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131 Poesia

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Macky Corbalán

Poesía
(1992-2013)
Poesía
(1992-2013)
EDICIONES EN DANZA
Dirección: Javier Cófreces
Coordinación editorial: Isabel López
Comité editorial: Eduardo Mileo y Alberto Muñoz

Producción gráfica: Damián Wasser


Diseño de cubierta e interiores: Sergio Kern

© 2015, Macky Corbalán


© 2015, Ediciones en Danza
Gaspar Melchor de Jovellanos 1068 (CP 1269)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Tel./fax: 4301-5031
E-mail: cofreces@[Link]
Página web: [Link]

Hecho el depósito que marca la ley 11.723


Impreso en la Argentina

Macky Corbalán
Poesía 1992-2013 / Macky Corbalán.
1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : En Danza, 2015.
230 p. ; 22x15 cm.

ISBN 978-987-1869-48-0

1. Poesía Argentina. I. Título.


CDD A861
Macky Corbalán

Poesía
(1992-2013)
Prólogo

Este volumen recopila la intensa obra poética de Macky Corbalán


publicada en poco más de veinte años y desplegada en cinco libros
—los dos últimos de edición artesanal. Por su rareza, por su singu-
laridad, se trata de una poesía que tiene más lectores en su busca
que libros disponibles: cierto, sus ediciones están absolutamente
agotadas y los ejemplares supervivientes transitan de biblioteca en
biblioteca, en fotocopias y en la red de redes. Pero todos anhelan
(anhelamos) el libro, ese objeto casi carnal que nos devuelva la voz
de la poeta, una voz sin madre ni padre, una voz que no quiere
descendencia, una voz que transita como intermedio entre el naci-
miento y la muerte.

Entonces, este volumen incluye La pasajera de arena e Inferno,


publicados por el entrañable José Luis Mangieri en Tierra Firme
respectivamente en 1992 y 1999; Como mil flores, editado por Hi-
pólita en Rosario en 2007; El acuerdo, la edición artesanal de La
Mondonga Dark, y, finalmente, la plaqueta Anima(i)s, aparecida en
La Cebolla de Vidrio Ediciones en 2013.

Estos libros plantean un recorrido que dibuja una manera original


y personal de escribir poesía en y desde Patagonia y precisamente
por eso contribuyen a construir una de las voces más originales de
la región y del país. Sus poemas son textos breves, apretados, lu-
minosos y condensan una múltiple realidad: la del lenguaje, la del
poder y las disputas que en esos territorios ocurren. Porque, como
solía decir con acierto, toda poesía es política.

En este punto hay una intersección de varios planos: Macky Cor-


balán, que había nacido como Miryam Adriana Corbalán en Cutral
Co, el 19 de junio de 1963, mutó su nombre y con él su identidad
poética. Hacia el final de su vida había llegado a una suerte de di-
solución del nombre, un préstamo de máscaras que le servía para
fluir en esa energía universal que le permitía ser médium para que
la poesía sea.

Esto dijo ella en la contratapa de Anima(i)s: “macky poeta es una


7
ficción de su autor (aeiou), que también es una ficción, tal como tú:
mon semblable, mon frère! Al personaje le tocó (cree que eligió)
moverse en este mundo raro como lesbiana, feminista, queer, ac-
tivista por los derechos de animales no humanos y de las plantas
(también se acerca amorosamente a lo inorgánico). Y la poesía, su
imprescindible link con el aire que respirar o el aire que respira”.

Ese pequeño manifiesto se relaciona directamente con las defini-


ciones que expresaba de sí: poeta, lesbiana, feminista, tres ámbitos,
tres mundos, tres esencias —si se permite el anacronismo filosófi-
co— que eran en su vida una militancia, una lucha declarada contra
el poder y los poderes, contra las academias y las canonjías, contra
los patriarcados y toda violencia ejercida con y sin sistema, contra
los seres vivos, sean éstos vegetales, animales o humanos. Su pro-
puesta poética nunca estuvo escindida de su convicción filosófica
ni de su activismo político: una budista zen cristiana en la estepa;
una feminista en un bosque de machos; una poeta en un universo
de literatos.

Un importante aspecto de su militancia se materializó en su acti-


vidad en el grupo Fugitivas del Desierto ([Link]
[Link]), entre otros.

Ella eligió una tierra para vivir y un mar para descansar: desde sus
primeros poemas teñidos de las poéticas de César Vallejo, Juan Gel-
man y Alejandra Pizarnik llegó hasta el extremo en el cual su poe-
sía, que jamás hará escuela porque ella no lo quiso, es una pequeña
gema translúcida, opalescente, como a ella le gustaba calificar.

Desde la cordillera y los valles patagónicos, desde el viento y la


arena feraces de Cutral Co hasta el Atlántico en Las Grutas transitó
su existencia. Cutral Co, la ciudad donde había nacido, no sólo era
la referencia o el pie a tierra, era el sitio mítico donde fundaba su
mirada sobre el mundo, sobre el universo. La cordillera funciona
como refugio de la amada que huye. La cordillera y sus lagos, como
el lugar donde el amor se celebra.

Cutral Co era el origen y el centro, la fuente que la alimentaba. Lu-


gar mítico del centro del mundo, cuzco para su alma desde donde
tejió el oráculo de una obra que aún hoy después de su muerte si-

8
guió construyéndose. Cutral Co es el hogar del deseo, y el rescoldo
donde la poeta encuentra —reencuentra— la tibieza necesaria para
el andar, animada por el viento incesante, omnipresente no sólo en
los remolinos de arena.

Y finalmente, Las Grutas, con esas extensas playas y el mar azul,


hondo, y otra vez el viento amigo: la última estación, la elegida para
el descanso en medio de la inmensidad.

Macky Corbalán entendió a Patagonia como espacio en construc-


ción donde la poesía circula de manera horizontal, reticular, como
rizoma y, otra vez, al favor del viento. Por eso elegía la capilaridad
de relaciones, esa suerte de redes que enlazan a los poetas en esta
región amplia, extensa, llena de relatos y seres fabulosos escondi-
dos detrás de los mercantilismos al uso, como guerrilleros contra el
sistema.

Entre 2011 y 2013 puso en acción esa capilaridad de la que habla-


ba: convocó a un grupo de poetas, plásticos, músicos, cantantes,
bailarines y videastas, entre otros artistas, con quienes creó nuevos
espacios de circulación y expresión de la poesía con lo que se pudo
hacer tangible esa epifanía que exigía a cada acto poético. Porque
para ella, toda poesía era política, como todo pensamiento lo es. Y
profundamente cuestionadora del (los) poder(es). Los nombres de
esos espectáculos: Poetas en la cucha; Curia poetas y Mostro verso.

macky poeta murió en la madrugada del 14 de septiembre del 2014


en Neuquén capital. En los últimos meses de su existencia fue aco-
sada por una enfermedad contra la que luchó hasta el final. Era pe-
riodista, licenciada en servicio social y es ya una de las voces más
originales en la poesía que se escribe actualmente en la Argentina.
Textos suyos figuran en una serie de antologías tales como: Poesía
en la fisura, recopilación de Daniel Freidemberg, 1995; Poesía neu-
quina de los 90, 1996; Antología de poetas de la Patagonia, 2006;
Poetas argentinas (1961-1980), 2008; Antología poesía del siglo
XX en Argentina, 2010; y La frontera móvil, editado en España por
Carena en 2015.

Este libro reúne lo publicado hasta el año 2013 con las revisiones
hechas por la autora después de la edición en papel. Queda una im-

9
portante obra poética inédita escrita, dictada y respirada hasta sus
últimos días terrenales cuando el amor y el aire retumbaron mansos
o estruendosos. Esos días de manos amigas y solidarias en los que
siguió siendo hablada por poesía.

N. del E.: La presente edición de Poemas (1992-2013), de Macky Corbalán, presenta el


mismo criterio tipográfico de cada una de las obras que la componen, publicadas oportuna-
mente durante el período citado.

10
La pasajera de arena (1992)
Ilustración de tapa de La pasajera de arena: grabado de Pompeyo Audivert
para Ilda y Orlando
porque su amor hizo posible mi vida
Llámenme.

Yo estoy allí,
en la maleza oscura,
zozobrando sola,
mientras los animales orinan
mis tristezas / mis manos de paja.
1

No quiero ir
nada más
que hasta el fondo

A. Pizarnik
digo : regresa

y temo no reconocerme
cuando entre por esa puerta.

16
Sappho

de los bosques tenebrosos


llevo lo sombrío

de la tarde soleada
su posibilidad nocturna

17
Vasca

desviada

desviada

sigo

por el camino correcto

18
Acaricio su rostro con el pie.
Su piel es fresca,
aun cuando afuera
puede oírse el alarido del aire
incendiándose.
Ahora interpone su cuerpo
entre la lámpara
y esto que la mira,
entonces la luz es una forma,
una delicada ondulación de la carne,
un eclipse presentido
y esperado por siglos.

19
Estarse sola

mostrar las uñas


sacar la lengua en mofa aguda
lanzar improperios como ácido
al ademán cándido
del que escucha

Hacer ruidos corporales


exhalar efluvios indecorosos
decir amor cuando es muerte
oler a funeraria

estarse sola

para que nadie sospeche


de esta pobre función
sin espectadores
con una pista de arena
repleta de excrementos
y un payaso harapiento
que se mira al espejo
en nuestro retrato

estarse sola
para por fin
ser sola

ser sola
como cuando —apenas nacidas—
miramos el mundo y supimos
que nos habíamos equivocado

20
2

Dying is an art
like everything else
S. Plath
La espera del silencio,
y no el silencio,
es lo que aturde.

22
Ciudad ardida / carrusel macabro.

Ostenta rostros que no le pertenecen.

Se apresura,
perseguida de calor,
hacia el final de la tarde.

Las mujeres que la pueblan


deambulan, solitarias,
pidiendo por amantes
a quienes devorar.

23
3er mundo

El aroma de la carne asada


socava el mediodía de
los míseros,
enloquece sus glándulas
y, como los animales de Pavlov,
se agitan por más
cuando nada ha habido.

24
Hay aquí un paisaje desconocido a la memoria.
Un carrusel que gira sin niños.
Gritos que, a fuerza de pavor, han quedado mudos.
Colillas que encienden la tarde y
aves que no levantan vuelo, sobresaltadas,

hurgan en los ojos,


se adueñan de la casa.

25
Las moscas,
inevitables en el verano,
como el calor que sofoca
al envolvernos en su membrana
sudorosa y anodina,
los frutos henchidos y rojos,
descomponiéndose en la acera,
y —enlazados por el talle—
las parejas de enamorados
que habrán de odiarse
el próximo invierno.

26
Indolencia: hálito urbano.

Modela cuerpos
en andares de grotesca armonía.

—Estética de todo lo inanimado—

Una ráfaga vital


corta el aliento
en instantes tan cortos...
imposible asegurar que existieron.

Los hombres caminan


con pasos de brea ardiendo,
añoran sus siestas,
sus vientres gruesos y velludos
rendidos al sopor.

Fuman en los cafés,


orinan las paredes descascaradas;
ven pasar la muerte,
la piropean
a diario.

27
Monet

La mosca sobrevuela, interesada,


la gota de sangre
que brilla sobre el piso mugroso.

Zumba, se posa,
huele
el infierno de la carne.

28
El verano muy pronto
llegará a importunarnos,
como quien se empeña en devolver
algo que hemos arrojado lejos
y adrede.

Las mariposas no harán


más que dejarse caer detrás
del horizonte;
los hombres jadearán
en sus ejercicios vespertinos,

y vendrán con sus piernas de lodo


e irán con sus piernas de lodo:
gruesos ídolos, henchidos
en sus ropas deportivas.

Habrá dos cuerpos encimados en la siesta,


a quienes hastiará menos el sudor
que la práctica casi diaria.

29
Insomnio

un tic tac, en la penumbra,


un ladrido lejano,
el sonido de los ojos
que ruedan por la habitación

como canicas hambrientas.

30
Una música de feria y comediantes
llena la ciudad,
gira en torno al que camina
en una danza asfixiante,
vuelve sordos los disparos,
invisibles los dedos del punguista;

y, en la habitación a oscuras,
una ropa que cuelga al descuido
sobre la silla
crea la ilusión
de la presencia ansiada,

por un minuto.

31
Los amantes recorren la plaza,
fundidos en una sola y misma sombra.

Se sientan en el banco verdoso.


Con resplandores de plata
hienden el cemento
en un corazón de bordes inquietantes;
enredan sus piernas ligeras,
prometen amores eternos
de un segundo.

32
Domingo

El vecindario vocinglero
ha ido declinando

con el color del día,


las hojas secas, en desordenada
carrera, se han aquietado
al margen de las calles despobladas;

aquí, algo
le sugiere al alma
que no debiera ser la desolación
el lenguaje universal,
ni el tiempo un escondite
del que nadie ha venido a librarnos.

33
Hamurabi

al goce sensual esquivo

es necesario hacerle
justicia por la propia mano.

34
La noche es un remordimiento oscuro.
Envuelve a la ciudad
en un giro incesante
de paredes vecinas.

Densidad del verano suspendida allí fuera.

Sobre la lápida de la calle


se recortan figuras informes:
sombras contagiadas del hastío de esta hora.

En mi cama,
alguien se balancea con ritmo.
Corta el calor pringoso
en dos rostros,
enteramente ciegos.

35
Derecho de admisión

Expulso al mundo
por mi boca,
y como quiero
me encamino —custodiada—
a la salida.

36
El ómnibus cruza el paisaje,
como una flecha incontrolable;

en su interior,
la pasajera de arena
culmina una nota de adiós

y abre la ventanilla.

37
Inferno (1999)
Ilustración de tapa de Inferno: Ariel Mlynarzewicz (aguafuerte y aguatinta).
a LU...
porque El tiempo presente y el tiempo pasado
están tal vez ambos presentes en el tiempo futuro
Uno

El viaje

“Estamos en el mundo y con los ojos de la noche”

Jacobo Fijman
I
La carne se pudre, sin
estridencias, sobre
el ceniza ramaje óseo.
La ida eterna, el andar sin puerto,
nos ha vuelto empecinados: la opaca mirada
fija en una abertura cualquiera,
a toda hora de este todo nuevo, desconocido
concepto de tiempo. (Sin sol, sin oscuridad;
las luces se encienden,
se apagan,
siendo nuestro día, siendo nuestra noche.)
El arribo es un sueño que se suma
a esa otra perdida ilusión humana, felicidad.
Definitivamente alejados de destino y vocales
y perros y árboles y aire,
andamos viendo un rostro
diferente tras otro en el propio.
Sin signos posibles de aliento, la desesperación es
el juego al que todos nos desafiamos, cada despertar.

44
II
No hay sol aquí, sólo luz de artificio para un día eterno.
Olvidadas las dimensiones,
semejamos maquetas inmóviles
que hipan secamente,
la ausencia de sombras que temer.
Todo es blanco, todo es negro,
un damero de inacabables giros.
Hoy creí ver un pájaro. Eran mis manos
intentando abrir, febriles, una ventana sellada.

45
III
No hay afuera. El afuera es un aire que mata.
Boqueamos, nos contoneamos posesos contra los
vidrios sucios de huellas dactilares,
de apenada mucosidad.

46
IV
No hay noche.
Una noche (luz apagada) desperté
bañado en lágrimas: en mi sueño, los árboles
azules, erguidos en el centro de un patio,
parecían haber enmudecido
justo a tiempo.

47
V

Tanto tiempo lejos de casa, nos ha traído olvidos;


pero sí recordamos el signo de nuestra humanidad:
reñimos hasta sangrar con el menor pretexto.

48
VI

Apenas los ojos


humedecen su pábilo, los objetos
recuperan el orden
de su universo sin gentes.

49
VII

La teletransportación podría llevarnos donde queramos.


Pero no hay lugar donde ir. Paradojas de una ciencia impura.
Aparecemos
y nos
desvanecemos
de un
cuarto
al otro
de la
nave,
hasta
hartarnos.

50
VIII

Humanos
Leo en ellos como en páginas escritas.
Atravieso sus órganos opacos, su piel,
el susceptible hilado de los nervios.
Es lo de siempre, lo de cada época:
rencillas, acuerdos y desánimo. Una cosa
no entiendo: esa oscura,
repentina agitación
cuando recuerdan.

51
Dos

Las notas
terrestres

“Todo su cuerpo con espinas


y a mí me siguen las moscas...”
Fito Páez
Voy a decirte lo que vi:
sobre la noche cayó el silencio
y cubrió los rostros dormidos,
mientras los perros aullaban
de clarividencia y frío, sumando
al sueño otro sueño.
Recorrí las calles y una luz blanca
desde el cielo lo alumbraba todo,
todo lo volvía visible: las delgadas siluetas
de los árboles tocándose en las sombras;
pasos apagándose de pronto en las esquinas; y
los duros hombros de las casas, unos contra
otros apoyados, dándose ánimo.
Sólo el miedo daba al sonido de mis pasos, eco.
El vacío del mundo.
Un grillo haciendo sonar sus alas.
Los brotes nuevos, bajo tierra, tocando
la música más maravillosa
que yo hubiera oído.

54
Lo poco que resta del día
apura a los pájaros que,
en instantes, pasan
de la luz a la tiniebla,
en una espiral de
diálogo frenético.
Justo como vos,
los pájaros.
Justo como vos,
el corazón se acelera tanto
que todos los latidos
son uno.

Amor, quién hubiera dicho


que el infierno
no era el fuego?

55
Algo clama por la atención del gato
que, desde su somnolencia, se yergue
y husmea el aire; como en el resto
de las cosas esenciales,
no hay nada allí que nosotros
podamos ver.

56
La tarde entera
bailoteando,
con los insectos ebrios,
en la ardiente
malla
del aire.

57
Fuera de esta habitación,
los perros inician su inacabable
perorata nocturna, los gatos se hacen
uno con el muro y crece, en el mundo,
una jerga animal que no me es extraña:
sube por tus ojos antes
de tocar mi cuerpo.

58
Abuelos
No hubo entre ellos
más que las palabras
de la necesidad;
desconocidos compartiendo
amor e hijos,
viendo madurar los cuerpos
con los manzanos,
bajo el soberano sol de la siesta.

59
Cuando el ruido cesó,
llegó la lluvia.
La lluvia era el silencio
cubriendo las casas sucias
de una pátina
entre brillante y olorosa.

60
Un sonido de sirenas recorre
la ciudad, denuncia el crimen
o la enfermedad; las caras
preferidas de una moneda
que no deja de girar,
en el aire liviano de la tarde,
al final del verano.

61
Levísimo rumor sobre
la hierba en que,
acostadas, veíamos
al día moverse
con el sol
por el cielo.

62
La Plaza de Roca
I
La hamaca demora en detenerse
lo que la luz en pasar a la penumbra.
Del niño quedan unas huellas,
marcadas en el terreno de junto;
un silbo metálico.

II
Oscurecido por el follaje,
talla, con esfuerzo,
en la madera humedecida,
un nombre hace ya mucho
borrado de su cuerpo.

III
Encendida y sola
la luz de la esquina,
se torna apenada
alegoría
para el alma.

63
Miro por la ventana
con bobalicona expresión vegetal.
Nada podría sacarme
de este limbo fronterizo.
Aunque una sensación de pregunta
que no alcanza a formularse
en la conciencia me agita, un instante.
Y ahí va.
Afuera, el viento insiste en
poner sus viejos discos.

64
Sobre el mapa de la ciudad,
otro dibujo; con calles
que, sin serlo, me llevan,

me llevan.

65
Muerte
Sueño en el que
las ovejas saltan
y saltan
y saltan

66
Fresco
En la mañana soleada,
los hombres hacen de las
paseantes y sus ligeros
atuendos, minuciosas
figuras de lascivia.

67
La noche va cubriendo el parque
con su selección de telas más oscuras y,
para completar el escenario, los huecos
ojos de los astros todo lo miran.
Las luces artificiales susurran al
que pasa: que se apure, que la cena,
que los dulces cobertores.
En el rincón más deshabitado, un borracho
con sus genitales expuestos, cambia
para siempre
la vida de una pequeña.

68
Tres

El
mejor
ser

“Antes de ti no hay antes”

Canción popular

“Ella junta todas las partes de mi ser,


y las une de la manera correcta”

“Beloved”. Toni Morrison

69
Los lamentos, las sirenas,
los disparos,
son el sudor de esta
noche ardiente.
Los lamentos.
Las sirenas.
Los disparos.
Dios respira con dificultad
en la cama de mis padres.

70
Un Don Juan en dificultades
orina detrás de los árboles
del parque oscuro. Maldice
las palabras que lo perdieron,
esa estúpida última frase; escupe
cada calle que lo lleva de vuelta
a su almohada de fundas sucias,
a sus 40 voltios de luz fría.

71
Cutral Co

Tuvo río sólo por un día. Arrastró


casas, perros y
gente por
kilómetros,
durante un marzo hecho
enteramente
de agua.

72
II

Un desierto lo rodea.
Por las noches, a un tiempo,
los pequeños animales que
lo pueblan
abren sus ojos,
y otra luz se hace.

73
III

La leche por la mañana, las tizas


de colores, las rodillas dolientes, los
árboles sacudidos violentamente
en una tarde marrón de arena
y cardos rusos.
Ben Hur en la tele.
Mi temor al ridículo, sobre
el mantel de una mesa rodeada
de sonrojadas amigas calladas.

74
IV

Suena fuerte buena música


del terreno vecino. Ellos han sacado
sus sillas al fresco y charlan,
y ríen. Otros días, algo más malos,
se recriminan duramente
las horas opresivas, los hijos
inesperados.

75
V

Mis padres se amaron


un tiempo razonable. Luego,
se dedicaron a criar a sus hijos,
a trabajar, a pasar los años.
Ahora, teme uno la falta del otro.
Como suelen decir:
lo sobrenatural es
lo más natural.

76
Padre
Fuerte, sonriente, con árboles
en segundo plano. Pareciera que
mueve la mano, queriendo decir: ¡ya
vas a ver! Pero no puede alcanzarme.
Está detenido en esa foto.
Y morirá muy pronto.

77
El Faro
Todas las ventanas de esta noche
están a oscuras;
todas, menos una,
donde el dolor arde,
en colores de infierno,
y espera.

78
Estoy lejos,
en la orilla, pero aun así
alcanzo a ver:
camina sobre las aguas
encrespadas,
distraídamente. Un paso sucede
a otro, y su espalda se encorva
por el peso del milagro;
se nota.
No quiere no caer;
en la angosta calleja de
una sola dirección que es
su mente, desea
hundirse como cualquier cristiano,
hundirse,
hundirse. Y no tener que
pensar en duraznos,
dulces de frutillas,
mecanos de rosas,
chocolates con almendras —nunca con maníes.
Algo más se agita en su alma
de tela rasgada: no debería hacer
sucumbir las leyes (las de la
física en este momento; las de la escritura,
más tarde, cuando se siente y escriba
del amor cuando aún sufre y no recuerda).
Qué más da.
Tarde o temprano deberá
salir del agua,
y quizás sea la tierra la que
se la trague, para no tener que ver
en su habitación,
las velas que arden alrededor
de esos huecos en la almohada vacía.

79
Ya no hay ruidos en la calle.
Grillos, una brisa insistente a lo más.
Y el alma se mueve por la habitación
siguiendo las figuras que las luces
de los automóviles
dibujan en las paredes desnudas.

Fuera, las hamacas vacías


oscilan, felices en su movimiento.
Los árboles se doblan,
obstinados en su jerga silenciosa.

La gata se deja caer de la ventana alta,


aburrida de pedir entrada a la
casa cálida.

Las manos, los pies desnudos,


parecen de otra persona.

No hay ruidos.
Uno apenas, casi inaudible:
el mundo clisándose
un poco
cada noche,
cada día.

80
¿Quién se acerca
desde el vibrante labio del horizonte,
protegido por la cegadora luz blanca?

Quisiera creer que todos lo ven,


y lo esperan. (Pero ¿por qué lo pienso
en masculino? ¿Acaso mi mente puede leer
lo que se acerca y cuando esto es poderoso
lo imagina hombre?)
Miro a los costados,
nadie parece compartir mi digresión,
esta ansiedad, el aire de temor.

Se mueve detenido por la lejanía.

Aquí, en este lugar de la espera,


todo sigue igual: casas y tumbas se
chupan a los seres con igual codicia;
la piel se enciende en los sueños,
los sueños se acaban cuando empieza el día,
el día termina apenas abiertos los ojos.

Pero, ¿cuándo? ¿y ese gesto de los perros,


ese dejo de terror? Parecieran tener cajas en
la lengua y un movimiento
continuo en la cabeza
(dentro de la cabeza).

No hay nada: ni cámaras ni música ambientando


el final feliz. No hay final feliz.
No hay aliento, no hay afuera,
no hay siquiera UN intento
por anonadarse
con éxito.

Y quien viene,
sin llegar.

81
Entre morir
o vivir, elijo
callar.

82
Como mil flores (2007)
Ilustración de tapa de Como mil flores: “Las pieles se agreden”, aguafuerta de Aída Carballo.
A Valeria, por el aprendizaje
de toda pasión.
“Yo siento tu olor al minuto
de entrar tú en casa, sin necesidad
de mirar si eres tú. (...) Como mil flores.”
(Carson McCullers. “Frankie y la boda”)
Anche se tutti, io no.
Le temo a
ese color
del día en los sueños.

88
Reposo

Desde arriba, podría parecer que


la cama es demasiado grande
para ella, aunque su cuerpo se acomoda
al espacio, ocupándolo con alguna gracia.
La espalda mira al techo y, bajo el cuerpo,
desde niña la misma posición de sueño:
una mano protege el descanso
de los senos, la otra, el desaliñado triángulo
de la genitalidad. Un caso de texto
para cualquier psicólogo, pero ella
sabe, en la epifánica lucidez
del sueño, que debe cubrirse
y también, que no bastará.

89
Combate

1
Entre la tierra apretada
del desierto y las diminutas plantas
achaparradas, había una vida
más allá de las hormigas: a hurtadillas
se movían, danzando
entre el miedo y un heroísmo
prestado, las figuras de soldados
que el plástico y la pintura trajeron a
mi infancia, esa otra guerra perdida.

2
Es curioso que el único
momento del día en que reinara
la paz entre mi hermano y yo
fuera sólo durante esos dramáticos
encuentros bélicos.

3
Creía que sólo metrallas
y granadas podrían conmigo.
Por entonces, no adivinaba siquiera
tu presencia en el mundo.

90
Comic breve

Creímos tener el
amor-maravilla, pero
tu kriptonita fue un pibe
de 18, y la mía
el vuelo
negro
de mi viejo
justo hacia arriba.

91
Todo sí

No hay vergüenza, no hay vergüenza


ni recato en los modales de la amante, se sabe
no correspondida y, sin embargo, arremete
contra sutilísimos gestos
de indiferencia, de rechazo aun.

Sabe que está sola en el juego, pero


juega igualmente.

Sabe que no habrá piedad que mueva


a la compasión de nadie, pero
juega igualmente.

Sabe que es el juego más grave, que le


va la vida en él —le da pudor pensar esto—, pero
juega igualmente.

Después de todo, el corazón lo entregó


ya tantas veces, moneda acuñada en
deseo, gastada, perdido el sentido
lo arroja sin decencia, sin hesitación.

92
La sombra de la curva

Sobre la superficie desarreglada de


la sábana, una sombra igualmente
irregular, indócil, aliada de la luz
y los objetos. Dibujo de suaves
colinas, me fascina su existencia antes
que esas caderas impúdicas y crudas
que son su pretencioso origen.
Tiene más vida ese mapa de oscuros
contornos que el corazón que bombea,
apresurado, una sangre que ya no es suya.

93
La sombra 2

Te contaba una historia


de fantasmas, mientras
en tus ojos veía el miedo
crecer con su vientre de bulto
transportado en la proa de
barcos que, lentos en la noche
de tus aguas
se mecen
y mecen.

94
Zoo BA

Los animales miraban


con asombro los rodeos
de nuestro cortejo: yo, torpe
con el cuerpo, acudía a
las palabras por si una vez pudieran
salvarme; vos, displicente y lejana,
ganabas cada batalla, con el decoro
de no mostrar triunfalismo
o entusiasmo alguno.

95
Considerás mal

Si no es el tiempo del amor,


digo: si la boca en inconcebible
apertura no te mueve
a alimentar, entonces será que no
es el tiempo del amor.

96
Buda aullador

Sentada sobre el confortable sillón


azul, el cuerpo busca situar
músculos y huesos en el concepto
de descanso que ella rumia
en su cabeza, ahora
silenciosa. Por fuera entonces
molicie, ojos
fijos, parpadeo por inercia, aire
por aire: este solo movimiento
de intercambio certifica por
aquí un acto vital.
Dentro, lo de todos: preguntas,
frustración, epifanías
eventuales.
El vidrio que atesora desde hace
dos décadas habrá perdido
la sangre del borde. No le importa
averiguarlo.

La urbanidad la roe mejor


que cualquier filo.

97
El juego

1
Debiéramos hartarnos del juego, retirar
el cuerpo de la ficción que maneja el hilo
de sudores, euforia, ansiada agitación.
En la seducción, sólo en ella, hay completud:
se elige un objetivo, se lo persigue
a distancia, si se lo obtiene, el juego
termina, también si no.

2
Y luego, cuando todo
acaba porque todo
acaba, además se llora.

3
O mejor no, jugar el juego en lo real,
en lo real que es otro juego y así.

4
Seguro, mujer, que digo todo esto
porque no estás, porque por la puerta que
salís entra la pena, y yo necesito juntar
unas palabras como “juego” y “sudores”, y
tratar de escandalizar para esconderme
detrás del melindroso rictus en las bocas.

5
O de verdad el amor es un juego, igual que la vida y
la muerte, y mi padre está por allí, jugando huidizo
y yo lo busco y no lo encuentro. Justo como a vos, querida.

98
Hubo un sueño del que quise
despertar. Lo demás fue día
solar, día eterno, día
laboral.

Volver a la que era, otra


ahora
queda este pensamiento único,
huérfano de piedad y de virtud,
obsesionado de pupila quieta.

Todo lo fijo es de temer.

99
Mínima,
en el descanso de
la fe, tallé
un dios justo
a mi medida.

100
Taóticas

1
Si cruzara la calle, de
súbito, sin mirar, los oídos
atentos a sonidos mecánicos,
ruidos distintivos, acercándose
apremiantes y no
se apurase el paso, ¿sería ése
el no-obrar?

2
Vamos dos, raudas,
por idéntica vereda, pero en
sentido contrario. Quien puede ver
la imagen completa, adivina,
anticipa el instante de la
sorpresa: los ojos, de pronto
levantándose hasta encontrar
pregunta y mirada en un
mismo vértigo: ¿un lado
o el otro? Por un momento,
los ojos inocentes, húmedos,
vivaces, sin interpretación
como entonces: ¿un lado o el otro?

101
Pienso yo, piensa Isabel

¿Cuánto patetismo puede tolerar


un dios? Las manos adheridas por el sudor
de la oración convierten cada ruego
en el sonsonete egoísta que me detengo
a escuchar, no sin pudor.

Podría decir: sólo logré entender cuando


te lloré. No he sido todo lo cursi que puedo.

Los dedos se obseden en


el amuleto plástico, débil sustituto
de qué, impotente lazo deshilachado.

102
Esa mujer

Quisiera ver la nueva casa


llenarse de colores y que ella,
la que jamás supo de soledad
de gente, se sintiera acompañada.
Ahora sabe de esa soledad, pero no
de aquella que supo pegársele de
niña: con sombra, con juegos, con
amargos vientos en las piernas, se creía
acompañada, pero era nada
más la rojiza caricia
del sol en la siesta de la chacra.
Da pena el solo pensarlo. Ahora
anda por esos cuartos nuevos y
pone cosas aquí y allá, como si
esas cosas no fueran ella. Como si
fuéramos algo más allá de los objetos:
ese sillón arañado de gatos, las ropas
colgando desoladas en el aire
del patio, el balde de plástico abandono.

Se le llena la cabeza de las voces


del miedo, por eso apela a los juegos
con animales que le saltan y ensucian, ríe
fuerte, alto, piensa en comidas
que hará, en llamar a la radio por quejas
de todos, hace y rehace la cama
que ocupa sola.

Mientras pela redondas papas sucias


de tierra, piensa en cómo, de pronto, todo

103
se volvió cercano, accesible, incluso
la finitud. Más tarde, come a solas
lo que a solas concibió.

¿Será así? ¿Desde ahora todo hacia abajo si


abajo es resignación y vacío y muerte?

Las luces de patios vecinos se han apagado,


ahora ellos, esposos, amantes, niños, duermen
acunados, vigilados por el insomnio
intermitente de quien teme.

Toda quien es madre espera


no estar sola un día, esto no desmiente
las noches en vela, la vida entregada,
el aturullamiento de los sueños.

Ahora,
las plantas son hijos.

104
Por dentro de la piedra, la hormiga
y su aturdida plegaria de excesos.
Por dentro del aire, el viento sonando
a roce de semillas bermejas, de plumas y ramas
abatidas. Por dentro del agua, el aire
final del ahogado que en tarde de verano
refrescó de último. Por dentro de la gente,
la hormiga.

105
Tríptico sinuoso
1
En el centro de la plaza, los árboles
dan verde al muro que me asfixia,
extranjera, escucho las voces animales
que no entiendo, en un mundo que sigue
siendo ajeno. Los perros se entienden
con los perros, los pájaros con los
pájaros y las hormigas, bien, sólo
trabajan. Voz con voz, voz con silencio,
silencio con voz. Para mí, silencio
con silencio.

2
Ahora hay gentes, cruzan veloces
la grava solidaria, sin reparar en su
ofrenda ni en mí que, de algún modo,
me ofrezco. Otras dan lecciones de morosidad
a las lenguas que entrecruzan, húmedas,
todos los datos del placer.
Por la noche, recuerdo sus rostros, los
barajo como a gastados naipes oleosos
por el uso. Quiero entender, quiero
entender. Debe haber manera de encontrar
el lenguaje que comparten, no soy perro
no soy pájaro ni hormiga. ¿O sí?

3
Tremola el aire
sonoro en las bocas, escenario
del más opaco dialecto.

106
Traful

La piedra que arrojo al lago


arruina, por un momento, la quietud
áurea de la inconmovible pupila
azul fijada en el cielo. Lo mismo
que yo, otras, otros, ahora y desde
hace cientos de años. Yazgo
a su vera, bajo
el sol, enmascarada
en lo natural pero intrusa.
Piedras, musgo, arena
y agua permanecen
amalgamados en el aire
amoroso de la taimada
erosión; giran
—pareciera—
en un movimiento de
beso eterno.

Menguada por el
despliegue, me siento
humana, ése es mi veneno,
ése y pensar.

107
Invisible

Detenida en la levedad
luminosa del día, giro entre
los otros, sin que me noten.

Magro aire me sostiene,


pero ha de haber vida
allí afuera, veo moverse
desmayadas las hojillas de la planta.

Allí pero separadas ambas,


la planta y yo, de todo, en comunidad
de las no vistas.

Detenida, pienso
no hay ideas en el aire,
eso lo vuelve amable.

Detenida pienso
no hay ideas.

Detenida, no
hay.

108
Summa incompleta

“No me veas” y tapo con la


palma el ojo derecho de lábil
genética paterna; el izquierdo de
miedo pardo; el tercero entre ambos,
fruto él de una epifanía de nuevo
milenio; la sonrisa apretada entre la
velluda lencería interior y, final
mente, el último, el ceñudo, el obtuso
de rosadas ensoñaciones infantiles.

109
Nada que festejar

Algo ha
de haber, te dije,
venerando la
humedad que en
tus labios modelaba
palabras que eran color
inaudito y aullido
antes de incendiar
el aire.

110
La mordedura

Anda, en apariencia,
indemne. No advierte
aún el rastro de sangre,
la herida ni el sigilo del paso
tras de ella.

111
Cena íntima

Con la reluciente cocina como


fondo, el agua y el fuego hacen
lo suyo. El vegetal resiste
lo que puede, pero temprano
o tarde habrá de sucumbir
a la pertinaz, natural
alianza. Tu boca lo espera,
los dientes aprestan su filo
unos contra otros en el marfil
apagado; mastican primero el vino
negro, luego el pan de excusas,
al fin la lengua untuosa, la rendida
saliva.

112
31 de diciembre

1
Con la morosa delicadeza de la tarde en
retirar su rumor de juegos y disputas, y dar
paso a la noche, tus ojos van de mí
hacia mí, con pasitos sordos de animal
atemorizado. Van de mí, vienen de mí
soy el centro de todo lo que
mirás, aunque lo que mires no sea yo.

2
Hay silencio y oscuridad
en tu casa, en la cabeza
callada, en el adusto
gesto con que amonestás
mi amor, no
dejás madre para este desamparo.

¿Dónde dejaste la almohada de tu siesta


sino en mí?
Juego a que te olvido, pero pierdo.

3
Hay espera y oscuridad
en tu cuerpo. Vas
severa y diligente, dialogando
con el dolor en todo idioma.

113
Regalos

1
Te di una piedra, fantástica
combinación de brisa, sol
marino, arena y tiempo.
Y creíste que te daba el corazón.

2
De apuro, con las ruedas de
la bicicleta apenas detenidas,
trajiste manzanas. Y seguiste,
rauda, el camino que no has
de cambiar. Pero, pequeña,
las manzanas eran rojas, brillantes,
abrían su corazón dulce al
mordisco, al ansia, a
la sed de mi urgencia.

114
Frutas e insectos

1
Muerdo el aire en que estuvo
tu boca, el vacío me devuelve
el aliento zumbón de los
muebles que miran, piadosos
el abrazo asfixiante
del rechazo, esta otra piel
que arde sin sol que la toque.

2
¿Te dije o imaginé
decirte: abrime, horadame,
grabá tu nombre en
el revés de la piel?
¿Te dije o soñé decirte:
sé mi hormiga particular,
mi obsesivo insecto,
mi fruta firme, ácida
manzanita?

3
Esperé de vos y de mí
ser una. Contra todos
los augurios y consejos,
que la vida y la muerte
nos tejiera con hilos
de transparente,
indisoluble unidad.

Únicas. Una. Ambas.

No éstas, dos que cruzan la


calle para no saludar.

115
La llave

La miro con detenimiento,


con fruición. Es diferente: brilla
con luz y oscuridad, su forma
quiso parecer un corazón
pero quedó a la mitad.

Sonríe y mira.

“La llave de mi corazón” decís al


ponerla sobre mi mano,
y vuelvo a mirarla por si fuera cierto,
como si sólo debiera elegir
el momento, el modo de la entrada.

Creer en las palabras, en el


latir que las empuja hasta la dicción,
que lo que dicen es cierto,
de alguna manera.
Creer en lo que se ve, en lo que el cuerpo
recibe, agradecido, y que el sudor deja
más que sal piel adentro.

Antes que la religión, el amor


es materia de fe.

116
Wondering

Estos ojos míos,


tan bellos según tu
fino parecer, ¿seguirán
siéndolo cuando tu
atención estética
halle otro destino?

117
Cosas de la madurez

Ahora la alegría es un río


extraviado entre rocas que se
esconde, letárgico, del ojo
que mira, del ojo que
juzga, incluso del ojo
que podría expresar
comprensión, simpatía.

Todo ojo miente, eso es


lo que aprendí.

118
El acuerdo (2012)
Libro I
a Pao,
adorada hermana en la luz

122
El poema del acuerdo

“(...) Y verdaderamente no tenemos


tiempo para convenciones, salvo utilizarlas
para prender fuego.”

Autorretrato en espejo convexo


John Ashbery

Aquel inmemorial y repetido


hasta el hartazgo por cada uno,
una. De tanto en tanto, alguien
intercambiable salta
del edificio más alto de la ciudad,
inútilmente.

El cuerpo limpio el buen


vehículo el saludo la bruta
sonrisa a medias
el pensamiento la infamia
de todo nombre. Agitación
de infancia entre las hojas
del árbol, ¿repiten ellas
los mismos simulacros?

Hermanada soy, una con la prole. Nada


me distingue, acaso
por un instante el cobre del odio

en ramalazo, su daga.

Entretanto, salvanos ojo


de pájaro, boquita
codiciosa de hormiga, gorjeo,
translucidez del brote.

123
Hipótesis

Yo no quiero esa línea, pero he


de redibujarla, repetirla, hacerla
interior. Igualarla con la vida.

Opaca, progresiva y recta mantiene


a lo otro siempre
hacia adelante; a mí
enteramente afuera.

124
No podría decir qué es real de esta
tarde, aunque saltara sobre
las baldosas livianas y arrancara verdes
de hierba que masticar.

Automóviles viejos y ronroneantes,


teñidos de un óxido naranja; apretados
de niños que acucian. El brillo
del agua en arco
de la manguera vecina. Un bosquejo

de simetría entre el ladrido


y el trino. Ahora se ve mejor, dibujado
sobre la acera hay un nombre: inmóvil,
allí retenido por el ceñudo pliegue
del cemento y esperando. Un trazo
vagamente familiar.

125
movimiento sobre
un escenario antiquísimo, vienen, vamos
del alimento al dormitorio
como el pájaro. Vestir ropas,
normales hacer cosas
de todos, soñar(nos).

Pero los hilos, y el diseño de los guiones...

126
sube ligera por el vapor
veraniega la pregunta
por el origen
de la arrebolada nana siseo
siseo de la domesticidad

127
La muralla
Por los ojos entra el pecado
al cuerpo pero ¿cómo sacarlo
de él? cintarazos, concéntricas
marcas amoratadas, señales en la espalda,
imperdibles desde arriba.

Como la Muralla China.

O las plegarias, que ensucian


los labios luego de saciarse
una con la saliva de la otra. El cilicio
de unos ojos durante un año entero.

Las páginas de un libro sagrado,


sobadas, trenzado de mantras en
látigo surero. Procesiones, loas

al nonato, lascivia en el susurro


de la confesión, al fin los ojos fijos
del rostro en yeso piadoso, creer

en ese vislumbrar
de movimiento,
un guiño. Por los ojos
entra el pecado al cuerpo.

128
En la noche que abriga
o clausura los conflictos, en su
fabulada calma antigua. En un cuerpo
que se descubre, quieto.
En lo que tarda el piar
del aguilucho, agudo peatón, en
desaparecer del aire.

El siseo.

129
Ahora un sauce, cae
y convierte la tarde
en verde, lluvia oblicua
breve.

130
Muchas tardes, sentada en el
carro herrumbrado, esperó bajo
el añoso aguaribay. Prieta
de calor contra los ojos
de flores habitadas por un dios
medio atontado.
Lo que para ella fue revelación, firme
movimiento fue del tío, aplastando
con piedra certera,

el serpenteo
de la cabeza ciega.

131
El niño mira, distante el amor
de sus padres. Conoce en esa lejanía
la primera separación, la primera
soledad. Esas caricias que no
lo tocan, escuecen sin un sentido
inteligible para él, son manos apartadas
de su piel y es suficiente.

Todo centrado en sí, pequeño sol de un


planeta decadente, gira entre juguetes
inertes y líquidos dulzones.

De esa herida primordial, no sanará.

132
Olfateo hondamente el aire, busco
los datos que permiten al pájaro
la existencia. Dirección, sentido
peligro, alimento todo uno
en las especias del aire.
Pesada, sin plumas voy
en desventaja, no crean que no
lo sé. Pero también empecinada,
sé de lo que trata
la vida, y voy por ello.

133
La música se ha detenido, se escucha
en un monólogo oscuro
y sopesado la versión más verídica
de la vida: gemidos, bostezos,
gorgoteos.

134
Soñaba cuando niña, con
un país de lluvias constantes, atronadoras
luces y el cielo negado de la noche
iluminando mi temblor; las manos
bajo la sábana, huyendo de abstracciones
y conceptos como la luciérnaga, sabían
producir luz en contacto con el oxígeno.

135
Momento singular, éste
en que siento la lengua arder
bajo el delgado peso de la hostia
morada que, de a dos, preside
tu pecho
blanquísimo.

136
Dame fuerzas, Tú, quien
quiera que seas: cielo diáfano,
coirón ardiendo en la pampa
helada, sola luz,
luz entrando de pronto en la habitación
cerrada.

137
Entiendo lo que dicen los perros
ladrando en el terreno vecino pero
no lo que sale de tus labios, ahora
y en la hora de tu partida, amén.

138
Ahora mismo, por ejemplo, estaría
donde llueve, o mejor donde el mar
se alza en bramidos sobre una costa
y estalla, contrariado por los límites.

139
Aunque quiero prestar oídos
más bien a lo vivo y no a la muerte
de la hormiga, roja bajo
el pie, al marrón final de la hojita
en la maceta, al cric seco
del cascarudo en la rama vulnerada,
a la mosca pegada a la lámpara del aire
entre la puerta abierta y la puerta
cerrada, cuando te ibas.

140
Acaricio el pelo suavísimo
de la gata, pensando que ya no
podré hacerlo cuando muera. Una
de las dos. Su calidez
es una idea de presente
eterno en la palma.

141
La fidelidad es la noche del cuerpo

que comienza a helarse. Terrón


y clima. Y una pregunta
más con cada vuelta.

142
Somos la posesión preferida
del dolor. El canto parejo
del parentesco, su fortaleza.

Armonía de ignorar
la pregunta de la alegría.

Una nada tan familiar


centellea en la rencorosa pertenencia.

143
Cutral Co

La afinidad es una medida


de distancia, una forma de hermandad
previa a la sangre.
Imposible el adiós, sí su iconografía,
sucesión de imágenes y saludos en manos
agrietadas, quieto lamento
quieto.

Las despedidas también en juegos de la luz.

El pueblo le es fuego, un color


de agua en la memoria.

144
el animal que me acompaña siempre
ahora duerme, dormiré también
para acompañarlo yo por una vez

145
Siento con tristeza que alguien está
muriendo; con fuerza me transmite
su confusión, su airada y muda protesta.
No digo nada. No hay palabras para los
extremos de la vida, por eso
mi poesía sólo habla del intermedio.

146
Mido al mundo
desde una consideración
animal.

147
ni escribiendo “adiós” podría ahora estar más lejos

148
amor

El poema del amor

1
Una danza el amor, en la que cambia
la coreografía a cada paso. No hay certezas
con los años, las figuras se aprenden
en la práctica, aunque nunca han variado.
No es preciso entender, sólo copiar
la regularidad de su dibujo, hacer
lo que todos: mantenerse en movimiento.

149
2
Y la música. Se escucha y no,
como cuando se dice sí
con la cabeza y con furia se piensa
en otra cosa. Y sentimos el asesinato
escocer los dedos.

150
3
A veces, la danza se interrumpe. Puede
hacerlo un instante o más, pero siempre
parecerá una vida.

151
4
Yo solía decirle que sus ojos
eran pájaros, sensibles a las
vibraciones, equilibrantes.

Hasta que un día, voló


y todo dejó de ser metáfora.

152
5
Cuando se detiene una para tomar
respiro, es que desaparece el escenario,
y lo que brillaba es una bruma donde
siluetas de a dos, cruzan velocísimas.

Ilusión que pasa apenas se retoma el ritmo.

153
6
El ritmo del amor no tiene notas ni signos ni escalas.
Sólo un apabullante silencio, átono, arcaico.

154
7
Tus dedos me vuelven virgen
cada vez. En el sofoco de toda
concavidad, espero abierta
la llegada del espíritu
del tacto, su voracidad
mendiga, la pupila abierta a medias
de su conocimiento, mientras

late,

arde dondequiera.

155
8
Un único rayo de luz solar
hiende el pliegue brevísimo
de la cortina. Pone al descubierto
uno de los mundos invisibles: infinidad
de partículas, desnudas incansables,
bailarinas.

¿Cuántos mundos asesinados sin saberlo,


ahora y antes, antes y ahora y por siempre
bajo la indoblegable lógica de lo sólido?

Tomar en embeleso el cáliz de sangre que


nos está destinado, por purgar, ésta
y aquélla, culpas.

La misma hendidura
en el amor. El mismo yerro.

Tiranías del cuerpo y su jauría.

156
9
Cuando me creí acompañada,
es que comprendí que estaba sola.

También en todo otro momento.

157
Merodear todos los temas

en la poesía y nunca y siempre


uno único.

158
Musgo, verde de podredumbre
en las cuencas
vaciadas
del verso. Tampoco
eso siquiera.

159
Al marfil
del hueso le crecen sombras
de calas.

160
¿Quién sos, muerto que insistís
con ir a bailar a correr a sorber
un aire distinto de ese bajo tierra?
No creo que te susurren al oído
los insectos: “a ésa, a ésa”, señalándome.
Esos bichos y yo, te lo aseguro, no
hemos sido presentados.

161
Neko
No dejo de pensar en el gato,
ha estado a punto
de morir y ahora mismo lo escucho,
corre por la casa, acosa las plantas
de interior, pide comida,
aire con una autoridad
que le desconocía.

162
La pequeña muerte del orgasmo
es toda muerte. Como prueba está la
sábana, blanca y pronta a recubrirte.

163
Cuando se agotó la vitalidad
de la hoja, lloré,
aunque su amor era raíz
fortuita y brillo en la maceta
rota.

164
Suenan trompetas de tren en la distancia.
No las escucha mi padre.
No las escucha mi abuela.
No las escucho yo, almacenada
y oscura como el vino
en sitio fresco sin aire,
ni vibraciones fuertes.

165
Al aire transparencia del trinar
escondida en el follaje le cierro
el paso. No quiero
amor ni complacencia. Lodo
en la boca boba, humedad
de raíz apretando los ojos.

166
muerte

otra vez sus trompetas.

Nadie escuchando.

167
Fuera, de todo quiero narrar
un adentro.

168
La musiquita

Y llega un crepúsculo,
repentino en el medio
del día. No resulta extraño
que las sombras se amontonen
en los ángulos de habitaciones
que, desde ahí, dejan de ser
creíbles. Y las palabras
aparecen,
innominadas,
siempre ajenas. Las mismas que, más
tarde, leeremos con el perentorio
tono del propietario.

169
2

El poema sitúa una cierta tensión


en lo flexible. Colores del cuarto, de pronto
surgiendo en el doblez
de lo oscuro y fruncido.

Una sabiduría del presente todo el tiempo.

Más silencio del mismo tipo incierto,


desmayado y opresivo. Imágenes
sin figuración en el lado
izquierdo, forcejeos sin destino. Todo
el tiempo.

170
3

Primero
arriban las palabras. Animalitos,
sin domesticar gravitan con el
peso de lo definitivo, se mueven
por la casa entera sin hesitar,
lo dicho: con la comodidad de
antiguos moradores
que han regresado para quedarse.

171
4

Intratables. El miedo se apareja con ellas.


(el miedo : la ausencia)

Y la saciedad.

172
5

Después de su crepúsculo hay


más crepúsculo, esa cualidad pálida
de la hora, objetos desfigurados,
en la sombra cuerpos quietos que
ahora semejan enormes instrumentos
de cuerdas en abandono.

173
6

Un pan bien distinto


al de la biblia, poesía gana
a diario. Restos silábicos que
no alimentan, mantienen en
sobrevida lo que muere
por vivir. La rabia
con que muerdo lo sazona.

174
7

El cielo es una incierta cúpula


abovedada, ahora sin fin visible.
¿Cómo creer en lo que no termina?

La noche está ahí, aunque no


se reconozca en ese nombre, ni lo negro
de su sombra sea negro, ni los astros estén vivos
o estén muertos. Mi perra se hace
menos preguntas, pareciera,
yace enroscada y su respiración
tiene un ritmo parejo, centrado, recóndito.

175
Poesía
8

Llega, viene,
la Musiquita.
La mu
si
qui
ta.

Sin organilleo y sin


mono, la musiquita.

Sin afilador y sin


cuchillos, la musiquita.

Sin voceo de verduras


y frutas, sin pescado

y sin flores, la musiquita.

176
9

Apenas vino el primer calor, los frutales


antes secos, se rodearon de un halo
verde que ahora es flor

blanca. Sin preguntas


y cuando corresponde, cada árbol
hace lo que mejor sabe.

177
Libro II

Los hombres representan


todos los papeles, aunque los textos
cambien, y traten sobre guerreros,
mujeres, locos o demonios. Y cambien
los cortinados. Y las exigencias
musicales.

Todos los papeles.

Y ésta es apenas
una anécdota sobre
teatro japonés.

181
2

El mundo es siempre el mismo


escenario despojado. Los hombres se
mueven con igual comodidad
entre la madera con sus pinturas
de pinos, cielos límpidos, plantas
minúsculas. Danzan más ligeros que
el aire cargado del salón repleto.
Ese confort sin conflictos les corre
en la sangre, conocen el decorado,
lo han diseñado, concebido, hecho
con las propias manos.

Les pertenece.

182
3

Unos pilares inalterables, eternos


casi. Y en la base de todo, descomunales
vasijas de barro enterradas, cuya invisibilidad
de siglos da resonancia, familiar autoridad
a las voces masculinas, a sus pasos
certeros, a las canciones sobre
odio viril, celos y batallas.

183
4

La entrada y salida
del escenario responden,
sin cambio, a estrictas reglas
de acuerdo a función y rango.
Aún sin haber sido expresadas
nunca, el alcance de su severidad
es bien conocido.

184
5

La monotonía del ritmo


es también
masculina.
Lentos, suben y bajan
los pechos sudados bajo
taciturnas vestimentas de gala.

185
6

Los instrumentos de música


relucen contra la seda del cortinado
cerrado. Despertarán a una atmósfera
de contenida dicha y desaforada
percusión. Subirá la melodía
cubriendo los hombros tensos
de actores y espectadores.

186
7

No hay complicaciones
en la trama, nada es menos complicado
que la angustia. De ella trata todo guión.

187
8

No hay rostros desnudos, máscaras


cada vez. Bellos símbolos de gracia
austera, con algún indicio,
pista, de quien recubren.

188
9

El grado de humanidad
dependerá del deslizamiento
del cuerpo a través de los escrupulosos
laberintos que dibuja
el aire entre la flor y el estilo.

189
10

El rojo vibrante del traje


hace brillar al joven. El tono
apagado, la oscuridad,
corresponden a la vejez.

190
11

La divinidad temprano o
tarde se da a conocer.

191
12

El guerrero revivirá
la pena,
la vergüenza ardiente
de la última derrota,
es una puerta trucada
que no termina de abrirse.

192
13

El Nô de mujeres ronda
en torno al espíritu
de mujeres nobles,
jóvenes e incluso plantas.

193
14

No hay cambio tampoco en la miscelánea:


indefectiblemente la mujer cae
en la locura por celos
o muerte de lo amado.

194
15

A cada máscara
su nombre.

195
Anima(i)s (2013)
Ilustración de tapa de Anima(i)s : dibujo de gerardo burton.
Dibujos de interior: valeria flores.
Lola
1

la gata bebe
extasiada la sombra
de su rostro

201
2

absorta es húmedo entumecimiento


vespertino

202
3

suave
pisa extenso
grávida de
ritmo

203
4

se mueve y
reposa, hace coincidir como
nadie idea y acto

204
5

cada paso destituye


al anterior, no
lo suplanta

205
6

a su alrededor, la realidad
se deseca

206
7

fuego y flor, su día


de gorjeos

207
8

hiende con su refunfuño


el extravío de la mañana

208
9

tempranamente se vuelve su propia aurora

209
10

reza una oración concentrada de aleteos

210
Variaciones sobre la golondrina
1

La golondrina que no sabe


de lo abierto, que no
conoce danza
y aburrimiento, contiene
con su vuelo el aire.

213
2

Su vértigo hace
cadencia de lo abierto.

214
3

Coreografía de pico

y ojo en alto
del

aturdimiento.

215
4

Un
continuo: vuelo,
sinuosidad, cesura

azul.

216
5

A solas sostenida,
terrosa de lluvia,
es su propio pulso.

217
6

Espiralada en su
contemplación,
toda concavidad
y punta, resquebraja
firmamentos.

218
7

Su saboreo aéreo
como poesía
no busca desvelamiento.

219
8

Ni aire ni espacio,
su anhelo ardiente
le es su exterior.

220
ÍNDICE
El viaje . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7

La pasajera de arena
1
digo: regresa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 16
Sappho . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
Vasca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18
Acaricio su rostro con el pie . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
Estarse sola . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20

2
La espera del silencio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Ciudad ardida / carrusel macabro. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
3er mundo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24
Hay aquí un paisaje desconocido a la memoria . . . . . . . . . . . . . . 25
Las moscas, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26
Indolencia: hálito urbano. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
Monet . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28
El verano muy pronto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
Insomnio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30
Una música de feria y comediantes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
Los amantes recorren la plaza, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32
Domingo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
Hamurabi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34
La muerte es un remordimiento oscuro. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 35
Derecho de admisión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
El ómnibus cruza el paisaje, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37

Inferno
Uno
El viaje
I . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44
II . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
III . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 46

223
IV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
V . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48
VI . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49
VII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
VII, Humanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 51

Dos
Las notas terrestres
Voy a decirte lo que vi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 54
Lo poco que resta del día . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
Algo clama por la atención del gato . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 56
La tarde entera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
Fuera de esta habitación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58
Abuelos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
Cuando el ruido cesó, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
Un sonido de sirenas recorre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61
Levísimo rumor sobre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 62
La Plaza de Roca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63
Miro por la ventana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64
Sobre el mapa de la ciudad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65
Muerte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
Fresco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
La noche va cubriendo el parque . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 68

Tres
El mejor ser
Los lamentos, las sirenas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 70
Un Don Juan en dificultades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
Cutral Co
I . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 72
II . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
III . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 74
IV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75
V . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76
Padre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77
El Faro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 78
Estoy lejos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
224
Ya no hay ruidos en la calle . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 80
¿Quién se acerca . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
Entre morir . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 82

Como mil flores


Le temo a . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 88
Reposo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89
Combate . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 90
Comic breve . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91
Todo sí . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 92
La sombra de la curva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93
La sombra 2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 94
Zoo BA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
Considerás mal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 96
Buda aullador . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97
El juego . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98
Hubo un sueño . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99
Mínima . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 100
Taóticas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
Pienso yo, piensa Isabel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 102
Esa mujer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103
Por dentro de la piedra, la hormiga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105
Tríptico sinuoso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 106
Traful . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
Invisible . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108
Summa incompleta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
Nada que festejar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 110
La mordedura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
Cena íntima . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 112
31 de diciembre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113
Regalos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 114
Frutas e insectos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115
La llave . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 116
Wondering . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117
Cosas de la madurez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 118
225
El acuerdo
Libro I
El poema del acuerdo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123
Hipótesis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 124
No podría decir qué es real de esta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
movimiento sobre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 126
sube ligera por el vapor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127
La muralla . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 128
En la noche que abriga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129
Ahora un sauce, cae . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 130
Muchas tardes, sentada en el . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
El niño mira, distante el amor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 132
Olfateo hondamente el aire, busco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133
La música se ha detenido, se escucha . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 134
Soñaba cuando niña, con . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135
Momento singular, éste . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 136
Dame fuerzas, Tú, quien . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 137
Entiendo lo que dicen los perros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 138
Ahora mismo, por ejemplo, estaría . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139
Aunque quiero prestar oídos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140
Acaricio el pelo suavísimo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 141
La fidelidad es la noche del cuerpo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142
Somos la posesión preferida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143
Cutral Co . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 144
el animal que me acompaña siempre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145
Siento con tristeza que alguien está . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 146
Mido al mundo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147
ni escribiendo “adiós” podría ahora estar más lejos . . . . . . . . . 148

amor
El poema de amor
1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149
2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 150
3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 151
4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152
5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153
226
6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 154
7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 155
8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 156
9 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
Merodear todos los temas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158
Musgo, verde de podredumbre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159
Al marfil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160
¿Quién sos, muerto que insistís . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161
Neko . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 162
La pequeña muerte del orgasmo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 163
Cuando se agotó la vitalidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 164
Suenan trompetas de tren en la distancia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165
Al aire transparencia del trinar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166
muerte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167
Fuera, de todo quiero narrar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168
La musiquita
1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169
2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 170
3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171
4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 172
5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 173
6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 174
7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
Poesía
8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 176
9 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 177

Libro II

1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 181
2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 182
3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 183
4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 184
5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185
6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 186
7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187
8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 188
227
9 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
10 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 190
11 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 191
12 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 192
13 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 193
14 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 194
15 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195

Anima(i)s
Lola
1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201
2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 202
3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203
4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 204
5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 206
7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 207
8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 208
9 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 209
10 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 210

Variaciones sobre la golondrina


1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 213
2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 214
3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 215
4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 216
5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 217
6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 218
7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219
8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 220

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La presente edición de Poesía (1992-2013),
de Macky Corbalán,
se terminó de imprimir en septiembre de 2015
en BOOVERSE, Buenos Aires, Argentina.
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Macky Corbalán
131 Poesía (1992-2013)

ISBN: 978-987-1869-48-0

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