1 Samuel 8-11
El pueblo pide un rey*.
8 1 Cuando Samuel se hizo viejo, puso a sus hijos como jueces de Israel*. 2 Su
primogénito se llamaba Joel, y el segundo, Abías; ambos juzgaban a Israel en
Berseba. 3 Pero sus hijos no siguieron su camino: se dejaron seducir por el lucro,
aceptaron regalos y torcieron el derecho. 4 Se reunieron, pues, todos los ancianos de Israel
y se fueron donde Samuel a Ramá, 5 y le dijeron: «Mira, tú te has hecho viejo y tus hijos
no siguen tu camino. Por tanto, asígnanos un rey para que nos juzgue, como todas las
naciones*.» 6 Samuel, disgustado porque le habían pedido un rey para que los juzgase,
oró a Yahvé. 7 Pero Yahvé dijo a Samuel: «Haz caso a todo lo que el pueblo te dice.
Piensa que no te han rechazado a ti, sino a mí, pues no quieren que reine sobre
ellos. 8 Todo lo que ellos me han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy,
abandonándome y sirviendo a otros dioses, te han hecho también a ti. 9 Escucha, sin
embargo, su petición. Pero les advertirás claramente y les harás ver el fuero del rey que
va a reinar sobre ellos.»
Los inconvenientes de la monarquía.
10
Samuel repitió todas estas palabras de Yahvé al pueblo que le pedía un rey. 11 Les dijo:
«Éste es el fuero del rey que va a reinar sobre vosotros*. Tomará vuestros hijos y los
destinará a sus carros y a sus caballos, y tendrán que correr delante de su carro. 12 Los
nombrará jefes de mil y jefes de cincuenta; les hará labrar sus campos, segar su cosecha,
fabricar sus armas de guerra y los arreos de sus carros. 13 Tomará vuestras hijas para
perfumistas, cocineras y panaderas. 14 Tomará vuestros campos, vuestras viñas y vuestros
mejores olivares y se los dará a sus servidores*. 15 Tomará el diezmo de vuestros cultivos
y vuestras viñas para dárselo a sus eunucos y a sus servidores. 16 Tomará vuestros criados
y criadas, y vuestros jóvenes y asnos, y los hará trabajar para él. 17 Sacará el diezmo de
vuestros rebaños y vosotros mismos seréis sus criados. 18 Ese día os lamentaréis a causa
del rey que os habéis elegido, pero entonces Yahvé no os responderá.»
19
El pueblo no quiso escuchar la voz de Samuel y dijo: «¡No! Tendremos un
rey; 20 seremos también como los demás pueblos: nuestro rey nos juzgará, irá al frente de
nosotros y combatirá nuestros combates.» 21 Samuel oyó esta respuesta del pueblo y fue
a comunicársela a Yahvé. 22 Pero Yahvé dijo a Samuel: «Hazles caso y dales un rey para
que los gobierne.» Samuel dijo entonces a los israelitas: «Volved cada uno a vuestra
ciudad*.»
Saúl y las asnas de su padre*.
9 1 Había un hombre de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de
Becorat, hijo de Afíaj. Era un benjaminita bien situado. 2 Tenía un hijo llamado Saúl*,
joven aventajado y apuesto. Nadie entre los israelitas le superaba en gallardía; de los
hombros para arriba aventajaba a todos. 3 Pues bien, resulta que se habían extraviado unas
asnas pertenecientes a su padre Quis. Así que éste dijo a su hijo Saúl: «Toma contigo uno
de los criados y vete a buscar las asnas.» 4 Atravesó la montaña de Efraín, cruzó por el
territorio de Salisá y no encontraron nada; pasaron por el país de Saalín, pero no estaban
allí; cruzaron el país de Benjamín y no encontraron nada. 5 Cuando llegaron a la comarca
de Suf, dijo Saúl a su criado que le acompañaba: «Vamos a volvernos, no sea que mi
padre se olvide de las asnas y se inquiete por nosotros.» 6 Pero él respondió: «Mira,
precisamente hay en esta ciudad* un hombre de Dios. Es hombre acreditado: todo lo que
dice se cumple con seguridad. Vamos, pues, allá y acaso nos oriente en nuestro
viaje.» 7 Saúl dijo a su criado: «Vamos a ir, pero, ¿qué ofreceremos a ese hombre? No
queda pan en nuestros zurrones y no tenemos ningún regalo que llevar al hombre de Dios.
¿Qué nos queda*?» 8 Replicó el criado a Saúl: «Casualmente tengo en mi poder un cuarto
de siclo de plata; se lo daré al hombre de Dios y nos orientará sobre nuestro
viaje.» 9 (Antes, en Israel, cuando alguien iba a consultar a Dios, decía: «Vayamos al
vidente», porque en vez de «profeta» como hoy, antes se decía «vidente».) 10 Saúl dijo a
su criado: «Tienes razón; vamos, pues.» Y se fueron a la ciudad donde se encontraba el
hombre de Dios.
Saúl encuentra a Samuel.
11
Cuando subían por la cuesta de la ciudad, encontraron a unas muchachas que salían a
sacar agua y les preguntaron: «¿Está aquí el vidente*?» 12 Ellas les respondieron con estas
palabras: «Sí, ahí delante de ti; date prisa, pues acaba ahora de llegar a la ciudad, porque
hoy se celebra un sacrificio por el pueblo en el alto*. 13 En cuanto entréis en la ciudad, lo
encontraréis antes de que suba al alto para la comida. El pueblo no comerá antes que él
llegue, porque es él quien ha de bendecir el sacrificio; y a continuación comerán los
invitados*. Si subís ahora, lo encontraréis en seguida.»
14
Subieron, pues, a la ciudad, y cuando entraban en ella salía Samuel en dirección a ellos
para subir al alto. 15 Ahora bien, la víspera de la venida de Saúl Yahvé había revelado* a
Samuel: 16 «Mañana, a esta misma hora, te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín,
lo ungirás como jefe de mi pueblo Israel y él librará a mi pueblo de la mano de los filisteos,
porque he visto a mi pueblo y su clamor ha llegado hasta mí*.» 17 Y cuando Samuel vio
a Saúl, Yahvé le indicó: «Éste es el hombre del que te he hablado. Él regirá a mi
pueblo.» 18 Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta, y le dijo: «Indícame, por favor,
dónde está la casa del vidente.» 19 Samuel respondió a Saúl: «Yo soy el vidente. Sube
delante de mí al alto, que hoy comeréis conmigo. Mañana por la mañana te despediré y
te descubriré todo lo que guardas en tu interior. 20 Y respecto a las asnas que perdiste hace
tres días, no te preocupes; ya han aparecido. Por lo demás, ¿para quién es lo mejor de
Israel? ¿No es para ti y para la casa de tu padre*?» 21 Saúl respondió: «Yo soy de
Benjamín, una de las menores tribus de Israel, y mi familia la más pequeña de todas las
de la tribu de Benjamín. ¿Cómo me dices estas cosas?»
22
Tomó Samuel a Saúl y a su criado y los hizo entrar en la sala, y les dio un asiento a la
cabecera de los invitados, que eran unos treinta. 23 Después dijo Samuel al cocinero:
«Sirve la porción que te di, la que te dije que pusieras aparte.» 24 Tomó el cocinero la
pierna y lo que había encima, lo puso delante de Saúl y dijo: «Aquí tienes, delante de ti,
lo que se guardó. Come, porque ha sido guardado para el tiempo reservado para ti, al
decir: He invitado al pueblo*.» Aquel día Saúl comió con Samuel.
25
Bajaron del alto a la ciudad. Extendieron una estera para Saúl en el terrado, 26 y se
acostó*.
Consagración de Saúl*.
Cuando apuntó el alba, llamó Samuel a Saúl, que estaba en el terrado, y le dijo:
«Levántate, quiero despedirte.» Se levantó Saúl y salieron ambos afuera, Samuel y
Saúl. 27 Cuando bajaban por las afueras de la ciudad, Samuel dijo a Saúl: «Manda a tu
criado que se adelante —y se adelantó—, y tú quédate ahora para que te dé a conocer la
palabra de Dios.»
10 1 Samuel tomó el cuerno de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Después le
besó diciendo: «Sábete que Yahvé te ha ungido como caudillo de su heredad. Tú regirás
al pueblo de Yahvé y lo librarás de la mano de los enemigos que lo rodean. Y esto te
servirá de señal de que Yahvé te ha ungido caudillo de su heredad: 2 En cuanto te separes
hoy de mí, encontrarás dos hombres junto a la tumba de Raquel, en la frontera de
Benjamín, en Selsaj*, y te dirán: ‘Las asnas que fuiste a buscar ya han aparecido. Ahora
tu padre ha olvidado el asunto de las asnas y está preocupado por vosotros, diciendo:
¿Qué debo hacer por mi hijo?’ 3 Pasando más allá, cuando llegues a la Encina del Tabor,
encontrarás tres hombres que suben donde Dios, a Betel. Uno llevará tres cabritos, otro
tres tortas de pan, y el tercero un odre de vino. 4 Te saludarán y te darán dos ofrendas de
pan*, que tú tomarás de su mano. 5 Llegarás después a Guibeá de Dios*, donde se
encuentran los gobernadores* de los filisteos. A la entrada de la ciudad tropezarás con un
grupo de profetas que bajan del alto, precedidos del añafil, el adufe, la flauta y la cítara,
en trance profético*. 6 Te invadirá entonces el espíritu de Yahvé, entrarás en trance con
ellos y quedarás cambiado en otro hombre. 7 Cuando se hayan cumplido estas señales,
haz lo que te viniere a mano, porque Dios está contigo. 8 Baja delante de mí a Guilgal*,
que yo me reuniré allí contigo para ofrecer holocaustos y sacrificios de comunión.
Esperarás siete días a que yo vaya a tu encuentro y te diré lo que debes hacer.»
Vuelta de Saúl.
9
Apenas volvió las espaldas para dejar a Samuel, le cambió Dios el corazón y todas las
señales se realizaron aquel mismo día. 10 Cuando llegaron allí*, a Guibeá, venía frente a
él un grupo de profetas; le invadió el espíritu de Dios y se puso en trance en medio de
ellos. 11 Todos los del pueblo, que lo conocían de toda la vida, al verlo profetizando con
los profetas, decían entre sí: «¿Qué le ha pasado al hijo de Quis? ¿Conque también Saúl
anda entre los profetas?» 12 Replicó uno de allá: «Y ¿quién es su padre*?» Y de ahí salió
el proverbio: «¿Conque también Saúl entre los profetas?»
13
Cuando salió del trance, se fue a su casa. 14 El tío de Saúl les dijo a él y a su criado:
«¿A dónde habéis ido?» Contestó: «A buscar las asnas. Y como no vimos nada, acudimos
a Samuel.» 15 Dijo el tío de Saúl: «Vamos, cuéntame qué os ha dicho Samuel.» 16 Saúl
dijo a su tío: «Sencillamente, nos avisó que las asnas habían aparecido.» Pero no le dijo
ni palabra de lo que le había dicho Samuel acerca del reino.
Saúl es designado rey por suertes*.
17
Samuel convocó al pueblo en Mispá junto a Yahvé. 18 Y dijo a los israelitas: «Esto ha
dicho Yahvé, el Dios de Israel: Yo hice subir a Israel de Egipto y os libré de la mano de
Egipto y de la mano de todos los reinos que os tenían oprimidos. 19 Pero vosotros ahora
habéis rechazado a vuestro Dios, a aquel mismo que os salvó de todos vuestros males y
aprietos, y le habéis dicho: ‘No: tú asígnanos un rey’. Ahora, pues, compareced delante
de Yahvé distribuidos por tribus y familias.»
20
Samuel hizo acercarse a todas las tribus de Israel y fue designada la tribu de
Benjamín. 21 Hizo que se acercara la tribu de Benjamín por familias y fue designada la
familia de Matrí. Y fue designado* Saúl, hijo de Quis. Fueron a buscarlo, pero no lo
encontraron.
22
Entonces volvieron a interrogar a Yahvé: «¿Ha venido ese hombre?» Dijo Yahvé:
«Aquí lo tenéis, escondido entre la impedimenta.» 23 Corrieron a sacarlo de allí y, cuando
lo pusieron en medio de la gente, les llevaba a todos la cabeza. 24 Dijo Samuel a todos los
presentes: «¿Veis al que ha elegido Yahvé? No hay nadie como él en todo el pueblo.» Y
toda la gente gritó: «¡Viva el rey!»
25
Samuel dictó al pueblo el fuero real* y mandó ponerlo por escrito. Y, tras depositarlo
delante de Yahvé, despidió Samuel a toda la gente, cada cual a su casa. 26 También Saúl
se fue a su casa, a Guibeá; le acompañaron algunos valientes* a quienes Dios tocó el
corazón. 27 Pero algunos malvados dijeron: «¡Qué nos va a salvar ése!» Y lo despreciaron
y no le llevaron regalos. Pero él no contestó*.
Victoria contra los amonitas*.
11 Cosa de un mes más tarde, 1 subió Najás el amonita y acampó con intención de atacar
Yabés de Galaad. Todos los hombres de Yabés dijeron a Najás: «Haz un trato con
nosotros y te serviremos.» 2 Les dijo Najás el amonita: «Éstas son mis condiciones: sacar
a todos el ojo derecho, para que quede en ridículo todo Israel.» 3 Los ancianos de Yabés
le dijeron: «Danos una tregua de siete días y mandaremos mensajeros por todo el territorio
de Israel. Y, si no hay quien nos socorra, entonces nos rendiremos a ti.» 4 Llegaron los
mensajeros a Guibeá de Saúl y comunicaron todo esto a la gente, que se puso a llorar a
voces.
5
Saúl, que venía entonces del campo detrás de sus bueyes, dijo: «¿Qué tiene la gente que
está llorando?» Entonces le contaron las palabras de los de Yabés. 6 Al oírlo, invadió a
Saúl el espíritu de Dios y se irritó sobremanera. 7 Tomó una yunta de bueyes, los
despedazó y los repartió por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros, con este
recado: «Así se hará con los bueyes del que no salga detrás de Saúl y de Samuel*.» Y el
temor de Yahvé se apoderó del pueblo, que salió como un solo hombre. 8 Les pasó revista
en Bézec: los israelitas sumaban trescientos mil y los hombres de Judá treinta
mil*. 9 Dijeron a los mensajeros que habían venido: «Esto diréis a los hombres de Yabés
de Galaad: Mañana, cuando el sol apriete, seréis liberados.» Fueron los mensajeros y lo
anunciaron a los hombres de Yabés, que se alegraron. 10 Y los hombres de Yabés
dijeron*: «Mañana salimos a vosotros* y hacéis con nosotros lo que mejor os parezca.»
11
A la mañana siguiente dispuso Saúl a sus hombres en tres columnas, que irrumpieron
en el campamento durante la guardia de la madrugada, y batieron a los amonitas hasta
que apretó el sol. Los demás huyeron; no quedaron dos juntos.
Saúl es proclamado rey*.
12
El pueblo dijo a Samuel: «¿Quién andaba preguntando si Saúl iba a reinar sobre
nosotros? Dadnos esos hombres y los haremos morir.» 13 Pero Saúl dijo: «Que no muera
nadie en este día, porque Yahvé ha realizado hoy una liberación en Israel.» 14 Samuel dijo
al pueblo: «Vamos todos a Guilgal e inauguraremos allí la monarquía.»
15
Toda la gente se dirigió a Guilgal, donde proclamaron rey a Saúl delante de Yahvé y
ofrecieron sacrificios de comunión delante de Yahvé. Saúl y todos los israelitas se
alegraron en extremo.
Samuel pasa a segundo plano*.
12 1 Samuel dijo a todos los israelitas: «Ya veis que os he atendido en todo lo que me
habéis pedido y os he asignado un rey. 2 En adelante, el rey marchará delante de vosotros.
Cuanto a mí, he envejecido y encanecido, y mis hijos entre vosotros están. He andado
delante de vosotros desde mi juventud hasta hoy. 3 Aquí me tenéis. Atestiguad contra mí
delante de Yahvé y delante de su ungido. ¿De quién he tomado yo el buey o de quién he
tomado el asno? ¿A quién he atropellado u oprimido? ¿Quién me ha sobornado para que
cerrara los ojos? Yo os lo restituiré.» 4 Respondieron: «No nos has atropellado ni
oprimido, y nada has recibido de nadie.» 5 Él les dijo: «Yahvé es testigo contra vosotros,
y su ungido es testigo hoy de que vosotros no habéis encontrado nada en mis manos.»
Respondieron: «Es testigo.»
6
Dijo entonces Samuel al pueblo*: «Es Yahvé quien suscitó a Moisés y Aarón y quien
hizo subir a vuestros antepasados del país de Egipto. 7 Presentaos ahora para que yo
pleitee con vosotros ante Yahvé en relación con todos los beneficios que Yahvé ha llevado
a cabo en favor vuestro y de vuestros antepasados. 8 Cuando Jacob entró en Egipto*, los
egipcios los oprimieron y vuestros antepasados clamaron a Yahvé. Entonces Yahvé envió
a Moisés y Aarón, que sacaron a vuestros antepasados de Egipto y los puso en este
lugar. 9 Pero ellos olvidaron a Yahvé su Dios, y él los entregó en manos de Sísara, jefe
del ejército de Jasor, en manos de los filisteos y del rey de Moab, que combatieron contra
ellos. 10 Clamaron a Yahvé diciendo: ‘Hemos pecado, porque hemos abandonado a Yahvé
y servido a los Baales y a las Ainicioés. Pero ahora, líbranos de las manos de nuestros
enemigos y te serviremos.’ 11 Envió entonces Yahvé a Yerubaal, a Bedán*, a Jefté y a
Samuel, os ha librado de los enemigos que os rodeaban y habéis vivido en seguridad.
12
«Pero, en cuanto habéis visto que Najás, rey de los amonitas, venía contra vosotros, me
habéis dicho: ‘¡No! Que reine un rey sobre nosotros,’ siendo así que vuestro rey es Yahvé,
Dios vuestro. 13 Aquí tenéis ahora al rey que os habéis elegido, que habéis reclamado.
Yahvé ha establecido un rey sobre vosotros. 14 Si teméis a Yahvé y le servís, si escucháis
su voz y no os rebeláis contra las órdenes de Yahvé; si vosotros y el rey que reine sobre
vosotros seguís a Yahvé vuestro Dios, está bien. 15 Pero si no escucháis la voz de Yahvé,
si os rebeláis contra sus órdenes, entonces la mano de Yahvé pesará sobre vosotros y
sobre vuestros padres*.
16
«Una vez más, quedaos para ver este gran prodigio que Yahvé realiza a vuestros
ojos. 17 ¿No es ahora la cosecha del trigo*? Pues bien, voy a invocar a Yahvé para que
haga tronar y llover. Reconoced y ved el gran mal que habéis hecho a los ojos de Yahvé,
al pedir un rey para vosotros.» 18 Invocó Samuel a Yahvé, que hizo tronar y llover aquel
mismo día. Todos los presentes cobraron mucho temor a Yahvé y a Samuel. 19 Dijo toda
la gente a Samuel: «Suplica a Yahvé tu Dios en favor de tus siervos, para que no muramos,
pues a todos nuestros pecados hemos añadido la maldad de pedir un rey que nos
gobierne.»
20
Pero Samuel dijo a la gente: «No temáis. Cierto que habéis cometido esta maldad. Pero
ahora, no os alejéis de Yahvé y servidle con todo vuestro corazón; 21 y no os apartéis en
pos de los que no son nada, que no sirven ni salvan porque no son nada*. 22 Pues Yahvé
no rechazará a su pueblo a causa del honor de su gran nombre, pues Yahvé ha querido
haceros su pueblo. 23 Por mi parte, lejos de mí pecar contra Yahvé dejando de suplicar
por vosotros y de enseñaros el camino bueno y recto. 24 Sólo a Yahvé respetaréis y
serviréis fielmente, con todo vuestro corazón, porque habéis visto esta acción grandiosa
que ha realizado con vosotros. 25 Pero si os portáis mal, pereceréis, vosotros y vuestro
rey.»