RESUMEN
Las enfermedades priónicas son un grupo de enfermedades neurodegenerativas raras y
rápidamente progresivas que causan síntomas neuropsiquiátricos diversos. Estas
enfermedades se describieron hace más de 200 años, y con el tiempo se reconoció que los
animales eran portadores de esta alteración; sin embargo, hasta finales de los noventa este
problema conmocionó Europa, ya que para entonces la enfermedad había cruzado la barrera
de especie y podía afectar al hombre. La polémica fue mayor al atribuirse la alteración a una
proteína con capacidad infecciosa. El proceso patológico común se caracteriza por la
conversión de la proteína priónica celular normal (PsPc) a una forma anómala y patológica
(PrPSc). En el ser humano se han clasificado como padecimientos idiopáticos, hereditarios o
adquiridos por la exposición a material exógeno con contenido priónico. La manifestación
neurológica más sobresaliente de las prionopatías consiste en la aparición de una demencia
rápidamente progresiva asociada a mioclonías y ataxia cerebelosa, además de síntomas
extrapiramidales. Los síntomas psiquiátricos ocurren en etapas tempranas de la enfermedad
y su presencia, además de la valoración de factores de riesgo, puede contribuir al
diagnóstico oportuno de este síndrome. Clásicamente los síntomas psiquiátricos se han
agrupado en tres categorías: síntomas afectivos, alteraciones de la motricidad y síntomas
psicóticos. Este tipo de manifestaciones suele aparecer durante un periodo prodrómico
previo a los signos neurológicos y consiste en la aparición de aislamiento social, ideas
delirantes, irritabilidad/agresión, alucinaciones predominantemente visuales, ansiedad y
depresión, así como otros menos frecuentes. El diagnóstico definitivo requiere de un estudio
post mortem. La posibilidad de que un número mayor de casos pueda ocurrir en los
próximos años o que en muchos pacientes no se haya considerado el diagnóstico es una
realidad. En opinión de los autores de este trabajo, los psiquiatras deben tener conocimiento
de los síntomas de esta enfermedad. El objetivo de esta investigación es evaluar las
alteraciones neuropsiquiátricas presentes en las prionopatías y, en particular, determinar si
las manifestaciones psiquiátricas en conjunto integran un cuadro clínico que apunte al
diagnóstico de estas enfermedades, aunque en primer término se revisan aspectos
taxonómicos, patogénicos y patológicos. Como elemento agregado en este trabajo, los
autores hacen algunas consideraciones diagnósticas basadas en la evidencia científica
disponible hasta el momento. Los descriptores empleados son: enfermedades priónicas,
trastornos psicóticos, depresión, trastornos afectivos, patología, clasificación, proteína
priónica, historia, manifestaciones neurológicas y manifestaciones psiquiátricas. Los
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criterios de selección de material fueron cualitativos. Como conclusión y con base en la
extensa bibliografía revisada, los autores plantean que el periodo en que hay más evidencia
de alteraciones en la esfera mental se denomine «fase de síntomas psiquiátricos», la cual
puede extenderse por algunos meses (hasta 4). Los síntomas afectivos son los más
característicos de dicha fase. Como conclusiones, se considera que la identificación de estos
síntomas en un paciente con factores de riesgo de sufrir esta enfermedad contribuiría a la
identificación temprana del padecimiento y normaría qué pautas seguir ante la sospecha del
diagnóstico de este grupo de trastornos, sobre todo con la idea de mejorar la calidad de vida
de estos pacientes.
PALABRAS CLAVES
a. Enfermedades priónicas, enfermedades neurodegenerativas, Enfermedad de
Gerstmann – Straussler – Scheinkerprión, encefalopatías espongiforme, Creutzfeldt – Jacob,
Kuru, prionopatías.
INTRODUCCIÓN
Las enfermedades priónicas (conocidas también como prionpatías)son un conjunto de
enfermedades neurodegenerativas descritas por primera vez en el ganado bovino hace más
de 200 años, sin embargo no fue hasta la década de 1920 que H.G.Creutzfeldt y A. Jakob
dieron a conocer los primeros casos de estas afecciones en humanos(Enfermedad de
Creutzfeldt-Jakob), desde entonces han ido surgiendo nuevas enfermedades priónicas ,como
la enfermedad de Gerstman-Straüssler-Scheinken (GSS),el Insomnio familiar letal (IFL) y
Kuru. En general las enfermedades causadas por priones poseen características comunes,
como son: pérdida progresiva de neuronas, reducida respuesta inflamatoria, vacuolización
del neuropilo (provocando la llamada encefalopatía espongiforme), depósitos de agregados
amiloides y la capacidad de transmitir la enfermedad (por lo que también son llamadas
Encefalopatías espongiformes transmisibles).El diagnóstico probable se alcanza en función
de los criterios clínicos establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los
cuales se basan en la combinación de características clínicas compatibles ,un
electroencefalograma característico, evidencia una degeneración espongiforme en el sistema
nervioso central(aparición de vacuolas de 1–5µm entre los cuerpos neuronales de corteza
cerebral, putamen, núcleo caudado, tálamo y capa molecular de cerebelo) y la detección de
una proteína neuronal que se acumula en el líquido cefalorraquídeo (LCR) en situaciones de
destrucción neuronal importante, la cual se le conoce como proteína 14-3-3.
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A todo esto, ¿Qué es un prión? Se denomina prión a la forma alterada de una proteína
celular funcional (PrP en mamíferos) que ha podido perder su función normal pero que ha
adquirido la propiedad de transformar la forma normal en patológica. Esta proteína tiene una
conformación normal denominada PrPc, codificada por un gen (PRNP) que en humanos se
encuentra en el cromosoma 20. En las patologı́as por priones aparece una isoforma alterada
de la PrPc, denominada PrPsc que tiende a la formación de agregados de amiloide. Los
priones se reproducen en los mamíferos y resisten su inactivación al modificar los ácidos
nucleicos, lo que les permite infectar a otras células.
La secuencia primaria de aminoácidos de las dos isoformas es idéntica. Entre las
diferencias de la PrPC y la PrPSc tenemos que : la PrPC no es infecciosa, en su estructura
predominan las hélices alfa, es fácilmente soluble en agua, sensible a proteasas, e interactúa
con anticuerpos anti-PrP, mientras que la PrPSc es infecciosa, en su estructura abundan los
pliegues beta, es insoluble en agua, posee alta resistencia a proteasas y tiene poca
reactividad a los anticuerpos anti-PrP .
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MARCO TEÓRICO
1. Enfermedades y vías para desarrollar enfermedad:
Las enfermedades por priones, son trastornos neurodegenerativos progresivos rápidos e
invariablemente fatales que afectan tanto a seres humanos como a animales. Tienen formas
de presentación esporádica, genética e infecciosa. Los priones son proteínas celulares. No
contienen ácidos nucleicos y no son virus o microorganismos. En todos los casos, provocan
muerte neuronal, espongiosis común del cerebro, que caracteriza a estas enfermedades, así
como agregación de la proteína amiloide prión en forma de placa. La teoría más importante
hasta el momento, es la que trata de explicar el cambio de conformación de la proteína prión
para producir copias de sí misma y para su agregación y la muerte de las neuronas. Sin
embargo, nuevas formas de explicación toman auge actualmente. Una de las más
importantes se basa en entender el contenido y cambio de la glicosilación de la proteína
prión patológica. Esto permite explicar algunas de sus interacciones, para entender el
cambio de conformación y las propiedades físico–químicas de la proteína. Así como algunas
de las primeras funciones biológicas (como transportador de iones Cu++2) descritas para
esta molécula. En esta revisión abordamos todos los tópicos importantes acerca de estas
patologías por demás fascinantes.
Los priones desarrollan enfermedad a causa de:
⮚ Esporádica: es debida a un mal plegamiento espontáneo de la proteína priónica.
⮚ Familiar: Es debida a una mutación del gen que codifica a la proteína priónica lo
que hace que la proteína ya se forme mal plegada.
⮚ Adquirida: Por consumir alimentos de animales infectados o de organismos
infectados o también por la transfusión de sangre infectada.
2. Enfermedades priónicas:
El espectro de manifestaciones clínicas de estas enfermedades es amplio. Cada una de ellas
parece estar relacionada con una conformación específica de la PrPsc. El período de
incubación puede alcanzar 30 o más años. 23 Los pacientes pueden presentar demencia,
ataxia, insomnio, paraplejias, parestesias y conductas anormales. Puede manifestarse un
declive progresivo de las funciones cognitivas y motoras.
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a. Enfermedad de Creutzfeldt – Jacob
Es la enfermedad priónica más común y en la mayoría de los pacientes el deterioro mental
es lentamente progresivo con trastornos cognitivos, pérdida de la memoria y delirio. Pueden
apreciarse cambios en el comportamiento, disfunción cortical alta y alteraciones visuales
(variante de Heidenhain), signos de alteración cerebelosa (variante de Brownell-
Oppenheimer), manifestaciones piramidales, extrapiramidales y disfunción de neurona
motora inferior. En fases avanzadas de la enfermedad puede aparecer mutismo acinético.
b. Enfermedad de Gerstmann – Straussler – Scheinker
Se caracteriza por una ataxia grave acompañada de paraparesia espástica. Su inicio puede
ser tan temprano como a los 20 años, pero puede aparecer hasta los 60 años. La duración es
entre 2 y 10 años y los pacientes fallecen generalmente por infecciones secundarias. La
mutación más frecuentemente registrada es en el codón 102, que determina un cambio de
prolina a leucina. También se han encontrado mutaciones en los codones 105, 145 y 117.
Sigue una herencia autosómica dominante.
El estudio anatomopatológico evidencia varios tipos de placas focales o difusas en la corteza
cerebral y cerebelosa, que resultan ser inmunorreactivas a los anticuerpos anti PrP humanos.
Además aparece degeneración espinocerebelosa.
c. Kuru
El término Kuru significa en lengua aborigen temblor, con fiebre y frío. Predomina en niños
y mujeres adultas. La enfermedad se desarrolla lentamente, y el período de incubación
puede prolongarse hasta 30 años. Progresa usualmente hasta la muerte en aproximadamente
1 año. Hay 3 fases:
● Fase ambulatoria: aparece temblor generalizado con pérdida de la capacidad para
coordinar los movimientos y disartria, lo cual evidencia una afectación cerebelosa
incipiente.
● Fase sedentaria: se manifiesta incapacidad de deambulación independiente,
temblores más fuertes, ataxia, labilidad emocional, depresión y bradipsiquia. Están
conservados los reflejos tendinosos y aún no es perceptible la degeneración muscular.
● Fase terminal: hay incapacidad para la sedestación independiente, ataxia severa,
temblores, disartria, incontinencia urinaria y fecal, disfagia y ulceraciones cutáneas. Está
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caracterizada por extensa vacuolización, gliosis, infiltrado inflamatorio mínimo o ausente y
placas amiloides.
d. Insomnio familiar fatal (IFF)
Constituye una variedad rara de enfermedades priónicas. Su aparición tiene lugar entre los
35 - 55 años, con una edad media de inicio a los 45 años. El tiempo de vida media una vez
que comienza clínicamente la enfermedad es de 1 año. Se caracteriza por un insomnio
intratable que dura semanas o meses. Aparece seguidamente disautonomía, ataxia y signos
piramidales y extrapiramidales. Las funciones cognoscitivas se conservan relativamente
hasta períodos avanzados de la enfermedad. Estos pacientes pueden presentar alteración
episódica de la tensión arterial, la frecuencia cardíaca y respiratoria y de la temperatura. La
neuropatología se puede considerar una degeneración tálamo – olivar con cambios corticales
leves, especialmente límbicos, en relación con la duración de la enfermedad.
METODOLOGÍA
De acuerdo con la información mencionada en clases, y diferentes fuentes de información
recolectada , por incentivación de los doctores y por parte de nosotros los alumnos por
querer adquirir nuevos conocimientos acerca de las enfermedades adquiridas por priones y
su relación con las manifestación clínica.
Luego definimos nuestra búsqueda computarizada, primero en fuentes confiables de
publicación, como la plataforma Scielo, Elsevier, Medigraphic . La frase clave de búsqueda
fue “PRION, cuadros clínicos”, y definimos las subcategorías en “kuru”, “Creutzfeldt-
Jakob”, “Encefalopatía Espongiforme Bovina”, “Enfermedad de Gerstmann – Straussler –
Scheinker”
La idea de hacer esta investigación surgió porque nos sorprendió como una proteína mal
plegada puede hacer tanto daño al ser vivo infectado. Por ello nos propusimos tener una
información más extendida de los priones, sobre todo en las manifestaciones clínicas.
La captación de casos se realizó mediante la recolección de información proveniente de
neurólogos, neurofisiólogos, genetistas, certificados de defunción aportados por la División
Epidemiología del MSP, estudios de LCR para la proteína 14-3-3 realizados en nuestro
medio y el exterior.
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Los criterios de carácter cualitativo para seleccionar el material fueron: artículos originales,
revisiones, meta análisis o editoriales en idioma inglés o español, publicados de 2000 a junio
del 2021; estudios cuantitativos, y trabajos con metodología científica y editoriales con
aportaciones concretas. Se excluyeron trabajos que repetían información o con evidentes
sesgos metodológicos.
DESARROLLO
1. CLÍNICA DE LAS ENFERMEDADES PRIÓNICAS EN HUMANOS
Las enfermedades producidas por priones que afectan a los humanos son muy poco
comunes, de la ECJ se presenta al año aproximadamente un caso por cada millón de
habitantes, mientras que el GSS y las formas familiares de ECJ son aproximadamente 10
veces menos frecuentes, limitándose a pocos grupos familiares identificados en varias partes
del mundo.
En el caso del kuru, se trata de una enfermedad limitada a un grupo poblacional localizado
en las tierras altas de Nueva Guinea. Se pudo determinar que la enfermedad se producía por
el consumo de carne humana contaminada con la enfermedad; al prohibir el canibalismo en
la isla desde la década de los cincuenta, el número de casos ha disminuido, hasta
considerarse cerca su erradicación. El descubrimiento de unos pocos casos en años recientes
demuestra tiempos de incubación de esta enfermedad mayores a los 50 años, y se han
señalado 5 años como el tiempo más corto de incubación (desde la ingesta del material
contaminado al desarrollo de la enfermedad), con una media del tiempo de incubación
estimada en 12 años. El kuru afectó especialmente a mujeres y niños; posee un cuadro
clínico que se ha dividido en tres estados, llamados: ambulante, sedentario y postración (que
frecuentemente tiene un estado terminal prolongado). La enfermedad se inicia con dolor de
cabeza o articular, durante un periodo variable, antes del inicio de ataxia cerebelosa. El
trastorno cerebeloso es progresivo y el paciente pasa a un estado de dependencia; la
demencia sólo se presenta en los estados tardíos de la enfermedad. La histopatología del
kuru se caracteriza por pérdida de neuronas, vacuolización, hipertrofia y proliferación
astrocítica, espongiosis, ausencia de inflamación y en algunos casos, placas amiloideas; los
cambios se encuentran en el cerebro y la médula espinal, pero son más marcados en el
cerebelo.
La ECJ puede encontrarse con una gran variedad fenotípica, dependiendo de su origen
puede tratarse de una variante esporádica (a la cual pertenecen aproximadamente el 85% de
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los casos), de una forma familiar (poseen un tipo de herencia autosómica dominante) o de
forma adquirida (cerca del 5% de los casos). En general la clínica de la ECJ consiste en una
demencia rápidamente progresiva, acompañada de mioclonías y ataxia cerebelosa; la media
para la edad de inicio son los 60 años, con un rango de edad entre los 45 y los 75 años; en
promedio la enfermedad dura de 6 a 7 meses y el 90% de los pacientes fallecen durante el
primer año de la enfermedad. Se han logrado determinar algunos factores relacionados con
un tiempo mayor de sobrevida en los pacientes, como edades tempranas de inicio de la
enfermedad, sexo femenino, ser heterocigótico para el codón 129, presencia de la proteína
14-3-3 en el líquido cefalorraquídeo, y poseer una cepa priónica tipo 2a (determinada por el
patrón de glicosilación). Se puede presentar como una de las seis variantes clínicas
identificadas: clásica, Heidenhain, cerebelosa, panencefálica, amiotrófica y atípica.
La forma clásica de ECJ se observa aproximadamente en el 60% de los casos y en algunos
pacientes se describe una fase prodrómica de la enfermedad, consistente en fatiga, malestar,
trastornos del sueño y alimentarios; se ha señalado que el primer síntoma puede ser uno de
los siguientes: pérdida de memoria, dificultades para la marcha, vértigo o mareo,
irritabilidad o agitación y parestesias. El deterioro en los pacientes se puede ver de una
semana a otra; en los pacientes se aprecia rigidez, temblores, coreoatetosis, mioclonías y
síntomas visuales como diplopía o parálisis supranucleares.
La variante cerebelosa o atáxica se halla en aproximadamente el 10% de los pacientes, los
cuales desarrollan la demencia antes que los trastornos motores y presentan mayor número
de síntomas cognitivos y mioclonías.
La variante de Heidenhain ocurre aproximadamente en el 20% de los casos y se caracteriza
por presentar inicialmente trastornos visuales como alteraciones del campo visual, visión
borrosa, percepción anómala de los colores y las formas, alucinaciones visuales,
hemianopsia homónima y ceguera cortical; estos síntomas se relacionan con una demencia
rápidamente progresiva y con los síntomas observados en la variante clásica.
La variante panencefálica se encuentra especialmente en pacientes japoneses, notándose
alteración tanto de sustancia gris como de sustancia blanca, con sintomatología tanto
cortical como cerebelosa.
La variante amiotrófica se caracteriza por iniciar con debilidad muscular progresiva, y en
ella pueden aparecer fasciculaciones y neurodegeneración de la médula espinal.
La variante atípica se observa en un 5 a 10% de los casos, puede durar más de dos años y
afecta especialmente a individuos jóvenes; las mioclonías son menos frecuentes, el
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electroencefalograma (EEG) puede ser normal e inicia con alteración cognitiva y trastornos
de comportamiento.
La forma adquirida de ECJ puede deberse al consumo de alimentos contaminados con
priones, como es el caso del kuru y de la nueva variante (nvECJ), o serlo de forma
iatrogénica. Se han reportado casos de transmisión iatrogénica de la ECJ por implantes de
duramadre, personas sometidas a neurocirugía o a trasplante de córnea, a quienes se les ha
realizado EEG estereotáctico (por electrodos contaminados), recibiendo gonadotropina y
hormona de crecimiento humanas procedente de donantes cadavéricos.
Aunque los priones son transmisibles, no son contagiosos; personas como los cuidadores o
compañeros de los afectados no están en riesgo; no se transmite por contacto sexual, ni hay
evidencia de transmisión materna, ni por leche materna; para el personal médico el principal
riesgo se encuentra en la inoculación accidental de tejido infectado o fluidos; las
transfusiones sanguíneas o la aplicación de componentes sanguíneos puede llevar a la
transmisión de la enfermedad; también se considera que los procedimientos dentales pueden
ser una forma de transmisión de la enfermedad.
Es importante señalar que los priones pueden resistir los métodos convencionales de
esterilización. En las formas infecciosas de ECJ la presentación clínica cambia de acuerdo a
la vía por la cual se adquirió la enfermedad; cuando la inoculación es directamente en el
cerebro los periodos de incubación son de 16 a 28 meses y se presenta la variante
panencefálica de la enfermedad, mientras que si la exposición es por vía periférica el tiempo
de incubación puede durar de 4 a 30 años y la presentación clínica es una ataxia cerebelosa
progresiva seguida de demencia.
La Organización Mundial de la Salud estableció dos criterios diagnósticos para las formas
iatrogénicas de la ECJ: síndrome cerebelar progresivo en un receptor de hormona de
pituitaria humana derivada de cadáver, o el caso de la ECJ esporádica con exposición a
riesgo reconocido.
En las formas iatrogénicas de la ECJ los hallazgos neuropatológicos son variables; lo común
es encontrar atrofia cerebral visible macroscópicamente, espongiosis y lesiones que se
encuentran especialmente afectando el neoestriado, el puente y el cerebelo (más alterada la
capa granular que la de células de Purkinje o la capa molecular).
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Clínicamente la nvECJ se caracteriza por predominio de alteraciones conductuales y
psiquiáticas y en algunos casos hay marcados trastornos sensoriales (disestesias o dolor en
extremidades o cara); frecuentemente la queja inicial es de tipo psiquiátrico, siendo más
común la depresión, pero también son frecuentes la ansiedad, el retraimiento y los cambios
de comportamiento.
Otros signos y síntomas observados son; delusiones, labilidad emocional, agresividad,
insomnio, disartria y alucinaciones visuales y auditivas; con frecuencia muchos pacientes
desarrollan un síndrome cerebeloso progresivo con ataxia para la marcha y en extremidades;
la demencia usualmente se desarrolla en la fase tardía de la enfermedad; los miclonus son
frecuentes en los pacientes y en ocasiones están precedidos de corea.
Entre los cambios neuropsicológicos observados se presenta un deterioro cognitivo
moderado a severo, con afectación de la memoria visual y verbal, disfunción ejecutiva y
pérdida de habilidad nominal; el deterioro perceptual es menos frecuente. Para el
diagnóstico de la nvECJ se han propuesto diversos parámetros que recolectan diferentes
criterios diagnósticos, siendo la nvECJ una enfermedad de notificación obligatoria que
requiere su respectiva vigilancia epidemiológica.
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2. EXÁMENES PARACLÍNICOS
En las enfermedades priónicas se han usado los exámenes paraclínicos como ayudas para
mejorar el diagnóstico, sin embargo, el diagnóstico definitivo aún se determina por el
estudio neuropatológico. Entre las pruebas realizadas se encuentran los exámenes
imagenológicos, el examen de líquido cefalorraquídeo, el EEG, el estudio genético para el
gen PRNP y la detección de proteínas específicas para la enfermedad como la proteína 14-3-
3 y la proteína S100.
Estos exámenes, y otros como hemograma (en enfermedades priónicas no muestra
alteraciones) o imagenología de tórax y abdomen (por posibles neoplasias), son importantes
para descartar diagnósticos diferenciales. En el líquido cefalorraquídeo usualmente no se
aprecian alteraciones en sus componentes como celularidad, glucosa, iones y proteínas
(pueden estar levemente aumentadas); no obstante, la detección de proteínas en el líquido
cefalorraquídeo como la 14-3-3, S100β, tau, y la enolasa específica de neuronas (NSE), se
consideran biomarcadores importantes para las enfermedades priónicas.
Los niveles elevados de la proteína 14-3-3 ofrecen sensibilidad para el diagnóstico de ECJ
de 95% y una especificidad del 93%, por lo cual la presencia de 14-3-3 en un paciente con
demencia rápidamente progresiva se puede considerar confirmatoria del diagnóstico de ECJ;
mas debe tenerse en cuenta que esta proteína también puede elevar sus niveles en pacientes
con encefalitis virales, en hemorragias o infartos cerebrales recientes y en síndrome
paraneoplásico.
La proteína 14-3-3 que incluida por la OMS como criterio diagnóstico para la sECJ. Existen
siete isotipos diferentes de 14-3-3, usualmente es detectada por Western-blot o por ELISA,
se encuentra en una gran variedad de células, pero las neuronas poseen altos niveles.
Los niveles elevados en el líquido cefalorraquídeo indican una extensa y rápida destrucción
del tejido cerebral.
Los estudios han revelado que los niveles elevados de S100β en líquido cefalorraquídeo
posee grados variables de sensibilidad y especificidad para el diagnóstico de ECJ, estos
valores oscilan entre un 84% de sensibilidad y 90% de especificidad. Al igual que con la
proteína 14-3-3, la S100β se encuentra en concentraciones menores en el líquido
cefalorraquídeo de pacientes con GSS o IFF.
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Otra de las proteínas en líquido cefalorraquídeo usadas como biomarcador para ECJ es la
tau, la cual interviene en la patogénesis de diversas enfermedades neurodegenerativas al
acumularse en las neuronas y formar ovillos neurofibrilares, en ECJ tau es profusamente
liberada en el líquido cefalorraquídeo, indicando daño neuronal rápido.
Se ha encontrado que los niveles de tau en el líquido cefalorraquídeo son menores en
pacientes que presentan ECJ de larga duración, también se hallan niveles bajos al inicio o al
final de la enfermedad; las concentraciones altas de tau se correlacionan con el grado de
gliosis en los ganglios basales y cerebelo, junto con los cambios espongiformes.
Adicionalmente, se ha estudiado otra proteína en el líquido cefalorraquídeo, la enolasa
específica de neuronas (NSE); una enzima que interviene en la vía glicolítica; al igual que
con las otras proteínas, la NSE se eleva en el líquido cefalorraquídeo, denotando una pérdida
rápida de neuronas; se ha evidenciado correlación entre los niveles elevados de NSE en
líquido cefalorraquídeo y el grado de gliosis en ganglios basales y cerebelo, junto con los
cambios espongiformes en el tálamo.
Algunos autores dan un 78% de sensiblidad para el diagnóstico de ECJ cuando se
encuentran niveles de NSE superiores a los 35 ng/ml en líquido cefalorraquídeo; otros
autores han reportado que en las formas familiares de ECJ tuvo una sensibilidad del 64% y
no fue detectable en casos de GSS e IFF.
Herramientas diagnósticas como el electroencefalograma (EEG) hacen parte de los criterios
diagnósticos en las enfermedades priónicas; con el progreso de la enfermedad y el deterioro
constante se espera encontrar un EEG alterado por actividad de ondas lentas, la actividad
característica de las enfermedades priónicas son los complejos de ondas agudas periódicas
de uno o dos hertz.
El EEG posee una sensibilidad del 65% y una especificidad del 86% en el diagnóstico;
puede que los cambios característicos de la enfermedad no se encuentren en un primer EEG,
por lo cual es aconsejable repetir el EEG cada semana.
Los cambios que caracterizan a la ECJ también se han reportado en enfermedad de
Alzheimer, encefalopatía hepática, toxicidad por drogas y trastornos metabólicos.
Los estudios neuroimagenológicos han sido considerados como criterio diagnóstico en las
enfermedades priónicas, con una sensibilidad de 67% y una especificidad del 93% (la
sensibilidad y la especificidad han variado con diferentes autores); si bien algunos autores
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consideran exámenes como la resonancia magnética (RM) una prueba con poca sensibilidad,
estudios recientes le atribuyen alta sensibilidad y especificidad moderada para el diagnóstico
de ECJ; además, es importante para descartar otras patologías que presentan deterioro
neurológico similar.
En la RM los cambios que normalmente se observan en ECJ son hiperintensidades en las
secuencias T2 de los ganglios basales (generalmente en caudado y putamen) y en el área
cortical, especialmente en las áreas occipitales y temporales; con el uso de secuencias como
la DWI (diffusion-weight imaging) y la FLAIR (fast fluidattenuated inversión recovery), las
alteraciones en Enfermedades por priones de la clínica a la biología molecular ganglios
basales y en corteza son más fácilmente identificables, mejorando notoriamente la
sensibilidad y especificidad de la técnica. Usualmente la tomografía axial computarizada
(TAC) es normal, aunque el paciente se encuentre muy sintomático, o puede también
mostrar anormalidades inespecíficas como atrofia generalizada.
Estudios genéticos como el de la secuencia del gen pueden realizarse para identificar una
mutación específica causante de la enfermedad, en este caso se debe recordar que cerca del
90% de los casos corresponden a formas esporádicas donde no hay mutaciones en el gen;
además, éstas poseen un patrón de herencia autosómico dominante, por lo que se debe
esperar una historia familiar importante relacionada con la enfermedad; no obstante, algunas
mutaciones en el gen PRNP han sido identificadas en un solo individuo y en pacientes a los
cuales no se les ha detectado historia familiar de enfermedad por priones.
Otro de los estudios genéticos que se realizan en las enfermedades priónicas es la
identificación del polimorfismo 129, que puede presentar una variación de metionina (M) o
valina (V) en dicha posición. Se considera que los individuos homocigóticos para metionina
(M/M) sufren mayor riesgo de desarrollar enfermedades priónicas; aproximadamente el
71% de los casos de ECJ esporádico en Francia poseen el genotipo M/M (en Reino Unido
representan el 68% de los casos), mientras que la frecuencia del genotipo M/M en la
población francesa es del 41% (en Reino Unido el 39% de la población es M/M); a su vez el
genotipo M/V se considera como un factor protector, pues en el Reino Unido sólo el 16% de
los afectados de sECJ son M/V y el 50% de la población del Reino Unido es M/V.
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3.
TRATAMIENTOS
A pesar de haberse aprobado una gran cantidad de principios activos con efecto
antipriónico, a la fecha no hay un tratamiento que cambie significativamente el cuadro
clínico de las enfermedades por priones, lo único que se ofrece a los pacientes son cuidados
paliativos. Algunas de las sustancias probadas poseen grados variables de efectividad para
combatir las enfermedades priónicas.
Sustancias como los compuestos polianiónicos, de los cuales hacen parte los
glicosaminoglicanos, entre los que se encuentran el heparán sulfato, la heparina, el dermatán
sulfato, el keratán sulfato, el condroitín sulfato o análogos semisintéticos como el pentosán
polisulfato y el dextrán sulfato, tienen la capacidad de unirse a PrP y competir con la
transformación de PrPC en PrPSc. De estas sustancias el pentosán polisulfato es un
anticoagulante y antiinflamatorio usado en veterinaria, y ya ha sido probado en varios casos
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humanos, reportando como resultado un aumento en la sobrevida de los pacientes sin
detener la progresión de la enfermedad; en estudios comparativos con otras sustancias
antipriónicas usadas como quinacrina y anfotericina B se ha recomendado al pentosán
polisulfato como el compuesto con mejor resultados al tratamiento.
A la anfotericina B se le ha encontrado que tiene la capacidad de prolongar el tiempo de
incubación de los priones; sin embargo, al manifestarse la enfermedad no se le vio efecto en
los animales tratados. Se cree que ella afecta los microdominios lipídicos donde se halla la
proteína priónica, lo que altera las interacciones de esta e impide la transformación en la
forma patológica.
La quinacrina, un medicamento usado tradicionalmente en el tratamiento de la malaria, tiene
actividad antipriónica en cultivos celulares y con resultados muy discutidos en animales y
humanos; no es claro el mecanismo de acción antipriónico de la quinacrina, pero se sabe que
interactúa con la proteína priónica, mas no afecta la capacidad de agregación ni la
resistencia de las formas fibrilares de los priones, aunque inhibe la formación de agregados
priónicos posiblemente debido a que puede afectar la vía lisosomal y de esta forma altera el
balance de síntesis y catabolismo de la proteína priónica. El estudio más amplio realizado a
la fecha, en el cual se incluyeron 107 pacientes con ECJ para evaluar la seguridad y
eficiencia de la quinacrina usando una dosis inicial de 1 gr repartido en tomas cada 6 horas y
seguido por 100 mg cada 8 horas, reportó que la medicación fue tolerada por los pacientes,
aunque el curso clínico de la enfermedad no se afectó significativamente. Algunos autores
atribuyen las fallas en el tratamiento con quinacrina a bajas concentraciones tisulares del
medicamento, posiblemente relacionado con la eficiencia que la quinacrina posee para
atravesar la barrera hematoencefálica.
Otro antibiótico que ha mostrado actividad antipriónica es la tetraciclina, la cual parece
interactuar con la cadena de aminoácidos de la proteína priónica en una región que es
importante para la conversión en la forma patológica. Las tetraciclinas poseen algunas
características que las convierten en un fármaco atractivo para el tratamiento de las
enfermedades priónicas, como es el caso de poder atravesar la barrera hematoencefálica,
reducir la capacidad infecciosa de los priones y hacerlos más sensibles a las proteasas,
consideradas características fundamentales de los priones. Pese a ello, aún no se conocen
estudios sobre el efecto de las tetraciclinas en el tratamiento de humanos afectados con ECJ.
Prionpatías: De la Clínica a la Biología Molecular 2
La clorpromacina es un medicamento usado desde hace varios años como antipsicótico,
hallándose experimentalmente que posee actividad antipriónica tanto in vitro como en
modelos animales, especialmente en combinación con quinacrina; debido a que ambos
atraviesan la barrera hematoencefálica, algunos autores consideraron la combinación de
ambas como la mejor alternativa terapéutica para la ECJ.
Las estrategias farmacológicas para tratar las enfermedades priónicas se extienden a muchos
otros principios activos, así como el uso de otras alternativas terapéuticas, como:
anticuerpos contra la proteína priónica, la utilización de RNA de interferencia, e incluso la
inmunización contra la proteína priónica patológica. Éste es un frente intenso de
investigación en la actualidad y es posible que los resultados sean variables, teniendo en
cuenta la gran variedad fenotípica de las enfermedades priónicas, pues ya se ha reportado
que la actividad de medicamentos antipriónicos es dependiente de la cepa de prión que está
siendo tratada. Sin embargo, el conocimiento alcanzado sobre los priones y la gran cantidad
de propuestas farmacológicas hacen probable el desarrollo de una terapéutica más efectiva
contra las enfermedades priónicas en los próximos años.
DISCUSIÓN
Prácticamente todos los datos presentados en este trabajo fueron aportados por neurólogos,
neurofisiólogos y neuropatólogos. Dadas las características de la enfermedad y la
distribución de neurólogos en todo el país, es posible realizar un relevamiento y una
vigilancia epidemiológica bastante estricta de estas enfermedades en nuestro medio,
especialmente en relación con el diagnóstico de posible y probable de la ECJ esporádica. No
existen hasta el momento posibilidades de realizar un diagnóstico definitivo dado que no
hay aún en nuestro país laboratorios de patología que cumplan con las estrictas medidas de
bioseguridad que se requieren.
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No existieron diferencias significativas en relación con el sexo de los afectados en los 42
pacientes detectados, siendo igual la prevalencia para el sexo masculino y femenino tal
como señala la literatura internacional.
En cuanto a la seguridad del diagnóstico, determinada según criterios de la OMS,
encontramos que en la mayoría de los pacientes (82%) el diagnóstico fue de probable, este
se acerca en 90% al diagnóstico de certeza.
CONCLUSIÓN
Las priónpatias son enfermedades poco frecuentes en la práctica clínica de atención
primaria, pero deben considerarse en el diagnóstico diferencial de las demencias. Todas las
prionpatı´as presentan como síntomas principales el deterioro cognitivo y la ataxia, y en
ocasiones pueden presentar también sintomatología psiquiátrica. La clínica de la ECJ se
caracteriza por demencia, ataxia, mioclonías y síntomas extrapiramidales. El diagnóstico de
certeza solo se precisa con la necropsia. El diagnóstico probable requiere la realización de
RMN, EEG y el análisis de proteínas en el LCR. Al no haber tratamiento curativo, el
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médico de familia desempeña un importante papel en los cuidados paliativos y manejo
integral del paciente.
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