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Casación en Indemnización Contractual

El documento describe un caso de indemnización por responsabilidad contractual entre dos empresas. La Corte de Apelaciones falló a favor de la demandante y ordenó una indemnización por daños emergentes. La demandada presenta recursos de casación en la forma y en el fondo, alegando contradicciones en la sentencia y la infracción de artículos del Código Civil sobre carga de la prueba, definición de daño emergente y cumplimiento por equivalencia.
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Casación en Indemnización Contractual

El documento describe un caso de indemnización por responsabilidad contractual entre dos empresas. La Corte de Apelaciones falló a favor de la demandante y ordenó una indemnización por daños emergentes. La demandada presenta recursos de casación en la forma y en el fondo, alegando contradicciones en la sentencia y la infracción de artículos del Código Civil sobre carga de la prueba, definición de daño emergente y cumplimiento por equivalencia.
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Santiago, treinta de enero de dos mil veinte.

VISTOS:
En estos autos sobre indemnización de perjuicios por responsabilidad
contractual caratulados
“EVT Consulting S.p.A. con SQM Nitratos Chile
S.A.” seguidos ante el Vigésimo Tercer Juzgado Civil de Santiago bajo el
Rol N°
19614-2014, mediante sentencia de quince de diciembre de dos mil
dieciséis, escrita a fojas 390 y siguientes, el referido tribunal acogió la
demanda
únicamente en cuanto declaró incumplido por parte de la
demandada el contrato de compraventa celebrado el 26 de agosto de 2013,
rechazándola en todo lo demás.

La parte demandante impugnó el fallo mediante sendos recursos de


casación en la forma y apelación y la demandada se adhirió a la apelación.

Una sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, en


pronunciamiento de trece de noviembre de dos mil diecisiete, escrito a fojas
555 y siguientes, rechazó el recurso de nulidad formal y revocó el fallo
apelado en la parte que había desestimado el daño emergente impetrado y,
en su lugar, hizo lugar a la acción civil por dicho concepto, por la suma de
USD$ 304.620 o su equivalente en moneda nacional al momento de
ejecutoria del fallo, confirmándolo en lo demás.

En contra de esta última sentencia, la parte demandada interpone


recursos de casación en la forma y en el fondo.

Se trajeron los autos en relación.

CONSIDERANDO:
En cuanto al recurso de casaci ón en la forma:
Primero: Que en su libelo de nulidad formal la recurrente aduce
que la sentencia del tribunal de alzada incurre en la causal de invalidación
prevista en el numeral 5º del artículo 768 del Código de Procedimiento
Civil, que vincula con el cuarto ordinal del artículo 170 de ese mismo
compendio normativo, por cuanto contiene motivaciones contradictorias que
se anulan entre sí.

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Asevera que el fallo impugnado analiza de manera errada e inconexa
los hechos y el derecho aplicable a la resolución del pleito, dado que, por
una parte, acepta que no se acreditó en los autos el pago de la factura
supuestamente emitida por Cathay Import y sin embargo, de manera
contradictoria, estima luego que esa falta de pago es un daño emergente,
soslayando que este perjuicio sólo puede consistir en una disminución
efectiva del patrimonio del acreedor.
En tal sentido explica que, como lo reconoció la sentencia de primer
grado, la demandante no pudo probar un desembolso efectivo realizado con
motivo del supuesto contrato. Sin embargo el tribunal de alzada, con la
escasa prueba rendida, reconoce en su motivo quinto la existencia de un
crédito de un tercero en contra de la demandante, para luego, en la
reflexión siguiente, otorgar a este crédito el cariz de un daño emergente y,
por tanto, de una disminución patrimonial efectiva, transformándolo en un
“débito”, contrariedad evidente que, en su concepto, vicia indefectiblemente
el fallo y le resta lógica jurídica.
Concluye que las contradicciones esenciales de que adolece la
sentencia impugnada la tornan en ininteligible, anulando sus razonamientos
y dejándola desprovista de las necesarias motivaciones y consideraciones.
Segundo: Que en lo que hace a la invalidación formal invocada,
consistente en la falta de fundamentación de la sentencia a consecuencia de
la anulación de determinados considerandos contradictorios, no se logra
apreciar que el fallo incurra en la discordancia que acusa la impugnante.
En efecto, la supuesta incongruencia se encontraría en los motivos
quinto y sexto del fallo censurado; en el primero, los juzgadores asientan
como hechos de la causa que, a consecuencia del incumplimiento
contractual de la demandada, se generó un crédito en contra de la
demandante EVT Consulting y a favor de Cathay Import AS, quién vendió
suministros a aquella con ocasión del contrato celebrado con SQM Nitratos.
En el siguiente, sostienen que tal evidencia permite arribar a la conclusión
respecto de la existencia de los perjuicios esgrimidos por concepto de daño
emergente, sin afirmar ni insinuar, como pretende el recurrente, que EVT
Consulting tendría un “débito”.

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Distinto es que la reclamante no comparta las conclusiones a las que
arriban los sentenciadores, o que considere que
éstas no se conforman a la
doctrina y jurisprudencia que invoca, puesto que tal discrepancia constituye,
sin duda, un cuestionamiento de fondo, que no la autoriza para disputar la
validez del fallo que ataca, por la vía que ahora intenta.
No debe olvidarse, al examinar esta causal de casación, que el defecto
aparece solo cuando entre las consideraciones del fallo existe una
contrariedad manifiesta y esencial, siendo las motivaciones a tal grado
incompatibles que no puedan subsistir a la vez sin socavar gravemente la
racionalidad de la sentencia, circunstancia que sin duda no acaece en este
caso, puesto que una simple lectura del fallo impugnado permite constatar
que los raciocinios cuestionados no se contraponen entre sí, ya que más allá
de las interpretaciones que postula la recurrente en cuanto a las
características y conceptualización del daño emergente, que serán objeto de
análisis a propósito del arbitrio de nulidad sustantiva, lo cierto es que uno y
otro determinan, de manera consonante, que el incumplimiento culpable del
contrato en que incurrió la demandada ocasionó perjuicios materiales
directos a la demandante.
Tercero: Que, en razón de lo que se viene razonando, el recurso de
casación de forma no podrá prosperar.
En cuanto al recurso de casaci ón en el fondo:
Cuarto: Que el recurrente alega, primeramente, la infracción
de la regla del onus probandi contenida en el artículo 1698 del Código
Civil, porque correspondía a EVT acreditar que efectuó el desembolso que
demanda por concepto de daño emergente, mas no produjo prueba
alguna
que permitiera justificar que un perjuicio patrimonial efectivo con la
sufrió
emisión de la factura por parte de Cathay Import, pues no acreditó haber

pagado dicho documento y que este constituyera, por ende, un detrimento o


disminución efectiva en su patrimonio sino que, por el contrario, en la
diligencia de absolución de posiciones reconoció no haberla solucionado.
De este modo, la sentencia impugnada no pudo dar por establecida la
existencia de un daño si éste no fue acreditado por quién lo alegó y a quien

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correspondía la carga de la prueba.
En segundo lugar, asevera que la sentencia recurrida también
contraviene el artículo 1556 del Código Civil, puesto que concede a EVT la
indemnización a título de daño emergente, no ajustándose el monto
otorgado al concepto de daño emergente definido en la ley y en la
jurisprudencia.
Argumenta que para que exista un daño emergente al tenor de lo
establecido en el artículo 1556 del Código Civil es necesario que exista un
desembolso efectivo o un detrimento patrimonial, lo que también ha sido
establecido de forma consistente por la jurisprudencia que transcribe,
poniendo énfasis en que debió constatarse un empobrecimiento real y
efectivo del demandante, no uno meramente hipotético.
Afirma que, por el contrario, en la especie se ha determinado la
existencia y monto del daño emergente únicamente sobre la base de una
factura emitida por un tercero, la que no ha sido pagada por la demandante
y se encuentra actualmente prescrita, por lo que no ha incurrido en un
desembolso patrimonial real.
Finalmente, en un tercer apartado invalidatorio acusa la conculcación
de los artículos 1545, 1672 y 1873 del Código Civil, asegurando que el fallo
prescinde de las normas del cumplimiento por equivalencia. Sostiene que
según se lee en el libelo pretensor, la demandante pretende la
indemnización por equivalencia de daños, que califica como daño
emergente y lucro cesante, lo que constituye un error en la forma de
proponer la acción que debió llevar a su necesario rechazo.
Explica que el cumplimiento por equivalencia constituye un
reemplazo del objeto originalmente debido conforme al contrato y así, de
deberse el objeto precisado, el deudor pasa a adeudar el precio de ese
objeto, principio expresamente reconocido en los artículos 1672 y 1873 del
Código de Bello, normas que reconocen que adicionalmente el acreedor
también tiene derecho a la indemnización de perjuicios. Entonces, en el
presente caso el cumplimiento por equivalencia correspondería
necesariamente al precio del objeto vendido por EVT y consecuentemente,
SQM estaría obligado a pagar ese precio, más los perjuicios causados a

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EVT; no obstante, la actora ha demandado un “cumplimiento por
equivalencia” sin pretender el objeto del contrato, la contraprestación
debida, esto es, el precio, reclamando únicamente la indemnización de lo
que denomina como daño emergente y lucro cesante. En otras palabras, si
bien demanda cumplimiento por equivalencia, en definitiva pretende sólo la
indemnización de perjuicios patrimoniales, grave e insubsanable error que
impedía acoger la demanda puesto que la indemnización compensatoria
solo pudo imponerse como adicional a un eventual cumplimiento del
contrato.
Concluye que las infracciones antes señaladas influyeron
sustancialmente en lo resolutivo del fallo, pues de no haber incurrido en
ellas, el tribunal habría tenido que declarar la improcedencia de la acción
deducida y la falta de acreditación de los perjuicios demandados.
Quinto: Que para la adecuada resolución del presente arbitrio es
necesario tener presente la siguiente sucesión de acontecimientos:
1.- En estos autos compareció la empresa EVT Consulting S.p.A., quien
dedujo demanda de indemnización de perjuicios por responsabilidad
contractual en contra de SQM Nitratos S.A., fundado en que la demandada
habría incumplido el contrato de compraventa celebrado entre las partes el
26 de agosto de 2013.
Relata en su libelo que el 26 de agosto de 2013 SQM cursó la orden
de compra Nº 300000346 por la adquisición de una estructura de acero
galvanizada, correspondiente a un galpón metálico que sería utilizado para
la venta de yodo, que se individualiza como
“Matherial -101 Thermoball
Tuck Stop” pactándose un precio de $944.992.685 IVA incluido, que sería
fabricado por Rubb International y vendido a la compradora SQM por
EVT, representante de la marca Rubb para Latinoamérica.
Explica que, a su vez, la empresa Cathay Import AS. actuó como
facilitador y agente comercial, efectuando el seguimiento del proyecto,
además de comprar los suministros fabricados por Rubb para venderlos a
EVT, quien a su vez los vendería a SQM Nitratos. Es así como EVT
emitió
orden de compra a Cathay el 27 de agosto de 2013 por
US$1.020.500; sin embargo, con fecha 6 de septiembre de 2013,

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encontrándose ya en ejecución el contrato de compraventa, SQM le
comunicó su desistimiento de la adquisición de la totalidad del suministro y
servicios incluidos en la orden de compra Nº 30000346, procediendo a
enviar un aviso de cancelación totalmente extemporáneo y arbitrario, en
que arguyó que mediante dicha comunicación anulaba toda relación
comercial con EVT Consulting, lo que supone un evidente incumplimiento
contractual.
Agrega que debido al incumplimiento de SQM, a su vez debió dejar
sin efecto la orden de compra que había emitido a Cathay para adquirir los
suministros que vendería a SQM, lo que la primera aceptó, pero bajo
condición de ser indemnizada por US$ 304.620, y refiere que la obra fue
hecha a medida, sirviendo sólo a la demandada, por lo que no se trata de
un producto que pueda ofrecer a otro comprador y por ello señala
demandar el cumplimiento por equivalencia de la obligación incumplida y
la indemnización de los perjuicios causados.
Pide que se declare que la demandada infringió el contrato y que
debe pagar las indemnizaciones solicitadas a título de indemnización de
perjuicios.
Como daño emergente solicita el pago de la suma equivalente a
USD$304.620, correspondiente al monto facturado por Cathay por
documentación procesada, costo de cancelación, muestras de producto,
gestión, abastecimiento y desarrollo del proyecto; por concepto de lucro
cesante, pide se indemnice la suma de dinero que dejó de ganar producto
del incumplimiento de SQM y que legítimamente hubiera percibido si ésta
última hubiere cumplido íntegramente el contrato, y que asciende a
USD$529.500, correspondiente a la diferencia existente entre el valor
nominal de la orden de compra emitida por EVT a Cathay Import AS, más
intereses corrientes calculados en la forma que indica.
2.- En su contestación, la demandada sostiene que, si bien con fecha 26
de agosto de 2013 SQM envió la orden de compra aludida en la demanda,
en ella se estableció que las condiciones de pago serían que SQM pagaría el
100% del valor de la compra, contra la presentación de la orden de compra
debidamente aceptada por el vendedor, factura correctamente emitida y

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boleta de garantía por igual monto que el valor neto facturado, condiciones
que fueron aceptadas por el representante de EVT. Sin embargo, cuando
con fecha 4 de septiembre de 2013 SQM solicitó a la vendedora el envío de
la factura comercial y de la boleta de garantía para realizar el pago del
precio, éstas no fueron enviadas, de modo que, de haber un contrato entre
las partes, la obligación de pago asumida por SQM nunca se hizo exigible
por cuanto jamás nació el derecho sujeto a condición suspensiva de EVT,
ya que la propia demandante no dio cumplimiento a las condiciones
pactadas para el pago.
Agrega que la actora dedujo una acción de cumplimiento por
equivalencia, conforme a la cual sólo persigue obtener una indemnización
de perjuicios que tendría la virtud de reemplazar la satisfacción de la
pretensión que EVT quería al momento de celebrar el supuesto contrato,
intentando de paso justificar el haber deducido sólo acción de
indemnización de perjuicios, sin que ésta acceda a una de cumplimiento o
de resolución contractual.
Insiste en que la actora incurre en un grave error al momento de
proponer la acción que acarrea su necesario rechazo, por cuanto ésta no es
posible de encuadrarse dentro de los remedios que el legislador provee ante
el incumplimiento contractual, puesto que no puede pretender la
indemnización de perjuicios patrimoniales como cumplimiento por
equivalencia, ya que este constituye un reemplazo del objeto originalmente
debido conforme al contrato, que en este caso, correspondería al pago del
precio pactado y, adicionalmente, a la indemnización de perjuicios.
Finalmente, también se defendió señalado la inexistencia de daños
indemnizables, al ser los perjuicios demandados absolutamente eventuales e
hipotéticos, además de indirectos e imprevistos; y alegó que, de considerarse
que existió incumplimiento de pagar el precio por parte de SQM, dicho
incumplimiento se encontraría justificado ya que la actora tampoco cumplió
con su obligación de entregar los documentos solicitados en la orden de
compra.
Sexto: Que la sentencia de primer grado, reproducida y confirmada
en esta parte por la de alzada, determinó que a través de la orden de

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compra Nº 300000346 las partes acordaron detalladamente la cosa y el
precio, materializando la celebración de un contrato de compraventa,
referido al bien denominado “Material 1-01 Thermoball Truck Stop”, por
la suma de $944.992.685.-, I.V.A. incluido. Asimismo, las especificaciones
técnicas de la cosa y las diversas etapas de entrega, así como el

procedimiento establecido para el pago del precio fueron especificados en la


orden de compra ya individualizada. Concluyó además que SQM Nitratos
finalizó unilateral e intempestivamente el contrato de compraventa recién
señalado, anulando la orden de compra sin dar oportunidad a su
contraparte de cumplir sus obligaciones, transcurridas apenas dos semanas
desde su suscripción, incumplimiento contractual culpable que generó
perjuicios a la demandante.
Sin embargo y pese a afirmar, además, la procedencia del ejercicio
autónomo de la acción de indemnización de perjuicios cuando resulta
imposible –como en el caso sub lite- la resolución o cumplimiento forzado
del contrato, desestimó
su resarcimiento, por considerar que no resultaba
posible establecer su cuantía.
S éptimo: Que ante tal decisión la demandante dedujo recurso de
casación en la forma y apelación, decidiendo el tribunal de alzada rechazar
el primero de los recursos y acoger la apelación solo en cuanto al daño
emergente. Para así resolver, ponderó el contenido del documento
consistente en la factura emitida por Cathay Import AS a EVT Consulting
S.p.A. por la suma de USD$304.620, con fecha 20 de enero de 2014, que
refleja los costos por documentación, materiales y trabajo consecuencial a la
intermediación que se materializó pese a la cancelación de la orden de
compra por parte de SQM, circunstancia que se encuentra corroborada por
los atestados de los testigos Stephen Fu y Tomás Talos.
Razona que la factura anotada constituye un crédito para Cathay en
contra de EVT, cuyo origen es el incumplimiento contractual de SQM, lo
que permite arribar a la conclusión de la existencia de los perjuicios
reclamados por concepto de daño emergente.
Octavo: Que, comenzando ya con el análisis del arbitrio anulatorio,
resulta lógico hacerse cargo, primeramente, del tercer capítulo de

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impugnación, pues mediante él se sostiene que la acción ha sido mal
interpuesta, ya que
–en síntesis- en el libelo pretensor se pretende una
indemnización por equivalencia de daños sin pedir el valor del objeto de la
obligación, sino solamente la reparación de los perjuicios patrimoniales
causados, falencia que en concepto del recurrente impide prima facie acoger
la demanda. Por ende, antes de entrar a analizar si, en la especie, se
configura o no el daño emergente reclamado, fundamento de los otros dos
capítulos de impugnación, debe elucidarse si resulta posible, en abstracto, la
formulación de la demanda en la forma propuesta por la demandante.
Noveno: Que la acción deducida en estos autos está referida a un
incumplimiento contractual de parte de la compradora y que la demandante
hizo consistir en que puso término intempestivo y unilateral al contrato de
compraventa de cosa mueble.
Frente a tal inobservancia, declarada ya culpable por los tribunales del
mérito, pidió ser indemnizada de perjuicios, como efecto y consecuencia de

dicho incumplimiento, señalando optar por demandar el cumplimiento por


equivalencia de la obligación incumplida por el demandado y la reparación de
los daños sufridos. Explica en su libelo que la indemnización de perjuicios que
se demanda equivale a lo que habría significado el cumplimiento oportuno de
la obligación, mas todos aquellos costos asociados a la fase precontractual, y la
desglosa en daño emergente y lucro cesante.
D écimo: Que, siendo un hecho de la causa que existió un
incumplimiento del contrato, corresponde entonces determinar si la actora ha
podido ejercer la acción indemnizatoria, como lo ha hecho, prescindiendo de
lo que dispone el artículo 1489 del Código Civil, que parece indicar que tal
acción no es autónoma, sino que debe siempre ir acompañada sea de la
petición de resolución contractual o bien de la exigencia de cumplimiento del
contrato. Como ya lo ha resuelto esta Corte en oportunidades anteriores (en
los ingresos 5898-2012 y 3325-2012, entre otros) y siguiendo la moderna
tendencia doctrinal, se estima que, en este caso y tal como acertadamente
resolvieron los jueces de la instancia, la demandante puede plantear su acción
de responsabilidad civil contractual de manera independiente a la de
resolución del contrato, pues esta demanda de daños y perjuicios en los

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términos que se han descrito, debe ser considerada como parte de lo que el
comprador debe en
“cumplimiento del contrato”, de acuerdo con los términos
del artículo 1489 del Código Civil.
Und écimo: Que, en el mismo sentido, no puede soslayarse que respecto
de la indemnización de perjuicios pura y simple, conforme a los principios
que integran el Código Civil, no se observan las particulares motivaciones que
podrían inducir a privar a un acreedor de la posibilidad de dirigir las acciones
en la forma y del modo como mejor se ajuste a sus intereses, desde el
momento que el derecho civil otorga a las personas el principio de libre
disposición de sus bienes y autonomía de la voluntad, todo lo cual lleva a
reconocer las mayores prerrogativas al momento de someter las pretensiones
al órgano jurisdiccional. Es así
como esta Corte Suprema ha reconocido la
independencia y autonomía de las acciones indemnizatorias, sean estas
moratorias o compensatorias, las que cualquiera sea la naturaleza del objeto
de la prestación, pueden impetrarse en forma exclusiva, desde el momento
que el legislador ha establecido su procedencia y la forma más usual de
interposición, pero no ha prohibido la que en mejor forma repare
integralmente el daño derivado del incumplimiento. En efecto, la acción
indemnizatoria no se encuentra ligada únicamente en sede contractual a la
resolución o cumplimiento forzado de lo pactado, puede entonces cobrar
identidad propia, como acción principal, aunque asociada a una de las
variantes referidas- resolución o cumplimiento forzado-, como a ninguna de
ellas, sin perjuicio que para ponderar esta pretensión resulta indispensable
vincularla con el hecho en que se le hace descansar.
Entonces, ante la entidad independiente que la ley prevé en general,
no existen razones para vincularla de manera determinante con cada una de
aquellas acciones de resolución y cumplimiento, como tampoco para
entenderla accesoria a las mismas. Y es que no debemos olvidar que en la
responsabilidad contractual, la indemnización cumple la función de colocar
al acreedor en la misma posición económica que tendría de haberse
cumplido el contrato y es así como cobra sentido la mención al
“cumplimiento por equivalencia” a que alude la actora en su demanda,
entendida como una reparación integral del acreedor. “La indemnización

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permite colmar toda aquella parte del interés del acreedor insatisfecho por
causa de incumplimiento, a la que los otros remedios no llegan o no pueden
llegar, permitiendo así la realización del interés del acreedor en la
prestación, afectada por el incumplimiento”
(Álvaro Vidal, La protección
del comprador: Régimen de la Convención de Viena y su contraste con el
Código Civil, Edit. Universitarias de Valparaíso, Pág. 198).

En suma, la opción ejercida por la acreedora de demandar


directamente la indemnización de los perjuicios derivados del
incumplimiento del contrato, se presenta entonces como un remedio
válido y propio de la autonomía indemnizatoria por incumplimiento
de un contrato bilateral, debiendo descartarse el acusado
quebrantamiento de los artículos 1545, 1672 y 1873 del Código Civil.
Duod écimo: Que, retomando el análisis, corresponde ahora hacerse
cargo del segundo capítulo de impugnación, afincado en la transgresión del
artículo 1698 del Código Civil. Como ya se adelantó, la recurrente sostiene
que en el fallo impugnado se habría vulnerado dicha norma pues no se
produjo prueba alguna que permitiera acreditar o presumir que la
demandante sufrió un perjuicio patrimonial efectivo, puesto que ésta
solamente acompañó una factura emitida por un tercero, sin probar que

dicha factura fuera efectivamente pagada. Por ende, al dar por establecida
la existencia de un daño que no fue probado por quién lo alegó, se ha
alterado el peso de la prueba.
A este respecto cabe recordar que el citado artículo 1698, cuyo inciso
primero dispone que incumbe probar las obligaciones o su extinción al que
alega aquéllas o ésta, constituye una norma reguladora de la prueba en
cuanto sienta las bases generales sobre las cuales se construye el onus
probandi y cuya infracción se configura únicamente en la medida que el
fallo modifique dicho peso probatorio, pues el precepto impone
imperativamente esta carga, como regla general, a quien alega la existencia
de la obligación o su extinción y la norma se contraviene cuando la
sentencia obliga a una de las partes a probar un hecho que corresponde
acreditar a su contraparte, esto es, si se altera el referido onus probandi.

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Dicho esto, debe desestimarse el recurso en cuanto está fundado en la
transgresión del artículo 1698 del Código Civil, ya que ésta, a la luz de los
antecedentes no ha ocurrido, puesto que el fallo no ha puesto de cargo del
demandado la prueba de la existencia del daño reclamado como
presupuesto esencial de la acción de responsabilidad contractual. Antes bien,
reconoce que compete a la actora probar la existencia de los perjuicios
patrimoniales que alega y estima como suficiente la prueba rendida por ésta
para tener por acreditado el daño emergente, en la forma que se señala en
sus motivos quinto y sexto. Y es así como se constata que el

cuestionamiento del recurrente no atañe, en realidad, a la distribución de las


cargas probatorias, y ni siquiera al proceso de valoración de las evidencias,
sino que ataca, finalmente, el ejercicio de subsunción de los presupuestos
fácticos al marco normativo aplicable, y más en concreto, al concepto
jurídico de daño emergente; dicho de otra forma, ataca la calificación
jurídica de los hechos. Sin embargo, la efectividad de tal denuncia debe ser
analizada a la luz del tercer y último acápite de casación, que impugna la
norma decisorio litis contenida en el artículo 1556 del Código Civil.

D écimo Tercero: Que corresponde entonces hacerse cargo de la


acusada contravención del artículo 1556 del Código Civil.
Recapitulando, la demandada aduce que la infracción se comete al
conceder la indemnización por concepto de daño emergente pese a no
haber existido en los hechos un desembolso efectivo o detrimento
patrimonial real, puesto que sólo se acreditó la existencia de una factura
emitida por un tercero, la cual no ha sido pagada por el demandante y que,
tal como expresamente reconoce la sentencia impugnada, sólo constituye un
crédito para Cathay en contra de la demandante EVT; factura que por lo
demás está prescrita, al haber transcurrido a la fecha más de cuatro años
desde su emisión.
D écimo Cuarto: Que del mérito del recurso y de lo consignado
precedentemente se desprende que la controversia queda radicada en la
existencia del daño emergente reclamado por la demandante. Más
concretamente, importa dilucidar si puede entenderse contemplado, dentro

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del concepto de daño emergente, un perjuicio consistente no en un
desembolso efectivo, sino en un crédito de un tercero en contra del acreedor
generado con ocasión del incumplimiento contractual del deudor.
D écimo Quinto: Que, en primer término, conviene precisar,
aunque parezca una obviedad, que el perjuicio o daño reclamado por EVT
no es la factura emitida por Cathay Import, sino la deuda de que da
cuenta, emanada de la relación causal subyacente entre EVT y Cathay, por
la cual esta última vendió suministros a la primera, incurriendo en una serie
de costos por documentación, materiales y labores de intermediación. Tanto
la labor desplegada por Cathay, como el valor cobrado por estos servicios a
EVT -la suma de USD$304.620- corresponden a hechos establecidos en la
sentencia y, como tales, inmodificables para este tribunal, al no haberse
denunciado en el recurso la vulneración de las norma reguladoras de la
prueba. Ahora bien, resulta también incontrovertido que a la fecha de
presentación de la demanda la actora no había pagado a Cathay la suma
indicada, situación que se ha mantenido durante el transcurso del juicio.
Incumbe dilucidar entonces si el crédito que posee Cathay en contra
de EVT, cuyo origen es el incumplimiento contractual de SQM Nitratos
S.A., puede ser considerado como un daño emergente.
Décimo Sexto: Que para emprender el análisis del arbitrio anulatorio
es conveniente recordar algunos conceptos desarrollados por la doctrina
tradicional en materia de daños.

En primer lugar, no debe olvidarse que los daños admiten distintas


clasificaciones. Así, por ejemplo, se distingue entre daño material y daño
moral, entendiendo el primero, en términos generales, como el menoscabo
que directa o indirectamente experimenta el patrimonio del acreedor a
consecuencia del incumplimiento del contrato, y distinguiendo dentro de este
rubro entre daño emergente y lucro cesante, conceptos que no se encuentran
definidos en la ley, pero que, dentro de la órbita de la responsabilidad
contractual, la doctrina ha estimado que el primero consiste en
el empobrecimiento real y efectivo que sufre el patrimonio del
deudor y, el

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segundo, lo constituye la utilidad que deja de percibir el acreedor por el
incumplimiento o cumplimiento tardío de la obligación.

El autor Pablo Rodríguez Grez conceptualiza el daño en materia


contractual, en términos generales, como “el menoscabo o detrimento real o
virtual que experimenta el patrimonio del acreedor como consecuencia del
incumplimiento de una obligación emanada de un contrato e inejecución de
la prestación convenida” (Pablo Rodríguez Grez, Responsabilidad
Contractual, Editorial Jurídica de Chile, 2005, Pág. 216) y precisa que el daño
emergente consiste en el detrimento patrimonial efectivo que experimenta uno
de los contratantes con ocasión del incumplimiento y, como todo daño, para
ser reparado debe ser cierto, no meramente conjetural, pero no se opone al
daño futuro o al virtual, siempre y cuando asista la convicción,
razonablemente adquirida, atendiendo al curso natural de las cosas, que este
daño se producirá en el porvenir.

Además, debe ser directo, esto es, una consecuencia inmediata y


necesaria del incumplimiento y –por regla general- previsible, entendido como
un resultado que es racionalmente posible representarse al momento de
contratar, lo que implica que en el ámbito de la responsabilidad contractual el
principio de restitutio in integrum – según el cual la indemnización ha de
comprender la suma que coloque a la parte que ha sido dañada en la misma
posición en que estaría si no hubiese sufrido el hecho dañoso por el cual
ahora está obteniendo compensación- sufre una grave limitación ya que, salvo
hipótesis de dolo o culpa grave, la víctima sólo obtendrá, como regla general,
reparación del daño directo previsto (Ramón Domínguez Aguila,
“Consideraciones en torno al Daño en la Responsabilidad Civil. Una visión
comparatista”. Revista de Derecho Universidad de Concepción, N° 188,
páginas 125 y siguientes).
Así, si no se imputa dolo al deudor, éste, acorde con el artículo 1558
del Código Civil, responde, en definitiva, de los perjuicios que son
consecuencia inmediata y directa del incumplimiento y que se previeron o
pudieron preverse al momento del contrato.

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Ahora bien, desde la perspectiva del moderno derecho de los contratos,
se analiza el daño indemnizable en función del interés protegido; ya sea un
interés positivo o de “confianza”, que implica colocar al acreedor en una
posición equivalente a si él no hubiese celebrado el contrato, e interés
negativo o de “expectativa”, que pone al acreedor en una posición como si se
hubiese cumplido el contrato (Indemnización y Resolución Por
Incumplimiento, Juan Ignacio Contardo González. Editorial Thomson
Reuters, año 2015, Pág. 300). Así, entiende la indemnización no como un
sustituto del cumplimiento o de la prestación prometida, sino como una
reintegración del acreedor a un estado anterior o ideal. Dicho de otra manera,
se centra en la indemnidad patrimonial del acreedor.

Décimo S éptimo: Que, como se anticipó, el recurso de casación


discurre sobre la base de una errónea consideración de la noción de daño
emergente, toda vez que la sentencia avalúa el detrimento patrimonial de la
demandante considerando un supuesto gasto en el que aquella no ha
incurrido y que, por ende, en opinión de quien recurre, no constituye una
verdadera disminución patrimonial.

Como se dijo, el daño emergente consiste en el menoscabo o


empobrecimiento real y efectivo que sufre el patrimonio de una persona a
consecuencia del incumplimiento del deudor.

Por su parte, el patrimonio puede ser entendido, en términos muy


generales, como un conjunto de derechos y obligaciones apreciables en
dinero. Esto implica que el análisis, para los efectos del daño indemnizable, no
puede agotarse sólo en la revisión del activo, puesto que el patrimonio
también se encuentra conformado por un pasivo, constituido por las deudas
de su titular. En tal sentido, no cabe duda que el monto adeudado a Cathay
Import ha acrecentado el pasivo social, y, en consecuencia, ha disminuido el
patrimonio neto, provocando un empobrecimiento real y efectivo en tanto se
trata de una deuda vigente y, como tal, un daño actual y cierto, pues consiste
en un perjuicio ya operado y subsistente en el patrimonio de la actora al
momento del pronunciamiento judicial y como tal constituye un daño
emergente que debe ser resarcido por el contratante incumplidor a fin de

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reestablecer el equilibrio entre las partes. En efecto, la sola circunstancia de
que la suma que se esgrime como perjuicio emergente aún no haya sido
desembolsada no le resta certidumbre, pues lo que importa es que no exista
duda sobre la existencia del daño, siendo esa certeza el presupuesto
indispensable para su resarcimiento.

Décimo Octavo: Que por lo demás, el concepto clásico del


patrimonio en cuanto atributo de la personalidad, ya entendido por Aubry y
Rau como “universalidad jurídica de bienes y deudas apreciables en dinero”
(Figueroa Yáñez Gonzalo, “El Patrimonio” pág. 28), se condice con la
interpretación antedicha en cuanto, como expresa Josserand, se trata de un
conjunto de valores pecuniarios, positivos o negativos, pertenecientes a una
misma persona y que figuran “unos en el activo y otros en el pasivo”. Y ello
ciertamente nos indica que –-incluso en la hipótesis de autos en que se trata

de un crédito aún no cobrado judicialmente— éste no por ello puede


ignorarse como daño o perjuicio real y efectivo, en cuanto incide

negativamente en el balance actual de los bienes y deudas apreciables en
dinero de la demandante, cuya indemnidad patrimonial ha resultado
lesionada por la generación de una deuda cuya solución se encuentra
pendiente.

Décimo Noveno: Que, en consecuencia, se advierte que los


juzgadores no han infringido el artículo 1556 del Código Civil al condenar a
la demandada al pago de la suma que señalan por concepto de daño
emergente, ya que en el caso que se analiza es evidente que el crédito que
posee Cathay Import en contra de la demandante corresponde a un daño
emergente, cierto y actual, cuya causa es imputable a la recurrente, que se
trata de un perjuicio previsto al tiempo de celebración del contrato de la
especie y directamente asociado al incumplimiento. Tal daño es cierto pues su
existencia es innegable, y acarrea un empobrecimiento patrimonial real y
efectivo que ha sufrido la demandante, que debe ser resarcido por el
contratante infractor.

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Vig ésimo: Que, de acuerdo a lo razonado en los considerandos
precedentes, el recurso de casación en el fondo será
rechazado en todos sus
extremos.
Por estas consideraciones y visto, además, lo dispuesto en las normas
legales citadas y en los artículos 765 y 767 del Código de Procedimiento
Civil, se rechazan los recursos de casación en la forma y en el fondo
deducidos en lo principal y de fojas 562 por el abogado Jorge Vial Álamos,
en representación de la parte demandada, en contra de la sentencia de trece
de noviembre de dos mil diecisiete, escrita a fojas 555 y siguientes.
Regístrese y devuélvase.
Redacción a cargo del Abogado Integrante don Antonio Barra R.
Rol N° 8596-2018
Pronunciado por la Primera Sala de la Corte Suprema por los Ministros Sr.
Guillermo Silva G., Sra. Rosa Egnem S., Sr. Juan Fuentes B., Sr. Arturo
Prado P., y Abogado Integrante Sr. Antonio Barra R.
No firma el Ministro Sr. Prado, no obstante haber concurrido a la vista y
acuerdo del fallo por estar con permiso.

GUILLERMO ENRIQUE SILVA


GUNDELACH ROSA DEL CARMEN EGNEM SALDIAS
MINISTRO(P) MINISTRA
Fecha: 30/01/2020 11:15:41 Fecha: 30/01/2020 13:26:01

JUAN EDUARDO FUENTES BELMAR


MINISTRO ANTONIO BARRA ROJAS
ABOGADO INTEGRANTE
Fecha: 30/01/2020 13:26:02 Fecha: 30/01/2020 13:14:32

NSWZXGHPFD
Autoriza el Ministro de Fe de la Excma. Corte Suprema

JORGE EDUARDO SAEZ MARTIN


MINISTRO DE FE
Fecha: 30/01/2020 13:57:50

En Santiago, a treinta de enero de dos mil veinte, notifiqué en Secretaría por


el Estado Diario la resolución precedente.

JORGE EDUARDO SAEZ MARTIN


MINISTRO DE FE
Fecha: 30/01/2020 13:57:51

Este documento tiene firma electrónica y su original puede ser


validado en http://verificadoc.pjud.cl o en la tramitación de la causa.
En aquellos documentos en que se visualiza la hora, esta
corresponde al horario establecido para Chile Continental. NSWZXGHPFD

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