica y excelente...
U Soneto. Resplandesciente Sol del alma mía,
u Soneto. Fuerte es mi amor, y fuerte
...
mi desseo, ... [nota
tachada: Mando su Catalina hiziesse un soneto de galan muy
¡ enamorado a una Dama que tenía el apellido de Villafuerte]
-86-
E
u
u CAPITULO II
u Soneto. En fuerte punto <bella Dama> alqaste...
¡ Fol. 97 El que los ciegos llaman Dios de Amores,...
u Soneto. Siempre te he sido (Amor> muy obediente, ...
Soneto (borrado) En flores han pasado mis amores, [nota: Está
¡ adelante en su lugar]
Fol.98 Hazeis donaire de mi retirada,
U Soneto. De vuestra casa y gracia despedido, ...
¡ Soneto. La gloria se cantaba el día Santo...
Soneto. A lo que en mi voy conociendo y siento, .
¡ Falta Fol.99
U Fol.l00 Mirad ojos, mirad al que heristes. Glossa
ojos de su Catalina glossa el verso de encimal .
[nota: A los
[6 octavas de
U versos endecasílabos]
U Fol.l01 Soneto. Viendome estais, y no quereis mirarme...
Fol.l0l-103 Epístola a su Catalina. Si por amarte tanto me
U desamas,/si por quererte <ingrata) me aborreces,... [33
u tercetos]
Fol.104 Si con razón se teme el caballero,... [nota: yendo el author
¡ a vistas de su Doña Catalina Carrillo para efteto de se casar
u con ella]
Soneto. Trescientos, y once lustros acabados, ... [nota: declara
¡ el año, mes, y dia de su matrimonio con su Doña Catalina
¡ -87-
u
u
CAPITULO II
u Carrillo, que fue, 9 de mayo de 1557]
¡ Soneto. Ya hizo Amor de mi lo que quería... [nota: después de
desposado]
U Soneto. Si quieres (cruda esposa> que yo muera, ...
Fol.105 Soneto. Polido, loqanico, amado guante,...
Soneto. Dulces ciruelas, peras olorosas, [nota: a unas
¡ ciruelas, y unas peras, que le embio su Catalina estando
¡ enfermo en cama]
Soneto. Lustrosa, y blanda cinta colorada, ... [ nota: a una
U cinta colorada, y unos cabellos muy rubios, que le dio su
Catalina]
Soneto. Agua suave, limpia y olorosa, ... [nota: a cierta agua
U de olor que le embio su Catalina]
¡ Faltan Fol.106-107-108
Fol.109-1lO Sextina doble. Cuando se muestra en el sereno
u cielo... [12 sextinas y un terceto final en versos
u endecasílabos].
Fol.ll0-114 Al cuerpo, y faqiones de su Catalina los quinze sonetos
U siguientes.- A los cabellos.- Para encordar su arco hilos
u tiene... A la frente.- Amor un dia a debuxar se puso... A los
ojos.- Dos globos hizo el hazedor del cielo.. .A las cejas y
U pestañas.- Las flechas, y arco Amor consideraba... A las
-88-
CAPÍTULO II
U narizes.- En la alta torre del mayor thesoro. . . A la boca.- Un
U vivo ro9icler obro Natura,... A la risa.- La chica, y
agra9iada boca vuestra... A la habla.- La harpa dulce del
U divino Orpheo,... A las orejas.- A la figura, do no ay punto
¡ feo,... A la barba.- De hermosura un molde soberano... Al
cuello.- La caxa de oro, y marfil hecha... Al pecho.- Aquel
U alto sculptor, que en todo agierta, . . . A las manos.- Viendo lo
U mucho, que hazer tenia.
mora... A lo encubierto.
. .
-
Al cuerpo.- El que dessea ver adonde
Si quando Paris en el monte vido.
U Fol.114-1l? Canción en ausencia VI. Quando en el occidente/con su
U dorado carro se traspone... [11 estrofas de 12 versos
heptasílabos y endecasílabos y una estrofa final de 6 versos
U iguales].
Fol.ll7 Soneto. O bella vista tanto desseada...
U Soneto. Agora que mis ojos han llegado...
U Faltan Fol.118-120
Fol.121 Canción Discesa, VII. No puedo desviar el pensamiento! de
U aquella hermosura. . . [7 estrofas de siete versos endecasílabos
U y heptasílabos]
Fol.122 Soneto. Triste dolor, y triste desconsuelo,... [nota:
U ausentandose de su Catalina, e yendo caminando]
U Soneto. Sabido tienes desleal olvido:...
-89-
CAPÍTULO II
U Soneto. En pago de mi amor tan sin medida,
U Soneto. Amor te llama el mundo inadvertido,
Faltan Fol.123-125
U Fol.126-127 Canción VIII. De ti quiero sentirme,/porque razon me
3 sobra. . . [nota: A la mano derecha de su Catalina, porque no le
soribia] . (5 estrofas de 13 versos heptasilabos y
U endecasílabos y una final de 6 versos iguales]
Fol. 128 Soneto. Los cuerpos dos: el Alma hade ser una...
Soneto. Ya que me tienes en destierro amargo,
U Faltan Fol.129-130
u Fol.131-132
despierto,
Canción
...
IX. Si
[nota: Sobre
amor con
un sueño]
fatigarme,!mientras
. [7 estrofas de versos
estoy
U heptasílabos y endecasílabos y una final de 6 versos iguales]
U Fol.133 Soneto.
estando el author muy malo]
Aunque tiene la sangre corrompida,... [nota:
U Soneto. Del poco amor de cansa el frio olvido, [nota: Responde
¡ a una pregunta, que le hizo su Doña Catalina, preguntandole de
que se cansa el olvido en los amantes]
U Soneto. Quando de amor procede el crudo celo, . . . [nota:
U preguntole una vez su Catalina,
penosos]
quando eran los zelos mas
U Soneto. Centelleaba una luciente estrella... [nota: A su
-90-
CAPÍTULO II
U Catalina un día, que se vistió de luto]
U Faltan Fol. 134-135-136
Fol.137 Soneto. Después que el verbo eterno en carne vino,... [nota:
U Declara el año, mes y dia, en que se velo con su Doña Catalina
U Carrillo, que fue 6 de abril de 1559]
Soneto. La castidad, y honestidad corridas...
U Falta Fol.138
U Fol.139 Canción Castellana Ajena Glossada. Véome
remedio,/que para curar mi mal/la cura muy principal/es tomar
tan sin
U el fin por medio... [1 cabeza y 4 décimas de versos
U octasílabos]
Fol.140-146 Eugenio de Salazar a su muy amada muger, y Señora Doña
U Catalina Carrillo.- Las reglas de la buena casada. Entre mil
U notables cosas,! que de vos tengo notadas. [39
numeradas de versos octasilabos, entre las que
décimas
se van
U intercalando notas alusivas a dichas reglas, en total se
U marcan 17 reglas: [Link] y tema a Dios la casada.- [Link] y tema
a su marido: buenos effectos. que nasqen de amar, y temer, y
U estimar la casada a su marido, en esta copla, y las dos
U siguientes.- [Link] sea casta, y honesta: en publico, y en
secreto en fechos, y en dichos; que no se puede llamar casta,
U ni honesta a la muger, que solamente no tiene quehazer con
-91-
U
¡
U CAPÍTULO II
E otro, sino con su marido: si le faltan las partes que se
U declaran en las coplas siguientes; Ponense las partes de la
honestidad en esta copla, y las quinze siguientes; que se
U recate; que sea vergongosa; que no sea ventanera; que no sea
¡ callegera; que no escuche palabras de amores, que nadie le
diga, sino finja que no las oye; que no responda al hombre,
U que le hablare alguna palabra atrevida, o deshonesta: ni le
U riña: que mejor es callar; que no sea melindrosa; que hable
poco, y congertado, y a tiempo; que se temple en el comer, y
¡ en el beber; que no sea amiga de trajes excesivos; que no este
U ogiosa; que en absen9ia del marido este recogida, y no se
ponga galar, ni cure mucho il rostro: ni admita visitas, ni
U conversa9iones sospechosas; que tema las murmuraciones de las
¡ malas lenguas, y no haga, ni diga cosa, que pueda paresger
mal, aunque la haga con buena intengion; que alange y expelía
¡ los malos pensamientos, que trate con mugeres honestas.- [Link]
¡ la casada no sea sobervia y si viere al marido enojado, calle
y no le responda.- 5. Que no de ocasion con hechos, ni dichos,
U para que el marido alguna vez ponga las manos en ella: porque
¡ por alli se yra siempre.- 6. Que haga lo que su marido la
mandare: aunque algunas vezes vea que va fuera de razon, con
¡ que el mandato no sea contra la honra del ni della.- 7. Que no
-92-
CAPÍTULO II
U sea muy zelosa.- 8. Que de ordinario se vista y toque honrosa
U y honestamente, y no con vestido apocado, ni siempre de arco.-
9. Que sea guardosa.- 10. Que no sea misera, ni apretada en
U las cosas de la honra.- 11. Que si el marido trajere a casa
¡ algunos huespedes, los resciba, y trate bien y alegremente.-
12. Que sea cuerda y prudente para governar su casa y
¡ familia.- 13. Que ame, recoga, ocupe, y castigue a los hijos.-
U 14.... Que sea liberal, y desembuelta por su casa, y no sea
menester que de las puertas adentro el marido provea nada.-
U 15. Que haga que este toda la casa, y rincones della limpios
U y asseados, no solamente su estrado y aposento.- 16. Que sea
affable con los vezinos.- 17. Que por sentirse la casada
U asimesma muy buena, y honesta y casta no se ensoberbezca, ni
¡ menosprecie a las que no lo son.
Fol.146-147 Canción castellana agena gloseada.- Quiero tanto al
¡ ansia mia! solo por la causa della:/que me da vida tenella,/
U y destruye mi alegria! temor de yerme sin ella. Glossa del
author. Quando el coraqon ansiado... [5 décimas de arte menor,
¡ versos heptasílabos y octosílabos]
u Fol.148-149 Canción castellana. Pues no me quieres Amor,! ya no te
querré jamás:! veamos quien pierde más,! yo vassallo, o tu
señor. [6 octavas de versos heptasílabos y octosílabos]
-93-
CAPITULO II
U Fol. 149-150 Romance. Al conde Fernán Gonsalez! cavallero de gran
¡ fama! en prission le tiene el Rey! Don Sancho que le desama...
[Nota: Hizo el author este romance a instancia de su Catalina
U que alabava sienpre mucho a la memorable y valerosa Condessa
U Doña Sancha por lo mucho que amó al Conde Fernán Gonsalez su
marido] [versos octosílabos]
u
.
Fol.15l-155 Epistola a su Catalina. El insufrible tormento,! y el
U incesable penar! no me dexan ya callar! el fuerte dolor que
siento. [50 estrofas de cuatro versos heptasílabos y
U octosílabos]
U Fol.155-180 A su amada Esposa y Señora Doña Catalina Carrillo.- La
Perpetuación de Mayo. Después que Amor y La Fortuna y Hado! a
¡ la sublime altura me han subido! del venturoso e inestimable
estado! a ningún otro amante concedido,! después que al bien
U me veo levantado! del qual no temo yerme ya caido, / y cojo el
¡ dulce fruto y los sabores! de mis fatigas grandes y
¡ dolores... [154 octavas de versos endecasílabos]
autor a lo largo de la Perpetuación: Recebimient o de Mayo.-
[Notas del
U Montes, valles, árboles.- Cielo, sol, luna estrellas,
planetas, signos, aire, vientos.- animales, reptiles.
U
-
Neptuno, Mar, pexes.- Dioses silvestres, Pan, Ceres, Venus,
Cúpido, Ninphas.- Pastoras, rapozas.- Damas, Galanes,
-94-
CAPITULO II
Cavalleros, Señores, Príncipes, Reyes, Emperadores.-
¡ Consideraciones de Mayo.- Cosmografía abreviada: Assia.-
U Colosso y Mausoleo dos de las siete maravillas del mundo,
Templo de Diana otra de las siete maravillas del mundo.- Syla
¡ monte, Méothis Laguna, Tannis rio.- Muros de Babilonia otra de
las siete maravillas, Zmno monte.- El muro de la China la otra
¡ maravilla del mundo, que tiene mas de 500 de largo, y es de
¡ hermosa cantera, y muy alto y fuerte.- Thoribin el reino de la
China.- Arcipielago índico.- Gran Méaco cuidad cabeqa de
¡ Jayón.- América.- Pariacaca puerto muy alto.- Cuzco ciudad.-
¡ Magallanes estrecho de mar.- Africa.- Candace Reina de Sabba.-
Arsinatio promontorio Cabo verde.- Athlas monte.- Pivo de
¡ Teida, un altísimo volcán de la isla de Tenerife.- Pirámides
¡ de Egipto una de las siete maravillas.- La torre de Faro una
de las siete maravillas.- Europa.- La estatua de Júpiter que
¡ estaba en este templo fue una de las siete maravillas del
¡ mundo por su grandeza.- Pyerio monte.- Olympo monte.-
Cherfonafe.- Bosyhoco cimerio.- Rheno rio, Danubio rio, Albis
U rio.- Apenino monte, Ema monte, Faro estrecho de mar.- Alpes
¡ montes. - Cabos de sanbicente y Finisterre.- Guadarrama rio de
Madrid.- Actos de la Perpetuacion.- [acróstico Doña
¡ Catalina...].- [Nota:] Iczotl es un pimpollo que ay en la
-95-
CAPÍTULO II
¡ Nueva España a manera de palmito, que tiene las cabezas de las
¡ pencas blanquisimas y lustrosísimas.
Fol. 181 segunda parte de la Silva de Poesía, donde ay obras, que
U el Author compuso a contemplaqion de diversas personas, y para
U diversos fines.- Doña Blanca Enriquez. Marquesa de
Villamanrique, Virreyna Dela nueva España. Soneto. Blanda
u sobre las blancas, que por suerte.
U Fol.182-193 Bucolica. Albar-Blanca.- Descripcion de la Laguna de
Mexico. En el distrito rico de occidente! donde los francos
¡ montes su riqueza / y su oculto caudal hazen patente,! con
¡ gran dulqura, y natural largueza:! y dan en abundancia a
nuestra gente! de sus profundas venas la fineza:! alli esta
U aquella poblacion famosa! Tenuxtitían la rica, y populosa.
¡ [(descripción) 38 octavas en endecasílabos, (Albar> 10
estrofas de 12 versos endecasílabos y la introducción de un
¡ heptasílabo en posición penúltima de la estrofa, (Blanca> 10
¡ estrofas de trece versos de arte menor]
Fol. 193 Don Albaro Manrique de Zuñiga. Marques de Villamanrique,
u Virrey de la nueva España. Soneto. Su alto sceptro, y gloriosa
u espada.
Fol 194-199 Blas Agrañes-Mingo.- Glossa.- Que hare mingo, que
U muero! y Costanqa huelga, y calla?! que la olvides compañero,!
-96-
CAPÍTULO II
u y pues te dexa, dexalla,... [Nota: hizo esta cabe9a de cangion
¡ el Ilustrissimo Duque de Sessa nieto del gran capitán, y
glossase con intento moral de divertir a qualquiera del amor
¡ y affiqion carnal de las mugeres] . [Glossa del author: 12
U décimas de versos octosílabos.- Mingo-Blas: 12 décimas de
octosílabos.- Glossa del author: 4 décimas iguales]. [Nota
¡ final de la glossa: Cabe~a de can~ion agena glossase debaxo
U de fin moral para sacar de ceguedad a un amador, que se dexa
vencer, y subgetar de las passiones del amor carnal]
¡ Fol.l99-203 A la inclyta Dama y serenissima Señora Doña Isabel
¡ Clara Eugenia infanta de España. Canción XIII.- Altissima
Isabel con cuyo lustre! el cielo se hermosea y
¡ resplandece... [13 estrofas de 16 versos endecasílabos y una
estrofa final de 11 versos endecasílabos y heptasílabos]
Fol.203-204 Aqui se continuan las hierogliphicas de las honras del
¡ Rey Philippo Segundo.- Pinto una aguila caudal volando
Fol.205 A la Ilustrissima, ingeniosa Poeta, y muy relligiosa
U observante Doña Leonor de Ovando, professa en el monasterio de
U Regina de la Española Eugenio de Salazar su muy devoto, y
u servidor en la fiesta de la Natividad.- Soneto.
eterno es hijo glorioso, ...
El que ab
¡ A Eugenio de Salazar su cierta servidora Doña Leonor de Ovando
U
u
u
U
CAPÍTULO II
¡ en Respuesta. Soneto. El niño Dios, la virgen y parida, ...
U Fol.206 De la misma señora al mismo. En la Pascua de Reyes. Soneto.
Buena pascua de Reyes, y buen ......
U Del mismo a la misma señora. En Respuesta. Soneto. La clara
U lumbre de la luz, que distes...
Del mismo a la misma señora en la Pascua de Resurrection.
¡ Soneto. Domingo se llamaba un pastor bueno, ...
U De la misma señora Al mismo en respuesta.
pastor domingo pregonero.
Soneto. El buen
U Fol.20? Del mismo a la misma señora en la Pascua del Spiritu
¡ Santo. Soneto. El vehemente spiritu del cielo...
De la misma señora al mismo en Respuesta. Soneto. Pecho que
U tal concepto ha producido,
¡ Del mismo a la misma señora en el Dia de San Juan Baptista.
Soneto. Señora no se si del gran baptista...
U De la misma señora al mismo en respuesta. Soneto. No sigo el
¡ estandarte del baptista.
Fol.208 Sestina. Del mismo a la misma señora, consolandola en la
U partida de sus hermanos. De la captiva madre el triste
U pecho! qual quedara? con quan ansiosa pena, ...
De la misma señora al mismo en respuesta. Versos sueltos. Qual
U suelen las tinbieblas desterrarse! al descendir de Fhebo aca
-98-
u
U CAPÍTULO II
¡ en la tierra.
U Fol 209 Francisco Tostado de la Peña, vecino de la qiudad de Sancto
Domingo de la española... quien llegado alli el author a
U servir en la real audiencia que alli reside. Soneto. Divino
U Eugenio, illustre y sublimado, ...
Soneto. Respuesta. Heroyco ingenio del subtil tostado,
U Fol.210 En loor de la muy leal, noble y lustrosa gente de la ciudad
U de Sancto Domingo de la isla Española. Canto. De España ala
Española! endereqo ventura! de mi navio la dudosa proa,! y
U aquesta fuerte hola! me puso en un altura! digna de un otro
¡ ser de mayor loa,! pues hallo en este asiento/ lo que da al
Alma, y ojos gran contento. [9 octavas de versos
U predominantemente heptasílabos con dos endecasílabos al
¡ interior de cada estrofa].
Fol.2ll La ilustre poeta y señora Doña Elvira Mendoga moradora en
U la ciudad de Sancto Domingo de la española tenia unos papeles
U del author, con las quales habla este soneto. Soneto. Cantares
mios, que estays rebelados, ...
u Fol.212 Habia en la isla Española un hombre llamado Castaño, que
U echaba juicios, y respondia a muchos sobre subcesos futuros.
Este quiso pasar a la isla de Cuba en un navio cargado de
U mercaderias suyas, y en el viaje encontro un cosario franges,
-99-
CAPÍTULO II
3 que le tomo a el, y al navio, y lo que llevaba, este caso del
U Astrologo dio causa al siguiente Soneto. Algunos dizen que yba
almadiada...
U Soneto de author incierto en lengua Toscana en que se daba
u entender las significaciones
nuestro vulgar en el siguiente de los colores.
soneto. Candida, Traducido
pura fede en
il
U biaco apreza, ...
Soneto. Denota fe lo blanco, y su pureza, ...
U Fol.213 Epigramma. Quum mea me genitrix gravida gestaret
U alvo, Versos traducidos del griego en latin por Angelo
...
Policiano, y agora del latin en nuestro vulgar en el soneto
siguiente.
U Soneto. Mi madre (dizen) que de mi preñada...
Al anima del Padre Fray Francisco del Corral de buena memoria
U relligioso, que fue de la orden de San Hieronimo para consuelo
U de la señora Abadessa de su hermana, y otras hermanas. Soneto.
O Alma rica, y bienaventurada, ...
U Soneto. La clara Luna, el Sol resplandesciente.
¡ Fol. 214 Soneto. Astuto Amor, que donde la sospecha... A una muy
buena y muy hermosa relligiosa.
U A la misma. Soneto. Una beldad, que va tan adelante...
U Estando el author en las islas de Canaria con gran desseo y
U -100-
U
u
CAPÍTULO II
¡ pena por volver a su tierra. Soneto. Penoso de tener penosa
U estada...
A un medico que tenia un encordio. Soneto. Señor Doctor vivido
U he en grande engaño...
U Fol.215 Soneto. Eugenio preclarisimo, el Poeta, ... Don Pedro
de Liébana, Vean de Guatemala.
U Soneto. De Erato, Euterpe, Polyhimnia, y Clio, ... Respuesta
u Al libro de
Illustre las Don
Poeta obras llenas
Pedro de Doctrina
de Lievana erudi9ion,
Vean de y gala
Guatemala. del
Soneto.
U Jardín de mil lindezas adornado, ...
Fol.216 Don Pedro de las Roelas General de la armada de la nueva
¡ España queriendose envarcar. Soneto. Bramando suele andar el
U mar de España...
Fol.216-217 A la muerte de Doña Madalena de Vargas natural de
U Madrid, que murio en Guathemala. Sestina. Gana tenia de vos el
U justo cielo...
Al sepulchro de la misma señora Doña Madalena. Epithaphio. En
U aquesta sepultura...
U Fol.218 La victoria del Catholico Rey Don Phillippe segundo de
España en la conquista de Portogal celebró con solemne
U procession y officios la iglesia de Guatemala dando gracias a
U Dios el dia de la ascencion de nuestro Señor, y para cantar en
u -101-
U
U
CAPÍTULO II
la procession, y fiesta hizo el author las dos canciones
siguientes. Cancion. Oy que toma el Rey del gielo! su corona
celestial, quiere que celebre el suelo! la que el dio de
Portogal. [4 octavas numeradas de arte menor]
Fol.219 Cancion Ballata X. Corona toma oy Dios del alto imperio:!
y cuando le paresge,! de Dios corona aca a quien le
meresce... [4 estrofas numeradas de siete versos endecasílabos
y heptasílabos]
Fol.219-223 A la traduccion de los libros de re militan hecha por
3 el secretario Diego Gracian del Griego, y latin, y Franges en
lengua castellana. Canto. Después que el siglo de oro! passó
¡ (que no debiera> y su blandura,! y aquella quietud tan llana
y pura,! a quien ningun thesoro! contaminaba ni codigia
u dura. [45 estrofas de cinco versos cada una, usando versos
endecasílabos y heptasílabos alternos]
Fol.223-229 A los dialogos militares del Licenciado Diego Garcia de
Palacio del consejo de su Magestad y su oydor en la Real
U audiencia de Guatemala. canto. Quando del bravo Marte está
encendida... [37 octavas reales, numeradas por Salazar como
34]
U Fol.229-231 En loor de los famosos cavalleros de la Relligion, y
capitanes y soldados, que murieron peleando contra los Turcos
-102-
CAPÍTULO II
3 defendiendo la fe de Jesucristho en el fuerte de Malta llamado
Santelmo, el año de 1565. Estanzas. Lugar remoto de asperesza
lleno, ... [13 estrofas de E versos endecasílabos]
Fol.232-246 Satyra por similes, y comparaciones contra abusos de la
Corte. La variedad de la copiosa corte! mi pluma lleba ya de
gente en gente! por cosas, que a mil simples dan conorte! como
3 arbol arrancando con cres9iente/ que ya en la puente topa, ya
en la orilla,! y do le arroja el rio, y su corriente. [259
tercetos]
3 Fol.246 Soneto. Levantese del mundo en alto vuelo...
Fol.246-251 Don Luis Hurtado de Mendoqa Marques de Mondejar. Señor
3 de la Provincia de Almoguera, de los consejos de estado y
3 guerra de su Magestad. Eugenio de Salazar. Salud. Epistola.
Temiendo quedo no hayas sospechado! (escellente Marques) por
U mi tardan~a/ que estoy de tus mandatos olvidado. [72 tercetos
3 de versos endecasílabos]
Fol.251-255 A la muerte del memorable señor Joan De Figueroa
U Presidente del consejo supremo del Rey Don Philippe Segundo.
3 Elegia. Cruel tixera de la Parca dura, que en todo tiempo
estas tan afilada! para cortar la hebra mas delgada. [71
• tercetos de versos endecasílabos].
3 Fol.255-258 Estando el serenissimo Don Carlos Principe de España
-103-
CAPÍTULO II
3 oleado, y desafuciado de los medicos de una herida, que se
hizo en la cabe9a cayendo, siendo de edad de diez y siete
años. cancion XI. Ay mundo triste que reveses tienes:! dudosa
3 contianva! en ti se •haze, de penares lleno.. . [11 estrofas de
16 versos endecasílabos y heptasílabos, y una estrofa final de
10 versos iguales]
3 Fol.258-2S9 Estando el serenissimo principe [Link] en la villa de
Alcalá de Henares, y posando en las casas Arzobispales donde
moraba tambien el Alcaide dellas, que tenia una hija que se
3 llamaba Doña Mariana de Garcetas, el Príncipe se aficionó a
ella, y baxandola a ver un dia por una escalera de un caracol,
cayo, y se hizo la herida, de que llego a punto de muerte, que
3 dio causa a la cancion pregediente, y despues que fue nuestro
Señor servido sanarle, salio en la universidad de Alcalá esta
U cabeza de villancico, que aqui se glossa. No supe el author
3 della, y esta misma se vuelve a glossar otra vez en las obras
de devocion. Baxose el Sacre Real! a la gar~a por asilla:! y
3 hiriose sin herilla. Glosa l~. Amor que es
3 vanaglorioso. . .Glosa II. Usando de su licencia... [3 estrofas
de 10 versos octosílabos para la primera y para la segunda
U glosa tambi4n, en total 6 estrofas]
3 Fol.260-276 A la catholica y real Magestad del invictissimo Don
-104-
CAPÍTULO II
3 Philippe segundo, Rey de las Españas, de las dos Sigilias, de
las Indias y de Hierusalem. Canto. Alegre vive la lustrosa
España! (Magnanimo Philippe) en su ventura,! y en dulce gozo
3 veo que se vaña! de sobre saltos libre ya, y segura;! ufanidad
la anima, y acompaña, viendose en trono de sublime altura,!
nunca ha gozado de mayor contento,! desde su venturoso
3 fundamento. Hizo el author este canto cuando el catholico Rey
Don Philippe caso tercera vez con la serenissima reyna Isabel
infanta de Francia [100 octavas reales]
3 Fol.277 A la magestad misma. Soneto. Sublime magestad
esc1ares~ida, .
¡ Fol.277-283 Hieroglyphicas. En la muerte de la serenissima Reyna
3 Doña Anna nuestra Señora, que de Dios goza, la real audienqia,
y chanzilleria, que reside en la ciudad de Sanctiago de la
U provincia de Guatemala en Indias hizo exequias, y tumulo muy
3 sumptuoso y solemne, y en el tumulo huyo muchas
hieroglyphicas, y letras, de las quales el author, que a la
¡ sazon residia en aquella Qiudad, hizo los siguientes.-
3 Epitaphio. Real valor vestido de divina!virtud, y de limpiega
mas que humana:! cabega de corona la mas dina,! reyna de las
U Españas soberana:! Yazeis en poca tierra (o Ynclita Anna>!
3 Ebro, Fo, Scalde, y Albis, y el Sur grande! os loraran con fe
-105-
CAPÍTULO II
¡ y perpetua gan:/ y mas quanto mas corra el tiempo y ande. [14
hieroglyphicas]
Fol.283-286 A la muerte de la serenissima Reyna Doña Anna. Nuestra
3 Señora. Cancion lamentable. XII. Un derogable ley del mundo
triste,! que como a la cuytada, y pobre gente... [12 estrofas
de 13 versos endecasílabos y heptasílabos, y una estrofa final
U de 7 versos similares].
¡ Fol.286 La muerte de un gran privado de la Magestad del Rey
Philippe II de España dio causa al siguiente Soneto. mundana
3 pompa con real privan9a,
Falta Fol.287
¡ Fol.288 El author a un amigo suyo viejo, y muy enfermo, que le
3 escribio una carta en metro con mucha diversidad de Trobas.
Señor Don Joan estoy maravillado,! que ayays assi agotado
• vuestras venas:! que aunque ellas no estuvieron jamas llenas,!
3 fue error, haberos todo baziado... [a manera de soneto]
Fol.269-292 Hieroglyphicas. En las solenes exequias de la
E hermosisima Dama Doña Francisca Enriquez, hija de Don Alvaro
3 Manrique de Zuñiga, Marques de Villamanrique, Virrey de la
Nueva España, muger que murio en la giudad de Mexico siendo de
U edad de treze años: se pusieron en un sumptuoso tumulo, que se
3 hizo, muchas letras, pinturas, y hieroglyphicas, que
-106-
CAPÍTULO II
3 compusieron diversos, e ingeniosos authores movidos de la
¡ lastima de la anticipada muerte de Dama de tan poca edad, y
tanta virtud, y hermosura, y del zelo del servicio, y amor a
3 sus grandes padres debido, y entre los demas el author hizo
¡ las siguientes... [13 hieroglyphicas] [Sevilla, México,
Laguna...]
3 Fol.293 Soneto. Quñigas grandes y Sotomayores,
¡ Fol.293-294 Sestina. Cubierta estas Tenuxtitían de luto,! que assi
lo quiso tu contraria suerte:/ quedas metida en muy escura
3 nube,/con el desvio de tu clara Luna.! Levanta al cielo tu
profundo llanto,! lleguen tus vozes al empyrio trono...
¡ Fol.295 En las honras de Doña Isabel Rodriguez muger del Doctor
• Santiago de Vera Presidente que fue de la real audiencia de
las Philippinas, y despues de la real audiencia de Xalisco.
U Epitaphio. El termino del cielo cumplio... Soneto. Acompañado
3 a tu consorte caro...
Fol.296-302 Al insigne poeta Hernando de Herrera. Epistola. Aqui
¡ (insigne Herrera) donde el cielo! en circulo llevando su
3 grandeza,! passa sobre occidente en presto vuelo... En que se
refiere al estado de la illustre giudad de Mexico cabeqa de la
3 Nueva España, y se apunta el fin de cada una de las artes
3 liberales y sciencias, y la propriedad de todas las especies
-107-
CAPÍTULO II
3 de Poesia. No hay respuesta desta Epistola porque quando llego
¡ a España era ya muerto este famoso poeta. [120 tercetos de
versos endecasílabos]
3 Fol.302 Soneto en que declara el author donde nasció, donde se
casó, donde estudió, donde se hizo Licenciado, donde Doctor,
y todos los oficios que tuvo. Nací y casé en Madrid. Criéme
3 estudiando! la escuela Complutense y Salmantina./La ciencia me
dió la seguntina.! La Mexicana de Doctor el mando.! Las
Salinas Reales Luí juzgando.! Puertos de Raya a Portugal
3 vezina,! Juez pesquisidor fui a la contina.! y estuve en las
Canarias gobernando.! Oidor f uy en la Española y Guathemala!
3 me tuvo por Fiscal. Y de allí un salto/ di en Mexico a Fiscal,
3 y a oidor luego.! O quien le diesse al tribunal mas alto.! O
quien subiesse al eterno al que vala.! aunque pasasse por el
3 agua y fuego*.
• (El último terceto está tachado por Salazar y reemplazado por:
De allí di otro al tribunal mas alto! de Indias, que me puso
3 Dios la scala:/ alli me abrasse su divino fuego]
3 Fol.302-305 Romance en voz de Catalina en una ausencia larga a
Ultramar del author siendo despossados. Describese en esta
U primera parte el crepusculo de la mañana [nota: hasta donde
3 ponga esta señal] [otra nota: se ha de poner en la primera
-108-
CAPÍTULO II
3 parte]. [estrofas de 12 versos octosílabos].
3 Fol.305-310 Hieroglyphicas. Para las exequias que hizo la gran
Audiencia de Mexico en la muerte del catholico Rey de las
3 Españas Don Philippe Segundo, compuso el author las
hieroglyphicas siguientes y las mas de las authoridades [...]
que en ellas se ponen se applican en el sentido teopologico
3 sacro y de su propia significacion y sentido y aplicados al
catholico Rey defuncto, y al inclito nuevo Rey Don Philippe
U Tercero, su unico hijo y sucessor, y a España y a la Nueva
3 España. [22 hieroglyphicas]
Fol.311 Epistolio de Pablo Gongalo a su Lorenga. Salud embia a ti
3 cruel Lorenqa! tu fuerte servidor Pablo Gongalo! a quien tu
3 das tan poca, que es berguen~a... [32 tercetos sin numerar en
versos endecasílabos] . Importunó al author un su amigo le
3 compusiesse una Epistola para una Dama a quien servia,
3 significando el amor del, y quexandose de la crueldad della,
y aun amenazandola con que se quena despedir de su servicio.
3 Y el author por burlarle, y porque no le importunasse mas en
3 casos semejantes: le embio estos tercetos, cuyos atributos no
dejaban de quadrar a la Dama y tanbien en los nombres se
U dezmaron de los verdaderos del y della.
3 Fol.312 Soneto. A la navegacion del Niño Jesus que para la fiesta
-109-
CAPITULO II
U de su gloriosa Natividad compuso el Padre Joan de Cigorondo de
3 la Compañia del nombre de Jesus rector del Collegio del
Seminario de Mexico. Soneto. Las voces dulces, tiernas, y
3 piadosas...
Fol.313 Tercera parte de la Silva de Poesia, que contiene lass
obras de devocion del author. Dividida en tres partes.-
3 Primera parte de la Tercera, en que estan las obras
pastoriles. Cancion sestina al Padre eterno, of fresciendole
las obras deste libro, y las demas. Criaste cielo, y Tierra,
3 y agua. y fuego,! el ayre, las estrellas, Sol, y Luna,! la
sierra, y monte, y campos con su fruto,! los animales brutos,
noche, y dia/ (o gran criador) y todo para el hombre,! y al
3 hombre al fin para le dar ni gloria... [6 sextinas de versos
endecasilabos y un terceto final semejante]
3 Fol.314 Al glorioso sancto Eugenio martyr mi patron, y abogado,
3 primer ar~obispo que fue de Toledo, suplicandole me favorezca
ante la Magestad divina para que acepte el pequeño presente de
U mis obras. Soneto. Bendito Eugenio, del señor amado, .
3 Fol.315 Soneto invocando el favor divino. Aquella luz divina tan
lumbrosa, ...
3 Fol.315-316 A nuestra señora invocando su glorioso favor. Cancion
3 Sestina. Con quanta gana la amorosa madre! escucha el dulce
-lío-
CAPITULO II
3 gorgear del hijo,! que en sus oydos es la misma gracia:! y por
pagarle quel gustoso gusto! saca la teta del qerrado seno,/
para le dar su sangre en blanca leche... [5 sextinas de versos
3 endecasílabos, y un terceto final de versos semejantes]
Fol.316-320 Bucolicas. Bucolica 10. En que se denota el peligro,
enque esta el Alma, en esta vida por el cuidado y asechanzas
U del Demonio. Eugonio.- Al derredor de aqueste mi rebaño! los
lobos veo andar cada momento! con desmedida y peligrosa
U hambre:! y no solo en cabezas desmandadas! hazen sus presas
3 con agudos dientes,! mas aun las que obedes9en al cayado,! y
al vino silvo del pastor cuydoso [verso suelto]
U Fol 32>324 A la Natividad de Christo Nuestro redemptor. Bucolica
3 II. Arualio-Eugonio.- Eugonio viste la alegria grande,! y el
resplandor de la passada noche?! Por aventura alguna vez
U al~aste! despiertos ojos al sereno Qielo?. . . [22 décimas en
3 versos endecasílabos].
Fol.324-325 A la Natividad de Christo nuestro redemptor. Bucolica
U III. Rurano. A medianoche en la majada estando... [ 9 estrofas
U de 9 versos cada una, intercalados endecasílabos y
heptasílabos]
3 Fol.325-330 A la muerte de Christo nuestro redemptor. Bucolica
3 1111. Joan.- Estaba Joan en el calvario monte,! donde el
U -111-
U
U
CAPÍTULO II
U Mesias espirado habia, ... [verso suelto]
3 F’ol.331-334 A la Resurrec9ion De Christo nuestro redemptor.
Bucolica y. Melibeo-Herbasio-Alpino.- En la provin9ia fertil
de Judea! riega el gedron con su corriente pura! una ribera
verde, y deleytosa... [verso suelto]
Fol.334 Soneto. No lexos del ~edron con amor gena.
U Fol.335—336 Al divino misterio del hijo de Dios en la sacratissima
Virgen Maria Nuestra Señora. Sestina doble y Cantó en verso
entero de doze sylabas a imitacion del trimetro yambico, que
los italianos llaman verso sdrucciolo. Personas, el author en
U la sestina, y los doze apostoles en el canto. Sestina doble.-
Silvestre Musa, que en el sonoro cantico/ oiste dentro del
3 florido termino! de aqueste valle( do terrestre bibora! no
dexan rastro, ni llorosa lastima> :1 a los cantores del celeste
U Panpano,/ que enxirio el cielo en una vid sin macula... [12
3 sextinas de versos dodecasílabos y un terceto final de versos
semejantes]
U Foí.336338 Canto: Pedro, Andrés, Jacobo... Pedro.- Salio del monte
U altissimo/ aquel pio decreto tan magnifico,! que en el bientre
limpissimo! de Maria encarnasse aquel pacifico! pastor eterno
U y matoral mirifico,! que fue (o zagala) tanto buestro merito,!
3 que a vos tomo el crucif ero! contra el futuro mal, y error
-112-
CAPITULO II
¡ preterito! por medio salutifero. . . Lestrofas de 9 versos para
3 cada uno de los apóstoles, usando endecasílabos y
octosílabos]
3 Fol.339-341 Segunda parte de la tercera de la Silva, en que se
3 contienen las obras en metro castellano [arte real, segun
Gallardo col.315] Aplicaciones del Alma.- En el principio
3 <señor)! criaste el 9ielo y la tierra,! y a nuestro padre
3 mayor.! A quien hizo ser traydor! el que siempre nos da
guerra.! Mi anima en qualquier hora! como a su criador te
3 adora,! si el malo quiere engañarla,! plega ati señor
guardarla,! porque no te sea traydora. [12 estrofas de 10
versos heptasílabos y octosílabos]
3 Fol.341-344 Al glorioso San Eugenio Martir primer Ar~obispo de
Toledo mi Patron y abogado.- Vos que desde Arles de Francia!
U Eugenio diste un vuelo,! que fue de tanta ganancia,! y tan
U crecida importancia:! que importó a Toledo el cielo... [23
estrofas numeradas de 10 versos heptasílabos y octosílabos]
3 Fol.345-347 Glossas. Sobre el verso de los cantares: Tota es
3 pulchra amica mea. Que quiere dezir Toda eres hermosa amiga
mia. A la hermosura y gracia spiritual de nuestra señora.
U Glossa 1¾- Tu que al alto Rey del qielo,! virgen sin dolor
3 pariste,! ya los hijos deste suelo! inestimable consuelo!
-113-
u
3
3 CAPITULO II
3 mediante el parto adquiriste... [12 estrofas de 10 versos
• octosílabos].
Fol.347-349 Glosanse las palabras de Sant Francisco. Quien eres tú,
3 y quien soy yo? Glossa II. La soberbia desbarata/ todo buen
¡ conoscimiento,! y tan malos tratos trata,! que como agua al
fuego: mata!al justo agradescimiento... ElO estrofas numeradas
• de 10 versos octosílabos cada una].
¡ Fol.349-351 Traduqense y glosanse las palabras de San Pablo ad
Galatas.c.2. Vivo autem! iam non ego,! vivit in me Christus.
3 Que quieren dezir Vivo yo,! ya no yo,/vive en mi! el que en
cruz murio por mi. Glosa III.- La hora que considero! las
U grandezas del Dios mio,! y bienes que del espero,! y deste
3 mundo ratero! mis pensamientos desvio, ... [8 estrofas de 10
versos octosílabos y heptasílabos]
3 Fol.351-352 Es mucho ganar el mundo,! y mucho mas de estimar,!
3 saberle menospregiar. Hizo esta cabe~a de villan9ico el
insigne maestro Ambrosio de Morales Cathedratico de Rhetorica
U en la universidad de Alcala.- Glosa 1111. De nuestros pastores
3 mayores! el delicto tan dañoso,! como a hijos de traydores!
nos dexo por successores/ en su daño contagioso.. . [3 estrofas
• de 10 versos octosílabos].
3 Glosa V. Oy la gran falta se cobra,! y se recata la vida! con
-114-
CAPÍTULO TI
3 tan pregiosa comida. Hizo esta cabe9a de villanqico el
¡ doctissimo maestro fray Mancio, cathedratico de Prima en la
facultad theologica en la universidad de Salamanca para una
¡ fiesta del sacratissimo sacramento. Glossa V.- El género
¡ humano estaba! de gracia falto, y ganoso,! la qual mucho le
importaba,! por ser medio que mediaba! para el fin, sin fin
• gozoso...[3 estrofas de versos octosílabosyheptasílabos].
¡ Fol.353 Baxose el Sacre Real! a la garza por asilla! y hiriose sin
herilla. Esta cabeva de villanqico esta glossada otras dos
3 veces en la segunda parte deste volumen. Glossa VI.
¡ Aplicandose este villan9ico al misterio de la encarnaqion del
hijo de Dios.- Habiase decretado! por la eterna trinidad,! que
3 el verbo fuesse encarnado,! para muerte del peccado! del
¡ hombre y su libertad... [3 estrofas de 10 versos octosílabos
y heptasílabos]
¡ Fol.353 Dios puso en hombre su nombre,! y en la cruz puso hombre,
y Dios:! que para salvar al hombre! fueron menester los dos.
U Esta cabe~a de can9ion hizo Silvestre famoso poeta castellano
3 de Granada. Glossa VII.- Pospuesto aquel grave error! por el
hombre cometido,! Dios con infinito amor! quiso ser su
3 redemptor! de humana carne vestido... [4 estrofas de 10 versos
3 heptasílabos y octosílabos].
-115-
CAPÍTULO II
U Fol.354 Con su muerte dio la muerte! a la muerte nuestra vida,! ya
3 nos da vida viva, y fuerte! de su muerte en cruz nascida.
Glosa VIII.- Con razon podias temer! (alma) la culpa primera,!
3 Y de ti que havia de ser,! si con inmenso querer! Dios de ti
no se doliera: . . . [4 estrofas de 10 versos heptasílabos y
octosílabos]
3 Ven muerte tan escondida,! que no te sienta el venir,! porque
¡ el gozo del morir! no me torne a dar la vida. Esta cabeqa de
canqion hizo el ingeniosissimo Doctor Vera medico del pulso
3 del serenissimo Principe Don Carlos. Glosa IX.- Eres muerte el
¡ paradero! de las miserias del mundo,/ principio del gozo
entero,! que nasve del ser primero,! que sera siempre
3 iocundo:... [4 estrofas de 10 versos octosílabos]
Fol.355 Cabeqa de can~ion agena. El niño re~ien nasvido! un dulce
¡ nombre res~ibe,! que el que le alcanzare vibe,! y el que no,
¡ queda perdido. Glossa del author X.- De aquel divino govierno!
de la eterna trinidad/salió aquel decreto tierno! que el hijo
3 de Dios eterno! tome nuestra humanidad... [4 estrofas de 10
¡ versos heptasílabos y octosílabos].
Fol.356 A la misma otra glossa del author. XI.- Que muestras de mas
3 Amor! que venderse a gente dura! por los siervos del señor?!
3 transformarse el criador! en su propia criatura?... [4 estrofas
-116-
CAPÍTULO II
3 de 10 versos heptasílabos y octosílabos].
3 Fol. 357 Glossanse los dos presupuestos siguientes:- En la vida
esta la muerte.- En la muerte esta la vida: Glosa XII.- En
3 esta mezquina era! van los tiempos de tal suerte,/ y las cosas
de manera,! que dira (y muy bien qualquiera/ en la vida esta
la muerte... [12 estrofas numeradas de 10 versos octosílabos
3 cada una].
Faltan Fol.358-359
Fol.360-362 Psalrno Quid esL Deus ? Virtud divins, universal,
3 eterna/ eres Dios mio: y de virtudes fuente,/de donde cielo y
¡ tierra se gobierna.. .Este salmo se ha de poner adelante
consecutivo al psalmo 1. Y tras este los demas psalmos que le
3 siguieren, esta el psalmo primero a foja 489. [64 tercetos de
versos endecasilasbos]
U Fol.362-365 Psalmo de execracion contra los que son ingratos a
¡ nuestro buen Dios. III.- Eterno criador de tierra y cielo,!
supremo proveedor de las criaturas,! dador del bien y
U celestial consuelo... [SS tercetos de versos endecasílabos]
3 [Nota al final de esta composición: El Psalmo 1111 esta
adelante a foja 492]
¡ Fol.366 Llorad mis ojos, llorad,! llorad, llorad, y no canseys,!
3 pues tanta razon teneys. Comento del author.- Llorad, que
-117-
CAPÍTULO II
U siempre os gevays! en las cosas deste suelo,/ y jamas os
¡ levantays/ al Sol, ni Luna del qielo:! que pues no algays
vuestro buelo,! en la tierra qegareys.! pues tanta . . . Es
U villancico antiguo de author incierto, comentase aqui con
¡ devocion. [ El comento del author son 3 estrofas de 7 versos
heptasílabos y octosílabos, a continuación 3 octavas numeradas
3 de versos similares, y termina con 2 estrofas como las
• iniciales].
Fol.367-368 Cancion a la resurreccion de Christo Nuestro
3 redemptor.- Ante ayer con muerte fuerte! fuiste (muerte>
destruyda:/ oyquedas mas muerta muerte,/ pues resusqito la
vida... Cabega de cangion agena.- Lucharon Dios, y el Amor! en
3 lo mas alto del gielo,! y Amor tuvo tal vigor,! que dio con
¡ Dios en el suelo.- Exposigion del author. [E estrofas numeradas
de cinco versos heptasílabos y octosílabos]
3 Faltan Fol.369-370
Fol.371-373 Discantes.- Sobre las palabras del propheta Esaioas.
¡ [Link].- Et egredietur virga de radice Iesse... Que quieren
¡ dezir, Saldra una vara de la raiz de Iesse.- Esplicadas a la
gloriosa natividad de nuestra Señora.- Discante 1 Diamante
U fino, labrado! por el eterno maestro,! en oro puro engastado,!
3 y de gracias esmaltado/ como convino al ser vuestro... [12
-118-
CAPÍTULO II
• estrofas de 10 versos octosílabos cada una).
3 Fol.374-3?S Sobre las palabras del psalmista. Plsal.l01.- Me
revoces me in dimidio/ dierum meorum.- Que quieren dezir: (No
3 me llames señor) en la mitad de mis dias.- Discante IT. Estos
3 brios peligrosos! de la verde juventud,/ y sus impetus
furiosos! tan contrarios y dañosos! para la eterna salud... [10
• estrofas de 10 versos heptasílabos y octosílabos].
3 Fol.376-377 Sobre las palabras del psalmista: descendant in
infernum viventes. Psal 54. Que quieren dezir: Des9iendan al
3 infierno los hombres, quando viven en este mundo.- Discante
¡ III.- Viendo al sol resplandesqiente,/ y al cielo claro, y
sereno/ la inconsiderada gente:/ no se les pone presente! el
3 fogoso rayo, y trueno:... [12 estrofas de 10 versos octosílabos
cadauna].
Fol.378-379 Sobre las palabras del Psalmista. Psal.15.- Dixi
¡ domino: Deus meus es tu, quoni am bonorum meorum non eges.-
Que quieren dezir: Dixe al señor: Tu eres mi Dios, porque no
U has menester los bienes mios. Discante 1111. El que no tiene
3 que dar,/ no vale para señor,! ni vale para mandar:/ que el
señor ha de ayudar! con merced, o con favor: ... [10 estrofas de
10 versos heptasílabos cada una]
¡ Fol.380 Sobre las palabras de Christo Nuestro redemptor: Paris,
-119-
CAPÍTULO II
3 quem ego dabo, caro mea est, pro mundi vita. Joan 6. Discante
¡ V.- Para si contrario, y crudo,!quanto a otros piadoso;/ el
Pelycano amoroso! rompe con el pico agudo! su pecho franco y
3 hermoso... [2 estrofas de 10 versos heptasílabos y
• octosílabos].
Fol.380 Sobre las palabras del Psalmista: Renovabitur ur Aquila
inventus mea. psal.102.- Aplicando al santissimo sacramento de
la Eucharistia. Discante VI.- Sube el Aguila caudal,! quando
muy vieja se siente:! hasta el fuego elemental, donde su pluma
real/ quema el elemento ardiente:... [2 estrofas de 10 versos
heptasílabos y octosílabos].
Fol.381-385 Gemidos del alma.- Eterno rey de la vida/vuelve tus
3 piós oidos/ a los profundos gemidos! de una alma tan
afligida. [49 estrofas de 4 versos octosílabos y una estrofa
final de cinco versos similares]
3 Falta Fol.386
Fol.387-388 Al Santissimo Sacramento dela Eucharistia. Velose con
3 blanco velo! en las especies del pan! la essencia del
3 consuelo/ para las almas que van! por el camino del qielo...
Siguense tres Enigmas con tres motes applicados a este
U sant issimo sacramento...
3 Fol.388-391 Canto del Cisne en una despedida de su Catalina para
-120-
CAPITULO II
U una ausencia a Ultramar antes que se despossase con ella. Este
3 canto ha de estar en la primera parte deste libro entre las
obras de mi Catalina. Quanto el tiempo va acercando! (señora)
3 ya mi partida,/ tanto mi penosa vida! siento se me va
alexando.... [45 estrofas de cuatro versos octosílabos cada
una]
3 Fol.392-398 Dialogo 1. de la invenqion de la cruz, en que ese
refieren muchos passos de la scriptura, donde se figuro la
cruz de Christo. Nuestro redemptor. Personas.- Pastor.-
3 Sabiduria.- Con razon (señora honrada>! veo los prados
floridos,! la hierba tan roqiada.! alegre qualquier majada,!
y estos campos tan lugidos. . . [39 estrofas de 10 versos
3 octosílabos].
Fol.398-401 Dialogo segundo de la invenQion de la cruz en que se
ponen algunas letras que guardan a la cruz de Christo nuestro
3 Redemptor. Personas. -Lipandro-Gridonio. - Contentamientogrande
debemos todos tener (señor! Gridonio con tan señalada merqed,
U como de la mano de! Dios hemos res9ibido este dia, en havernos
3 permitido! hallar la verdadera cruz sanctissima, en que murio!
por nosotros, y redimio el linaje humano.
U Fol.401-403 Traducgion de la leccion 1 en el cap.7 del Santo Job
3 conforme a la interpretacion y parafrase de Titelman.- Parce
-121-
CAPÍTULO II
1 rnihi domine, [Link] dies mel. Perdoname tu señor,! que
ya esta casi acabada! mi vida con el dolor:/ y mis dias
(redemptor>/ ante ti son como nada. [16 estrofas de 5 versos
heptasílabos y octosílabos, acompañadas al margen, de cada
estrofa, de sentencias en latín]
Fol.403-405 Traducvion de la lecgion segunda en el c.10 del Santo
3 Job, conforme a la interpretacion, y paraphrase de Titelman.
Taedet aniniarn mean vitae mea. Mi Alma esta fastidiada! de mi
vida corporal,/ que sustenta/ pena tan descompasada,! tan
3 pesado y fuerte mal,/ tanta afrenta [14 estrofas de 6 versos,
a manera de dos tercetos: con versos heptasílabos, octosílabos
y tetrasílabos en posición tercera y sexta]
3 Fol.405-406 Traduccion de la lec~ion sesta en el c.14. del Sancto
Job, conforme a la interpretacion, y paraphrase de Titelman.
U Quia mihi hor tribu ar, nr in inferno pro Legas me... Poderoso
3 Dios eterno,! de ti quien me alcangaria,! me ampares el fuerte
dia! con el limbo del infierno [12 estrofas de cuatro versos
U octosílabos, con las sentencias en latin al margen de las
3 estrofas]
Faltan Fol.407-408-409-410-411-412
U Fol.413 Tercera de la tercera parte de la Silva de Poesia de
3 Eugenio de Salazar. En que ay sonetos, y lyricos, y psalmos,
-122-
CAPÍTULO II
U y otras obras.
3 Soneto. Culpables horas, engañosos dias,
Soneto. En ti he esperado siempre, y en ti espero... [Para en
3 la gloria de la muerte].
Fol.414 Soneto. Qual suelee al tiempo del ardiente estio.
Soneto. Mi alma esta confusa, y affligida...
3 Fol.414-415 Cancion sestina.- Por el profundo mar la presta nave!
movida va con el ligero viento,/ y alli, que no ay camino, el
claro Norte/ es la fiel y verdadera guia/ dada por el señor
3 del agua, y cielo,! para guiar la vela a alegre puerto [6
sextinas de versos endecasílabos y un terceto final de versos
semejantes]
3 Al glorioso San Pedro Apostol, mi patron y abogado. - Soneto.
Glorioso Apostol, glorioso santo, ...
U Al glorioso San joan Apostol y evangelista mi Patron y
3 abogado.- Soneto. Patentes muestras del amor derecho,...
u
Fol.416 A la humildad, y pobreza del seraphico Francisco.- Soneto.
3 Alta humildad del mas que humilde santo,
Al Seraphico Francisco. Soneto. El offi~ial,
...
y artifice
afamado, ...
U Fol.417 A la gloriosa sancta Clara. Soneto. Clara es la luna, que
3 la noche aclara, ...
-123-
CAPÍTULO II
3 A la Real, y gloriosa virgen, y martyr Sancta Catalina esposa
de JesuChristo, de quien soy immerito devoto.- Soneto. Sangre
real, rarisima hermosura, .
3 Fol.418-419 A la gloriosa virgen sancta. Carilia. Estanzas. [7
octabas de versos endecasílabos]
Fol.419-420 Estanzas en loor del glorioso Padre San Benito primero
3 fundador, e constituidor de la orden regular, y observante.-
En las quales se declara el numero de sanctos canonizados,
Papas, Cardenales, Arqobispos, obispos, y abbades, que de su
3 orden, y profesion ha havido.- Y todas las ordenes, que se
yncluyen y comprehenden debaxo de la de San Benito glorioso.-
3 Estas estanzas no se impriman porque aunque las compuse por
3 certificacion de la orden del Señor San Benito que me 1...] un
religioso della parece que era nescesario mas autentico
U original para afirmar tanto numero de sanctos y prelados de su
3 orden. - De la sagrada iglesia militante... [6 octabas de
versos endecasílabos]
U Fol.421 Sobre un vaso de vidrio, que estaba lleno de agua y con una
3 ma9eta de flores coloradas y naranjadas con sus cabos verdes.
Soneto. O lozanico vaso vidrioso, . .
U El Dean de Guatemala Don pedro de Lievana a la natividad del
3 hijo de Dios. Soneto.- El qual embio a Eugenio de Salazar, por
-124-
CAPÍTULO II
le hazer merged.- Sea la gloria a Dios en las alturas,...
El Dean de Guatemala Don Pedro de Lievana a la natividad del
hijo de Dios. Soneto. El qual embio a Eugenio de Salazar por
le hazer merged.- Sea la gloria a Dios en las alturas,...
U Fol.422 Respondio Eugenio de Salazar al señor Dean con el soneto
siguiente hecho a la misma fiesta de la Natividad del Señor.-
Sea la gloria a Dios en las alturas,
Soneto a la sacratissima fiesta y pascua de los sanctissimos
reyes por Don Pedro de Lievana Dean, Al licenciado Eugenio de
Salazar.- A ricas bodas del divino esposo...
U Fol.423 Soneto a la sacratissima fiesta, y pascua
sanctissimos Reyes por Eugenio de Salazar Don Pedro de Lievana
de los
U Dean de Guatemala. - Vista la cara de su Rey glorioso.
A la gloriosa assump9ion de nuestra señora. Soneto.- La digna
reyna de la summa altura...
I Fol.424-425 Can9ion a Nuestra señora glossando el verso siguiente:
¡ Que ser madre de Dios es mayor cosa.- Vuestra voz suave,! y
dulqe agento suene en mis oidos,/ esposa dulge del señor del
3 qielo;/ su dul~ura trave/ mi lengua, y coraqon, y mis
U sentidos,! y de mi alma Qelestial consuelo:! llene todo el
suelo/pues para todo soy vos poderosa:/ que ser madre de Dios
U es mayor cosa. [6 estrofas de tres tercetos cada una con
-12 5-
CAPÍTULO II
¡ versos de seis siete y once sílabas, las estrofas van
acompañadas al margen de sentencias en latín]
Fol.425 Soneto. Clavado y fixo en el madero duro,...
U A la resurrection de Christo. Soneto. despues de ayer tomado
• carne humana...
Fol.426 Al Sanctissimo sacramento de la Eucharistia. Estanzas.- El
U vino fuego del amor ardiente,! que el cora~on abrasa con
3 dulqura,! dulce suave y sano es al pagiente.! que tiene el
abrasarse a gran Ventura: ... [4 octavas de versos octosílabos,
• acompañadas al margen cada estrofa de sentencias en latín].
Fol.427 Al mismo sacramento sanctissimo. Soneto. Nasgio en la
U tierra, mas del cielo vino...
3 Al mismo sacramento sanctissimo. Soneto. Dulqe, y sabroso Pan
3 de eterna vida, ...
Fol.428 Al mismo sacramento sanctissimo denotando el effecto de la
3 transformaqion del hombre en Dios con su pre~iosa comida.
Soneto. Huye el medroso pulpo los pescados, ...
Al sanctissimo sacramento mismo denotando el effecto de
3 augmento de virtudes, que pro9ede de la transforma9ion.
Soneto. Del caudaloso Nilo la corriente,
Fol.429 Estanzas a manera de trovas frangesas Al sanctissimo
3 sacramento dela Eucharistia. Genesis.C.- Con el bocado amrgo,
-126-
CAPITULO II
3
que comieron... [6 octavas de versos endecasílabos; a cada una
3 antecede el capítulo bíblico del que hace referencia la
estrofa: génesis.C.14, génesis, c.40, Exodi,c.16, Regum,
U Lib.3.C.19,
U Fol.430 Al mismo sacramento sanotissimo. Sestina. Haze un combite
el gran sefior del qielo, ... [7 sextinas y un terceto final de
• versos endecasílabos].
I Fol.431 Al mismo sacramento sanctissimo las-siguientes Estanzas.-
La mano larga del señor del ~ielo... [3 octavas de versos
U endecasílabos].
3 Soneto. Quando veré aquel tiempo tan dichoso...
Fol.432-433 A la gloriosa sancta Maria Magdalena sobre su gloriosa
3 conversion. Estanzas.- Atravessado el pecho con la flecha... [8
• octavas de versos endecasílabos].
Fol.433 Al sacramento santissimo de la Fucharistia. Soneto. Blanca,
3 divina, circular figura, ...
Faltan Fol.434-435-436
I Fol.437 Al glorioso San Joan Baptista. Soneto. Claro luzero, que al
3 alvor saliste..
Fol.438-440 Cantos Lyricos. Lyrico 1. Si de mi sorda lira! las
U vozes avivasses/ (o criador de la geleste sphera! y al alto,
3 donde aspira,! sus tonos levantasses,/ resonaria en tu loor do
-127-
CAPÍTULO II
3
quiera. [20 estrofas de 6 versos heptasílabos y
• endecasílabos].
Fol.440-443 Lyrico 2. 0 esperanqa mia! (dezia la amorosa! alma,
U que con su Dios regalaba>! o toda mi alegria./ mi matutina
rosa,! cuya frescura no se menoscaba:! ay quanto desseaba:/
(amado señor mio)! hablar contigo un poco,/ aunque parezca
U loco! desseo, y no pequeño desvario,! mi grande atrevimiento!
3 ante tu soberano acatamiento. [10 estrofas de 13 versos de
versos heptasílabos y endecasílabos]
E Fol.443-445 Lyrico III. Señor, señor, tan grande, y tan piadoso,!
3 mer9edes te demando,! a tu piedad (Dios mio> me encomiendo:!
no vea yo tu gesto riguroso,! con ira amenazando,! Qentellas
3 de justicia despidiendo:! ni en tu furor mis culpas arguyendo/
gastes algun momento:/ que si de rigor usas, bien entiendo,!
que mi meres9imiento/ no librara a mi alma de tormento. [10
• estrofas de 11 versos endecasílabos y heptasílabos].
3 Eol.445-448 Lyrico 1111. Tu que a Dimas oiste,! o pio redemptor,
en cruz pendiendo,! y en la gloria ya mortal estando: y alli
3 le conqediste! lo que te estaba con dolor pidiendo,! sus
agravadas culpas olvidando: a mi que lamentando! tu gran
piedad invoco, y dulce oido/ oye (gran Dios, y solo señor
3 mio)! que (aunque indigno) mucho en ti confio,! me sera
3 -128-
3
U
CAPÍTULO II
con9edido./ a tus orejas llegue mi gemido. [10 estrofas de 12
• versos heptasílabos y endecasílabos].
Fol.448-451 A la Passion de Christo nuestro redemptor. Lyrico V.
u Con ronca voz y triste! (christiana musa) canta/ del redemptor
3 el trange postrimero:! y di como le viste! con agonia tanta,!
por nuestra redempqion en el madero:/ amor tan verdadero,! y
U del tan clara muestra! en quien jamas se vio?! sino eh quien
3 redimio/ con su morir cruel la vida nuestra:! que el sino
muriera, tristes de nos que fuera?. [10 estrofas de 12 versos
3 heptasílabos y endecasílabos, con preponderancia de los
• primeros].
Fol.451 Dictum mirabile Petri Damiani car/dinalis de hora mortis.
3 (26 renglones escritos en prosa y en latín].
I Fol.451-453 Traduction de las pre~edientes palabras.
Quando comien~a el alma pecadora! con ansia a desatarse! de la
Lyrico VI.
3 carne, y sus fuertes ligaduras:! con quan amrgo espanto a
¡ congoxarse! comien~a en la triste hora,! principio de
tinieblas tan escuras:! con quantas mordeduras! de la mordaz
3 consgien9ia/ despedaqarse siente la cuytada:/ y en ver
representada! con visible apparencia! la pena aparejada:! que
sentirá en la ansiosa vehemencia. [10 estrofas de 13 versos
• endecasílabosyheptasílabos].
-12 9-
CAPÍTULO II
U Fol.454-455 Lyrico VII. O quanto, y quanto debo al gran Dios mio,!
3 quantas mer~edes de su larga mano! he res9ebido yo, sin
merecellas:/ quantas vezes me han hecho estar ufano! sus
favores, y gracias, si mi brio/ supiera bien templarse y
3 conosgellas:! si para agradesgellas! me diesse entendimiento,
y bien cuydado,/ quien tanto bien me ha dado,! y voz para
3 cantalle dulgemente! loor entre la gente:! en quanto el Sol
3 nos muestra el claro dia,! y la luna su tez, no gessaria. [10
rn
estrofas de 13 versos endecasílabos y heptasílabos]
Fol.456-456 Lyrico VIY. Con clara voz subida! yo cantare loores! a
3 auqel ser, que ab eterno los meresge:! al Dios de eterna
vida,! señor de los señores,! que ante el ninguno lo es, ni lo
3 paresge:! al sol que resplandesge! donde quiera ab eterno, a
3 aquel mas verdadero! Norte y claro luzero,/ que no ven las
tinieblas del infierno:! a aquel que es trino y uno,! sin fin,
3 sin medio, y sin pringipio alguno. [10 estrofas de 13 versos
3 heptasílabos y endecasílabos, con preponderancia de los
primeros]
I
u
Fol.459-460 Lyrico IX. Pues tanta razon tengo! para os amar (mi
Dios, y mi consuelo)! ayme, en que me detengo! porque os
niego el tributo Rey del gielo?! siendo vos Rey benigno, y yo
vasallo vuestro tan indigno. [10 sextinas de versos
-130-
u
u
u
3
3 CAPÍTULO II
U heptasílabos y endecasílabos]
U Fol.460-462 A la gloriosa asumpqion de nuestra señora. Lyrico X.
ay es el dia, que qelebra el gielo,! oy entra en el su Reyna
3 gloriosa! a res~ebir corona soberana! la ynclita Maria
• valerosa! levanta con victoria el alto vuelo,! que a su
humildad oy haze tan ufana:! oy se alegra la tierra muy
3 degana! de la asump9ion tan alta,! que aunque en el mundo
falta! de aquel divino dios la madre humana: alía en el gielo
(o 9elestial señora)! nos hareys mil favores,! de peccadores
3 siendo intercessora. [9 estrofas de 13 versos endecasílabos y
3 heptasílabos].
Fol.462-469 Lyrico XI. En el presente lyrico pretende el Poeta
3 pintar el miserable estado del hombre, que esta en pecado, y
3 como se recongilia con Dios por su piedad mediante la
penitengia, y el gozo que se le recres~e de verse libre de
3 culpa con gracia de su criador. [Nota: Este comentario no es
3 nescessario por eso se tachó] . 9ercaronme dolores de la
muerte,! las puertas, y los passos me tomaron,! por do me
3 havia de venir remedio:! como los enemigos, que sitiaron! por
• todas partes el guardado fuerte,! quitando del socorro
qualquier medio:! tenianme tan en medio, lay que acordarme al
3 Alma pone espanto>! que no fuera possible ser valido,! si
-131-
7-
3
u CAPÍTULO II
u aquel audillo santo, santo, santo! no se huviera dolido/ del
3 que le havia de servido tanto. [10 estrofas de 12 versos
endecasílabos y heptasílabos, con preponderancia de los
3 primeros. Cada una de las estrofas va acompañada de un
¡ comentario extenso por parte del poeta, mismas que han sido
tachadas para no editarse]
I Fol.469 Soneto. De un subtil hilo todo esta pendiente...
u Fol.470 Soneto. Niñez en su comienqo,
Soneto. En flores han passado mis amores,
ya acabada,...
U Soneto. Dexadme sueños, no me andeis turbando, ...
3 Soneto. Faltando van los gustos, y contentos...
Fol.472-475 Soneto Parte superior por tierra echada,...
3 A las insignias de la passion de Christo nuestro Redemptor.
3 Estanzas. A los treinta dineros.- Treinta dineros apreciado
precio! de aquella sangre justa del cordero! de Dios: que
3 aunque os pusieron por desprecio! del Principe divino
3 verdadero;/ en precio inestimable yo os aprecio,! sin apreciar
dinero con dinero:! pues fuistes el principio del rescate,!
3 que libro al mundo del perpetuo mate [21 octavas de versos
endecasilabos]
Fol.476-478 Lamentacion primera del Propheta Jeremias traduzida
3 segun la interpretacion y paraphrase del glorioso san
-132-
CAPÍTULO II
Hieronimo, y del cardenal Hugon. [37 tercetos en versos
3 endecasílabos]
Fol.478-489 Oracion al Padre eterno. Eterno Padre de la tierra, y
U el cielo! que me dexaste amanecer oy dia:! porque no se
¡ hallase en desconsuelo! perpetuo esta alma tuya, mas que mia.!
A ti loor immenso, desde el suelo! suba la voz, que a ti <mi
3 Dios> embia,/ pidiendote señor te duelas della,! tu gracia,
3 paz, y amor habite en ella. [15 octavas comentadas
extensamente en versos latinos]
U Fol.489-495 Psalmo de loores. [Nota: El psalmo II esta atras foja
359].- Psalmo 1. Loor al padre sempiterno,! loor al hijo, y
spiritu santo,! un Dios, y tres personas ab eterno. [46
3 tercetos en versos endecasílabos]
U Fol.492-494 Psalmo a la limpissima concepcion de la madre de Dios.
1111. Nelita Virgen, soberana Madre!del Redemptor del mundo,
U que escogida! fuistes por el eterno, y summo Padre. [46
3 tercetos en versos endecasilabos]
Fol. 495-497 Psalmo Penitencial V. Llegado ha el tiempo del
3 retirarme! dete of fendeer <señor) y antes llegara:! antes tu
voz entrara a despertarme. [45 tercetos en versos
endecasilabos]
U Falta Fol.498-504
-133-
3
u
u CAPÍTULO II
u Fol.505-508 Quarta Parte de las obras de Eugenio de Salazar, que
contiene algunas de las cartas en prosa, que escribio a muy
particulares amigos suyos.
3 Fol.506 Carta a un hidalgo amigo del author, llamado Juan de
3 Cartagena, en que se trata de la corte. . . - Mucho me importuna
V.m sobre que le escriba algo del modo, uso, trato, y cosas de
3 la corte, como si esto se hiviese de hazer tan a la corta, que
se pudiesse enverrar, y comprender en una carta. . . [sin
fechar]
U Fol.509-515 Carta escrita al Capitan Mondragon, en que se describe
¡ la miliqia de una isla. Es util para la noti~ia del lenguaje
militar, y algo del orden de la miligia. - Muchos dias ha que
¡ no he visto carta de V.m no se si lo han causado las militares
¡ ocupaciones, en que su Mag. le emplea de ordinario, o tenerme
por hombre del otro mundo despues que estoy fuera de los
terminos, y promontorios de España... [fechada al final de la
carta: 10 de noviembre de 1563]
Fol.516-522 Carta escrita al Ldo. Miranda de Ron, particular amigo
¡ del author. En que se pinta un navio, y la vida, y exercicios
de los offiqiales, y Marineros del, y como lo passan los que
hazen viajes por la mar.- Es util para la noticia del lenguaje
3 marino.- Qui navegant mare, enarrant pericula eius. Los que
3 -134-
¡
u
U
u
u CAPITULO II
¡ navegan, podran contar los peligros del mar, dize el que mejor
3 lo sabe. Y asi como hombre, que por mis pecados he navegado,
quise contar a V.m. los travajos de mi navegaqion, aunque (a
U Dios gragias> fueron sin impetu de mar , ni cosarios.. . [sin
3 fechar]
Fol.523-529 Carta scripta al muy Illo. Señor Don Juan Hurtado de
¡ Mendo~a, señor de la villa de Fresno de Torote, en que se
3 trata de los Catarriberas. . . - Por una suya me embia V.m. a
mandar le escriba el estado de mis negocios, y muy por extenso
U en que entiendo, y como me va en esta corte; y porque: (como
V.m. sabe> soy siempre obediente a sus mandatos, hare en esta
lo que me manda y aun mas de lo que me embia a
¡ mandar... [fechada: Toledo, lE de abril de 1560]
Fol.530-533 Carta al Po. Augustin Guedeja, entonces Relator del
I consejo, y de la camara de su Mag. y agora su Fiscal en la
3 Real audienqia de Gali9ia. En que se describe la villa de
¡ Tormaleo, que es en el conqejo de Ibias de las quatro sacadas
de Asturias, y se trata algo de la gente della.- Escribiola el
¡ author estando en una comision en aquel Pueblo.- De qerro en
9erro, de puerto en puerto, y de pena en pena vine a estas
cumbrosas Asturias: donde algunas vezes me hallo tan vezino de
las nubes, que me regalo con ellas, y pongo mi cabeqa en sus
-135-
u
u
3 CAPÍTULO II
regaqos... [sin fechar] . - Fin de la Silva.
2. Recapitulacidn: las cuatro partes de la Silva
Después de anotar las cédulas de la descripción del manuscrito, así
U como los primeros versos de cada uno de los 533 folios numerados,
U pasamos propiamente a la recapitulación
lectura resaltamos todo aquello que diferencia
de la Silva. Para una mejor
las distintas partes
I de la obra, sobre todo las diferencias de orden temático, que
u cobrarán especial importancia en el capítulo 3.
3 2.1. Primera parte de la Silva (Fol.1-18O)
u Desde el Fol.2-3 el propio author señala que “Dividese esta
primera parte en dos: y en la primera estan las obras pastoriles”,
U y además aclara que todas ellas están dedicadas a su “muy amada
Esposa y señora Doña Catalina Carrillo”... En efecto, los primeros
I 180 folios de la Silva son de caracter amatorio, con alguna
I excepción, como es el Romance del Conde Fernán González y los
u versos laudatorios, según veremos.
De manera global, podríamos decir que esta parte inicia con la
U canción: A quien cantaré lyricos cantares <fol.3) y culmina con la
-136-
CAPITULO II
U Perpetuación de Mayo (fol.180> . Anteceden a este primer conjunto de
U la Silva dos sonetos
Eugonio, Fugonio...,
<el del Deán de Guatemala y otro dedicado a
éste de carácter pastoril> . También debe
I resaltarse que la dedicatoria está en prosa <ésta se estudia en el
• apartado de influencias literarias>.
De los 180 folios, los primeros 71 guardan un carácter
I pastoril, con la aparición constante de Eugonio y Carilia
3 <pastores>; pero a partir del fol.73 hay un giro, pues se hace
mención del amor de un hombre <poeta) hacia su amada (dama)
U En esta primera parte de la Silva, resultan interesantes las
¡ series de apostillas por parte del autor, ya que en las notas de
Eugenio de Salazar se pone de manifiesto todo el amor preliminar de
3 él con Doña Catalina Carrillo, así como sus bodas y pequeños
¡ incidentes que dan buena cuenta de los años del poeta al lado de la
que fuera su musa y esposa, así tenemos como importantes los
u3 sonetos de los Fol.104 y 137,
saber:
con sus apostillas respectivas, a
Fol.104, “Trescientos y once lustros acabados...”
Declara el año, mes y dia de su matrimonio con su Doña
Catalina Carrillo, que fue, 9 de mayo de 1557.
-137-
3
u
CAPÍTULO II
Fol.137, ‘Después que el verbo eterno en carne vino...”
Declara el año, mes y dia, en que se velo con su Doña Catalina
Carrillo, que fue 6 de abril de 1559.
La disposición de esta primera parte de la Silva,
reconsiderando, se subdivide en dos partes, y queda de la manera
siguiente:
2.1.1. La primera parte de la Primera de la Silva tiene una
I alternancia recurrente de soneto, égloga, soneto, égloga.. . con la
inclusión inicial de una canción (18 sextinas> A pesar de la
I .
alternancia con el soneto, son sólo 10 los que aparecen, ya que el
I grueso de las composiciones lo forman las églogas, que son 6 en
total. A). final de esta parte hay una obra en décimas <55). Esta
I última con una nota del autor (por cierto tachada) donde pide que
U se cambie de sitio, se trata de una composición de carácter
¡ religioso, intitulada Reportamiento del Alma. Aquí quiero resaltar
que se trata de una duda, por parte de Salazar, en la organización
3 temática de la Silva, es decir, por qué debería estar aquí un poema
eminentemente religioso, si se trata de las obras que hizo a
contemplación de su amada. La duda queda en el aire, ya que la nota
3 del autor fue tachada, y dice lo siguiente:
3 -138-
u
u
U
u
U CAPÍTULO II
Esta obra ha de ponerse al fin de la Segunda parte de la
tercera de la traducción dela leccion lexia del Santo
Job...foja 407 (Fol.63>.
Las décimas en octosílabos de esta composición versan sobre la
U contienda entre cuerpo y alma:
u Pues mi cuerpo es debil cosa,
U (aunque el se tiene por fuerte)
U y punsaante
nos representa
y pressurosa
la muerte
U la batalla temerosa:
3 Mucho importuna prevenir
lo que ha de ser necessario
U y para con honra salir,
y con valor resistir
U al universal contrario. (Fol.63)
U
3 E). tratamiento en general de esta primera parte, sobre todo en los
sonetos, se cimenta en el mundo natural de Salazar, resaltando
3 elementos del mundo humano, animal, vegetal y astrológico
-139-
CAPÍTULO II
U principalmente: ninfas, agua cristalina, florido prado, zampoña,
U flautas, valles, espinas, cantos y melodías, el sol, la luna y las
estrellas. Los sonetos de los primeros 70 folios son de carácter
U más pastoril que de otro tipo, los restantes de esta primera parte
I vuelcan
remarcando
sus imágenes
principalmente
sobre la
sus
figura
partes
de la
físicas3.
amada
Así,
(pastora>
del tipo
I pastoril tenemos uno, en el que podemos ver el típico modelo del
amante que sufre a causa de la amada:
U
U Carilia mia di, que visa es esta?
que vivo yo sin ti, y sin bien alguno?
I que mal es este mio tan importuno?
u3 dezia un dia Lugonio en la floresta.
Ni yo reposo en medio de la siesta,
ni quando el valle, y monte esta mas bueno:
M íos dias se me van de uno en uno
delloro todos: que uno no hay de fiesta.
I Fiesta sinti ya se que no podria
3 Para la imagen de la amada, Salazar compone una serie de
sonetos exclusivos para cada una de las partes de la amada (quince
sonetos a las facciones de su Catalina...> Hay otros más con los
3 mismos motivos a lo largo de esta primera parte de la Silva, en
especial dedicados a la figura de los ojos; y. Foí.109-115.
-140-
CAPÍTULO II
I tenella yo, ni aun otro algun gasajo.
¡Pues en tu ausen9ia nada pro me tiene:
Mas di quando habra cabo mi trabajo?
u quando te’heya de ver Carilia mia?
E la hora buena <ay) como se detiene. (Fol.44>
3 En la segunda parte de esta primera, los sonetos van más hacia
el detalle de lo físico relacionado con la amada. Las ventanas de
I la casa de Catalina, le inspiran un soneto:
3
Altas ventanas de aquel paraíso
do esta la Diosa del hispano suelo
llena degraqias del empyrio qielo,
beldad divina, y singular aviso... (fol.75)
E Lo mismo ocurre en el mismo fol. de la Silva, cuando trae al
recuerdo el pilar de la iglesia de su Catalina:
I
3 Pilar illustre, que para su arrimo
te ha escogido, la que fue escogida
por el Amor para acabar mi vida
¡ con tu beldad, que tanto yo sublimo..
-141-
CAPÍTULO II
Desde los primeros sonetos hay una alternancia de personajes
reales e imaginarios (ninfas y pastores implícitos -canto, melodía,
zampoña- y explícitos -pastor falto de ventura-)
Salid del agua pura y cristalina
hermosas Nimphas’, al florido prado,
y oireys el tono dulce ya cordado,
en quien ya mi zampoña mas se afina. (Fol.5)
A lo largo de los sonetos, aparece constantemente la figura
del pastor Eugonio, fácilmente identificable con el propio Salazar,
así como el de la pastora Carilia <esposa de Salazar)5:
Acompañado de tristeza amarga
de un 9errado monte en la espesura
Eugonio pastor falto de ventura
da al pensamiento triste larga
4 Las ninfas, además de la figura de la mujer desnuda, y de la
mujer protectora de los dioses, son personajes que en si mismas
evocan lo humano y lo divino.
5 Se observa el uso de los nombres Eugonio y Eugenio. Creo que
Eugonio define al pastor, mientras que Eugenio representa al poeta
o al amador.
-142-
3
¡
3 CAPÍTULO II
Piensa en su gran tormento que se alarga:
piensa en la condigion esquiva, y dura
de su Carilia, y en la desventura... (fol.13>
Amor, como personaje, también es determinante en los
sentimientos y pasiones de los pastores, ya que es el que va
llagando el pecho de Eugonio, quien describe a Carilia como la
pastora inhumana y cruel casi en todo momento:
3 Amor como permite tu derecho,
u que un Aguila caudal aun hombre envista,
y con las fuertes presas de su vista
u arranque un cora~ón de un libre pecho?... (fol.74>
Hemos señalado que en esta segunda parte de la primera, la
I pastora se convierte ya en la dama del poeta:
Gallarda dama cuya altiva frente
3 del oro de la Arabia rodeada
¡ con un humilde esmalte veo esmaltada
del fin de esta beldad señal patente:... (fol.79>
3 -143-
E
u
CAPÍTULO II
El pastor, al tiempo, aparece ya como hombre:
Podreisme vos bedar que yo no os ame?
U mucho desseo (Dama> entender esto,
¡ podreis lo que sea justo, y lo que honesto:
mas no a un hombre de bien hazerle infame.... (fol.80)
U
2.1.2. La segunda parte de la Primera de la Silva cuenta con
más de 100 folios, tiene como alternancia predominante el soneto y
la canción; sin embargo, incluye como novedad tres epístolas (a
Catalina> que aparece al inicio, en medio y al final de todo esta
sección de la Silva, lo que llama la atención, porque pareciera
que Salazar distribuye las composiciones con cierto peso al
interior de la Silva. Estas epístolas se hayan en los Fol. 80-82
(la.), Fol.l01-103 <2a.> , y Fol.l5l-155 <3a.> ; la extensión así
como el metro utilizado en estas tres composiciones es variable,
la primera epístola se compone de 50 tercetos en endecasílabos y
una estrofa final de cuatro versos, la segunda cuenta con 33
tercetos similares a los anteriores y la tercera de estas epístolas
tiene 50 estrofas de cuatro versos octosílabos. Guardan una
absoluta concordancia en personajes y tópicos las tres epístolas,
-144-
u
3
¡ CAPITULO II
siempre aparece el poeta (el amado> quejandose de su amada que es
en todo momento “cruel señora”, como puede verse al interior de
estos versos que demuestran parte de la primera juventud de
Salazar, en el sentido personal y literario:
Epístola 1:
Ya tengo el escribir por fin provecho,
(cruel señora) y el representarte
la fe, y amor de mi encendido pecho. <Fol.80>
Epístola 2:
Si por amarte tanto me desamas,
si por quererte (ingrata> me aborre9es,
y gustas que me abrase en vivas llamas? <Fol.10l>
Epístola 3:
Dexame dezir que tratas
muy mal al que por ti muere
y que a quien tanto te quiere
no se yo por que le matas. (Fol.lS1)
La reiteración de imágenes es también una característica de estas
epístolas, donde se hace presente la ‘clara luna” en contraste con
-145-
CAPÍTULO II
otras imágenes como “cárcel tenebrosa”, así en la epístola 1:
Y si esconde su luz mi clara luna
al cora9on, que en cárcel tenebrosa
padece: y de mis ansias se importuna. <Eol.80)
Y en la epístola 2:
Porque no me das luz ( o clara luna)
de mis congoxas en la noche oscura?
mejora con piedad ya mi fortuna. <Fol.102)
La epístola 3 es una tanto diferente, ya no usa el terceto en
endecasílabos, sino el cuarteto de octosílabos, y desaparece la
“clara luna” y la contraposición de imágenes,sin embargo, prevalece
la idea del amado que sufre por la amada.
Al igual que en la sección anterior, se alterna con el soneto
en forma constante, pero en este segundo conjunto son poco más de
90 los sonetos, dando como resultado final, en toda la Primera
parte, más de 100 sonetos.
De manera global, podemos decir que Salazar distribuye en la
Primera parte de su Silva alrededor de 100 sonetos, 10 canciones
-14 6-
CAPÍTULO II
<numeradas) , 2 canciones castellanas, 6 églogas, 2 glossas, 2
décimas, 3 epístolas, 1 sextina doble, 2 madriales, 1 romance y una
composición extensa de 154 octavas, que concluye toda la Primera
6
parte: la Perpetuación de Mayo
2.2. Segunda parte de la Silva (Fol.l81-312)
A partir del Fol.181 da inicio la Segunda Parte de la Silva de
Poesía, donde ay obras, que el Author COmpUSO a contemplagion de
diversas personas, y para diversos fines. Comienza con un soneto
laudatorio a Doña Blanca Enriquez, marquesa de Villamanrique y
virreina de Nueva España: Blanca sobre las blancas, que por
suerte.. ., para dar paso a continuación a la Bucólica Albar-Blanca
<pastores), bajo el nombre de Descripción deJa Laguna de Mexico.
Una vez que termina la extensa Bucólica (que incluye también dos
canciones) se encuentra otro soneto laudatorio para la misma
familia, se trata del soneto dedicado al marqués de Villamanrique
<figura ya estudiada en el capitulo primero de este trabajo> Esta
segunda parte termina en el Fol.312 con el soneto: Las voces
6 En esta composición aparecen elementos interesantes para el
estudio de la naturaleza y de las influencias petrarquistas en
Salazar. El problema se desarrolla en el capítulo 3.
-147-
CAPÍTULO II
U dulces, tiernas y piadosas.. 7
¡ Después de la Bucólica se advierte, al igual que en la primera
parte de la Silva, una alternancia de géneros, en esta ocasión con
U más novedades, como puede observarse: Bucólica (2 canciones)
U soneto,
Salazar,
canción,
cantos,
canción,
sonetos,
hieroglíficas,
epigrama,
sonetos epistolares de
sextina, epitafio, canción,
U canción, canto, canto, estanzas, sátira, sonetos, epístola, elegía,
canción, glossa, hieroglífica, soneto, romance.., epistolio.
I De manera total, en toda la segunda parte de la Silva de
I Salazar, hay cerca de 36 sonetos, 2 canciones <sin numerar) , 4
canciones numeradas <en este orden de aparición: XIII, X, XI y
E XII) , 2 cantos, 3 hieroglíficas, 1 epigrama latino, 2 sextinas, 2
U epístolas, 1 epitafio, 2 glossas, 1 estanza, 1 sátira, 2. elegía, 1
epistolio y 1 romance.
I Entre los sonetos se encuentra uno muy importante para la vida
U y conocimiento de Salazar; es el autobiográfico, ya tan mencionado
por la crítica:
U
Soneto en que declara el author donde nasció, donde se casó,
7 Escrito “A la navegación del niño Jesús que para la fiesta
de su gloriosa Natividad compuso el Padre Joan de Cigorondo de la
Compañia del nombre de Jesus rector del Collegio del Seminario de
Mexico” (fol.312)
-148-
U
U
U CAPÍTULO II
3 donde estudió, donde se hizo Liqen9iado, donde Doctor, y todos
3 los ofi9ios que tuvo: Naqi y casé en Madrid. Criome
estudiando... (Fol.302>.
Y de las dos epístolas, una también se ha dado a conocer por
diferentes motivos:
Al insigne poeta Hernando de Herrera. Epistola.
Aqui (insigne Herrera> donde el gielo
I en 9irculo llevando su grandeza,
¡ passa sobre ocvidente en presto .......
(se trata de 120 tercetos en versos endecasílabos>8.
La Segunda parte de la Silva de Eugenio de Salazar, aunque
tiene la misma disposición de alternancia que la Primera parte, es
muy evidente que el empleo del soneto disminuye para dar paso a la
utilización de otros géneros y métricas. En esta Segunda parte hay
un total de 36 sonetos <frente a 103 de la Primera parte> . De los
sonetos incluidos en esta Segunda parte, llaman la atención
8 Esta composición es un ejemplo de cómo Salazar puede
manifestar el sentido artificial <cultural) de las cosas, lo que,
por contraste, ilumina su concepción de la naturaleza.
-149-
CAPITULO II
3 aquellos relacionados con los personajes benefactores del poeta, es
decir, los marqueses de Villamanrique, así como la amistad con el
U Deán de Guatemala; puede deducirse, por estas inclusiones, que la
U Primera parte de la Silva pertenece más a la vida de Salazar en
3 España, a su juventud, su enamoramiento, su boda y sus primeros
viajes a Canarias; sin embargo, ya en la Segunda parte, está
I presente todo aquello vivido por Salazar en tierras americanas:
3 Guatemala, Santo Domingo y Nueva España.
De lo más sobresaliente, en cuanto a personajes, tema y
U tratamientos, de esta Segunda parte, está la Bucólica,
3 principalmente con la Descripción de la Laguna de México (trabajada
y analizada en el capítulo tercero, por poderse encontrar ahí
3 elementos de la naturaleza en Salazar> , la Epístola a Herrera (útil
•~ara conocer el entorno de Salazar y Nueva España>,así como la
inclusión de una Sátyra por sirniles, y comparaciones contra abusos
U de la Corte <ésta última analizada en la figura y pensamiento de
Salazar, en el capítulo primero>
Regresando a la Bucólica, quiero resaltar que efectivamente se
u trata de una composición pastoril, y quizá sea la que más demuestre
la filiación de Salazar con los aspectos renacentistas españoles;
sin embargo, dentro de la Bucólica hay dos vertientes o giros. Por
3 una parte está propiamente la idea de ~pintar” un tanto
-150-
3
U
3 CAPÍTULO II
¡ mitológicamente la laguna y ciudad de México, y por otra parte está
fuertemente la intención de hacer canciones al estilo pastoril
U (dos, la de Albar y Blanca> con toques petrarquistas retomados por
u
,
los autores de la época de Salazar. Así, es muy notorio el tópico
de los colores renacentistas en función de la amada. En la
U Bucólica, desde el nombre de los dos pastores se maneja este
u propósito, los dos pastores son o representan el color blanco por
excelencia, así tenemos el campo semántico de Albar y Blanca. Así
I en la canción de Albar, dentro de la Bucólica, hay una estrofa
U final donde se remarca esta idea típicamente renacentista:
u
O blanca, blanca mas que blanca nieve,
U blanca en la condi9ion, blanda, y senzilla,
blanca en el alma, que en su Duios blanquea:
U blanca en costumbres, blanca, y sin manzilla,
U blanca en la casta fe, que a mi se deve,
qual blanca ay <Blanca> que tan blanca sea?
U quien ver beldad dessea,
U y blanca honestidad con ella unida,
no se hallará en blanco, si te viere.
Ni a ti te saldrá en blanco la creyda
I affí9ion del que quiere
3 -151-
u
U
CAPÍTULO II
a ti sola por blanco de su vida. (Fol.190)
La misma coloración blanca y pura se trae en voz de Blanca, al
final también de su canción:
Albar, quando se rie
U el alba, y luego veo
de esta su cara la encarnada albura,
U el alba no me embie
U otra gala, ni arreo,
albo me es todo, y alba es mi ventura,
U Albea en tu figura
U la alba, y fresca rosa,
u albea tu prudengia,
albea tu piedad maravillosa,
U mi Albar nuca Dios quiera
halle el alba sinti a tu compañera. (Fol .193)
U
U Esta idea se trae a colación 20 folios más adelante, ya fuera
u de la Bucólica, al anotar un soneto en lengua toscana de “author
incierto’: Candida, pura fede il bianco apressa. . .“. En este caso
U se añaden otros colores, algunos adjetivados, en la misma idea de
-152-
U
U
U CAPITULO II
la amada y su castidad; éste fue traducido por el propio Salazar
como:
u Denota fe lo blanco, y su pureza,
un vivo amor nos muestra lo morado,
U venganza, y alegría el colorado,
U lo vil negro dolor, lo oro firmeza:
3 Captiverio encarnado, y gran crueza,
apunta cumplimiento el naranjado,
U congoxa, si es escuro, lo leonado,
y quando es claro, señorio, y alteza:
U Trabajo al cora~on nota el pardillo,
U la zelosia en el azul pare~e,
y desesperagion en lo amarillo:
U En verde la esperanza reeverde~e
soberbia en turquesado, el coragon
assí sin hablar muestra su passion. (Fol.213>
U
Salazar retoma el color claro y hace una serie de alusiones y
juegos, en la canción XIII dedicada a Doña Isabel Clara Eugenia.
Infanta de España. Así en en la siguiente estrofa de 16 versos
• endecasílabos y heptasílabos.
-153-
CAPÍTULO II
u Ysabel Clara Eugenia, vuestra fama
U es clara, y su sonido dulce y claro,
de los umbrales de la clara Aurora
hasta el bermejo ocasso: (O clara dama>
u clara es vuestra persona, y ser tan raro,
clara vuestra virtud, que-assi os decora,
U (Alta clara y señora)
3 clara vuestra bondad,
clara vuestra piedad,
U claro vuestro valor, que tanto os dora,
3 clara vuestra largueza, y claridad,
clara vuestra razon,
clara la magestad,
claro el entendimiento, y discrecion,
y clara como el cielo vuestra vida,
inclita Clara Eugenia esclarecida. <Fol.201)
u Quiero hacer notar que Salazar tiene constantemente la
U preocupación del color, sobre todo del blanco, emparentándolo
u siempre a la castidad y a la pureza, pero no sólo de la amada, como
veremos en la Tercera parte de la Silva, donde hace alusión al
U blanco del sacramento de la Eucarístia, así como al nombre y figura
U -154-
U
U
CAPITULO II
I de Santa Clara.
• Los colores que abundan en la obra de Salazar son el rojo y el
blanco, con preferencia del segundo9. Además del color blanco, hay
U abundancia de figuras con lo claro, lo puro y lo casto, unidos
I siempre a lo dulce, lo virtuoso y lo celestial. Esto demuestra su
filiación cristiana.
3 Dejando aparte el tratamiento del color en estas composiciones
U y alejándonos de la Bucólica,
géneros en
es muy notorio el rompimiento de
esta Segunda Parte de la Silva. A partir del Fol.194 en
U adelante, Salazar jugará con no pocas temáticas y tratamientos
líricos. Así tenemos, más o menos en el mismo orden en que dispuso
I Salazar sus Glossas, con un sentido más bien burlesco, donde señala
I que
Glossase con intento moral de divertir a cualquiera del amor,
y afficion carnal de las mugeres. <Fol.194-l99>
Así en otra glosa, Salazar incluye dos personajes bajo los nombres
de Carrillo y Pascual, con el fin de:
• 9 salazar sigue en esto a otros poetas petrarquistas
(Garcilaso, Herrera) y al propio Petrarca.
-155-
u
u
U
U
3 CAPÍTULO II
3 Sacar de ceguedad a un amador, que se dexa venQer, y subgetar
de las passiones del amor carnal. <Fol.199>
3 Además de las glosas, encontramos otro tipo de composición, de
muy diferente envergadura y sentido literario. Se trata de las
I hieroglíficas que hizo Salazar, todas ellas dedicadas a la realeza
U española. Las primeras escritas a las honras del Rey Philippo II
U (Yol.203-204), las siguientes, en la muerte de la Reyna Doña Anna
(Fol.277-283>, y las restantes, en la muerte del Rey Philippo II
U (Fol.305-315>. Estas últimas es muy probable que sean de los
últimos versos que el poeta escribiera antes de regresar a España
U y próximo a morir. Felipe II muere en el año 1598, y tan sólo 4
M años sobrevivirá Salazar. Además de estas composiciones, hay otras
canciones dedicadas a la figura de Felipe II: Oy que toma el Rey
M del cielo.. .‘ (Fol.218>, la canción ballata X: “Corona toma hoy del
U alto imperio...” (Fol.2l9>, estas dos relativas a las victorias de
3 Felipe II en la conquista de Portugal, y una composición más en la
que Salazar anota “Hizo el author este canto cuando el catholico
3 Rey Don Philippe caso tercera vez con la serenissima reyna infanta
de francia”: Alegre vive la lustrosa España... (Fol.260-276, se
M trata de 100 octavas reales>
3 Salazar no sólo dedica versos al Rey de España. También se
-156-
u
u
CAPÍTULO II
3 centra en la figura del príncipe Carlos, quien al morir tan joven
3 formé parte de las noticias de la realeza, como en la canción XI:
“Ay mundo triste que reveses tienes.. .“ <Fol.2S5-258. Estando el
U serenissimo Don Carlos Principe de España oleado, y desafuciado de
los medicos de una herida, que se hizo en la cabe~a cayendo, siendo
de edad de diez y siete años> . Con el mismo tema, y a continuación
3 en esta Segunda Parte de la Silva, se escribe otra canción con
I cabeza
asilla:/
de villancico:
y hiriose
“Baxose
sin
el
herilla”
Sacre Real! a
(Fol.258-259.
la garga
Estando
por
el
3
u
serenissimo principe D. Carlos en la villa de Alcalá de Henares...>
Otro lugar importante lo ocupan las composiciones luctuosas que
hizo Salazar con motivo de la muerte de algún personaje o conocido,
U en España y fuera de España. En este sentido casi siempre se trata
de sonetos personales, pero también hizo empleo de las estanzas,
I para cantar una muerte colectiva, así “en loor de los famosos
cavalleros de la Relligion, y capitanes y soldados, que murieron
peleando contra los Turcos defendiendo la fe de Jesucristho en el
fuerte de Malta llamado Santelmo, el año de 1565: Lugar remoto de
U asperesza lleno...” <Fol.229-231)
Dentro de los sonetos luctuosos, está el que escribiera con
motivo de la muerte de la hija de los marqueses de Villamanrique:
U 9uñigas grandes y Sotomayores... (Fol.293), mismo tema que dio
3 -157-
u
u
U
u
U CAPÍTULO II
u motivo a otras hieroglíficas (13> en esta Segunda Parte de la
I Silva:
Francisca
“En las solenes
Enriquez...
exequias
(Fol.2289-292),
de la
así
hermosisima
como una
Dama Doña
sextina:
u “Cubierta estas Tenuxtitían de luto...” (Fol.293-294)
3 A continuación, de toda esta variedad de la Silva, aparece por
fin, la Epístola a Herrera.
3 A partir de la Segunda Parte de la Silva, empieza Salazar a
incluir sus primeros sonetos de orden religioso, éstos con motivo
U de la correspondencia literaria que guardó con Doña Leonor de
U Ovando en la ciudad de Santo Domingo. Todos ellos versan sobre las
festividades religiosas, como son: la fiesta de la natividad,
I Pascua de Reyes, Pascua de Resurrección, Pascua del Espíritu Santo,
I Día de San Juan Bautista...
3 Además de esta correspondencia epistolar, en ocasiones se
incluyen otros sonetos de personalidades, con su respectiva
U respuesta por parte de Salazar. Así, en el Fol.210 aparece el
soneto que le escribiera Francisco Tostado de la Peña: “Divino
Eugenio, illustre y sublimado...”, y en el Fol.215, aparece la
composición del Deán de Guatemala: “Eugenio, preclarísimo el
poeta...”
Son cuatro los cantos que aparecen en la Segunda Parte de la
U Silva, de muy diferente intención, condición y estilo. Así, tenemos
-158-
U
u
3 CAPÍTULO II
uno brevísimo de 9 octavas reales, dedicado a la ciudad de Santo
Domingo <Fol.210>, frente a uno extenso de 100 octavas reales,
escrito al “Maganimo Philippo II” <Fol.260-276). Los otros dos
u cantos están dedicados, uno, “A la traducción de los libros de re
U militan hecha por el secretario Diego Gragian del Griego, y latin,
y franqés en lengua castellana..., con 45 estrofas de cinco versos
3 cada una, alternando endecasílabos y heptasílabos, y el otro, “A
los dialogos militares del Licenciado Diego Garcia de Palacio del
E consejo de su Magestad y su oydor en la Real audien9ia de
I Guatemala...”, se trata de 37 octavas reales.
Del mismo estilo de dedicatoria, se encuentra también un
soneto de Salazar escrito al del libro de Don Pedro de Liébana: “De
U Erato, Euteroe, Polyhimnia, y Clio. . .“ <Fol.215>
¡ Como hemos venido observando, hay muchos y variados temas en
esta Segunda Parte de la Silva, sobre todo en lo sonetos, si
• consideramos que los de la Primera Parte eran muchos más y todos
ellos de carácter amatorio. Aquí, sin embargo, en tan sólo dos
folios de la Silva se presenta mucha variedad <Fol.214-215>; van de
3 lo religioso-amoroso, como es el caso del soneto: ‘Astuto Amor, que
¡ donde la sospecha...”, a lo personal, como en la composición:
“Penoso de tener penosa estada. . .“ (estando el author en las islas
de Canaria con gran desseo y pena por volver a su tierra’) , y
3 -159-
3
U
CAPÍTULO II
U también con tonos satíricos o burlescos, tal es el caso del soneto:
u “Señor Doctor vivido he en grande engaño...”
un encordio>
<A un médico que tenia
U De la misma manera, se observan otras inclusiones, como es el
“Romance en voz de Catalina en una ausencia larga a Ultramar del
U author siendo despossados...: “Cuando la hermosa Aurora” (Fol.302-
I 305) . Esta composición se encuentra un tanto fuera de lugar, ya que
sin duda tenía que pasarse a la Primera parte de la Silva, tal y
I como está señalado por el propio Salazar en sus apostillas.
3 Por último, cabe señalar de toda la Segunda Parte de la Silva,
que en un tono más bien burlesco, Salazar incluye la que sería su
U tercera epístola, ya que si se recuerda está por una parte, la
U famosa Epístola a Herrera, también se encuentra la dirigida al
Marqués de Mondéjar. . . y esta última que cierra de alguna manera la
U Segunda Parte, bajo el nombre de Epistolio de Pablo Gongalo a su
I Loren9a: “Salud embia a ti cruel Lorenqa... ([Link]>, con una nota
típica de Salazar en la que deja clavada su intención: “Importunó
al author un su amigo le compusiesse una Epistola para una flama a
3 quien servia, . . . Y el author por burlarle y porque no le
ímportunasse mas en casos semejantes; le embio estos tercetos...
Salud embia a ti cruel LorenQa
-160-
CAPÍTULO II
tu fuerte servidor Pablo Gon9alo,
a quien tu das tan poca, que es verguenga <Fol.311>.
U Hago notar que el soneto con que concluye esta Segunda parte
<Las voces dulces, tiernas, y piadosas...), pertenece a las obras
religiosas, dedicada “A la navegacion del Niño Jesús que para la
U fiesta de su gloriosa Natividad compuso el padre Joan de
U Cigorondo...
Silva,
(Fol.312)”. Al igual que otras composiciones
ésta podría estar ubicada más bien en los folios
de la
siguientes
U del manuscrito, es decir, en la Tercera parte de la Silva.
3 2.3. Tercera parte de la Silva (Fol.313-497)
La Tercera parte de la Silva de Poesía, está dividida, por el
autor, en tres partes, así intituladas: “Primera parte de la
Tercera en que estan las obras pastoriles” <Fol.313-338>, “Segunda
I parte de la Tercera de la Silva, en que se contienen las obras en
3 metro castellano” <Fol.339-406> y “Tercera de la tercera parte de
u la Silva de Poesia de Eugenio de Salazar. En que ay sonetos,
lyrícos, y psalmos, y otras obras” <Fol.4l3-497)
y
3 Esta Tercera parte guarda como peculiaridad el tratar temas
-161-
CAPITULO II
1 religiosos de principio a fin. Muy pocas son las excepciones, como
3 veremos. También quiero hacer ver que el número de composiciones,
así como de folios, va siendo mayor en cada una de las tres partes.
3
Ua 2.3.1. La primera parte de esta Tercera se inica con una
“Canción sestina al Padre eterno, offresciendole las obras deste
U libro...”, a continuación un soneto “Al glorioso Sancto
3 Eugenio...”, invocando el favor divino y pidiéndole que sea su
patrón y abogado en la encomienda poética; con el mismo motivo otra
U canción sestina “A nuestra Señora”, pero con un tratamiento un poco
3 raro e inusual en otros poetas, que quiero resaltar. Se trata de
una canción sextina “A nuestra seftora invocando su glorioso favor”,
3 en el que Salazar invoca a la virgen, a partir de su seno, de su
leche, es decir, le pide que así como le dio la gracia a su hijo a
través de su seno, le llegue a él “el gusto de su gracia”:
Dame de tu favor suave leche
(de pecadores o benigna madre)
3 dame el amor de tu bendito seno,
pues <aunque indigno) soy tantien tu hijo;
U mi gorjear merezca darte gusto,
U y que le alcanqes tu graqiosa graqia <Fol.315)
-162-
CAPÍTULO II
U A partir de esto, da inicio propiamente la parte pastoril
3 anunciada por Salazar. Se trata de cinco Bucólicas (numeradas> , una
a continuación de otra. A partir de la II hasta la V, con un mismo
U tema religioso, la figura de Cristo.
La Bucólica 1 es acerca del peligro en que está el Alma y de
las asechanzas del demonio. Aparece el pastor Eugonio hablando
3 (escrita en verso suelto>
Al derredor de aqueste mi rebaño
3 los lobos veo andar cada momento
3 con desmedida y peligrosa hambre:
y no solo en cabezas desmandadas
3 hazen sus presas con agudos dientes,
mas aun las que obedes9en al cayado.
y al vino silvo del pastor cuydoso... (fol.316)
La Bucólica II hace alusión a la Natividad de Cristo, aparecen
como pastores Auralio y Eugonio (en décimas de endecasílabos)
U el Eugonio viste la alegria grande,
y resplandor de la passada noche?
3 Por aventura alguna vez algaste
-163-
CAPÍTULO II
despiertos ojos al sereno gielo?. . . (Fol.321>
Con el mismo tema, en la Bucólica III, aparece el pastor
Rurano (intercalando versos heptasílabos y endecasílabos)
A media noche en la maja estando
de tan gozosa nueva descuydados
los bien afortunados... <Fol.324>
La Bucólica IV hace mención de la muerte de Cristo, a
propósito de Juan el bautista (en verso suelto>
EsLava Joan en e). calvario monte,
donde el Messias espirado habia,
sus ojos llenos de tristeza, y lloro
con atencion ansiosa le miraba
en el duro árbol enclavado, y muerto (Fol.325)
En la Bucólica V y última aparecen tres personajes hablando,
sobre la resurrección de Cristo: Melibeo, Herbasio y Alpino
(También en verso suelto>
-164-
CAPITULO II
En la provingia fertil de Judea
riega el cedron con su corriente pura
una ribera verde, y deleytosa... (Fol.331)
3 Se rompe la continuidad bucólica a partir de un soneto, sobre
el Mayoral divino, para dar paso a una “Sestina doble y Canto en
3 verso entero de doze sylabas a imitacion del trimetro yarnbico, que
los italianos llaman verso sdrucciolo. Personas, el author en la
sestina, y los doze apostoles en el canto”:
I[sestina]
Silvestre Musa, que el sonoro cantico
3 oiste dentro del florido termino
de aqueste valle: <do terrestre bibora10>
no dexa rastro, ni llorosa lastima:>
a los cantares del celeste Panpano,
que enxirio el cielo en una vid sin macula (Fol.335>
2.3.2. La segunda parte de la Tercera de la Silva contiene
composiciones de arte real y se distinguen por ser en su mayoría
10 El tipo de animales elegidos por Salazar, según su
representación mansa o salvaje, queda definido en el capítulo 3.
-165-
CAPITULO II
3 glosas (12 numeradas> , salmos (2 de 5 de toda esta Tercera parte)
comentos o exposiciones del autor (2> discantes (6) y
u
U ,
traducciones<3), saliéndose de todo tono el Canto del Cisne <que se
3 encuentra en la parte penúltima de esta segunda parte) ,ya que se
3 trata de un canto en octavas reales con tema amatorio, a propósito
de una “despedida de su Catalina para una ausencia a Ultramar...”,
U y del cual anota el propio Salazar que: “Este canto ha de estar en
la primera parte deste libro entre las obras de mi Catalina”.
Anteceden a las glosas de Salazar las Aplicaciones del Alma,
3 que vienen a ser una introducción de todos los pasajes religiosos
• y cristianos que desarrollará en las composiciones subsecuentes.
Aquí resalta la magnificiencia del todopoderoso, así como la
3 crucifixión y la resurrección, entre otros temas (en 24 estrofas de
10 versos heptasílabos y octosílabos)
En el principio <señor>
criaste el gielo y la tierra,
y a nuestro padre mayor.
3 A quien hizo ser traydor
el que siempre nos da guerra.
Mi anima en cualquier hora
3 como a su criador te adora,
-166-
CAPITULO II
U si el malo quiere engañarla,
U plega a ti señor guardarla,
u
porque no te sea traydora (Fol.339>
3
También aparece un soneto significativo, “Al glorioso San
Eugenio Martir primer Arqobispo de Toledo mi Patron y abogado”, al
U que le siguen 23 estrofas de 10 versos octosílabos, haciendo el
3 historial de este mártir, declarando en la última estrofa el porqué
de la correspondencia onomástica del poeta con el Santo:
U
Dichoso yo Eugenio: Si
I tener tal nombre merezco,
dichoso me llamo a mí,
que en vuestro dia nasci:
si. su bien no desmerezco.
• Dichosa sea sin duda
mi alma, que ya no duda
de su bien, y su derecho:
3 si tuviese vuestra ayuda
en este camino estrecho (Fol.344)
Las doce glosas de Salazar forman un conjunto de temas
-167-
CAPÍTULO II
3 religiosos, que van repasando figuras y momentos del cristianismo,
3 a propósito de una cabeza de villancico por cada glosa. Así se hace
alusión a la hermosura de la virgen, al misterio de la encarnación,
3 a la existencia de Dios y el hombre, al niño recién nacido y a la
3 muerte de Cristo, principalmente. Además de esto, “glossanse las
palabras de Sant Francisco” y “traduqense y glossanse las palabras
U de San Pablo ad Galatas”.
3 Quiero resaltar que estas composiciones no son meramente
anécdoticas, sino que van acompañadas de un sentido filosófico-
3 religioso por parte del autor, quien a propósito de las glosas
3 incluye sus propias inquietudes existenciales, tal como ocurre en
la última de las glosas:
u [glosa XII]
I Los que vivimos, que vemos,
3 sino mal, y dolor fuerte?
de quien vivio, que leemos?
sino cosas, que entendemos
3 en la vida esta la muerte?
Porque las calamidades,
trabajos, y adversidades
son tantas que el bien se olvida,
u -168-
CAPÍTULO II
y (si he de dezir verdades)
en la muerte esta la vida <Fol.357>.
U Siguen los dos salmos que forman conjunto con los tres de la
tercera parte: el Psalmo Quid est Deus? <64 tercetos en
endecasílabos) y el “Psalmo de execración contra los que son
U ingratos a nuestro buen Dios” <SS tercetos similares)
3 A continuación el ‘Comento del author”, a propósito de la
cabeza de villancico:
3 Llorad mis ojos, llorad
llorad , llorad, y no canseys,
3 pues tanta razon teneys (Fol.366)
También aparece la “Exposicion del author”, a partir de una
“cabe9a de can9ion agena”:
Lucharon Dios, y el Amor
en lo mas alto del 9ielo,
y Amor tuvo tal vigor,
que dio con Dios en el suelo (Fol.367)
-169-
CAPÍTULO II
U Para dar paso a una serie extensa de 6 Discantes, que se
presentan con la idea de profundizar las palabras del salmista, así
la primera de ellas acerca del del profeta Isaías ([Link]>, la
1 segunda sobre las palabras del salmista <sal.l01>, la tercera y la
cuarta igualmente presentan las palabras del salmista (sal.54 y
15), la quinta discante acerca de Joan <sal.6), y la última sobre
U las palabras del salmista <sal.102>
3 Una vez acabadas las discantes da paso a Los gemidos del. Alma,
en 50 estrofas de versos octosílabos, a manera de oración, haciendo
3 un repaso de lo sensorial con relación a las súplicas que hace a
Dios en sus plegarias, y remarcando los gemidos del alma, que no
son otros que los del poeta:
Gimo el riesgo temeroso,
en que esta carne me pone,
que me anima y me dispone
al osar lo que no oso <Fol.384>.
Siguen tres composiciones curiosas, aplicadas al sacramento de
la eucaristía, los Enigmas, en los que además de los versos, anota
la manera en que habrá de significarse esto pictóricamente:
3 -170-
u
3
CAPÍTULO II
U Hase de pintar una muger venerablee en el aslpecto, vestida de
blanco honesto, qerrados los! ojos, levantado el brago, y dedo
indice derecho! como quien affirma: y en la mano lzquier! da
U un coragon lleno de ojos, y diga la letral de esta manera:
U En alta torre subi
U de firmissimo gimiento:
y aunque no hay ventana alli,
U desde dentro cosas vn.
U de grande encaresgimiento.
3 Esta sentada en el suelo,
por capitel tiene el gielo,
I todo el mundo cabra en ella,
fuera no hay bien, ni consuelo,
U dezid que torre es aquella?
3 Desde esta torre se alcanga
ía substangia del bocado
M en tierra, y gielo estimado (Fol.387).
u Como ya había dicho, fuera de lugar está el Canto del Cisne en
una despedida de su Catalina para una ausencia a Ultramar antes que
se desposase con ella. Aquí las octavas reales se vuelcan todas
171-
u
u
¡ CAPITULO II
U ellas en la figura de Catalina, quien al igual que en toda la
U Primera parte de la Silva, es la ingrata dama del poeta:
U Acuerdate (ingrata Dama)
U deste mi amor tan profundo,
y que soy en todo el mundo
I el que mas te ha amado, y ama.
Acuerdate que por ti
sufri con gran voluntad
M ías pruebas que tu crueldad
ha hecho contino en mi <Fol.389)
U
3 Culminan toda esta segunda parte de la Tercera de la Silva,
dos diálogos, retomando la forma y tema pastoriles, y tres
I traducciones del Santo Job.
• El primer diálogo hace referencia a la invención de la cruz,
y habla el pastor con-la sabiduría, se alude a Noé, Jacob y Moisés,
U principalmente; Salazar anota al margen el libro bíblico del que se
I ha tomado el pasaje, ya sea el génesis, el éxodo, el libro de José,
de Esther y otros. En el segundo diálogo, aparecen como pastores
U hablando Lipandrio y Gridonio acerca de la magnificencia del
“madero depositario de Christo”.
-172-
CAPITULO II
U Las traducciones de algunas lecciones del Santo Job son
U “conforme! ala interpretagion, y paralphrase de Titelman”.
apostillas de Salazar que acompañan el texto están en latín, del
Las
U tipo: quid est horno? guia magnificas euni.
2.3.3. La tercera parte de la Tercera de la Silva, tiene, como
U indica el propio Salazar en la portadilla, “sonetos, y lyricos y
salmos”.
U Las composiciones de esta última parte lírica de toda la Silva
U se presentan muy interesantes para el conocimiento personal de
Salazar, ya que reflejan además de la edad madura y avanzada del
U poeta, sus inquietudes acerca de la brevedad de la vida, así como
I de la muerte y de los pecados cometidos por el hombre, por lo que
recuerda la última parte de la vida de Ausias March.
U En apariencia, esta parte es exclusivamente de temas
u religiosos, pero se observa una gran intromisión del pensamiento
religioso y filosófico del propio Salazar. Más que en ninguna parte
U de la Silva, es en estos folios donde se observa la decrepitud y
U ocaso de Eugenio de Salazar, acaso normal para la edad, viajes y
traslados del poeta, o probablemente se trata de una intención
U exprofesa para cerrar en conjunto la Silva. Todo esto se va viendo
U en los sonetos (28> , en los cantos líricos <11) , en las estanzas
3 -173-
u
u
u
U
U CAPÍTULO II
U (7) y en los salmos (3>
3 Los sonetos que dan inicio van acompañados de la apostilla de
Salazar, “Para en la agonía dela muerte”:
u
3 Culpables horas, engañosos días,
que sin effecto alguno os me aveys ido:
U vano cuidado, vano afan perdido,
cansado de mis vanas fantasias:
Que fruto distes a las manos mias?
U confusa afrenta, y un quedar corrido
3 de ayer tan sin verguen~a deservido
a ti (mi Dios> que tanto me suffrias.
3 Ay justo Dios, quan justamente armada
tu justa yra contra mi Alma veo,
que esta delo passado avergonqada:
Corrida de su loco devaneo,
confusa de carrera tan errada,
amargo fructo del peccado feo (Fol.413>
De entre los sonetos, quiero resaltar que hay un conjunto
dedicado a diferentes vírgenes; entre ellas, a la gloriosa virgen,
a Santa Clara y Santa Catalina. Con la misma idea y de manera más
-174-
CAPÍTULO II
interesante, Salazar escribe unas estanzas “a la gloriosa virgen
Sancta. Carilia”, que versa así:
U Este amoroso fuego, que produce
I tal claridad, y amor tan vivo, y fuerte,
que ante el mas claro Sol alumbra, y luge
u y haze perder el miedo de la muerte,
u esté en la gran Carilia assi reluge,
esté ala virgen dio tan alta suerte
E que sin temer los asperos tormentos,
levanto a Dios sus altos pensamientos (Fol.418>
I
3 Otras estanzas distintas son “en loor del glorioso padre San
Benito.. de las que anota Salazar que no se impriman, al parecer
I
.“,
porque parece que faltaban más comentarios certeros acerca de los
u santos ahí mencionados.
En algunos momentos de esta Tercera parte de la Silva es fácil
acordarse del estilo de la Primera, en que se incluían
u composiciones, o bien ordinarias o de la correspondencia epistolar
literaria del poeta. Así, Salazar escribe un soneto “sobre un vaso
de vidrio que estaba lleno de agua”: O lozanico vaso vidrioso...
3 (que recuerda al del ajedrez y al de la mosca, de la Primera
-175-
U
3
U CAPÍTULO II
u parte) . Y a continuación los sonetos de Don Pedro de Liévana “a la
u natividad del hijo de Dios”,
reyes”
y a la “pascua de los sanctisimos
(con la respuesta por parte de Salazar>
3 A partir de aquí hay una serie de sonetos con variados temas
I religiosos,
eucaristía.
entre
Sobre
ellos;
este
la
último
asunción,
sacramento,
la resurrección,
también se
y la
dedican
U estanzas y varios sonetos, incluido uno a la hostia blanca; en el
I que una vez más Salazar deja marcada su fuerte filiación al tópico
renacentista del color blanco y de la castidad y pureza, tal y como
u lo ha venido haciendo a lo largo de la Silva:
Blanca divina, circular figura,
u capaz de todo el bien de tierra y cielo,
que con cortina de ese blanco velo
U cubres a Dios, y quento en Dios se apura.
3 Encierras (Ostia blanca) la ventura
mayor, que el cielo pudo dar al suelo:
U en ti esta aquel remedio, aquel consuelo,
3 que solo es tal: y eternamente dura.
u En ti esta aquella piedad immensa,
en ti esta aquel divino y dulce gusto,
¡ en ti tanbien justicia rigurosa.
3 -176-
u
u
CAPÍTULO II
¡ En mi este siempre aquel respecto justo,
u aquel amor con humildad intensa,
que me haga digno de ostia tan preciosa <Fol.437)
3
3 Después del tema de la eucaristia, y de tratar la conversión
de María Magdalena, así como de un soneto dedicado a San Juan
I Bautista, dan inicio los 11 cantos líricos de esta TerceraParte.
Todos ellos escritos en versos heptasílabos y endecasílabos. La
I mayoría de ellos versan sobre la figura de Dios, quien es “señor
I piadoso”, “señor divino” y “señor de eterna vida”; también hacen
u alusión a la pasión de Cristo y a la asunción de “nuestra señora”.
En el último de estos cantos líricos, Salazar hace toda una
U exposición sobre la penitencia del hombre y su reconciliación con
Dios. Quiero resaltar que a lo largo de siete folios de esta
U composición hay una serie de anotaciones; éstas se encuentran
I tachadas, pero levemente, y con una pequeñísima nota de Salazar:
• “Este comento no es necesario por eso se tacho”. Dichas anotaciones
resultan mucho más extensas que los propios versos, y me da la idea
3 de que es realmente el pensamiento de Salazar manifestado en forma
más sincera acerca de esta disertación religiosa. Probablemente
para el autor era más importante lo que él explicaba que los versos
¡ ahí vertidos. Lo más lógico es que por sugerencias, o por parecerle
-177-
CAPITULO II
U fuera de tono literario estas apostillas pide que se excluyan.
Las anotaciones y versos primeros son los siguientes:
Lyrico XI: En el presente lyrico pretende el Poeta pintar el mise!
U rable estado del hombre, que esta en peccado, y como sel reconqilia
con Dios por su piedad mediante su penitencia.! Y el gozo que se
U recresge de verse libre de culpa en gra/gia de su criador. -
qercaronme dolores de la muerte,
las puertas, y los pasos me tomaron,
U por do me habia de venir remedio:
3 como lo enemigos, que sitiaron
por todas partes el guardado fuerte,
U quitando del socorro cualquier medio:
teníanme tan en medio,
(ay que acordarme al alma pone espanto>
3 que no fuera posible ser valido,
aquel caudillo santo, santo, santo
no se hubiera dolido
I del que le habia desservido tanto (Fol.463>
Una vez que concluyen los líricos, hay seis sonetos seguidos,
en los que Salazar pareciera ya estar completamente en el abandono
-178-
u
U
U CAPITULO II
I del amor y de la vida. Hace referencia a que “de un subtil hilo
esta todo pendiente”, y que en flores han pasado ya sus amores, así
M como que su niñez y juventud es ya acabada.
¡ Regresa “Alas insignias de la passion de Christo nuestro
U Redemptor”, con 21 estrofas de octavas de versos endecasílabos
(estanzas) en las que trata pasajes cristianos, por más conocidos;
M íos treinta dineros, el beso de Judas, a los azotes, a la corona de
u espinas, etc.
A partir de aquí se perfilan las composiciones finales de esta
M Tercera parte, y por ende, de toda la Silva poética. Hay una
lamentación del profeta Jeremías, a la cual le sigue una Oración al
U Padre eterno con sus respectivas referencias en latín y procedencia
u de salmos. Aparece el Psalmo de loores, numerado como el 21, luego
el Psalmo IV, a la “límpisima concepción”, y el V, que es el Psalmo
M penitencial, escrito en tercetos de versos endecasílabos. Estos son
los versos que cierran toda la obra lírica de Salazar y me parece
muy importante, ya que, además de reflejar nítidamente la vejez de
U Salazar, parece que fuera la despedida del poeta:
u Llegado ha el tiempo ya del retirarme
dete offender (señor> y antes llegara:
U ante tu voz entrar a despertarme.
-179-
CAPÍTULO II
U Perdido ha ya su fresca tez la cara,
u la llana frente está de surcos llena,
la roxa barba en blanca nieve para.
3 Dolores de vejez dan mucha pena
al cuerpo grave: con continua guerra,
M que ala desenfrenada carne enfrena (Fol.495)
3. El testamento literario
U El primer texto que debe considerarse en el estudio de la Silva de
Salazar es una especie de “nota testamentaria’, que abarca las dos
U primeras hojas (sin numerar) del mamotreto. Generalmente, se ha
M estudiado ésta en Gallardo11. Estas anotaciones interesan para el
conocimiento general del poeta, tanto por las indicaciones internas
del texto y por el conocimiento que permite de la figura de
Salazar; además, comprueba la paternidad autógrafa de la obra.
Rodríguez-Moñino’2 ha hecho notar que se conservan todavía
3 11 Gallardo, Ensayo, 1968 [1889], col. 326.
12 R. Moñino,”La transmisióm poética”, Pp. 448-449.
3 -180-
u
u
3 CAPITULO II
I innumerables manuscritos del siglo XVI, pero la gran mayoría son
I obras colectivas, al estilo tradicional de
muchas de ellas son meras obras de copistas; en cambio, son pocas
los cancioneros, y
M ías obras autógrafas que se encuentran en los acervos
M bibliográficos: tal es el caso de la obra literaria de Salazar.
A partir de la nota testamentaria puede hacerse una serie de
u reflexiones acerca de la Silva y de la voluntad con que •fue 17
preparada. A. Prieto ha observado13, entre otras cosas, que “es un
I texto detalladamente preparado para la edición, incluyendo, con su
I paginación, un «Repertorio» que recoge el índice de primeros
rn versos. Se trata, pues, de una Silva de Poesía cuyo orden responde
plenamente a la voluntad del autor”.
Salazar manifiesta una de sus preocupaciones principales
cuando pone en una balanza la creación de sus versos con relación
M a los cargos políticos y escritos jurídicos realizados:
Hijos --dice-- esta Silva de Poesía no me determiné a
publicarla en mis días, porque aunque (sí no me engaño> tiene
3 obras que pueden salir a luz, temí por causa de mi profesión
y oficio no tuviesen algunos a desautoridad mia publicar e
imprimir obras en metro castellano. No sé si esta razón cesará
13 A. Prieto, “Poesía vallisoletana”, p. SSS.
-181-
CAPÍTULO TI
U después de mi muerte: comunicadlo con amigos que sean cuerdos
3 y graves, y tengan buen voto; y si les pareciere que la obra
es tal, y que mi memoria no padecerá detrimento en publicarla,
U hacedía imprimir. Y si Dios es servido que yo deje acabados y
3 impresos mis puntos en Derecho, o en estado de que vosotros
los podais acabar de imprimir en mi nombre, primero que esta
U Silva, aun parece se podrá mejor publicar ella, pues
habiéndose visto mis trabajos jurídicos, no se presumirá que
gasté mi tiempo en hacer metros. Consideradlo todo bien, y
3 haced lo que fuere mas acertado <s. fol.>.
Desde el prólogo el padre recomienda a sus hijos que hagan
bien las cosas:
u
Si os resolviéredes en imprimir esta obra, hacedle un buen
3 prólogo, no largo; y dirigidía en él a persona que la
autorice, y os pueda hacer bien y favor.. . Tras el prólogo ha
ir esa recomendación que aquí queda escrita para el lector; y
no os encontreis en el prólogo particularmente con cosa della
<s. fol.>.
Salazar también piensa en la posible impresión de la obra, y
3 -182-
3
3
CAPÍTULO II
U no descarta la posibilidad de que alguno de sus hijos decidiera
U viajar a la Nueva España, con ese fin:
U Si alguno de vosotros fuere Dios servido que venga a Méjico,
3 allí la podeis imprimir; que ay emprenta, aunque no de muy
buena letra: que el virey dará licencia. Y para la impresión
U habeis de advertir mucho a las cosas siguientes, que ha de
advertir el impresor (s. fol.>.
3 Acerca de la impresión, Salazar se detiene en una serie de
anotaciones que recuerdan la pulcritud de Herrera14; al menos esa
fue la intención del madrileno:
3 Primeramente que se imprima en buen papel y con buena tinta,
y la letra sea la mejor que se halle, y no sea pequeña, y en
3 toda la obra sea una misma, excepto en las apostillas de los
U márgenes, y ha de ser diferente. Podrá ser ésta del márgen
escolástica chiquita. Y ponga el impresor estas apostillas en
• los lugares en que van en el registro <s. fol.).
14 Blecua señala “una vigilante exigencia” y “exquisita
3 sensibilidad para el fenómeno poético, en “Herrera y la obra bien
hecha”, pp. 451-453.
U -183-
u
u
3 CAPÍTULO II
El poeta, siempre preocupado de la originalidad y pulcritud de
la obra, puntualiza acerca de la ortografía:
u Que la impresión se haga por este libro nuevo.., porque la
ortografía en el esta bien guardada... y no están así en el
primer libro que Fernando escribió, que está ya hecho
U borrador.. . Que en el repertorio se junten los ringlones que
U están apartados, y en el libro se junten las obras, sin que
quede blanco alguno.. . Que se tenga muy gran cuidado que no
E haya mentira en la impresión, ni sílaba ni letra falta, porque
3 en faltando o trocándose sílaba (o letra> se hecha a perder el
verso, y todo queda malo.. . Y esta corrección ha de hacer con
¡ el impressor uno de vosotros mismos, o un buen Poeta a quien
lo encomendeis. Y si esto no haceis, habrá mil mentiras, y
será la obra muy mala... Que mire el impresor cómo va todo
U escrito en el registro, y assi lo haga en la impression, que
U al principio de cada soneto, cuarteto, terceto o stanza saque
el primero verso un poco al márgen. Que en la distancia entre
3 verso y verso haya igualdad.. . en fin mire al original y
sígale en todo, que esso le pido; y no se errará. . . Que en lo
que toca a los vocablos terminantes, que son los vocablos
postreros de cada verso, los ponga el impresor como van, sin
3 -184-
u
U
CAPÍTULO II
quitar ni añadir letra, aunque le parezca que no va buena la
u ortografía;
decimos SantoEjemplos
sin c; desto.
porque Para Sancto cona o,
decir consonante
si dijésemos Tanto
no
U sería consonante... Y desta manera habrá otros muchos
u terminantes
están en esta
sino bien, obra, que
conforme parecerán
a las leyes demal escritos, y no lo
poesía...”.
El detalle llega en Eugenio de Salazar hasta las cosas mínimas
de la impresión:
Procurése mucho trazar la impresión como, si fuere posible, no
U quede soneto, stanza ni copla comenzada en una plana para
U acabarse en la siguiente... Y porque algunos títulos que van
sobre las cabezas de algunos sonetos, son largos, y podrían
U impedir este orden, se podrán poner los tales títulos al lado
U en el márgen... El tamaño de la hoja no es bien que sea tamaño
de pliego; porque libros semejantes, que los llevan de camino
U y a muchas partes para entretenimiento, no los quieren
U grandes. Ni sea de ochavo, que se quita autoridad a la obra.
Podrá ser de 4o. de pliego, y deste 4o. cercenando un dedo por
U el ancho. . . que parecerá mejor con que se advierta que queda
lugar bastante para las apostillas de los márgenes (s. fol.)
U -185-
U
u
CAPÍTULO II
U Junto a las cuestiones de impresión, también prevé ciertas
u regalías, y al respecto orienta:
U Si vendiéredes el privillegio de la impresion... sacad de
concierto que os den los libros que hayais menester, para
presentar a amigos y Señoras <s. fol.).
Otras recomendaciones finales que da el padre a sus hijos son
las siguientes:
u Haga Fernando una docena de sáificos y adónicos15, una oda en
recomendación de la obra de su padre, y un buen soneto; y
¡ Pedro otra obrita a manera de canción recomendando a alguna de
las que van en la Silva, y otro soneto; poniendo vuestros
nombres... Las tres Cartas, la de la Corte y la de la Mar se
pueden imprimir, porque parece traen alguna utilidad comun. La
de los Cata-riberas, ni las de las Asturias; ni otra alguna no
se impriman, porque aunque tienen agudeza y erudición, son
U cartas de donaires, y no se puede sacar otro fruto dellas, mas
15 Es decir, los versos de la poesía griega y latina; el
primero se compone de 11 sílabas distribuidas en 5 pies, y el
U segundo consta de un dáctilo y un espondeo. Se usan en combinación
unos con otros (DR/lE, s. y.>.
3 -185-
U
U
U
U
U CAPÍTULO II
U que el gusto de las razones... No se me ponga el título de
3 Licenciado, ni oficio que yo haya tenido, sino solamente
Eugenio de Salazar, como va en el original; el cual se siga en
U todo, sin mudar, quitar ni añadir letra... Y cuando esta
U CERRADURA se abra, cortad estas hojas que estan dentro,
guardadías para el tiempo del efeto, y no se os pierdan;
y
o
U volvedlo a cerrar como no se vean (s. fol.).
3.1. Pretensiones editoriales
3 A la luz de las ideas de Eugenio de Salazar se pueden inferir
ías principales pretensiones que, como poeta, tuvo en vida. Es en
M este testamento donde se explayan las preocupaciones del hombre-
I poeta que siempre quiso ser, pero que en mucho se lo impidiera sus
u cargos de Magistrado. Así, desde el inicio, Salazar declara: “Temí
por causa de mi profesión... No sé si esta razón cesará después de
M mi muerte”. Además, en repetidas ocasiones, hace alusión a que más
que sus hijos, serán sus amigos los que dictaminen la publicación
U del escrito: “Y si les pareciere que la obra es tal, y que mi
u memoria no padecerá detrimento en publicarla, hacedía imprimir”.
u Deja muy claro que su oficio de poeta estuvo siempre detrás, o por
debajo, de sus responsabilidades: Pues habiéndose visto mis
U trabajos jurídicos, no se presumirá que gasté mi tiempo en hacer
3 -187-
U
U
CAPÍTULO II
¡ metros”.
U Una vez superadas las preocupaciones sociales y políticas se
aboca, de una manera explícita, a detallar cada una de las partes
U que le preocupan de la impresión. También precisa, a propósito del
U prólogo,
escritor),
que se deje claro
y los nombres del poeta y sus hijos.
el parentesco del abuelo
Detalla
(también
asimismo
U que la recomendación al lector debe ir tras el prólogo, sin que
I deban ambas interferirse.
La serie de señalizaciones para el impresor pecan de
U exhaustivas. Una preocupación constante en Salazar es que se
respete el original, y habla de que todo está en “el registro’ tal
I y como debe quedar. Curiosamente, hay una alusión a su hijo
I Fernando, del cual se dice, a propósito de la ortografía original
de la Silva, que “no están así en el primer libro que Fernando
escribió, que está ya hecho borrador”. Esto quiere decir acaso, que
3 existió, tal vez, otro escrito de la Silva, anterior al que Salazar
preparó para su edicion.
También salta a la vista que no sólo le preocupan aspectos
formales de la estructura de la impresión, sino también una serie
de detalles ortográficos en relación a los vocablos terminantes,
para los que apunta no menos de cinco ejemplos, recalcando una y
3 otra vez que “no lo yerren. . . y acertarán, y no hecharán a perder
U -188-
U
u
CAPÍTULO II
¡ la obra”.
3 Al mismo tiempo de sus pensamientos meramente editoriales,
subyace una idea permanente de escritor-lector, es decir, Eugenio
u piensa en su público receptor. A propósito del tamaño de la obra,
puntualiza que debe ser de un 4o. de pliego, y no de tamaño pliego
I “porque libros semejantes, que los llevan de camino y a muchas
U partes para entretenimiento, no los quieren grandes”.
3 Salazar, en el testamento, va más alía de la publicación de la
obra, y también piensa en su difusión: “Sacad de concierto que os
I den los libros que hayais menester, para presentar a amigos y
Señoras”.
U Una vez leído el testamento y en una idea de conjunto, puede
¡ decirse que las pretensiones de Salazar eran bastantes para quien
u no había incursionado en la impresión de poesías.
puntualizaciones resultaron muchas y difíciles para sus hijos.
Todas las
3
u
Quedan algunas interrogantes por resolver. ¿Por qué no se dieron a
la tarea de la impresión y no acudieron como pedía el padre a otros
amigos y poetas?; ¿existió otro manuscrito de la misma Silva?,
U ~cual pudo ser el destino primero de este escrito?
En el testamento literario de Salazar asistimos a uno de los
U principales problemas de la época de estos hombres y poetas. No es
3 facíl abordar esto sin antes considerar varios de los aspectos que
-189-
U
U
3 CAPÍTULO II
I influían en la no publicación de las obras, en una época de génesis
U y florecimiento de una imprenta ya bastante sólida.
Algunos de los problemas sociales y económicos que
U condicionaron la publicación de las obras poéticas en el siglo XVI
han sido señaladas por Alberto Blecua16, quien dice que la ausencia
U de las ediciones críticas de la época se debe principalmente a la
U complicada transmisión de la obra suelta. Esta transmisión fue
básica para el conocimiento y difusión de la lírica. En los casos
M más afortunados tenemos ejemplos notables, como fueron las
U ediciones de Herrera de 1582 <Algunas obras...) y de fray Luis de
León de 1583 <De los nombres de Cristo> Sin embargo, una
U
.
constante, sobre todo de este primer siglo áureo, es que la
I transmisión de la obra poética se hacia más por antologías
colectivas, del tipo Cancionero General, y no de la obra personal.
U El mismo Blecua (ibid.> da una lista de los pocos autores que
U publicaron en vida, de los que cita a Juan Hurtado de Mendoza
(1550), Alonso Nuñez de Reinoso (1552>, Montemayor <1554), Diego
I Ramírez Pagán (1562), Diego de Fuentes (1563), Lomas Cantoral
u (1578> , Pedro de Padilla (1580, 1585)
Juan de la Cueva <1582>, y algunos más.
, Fernando de Herrera (1582>
También anota aquellos
U poetas que tuvieron ediciones póstumas, como fueron: Silvestre
U
16 A. Blecua, ‘Fernando de Herrera”, pp. 428-430.
3 -190-
3
U
3 CAPITULO II
¡ <1582>, Acuña (1591>, Aldama (1591>, Francisco de Medrano (1617),
U Francisco de Figueroa (1625>
de la Torre (1631> ...
, fray Luis de León (1631>
Entre los poetas de la época que se publican
, Francisco
U y difunden a partir del siglo XVIII, Blecua menciona a Salazar,
I pero hay que recordar que el escritor madrileño fue más conocido
por su prosa (Cartas...) que no por su vena poética. Junto a
I Salazar, se menciona a Sebastián de Horozco, Barahona de Soto,
17
I Baltazar del Alcazar, Mosquera de Figueroa y Pedro Laynez
Otra de las circunstancias que deben considerarse es el deceso
U de la persona, en cuyo caso parece que podía acelerarse con premura
la publicación de la obra por parte de familiares y amigos del
E deudo, quienes en muchas de las ocasiones incurrieron en errores
U graves, según detalla Antonio Rodriguez-Moñino18. En este caso, se
mutilaba la obra, se le quitaba lo que se quería a juicio de otros,
I y también se añadían cosas. Curiosamente, en la Silva de Salazar,
3 este aspecto estaba previsto por el propio poeta, según consta en
su testamento. Aquí, Salazar se adelanta a los hechos, pide de
manera contundente que se siga sólo el “registro” y no se altere el
U manuscrito. Las obras incluidas serian en tal caso de los propios
hijos del poeta.
U
17 Blecua, “Fernando de Herrera”, p. 427.
18 R. Moñino, “La transmisión poética”, pp. 446-451.
-191-
CAPÍTULO II
U Aquí asalta la idea acerca de las intenciones de Salazar. En
U realidad, ¿quería que se publicase su obra, o su testamento es tan
sólo un pretexto para dejar huella de que fue poeta, además de
U magistrado? Según Rodríguez-Moñino, los escritores a quienes llama
¡ nuestros antepasados”, fueron o bien más modestos o más
despreocupados que los actuales, ya que, “no tenían la preocupación
U de publicar sus obras y de llenar los estantes de las bibliotecas
u con los frutos de su minerva”. Sea cual fuere el caso, lo cierto es
que muchos poetas, por decisión personal, se negaron a imprimir.
U Esto se debe, según Rodríguez-Moñino, a que pensaban que no valía
¡ la pena poner en circulación sus versos, otros prefirieron el
anonimato, acarreando una serie de dudas y errores en la
I posteridad; el caso es que “son varios los centenares de
manuscritos poéticos que aún se conservan en las bibliotecas
U españolas o extranjeras... Y rarísimos los que podemos asegurar que
U son autógrafos”19.
¡ Lo que llama más la atención en el testamento de Eugenio de
Salazar es la abundancia de preocupaciones literarias y
¡ língúisticas, que no se observan en otros documentos testamentarios
de la época. Si lo comparamos con el de otros escritores
novohispanos, como pudiera ser el caso de González de Eslava, de
3
19 R. Moñino, “La transcripción poética”, p. 448.
U -192-
3
u
U CAPÍTULO II
I quien hace algunos años se dio a conocer su testamento, en él se
U aprecia un lenguaje más bien contractual, una función más bien de
orden legal acerca de todas las deudas económicas del poeta
I toledano. El caso de Salazar es diferente, él aprovecha, o acaso
U equivoca el espacio, para puntualizar todo lo que
hubiera gustado obtener de su obra literaria. Al igual que Eslava,
en vida le
U Salazar deja la tarea a los deudos para concluir una serie de
¡ pormenores; en ambos casos no se cumple dicha petición. Así, una
vez más, se comprueba lo difícil que fueron las ediciones póstumas.
U Esto se agudiza aún más para el caso de Eugenio de Salazar, poco
3 conocido20.
3 3.2. Influencias literarias
En la primera parte de la Silva “en que están las obras que
Eugenio de Salazar hizo a contemplación de Doña Catalina Carrillo,
3 su amada mujer”, hay una especie de prólogo, en el que se anotan
algunas reflexiones poéticas y literarias del autor. Revelan éstas -.
I las influencias del pensamiento petrarquista y renacentista que
3 subyacen en la vida y obra de Salazar. Por ejemplo, inicia trayendo
20 Puede verse el testamento de Eslava, con una serie de datos
3 interesanteS, en Humberto Maldonado Macías, “Testamento y muerte de
Fernán González de Eslava”, pp. 175-194.
3 -193-
3
u
U CAPÍTULO II
U a colación la habitual forma de relación amorosa petrarquista, en
la que la musa inspiradora, normalmente, no tenía vínculo
matrimonial con el poeta. Tal fue el caso de Petrarca, Ausias March
U y Herrera. Así consta en Eugenio de Salazar:
Excelentes Poetas ha habido, muy amada esposa y señora mía,
3 que han empleado las fuerzas de sus ingenios en perpetuar con
3 la pluma, y publicar y ensalzar con sus cantos las virtudes,
hermosuras y gracias de damas que sus corazones amaron, aunque
U no fueron con ellas por matrimonio coiunctos.
u Salazar amplia este concepto diciendo, a su esposa, que a él
3
u
no sólo “movió el amor” ni el “ñudo matrimonial.., sino también la
obligación en que vuestro merescimiento me ha metido para emplear
mi pluma en la descripción de las partes suyas”.
3 A continuación, el poeta trae a colación los nombres de
aquellos poetas famosos, que de alguna manera lo influyeron, y
U aprovecha una postura modesta, donde, aparentemente, el fin es la
3 constancia del amor que quedará en la Silva, y no la fama. Esto
¡ versa así:
En esta silva, veréis, mi Señora, escrito todo lo que Musa en
-194-
CAPITULO II
¡ loor y servicio vuestro hasta hoy cantar ha podido; y en ella
3 también escribiré lo que de hoy adelante cantare; no con fin
que mis cantares se derramen por el mundo, como los que
U cantaron los excelentes asías Marc, Petrarca, Garcí -Sánchez de
Badajoz y Garcí -Laso de la Vega, con otros ingeniosos Poetas
en loor de damas que muchos amaron.. . yo también erraría, si
U pretendiese hacer públicos cantares de tan menor gracia y
3 artificio, de los famosos que he referido, siendo, mi Señora,
compuestos a contemplación vuestra, en quien las altas y
3 suaves voces de sus Musas pudieran ser también empleadas.
¿Hasta dónde influyeron realmente estos poetas y hombres en la
E vida de Salazar? El mencionar a cuatro de los patriarcas poéticos,
de alguna manera, revela la filiación humanística y petrarquista de
U Eugenio de Salazar, quien se configurará a través sobre todo de
I Garcilaso y Herrera. También salta a la vista que, a diferencia de
otros contemporáneos, Salazar no menciona a los clásicos: Virgilio,
U Homero, Ovidio, entre otros. Y esto no quiere decir que en su obra
no se verá reflejado todo el esquema básico renacentista de
¡ personajes y pasajes clásicos.
Además, ya lo ha señalado Alberto Blecua21, los poetas
U 21 A. Blecua, “Fernando de Herrera”, p. 431.
3 -195-
u
U
u
u
U CAPÍTULO II
U contemporáneos al sevillano se mueven dentro de una órbita donde
u están, por una parte, Garcilaso, Boscán, Petrarca y March; y, por
otra lado, los poetas de tradición castellana como son Castillejo
U y Garcí Sánchez. También se señalan como modelos de influencia
I italiana a Acuña y Cetina (dominadores del endecasílabo)
que otros poetas se apegan más propiamente a
.
sus
Y se dice
hábitos
U estilísticos castellanos, tal es el caso de Hurtado de Mendoza,
Silvestre, Montemayor y Núñez de Reinoso. Esto quiere decir que
I Salazar se encuentra dentro de los modernos de su época, ya que
U menciona a los grandes (Petrarca, Garcilaso y March), y también a
un clásico de la tradición castellana (Sánchez de Badajoz) Su
I postura es muy clara. Eugenio de Salazar se postula por una poesía
.
U vigorosa española de su tiempo. Más difícil es descubrir hasta
dónde tomó de cada uno de estos patriarcas poetas.
U Así, hablar de Ausias March en la Silva del poeta madrileño,
U nos sitúa en las lecturas de la época, en que según la crítica
u actual, se le consideraba casi exclusivamente al poeta valenciano
como un “trovador o consecuencia de la poesía provenzal o
3 lemosina”22. Esta idea prevaleció por lo menos hasta el siglo XIX.
3 22 Cf. la introducción de Rafael Ferreres, Ausias March. Obra
poética completa, 1, Pp. 41-58. Aquí se discute, a la luz de la
3 crítica, los diferentes comentarios sobre la situación de la poesía
del valenciano, así como la influencia (o meras coincidencias> de
3 -196-
u
u
CAPÍTULO II
U Es de suponer que Eugenio de Salazar se movía en un círculo de
U poetas donde se recomendaba la obra del “Petrarca español”. Además,
hay que considerar que el propio Ausias March contagia su lírica de
U elementos renacentistas italianos que pasarán a la lírica española
U en general; en particular, los rasgos de la poesía de March son más
dantescos que petrarquescos, según Ferreres. Así que no es
U arbitraria la mención de March en la Silva, junto a Petrarca y
U Garcilaso. Por otra parte, recordando la temática principal de
Ausias March, encontramos aún más la relación con la producción de
I Salazar. March escribe sobre todo poesía amorosa23, poesía moral y
religiosa <en sus últimos años> y sus famosos cantos de muerte.
U
,
Salazar motiva su Silva, básicamente, en versos de amor que van de
U lo terrenal a lo celestial, pasando de la canción castellana a la
pastoril, a la bucólica o a la oda. Pero también escribe poesía
U
Petrarca y Dante.
U 23 R. Ferreres,en Ausías March, Pp. 65-66, dice que no en
pocas ocasiones March “divide de una manera axiomática el amor en
U tres clases o categorías: dos maneras extremas de amar y una
intermedia, que participa, en mayor o menor cantidad de estas dos
U límites...”, quedando así el amor celestial, el amor carnal y el
amor del hombre perfecto <este amor también lo llama homenívol)
U Salazar, en sus versos, se dirige más bien al amor terrenal,
testigo de las fuerzas celestiales. Sería un poco arriesgado decir
I que llega a la acción intermedia del
sentimientos de la carne y del alma”.
hombre que percibe ‘los
3 -197-
U
U
U CAPÍTULO II
I moral y religiosa en su edad madura -al igual que March-. La
U versificación utilizada por March son cuatro clases de estrofas, a
lo largo de sus 128 cantos: pareados, tercetos encadenados, décimas
U de arte mayor y octavas (de rima croada, encadenadas, encadenadas-
U croadas, unisonants...> . Su métrica se define predominantemente por
el uso del decasílabo (endecasílabo para la métrica castellana),
U denominación que sigue teniendo vigencia en la poesía catalana y
valenciana. Acerca de la rima se sabe por diferentes estudios al
U interior de sus cantos “que no fue preocupación suya sobresalir
U como un maestro en el arte de rimar... [y que] nuestro gran poeta
valenciano no es un dominador de la rima”24.
U Por otra parte, la mención de Petrarca en este prólogo no es
U fortuita, ya que el propio Salazar se ha encargado de evocarlo al
interior de uno de sus sonetos, así versa el cuarteto final:
U
¡Puede darse mas dulzura, mas sencillez, mas
vivas imágenes, ni rusticidad mas culta! Si es así
U en lo bucólico, óigasele en el estilo cortesano,
3 igualando al petrarca, en este SONETO.
Y da inicio el soneto “Ojos, que escurecéis á las
U
24 R. Ferreres, Ausias March, pp. 104-108.
U -198-
CAPITULO II
rn estrellas.. .“ (Silva, Fol.78)
3 Y no sólo es importante la mención de Petrarca, sino entender
el contexto poético de Salazar dentro de un marco mucho más amplio
U que se vivía en la época. que se ha definido como una especie de
convención poética25. Ya para la segunda mitad del siglo XVI, se ha
U asentado este petrarquismo iniciado de alguna manera en los sonetos
U “fechos al itálico modo” del Marqués de Santillana.
3 Conocemos, de antemano, que en el estudio de los poetas de los
siglos de Oro surge el fenómeno de la influencia petrarquista;
U enseguida esto obliga a colocar en un plano de comparaciones a los
u poetas
etiqueta
en cuestión. No es el
sus cantares como de
caso de Salazar, quien
“menor gracia y artificio”.
él mismo
Sin
U embargo, estamos ante un aspecto importante en el estudio de
U Salazar, y es el de la imitatio, pero en este caso, no sería a
través de Petrarca, sino seguramente de Herrera, como podremos ver
U más adelante.
Sobre una posible influencia en la obra de Salazar, Fucilla ha
25 Anne J. Cruz, en Imitación y transformación, pp. 10-11, es
3 quien nos clarifica más acerca del concepto de petrarquismo:
“Deberá entenderse como la tensión existente entre la obra
petrarquesca y la obra de los epígonos petrarquistas en el vaivén
entre acción creadora y reacción imitativa, que se vuelve a su vez
3 en un acto de creación poética, engendrando tanto poesía como
convención poética”.
U -199-
CAPITULO II
U dicho que “al repasar la poesía de la Selva tenemos la impresión de
que el petrarquismo de Salazar fué un capricho pasajero”26. Esto nos
U da una idea a priori de que el poeta madrileño esté un tanto
U alejado del petrarquismo, o bien, que no haya sido un buen imitador
U de los modelos petarquistas, o simplemente que se haya ceñido a uno
de los poetas españoles como pueden ser Herrera, cercano en el
U tiempo, o Ausias March, un tanto lejano pero del que se impregnan
U algunas figuras y alegorías más
trovadoresca, pero vigentes en pleno Renacimiento.
frecuentes de la lírica
U Los ejemplos que da Fucilla remontan a Petrarca y al
Canzoniere y, a pesar de encontrar divergencias entre los sonetos
“Escribe, escribe, Amor me dixo un día” y “PIÚ volte Amor m avea
U giá detto: -Scrivi”, de los que dice que “queda clara su derivación
3 del soneto petrarquesco”27.
Por cierto que en estos dos sonetos se maneja la alegoría de
3 las flechas, muy recurrente en los versos de Ausias March, y en
general en toda la lírica europea28.
U
26 J. Fucilla, Estudios sobre el petrarquismo, pp. 73-77.
27 J. Fucilla, Estudios sobre el petrarquismo, PP. 73-74.
3 28 Rafael Ferreres, en Ausias March, Pp. 60-62, dice que
“este tema de las flechas de Amor, de las que tan pocos poetas se
3 han escapado, tienen muy larga consecuencia en la lírica europea
con complicada evolución y matices. . . Ausias March emplea esa
U -200-
u
U
CAPÍTULO II
El otro ejemplo que da Fucilla es el de las canciones que
U inician “Si dixe (ay, triste) yo jamás tal cosa” con la del
Canzoniere “5h11 dissi mai, ch2ivegna in odio a quella”, de las
U que dice: “Es una ingeniosa imitación, con unos pocos momentos
U felices, libremente desarrollada de una canción del Canzoniere”.
Por último, Fucilla señala uno de los versos de Salazar que lo
I emparentaría con Cetina (a quien, junto a Salazar, coloca como
U poetas
alusión
de la segunda generación)
a la significación
, y es
de los colores;
en aquellos que
dos sonetos de los dos
hacen
U poetas son traducciones de uno en italiano “Candida, e pura fede il
U bianco apreza”~, que marcará otro de los grandes tópicos de la
lírica renacentista (blancura-castidad>30.
U En ediciones de Garcilaso se ha encontrado alguna evocación,
rasgo o parecido con los versos de Garci-Sánchez de Badajoz; así,
U en la edición de Elias L. Rivers (1974), se señala que en el
alegoría de la llaga amorosa producida por unos ojos femeninos pero
U en otra ocasión complica sus efectos... No está tan clara la
significación de esta alegoría.., cuyas consecuencias... tienen
U larga vigencia en nuestra literatura pagana y mística o simplemente
religiosa”.
3 29 J. Fucilla, Estudios sobre el petrarquismo, pp. 74-76.
30 Para el conocimiento de los colores y su significado, véase
U H. A. Kenyon, “Color symbolism in Early Spanish ballads”,
Review, 6, 1915.
Romanic
-201-
CAPÍTULO II
U soneto XVI (para la sepultura de don Hernando de Guzmán) , con el
U tema de la muerte lejos de la tierra propia, Garcilaso dice: “más
infición de ayre en un solo día/me quito al mundo y mha en ti
U sepultado/Parthénope, tan lexos de mi tiérra”. En Garci-Sánchez de
U Badajoz, en una canción encontramos: “Si muero en tierras agenas!
lexos de donde nací,/¡Quién avrá dolor de mí?”
U Del mismo estilo, encontramos que en las obras de Garcí-
U Sánchez de Badajoz “que hizo delas liciones de Job, apropiadas a
sus passiones de amor”, dice: “pues amor quiere que muera,! y de
U tan penada muerte, en tal hedad, pues que veo en tiempo tan
3 fuerte,! quiero ordenar mi postrera voluntad31”. En Garcilaso, el
mismo tema: “Vuestra sobervia y condición esquiva! acabe ya, pues
3 es tan acabada! la fuerza de en quien ha dessecutarse;/ mirá bien
quel amor se desagrada! desso, pues quiere quel amante biva/ y se
convierta adó piense salvarse”. Pues bien, Salazar también retoma
U la figura bíblica de Job, en varias composiciones de su poesía
religiosa (Tercera parte de la Silva)
U Estas y otras referencias entre el poeta Garcilaso y Sánchez
de Badajoz interesan en tanto remiten al mundo referencial de
Salazar. Eugenio, desde su postura y desde su vena literaria
aprende de Garcilaso, pero también retoma directamente a Sánchez
U
31 Cancionero Castellano del Siglo XVI, pp. 624-654.
-202-
u
U
U CAPÍTULO II
U de Badajoz; prueba de ello es que se atreve a citarlo dentro de sus
U grandes influyentes literarios.
La última mención que hace Salazar es la de Garcilaso de la
U Vega, quien a su vez recreó de una manera fantástica todo este
I petrarquismo español. De él Fucilla concluye acerca de la imita Lb
que
U
3 Sin imitar de cerca casi ninguna poesía, Garcilaso absorbe en
si mismo la forma y parte del contenido amatorio del
U petrarquismo de su tiempo. Recrea sus ideas perfeccionándolas
3 con el alto lirismo y la incomparable armonía de su poderosa
alma de poeta. Aun en los versos más claramente imitativos, y
¡ son muchos, hay un sello tan fuertemente personal que tiene el
U efecto de
empréstitos.
hacer disolver toda impresión de que son
3 Es esta fuerza del poeta toledano la que atrae a Salazar,
quien, desde su modesta lectura y pluma, trata de afiliarse a ella,
al menos en cuanto a postura poética se refiere y sobre todo en la
construcción del universo bucólico. No es difícil encontrar
U relaciones con el tema principal de la poesía garcilasiana: el
U . sincero sentimiento amoroso del poeta, del que se ha dicho que
-203-
U
u
U CAPÍTULO II
‘late bajo el artificio bucólico”. Esto tiene relación no sólo con
U la lírica del poeta sino con la vida del hombre, es decir, este
bucolismo puede deberse “a un deseo de evasión de la vida
U cortesana, a un afán de descanso y paz. Una Naturaleza soñada, no
(que] atrae a los poetas”32.
U directamente observada,
Así Salazar, hombre de leyes, no de armas <como Garcilaso)
I trata de acercarse a una naturaleza no existente. Para ello, se
U recrea en Garcilaso. Al igual que otros poetas de su siglo, sabía
que Garcilaso poseía “la perennidad de la poesía auténtica... que
U han permitido a sus versos ser leídos y admirados a lo largo de los
3 siglos”, tal y como apunta C. Burell33.
Salta a la vista que Salazar no menciona entre sus poetas
U modernos de la época ni a Boscán ni a Herrera, siendo pilares de
una primera y una segunda generación (siguiendo a Fucilla) Esto
U puede deberse a la idea simplemente de mencionar a los patriarcas,
.
U antecesores del siglo anterior, Ausias March y Garcí-Sánchez de
3 Badajoz. Pero nos seguimos preguntando por qué escribe una epístola
al Divino y no lo menciona en su Silva.
U 32 Para vida y temas de Garcilaso,
Consuelo Burelí de 1986, Garcilaso de la
véase la edición de
Vega. Poesía original
U cornpleta, pp. 15-18.
33 Consuelo Burelí, Garcilaso de la Vega..., p. 18.
3 -204-
u
u
U
U
3 CAPÍTULO II
4. Formas, estilos y temas
U Acerca del orden que guardan las composiciones líricas, Prieto34 ha
U señalado una estructura eminentemente clásica en la que “claramente
se advierte la alternancia de formas métricas... Acorde con el
U «vario stilo» renacentista, Salazar va disponiendo: canción,
U soneto,
etc.,
égloga,
evidenciando
dos sonetos, égloga,
esa alternancia
soneto, égloga,
que es una de las
madriales,
constantes
E renacentistas y siguiendo básicamente el ejemplo del Canzoniere
petrarquesco”35.
I Las formas recurrentes que Salazar usa en la Silva son todas
3 las propias del renacimiento petrarquista. Así, encontramos en las
tres partes líricas de la Silva el soneto, la égloga, la glosa, la
U canción, la canción castellana, la canción pastoril, la epístola,
U la bucólica, el romance, las hieroglíficas... La cuarta parte está
escrita en prosa, con el sabor especial de Salazar, a quien siempre
U en el género epistolar se ha tenido por bueno e interesante.
Sin embargo, esto no quiere decir que sea una poesía bien
U 34 A. Prieto, “Poesía vallisoletana”, p. 655.
3 35 En su estudio sobre E. de Salazar, Prieto identifica la
temática, argumentos, estilos y logros del poeta madrileño.
U -205-
U
U
U CAPÍTULO II
U lograda en términos petrarquescos, debido a que los aspectos de
U origen e inspiración
Es decir, mientras
están determinados
Petrarca y Garcilaso
por un derrotero
conservan una
distinto.
tensión
U original en sus versos, exclusivas de las musas de inspiración
U (ajenas
venturoso,
al vinculo matrimonial),
con la amada en casa,
“Salazar
y su poesía
se halla
desde
en
la
tiempo
inicial
U confesión, discurrirá necesariamente por un argumento completamente
U ajeno a la inquietud y ansiedad de un cancionero petrarquista”36.
U Las formas métricas medulares en la poesía de Salazar son los
U siguientes:
Sonetos (hay unos 150 en la Silva> : hay un solo soneto
U italiano y traducido, 8 pastoriles y el resto, unos 140, de
carácter amatorio principalmente, aunque también los hay morales y
U religiosos.
U Canciones (unas 30> : 2 ballatas, 8 sextinas, 2 castellanas, 1
glosada y 1 distesa. A estas hay que añadir unas 12 sin
U especificación particular. Como los sonetos, aparecen a lo largo de
I toda su producción. Las hay pastoriles, religiosas, morales, etc.
3 Bucólicas (son 10> : pastoriles la mayoría, algunas son de
devoción, bíblicas, etc. Algunas están escrita en forma de canción,
36 A. Prieto, “Poesía vallisoletana”, p. 656.
-206-
CAPÍTULO II
U pero no faltan otras con octavas reales.
U Cantos
personajes,
(6): la mayoría son laudatorios de ciudades y
exceptuando el Canto del Cisne, que es de carácter
U amatorio. Uno de ellos aparece como Canto y Glosa.
U Glosas <unas 21) : 20 de ellas son numeradas, y casi van una a
continuación de la otra. Casi todas son de carácter religioso.
U EpístOlas (5> : tres de ellas están dedicadas a Catalina y son
amatorias. Otra es la conocida Epístola a Herrera. Una última es
U laudatoria.
U Églogas (6) aparecen casi a continuación unas de otras.
Romances (2) : sólo hay dos romances en el extenso conjunto de
la Silva. Uno de ellos evoca al conde Fernán González.
U Otras formas incluidas en la Silva son 7 discantes, 2
madriales, 6 estanzas, 12 líricos, 3 hieroglíficas, 3 lecciones (de
I Job) , 2 coplas, 5 salmos, una oración al Padre eterno, un enigma,
U un comento, un diálogo, una exposición, una elegía, dos epistolios,
dos epitafios, un epigrama y, en una sola ocasión, versos sueltos.
Varias composiciones revisten especial importancia dentro de
U la Silva, y responden al título de Reportamiento del alma,
u Aplicaciones del alma,de Gemidos
virreina (Descripción la lagunadel
de alma,
México)Bucólica al del
el Canto virrey
Cisne,y
,
3 las Reglas de la buen casada y la Perpetuación de mayo.
U -207-
U
u
CAPÍTULO II
U Canciones y sonetos ocupan la parte más extensa, junto con
U epístolas, bucólicas y églogas. Formalmente,
movemos en el ámbito petrarquista con toda claridad.
desde luego,
La poesía
nos
U amatoria es también la más abundante.
3 La mayor parte de la poesía religiosa de Salazar es
circunstancial, seguramente muchas veces de encargo por alguna
U persona o para alguna festividad religiosa.
El tema principal de Salazar es el amor. El objeto de ese amor
toma cuerpo en la figura de Carilia. El escenario principal es la
U naturaleza (montes, valles, selvas, bosques> , por el que también
U aparecen animales feroces y apacibles, terrestres y marinos, reales
y miticos. Se habla de Amor en toda la Silva, de las armas de amor,
3 de la amada, la amada cruel e ingrata, de los atributos físicos de
la amada. El efecto del amor es, a veces, la plenitud y la
U felicidad. Pero casi siempre el poeta habla de su soledad, su dolor
U y su llanto. La poesía amorosa da lugar al desarrollo de temas
U secundarios en los que los colores adquieren valores marcados -como
ocurre con el verde- y muchas veces intervienen los contrastes: el
U rojo y el blanco, el frío y el calor, lo dulce y lo amargo, el agua
dulce y la salada, lo umbroso y lo claro.
U Los dioses, además de como personajes, cobran fuerza temática
U en Salazar. Caso paradigmático es el de Neptuno, a quien llega a
-208-
U
u
U CAPÍTULO II
U comparar con el propio Moctezuma. Los dioses enmarcan el trayecto
U amoroso de Salazar. Pero también enmarcan las observaciones
geográficas y cosmográficas: el viento, el sol, la luna, las
U estrellas y los planetas. El alto cielo y la tierra en contraste
U vertical,
extremos
lo que se extiende por vía cosmográfica también a los
amatorio y religioso. El agua en todas sus
U manifestaciones, clara y cristalina casi siempre, positiva sea en
forma de rocio, torrente, río, lago o mar, elemento vital saciadora
de sed es uno de los conductos que atraviesan la Silva entera.
3 El alma y sus pecados, la búsqueda del perdón divino, la
U eucaristía, la sombra de la muerte y los temas bíblicos <como el de
Job) , el alma y el cuerpo <lo que también se relaciona con la
U amada) forman el núcleo de otro de los universos temáticos de
3 Salazar.
Hay dos razones importantes para elegir el estudio de la
3 naturaleza en Salazar como eje para entender los rasgos generales
3 y particulares de su producción poética. La primera razón tiene que
ver con la filiación petrarquista y humanística de Salazar.
U Petrarca y el petrarquismo heredan una larga tradición de
3 contemplación, concepción y expresión de la naturaleza. A veces la
naturaleza equivale al cosmos entero, a veces la naturaleza se
3 opone a la gracia, a veces al artificio. La conjunción entre Dios,
3 -209-
U
u
u
3
U CAPÍTULO II
U el mundo y la amada -vínculo esta última entre los dos primeros- se
U vuelven claves interpretativas de la producción lírica
renacentista.
U La segunda razón para estudiar la naturaleza en Salazar tiene
U que ver, curiosamente, con algunos de los rasgos que lo alejan en
ocasiones del petrarquismo más puro. Esto está emparentado con el
U traslado de Salazar a tierras americanas. La poesía, sus paisajes
U y sus referentes, adquiere matices diferentes a los habituales. Es
cierto que los elementos novohispanos tienen una repercusión sólo
U relativa en la poesía de Salazar, pero también es cierto que la
U naturaleza adquiere en ellos una nueva geografía. Por otra parte,
hay entre sus poemas muchos que lo alejan del petrarquismo y de la
U idea de Cancionero: su abundante y a veces circunstancial poesía de
U tema religioso, las reglas de la buena casada,
con ecos burlescos, la propia inclusión de las cartas como colofón
las composiciones
U del manuscrito, las circunstancias novohispanas o, en general,
ultramarinas que se incorporan en varios episodios, hacen de la
U Silva un material bastante variopinto, alejado en muchas de sus
U ramificaciones de la forma y sobre todo de la temática
petrarquista. Estudiar la naturaleza en Salazar, entonces, se
I vuelve clave de lectura para organizar este variado universo
U poético. Este es el punto de arranque del capítulo 3.
-210-
ct?ÚTSS
María de Lourdes Aguilar Salas
Lírica Novohispana del siglo xvi:
la naturaleza en Eugenio de Salazar
u
¡ LiIHUIIIDI
53098250
u
UNIVERSIDAD COMPLUTENSE
Dirigida por Manuel Alvar
u
u
u TOMO II
¡
¡ Tesis doctoral
Departamento de Filología Española II
¡ Facultad de Filología
u Universidad Complutense de Madrid
Madrid, 1997
¡
¡
u 21.755
u
u
E
u
u
u
3 Lírica Novohispana del siglo xvi:
la naturaleza en Eugenio de Salazar
u
u
u
u
u
u
¡
u
u
u
u
u
u
u
u
u
E CAPÍTULO IIT
u
u
u CAPITULO III
u LA NATURALEZA EN LA POESIA DE EUGENIO DE SALAZAR
u
u Hablar de la concepción de la Naturaleza es enfrentarse a un largo
u proceso, que se ha dado a través de los tiempos en las letras
hispánicas y en sus pueblos. Resulta un complejo racimo de
I conceptos; sin embargo, para lo que ocupa nuestro estudio, queremos
I enmarcarlo en la típica idea dual de Naturaleza, que ha persistido
en distintas ideas filosóficas. La esencia de que la Naturaleza es
I de dos tipos, divina y terrenal, se ha puesto de manifiesto casi
¡ siempre, con distintas denominaciones. Esta razón de ser de la
¡ Naturaleza se encuentra nítidamente en las AnotacIones de Herrera
-de 1580-, cuando dice:
u H.509 Es la naturaleza instrumento de la divinidad; su propia
definición es ser orden de las obras divinas, y una seguida
continuación, que obedece a la potencia y a las palabras y
3 -211-
u
¡
u
u
U CAPITULO III
• mandamientos de Dios y de él toman las tuerzas; y, para decir
3 más brevemente, es ordinaria potestad de Dios. Según los
filósofos no es otra cosa que una fuerza y virtud de la’
3 mutación y conservación de todas las cosas elementadas1.
u En estas breves lineas plantea Herrera la gran discusión de
¡ pensadores, poetas y hombres de edades antiguas y modernas. El gran
¡ dilema de quién ha creado la Naturaleza, Dios.o la idea de mutación
de las cosas.
E Aunque las notas que siguen no pretenden reconstruir ninguna
historia de la concepción de la Naturaleza, traer a la discusión
I algunos de sus aspectos fundamentales puede ayudar a una
¡ comprensión más profunda del problema. El propio término Naturaleza
resulta bastante ambiguo como para que sea necesario precisar
U algunos aspectos de su significado.
3 La definición más general del concepto es la que lo identifica
con la “esencia y propiedad característica de cada ser”2. En este
I sentido, Naturaleza vale por ‘modo de ser’ , y precisamente por
¡ comprenderlo casi todo podría resultar elemento de poca utilidad
para desentrañar aspectos particulares de la poesía de ningún
I
1 Gallego Moreil, Garcilaso y sus comentaristas, p. 501.
2 DRAE, s.v., 1.
-2 12-
u
E
U CAPÍTULO III
¡ poeta. El ‘modo de ser’ de cualquier realidad en la poesía de
U Salazar nos conducirla al estudio de la constitución de las cosas
desde un punto de vista más apto para el desmonte filosófico que
E para otra cosa. Y resulta difícil mantener que en Salazar hay un
I sistema de ideas tan ordenado y perfectamente formulado como para
permitir tal clase de estudio. Tal cosa, como se verá, ni siquiera
u es típica de Petrarca ni de ningún petrarquista, y ni aun los
I universos creados por los más explícitos neoplatónicos llegan a
veces a manifestar el deseo de ordenar el mundo en sistemas
E completamente coherentes~.
3 Un sentido asociado a este primero es el que identifica
Naturaleza con universo. De esa manera, puede definirse a la
E Naturaleza como el objeto de estudio de la física -de los griegos
a nuestros días-. Algunas tradiciones parten en tres el universo
I natural: el cielo, la tierra y los seres orgánicos. Otras las
u organizan en torno, precisamente, a los cuatro elementos clásicos:
aire, agua, fuego y tierra. Otras más hablan de “reinos”: el reino
I animal, el vegetal y el mineral. La diferencia entre este sentido
E y el anterior estriba precisamente en la raíz física de la
~ claro que esto podría matizarse. La categorización de los
seres realizada por Ficino, por ejemplo, es lo bastante abarcadora
como para dudar del afán por sistematizar la Naturaleza de las
cosas, el modo de ser en que se desenvuelve este primer sentido.
-2 13-
U
u
U CAPÍTULO III
U concepción de la Naturaleza: la Naturaleza es algo que puede
U estudiarse, es un objeto científico antes que filosófico. Como se
comentará un poco más abajo, esta concepción del universo recibió
I un impulso formidable con los griegos, se desvaneció prácticamente
U a fines del imperio romano y resucitó en el Renacimiento.
Algunos sentidos más especializados del término nos pueden dar
U algunas pistas más comprometidas. Así, por Naturaleza se entiende,
U “en teología, [el] estado natural del hombre, por oposición al
estado de gracia”4. Es, precisamente, el bautismo el que altera el
U estado original, primigenio, natural, para pasar al de gracia. Aquí
•~a no estamos hablando de un ambicioso modo de ser de las cosas,
sino de un estado de las cosas, estado no inmutable. Para cualquier
¡poeta cristiano, entonces, este cambio de estado debe suponer la
línea divisoria entre lo pagano y lo cristiano. Recuérdese que el
U pagano es tanto el idólatra -en especial el griego y el romano-,
E como en general el infiel no bautizado5. He ahí una linde para
justificar el estudio de lo pagano diferenciado de lo cristiano
U cuando uno se interesa por la Naturaleza. Ahora bien, en este
I sentido, precisamente, el estudio de la Naturaleza en Salazar -o en
cualquier otro poeta- es el estudio de sus elementos paganos: desde
I
‘ DRAR, s.v., 2.
~ DRAE, s. y. pagano, 1 y 2.
-214-
U
U
U CAPÍTULO III
U las reminiscencias a los antiguos dioses a los elementos
U geográficos imbuidos de sopíos aún no conquistados por las nuevas
aguas. Poco habría que tenga que ver con la Naturaleza, en este
E sentido, en la abundante poesía que a los temas religiosos dedica
Salazar. Esta línea divisoria tan clara deja de serlo cuando de por
U medio anda la amada, como veremos. Además de varios aspectos
¡ particulares que el problema toma en Salazar, como se desarrollará
¡ un poco más abajo, lo cierto es que el limite entre Naturaleza y
gracia resulta algo paradójico cuando uno toma a la amada como
I camino que, vía el trampolín de su belleza, lleva hasta Dios -amada
gratificadora, pues-, pero al tiempo amada capaz de paganizar el
I más noble sentimiento, amada idolatrada, en fin. Esta tensión
I paradójica está en la base de muchas composiciones petrarquistas,
6
U dentro y fuera del particular universo de Salazar
De entre los muchos otros sentidos de Naturaleza, quizá el que
¡ viene más al caso es el de “principio universal de todas las
¡ operaciones naturales e independientes del artificio. En este
u
6 Relacionado con este sentido está este otro: “En sentido
moral, luz que nace con el hombre y lo hace capaz de discernir el
bien del mal’ (acepción 3) , y también el de “fuerza o actividad
natural, contrapuesta a la sobrenatural y milagrosa” <9)
-215-
u
u
¡ CAPÍTULO III
U sentido la contraponen los filósofos al arte”7. Con lo cual topamos
¡ con uno de los temas predilectos del Renacimiento: la oposición
entre Naturaleza y arte, entre Dios y hombre, entre campo y ciudad.
¡ Perdida definitivamente la edad áurea en que ambos principios
¡ armonizaban y eran uno solo, al poeta le queda el amplísimo terreno
de señalar la distancia marcada en este tránsito.
¡ De todo esto creo que deberían subrayarse dos puntos
principales. Uno, que no se entenderá gran cosa por Naturaleza si
U no se opone a conceptos complementarios (Naturaleza filosófica
¡ frente a Naturaleza física, Naturaleza frente a gracia, Naturaleza
frente a artificio) Dos, que para completar el concepto hace falta
U
.
un elemento ideológico externo, un sistema mayor del que la
¡ definición de Naturaleza sólo es un peldaño mas. Ahí es donde
cobran pleno sentido las palabras de Herrera: “orden de las fuerzas
U divinas”, pero también “fuerza y virtud de la mutación”. Claro está
¡ que Herrera nos pone en la pista de las explicaciones de la doble
E ~ DRAE, s. y., 5. Sentido que, por otra parte, no es tan
transparente, si se considera lo de las Tioperaciones naturales”,
E pues natural nos manda de vuelta a Naturaleza. Por otra parte,
natura, natural, Naturaleza, naturalidad, naturalismo y alguna otra
¡ parecen formar un microuniverso necesitado de alguna clave externa
para poder comprenderse cabalmente. Desde luego, la tal clave es
¡ qué entiende uno por Naturaleza, con lo que el problema parece de
díficíl solución.
¡ -216-
u
U
CAPITULO III
E verdad -tan cara a Tomás de Aquino-: sólo hay una teología, la
E cristiana,
platónica
y
en
una
el de
filosofía,
otros. El
la aristotélica,
problema es
en su
conjugarías.
caso,
Y
la
del
U problema de conjugar ambas verdades, vertidas además en sendas
¡ paralelas -pero opuestas- a la gracia y al artificio nace la
concepción renacentista de la Naturaleza. Pero para llegar a ese
E punto, el que le toca a Salazar, precisamente, debe revisarse algo
E de lo que da volumen a la idea de Naturaleza en el mundo clásico.
1. La concepción de la Naturaleza en el mundo clásico
U Son muchos los aspectos históricos y literarios que podrían ser de
interés para el estudio de la concepción y expresión de la
E Naturaleza durante la época grecolatina. Aquí, sin embargo, me
U limitaré a señalar algunos de los hitos más característicos.
3 Simplificando un tanto las cosas, podría decirse que la
concepción física de la Naturaleza, vislumbrada y desarrollada en
E Atenas y Alejandría, desaparece a fines de la edad antigua para
reaparecer en el mundo renacentista. La Naturaleza opuesta a la
E gracia es un concepto esencialmente cristiano. En líneas generales,
I se desarrolla con nuestra era y llega en sus lineamientos
-2V?-
u
u.
U
u
E CAPÍTULO III
U fundamentales hasta el Renacimiento. Desde luego, en diversos
¡ momentos la lejanía de Naturaleza y gracia se acortarán -baste
¡ pensar en Francisco de Asís-. La idea de Naturaleza opuesta a
artificio recibió también un desarrollo nuclear en el marco de las
¡ concepciones clásicas.
La idea de que el mundo puede dividirse en dos categorías
¡ nítidamente separadas, las cosas que existen por Naturaleza y las
¡ cosas artificiales, encuentra camino en la distinción platónica
entre physei y nonio o en la aristotélica entre physei y thesei. La
¡ dicotomía Naturaleza - arte es paralela a la de instinto - razón y
también a la de emoción frente a razón. Lo natural, entonces, es lo
U primario, lo no elaborado, lo no sometido a juicio. Quedan
U delimitadas dos esferas de conocimiento, el físico y el histórico.
¡ El primero se ocupa del conocimiento de las obras divinas, el
segundo del conocimiento de las obras de los hombres8.
¡ La concepción griega9 de la Naturaleza, que está en la base de
¡ casi todos los desarrollos occidentales posteriores, está inmersa
en el conflicto entre filosofía y ciencia, si se quiere entre
¡ matemáticas y física, entre deducción y observación e inducción. La
U
~ Para todos estos planteamientos, cf. Keller, Qn Language
U Change, p. 40.
~ Véase también Fetrie, Introducción.
U -218-
¡
¡
U
¡
U CAPÍTULO III
U mas vieja tradición griega se venía ocupando preferentemente de la
¡ ciencia natural10.
Los ecos más remotos de la actitud griega hacia las cosas
U naturales resuenan en Homero: el hombre puede transformar su
U destino;
Esta
es, pues, distinto a los seres inertes y a los brutos.
actitud secularizada habría de dar mucho sustento al
¡ pensamiento griego posterior. Además, la conciencia religiosa
U griega no poseía una fuerte teoría de la creación. Cuando Hesíodo
describe la genealogía de los dioses en la Teogonía, hay mucho de
U desarrollo espontáneo: al principio era el Caos, que produjo la
U tierra, ésta el cielo y de ambos el resto de las cosas11. Este modo
de ver la Naturaleza es sustancialmente diferente al que habrá de
¡ heredar cualquier poeta cristiano, como Salazar. Aquí la Naturaleza
¡ es verdadera natura naturans, atributo que en la teología
escolástica se reserva a Dios.
¡ Es en la época de los grandes líricos griegos -Arquiloco,
Safo, Alceo- cuando florece la ciencia milesia, la filosofía
U natural de Mileto: Tales, Anaximandro, Anaxímenes. Unos y otros
¡ __________________
3 10 Para los párrafos que siguen, cf. Farrington, Ciencia y
filosofía en la antigúedad.
¡ Una visión mucho más directa y agrícola de la Naturaleza
“
aparece en Los trabajos y los días.
¡ -219-
¡
¡
u
¡
U CAPÍTULO III
U permiten una concepción del universo positiva y personal. Pero esta
U tendencia positiva pronto fue contrarrestada por orientaciones
diversas. Heráclito estuvo mucho menos inclinado a la observación
¡ directa de la realidad; volcado más a la reflexión que sus
U predecesores, sus teorías cosmológicas no son muy desemejantes a
las de los milesios, en quienes debió inspirarse. Para él el Luego
¡ es la sustancia primaria. De él se obtienen el vapor, el agUa y la
I tierra.
pitagórica,
También con Anaximandro
aunque el número
tenía
se convierte en ésta
que ver la cosmología
en el motor
U central, en armonía que rige el universo -lo que tan bien habría de
llegar hasta fray Luis (sin duda mucho mejor conocedor de este
U pasado que Salazar), o hasta Galileo12 (cuando decía que las
U matemáticas son el alfabeto con el que Dios ha escrito el
¡ universo) -.
Parménides, con su crítica a los sentidos, y la física
U pitagórica habían obstaculizado los desarrollos primitivos de los
pensadores j&nicos, que habían pensado poder explicar los fenómenos
U naturales a partir de la observación. La filosofía influyó pronto
U al arte. Policletes el escultor, por ejemplo, empezó a buscar
U
12 ~ las iluminadora páginas escritas por Russell, La
U perspectiva científica, sobre Galileo y el desarrollo del método
científico.
3 -220-
u
u
3
¡
U CAPITULO III
proporciones matemáticas en el cuerpo humano.
Hubo que esperar a Empédocles para restaurar la vieja
tradición jónica. Admitiendo las críticas de Parménides, Empédocles
elaboró una teoría de la percepción natural que permitiría corregir
los defectos de la observación. Empédocles definió las cuatro
sustancias primarias de las cosas: la tierra, el aire, el agua y el
fuego. Los cuatro elementos, que tanta descendencia habrían de
tener más allá incluso del Renacimiento. Muchas de las ideas de
Empédocles sobre la generación de los seres, vía Epicuro, habrían
de llegar hasta el gran poema de Lucrecio, el De rerum Natura.
Precisamente la teoría atómica de la materia está en la base de la
nueva cosmología que propone Demócrito. Los átomos se mueven en el
vacio, y al chocar y rebotar unos con otros dan lugar a diferentes
combinaciones que forman la materia de las cosas. Posteriormente,
Epicuro retomaría muchas de las ideas de Demócrito. El pensamiento
de Epicuro es el que se expone en la obra lucreciana.
Si se ven las cosas en estos términos, la filosofía del alma
que desarrollan Sócrates y Platón establece unos términos de
discusión casi diametralmente opuestos a los de la filosofía
naturalista tradicional. Hay quien considera funesto el pensamiento
de Platón para el desarrollo de la ciencia. El caso es que el
pensamiento medieval se dotó de unas categorías incompatibles con
3 -221-
u
u
U
3 CAPÍTULO III
¡ la ciencia. En el Renacimiento, curiosamente, la filosofía retoma
U a Platón y la ciencia a los filósofos presocráticos.
estaba preocupado por el elemento consciente y dotado de voluntad
Sócrates
U del hombre: el alma.
¡
De todas las sentencias que los filósofos naturales habían
E escrito, solamente una le pareció de interés. Anaxágoras había
¡ empezado su libro sobre la Naturaleza de las cosas con la
siguiente frase: “Al principio todo era confusión, luego llegó
¡ la razón y la redujo al orden’. En el resto de la obra
¡ Anaxágoras no mencionaba más el concepto de razón. Pero para
Sócrates se había abierto un nuevo camino de investigación. No
3 se interesó ya más en interpretar el mundo fenoménico como una
¡ sucesión de causas y efectos mecánicos. Porque, pensó, si es
la razón la que ordena las cosas, entonces cada cosa debe
¡ estar ordenada para lo mejor, y la pregunta sobre las causas
13
¡ de las cosas debe ser una pregunta sobre qué es lo mejor
Enlazaba en esto Sócrates con los pitagóricos, y esta
identificación de razón, bondad y causa se ampliará y sistematizará
extraordinariamente en Platón. La ambición de Platón, por decirlo
13 Farrington, Ciencia y filosofía, Pp. 94-95.
-222-
U
u
U CAPÍTULO III
I en términos claramente esquemáticos, fue sustituir la física por
¡las matemáticas. Es decir, sustituir la observación de la realidad
por un procedimiento reflexivo puro. Por ejemplo, Platón recomienda
U abandonar la astronomía basada en observaciones por una astronomía
¡ teórica derivada de las matemáticas. El principal defecto del
sistema platónico es la falta de puentes entre la materia y la
¡ mente, Para Platón, el alma es previa a los cuerpos. El
¡ pensamiento, la mente, el arte, la ley preexisten a conceptos como
duro o blando, pesado o ligero. La verdadera Naturaleza, entonces,
¡ es el alma, que es rectora de aquello a lo que solemos llamar
Naturaleza. De ahí que la verdadera realidad sean las ideas
E depositadas en el alma, que despiertan al contacto con la realidad
E exterior.
Aristóteles tuvo que redefinir el problema de la Naturaleza
para poder acercarse a él de nuevo sobre bases experimentales y
U observación. Separó la idea o forma de la materia, cuya
¡ investigación vino a coincidir con el antiguo estudio de la
Naturaleza. El conocimiento directo de Aristóteles fue escaso en la
U Edad Media, e incluso es necesario esperar a la madurez del
humanismo para llegar al conocimiento confiable del gran pensador
U griego Quizá esto explique la poca influecnia de la actividad más
E experimental y observacional de varias de sus obras, en especial de
-223-
u
E
¡
¡ CAPÍTULO III
U las biológicas. Muchísimas observaciones sobre la materia de las
cosas fueron pasadas por alto hasta el siglo XVI. El gran problema
E durante siglos fue la visión escolástica de Aristóteles, que llegó
E a Occidente por esta vía intermedia 14•
¡ Los romanos se limitaron a adaptar las ideas griegas sobre la
Naturaleza -hay que esperar al siglo XVII para encontrar un
E ambiente científico comparable al alejandrino-. Desde la mitad del
siglo IT a.C. hasta el siglo V seguirán siendo los griegos quienes
U
• 14 Algunas páginas de Aristóteles son especialmente célebres:
“De las cosas producidas por la Naturaleza, las hay innatas,
imperecederas y eternas, mientras otras están sujetas a generación
U y destrucción. Las primeras son incomparablemente excelentes y
divinas, pero menos accesibles al conocimiento... mientras en lo
U atañente a las plantas y animales perecederos poseemos abundante
información, puesto que vivimos entre ellos, pudiendo reunir varios
U datos referentes a sus varios géneros.. No obstante, lot dos
.
tópicos tienen su especial encanto. El escaso concepto que podemos
E alcanzar en lo referente a las cosas celestes nos proporciona,
debido a su excelencia, más placer que todo nuestro conocimiento
sobre el mundo en que vivimos. De otra parte, nuestro
U
. .
conocimiento sobre las cosas terrenales le aventaja, en cuanto a
certidumbre y exactitud... Si alguien considerase que el estudio
E del resto del reino animal es tarea indigna, debería desestimar de
la misma manera el estudio del hombre; porque nadie puede
U considerar lo primordial del armazón humano (sangre, carne, huesos,
vasos y demás) sin algo de repugnancia” (Las partes cJe los
U animales, 1, 5), cito por Farrington, Ciencia y filosofía, Pp. 130-
132.
¡ -224-
U
E
U
E
U CAPÍTULO III
E realicen las producciones más ambiciosas en relación con el
U conocimiento o la idea de Naturaleza. Del siglo II es el astrónomo
y geógrafo Ptolomeo, cuya hipótesis geocéntrica fue aceptada hasta
E que con Copérnico en 1543 comenzó a aceptarse la hipótesis
U heliocentrica. En geografía Estrabón, en medicina Galeno, o el De
materia mcdi ca de Dioscórides llevaron su prestigio hasta el
E Renacimiento.
¡ En contraste, los romanos adoptaron muchas de las ideas
gestadas por los griegos. De la época ciceroniana es el gran poema
E de Lucrecio, el De rerum Natura, publicado después de su muerte, en
el que se expone la doctrina epicúrea. Aquí se dice
U contundentemente que “en la Naturaleza no hay otra cosa que materia
U y vacío”, también se señala que “la reruni sunirna no puede limitarse
a sí misma; la Naturaleza limita la materia con el vacío y el vacío
E con la materia y alternándose hacen infinito el todo”15. Después de
E hablar del incesante movimiento de los átomos, de los elementos
terrestres y celestes que forman a los hombres concluye que: “Es
E
15En el poema de la Naturaleza se desarrolla la doctrina
epicúrea, pero no se discute. Su estilo recuerda un poco las obras
U de otros filósofos y poetas como Jenófanes,
Empédocles. Esta gran obra póstuma,
Parménides y
fué dedicada a Memmio,
E condiscípulo de Valerio Catulo. Véase el prólogo de C. Marchesi, De
la Naturaleza, p. xiv.
E -225-
E
u
u
U
E CAPÍTULO III
E posible que fuera de nuestro mundo existan otros creados por el
E azar y no por Dios.., ya que una obra tan enorme no puede ser hecha
y regida por una mente y por una voluntad”16.
u
• Pues la Naturaleza de los dioses
debe gozar por sí con paz profunda
E de la inmortalidad muy apartados
de los tumultos de la vida humana,
U sin dolor, sin peligro, enriquecidos
E por sí mismos, en nada dependientes
de nosotros; ni acciones virtuosas
E 17
ni el enojo y la cólera les mueven
¡ Pero su poema no contiene nada especialmente nuevo, salvo una
forma exquisita que lo salva para la historia de la literatura.
U Otro tanto puede decirse de Cicerón, que se muestra, sin embargo,
menos exigente que Lucrecio cuando escribe Sobre la Naturaleza de
U los dioses, obra en que expone la visión epicúrea y la estoica del
U universo, y las critica desde una postura escéptica. Más atrevido
y critico se muestra Cicerón en su tratado Sobre la adivinacion.
U
16 [Link], De la Naturaleza, p. xvii.
17 Lucrecio, De la Naturaleza, p.S.
-226-
u
u
U CAPÍTULO III
U Los enciclopedistas Celso, Varrón o el ingeniero Vitrubio se mueven
U en la misma línea, pero todos ellos
influyentes en Occidente que los originales griegos.
llegan a ser mucho más
¡ Acerca de esta voluntad divina, emparentada con la actitud
I contemplativa del poeta, desde la época romana de Memmio (a quien
se dedica De rerum Natura), uno de sus condiscípulos, Catulo
U (nacido en Verona hacia el año 87 a. C.), en unos breves versos a
U Lesbia, pone al poeta enamorado, él mismo, por encima de Dios:
U Ille mi par esse deo
U DAle si fas est, superare diuos
gui sedens aduersus identidem te
U spectat et audit. Y
U
De esta manera, estamos en el mismo terreno limítrofe de lo
U divino y lo terrenal, que quedará en la obra poética difuminado, ya
que en la creación literaria tienen cabida ambas concepciones, no
U siempre antagónicamente planteadas.
¡ Probablemente, todo lo que había dicho la doctrina epicúrea,
¡ “A los dioses me parece ser igual, y, si no es impiedad,
estar por encima de todos los dioses, aquel que sentado ante ti sin
U cesar te contempla y te oye...”, Poesías de Catulo,J. Fetit, PP.
~74 ‘75
-227-
u
u
E
u
U CAPÍTULO III
U a través de Lucrecio y del mismo Catulo, son transmitidos, más
U adelante dentro del
Virgilio (n. 70
clasicismo
a.C.), quien
latino,
recurre a
por la sensibilidad de
las divinidades de la
U Naturaleza: Apolo, las Ninfas, Pan: “En medio de reproches amorosos
E del gusto de Catulo, se entrevé la desgracia
amorosa. Virgilio establece un contraste entre ésta y la belleza de
de toda pasión
E la Naturaleza; alusiones mitológicas y temas alejandrinos se unen
¡ al ideal epicúreo de una vida rústica’19.
U A cierta distancia extiende sus cultivos la tierra de Marte,
¡ de amplias llanuras (latrabajanlosTracios>, sobre la que en
otro tiempo reinó el enérgico Licurgo, y con la que Troya
U había mantenido una hospitalidad... Llego a este lugar y,
¡ caminando bajo el influjo de desfavorables destinos, en sus
sinuosas riberas levanto las primeras murallas y, tomándolo
¡ del mío, doy a sus habitantes el nombre de Enéadas (libro
111)20.
¡ La existencia simultánea de los dioses y la Naturaleza queda
U
19 Virgilio, Eneida, ed. de Ma. del Dulce Nombre Estefanía, PP.
U 21-22.
20 Virgilio, Eneic3a, pp. 102-103.
¡ -228-
u
u ___ _________
u
¡
U CAPÍTULO III
U tambien desarrollada ya en la época augustea con Ovidio en sus
U Metamorfosis,
vírgilíano:
cuando describe en un sentido estrictamente
U
¡ Antes de existir el mar, la tierra y el cielo, continentes de
todo, existía el caos. El sol no iluminaba aún el mundo.
U Todavía la Luna no estaba sujeta a sus vicisitudes. La tierra
¡ no se encontraba todavía suspensa en el vacio, o tal vez
quieta por su propio peso. No se conocían las riberas de los
U mares. El aire y el agua se confundían con la tierra, que
¡ todavía no había conseguido solidez. Todo era informe. Al frío
se oponía el calor. Lo seco a lo húmedo. El cuerpo duro se
¡ hincaba en el blando. Lo pesado era ligero a la vez. Los
U dioses, o la Naturaleza, pusieron fin a estos despropósitos,
y separaron al cielo de la tierra, a ésta de las aguas y al
U aire pesado del cielo purísimo. Y así, el caos dejó de ser.
¡ Los dioses pusieron a cada cuerpo en el lugar que le
correspondía y estableció las leyes que habían de regirlos...
¡ (Libro primero)21.
u La elegancia, el desencanto y la mesura aparecen en Horacio al
u 21 Ovidio, Las Metamorfosis, p.17.
¡ -229-
u
U
U
U
CAPÍTULO III
E considerar la Naturaleza.
E Nil admiran prope res est una, Numici,
E solaque quae possit facere et seruare beatum.
E Hunc solem et stellas et decedentia certis
tempora momentis sunt qui formidine nulla
U imbutí spectent. <Epístolas, 1, VI, í~S)22
U El ensayo culto y elegante, pero lejano también de la
E observación directa de la realidad, es propio de las Cuestiones
naturales de Séneca. El arco iris o el crecimiento periódico del
U Nilo son explicados en un estilo agradable. Pero se trata de
U razonamientos, no de experimentos, de literatura antes que otra
cosa.
E La inquietud de la Naturaleza y el papel del hombre, siguió
E presente en la literatura latina. No debe dejar de mencionarse la
obra de Tácito (hacia 55-120) quien a través de la historia
U
,
encuentra una expresión de su alma, en su obra de la Germania, por
U ejemplo, pinta a manera de cuadro etnográfico a las tribus del más
¡
“De nada admirarse es la única cosa, Munacio, y la sola que
22
puede hacer y guardar el dichoso. Este sol y estrella y las
U esatciones que vanse con movimientos justos, hay quienes de recelo
ninguno imbuidos contemplan” (Horacio, Epístolas, p. 13)
¡ -230-
u
U
E
¡
U CAPITULO III
E allá del Rhin; aquí alude a lo natural, diciendo:
¡ Más allá de los suyones hay otro mar, perezoso y casi inmóvil.
E Se cree que es el ceflidor y el límite del mundo, porque los
• últimos destellos del sol se prolongan hasta su nueva salida,
y arrojan luz suficiente para eclipsar la de las estrellas; la
¡ incredulidad añade que incluso se oye el ruido que produce al
¡ salir de las aguas, que se percibe las formas de sus caballos
y los rayos de sus cabezas. La Naturaleza, y al menos en esto
E
se dice la verdad, acaba en estos parajes23 [Germania, XLV]
U
Hasta aquí una concepción diferente en las letras latinas. La
E decadencia de éstas coincide con el periodo aparentemente más
tranquilo del imperio, el “siglo de los Antoninos” (siglo II de
U nuestra era)24. En este periodo se irá perfilando, en la literatura,
E la idea del “dios único’, a través de varios recursos. Este es el
caso de Apuleyo (hacia 125-después de 170) quien utiliza una
E
,
imagen mítica, de origen egipcia, en sus Metamorfosis,
¡
23 P. Cornelio Tácito, Germania, en Jean Bayet, Literatura
E Latina, p. 419.
24 Véase, “La decadencia antonina y los comienzos de la
E literatura cristiana”, en Jean Bayet, Literatura Latina, pp.440-
480
-231-
u
U
¡
E CAPÍTULO III
U concretamente en la Aparición de Isis:
E Así de sublime apareció, exhalando perfumes de la Feliz
E Arabia, y se dignó dirigirme estas divinas palabras: “Aquí
¡ estoy, Lucio; tus súplicas me han conmovido. Yo soy la madre
Naturaleza, dueña de los Elementos, generadora primera de los
E siglos; el mayor de los poderes divinos, la reina •de los
¡ mares, la primera entre los habitantes del cielo, la forma
única en que se reflejan todos los dioses y todas las
U diosas... [Metamorfosis, XI,
El imperio medio irá dando paso a los poetas cristianos y,
E después, gradualmente, a las concepciones que habían de sostenerse
en la Edad Media. En esta época, “la poesía cristiana, siguiendo
U los tipos clásicos, era cristiana en el argumento, pagana en la
E forma; siempre que un poeta cristiano salía del argumento sagrado,
los tipos clásicos se le imponían de tal modo.
U Puede hablarse de una síntesis cristiana en San Agustín (354-
U 430), donde en sus 22 libros de “la Ciudad de Dios”, expone el
25 Apuleyo, las Metamorfosis, o El asno de oro, en Jean Hayet,
Literatura latina, pp. 455-456.
26 Menéndez Pelayo, Historia de las ideas estéticas, p.l99.
-232-
E
¡
U CAPITULO III
E pensamiento cristiano de la época. San Agustín se presenta como el
E defensor de la “gracia”, es decir, del don gratuito por el que Dios
salva al pecador:
E
¡ También, a ojos de quien honra al verdadero Dios y le ofrece,
en sacrificio de verdad, las costumbres puras, es útil que el
¡ imperio de los buenos se prolongue y se extienda a lo lejos,
¡ y no tanto en su propio interés como en el de sus súbditos.
Pues, para ellos, su piedad y honradez (que son grandes dones
E de Dios) bastan para hacerlos felices en la tierra y hacerles
¡ gustar, previamente, la felicidad de la vida eterna27.
U Siguió la evolución de la poesía cristiana, al estilo de
Juvenco, a quien sucedieron Cipriano y Comodiano. Por otra parte,
U en la lírica encontramos a Prudencio y San Paulino de Nola; para
E dar luego lugar a la supervivencia de las letras latinas, a través
de las épocas y géneros varios.
U De la época romana y de la Edad Media cabe resumir que la
E Naturaleza y su observación directa se fue sustituyendo cada vez
más por las palabras. La Naturaleza no fue un libro que se
E
¡ 27 San Agustín, “La Ciudad de Dios”, en Jean Bayet, Literatura
latina, p.52l.
¡ -233-
E
¡
u
E
¡ CAPÍTULO III
U consultara directamente. La Historia natural de Plinio el Viejo
U <23-79), con sus 37 libros de cosmología, geografía, antropología,
zoología, botánica, medicina, mineralogía, magia, arte... que
E resumían en buena medida el conocimiento antiguo, se transmitió a
U lo largo del medievo y fue punto de partida del Renacimiento.
“Vesalio empezó donde Galileo se había detenido, usando sus textos
U y, al principio, aspirando nada más que a corregirle. Leonardo
U recurrió a Arquímedes para encontrar su camino en la mecánica.
Copérnico conocía su deuda con Ptolomeo. Francis Bacon no escatimé
U alabanzas para la biología de Aristóteles”28.
¡
E 2. Del mundo clásico al renacentista
u No es propósito de estas páginas hacer una historia detallada del
E concepto y la expresión de la Naturaleza en el pensamiento
occidental. El propósito, más bien, es señalar cómo ciertas líneas
U esenciales unen el mundo clásico con el renacentista.
E De hecho, la Edad Media permitió que algunos de los sentidos
antiguos pervivieran, pero también puso el acento en algunos
U sentidos particularmente distintos, algunos negativos, de
U
28 Farrington, Ciencia y filosofía, p. 205.
U
E
U __ ___________ _______________________
u
E
U CAPITULO III
U Naturaleza.
¡ La literatura épica es parca en elementos paisajísticos. La
palabra natura suele equivaler en el Poema de Mio Cid a ‘linaje,
U nacimiento’ ; especialmente interesante es su asociación con señor
y amigo:
U
¡ ~Grado e graqias, rey, commo a señor natural!” <y. 895)
¡ “¿Venides, los vassallos de mio amigo natural?’ (y. 1479)29
¡ Claro que la Naturaleza idealizada y los lugares amenos son
comunes en Berceo y en otros:
U
¡ Yo maestro Gongalvo de Verqeo nomnado
lendo en romeria cae~í en un prado
U Verde e bien sengido, de flores bien poblado,
E logar cobdigiaduero pora omne cansado.
U Daban olor soveio las flores bien olientes,
Refrescavan en omne las caras e las mientes,
E Manavan cada canto fuentes claras corrientes,
En verano bien frias, en yvierno calientes30.
U 29 Poema de Mio Cid, pp. 170 y 192.
30 Berceo, Milagros, p. 9.
-235-
U
U
U CAPÍTULO III
¡ En el Arcipreste la natura empuja a hombres y bestias,
U dominando su voluntad. Es, en suma, el sentido de Naturaleza en que
esta se opone a la gracia:
U
Que diz verdat el sabio clarame[n]te se prueva:
omnes, aves, animalias, toda bestia de cueva
U quieren segund natura conpaña siempre nueva,
e mucho más el omne que toda cosa que s’ mueva.
U Digo muy más el omne que toda creatura:
U todas a tienpo cierto se juntan con natura;
el ore de mal seso todo tienpo, sin mesura,
E cada que puede e quiere fazer esta locura31.
u¡ No es difícil encontrar pasajes donde los tintes oscuros se
alargan y embotan por completo el paisaje. Valgan de ejemplo estos
U versos atribuidos a Rodrigo Osorio, alguna vez también imputados a
Jorge Manrique:
E
¡ ¡oh, mundo, morada escura
sin razón;
U valle hondo de amargura;
U ~‘ Libro de Buen Amor, p. 37.
¡ -236-
u
1
CAPÍTULO ITI
U destierro llenos de males
U y pasión;
tierra sembrada de espinas:
E pestilente, inficionada
E devoción;
dulzor que así nos inclinas
U a tu perversa y dañada
U condición ~32
U La poesía tradicional trae a la Naturaleza un soplo
U vivificador, con temas muchas veces repetidos y que entroncarán en
seguida con formas y conceptos más elaborados. Un par de ejemplos,
E entre muchos:
U
Entra mayo y sale abril,
U tan garridico le vi venir.
3 Entra mayo con sus flores,
sale abril con sus amores,
E y los dulces amadores
U
U 32 Jorge Manrique, Poesía, p. 167.
U -237-
E
E
U
E
E CAPITULO III
I comienzan a bien servir33.
¡ Dentro en el vergel
¡ moriré.
U Dentro en el rosal
matarm’ han.
¡ Yo m’iba, mi madre,
I las rosas coger:
hallé mis amores
I dentro en el vergel.
Dentro en el rosal
I matarm’ han34.
3
¡ Ahora bien, la tradición religiosa popular conservó en muchos
lugares una relación muy directa entre el hombre y la Naturaleza:
E es el mundo de las supersticiones, de la magia natural, de la
adivinación -criticada por lo menos desde Cicerón, pero siempre
I presente-. Por debajo de los sacramentos cristianos subyacen a
U veces los movimientos astrales, el vuelo de las aves o el relincho
~ Precisamente una extensa sección de la Silva, que se comenta
en detalle más abajo, lleva el título de Perpetuación de mayo.
~ Dámaso Alonso y José Manuel Blecua, Antología, pp. 18 y 23.
-238-
u
¡
¡ CAPÍTULO III
U de los caballos. Credulidad, actos propiciatorios, precariedad,
E enmarcan la confrontación de las fuerzas naturales en la larga
cadena que va uniendo a los fenómenos naturales con el ambiente, y
I a éste con hombres y animales. Esta corriente más o menos
I subterránea llegará con pleno vigor hasta el Renacimiento35
La observación y la investigación de la Naturaleza requerían,
D en primer término, de la capacidad para discutir y paulatinamente
I hacer a un lado la tradición escrita. En otras palabras, observar
las cosas en su verdadero contorno. En esto se diferencia
E palpablemente el Renacimiento de la Edad Media. El camino fue
bastante largo36.
I Primeros trazos de indagación empírica pueden encontrase en la
I Divina Comedia de Dante, donde pocas veces la Naturaleza es mero
adorno. Es en astronomía y en astrología donde son especialmente
E indiscutibles sus conocimientos 37
¡ El vigor por observar la realidad es palpable en Dante, y con
él se asiste a los comienzos de una atmósfera que irá haciendo
I posible que se tambaleen los cimientos de la concepción escolástica
¡ ~ Cf. Giordano, Relíg¿osídad, p. 135 y ss.
• 36 Las observaciones de varios de los párrafos que siguen se
basan en el clásico libro de Burckhardt, La cultura del
E Renacimiento en Italia, pp. 222-255.
~ y. también Perro Gay, Breve historia.
3 -239-
E
E
u
E
¡ CAPÍTULO III
u de la Naturaleza, lo que iría ocurriendo en Italia con mucha menos
E virulencia que en otras partes. En el siglo XV italiano el interés
por el mundo clásico agrandaría las brechas en el viejo sistema, en
I beneficio de las investigaciones profanas. Sin embargo, y
I paradojicamente, el interés humanista y filológico consumió muchas
energías que se restaron a la investigación empírica de la
U Naturaleza. Pero el ímpetu era claro: Toscanelli, Paccioli, da
I Vinci
declaraban
eran guía en matemáticas y en ciencias naturales,
discípulos suyos figuras tan notables como
y se
la de
¡ Copérnico38.
¡ Se ha dicho que los italianos fueron los primeros modernos en
percibir el paisaje formalmente, para disfrutar de él como de algo
I en lo que hay diversos grados de belleza39. Hacia 1200 había
empezado a ser manifiesto en Occidente un nuevo goce por el mundo
E exterior: el paisaje tiñe las producciones de muchos trovadores,
E pero siempre de manera algo esquemática; la inmediatez está
presente también en la poesía latina contemporánea. La Naturaleza
I adquiere cada vez perfiles más puros: Francisco de Asís alaba a
¡ _______________
¡ 38 El mismo interés que llevaba al Renacimiento a coleccionar
antiguúedades y manuscritos condujo al desarrollo de las primeras
I colecciones botánicas y zoológicas -y aun humanas-.
~ Idea en la que Burckhardt sigue el Cosmos de Humboldt.
¡ -240-
¡
E
u
u
1CAPÍTULO III
Dios, creador de las estrellas y de los cuatro elementos. El
paisaje invade el ánimo y el ánimo invade el paisaje. Esto vuelve
a ser palpable en Dante, capaz de describir con acusado vigor los
más diversos paisajes.
Petrarca ya es un hombre moderno por la importancia que
concede al paisaje. Geógrafo, cartógrafo, observador inmediato, la
Naturaleza es compañera de toda su labor intelectual. Uno de los
episodios más célebres de su vida narra. su ascensión al Mont
Ventoux, cerca de Avinon. Anodado ante el panorama contemplado en
40. Por
laotracumbre, lee unas líneas de las Confesiones de
parte, aunque es claro el papel de la Naturaleza como San Agustín
representadora y ampliadora de los estados de ánimo, es hasta
cierto punto limitada su expresión en las manifestaciones escritas.
Otro testimonio importante es el de Eneas Silvio, quien gozó
y describió hasta el detalle el paisaje italiano. Sus experiencias
estéticas en el Monte Cavo y especialmente en el Monte Amiata, en
1462, son sobre manera gozosas. Hay en él un iluminado sentimiento
capaz de ver con ojos propios, y no sólo como trasunto de antiguos
escritos. La misma línea continúa en la poesía italiana de fines
vastas 4 0 “Y van
ondas allá
marinaslosy hombres
las y admiran
avenidas las altas
rugientes de montañas
los ríos yy las
el
océano y el curso de los
por Burckhardt, La cultura del -241-astros y se abisman en
Renacimiento, p. [Link] esto”, cito
E
E
u
¡ CAPITULO III
U del XV y principios del XVI, atravesada de visiones más o menos
E fugaces de lienzos paisajísticos que influyen el ánimo del poeta y
que a su vez se ven influidos por el ánimo que se quiere comunicar:
I •escenario que enmarca la acción principal.
¡ En conjunto, el humanismo tuvo un notable efecto sobre el
desarrollo de la medicina y de las ciencias41; pero, además, existió
I un prolongado debate sobre sobre la concepción mística de la
Naturaleza, problema apasionante para muchos, desde los alquimistas
I a los herméticos42. De hecho, hubo una constante dialéctica entre
I los partidarios de una concepción mística y ocultista de la
Naturaleza y quienes buscaban acercarse a ella por medio de la
I observación y de las matemáticas. Tan importantes fueron los
I debates acerca del sistema heliocéntrico o la circulación sanguínea
como los referentes a la magia natural o a la analogía macrocosmos
E
3 41 Resulta sumamente llamativo que el Cosmos de Humboldt,
publicado originalmente entre 1845 y 1847 tenga una amplitud de
U miras realmente renacentista. Hurnboldt expone el estado de los
conocimientos sobre la Naturaleza en su época, pero también
U historia la concepción de la Naturaleza, su desarrollo en la
literatura profana y religiosa, así como la ampliación del concepto
I de Naturaleza según aumentaban los conocimientos de todo tipo,
empezando por los geográficos.
¡ 42 Véase Debus, El hombre y la Naturaleza en el Renacimiento,
tanto para esta observación como para varias de las que siguen.
¡ -242-
¡
U
1
u
U CAPITULO III
I microcosmos.
¡ El nuevo amor a la Naturaleza expresado primero por Petrarca
y luego por otros tuvo muchas consecuencias. Influyó en la creación
E de un método para observar la Naturaleza, pero también hizo crecer
la desconfianza hacia la importancia que el escolasticismo medieval
I había dado a la filosofía y a las ciencias. De lo que se trataba
E era, en primer término, de crear programas morales y educativos.
I Erasmo (1466-1536) consideraba
¡ que, para conocer la Naturaleza, al alumno le bastaba con
¡ seguir el curso normal de estudios que comprendía la lectura
de los autores literarios de la Antigúedad. A su juicio, las
• matemáticas no tenían mucha importancia para un hombre
¡ educado. Y Juan Luis Vives (1492-1540) ... concordaba con él
plenamente cuando, al impugnar el estudio de las matemáticas,
¡ argumentaba que éstas tendían a “desviar la mente de los fines
prácticos de la vida” y la hacían “menos apta para fundir las
realidades concretas y las mundanas”43.
u La fascinación por la Ant igúedad llevó a veces las
1 preocupaciones más por el lado de la pureza textual que por el de
¡ ~ Debus, El hombre y la Naturaleza, p. 19.
¡ -243-
¡
u
1
U
U CAPITULO III
I las verdades científicas. Por ejemplo, el descubrimiento en 1417
E por Poggio Bracciolini de la única copia del
lucreciano produjo hasta dos siglos más tarde un renovado interés
De rerum Natura
I por las viejas doctrinas atomistas. O el descubrimiento de Guarino
U da Verona en 1426 del manuscrito del De medicina de Celso,
ejerció también gran influencia, quizá más por su lenguaje que por
que
I su contenido. Petrarca lamentaba su deficiente conocimiento del
I griego, Linacre tradujo al latín a Proclo y a Galeno, Peuerbach
(1423-1461) sabía de la necesidad de contar con un manuscrito fiel
I del Almagesto de Ptolomeo al escribir sus Theori cae novae
plane tarum.
I Pero casi tan importante como esto es el retorno a los textos
U neoplatónicos, cabalísticos y herméticos. Cosme de Médicis pidió a
¡ Marsilio Ficino (1433-1499) que tradujera el Corpus herrneticurn
antes que a Platón y a Plotino. Desde luego, el interés por este
I tipo de materiales renovó la concepción mística de la Naturaleza -
concepción muchas veces no claramente separada de lo que hoy
U llamaríamos concepción científica de la Naturaleza. La analogía
U entre el macro y el microcosmos justificaba las correspondencias
entre el mundo celeste y el sublunar. Ahora bien, el hombre goza de
U privilegios en la gran cadena del ser. Dotado de gracia divina, es
I algo más que receptor pasivo de influencias astrales. Esto está en
¡ -244-
¡
¡
1
u
U CAPÍTULO III
E los fundamentos de la magia natural renacentista. Paracelso o
U Ficino eran a la vez médicos y magos que entendían la Naturaleza
como dotada de fuerzas mágicas. Paracelso identificaba magia y
U Naturaleza; en él, la magia era una búsqueda que podía llevar al
U mejor entendimiento de Dios. Era, por tanto, una manera de unificar
Naturaleza y religión44. Esto es patente en textos como éste de
U Thomas Tymme (1612)
u El Creador todopoderoso de los cielos y de la Tierra... ha
U puesto ante nuestros ojos los dos libros principales: uno, el
¡ de la Naturaleza, el otro, el de su palabra escrita... A la
sabiduría del libro de la Naturaleza la llaman comúnmente los
U hombres filosofía natural, la cual sirve para guiamos a la
¡ contemplación de ese grande e incomprensible Dios a fin de que
podamos glorificarlo en la grandeza de su obra. Porque los
¡ movimientos regulados de las esferas.. . la conexión, la
3 armonía, la fuerza, la virtud y la belleza de los elementos...
son tantas y tan diversas Naturalezas y criaturas en el mundo,
¡ son tantos intérpretes para enseñarnos que Dios es su causa
U ~‘ No lejos de esto está el mundo de las utopías, tan
E importante en relación con la Nueva España. Cf. Imaz,
15.
Utopías, p.
3 -245-
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¡
¡
U
U CAPÍTULO III
• eficiente y que Él se manifiesta en ellas y por ellas como su
¡ causa final, a la cual ellas también tienden45.
¡ Sea como fuere, el caso es que no podemos hablar del humanismo
¡ y de su concepción de la Naturaleza como un todo unificado y
ordenado. Lo común sí es un ideal educativo, erudito, estilístico46.
U Muchos humanistas, de Petrarca a Vives, se mostraron hostiles al
U escolasticismo y a sus concepciones: astrología, lógica, medicina,
filosofía, forman parte del conjunto de críticas. Ahora bien, la
I antipatía hacia Aristóteles se debía más bien a su hijastra
escolástica que al Aristóteles directo, que había dado lugar a la
E formulación de dobles verdades (la validez separada de la filosofía
E aristotélica y la teología cristiana) . De ahí quizá el acercamiento
a Platón, a San Agustín y a Séneca, en el caso de Petrarca.
E Precisamente, Ficino y la Academia florentina son un eslabón más en
U la larga cadena del platonismo. Ficino si intentó dar una
descripción detallada del universo, en forma de una gran jerarquía
U donde cada ser tiene su lugar, con diferentes grados de perfección:
I Dios en lo más alto, los diferentes órdenes de ángeles y almas, las
E
‘~ Cito por Debus, El hombre y la Naturaleza, pp. 40-41.
¡ 46 Kristeller, Ocho filósofos, pp. 15-16, para esto y para las
líneas siguientes.
3 -246-
u
U
u
E
CAPÍTULO III
U esferas celestiales y elementales, los animales, plantas y
U minerales, hasta llegar a
términos de amor platónico y socrático,
la materia prima. Ficino acuñó
partiendo de su propia
los
E interpretación de la teoría platónica del amor, más otras teorías
U antiguas de la amistad conocidas a través de Aristóteles y Cicerón,
más algunos toques de San Pablo y de la tradición del amor
E cortesano.
U
El punto básico es que considera el amor por otro ser humano
E simplemente como una preparación, más o menos consciente, para
¡ el amor de Dios, que constituye la meta real y el verdadero
contenido del deseo humano... Nunca puede haber solamente dos
U amigos; siempre tiene que haber tres, dos seres humanos y un
47
¡Dios.
3 Vistas las cosas en estos términos, es fácil entender el paso
natural de lo humano a lo divino en el trayecto de Salazar.
U Si en algún momento hubo una verdadera producción de la lírica
E española, fue en el siglo XVI, donde la vieja poesia del XV seguía
conviviendo con la nueva del Renacimiento. Los poetas que
I alcanzaron las más altas cimas en España, fueron aquellos que
¡ ~ Kristeller, Ocho filósofos, p. 69.
-247-
E
U
u
E
U CAPÍTULO III
E partieron de las novedades italianas, entre ellos, Garcilaso, fray
Herrera y San Juan de la Cruz48. De éstos tomará
U Luis de León,
directamente elementos, modelos e imágenes, Eugenio de Salazar,
E sobre todo, de Garcilaso y Herrera. Amén de lo declarado en el
U propio testamento de Salazar, donde menciona a los poetas de dos
siglos anteriores: Petrarca, Ausias March y Garci Sánchez de
U Badajoz <tal y como quedó explicado en el capitulo II de este
U trabajo).
Cada uno de estos poetas son únicos, en el sentido estricto de
E la palabra; todos ellos, de alguna manera, entendieron al gran
U versador, a Petrarca, y puede decirse que unos complementan a
otros, en cuanto a la percepción de la Naturaleza se refiere. Cada
U uno vive en su mundo bajo sus propios preceptos enmarcados en el
orden de la amada (viva o muerta, propia o ajena) y bajo del cual
U entienden la gracia divina, pero insisto,
,
cada cual bajo su
E peculiar entendimiento.
¡ A este respecto, Rafael Lapesa reflexiona acerca del
conocimiento que tuvo Ausias March de Petrarca, diciendo firmemente
E que la figura del poeta aretino “no llegó a desdibujar la fuerte
figura del valenciano, quizá la más vigorosa del siglo XV
U peninsular”. Lo que sí es semejante en ambas producciones líricas
48 Véase [Link] Blecua, La Poesía,pp.9-l0.
-248-
E
u
¡ CAPÍTULO III
U es el propósito de encontrar una dignificación a la pasión erótica,
depurándola de lo sensual, convirtiendola más bien en fuente de
U virtud. Alejándose del solo concepto angelical de la dama, “que
E encendía ansias de elevación en los poetas del dolce stil nuovo”;
la dama ejerce una atracción tanto en el espíritu como en los
U 49
sentidos
¡ Para Petrarca, Laura es una idea amorosa, pero que alcanza
características panteístas. Se convierte en un símbolo del amor
U universal, o sea divino, en el que el mundo que rodea al poeta
U <días, noches, climas, fieras, hierbas...) es todo una metáfora del
amor, así la Naturaleza se conjuga con éste amor emanado de Laura,
I que llega a ser en su máxima expresión, amor religioso, que
E conducirá al amado a la salvación. La Naturaleza que ve Petrarca
realmente es la interna de él mismo, todo lo contempla desde una
U atemporalidad, que bien pudiera ser la eternidad, donde ‘hasta lo
I que aún no ha ocurrido resuena como pasado en ese orbe de presagios
que ya son memoria”50.
U
~ Para el estudio de Petrarca y Ausias March, así como su
• conceptualización de la dama, la Naturaleza y el paisaje, es
capital el libro de Rafael Lapesa, La trayectoria poética de
U Garcilaso, esp. pp.3l-4O.
3 50Para aplicar el panteísmo -entendido como una doctrina
• filosófica que tiende a identificar totalmente con Dios todas las
¡ -249-
¡
U
U
U
¡ CAPÍTULO III
3 Parecido es el mundo poético de March, quien ve en su mundo
“las soledades de su alma”, con un carácter eminentemente
¡ psicológico, donde el poeta metido a amante siente y analiza su
¡ amor, situación que le condiciona como amador, ya que al tiempo que
siente y vive a la amada, también analiza a cada uno de estos
U sentimientos, pasando de un estado a otro con extrema velocidad,
¡ “ama y desama, se debate entre amor y odio”. Con igual intensidad,
en March se encuentra la obsesiva idea de la muerte de la amada,
U con “constantes lágrimas, desesperación y tristeza”; en toda la
• poesía de March se revela su filiación religiosa en el
entendimiento del amor, así como la percepción de lo interno más
¡ que de lo externo; no ocurre como en Petrarca, todo emana de él
¡ mismo, no hay fusión con lo externo, con lo natural. Existe algo
muy marcado en el poeta valenciano, y es la marginación de la
¡ Naturaleza en su obra, de lo cual recibió fuertes comentarios
¡ críticos. Azorín señalaba que: “Y este hombre que vive en contacto
cosas- en los poetas petrarquistas, basta con recordar las dos
concepciones notables: la oriental <que inmerge a Dios en el mundo)
¡ y la occidental <que inmerge al mundo en Dios) De esta manera los
.
poetas han contemplado su mundo poético (la amada y el amor) dentro
de Dios (véase Sainz de Robles, Diccionario de la literatura,
pp.924-925) Para las ideas sobre Petrarca y su temporalidad, véase
.
la “Introducción” de Atilio Pentimalli, en Francisco Petrarca, 1
¡ Sonetti del Canzoniere, pp.42-48.
¡ -250-
U
U
¡
¡ CAPÍTULO III
¡ con la Naturaleza y que se ha criado al aire libre, no da entrada
en sus versos a la Naturaleza’. Sin embargo, el mismo Ferreres
3 señala el canto LXIV, como una excepción en el que March canta a la
¡ Primavera (“Lo temps és tal que tot animal brut. . . “0k
Es Rafael Lapesa quien a propósito de todas las
¡ características del poeta de Arezzo, y del valenciano, se pregunta
¡ sí “existe alguna continuidad entre la poesía hispánica del siglo
XV y la de Boscán y Garcilaso en metros italianos”, a lo que
¡ responde que en el caso de Boscán es innegable su enlace con la
¡ tradición provenzal, muy arraigada en Cataluña, y el nexo entre el
viejo poeta catalán y la poesía castellana moderna. En Boscán,
U perviven en su obra, principalmente, los conceptos, temas y
¡ actitudes, muy ligados a March, como por ejemplo, la iluminación
seudomística, la distinción entre el amor honesto, el deleitable y
U el provechoso, la tristeza desesperada que aparta de las gentes y
¡ de la luz al poeta, la inspiración encontrada en los más sombríos
pasajes bíblicos y un firme propósito de mostrar “el tránsito que
U desde la pasión sensual eleva el alma hasta el amor que la
U
u __________________
51 Citado por Rafael Ferreres en, Ausias March, Obra poética,
¡ pp.82 y 83.
-251-
¡
U
u
¡ CAPÍTULO III
¡ regenera”52.
¡ En España, la tradición clásica de la ant igúedad se observa
prácticamente en todas las épocas, y se marca de manera rotunda en
¡ aquellos siglos llamados “culturales’ y que son el
Prerrenacimiento, Renacimiento y Barroco, según nos refiere Emilio
U Carilla53. La culminación de dicho periodo tocará en el siglo XVI
¡ a los poetas modernos, como son Garcilaso y Herrera, por excelencia
54
~fi~uras centrales de la época de Salazar.
Podría decirse mucho acerca de la poesía que propugna
Garcilaso en su época, pero para el estudio de Salazar basta con
observar algunos principios de su lírica, y del tratamiento de la
E Naturaleza en el poeta toledano. Por principio, cabe partir de la
¡ idea básica, de que “Garcilaso no copia, sino que reelabora y
vivifica”, aun teniendo su origen en otros autores. Cada uno de sus
U versos lleva a los paisajes llenos “de color, sonido, aromas y roce
U 52 Al respecto véase Rafael Lapesa, La trayectoria poética de
u Garcilaso, pp.41-48, esp.44-45.
~ Emilio Carilla, en El Barroco Literario Hispánico, habla
de “España y la tradición clásica”, y hace una serie de anotaciones
E importantes en cuanto a una “querella de antiguos y modernos”, pero
mas bien ubicando este problema en el teatro y más propiamente en
U el siglo XVII (pp.46-70)
~ Sobre amor ideal, neoplatonismo y su recepción en España,
¡
¡ y. Parker, La filosofía del amor, PP. 61-91.
-252-
U
¡
U
E
¡ CAPÍTULO III
¡ de auras tenues’, en los que cobra vida “el drama humano’,
apareciendo unas veces la relación simbiótica de Naturaleza e
individuo, y otras “la personificación mítica semejante a las de
¡ Homero”55.
Con esta concepción, deben señalarse como importantes sus
¡ Églogas, que sirven como un simple muestrario del entendimiento del
3 poeta acerca de su mundo observante. Por ejemplo, en la Égloga II
del toledano, que inicia “En medio del invierno está templada...”
¡ se han identificado temas centrales como el amor, la Naturaleza, el
¡ heroísmo, la representación plástica, primordialmente. También se
han analizado los símbolos del agua, del viento y de la caza.
U En esta Égloga, a propósito de Albanio (personaje existente
¡ también en Salazar) , se hace mención de la natura56:
E ¿Quién duerme aquí? ¿Do está que no le veo?
¡ ¡O, hele allí! ¡Dichoso tú, que afloxas
la cuerda al pensamiento o al deseo!
¡ _________________
~ Véase, “La Naturaleza” en Rafael Lapesa, La trayectoria
¡
poética de Garcilaso, pp.ll0-11l.
U 56 sobre
“Garcilaso éstousar
suele nos la
dice Elías natura
palabra [Link]
con en
mássufrecuencia
edición que:
(13
veces) que la palabra Naturaleza (sólo dos veces) “. Garcilaso de la
¡ Vega. Obras completas, p.3l0.
-253-
¡
U
CAPITULO III
¿O natura, quán pocas obras coxas
en el mundo son hechas por tu mano,
creciendo el bien, menguando las congoxas!
El sueño diste al coragón humano
para que, al despertar, más s%legrasse
del estado gozoso, alegre o sano... [v.79-85]57
De una manera más amplia, puede decirse que Garcilaso “a
U través del artificio pastoril” nos da el principal tema de su obra:
¡ el amoroso y «doloroso sentir». Dentro de este sincero sentimiento
amoroso, se presenta en el poeta una Naturaleza soñada, que no es
¡ producto de la observación directa. Este sentimiento renacentista
de la Naturaleza hace que Garcilaso ofrezca sus paisajes de tondo.
“Paisajes húmedos, prados frescos, ríos: el Tormes, el Danubio, un
¡ Tajo idealizado en la nostalgia, campos vistos por los ensueños,
¡ descritos con rasgos estilizados. Naturaleza irreal, afinada58.
Al igual que Herrera, en Garcilaso el amor, tema central, le
U sirve para encontrar la belleza, es decir, la poesía se convierte
¡ _________________
~ Garcilaso de la Vega, Poesía castellana completa. Ed. de
E Consuelo Hurelí, p.53.
~ Consuelo Burelí, “Introducción”, en Garcilaso de la Vega,
¡ Poesía castellana, pp.17-18.
¡ -254-
¡
U
U
¡
CAPITULO III
¡ en el culto a la belleza, de la dama, y del mundo.
A diferencia de Herrera, Garcilaso se muestra laico en su
lírica (aspecto que ha sido muy estudiado ya por la crítica); su
¡ mundo poético, más bien, es el de la ensoñacion:
U en el que se vierte tina vivencia amorosa trasmutada y
¡ expresada con frecuencia a través de recuerdos mitológicos o
escenas pastoriles. La mitología o los pastores, son, pues,
¡ los intermediarios en la expresión de su sentimiento. . . Y así
¡ los versos de Garcilaso se convierten en paradigma del amante
desgraciado59.
U
¡ En Garcilaso, se funde, en ocasiones, la idea de la Naturaleza
contra la gracia, manifestando el “modo de ser” del amante; de esta
U manera, en el soneto XXVII:
¡
Amor, amor, un hábito vestí
U el cual de vuestro paño fue cortado;
¡ al vestir ancho fue, mas apretado
y estrecho cuando estuvo sobre mi.
~ Emilio Palacios, Garcilaso de la Vega, Introducción, pp.24-
25.
-255-
U
E
U CAPÍTULO III
¡ Después acá de lo que consentí,
tal arrepentimiento m’ha tomado
U que pruebo alguna vez, de congojado,
U a romper esto en que yo me metí;
mas ¿quién podrá deste hábito librarse?
U teniendo tan contraria su natura
¡ que con él ha venido ha conformarse?
Si alguna parte queda, por ventura,
U de mi razón, por mí no osa mostrarse,
que en tal contradicción no está segura 60
U
¡ También en Garcilaso encontramos una animación de la
E Naturaleza en ese “modo de ser”, cuando en la Égloga 1, Salicio se
lamenta de la incomprensión y crueldad de la amada, con “lágrimas
E intensas capaces de enternecer las piedras, los árboles, las aves.
Una Naturaleza que se conduele, mientras la amada permanece
E impasible”:
¡
Aquí dio fin a su cantar Salicio,
U y sospirando en el postrero acento,
U soltó de llanto una profunda vena;
60 Emilio Palacios, Garcilaso de la Vega, p.8S.
-256-
U
E
E
3 CAPÍTULO III
¡ queriendo el monte al grave sentimiento
d’aquel dolor en algo ser propicio,
con la pesada voz retumba y suena;
U la blanda Filomena,
casi como dolida
¡
y a compasión movida,
¡
...
Aquí se aprecia la compasión de la Naturaleza, que puede más
U que el sentimiento de la amada cruel. Y en Filomena, se funde el
símbolo del amante lloroso61. En ésta misma Égloga 1, Rafel Lapesa
I nos recuerda cómo Herrera identifica que el ritornelo «Salid sin
U duelo, lágrimas, corriendo», proviene de las Lamentaciones de
3 amores de Garci-Sánchez de Badajoz:
¡ Lágrimas de mi consuelo
¡ Qu’ aveis hecho maravillas
Y hazeis:
U Salid, salid sin recelo
¡ 61 Filomena, fue hija de Pandión, ésta es seducida por Tereo,
su cuñado, quien le corta la lengua y encarcela. Logra escapar
U convertida en un ruiseñor. La tradición poética culta así como la
popular, encontró el símbolo del amante lloroso. Al respecto,
¡
3 véase, Emilio Palacios, Garcilaso de la Vega,p.149.
-257-
E
¡
U
E
U CAPÍTULO III
¡ Y regad estas mexillas
Que soleis62.
¡ En ocasiones, la idea de una Naturaleza frente al arte (a lo
construido) es también motivo en los versos de Garcilaso; esto se
U aprecia en el último terceto del soneto XXI, dedicado al marqués de
¡ [Link], D. Pedro de Toledo (virrey de Nápoles), -recuerda un
tanto a los sonetos dedicados por Salazar a los marqueses de
¡
E Clarísimo marqués, en quien derrama
U el cielo cuanto bien conoce el mundo,
¡ si al gran valor en qu’el sujeto fundo
y al claro resplandor de vuestra llama
U arribare mi pluma y do la llama
fi la voz de vuestro nombre alto y profundo,
seréis vos solo eterno y sin segundo,
¡ y por vos inmortal quien tanto os ama.
¡ Cuanto del largo cielo se desea,
cuanto sobre la tierra se procura,
¡ todo se halla en vos de parte a parte;
62 En Rafael Lapesa, La trayectoria poética de Garcilaso, p.55.
-258-
E _____ __ ______
U
E
3 CAPÍTULO III
¡ y, en fin, de solo vos formó natura
una estraña y no vista al mundo idea
E 63
y hizo igual al pensamiento el arte
E Hablar de Herrera es ante todo perfilamos en el amor, porque
• es ahí donde se encuentra la base filosófica de la lírica
¡ herreriana. Herrera, según Cristóbal Cuevas, admite tres tipos de
amor:
¡
¡ “el contemplativo, que se apoya en la belleza humana y
lleva a Dios; el activo, que se detiene en el honesto
U trato de la criatura; y el ferino o bestial, que «es
¡ passión de corrompido desseo i deleitosa lacivia»M.
De esta manera, con Herrera entendemos que el amor se hace
fuente de las más puras virtudes, y además que es el punto de
partida para el entendimiento de Dios y de la amada. La relación
hombre-amada y Dios se presenta como una tríada para llegar al
63 Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas, ed. de Elías L.
Rivers, p.57.
~ Cristóbal Cuevas en su edición a Fernando de Herrera,
(p.21).
-259-
CAPÍTULO III
estado contemplativo de la Naturaleza, es decir del mundo -
recuérdese a Ficino-.
El amor es, pues, para Herrera algo trascendente, que informa
la vida y le da sentido. La poesía amorosa es para él una
especie de misticismo poético - un itinerariurn mentis in Deum-
En este mensaje de amor por la belleza hay... una fórmula
de salvación personal.. •65
¡ Estos dos símbolos petrarquistas, el amor y la belleza, están
siempre presentes en la poesía mística de Herrera, y de alguna
U manera nos remontan al pensamiento filósofico herreriano.
¡ Sentimos que más que una visión parcial de la Naturaleza,
Herrera desarrolla en su obra una filosofía del amor, en la que
E puede encontrarse razón y respuesta a su entendimiento de la amada,
¡ del mundo y de Dios, aunque todo esto sea de alguna manera fingido,
ya que como señala bien Cuevas, es una especie de requisito en la
U poesía amatoria el que el poeta finja estar enamorado, para ser en
65 [Link], dice que en la base de todo este misticismo
amoroso, está por supuesto, Petrarca, “gran maestro de amor y
amadores” (p.22)
-260-
E
¡
¡ CAPITULO III
¡ verdad, uh “representante de la poesía amorosaM
Y en un sentido propiamente naturalístico, Herrera convierte
a la dama en una concepción más bien astral en la que ve a la donna
¡ angelicata como “el sol que da calor, luz y belleza al universo’.
Esta idea prevalecerá en su imaginería, y por ende en la de
E Salazar, según veremos.
¡ Así encuentro las cuatro categorías básicas para el
entendimiento de la Naturaleza de los poetas del siglo XVI: La
U amada, Dios, el poeta y el mundo.
¡ Sin embargo, no puede hablarse en Herrera de una imaginería
uníca, en cuanto a la dama, es decir, no sólo queda la idea de la
U _________________
¡ ~ Al igual que otros poetas, Petrarca es para Herrera el
modelo ejemplar, sin embargo en el poeta andaluz hay una
sorprendente “vida paralela’, en donde los dos ponen en lo más
E preciado el Amor y la Gloria <Cuevas, p. 16) Coincidencias entre .
los dos poetas: los dos dedican sus versos a damas realmente
E existentes (casadas) “la amada literaria recibe nombres fictivos
,
de carácter definitorio, pintándosela como dechado de belleza y
virtud; los dos escriben para una minoría culta, editan a grandes
escritores, aman la lengua y el arte griegos,mantienen polémicas
¡ literarias.. .creen en el poder inmortalizador del verso, corrigen
incansablemente su obra, se erigen en únicos protagonistas de la
misma, buscan con pasión la fama.. .redactan versos
U latinos.. .sustituyen el culto de la poesía por la erudición y la
historia.. .La evidencia es tan evidente que Pacheco, al retratar a
¡ Herrera, le pinta con corona de laurel...” (Cuevas, PP. 16 y 17)
¡ -261-
E
E
U
E
¡ CAPÍTULO III
¡ mujer como fuente positiva de amor, también está la otra vertiente,
un tanto medieval, en que la mujer puede equipararse también al
demonio, según vemos en el criterio de Juan Carlos Rodríguez, en el
que la concepción de la dama se puede establecer por dos elementos
determinantes; el primero, por la imaginería animista laica sobre
el amor y sobre la mujer, ya que, sin tal imaginería es imposible
¡ concebir al Amor como un verdadero Dios terreno. Y el segundo,
donde Herrera parte de la imaginería característica del animismo
¡ cristiano. A partir de esta perspectiva animista puede comenzar a
¡ concebir a la Dama <y sus caracteres eróticos) como un poder
ambiguo y peligroso. Esto lleva a reflexionar de la lírica de
U Herrera que nunca se podrá saber muy bien si la conversión de la
¡ mujer en Absoluto se ha hecho a partir de su lado espiritual o si
se ha hecho a partir de su lado carnal, o sea, “no se podrá saber
E nunca si la Dama es un Absoluto similar a Dios o un Absoluto
¡ similar al Diablo’67.
Sea cual fuere la concepción damística en Herrera, es evidente
U que su lírica se halla subordinada a su pasión amorosa. Dentro de
esta pasión amorosa hay siempre un estado animico que le sirve de
fondo al poeta y que condiciona de alguna manera el sentimiento del
¡ paisaje en el poeta.
¡ 67 Juan Carlos Rodríguez, “Imaginería animista”,pp.461-462.
¡ -262-
E
U
u
u
¡ CAPÍTULO III
3 Resultando, así, un paisaje irreal en el que “se van
¡ destilando las cuitas del poeta, que busca en lo grandioso y
abrumador de la Naturaleza la imagen apropiada de sus penas~”:
Por un camino, solo, al Sol abierto,
d’espinas y d’abrojos mal sembrado,
¡ el tardo passo muevo, i voi cansado
a do cierra la buelta, el mar incierto..
el Z~e;:o triste abita este desierto
¡ i ái ser callado;
cuando pienso acaballo, acrecentado
U veo el camino, i mi trabajo cierto.
¡ A un lado levantan su grandeza
los riscos juntos, con el cielo iguales;
U al otro cae un gran despeñadero.
¡ No sé de quién me valga en mi estrecheza,
que me libre d’Amor y destos males,
E pues remedio sin vos, mi Luz, no espero [soneto XXXV]69.
68 Véase Alberto Sánchez, Poesía sevillana en la Edad de Oro,
p. 72-73.
69 Cito por la edición de Cristobal Cuevas, Fernando de
Herrera, p.395.
-263-
u
U
¡ CAPITULO III
¡ El sentimiento de Naturaleza en el siglo XVI va emergiendo
poco a poco, y se hace más fuerte al tiempo que crece el espíritu
renacentista del siglo; por ello, Lapesa recuerda que en el siglo
XV castellano, por un lado, “nada existe que sea comparable a esta
fina captación de la belleza sensible ni a esta riqueza de matices
¡ afectivos”, mas sin embargo, “la lírica amatoria atiende sólo a la
¡ exposición de sus querellas.. .“. La reacción de la Naturaleza en el
poeta, “revelan un progresivo incremento de sensibilidad...”, pero
¡ “no representan el tono dominante en los cancioneros. Ni siquiera
agotan las modalidades que en éstos ofrece el paisaje70”.
Al respecto, Salazar ya se ubica dentro de los poetas de su
¡ siglo que vivificaron la sensibilidad del mundo externo hacia la
expresión interna y sus sentimientos. Por ello, tratamos de hacer
una lectura de la Silva de carácter intra y extra textual.
¡ Estas vibraciones de la sensibilidad en Salazar distan de los
grandes petrarquistas y del propio Petrarca, en lo que se refiere
a la forma de inclusión de esta Naturaleza. Salazar sí tiene como
¡ referente a la Naturaleza que le rodea y siempre va ligado el
paisaje a su estado anímico, pero ve en su mundo exterior más un
E testigo silencioso, que un confidente, falta en la lírica de
E
~ Véase “la Naturaleza y el paisaje” en Rafael Lapesa, La
¡ trayectoria poética de Garcilaso, pp.32—41.
-264-
¡
¡
u
¡
U
¡ CAPÍTULO III
¡ Salazar, muchas veces los bríos, por ejemplo, para contrastar esta
amargura, con la alegría del universo. Bajo esta perspectiva, se
E identifican en Salazar más todos aquellos motivos, tópicos, figuras
¡ e imágenes del tipo petrarquista-renacentista, desde un punto de
vista más bien formal que de otra índole.
U Son los temas los que nos dan la razón de ser de la poesía de
¡ Salazar en un sentido renacentista y petrarquista. Su tratamiento
ya coloca a Salazar en una línea bastante alejada de la fuerza y
¡ coraje de los versos de Boscán, de Garcilaso, y por supuesto de
¡ Herrera; es decir, contemplo a Salazar como hijo de la lírica
española del siglo XVI, que siguió en su contexto a los grandes
¡ poetas del momento, pero en quien los frutos quedaron lo bastante
¡ inmaduros como para cosecharse. Sin embargo la producción variada
y extensa de la Silva, hacen de Salazar un sujeto interesante para
¡ la lírica española y novohispana del siglo XVI. Por ello vale la
¡ pena introducirse a la Silva y al crecimiento que van teniendo
poeta y versos en el transcurrir de no pocos folios.
U
E 3. La Naturaleza en la obra de Salazar
u Para entender la concepción y la expresión de la Naturaleza, real
¡ -265-
U
E
¡ CAPITULO III
¡ o ideal, en la poesía de Salazar es necesario atender a su
trayectoria poética, la que lo define como poeta en desarrollo y
E que da forma a la compleja materia de la Silva.
¡ El primer paisaje poético característico de Salazar es el
amatorio: la amada y sus atributos, físicos y pocas veces
¡ intelectuales. La amada que alienta al poeta, que por el camino de
¡ la belleza lo lleva hasta Dios mismo. Es la amada gratificante, que
toca de gracia al poeta, a su poesía y quizá a quien la lee. El
¡ poeta es ayudado en su camino por multitud de símbolos, carnales y
¡ mitológicos. Es ayudado por dioses menores, Amor, Venus, las
ninfas, que llevan al poeta al camino del Dios principal. Aquí la
¡ Naturaleza es ideal, porque no puede ser de otro modo: la
¡ Naturaleza la forman las ideas, dormidas en la mente del poeta y
despertadas por la acción benéfica de la amada. La primera estación
¡ en el trayecto poético de Salazar es, entonces, la poesía amatoria,
¡ cuyo eje dominante -nunca único, sin embargo- es una Naturaleza
ideal, idealizada.
¡ Pero el poeta maduro vive en la tierra, viaja, atraviesa
océanos. Salazar, que se ha burlado de la corte71 y los artificios,
~ “La Corte es mar, donde los pexes grandes se tragan a los
pesges chicos, tierra poblada de suqios gusanos, ratiles venenosas
y fieras rapaces, ayre lleno de piadosas gigueñas, amorosos
E pelicanos y caudales Aguilas, y gielo, donde el Sol y la Luna
-266-
E
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¡
CAPÍTULO III
¡ conoce islas, conoce el Viejo y el Nuevo mundo, es amigo de los
gobernantes y es hijo de su tiempo. La poesía adquiere consciencia
¡ de sí misma: de su artificio. Y sin embargo, la poesía, que es
E artificiosa, habla de la Naturaleza. Poesía bucólica muchas veces.
Pero no sólo de la Naturaleza donde habitan los pastores o donde se
¡ esconden los dioses, sino también de la Naturaleza geográfica y
¡ cosmográfica de España y Nueva España, concreta, que se adelanta
sorprendente a los ojos del poeta. Es la edad de la poesía
3 temáticamente más llamativa de Salazar, de la Descripción de la
¡ laguna de México, de la Epístola a Herrera, de la Perpetuación de
Mayo y otras. Es la época, pues, de la Naturaleza opuesta al
3 artificio y de la Naturaleza sinónimo de universo.
El destino final, quizá más flujo de la vida que solución
E poética, lleva al poeta a la reflexión sobre las cosas. Reflexión
3 sobre la Naturaleza que lleva a ajustar en poemas los diversos
¡ episodios del alma, del pecador en busca del perdón. El amor a la
mujer casi desaparece y el poeta orienta su amor a Dios y al cielo.
U ________________
resplandesgen, e infinidad de estrellas sgentellean, e influyen..
¡ donde Dios es muy servido y acatado, el demonio muy agradado y
seguido; donde los altares del templo de Venus y Cupido están
3 siempre humeando con sacrificios de nesqios, y locos; donde el dios
de los epicúreos tiene la mesa más llena, y Baco tiene la mejor y
E más combatida bodega...” (Carta 1, Fol.509)
-267-
¡
¡
__U
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E
3 CAPÍTULO III
¡ Abundan los temas bíblicos. El temor a la muerte y la brevedad de
la vida invaden algunas composiciones. Poesía moralizante a veces,
E devota o más o menos circunstancial otras. Es la época de la
3 Naturaleza en su esencia, de la divinidad en su sentido más
personal -lo que no necesariamente lleva a una poesía más personal.
3 La trayectoria poética de Salazar, entonces, se extiende en
¡ tres grandes pasos: la poesía amatoria (Naturaleza ideal) , la
terrenal (Naturaleza opuesta a artificio, Naturaleza como universo)
3 y la divina <la esencia del camino del alma) . Hay tres buenas
razones para dividir de esta manera los ámbitos de la lírica de
Salazar:
¡ 1, hay coherencia intrínseca en las esferas poéticas, forman
¡ universos más o menos articulados (lo que no quiere decir
explícitamente articulados) y hasta cierto punto independientes.
¡ 2, hay cierta correspondencia entre estos tres mundos poéticos
y la propia vida del poeta: juventud, madurez y vejez, como lo
señalan numerosos indicios relativos a la época de composición de
¡ diferentes poemas. Ciertamente, no se trata de límites tajantes,
pero sí parece atinado atribuir los núcleos compositivos a tres
¡ diferentes momentos de su vida.
E¡ 3, hay cierta correspondencia entre estas tres esferas
poéticas y la propia organización de la Silva: cada una de ellas
-268-
E
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E
¡
¡ CAPÍTULO III
3 correspondería a una de las tres partes en que está dividido el
manuscrito. Esto también debe entenderse de modo relativo. Hay
¡ algunas excepciones en cada una de las partes de la Silva. Por
¡ ejemplo, en la parte amatoria hay poemas cuyo tema es el miércoles
de ceniza y el sábado de gloria, hay poemas que se esperarían en la
U Primera parte y van en la segunda <alguna con notas de Salazar
¡ indicando que están fuera de su sitio), y no falta alguna
composición amatoria mezclada con las de tema religioso. Estas
U vacilaciones no impiden que la tendencia propuesta sea por lo
¡ general bastante clara72.
Para Eugenio de Salazar existe en toda la Primera parte de la
¡ Silva un mundo pastoril (ficticio) en el que la Naturaleza estará
¡ en relación directa con sus sentimientos; al estilo de Herrera
aparecerá lo umbroso, al estilo de Petrarca el amor por su musa
¡ (Carilia), con lamentos garcilasianos. Todo esto se verá en el
transcurrir de la Silva. Distinto será el tratamiento de la
Naturaleza en la Segunda parte de la Silva, donde la amada no
3 existe de igual manera que en el mundo pastoril, y se da más
importancia a lo mitológico. Y muy retirado de la primera idea
¡ aparecerá el mundo religioso y cristiano de Salazar en toda la
72 Véase los comentarios acerca de la organización de la Silva
en el capítulo 2.
-269-
¡
U
u
CAPÍTULO III
¡ Tercera parte de la Silva, donde la Naturaleza es la conjugación
del cielo, de lo celestial, de lo divino: aquí la amada existe en
¡ función exclusivamente de la gracia de Dios.
¡ El estudio de la Naturaleza en Salazar se hace bajo una
perspectiva temática. Encuentro que, a partir de los tópicos e
U imágenes utilizadas por el poeta, es posible reconstruir su mundo
¡ lírico, sus ambientes, emociones, estados anímicos, propósitos, y
sobre todo su concepción que sobre la Naturaleza tenía.
3 Este estudio responde a un análisis más bien renacentista que
¡ de otro tipo, ya que en la Silva, después de no pocas lecturas, se
aprecia una hechura bajo el modelo herreriano y garcilasiano,
¡ principalmente, de las que se desprenden muchas de las imágenes
3 arquetípicas petrarquistas, bastante conocidas y usadas por los
poetas de la época.
3 Con esta idea, he seguido, en parte, el repertorio que
¡ presenta Ma. Pilar Manero Sorolla, pues me permitió identificar en
un macrouniverso (toda la Silva) , un microuniverso (los reinos
¡ naturales identificados), entretejido en el mundo pastoril,
bucólico y religioso de Salazar, a partir de los E grandes grupos
de la revalorización de Nortroph Frye, que aunque clásica (y
E
¡ -270-
3
¡
1
CAPÍTULO III
¡ criticada por Tzvetan Todorov~), tiene múltiples ventajas
analíticas74:
Una división y posterior agrupación tradicional y modélica...
es la de clasificar las imágenes por reinos naturales. Es,
evidentemente, una opción clasificatoria que, como todas -
necesarias e insuficientes, a la vez- ofrece grandes, aunque
relativas, posibilidades totalizadoras, y se presta a la
ordenación de ingentes materiales, con garantías expositivas
de consistencia y claridad. Se trata por lo demás, de un
principio generacional que admite, posteriormente,
reagrupaciones de otra índole, ya sean gramaticales o
retóricas. . . y, desde luego, se erige en plataforma ideal, en
repertorio -eso si, eminentemente analítico- para posteriores
estudios, ya sea para trazar el universo imaginario de un
autor de entre los que se constituyen en objeto de nuestro
~ En el prefacio de la Traduction a Bachelard: La terre et les
¡
¡ réveries de la volon té, según da la referencia Manero Sorolla, p773,
n.p.p 262.
~‘ Resulta bastante condensada e interesante, la Reseña, que
de Manero Sorolla hace José Ignacio Díez Fernández en el BBMP,
fi pp.31’7-320. Aquí el detalla cómo la autora logra de alguna manera
la evolución de la imagen, además del conocimiento de los
3 petrarquistas españoles.
-271-
1
¡
1
CAPÍTULO III
estudio; ya sea para contruir el de otros petrarquistas
ubicados, cronológicamente, más allá del Quinientos, en
relación a otros niveles o a la totalidad de su obraQ
E Los seis grandes grupos resultantes de Nortroph Frye, y que
3 usa Manero Sorolla en su estudio repertórico, son:
¡
1. Imágenes del mundo humano
3 2. Imágenes del mundo animal
¡ 3. Imágenes del mundo vegetal
4. Imágenes del mundo mineral
3 5. Referencias astronómicas y astrológicas
¡ 6. Referencias a los fenómenos atmosféricos y físicos
De esta manera, con esta categorización, a partir de los
reinos naturales, es posible tener el universo en que se apoya la
lírica de Salazar, sin que esto signifique ceflirse a una sola
revalorización.
Por otra parte, para llegar a esa plataforma de imágenes, no
partimos de la idea acumulativa de ellas, sino más bien de las más
recurrentes y que en un sentido petrarquista dan buena cuenta de
¡ ~ Manero Sorolla, Imágenes petrarquistas, p773
-272-
¡
1
CAPITULO III
los modelos bajo los que escribió Salazar. Así, por ejemplo>
veremos que en la Primera parte de la Silva están muchas de las
imágenes categorizadas por Manero Sorolla, ya del reino humano, del
animal, como del vegetal, del mineral y de los fenómenos
astronómicos, astrológicos y atmosféricos. Esto muestra que esta
Parte de la Silva es la más antigua del poeta, la más
auténticamente petrarquista y la que pertenece a los primeros años
del trabajo lírico de Salazar. Otro derrotero tiene la construcción
de la Segunda y Terceras partes, donde, a pesar de la misma
plataforma imaginística, aparecen otros tópicos con más fuerza,
como es el caso de lo mitológico-bucólico <en la Segunda parte), y
también de lo religioso <en la Tercera parte).
Con todo lo anterior, paso a detallar cada uno de los
elementos encontrados a lo largo de la Silva. No creo necesario
recordar que se trata de las tres primeras partes de la Silva, ya
que la Cuarta, por contener las Cartas de Salazar, tiene un
tratamiento distinto, y es digna de otro tipo de estudio (que por
cierto se muestra bastante interesante para el conocimiento de
Salazar, su lengua y costumbres)
-273-
1__
CAPÍTULO III
3.1. La Naturaleza en la poesía amatoria
Dentro de este gran grupo se encuentra casi todo lo recreado
por el poeta; lo natural, lo terrenal, lo humano, y lo celestial,
principalmente. Aun dentro de la poesía bucólica-pastoril y
religiosa de Salazar se entremezclan las vivencias de amor, de su
primera etapa en España, así como los sucesos acontecidos en Nueva
España.
Tratamos, a partir de la imaginería de la Silva, de seguir la
senda natural, terrenal, humana y celestial de Salazar, con la
identificación de los reinos ya mencionados, así como todos
aquellos elementos inherentes al poeta madrileño.
1
3.1.1. La Naturaleza de la amada en Salazar. A propósito de la
¡ configuración de la dama, es en Salazar significativo que lo
realiza bajo los preceptos más clásicos italianos, en los que se
describe y reconstruye a la donna angelicata de manera descendente
1(de los cabellos hacia abajo)76.
76 Para el conocimiento de la dama en la poesía renacentista
española, además del gran repertorio de Manero Sorolla, Imágenes
petrarquistas, resulta de muchísima utilidad (de esta misma
autora) el estudio detallado en el que hace una “Configuración
,
imaginística de la dama en la lírica española del Renacimiento...”
-274-
E
¡
3 CAPÍTULO III
I Eugenio de Salazar dedica en la Silva quince sonetos a diferenciar
cada una de las partes de su amada, y así los intitula:
I
Al cuerpo y las fagiones de su Catalina los quinze sonetos
¡ siguientes: A los cabellos, A la frente, A los ojos, A las
cejas y pestañas, A las narizes, A la boca, A la risa, A la
3 habla, A las orejas, A la barba, Al cuello, Al pecho, A las
manos, Al cuerpo y A lo encubierto <Fol.l1l-114)
3 El tema de las partes físicas de la amada es un tópico
claramente establecido dentro de la lírica renacentista, y del cual
I dice Manero Sorolla, que es ya tradición partir del soneto CLVII:
1 Quel sempre acerbo et onorato giorno”, del Canzoni ere de Petrarca,
para el estudio de la configuración de roadonna:
I
La testa ór fino, et calda neve il volto,
hebeno i cigli, et gli occhi eran due stelle,
I onde Amor l’arco non tendeva in fallo;
1 perle et rose vermiglie, ove l’accolto
dolor formava ardenti voci et belle;
a
¡ (pp.5-7l)
¡ -275-
1
1
E
¡
CAPÍTULO III
E fíamma i sospir’ le lagrime cristallo (CLVII, vv. 9-l4)~.
¡ En esta misma línea de juntar varios elementos de la amada,
I Salazar antecede, a sus quince sonetos <varios folios antes) , uno
sólo en el que, a su estilo, configura la hermosura física de su
I amada
u
E Amada frente honesta y muy serena
debaxo de madejas de’oro fino,
I rasgados ojos, ante quien me inclino,
¡ boca de rosicler, y perlas llena;
Color de fresca rosa y azucena,
¡ dispuesto cuerpo y ayre peregrino,
demostradores 9iertos del camino,
I que va a prision suave, y dulce pena:... (1~’ol.78)
1
Eugenio de Salazar tipifica a su dama a partir de los cánones
bien establecidos por los poetas de su época, por ejemplo: el
I soneto A los cabellos, está enmarcado en la imagen de los cabellos
de la amada como una red, que ata y mata al amado, y que sin
B embargo son como el oro, tal y como está en Herrera para quien el
¡ ~ Petrarca, í Sonet ti, p. 312.
3 -276-
1
1
¡
¡
¡ CAPÍTULO III
I cabello puede ser: “cabello ensortijado”, “ardientes hebras, do
s ilustra el oro”, y “purpúreas rosas, perlas de occidente”. La
I idea de la red del cabello como una cárcel se encuentra por
U supuesto también en Herrera, como vemos en nuestro segundo ejemplo:
¡
Para encordar su arco hilos tiene
U Amor, y cuerdas con que aprieta, y ata
a los captivos, que jamas rescata,
E y a los que tener pressos le conviene:
¡ y hilos, que uno mil tropheos sostiene
de los amantes, que el sujeta, y mata:
I y cuerdas, de do nunca se desata
E el amador, que a cargel suya viene.
¡ De todo esto le sirven los cabellos,
con que mi coraqón esta ligado;
I cuya rubiura al mismo sol exgede,
E cuya
que se beldad,
haria y lustre
fa~ilmente es tan pregiado,
dellos
I una red tal, que al mismo Amor enrrede <Fol.l1O)
¡ Salazar desplaza la atención hacia Amor y no sobre él mismo.
I En el caso de Herrera, se trata de una enunciación en la primera
3 -277-
¡
1
¡
¡ CAPÍTULO III
I persona del poeta, donde retoma a Amor en segundo plano y al final
del poema:
I
Destas doradas hebras fue texida
la red en que fui preso y enlazado;
I fue blanda y dulqe en mi primer estado,
I luego en dura y amarga convertida
¡
Crege mi ardor y crece vuestro frío,
‘ la red me aprieta, el ánimo fallege,
y esta dusoso Amor en mi provecho78.
I
3 En la descriptio .teminae de los poetas petrarquistas, es muy
conocida esta imagen de los cabellos de oro, y aparecerá en algunos
U con la nitidez de Petrarca (en Garcilaso> , y en otros, un tanto
I derivada hacia otras imágenes (en algunos poetas llegan a
convertirse en dardos)
I En Garcilaso encontramos la “matriz-oro” para los cabellos en
I el clasico soneto: “En tanto que de rosa y d’azucena”, cuando dice:
¡
78 Este soneto es anterior a 1577, según consta en la edición
U de Cuevas. También se dice que se inspira en el poema La rete fu di
queste fila d’oro, de Ariosto, véase Fernando de Werrera, p.265.
3 -278-
¡
¡
¡
3 CAPÍTULO III
U y en tanto que’l cabello, qu’en la vena/del oro s’escogio con
vuelo presto” <Soneto XXIII>, o bien en este otro soneto (primer
I terceto) de carácter mitológico, en el que se dirige a las
I Hermosas ninfas, en el río metidas”:
1
dejad un rato la labor, alzando
I vuestras rubias cabezas a mirarme,
rn y no os detendreis mucho según ando, ...
3> Y para ilustrar un ejemplo más, de los muchos que hay, se
encuentra el clásico soneto del novohispano Francisco de Terrazas,
U contemporáneo de Salazar, donde, al estilo de Herrera, se basa en
I una plataforma de oro, perlas y corales (en Herrera, rosas) , donde
persisten los colores áureos, blancos y rojos:
U
U Dejad las hebras de oro ensortijado
que el ánima me tienen enlazada,
I y volved a la nieve no pisada
L ío blanco de esas rosas matizado.
Dejad las perlas y el coral preciado
E de que esa boca está tan adornada;
I y al cielo, de quien sois tan envidiada,
3 -279-
¡
u
E
¡
3 CAPÍTULO III
U volved los soles que le habéis robado.
3 La gracia y discreción que muestra ha sido
del gran saber del celestial maestro,
Í volvédselo a la angélica natura;
3 Y todo aquesto así restituido,
veréis que lo que os queda es propio vuestro:
I ser áspera, cruel, ingrata y duras.
E
Siguiendo el orden de Salazar, toca a la frente un lugar
¡ importante y celestial (lunar) , asociado con Amor y las armas de
guerra (arco, aljaba y flechas)
E
¡ Amor un día a debuxar se puso
en una tabla que estremar quería:
I frente serena de la luna mía:
rn donde a pintar sus gracias se dispuso.
Pinto lindezas fuera de todo uso,
el arco, aljava y flechas, que trahia,
I contal primor, que siempre lo via,
quedaba ensi admirado, y muy confuso (Fol.ll1)
E
3 ~ En Poesía de la Edad de Oro. 1. Renacimiento. Edición de
Jose Manuel Blecua, p.l82.
3 -280-
¡
E
¡
3 CAPÍTULO III
¡ Lejos de la imagen de Petrarca, para quien la frente de Laura,
inalterablemente era la rosa (con la superposición de la Aurora)80,
E está el conjunto de imágenes que prefieren los seguidores
E quinientistas, quienes, para el caso de la frente, utilizaron
imágenes lapidarias que tenían que ver sobre todo con lo claro, lo
E transparente, y sobre manera con el blanco. En el color encontramos
I la conjunción con Salazar, quien escoge la luna, tambiénpor su
color, transparencia y claridad.
U Y, por fin, llegamos al lugar del rostro más cantado por todos
I los poetas antiguos y modernos, los ojos. Lo más tradicional en los
poetas del Renacimiento es aludir a los ojos por medio de las
E conocidas imágenes de). Sol, de las estrellas, de los rayos, los
U relampagos y las luces, con especial preponderancia de las
estrellas, sobre todo en los petrarquistas posteriores81. Eugenio
I de Salazar, al menos en este soneto, no realza, al estilo
I tradicional, los ojos de la amada. Empieza un tanto ‘torpemente”,
definiéndolos como “dos globos’. Emparenta esta creación con la
E gracia divina y fuertemente con el sol, la luna, las estrellas y
¡ ~ Para la frente, Véase Manero Sorolla, “La configuración
E imaginística”,
parte [Link],
del rostro quedama.
de la por cierto tiene pocas referencias de ésta
i ~ 19 ~ Véase, Manero Sorolla, “La configuración imaginístíca”,
¡ -281-
1
1
E
1
3 CAPÍTULO III
U los planetas, así como con los rayos.
¡ Dos globos hizo el hazedor del ~ielo
rn entre las obras suyas mas discretas,
para mostrar sus obras mas secretas
I a las criaturas, que crio en el suelo.
3 Alli mostro por transparente velo
rn el Sol, la Luna, estrellas, y Planetas;
allí gragias tan altas, y perfetas
I que verlas pone al alma gran consuelo:
¡ Alli la gravedad, alli el sosiego,
alli la honestidad mas pura, y fina,
3 alli un mirar, que ven~e a todo el mundo.
O bellos ojos de mi Catalina
los rayos vuestros no me hagan ~iego,
I que en solo veros mi contento fundo. (Fol.11l)
E Sobre este último elemento imaginístico, los rayos, el mismo
\U Salazar los trae a cuento en la Canción V, “Ayre suave, y sereno”,
de esta Primera parte de la Silva:
E
De mi esperan~a, y dulce amor qiñeras,
-262-
1
¡
u
CAPITULO III
I y portí se espar’4eran
los rayos, que sus ojos produgieran(Fol.95)
I
3 Parece que ésta es la imagen más fuerte lograda por Salazar,
la de los ojos que matan al amado; esto se ve mucho más claro en la
I glossa “Mirad ojos, mirad al que heristes” (Fol.l00), donde hay
I varías configuraciones de “lindeza tan subida”,”mirar tan grave”,
“de donde Amor las flechas tira”, “que atravesays de medio a
I medio”,””que cualquiera vista queda Qiega”, pero que a pesar de
¡ esta crueldad “tambien sois del 9ielo” y que finalmente son “ojos
divinos, donde esta la gloria”.
E Dentro de éste grupo de imágenes de los ojos, no encuentro el
I similar al vivo sole de Laura, donde Petrarca metaforiza a la amada
con el Sol y la mirada. Lo cierto es que, según Manero Sorolla, el
E conjunto de imágenes “de mayor fortuna” será el de las estrellas,
¡ fijado más por los petrarquistas posteriores, que por el propio
Petrarca82. Ésta es una de las características de Herrera, donde
E la imagen de las estrellas cobra distinta representación y se
E combína con otros elementos herrerianos como son “las centellas” y
las luzes bellas”, junto al “puro ardor” y “dulce fuego”; así, en
E _________________
82 Véase Manero Sorolla, <‘La configuracion imaginística”,
• pp.l9-20.
-283-
¡
E
¡
U
¡ CAPÍTULO III
U el soneto II, del Libro II (1578)
u Al puro ardor que vibran mis estrellas,
U do Amor sus rayos tiempla en dulce fuego,
E siente abierto mi pecho el daño luego,
apurando mi alma en sus centellas.
¡ Crueles, aunque siempre luzes bellas,
que no me sufren consentir sossiego;
E i es el mal que, herido i preso i ciego,
U la pena es galardón que nace d’ellas.
¡ Si algún lugar me finca d’esperan~a,
es para padecer, i, en dura suerte,
E nueva ocasión presente a mis enojos.
¡ Tal me tiene este ingrato en viva muerte,
que puedo ya de9ir sin conf ianga:
¡ «Amor para mi error cerró los ojosA.
Pero algo que sí es muy de Salazar, y de otros poetas, como
veremos, es la idea de relación con el occidente, donde el Sol es
dorado y, por cierto, donde se ilustran los “serenos ojos”, el
83 En Fernando de Herrera, Poesía castellana, ed. de Cristóbal
Cuevas, pp.637-638.
-2 84-
E
¡
E CAPÍTULO III
E mirar divino” y “esta vista tan resplandesqiente”. Aparece esto en
un soneto de la Primera parte de la Silva:
U
U Tended Señora por este occidente
vuestros serenos ojos con cuydado,
E tendedlos por do nasqe el sol dorado,
E ~ en lo habitado de otra qualquier gente:
¡ Corra esta vista tan respí andesgi ente
(si alía ay amor) el seno condenado,
U y el de las almas, que en penoso estado
esperan bien, que dure eternamente;
U vuestro mirar divino alga a la esphera
E empyría a nuestros ojos invisible,
do todos arden de amorosa llama:
E Que en quanto Dios crio sera imposible
U hallar un coragón, que tanto os quiera,
como el que aborregeys (o ingrata dama) <Fol.’)?)
E
¡ Acerca de lo “sereno” en la lírica de Salazar, hallo en otras
ocasiones una expansión de este epíteto, así en una sextina doble,
E de la Primera parte de la Silva, puede verse, además de lo sereno
U de los ojos y la luna, lo claro (frente a lo oscuro) y lo blanco
¡ -285-
u
u
E
¡
E CAPÍTULO III
E (frente a lo negro) , tanto de la Naturaleza que rodea al poeta,
como la forma en que el sentimiento del amante influye en el curso
E de ese mundo natural y circundante, que se torna de lo claro a lo
U oscuro, según perciba la imagen de la amada. Esta sextina conjuga
casi todos los elementos esenciales (celestiales y terrenales) que
E dan cuerpo a los versos de Salazar, además del propósito del poeta
E de ubicar y realzar la “española tierra”, en función de la amada
que tiene tal fuerza para alumbraría:
U
¡ Quando se muestra en el sereno gielo
alegre, y clara la herniosa luna,
E el resplandor de sus hermosos ojos,
U y el claro lustre de su clara frente
destierran las tinieblas de la noche,
E y llenan de alegria el mar, y tierra.
¡ Quando a mi vista triste esta la tierra,
nublado y negro le pares~e el cielo,
E y todo se le haze escura noche:
E sí veo delante mi serena luna,
y la alegría de su alegre frente,
E todo se alegra entonces en mis ojos.
¡ Pues si los rayos de los claros ojos,
¡ -286-
¡
U
E
¡
E CAPÍTULO III
U que oy alumbran la española tierra,
y aquella limpia, y lisa frente,
E que en su serenidad exqede al gielo
E se vuelve ami: no hay Sol (no digo luna)
que vuelva en dia assi mi triste noche <Fol.l0S)84.
E
¡ Volviendo a la idea de los ojos serenos, hay en Herrera un
Romance en el que figuran, con la típicas idea dualista, de ser
E dulces y serenos y, al mismo tiempo, mortales para el amado:
¡
¡ Hermosos ojos serenos,
serenos ojos hermosos,
U de dulgura y de amor llenos,
lísongeros y engañosos:
E
E Ojos en cuia blandura
nos haze el Amor la guerra,
E y en dichosa sepoltura
¡ _________________
¡ 84 La sextina continua y poco a poco, con mayor intensidad
Salazar va de lo amatorio (celestial) a lo religioso total, donde
la amada tiene la virtud de ser ese puente de conexión entre el
E hombre, su mundo y Dios.
¡ -287-
U
3
E
E
E CAPÍTULO III
¡ a quantos os miran cierran 85
E El que fuera más famoso a propósito de los ojos serenos, es el
¡ Madrigal de Gutierre de Cetina, que hasta la fecha ha llegado a
todos los manuales, antologías y estudios literarios:
E
¡ Ojos claros serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
E ¿Por qué, si me miráis, miráis airados?
¡ Si quanto más piadosos
más bellos parecéis a aquel que os mira,
E no me miréis con ira
¡ porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
¡ Ojos claros, serenos,
¡ ya que así me mirais, miradme al menosTM.
E 85 Fernando de Herrera, Poesía castellana, pp. 176-178. en ésta
edición de Cristóbal Cuevas se anota que algunos juicios sobre que
¡ estos versos .... no honran la memoria de Herrera”. Lo cierto es que
.
da buena cuenta de la idea dualista de los ojos de la amada;la
dulzura y la crueldad.
E ~ En 141 [Link] Blecua, Poesia de la Edad de Oro, p.14l.
U Para este Madrigal hay abundantisima bibliografía, alguna ya muy
clásica, entre la que puede verse: E. Mele y Alonso Cortés, Sobre
u -288-
¡
E
E
¡
¡ CAPÍTULO III
U Otro matiz más que no descubro en Salazar es el del color en
los ojos de su amada. En Petrarca existe la idea metafórica de las
E ventanas que son azules como zafiros, en Herrera encontramos, entre
I varias, la imagen de la esmeralda, también se ha documentado en el
Canzoni ere, el topacio, con su coloración amarilla para las pupilas
fi de Laura. Pero en la Silva, en diferentes composiciones, no existe
E el aspecto cromático de los ojos87 de “su Catalina”. De la misma
manera, no se marca el color de las cejas de la amada (que se
E estudian a continuación) , que para Petrarca se relacionaba con el
¡ color negro del ébano88.
¡ Parte también de los ojos, se encuentran las cejas, a las que
también la tradición lírica de este periodo dedicó no pocos versos.
E _________________
los amores de Gutierre de Cetina y su famoso Madrigal; Joseph
I Fucilla, Estudios sobre el petrarquismo en España; Begoña López
Bueno, Gutierre de Cetina,poeta del renacimiento español; Marcel
E Bataillon, Gutierre de Cetina en Italia; Rafael Lapesa, “Gutierre
de Cetina, disquisiciones biográficas”, “Mas sobre atribuciones a
E Gutierre de Cetina’; Francisco A. Icaza, Cancionero. Sucesos reales
que parecen imaginarios.
87 Para las posibilidades cromáticas de los ojos, véase Manero
— Sorolla, “Configuración imaginística”, p.17-2O.
¡ 88 Ya Manero Sorolla, nos hace notar que el ébano es un
“término imaginario raro en la descripción de la belleza femenina”.
U Y con éste recurso, se fijara la imagen de las cejas negras de
Laura. Véase, “La configuración imaginística”, pp.29-3O.
¡ -289-
u
E
E
¡
¡ CAPÍTULO III
I De los versos mas usuales, son aquellos donde se identifica a las
U cejas con las “armas de amor”, más propiamente con los arcos, y por
ende con las flechas, armas de la mujer para defenderse y doblegar
I al mismísimo mundo, y por esto, identificada con la “fiera brava”.
Esta idea básica es la que encuentro en el soneto de Salazar:
U
¡ Las flechas, y arco Amor consideraba
que eran sus armas: y podria quebrarse
E el arco fuerte, y flechas acabarse:
U segun lo mucho, que el tirar usaba.
¡ Por prevenir la falta, que esperaba,
dos arcos hizo, en quien quiso esmerarse,
U y quantidad de flechas, que probarse
pudieran bien en cualquier fiera brava
I Colgolo de unos parpados, y frente,
rn tal qual a prendas tales convenia,
y dixo de sus obras muy contento:
E Contales armas poco me seria
U rendir aqueste mundo solamente,
pues son bastantes para mundos ciento (Fol.112)
¡ Sin abandonar esta parte del contorno de los ojos, enfrentamos
¡ -290-
¡
E
E
¡
¡ CAPÍTULO III
E un complejo concepto de la lírica del momento, y es el de la mirada
de la amada que sirve para “matar al amado”. Esto proviene de la
E tradición clásica, que posteriormente se reflejará en los
I bestiarios del medioevo, a través de los basiliscos, que fueron
animales fabulosos que mataban con la mirada, y que puede
E concretarse en la derivación imaginística de la dama en este animal
I mítico89.
¡ Toca a la boca ser el punto de la lírica en el que se trate,
casi invariablemente, los dos referentes cromáticos del rojo o
E sonrosado y del blanco, correspondiendo al entorno de los labios y
los dientes. En este esquema básico se apoyarán la mayoría de las
E composiciones, siguiendo una plataforma de imagenes iconológicas
I como son las perlas y los rubíes. Esto sí puede arrancar desde el
Canzoni ere, donde incluso se prescinde del término específico
I <dientes, boca y cabello):
E
E cose Gentilezza di sangue,
tra noi, perle et l’altre
et robini et oro, care
U quasí vil soma egualmente dispregui <CCLXIII, vv. 9~íi)9O.
¡ 89 Véase [Link]. p.26.
¡ ~ Petrarca, 1 Sonetti, p. 512. Este soneto solía cerrar el
ciclo «en vida de madonna Laura».
¡ -291-
¡
1
¡
¡
3 CAPÍTULO III
¡ En Salazar, la imagen de la boca y dientes es poco lograda, en
¡ cuanto a la forma y su enunciación. Salazar, para los dientes
prefiere sí las perlas, pero también los berruecos, términos que
E va alternando. Para la boca elige lo cromático, “un vivo rosicler”,
y ahí deja la figura un tanto incompleta con su vaivén de perlas y
U berruecos91, en la que se destaca poco lo rojo frente a lo blanco:
¡
3 Un vivo rosicler obro Natura,
que se viene a los ojos su viveza:
U unas iguales perlas, que en fineza
a las de oriente passan, y en blancura:
I unos berruecos cuya hermosura
E a la beldad ex~ede, y su limpieza:
y pusolo por muestra de lindeza,
U a boca de una fuente de dulqura.
3 Allí asentó las perlas de una en una,
y el enqendido esmalte, do convino,
E 91 Las perlas y berruecos tienen algo en común, según cierto
significado que se quiera del Diccionario, ya que los
extraer
berruecos parecen ser “perlas irregulares”, bajo la acepción
¡ “barruecos”. Pero también, y aquí encuentro lo contradictorio,
“Lesión con aspecto de verruga que aparece en el iris de los ojos”,
E DRAR, s.v. Sea cual fuere el caso, sigue pareciéndome poco
apropiada la elección imaginística de Salazar.
¡ -292-
¡
E
¡
E
E CAPÍTULO III
U y los limpios berruecos con gran de arte.
¡ Siempre te llamaré, o Amor benino,
pues hazes que a mi indigno La fortuna
I conqeda en tal thesoro tanta parte.
E
Además de la boca, pero como parte de ella, está la risa de la
I amada, en la que se ha encontrado su mejor representación en los
relámpagos, en la lírica italiana cuatrocentista y quinientista;
E sin embargo, “su huella en la poesía española es prácticamente
U inexistente hasta el ejemplo de los famosos relámpagos de risa
carmesíes quevedianos”92.
I La risa en Salazar retoma la figura de la boca y los dientes;
I aquí si hay perlas y rubíes, pero para enfatizar propiamente la
risa, no hay ninguna creación especial:
E
¡ La chica, y agra9iada boca vuestra
(entre las raras rara Catalina)
E con una risa al pareger divina
E mil excellentes cosas nos demuestra.
¡ De gragia, y de lindeza fina muestra,
de perlas, y rubies rica mina,
¡ ~ Véase Manero Sorolla, “La configuración imaginística”, p.33.
¡ -293-
E
¡
E
E
E CAPITULO III
I dulqe alegria, y al Amor, que afina.
¡ allí sus flechas para muerte nuestra.
Y aunque con gloria vuestra risa miro,
E vos (reyna mia) me matays riendo,
que entonces mi fuego ardemas aprisa.
E Y sin mi, quantos viven oy muriendo
I con la congoxa, y pena, y el suspiro,
y lloro, que les causa vuestra risa <Fol.112)
U
E Acerca del habla de la dama, Salazar tipifica con la idea
clásica del arpa de Orpheo, “poeta y músico cual ninguno”, y con la
I remembranza de la lira de Anón y el canto de Sirena93,
E relacionándolos con el habla de la amada, que en todo momento es
dulce y suave y que además tiene la característica de ser “de
E discreto razonar, y bien medido”:
¡
¡ ~ Para el caso de Orfeo, lo elige Salazar por ser el símbolo
mayor de la música y de los sonidos del arpa, en el caso de Anión,
E por su relación con la lira, se trata del hijo de Poseidón y de la
ninfa Onea (y no de los famosos caballos mitológicos) y por ,
I último, el “canto de Sirena”, es también de carácter emblemático,
para la comparación que quiere hacer Salazar de la música hermosa
y el habla de la amada. Para éstos personajes, véase, Ángel Ma.
I Ganibay, Mitología Griega, pp. 52,187 y 218.
¡ -2 94-
E
U
E
E
¡ CAPÍTULO III
¡ La harpa dulge del divino Orpheo,
y lira de Anón bien congertadas,
E con canto de Sirena acompafladas,
U sonando acordes sobre el mar Egeo
a No llegan por lo que oyo, y lo que veo
aquella habla, vozes acordadas:
I que salen de alta gragia a9ucaradas:
por la suave boca, que desseo.
I O lengua honesta, y de dulQura llena,
I discreto razonar, y bien medido,
dulges agen tos, dulqe consonanga.a:
I Feliqe, y mas sera aquel vivo’ oydo,
u en quien vuestra dulgura, y gracia suena;
al triste cora~on tan de importan~ia (Fol.113)
U
E En este soneto salta a la vista el primer terceto en el que
encuentro de las poquisimas referencias a lo que podemos llamar el
“ser de la dama”, y que va un poco más allá de lo meramente físico.
E Y que en estos quince sonetos, parece que no existiera en la poesía
de Salazar.
¡ Pasando a otra parte, también del rostro, están las orejas,
I las que perfila Salazar específicamente con el numeral diciendo:
¡ -295-
¡
3
CAPÍTULO III
“dos rosas”, “dos ramicas”, “dos estrellas” y “dos lunas”. Podemos
ver que persiste la pareja del color blanco y rojo, y también la
introducción sutil de lo dorado, todo ello tan recurrente en la
lírica de los poetas petrarquistas y posteriores:
A la figura, do no ay punto feo,
por si acompañan dos orejas tales,
tan lindas, tan polidas, tan iguales,
que se presumen hijas del asseo:
Dos rosas son, segun en ellas veo,
que crio en el rosal de los rosales
Amor: y dos ramicas, de las cuales
cuelga sus armas, como bel tropheo.
La cara, que mis glorias causa, y penas,
en quien mis ojos tanto se recrean:
como una luna esta entre dos estrellas:
Y estas orejas, que la hermosean,
pares~en ser dos lunas no muy llenas,
que tienen un Sol claro en medio dellas (Fol.1l3).
La barba (o sea el mentón) , también merece para Salazar un
soneto, en el que más que resaltar la parte física, como parte del
¡ -2 96-
E
U
CAPÍTULO III
I rostro y de la cara, se trata de poner en alto la mano de Dios en
la belleza de la dama. Es curioso, aquí Salazar emplea el término
U de “Natura artificiosa”, para emparentarlo con el de “divina mano”,
U es decir que la mujer es bella, si por Naturaleza, pero por esa
Naturaleza divina del creador humano:
E
¡ De hermosura un molde soberano
rn se puso a obrar Natura artifigiosa,
y diole gragia tan maravillosa,
E que paresge divino, más que humano:
¡ Pusole por remate muy galano
una hermosa barba, y tan gragiosa,
U que claro muestra tan perfecta cosa
ser obra prima de divina mano:
U Sentó un lunar con siete hilos de oro,
E de quien esta mi coraqon pendiente,
y mas de cien mil almas aforvadas:
1 hizole dos hoycos, do el thesoro
U esta de hermosura muy patente,
y allí todas las gra4as repressadas (Fol.113)
E Todavía en el entorno del rostro de la dama, y como cierre, se
1 -297-
¡
U
CAPÍTULO III
encuentra el cuello, también lapidario (columna) , que para Salazar,
en una línea renacentista y petrarquista, es sobre todo, de oro y
de marfil, en el que hay perlas y rubíes, y donde aparecen con gran
énfasis los colores dorado, rojo y blanco, a través del Sol, la
nieve y la “fresca rosa, y la a9ugena’, completamente de acuerdo a
la tradición iconológica marcada por las Rime. Además de esta
plataforma de imágenes, está nuevamente la aparicigón de Amor y sus
“armas de amor” (“la más aguda flecha”), siendo todo esto la
“cadena” del poeta:
¡ La caxa rica de oro, y marfil hecha
con perlas, y rubies laborada,
E adonde esta la discre9ion guardada,
y del Amor la mas aguda flecha
U el la asentó sobre una muy derecha
E coluna tan vistosa, y bien sacada,
que nunca de ojos fue otra tal mirada,
U ni ay pecho, que por tierra no se le echa.
3 Allí una tez, y lustre aventajado;
la limpia nieve alli de Sol cubierta,
E allí la fresca rosa,y la agucena.
3 Coluna, que ami alma mas despierta,
3 -298-
U
¡
E
¡ CAPÍTULO III
ati me vea siempre yo amarrado,
y sean mis propios braqos la cadena (Fol.113)
¡ A pesar de que Salazar emplea los elementos iconológicos en la
¡ configuración del cuello de la dama, no usa en este soneto, al
menos, alguna de las típicas expresiones tradicionales en la lírica
E española, tales como: cuello de marfil <Garcilaso, Égloga II),
¡ cuello de alabastro <[Link] Montemayor, Diana), garganta cristalina
(E. de Figueroa, Canciones), cuello de cristal (E. de Aldana,
¡ Epístola 1), garganta de alabastro (L. de Camoes, Sonetos), blanca
nieve, cuello (E. de Herrera, Poemas sueltos) , o Marmóreo cuello
U <F. de Herrera, Versos) , entre otras94.
¡ Las imagénes de las rosas y azucenas en Salazar, unidas al
¡ color rojo y blanco con toda la carga erótica que significan, muy
bien recuerdan el bello soneto de Garcilaso, donde también refiere
E al cuello de la amada:
En tanto que re rosa y d’azucena
U se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
E _________________
¡ ~ Para las indicaciones bibliográficas precisas véase Manero
Sorolla, “La configuración imaginística”, p.34.
¡ -2 99-
¡
E
u
U
¡ CAPÍTULO III
¡ con clara luz la tempestad serena;
¡ y en tanto que’l cabello, que’n la vena
del oro s’escogió, con vuelo presto
¡ por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
¡ el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
E el dulce fruto antes que’l tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
I Marchitará la rosa el viento helado,
E todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre (Soneto XXIII)95.
E
¡ Ya fuera del rostro, Salazar ubica el pecho de la dama en un
sentido clásico, que se inserta en el grupo de las imágenes
U lapidarias de la lírica del momento, en que los poetas prefieren la
E blancura, así como los materiales de las esculturas, tales como el
mármol, el marfil, el alabastro y el diamante96. En la Silva, sólo
U se hace mención general al escultor (que no es otro que Dios) y a
¡ ~ En la edición de Elías I/Rivers, Garcilaso de la Vega, p.59.
¡ 96 Para las imágenes lapidarias véase, Manero Sorolla, “La
configuración imginística”, pp.39-40 y 49-52, en éstas últimas se
U hace referencia a la imagen lapidaria y la dureza inquebrantable de
la dama.
¡ -300-
U
E
E
U
U CAPÍTULO III
U la blancura, así como a la gracia que lleva a la gloria (o sea al
cielo) no hay más detalles al estilo renacentista, incluso sus
E imágenes son un tanto forzadas hacia lo geográfico <cosmográfico)
E
u
y celestial comparativamente:
Aquel alto sculptor, que en todo agierta,
I dos hernispherios hizo muy iguales;
la graqia; y la blancura de los quales
E al alma aviva, al coravon despierta.
¡ Y porque tal beldad no este encubierta,
fíxo en ellos dos Nortes Celestiales,
E que aquel, que mira aquestas dos señales,
E de hermosura la playa abierta.
¡ Sentolos a una haz, porque pudiese
gozar su vista bella la persona,
E a quien fortuna tanto bien hiziesse:
Y puso en medio dellos una zona,
que el cuerpo que con ella se giñese
U podría ser, que en gloria estar creyesse (Fol 114).
Otro de los elementos que destacan en la descripción de la
U madonna, para su configuración iconológica, es la de las manos. En
¡ -301-
¡
U
¡
U
E CAPÍTULO III
¡ el Canzoniere toma relevancia la figura de las manos y ojos como
causa de amor o impedimento, también existe la imagen de la mano y
E el guante “como vaivén entre la seducción y la frustración”. Por
E otra parte, Petrarca es quien lleva “la extrema mutación de Laura-
Dafne en árbol-laurel, en el marco ritual de la imitación de las
E Metamorfosis ovidianas”, en un sentido figurativo de las ramas del
E árbol, como los brazos de la amada. Además de ésta imagen de Laura-
laurel, también existe la de la nieve para las manos, eminentemente
E con el color blanco y con un sentido lapidario, desplegada por la
E¡ tradición petrarquista97.
Probablemente, uno de los sonetos de Petrarca que más
representan esta configuración iconológica, con la elección del
E marfil, del color rojo y blanco, así como de la aparición del
guante es el que dice:
E
¡ O bella man che mm distringi’l core,
e ‘n poco spazio la mia vita chiudi;
E man, ov’ogni arte e tutti loro stui
U poser Natura e ‘1 Ciel per farsi onore;
di cm que perle oriental colore,
¡ ~ Véase Manero Sorolla, “La configuracion imaginística”,
pp.35-36.
¡ -302-
¡
¡
E
E
E CAPÍTULO III
E e sol ne le mie piaghe acerbi e crudi,
U díti schietti soavi, a tempo ignudi
consente or voi, per arrichirme, Amore.
U Candido, leggiadretto e caro guanto,
che copria netto avorio e .fresche róse,
E chi vide al mondo mai si dolci spoglie?.
U
¡ Observo en el soneto de Petrarca la típica idea de la creación
de la dama, dada por la Naturaleza y la gracia divina, misma que
E continuarán el grueso de los petrarquistas posteriores, incluido
Salazar, pero en otro estilo, con otros recursos.
E Para la lectura de Salazar, y en concreto para las manos de la
E amada, no encuentro señal alguna que tenga que ver con todas las
imagenes, por más representativas de la lírica petrarquista
E española, ya que su soneto está completamente apartado de lo
E _________________
¡ 98 “Oh bella mano que me oprimes el corazón,! y en poco espacio
mi vida encierras;! mano en que toda su arte y cuidados! pusieron
Natura y el Cielo para mostrar su valia;/ de cinco perlas oriental
U el color,/ y tan sólo en mis llagas ásperos y crueles,! dedos lisos
y suaves, poco tiempo desnudos! Amor consiente que estéis para
E enriquecerme.! Cándido, agraciado y amable guante,! que cubría
limpio márfil y frescas rosas, ¿quién vió jamás en el mundo tan
dulce despojo?”. En, Petrarca, 1 Sonetti del Canzoniere, pp.396-
U 39’)
¡ -303-
U
E _______
E
E
E CAPÍTULO III
U clasíco. Sólo se emparenta, por encontrarle una semejanza, en la
¡ mencion mitológica de Venus, que está en lo alto (en el lugar de
los dioses), y quien observa que no hay “manos del cielo abaxo”,
E salvo las que “el Eugenio canta”, es decir, las únicas manos dignas
a los ojos de los Dioses son las de la amada del poeta, quien anota
E su propio nombre, al interior de los versos:
¡
E Viendo lo mucho, que hazer tenia
Amor, por no perderse, ni cansarse,
E buscaba manos ya para ayudarse,
quales tan arduo se lo requena.
E Empero la alta venus, que sabia,
E que manos era por demas buscarse,
sino viniessen unas a hallarse,
U que ella envidiaba mucho tiempo avía:
3 Le dixo: hijo, para tanto ef feto
manos del gielo abaxo no ay sin duda,
E fuera de aquellas, que el Eugenio canta:
¡ Estas procura tu para tu ayuda,
que con aquestas solas te prometo
E podras bien descuydarte en prissa tanta <Fol.114)
¡
E -304-
¡
u
¡
E
¡ CAPÍTULO III
¡ En otro momento de la Silva, igualmente poco logrado, en la
Canción VIII, Eugenio de Salazar escribe unos versos “A la mano
E derecha de su Catalina, porq’ no le scribia”. En este caso, recurre
U al color blanco, sin ninguna figura, epíteto o imagen que lo
emparente a la lírica clásica; por el contrario, la forma de
E terminar la estrofa es bastante peregrina:
E
Quantas vezes dexaste
¡ el oloroso guante?
¡ para entregarte a aquesta mano mia?
quantas vezes tomaste
E aguja penetrante?
E que ala de cualquier Nimpha ex~ederia?
y lo que fantasia
U te of fresqia, obrabas
¡ con gentil gala, y arte.
sin muestra de cansarte,
E porque era para mi lo que labrabas:
U y agora (o mano blanca)
para tomar la pluma estas tan manca ? <Fol.127)
U
¡ La pobreza de las imágenes de Salazar parece un tanto rara
E -305-
¡
E
E
E
E CAPÍTULO III
U tratandose de las manos, para las que también Garcilaso había
dejado su famoso soneto (XIII) de origen vegetal ovidiano (“A Dafne
E ya los brazos le crecían”) . De la misma forma, hago notar que la
E ignorancia o el poco propósito de configurar a la dama en una
plataforma de imagenes arquetípicas, cobra relieve junto a la
E existencia de tamaños versos como pueden ser las sextinas de
U Herrera, en las que además de la configuración de la dama <sus
manos) , desarrolla toda una teoría amorosa, en la Sextina IV, donde
E en sus seis estrofas plasma fuertemente su huella petrarquista-
U herreriana, con los elementos iconológicos del color, del
sentimiento y de las “armas de amor”: también se aprecia la imagen
E vegetal de la musa, todo esto difícil de lograr en otros poetas:
¡
Dexo la más florida planta d’oro,
i lloro ausente i solo aquella Lumbre
U que sigo, i siento el pecho arder en fuego;
mas el estrecho lazo de la mano
E m’alienta, i la dulgura de la boca,
E que puede regalar la intensa nieve.
1 Ardió comigo junto en dulce fuego,
U í el rigor desató de Ería nieve,
¡ -306-
E
¡
E
¡
¡ CAPITULO III
E ~ el cora9ón me puso de su mano
en la mía, i tendió los ramos d’oro,
U i, vibrando en mis ojos con su lumbre,
E ambrosía i nétar espiró en su boca (Versos,I)~.
¡
Como una recopilación de alguna de las partes físicas de la
E amada, Salazar ubica su soneto “Al cuerpo”, en posición penúltima,
antes de hablar de lo “encubierto”. Qué quiere decir, que eso
I encubierto no forma parte de la dama. Por si acaso, el poeta, creo
E yo, deja muy claras las cosas, se trata de una filiación con la
dama de carácter espiritual en que el cuerpo es alma ya, del alma
I suya, tal y como versa el final del soneto:
¡
El que desea ver adonde mora
perfecta gentileza, y hermosura,
E y el bel sujeto, en quien mostró Natura
medida, y propor~ión ygualadora:
U el cuerpo vea de mi gentil señora,
U ancho en el pecho, estrecho en la 9intura;
Note el andar, el ayre, la mesura
U ________________
~ Fernando de Herrera, en Poesía Castellana, ed. de Cristóbal
Cuevas pp.568-569.
¡ -307-
¡
3
u
E
E CAPÍTULO III
E del continente, y gracia robadora.
¡ Note aquel brio, note los menenos,
que el coragon menean, y atormentan
E con gravedad, y gragia, y gallardia.
¡ O ex9ellente cuerpo, en quien se asientan
mis pensamientos todos, y desseos;
E Cuerpo, que es alma ya del alma mia.
U
A continuación del soneto del cuerpo, está el dedicado “A lo
E encubierto”, que Salazar intenta a partir de una reconstrucción
imagínística lapidaria, partiendo de situaciones mitológicas donde
U aparece Paris <con su alto valor de pastor en los montes y, además,
E de arbitro en el valor de la belleza” de las diosas)100 y las
“altas diosas”. También recurre a la mención simbólica del ave
U Fénix, en un sentido de renacer interno del poeta gracias al amor
E de la dama. Renacer que está dado, probablemente, por su
representación iconológica del Sol, que le proviene de épocas
U anteriores a Petrarca y ya detectadas en los bestiarios
¡ Para la historia de Paris y sus fuentes, véase los
E abundantes datos de Ángel Ma. Garibay, Mitología Griega. pp.i93-
197, donde se hace una reconstrucción de las diferentes historias
U de este personaje, que junto a Helena, diera motivo a la guerra de
Troya.
E -308-
E
E
U
E
E CAPÍTULO III
E medievales101. Otra de las menciones que trae a cuento Salazar es a
E Venus, pero en su forma epíteta del amor. También trae a colación
la manzana de oro <que recuerda el juicio de Paris) , todo esto con
E la idea de resaltar los miembros de “marfil bruñido”, “la frescura
U de tempranas rosas” y el “olor de flores olorosas” de su amada, que
sin duda cautivarían al propio París sin que “ninguna de las Diosas
E
u
se agraviara’:
Si quando Paris en el monte vido
U desnudas ante si las diosas,
tenidas con razon por mas hermosas,
E que hasta nuestros tiempos aya avido:
¡ viera los miembros de marfil bruñido,
¡ ¶01 Para el mito y leyenda del ave Fénix, se encuentran
variadísimas posibilidades de lectura, sin embargo, siguiendo a
E Manreo Sorolla, (“La configuración imaginística”, pp.S7-58> se
percibe que ésta imagen preferida en la lírica renacentista,
proviene desde la lírica románica anterior a Petrarca, y que su uso
E fue, sobre todo, con el fin de aplicarse en la descripción
suntuaria de la dama petrarquista, para subrayar el rasgo de
U belleza único y singular en la dama. Por otra parte, en este soneto
de Salazar, se hace alusión a que esa ave Fénix, anida en el alma
E del poeta, es decir, con sus atributos de la dama que vive en el
alma del poeta. Muchos son otros los criterios de aplicación del
U ave Fénix, para ello es útil los datos de [Link] Cirlot,
Diccionario, p.2O4.
¡ -309-
¡
3
U
E
E CAPÍTULO III
E y la frescura de tempranas rosas,
E y aquel olor de flores olorosas
de aquesta Phenix, que en mi alma anido:
¡ Pudiera venus bien prestar pa~ien~ia
U por la mangana de oro, que sin ella
mediante gran justicia se quedara,
E que la applicara Paris a mi estrella:
y tengo para mi, de la sentengia
U ninguna de las Diosas se agraviara (Fol. 114)
E
¡ Con este último soneto cierra Salazar la descripción “Al
cuerpo y fa9iones de su Catalina”, donde tal y como lo indica el
I título, no se trata acerca del ser de la dama102. La exaltación de
la corporeidad de la amada, junto con tan delladada y prolongada
E descripción de atributos físicos, siempre llevados al grado máximo,
E no ofrecen en realidad demasiados perfiles, demasiadas vetas que
enriquezcan el universo conceptual. Quizá por ello mismo resulte
E clara la comprensión de la Naturaleza de la amada. Salazar cumple
U con un hito, que es el cantar a las partes de su amada Carilia,
porque así lo dicta el común de los poetas petrarquistas. No
U
¡ 102 Para la reconstrucción del ser de la dama, véase Manero
Sorolla, “La configuración imaginística”, pp.40-42.
¡ -310-
¡
U
U
E
¡ CAPÍTULO III
E encuentro en estos sonetos, lo mejor de la lírica de Salazar, mucho
más. El tratamiento es un tanto frío, esquemático y sólo en algunos
U sonetos, como el de los cabellos, cumple, en rigor, lo que sería
U una configuración al modo de la lírica, ya no petrarquista, sino
¡ española del siglo XVI. Sin embargo, si quiero anotar que en otros
momentos de la Silva, Salazar recrea mejor a la dama, con imágenes,
U epítetos y oposiciones varias, que dan mayor soltura a los versos
y quitan el hermetismo a su poesía tan ceñida a quién sabe qué
E esquema.
¡ La Naturaleza de la amada no llega a ser tan vivificante como
en Petrarca y en otros petrarquistas. Por decirlo de alguna manera,
U la amada de este cancionero de Salazar sólo sirve para escalar el
U camino que conduce hacia algún dios menor. Parecería que es de boca
¡ para afuera, por convención pálidamente reflejada, donde la amada,
el poeta y el Dios que los observa forman una tríada eficiente. Más
¡ que búsqueda filosófica a través de una pasión vista en todos sus
aspectos, la poesía adquiere tonos de pasatiempo doméstico, donde
U el tema de la amada y sus atributos es más obligación de pie
E poetíco que motor que empuje hacia la bondad y la belleza.
¡ 3.1.2. La naturaleza en escenario: los pastores amantes. Esta
U representación de la naturaleza queda a medio camino entre lo
¡ -311-
u
u
u
U CAPÍTULO III
U amatorio y lo artificioso. El mundo pastoril es conscientemente
U artificioso. Por otra parte, dramatiza el universo
expresado en la poesía más puramente lírica. Algunas aspectos del
amatorio
U problema, por tanto, se mencionan aquí, y otros al tratar de la
naturaleza en oposición al artificio, un poco más adelante.
U Salazar ubica a sus pastores, nos los presenta puerilmente a
U la manera bucólica y clásica. Dentro de este contexto, aparecen
también dioses como Diana y Neptuno, así como el “Dios de Amores”
U <Cupido>, de forma bastante frecuente. Hay otras menciones a otros
E dioses de manera esporádica: Pan, Ceres y otros.
La imaginería de la Naturaleza en Salazar lleva a entender su
lírica como una interpretación de sus sentimientos, a partir de
U modelos ya tipificados, es decir, que Salazar, al igual que los
grandes petrarquistas, construye sus escenarios anímicos
E (artificiales>, de acuerdo al propósito que quiere lograr en cada
U una de las composiciones. Esto se demuestra en la Égloga II, donde
el pastor no es otro que el caminante desamado y atravesado por una
U flecha:
u¡ Mirando solos campos descamina
sus ojos el pastor desesperado,
U sin poder divertir su pensamiento
U -312-
U
U
u
U
E CAPÍTULO III
U de aquel hermoso ser de tal amado,
U de aquella gra9ia y perfi~ion divina,
que es de su pena, y gloria el fundamento,
U mas no halla contento,
U qualquier estan~ia se le hace estrecha.
No siente en soledad algun provecho;
E pues por cualquier camino, o senda que’echa,
lleva en su ardiente pecho
U atravesada la amorosa flecha <Fol.10)
¡
¡ Pocos poetas han escapado a este tema de las flechas, ya que,
en la lírica, ha sido propio de la amada poseer cualidades como
U las de Eros y Cupido. Sin embargo, no está demasiado claro su
significado, según Rafael Ferreres, quien hace una distinción de
E los distintos tipos de flechas en la poesía lírica renacentista, y
U quien además encuentra varios atributos, según las flechas de oro
y plomo, y de plata que identifica en la alegoría del valenciano
U Ausías March:
u¡ Los colps d’Amor són per tres calitats,
e veure’s pot en les flexes que fir,
U per québs ferits són for~ats de sentir
U -313-
u
U
u
E
E CAPÍTULO III
U dolor del colp segons seran plagats.
U D’or e de plom
e d’un metalí
aquestes flexes són,
que~s anomen argent;
E cascú d’aquests dóna son sentiment,
segons que d’ells differenv~ ha~n lo món (LXXIX)103
E
U Con esta misma idea de las flechas de oro y plomo, Salazar en
un soneto resalta el sentimiento de amor del poeta en
E contraposición con el odio de su amada:
E
Hízome Amor de quien no quiere yerme,
y de mi sombra huye y se retira;
E y no me hizo de la que mira,
Sí Amor me agravia, quien ha de valerme?
U Con flechas de oro quiso ami romperme;
¡ con la de plomo ami enemiga tira;
y trueca el freno entre la que suspira
U
103”Las heridas de Amor son de tres calidades, y verse puede en
U las flechas que hiere, por lo que los heridos están forzados a
sentir el dolor de la herida según serán llagados. De oro y de
E plomo son estas flechas y de un metal que se llama plata: cada uno
de estos da un sentir según la diferencia que hay entre ellos en el
U mundo”. Ausias March, Obra poética completa. ed. de Rafael
Ferreres, pp.399-4Ol.
¡ -3 14-
U
U
U
¡
E CAPÍTULO III
u y la que a dado en siempre aborre~erme.
U No se que prendas, no se que intereses
sacas (Amor> de estos desconciertos;
U destas contrariedades y rebeses...
U Sino traer a tus vasallos muertos:
ay giego Amor, que si un poquito viesses,
E enmendarias quiza los tiros tuertos (Fol.85)104
U En otra tonalidad, Salazar, en un soneto, ilustra la imagen
¡ completa del arco, la flecha y la aljaba, siguiendo la tendencia
petrarquista de esta imaginería de las armas de amor105.
E
U Que a la alta Catalina, Diosa mia
le usurpé quanto poder yo usaba:
U
U 104 Este mismo ejemplo lo trae a colación Manero Sorolla en,
Imágenes petrarquistas, pp.l14-l15.
E “Las combinaciones y variantes existentes en torno a las
u armas de amor, engendradoras tanto de daflos como de ataduras
amorosas, desde esta unidad inicial y básica de arcos y flechas,
resultan múltiples, de todo lo cual da buena cuenta tanto la
E producción poética del Petrarca vulgar, la del Petrarca latino,
como la del movimiento petrarquista posterior”. Para esta idea y
U otras de la imaginería de las armas de amor, véase Manero Sorolla,
Imágenes petrarquistas, p.lO7 y ss.
E -315-
U
U
E
u
E CAPÍTULO III.
U suyo es el arco, y flecha, y la aljaba,
con que a mi mando el orbe sometia (Fol.8S)
E
U Creo, por lo tanto, que Eugenio de Salazar crea un ambiente
pastoril, a partir de una plataforma petrarquista en la que la
U Naturaleza aparece en sus cuatro elementos principales (agua,
U tierra, fuego y viento), sin que falte ninguno de ellos, pero con
preponderancia de los tres primeros, sobre todo del agua. El agua
E es uno de los motivos recurrentes a lo largo de toda la poesía de
U la Silva de Salazar, es la que da vida a los versos del poeta.
¡
3.1.3. El Canto del Cisne. Dentro del grupo de la poesía
U amatoria, quiero seflalar una de las composiciones más conocidas de
Salazar, El Canto del. Cisne (Fol.386-391) : “En una despedida! de su
U Catalina para una ausencia106! a Ultramar antes que se desposas/se
U con ella”, con una nota importante del autor al margen: “Este canto
ha de estar en la primera parte deste libro entre las obras de mi
U Catalana”. Por esta razón, excluyo de entrada esta obra de las
U
106 La ausencia de la amada en Salazar, señala A, Prieto “debió
E de ser breve y desde luego nada peligrosa.. .Estamos en el final de
una poesía amorosa que no tuvo tensión para existirse en historia
E y fue declamada cotidianidad que no escapó de sus límites”. La
poesía, p.660.
E -316-
E
U
u
u
¡ CAPÍTULO III
¡ religiosas, a pesar de encontrarse en la parte central de la
Tercera parte de la Silva (aunque sí tiene matices cristianos)
U Este canto realza todos los elementos naturales que convergen en la
U creación de la poesía amatoria de Salazar. Encontramos tópicos,
figuras e imágenes que se irán viendo en el transcurrir de toda la
E Silva. Al inicio, Salazar crea un campo referencial de partida,
¡ distancia y alejamiento de la amada, pretexto para el flUir del
poema, acentuando los elementos cristianos del cuerpo y alma:
U
¡ Quanto el tiempo va acercando
(Señora) ya mi partida,
U tanto mi penosa vida
E siento se me va alexando.
Que si la presencia tuya
la pierdo con el partir,
U como es posible vivir
el cuerpo sin la alma suya?
U Y como sufrir podra
U la fuerte separacion
de su alma el coragon,
E que tan lastimado va?
U
¡ -3 1’)-
u
U
U
u
¡ CAPÍTULO III
E Aparte de los elementos renacentista y naturalistas, la
claridad frente a la oscuridad, la luz, el cielo, las estrellas...
U todas ellas dimensiones de lo terrenal frente a lo celestial, y
U entre medias la ausencia de los amantes, es notorio el tratamiento
tradicional (arte menor, paralelismos continuos) , que enlazan a
U este Salazar joven (aún no desposado> con las formas castellanas.
U Sin embargo, ya se empiezan a vislumbrar los rasgos de la amada en
funcion de ese sentimiento, no de la Naturaleza (como ocurre en el
U caso pastoril)
U
Y si de mi clara estrella
me tengo de desviar,
U como vere a caminar
a escuras sin la luz della?
U Que contento, o que conorte
U vientos, y mar me daran,
si se me queda mi Imán,
y he de navegar sin Norte?
¡ Ya no me daran consuelo
tus ventanas, luzes mías:
U do tu alumbrando salias,
U como la luna en el cielo.
¡ -318-
¡
U
u
¡
CAPÍTULO III
E O si estos ojos Señora:
vieran tu rostro divino,
E como le han de ver contino
U los del alma que te adora.
¡ Que aunque los llevo tapados
con ausencia y disfavores,
E los ojos del Dios de amores
mucho veen y estan vendados.
U
¡ El destino también media como interruptor del amor,
entrelazando viejos elementos de las tradiciones clásicas, como es
E el ruiseñor, junto a la lealtad y la fe (cristiana)
u O si un fin menos penoso
U mis hados darme quisiessen,
E antes que mis ojos viessen
este partir tan lloroso.
E El Ruiseñor no se ayuda
E al canto, si esta mudando:
ni yo canto, antes llorando
U estoy, porque estoy en muda.
¡ Y en aqueste apartamiento
¡ -319-
u
¡
u
u
E CAPÍTULO III
U que la fortuna me ordena,
muchas cosas me dan pena,
E que revuelve el pensamiento.
¡ Traeme triste y muy penado
un congoxoso temor,
U que en no viendo tu amador,
E he de ser de ti olvidado.
Fatigame en gran manera
el pensar si has de creer
U que en dexandote de ver,
dexare de ser quien era.
E Que en aquesto agraviarias
U a mí lealtad y Fe,
¡ pues el que he sido sere
hasta el cabo de mis dias.
U La ausencia completamente ligada a las “armas de amor”, con
E las imágenes típicas del diamante y las flechas y los gemidos
E primordialmente:
U Que ausencia no hara mudan~a
U en mi pecho tan constante,
¡ -320-
U
U
¡
¡
¡ CAPÍTULO III
E aunque el tuyo de diamante
no dio entrada a mi esperan9a.
U Y si de ti me olvidare
U de mí me olvide primero,
que a ti (mi bien) sola quiero,
E mientras mi vida durare.
U
De las pocas inclusiones, en toda la Silva, de la Naturaleza
y sentimientos propios del poeta, con la presentación del posesivo,
U que pone de relieve la crueldad de la dama:
Mi voluntad y memoria
U estara, y mi entendimiento
siempre en tu merecimiento,
E y esta sera ya mi gloria.
¡ Mas deste bien que me queda
en tu crueldad pensando:
U se deshara suspirando
U como del pavon la rueda.
O si tan grata me fuesses,
E que algunas horas guardasses,
U en que de mi te acordasses
-321-
U
U
U
E
¡ CAPÍTULO III
U el tiempo que no me viesses.
¡ Acuerdate <ingrata Dama)
deste mi amor tan profundo,
U y que soy en todo el mundo
el que mas te ha amado, y ama.
U Acuerdate que por ti
U sufri con gran voluntad
las pruebas que tu crueldad
E ha hecho contino en mi.
¡ Y, acuerdate (Amor) si quieres,
del que nunca ha de olvidarte,
E y en qualquiera tiempo y parte
E querra lo que tu quisieres.
O si despues de yo ido
dixesses por este ausente,
U como estara aquel doliente
de quien nunca me he dolido.
Mis dolores y gemidos
E ya no pueden tener medio,
aunque ausencia es el remedio
U de amantes aborrecidos.
U
-322-
¡
U
U
¡
¡ CAPÍTULO III
Nula completamente la descripción de otros lugares, aquí
desaparece la enunciación tremenda de la Perpetuación de Mayo, por
U ejemplo. No hay referencias locales marinas o terrestres, sólo se
U sabe por el título que se fue a Ultramar, eso es todo. En realidad,
el poema podría estar hecho casi en cualquier parte y casi para
E cualquier ocasión. Los tópicos de la crueldad, de la ingratitiud,
U del doloroso sentir del poema que gime en su desesperación amorosa,
difícilmente pueden conmover al lector moderno. Continúan las
E “armas de amor”, con las ya típicas flechas y con la inclusión de
U los clavos y cadenas; incluso las manos de la amada también forman
parte de esas ataduras:
E
¡ Que el irme a tierras estrañas
Señora, que me aprobecha?
U Si llevo tu Lixa flecha
¡ encarnada en mis entrañas?
Ni que prestara alejarme
U de tus ojos inhumanos,
U sí tus blancas largas manos
dondequiera han de alcangarme.
U Que tu, como el pescador
E que da larga al pez prendido,
¡ -323-
U
U
E
E
E CAPÍTULO III
E ma la das por yerme asido
del anzuelo de tu amor.
E Y aunque partiendo mi pena
U se huviesse de consumir,
no se como tengo de ir
U arrastrando la cadena.
3 Y pues llevo tu eje y clavo,
ojala que me prendiesse
U la justicia, y me volviesse
E a ti pues que soy tu esclavo.
¡ Esta esclavitud amorosa no parece bastar para que la amada se
U convierta en trampolín estético o conceptual. Pescadora, lleva al
poeta del anzuelo de su amor, y difícilmente inspira el traslado a
E mundos gozosos o luminosos, cuando la poesía se llega a convertir
U en instrumento divino. Salazar incluye imágenes por más conocidas,
como la de los ojos serenos de la amada, que junto a los suspiros
E desembocarán en el campo de la muerte por parte del amador, a causa
U de esta ausencia:
3 O si tus ojos serenos
E dexassen ya su inclemencia,
-324-
U
U
E
E
¡ CAPÍTULO III
U y alguna vez en mi ausencia
echassen tu siervo menos.
I O si algun suspiro tuyo
E con los mios se encontrasse
y a los que yo te enviasse
U les dieses el lugar suyo.
Muero tu beldad no viendo,
y muero tanbien con verte:
U pues el ver da dulce muerte,
U no ver es vivir muriendo.
E Pues <Señora) si me alexo
do no te pueda ver mas:
E por lo dicho entenderas
con quanta razon me quexo.
¡ Habiendo de estar subjeto
U a un desesperado mal,
no viendo el rico caudal
I dese mi divino objeto.
¡ No viendo tu hermosura,
tu gracia, ni gentileza,
E tu discrecion ni grandeza,
I Ay de mi y mi ventura.
E -325-
E
U
U
U
E CAPÍTULO III
¡ Bien puedes tener por cierto,
que sí llego a despedirme,
I y de tu vista partirme:
U alli, o presto he de ser muerto.
¡ Y si luego no muriere,
sera para mayor mal,
E viviendo en pena mortal
quanto yo sin ti viviere.
E Que llores por mi no quiero,
E aunque muerto tu me veas:
Solo te pido que creas
I <mi Vida) que por ti muero.
Que llorar tu no es razon,
¡ y ante Dios muy poco valen
las lagrimas que no salen
E del centro del coragon.
En fin, anda de por medio una cortesanía que se antoja ya
U desgastada para la época en que Salazar debe haber escrito esta
composición. La muerte, ineludible y esperada por el amador, trae
E consigo la fuerte aparición de los elementos religiosos y
U cristianos, en que el poeta pide una oración a la amada en su
E -326-
E
U
U
U
U CAPÍTULO III
I fallecimiento. Este momento sirve a Salazar para despedirse con un
E toque eminentemente religioso107:
¡ Mas suplicote (mi bien)
que un paster nos ter me reces,
E y si en muerte me aborreces,
E haz bien, no cates a quien.
¡ Que espero me prestara
con mí Dios tan piadoso
E el sufragio poderoso
de ese Ángel que tiene aca.
I O si la Deidad Suprema
U (ojos mios) se sirviesse:
que en el cielo yo le viesse
E con ojos de vista eterna.
3 Y viendome en tal estado
cantase yo la victoria
E satisfaciendo esta gloria
E a las penas que me has dado.
3 107 No sé si a esto se deba la vacilación del poeta de colocar
esta composición en la Tercera parte de la Silva, y no en su
I correspondiente, la Primera.
-327-
CAPITULO III
E Adios, Adios Amor mio,
Adios, Adios, vida mia:
U que aunque nunca fuiste mia:
U yo jamas podre ser mío.
¡ Y este llanto lastimero
(Señora) no te moleste,
E que el Canto del Cisne’08 es este
dulce, tierno y postrimero (Fol.388-391)
E
3.1.4. Perpetuación de Mayo. Si existe una composición de
Salazar que refleje la idea renacentista del hombre en el siglo
XVI, ésa es la Perpetuación de Mayo, poema dedicado “A su amada
Esposa y Señora Doña Catalina Carrillo” <Fol.l55-l80) . Sólo por
estos versos (154 octavas reales) , vale la pena introducirse al
mundo de Salazar, de sus ubicaciones y conceptos geográficos,
cosmográficos y en general universales. Sin desaparecer los tintes
amatorios, la Perpetuación es un canto de amor, a la Naturaleza,
invocando a la amada para que le dé su gracia en la empresa
~ Por cierto la figura de este animal, el cisne, que denota
ante todo la blancura, la castidad y fragilidad, tan sólo aparece
en el titulo de la obra y al final en la última estrofa. Puede
deberse a que Salazar cobra figura en la del animal. Así el cisne
es el propio poeta con su canto lastimero.
-328-
U
E CAPÍTULO III
E poética, según consta en el poema, y que se convierte así en febril
inspiradora de los versos del poeta -que concede una vez más
U atributos divinizantes a la amada, aunque no por ellos menos
E epídermicos que en otras ocasiones:
E
Dame pues tu favor, (O bella Espossa)
E para que en tu servi9io se adelante
mí Musa de servirte tan ganosa,
U y la perpetuacion de Mayo cante
E hecha en tu perficion maravillosa:
que pues tu favor me es tan importante
U para dar propicio punto al loor mayo,
U no es bien le falte, lo que se es tan suyo (Fol.lS6)
¡ Poema en el que aparece la fortuna, el destino, Amor, y por
U ende Dios, como elementos circundantes de esta Naturaleza:
¡ Después que Amor y La Fortuna y Hado
E a la sublime altura me han subido
del venturoso e inestimable estado
E a níngun otro amante concedido,
U despues que al bien me veo levantado
U -329-
E
u
U
E
U CAPÍTULO III
I del cual no temo yerme ya caido,
U y cojo el dulce fruto y los sabores
de mis fatigas grandes y dolores... (Fol.l55)
¡
¡ La Perpetuación cierra de alguna manera su poesía
exclusivamente amatoria, al estilo cancioneril y petrarquista, y
I nos lleva a un mundo más personalizado de Salazar, donde deja ver
su concepción integral acerca de la Naturaleza, así como su
E posición de poeta elevado, por la amada y por la gracia, según
¡ veremos. Como el elemento amatorio en él es sólo el punto de
partida, conviene examinarlo en el apartado siguiente.
U
U
¡ 3.2. Naturaleza y artificio: el mundo pastoril y bucólico, el
mundo mitológico, el mundo cultural
U
3.2.1. Más sobre la Perpetuación de Mayo. En el transcurrir de
las octavas de Salazar nos transíadamos al mundo real del poeta y
a su imaginación a través de la personificación de Mayo. Todo el
poema va acompañado de una serie de indicaciones que bien podrían
ser “apostillados escenográficos” (‘Salida y vestido de mayo”,
“Recebimiento de Mayo”, “Cielo, Sol, Luna, estrellas, Planetas
¡ -330-
U
U
¡
E CAPÍTULO III
I Signos aire”, “Consideraciones de Mayo”...>, o puede tratarse de
E señales para el propio Salazar, que no quiere perder la
de todo lo que va enunciando del Viejo y del Nuevo Mundo.
panorámica
U La enumeración de elementos en la Perpetuación parte de la
E estrofa principal, en que ya Salazar deja ver su triunfo sobre el
amor, el paso de una primera poesía amatoria de juventud, siempre
E lastimera, a una segunda de tipo como él mismo señala placentera y
U reconfortante, alejado de la voluntad de Amor:
U No cantaré cantares dolorosos,
pues ya cessó el dolor que los causaba.
I No lloraré los cassos tan llorosos
U del disfavor, que al lloro me forgaba,
ní mentare los hechos rigurosos,
U que el riguroso Amor conmigo usaba,
U ni entonara mi Musa las passiones
¡bastantes a avabar mil coragones (Fol.155)
Una vez concedida esta gracia divina por la amada, La Musa de
Salazar reviste la persona de Mayo, con todas sus cualidades y
propósitos de “alegrar los tristes amadores”:
—33 1-
U
U
U CAPÍTULO III
E El agradable Mayo ya venido
U a exercitar su natural gobierno,
entrando de caudal enriquecido,
E trayendo lleno de la copia el cuerno109:
U para mostrarse al mundo muy luzido,
lindo, amoroso, fresco, nuevo y tierno:
E produxo ricas flores, y verduras,
¡ y dellas hizo lindas vestiduras (Fol.156).
U Salió el hermoso Mayo assi vestido
de mil lindezas varias y colores,
U cual el camaleon110 del Sol herido:
u cubierto de mil galas y primores,
con rostro alegre, y lustre esclarecido
109 Se refiere al cuerno de la buena abundancia, que en la
tradición griega encuentra una de sus explicaciones en la figura
del río Aqueloo, quien en una de sus transformaciones aparece como
un toro luchando contra Heraclés, quien le arranca un cuerno,
derribando al toro. Las Náyades lo repletan de olorosas flores y
frutos y consagran el cuerno a los dioses. Véase, Ángel [Link],
Mitología, p.82.
110 El camaleón, con sus atributos del género de los reptiles,
capaces de “experimentar cambios en el color de su piel”,
Diccionario, Ma. Moliner, p.474.
-332-
U
U
U CAPfTULO III
E para alegrar los tristes amadores:
U gran fragancia de olores derramando,
que aca y alía los vientos111 van llevando (Fol.157)
U
En una sola estrofa, Salazar incluye el alto cielo con todos
U sus componentes:
U
En su favor influye el alto cielo,
U Sol, Luna, estrellas, y qualquier planeta,
U el Tauro, y dos hermanos que en el suelo
campestre engendran con beldad perfeta,
¡ quitose el densso y el sombrio velo
1 de la region recrea, y su cornetam
clara y alegre por el ayre vuela,
E y de la vez cualquiera se consuela (Fol.158)
U
Seguramente “el aca y el alía” de Salazar ya avizora los
111
¡ dos continentes, unidos en la figura del viento, con las cualidades
del llevar y traer. Esta figura se repite en otras octavas,
U caracterizándola como “impetuosos vientos”, “fuertes movimientos”,
“manso vuelo”: “aquí y allí gozosos se arrojaban” (Fol.158)
U 112 Todos los elementos se encuentran también señalados en una
apostilla al margen, incluye Salazar los “signos”, de ahí puede
u desprenderse el de los tauros, y de los dos hermanos <Géminis)
como marco referencial más allá de lo celestial.
U -333-
E
u
u
u
U CAPITULO III
• El poeta nos va llevando de la mano en el transcurrir de
I vastisimos elementos naturales, inicia su ubicación paisajística
u
con la inclusión de elementos existente en ambos mundos:
Los montes, y los valles se alegraron,
y de ricas libres se vistieron,
I Las Palmas, y los Cedros se adornaron,
íos Alamos y Fresnos se luzieron,
M y los Espinos con la flor que echaron
I sus asperas espinas escondieron
¡las MirLas, Arrayhanes y Laureles
3 Y del Cacao el arbol valioso,
mostrando paz la Cuya probechosa,
I eJ. Cidro, y el Naranjo apetitoso,
I cargado de su flor tan olorosa,
La Ceiba, el alto Pino, el Tylilwnioso,
I todos salen con cara muy gozosa,
U y el duro Roble olvida su dureza,
y la villana Enzina su aspereza113 <Fol.157).
U
113 Todos estos referentes del mundo vegetal hacen del paisaje
de Salazar una conjunción armónica de árboles, frutos, esencias y
U -334-
U
E
u
u
u CAPITULO III
u
u La misma situación vegetal <botánica) es llevada por Salazar
u
,
al mundo de las aves, que, al igual que los árboles, se
u entremezclan, creando un cuadro imaginístico multicolor, y además
incluyendo el elemento mítico de Filomena (Filomela):
u
u Dabanle al levantar por la mañana
gran musica las dulces avezillas,
u haziendo una armonía soberana
u con sus picos y harpadas languezillas,
de una libre y otra mas galana
u vestidas: blancas, verdes, amarillas,
pardas, azules, roxas, y moradas,
1 leonadas, prietas, y otras encarnadas.
u Cantabale el pintado jilguerillo
con armonía y gracia peregrina,
1
u olores del mundo europeo (español) , con sus cedros, álamos,
fresnos, espinos, y olivas. El mundo legendario (tal vez judeo-
cristiano) con sus palmas, mirtas, arrayanes y laureles, y el mundo
1 americano, con sus principales árboles: la ceiba (árbol sagrado
entre los mayas) , y el cacao (árbol valioso -como dice el propio
u Salazar- por sus valores alimenticios y monetarios entre los
aztecas)
1 -335-
u
u
u CAPÍTULO III
u el verde verderon, con el pardillo,
u y la calandria assi su voz afina,
u tanbien bate el canario su piquillo,
Canta el cenzontle vacio, y golondrina,
u entre estas Philornena114 el aire henchia
de suavidad, y dulce melodia.
u La linda garga vuela ya animosa,
y el blanco Cisne de contento lleno,
E vuela la grulla, buela la piadosa
u Cigueña por el aire muy sereno,
u vuela el Cuervo, y la hurraca maliciosa
con gran plazer gozando el tiempo bueno:
u y el Aguila Caudal reina y esenta
u de Mayo haze gran estima y cuenta (Fol. 158)
u Al igual que las aves, Salazar hace toda una pasarela de los
u
u 114 En la mitología griega, recuérdese que los dioses ayudan a
las hermanas Preone y Filomela (hijas de pandión, Rey de Atenas),
de las artimañas de Tereo, mudándolas en ruiseñor y golondrina,
respectivamente. Para este mito, véase Ángel Ma. Garibay,
Mitología, p.209.
-336-
¡
u
U CAPÍTULO III
I animales115, a quienes llama “animales terrenos”; desde el unicornio
hasta los reptiles, mezclando una serie de tradiciones del Viejo y
I Nuevo Mundo, haciendo algunos juegos de palabras:
u
Loscon
brutos animales recebian
a Mayo infinito muy gozoso,
E alegres por los montes se movian,
por el florido valle, y bosque umbroso,
U las amorosas llamas revivian
I al Unicornio noble y amoroso,
tanbien le sigue el encarnado Ciervo,
todo animal le sirve como siervo.
El bravo toro, el Osso torpe y fiero,
la hircana Tigre y Onqa encorasada,
U el Elephante fuerte y más guerrero
I el gran Rinoceronte (o feroz Bada),
en viendo a Mayo manso y plazentero,
u la furia cada cual tiene amarrada:
u amansase el León y su brabe za,
viendo del bello Mayo la belleza.
u
3
________________
“~ Algunos de éstos son bastante repetitivos a lo largo de su
• obra y se encuentran más detallados en su poesía amatoria.
U
E
E
U
u
U CAPfTULO III
¡ La pongoñosa Bibora corrige
U en viendo a Mayo su mortal veneno,
passa el Lagarto (que al que muerde aflige)
U sin empeler a otro animal terreno,
U qualquier ratil con piedad le rige
mientras de Mayo no se siente ageno:
U y viene la Culebra a recebirle
con nueva vestidura, y a servirle (Fol.159).
U
• Sería bastante largo el estudio de cada una de las
enunciaciones de Salazar, que por otra parte ofrecen varias
E posibilidades de acercamiento, entre ellas las del estudio de las
U ciencias naturales. Por el momento no quiero dejar de paso, al
menos, el referir qué otros elementos del mundo recreado por
I Salazar están en este poema, y que van emergiendo según avanzan las
I octavas, agrupados con un criterio más bien genérico, así tenemos:
el grupo de Neptuno, el mar y los peces, aparecen los Dioses
U silvestres (Pan y Ceres), Venus y Cupido, las ninfas (donde incluye
U la figura de Apolo), las pastoras, los pastores y las damas, los
galanes, los caballeros, señores, príncipes, reyes y emperadores,
U y la primavera, verano, otoño e invierno. A partir de aquí, “las
I consideraciones de Mayo”, el poema da un giro vertiginoso hacia lo
U -338-
U
U
CAPÍTULO III
U geográfico, anotado al margen por Salazar como “Cosmografía
U abreviada”. El pretexto para introducirnos
continentes es la determinación de Mayo para buscar a la mujer en
a los diferentes
U la que pueda perpetuar su hermosura. Así empieza un viaje por Asia,
E América, África y Europa. En este último continente encuentra la
“insigne España”, y más precisamente Madrid, donde dan inicio
U propiamente los “actos de la perpetuación”, y la “bella niña” (que
U por cierto conserva la actitud de dormida en todo el poema)
merecedora de todas las gracias de Mayo; puede saberse de quien se
es
U trata porque se le reconoce por el acróstico de su nombre y
apellido, Catalina Carrillo, musa y mujer del poeta. Siguen a estas
U octavas varias en las que Mayo alecciona a la mujer elegida para
I tener todos los atributos de la “casta matrona... como en rico
joyel real diamante”. Son regla poetizadas, pero al fin mandatos,
U al estilo de las Reglas de la buena casada, de la Tercera parte de
U la Silva. Aprovecha Salazar para configurar a la dama, pero no en
la forma exhaustiva y precisa en que lo hacen los “quinze sonetos
U a las tagiones”, sino que en una sola octava aparecen de manera
U general las “Faciones, proporcion, y lindo talle”. Todo esto con
toques renacentistas con los colores <blanco y rojo) , y las flores
U (azucena y rosa) . De esta manera concluye el poema de la
U Perpetuación de Mayo: “Y aquesto hecho.. dormía a sabor la niña
-339-
U
U
U CAPÍTULO III
uU soberana”.
Ahora quiero detenerme en algunas, de entre las muchísimas
descripciones y enunciaciones que hace de los cuatro continentes
I Salazar, ya que ahí refleja sus preocupaciones, conceptos, y
fantasías que del mundo tenía116.
E Inicia con Asia, donde deja manifiesto uno de sus temas
U favoritos, el de las siete maravillas del mundo, de las cuales
nombra el coloso y mausoleo, el templo de Diana, los muros de
E Babilonia, el muro de la China. Véase esta octava referida al
U coloso y al mausoleo:
Vio luego de Jordan los nacimientos
cerca del monte Libano el nombrado,
y llevando adelante sus intentos
la grande isla de Chipre ha visitado,
y luego en Rodhas vio los fundamentos
del Colosso en el mundo tan mentado,
y entro en la menor Assia deseoso,
y llegó en Caria al Mausoleo famoso <Fol.164).
116 Creo que esto solo da una imagen de conjunto, pues este
tema en Salazar, es merecedor de un estudio profundo, en el que
conf luya lo filológico, lo histórico y lo geográfico.
-340-
U
U
U
CAPÍTULO III
De Asia se traslada a América, donde desplaza la atención
hacia el territorio y monarquía azteca. Además hará mención de las
ciudades de Guatemala, Lima, Cuzco, de la Plata, de Chile, de la
laguna de Tiquicaca, del Potosí... hasta saltar al estrecho de
Magallanes.
En lbs siguientes versos inicia el cuadro de América, al
estilo de la Descripción de la laguna de México, utilizando la
misma figura para la “famosa México”:
De Arián de alli subio al estrecho,
rn que la Assia de América separa,
y al cabo de fortunas vido el pecho,
U tanhien al Mendozino vio la cara,
de allí a la Nueva España fue derecho,
U y en la famosa Mexico repara,
U a donde el Mocte~uma gran persona
tuvo su monarchia y su corona <Fol.l66)
U
Ya en Áffri ca, empieza por el Nilo, Egipto, Etiopía,
Mozambique..., donde se atestigua que Mayo no encuentra en la
“gente prieta” valor y entendimiento. Además, añade con el estilo
típico de Salazar en sus cartas que, “no asentará aqui bien mi
-341-
U
¡
U CAPÍTULO III
Uhermosura,/ pues que sobre lo negro no hay tintura (Fol.167)”.
También hace referencia a otras dos maravillas del mundo: las
U pirámides de Egipto y la torre del Faro. Aprovecha el espacio de
U este continente para señalar otro de los lugares bien conocido por
Salazar, Tenerife:
I
Las islas fortunadas vio primero,
su montaña dos a mas excelente:
a cuyo corte da Canaria el fuero,
de Teida el pico muy sobresaliente,
el arbol admirable y siempre entero,
que la sed mata a la extraña gente,
vio aquellos pagos utiles y amenos,
de rico vino, y dulge a~ucar llenos (Fol.168).
¡ Y ya en Europa, parte de la grande Creta hasta llegar al
templo “Olympio grande y memorable”, donde apunta al margen el
U propio Salazar que “la estatua de Júpiter que estaba en este templo
I fue una de las siete maravillas del mundo”. Pasa por Atenas, por el
Pyerio monte, el Olimpo Monte... Y “De alli Mayo tomó fin.., para
U Constantinopla”. Pasará por grandes lagos hasta llegar a “la grande
I Escandia”, “Hibernia” <“que es Irlanda”), Escocia, Bretaña (“dicha
-342-
U
¡
CAPÍTULO III
I Inglaterra”), Londres (“en su tertil tierra”), Flandes, Amberes,
Gante, Niza... < nombra al “grande Carlos quinto”). Sigue con “las
U dos germanias baxa y alta”, “y en las Polonias traspassando el
I Rheno”, “el gran Danubio”, “la Bohemia”, “Venecia la estimada”...
Después de todo esto, Mayo “atraviesa el Apenino! y sin tomar navío
E ni otra varca/ va endereqando a la Sicilia el tino”... “Vidose en
I Roma” y ahí dijo: El universo he andado sin pere~a,/ que España y
Francia solamente resta:! y en todo quanto he visto, y quanto he
E andado/ ser para mi beldad no le he hallado (Fol.170)
¡ Mayo hace una serie de reflexiones sobre el tipo de mujer que
llevará sus bellezas y concluye que: “Dama mora, infiel, ni
U luterana,! no se vera con mi beldad ufana” (Fol.171) . Más adelante
de “la gran Francia”: passó los grandes montes Pyreneos/ y ponenlé
en España sus desseos (Fol.171). Ya por fin aquí Mayo dijo: .este . .
‘puerto me parece! mi hermosura quedara bien puesta. . .1 aquí la
U gracia y la verdad florece,! aquí la goza gente bien compuesta:!
fixa quiero dexar aqui la mia,! para que goze de un perpetuo día.
U Una vez que concluye Mayo su viaje y encuentra a la mujer
U apropiada, la deja dormida como estaba al momento de hallarla, y
así concluye todo el poema <octava 154)
Y aquesto hecho, la preciosa prenda
-343-
¡
E CAPÍTULO III
I a su Torre y su lecho restituye,
sin que el aire ambiente se lo entienda,
I y su importante intento assi concluye,
I y a su camino vuelve a dar la rienda,
sin que le sienta la que substituye:
I que como era de Mayo la mañana,
I dormía a sabor la niña soberana (Fol.181)
U La Naturaleza en la Perpetuación está casi agotada. Salazar
U nos ha llevado de la mano en un paseo por todo el mundo conocido,
integrando, a la manera de las iconografías simbólicas que
U figuraban en los mapas de la época, elementos mitológicos y
E clasicos. Aquí naturaleza vale por cosmos, en toda su anchura,
celeste y terrenal, oceánica y terrestre, cosmográfica y
E geográfica. A pesar de que se salga un tanto de las corrientes
U lirícas principales, y de que esté lejos de la tensión amatoria que
genera la poesía lírica, este poema, donde lo lírico sólo es un
I tinte para dar razón a su particular geografía, es fuertemente
E renacentista. Lo es porque ve el mundo a través del filtro del
mundo clásico: sus maravillas. Finalmente, la mayor parte de los
U lugares sobrevolados son también la geografía del mundo antiguo. Lo
seria en especial, de no ser por el mundo americano, que viene a
E
E -344-
U
1
U
U
U CAPÍTULO III
U ser la confesión secular de Salazar. Mundo americano
conscientemente apreciado en su diversidad, comparado en su
I particular clasicismo con el clasicismo europeo, y de esa manera
E adaptado a la tradición ya bien conocida. Pero es también
profundamente renacentista también otro sentido: su afán
U exploratorio, su curiosidad abarcadora, su planisférica geografía
I donde lo diverso encuentra su particular lugar, la pasión por lo
lejano Porque eso también es el Renacimiento, desde Marco Polo a
I Colon
Sin embargo, fuera de este gran poema de más de 1200 versos,
quedan otros elementos por observar en Salazar, y así entramos de
U lleno al mundo de los pastores, que en el poema de Mayo sólo
I aparecían ligeramente esbozados en ese gran universo del poeta-
cosmógrafo, que quería más hacer una especie de atlas poético que
I propiamente un canto amatorio.
3.2.2. Más sobre naturaleza y artificio: el mundo de los
E pastores. Como recordamos, es en la primera parte de la Primera de
U la Silva donde Salazar agrupa su poesía pastoril,
inicio, en el Canto que sirve como dedicatoria a Carilia, pone de
y desde el
U manifiesto el mundo que él quiere subrayar. Aparecen, para no
U desaparecer en todos estos 70 folios, las flautas y las zamponas.
-34 5-
CAPÍTULO III
U El mundo humano de Salazar se presenta con un respaldo astronómico:
es decir, desde el inicio, la poesía pastoril de Salazar se muestra
U como una copia de los viejos modelos cancioneriles renacentistas y
U petrarquistas, trayendo en sus versos las imágenes del “sereno
mar la “encumbrada luna”, el sol.... Sus pastores son Eugonio y
U Carílía, apuntando claramente que esta segunda es su “espossa”, a
U la que llamará con ímpetu lírico tanto “amada” como “cruel”. Esta
e s la presentación que hace el pastor Eugonio para el resto de las
E obras pastoriles:
U
Eugonio algunas vezes me nombrando
con traje pastoril, y habla tosca
U entanto que las reses se apasgientan;
veras como te hablo mil rudezas,
U y hago resonar por tu servi9io
I con mi zampoña el monte y hondo valle.
Hallen mis versos pues en ti acogida,
I Resgibe (o dulge espossa) mis cantares,
U y tiende, do se acojan, tu regaqo:
que pues te di mi libertad gozoso,
U y el coragón he puesto en tu cadena,
U aquesto es ya lo mas, que puedo darte (Fol.S)
-346-
U
U
U CAPITULO III
U Junto a las flautas y las zampoñas, hay una combinación de
personajes imaginarios tanto del mundo pastoril como del
U mitologico. Así, en uno de los sonetos iniciales, del que se pueden
U comentar aquellos elementos e imágenes eminentement garcilasianas:
Salid del agua pura cristalina
U (hermosas Nimphas> al florido prado,
y oyreys el tono dulge, ya cordado,
U en quien ya mi zampoña mas se afina:
Salid, vereysme a ratos so la enzina,
a ratos so la haya recostado:
haziendo resonar valle y collado,
E¡ por la que vuelve en flor cualquier espina.
Satyros, faunos, Pán, sagrada Qeres,
aqui os venid, agreste companía:
E a acompañar mi nuevo son, y canto.
Dale tambien aliento y melodia
I o tu silvestre Musa, si le oyeres;
U Pues la zampoña, y flauta quieres tanto (Fol.5)
Difícilmente se sustrae este mundo acuático del que brotan las
ninfas al recuerdo garcilasiano:
-347-
U
U
CAPÍTULO III
Habiendo contemplado una gran pieza
atentamente aquel lugar sombrío,
U somorgujó de nuevo su cabeza
I y al fondo se dejó calar del río;
a sus hermanas a contar empieza
U del verde sitio el agradable frío,
U y que vayan, les ruega y amonesta,
allí con su labor a estar la siesta.
U No perdió en esto mucho tiempo el ruego,
U que las tres d’ellas su labor tomaron
y en mirando defuera vieron luego
U el prado, hacia el cual enderezaron;
E el agua clara con lascivo juego
nadando dividieron y cortaron
U hasta qu&l blanco pie tocó mojado,
saliendo del arena, el verde prado117.
U
En la imagen del “agua pura cristalina” de Salazar, encuentro
• el pretexto del poeta para ponerse él en el estado contemplativo y
puro que le permitirá ver y cantar como un pastor. Parecido al tema
I de la fuente, donde los petrarquistas encontraron el escalón para
117 Garcilaso, Poesías, ed. de E. L. Rivers, p. 196.
-348-
U
U
CAPITULO III
U descansar sus lágrimas118. Aquí Salazar no tiene lágrimas, pero en
cambio “vuelve en flor cualquier espina”.
U Para Salazar, la fuente siempre es clara y tranquila, como
U vemos en la Égloga III, y además puede llegar a compararse con la
u
misma plata:
Al cabo del que esta contrario al Rio,
nasqe una fuente de agua fresca, y clara,
I que junto a su salida se repressa
U en una Alberca natural, y chica,
U a donde el agua de La dulge fuente
sobre menuda arena assiento haze,
U y esta tan sossegada, limpia, y pura,
U como en crisol la más cendrada plata
con la fogoza fuerza derretida.
U
La fuente también puede relacionarse con la sed del poeta, del
amador, en cuyo caso sigue siendo “clara”; así, en el segundo
• Manero Sorolla, da varios ejemplos en el que “la fuente”,
• “no desconocida en la lírica anterior a Petrarca” se encuentra
desde el Cuatrocientos y Quinientos, “designando defectiblemente
U los lloros y las lágrimas”, en Imágenes Petrarquistas<pp.627-628)
E -34 9-
U
U
CAPÍTULO III
I Madríal de la Primera parte de la Silva:
U Mas bellas que las bellas,
U si aqui te vieras entre aquestas flores
cogiendo las mejores,
U y armando con tus manos lindas pellas:
U No dieras a tu Eugonio alguna dellas?
y si con sed en siesta padesqiera
I junto a estas fuentes claras;
U dime no me prestaras
tu bel cacharro, para que bebiera?
U Ay que no viviera yo menester esto,
I si viera aqui tu gracia, y bello gesto <Fol.28>
U Esta misma sed aparece más violenta ,~ al referirse el poeta, en
U la Égloga IV, a “nuestras ovejas” y al “brabo lobo”, quienes hallan
“el sustancioso pasto con hartura”, pero previendo que:
U
y si la sed rabiosa les fatiga,
abrebaderos ay a cada passo,
U do satisfazen su sedienta gana (Fol.32)
U
U -350-
U
U
U
U
U CAPÍTULO III
U Siguiendo con el tratamiento del agua en Salazar, el mar es
para el también la forma de expresar todos sus sentimientos y
U tormentos119. De esta manera, en algunas ocasiones, lo endulza, como
U en el primer Canto donde él mismo responde a la pregunta “A quien
cantaré lyricos cantares?”, y responde que a su “amada Espossa”:
U
ati sereno mar de mis plazeres,
atí gozoso puerto de mis glorias,
U atí mí bien, que mucho mas meres~es (Fol.3)
U
En estos mismos versos, se refiere al mar en plural, y también
con relación al canto del poeta:
U
Que no digo mi lyra, que es tan baxa,
mas la que fue en los mares acatada,
U ________________
119 Para varios poetas de este siglo el mar es muy importante
U e imprescindible para su poesía, tal es el caso de Fray Luis de
Leon de quien se ha dicho que el mar lo era todo, y de quien se
U atestigua que: “por sobre la estrella, la noche, la nube, el sol,
la montaña, la niebla, la tormenta, la primavera, el otoño, las
U flores que evoca en sus versos, dos creaturas de la Naturaleza amé
Fray Luis por sobre todas: el aire y el mar. Elementos
U imprescindibles de sus paisajes, el agua y el aire cobran vida en
los versos a veces casi humana”, Peñaloza, Introducción, [Link]ííí.
-351-
U
U
U
CAPÍTULO III
U ni aquella harpa del divino Orpheo,
ni el alto canto del heroyco Homero... (Fol.4)
U
U Regresando a estos penúltimos versos de Salazar, quiero traer
a recuerdo la Canción V de Garcilaso: Ode ad florem Gnidi, donde
U curiosamente se habla de la “baja lira”, el “animoso viento” y la
I “furia del mar”:
Si de mi baja lira
U tanto pudiese el son que en un momento
aplacase la ira
U del animoso viento
U y la furia del mar y el movimiento120.
U En esta misma línea acuosa sigue Salazar su poesía pastoril;
U sin embargo, quiero resaltar que en ocasiones añade el elemento
descriptivo, y éste va acompañado de una apostilla que dice
U “description local”. Esto puede darnos la idea de que Salazar es
I consciente de que en ese momento se refiere a la Naturaleza tal
cual situándonos en un río de España, pero en el que habitan las
U ________________
120 Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas, ed. de Elías
L Rívers, p.93.
U -352-
U
U
3
U
CAPITULO III
U diosas dioses y las ninfas, entre otros. De esto es ejemplo la
U Egloga 11112?:
3 Alli do va mas manso el alto Duero,
y haze mas hermosa su Ribera
U los gamoranos campos ya vañanda:
U junto a [Link] del hermoso Rio
comienga un sitio de gentil llanura,
E y de distanqia en propor~ion quadrada:
U el qual a penas de un lado al otro estremo
la ca9adora Diosa traspassara
U con arco fuerte y flecha más derecha (Fol.l7)
U
Otra referencia local a los ríos que interesan a Salazar está
en esta Primera parte, y son varias veces las que los anota con
U apostillados, para mejor conocimiento y ubicación del lector:
U 121 También, más adelante,en la Égloga VI, se refiere a España
U en términos más genéricos, combinando con el tópico de la claridad:
3 Donde los Reyes de la clara España
tienen su silla y su Real Palacio;
donde residen con mayor contento (Fol.47)
U -353-
E
U
U
U
CAPITULO III
U “Guadarrama. Rio de Madrid, llamado por otro nombre Man~anares”:
E Del Rio Guadarrama en la Ribera
U Eugonío su ganado apasgentando
la bella vista que ama desseando
I espera congoxoso, y desespera (Fol.7)
¡
Más allá de las referencias geográficas de los ríos hay en la
Silva la típica idea del río y su corriente, pero no al estilo de
U los más puros petrarquistas, donde el río responde
preponderantemente a los lloros y las lágrimas, al menos no en
U estos versos, donde la intención de Salazar, más bien, es plasmar
U el río con su corriente para demostrar a Catalina que primero
pasaran muchas cosas imposibles antes “Que el coraqón de Eugenio se
U retire” -notése que el poeta utilizó su propio nombre y no el de
U Eugonío que había adoptado en esta parte pastoril de la Silva-:
¡ Antes revolverá el más presto río
U contra su nasqimiento su corriente... (Fol.31)
U Dentro del mismo contexto del agua, aparece en Salazar uno de
U sus personajes marinos predilectos (en la Égloga III) . Se trata de
U -354-
u
u
CAPITULO III
Neptuno, quien aquí comparte escenario con otros personajes como
son los pastores Eugonio, Corydon y Ortino, así como las pastoras
Carilia y Florisa, pero que en la Segunda Parte de la Silva será
personaje principal en la Descripción de la laguna de México. Por
lo pronto, en esta Primera Parte aparece Neptuno, junto a las
ninfas, con la magnanimidad que siempre reviste en los versos de
Salazar:
Donde saliendo el caudaloso Duero
de alamo geñido, y coronado
acompañado de hermosas Nimphas
con alegria grande las rescibe;
y desde alli consigo se la lleva
hasta que al gran Neptuno la presenta
en las marinas ondas, donde reyna (Fol.17).
Más adelante, Salazar jugará con las palabras del caudaloso
Duero y evocará “el aquoso reyno de Neptuno”.
Las imágenes del agua, a nivel terrestre (fuentes, ríos,
albercas, mares) van acompañadas de otras, que completan el cuadro
paisajístico en Salazar. En sus Églogas, cantos y sonetos, suele
aparecer fuertemente el “florido prado”, “senda verde y deleytosa”,
-355-
U
U
U CAPÍTULO III
U selva umbrosa”, “el verde suelo”, “verdes matas”, “lindas flores”,
gentil llanura”, “fresco llano”, “lindo prado”, mismas que oscilan
I de color <de lo claro a lo oscuro) según el estado anímico del
U poeta y del cuadro que quiere lograr. Además de todas estas
menciones de la tierra, siempre está presente la “clara luna” y el
U “lumbroso sol”.
¡ En el ambiente pastoril, hay un tratamiento mucho ménor en
relación con los personajes. Al contrario de los personajes
I mitológicos, los que aparecen en la segunda parte del poema, son
U tratados escuetamente, se habla del ganado, el mastín, el lobo, de
los pastores y pastoras. . . La excepción es el caso de los
U personajes centrales de la bucólica, Albar y Blanca, a quienes se
U describe y alaba, sobre todo en el caso de la pastora.
Los pastores son presentados como un grupo caracterizado por
el elemento bucólico y sentimental: “Sus muestras dan de Amor a
I todas horas! Piden remedio para sus dolores... “Al mayoral se le
decribe en tan sólo un verso: “Con fiel pecho, firme y amoroso”. A
I la pastora se le dedican las dos octavas finales, observándola
I desde la mirada del Mayoral, quien “Miraba muy atento su belleza”.
La acción de mirar se reitera por lo menos tres veces.
U Las particularidades de la dama admiradas son, entre otras:
I “Su cuerpo airoso y gracia y gentileza”, “perfición de su figura”,
-356-
u
1
CAPITULO III
I “claros ojos llenos de grandeza”, “su blancura”, “. . .los cabellos!
Que el sol parece que nascía dellos”, “la blancura de sus manos!
I que a la más blanca leche escurecía”. Con estas precisiones tan
U petrarquistas, deja la voz el autor a Albar, quien “Desta manera
comenzó a hablarla...”
I Acerca del simbolismo de la pureza y la castidad que hay en el
U nombre de la pastora y sus atributos, recuérdese el soneto inicial
de la Silva. Este soneto laudatorio a la Marquesa de Villamanrique
I también tiene el tratamiento renacentista del color. El color
U blanco en Salazar queda remarcado por algunos elementos de
purificación y de iluminación, como son el agua -en su forma de
I nieve que purifica por sus cualidades (lo blanco y lo frío) . El
U verso de Salazar dice: “Como pasa a la nieve su blancura”. La
luminosidad se refleja en el viejo tópico de los “claros ojos
I llenos de grandeza” y también en “. . .los cabellos/ que el sol
E parece que nacía dellos”, cuyo color dorado significa, entre varias
cosas, la pureza y la espiritualización122.
El nombre del Mayoral y el de la pastora son la conjunción de
I todos los elementos de blancura y castidad. En las estancias de las
canciones, Albar y Blanca juegan en este campo referencial. El
I
3 122 Cf r. Gilbert Durand, Las estructuras antropológicas de lo
imaginario, Madrid, Taurus, 1981, pp. 138-139 y 162.
¡ -357-
U
U
¡
U CAPÍTULO III
U Mayoral dice a su pastora:
1 ¡Oh Blanca, Blanca más que blanca nieve!
I Blanca en la condición, blanda y sencilla;
rn Blanca en el alma que su Dios blanquea;
Blanca en costumbres, blanca y sin mancilla;
E Blanca en la casta fe que a mi se debe.
¿Cuál blanca hay, Blanca que tan blanca sea?
E Quien ver beldad desea
E Y blanca honestidad con ella unida,
No se hallará en blanco si te viere.
I Ni a ti te saldrá en blanco la creída
U Afición del que quiere
A ti sola por blanco de su vida123.
I
La reiteración del nombre y su simbolismo no puede ser más
evidente. Es el mismo caso para el nombre del Mayoral:
Albar, cuando se ríe
El Alba, y luego veo
De esa tu cara la encarnada albura,
123 Estancia 10 de la Descripción...
-3 58-
CAPÍTULO III
El Alba no me envíe
Otra gala ni arreo;
Albo me es todo, y alba mi ventura•,
Albea en tu figura
La alba y fresca rosa;
Albea tu prudencia,
Albean tu consciencia,
Albea tu piedad maravillosa.
Mi ALBAR: ¡Nunca Dios quiera
Halle el Alba sin ti a tu compañera!.
En los dos nombres, Albar y Blanca, el color denota mucho más,
simboliza una totalidad de cualidades y presencias, tanto físicas
como espirituales. En la tradición milenaria la blancura ha
simbolizado el estado celeste o la voluntad de querer obtener ese
estado. Asimismo muchos nombres parecen estar relacionados con esa
blancura. Tal es el caso del étimo Albo que ha derivado en muchos
topónimos: Albión, Albano, Albany, Albania, etc.124
Por otra parte, y regresando a lo eminentemente pastoril,
puede decirse que en estas canciones hay claras reminiscencias de
124 Cf r. Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos. N.C:L,
Barcelona, 1985, pp. 101-102.
-359-
u
¡
1 CAPITULO III
I Garcilaso, donde -lo ha señalado Ma. del Carmén MillAn125- el poeta
I pone de manifiesto la facilidad en
desenfadado que lo emparenta con los poetas modernistas.
la versificación en tono
1 La ambientación que logra Salazar es ficticia por las
I caracterizaciones que hace en cuanto al mundo mitológico. Éste está
dado, en buena parte, por el tipo de personaje clásico y del
rn entorno natural acuático, y también por el tratamiento del paisaje
que hace en el poema. La adjetivación que va añadiendo a la laguna
I y a la ciudad da la sensación de un gran escenario por el que
U navega el omnipotente Neptuno. Así, el tratamiento para la ciudad
será jerarquicamente de: “aquella ciudad grande”, “esta ciudad
I lustrosa”, “la bella ciudad”, “la gran ciudad”... En la utilización
I de los demostrativos, el poeta va acercando o alejando su discurso
con relación al presente histórico que quiere plasmar. En el caso
I de la laguna, es mayor la adjetivación que hace, lógica insistencia
I al tratarse del objeto descriptivo del poema: “profundísima
laguna”, “clara laguna”, “el lago fresco y bello”, “laguna
deleitosa”, “limpia laguna”, “la famosa laguna”. . . En todo momento,
I el calificativo hacia la laguna es altamente positivo.
£ En el mundo bucólico hay una traslación de lugar. Ya no se
hablará tan insistentemente sobre la ciudad y la laguna, se nombra
1 125 El paisaje, p. 32.
¡ -360-
1
1
U
E
1 CAPÍTULO III
E la laguna que sigue siendo el centro del escenario, de alguna•
I manera: “El verde campo... Al derredor de la Laguna Clara”. Y en
este campo, se tejerá un nuevo raudal de menciones campiranas, que
I están fuertemente introducidas por el deíctico “Aquí sus juegos
juegan los pastores”. Apoyado el “aquí” por “aquesta pradería”,
I “los prados con su fresca rociada”, “bello cerro”, <‘alto Cerro y
I sus floridas faldas”. La ubicación máxima del cerro se hace al
I mencionar el topónimo náhuatí correspondiente: Chapultepec (cerro
del chapulín), a quien se añade “cerro airoso”, “Tosco a la vista;
U empero muy hermoso”. Y se menciona el lugar de los acontecimientos
“Contra la sed de Méjico el reparo...” Se pasa de la ambientación
I campirana a la focalización de los personajes centrales Albar y
I Blanca “ . . . a sombra de una gran sabina”. Aquí dará lugar el diálogo
entre el mayoral y su pastora.
I
E
u 3.2.3. El reino animal y eJ. reino vegetal. Añade Salazar a su
mundo terrestre el reino animal y el reino vegetal, con los que
‘ tapiza su poesía de elementos bastante renacentistas, petrarquistas
y, además, castellanos. Sin que esto quiera decir que llegan a
I resultar poesía pastoril o bucólica al estilo garcilasiano.
¡ Tenemos un gran grupo de elementos que forman el reino animal,
3 -361-
¡
1
U
¡
£ CAPÍTULO III
I en el que los más abundantes son casi siempre los mastines, el
I rebaño, el ganado, las ovejas y los becerros, las cabras y las
vacas. Otro tipo de animal utiliza Salazar y casi siempre de manera
I genérica, las aves. En algún otro instante, también hace alusión al
águila. Y en ciertos pasajes incluye a la víbora. Los animales
I marinos serán tratados un poco más adelante con motivo de su poema
de la Descripción de la laguna de México, por ser ése el espacio en
que Salazar los menciona de manera constante.
I Encontramos desde la Égloga 1 que el pastor Eugonio menciona
E a las cabras:
Huyd mis cabras de mis alaridos,
I buscad otro pastor, y mejor suerte:
como os buscara pastos escogidos,
I quien se mantiene de penosa muerte? (Fol.6)
¡ La marca pastoril que quiere ceñir Salazar en sus versos se
nota mucho más en los versos subsecuentes, como por ejemplo al
I final del Canto de los dos pastores en el diálogo entre Eugonio y
Ortíno
3
I Eug De altos pastos tengas abundangas
3 -362-
1
1
1
¡
1 CAPÍTULO III
¡ <Carilia mia) para tus corderos:
¡ tus cabras traygan siempre llenas pancas,
y sean los más gordos tus carneros.
I Ort. en invierno, y verano tus chiqueros
¡ (Florisa) esten de fresca leche llenos:
abundante los años muy gerteros,
y tus borregos siempre sean mas buenos.
Eug. Tus vacas hallen muy cresgidos henos,
I nunca les mienta la dehessa, o prado;
siempre (Carilia) adquieras y a lo menos
oy ganaras por mi un galan cayado.
Ort de lindas crias hincha tu ganado
¡ (Florisa mia) los montes, y los valles:
¡ y del carnero, que oy te ha Eugonio dado
crias sin cuento en tu rebaño halles (Fol.27)
¡
En la Égloga IV, el poeta da realce a los animales,
I adj etivándolos de acuerdo a sus características, pero además
J incluye la típica imagen de “la tigre” y de los leones, así como de
la víbora:
I
¡ Antes revolvera el mas presto rio
¡ -363-
¡
1
CAPITULO III
contra su nas~imiento su corriente,
y las espaldas el hambriento lobo
primero volvera a la niansa oveja,
que el cora~on de Eugenio se retire
de amar a su Carilia un solo punto.
Ya desde que me ves por ti muriendo
debrias (O Carilia) de dolerse
de quien jamas se cansara de amarte,
las brabas ongas126 amansadas fueran,
las tigres, y leones conmovidos
desde este tiempo: y aun las duras piedras
se vieran ablandando con mi lloro.
La pongoñosa bibora si pica,
con ella se remedia su pon~ona:
y enti no hallo, yo, remedio alguno
siendo la que sin duelo me heriste <Fol.31>
Podemos ver que Salazar trae a colación en estos versos más
bien animales relacionados con su fiereza, típicos desde los
bestiarios antiguos y medievales, hasta la tradición petrarquista.
~ Las ongas son especie de panteras del Asia, llamados en
Brasil y México, jaguares.
-3 64-
1
5
£ CAPITULO III
I La intención del poeta, en ésta Égloga, es resaltar la crueldad de
la amada, que hiere con su desamor y frialdad al amador.
I La imagen del león, según Manero Sorolla, en la lírica
J española petrarquista del Quinientos, “pasa a designar casi siempre
el amor con el que se compara por su fiereza y, en algunas
I ocasiones, a la misma amada a causa de su crueldad”127.
5 La presencia de la imagen del tigre en Petrarca y en el
movimiento posterior, continúa Manero Sorolla, es casi siempre “la
I identificación del tigre por su crueldad inhumana, con el corazón
3, de la amada o con esta misma, tal como sucede en varios textos del
Canzoni ere:
I
¡ Questa humil fera, un cor di tigre o d’orsa,
‘ che’n vista humana en forma d’angel véne,
in riso e’n pianto, fra paura et spene
I mí rota si ch’ogni mio stato inforsa (CLII, Vv. l~4í28>
El tratamiento en Salazar, al menos en esta Égloga, es al
I estilo de Garcilaso, quien, en el soneto XV lo usa “para designar
la dureza de la amada, en este caso a través de una doble
1 _______________
~ Imágenes petrarquistas, pp.259-260.
1. 128 Petrarca, 1 Sonettí, p. 302.
‘3 -3 65-
E
1
E
¡
£ CAPÍTULO III
I comparación que apunta al reino animal (los consabidos tigres) -o
I sea los leones conmovidos en Salazar- y al mineral (peñascos fríos>
-o sea las duras piedras en la Silva-:
1
si convirtieron a escuchar su llanto
los fieros tigres y peñascos fríos;
I si, en fin, con menos casos que los mios
baxaron a los reynos del espanto:
I ¿por qué no ablandará mi trabajosa
I vida, en miseria y lágrimas passada,
un coravón conmigo endurecido?129
I
Siguiendo de cerca a Garcilaso aparece en él la famosa “tigre
hircana”. Figura esta de las tigres hircanas, que por excelencia
refieren “siempre a la fiereza de la amada en su trato dispensado
al amante, [y que] abundarán en la lírica española”:
¡Oh fiera, dixe, «más que tigre hircana
y más sorda a mis quexas que’l rúydo
embravecido de la mar insana (Égloga, II, vv. S63~565í3O)
129 Manero Sorolla, Imágenes petrarquistas, pp.264-265.
130 Garcilaso, Poesías, ed. de E. L. Rivers, p. 152.
-366-
1
E
U
¡ CAPÍTULO III
¡ De igual manera, la tigre hircana de Eugenio de Salazar está
I presente en la Égloga 1:
¡ Ya la dureza de la pena fuerte,
ya la brabeza de la tigre hircana
U podra Carilia bien reconogerte;
E en mí se ve la prueba desto llana (Fol.6)
u
Acerca de la “bibora” en la Silva, encuentro que Salazar la
3 refiere en pocas ocasiones, pero siempre con una carga negativa,
con toda su ponzoña, y además con relación a la amada que puede
I hacer hasta más daño que este animal. Acerca de la significación de
I las serpientes en general, hay toda una tradición. No siempre han
significado la maldad y el veneno, esto va de acuerdo a las
I tradiciones orientales, occidentales o nórdicas. Así por ejemplo,
I en India, la serpiente se identifica con las fuentes de la vida
(agua) y con la inmortalidad131. También tiene un perfil místico en
l las practicas religiosas de meditación, donde se despierta a esa
I energía dormida (que no es otra que una serpiente) llamada
U “kundalini”, o sea la energía que ha de despertar en el “ser
~ Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, p.4O7.
-367-
u
1
1 CAPÍTULO III
¡ interior”132. Desde luego, la imagen más negativa de la serpiente es
3 la bíblica.
Acerca de este animal ponzoñoso, también da buena cuenta
I Garcilaso en su Canción V: Ode ad fflorem gnidi (Oda a la flor de
Onido) al hacer una comparación:
E
Por ti con diestra mano
no revuelve la mano presurosa,
y en el dudoso llano
huye la polvorosa
palestra como sierpe ponzoñosa133.
En la lírica de Petrarca hay una verdadera conjunción de
reinos y de elementos, mientras que en la lírica de Salazar sólo
hay intentos, puede decirse, de que al igual que el paisaje
(terrenal y marino), el reino animal vaya de acuerdo al sentimiento
animista del poeta. Dicho lo mismo, en palabras de Gilbert Durand,
“el hombre se inclina a la animalización de su pensamiento y por
132 Para la figura de la Kundalini, véase Gilbert Durand, Las
estructuras, p.304.
‘“Garcilaso de la Vega, Poesías castellanas, ed. de Elías
[Link], p. 95.
-368-
u
E
3 CAPÍTULO III
esta asimilación se realiza un intercambio constante entre los
sentimientos humanos y la animación del animal”134. Prueba
fehaciente de un intercambio constante es Petrarca, quien de manera
audaz une el símbolo de la serpiente con el de la flor mordida (la
amada) por este venenoso animal; juntando así los reinos animal,
humano y vegetal, así en el Canzoniere:
1
Alfin vid’io entro i fiori et l’erba
pensosa ir si leggiadra et bella dona,
che mail no penso ch’i’ non arda et treme,
humile in sé, ma’ ncontra amor superba;
et avea indosso sí candida gonna,
si texta ch’ oro et neve parea inseme;
ma le parti supreme
era a volte d’una nebia oscura;
punta poi nelí tallon d’un picciol angue,
come flor colto langue,
lieta si dipartio, nonche secura.
Ahi, nulla, altro che pianto, al mondo dura!
134 Las estructuras antropólogicas, p.65.
‘~ En Manero Sorolla, Imágenes petrarquistas, p.383
-369-
U
3
CAPÍTULO III
U Junto al reino animal de Eugenio de Salazar, aparece con igual
objetivo el reino vegetal (flores, árboles, hierbas y frutos) . En
U la Silva, hay desde las primeras Églogas, sonetos y cantos
U referencias muy marcadas hacia las flores <de manera genérica) , y
a las flores tradicionalmente cantadas en la lírica renacentista.
U Así, identifico en Salazar que las flores recurrentes en su poesía
son, sobre todo, la rosa y la azucena. También distingo en su
¡~oesía que hay una mayor remembranza hacia los árboles y hierbas,
que hacia las flores, y unas poquisimas referencias a los frutos.
Ya desde el primer soneto, propiamente, de la Silva, Salazar
ubica a sus musas, su zampoña y su flauta en el “florido prado” y
‘U al pastor “sola’ enzina”. Sucesivamente variará el paisaje y la
U sensorialidad atmosférica, según convenga al desarrollo del poema;
de esta manera, en ocasiones encuentro la “urnbrosa selva”, el
I verde suelo”, el “verrado monte” y “las lindas flores”.
3 Las grandes enumeraciones de árboles y hierbas se hacen
evidentes en la Silva, desde los primeros versos del “pastor
U desperado”, quien “vusca una espesura de verdes matas, y arboles
I cubierta”.
Estos elementos cobran alto relieve en el Canto de los dos
E pastores, donde habla Eugonio con Ortino:
1
-370-
U
u
U CAPÍTULO III
u Eug. Viste el gipres, viste el derecho pino?
del tronco a la corona muy seguido?
U si viesses a Carilia puesta en pino,
u diras que el uno y otro está torcido.
Ort. El alto chopo, el alamo cres~ido
U pasa en altura a la acopada enzina:
E Florisa en apostura es hoy, y a sido
u quien sobre las zagalas mas se empina (Fol. 26)
Ort. Ves quantas verdes hojas se menean
en el grande olmo, que en la fuente estriva?
En la “description local” de la Égloga VI, Salazar nos
U menciona otros elementos del reino vegetal, bastante castellanos,
U adjetivizándolos. Así, tenemos “de florido sauze la corona”, “los
empinados chopos”, “amorosas yedras”, “los hermosos fresnos”
U Dentro del grupo de flores, para Eugenio de Salazar hay una
U preferencia por las “frescas rosas” y “en~endidas rosas”, así como
la “a9ugena blanca”. En la Égloga II, por ejemplo, aparecen las dos
U flores:
U
U -371-
u
U
u
U
CAPÍTULO III
Valerme quiero contra mi fatiga,
considerando muchas maravillas
U de tu beldad, en cosas, que aqui miro,
U el color de tus labios, y mexillas
en la engendida rosa: que me obliga
U a dar por tu color un gran suspiro.
u Y tras esto me admiro
de tu blancura en la agugena blanca.
U Y en los rayos del sol de tus cabellos,
U que al sol lumbroso, y a su cara blanca
venqe lo rubio dellos,
E que todo lo que es bello enti se estanca (Fol.12)
U 3.2.4. Descripción de la laguna de México. Pero donde más se
U mezcla el mundo pastoril <terrestre) y el mitológico <marino) , es
U en la Descripción de la laguna de México, por lo que me detengo en
este poema en 38 octavas para ilustrar convenientemente esto.
U Salazar utilizó la octava 136 en muchos de sus versos
U
136 La octava real (octava rima o Heroica) combina ocho
U endecasílabos que riman en consonante: ABABABCC. Se
estrofas importadas con las formas métricas italianas en el siglo
trata de
XVI, y asociadas a la poesía épica o a la lírica de tono elevado.
U Los versos de once sílabas se utilizaron desde la antigúedad, en
-372-
U
u
U
U
U CAPITULO III
U bucólicos:
U En el distrito rico de occidente
u donde los frescos montes su riqueza
y su oculto caudal hacen patente
U con gran dulzura y natural largueza:
U y dan en abundancia a nuestra gente
de sus profundas venas la fineza:
U allí está aquella población famosa
u Tenuxtitlán la rica, y populosa.
E La octava real, también llamada octava rima (como en
U italiano) , fue introducida por Boscán, en su poema de más de cien
estrofas Octava Rima. Ya Méndez Plancarte, observaba la similitud
U en inicio de octava con Salazar:
U francés, provenzal e italiano. En España aprece con los trovadores
U gallegos y catalanes. Más tarde surge con [Link] manuel en el Conde
Lucanor, también en el siglo XV lo usaron Francisco imperial y el
U Marqués de Santillana, con sus famosos cuarenta y dos sonetos
fechos al itálico modo. El endecasílabo había sido utilizado
escasamente hasta antes de la introducción del modelo italiano. A
U partir de ese momento, se convertirá en el metro constante y más
representativo de la métrica española, y se adaptará como verso
U culto <Quilis, Métrica, pp. 66-67)
U -373-
U
U
u
U
U CAPÍTULO III
En el lumbroso y fértil Oriente,
adonde más el cielo está templado,
U vive una sosegada y dulce gente,
U la cual en sólo amar pone cuidado.
Esta jamás padece otro accidente
U sino es aquél que amores han causado;
U aqui gobierna y siempre gobernó
aquella reina que en la mar nació137.
U
El caso de Salazar, frente a la conceptualización que hace de
la laguna de México, puede juzgarse, tentativamente, como un
U tratamiento poético llano, frente a los versos espléndidos de
U Balbuena138, por ejemplo. Pero no hay que olvidar la catalogación
que hizo Méndez Plancarte en su prólogo, como una “ovidiana”
U descripción de la laguna 139
U La Descripción de la Laguna de México está antecedida por un
soneto, que da entrada a la bucólica. Ésta tendrá como marco
U posterior los diálogos entre Albar y Blanca, el mayoral y su
U ~ Quilis, Métrica, p. 109. Quien consagra la octava real es
U Alonso de Ercilla en su poema épico La Araucana.
138 Cfr. Menéndez y Pelayo, Historia de la Poesía, p. 25
139 Poetas Novohispanos, ler. Siglo. México, UNAN, 1964, pág.23
U -374-
U
U
U
E
CAPÍTULO III
U pastora.
El soneto inicial esta dedicado “A Doña Blanca Henríquez,
Marquesa de Villamanrique, Virreina de la Nueva España”, a quien el
U autor encomia con grandeza haciendo un juego poético entre el
nombre de la elogiada y el color blanco:140
U
Blanca sobre las blancas que por suerte
Demás que felícima ventura,
E La Nueva España vino a tanta altura,
U Que goza de tu sér sin merecerte (. .
U
140 El simbolismo de la pureza y castidad en el color blanco,
U es algo frecuente en los poetas italianos y españoles. dentro de la
misma Silva, Salazar traduce un “Soneto de autor incierto en lengua
toscana” que inicia: Cándida e pura fede il bianco apreza. . . En
U este soneto “se dan a entender las significaciones de los
colores”(Gallardo, col.340; Silva Eol.212). Este soneto guarda
U estrecha relación con el de Cetina: Es lo blanco castísima
pureza . Sobre el soneto italiano, ha dicho Joseph Fucilla que hay
.
U ciertos españolismos (pardiglio y mangue) que revelan la mano de
algún español que lo compuso en lengua toscana. El terceto en
rn cuestión dice: [Travaglio sempre al cuor dice il pardiglio! Ne lo
azurro zelossia ninverde! Et desesperazion dice il mariglio) Y ese .
U autor español, es posible que fuera Cetina, según Fucilla. Además
también señala como posible modelo un soneto atrubuido a Aquilano
[come el verde importa speme o amore. .1 Cfr. Estudios sobre el
U Petrarquismo, R.F.E, ANEJO LXXII, CSIC, 1960.
.
3 -37S-
U
U
U
E CAPITULO III
3 Termina el soneto con la postura renacentista de Salazar,
diciendo que su musa (la poesía) no es capaz de alabar tanta
U grandeza:
U
Rescibí, Alta Señora, de mi ruda
Zampoña el rudo son; que llega a cuanto
U Puede una humilde voluntad desnuda.
U Acerca de los temas y argumentos tratados por Salazar en la
U Descripción..., se distinguen básicamente dos, el que transcurre en
un mundo de recreación mitológica <clásica y mexicana), y el que
U sucede en el mundo pastoril, con una carga mayor para la primera
U parte. De la octava primera a la veintiséis se mezclan los mundos
mitológico-clásico con el ambiente mexicano; la octava veintisiete
U sirve de transición entre la ambientación mitológica y bucólica, y
a partir de la octava veintiocho hasta el final hay un eminente
U cuadro pastoril que prepara las dos siguientes canciones, que darán
3 toque a la bucólica Del Mayoral y su pastora.
En la primera parte de la Descripción.., hay una leve
introducción histórica, en las dos primeras estrofas. El poeta
U ubica la historia, en la primera estrofa <“En el distrito rico de
occidente”) se refiere a un presente cercano (“hacen patente, dan
U ,
3 -376-
U
E
U
¡
U CAPITULO III
E en abundancia... “) que vive España en “aquella población famosa
Tenuxtítían la rica, y populosa”.
U En la segunda estrofa cambia el presente de la enunciación del
U Autor, por un pasado histórico (“Aquélla donde el grande
Motezuma”) . Hay deicticos de alejamiento en relación al presente
U <“aquella”); sin embargo, con el uso del copretérito (“juntaba”,
U sacrificaba”141, “tenía”...) conserva la tensión entre un discurso
pasado y una expectativa futura.
U
Aquella donde el grande Moctezuma
tuvo su corte, y su real asiento,
E a donde en plata, y oro, y rica pluma
U juntaba de tributos largo cuento:
do se sacrificaba grande suma
U de gente humana con rigor sangriento:
E aquella ciudad grande, que el tenía
por la cabeza de su monarquía.
I
141 En la estrofa II aparece el sacrificio humano, al igual que
en el noveno terceto de la Epístola al insigne Herrera, con una
U conceptualización renacentista de desaprobación y horror. En la
Epístola dice el verso: “Injustos sacrificios extirpando...”, y en
U la Descripción glosa: “do se sacrificaba grande suma! de gente
humana con rigor sangriento...”
U -377-
U
U_
U
U
U CAPITULO III
¡ Ya en la tercera estrofa aparece el personaje principal mítico
que desarrollará la mayor parte del argumento del poema (“Esta
U ciudad lustrosa vio Neptuno”) . Neptuno, “desde el undoso mar donde
U reinaba”, ordenó al Sur “hiciese un acueducto muy secreto”. El Sur
obedece a Neptuno, quien “holgóse”. Neptuno entra a la Laguna “en
U una gran ballena”, y “con grave aspecto y rostro muy sereno”, lo
E acompaña una cuadrilla de tritones y “recreando” y “rodeando” el
ambiente están las hijas de Aqueloo y las del Viejo Nereo. También
U aparecen los “velocísimos delfines”. Neptuno, al tiempo, va
U nombrando a los Cerros que rodean la Laguna, así “Tecpeccingo llamó
al peñol primero”... Hace, también, una fusión entre las aguas
E dulces y saladas “Dejando a entrambas aguas en su estado”. Aparecen
I las Ninfas ante Neptuno, “El cual con mucho amor les dio licencia!
Para habitar la parte que tomaron”. El Rey del mar hace
U “Repartimiento entre la gente indiana”... “para que en el agua
I hiciesen milpas bellas”. Después, ordena “a los veloces y
obedientes vientos” que, en la Laguna “Corred de hoy más por ella
U mansamente, ! sin alterar el agua, ni la gente”. De la misma manera
E hace mención de la benevolencia que deberán tener el subsolano, el
Céfiro, la Brisa, el Austro, el sonido de Vulturno y el ímpetu de
U Áfrico. Antes de retirarse Neptuno “Dixo: Aquesta Laguna tan
U preciada! a mi deidad la dexo consagrada”, y sólo deja entrada
U -378-
U
U
U
U
CAPÍTULO III
U abierta “Para las damas <. . .)! que dellas siempre sean navegadas”.
U Esta ciudad lustrosa vio Neptuno
I desde el undoso Sur, donde reinaba:
y por poder gozar en tiempo alguno
U de los deleites, que el imaginaba
U quiso ponerse cerca en oportuno
lugar para el regalo, que esperaba,
I y para que ella le comunicase,
U y en sus graciosas ondas se alegrase.
Y así al Sur ordenó para este efeto
calando el monte, y cerro, y dura tierra:
U hiciese un acueducto muy secreto
por las entrañas de la firme tierra:
U y se pusiese por vistoso objeto
U a la bella ciudad: donde se cierra
de verdes cerros llenos de hermosura,
U una espaciosa, y muy gentil llanura.
U
Encontramos en Salazar topónimos en lengua náhuatí; al ir
U describiendo el paisaje de México, el poeta intenta darnos el
U significado del término, con un carácter filológico artístico:
-379-
U
U
U CAPÍTULO III
E Tecpeccingo llamó al peñol primero
U que un cerro algo pequeño significa
y Tepeapulco al que es peñol postrero
U porque en el agua y ahí se amplifica.
Dijo al que entre los dos es medianero,
U en quien nombre del medio verifica
U de casas tienen Tepeapulco, y dijo
mucho contento, y copia, y caudal rico.
U
• Continúa el colorido que Salazar observa a su alrededor,
enmarca el paisaje novohispano entre la laguna y la ciudad, se
U aprecía el mundo “pastoril” a lo “indiano”, pero de una manera muy
U velada Estos versos recuerdan las largas enunciaciones que hacía
Salazar del mundo vegetal, por ejemplo en la Perpetuación de Mayo,
U pero que se hacía de una manera más exhaustiva <álamos, fresnos,
U cedros...)
U Y por haber más linda, y agradable
U la gran Laguna, y la ciudad cercana;
hizo por eras un communicable
U repartimiento entre la gente indiana:
U para que allí por orden admirable,
-380-
u
U
U
U
CAPITULO III
I con tierra a mano, y con labor galana,
en el agua siguiesen milpas bellas
U que sale gusto y gran provecho dellas.
Allí el bermejo chile colorea,
y el naranjado ají, no muy maduro,
U allí el frío tomate verdeguea,
U y flores de color claro, y oscuro,
y el agua dulce entre ellas, que blanquea,
U haciendo un enrejado claro y puro,
U de blanca plata, y variado esmalte
porque ninguna cosa bella falte.
U
El mundo de los pastores se ve enmarcado de varios de los
elementos naturales que Salazar ha trabajado a lo largo de toda su
U Silva; aparece el acostumbrado color verde, el agua clara, el
U ganado, los mastines.., y la inclusión del lobo para determinar los
opuestos
U
Al derrededor de la laguna clara
por todas partes sale, y hermosea
U el verde campo, donde se repara,
U y reparta el ganado, y recrea:
3 -381-
U
U
U
U
U CAPÍTULO III
U Aquí el mastín despierto no lo ampara,
ni hay en este lugar para que sea;
I que no le sale el lobo, ni le trata,
U ni de él aquí el ganado se recata.
U
Este mundo pastoril cobra fuerza con Amor, quien es
I determinante para los acontecimientos en cuestión de amores de los
pastores, se pinta al estilo de un cuadro de la época:
U
Aquí sus juegos juegan los pastores,
aquí sus bailes bailan sus pastoras,
U y los que de ellos tienen mal de amores,
U sus muestras dan de Amor a todas horas,
piden remedio para sus dolores
U a las que de ellos son las causadoras:
I que cuando quiere Amor muy bien ayuda
a la rudeza, y a la lengua muda.
U
3 Una de las aportaciones mayores de la Descripción es la manera
como Salazar recrea el famoso cerro de Chapultepec, en el que funde
I sus ideas clásicas y pastoriles:
E
-382-
u
u
u
1
U CAPÍTULO III
U Chapultepec se llama el cerro airoso,
y en forma de un montón grande esta puesto,
I tosco a la vista; empero muy hermoso,
I de tosca piedra al parecer compuesto:
rnas entre aquellas piedras muy vistoso,
U de árboles silvestres entrepuesto:
U que visto da a los ojos gran contento
desde su clave, hasta su cimiento.
I Tiene por capitel un edificio
U de un blanco templo el cerro peregrino,
donde al Dios Pan se hace sacrificio,
I digo al eterno Pan, que es uno; y trino:
U y saliendo en él las Driades su oficio,
a la arboleda dan frescor divino.
U Y los agrestes faunos de las manos
U andan saltando allí con los Silvanos.
U Después del discurso directo a cargo de Neptuno, hay un giro,
U desaparece totalmente el rey de los mares y “Entre la gente, desde
el alto al bajo! La admiración con el murmullo crece”. Hay otra
U ambientación distinta, ubicada desde los primeros versos de la
I estrofa veintinueve: “Aquí sus juegos, juegan los pastores! Aquí
-383-
U
U
U
U
U CAPÍTULO III
U sus bailes bailan sus pastoras”. Aparece en medio de los pastores
Amor a quien “Piden remedio para sus dolores”. Y, surge de “El
Mayoral de aquesta pradería”, que “Vee los ganados, vee la
U pastoría. . .“ desde un cerro. “Chapultepec se llama el cerro airoso”
que “Tiene por capitel un edificio” y “Abre en la raíz fija un ojo
U claro! De un agua dulce, clara, fresca y pura.. .“. Aparecen, junto
U al Mayoral su pastora:
U
Junto a la boca de la clara fuente
U Estaba a sombra de una gran sabina
ALBAR el Mayoral con su excelente
U BLANCA, pastora de beldad divina,
U y de ventaja clara y evidente
Desde donde el sol nasce a do declina;
U La cual amaba el Mayoral famosos
U Con fiel pecho, firme y amoroso.
Las dos últimas octavas (37 y 38) se consagran a la
U descripción y alabanza de la pastora, con auténticos tópicos
renacentistas (“cuerpo airoso”, “claros ojos”, “su blancura”...)
U En el ambiente del agua y sus profundidades, surgen otros
U personajes míticos como los Tritones y otros de recreación
-3 84-
U
U
U
u
U CAPÍTULO III
U ovídíana:
U Delante, gran cuadrilla de Tritones
U con sus sonoras conchas resonando;
las Hijas de Aqueloo con canciones
U suaves los oídos recreando;
U y las del Viejo Nereo a aquestos sones
el agua cristalina rodeando,
U y muchos velocísimos delfines
U corriendo la Laguna hasta sus fines.
E
Los Tritones son en la tradición clásica hijos de Neptuno y de
U Anfitrite, medio hombre y medio pez. Vivían en el fondo del mar en
un palacio de oro. En el poema aparece su atributo principal, las
U conchas que usaban como trompetas. Y para seguir en ese mundo de
U las profundidades del agua, surgen las hijas de Aqueloo y del Viejo
Nereo. Este último, recreado también por Homero, quien dice habita
U en una cueva en lo más hondo del Oceáno. Tiene una cierta
U simbolización de mar sereno y representa al padre de las Ninfas
Marinas, aquí en el poema. El caso de Aqueloo nos acerca a Ovidio,
U quien en su libro octavo de Las Metamorfosis refiere el combate que
U contra Hércules tuviera. Aqueloo se metamorfosea en el opulento
3 -385-
U
U
U
U
U CAPÍTULO III
U Hércules142.
3 Aqueloo o Aquelao, en su forma taurina, tiene la simbolización
de dios del río. Al igual que Poseidón, conserva la forma del toro.
U Y muchos otros ríos pueden recordarse bajo esta representación: el
Tíber de Virgilio, el Eridán o el Oceáno Griego, etc.143
U En la octava anterior se hace también mención de los delfines,
U lo que, por semejanza, remite a la alusión que también se hiciera
de la ballena, como “grande bestia” quien “iba amorosamente y
U rociando los comarcanos pueblos admirando”.
U El delfín es el animal alegórico de la salvación, y su figura
se asocia también a la del áncora, que es otro tipo de salvación144.
U Por su parte, la ballena tiene un significado un tanto místico de
U ocultamiento, es considerada como un símbolo de lo continente (y
ocultante) por esencia145.
U En la Descripción de la laguna, los delfines, las ballenas y
U los peces (con el simbolismo dual: fálico y espiritual) forman la
totalidad de un mundo acuático, comunicado desde sus profundidades
U 142 Ovidio Nasón, Metamorfosis, pp. 168-170.
U 143 Cf r. Las estructuras antropológicas de lo imaginario, de
Gílbert Durán, p. 76.
U 144 Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Barcelona,
Labor, 1985, pág.164.
U 145 Ibid. pág.97
3 -3 86-
U
U
U
U CAPITULO III
U a la superficie de la tierra, las comarcas mexicanas, los cerros,
etc. Son el soporte del mundo mitológico en el que se combinan las
U Ninfas, los Tritones, y los animales dulces, para crear todo el
U ambiente clásico.
Si en la Descripción de la laguna se hace mención a diferentes
personajes mitológicos <Neptuno, Júpiter, Aquelóo, Ninfas,
U Endimión, Febo...), con sus atributos típicos, no se llega a
desarrollar propiamente el mito en el poema. Son recursos de
E ambientación, podríamos decir en términos dramáticos. En realidad,
U es difícil admitir que la naturaleza pagana <en cierto sentido,
como se recordará, la naturaleza es siempre pagana) tenga un papel
U muy destacado o profundo en la obra de Salazar. Es más un recurso
U paisajístico, un fondo para amenizar el desarrollo de lo que se
quiere comunicar. Por eso basta con oponer naturaleza a artificio
U para explicar la mayor parte de los elementos de este tipo. Ese
U mismo razonamiento alienta la posibilidad de estudiar los elementos
mitilógicos de Salazar junto con los bucólicos. La mejor prueba de
U esa contigúedad es que el propio Salazar mezcla ambos conjuntos de
U elementos en unas mismas composiciones, como ocurre en la propia
I Descripción.
-387-
U
3
U CAPÍTULO III
E 3.2.5. La Epístola a Herrera. Ha señalado A. Prieto 146 que, de
la abundante producción poética de Salazar, “es significativa de
U empeño su epístola: Al insigne poeta Hernando de Herrera”, que
U además revela la poesía de Salazar como una poesía sometida a la
tradicional.
U
II Aquí, insigne HERRERA, donde el cielo
En círculo llevando su grandeza,
Pasa sobre occidente en presto vuelo,
U Aquí do el sol alumbra la belleza
De los valles y montes encumbrados
E Que a nuestra España dan tanta riqueza,
De donde los metales afinados,
A los estraños reinos enriquecen,
‘U Por las saladas ondas navegados,
‘U Aquí do con los tiempos ya fenecen
Del grande Motezuma las memorias,
U Que con otras mas claras se escurecen,
U Aquí do trasladaron sus victorias
Los claros Españoles, en jornada
U Que ha subido de punto las Historias.
U 146 La poesía, p. 665.
E -3 88-
1
‘U
/I
E CAPÍTULO III
U En el manuscrito se encuentra una nota marginal de puño del
autor que dice: “En que se refiere al estado de la ilustre ciudad
U de Méjico, cabeza de la Nueva España, y se apunta el fin de cada
U una de las Artes liberales y sciencias, y la propiedad de todas las
especies de poesía.- no hay respuesta, porque cuando llegó a España
U era ya muerto este famoso poeta”’47(Gallardo, col.353-354)
Esta Epístola, “sin respuesta”, tiene un inicio de
ambientación deictico que precisa el ambiente mexicano en que vivía
U Salazar. El “aquí” es palabra clave para enmarcar todas las
U vivencias del poeta y acontecimientos que él quiere hacer llegar a
Herrera.
versoEldeprimer
la Elegía
verso Segunda
de la Epístola
de Garcilaso.
de Salazar
En recuerda
Salazar el
versa
primer
el
terceto:
\E
u Aquí, insigne Herrera, donde el cielo
en círculo, llevando su grandeza
IU pasa sobre Occidente en presto vuelo.
Y en Garcilaso dice el terceto:
3 147Herrera muere en el año 1597. Es decir, la Epístola en
camino no llegó a tiempo.
-389-
‘U
U
U
U
3 CAPÍTULO III
U Aquí, Boscán, donde el buen troyano
Anquises con eterno nombre y vida
U conserva la ceniza el Mantuano148.
U
¡ Por cierto, en cuanto a preceptiva se refiere, Boscán es quien
legisla al respecto, ya que es él quien introduce en la poesía
I castellana el terceto, que había tomado de la poesía italiana (la
terza rima> El terceto encadenado es el más adecuado para las
U
.
epístolas, elegías, narraciones, disertaciones y para la didáctica
U en general149.
La serie de tercetos conserva el patrón de la rima trenzada:
ABA ECE CDC.. .YZYZ, y en la última estrofa introduce un verso más
U que rima con el segundo verso del terceto, impidiendo que la rima
quede sola. Sobre el tratamiento del terceto que hacen los poetas,
U coinciden todos ellos en que “sirve para tratar larga materia: corno
E es una epístola, o una historia o una narración, una elegía, y
cosas desta calidad”150. Y sobre la terminación del poema, legisla
U
148 Garcilaso de la Vega, Poesía Castellana completa, Ed. de
U Consuelo Burelí, Madrid, Cátedra, 1981, pág.147.
149 Quilis, Métrica, pp. 96-97.
150 Del tratadista Sánchez de lima (Arte poética en romance
U castellano,1580> tomado en Emiliano Diez Echarri, Teorías Métricas
del siglo de Oro, CSIC,1970, pág.238.
-3 90-
U
U
U
U CAPÍTULO III
E Herrera, al respecto: “En estas elegías o tercetos vulgares se
quiere acabado el sentimiento con el fin del terceto, i donde no
U acaba si no se suspende con juicio i cuidado, viene a ser el poema
U aspero y duro, i con poca o ninguna gracia; i esto es traido de la
elegía latina; que no puede no acabar la sentencia en el
I pentámetro, sino es con cuidado i artificio”151.
U Desde los inicios de la Epístola, hay menciones coincidentes
con el otro gran poema de Salazar, la Descripción. y son, todas
U
. .,
ellas, para engrandecer la situación de España, en tierras
I americanas; en la Epístola, desde el segundo terceto se menciona la
riqueza de España: “. . .De los valles y montes encumbrados! que a
U nuestra España dan tanta riqueza”, en la Descripción versa en la
I estrofa: “. . .donde los francos montes su riqueza... [y] dan en
abundancia a nuestra gente”. Otra de las menciones que hace el
E poeta al iniciar es la señalización de lo acecido al monarca
U Moctezuma. En la Epístola: “Aquí do con los tiempos ya fenecen! Del
grande Motezuma! tuvo su corte y su real asiento.. .“. De igual
U manera, se menciona los sacrificios de los indígenas152 que, a ojos
151 Herrera, Anotaciones a Garcilaso, Sevilla, 1580, tomado en
Teorías Métricas del Siglo de Oro, Madrid, CSIC, 1970, p. 238.
152 Sabido es que los sacrificios humanos entre los aztecas ha
dado lugar a numerosas teorías. La mayoría de ellas anotan el
-391-
U
U
¡ CAPÍTULO III
E de Salazar, estuvieron bien exterminados por los españoles y
reemplazados por el verdadero Dios. En la Epístola se dice al
U respecto: “Injustos sacrificios extirpando! Los justos con gran
celo introduciendo”. En la Descripción se relata: “do se
sacrificaba grande suma! de gente humana con rigor sangriento”. Al
E respecto, salta a la vista que sólo en la Epístola se hace mención
U e insistencia en la figura del conquistador: En la Descripción, se
nulífica la participación de Cortés y su intervención proselitista.
E Sin embargo, en los dos poemas queda claro el desplazamiento de las
U deidades antiguas por las del nuevo Dios; así, en el terceto de la
Epístola:
E
Y aquesta nueva iglesia fija sea
y haga aquel acepto sacrificio,
E
sacrificio, como una ofrenda de sangre y corazón exigida por los
U Dioses y necesaria para la alimentación de estos (Alfonso Caso y
Miguel León Portilla); sin embargo, se ha olvidado el contexto
U religioso. Los sacrificios humanos -según Pedro Carrasco- se hacen
comprensibles a base de las ideas sobre el destino de los muertos,
U ya que todo muerto se convierte en Dios (Teteo) La manera de dar
muerte se identificaba con la deidad a la que se le ofrecía el
.
U sacrificio. En síntesis, se trata de un revigoramiento y renovación
de la deidad a la que se incorpora la propia víctima. Idea
semejante a la de la comunión cristiana. Cfr. José Alcina Franch,
U Los aztecas, Biblioteca Historia 16, Madrid, 1989, pp. 150-151.
¡ -392-
¡
U __ _
E
E
3 CAPÍTULO III
U con que Dios Uno y Trino se recrea
U Y en la Descripción aparece otra referencia al respecto, en
U los primeros versos de la estrofa:
U
De un blanco templo el Cerro peregrino,
U donde al Dios Pan se hace sacrificio.
Digo al eterno Pan que es uno y trino.
U
Otra coincidencia más de los dos poemas es la mención del Dios
Apolo de quien se dice en la Epístola: “Admiran al profundo y
U dulce Apolo”, y en la Descripción se refiere: “En mostrando su cara
U al rojo Apolo! De resplandor y hermosura llena! llega a rayar al
bello Cerro solo.. .“. Esta última acepción tiene la significación
U de Apolo-Sol. En la Descripción Apolo tiene un atributo más de
E generosidad, intuición e intelecto.
Dejando aparte las recurrencias y coincidencias de estos dos
poemas, para entrar ya concretamente en la Epístola, en ella
U Salazar pasa a contarle a Herrera, de una manera precisa, las artes
U y ciencias que “van descubriéndose...” en Nueva España, al estilo
-3 93-
U CAPÍTULO III
U de otros contemporáneos como Balbuena153 y Cervantes de Salazar154,
quedando como muestra y ejemplo de lo que Salazar entiende por
U “cultura” frente a “natura”. Los versos de Salazar son los
U siguientes:
Graniática concede sus entradas
E A la ingeniosa puericia nueva:
Que al buen Latín sus ganas vee inclinadas
U Los versos de Balbuena, escritos unos años después, al
respecto son:
U aquí hallará más hombres eminentes
en toda ciencia y todas facultades,
que arenas lleva el Ganges en sus corrientes155.
153 Esta temática se encuentra desglosada en Bernardo de
Balbuena en su Grandeza Mexicana <México, Porrúa 1971. [1603], págs.
80-87), en donde dedica un apartado a la Letras, virtudes, variedad
de oficios.
154 Cervantes de Salazar, México en 1554, pres. de Margarita
Peña, México, Trillas, 1986, pág.46.
~ Ibid. pág. 86.
-3 94-
u
U
3 CAPÍTULO III
U Y la narración de Cervantes de Salazar, sobre el tema, dice:
u “Es la Universidad, donde se educa la juventud: los que entran
son los alumnos amantes de Minerva y de las musas”156.
U
Siguiendo a Salazar, enaltece el “Gusto del buen hablar...”,
U el “lenguaje polido y bien sonante”, “el bien escribir”...
Sigue luego enumerando las ciencias y artes, entre las que
coloca la retórica, la música, la dialéctica, la astronomía, la
U moral y el derecho, entre otros.
Hace referencia a la Toscana y la Proencia, como
intervínientes en este nuevo aprendizaje, es decir, se refiere a la
U influencia italiana y francesa en Nueva España en la época de
Salazar. Asimismo metaforiza la inspiración y sapiencia en el
U Pierio Monte o Parnaso, y en Libieta y Castalia, fuentes
U consagradas a las Piérides o Musas. Sin dejar de nombrar a Minerva,
en su atributo de Diosa de la sabiduría157.
U Al tiempo, Salazar puntualiza sobre algunos géneros escritos
I cultivados, tales como la elegía, el epigrama, el lírico, el
U 156 Cervantes de Salazar (1986:46>
157 Cfr. Méndez Plancarte, Poetas novohispanos, ler. Siglo,
— 1521-1621, pág.62.
U -3 95-
U
U
CAPÍTULO III
U tragíco, etc.
El discurso de la Epístola, una vez que se ha hablado de las
ciencias y artes, regresa al “aquí” y a la mención del
U destinatario: “Aquí, famoso Herrera han llegado! las delicadas
flores que cogiste...” La Epístola recobra el tono de enumeración
U y saturación, en las que trae a cuento las nuevas “escuelas de
U milicia, del clero, de los escritores, de la justicia. . .“ Al
referírse a esta última, Salazar aprovecha para incluirse (por
U primera vez en el poema) y señala su actividad en México: “Porque
U en estos gravísimos estrados,! a donde el Rey de mí se sirve
agora...” La inclusión del autor como primera persona la retoma en
U toda la parte final de la Epístola.
Después de esta lista inmensa, Salazar detalla nuevamente con
el pronombre personal la paternidad de Herrera en las “Anotaciones
U a Garcilaso”, no olvidándose de mencionar al propio poeta toledano:
La erudición de tus Anotaciones
que tienen admirado al Nuevo Mundo
U con su elegancia y sus resoluciones.
U A partir de esta mención el discurso se convierte en su
U totalidad en una alabanza (acaso excesiva) al poeta Herrera. Le
-396-
E_______
U
U
E CAPÍTULO III
U recuerda de una forma directa “tu caudal.., tu saber.., tu
entendimiento.. tu virtud...” Pasa al desenlace final con el uso
U .
del verbo estar en la. persona: “Asido estoy como de su árbol rama!
U Como atractiva imán a ti me llevas...” Siguen unos seis tercetos
últimos en los que el autor se aleja del discurso enumerativo para
U pasar al laudatorio de su propia persona en relación con Herrera:
U
Que si aceptarme en tu amistad te atreves,
No encontrarás con tropiezo alguno,
U Por donde la recuses ni repruebes.
Insiste sobre esta petición en la amistad en el cuarteto que
U cierra la Epístola:
Que yo tu amigo, y mío tu te llames,
U Que sabrás como sabio muy bien serlo:
Nunca me olvides, nunca me desames,
U Que yo prometo, oh Hernando, merecerlo.
U
Por puño del autor madrileño, sabemos que esta Epístola nunca
fue leída por Herrera, cuya respuesta hubiera sido interesante. A.
U Prieto dice al respecto que por los continuos elogios de Salazar,
U -3 97-
U
U
u
u
CAPÍTULO III
U es probable que agradara al poeta sevillano, pero añade que es
difícil que Herrera hubiera aceptado la “fértil vena” de Salazar158.
U De cualquier forma, la Epístola tiene como mérito no sólo la
U alabanza a Herrera, que por más esta merecida, sino que más bien
debe entenderse como una aproximación a la “puesta en escena” del
U ambiente cultural mexicano. De no haberse escrito la Grandeza
U Mexicana, difícil seria recrear las influencias culturales de esta
parte del fin de siglo en Nueva España. Es de esta manera, la
U Epístola de Salazar, una pequeñísima contribución a la
U reconstrucción histórica del México colonial.
Los dos géneros de Epístola y Bucólica en Salazar escritos en
U México tienen claras reminiscencias clásicas, sin embargo queda la
U duda según ha señalado Ma. del Carmen Millán159, de cuál era para
Salazar la realidad poética, si aquélla en la que se había educado
U en las Universidades de España <Salamanca, Alcalá y Sigúenza) o la
U realidad que había vivido en las tierras mexicanas.
La descripción en Salazar, además de estar motivada por la
U Naturaleza americana, va acompañada de una erudición clásica de la
U escuela renacentista. En este sentido, puede decirse que Salazar es
el ínrnediato precursor de Bernardo de Balbuena, quien con su
u _________________
158 La poesía española en el siglo XVI, II,p. 666.
u 159 El paisaje, pp. 30-32.
U 98-
u
u
U
U
3 CAPÍTULO III
U Grandeza Mexicana también nos legará -todavía- sus formas
renacentistas y clásicas para hablarnos del mundo americano.
U En conjunto, la Epístola extiende y redondea varios de los
U temas ya presentes en la Descripción de la laguna. Quizá uno de los
hechos más interesantes sea que permite revivir la noción de
U naturaleza como opuesta al arte y al artificio. Precisamente por
U ocuparse en esta composición de las artes, podemos tener una imagen
más densa del segundo y complejo universo natural de Salazar.
U
U
3.3. La Naturaleza en la poesía religiosa
Tal y como anuncia Salazar, la Tercera parte de la Silva
“contiene las obras de devo~ion del author. Dividida en tres
U partes’ . En la primera parte se encuentran las obras pastoriles, en
U la segunda las obras en metro castellano y en la tercera van
sonetos, líricos y salmos. De toda esta Tercera parte, para nuestro
U proposíto sobre la Naturaleza, interesan aquellas composiciones en
U que el tratamiento es un tanto parecido al resto de la Silva. Gran
parte de los versos devocionarios se alejan de la Naturaleza
U renacentista y petrarquista que nos ha venido mostrando Salazar a
U lo largo de sus poesías. Sin embargo, desde la primera composición
U -3 99-
U
u ____________________________
U
U
3 CAPÍTULO III
U encuentro el verdadero sentido de la Naturaleza en la poesía
religiosa de Salazar. Él contempla todo su entorno como una
U creación del todopoderoso. En la poesía amatoria los fenómenos
U naturales, los paisajes y los sentimientos se llenaban de sentido
y de una “razón de ser” por Amor, el amor y la amada. Aunque
U aparecía ya la figura del creador, a veces, no era con la tuerza
U omnipotente de su devocionario. De la misma manera la poesía
bucólica, pastoril y mitológica presentó alternancia de personajes
U en los que participan, con frecuencia, varios dioses. Esta idea
U politeísta del mundo clásico desaparece casi por completo en las
obras religiosas, donde cobra vida totalizadora con gran intención
I el Dios cristiano. Así se identifica al creador del universo en
U diferentes momentos de esta Tercera parte:
U Cancion sestina al Padre eterno,!offresgiendole las obras
U deste/Libro, y las demas.-
U Criaste cielo, y tierra, y agua, y fuego,
U el ayre, las estrellas, sol, y Luna,
la sierra, y monte, y campos con su fruto,
U los animales brutos, noche , y dia
U (o gran criador) y todo para el hombre,
E -400-
U
U
U
¡
3 CAPITULO III
U y al hombre al fin para le dar ni gloria.
Que te podre yo dar? (O Rey degloria>
sino pavesas de tu grande fuego,
I tu siendo Dios, y yo de tierra un hombre:
Toma lo que he cogido con la Luna,
I y a ratos quando nas~e el claro dia,
U pues es de tus frutales propio fruto (Fol.313)
La misma figura en las Aplicaciones del Alma (“obras en metro
I castellano”)
E En el prinqipio <señor)
U criaste el gielo, y la tierra,
y a nuestro padre mayor,
I aquien hizo ser traydor
I el que siempre nos da guerra.
Mi anima enqualquier hora
U como a su criador te adora,
U si el malo quiere engañarla,
plega a ti guardarla,
I porque no te sea traydora <Fol.339)
U
U -401-
U
1
U
¡
fi CAPÍTULO III
U Asimismo, en el “Psalmo de execracion contra los que son
ingratos anño buen Dios III”, en el que ya se observa el espacio
U del cielo y la tierra, asi como la claridad frente al concepto de
E lo oscuro, todo esto con un sentido cristiano:
1
Eterno criador de tierra y cielo,
I supremo proveedor de las criaturas
dador del bien, y celestial consuelo.
U Divino Dios que desde las alturas
I nuestra torpeza, y ceguedad mirando:
das clara luz a los que estan escuras... <Fol.362)
I
¡ En las siguientes dos estrofas del “Lyrico VIY” se observa el
universo celestial y divino del poeta, con las marcas del creador,
I de la musa <su poesía), y de los elementos vitales de todo el
I universo. Todos estas referencias han sido detectadas en su poesía
amatoria y pastoril, sin embargo, insisto, con distintos
U propósitos:
¡ A aquel omnipotente
I criador no criado
U que todo lo crio con presta mano:
3 -402-
U
1
U
U
fi CAPÍTULO III
rn al que tan fagilmente
hizo el monte, y collado,
U el hondo valle, y el tendido llano:
¡ al señor soberano,
cuya palabra fuerte
I hizo la luz, y el día,
U cante la musa mia
(sí meresqiere haver tan buena suerte)
U olvide lo del suelo
U por el que hizo el mar, la tierra, y 9ielo
¡ Por el que el Sol lumbroso
hizo y serena Luna,
¡ los signos, los Planetas, las estrellas,
el rio caudaloso,
I la fuente, y la laguna,
I diversas plantas, y las flores bellas,
por el que las gentellas
U echa en los coragones,
rn con cuyo ardiente fuego
se enqiende un amor luego,
I que consume los humos, y passiones,
U que al alma dan coxixo,
3 -403-
U
1
U
¡
¡ CAPITULO III
E dejando en ella un buen contento fixo (Fol.457)
U Otras semejanzas, a medias, encuentro con el resto de la
I Silva, y es el tipo de animales que elige Salazar para la poesía
religiosa. Aparece con cierta frecuencia el lobo, además del oso,
I la víbora, y hasta los sapos ponzoñosos. Esto con la finalidad de
.3 aleccionar sobre los peligros del Alma, que muchas veces aparece
tambíen en en la “tenebrosa noche” y en las “selvas oscuras”.
I Paisaje y sentimiento religioso se unen de una manera artificiosa
U y con tonalidades moralizantes, muchas de las veces. Esto en la
Bucolíca 1% “En que se denota el peligro, enque esta el Alma! en
I esta vida por el cuydado y asechan!zas del Demonio.- Eugonio.”;
I aquí para contraponer la figura del Demonio, aparece la figura de
Dios bajo el ropaje pastoril. En ocasiones recuerda el estilo de la
U Perpetuagion de Mayo al evocar paisajes y estaciones del año:
¡
Al derredor de aqueste mi rebaño
los lobos veo andar cada momento
rn con desmedida, y peligrosa hambre:
y no solo en cabegas desmandadas
I hazen sus pressas con agudos dientes,
3
3 -404-
U
U
3
¡
E CAPÍTULO III
U Tanto procuran los malditos lobos,
que en todo tiempo, y parte las persiguen,
U dar cabo dellas sin piedad alguna.
¡
¡ Los prados, que la linda primavera
pintados tiene, con la hermosura
I de la agardable hierba, y varias flores
poco se gozan que el fogoso Agosto
E los seca, y los afea con su fuego.
I Los Alamos galanos, verdes Fresnos
de fresca hoja oy los vereys cargados,
E
¡ sí los alcanqa el capeador otoño
que desposallos tiene por of fi~io.
U Vereya tambien a la robusta enzina,
I contra la qual los furiosos vientos
no valen, ni el vigor del brabo ynvierno,
I venqida, destruyda, y abrasada
I por la fogosa oruga sin defensa.
Tu guarda, tu defiende (Pastor alto)
I mi hado, que sinti no es de provecho.
E -405-
u
1
3
¡
3 CAPITULO III
3
¡ Tu me le guarda (gran Pastor eterno)
tu me le vela (Mayoral del mundo)
I tu me le diste, tu me le sustenta
¡
espero yr a of fresgerte el bello fruto,
I que sacare delos preciosos bienes,
que tu largueza gelestial me ha dado (Fol.317-320).
E
Aparte de estas referencias “naturales”, encuentro en Salazar,
en su poesía religiosa, una casi desaparición de la Naturaleza
U paisajística en lo divino. Así, en la alosa VI “. . .al misterio de
I la!encarnaQion del hijo de Dios”:
E Para que Dios encarnaste?
I y gran Dios, y hombre nasciste?
para que te sujetaste
U al hombre, que tu criaste?
I y por el en cruz moriste?... <Fol.353)
¡ Y esto podría aplicarse en sus poemas cristiano-filosóficos en
I general, como ocurre con el tema de la eterna gloria, en la Gbosa
3 -406-
E
U
U
¡
3 CAPÍTULO III
I XII:
¡ O Alto señor divino,
I haz que yo atine y acierte
viviendo: atu buen camino,
I que si por el no camino
I en la vida esta la muerte:
Y si aporto al claro puerto
I de eterna gloria, y convierto,
I la muerte sea bien venida:
que sí vivo estando muerto,
E en la muerte esta la vida (Fol.3E9)
¡
Más interesante es la combinación de elementos naturales y
u cristianos que hace Salazar en las Discantes. Así, en la número 1,
U “Sobre las palabras del propheta Esaias”:
E Diamante fino, labrado
I por el Eterno maestro,
en oro puro engastado,
I y de gracias esmaltado
U como convino al ser vuestro.
3 -407-
U
U
3
U
CAPÍTULO III
I Ya quiere el Dios de la altura
salga vuestra hermosura,
U (hermosa virgen Maria)
I y se goze la ventura
de tan venturoso dia.
U Que salgais Luna encumbrada
I a a alumbrar la tenebrosa
noche, y del Sol alumbradaa;
que os tiene ya destinada
I para su madre y Esposa.
~ dichoso nascimiento,
U o hora de gran contento,
U que nazcais Maria vos,
para el Sancto advenimiento
I del Redemptor hombre y Dios.
E
Ya el inbierno riguroso
U passó con su tempestad,
U y el verano deleitoso,
blando, suave y gracioso
I viene lleno de beldad.
U Ya el temeroso Señor
¡ -408-
u
U
U
U
U CAPÍTULO III
1 ha dexado su furor:
que salio la clara estrella,
U nacio la divina flor.
E llego el tiempo de cogella (Fol.368-372).
U La naturaleza se vislumbra, en rarísimas ocasiones, al estilo
u del resto de la obra de Salazar. Estos versos tienen ecos en la
forma de enumerar las relaciones geográficas, tal y como se hace en
1 la Perpetuacion de Mayo. Estos versos de devoción se refieren al
3 canto de los doce apóstoles (Matías)
U Oxala desde el artico
1 llegar pudiesse bien mi corta platica
hasta el luzero antartico,
U ardiendo esta mi lengua tan flematica:
1 y do encontrase con la luna erratica:
vuestras gracias <o Luna) re firiendolas
3 con gran sonido extrinseco,
U para que los pastores assi oyendolas
sientan el gozo intrinseco (Fol. 338)
¡
U Aparte de las pocas referencias geográficas en la Tercera
U -409-
U
U
E
U
CAPITULO III
U parte de la Silva, también aparece el elemento del color blanco y
la castidad, este exprofesamente para dar idea de la pureza y la
U virginidad, en el sentido más religioso de la palabra. Aparece
E nuevamente la leche <siempre emparentada por Salazar con la
rn maternidad) , el color claro a propósito de Santa Clara, y se aplica
todo esto a la hostia (blanca>, esta última imagen convertida en e].
U símbolo del poeta cristiano que espera la gracia de la eucáristía
(tema este tan tratado en todos estos folios de la Tercera parte de
U la Silva:
U
3 Blanca, divina, circular figura,
capaza de todo el bien, de tierra, y cielo,
U que con cortina de ese blanco velo
cubres a Dios, y quento en Dios se apura.
U Encierras <ostia blanca) la ventura
E mayor, que el cielo pudo dar al suelo:
en ti esta aquel remedio, aquel consuelo,
U que es tal: y eternamente dura.
En ti esta aquella piedad inmensa.
en ti esta aquel divino y dulce gusto,
I en ti tanbien justicia rigurosa.
3 En mi esté siempre aquel respecto justo,
-410-
1
U
1
U
U CAPÍTULO III
U aquel amor con humildad intensa,
que me haga digno de ostia tan preciosa (Fol.433)
U
Así culmina la Silva, con la poesía devocionaria de Salazar.
Quiero resaltar que en el poeta su última composición, el Salmo
U Penitencial V, refleja nítidamente la Naturaleza revertida hacia el
U propio poeta. Es decir, Salazar focaliza sentimientos, mirada y
discurso hacia su interior, que tristemente es su propio
U decaimiento vital. El hombre joven enamorado de Carilia, en la
U Primera parte de la Silva, se muestra vigoroso en el mundo
petrarquista-amatorio; después es el hombre maduro en la bucólica
U novohispana, y se torna viejo en su poesía de devoción. En los
U versos religiosos, Salazar pierde su vigor de poeta joven y maduro.
Ahora pide constantemente el reconocimiento de sus pecados y la
U aceptación de Dios para alcanzar la vida eterna. Dentro de este
U mundo cristiano, el poeta se olvida un tanto de la amada, y
únicamente ve la “naturaleza vigorosa” completamente desaparecida.
U Estos son casi los últimos versos con los que se cierra la parte
U liríca de este extenso manuscrito:
U Psalmo Penitencial V:
U
-411-
u
1
U
U
CAPÍTULO III
LLegado ha el tiempo ya del retirarme
dete of fender (señor) y antes llegara
U antes tu voz entrara a despertarme.
U Perdido ha ya su fresca tez la cara,
la llana frente esta de surcos llena,
U la roxa barba en blanca nieve para.
Dolores de vejez dan mucha pena
al cuerpo grave: con continua guerra,
U que ala desenfrenada carne enfrena.
Flaca debilidad venge, y se destierra
al calor de la sangre fervorosa:
I los duros nervios vuelve en floxa tierra.
U
Que la naturaleza vigorosa
de dia en dia en mi ha venido a menos:
U mudanqa natural en toda cosa <Fol.495)
La Naturaleza en el universo religioso, entonces, se resume en
U el examen de la Natura que crea Natura, es decir,
cristiano, y en la visión de una Naturaleza humana progresivamente
el Dios
U venida a menos.
De esta manera, vemos que en la Silva hay un Salazar de tres
-412-
U
U_______________________
u
u
U CAPITULO III
U vertientes que guarda un mismo común denominador, que es la
Naturaleza, en la que existe por una parte la amada en función de
U la Naturaleza y de Dios, el paisaje en función de los sentimientos
U del poeta y, por último, la recreación real e imaginaria de tipo
panteísta clásico, donde aparecen los Dioses que permearon la
U lírica petrarquista y renacentista.
Un complejo universo, entonces, donde caben varios universos
parciales y menores. Una concepción de la Naturaleza en buena
U medida hija de su tiempo, pero al tiempo tan compleja como puede
U serlo la vida humana. Visión de la Naturaleza de Dios, de los
hombres y de las cosas, donde la contemplación y la captación de la
U amada es casi el único vehículo que permite transitar de los
U menores elementos de la materia hasta las más altas esferas de la
pasión y de la belleza.
U
U
U
U
U
u
-413-
U
U
CONCLUS IONES
CONCLUSIONES
U Una de las preguntas más generales que afectan a Eugenio de Salazar
es su carácter novohispano o no. Desde luego, no es problema que
U afecte sólo a Salazar, sino en general a cualquier poeta que haya
U escrito en Nueva España durante el siglo XVI.
La respuesta más sencilla es que no hubo una poesía a la que
podamos llamar novohíspana durante la primera centuria colonial,
U salvo en un sentido meramente circunstancial: poesía novohispana
porque se escribía en Nueva España, igual que se hubiera podido
U escribir en cualquier otra parte del enorme imperio.
Seguramente esto es cierto en líneas generales. Pero también
1es cierto que en Salazar hay varias venas inquietantes que no
permiten aceptar esa visión general con entera confianza. Su
U biografía ultramarina le hizo viajar a través de distintos destinos
atlánticos, y esto, a la larga, había de quedar plasmado de
U diferentes formas en su producción. Creo que los tres rasgos más
U importantes al respecto son los siguientes:
U -414-
U
‘U
U
U
U CONCLUSIONES
En primer lugar, Salazar incorpora el Nuevo mundo al mundo
clásico. Esto sucede en términos geográficos, míticos, bucólicos.
U En ese sentido, la mirada de Salazar no es meramente europea. Su
U visión, su ansiedad, alcanza los confines del mundo.
En segundo lugar, Salazar compara conscientemente muchos
elementos naturales del Viejo y del Nuevo mundo, sumando al valor
U referencial, a la cosa por la cosa, el valor simbólico que esos
elementos poseyeron en culturas separadas.
U En tercer lugar, Salazar se suma plenamente a la cortesanía
U novohispana, al artificio virreinal. Y ese artificio queda
ampliamente plasmado en su producción poética, desde las
U dedicatorias a la descripción de la vida cultural novohispana,
U pasando por mil incidentes más que de otro modo no podrían figurar.
Ahora bien, todos estos elementos son conceptuales, de
contenido, y difícilmente podrá decirse que este mundo novohispano
U alimente ningún hallazgo formal de importancia. Pero las cosas no
podían ser de otro modo. Desde la periferia, Salazar ha de
I•
conformarse con escribir epístolas que llegan demasiado tarde. El
hecho simboliza bien la situación. Resulta fuera de lugar, en
líneas generales, hablar de algo así como una escuela novohispana.
IU Pero lo que no está fuera de lugar es considerar los diferentes
U grados de enraizamiento histórico, los vaivenes de una colonia en
-415-
u
.1..
U
U
U CONCLUSIONES
U transición hacia un orden diferente.
Por eso el estudio de la Naturaleza se vuelve tan crucial para
estudiar estos problemas. Naturaleza en su sentido más amplio, como
U modo de ser de las cosas, y también en sus varios sentidos más
particulares. Como el problema novohispano de Salazar es
U esencialmente de índole conceptual, el análisis de la concepción y
U la expresión del modo de ser de las cosas revela algunos rasgos
interesantes.
U He postulado que es posible distinguir en Salazar al menos
U tres universos poéticos, relativamente autónomos, construidos sobre
diferentes vivencias en torno a concepciones a veces diferentes de
U la Naturaleza. El primer universo es el amatorio, construido
U alrededor de una amada dotada en Salazar de rasgos fuertemente
físicos. Amada, por otra parte, no inalcanzable, sino muy próxima
U al poeta. Pero incluso bajo esas circunstancias que propiciaban más
U la cotidianeidad que el amor platónico en el escenario de una
Naturaleza idealizada, Salazar se mueve en un terreno petrarquista
U neutro de coordenadas geográficas, hijo de cualquier latitud. La
U gracia que concede la amada en el camino de relativa vivificación
del poeta no es muy dependiente de la biografía y de los viajes de
U Salazar.
El segundo universo, que aúna los sentidos geográfico y
-416-
U
U _____
U
U
3 CONCLUS IONES
E cosmográfico de Naturaleza con el sentido de la Naturaleza opuesta
al artificio, en cambio, rebosa historicidad. Casi todo el material
E que pudiera presentarse a favor de una lectura novohispana de
U Salazar pertenece a esta esfera poética.
La exposición de la naturaleza divina, en cambio, regresa el
problema al punto original. La naturaleza desvanecida del poeta, la
U idea de regreso y la búsqueda del perdón, problemas íntimos al fin,
parecen desentenderse nuevamente de todo el universo forjado por el
U poeta en los años de madurez. Este es el tercer universo poético de
U Salazar en la Silva.
En el capítulo 1 se expuso cómo diversas circunstancias
llevaron a Eugenio de Salazar a América. Para entonces, los rasgos
U básicos de su poesía, sobre todo los formales, estaban ya
consolidados. A esta primera plataforma poética empieza a sumar
U nuevos elementos léxicos y paisajísticos. Para entender las
U particulares circunstancias de Salazar es necesario tener presente
en todo momento sus relaciones con los marqueses de Villamanrique,
U sus benefectores. A través de ellos conoce los aspectos literarios
U y culturales de Nueva España. Pero quizá el aspecto biográfico que
afecta más directamente al carácter de su cancionero es el hecho de
U que su musa sea su propia esposa. Una amada perfectamente corpórea
U y proxíma que lo aleja de los cánones de la tensión petrarquista.
-417-
U
U
U
U
3 CONCLUSIONES
U El capítulo 2 muestra la gran variedad de géneros, temas,
imagenes y conceptos contenida en la Silva de Salazar. Por otra
U parte, muestra a las claras la voluntad editorial del poeta y,
U sobre todo, su idea compositiva del cancionero como libro, y no
como mera suma de poemas. La Silva, en su transcurrir, refleja
U también el transcurrir de la propia vida del poeta, desde la
I juventud en su poesía amatoria hasta la decrepitud del poeta en su
poesía religiosa y moralizante. Los sonetos y las canciones -de
U estructura variada- forman, como en los cancioneros petraquistas,
U el núcleo principal del manuscrito. Pero ello mismo permite valorar
la gran variedad de los géneros a los que acudió ocasionalmente.
U Este capítulo tiene la idea de mostrar el contenido de la Silva tal
U cual es, incluyendo las apostillas -esenciales para comprender la
organización del manuscrito-, y de revalorarla.
U El capítulo 3 parte de un intento de aclarar y de historiar el
U concepto y la expresión del problema de la Naturaleza: como modo de
ser, como cosmos, en oposición a la gracia, en oposición al
I artificio, son algunos de los sentidos claves. Hay mucho de
U historicidad en la asimilación de determinadas concepciones de la
Naturaleza. Por otra parte, la unificación de ciertos sentidos
U permite el desarrollo de un método de análisis y la formulación de
I algunas de las hipótesis básicas. La Naturaleza y su estudio se
-4 18-
U
1
U
U
CONCLUS IONES
U vuelve hilo conductor que permite dar cuerpo común a problemas que
a primera vista parecen de índole muy diferente. Las propias
U hipótesis acerca de la Naturaleza hacen posible incluso aventurar
U algunas ideas sobre el carácter novohispano de Salazar, y del
propio interés que puedan merecer las consideraciones al respecto.
I La Silva, por su complejidad de conjunto, permite o permitiría
I rnuchas posibilidades de trabajo diferente, por lo que esta tesis
sólo pretende ser un primer acercamiento al problema. En el futuro,
U será necesaria un detallado análisis formal para poder entender a
U fondo, precisamente, lo que de más petrarquista tiene Salazar: las
formas. Otro trabajo necesario es la comparación detallada entre
U prosa y poesía -pues no faltan incluso algunas composiciones
U burlescas o jocosas dentro de la Silva-, y ver el desarrollo de
unos mismos temas y también de temas diferentes. Por fin, la poesía
U de la Silva debe compararse con la contenida en otro manuscrito
U poetíco del mismo autor, la Navegación del Alma.
3
U
U
U
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-432-
U
U
APÉNDI CE
1
U APÉNDICE
U
U [Composiciones de interés biográfico]
U Nací y casé en Madrid. Crióme estudiando
La escuela Complutense y Salmantina,
U La Licencia me dió la seguntina,
La Mexicana de Doctor el mando;
Las Salinas Reales fui juzgando
Puertos de raya a Portugal vezina,
U Juez Pesquisidor fui a la contina,
Y estuve en las Canarias gobernando.
Oidor f uy en la Española y Guathemala
Me tuvo por Fiscal. Y de allí un salto
• di en México a Fiscal, y a oidor luego.
• De allí di otro al tribunal más alto
De Indias, que me puso Dios la scala:
U alli me abrase su divino fuego. <Fol. 302)
Bendito Eugenio, del señor amado,
primer Pastor del Toledano exido,
U del alto Rey de Reyes favorido,
y en gelestia). asiento collocado:
• Mete mi petigion, se mi abogado
• ante el gran Rey, a quien mer~edes pido,
que en tu majada, y dia fui nas~ido,
U y con tu sancto nombre confirmado.
U
U
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U
U
U APÉNDICE
U Ayudeme (gran sancto) tu privan~a
para alcan~ar favor del Rey de gloria,
U que de valor a aquestos mis sudores:
que tu teniendo ante el de mi memoria,
U espero saldra qierta mi esperanqa,
que alcanqare favor por ti, y favores. <Fol. 314)
U Dichoso yo Eugenio: Si
tener tal nombre merezco,
U dichoso me llamo a mi,
que en vuestro dia nasci:
U si su bien no desmerezco.
Dichosa sea sin duda
M mi alma, que ya no duda
de su bien, y su derecho:
U si tuviese vuestra ayuda
en este camino estrecho. <Fol.344)
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U
U APENDI CE
U [2]
Al cuerpo, y fa9iones! de su Catalina los! quinze!
U sonetos! sigui/ entes
[Atributos físicos de la amada]
U
A los cabellos
3 Para encordar su arco hilos tiene
Amor, y cuerdas con que aprieta, y ata
a los captivos, que jamas rescata,
U y a los que tener pressos le conviene:
y hilos, que uno mil tropheos sostiene
de los amantes, que el sujeta, y mata:
y cuerdas, de do nunca se desata
U el amador, que a car~el suya viene.
De todo esto le sirven los cabellos,
con que mi coraqón esta ligado;
U cuya rubiura al mismo sol ex~ede,
• cuya beldad, y lustre es tan previado,
• que se haria faqilmente dellos
una red tal, que al mismo Amor enrrede. <Fol.ll0)
U
A la frente
Amor un día a debuxar se puso
en una tabla que estremar quería:
frente serena de la luna mía:
U donde a pintar sus gracias se dispuso.
• Pinto lindezas fuera de todo uso,
U ej. arco, aljava y flechas, que trahia,
U
U
U
u
U
U APÉNDI CE
U contal primor, que siempre lo via,
quedaba ensi admirado, y muy confuso.
U Porque consideraba que mirada
frente de tanta gragia, y hermosura
U por hombre de buen sesso, y buen sentido,
Ael ternia como por figura
U dela beldad en ella figurada,
y a ella en todo el mundo por Cupido. ([Link])
u A los ojos
— Dos globos hizo el hazedor del gielo
entre las obras suyas mas discretas,
para mostrar sus obras mas secretas
U a las criaturas, que crio en el suelo.
Alli mostro por transparente velo
U el Sol, la Luna, estrellas, y Planetas;
alli gra4as tan altas, y perfetas
que verlas pone al alma gran consuelo:
U Alli la gravedad, alli el sosiego,
allí la honestidad mas pura, y fina,
U alli un mirar, que ven~e a todo el mundo.
O bellos ojos de mi Catalina
U los rayos vuestros no me hagan ciego,
que en solo veros mi contento fundo. ([Link]>
U
3 A las cejas y pestañas
Las flechas, y arco Amor consideraba
U que eran sus armas: y podria quebrarse
U -436-
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U
U APÉNDICE
U el arco fuerte, y flechas acabarse:
segun lo mucho, que el tirar usaba.
U Por prevenir la falta, que esperaba,
dos arcos hizo, en quien quiso esmerarse,
U y quantidad de flechas, que probarse
pudieran bien en cualquier fiera brava
Colgolo de unos parpados, y frente,
— tal, qual a prendas tales convenia,
y dixo de sus obras muy contento:
U Contales armas poco me seria
rendir aqueste mundo solamente,
U pues son bastantes para mundos giento. ([Link])
U A las narizes
U
En la alta Torre del mayor thesoro
U de hermosura, y gragias mas enteras,
que de alabastro tiene las hazeras,
y es capitel vistoso de fino oro:
U Amor amigo de causarnos lloro,
obro con arte, y gala dos troneras,
U por do sus flechas tira mas certeras,
como garrochas del tablado al toro:
De alli Amor, y su madre estan mirando,
y contra coragones libertados
U muestran su yra, y fuer~as soberanas.
El que los ojos tiene levantados,
U gierto terna el baxarlos suspirando,
sí los al9are a tales dos ventanas. <[Link])
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U
U APÉNDICE
U A la boca
3 Un vivo rosicler obro Natura,
que se viene a los ojos su viveza:
U unas iguales perlas, que en fineza
a las de oriente passan, y en blancura:
3 unos berruecos cuya hermosura
a la beldad exgede, y su limpieza:
U y pusolo por muestra de lindeza,
a boca de una fuente de dulgura.
U el Allí asentó las perlas de una en una,
y encendido esmalte, do convino,
y los limpios berruecos con gran de arte.
¡ Siempre te llamaré, o Amor benino,
pues hazes que a mi indigno La fortuna
I conqeda en tal thesoro tanta parte. <Fol.112)
A la risa
La chica, y agraciada boca vuestra
(entre las raras rara Catalina)
U con una risa al pare~er divina
mil excellentes cosas nos demuestra.
3 De graqia, y de lindeza fina muestra,
de perlas, y rubies rica mina,
U duJ,ge alegria, y al Amor, que afina
allí sus flechas para muerte nuestra.
Y aunque con gloria vuestra risa miro,
vos (reyna mia) me matays riendo,
que entonces mi fuego ardemas aprisa.
U Y sin mi, quantos viven oy muriendo
3 -438-
U
U
U
U
E APENDI CE
U con la congoxa, y pena, y el suspiro,
y lloro, que les causa vuestra risa. (Fol.112)
I
3 A la habla
La harpa dulge del divino Orpheo,
y lira de Anón bien congertadas,
con canto de Sirena acompañadas,
U sonando acordes sobre el mar Egeo
• No llegan por lo que oyo, y lo que veo
U a aquella habla, vozes acordadas:
que salen de alta gragia a~ucaradas:
I por la suave boca, que desseo.
O lengua honesta, y de dulvura llena,
I discreto razonar, y bien medido,
dulges a9entos, dulve consonanqia:
3 Felige, y mas sera aquel vivo oydo,
en quien vuestra dulqura, y gracia suena;
al triste coraqon tan de importancia. (Fol.112)
U
U A las orejas
3 A la figura, do no ay punto feo,
por si acompañan dos orejas tales,
U tan lindas, tan polidas, tan iguales,
que se presumen hijas del asseo:
Dos rosas son, segun en ellas veo,
que crio en el rosal de los rosales
Arnor y dos ramicas, de las cuales
U cuelga sus armas, como bel tropheo.
E -439-
U
U
U
¡
U APÉNDICE
U La cara, que mis glorias causa, y penas,
en quien mis ojos tanto se recrean:
U como una luna esta entre dos estrellas:
Y estas orejas, que la hermosean,
U paresqen ser dos lunas no muy llenas,
que tienen un Sol claro en medio dellas. (Fol.112)
U
A la barba
• De hermosura un molde soberano
U se puso a obrar Natura artifigiosa,
y diole gracia tan maravillosa,
U que paresqe divino, más que humano:
Pusole por remate muy galano
U una hermosa barba, y tan graqiosa,
que claro muestra tan perfecta cosa
U ser obra prima de divina mano:
Sentó un lunar con siete hilos de oro,
de quien esta mi cora~on pendiente,
U y mas de cien mil almas aforqadas:
hízole dos hoycos, do el thesoro
U esta de hermosura muy patente,
y allí todas las graQias repressadas. (Fol.113)
U
3 Al cuello
La caxa rica de oro, y marfil hecha
con perlas, y rubies laborada,
adonde esta la discregion guardada,
U y del Amor la mas aguda flecha
3 -440-
¡
3
U
U
U APÉNDICE
U el la asentó sobre una muy derecha
coluna tan vistosa, y bien sacada,
I que nunca de ojos fue otra tal mirada,
ni ay pecho, que por tierra no se le echa.
3 Allí una tez, y lustre aventajado;
la limpia nieve alli de Sol cubierta,
U allí la fresca rosa,y la agucena.
Coluna, que ami alma mas despierta,
I ati me vea siempre yo amarrado,
y sean mis propios braqos la cadena. (Fol.113)
U
Al pecho
¡
Aquel alto sculptor, que en todo a9ierta,
E dos hemispherios hizo muy iguales;
la graqia; y la blancura de los quales
al alma aviva, al coragon despierta.
I Y porque tal beldad no este encubierta,
fíxo en ellos dos Nortes Celestiales,
U que aquel, que mira aquestas dos señales,
de hermosura la playa abierta.
3 Sentolos a una haz, porque pudiese
gozar su vista bella la persona,
U a quien fortuna tanto bien hiziesse:
Y puso en medio dellos una zona,
I que el cuerpo que con ella se qiñese
podría ser, que en gloria estar creyesse. (Fol.113)
3
U A las manos
3 -441-
¡
u
3
U
1 APÉNDICE
u Viendo lo mucho, que hazer tenia
rn Amor, por no perderse, ni cansarse,
buscaba manos ya para ayudarse,
quales tan arduo se lo requena.
¡ Empero la alta venus, que sabia,
que manos era pot demas buscarse,
I sino viniessen unas a hallarse,
que ella envidiaba mucho tiempo avia:
• Le dixo: hijo, para tanto ef feto
3 manos del gielo abaxo no ay sin duda,
fuera de aquellas, que el Eugenio canta:
Estas procura tu para tu ayuda,
que con aquestas solas te prometo
I podras bien descuydarte en prissa tanta. <Fol.113>
U Al cuerpo
¡ El que desea ver adonde mora
perfecta gentileza, y hermosura,
I y el bel sujeto, en quien mostró Natura
medida y proporqión ygualadora:
¡ el cuerpo vea de rni gentil señora,
ancho en el pecho, estrecho en la vintura;
U Note el andar, el ayre, la mesura
del continente, y graqia robadora.
que Note aquel brio, note los menenos,
el coragon menean, y atormentan
con gravedad, y gra9ia, y gallardia.
I O ex9ellente cuerpo, en quien se asientan
mis pensamientos todos, y desseos;
I Cuerpo, que es alma ya del alma mia. (Fol.114)
3 -442-
¡
3
¡
¡ APÉNDI CE
u A lo encubierto
3
Si quando Paris en el monte vido
I desnudas ante si las diosas,
tenidas con razon por mas hermosas,
que hasta nuestros tiempos aya avido:
U viera los miembros de marfil bruñido,
¡ y la frescura de tempranas rosas,
y aquel olor de flores olorosas
m de aquesta Phenix, que en mi alma anido:
Pudiera venus bien prestar pagien~ia
por la manvana de oro, que sin ella
I mediante gran justi~ia se quedara,
que la applicara Paris a mi estrella:
I y tengo para mi, de la sentencia
ninguna de las Diosas se agraviara <Fol.114)
¡
3
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3
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3
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3 -443-
¡
1
3
¡
• APÉNDICE
u (3]
BUCÓLICA
¡ Albar-Blanca
Descripción de la Laguna de México
U [Para la reconstrucción de la ciudad novohispana]
• 1
En el distrito rico de occidente
donde los francos montes su riqueza
U y su oculto caudal hacen patente
con gran dulzura, y natural largueza:
I y dan en abundancia a nuestra gente
de sus profundas venas la fineza:
U allí está aquella población famosa
Tenuxtitían la rica, y populosa.
¡ 2
3 Aquella donde el grande Moctezuma
• tuvo su corte, y su real asiento,
a donde en plata, y oro, y rica pluma
I juntaba de tributos largo cuento:
do se sacrificaba grande suma
I de gente humana con rigor sangriento:
aquella ciudad grande, que el tenía
I por la cabeza de su monarqula.
3
1 Esta ciudad lustrosa vió Neptuno
desde el undoso Sur, donde reinaba:
I y por poder gozar en tiempo alguno
u de los deleites, que el imaginaba
quiso ponerse cerca en oportuno
1 -444-
1
1
3
¡
APÉNDICE
I lugar, para el regalo, que esperaba,
y para que ella le comunicase,
U y en sus graciosas ondas se alegrase.
U 4
Y así al Sur ordenó para este efeto
U calando el monte, y cerro, y dura tierra:
hiciese un acueducto muy secreto
por las entrañas de la firme tierra:
I y se pusiese por vistoso objeto
a la bella ciudad: donde se cierra
E de verdes cerros llenos de hermosura,
una espaciosa, y muy gentil llanura.
¡
5
¡ Hízolo el Sur como le fue mandado
sin replicar: y sin tardanza alguna
remaneció con la ciudad pegado,
I en una profundísima laguna,
de su elemento, y su licor salado
I patente al sol, y a la serena luna,
de cercos, y ciudades guarnecida,
I que verlo basta a dar gustosa vida.
3 6
A su patrón marino de improviso
fue a dar la nueva dulce y deseada:
I de como le había hecho un paraíso
de agua de lindezas adornada:
I holgóse el gran Neptuno del aviso,
y luego quiso entrar en la morada,
U temiendo si tardase en poseella
-44 5-
APÉNDICE
U se le entraría Júpiter en ella.
• 7
Y así viniendo aprisa, y en cubierto
U del ancho mar, por la estrechura atina:
cual canto capitán, que va cubierto
a tomar fuerza, por secreta mína:
I y ya llegando al deseado puerto
salio con gracia, y majestad divina
I por la clara laguna: dando lustre
al agua, y campo, y a aquel pueblo ilustre.
E
8
¡ Hizo su entrada en una gran ballena
que las saladas ondas va hendiendo,
‘ de resplandor, y claro lustre llena,
del agua en su gran boca recogiendo,
y la ciudad, y largos campos llena,
I de espadañadas della: que esparciendo
iba amorosamente, y rociando,
I los comarcanos pueblos admirando.
¡ 9
Sobre la grande bestia rica silla
I de limpio nacar, que del sol herido
en varios vissos sale a la mazquilla
cual lindo pecho del pavón lucido
I sentado en ella el Rey a quien se humilla
el mar soberbio, el que es obedecido
I de los pexes más fieros y espantosos,
y de los vientos bravos y furiosos.
¡
3 -44 6-
¡
1
1
1
¡ APÉNDICE
¡ 10
Con grave aspecto, y rostro muy sereno,
I barba de plata, que le cubre el pecho,
largo cabello enriquecido, y lleno
I de los granates que da el Tracio estrecho,
y de las blancas perlas, que el gran seno
del índico oceáno le da en pecho:
I en diestra mano lleva su tridente
rico y hermoso, y muy resplandeciente.
I 11
3 Cerca dél iba el viejo Sur ufano
con gana de servirle, y agradarle,
I el agua sacudiendo con la mano
de la mojada barba: ya mostrarle
el bello puerto, y lago tan galano,
U que había hecho para recrearle:
con los campos, y cerros del contorno,
I y grandes pueblos del vistoso adorno.
¡ 12
Delante gran cuadrilla de Tritones,
I con las sonoras conchas resonando:
las hijas de Aquelóo con canciones
suaves los oídos recreando:
I y las del viejo Néreo a aquellos sones
el agua cristalina rodeando,
I y muchos velocísimos delfines
corriendo la laguna hasta sus fines.
I 13
Yendo bajando el lago fresco, y bello
I vió tres peñoles verdes, y hermosos,
1 -447-
£
u
APÉNDICE
y parecióle <bien mirando en ello)
serían más lúcidos, y vistosos
I cercados de agua: y luego dió en hacedlo,
ciñendo los tres cercos deleitosos
3 del agua fresca, con que la frescura
de ellos creció, y la gracia, y la verdura.
14
Tecpeccingo llamó al peñol primero
5 que un cerro algo pequeño significa
y Tepeapulco al que es peñol postrero
I porque en el agua y ahí se amplifica.
Dijo al que entre los dos es medianero,
I en quien nombre del medio verifica
de casas tienen Tepeapulco, y dijo
mucho contento, y copia, y caudal rico.
I
15
3 Va a la salud del pueblo proveyendo,
por cálidos veneros de la tierra
I de agua saco un manantial hirviendo
en Tecpeccingo, con que el mal destierra
I los cuerpos limpia del humor horrendo,
que a la salud destruye, y sale guerra,
3 y expele aprisa en líquidos sudores
• las causas de accidentes, y dolores.
¡ 16
a Y porque la laguna deleitosa,
¡ por ser de agua salada, y tan profunda:
no fuese a alguna dama temerosa,
U temiendo su canoa se le hunda:
3 -448-
¡
3
¡
1
APÉNDICE
U abrió una vena rica, y muy copiosa
de otra agua dulce, que un gran campo inunda:
I y unió lo dulce allí con lo salado,
dejando a entreambas aguas en su estado.
¡ 17
La parte dulce toda se derrama
• sobre la fresca juncia, y verde tule
salen las puntas de la verde trama,
U que la freca laguna adorna y pule;
Aquí no teme la galana dama,
I ni hay para que el contento disimule:
porque está el agua dulce muy somera,
I segura, y agradable, y placentera.
18
1 Luego las Ninfas con real presencia
las claras aguas dulces ocuparon,
I después que con respeto y reverencia
ante el marino Rey se presentaron:
I el cual con mucho amor les dió licencia
para habitar la parte, que tomaron,
U con que dió más riqueza a la Laguna,
que al cielo las estrellas, y la Luna.
1 19
g Por ley constante prohibió la entrada
E en la limpia Laguna el gran Neptuno
a todo pexe de la mar salada:
I que no quiso, que entrase aquí ninguno:
sino que se quedase reservada
I para pescado menos importuno:
1 -449-
¡
E
1
3
¡ APÉNDICE
I para unos pesces blancos delicados
al gusto de las Damas apropiados.
I 20
Y por haber más linda, y agradable
la gran Laguna, y la ciudad cercana;
I hizo por eras un communicable
repartimiento entre la gente indiana:
para que allí por orden admirable,
I con tierra a mano, y con labor galana,
en el agua siguiesen milpas bellas
I que sale gusto y gran provecho dellas.
21
Allí el bermejo chile colorea,
I y el naranjado ají, no muy maduro,
allí el frío tomate verdeguea,
y flores de color claro, y oscuro,
E y el agua dulce entre ellas, que blanquea,
haciendo un enrejado claro y puro,
I de blanca plata, y variado esmalte
porque ninguna cosa bella falte.
U 22
3 Mandó también al Sur que se estendiese,
y por diversas partes abrazasse,
I la gran ciudad: y siempre la sirviese
con provechosos brazos y agradable:
,
y en ellos bastimento le metiese,
I y todo lo demás, que le prestase
para sus usos, para su sustento,
I y para su regalo, y noble aumento.
3 -4 50-
¡
1
1
U
1 APÉNDICE
U 23
Luego volvió con un semblante grave
a los veloces y obedientes vientos,
que allí le ministraban con suave
sopío, y con deleitosos movimientos:
y dijo a todos ellos: ya se sabe,
3~ue esta ha de ser Laguna de contentos
corred de hoy mas por ella mansamente,
sin alterar el agua, ni la gente.
I
1 24
El subsolano aquí sea saludable,
y Céfiro no cause fuertes truenos,
I la corrupción del aire miserable
limpie la Brisa, y haga este mal menos.
B el austro que en sus obras es culpable
en este puerto haga effectos buenos.
U No espante aquí el sonido de Vulturno,
ni el imperio del Africo en su turno.
1 25
Esto diciendo passa y va cerrando
con espaciosa y llana singladura
la famosa laguna: que boxando
3 diez mil passos tres veces y más dura:
y al cabo de su circulo parando
I con su ballena en la mayor altura
dijo aquesta laguna tan preciada
a mí Deidad la dejo consagrada.
I
26
1 Mas porque hermosura es cosa cierta,
1 -451-
¡
1
1
U
1 APÉNDI CE
U que tiene algo divino en si encerrado,
y no merece se le cierre puerta
U en lo que es a su gusto reservado:
yo hago en mi laguna entrada abierta
I para las damas: no les sea vedado,
que dellas siempre sean navegadas
I estas mis aguas dulces y saladas.
27
E Como esto dijo: se metió debajo
del agua; y a la vista desaparece,
I y no paro hasta llegar abajo,
do más el elemento se oscurece.
I entre la gente desde el alto al bajo
la admiración con el murmullo crece,
U no saben si la vista los engaña
viendo visión tan nueva, y tan estraña.
1 28
Al derrededor de la laguna clara
por todas partes sale, y hermosea
el verde campo, donde se repara,
U y reparta el ganado, y recrea:
Aquí el mastín despierto no lo ampara,
¡ ni hay en este lugar para que sea;
que no le sale el lobo, ni le trata,
I ni de él aquí el ganado se recata.
29
1 Aquí sus juegos juegan los pastores,
• aquí sus bailes bailan sus patoras,
U y los que de ellos tienen mal de amores,
1 -452-
¡
E
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1 APÉNDICE
U sus muestras dan de Amor a todas horas,
piden remedio para sus dolores
U a las que de ellos son las causadoras:
que cuando quiere Amor muy bien ayuda
U a la rudeza, y a la lengua muda.
¡ 30
El mayoral de aquesta pradería
tiene un escueto cerro por majada,
I de donde otea en asomando el día
los prados con su fresca rociada.
I vee los ganados, vee la pastoría,
ve la laguna, y la ciudad, que agrada:
U porque del cerro todo se descubre,
que es eminente: y nada se le encubre.
U
31
En mostrando su cara al rojo Apolo
de resplandor y hermosura llena:
llega a rallar al bello cerro solo
U con alegría y claridad serena.
y cuando va alumbrar al otro polo,
U y darle con sus rayos clara estrena
al alto cerro y sus floridas faldas
U dora con gran beldad por las espaldas.
• 32
El fuerte pecho le combate el Leste
los lados vendaval y tramontana,
U a traición llega a envestirle el Ueste
es muy fijo a la noche y la maiiana
U contra su fuerza no hay fuerza que reste,
U -453-
u
U
U
u
U APÉNDICE
U que al ímpetu mayor los suertes gana
y mil veces con blanda mansedumbre
U tocan los vientos la vistosa cumbre.
U 33
Chapultepec se llama el cerro airoso,
U y en forma de un montón grande esta puesto,
tosco a la vista ¡ empero muy hermoso,
U de tosca piedra al parecer compuesto:
mas entre aquellas piedras muy vistoso,
de árboles silvestres entrepuesto:
U que visto da a los ojos gran contento
desde cu clave, hasta su cimiento.
U 34
Tiene por capitel un edificio
de un blanco templo el cerro peregrino,
U donde al Dios Pan se hace sacrificio,
digo al eterno Pan, que es uno; y trino:
y saliendo en él las Driades su oficio,
U a la arboleda dan frescor divino.
Y los agrestes faunos de las manos
U andan saltando allí con los Silvanos.
U 35
Abre en la raíz fija un ojo claro
U de una agua dulce, clara, fresca, y pura,
contra la sed de México el reparo,
el refrigerio, y general hartura
U es tan profundo el nascimiento raro,
que apenas sonda alcanza a su hondura,
I sale con manso, y natural sonido
U -4 54-
U
U
u
U
U APÉNDICE
u a la vista agradando, y al oído.
U 36
Junto a la boca de la clara fuente,
U estaba a sombra de una gran sabina
Albar el mayoral, con su excelente
U Blanca: pastora de beldad divina
y de ventaja clara y evidente
U desde donde el sol nace a do declina
la cual amaba el mayoral famoso
Uc?n fiel pecho, firme y amoroso.
37
U Miraba muy atento su belleza,
en quien cuidosa se esmeró natura;
U su cuerpo airoso,y gracia, y gentileza,
el lustre, y perfección de su figura,
U los claros ojos llenos de grandeza,
como pasta a la nieve su blancura,
miraba también a los cabellos,
U que el sol parece que nacía de ellos.
U 38
Miraba la blancura de sus manos,
U que a la más blanca leche oscurecía,
y Sus meneos graves, y galanos,
U con que al Dios del Amor engrandecía,
su andar medido en lindos pasos llanos,
y su lustroso aseo y lozanía:
U y para darla gusto, y regalarla
desta manera comenzó a hablarla.
U
u -4 55-
U
U
U
U APÉNDICE
U [4]
3 (Canción]
Albar
[Recreación del mundo pastoril]
1
La variedad del tiempo, y de sus casos
que tienen mil mudanzas cada día:
U y voluntad del Mayoral supremo,
(dulce Pastora, dulce Blanca mía>
de mis majadas desvió mis pasos,
U y me ha traído de uno a otro extremo.
Mas no por eso temo,
U ni debes tu temer: gentil pastora:
que se pueda apartar el amor mío
U de tu beldad amable una sola hora,
ni pueda haber desvío
U entre mi pecho; y la que dentro mora.
U Así como en el 2
ancho, y largo cielo,
es sola, y una la serena luna,
U y en todo el orbe va sus muestras dando:
así <mí Blanca) tu eres sola, y una
U la que en hispano, y en indiano suelo
eres la luna, que me está alurnbrando.
U Siempre me estás mostrando
en tu vivir hermosos y tu figura
U del alto cielo la beldad divina:
que eres campo de flores, y hermosura,
donde no hay una espina,
U ni tiene en que estropiece mi ventura.
-456-
U
U
U
¡
U APÉNDICE
U
3
U En los floridos cerros castellanos,
y en los herbosos campos andaluces,
U que el gran Guadalquivir refresca, y riega:
tú fuiste para mí la luz de luces,
U tu vista con sus rayos soberanos
la mía alumbra, si está turbia, y riega.
Y si su luz no niega
U a Albar su Blanca, que es su sol lumbroso:
en este exido, y valles tan extraños:
I Terná mi corazón gusto, y reposo,
y alargará mis años
U tu dulce compañía, y ser precioso.
U 4
En esta tierra, que otros llaman rica,
U porque la hierba está sobre el tesoro,
y yo porque tu blanco pie la huella:
ni quiero yo, ni busco otro algun oro,
E sino el que veo que se purifica
en tu cabeza, y pende a matas de ella.
U Y esa tu cara bella
es la cendrada plata, que deseo:
U y las hermosas flores tus
no pide otras riquezas mi
faciones,
deseo,
U ni apetece otros dones,
ni quiero yo otro bien de cuantos veo.
U 5
• Como al salir del día, y su mañana
U el cielo, y tierra escura se esclarece,
u -457-
U
u
U
u
U APÉNDICE
y da a los animales gran contento:
así el monte, y cañada resplandece
U saliendo esta belleza soberana
de su majada, y su recogimiento,
U el impetuoso viento
se amansa con tu vista, y se detiene:
U alegrase el ganado en ese punto:
y al alma mía gran gozo sobreviene,
U mirando en ti el trasunto
de cuanto lindo el cielo, y tierra tiene.
U 6
Dichosa la congoja, y el cuidado,
dichoso aquel temor, y pena fuerte,
que me causó tu vista tan hermosa:
U antes que la dichosa, y rica suerte
del sí matrimonial tan deseado:
U saliese de esa -boca tan graciosa,
dichosa, y más dichosa
cualquier fatriga, que haya padecido
U Albar por Blanca: y quantas mas padece
mi corazón leal, y mi sentido:
U que todo lo merece
tu merecer de nadie merecido.
3
7
3 Qué prados hay debajo del lucero,
que cerros, que gargantas, que collados
tan ricos, tan amables, y dichosos
I como estos que por dicha son mirados
de estos serenos ojos donde espero
U alivio en mis cuidados congojosos.
3 -458-
U
3
3
U
3 APÉNDICE
I Oh oídos venturosos
de las pastoras de la Nueva españa,
U que oyen tu voz tan dulce y tan suave:
y ojos que tu beldad ven tan extraña,
U cual otra no se sabe
en cuanto al cielo, y su rocío baña.
U 8
La leche de las madres más cargadas
yo para quién la ordeño y los mejores
bellones de la fina lana blanca
I yo para quien los quiero? y de mil flores
diversas las guirnaldas variadas
U para quien las tejió mi mano franca?
sino para mi Blanca.
I Que quien su corazón ha hecho tuyo,
desde que vio tu ser, y tu lindeza:
I Que haber podrá negarte, que sea suyo?
que tiene por grandeza
que ello ni el no tengan otro cuyo.
U
¡ 9
Que es menester que el día esté gastando,
Blanca, en fundar yo amor para contigo,
I pues no puedo dejar de siempre amarte.
Tu vees mejor que yo, lo que yo digo,
U tu vees que sincesar te estoy amando
con amor puro, y afición sin arte,
En todo tiempo, y parte
U Hará este oficio esta alma, que es tan tuya,
sin que jamás en otro amor se afirme.
U Primero se verá que vuela y huya
E -4 59-
u
U
3
U
3 APENDI CE
de aquí este cerro firme:
que Albar deje de amar la blanca suya.
I
3 10
Oh Blanca, Blanca más que Blanca nieve,
U Blanca en la condición blanda y sencilla,
blanca en el alma, que en su Dios blanquea:
blanca en costumbres, blanca y sin mancilla,
U blanca en la casta fe que a mi se debe,
cual blanca, hay <Blanca) que tan blanca sea?
I quien ver beldad desea,
y blanca honestidad con ella unida,
U no se hallará en blanco si te viere.
Ni a ti te saldrá en blanco la creida
rn afición del que quiere
a ti sola por Blanco de su vida.
U 11
g Con grande gusto, y atención oía
• Blanca a su Albar, que tanto amor mostraba
en las palabras dulces, que decía,
I con que su amor, y fe representaba.
Y ella en su alma se las repetía,
I y en lo interior de ella las guardaba:
y porque el entendiese mejor donde,
U de esta manera al Mayoral responde.
E
3
3 -460-
1
3
3
1
3 APÉNDICE
¡ [5]
[Canción]
fi¡ Blanca
[Recreación del mundo pastoril]
3 Si por atento oído
entra el dulce contento
al tierno corazón enamorado
U (Albar mío escogido)
cual será el que yo siento
U oyendo las dulzuras, que has hablado?
y de lo que me agrado
I mas que de cosa alguna:
es que veo tus entrañas,
I y se que no me engañas:
Tu eres mi Endimión, yo soy tu Luna,
I que no cabrá en tu suerte,
en fé ser flaco, y publicarte fuerte.
3 2
Confieso que eres mio,
¡ y se que yo soy tuya,
do quiera que me trayas, o me lleves:
I y tanto en ti confío,
que no temo que huya
I de mi tu amor, ni en otra tú le debes.
Mas todo me lo debes,
U pues en ti solo he puesto
mí bien, y mi alegría,
el amor, y fe mía,
U y de mis pensamientos todo el resto:
3 -461-
U
1
U
¡
U APÉNDICE
I sin apartarlo un punto
de ti mi Albar en quien lo tengo junto.
fi 3
3 Si el caso variable
causó tan gran mudanza,
I como es notorio (amado Albar) contigo:
no fue conmigo estable,
también yo entré en la danza,
E la tierra, el cielo, el mar es buen testigo.
por valle, y monte sigo
I ganosa tus pisadas,
y los secos rastrojos
U son flores en mis ojos,
si por tu senda van enderezadas:
I que cuando Amor atierra,
llana se hace la fragosa sierra.
1 4
Las tierras castellanas
• de mil contento llenas,
do mis ojos la luz primera vieron:
U y las prendas humanas,
que tengo allá tan buenas
I de Mayorales, que allí son, y fueron:
conmigo no tuvieron
I poder, que yo dejaste
tu presencia en mis días;
ni aquellas dulces crías,
U (ay quien de ellas aca no se acordáse>
que junto al bethis dejo,
S por tu quererlo: de lo cual me quejo.
3 -462-
U
1
u
¡
U APÉNDICE
¡
¡ los prados
Ver los campos
muy floridos,
herbosos,
y de ganado llenas las dehesas,
U y los verdes exidos
de pastores graciosos,
I pidiendo a las pastoras sus empresas:
No son esas las presas
de mis ojos leales,
U que solo a ti ver quiero,
mí norte, y mi lucero,
U porque conozco, y se lo que tu vales:
y me vino del cielo
U ser tu mi mayoral, y mi consuelo.
• 6
El frío, y seco invierno
I la hermosura quita
al verde prado, y campo floreciente:
y el abril blando, y tierno
U las flores resucita
con alegría, y gala tiernamente.
I Mi alma que se siente
sin ti penosa, y fuerte,
I si tu vista le falta:
así sin esta falta
U de tierno gozo, y gran placer se viste:
cual primavera rica,
que flores de alegría multiplica.
I
7
• Tu presencia apacible
3 -4 63-
U
1
APÉNDICE
alegra a los pastores,
t u rico suyo alegra a los ganados
B contra el aspecto horrible
d e los salteadores
tigres: de quien ser suelen destrozados.
O bien aventurados
I rebaños, que tal guarda,
tal suyo, y tal amparo,
¡ y mayoral tan raro
¡ gozan: que más que así los mira, y guarda:
• y bien aventurada
E yo, que en tal corazón estoy guardada.
e
No dejas tu de serlo
I (mi Albar) pues en amarte
ninguna me igualo, ni ha de igualarme.
Si quieres conocerlo
I veras que en esta parte
• apenas tu podrías bien pagarme.
• Jamás he de cansarme
de ser fiel pastora
I del que en mi alma imprimo:
que yo tanto no estimo,
I de prados, y dehesas ser señora:
cuanto que me poseas,
y yo ser tuya y que tu mío seas.
9
Y aunque beldad florezca
en mis ojos, y clara,
E en mi cuerpo una airosa gentileza:
-464-
1
£
¡
£ APÉNDICE
N y aunque en mi resplandezca
un brío, y gracia rara,
I que amanse de las fieras la fiereza:
no fundes la firmeza
I Albar del amor tuyo,
en partes, que descrecen
I con el tiempo, y perecen:
Toma otro fundamento, que es más suyo:
el amor sin medida,
I que en esta se terne, y en la otra vida.
1 lO
— Albar, cuando se ríe
¡ el alba, y luego veo
de esta tu caza la encarnada albura,
I el alba no me envíe
otra gala, ni arreo,
E albo me es todo, y alba es mi ventura.
Albea en tu figura
la alba, y fresca rosa,
I albea tu prudencia,
albea tu conciencia,
I albea tu piedad maravillosa.
Mi Albar nunca Dios quiera
I Hable el alba sin ti a tu compañera.
¡ 11
A aqueste tiempo Febo se escondía
con encendido rostro en el poniente
I y la nocturna sombra descendía
de los sombríos montes a la gente;
E y la encumbrada Luna ya salía
3 -465-
1
1
APÉNDICE
de humildad con manchada frente:
Y así el grande Pastor y su amada
se entraron mano a mano en su majada.
-466-
1
¡
¡ APÉNDICE
¡ [6]
[La Epístola a Herrera: artes y cienciasl
EPíSTOLA AL INSIGNE HERNANDO DE HERRERA EN QUE SE REFIERE
¡ AL INSIGNE ESTADO DE LA ILUSTRE CIUDAD DE MEJICO
¡ Aquí, insigne HERRERA, donde el cielo
En círculo llevando su grandeza,
Pasa sobre occidente en presto vuelo,
I Aquí do el sol alumbra la belleza
De los valles y montes encumbrados
I Que a nuestra España dan tanta riqueza,
De donde los metales afinados,
A los estraños reinos enriquecen,
Por las saladas ondas navegados,
1 Aquí do con los tiempos ya fenecen
Del grande Motezuma las memorias,
I Que con otras mas claras se escurecen,
Aquí do trasladaron sus victorias
Los claros Españoles, en jornada
I Que ha subido de punto las Historias;
• Aquí, do la alta y gloria espada
¡ Del ínclito Cortés (que justamente
fue a los nueve famosos igualada)
3 Venció la multitud de indiana gente,
Mandada por su brazo valeroso,
I Regida por su seso y ser prudente,
Aquí donde con ánimo piadoso
Puso en la huida e). Estremado Hernando
I La adoración del ídolo engañoso,
• Injustos sacrificios extirpando,
£ Los justos con gran celo introduciendo,
¡ -467-
1
¡
E
1
¡ APÉNDICE
t Y en el divino altar los presentando,
u Al eterno Señor restituyendo
• Lo que a su magestad sola es debido:
Que lo estaba el demonio poseyendo,
¡ Como tirano, intenso y muy válido
A quien ganoso daba la obediencia
¡ El pueblo miserable tan perdido,
Aquí do la lealtad y la excelencia
El gran Cortés mostró de su persona,
I Su fé supliendo de su Rey la ausencia,
£ Juntando un orbe nuevo a la corona
¡ Real de España de caudal inmenso:
Hecho que mar y tierra le pregona,
1 Aquí do el humo del bendito encienso
Pretende el Rey Católico se vea,
I y ofrezca a Dios con un deseo intenso,
Y aquesta nueva iglesia fija sea
I y haga aquel acepto sacrificio,
Con que Dios Uno y Trino se recrea,
£ Que se vaya arraigando en su servicio,
• Que sea servida de Ministros dinos
Que hagan con decencia el sancto oficio,
5 Corrijan y enderecen los destinos
De aquesta gente ruda y miserable,
¡ Llena de ceguedad y desatinos,
Porque la excelsa Magestad amable
5 Sea alabada en este mundo nuevo
Con el himno dulce y órgano agradable
3
-
Y al Sempiterno Criador del Evo
Veneren tódos con solemne fiesta,
Y Baal pierda el abundante cevo,
I Aquí que (como en la gentil floresta
-468-
1
1
E
E
¡ APÉNDICE
I La linda primavera da mil flores,
De beldad llenas con su mano presta)
I Van descubriéndose otras muy mejores
De artes y de sciencias levantadas,
¡ Que ilustren estos nuevos moradores,
Gramática concede sus entradas
¡ A la ingeniosa puericia nueva:
Que al buen Latín sus ganas vee inclinadas,
1 Gusto del bien hablar tras sí la lleva,
Del lenguaje, polido y bien sonante;
y en el bien escribir tambien se prueba.
i La fecunda Retórica elegante,
‘ Para la persuasión tan de importancia,
Con invención copiosa va adelante,
La música y su dulce consonancia
I Que al buen oido con su son contenta,
Y no consiente dura disonancia,
¡ Y la artitmética arte que acrecienta
— A la unidad con números, y entiende
La inmensidad del orbe por su cuenta,
U La sciencia Dialéctica que enciende
La cólera arguyendo, y con porfía
I La resolución cierta comprehende.
Ya mide y proporciona Geometría,
, Y descripción universal nos muestra
La varia y general Cosmografía.
¡ También la Astrología da la muestra
De fijezas y error en la estrellas,
Con la astronomía que el juicio adiestra.
I Y la moral filosofía entre ellas
Sale dando preceptos memorables,
I Y reglas juradas de costumbres bellas.
¡ -469-
1
1
E
E
¡ APÉNDICE
¡ La física descubre los notables
‘ Secretos de las cosas naturales;
Que en esta tierra hay muchas admirables.
Efectos hace contra los mortales
¡ Conflictos del humor que prevalece
La fuerte Medicina en nuestros males.
¡ Ya enseña aquí, si el accidente crece,
Cómo se ha de salir del turbio estrecho,
Y corregir la sangre que podrece.
E Ya aquí el Canónico y Civil Derecho
Los dos estados a regir enseñan
I Y a dar a cada uno su derecho.
— De aquellos sueños ya que herejes sueñan
¡ Fundados en visiones de Lutero,
Con que a cerrados ojos se despeñan.
£ La sciencia que tomó el lugar primero,
La que de todas sciencias es princesa,
¡ Que enseña al Uno—i-trino verdadero,
Esa que la verdad sustenta y pesa,
‘ Comienza aquí a mostrar el grande engaño,
Su errónea y pertinacia tan aviesa,
A descubrir el encubierto daño,
¡Y del saber la fuente más profunda,
De donde mana el cierto desengaño.
3 Al Criador Eterno, en quien se funda,
El bien que es bien que desengaña,
¡ Con todo lo que en nuestro bien redunda.
Ya nos envía nuestra madre España
De su copiosa lengua mil riquezas,
I Que hacen rica aquesta tierra estrana.
También Toscana envía las lindezas
• De su lenguaje dulce a aqueste puesto,
3 -470-
u
1
¡
E
3 APENDI CE
I Que en breve estará lleno de proezas.
Y ya acudiendo la Proencia a aquesto,
Su gracioso parlar le comunica,
Y presta de su haber un grande resto.
También llegó la Griega Lengua rica
A aquestas partes tan remotas della,
I Y en ellas se señala y amplifica
La Nueva España: ya resuena en ella
El canto de las Musas deleitosas
I Que vienen con gran gusto a ennoblecella.
Y en las mas claras fuentes sonoras,
¡Yen los mas altos montes florecidos
Piden veneración las dulces Diosas,
Cantando versos dulces y medidos,
Diversas rimas con primor compuestas,
I Que de armonía llenan los oidos.
Ya por los prados y por verdes cuestas
La ruda musa dulcemente suena
I A las ovejas, a la sombra puestas,
Y su zampoña, de malicia ajena,
UY del ornato de ciudad curiosa,
Con cuerda sencillez su son ordena.
¡ Ya la Elegía tierna y dolorosa
A tiempos triste movimientos hace,
L En los sucesos tristes muy llorosa.
Ya el Epigrama breve nos aplace
Con su agudeza y lépido conceto
E Que nos quita el enfado, y les deshace.
Ya el preguntar y responder perfeto
• Las musas en diálogo se atreven
Con gusto del oyente más discreto.
3 No faltan ya poetas que reprueben
3 -471-
£
1
APÉNDICE
Con sátira mordaz y airado celo
A los que inquinidad y vicios beben.
El Lírico cantar que en alto vuelo
Se eleva con mesura y dulce acento,
I También recrea aqueste estraño suelo.
Y del Heroico canto el henchimiento,
rnLa variedad copiosa, ilustre y grave
Ya comienza a tomar aquí su asiento.
Y el Cómico que bien lo bueno alabe
• En representacion sabrosamente,
Y las costumbres malas desalabe,
• El bien y el mal nos pone allí presente
Siguiendo el caso hasta el buen suceso,
I Con que el atento pueblo gusto siente.
Y el Trágico, al revés, muda el proceso,
I Parando el caso triste y desastrado,
Para recuerdo y bien del pueblo avieso.
Las
Aquí famoso HERRERA, han ya llegado
• delicadas flores que cogiste
En el Piério Monte celebrado,
• Y los preciosos ramos que escogiste
En las sublimes cumbres de Citerón,
por quien famosa láurea mereciste,
Que con su nueva luz resplandecieron
l Y con la gran flagrancia de liquores
De Libreta y Castalia trascendieron.
¡ 5 u peso, gravedad y sus colores,
Su flor, su gala y garcia, y su dulzura,
Su blandura suave y sus primores,
I A todos los Ingenios dan hartura
Admiran al profundo y dulce Apolo,
I Que no vee en ellos consonancia dura.
-472-
1
¡
3 APÉNDICE
¡ De suerte que del unno al otro poío
A las divinas Musas va igualando
‘ Tu suave y sonoro canto solo.
También Minerva queda aquí plantando
I Una universidad autorizada
Do sus sciencias se van ejercitando.
• Ya aun la tiene ya cuasi levantada,
• Poblada de doctores eminentes,
Y de una juventud bien inclinada
I Dotada de juicios excelentes,
De habilidad tan rara y peregrina,
I Que parecen maestros los oyentes.
Hija de aquella insigne Salmantina
S Que a la de Atenas pasa en agudeza
De ingenios y ejercicios y doctrina.
• Y aquí también comienza la fiereza
Del fiero Marte ya a sentar su escuela,
Poblada de instrumentos de braveza,
I Rompiendo gruesas lanzas en la tela,
Sufriendo el duro golpe en el torneo,
I Aunque el brazo y cabeza sienta y duela.
Con gran destreza gobernar ya veo
I La adarga y lanza y el feroz caballo,
Sin que el jinete haga lance feo.
¡ La pasta bien templada aquí la hallo
Que hace al cuerpo muy fiel resguardo
5’ Con lustre que es contento de mirallo,
• El corazón ardiente y nada tardo
Para el arremeter en bravo asalto
I Con gran denuedo y corazón gallardo.
Y así el más bajo y el más alto
¡ En la Milicia fuerte se ejercita
3 -473-
¡
1
3 APÉNDICE
I Para no hallarse en ocasiones falto.
Aquí ya un Clero que en bondad imita
I Y en veneración grave al de la Hisperia
Y al enemigo muchas presas quita.
¡ Aquí una gran Metrópoli, que Iberia
No la tiene mejor, de donde mana
rn A muchos Escritores gran materia,
Donde la insigne iglesia Mejicana
Con siete sufragáneas loores canta
I
—
A la magestad sola soberana.
Aquí la Sacra Religión levanta
5 Sus religiosas órdenes, que esplican
La divina palabra con té santa,
celosos ministros que predican
El Evangelio de divino,
Con que las nuevas plantas frutifican.
I Aquí ya la Justicia abrió el camino,
y su perpetua voluntad constante
I Da el derecho al estraño y al vecino.
Aquí halla consuelo el pleitante,
• El huérfano y la viuda son mirados,
Y el miserable pobre va delante.
¡ Porque en estos gravísimos estrados,
A donde el Rey de mi se sirve agora,
Son los que poco pueden, amparados
Por la Real Audiencia amparadora
Por el alto Virrey que nos gobierna
I Y está muy vigilante a cualquier hora,
Con quien concurre la piedad superna
Que a los altos Jueces endereza
A rectitud entera, y piedad tierna.
3 Y, por su bondad, quiere a su cabeza
E
1’
1
E
1 APENDI CE
Los miembros obedezcan muy ganosos,
Y sus mandatos cumplan sin pereza.
1 Aquí en estos principios venturosos
Son pues de grand efecto los escritos
e escritores muy doctos y famosos,
3D La ayuda de subjetos muy peritos,
Flores de los Ingenios mas floridos
I prendas de Varones eruditos.
Obras de los maestros escogidos,
• De la segura y sólida doctrina
Por quien son estimados y seguidos.
3 Por eso acá la Juventud se inclina,
Y los provectos mas (señor Herrera)
1 A la loccion, que a todo ingenio afina.
Por eso con deseo acá se espera
De tu sabia Minerva el caudal rico
I Que de erudición llene aquesta esfera.
De tuEl vario y excelente multiplico
• varia doctrina provechosa,
De que sin duda alguna testifico,
3 Después que de tu Musa artificiosa
Vi los suaves Versos y Canciones,
I Y el estilo y ornato de tu prosa,
La erudición de tus Anotaciones
Que tienen admirado al Nuevo Mundo
I Con su elegancia y sus resoluciones:
Con su comento de saber profundo,
• De todas facultades muestra clara,
En que perpetuos loores de ti fundo.
5 Bien mereció por cierto aquella rara
Musa de nuestro ilustre Garcilaso
Que tu fértil ingenio la ilustrara;
1 -475-
1
u
u
u
E APÉNDICE
• Que de sus cultos versos cualquier paso
Tú nos le interpretases y expusieses;
I Pues pasan tánto a los del culto Taso,
Que con tu fino esmalte lustre dieses
E Al oro de la rica Poesía,
Y con tu clara luz la descubrieses.
E Como en la honda mina donde el dia
No entra, ni de sol alguna lumbre
• Que muestre el metal rico donde guia,
• Metida la candela que lo alumbra,
Descubre luego la preciosa yeta
I Que hinca al centro desde la alta cumbre.
Y pues se apareció acá la cometa
E De favorable aspecto y suerte diestra
De tu Poesía, y cosa tan perfecta,
• Y cual la linda Aurora que demuestra
• La venida del dia, y asegura
La luz que alumbra la carrera nuestra;
U Así las obras tuyas que ventura
Hizo asomar al orizonte nuestro,
I Prometen ótras llenas de hermosura.
Obras de peritisimo maestro,
I De tan polida y bien cortada pluma,
Y de pincel tan delicado y diestro.
Aquí donde imperó el gran Motezuma
Y el máximo Filipe es hoy Monarca.
Envia mas partes de tu grande suma.
E De tu caudal que sciencias mil avarca,
Nos traiga ya el Oceano otra vuelta,
I Antes del corte de la mortal Parca.
La presa ya del dulce néctar suelta,
‘ Que inunde y fertilice las estrenas
3 -476-
E
u
U
APÉNDICE
I Del Nuevo-mundo con verdad resuelta.
Abre de tu saber las ricas venas,
U Y de tu entendimiento y elocuencia
Salga el rico liquor de que estan llenas.
¡ No nos retiene el Cielo su influencia,
Ni el sol sus rayos, ni la tierra el fruto;
Ni te querrás tu alzar con tanta sciencia,
I Sin que pagues el feudo y el tributo,
A Dios debido; que de su alta idea
D Te dió saber, y hizo resoluto.
Que en el subjeto grato bien se emplea
• El don de la doctrina; y la agradece
El que con ella aprovechar desea.
Y si te hizo rico el que enriquece
De tu sabiduría a quien le place
U Y con ella tu nombre así engrandece,
Con tu gozarla no se satisface,
Sí con largueza no la comunicas;
I Que el bien de múchos mucho a Dios aplace.
De tu virtud y de tus partes ricas,
• Acepta opinión y clara fama,
Con que al loor loores multiplicas,
• Asido estoy como de su árbol rama,
Como atractiva iman a ti me llevas.
I ¡oh tela fuerte la que virtud trama!
No quiero otras señales ni otras pruebas
I Para escogerte por perpetuo amigo:
Obligarme has, si mi designio apruebas.
Razón harás, si a lo que quiero y digo
U Acudes con amor, cual me le debes;
De que mi corazón es buen testigo.
• Que si aceptarme en tu amistad te atreves,
U -477-
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U APÉNDICE
U No encontrarás con tropiezo alguno,
Por donde la recuses ni repruebes,
No te seré molesto ni importuno,
Ni pediré lo que no sea honesto:
I Tu virtud quiero, y otro bien ninguno.
Quiero tu voluntad, y no otro puesto
U Nietas en esta sociedad amiga:
Yo voluntad y corazón muy presto.
• Que tú otro yo, y yo otro tú me diga;
• Que te ame yo de veras, y tú me ames;
Mí sombra a ti, y a mí tu sombra siga:
U Que yo tu amigo, y mío tu te llames,
Que sabrás como sabio muy bien serlo:
I Nunca me olvides, nunca me desames,
Que yo prometo, oh HERNANDO, merecerlo.
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• APÉNDICE
U [6]
[Perpetuación de Mayo: Naturaleza y cosmografía]
Dame pues tu favor, (O bella Espossa)
u para que en tu ser-vigio se adelante
mi Musa de servirte tan ganosa,
y la perpetuacion de Mayo cante
U hecha en tu perficion maravillosa:
que pues tu favor me es tan importante
U para dar propicio punto al loor mayo,
no es bien le falte, lo que se es tan suyo (Fol.156)
U
• Después que Amor y La Fortuna y Hado
a la sublime altura me han subido
U del venturoso e inestimable estado
a ningún otro amante concedido,
después que al bien me veo levantado
U del cual no temo yerme ya caido,
y cojo el dulce fruto y los sabores
U de mis fatigas grandes y dolores... (Fol.155)
U
No cantaré cantares dolorosos,
U pues ya cessó el dolor que los causaba.
No lloraré los cassos tan llorosos
del disfavor, que al lloro me forgaba,
U ni mentare los hechos rigurosos,
que el riguroso Amor conmigo usaba,
U ni entonara mi Musa las passiones
bastantes a avabar mil coragones (Fol.155)
U
U -.479-
U
U
1
U
U APÉNDI CE
U El agradable Mayo ya venido
a exercitar su natural gobierno,
entrando de caudal enriquecido,
trayendo lleno de la copia el cuerno:
Para mostrarse al mundo muy luzido,
lindo, amoroso, fresco, nuevo y tierno:
U produxo ricas flores, y verduras,
y dellas hizo lindas vestiduras (Fol.156)
U
Salió el hermoso Mayo assi vestido
• de mil lindezas varias y colores,
cual el camaleon del Sol herido:
U cubierto de mil galas y primores,
con rostro alegre, y lustre esclarecido
U para alegrar los tristes amadores:
gran fragancia de olores derramando,
que aca y alía los vientos van llevando (Fol.157)
U
U En su favor influye el alto cielo,
Sol, Luna, estrellas, y qualquier planeta,
U el Tauro, y dos hermanos que en el suelo
campestre engendran con beldad perfeta,
U quitose el densso y el sombrio velo
de la region recrea, y su corneta
clara y alegre por el ayre vuela,
I y de la vez cualquiera se consuela (Fol.158)
U Los montes, y los valles se alegraron,
U y de ricas libres se vistieron,
U -480-
U
U
U
1 APÉNDICE
U Las Palmas, y los Cedros se adornaron,
los Alamos y Fresnos se luzieron,
U y los Espinos con la flor que echaron
sus asperas espinas escondieron
I las Mirtas, Arrayhanes y Laureles
U Y del Cacao el arbol valioso,
mostrando paz la Oliva probechosa,
U el Cidro, y el Naranjo apetitoso,
cargado de su flor tan olorosa,
U La Ceiba, el alto Pino, el Tylilumioso,
todos salen con cara muy gozosa,
U y el duro Roble olvida su dureza,
y la villana Enzina su aspereza (Fol.157)
E
Dabanle al levantar por la mañana
• gran musica las dulces avezillas,
haziendo una armonía soberana
U con sus picos y harpadas languezillas,
de una libre y otra mas galana
U vestidas: blancas, verdes, amarillas,
pardas, azules, roxas, y moradas,
U leonadas, prietas, y otras encarnadas.
3 Cantabale el pintado jilguerillo
con armonía y gracia peregrina,
el verde verderon, con el pardillo,
U y la calandria assi su voz afina,
tanbíen bate el canario su piquillo,
U Canta el cenzontle vacio, y golondrina,
U -481-
U
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u
U APÉNDICE
U entre estas Philomena el aire henchia
de suavidad, y dulce melodia.
U
La linda garga vuela ya animosa,
y el blanco Cisne de contento lleno,
vuela la grulla, buela la piadosa
U Cigueña por el aire muy sereno,
vuela el Cuervo, y la hurraca maliciosa
I con gran plazer gozando el tiempo bueno:
y el Aguila Caudal reina y esenta
U de Mayo haze gran estima y cuenta (Fol.158).
U
Los brutos animales recebian
U a Mayo con infinito muy gozoso,
alegres por los montes se movian,
por el florido valle, y bosque umbroso,
U las amorosas llamas revivian
al Unicornio noble y amoroso,
U tanbien le sigue el encarnado Ciervo,
todo animal le sirve como siervo.
U
El bravo toro, el Osso torpe y fiero,
U la hircana Tigre y Onqa encorasada,
el Elephante fuerte y más guerrero
el gran Rinoceronte (o feroz Bada),
U en viendo a Mayo manso y plazentero,
la furia cada cual tiene amarrada:
U amansase el León y su brabeza,
viendo del bello Mayo la belleza.
U
U -482-
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u
u
u APÉNDICE
U La pon9oñosa Bibora corrige
en viendo a Mayo su mortal veneno,
U passa el Lagarto (que al que muerde aflige)
sin empeler a otro animal terreno,
U qualquier ratil con piedad le rige
mientras de Mayo no se siente ageno:
y viene la Culebra a recebirle
U con nueva vestidura, y a servirle (Fol.159)
u Vio luego de Jordan los nacimientos
cerca del monte Libano el nombrado,
y llevando adelante sus intentos
U la grande isla de Chipre ha visitado,
y luego en Rodhas vio los fundamentos
U del Colosso en el mundo tan mentado,
y entro en la menor Assia deseoso,
y llegó en Caria al Mausoleo famoso <Fol. 164)
U
3 De Arián de alli subio al estrecho,
que la Assia de América separa,
U y al cabo de fortunas vido el pecho,
tanbien al Mendozino vio la cara,
U de allí a la Nueva España fue derecho,
y en la famosa Mexico repara,
U a donde el Mocte~uma gran persona
tuvo su monarchia y su corona <Fol.166)
U
Las islas fortunadas vio primero,
u su montaña dos a mas excelente:
U -483-
U
U
U APÉNDICE
U a cuyo corte da Canaria el fuero,
de Teida el pico muy sobresaliente,
U el arbol admirable y siempre entero,
que la sed mata a la extraña gente,
U vio aquellos pagos utiles y amenos,
de rico vino, y dulce a~ucar llenos (Fol.l6S)
U
• Y aquesto hecho, la preciosa prenda
• a su Torre y su lecho restituye,
sin que el aire ambiente se lo entienda,
U y su importante intento assi concluye,
y a su camino vuelve a dar la rienda,
U sin que le sienta la que substituye:
que como era de Mayo la mañana,
U dormía a sabor la niña soberana <Fol.l8l).
U
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U -484-
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U
U APÉNDICE
U [7]
u [Canto del Cisne: poesía amatoria]
Quanto el tiempo va acercando
U (Señora) ya mi partida,
tanto mi penosa vida
U siento se me va alexando.
Que si la presencia tuya
la pierdo con el partir,
U como es posible vivir
el cuerpo sin la alma suya?
• Y como sufrir podra
la fuerte separacion
U de su alma el coragon,
que tan lastimado va?
Y si de mi clara estrella
me tengo de desviar,
U como vere a caminar
a escuras sin la luz della?
• Que contento, o que conorte
U vientos, y mar me daran,
sí se me queda mi Imán,
U y he de navegar sin Norte?
Ya no me daran consuelo
U tus ventanas, luzes mias:
do tu alumbrando salias,
U como la luna en el cielo.
O si estos ojos Señora:
vieran tu rostro divino,
U como le han de ver contino
los del alma que te adora.
U Que aunque los llevo tapados
U -4 85-
U
U
u
U
U APÉNDICE
U con ausencia y disfavores,
los ojos del Dios de amores
I mucho veen y estan vendados.
O si un fin menos penoso
U mis hados darme quisiessen,
antes que mis ojos viessen
U este partir tan lloroso.
El Ruiseñor no se ayuda
al canto, si esta mudando:
U ni yo canto, antes llorando
• estoy porque estoy en muda.
• Yen aqueste apartamiento
que la fortuna me ordena,
U muchas cosas me dan pena,
que revuelve el pensamiento.
U Traeme triste y muy penado
un congoxoso temor,
que en no viendo tu amador,
U he de ser de ti olvidado.
• Fatigame en gran manera
• el pensar si has de creer
que en dexandote de ver,
U dexare de ser quien era.
Que en aquesto agraviarias
U ami lealtad y Fe,
pues el que he sido sere
hasta el cabo de mis dias.
U Que ausencia no hara mudanga
en mí pecho tan constante,
U aunque el tuyo de diamante
no dio entrada a mi esperan9a.
• Y si de ti me olvidare
U -486-
U
U
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U
U APÉNDI CE
I de mí me olvide primero,
que a ti <mi bien) sola quiero,
U mientras mi vida durare.
Mi voluntad y memoria
U estara, y mi entendimiento
siempre en tu merecimiento,
U y esta sera ya mi gloria.
Mas deste bien que me queda
en tu crueldad pensando:
U se deshara suspirando
como del pavon la rueda.
O si tan grata me fuesses,
que algunas horas guardasses,
U en que de mi te acordasses
el tiempo que no me viesses.
Acuerdate <ingrata Dama)
— deste mi amor tan profundo,
y que soy en todo el mundo
U el que mas te ha amado, y ama.
Acuerdate que por ti
sufri con gran voluntad
las pruebas que tu crueldad
U ha hecho contino en mi.
Y, acuerdate (Amor) si quieres,
U del que nunca ha de olvidarte,
y en qualquiera tiempo y parte
U querra lo que tu quisieres.
O si despues de yo ido
dixesses por este ausente,
U como estara aquel doliente
de quien nunca me he dolido.
• Mis dolores y gemidos
U 4 87-
U
U
U
U APENDI CE
U ya no pueden tener medio,
aunque ausencia es el remedio
U de amantes aborrecidos.
Que el irme a tierras estrañas
U Señora, que me aprobecha?
Si llevo tu fixa flecha
encarnada en mis entrañas?
U Ni que prestara alejarme
de tus ojos inhumanos,
U si tus blancas largas manos
dondequiera han de alcanqarme.
U Que tu, como el pescador
que da larga al pez prendido,
U ma la das por yerme asido
del anzuelo de tu amor.
Y aunque partiendo mi pena
se huviesse de consumir,
no se como tengo de ir
U arrastrando la cadena.
Y pues llevo tu eje y clavo,
ojala que me prendiesse
la justicia, y me volviesse
U a ti, pues que soy tu esclavo.
O si tus ojos serenos
U dexassen ya su inclemencia,
y alguna vez en mi ausencia
U echassen tu siervo menos.
O si algun suspiro tuyo
con los mios se encontrasse
U y a los que yo te enviasse
les dieses el lugar suyo.
• Muero tu beldad no viendo,
U -488-
U
U
U
U APENDICE
U y muero tanbien con verte:
pues el ver da dulce muerte,
U no ver es vivir muriendo.
Pues (Señora) si me alexo
I do no te pueda ver mas:
por lo dicho entenderas
U con quanta razon me quexo.
Habiendo de estar subjeto
a un desesperado mal,
U no viendo el rico caudal
dese mí divino objeto.
• No viendo tu hermosura,
tu gracia, ni gentileza,
U tu discrecion, ni grandeza,
Ay de mi y mi ventura.
U Bien puedes tener por cierto,
que si llego a despedirme,
y de tu vista partirme:
U alli, o presto he de ser muerto.
Y si luego no muriere,
sera para mayor mal,
viviendo en pena mortal
U quanto yo sin ti viviere.
Que llores por mi no quiero,
U aunque muerto tu me veas:
Solo te pido que creas
<mi Vida) que por ti muero.
U Que llorar tu no es razon,
y ante Dios muy poco valen
U las lagrimas que no salen
del centro del coraqon.
U Mas suplicote (mi bien)
U -4 89-
U
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U
U
U APÉNDICE
U que un paster noster me reces,
y si en muerte me aborreces,
haz bien, no cates a quien.
Que espero me prestara
U con mi Dios tan piadoso
el sufragio poderoso
de ese Ángel que tiene aca.
U O si la Deidad Suprema
(ojos mios) se sirviesse:
U que en el cielo yo le viesse
con ojos de vista eterna.
U Y viendome en tal estado
cantase yo la victoria
U satisfaciendo esta gloria
a las penas que me has dado.
U Adios, Adios Amor mio,
Adios, Adios, vida mía:
que aunque nunca fuiste mía:
U yo jamas podre ser mio.
Y este llanto lastimero
U (Señora) no te moleste,
que el Canto del Cisne es este
I dulce, tierno y postrimero (Fol.388-391)
U
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U -490-
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U Reproducción de las portadas de las
Cuatro partes de la Silva,
del testamento literario
y del repertorio del manuscrito C-56
de la Academia de la Historia
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