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Esteban Sanchez de Tagle

Este documento analiza la formación del Regimiento de Dragones de la Reina en San Miguel el Grande en 1774. Explica que tradicionalmente la historia militar se ha enfocado en aspectos marciales o en la organización de los cuerpos militares como instituciones. Este trabajo busca entender el regimiento en relación con la estructura social a la que se incorporó, específicamente cómo reflejó las decisiones políticas de la metrópoli que afectaron profundamente las estructuras coloniales. Finalmente, analiza el cabildo municipal y su papel en
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Esteban Sanchez de Tagle

Este documento analiza la formación del Regimiento de Dragones de la Reina en San Miguel el Grande en 1774. Explica que tradicionalmente la historia militar se ha enfocado en aspectos marciales o en la organización de los cuerpos militares como instituciones. Este trabajo busca entender el regimiento en relación con la estructura social a la que se incorporó, específicamente cómo reflejó las decisiones políticas de la metrópoli que afectaron profundamente las estructuras coloniales. Finalmente, analiza el cabildo municipal y su papel en
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ESTEBAN SANCHEZ DE TAGLE

POR UN REGIMIENTO,
~EL REGIMEN
POLITICA YSOCIEDAD: LA FORMACION DEL REGIMIENTO DE DRAGONES DE LA REINA
EN SAN MIGUEL EL GRANDE 1774.

ESTEBAN SANCHEZ OE TAGLE


~

Instituto Nacional de Antropología e Historie

DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIONES HISTORICAS

129
COLECCION CIENTIFICA

HISTORIA SOCIAL

MEXICO 1982
-2>JJV;9'-' //3-.,i;>,c-J',?
- • /':)J-?

'
18579
INTRODUCCION 7
E I Problema
El Cabildo Municipal y el E¡é[Link]

CAPITULO 1 EL PODER Y SU INSTITUCION 17

La Carona
E I Ayuntamiento

CAPITULO 11 LAS REFORMAS BORBONICAS 29

Propósitos
Ejecutores de las Reformas
La Fuerza Militar ontes de la Reforma
Formación del Ejército en Nueva Espai'la
La Milicia y el Ayuntamiento
La Carparativización del Ejército

CAPITULO 111 FORMACION DE UN REGIMIENTO 47

Políteca Militar de la Carona


San Miguel y la Milicia
El Ayuntamiento de San Miguel el Grande
La Nueva Milicia Provincial
La Alcaldía Mayor de San Miguel
Desarrollo Económico
San Miguel y el Bajto
De la Canal y el Capital Camercial
E I Regimiento de la Reina
Consecuencias de lo Político de los Borbones
Historia de las Milicias: Historia Regional

CONCLUSION 79

APENDICE Y NOTAS 83

5
INTRODUCCION

Nuestro trabajo es el análisis de la formación de un regimiento

en lo Nueva Espol'la de finales del siglo XV!li. Se\frato de un regimiento provin-

cial de caballer;a, esto es, cuerpos millcla119~regulares ri profes:onales, con

los que Espafta conformó el brazo fuerte de su ejérctto colon;al. Hay que afladlr

que el regimiento que l ntentamos analizar: el reglmlento de Dragones de la Rel na,

fue un 1ntento orlgl nal de organlzaclón mllltar en Nueva Espal'la y su composlc'6n y

caracterl"stlcas se consideraron modelo de muchos otros que se levantaron en la Colo

nla. Al paso del tlempo, el regimiento y sus jefes jugaron además un papel relevo_!!

te en la guerra de l ndependencia todo lo cual da al tema un valor estratégico.

Trod!clonalmente, en la hlstor!a mil:tar, temas con estas caroc-

terrstlcas se han trabajado fundamentalmente de dos maneras. Una , que se Interesa

por el aspecto marclal propiamente dlcho, es decir, destacando batallas, héroes,

uniformes, etc., y otra más ambiciosa, que entiende al ejército comollnstltucl6n y

por lo tanto analiza la organlzaci6n, estructuro y caractertst:cas del cuerpo o clls-

tintos<:uerpos de una manero est6tlca.

Queremos, con ésta, poner al lector en la óptlca que nos pe":!!


fió ver al regimiento en su relac 16n más profundo con la estructura so.::al a la que

se lncorpor6 a través de su proceso de formación; como veremos, el an6lls's de este

particular fenómeno, la formacl6n de un cuerpo militar, apunta s'empre en ayudar-

nos a esclarecer un problema más fundamental: el poll'flco. Cons' deramos que en

nuestras sociedades, la lnstancia de lo poll'flco juega un papel cuaHtat'vamente

INSTITUTO IUCIOMAl DE A'-[Link] !: HISTORIA 7


BIBIJOTl:CA "0ROZ€0 Y BEJIRA."
UEPIO. DE INVESTIGACIONES HJSlORICAS
distinto al de las socledades no colonlales, sln negar que es la base mater'al la que

en última lnstancla proporciona la l6glca de organh:ación en las socledades colonia

les, las declsiones polrt:cas nacidas en la metr6poll afectan de hecho profundamen-

te sus estructuras.

Nuestro interés por el regimiento, como esperamos poder mos-

trar, no es el del reglmlento por sl'mlsmo, slno en tanto lnstrumento polrt:co que se

debate entre el servlc:o al rey y el servlclo al interés local. Nuestro trabajo es de

hlstorra polfllca de la colonla, que encuentra,en la hlstorra urbana y sus lnstltucio-

nes: ~I cab:lda, el ejérclto a sus prlnclpoles actores.

Es por esta razón que pese a que la lnformaclón apunta a escla-

recer un problema tan importante como el de la guerro de la lndependencla, el tema

queda intacto. Nos lnteres6 antes que nada desentraflar de los datos mlsmos la rela-

ción que ahora vemos tan directa, tan lnmediata entre la lnstancla po(:-t:ca por un

lada y la económica. Desenmascarado, asr de un salo golpe, el grupo ec on6mico

en el poder, a través de su expresión en el confllcto de clases y descubrlr en ellos a

los grandes héroes de la Guerra de Independencia resultaba tentador, Sin embargo,

éste no podrra ser sl no preámbulo al trabajo que requerirl'a un momento tan complejo

y tan superf:cialmente estudiada como el de la independencia.

Puesto que, querámoslo o no, nuestros aqur Inocentes personajes

habrán de sobresal 1 r destacadamente en la guerra de lndependencla, queda ésta co-

mo conclusión, : mpliclta e ; nevitable de nuestro trabajo.

8
Este trabajo lo desorroll' en el Seminario de Historia Urbana de la

Direcci6n de Estudios Hist6ricos del INAH, que dirige el doctor Enrique Florescano;

ahr recibr el apoyo y la colaboroci6n que me permitieron realizar, en todos sus par-

tes, el trabo jo.

A todos y cada uno de los miembros del Seminario, debo el entusio_!

mo y la paciencia con que aportaron siempre sus crilícas y sugerencias, pero muy pa.!_

ticularmente a la doctora Alejandra Moreno Toscano, de cuya respetuosa direcci6n

he aprendido tanto. Soy, pese a todo, responsable de lo que aqul se ofimia.

9
El Problema

En general, la sociologra considera a la fuerza militar como un

instrumento de dominio, de control poll'llco, Se le relaciona pues, con una clase

o grupo dominante que impone una relaci6n desigual y que, por lo tanto, requiere

ser manten! do por la fuerza.

Sin embargo, no siempre hubo fuerza mílitar y las relaciones

desiguales mantuvieron por medio de otros instrumentos, Tal es el caso de la Nueva

Espai'la anterior a la Reforma Borb6nica, En efecto, hasta 1764, Nueva Espal'la no

conocfo prácticamente los ejércitos profesionales. Hasta entonces, salvo el caso de

uno milicia casi espontánea para protecd6n de sus fronteras y puertos, su ejército

se organizaba con tocineros, comerciantes, etc,, y cumplfa un papel más formol y

de ornato que lo que entendenamos como militar,

La relaci6n de dominio, lo explotación era mantenido y justifi-

cada de una manera hasta ahora no explicada sotisfoctoriomente. Sabemos sT, que

el cabildo, el cuerpo que representaba o la ciudad y lo Iglesia, principalmente,

fueron las instituciones desde las cuales se ejerci6 el control pall'lico. La manera

como estas instituciones llevaban a cabo sus funciones, asTcomo su interrelaci6n,

son alin aspectos casi por completo desconocidos. Por lo tanto, sin desdeñar el pa-

pel de la Iglesia, que sobemos fue en este sentido fundamental, sus peculiariades

rebasan con mucho el tema de nuestro trabajo y 6nicamente diremos, de manera muy

general, que jugaba su papel como legitimador ideoldgico de las relaciones sociale:,.

El cabildo, cuerpo que representaba a la ciudad, es de hecho

11
otro momento de nuestro tema. Vamos a intentar esbozar su trayectoria porque co-

mo veremos, es indispensable paro entender el papel y la historia del ejército en

la Nueva Espano.

12
El Cabildo Municipal y el Ejl5rcito

En la Amárica espaflola, el comienzo de la historia urbana: el

cabildo, es inmediato a la conquista. La fundación de ciudades jug6un papel fun-

damental en la colonizaci6n del nuevo continente, Fundación que significó, antes

que nada, la institución de una orgarizaci6n pc:nica, De otra manera: a partir de

este momento histórico, cuando hablamos de ciudades bien podemos hacer abstrac-

ción del espacio frsico y considerar ónicamente el aparato, el instrumento polffico:

al cabildo,

Concretamente, para ejemplificar, en América es com(in el ca-

so de fundación de ciudades que no conocen localizaci6n espacial como la Guatema


(1) -
11
la de 1527 • O el caso de ciudades como Nueva Burgos que fue port6ti 1, y sus
(2)
moradores, la llevaban a cuestas de una parte a otra 11 •

En un principio, la corona española otorgó concesiones y pri-

vilegios inmensos a quienes en nombre del rey conquistaban el Nueva Mundo. La

Corona y los particulares estaban de igual manera ird:eresados en la fundaci6n de

las ciudades; la rivalidad entre ellos surgió cuando se trató de ocupar los sitios del

cabildo.

De esta manera, la "vara", srmbolo de la representatividad le-

gltima de la autoridad real, fue empuñada p<>r los representantes del rey o por quie-

nes tuvieran la fuen:a suficiente para apoderarse de ella, .En un principio fuerOn "!:!.

turaln,ante los poderosos conquistadores y encomenderos. Poco después, pasado el

primer momento de la conquista, cuando la Corona "tenTa aón la mano firme", le

13
fue posible conquistar, con el derecho a veto, un sitio en el cabildo y de esta ma-

nera poner coto al ilimitado poder de los conquistadores, Esta pelilica imperial,

dicho sea Je pasO, parece ser secular, concede privilegios inmensos a quienes se

aventuran· a la conquista de nuevas riquezas y, una vez consolidadas, recupera el

terreno imponiendo su presencia en los sitios de decisión.

Con Felipe 11 (1556-1598), el empobrecida imperio comienza a

ser incapaz de mantener una poli'Hca dura de centralización. Es el periodo en que

se sistematiza la venta de cargos públicos que son así recuperados por el peder lo-

cal a quién no volver6 a discutirsele sino hasta la épeca de las reformas de los bor-

bones, esto es, la segunda mitad del siglo XV 111.

A,J', la ciudad, que no deja de ser "el albergue del peder para
(3)
el dominio del campo" es también, la plataforma desde donde se articula y riv':!_

liza el poder de la metrópoli en la colonia.

Esta condición histórica, ambivalente de la ciudad, producto

de su posición intermedia en la relaci6n colonial: campe-ciudad-metrópoli, la cO.!!,

vierte para el an61isis, en :.,na perspectiva privilegiada en el estudio de la relaci6n

colonial.

Para el momento de la Reforma Borb6nica, los intereses locales

disfrutaban el control poli'tico efectivo que se articulaba y legitimaba en el cabildo.

De esta manera, padi'a organizar la explotación en la colonia y decidir o al menos

tener una mayor capacidad de negociaci6n frente a la Corona respecto al exceden-

te que se generaba en la colonia. "En la tradici6n espaflola, la jurisdicci6n era


14 t>t~.;,,r ,, ~ 1.,;,t-.'.:·r.r.,,~/'l":"•·- .. ~(i_ 1:t l>'t:: ~ , :--_-r
,.,-,!~·.:_(, ·r: .. ·•:' ,\:.-'.
·¡., ;¡¡. i. -;·.
(4)
la esencia de la soberanfa" , y esto era lo que estabo en juego. La Corona pre-

tendía apoderarse de esta jurisdicción. Aqur es cuando aparece en escena el ejérci

to. De hecho, la organización del ejército anuncia la Refonna. Villalbo, militar

español a quién en un principio se encomendó esta tarea llegó a Nueva Españo en

1764, un arlo antes de que Gálvez el visitardor español, diera comienzo al momento

más oril lente de estas pollricas.

A través del ejército, España pretendía reconquistar, colonizar sus

dominios en el sentido más estricto del término. La fuerza militar, inexistente en la

colonia, habría de ser el nuevo instrumento de dominio polrtico. Ante ella, el ca-

bildo perderra su capacidad de control y de esta manera la Corona quedaría en posi-

bilidades de decidir respecto a la producción y apropiación del excedente social.

En efecto, la imposición de la institución militar impactó violenta-

mente en todos los niveles a la estructura social de. la Nueva Espai'la. No representó

linicamente el brazo armado del poder político, sino la reaparición del grupo en dis-

cordia. Significó el instrumento para organizar lde manera distinta el espacio: la i~

tendencia; y más importante aún, una nueva jurisdicción que afectó a la mayorfa de

la población: el fuero militar.

Siendo el ejército la piedra nodal de la Reforma, la Corona puso

particular empeño en que su organización se mantuviera alejada de los intereses loe~

les. Un ejército comandado efectivamente por funcionarios reales, militares profe-

sionales pagados por la Corona, era la condición de esta política.

15
IIITITUTO NA/;IOIIIIIL DE lllttTROfialOGIII I HISTOIIM
BIILIO'l'ICA "0110200 T BEIIIA"
D!m. DI INVISTIGACIONES WISTORICAS
Resulta a primera vista, desde esta perspectivo, un contrasentido

encontrarnos que en la regi6n sin duda mós "criolla" de la Nueva España, el Ba¡ro,
un grupo de profundas raíces localés y de ancestral rivalidad al poder de la Corona,

pague gustoso el costo rntegro de un regimiento militar. O, la otra cara de lo man~

da, ver a la Corono otorgar todos los fueros y preeminencias de los militares ol tradl

cional poder económico local de San Miguel el Grande, al concederles el Regimie!:!_

to de lo Reina, y con él el poder poln-ico sobre su regi6n.

16
Capitulo 1

EL PODER Y SU INSTITUCION. La Corona


Primordial para el sistema económico instaurado en las colonias

espaí'lolas fue la extracción de la mayor cantidad de met6lico al menor costo posible.

Esta extracción exigió la presencia de la autoridad metropolitana en sus colonias, no

únicamente para la ya de por si considerable fiscalización de impuestos, sino para

mantener el suficiente desnivel en la relación metrópoli-colonia que asegurara el

flujo continuo de este met61ico desde donde lo hubiera en la colonia hasta las arcas

reales.

Esta exisgencia estructural del sistema: la de la existencia de

una presión efectiva en el 6mbito colonial, hacia a éste particularmente sensible a

la inestabilidad económica y por tanto poln-ica de la metrópoli. En efecto, el au-

mento o la disminución de la presencia espal'iola en sus posesiones de ultramar influyó

definitivamente no sólo en los montos de lo recaudado por la via de los impuestos,

sino en la estructura organizativa, económica y polirica de las colonias, tanto que

el proceso histórico de éstas podr6 ser cabalmente comprendido sólo cuando se consi-

dere esta determinación, es decir, cuando no se descuide la dimensión polllica de la

relación colonial.

La afirmación anterior de ninguna manera significa que tuviéra-


mos que aceptar mecanismos autom6ticos de respuesta colonial a la conducta metro-

politona. No es posible afirmar históri·camente que a mayor presión metropolitana,

17
es decir, a una mayor extracción de excedentes corresponda necesariamente una

regi6n más colonizada y empobrecida. La realidad parece comportarse de una for-

ma menos automática,

En Nueva Espal'ía, la polil'ica fl scal tuvo sus momentos de ma-

yor rigor desde Felipe 11 (1556-1598) ha$1'a 1620 y a partir de las Reformas Borb6ni -

cas ha$1'a la Independencia. Ambos momentos exigieron a la colonia un aporte de

recursos tal, que la dejaron literalmente agotada. Stn embargo, fue a partir de

esos das momentos -esto es lo que intentamos demo$1'rar-que la colonia vio la posi-

bilidad de liberaci6n respecto de su dependencia econ6mi ca,

El equrvoco podña estar, en este caso, en considerar demasta-

do apresuradamente al monto de los in,,ue$1'os 1 a e$1'a [Link], como indicador

de fuerza metropolitana, Por el contrario, la mayor exlgencia de tributo, fue sin

duda, al menos en los casos que mencionamos, si"ntoma de debilitamiento del Estado

espoí'iol debilidad que lo empujó no Cínicamente a levantar y exigir recursos donde

pudiera encontrarlos, sino que en su angu$1'ia por localizarlos termln6 por parcelar

su propia soberanra.

En ambos momentos, el resultado del recrudecimiento lo polni-

ca tiscal, termin6 en un deterioro del poder efectivo del rey en sus colonias, Esto

signltica que en aquellos regiones donde el desarrollo econ6mico previo lo permiti6,

se allan6 el terreno para un crecimiento org6nico y concebido más independiente-

mente. En ambos momentos lo colonia pog6 el precio de su libertad.

18
El Ayuntamiento

Son muchos los niveles y los canales a través de los cuales la

Corona ejerció el dominio sobre sus pcsesiones, En este trabajo vamos a concen-

trarnos en el an6lisis del ejército: su formación a finales del siglo XVIII.

El ejército, en tanto institucidn para el ejercicio de la sebera-

nía e¡;pañola, nuestro objetivo, fue organizado en buena parte para restablecer la
I
pérdida que en términos de dominio efectivo había sufrido la Corona en el siglo

XVII. El aparato militar, sus fueros, su jurisdiccidn, quisieron subsanar la pérdida

que sufrid el Estado e¡;panol con la venta y cesión de los instrumentos del peder al

i nterés Ioca 1•

En la estructura de los Ayuntamientos de los centros urbanos di_!

persos por todo el tenitoño, es donde este velado propdsito del ejército causó may~

res estragos. Una visión rápida de su histoña mostrar6 quiz6 m6s claramente el pa-

pel que desempeñó la institución militar,

La fundación de centros urbanos, ciudades, villas, congrega-

ciones, fue la manero de responder de la Corono, por una parte, y de los conquista

dores y colonos por otra, a los inmensos problemas del encuentro con el Nuevo Mu::
do. El control de conquistadores y colonos, or/' como el dominio de la pcbladón

conquistada, se resolvieron adaptando a las nuevas condiciones estos instituciones

que como instrumentos de la pall'l-ica estatal, habían probado ya su eficacia en el

6mbito metropolitano: la institución urbana.

Siguiendo a Richard Morse (S) podemos considerar que las

19
instituciones que el conflicto campo-ciudad habra generado en Europa Occidental,

y que el Estado espai'lol utilizaba en sus proyectos de col'l$0lidacl6n nacional, para

la reconquista peninsular y para librar su propia batalla contra los grandes sel'lores,

fueron ubicadas y fortalecidas en la colonia. "Su nacer retrotrara, en buena parte

las circunstancias que 'forjaron los muntclpios de la Edad Media castellano-leonesa;

poblaciones medio colonizadoras, medio guerreras, aut6nomas de necesidad, dado

el aislamiento por las distancias con otros lugares y con las cabezas gobernadoras".
(6)

El fortalecimiento de estas instituciones, en tanto instrumentos

de organizaci6n soclal y polnica de posesiones tan inmensas como distantes fue

pues una polftica obllgada de la Corona. La enonne capacidad de movimTento que

la di stand a con el V Tejo Mundo daba a los $\'lbditos de Espal'la en Am&rica, oblig6

a 6quella a conceder m6rgenes amplrsimos de scberarl'a a las instituciones polrtTcas:

a los cabildos.

Para la Corona el riesgo mayor en las colonias estaba en la te!!,_

dencia de 6sta a consclidar poderes rivales, aut6nomos, que hacran peligrar su Sobe

ranl"a,

Sel'lora abscluta de lo descubierto, tenfa que negocia de tal mo

do con los medios de produccldn que otorgaba a los particulares, que dejara para i'

un margen de decisi6n suficiente como para dominar efectivamente en sus posesio -

nes. Su poder polnico requerTa de un sustento material. Limitando el acceso a la

tierra o a la fuerza de traba¡o, la Corona supo, en un principio, detinir lrmltes

20
precisOs al crecimiento de los intereses particulares.

En los comienzos, grandemente endeuda con los h"'°8s de la

conquista, se vid obligada a concederles parcelas amplrslmas de pader, tanto eco-

nllmfoo como palmeo. Fue ásta la ónica manera de evitar o contrarrestar la ten-

dencia de los conquistadores a independizarse de Espai'la. De esta forma, adem6s

de mercedes y encomiendas, los conquistadores y primeros colonizadores se apa~

ron del cabildo de las ciudodes lo que legitimaba su pader p0lmco y cons01idoba el

econllmico.

Trazados los primeros rasgos de la colonia, la Corona dejll sen-

tir su decisilln de conformar un imperio bien centralh:ado. Y aón ast arremetill

contra el grupo privilegiado por la conquista.

AsT, redlseflando las lmtituctones p01n1cas y guardondo para sT

los puestos de control efectivo, la Corona lanzll su ofenstva contra el padeño eco-

n6mico gestado con la conquista. Desde esos sitios, la Corona padra negociar efe~

tivamente el usO de los Jlllldlos de produccilln y volcar para s1 lo arrancado al exce-

derte social.

Todo un de1¡:>liegue de fuerza representada en los "vimlyes, oi-

dores, visitadores fiscales, corregidores, alcaldes mayores F toda la impresionante

maquinaria burocr6tica que par esas fechas comenzll a estructurarse, tendran a limi-

tar en favor de la Corona el pOder p01n1co y los abusos de conquistadores y encomen


11 (7)
de ros •

21
Por su reciente experiencia en la recon::¡uista, los reyes espa~

les conocran bien el arsenal que las instituciones urbanas representaban en la lucha

contra los sellores de la tierra, Pronto los ayuntamientos urbanos, que tan i ndepen-

dtentemente habran venido actuando, vieron aparecer en las sillas de los cabildos

al representante del rey: al Alcalde Mayor. En efecto, la Corona impuso al ejeroi

cio i ndependtente de la s0beranl'a de los centros urbanos, un funcionario con capa-

cidad de vetar los acuerdos tomodos por los cabildos, Los poderosas encomenderos

y con::¡ui stadores, hasta entonces apoderados de los cabi Idos, vieron que esta medi-

da se sumoba a las muchas que terminaron por minar los fundamentos de su poderl'o,

No 9'lo esto, la Corona buscó la formo de crear y fortalecer i.!!

teresas populares que limitaran la formoctdn de sel'iorl'os de corte feudal. Por ejem-

plo, para la colonización de nuevas tierras, la Corona dlsei'!O proyectos de pobla-

mTento a partir del asentamiento de pequei'los propietarios en torno a instituciones

urbanas: villas o ciudades. Estas, slgniñcarian un coto al crecimiento del poder

económico rival, el poder de los terratententes,

Esta polrñca imperial, que alcanzd sus mejores momentos con

Carlos V (1517-1556) y Felipe 11, tuva que, ya con este último, comenzar a variar

respecto al uso el instrumental polnico, Las crecientes necesidades de la Corona

lo obligaron a utilizar el esp"ndtdo aparato buroerdiico in,:,erial para cei'l'lrlo a las


(8)
m6s restringidas exigencias de su polltica fiscal • En efecto, a partir de esto

~ a la Corona da comienzo a una po11tica que poco a p0co ird entregando los si-

tios de avanzada, los sitios desde los cuales Espol'ia ejerora el dominio en la

22
colonia, a los grupas l0cales. La argustiosa sihJación imperial que obligaba a la

Corona a exigir recursos inmediatos debilitó necesariamente su polllica imperial.

Evidenciando m6s y m6s su debilidad, terminó par ser incapaz de opanerse al inte-

rés rival en la colonia. Con la venta de los cargos públicos, la Corona quiebra su

polltica imperial,

Los intereses papulares que, en buena medí da, habra generado

o fortalecido la Corona, por ejemplo, resintieron bien pronto el cambio. De poco

valió a los vecinos de los centros urbanos la lucha valiente cuando la hubo, par~

fender sus intereses y la legitimidad de sus ciudades o villas si "el Estado espol'iol,

casi al borde de la bancarrota, vendia cado vez m6s los puestos públicos reduc:ien-
(9)
do al propio tiempo los emolumentos de sus representontes" Algunos casos, sin

pretender tipificar, nos muestran a grandes rasgos el proceso,

Francois Chevalier, nos relata el caso de la villa de Córdoba:

"durante la segunda mitad del siglo XVII, el corregidor de San Juan

Coscomatepec -un poderoso capitán llamado Cano l\i\octezuma- se

habTa aliado con los grandes propietarios de la región en contra de

los vecinos de la pequeña villa de Córdoba, En ocasión de un proce-

so en que se vió metido un bachiller que habTa usurpado algunas tie-

rras pertenecientes a la comunidad, los aliados l0graron en 1676 que

la Audiencia le quitara a Córdoba su tftulo de villa y redujera su di_!

trito a una legua cuadrada, bajo pretexto de que la erección no ha-

bra sido confirmada por el rey (de hecho, esos titulas casi nunca se
(10)
confirmaban en Madrid".

23
En Córdoba, la comunidad y la legitimidad de sus instituciones

son impugnadas desde afuera. lvlás significativo resulta el caso en que estos podero

sos intereses regionales se apoderan de las institución urbana desde dentro, es decir

del aparato de poder formal y, asumiendo el poder polrtico que este instrumental au

tomóticamente confería, lo utilizan al servicio de sus intereses. Con este movimie!!

to, que la Corona provocó al vender los cargos del cabildo concediéndolos a perpe-

tuidad, los intereses logran la legitimidad del poder polllico que requerían: la Co~

na cede el instrumento.

En Asunci6n, Aguasca lientes, el mismo autor nos relato cómo

en esto villa, los propietarios, poco a poco, se apoderaron de todos los cargos munl

cipales e hicieron un uso tan exclusivo de los recursos de la villa, que aún "los co!!

ventas no tenfan agua ni siquiera 'para sus cocinas',•• Los acaparadores eran dos

alcaldes ordinarios rico comerciante uno de ellos, y ademós algunos regidores, un

'provincial de la hermandad'• iun licenciadodque había sido alcolde mayor varios


{11}
cap1·tanes y o t ros.,, ..

El debí lito miento de la presencia de la Corona en sus posesio-

nes no significó un mero resurgimfiento del grupo de interés generada en la conqui,!

ta. Paralela a la crisis española y como agravante de ésta, Nuev,J España vi vio en

esta ilpoca una verdadera catástrofe demogr6fica. Cot6strofe que afectó principal-

mente al grupo tributario, conquistodores y encomenderos, en cuyos excedentes fu!!

damentaban sus privilegios. De esta forma, el sistema económico que result6 de la

invasión y conquisto, vivió ademós de la pugna entre los grupos de poder generados

y consolidados, por una parte, y la polrtica imperial de la Corona por la otra, una
24
crisis que impidid su reprocluccidn como tal, como síitema econdmfco dominarte.

Las condiciones en las que se encontró la colonia a partir de

estos momentos fueron Por completo diversas. La fuerza de trabafo era un recurso

escaso y la presencia de la Corona virtualmente inexistente, La ldgfca econdmica

que, p0r su cardcter mds auidnomo habra permanecido marginal cobrd vigor y rear-

gani:z:d la distribucidn de los medios de produccidn y con ello al sistema econdmico. ·

El poder paln·ic o, i ncapa:z: de controlar un sistema en total det.!,

rioro fue puesto en venta. Con ello los nuevos grup0s accedieron al control de las

fnstftuciones que reinterpretadas a las nuevas necesidades, legiflmaron y consolida-

ron el nuevo estado de cosas.

Los centros urbanos se convirtieron asr en la manz:aru de la

discordia.

La villa de San Miguel el Grande fundada en 1555 y su vecina


San Felipe, fundada tambi&n en estos ai!Os, resultan dos ejemplos tlpi cos. La priffl.!,

ra vio con la llegada de los grandes terratenientes, la garantla aunque con otros

tines, de su permanencia. Al avecindarse en ella, y apoderarse de los puestos del

cabtldo y de las tierros de los vecinos y a(in de las comunales, estas famllias de

grandes propietarios cons0lldaban su paderf'o econdmfco al legitimar el palftico.

San Felipe, ird cediendo en abilUrdos tn-ulos otorgados par su

Ayuntamiento y jamds corroborados par el virrey y par tanto sin validez: alguna, to-

das sus tierras hasta verse reducido a los lrmites de su propio caser'/b, habitado ah~

ro solamente par los tributarios de las haciendas.,. "los habitantes de esta pequefla

25
villa habran dejado de elegir autoridades municipales. San Felipe no tenla ya ca-

bildo, y con este motivo (est6n) usurpadas sus tierras, términos y ejidos par los du!_

ños de las haciendas circunvecinas y se han introducido en ellos ocup6ndolos hasta

los mismos canales de la villa 'de tal modo que los vecinos no tienen' donde hacer
(12)
sus labranzas y apacertar sus ganados' ••• "

Una misma institución, el cabtldo municipal, alguna vez instr.!:!.

mento de la Corona para destacar su presencia en sus dominios, atravesó en el tie'!!.

po por usas opuestos. ,Mientras la Corona fue capaz de respaldar su pall'tica dura,

imperial, el cabildo sirvió efectivamente a sus propdsitos, cuando no, paradójica-

mente, la Corona fortaleció adn m6s los intereses que pretend!'a manipular y cedi6,

a cambio de recursos inmediatas, no s61o los privilegios que intert6 recuperar sino

el instrumental palftico con que pensaba lograrlo. Con los cargos del Ayuntamien-

to, los intereses locales acced!'an (de igual manera que a fueros eclesidsticos a tra-

vés de cargos en la lnquisici6n), a fuero y a la representatividad palnica que,

dada su condlcidn de opanentes del sistema que interesaba a Espai'la, se les negaba.

Los altibajos de la palftica metropolitana resultaron factores de

ci si vos en la conformación de las saciedades coloniales. Nueva Espalla vio morí r

al paderos0 grupo de los encomenderos, en buena parte, como resultado de los gol-
(13)
pes propinados par la palftica real • Producto de la misma polr'tica fue el ooci

miento de un roevo grupo que habr6 de cesempel'iar un papel de primera impartancia

en la historT'a de la colonia: los bur<5cratas. Estos, concibiendo "el cargo p6bllco


4
como instrumento de beneficios y riqueza personal"(l ) estructurarT'an un sistema

fundamental en la organización de la produccidn, como fueron las repartimientos

26
del comere i o explotados por los Alcaldes Mayores.

La desigualdad de relación entre la metr6p0li y la colonia otor-

gó a 6quel la la capacidad de definir los términos en que habrt'a que llevarse a cabo

la lucha p0ln-ica. Perdido el Ayuntamiento en manos de los intereses locales, la

Corona pretender6 al paSo del tiempo, desconocer su legitimidad y reformar el si st!_

ma de control p0lhico, Los intereses locales buscar6n, otra vez, ap0derane del ~

vecbso aparato p0ln-ico y reivindicar su derecho de apropiación del excedente por

ellos explotado. Esta nueva instihJción ser6 en buena medida el ej6rcito,


Captrulo 11

lAS REF0RMA.S B0RB0NICAS • Prop6sitos

El debilitamiento que el imperio espal'lol sufrid a partir del siglo

XVII, y el C011$eCuenfe abandono de sus colonias permitid como ha demostrado J.


(15)
Lynch , que éstas go:z:aran de un largo respiro de sus obligaciones. En efecto.

a partlr de 1620, la Nueva Espal'la comen:z:6 a sentir la ausencia de las tirantes rie!;_

das que controlaba la Corona. E$h:I roeva situación le permitid, naturalmente, que

en fonna creciente los excedentes generados ¡,or los colonos quedaran para sati sfa-

cer sus propias necesidades. Desde esta ~ a hasta 1760, la colonia dibujó sus

ra19os fundamentales y desatTOllo org6nicamente sus principales carocteri"sticas.

(16)
Según Simpson padña incluso "demostrarse que M&xico era

pr6ctkamente independiente ya en 1700". De cualquier forma, lo que nos interesa

destacar es que los peligros de liberación definitiva, a,;' como los renovados atract!.

Vos de una colonia madura y enriquecida, hicieron a Espal'la mirar con nuevos ojos

a sus abandonadas pOsesiones.

Para mediados del siglo XVIII, el fin de la Guerra de los Siete

Al'IOs habra dejado a Espal'la, adem6s de la derrota, hundida en una precaria situa-

ción económica. La bancarrota era inminente y los apetitos de la triunfante lrglat!.

rra muy lejos de haber quedado satisfechos pese a la toma de La Habana, Pretender

superar esta situación la obligaba a intentar reconfortar su economfa en el menor

tiempo posible y a prepararse para un nuevo ataque. La necesidad de recursos era

pues impastergable. A partir de este momento las miras de la Corona no tuvieron

29
mas Objetivo que extraer de donde fuera posible, y hasta l mposible, dl nero para

sus exhaustas arcas. Su pcli'lica y la forma de instrumentarla estarán en adelante

determinadas por esa exigencia: metólico,

Para entonces toda una ldeologTa de la explotación racional

concebida principalmente en Europa y con birllantes exponentes espal'loles, estaba

dispcnible para organizar un programa coherente con estos imperativos. En 1743,

José del Campillo habra compuesto su famoso Nuevo Sistema de Gobierno Económi-
(17)
copara la América , cuyo atractivo estribaba en ofrecer una sencilla compai:g

ción de losabu:lantesfrutos que parses conio Francia e IF9laterra extratan de sus co-

lonias, con los mermados ingresos que Espai'la lograba de sus inmensas posesfones.

·-" :·~ De esta manera, las propcsiciones llustradas de reforma cobraren repentino sentido

en la épOca de Carlos 111, (1759-1788). La corte resultó campe prepicio para la

realizaclón de esto que parecra ser una solución a la crll-lca sltuaclón Imperial.

Por medlo de estas pclrtlcas Espai'la pretendra asumir definitivamente su papel de

metrópcll e lmponer su primacra. Los precedimientos seguidos hasta entonces, apa·

recTan ahora a los ojos de los borbones, torpes e lnoperantes. Avldos de cuentas

claras los economistas ilustrados reconsideraron la situaclón de las colonlas; no po-

dra permit, rse que llevaran m6s la autonomra que éstas habTan alcanzado.

Como vimos, a lo largo del siglo XVII las colonias -Nueva Es-

pai'la especificamente- habTan logrado un notable grado de autonomra. En ella, la

crisis interna del antigua sistema sei'lorial, la habTa orillado a desarrellar nuevas fo_i:

mas de organízaclón mucho m6s complejas y autónomas. Las exigencias tributarias

de la Corona habra n terminado par minar su propia presencia en sus posesiones de

30
tal fonna que "la recesión espal'lola signlf!có el crecimiento amerlcano"(ls).

"El nueVo equilibrio de fuerzas se reflejó en la d'ismlnuclón de

riquezas enviadas a Espai'ia ••• SignlfTcó que las colonlas se apropiaban más de su

propia producclón, empleanda sv capital para sv propia administración, defensa e


(19)
11
i nversión El control de la colonla habra sido asumido de tal forma por el

Poder local "que para 1700 la Nueva Espai'ia estaba ya firmemente en las manos de

un amplio sistema de intereses familiares cuyo peso no pudieron destruir los servido-
(20)
res de la corona borbónica medio siglo más tarde" • Quienes llevaban a cabo

· las furci ones de control que la Corona les habTa delegado, realizaban una jugosa

explotaclón de los recursos y de la mayorra de la población novohispana. Estos

gruPos, habTan tejido toda una intrincada red de intereses y privilegios en las regi~

nes con una dependencia tan solo formal para la Corona. Eran ellos qulenes se lle-

vaban la parte de león en la explotación de la colonia y era pues contra ellos que

habra de dlsel'iarse la pol!'lica de reforma.

Las riendas de control de la colonla las llevaban fundamental-

mente: la Iglesia, los comerciantes del monoPolio de C6diz y los poderosos de las

d'spersas regione, ~" que se di~regaba la economía colonial¡ organizados en una

ancestral y pQdero,a estructura, mantentan el estado de co¡as que les era evldente-

mente favorable. Los funcionarios dependientes de la Corona, cuanda no se entre-

mezclaban con estos intereses locales, ocupaban su sitio en la administración de ma

nera meramente formal.

Para la metr6Poli, el de,afTo era el de recuperar y acrecentar

INSTITUTO NACIONAL OE ANTltOPOLOGIA E HISTORIA 31


BIBLIOTECA ..onozco y BERRA,, '
DEP'TO. DE INVESTIGACIONES HISTOmCAS
los excedentes de sus posesiones, arrebatándoles a quienes de hecho los disfrutaban,

Era necesario crear mecanismos, fincar instituciones nuevas que, recapturando los

canales de control (político y fiscal) y aprovechando lo ya logrado, volcaron hocio

la metrópoli lo que acaparaban los intereses loca les, Podría pensarse en una reco-

lonizoci6n con que la Corona vuelve simplemente a intentar recuperar el sitiG-<X:u-

pado por la élite, de la misma manera que en tiempos de la conquistp.,-"él español

aprovechó para sí el sistema de explotación de los indígenas. "l.:i segundo conquis


(21) · -
to de América fue en primer lugar una conquista burocrática•.

l\b obstante lo ambicioso de los proyectos, su costo tenía que

ser mínimo; para esto, lo Corona pretendió que los locales sufragaran, en buena me-

dida, lo sangría que habrían de sufrir. En este sentido las nuevos instituciones no

eran tales, sino uno reorganización de las ya existentes, pero procuR:indo los hilos

fundamentales del control efectivo paro concentrarlos en manas de la •-0rona. De

esta forma la colonia seguiría pagando los gastos de odministroción aunque se le "!

gara ya la capacidad de dominio y decisión. La Corona organizó la distribución

del poder poli'tico de maneR:i que las "nuevos" instituciones funcionaran apoyados

en las precedentes, e impidiesen a los grupos de arraigo loco I el acceso a los nue-

vos y efectivos cargos políticos.

Ejecutores de las Reformas

Por tonto, el aspecto más delicado en la consecución de la Re-


forma estaba en encontrar quién habría de, llevarla a cabo. Las nuevas instituciones

requerían, como supuesto básico, la e,dstencia de nuevos hombres; funcionarios en

quienes puediera confiar ampliamente la Corono, Esta lealtad s61o podría lograrse

32
impidiendo los lazos de familia o de facción que ataban hasta entonces en el Nue-

vo Mundo a quienes e jercian privativamente las funciones 4ue el Estado español

les había delegado. Al respecto Brading señala que "mientras los primeros reyes de

la dinastía borbónica ascendieron liberalmente o los criollos a todos los cargos del

gobierno colonial, salvo los de virrey y obispo, los ilustrados ministros de Carlos

111, empeñados en reformar el viejo orden, otorgaron su confianza, en su mayor par


(22) -
te, a los soldados y burócratas que mandaba Europa" • La "·1mport oc1on
., "d e

funcionarios españoles poro ocupar los puestos clave fue así uno político obligodo.

Si lo expulsión de lo Compañía de Jesú~ y lo instauración del

libre comercio ejemplifican, respectivamente, las políticas para golpear o lo igle-

sia y al monopolio de los comerciantes, lo imposición del sistemo de intendencias

fue el instrumento paro poner coto y negociar el poder político con los intereses

económicos de las regiones y rediseñar el control político del espacio.

La Intendencia fue, como veremos, una institución que funcio-

nó superpuesta al Ayuntamiento, contra el que de hecho fue diseñado. Aprovecha_r:i_

do su sistema organizativo, se encomendaron al Ayuntomiento ciertos toreos que, en

este sentido, servirion precisamente poro cercenar su poder. Un claro ejemplo de

esto político fue lo organización de la milicia.

La Fuerzo Militar antes de la Reformo

Poro lo segundo mitad del siglo XVIII lo organización militar

ero una necesidad impostergable. La delicada situación de lo político exterior es-

pañola amenazada por Inglaterra con uno declaración de guerra. Desde tiempo
33
atrás, ésta codiciaba las posesiones e!fX!i'lolas en América y aprovecharia la menor

oportunidad para arrebatarlas a su enemigo. la corona espai'lola tenia que defen-

der sus posesiones y éstas urgían la protección. "M6s de dos siglos pasaron sin

que hubiesen en !\Leva Espana m6s tropas permanentes que las escoltas de alabard!.

ros del Virrey, y algo m6s adelante las compai'lfas de palacio: el cuerpo de comer-

cio de t-Mxico y las de algunos gremios, y en las provincias milicias con poca dis-

ciplina, a las que agregaban las fuerzas que se solfan levantar en determinadas~
(23)
siones•

Hasta entonces, los peligros externos se habían resuelto ~ica-

mente con la participoci6n de los pobladores mismos, como sucedla en los territo-

rios de la frontera norte asediados por invasiones de indfgenas, o con la presencia

de un mfnimo de fuerza regular como era el caso de la defensa de los puertos ame112.

zados par la piraterra.

la estructura social antigua exid a que el control de la poLla-

ci6n se realizara b6sicamente por medio de la Iglesia; •era ella la que a trav& de

la educaci6n, la misa, la oraci6n, el bautizo, la confesi6n, el matrimonio, la im-

portici6n de los santos 61eos, las vidas edificantes del santoral, la liturgia, la pin-

tura, el teatro, la excomuni6n y la inquisici6n socializaba a la pablaci6n: le impa-


(24)
nfa sus valores y vigilaba su observaci6n• • las mllicias urbanas, pagadas par

los principales gremios de la ciudad {comerciantes, plateras, tocineros)culll>ITan

funciones muy distintas de las marciales: por ejel!l>la, partfctpaban en peregrinado

nes portando lujosos uniformes y armamentos, siendo un vehlculo de ostentaci6n de

las riquezas y de expresi6n del •status• de sus miembros*• En pacas palabras !\Leva
34
Espai'la desconocía la organizaci6n militor.

Formaci6n del Ejllrcito en [Link] España

En estas circunstancias nada efectivo podía hacer la coloniaª!!.

te cualquier intento de invasi6n organizada. Habio que, y esto ero un lugar común,

organizar una fuerza efectiva capaz de hacer frente al amenazante enemigo. Este

urgente motivo encubrió el nueva papel que coma institución de la Reforma habña

de de,e""ei'iar el aparato militar en [Link] Espaila. Concebido coma medio paro

proteger la colonia, seria odemás la fuerza disuasiva que &ta utilizaría para llevar

a cabo sus planes de reforma polirico administrativa. k, formación y actuaci6n del

ej.;rcito result6 sin duda el fen6meno m&s importante del memento para una poblaci6n

para quien este concepto de lo militar ero algo por co""leto novedoso.

Si el proyecto original había sido la exportación co""leta de

los ejércitos desde España (tal era el cuidado que se tenia de velar por mantener el

control efectivo), esta medida tuvo que ser modificada de Inmediato. k, raz6n ert:1

sencilla: España no estaba en posibilidades de exportar la cantidad de poblacl6n

que exigía el mantenimiento de un ejército metropolitano en cada una de las colo-

nias, el costo que representaban estos soldados ert:1 doble del que significaba el re-

clutamiento local y adem&s, la perspectiva de vivir en zonas tropicales e inhóspitas

vaciaba en pocos dlas cuerpos enteros; •durcinte la permanencia de los regimfontos de

la Corona y [Link] Espaoo en Veracruz habían muerto, del primero cuatrocientos

dieciocho hombres y habran desertado novecientos dos aterrorizados, y del segundo


(25)
habran muerto ochocientos dos y desertado seiscientos noventa y seis• • En res~

men, España no estaba en posibilidades de pagar ese ejército. Este hecho


35
determinará la forma como las fuerzas militcres se organizaron.

En términos generales, el diseño de la organizaci6n del ejérci-

to colonial se traz6 a partir de das grandes lineas: un cuerpo que se mantenía siem-

pre en funciones o •regular• como se le denominaba, compuesto por soldadas prof~

sionales, y otro potencial o de •milicia", que eran poco más que las vecinos aptas

de una regi6n equipadas por la regi6n misma y obligados a servir cuando fuere nec~

sorio~

MILICIANCli Y REGULARES DEL EJERCITO [Link]*

1766 10,698 3,032


1784 34,717 4,389

1800 23,812 6,150

SegOn Lucas Alamén el virrey contaba con seis mil permanentes

o regulares y veintidos mil doscientas once provinciales, podemos considerar pues,

que hasta la independencia la fuerza regular represent6 ton s61o alrededor del vei!!_

ticinco por ciento de la fuerza l·ot ·1l disponible. Este estudio estd enfocado al and

lisis de la milicia, más particularmente de la llamada ªprovincial", haciendo de

lado las milicias de las fronteras y las urbanas.

la Mlicia y el Ayuntamiento

Los milicias provinciales se reclutcban entre los vecinos optas

de una regi6n. Aprovechando la cohesi6n que existía en torno a los Ayuntamientos

y el control poln-ico que se concentraba en estos organismos coloniales, se le impu•

so, como funci6n obligada, cooperar a la formaci6n y pago del equipamiento de

36
los cuerpos de milicia provincial. Estas unidades aglutinadas en tomo al Ayunta-

miento eran secciones de formaciones roos amplias, de tal forma, que el mando

efectivo del cuerpo quedaba siempre por encima del Ayuntamiento y en funciona-

rios que no eran~el pals". El dibujo de las grondes regiones geográficas del espa-

cio "clientela" de los cuerpos era trazado por la administración colonial. Este t~

zo fue hecho con la cautela de evitar cualquier sentimiento de facción que hubie-

ra podido generarse de la identidad regional (t'lopa 1), De esta manera, el con-

trol efectivo de la tropa descansaba en el militar no miliciano; es decir en el mili-

tar profesional que generalmente trafdo de Espai'la, garantizaba la lealtad al mana!.

ca. Cuando se hizo la distribución territorial en intendencias, el intendente era


(26)
quien "ten fa el mando militar supremo sobre las tropas instaladas en su zona"

(ver mapa 2),

De esta forma la metrópoli española pagaba únicamente, del

braza fuerte de su ej~rcito, aquellos cuadros mTnimos de oficiales que conservaban

paro ello el control efectivo de la colonia, Como puede observarse, todo estaba

diseí'iado de la farma m6s racional. Sin embargo, no hubo resultados, Por ejemplo,

en 1781 y 1782, cuando la gue..,, con Inglaterra hizo necesario movilizar algunos

regimientos, el virrey :\·~, 1v,gu observó que en su mayorTa "se encontraban inútiles
(27)
.....
para e 1serv1c10 ,

La población no acudla a los llamados a filas, y el que era obli

godo desertaba en cualquier oportunidad; los Ayuntamientos, en quienes descansaba

en la fundamental la organización de estos fuerzas, mostraban una renuncia decidi-

da a cumplir con su nueva obligación, Un funcionario de la &poca escribió: "Estoy


37
Localidades "clíentela" de los regimientos del Rey y del Príncipe en los que
participó Son Miguel el Gr<.mde.

Mapa 1
Local idodes que conformaron el
Regimiento del Rey.
(División oolítlco antigua),

Mapa 2
Localidades que conformaron e
Regimiento del Príncipe,
( Intendencias).
penetrado de dolor de ver el poco celo que hoy ai Servicio del Rey, como de lo

lentitud con que algunos Alcoldez /v\:iyores retardan o dor el debido cumplimiento
(28)
11
de los Ordenesde V, E. , Bien diseñado en teoría, en ..la práctico no iba o

ser nodo sencillo organizar lo milicia,

lo,¡ ideólogos de lo época solían justificar esto situación adu-

ciendo que lo pobloci6n no estaba acostumbrado o esta orgonizoci6n, rozón por lo

cual debton crearse alicientes, Y en esto ~oca el mejor aliciente consistro en ofr!!_

cer el fuero o quienes se dispusieron o portor el uniforme militar,

A pesar de todo lo resistencia o pertenecer o los milicias se mo.!2.

tuvo por olgún tiempo; lo explicoci6n del hecho se ha querido encontrar en que los

organizaciones militares resultaban oigo inusitado poro los pobladores de los colo-

nias. Pero eso explicoci6n no aclaro el que además del fuero ªni el aumento del

prest o los soldados de infonterla, el pago de criados a los oficiales, la seguridad

de tener c6modo alojamiento y lo perspectiva de contar con premios y retiros,


(29)
otroron a los vecinos o los compañías milicianos" , N,s parece que podemos

dar explicaciones menos inciertas.

El militar español hobra ofrecido como tarjeta de presentaci6n

a I as colonias, su porticipoci6n en las sangrientos represiones de los movimientos

de oposici6n que habTon provocado medidos como la expulsi6n de los jesull-as. Lo

población se hizo, desde entonces, uno idea especlfico de quién era el nuevo mili-

tor.

Resulta interesante ejemplificar este cambio en lo concepción e


39
instrument<:ici6n del control polA-ico antes y durante la Reforma; cambio que mostr6

la verdadera cara del militar "ilustrado .. º°'º

"Cuando en 1766 unas seis mil personas trataron de saquear la caja

recl, gritando fViva el Rey, y muera el mal Gobierno¡ Protestaban

contra la imposici6n de alcabalas sobre el marz, la harina, la car-

~ y la leí'la 1 contra los puros de mala calidad que el nuevo mono-

polio del tabaco quería venderles y contra la formaci6n de la mili-

cia en la cual se les podrta obligar a servir. El Ayuntamiento y el

párroco lograron pacificar a los amotinados s61o cuando abandona-

ron el proyecto de establecer un regimiento de milicianos; no se


{30)
encarcelé ni se castig6 en ninguna forma a los amotinados".

Ante este mismo hecho el reformador respondi6 de muy distinta fonna •••

ªPara José Gálvez, los levantamientos que tuvieron lugar simultá-

neamente en Guanajuato, San Luis de la Paz y San Luis Potosí fue-

ron lo que "él penso" una extensa conjuro jesun-a ••• Con el apoyo

de los regimientos españoles que poco antes habTan llegado a

tv'éxico, Ga1vez sofocó la revuelta con una severidad sin prece-

dentes. Solamente en Gua na juato se encarcel6 a seiscientos pers~

nas para interrogarlas, y de ellas mando colgar a nueve, condenó

a treinta y una prisi6n perpetua en los presidios fronterizos, y sen-

tenci6 a otros ciento cuarenta y ocho a perTodos de seis a diez


(31)
años de cárcel".

Podemos imaginar el rechazo que debe haber suscitado el desf)2

tisma de estos funcionarios de la Corona.

40
Además, la posibilidad de ser movilizado o Veracruz por ejem-

plo, resultaba para lo población de dimos templados, lo antesala de la muerteº

"Los problemas que afrontaron los comisionados para formar las milicias fueron de
muy variado ordenº En primer lugar I tuvieron que luchar contra la aversión gene-

ral a ser soldado y en particular contra el miedo y horror que inspiraba al pueblo

bajar o Verocruz pues ero bien sabido que las fiebres malignas del puerto diezmaban
{32)
a la población" º Sin embargo, la razón que determinó la mayor dificultad a

la formación de la milicia fue el conflicto de poder que suscitó,

La Corporativizaci6n del Ejército


Hemos visto como el Ayuntamiento representaba al poder econ6

mico local y por lo tonto contrario y en decidida renuencia a alinearse a una polT-

tico de recolonizaci6n coma la proyectada por los reformadores. Pareclo pues ati-

nado utilizar -de la misma forma que con las ciudades en la primero ~oca de lo c~

lonio, ahora con el ejército- lo maquinaria organizativa y jurTdica militar poro, o

través de ello, recuperar o la población novohispono, golpeando duramente a los

esquivos intereses regionales. "Para motivar a la población criolla al reclutamien-

to de las asociaciones militares reorganizadas, la Corona otorga a los oficiales y

soldados, además de tltulos y uniformes, uno amplio jurisdicción militar a través del

Fuero Mlitar y, sobre éste, mCiltiples privilegios que los distingulon del resto de la
(33)
población" • En otras palabras, al otorgar el fuero a los milicianos, es decir a

los adultos varones de 18 a 40 años llamados a filas, la Corona de hecho arrancaba

esta población -la población económicamente activo- a la jurisdicción de los Ayun-

tamientos paro entregarla al Coronel del Regimiento, ªpara los provinciales la corte

41
• • • ,.(34)
d e primera mstanc,o 0 Con respecto a la jurisdicción, .¼:Alister subraya

"m6s importante que los ni:imeros en sr, fue el hecho de que la jurisdicción militar

fue establecida en coda provincia y, ciertamente, en casi cada comunidad en el


(35)
11
virreinato

Instrumentar esta poln-ica resultó delicado. De hecho exigTa a

los Ayuntamientos que construyeron el potibulo donde habrían de ser sacrificados.

El Ayuntamiento no podra ver con los brazos cruzados como le

ero arrebatado el poder efectivo sobre lo moyoriu de su población económicamente

activo y pollticomente controlada, "En los provincias donde lo milicia existe -apu!:!

taba un contempor6neo- los a leo ldes mayores son ignorados. Están forzados o su-

plicar (sin duda puede afirmarse) la cooperación de los habitantes reclutados en las

compoñlas, están temerosos de perder las investiduras y privilegios de sus oficios;

han sufrido la amputación de buena parte de la clientela de sus jurisdicciones y se

encuentran atemorizados de que el ejemplo de insubordinación seo transmitido a los


(36)

Este conflicto de poder explica las dificultades por las que

atravesó la consecución de la formación de las milicias, todo tipo de argucias fue-

ron empleadas, pero, a pesar de las resistencias, el uniforme militar comenzó a re-

sultar atractivo para lo población. Por medio de &I, grupos subordinados se libera-

ban mágicamente de siglos de opresión; el tributario del tributo, el comerciante y

artesano de monopolios y gremios, la población civil de la autoridad tradicional,

poro acabar, el ej&rcito resultó una alternativa paro resolver casi cualquier
42
problema. "El considerable ni'.imero de comerciantes que servían en el e¡ército vie-

ron en el decreto una hermoso manero de so cor provecho y vento jo. Fue muy diff-

cil hacerles ver que los militares pertenecientes o gremios no podion impunemente
(37)
olteror los precios o lo calidad de los objetos que vendion o fabricaban"

La político de los barbones causó todo el daño deseado. Pron-

to comenzó o tomboleorse uno autoridad ancestral y con ello todos sus privilegios.

Cualquier motivo ero rozón suficiente poro poner en cuestión lo legitimidad de lo

autoridad. Los militares españoles usaban y abusaban de sus privilegios onte lo dis-

creto complicidad de la Corona. El costo social de esta político se justificaba por

su finalidad: la organización de lo defensa. Sin embargo, cado vez que la Corono

requería la presencia de los tropas que supuestamente habla levantado, éstas no ex~

tion sino en el papel; todo tipo de artimañas se confabularon con tolde boicotear la

formación de estos cuerpos, En 17ó5 el Ayuntamiento de Puebla "hobia dispuesto

irregularmente de quince mi I pesos de ta I manera que esta cantidad yo no podio ser

empleado para la compra de uniformes, lo cual retardo lo formación de la mi licio"


(38)

Sin embargo algo quedaba de cado esfuerzo, Algo en i'.iltima

instancia porecTo irse concretando en lo organización de la tropo. Y asf, en un

constante estira y afloja (por ejemplo la concesión del fuero completo o los milicia-

nos en 1793), lo Corona iba recuperando el control efectivo de su población, lasti-

mando duramente intereses huidizos y conformando un ejército; mientras, la sociedad

novohispono atestiguaba el surgimiento de un personaje cuyo uniforme parecía dispa-

rarlo a un limbo social, o un sitio al cual no podio ser alcanzado y desde donde
43
todo tipo de arbitrariedades podfon ser cometidos. El poder que por siglos habfon

e¡ercido los grupos quiso concentrarse en un individuo. Quejándose a este respec-

to, el gobernador de Tlaxcalo decro •que porecro que en cuanto se escogra o un v~

cino poro que sirviera en los milicias, ~te se dedicaba o toda clase de abusos que
• d • • 11 (39)•
e 1 gob erna dor era incapaz e reprimir

La intensidad del conflicto poln-ico provocado por toles reformas

fluctuaba en buena medido con los altibajos de la poln-ico externo españolo; expre-

sión de lo condici6n dependiente de la colonia, Cuando amenazaba una crisis con

io guerra, la Corona hado concesiones y disminufa la tensi6n en favor de los grupos

asusados de tal forma que pudiera asegurar la defensa de sus posebiones. Cuando la

situaci6n externa era más o menos apacible, la odmini~traci6n colonial, menos pre-

sionada, radicalizaba su polTtica de más largo plazo, es decir la recuperaci6n de

las colonias. Sin embargo la crisis de la última dikada del siglo XVIII fue tal, que

oblig6 a España a tomar medidas dxtremas; la pérdida de sus colonias en América 1

particularmente de la N.,eva Esparb . e hubiera significado el derrumbe,

La Co,' '1C S<t encontr6 en un callej6n sin salida. Lo contradic-

torio de sus medidas termin6 p0r volverlas insostenibles. Ahora, tenla que afrontar

la peligrosa situaci6n externa con una crisis interno. •cuando Branciforte se hizo

cargo del gobierno en N.,eva España las hostilidades entre militares y Ayuntamiento
(40)
a cabildos eran bien patentes y objeto de constantes consultas al virreyº

las exigencias de la Reforma hablan exacerbado la explotaci6n

en las colonias, Al mismo tiempo, como vimos, desarticularon las estructuras

44
tradicionales del dominio polll-ico. Ante esta situación ihterna verdaderamente ex-

plosiva, la Corona se encontró por completo impotente para asumir sus obligaciones

de gobierno. El resultado fue una decisión poll'tica suicida: conceder el poder polr-

tico, refortalecido, a quienes pudieran organizar un ejército.

los poderosos de los Ayuntamientos ofrecen entonces, en una

ostensible muestra de poder, organizar la milicia provincial. En efecto, cuando por

ejemplo, el cabildo de San Mguel el Grande exige representatividad efectiva den-

tro de la novedosa estructura de poder y ofrece pagar el costo del regimiento, aduce

el que ademiís de aumentar ªla fuerza de este ejército (y) la existencia del regimien

to acabará por asegurar la tranquilidad de esta jurisdicción incomodada poco tiempo


(41)
hace por las inquietudes de la óltima clase de gentes que habitan sus cercaníasª •

Pronto estos ejércitos, sObita y espléndidamente organizados co-

mandados por los Allende, lturbide, Rul, habrían de ser los que en poco tiempo, el

suficiente para concientizarse de su fuerza, acabaran con el imperio espaflol en

45
Caprtulo 111

FORM>CION DE UN REGIMIENfO

Polrtica /\liilitar de la Corona

Podemos en t&rminos generales considerar al proyecto del ejércl

to espanol en las colonias, es decir este que sustentaba la fuerza principal en las ml

licias provinciales, como una desviaci6n, necesaria, pero desviaci6n, de la polrti-

ca que las medidas de los borbones requerrarr. l'-b siendo un gobierno fuerte, la

Corona espanola intentaba de todos modos llevar a cabo una polrtica dura de refor-

ma; esto la oblig6 a buscar soluciones originales, que logrando el prap6sito funda-

mental la recuperaci6n del dominio sobre sus posesiones, no le significaran sino el

costo mrnimo que de hecho estaba posibilitada a sufragar.

Si bien las milicias resultaban un ej&rcito baroto, su costo, es

decir, la presi6n polrtica que la Corona tenra que ejercer sobre quienes habrran de

organizarlo result6 de todas formas excesivo. Una tras otrc,, la Corona tuvo que d~

volver los privilegios que habra recuperado -a cambio de recursos inmediatos y las

oblrgaciones del gobernar-hasta terminar por traicionar el prop6sito mismo de la

Reforma.

ki formaci6n del regimiento de Dragones de la Reina en San


/\liiguel el Grande, nos proporciona un claro ejemplo de c6mo los intereses regio"5!,

les supieron oponerse efectivamente a las pretensiones de Espana. Conscientes de

la debilidad de la metr6poli utilizaron estratégicamente sus recursos hasta doblegar

al arrogante espanol.

47
San Miguel y la Milicia

San Miguel el Grande habra sido considerado desde un princi-

pio para la formaci6n de la milicia provincial. Cruillas, el virrey que ocupaba el

cargo cuando Gdlvez dio comienzo a las medidas dictad!lS por la poln-ica borb6nica,

habra hecha un diseño de esta milicia e incorporado a 145 hombres de San Miguel

en uno de los batallones: el del Rey, que junto con los asignados a Toluca, Guano-

juato, San Juan Zitdcuaro, Tecalx {sic) .lalpa y Texcoco, componran el cuerpo (ma
(G) -
pa l) •

Lo nueva divisi6n poln-ico de la colonia, resultante de la crea-


ci6n de las intendencias, asign6 de diversa manera los sitios donde los cuerpos ha-

brran de encontrar su clientela. El regimiento de Prrncipe, con personal de [Link],


(43)
Son Felipe, San M~u,I el Grande y Guanajuato I organizado y comandado de:!,

de la cabecera de la intendencia: Guanajuato, fue el segundo intento en el que

San Miguel particip6.

Sin embargo, "bajo el gobierno de Revillogigedo varios regi-

mientos de milicias, entre ellos el del Príncipe, fueron disueltos por la muy convin
(44) -
cente raz6n de que no servran para nada" • En efecto, este virrey, cuya poln-l

ca fue bien consecuente con los requerimientos de España, no se content6 con cri-

ticar duramente a las milicias provinciales sino que suspendi6 su reorganizaci6n y

disolvi6, por propia iniciativa, las unidades provinciales existentes, excepci6n he-

cha del regimiento de México, el batall6n de Puebla (2° batall6n del regimiento de

Tloxcala y Puebla), los lanceros de Veracruz y las compai'lfas de Pardos y Morenos

de Veracru:z:. "México y Puebla, aseguraba, eran las únicas del virreinato que

48
(45)
tenfon lo capacidad de soportar regimientos provinciales" •

De un golpe se daba ffn o los innumerables problemas que la

gestaci6n de esto fuerza habfo ocasionado; desde su imperfecta formaci6n con Crui-

llos y Villolba, su reorganizaci6n en tiempos de Croix y su casi completa reforma en

manos de Bucareli y fv'oyorga, en fin, más de quince años de esfuerzo con un costo
(46)
de 449,420.00 pesos por año.

Pero la decisi6n de Revillagigedo fue tomado de forma demasia-

do personal. El rey, poco antes, habro aprobado un plan de reformo de la milicia

presentado por Antonio Crespo. A Bronciforte, sucesor de Revillagigedo, le resul-

t6 pues, f6cil considerar arbitrarias y sin aprobaci6n del rey las medidas de su ante

cesor. Sin embargo, sin duda motivado por consideraciones de orden pragmático,

Branciforte diseí'ío su propio proyecto de la milicia provincial de [Link] Espaí'la si-

guiendo s61o de Ie¡os el plan de Antonio Crespo aprobado por la Corono. Prueba de

ello es la formación del regimiento de infanterra provincial de Celaya a reclutarse

en la regi6n circundante a la ciudad del mismo nombre, regi6n no inclufda en el

proyecto aprobado.

N:> cabe dudo que el momento que vivra el virrey en su manda-

to exigra resoluciones extremas. El virrey estaba decidido a levantar un ejlircito y

tenra que ha::erlo sin contar con los recursos, seguramente ni siquiera con los mfni-

mos requeridos por el proyecto del Coronel Crespo. ªQuerra Branciforte carta blan
(47) -
ca para instrumentar su propio proyecto de reorganizaci6n de la milicia" •

Resulta importante destacar que si paro el comando y la

49
zonificación del cuerpo se consideraba lo novedoso intendencia (mapa 2), poro su

orgcinizaci6n y pago o quien se considera es al anticuado Ayuntamiento. Es un ca

so tTpico de c6mo se pens6 la Reforma, Es decir, se cred un aparato polA-ico (en ~

te coso la intendencia) que se reserva para sí las funciones de control y dominio

efectivos, y se deja en monos del antiguo (el Ayuntamiento) las de pago, adminis-

traci6n y orgonizaci6n, etc., esto es las funciones que no proporcionan ninguna c,2

pacidad de dominio. No se desmantel6 al "antiguo r,gimen", sino que se preten-

dió utilizarlo para los nuevos fines. las resultados fueron contraproducentes.

El Ayuntamiento de San Miguel el Grande

k, noticia de que la villa y su jurisdicci6n: San Felipe y la Con

gregaci6n de Dolores, habían sido asignadas paro aportar tres compoñfos militares

al regimiento de Celaya, lo llevó, en 1794 el comisionado virreinal Brigadier Pedro

Rurz Dáva los.

k, respuesto primera del Ayuntamiento de San Miguel no debe

haber parecido muy promisora al comisionado, De inmediato aprovecha la posici6n

de vento jo en que la pon Ta la petición del virrey, e intenta resolver problemas do-

mésticoso

Despu~ de asegurar no tener más dinero que el de sus 'propios',

recuerda al virrey que en los Cajas Reales de Guonajuato (capital de lo intenden-

cia) exístron, de sobrantes, .cuatro mil pesos que bien podrfon utilizarse para lo CO'!!_

pro necesario de ::no casa paro el cuartel.

Esto actitud del Ayuntamiento nos insinúo todo lo problemático


so
que, en términos de rivalidad entre ciudades, debe haber prova:odo lo decisi6n de

ocupar Guanajuato poro cabezo de intendencia, Estos, desde su formaci6n, habTon

asumido su pope! inmiscuyéndose en los hasta entonces independientes cabildos, En

1790 por ejemplo, Andrés Amot y Tortoso, intendente de Guonajuoto, seporiS la

Congregoci6n de Nuestro Señora de los Dolores de lo jurisdicci6n de lo villa de

Son Miguel, nombrando poro ella autoridades propios, Con el nombramiento de

un subdelegado poro lo Congregaci6n, se arrebataba al Ayuntamiento de San Mguel

el control poln-ico sobre Dolores, Es decir, Dolores no signific6 poro San lv1iguel o
portir de entonces, sino uno obligaciiSn administrativa.

Poco antes, en 1784, lo intendencia de Guanajuato habra pedi-

do o la villa de San Miguel el Grande una revisi6n de sus gastos, como porte de

los Ordenanzas de Intendencia. De esto informaciiSn se valiiS poro criticar y propo-

ner hacer un uso 'más adecuado' de los productos de lo villa. Se criticaron dura-

mente los 'excesivos' festejos del poblado. Entre otros, los fiestas de toros que du-

raban dos semanas y de las que el Ayuntamiento pen:ibTa el treinta por ciento de

sus productos, fueron consideradas pretexto de "cuantos des6rdenes pueden imaginar


11
~) -
se , y por lo tanto impugnadas hasta su total prohibici6n. Posteriormente el

revuelo de quejos y disgustos que lo medido provoc6 hicieron que el virrey fv'orqui-

no bs volviera a permitir aunque ahora s61o por tres dTos.

En fin, evidentemente no iba a ser fácil convencer a esta insti-

tuei6n de organizar lo urgente fuerzo militar. las dificultades uno y otra vez subr!:,_

yadas por quienes habron intentado con anterioridad formar lo milicia, volvran a

5
1
presentarse sin importor lo crítico del momento,

Sin embargo, el Ayuntamiento ofrece uno olternotiva a las dif_i.

cultodes insalvables antes expuestas. Se hace voz de los 'vecinos' quienes "poseí-

dos de un generoso y laudable deseo ••• de ser admitidos en el servicio" ofrecen

que, de formarse un cuerpo completo en la ¡urisdicción de lo villa, "queda el ca-

6i Ido 9arante de que las donaciones excederán venta josa mente a los gastos c¡ue se
(49)
0
eroguen en la :1abiHtació,1 del Regimiento ..

La Nueva Milicia Provisional

Estas presiones por apropiarse :Jel control del nuevo aparato po-

lítico '.iaoían sin duJa sido ya ejercidas sobre la aalítica de otros virreyes; Revillag.!_

3e~o ero 'sien consciente de lo 1 ue el problema suponía, l>ranciforte sin embargo,

al parecer no puso mientes o esta organización, espontánea y local, de lo tropa y

aceptó los condiciones. "Durante su gobierno ( 1794- 1793) los donativos voluntarios

de las administraciones municipales y numerosas personas privadas para el equipo de


(50)
ia milicia provincial llegaron a la suma de 550,000 pesos"

Es significativo ver, o partir de entonces, cómo los regiones,

obedeciendo o sus re lociones y estructures mós íntimos, se rebelan o sí mismas im-

pugnando una delimitación que había impuesto lo Corona en un evidente afán por

recuperar el control político. Entre otras ca ses, es un declarado rechazo o la In-

tendencia como formo de organización político del espacio y recursos de lo colonia.

Por ejemplo, se propone que "para contribuir o la falta que pueda hocer el regimie'!_

to de infantería de C,.,laya la gente con que contribuía esto vil lo, podrán suplirlo

52
los pueblos de Ac6mboro y Jerkuaro, con lo cual también se consigue que aquél

regimiento quede m6s reunido, circunstancia que conduce no poco a la buena disc.!_
(51)
plina militar"

El Regimiento de la Reina es, en [Link] España, probablemente

el primer cuerpo miliciano cuya formación obedece, no meramente a la fiscalizaci6n

de recursos existentes en las regiones, como hasta entonces habfa operado la pollli-

ca de la Corono, sino o lo concesi6n a quienes detentaban el poder económico del

novedoso instrumento pollHco encubierto por lo orgonizaci6n militar. J\b se troto

simplemente de un acudir o apropiarse de recúrsos privados, son estos los que, o com

bio de la soberanfo aceptan sufragar los costos de la defensa de lo colonia contra

los peligros externos e internos.

Estos cuerpos exigidos por los necesidades de protecci6n de lo

colonia resultaron al servicio de los poderosos de lo colonia, de tal fndole, que le-

jos de actuar como instrumentos de coerci6n del estado español, son (iti les s61o en

funci6n de los intereses de estos grupos, por lo tanto, la Corona podfo disponer de

ellos únicamente cuando existfa una identificación con los intereses regionales. En

Puebla, por ejemplo, "el Conde de Costeloe, Coronel del Regimiento provincial

de Pueblo, se olvidaba en enviar al virrey las cuentas de su regimiento y retrasaba

su marcho o Verocruz mientras Branciforte se desesperaba pidiéndole los informes y


(.52)
sus soldados se morTan en el mol climo del puerto" • •

Resulto interesante ver, c6mo los poderosos de los regiones, que

lucran los ahora anticuados trojes del Ayuntamiento o de los ordenes nobiliarios
53
t ~ISTORIA
-'fl,IIT([Link] tlACJONAL DE [Link]•
IIUILIOTf,C,\ "OROZCO Y [Link]"A
T e ES Hl$TORICAS
diseñadas desde hacía tanto tiempo por la Corona, se disponen a vestir, pese a los

deseos de exclusividad de los poln-icos ilustrados, el engalanado disfroz de militor

puesto de moda por lo Corona. De otro monero, este momento marca el comienzo

de la verdodero crisis de los Ayuntamientos. Despues de hober sido el bo luorte de

los intereses locoles frente o los embates de la Corono, ahora, con el poder poln-ico

militar en sus manll!;, les resulta por completo obsoleto.

En San /vliguel, por ejemplo, el Regidor Alguacil Mayor Dn.

Mguel José Molo, ofreci6 paro contribuir el pago del regimiento el monto que al•

canzara ªla mitad en que se rematase la plazo de su empleo; lo que se le odmiti6, º •


(53)

La Alcaldlo Mayor de San Mguel

La forrmci6n del Regimiento está estrechamente ligado a lo re•

gi6n jurisdicci6n de la Villa de San Mguel el Grande. Tanto que como veremos,

la historia del regimiento es de hecho la historra de lo regi6n.

La Alcaldra Mayor de Son Miguel, situado al noroeste de Gua•

najuato estaba constiturd,:i por los distritos de los villas de Son Mguel el Grande

(cabecera de la Alcaldra), San Felipe y por la Congregoci6n de Dolores. Mientras

que los villas de San Miguel el Grande y San Felipe tienen un orrgen común como

presidios ubicados en el comino de lo plato hacia Zacateca, paro protecci6n de los



productos e insumos mineros de los ataques de los chichimecos, lo Congreoci6n de

Dolores noci6 de una ,qrupoci6n indrgena; un caserro que no alconz6 lo cotegorra

de Congrega e i6n hasta 1643.

54
N:, obstante su origen común, las villas de la Alcaldra siguie-

ron, hist6ricamente, caminas muy distintasº La villa de San 1\1\iguel el Grande,

sin duda por su [Link] de cabecera, hebra sido, desde sus principias, escogida

para residencia de las grandes terratenientes de la regi6nº Este avecinamiento sig-

nific6 la apropiaci6n del instrumental paln-ico que, como vimos, significaba la ins-

tituci6n urbana y que la Corona hebra concedido a las pequeñas propietarias, colo-

nos de la zonaº Apropiándose de la villa, terminaron por despajar "legolmente" de

sus tierras a estas pequeños propietarios y consolidaran su poder econ6mico con la

platafonna de poder polftico que, con la pequeña villa, la Carona hebra legitimado

y concedido 0 Para la pequeña villa esto signific6 la garantra de su permanencia

aunque su prop6sito se viera definitivamente transtornada; no serra más el canal de

expresi6n de las preocupaciones democráticas de sus primeras vecinas sino meramen-

te el tn-ulo de propiedad con que la Corona termin6 por ceder la riqueza y el domi-

nio de la regi6n a las poderosas terratenientes.

1\1\ientras tanto, a la vil la de San Felipe se le despojaba de to-

das sus tierras y, agotada, se reducra estrictamente a las términos de su caserro 0

N:> tuvo más cabildo y sus vecinas terminaron por 'olvidarse' de nombrar quién los

representara.

Por su parte las pobladores congregadas en Dolores, con grandes

sacrificios lograron, a finales del siglo XVIII, salir de la autosuficiencia presionan-

do por participar en la agricultura de mercado que se desarrollaba en la regi6n 0

55
El Poder Territorial

Para finales del siglo XVIII este proceso de apropiación y re-

distribuci6n de los recursos en funci6n de los intereses de los propietarios de la re-

gi6n se habTa completado. Un censo que se levant6 en la Alcaldla Mayor a finales

del siglo XVIII, enumerando y jerarquizando lo riqueza de las haciendas ahf existe12,

tes, nos proporciona datos significativos al respecto. la especificidad misma del

censo garantiza su validez. Se trata de un censo que al enumerar el total de las

haciendas de la jurisdicci6n, les asigna o la vez un impuesto en raz6n a sus 1propor

ciones'o la determinaci6n de este indicador exigi6 "muchos conocimientos genera-

les y particulares que deben instruirse y combinarse con los posibilidades de cado
(54)
terri torio" o

El análisis del censo muestro que la distribuci6n de la riqueza

territorial era más o menos equilibrada en los tres distritos. Considerando al total

de caballos (que fué el impuesto) exigidos a la Alcaldfa como el 100 % de la " 'ri-

queza' de las sesenta haciendas censadas encontramos que esta riqueza se distribuy6

de la siguiente manera:

Haciendas Caballos % con respecto


del total

San Miguel el Grande 22 99 28


San Felipe 20 142 40
Dolores 8 104 31
TOTAL 60 345 99

A San Miguel el Grande le correspondi6 el veintiocho por cien

to de esta 'riqueza' con veintidos haciendas (99 caballos); a San Felipe el cuarenta
56
por ciento con veinte haciendas ( 142 caballos) y a Dolores el treinta y uno por

ciento restante con dieciocho haciendas (\04 caballos).

San Miguel el Grande, San Felipe y la Congregaci6n de los

Dolores contenfan en sus distritos [Link] o menos la misma riqueza territorial. Por

cuanto se refiere a sus propietarios, la util izaci6n de las divisiones pol!Hcas del

territorio pierde sentido.

CRIGEN DE LOS PRCJ>IETARICli DE


HACIENDAS DE LA [Link] MAYCR
DE SAN MIGUEL (1794)

Sanmigueleflos Fuereflos (Qro. y Iglesia l'-b identificados*


IW;x. princ.)
Riqueza 36.4 30.4 s. 1 27
Territorial **

Eran en buena porte dueños de su distrito y com¡:,artran la pro-

piedr,d de las tierras de Son Felipe y Dolores con la lg1esia propietarios avencind2_

dos en la ciudad de fvl.t.;dc(J y ,;~ Ouerétaro principalmente.

* El porcentaie no identificado, por no significar sino una laguna casual de la


fuente, puede sin duda repartirse mós o menos homogeneamente en los tres
rubros conocidos.

** Este lndice no se refiere únicamente al n6mero de haciendas sino a algo más



comp le10 que •
cons1 d era su tamano,
- su p rodt.'dd" •
uc 1v1 a : sus proporciones ",
DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD TERRITORIAL DE SAN MIGUEL EL GRANDE

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Hda. de Puerto de Nieto 12 108 12 3.4 Iglesia


Hda. de Alcocer 9 81 9 2.5 Conde Coso de Leja·
Hdo. de Jolpa 9 81 9 2.5 Condesa de Jolpa

Hdo. de Roncho Viejo 6 54 6 1.7 Conde Casa de Leja


Hda. de Cñdo. de lo Virgen 6 54 6 1.7 Juan Ma. de Lanzogorta
Hdo. de San José de Manantiales 6 54 6 1.7 Casa Sres. Allende
Hdo. del Si matorio 6 54 6 1.7
Hda. del Calder6n 6 54 6 1.7 Antonio Ma, de la Canal

Hda. de Marroquín, A y A 4 36 4 1.1 Pedro Ximénez de Ocón


Hdo. de Puertoe~ Sosa 4 36 4 1.1 Herederos de Are'!aza
Hdo. de la Petaca 4 36 4 1.1 Juan Ma. de Lanzagorta
Hda. de 5 Sres. 4 36 4 1.1 Teodaro Ru rz
Hdo. de A. Gonz61ez 4 36 4 1.1 Domingo de Berrio
Hda. de Dn. Diego y Rincón 4 36 4 1.1 Narciso de lo Canal

Lavar de Mexiquito 2 18 2 .56 Ma. Antonio Sauto


L. de Ricos y CPlado de Locro 2 18 2 .56 J .H. Zamorripa
Hda. de la Cieneguilla 2 18 2 .56 Juan Ma. de Lonzogorta
Lavor de Tirado 2 18 2 .56 Narciso de lo Canal
Lavar de Guerrero 2 18 2 .56 Herederos de A, Delgodc
Hda. de Sn. H. de lo Joya 2 18 2 .56 José Ma. de lo Fuente
Hdo. de Begoi'lo 2 18 2 .56 Domingo de Unzogo
Lovor de Sn. Juan Nepomuceno 2 18 2 .56 Morcelo Lazo
99 891 100 28.0

58
DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD TERRITORIAL DE SAN FELIPE

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Hda. del Marquesado del Jaral 24 216 17 6.9 Marquesa del Jaral
Hda. de Sn. Pedro del B. y Sn. Vte.
de la L. 20 180 14 5.6 Manuel de la Gándara
Hda. de Sta. T. de las iYonjas 9 81 6 2.5 Bachir. Juan J. Delgado
Hda. de Sn. Martín y Tlaquichera 9 81 6 2.5 Josefa de Gurraiz
Hda. de Sto. Bárbara 9 81 6 2.5 Conde Casa de Loja
Hda. de la Deseadilla y Rinc6n 9 81 6 2.5 Condesa Sn. Mateo V.

Hda. del Cubo 6 54 4 1.7 Conde Casa de Loja


Hda de lo Palmo 6 54 4 1.7 Mzgo. Velozquez de la C.
Hdo. de San Diego de los Altos 6 54 4 l.7 Luis Fdez. de la iYodrid
Hda. de Son Pedro de lbarra 6 54 4 1.7 Iglesia
Hdo. Sn. José de iYolino 6 54 4 1.7 José del Peral
Hda. de la Quemada 6 54 4 1.7 Juan Mo. de Lonzogorto

Hdo. De lo Obra 4 36 3 1.1 Mo. de la Luz Padilla


Hdo. de Son Juan de los Llanos 4 36 3 1.1 Hderos. Vte. Urrizor
Hda. de Son Antonio del Blanquillo 4 36 3 1.1 Morques Son Miguel A.
Hda. de Son Isidro y Pájaro 4 36 3 1•l
Hdo. de lo Collado Grande 4 36 3 1 •1

Hdo. de Son Juan del Poyan 2 18 2 ,56


Hdo. de los Reyes 2 18 2 .56 Anostocio Sánchez
Hdo. de la Deseada Grande 2 18 2 .56 Mzgo, Ciénega de Mota
142 1278 100 40.0

59
DISTRICUCION DE LA PROPIEDAD TERRITORIAL DE LA CONGREGACION DE DOLORES

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Hdo, de lo R. 16 144 16 4.5 Morí scol de Costil lo


Hdo. del Gallinero y S. Pablo 9 81 9 2.5 Mariscal de Costilla
Hdo, de lo Venta y S. Gabriel 9 81 9 2.5 José M, de Sauto
Hda. de las Troncas 9 81 9 2.5 Narciso de lo Canal
Hda, de lo Noria 9 81 9 2,5 Francisca de Alday
Hda, de la Sauceda 9 81 9 2.5 Francisco de Alday
Hdo. S. Juan del Vi zcocho 9 81 9 2.5 J. Nepomuceno de
~ Canal

Hdo. de los Reoyos 6 54 6 1.7 Anna de Velasco


Hda. de Ojociego 6 .54 6 1,7 Benito M, de Al dama

Hda, de S. Marcos de A.y A. 4 36 4 1• 1 Victorino de las Fuentes


Hda. de S. A. de los Cebollas 4 36 4 1. 1 José Mo. de Lonzagorto
Hdo, del Rinc6n 4 36 4 1• l J. B. de Abosolo

Lavar de los Principes 2 18 2 .56 José J • Hi dolgo


Lavar Charco de Arauja 2 18 2 ,56 Ber Manuel de Aldomo
Lavor de la Peí'\a 2 18 2 .56 Ma. Monuela L6pez de C
Hda. de lo Soledad 2 18 2 ,56 José de Vi llamil
Lavor de Sta. Bárbara l 9 1 ,28 Pedro José Gutiérrez
Lavar de Salitre l 9 l ,28 Francisco de !borro
TOTAL: 104 936 100 31.0

60
LOCALIZACION DE LA RIQUEZA
TERRITORIAL DE LOS PROPIETARIOS
SANMIGUELEÑOS ( 1794)

San Mguel el Grande San Felipe C. de Dolores

(36. 4% del total 63% 28% 23%


de la Alcoldra)

la estructura de la propiedad de la tierra, en torno a la villa


de San Miguel el Grande, fue producto del especifico desarrollo económico que vi-

vió lo región o través de lo etapa colonial.·

Desarrollo Económico

San Mguel fue uno región vecina a la zona que la administra-

ción colonial habra dibujado desde el siglo XVI como abastecedora agrfcola de, e!!_

tre otros, el Real de Minos de Santa Fe de Guonojuato. La riqueza de las tierras

de lo que habrTa de llamarse el BajTo, y la seguridad y constancia. del men::ado urba -


no que creci6 en la regi6n, habfon generada una consistente agricultura comen::ial

"tal, que dun:mte el siglo XVII la regi6n em más conocido por su agricultura que
(55)

por sus m1 nas • • Las inversiones de capital realizadas en esta agricultura permj_

tieron que para fhales de siglo XVIII el BajTo no s61o abasteciera su crecido mere~

do original sino que estuviera en condiciones de satisfacer necesidades del Norte,


Cs6)
Centro y n6cleos del Occidente de la [Link] España •

(57)
Las regiones vecinas como San Miguel, San luis de la Paz ,
cuya organizaci6n productiva guardaba mayores semejanzas con las tierras del l\lor-

te dedicadas a lo ganaderl'a 1 fueron arrastradas en esta dinámica. "Ante la crecien

te demanda de productos agñcolas el hacendado sustitvy6 la ganoderra por el

61
(58)
cultivo de cereales" 0 Por ejemplo, las exigencias de lo creciente poblaci6n

de la Congregación de Dolores durante la primera mitad del siglo XVII, en los trib!:!,

nales de San lvliguel el Grande, encaminadas a obtener tierras de labranza, muestra

claramente la presi6n de la región vecina en lo demando de productos agrrcolas.

Diez oiíos despu& de lo adquisición de tierras por parte de la Congregación (1747),

el crecimiento de su producción ogrTcola fue tal que lo convirtió en el sector de más

peso en el balance de su economTo, superando al de lo gonoderra que, aunque en


(59)
crecí miento no vió una sacudida como la que registró su agricultura •

Por su parte, e ilustrando el mismo fenómeno, si la producción

de la villa de San Mguel el Grande, ganadera en un 96 % para 1661, un siglo des-

pu~, en 1790, el sector agrTcola alcanzaba ya el 84 % y la proporción de lo gano-


(60)
derro había disminuTdo hasta un 10 % o

A pesar de esta transformación, la manufactura de los productos

de la ganoderra en lo villa de San Miguel el Grande no sufrió menoscabo. Paro el

siglo XVII De la lv'aza encuentra que "las matanzas que se hacran por los vecinos

de San lvliguel varfan entre cuatrocientas y dos mil cabras anuales en cuyo recinto

se curtTon las pieles y se preparaban los carnes y se envasaban las grasas que salfan

para aprovechamiento de las ciudades del interior y en los buques de Acapul:o y


(61)
Veracruz" •

Con vecinos como los que iban habitando la villa, es decir de


(62)
"crecido número y de singular habilidad para el tejido, peleterra y herrerra•

lista pronto super6 los lfmites de una producci6n restringida a la capacidad de


62
establecimientos de tipo familiar para generar, por ejemplo, fábricas textiles mayo-

res, Para mediados del siglo XVIII esto había cobrado tales dimensiones que "una S!_

rie de conflictos con los trabajadores en San Miguel pudieron resolverse s61o median
(63) -
te la intervenci6n de los jesun-asu , "Parafinoles del siglo XVIII Ouerétaro y

San Miguel Allende eran los centros productores de telas de lana más importantes de
(64)
Nieva España" ; no s61o esto ya a mediados del mismo siglo en la villa se cur-
(65)
tían "todo género de pieles, suelas, antes, gamuzas, cordobanes y corazas"

Se fabricaban además •armas filares, y de fuego, espadas, machetes, escopetas,


(66)
pistolas y demás instrumentos de guerra• o

Este secular desarrollo de la manufactul'tl de, entre otros, los

productos de la ganadería, a pesar del cambio a la producci6n agrícola en el distri-

to, nos muestra que el impacto de la din6mica de la agricultura comercial no sign!_

fic6 para San Miguel el Grande una mera traducci6n de su economía, Es claro que

San Miguel diversific6 su producci6n.

Corresponde a la Vil la de Son Miguel el Grande determinar la

producci6n de su regi6n inmediato organizando los recurnos e interpretando la ten-

dencia general en la vecina regi6n de Guanojuato. Dolores, por ejemplo, nos m0_!.

tr6 uno presi6n creciente en el siglo XVIII por participar en la agricultura de mer-

cado a despecho de la ganadería. Sin embargo mantuvo bien alta su producci6n ~

nadera. Esto se debi6 además de ser efecto de las características de su configuro-

ciSn geográfico -montañosa y de pastos cortos-, o que era tributaria de la l6gica

de producci6n organizada desde la Villa de Son [Link]. Por ejefll)la, sabemos que

la casa De la Canal -de ricos propietarios y habilitadores (aviadores) de la

63
producci6n manufacturera de San Miguel el Grande- tenran en tierras de Dolores
(67)
40,000 ovejas vinculadas a su mayorazgo desde 1743 •

Aunque de San Felipe sabemos menos, la poca informaci6n apu!!.

ta hacia el mismo problema. Cuando A. Morfi la visit6 en la segunda mitad del

XVIII, no pudo dejar de dolerse por la existencia de haciendas como la de "La Ou,!
modaº de la viuda de lanzagorta (rica propietaria de San Miguel el Grande) que,

aOn teniendo "bellrsimas tierras de sembraduras no se cultivan por estar destinadas a

la erra de ganado menor" o "Santa Bárbara" de la misma viuda que "despreciando


(68)
su cultivo la destin6 para la erra del ganado menor y poco vacuno" •

San Miguel y El Ba¡ro

Por otra parte, la posici6n estrat6gica de la vil la de San t-Aiguel

el Grande, estuVO favorecida por la situación de privilegio que el BajTo como un t!:!_

do (del que era vecina San Miguel) guardaba respecto a otras regiones de [Link]

Qpalla. Wolf ha demostrado que ªel complejo del BajTo jugaba un papel controdic-
(69)
torio en sus relaciones con otras áreas" • Comprando los productos del t-brte,

los utilizaba como materia prima que una vez manufacturada volvla a vender a pre-

cios altos; operaba así de manera similar a los monopolios del Centro • En el mismo

sentido el BajTo representaba para sus vecinos del t-brte, un eslabón m6s en la cad~

na que los ataba en su dependencia a los productos europeos que monopolizaban los

mercados de las ciudades de fv4éxico y Veracruz.

Por su parte, con respecto a I Centro el Ba ¡ro estaba favorec i-

do por su capacidad de retener la riqueza generada. Al invertirla y reproducirla


64
pudo conformor economias, mercados e intereses locales.

Sus caracterrsticas de regi6n capaz de reproducir las inversiones

que en ella se hadan, le permitieron atraer en dimensiones significativas, capital

de fuera de la regi6n. Parece indudable que el impulsa último que decidi6 el cre-

cimiento alcanzado por la regi6n se debi6, en buena parte, a esta capacidad de



atraer y retener capital. Par razones aún por estudiar , la ciudad de México de

principios del XVIII expuls6 -hacia la regi6n del Bajlo al menos- sumos import;:intes

de capital, Esto situoci6n, que nos hablo de un probable deterioro en estos años de

las relaciones tradicionales de la metr6poli con la colonia, termin6 de dar formo al

s6lido proceso de conformaci6n de economTas que se habra gestado en la regi6n, f:!.


to es indiscutible por cuanto a la regi6n -o microregi6n- de San [Link] se refiere.

Esta requerra paro el aprovechamiento cabal de sus apetitosas condiciones, de inve.!.


siones fuertes y decididas. Al parecer, los poderosos vecinos de San Miguel, poco

pudieron hacer más al!~ de mantener estas condiciones vigentes, Duei'los indiscuti-

bles de la regi6n, apoderados del aparato politico inherente a la instituci6n urbana

del Ayuntamiento, no podran asumir, o no asumieron, la actividad ~s agresiva que

las condiciones de la regi6n exigran. Este papel no esper6 sin embargo protagonis-

ta por mucho tiempo. El capital comercial de lo Ciudad de México, errante por

causas aún no aclaradas acudi6 a llenar el hueco,

De la Canal y el Capital Comercial

En 1732 lleg6 a establecerse a la villa de San Miguel el Gran-

de don Manuel To~s de la Canal. Hijo de un rico almacenero de Ciudad de Mé4


c~contrajo nupcias con Ma, Josefa de Hervás y Flores hija de un rico minero de

65
Guano juato. La actividad de este persona je nos ayudará a entender de qué manera

las clases propietarias y las mercantiles, contrapuestas en Europa, en Nueva España

no encuentran dificultad en identificarse y vertebrarse para dar un paso más en la

consolidación de su dominio. La 'ciudad' a su vez, le¡os de ser la versión espacial

del conflicto, enmarca y proteie esta alianza,

El impacto de la pollHca de inversión de más de 1/2 mill6n de

pesos que debe haber sido el capital lfquido de este personaje es palpable: "En esta

villa está tenido y se tiene por hombre enviado de Dios para plantar y edificar de t2,

dos modos y asl lo reconoce en lo temporal de este vecindario agradecido, que con-
(70)
fiesa deberle a su piedad los muchos adelantos ••• " "Gastó de su peculio más de

doscientos mil pesos en adornar y hermosear la villa, elevando tefll)IOS y casas, con1,
(71)
truyendo caminos y ejerciendo abundantemente la caridad" • Compra además

haciendas, casas, animales, funda el mayorazgo De la Canal y comienza de todas

formas arrancar a la recelosa Corona, uno a uno u privilegios para la villa, sitio de

su imperio económico.

Resulta a todas luces significativa la dimensión de las inversio-

nes que tenían que ser realizadas para asegurar el apoyo que, en términos de apara-

to legitimador y de control ideológico, representaba la Iglesia. Esta versión se ho-

cTa indispensable para acabar de fortalecer a San Mguel que a ¡;,esar de su senci-

llez, contenía todo el arsenal jurídico necesario paro permitir a quien lo manipula-

ra la expresi6n legitimada de su poderío. En este sentido resulta más que anecdóti-

co el relato que de la M:iza nos hoce del intento de Don M:inuel por fundar un con-

vento de monjas en lo villa: "l\b contento Don M:inuel de lo Canal can lo fundación
66
de Loreto" (una preciosa capilla cuya fabricaci6n cost6 36,000 pesos) "quiso en

1740 establecer al Ir un convento de monias capuchinas para lo cual se present6 el 11

de octubre de ese año ante el cabildo de San Miguel pidiendo su autorizaci6n; aquél

envi6 un informe al virrey en el que se dice que de la Canal •procurando promover

la devoci6n de la virgen de Loreto y perpetuar su culto, pretende la formaci6n de un

monasterio de religiosas capuchinas españolas que guarden la primera regla de Santa

Clara" "Se comprometra además el rico caballero, hacer lo de su propio caudal,

'sin presionar en la fábrica al vecindario ni a persona alguna'. El Cabildo hace

ver en su petici6n que con la fundaci6n del convento subirá el lustre de la villa 'en

lo cristiano y en lo pol!Hco' y los padres franciscanos en su pedimento al rey.....

aluden también al acrecentamiento social de la villa. Nos hubo un grave inconve-

niente para dar el permiso al pretendido monasterio y que Felipe IV tuvo muy en

cuenta: que las monjas estarran muy cerca de los padres filipenses... En vano los

filipenses hicieron ver que su edificio, que estaba al oriente, quedaba lejos delco.!!

vento de monjas que se fabricarra al poniente•• º Todo fue en vano. España di6 su
(72)
• u
negativa perpetua •

Esta negativa no detuvo a los De la Canal, No. Josefa hija~

yor, heredera a la muerte de su podre de setenta mil pesos •sintiendo deseos de la

quietud y soledad del claustro, de renunciaci6n y abandono del mundo, impelida s2

bre todo del ambiente de su casa, decidi6 fundar un monasterio de religiosas con-
(73)
cepcionistos en su villa natal" • Su determinaci6n no tard6 en convencer al

obispo de Valladolid de la seriedad y firmeza de la ¡oven quinceañero y concedi6

el permiso,

67
Por su parte, el hijo mayor, heredero del mayorazgo, compra

el tA-ulo de Alferez Real de la villa, que habrTa de lucir m6s de treinta años, cons-

truye en la villa un espléndido palacio de proporciones realmente impresionates.

Participa con sus hermanos en el cabildo, de tal manera, que en el siglo XVIII su
(74)
apellido aparece diez veces en el Ayuntamiento •

No obstante todo este impresionante despliegue y ostentaci6n

de fuerza, poco sabemos en realidad de la manero como este capital era reproduci-

do. Sobemos por Diez de Sol lana que el auge industrial o que lleg6 San tvVguel •se

debi6 en gran parte a lo que favorecTa con sus avTos a los tejedores de sarapes y re-

bozos la noble cosa de los De la Canal, pues les habilitaba la lana de una trasqui-

lla para la época de la subsiguiente y les fiaba grandes cantidades de algod6n y ade
(75) -
roos materias primas sin el menar interés" •

Dueños también alguna vez de obrajes, participaban pues en el

roos aventajado comercio de la villa •10 venta de las lanas, comprándolas a los tra1.

quiladores y repartiéndolos a los trapicheros para la fabricaci6n de frezadas, jergas 1


(76)
lanillas y sombreros que se expenden en el Real de Guanajuata• •

AgustTn Morfi nos confirma esta informaci6n y nos hablo yo de

la evidente crisis por la que atravesaban las actividades de la villa para 1m, "El
comercio roos cuantioso de esta villa consiste en los ganados y en los productos de

las h.:Jciendas inmediatas ••• , Estos tratos han decafdo mucho por las hostilidades

con que infestan los indios aquellas provincias, y I por consiguiente, han decofda

igualmente sus obrajes por la escasez de lanas".

68
"Contribuye igualmente a este atraso la inobediencia y li berti-

naje del pueblo,.. abandonado al vicio: es muy raro el oficial que se sujeto con h!:!_

nora una constante tarea. Apenas se labran hoy algunos colchas y obras de otros

g&neros. Causa dolor ver los obro jes sin gente y los telares sin artificio, al mismo
(77)
tiempo que las calles estlin inundadas de vagabundos"

Podemos concluir que quienes administraban la justicia enfrent!:!_

ron en estos años serias dificultades. Los dispositivos para el ejercicio del control

deben haber sido activados al máximo pese o la crisis de legitimidad que, el Ayun-

tamiento, hobrra de sufrir con la instauraci6n de las Intendencias.

Todo lo cual nos ayudará a comprender la vehemencia con que

el poder econ6mico de lo villa exigiró la representatividad poln-ica.

El Regimiento de la Reino
El anlilisis de la formaci6n del regimienta nos va o mostrar c6mo

los generosos intereses regionales dieron forma y contenido al uniforme militar. El

cuerpo militar, con su minuciosa estructura jerárquica result6 insuperable para des-

tacar, con precisi6n Í"1)ecable la situoci6n relativa de poder que deseaban ostentar

estos ricos personajes.

lo lista de ofrecimientos (Ap&ndice p. 79) dirigida al virrey da

comienzo al proceso. Esta lista, que con pretensiones democráticas firman treinta

y seis participantes -entre ellos los miembros del Ayuntamiento- no parece ser sino

un intento de suavizar la presencia arrolladora de las primeras seis aportaciones,

Estos seis ofrecimientos significaron el 90 % del total aportado.


69
El diagrama muestra claramente que nos encontramos frente o

una sola familia. En efecto I las aportaciones que decidieron la formación de un

cuerpo militar en San Miguel fueron realizadas por los miembros de una familia. En

el mismo diagrama se nota claramente la alianza de dos grupos familiares, alianza

qve se establece por el matrimonio de dos hermanos de la Canal con dos hermanos

landeta.

PRINCIPALES APORTACIONES A LA FORMACION DE LA MILICIA*

• 64 Juan de Lanzagorta y Landeta


• 45 Conde de Casa de l,:,jo
. 66 lv\anuel lv\arce!ino de las Fuentes
• 46 Anna de Landeta
• 69 Narciso lv\a. Lo reto de la Canal
• 68 Lic. José /vio. de la Canal
• 50 Cap, Antonio de la Canal
26 28

8

*Para facilitar su comparación, se respetó la numeración de un diagrama más am-


plio que se presenta al final en la P• 82
70
Si ya hemos hablado de lo familia de la Canal nos falta ahora

conocer algo de la familia [Link]. Este apellido tiene ascendientes en Son Mguel

el Grande por lo menos desde mediados del siglo XVII. Yo en esa ~oca, miembros

de lo familia ocuparon puestos en el Ayuntamiento un número impresionante de ve-

ces. En el siglo XVIII y si consideramos que había elecciones poro tres sitios en el

cabildo cado año -es decir que teoricomente deblon existir alrededor de 300 nom-

bres- únicamente aparecen setenta y cuatro. De estos setenta y cuatro nombres,lo

fami Iia Londeto, o di rectamente emparentados con ella, por lo menos aparece vein
(78) -
tiún veces, con setenta y siete cargos (o m6~ en el Ayuntamiento •

Representaban o los principales terratenientes de la región. En

una jerorquizoci6n de los propietarios tomada de un censo de haciendas (que existe

en el mismo documento de lo formación de milicias), el conde de Casa de Laja,

Manuel de Londeto y Primo ocupo el primer sitio con el 8,4 % de lo riqueza territo

riol de lo región.

Por último, las líneos de parentesco que establecía con los prin

cipoles familias de Son Miguel, conformaban un grupo bien estructurado y homog6-

neo que representaba o los terratenientes de Son Mguel (ver esquema [Link], 80)

Consecuencias de lo Poll'Hco de los Borbones

Los cuerpos de milicia provincial, especl'ficomente este de los


Dragones de la Reina, se componían, odem6s de un pequeilo cuadro de militares de

oficio a quienes la Corono pagaba y encomendaba el cuidado de enseres, armamen-

to, vestuario, etc,, del cuerpo, se componía, decíamos, de doce compailías de

71
milicianos, Cada compaí'lía, con treinta hombres comandados por un capitéin, un t.!!

ni ente y un alférez,

Lo autoridad responsable del regimiento era el Coronel -que ca-

pitaneaba a su vez la primera compañía- seguido inmediatamente por el Teniente Ca

ronel, teniente a su vez de la primera compaí'lia,

En raz6n a sus proporciones las doce compaí'IÍas se distribuyeron

de la siguiente manera: ocho paro la villa de San Miguel, dos poro la de San Felipe

y dos poro la Congregación de Dolores. Sin embargo, aún esto no se pudo cumplir,

Explicarlo nos va a permitir ilustrar, en pequeño, cómo al traicionar una poll'tica

fundamental, la Corona daba al traste con la 16gica misma del proceso, de tal for-

ma, que todas las medidas comienzan a actuar de manera contraproducente.

Habíamos vista c6mo al organizarse las intendencias, la de Gu!!.

najuato hebra nombrado subdelegado para la congregaci6n de Dolores, con lo que

la arrancaba de la jurisdicción efectiva del Ayuntamiento de San Miguel al que pe_!:

tenecTa. Unicamente se habían dejado al cabildo de San Mguel con respecto a

Dolores, funciones de organización y administración, por ejemplo; para la forma-

ción de milicias, que no tenía mayor trascendencia poll'tica, puesto que de cual-

quier forma el comando efectivo lo tenTa la autoridad de la intendencia; el burá:r!!_

ta a i servicio del rey,

Al recuperar el poder poll'tico efectivo con el cargo militar

de Coronel, el poder económico local, recupera adem6s las ventajas de todas sus

funciones como la de la organización de las milicias, que, sin el poder, resultaban


72
uno mero obligoci6n.

Puesto que, entre los funciones que aún le quedaban, correspon

dfo al Ayuntamiento proponer los candidatos o los puestos de comando, toc6 al de

Son Miguel designar o diez comandantes de compoñfos y no o ocho. Diez porque

Dolores, aunque recién estrenaba subdelegado, nunca tuvo Ayuntamiento.

En resumen, si aún quedaba al Ayuntamiento el derecho o pro-

poner candidatos, esto se debfo o que los barbones quisieron utilizar poro su propio

provecho los ventajas de esto tradicional entidad poln-ico. Dado que el comando

efectivo de lo tropo, es decir, el coroneloto, siempre iba o ser impuesto desde el

centro, desde lo metr6poli, no tenfo importancia quién fuero propuesto poro los cor

gas de menor jerorqufo. Segundo, si Dolores no tenro su propio Ayuntamiento, es-

to sin dudo se debi6 o que lo entidad poln-ico efectivo en estos momentos ero lo in-

tendencia y, por lo tonto, cuando se intent6 dar o Dolores autoridades propios orr~

bot6ndolo al influjo de Son Niguel se le design6 un subdelegado y no un cabildo

contra el que de hecho estaba dirigido lo Intendencia.

Cuando de esto formo lo Corono cede su derecho o designar el

comando de los cuerpos milicianos, de hecho contradice uno poln-ico m6s amplio y

coherente con lo que todos o muchos de los medidos tomados con eso 16gico pierden

eficacia y se vuelven contraproducentes. Fue el maltratado Ayuntamiento quien d!:!_

cidi6 los puestos de comando, es decir, lo obligoci6n que le hobfo sido impuesto

se convirti6 en un derecho importante; Dolores no pudo nombrar sus autoridades mi-

litares puesto que en este sentido dependfo de Son Miguel y poro colmo el

73
Ayuntamiento de San Felipe, a punto de desaparecer para estas fechas, logr6 impo-

ner al cuerpo militar personajes que no representaban sino un interi!s inmediato de

poder pollrico, pretensiones que causaron serios disgustos al comisionado.

Asl, de los doce empleos de Capitcfo del regimiento correspon-

di6 al Ayuntamiento de San Miguel el Grande designar a diez. Ochode ellos con

el coronelato y el carga de Teniente-Coronel para miembros de la familia de la Ca-

nal y landeta. De los otros dos capitanes, uno de ellos José B. de Abasolo rico pr!:!.

pietorio y vecino de Dolores, no se encontr6 parentesco con la familia; el otro,

Mguel José M:,lo, propuesto para capitán de la onceaba compoñra result6 ser hom-

bre de paja. Hacra muchos al'los que estaba enfermo y reclurdo en su hacienda por

lo tanto incapaz de servir en la tropa. El comisionado acus6 por esto al Ayunta-

miento de obedecer antes los intereses del teí'ior de la Canal que los del servicio al

monarca. En represalia el comisionado logr6 que el virrey otorgara el empleo a

Don Antonio del Conde, un español enemistado con Don N:.rciso de la Canal.

Historia de las Mi licias: Historia Regional

Aqul, la historia militar, la historia de las milicias, da un vue!

copara convertirse en historio regional. El poder poln-ico vuelve a quedar, redef_!_

nido y fortalecido, en [Link] del poder econ6mico de los colonos. El Coronel del

Re;:,i<11iento, juez de primera instancia en los asuntos de los milicianos, recupera

a,l :)• control sobre la pobloci6n que habla sido arrebatado al Ayuntamiento, En
(79)
San Miguel se trata nada menos que de los "Artesanos y [Link]", ahora

milicianos del Regimiento de la Reina, y bajo lo autoridad de N:.rcisa de la Canal.

74
A partir de este momento, el estudio de la milicia provincial

nos permite el acceso o lo estructuro y composición de las diversas regiones en que

se disgregaba lo sociedad novohispono, Cado una, cada regi6n, en roz6n o su fue_i:

za y cohesi6n, exigirá o no, el acceso al poder poln-ico legitimado representado en

las milicias; cada uno dor6, al cuerpo militar, su propio interpretoci6n.

Podemos ahondar un poco m6s en esto caracterizaci6n del poder

poln-ico como instrumento que, concebido por lo metr6poli, es ubicado e interpreto

do por los intereses econ6micos especfficos que lo requieren. Por ejerf1)1o, si consi

deromos el enlistodo de los propietarios de lo regi6n vemos que, quienes ocupan el

segundo, tercer y cuarto lugar (excepción hecho de la Iglesia), no aparecen entre

los aportadores al cuerpo militar de San Mguel.

Conde de Cosa de l.:>ja 8.4

¼risca I de Castilla 7

¼rquesa del Jaral 6.8


Iglesia 5.1
Francisco Aldoy 5

Juan Me, de kmzogorta 5,06

75
Primero, por cuanto respecta al ¼riscal de Castilla (segundo

lugar en nuestro enlistado), éste era dueño de un inmenso latifundio, la hacienda

llamada de la Erre, parte de la cual se encontraba en tierras de la Alcaldra de San

Miguel. N:> obstante que la producci6n de esta hacienda ascendía, a principios

del siglo XVIII, a 166 081 pesos, la presi6n de lo demando de productos agrrcolas

en lo regi6n lo hizo modificar radicalmente lo formo de explotar esta hacienda,

abandonando la ganoderra para convertirse en rentista. "Eran muchas la ventajas

del sistema de tenencia paro los patrones ausentes, coma los M:iriscoles de Casti-

llo; probablemente sus ingresos no eran ton altos como si ellos mismos explotaron

sus tierras, pero en cambio, evitaban invertir capital y eliminaban los riesgos y
(80)
preocupaciones propias del trabajo de campo" • Es pues 16gico que los marisca-

les no tuvieran mayores intereses polA-icos en la regi6n.

Segundo, Antonio Alday y los marqueses del Jaral, que ocupan

los sitios inmediatos de nuestro lista, participaron en lo formaci6n de los cuerpos mi

litares reclutados en Quer&toro y San luis respectivamente, donde se localizaban

la mayorra de sus posesiones. Aqur podemos mcm::ar una diferencia sooancial: miei:!,

tras Don Juan M:incada, M:irqués del Jaml, solicita el ell'4)1eo de Coronel del Reg1
miento de Dragones provincial de San Carlos (en San luis Potosi) "por convenir asr
(81)
a sus intereses particulares coma dueño de haciendas que era", Don Diego Rul

opulento minero de Guanajuato "hizo el donativo de 4,000 pesos para vestir y ar-
(82)
mor cien hombres de cualquier cuerpo provincial de lnfanterra ••• • pero nece-

sitándose veinticinco mil pesos para completar la formcci6n de un regimiento provi!!.

cial de infanterra en Vol ladolid, se dispuso a aportar esta cantidad por lo que se

76
le confiri6 el empleo de Coronel del cuerpo. Otro tanto hizo Don Ignacio <l>reg6n,

tombi,n rico minero de Gua na juoto que no contento de ser capitán del regimiento

provincial del Prfncipe (carg6 que se le otorgo por vestir y armar un escuodr6n de

este cuerpo en Guanajuato) ofreci6 "completar sobre las ofertas que hasta ahora se

me han hecho, todos los gastos que cause el regimiento de dragones provincial de

l'-t,eva Galicia" (villas de lagos y Aguascalientes). Se le concedi6 naturalmente


(83)
el cargo de Coronel del cuerpo

Es claro que mientras para los terratenientes el poder significa

fundamentalmente el control pollrico del espacio donde se fincan sus intereses, los

mineros por ejemplo, y el capital de los comerciantes en general requiere del ins-

trumento pol!Hco en cuanto tal; es decir, el instrumento que legitima su voz, sus

polrHcas y su capacidad de negociaci6n.

En este sentido podemos decir que, comparativamente, la micr~

regi6n de San Mguel muestra una cohesi6n mlSs s6lida y madura que la regi6n del

Bajfo en su conjunto. Nlientras en la primera los intereses del gn.,po en el poder

han sabido identiftcarse en su rivalidod con el centro, en el Bajlo no encontramos

aún pollHcas de conjunto que nos muestren este nivel de concientizaci6n. En San

lvtguel, la cara del poder econ6mico es una; el Ayuntamiento en efecto, es el ca-

nal a través del cual el interés local puede llevar a cabo sus poln-icas.

Empero, las condiciones para la identificaci6n de intereses en

la regi6n estaban dadas. las pol!Hcas borb6nicas vinieron a actuar como cataliza-

dores de este proceso de concientizaci6n. Provocando la expansi6n de ciertas


77
renglones de la producci6n y descuidando y aún desalentando la de otros, provoc6

un desequilibrio del can junta; exacerbando la explotaci6n y por último concediendo

el instrumental para la expr.ssi6n poll'Hca, la Corona perdi6 la mayoría de sus pose-

siones en Américaº Polil-icas como la de la consolidaci6n de Vales Reales encontr:::!_

ron una colonia violentada y armada que Gnicamente esperó el momento propicio

para declarar su independenciaº

78
CONCLUSION

La condición dependiente de los colonias respecto de lo metró

poli resulto fundamental en lo formación de los estructuras sociales de aquéllos. En

efecto, lo relación colonial, lejos de ser un lugar común en lo historio de los colo-

nias, es uno relación histórico cuyo consideración en el análisis resulto indispensable

poro explicar lo formación y el desarrollo de sus estructuras sociales,

Olvidar esto condición puede ser lo causa de que el ono1isis de

los sociedades coloniales, ofrezco uno visión distorsionado de la realidad.

Es bien conocido lo discusión que suscitaron entre los historia-

dores las conclusiones de Boroh respecto al llamado •Siglo de lo depresión", La

tesis original proponro uno época de recesión económico o partir de 1580, y ero re-

futado, entre otros, por los argumentos de J. Lynch. Este, consideraba imposible

explicar de esa manero, el incremento en el monto de los ingresos reales, vra im-

puestos como el del almojarifazgo, cuyos totales crecieron aún hasta 1638,

A donde queremos llegar, es precisamente a la manero como J.

l. Israel rebate lo argumentación de Lynch, en su traba jo • lvléxico ond the Gene-


('.34)
rol Crisis•, Israel muestra que para 1620, la situación pol!Hca externo de España

ero crn-ico, Sus guerras en Europa entre otras causas, la obligaron a tomar medidos

extremas como los de Olivares en 1621 quien concierta una intensa político fiscal

en todo el imperio, "Es por esto, que puede negarse el que el monto de impuestos

recolectados en lvléxico en el siglo XVII, osf como en el Perú de eso misma época,
79
INSTITUTO NACIONAL DE ANTl'!OPOLOGIA E HISTORIA
BIBLIOTECA "OROZE:O Y BERII A"
DEM'O. DE li11'11ESTIGAC!O¡llE$ HISro~ICAS
sea, de ninguna manero, indicador de desorrol lo econ6mico, En realidad, se trato

de un indicador de lo presi6n ejercida por Espafia sobre México y Perú, en un punto


(85)
crucial de la historia del balance del poder europeo" o

la presencia de la metr6poli en sus posesiones u no solamente r!:.


percute y por lo tanto puede medirse en el monto de los impuestos. la presencia

-y por ende la ausencia- de lo Corona insiere en la conformaci6n de las estructuras

fundamentales de sus dominios.

En este mismo traba jo, como habfamos visto, Israel demuestra

c6mo esta polrHca desesperado por recaudar riquezas (venta de cargos públicos,

etc.) termin6 por minar el poder efectiva del monarca en sus posesiones. Esta con-

dici6n alent6 en primer lugar, los procesos internos de desarrollo aut6nomo de la ca

lonia que habfo venido geshSndose como respuesta al derrumbe demográfico, y en

segundo lugar, remot6 al sistema se!lorial, al cerrar o limitar su acceso a mercados

y recursos externos, a la vez que cercen6 el poder poln-ico de los gr~os sociales

beneficiados,

Abandonada la colonia a sus recursos pudo, a lo largo de un si-

glo, disfrutar del respiro suficiente como paro conformar, orgai'iicamente, un siste-

ma econ6mico propio. Esto fue posible, no únicamente por lo ausencia del espo!lol,

sino por su presencia formol. Es decir, en lo medida que la colonia seguro formal-

mente perteneciendo a I Imperio, podfa considerarse relativamente seguro de los pe-

ligros externos y cobijada por las medidos proteccionistas que dict6 la Corona,

Estas condiciones resultaron ideales para la conformaci6n de


80
e<::onomías bien complejas como la que naci6 en el BajTo. A partir de entonces y

hasta 1760, la colonia concibe su crecimiento de forma independiente. Este proce-

so si bien regional y muchas veces contradictorio, comienza a mostrar sus frutos o

principios del siglo XVIII. Con el poder poliHco en sus monos, los colonos pudie-

ron decidir respecta del futuro del excedente social por ellos explotado.

En esta peBpectiva, los reformas borb6nicos significan lo reapo-

rici6n de la Corona en sus posesiones; poliHcamente u,arecuperaci6n del poder, ec,.2

n6micamente un desajuste brutal de uno economía concebido localmente poro favo-

recer la estructuraci6n de otra dependiente de los requerimientos metropolitanos,

Asr, en nombre de uno supuesta modernizaci6n, se atacan los

fundamentos de una sociedad corporativa y a lo misma vez, se crean y fortalecen

nuevos cuerpos, subsidiarios directos de la Corona. ·

Como los Habsburgos en el siglo XVII, los barbones minan los

cimientos de su presencia en las colonias. A lo vez debilitan, cuando no destruyen,

la 16gico de desarrollo que en su ausencia éstas habían logrado instrumentar. Los

medidos poln-icas producían efecto por completo contrario o lo que, al menos ideo-

16gicamente, buscaba el siglo ilustrado. Lo militarizoci6n de la sociedad, que ton

profundamente va o impactar la historio de los futuros países independientes en que

se disgreg6 el imperio español es uno deudo de estos poli'Hcas.

Roto el pacto colonial, los grupos poderosos de lo colonia, em-

pobrecidos, serón incapaces de organizarse bajo un proyecto común de sociedad y

menos aún de enfrentar los embates de los potencias que, en pleno expansionismo,

81
iban a desalentar cualquier intento auton6mo de desarrollo,

La exigencia de poder de los 'criollos' 1 no es pues un mero "de

seo desesperado", es la vital necesidad de decidir respecto del futuro del exceden-

te social, del mismo modo que las bodas de los criollas con los reci~n llegados esp~

rloles no parece ser una simple "pref.,(encio" sino una sistem&tica pollrica de boic~

tea de las poln-icas metropolitonoso En fin, el conflicto polA-ico entre Corono y c~

lonos, parece ser pues, definitivo para la comprensi6n de lo historia colonial o

82
APENDICE
LISTA DE LAS APORTACIONES PARA LA FORMAClON DEL REGIMIENTO DE LA REINA

Don Narci,o Ma. Loreto de la Canal ofreció en derechura al Excmo.


Sr. Virrey, el vestuario, armamentos y montura de 300 hombre5 paro
este regimiento ... º 24,225
D. Juan M.o. de Lanzagorta y Landeta ofreció en derechura al Sr.
Virrey vestir y armar 150 hombres de Infantería.•• 5,648,31/2
El Sr. Cande de Cosa de Lo¡a 4,000.0
El Cap. Comandante Dn, Antonio de la Canal con la casa de su hna,
Do. M.a. Anna de Landeta ofreció vestir, armar y montar una Cia. de
este regí miento •••• 2,341,6
El Regidor Dn. Manuel Morcelino de I"' Fuentes 1,000.0
El Lic. Dn. José Mo. de la Gmal y Landeta 700,0
Dn. Marcas Antonio del Conde y Dn, Pedro Lámbarri 1,000.0
Dn. Miguel José Malo Regidor Alguacil lw::.yor ofreció cien pesos
y después lo hizo, en lugar de estos de la 1/2 en que se rematase
la Plaza de su empleo,,, 307,4
El Proeurador General Dn, José Landeta 300.0
Dn. José M.o, de Allende por la casa mortuoria de su padre 250.0
Dn. José Manuel de Sauto 200.0
Dn. Tomós Ignacio y Dn, José Antonio de Apestequía 300,0
El Subdelegado, Dn, Pedro Ximénez de Ocón 100.0
El Alce. Ord • mas antiguo D. Dgo. del Berrio l 00,0
El Alce. menos antiguo Regidor Dn, José Mo, de las Fuentes l 00.0
Dn. Domingo de Berrio Barrutiela l 00,0
El Lic. Dn. Ignacio de Aldama 100,0
Dn. Domingo Buscé 100.0
Dn. Antonio Ramirez 100,0
El Srio, de Cavildo Dn, José Cayelono de Luna 50.0
Dn. Juan Baptista de lsasi so.o
Felipe Garci a so.o
Dn. Feo. López de Cruz 40.0
Dn. Miguel Vicente González 25.0
Dn. Feo, Xavier de Agui lar 25.0
Julián Guadarroma 20.0
Dn. José Agundi s 20.0
Dn. Juan Soto 15,0
José Domingo Arteaga 15,0
Dn. Jo,;; !cardo 10.0
Dn. Manuel de Ortega 10.0
José Antonio Cumplido 10.0
Jose Cayetano Ortega 10.0
Dn, Sebasti 6n de Agui rre e.o
Dn. Luis Lazan'""n 5.0

TOTAL 42,335,5 1/2

83
PORCENTAJE DE 'RIQUEZA" TERRITORIAL DE LOS PROPIETARIOS DE SAN MIGUEL

Conde de Casa de Loja 8.4%


Mariscal de Castilla 7
Marquesa de Jaral 6.S
Iglesia 5.1
Francisca Alday 5
Juan Ma. de Lanzcgarta 5,06
Narciso Ma. Lareta de la Canal 4.16
Condesa de Jalpa 2.5
Juan Nepamuceno de la Canal 2.5
Condesa de Son Matea 2.5
Ser. Juan Jasé Delgada 2.5
Josefa Gu rroiz 2.5
José M. de Souta 2,5
Senlto M. de Al dama 1.7
Allende (casa de las ) 1.7
Antonio Ma. de la Canal 1.7
Femandez de Ia Modri d 1,7
? 1.7
José del Peral 1.7
Anna de V elasca 1.7
Vel0zquez de la Cadena 1.7
José Benito de Abosolo 1.1
Domingo del Berrio 1.1
Victorina de las Fuentes 1• 1
? 1.1
Herederos de Arenaza l, l
Jasé Ma. de Lanzogorta l •1
? 1• l
Marques de Son Miguel Aguoyo l •l
Ma. de la Luz Padilla 1,1
Vicente Urrizar 1• 1
Pedro Xi rnénez de O eón 1.1
Teodoro RuTz 1. 1
Ser Manuel de Aldama ,56
Ma. Antonia Sauto .56
Herederos de A. Delgado .56
José Mo. de la fuente .56
Manuel de la Gándara .56
JOffi J. Hidalgo .56
Morcela Lazo ,56
Ma. Monuela López de Cruz ,56
Mzgo. Ciénega de Mato .56
Anas~acio Sánchez .56
Domingo de Unzaga .56
José de Vil lamil .56
J. H. Zaman-ipa .56
"Pobre Clérigo 11 ,56
Pedro Guti errez ,28
Franci seo. de !borra .28

84
PARENTESCO DE LOS OFICIALES DEL REGI}UENTO DE
DRAGONES DE LA REINA. NOMBRE Y CARGO

51 Domingo Pedro de Al lende y Unzaga Teniente 1a era.

52 José María de Allende y Unzago Capitón 7a era.

53 Ignacio José de Allende y Unzaga Teniente 3o era.


56 Don Domingo Buscé Alferez 5a Cia.

57 Ignacio Alejo de Unzaga y Acevedo Teniente 5a era.


59 José Morra de lo Fuente y Val leja Capitán 9a Cia.

60 José Manuel de Sauto y Gándara Capitón 4a era.

61 Joaquín Vi llegas y Ayala Alferez 7a Cia.

64 Juan Matra de Lonzagorto y Londeto Teniente Coronel

65 José Mario de lo Canal y Vallejo Capitán 12a era.

68 Licenciado José Maria de la Canal y Londeto Capitón 3o era.

69 Narciso Moría Lorelo de lo Canal y Landeta Coronel

71 Vicente Manuel de lo Canal y Landeta Capitón 5a era.

72 Juan Nepomuceno de la Canal y Landeta Capitán 8a era.

85
ARBOL GENJJ:ALOGICO Y Rl!:LACIONES DE PáRENTESCO DE LOS
COMANDANTES DEL REGIMIENTO DE LA REINA (A)

3 6 8

6 21

37 40 49

61 62
cl\t.1' ~,

,e
oc
LISTA DE MIEMBROS DEL ARBOL GENEALOGICO

Antonio Urtuzuástegui, Español. Alcalde 11,\,yor y Capitán de Fronteras

2 Francisco Sorabia

3 Gaspar de Unzaga

4 11,\, ría Concepc i6n de Alday

5 Francisco Menchaca. Español, m, 1742. Capitán, Alcalde Ordinario de segun-


do voto en 1710; de primer en 1721 y 22

6 Ana 11,\,rfa de Retis. y Solazar, Sanmigueleña m, 1743

7 Severino de Jaúregui. Español

8 ¼ría Antonia Urtuzuástegui y Sarabia. Sanmigueleña

9 ? lanzagarta

? Urtuzuástegui y Sarcl-iia

11 Francisca de Urtuzu6stegui y Sarabia. Sanmigueleña

12 Francisco de landeta y la Hera. Español

13 Domingo de la Canal, Espaí'íol, n, 1658 rn. 1724 Capit6n de lnfonterfa Españo-


la. Caballero de la Orden de Calatrava

l4 Agustina de Baeza, Mexicana m. 1735

15 Domingo de Unzaga, Español. m, 1766 Regidor del Ayuntamiento. Alcalde Or-


dinario de 2o, voto en 1741; de primer en 1748, 51, 58, 62, 65 y 66

16 Feliciana de Menchaca, S_anmigueleña n. 1715 m. 1754

17 Domingo Antonio de Vallejo

18 ¼ría Francisca de Velasco

19 Baltazar de Sauto, Español

20 Juana Petra de ..laúregui, Sanmigueleña

21 ? Vil legas y Coronel

22 Ana Javiero Villegas y Coronel. Valladolid 1 Nlich.

87
23 Antonio de [Link] y Urtuzu6stegui (Por su apellido es probable que sea de
San lvliguel y primo de su mujer) Copit6n de Cabollerro~ Caballera de la Orden
de Calatravo

24 Roso Francisco de Landeta y Urtuzu6stegui. Sanmigueleña

25 Francisco José de [Link] y Urtuzu6steguL Sanmigueleño. ler. Conde de Caso


de Loja. Regidor y Alferez Real

26 Francisca Primo y Jord6n

27 Mmuel Francisco Tomás de lo Canal y Boezo. 1\1\exicono n. 1701, Caballero de


la Orden de Calatrava. Fundador del N\:iyorozgo de lo Canal

28 N\:irro Josefa Gabrielo de Herv6s y Flores. Guonojuotense

29 Domingo N:irciso de Allende. Español n. 1729 m. 1787. Ocup6 puestos en el


Ayuntamiento en 1764, 67, 71 y 76

30 Ana N\:irra de Un:zogo. Sanmigueleño n. 1743,

31 José N\:irio de Un:zago y 1\1\enchoco. Sanmigueleño n. 1740 mo 1792. Regidor


del Ayuntamiento; Alcalde Provincial de la Santa Hermandad. Ocup6 puestos
en el Ayuntamiento en 1769, 73 y 84

32 Ano Josefa Acebeda. Grueretana

33 L.,isa N\:irfo de Unzogo y 1\1\enchaco. Sonmigueleí'lo n. 1753 m. 1795

34 Miguel José Vallejo de Velasco n. 1752

35 ¼rra lv'odesto Vallejo y de Velasco. Sanmigueleña

36 ¼nuel de la Fuente y Arzo, Español, Alcalde de 2a, elecci6n en 1773,

37 Silverio ¼rro Vallejo

38 N\:irra de la Gándara. Queretana

's, Bias M. de Sauto. Sanmigueleño, Alcalde en 1778. Regidor por San lvliguel

40 ? Vi llegas

41 ¼rro Josefa Rosalia lnchourregui, Española

42 José N\:irro de [Link]:zogorto y Vil legos


43 Rosalro Gomez de Acosto. Queretono

44 Francisco Antonio de [Link] y [Link]. Sanmigueleño, Caballero de lo Or


den de Calatrava. Puestos en el Ayuntamiento en 1760, 61, 62, 71 y 72 -

45 ¼nuel de [Link] y Primo. 2o. Con de Caso de Leja. Sanmiguelei'ío n. 1746


m. 1803, Aport64,000ol regimiento

46 Ano ¼río Joaquina Landeto y Primo. Sanmiguelerío n, 1744 Aport6 con su cufl!!
do Cap. Antonio de lo Canal 2,341.00 al Rgto

47 Francisco Ricardo [Link] y Primo. Sonmiguelei'la n. 1739 m. 179-

48 José ¼riono Loreto de lo Conol y Hervéis. Sanmiguelerío, n. 1738. Puestos del


Ayuntomiento en 1758, 59, 6 3, 71 y 72

49 .losé ¼nuel de lo Canal y Herv6s. Sanmigueleño

50 Antonio de lo Conol Hervás Sonmiguelei'lo n. 1748 Capit6n de milicias en el


Ayuntamiento en 69 y 74, Aport6 con su cuñado 2,341.00al Rgto,

51 Domingo José Allende Sanmiguelelio n. 1766 m. 180'}. Teniente de la 10 0 Com


pañía -

52 José ¼río de Allende Sanmigueleño n. 1763 m. 1811. Aport6 "por la cosa


¼rtuorio de su padre 250. oo• Capitan de la 7a, Cío

53 lgnocio Allende, Sanmigueleño n. 1769 m, 1811. Teniente de lo 3a, Cro

54 ¼nuelo de Allende Sanmigueleña n, 1770

55 t-A:irra Josefa de Allende Sanmigueleño n. 1765 m, 1834

56 Domingo Buscé. Español n. 1770 m. 1835. Aport6 100.00 al Rgto, Alferez de


lo 5a. Cío.

57 Ignacio Unzogo y Acebeda n. 1m, Teniente de la 5a. Cío

58 tv\:iría luisa de lo Fuente y Vallejo, Sanmiguelei'ío n. 1773 m. 1802

59 José ¼río de la Fuente y Vallejo. Sanmiguelerío n, 1768, Aport6 100,00 al


Rgto, Alcalde en 1794. Regidor de lo Villa [Link] en lo 9a. era

60 José tv\:inuel de Souto y Gándara, Sanmigueleño n. 1772. Aport6 200, 00 al


Rgto. Puestos del Ayuntamiento en 1784. Capit6n de lo 4a. Cía

61 Ignacio Vi llegas y Ayo la n. 1770 Alférez de la 7a. Cío


89
ól. Josfi Francisco Eugenio luis Rafael L:mzagorta e lnchaurregui. Sanmigueleflo.
Capit6n del Rgto. de Sierra Gorda. n. 1791 m. 1811

63 .los~ fviarTa Ignacio Pedro Regalado de L:mzagorto y landeta. Sanmigueleño n.


1770'

64 Juan fviarra de· lanzagorta y L:mdeta. Sanmiguelei'\o n. 1765. Visti6 y arm6 150
hombres de infantería (5,618.00) Alcalde Ordinario en 1794. Familiar de Prue-
bas del Sto. Oficio. Teniente Coronel

65 Jr,,~ ¼rra de lo Canal y Vallejo. Sanmigueleño n. 1773. Capit6n de la 12a.


era
66 fvianuel fviarcelino de la Fuente. Español n. 1753. Regidor de la Villa

67 ? de la Canal y landeta

68 Lic. Jos, fvia. de la Canal y landeta. Sanmigueleño n, 1763, Alcalde Ordina-


rio en 1794 Aport6 700. OO. Capitán de lo 3a. Cía

69 N:irciso fvia. Loreto de la Canal y landeta Sanmiguelei'lo n. 1758 m. 1813. Al-


calde Ordl:1<;1rio. Aport6 24,225.00 Coronel

70 fviario Josefa de la Canal y landeta. Sonmiguelefla m. 1812

71 Vicente tvianuel de la Canal y landeta n. 1763 Capitán de la 5a 0 Cra

72 Juan Nepomuceno de la Canal y landeto n. 1765. Capitán de lo 80, Cío


tsK>TAS

(1) Boyle, Co11Stantino, Los Cabildos Seculares en lo América Espoflola, M:idrid,


ed, Sopientia, S.A. 1 p 31 1950

(2) lbid. p 33

(3) Singer, Poul, Economfo Poli'tico de la Urbani:zaci6n, México, Siglo XXI eds,,
1977.pll0

(4) M: Alister, Lyle N, ºThe Fuero Militar" in New Spain 1764-1800 Westport,
Connecticut, Greenwood Publishers, 1974. p 15

(5) M:irse, Richard M. Lo lnvesti~aci6n Urbono Latinoamericana: Tendencias y


Planteas. Buenos Aires, ed. S AP, 1971,
(6) Bayle, Constantino, op cit. p 143

(7) Florescano, Enrique. Estructuras~ Problemas Agrarios de México (1500-1821}


México, Secretorro de Educoci6n úblico, Colecci6n Sep-Setentas, núm. 2,
1971, p 69

(8) M:irse, Richard M, Los Ciudades Latinoamericanos {J. Antecedentes), fvléxi•


co, Secretarfo de Educoci6n Público, Colecci6n Sep-Setentos, núm. 96,
1973.p 101

(9) Chevolier, Frons:ois, Lo Formoci6n de los Grandes Latifundios en México; Tie-


rra y Sociedad en los Siglos XVI y XVII, i-Mxico, Fondo de Cultura Econ6mi-
ca, 1976. p 166

( 1O) lbid, p 274

( 11 ) lbid. p 275

(12) .!!ilil· p 277

(13) Benedict, Bradley, "El Estado en México en lo Epoco de los Hobsburgo" en


Historio de México, México, El Colegio de México, Vol, XXIII, núm. 4,
1974, p 587

(14) Florescano, Enrique e Isabel Gil. Lo Epoca de los Reformas Borb6nicas y del
Crecimiento Econ6mico, México, Cuadernos del Departamento de Investiga-
ciones Hist6ricos N:>, 2 1NAH, 1974. p 35.

(15} lynch, John. Espai'lo bojo los Austrias, Borcelono, Editorial Penrnsulo, 1970

(16) Simpson, [Link]. "El Siglo Olvidado de tvliixico", Apéndice a Borah, Woo-
drow, El Siglo de la Depresi6n en !\Leva España, tv\iixico, Secretarfa de Ed~
caci6n Pública. Colecci6n Sep-Setentas, núm. 221, p 146.

( 17) Campillo, José del. "Levo Sistema de Gobierno Econ6mico para la Amerfca.
M:idrid, 1789

(18) Lynch, .lohn. ~ • Tomo 2, p. 195

( 19) lbid.

(20) Simpson, [Link]. op cit. p 146

(21) Lynch, .lohn. Las Revoluciones Hispanoamericanas, (1808-1826), Barcelona,


ed, Ariel, 1976. p 15

(22) Brading, David A. Mneros y Comerciantes en el México Borb6nico (1763-


1810}. tvliixico, Fondo de Cultura Económica, 1975. p 60

(23) Alamón, Lucas. Historia de tvliixicQ. Méxi,;:o, Imprenta J. M,, Lora, 1849.
T. 1 p 77

(24) Florescano, Enrique e Isabel Gil, op cit. p 34

* •El regimiento compuesto por todos los Sugetos Comerciantes, es hasta mil hom
bres, que se presentan con Uniforme encarnado del mós rico paño de grana, -
chupa, y vuelta azul de lo mismo ••• distinguiéndose s6lo los Oficiales en te
ner casaca guarnecida a doble gal6n de oro, que en todo lo dem6s de lo ri;"o
del vestido compite el último soldado con su Coronel". San Vicente, Juan
M:inuel, •Descripción de la Magnlrica Corte Mexicana (1768)" Anales del
Miseo. T, 5 , , 3a época, México.p 31

(25) Velózquez, Ma, del Carmen, El Estado de Guerra en !\Leva Espolia {1760-
1808} • tvliixico, El Colegio de México, 1950. p 197

* M:: Alister, Lyle N. op cit • p 95 s.s.


{26) Liehr, Reinhordt. Ayuntamiento y Oligarqufa en Puebla (1787-1810), Méx.!.
co, Secretarfa de Eduaci6n Pública, 1976. Sep-Setentas núm. 242 1 p 98

(27) Citado por M:: Alister, Lyle N, op. cit, p 55


(28) Citado por Velózquez, Ma. del Corroen, op cit. p 37

(29) lbid, p 104

(30) Brading, David A, op, cit. p 314

92
(31) lbid,

(32) Vel6zquez, ¼. del Carmen. op. cit. p 38

(33) Liehr, Reinhardt. op. cit, p 63

(34) Me Alistar, Lyle N. op. cit. p 9

(35) lbid. p 70

(36) lbid, p 56

(37) Vel6zquez, ¼, del Carmen, oP• cit. p 155

(38) Liehr, Reinhardt, oP• cit, p 87

(39) Vel6zquez, ¼, del Carmen, ap, cit. p 122

(40) lbid. p 160

(41) Archiva General de la N.ci6n, [Link], D.F. Ramo de Historia, val, 489
•creaci6n del Regimiento Provincial de la Reina" Exp, 1, Carta de Pedro Rurz
al ¼rqu&s de Branciforte, 6 de abril de 1795

(42) Vel6zquez, ¼, del Carmen, op, cit. p '257

(43) Brading, David A. op. cit, p 315

(44) lbid, p 319

(45) Me Alister, Lyle N. ap. cit. p 65

(46) lbid. p 61

(47) Archer, Christon l. The Army in Bourban [Link], (1760-1810). Albuquer-


que, University of New Mexico, 1977. p 108

(48) Citado por ¼za, Francisco de la. San Mguel Allende; su historia y sus mo-
numentos, 1\/\Sxico, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNA~ 1939.p 39

(49) Archivo General de la N,ci6n. op, cit.

(50) Liehr, Reinhardt. op. cit. p 89

(51) Archivo.... op. cit.

(52) Velázquez, ¼, del Carmen. op. cit, p 162


93
(53) Archivo •• º op. cit,

(54) lbid,

(55) Brading, David A, "La Estructura de la Producci6n AgrTcola en el BajTo de


1700 a 1850" en Historia /Vlexicana. 90 (octubre-diciembre 1973),

(56) Véase lvbreno Toscono, Alejandra. "El Sector Extremo y la Organizaci6n Es-
pacial y Regional de Méxicoº Cuademos de Trabajo del Departamento de In-
vestigaciones Hist6ricas, 1NAH 1 1974

(57) V&ise Robell R, Cecilia A, San l.,,iis de la Paz: Estudio de EconomTa y Demo-
erafTa Hist6rico ( 1745-18 l O). ¼xico, D, F, 1975, Tesis, ENÁH, 1975

(58) Brading, David. op. cit, p 201

(59) V&ise Hurtado l.6pez Flor de Mirra. Dolores Hidalgo; Estudio Econ6mico
1740-1790. México, INAH, 1974

(60) Vt?:ase Galicia, Silvia, "Precios y Producci6n en San Miguel el Grande 1661-
1783" Cuadernos de Traba jo del Departamento de lnvestigac iones Historicos,
197 4,

(61) Mizo, Francisco de la op, cit, p 39

(62) lvbrfi, .luan Agustfn de" Viaje de Indias y Diario del [Link] México, Méxi-
co, 2a. ed, Antigua LibrerTa Robredo, 1953

(63) Wolf, Eric. R,, "El Bajfo en el Siglo XVIII, Un Análisis de Integración Cul-
tura I" en David Barkin (comp.) los Beneficiarios del Desarrollo Regional,
México, Secretarfa de Educaci6n Pública, colecci6n Sep-Setentas, núm, 52,
1972, p 84

(64) Brading, David A, opo cit,

(65) Séinchez de Tagle, ..looquTn. "Informes del Estado Económico y Social de la


Villa de San Miguel el Grande, año de 1754", Nota introducci6n por J,
Ignacio Rubio Miñe en BoletTn del Archivo General de lo N:ici6n, México,
D,F, 2a, serie, Tomo 11, 1961, p 364

(66) lbici, p 364

(67) Milo Zozoyo, Miguel J, La Casa y el /v\:iyorazgo de la Canal, Mecanoes-


crito.

(68) Mirfi, Agustrn, op. cit. p 48

94
(69) Wolf, Eric. R. , oP• cit. p 73

(70) Citado por Francisco de la M:izo oP• cit. p 56

(71) lbid. p 56

(72) lbid. p 76

(73) lbid. p 78

(74) Véase ºAlcaldes Ordinarios y Procuradores de la Villa de San Miguel el Gran


de, 1700--1785". N::>ta Introductoria por J. Ignacio Rubia M:iñe en Boletín -
del Archivo General de la N::ici6n. M&xica, D.F. 2a serie, Tomo 11, 1961
0

(75) Citada por Francisco de la M:iza oP• cit. p 56

(76) S6nchez de Tagle, Joaquín, oP• cit, p 364

(77) M:irfr, Agustin oP· cit. 45


(78) •Alcaldes Ordinarios y,,. OJ?• cit.

(79) Vel6zquez, M:i. del Carmen, oP• cit. p 174

(80) Brading, A. op. cit. p 228

(81) lbid, p 221

(82) Archer, Christian l. oP• cit, p 211

(83) M:iterial de lo Casa Amarilla, sin clasificar.

(84) Israel, J, l. "M&xico and the 'General Crisis' of the Seventeenth Century"
en Past and Present, Inglaterra, Corpus Christi College, núm. 63, 1974

(85) lbid. p 40

95
El tiraje de esta publkación se terminó eljueves 30 de septiembre de
1952 en los tal:tere, del Departamento de Impresiones del INSTI-
TUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGIA E HISTORIA de la SEP,
siendo Ilire(:tor General el Proft. Gutón García Caniú, y jefe del
Depto. el MAG Humbetto Cru:r: Salo.
Edldóa: mDejomplarel

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