Unidad 3
Unidad 3
Índice
1. Introducción
2. Economía Sustantiva. Principios organizadores de una economía plural
3. Diversas concepciones éticas que subyacen a la ciencia económica. Crítica del
homo economicus.
4. Enfoques y teorías contemporáneas más relevantes acerca de la reciprocidad
4.1 Economía social
4.2 Economía solidaria
4.3 Economía popular y del trabajo
4.4 Economía de solidaridad
4.5 Economía comunitaria
5. Comentarios finales
6. Bibliografía
1. Introducción
Este marco teórico alternativo de la economía sustantiva, nos permitirá discernir que junto a la
propiedad privada y a la propiedad estatal también existen las formas de propiedad colectiva y
comunitaria, que repercuten en los modos de vida de amplias mayorías. Así, podremos visualizar
la vigencia de una multiplicidad de principios de organización económica que permiten llevar
adelante la generación y distribución de valores de uso en la sociedad, y junto al intercambio
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En muchas ocasiones observamos que desde el discurso político, desde los medios de
comunicación, e incluso desde la academia, se refiere a estas formas de reciprocidad como si se
tratara de dinámicas sociales que se encontraran por fuera de la economía, pero…
De modo que, para mostrar la vigencia de la reciprocidad y su relación con otros principios como
el intercambio de mercado y la redistribución, tendremos que cuestionar al mismo tiempo dicha
construcción ética que ha sustentado la hegemonía del intercambio mercantil como principio
económico fundamental.
Sobre la base de diferentes estudios disciplinares vamos a relativizar esa idea de homo
economicus y pondremos en diálogo algunos enfoques contemporáneos que han teorizado acerca
de la reciprocidad, principalmente aquellos que son fértiles en la comprensión de la realidad
latinoamericana, para a partir de allí ir sentando las bases de un dispositivo de mirada propio de
la cátedra: la economía social, comunitaria y solidaria.
Así fue creando significaciones con pretensiones de universalidad, es decir, como sistema-
régimen 1, a través de diversas explicaciones a la creación de valor. Sin embargo, el desarrollo y
expansión del capitalismo no implicó que no existan realidades y prácticas que no estén guiadas
por la lógica de mercado. Estas prácticas contra-hegemónicas de una “economía otra” que se
opusieron a la construcción dominante del capitalismo del siglo XIX (y que también se
diferenciaron de los modos de resistencia del socialismo marxista-leninista), fueron teorizadas y
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“Wallerstein (1997) ha caracterizado a la economía-mundo capitalista (EMC) como un sistema-régimen”.
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En la unidad anterior hemos visto que en las décadas que siguieron a la Revolución Industrial
distintas doctrinas (socialistas, social-cristianas, anarquistas) (Defourny, 2003) apuntaban cómo
la ciencia económica ignoraba los graves problemas sociales del capitalismo, centrándose
solamente en el productivismo y la acumulación capitalista. En ese contexto se formularon
diferentes utopías e ideologías sobre los medios alternativos para resolver el problema de la
subsistencia, postulando otros principios de organización económica orientados a la búsqueda del
bien común, los que hemos conocido en anteriores unidades como “socialistas utópicos”.
Sin embargo en la actualidad, muchas de las corrientes teóricas que se interesan por
las particularidades de esa economía otra, tomarán como referencia al economista y
antropólogo Karl Polanyi, quien escribe en 1947 un libro llamado “La gran
transformación. Crítica del Liberalismo económico” (Polanyi K. , 1947), en el cual busca
demostrar que la economía de mercado es uno de los principios organizadores
posibles de la economía, no el único, cual se pretendía.
A partir de las teorías y doctrinas del mainstream económico, nos hemos habituado a pensar que
los mercados son la base de la economía, pero al constatar la existencia de economías que operan
con otras bases y otras lógicas, no regidas por la ganancia, debemos revisar nuestra concepción
de economía. Así, Polanyi distingue el significado real o sustantivo de la economía del
significado formal. Mientras el significado real “deriva de la dependencia en que se encuentra el
hombre con respecto a la naturaleza y a sus semejantes para conseguir el sustento”, el significado
formal “deriva del carácter lógico de la relación medios-fines” (Polanyi K. , 1976, pág. 155)
basado en una elección racional entre medios escasos para fines alternativos. La definición formal
de la economía lleva a una concepción mecanicista porque naturaliza al mercado como el único
principio racional de organización de las economías a través de la oferta y la demanda por el
mecanismo de los precios. Esa definición pone en pugna unos recursos escasos con unas
necesidades ilimitadas y al mercado como sabio árbitro imparcial para resolver este dilema. Se
suponía que el libre juego entre la oferta y la demanda y la voluntad competitiva de los diferentes
agentes económicos orientados por un interés individual tendría el potencial de conducirnos a
alcanzar el bien común. Una tesis que ya desde hace tiempo, ha sido cuestionada incluso por
economistas del mainstream. 2
Analizando el vínculo entre economía capitalista, con su predominio del mercado, y dicha
concepción formal de la ciencia economía, Balazote, afirma que “la definición formal de la
2
Hacia fines de Siglo XX, el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, realizó una profunda crítica al “fundamentalismo
de mercado”, proponiendo una economía equilibrada, basada en un sistema económico plural, con un sector privado
tradicional, un sector público eficaz y un sector creciente de economía social.
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Por el contrario, Polanyi advierte que la economía es una ciencia plural, rompiendo con una
apariencia de la economía como ciencia formal que estudiaría el comportamiento de los agentes
en el mercado. Por eso lo tomamos como referencia de la economía social, comunitaria y
solidaria en tanto “marco teórico alternativo”. Algunos supuestos centrales de su teoría son:
Mediante este recupero de la definición sustantiva se busca enfatizar que no hay un único modo
de organización de la economía que sería expresión del “orden natural”, sino que se verifican:
Siguiendo a (Balazote, 2007) podemos decir que para Polanyi el sistema económico es un
proceso institucionalizado, entendiendo al mismo como un movimiento y circulación de
bienes. Desde esta perspectiva, la racionalidad económica consiste en satisfacer las necesidades
materiales, lo cual puede lograrse de formas que no sean exclusivamente a través del intercambio
de mercado.
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b. La redistribución: en esta lógica una autoridad central recauda y distribuye bienestar entre
un conjunto numeroso de actores, procurando alcanzar como objetivo el bien general. Si bien este
principio está ligado directamente a la solidaridad de todos los “contribuyentes” ciudadanos que
permite atenuar las diferencias, especialmente evidentes en economías bajo la hegemonía del
mercado, la forma de organización es también de tipo jerárquica y burocrática. Aquí hablamos de
propiedad estatal o comunitaria, ya que también veremos que se verifica este principio de
redistribución, en economías comunitarias, cuando una autoridad central se responsabiliza por la
distribución de la producción común que en la mayoría de los casos fue previamente almacenada
(puede operar tanto en forma monetaria, mediante recaudación de impuestos y contribuciones,
como no monetarias: productos de la caza, del trabajo agrícolas, el trabajo artesanal, etc.). Se
establece una relación en el tiempo entre la autoridad central que impone una obligación y los
agentes que suscriben a ella.
3
Recordemos el concepto de arraigo visto en la unidad 1, a partir del cual el autor expresa el vínculo de subordinación que
la economía tiene en relación a la política, la religión y las relaciones entre otros, es decir, la misma no es autónoma, si no
que se encuentra arraigada a estas construcciones que la exceden (Polanyi, 1992). Desde la lógica mercantil, se busca
mostrar este concepto en forma revertida: se pretende que el mercado sea el eje articulador de la sociedad.
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beneficio económico, sino en el marco de un reconocimiento social y cultural más amplio. Los
actores que se asocian o mancomunan sus esfuerzos para generar y distribuir bienestar forman
parte de un colectivo en el que prevalecen los intereses comunes. Es una racionalidad que implica
una concepción de todos los actores concernidos como iguales, en cuanto a las oportunidades de
participación política y económica, es decir que la organización es democrática. Aquí hablamos
predominantemente de propiedad colectiva o comunitaria.
Este principio da lugar al sistema económico que estamos estudiando: economía social,
comunitaria y solidaria.
En síntesis, si la Economía es PLURAL podemos deducir que en ella coexisten diversas lógicas o
principios organizadores de los procesos económicos.
Recapitulando hasta aquí… Estamos discutiendo con 2 pilares fundamentales que han
sostenido la concepción hegemónica de la economía:
Sin embargo han tenido su incidencia en determinados países ya que a partir de los modelos de
"protección y seguridad social" que llevaban adelante las asociaciones de socorro mutuo,
cooperativas y sindicatos;yde la amenaza que representaba en aquella época el socialismo real
para el capitalismo, el Estado Liberal realizó una concesión a los trabajadores, con el estado de
bienestar bismarckiano en primer lugar, extendiéndose luego un estado de bienestar
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Ciertamente si nos detenemos a examinar las discusiones de política económica la mayor parte de
ellas reeditan siempre los mismos dilemas que giran en torno de:
Estos debates actuales contribuyen también con esta concepción de la economía como separada
de lo social, con una reducción de la economía al mercado más o menos regulado por el Estado y
una idea de solidaridad externa a lo económico que debe compensar en alguna medida vía la
redistribución, las “malas cartas” que la economía ya repartió injustamente.
En esta línea mientras el mundo de “lo económico” aparece como legal y formal, el de “lo social”
se nos presenta como informal, subterráneo, oscuro. Para uno tenemos tasas de crecimiento y
rendimiento financiero, para el otro construimos indicadores de carencias y privaciones. Sería de
buen sentido preguntarse: ¿cómo es que las carencias y sus formas opuestas (la opulencia, el
consumo suntuario) no son parte de lo económico, cómo es que la economía se analiza por
separado de la sociedad? Aún en la actualidad y ante la evidencia de sus perversas consecuencias,
se persuade a la población del carácter inevitable y omnipresente del capitalismo desconociendo el
carácter sociohistórico del proceso y las tensiones que fueron emergiendo en la configuración del
mismo 4. Esta separación de lo económico de lo social, está ligada directamente al enfoque
metodológico propio de esta ciencia (ver recuadro).
4
Ortega, C. Ponencia presentada en el Seminario teórico «Crítica humanista del capitalismo total: ¿Salir de la crisis o salir
del capitalismo?» Facultad de Filosofía de la ULL- San Cristóbal de La Laguna, Tenerife (España) Coordinado por Ángela
Sierra González, José Luis Escohotado Ibor y Carlos M. Valtuille. Del 7 de octubre al 9 de diciembre de 2011.
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¿La economía no es una ciencia social? ¿Por qué tenemos que acentuar este
calificativo?
Es decir una presunción de que el ser humano se conduce impulsado por una ética del
individualismo, realizando acciones racionales consecuentes con la obtención del
máximo beneficio individual.
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Estos rasgos explicarían el comportamiento “esperable” del ser humano, lo que da lugar a una
visión particularista de la realidad, conocida vulgarmente como pensamiento único. Ortega 5
señalará cómo ya en el siglo XXI se promueve deliberadamente una fragmentación social que
tiene por finalidad sustituir la noción de cohesión o solidaridad por la de competidor o rival,
sobrevalorar la necesidad de ser diferente al otro en base a patrones de consumo diferenciados.
Así la población interioriza dogmas impuestos por el sistema, bajo el lema de la diversidad,
fomentando un alto grado de narcisismo. Consecuencia de esto es también el desinterés político
por confusión de la política con la política partidaria y desmotivación vital por el no cumplimiento
de las obligaciones sociales asumidas.
En el siguiente punto abordaremos una crítica a esta idea medular del homo economicus, que nos
permita vislumbrar otras prácticas posibles de una economía plural que constituyen nuestro
campo de estudio.
Lecturas obligatorias:
Lectura sugerida:
Cuando hablamos del homo economicus estamos aludiendo a un tipo de subjetividad, que Guattari
(2013) calificó como capitalística, para designar un modo de producción de subjetividad y de
relación con el otro que se asienta en una misma política del deseo, la cual no se limita a los
5
idem anterior
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países capitalistas. A esa máquina de producción de subjetividad opone la idea de que es posible
desarrollar modos de subjetivación singulares (pág 63).
Al respecto, antes de iniciar la lectura de este apartado, les proponemos escuchar una ponencia
muy interesante de la autora Concepción Ortega, denominada: La producción de subjetividad y los
mecanismos psico-sociales y culturales integradores de la personalidad en el proceso de
capitalización.
Y ¿por qué?
Desde una perspectiva político-filosófica (Scavino, 1999) va a desnudar algunas de las bases
teóricas en las que ha anclado el mito del homo economicus, ese sujeto individualista, racional y
maximizador. Si empezáramos por señalar la punta del iceberg de ese andamiaje podemos evocar
aquella falsa dicotomía discursiva entre “La “democracia” de un individualismo competitivo que
arroja a las mayorías a la desesperación versus el “totalitarismo” de las mayorías que aplasta la
creatividad individual” (pág. 20, prólogo).
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1. la idea de que la sociedad limita la libertad individual. El autor destaca como hemos
aprendido culturalmente que nuestra libertad termina donde comienza la libertad de los
demás. Es decir que “los demás” o la sociedad se nos presenta como el límite y no como
la realización de nuestra libertad. Esta idea de libertad estaría asociada con la propiedad y
con el deseo del individuo de llenar una falta, “eso que perdimos o que nos prohibieron”,
se origina en la filosofía platónica pero se ha ido reactualizando en diversas doctrinas
hasta llegar a las modernas concepciones del mercado. La libertad basada en el temor a
perder la propiedad es atinente al propietario, por eso se define como un derecho a tener.
Pero la libertad, advertirá el autor “no es tanto la posibilidad de consumir lo que uno
quiera como la capacidad o el poder de realizar todas las potencialidades
humanas”(pág. 60)
“La solidaridad significa antes que nada amor por la libertad, ya que los hombres son
más libres cuando se asocian en el sentido de que es así como aumentan las
posibilidades de realización del ser humano” (Baruj de Spinoza)
Para poner un ejemplo de esta libertad entendida en tanto despliegue del potencial
humano junto a otros, compartimos el testimonio de un trabajador autogestionado de una
fábrica recuperada en la Argentina de principios de siglo XXI:
Entonces una base para nuestra crítica del homo economicus radica en una comprensión de la
libertad que no tensiona con la igualdad y que se aproxima a la fraternidad.
2. Otro de estos eslabones que trabaja Scavino refiere a la confusión entre moral y ética,
Mientras la moral remite a la obligación de cumplir correctamente los roles sociales que a cada
6
Plácido Peñarrieta, integrante de la Cooperativa Chilavert citado en Lofiego, A. (2007: s/p) No Pasar. Una mirada desde
el trabajo autogestionado. Buenos Aires. Cooperativa Chilavert Artes Gráficas.
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En una democracia, puedo cuestionar el orden instituido en cuanto al poder, y por lo tanto,
aparece el compromiso con la comunidad que habito para hacer posible la solidaridad, que en este
caso está ligada, como decíamos antes, a la libertad (el otro me permite ampliar y desplegar mi
libertad), y es así como aparece la potencia del colectivo en determinadas experiencias de la
economía social, comunitaria y solidaria. Cuando sólo hay república y representación no
necesariamente hay democracia como régimen de sentido, y todos podremos percibir que
actuamos de acuerdo a la moral y al orden impuesto, podremos decir que somos personas
“respetables”, “ciudadanos de bien” pero no estaremos haciendo más que un uso limitado, y hasta
peyorativo de la LIBERTAD.
Entonces, como conclusión de esta perspectiva filosófica que hemos analizado, podemos extraer
que el homo economicus es una representación social que ha calado profundo en nuestra sociedad
en gran medida porque: creemos que somos libres si nos sujetamos al rol y que nuestra tendencia
natural es cumplir con las normas en un orden instituido.
Por otro lado, las CIENCIAS SOCIALES aportan hoy suficientes elementos para rechazar la noción
de que somos “por naturaleza agresivos y competitivos”.
El homo economicus no sería más que un mito –“un monstruo antropológico”- porque olvida
aquella génesis histórica. En síntesis, el autor va a sostener que las conductas económicas
7
“Pero es evidente que una institución semejante, en la que cualquier pregunta puede ser abordada, en la que ninguna
posición, ningún estatuto, están dados o garantizados de antemano, define a la democracia como un régimen.”
Castoriadis, C. (1997).
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Entre ellos podemos citar a Mc Neill, quien estudia las fuerzas que han llevado a la integración de
las civilizaciones desde siempre, desde la época del nomadismo recolector, creando una extensa y
compleja red humana, que se propagó con lentitud durante muchos siglos y adquirió un ritmo
nunca antes pensado en la época contemporánea. Así, se enfatiza la predisposición del ser
humano hacia la comunicación, a relacionarse con los otros, a experimentar y a actuar
intersubjetivamente.
Por otro lado (Arruda, 2005) lanza una polémica tesis al sostener que nuestra “diferencia
evolutiva”, que permitió a la especie ser dominante sobre todo el planeta, no fue la agresividad ni
la competitividad sino la sociabilidad, la cooperación y la solidaridad. Según su análisis, sobre
estas cualidades vinieron a sedimentarse, desde que la especie se hizo sedentaria, divisiones del
trabajo basadas en la apropiación privada de bienes y de los frutos del trabajo de otros. El
capitalismo globalizado llevó los efectos de esta división del trabajo al extremo, convirtiendo en
agresivos y competitivos no solamente a los individuos, sino a la especie en casi todo el planeta y
en relación con el propio planeta.
Sin embargo, (García, 2007) parte de una concepción bastante diferente. Él considera a la
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solidaridad no como una característica de la naturaleza humana sino como una capacidad
potencial que es posible desarrollar o no, dependiendo de nuestro interés en hacerlo y del medio
cultural que nos aliente o desaliente a hacerlo.
Decir capacidad potencial e inherente remite a una característica que, está latente en el ser
humano, aguarda despertar y desarrollarse; y depende en gran parte de nuestro interés y
voluntad.
De ese concepto podemos deducir que el ser humano será más o menos solidario o individualista
dependiendo de la relación dialéctica entre las condiciones de posibilidad ofrecidas por el medio
social y de su contexto histórico.
¿Qué opinan de los argumentos que hemos compartido?... ¿Se sienten inclinados en
particular hacia alguno/s de ellos? ¿Se sienten cuestionados en alguna medida en sus
creencias previas?
Esperamos que algo de esto les haya sucedido. En la sección Biblioteca encontrarán material
ampliatorio que se utilizará para el intercambio en el Foro.
Finalmente, volvemos a Arruda, esta vez no para citar su tesis de la solidaridad como rasgo
innato, sino para extraer y compartir un pensamiento optimista respecto de las posibilidades del
ser humano en el siglo XXI. Según el autor la evolución de la conciencia reflexiva, por un lado, y
las oportunidades abiertas para el progreso técnico, por otro, ofrecen a la humanidad, la
oportunidad de que ella misma supere esta trama fragmentadora y reorganice su vida personal y
colectiva en torno de aquellas actitudes y comportamientos que durante miles de años hicieron a
los miembros de la especie sobrevivir cooperando. Para ello será necesario incorporar dichas
cualidades concretamente en sus relaciones socioeconómicas, políticas, culturales e
interpersonales.
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Lectura sugerida:
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Las más relevantes se han desarrollado en algunos países europeos como España, Francia y
Bélgica, aunque también en EEUU, Canadá (Quebec) y en Latinoamérica, especialmente: Brasil,
Argentina, Chile, Ecuador, Uruguay. Estas vertientes o miradas acentúan alternativamente más lo
popular, lo solidario, lo social o lo autogestivo, la ausencia de finalidad de lucro, etc.
Tenemos que ser conscientes de que estos enfoques son diferentes “lentes” para visualizar
prácticas concretas de economía social y solidaria en nuestro contexto socio-cultural. En tanto son
diferentes, construyen “dispositivos de mirada” que arrojarán luz sobre ciertas prácticas y no
sobre otras.
A medida que vayamos presentando algunos lineamentos de estos enfoques que no son más que
intentos de describir racionalidades de prácticas sociales, deberíamos pensar e ir haciendo
nuestras propias anotaciones respecto de las siguientes cuestiones….
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En esta perspectiva de Economía Social, que llega hasta nuestros días, los actores sociales
implicados serían las organizaciones más tradicionales que surgieron en el contexto de la
Revolución Industrial y luego se desarrollaron en América, fundamentalmente a través del legado
que traían los inmigrantes: mutualidades, cooperativas, y asociaciones sin fines de lucro.
De acuerdo con la literatura especializada en este tema (investigadores del CIRIEC, Centro
Internacional de Investigación e Información sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa),
cada una de estas organizaciones fue especializándose en trayectorias divergentes, las
mutuales: como matriz y posteriomente complemento de los sistemas de seguridad social, las
cooperativas: en los diversos sectores productivos y las asociaciones fragmentadas en
múltiples direcciones, diluyéndose de algún modo su afinidad e integración.
Esta corriente de origen europeo fue dando lugar a algunos consensos que podríamos expresar en
la definición del Consejo Valón de la ES (Bélgica), la que fue incluida en el Libro Blanco de la ES
en España. La misma comporta una delimitación de:
• las formas jurídicas que forman parte de esta otra economía (jurídica-institucional), y de
• los principios que deben guiar su accionar (normativa)
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principal de la actividad.
• Autonomía de gestión: que es el carácter que distingue principalmente la
Economía Social de la producción de bienes y servicios realizada por los
poderes públicos, aunque existen entidades que trabajan en estrecha relación
con el sector público, como es el caso por ejemplo de las cooperadoras
escolares, las asociaciones que surgen en el marco de los hospitales públicos,
etc. Lo importante es que la gestión parte de las personas elegidas entre los
propios asociados para conducirlos de acuerdo con la institucionalidad que los
mismos asociados crearon.
• Procesos de decisión democrática y primacía de las personas: la
democracia en el proceso de decisión remite teóricamente a la regla de que
por “cada persona, un voto”. La calidad de miembro y la participación en las
decisiones no está en función de la importancia del capital detentado tal como
las empresas capitalistas, sino que se supone una igualdad formal de los
miembros, que se encuentra explícita en los estatutos o similares. Sin embargo
es necesario cuestionarse permanentemente sobre las prácticas efectivas que
posibilitan una participación democrática significativa.
• Primacía de las personas y del trabajo sobre el capital en el reparto de
los excedentes: si bien dentro de la Economía Social ciertas entidades tienen
como principio la reinversión de los excedentes para fines sociales (como es el
caso de las mutuales), otras entidades como las cooperativas sí distribuyen el
excedente entre los trabajadores o entre los miembros usuarios. En estos
casos, el reparto debe ser proporcional a la participación en la actividad y no
en función del capital detentado por los socios.
Monzón y Chávez (España), Desroche (Quebec) y Vienney (Francia) han realizado aportes para el
estudio de este sector. Uno de ellos es la identificación de 4 interfases del mismo con otros
sectores o actores, con la finalidad de obtener una visión más dinámica de la economía social. Una
primera interfase pone en contacto la economía social con el sector público mediante la empresa
cooperativa, mutualista o asociativa concertada con servicios públicos, con la condición de que
este concierto permita una autonomía de gestión. Otra interfase, próxima a la anterior, sería entre
la economía social y el sector municipal o colectivo si la gestión de ciertas actividades municipales
se lleva a cabo en cooperación con una asociación local o una comunidad de barrio. La tercera
interfase se establece entre la economía social y el sector privado tradicional, cuando la empresa
privada concierta una participación de los trabajadores en la propiedad, en la gestión y en los
resultados. Por último una interfase o conexión con el sector sindical en la medida en la que las
empresas pueden, ser gestionadas al mismos tiempo por los sindicatos, o incluso creadas y
gestionadas sólo por ellos.
Defourney "La gran marcha del concepto de economía social" en Vuotto (2003) Economía Social.
Precisiones conceptuales y algunas experiencias históricas. UNGS y Altamira.
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Desde el enfoque de economía social se estudian los distintos tipos de organizaciones, se las
cuantifica, se identifica la tensión entre el sostenimiento de su identidad y la necesidad de
interactuar con otras empresas competitivas en el mercado y “tener éxito” en éste. También, se
han desarrollado algunas herramientas complementarias al balance económico como es el balance
social, que permite poner de relieve las singularidades de estos actores y el impacto social de su
accionar.
José Luis Monzón (Monzón, 2003), de la Universidad de Valencia, considera a la “Economía Social”
como una economía al servicio del hombre y de la sociedad, que por ello, integra en un único
objetivo la eficiencia económica y el bienestar social. Para este autor las empresas de la economía
social serían aquellas capaces de crear riqueza con eficiencia económica y distribuirla
equitativamente.
Este enfoque caló muy profundo en los países latinoamericanos, en especial en el Cono Sur.
Aunque en algunos países no se distingue mayormente entre entidades mutuales y asociaciones
civiles, en otros las mutualistas son consideradas entidades financieras, pero en general el
cooperativismo es un denominador común como símbolo de la economía social tradicional en los
países de la Región.
Particularidades y dificultades
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• Las mutuales en ciertos casos se comportan como entidades paraestatales con escasa
participación de sus asociados. (Laville J. , 2012)
Por otra parte a veces se las asimila a empresas lucrativas de pequeña escala, al afirmar que las
cooperativas contribuyen al desarrollo económico y social del mismo modo que las [Link] decir
al ser empresas constituidas por la asociación de personas que viven en donde se radican,
favorecen el aprovechamiento de los recursos locales, crean trabajo porque desarrollan
generalmente actividades intensivas en mano de obra y recomponen tejido económico rasgado
por las grandes reestructuraciones industriales.
Si volvemos a los rasgos señalados por Bragulat, teniendo en cuenta que las empresas de la ES
se organizan en torno al bien común o al bien general, no podemos decir lo mismo de las
pequeñas y medianas empresas, que si bien son muy importantes para los procesos de desarrollo
local, quienes crean la empresa son uno o más propietarios que buscan aumentar su prosperidad
como objetivo principal, más allá de que esto provoque externalidades positivas en la comunidad.
Tampoco podemos equipararlas en el rasgo de No Lucratividad, dado que las pequeñas y
medianas empresas buscan obtener un lucro para maximizar el capital invertido empleando otros
factores productivos (como los trabajadores) que no participan en condiciones de equidad de esos
frutos. Por último, las pymes no poseen necesariamente un tipo de gestión democrática ni
son, necesariamente asociaciones de personas que independientemente de su aporte
económico tienen el mismo poder de decisión. Aunque, debemos reconocer que este rasgo
tampoco es garantía al interior de las cooperativas y mutuales de gran escala, en las cuales el
poder tiende a concentrarse en un grupo dirigente y los demás asociados se distancian de las
cuestiones referentes a la conducción política de la entidad.
Por otro lado, cabría otra comparación referida a si las cooperativas compiten o no en el
mercado al igual que las empresas lucrativas. Aquí diremos que las cooperativas más que ser
competitivas, buscan ser competentes.
Las grandes entidades asociativas organizadas por usuarios como las de consumo o vivienda, si
bien se encuentran en un esquema de competencia con otras empresas capitalistas, al no tener
fines de rentabilidad financiera, permiten alcanzar economías de escala y contribuyen a regular el
accionar de los formadores de precios trasladando ese beneficio a sus usuarios y a la comunidad.
Además estas cooperativas tienen el potencial de traccionar desde el consumo hacia atrás en la
cadena productiva y favorecer la constitución de cooperativas de provisión y de trabajo. Asimismo
al ser asociaciones de personas que se radican en donde viven, tendrán un mayor interés por
ofrecer bienes saludables y que generen la menor contaminación posible.
Las dificultades tienen que ver principalmente con la superación de desafíos técnicos o
comerciales que exigen grandes capitales o una dimensión internacional, problemas de
financiamiento principalmente en el caso de las cooperativas de trabajadores. Estos no tienen la
posibilidad de diversificar riesgos por ejemplo como lo hacen los inversores capitalistas en
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diferentes empresas, por tanto los trabajadores pueden asumir un nivel limitado de riesgos.
Por lo general deben financiarse a través de fondos propios, lo que explica su poca
presencia en sectores muy capitalizados. Las cooperativas grandes, suelen superar
estas dificultades a través de la integración y recurriendo a otro tipo de estrategias
financieras (por ej. el fideicomiso).
En cuanto a las mutualidades y asociaciones civiles en general han sido menos cuestionada que
las cooperativas, en tanto los excedentes no dan lugar a una apropiación o distribución individual
entre los asociados, sino que se reinvierten. El problema principal es la escasa participación de sus
asociados. Por último, como este tipo de entidades atienden necesidades de sus asociados o de
interés colectivo, siempre es necesario ponderar su aporte específico en relación con la provisión
pública de los mismos bienes o servicios.
En general, una debilidad de este tipo de entidades más tradicionales, tiene que ver con el hecho
de que si bien son asociaciones de personas y cada una de ellas tiene un voto,
independientemente de su aporte económico, la organización representativa tiende a cristalizar el
potencial político de los asociados, posicionando a algunos en el rol de dirigentes y a otros (las
mayorías) en la posición de dirigidos. Se trata en general de los límites y problemas típicos de las
democracias republicanas representativas.
Lectura obligatoria:
• Defourney "La gran marcha del concepto de economía social" en Vuotto (2003)
Economía Social. Precisiones conceptuales y algunas experiencias históricas.
Buenos Aires. UNGS y Altamira. Disponible en [Link]
Lectura sugerida:
Esto sucede en las últimas décadas del siglo XX, para referir a aquellas respuestas que se dan
ante la nueva cuestión social resultante de la crisis del Estado de bienestar y la sociedad
salarial, en el marco de la profundización de la globalización, que introdujo cambios
fundamentales afectando a los países centrales pero aún más drásticamente a los países de la
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Este último rasgo produjo un gran impacto en el mercado de trabajo, provocando una
situación de desempleo estructural y una gran parte de la población que no puede
insertarse de ningún modo con estas nuevas reglas del juego.
A partir de los importantes cambios que se dieron con la creciente centralidad del conocimiento y
la tecnología como ejes de la actividad productiva, se incrementó el nivel de calificación requerido
para el trabajo y se restringió su capacidad de creación de empleo por la incorporación de la
automatización. A esto debemos sumar el fenómeno de financierización del capitalismo, en el
marco del cual cada vez más inversiones se orientan a operaciones especulativas en lugar de
productivas, impactando fuertemente en la financiación de la solidaridad redistributiva. En algunos
países europeos, este sombrío terreno paradójicamente llevó al florecimiento de los servicios
territoriales y relacionales o de proximidad. Referentes de la sociología económica como (Laville,
2012) han sostenido que la crisis no podía abordarse justificando una extensión sin límites del
capitalismo a lugares cada vez más rentables o bajo condiciones más depredadoras con la
finalidad de mantener las políticas redistributivas.
Este autor, junto a otros comenzará a teorizar acerca de las prácticas relacionales que denomina
servicios de proximidad, aquellos que otorgan un lugar central a la relación de servicio porque
la actividad está basada en la interacción directa entre el prestatario y el destinatario, es donde la
innovación no va necesariamente ligada a una estandarización. Esto significa que “un efecto de
variedad y calidad viene a compensar el efecto de la sustitución capital-trabajo” (Laville J. , 2004,
pág. 31), lo que permite a estos servicios ser potenciales proveedores de nuevas fuentes de
trabajo. Por otra parte se trata de servicios que contribuyen al fortalecimiento de los lazos
locales porque su emergencia remite a una doble noción de proximidad: objetiva, ligada al
anclaje a un territorio y subjetiva, ligada a la dimensión relacional de la prestación.
En Francia, Bélgica e Italia particularmente se ha promovido que el Estado garantice los medios
que faciliten el desarrollo de experiencias basadas en la comunidad y en el trabajo, avalando el
derecho de todo ciudadano a participar de la esfera económica.
Así florecieron servicios que se pueden clasificar del siguiente modo (Bucolo, 2004):
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Wallerstein (1997) ha caracterizado a la economía-mundo capitalista (EMC) como un sistema-régimen.
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Para este autor, la economía solidaria constituye otra forma de hacer economía y por esto,
trasciende la noción de “sector” o de “un conjunto de organizaciones”.
Por otra parte, desde una perspectiva que vincula la realidad norte/sur (Gaiger, 2009), la
economía solidaria hace referencia primordialmente a experiencias que irrumpieron en distintos
lugares del globo poniendo juego una racionalidad solidaria basada en la socialización de los
recursos productivos y la adopción de criterios igualitarios. En este sentido comprende
una diversidad de iniciativas muchas de las cuales están orientadas a procurar colectivamente un
trabajo autogestionado, a crear cooperativas de producción y comercialización, redes y nodos de
trueque, sistemas de comercio justo y de finanzas, asociaciones de mujeres que combinan trabajo
productivo y reproductivo, servicios de cercanía (los relacionales que mencionamos antes). “La
tendencia de la economía solidaria de dinamizar redes de interacción participativas otorga un
contenido político a la inserción local de sus iniciativas” (pág 175).
Por último mencionaremos el trabajo de las argentinas (Laxalde, Economía solidaria y Capital
Social. Contribuciones al desarrollo local, 2005) autoras que basan su análisis fundamentalmente
sobre aquellos emprendimientos familiares y asociativos, cuyos trabajadores/as, por necesidad –
expulsados del mercado de trabajo capitalista -, o por convicciones valorativas en relación a la
búsqueda de otra sociedad y otra economía -, funcionan con una organización del trabajo
autogestivo materializando una lógica diferente a la de dicho mercado. Estas autoras ponen un
fuerte énfasis en la dinámica autogestiva de las experiencias, las cuales proponen relaciones
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1. las de autoproducción, que incluyen tanto a las unidades domésticas (hogares o familias
ampliadas) como a las comunitarias;
2. las de subsistencia; y
3. las organizaciones capitalizadas (es decir las que lograron producir excedentes que se
reinvirtieron en la organización)
Tanto las unidades de autoproducción como las de subsistencia, tienen por objetivo asegurar la
vida o la reproducción de la mano de obra: las primeras a través del autoconsumo de lo que
producen y las segundas a través del ingreso obtenido por la comercialización de su producción o
servicios. Las unidades de la economía capitalizada tienen por objetivo mejorar la vida o la calidad
de vida, y también lo hacen a través del ingreso obtenido por la comercialización de su producción
o servicios.
Tal como vemos en esta conceptualización de F. Laxalde y Caracciolo Basco, se pone el foco en las
organizaciones familiares o asociativas que buscan desplegar su potencial de TRABAJO.
Entonces, para aprehender este enfoque de economía solidaria, hemos visto una
perspectiva europea, una perspectiva que integra norte/sur y una perspectiva
latinoamericana… ¿qué elementos encontramos en común?
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• Por eso mismo, vienen a cuestionar no solamente la forma de hacer economía, sino
también la forma de hacer micropolítica en las organizaciones colectivas.
• Ponen en práctica dispositivos asamblearios o de participacion directa que buscan perforar
aquellos límites propios de la democracia representativa para vivenciar en forma
autogestiva la gestión y la conducción política de sus organizaciones.
• Emprenden, de manera deliberada o no, un movimiento hacia la desburocratización de las
instituciones economicas.
Con este recorrido hemos visto algunas de las características innovadoras de la economía solidaria
en relación al enfoque más tradicional de la economía social.
• Se interroga sobre la naturaleza de la producción (¿por qué y para qué se produce?) Por
ejemplo, en las iniciativas de comercio justo o cooperativas de consumo que tienen en
cuenta la procedencia y la forma de producción de los bienes que distribuyen.
Lo que es más relevante en esta concepción de la economía social y solidaria es que más que
fortalecer un tipo de institucionalidad o un sector, contiene un proyecto político y económico con
reglas democratizadoras y solidarias que llevan a una reestructuración tanto del Estado como del
mercado.
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Veamos el siguiente video que registra una ponencia en la que el mismo autor
desarrolla los principales lineamientos del enfoque de la economía solidaria.
Como cierre de la presentación de este enfoque señalaremos que Laville (Laville J. , 2004)
propone la denominación “Economía social y solidaria” para incluir junto a “las más tradicionales”
mutuales, cooperativas, y asociaciones, a las nuevas expresiones de la sociedad civil en las que
las organizaciones se destacan como “factores importantes de coordinación política y social”
construyendo modelos de participación ciudadana activa en sus empresas colectivas (pág. 195).
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Lecturas sugeridas:
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El autor insiste en que la economía popular no es una economía de pobres, pero sí es una
economía de trabajadores que dependen de su trabajo para vivir, que no viven de
rentas por activos acumulados ni de la explotación del trabajo ajeno.
En este sentido el autor señalará que es necesario “recortar” esta economía como
objeto de estudio, para contribuir a transformar ese todo caótico en un conjunto
orgánicamente vinculado de producción y reproducción, que vuelva a vincular el
trabajo con la satisfacción de necesidades definidas históricamente por sociedades
democráticas.
Así partirá de la definición de la unidad doméstica (UD) –la cual está formada por una o más
personas o grupos, ligados por relaciones de parentesco o diversos tipos de afinidad (étnica, de
vecindad, ideológica, etc.)– y tiene como objetivo la reproducción ampliada de la vida de sus
miembros.
Cada UD posee un fondo de trabajo constituido por diversas capacidades, potenciados por medios
de producción o insumos y por las condiciones naturales y culturales de vida.
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Este fondo de trabajo puede emplearse también como trabajo de formación, como trabajo
comunitario o de organización colectiva, entre otras.
La Economía Popular sería aquella que producen las unidades domésticas que emplean
su fondo de trabajo de modo de lograr la reproducción de sus miembros en las mejores
condiciones a su alcance. Se caracterizan porque subordinan la necesidad de
acumulación a la reproducción (con calidad creciente) de la vida de sus
miembros y sus comunidades de pertenencia y,
por extensión, de toda la humanidad.
Sin embargo, para este autor, la Economía Popular realmente existente dista de ser
idealizable porque, al encontrarse en un contexto hegemónico capitalista, es
“colonizada” a veces en sus valores (en las unidades domésticas la cooperación y la
solidaridad conviven muchas veces con la competencia, la sumisión, la inequidad de
género) así como en el sentido de su existencia, porque a veces estas unidades son
sub-contratadas en condiciones más injustas dentro de la lógica capitalista o
instrumentadas demagógicamente por el Estado.
Desde el reconocimiento de esa situación, este autor, ha desarrollado una línea que propone la
categoría de Economía del Trabajo como una formulación utópica de construcción posible, que
no es la mera sumatoria de actividades realizadas por los trabajadores (subordinadas a la lógica
del capital), sino un subsistema económico orgánicamente articulado, centrado en el trabajo. En
esta lógica, el trabajo dejaría de ser exclusivamente un conjunto de “capacidades humanas que
constituyen insumos del capital” para ser valorado con su propio sentido y dinámica económica.
Para la promoción de esta Economía del Trabajo sería preciso entonces, integrar esfuerzos y
desarrollar políticas públicas, consolidar y extender redes de difusión de información, de
intercambio, de cooperación; articulando y reorientando los nodos de investigación, capacitación y
promoción; unificando acciones desde Estado y sociedad; combinando la solidaridad social con la
solidaridad orgánica.
Coincidiendo en principio con José Luis Coraggio, (Tiriba, 2007) señala que lo que diferencia
radicalmente a organizaciones económicas populares (OEPs) es una lógica de reproducción
ampliada de la vida.
Las OEPs (que serían actores colectivos emergentes de la economía popular) propiciarían el
nacimiento de una nueva cultura del trabajo. Según la perspectiva de la autora, esta nueva
cultura presupone relaciones de producción caracterizadas por la perspectiva del valor de uso y no
del valor de cambio, por las cuales el trabajador recupera el sentimiento de productor y sujeto-
creador de sí mismo y de la historia, cuestionando la propiedad individual de los medios de
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Las OEPs que han emergido en las últimas décadas pueden ser portadoras de elementos nuevos o
al menos conflictivos con el capitalismo, sin embargo hay que tener en cuenta que éstas no
surgen en un contexto revolucionario, sino que son consecuencia de los procesos de exclusión
social. Por lo cual están fragmentadas al ser portadoras de lo nuevo y lo viejo al mismo tiempo.
Para la autora el desafío entonces consiste en avanzar en el ámbito de la interfase entre la esfera
“del cambio a partir del Estado” y la esfera “del cambio a partir de la sociedad”.
Pero ¿cuáles serían estos elementos de la cultura del trabajo en las OEPs?
Elementos que no se restrinjan a la cultura del “viejo artesano” sino que puedan caracterizar el
proceso de construcción de autonomía, “en el que cada trabajador se vuelve sujeto inventor del
trabajo, constructor de la vida”.
Para conocer las experiencias en la búsqueda de estos nuevos elementos habrá que indagar
acerca de la existencia concreta de dispositivos de participación en la toma de decisiones y la
eficacia de los mismos, ya que es muy común que en las organizaciones se presenten viejas
relaciones de sumisión, una dicotomía entre dirigentes y dirigidos, el deseo de conquistar el poder
y subordinar a los otros.
Otro aspecto distintivo se refiere al tipo de racionalidad que caracteriza los procesos de trabajo.
En este sentido, la “calidad total” en las OEPs tiende a buscar garantizar la calidad del producto
en sí y de la vida misma del trabajador, repensar el contenido del trabajo, volverlo placentero
(la satisfacción de trabajar sin jefe) y socialmente productivo, así como la organización de los
tiempos con autonomía.
Sin embargo, la realidad nos muestra que en las organizaciones de trabajo asociado en el
contexto del neoliberalismo usualmente se debe sacrificar el tiempo libre aumentando el tiempo
necesario para la producción de la mercancía.
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¿Qué opinan respecto de este punto? ¿Sería posible hablar en estos casos de autonomía
o auto-explotación?
• los trabajadores de las OEPs aún siendo poseedores de los medios de producción en
algunos casos, carecen de tecnologías de punta como de los fundamentos teórico-
metodológicos que les permitan articular teoría y práctica.
• los límites de la polivalencia en la formación integral de los trabajadores: el “hacer un
poco de todo” que parece ser una práctica utilizada en las OEPs, si bien puede ser un
avance en relación con la tecnología fordista y taylorista, no sería suficiente para que los
conocimientos de los trabajadores asociados ganen mayor consistencia. En esta línea
(Razeto, 1997) advierte que la integración o recomposición social del trabajo no significa
un retorno a la comunidad simple e indiferenciada de los orígenes, sino que se manifiesta
en la constitución de un sujeto comunitario o social en que participan personas y grupos
que cooperan aportando cada uno sus propias capacidades y factores en el grado o nivel
en que las hayan desarrollado. Estos serían los aspectos positivos de la división técnica del
trabajo para el autor, que permitiría elevados niveles de eficiencia y productividad.
Entonces, tanto Tiriba como Coraggio si bien parten de lo popular en su realidad y potencia,
tambien enfatizan su mayor fragilidad en lo económico y en lo político, por lo cual señalan como
imprescindible continuar luchando por los fondos públicos, para impulsar un proyecto común que
pueda ser presentado a otros sectores como “la economía política de los trabajadores”. Siendo
imprescindible además, el acceso a las facilidades proporcionadas por las nuevas tecnologías.
Ambos autores señalan además los riesgos de que la economía popular sea “colonizada” en sus
valores o subcontratada por el capitalismo o instrumentalizada y precarizada por el Estado.
Lecturas sugeridas:
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Entonces esa economía tiene una identidad, pero a esa identidad, el autor propone entenderla
como un lugar, al que se accedería por distintas vías que emergen como consecuencia de
problemas económicos, sociales, culturales y ambientales, los cuales convergen a medida que van
adquiriendo progresivamente mayor coherencia interna y externa.
¿Cuáles serían esas causas, o problemas que conducen a una economía de solidaridad?
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En el mismo puede verse mucho más claramente ¿en qué consiste esto de hacer
economía con solidaridad?, ¿qué significa que la solidaridad se convierta en una
componente activo de la producción o prestación de servicios?
En este módulo deberemos hacer un apretada síntesis: significa que el trabajo, la gestión y los
distintos factores productivos no son puestos en subordinación del capital tal como sucede en la
economía capitalista, sino que se los integra asociándolos e interesándolos en los objetivos de
bien común o de bien general que persigue la empresa.
Un factor productivo es un recurso, que combinado con otros recursos para conseguir
objetivos económicos, se transforma en fuerza productiva que participa de la
producción o prestación de servicios y aporta valor.
Pero esos factores productivos no son cosas o entes abstractos, son aportes realizados
por personas, por eso es necesario reconocer la dimensión inter-subjetiva de los
factores productivos.
Los factores productivos se convierten en categorías económicas cuando son los que
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Pero además al interior de las organizaciones solidarias se destaca otro factor productivo que
constituye la presencia activa, actuante y operante de la solidaridad en el interior de las mismas.
Este factor es definido por el autor como “Factor C”: la cooperación creando valor en el proceso
asociativo.
La introducción de la Solidaridad como un factor productivo lleva a considerarla como algo más
que un componente ético. Razeto sostiene que la solidaridad es una fuerza económica y un factor
de alta eficiencia y productividad. Dice “si en cualquier empresa, hasta en las más grandes y
modernas, se pusiera o se incrementara la solidaridad, con seguridad sería más productiva y
eficiente”.
Este factor C no es solamente un factor de la ES, lo que sucede es que este factor, en las
empresas capitalistas, es utilizado de manera instrumental.
Pero si bien este Factor C se encuentra en algún grado en todas las empresas, sólo podemos
reconocer como organizaciones de la economía social a aquellas en donde este es suficiente como
para impactar tanto en los propósitos como en los modos de organización de la empresa. En estos
casos se logra identificar un cambio de racionalidad que las diferencia de las otras empresas que
operan con aquel otro concepto de “eficiencia capitalista”.
La incidencia del Factor C sobre los propósitos de la empresa se ve reflejada en cómo son
llevados adelante los objetivos que persigue la misma.
Por otro lado, podemos encontrar la incidencia del Factor C en una organización solidaria a
partir de su modo de organización. Las mismas tienen la particularidad de organizarse convocando
e integrando a los factores productivos, antes explicados, y a aquellos sujetos que los poseen.
Pero esta integración de los factores no se realiza en términos de subordinación al interés de un
capital, como en las empresas capitalistas.
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Lecturas sugeridas:
Por último, para culminar con este punto, vamos a introducir resumidamente el
enfoque de economía comunitaria. Lo haremos de manera breve en tanto de trata
de un enfoque que se presentará en profundidad en otra asignatura de la
maestría.
Ya anteriormente decíamos con Razeto que una de las formas de incorporar solidaridad a la
economía proviene de los principios ancestrales e históricas reivindicaciones de los pueblos
originarios: quienes luchan y resisten para defender su territorio, para recuperar aquello que les
fue enajenado, para poner en valor sus identidades y su propia racionalidad económica en
oposición al sistema dominante.
Los autores Mutuberría Lazarino y Chiroque Solano (Lazarini, 2009) definen a la economía
comunitaria a partir de un abordaje histórico que se remonta a las prácticas de los pueblos
originarios de la región andina, pasando por su incorporación al modo de producción comunal bajo
el Imperio Inca y encontrando en la actualidad expresión en las prácticas de comunidades
originarias y campesinas, pequeños productores y organizaciones productivas, actores que
desarrollan una agricultura familiar, etc. que les han permitido reproducir su vida en el contexto
de un capitalismo que pretendía subsumirlas en una relación de subordinación y servidumbre.
Dentro de esta concepción también se integran economías comunitarias que han tenido origen en
la región mesoamericana.
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Quizá uno de los aspectos que más ha conseguido captar el interés de esta corriente en el
marco de los diferentes enfoques contemporáneos que estamos presentando ha sido su
contribución al discurso sobre la sustentabilidad a través del concepto mestizo de Buen Vivir que
resignifica la cosmovisión indígena del sumak kawsay (kichwa), del suma qamaña (aymara) y del
teko kavi (guaraní), referidas a la vida armónica que guiaba el funcionamiento de las comunidades
indígenas antes de la colonización y que en la actualidad hace referencia a una forma de
convivencia armónica de los seres humanos consigo mismos y con el resto de la humanidad, así
como entre los seres humanos y la naturaleza, lo cual supone el establecimiento de límites
sociales y ambientales en el comportamiento humano. Este concepto del Buen Vivir vino a ofrecer
un horizonte de utopía para aquellas prácticas contrahegemónicas de la economía, un tanto
decepcionadas por el discurso crítico occidental acerca de la sustentabilidad como de la
sostenibidad del modelo de desarrollo.
Otro de los sucesos más trascendentales que ha sacado de las sombras a las prácticas de
economía comunitaria, han sido los procesos institucionales, a nivel constitucional y de política
pública, con fuerte participación de las bases, que ocurrieron durante la primera década del siglo
XXI, fundamentalmente en Ecuador y Bolivia. Asimismo el movimiento zapatista en México, con
su levantamiento en 1994, sus luchas autoafirmativas, su demanda de otro tipo de relación para
con el Estado y la construcción de una economía basada en el principio de autonomía y la
democracia radical, tuvo una fuerte influencia en una variedad de colectivos autogestionados de
base comunitaria, que en la Argentina de fin de siglo dieron lugar a prácticas con un sentido muy
similar a las que aquí estamos describiendo.
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Lecturas sugeridas:
Tras haber “pasado revista” a algunos de los enfoques contemporáneos acerca de la economía
basada en la reciprocidad, podemos recordar los interrogantes con los que iniciamos este
recorrido y revisar nuestras anotaciones:
En el siguiente cuadro sintetizamos algunas variantes posibles de las categorías mencionadas, las
cuales por supuesto, no pretenden ser exhaustivas:
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5. Comentarios finales
Por supuesto que estas prácticas que incorporan solidaridad en la economía lo hacen en un
contexto en el que priman los valores individualistas, en la medida en que el capitalismo es el
sistema que predomina en las sociedades modernas y la exacerbación de aquellos valores ha
constituido una estrategia para expandir los modos de acumulación en el escenario de la
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globalización.
Pero, aún desde los márgenes del capitalismo o desde las bases y lógicas preexistentes de la
cultura popular o comunitaria, han surgido prácticas muy relevantes, las cuales coinciden en
ofrecer enfoques alternativos sobre la realidad económico-social que llevan a cuestionar y
repensar (en mayor o menor grado) las relaciones entre lo económico, lo social y lo político.
Nos hemos referido a ellas como “diversos enfoques acerca de la reciprocidad” haciendo referencia
en cada caso a su raíz histórica y a algunas características fundamentales que nos permiten
identificar a qué sujetos refieren, la propiedad, la distribución de los frutos, la concepción del
trabajo, el tipo de gobierno y de subjetividad que promueven. Es lógico que existan algunas
diferencias de perspectivas entre ellos en tanto los mismos no se construyen con la intención de
crear modelos económicos sino con la finalidad de interpretar prácticas realmente existentes en
los territorios en sus diferentes dimensiones: económico-social y político-cultural.
Sin embargo hemos provocado una reflexión que tienda a identificar ejes de
análisis para poder compararlas, contrastarlas, complementarlas y en última
instancia proponer una fusión que habilite una perspectiva de economía social,
comunitaria y solidaria en la que avanzaremos en la próxima unidad.
6. Bibliografía
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