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Franz Wright

Este documento presenta un poema de Franz Wright titulado "Un pensamiento feliz". El poema habla sobre el autor asumiendo que este es su último día de vida, aunque podría significar que es casi el primero. A pesar de quedar ciego, su ceguera es luminosa. No teme a la muerte ni a la palabra "siempre". Morir será como haber nacido, aunque posiblemente se sienta más solo, pero no más impactado o prolongado. La muerte es oscura al principio y luego muy brillante.
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Franz Wright

Este documento presenta un poema de Franz Wright titulado "Un pensamiento feliz". El poema habla sobre el autor asumiendo que este es su último día de vida, aunque podría significar que es casi el primero. A pesar de quedar ciego, su ceguera es luminosa. No teme a la muerte ni a la palabra "siempre". Morir será como haber nacido, aunque posiblemente se sienta más solo, pero no más impactado o prolongado. La muerte es oscura al principio y luego muy brillante.
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INICIO TIMMY  CATALEJO  FIN DEL EPISODIO

Franz Wright
FR ANZ WRIGHT

/ OCTUBRE 23, 2018

UN PENSAMIENTO FELIZ

Suponiendo que éste sea el último día de mi vida

(lo que podría significar que es casi el primero),

me estoy quedando ciego pero mi ceguera es luminosa.

Preparado para lo que aquí se conoce como muerte;

sin miedo a esa extraña palabra, “siempre”.

Puedo ver incluso que ahí no hay nada

que temer: habiendo estado ya

para siempre, soy incapaz de recordar

nada que me aterre, allí, o me lastime.

Lo que me asustó, aparentemente, y lastimó

fue haber nacido. Pero me sobrepuse a ello

sin resentimientos. Morir, imagino,

será lo mismo, me sentiré más solo, quizá,

pero seguramente no más impresionado o prorrogado-

Es oscuro, según recuerdo, después brillante, tan brillante.

A HAPPY THOUGHT

Assuming this is the last day of my life

(which might mean it is almost the first),

I’m struck blind but my blindness is bright.

Prepare for what’s known here as death;

have no fear of that strange word forever.

Even I can see there’s nothing there

to be afraid of: having already been

to forever I’m unable to recall

anything that scared me there, or hurt—

what frightened me, apparently, and hurt

was being born. But I got over that

with no hard feelings. Dying, I imagine,

it will be the same deal, lonesomer maybe,


but surely no more shocking or prolonged—

it’s dark as I recall, then bright, so bright.

FRANZ WRIGHT (1953, Viena, Austria / 2015, Waltham,


Estados Unidos de NA)

En la Ciudad de los Vientos

LITERATURA, COMENTARIOS Y DESVARÍOS


POESIA

Martes de #poesía: Franz Wright

PUBLICADO POR GERARDO1313 ⋅ FEBRERO 25, 2014 ⋅ 5 COMENTARIOS


ARCHIVADO BAJO  FRANZ WRIGHT, JAMES WRIGHT, POESIA, PULITZER
Motivos ajenos a mi voluntad me han impedido publicar el blog en las dos últimas semanas, por
lo que pido disculpas a quienes han entrado en la página y no han encontrado nada nuevo.

En el curso de esas dos semanas me he topado con un poeta extraordinario que me gustaría
compartir en este espacio. Se trata del estadounidense Franz Wright, nacido en 1953, y autor de
varios poemarios, del último de los cuales, F (2013), traduje algunos poemas. Wright es también
traductor, y ha llevado al inglés poemas de Rainer Maria Rilke, René Char, o la bielorrusa
Valzhyna Mort, entre otras.

Wright ganó el Pulitzer de Poesía de 2004 por su libro Walking to Martha’s Vineyard. Es
interesante subrayar que el padre de Wright, el también poeta James Wright, había ganado el
Pulitzer en 1972, lo que constituye el único caso en el que un padre y un hijo han ganado el
Pulitzer en la misma categoría.

La relación de Franz Wright con su padre fue traumática. James Wright murió en 1980, a los 52
años, tras una larga lucha contra la depresión y el alcoholismo. Franz Wright, su hijo, ha
padecido también diversas adicciones, sobrevivido al cáncer y a un internamiento en una
institución de salud mental. En ese sentido, su poesía me conecta con la de la italiana Alda
Merini.

La poesía de Wright no es fácil de leer: ácida y sardónica, es también formalmente compleja con
largos y angustiosos poemas en prosa. Hay en su poesía un tono final de esperanza, pero el lector
debe hurgar largo y profundo hasta encontrarlo.

Los dejo con algunos de sus poemas.

Franz Wright. Salud.

Cuatro de la mañana

Viento que viene de las estrellas.

El mundo es incómodamente feliz—

todo será olvidado.


El ave que nunca he visto

canta con total, tonta entrega;

misma voz, misma hora, hasta que

despierto y cierro mis ojos.

Ahí estaba de nuevo:

el borde del bosque, y la sombra

profunda

de la depresión invitándome

diciendo

Aquí no hay nadie.

Nadie estaba

que se avergonzase de mí.

El compositor

La gente decía que tenía una gran predilección por la buena vida y que comía como un cerdo. Sin
embargo, el niño que le llevaba a la cama su chocolate a veces lo encontraba sollozando en
silencio, sus rosadas y regordetas manos ligeramente elevadas como conduciendo,
evidentemente, en mímicas breves y reverentes. La conciencia de existir en un mundo donde la
muerte es real le vino en forma de música.

Arrugada nota al viento

Si nadie estuviese

aquí para verlo

¿diríamos que el sol

brilla? Por supuesto,

estúpido pedante.

Pero ya dije todo

lo que tenía que decir.


Por escrito.

Firmé mi nombre.

El turno es de la muerte.

Se puede quedar con la mía.

Es una perfecta mañana de junio

y acabo de cumplir dieciocho;

ni siquiera puedo creer

como me siento hoy.

Aquí estoy, Señor,

sentado en una maleta,

esperando mi tren.

El sol brilla.

Nunca volveré.

Pordiosero

Ahí está vigilando su lugar en la acera, como siempre, pese a que estuve tanto tiempo ausente.
Justo apenas dentro del portal del que parece tener derechos exclusivos. Se pone tan quieto que
podría ser como una vieja grulla en el ocaso a la orilla de un río gris y estrecho. Podría ser una
lápida que nunca recibió nombre, o un guardián de la frontera entre nosotros y un país en el que
nuestros dobles viviesen sus días, idénticos a los nuestros, pero con quietud, tacto, calma e
inquebrantable amabilidad. Somos un planeta de hijos de puta de sangre fría, pero de alguna
manera él ha logrado jodernos a todos: ahí está, todavía de pie, muy derecho, creo, su brazo
derecho más o menos perpendicular al pavimento, y extendido hacia el pavimento ese antebrazo
que termina en una huesuda muñeca que surge de su holgada y corta manga con la mano
abierta, palma hacia arriba, como si estuviese ofreciéndonos en venta su vacío, o pacientemente
esperando que paguemos la cuota.

El poema

Estoy de pie sólo con todos los demás en el centro del mundo,

un rayo violeta del mediodía atraviesa mi frente.

Y de pronto es medianoche.

 

Poesía norteamericana:
Franz Wright

Presentamos, en versión de Gerardo Cárdenas,  “Apuntes de la celda”, un largo poema


del escritor norteamericano Franz Wright (Viena, 1953).   A la fecha Wright ha
publicado más de una docena poemarios. Además del que le mereció el Pulitzer
destacan  Kindertotenwald,  Wheeling Motel  y  F  (Knopf, Nueva York, 2013).   Dice
Cárdenas:  Wright no sólo luchó contra la locura; también lo hizo contra severas
adicciones y contra el cáncer. Su supervivencia es un asunto de fe, pero no es la fe
ciega del cristiano renacido, sino una fe cargada de ironía y sarcasmo

Apuntes de la celda

 
Franz Wright

(traducción y nota de Gerardo Cárdenas)

La poesía de Franz Wright (Viena, 1953) es la de una lucha continua contra el ángel.
No es este ángel un ser venturoso o puro; es el ángel exterminador que trabaja desde
dentro del cuerpo y el cerebro del poeta. Leo sus poemas, y me remito a Alda Merini y
a Leopoldo María Panero. El poeta lucha contra los demonios de la locura. Pero al
contrario de Merini y Panero, Wright no deja de pelear contra el ángel como Jacob en
Peniel. Y como Jacob, muestra sus heridas al final de la pelea.

Wright no sólo luchó contra la locura; también lo hizo contra severas adicciones y
contra el cáncer. Su supervivencia es un asunto de fe, pero no es la fe ciega del
cristiano renacido, sino una fe cargada de ironía y sarcasmo. Wright no se ciega
voluntariamente, sino que se guarda una última palabra.

La lucha contra el ángel es también la lucha contra el padre. Wright fue hijo del
también poeta James Wright, y con su padre tuvo una relación áspera y conflictiva,
marcada por el alcoholismo. En 1972, James Wright obtuvo el Pulitzer de Poesía por la
recopilación de sus Poemas completos. Es marcadamente irónico que su hijo Franz
obtuviese el mismo premio, en 2004, por el poemario Walking to Martha’s Vineyard,
convirtiéndose así en el único tándem de padre e hijo en recibir ese galardón.

A la fecha Wright ha publicado más de una docena poemarios. Además del que le
mereció el Pulitzer destacan Kindertotenwald, Wheeling Motel y F (Knopf, Nueva York,
2013).

F destaca por la furia de su lenguaje, y la ironía y complejidad de su prosa poética.


Compuesto de tres secciones, su pieza central es la segunda sección que consta de un
solo poema, el largo, difícil y estremecedor Entries of the cell que he traducido como
Apuntes de la celda.

Traductor de Rilke y lector de Nietzsche, Wright alcanza en este poema momentos de


iluminación que yo compararía con los de Así hablaba Zaratustra. Apuntes de la celda
es Wright en el hospital luchando contra el cáncer, Wright en el pabellón siquiátrico
luchando contra la locura, Wright en una iglesia luchando contra su fe. El ángel da
batalla continua, un ángel sin rostro, terrible y mudo.

Wright tituló al poema como Entries of the cell para jugar con un triple significado de
la palabra cell en inglés. Cell es, obviamente, la célula, ésa que ha traicionado al
cuerpo del poeta por vía del cáncer pero que Wright se rehúsa a culpar. Cell es
también, y sobre todo, la celda monacal. Aquí Wright se remonta a las órdenes
monásticas, y a su propia necesidad de aislarse del mundo para recibir el
conocimiento sobre el mundo. Es un acto de renunciación a lo cotidiano. Pero el
poeta juega con nosotros. Cell se refiere también al teléfono celular. Wright ha
dedicado Entries of the cell al poeta estadounidense de origen palestino Fady Joudah,
cuyo e-book Textu (2013) se compone exclusivamente de poemas que Joudah escribió
en su celular.

 
 

Apuntes de la celda

                                                                                                              ¿Qué tendrá que


decir la medianoche?

                                                                                                              –Nietzsche

Dime de nuevo cómo vas a hacerlo. Me lo pregunto y me lo

pregunto. Dime. A la luz de la ventana, fantasmas míos; a la luz del invierno, sol
visto desde Plutón, espejo de mano de niña muerta y desierto de diamantes
molidos; al sabor de sangre fresca de un ave en la nieve, teorema y
encantamiento. Murmurando y canturreando a solas la misma palabra que he
venido diciendo para llegar a ti, parece que desde siempre, desde el feliz
ascenso hasta la fatal caída, y todo lo que mareado y trastornado he estado
tratando de recordar, muriéndome por cantarte, por simple y extraño que sea.

Hay dos infinitos. ¿No los ves?

No me preguntes cómo funcionan –uno es de espacio plagado de estrellas, y uno

de las palabras que lo nombran–…

Sólo sé que fue como vivir dos veces.

Rilke dijo que aún en prisión tendrías tu niñez,


prueba incontrovertible de que nunca estuvo ni siquiera cerca de una prisión.

También dijo que la muerte comienza en la punta de la nariz, ¡pero qué interesante!

Y yo que todavía viajo en trenes para juntar ejemplos corroborativos.

Pero yo sé algo que nadie me enseñó y que nunca aprendí

en un libro.

No son malas.

No son ni siquiera malas. Son apenas una enfermedad, o sus alas infinitesimales.

No son una enfermedad mortal. No necesariamente.

Sin premeditación, sin conciencia, sin discriminación

se contagian a cualquiera que se les acerque…

Las he padecido y lo sé.

Y yo he sido ellas.

Entonces vi las autopistas que rodean a Los Ángeles paralizadas

con carrozas blancas, parachoques contra parachoques, avanzando a unas 10


millas por hora…

Faros a pleno sol uno detrás del otro, misterioso

lugar común: ¿quién no se ha detenido para dejarlos pasar sin un prolongado


segundo de identificación con el ausente pasajero; sin una punzada de
enfermizo pánico,
 

o de envidia?

Me gusta encender un cirio después de la misa, mirar fijamente la llama rebosante

de su lágrima de color miel, y pedirte que hoy visites el corazón de alguien que
te necesite, de alguien que ha dejado la puerta abierta aunque ni siquiera cree
que lo podrás sanar, que ni siquiera cree que ya estás en camino, ni hoy, ni
mañana, ni nunca. Visita sobre todo a alguien que no puede creer en tu
existencia y que debe estar tan solitario como Tú. Te miro, elevado a pocos
centímetros del suelo, tu rostro que ya no se contrae de dolor, cadáver
crucificado, flacos brazos aún extendidos para atraer a todos hacia Ti, y ¿por qué
no puedo responder? Aún ahora, luego de diez años de apenas poder
comportarme como un fiel, que soy menos capaz de conservar un sentido literal
de tu presencia que de mirar directamente al sol—aún ahora no me has
abandonado.

Habiendo para toda intención y efecto abandonado tu amor no correspondido,

no le has dado la espalda a mi mente, a su coma sin sueño ni sensibilidad. ¡Y


soy consciente de que mi fracaso para percibirte en nada disminuye al hecho
que estás aquí!

Enciendo mi vela, permanezco un minuto mirándola, y pido.

Ígnea montaña como el ocaso y montaña de penumbra que se cierne entre estrellas,

sin cumbre, a espaldas—de la montaña del ¿cómo? estoy de hinojos, de la


montaña del ¿por qué, por qué?

Hay un paso que debe darse más allá del último paso.

Señor Wright ¿podemos hablar con usted?

Señor, tomando en cuenta su larga e ilustre carrera en la diplomacia y en su calidad

de hombre admirado por todo el mundo, así como por su paciencia, serenidad y
tacto aún bajo las circunstancias más irritantes, y por su devoción a la dignidad
tanto de amigo como enemigo, nos preguntamos si usted podría comentar al
respecto de un asunto que se ha vuelto, en los últimos meses, el origen de un
debate inusualmente intenso, hasta amargo, en todos los principales ámbitos de
la vida, de un negocio a otro, por una parte, y de un negocio, al otro y al otro, por
la otra. Señor, ¿sería acaso su opinión que el mundo, más allá de su tumultuosa
y muchas veces incomprensible superficie, es un valle en el cual las almas son
individual y laboriosamente hechas a mano una por una, como se ha venido
creyendo por siglos? ¿O más bien está usted del lado del punto de vista radical
pero cada vez más popular, de que es un inenarrable, resbaloso y sangriento
matadero…?

¡Extraños se volvieron mis familiares, un perfecto extraño se convirtió en mi familia!

Moriré con un martillo en la mano, dice el yunque de cristal.

¿Y eran tan terribles y oscuros sus sentimientos que no hubieran podido ser

convertidos en combustible?

Rechacé sus plúmbeos medicamentos. Me fui y caminé a casa, atravesé las paredes,

crucé el río y me senté en un cuarto durante diez años y trabajé. Así dejé aquel
gigantesco lugar clausurado y sin ventanas oculto a la vista de todos. Edificio
sin dirección donde los mudos y los estridentes

Así es, había abandonado el amplio lecho que había estado compartiendo con otros

de los viajeros frecuentes de la locura; los dejé roncando en el sueño negro y


vacío del Risperidal, y pasé a través de una serie de pabellones cerrados a llave,
como una brisa a milímetros del suelo bajo cada puerta cerrada a triple
candado. Adiós espejo de metal que rebasé al despuntar la condena, al rayar el
alba (de genciana), y me perdí. Habré muerto al instante, cerca del final de un
triste sueño sobre el hogar; o de un sueño de aplastante e irreversible
vergüenza.

Un sueño que trajese a los ojos de la mente los sensibles rayos, adorados ojos

recordados, voces recordadas. O un sueño de hermanos separados reunidos de


nuevo. En un librero. Tal vez un sueño sobre cómo darte cuenta, en
retrospectiva, que te alzan por encima del entusiasta y ululante escarnio que te
acompañará en tus mejores días.

Tal vez un sueño sobre el amor que devolvería


todo el tiempo perdido en su nombre. O…

del planeta tan solitario en la noche sin tiempo…

Caminé a lo largo de Boston, y la mañana aún

no llegaba.

¿Y dónde estaban todos?

La Estrella Polar ya no es el lucero del Norte.

¿Dónde está el puente que enlaza al nombre innombrable con la palabra

sin mundo? ¿Cuál es la novia y cuál el ave? ¿Qué resplandor se ha extendido


allá tan lejos?—eso no puede ser agua…

Cruz de Hiroshima

cenizas trazadas sobre una frente.

La negra paloma que todavía está allá afuera.

Yazgo bocabajo en cama, mis brazos estirados, descendiendo

a oscuras.

No debe tardar, ¡y estoy ansioso por heredar

el mundo del que tanto he oído hablar!

En sentido estricto, no he oído nada; pero lo he soñado


tanto.

Y qué honor, nacer en la tierra y tomar mi lugar entre

los buenos y los gentiles, los pacíficos, alegres y libres, sin mencionar a los
compasivos, iluminados, los incandescentemente abnegados y sabios…

Creo que es una cama. No estoy muy seguro de saber dónde estoy, es una

especie de vivienda con cuartos de alquiler, o una rehabilitación de bajos


fondos. Llevo un tiempo acá, y es mi doloroso deber informales, si acaso alguien
está escuchando, que nuestra misión se ha topado con graves turbulencias, por
ponerlo de alguna manera.

El hecho clara y evidentemente es que solamente estamos hoy aquí debido

a que descendemos directamente de los más crueles, los menos lastrados por la
simpatía, los más codiciosos, ambiciosos y desveladamente obsesionados por el
dominio y su preservación y por ende, también, los más paranoicos, puritanos,
preventivamente salvajes y decididos a ser los últimos en quedar vivos.

Mi idea es que sea la ley quien nos obedezca, tabaco Orphan Boy…

No encontramos evidencia alguna de los otros. Esos otros más generosos, utópicos

e introspectivos que no habrían estado procreando mucho pasado un cierto


punto.

Hasta ahora, por virtud del engaño más arduamente disciplinado,

hemos logrado mezclarnos sin traicionar nada del aborrecimiento con que
naturalmente contemplamos el estado de cosas de este lugar.

La absoluta verdad, también hemos organizado un par de muy alocadas fiestas,


gracias.

Esta ha sido una experiencia extremadamente interesante, y estoy seguro que

nos ha dado a todos mucho en qué pensar.


 

En este preciso momento estoy sentado frente a un pupitre muy pequeño al lado

de una pequeña criatura que no sabe escribir, no dibuja ni juega mucho, y no le


ha dicho una sola palabra a nadie hasta donde yo sé.

Una criatura impecablemente bella de perfectos y afilados dientes blancos, largo

y alaciado cabello rubio, y ojos azul oscuro profundamente inteligentes y tristes.


Una niñita perfectamente adorable que no tiene nombre, y tiene cien mil años
de edad.

La celda te lo enseñará todo.

Hay zonas en el mar, profundidades donde la luz cesa de penetrar,

un estupor indoloro, sin sueños e inastillable sagrado para horrendos


trabajadores: aquellos que se aparecen en nuestro lugar cuando hemos caído
asaltando las murallas del Reino.

Si te digo que sus pechos son dos pequeños rosados ciegos delfines que viven

sin ser molestados, en eterno gozo, en algún anónimo río de Sudamérica, ¿qué
vas a hacer al respecto?

¿Y de qué se trata, todo este desacuerdo sobre Dios?

            La palabra Dios.

A la palabra árbol aún no le salen hojas.

Se supone que nacimos sabiéndolo todo. Todas las más importantes palabras

que nos dijeron entraron por un oído y habiendo encontrado mínima resistencia
salieron por el otro; pero

 
fijémonos en quién estaba hablando.

Las investigaciones siempre fueron conducidas por aquellos que de manera más

brillante y dudosa se beneficiaban del crimen.

Norte de Ohio, septiembre del 74. Nixon asesina a Allende.

Luz violácea del trigo, crecíamos viejos y moríamos jóvenes.

¿Cuánto bebimos, qué tan seguido, y por qué?

Bebimos.

Cuando llueve, no te preguntas cuántas gotas cayeron. Dices que llovió.

Mucha lluvia, muchos puntos y comas–…la celda te lo enseñará todo.

Este mundo azul.

Inalcanzable—más extraño que morirse.

¿por cuál, qué inmerecida bendición, se nos permitió venir hasta acá

y verlo, como en un sueño, o con los ojos de la carne, qué diferencia?

Nacido y criado para el pasillo de la muerte, y aún así

Este mundo azul,

 
mi extraño…

Anticipemos al menos un año de silencio total e insensible.

Incluyamos un sobre auto-desnudado y apuñalado, si acaso quieres volver a ver

tu lamentable obra.

Hubo un par de décadas en que eso fue mi principal—no, mi única

preocupación.

Angustia, duelo: se te pasarán. Ese es el problema.

Aún esto te quitan, al final no hay que nada que no te vayan a quitar,

ese último contacto con alguien, tu mano buena como un puente que ya estaba
quemándose cuando llegas.

En un viejo cuaderno me encontré una nota sobre un sueño de septiembre:

un avión estacionado, con los motores andando y las ventanillas oscuras, en


medio de un parque de béisbol a unas cuadras de aquí.

Y mira con lo que me encuentro en medio de esas páginas que se deshacen.

Es una F mayúscula que ocupa toda una página.

¿Mi nombre, o mi calificación en la vida?

A color en un rojo de tono apagado como de muerta herrumbre, la sangre de alguien,

no puedo imaginar de quién.

 
Pero es no importa—miremos bien esta F.

Piensen y díganme,

¿quién le pone Franz a su hijo y lo arroja en medio de niños de

escuela primaria americana?

Franz. Sería buen nombre para un perro. Tal vez,

para un pastor jubilado

el tátara-tátara-tátara-tátara-tátara-tátara-tátara-nieto de alguno cuya

labor fue pastorear gente desnuda.

Ya no tiene trabajo, nuestro amigo Franz.

Ha tenido sus labores, de pronto algún viejo ciego,

o un trabajo en los trenes,

ayudando a silenciosos hombres de uniforme a perseguir a los que se cuelan sin


billete;

lo han visto subrepticio entrar y salir de ciertas iglesias bombardeadas,

cojeando a la zaga de la jauría, sirviéndole de defensor a algún junkie flaco y de


aspecto preocupado,

en la luz de Alemania. Creo. Ha habido tantas guerras, aún desde

el último gran homicidio/suicidio masivo, que ya no me las sé de memoria.


Tantos salones del asesinato inútil y sicóticamente de gira para entretenimiento
de algunos delirantes y todopoderosos blandengues vejetes de familia.

Entretanto, acá de este lado, errando por las calles, nuestro Franz es
abruptamente golpeado en el hombro por un transeúnte de gran tamaño.
“Disculpe”, murmura en sueños, mientras pasa. Y “cómo le va”.

Un individuo al que no conozco, pero como muy cercano a todos en la tierra.

Y como todo aquél que sea cercano a todos en la tierra no le importa ni un carajo

cómo me va a mí.

Pero es una pregunta interesante.

La verdad es que no me siento muy bien;

y a juzgar por sus expresiones tampoco ninguno de los demás.

No tan mal, digamos, como la muchacha embarazada que ha sido diagnosticada con

una malignidad inoperable, se le fue su tren por segundos, y se queda ahí en el


andén en medio de la calurosa, fétida estela.

Cerca de ahí el ángel testigo que aparece en todos estos sucesos, blanco fulgor

en vez de rostro, invisible por su resplandor.

Y qué espantoso es, pensaríamos, de poderlo ver.

Nosotros que sin reflexionarlo contemplamos cada día de nuestras vidas en el

rostro perfectamente inocuo del mal, que nos sonríe pero que estrictamente
evita contacto físico—todo está registrado; como literalmente lo está, en cada
habitación de compañía o soledad sobre la tierra, en cada encuentro entre dos
o más seres humanos que es captado en una foto fija y almacenado, un cuadro
sin tiempo tras un cristal en alguno de los museos secretos…

Tan lejos de casa, mensajero que hace mucho olvidó el mensaje…


 

Rostro monstruosos tras trece millones de años de mirar

y acongojarse.

Acongojarse por la madre sin lenguaje que mantiene su distancia

y vigila intensamente mientras una criatura parecida a un perro devora a su


hijo, por ejemplo;

acongojarse por la niña pequeña que perdió su pájaro, que lleva la jaula vacía

abrazada al pecho y lo llama por su nombre, padres perdidos entre la multitud,


vagones sin número que disminuyen su marcha.

El otro día, leyendo, me encontré con esa expresión fallecida hace mucho

“Eres el amor de mi vida”. No me burlé, no enseñé los dientes en señal de


escarnio. Me detuve por un momento, me incliné, puse mi oído contra la página
y escuché con atención, porque quién sabe lo que pueda estar todavía latiendo
o respirando por ahí—algún sentido vivamente literal como Tú personificas para
mí el amor de la vida…

Luego recordé cuanto tiempo hacía que había comprado, la

ilusión entera, todo desde la estrella más remota hasta la burbuja de tiempo
que reventará antes que pueda concluir esta frase; todo desde el pequeño y
sangriento grito de nuestra para primera aparición hasta nuestro renegado y
silencioso mutis. Todo será olvidado, todo lo que percibiste, pensaste, soñaste,
esperaste, recordaste…todo lo pasado todos los reptantes jodidos expectorantes
rimbombantes escarbadores y mortíferos intentos por hacer realidad algún
desesperado deseo, como permanecer un minuto de pie en el sol. El sol que
morirá.

Pionero; navegante; explorar espacial–¿dónde comenzó,

cómo y por qué? Muéstrame al primero que formó palabras, al primero en llorar,
al primero en cantar. Al primero en matar no a los otros sino a sí mismo. Al
primero en morir por otros.

Un miembro de nuestra especie escribió Amor, lo que movió al sol


y a las otras estrellas, y vio que animaba a todo lo que es.

Y la oscuridad no lo ha abrumado ni comprendido,

todavía.

Amor. De todas las cosas la menos ilusoria.

Amor que susurra es tan sencillo: lo que necesites, provéelo.

Digamos que las cinco de la mañana te encuentran completamente vestido

en tus ropas de ayer,

la alarma puesta para las seis.

Está mal, sin duda, y aún así.

Qué alivio será, ¿no es cierto?—tambalearse de nuevo

para ver la calle a la luz de la mañana con sus millones de extraños yendo y
viniendo, y tú parado ahí mirando cómo se van, rodeado de ojos ciegos, Dios los
bendiga, a todos ellos, ellos que no habrán de lastimarte hoy, todos los
extraños, cómo los amas a todos de una vez, qué cercano te sientes a ellos.

Porque el alma es un extraño en este mundo.

 
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Fue como tocar con la lengua NOVICA
TADIĆ
el corazón expuesto de un pájaro.
► 
abril
(28)
► 

El amanecer de verano entró en la habitación


cortando las cortinas ► 
marzo
(30)
► 

en dos ► 
febrero
(29)
► 

—las luces se apagaron—la brisa ► 


enero
(30)
► 

se volvió visible. Un relámpago,


► 
2019
(364)
► 

y después el aplauso suave


► 
2018
(410)
► 

de las hojas…
► 
2017
(478)
► 

Casi unos chicos, nos dormimos enamorados


escuchando ► 
2016
(598)
► 

la lluvia. ► 
2015
(809)
► 

► 
2014
(299)
► 

Nosotros no pedimos nacer.

PENSAMIENTOS DE UNA GRANJA SOLITARIA


Y no sentirse mal por morir.
No tomarlo como algo tan personal –

es solamente
el esfuerzo que hacemos toda la vida

para excluir la muerte de nuestros pensamientos


lo que nos enfrenta, cuando llega,
con el horror de ser excluido-- …
algo así, el viento canadiense

que entra por el lago Erie


haciendo tintinear las ventanas, la nieve
horizontal
que aparece de ninguna parte
cruzando la carretera negra y los campos como un
millón de abejas
blancas.

(De The Night World & The Word Night, 1993)

CATEDRAL VACÍA
Está ese banco
al fondo
que
estuvo
esperándote
toda la vida, como tu lecho de muerte.
Cristo Criminal
cuelga
arriba, ojos y boca
cerrados, sugiriéndote
antes de que entres vos también
en la tercera persona, que enciendas
una vela
para los de acá,
¿sí?

RECETA
Mientras estás en la cama
mirando la película
de las últimas cosas
terribles que hiciste,

examinás con gran admiración


y envidia al de la
cara sin miedo
y viene la conciencia

con su papel
a proclamar
el derecho incontrovertible
a dormir del portador,

a solicitar
y recibir
de inmediato
en nombre sideral.

TRADUCCIÓN
   La muerte
es la forma que tiene la naturaleza
de decirte que te quedes quieto.

   De decir
que es hora
de desconectarte, pulida tu conflagración
hasta ser un diamante.

   Te voy a
dar algo por qué llorar.

   Y lo que
deletrearon las copas de esos árboles
mientras oscilaban débilmente con el viento.

MEMOIR
   Rogá que
se haya olvidado de la dirección
y por una semana

   no
atiendas el teléfono:
apagá todas las luces

   de la
casa--
hacé como que no estás

   si alguna
noche
de ventisca ves

   a Franz
Wright acercarse
por tu calle con su valija

   de
pastillas de codeína,
llevando ese manuscrito

   negro y
pesado
de textos en blanco.

ESCRITO CON UN LÁPIZ DEL TAMAÑO DE UN BATE


DE
BÉISBOL
Acá los podés encontrar a todos,
esta es la gente
que no vuelve más:
la chica que vive en el cuarto
enfrente de la sala, la rubia linda
que entra con una furia sin palabras
a husmear tu maletín
mientras estás en la cama y se lo negaste
cuando te preguntó por qué, le negaste
que se quedara (“no vayas por ahí contando
historias sobre mí”).
El adolescente que tuvo un ataque
y sigue llenando con su ropa
el cesto de la ropa sucia de la madre
en casa, el tacho de basura
de plástico negro
en la cocina brillante y
esterilizada que tenemos prohibida cuando nos da
hambre
entre comidas vuelve
a hacerlo cada vez
y se la mandan de vuelta. Después
está la virgen maníaca de setenta años
a la que le cuesta trabajo sacarte los ojos
del culo, meneándose detrás tuyo, flotando
por el pasillo vengas de donde vengas
detrás tuyo
podés reírte
hasta que se te pare el corazón, pero nada
va a persuadirla
de que no sos la respuesta a sus plegarias;
la que abre en secreto tu puerta
una hendija en la oscuridad, y se queda toda la
noche parada
mirando con ojos de cadáver,
o lo haría
si no fuera porque el tipo de blanco viene
cada media hora y te enciende
la linterna encima de los ojos abiertos para ver
si te mataste. Y quién sabe,
a esta altura
podrías ser
uno de ellos
cosas más raras se han visto.

(De The Beforelife, 2001)

AÑO UNO
   Estaba
parado
en una esquina del norte.

   Nubes
invernales de luz de luna del color de la desesperación de
los lobos.

¿La prueba
de Tu existencia? no hay nada
más.

SOBRE LA TIERRA
La resurrección del pequeño manzano detrás

de mi ventana, la luz
de las hojas de la tarde
en el abril
de sus ojos, olvidate
olvidate-
pero cómo
¿Cómo se hace
para morir?
Quién sobre esta tierra
me va a enseñar-
El mundo
está lleno de gente
que nunca se murió.

UN CORAZÓN
Es tarde y recién vuelvo de
la versión más larga que se conozca de caminata.
Primera vez en casi un mes,
y cambió todo. Estamos a fines de marzo, sobreviví
una vez más. Esta mañana una mujer joven
describía cómo es aspirar coca con un bebé
en los brazos. La luz increíble, ventosa y
cambiante,
las nubes y el agua eran, en ciertos momentos,
Vos.

En mi cuerpo hay un solo corazón, tengan piedad de


mí.

Las hojas pardas enterradas todo el invierno, los


pies sin criaturas
que corren sobre el pasto seco que empieza a
reverdecer, las
primeras
violetas sin perfume de vuelta aquí y allá, la primera
estrella que se
advierte
de golpe al pararse a mirar el agua negra.

Gracias por dejarme vivir un rato como uno de los


sanos; gracias por dejarme saber cómo es.
Gracias por dejarme mirar tu cielo azul aterrador
sin miedo y tu
mundo espantoso
sin terror, y a tus ovejas psicóticas,
descarriadas y sin esperanza
con este amor

TORMENTA DE JUNIO
   Voces en
las primeras hojas del verano, acorazonadas,
color verde oscuro, de la lluvia;
de los pájaros.
Cómo se llaman,

Me voy y todavía no sé.

   Sin
embargo, voy allá,
donde están-
Eso siento.

   Siento
que antes
estuve ahí.

   De chico
lo sentía, y ahora
lo sé.

LA PALABRA
   Como un
tercer juego de dientes
o las piezas de una partida de ajedrez

   el
Pensamiento

y lo más misterioso
de todo,
   la
materia del pensamiento

   La mente
mortal que piensa
en cosas inmortales,
sineine

   Mirala
examinar
los granos negros de la vida
y la muerte— que son la misma
cosa
es su mano abierta

   Dulces
granos de arena sombreados en verde y negro:
cuando nadie te vea

mirá a escondidas

probá uno

RESBALÓN
El globo negro
atado otra vez a la muñeca, la mano delgada
flotando
a tres centímetros de la blanca
sábana blanca

El cuerpo
una palabra por decirle
a la muerte, una
palabra
que nadie más conoce
completamente de ella--

La noche, solo la sombra de su infierno

PD
Cierro los ojos y veo
una gaviota en el desierto,
alto, contra el cielo azul insoportable .

Hay esperanza en el pasado.

Te estoy escribiendo
todo el tiempo, estoy escribiendo

a dos manos,
día y noche.
CÓMO ME VAS A CONOCER
Para días
como este, de sombras sepia,
un buen abrigo

impermeable al frío de este mundo, con capacidad


para albergar eso
que solo puede llamarse insignificancia propia,
absoluta e indivisible
(incontemplable en su pequeñez y enormidad) antes
de que por fin
se revele.

En mi año cuarenta y ocho, en el día treinta del


segundo mes,
mientras caminaba entre los exiliados a orillas del río Charles
bajo
anestesia general, con una crucecita gris manchándome la frente,
los
cielos se abrieron como un libro, como una manzana cortada en
dos, y vi no me
acuerdo qué

Si la ventisca lo permitía
el barco de ella tenía que aparecer
cerca de las cuatro de la mañana
como la fama solitaria
de un poeta.

(De Walking to Martha’s Vineyard, 2003)

EMPEZAR DE NUEVO
"Si pudiera parar de hablar, dejar de hablar
por completo durante un año, puede ser que
empezara a mejorarme", balbuceó.
Otra vez solo, practicándose
él mismo una cirugía de cerebro
en una habitación chiquita y mal
iluminada, sin espejo. Una habitación
con piso, techo y paredes
todos de espejos, qué desastre
Oh Dios mío---

Y todavía
la pregunta
sigue siendo
no cómo empezar
de nuevo, sino más bien

¿Por qué?

Entonces nos sentamos ahí


juntos
la montaña
y yo, dijo
Li Po, hasta que solo queda
la montaña.

DEDICATORIA
Es verdad que no te escribo nunca, pero con gusto
me moriría con
vos.
Con gusto bajaría, solo con vos, hasta la enorme
boca
que espera, pasada la juventud, más allá de cada
instante de éxtasis,
acordate:
nos íbamos a pintar la cara el uno al otro antes
de la batalla, y a
cepillarnos el pelo
diciéndonos que somos inconquistables, que somos
terribles y
espléndidos--
la boca que espera, espera con paciencia. Y te voy
a encontrar ahí
otra vez
pasando las espinas sangrantes, la dilatación
eterna, el fuego que no
altera nada;
Ya estoy ahí, pasando las nubes de nieve, el musgo
pelado, el
enjambre tenue de las estrellas que hasta podemos pisar, esta vez
es
más fácil, te prometo--
Ya estoy esperándote en tu cielo privado, acá
tenés mi mano, yo te
ayudo a cruzar. Con gusto me moriría con vos, aunque nunca
te
escriba
desde este hospital gris. Mirá
qué ocupados están tratando de curarme,
y, perdón, pero estoy condenado. Me dieron el
trabajo
de pasarle la aspiradora al desierto para siempre,
bueno, nada más
ocho horas diarias.
Y de veras queda como a un kilómetro de la
cafetería;
por lo menos es una grande. Con sus cuchillos de
plástico en
miniatura,
su ensalada de atún y sus genitales envueltos en
film, por favor
alguien podría
sacarme de acá, perdón. Me alegra decir que
todos los métodos, los fármacos masivos, la
terapia artística
y las películas edificantes tanto como las otras
que prefiero
no mencionar— quiero decir, cada una de las
técnicas
conocidas hasta la boca—¡perdón!— hasta nuestra
ciencia más
bondadosa y compasiva están empleándose
para restituir mi bienestar general
y mi estabilidad risueña. Yo sigo aspirando
hacia una lucecita de diamante que se quema
en la distancia. Acordate de mí
¿Te acordás
de mí?
En la oscuridad de la noche sin ventanas
cuando estoy frío y adormilado
y nadie juega con la vía, ni
me ilumina los ojos,
aunque no te escriba, secretamente
quiero morirme con vos,
¿eso cuenta?

(De God’s Silence, 2008)

HOTEL GIRATORIO

Las aguas fluyen vastas en el patio trasero


¡En los bares se puede conseguir un pack de seis!
Tammy Wynette está en la marquesina

a una cuadra. De esto hace veinticinco años:


vos te fuiste a la muerte y yo a la vida,
solo Dios sabe quién tuvo más suerte.

Está ese verso en un poema inédito tuyo.


El río es así,
un conocido ciego.

El viento va a amainar cuando yo diga,


la luz plomiza y menguante
sobre la corriente.

Después va a salir la luna


como la palabra reconciliación,
como Walt Whitman interrogando a la lágrima en el
rostro de un
muerto.

(De Hotel giratorio, 2009)

DORMIR EN INVIERNO
Tenía problemas para dormir. No sé cuánto tiempo
llevaba acostado
escuchando la nevisca cuando tuve la viva impresión de que esa
nevisca era en Minneapolis en 1959. Y me resultó terriblemente
perturbador.
Supe que ahora eso iba a tener que encender la luz,
salir de la cama y tratar
de escribir acerca de mí; y claro, sin importar
lo que escribiera, yo iba a
sonar como algo que eso inventó. Pero al
final decidió quedarse, darse vuelta y
guardarme para sí. Creo que
fue lo correcto. Después de todo, hubo una sola
nevisca en
Minneapolis en 1959. ¿Cómo se supone que se describe algo como
yo? Y
si uno se pone a pensar, ¿por qué intentarlo?, ¿por qué siquiera
importaría?

CARTA
Enero 1998

No conozco a nadie,
si me hablaran
no sabría qué hacer.
Pero, ya sé, hasta ahora nadie lo intentó
y yo, sin duda, no voy a hacerlo.
No participo, no me lo permiten,
escucho nada más, y todas las mañanas
tengo un instante de tal felicidad, que respiro
y respiro hasta que vuelve el terror. En cuanto al
momento
en que se supone hay que saludar
en realidad, dos personas se miran a los ojos
y se dan la mano un segundo, pero
la iglesia es tan grande y los pocos que son
se sientan muy separados. Así que no es problema.
Mantengo los ojos fijos en el gran cadáver
desnudo, el cadáver
vertical
que dicen que es amor
y le habló de serlo
al mundo, antes de venir
para que lo torturen y lo ejecuten.
Yo no sé qué hago ahí. Me doy cuenta
de que cuanto más pierdo el contacto
con lo que antes veía como mi vida
más verdadera se vuelve mi parcela en el invierno
oscuro del banco

es infinita. Lo que concebimos
como espacio, el cielo
o sea, el sol y las estrellas
es íntimo y pequeño en comparación.
Cuando salgo, la fealdad es tan aplastante
que se me hace preciosa, querible
como un chico retardado,
Si solamente pudiera contarle a alguien.
La humillación que sufro
cuando pienso en mi pasado
solo se puede describir como gracia.
Somos creados por la destrucción.
GAVIOTA MUERTA
Gaviota en el maizal, campo de maíz del tamaño de
una estampilla,
en el bosque,
en medio del estado, y cómo llegaste acá. El clima
del paraíso, Massachusetts en julio; el cielo
azul, una despedida
interminable.
Denme un segundo, adelanto del futuro enjambre de
gusanos,
denme
un minuto. Podés afilar una hoja hasta que no
quede hoja,
podés obsesionarte tanto tiempo con la lupa encima
de una palabra
que al final se oscurece,
no es, y el fuego consume al mundo en círculos que
se dilatan. Por
un instante
nada más, quedate conmigo, misterio. Antes de que
te transformes
por completo
en otra cosa, nube lenta, entrada, conjuro, nombre
que todavía
no se recuerda, quedate; decime lo que significás.
Un pájaro muerto
no es un pájaro muerto
me dijo una vez alguien que sabe.

(De Kindertotenwald, 2011)

SOÑÉ QUE CONOCÍA A WILLIAM BURROUGHS


Conocí a William Burroughs en un sueño.
Era una especie de granja bohemia
y él estaba coronado, chiquito y esquelético,
en un sillón rojo gigante de verdad.

Cuando le pregunté cómo estaba, me contestó,


Bueno, ya sabés lo que dicen –para un resultado
mejor
siempre hay que burlarse y asustar a la langosta
antes de hervirla.
Franz—Me gusta ese nombre, Franz. Niño Franz,

a la torre oscura y algo más, o el otro...Hey,


¿tenés un cigarro? Y dejá de procuparte tanto;
ni ellos se pueden ayudar, son como perros maltratados
que reaccionan al afecto y a la amabilidad

con un salvajismo incontrolable, deciles


que estás fuera de mi cabeza, amigo. Que estás
fuera
de mi cabeza. O que yo estoy fuera de la tuya.
Eso los va a mantener encadenados al árbol.

ROADSIDE GRAVE:LA MISA DEL INVIERNO


En lo blanco hay un nombre
parado sobre los tres
mundos. Suena
el viento, un mundo de un
color.
El nombre es pronunciado,
una vez
cruzando el campo que oscurece,
el nombre se hilvana,
muy chiquito, en hilo blanco
sobre ropa blanca.

 (De F,
2013)

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