INTRODUCCIÓN
En este presente trabajo estará lo que son las Falacias, el propósito que tienen
estas de habilitarnos en la detección de las falacias que más se utilizan en
distintos contextos argumentativos, pero, sobre todo, consciencia de la
recurrencia con que se usan cuando el interés principal nuestro o de nuestros
interlocutores está en la persuasión o el convencimiento y la aceptación en los
demás de ciertas ideas independientemente de que sean o no correctas. Como
encontramos Formales e Informales en las Falacias y como estas se subdividen,
la cual a continuación vera sus nombres.
Y en está encontramos una propuesta de Alejandro Herrera, la cual consiste en
advertir que en distintos contextos argumenta más que utilizar falacias, por
cometer argumentaciones con errores, se comenten marrullerías, es decir,
trampas persuasivas, que no podemos confundir con las falacias puesto que no
son traducibles a formas argumentativas.
“Falacias”
o Falacias en Contexto Retóricos
Prácticamente en cualquier contexto argumentativo está latente la
posibilidad de que nos engañen; es decir, que se nos haga tomar por
correctas conclusiones que no se desprenden apropiadamente de las
razones que se arguyen para llegar a ellas. Lo más común es que nos
tomen por sorpresa o nos dirijan supuestos argumentos que, aunque no
son sólidos, sí tienen una importante fuerza persuasiva. Las falacias son
justamente esos argumentos cuyas conclusiones, aunque no se infieren
adecuadamente de sus premisas porque tienen errores, pueden tener un
alto poder de convencimiento.
Las falacias no son buenos argumentos, por tanto, están lejos de ser
planteamientos sólidos. No obstante, tienen la propiedad de ser admitidos
como recursos retóricos, puesto que se usan para convencer o persuadir.
Debe quedar claro, sin embargo, que emplear falacias como recursos para
lograr la persuasión supone privilegiar ese fin a cualquier otro; es decir, se
busca de modo tan vehemente la aceptación de los interlocutores, que se
dejan atrás otros fines importantes, como alcanzar el conocimiento de lo
verdadero, obtener acuerdos racionales o llegar a la solución más eficaz y
eficiente de un problema.
Y en las falacias está la retórica, que se encarga de definir las reglas que
rigen toda composición o discurso en prosa, cuyo propósito es influir en la
opinión o en los sentimientos de los demás. También se ocupa de todo lo
relacionado con la belleza o el vigor que se imprime al estilo de hablar o
escribir. Esta se interesa por los principios fundamentales que gobiernan la
composición y enunciación del discurso oratorio. La retórica hablada es la
oratoria. En este sentido, podemos ver la retórica como una ciencia, en la
medida en que determina con precisión las reglas que rigen la composición
o discurso, sea oral o escrito. Aunque, también puede ser apreciada como
un arte, en cuanto supone una virtud o maestría para aplicar esas reglas.
o Falacias Formales
Las falacias formales reciben este nombre porque constituyen errores
en la forma del argumento. En este caso, cualquier argumento inválido
puede considerarse una falacia, aunque es común pensar en ésta como
un recurso persuasivo. Las más comunes son las llamadas falacia de
afirmación del consecuente y la falacia de negación del antecedente,
que se cometen al pretender apegarse a las conocidas reglas de
inferencia modus ponens y modus tollens.
o Falacias Informales
Las falacias informales son las más numerosas y las de uso más frecuente
por su fuerte poder persuasivo. Se clasifican en dos grupos: falacias de
irrelevancia y falacias de ambigüedad. Debemos aclarar que la
clasificación que incluimos en este material es una entre varias de las
propuestas por los estudiosos del tema a lo largo de los siglos y, de hecho,
todavía no podemos decir que contamos con una taxonomía definitiva.
Esto se debe sobre todo a la riqueza y complejidad del lenguaje, que nos
permite seguir creando nuevas formas falaces de persuasión. Tul este
sentido, es importante destacar que un argumento puede cometer varias
falacias a la vez.
Falacias informales de irrelevancia Falacias de ambigüedad
También se conocen con el nombre de falacias de Este tipo de falacias se cometen en la
inatinencia o no pertinencia, nombres que enfatizan la idea dicción o manera de hablar y escribir,
de que el error de esos argumentos está en que sus y pueden ser semánticas cuando se
premisas no son procedentes para afirmar la verdad de la manipula el significado de las
conclusión porque no ofrecen un fundamento sólido para palabras.
inferirla.
o Sugerencias para combatir falacias
Definitivamente, en un contexto de diálogo y debate racional no es correcto emplear
falacias, ya que, si nos encontramos en esa situación, estamos comprometidos con La
búsqueda de la verdad y con el intercambio honesto de ideas, así como con la finalidad
de encontrar mejores soluciones a un problema sin importar quién las formule, siempre y
cuando estén fundamentadas en los mejores argumentos. No nos encontramos, pues, en
un contexto de disputas o discusiones donde lo que más nos interesa es ganar el debate
o diálogo. Por lo anterior, es necesario cuidar nuestras actitudes, las cuales deben estar
enfocadas fundamentalmente, por un Lado, en evitar cometer falacias y, -por el otro, en
no permitir que otros las usen. Para esos fines, es indispensable tener buen conocimiento
Aceptar de buen agrado las correcciones de otros.
Escuchar atentamente a los demás.
Revisar los puntos de vista propios a la luz de los argumentos
y razonamientos de los demás.
C onsiderar y estudiar seriam ente las ideas de los interlocutores.
C onstruir, considerando las ideas de los dem ás, el propio
pensam iento.
D irigir las preguntas bacía lo relevante.
M ostrar respeto unos a otros.
Mostrar sensibilidad hacia el contexto cuando se discuten
asuntos que tienen que ver con conductas morales o problemas
sociales.
Discutir con imparcialidad.
Fijarse en los criterios y propósitos a alcanzar en un debate
racional.
CONCLUSIÓN
Finalizando y conociendo las falacias tratemos de cumplir con las actitudes que
vimos durante la presente investigación, y es que ahora en adelante será más
difícil que cometamos falacias. Por ello, durante un debate racional
necesitamos verificar que no perdemos de vista el objetivo. En la medida de lo
posible, sería deseable realizar un registro al menos de los puntos más
importantes a debatir de manera previa, para después ir cotejándolos con el
desarrollo de la discusión. Sin embargo, tomemos en cuenta que si a pesar de
tomar estas recomendaciones durante una discusión racional nuestro
interlocutor comete una falacia.
Y bueno lo que procede es explicarle con la mayor claridad posible en qué
consiste su error en la argumentación, mostrarle por ejemplo que no podemos
admitir en nuestra discusión razones que nos desvían del tema para el caso de
las falacias de irrelevancia; o que no son claras, para el caso de las falacias de
ambigüedad; o que tienen una estructura inválida, si son falacias formales.
Tenemos que recordar nuestro objetivo: apelar a Las actitudes acordadas para
desarrollar el diálogo y volver al tema. Para evitar incurrir en las falacias es
fundamental tener claro cuáles son las premisas y cuál la conclusión del
argumento analizado, para posteriormente señalar con precisión de qué forma
las primeras no apoyan la verdad de la conclusión.
Por su parte, 'para evitar la ambigüedad en nuestros argumentos es valioso
definir adecuadamente los términos principales sobre los que se discute, sin
olvidar las reglas de una buena definición y distinguirla para los fines del tema a
discusión.
E-GRAFÍA
[Link]
Logica_para_que_Gabriela_Hernandez_Gabri-[Link]