131 Poesia
131 Poesia
Poesía
(1992-2013)
Poesía
(1992-2013)
EDICIONES EN DANZA
Dirección: Javier Cófreces
Coordinación editorial: Isabel López
Comité editorial: Eduardo Mileo y Alberto Muñoz
Macky Corbalán
Poesía 1992-2013 / Macky Corbalán.
1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : En Danza, 2015.
230 p. ; 22x15 cm.
ISBN 978-987-1869-48-0
Poesía
(1992-2013)
Prólogo
Ella eligió una tierra para vivir y un mar para descansar: desde sus
primeros poemas teñidos de las poéticas de César Vallejo, Juan Gel-
man y Alejandra Pizarnik llegó hasta el extremo en el cual su poe-
sía, que jamás hará escuela porque ella no lo quiso, es una pequeña
gema translúcida, opalescente, como a ella le gustaba calificar.
8
guió construyéndose. Cutral Co es el hogar del deseo, y el rescoldo
donde la poeta encuentra —reencuentra— la tibieza necesaria para
el andar, animada por el viento incesante, omnipresente no sólo en
los remolinos de arena.
Este libro reúne lo publicado hasta el año 2013 con las revisiones
hechas por la autora después de la edición en papel. Queda una im-
9
portante obra poética inédita escrita, dictada y respirada hasta sus
últimos días terrenales cuando el amor y el aire retumbaron mansos
o estruendosos. Esos días de manos amigas y solidarias en los que
siguió siendo hablada por poesía.
10
La pasajera de arena (1992)
Ilustración de tapa de La pasajera de arena: grabado de Pompeyo Audivert
para Ilda y Orlando
porque su amor hizo posible mi vida
Llámenme.
Yo estoy allí,
en la maleza oscura,
zozobrando sola,
mientras los animales orinan
mis tristezas / mis manos de paja.
1
No quiero ir
nada más
que hasta el fondo
A. Pizarnik
digo : regresa
y temo no reconocerme
cuando entre por esa puerta.
16
Sappho
de la tarde soleada
su posibilidad nocturna
17
Vasca
desviada
desviada
sigo
18
Acaricio su rostro con el pie.
Su piel es fresca,
aun cuando afuera
puede oírse el alarido del aire
incendiándose.
Ahora interpone su cuerpo
entre la lámpara
y esto que la mira,
entonces la luz es una forma,
una delicada ondulación de la carne,
un eclipse presentido
y esperado por siglos.
19
Estarse sola
estarse sola
estarse sola
para por fin
ser sola
ser sola
como cuando —apenas nacidas—
miramos el mundo y supimos
que nos habíamos equivocado
20
2
Dying is an art
like everything else
S. Plath
La espera del silencio,
y no el silencio,
es lo que aturde.
22
Ciudad ardida / carrusel macabro.
Se apresura,
perseguida de calor,
hacia el final de la tarde.
23
3er mundo
24
Hay aquí un paisaje desconocido a la memoria.
Un carrusel que gira sin niños.
Gritos que, a fuerza de pavor, han quedado mudos.
Colillas que encienden la tarde y
aves que no levantan vuelo, sobresaltadas,
25
Las moscas,
inevitables en el verano,
como el calor que sofoca
al envolvernos en su membrana
sudorosa y anodina,
los frutos henchidos y rojos,
descomponiéndose en la acera,
y —enlazados por el talle—
las parejas de enamorados
que habrán de odiarse
el próximo invierno.
26
Indolencia: hálito urbano.
Modela cuerpos
en andares de grotesca armonía.
27
Monet
Zumba, se posa,
huele
el infierno de la carne.
28
El verano muy pronto
llegará a importunarnos,
como quien se empeña en devolver
algo que hemos arrojado lejos
y adrede.
29
Insomnio
30
Una música de feria y comediantes
llena la ciudad,
gira en torno al que camina
en una danza asfixiante,
vuelve sordos los disparos,
invisibles los dedos del punguista;
y, en la habitación a oscuras,
una ropa que cuelga al descuido
sobre la silla
crea la ilusión
de la presencia ansiada,
por un minuto.
31
Los amantes recorren la plaza,
fundidos en una sola y misma sombra.
32
Domingo
El vecindario vocinglero
ha ido declinando
aquí, algo
le sugiere al alma
que no debiera ser la desolación
el lenguaje universal,
ni el tiempo un escondite
del que nadie ha venido a librarnos.
33
Hamurabi
es necesario hacerle
justicia por la propia mano.
34
La noche es un remordimiento oscuro.
Envuelve a la ciudad
en un giro incesante
de paredes vecinas.
En mi cama,
alguien se balancea con ritmo.
Corta el calor pringoso
en dos rostros,
enteramente ciegos.
35
Derecho de admisión
Expulso al mundo
por mi boca,
y como quiero
me encamino —custodiada—
a la salida.
36
El ómnibus cruza el paisaje,
como una flecha incontrolable;
en su interior,
la pasajera de arena
culmina una nota de adiós
y abre la ventanilla.
37
Inferno (1999)
Ilustración de tapa de Inferno: Ariel Mlynarzewicz (aguafuerte y aguatinta).
a LU...
porque El tiempo presente y el tiempo pasado
están tal vez ambos presentes en el tiempo futuro
Uno
El viaje
Jacobo Fijman
I
La carne se pudre, sin
estridencias, sobre
el ceniza ramaje óseo.
La ida eterna, el andar sin puerto,
nos ha vuelto empecinados: la opaca mirada
fija en una abertura cualquiera,
a toda hora de este todo nuevo, desconocido
concepto de tiempo. (Sin sol, sin oscuridad;
las luces se encienden,
se apagan,
siendo nuestro día, siendo nuestra noche.)
El arribo es un sueño que se suma
a esa otra perdida ilusión humana, felicidad.
Definitivamente alejados de destino y vocales
y perros y árboles y aire,
andamos viendo un rostro
diferente tras otro en el propio.
Sin signos posibles de aliento, la desesperación es
el juego al que todos nos desafiamos, cada despertar.
44
II
No hay sol aquí, sólo luz de artificio para un día eterno.
Olvidadas las dimensiones,
semejamos maquetas inmóviles
que hipan secamente,
la ausencia de sombras que temer.
Todo es blanco, todo es negro,
un damero de inacabables giros.
Hoy creí ver un pájaro. Eran mis manos
intentando abrir, febriles, una ventana sellada.
45
III
No hay afuera. El afuera es un aire que mata.
Boqueamos, nos contoneamos posesos contra los
vidrios sucios de huellas dactilares,
de apenada mucosidad.
46
IV
No hay noche.
Una noche (luz apagada) desperté
bañado en lágrimas: en mi sueño, los árboles
azules, erguidos en el centro de un patio,
parecían haber enmudecido
justo a tiempo.
47
V
48
VI
49
VII
50
VIII
Humanos
Leo en ellos como en páginas escritas.
Atravieso sus órganos opacos, su piel,
el susceptible hilado de los nervios.
Es lo de siempre, lo de cada época:
rencillas, acuerdos y desánimo. Una cosa
no entiendo: esa oscura,
repentina agitación
cuando recuerdan.
51
Dos
Las notas
terrestres
54
Lo poco que resta del día
apura a los pájaros que,
en instantes, pasan
de la luz a la tiniebla,
en una espiral de
diálogo frenético.
Justo como vos,
los pájaros.
Justo como vos,
el corazón se acelera tanto
que todos los latidos
son uno.
55
Algo clama por la atención del gato
que, desde su somnolencia, se yergue
y husmea el aire; como en el resto
de las cosas esenciales,
no hay nada allí que nosotros
podamos ver.
56
La tarde entera
bailoteando,
con los insectos ebrios,
en la ardiente
malla
del aire.
57
Fuera de esta habitación,
los perros inician su inacabable
perorata nocturna, los gatos se hacen
uno con el muro y crece, en el mundo,
una jerga animal que no me es extraña:
sube por tus ojos antes
de tocar mi cuerpo.
58
Abuelos
No hubo entre ellos
más que las palabras
de la necesidad;
desconocidos compartiendo
amor e hijos,
viendo madurar los cuerpos
con los manzanos,
bajo el soberano sol de la siesta.
59
Cuando el ruido cesó,
llegó la lluvia.
La lluvia era el silencio
cubriendo las casas sucias
de una pátina
entre brillante y olorosa.
60
Un sonido de sirenas recorre
la ciudad, denuncia el crimen
o la enfermedad; las caras
preferidas de una moneda
que no deja de girar,
en el aire liviano de la tarde,
al final del verano.
61
Levísimo rumor sobre
la hierba en que,
acostadas, veíamos
al día moverse
con el sol
por el cielo.
62
La Plaza de Roca
I
La hamaca demora en detenerse
lo que la luz en pasar a la penumbra.
Del niño quedan unas huellas,
marcadas en el terreno de junto;
un silbo metálico.
II
Oscurecido por el follaje,
talla, con esfuerzo,
en la madera humedecida,
un nombre hace ya mucho
borrado de su cuerpo.
III
Encendida y sola
la luz de la esquina,
se torna apenada
alegoría
para el alma.
63
Miro por la ventana
con bobalicona expresión vegetal.
Nada podría sacarme
de este limbo fronterizo.
Aunque una sensación de pregunta
que no alcanza a formularse
en la conciencia me agita, un instante.
Y ahí va.
Afuera, el viento insiste en
poner sus viejos discos.
64
Sobre el mapa de la ciudad,
otro dibujo; con calles
que, sin serlo, me llevan,
me llevan.
65
Muerte
Sueño en el que
las ovejas saltan
y saltan
y saltan
66
Fresco
En la mañana soleada,
los hombres hacen de las
paseantes y sus ligeros
atuendos, minuciosas
figuras de lascivia.
67
La noche va cubriendo el parque
con su selección de telas más oscuras y,
para completar el escenario, los huecos
ojos de los astros todo lo miran.
Las luces artificiales susurran al
que pasa: que se apure, que la cena,
que los dulces cobertores.
En el rincón más deshabitado, un borracho
con sus genitales expuestos, cambia
para siempre
la vida de una pequeña.
68
Tres
El
mejor
ser
Canción popular
69
Los lamentos, las sirenas,
los disparos,
son el sudor de esta
noche ardiente.
Los lamentos.
Las sirenas.
Los disparos.
Dios respira con dificultad
en la cama de mis padres.
70
Un Don Juan en dificultades
orina detrás de los árboles
del parque oscuro. Maldice
las palabras que lo perdieron,
esa estúpida última frase; escupe
cada calle que lo lleva de vuelta
a su almohada de fundas sucias,
a sus 40 voltios de luz fría.
71
Cutral Co
72
II
Un desierto lo rodea.
Por las noches, a un tiempo,
los pequeños animales que
lo pueblan
abren sus ojos,
y otra luz se hace.
73
III
74
IV
75
V
76
Padre
Fuerte, sonriente, con árboles
en segundo plano. Pareciera que
mueve la mano, queriendo decir: ¡ya
vas a ver! Pero no puede alcanzarme.
Está detenido en esa foto.
Y morirá muy pronto.
77
El Faro
Todas las ventanas de esta noche
están a oscuras;
todas, menos una,
donde el dolor arde,
en colores de infierno,
y espera.
78
Estoy lejos,
en la orilla, pero aun así
alcanzo a ver:
camina sobre las aguas
encrespadas,
distraídamente. Un paso sucede
a otro, y su espalda se encorva
por el peso del milagro;
se nota.
No quiere no caer;
en la angosta calleja de
una sola dirección que es
su mente, desea
hundirse como cualquier cristiano,
hundirse,
hundirse. Y no tener que
pensar en duraznos,
dulces de frutillas,
mecanos de rosas,
chocolates con almendras —nunca con maníes.
Algo más se agita en su alma
de tela rasgada: no debería hacer
sucumbir las leyes (las de la
física en este momento; las de la escritura,
más tarde, cuando se siente y escriba
del amor cuando aún sufre y no recuerda).
Qué más da.
Tarde o temprano deberá
salir del agua,
y quizás sea la tierra la que
se la trague, para no tener que ver
en su habitación,
las velas que arden alrededor
de esos huecos en la almohada vacía.
79
Ya no hay ruidos en la calle.
Grillos, una brisa insistente a lo más.
Y el alma se mueve por la habitación
siguiendo las figuras que las luces
de los automóviles
dibujan en las paredes desnudas.
No hay ruidos.
Uno apenas, casi inaudible:
el mundo clisándose
un poco
cada noche,
cada día.
80
¿Quién se acerca
desde el vibrante labio del horizonte,
protegido por la cegadora luz blanca?
Y quien viene,
sin llegar.
81
Entre morir
o vivir, elijo
callar.
82
Como mil flores (2007)
Ilustración de tapa de Como mil flores: “Las pieles se agreden”, aguafuerta de Aída Carballo.
A Valeria, por el aprendizaje
de toda pasión.
“Yo siento tu olor al minuto
de entrar tú en casa, sin necesidad
de mirar si eres tú. (...) Como mil flores.”
(Carson McCullers. “Frankie y la boda”)
Anche se tutti, io no.
Le temo a
ese color
del día en los sueños.
88
Reposo
89
Combate
1
Entre la tierra apretada
del desierto y las diminutas plantas
achaparradas, había una vida
más allá de las hormigas: a hurtadillas
se movían, danzando
entre el miedo y un heroísmo
prestado, las figuras de soldados
que el plástico y la pintura trajeron a
mi infancia, esa otra guerra perdida.
2
Es curioso que el único
momento del día en que reinara
la paz entre mi hermano y yo
fuera sólo durante esos dramáticos
encuentros bélicos.
3
Creía que sólo metrallas
y granadas podrían conmigo.
Por entonces, no adivinaba siquiera
tu presencia en el mundo.
90
Comic breve
Creímos tener el
amor-maravilla, pero
tu kriptonita fue un pibe
de 18, y la mía
el vuelo
negro
de mi viejo
justo hacia arriba.
91
Todo sí
92
La sombra de la curva
93
La sombra 2
94
Zoo BA
95
Considerás mal
96
Buda aullador
97
El juego
1
Debiéramos hartarnos del juego, retirar
el cuerpo de la ficción que maneja el hilo
de sudores, euforia, ansiada agitación.
En la seducción, sólo en ella, hay completud:
se elige un objetivo, se lo persigue
a distancia, si se lo obtiene, el juego
termina, también si no.
2
Y luego, cuando todo
acaba porque todo
acaba, además se llora.
3
O mejor no, jugar el juego en lo real,
en lo real que es otro juego y así.
4
Seguro, mujer, que digo todo esto
porque no estás, porque por la puerta que
salís entra la pena, y yo necesito juntar
unas palabras como “juego” y “sudores”, y
tratar de escandalizar para esconderme
detrás del melindroso rictus en las bocas.
5
O de verdad el amor es un juego, igual que la vida y
la muerte, y mi padre está por allí, jugando huidizo
y yo lo busco y no lo encuentro. Justo como a vos, querida.
98
Hubo un sueño del que quise
despertar. Lo demás fue día
solar, día eterno, día
laboral.
99
Mínima,
en el descanso de
la fe, tallé
un dios justo
a mi medida.
100
Taóticas
1
Si cruzara la calle, de
súbito, sin mirar, los oídos
atentos a sonidos mecánicos,
ruidos distintivos, acercándose
apremiantes y no
se apurase el paso, ¿sería ése
el no-obrar?
2
Vamos dos, raudas,
por idéntica vereda, pero en
sentido contrario. Quien puede ver
la imagen completa, adivina,
anticipa el instante de la
sorpresa: los ojos, de pronto
levantándose hasta encontrar
pregunta y mirada en un
mismo vértigo: ¿un lado
o el otro? Por un momento,
los ojos inocentes, húmedos,
vivaces, sin interpretación
como entonces: ¿un lado o el otro?
101
Pienso yo, piensa Isabel
102
Esa mujer
103
se volvió cercano, accesible, incluso
la finitud. Más tarde, come a solas
lo que a solas concibió.
Ahora,
las plantas son hijos.
104
Por dentro de la piedra, la hormiga
y su aturdida plegaria de excesos.
Por dentro del aire, el viento sonando
a roce de semillas bermejas, de plumas y ramas
abatidas. Por dentro del agua, el aire
final del ahogado que en tarde de verano
refrescó de último. Por dentro de la gente,
la hormiga.
105
Tríptico sinuoso
1
En el centro de la plaza, los árboles
dan verde al muro que me asfixia,
extranjera, escucho las voces animales
que no entiendo, en un mundo que sigue
siendo ajeno. Los perros se entienden
con los perros, los pájaros con los
pájaros y las hormigas, bien, sólo
trabajan. Voz con voz, voz con silencio,
silencio con voz. Para mí, silencio
con silencio.
2
Ahora hay gentes, cruzan veloces
la grava solidaria, sin reparar en su
ofrenda ni en mí que, de algún modo,
me ofrezco. Otras dan lecciones de morosidad
a las lenguas que entrecruzan, húmedas,
todos los datos del placer.
Por la noche, recuerdo sus rostros, los
barajo como a gastados naipes oleosos
por el uso. Quiero entender, quiero
entender. Debe haber manera de encontrar
el lenguaje que comparten, no soy perro
no soy pájaro ni hormiga. ¿O sí?
3
Tremola el aire
sonoro en las bocas, escenario
del más opaco dialecto.
106
Traful
Menguada por el
despliegue, me siento
humana, ése es mi veneno,
ése y pensar.
107
Invisible
Detenida en la levedad
luminosa del día, giro entre
los otros, sin que me noten.
Detenida, pienso
no hay ideas en el aire,
eso lo vuelve amable.
Detenida pienso
no hay ideas.
Detenida, no
hay.
108
Summa incompleta
109
Nada que festejar
Algo ha
de haber, te dije,
venerando la
humedad que en
tus labios modelaba
palabras que eran color
inaudito y aullido
antes de incendiar
el aire.
110
La mordedura
Anda, en apariencia,
indemne. No advierte
aún el rastro de sangre,
la herida ni el sigilo del paso
tras de ella.
111
Cena íntima
112
31 de diciembre
1
Con la morosa delicadeza de la tarde en
retirar su rumor de juegos y disputas, y dar
paso a la noche, tus ojos van de mí
hacia mí, con pasitos sordos de animal
atemorizado. Van de mí, vienen de mí
soy el centro de todo lo que
mirás, aunque lo que mires no sea yo.
2
Hay silencio y oscuridad
en tu casa, en la cabeza
callada, en el adusto
gesto con que amonestás
mi amor, no
dejás madre para este desamparo.
3
Hay espera y oscuridad
en tu cuerpo. Vas
severa y diligente, dialogando
con el dolor en todo idioma.
113
Regalos
1
Te di una piedra, fantástica
combinación de brisa, sol
marino, arena y tiempo.
Y creíste que te daba el corazón.
2
De apuro, con las ruedas de
la bicicleta apenas detenidas,
trajiste manzanas. Y seguiste,
rauda, el camino que no has
de cambiar. Pero, pequeña,
las manzanas eran rojas, brillantes,
abrían su corazón dulce al
mordisco, al ansia, a
la sed de mi urgencia.
114
Frutas e insectos
1
Muerdo el aire en que estuvo
tu boca, el vacío me devuelve
el aliento zumbón de los
muebles que miran, piadosos
el abrazo asfixiante
del rechazo, esta otra piel
que arde sin sol que la toque.
2
¿Te dije o imaginé
decirte: abrime, horadame,
grabá tu nombre en
el revés de la piel?
¿Te dije o soñé decirte:
sé mi hormiga particular,
mi obsesivo insecto,
mi fruta firme, ácida
manzanita?
3
Esperé de vos y de mí
ser una. Contra todos
los augurios y consejos,
que la vida y la muerte
nos tejiera con hilos
de transparente,
indisoluble unidad.
115
La llave
Sonríe y mira.
116
Wondering
117
Cosas de la madurez
118
El acuerdo (2012)
Libro I
a Pao,
adorada hermana en la luz
122
El poema del acuerdo
en ramalazo, su daga.
123
Hipótesis
124
No podría decir qué es real de esta
tarde, aunque saltara sobre
las baldosas livianas y arrancara verdes
de hierba que masticar.
125
movimiento sobre
un escenario antiquísimo, vienen, vamos
del alimento al dormitorio
como el pájaro. Vestir ropas,
normales hacer cosas
de todos, soñar(nos).
126
sube ligera por el vapor
veraniega la pregunta
por el origen
de la arrebolada nana siseo
siseo de la domesticidad
127
La muralla
Por los ojos entra el pecado
al cuerpo pero ¿cómo sacarlo
de él? cintarazos, concéntricas
marcas amoratadas, señales en la espalda,
imperdibles desde arriba.
en ese vislumbrar
de movimiento,
un guiño. Por los ojos
entra el pecado al cuerpo.
128
En la noche que abriga
o clausura los conflictos, en su
fabulada calma antigua. En un cuerpo
que se descubre, quieto.
En lo que tarda el piar
del aguilucho, agudo peatón, en
desaparecer del aire.
El siseo.
129
Ahora un sauce, cae
y convierte la tarde
en verde, lluvia oblicua
breve.
130
Muchas tardes, sentada en el
carro herrumbrado, esperó bajo
el añoso aguaribay. Prieta
de calor contra los ojos
de flores habitadas por un dios
medio atontado.
Lo que para ella fue revelación, firme
movimiento fue del tío, aplastando
con piedra certera,
el serpenteo
de la cabeza ciega.
131
El niño mira, distante el amor
de sus padres. Conoce en esa lejanía
la primera separación, la primera
soledad. Esas caricias que no
lo tocan, escuecen sin un sentido
inteligible para él, son manos apartadas
de su piel y es suficiente.
132
Olfateo hondamente el aire, busco
los datos que permiten al pájaro
la existencia. Dirección, sentido
peligro, alimento todo uno
en las especias del aire.
Pesada, sin plumas voy
en desventaja, no crean que no
lo sé. Pero también empecinada,
sé de lo que trata
la vida, y voy por ello.
133
La música se ha detenido, se escucha
en un monólogo oscuro
y sopesado la versión más verídica
de la vida: gemidos, bostezos,
gorgoteos.
134
Soñaba cuando niña, con
un país de lluvias constantes, atronadoras
luces y el cielo negado de la noche
iluminando mi temblor; las manos
bajo la sábana, huyendo de abstracciones
y conceptos como la luciérnaga, sabían
producir luz en contacto con el oxígeno.
135
Momento singular, éste
en que siento la lengua arder
bajo el delgado peso de la hostia
morada que, de a dos, preside
tu pecho
blanquísimo.
136
Dame fuerzas, Tú, quien
quiera que seas: cielo diáfano,
coirón ardiendo en la pampa
helada, sola luz,
luz entrando de pronto en la habitación
cerrada.
137
Entiendo lo que dicen los perros
ladrando en el terreno vecino pero
no lo que sale de tus labios, ahora
y en la hora de tu partida, amén.
138
Ahora mismo, por ejemplo, estaría
donde llueve, o mejor donde el mar
se alza en bramidos sobre una costa
y estalla, contrariado por los límites.
139
Aunque quiero prestar oídos
más bien a lo vivo y no a la muerte
de la hormiga, roja bajo
el pie, al marrón final de la hojita
en la maceta, al cric seco
del cascarudo en la rama vulnerada,
a la mosca pegada a la lámpara del aire
entre la puerta abierta y la puerta
cerrada, cuando te ibas.
140
Acaricio el pelo suavísimo
de la gata, pensando que ya no
podré hacerlo cuando muera. Una
de las dos. Su calidez
es una idea de presente
eterno en la palma.
141
La fidelidad es la noche del cuerpo
142
Somos la posesión preferida
del dolor. El canto parejo
del parentesco, su fortaleza.
Armonía de ignorar
la pregunta de la alegría.
143
Cutral Co
144
el animal que me acompaña siempre
ahora duerme, dormiré también
para acompañarlo yo por una vez
145
Siento con tristeza que alguien está
muriendo; con fuerza me transmite
su confusión, su airada y muda protesta.
No digo nada. No hay palabras para los
extremos de la vida, por eso
mi poesía sólo habla del intermedio.
146
Mido al mundo
desde una consideración
animal.
147
ni escribiendo “adiós” podría ahora estar más lejos
148
amor
1
Una danza el amor, en la que cambia
la coreografía a cada paso. No hay certezas
con los años, las figuras se aprenden
en la práctica, aunque nunca han variado.
No es preciso entender, sólo copiar
la regularidad de su dibujo, hacer
lo que todos: mantenerse en movimiento.
149
2
Y la música. Se escucha y no,
como cuando se dice sí
con la cabeza y con furia se piensa
en otra cosa. Y sentimos el asesinato
escocer los dedos.
150
3
A veces, la danza se interrumpe. Puede
hacerlo un instante o más, pero siempre
parecerá una vida.
151
4
Yo solía decirle que sus ojos
eran pájaros, sensibles a las
vibraciones, equilibrantes.
152
5
Cuando se detiene una para tomar
respiro, es que desaparece el escenario,
y lo que brillaba es una bruma donde
siluetas de a dos, cruzan velocísimas.
153
6
El ritmo del amor no tiene notas ni signos ni escalas.
Sólo un apabullante silencio, átono, arcaico.
154
7
Tus dedos me vuelven virgen
cada vez. En el sofoco de toda
concavidad, espero abierta
la llegada del espíritu
del tacto, su voracidad
mendiga, la pupila abierta a medias
de su conocimiento, mientras
late,
arde dondequiera.
155
8
Un único rayo de luz solar
hiende el pliegue brevísimo
de la cortina. Pone al descubierto
uno de los mundos invisibles: infinidad
de partículas, desnudas incansables,
bailarinas.
La misma hendidura
en el amor. El mismo yerro.
156
9
Cuando me creí acompañada,
es que comprendí que estaba sola.
157
Merodear todos los temas
158
Musgo, verde de podredumbre
en las cuencas
vaciadas
del verso. Tampoco
eso siquiera.
159
Al marfil
del hueso le crecen sombras
de calas.
160
¿Quién sos, muerto que insistís
con ir a bailar a correr a sorber
un aire distinto de ese bajo tierra?
No creo que te susurren al oído
los insectos: “a ésa, a ésa”, señalándome.
Esos bichos y yo, te lo aseguro, no
hemos sido presentados.
161
Neko
No dejo de pensar en el gato,
ha estado a punto
de morir y ahora mismo lo escucho,
corre por la casa, acosa las plantas
de interior, pide comida,
aire con una autoridad
que le desconocía.
162
La pequeña muerte del orgasmo
es toda muerte. Como prueba está la
sábana, blanca y pronta a recubrirte.
163
Cuando se agotó la vitalidad
de la hoja, lloré,
aunque su amor era raíz
fortuita y brillo en la maceta
rota.
164
Suenan trompetas de tren en la distancia.
No las escucha mi padre.
No las escucha mi abuela.
No las escucho yo, almacenada
y oscura como el vino
en sitio fresco sin aire,
ni vibraciones fuertes.
165
Al aire transparencia del trinar
escondida en el follaje le cierro
el paso. No quiero
amor ni complacencia. Lodo
en la boca boba, humedad
de raíz apretando los ojos.
166
muerte
Nadie escuchando.
167
Fuera, de todo quiero narrar
un adentro.
168
La musiquita
Y llega un crepúsculo,
repentino en el medio
del día. No resulta extraño
que las sombras se amontonen
en los ángulos de habitaciones
que, desde ahí, dejan de ser
creíbles. Y las palabras
aparecen,
innominadas,
siempre ajenas. Las mismas que, más
tarde, leeremos con el perentorio
tono del propietario.
169
2
170
3
Primero
arriban las palabras. Animalitos,
sin domesticar gravitan con el
peso de lo definitivo, se mueven
por la casa entera sin hesitar,
lo dicho: con la comodidad de
antiguos moradores
que han regresado para quedarse.
171
4
172
5
173
6
174
7
175
Poesía
8
Llega, viene,
la Musiquita.
La mu
si
qui
ta.
176
9
177
Libro II
Nô
Y ésta es apenas
una anécdota sobre
teatro japonés.
181
2
Les pertenece.
182
3
183
4
La entrada y salida
del escenario responden,
sin cambio, a estrictas reglas
de acuerdo a función y rango.
Aún sin haber sido expresadas
nunca, el alcance de su severidad
es bien conocido.
184
5
185
6
186
7
No hay complicaciones
en la trama, nada es menos complicado
que la angustia. De ella trata todo guión.
187
8
188
9
El grado de humanidad
dependerá del deslizamiento
del cuerpo a través de los escrupulosos
laberintos que dibuja
el aire entre la flor y el estilo.
189
10
190
11
La divinidad temprano o
tarde se da a conocer.
191
12
El guerrero revivirá
la pena,
la vergüenza ardiente
de la última derrota,
es una puerta trucada
que no termina de abrirse.
192
13
El Nô de mujeres ronda
en torno al espíritu
de mujeres nobles,
jóvenes e incluso plantas.
193
14
194
15
A cada máscara
su nombre.
195
Anima(i)s (2013)
Ilustración de tapa de Anima(i)s : dibujo de gerardo burton.
Dibujos de interior: valeria flores.
Lola
1
la gata bebe
extasiada la sombra
de su rostro
201
2
202
3
suave
pisa extenso
grávida de
ritmo
203
4
se mueve y
reposa, hace coincidir como
nadie idea y acto
204
5
205
6
a su alrededor, la realidad
se deseca
206
7
207
8
208
9
209
10
210
Variaciones sobre la golondrina
1
213
2
Su vértigo hace
cadencia de lo abierto.
214
3
Coreografía de pico
y ojo en alto
del
aturdimiento.
215
4
Un
continuo: vuelo,
sinuosidad, cesura
azul.
216
5
A solas sostenida,
terrosa de lluvia,
es su propio pulso.
217
6
Espiralada en su
contemplación,
toda concavidad
y punta, resquebraja
firmamentos.
218
7
Su saboreo aéreo
como poesía
no busca desvelamiento.
219
8
Ni aire ni espacio,
su anhelo ardiente
le es su exterior.
220
ÍNDICE
El viaje . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
La pasajera de arena
1
digo: regresa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16
Sappho . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
Vasca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18
Acaricio su rostro con el pie . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
Estarse sola . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20
2
La espera del silencio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Ciudad ardida / carrusel macabro. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
3er mundo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
Hay aquí un paisaje desconocido a la memoria . . . . . . . . . . . . . . 25
Las moscas, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26
Indolencia: hálito urbano. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
Monet . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28
El verano muy pronto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
Insomnio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30
Una música de feria y comediantes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
Los amantes recorren la plaza, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32
Domingo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
Hamurabi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34
La muerte es un remordimiento oscuro. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35
Derecho de admisión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
El ómnibus cruza el paisaje, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37
Inferno
Uno
El viaje
I . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44
II . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
III . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 46
223
IV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
V . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48
VI . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49
VII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
VII, Humanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 51
Dos
Las notas terrestres
Voy a decirte lo que vi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 54
Lo poco que resta del día . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
Algo clama por la atención del gato . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 56
La tarde entera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
Fuera de esta habitación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58
Abuelos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
Cuando el ruido cesó, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
Un sonido de sirenas recorre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61
Levísimo rumor sobre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 62
La Plaza de Roca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63
Miro por la ventana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64
Sobre el mapa de la ciudad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65
Muerte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
Fresco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
La noche va cubriendo el parque . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 68
Tres
El mejor ser
Los lamentos, las sirenas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 70
Un Don Juan en dificultades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
Cutral Co
I . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 72
II . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
III . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74
IV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75
V . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76
Padre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77
El Faro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 78
Estoy lejos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
224
Ya no hay ruidos en la calle . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 80
¿Quién se acerca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
Entre morir . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 82
amor
El poema de amor
1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149
2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 150
3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 151
4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152
5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153
226
6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 154
7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155
8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 156
9 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
Merodear todos los temas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158
Musgo, verde de podredumbre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159
Al marfil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160
¿Quién sos, muerto que insistís . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161
Neko . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 162
La pequeña muerte del orgasmo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 163
Cuando se agotó la vitalidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 164
Suenan trompetas de tren en la distancia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165
Al aire transparencia del trinar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166
muerte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167
Fuera, de todo quiero narrar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168
La musiquita
1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169
2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 170
3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171
4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 172
5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 173
6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 174
7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
Poesía
8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 176
9 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 177
Libro II
Nô
1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 181
2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 182
3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 183
4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 184
5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185
6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 186
7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187
8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 188
227
9 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
10 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 190
11 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191
12 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 192
13 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 193
14 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 194
15 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195
Anima(i)s
Lola
1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201
2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 202
3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203
4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 204
5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 206
7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 207
8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 208
9 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 209
10 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 210
228
La presente edición de Poesía (1992-2013),
de Macky Corbalán,
se terminó de imprimir en septiembre de 2015
en BOOVERSE, Buenos Aires, Argentina.
[Link]
Macky Corbalán
131 Poesía (1992-2013)
ISBN: 978-987-1869-48-0