0% encontró este documento útil (0 votos)
45 vistas2 páginas

Un Escenario Vacío

El documento describe un teatro abarrotado con un escenario vacío. Los palcos principales están llenos de personas ricas que aplauden y disfrutan el espectáculo vacío. En los palcos más alejados y olvidados hay un hombre solo que puede escuchar la música de una manera más profunda. Aunque el teatro está lleno, él es el único que ve la nada en el escenario vacío, mientras los demás creen disfrutar de la vida.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
45 vistas2 páginas

Un Escenario Vacío

El documento describe un teatro abarrotado con un escenario vacío. Los palcos principales están llenos de personas ricas que aplauden y disfrutan el espectáculo vacío. En los palcos más alejados y olvidados hay un hombre solo que puede escuchar la música de una manera más profunda. Aunque el teatro está lleno, él es el único que ve la nada en el escenario vacío, mientras los demás creen disfrutar de la vida.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Un escenario vacío

Por José Ramsés Ponce Quesney

Un escenario vacío, en un teatro abarrotado, entradas que se pagaron a precio de existir y


músicos de alquiler sin partituras. Luneta sin asientos, llena de árboles, ríos, mares, barcos
y navegantes, montañas, desiertos, tierra y muchas piedras y más teatros en ella y en cada
uno. Juergas en los pasillos y carcajadas vulgares.

Los palcos principales reflectan guiños de piedras preciosas que salieron de la tierra,
sus engreídos portadores asienten, aplauden y disfrutan el espectáculo, un escenario vacío
en un tetro abarrotado. No se han vestido para la ocasión, la ocasión los viste a ellos con
sonrisas que no llegan al alma, perfumes tan finos como la natural descomposición de sus
cadáveres atados a grilletes. Se mueven al ritmo de la música que sube y baja embriagando,
creando nauseas, pintando fantasías en una realidad dosificada en normas, leyes y códigos
que se aplauden como al final de un vals; cuando hay que respirar y sonreír, cuando hay
que sosegar el calor que el sugestivo contacto ha intensificado, sonrojando las mejillas y
olvidando a la luz de las velas el parloteo de las sombras amigas, tan ignoradas como
siempre. Cuando hay que seguir aplaudiendo, cuando hay que, una vez más, respirar y
sonreír.

En los palcos más lejanos, donde el polvo se anida entre los barandales de hierro
forjado, donde no importa mucho quien esté, está él. Está solo y pocos han reparado en su
singularidad. Si acaso alguna mirada fisgona lo ha visto con altanería desde los palcos
principales pronto ha vuelto a su enajenación empapada de heroísmo. Nade sabe cómo
llegó ahí, no hay escaleras ni botones que lleven hasta los palcos que nadie usa, los que con
desdén llaman “los más baratos”. Es por eso es que la pátina del tiempo los ha matizado,
los ha hecho sombríos, pero, es ahí en el ábside de la soledad donde las melodías resuenan
de manera más profunda, donde las notas desperdigadas deciden asociarse para la
eternidad, lejos de los ojos vulgares. Él goza de sí mismo, en el mejor momento de la obra
montada en el escenario vacío, entre las sombras; todas ellas coordinadas por las notas que
la luz de las escalas anima a proyectarse en la baranda, y la baranda que a su vez traduce en
un verticilo complejo, todo en la morada de la soledad. Es un momento único, las notas
proporcionan y dejan pequeños huecos de silencios oscuros para ir de aquí para allá, para
escabullirse. Es mágico, es el instante sublime donde la divinidad deja fluir el sonido como
luz y el silencio se materializa con el color de las ideas.

La fresca juventud es el centro de atención en la añoranza de las miradas que más


luces ha cegado; así es el teatro. Y sólo uno, solo, lo ha visto. Su vida es paradoja y ve la
nada donde todos creyeron degustar la maravillosa función estelar llamada vida. Un
escenario vacío en un teatro abarrotado.

También podría gustarte