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Conversaciones de Disforia

Este documento presenta un diálogo entre dos personajes, ÉL y ELLA, donde ÉL intenta convencer a ELLA de no salir con otros hombres y volver con él. ÉL cuestiona los motivos y planes de ELLA para quedar con un hombre que conoció en un bar recientemente. A pesar de las objeciones de ÉL, ELLA decide enviarle un mensaje al hombre para quedar a cenar. Al final, ambos personajes reciben una llamada del mismo número telefónico y mantienen una conversación similar.
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Conversaciones de Disforia

Este documento presenta un diálogo entre dos personajes, ÉL y ELLA, donde ÉL intenta convencer a ELLA de no salir con otros hombres y volver con él. ÉL cuestiona los motivos y planes de ELLA para quedar con un hombre que conoció en un bar recientemente. A pesar de las objeciones de ÉL, ELLA decide enviarle un mensaje al hombre para quedar a cenar. Al final, ambos personajes reciben una llamada del mismo número telefónico y mantienen una conversación similar.
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Guiones Más recursos

Disforia
Ángel Serrano Laguna - 2018

Escena 1
ÉL y ELLA están sentados en dos butacas,
enfrentados. La butaca de ÉL es cómoda.
La de ELLA, no tanto.

ÉL: Ya no sé ni cuantas veces hemos


hablado de esto. Pero si repasar los
pasos sirve para recordarte por qué
nunca va a funcionar...

ELLA: Una palabra muy de!nitiva.


Nunca.

ÉL: Nunca con una persona normal.


Con alguien como tú la historia
cambia. Digo nunca re!riéndome a
gente que no es como tú. Que es de
lo que estamos hablando, ¿verdad?

ELLA: Ajá.

ÉL: No quiero imponerte mis


conclusiones. Seré objetivo. Como
siempre. Empecemos: ¿cómo le
conociste?

ELLA: En un bar.

ÉL: Oscuro. Imagino.

ELLA: Era oscuro, sí.

ÉL:

¿Y?:

ELLA: Nada. Estaba pidiendo una copa


en la barra y él se puso a pedir a mi
lado. Me miró, dijo algo que no oí y
después se rió. Y empezamos a
hablar. Nada del otro mundo,
tonterías sin sentido. Una
conversación como las que teníamos
no hace tanto.

ÉL: Ojalá aún las tuviéramos.

ELLA: Me dio su número y quedamos


en escribirnos para quedar. Y regresó
con sus amigos.

ÉL: ¿Cuánto duró la conversación?

ELLA: Tres o cuatro minutos.

ÉL: ¿Era guapo?

ELLA: No especialmente.

ÉL: ¿Ingenioso?

ELLA: No especialmente.

ÉL: ¿Y te ha escrito?

ELLA: No.

ÉL: Vale. El punto de partida no es


ideal, aunque los datos que me das no
son necesariamente malos. Ahora.
¿Qué quieres hacer?

ELLA: Escribirle.

ÉL: ¿Escribirle el qué?

ELLA: Había pensado algo casual.


Mencionar alguna de las cosas de las
que hablamos en el bar.

ÉL: ¿Y si responde? Bueno. Reformulo.


Porque de los tíos se espera siempre
que respondamos. ¿Qué vas a hacer
cuando conteste?

ELLA: Hablar con él.

ÉL: Ver qué pasa.

ELLA: Y si la conversación va bien,


intentar quedar con él.

ÉL: Te falta un paso: asegurarte de que


no esté loco. Entiendo que te lo
saltes. La desesperación no te permite
pico !no y hay mucho mito sobre las
psicopatías de nuestro género, sin
contar que que esté loco podría ser la
única manera.

ELLA: La única manera.

ÉL: Ojalá no hubieras acabado


conmigo.

ELLA: Ojalá no tuviera que haber


acabado contigo.

ÉL: ¿Y si dice que sí? ¿Y si logras


quedar con él?

ELLA: Pues me pondré el vestido e iré


donde hayamos quedado.

ÉL: Te recomiendo quedar por la


noche.

ELLA: Esa era mi idea.

ÉL: ¿Dijiste que no parecía


especialmente ingenioso?

ELLA: Sí.

ÉL: De acuerdo. Digamos que


consigues llegar al !nal de la cita.
¿Cuál es tu plan a partir de ahí?

ELLA: No lo sé. Volver a casa.

ÉL: ¿Volver a casa?

ELLA: Sí.

ÉL: ¿Sola?

ELLA: Sí.

ÉL: ¿Y esperar a la siguiente cita?

ELLA: Sí.

ÉL se levanta de su cómoda butaca. Se


acerca a ELLA.

ÉL: ¿Y si en la siguiente cita te quiere


llevar a un restaurante lleno de
gente?

ELLA: Pues iré.

ÉL: ¿Y si quiere llevarte a su casa? ¿A


su cama?

ELLA: Calla.

ÉL: ¿Y si quiere llevarte a pasar la


tarde con sus amigos?

ELLA: Calla.

ÉL: ¿Y si te quiere llevar a casa de sus


padres?

ELLA: ¡Calla!

ÉL vuelve a sentarse en su butaca.


Satisfecho.

ÉL: Solo verán a un maricón.

ELLA: Solo verán a un maricón.

ÉL: Es incluso peor. No me vas a


comparar. Cuando éramos un
maricón era gloria bendita. Lo que
tienen los maricones no lo van a
tener los tuyos en tu puta vida.

Silencio.

ÉL: Podrías volver.

ELLA: No podría.

ÉL coge la entrepierna de ELLA.

ÉL: Técnicamente, podrías.

Silencio.

ÉL: Es solo dar un paso atrás.

ELLA: No.

ÉL: Piensa en papá. Daría saltos de


alegría. Aunque tuviera que quedarse
con el maricón.

Silencio.

ELLA: Voy a escribirle.

ELLA saca su móvil y teclea. ÉL se


levanta bruscamente y sujeta la muñeca
de ELLA, antes de que envíe.

ÉL: No.

ELLA: (Zafándose de ÉL.) Sí.

ELLA envía el mensaje.

Pasa un tiempo indeterminado.

Comienzan a sonar dos teléfonos


idénticos. Uno, en el bolsillo de ELLA.
Otro, en el bolsillo de ÉL. Los dos
contestan a la vez.

ELLA: Hola. Nada, acabo de llegar del


curro. Iba a empezar preparar algo de
cena. No sé el qué, porque tengo el
frigorí!co vacío. ¿Y tú?

ELLA recibe una explicación desde el otro


lado del teléfono.

ÉL: ¿Y dónde está ese sitio? Que


cuando he dicho que tenía el frigo
vacío es una forma de hablar. Puedo
cenar cualquier cosa.

Desde el otro lado del teléfono dan


indicaciones.

ELLA: Sí, está cerca de mi piso.


Podemos quedar a cenar, si dices que
la comida es buena.

ÉL: Pero sólo tú y yo, ¿no?

Niegan desde el otro lado.

ÉL: ¿Ése es tu amigo del cole o el del


trabajo?

Dan respuesta.

ÉL: No sé, ahora que lo pienso tengo


que ducharme y prepararme... La
verdad es que después de todo el día
en la tienda no me apetece mucho
ver a gente. Y si además tú ya habías
quedado con tu colega no quiero
meterme en medio.

Protestan.

ÉL: Que no, que lo sé... pero no me


apetece de verdad.

Lamentan.

ELLA: Pero este !n de semana


quedamos, de verdad. Podemos ir al
cine.

ÉL: Los dos solos.

ELLA: Y después cenamos. Te escribo.


De acuerdo. Gracias. Hablamos.

Cuelgan. ÉL y ELLA se miran.


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