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Conquista de México-Tenochtitlan: Claves Históricas

1) Cortés y sus hombres entraron a la gran ciudad de México-Tenochtitlán el 8 de noviembre de 1519, quedando maravillados por su tamaño y construcciones. 2) Seis días después, Cortés secuestró a Moctezuma para controlar la ciudad indirectamente. Esto causó división entre la nobleza indígena. 3) El 16 de mayo de 1520, durante las celebraciones religiosas en el Templo Mayor, Pedro de Alvarado atacó sorpresivamente a los nobles desarmados, matando a miles

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Conquista de México-Tenochtitlan: Claves Históricas

1) Cortés y sus hombres entraron a la gran ciudad de México-Tenochtitlán el 8 de noviembre de 1519, quedando maravillados por su tamaño y construcciones. 2) Seis días después, Cortés secuestró a Moctezuma para controlar la ciudad indirectamente. Esto causó división entre la nobleza indígena. 3) El 16 de mayo de 1520, durante las celebraciones religiosas en el Templo Mayor, Pedro de Alvarado atacó sorpresivamente a los nobles desarmados, matando a miles

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Historia de México I

Actividad VI

(Segundo parcial)

Indicaciones:

 Leer las lecturas “500 años de la conquista de México – Tenochtitlán III, IV y V”,
del autor Enrique Semo.
 Retomar las ideas más importantes en la libreta.

500 años de la conquista de México Tenochtitlan / Enrique Semo/ III

Enrique Semo Tiempo de lectura: 4 min.

El 8 de noviembre de 1519 Cortés y sus hombres entran a la gran ciudad. Foto tomada del libro
Historia general de las cosas de Nueva España: libro XII de la conquista de México. Códice
Florentino de Bernardino de Sahagún
Ciudad de México. El 8 de noviembre de 1519 Cortés y sus hombres entran a la gran ciudad.
México- Tenochtitlan inicia una nueva etapa en su vida, la última como centro de un imperio
indígena: la etapa de la Conquista. Al acercarse los españoles quedaron maravillados ante el
espectáculo nunca antes visto en Europa, del mismo modo como los indígenas se maravillaron
cuando vieron a esos hombres enfundados en hierro que salían de montañas que surcaban el mar,
con armas nunca antes vistas (espadas, ballestas, arcabuces y cañones), montados en caballos y
acompañados de feroces mastines. Bernal Díaz del Castillo nos deja un testimonio inolvidable de la
impresión española del espectáculo “[…] y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el
agua, y en tierra firme otras grandes poblaciones, y aquella calzada tan derecha y por nivel como iba
a México, nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las cosas de encantamiento que
cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y cúes (pirámides) y edificios que tenían
dentro en el agua, y todos de calicanto”.

¿Pero qué entendemos por conquista cuando hablamos del imperio mexica y la hueste española? 1.
La conquista es un acto militar o político violento, por medio del cual se obtiene el dominio y
control político sobre uno o varios pueblos que eran soberanos.

1. Es el periodo fundacional de nuevas relaciones económicas propias de una colonia del


capitalismo temprano, totalmente diferente a las que existían en la época prehispánica. En
ellas los españoles son los favorecidos y los indígenas, los explotados.
2. La creación de condiciones para los procesos de evangelización y adoctrinamiento en el modo
de vida cristiano español. La Conquista es por lo tanto, un proceso histórico accidentado que
tiene raíces en el posclásico mesoamericano y la Reconquista española y desemboca en la
fundación de una nueva sociedad: la colonial. El régimen colonial es la razón de la conquista.
La Conquista no puede ser entendida fuera de su relación orgánica con la Colonia, porque el
dominio político no agota las tres metas de los conquistadores: señorear, enriquecerse y con
un etnocentrismo descarnado imponer su religión y formas de vida a todos los indígenas,
oponentes o aliados. Sólo los españoles son conquistadores, los aliados indígenas participan
en la guerra con otros intereses.

Durante los primeros días de su estancia en México-Tenochtitlan, Cortés y sus capitanes se dedican
a conocerla; no sólo se asombraron de todas sus excelencias, sino que también se dieron cuenta de
lo frágil de su situación. La ciudad, con sus 300 mil habitantes, rodeada de agua por todos sus lados,
con pocas calzadas hacia tierra firme, interrumpidas por medio de puentes levadizos y una
población guerrera diestra y altamente calificada, podía transformarse en una trampa mortal. Había
pocas opciones y Cortés se decidió por un acto extremadamente audaz, pero de alto riesgo: seis días
después
de su llegada secuestra a Moctezuma, llevándolo preso al palacio de Axayácatl, en donde se
hospedaban los conquistadores. Esta medida bastante común en la historia, apresar a un rey y
mantenerlo vivo, paralizando la estructura jerárquica del enemigo para imponer su propio poder de
manera indirecta, equivalía a la formación de un protectorado, como lo había hecho frecuentemente
Alejandro Magno en sus conquistas y Colón en el Caribe. Luego se apoderó de los reyes de
Texcoco y Tlacopan y algunos nobles levantiscos a quienes mandó encadenar. Moctezuma, bajo
estrecha vigilancia española, siguió gobernando en materia de asuntos cotidianos, recibiendo
vasallos y haciendo reuniones. Lo único que Cortés le imponía eran las cosas de interés para los
españoles. Esto aumentó la división entre sus nobles y el desconcierto en el pueblo. El prestigio y el
miedo que inspiraba Moctezuma entre los pueblos del Anáhuac se fue desvaneciendo, mientras que
la estrella de Cortés despegaba.

500 años de la conquista de México Tenochtitlan / Enrique Semo/ IV

Enrique Semo Tiempo de lectura: 5 min.

Mapa digital de la antigua Tenochtitlán. Foto cortesía del INAH

En México-Tenochtitlan se aproxima la gran fiesta del mes de Toxcatl (14 al 23 de mayo), fiesta
dedicada a los principales dioses de la ciudad: Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Los grandes capitanes
de las guerras mexicanas se preparaban para la ocasión, vistiéndose y pintándose. Las danzas
empezaron en diferentes lugares de la ciudad, pero sobre todo en la plaza principal del Templo
Mayor. Los grandes señores y guerreros eminentes que llevan puestas sus mejores joyas y adornos
bailaron incansablemente durante días.
Pero en la ciudad la tensión crece acompañada de toda clase de rumores. El tianguis ya no
proporciona todos los abastecimientos que requerían los españoles. Pedro de Alvarado que había
quedado al mando en ausencia de Cortés, recibía informes preocupantes de sus soldados sobre el
cambio de humor de la población tenochca. Sus aliados, los tlaxcaltecas, conspirando siempre
contra los mexicas, informan que importantes personajes de la corte estaban reunidos en el recinto
del Templo Mayor, preparando un ataque general contra su cuartel, el palacio de Axayácatl. Quizás
Alvarado se acordó de Cholula: debía de adelantarse, descabezar la posible insurrección sin demora,
y las danzas en que estaban desarmados muchos de los jefes mexicas ofrecían una ocasión
inmejorable. Según Ixtlixóchitl, el 16 de mayo en un momento determinado, cerca de 80 soldados
españoles se dirigieron al Templo Mayor. A la orden de Alvarado, sus hombres cayeron sobre los
danzantes. Los informantes de Bernardino de Sahagún relatan:

“Inmediatamente, cercan a los que bailan, se lanzan al lugar de los atabales: dieron un tajo al que
estaba tañendo: le cortaron ambos brazos…

“Al momento, todos acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren.
Algunos los acometieron por detrás; inmediatamente cayeron por tierra disparadas sus entrañas. A
otros les desgarraron la cabeza…

“Anhelosos de ponerse en salvo, no hallaban adónde dirigirse… Y los españoles andaban por
doquiera en busca de las casas de la comunidad: por doquiera lanzaban estocadas, buscaban cosas:
por si alguno estaba oculto allí…”

Fue verdaderamente un genocidio. Los guerreros mexicas ni siquiera conocían el uso mortífero de
la espada. Los españoles lograron su objetivo: matan a unos 3 mil nobles y capitanes, la élite
mexica quedó descabezada. Pero lo que fue una sorpresa para ellos fue la reacción espontánea y
bravía del pueblo tenochca. México-Tenochtitlan no es Cholula, la respuesta en extremo violenta de
los guerreros, no tardó en darse. Se oyeron llamados a las armas y de regreso a sus cuarteles los
españoles y sus aliados indígenas, se encontraron fuertemente sitiados. En ausencia de los
generales, los calpuleques (jefes de calpulli) abrieron los arsenales y llamaron a todos los hombres
hábiles, para tomar las armas. Y como el ejército mexica es el pueblo armado, se inició la guerra.

Los tenochcas trataban de forzar las entradas del cuartel español sin poder romper la barrera de
acero que les oponían los sitiados. Otros disparaban nubes de flechas, piedras y dardos desde los
techos de los edificios vecinos y otros más intentaban socavar los muros. El combate no cesó hasta
caer la noche
y al otro día se reanudó muy temprano, los indios vuelven al asalto con gran arrojo. Durante tres
semanas los tenochcas acosaron a los españoles obligándolos a encerrarse en sus cuarteles,
privándolos de alimentos y agua. Cortés regresó a Tenochtitlan después de haber vencido al enviado
de Diego Velázquez, gobernador de Cuba. Regresó con una tropa muy crecida con los desertores de
Narváez: llevaba consigo mil 300 hombres muy bien armados y varios miles de aliados indígenas de
varias etnias. Pero su refuerzo no logró cambiar la desesperada situación de los sitiados y el 30 de
junio en la noche Cortés, convencido de que estaban en una trampa mortal, decide abandonar
Tenochtitlan.

La huida por la calzada de Tlacopan se transformó rápidamente en un desastre. Los guerreros


mexicas aparecían por todos los costados, tirando piedras y dardos, dando lanzadas y golpes de
macuahuitl, arrastrando a los intrusos sobrecargados de botín a los canales o a las aguas de la
laguna. Estaban en las canoas, en la calzada, en los techos de las casas combatiendo sin descanso,
deshaciendo la columna incapaz de maniobrar, tomando prisioneros que enseguida llevaban a
inmolar al templo de Huitzilopochtli. La retaguardia no logró salir y fue masacrada. El terror se
apoderaba de los fugitivos, entre los alaridos de los guerreros y el estrepito de los grandes tambores
de guerra. Cortés perdió en la que después los españoles llamaron Noche Triste más de 800
soldados y 2 mil guerreros aliados, así como todo su equipo pesado. Para los mexicas fue una gran
victoria, quizás la mayor de toda la guerra contra el invasor. Con dificultades Cortés logró regresar
a Tlaxcala, donde sus habitantes lo recibieron en paz y ayudaron a los sobrevivientes a curar sus
heridas, y a descansar por más de un mes. Después, Cortés, con algunos refuerzos llegados de Cuba,
comenzó a hostigar a las tropas mexicas estacionadas en diferentes puntos de la meseta central, para
aislar a la ciudad de México- Tenochtitlan. En esas campañas la composición de sus fuerzas era de
50 o más indios por cada español.

Vida y muerte de una gran ciudad / Enrique Semo / V y última

Enrique Semo Tiempo de lectura: 7 min.


Foto l 'Códice Durán' o 'Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme'

Partiendo de un cálculo militar simple, 700 hombres no pueden poner sitio anfibio a una ciudad
lacustre de 300 mil habitantes, dueña de una flota de 50 mil canoas, poblada con guerreros
dispuestos a luchar y defenderla hasta la muerte. El asedio es ante todo un bloqueo militar que
impide el abasto y el ingreso de refuerzos desde afuera. Los mexicas podían defender las calzadas
con pocos hombres y romper el cerco por agua en todos los sentidos para abastecerse. Fue necesaria
la participación masiva de los pueblos indígenas en la Gran Alianza Antiazteca para llevarla a cabo.
La caída de México-Tenochtitlan fue obra de grandes ejércitos indígenas con la participación
destacada de los conquistadores.

Los pueblos originarios en su imaginario continuaron con sus filias y fobias, conflictos, alianzas,
que predominaban en el último siglo de la sociedad antigua, prehispánica. Es ahí donde hay que
buscar varias de las explicaciones de la rápida destrucción de México-Tenochtitlan.

El mexica era un pueblo eminentemente guerrero. Cada año combinaba las labores agrícolas con las
expediciones militares. Los aztecas exigían a los pueblos sometidos tributo, trabajo masivo, apoyo
en sus expediciones guerreras y víctimas para los sacrificios. Además, había pueblos que no
lograron someter, como los tlaxcaltecas y los tarascos, pero con los cuales tuvieron varias guerras
floridas (de desgaste). El imperio azteca estaba basado en el miedo que debía ratificarse cada año
con éxitos que inspiraran terror.

Es natural que el odio y el temor que inspiraban fuera creciendo y muchos pueblos estaban
dispuestos a luchar contra ellos. Las condiciones que dieron lugar a la Gran Alianza Antiazteca se
fraguaron durante las últimas décadas del periodo posclásico 1428-1521. Cortés no tuvo que
azuzarlos, sólo unirlos, y eso fue la esencia de su estrategia a lo largo de dos años.
Irónicamente, la lucha por la libertad de los pueblos dominados por el imperio azteca y la empresa
colonialista de los españoles coincidieron y se sobrepusieron en un momento crucial. Por un tiempo
corto convergieron dos movimientos con propósitos opuestos: los pueblos indígenas sometidos o
bien hostilizados por los aztecas luchaban para liberarse del cruel dominio de un poder imperial.
Los conquistadores, siguiendo la Reconquista y el capitalismo temprano, guerreaban por imponer
un régimen colonial. Una alianza contranatura, la Gran Alianza Antiazteca fue una unión de los
contrarios. Al principio se unieron a los españoles los pueblos de Tlaxcala, Huejotzingo, Cempoala,
Cholula, Chalco y Texcoco; al final incluso los pueblos de las chinampas, Xochimilco, Churubusco,
Mexicaltzingo, Mizquic, Cuitláhuac, Iztapalapa y Coyoacán, que al principio apoyaban a los
mexicas, se pasaron a la Gran Alianza Antiazteca. El caso no se repitió en todo lo que sería la
América española. Por una de esas casualidades trascendentales que se dan en la historia, los
luchadores por la libertad se vieron unidos con los agentes de un imperio colonial en el mismo
campo.

El 22 de mayo de 1521 se inició el sitio de México-Tenochtitlan con 700 conquistadores y unos 100
mil guerreros indígenas. Los habitantes de México-Tenochtitlan hacinados en la ciudad se vieron
diezmados por la viruela y otras enfermedades propiciadas por la falta de alimentos, agua potable y
los cuerpos insepultos. Las batallas se sucedieron durante 83 días; se luchaba de día y de noche, sin
descanso. Cortés apresuró el sitio por miedo a que sus aliados lo abandonaran si duraba mucho. Eso
contribuyó a la destrucción física de la ciudad. Durante las batallas los aliados destruyeron
sistemáticamente las casas de dos pisos de la capital mexica porque desde las azoteas les arrojaban
piedras, flechas y dardos a los invasores. Moctezuma había sido sustituido en el poder por reyes que
se habían opuesto desde la aparición de los conquistadores en Veracruz: el bando de la resistencia
sin concesiones. Al principio Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, quien murió en la pandemia, y
luego Cuauhtémoc, joven de 25 años, señor de Tlatelolco, que dirigió la resistencia hasta el final.
Nadie quedó excluido en la defensa de la ciudad. Participaron todos los sectores de la población
mexica: macehuales, artesanos, comerciantes, guerreros de las órdenes, nobles y sacerdotes. En
varios momentos las mujeres jugaron un papel muy importante.

En Tenochtitlan se tomaron medidas para poner en pie un ejército, a pesar de que la estación de
guerra fijada por el calendario agrícola había pasado. Además la cadena de mando había sido
seriamente dañada por el asesinato de los nobles en la fiesta de Toxcatl. Los dirigentes optaron por
una estrategia defensiva que obligara a la Gran Alianza Antiazteca a concentrar sus ataques y
sortear los obstáculos que la ciudad y las aguas del lago les oponían. Los tenochcas aprendieron a
usar espadas, lanzas y ballestas quitadas a los españoles aun cuando no podían fabricar las flechas
de metal. También aprendieron a enfrentar a los jinetes. Así, un natural de Tlatilulco asió la
lanza con que estaba
atravesado y sus compañeros lo ayudaron quitándosela al jinete a quién tumbaron del caballo y
mataron. Otra vez, ante la acometida de los tlatelolcas, los españoles tuvieron que abandonar un
gran cañón en el patio de Huitzilopochtli y fue arrojado en aguas profundas, en un sitio que se
llamaba Tetamazulco.

Además, los mexicas aprovecharon los momentos de derrota o vacilación de los aliados para
realizar contraofensivas tanto por tierra como por agua. Varias veces Cortés buscó la rendición de
sus enemigos o una tregua, pero en todas los mexicas se negaron, dejando claro que preferían morir
a ser esclavos. Es evidente que esa decisión era de todos y no sólo de los dirigentes. Incluso en los
últimos días Cuauhtémoc vaciló, pero sus capitanes lo llamaron a rechazar hasta el final toda idea
de rendición. La apasionada y valerosa defensa de la ciudad se basó en la resolución unánime del
pueblo que tuvo, sin duda, una inspiración religiosa e ideológica muy fuerte. Ahí donde la nobleza
había flaqueado, la decisión popular fue contundente.

En un momento, los jefes de la Gran Alianza decidieron poner punto final a la guerra con una
extensa ofensiva. La fecha se fijó para el 30 de junio. Al inicio, ante la acometida, los mexicas
retrocedieron, haciendo menos resistencia de la acostumbrada. Los aliados prosiguieron, venciendo
trincheras tras de trincheras, y llenando cuidadosamente los fosos, para asegurar el regreso. El
enemigo, aparentemente cogido de sorpresa, parecía no poder resistir la furia del ataque. Pero todo
había sido una trampa. Súbitamente se oyó el caracol de Cuauhtémoc, que sólo sonaba en ocasiones
de sumo peligro, desde la cumbre del teocalli mayor. En un instante los aparentemente fugitivos
aztecas se volvieron y arremetieron contra sus perseguidores. Al mismo tiempo, infinidad de
guerreros acudían de las calles inmediatas, atacando por el flanco a los españoles. Éstos, cogidos por
sorpresa y cediendo a la furibunda embestida, entraron en desorden. Amigos y contrarios, quedaron
revueltos en un sangriento cuerpo a cuerpo. Los tenochcas caían sobre ellos como un torrente que se
lanzaba hacia un foso, del otro lado del cual estaba Cortés sobrecogido de horror. Las filas
delanteras se arrojaron al agua; los unos empujaban a los otros, éstos nadaban, aquéllos se hundían.

Los aliados regresaron a sus cuarteles desalentados y tristes. Razón tenían para ello, porque fuera de
los muertos y de los muchísimos heridos, habían caído 62 españoles y gran número de aliados vivos
en manos del enemigo. La pérdida de dos piezas de artillería y de siete caballos coronaba la
desgracia de los castellanos y el triunfo de los mexicas. La tranquilidad del crepúsculo fue alterada
por el repentino y ronco son del tambor del gran templo, que recordó a los españoles la noche de su
estrepitosa derrota. Entre la muchedumbre que festejaba, los españoles distinguieron algunos
hombres
desnudos, que por el color de la piel reconocieron como compatriotas suyos. Eran, en efecto,
víctimas destinadas al sacrificio.

La guerra tuvo momentos álgidos con victorias para los sitiadores y los sitiados. Cortés estuvo a
punto de perder la vida en dos ocasiones. En un momento, tras una victoria sonada de los mexicas,
la alianza estuvo a punto de desbandarse, muchos aliados indígenas abandonaron temporalmente el
campo. Pero al fin vencieron. La ciudad destruida quedó sembrada con los cadáveres de sus
defensores y el 13 de agosto de 1521 por fin se rindió México-Tenochtitlan. Buena parte de los
sobrevivientes huyeron. La destrucción de un prodigio del ingenio humano pesa hasta nuestros días
sobre la figura de Hernán Cortés, quien inmediatamente impuso el tributo real, repartió
encomiendas y esclavos para las minas e impulsó la evangelización y el adoctrinamiento.

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