SINTONIA
Los humanos, cada uno de nosotros que vivimos, nos movemos y respiramos, tenemos
pensamientos, metas, aspiraciones y esperanzas que expresamos con palabras y hechos.
Seguramente si decidimos vivir juntos en armonía, tenemos el poder de hacerlo realidad.
Cree en ti
Los demás no creerán en nosotros si nosotros mismos no lo hacemos. Tu
recorrido y tu experiencia te avalan, las cosas no pasan por casualidad. Tus
opiniones tienen tanto peso como las de los demás, atrévete a defenderlas
con vehemencia y firmeza, esto te permitirá destacar y hacer que tus superiores
te vean como a alguien segura de sí misma capaz de argumentar y de
posicionarse. Tampoco dejes que te arrinconen, enfréntate de cara a esas
situaciones que te hacen sentir incómoda y si tienes algún problema con un
compañero, resuélvelo. Una situación hostil puede tornarse positiva para ti si en
la manera en la que la resuelves demuestras tus destrezas negociadoras y de
gestión.
Aprende a delegar
En el trabajo, a menudo nos echamos sobre las espaldas cargas que no nos
corresponden y más cuando creemos que tenemos que demostrar algo por el
hecho de ser mujeres. Sin embargo, hay que pararse a pensar si las tareas que
estás desempeñando realmente te corresponden. Si la respuesta es “no”, debes
delegarlas. Si tienes un equipo a tu cargo, éste esperará que confíes en él y eso te
permitirá a ti hacerte cargo de otros aspectos que quizá estés descuidando por
intentar acaparar demasiado. Tómate tu tiempo para pensar quién es el más
indicado para hacer qué y para explicarles detenidamente qué esperas de ellos, así
podrás con tranquilidad de alguna de estas cargas.
Practica meditación
La meditación es una buena manera de conectar con uno mismo y evadirse del
caos exterior. Para practicarla en casa basta con encontrar un lugar tranquilo libre
de distracciones y basta con que le dediques 20 minutos antes de ir al trabajo o
al volver de él.
Come bien
Pocas cosas son tan ciertas como que somos lo que comemos, por algo dicen que
el intestino es un segundo cerebro.
Escucha. Esto es uno de los métodos más eficaces en los que puedes demostrar
empatía por otras personas. La escucha activa consiste en escuchar
deliberadamente.[1] No se trata de concentrarte en tu teléfono celular o pensar en
qué harás para la cena, sino de realmente asimilar lo que la otra persona dice.
Si mientras escuchas a alguien te distraes por pensar en la cena o en lo que
quieres decir después, regresa al presente al decir “Estaba pensando en ____ (lo
último que recuerdas que dijo esa persona) ___ y me preguntaba si podrías repetir
lo que acabas de decir para no perderme nada”.
Mira a los ojos a la persona que habla (no lo hagas fijamente, pero procura
mantener el contacto visual) y siéntate frente a ella. No permitas que tu mirada se
desvíe hacia otra parte porque parecerá que no prestas atención y que no te
importa lo que esta persona quiera decir.
Para escuchar activamente, necesitas tres cosas.[2] En primer lugar, debes
parafrasear lo que dijo la otra persona para demostrarle que entendiste el
contenido. Esta también es una habilidad de escucha general. En segundo lugar,
deberás reflejar tu reacción emocional, pues esta es una parte importante de la
empatía debido a que le permite a la persona entender mejor y regular sus propias
emociones. Esta es una razón fundamental por la que necesitamos la empatía de
los demás. Sus reacciones nos permiten regular nuestras propias respuestas y les
dan un sentido en el mundo. En tercer lugar, indica de qué manera tu respuesta
determina tu comportamiento. Expresar tu comportamiento es otro elemento clave
porque nuevamente demuestras que entiendes su estado emocional y le ayudas a
determinar un comportamiento con el cual pueda continuar.
Ábrete. El solo hecho de escuchar a alguien no te ayudará a desarrollar un puente
entre ambos. Abrirte emocionalmente es algo increíblemente difícil y valiente, pero
profundizará en la conexión con otra persona. [3]
La empatía es recíproca. Consiste en compartir las vulnerabilidades y una
conexión emocional. Para practicar realmente la empatía, necesitas compartir tu
propio panorama interno con alguien más y que esa persona también lo haga.
Esto no significa que debas contar toda la historia de tu vida a cada persona que
conozcas. Debes decidir con quién compartirás tus historias pero, para practicar la
empatía, debes estar abierto a la posibilidad y oportunidad de ser honesto, en
especial con las personas que menos esperas.
Cuando encuentres a alguien con quien te gustaría abrirte, haz lo siguiente: en
lugar de recurrir a los pensamientos u opiniones durante la conversación, procura
expresar tus sentimientos con respecto a un tema determinado. Intenta usar frases
en primera persona. Por ejemplo: “Estoy muy feliz de que nos hayamos reunido
hoy día”. Por último, evita responder a una pregunta con algo como “No lo sé”,
sobre todo si es personal. A menudo, las personas responden de esta manera
para evitar profundizar en una interacción con alguien más. Intenta elaborar una
respuesta que exprese realmente la forma en que te sientes. [4]
Ofrece tu afecto físico. No puedes hacerlo por todos y, como es obvio, debes
preguntar antes de brindarle tu afecto físico a alguien con el fin de estar seguro de
que es adecuado (incluso si has conocido a esa persona por un tiempo). No
obstante, mostrar afecto físico puede aumentar los niveles de oxitocina y nos hace
sentir mejor.[5]
Si conoces bien a una persona, dale un abrazo, coloca tu brazo alrededor de sus
hombros o una mano en su brazo. Esto no solo da a entender que tu atención se
centra en ella, sino que crea una conexión entre ambos.
Se ha sabido que la oxitocina ayuda a las personas a interpretar mejor las
emociones de los demás, de modo que un abrazo consensual puede mejorar tu
inteligencia emocional así como la de la otra persona con quien empatizas. [6]
Enfoca tu atención hacia el exterior. Presta atención a tu entorno y a los
sentimientos, expresiones y acciones de las personas que te rodea. Sé consciente
de cómo podrían sentirse aquellos con quienes interactúas. [7]
Observa tu entorno y percátate realmente de todo lo que te rodea. Presta atención
a los sonidos, olores, las cosas que veas y regístralos de manera consciente. Las
personas tienden a registrar las cosas de manera inconsciente. Por ejemplo,
piensa en la cantidad de veces que has caminado o conducido hacia un lugar y no
recuerdas en lo absoluto de cómo llegar llegaste de A hasta B. Sé consciente de
tus alrededores.
Las investigaciones han demostrado que practicar la atención plena en tus
alrededores y las personas que te rodean te hace más propenso a extender la
empatía hacia ellos y brindar tu ayuda cuando alguien la necesite. [8]
Ofrece tu ayuda. Esto demostrará que ves lo que alguien está atravesando y
quieres facilitarle la vida. Ofrecer tu ayuda es un excelente acto de empatía porque
demuestra que estás dispuesto a ocupar parte del tiempo de tu día para hacer
algo por alguien más sin pedir nada a cambio. [12]
Ofrecer ayuda puede resultar tan simple como sostener la puerta para una
persona que también está entrando al mismo recinto que tú o comprarle un café a
la persona que está detrás de ti en la cola. Puede ser tan grande como ayudar a tu
abuelo a encender su computadora y explicarle cómo funciona o puedes ofrecerte
a cuidar a los hijos de tu hermana el fin de semana para que pueda tomar un
descanso.
Incluso ofrecer la oportunidad para ayudar puede ser un gesto empático. Dile a un
amigo que si necesita algo, puede pedírtelo, y abrir las vías para que le brindes
ayuda y apoyo.