0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 170 vistas11 páginas01 Cordero. La Dinámica de La Polis en Heráclito
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UMERSIOND de BUENOS AES
WSHTUID OF FILOSOFIA
PacuLrao of
FiLosoria Y LETRAS
LA DINAMICA DE LA POLIS EN HERACLITO
Por Néstor Las Cordero *
NA afirmacién que ya no admite réplicas en el campo de la historia
del pensamiento antiguo es la que sostiene que el origen de la
filosoffa es inseparable de la estructuracién definitiva de la polis’.
Antes de que el pueblo griego forjase ese tipo de organizacién carac-
terfstica que conocemos genéricamente con cl nombre de “polis”, no
tiene sentido indagar Ia posible existencia del pensamiento filoséfico,
al menos tal como se lo entiende en Occidente. No obstante, quedan
atin algunos problemas sin resolver, entre ellos, el nivel de incidencia
de las miltiples estructuras basicas de la polis (sus cuerpos de gobierno,
clases sociales, legislacién, organizacién econdmica, necesidad de fun-
damentar las medidas de gobierno ,valoracién del diélogo como instru-
mento de comunicacién social, ete.) en el surgimiento del pensamiento
filos6fico; pero la relacién de filiacién —incluso ante una visién me-
ramente cronolégica— resulta hoy indiscutible. Esto no significa pos-
tular que todo sistema filoséfico trasunte su cardcter “politico” —es
decir, su inspiracién en Ia realidad de su polis respectiva, 0 su deseo
de sugerir pautas que regulen en cierta direccién la convivencia social.
La tarea del investigador consiste, en este dmbito, en desentrafiar esta
relacién entre la reflexion filoséfica y su contexto de origen, no sélo
en aquellos autores que manifestaron en forma explicita sus intereses
politicos —algunos de los cuales, como Platén o Akistételes, dedicaron
gran parte de su obra al tema en cuestion— sino también en pensadores
en los cuales est problemética parece quedar relegada a un plano
secundario o directamente no se le percibe, como es el caso de Par-
ménides 0 Empédocles?.
El autor que motiva el presente andlisis est4 ubicado entre ambos
extremos. En efecto; el anecdotario atribuido a Herclito abunda en
* Miembro de a Carrera de Investigador del,Consejo Nacional de Investi-
gaciones Cientificas y Técnicas.
1 Cf. Venwanr, J. P., Mythe et Pensée chez les Grecs, Maspero, Paris, 2° ed.
1971, vol, 11, p. 124; Lior, G. E.R, De Toles a Asistételes (tit. or. Early greek
science), trad. de C. E. Gondell, Eudeba, Buenos Aires, 1973, p. 32 ss.
2 No obstante, se atribuye a Parménides haber redactado las eyes de Elea
(Didgenes Laercio, IX, 23), y a Empédocles una ferviente defensa de In demo-
qacia en contra de Jas tendencias tirdnicas de los Mil (D. L., VIII, 68).
15NESTOR LUIS CORDERO
referencias a su ingerencia en los asuntos politicos de su ciudad,
Efeso®; en su obra, en cambio, Ia problemitica social parece un tanto
secundaria, e incluso In terminologia “politica” brilla por su ausencia:
en los fragmentos que quedan de su tratado encontramos s6lo en tres
ocasiones el término nomos (ley) (fr. 144, 44 y 33), dos veces el tér-
mino polis (fr. 114y 121), y una sola vez In palabra demos (pueblo)
(fr. 44). No obstante, ya en varios comentadores clisicos figuran tes-
timonios de Ia relevancia que tuvieron los problemas politicos en el
pensamiento de Herdclito: Diodoto, en el siglo 1 [Link]. sefialé que el
verdadero tema del tratado de Herdclito habia sido la polis, y que sus
afirmaciones sobre Ja physis eran sélo metéforas o ilustraciones de su
pensamiento politico‘. Y Diégenes Laercio, si bien en forma menos
extrema, también bab{a reconocido el interés de Herdclito en los asun-
tos politicos, pues, segin él, su libro habria comprendido tres partes,
dedicadas respectivamente al cosmos, a Ia polis y a la teologia ®. Lo cier-
to es que ambas afirmaciones quizé respondiesen a In realidad del
conjunto de Ja obra de Herfclito, pero no resultan muy justificadas
ante los fragmentos de la misma que hoy poseemos, Con todo, inten-
tamos desentrafiar la concepcién heraclitea de la polis para compa-
ginarla con el sistema total = su pensamiento, aunque con los riesgos
consiguientes para quienes se aventuran en un terreno fragmentario y,
por ende, hipotético y conjetural en grado sumo.
Como punto de partida de nucstro andlisis utilizaremos el frag-
mento més significative entre los ya mencionados, el 114: “los que
hablan con inteligencia deben fortalecerse en lo comin a todos, como
la polis en el nomos, y mucho més fuertemente; pues todos los nomot ®
humanos se alimentan del nomos divino Gnico; éste domina cuanto
desea, basta para todos, y niin sobra”’. El texto de este fragmento ha
sido conservado por Stobeo (en Florilegium, I, 179) y reviste una
importancia capital, pues es In primera vez que figura una referencia
cscrita al concepto de “ley”®: Ia fuerza de la polis reside on el nomos
(ley) (el cual, a su vez, deriva de un tnico nomos divino), ast como
cl poder de quicnes tienen intcligencia se basa en algo que es “comin
a todos”. Para aclarar el verdadero alcance de esta analogia, conviene
8 Segin Clemente (Strom, 1, 65) permiadi6 al tirano Melancoma. ade
ner su. mandato; segin Estrabén, escribio leyes para los romanoy (XIV, 25)" y,
fexin Temistio, nconsej6 sobriedad a sus conctudadanos (De virtute, 45). Oh tars:
biea'Platarco, De gorr. 17, SI1b. Curiosamente, habria sido su excesiva_preocups.
clén por el buen goblemo de In polit lo que to habrin alejedo, desilusionad de
la polls de su tiempo, de_una praxis efectivn (cf, Diégenes taerco, 1X. 2-3),
4 Didgenes Laerclo, IX, 15.
© Didgenes Laercio, 1X, 5.
1 Deh de ade Cf TS1
mos’ de lado el fr. 121 ‘pucs, si bien en él figura el término “polls”
se trata simplemente de ‘une reference local a le clodad’ ‘de Bfesor Por cng!
me ch Teese, W. The theology of the ety areek her
f Javoen, W., The theology of 20
binson, Oxford, 2 ed’, 1967, p. 115. Ce a een
16LA DINAMICA DE LA POLIS EN HERACLITO
distinguir as cuatro afirmaciones u observaciones que integran este
fragmento: (a) hay una relacién entre el hombre que posce inteligencia
(puesto que “habla” sensatamente) y “Io comin’; (b) hay una relacién
entre I polls y el nomos; (c) hay una dependencia de los nomoi
humnnos respecto del nomos iinico; y, finalmente, (d) este nomos tinico
es divino. Estas cuatro afirmaciones permiten distinguir dos niveles
dentro del mismo fragmento: uno, que comprende los puntos (a) y
(b), y que contiene Ia verdadera “ensefianza” transmitida por este
pasaje: es una exhortacién a adecuar la conducta humana inteligente
a las pautas que fija “lo comin”, asi como la polis tiene su base de
sustentacién en el nomos. Esta analogia tiene la forma de una propor-
cidn: gente sensata: Jo comin : : polis: nomos. El segundo nivel que
distinguimos en este fragmento es aclaratorio del primero. Esté inte-
grado por los puntos (c) y (d), mediante los cuales se establece de
qué modo los nomoi humanos estin relacionados con el nomos Gnico,
y qué caracteres especiales posee este ultimo. Esta divisién respeta
objetivamente Ia estructura conceptual del fragmento. No obstante, a
los efectos de nuestra tarea inmediata (encaminada.a desentrafar el
alcance politico de la afirmacién heraclitea) nos resultaré mas adecuado
trazar una divisién entre (A) un piano filoséfico general, integrado
sélo por la afirmacién (a), y (B) un plano referido exclusivamente
ala tematica que nos ocupa, que retine el contenido expuesto en (b),
(c) y (d).
EI plano que hemos denominado A se estructura alrededor de un
concepto central en el pensamiento de Herdclito: lo comin. La dialéc-
tica que Herdclito establece entre aquello que es comin y su opuesto,
lo particular o privado, y que resultaré decisiva para explicar su con-
cepcién de la dindmica social, se basa en Ia aceptacién o en el rechazo
del verdadero sentido de Ja realidad, es decir, en la captacién o en
el desconocimiento de la verdad que Hericlito proclama (y que res-
cata, segin su autor, la genuina “formula” el cosmos). Basta poseer
inteligencia (phrdnesis) 0 entendimiento (nous) para captar aquello que
es comin a todos®, y ello es posible porque “la inteligencia es comin”
(fr. 113). No obstante, hay quienes son incapaces de acceder al sentido
de la realidad. Son aquellos que “viven como si tuviesen una intell-
gencia privada” (fr. 2). En este sentido, la falta de inteligencia los
reduce al estado de autématas (“los que no saben, aunque presentes,
estén ausentes”, dice el fr. 34) que poseen un mundo privado, inco-
tmunicado y cerrado, similar al a quien se encuentra dominado por
el suefio (“los despiertos tienen un mundo tinico comin; los que duer-
men, en cambio, se refugian en un mundo particular”, fr. 89)*°. Opuesto
® El genitivo “todos” as ambiguo: puede referirse a todas Ins cosas (en
qzgamae teri de fae neuto) 0 & todos los hombres (musculino)._ A log
nuestro at iferencia. importancia, “cosas”
de In polls se confundirian ‘con sur bebitantes, on
10 Siglos después, en el estoico Himno @ Zeus atribuido a Cleantes, reapa-
WwNESTOR LUIS CORDERO
unbular a cicgas, que a jo sumo llega a forjar: “opiniones
(suatees juegos ‘de nifos”, fr. 70)" se encuentra la fortaleza
que lo comin conficre a quienes se cxpresan sensatamente, como dice
el comienzo del fr. 114. Por ello es necesario “seguir lo comin” (fr. 2).
El concepto de “lo comin” apunta en forma directa al niicleo cen-
tal de la filosoffa de Herdclito: lo que es comiin es el logos (“...aun
siendo el logos comin...”, fr. 2). En tanto ordenador de Ia realidad
(pues “todo sucede segin este logos”, fr. 2), el logos es inteligible y
ello, en definitiva, la actividad racional del hombre se agota en
la captacién del logos. Incluso podemos afirmar que tanto la inteli-
gencia como el entendimiento son representaciones de! logos en cl
Ambito del conocimiento, y otro tanto ocurre con su sinénimo gnome
(criterio, razén), que, segiin el fr. 41, y al igual que el logos, “gobicrna
todo a través de todo”. Sobre Ja base de esta generalidad que posee
el logos podemos afirmar con pleno derecho que Ia exhortacién
tenida en el nivel A del fr. 114 est& dirigida a la necesidad de remitir
el pensamiento individual a In totalidad del logos, que es la tinica
‘norma universal.
EI nivel B se desenvuelve cn el plano exclusive del nomos, pero
los elementos aportados por el andlisis precedente permiten aclarar el
por qué de esta omnipotencia del nomos: en tanto legislador del acon-
tecer césmico, el nomos divino se identificn con el logos; 0, mejor aun,
es el aspecto del logos que tiene por funcién la regulacién del devenir
de Ia realidad. Precisamente porque este nomos es divino, es inagota-
ble, Ello le permite “alimentar” a los nomoi propios de cada ciudad,
sin disminuir por ello su caudal 2, pues actia como un principio
trascendente, ubicado en un nivel jerérquicamente superior #*. Vale
decir que, gracias a la mediacién que ejercen los nomoi particulares, la
polis esth estructurnda sobre In base del unico nomos divino: el logos.
Llegamos asi a un problema crucial en el pensamiento de Hericlito
y que, a nuestro juiicio, no ha sido percibido con claridad por la mayor
parte de sus comentadorcs: In necesidad de preguntarse por el con-
tenido del logos heraclitco. Querenios decir lo siguiente: sea cual fuere
el significado que se otorgue al término “logos” (sentido, ley, palabra,
ecerh una concepeién similar: “...ni ven ni entienden In ley comin del dios;
si Ia obedecieran con inteligencia, tendrian una vida feliz” (24-5).
ALA este respecto, el andlisis de Hericlito es idéntico al de Parménides:
Jos hombres, privacos del nous como criterio, deambulan “sordos y ciegos, estu-
pefactos” (Parménides, fr. 6.7).
12 Como observa Kirk (Heraclitus. The cosmic fargments, Cambridge 21 ed.,
1962, p. 53) en 11.21.195 se utiliza el mismo verbo (trepho) para referirse ai
ookano, fuente inagotable de rios y mares.
48'Es el mismo tipo de trascendencla que existe en Anaximandro entre lo
dpeiron y las demés realidaces, que son ontelégicamente inferiores, como afirma
Bavur, D. (en “Le divin et tes dieux dans la pensée d’Anaximandre”, Revue det
Etudes Grecques, LXXXV, 404-5, 1972, p. 11).
18LA DINAMICA DE LA POLIS EN HERACLITO
formula, etc.)!*, se trata siempre de un término vacio de contenido, es
decir, carente de una significacién conceptual concreta. A Jo sumo,
ofrece una pauta explicativa general, pero imprecisa. Afirmar que la
realidad posee un cierto logos implica sostener, plo, que tiene un
cierto sentido, que obedece a determina legalida y ello, en términos
muy generales, significa que la realidad no se rige por el azar o por la
casualidad. Pero nada més, Para que Ia explicacién resulte realmente
significativa debe aclararse en qué consiste ese sentido, cual es esa
Igealidad. Es decir: debe explicitarse el contenido del logos en
cuestion '.
A este respecto, es interesante sefialar que el término “logos” de
por s{, no ocupa un lugar privilegiado en los fragmentos que han Ile-
gado hasta nosotros del tratado de Herdclito '*, Sélo cuando se refiere
a determinado logos, es decir, cuando detalla su contenido, lo asume
como su aporte a la historia del pensamiento. Ya no se trata, entonces,
de EL logos, como suele afirmarse, sino de un logos determinad
ESTE logos, que es el que afirma el contenido que Herdclito nos trans-
mite y que suele ser desoido, aunque todo esté regido por él (“aunque
este logos existe siempre, los hombres parecen ser incapaces de com-
prenderlo. .. aunque todo sucede segiin este logos. ..”, fr. 1). Y cuando
Herfclito critica a quienes descuidan al logos, sefiala concretamente
que se trata de un logos especial: “aquel con el que estén en trato
continuo” (fr. 72), pues es el que gobierna todo, como aclara el co-
mentador Marco Antonino (1V.48).
La tarea consiste, entonces, en formular el contenido de “este”
logos, al decir del fr. 1. Para ello debemos colocarnos en el lugar del
destinatario del mensaje heracliteo, y “escuchar” !? lo que el logos
afirma. Asi captaremos su significado: “escuchando no a mf, sino al
logos, es sabio convenir en que todo es uno” (fr. 50). Este es el mensaje
del logos heracliteo; éste es el logos que, si bien existié siempre (fr. 1),
14 Gurnme, W. K. C. (A history of greck philosophy, Cambridge, 1962,
vol. If, p. 420-4) distingue once usos principales.
38 Pe, no basta con afirmar que los cuerpos caen en el yacio en virtud.
de una ley: bay que consignar que se trata de la ley de gravedad, y formulasla.
36 De tos diez fragmentos (sobre un total de 127, en Ia recopilacién de
Diels-Kranz) en que figura el término "logos", s6lo en cuatro (fr. 1, 2, 50 y 72)
se puede afirmar inequivocamente que Hericlito se refiere a su propia explicacion
de In realidad. En los dems casos se trata de usos corrientes del término.
Pe, en los fr. 87 (“el hombre necio habitualmente se asombra ante cualquier
logos") y_ 108 (“de cuantos he escuchado logo. ..”) significa “discurso” 0 “razo-
namiento” (incluso, “palabra”); en los fr. 31 (“ia tierra se mide con el mismo
logos..."), 45 ("...tan_profunde es su logos"-sc, del alma) y 115 (“el alma
ene un logos que se sumenta a si mimo) a “medida” o “razin” (en
sentido matemético), y, finalmente, en el fr. 30 (“Biat, cuyo logos we
ef de Tos dems") ‘significa “ame”, Srenomine’. ere
captaci logos (quizh como consecuencia de su raiz etimolégica
“Iéguein", “decit") parece ser fundamentahnente auditiva, En el fr. 1 so habla
dle qulenes no comprenten al logos ni antes de haberlo ldo ni después de haber:
lo escuchado.
19NESTOR LUIS CORDERO
algunos hombres se niegan a reconocer: la wnidad de la multiplicidad.
Esta estructura intima de Ia realidad, gracias a In cual “de todo (sur-
ge) uno, y de uno, todo” (fr. 10), tiene la forma de una conexién
arménica que subyace bajo cl aparente caos de los cambios y de la
multiplicidad de los objetos sensibles. La imagen de esta unidad es el
fuego, que borra toda diferenciacién entre los materiales que entran
‘en combustién, y pone en evidencia Ja realidad dnica de fa lama '*.
Si se hace necesaris una imagen es porque Ja estructura bAsicn (physis)
de la realidad no se pone de manifiesto en forma evidente, sino que
sucle permanecer oculta (como se observa en el fr. 123). Sélo quienes
tienen acceso a la explicacién de cada cosa segiin esta physts (fr. 1)
se evaden de Ja clase de los que tienen “almas barbaras” y que, por
ello, no pueden confiar en sus sentidos (fr. 107): participan asi del
universo comin y abandonan sus visiones particulares y somnolicntas
(fr. 89).
E] sentido (= logos) de la realidad es la unidad de la multipli-
cidad. Esta unificacién de los elementos dispcrsos y heterogéneos no
€s azarosa, sino arménica, En otros términos: lo mtltiple est armo-
nizado. En esta armonia reside la unidad de la multiplicidad, y, en
tanto representa la estructura bisica de Ia physis, escapa, como ésta,
a Ia percepcién inmediata: “la armonfa invisible es ms valiosa que la
evidente” (fr. 54). Nada debe quedar fucra de esta armonia; todo debe
encuadrarse dentro de los limites que ella fija®, La extralimitacién
destruye In armonia y por ello, como dice cl fr. 43, “debe combatirse
mAs que un incendio”. Pero no debe concluirse de lo ya sefialado que
esta multiplicidad que sc unifica arménicamente esté integrada por fac-
tores cualitativamente neutros. La armonia se establece entre elementos
opuestos. Ello es lo que asegura, por otra parte, que no haya “extrali-
mitaciones”: cada opuesto presiente hasta dénde debe llegar sin des-
truir la armonta, ¥ es precisamente esta colisién entre opuestos la que,
al igual que en los polos de un imén, asegura la cohesién. La tensién
hacia afuera que ejerce In madera de un arco se combina con Ia. pre-
sién hacia adentro que ponc en estado tenso a Ia cucrda, y en virtud
de Ja armonfa entre Ias dos fuerzas opucstas se puede hablar de la
physis del arco (cf. fr. 51). As{ como sin esa armonfa entre tensiones
no habria més que un trozo de cuerda y una madera, pero no un
arco, sin Ja armonfa entre elementos opuestos serfa imposible hablar
de Realidad: sélo habria un caético entremezclarse de elementos hete-
rogéneos, sin orden y sin ritmo, scmcjante a In materia brutn antes de que
el nous la estructurase en el Timeo platénico ®°, Esta es la esencia de
48 Contra esta interpretacién alegéricn del fuego heracliteo, cf. la tesis de
Moxporro en Zeutxa-Monvotro, La filosofla det Greci, parte 1, vol. IV, Flo-
rencia, 1961, p. 74, que queda resumida en estos términcs! “no caben dodas de
que coe (sc., In sustancia real bisica del mundo) fuese el fuego para.
38 CE. el fr. 84: “EI Sol no ti dirk didas. .
20 Cf. Platén, Timeo, 50 Q ‘salina iioLA DINAMICA DE LA POLIS EN nERACLITO.
a doctrina hernclitea: la regularidad y el orden como producto de una
armon(a de tensiones opuestas. El cratiliano panta rhel, como ya de-
mostrara Reinhardt cn {42 *, nada tiene que ver con Ia unidad de lo
miltiple proclamada por Herdclito **.
La armonizacién de los opuestos los unifica. Pero estos opucstos
tienen una existencia auténoma como tales, antes de que se produzca
Su armonizacién? Puesto que lo real sélo se da en tanto el logos lo
unifica, y en esa etapa los elementos contrarios han dejado de tencr
este caracter, gno sert un defecto de la “inteligencia privada” de los
hombres el querer ver opuestos donde en realidad no los hay? El pro-
blema supera los Iimites de nuestro escueto trabajo e incluso podemos
afirmar a priori que el material que se conserva en los fragmentos de
Heréclito resulta insuficiente como para aventurar una respuesta defi-
nitiva, El fr. 60, segin el cual “el camino hacia arriba y hacia abajo
son uno y el mismo’, al igual que los fragmentos del rfo (cf. nota 22),
resaltan Ja unidad antes que Ja diferenciacién: serfa el “caminante”
el que calificaria al camino —que es uno solo— con adjetivos opuestos
segin el trayecto a emprender. Del mismo modo, todos los puntos que
conforman una circunferencia son iguales y cualquiera de ellos, con-
vencionalmente, puede calificarse como “comienzo” o “fin” de la mis-
ma (fr. 103). Algo similar muestra el fr. 57, en el cual Herdclito
critica a Hesfodo por haber distinguido entre el dia y la noche, cuando
en realidad ambos son una misma cosa (“momentos del tiempo”,
drfamos decir hoy); y, en esta misma direccién, encontramos la ali
macién més radical ain del fr. 67, segén la cual los opuestos silo
serian manifestaciones de Ja realidad divina tnica (“Dios es dia y
noche, invierno y verano, guerra y paz, saciedad y hambre, todos los
opnestos....”). Por ultimo, en el fr. 102 leemos que “pare Dios todas
las cosas son bellas, buenas y justas; para los hombres, en cambio,
algunas cosas son justas, otras injustas”. No obstante, de afirmacioncs
como las enunciadas no podemos concluir directamente que para He-
raclito sea el hombre cl “creador” de los opuestos, y, por el momento, la
cuestién permanece abierta. En todo caso, debemos estar prevenidos
para no dejarnos engafiar pon lo que las cosas parecen ser (como dice
el fr. 56 que le ocurrid a Homero): detrés de la aparente multiplicidad
esté la unidad, producto de la armonfa, y la inteligencia, que es comin,
debe captar esa realidad comin.
Para concluir esta vision panordmica de ciertos aspectos del sis-
tema heracliten, y antes de ver cémo responde Ia polis, en tanto mi-
21 En “Heraklits Sehre vom Feuer”, Hermes, 3042, p. 18.
22 aco queda de los tres conocides ragmentos del rio (12, 490 y 91), der
pués de Ia documentada critien de Kirk, para quien el nécleo central de fa
Mlegoria es Ia ‘permanencia y In identidad del rio. a pests de los cambios con-
tinvos (op. cit,, p. 366). Al respecto, obsérvese que en lor tres fregmentos al
‘sustantivo ‘rfos” est unido el término “mismo”: “a quienes ingresan en Ins mismos
alos...” (fr. 12); “en los mismos los entramos y no entramos...” (fr. 492);
‘no es posible entrar dos veces en el mismo rio” (fr. 91).
21NESTOR LUIS CORDERO
crocosmos, a este esquema general, debemos hacer referencia al motor
de esta dialéctica que eva a los opuestos a unificarse. Los clementos
disimiles se armonizan, pero a pesar suyo. Por esta razén, Ja unidad
es el resultado de una lucha: la armonfa se engendra gracias a Ja dis-
cordia (como dice el fr. 8), y como todo en la realidad est& sujeto
a esta armonizacién forzosa, “es necesario saber que la guerra es comtin’
(fr. 80). En efecto: como fos opuestos estén en guerra, y consecuencia
de esa guerra es Ja armonia final, si desapareciera Ja guerra, desapa-
receria‘la armonia y cada elemento recobraria su individualidad, como
ocurre con el cycedn cuando no se Jo agita (fr. 125). Por cllo, como
dice el fr. 9a, Homero estaba equivocado cuando preconizaba Ia paz.
Sin Ja guerra, la realidad estaria sumida en Ja anarqula, pues ella es
“padre de todas las cosas y rey de todas las cosas” (fr. 53).,
¢De qué manera se inserta la polis en esta dindmica, universal?
A través de sus nomoi. El logos, en tanto nomos divino tnico, regula
la lucha de opuestos de modo tal que el equilibrio que se establece
asegura fa estabilidad del cosmos. Otro tanto ocurre en Ia polis, donde
las leyes (nomoi) “se alimentan” de la Iey divina tnica (fr. 114), como
los rios y mares se nutren del océano (cf. nota 12). En este sentido,
Heréclito no hace mits que comprobar —segiin Ia acertada observa-
cién de Wolf ?*— el fundamento divino que, histéricamente, suclen
tener las legislnciones mis antiguas, casi todas ellas pucstas bajo la
advocacién de un dios, cuando no dictadas cfectivamente por el dios
mismo”, Quizd por esta razén la forma en que Herdclito se refiere
a Ia ley divina sugicre, en este fr. 114, una cierta personalizacién: ella
“domina cuanto dae dei mismo modo que lo dpeiron de Anaxi-
mandro, también personalizado ‘abarca todo y todo timonea” (Aris-
t6teles, Phys. 203b7). Esta Iey divina tinica (es decir, el aspecto “orde-
nador” del Jogos), es la que confiere su fuerza a ia polis, como “lo
comin a todos” conferfa sentido y solidez al pensamiento humano.
La novedad de HerAclito no consiste en afirmar que Ja cohesién
de la polis se basa en sus leyes —lo cual no hubiese sido demasiado
innovador— sino en el reflejo que esas leyes ofrecen de 1a ley divina
tnica, En funcién de csta analogia, los factores opuestos en que se
basa el equilibrio césmico, y que cl logos armoniza mediante la dis-
cordia y la necesidad (fr. 80), tiencn también su cabida dentro de
Jn polis. Se trata de los inirreses encontrados, representados por las
clases sociales o por los distintos estamentos de poder que hacen a
23 Wour, E., Griechischte Rechtsdenken, Frankfurt a./M., 1950, p. 261.
24 CE. el’ conocido coro del Edipo Rey de Séfocles: “Los nomot han nacido
en el Iimpido cielo y sélo reconocen wn padre: el Olimpo. Ningin mortal los
engendr6, y nunca el olvido los dominaré: en cllos vive un poderoso dios que
no envejece” (865-71). No obstante, debe tenerse en cuenta que acé el con-
texto es diferente, pues en Séfocles se trata de una toma de posicién respecto de
uno de los s candentes del siglo v: el origen divino (natural) o convencional
de Jos nomol. Respecto de esta polémica, cf. Rosmix, J. de, La lot dans la pensée
grecque, Parts, P.U.F., 1971, p. 25 ss.
25 Cf. Basur, op. cit., p. 10.
22LA DINAMICA DE LA POLIS EN HERKcLITO
ta esencia de la polls como estructura social y que en el iiltim
1p esto, cuando Herdclito desarolla su actividad, se Seenaee
plena ebullicién, La naciente legislacién (los “nomot humanos”) inten-
Fa, de un modo progresivo, concillar los intereses de las clases tradi-
{onalmente detentoras del poder con las aspiraciones de Jos nuevos
grupos sociales (artesanos, comerciantes) que comlenzan a efercer una
resign enda vez més acuciante. Es as{ como vemos que, en Atenas, a
fa oficializacién de la ley del talién que habla establecido Dracén,
sucede, & comienzos del siglo vi #.Cr., el orden legal de Solén, primer
aso dg un camino que culminaré en Efialtes y Pericles y que se
jerrumbard estrepitosamente bajo la invasién macedénica. No sabernos
‘con exactitud cual era la situacién imperante en Efeso, en manos, en
tiempos de Herdclito, de sitrapas persas o de tiranos locales que admi-
nistraban Ja ciudad en nombre del invasor. No obstante, la estructura
bisica de la polis parece no haber sufrido modificaciones, y la vida
cultural no presenta rasgos determinados por esta dominacin**, Tam-
poco sabemos si cuando Hericlito se refiere a los nomot humanos
hace alusién a una legislacion determinada, y quiz no esté lejos de
Ia verdad Reinhardt cuando opina que se trata de los nomoi de la
conducta humana en general”, pues, para la éptica heraclitea, Ins
leyes positivas se basan, en definitiva, en_las leyes naturales de origen
vino “Tn CS ue sin estos nomoi, que ascguran la cohesin
é la polis —asi como la armonia de Jas tensiones opuestas originaba el
equililrio del cosmos—, el orden social se desmoronaria. Por ello, como
ce el fr, 44, el pucblo debe luchar por el nomos tanto como por los
muros de la ciudad.
La dindmica de In polis, tal como la concibe Heréclito, podria ser
calificada de realista, pues no posee los ingredientes utépicos que ca-
racterizarin a varios intentos posteriores, fundamentalmente, al de Pla-
ton, Hericlito, consciente de que la convivencia social se basa en la
MMiensa de clertos intereses (individuales o de clase) y que, forzosa-
Mente, estos intereses son encontrados, se cuida muy bien de pregonar
un altruismo generalizado o un desinterés idealista. Con ea vision
politica, opone a un interés en un sentido, otro en sentido opuesto-
Pe la misma. fuerza de los oponentes y su mutua neutralizacién, la
que Ios Tlevaré al equilibrio final. Son los dos polos necesarios para ae
a establezca una corriente eléctrica. Es posible que uno de los opo-
nentes, engafiado por su “inteligencia privad’, crea que podrh “ex-
tralimitarse”: no seri mas que una ilusin. El equilibrio se restablecer4
porque, as{ como en el plano césmico “las Erinias, ayudantes de la
Justicia” encontraran al Sol que ha transgredido sus limites (fr. 94),
cn el plano social el gobernante (ya sea ui individuo, ya sea el nomos
26 Cf, Bexctson, H., Griegos y persas (Historia Universal Siglo xx, vol 5),
trad, C, Gerhardt, Buenos Aires, 1972, p. 20,
oF pemmanpt, K. Parmenides und die Geschichte der grtechischen Philo-
sophie, Frankfurt a./M., 2 ed., 1959, p. 215.
BNESTOR LUIS CORDERO
que dicta Ia accién del magistrado) hark que cada uno retome sus
“medidas’, “El nomos consiste en obedecer a Ja voluntad de uno solo” **,
advierte Heraclito en el fr. 33. Curloso ejemplo de un legislador que
‘al mismo tiempo alienta In agitacién y cstablece Ja fuerza represiva
que Ia neutralizn,
Este equilibrio de intereses opuestos se consigue mediante Ja lucha.
Es Ia guerra Ia que pone en evidencia Ia verdadera esencin de cada
uno (“muestra x unos como dioses, a otros como hombres, a unos
como esclavos, a otros como libres”, fr. 53), y por ello la muerte en
el campo de batalla —sucrte reservada a unos pocos— debe ser glo-
rificada: “los dioses y los hombres honran a quienes mueren por Ares
(fr, 94); “a Jas muertes mas grandes les corresponde el destino me-
jor” (fr. 25). A raiz de afirmaciones como las citadas, a menudo sc
habla del “aristocratismo” de Herdclito, y se cree ver confirmado este
aserto con Ja ayuda de algunas anécdotas atribuidas al filésofo, las
cuales reflejarian un cardcter altivo y solitario®. Ak en el caso de
que se otorgue crédito a estos testimonios, cn ellos cncontrarfamos una
eritica de Herdclito a la polis de su tiempo y no, forzosamente, una
concepcién aristocratica de la sociedad. Pero, por otra parte, hay pasa-
‘[Link]énticos de su obra en Jos cuales se encuentra una entusiasta
defensa de grupos minoritarios 0 de un individualismo extremo. Asi,
segtin el Ir. 29, “los mejores prefieren una sola cosa en vez de todas:
loria eterna y no cosas mortales; In mayorfa, en cambio, prefiere
Rees el ganado”; y cn el fr. 49 confiesa que, para él, “uno
solo vale més que diez mil, si es cl mejor”*°. No obstante, tampoco
de estos pasnjes pucde extracrse una conclusién definitiva, Recorde-
mos que, para Herdclito, “Ia inteligencia es comin” (0 sea que no
pertenece a una minoria, aunque quizd de hecho, en su época, sélo
unos pocos hayan podido tener acceso a su mensaje) y nat impide
que quienes habiten en una polis cuyos nomoi detivan del nomos
divino nico, participen de ella.
Con todo, consideramos que Ia filosofia de Ia historia de Herd-
clito puede calificarse de aristocritica, pero por otra razén. Aunque
reivindique (e incluso exacerbe) la lucha entre intereses opuestos, la
politica de Heraclito representa una defensa del statu quo imperante;
y como suponemos que en Efeso a mediados y fines del siglo vr [Link],
el poder efectivo debe de haberse encontrado en manos de Ja aris-
tocracia (aunque de una aristocracia que, segin parece, no era del
agrado de Herdclito), la clase gobernante fue a tinica’ beneficiaria
de esta exaltacién a Ja “unidad” que hace a Ia esencia de la concepcién
heraclitea de la polis. Contrariamente a lo que afirma Popper #1, Ja
24 Q de “lo uno”, ex decir, el nomos divino tinico.
29 Cf, los fr. 121" y 1258,
40 Recordemos. que en ei fr. 33 se sostenia la necesidad de obedecer a Ja
voluntad de uno solo,
$1 Porren, K. La sociedad ablerta y sus enemigos, trad. E. Locdel, Paidés,
Buenos Atres, 1957, p. 47.
aALA DINAMICA DE LA POLIS EN HERACLITO
sociedad que Heraclito postula no “va a Ja deriva” como consecuencia
de a dislocacién de Jas antiguas formas de agrupacién tribal. Heré-
clito es partidario de una polis sélida, unida, que disuelve las con-
tradicciones armonizindolas, a imagen y semejanza de lo que ocurre
en el universo. Herdclito reivindica el cambio para conservar intacta
In estructura de la polis (pues lo que no cambia, muere) asi como es
menester el fluir de las aguas para que el rio no se convietra en un
pantano 0 en un cauce seco. Pero debe tenerse presente que tanto
cl fluir de las aguas como la lucha de intereses opuestos estén, res-
pectivamente, en funcién de la inmutabilidad del rio y de la polis
como tales. El soberano que “gobiera todo a través de todo” (fr, 41)
debe tener Ja habilidad necesaria para utilizar en provecho de la uni-
dad de la polis los cambios que los intereses personales o de clase
quieran imponer. En este sentido, Herfclito podria suscribir, como
resumen de su filosofia politica, la ‘conocida frase de Lampedusa: “es
necesario que todo cambie para que todo siga igual’.
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