Teórico 11 Filosofía Política UBA
Teórico 11 Filosofía Política UBA
Teórico Nº 11
1/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
ser libre. Pero hay una diferencia entre una certeza y la verdad, dice Hegel. Para que una
certeza se convierta en verdad, tiene que objetivarse y esto es lo que le falla al libre arbitrio,
en cuanto toda objetivación es solamente la elección de un contenido exterior, no puesto por
la voluntad libre. Toda la polémica respecto del determinismo, de si la voluntad es libre o
determinada de manera exterior, se refiere a este segundo momento de la voluntad libre.
Recién allí es donde aparece esta polémica y solo a ese momento se refiere. O sea, si la
presunta libertad de la voluntad es un engaño o no, si se produce bajo las condiciones de que
se ignoren las causas, como dicen los deterministas que producen las acciones, esa discusión
al torno ilusorio o real de la voluntad libre que recorre la historia de la filosofía, se refiere
exclusivamente a esta figura del libre arbitrio, donde lo único que tenemos es la certeza de la
libertad de la voluntad, esta auto-determinación formal que se encuentra con un contenido
exterior a esta actividad de la voluntad libre.
La capacidad del libre arbitrio es no solamente elegir un contenido sino también
abandonarlo por otro contenido y. en ese sentido, el pasaje de un contenido a otro (que es lo
que puede hacer el libre arbitrio) no lo eleva a esta forma de la voluntad libre por encima de
su finitud, sino que la mantiene en cuanto se mantiene esta contradicción entre la forma y el
contenido. Esta contradicción se manifiesta también en lo que la clase pasada llamábamos la
dialéctica de las inclinaciones. En el sentido de que la elección de una inclinación como
aquella que va a ser satisfecha depende del libre arbitrio, implica el sacrificio de las otras
inclinaciones que se encuentran subordinadas.
Estudiante: [Inaudible]
Profesor: De otros objetos, exactamente. O de otras maneras de satisfacer una
inclinación.
Aquí aparece, también, la polémica antropológica respecto del carácter naturalmente
bueno o naturalmente malo del ser humano. Este juicio que puede hacerse sobre los instintos,
sobre las inclinaciones, sobre el punto de vista de la voluntad inmediata, podría pensarse que
las inclinaciones son buenas, pero la medida en que se consideran como naturales esas
inclinaciones, opuestas a la libertad, por lo tanto, podrían ser consideradas malas o como algo
que debe ser eliminado. Hegel entiende que ambas representaciones son limitadas pero que
hay cierta preeminencia desde el punto vista conceptual en el segundo punto de vista, en el
sentido de que lo que el concepto exige es la purificación de los instintos, liberarlos de esa
determinación natural y contingente en el que se presentan como determinaciones meramente
naturales. Lo verdadero del instinto se va a presentar bajo otra forma. Por ejemplo, al finalizar
el parágrafo 19, Hegel dice:
2/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
3/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
humano, nos encontramos con una voluntad que no quiere algo exterior, como el libre
albedrio, sino que una voluntad que quiere unos contenidos que ha sido formado por ella. Se
quiere a sí misma por objeto y en este consiste el momento de la voluntad libre en y por si
misma,
Entonces, en el primer momento de la voluntad natural o inmediata. La voluntad estaba
completamente enajenada, fuera de sí, no sabía que era libre. En el segundo momento,
reflexiva del libre albedrio, teníamos esta contradicción y la voluntad libre en y por sí es la
que se quiere a sí misma como universal. Es una voluntad que quiere su propia esencia, que
quiere ser libre y solo se satisface con objetos que son el resultado de la actividad libre. De
esta manera, se encuentra superada tanto la inmediatez natural como la particularidad
reflexiva. Esa es la diferencia entre la comprensión de un ser humano libre y de un esclavo.
La esclavitud consiste justamente en la ignorancia de la propia esencia, en principio. Allí
radica el gran problema. El esclavo que se reconoce como tal o que se encuentra en una
situación en la que no reconoce su derecho a la libertad, no sabe que la libertad es su propia
esencia, no se piensa como libre. Ese momento tendría que estar superado y es eso, para entrar
en la doctrina del derecho, lo que encontramos en el desarrollo de todo el libro. La voluntad
libre en y por sí es la que encontraremos bajo las distintas formas a lo largo del libro, que se
da en derecho abstracto, la moralidad y la eticidad.
Estudiante: [Inaudible]
Profesor: En principio, sí. Lo que ocurre es que Hegel es como si presentar a la
cuestión en dos planos distintos. La relación amo-esclavo aparece en otro libro, que es la
Fenomenología del espíritu, como resultado de una lucha por el reconocimiento. Entonces,
allí es donde aparece esa relación entre un esclavo que trabajo para un amo que no trabaja.
Esto tiene su desarrollo dialéctico fenomenológico. El punto de partida de los principios de la
filosofía de los derechos, del desarrollo de este espíritu objetivo, es un punto de partida en el
cual esa relación ya ha sido superada. Cuando nos preguntamos por lo que hay de racional en
las instituciones, esa relación no podrá aparecer en un ser humano que no sea libre, porque es
una contradicción, evidentemente, que no puede tener lugar una vez que uno reconoce que la
voluntad es libre en este tercer sentido.
Estudiante: [Inaudible]
Profesor: No solo la sociedad civil sino también el derecho abstracto, el derecho de
interrelación entre personas, que son o pueden ser propietarios de cosas. Entonces, los seres
humanos son personas que se apropian de cosas y eso significa que no pueden ser cosas
apropiables por otros seres humanos. Eso es lo que ocurre en un lazo despótico. Entonces, el
4/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
punto de partida del desarrollo de los principios de filosofía del derecho, sería una voluntad
libre en y por sí misma cuya primera figura va a ser la figura de persona universalizada, no
como aparece históricamente en el derecho romano, donde hay quienes son personas y hay
quienes no lo son.
Estudiante: [Inaudible]
Profesor: Al revés, una particularización de algo universal, según Hegel.
Estudiante: [Inaudible]
Profesor: Lo que ha hecho el derecho romano, de acuerdo al momento histórico en el
que apareció, es haber comprendido la noción de persona de una manera defectuosa, se podría
decir así. Inmediata, no desarrollada. Cuando esa noción, cristianismo mediante, se
universaliza, encontramos esta noción de derecho abstracto que es el que Hegel desarrolla en
este libro.
En la última parte de la introducción del parágrafo 29 al 33, Hegel presenta nuevamente
algunas determinaciones del concepto de derecho, del método de la ciencia, de los momentos
del desarrollo de esta ciencia. En primer lugar, sobre el concepto de derecho, hay una
diferencia en cuanto al modo en que la razón especulativa que él pretende estar aquí
adoptando, concibe el derecho, y el punto de vista del entendimiento, el punto de vista de la
filosofía anterior. El derecho, dice Hegel en el parágrafo 29, es la existencia de la voluntad
libre. Esto significa que, a diferencia de lo que encontramos en Kant, que definía el derecho
como conjunto de condiciones bajo las cuales se concilian los arbitrios bajo una ley formal
universal, esa conciliación de arbitrios aparecía de tal manera que el derecho significa una
limitación de la voluntad libre. Mientras que aquí aparece más bien como su existencia
misma. El derecho es la realización de la voluntad libre y no la limitación de la voluntad libre.
El desarrollo de esta idea de libertad nos va a ofrecer distintos estadios del derecho, esta
existencia de la libertad, distintas formas en que la libertad se realiza a lo largo de la obra,
distintos momentos de la voluntad libre en y por sí misma. En ese sentido, no solo
encontraremos derecho en un primer momento, llamado derecho abstracto, sino también en
los otros momentos, cada uno con su derecho, esto es, la moralidad, la eticidad, y, dentro de la
eticidad, la familia, la sociedad civil, el Estado. Ahora bien, puede haber conflicto entre estos
derechos pero son de distinta índole y unos dependen de otros, están subordinados a otros, y
no habría allí un conflicto real, sino una unidad sistemática.
Entonces, el desarrollo inmanente de las determinaciones del concepto de derecho no es
otra cosa que el método, que Hegel va a seguir. Aquí aparece, por ejemplo, en la observación
al parágrafo 31, una definición de dialéctica.
5/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
6/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
7/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
contractualista porque la figura del contracto aparece en el primer momento de este derecho
abstracto, y la figura del Estado aparece sobre el final del libro. En el fondo, Hegel nos está
diciendo, con esa ubicación, lo siguiente: el contrato es una figura del derecho privado que no
puede ser utilizada como fundamento del derecho público. Ese es el error que han cometido
los modernos, que Hegel presenta en esta tesis y sus argumentos, en algunos parágrafos de “El
derecho abstracto” y de más adelante, que aparecen indicados en el programa: 75, 100, 126.
Esos serían los parágrafos de bibliografía obligatoria respecto de la crítica de Hegel al
contractualismo. De “El derecho abstracto” solo habría que estudiar esos dos parágrafos, 75 y
100. Pero voy a hacer una pequeña presentación para entender las críticas que aparecen allí en
el parágrafo 75 al contractualismo.
“El derecho abstracto”. ¿Por qué se llama abstracto este derecho? En esta presentación
del derecho se ha hecho abstracción de distintas formas de la voluntad libre, por ejemplo, de
la conciencia moral, por ejemplo, de las intenciones de los seres humanos, de los propósitos,
de las relaciones de esos propósitos con los deberes, con los bienes buscados. Por un lado,
todo ese ámbito que va a aparecer en el segundo momento de la moralidad, y, en segundo
lugar, se ha hecho abstracción de las instituciones concretas del mundo humano, en el que nos
encontraremos con un derecho no abstracto, con un derecho realizado en las instituciones. Las
únicas determinaciones jurídicas que van a aparecer aquí en este capítulo son las del derecho
privado, esto es, del derecho de las personas que, como decíamos, son reconocidas como
voluntades libres, esto es, como distintas de cosas. En el derecho abstracto hay dos categorías
excluyentes: personas y cosas. El modo en que se relacionan esas categorías entre si serían la
relación de propiedad. Las personas pueden ser propietarias de cosas, las cosas pueden ser
apropiadas por las personas, por un lado. Por otro lado, hay un tipo de relación entre personas
y es allí donde aparece la figura del contrato: personas propietarias que realizan un contrato
acerca de las cosas de las que son propietarios. Y, por último, el derecho de las personas de ser
respetadas como tales y ser respetadas como propietarios. En definitiva, el derecho abstracto
es el derecho de propiedad, el derecho de contratar y el derecho de castigar o hacer castigar la
lesión que sufran las personas, las propiedades o los contratos.
Entonces, la voluntad libre aquí aparece bajo su forma más abstracta que es la voluntad
con capacidad jurídica, este tipo de capacidad de ser reconocida como distinta de las cosas, de
apropiarse de cosas y de contratar y hacer respetar los contratos. Este derecho de las personas
aparece aquí de manera abstracta, puramente formal, se hacen abstracción también de lo que
podríamos llamar la personalidad singular de cada uno: no le interesa al derecho abstracto las
características de cada persona singular, las intenciones, los deseos, las necesidades, los
8/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
intereses de esa voluntad, sino solo el hecho de que son personas. Cual sea el motivo para
querer apropiarse de una cosa, eso es algo que al derecho abstracto no le interesa. Le interesa
que tiene derecho a intentar esa apropiación. Ahora bien, la persona es, entonces, una
voluntad con capacidad jurídica y, como tal, es una determinación de las subjetividad opuesta
a una naturaleza dada, a cosas, que carecen de personalidad, de libertad y de derecho y que
son apropiables. Y para superar ese carácter meramente subjetivo de la libertad de la voluntad
que afecta a la persona, es que la persona, podríamos decir, debe darse objetividad. La libertad
de la persona debe hacerse objetiva para que la persona sea una persona real, para que no
tenga la certeza de que es una persona sino sea verdaderamente una persona. Para objetivarse,
una persona tiene que darse una esfera exterior a su subjetividad. Esa esfera exterior es la
propiedad, entendida como el aspecto jurídico de la mera posición. Entonces, Hegel no va a
justificar la propiedad privada en base a las necesidades de las personas, ese es otro problema
que va a ser tratado mucho más adelante en la sociedad civil, sino que la necesidad lógica del
derecho de propiedad privada se justifica en el hecho de que una persona para realizarse
necesita una esfera exterior objetiva, sobre la cual puede ejercer sui voluntad libre, sino su
voluntad sería una simple certeza. Su libertad seria meramente una certeza: “Creo que soy
libre, pero, ¿Dónde aparece la confirmación objetiva de esa certeza que tengo de mi
libertad?”. Solamente apropiándome de algo exterior y siendo reconocido por otros como el
propietario de algo exterior. Entonces, la voluntad personal deviene objetiva a través del
momento de la propiedad privada. Entonces, es un momento jurídico, lógico, este momento
de la propiedad privada como algo necesario para las personas. ¿Qué y cuánto? Es
contingente. Pero lo que sí es un requisito racional es que toda persona sea propietaria de
cosas y que ninguna sea sometida a un tratamiento anti-jurídico, o sea, que sea tratada como
una cosa.
La propiedad tiene tres momentos que no tenemos que estudiar pero vale la pena
tenerlos en cuento: la toma de posesión, cómo una persona toma posesión de una cosa, cómo
usa esa cosas para satisfacer la necesidad, y el momento de la enajenación de la cosa, de la
propiedad, que es el que más nos interesa a nosotros. Dado que la cosa es mía porque yo
quiero que sea mía, porque quise apropiármela, solo pro mi voluntad puede enajenarla, puedo
querer deshacerme de esa cosa y entregarla a otro a cambio de algo, de otra propiedad.
Entonces, el contrato va a aparecer aquí como un medio a través del cual una persona puede
devenir propietaria de una cosa gracias a la voluntad común, ponerse de acuerdo con otra, en
este acto de enajenación. Acciones tales como donar, permutar, contratar, son necesarias para
explicar la existencia real de esta personalidad libre. Entonces, un supuesto del contrato es el
9/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
reconocimiento reciproco de personas propietarias como tales. Fíjense que todo esto Hegel
loe está presentando exclusivamente en la perspectiva del derecho privado, personas que son
propietarias de cosas y contratan para comprar o vender esas cosas, o alquilarlas o donarlas, a
otras personas.
Lo exterior a la voluntad de la persona propietaria no es solo esa cosas apropiable sino
otra voluntad, con la que puede contratar y el objeto del contrato son siempre esas cosas
exteriores, apropiables. Entonces, en el contrato, una voluntad se apropia y la otra voluntad
abandona una cosa propia. Eso es justamente un momento de la libertad de la voluntad de
esas personas. Entonces, en ese contrato, hay el encuentro de dos voluntades que tienen un
mismo contenido, la suscripción del contrato, y lo que nos interesa es esa unidad de distintas
voluntades en una voluntad común.
Entonces, el contrato Hegel lo presenta como noción de derecho privada que media la
relación jurídica entre propietarios, entre personas particulares que acuerdan voluntariamente
lo que quieren hacer con sus propiedades. En ese sentido, el contrato no puede contener el
fundamento teórico del Estado, sino que solo dentro de un Estado, vamos a ver, es posible
hacer un contrato. Contra los contractualistas, Hegel va a sostener que en la noción de
contrato no podemos encontrar el fundamento de legitimidad del poder político. No puede
fundar el Estado. El Estado es condición para que aparezcan personas reales que suscriben
contratos. El contrato, en Hegel, vuelve a la noción usual de contrato. Todo lo que han hecho
los contractualistas desde el siglo XVII y XVIII es una operación conceptual arriesgada que
consiste en proyectar esta figura del derecho privado como fundamento del derecho público.
Hegel, lo que hace, es volver a la comprensión corriente del contrato como una figura del
derecho privado.
El parágrafo 75 es el que nos interesa porque en la observación va a formular esta
crítica al contractualismo. Pero para formular esta crítica en la observación, en el contenido
del parágrafo, allí presenta las determinaciones del concepto de contrato. Entonces, una vez
que estén claras esas determinaciones, va a poder demostrarse que los contractualistas se
equivocan porque el Estado no cumple las condiciones que tiene que cumplir un objeto de un
contrato, no cumple con las condiciones presentadas en el parágrafo 75.
Las características decisivas del contrato son tres: en primer lugar, el origen del
contrato, en segundo lugar, el tipo de voluntad que hay en un contrato y, en tercer lugar, el
objeto del contrato. La primera característica consiste en lo siguiente. El contrato se origina en
el arbitrio. Recordemos el arbitrio, la segunda forma de la voluntad libre que vimos en la
introducción. Esto es, los propietarios que deciden suscribir un contrato lo deciden
10/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
arbitrariamente. Son propietarios de sus propiedades y, solo si quieren, adoptan ese curso de
acción que consiste en suscribir un contrato para enajenar una propiedad o comprarla. Esto
significa que el origen de un contrato, el punto lógico y temporal imprescindible para la
suscripción de un contrato, es un acto del arbitrio, de esta forma intermedia de la voluntad
libre. Son los propietarios que deciden arbitrariamente si quieren suscribir o no un contrato.
Esto es, nadie ni nada los obliga a hacer tal cosa. Pueden hacerlo o no. O lo hacen pero
podrían no hacerlo, en eso consiste la libertad del arbitrio. Esa posibilidad de actuar u omitir,
tomar un curso de acción u otro.
Entonces, los propietarios son libres de un modo muy elemental, esto es, en la segunda
forma de la voluntad libre, o formal. La elección entre cursos de acción alternativos, entre
opciones que se le presentan a la gente desde afuera. Quiero comprar un reloj. Tengo que
encontrarme con el vendedor de relojes. No pongo yo el contenido de mi voluntad, sino que
tengo que encontrarme con aquel que desde afuera me ofrece lo que quiero. Entonces, el
agente no determina completamente el contenido de lo que quiere, solo elige entre lo dado.
No pone ese contenido sino que, y esto es una característica del arbitrio como forma de la
voluntad, se encuentra con opciones y elige suscribir un contrato de compraventa con este
vendedor y no con otro. Podría no hacerlo. Esa sería la forma de la voluntad libre en la que se
inscribe un pactante, la forma del arbitrio. Nada lo compele, es libre pero su libertad radica
entre optar entre posibilidades dadas desde afuera. Eso se refiere a lo que podríamos llamar el
origen del contrato, el arbitrio como forma elemental de la voluntad libre.
La segunda característica…
Estudiante: [Inaudible]
Profesor: Usted está refiriéndose a un acto ilegal, que es el tercer momento del derecho
abstracto: la injusticia. Alguien secuestró a una persona y luego pide un rescate como si fuera
propietario. No. Hay cosas y hay personas, entonces, quien ha hecho la injusticia no tiene
derecho de propiedad sobre el secuestrado. Por más que le vaya bien en la extorsión, no tiene
derecho, no tenía derecho a tratar a esa persona como una cosa. Todos los seres humanos son
personas y lo demás son cosas. Esa sería la primera diferenciación.
Estudiante: [Inaudible]
Profesor: Si robó, ya es ilegal, entra dentro del tercer momento. Puede ser un objeto,
entonces, ¿En qué consiste la ilegalidad? Que quien ha sido despojado del objeto no lo
enajenó voluntariamente, no suscribió a un contrato. Entonces, la injusticia consiste en eso, en
tomar algo que es de otro sin que medie la voluntad del otro de enajenar, la voluntad libre.
Libre quiere decir que no haya coacción o amenaza de coacción.
11/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
Estudiante: [Inaudible]
Profesor: Pero todo esto iría al tercer momento de la injusticia. Estamos todavía en el
contrato y habíamos dicho que la primera característica es que se origina en el arbitrio. La
segunda característica es que expresa cierto tipo de voluntad que Hegel llama voluntad
común. Acá hay dos términos. Cuando dice voluntad común, utiliza ese término gemeisam,
que habría que distinguirlo de Allgemein. Esto va a ser importante para la crítica del
contractualismo. Allgemein, universal, también puede traducirse por “general”, pero ahí
vamos a tener una confusión con voluntad general, y ahí, justamente Hegel lo que va a decir
es que en eso reside la confusión rousseauniana, de confundir voluntad común con voluntad
universal o general. Entonces, el contrato expresa una voluntad común: hay dos propietarios o
dos personas que tienen voluntad común de suscribir ese contrato, que se expresa en el
momento en que lo suscriben. Cada uno quiere algo distinto, uno quiere enajenar una cosa, el
otro quiere apropiársela, pero tienen una voluntad común: ambos quieren realizar esa
trasferencia de derechos sobre una cosa, y en eso consiste la voluntad común que las partes
ponen arbitrariamente, como contingente. Esto quiere decir: todo se origina en el arbitrio de
las partes, podrían no haberlo hecho, lo hacen y en el contrato se encuentra expresada esa
voluntad común de las partes. Esa voluntad común de las partes no hay que confundirla con la
voluntad universal o Allgemein, una voluntad en y por sí universal, esto es, una voluntad que
se daría independientemente de lo que piensen las partes en el curso objetivo de la vida social,
política, de un pueblo. Allí también va a haber una voluntad libre pero no va a ser una
voluntad común, como la que aparece en el contrato. La voluntad común tiene esta
característica, es contingente. La voluntad universal es necesaria. Y contingente es esta
voluntad común por la primera característica: el origen e al voluntad común es el arbitrio de
las partes. Las partes son las que pueden elegir suscribir o no suscribir, nada fuerza a las
partes a querer lo mismo, a fijarlo en un contrato. Mientras que la voluntad universal no es
arbitraria, no es la voluntad de una persona particular que elige entre n curso de acción
alternativo dados, sino que es otra cosa. Esa voluntad universal no depende de propósitos
particulares, se realiza a través de particulares, pero sería una voluntad inmanente al mundo
humano que no quiere algo particular exterior, sino que solo quiere realizarse, realizar su
propia esencia, y a la esencia de la voluntad, como sabemos es la libertad. Mientras los
particulares quieren enajenar o apropiarse de cosas exteriores, la voluntad universal se
relaciona consigo misma, lo que quiere es ser libre, y es esa voluntad la que estará realizada
en las instituciones del mundo objetivo, independientemente de lo que piensen los
particulares.
12/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
Por último, el objeto del contrato. Dijimos que el contrato tiene tres características: el
origen, que es el arbitrio, el tipo de voluntad, que es voluntad común, y, por último, el objeto
del contrato, que es una cosa. Es una cosa exterior, individual, una cosa que como tal está
sometida al arbitrio del propietario, de enajenarla. “Quiero vender esto. No quiero.” Depende
del arbitrio del propietario, esta voluntad de transferir el derecho de propiedad sobre una cosa
que forma parte de la esfera exterior de mi objetividad como persona libre. Entonces, los
contratos solo pueden versar sobre cosas. Es un punto decisivo.
Estudiante: [Inaudible]
Profesor: Individual es este reloj, por ejemplo. Le vendo este reloj a usted. Puedo
venderle muchos individuales pero no le puedo vender un universal. No se puede, tiene que
ser siempre una cosa, algo apropiable, y apropiable es algo particular, algo que tenga limites
distintos de otros. Este reloj y no el de al lado, por ejemplo.
Entonces, el objeto del contrato es siempre una cosa exterior de la que la voluntad
individual pueda apropiarse o desprenderse. Entonces, lo que no cumpla con esta condición
no puede ser objeto de contrato. Lo que no sea cosa apropiable no puede ser objeto de
contrato. Y lo que no es cosa apropiable son personas y la esencia de las personas es la
libertad. La libertad quiere decir todas las determinaciones de la libertad, por ejemplo, el
Estado. Entonces, ya sin leer la observación, leyendo cuidadosamente el parágrafo 75 uno
podría extraer la conclusión de que los contractualistas se equivocaron porque hicieron objeto
de contrato algo que no es una cosa, sino que es la libertad misma realiza en el mundo
objetivo.
La conclusión que nos interesa a nosotros la encontramos en la observación. La segunda
oración de la observación dice:
13/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
14/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
Entonces, es así porque el ser humano se realiza de manera concreta en las instituciones.
Porque la esencia de la voluntad humana, la libertad, se realiza de manera concreta en las
instituciones que forman a los seres humanos, los educan, los elevan por encima de la
naturaleza. Recién con el Estado, con las instituciones, la voluntad educada del ser humano se
despende del primer momento de inmediatez natural y comienza a devenir capaz de optar
entre cursos de acción alternativos, capaz de suscribir un contrato. Alguien que suscribe un
contrato es un producto del Estado, es alguien que ha sido formado por las instituciones que
tienen como último núcleo organizador al Estado.
Entonces, los contratantes no son seres naturales que puedan arbitrariamente fundar un
estado sino que son resultado de un proceso de socialización sostenido por instituciones
sociales, políticas, dentro de la cual el Estado cumple función decisiva, nuclear. El error del
contractualismo consiste en haber absolutizado la noción de contrato como fundamento del
orden estatal, como fundamente de la convivencia ética, haber subordinado lo ético a lo
instrumental. O sea, haber pesado el Estaco como un instrumento de los intereses particulares.
Por ejemplo, la finalidad del Estado consistiría en proteger la propiedad o protegeré la
seguridad de los particulares. Hegel está diciendo que en realidad no puede ser así, sino que es
más bien al revés. Entonces, el error consiste en haber reducido al ser humano en la figura de
una persona que suscribe un contrato. Una persona es una figura abstracta, se ha hecho
abstracción de innumerables cosas. Frente a esa figura abstracta, encontraremos en el libro,
sobre todo en el capítulo de la eticidad, personas concretas, figuras reales, éticas, como por
ejemplo, ser miembro de una familia, ser padre, ser hijo, ser miembro participante de la
sociedad civil, por ejemplo, intercambiar cosas producto del trabajo humano en el mercado. O
ser ciudadano en el Estado, tener ciertos derechos de representación política. Hay algo más en
el Estado que no pude surgir de la figura del contrato. La persona, entonces, es deudora del
Estado. Eso es lo que Hegel está tratando de mostrar, es en definitiva cierta prioridad de la
política sobre la economía, o del espíritu ético sobre la mera material natural.
El parágrafo 75, yo diría que es el lugar decisivo donde aparece la crítica al
contractualismo, pero parece otros parágrafos, que serían el 100, el 126. Después hay uno al
iniciar el momento de “El Estado”, que es el 258. Entonces, corrijan: 100,126 y 258.
En el parágrafo 100 encontramos una respuesta en la observación a un texto célebre, o
que había sido hecho célebre a partir de la difusión que le dio Voltaire, que es un texto de
Beccaria, titulado “Sobre los delitos y las penas”, un texto de 1764. En el capítulo 28 de ese
texto, Beccaria había hecho algo que Rousseau no hizo, como sabemos, que es criticar el
derecho de pena de muerte invocando el contrato social. El argumento que presenta podría
15/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
resumirse del siguiente modo: no puede suponerse que los pactantes hayan dado su
consentimiento a dejarse matar. Es un absurdo. Y Hegel rechaza este argumento en la
observación al parágrafo 100, donde remite al parágrafo 75, que acabamos de mencionar.
El pasaje que quiere que presente atención es este:
16/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
17/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
Eticidad tiene tres momentos (familia, sociedad civil y Estado). Entonces, Hegel nos está
diciendo Hay quienes han confundido la sociedad civil con el Estado.
Si uno quisiera hacer una crítica externa a Hegel y ver si esto realmente es así. Hasta
cierto punto, habiendo leído a Rousseau, uno podría relativizarlo porque el concepto de
sociedad civil tal como aparece en el Segundo discurso –que Hegel refleja bastante bien lo
que aparece en esa forma degradada de socialización que es la sociedad civil–… Rousseau no
la confunde con la república sino que entiende que son cosas bien distintas. Entonces, habría
cierto anticipo en esa diferencia rousseauniana, una podría advertirle a Hegel, pero eso no
niega el contenido del texto.
Entonces, quienes confunden el Estado con la sociedad civil, suponen que el Estado es
un instrumento de protección de los intereses de los individuos como tales y no de los
individuos ya integrados en la Eticidad, o sea, elevados a la universalidad, integrados dentro
de los deberes éticos que las instituciones les asignan, educado por las instituciones. Sino del
individuo, del egoísta racional. Y es, justamente, lo contrario de lo que Hegel pretende
demostrar. Dicho de otra manera, esa confusión entre el Estado y la sociedad civil produce
una inversión de medios y fines. La sociedad civil, que sería el segundo momento de la
Eticidad, este momento en el cual aparecerá como primera instancia el mercado y el interés de
los individuos particulares por maximizar su beneficio en el intercambio mercantil.
Estudiante: ¿El mercado sería un primer momento?
Profesor: No. El mercado sería el primer momento de la sociedad civil. Hegel no lo
llama mercado sino que lo llama el sistema de las necesidades. Ustedes miran el índice y
encuentra lo siguiente:
18/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
el sistema de las necesidades resuelvan sus controversias. Entonces, ahí si tiene sentido, es un
instrumento, hay ahí un juez para que los propietarios resuelvan las controversias que tienen.
Y, por último, el poder de policía y la corporación.
Pero en los tres casos el interés determinante de la dinámica dialéctica de la sociedad
civil es el interés del individuo. Entonces, lo que han hecho los contractualistas, está diciendo
aquí, al comienzo de la observación del §258 es haber confundido el Estado con la sociedad
civil. La sociedad civil sí es una agencia de protección de los intereses privados, para utilizar
una expresión no hegeliana, o sea, una instancia terrenal para resolver las controversias entre
los particulares. Entendiendo los particulares como individuos con intereses egoístas que
buscan maximizar su beneficio mediante la libre concurrencia al mercado y resolver las
controversias privadas en los tribunales. Es decir, los tribunales, la administración de justicia
se ocupa de lo particular. El Estado no, es otra cosa el Estado.
Sigo la misma observación donde la dejé:
Este fin –de buscar la seguridad y la protección de la propiedad y la libertad–
es lo que los habría guiado –a los individuos– para unirse –mediante un
contrato–, de lo que se desprende, además, que ser miembro del Estado corre
por cuenta del arbitrio de cada uno.
Nuevamente esa determinación del arbitrio de los pactantes como instancia última para
determinar si forman parte, si se unen o no al cuerpo político. El error de los contractualistas,
parece estar diciendo Hegel, es que un individuo no decide arbitrariamente transformarse en
ciudadano, como si tuviera otras opciones disponibles, como si sus facultades de entender sus
intereses y decidir sus estrategias de supervivencia o de maximización de su beneficio no
fuesen un resultado de las instituciones en las que se ha formado. O sea, el error consiste en
suponer que el individuo es libre de decirle “no” al Estado, o sea, de mantenerse o de regresar
al estado de naturaleza como si dependiera del arbitrio de cada uno pertenecer al Estado. Pero,
dice Hegel, quien rechaza al Estado, lo hace gracias al Estado.
Estudiante: ¿Por qué?
Profesor: Porque el Estado lo ha formado y, en definitiva, esa negación es un acto
político de alguien que es el resultado de esa educación institucionalmente mediada. El
salvaje no le dice ni no ni sí al Estado, está por allí, por Primera Parte del Discurso, corriendo
por la selva.
Estudiante: Ahora, ¿el individuo puede criticar al Estado?
Profesor: Puede criticar al Estado, lo que ocurre es que en esa crítica, si critica no a este
o a aquel Estado en particular por ciertos errores o deficiencias, sino al Estado en general, hay
19/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
algo que no está comprendiendo bien que es lo siguiente: el Estado no es más que su propia
esencia objetivada, es la libertad humana organizada institucionalmente gracias a la cual yo
soy un ser humano que puedo estar hablando con usted en este momento en una universidad.
Si el Estado no existiera, todo esto, nosotros tampoco podríamos estar haciendo esto, por
ejemplo, reflexionando respecto de qué críticas se le pueden hacer a este o a aquel Estado.
Estudiante: Usted dio un ejemplo de cuando uno va a un aeropuerto y tiene que pasar
por una serie de controles ¿qué pasa si el Estado se abusa de esos controles y empieza a
controlar en demasía al pueblo? ¿Cómo lo ve Hegel a eso?
Profesor: Hegel le diría que criticar los abusos está bien, lo puede hacer cualquiera.
Ahora, nosotros como filósofos tenemos otra tarea que es tratar de determinar si en esos
controles hay algo racionalmente justificado o no. Esa es la tarea filosófica, tratar de
determinar el núcleo racional de las instituciones, entre ellas, del Estado. Entonces, no es una
tarea filosófica la de la crítica social. El filósofo le puede ofrecer un criterio, en la medida en
que usted en los 360 parágrafos no encuentra, luego de leerlos, una institución en algún lado
del planeta que no tiene lugar en esta demostración científica de cuáles son las
determinaciones racionales de la voluntad libre, bueno, allí usted tendría un criterio para
objetar esa institución meramente existente como irracional y, por lo tanto, como injusta. Pero
no es algo que hace el filósofo.
Estudiante: [Inaudible, sobre si Hegel criticaría el Estado Nazi totalitario]
Profesor: Sí, pero acá estamos hablando de 1820 y le está indicando una tarea para la
filosofía que es la de comprender el núcleo racional de las instituciones, por ejemplo, del
Estado Moderno. Hasta allí llega el filósofo. El filósofo no hace profecías, no le dice al
Estado lo que debe ser, nada. Sino que comprende la racionalidad realizada, la Wirklichkeit, la
realidad efectiva del Estado, ese es el objeto de la filosofía según el Prefacio.
Bueno, hagamos una pausa y seguimos en un rato con esta observación.
RECREO
Profesor: Bueno estábamos, entonces, en esta observación al §258 donde Hegel está
criticando también al contractualismo, esa confusión entre sociedad civil y Estado, ese lugar
del interés individual. El párrafo sigue diciendo:
Su relación con el individuo es, sin embargo, totalmente diferente: por ser el
Estado el espíritu objetivo, el individuo sólo tiene objetividad, verdad y ética si
es un miembro de él. La unión como tal es ella misma el fin y el contenido
20/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
21/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
particularidad, la particularidad educada de esa manera tiene como marco y como resultado al
Estado. ¿Hasta acá está claro?
El párrafo sigue diciendo lo siguiente:
La racionalidad, tomada abstractamente, consiste en la unidad y
compenetración de la universalidad y la individualidad. En este caso concreto
es, según su contenido, la unidad de la libertad objetiva, es decir la voluntad
universal sustancial, y la libertad subjetiva, o sea el saber individual y la
voluntad que busca sus fines particulares. Según su forma es, por tanto, un
obrar que se determina de acuerdo con leyes y principios pensados, es decir,
universales.
Entonces, aquí, en esta parte de la observación, Hegel hace una referencia al concepto
de racionalidad que define en términos abstractos y en términos concretos de este caso. En
términos abstractos dice que es la unidad de la universalidad y la individualidad. Y aquí, en
concreto, o sea, en el caso de la relación entre el Estado y el ciudadano, esta racionalidad
consiste en dos cosas según se considere el contenido de la racionalidad o la forma. Según el
contenido, encontramos la libertad, porque de lo único que se trata en este caso concreto es de
la voluntad libre y el contenido de la racionalidad es la unidad de dos formas de la libertad: la
libertad objetiva, o sea, esa voluntad universal, sustancial que es el Estado y la voluntad
subjetiva, la voluntad con fines particulares guiada por el saber del individuo. Según su
forma, esa racionalidad en el caso concreto de la relación del ciudadano con el Estado es el
obrar que se determina por leyes y por principios, o sea, por la forma universal de principios y
leyes pensados.
Habíamos visto en el Prefacio que a la filosofía política le interesa el núcleo racional e
interior que justifica al Estado, o sea, el concepto pensado y realizado, esto es, lo que Hegel
llama la Idea, el ser en y para sí del espíritu, lo eterno, necesario. No le interesa el origen
histórico del Estado en general o de un Estado en particular. Entonces, lo decisivo aquí es ese
núcleo racional interior, inmanente que justifica al Estado y no la exterioridad fenoménica,
por ejemplo, de las motivaciones empíricas que unieron históricamente a los seres humanos
en Estados –por ejemplo, relaciones de tipo patriarcal, habían ciertos clanes y se fueron
uniendo hasta formar Estados– o motivaciones de tipo psicológica, el miedo a la muerte o a la
confianza en otras personas. O sea, las motivaciones que determinan el modo en que los
agentes comprenden el derecho soberano del Estado de un modo o de otro, no resulta decisivo
para identificar ese núcleo racional interior que justifica el poder del Estado. Por ejemplo, se
ha comprendido ese derecho de soberanía o bien como un derecho descendente proveniente
22/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
23/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
haya equivocado– es que Rousseau es el primero en haber propuesto un principio que no solo
es formalmente pensamiento, como todo principio, sino que el contenido del principio es
pensamiento, o sea, es voluntad. Entonces, hay algo grandioso en Rousseau, está diciendo
Hegel, que es que advirtió que el principio que legitima el poder del Estado es la voluntad
libre. No es ni el poder divino, ni la naturaleza humana, ni ningún otro principio que se nos
pueda ocurrir; sino que es un principio que es pensamiento no solo en su forma, como
cualquier principio, sino también su contenido, porque la voluntad es pensamiento práctico, es
razón práctica. Entonces, es la voluntad según Rousseau la que da existencia y vida al cuerpo
político, la esencia del cuerpo político es la voluntad general para Rousseau.
Entonces, Hegel, al igual que Rousseau, reconoce que el Estado es una voluntad libre o,
dicho de otra manera, que el Estado es una determinación, la determinación más concreta de
la voluntad libre. Y esto es algo que ya había descubierto Rousseau, que el Estado es una
voluntad libre, que la esencia del Estado es una voluntad autónoma que encontramos como
soberano en el Contrato social.
O sea, ese querer autónomo es algo que habría que distinguir de cualquier principio
heterónomo, como podría ser el principio de la sociabilidad natural del apetitus societatis, del
deseo gregario o un principio sobrenatural que también nos estaría ofreciendo un principio de
heteronomía del poder político. Aquí no, en Rousseau y en Hegel encontramos que el
principio legitimador inmanente del poder político es una voluntad autónoma, una voluntad
que se da a sí misma sus propias normas. Hasta ahí el mérito.
Después de ese mérito aparece la formulación del defecto que tiene esa propuesta
rousseauniana. El defecto de Rousseau, según Hegel, consiste en haber concebido la voluntad
del Estado bajo la figura de una voluntad individual o, dicho de otra manera, Rousseau
confunde la voluntad del Estado –que Hegel intentará demostrar que es una voluntad
sustancial, racional, esto es, universal– con una voluntad común, una voluntad colectiva, una
voluntad que surge de un contrato. En el contrato hay una voluntad común, quienes suscriben
un contrato tienen una voluntad común, quieren vender o comprar, pero ambos quieren lo
mismo. Usted quiere comprar el reloj, yo lo quiero vender, nos hemos puesto de acuerdo, eso
es una voluntad común, depende del arbitrio de los particulares. Rousseau confundió esa
voluntad común con la voluntad universal. El Estado es una voluntad universal o también se
podría traducir como voluntad general. El problema es que Rousseau está confundiendo con
esa expresión voluntad general, habla de voluntad general, pero está mentando una voluntad
común, una voluntad que surge de un acuerdo de voluntades particulares, surge de las
voluntades individuales conscientes, o sea, de un contrato. Por eso sigue diciendo Hegel:
24/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
25/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
26/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
27/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
punto Rousseau estaría yendo en la dirección que Hegel quiere. Pero empezó mal, o sea, ese
proceso educativo es algo que no depende de la voluntad de un individuo o de muchos
individuos que deciden juntarse en una voluntad común. Sino que es un proceso que se
produce a través de los individuos, o sea, son las instituciones las que forman a los
individuos, forman esos ciudadanos a lo largo de la historia. O sea, el Estado se ha ido
transformando a lo largo de la historia y este Estado que Hegel reconstruye o cuya
racionalidad reconstruye aquí en este libro es un resultado de un proceso en el cual los
particulares aparecen, más bien, como accidentes. O sea, a través de las acciones de los
individuos se ha ido realizando esa voluntad sustancial del Estado y se ha ido auto-
transformando esa voluntad sustancial del Estado desde la antigüedad hasta principios del
siglo XIX.
Entonces, el punto de partida es el problema. Esa unión es previa al surgimiento de
cualquier individuo o los miembros del Estado… si uno es un buen organicista, tendría que
reconocer que los miembros son un resultado del desarrollo del todo en un organismo. El
problema es que el comienzo es como una máquina… si usted arma una máquina es difícil
que después pueda ser un organismo lo que tenga como resultado. En las máquinas las partes
son anteriores al todo, usted tiene las piezas y arma el motor. Ese es el procedimiento
moderno, el contrato: tengo individuos, los junto con el contrato y tengo un cuerpo artificial
que es como una máquina. Ahora, lo que quiere hacer Rousseau es decir, bueno, lo que hay
allí es una unidad orgánica, son miembros de un cuerpo y ya eso es difícil de lograr si usted
empezó pensando en una máquina, difícil que después el resultado sea un organismo.
Entonces, si usted quiere pensar el Estado realmente como un organismo, tiene que pensar
que las partes son posteriores al todo, o sea, que las partes se producen por el autodesarrollo
inmanente de un embrión que se va diferenciando interiormente y van surgiendo miembros de
una totalidad orgánica.
Estudiante: Son dos fundamentos distintos.
Profesor: Exactamente.
Estudiante II: No termino de entender el sentido en que Hegel utiliza los términos
pensamiento y pensar.
Profesor: Bueno, aquí pensamiento tiene el sentido simplemente de logos. Entonces, los
principios del logos son principios universales. Entonces, en ese sentido, no hay nada nuevo
ni misterioso en esto que Hegel está diciendo. Simplemente advirtiendo que el hecho de que
un fundamento sea pensamiento no solo en su forma sino también en su contenido, nos ofrece
una novedad en la historia del pensamiento político. Pero, en principio, ese sería. Mientras
28/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
que los principios que eran pensamiento solo en su forma, usted ahí tiene un contenido que
todavía no está purificado, por ejemplo la autoridad divina o la sociabilidad natural ¿no? Ahí
usted tiene un contenido que pretende universalidad por el hecho de ser un principio, pero no
por el contenido de ese principio sino que viene de afuera del logos, viene o de arriba o de
abajo o de Dios o de la naturaleza. Mientras que aquí, lo que ha logrado Hegel es que sea
pensamiento tanto su forma como su contenido, una voluntad.
Bueno, hasta aquí entonces la crítica al contractualismo que es uno de los puntos
importantes de nuestro programa porque hemos dedicado mucho tiempo a autores
contractualistas.
Así como el apartado del Derecho Abstracto no hay que estudiarlo todo sino sólo los
parágrafos que indicamos, del Derecho Abstracto y de otras partes donde aparece la crítica al
contractualismo; algo semejante ocurre con toda la sección importante, decisiva que Hegel le
dedica al segundo momento de los Principios de filosofía del derecho, la Moralidad. No
vamos a estudiar ni tienen que estudiar ustedes todo ese capítulo referente a la Moralidad,
aunque nunca está demás leerlo. Pero no son objeto de evaluación los conocimientos que
tengan en general sobre ese capítulo donde lo que nos interesará sobre todo es la crítica que
hace en algunos parágrafos Hegel a la ética kantiana. No es el único lugar donde Hegel la
crítica, aquí aparece un aspecto de esa crítica que es la crítica al imperativo categórico, en la
Fenomenología del espíritu y en la Lógica hay otros pasajes donde Hegel discute la
perspectiva de la filosofía práctica kantiana, específicamente la ética. Pero bueno, quisiera, así
como hicimos con la crítica al contractualismo quisiera, entonces, ofrecer alguna información
respecto del modo en que llega en el texto mismo a esa crítica.
En primer lugar, lo que Hegel denomina el tránsito del Derecho Abstracto a la
Moralidad. Recordemos que las tres partes del libro de la Filosofía del derecho son Derecho
Abstracto, Moralidad y Eticidad. Entonces, al finalizar el Derecho Abstracto, se produce este
pasaje: la necesidad de pasar desde el punto de vista de lo que Kant llamaba la legalidad (lo
que Hegel llama el derecho abstracto) a lo que llamamos ahora Moralidad. Esto está en el
§104, Tránsito del Derecho a la Moralidad.
En el Derecho Abstracto encontramos la presentación de la libertad de la persona
jurídica y su objetivación en la propiedad. Esa objetivación el derecho permitía clasificarla
solamente como legal o ilegal, o sea, conforme a derecho o contraria a derecho y siempre se
trataba de una esfera exterior, esto es, la esfera de las acciones, o sea, lo que Kant había
denominado el ámbito de la legalidad. Con el tránsito del Derecho a la Moralidad pasaríamos
de ese ámbito exterior de las acciones a el ámbito interior de la intensiones. O sea, al ámbito
29/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
de la libertad del sujeto moral donde la diferenciación de las intensiones podría decirse que es
la diferencia entre la buena y la mala voluntad, la buena y la mala intensión. Entonces,
encontramos en este pasaje a la moralidad, este tránsito del derecho a la moralidad una suerte
de interiorización de la problemática de la libertad de la voluntad. En el texto del §104
aparece tratado en términos del modo en que se termina de resolver la injusticia, o sea, aquella
transgresión del derecho de las personas o de los propietarios donde aparece una oposición
entre la universalidad del derecho de la voluntad libre en y por sí que encarnan las personas, o
sea, lo universal del derecho y la individualidad del delincuente, del transgresor. Esa
oposición es eliminada, dice Hegel, mediante la pena, mediante el castigo mediante el cual el
trasgresor se reintegra en el mundo del derecho. Entonces, lo que se elimina es, en rigor, la
inmediatez de la voluntad configurada en el derecho abstracto como meras personas. O sea, el
punto de vista moral nos abre la superación de esa contingencia que encontramos en la figura
del delincuente o del transgresor. O sea, nos abre un nuevo terreno de la libertad que es un
terreno de índole interior, íntimo, subjetivo que Hegel denomina la moralidad. O sea, el ser
humano como sujeto moral se auto-determina y esa autodeterminación es el punto de vista de
una conciencia del deber, de una exigencia; o sea, una conciencia que se interroga sobre la
bondad de sus intenciones a la luz de un deber ser. Esa interrogación, si nos mantenemos en el
punto de vista de la moralidad, nunca se terminará de satisfacer, de concretar, de cumplir, de
realizar. El sujeto moral que se propone fines, se propone, por un lado, fines válidos, esto es,
conformes al deber; pero también se propone fines subjetivos, esto es, que remiten a la
satisfacción de ese agente. Estos fines que podríamos denominar como objetivos y subjetivos
respectivamente, dice Hegel que no se excluyen mutuamente pero la filosofía del
entendimiento o el entendimiento abstracto postula esta presunta incompatibilidad entre el
deber y las inclinaciones, para decirlo en términos kantianos. Un poco más adelante, en el
§124, por ejemplo en la observación, antes de terminar el primer párrafo, dice Hegel:
La reflexión abstracta, por el contrario, fija este momento en su
contraposición y diferencia con lo universal, dando lugar así a una visión de la
moralidad que la presenta como una lucha contra la satisfacción propia,
expresada en la exigencia de –cita acá a Schiller– «hacer con horror lo que el
deber ordena»
Entonces, hay cierta exageración en lo que luego se denomina el rigorismo kantiano, o
sea, esta exigencia de que no basta con actuar de manera conforme al deber, de tener una
intención que no trasgreda la ley moral, sino que la exigencia rigorista viene del lado de que
la conciencia moral me ordena algo más, me ordena querer la ley moral porque es la ley
30/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
moral, la acción por deber es lo que debo querer y no simplemente conforme al deber. Y esto,
esta lucha del deber con la inclinación, es el resultado de una reflexión abstracta. Se debe
cumplir el deber por el deber mismo. Ahora bien, la forma del deber no aporta por sí misma
un contenido particular, un fin determinado de la acción. El deber como ese mandato
incondicionado de la conciencia moral contiene un elemento positivo para Hegel que es esta
instancia de la universalidad de la autoconciencia moral. Pero el problema para Hegel es el
formalismo kantiano. O sea, además del rigorismo, la crítica al formalismo. La conciencia
moral es esta conciencia del deber que obra de modo universal cuando neutraliza
inclinaciones, intereses, pasiones particulares y contingentes. En esto hay algo valioso, piensa
Hegel, nuevamente hay un mérito en Kant que es el reconocimiento de la autonomía infinita
de la voluntad humana. Sin embargo, dado que se queda simplemente en esa afirmación, hay
un elemento unilateral en la ética kantiana que lo encontramos en el §135, que es parte de la
selección obligatoria. En la observación al §135 encontramos esta objeción de Hegel a la ética
kantiana formulada de este modo:
Pero, en la misma medida, el permanecer en el mero punto de vista moral
sin pasar al concepto de la eticidad, convierte aquel mérito en un vacío
formalismo y la ciencia moral en una retórica acerca del deber por el deber
mismo.
Entonces, Hegel le está reprochando a Kant en este punto que pretende permanecer en
el punto de vista de la moralidad sin pasar a la eticidad ¿Por qué es necesario pasar al punto
de vista de la eticidad? La respuesta de Hegel es la siguiente: porque sino nos vemos
encerrados en lo que aquí él denomina el formalismo kantiano. Este consiste en que los
mandatos de la conciencia moral tienen que ser deducidos de la forma de la conciencia moral.
O sea, de la pura forma del imperativo categórico tendrían que seguirse según Kant los
deberes que son realmente morales, a diferencia de deberes de otra índole, de las costumbres
que tiene un pueblo particular o que tienen los seres humanos de una época, o sea, cómo
distinguir lo que son realmente mandatos morales de otro tipo de convenciones que se le
presentan a los seres humanos en distintas épocas o en distintos grupos sociales como
obligatorios. Y la respuesta de Kant es Aplique usted el imperativo categórico, si usted puede
universalizar la máxima, entonces, no hay ningún problema. Si usted no puede universalizar
la máxima, entonces usted está ahí ante la transgresión de la ley moral. Entonces, por la
simple forma del deber, Kant pretende inferir el contenido del deber y esto es algo que según
Hegel no se puede hacer. Para llegar al contenido del deber, tenemos que pasar al punto de
vista de la eticidad. Vamos a ver por qué.
31/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
No es posible una doctrina inmanente del deber, o sea, esta retórica del deber por el
deber mismo, nos da únicamente una universalidad vacía, cerrada sobre sí misma; una
universalidad que es pensada de manera puramente formal en la interioridad subjetiva y que
no puede de ninguna manera realizarse en la acción porque la moralidad es el plano
puramente interior. Los deberes concretos que tienen los seres humanos se encuentran en otro
lado, se encuentran en la eticidad. Los roles que cumplimos nosotros en las instituciones nos
asignan ciertos deberes, derechos y obligaciones. Pero no se trata simplemente de deducirlos
de la pura forma del imperativo, sino de atender a cuáles son esas instituciones racionales en
las que interactuamos y que nos asignan ciertas obligaciones que debemos cumplir. Esos son
deberes concretos, pero no pueden aparecer desde el punto de vista de la moralidad, de este
examen interior a la conciencia, sino que hay que recurrir al paso siguiente que es el de la
eticidad. Allí, en las instituciones, encontraremos ese deber concreto dentro del ethos, la
racionalidad efectiva, del espíritu objetivo.
Sigo un poquito más abajo en la misma observación al §135:
Se puede aportar una materia dada del exterior y llegar así a deberes
particulares; pero si se parte de la determinación del deber como falta de
contradicción o concordancia formal consigo mismo, que no es otra cosa que el
establecimiento de la indeterminación abstracta, no se puede pasar a la
determinación de deberes particulares.
Hegel está diciendo que si uno aporta una materia dada desde el exterior, ahí no habría
problema, pero un kantiano no puede aceptar eso porque qué sea un deber depende de la
aplicación del imperativo categórico, o sea, de la universalización de la máxima. Los deberes
particulares, tendrían que ser fundados en el deber moral, pero eso es lo que justamente Hegel
está poniendo en cuestión, o sea, ¿qué hacer en cada caso particular? ¿qué obligación tengo en
esta situación? A eso no me lo puede responder el imperativo categórico porque está pensando
estrictamente en una fundamentación formal que me ofrece únicamente un deber vacío que
termina admitiendo cualquier contenido arbitrariamente, cualquier contenido que viene del
exterior. ¿Por qué? Porque ha reducidor el deber a su forma y su forma al principio de no
contradicción. Este principio es el que está operando en el fondo del imperativo categórico.
Una voluntad mala es una voluntad contradictoria, la voluntad mala es, por ejemplo, la del
mentiroso. El mentiroso quiere dos cosas a la vez que son contradictorias, quiere que todo el
mundo sea sincero y él ser la excepción. No puede querer al mismo tiempo que su máxima se
transforme en ley universal válida para todos porque si todos fueran mentirosos, si nadie
creyese en la palabra del otro, el mentiroso no sacaría provecho de esa situación. Entonces, la
32/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
33/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
34/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
35/36
Filosofía Política
Teórico Nº 11
Estudiante: ¿Se podría decir que el Estado es a la persona lo que el concepto es al ser?
Profesor: Sí, podría decirse algo así en el sentido de que, en la Lógica, el concepto sería
algo así como el resultado demostrativo, pero el fundamento ontológico. Lo mismo ocurriría
con el desarrollo que encontramos aquí, o sea, la persona sería el inicio de una demostración
que termina en el Estado que, a su vez, ontológicamente el Estado es el fundamento de la
persona.
Seguimos el próximo martes que es nuestra última clase, vamos a ver algo de lo que nos
queda de la eticidad y, por supuesto, para el final lean los teóricos del 2012.
36/36