ARTE DE INSTALACIONES
El arte actual busca cuestionar constantemente lo establecido y, a través del
tiempo, ha encontrado diferentes caminos para romper con las estructuras. En
este contexto, en los años sesenta surgieron las instalaciones artísticas, que
pueden definirse como exposiciones que cambian la relación con el
espectador y el espacio, ya que se instauran como experiencias inmersivas y
multisensoriales.
El arte del futuro
Hoy se discute mucho sobre el arte moderno y su falta de técnica, precisión y
calidad. Muchos afirman que si no se necesita un talento particular como saber
dibujar o pintar, ¿qué convierte a esa obra en algo especial?
Si bien durante muchos años, el arte se dedicó a retratar la vida, el nacimiento de
la fotografía cambió la perspectiva, pues si ya existía la capacidad de guardar
registro, ¿qué objetivo cumplía entonces?
Así fue como ser artista moderno significó innovar, romper con el pasado y
desafiar al mundo a través de expresiones que ya no intentaban copiar la realidad
o ser bonitas, sino que buscaban remecer nuestras concepciones estéticas y
sociales.
Características principales
Cambio de visión: frente a la perspectiva clásica del arte como una
expresión estética que remite a lo bello por su ejecución, se contraponen
las ideas. Es decir, ya no importa esculpir o pintar con detalle y realismo, lo
artístico reside en la mirada del creador y en la manera en que se disponen
los elementos.
Distintos materiales: mezclan objetos de diverso tipo, usualmente cosas
de la vida cotidiana que jamás se habían considerado dignas de una obra,
para así crear una muestra novedosa que desafíe lo establecido.
La importancia del espectador: ya sea en una sala de museo o un
espacio abierto como sucede en el Land Art, lo importante en este tipo de
exhibiciones es cómo el público interactúa e interpreta el mensaje.
Historia de las instalaciones artísticas
El siglo XX cambió la perspectiva sobre el arte radicalmente, pues junto a los
acelerados cambios del mundo (como la revolución industrial y los
descubrimientos científicos), los artistas buscaron desligarse de la tradición.
De hecho, las vanguardias modificaron el concepto de lo que podía entenderse
como obra artística, promoviendo la libertad expresiva. Así, movimientos como el
futurismo, el cubismo y el surrealismo, entre otros, abogaron por un cambio en los
soportes, los métodos y la manera de plantear la subjetividad.
Una de las grandes revoluciones de este periodo corresponde a Fuente (1917) de
Marcel Duchamp, la primera obra de arte conceptual de la historia.
A modo de provocación, el artista compró un urinario y decidió instalarlo en una
exposición. Con ese gesto, rompió los cánones de lo que se esperaba del arte,
pues planteó un objeto manufacturado como pieza artística.
A partir de este momento, la obra dejaba de ser una creación del artista y se
convertía en una experiencia estética que desafiaba al espectador. Lo más
importante no era la calidad o la composición, sino que la expresión de una idea
que buscaba remecer al público.
Por ello, dejó de importar si el artista creaba con sus manos y utilizaba elementos
que ya existían por sí mismos, pues lo esencial era romper con lo definido por la
academia. Es el surgimiento del "ready made", el objeto encontrado que cobra
sentido al ser dispuesto por el artista.
El arte se convirtió, entonces, en una herramienta de crítica, cuyo objetivo era
transmitir ideas y hacer reflexionar, así como jugar y reinterpretar lo que el
mercado producía.