La animación a la lectura
en el proceso educativo
MÓDULO 2
Animación a la lectura
1 Leer y animar a leer
2 Los derechos del lector
CURSOS HOMOLOGADOS
ONLINE
3 Actitudes para animar a leer
DE FORMACIÓN
PERMANENTE
1
Leer y animar a leer
Escribir significa mucho más que conocer el abecedario, saber juntar letras
o firmar el documento de identidad. Quiere decir ser capaz de expresar
información de forma coherente y correcta para que la entiendan otras
personas.
Cassany, Daniel (1995): La cocina de la escritura
Leer, en apariencia, es sencillo. Al fin y al cabo, se trata de unir varios fonemas que, al pronunciarlos todos juntos, for-
man un sonido, aunque el proceso es más complejo: el sonido tiene un significado, evoca una imagen, un concepto,
una situación, un sentimiento. Más aún: la unión de varios sonidos describe situaciones con un significado.
Esta cuestión del significado es uno de los principales elementos de la animación a la lectura. Solamente se podrá
desarrollar una animación lectora cuando el sujeto al que se destina posea una adecuada comprensión lectora. Es
decir, si el alumno/a no comprende, o comprende con dificultad lo que lee, es difícil que la lectura le transmita algo.
Buena parte del fracaso escolar tiene su origen en alumnos que no han adquirido una comprensión lectora adecua-
da: arrastrando este problema, les resulta muy difícil el estudio dada la dificultad de comprender lo que estudian.
Por ello y de forma previa cualquier animación lectora, es necesario haber conseguido que el alumno/a comprenda
lo que leer. Ello no significa que entre los alumnos más pequeños (Educación Infantil) no se pueda provocar una ani-
mación a la lectura. Hoy en día contamos con multitud de libros adecuados a su edad y capacidad lectora, aparte de
la posibilidad de familiarizarles con los libros de sus relatos.
Otra cuestión hace referencia a lo que tradicionalmente entendemos por lectura.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 2
LEER ES MUCHO MÁS
QUE LEER LIBROS
Cuando hablamos de animación lectora
inmediatamente pensamos en libros y en bibliotecas.
A esta concepción habría mucho que objetar,
ya que ¿acaso no forman parte de la lectura
los siguientes formatos?
Un cómic.
La prensa.
Una revista.
La pantalla de un ordenador.
Una consola.
Tenemos asociada la lectura a los libros, lo cual es normal, pero no son la única forma. Actualmente, las tecnologías de
la información han ocupado un espacio importante. Recordemos cómo en el módulo anterior hacíamos referencia al
incremento de la prensa digital. Seguramente, la lectura se desarrolla de forma distinta en un libro y en una pantalla
(el nivel de reflexión también), pero no olvidemos que el objetivo es animar a leer, no leer determinados libros para
conseguir algo (por ejemplo, una titulación universitaria).
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 3
Un último elemento al que haremos referencia en esta introducción alude a los conceptos utilizados para hablar de
este tema: animación a la lectura, fomento de la lectura, promoción lectora.
Animación Acción dirigida a crear un vínculo entre un material específico
a la lectura de lectura y un individuo o grupo, con el objetivo de crear el
gusto por la lectura
Fomento Tarea para convertir la lectura en herramienta fundamental
de la lectura en el desarrollo de la personalidad y la socialización de cada
individuo como elemento esencial para la convivencia
Promoción Acciones para acercar a un individuo o comunidad a la lectura,
lectora elevándola a un nivel superior de uso y logrando su asunción
como herramienta indispensable en su condición vital
El que más éxito ha tenido es el de animación a la lectura o animación lectora, una expresión a veces peligrosa, porque
bajo ese nombre se han realizado múltiples actividades con función, sobre todo, de entretenimiento, más que de invi-
tación a leer. Por ejemplo, a veces se utiliza como actividad un cuentacuentos pero sin una sola referencia al libro del
que procede el cuento en cuestión. De este modo, difícilmente se podrá asociar el relato a un libro y al placer que se
experimenta al oírlo junto con algo escrito.
Lo anterior no es óbice para reconocer el valor de los cuentacuentos: el relato de una historia, ya sea real o imaginada,
que entretenga a los alumnos mediante gestos, voz o mímica funciona en muchos países como medio de entreteni-
miento, preservación de la cultura y del conocimiento, desarrollo personal del menor y modo de adquisición de valo-
res. Estamos refiriéndonos exclusivamente a una perspectiva de animación a la lectura.
Por ello, este concepto es confuso, ya que a veces se asocia a actividades que nada tienen que ver con la lectura e, in-
cluso, que la arrinconan.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 4
No obstante, más allá del concepto que utilicemos resulta esencial tener bien claro que toda actividad de animación a
la lectura debe tender a este fin (no solo al entretenimiento) y que cobrará mucho más sentido (de ello hablaremos más
adelante) dentro de un proyecto global, más que como un recurso aislado.
Se recomienda el acceso al trabajo: «Las bibliotecas municipales de A Coruña: un proyecto de promoción de la lectura»
(Blanco, Isabel), que aborda los conceptos de lectura, animación a la lectura, promoción a la lectura, y estrategias de pro-
moción lectora, todo ello entendiendo el proceso lector como «proceso global y complejo».
Desde Exige una buena colección de libros a partir de la selección
¿Cómo animar a leer? los libros de títulos en función de los intereses del destinatario
Fuente: Instituto Nacional de Tecnologías Educativas
y de Formación del Profesorado
Desde Estrechamente ligada
la escritura al hábito de leer
Desde la oralidad Importancia de la expresión oral
¿Cómo animar a leer? (expresión oral) (actividades de juego poético, narración oral…)
Cine
Desde otros Televisión
medios del entorno
Otros medios de comunicación
Desde la tecnología Biblioteca digital,
(expresión oral) libro electrónico…
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 5
Animar a leer desde el libro
Fuente: Instituto Nacional de Tecnologías Educativas Propuestas de lectura
y de Formación del Profesorado
Partir de Para
Una oferta variada de libros Que todos los alumnos descubran
(géneros, autores, temas…) posibilidades de lectura
La libertad Favorecer el criterio propio en la elección
de elección de lecturas y definir sus gustos particulares
El respeto de los ritmos Evitar fracasos e integrar
de lectura a todo tipo de lectores
La presencia constante de los libros Garantizar los objetivos
en las actividades de animación de la animación
Englobar las propuestas de actividad Implicar en la tarea de lectura
dentro de un proyecto lector a toda la comunidad educativa
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 6
2
Los derechos del lector
Un niño no siente gran curiosidad por perfeccionar un instrumento con el
que se le atormenta; pero conseguid que ese instrumento sirva a su placer y
no tardará en aplicarse a él a vuestro pesar.
Pennac, Daniel (2006): Como una novela
Cuando hablamos de «animación a la lectura», frecuentemente solemos olvidar que el lector tiene «derechos», es de-
cir, que la persona a la que queremos invitar a hacer una «experiencia lectora» es un sujeto de derechos que hay que
respetar y aceptar.
Aceptar esa «libertad del lector» no es algo sencillo, pero sí fundamental. Asumir esa libertad supone que, a pesar de
todos los esfuerzos, medios, planes y proyectos, ilusión, etc., que yo aporte, en último término es la otra persona la
que decide aceptar o no aceptar la propuesta.
La libertad del lector no depende en última instancia del enseñante, sino del «futuro lector» o «lector en potencia»,
que se decide si se deja seducir por nuestra invitación.
No debemos olvidar nunca que, como docentes, lo que hacemos es una oferta, no una imposición: por lo tanto, el
destinatario es libre de acogerla o de rechazarla.
Por tales razones, es imprescindible reconocer y no obviar esa libertad del lector, que se concreta en una serie de de-
rechos que en su día Daniel Pennac expuso en un libro titulado Como una novela.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 7
Daniel Pennac
EL AUTOR
Daniel Pennachioni (pseudónimo, Daniel Pennac) nació en Casablanca en 1944, aunque
tiene nacionalidad francesa. Su vocación por la enseñanza le ha llevado a escribir obras
para niños y a reflexionar sobre diversos temas educativos. Uno de ellos ha sido el de la
lectura, publicando entre otros su libro Como una novela, del que se han recogido los
diez derechos de este apartado. Entre otras obras vinculadas a la actividad docente, re-
comendamos la lectura de Mal de Escuela (Barcelona: Mondadori, 2012).
Más información sobre Daniel Pennac.
LA OBRA
Como una novela (2006). Barcelona: Anagrama.
Este libro, fenómeno de la edición francesa, trata de enumerar y analizar las causas por
las que un lector en ciernes se convierte en un renegado de la lectura que huye de las
páginas escritas como si estas representaran el peor de los castigos. Los padres del lec-
tor, e incluso la escuela, pueden convertirse en destructores de lectores en potencia,
convirtiendo el placer ameno de la lectura en una obligación monótona y repetitiva.
A través de un monólogo desenfadado, Pennac pretende que el adolescente pierda el
miedo a la lectura. La obra concluye con el decálogo de derechos imprescindibles del
lector, aquí resumido.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 8
1.º El derecho a no leer
Este es el principal y primer derecho fundamental: el derecho a no leer. También resulta el más difícil de aceptar, por-
que en nuestra sociedad se ha «estandarizado» la idea de que por no leer uno se vuelve necio, torpe, ignorante, etc.
Es cierto que la lectura se convierte en un cauce de información y formación extraordinario. El medio escrito, desde la
invención y difusión de la imprenta, asume el papel de medio privilegiado del saber, pero no debemos absolutizarlo.
No es ni ha sido la única manera de acceder a la información y a la formación. Antes de la invención de la escritura ya
se transmitían saberes y conocimientos y, después de ser ideada y hasta la invención a su vez de la imprenta, no fue
el principal modo de adquisición del conocimiento.
Por ello, hemos creado una losa insoportable sobre la lectura, convirtiéndola en una obligación al imponerla como el
camino hacia el saber y el conocimiento o, mejor dicho, como el único saber.
Precisamente hoy, en nuestra sociedad digital y audiovisual, las principales
fuentes de información, de conocimiento o de aprendizaje no provienen pre-
cisamente del texto escrito: es más, añoramos también aquel aprendizaje fruto
de la experiencia, del contacto con la realidad, volviéndose necesario hoy lle-
var a nuestros alumnos a «granjas escuelas» para que conozcan lo que antes se
aprendía en el entorno familiar.
Quitemos esa losa y reconozcamos que, por no leer, uno no se vuelve ignorante,
necio o torpe: simplemente se pierde un mundo de experiencias en el cual po-
drá encontrar información, conocimiento, entretenimiento, etc., pero sin el cual
se puede «sobrevivir en esta sociedad».
Como reflexión: seguramente cualquiera de nosotros ha leído más libros que
Aristóteles, pero eso no hace que estemos intelectualmente a su altura.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 9
2.º El derecho a saltarse las páginas
¿Quién no ha tenido la experiencia de estar leyendo un libro y llegar a una par-
te que se vuelve pesada, innecesaria, que pierde el ritmo o se vuelve retórica?
¿Quién no ha leído un libro y ha deseado saltarse unas cuantas páginas para
conocer antes el desenlace? ¿Por qué hay que leer todas las páginas de un libro?
¿Acaso es obligatorio?
La idea de que las cosas tienen un principio y un fin, y que hay que seguir un
camino trazado, no casa bien con la búsqueda del placer y de la satisfacción. Si
de esto último se trata, hay que aceptar el derecho a que el lector lea las páginas
que quiera, y las que no, se las salte.
Es lo mismo que hacemos con un periódico, en el que leemos solo las noticias
que nos interesan y no por ello alguien insinúa que no lo hemos leído.
3.º El derecho a no terminar un libro
Y si no me gusta el libro, ¿tengo que terminarlo?
Leer por placer no exige terminar el libro, sino dejar de leer cuando la aventura
deja de ser satisfactoria. Dicho en positivo, hay que leer mientras nos guste lo que estamos descubriendo. Hay libros
que empiezan muy bien pero luego van decepcionando, o libros con títulos muy sugerentes que tras las primeras pá-
ginas no nos gustan.
Si es así, ¿por qué seguir leyendo? ¿No cambiamos de canal cuando un programa de televisión no nos agrada?
Puede que nos suene mal, a falta de constancia, a ausencia de dedicación, de esfuerzo, incluso de disciplina, pero lo
único cierto es que si me he acercado a ese libro buscando entretenimiento y no lo he encontrado, dejaré el libro por-
que no cumple mis expectativas.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 10
4.º El derecho a releer
Hay libros inolvidables: libros que, al terminarlos, nos llevan a decir que «es de lo mejor que he leído», libros que no
solo no nos importaría volver a leer, sino que, incluso, estamos firmemente dispuestos a hacerlo.
Releer algo no es una pérdida de tiempo. No es perder la oportunidad de leer algo nuevo: al contrario, es disfrutar
leyendo, además con la garantía plena de que el placer de leer está asegurado, porque con ese libro ese placer ya lo
experimentaste.
5.º El derecho a leer cualquier cosa
¿Qué es mejor?
a) Leer una novela clásica.
b) Leer un best-seller.
c) Leer un periódico.
d) Leer una revista.
e) Leer un tebeo.
f ) Leer cuentos infantiles con 35 años.
g) Leer en el ordenador.
h) …
Desde la perspectiva de la lectura por placer se puede leer cualquier cosa, ya que se trata de una actividad placentera
y no a todos nos gusta ni nos satisface lo mismo.
Actividad
Lee el siguiente artículo, sobre los beneficios de la lectura, publicado en el diario La Vanguardia (Yaiza Saiz, 2012):
Los beneficios de la lectura
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 11
6.º El derecho al «bovarismo»: es decir, buscar, al leer, la satisfacción inmediata
y exclusiva de nuestras sensaciones
Ese es el objetivo que buscamos: que la experiencia lectora sea placentera, de forma que recurramos a la lectura en
busca de ese placer para satisfacer nuestro deseo de una manera inmediata, al igual que comemos cuando tenemos
hambre o ansiamos una comida en especial porque tenemos un recuerdo placentero de ella.
Leemos, en suma, porque ello nos produce placer. Una sensación diferente en cada uno: a alguien le ayuda a revivir
ciertos sentimientos, otro disfruta con la intriga, a otro le apasiona incrementar sus conocimientos sobre una dis-
ciplina.
7.º El derecho a leer en cualquier lugar
Cualquier sitio es bueno para leer: en la cama por la noche, en el metro o en el autobús, en el sofá, bajo un árbol, en la
biblioteca, en clase, etc.
No hay sitios para leer. Cada lector lo hace donde puede, allí donde le satisface o porque es para él o ella la única ac-
tividad posible en ese momento. Ningún sitio es mejor que otro.
La biblioteca no es el «único» lugar de lectura, tampoco re-
sulta siempre atractiva una sala en pleno silencio, con pare-
des blancas donde nada pueda distraer.
¿Qué haría un niño que, en plena lectura, siente la imperio-
sa necesidad de convertirse, por unos instantes, en el héroe
del libro y desenvainar su espada, si el rigor de la biblioteca
se lo impide? ¿No estaríamos matando precisamente el pla-
cer que nace de leer? ¿No se halla el niño identificándose
con el personaje y viviendo sus mismas aventuras?
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 12
8.º El derecho a hojear (a leer dos páginas de un libro de quinientas)
De algunas canciones solo nos gusta el estribillo, o únicamente un punteo de guitarra y,
cuando la oímos, solo «escuchamos» ese fragmento que nos gusta. ¿Por qué no podemos
hacer lo mismo con los libros?
¿Acaso nos tienen que gustar todas las poesías de un vasto libro de poemas? ¿Hay que
leerlas todas? Pensemos en multitud de libros que no disponen de una trama de principio
a fin: por ejemplo, las recopilaciones de cuentos, de relatos cortos, de poemas, de libros
compuestos por breves artículos como «Tinto de Verano», de Elvira Lindo. Lecturas que
pueden consistir en algunos fragmentos, desordenadas.
¿Y si existe una trama desde principio a fin? Aunque conste esa trama, es legítimo leer solo las páginas que hablan de
la ciudad donde vivo, o de un lugar que recuerdo o que me atrae, o que contenga las descripciones de los personajes,
o solo un capítulo que narra un detalle concreto de especial interés (por ejemplo, cómo era un mercado medieval,
descrito en unas pocas líneas del voluminoso «Los pilares de la Tierra», de Ken Follet).
9.º El derecho a leer en voz alta
Los niños leen en voz alta: eso les facilita la lectura en sus inicios, hasta adquirir la capacidad de leer en silencio, pero,
como en los anteriores derechos, ¿existe alguna ley que prohíba la lectura en voz alta?
La lectura en voz alta conlleva, además, la exigencia de una correcta entonación y una cierta dramatización. Un buen
lector en voz alta puede, con su capacidad de narración, atraer a otros hacia el relato, invitando a sumergirse en él.
Actividad
Lee el siguiente artículo, sobre la lectura en voz alta, publicado también en el diario La Vanguardia (José Antonio
Millán, 2007): Leer en voz alta
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 13
10.º El derecho a callarnos (a no hablar
del libro que estamos leyendo o que
acabamos de leer)
¿Qué te ha parecido el libro? ¿De qué va? ¿Te
está gustando?, etc., son preguntas habi-
tuales que hacemos y nos hacen cuando
alguien nos ve con un libro en la mano.
En el ámbito escolar es una práctica habi-
tual, no en forma de diálogo sino de «tra-
bajo». Tras leer un libro hay que elaborar
un trabajo (o un resumen) y si esa tarea no
se entrega al docente parece que el libro
no se ha leído.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 14
Actividad
Lee las dos experiencias siguientes. En una de ellas, un mayor número de los resúmenes emitidos
por los alumnos no fue indicio de una mayor lectura (Educación Primaria); en la otra, la ausencia de
un trabajo no fue señal de que el libro no se hubiera leído (Bachillerato).
Actividad de Educación Primaria
En muchas aulas de Educación Primaria existe un «rincón» de lectura, que suele consistir en una estantería o armario
con libros. Muchas veces, ese recurso se utiliza para que los alumnos que realizan las tareas de clase a mayor velocidad
puedan recurrir a esos libros, mientras el resto de compañeros las termina. Resulta habitual que el maestro/a propon-
ga que cada niño/a lea un número determinado de libros al trimestre, e incluso premiar a aquel que haya leído más.
De cada libro leído hay que elaborar una ficha para que el maestro/a conozca cuántos libros se leen y cuáles.
Al finalizar el primer trimestre, en una de esas aulas se preguntó a los niños por la lectura de cuatro libros. Opinaron
acerca de los ejemplares que les habían gustado más, categorizando quiénes habían leído libros en casa y quiénes
en el aula. Algunos estaban orgullosos de haber sido los «mejores» lectores, sobrepasando incluso la cifra de cuatro
propuesta por el docente. Una alumna, incluso, la había duplicado.
En este contexto, uno de los niños, que no había leído más que cuatro libros, se quejó, ya que las mayores alabanzas
se asociaban exclusivamente a un número: «algunos lo que hacen es coger los libros más pequeños para así leer más».
Otro alumno defendió haber confeccionado solo las fichas de los libros leídos en clase y no las de las lecturas en casa.
No se pretende con esto criticar la actividad propuesta, sino reflexionar sobre el valor de lo que hacemos y las pautas
de valoración de nuestras actividades. Porque las preguntas en este ejemplo son obvias: ¿quién habrá disfrutado más
de la lectura? ¿Y quién habrá leído más?
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 15
La respuesta no es sencilla. Puede que un alumno que haya leído solo
cuatro libros los haya escogido por su título, o por la portada, o incluso
haber empezado a leer alguno y dejarlo por aburrimiento. Esto puedo
suceder también a un alumno que haya leído menos. Otra posibilidad
es que un menor con dificultades lectoras haya acabado un único libro
pero con gran satisfacción. Cabe también que los que hayan culminado
más libros solo lo hicieran por pura competición, o puede por el contra-
rio que les hayan gustado todos…
Más posibilidades: un niño que ha leído tres libros aprovecha cuantita-
tivamente la lectura más que uno que leyó cinco, porque los tres libros
juntos suman, por ejemplo, 300 páginas frente a las 240 de los otros
cinco. Y puede que el que entregó solo tres fichas haya leído más libros
en casa, y que su problema no consista en no leer, sino en el desagrado
que le supone cumplimentar una ficha sobre el libro (porque el placer
terminó cuando acabó la lectura).
Por ello, es importante no olvidar este derecho a no hablar del libro que
se ha leído y poner atención si realizamos actividades que supongan
poner por escrito un resumen, una ficha, un trabajo de un libro… No
convirtamos la lectura en una «tortura» y no perdamos de vista que el
objetivo es leer, no hacer un trabajo sobre un libro.
Por último, hay que recalcar que esta crítica no invalida la actividad: solo es una reflexión sobre el peligro de convertir
un medio (el resumen de un libro) en un fin.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 16
Actividad de Bachillerato
Un centro educativo organizó un concurso de lectura de novela histórica
para alumnos de Bachillerato. Se compraron varias novelas ambientadas en
diversos periodos históricos para ponerlas a disposición de aquellos, de for-
ma que no tuviesen que comprarlas ni buscarlas en la biblioteca. Los títulos
eran muy sugerentes, con obras como La Catedral del Mar (Ildefonso Falco-
nes) o Cabo Trafalgar (Arturo Pérez Reverte).
A los cinco días de poner los carteles y presentar la actividad en las aulas,
los libros estaban prestados; otros alumnos recurrieron a bibliotecas u otros
medios para leer algún libro. Los organizadores preveían un rotundo éxito.
Cuando finalizó el plazo para la entrega de los trabajos solicitados a partir
de la lectura de una de las novelas propuestas, solo se recibieron seis docu-
mentos. Desanimados, la primera reacción de los docentes fue pensar que el
esfuerzo humano y económico no había merecido la pena.
Pasado el disgusto inicial, alguien preguntó a los alumnos qué habían hecho
con los libros prestados. Resultó que en un 90 % los libros se habían leído, e incluso algunos ejemplares habían sido
intercambiados con la recomendación entusiasta del lector. Durante el mes siguiente, los libros mejor valorados fue-
ron solicitados por más alumnos.
Por tanto, la actividad de lectura había funcionado muy bien debido al placer generado por la lectura, y el trabajo
posterior supuso un fracaso al entenderlo los alumnos como una carga.
En consecuencia, no hablar de un libro no significa necesariamente que no ha sido leído o que no ha gustado: simple-
mente, el placer de leer finalizó al terminar la lectura. No todos los lectores quieren prolongar ese placer hablando del
libro, y mucho menos si esa actividad supone un esfuerzo con estructura académica.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 17
Los DIEZ derechos del lector Reconocer estos derechos supone aceptar que «el verbo leer no so-
porta el imperativo» (de nuevo, Pennac). Descubrir el gusto de hacer
(según Pennac) algo es una tarea más ardua, menos eficaz en el corto plazo, que el
1 mandato o la obligación, pero, de conseguirse, más duradera e in-
El derecho a no leer: abandonando la idea de que por no
leer uno se vuelve cretino o bruto, o no puede ser perspicaz quebrantable. Supone aceptar que muchas veces no veremos con
e inteligente nuestros propios ojos los resultados, que nuestro trabajo parezca
2 baldío en ocasiones y, sobre todo, que arrinconemos la tentación de
El derecho a saltarse las páginas
(porque algunas son un rollo)
la imposición de viejos «tics» adquiridos, que no tienen por qué ser
3 malos, pero quizás no adecuados para lo que estamos buscando.
El derecho a no terminar un libro Estos derechos, leídos, parecen «asumibles» e incluso «comprensi-
4 bles» en su mayor parte (seguro que hay alguno que no comparti-
El derecho a releer
mos). Pero llevarlos a la práctica es una tarea difícil: muchas veces
5 queremos medir los resultados de nuestro esfuerzo y pensaremos
El derecho a leer cualquier cosa
(cualquier cosa, repito) equivocadamente, al comprobar que ningún alumno/a ha acabado
6 un libro entero, que nadie ha leído nada (aunque, a lo mejor, la ma-
El derecho al bovarismo (es decir, buscar al leer la
yoría si lo ha hecho y disfrutado de la lectura); por el contrario, si
satisfacción inmediata y exclusiva de nuestras sensaciones)
obligamos a leer a cada alumno/a un libro, seguramente el 80 % lo
7
El derecho a leer en cualquier lugar hará (sin atender, en muchos casos, al placer de la lectura) y parecerá
8 que nuestra tarea se ha culminado con éxito.
El derecho a hojear
(a leer solo dos páginas de un libro de 500)
¿En cuál de las dos experiencias habrá disfrutado más el lector con la
lectura realizada?
9
El derecho a leer en voz alta Dar una respuesta categórica es difícil, pero normalmente el placer y
10 la obligación «casan» mal. Cómo señalamos anteriormente, «el ver-
El derecho a callarnos (a no hablar del libro que estamos
leyendo o que acabamos de leer)
bo leer no soporta el imperativo».
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 18
3
Actitudes para animar a leer
Si queremos que nuestros niños lean, y que lean de verdad buenos libros, es preciso comenzar por nosotros
mismos, dándonos el tiempo de leer. Es necesario que nuestro placer al leer se manifieste en nuestros actos,
en nuestra vida. Si los niños nos oyen hablar de tal o cual libro que nos ha gustado, y si ese placer es real
y en cierta manera tangible, está fuera de dudas que el niño nos imitará y se pondrá a leer. El camino
más corto entre el niño y el libro pasa por la expresión: por su expresión. Debemos, pues, animar al niño
a expresarse, valorar sus esfuerzos por hablar, ponerle en situaciones de comunicación.
Soriano, Marc (1975): Guide de littérature pour la jeunesse
Anuncio institucional para el
fomento de la lectura (2007):
Si tú lees, ellos leen Empecemos por recordar un breve vídeo de la campaña de Fo-
mento de la Lectura que realizó el entonces denominado Minis-
terio de Cultura.
Este anuncio nos pone en la pista de la primera y fundamental
actitud para animar a leer, y es que solo se transmite, se contagia,
aquello que se vive.
En ese sentido, solo es posible animar a leer si se lee, y solo se
transmitirá el placer de la lectura si se ha experimentado ese pla-
cer.
Así, la primera actitud podría formularse de la siguiente manera:
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 19
1.º Solo se transmite aquello que se vive. Si tú lees, ellas/os leen
Esto supone que uno debe ser un «lector», no solo de libros sino alguien a quien le gusta leer y que disfruta leyendo,
que siente curiosidad y atracción por los libros. Ello supone preguntarse cuánto lees, cuándo lees, qué lees, etc.
Cuestionario sobre frecuencia lectora
Responde al siguiente cuestionario, y reflexiona a partir de tus respuestas, para valorar tu actitud
como lector:
1. ¿Lees todos los días?
2. ¿Cuánto tiempo lees a diario?
3. ¿Qué es lo que lees? (libros, resvistas, cómics, prensa, lecturas sueltas en internet)
4. ¿Te gusta lo que lees?
5. ¿Por qué te gusta lo que lees?
6. ¿Te cuesta empezar a leer?
7. ¿Tienes algún hábito de lectura? ¿Cuál?
8. ¿Dejas de leer pasado un tiempo o te dejas llevar por lo que lees?
9. ¿Cuántas «cosas» lees a la vez?
10. ¿Lees por iniciativa propia o por obligación?
11. Tus lecturas ¿son variadas?
12. ¿Por qué escoges las lecturas?
Tras haber respondido y, teniendo en cuenta tus respuestas:
¿Te consideras un lector frecuente que disfruta con la lectura?
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 20
2.º Dar importancia en nuestras aulas a la lectura
Muchas veces nos cansamos de repetir a nuestros alumnos lo importante que es leer, y planteamos multitud de acti-
vidades de animación a la lectura, pero luego, en el aula, es como si todo lo bueno que decimos de los libros se esfu-
mase.
Deberíamos preguntarnos si realmente incorporamos trabajo sobre libros, prensa, etc., en el desarrollo diario de nues-
tra actividad docente, y con ello si alumnos perciben que es importante lo que para nosotros es importante.
Cuestionario sobre consideración de la lectura en el aula
Responde a las preguntas y reflexiona a partir de las respuestas:
1. ¿Llevas libros al aula aparte del libro de texto?
2. ¿Hablas de libros en clase?
3. ¿Preguntas a tus alumnos por los libros que han leído o están leyendo?
4. ¿Lees trozos de libros en voz alta en clase?
5. ¿Dejas que los alumnos lean en voz alta en clase?
6. ¿Les informas de libros que hay en la biblioteca en relación con tu asignatura?
7. ¿Comentas algún libro que te haya gustado especialmente?
8. ¿Compartes con tus alumnos lo que has descubierto en alguna lectura?
9. ¿Invitas a que tus alumnos lleven libros a clase?
10. ¿Has pensado en alguna de estas posibilidades o no se te había ocurrido nunca?
Tras haber respondido y, teniendo en cuenta tus respuestas:
¿Consideras que cuidas la presencia de la lectura de forma cotidiana en tu aula?
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 21
3.º Incorporar a nuestros criterios de evaluación la lectura
Esta es otra actitud a cambiar. No podemos insistir siempre en lo positivo y placentero de la lectura sin que esta cir-
cunstancia tenga reflejo alguno en la evaluación del alumnado. Tampoco se trata de subir la nota por haber leído un
determinado libro, o premiar con un punto cada libro terminado, sino de recoger en los criterios de evaluación aspectos
relacionados con la lectura igual que lo hacemos con el comportamiento o con el esfuerzo en las tareas.
Te facilitamos un tercer sencillo cuestionario como indicador de tu actitud pero también para determinar qué valorar.
Cuestionario sobre evaluación del hábito lector
Responde a las preguntas y reflexiona a partir de las respuestas:
1. ¿Está recogido en tus criterios de evaluación, de alguna manera, el gusto por la lectura?
2. ¿Tomas nota en tu cuaderno de seguimiento del alumno/a de lo relacionado con la lectura? Es decir:
¿Te fijas si hace referencia a algún libro?
¿Apuntas el título del libro que está leyendo?
¿Consideras importante que te pregunte por algo para leer?
¿Prestas atención a cómo lee y a su nivel de comprensión lectora?
¿Te fijas si participa cuando se habla de alguna lectura o de algo leído?
3. En las actividades que preparas ¿hay cabida para que el alumno/a pueda plasmar algo que haya leído?
4. En tus exámenes y pruebas de evaluación ¿estableces algún mecanismo que permita aportar al
alumno/a algo leído más allá de los apuntes o del libro de texto?
5. En los dos casos anteriores, ¿se ciñen esos mecanismos a lo escrito de la materia o son más amplios?
6. Cuando corriges, ¿expones las posibilidades que se habrían ganado en las respuestas de haber incor-
porado algo de lo leído?
Tras haber respondido y, teniendo en cuenta tus respuestas:
¿Consideras que incorporas la dimensión lectora del proceso de lectura?
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 22
Quizá te haya resultado árido el anterior cuestionario y no se te ocurran ideas. Te damos dos muy sencillas:
Una es evidente, y es habilitar en la ficha de seguimiento del alumno, donde se insertan los datos
personales, faltas, calificaciones y otras informaciones, casillas que puedan recoger la información sobre
la lectura.
Otra: en los exámenes, puedes incorporar a una pregunta la siguente coletilla (recuerda lo que leímos en
clase de un determinado libro) (Esto supone haber leído eso antes, lo que tenía relación con la actitud
anterior, o hacer alguna pregunta directa, p.e. ¿cómo era la vida de un judío en la Alemania nazi, según
contaba Ana Frank en su diario? Parar responder a esta pregunta, nos habría bastado leer en clase un
par de hojas de ese diario. Aquel alumno que se hubiese molestado en leer en su casa tendría alguna
ventaja).
Los cuestionarios anteriores no pretenden poner a prueba a nadie, sino simplemente ayudarte a reflexionar sobre el
tema y a darte pistas acerca del trabajo que se puede realizar en el aula.
4.º No mezclar obligatoriedad y voluntariedad
Hay que distinguir, y ayudar a diferenciar, entre las lecturas que se hacen por obligación (y que por lo tanto exigen un
esfuerzo) de las lecturas que se realizan por puro placer (de forma voluntaria).
Para fomentar la lectura por placer, no puede esta asociarse siempre a trabajos o exposiciones. Cuando hablamos de
las dos formas de integrar en la dinámica del aula la lectura, esta no se vinculaba a un trabajo obligatorio: es más, en
caso de recoger en los procesos de evaluación la lectura, lo que se abría era la posibilidad de que aquellas lecturas he-
chas por placer apareciesen y, de alguna manera, fuesen premiadas, sin carácter obligatorio o necesario para superar
la asignatura u obtener una buena calificación.
Te recordamos una vez más la expresión del apartado anterior: «el verbo leer no soporta el imperativo».
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 23
5.º Imaginación, creatividad y evitar malos hábitos
Técnicas de animación hay muchas y muy variadas, pero
pueden dejar de dar su fruto si siempre recurrimos a las
mismas, si desarrollamos actividades idénticas y monóto-
nas: de ahí la necesaria imaginación y creatividad no solo
para alternar diferentes técnicas o actividades de anima-
ción, sino también para modificarlas y adaptarlas a nuestra
aula y alumnos.
Además, y muy importante, debemos evitar como docen-
tes los malos hábitos adquiridos, fruto de nuestro paso por
la escuela y nuestra formación académica. Muchos de esos
malos hábitos se convierten en una vía directa para abo-
rrecer la lectura:
Obligar a leer un libro y hacer un trabajo.
Que todos los alumnos tengan que leer el mismo libro.
Marcar un ritmo inflexible de lectura (cuatro libros al trimestre) que, a lo mejor, no todos pueden seguir.
Imponer la lectura y su posterior resumen como castigo.
Reducir la lectura a lo editado en el propio libro de texto.
Limitar la lectura al formato de libro tradicional olvidando el resto, como el soporte digital, la lectura en ordena-
dor, la prensa, el cómic, etc.
En este sentido, recordemos que en el Módulo 4 trataremos los «nuevos» modos/medios de lectura).
Asociar permanentemente lectura y esfuerzo o lectura y rendimiento académico.
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 24
Resumiendo
Hemos enumerado cinco actitudes, aunque podrían ser más, pero pensamos que estas son ineludibles para desarro-
llar una animación lectora desde las aulas:
1.º Solo se transmite aquellos que se vive. Si tú lees, ellas/os leen.
2.º Dar importancia en nuestras aulas a la lectura.
3.º Incorporar a nuestros criterios de evaluación la lectura.
4.º.No mezclar obligatoriedad y voluntariedad.
5.º Imaginación, creatividad y evitar los malos hábitos.
Para finalizar, proponemos el acceso a un
divertido vídeo donde se nos recuerda
el recomendable uso de los libros. Book.
[Link] (2007):
BOOK - Versión completa
MÓDULO 2 / LA ANIMACIÓN A LA LECTURA EN EL PROCESO EDUCATIVO 25