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Proyecto Catecumenal: Formación de Fe Adulta

Este documento presenta un proyecto catecumenal con varias etapas. La primera etapa es la evangelización primaria o precatecumenado, cuyo objetivo es comunicar la experiencia de fe en Cristo y promover la conversión. Luego sigue el catecumenado, dividido en dos fases de catequización sobre experiencias bíblicas y el misterio de Dios, el hombre y el mundo revelado en Cristo. La etapa final es la purificación e iluminación para superar resistencias mediante la oración y los sacramentos. El proyecto
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Proyecto Catecumenal: Formación de Fe Adulta

Este documento presenta un proyecto catecumenal con varias etapas. La primera etapa es la evangelización primaria o precatecumenado, cuyo objetivo es comunicar la experiencia de fe en Cristo y promover la conversión. Luego sigue el catecumenado, dividido en dos fases de catequización sobre experiencias bíblicas y el misterio de Dios, el hombre y el mundo revelado en Cristo. La etapa final es la purificación e iluminación para superar resistencias mediante la oración y los sacramentos. El proyecto
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PROYECTO CATECUMENAL

0 INTRODUCCIÓN 
Materiales de trabajo para cursos de formación de animadores de grupos catecumena-
les
En nuestro contexto pastoral, en efecto, nos encontramos hoy en día con muchos
adultos necesitados de una fundamentación básica de su fe: «Entre estos adultos que
tienen necesidad de la catequesis, nuestra preocupación pastoral y misionera se diri-
ge.-a los que, nacidos y educados en regiones todavía no cristianizadas, no han podi-
do profundizar la doctrina cristiana que un día las circunstancias de la vida les hicieron
encontrar, -a los que en su infancia recibieron una catequesis proporcionada a esa
edad, pero luego se alejaron de toda práctica religiosa y se encuentran en la edad ma-
dura con conocimientos religiosos más bien infantiles, -a los que se resienten de una
catequesis, recibida sin duda a su debido tiempo, pero mal orientada o mal asimila-
da, -a los que, aun habiendo nacido en países cristianos, incluso dentro de un cuadro
sociológicamente cristiano, nunca fueron educados en su fe y, en cuanto adultos, son
verdaderos catecúmenos» {CT, 44). 
En nuestra Iglesia, muchos adultos se ven incluidos en una u otra de estas situacio-
nes. Es muy frecuente, también, entre nosotros, el caso del adulto en el que, junto a
rasgos de auténtica fe cristiana, aparecen -amalgamados con ella- creencias, valores,
pautas de conducta, criterios de juicio... contrarios e incluso hostiles a esa misma fe.
Esta situación -bastante generalizada entre nosotros- está pidiendo un auténtico pro-
ceso de fundamentación cristiana. 
(COMISION EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS, La catequesis de la comuni-
dad. Orientaciones pastorales para la catequesis en España, hoy. Edice, Madrid, 1983,
n.° 98.) 
I. INTRODUCCIONEl PROYECTO CATECUMENAL (PC) tiene unas etapas, unos objeti-
vos, unos temas y un material para las reuniones (pistas y fichas). Las etapas (o
grandes fases) del catecumenado son la evangelización primera o precatecumenado,
el catecumenado (en el que distinguimos dos fases de catequización: 1ª y 2ª y el final
del catecumenado (antiguamente fase de purificación e iluminación, prolongada en
el tiempo pascual con una catequesis sacramental o mystagogía). 
A cada etapa corresponden unos objetivos, unos temas y un material para las reunio-
nes. 
El objetivo de la evangelización primera o precatecumenado es la comunicación pri-
mera de la propia experiencia de fe: reconocimiento actual de que Cristo vive y es el
Señor y, además, el cambio producido en la vida por este descubrimiento: conversión.
Se trata, ante todo, de una comunicación existencial, viva, realizada por testigos ac-
tuales. Quien transmite la fe es el que la vive: Temas 1-2.
Concluida la evangelización, comienza el catecumenado. El catecumenado lo dividimos
en dos fases de catequización: 
El objetivo de la primera fase de la catequización es la iniciación (o reiniciación) en la
experiencia bíblica de la fe: vamos al encuentro de Cristo por los caminos del Dios
vivo. Las grandes experiencias bíblicas que en otro tiempo prepararon la venida de
Cristo, preparan también hoy los caminos del Señor y conducen al encuentro con El.
Los temas que pueden facilitar el cumplimiento de este objetivo son los siguientes: 3-
11. 
El objetivo de la segunda fase de la catequización es la iniciación (o reiniciación) en la
experiencia cristiana de la fe, en cuanto que ésta supone una nueva imagen de Dios,
una nueva imagen del hombre y una nueva imagen de mundo. En efecto, en el en-
cuentro actual con Cristo palpamos el misterio mismo de Dios: ¿quién es realmente
Jesús de Nazaret?, el rostro de Dios Padre, la acción del Espíritu. Asimismo, en el en-
cuentro actual con Cristo descubrimos las dimensiones más profundas de lo humano:
el hombre viejo, deshumanizado; el hombre nuevo, plenitud de lo humano (moral de
las bienaventuranzas, vida comunitaria, celebración viva de la fe). Y también, en el
encuentro actual con Cristo descubrimos la consistencia del universo (Col 1, 17) y la
esperanza del mundo (Ef 2, 11 ss.): el mundo y la vida, regalo de Dios; un cielo nue-
vo y una tierra nueva.
Los temas que pueden facilitar el cumplimiento de este objetivo son los siguientes:
12-21 (Dios); 34-41 (hombre); 60-74 (mundo). 
Concluido básicamente el proceso catecumenal, viene la etapa final (antiguamente lla-
mada de purificación e iluminación, coincidía con la Cuaresma y se prolongaba en el
tiempo pascual con la mystagogía o catequesis sacramental). 
El material para las reuniones contiene pistas y fichas. 
La diversidad de pistas que se proponen es grande. Sin embargo, de hecho, la vida (la
experiencia) es inmensamente mayor. Y el proceso catecumenal no puede quedar al
margen de la vida real. Las pistas están al servicio del proceso; y el proceso, al servi-
cio de la vida. Y de una "vida abundante" (Jn 10, 10). No es preciso, con todo, utilizar
todas las pistas. 
Ni mucho menos. Se trata de elegir, según las circunstancias. Lo importante no es
responder teóricamente a las pistas, sino cumplir suficientemente el objetivo que en
cada tema se pretende. 
Las fichas intentan responder al problema de cómo orientar la reunión catecumenal.
Suelen presentar el objetivo, el plan de la reunión, la pista (posible) a utilizar, o los
puntos-clave del tema o problema abordado. Las fichas no pretenden ser recetas au-
tomáticas, sino sugerencias para el animador (o equipo animador), que, revisando y
preparando continuamente es insustituible y quien ha de conducir en cada momen-
to la dinámica catecumenal. 
El cuestionario de evaluación y discernimiento (PC 075) recoge los puntos más vitales
del proyecto catecumenal. Puede ser utilizado, parcial o totalmente, en distintos mo-
mentos del proceso, tanto por animadores como por miembros del grupo. 
Y una palabra final para relativizar éste y cualquier tipo de instrumentos catequéticos:
nada importa tanto como el escuchar la Palabra viva de Dios que se hace aconteci-
miento. «En el principio era la Palabra» (Jn 1, 1). Y lo sigue siendo. Un instrumento
catequético nunca debe sustituir la escucha atenta de la Palabra de Dios que acontece
en cada momento de la historia personal o colectiva; antes bien, debe favorecer dicha
escucha. Por ello, de ningún modo conviene olvidar la amonestación creyente: cuando
os hayáis forjado un proyecto catecumenal, vivid como si no tuvierais ninguno. 
Finalmente, un último documento (076) ofrece algunos datos importantes de la histo-
ria del catecumenado (perspectiva histórica) y, también, una presentación de las eta-
pas del catecumenado según el Ritual de la iniciación Cristiana de Adultos (perspectiva
litúrgica). Ciertamente, en nuestro caso, se trata habitualmente de un proceso catecu-
menal para bautizados; por tanto, de un catecumenado en sentido amplio. La inspira-
ción catecumenal de dicho proceso es obvia (ver MPD 8), así como la «peculiar condi-
ción» de los bautizados, que «difiere de la condición de los catecúmenos» (RICA 297 y
295; ver también COMISION EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS, La cateque-
sis de la Comunidad. Orientaciones pastorales para la catequesis en España, hoy. Edi-
ce, Madrid, 1983, número 1 02). ......
Notas
1) Este proyecto catecumenal utiliza básicamente como fondo doctrinal los temas del
Manual del Educador. Guía doctrinal (ME 1) del Catecismo «Con vosotros está». 
(2) La ordenación lógica de los temas (y su presentación) no predetermina la progra-
mación catequética de los mismos (mucho más flexible, de acuerdo con las circuns tan-
cias) ni tampoco la dinámica de cada reunión. 
P R O Y E C T O C A T E C U M E N A L 
  PRECATECUMENADO CATECUMENADO FINAL
CATEQUIZACIÓN PRI- CATEQUIZACIÓN SE- PURIFICACIÓN e ILUMI-
ETAPAS PRIMERA EVANGELIZACIÓN
MERA FASE GUNDA FASE NACIÓN MISTAGOGÍA
Al encuentro de Cristo
Comunicación primera de la DISCERNIMIENTO SUPERACIÓN DE
por los caminos del Dios DIOS HOMBRE MUNDO SÍNTESIS
OBJETIVOS propia experiencia de fe: Cris-
vivo. Grandes experien- DE FE
RESISTENCIAS ORACIÓN SACRA-
MENTOS
to vive. Conversión
cias bíblicas
TEMARIO del PROYECTO CATECUMENAL
Temas 1-2: Evangelización primera 
Tema 1Buscando la luz
Tema 2Cristo vive. ¡Convertíos
Temas 3-11: Grandes experiencias bíblicas 
Tema 3Cristo está donde los hombres se respetan y se aman (Alianza)
Cristo está donde el hombre es liberado de los ídolos y poderes que le
Tema 4 
asedian y esclavizan (Éxodo)
Cristo está donde los hombres experimentan las dificultades de la libera-
Tema 5
ción (Desierto).
Tema 6Cristo está en las verdaderas encrucijadas de la vida (Tentación) 
Cristo está en los pobres: en ellos quiere ser servido (Opción por los po-
Tema 7
bres). 
Tema 8Cristo está en los que llevan su Palabra (Profetas). 
Tema 9Cristo está en el justo injustamente perseguido (Siervo de Yahvé). 
Tema 10Cristo está en medio de los que se reúnen en su nombre (Iglesia). 
Encontramos a Cristo en la paz que el mundo no puede dar, en la alegría
Tema 11
que nadie nos puede quitar (Alegría). 
Temas 12-21: Iniciación en el misterio de Dios
Tema 12Nos encontramos con Dios en Cristo.
Tema 13Los primeros cristianos proclaman que Jesús es el Señor.
Tema 14Nacido de mujer que no conoció varón.
Tema 15Años de vida oculta de Jesús.
Tema 16Vida pública de Jesús. Bautismo, predicación, signos.
Tema 17¿Quién es Jesús? Mesías, Siervo, Señor, Hijo del hombre, Hijo de Dios.
Tema 18Misterio pascual de Jesús.
Tema 19El rostro de Dios Padre.
Tema 20La hora del Espíritu ha llegado.
El misterio de Dios: Dios es amor y amor entre personas.
Tema 21
La Santísima Trinidad.
Temas 22-33: Hombre viejo
Tema 22Del hombre viejo al hombre nuevo. 
Tema 23Convencidos de pecado por el Espíritu.
La experiencia del mal.
Tema 24
El pecado, la raíz más profunda de la miseria humana.
Tema 25Sin amar con amor auténtico.
Tema 26Explotación y utilización del hombre. 
Tema 27Dominio del hombre sobre el hombre. 
Tema 28Sin adorar al Dios verdadero en Espíritu y en verdad. 
Sin establecer una relación entre hombre y mujer según el designio de
Tema 29
Dios. 
Tema 30En una sociedad de consumo. 
Tema 31La tentación de la violencia. 
Tema 32Dignidad y derechos del hombre: ¿una utopía? 
Tema 33Mi situación puede cambiar: la conversión. 
Temas 34-59: Hombre nuevo
Temas 34-41. Conforme a la Palabra de Dios (Bienaventuranzas) 
Tema 34El hombre nuevo, configurado con Cristo. 
Tema 35De la ley al Evangelio. El Espíritu, ley del cristiano.
Tema 36Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón. 
Tema 37Mi padre, mi madre y mis hermanos. 
Tema 38Amad a vuestros enemigos. 
Tema 39Por la fidelidad del corazón. 
Tema 40No se puede servir a Dios y al dinero. 
Tema 41 Caminar en la verdad. 
Temas 42-51: Viviendo en comunidad (Iglesia)
Tema 42La Iglesia universal, un pueblo reunido. 
Tema 43Somos Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo. 
Tema 44Nacemos a la fe en una comunidad. La Iglesia es madre. 
Tema 45Vivir en comunión. 
Tema 46La Iglesia, pueblo jerarquizado. 
Tema 47La Iglesia, pueblo carismático.
Tema 48Signo en medio de las naciones, luz de las gentes. 
Tema 49Evangelizar, misión de la Iglesia. 
Tema 50Pueblo de promesas y comunidad de esperanza. 
Tema 51María, Virgen y Madre de Dios, Madre e Imagen de la Iglesia. 
Temas 52-59. Celebrando la fe (Sacramentos)
Tema 52La Iglesia celebra la presencia de Cristo bajo la acción del Espíritu. 
Tema 53Bautismo: nacimiento a la fe. 
Tema 54Confirmación: El Espíritu nos hace testigos. 
Tema 55Eucaristía: la cena del Señor. 
Tema 56Sacramento de la Penitencia.
Tema 57Unción de los enfermos. 
Tema 58Sacerdocio ministerial: al servicio de la misión de Cristo y de la Iglesia. 
Tema 59Matrimonio: el amor humano bajo el signo del Espíritu. 
Temas 60-66: Creación
Tema 60De la creación a la nueva creación. 
Tema 61La creación, regalo de Dios. 
Tema 62En el encuentro con Cristo hemos sido nuevamente creados. 
Tema 63El Espíritu, consumador del mundo. 
Tema 64El mal en el mundo oculta la gloria de Dios. 
Tema 65El amor, fuerza creadora y transformadora del mundo. 
Tema 66Nuestra fe cristiana ante un mundo en génesis. Ciencia y fe.
Temas 67-74: Nueva creación
Tema 67Abrid vuestros ojos a las señales del fin. 
Tema 68Importa estar vigilantes. 
Tema 69Ni compromiso sin fe ni fe sin compromiso.
Hay una esperanza para el mundo.
Tema 70
Hay una esperanza para ti.¡Resucitaremos!
Tema 71Sólo Dios conoce y juzga de verdad al hombre. 
Tema 72El infierno: el pecado eternizado. 
Tema 73El purgatorio: la madurez lograda después de la muerte. 
Tema 74Un cielo nuevo y una tierra nueva.
EVALUACIÓN Y DISCERNIMIENTO
 
CATECUMENADO 1
V/SENTIDO: EXP/FE:

BUSCANDO LA LUZ
OBJETIVO CATEQUETICO
* Planteamiento de la fe como experiencia. 
* Comunicación primera de la propia experiencia de fe. 
1. Una palabra que se cumple 
El mensaje cristiano anuncia una palabra que se cumple: el hecho de la salvación, la
experiencia de la fe. Es decir, la fe como vida y experiencia. Siempre fue así.
También hoy lo es. 
En realidad, la Sagrada Escritura no es un tratado sobre Dios, sino una profunda ex-
periencia de Dios. No nos invita a hablar sobre Dios, sino a escucharle cuando habla,
proclamando su gloria y acogiendo su acción. En la Escritura, creer es reconocer y
confesar la acción de Dios en medio de los hombres. Por tanto, tener fe no es mera-
mente admitir la existencia de Dios, sino creer que Dios interviene en la historia hu-
mana. 
2. En cualquier situación humana 
La acción del Dios vivo, que habla en el fondo de los acontecimientos históricos, se
realiza "de muchas maneras" (cf. Heb 1, 1): en cualquier situación humana (personal,
social o eclesial) se puede reconocer la acción elocuente de Dios; por lo mismo, en
cualquier situación humana, se puede plantear, de hecho, la experiencia de la fe. 
3. Tres grandes experiencias 
Aquí, la experiencia de fe se plantea en relación con tres grandes experiencias huma-
nas, de la mayor amplitud e importancia (DCG 74): el cambio, la búsqueda de la pro-
pia identidad, la búsqueda de Dios. Antes o después, en el fondo de cada una de esas
experiencias, se planteará la cuestión de la experiencia de fe, centro del mensaje cris-
tiano y, por tanto, del proceso catecumenal. 
4. Experiencia de Cristo 
Esta experiencia de fe no es sólo experiencia genérica de Dios, sino experiencia espe-
cífica de Cristo. Es fundamental que este punto central del mensaje cristiano sea
anunciado claramente desde el principio: se trata de construir sobre la «piedra angu-
lar» (Sal 118,22; 1 Co 3,11). 
5. El cambio 
En primer lugar, el cambio. Lo que nosotros percibimos directamente son los cambios.
En plural. Y muy diversos: cambios físicos, intelectuales, afectivos, económicos, labo-
rales, políticos, religiosos... Dentro del proceso catecumenal, pretendemos una toma
de conciencia de los interrogantes que el cambio provoca y una búsqueda de lo que
la experiencia actual de fe puede significar en el fondo de esos cambios. 
6. La búsqueda de la propia identidad 
Hay cambios y cambios. Algunos son tan importantes que repercuten sobre el sentido
mismo de la vida y sobre la conciencia de la propia identidad. Con algunos cambios,
no sabe uno ciertamente a qué atenerse: ¿ahora qué?, ¿seguirá todo igual?, ¿qué
sentido tiene mi vida?, ¿quién soy yo? La búsqueda de la propia identidad es, en
el fondo, un problema permanentemente abierto. El hombre debe aceptar y vivir la
experiencia de no saber exactamente quién es, si no es a la luz de la experiencia que
le constituye como creyente: sólo Cristo es la clave definitiva del misterio humano (GS
22). 
7. La búsqueda de Dios 
En medio de todos los cambios que transforman al mundo y al hombre, y en medio de
todos los procesos que al final dejan abierto el problema de la identidad humana, to-
das las religiones de la Tierra son, de algún modo, respuesta a la necesidad que el
hombre manifiesta en su búsqueda de Dios. En esta búsqueda, Dios aparece como
punto de referencia profundamente necesario en la vida del hombre. Será bueno pre-
guntarse: ¿quién es Dios para mi?, ¿tengo yo experiencia de fe?, ¿qué imagen tene-
mos de Dios? Con ello, se pretende una toma de conciencia de la propia búsqueda de
Dios, una revisión del nivel religioso en que cada uno se encuentra, un planteamiento
claro de la fe como experiencia (proclamamos una palabra que se cumple). 
8. Experiencia personal de fe, insustituible 
En un asunto vital como es la fe, el hombre ha de comportarse con responsabilidad,
de manera consciente y libre. El puede buscar y encontrar iluminación y apoyo en la
comunidad cristiana.
Nuestra fe es la fe de la Iglesia: somos creyentes en cuanto que somos miembros de
la comunidad creyente. El mensaje de fe -las verdades reveladas- ha sido confiado
gratuitamente por Cristo a la Iglesia para que lo transmita con fidelidad a lo largo de
la historia de los hombres (cf. DV 7). Pero nuestra fe es, al mismo tiempo, personal.
El creyente ha de profundizar personalmente los motivos de su opción religiosa.
Pero además en la base de esta adhesión de fe hay, sobre todo, una dimensión de co-
nocimiento concreto, existencial, personal: una relación vivida del hombre con Dios.
En este sentido puede decirse que la experiencia personal de fe es insustituible. (So-
bre la fe, cf. tema 34.) 
9. La Palabra de Dios, operante en medio de vosotros 
Cristo inaugura su predicación proclamando que el Reino de Dios "está en medio de
vosotros". Igualmente la Iglesia, cuando continúa su misión, anuncia una Palabra viva
y eficaz (Hb 4, 12), no una palabra de hombre, sino la Palabra de Dios que permanece
operante en medio de vosotros (1 Ts 2, 13; cf. Is 55, 10-11; Sal 94; Ez 12, 25.28).
En último término, el test de la fe que Pablo hace a la comunidad de Corinto no
es otro sino el test de la experiencia: "Poneos a la prueba, a ver si os mantenéis en la
fe, someteos a examen: ¿no sois capaces de reconocer que Cristo Jesús está entre
vosotros?" (2 Co 13, 5). 
La iniciación catequética a la fe supone no sólo la transmisión de una experiencia, sino
también de la propia experiencia de fe. Como dice Pablo Vl: "En el fondo, ¿hay otra
forma de comunicar el evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia experien-
cia de fe?" (EN 46). 
10. Ser como Dios, pero sin Dios: tentación original del hombre 
TENTACION-ORIGINAL: Se oye decir frecuentemente: "Yo no necesito de Dios para
dar sentido a mi vida". Esta expresión y otras semejantes dejan al descubierto de for-
ma sencilla el hecho mismo de la increencia, manifestado como disociación entre la
experiencia de fe y la cuestión del sentido de la vida. Por un lado va la vida, por otro
Dios (supuesto que exista). Tal disociación supone como proyecto vital la preten-
sión profunda de ser como Dios, pero sin Dios. Tarea evangelizadora fundamental se-
rá la de desenmascarar, detrás de todo eso, la tentación original del hombre. 
11. La experiencia de fe afecta al sentido más profundo de la vida
Justamente lo que el proceso de iniciación y maduración en la fe habrá de esclarecer y
descubrir es este hecho: que la experiencia de fe termina afectando al sentido más
profundo de la vida humana. Esta es la experiencia de Pablo, cuando dice: «Para mí,
vivir es Cristo» (Flp 1, 21). 
Esta es también la fe de Pedro, cuando anuncia: "Bajo el cielo no se nos ha dado otro
nombre que pueda salvarnos" (Hch 4, 12) (ver tema 2). 
12. Proceso de liberación personal y colectivo: bajo el signo del éxodo
Frente a falsos optimismos, interesados o ingenuos, la experiencia de fe se sitúa siem-
pre dentro de un proceso de liberación personal y colectivo. La experiencia de fe
irrumpe en medio de una tierra esclavizada, "en tinieblas" (Mt 4, 16), necesitada de
redención. Y aparece como proceso de evangelización que asume y supera situaciones
infrahumanas: "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sor-
dos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva" (Mt 11, 5).
Nuestra fe, de Moisés a Cristo, se abre paso en medio de la historia bajo el signo del
éxodo. ........................................................................
PISTAS PARA LAS REUNIONES 
TEMA 1. BUSCANDO LA LUZ 
* Caminantes (cambio) 
1) ¿Cuáles son en tu opinión los cambios más importantes de tu vida?:
-cambios personales (biológicos, afectivos, intelectuales, profesionales); 
-cambios sociales; 
-cambios eclesiales. 
2) ¿Has llegado a descubrir lo que han significado para ti?, ¿para el país?, ¿para la
Iglesia?, ¿para las demás confesiones? 
3) ¿Cuál es el cambio que vives ahora? (a nivel personal, social, religioso). 
4) ¿Qué ha supuesto (o supone) lo religioso para ti en medio del cambio? 
5) ¿Cómo vivimos el cambio los creyentes? Ver FERNANDEZ MARTOS, Cristianos, co-
munidades e Iglesia ante el cambio. 
Presentación, esquema, grupos. 
* ¿Quién soy yo? (búsqueda de la propia identidad) 
1) Fotopalabra: Cada miembro del grupo elige una o dos fotografías con las que se
identifica en este momento. Unos minutos en silencio para la elección. Luego, cada
uno va comunicando por qué ha elegido tal foto. 
¿Qué significa para él? 
2) La crisis de identidad es una de las crisis más profundas en la vida del hombre.
¿Qué experiencias tienes a este respecto? 
3) ¿Qué papel ha tenido (o tiene) el cambio en tu crisis de identidad? 
4) ¿Qué es el hombre: un mecano, un robot, puro fuego de artificio, un objeto de pla-
cer, un animal más, un semidios...? 
5) ¿Cuál es el sentido de tu vida? 
6) ¿Cuál es, en tu opinión, el sentido del hombre y del mundo? 
7) ¿Qué papel ha jugado o juega lo religioso en la búsqueda de tu propia identidad, es
decir, en la búsqueda del sentido de tu vida? 
* Mi vida de fe (búsqueda de Dios) 
1) ¿Quién es Dios para ti? 
2) ¿Qué imagen tienes de Dios: ausente, terrible, amante? 
3) Tener fe no es meramente admitir la existencia de Dios, sino creer que Dios inter-
viene en la historia humana. Tú ¿qué dices?, ¿cuál es tu experiencia? 
4) ¿Tienes experiencia de fe ¿estás en situación de búsqueda? 5) 
5) En el contexto plural de las religiones (hinduísmo, budismo, islamismo, judaísmo,
cristianismo...), tú cómo te sitúas? 
6) ¿Todas las religiones son verdaderas?, ¿no lo es ninguna?, ¿dónde está la verdad? 
7) ¿Cómo encajas los cambios dentro de la Iglesia? 
8) ¿Tiempos de confusión o tiempos de renovación? 
9) ¿Qué significa la Biblia para ti?, ¿se te cae de las manos? 
10) ¿Dios habla hoy?, ¿qué significa esto?, ¿has escuchado su voz? 
11) Profundizar en esto: anunciamos una Palabra viva y eficaz (Heb 4, 12) no una pa-
labra de hombre, sino la Palabra de Dios, que permanece operante en medio de voso-
tros (1 Ts 2, 13; Is 55, 10-11; Sal 94; Ez 12, 25.28). 
12) Ver experiencia de S. Agustin: "Toma y lee" (Las Confesiones, libro Vlll, caps. Xl-
XII). Ver DOCUMENTOS 5 1. 
13) Palabra de Dios: 
-¿lo que Dios dijo?; 
-¿lo que Dios dice?, ¿dice algo distinto?, ¿te lo dice a ti?; 
-¿lo que Cristo dijo?; 
-¿Cristo habla hoy?, ¿la Escritura, carné de identidad de Cristo? 
14) Celebración: ¿qué supone para mí?: 
-¿aburrimiento?, 
-¿cumplimiento legal?, 
-¿celebración viva que necesito? 
15) Comunidad: mi experiencia de Iglesia: 
-¿tinglado?, 
-¿Por libre?, 
-¿descubrimiento de la comunión que produce la experiencia de fe?,
-¿Cuerpo de Cristo? 
16) Para ti ¿quién es Jesucristo?: 
-¿un personaje del pasado?, ¿un profeta?; 
-¿un revolucionario?; 
-¿aquél sin el cual nada tendría sentido?; 
-¿alguien que actúa en nuestra vida? 
17) El catecumenado, como proceso de iniciación a la experiencia de fe. Exposición y
diálogo.
18) El catecumenado, como proceso de integración en la comunidad cristiana. Exposi-
ción, y diálogo.
19) De una situación de cristiandad a un pluralismo social y religioso. Exposición, es-
quema, diálogo. 
20) Canción La casa de mi amigo, de R. CANTALAPIEDRA. Tema: de la casa grande a
la casa pequeña. Grupos: ¿dónde estamos nosotros? 
21) La crisis presente: parroquias, colegios, familias. Ver LOPEZ, J., La historia, tiem-
po de kerigma. La desmitificación no consciente. En "Pastoral Juvenil", 139-140
(1974), 5-8. 22) Diversas imágenes de Iglesia: una opción. Exposición, esquema, gru-
pos. 
23) Entre dos mundos: capitalismo y marxismo. Exposición, esquema, grupos. 
24) ¿Creemos en ALGO o creemos en ALGUIEN? Montaje de M. VALMASEDA, ¿Algo o
alguien? C. O. E., Madrid . ........................................................................
TEMA 1-1
OBJETIVO: 
EVANGELIZACIÓN PRIMERA 
PLANTEAMIENTO DE LA FE COMO EXPERIENCIA 
REVISIÓN DEL NIVEL RELIGIOSO: IMAGEN DE DIOS 
PISTA PARA LA REUNIÓN 
* ¿Quién es Dios para mí?:
1 No existe.
2 No me preocupa.
3 Un interrogante.
4 Un Dios ausente.
5 Un Dios terrible.
6 Un Dios amante.
7 Dios actúa.
8 Cristo vive hoy.
PLAN DE LA REUNION 
* Introducción. Planteamiento de la cuestión:
* ¿Quién es Dios para mi? ¿Tengo experiencia de fe? ¿Dónde estamos? 
* Comunicación de pequeños grupos.
* Puesta en común. Diálogo. .......................................................................
TEMA 1-2
OBJETIVO: 
EVANGELIZACIÓN PRIMERA 
PLANTEAMIENTO DE LA FE COMO EXPERIENCIA 
REVISIÓN DEL NIVEL RELIGIOSO: LA PALABRA 
PISTA PARA LA REUNIÓN 
* Escucho la palabra de Dios:
1 Como objeto de estudio.
2 Como palabra viva cumplida en los acontecimientos.
3 Como lluvia que desciende a la tierra, la empapa y la hace germinar (Is 55, 10).
4 Insisto en aquello que despierta o expresa vivencias transparentes.
5 Respeto la iniciativa de Dios, sin forzarla.
6 Como palabra viva y eficaz, penetrante (Hb 4, 12), que pone en juego toda mi per-
sonalidad.
7 Como espejo ante el cual aparece mi vida.
8 No la escucho.
PLAN DE LA REUNIÓN 
* Introducción. Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión.
* Pequeño grupo: ¿Cómo escucho la palabra de Dios? 
* Puesta en común: Lo más importante.
* Lectura. Ez 12, 21-28: Comentario en grupo grande.
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TEMA 1-3
OBJETIVO: 
EVANGELIZACIÓN PRIMERA 
PLANTEAMIENTO DE LA FE COMO EXPERIENCIA 
REVISIÓN DEL NIVEL RELIGIOSO: LA PALABRA 
PISTAS PARA LA REUNIÓN 
* ¿Qué significa para ti la palabra de Dios? 
- Lo que Dios dijo.
- Dios habla hoy.
- Lo que Cristo dijo.
- Cristo habla hoy.
* ¿Qué significa la Biblia para ti? 
PLAN DE LA REUNIÓN 
* Introducción. Planteamiento del problema. 
Presentación de las pistas.
* Comunicación de pequeño grupo.* Puesta en común: Lo más importante. Dialogo.
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TEMA 1-4 
OBJETIVO: 
EVANGELIZACIÓN PRIMERA 
PLANTEAMIENTO DE LA FE COMO EXPERIENCIA 
LA EXPERIENCIA DE FE, EXPERIENCIA DE LA PALABRA 
TOMA Y LEE (S. AGUSTIN) 
* Crápula. 
* Insatisfacción, vacío. 
* Comunicación primera experiencia de fe. 
* Quiero y no puedo. 
* ¿Hasta cuándo, Señor...? 
* Toma y lee. 
* Rm 13, 13. 
ACTITUDES DIVERSAS 
* Magia, juego, manipulación. 
* Respeto, iniciativa de Dios. 
Escucha, discernimiento. 
Acogida, don de Dios. 
* Rechazo, racionalismo. 

PLAN DE LA REUNIÓN 
* Introducción. Presentación de la experiencia de San Agustin, tradición viva de la
Iglesia. (Ver DOCUMENTOS 5 1) 
* Diálogo: ¿Tenemos experiencias semejante hoy? 
¿Cuál es nuestra actitud ante el hecho de la palabra viva de Dios? 
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TEMA 1-5
OBJETIVO: 
EVANGELIZACIÓN PRIMERA 
PLANTEAMIENTO DE LA FE COMO EXPERIENCIA 
EL CATECUMENADO, INICIACIÓN DE LA EXPERIENCIA DE FE 
PISTA POSIBLE (OTRA) 
* Comunicación de pequeño grupo: ¿Dónde me sitúo yo dentro del esquema presen-
tado? ¿Cuál es mi reacción tras la exposición? 
* Puesta en común: Lo más importante. Diálogo. 
PLAN DE LA REUNIÓN 
* Introducción. Presentación del objetivo y plan de la reunion. 
* Exposición: Presentación del catecumenado como proceso de iniciación en la expe-
riencia de fe (CATECUMENADO 0). 
* Diálogo. 
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TEMA 1-6 
OBJETIVO: 
EVANGELIZACIÓN PRIMERA 
PLANTEAMIENTO DE LA FE COMO EXPERIENCIA 
EL CATECUMENADO, INICIACIÓN EN LA COMUNIDAD 
PISTA POSIBLE (OTRA) 
* Comunicación de pequeño grupo: ¿Dónde me sitúo yo en relación con el esquema
presentado? ¿Cuál es mi reacción tras la exposición? 
* Puesta en común: Lo más importante. Diálogo. 
PLAN DE LA REUNIÓN 
* Introducción. Presentación del objetivo y plan de la reunión. 
* Exposición: Presentación del catecumenado como proceso de iniciación en la comu-
nidad cristiana (CATECUMENADO 0). 
* Diálogo
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TEMA 1-7
OBJETIVO: 
EVANGELIZACIÓN PRIMERA 
PLANTEAMIENTO DE LA FE COMO EXPERIENCIA 
TOMAR CONCIENCIA DE LA NECESIDAD DEL CATECUMENADO 
PUNTOS CLAVE 
1 España, mayoría católica (comentar cuadros 1 y 2)
2 España, país de misión. 
3 La Iglesia invertebrada. 
4 El último Constantino. 
5 Una Iglesia equívoca. 
6 Optar por la comunidad, alternativa eclesial. 
7 Catecumenado para bautizados. 
8 En país de vieja cristiandad. 
PLAN DE LA REUNIÓN 
* Introducción: Presentación del objetivo, plan de la reunión y documento 0. 
* Lectura personal del documento. 
* Puesta en común: Aspectos más importantes. 
¿Es necesario el catecumenado? ¿Por qué? 
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TEMA 1-8
OBJETIVO: 
EVANGELIZACIÓN PRIMERA 
PLANTEAMIENTO DE LA FE COMO EXPERIENCIA 
LA EXPERIENCIA DE FE, PROCESO DE LIBERACIÓN 
PISTAS POSIBLES 
* ¿Me identifico con alguna de estas frases?: 
1 Los ciegos ven. 
2 Los cojos andan. 
3 Los leprosos quedan limpios. 
4 Los sordos oyen. 
5 Los muertos resucitan. 
6 Se anuncia a los pobres la buena nueva. 
* Estas situaciones infrahumanas ¿son actuales?, ¿nos afectan a nosotros? 
PLAN DE LA REUNIÓN 
* Presentación del objetivo, plan de la reunión y pista. 
* Pequeño grupo: ¿Me identifico con alguna de estas frases? ¿Con ninguna?
¿Situaciones actuales? 
* Puesta en común: Lo más importante. 
Lectura de Mt 11, 1-6. Comentario. 
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TEMA 1-9
OBJETIVO: 
EVANGELIZACIÓN PRIMERA 
PLANTEAMIENTO DE LA FE COMO EXPERIENCIA 
TOMA DE CONCIENCIA: MOTIVACIONES ANTE EL CATECUMENADO 
PISTA PARA LA REUNIÓN 
1 Tener experiencia de fe. 
2 Reconocer a Jesús como Señor. 
3 Descubrir la justicia del Evangelio. 
4 Confesar toda la fe de la Iglesia. 
5 Vivir comunitariamente. 
6 Transmitir la experiencia de fe.
7 Descubrir la celebración viva de la fe. 
8 Comprometerme en la causa de Jesús. 
PLAN DE LA REUNIÓN 
* Introducción: Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión. 
* Comunicación de pequeño grupo: ¿Por qué necesito yo el catecumenado?
Motivaciones más importantes. (Ver pista para la reunión.) 
* Puesta en común. Diálogo.
CATECUMENADO 2

CRISTO VIVE ¡CONVERTIOS!


OBJETIVO CATEQUETICO *
Comunicación primera de la propia experiencia de fe:
-Cristo resucitado, sentido de la vida.
-Es preciso volverse a El (conversión). 
24. El sentido de la vida no lo encontramos en superficie 
V/SENTIDO: Estamos profundamente convencidos de que la vida tiene un sentido.
Pero al mismo tiempo cambiamos muchas veces de opinión sobre este sentido. El sen-
tido hondo de la vida no lo encontramos en la superficie de las cosas. 
25. Noticia no esperada: los ídolos caen 
IDOLOS/QUE-SON: Puede ocurrir que un día descubramos con sorpresa que aquellas
cosas en que nosotros poníamos toda nuestra confianza se nos vienen abajo. A esas
cosas la Escritura las llama ídolos, falsas imágenes de Dios, dioses falsos. Los ídolos
son creación del egoísmo humano, en los que el hombre pretende encontrar equivoca-
damente la respuesta del sentido de la vida (dinero, poder, sexo). Todos estos ídolos
están destinados a caer. 
26. Al descubierto las ilusiones que ocultan la verdadera situación 
Al denunciar la caída de los ídolos, la Escritura no pretende dar una mala noticia, sino
poner al descubierto todas las ilusiones, que perjudican al hombre y le ocultan su ver-
dadera situación: la necesidad que tiene de ponerse delante de Dios, porque sólo Dios
puede salvar su vida, dándola plenitud y verdadero sentido. 
27. No hay salvación más que en Jesucristo 
Por consiguiente, no hay ninguna realidad humana en la que el hombre pueda salvar-
se. La verdadera salvación no es del orden de lo meramente humano. Toda esperanza
puesta en realidades mundanas acaba por defraudarnos. La esperanza que no falla es-
tá fuera de nuestro alcance, nos es dada; es una esperanza gratuita, regalada. El fun-
damento y meta de la esperanza de salvación humana se llama Cristo, Cristo resucita-
do: «Bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos» (Hch 4, 12). 
28. Obra de Dios que no creeréis aunque os la cuenten 
Sólo en el nombre de Cristo Resucitado podemos vivir sin ídolos. Y con esperanza.
"Por tanto, sabedlo bien, hermanos, se os anuncia el perdón de los pecados por medio
de él, y que todo el que crea queda justificado por su medio de todo lo que no pudis-
teis ser justificados por la ley de Moisés. Cuidado con que os suceda lo que dicen los
Profetas: Mirad, burlones, desmayaos de espanto, porque en vuestros días haré
una obra tal que si os la cuentan no la creeréis» (Hch 13, 38-41). 
29. No busquéis entre los muertos al que vive: Cristo ha resucitado 
Cristo ha resucitado, Cristo es el Señor. Las reacciones primarias ante el aconteci-
miento son de asombro, sorpresa, duda, incredulidad (Lc 24, 11.12.16.21.37.41; Hch
2, 13.15). Pero por encima de todos estos sentimientos se impone una convicción más
fuerte: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado"
(Lc 24, 5-6). 
30. Jesús es el Señor 
San Pablo dice: "Os recuerdo ahora, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que
vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados... Porque lo primero que yo os
transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados,
según las Escrituras.... que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce" (1 Co 15,
1-5; cf. Rm 10, 9; Lc 24, 34). Esta predicación es hecha por los Apóstoles no sólo
como notificación de un hecho histórico, sino sobre todo como proclamación del acon-
tecimiento salvador de Dios en favor de los hombres. Este Jesús, que por nosotros
murió y que ha resucitado, es reconocido como Señor. El día de Pentecostés decía San
Pedro: "Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos... Por lo tanto,
todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo
ha constituido Señor y Mesías" (Hch 2, 32. 36). Según el testimonio de los Apóstoles,
los acontecimientos posteriores a la Pascua manifiestan a Jesús como Señor de la his-
toria, esto es, como Dios. Los Apóstoles proclaman acerca de Jesús de Nazaret lo que
los judíos proclamaban de Dios: es el Señor (cf. Jn 21, 7). 
31. "Habiendo sido muerto, he aquí que vivo para siempre" 
El Apocalipsis de San Juan pone en labios de Jesús resucitado estas palabras: «Yo soy
el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin)) (Ap 22, 13; 1, 8; 21,
6). «Al verla -dice el autor-, caí a sus pies como muerto. El puso la mano derecha so-
bre mí y dijo: No temas: Yo soy el Primero y el Último, yo soy el que vive. Estaba
muerto, Y ya ves, vivo por los siglos de los siglos)) (Ap 1, 17-18). Cristo es el Señor
de los que viven y de los que mueren: «Para esto murió y resucitó Cristo: para
ser Señor de vivos y muertos» (Rm 14, 9). Nosotros somos, pues, contemporáneos de
Cristo. En adelante, vivir para Dios es vivir para Cristo: "ninguno de nosotros vive
para sí mismo y ninguno muere para si mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si
morimos, morimos para el Señor" (Rm 14, 7-8). Unidos por la fe a Cristo resucitado,
los primeros discípulos dieron testimonio de que Jesús vive. 
32 ¿No reconocéis que Cristo está en vosotros? 
Cristo ha resucitado, Cristo es el Señor. Nosotros podemos reconocer, por la fe, en
nuestra propia vida el "señorío", el dominio, el poder de Jesús Resucitado, como los
primitivos creyentes, como los creyentes de nuestro tiempo. Es el Señor y lo manifies-
ta. Puedes ser testigo tú mismo. 
A cualquiera de nosotros puede ir dirigida esta pregunta de Pablo: "Poneos a la prue-
ba, a ver si os mantenéis en la fe, someteos a examen; ¿no sois capaces de reconocer
que Cristo Jesús está entre vosotros?" (2 Co 13, 5). Los cristianos podemos ser "testi-
gos" enraizándonos en la fe que nos han transmitido los primeros testigos y partici-
pando en los misterios sacramentales de salvación que ellos nos han legado: los cre-
yentes alcanzan su seguridad acudiendo a la doctrina de los Apóstoles y a la fracción
del pan que acontecen en el seno de la comunidad fraterna que es comunidad de ora-
ción (cf. Hch 2, 42). 
33. Señorío de Cristo y conversión del hombre: aspectos inseparables del aconteci-
miento cristiano 
El gran acontecimiento cristiano reúne dos elementos inseparables. No siempre cae-
mos en la cuenta de la profunda relación de ambos. Esos dos elementos son:
1) Cristo vive a pesar de la muerte y ha sido constituido Señor de todo, Señor de la
Historia, y en esta Historia interviene eficazmente.
2) La aceptación por la fe de este acontecimiento lleva consigo la propia conversión. 
34. Juan Bautista, Jesús, Pedro, Pablo... destacan ambos aspectos 
De hecho, no obstante la diversidad de los tiempos, de los lugares y de los auditorios,
las predicaciones de Juan Bautista, de Jesús, de Pedro o de Pablo ofrecen todas un
mismo esquema y una misma orientación: Anunciar el acontecimiento y llamar a la
conversión (cf. Mt 3, 2; 4, 17; Hch 2, 36.38; 3, 15.19; 5, 31; 10, 40-43; 13, 30.38-
39). 
35. Sin conversión no llega a nosotros el Reino de Dios El hombre pecador está aleja-
do de la presencia de Dios. Dios no puede acercarse al hombre para reinar en él, si el
hombre no se vuelve a El, se convierte a El. En esta conversión está en juego toda su
vida. 
36. Una conversión gratuita, signo de la presencia del Reino de Dios La conversión del
hombre es una obra de iniciativa gratuita y amorosa de Dios. Por esto su anuncio es
buena e inaudita noticia. El hombre, en efecto, está sometido a señores demasiado
poderosos como para que pueda cambiar por sí mismo. Cuando el hombre se convier-
te y cambia, entonces es que el Reino de Dios ha aparecido en medio de nosotros. La
fuerza de Dios se manifiesta en contraste con la debilidad del hombre. 
37. Señorío del hombre y experiencia bíblica: la experiencia bíblica conduce al en-
cuentro de Cristo 
Hay que evitar el examinar de modo abstracto tanto la conversión propia como la pre-
sencia de Cristo en la historia. Es necesario descubrir estas realidades de manera muy
concreta. A través de la significación de las grandes experiencias bíblicas, que son
realidades concretas, el discípulo de Jesucristo entiende vitalmente los caminos de su
conversión y de su encuentro con Dios en Cristo. Cuando los acontecimientos y las pa-
labras de la Sagrada Escritura son proclamados y ahondados en el seno de la comuni-
dad, el creyente avanza en su camino de descubrimiento del Señor. La Escritura vivida
conduce a Cristo, da testimonio de El (Jn 5, 39). 
38. La vida de fe, encuentro con Cristo en la trama de la vida cotidiana
El hombre que se convierte, se vuelve a Dios con la totalidad de su vivir humano.
Orienta hacia Dios sus deseos, sus proyectos, su experiencia humana. El cristiano que
permanece fiel a Jesucristo, vive su vida de relación con Dios en Jesucristo en la tra-
ma misma de la vida cotidiana (cf. 1 Co 10, 31; 1 P 4, 10-11; Col 3, 17; Flp 2, 3-4).
El cristiano ha de seguir a Cristo en el modo como El vivió la existencia ordinaria
de los hombres (cf. Pablo Vl, EN 29, 31, 35, 47). 
39. Vida de fe y experiencia humana 
El cristiano, cuando actúa como creyente, lleva una vida que en muchos aspectos es
semejante a la de los demás hombres: trabajo, esfuerzo, reflexión, diálogo, amistad,
cooperación, lucha, etc. Esta vida es también, al mismo tiempo, una experiencia de
fe. No en el sentido de que la realidad de Dios pueda ser percibida directamente por
nosotros. 
La realidad de Dios no puede ser percibida directamente en nuestra actual condición,
pero sí podemos entrar en contacto con Dios a través de signos. Como dice San Pablo,
ahora vemos como en un espejo, todavía no vemos cara a cara (cf. 1 Co 13, 12). No
obstante, la vida de fe es, en un grado mayor o menor, una vida de relación conscien-
te, plenamente humana, con Dios Padre por medio de Jesucristo. En este sentido, ha-
blamos de "experiencia de fe". Esta actitud de fe viva, consciente, del hombre que
trabaja, que lucha, que dialoga, que hace el bien, etc., proviene de la acción oculta
del Espíritu Santo en el corazón del hombre y de la libre cooperación del hombre en el
seno de la comunidad creyente que es la Iglesia. Esta existencia humana vivida desde
la fe no se reduce a situaciones extraordinarias o excepcionales (cf. LG 41, 34, 35; cf.
DCG 26, 33, 34, 72, 74, 75). 
40. El Hijo de Dios "ilumina a todo hombre" (Jn 1, 9) 
Cuando presentamos a los demás el mensaje evangélico no podemos olvidar que Dios
creador y salvador ha sembrado ya en el corazón de los hombres sentimientos, actitu-
des, valores, reflexiones, experiencias que les preparan para el encuentro con Cristo
en la fe (cf. LG 16 y 17; Pablo Vl, EN 53, 55, 70). El Espíritu Santo actúa ya en el
alma de los que jamás han oído hablar de Cristo, y sobre todo en la de aquéllos que
están especialmente vinculados con Cristo por el bautismo. No podemos "deducir" la
revelación divina de la experiencia humana, nuestra o ajena.
Pero, a la luz de la revelación divina que la Iglesia proclama, sí podemos y debemos
reconocer la acción de Dios en la vida de los hombres.
Iluminado por la fe, el discípulo de Cristo sabe que el Hijo de Dios ilumina a todo hom-
bre (Jn 1, 9).
41. Dios continúa hablando al hombre de hoy El encuentro con Cristo en la fe de la
Iglesia es fruto de la acción del Espíritu Santo que, mediante el testimonio de fe de los
cristianos y la proclamación de la palabra de Dios, continúa suscitando hoy en el cora-
zón de los hombres actitudes de fe y de amor semejantes a las que nos muestran el
Antiguo y el Nuevo Testamento. Para describir este encuentro con Cristo por la fe po-
demos recurrir a la experiencia de fe que nos ofrece la Sagrada Escritura. Para noso -
tros, miembros de la Iglesia en el siglo XX, los acontecimientos y palabras de la
Sagrada Escritura no se refieren sólo al pasado. Dios, que se comunicó a sus amigos y
a su pueblo en el Antiguo y en el Nuevo Testamento a través de unos determinados
acontecimientos y experiencias, se sigue comunicando hoy -el mismo Dios- a través
de nuestras experiencias humanas actuales cuando éstas son vividas desde la fe, o
bajo la acción iluminadora del Espíritu Santo (cf. GS 11; DV 8). Después de constitui-
da definitivamente la revelación divina -concluye con la muerte del último apóstol- no
hay que esperar ya una nueva revelación pública de Dios al hombre. Pero Dios conti-
núa hablando al hombre, por medio de la Iglesia (proclamación de la Palabra de Dios,
testimonio de fe y de caridad, etc.) y en el corazón de cada hombre, a través de la ex-
periencia humana actual, de cada uno o de la comunidad humana, interpretada la ex-
periencia a la luz de la fe (cf. GS 11 y DV 8; sobre la relación entre Biblia y Tradición,
cf. tema 43).
42. Las Escrituras dan testimonio de Cristo Hoy, como ayer, el hombre, en su itinera-
rio hacia Dios, vive en situaciones de éxodo, de tentación, de desierto, etc. Este en-
cuentro del hombre con Dios en la fe de la Iglesia, a través de la experiencia humana
actual, guarda analogía y está en continuidad con la experiencia de fe del Antiguo y
del Nuevo Testamento. Cuando nos encontramos con Cristo nos situamos en el itine-
rario de fe del pueblo de la Antigua Alianza, continuando en el pueblo de la Nueva
Alianza que es la Iglesia. La reflexión cristiana sobre las experiencias de fe del Antiguo
y del Nuevo Testamento, siempre en relación con nuestra experiencia humana actual,
nos permiten un encuentro de fe más consciente con Cristo-Jesús como clave de la
historia de salvación: "Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eter-
na: pues ellas están dando testimonio de mí" -dice Jesús- (Jn 5, 39; cf. Lc 24, 27; DV
14-17). Las grandes experiencias bíblicas conducen a El, dan testimonio de El. Vamos,
pues, al encuentro de Cristo por los caminos del Dios vivo.
43. Desde la fe de la Iglesia El cristiano, al tratar de comprender hoy su vida de fe, o
el itinerario del encuentro del hombre con Cristo, en la experiencia humana actual, lo
ha de hacer desde la fe de la Iglesia en Cristo Jesús. A veces se trata de una fe implí-
cita que es necesario explicitar. El creyente, porque conoce ya a Jesucristo, por la pa-
labra de los Apóstoles, trasmitida por la Iglesia, sabe a la luz de esta fe, que cuando
el hombre se encuentra con los que anuncian la palabra de Dios, se encuentra con
Cristo; que cuando realiza obras de amor con los pobres se encuentra con Cristo; que
cuando padece persecución por la justicia con paciencia evangélica, está en el camino
de Cristo... Pero sobre todo sabe que el encuentro con Cristo se realiza en la Iglesia.
Cristo está presente en la proclamación de la palabra, en la vida de la Iglesia, y de
modo del todo singular en la Eucaristía. Los demás caminos para el encuentro con Je-
sús, el Señor, no tienen sentido sin la Iglesia, cuerpo de Cristo y pueblo de Dios.
44. Itinerarios del encuentro con Cristo Vamos a tratar a continuación de algunos de
estos itinerarios del encuentro del hombre con Cristo. Se podría haber tratado de al-
gunos otros. Pero los que aquí se indican son suficientes. No hablamos en estas pági-
nas que siguen propiamente del encuentro «sacramental» con Cristo, -aunque se alu-
de brevemente a la Eucaristía-, sino sobre todo del encuentro con Cristo por la fe. Por
esto, las expresiones "Cristo está presente en los pobres" y otras semejantes no de-
ben entenderse en un sentido "localista", aunque siempre hagan referencia a una re -
lación real del hombre creyente con Cristo-Jesús.
45. Las grandes experiencias bíblicas Las grandes experiencias bíblicas que vamos a
considerar son estas:
* Alianza: Encontramos a Cristo, donde los hombres reconocen a Dios, donde los
hombres se respetan y se aman.
* Éxodo: Cristo está donde el hombre es liberado de los ídolos y poderes que le ase-
dian y esclavizan.
* Desierto: Cristo está donde los hombres experimentan las dificultades de la libera-
ción.
* Tentación: Nos encontramos con Cristo, cuando en las encrucijadas de la vida
aceptamos la llamada de Dios.
* Pobreza: Encontramos a Cristo en los pobres; en ellos quiere ser servido.
* Profecía: Cristo está en los profetas enviados por Dios: En los que llevan su pala-
bra. Encontramos a Cristo cuando cumplimos la Palabra de Dios.
* Actitud de Siervo: Nos encontramos con Cristo cuando hacemos nuestra su actitud
de Siervo de Yahvé, el camino de los justos injustamente perseguidos.
* Iglesia: Cristo está en medio de los que se reúnen en su nombre.
* Alegría: Encontramos a Cristo en la paz, en la alegría; una paz que el mundo no
puede dar, una alegría que nadie nos puede quitar.
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PISTAS PARA LAS REUNIONES
1) Estamos profundamente convencidos de que la vida tiene un sentido. Pero al mis-
mo tiempo cambiamos muchas veces de opinión sobre lo que constituye el sentido de
la misma. Poner en común, al nivel que cada uno quiera, las veces en que ha cambia-
do de opinión sobre el sentido concreto de su vida.
2) Hay quienes dicen: "yo puedo dar sentido a mi vida, prescindiendo de Dios". ¿Tú,
qué dices?
3) Leer y comentar Génesis 3: la pretensión original del hombre, ser como Dios pres-
cindiendo de Dios (ver tema 24). Se trata de reconocer como actual la tentación origi-
nal del hombre.
4) La fe "nos libera de la ilusión, enraizada en el pecado, de creer que podemos fun-
dar nuestra existencia personal en virtud de nuestra propia decisión" (R. BULTMANN,
Jesucristo y mitología, Ed. Ariel. Esplugues de Llobregat, Barcelona, 1970, p. 106).
¿Es esto así?
5) Los ídolos son creación del egoísmo humano en los que el hombre pretende encon -
trar equivocadamente el sentido de su vida (dinero, poder, sexo...). No es fácil reco-
nocer los propios ídolos. Puede ayudarnos esta pregunta: ¿qué es lo que buscamos
por encima de todo?
6) «El descubrimiento que se impone al psicoterapeuta en presencia de sus enfermos
neuróticos es éste: casi todos estos enfermos sufren de la pérdida del sentido de la
existencia en general y de la suya en particular. Su mayor sufrimiento consiste, pues,
en que, a causa de la pérdida del sentido de su existencia y a causa de la desvaloriza -
ción de la existencia en todos sus dominios, se ven imposibilitados de arraigar verda-
deramente, es decir, sin sentirse amenazados, tanto en el mundo como en la socie-
dad, en la profesión o en su papel sexual, así como en sí mismos. El estado de necesi-
dad psíquico de la neurosis existencial penetra más hondo en el interior del hombre
que otros y debe entenderse como la repercusión de un secreto nihilismo de la perso-
nalidad; así, hace su aparición una nueva forma de mal, el mal del desgarramiento
existencial que divide la personalidad en una voluntad de determinación de su último
destino y una voluntad contraria de fuerza análoga: "no quiero ser el que soy"; por lo
general, esta formulación no se expresa, pero se mueve en el fondo oscuro del hom -
bre. La pregunta latente en muchos hombres que no pueden componérselas con una
existencia que ha perdido el sentido para ellos es precisamente: "¿cómo puedo arre-
glarme en la existencia sin un sentido? (cf. VON GEBSATTEL, Imago hominis, Ed. Gre-
dos, Madrid, 1969, pp. 37, 72.
7): MARXISMO/V-SENTIDO: Adam Schaff, uno de los hombres más representativos
del humanismo marxista, viene a decir que "el marxismo no debe ser concebido en
términos de felicidad; al marxismo sólo se le puede pedir una liberación sociopolítica,
una liberación de la opresión cristalizada en las estructuras sociales. La felicidad es un
asunto puramente subjetivo y que escapa a toda pretensión científica, pero exige que
haya desaparecido todo resto de explotación y dominación. Y a esto precisamente
atiende el marxismo". El mismo Adam Schaff confiesa que los jóvenes se le acercan
preguntando por el sentido de la vida y que el marxismo no tiene respuesta para este
interrogante fundamental. (BELDA-ALBERDI, Marxismo y cristianismo II, CEASO, Ma-
drid, 1973, p. 108). Comentario en grupo: ¿el Evangelio debe ser concebido en térmi -
nos de felicidad?.
8) Comentar en grupo: "Bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda sal-
varnos" (Hch 4, 12).
9) Cristo ha resucitado, Cristo es el Señor. Las reacciones primarias ante el aconteci-
miento son de asombro, sorpresa, duda, incredulidad (Lc 24, 11. 12. 16. 21. 37. 41;
Hch 2, 13. 15). Pero por encima de todos estos sentimientos se impone una convic-
ción más fuerte: "¿por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha re-
sucitado" (Lc 24, 5-6). ¿Qué significa todo esto para nosotros?
10) Nosotros podemos reconocer en nuestra propia vida el señorío, el dominio, el po-
der de Jesús resucitado como los primeros creyentes, como los creyentes de nuestro
tiempo. Es el Señor y lo manifiesta.
Puedes ser testigo tú mismo. A cualquiera de nosotros puede ir dirigida la pregunta de
Pablo: "Poneos a la prueba a ver si os mantenéis en la fe, someteos a examen; ¿no
sois capaces de reconocer que Cristo Jesús está entre vosotros?" (2 Co 13, 5). Co-
mentar en grupo.
11) Poner en común (si he llegado): ¿Cómo he llegado a reconocer a Jesús como Se-
ñor?
12) ¿Qué definición de fe responde más a tu experiencia: «fe es creer lo que no vi-
mos» o "fe es llegar a ver lo que es increíble"? Comentar el pasaje de Pablo: "... en
vuestros días voy a realizar una obra que no creeréis aunque os la cuenten" (Hch 13,
41).
13) Con el reconocimiento de Jesús como Señor, la conversión es parte integrante de
la experiencia de fe. No obstante la diversidad de tiempos, lugares y auditorios, las
predicaciones de Juan Bautista, Jesús, Pedro o Pablo ofrecen todas un mismo esque-
ma y una misma orientación: anuncian la acción de Dios y llaman a la conversión. Ver
y comentar alguno de estos pasajes: Mt 3, 2; 4, 17; Hch 2, 36.38; 3, 15.19; 5, 31;
10, 40-43; 13, 30. 38-39.
14) ¿Puede el hombre cambiar? ¿Has cambiado tú alguna vez? Comentar el pasaje de
Jesús y Nicodemo (Jn 3, 1-21). Ver tema 33, 141-142.
15) CV/CATECUMENADO: Conversión primera, conversión segunda y conversión con-
tinua: ver su distinción en el tema 22, 2.
16) Conversión inicial y conversión fundamental: ver tema 33, 150-151. Ver ME 2,
pp. 219-221. Ver ICA, Doc. 2.
17) Profundizar en la conversión como proceso de la sed al agua de la vida (Jn 4), de
la ceguera a la luz (Jn 9), de la muerte a la vida (Jn 11).
Ver tema 22, 5-7.
18) Conversión inicial y justificación total. El caso del paralítico. Ver ME 2, p. 220.
19) La conversión como vuelta profunda a Dios: con todo el corazón.
Ver tema 22, 10.
20) La conversión como vuelta profunda a Cristo. Desde Cristo, convertirse es con -
vertirse a Cristo. Ver tema 33, 147. La conversión es seguimiento de Cristo: "ven y sí-
gueme". Ver Mt 4, 18-22 y paralelos.
21) La conversión como descubrimiento de los valores de Evangelio: Mt 5, las bien-
aventuranzas, diseño del hombre nuevo. Visión de conjunto de los temas 34-41.
22) La conversión y las dimensiones del hombre nuevo: dimensión moral, dimensión
comunitaria y dimensión litúrgica. Ver tema 34, 44-46.
Ver ME 2, p. 225.
23) Conversión y experiencias bíblicas. Vamos al encuentro de Cristo por los caminos
del Dios vivo. Ver tema 2, 37. 42. 44. 45. Ver ME 2, pp.
167-168 ss. Visión de conjunto de los temas 3-11.
24) La evangelización en la Iglesia primitiva. Informalidad y libertad.
Constantes: objetivo, tiempo y proceso, esquemas de evangelización. Su significado
hoy. Exposición y diálogo. Ver ICA, Doc. 2.
25) Perdón, amnistía, justificación: parte de la Buena Noticia del Evangelio. Ver Hch
2, 38; 13, 38-39; Lc 24, 47.
26) Complejo de culpabilidad, culpa real e imagen de Dios. Ver tema 23; ver tema
19.
27) Experiencia de fe y juicio de Dios. El juicio de Dios comienza ahora.
No pesa condena alguna sobre los que están en Cristo Jesús (Rm 8, 1).
Ver tema 71.
28) Impotencia de la naturaleza y de la ley para justificar a los hombres. Función de
la ley: Rm 3, 20; Ga 3, 24. Necesidad de la gracia: Jn 15, 5. Ver tema 35, 3-5. La
moral del cristiano, fruto de la gracia. Ver tema 35, 2
CATECUMENADO 3 A-D/ALIANZA A-DEO/A-H

CRISTO ESTA DONDE LOS HOMBRES SE RES-


PETAN Y SE AMAN (ALIANZA)
OBJETIVO CATEQUÉTICO
* Descubrir que la experiencia de fe implica vivir en situación de Alianza.
* Quien vive en Alianza está en el camino que conduce hacia Cristo.
46. Todo hombre necesita amar y ser amado La alianza no es sólo una experiencia
bíblica, sino que corresponde también a la experiencia social. Los hombres, en efecto,
se ligan entre sí con pactos y contratos, acuerdos entre grupos o individuos que quie-
ren prestarse ayuda: alianzas de paz, hermandad, amistad, matrimonio.
Expresan la necesidad que el hombre tiene de estar con otros. El hombre no puede vi-
vir solo. Necesita amar y ser amado. Necesita de los demás.
47. Vivir en Alianza significa amar Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento,
la palabra Alianza sirve para definir las relaciones de Dios y de los hombres. Para que
aparezca su contenido es necesario hablar de filiación, hermandad, solidaridad, fideli-
dad, unidad, amor. La experiencia religiosa de la Alianza implica todo esto.
48. Amar es salir de sí, entrar en comunión La Alianza, como el amor que significa,
hace siempre referencia a otro.
Significa el amor de Dios a los hombres, el amor de los hombres a Dios y el amor de
los hombres entre sí. La unidad en el amor hace pareja humana, grupo, comunidad,
pueblo.
49. El amor de Dios va por delante de nosotros Alianza significa primero el amor de
Dios a los hombres: "EI nos amó primero" (1 Jn 4, 19). Cuando Abraham sale de Ur
de Caldea, nace una nueva religión, la religión de la Alianza; Abrahan comienza a ex-
perimentar que Dios no está ausente en la historia de los hombres: "Dios es amor" (1
Jn 4, 8). En adelante, esta fe significará no ya sólo el admitir la existencia de Dios,
sino creer que Dios está presente y actúa de modo personal y amoroso en la historia
humana. Tanto en Israel como en la Iglesia esta experiencia fundamental de la reli-
gión bíblica se expresará ordinariamente con la siguiente fórmula: estar con (Ex 3,
14; Mt 28, 20; Jn 14, 20). Alianza es, por tanto, presencia eficaz y fiel de Dios.
50. Amor a Dios, amor al prójimo: moral de Alianza significa también el amor de los
hombres a Dios y el amor de los hombres entre sí. Una de las principales expresiones
de las exigencias de la Alianza es el Decálogo. El mensaje profundo del Decálogo es
que la vida humana no puede desarrollarse como tal fuera del amor. El Decálogo es
expresión de una moral de Alianza, una moral comunitaria que Jesús resumirá en dos
mandamientos: el amor a Dios y el amor al prójimo. "De estos dos mandamientos
penden toda la ley y los profetas" (Mt 22, 40).
51. Amarás a Dios con todo tu corazón: primero y principal mandamiento El amor a
Dios es el primero y principal mandamiento. Como se dice en el libro del Deuterono-
mio: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu
Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas. Las palabras que
hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas
estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca
como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y
en tus portales» (/Dt/06/04-09). Todo buen judío recuerda estas palabras a diario, y
el cristiano continúa manteniendo esta creencia fundamental.
52. FE/IDOLATRIA: Idolatría, pecado contra la Alianza Mandamiento no fácil, pues,
¿qué es lo que el hombre ama con todo su corazón? Sea lo que sea, eso es su dios.
Por ello, lo opuesto a la fe es la idolatría. La Biblia es, en cierto sentido, la historia de
un pueblo que ha de abandonar sus ídolos. Esta historia comienza con Abraham, que
"servía a otros dioses" (Jos 24, 2 ss.; Jdt 5, 6 ss.), antes de conocer a Yahvé. La ido -
latría es, en el fondo, un pecado contra la Alianza. Romper con los ídolos es la otra
cara del mayor de los mandamientos: «No seguiréis a dioses extranjeros, dioses de
los pueblos vecinos. Porque el Señor tu Dios es un Dios celoso en medio de ti» (Dt 6,
14).
53. En lucha contra los ídolos, tarea permanente La ruptura con los ídolos no es cosa
hecha de una vez por todas, sino una tarea permanente. La idolatría renace siempre
bajo diferentes formas: en cuanto el hombre deja de amar a Dios se convierte en es-
clavo de las realidades creadas: dinero (Mt 6, 24), vino (Tt 2, 3), voluntad de dominar
al prójimo (Col 3 4; Ef 5, 5), poder político (Ap 13, 8), placer, envidia y odio (Rm 6,
19; Tt 3, 3); incluso la observancia material de la ley (Ga 4, 8 ss.) se convierte en
ídolo.
54. Injusticia social La idolatría viene a ser una realidad sumamente concreta, pues
todo esto es engendrado por el abandono de Yahvé: violencias, rapiñas, juicios ini -
cuos, mentiras, adulterios, impurezas, perjurios, homicidios, usura, derechos atrope-
llados; en una palabra, toda clase de desórdenes sociales. Así lo había percibido el
profeta Oseas: «No hay verdad, ni misericordia, ni respeto a Dios, sino perjurio, men -
tira, asesinato, robo, adulterio, vengando sangre con sangre» (4, 2).
55. «Amarás al prójimo como a ti mismo» (Lv 19, 18) La lección es capital: quien
pretende construirse a sí mismo, independientemente de Dios, lo hará ordinariamente
a expensas de otros, particularmente de los pequeños y los débiles. El pecado contra
Dios se concreta en pecados contra el prójimo. Por ello, dice Cristo, el segundo man-
damiento es semejante al primero (Mt 22, 39); y por ello, el segundo mandamiento
condensa también toda la ley y los Profetas (Mt 7, 12; Ga 5, 14). El amor es "la ley en
su plenitud" (Rm 13, 10).
56. Una virtud sin amor, virtud inútil Los maestros espirituales y los psicólogos han
señalado la existencia de virtudes falsas y virtudes verdaderas. Algunos hombres
practican aparentemente el sacrificio y la austeridad, respetan escrupulosamente los
imperativos de la ley moral tal como ellos la conciben, evidencian "virtudes" admira-
bles, pero son, de hecho, y en el fondo de sí mismos, seres áridos como plantas por
las que no pasa la savia. No hay vida en ellos. No aman. En realidad, bajo la máscara
de la virtud desarrollan un desprecio de los demás y de la vida.
57. Un "samaritano" puede cumplir realmente la Alianza La parábola del buen samari-
tano (Lc 10, 30-37) no sólo responde a la pregunta escéptica del legista sobre «¿quién
es mi prójimo?» (10, 29), sino que pone de manifiesto la profunda paradoja de una
virtud sin amor: el cumplimiento riguroso, pero material, de la ley no ha servido al
sacerdote y al levita para comprender que el sentido más profundo de esa ley es el
amor. El contraste es evidente, porque pasa por allí un samaritano, un hombre des-
preciado como heterodoxo de la religión judaica, y -sin los rodeos del "virtuoso" de
oficio, sencillamente- sintió compasión del herido y realmente fue el guarda de su her-
mano. El samaritano vivió la Alianza, porque en el momento justo respondió a la pre-
gunta que Dios hace a todo hombre: ¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4, 9).
58. Sin amor, de nada sirve el resto San Pablo señala enérgicamente la inutilidad de
las obras humanas si falta el verdadero fondo de la Alianza, el amor: «Ya podría yo
hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que
un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía
y conocer todos los secretos y todo el saber; podría yo tener fe como para mover
montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aún dejarme quemar vivo; si no tengo
amor, de nada me sirve» (1 Co 13, 1-3). Las características de este amor son descri-
tas por Pablo a continuación: «El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no pre -
sume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del
mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites,
cree sin límites, espera sin limites, aguanta sin límites» (1 Cor 13, 48).
59. Es imposible amar a Dios y aborrecer al hermano Se engañaría, por tanto, a sí
mismo el que descuidase el segundo mandamiento a causa del primero. «Si alguno
dice: "Amo a Dios" y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a
su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de El
este mandamiento: quien ama a Dios, ama también a su hermano» (1 Jn 4, 20-21).
60. El amor fraterno conduce al pleno reconocimiento de Cristo Dios es siempre fiel.
Su fidelidad es anunciada de edad en edad (Sal 88, 2). Su palabra no falla (Rm 9, 6).
Israel, en cambio, con toda la humanidad, quebranta muchas veces la alianza de
amor que Cristo ha comenzado con el hombre. En Cristo, no obstante, se inicia un
nuevo pueblo de Dios, una alianza nueva y definitiva entre Dios y los hombres.
Cristo es la realización plena del misterio de amor de Dios a los hombres y la respues-
ta perfecta del amor de los hombres a Dios. Todos somos llamados a asociarnos al
misterio de Cristo por la fe, el bautismo, la eucaristía y la caridad fraterna. Unidos a
Cristo y, en El, al Padre, nos amamos unos a otros con un amor que es fruto del Es-
píritu Santo. El auténtico amor fraterno es ya una participación en el misterio de la
Nueva Alianza (Mt 25, 31 ss.). Bajo el impulso del Espíritu, el amor fraterno conduce
al pleno reconocimiento de Cristo como Señor y Salvador, presente en la Iglesia.
61. Cristo está donde los hombres se respetan y se aman Dice el evangelio que habrá
sorpresas cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono para juzgar la historia de
los hombres: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te
dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vesti-
mos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: Os
aseguro que cada vez que lo hicisteis con unos de estos mis humildes hermanos, con -
migo lo hicisteis» (Mt 25, 37-40). Aun sin ser conscientes de que se lo hacen a El mis-
mo, a El mismo se lo hacen: Cristo está donde los hombres se respetan y se aman.
62. La Eucaristía, sacramento de la Nueva Alianza, realizada en Cristo.
La alianza de Dios con los hombres, realizada en la pasión, muerte y resurrección de
Jesucristo, se perpetúa en los sacramentos de la Iglesia y, de modo del todo singular,
en el sacramento de la Eucaristía. La acción y presencia de Jesucristo a través de los
signos sacramentales tiene unas características especiales. Estos signos sacramenta-
les no sólo significan sino que realizan de manera efectiva, por la acción de Cristo, la
santificación del hombre: «la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el mis-
terio pascual: leyendo cuanto a él se refiere en toda la Escritura (Lc 24, 27), celebran -
do la Eucaristía, en la cual "se hacen de nuevo presentes la victoria y el triunfo de su
muerte" y dando gracias al mismo tiempo a Dios por el don inefable (2 Cor 9, 15) en
Cristo Jesús, para alabar su gloria (Ef 1, 12) por la fuerza del Espíritu Santo».
"Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre
todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona
del ministro "ofreciendo ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces
se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con
su virtud en los sacramentos...» (SC 6 y 7; sobre la presencia sacramental de Cristo,
cf. temas 52-59; sobre la Eucaristía, en concreto. cf. tema 55).
........................................................................
PISTAS PARA LAS REUNIONES TEMA 03. ALIANZA.
1) ¿Qué relación tienes con Dios? ¿Cómo la expresarías?
2) ¿Qué relación tiene Dios contigo? ¿Podrías expresarla?
3) ¿Qué relación llevamos con los otros (familia, trabajo, política, religión...)?
4) ¿Qué tipo de relación vivimos dentro del grupo?
5) Amar primero, amar de balde, amar sin fronteras: así ama Dios.
¿Cómo amamos nosotros? 
6) Amor a Dios y amor al prójimo: "de estos dos mandamientos penden toda la ley y
los profetas" (Mt 22, 40). ¿Ponemos el acento en alguno de ellos? Puede servir la pre-
gunta: ¿qué busco por encima de todo?, ¿cuál es mi supremo interés?
7) Dimensión social y política del amor: ¿cuáles son mis solidaridades en la vida?,
¿qué renta per cápita tienen mis amigos?
8) El amor a Dios es el primero y principal mandamiento. Comentario en grupo de Dt
6, 4-9. Ver Mt 6, 33.
9) El segundo mandamiento es semejante al primero. Comentar en grupo Mt 22, 39;
7, 12; Ga 5, 14; Rm 13, 10; 1 Jn 4, 20-1.
10) Una virtud sin amor, virtud inútil. Comentar en grupo. Tema 3, 56.
11) Un samaritano puede cumplir realmente la Alianza. Comentar en grupo. Tema 3,
57.
12) Sin amor de nada sirve el resto. Comentar en grupo. Tema 3, 58.
13) ¿Quién es mi prójimo: el hermano de comunidad, un desconocido, un enemigo?
14) ¿Qué significa para ti la Eucaristía como Nueva Alianza?
........................................................................
TEMA 3-1.
OBJETIVO: INICIACIÓN EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BÍBLICAS DESCUBRIR QUE
TENER EXPERIENCIA DE FE IMPLICA VIVIR EN SITUACIÓN DE ALIANZA.
PUNTOS CLAVE * Vivir en alianza = amar.
* Dios y el prójimo.
* Idolatría---Alianza.
* Virtud sin amor, virtud inútil.
* Parábola del samaritano.
* El amor fraterno conduce al pleno reconocimiento de Cristo.
* Creer implica vivir en alianza.
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Presentación del tema 3, objetivo y plan de la reunión.
* Lectura personal del tema 3. Cuchicheo.
* Puesta en común: Lo más importante.
........................................................................
TEMA 3-2.
OBJETIVO:
INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS DESCUBRIR QUE TENER EX-
PERIENCIA DE FE IMPLICA UNA RELACION CON LOS QUE ME RODEAN.
PISTA POSIBLE (OTRA)
* ¿Con qué personaje de la parábola me identifico en estos momentos? - Herido.
- Sacerdote.
- Levita.
- Samaritano.
- Posadero.
* ¿Por qué?
PLAN DE LA REUNION
* Introducción: Presentación del objetivo y del plan de la reunión.
* Presentación de Lc 10, 29-37, la parábola del samaritano.
* Cuchicheo: ¿Quién es tu prójimo?
* Puesta en común: Lo más importante.
CATECUMENADO 4 ÍDOLOS/OPRESIÓN LBC/OPRESIÓN

CRISTO ESTÁ DONDE EL HOMBRE ES LIBERA-


DO DE LOS ÍDOLOS Y PODERES QUE LE ASE-
DIAN Y ESCLAVIZAN (ÉXODO)
OBJETIVO CATEQUÉTICO
* Descubrir que la experiencia de fe implica un proceso de liberación personal y colec -
tiva (éxodo).
* Quien vive en situación de éxodo está en el camino que conduce hacia Cristo.
66. Los poderes de este mundo, señores que esclavizan al hombre ¿Qué cosas atan
verdaderamente al hombre? ¿Dónde están esos poderes? ¿Cuáles son esos ídolos?
Dice la Escritura que son las mismas realidades creadas las que esclavizan al hombre,
cuando éste deja a un lado los caminos de Dios: el dinero (Mt 6, 24), el poder (Mc 10,
41 ss.; Ap 13, 8), el placer, la envidia y el odio (Rm 6, 19; Tt 3, 3) e incluso la obser-
vancia puramente material de una ley (Ga 4, 8ss.) y, también, el miedo a la muerte
(Hb 2, 14-15), a la que el hombre no puede mirar de frente y necesita taparla con
muchas cosas. Es, en definitiva, una desesperada voluntad de poder lo que esclaviza
al hombre.
67. Voluntad de poder frente a Dios mismo. Doble esclavitud: la de los débiles; la de
los poderosos El comienzo del Génesis pone en claro los efectos de la voluntad de po-
der que levanta al hombre frente a Dios mismo. Caín usa de su fuerza para matar a
su hermano, y Lamec se venga sin medida (Gn 4, 8.23-24); la violencia llena la tierra
(6, 11). Esa pretensión lleva al hombre a una doble esclavitud. Los poderosos esclavi -
zan a los débiles; los mismos poderosos se esclavizan, sometiéndose a poderes malig-
nos, demoníacos: «Sus propias culpas enredan al malvado y queda cogido en los lazos
del pecado» (Pr 5, 22; cf. 11, 6).
68. La opresión del hombre por el hombre La opresión del hombre por el hombre
aparece tan pronto como los hombres olvidan que su poder les viene de Dios (Rm 13,
1; 1 P 2, 13; Jn 19, 11) y que deben respetar en todo hombre la imagen de Dios mis-
mo (Gn 9, 6). Así David, hiriendo con la espada a Urías el hitita y quitándole su mujer,
se imaginaba seguramente no haber ofendido más que a un hombre, y éste, extranje-
ro; había olvidado que Dios se constituye garante de los derechos de toda persona
humana (cf. 2 S 11-12).
Expulsado Dios del centro de la vida humana, la relación que se establece entre hom-
bre y hombre no es una relación de amor, sino de opresión y dominio.
69. La opresión del hombre por el miedo El hombre padece una desesperada volun-
tad de poder. Necesita salvarse a sí mismo. Por encima de todo. A toda costa. Dará
muchos palos de ciego. Ciegamente, frenéticamente. Intentará mil modos, ensayará
mil caminos antes de aceptar que él, por propia cuenta, no tiene salvación. En el fon-
do, el hombre tiene miedo. Prefiere engañarse, esclavizarse con mil cosas, alienarse
en todo aquello que le oculta su verdadera situación. Por el miedo que tiene a la
muerte, vive el hombre esclavizado de por vida (Hb 2, 14-15). Pablo ha percibido con
seguridad el secreto de toda existencia que se desarrolla fuera de la fe: radica en el
temor, aunque éste sea enmascarado. A los romanos, a los gálatas y a todos nosotros
habla Pablo de una misma experiencia, que sólo el Espíritu de Dios puede superar: la
experiencia de un espíritu de esclavitud y de temor, síntoma común que conduce al
reconocimiento de una oculta situación de condena (Ga 4, 3; Rm 8, 14-16).
70. Una situación de la que el hombre no puede salir La situación del hombre pecador
está bloqueada: peca y le vemos entregado a la debilidad de una naturaleza carnal;
se halla sin fuerzas, y se entrega al pecado que le solicita y agrava su flaqueza.
Incesantemente, la Ley hace resonar en sus oídos la sentencia de muerte. Ningún ca-
mino le libra de su condenación. Si avanza, sigue el camino de toda carne hacia el pe-
cado y la muerte. El mundo entero en el que está sumergido comparte su pecado (Rm
8, 20) y se cierra sobre él como una cárcel (cf. Ga 3, 22; Rm 11, 32), en la que hacen
guardia el Pecado, la Muerte y la Ley, potencias cósmicas personificadas en el pensa-
miento dramático de San Pablo. Tras ellas se perfilan otros poderes, los del Príncipe
de este mundo.
71. Salir de (= éxodo) esa situación es don de Dios EXODO/LIBERACIÓN: Ahora bien,
¿cómo salir de esa situación? Para ello es necesario, en primer lugar, que el hombre
tome conciencia de su verdadera situación. No hay verdadera conversión que no vaya
acompañada del reconocimiento de una situación de pecado. Ello es ya obra de la gra-
cia de Dios. En segundo lugar, es preciso que el hombre renuncie a su voluntad de in -
dependencia, que consienta en dejarse guiar por Dios, en dejarse amar, con otras pa-
labras, que renuncie a lo que constituye el fondo mismo de su pecado. Sin embargo,
el hombre se hace cargo de que esto se halla fuera de su poder. Es necesario que Dios
actúe en el corazón de su propia historia. Y se abrirá un camino donde no existe: en el
mar, en el desierto. En la muerte. En el corazón de Abraham...
72. Los caminos de Dios, problema clave de la experiencia religiosa El creyente no se
contenta con generalidades de orden moral. Su compromiso religioso le lleva mucho
más lejos. Abraham se puso en camino siguiendo el llamamiento de Dios (Gn 12, 1-
5); desde entonces comenzó una inmensa aventura, en la cual el gran problema con-
siste en reconocer los caminos de Dios y seguirlos. Caminos desconcertantes ("Vues-
tros caminos no son mis caminos", Is 55, 8), pero que conducen a realizaciones mara-
villosas.
73. El éxodo, un camino donde no los hay: en el mar, en el desierto.
Un acontecimiento que marca el nacimiento de un pueblo a la fe, fe en Yahvé, Señor
de la Historia, liberador del hombre El éxodo es de todo ello el ejemplo típico. Enton-
ces experimenta el pueblo lo que es marchar con su Dios (Mi 6, 8). Dios mismo se
pone al frente para abrir el camino, y su presencia se sensibiliza de múltiples formas
(Ex 13, 21-22). El mar no le detiene: "Tú abriste camino por las aguas, un vado por
las aguas caudalosas" (Sal 76, 20). Israel queda a salvo de su perseguidor, el podero-
so Faraón egipcio. Viene luego la marcha por el desierto (Sal 67, 8) y Dios abre tam -
bién un camino para su pueblo y lo sostiene como un hombre sostiene a su hijo; le
procura alimento y bebida; "busca un lugar para acampar" y procura que nada le falte
(Dt 1, 30-33). El éxodo marcó el verdadero nacimiento del pueblo de Dios como tal,
como pueblo y como pueblo creyente, y vino a ser el tipo y la prenda de todas las li -
beraciones efectuadas por Dios en favor de su pueblo.
74. El exilio, un camino que va a la inversa del éxodo El desprecio de los caminos de
Dios, diseñados en sus grandes líneas en el Decálogo, es un extravío (Dt 31, 17) que
conduce a la catástrofe.
Su última secuencia será el exilio (Lv 26, 41), camino que va a la inversa del éxodo
(Os 11, 5). Fue necesaria la duración del destierro (Jr 29) para que el pueblo y sus di-
rigentes adquieran conciencia de su incurable perversión (Jr 13, 23; 16, 12-13). Las
amenazas de los profetas tomadas hasta entonces a la ligera se realizaban al pie de la
letra. El exilio aparecía así, como el castigo de las faltas tantas veces denunciadas:
faltas de los dirigentes que, en lugar de apoyarse en la alianza divina, habían recurri -
do a cálculos políticos demasiado humanos (Is 8, 6; 30, 1-2; Ez 17; 19 ss.); faltas de
los grandes, que en su codicia habían roto con la violencia y el fraude la unidad frater -
na del pueblo (Is 1, 23; 5, 8; 10, 1); faltas de todos, inmoralidad e idolatría escanda-
losas (Jr 5, 19; Ez 22), que habían hecho de Jerusalén un lugar de abominación.
75. Conversión y esperanza de retorno a la libertad, una libertad gratuita Pero Dios
no se conforma con la situación en que queda colocado su pueblo (Lv 26, 44-45); de
nuevo hay que preparar en el desierto un camino para el Señor (Is 40, 3); él mismo lo
abrirá (Is 43, 19) y de todas las montañas hará caminos (Is 49, 11) para un retorno a
la libertad. El anuncio del castigo por parte de los profetas va acompañado constante-
mente de una llamada a la conversión y de una promesa de renovación (Os 2, 1-2; Is
11, 11; Jr 31). La misericordia divina se manifiesta aquí como la expresión de un
amor celoso: aun castigando, nada desea Dios tanto como ver reflorecer la ternura
primera (Os 2, 16-17). Por lo demás, el retorno de Babilonia no será menos gratuito
que el éxodo de Egipto; más aún, la misericordia de Dios aparece todavía más en el
retorno del exilio, puesto que éste era el resultado final de los pecados del pueblo.
76. Experiencia universal de la esclavitud: paganos y judíos de ayer, masas humanas
de hoy.
La experiencia de Egipto, como la de Babilonia, contiene un mensaje fundamental so-
bre la propia condición humana. Es el siguiente: Todo hombre vive y permanece en
una esclavitud radical, en la medida en que Dios, Señor de la historia, no se hace ca -
mino de liberación para él. Es una experiencia de todos: paganos de otro tiempo que
se sentían regidos por la fatalidad, y judíos que se negaban a confesarse esclavos (Jn
8, 33), pero también masas humanas de hoy día, que aspiran confusamente a una li-
beración total.
77. Llamados por Dios a la libertad del Evangelio de Jesús Sin embargo, "Hermanos,
vuestra vocación es la libertado" (Ga 5, 13): éste es uno de los aspectos esenciales
del evangelio de Jesús: él vino a anunciar a los cautivos la liberación, a devolver a los
oprimidos la libertad (Lc 4, 18). Pero esta libertad no debe convertirse en pretexto
para el libertinaje (Ga 5, 13). La libertad de Cristo es otra: Cristo vino a proclamar los
mandamientos que liberan: sed pobres, sed pacíficos, sed misericordiosos, sed limpios
de corazón, haced obras de paz, dejaos perseguir por la justicia, entrad así desde
ahora en el reino de los cielos (cf. Mt 5, 3-11).
78. Una conversión real y realmente liberadora, signo de la presencia del Reino de
Dios entre los hombres Alguien podrá decir: "He ahí un programa que nadie puede
cumplir". Y es cierto. El hombre está "vendido como esclavo al pecado" (Rm 7, 14), no
puede liberarse a sí mismo. Ni siquiera puede cumplir la Ley, mucho menos cumplirá
el programa evangélico del Sermón de la Montaña. Pero la conversión es efecto de la
irrupción gratuita del Reino de Dios en medio de la historia humana. Y si la conversión
empieza a ser realidad (y realidad liberadora), entonces es que el Reino de Dios, como
anunciaba Jesús, está en medio de nosotros (Mt 4, 17). No obstante, la realidad au-
téntica de esa liberación no podrá ser detectada con certeza por los hombres: perte -
nece al secreto de Dios.
79. El término del éxodo pertenece al futuro. Un camino en medio del pecado, de la
ley (exterior) y de la muerte Así pues, lo que el hombre no puede lo puede el Espíritu
de Dios que prometió Jesús (Jn 3). El prosigue en cada creyente y en el mundo un in -
menso proceso de liberación que sólo se consumará al final. El verdadero éxodo per-
tenece al futuro: cuando superadas las fronteras del pecado y de una ley exterior que
no podía salvar al hombre, sea superada también la última frontera que esclaviza, la
frontera de la muerte (1 Cor 15, 25-28). Así, la existencia entera es un inmenso éxo-
do que concluye, como el éxodo (misterio pascual) de Cristo, con el "paso" de este
mundo al Padre (Jn 13, 1; 8, 23), quien en medio del mar y en medio del desierto
abrirá un camino donde tampoco lo hay: abrirá un camino decisivo en medio de la
muerte.
80. En situación personal de éxodo Dios conoce nuestra opresión (Ex 3, 7 ss.); nos
invita como a Abraham (Gn 12, 1), a salir, a dejar, a caminar continuamente. El quie -
re "abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los
oprimidos, romper todos los cepos" (Is 58, 6), liberar al hombre de toda fijación infan-
til y secretamente idólatra a las seguridades del mundo presente, abrir los ojos a su
propio futuro y a un elemento inherente al destino humano: su condición peregrina.
Una cosa importante: cuando el hombre es libre, cuando no depende de nada, enton-
ces está disponible para responder a la acción de Dios en su propia historia. Se en -
cuentra, como en otro tiempo Israel en situación personal de éxodo.
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PISTAS PARA LAS REUNIONES TEMA 4. EXODO.
1) ¿Libre o esclavo? ¿Qué cosas te atan? 2) Doble esclavitud: la de los débiles, la de
los poderosos. ¿Dónde estás tú? 3) La opresión del hombre por el miedo. Comentar en
grupo los nn. 69 y 70.
4) El éxodo: Dios abre en la historia un proceso de liberación.
¿Puedes contar algún éxodo personal o colectivo que hayas vivido?
5) El destierro y la esclavitud, lo contrario del éxodo.
Comentar en grupo los nn. 74, 75 y 76.
6) Llamados a la libertad del Evangelio de Jesús: Ga 5, 13; Lc 4, 18; Mt 5, 3-11.
¿De qué te ha liberado el Evangelio de Jesús? 7) Dios conoce nuestra opresión (Ex 3,
7 ss.); nos invita como a Abrahán a salir, a dejar, a caminar continuamente (Gn 12,
1). El quiere "abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar
libres a los oprimidos, romper todos los cepos" (Is 58, 6) ¿Qué significa esto para no-
sotros a nivel personal, social o eclesial? 8) Escuchar la Canción de la libertad, de LA-
BORDETA. Poner en común qué significa para cada uno.
9) RL/OPIO: En tiempos de Marx, «aunque procedente de épocas anteriores, la sumi-
sión de lo cristiano a los intereses económicos y políticos era evidente. En compen-
sación, el Estado se declaraba confesional y privilegiaba la religión que le servía de
justificación ideológica. Pocas, muy pocas voces se alzaban contra tal estado de cosas.
Las iglesias oficiales se constituían en defensoras de la situación y opuestas a cual-
quier movimiento revolucionario que pretendiese un cambio en que la libertad dejase
de ser una mera aspiración. Y no sólo las iglesias oficiales. La mayoría de los cristia-
nos, drogados por una concepción religiosa que en realidad no era más que la expre -
sión de los intereses de las clases dominantes, prestaban su apoyo al orden estableci-
do, mientras que a los oprimidos se les predicaba la resignación ante una situación
injusta que, sin embargo, se decía respondía a la voluntad de Dios". Comentar en gru-
po (ALBERDI-BELDA, Introducción crítica al estudio del marxismo, Ed. CEASO. Madrid,
1977, p. 388).
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TEMA 4-1.
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS.
DESCUBRIR QUE TENER EXPERIENCIA DE FE IMPLICA UN PROCESO DE LIBERACIÓN
PERSONAL Y COLECTIVO.
PUNTOS CLAVE
* Ídolos, las mismas realidades creadas: dinero, poder, placer, observancia exterior
de la ley, voluntad de poder frente a Dios mismo, opresión del hombre por el hombre.
* Esclavitud, experiencia universal.
* Dios opta por la libertad.
* Llamados a la libertad.
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Presentación del objetivo, plan de la reunión, tema 4.
* Lectura tema 4. Cuchicheo.
* Puesta en común: Lo que más te ha llamado la atención.
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TEMA 4-2.
OBJETIVO: 
INICIACIÓN EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BÍBLICAS DESCUBRIR QUE LA EXPE-
RIENCIA DE FE IMPLICA UN PROCESO DE LIBERACIÓN PERSONAL Y COLECTIVO.
PISTA PARA LA REUNIÓN
* "Lluvia de ideas": Ir poniendo en el encerado, en palabras clave, todo aquello que
hace de nuestro mundo un mundo opresor.
* Comentario.
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Presentación del plan de la reunión, objetivo, pista.
* "Lluvia de ideas" sobre "Un mundo opresor".
* Posible oración final, salmo, canción.
CATECUMENADO 5 DESIERTO/CADO-5 REUNIONES

CRISTO ESTA DONDE LOS HOMBRES EXPERI-


MENTAN LAS DIFICULTADES DE LA LIBERA-
CION (DESIERTO)
OBJETIVO CATEQUÉTICO
* Descubrir que la experiencia de fe implica afrontar la situación de desierto.
* Quien afronta la situación de desierto está en el camino que conduce a Cristo.
84. El desierto, experiencia bíblica ante las dificultades de la liberación.
El desierto, en la Escritura, más que un lugar geográfico es una experiencia profunda-
mente religiosa y profundamente humana, que se produce siempre en una circunstan-
cia típica: cuando el hombre experimenta las dificultades de la propia liberación.
85. El desierto, experiencia de todos los días
El Salmo 94 (7-11) actualiza para Israel la experiencia del desierto. El desierto no es
algo que pertenece a una historia pasada. Es de todos los días, y todos los días Israel,
en una forma u otra, se ve confrontado con el desierto, sometido a la prueba y a la
encrucijada de obedecer al plan de Dios o endurecer su corazón como en los días anti -
guos.
86. El desierto, tierra inhóspita; lugar de paso, no de permanencia; lugar donde no
hay camino, pero lugar que debe cruzarse
El desierto es una tierra inhóspita, "tierra que Dios no ha bendecido", lugar donde no
hay camino, como en el mar. Simbólicamente, el desierto se opone a la tierra habita-
ble y fértil como la maldición a la bendición. El desierto es, pues, una tierra maldita.
Ahora bien, Dios quiso hacer pasar a su pueblo por esta «tierra espantosa» (Dt 1, 19),
para hacerle entrar en una "tierra que mana leche y miel". En efecto, el desierto es un
lugar de paso, no de permanencia; lugar donde no hay camino, pero lugar que debe
cruzarse.
87. El desierto, lugar de la tentación
En el fondo, el desierto es el lugar de la tentación y, al mismo tiempo, el lugar del en-
cuentro del hombre con Dios. Es el lugar de la tentación, el lugar de la prueba, donde
queda al descubierto lo que hay en el corazón del hombre: si el hombre se fía real-
mente de Dios, si vive de su Palabra: "Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha
hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para humillarte para ponerte a
prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos, o no. El te afligió, hacién-
dote pasar hambre, y después te alimentó con el maná -que tú no conocías ni cono-
cieron tus padres- para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de cuanto
sale de la boca de Dios" (Dt 8, 2-3).
(Humillar significa aquí el reconocimiento de la necesidad que el hombre tiene de Dios
para vivir.).
88. El desierto, lugar del encuentro del hombre con Dios
El desierto es, también, el lugar del encuentro del hombre con Dios.
Dios está en medio de su pueblo cuando éste cruza el desierto. Dios le manda el ma-
ná, el alimento del desierto: cuida de que su pueblo no desfallezca. El maná propor-
cionaba el sustento día a día. No quedaba asegurado el día de mañana: si alguno to-
maba doble provisión, ésta se pudría. La lección del maná es un elemento fundamen-
tal en la experiencia israelita del desierto y, en general, de la experiencia religiosa de
Israel a lo largo de su historia: el hombre ha de confiar en Dios y no en su propia
fuerza (Dt 8, 17-18).
89. Dios abre caminos donde no existen: "Yahvé provee"
En mirada retrospectiva, el pueblo puede reconocer con asombro la acción de Dios,
pues la amenaza aniquiladora del desierto ha quedado despojada de su terrible agui-
jón al paso del pueblo. El Deuteronomio lo expresa en bella fórmula: "Tus vestidos no
se han gastado, no se te han hinchado los pies durante estos cuarenta años" (Dt 8,
4). Lo que podía haber sido la tumba del pueblo (Ex 17, 3), lo convirtió Yahvé en un
lugar de paso hacia una tierra espléndida, habitable, fértil (Dt 8, 7-10). La explicación
es solamente ésta: Dios abre caminos donde no existen.
Abraham expresa esta misma fe de otra forma: "Yahvé provee" (Gn 22, 1-14).
90. Los "pecados del desierto"
El desierto, como la cruz y el dolor, se experimenta con un test que revela lo que hay
en el corazón del hombre. El hombre describe en esa situación su verdadera orienta-
ción profunda. Pablo recuerda a la comunidad de Corinto que la experiencia del de-
sierto dejó al descubierto a un pueblo codicioso del mal; era un pueblo que no se fiaba
de Yahvé.
Pablo recuerda también cuáles son los "pecados del desierto" en los que se concreta la
reacción desconfiada del pueblo: idolatría y fornicación, tentar a Dios, murmuración (1
Cor 10, 6-10).
91. Idolatría y fornicación BECERRO-ORO
El relato del becerro de oro (Ex 32) resume la actitud idolátrica de Israel a través del
desierto: Israel no acepta a Yahvé como Yahvé es; prefiere un dios a su alcance, he-
cho a imagen y semejanza propia, cuya ira pueda ser aplacada con sacrificios, aunque
no marque un camino para la propia historia: querría no estar a la escucha de Dios,
sino tener a Dios a su servicio. En definitiva, Israel no aguanta el desierto y plasma
todo su deseo de tierra fértil en el símbolo de la fertilidad que es el toro, y en los fes -
tejos y orgías sexuales propios del viejo culto pagano: "Sentóse el pueblo a comer y a
beber y se levantó a divertirse" (1 Cor 10, 7-8; Ex 32, 6; Nm 25, 1 ss.).
92. «Tentar a Dios» TENTAR-DEO
El "tentar a Dios" puede adquirir formas diferentes: o bien el hombre quiere salir de la
prueba intimando a Dios a ponerle fin (cf. Ex 15, 22-25 y 17, 1-7) o bien se pone en
una situación sin salida: "para ver si" Dios es capaz de sacarlo de ella; o también se
obstina, a pesar de los signos evidentes, en pedir otras "pruebas" de la voluntad de
Dios (Sal 94, 9; Mt 4, 7). Todo, en definitiva, se reduce a no creer en el Dios que tra-
za caminos en la historia y preferir las seguridades de su precaria situación en el país
de Egipto.
93. La murmuración
Lo que había en el corazón del pueblo se manifiesta frecuentemente a través de la
murmuración: desde las primeras etapas el pueblo se cansa y habla contra Dios y
contra su plan: ni seguridad, ni agua, ni carne... La murmuración aparece una y otra
vez en los relatos del desierto (Ex 14, 11; 16, 2-3; 17, 2-3; Nm 14, 2 ss.; 16, 13 ss;
20, 4-5; 21, 5). El pueblo echa de menos la vida ordinaria: vale más una vida de es -
clavos que la muerte que amenaza; el pan y la carne, más que el insípido maná.
94. La rebeldía de un pueblo frente a Dios.
Una equivocación radical Los pecados del desierto dejan al descubierto la rebeldía de
un pueblo de dura cerviz: "Habéis sido rebeldes al Señor, desde el día que os conocí"
(Dt 9, 24) dice Moisés. Y el salmo 94 se expresa en términos semejantes: «Durante
cuarenta años aquella generación me asqueó, y dije: "Es un pueblo de corazón extra-
viado, que no reconoce mi camino"» (Sal 94, 10). Lo que pierde a Israel es la equivo-
cación radical de confundir, o mejor, identificar el camino de Dios con el camino del
éxito, y ése será siempre en la historia de la religión el gran obstáculo a la constancia
de la fe. La lucha de Moisés, el portavoz de Dios, será contra esta «manía de éxito»
espectacular en Israel.
95. Cristo ha colgado en la cruz lo que suele recibir el nombre de vida, porque la vida
del hombre está en otra parte
Desierto y cruz son, en cierto sentido, realidades equivalentes. "El que quiera seguir -
me -dice Jesús- que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga
conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por
mi causa, la salvará" (Lc 9, 23-24). Dice también: «Lo mismo que Moisés elevó la ser-
piente de bronce en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que
todo el que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3, 14-15).
Efectivamente, Jesús ha colgado sobre la cruz todo lo que suele recibir el nombre de
vida, la "manía del éxito". Y a través de esa señal, necia para el griego y escandalosa
para el judío (1 Co 1, 23), ha desenmascarado el equívoco que ciega a la humanidad:
la confianza en la propia fuerza, y no en la fuerza de Dios (Dt 8, 17-18). Porque sólo
Dios pone un camino en nuestro desierto y senderos en nuestros páramos (Is 43, 19).
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PISTAS PARA LAS REUNIONES TEMA 05. DESIERTO.
1) El desierto, precio de éxodo, experiencia bíblica ante las dificultades de la libera-
ción, experiencia de todos los días (nn. 84, 85, 86). Poner en común alguna experien-
cia importante.
2) Tomar conciencia de que la experiencia del desierto (dolor, dificultad, soledad, per-
secución...) es el lugar de la tentación, donde queda al descubierto lo que hay en el
corazón del hombre: si el hombre se fía realmente de Dios, si vive de su Palabra.
3) Comentar en grupo Dt 8, 2-3. ¿Qué significa para ti hoy?.
4) Tomar conciencia de que la experiencia del desierto es también el lugar del encuen-
tro del hombre con Dios. Dios está en medio de su pueblo cuando éste cruza el desier-
to. Dios le manda cada día el maná, el alimento del desierto: cuida de que su pueblo
no desfallezca.
5) Comentar en grupo Dt 8, 17-18. ¿Qué significa para ti hoy?.
6) Comentar el n. 89, especialmente esta confesión de fe: Dios abre caminos donde
no existen. O esta otra: Yahve provee (Gn 22, 1-14). La reacción de un pueblo que no
se fía de Dios: los pecados del desierto, idolatría y fornificación, tentar a Dios, mur-
muración (1 Co 10, 6-10).
Comentar en grupo los nn. 91, 92, 93 y 94, dando entrada a la experiencia personal,
social y eclesial.
7) Comentar en grupo el número 95: Cristo ha colgado en la cruz lo que suele recibir
el nombre de vida. Puede servir esta pregunta: ¿a qué llamamos vida? En la respuesta
podemos reencontrar la tentación original del hombre: ser como Dios, prescindiendo
de Dios, decidir por propia cuenta lo que es bueno y lo que es malo (tentación de la
serpiente, tema 24, número 37).
8) Tomar conciencia de que desierto y cruz son realidades equivalentes. Más aún, la
cruz de Jesús es el mayor de todos los desiertos. Significado actual para nosotros de
Lc 9, 23-24 y Jn 3, 14-15.
.
9) Comentar en grupo: Dios pone un camino en nuestro desierto y senderos en nues-
tros páramos (Is 43, 19). Experiencias concretas.
10) Pasar el montaje del SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS de Madrid ti-
tulado La otra carrera (Ed. Paulinas, Madrid,1980) ¿Qué nos dice? ¿Cuál es nuestra
reacción? ........................................................................
TEMA 5-1.
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS: DESCUBRIR QUE
LA EXPERIENCIA DE FE IMPLICA AFRONTAR LA SITUACION DE DESIERTO.
PISTA PARA LA REUNION
* ¿Con qué frase te quedas?, ¿por qué?: 1 Acuérdate del camino andado.
2 Probar lo que había en tu corazón.
3 Te humilló, te hizo sentir el hambre.
4 Te dio de comer el maná.
5 No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
6 No se gastó el vestido que llevabas ni se hincharon tus pies.
7 Yahvé, tu Dios, te corregía...
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas..
* Presentación del obietivo, plan y pista de la reunión (Dt 8, 2-6).
* Comunicación de pequeño grupo: Pista adjunta.
* Puesta en común: Lo más importante.
* Oración, Salmo 94 compartido, canción.
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TEMA 5-2.
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS: DESCUBRIR LA
EXPERIENCIA DEL DESIERTO EN LA VIDA DE CADA DIA.
PISTA PARA LA REUNION
1 El desierto, situación dura.
2 Lugar de la tentación.
3 Lugar del encuentro del hombre con Dios: Dios abre caminos donde no existen, ma-
ná...
4 Los pecados del desierto: Idolatría y fornicación, tentar a Dios, murmuración, rebel-
día frente a Dios.
5 Confiar en Dios.
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión (resumen tema 5).
* Comunicación de pequeño grupo: ¿Qué aspectos de la experiencia de desierto tie -
nen que ver con tu propia experiencia?
* Grupo grande: Jn 3, 11-21 (silencio, comentario, canto final).
CATECUMENADO 6 TENTACIONES/CADO-6 REUNIONES

CRISTO ESTA EN LAS VERDADERAS ENCRUCI-


JADAS DE LA VIDA (TENTACION)
OBJETIVO CATEQUÉTICO
* Descubrir que la experiencia de fe implica afrontar la encrucijada de la tentación.
* Analizar la tentación del creyente: pan, duda, poder.
96. En situación de encrucijada: Dónde está la seguridad? ¿Qué hacer? Las dificulta-
des del proceso de liberación (desierto) colocan al creyente de forma más o menos
consciente, en una profunda situación de encrucijada: ¿Dónde está la seguridad?
¿Dónde está la vida? ¿Dónde está Dios? ¿Aparece por alguna parte? ¿Qué quiere decir
eso de que Cristo es el camino, la verdad, la vida? ¿Qué hacer?.
97. Dios o los ídolos
La búsqueda de la seguridad es una constante en la vida de los hombres. El hombre
comúnmente no soporta la inseguridad. Por ello desea prepararse para llevar una vida
más humana en el futuro. Pero, a veces, como el pueblo de Israel, prefiere ser escla -
vo a vivir inseguro.
Entonces busca asegurar su vida por doquier. De cualquier modo, a cualquier precio,
como sea. Asegurar todo lo asegurable. Y aparecen en el horizonte humano los ídolos,
que hacen sus propias ofertas.
Abiertamente o no, todo hombre se encuentra una y otra vez ante la encrucijada:
Dios o los ídolos.
98. Una experiencia que se repite.
De Israel a Jesús Los evangelios nos hablan de tentaciones en el desierto. Es significa-
tivo que se hable del desierto. Este es, en efecto, el lugar del encuentro con Dios y
también de la tentación. Jesús reproduce la peregrinación por el desierto del pueblo
de Israel. El pueblo fue tentado en el desierto y sucumbió a la tentación. Jesús la re -
siste con la misma naturalidad con que posee el Espíritu, mediante palabras tomadas
de la situación de Israel (Dt 8, 3; 6, 16; 6, 13).
99. Israel y Jesús, frente a frente. ¿Dónde estamos nosotros?
Donde el pueblo olvidó entonces su misión y, de espaldas a Dios, deseaba volver a las
ollas de Egipto, dice Jesús que el hombre vive también de toda palabra que sale de la
boca de Dios.
Donde el pueblo quiso tentar a Dios y arrancarle un milagro, se niega El a ofrecer un
aparatoso espectáculo.
Donde el pueblo se afanó por los ídolos del mundo, rechazó Jesús el señorío mundano
que el diablo le ofrecía en compensación si se postraba ante él.
100. La escala de valores invertida
Obrar un milagro en provecho propio, pedir a Dios un espectáculo exterior impresio-
nante, pretender dominio terreno: he ahí tres caminos que El no quería seguir. Son
tres cosas al alcance de quienes quieren triunfar. Jesús sabía que había venido a in-
vertir la escala de los valores.
Lo que en el mundo pasa por sabiduría y gloria, es lo que El precisamente tenía que
evitar. Por ello dice a Pedro, que no acepta el primer anuncio de la Pasión: "Tus pen-
samientos no son los de Dios, sino los de los hombres" (Mt 16, 23). El bautismo de
Jesús no significaba éxito, sino servicio. Permanecer fiel a su misión fue todo su gozo.
Un gozo nuevo en nuestro mundo. Y he aquí que vinieron ángeles y le servían.
101. La tentación del pan La primera tentación se refiere al pan (Mt 4, 2-4). Como
toda tentación, pone a prueba la fe. Jesús es el Hijo de Dios y confía en su Padre; y
es, además, el Siervo de Yahvé al servicio de todos los hombres (Cf. Mt 3, 16-17; Is
42, 1). Jesús es tentado en su confianza en Yahvé, así como en su misión. Jesús per -
cibe que en este caso el pan, la seguridad del pan, es un obstáculo tanto en su camino
de Siervo como en su condición de "Hijo amado en quien se complace el Padre". La
actitud profunda de Cristo aparece breve y claramente delineada en las siguientes pa-
labras: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de
Dios" (Mt 4, 4).
102. El primogénito de Yahvé (Ex 4, 22-23) ¿confía en Yahvé? Estas palabras del
Deuteronomio, utilizadas por Jesús, aluden a la circunstancia en que el pueblo a tra-
vés del desierto se ve acosado por el hambre y la sed. Según el Deuteronomio, Dios
intentaba probar a Israel, humillarle por el hambre, que apareciera, si de hecho Israel
se fiaba de su Dios, lo que había en su corazón (cf. Dt 8, 2-5). De hecho, los israelitas
reaccionaron con un intento de "probar" y "tentar" al mismo Dios (Ex 17, 2). Forzaron
a Moisés a pedir a Dios un "signo" y plantearon, faltos de fe, la cuestión: "¿Está el Se-
ñor entre nosotros?" (Ex 17, 7). Las pruebas que de sí mismo les había dado Dios an-
teriormente, no habían arraigado suficientemente en su corazón.
103. La tentación de la duda: ¿Está Yahvé con nosotros o no? La segunda tentación
(Mt 4, 5-7) es ligeramente diferente de la primera. En el fondo coinciden, porque ésta
es también una prueba de la fe. De hecho, supone un momento de profunda turba-
ción, como el que aparece en la interpelación que el profeta Jeremías hace a Dios:
"¡Ay! ¿Serás tú para mí como un espejismo, aguas no verdaderas?" (Jr 15, 18). Esta
tentación, sin embargo, consiste en provocar una situación limite para ver si Dios le
saca al hombre de ella y resolver así la inquietante pregunta: ¿Está el Señor entre no-
sotros o no? (Ex 17, 7).
104. Tentar a Dios, falsa solución Jesús descalifica a quienes, para creer, exigen un
signo, y éste espectacular (Mc 8,12; Jn 6, 30-31; Lc 11, 29; 17, 20). Percibe que todo
eso es tentar a Dios, desconfiar de El, utilizarle para seguridad propia.
Jesús acepta los signos que el Padre le ordena hacer, no exige otros (Jn 14, 10.31).
Su actitud es firme y remite también aquí a la experiencia histórica de Israel: "No ten-
taréis al Señor vuestro Dios" (Dt 6, 16).
105. La tentación del poder, camino desechado por Dios para salvar al mundo. «AI
Señor, tu Dios, adorarás, sólo a El darás culto» La tercera tentación se refiere al triun-
fo personal (Mt 4, 8-10), según lo que el mundo entiende por triunfar. Pero no es ese
el signo que El tiene que dar al mundo, sino este otro: el signo del amor de Dios en la
figura del Siervo de Yahvé, es decir, manifestar el amor de Dios al mundo, siendo El,
el Hijo amado, el servidor de todos (Rm 5, 8; 1 Jn 4, 10).
También esta tentación remite a la historia de Israel. A pesar de que estaba ya avisa-
do (Dt 6, 10-12), el pueblo hizo de la tierra prometida un lugar de instalación idolátri -
ca. Olvidó a Yahvé que le sacó de Egipto, pues por encima de todo buscaba la prospe -
ridad material. La actitud de Jesús supone que sólo Dios debe ser buscado con todo el
corazón. "A Yahvé, tu Dios, servirás, sólo a El le darás culto" (Dt 6, 13).
106. Confianza en el Padre. "Buscad primero el Reino de Dios y su justicia; y todo lo
demás se os dará por añadidura" La actitud de Cristo ante la encrucijada de la tenta-
ción manifiesta el verdadero corazón de su evangelio: la confianza incondicional en el
Padre, que no ha abandonado al hombre, sino que continúa cerca de él.
"No andéis agobiados pensando qué vais a comer, qué vais a beber o con qué os vais
a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que te-
néis necesidad de todo eso. Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo de -
más se os dará por añadidura" (/Mt/06/31-33). Poder vivir esta confianza ya es don
de Dios, don del Espíritu, signo de que su reino está en medio de nosotros.
Confiar en el Padre es la gran certeza que el mundo necesita para poder sobrevivir a
la caída de sus falsas seguridades.
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PISTAS PARA LAS REUNIONES TEMA 06. TENTACION.
1) ¿Cuáles son nuestras encrucijadas donde todo se pone en cuestión?.
2) ¿Cuál es, en tu opinión, la tentación presente de la sociedad?.
3) ¿Cuál es la tentación presente de la Iglesia?.
4) Comentar en grupo los nn. 98, 99 y 100. Israel y Jesús, frente a frente. ¿Dónde es -
tamos nosotros?.
5) El Evangelio de Jesús invierte la escala de valores del mundo.
¿Nuestro cristianismo es instancia crítica dentro de la sociedad?.
6) La tentación del pan, obstáculo en el camino de Cristo. ¿Cuál es nuestra tentación
del pan?, ¿cuál es nuestra respuesta? Comentario a Mt 4, 2-4. Ver Dt 8, 3. Experien-
cias concretas.
7) La tentación del alero del templo, provocación de una situación límite, como solu-
ción al problema de fondo: ¿está el Señor entre nosotros o no? Comentar en grupo Mt
4, 5-7. Ver Dt 6, 16.
8) La tentación del triunfo personal, camino desechado por Dios para salvar al mun -
do. A pesar de que estaba ya avisado (Dt 6, 10-12), el pueblo hizo de la tierra prome-
tida un lugar de instalación idolátrica.
Olvidó al Señor que le sacó de Egipto, pues por encima de todo buscaba la prosperi-
dad material. La actitud de Jesús supone que sólo Dios debe ser buscado con todo el
corazón. Comentar en grupo Mt 4, 8-10. Ver Dt 6, 13.
9) ¿Buscamos por encima de todo el Reino de Dios y su justicia? (Mt 6, 31-33).
10) ¿Vivimos sólo de pan?, ¿qué significa para nosotros esto?.
11) ¿Qué significa para nosotros vivir de toda Palabra que sale de la boca de Dios? Al-
guna experiencia concreta.
12) ¿Servimos a Dios o nos servimos de Dios?.
13) ¿Por qué opto: servicio o poder (por los pobres o los poderosos)?.
Experiencias concretas.
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TEMA 6.
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS: ANALIZAR LA
TENTACION DEL CREYENTE: PAN, DUDA, PODER.
PISTA DE LA REUNION 1 ¿Qué significa para ti la seguridad del pan? ¿Y vivir no sólo
de pan,.
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios? 2 ¿Está el Señor entre nosotros o
no? ¿Provocación de una situación límite, tentando a Dios? 3 ¿Sin poder será eficaz la
evangelización?.
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión.
* Comunicación de pequeño grupo: Cada uno escoge un interrogante.
Comentario.
* Grupo grande: Lectura de Mt 4, 1-11. Comentario. Canción.
 
CATECUMENADO 7 POBREZA/CADO REUNIONES

CRISTO ESTA CON LOS POBRES: EN ELLOS


QUIERE SER SERVIDO
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que la experiencia de fe implica una opción por
los pobres.
* Descubrir que el Evangelio es una buena noticia para los pobres.
107. La pobreza, dato constante de la experiencia humana La pobreza, antes de ser
experiencia bíblica, es un dato constante de la experiencia humana común. Pobre es
aquél que se halla oprimido bajo el peso de una miseria actual o permanente: pobreza
económica, enfermedad, prisión, opresión, falta de acceso a la cultura. Ser pobre es
sufrir la experiencia de una situación deficitaria.
108. La pobreza, dato constante de la experiencia bíblica La pobreza es, también, un
dato constante de la experiencia bíblica. Los pobres, a menudo olvidados en todas
partes, ocupan en la Biblia un puesto importante. Basta evocar aquí el sombrío cortejo
que desfila por la Biblia, principalmente por el Salterio. En él estamos escuchando -
como quien dice- la sangre de Abel que no cesa de clamar al cielo, la queja de las per-
sonas buenas que no aceptan su suerte violenta. Y al mismo tiempo, los acentos de
piedad y amor que les responden, desde Nehemías (Ne 5) al Eclesiástico (Si 4, 1-6) y
a la Carta de Santiago (St 2).
109. La pobreza, un mal que hay que combatir en medio de un pueblo fraterno Sin
duda alguna, la Biblia nos presenta la pobreza como un mal que hay que combatir.
Esta orientación tiene su fuente en el corazón de la religión mosaica. Israel fue consti-
tuido entonces como un pueblo fraternal en el que no debería existir esta tara. El Deu-
teronomio establecerá una serie de medidas para luchar contra la pobreza: el año de
liberación para las deudas y los esclavos hebreos, la prohibición de prestar a interés,
la prohibición de conservar una prenda tomada al pobre, la obligación del diezmo trie-
nal en favor de los desgraciados, el pago cotidiano de los obreros, el derecho de re -
busca y espigueo; todo ello a tenor de la siguiente exhortación: "Nunca dejará de ha-
ber pobres en la tierra: por eso yo te mando: abre la mano a tu hermano, al pobre, al
indigente de tu tierra" (Dt 15, 11).
110 La pobreza, signo vivo del pecado de los hombres Efectivamente, la pobreza en sí
es mala, es signo vivo del pecado de los hombres. El pobre grita que el mundo no res-
ponde al proyecto de Dios.
El pobre revela al mundo de la forma más realista el pecado del hombre.
La experiencia enseña que la miseria es a menudo consecuencia de la pereza (Pr 6, 6-
11; 10, 4-5) o del desorden (13, 18; 21, 17), o también que la misma se convierte en
ocasión de pecado (30, 8-9). Pero otro hecho se impone también con no menos evi-
dencia: muchos pobres son, sobre todo, víctimas de la suerte o de la injusticia de los
hombres que se aprovechan de su debilidad o de su necesidad para explotarlos. Estos
desheredados hallaron en los profetas a sus defensores natos.
111. Los profetas, defensores de los derechos de los pobres Después de Amós, que
ruge contra los crímenes de Israel (Am 2, 6 ss; 4, 1; 5, 11), los portavoces de Yahvé
denuncian sin tregua "la violencia y el bandidaje" (Ez 22, 29) que infestan el país:
fraudes desvergonzados en el comercio (Am 8, 5 ss.; Os 12, 8), acaparamiento de las
tierras (Mi 2, 2; Is 5, 8), esclavitud de los pequeños (Jr 34, 8-22; Ne 5, 1-13), abuso
del poder y perversión de la justicia misma (Am 5, 7; Is 10, 1-2;Jr 22, 13-17).
Una de las misiones del Mesías será la de defender los derechos de los míseros y de
los pobres (Is 11, 4; Sal 71, 2 ss.), "juzgará con justicia a los débiles y sentenciará
con rectitud a los pobres de la tierra".
112. El Mesías de los pobres. Enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva Más
aún, al comenzar Jesús su programa evangélico con la bienaventuranza de los pobres
(Mt 5, 3; Lc 6, 20), quiere hacer que se reconozca en ellos a los privilegiados del reino
que anuncia. Jesús aparece así como el Mesías de los pobres, enviado a anunciarles la
buena noticia: "EI Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me
ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones des-
garrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para
proclamar el año de gracia del Señor" (Is 61, 1-2; Lc 4, 18-19).
113. Los pobres, clientes del Reino de Dios
"(Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por
medio de dos de sus discípulos: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a
otro? Jesús le respondió: Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los cie -
gos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los
muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el evangelio. ¡Y dichoso el que no se
escandalice de mí!" (Mt 11, 2-6).
114. Advertencia severa para los ricos.
La acumulación de riqueza culto idólatra RIQUEZA/IDOLATRIA Si el Evangelio es una
buena noticia para los pobres, es -por lo mismo- una piedra de escándalo para los ins-
talados y los ricos. En efecto, para la inmensa mayoría de los hombres la riqueza es
objeto de un culto idólatra en lo más secreto de sus corazones. La acumulación de ri-
quezas es un esfuerzo por escapar a la angustia de la muerte, de la inestabilidad, de
la inseguridad, de la dependencia; un esfuerzo para asegurarse contra el riesgo, una
búsqueda de consistencia, de arraigo, de autonomía.
115. El rico pretende escapar a la condición humana auténtica
El rico nos aparece en la Sagrada Escritura como aquél que pretende escapar a la con-
dición nómada mediante la construcción de ciudades, de palacios y mediante la acu -
mulación de riquezas. Cierra así los ojos a un elemento inherente a su ser de hombre,
su condición de peregrino. El hombre es un ser inacabado, un ser que viaja hacia al -
guna parte.
Instalarse no es bueno para él. La riqueza es precisamente una tentativa de instalarse
aquí. Es una negación de su vocación de peregrino hacia la vida eterna.
116. El pobre permanece nómada en su alma
El pobre, por el contrario, por la fuerza misma de las cosas, está en condición de no
tener nada a qué apegarse. Está disponible, pronto a viajar. Permanece nómada en su
alma. No puede rendir un culto idólatra a riquezas que no posee. No puede instalarse
ni puede aspirar a instalarse para siempre en medio de unas riquezas acumuladas...
Está en mejores condiciones objetivas que el rico con respecto al designio que Dios
tiene sobre el hombre. Está más disponible para adentrarse por el camino que Dios
propone al hombre.
117. La pobreza en la Biblia, una condición socio-económica y una actitud de alma
Así pues, la pobreza de que habla la Biblia no se reduce solamente a una condición
económica y social, sino que tiene, sobre todo, un alcance y un significado religiosos:
es, en lo más hondo, una disposición interior, una actitud del alma. Lucas, probable-
mente, transcribe la frase original de Jesús: "Bienaventurados los pobres". El evange-
lio de Mateo, en cambio, habrá añadido las siguientes palabras: "en el espíritu". El au -
tor de este último evangelio se propuso así, sin duda alguna, advertir que no bastaba
con ser pobre de hecho para tener parte en esa bienaventuranza de que habla Jesús,
ya que, de algún modo, es necesario prestar un consentimiento libre a esa pobreza,
en cuyo defecto el hombre, pese a verse privado forzosamente del goce de las rique-
zas, estaría en realidad apegado a las mismas, fijado en ellas (Cf. Lc 6, 20; Mt 5, 3).
118. Los pobres de espíritu, los que ponen su confianza en Dios
Para esbozar la fisonomía completa de los "pobres de espíritu" hay que notar también
la conciencia que tienen de su miseria personal en el plano religioso, de su necesidad
de auxilio divino. Lejos de manifestar la suficiencia ilusoria del fariseo confiado en su
propia justicia, comparten la humildad del publicano de la parábola (Lc 18, 9-14). Por
el sentimiento de su indigencia y de su debilidad se asemejan así a los niños y, como
a éstos, les pertenece el reino de Dios (cf Lc 18, 15 ss.; Mt 19, 13-24).
119. Cristo está en el lugar de cada pobre
Pero hay todavía algo importante. El pobre es sacramento de Cristo.
Cristo está en el lugar de cada pobre. Por ello, el servicio de los pobres es expresión
de nuestro amor a Jesús: en ellos le socorremos verdaderamente a El. Porque «os
aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, con -
migo lo hicisteis» (Mt 25, 40). O también: "Porque tuve hambre y me disteis de co-
mer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo
y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme" (Mt 25, 35-
36).
120. El encuentro con Cristo en los hermanos más pobres
Así pues, Dios, en Cristo, se nos hace particularmente cercano en los hermanos que
sufren. Jesús fue inapelablemente explícito al comunicarnos los criterios a que se
atendrá el juicio último: "Entonces los justos le contestarán: Señor, ¿cuándo te vimos
con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?, ¿cuándo te vimos fo-
rastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?, ¿cuándo te vimos enfermo o en
la cárcel y fuimos a verte? Y el Rey les dirá: Os aseguro que cada vez que lo hicisteis
con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis" (Mt 25, 37-40). No se
trata de situaciones excepcionales. En nuestra vida ordinaria encontramos cada día al
prójimo que sufre. Cada uno de nosotros si sabe abrir su corazón al hermano, que
pasa por dificultades y problemas, descubre en él la llamada de Cristo.
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PISTAS PARA LAS REUNIONES.
TEMA 07. OPCION POR LOS POBRES.
1) La pobreza, dato constante de la experiencia bíblica y de la experiencia humana co-
mún. Comentar en grupo los nn. 107 y 108.
Experiencias concretas actuales.
2) La pobreza, un mal que hay que combatir en medio de un pueblo fraterno. ¿Cómo
lucho yo contra la pobreza?.
3) La pobreza, signo vivo del pecado de los hombres. Comentar en grupo el n. 110.
4) La defensa de los pobres, función profética. Comentar el n. 111.
¿Qué significa hoy para nosotros?.
5) Jesús, enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva. Comentar en grupo Mt 5,
3; Lc 6, 20; Is 61, 1-2; Lc 4, 18-19; Mt 11, 2-6.
6) Si el Evangelio es una Buena Noticia para los pobres es, por el contrario, una pie-
dra de escándalo para los instalados y los ricos.
Experiencias concretas actuales.
7) La pobreza en la Biblia una condición socioeconómica y una actitud de alma. Co-
mentar en grupo los nn. 116, 117 y 118.
8) Cristo está en el lugar de cada pobre. Comentar en grupo Mt 25, 35-40.
9) FE/COMPROMISO: "Un amor cristiano serio implica comprometerse en la liberación
de los oprimidos y en la transformación global del sistema que "fabrica" pobres y, por
consiguiente, el amor cristiano implica luchar contra las resistencias inevitables de to-
das las fuerzas interesadas en la conservación: los privilegiados, los poderosos, los ri-
cos" (·GIRARDI-G, Amor cristiano y lucha de clases, Ed. Sígueme, Salamanca, 1971,
P.94). ¿Qué pensamos nosotros?.
10) ¿Qué supone para nosotros optar por los pobres?.
11) Pasar el montaje de La isla, de M. VALMASEDA. ¿Dónde estamos nosotros?.
12) Ver CODINA, ¿Es licito bautizar a los ricos?, en "Selecciones de Teología" 53
(1975), 56-59. Exposición y diálogo.
13) POBREZA/SEGUIMIENTO Dice Agustín-SAN sobre bienes y pobreza: "Quien ama el
siglo no puede amar a Dios; tiene ocupada la mano. Dísele Dios: "Ten, eso te doy". Si
no quiere soltar lo que tiene asido, no puede recibir lo que se le ofrece. ¿Quiere decir
en esto que nadie ha de poseer nada? Si puede, si la perfección lo reclama, renuncia a
todo; mas si no puede hacerlo, impedido por necesidad ineludible, posea, mas no sea
poseído; tenga, pero no sea tenido; sea señor de su hacienda, no esclavo, según
aquello del apóstol: "... como si no poseyera...". Tú me dices en respuesta: "Dios sabe
que no abuso de mis bienes". ¿La tentación es la piedra de toque.
Se ataca tu propiedad y prorrumpes en denuestos. Nos mismo acabamos de ser vícti -
ma de ellos. Se te toca en el bolsillo y ya eres otro de quien eras, ya no hablas hoy
como hablabas ayer". (S. AGUSTIN, Obras X, 125, 7. 8).
Comentar en grupo. ¿Resulta actual este texto de S. Agustín?.
14) ¿Hay alguna oposición entre la invitación evangélica a vivir pobremente y la bús-
queda de un mayor progreso material?.
15) La invitación a la pobreza evangélica, ¿es un recurso para justificar las injustas
desigualdades socioeconómicas existentes en la sociedad?.
16) ¿Cómo contribuye la pobreza evangélica a formar una persona humana plena-
mente liberada? Ver SECRETARIADOS SOCIALES DIOCESANOS, Catequesis social.
Tema 2.°: bienestar y pobreza evangélica, Pamplona, Bilbao, S. Sebastián y Vitoria.
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TEMA 7-1.
OBJETIVO:
INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS: DESCUBRIR QUE LA EXPE-
RIENCIA DE FE IMPLICA UNA OPCION POR LOS POBRES.
PUNTOS CLAVE
* La pobreza, mal a combatir.
* Defensa de los pobres, función profética.
* Anunciar a los pobres la buena nueva (Jesús).
* Mala noticia para los ricos.
* La pobreza, condición socioeconómica y actitud de alma.
Optar por una vida pobre.
* El pobre, sacramento de Cristo.
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Presentación del objetivo, plan de la reunión, tema 7.
* Lectura tema 7. Cuchicheo.
* Puesta en común: Lo más importante.
* Lectura, oración, canción.
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TEMA 7-2.
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS: DESCUBRIR QUE
LA EXPERIENCIA DE FE IMPLICA UNA OPCION POR LOS POBRES.
PISTA POSIBLE 1 Dar limosna.
2 Compartir.
3 Opción de clase.
4 Elegir una vida pobre.
5 Ponerse al lado de los humildes y de los que sufren.
6 Dar de lo que sobra.
PLAN DE LA REUNIÓN
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Pequeño grupo: ¿Qué supone para ti optar por los pobres? (Ver pista adjunta.)
* Puesta en común: Lo más importante.
* Oración final, salmo, canción.
 
CATECUMENADO 8
CRISTO ESTA EN LOS QUE LLEVAN SU PALABRA
(PROFETAS)
OBJETIVO CATEQUETICO
* Descubrir que la experiencia de fe implica una función profética.
* Descubrir que Cristo está en los que llevan su palabra y en ellos quiere ser escucha-
do.
121. Atraído por la verdad y la justicia y tentado por intereses opuestos Cada perso -
na puede ir descubriendo la valentía y el desinterés, que en determinadas ocasiones
supone decir la verdad y optar por lo que es justo. Por otro lado, puede ir tomando
conciencia de la cobardía y de los intereses que se ocultan detrás de cada mentira y
cada injusticia. Puede ir experimentando que, como todo hombre, se encuentra pro-
fundamente atraído por la verdad y la justicia, pero profundamente tentado por inte -
reses opuestos a esa aspiración.
122. El profeta, un hombre para todo tiempo Desde esta experiencia se acercará mu-
cho más a la verdadera figura del profeta, tantas veces deformada y reducida a la vul-
gar caricatura de un extraño adivino de otro tiempo, cuya especie ha desaparecido
para siempre de nuestro mundo. El Concilio Vaticano II (LG 35) ha recordado que la
Iglesia tiene en el presente una misión profética y que, por tanto, cualquiera de sus
miembros puede participar de ella.
123. El profeta, un hombre que vive la verdad que anuncia El profeta es un hombre
que vive la verdad que anuncia. Más allá incluso de su opción por la verdad y la justi -
cia, posibilitándola, está la acción de Dios en su propia vida y en medio de la historia.
Esta acción de Dios va directamente encaminada a la conversión del hombre. Sin em-
bargo, su mensaje profético irrumpe en un mundo que se construye sobre otros ci-
mientos: Dios no actúa en la historia (la historia no tiene Señor) y, además, el hom -
bre no puede cambiar. Esta experiencia universal y permanente, común, deja al des-
cubierto la condición pecadora del hombre.
124. Dios le impulsa a hablar, incluso a pesar suyo El profeta se siente desbordado
por la verdad que anuncia. Lo hace incluso a pesar suyo. Así lo vive Jeremías: «La Pa-
labra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: No me
acordaré de él, no hablaré más en su nombre; pero ella era en mis entrañas fuego ar-
diente, encerrado en los huesos: intentaba contenerlo, y no podía» (Jr 20, 8-9). Jo -
nás, antes de ir a Nínive a donde Dios le envía, saca un pasaje de barco en dirección
contraria para marcharse a Tarsis (a los ojos de los hebreos, «el fin del mundo» en-
tonces conocido). Jonás pretende sustraerse a una misión comprometida, huyendo lo
más lejos posible (Jon 1, 1 ss).
125. La vocación profética es irresistible. ¡Ay de mí, si no evangelizare! (Pablo) La
vocación profética es irresistible. Amós pone la siguiente comparación: como cuando
ruge el león todo el mundo teme, así cuando Dios habla, cualquiera profetiza (3, 8).
Pablo tiene conciencia de que anunciar el Evangelio no es para él ningún motivo de
gloria, según lo humano. Es algo a lo que no puede renunciar: "¡Ay de mí, si no anun -
cio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto eso mismo sería mi paga. Pero si
lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio» (1 Co 9, 16-17).
126. El profeta, con un puesto preciso en el pueblo de Israel En el pueblo de Israel,
rey, sacerdote, profeta son durante largo tiempo como los tres ejes de la sociedad de
Israel, bastante diversos para ser a veces antagónicos, pero normalmente necesarios
los unos a los otros. Mientras existe un Estado se hallan profetas para iluminar a los
reyes: Natán, Elías, Eliseo, sobre todo Isaías, y por momentos Jeremías.
Les incumbe decir si la acción emprendida es la que Dios quiere, si tal política se en -
cuadra exactamente dentro de la historia de la salvación.
127. El profetismo puro don de Dios Sin embargo, el profetismo en el sentido estricto
de la palabra no es una institución como la realeza o el sacerdocio: Israel puede pro -
curarse un rey (Dt 17, 14-15), pero no un profeta; éste es puro don de Dios, objeto
de promesa (Dt 18, 14-19), pero otorgado libremente. Esto se percibe bien en el pe -
ríodo en que se interrumpe el profetismo (1 M 9, 27; cf. Sal 73, 9): Israel vive enton -
ces en la espera del profeta prometido (1 M 4, 46; 14, 41). En estas circunstancias se
comprende la acogida entusiasta dispensada por los judíos a la predicación de Juan
Bautista (Mt 3, 1-12).
128. Vocación profética: indignidad, gratuidad, misión La llamada de Dios despierta
en Jeremías la conciencia de su debilidad (Jr 1, 6); en Isaías, la del pecado (Is 6, 5).
En la conciencia de su indignidad, el profeta percibe mejor la gratuidad y la fuerza de
Dios.
Como después escucharía Pablo: "Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debili-
dad" (2 Co 12, 9). Dios llama siempre para una misión, al servicio de la cual queda el
profeta (Jr 1, 9; 15, 19; Is 6, 6 ss.; Ez 3, 1 ss.).
129. El profeta anuncia en nombre de Dios una palabra que se cumple. El sentido de
la historia El profeta queda al servicio de la Palabra de Dios. Su misión viene definida
en este importante pasaje del Deuteronomio: «Suscitaré un profeta de entre sus her-
manos, como tú (Moisés), pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le man-
de» (Dt 18, 18). El verdadero profeta, dice a continuación, anuncia siempre una pala-
bra eficaz, una palabra que se cumple (18, 21-22). Y así interpreta el sentido de la
historia y de los acontecimientos desde la perspectiva más profunda, desde la acción
de Dios. Amós ha expresado esto admirablemente: "No hará cosa el Señor sin revelar
su plan a sus siervos los profetas" (Am 3, 7).
130. Los profetas, centinelas de la Alianza Los profetas son los centinelas de la Alian-
za: denuncian el pecado del hombre y anuncian la acción salvadora de Dios. Repre -
sentan siempre la esperanza e invitan a la conversión: vuelta del hombre hacia Dios y
hacia el hermano. Los profetas vigilan, pues, el cumplimiento de la Alianza y denun-
cian las claudicaciones del pueblo en el orden religioso y moral.
131. Los profetas anuncian la salvación de Dios y su gloria Los profetas anuncian la
acción salvadora de Dios y su gloria, el resplandor de un Dios vivo que actúa en medio
de los hombres. Dios manifiesta su gloria por sus misteriosas intervenciones, sus jui-
cios, sus signos (Nm 14, 22; Ex 14, 18; 16, 7). Viene en ayuda de los que confían en
El. La gloria es entonces sinónimo de salvación (Is 35, 1-4; 44, 23). El Dios de la
alianza pone su gloria al servicio de su amor y de su fidelidad: El salva y levanta a su
pueblo (Sal 101, 17; cf. Ex 39, 21-29). El profeta sabe que su labor no es sólo anun-
ciar el castigo. Debe edificar y plantar (Jr 1, 10), debe proclamar la salvación del pue-
blo atribulado. Dios es ante todo salvador.
132. Arrebatados por el celo de la gloria de Dios Los profetas son arrebatados por el
celo de la gloria de Dios. Isaías la contempla bajo el aspecto de una gloria regia (Is 6,
1 ss.). Es un fuego devorador, que pone al descubierto la impureza de la criatura, su
nada, su radical fragilidad. La gloria de Dios no triunfa destruyendo, sino purificando y
regenerando, y quiere invadir toda la tierra. Ezequiel proclama la libertad trascenden-
te de la gloria, que en la época del destierro abandonará el templo en señal de repro-
bación (Ez 9-11) y que luego irradiará sobre una comunidad renovada por el Espíritu
(36, 23 ss.; 39, 21-29). Como el salmista, el profeta se consume de celo ante el olvi-
do de la Palabra de Dios: "me consume el celo, porque mis enemigos olvidan tus pala-
bras" (Sal 118, 139; cf. Sal 68, 10). Para los tiempos mesiánicos, los profetas anun-
cian que la gloria de Dios alcanzará una dimensión universal: "Yo vendré para reunir a
las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria" (Is 66, 18; cf. Sal 96, 6; Hb
2, 14).
Sobre este fondo esperanzador se destaca la figura sin apariencia ni esplendor (cf. Is
52, 14; 53, 2) de quien, sin embargo, está encargado de hacer irradiar la gloria de
Dios hasta las extremidades de la tierra (cf. Is 49, 1-6).
133. Un culto meramente exterior, claudicación del pueblo en el orden religioso Los
profetas condenan la hipocresía de una religión exterior que olvida la justicia y los po-
bres. Es en Oseas donde encontramos estas enérgicas palabras: "¿Qué he de hacer
contigo, Efraím? ¿Qué he de hacer contigo, Judá? Vuestro amor es como nube maña-
nera, como rocío matinal que pasa. Por eso les he hecho trizas por los profetas, les he
matado por las palabras de mi boca. Porque yo quiero amor, no sacrificio, conocimien-
to de Dios, más que holocaustos" (6, 4-6).
134. "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón..." En Isaías se denuncia
la vaciedad de un ayuno sin sentido: «Es que el día en que ayunabais, buscabais
vuestro negocio y explotabais a todos vuestros trabajadores. Es que ayunáis para liti-
gio y pleito y para dar puñetazos al desvalido» (Is 58, 3-4). Cristo confirma el vere -
dicto del profeta: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de
mí" (Mt 15, 8). También El declara la inutilidad de una religión meramente exterior:
"No todo el que me diga: "Señor, Señor", entrará en el Reino de los Cielos, sino el que
haga la voluntad de mi Padre celestial" (Mt 7, 21).
135. Transgresiones del pueblo en el orden moral Los profetas denuncian las trans -
gresiones del pueblo en el terreno moral: los atentados contra la vida humana, la vio-
lación de la fidelidad matrimonial, las diferencias escandalosas entre ricos y pobres, la
opresión que sufren los débiles, la rapacidad de los poderosos, la tiranía de los acree-
dores sin entrañas, los fraudes de los comerciantes, la venalidad de los jueces, la ava-
ricia de los sacerdotes y falsos profetas, la tiranía de las clases dirigentes. Los profe-
tas anuncian que «una sociedad así» no puede subsistir (2 S 12, 1-7; Is 3, 15; Am 2,
6-8; 8, 4-6; Mi 3, 11; Is 5, 8; Jr 6, 7).
136. La persecución, condición de la existencia profética No es de extrañar que la pa -
labra de los profetas de Israel tropiece con una resistencia violenta. Es esta una con -
dición de la existencia profética que experimentaron también Cristo y sus discípulos.
Es este un hecho de experiencia verificable hoy como ayer. Los judíos del tiempo de
Cristo, en cuanto tales, no eran ni mejores ni peores que los demás hombres. Al no
tolerar al profeta, el mundo está manifestando su pecado (Mt 23, 29 ss.; Lc 12, 1-12;
6, 26).
137. Jesús, el profeta anunciado en las Escrituras Jesús aparece en medio de una co-
rriente profética, representada por Zacarías (Lc 1, 67), Simeón (Lc 2, 25 ss.), la pro -
fetisa Ana (Lc 2, 36) y, por encima de todos, Juan el Bautista. Aunque la figura profé-
tica de Jesús es distinta de la de Juan (Mt 9, 14), se reconocen en él muchos rasgos
que le sitúan en la línea de los grandes profetas: anuncia la salvación de Dios y la ur -
gencia de la conversión (Mt 3, 2.8); traduce la ley en términos de existencia vivida (Lc
10, 29 ss.); revela el contenido de los "signos de los tiempos" (Mt 16, 2 ss.) y anuncia
su fin (Mt 24-25); su indignación se dirige contra la hipocresía religiosa (Mt 15, 7) y
anuncia un culto en espíritu y en verdad (Jn 4, 21-24). Experimenta el rechazo de
aquella Jerusalén que había matado a los profetas (Mt 23, 37 ss.). La muchedumbre
dará espontáneamente a Jesús el título de profeta (Mt 16, 14; Lc 7, 16; Jn 4, 19; 9,
17). Aún más: muchos verán en él al profeta anunciado en las Escrituras (Jn 6, 14; 7,
40). Sin embargo, el misterio de Jesús desborda en todos los sentidos la tradición pro-
fética: El es el Mesías, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios (cf. tema 16).
138. Cristo está en los que llevan su palabra y en ellos quiere ser escuchado Anunciar
la palabra de Cristo es anunciar la Palabra de Dios y, al propio tiempo, participar en su
misión profética. Más aún, Cristo está en los que llevan su palabra y en ellos quiere
ser escuchado: "quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os
rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza a quien me ha enviado"
(Lc 10, 16; cf. Mt 28, 19). Cristo actúa hoy y continúa su función profética en la del
Pueblo de Dios (LG 12). Cristo está presente en la voz de su Iglesia.
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PISTAS PARA LAS REUNIONES.
TEMA 08. PROFETAS.
1) ¿Qué suponen para nosotros estas palabras: valentía, desinterés, opción por la ver-
dad y la justicia? ¿Y éstas otras: cobardía, intereses, mentira, injusticias?.
2) "La fuerza de los hechos, las convulsiones que se gestan en las sociedades por la
acumulación de abusos, acabará obligando a la Iglesia a ser más y más evangélica.
Pero debemos adelantarnos proféticamente.
En lugar de ser juguete de las fuerzas políticas de la historia, debemos ser profecía,
luz crítica, juicio y salvación entre ellas por la original fuerza de Jesús". (T. CABES-
TRERO). Comentario en grupo.
3) El Concilio Vaticano II (LG 35) ha recordado que la Iglesia tiene en el presente una
misión profética y que, por tanto, cualquiera de sus miembros puede participar de
ella. Comentario en grupo.
4) Canciones de R. CANTALAPIEDRA: Dónde están los profetas y El profeta. Escuchar
la canción y poner en común la reacción que suscite en cada uno.
5) Comentar en grupo los nn. 123, 124 y 125.
6) Profundizar en la función de los profetas: anuncian en nombre de Dios una palabra
que se cumple, interpretan el sentido de los acontecimientos y de la historia, son los
centinelas de la Alianza, anuncian la salvación de Dios y su gloria, denuncian la vacie-
dad de un culto meramente exterior y las trasgresiones del pueblo en el orden moral.
Comentar en el grupo los nn. 129-135.
7) Comentar en grupo Lc 6, 26: "¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de voso-
tros!, porque de este modo trataron los padres a los falsos profetas". ¿Es normal que
la comunidad cristiana no sea perseguida?.
8) Jesús, el profeta anunciado en las Escrituras. Comentar el n. 137.
9) Cristo está en los que llevan su Palabra y en ellos quiere ser escuchado. Comentar
en el grupo Lc 10, 16 y LG 12. Experiencias actuales.
10) ¿Escuchamos la Palabra de Dios como objeto de estudio o como palabra viva
cumplida en la experiencia humana? Ver Ez 12, 28.
11) ¿Escuchamos la Palabra de Dios por penetración directa, natural, como la lluvia
(Is 55, 10-11), en una cierta pasividad que, por ser atenta, pone en juego toda nues-
tra personalidad? 12) Lo que nada nos diga lo dejamos de momento. Insistimos en
aquello que despierta o expresa vivencias transparentes, sin violencia voluntarista ni
artificialidad. Según ello, ¿forzamos la experiencia o la encontramos en la escucha de
la Palabra de Dios?.
13) ¿Tomamos conciencia de que ante la Palabra de Dios aparece toda nuestra vida
en su dimensión más concentrada? Ver C. CASTRO CUBELLS, Encuentro con la Biblia,
Ed. Cristiandad, Madrid, 1977, 67-68.
........................................................................
TEMA 8.
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS: DESCUBRIR LA
FUNCION PROFETICA QUE IMPLICA LA EXPERIENCIA DE FE.
PISTA POSIBLE: LOS PROFETAS 1 No existen.
2 Anuncian la salvación de Dios.
3 Denuncian la injusticia.
4 Denunciar no es cristiano.
5 Denuncian las diferencias escandalosas entre ricos y pobres.
6 Y la opresión que sufren los débiles.
7 Y el culto meramente exterior.
8 Son necesarios.
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Pequeños grupos: ¿Qué significan para ti los profetas? ¿Algunas experiencias actua-
les?
* Puesta en común: Lo más importante. Diálogo.
* Lectura, oración, canción.
 
CATECUMENADO 9 SIERVO-DE-YAHVE J/SIERVO/CADO

CRISTO ESTA EN EL JUSTO INJUSTAMENTE


PERSEGUIDO (SIERVO DE YAHVE)
OBJETIVO CATEQUETICO
* Descubrir que la experiencia de fe implica asumir la actitud del Siervo de Yahvé.
* Reconocer a Cristo en el justo injustamente perseguido.
142. La violencia como defensa, recurso común Ante cualquier tipo de agresión, el
hombre normalmente reacciona defendiéndose. Es la reacción instintiva, natural. Apa-
rece el contraataque, la venganza, la ley del Talión, como formas de defensa del indi-
viduo y de la sociedad. La experiencia común del hombre manifiesta una fe ciega en la
violencia, como requisito necesario para andar por la vida y como suprema solución
para determinadas situaciones y conflictos.
143. La escalada de la violencia y su círculo: ¿Cómo romperlo? ¿Existe otra salida?
Sin embargo, la violencia engendra violencia. Tras la agresión viene la reacción ven-
gadora, que provoca a su vez una nueva agresión más violenta. Y así sucesivamente.
¿Cómo romper este círculo de la violencia? ¿Quién puede romperlo? De hecho, en un
mundo violento todo parece indicar que no existe otra salida y que todo lo demás es
debilidad, virtud de enfermos. Como dice el libro de la Sabiduría, nuestro mundo cree
ciegamente en esto: "Sea nuestra fuerza la norma del derecho, pues lo débil -es cla-
ro- no sirve para nada" (Sb 2, 11).
144. El siervo de Yahvé, figura única y respuesta sorprendente.
Servicio a Yahvé. El peso del pecado del mundo: injusticia y violencia sobre sus hom-
bros Como tantas veces, también aquí los caminos de Dios no coinciden con los cami-
nos de los hombres. Dios ha suscitado en la Escritura y en la historia la figura única
del Siervo de Yahvé, figura incomparable que asume en sí mismo la doble función -
complementaria- del servicio a Yahvé (= cumplimiento de su voluntad, Hb 10, 7) y de
cargar sobre sus hombros todo el peso del pecado del mundo. El Siervo representa
una respuesta (de antemano absolutamente inimaginable) a ese doble drama de la
sociedad: el de la injusticia y el de la violencia.
145. Siervo de Yahvé es el que cumple la voluntad del Padre La Escritura llama "Sier -
vo de Yahvé" a aquél a quien Dios llama a colaborar en la historia de salvación del
mundo y viene a servir a este designio. El servicio que Yahvé quiere no se limita a un
culto ritual, sino que se extiende a la entrega de toda la vida, que -como la de Jesús-
se manifiesta en dependencia radical de la voluntad del Padre: «Tú no quieres sacrifi-
cios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni vícti-
mas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: Aquí estoy, ¡oh,
Dios!, para hacer tu voluntad» (Hb 10, 5-7; cf. Sal 39, 7-9; Mt 16, 21; Lc 24, 26; Jn
14, 30).
146. Siervo de Dios, y de los hombres, en oposición a una decisión diabólica: «No
serviré» Sirviendo a Dios, Jesús (el Siervo prototipo) sirve a los hombres. Y sirviendo
a los hombres, sirve a Dios. "Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc
22, 27), dice Jesús. Y dice también: "El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y
el que quiera ser primero sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha veni-
do para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos" (Mc 10, 43-
45). El Siervo de Yahvé impugna directamente la decisión diabólica "no serviré".
.
147. El siervo de Yahvé es el Cordero de Dios, que carga con el pecado del mundo El
Siervo de Yahvé carga sobre sus hombros el peso del pecado del mundo. Este misterio
profundo lo ha mostrado Juan el Bautista como la gran clave de la figura histórica de
Jesucristo: "Al día siguiente, al ver a Jesús que venía hacia él, exclamó: Este es el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29). El símbolo del Cordero de
Dios viene a ser, también para el evangelista San Juan, clave de interpretación del
misterio histórico de Cristo. San Juan funde en una sola realidad la imagen del Siervo
(Is 53), que carga con el pecado de los hombres, y el rito del cordero pascual, símbolo
de la salvación de Israel. Jesús será el Siervo que experimenta sobre sus hombros el
peso del pecado del mundo y, a la vez, el Cordero que será sacrificado el día de Pas-
cua en beneficio de todos los hombres (Ex 12, 1 ss.; Jn 19, 36).
148. Entre la espada y la pared, punto crucial. El dolor del Siervo deja patente el vi-
rus del pecado El Siervo de Yahvé es un hombre cogido entre la espada y la pared.
De ahí su dolor. Se encuentra en el punto crucial donde interfieren y chocan el pecado
del hombre y el plan salvador de Dios. Dios tiene un plan sobre la historia humana,
que el Siervo de Yahvé lleva obedientemente hacia adelante, pero que el mundo no
puede tolerar. Al perseguir al inocente, el mundo manifiesta su pecado. El mundo no
se acepta pecador, pero -más que ningún otro- el dolor del justo injustamente perse-
guido hace patente el pecado del mundo. Por decirlo así, el dolor del Siervo de Yahvé
es como el colorante que inequívocamente vuelve visible ese virus del mundo que es
el pecado.
149. Un compromiso muy serio Frecuentemente, la figura bíblica del Siervo de Yahvé
queda desvirtuada en formas aberrantes, como la resignación pasiva, enfermiza, ca-
rente de compromiso. La actitud del Siervo de Yahvé no es esta resignación enfermi-
za. El Siervo asume el compromiso de promover entre los hombres la justicia y el de-
recho, y rechaza claramente el camino de la violencia. Considera absolutamente bene-
ficioso para el mundo romper en todo momento el círculo infernal de la misma, a cual-
quier precio. El Siervo es un hombre pobre, nómada de alma, sin intereses que defen-
der superiores a la misión que procede de Dios. El Siervo es profundamente libre con
respecto al mundo, profundamente esclavo de la voluntad de Dios. La historia de los
profetas, servidores de Yahvé, muestra hasta qué punto la Palabra de Dios, viva y efi-
caz, puede comprometer a un hombre.
150. Paradoja histórica: la caza del profeta, una costumbre en Jerusalén Asimismo, la
historia de los profetas muestra hasta qué punto un hombre, armado solamente con
la Palabra de Dios, puede incomodar a los poderosos: «Ha devorado vuestra espada a
vuestros profetas, como el león cuando estraga» (Jr 2, 30), dice el profeta Jeremías. Y
conocida es la afirmación de Jesús: Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y
apedreas a los que se te envían» (Mt 23, 37). Con ello se produce una paradoja histó-
rica: la caza del profeta viene a ser una costumbre en la ciudad más religiosa de la
Tierra.
151. El siervo, abominado de las gentes Isaías sabe que el Siervo es «el abominado
de las gentes» (49, 7), «despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de
dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros» (Is 53, 3).
Jeremías tiene conciencia de encontrarse comprometido, entre la espada y la pared,
entre la Palabra de Dios y el pecado del mundo: «Me sedujiste, Señor, y me dejé se-
ducir; me forzaste y me violaste. Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban
de mí. Siempre que hablo tengo que gritar «Violencia», proclamando «Destrucción».
La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: No me
acordaré de El, no hablaré más en su nombre; pero ella era en mis entrañas fuego ar -
diente, encerrado en los huesos: intentaba contenerlo y no podía" (Jr 20, 7-9).
152. En contra de la injusticia El Siervo deja de serlo, si colabora con la injusticia.
Precisamente por eso el mundo le odia. Porque no es del mundo (Jn 15, 19). El libro
de la Sabiduría refleja así todo ese odio: «Acechemos al justo que nos resulta incómo-
do: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende
nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre de hijo del
Señor; es un reproche para nuestra ideas y sólo verlo da grima; lleva una vida distin -
ta de los demás y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de
nuestras sendas como si fueran impuras: declara dichoso el fin de los justos y se glo-
ría de tener por padre a Dios. Veamos si sus palabras son verdaderas... Lo condenare-
mos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él" (Sb 2, 12-20).
153. El peso del pecado del mundo. El Siervo, solitario en su misión: «De mi pueblo
no hubo nadie conmigo» (/Is/63/03) La injusticia, la violencia, el pecado del mundo,
tienen su propio peso, peso que experimenta el Siervo de Yahvé. Y con todo, dice
Isaías: «El soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo esti-
mamos leproso, herido de Dios y humillado; pero El fue traspasado por nuestras rebe-
liones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre El, sus
cicatrices nos curaron» (Is 53, 45). El Siervo, como profeta, tiene la responsabilidad
de haber visto y ante esta responsabilidad se queda solo, lo cual también pesa: «Mira -
ba sin encontrar un ayudante, buscaba sin encontrar quien me apoyara» (Is 63, 5).
154. El dolor por el dolor no tiene sentido Es necesario explicar a nuestros contempo-
ráneos, como sin duda era también necesario explicar a los compañeros de Jesús -el
Siervo prototipo- que el Maestro no iba guiado por ningún amor morboso al dolor y a
la muerte, ni por ninguna especie de complacencia en el fracaso, en su camino libre y
voluntario, consciente, a la muerte, que los romanos acostumbraban a reservar para
los rebeldes y criminales: la crucifixión. Precisamente por querer llevar hasta el final la
tarea que se había fijado, asume Jesús las consecuencias de esa tarea, que no es po-
sible llevar a cabo sin tropezar con una resistencia violenta, furiosa, asesina.
155. Un dolor positivo El dolor del Siervo tiene un sentido: él soporta el castigo que
nos trae la paz (Is 53, 5). Su dolor es positivo, creador. Podría defenderse por la fuer-
za, sí, pero la negativa a utilizar ante una agresión otra agresión no es más que el re-
verso de una conducta positiva, creadora, terapéutica.
La vida humana necesita continuamente de gestos semejantes: "Yo no me resistí ni
me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesa-
ban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos» (Is 50, 5-6). Fue nece -
sario para que todo hombre (preocupado por defenderse) tuviera en el Siervo el estí-
mulo de una conducta nueva ante la violencia y el pecado.
156. El amor doliente o la ausencia de réplica El dolor del inocente, silencioso, sin
réplica, refleja como ningún otro -por significativo contraste- el pecado del injusto
agresor, el cual -liberado de la necesidad de contra réplica-, tiene la oportunidad de
percibir, como en un espejo, su propio pecado. La estampa histórica de Cristo perse-
guido puede reconocerse a través de este pasaje profético de Isaías: «Como cordero
llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca" (Is
53, 7). La ausencia de réplica refleja, al propio tiempo, la justicia del Siervo doliente,
una justicia que no es de este mundo, pues este mundo no puede amar a su enemigo.
157. Una justicia nueva en el mundo. No devolver mal por mal JUSTICIA/NUEVA: Esa
justicia es una justicia nueva en el mundo, es la justicia proclamada por Cristo en el
Sermón de la Montaña: «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Yo,
en cambio, os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea
en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la
túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale
dos, a quien te pida, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas" (Mt 5, 38-42).
158. Amarás a tu enemigo Y también: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo
y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y re-
zad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo,
que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos.
Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo tam-
bién los publicanos?" (Mt 5, 43-47).
159. El abominado de las gentes, luz de las naciones Así resulta que el "abominado
de las gentes" viene a enseñar a las naciones lo que es realmente justicia, una justicia
semejante a la de Dios (Mt 5, 48). Como dice San Mateo, Jesús es el siervo que anun-
cia la justicia a las naciones y cuyo nombre es su esperanza (Mt 12, 18-21; Is 42, 1-
4). O como dice el profeta Isaías: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tri-
bus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra» (Is 49, 6).
160. También nosotros debemos llevar la cruz La Iglesia siempre, también en el
mundo actual, está llamada a ser Siervo de Yahvé: «También nosotros debemos llevar
la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros de quienes buscan la paz y
la justicia)) (GS 38). Llevamos la cruz a imitación de Cristo, sin olvidar que sólo El ha
sido real y plenamente el verdadero Siervo de Yahvé. También nosotros debemos lle -
var la Cruz. «Como Cristo llevó a cabo la obra de la redención en medio de la pobreza
y la persecución, asi la Iglesia está llamada a recorrer el mismo camino, a fin de co -
municar a los hombres los frutos de la salvación. Cristo Jesús, existiendo en la forma
de Dios..., se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo (Flp 2, 6-7), y, por
nuestra causa, se hizo pobre, siendo rico (2 Co 8, 9): así la Iglesia, aunque tenga ne-
cesidad de medios humanos para cumplir su misión, no fue instituida para buscar glo-
ria terrena, sino para proclamar -también con su propio ejemplo- la humildad y la
abnegación... La Iglesia "marcha peregrinando entre las persecuciones del mundo y
los consuelos de Dios" (S. Agustín), anunciando la cruz y la muerte del Señor, hasta
que El retorne (cf. 1 Co 11, 26). Es fortalecida, sin embargo, por la fortaleza del Señor
resucitado a fin de vencer con paciencia y amor sus aflicciones y dificultades, tanto las
internas como las exteriores, y revelar al mundo su misterio. Con fidelidad, aunque
entre penumbras, hasta que se manifieste en todo su esplendor al fin de los tiempos))
(LG 8).
161. Cualquiera de nosotros puede ser siervo, si el Espíritu de Dios está con él Sin
embargo, es necesario decir que ninguno de nosotros puede ser Siervo, si el Espíritu
de Dios no desciende sobre él y le da la fuerza y le sostiene: «Mirad a mi siervo a
quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi Espíritu» (Is 42,
1). El Siervo sabe por qué puede hacer lo que hace: «Mi Dios era mi fuerza» (Is 49, 5;
50, 7.9).
María, la Madre de Jesús, "la esclava del Señor" (Lc 1, 38), se muestra como egregia
discípula de Cristo, el Siervo, y paradigma de la Iglesia servidora.
162. Persiguen a Cristo mismo quienes persiguen a sus servidores Los servidores de
Dios son ahora ya los servidores de Cristo (Rm 1, 1; Ga 1, 10; Flp 1, 1). Son sus en -
viados que correrán una suerte semejante a la suya (Mt 10, 24-25). «Cuando os
arresten no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis; en su momento
se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu
de vuestro Padre hablará por vosotros (Mt 10, 19-20). En adelante, perseguirán al
mismo Cristo quienes persigan a sus servidores. Esta fue la experiencia de Pablo (Hch
9, 5).
........................................................................
PISTAS PARA LAS REUNIONES.
TEMA 09. SIERVO DE YAHVE.
1) La violencia como defensa, recurso común. La escalada de la violencia y su círculo.
¿Cómo romperlo?, ¿existe otra salida? Comentar en el grupo los nn. 142 y 143: Tene -
mos nosotros una fe ciega en la violencia?.
2) Comentar en grupos los nn. 144-148 sobre la figura del Siervo: entre la espada y
la pared, entre la injusticia y la violencia del mundo, al servicio de Dios y de los hom-
bres, cargando con el peso del pecado en el mundo.
3) ¿Qué significa para nosotros la figura del Siervo? ¿Resignación pasiva y enfermi-
za?, ¿un compromiso muy serio?, ¿el dolor por el dolor?, ¿un dolor positivo y fecun-
do?, ¿una postura eficaz?.
4) La actitud del Siervo, un compromiso en contra de la injusticia.
Comentar los nn. 150-153 aportando experiencias concretas.
5) La actitud del Siervo, una justicia nueva en el mundo renuncia a la violencia, sin
devolver a nadie mal por mal. Comentar los nn. 157-159.
6) Escuchar y comentar en grupo alguno de los cantos del Siervo de Yahvé: Is 42, 1-
9; 49, 1 -6; 50, 4-11; 52, 13-53, 12.
7) Canciones de KIKO ARGÜELLO: El lagarero y el Siervo de Yahvé.
Escuchar la canción y poner en común la reacción que suscita en cada uno.
8) Poner en común cuándo nos hemos reconocido a nosotros mismos bajo la figura
del Siervo.
9) Cualquiera de nosotros puede ser siervo si el Espíritu de Dios está con él. Comen-
tar en grupo los nn. 160-161.
10) Persiguen a Cristo mismo quienes persiguen a sus seguidores.
Comentar en grupo el n.162: ¿Qué significa para nosotros hoy?.
11) ¿Qué personas encarnan claramente la figura del Siervo en el mundo de
hoy? ........................................................................
TEMA 9.
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS: DESCUBRIR QUE
LA EXPERIENCIA DE FE IMPLICA ASUMIR LA ACTITUD DEL SIERVO DE YAHVE.
PISTA PARA LA REUNION 1 Resignación pasiva, enfermiza.
2 Denuncia de la injusticia.
3 El dolor por el dolor.
4 Un dolor fecundo.
5 Renuncia a la violencia.
6 Anuncio de la revolución violenta (Ez 33, 1 -9).
7 Sin devolver mal por mal.
8 Sin condenar la legítima defensa.
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Pequeños grupos: ¿Qué significa para ti la figura del siervo de Yahvé? Presentación
de la pista.
* Puesta en común: Lo más importante. Comentario.
* Lectura Is 53. Canción.
 
CATECUMENADO 10

CRISTO ESTÁ EN MEDIO DE LOS QUE SE REÚ-


NEN EN SU NOMBRE (IGLESIA)
OBJETIVO CATEQUÉTICO
* Descubrir que la experiencia de fe implica experiencia comunitaria de la fe.
* Descubrir que Cristo está en medio de los que se reúnen en su nombre.
163. P/RUPTURA: En la concha del propio egoísmo En la experiencia humana común
encontramos, por un lado, la necesidad de la relación mutua, la búsqueda de la amis -
tad auténtica, el deseo de colaborar con otros. Por otro, sin embargo, nos encontra-
mos con la dura experiencia de la incomunicación y de la incomprensión, del aisla -
miento y el repliegue sobre uno mismo, del individualismo erigido en norma de vida.
Así se establece una contradicción en el centro mismo de la vida humana: hemos na-
cido para vivir juntos, pero vamos descubriendo que, en realidad, los hombres vivimos
profundamente separados, encerrados cada uno en la concha del propio egoísmo.
164. El pecado, quiebra de una moral de alianza La experiencia bíblica del pecado
comporta siempre la experiencia de una ruptura. Si la fe engendra una moral de alian-
za, el pecado produce la división de la comunidad humana. Así, roto el orden religioso
de la vida, se rompe al mismo tiempo el orden moral, y viceversa. Rota la alianza con
Dios, se rompe también la alianza entre los hombres, y viceversa. El segundo manda-
miento es semejante al primero (Mt 22, 39).
La ruptura del orden moral supone la instalación en el propio egoísmo y la ruptura del
amor al hermano, a quien vemos (1 Jn 4, 20) y en quien debemos descubrir al mismo
Cristo (cf Mt 25, 39-40.44-45).
165. BABILONIA/JERUSALÉN Babel, Jerusalén: dos ciudades, dos experiencias frente
a frente.
Babel es el nombre hebreo de Babilonia, ciudad del embrollo, ciudad del mal, ciudad
de la nada. Babilonia es en la Escritura una ciudad-símbolo. Como Jerusalén, pero al
revés. La ciudad histórica de Babilonia cayó mucho antes del advenimiento del Nuevo
Testamento.
Pero a través de ella el pueblo de Dios adquirió conciencia de un misterio de iniquidad
que está constantemente en acción aquí en la tierra: Babilonia y Jerusalén, erguidas
una frente a otra, son las dos ciudades entre las que se reparten los hombres, la ciu-
dad de Dios y la ciudad de Satán.
166. El pecado deshace a Babilonia como pueblo. Lección histórica permanente Fren-
te a Babel, el hombre bíblico asiste a una trascendental experiencia histórica (Gn 11,
1-9). En definitiva, el misterio del mal deshace a Babilonia como pueblo: al igual que
Nínive, se ha complacido en su propia fuerza (cf. Is 47, 7-8.10; 3, 7-14). Se ha ergui-
do ante Yahvé con soberbia e insolencia (Jr 50, 29-32; cfr. Is 14, 13-14). Ha multipli-
cado los crímenes: hechicería (Is 47, 12), idolatría (Is 46, 1; Jr 51, 44-52), crueldades
de toda suerte... Ha llegado a ser verdaderamente el templo de la malicia (Za 5, 5-
11), la "ciudad de la nada» (Is 24, 10-12).
167. Babel, misterio de idolatría. Ciudad sin Dios El relato del Génesis (/Gn/11/01-
09) presenta de forma sencilla la equivocación profunda de Babel. El pecado colectivo
de Babel se describe como una rebeldía que sigue las trazas y participa del primer pe-
cado del hombre: el pecado de Adán. Los hombres quieren «alcanzar el cielo» por su
propio poder, pretenden llegar a ser «como dioses», pero sin Dios. Babel es el símbolo
de la soberbia humana, que quiere alcanzar la plenitud de la vida, prescindiendo de
Dios, de espaldas a El.
Esta pretensión involucra a Babel en una situación idolátrica, cuyas engañosas conse-
cuencias se manifiestan después. Mientras tanto, Babilonia se levanta como potencia
temerosa, que hace de su fuerza su dios (Ha 1, 11).
168. Babel, misterio de confusión, de incomunicación. Ciudad del embrollo Rota la
alianza con Dios, se rompe la alianza entre los hombres. Se sustituye la fe por la ido -
latría, pero la soberbia (idolátrica) de unos hombres que construyen su ciudad sin
Dios tiene como fruto un misterio de incomprensión, de incomunicación, de confusión:
«Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del pró-
jimo» (Gn 11, 7). Los ídolos que se crea la vanidad y el egoísmo de los hombres (cf.
Sb 14, 14) impiden inexorablemente la comunicación entre los mismos. Babel, que en
realidad significa "puerta de Dios", vino a ser paradójicamente ciudad de confusión,
«la ciudad del embrollo».
169. Babel, misterio de dispersión. Ciudad desierta La dispersión es el resultado final
que completa el proceso: idolatría, incomunicación, dispersión. "Desde allí los dispersó
el Señor por la superficie de la tierra" (Gn 11, 9). Es la hora del juicio contra toda Ba-
bel: se ha dictado sentencia contra la ciudad del mal. Esta sentencia es después co-
municada con júbilo por los profetas (Is 21, 1-10; Jr 51, 11-12), contra la Babilonia
contemporánea. Los ejércitos de Jerjes lo ejecutarán hacia el 485 antes de Cristo. De
Babilonia "no quedará piedra sobre piedra". Babilonia viene a ser una ciudad vacía,
abandonada, evitada: una ciudad desierta, la ciudad de la nada.
170. La infidelidad histórica de Jerusalén, nueva Babel. El sentido del destierro Por su
infidelidad histórica, sin embargo, también Jerusalén ha participado del misterioso
destino de Babel. Fue necesaria la persistencia de la catástrofe para que el pueblo y
sus dirigentes adquieran conciencia de su incurable perversión (Jr 13, 23; 16, 12-13).
171. La infidelidad histórica de Jerusalén. El anuncio de un relevo.
Pérdida de su función histórica La "viña de Yahvé" se había convertido en un plantío
bastardo y sería después saqueada y arrancada (Is 5); la "esposa de Yahvé" se había
hecho adúltera, y sería despojada de sus arreos y duramente castigada (Os 2; Ez 16,
38); el "pueblo elegido" se había vuelto indócil y rebelde, y sería expulsado de su tie-
rra y dispersado entre las naciones (Dt. 28, 63-68). Jerusalén, cabeza del Pueblo de
Dios, ha olvidado su misión histórica, por ello ha de escuchar de parte de Dios la co -
municación de un relevo: otros pueblos la sustituirán. San Pablo (cf. Rm 9, 25-26) ve
cumplida en los gentiles la profecía de Oseas: «Y en el sitio donde los llamaban "No es
mi pueblo" les llamarán "Hijos de Dios vivo"... Me compadeceré de "No compadecida",
y diré a "No-es-mi-pueblo": Tú eres mi pueblo, y él dirá: Tú eres mi Dios» (Os 2,
1.25).
172. Una piedra de tropiezo, el mayor de todos los errores. Al rechazar a Cristo, Jeru-
salén renuncia a la salvación La destrucción de Jerusalén, sobre la que los Profetas
hacen su reflexión religiosa, es todavía figura que encontrará su cumplimiento en el
destino de la Jerusalén que se enfrenta a Jesús: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a
los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus
hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vues-
tra casa se os quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que ex -
claméis: Bendito el que viene en nombre del Señor" (Lc 13, 34-35).
"Al acercarse y ver la ciudad dijo llorando: ¡Si al menos tú comprendieras en este día
lo que conduce a la paz! Pero, no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que
tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán
con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el mo-
mento de mi venida" (Lc 19, 41-44).
He aquí el mayor de todos los errores históricos de Jerusalén: rechazar la salvación
que Dios le ofrece gratuitamente en Jesucristo. En el año 70 fue arrasada y, con ella,
destruido su templo (la peculiar presencia de Dios en la Ciudad Santa).
173. Los gentiles convocados a formar el Israel de Dios Como ocurrió en la primera
destrucción, también a partir de esta segunda se altera la función histórica de Jerusa-
lén (Sión): ahora serán convocados los gentiles a formar el Israel de Dios (cf. Ga 6,
16). Los gentiles que no eran "su pueblo" serán llamados "hijos de Dios". «¿Qué dire -
mos, pues? -se interroga Pablo-: Que los gentiles, que no buscaban la justicia, han
hallado la justicia -la justicia de la fe-, mientras Israel, buscando una ley de justicia,
no llegó a cumplir la ley. ¿Por qué? Porque la buscaba no en la fe, sino en las obras.
Tropezaron contra la piedra de tropiezo, como dice la Escritura: He aquí que pongo en
Sión una piedra de tropiezo y roca de escándalo; mas el que crea en él, no será con-
fundido» (Rm 9, 30 ss.).
174. De un resto del viejo pueblo elegido saldrá la nueva Jerusalén, universal, sin
fronteras Dice San Pablo: «Entonces me pregunto: ¿habrá Dios desechado a su pue -
blo? También yo soy israelita descendiente de Abrahán, de la tribu de Benjamín. Dios
no ha desechado al pueblo que él eligió. Recordáis sin duda aquello que cuenta la Es-
critura de Elías, cómo interpelaba a Dios en contra de Israel: Señor, "han matado a
tus profetas y derrocado tus altares; me he quedado yo solo y atentan contra mi
vida." Pero, ¿qué les responde la voz de Dios?: "Me he reservado siete mil hombres
que no han doblado la rodilla ante Baal." Pues lo mismo ahora, en nuestros días, ha
quedado un residuo escogido por pura gracia" (Rm 11, 1-5). Ese resto será el deposi-
tario de las promesas hechas a Israel y el que constituirá con muchos gentiles, veni-
dos de lejos, la nueva Jerusalén.
175. La nueva Jerusalén es la Iglesia I/NUEVA-JERUSALEN La Nueva Jerusalén es la
Iglesia. La Iglesia entraña un misterio, oculto en otro tiempo en Dios, pero hoy descu-
bierto y en parte realizado (Ef 1, 9-10; Rm 16, 25-26). Misterio de un pueblo que po-
see como garantía la ley del Espíritu, inscrita en los corazones (Rm 8, 2; Jr 31, 33-34;
Ez 36, 27), aunque está todavía constituido por pecadores. Misterio de un pueblo que
viene a ser el cuerpo de Cristo resucitado (Ef 1, 22-23), misterio desconocido en otro
tiempo que supone como una "nueva creación" (2 Co 5, 17-18; Ga 6,15), en la que se
restaura la Alianza con Dios (Rm 5, 12 ss.) y la unidad y reconciliación entre los hom -
bres (Jn 11, 52; Ef 2, 15 ss.).
176. La Iglesia, nueva Jerusalén, fruto directo de la Pascua de Cristo La Iglesia, Nue -
va Jerusalén, anti-tipo de Babel, es «lugar de convocación» para la humanidad entera,
"convocación santa" (Ex 12, 16; Lv 23, 3; Nm 29, 1). Prefigurada en la asamblea del
Horeb (Dt 4, 10), de las estepas de Moab (Dt 31, 30) o de la tierra prometida (Js 8,
35; Jc 20, 2), la Iglesia es fruto directo de la pascua de Cristo. Los Padres repiten con
frecuencia que la Iglesia es la Nueva Eva, nacida del costado de Cristo durante el sue -
ño de la muerte, como Eva naciera del costado de Adán dormido.
177. I/PENT: Pentecostés, la gran experiencia eclesial. Época abierta La Iglesia es
cuerpo vivo de Cristo resucitado, porque en ella habita el Espíritu prometido por Je-
sús. La presencia y experiencia del Espíritu es el gran testimonio que la Iglesia tiene
acerca de Cristo. El Espíritu se manifiesta en acción ya el día de pascua (Jn 20, 22),
pero es el día de Pentecostés cuando tiene lugar la gran experiencia eclesial (Hch 2,
4) con miras al testimonio de los doce (Hch 1, 8) y a la manifestación pública de la
Iglesia; así este día es como la fecha del nacimiento de la Iglesia, que, después de
Pentecostés, crece rápidamente. Es importante destacar que el día de Pentecostés,
como el día de Pascua, es toda una época que queda abierta para el mundo y que sólo
alcanzará su plenitud y consumación al fin de la historia.
178. Pentecostés, contrapunto de Babel. El Espíritu supera la división de los hombres.
Una alianza nueva Con el acontecimiento de Pentecostés (Hch 2, 1-13) queda supera-
da la división de los hombres. El Espíritu se reparte en lenguas de fuego sobre los
apóstoles de modo que se oiga el evangelio en las lenguas de todas las naciones y
"toda lengua proclame" '¡Jesucristo es Señor'!, para gloria de Dios Padre» (Flp 2, 11).
Así los hombres serán reconciliados por el lenguaje único del Espíritu, que es el amor.
Pentecostés es, pues, el contrapunto de Babel. En Pentecostés queda superada la divi-
sión de los hombres sobre la base de una Nueva Alianza inscrita en los corazones.
179. La Iglesia, misterio de fe, de comunicación y de comunidad Así por el Espíritu, la
Iglesia es la verdadera Jerusalén, soñada por Dios, "lugar de reunión" para la humani-
dad entera, anti-tipo de Babel, cuyo misterio es diametralmente opuesto. El misterio
del pecado deshace a Babilonia como pueblo, disgrega a un pueblo que era uno. El
misterio de Pentecostés hace un solo pueblo de muchos, de gentes venidas de todas
partes: un pueblo sin fronteras, universal (Hch 2, 5-11). Si Babilonia es misterio de
idolatría, de incomunicación y de dispersión, Pentecostés (y la Nueva Jerusalén) es
misterio de fe, de comunicación y de comunidad.
180. El cumplimiento de una promesa, el Espíritu de Dios y de Cristo Jesús Si el mis-
terio de Babel radicaba en la idolatría, el misterio de Pentecostés radica en la fe: fe en
Cristo, muerto y resucitado, de quien da testimonio la acción del Espíritu, prometido
de antemano (Jn 14, 16).
"Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que
pasa. Estos no están borrachos, como suponéis; no es más que media mañana. Está
sucediendo lo que dijo el profeta Joel: En los últimos días -dice Dios- derramaré mi
Espíritu sobre todo hombre» (Hch, 2, 14-17). Pentecostés entraña la experiencia de
una nueva Alianza, ofrecida por Dios al mundo.
181. Una alianza por encima de todas las barreras Si el misterio de Babel conducía a
la confusión y al embrollo («hombres de un mismo pueblo que no se entienden»), el
misterio de Pentecostés supera la división de los hombres, fruto del pecado, y aparece
una maravillosa experiencia de comunicación («gentes venidas de cualquier parte que
entran en comunicación»): «Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivi-
mos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia,
en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de
Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno les oí -
mos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua» (Hch 2, 9-11).
182. Un nuevo pueblo, fruto de una nueva Alianza Si el misterio de Babel conducía fi-
nalmente a la dispersión, el misterio de Pentecostés tiene como fruto visible el naci-
miento de un pueblo, en el que no caben fisuras. La unidad de este pueblo es católica,
como se dice desde el siglo II; está hecha para reunir todas las diversidades humanas
(Hch 10, 12 ss.; Ef 2, 14 ss.; 1 Co 12, 13; Col 3, 11; Ga 3, 28), para adaptarse a to -
das las culturas (1 Co 9, 20*ss.) y abarcar al universo entero (Mt 28, 19). Pentecostés
es misterio de comunidad, con lo que concluye el proceso inverso a Babel: fe-comuni-
cación-comunidad. La comunidad que surge de ahí es un Nuevo Pueblo, fruto de una
Nueva Alianza.
183.«Todos los creyentes vivían unidos» Este Nuevo Pueblo es la Iglesia. Su primera
manifestación se realiza en la comunidad de Jerusalén, como fruto de la predicación
de los Apóstoles: «Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les
agregaron unos tres mil. Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles,
en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones... Los creyentes vivían to-
dos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y lo repartían en -
tre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2, 41-45). Así, desde el principio,
aparece ya lo que, en el Espíritu de Jesús, serán factores constitutivos de la comunión
eclesial: la Palabra, que convoca a la comunidad en la fe (Hch 2, 41); la Eucaristía,
que realiza la unidad y es signo de ella (Hch 2, 42; cf 1 Co 10, 17); el amor cristiano,
que llega a la comunión de corazones y de bienes (Hch 2, 42.44; cf 4, 32); la autori -
dad apostólica, como servicio que mantiene la unidad visible de la Iglesia (Hch 2, 42;
20, 28).
186. INDIVIDUALISMO/C: Una revisión de nuestra experiencia comunitaria de la fe Es
de destacar en amplios ambientes el carácter marcadamente individualista de nuestra
religiosidad. Es necesario promover el sentido comunitario de la vida de fe. El Concilio
Vaticano Il nos recuerda: «Quiso, sin embargo, Dios santificar y salvar a los hombres
no individualmente y aislados entre sí, sino constituirlos en un pueblo que le conociera
en verdad y le sirviera santamente" (LG 9). La renovación constante de la Iglesia su-
pone también un esfuerzo de revisión de nuestra experiencia comunitaria de la fe, se-
gún lo que dice San Pablo: «Por lo tanto, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que
sois conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados
sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra an -
gular.
Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo
consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción,
para ser morada de Dios, por el Espíritu" (Ef 2, 19-22).
187. La Iglesia, misterio abierto a nuestra experiencia. Cristo está en medio de los
que se reúnen en su nombre En la última cena, Jesús, alzando los ojos al cielo, dijo:
"Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean
en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21).
Unidos los hombres en el misterio de Dios: he ahí el misterio de la Iglesia, un misterio
que queda abierto a nuestra experiencia, porque «donde dos o tres están reunidos en
mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 20). La presencia de Cristo en la
Iglesia se realiza, de modo especial, en el sacramento de la Eucaristía. El pan y el vino
se transforman realmente en el cuerpo y la sangre de Cristo. La Iglesia, en su misma
estructura, es radicalmente comunidad de los que están unidos entre sí, porque parti-
cipan del mismo pan que es Cristo (cf. 1 Co 10, 17; cf. Tema 55).
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PISTAS PARA LAS REUNIONES.
TEMA 10. IGLESIA.
1) ¿Comunicación o incomunicación? ¿Qué es lo que vives?.
2) Ventana de «JOHARI». Presentación del documento. Puesta en común: ¿A qué ni-
veles de comunicación nos movemos? Ver ICA, Doc.
6.1.
3) Documento grupo sano-grupo enfermo. Ver ICA, Doc. 6.2. ¿Cómo funciona nues-
tro grupo? 4) Babel, Jerusalén: dos ciudades, dos experiencias frente a frente.
Comentar los nn. 165-169 y 176-182: idolatría, confusión, dispersión frente a fe, co-
municación, reunión.
5) Escuchar y comentar en grupo Gn 11, 1-9 y Hch 2, 5-11: ¿Qué significan para ti
hoy?.
6) ¿Has experimentado la unidad que produce la fe? Concretar experiencias.
7) ¿Has experimentado la división que produce la idolatría? Concretar experiencias.
8) Una revisión de nuestra experiencia comunitaria de la fe. Comentar el n. 186.
9) C/SECTA: Documento comunidad-secta: «Una comunidad es un grupo unido por
una fe común y un mismo ideal, cuya cohesión es la fraternidad mutua. Las comuni-
dades están abiertas a todo el que quiera adherirse a ellas; carecen de orgullo colecti-
vo, porque no se consideran superiores al resto de los hombres; no mantienen en se -
creto su vida interna. La secta, por el contrario, es una forma asociada de individualis-
mo: el gnóstico, en efecto, está preocupado únicamente de su salvación y seguridad
personal, y la secta está al servicio de ese individualismo, fomentándolo y protegién-
dolo. Los miembros de la secta se consideran un grupo "soteriológicamente privilegia-
do", es decir, con mayores posibilidades de salvación que el resto de los creyentes; se
tienen por depositarios exclusivos de la verdadera interpretación del cristianismo y por
esperanza única de la restauración de la verdadera Iglesia; se rodean de secreto y
misterio por no considerar a los de fuera dignos de compartir su "gnosis" (conocimien-
to) y sus fórmulas salvadoras; el ingreso en la secta es difícil y requiere superar una
serie de pruebas que constituyen verdaderos ritos de iniciación; sus componentes no
realizan apostolado, sino proselitismo, pues no les interesa atraer a los demás al cris -
tianismo, sino a su grupo; la vida de la secta suele estar impregnada de ritualismo
mistérico, cuyo objetivo es la propia reiteración tranquilizadora, sin implicar compro-
misos con la vida cotidiana; es frecuente en ella el puritanismo, exigiendo a sus
miembros en mayor o menor grado un apartamiento de la existencia normal; final-
mente, la secta es siempre sumamente autoritaria: el deber supremo de sus compo-
nentes es el total sometimiento al liderazgo carismático; y el mayor delito, cualquier
desviación ideológica o práctica de las sagradas tradiciones» (·BENZO-M MESTRE, So-
bre el sentido de la vida, BAC, Madrid, 1975, 210-211). Comentario en grupo. Revi-
sión del grupo a la luz del texto.
¿Tenemos actitudes comunitarias o actitudes sectarias?.
10) CV/BAUTIZADOS Un problema actual: la conversión de los bautizados. Comentar
este texto: "El verdadero problema es el de los bautizados, que van a misa todos los
domingos y demás fiestas de guardar, que comulgan y se confiesan más o menos fre-
cuentemente y que, en cuanto a estatura de fe, se han quedado raquíticos: cristianos
de toda la vida, cuya conversión es mucho más urgente que la conversión de los no
cristianos, pues la conversión de éstos encuentra su mayor obstáculo en el testimonio
negativo de los que se dicen cristianos" (cf. L. M. PIGNATIELLO, Objettivi pastorali di
una iniziazione cristiana degli adulti in Italia, en "via, veritá e vita" 41 (1973), 50).
11) Comentar en grupo los nn. 44 y 52 de La evangelización del mundo contemporá -
neo, de PABLO Vl. ¿Los vemos adecuados a nuestros ambientes?.
12) La Iglesia, misterio abierto a nuestra experiencia. Cristo está en medio de los que
se reúnen en su nombre. Poner en común experiencias concretas.
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TEMA 10-1.
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS: DESCUBRIR QUE
LA EXPERIENCIA DE FE IMPLICA EXPERIENCIA COMUNITARIA.
PUNTOS CLAVE Babel Jerusalén
* Idolatría * Fe.
* Confusión * Comunicación.
* Dispersión de un * Reunión de gentes pueblo que estaba dispersas que no unido.
formaban pueblo.
PLAN DE LA REUNION
* información: Personas, hechos, problemas...
* Oración, salmo 87.
* Lectura Gn 11, 1-9.
* Canción apropiada.
* Lectura Hch 2, 5-11.
* Comentario: Nuestra experiencia ¿responde más a la de Babel o a la de de Jerusa-
lén? ........................................................................
TEMA 10-2.
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERIENCIAS BIBLICAS: DESCUBRIR LA
OPCION ECLESIAL POR LA LIBERTAD: AGAR >< SARA.
PUNTOS CLAVE Agar Sara
* Esclava. * Libre.
* Hijos esclavos. * Hijos libres.
* Nacidos según la naturaleza * Nacidos en virtud de la promesa.
* Persiguen a los nacidos * Son perseguidos.
según el espíritu.
* Despido. * Herencia.
PLAN DE LA REUNION
* Información: Personas, hechos, problemas...
* Oración inicial. Canto.
* Presentación y lectura de Ga 4, 21-31.
* Comentario: Implicaciones personales y eclesiales.
* Oración, salmo 80.
 
CATECUMENADO 11
ENCONTRAMOS A CRISTO
EN LA PAZ QUE EL MUNDO NO PUEDE DAR,
EN LA ALEGRÍA QUE NADIE NOS PUEDE QUITAR
OBJETIVO CATEQUÉTICO *
Descubrir que la experiencia de fe implica paz y alegría.
* Cristo está en la paz que el mundo no puede dar, en la alegría que nadie nos puede
quitar.
188. Creados para ser felices Todos tenemos sed de alegría, de comunicación, de con-
vivencia fraterna, de felicidad. Esperamos con ilusión el fin de semana, las vacaciones,
la salida al campo y al mar, la visita a una ciudad. Deseamos que llegue la fiesta del
pueblo o del barrio, el cumpleaños, la fiesta familiar, la reunión con los amigos. Desde
la infancia a la ancianidad, el deseo de felicidad es una llamada que brota constante-
mente en el corazón humano. Hemos sido creados para ser felices: la alegría, la paz,
el encuentro con los hermanos, la celebración, la fiesta, entran de lleno en el proyecto
creador y salvador de Dios.
189. El juego y la fiesta, en el plan de Dios H/LUDENS: JUEGO/FIESTA
Dios no aplasta al hombre, sino que estimula sus fuerzas creadoras. El ser humano
crea no sólo por medio del trabajo, sino también en el juego y en la fiesta. El hombre
se realiza no sólo como hombre faber, trabajador, sino también como homo ludens,
hombre que juega, que se eleva por encima de las necesidades inmediatas de su exis-
tencia, que se libera de las tareas rentables para disfrutar de la convivencia y de la
fiesta. La exhortación de Jesús a no andar agobiados por la vida muestra un rasgo es-
encial de ser humano redimido.
190. Las alegrías de la vida humana, bendición de Dios Las alegrías de la vida humana
son parte integrante de las promesas y bendiciones de Dios: la alegría incontenible de
vivir, la alegría del esposo y de la esposa, la alegría de los hijos, la alegría del deber
cumplido, la alegría de la obra bien hecha, la alegría limpia de la pureza, la alegría
compartida de la amistad, la alegría del servicio generoso a los otros.
191. La felicidad espera a quien escucha la voz de Dios El Deuteronomio, recogiendo
diversos temas de la predicación profética, expresa de modo concreto la felicidad que
espera a quien escucha la voz de Dios: "Bendito seas en la ciudad, bendito seas en el
campo, bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu suelo, el fruto de tu ganado, las
crias de tus reses y el parto de tus ovejas; bendita tu cesta y tu artesa, bendito seas
al entrar, bendito seas al salir; que el Señor te entregue ya vencidos los enemigos que
se alcen contra ti: saldrán contra ti por un camino, y por siete caminos huirán; que el
Señor mande contigo la bendición, en tus graneros y en tus empresas, y te bendiga
en la tierra que va a darte el Señor tu Dios" (Dt 28, 3-8).
192. Un mínimo de bienes materiales es necesario Este carácter sumamente concreto
de la felicidad humana supone que, al menos, un mínimo de bienes materiales son ne-
cesarios para realizarla. En esta perspectiva se sitúa la oración del sabio: «Aleja de mí
falsedad y mentira; no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de pan; no
sea que me sacie y reniegue de ti, diciendo: ¿Quién es el Señor?; no sea que, necesi-
tado, robe y blasfeme el nombre de mi Dios" (Pr 30, 8-9). Como la felicidad, la des-
gracia humana se realiza también de un modo sumamente concreto. Por ello, dice Pa-
blo Vl, los hombres deben "nir sus fuerzas para procurar al menos un mínimo de ali -
vio, de bienestar, de seguridad, de justicia, necesarios para la felicidad de las numero-
sas poblaciones que carecen de ella. Tal acción solidaria es ya obra de Dios y corres-
ponde al mandamiento de Cristo (Exhortación apostólica Gaudete in Domino [GD]).

193. ... Pero no basta para alcanzar la felicidad y la alegría verdaderas


Un mínimo de bienes materiales es necesario, pero no basta para alcanzar la felicidad
y la alegría verdaderas. La experiencia de nuestro mundo lo manifiesta especialmente.
En nuestros días "la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de pla-
cer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría. Porque la alegría tiene otro ori-
gen. Es espiritual. El dinero, el "confort" la higiene, la seguridad material, no faltan
con frecuencia; sin embargo, el tedio, la aflicción, la tristeza, forman parte, por des-
gracia, de la vida de muchos. Esto llega a veces hasta la angustia y la desesperación
que ni la aparente preocupación ni el frenesí del gozo presente o los paraísos artificia-
les logran evitar. ¿Será que nos sentimos impotentes para dominar el progreso indus-
triall y planificar la sociedad de una manera humana? ¿Será que el porvenir aparece
demasiado incierto y la vida humana demasiado amenazada? ¿O no se trata más bien
de soledad, de sed de amor y de compañía no satisfecha, de un vacío mal definido?
Por el contrario, en muchas regiones, a veces bien cerca de nosotros, el cúmulo de
sufrimientos físicos y morales se hace oprimente: ¡tantos hambrientos, tantas vícti-
mas de combates estériles, tantos desplazados!" (GD).
194. Sin la alegría del conocimiento vivo de Dios
El hombre, abandonado a sí mismo, no puede dominar su propio corazón ni controlar
las fuentes de la felicidad, de la alegría, de la paz. El problema es profundo. «Es el
hombre, en su alma, el que se encuentra sin recursos para asumir los sufrimientos y
las miserias de nuestro tiempo. Estas le abruman; tanto más cuanto que a veces no
acierta a comprender el sentido de la vida; que no está seguro de sí mismo, de su vo -
cación y destino trascendentes. El ha desacralizado el universo y, ahora, la humani-
dad; ha cortado a veces el lazo vital que lo unía a Dios. El valor de las cosas, la espe-
ranza, no están suficientemente asegurados. Dios le parece abstracto, inútil: sin que
lo sepa expresar, le pesa el silencio de Dios... Se puede hablar aquí de la tristeza de
los no creyentes, cuando el espíritu humano, creado a imagen y semejanza de Dios, y
por tanto orientado instintivamente hacia El como hacia su bien supremo y único,
queda sin conocerlo claramente, sin amarlo y, por tanto, sin experimentar la alegría
que aporta el conocimiento, aunque sea imperfecto, de Dios y sin la certeza de tener
con El un vínculo que ni la misma muerte puede romper. ¿Quién no recuerda las pala -
bras de San Agustín: "Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto has-
ta que repose en Ti"?» (GD).
195. La venida de Jesús, una gran alegría para todo el pueblo La alegría plena del co-
nocimiento vivo de Dios se centra en la Buena Nueva de Jesús: por su venida, por su
día, ya se alegró Abrahán: "Vuestro padre saltaba de gozo pensando ver mi día: lo
vio, y se llenó de alegría" (/Jn/08/56). La venida de Jesús crea un clima de gozo in-
descriptible. María recibe el anuncio del ángel que invita a la alegría: «Alégrate, llena
de gracia, el Señor está contigo...» (Lc 1, 28). La misma alegría inunda a su prima Is -
abel, cuyo hijo Juan salta de gozo en el seno materno (Lc 1, 44). María proclama las
alabanzas del Señor que obra maravillas en favor de los pobres: "Proclama mi alma la
grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador" (Lc 1, 46). Los ángeles
de Dios anuncian la gozosa noticia del nacimiento de Jesús: "No temáis, os traigo una
buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha
nacido un Salvador: el Mesías, el Señor» (Lc 2, 10-11). Este acontecimiento colma la
esperanza de los justos: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo
irse en paz", dice Simeón (L 2, 29; cf. Mt 13, 17; Lc 2, 23-38).
196. Invitados a un banquete de bodas En la persona de Jesús está ya presente el
Reino de Dios (Mc 1, 15; Lc 17, 21). Ahora se hacen realidad todas las promesas y es -
peranzas que anunciaron los profetas: ha llegado la "plenitud de los tiempos" (Ga 4,
4; Ef 1, 10), la hora de la gran cena (Lc 14, 16-17). "El Reino de los Cielos, dice Je-
sús, se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo" (Mt 22, 2). Cuando Jesus
comienza su predicación, Juan el Bautista se llena de alegría al oír la voz del Esposo
(Jn 3, 29); mientras el Esposo está presente, sus amigos permanecen en fiesta y no
pueden ayunar (Lc 5, 34). Al banquete de bodas, todos los invitados han de llegar con
el traje de fiesta (Mt 22, 11-12).
197. La alegría del Reino de Dios RD/ALEGRIA: FE/ALEGRIA
Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios en medio de felicitaciones, de congratula-
ciones, de bienaventuranzas (Mt 5, 3-12). Sería una contradicción anunciar la Buena
Noticia en medio de la tristeza. La expresión bienaventurados (dichosos), no sólo con-
tiene una promesa, sino también una felicitación. Es la alegria de los hombres que en-
tran en el Reino, vuelven a él o trabajan en él, y la alegria del Padre que los recibe. Es
la alegría que siente Jesús con los niños que quieren acercarse a El, con la acogida
que se da a la Palabra, la liberación de los posesos, la conversión de una mujer peca-
dora o de un publicano, la generosidad de una pobre viuda, la manifestación del Reino
de Dios a los pequeños, el anuncio de la Buena Noticia a los pobres, de la vista a los
ciegos, de la libertad a los oprimidos (Lc 4, 18). Los milagros de Jesús y sus palabras
de perdón son también fuente de alegría y de paz: toda la gente se alegraba de las
maravillas que hacía y daba gloria a Dios (Lc 13; 17; Mt 9, 8).
198. Alegría desbordante La alegría del discípulo por haberse encontrado el Reino de
Dios es desbordante. Tanto es así, que, todo queda subordinado a este descubrimien -
to; en adelante, todo gira en torno a él: "El Reino de los Cielos se parece a un tesoro
escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría,
va a vender todo lo que tiene y compra el campo" (Mt 13, 44). La alegría del discípulo
de Jesús subyace a todas las decisiones e, incluso, a todas las renuncias. Brota tam-
bién en medio de los insultos y de las persecuciones (Mt 5, 11-12, Hch 5, 41), y se
hace incontenible cuando el discípulo descubre el poder de la Buena Nueva que anun-
cia (Lc 10,17), el Reino de Dios en acción. En la tarea de la evangelización, al tiempo
de la cosecha, se alegra el sembrador, lo mismo que el segador (Jn 4, 36).
199. El himno de la alegría: el Reino de Dios manifestado a los pequeños. "Dichosos
los ojos que ven lo que vosotros veis!" En cierta ocasión, los setenta y dos discípulos
volvían entusiasmados junto a Jesús, pues hasta los demonios se les sometían en su
nombre. Jesús les dice que deben alegrarse por un motivo mayor: porque sus nom-
bres están escritos en los cielos (Lc 10, 17-20). Jesús entona entonces el "himno de la
alegria", pues la Buena Noticia del Reino de Dios se manifiesta por medio de El a los
pequeños: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí,
Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie co -
noce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquél a quien
el Hijo se lo quiere revelar» (/Lc/10/21-22). Los discípulos son dichosos, pues a ellos
se les revela el Reino de Dios: "Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: ¡Dicho-
sos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes
desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyero" (Lc
10, 23-24; cf. 8, 10).
200. La alegría de la conversión ALEGRIA/CV:
La alegría del Evangelio brota pujante ante el acontecimiento de la conversión. Es la
alegria del pastor que encuentra la oveja perdida (Lc 15, 4-7), o la de la mujer que, al
fin, halla la dracma (15, 8-10), o la del padre que celebra con una gran fiesta la vuelta
del hijo que estaba perdido (15, 11-32). De cada conversión se alegrarán los discipu-
los, como se alegran en el cielo el Padre y los ángeles: «Os digo que así también ha-
brá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y
nueve justos que no necesitan convertirse» (Lc 15, 7).
201. La alegría pascual, una alegría que nadie os puede quitar La alegría cristiana bro-
ta también frente al dolor y la cruz. Por la cruz va Jesús al Padre; los discípulos debe -
rían alegrarse de ello, si le amaran y si comprendieran el sentido de su partida: "Os
conviene que yo me vaya; porque si no me voy no vendrá a vosotros el Defensor. En
cambio, si me voy, os lo enviaré" (Jn 16, 7). Gracias al don del Espíritu, vivirán de la
vida de Jesús (Jn 14, 16-20); entonces su tristeza se cambiará en alegría, una alegría
que nadie se la podrá quitar, la alegríA pascual: «Pues sí, os aseguro que lloraréis y
os lamentaréis vosotros mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes,
pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente
tristeza, porque ha llegado su hora; pero en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del
apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros aho-
ra sentís tristeza; pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quita-
rá vuestra alegría» (Jn 16, 20-22).
203. La alegría cristiana, don del Espíritu de Jesús La palabra de Jesús produce su fru-
to: los que creen en él tienen en sí mismos su alegría colmada (Jn 17,13); su comuni-
dad vive en una alegría sencilla (Hch 2, 46) y la predicación de la Buena Nueva es en
todas partes fuente de gran alegría (8, 8); el Bautismo llena a los creyentes de un
gozo que viene del Espíritu (13,62; cf. 8, 39; 13,48; 16,34) y que hace que los após-
toles canten en medio de las persecuciones (16, 23-25). El gozo es, en efecto, fruto
del Espíritu (Ga 5, 22) y una nota característica del Reino de Dios (Rm 14, 17).
204. Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero El mundo camina, según
el plan de Dios, hacia la plenitud del Reino que ha comenzado ya en la persona de Je -
sús, hacia una gran fiesta que no tiene fin: la fiesta de las bodas del Cordero. Quienes
participen en ella darán gloria a Dios con cantos de triunfo y de alegría: "Oí después
en el cielo algo que recordaba el vocerío de una gran muchedumbre; cantaban: Alelu-
ya. La victoria, la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios... Con alegría y regocijo
démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engala-
nado y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de bliancura -el lino son las
buenas acciones de los santos-. Luego me dice: Escribe. Dichosos los invitados al ban-
quete de bodas del Cordero" (Ap 19, 1.7-9).
205. "La paz os dejo, mi paz os doy" Alegría y paz son una misma cosa. La alegría,
por sí sola, sería algo superficial y pasajero. Sin la paz, sin la alegría, en la Iglesia no
se transmite nada; tampoco el Evangelio. Cuando nos abandonan, debemos interro-
garnos: «Sería muy extraño que esta Buena Nueva, que suscita el aleluya de la Igle-
sia, no nos diese un aspecto de salvados» (GD). Como la alegría, la paz nos la da Je-
sús: "La Paz os dejo, mi Paz os doy; no os la doy como la da el mundo" (Jn 14,27). «A
la luz de la fe y de la experiencia cristiana del Espíritu, esta paz, que es un don de
Dios y que va en constante aumento como un torrente arrollador, hasta tanto que lle-
ga el tiempo de la "consolación", está vinculada a la venida y a la presencia de Cristo»
(GD).
206. Una paz que el mundo no puede dar La paz de Jesús se extiende a las regiones
heridas de nuestro ser, a esa amargura que pesa y hostiga, a esas plagas donde fer -
mentan los sentimientos contradictorios, los espejismos de la duda y de la división in-
terior. La paz de Cristo no elimina pruebas ni sufrimientos. Pero éstos ya no nos des-
bordan; son dominados en el interior del hombre, quedando en acción las fuerzas vi-
vas. La paz no es insulsa tranquilidad, pasividad interior o huida del prójimo. No hay
paz en el olvido del prójimo, pues todos los días suena la misma pregunta: ¿Qué has
hecho de tu hermano? Es ilusoria la paz que no suscita la comunicación y la unidad
fraterna. Pacificado, el hombre es conducido al prójimo.
207. El secreto de Jesús: el Padre le ama. Estad siempre alegres: Dios nos ama J/
AMADO  ALEGRIA/A-D Es preciso «destacar el secreto de la insondable alegría que Je-
sús lleva dentro de sí y que le es propia... Si Jesús irradia esa paz, esa seguridad, esa
alegría, esa disponibilidad, se debe al amor inefable con que se sabe amado por su
Padre. Después de su bautismo a orillas del Jordán, este amor, presente desde el pri-
mer instante de su Encarnación, se hace manifiesto: Tú eres mi hijo amado, mi predi-
lesto. Esta certeza es inseparable de la conciencia de Jesús. Es una presencia que
nunca lo abandona» (GD). Jesús vive alegre: el Padre le ama. Todos estamos llama-
dos a participar de esta alegría de Jesús: «Les he dado a conocer y les daré a conocer
tu Nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy en
ellos» (Jn 17, 26). Nuestra alegría y paz más profundas proceden del mismo hecho:
Dios nos ama. Desde ahí podemos acoger la invitación de San Pablo: «Estad siempre
alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres» (/Flp/04/04).
210. Un canto de alabanza en el corazón de todos los cristianos: Hemos encontrado a
Cristo.
La alegría del Evangelio aparece en todos aquellos cristianos cuya vida es un continuo
canto de alabanza al Padre y de acción de gracias a El por el don que nos ha hecho en
la persona de su Hijo Jesucristo. En definitiva, el motivo más profundo de nuestra ale -
gria, el que los resume todos, es aquél que Andrés no puede callar y que comunica a
su hermano Simón Pedro: Hemos encontrado a Cristo (Jn 1,
41). ........................................................................

PISTAS PARA LAS REUNIONES

TEMA 11. 
1) ¿Eres feliz? Cada miembro del grupo contesta voluntariamente a la pregunta.
2) Para ti, ¿la felicidad es parte del plan de Dios?
3) La felicidad espera a quien escucha la voz de Dios. Comentar en grupo Dt 28, 3-8.
¿Qué significa para ti la bendición de Dios?
4) Felicidad y experiencia de fe ¿qué relación tienen en tu vida?
5) La alegría del Reino de Dios. Comentar en grupo los nn. 195-199.
6) La alegría del tesoro escondido en el campo. Comentar en grupo Mt 13, 44. ¿Has
encontrado el tesoro?, ¿qué has tenido que vender para comprar el campo?, ¿te en-
contraste también "lleno de alegría"?

7) La alegría de la conversión. Comentar el n. 200. ¿Has experimentado la alegría de


la conversión o del cambio de alguien?
8) La alegría de Pascua, una alegría que nadie nos puede quitar. Comentar en grupo
Jn 16, 20-22. ¿Qué significa para nosotros el "volveré a veros y nadie os quitará vues-
tra alegría"? Experiencias concretas.
9) ¿Qué significa para nosotros la paz de Jesús? Comentar en grupo los nn. 205-206.
10) El Evangelio, por definición Buena Noticia, es anunciado en medio de felicitacio-
nes, de congratulaciones, de bienaventuranzas. Escuchar y comentar Mt 5, 3-12.
11) ¿La paz es para ti evasión?
12) ¿Qué celebras en este momento?
13) ¿Cuáles son para nosotros los gozos y las esperanzas de nuestra sociedad y de
nuestro mundo?
14) ¿Qué acontecimientos celebramos desde la fe: personales, eclesiales, sociales?
15) Dice ·Agustin-san: "En tanto no seas cristiano puedes observar el sábado, mas no
entenderle. Si no pasas a la verdad no puedes tener lo que celebras" (S. AGUSTIN,
Obras X, 128, 2). Comentar en grupo.
16) ALEGRIA/BANQUETE  «El signo característico de Jesús es la comida, la fiesta de la
mesa en que se anuncia y prefigura la gran dicha de reino escatológico. Esa comida
no convoca simplemente a un grupo de selectos. En ella participan los mismos peca-
dores que reciben la alegría del perdón y de la vida nueva que se acerca. La comida
en que Jesús acoge a los pecadores de su pueblo es un signo o anticipación del ban-
quete pleno que es el reino. Ciertamente, Jesús no come sólo con pecadores y publi-
canos; es posible que ese tipo de personas fueran minoría en el conjunto de sus rela-
ciones; pero en ellas se trasluce algo especial, la nueva unión del reino a que se invita
a los escribas y celotes, fariseos, publicanos, pecadores. De esta forma se visibiliza la
nota peculiar de su mensaje: el ofrecimiento del perdón y la instauración de un nuevo
tipo de relaciones con Dios y el prójimo. La experiencia de las comidas en las que se
recibe la seguridad del perdón y se realiza la nueva fraternidad del reino ha sido tan
profunda que ha llegado a determinar el signo distintivo de las comunidades cristianas
postpascuales, donde la presencia de Jesús y la formación del nuevo pueblo de Dios
se concretiza en forma de banquete (eucaristía). (Ciertamente, existen otros elemen-
tos de la formación de la eucaristía cristiana, pero el recuerdo y continuación de las
comidas de los discípulos con Jesús parece haber sido un punto de partida: ... Jesús
comía en casa de los discípulos ciertamente (Mc 1, 29-31 par; 2, 15), o en casa de
amigos íntimos (Lc 10, 38-42; Jn 12, 1-8); pero también en casa de recaudadores de
tributos o de pecadores no convertidos aún (Mc 1, 16 par; Lc 19, 1 ss.), así como en
casa de fariseos no partidarios...). Lo que extraña a sus contemporáneos es el hecho
de que Jesús se siente con los pecadores a la mesa. Comer juntos era el signo más
valioso de amistad y comunión, no sólo en un nivel sencillamente humano sino incluso
en el plano religioso. Por eso los judíos evitaban cuidadosamente todo contacto en la
comida con los miembros pecadores de su pueblo o los gentiles. Jesús, en cambio,
come con ellos y les brinda su amistad y su perdón (cf. Lc 19, 1-10; 15, 2, etc.). Esta
comida constituye un signo que anticipa el banquete escatológico que espera el AT.
Para Jesús, el tiempo nuevo ya alborea en el mundo: se acerca, está presente el día
de la vida y la alegría. Por eso come con los miembros olvidados de su pueblo. Para
Israel, esa actitud es destructiva; niega el orden sagrado de Dios sobre la tierra. Los
creyentes, sin embargo, saben que es Dios mismo el que perdona por medio de Jesús,
el que comparte la alegría de la vida nueva de los hombres... Para defender su acti -
tud, Jesús indica que es el mismo Dios el que perdona (parábola del hijo pródigo: Lc
15, 11-32)". Un teólogo español ha elaborado este precioso texto. ¿Encontramos aquí
dimensiones evangélicas que es preciso recuperar? Comentar en
grupo. .......................................................................

TEMA 11
OBJETIVO: INICIACION EN LAS GRANDES EXPERENCIAS BIBLICAS: DESCUBRE QUE
LA EXPERENCIA DE FE IMPLICA PAZ Y ALEGRIA
PISTA PARA LA REUNION * ¿Con qué frase te identificas?: 1. El reino, un tesoro. 2.
Escondido en un campo. 3. Un hombre lo encuentra. 4. Lo vuele a esconder.
5. Por la alegria que le da. 6. Vende todo lo que tiene. 7. Compra el campo aquel. *
¿Por qué?
PLAN DE LA EUNION
* Información: Personas, hechos, problemas.
* Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión. * Comunicación de pequedo
grupo: Pista adjunta (Mt 13, 44). * Puesta en común: Lo más importante. * Oración,
salmo, canción.
CATECUMENADO 12 J/QUIEN-ES
NOS ENCONTRAMOS CON DIOS EN CRISTO
OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir que en el encuentro con Cristo nos encontramos
con el propio misterio de Dios.
* Toma de conciencia de los interrogantes y reacciones que suscita en nosotros el
misterio de Cristo.
211. ¿Quién es éste? "Subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto
se levantó un temporal tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; El dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron gritándole: ¡Señor, sálvanos, que nos
hundimos! El les dijo: ¡Cobardes! ¡Qué poca fe ! Se puso en pie, increpó a los vientos
y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: ¿Quién es éste?
¡Hasta el viento y el agua le obedecen!» (Mt 8, 23-27).
212 ¿Qué dice la gente...? Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta
pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» Ellos con-
testaron: Unos dicen que Juan Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno
de los profetas (Mt 16, 13-14). El pueblo reconoce en Jesús a un profeta. Pedro ha lle-
gado más lejos: le ha sido dado a comprender que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios
vivo. Jesús les recomienda silencio. El pueblo espera un mesías político, pero Jesús no
va a responder a semejante expectativa (Jn 18, 36). Sus caminos son diferentes (Mt
16, 21 ss.).
213. Los interrogantes de hoy y de siempre También hoy, como hace veinte siglos, la
figura de Jesús suscita profundos interrogantes: ¿Quién es realmente Jesús? ¿Un gran
hombre del pasado? ¿Un revolucionario? ¿Un profeta? ¿Un mito? ¿Un guerrillero? ¿Un
hermano para cada hombre? ¿Alguien que actúa en nuestra vida? ¿Aquél sin el cual
nada tendría sentido?
214. Y vosotros... ¿quién decís que soy yo? Tras el sondeo de lo que dice la gente, Je-
sús hace la pregunta directa: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (/Mt/16/15).
Decir supone aquí confesar, reconocer el misterio de Cristo o, por el contrario, negar-
lo. En el camino de los hombres hacia Cristo hay un punto en el que uno deja de ser
espectador, para comenzar a ser protagonista de una lucha en la que de nada sirven
los términos medios: "el que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge con-
migo, desparrama" (Lc 11, 23).
215. "Tú eres el Cristo.." A la pregunta de Jesús, Pedro responde resueltamente, con
la luz que procede de lo alto: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16).
Discernir quién es Jesús es para Pedro, Nicodemo, el centurión, los endemoniados,
Tomás..., etc., una cuestión planteada a partir de la presencia gratuita del misterio de
Cristo. Cada cual lo comprende a su modo y a diferente nivel, según la situación o
condición de cada uno.
216. Reacciones diversas ante el misterio de Cristo: la admiración Así, por ejemplo, el
pueblo percibe en él un profeta. Nicodemo ve en Jesús un maestro venido de parte de
Dios, porque nadie puede hacer esos signos, si Dios no está con él (Jn 3, 2). El centu -
rión ha creído que Jesús tiene poder sobre la enfermedad, que le está sometida y le
obedece, como los soldados acatan órdenes superiores (Mt 8, 5-13). Los discípulos,
ante la tempestad calmada, descubren algo tan extraordinario y trascendente que sólo
pueden formular en forma de pregunta: "¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le
obedecen" (Mt 8, 27). El Padre celestial revela a Pedro la respuesta certera y exacta
que no puede provenir "de la carne ni de la sangre": Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
vivo (Mt 16, 16-17).
217. El escándalo de lo cotidiano J/ESCÁNDALO:
Por otro lado, quienes vieron y oyeron a Jesús de Nazaret tropezaron a veces con el
hecho de haberle conocido desde hacía mucho tiempo en su vida cotidiana. ¿Cómo
comprender entonces el misterio de un hombre a quien hemos conocido de niño y de
adolescente?: "Fue a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía ad-
mirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpin-
tero?... Y aquello les resultaba escandaloso. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su
casa desprecian a un profeta" (/Mt/13/54-57).
218. Un discernimiento a través de la repulsa Existe también un conocimiento negati -
vo, un discernimiento en el odio, una intuición a través de la repulsa, de lo que es en
el fondo Jesús de Nazaret. Esta es la experiencia de los endemoniados. Vinieron a su
encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie po -
día pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de
Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?» (Mt 8, 29; cf. Mc 5, 1-2(); Lc
8, 26-39).
219. Una resistencia profunda y dolorosa Es una verdad comprobada por la propia ex -
periencia; el hecho de que el Misterio absoluto de Dios se nos revela en el hombre Je-
sús, nos desconcierta; sus pretensiones de adherirnos incondicionalmente a El para la
salvación, nos iluminan y al mismo tiempo encuentran en nosotros misteriosas resis-
tencias. Es posible que detectemos también en nosotros esa resistencia hacia la per-
sona de Cristo.
220. La adoración, fruto de la Pascua La Iglesia primitiva adquiere conciencia definiti-
va de la identidad de Jesús como fruto directo de su Pascua. Si su condición anterior
de siervo habia dejado patente hasta qué punto Jesús había sido uno de nosotros, se-
mejante en todo menos en el pecado, la experiencia pascual de la resurrección deja al
descubierto su condición trascendente: es el Señor, lo mismo que Yahvé. A la luz de la
experiencia pascual, los discipulos accedieron a la clara conciencia de la condición di-
vina de Jesús. Ante el misterio del Cristo, los Apóstoles y la Iglesia apostólica de todos
los tiempos se rinden en actitud de adoración y hacen suya la profesión de Tomas:
«Señor mío y Dios mio» (/Jn/20/28).
221. Misterio de la pre-existencia de Jesus La Iglesia apostólica, al reconocer a Jesús
como Señor, profundiza, bajo la acción del Espíritu de Verdad, en el misterio de la
pre-existencia de Jesús. Jesús es el Señor del mundo venidero, Señor de vivos y
muertos, es el último, y por ello es el primero, el origen de todo, el Señor del universo
(Ap 1, 8; 21, 6; 22, 13). Jesús de Nazaret ha existido desde siempre «en su condición
divina» (Flp 2, 6): él es "el Hijo Unico" que Dios, por amor, ha entregado al mundo
"para que no perezca ninguno de los que creen en El, sino que tengan vida eterna" (Jn
3, 16). Jesús de Nazaret existió con anterioridad a Abraham: "Abraham, vuestro pa-
dre, saltaba de gozo pensando ver mi dia: lo vio, y se llenó de alegria" (Jn 8, 56). El
pudo decir con toda verdad: "Yo y el Padre somos uno" (Jn 10, 30). Jesús de Nazaret
es la Palabra que, "en el principio", "estaba con Dios" y "era Dios" (Jn 1, 1 ); es el
Hijo, por quien Dios "ha habiado en estos últimos tiempos", "resplandor de su gloria e
impronta de su esencia (cf Hb 1, 1-4). Es esa Palabra la que "se hizo carne y acampó
entre nosotros" (Jn 1, 14). El secreto de Jesús de Nazaret sólo lo conoce el Padre y
aquéllos a quienes se les revela: "Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce
al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo
se lo quiera revelar". (Mt 11, 27). 222. Cristo, verdadero rostro de Dios para los hom-
bres y verdadero rostro del hombre para Dios El Híjo de Dios, Nuestro Señor Jesucris-
to, es, según el Concilio de Calcedonia, "verdaderamente Dios y verdaderamente
hombre", "consustancial con el Padre, por lo que se refiere a la divinidad, y consus-
tancial con nosotros por lo que se refiere a la humanidad", Uno sólo y mismo Hijo Uni-
génito, Dios Verbo, Señor Jesucristo (DS 301-302). Afirma, pues, que Cristo es verda -
dero y entero Dios, y entero y verdadero hombre en un mismo sujeto personal. Así,
Cristo es, a la vez, el verdadero rostro de Dios para los hombres y el verdadero rostro
del hombre para Dios (cf. Tema 17).
223. Cristo, revelador del misterio de Dios Cristo es el verdadero rostro de Dios para
los hombres, «imagen de Dios invisible» (Col 1, 15), el intérprete perfecto del Padre
(Jn 1, 18). Por ello nos dice en el evangelio de San Juan: "quien me ha visto a mí ha
visto al Padre" (Jn 14, 8). Revelador del misterio de Dios, como Amor (1 Jn 4, 16) y
Amor entre personas. Revelador del Espíritu. En Cristo se manifiesta la gratuidad y la
misericordia de Dios para con el hombre (Jn 3, 16).
224. Cristo, revelador del misterio del hombre Cristo es el verdadero rostro del hom-
bre para Dios, Cristo es revelador del hombre. El hombre se encuentra a si mismo,
cuando vive en el amor, en éxodo, en confianza, en misericordia, en servicio y a la es-
cucha de Dios, en comunidad de fe; recobra su identidad como imagen de Dios, cuan -
do vive como hijo del Padre, rescatado del poder del pecado y de la muerte. El hom -
bre se humaniza a medida que se hace semejante al Padre y a Cristo -hijo del Padre-,
por la fuerza del Espiritu. Cristo, el Hombre Nuevo, «revela plenamente el hombre al
hombre" (GS 22). El es "imagen de Dios" y, también, prototipo del hombre, pues, dice
San Pablo, Dios nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo (/Rm/08/29).
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PISTAS PARA LAS REUNIONES

TEMA 12. NOS ENCONTRAMOS CON DIOS EN CRISTO


1) "¿Qué dice la gente que es el Hijo del Hombre?" (Mt 16, 13). ¿Quién es realmente
Jesús de Nazaret? - ¿un gran hombre del pasado?; - ¿un revolucionario?; - ¿un profe-
ta?; - ¿un mito?; - ¿un guerrillero?; - ¿un hermano para cada hombre?
- ¿Alguien que actúa en nuestra vida?; - ¿Aquél sin el cual nada tendría sentido?
2) "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" (Mt 16, 15).
3) Reacciones diversas que experimentamos ante el misterio de Cristo:
- ¿admiración?; - ¿el escándalo de lo cotidiano? (también hoy). - ¿un discernimiento a
través de la repulsa? - ¿una resistencia dolorosa y profunda? - ¿adoración? ("Señor
mío y Dios mío") Jn 20, 28).
4) Cristo, verdadero rostro de Dios para los hombres y verdadero rostro del hombre
para Dios. Poner en común qué significa esto para nosotros. Comentar los nn. 222-
224. ........................................................................

TEMA 12-1

OBJETIVO: TOMA DE CONCIENCIA DE LAS DIVERSAS REACCIONES QUE SUSCITA EN


NOSOTROS EL MISTERIO DE CRISTO
PISTA PARA LA REUNION * Mi reacción ante Cristo es: 1 Desinterés. 2 Admiración. 3
Rutina. 4 Repulsa. 5 Resistencia. 6 Búsqueda.
7 Adoración.

PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Posible ora-


ción. Salmo compartido. * Presentación de la pista. * Comentario en pequeñio grupo.
* Gran grupo: Lo más importante. * Oraci6n final.
Canto. ........................................................................

TEMA 12-2
OBJETIVO: TOMA DE CONCIENCIA DE LOS INTERROGANTES ACTUALES EN TORNO AL
MISTERIO DE CRISTO

PISTA PARA LA REUNION * "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15): 1 Un
gran hombre del pasado. 2 Un revolucionario. 3 Un profeta. 4 Un mito. 5 Un guerrille -
ro. 6 Un hermano para cada hombre. 7 Alguien que actúa en mi vida. 8 Aquél sin el
cual nada tendría sentido.
PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Pista: "Y voso-
tros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15).
* Presentaci6n de la pista: - Pequeño grupo. - Gran grupo: Lo más importante. Diálo-
go. * Oración final. Salmo compartido.
Canto. ........................................................................

TEMA 12-3
OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EN EL MISTERIO SECRETO NOS ENCONTRAMOS
CON EL PROPIO MISTERIO DE DlOS
PUNTOS CLAVE * Interrogantes (actuales). * Reacciones diversas (actuales). * Cristo,
rostro de Dios para los hombres y rostro del hombre para Dios.

PLAN DE LA REUNION * Oración inicial. Salmo. * Información: Personas, hechos, pro-


blemas... * Presentación del tema 12: Posible lectura de Mt 16, 21ss. * Lectura del
mismo. Cuchicheo. Puesta en común: Lo más importante.
CATECUMENADO 13 J/SEÑOR
LOS PRIMEROS CRISTIANOS
PROCLAMAN QUE JESÚS ES EL SEÑOR
OBJETIVO CATEQUÉTICO * Presentar la experiencia que los primeros cristianos tienen
de Jesús resucitado como Señor de la historia. * Anunciar que esta experiencia se
cumple hoy en los creyentes.
1. Una fe fundamental: Yahvé es el Señor de la historia y está con su pueblo El pueblo
de Israel descubrió una cosa muy importante, tan importante como para que ocupara
con todo derecho el centro de la vida del pueblo. En principio, parecían casualidades.
Pero no, se fue imponiendo la buena noticia por sí misma: Dios actúa eficazmente en
medio de los acontecimientos y es reconocido como Señor de la historia. La historia
tiene su Señor. Su nombre es Yahvé: "Soy el que soy" (/Ex/03/14), el Señor. El Dios
verdadero es un Dios trascendente, a quien el hombre no puede verdaderamente
nombrar. "Yo soy el Señor... Os adoptaré como pueblo mio y seré vuestro Dios; para
que sepáis que soy el Señor vuestro Dios, el que os saca de debajo de las cargas de
los egipcios; os llevaré a la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Ja-
cob, y os la daré en posesión: Yo, el Señor" (Ex 6, 6-8). El Dios verdadero estaba
siempre con su pueblo: su nombre evoca toda la gesta divina de la liberación del pue-
blo elegido, con sus atributos de bondad, misericordia, fidelidad, poder. «Yo soy el Se-
ñor, este es mi nombre, no cedo mi gloria a ningún otro, ni mi honor a los ídolos" (Is
42, 8). El Dios verdadero opone su existencia sin restricción a la "nada" de los ídolos.
Con esta fe monoteísta de fondo, que afirma que el Dios único estará siempre con su
pueblo y manifestará eficazmente su presencia, emprende Moisés la aventura del éxo-
do.
2. Los primeros cristianos proclaman que Jesús es el Señor Los primeros cristianos
son constituidos como tales en virtud de una experiencia semejante, referida a Jesús
de Nazaret. Jesús de Nazaret, un hombre ejecutado por la turbia justicia del mundo,
ha sido establecido Señor de la Historia. Jesús ejerce el señorío en ella lo mismo que
Yahvé. Algo ciertamente inconcebible para un judío: en el propio corazón del mono-
teísmo hebraico aparece un hombre a quien los acontecimientos posteriores a la Pas-
cua manifiestan como Señor, esto es, como Dios.
3. Jesús de Nazaret es el «Dios-con-nosotros (Emmanuel) El Dios de los antiguos Pa-
triarcas y de Moisés y de los Profetas ha manifestado su Nombre de un modo máximo
por medio de Jesús: «He manifestado tu Nombre a los hombres, que me diste de en
medio del mundo» (Jn 17, 6). Para los hebreos, el nombre de una persona se identifi-
ca con lo que la persona misma es. Jesús es "Yo soy": «... si no creéis que Yo Soy,
moriréis por vuestros pescados» (/Jn/08/24). La aplicación de este nombre a Jesús es
la profesión de que él es el único Salvador, hacia el cual tendían toda la fe y la espe-
ranza del Antiguo Israel.
Jesús de Nazaret es el "Dios-con-nosotros" (Emmanuel) de la profecía de Isaías (cc.
7-12); es la "presencia" de Dios en su Pueblo, confirmada ya de un modo definitivo.
En él se cumple la Promesa: "Pondré entre ellos mi santuario para siempre" (Ez 37,
26). La visión del Apocalipsis contempla la consumación del ideal del Exodo que se ha
alcanzado ya: "Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos.
Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos y será su Dios" (Ap 21, 3); "... Santuario
no vi ninguno (en la Ciudad Santa), porque es su Santuario el Señor Dios todopodero-
so y el Cordero» (Ap 21, 22). Un acontecimiento está en la base de estas profesiones
de fe: ¡Jesús de Nazaret ha resucitado!
4. Encuentro y reconocimiento del Señor en medio de unos hechos que no son casua-
lidades, sino signos RS/COMO Los enemigos de Jesús no aceptan unos hechos que
consideran en el mejor de los casos como casualidades; en el peor, como trampa y
engaño. Los amigos, sin embargo, y otros muchos, perciben signos de su resurrec-
ción: Jesús se deja ver por ellos, los cuales comienzan a ser los primeros testigos. La
resurrección no es un gesto de espectacularidad teatral percibido por cualquier obser-
vador, sino un acontecimiento que es captado en el ámbito interpersonal de la fe. Es
un encuentro en el que Jesús es suficientemente reconocido a través de unos aconte-
cimientos, en medio de los cuales tiene a bien manifestarse.
5. Signos históricos del hecho real de la resurrección La tumba vacía y el testimonio
de las apariciones del resucitado son hechos que la historia no puede ignorar. Es ver-
dad que el suceso mismo de la resurrección ha acontecido solamente ante Dios, pero
El se ha dignado manifestarlo de una manera evidente para los primeros discípulos, "a
los testigos, que él había designado" (Hch 10, 41). La Iglesia apostólica no considera
la Resurrección como una pura experiencia subjetiva ni como la mera irrupción del
Cristo vivo en la interioridad de los Apóstoles. Los relatos de las apariciones nos trans-
miten no experiencias puramente subjetivas de los Apóstoles, sino el testimonio de
unos hombres sorprendidos que han vuelto a encontrar a Aquél, con quien convivieron
largo tiempo. Para los Apóstoles, la Resurrección es una realidad misteriosa. En cuan-
to misteriosa y portadora de un mensaje de salvación, sólo el Espíritu introduce en
ella: pertenece a la fe y sólo es asequible desde la fe. La fe cristiana de todos los si-
glos se apoya firmemente en el testimonio de la fe apostólica.
6. Jesús ayer, hoy y por siempre Así pues, Jesús Resucitado no es, para la primera co-
munidad, un mero recuerdo: es "el que estuvo muerto y volvió a la vida" (Ap 2, 8);
"Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre" (Hb 13, 8). Y es la fuente del Espíritu
que inaugura la vida nueva: en su nuevo modo de existencia, se mantenía el costado
traspasado (cf. Jn 20, 20.25.27), del que brotaron las aguas vivas del Espíritu (cf. Jn
19, 34). No hay ruptura ni solución verdadera de continuidad entre su cuerpo resuci-
tado y el cuerpo en que se realizaron los sucesos salvificos: «Destruid este templo y
en tres días lo levantaré... Pero él hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2, 19.21).
7. Jesús no es reconocido de pronto En los relatos de apariciones del Señor, nos llama
la atención el que los discipulos no lo reconozcan de pronto. Por otra parte, comprue-
ban que es El. Esto tiene un profundo sentido. Naturalmente, es, ante todo, una prue-
ba más de que la imagen del Señor Resucitado les viene de la realidad y no es crea-
ción de su fantasía. Necesitan tiempo hasta reconocerlo. Pero esto nos hace ver algo
aún más profundo que atañe al mismo Jesús: su novedad. Jesús no es ya enteramen-
te el mismo.
8. Jesús ha cambiado profundamente. Su identidad se hace presente con un modo de
presencia distinto  J/APARICIONES
Sus apariciones no significan que quiera continuar unas semanas más su vida terrena,
sino que inician ya a sus discípulos y a su Iglesia en una nueva manera de su presen-
cia. El hecho de que súbitamente puede ser visto en medio de sus discípulos no signi-
fica sólo que pueda entrar "con las puertas cerradas", sino que está siempre presente,
aunque no lo vean. El Señor resucitado es ya la nueva creación prometida, que ha co-
menzado a irrumpir entre nosotros. Las apariciones son índices de su presencia per-
manente.
9. Reconocido en su palabra
A María en el huerto, a los discípulos en el cenáculo, sobre un monte y a las orillas del
mar, se le manifiesta en su palabra. Esto nos llama señaladamente la atención en el
relato de Lucas sobre los discípulos de Emaús. Se les junta en persona en el camino,
pero esto parece no decirles nada. Sin embargo: "¿No ardía nuestro corazón mientras
nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? (Lc 24, 32). En la palabra
encontraron al Señor.
10. Reconocido en la fracción del pan Una segunda manera de darse a conocer es un
gesto preciso: la "fracción del pan" en Emaús. Que Jesús celebrara entonces la euca-
ristía con los discípulos de Emaús o no la celebrara es punto irrelevante. En ambos ca-
sos, este gesto tenía el sentido de aludir a la eucaristía, en que en adelante se daría a
conocer. También el pescado que Jesús come alude a ella, pues en la primitiva Iglesia
se juntaba a la celebración eucarística dicha comida. Son indicaciones de su presencia
en la eucaristía. Así pues, al aparecerse visiblemente, nos ilustró su presencia invisi-
ble.
11. Reconocido en el Espíritu y en la función sacramental de la Iglesia Por lo mismo
sopló también sobre sus discípulos y les dio el Espíritu Santo, por el que en lo sucesi-
vo nos uniríamos con El. En las apariciones se habla igualmente del oficio pastoral de
Pedro y del perdón de los pecados. Todo esto son modos de la presencia permanente
de Jesús.
12. Jesús es reconocido solamente por los creyentes Esta presencia de Jesús será re-
conocida por la fe. También esto nos hacen ver las apariciones. Ya vimos cómo los
discípulos de Emaús sólo lo reconocieron cuando la fe comenzó a abrir su corazón. El
verdadero reconocimiento no se lo dieron los ojos corporales, sino los de la fe. Es una
idea consoladora el que también a los testigos oculares se les exija la fe. No están,
pues, tan lejos de nosotros, que recibimos la señal del profeta Jonás, es decir, primero
la predicación de Jesús (Lc 11, 30) y luego el mensaje de su resurrección (Mt 12, 40),
en la actual predicación de la Iglesia. No basta una simple mirada para percibir la rea-
lidad de la resurrección de Cristo, la nueva creación. Para ello es menester algo más
radical: el hombre nuevo.
13. Dios levanta para siempre la cabeza humillada de Jesús Los primeros cristianos
comprenden, a través de todo ello, que lo que comienza a renovar la historia universal
no es una obra humana, sino una acción de Dios, que levanta para siempre la cabeza
humillada de Jesús. Así lo cantan en un himno de entonces: «El, a pesar de su condi-
ción divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y
tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un
hombre cualquiera, se rebajó, obedeciendo hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso, Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de
modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la Tierra, en el Abis-
mo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre» (Flp 2,
6-11).
14. Los primeros cristianos se vuelven «locos» Una cosa es importante: es el impacto
que el acontecimiento del señorío de Cristo produce en la vida de los que le recono-
cen. Cambia el sentido de la vida y su manera de comprender el pasado y el futuro.
Captan el por qué de muchos acontecimientos: así los de Emaús comprenden por qué
ardía su corazón por el camino, cuando Jesús les explicaba el sentido de las Escrituras
(Lc 24, 32). Los primeros cristianos se vuelven «locos»: todo lo ponen en común (Hch
2, 42-44). Y los que habían conocido anteriormente a Pablo, quedaban atónitos cuan-
do en las sinagogas le oían predicar a Jesús de Nazaret: «¿No es éste el que se ensa-
ñaba en Jerusalén contra los que invocan ese nombre?» (Hch 9, 20).
15. Señor de mi vida Cristo ha sido constituido Seño; Señor de la Historia, pero tam-
bién Señor de mi vida. De nada serviría lo primero, si no fuera verdad lo segundo:
Cristo sería algo abstracto y lejano. También aquí, creer no es meramente admitir la
existencia de Dios y de Cristo, sino creer que Dios en Cristo interviene dentro de la
historia humana concreta: «Ser cristiano yo» significa «vivir que Cristo ha sido consti-
tuido Señor también para mí». ........................................................................

PISTAS PARA LA REUNIÓN

TEMA 13. LOS PRIMEROS CRISTIANOS PROCLAMAN QUE JESÚS ES EL SEÑOR


1) Dios actúa eficazmente en medio de los acontecimientos y es reconocido como Se-
ñor de la historia. La historia tiene su Señor: fe de Israel. Jesús de Nazaret, un hom-
bre ejecutado por la turbia justicia del mundo, ha sido establecido Señor de la histo-
ria. Jesús ejerce el señorío en ella lo mismo que Jahvé: fe de la Iglesia.
¿Dónde nos situamos nosotros hoy? - en la increencia; - en la búsqueda; - en la fe de
Israel; - en la fe de la Iglesia.
2) La resurrección de Jesús y su constitución como Señor de la historia forman parte
de un acontecimiento trascendente, que, sin embargo, tuvo (y tiene) sus signos histó-
ricos. Comentar en grupo los nn. 4-5.
3) Rasgos de la presencia resucitada de Jesús:
- Jesús no es reconocido de pronto; - su modo de presencia es distinto; - es reconoci-
do en su palabra; - en la fracción del pan; - en el Espíritu; - en la función sacramental
de la Iglesia; - solamente por los creyentes.
Comentar los nn. 7-12. ¿Tenemos experiencias actuales?
4) Los primeros cristianos se vuelven "locos": el acontecimiento del Señorío de Cristo
impacta profundamente en la vida de los que le reconocen. Comentar en grupo Hch 2,
42-44; Hch 9, 20.
5) Como con los de Emaús, Jesús sigue caminando hoy con nosotros, come y bebe
con nosotros. Comentar en grupo Lc 24, 13-35. Experiencias actuales.
6) Jesús es Señor de la historia. Pero ¿es Señor también de mi
vida? ........................................................................

TEMA 13
OBJETIVO: PRESENTAR LA EXPERIENCIA QUE LOS PRIMEROS CRISTIANOS TIENEN
DE JESÚS RESUCITADO COMO SEÑOR DE LA HISTORIA
PUNTOS CLAVE 1 No es reconocido de pronto. 2 Su modo de presencia es distinto. 3
En medio de acontecimientos que se convierten en signos. 4 Es reconocido en su pala-
bra. 5 En la fracción del pan. 6 En el espíritu. 7 En la función sacramental 8 Sólo por
creyentes. 9 Se vuelven "locos".
PLAN DE LA REUNIÓN * Introducción: Presentación de la experiencia de los primeros
cristianos: Puntos clave.
* Pequeño grupo: ¿Tenemos experiencias semejantes? * Puesta en común. Diálogo.
CATECUMENADO 14 EVS/INFANCIA J/INFANCIA
NACIDO DE MUJER, QUE NO CONOCIÓ VARÓN
OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir el significado del Evangelio de la infancia: - Je-
sús es uno de los nuestros, tiene raíces humanas. - Pero su origen está en el Espíritu
de Dios. - Para Dios nada hay imposible.
16. Siervo y Señor, es decir, hombre y Dios. Luz definitiva de la Pascua de Cristo Je-
sús, constituido Señor para nuestra salvación, fue verdaderamente hombre. El asumió
la condición humana, siendo de verdad uno de nosotros. Más aún, asumió la condición
de Siervo y fue ejecutado como un delincuente. Así apuró el cáliz de la dura condición
de hombre. Hasta la muerte, una muerte afrentosa (Flp 2, 6 ss.). Pero fue constituido
Señor, pues no era posible que este Siervo experimentara la corrupción (Hch 2, 24
ss.). La resurrección de Jesús manifiesta su divinidad, al mismo tiempo que la justicia
de su causa. Su condición de Siervo manifiesta su humanidad y también hasta qué
punto él asumió la realidad de la común existencia humana.
17. Nacido de mujer, que no conoció varón; nacido de Israel, de Adán, de Dios Siervo
y Señor, es decir, verdaderamente hombre y verdaderamente Dios. Este esquema bi-
nario, que se manifiesta definitivamente a raíz de la Pascua y que constituye una de
las más antiguas formulaciones cristológicas, contiene la clave según la cual debe ser
interpretado el misterio histórico de Jesús. Ya desde el nacimiento. Así, las genealo-
gías nos presentan la humanidad de Jesús profundamente vinculada a la historia de
Israel y a la historia del mundo. La concepción virginal, en cambio, nos presenta el
primer signo de su trascendente misterio.
18. El nacimiento y su circunstancia: como nacen los pobres «Por entonces salió un
decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Este
fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a ins-
cribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, «
subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Be-
len, para inscribirse con su esposa Maria, que estaba encinta. Y mientras estaban allí,
le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y
lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada» (Lc 2, 1-7).
19. De Israel y de Adán: el mensaje de las genealogías Las genealogías definen de
una manera concreta la verdadera humanidad de Cristo. Jesús, como todo hombre,
nace en medio de una larga historia que le ha precedido y a la que está profundamen-
te vinculado. Ni Mateo ni Lucas presentan un elenco completo. Escogen, según la
perspectiva de cada cual, los hitos genealógicos más significativos que preparan el na-
cimiento de Cristo. Así ponen de relieve, respectivamente, que Jesús pertenece, en
realidad y verdad, a Israel y a la humanidad (cf.Mt 1, 1-17; Lc 3, 23-38).
20. En el centro de la historia de Israel Efectivamente, Mateo, cuyo evangelio tiene a
los judíos por destinatarios, presenta a Cristo profundamente enraizado en la historia
de Israel. Su genealogía sigue la sucesión dinástica y legal. Jesús aparece como el
verdadero heredero de la promesa hecha a Israel: toda la historia de este pueblo apa-
rece centrada en él y él es solidario de esta historia. Mateo muestra, en la persona y
en la obra de Jesús, el cumplimiento de las Escrituras y el sentido más profundo de la
historia de Israel.
21. En el centro de la historia humana Por su parte, Lucas, que escribe para los genti-
les, presenta a Cristo profundamente vinculado con la historia de la Humanidad. Su
genealogía sigue la línea de la descendencia natural. Jesús está, como Adán, en la
misma raiz de la historia humana. El es el depositario de la esperanza del mundo. Y
así toda la historia humana aparece centrada en El.
22. Su origen se enraíza en el Espíritu de Dios. Mensaje de la concepción virginal Así
como las genealogías señalan la vinculación de Cristo a la historia de Israel y a la Hu-
manidad entera, la concepción virginal manifiesta que Cristo no es enteramente de
esta humanidad, sino que el origen de su eoncepción es obra exclusiva de la acción
del Espiritu Santo. Tomando carne verdadera en las entrañas de la Virgen María, es
concebido, sin intervención de varón, "por obra del Espíritu Santo". No pertenece to-
talmente a esta creación (cf. Hb 9, 11): fruto primero de la nueva creación (Nuevo
Adán), en él se dan las primicias de una renovación no ya absoluta, porque Cristo es
del mundo y de los hombres, pero sí, en sentido profundamente cierto, una renova-
ción que inaugura el ámbito de la novedad total y definitiva: Cristo tiene un origen
que es más que humano (cf. Mt 1, 18-25). El Espíritu Santo viene sobre María y el po-
der del Altísimo la cubre con su sombra (cf. Lc 1, 35) y la Palabra (no nacida de carne,
ni de deseo carnal, ni de deseo de hombre: cf. Jn 1, 13) se hace hombre en su seno,
que permanecerá siempre sellado por una perfecta integridad. La tradición cristiana
llamará a María: "la-siempre-Virgen".
23. La tradición de la mujer estéril El acontecimiento único de la concepción virginal
se produce en el seno de una historia donde ha sido lentamente preparado. De gran-
des figuras del Antiguo Testamento se confiesa que fueron fruto de la acción de Dio.
Tras ardientes deseos, tras oración y promesa de Dios, dio finalmente fruto un matri-
monio hasta entonces estéril. Así nacieron los antepasados de Israel Isaac y Jacob, así
Sansón, Samuel. Así también, cercano ya a Jesús, su precursor, Juan Bautista. El niño
de la casa de Acaz, el Emmanuel, signo de la fidelidad de Dios en tiempos adversos
(cf.Is 7, 14-17), supone un paso más en la tradición de los niños del antiguo Israel
nacidos de mujer estéril. La solemnidad del oráculo, el nombre simbólico del niño,
muestran que el profeta entrevé en este nacimiento una intervención singular de Dios
en orden a la instauración del reino mesiánico. La antigua interpretación judía y tam-
bién la versión de los Setenta de este enigmático anuncio es un indicio más del alcan-
ce extraordinario que se le concede durante siglos. Los relatos de Mateo y Lucas lo ve-
rán cumplido en la concepción virginal de Jesús.
24. Moisés e Israel: salvados de las aguas por voluntad de Dios Por su parte, Moisés,
nacido en circunstancias difíciles, fue significativamente "salvado de las aguas". Como,
de modo semejante, después lo fuera el pueblo entero de Israel. Israel es un pueblo
"salvado de las aguas" por la fe en Yahvé. En ese acontecimiento, el pueblo toma con-
ciencia de que Dios ocupa un lugar -y éste, importante, central- en medio de su histo-
ria. Dios visita a su pueblo, proclamará mucho después Zacarías, el padre de Juan
Bautista. La historia de Israel, como la de sus personajes más representativos, es un
fruto que revela una raíz profunda, poderosa, fecunda: la acción de Dios. Todo ello
confluye en la fe de Isabel, fe que profesa el pueblo entero: «para Dios nada hay im-
posible» (Lc 1, 37).
25. En la encrucijada de dos tradiciones El nacimiento de Cristo, si bien con caracte-
rísticas propias, queda enmarcado en el significativo contexto de las dos tradiciones
precedentes: a) la concepción virginal de Jesús se inscribe -superándola- en la vieja
tradición de las mujeres estériles de Israel; b) la cruel represión del movimiento me-
siánico, producido en torno al nacimiento de Jesús, pone en peligro la vida del niño. Al
escapar de las manos de Herodes, Jesús es -como Moisés y como el pueblo- salvado
de las aguas, de la persecución y de la muerte (cf Mt 2, 13-18).
26. Expestativas mesiánicas: Simeón, un hombre que vio en profundidad Simeón re-
coge las expectativas mesiánicas que realmente rodean el nacimiento de Cristo. El
toma conciencia de que se halla delante del Mesías. Desde ese momento no le importa
ya morir, su vida ha adquirido pleno sentido, "porque -dice- mis ojos han visto a tu
Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las na-
ciones y gloria de tu pueblo, Israel". Aunque el misterio de Jesús le desbordara, Si-
meón ha percibido que el Mesías viene bajo la figura del Siervo sutriente, "puesto
para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida».
Por ello, le anuncia a María que una espada le atravesará el alma. María y José que-
dan abiertos al misterio: «estaban admirados de lo que se decia de él" (Lc 2, 25-35).
27. Hijo de la promesa, como ninguno En efecto, entre todos los hijos que fueron da-
dos a Israel como fruto de una promesa, Jesús representa la cima más alta. Cuando él
vino al mundo, habia todo un pueblo que pedía su nacimiento; una larga historia lo
habia prometido. Era hijo de la promesa como ningún otro. El más profundo anhelo
del género humano encontró en él su cumplimiento. Esta misma es la razón por la que
tal cumplimiento sobrepasa las posibilidades humanas mucho más que la venida al
mundo de cualquier otro hombre. No hay nada en el seno de la Humanidad, ni en la
fecundidad humana que pueda engendrar a aquél de quien depende toda fecundidad
humana y todo el desarrollo de nuestra estirpe, pues todo ha sido creado en él.

28. Testimonio de San Mateo y de San Lucas Este misterio del grandioso regalo que
Dios ha hecho a los hombres en la persona de Jesús, lo podemos ver también señala-
do por el acontecimiento -igualmente lleno de misterio- de la concepción virginal de
Jesús, que nos presentan en su Evangelio San Mateo y San Lucas: Jesús no ha sido
engendrado por intervención de un hombre, sino que fue concebido por obra del Es-
píritu Santo, y nació de una mujer joven, llena de gracia y elegida por Dios para ser la
Madre de su Hijo.
29. Fe de la Iglesia Esta enseñanza del Evangelio fue recogida por todas las antiguas
profesiones de fe y por la ininterrumpida tradición de los padres de la Iglesia y del
magisterio; con el cual todos nosotros confesamos que Jesús "fue concebido por obra
y gracia del Espíritu Santo, y nació de Santa María la Virgen" (Simbolo de los Apósto-
les).
30. Para Dios no hay nada imposible La historia de Israel, como la de sus personajes
más representativos (¡sobre todos, Cristo!) es un fruto que revela una raíz profunda,
poderosa, fecunda: la acción de Dios. No sólo la Naturaleza, la existencia, la vida, es
don de Dios, sino también la historia. Dios se manifiesta en medio de los aconteci-
mientos. Por ello, la fe de Isabel, de Maria, de la Iglesia, nuestra propia fe, es ésta:
«para Dios nada hay imposible» (Lc 1,
37). ........................................................................

PISTAS PARA LA REUNION

TEMA 14. NACIDO DE MUJER QUE NO CONOCIO VARON


1) Recoger los interrogantes del grupo en torno al origen de Jesús.
2) El origen de Jesús desde la luz definitiva de la Pascua. Comentar en grupo los nn.
16-17.
3) Descubrir el mensaje de las genealogías: Jesús procede de Israel, de Adán, de
nuestra humanidad. Comentar en grupo Mt 1, 1-17; Lc 3, 23-38.
4) Descubrir el mensaje de la concepción virginal: Cristo no es enteramente de esta
humanidad, sino que tiene un origen que es más que humano, el Espíritu de Dios. Co-
mentar en grupo Mt 1, 1 8-25.
5) El nacimiento de Cristo en la encrucijada de dos tradiciones: a) la tradición de las
mujeres estériles de Israel; b) en circunstancias difíciles. Comentar los nn. 23-25.
6) Testimonio de San Mateo y San Lucas (n. 28), fe de la Iglesia (n. 29); en el fondo,
para Dios no hay nada imposible. ¿Tenemos nosotros esta fe?
7) Mt y Lc presentan el evangelio de la infancia. Comparar Mt 1, 20 y Lc 1, 35 con Lc
4, 22 y Mt 13, 55; véase también Mc 6, 3; Lc 3, 23, y Mt 1, 16. Véanse también estos
textos del evangelio de San Juan: Jn 1, 45.49.51; 6, 42.46; 5, 25, y 2 Jn 3: ¿qué con-
clusiones podemos sacar?
Por lo demás, Juan siempre designa a María con la fórmula "la Madre de Jesús" (2,
1.3.5.12; 19, 25). Algunos testigos antiguos leen en singular el verbo gramatical de
Jn 1, 13: él (el Verbo encarnado), que ha sido engendrado... de Dios. Casi todos ad-
miten que, si se lee el texto de este modo, alude a la concepción virginal sin interven-
ción masculina... Así la Biblia de Jerusalén.
"Cristo nace siempre místicamente del alma, tomando carne en aquellos que caminan
a la salvación, haciendo madre-virgen al alma que lo da a luz" (S. Máximo el Confe-
sor, Comentario al Padre Nuestro, PG, 90, 889 C). Frecuente en la tradición latina: S.
Ambrosio, Exp. in Luc. Il. 7 (PL, 15, 1635 s.), S. Agustín, In loan. Xlll, 12 (PL, 35,
1499), sermo 191, 2-3 (PL, 38, 1010). Ver I. de la Poterie, Concepción y nacimiento
virginal de Jesús, según el cuarto evangelio, en "Sal Terrae" 7 (1978), 567-578.
........................................................................

TEMA 14-1

OBJETIVO: DESCUBRIR EL SIGNlFICADO DEL EVANGELIO DE LA INFANCIA


LECTURAS * El origen de Jesús, dato evangéfico: Leer Mt 1, 20 y Lc 1, 35; Lc 4, 22 y
Mt 13, 55; Mc 6, 3; Lc 3, 23; Mt 1, 16; Jn 1, 45. 49. 51; 6, 42. 46; 5, 25 y 2 Jn 3;
también Lc 1, 1-4.
¿Qué conclusiones podemos sacar?
PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, necesidades, problemas... *
Oración. Salmo. * Recoger los interrogantes del grupo en torno al origen de Jesús.
* Lecturas. Oración final.
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TEMA 14-2
OBJETIVO: DESCUBRIR EL SIGNIFICADO DEL EVANGELIO DE LA INFANCIA
PUNTOS CLAVE * Interrogantes. * El origen de Jesús, desde la luz de la Pascua. * El
mensaje de las genealogías. * El mensaje de la concepción virginal. * Encrucijada de
dos tradiciones. * Fe de la Iglesia.
PLAN DE LA REUNION * Oración inicial. Salmo. * Información: Personas, hechos, ne-
cesidades... * Presentación del tema 14. Lectura del mismo. Cuchicheo. Comentario
en gran grupo. * Lecturas posibles: Mt 1, 1-17; Lc 3, 23-38; Mt 1, 18-25
CATECUMENADO 15 

AÑOS DE VIDA OCULTA DE JESÚS


OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir el significado de los años de vida oculta de Je-
sús.
31. La Pascua de Cristo, en el primer plano del Evangelio Los años de vida oculta
constituyen una amplia etapa en la vida de Jesús. Desde el nacimiento en Belén hasta
el bautismo en el Jordán. Casi toda su vida. Con todo, no es esta etapa, sino el acon-
tecimiento de la Pascua, lo que ocupa el primer plano del Evangelio. La primera indi-
cación que hallamos en las capas más antiguas del Nuevo Testamento no se refiere a
su juventud, ni siquiera al curso general de su vida, sino a lo que fue culminación de
su existencia: su muerte y su liberación de ella por obra de Dios Padre, es decir, su
Resurrección. Lo que cuenta ante todo es que ahora vive. Este acontecimiento ilumina
toda la vida de Jesús. Pero, los evangelistas no han tenido especial preocupeción por
narrar con detalle todos los sucesos de la vida del Señor.
32. Escasez de datos sobre los años de vida oculta de Jesús Podríamos preguntarnos
si no sería deseable que estuviésemos mejor informados sobre algunos pormenores
históricos en torno a los años ocultos de Jesús. En efecto, el conocimiento de un per-
sonaje histórico parece exigir, y más en nuestra mentalidad de hoy, una información
amplia sobre los orígenes de su formación espiritual y cultural. Ya en los primeros si-
glos se sintió la necesidad de llenar esta laguna inventando leyendas acerca de la in-
fancia de Jesús (Evangelios apócrifos). Es una curiosidad inspirada por el amor y de-
seo de conocer mejor al Señor.
33. No es un obstáculo a nuestra fe En definitiva, la escasez de datos sobre los años
ocultos de Jesús no es impedimento para nuestra fe. Los Evangelios no tratan simple-
mente de construir una biografía en el sentido moderno de esta palabra, como si se
pretendiera fundamentalmente ofrecer información sobre alguien que vivió y murió.
Los Evangelios nos hablan, ante todo, de alguien que ha vencido a la muerte. Los
evangelistas nos aportan unos hechos históricos que poseen en sí una fuerza salvado-
ra que afecta a todos los hombres y que, por tanto, constituyen el objeto de un Men-
saje permanente que nos es comunicado por alguien que vive.
34. Condición humana de Jesús: Pobre de Yahvé.
Familia, nacimiento, costumbres Es importante destacar que no es sólo la escasez de
datos lo que hace oscura esa larga etapa de la vida de Jesús, sino, sobre todo, las cir-
cunstancias de su vida. Jesús, como los "pobres de Yahvé», vivió oscuramente. María
no es más que una humilde mujer aldeana, "la esclava del Señor"; pero, sin embargo,
sobre ella descansa la gloria de Dios. El nacimiento de Jesús tiene lugar en medio de
unas condiciones relativamente dramáticas; sin embargo, los ángeles del Señor can-
tan su gloria. Jesús y Maria se atienen a todas las costumbres culturales y rituales de
Israel, manteniendo su condición de pobres; pero los herederos de los "pobres de
Yahvé", en quienes las esperanzas de salvación están siempre tan vivas, saben reco-
nocer al rey mesiánico, que es la luz del mundo.
35. Obediencia, maduración. Bajo el signo de lo cotidiano Jesús se pierde entre la mu-
chedumbre y anuncia a sus padres, extrañados, algo de la grandeza de su misterio
personal "¿No sabéis que yo debía estar en la casa de mi Padre?" (Lc 2, 49); luego se
sumerge en la obediencia cotidiana y en una vida sencilla durante muchos años. No
sabemos ya nada de él, a no ser que, por haberse asemejado tan profundamente a
sus compatriotas, suscitó la incredulidad general cuando empezó a revelarse como
profeta (Lc 4, 1 6-30 ).
36. Bajo la figura del siervo Los capítulos que dedica Lucas a la infancia de Jesús
muestran como en parábola, ejemplificado, aquel versículo del Magnificat: "Derriba
del trono a los poderosos y enaltece a los humildes" (Lc 1, 52). Son las palabras que
resumen la fe de los "pobres de Dios". La oscuridad en la vida de Jesús se explica, por
tanto, de la siguiente manera: Es el heredero de los pobres, su figura más pefecta, el
siervo descrito por Isaias en los capítulos 52-53. El mesianismo de Jesús es el de este
Siervo de Yahvé.
37. "Deduce en cuánto te tasó..." ENC/A-D Muchos creyentes han comentado con ad-
miración la oscuridad mesiánica de Jesús. Citamos algunos: «Deduce, de todo lo que
se dejó hacer por ti, en cuánto te tasó, y así su benignidad se te hará evidente por su
humanidad. Cuanto más pequeño se hizo en humanidad, tanto más grande se reveló
en su bondad; y cuanto más se dejó envilecer por mí, tanto más querido me es ahora.
'Ha aparecido, dice el Apóstol, la bondad y la humanidad de Dios, nuestro Salvador'...
Grandes y manifiestas son la bondad y la humanidad de Dios, y gran indicio de benig-
nidad reveló quien se preocupó de añadir a la humanidad el nombre de Dios" (·Ber-
nardo-SAN).
38. Se sometió a la condición de aquéllos a quienes amaba «El Hijo del Hombre vino
en persona a la tierra, se revistió de humanidad y sufrió voluntariamente la condición
humana. Quiso someterse a las condiciones de debilidad de aquéllos a quienes ama-
ba, porque quería ponernos a nosotros a la altura de su propia grandeza» (·Clemente-
A-SAN de Alejandría).
39. La densidad de la condición humana, modo concreto de la encarnación Conocida
es la frase de San Ireneo: Dios se encarna a fin de habituarse al hombre y que el
hombre se habitúe a Dios. San Ireneo quiere indicar que Dios se hace humano, para
que el hombre se haga divino. Pero este intercambio no es algo abstracto, sino bien
concreto. La encarnación es verdaderamente la humanización de Dios en su Hijo. No
puede haber encarnación si el Hijo no entra en toda la densidad de la condición huma-
Na.
40. La etapa de los años de vida oculta, exigencia de la Encarnación Los años de vida
oculta de Jesús nos invitan a pensar en su humanidad concreta: él fue realmente
hombre, con todas las limitaciones que lleva consigo. Como dice San Juan, «la Palabra
se hizo carne» (Jn 1, 14). Más allá de toda apariencia y docetismo, Jesús tiene toda la
realidad de nuestra condición y, en ella, vive la lenta maduración que exige nuestro
destino humano. Los años de oscuridad y de maduración de que habLa San Lucas, nos
hacen desconfiar una vez más de toda invención o fábula que venga a escamotear el
«escándalo» de la Encarnación (cf 2 Jn 1, 7): Jesús de Nazaret nos ha proporcionado
el rostro humano de Dios, asumiendo la condición más común de los hombres.
41. Hubiera sido un extraño J/SOLIDARIO
Si hubiera utilizado sus poderes sobrenaturales en beneficio propio, para su propio in-
terés, no habría sido totalmente uno de nosotros, no habría participado plenamente
de la condición humana. No habría sido un compañero nuestro. Habría hecho trampa,
valga la expresión: un Dios que viene a nosotros por un tiempo limitado y se toma la
libertad de escapar a las leyes de la existencia humana. Hubiera sido un extraño.
42. «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hom-
bres» Los años de vida oculta de Jesús y su condición de Siervo nos revelan, de forma
incomparable, la humanidad del Hijo de Dios: hasta qué punto se hizo uno de noso-
tros, «en todo exactamente como nosotros, excepto en el pecado» (/Hb/04/15).
Como un niño cualquiera de su edad, «Jesús iba creciendo y robusteciéndose, y se lle-
naba de sabiduría; y la gracia de Dios le acompañaba» (Lc 2, 40). Tras el episodio del
templo, hecho que manifiesta el despertar de la más sublime vocación (2,49), Jesús
baja con sus padres a Nazaret y vive sujeto a ellos (2, 51). El «iba creciendo en sabi-
duría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (/Lc/
02/52). ........................................................................

PISTAS PARA LA REUNION

TEMA 15. AÑOS DE VIDA OCULTA DE JESUS


1) La Pascua de Cristo está en el primer plano del Evangelio. Por esto y no por casua-
lidad, tenemos escasez de datos sobre los años de vida oculta de Jesús. Este hecho
viene a plantearnos qué significa el Evangelio para nosotros, qué buscamos en él:
- ¿una biografia de Jesús?; - ¿el mensaje de alguien que vive? - ¿la satisfacción de
nuestra curiosidad?
2) No es sólo la escasez de datos. También las circunstancias de su vida hacen oscura
la larga etapa de la vida de Jesús:
- pobre de Yahvé (familia, nacimiento, costumbres, n. 34); - obediencia y maduración
(Lc 2, 51.4-52); - bajo el signo de lo cotidiano (n. 35); - bajo la figura de siervo (n.
36).
3) ¿Qué significado tienen para nosotros hoy los años oscuros de Jesús? - ¿aprecio?
(se somete a la condición de aquellos a quienes amaba);
- ¿realismo de la encarnación? (hubiera sido un extraño); - ¿nos ayudan a entender
nuestra propia vida?
4) Comentar los nn. 37-41. Implicaciones
prácticas. ........................................................................

TEMA 15
OBJETIVO: DESCUBRIR EL SIGNIFICADO DE LA VIDA OCULTA DE JESUS
PUNTOS CLAVE * La Pascua, en el primer plano del Evangelio. * Escasez de datos so-
bre la vida oculta de Jesús. * No es un obstáculo a la fe. * Años oscuros: Pobreza,
obediencia, maduración, bajo la figura del siervo, exigencia de la encarnación, realis-
mo de la humanidad de Cristo.
PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación
del tema 15. - Lectura personal - Cuchicheo: Lo más importante para ti. - Puesta en
común. Diálogo. * Lectura Lc 2, 39-52. Silencio. Comentario. Canto.
CATECUMENADO 16 VIDA PUBLICA DE JESUS. J/BAU MIGRO/QUÉ-ES 
VIDA PÚBLICA DE JESÚS
BAUTISMO - PREDICACIÓN - SIGNOS
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir quién es realmente Jesús: - Sus actitudes. - Su
personalidad mesianica, consecuente con sus actitudes.
43. Los comienzos: misión, vocación, bautismo Los evangelios describen los comien-
zos de la vida pública de Jesús de modo que en ellos expresan el núcleo esencial de su
misión, de su vocación. Tales comienzos están presididos por un hecho que desde la
más antigua tradición es transmitido con insistencia: su bautismo de manos de Juan
en el Jordán. El hecho es narrado de forma que la imágenes exteriores apuntan a una
realidad que jamás se podrá expresar adecuadamente con palabras.
44. Hijo de Dios y Siervo de los hombres: "...a quien prefiero" Se trata de expresar la
relación del Padre con Jesús y de la fuerza del Espíritu. Esta relación es expresada en
términos de Antiguo Testamento: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto» (Mc 1, 11).
Así se evoca la figura del Siervo de Yahvé, al que están consagrados algunos cánticos
del libro de Isaías. Alli se lee: «Mirad a mi siervo..., mi elegido, a quien prefiero» (Is
42,1). Y en otro pasaje: "el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes" (Is 53, 6).
45. Vocación de servicio. Sin condiciones, hasta la muerte El bautismo de Jesús es ex-
presión de su solidaridad con el pueblo pecador, que se dispone a recibir el reino de
Dios, anunciado como inminente por Juan. El bautismo es, además, un signo del ser-
vicio de Jesús, de su sumisión y hasta de su muerte. Más adelante, aludirá Jesús por
dos veces al final de su existencia terrena con la palabra «bautismo» (Mc 10, 38; Lc
12, 50). El Hijo amado se consagra como siervo, como humilde y pequeño, como cor-
dero que lleva los pecados del mundo. Tal es su vocación.
46. Un bautismo para todos los creyentes futuros En la narración del bautismo se ex-
presa también la relación del Espíritu Santo con Jesús: "Vio rasgarse el cielo y al Es-
píritu bajar hacia él como una paloma" (Mc 1, 10). De modo semejante prosigue tam-
bién el cántico del Siervo de Yahvé: "Sobre él he puesto mi Espiritu..." (Is 42, 1). Por
este bautismo del Espíritu, cobra nuevo significado el bautismo de agua de Juan: se
convierte en símbolo del bautismo del Espiritu para todos los creyentes futuros.
47. Sumergido en el Jordán, en lugar nuestro Así celebra este acontecimiento la Litur-
gia de Oriente en la vigilia de la Epifanía: "Hoy inclina el Señor la cabeza ante la mano
del precursor; hoy lo bautiza Juan en las ondas del Jordán; hoy oculta el Señor en el
agua las culpas de los hombres; hoy es atestiguado desde lo alto como hijo amado de
Dios; hoy santifica el Señor la naturaleza del agua". Se inmerge en la corriente del
Jordán no para purificarse a sí mismo, sino para preparar nuestra regeneración.
48. La tentación, oposición al bautismo Los Evangelios nos hablan de tentaciones
contra la vocación de Jesús (Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13; cf. Tema 6). Ade-
más de estas tentaciones narradas al comienzo de la vida pública de Jesús nos cuen-
tan la tentación ocurrida en medio de su actividad pública, por ejemplo, cuando reveló
por vez primera la forma de su muerte, el bautismo definitivo, que sería su muerte:
"Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ¡No lo permitas, Dios, Señor! Eso no
puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás, que me
haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios" (Mt 16, 22-23). La peti-
ción bienintencionada de Pedro se oponía a la misión de Jesús; era una tentación de
su adversario Satan".
49. En Galilea, allende el Jordán Así, pues, habiendo recibido el Espiritu y superando
toda tentación contra su propia misión, Jesús inaugura su predicación justamente en
el momento en que Juan había sido arrestado. Comienza a predicar en Galilea. "Así se
cumplió lo que había dicho el profeta Isaias: País de Zabulón y país de Neftali, camino
del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en ti-
niebias vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una
luz les brilló. Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está
cerca el Reino de los Cielos" (Mt 4, 14-17). O como dice San Marcos: "Se ha cumplido
el plazo; está cerca el Reino de Dios: Convertios y creed el Evangelio" (Mc 1, 15).
50. El mundo postrado en tiniebias necesita luz El fondo dei corazón humano alimenta
siempre la espera de una buena noticia. A lo largo de la historia los hombres han ido
materializando esta espera, y así se han ido entregando a la búsqueda de la "piedra
filosofal", del "vellocino de oro" o de los "paraísos terrestres". Nuestro mundo todavía
puede soñar la novedad radical siguiendo la inmensa ruta de los "viajes espaciales". Y
cada persona, desde su rincón, espera durante mucho tiempo un mañana mejor. En
definitiva, el pueblo postrado en tiniebias necesita una intensa luz.

51. El reino de Dios ya está entre vosotros RD/OCULTO Jesús anuncia una radical no-
vedad: el Reino de Dios. Y, sin embargo, se abstiene de las fantásticas descripciones
con que entonces se engañaba la imaginación popular. No desenvaina ninguna espa-
da, ni derriba ninguna estrella del cielo. El Reino de Dios no es algo que sobrevenga y
caiga desde fuera, de una manera externa y accidental, como un aerolito o como una
catástrofe. El Reino de Dios es una realidad que se está forjando en el seno de la hu-
manidad. Preguntado por los fariseos cuándo había de llegar el Reino de Dios, Jesús
contestó: "El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí
o está allí; porque mirad, el Reino de Dios está dentro de vosotros» (/Lc/17/20-21).
52. EI Reino de Dios oculto El judaísmo, tomando al pie de la letra los oráculos esca-
tológicos del Antiguo Testamento, se representaba la venida del Reino como algo ful-
gurante e inmediato. Jesús lo entiende de otra manera. El Reino viene cuando se diri-
ge a los hombres la Palabra de Dios. Debe crecer, como una semilla sembrada en el
campo (Mt 13, 3-9.18-23). Crecerá por su propio poder como el grano (Mc 4, 26-29).
Fermentará y levantará al mundo, como la levadura echada en la masa (Mt 13, 33).
Sus humildes comienzos contrastan así con el futuro que se le promete. Las parábolas
del Reino de Dios vienen a decir que lo que importa no es el efecto exterior que des-
lumbra a los hombres, pero no les nutre, sino la acción de Dios, que está oculta en el
cotidiano quehacer, en la vida ordinaria de los hombres.
53. Ha comenzado ya en la persona de Jesús Lo más sorprendente del mensaje de Je-
sús es que anuncia un Reino que ha comenzado ya en su propia persona. Mientras los
videntes apocalípticos hablaban sobre cosas que caían fuera de ellos mismos, Jesús
lleva el Reino de Dios en sí mismo. «Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: ¡Di-
chosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y
reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron, y oír lo que oís, y no lo oye-
ron» (Lc 10, 23-24). El Reino de Dios no es para Jesús una visión lejana. El mismo Je-
sús está en medio de él, empeñado en la lucha contra otro reino: "Si yo echo los de-
monios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros"
(Lc 11, 20).
54. Jesús lleva en sí mismo la cercanía de Dios. Una autoridad que no tiene par Jesús
hace sentir sin rodeos, a todo el que se le acerca con corazón sincero, la cercanía de
Dios. Asi lo percibe Nicodemo y le dice a Jesús: "nadie puede hacer los signos que tú
haces, si Dios no está con él" (Jn 3, 2). Jesús lleva en sí mismo la cercanía de Dios.
Ello da a su persona una autoridad serena, que no tiene par: "La gente estaba admi-
rada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas" (Mt
7, 28-29). Jesús completa todo lo que le precede y enseña con palabras que durarán
más que el cielo y la tierra, destinados a pasar (Mc 13, 31).
56. El Reino de Dios es inseparable de la conversión del hombre Jesús enfoca su pre-
dicación en la línea de los grandes profetas, que prepararon su venida. Asimismo, sal-
vando la diversidad de los tiempos, de los lugares y de los auditorios, las predicacio-
nes de Juan Bautista, de Jesús, de Pedro o de Pablo ofrecen todas un mismo esquema
y una misma orientación: llaman a la conversión y anuncian un acontecimiento. El
Reino de Dios es inseparable de la conversión del hombre.
57. La palabra de Jesús frente a la experiencia del mundo Ahora bien, la predicación
de Jesús incide en su mundo, donde reina de modo manifiesto la experiencia contra-
ria. Si su predicación proclama como presente el Reino de Dios y llama a la conver-
sión, el mundo vive justamente lo contrario: no existe ningún Señor y, además, el
hombre no puede cambiar. Quedan, pues, alineadas, frente por frente, la Palabra de
Jesús y la experiencia del mundo. El mundo prescinde de Dios, desconoce su acción
en la historia y no experimenta necesidad de conversión.
58. La conversión como buena noticia: El Reino de Dios en acción RD/GRATUIDAD:Su-
mamente importante esto: la predicación de Jesús exige conversión no únicamente
exhortando a los hombres a vivir como deben, sino anunciándoles que el Reino de
Dios está ya presente y en acción. En virtud de este acontecimiento de la llegada del
Reino de Dios, la conversión le es ofrecida al hombre gratuitamente, de balde. Es una
posibilidad de vida nueva que se abre por gracia con la venida del Reino. El cumpli-
miento del Sermón de la Montana (programa de Jesús) es anunciado a hombres que
no pueden cumplir la Ley. Si tal anuncio no fuera hecho en un régimen de gracia, no
sería recibido como buena nueva, sino como mala noticia. Sería como cargar un peso
sobre los hombros de quienes ya se doblan.
59. La fuerza de Dios se despliega en la debilidad del hombre En efecto, el hombre es-
tá sometido a señores muy poderosos, como para que -por su propia fuerza- pueda
cambiar: "ninguno (de vosotros) cumplís la Ley" (Jn 7, 19), dice Jesús a los judíos (y
le quieren matar). El hombre, ciertamente, necesita "nacer de lo alto" (Jn 3, 3.7).
Ahora bien, si el hombre cambia, si el hombre sigue un proceso serio de conversión,
entonces es que el Reino de Dios ha aparecido en medio de nosotros (cf. Lc 11, 20).
La fuerza de Dios se despliega en la debilidad del hombre (2 Co 12, 9).
60. Anunciar a los pobres la buena nueva Por ello la buena nueva es anunciada a los
pobres, es decir, a todos aquéllos que tienen conciencia de su limitación e insuficien-
cia. Así cumple Jesús la profecía de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por-
que él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres, para
anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista» (Lc 4, 18). Esta Escritura se
cumplió un día en la sinagoga de Nazaret (Lc 4, 21) y en toda la vida pública de Cris-
to. Inspiración semejante refleja la respuesta que Jesús da a los enviados de Juan: "Id
a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los
leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les
anuncia el Evangelio" (Lc 7, 22).
61. Exigencias para entrar, desde ahora, en el Reino de Dios El Reino es el don de
Dios por excelencia, el valor esencial que hay que adquirir a costa de todo lo que se
posee (Mt 13, 44 ss.). De ahí se sigue que es necesaria una decisión; hay que conver-
tirse, buscar continuamente el rostro de Dios (Cf. Sal 104, 4), abrazar las exigencias
del Reino. El Reino no es algo que se pueda considerar como un salario debido en jus-
ticia: Dios contrata libremente a los hombres en su viña y da a sus obreros lo que le
parece bien (Mt 20, 1 -1 6). Sin embargo, si bien todo es gracia, los hombres deben
responder a esta gracia: se requiere un alma de pobre (Mt 5, 3), una actitud de niño
(Mt 18, 1-4; 19, 14), una búsqueda activa del Reino y de su justicia (Mt 6, 33), la
perseverancia en medio de las persecuciones (Mt 5, 10; Hch 14, 22; 2 Ts 1, 4-5), el
sacrificio de todo lo que se posee (Mt 13, 44 ss.), una justicia mayor que la de los fa-
riseos (Mt 5, 20); en una palabra, el cumplimiento de la voluntad del Padre (Mt 7,
21), especialmente en lo que toca al amor fraterno (Mt 25, 34-40). Todo esto se exige
a quien quiera entrar ya desde ahora en el Reino de Dios.
62. Jesús perfecciona e interioriza la ley BITS/RD:Las exigencias del Reino de Dios las
encontramos resumidas en el Sermón de la Montaña. No se trata de leyes minuciosa-
mente formuladas, ni de un reglamento impersonal. Jesús nos pone delante de Dios
vivo. El perfecciona e interioriza la Ley, que hasta entonces se había quedado en lo
exterior. Todas las modificaciones que Jesús introduce aparecen formuladas del si-
guiente modo: "No sólo... sino también". No sólo el homicidio, sino también la simple
palabra de odio. No sólo el adulterio, sino también la simple mirada y deseo, y el pen-
samiento que se consiente. Lo mismo sucede cuando exige que se diga la verdad, sin
necesidad de juramento, en el mandato de no vengarse, y, finalmente, en la invita-
ción a un amor que no excluya a nadie, ni aún a los enemigos, imitando la perfección
del Padre, que hace salir el sol y envía su lluvia sobre justos y pecadores (Mt 5, 43-
48).
63. El don del Espíritu Ante el Sermón de la Montaña, el hombre tiene delante la vo-
luntad de Dios sin velos ni tapujos. La primera reacción del corazón generoso es de
asombro y gozo: "Sí, así es; así debe ser. esto es vida...". Pero inmediatamente surge
la pregunta: «¿Es esto posible?». Y pensamos: «esto no se puede cumplir al pie de la
letra». Precisamente por eso no se puede convertir en simple ley. Sin embargo, es vo-
luntad de Dios, es la alegría del Reino. Y, de hecho, muchos lo van experimentando:
son aquéllos que acogen con fe el Don del Espíritu. 64. El hombre, en el punto de una
opción: acogida o rechazo del Reino de Dios La predicación del Reino de Dios sólo
ejerce su fuerza salvadora si el hombre responde con la fe. El Evangelio es "una fuer-
za de salvación de Dios para todo el que cree" (Rm 1, 16). Conduce al punto de una
opción. No caben términos medios. Es preciso decidir. Como dice Jesús: "El que no es-
tá conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama" (Lc 11, 23). El
rechazo humano del Evangelio tiene su prototipo en la actitud cerrada de Jerusalén
ante la predicación de Jesús: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y ape-
dreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la
gallina a sus pollitos bajo las alas! ¡Pero no habéis querido!» (Lc 13, 34). San Pablo
experimentará, como Jesús, el rechazo dado a su predicación y dirá: «Pero no todos
han prestado oído al Evangelio...» (Rm 10, 16).
65. Jesús anuncia y ofrece el perdón de Dios Jesús fue enviado por su Padre, no como
juez, sino como Salvador (Jn 3, 17 ss.; 12, 47). Invita y suscita la conversión en to-
dos los que la necesitan (Lc 5, 32; 19, 1-10), revelando que Dios es un Padre que tie-
ne su gozo en perdonar (Lc 15) y cuya voluntad es que nada se pierda (Mt 18, 12
ss.). Jesús no sólo anuncia este perdón a quien se reconoce pecador, sino que, ade-
más, lo ejerce; da testimonio con sus obras que dispone de este poder reservado a
Dios (Mt 9, 5 ss.; cf. Jn 5, 27). A los pecadores que se veían excluidos del Reino de
Dios por la mezquindad de los fariseos, proclama el Evangelio de la misericordia infini-
ta. Jesús los acoge y come con ellos (Lc 19, 1-10; 15, 2). Los que alegran el corazón
de Dios no son los hombres que se creen justos, sino aquéllos que reconocen su peca-
do (Lc 18, 9-14), aquéllos que son como la oveja o la dracma perdida y hallada (Lc 5,
t-10). El corazón de Dios Padre, que mostraba Jesús, en cada uno de sus actos, quedó
retratado para siempre en la parábola del hijo pródigo: el Padre está acechando el re-
greso de su hijo y, cuando lo descubre de lejos, siente compasión y corre a su en-
cuentro (Lc 15, 20).
66. Encontrar a Dios Padre en el centro de la vida Jesús es el revelador de Dios como
Padre. En su vocabulario hay una palabra que lo resume todo: Abba. Es una palabra
infantil y confiada, una de las primeras que afloran en la boca humana: papá, abba.
Esta palabra aramaica es un diminutivo. Así llamaba Jesús a Dios. Y además nos en-
seña a nosotros a hacer lo mismo. Para ello nos envía su Espíritu: «Ese Espíritu y
nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios" (Rm 8, 16).
Jesús revela que el hombre puede acudir siempre a Dios en el cotidiano quehacer, tal
como es, con sus miserias y necesidades. Confiar en el Padre, encontrar a Dios en el
centro de la vida, es para Jesús el verdadero corazón del Evangelio.
70. Les anunciaba la palabra con muchas parábolas Para su predicación, Jesús utiliza
frecuentemente la parábola, narración destinada a ilustrar una verdad por medio de
analogías y comparaciones: «Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra,
acomodándose a su entender» (Mc 4, 33). Así, de modo sencillo, explica Jesús la gé-
nesis, desarrollo y crecimiento del Reino de Dios.
72. Muchos se quedan en el umbral de la parábola: Tienen embotado el corazón. Es-
tán fuera En quienes se quedan en el umbral de la parábola, Jesús ve cumplida la pro-
fecía de Isaias: "Oiréis con los oidos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; por-
que está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los
ojos: para no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni entender con el corazón ni con-
vertirse para que yo los cure» (Mt 13, 14-15). Jesús no se alegra por ello ni lo desea
sino que, al contrario, lo deplora. Sencillamente, llama la atención sobre un hecho.
Efectivamente, muchos no penetran en el sentido de la parábola: tienen embotado el
corazón, duros de oídos, cerrados los ojos. Están fuera del Reino de Dios (/Mc/04/11).
73. El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas En
la predicación de Jesús, los hechos acompañan a las palabras. Jesús anuncia una pa-
labra que se cumple. Esto es, los signos acompañan a la predicación. Es ésta, por lo
demás, una característica de la historia de la salvación que alcanza su plenitud en
Cristo. Tal característica es señalada por el Concilio Vaticano ll: «El plan de la revela-
ción se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios reali-
za en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades
que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su
misterio" (DV 2). En definitiva, el estilo de Cristo es ese que utiliza en la sinagoga de
Nazaret: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4, 21). Es decir, Cristo
cumple con su misión salvadora el Reino de Dios que anuncia.
74. Los milagros, como acontecimientos del Reino de Dios MIGROS/RD
Los milagros de Jesús se inscriben dentro de la perspectiva de la inauguración del
Reino de Dios, anunciado por su predicación. Los milagros son la palabra de Dios he-
cha acontecimiento. Frecuentemente, el hombre moderno se pregunta sobre la rela-
ción entre milagro y orden físico, es decir, si los milagros suceden «fuera de las leyes
de la naturaleza». En realidad, la Biblia no nos explica nunca la relación entre milagro
y naturaleza, sino la que hay entre milagro y Dios. Para los hombres que escriben la
Biblia, el milagro es una experiencia de la intervención de Dios en los sucesos.
75. El milagro no es una intervención arbitraria y extraña de Dios Nadie nos obliga a
considerar los milagros como una intervención arbitraria y extraña de Dios, como si
Dios impidiera el curso de su propia creación. Por el contrario, el milagro no va contra
las fuerzas de la creación, sino que hace brillar de manera maravillosa el señorío de
Dios sobre la naturaleza y la historia, en la dirección de una plenitud por la que la
creación entera gime y sufre dolores de parto (Rm 8, 22). Como dice Jesús: «Mi Padre
sigue actuando, y yo también actúo» (Jn 15,17).
76. Ignoramos lo que Dios puede hacer con el mundo y con nosotros
Por ello, en el milagro, lo menos importante es lo que pueda haber de suspensión de
leyes de la naturaleza. El milagro es ante todo una manifestación de Dios, un signo a
través del cual el creyente rastrea la presencia de la nueva creación, cuya plenitud es
Jesucristo resucitado. De este modo el creyente descubre insospechadas posibilidades
que Dios reserva para el hombre y para el mundo.
77. Los milagros sirven a la predicación, en cuanto la muestran eficaz
Los milagros de Jesús son parte de su predicación. Son el cumplimiento de su palabra.
Donde su predicación o al menos su persona no es acogida con algún grado de fe, Je-
sús no obra milagros, por ejemplo, ante un grupo de hombres cerrados ya de antema-
no, como sus paisanos de Nazaret, los fariseos o Herodes. Si es cierto que una vez se
lee: "Creedme... Si no, creed a las obras" (Jn 14, 11), también leemos que Jesús no
tenía mucha confianza en quienes sólo creían por razón de los milagros (Jn 2, 23-24).
Y él mismo dice de los hermanos del rico glotón: "Si no escuchan a Moisés y a los pro-
fetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto (Lc 16, 31).

78. Donde no hay fe no es percibido el milagro. Sin violentar la condición humana Por
parte del hombre, la fe es acogida recepción de la palabra predicada. Si el milagro es
la palabra cumplida, se sigue entonces que, donde no hay fe, no es percibido el senti-
do profundo del milagro. Por ello dice Jesús: "Dichosos los que crean sin haber visto"
(Jn 20, 29). Esos son, efectivamente, los que verán. El Reino de Dios no viene apara-
tosa ni espectacularmente. El Reino viene, como Jesús, bajo la figura del Siervo, sin
dejarse sentir, sin triunfalismos, sin apariencias. Los milagros que Jesús lleva a cabo
para manifestar el sentido de su palabra no atentan en nada contra la condición hu-
mana de su presencia en el mundo, y por tanto contra su misión de siervo. No preten-
den establecer de antemano el "paraíso", sino orientar a los hombres hacia lo que
anuncia su mensaje, revelar el poder de liberación del Reino de Dios que llega.
79. El milagro como signo mesiánico acerca de Jesús Con sus milagros, manifiesta Je-
sús que el Reino mesiánico anunciado por los profetas está presente en él (Mt 11, 2
ss.). Pero no es el acontecimiento milagroso aislado lo que da testimonio de Cristo,
sino el acontecimiento, en cuanto que referido a su Palabra, implica el cumplimiento
de la misma. La Iglesia naciente consideró los milagros como consideró las parábolas
y otros gestos del Señor (por ejemplo, el lavatorio de pies en la última cena; cf. Jn 13,
1-6), es decir, como revelaciones o señales para aquéllos a quienes se había dado a
conocer los misterios del Reino de Dios (Mc 4, 11 ss.).
80. Incapacidad equivalente a rechazo El milagro está en relación inmediata con el
reino de Dios que Cristo anuncia, con su persona y con su misión. En definitiva, la in-
capacidad de muchos hombres para percibir el verdadero significado de los milagros
de Jesús es considerada por El como equivalente al rechazo de su evangelio y, en últi-
mo término, como un aspecto del escándalo general al que está expuesto el misterio
central de su persona.
81. Ungido de Espíritu Es interesante destacar que Jesús comienza a realizar milagros
después de recibir el Espíritu en el bautismo. Ungido de Espíritu y poder, inaugura la
Nueva Creación (Mt 3, 16), arroja su semilla anticipando lo que está llamada a ser la
humanidad entera. El es el nuevo Adán, el Hombre Nuevo en medio de un mundo que
declina hacia la muerte.
82. Los apóstoles repiten las acciones salvadoras de Jesús Cuando los apóstoles reci-
ben el Espíritu, repiten asimismo las acciones salvadoras de Jesús: "Ellos se fueron a
pregonar por todas partes y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las seña-
les que los acompañaban» (Mc 16, 20). Los apóstoles toman conciencia de que Jesús
está con ellos, según su promesa.
83. Dios actúa y Jesús sigue actuando En la Iglesia de hoy, como en la Iglesia nacien-
te (Hch 2, 43; 3, 12 ss.), Jesús continúa actuando y haciendo milagros. Hoy como
ayer este lenguaje es incomprendido por el espíritu soberbio o arreligioso, pero lo per-
cibe el que sabiendo que nada es imposible para Dios se abre a los requerimientos de
la fe y del amor, cuando el contexto religioso del hecho indica que Dios ha hecho se-
ñas. ........................................................................

PISTAS PARA LA REUNION


TEMA 16. LA EVANGELIZACION DE JESUS
1) ¿Qué relación encontramos entre evangelización, vocación y bautismo? - en Jesús
de Nazaret; - en cada uno de nosotros.
Comentar los nn. 43-48.
2) Lectura de Is 42, 1-9 y de Mc 1, 9-11: participación comunitaria.
3) ¿Qué buena noticia esperas en este momento?
4) ¿Qué situación infra-humana querrías ver superada?
5) El evangelio de Jesús es para aquéllos que viven una situación infra-humana: los
ciegos, los cojfos, los leprosos, los sordos, los muertos, los pobres. Comentar en gru-
po Lc 7, 22.
6) El evangelio es una luz para aquéllos que habitan en tinieblas, en "Galilea de los
gentiles", en las Galileas de ayer y de hoy. Presentar el pasaje Mt 4, 1 4-17. Poner en
común experiencias de luz y de oscuridad.

7) La palabra de Jesús frente a la experiencia del mundo:


- ¿camina el mundo al azar? - ¿la historia tiene un Señor?; - ¿puede el hombre cam-
biar?
Comentar en grupo el n. 57. Poner en común la propia experiencia.
8) El reino de Dios no viene aparatosamente, ya está entre nosotros, ha comenzado
en la persona de Jesús, es recibido como don del Espíritu. Comentar en grupo estos
pasajes: Mt 13, 33; Lc 17, 20-21; 10, 23-24; 11, 20; Mt 7, 28-29; Jn 3, 3.7. ¿Qué
significan hoy para nosotros?

9) El reino de Dios es inseparable de la conversión del hombre. Esta conversión:


- es seguimiento de Cristo (Mt 4, 18-22). - supone unas exigencias para entrar desde
ahora en el reino de Dios (n. 61); - supone un descubrimiento de los valores del evan-
gelio resumidos en el Sermón de la Montaña (n. 62); - coloca al hombre en el punto
de una opción: acogida o rechazo del reino de Dios (n. 64).
Ante la conversión del evangelio, ¿dónde nos situamos nosotros hoy?

10) CV/GRATUIDAD "Es sumamente importante esto: si la predicación exige conver-


sión no es en virtud de una exhortación moralizadora, sino porque anuncia el aconte-
cimiento de la salvación, el Reino de Dios en la persona de Jesús. En virtud de dicho
acontecimiento, la conversión del hombre le es anunciada gratuitamente, es decir, de
balde. De otra forma, el evangelio no sería buena nueva, sino mala noticia. El hom-
bre, en efecto, está sometido a señores muy poderosos como para que, por sí mismo,
pueda cambiar (...). Ahora bien, si el hombre cambia profundamente, si el hombre si-
gue un proceso serio de conversión, entonces es que el Reino de Dios ha aparecido en
medio de nosotros. La fuerza de Dios se manifiesta en contraste con la debilidad del
hombre (2 Co 12, 9)» (ICA, Doc. 2, p. 5; ver también nn. 58-59). Comentar en grupo.
11) Jesús anuncia y otrece el perdón de Dios. Comentar en grupo el n. 65 y confron-
tarlo con ICA, Doc. 2, pp. 6-7. Poner en común experiencias actuales.
12) Es necesario eL don del Espíritu. Profundizar existencialmente en ello. Comentar
en grupo el n. 63.
13) La evangelización de Jesús conduce a la experiencia de fe. Comentar en grupo Lc
10, 23-24. ¿Somos nosotros también testigos?
14) Jesús les anunciaba la palabra con muchas parábolas, acomodándose a su modo
de entender, pero muchos se quedan en el umbral de la parábola. Están fuera. Co-
mentar en grupo los nn. 70-72.
15) ¿Se dan hoy milagros? ¿Qué es el milagro? ¿Creemos en los milagros? ¿Qué supo-
nen los milagros? Poner en común alguno de estos interrogantes.
16) Destacar y comentar algunos aspectos importantes:
- el plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas (n.
73); - Los milagros son acontecimientos del reino de Dios (n. 74), cumplimiento de la
palabra predicada (n. 77), signo mesiánico acerca de Jesús (n. 79), anticipación de lo
que será la nueva creación (nn. 80-81 );
- el milagro no es una intervención arbitraria y extraña de Dios (nn. 75-76); - donde
no hay fe, no es percibido el milagro (nn. 78 y 8G); - Dios actúa, Jesús sigue actuan-
do, los apóstoles repiten las acciones salvadoras de Jesús (nn. 82-83).
¿Todos estos aspectos tienen que ver con la experiencia actual de fe?
........................................................................

TEMA 16-1

OBJETIVO: DESCUBRR EL MODO DE EVANGELIZAR DE JESUS Y CONFRONTARLO CON


NUESTRO PROCESO CATECUMENAL
PISTA DE LA REUNION 1 En Galilea, lugar de la predicación, desplazamento contiinuo:
por la sinagogas. 2 ... halló el pasaje...
3 El Espiritu del Señor sobre mí. 4 Anunciar a los pobres la buena nueva. 5 A los cau-
tivos, la libertad. 6 La vista a los ciegos. 7 La liberación a los oprimidos.
8 Proclamar un año de gracia.

PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas...


* Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión (Lc 4, 14-22). * Comunicación
de pequeño grupo: Esta escritura ¿se cumple hoy en nuestro proceso catecumenal? *
Puesta en común. Salmo. Canto. ........................................................................

TEMA 16-2
OBJETIVO: DESCUBRIR EL MILAGRO COMO ACONTECIMIENTO DEL REINO DE DIOS Y
CUMPLIMIENTO DE LA PREDICACION
PISTA DE LA REUNION * Lluvia de ideas: Recoger (en el encerado, o de otro modo)
los interrogantes que los miembros del grupo tienen en torno al milagro. * Tema 16
(nn. 73-83).
PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas...
* Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: Lluvia de ideas, tema. * Comu-
nicación de pequeño grupo: Interrogantes... * Puesta en común. Comentario. Con-
frontar interrogantes con nn. 73-83 del tema.
CATECUMENADO 17 J/QUIEN-ES

QUIEN ES JESÚS: MESÍAS, SIERVO, SEÑOR, HIJO


DEL HOMBRE, HIJO DE DIOS
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir quién es realmente Jesús: A) Sus actitudes. B)
Su personalidad mesiánica, consecuente con sus actitudes.
84. Interrogantes de todo tiempo Como veíamos en otra parte (tema 12), la figura de
Jesús suscita profundos interrogantes en todo tiempo: ¿Quién es realmente Jesús?
¿Un gran hombre del pasado? ¿Un profeta? ¿Un revolucionario? ¿Un hermano para
cada hombre? ¿Alguien que actúa en nuestra vida? ¿Aquél sin el cual nada tendría
sentido? ¿Qué dice la Escritura sobre El? ¿Cuál es la fe profesada por la Iglesia acerca
de El?
A) ACTITUDES DE JESUS: J/ACTITUDES:J/PERSONALIDAD 85. El misterio de Jesús a
través de su misión y de su acción El Nuevo Testamento nos presenta a Jesús en ac-
ción. Más en concreto, en misión recibida del Padre. Como punto de partida esta ac-
ción y esta misión, pretendemos acercarnos a un misterio que desborda los esquemas
y dimensiones de nuestro mundo, pues ante Jesús se dobla ahora toda rodilla (Flp 2,
10). No se trata de escrutar la psicología de Jesús, sino de describir la manera cómo
procedía, de adivinar en su manera de ser una apertura hacia el misterio presentido
en los acontecimientos reveladores... Se trata de captar en lo más vivo el comporta-
miento de Jesús y descubrir su sentido. Se trata de acercarnos a su misterio a través
de su misión y de su acción. Y en medio de su ambiente y de su mundo.
89. En medio del mundo sin ser del mundo. La originalidad de Jesús Los evangelios,
con sencillez y claridad y como con cercanía, dejan vislumbrar la singularidad que se
manifiesta en la manera de situarse Jesús ante su ambiente. En efecto, todo el mundo
en que vive Jesús, todo su mundo en torno, está dibujado en pinceladas directas y au-
ténticas. Sacerdotes y doctores de la ley, fariseos y publicanos, ricos y pobres, sanos
y enfermos, justos y pecadores, todos están insertos claramente en el gran aconteci-
miento que supone -para cada uno a su manera- el encuentro con Jesús. Y lo sorpren-
dente es que Jesus está totalmente en medio de ese mundo tan vivamente descrito y,
sin embargo, no es del mundo (Jn 17, 14.16; 8, 23).
91. En vivo contraste con lo que las gentes suponen y esperan En su libertad, rompe
las estrechas fronteras que han levantado las tradiciones y determinadas ideas. Lo
que se ve también claramente en el trato con sus discípulos. Los llama con palabra de
mandato, soberana (Mc 1, 16 ss.); pero también amonesta y disuade a más de uno
para que no le siga (Lc 9, 57 ss.; 14, 28 ss.). La conducta y el proceder de Jesús es-
tán una y otra vez en el más vivo contraste con lo que las gentes esperan de El o es-
peran para sí. Como cuenta Juan (6, 15), Jesús huye de la muchedumbre que quiere
proclamarlo rey... Los dos hijos de Zebedeo hubieron de experimentarlo cuando Jesús
rechazó sus ambiciosos deseos.
92. Jesús fue algo más que un judío piadoso Efectivamente, la originalidad de Jesús se
manifiesta en su modo de situarse ante la religión y ante su ambiente. Por lo que a la
religión se refiere, la educación religiosa judía, perceptible en su mensaje, no fue de-
terminante hasta el punto de que se pueda describir a Jesús como un "hassid", es de-
cir, como un judío piadoso. Sin duda alguna, lo fue Jesús; pero, si hubiera sido sim-
plemente un judío piadoso, no hubiera levantado ninguna oposición. Sin embargo, Je-
sús fue discutido por su actitud religiosa ante la ley y el culto.
94. Jesús, la ley y las acusaciones farisaicas. El sábado «hecho para el hombre» Los
fariseos reprochan a los discípulos de Jesús no ser muy respetuosos con el sábado (Mt
12, 1-8): Jesus irónicarnente les recuerda la gran libertad de David, y les da a enten-
der que si David había usado de tanta libertad en favor de sus compañeros, con ma-
yor razón podrán tenerla los que acompañan al Hijo del Hombre. Jesús, en efecto, es
mayor que el templo. Pero los fariseos no se contentan con atacar a Jesús en sus dis-
cipulos.
Le acusan de que El también viola el sábado (Mt 12, S-14; Lc 13, 10-17; Jn 5, 9), o
de que no observa la pureza legal, pues ha tocado a un leproso y a un cadáver (Mc 1,
41; 5, 41; Lc 7, 14).
95. La libertad de Jesús no es arbitraria La libertad que Jesús se toma en relación con
determinadas prescripciones legales no es arbitraria. Jesús pone en evidencia la estu-
pidez de la estrechez legal de una forma sencilla y directa: "Supongamos que uno de
vosotros tiene una oveja, y que un sábado se le cae en una zanja, ¿la agarra y la saca
o no?" (Mt 12, 11). Y en la parábola del samaritano (Lc 10, 30-37) desenmascara la
hipocresía de una religiosidad que pone la ley por encima del prójimo: la observancia
cuidadosa de todas las prescripciones legales no sirve al sacerdote ni al levita para
descubrir en el herido la figura del prójimo. Para Jesús, la ley alcanza su sentido en el
doble mandamiento del amor a Dios y al hombre (Mt 7, 12; 22, 37-40; Mc 12, 28-34).
¡Doble mandamiento inseparable! En definitiva, la ley no es una norma última, un ab-
soluto: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 27).
La libertad de Jesús se ofrece como libertad para los demás. La ley está en función del
prójimo.
96. Jesús y el culto. No basta la sola participación externa en el culto
La libertad de Jesús se muestra también en su actitud ante el culto. Evidentemente,
Jesús es un judío piadoso que sigue la religión de su pueblo: frecuenta la sinagoga,
acude al templo con ocasión de las fiestas. Pero Jesús no tiene miedo de prescindir de
ciertas costumbres culturales. Y. sobre todo, Jesús enseña que no es la sola participa-
ción externa en el culto lo que salva al hombre: "No todo el que me dice: Señor, Se-
ñor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que
está en el cielo" (Mt 7, 21).
97. Jesús y el culto: en función de los dos grandes mandamientos El cumplimiento de
la voluntad del Padre se manifiesta así como el verdadero centro de la religión y del
culto. En la línea de los grandes profetas, que El supera y lleva a consumación, Jesús
promueve la integración del culto en la vida. Por ello el sentido del culto depende tam-
bién de la propia relación con el prójimo: "Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el
altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu
ofrenda ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano" (Mt 5, 23-25). El
culto queda falsificado cuando se convierte en un tranquilizante para la dureza de
nuestro corazón. Jesús condena una religiosidad que sólo sirviera para justificar la
mala conducta de sus hipócritas participantes.
98. El verdadero culto en espíritu y en verdad Jesús da un giro a la misma concepción
vigente de lo "sagrado". Hay formas de religiosidad que tienden a reducir lo sagrado a
normas, ritos, lugares, cosas que le sirven al hombre para descargar en ellos la ver-
dad y la fuerza de su relación religiosa con Dios. Con Jesús ha llegado el tiempo en
que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad (Jn 4, 23).
En efecto, es el don del Espíritu el que permite conocer y adorar a Dios como Padre.
Este es el culto "en verdad" que va a caracterizar el nuevo tiempo mesiánico y que
excede, supera y hace superfluo todo culto religioso anterior, en concreto, el que tenía
lugar en el templo de Jerusalén. Este es un punto central del mensaje del Nuevo Tes-
tamento.
99. En medio de su ambiente. "Como quien tiene autoridad...". La originalidad de Je-
sús se manifiesta también en su modo de situarse ante su ambiente: la familia, los
"influyentes", los amigos, la política. En cada situación Jesús va manifestando su sin-
gular misión mesiánica: unas veces extraña, otras interpela, otras admira. Siempre
desborda. Jesús hace sentir sin rodeos a todo el que se le acerca la inmediatez de
Dios. El mismo lleva consigo esta inmediatez: "EI Reino de Dios ya está dentro de vo-
sotros" (Lc 17, 21), "¡dichoso el que no se escandalice de mi!" (Mt 11, 6). Ello da a su
persona una autoridad serena, que no tiene par: "Se quedaron asombrados de su doc-
trina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad" (Mc 1, 22).
100. La misión por encima de la familia. «Ocupado en las cosas de mi Padre...» La fi-
gura mesiánica de Jesús desborda a su propia familia. Desde los acontecimientos que
rodearon su nacimiento, "su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía
del niño" (Lc 2, 33). Cuando a los doce años lo encuentran en el templo sentado en
medio de los doctores, tras una angustiosa búsqueda, sus padres quedaron sorprendi-
dos por el hecho y, además, tampoco comprendieron la respuesta que les dio (Lc 2,
42-50). En definitiva, Jesús se debe a su propia misión, por encima de su familia. Por
ello, «su madre y sus hermanos son aquéllos que oyen la Palabra de Dios y la cum-
plen" (Lc 8, 21).
101. Imprecaciones contra los "bien considerados". A favor de los pobres
Jesús conoce la mezquindad de los "bien considerados" en la sociedad de entonces:
los fariseos, los saduceos, los ricos. Las imprecaciones que lanzó sobre ellos dejan en-
trever una extraordinaria indignación (Lc 11, 39 ss.; Mt 23; Lc 6, 24). Es cierto que
entre ellos hay excepciones y Jesús las reconoce abiertamente (Nicodemo, José de
Arimatea, Zaqueo...). Jesús condena en ellos su actitud presuntuosa (Lc 18, 9-14) y
su papel social y religioso (Mt 23). Su indignación es una toma de postura en favor de
los pequeños y de los pobres. Los "bien considerados", los "autosuficientes" quieren
convertir a Dios en su prisionero. Jesús les arrebata a Dios. Y al quedar Dios en liber-
tad, su libertad es también la liberación del hombre.
102. Acogida evangélica a "los despreciados". Al encuentro de los pecadores Jesús
prefiere a los "despreciados" de la sociedad: ellos no pretenden imponer sus caminos
para llegar a Dios. Lo dejan libre. Pero no tienen sitio en la sociedad. Son unos parias,
aunque no todos sean pobres, ni mucho menos. Pero el hombre tiene más necesidad
de reconocimiento social que de dinero. Esos "marginados" son, en primer lugar, los
publicanos, hombres de fama dudosa, cobradores de impuestos y supuestos ladrones.
Son odiados y detestados, como todas las personas dedicadas al fisco. Son también
las mujeres de mala vida. Jesús no es esclavo de los prejuicios sociales: la libertad
con que se separa de los prejuicios no es arbitraria, sino necesaria para cumplir su mi-
sión. A diferencia de los "influyentes", los despreciados de la sociedad adquieren fácil-
mente conciencia de su incapacidad e insuficiencia de cara a la salvación para poner
su esperanza en la gratitud y misericordia de Dios.
103. Un lugar para la amistad Los evangelistas no ocultan el hecho de que Jesús tenía
amigos. La muchedumbre se admira al ver cómo quería a Lázaro. Ni ocultan tampoco
sus amistades femeninas: Marta, María y quizá Magdalena. Jesús no manifiesta el me-
nor desprecio hacia la mujer, ni en sus palabras ni en sus actos. Jesús es libre frente a
la presión social y frente a los juicios más o menos severos sobre la mujer. Su con-
ducta se refleja en su doctrina (Lc 8, 1-4; 10, 38 ss.; Jn 1 1, 1-44).
104. A la mujer, la misma consideración que al hombre Jesús muestra una estima de
la mujer realmente excepcionales en la antigüedad. En contraste con el desprecio ra-
bínico, Jesús concede a la mujer la misma consideración que al hombre. Dialoga lar-
gamente con la Samaritana, ante el asombro de sus discípulos; un grupo de mujeres
le asiste en sus viajes con los apóstoles; se hospeda en casa de Marta y María, con-
versando con ellas... Jesús muestra especial compasión por el sufrimiento de la mu-
jer; se apiada de la viuda de Naim, que ha perdido a su hijo único, y le dice: "No llo-
res", resucita al muchacho y se lo entrega a su madre; cura a la hemorroisa en medio
de la multitud; al hablar de la ruina de Jerusalén, se compadece especialmente de las
embarazadas y de las que crian; se preocupa desde la cruz por remediar la soledad en
que queda su madre. Defiende, en fin, a la mujer frente al duro juicio de los hombres:
así en el caso de la adúltera, de la pecadora, de María Magdalena; así también cuando
dice: "Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de
Dios" (Mt 21, 31; cf. Jn 4, 27; Lc 8, 1-3; 10, 38-42; Mt 20, 20-23; Lc 23, 27-31; Jn
20, 11-18; Lc 7, 11-15; Mc 5, 25-34; Mt 24, 19; Jn 19, 26-27; 8, 1-11; Lc 7, 36-50;
Jn 12, 1-11).
105. "Dejad que los niños vengan a, mí no se lo impidáis" En cuanto a los niños, tie-
nen igualmente un puesto en el corazón de Jesús. El conoce los juegos infantiíes; im-
pide que sus discipulos aparten de El a los niños; los abraza y los pone como ejemplo
a los adultos; afirma que quien acoge a los niños, y a los hombres semejantes a ellos,
a El le acogen; condena a quien los escandaliza; afirma que sus ángeles ven siempre
el rostro de Dios y que Dios no quiere que ninguno se pierda; defiende a los que le
aclaman a su entrada en Jerusalén (cf. Mt 11, 16-19; Mc 10, 13-16; Mt 18, 5. 6. 10.
14; 21, 15 ss.).
106. Decepción en los medios políticos. Ni colaboracionista ni resistente. Y. sin embar-
go, "criminal político" En relación con la política de su tiempo, Jesús no se muestra ni
colaboracionista ni resistente. Jesús no teme al poder (es duro con Herodes) y obra
según su misión, sin tener para nada en cuenta unas normas de prudencia política
que serían claudicaciones (Lc 13, 31-34). Pero Jesús se niega además a verse metido
en una resistencia armada contra el poder ocupante. A pesar de todo, los jefes judíos
hicieron condenar a Jesús como criminal político: "Ha pretendido ser el rey de los ju-
díos" (Jn 19, 19-21). Por razones de uno u otro signo, la actuación mesiánica de Jesús
no pudo evitar la decepción y la hostilidad de los medios politicos.
107. Profeta y maestro con autoridad propia J/PROFETA
Jesús es el hombre que anuncia la llegada del Reino de Dios. Es por tanto, un profeta.
Pero al mismo tiempo es totalmente distinto de un profeta. De un profeta se esperaba
que, por una sentencia introductoria, dijera de quién procedia su mensaje: "Asi dice
Jahvé". Jesús habla por cuenta propia, con plena autoridad: "En verdad os digo..." Es
todo un maestro (rabí). En efecto, Jesús discute con sus discípuíos, con otros maes-
tros, anda errante y enseña en las sinagogas. Pero su manera de instruir es totalmen-
te nueva: un rabi tenía obligación de alegar la Escritura o la autoridad de otros maes-
tros; en Jesús, Dios instruye inmediatamente. Incluso la Escritura es completada por
El y, en realidad, corregida: "...Habéis oído que se dijo..." "Yo os digo".
108. Jesús, un profeta que vivió como el pueblo Los evangelistas nos refieren que los
fariseos acusaban a Jesús de hablar como un profeta, pero sin vivir como un profeta,
y comparaban su manera de vivir con la de Juan. Juan y sus discípulos ayunaban.
Mantenían de este modo la imagen tradicional de la existencia profética. Jesus vive
como el pueblo. Durante el ministerio de la predicación, fue la aristocracia civil y reli-
giosa la que más se escandalizó. Un profeta no podía ser un hombre como los demás.
Jesus no resulta digno de crédito. Más bien es peligroso: trastorna el orden definido,
desconcierta las ideas de los demás, rompe las reglas del juego religioso y social.
109. Un profeta "que come y bebe..." "¿A quién se parece esta generación? Se parece
a los niños sentados en la plaza que gritan a otros: Hemos tocado la flauta y no ha-
béis bailado, hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado. Porque vino Juan, que
ni comía ni bebía, y dicen: Tiene un demonio. Vino el Hijo del Hgmbre, que come y
bebe, y dicen: Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores"
(Mt 11, 16-19).
110. Un profeta pobre En su modo de vivir Jesús comparte la inseguridad de los po-
bres y esa otra inseguridad propia de quien anuncia el Reino de Dios: «Mientras iban
caminando, uno le dijo: Te seguiré a donde quiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras
tienen madrigueras y los pájaros nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde recli-
nar la cabeza» (Lc 9, 58).
111. El celibato de Jesús, opción mesiánica El celibato es un punto en que Jesús no si-
guió la orientación común de la vida de los hombres. No hubo en El una falta de apre-
cio del amor humano, ni tampoco una renuncia a valores humanos que estuvieran en
oposición a valores sobrenaturales. Cristo hizo una opción entre diversas posibilidades
mesiánicas: no escogió el camino del poder y del dominio, sino el de la debilidad y el
desvalimiento, la ruta silenciosa de una situación vital plenamente humana, que El vi-
vió a fondo en la significativa posibilidad del celibato. Tal proyecto de vida dejó sus
manos completamente libres para el desempeño de su misión: el anuncio incondicio-
nal del Reino de Dios.
112. El celibato de Jesús, signo del reino. Una experiencia que se repite Todo aquél
que, por la fuerza exclusiva del Reino de Dios, renuncia espontánea y desinteresada-
mente a todo, experimenta la fórmula "no necesario, pero sumamente conveniente",
como una pálida traducción de su experiencia personal. Para él, se trata realmente de
un "no poder ser existencialmente de otro modo". Quien vive la experiencia misma,
sabe que ese "deber" es mucho más fuerte que cualquier orden o cualquier ley. Es la
experiencia primitiva de un apóstol de Cristo, que -vuelto "loco" por haber encontrado
el "tesoro escondido" en el campo de su propia historia- queda ciego para la posibili-
dad, obJetivamente aún abierta, de una vida conyugal: "...y hay quienes se hacen eu-
nucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga" (Mt 19, 12).
113. Libertad insólita, personalidad excepcional, misión arraigada en la esperanza bí-
blica
En el contexto socio-religioso de su tiempo, Jesús se muestra como un hombre libre,
libre delante de Dios y para Dios; libre delante de los hombres y para los hombres.
Esta libertad es insólita, y los contemporáneos de Jesús lo reconocian en sus dudas al
tratar de definir su personalidad. Algunos veían en EL un "profeta"; otros sospechaban
que tenía relaciones con el príncipe de los demonios. Los evangelistas hablan de una
división de opiniones. Cada uno percibía más o menos conscientemente que esta li-
bertad no tenia fundamento en si misma: manifestaba una "realidad" cuyos contornos
nadie llegaba a fijar. Presentían una personaiidad excepcional, con origen en un lugar
inalcanzable.

B) PERSONALIDAD MESIANICA J/MESIAS

114. Jesús, Mesías, bajo la figura del Siervo Jesús actualiza la función mesiánica op-
tando, en su bautismo y en su desierto, por el servicio a Dios y a los hombres aun en
medio de la humillación, el dolor y la muerte. El es realmente el Siervo, anunciado por
el profeta Isaías: "Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.
Sobre él he puesto mi espiritu" (Is 42, 1). El es, como profetizó Juan Bautista, el Cor-
dero de Dios que lleva sobre sí el peso de nuestros pecados y dolencias (Jn 1, 29; Is
53, 4 ss.), y al propio tiempo, aquél sobre quien desciende el Espíritu para comunicar-
lo al mundo (Jn 1, 33). Jesús es el Mesias bajo la figura del Siervo: "El, a pesar de su
condición divina, no se aferró a su categoria de Dios; al contrario, se despojó de su
rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando
como un hombre cualquiera, se rebajó obedeciendo hasta la muerte, y una muerte de
cruz» (Flp 2, 6-8).
115. Jesús, Mesías, manifestado como Señor Jesús cumple su misión confiando en
que el Padre no le dejará en la estacada de la humillación, del dolor y de la muerte.
En Jesús toma cuerpo como en ningún otro la esperanza de Oseas: "Dentro de dos
dias nos dará la vida, y al tercer día nos levantará" (6, 2). Efectivamente, tras un bre-
ve tiempo, el Siervo Jesús es glorificado: "Dios lo levantó sobre todo y le concedió el
Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en
el Cielo, en la Tierra, en el Abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!,
para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 9-11). Por su resurrección, el Mesías se manifiesta
como Señor, esto es, como Dio.

116. El Hijo del Hombre, título mesiánico preferido por Jesús El título hebreo de Me-
sías (en griego, Cristo; su significado: Ungido) alude al rey tanto tiempo esperado,
que reemplazaría el dominio extranjero por la soberanía de Dios. Era un titulo peligro-
so, pues iba ligado con estrechas expectaciones nacionalistas. Para indicar su mesiani-
dad, Jesús mismo escogió una palabra que en las ideas de las gentes tenía menos que
ver con la dominación terrena: el Hijo del Hombre. En los Evangelios este título apare-
ce siempre en la boca de Jesús. Su reino no era de este mundo (Jn 18, 36).
117. El Hijo del Hombre: Siervo y Señor, Hombre y Dios "Hijo del Hombre" es una ex-
presión muy rica, pues a la par que la grandeza de Jesús, indica también la humildad
insólita de su mesianidad. En virtud de la sugerente fuerza significativa de la expre-
sión, aparece claramente la solidaridad de Jesús con el destino humano, así como su
condición divina. Procede de la profecía de Daniel (Dn 7). A un pueblo creyente, per-
seguido a muerte por poderes que son descritos como bestias, se le anuncia una es-
peranza, un salvador "como un Hijo de Hombre que viene sobre las nubes del cielo", a
quien se le da un reino que no será destruido jamás.
118. El Hijo del Hombre: de Siervo a Señor. ¡Un procesado... "sobre las nubes del cie-
lo"!
Tras la confesión de Pedro en Cesárea de Filipo: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios
vivo", Jesús toma dos precauciones para no ser mal interpretado. La primera es que
no se lo digan a nadie. La segunda es comenzar a decirles que «el Hijo del Hombre
tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdo-
tes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres dias» (Mc 8, 31). Jesús anuncia,
pues, su doble misión de Siervo, primero, y de Señor, después. El resucitará: «desde
ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y
que viene sobre las nubes del cielo» ( Mt 26, 64). A Caifás no se le escapa el significa-
do mesiánico y divino de esta confesión: «Entonces el sumo sacerdote rasgó sus ves-
tiduras diciendo: Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de
oir la blasfemia. ¿Qué decidís?, y ellos contestaron: Es reo de muerte» (Mt 26, 65-
66).
119..| La clave profunda de la personalidad» de Jesús: Hijo de Dios Jesús no blasfe-
mó: ¡Es el Hijo de Dios! Lo es desde siempre. Ningún título expresa mejor el misterio
de su persona. Ahí radica la clave profunda de su «personalidad». Cristo asume su
función mesiánica bajo la forma del Siervo, porque tiene conciencia de sí mismo como
lo que es, HIJO DEL PADRE, y consiquientemente confia en El: «El Señor me abrió el
oido; yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las
mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes. Por eso endurecí el rostro como pe-
dernal, sabiendo que no quedaría defraudado» (Is 50, 5-7).
120. Confianza incondicional en el Padre: actitud básica, actitud filial
En efecto, la actitud básica de Cristo, que fundamenta todas las demás, es su confian-
za incondicional en el Padre. Jesús vive en profunda comunión con El (Mt 11, 25-27).
Jesús es "el Hijo" (Mt 24, 36; 21, 33 ss.). Su actitud filial le lleva a una profunda obe-
diencia a la voluntad de Dios (Hb 5, 7 ss.; 10, 5-7), voluntad que aparece configurada
en un plan de salvación y que se manifiesta en acontecimientos de la propia historia.
121. Confiar en el Padre: Clave del Evangelio de Jesús Esta confianza en el Padre
constituye el fondo del Sermón de la Montaña y es, por tanto, el verdadero corazón
del Evangelio (Mt 6, 25 ss.). En la oración cristiana nos dirigimos a Dios confiadamen-
te como Padre (Mt 6, 9 ss.). Confiar en el Padre es una de las claves del Evangelio de
Jesús. Buscar el Reino de Dios y el cumplimiento de su voluntad en nosotros viene a
ser lo verdaderamente importante (Mt 6, 33). Este es el sacrificio de la Nueva Alianza
(Hb 10, 5-7).
122. "El Padre y Yo somos una sola cosa» (Jn 10, 30). Jesús es el Hijo de Dios HIJO-
DE-DIOS
En el Antiguo Testamento, hijo de Dios era un título usado frecuentemente para ex-
presar una relación especial del hombre con Dios. Pero en Jesús esta denominación
recibió una grandeza inesperada y una significación única: es "el Hijo" (Mc 13, 32; Mt
24, 36; 21 33 ss.), igual al Padre: "los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales co-
sas en sábado. Les respondió Jesús: Mi Padre sigue actuando y yo también actúo. Por
eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino
también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios" (Jn 5, 16-18). Según
San Juan, todo el Evangelio se ordena a esto: "que creáis que Jesús es el Mesías, el
Hijo de Dios" (Jn 20, 31).
123. Hijo de Dios: con significación única a partir de la resurrección de Jesús. Fe de la
Iglesia
Antes de la resurrección de Jesús, el misterio insondable del Hijo único de Dios, se
mantenía en penumbra, y, en alguna ocasión, en claroscuro (piénsese en el significati-
vo episodio de la transfiguración). A la luz de la resurrección la Iglesia de todos los
tiempos proclama la confesión de fe del Concilio de Nicea heredero de los anteriores
símbolos incipientes y de las fórmulas de fe del Nuevo Testamento: "Creo en Dios Pa-
dre..., y en Jesucristo, su único Hijo, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios
de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; de la
misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho.» Tanto el Nuevo Testamen-
to como la constante fe de la Iglesia nos presenta el misterio de Jesucristo, no simple-
mente como el de un hombre en el que Dios está presente, sino como el de un hom-
bre que es idénticamente la persona divina del Hijo de Dios.
124. Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios en persona El Nuevo Testamento presenta a
Jesús como verdaderamente Dios y verdaderamente hombre: de un mismo y único
sujeto se dicen cosas propias de Dios y cosas propias de un hombre. De Jesús, el Hijo
de Dios, las confesiones de fe de la Iglesia proclaman que uno y el mismo sujeto es
"verdadero Dios" y «verdadero hombre», nacido de Dios en lo que tiene de Dios y na-
cido de María en lo que tiene de hombre. Sin duda, Jesús ama a Dios. Pero su unión
con Dios no radica sólo en ese amor. Tampoco consiste únicamente en que Dios ame
a Jesús y con su Espíritu llene y conduzca su vida como no lo ha hecho con la de nin-
gún otro hombre. El "hombre" Jesús de Nazaret no es otro sujeto junto al Hijo de
Dios, a la Palabra de Dios, al Señor. Se identifica con El, en el sentido de que es un
"mismo sujeto" con El: el Hijo de Dios nacido como hombre de María, muerto y resuci-
tado por nosotros. Desde tal identificación previa, Jesús ama filialmente a Dios Padre
y se relaciona con El con una libertad e inmediatez como ningún otro hombre lo ha
hecho.
125. EI Hijo de Dios, implicado realmente en la historia de los hombres
El lenguaje con el que la Iglesia expresa su fe en Jesucristo, no es el fruto de una pura
y simple especulación teológica que nada o muy poco tuviera que ver con el pensa-
miento bíblico. Cuando la Iglesia confiesa que Jesús de Nazaret es un único sujeto,
una única persona, el Hijo eterno de Dios, en quien culmina la unión de Dios y del
hombre, quiere ser fiel a la Revelación y a la fe cristiana: Dios mismo, por medio de
Aquél que es su Hijo único y su Palabra (y no a través de otro, una pura y simple cria-
tura) ha entrado y se ha implicado realmente en la historia de los hombres, se ha
comprometido de veras con ellos y con la creación entera, sale a nuestro encuentro y
nos ofrece la salvación.
126. «Dios envió a su Hijo, nacido de muier» La Iglesia reconoce a María como Madre
de Dios justamente porque su Hijo Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, «de la
misma naturaleza que el Padre».
127. La Encarnación: "La Palabra de Dios se hizo carne" La tradición de la Iglesia lla-
ma encarnación a la unión de Dios y el hombre en un único sujeto o persona: el Hijo
de Dios, Jesús de Nazaret. El prólogo del Evangelio de San Juan proclama: «La Pala-
bra (de Dios) se hizo carne" (Jn 1, 14) en Jesús, cuya historia narra el autor en el
cuerpo de su obra. Con ello no quiere decir el evangelista que el Dios eterno vino a
ser algo así como el alma del cuerpo de Jesús. «Carne» en oposición a «espíritu», sig-
nifica, en el lenguaje de la Biblia, el hombre entero en cuanto débil y mortal. El autor
del cuarto Evangelio afirma, pues, que quien era desde siempre la Palabra de Dios, la
Vida y la Luz eterna, vino a ser en Jesús de Nazaret hombre débil y mortal. Ante el
hecho de la encarnación se realiza un profundo discernimiento de los espíritus: «Po-
dréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espiritu que confiesa a Jesucristo, veni-
do en carne, es de Dios» (1 Jn 4, 2).
128. Jesús, ni semidiós ni semihombre, sino plenamente Dios y plenamente hombre
Uno y el mismo Hijo de Dios es en Jesús de Nazaret "verdadero Dios" y a la vez "ver-
dadero hombre". Podemos, pues, confesar tanto que el Hijo eterno de Dios es este
hombre nacido de María como que Jesús de Nazaret es el Hijo eterno de Dios. Pero no
por ello sostiene la fe cristiana que Cristo sea algo así como un ser intermedio entre
dios y hombre o como el resultado de una fusión entre Dios y el "hombre" Jesús o que
Dios ejerza en El la misma función que nuestra alma ejerce en nuestro cuerpo. Des-
pués de la encarnación, Dios sigue siendo Dios, y el hombre, hombre, por más que
este hombre, lleno del Espíritu de Dios, viva completamente entregado a su impuiso
soberano. Uno y el mismo Cristo, Hijo único de Dios y Señor, es Dios y hombre, "sin
confusión, sin cambio, sin división, sin separación" entre su realidad divina y su reali-
dad humana. Las características de cada una de estas realidades no han quedado
anuladas, sino más bien conservadas por la unión de lo divino y humano en la única
persona del Hijo de Dio. Esta es la fe del Concilio de Calcedonia (DS 302).
129. El Hijo de Dios es realmente hombre Nada de lo humano le falta a Jesús; antes
bien, su realidad de Hijo de Dios salvaguarda y lleva a plenitud su misma realidad hu-
mana. Aquí el hombre es verdadera, original y propiamente "Imagen del Dios invisi-
ble" (Col 1, 15). ........................................................................

PISTAS PARA LA REUNION

TEMA 17. ¿QUIEN ES JESUS DE NAZARET?


1) ¿Quién es realmente Jesús? ¿Qué dice la gente? Y vosotros, ¿quién decís que es Je-
sús? Comentar en grupo Mt 16, 13.15.
2) En la acción y misión de Jesús aparecen, tras los hechos y su comportamiento,
unas actitudes. He aquí las más importantes:
- en medio del mundo sin ser del mundo. Admirado y discutido (Jn 15, 18 ss.; 6, 15);
- integración del culto en la vida: un culto en espíritu y verdad (Jn 4, 23; Mt 5, 23-
25); - la ley en función del prójimo: el sábado hecho para el hombre (Mt 12, i-14; Lc
13; 10-17); - búsqueda del servicio, no del éxito: más allá del placer, del dinero, de la
fuerza (Mt. 4,
1-11). - la misión, por encima de le familia (Lc 2, 42-50); - imprecaciones contra la
«gente bien» (Lc 11, 39 ss.; Mt 23); - acogida evangélica a la "gente mal" (Lc 7, 36-
50); - sin miedo al poder, obra según su misión (Lc 13, 31-33); - profeta y maestro
con autoridad propia (Mc 1, 22); - un profeta que vive como el pueblo (Mt 11, 16-13);
- pobre: no tiene donde reclinar su cabeza (Lc 9, 58); - célibe por el reino de Dios (Mt
19, 12); - actitud básica, actitud filial. Confianza incondicional en el Padre.
Obediencia al Padre, su alimento (Jn 4, 34); y su ofrenda (Hb 10, 5-7).
Cuáles nos parecen más significativas?, ¿cuáles más necesarias?
3) Comentar los nn. 114-129; profundizar en la personalidad mesiánica de Jesús:
Siervo, Señor, Hijo del Hombre, Hijo de Dios.
4) Jesús aparece entre nosotros bajo la figura del Siervo, pero es constituido Señor
por su resurrección. Comentar en grupo Flp 2, 6-11.
5) ¿Cómo hemos llegado (si es así) a confesar a Jesús de Nazaret como Hijo de Dios?
6) "Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre" (Mt 11, 27): ¿qué supone este hecho en el
proceso de evagelización? ........................................................................

TEMA 17-1

OBJETIVO: DESCUBRIR QUIEN ES JESUS A TRAVES DE SUS ACTITUDES MAS IMPOR-


TANTES PUNTOS CLAVE Actitud de Jesús ante: * La ley y el culto. * La familia. * La
"gente bien". * La "gente mal". * Los amigos. * La mujer. * Los niños. * El poder y el
dinero. * La Biblia...
PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas...
* Presentación del tema 17. - Lectura nn. 89-112. - Cuchicheo: ¿Qué actitudes te pa-
recen más significativas? - Puesta en común. * Lectura Mt 16, 13-20. Comentario bre-
ve. Oración. Canción. ........................................................................

TEMA 17-2
OBJETIVO: DESCUBRIR LA PERSONALIDAD MESIANICA DE JESUS CONSECUENTE
CON SUS ACTITUDES
PUNTOS CLAVE * Mesías. * Siervo. * Señor. * Hijo del hombre. * Hijo de Dios.

PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación


del tema 17. - Lectura nn. 114-129. - Cuchicheo: Lo más importante para ti. - Puesta
en común. Diálogo. * Lectura Mt 11, 25-27. Silencio. Oración. Canto.
 
CATECUMENADO 18 MP/QUE-ES

MISTERIO PASCUAL DE JESÚS


OBJETIVO CATEQUETICO * Descubir el misterio pascual de Jesús (paso de la humilla-
ción y de la muerte a la glorificación y la vida) en la existencia diaria del creyente.
130. El proceso de Jesús en el orden religioso. Condenado como un bliasfemo "Los su-
mos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para
condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que
comparecían. Finalmente, comparecieron dos que dijeron: Este ha dicho. Puedo des-
truir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días. El sumo sacerdote se puso en pie y
le dijo: ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?
Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por Dios vivo a que nos di-
gas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le respondió: Tú lo has dicho. Más aún,
yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del
Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote ras-
gó sus vestiduras diciendo: Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
Acabáis de oir la blasfemia. ¿Qué decidís? Y ellos contestaron: Es reo de muerte" (Mt
26, 59-66).
131. El proceso de Jesús en la esfera civil. Motivaciones de interés político Los judíos
no podían ejecutar a nadie (Jn 18, 31), pues los romanos se habían reservado el dere-
cho de vida y muerte. Por ello, Jesús fue conducido al pretorio, para que la autoridad
romana pusiera fin al proceso. El gobernador Poncio Pilato reconoció en Jesús un
hombre justo (Jn 18, 38; Lc 23, 22), pero pesaron decisivamente sobre él motivacio-
nes de orden político: a) El fuero judio: "Los judíos le contestaron: Nosotros tenemos
una Ley y según esa Ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios" (Jn 19,
7). b) La amistad del César: "Los judíos gritaban: Si sueltas a ése, no eres amigo del
César. Todo el que se declara rey está contra el César" (Jn 19, 12).
132. Causa oficial de la condena: delincuente político J/MU/CAUSAS:
"Entonces se lo entregó para que lo crucificaran" (Jn 19, 16). El Salmo 21 alcanza
cumplimiento pleno: "Me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos" (v.
17-18). «Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: Este es Jesús, el
Rey de los judíos. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la iz-
quierda» (Mt 27, 37-38). La corrupción del orden religioso y del orden civil dio como
resultado conjunto la ejecución de Jesús. Como un malhechor entre dos malhechores.
Causa oficial de la condena: delincuente politico.
133. Bautismo de muerte y pecado del mundo. "Me han odiado sin motivo" Jesús
acepta las últimas consecuencias de su bautismo. Son el cáliz que tiene que beber.
Son las aguas en las que debe ser sumergido (Mc 10, 38-39; Lc 12, 50): "Me estoy
hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del
agua, me arrastra la corriente" (Sal 68, 3). O también: "La afrenta me destroza el co-
razón y desfallezco. Espero compasión y no la hay" (Sal 68, 21). Todo el odio de un
mundo pecador se ceba sobre Jesús; se percibe en el inocente un enemigo que debe
morir. Así se cumple lo que está escrito en la Ley: Me han odiado sin motivo (Jn 15,
25).
134. El cumplimiento de un salmo: "Repártense entre sí mis vestiduras y se sortean
mi túnica" (Sal 21, 19) "Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa,
haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica
sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: No la rasguemos,
sino echemos a suerte y ver a quien le toca. Así se cumplió la Escritura: "Se repartie-
ron mis ropas y echaron a suerte mi túnica" (Jn 19, 23-24; cf. Mt 27, 35; Mc 15, 24;
Lc 23, 34).
135. «Al verme se burlan de mí» "Los que pasaban, Lo injuriaban y decían meneando
la cabeza: "Tú, que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mis-
mo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz". Los sumos sacerdotes, con los escribas y
los ancianos, se burlaban también diciendo: A otros ha salvado y él no se puede sal-
var. ¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confia-
do en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libere ahora. ¿No decía que era Hijo de
Dios? Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insuítaban" (Mt 27, 39-44;
cf. Mc 15, 29-32; Lc 23, 35-37). También así se cumplió el salmo 21: "Pero yo soy un
gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo; al verme se bur-
lan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: "Acudió al Señor que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere" (Sal 21, 7-9).
136. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» "Desde el mediodía hasta
la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:
"¡Eli Eli! ¿lamá sabaktaní?" (Es decir: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abando-
nado?» (Mt 27, 45-46; cf Mc 15, 33-34). Este no es un grito de desesperación, sino el
comienzo del Salmo 21 (v. 2). Es la oración angustiosa del justo perseguido a muerte,
pero oración también esperanzada: "En ti confiaban nuestros padres; confiaban, y no
los defraudaste... Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayu-
darme" (Sal 21, 5-6.20). Es la proclamación abierta y potente de que todo lo que está
sucediendo a su alrededor supone el cumplimiento de la Palabra de Dios.
137. "Tengo sed" "Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su tér-
mino, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. Había allí un jarro lleno de
vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la
acercaron a la boca" (Jn 19, 28-29; cf. Mt 27, 48; Mc 15, 36; Lc 23, 36). La identifica-
ción del Salmo 21 resulta sencilla: «Mi paladar está seco lo mismo que una teja y mi
lengua pegada a mi garganta" (v. 16).
138. Muerte de Jesús. No podía ya bajar más abajo "Jesús, cuando tomó el vinagre,
dijo: Está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó e espíritu" (Jn 19, 30). San Lucas
añade que murió dando un fuerte grito y diciendo: "Padre, a tus manos encomiendo
mi espiritu" (Lc 23, 46; cf. Sal 30, 6). Con este gesto supremo Jesús desciende a lo
más profundo, donde puede caer un hombre, al reino de la muerte. Jesús muere real-
mente. Esto es lo que dice especialmente el Símbolo Apostólico con esta expresión
cuyo significado no siempre se entiende bien: "Descendió a los infiernos". Jesús no
podia ya bajar más abajo. La muerte del hombre en general no es nunca un aconteci-
miento puramente biológico. La muerte, después del pecado, constituye la más pro-
funda de todas las humillaciones: la muerte es la señal de una Humanidad no rescata-
da, de una Humanidad abandonada a su propia suerte, de una Humanidad pecadora
(Rm 5, 12). En virtud de la muerte de Cristo, el morir, con toda su humillación, puede
transformarse en cumplimiento de fe en Dios y confianza en El y por tanto convertirse
en cauce de salvación.
139. Resurrección de Jesús: No era posible que Jesús se quedara en la muerte
Lo que pasó después es proclamado por Pedro el dia de Pentecostés como el centro de
anuncio cristiano: "Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre
que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodi-
gios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entrega-
ron, y vosotros, por mano de gentiles, lo matásteis en una cruz. Pero Dios le resucitó
rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo
su dominio... Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos. Ahora exal-
tado por la diestra de Dios ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometi-
do, y lo ha derramado. Esto es lo que vais viendo y oyendo (Hch 2, 22-24.32-33).

140. Resurrección, Ascensión, Pentecostés: Tres aspectos de un solo misterio: la glo-


rificación de Jesús El misterio de la Resurrección de Jesús (su vistoria sobre la muer-
te) es inseparable del misterio de su Ascensión (su exaltación a la derecha de Dios) y
está íntimamente unido al misterio de Pentecostés (la acción del Espiritu que da testi-
monio a favor de El), Son éstos tres aspectos de un único misterio: la glorificación de
Jesús, En la liturgia las tres fiestas correspondientes son celebradas en el contexto
unitario del tiempo pascual.
141. Ascensión: quien descendió a lo más bajo, fue levantado a lo más alto "Ellos lo
rodearon preguntándole: Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?
Jesús contestó: No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre
ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros,
recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén y en toda Judea, en Samaria y
hasta los confines del mundo. Dicho esto lo vieron levantarse hasta que una nube se
lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron
dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados
mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le
habéis visto marcharse" (Hch 1, 6-11).
142. Ascensión: Cristo, presente en nuestro mundo ASC/PRESENCIA-J: Jesús pasa de
este mundo al Padre (Jn 13, 1). Se va «sobre las nubes al cielo" (la "nube" es un sím-
bolo biblico que indica la presencia de Dios). Quien había descendido a lo más bajo,
fue levantado a lo más alto: sentado a la derecha del Padre (Mc 14, 62). Con ello, Je-
sús no abandona nuestro mundo, sino que de un modo nuevo se hace presente en él:
"Me voy y vuelvo a vuestro lado" (Jn 14, 28). Así lo proclama la liturgia en el prefacio
de la Ascensión: «Porque Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de
la muerte, ha ascendido (hoy), ante el asombro de los ángeles a lo más alto del cielo,
como mediador entre Dios y los hombres, como juez de vivos y muertos. No se ha ido
para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza
nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperan-
za de seguirlo en su Reino". En su ascensión, Jesús no marcha a un lugar lejano, sino
que participa en alguna manera del modo de presencia según el cual Dios está en me-
dio del mundo. El Reino de Dios se realiza sobre nuestro mundo concreto, el mundo
en que vivimos.
143. El misterio pascual: un movimiento de descenso y de subida Jesús pudo arrostrar
su propia muerte y esperar con segura confianza que en ella había de triunfar su Pa-
dre. De ello dan testimonio sus palabras ante el sanedrin (Mc 14, 62), o las tres so-
lemnes predicciones de su misterio pascual, tal como nos la relatan los sinópticos (Mc
8, 31; 9, 31; 10, 33-34 y par.). Jesús nos describe su destino con un ritmo a tres
tiempos: el Hijo del hombre es desechado por el pueblo y entregado a los gentiles;
luego es atormentado, humillado, inmolado; y al tercer día resucita. El anuncio de la
resurrección al término de la pasión no tiene por única finalidad iluminar el cuadro con
una ráfaga de luz. A los ojos de Jesús la resurrección forma parte de su misión junto
con la muerte; por eso está vinculada a su destino mesiánico y asi se lo explica a sus
discípulos: «Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discipulos que tenía que ir
a Jerusalén y padecer alli mucho por parte de los sumos sacerdotes y de los ancianos,
y que tenia que ser ejecutado y resucitar al tercer día» (Mt 16, 21).
144. El tercer día: una esperanza cierta, como la aurora A pesar de todos sus esfuer-
zos, los hombres no pueden suprimir el sufrimiento, ni tampoco pueden vencer la
muerte. Ante esta experiencia desconcertante, Jesús confía en Dios, tiene la seguridad
de que el Padre le librará: «Yahvé da muerte y vida, hace bajar al seol y retornar» (1
S 2, 6). Dios saca de la muerte la vida. Esta es la confianza del pueblo creyente, que
aparece de diversos modos en el Antiguo Testamento (Cf. Ez 37; Jon 2, 1 ss; Jb 19,
25-26; Dn 12, 2; 2 M 7; 12, 43-46) y que subyace en este texto del profeta Oseas:
«En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de El. Esforcé-
monos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge
como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que em-
papa la tierra» (Os 6, 2-3). Para Oseas, sin embargo, los crímenes de Israel hacen
presuntuosa y vana esta confianza: el pueblo carece del verdadero conocimiento de
Dios; su amor es efímero y falso. Dios les dejará de su mano (Cf. Os 6, 4.6; 5, 15).
En Jesús cuyo alimento es hacer la voluntad del Padre, la confianza no será vana, sino
que se cumplirá totalmente: al tercer día resucitará (Mt 16, 21; 17, 23; 20, 9). Para
quien vaya en pos del conocimiento de Dios, siguiendo a Jesús, Dios le prepara un
"tercer día" más allá del dolor y de la muerte. Tras un breve tiempo, es liberado todo
aquél que cumple la voluntad de Dios. Esta esperanza es tan cierta como la salida del
sol.
145. El cumplimiento más profundo de lo que estaba escrito SALMOS/RS:Varios sal-
mos (15, 21, 29, 30, 34, 39, 40, 48, 54, 68, 101, 108, 117) refieren sufrimientos si-
milares a los de Cristo y una liberación providencial que prefigura su resurrección.
Ahora bien, como el Antiguo Testamento no llegó a percibir sino tardíamente la super-
vivencia del hombre tras la frontera de la muerte, esta plenitud de vida no pudo ser
expresada perfectamente. Palpita en los salmos una intuición que no pueden reprodu-
cir enteramente, y se queda a mitad de camino. Esta profundísima tendencia irradia
por doquier. Esta intuición no se manifestó claramente hasta la plenitud de la revela-
ción. Jesús cumplió en sí los salmos de liberación, lo mismo que cumplió las profecías
sobre el reino de Dios; en la medida en que realizó el sentido más profundo de lo que
estaba escrito. La liberación en el umbral de la muerte se convierte, por obra suya, en
liberación más allá del umbral de la muerte. Así se cumplieron en El los salmos, alcan-
zando su consumación el sentido último al que se orientaban.
147. Sobre el fondo del éxodo: una brecha abierta por Dios más allá de la muerte El
misterio pascual de Jesús se desenvuelve sobre el fondo del éxodo. En el contexto de
la pascua judía, Jesús celebra su muerte como un paso, como un éxodo: "He deseado
enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os
digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios» (Lc 22,
15-16). Los cantos de liberación y acción de gracias (Salmos 112-117) que cierran la
celebración de la Pascua judía adquieren entonces una dimensión inenarrable de con-
fianza incondicional en Dios Padre, más allá de la propia muerte: "Empujaban y empu-
jaban para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación" (Sal 117, 13-14) 148. La victoria de Cristo sobre la muerte, una
victoria para todos Para los discípulos la muerte de Jesús fue un escándalo; podía ser
la prueba de que Cristo no era el "redentor" esperado: "nosotros esperábamos, dicen
los de Emaús, que él fuera el futuro liberador de Israel" (Lc 24, 21). Iluminados por la
acción del Espíritu y hechos testigos de la resurrección (Hch 1, 8; 2, 32), comprenden
que la pasión y la muerte de su maestro, lejos de frustrar el plan salvador de Dios, lo
realizan «según las Escrituras» (1 Co 15, 4). La muerte de Cristo, aparentemente una
derrota, era en realidad una victoria no sólo para El, sino para la humanidad y para el
mundo: «La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular. Es el
Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente» (Sal 117, 22-23; cf. Mt 21, 42;
Hch 2, 33).
149. Redimidos por la muerte de Jesús RESCATE/REDENCION
REDENCION/RESCATE:
Jesús nos ha rescatado mediante su muerte. La palabra hace recordar cómo Dios res-
cató a Israel de Egipto. En ambos casos la palabra "rescate" es una imagen: la reali-
dad expresada es que Dios salva. El gran misterio consiste en que el Reino de Dios se
ha difundido aún cuando los hombres dimos muerte a Jesús, el Inocente, "y una
muerte de cruz" (Flp 2, 8). En el mayor pecado brilló el mayor amor. Así hemos sido
redimidos por la muerte de Jesús, de forma que "donde tuvo origen la muerte, de allí
resurgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un arbol vencido" (Prefacio de
la cruz).
150. El juicio del mundo Por su muerte y resurrección, Jesús es vencedor del mundo,
de ese mundo que, como dice San Juan, no le ha conocido (Jn 1, 10) y le ha odiado
(Jn 15, 18). Jesús no es del mundo (Jn 8, 23; 17, 14), por eso le odia el mundo. Odio
loco que domina aparentemente el drama evangélico, odio que provoca finalmente la
condena a muerte de Jesús. Pero en este mismo momento se invierte la situación: en-
tonces tiene lugar el juicio del mundo y la caída de su príncipe (Jn 12, 31), porque Je-
sús, dejando este mundo, vuelve al Padre (Jn 16, 28), donde está sentado junto a El
(Jn 17, 5), y desde donde dirige la historia. Desde entonces el Espiritu hace la revisión
del proceso de Jesús, mostrando a sus discípulos que el pecado está de parte del
mundo, que la justicia está de parte de Jesús, y que el verdadero condenado, en ese
proceso, es el principe de este mundo (cf. Jn 16, 8-11; cf. Tema 20).
151. La nueva alianza, realizada en la sangre de Cristo El marco pascual de la última
cena (Mt 26, 2; Jn 11, 55 ss.; 12, 1; 13, 1) establece una relación intencionada entre
la muerte de Cristo y el sacrificio del cordero pascual. Jesús viene a ser nuestra pas-
cua (1 Co 5, 7; Jn 19, 36), el cordero inmolado (1 P 1, 19; Ap 5, 6), inaugura en su
sangre la nueva alianza (1 Co 11, 25), realiza la expiación de los pecados (Rm 3, 24
ss.), Ia reconciliación entre Dios y los hombres (2 Co 5, 19 ss.; Col 2, 14). La sangre
de Jesús (su muerte) es derramada en favor nuestro. Así lo dice Jesús en la cena de
despedida (Mt 26, 28; cfr. Ex. 24, 8).
155. Fe inquebrantable ante el horror de la cruz: "Tú levantas mi cabeza"
La vida del creyente está señalada por la cruz, necedad para unos, escándalo para
otros (1 Co 1, 23). "En el país donde crece el peor de los árboles, la cruz, no hay nada
digno de alabanza", decia un pensador no cristiano. El creyente, sin embargo, acepta
la cruz de Cristo, no en cuanto la cruz sea un lugar de dolor, sino porque en ella se
manifiesta la fuerza de Dios (1 Co 1, 18): Llevamos siempre en nuestros cuerpos el
morir de Jesús, dice Pablo, pues así también la vida de Jesús se manifiesta en nuestra
carne (2 Co 4, 10). En el misterio pascual de cada día experimentamos hasta qué
punto es realidad operante esta fe inquebrantable en el Padre: «Tú levantas mi cabe-
za» (Sal 3, 4). ........................................................................

PISTAS PARA LAS REUNIONES

TEMA 18. MISTERIO PASCUAL DE JESUS


1) ¿Por qué mataron a Jesús?
2) Comentar en grupo Za 9, 9-10: Jesús entra en Jerusalén en un asnillo, humilde y
pacífico, sin caballos de Jerusalén, sin carros de Efraím, sin arco de combate. Qué sig-
nifica esto para nosotros hoy?
3) Jesús purifica el templo: ¿es preciso purificar hoy el templo de Dios?, ¿son los tem-
plos de hoy como una higuera estéril? Comentar en grupo Mc 11, 12-19.
4) Ultimos días de Jesús: profundizar en los temas fundamentales de esos días. Co-
mentar en grupo Mc 11, 20-33; 12; 13.
5) Comentar los nn. 130-133 sobre el proceso de Jesús.
6) El proceso de Jesús como cumplimiento del salmo 21: comentar los nn. 134-137.
7) La cruz de Jesús ¿sentido o sin sentido?
8) La cruz, locura para los sabios, escándalo para los piadosos, perturbación para los
poderosos, ¿cómo aparece en nuestra experiencia actual?
9) CZ/SIGNO: "La cruz ni se ama ni se puede amar. Y sin embargo, sólo el Crucificado
es el que realiza aquella libertad que cambia al mundo, porque ya no teme la muerte.
El Crucificado fue para su tiempo escándalo y necedad. También hoy resulta desfasa-
do ponerlo en el centro de la fe cristiana y de la teología. Con todo... para toda teolo-
gía y toda iglesia que se precien de ser cristianas, existe un criterio interno que sobre-
pasa con mucho la crítica política, ideológica y psicológica que vienen de fuera: el mis-
mo Crucificado... A las iglesias, los creyentes y las teologías hay que cogerlos por su
palabra. Y esta no es otra que "la palabra de la cruz". Es el criterio de su verdad y,
consiguientemente, la crítica de su hipocresía. La crisis de la iglesia en la sociedad ac-
tual no es sólo resultante de su acomodación o de su caída en el gheto, sino una crisis
de su propia existencia como Iglesia del Cristo crucificado... El que una cristiandad se
aliene, divida y se convierta en cómplice de la opresión en medio de una sociedad ella
misma alienada, dividida y opresora, el que eso llegue a ser una realidad se decide en
último término en si el Crucificado se le convierte en un extraño o, por el contrario, es
el Señor que detennina su existencia" (·MOLTMANN-J., El dios crucificado, Ed. Sigue-
me, Salamanca, 1975, 9 ss.). Comentar en grupo este texto de J. Moltmann, teologo
de la Iglesia evangélica alemana.
10) Resurrección, Ascensión, Pentecostés: tres aspectos de un solo misterio, la Glorifi-
cación de Jesús. Comentar los nn. 139-144 del presente tema.
11) Comentar alguno de estos textos (¿es esto asi?, ¿qué supone para ti?):
- «Cruz no es el sufrimiento vinculado a la existencia natural; sino a hecho de ser cris-
tiano»; - "Jesús murió por haber sido testigo de un Dios que no fue entonces recono-
cido por nadie, y por haber dado inflexiblemente este testimonio hasta el final, para li-
berar a los hombres de una falsa idea de Dios. A un dios que juzga, en el último día, a
vivos y muertos, en nombre de la Ley, opone un Dios que da y perdona. Al dios del
teísmo romano, que se identifica con la omnipotencia imperial, opone un Dios que su-
fre el suplicio infamante de los esclavos en el banco de la tortura. La cruz en que mu-
rió Jesús de Nazaret es, asi, el símbolo de la vida cristiana en su plenitud. Pero identi-
ficarse con Jesús en la Cruz no significa que el sufrimiento sea un lugar privilegiado de
la Revelación. Identificarse con Jesús en la Cruz es, ante todo, identificarse con la ac-
ción que le ha conducido a la Cruz». - CZ/HOY:"En el primer mundo, Jesucristo lo es
casi todo, menos el Crucificado. Puede ser "el Rey" (que hasta tiene guerrilleros y
todo, según qué países); puede ser "el Hombre" (que quizá condensa la proyección de
todas nuestras humanidades frustradas); puede ser el argumento de una libertad que
aún no está claro que no sea la libertad para producir paro, miseria y tercer mundo;
puede ser el "Dios a disposición propia" (un poco en plan de "make it yourself" de las
revistas americanas) a cuyos representantes y embajadores ya no se les viste con "el
destino del Maestro" (cf. Mt 10, 24 ss.; Jn 15, 20), sino de los capisayos del honor
mundano y los uniformes del protocolo diplomático... La cruz, por su parte, pasa a ser
un amuleto o un objeto decorativo, y todos contentos. En el mundo desarrollado, Je-
sús puede ser todas esas y otras muchas cosas más. Y algunas hasta será preciso que
las sea, en una Iglesia que, siendo de la Escatología, está sin embargo en la historia.
Pero lo curioso es que Jesús parece que puede serlo todo menos precisamente El Cru-
cificado. Como si su cruz perteneciese al pasado como un episodio definitivamente
cancelado. Y como si su Resurrección, en vez de iluminar su cruz, sirviera más bien
para eliminarla". ........................................................................

TEMA 18
OBJETIVO: DESCUBRIR LA CAUSA POR LA QUE FUE PROCESADO JESUS
PUNTOS CLAVE * Ocupación (pacífica) del templo (Mc 11, 1-11).
* Purificación del templo, expulsión de los vendedores (11, 15-19). * ¿Con qué autori-
dad...? (27-33). * Los viñadores homicidas (12, 1-12). * ¿Tributo al César? (12, 13-
17). * Resurrección de los muertos (18-27). * El mandamiento principal (28-34). * La
cuestión del Mesias (35-37). * Los escribas, denunciados (38-40). * Generosidad de
los pobres (41-44).
PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas...
* Oración inicial. Salmo 21 compartido. Canto.
* Lectura de los capítulos 11 y 12 del Evangelio de Marcos. Silencio.
Comentario: ¿Por qué mataron a Jesús? (ver nn. 130-132, tema 18). * Oración, sal-
mo, canto.
CATECUMENADO 19 A-D/D/PADRE

EL ROSTRO DE DIOS PADRE


OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir el verdadero rostro de Dios Padre, revelado por
Jesús. * Descubrir lo que implica vitalmente el creer en Dios Padre.

156. Jesús, el mejor intérprete del Padre. El misterio religioso del hombre Jesús ha
mostrado que el gran misterio religioso del hombre consiste en reconocer a Dios como
Padre en el corazón de la propia vida. ¿Qué significa esto? Dios es el gran misterio del
hombre, "a Dios nadie le ha visto jamás" -dice San Juan (1, 18)-. Y dice también: "EI
Hijo único que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer". En efecto,
Jesús es el gran revelador, el mejor intérprete del Padre. Cada acontecimiento de su
vida deja al descubierto el rostro de Dios. Sólo Jesús pudo revelarnos definitivamente
quién es realmente Dios y sólo El lo continúa haciendo: "Nadie conoce al Padre, sino el
Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11, 27). Se trata de un conoci-
miento vital y salvador.
157. Vivir como esclavos bajo el peso del temor. Experiencia profunda
Cuando Pablo habla a las primeras comunidades cristianas de haber vivido como es-
clavos bajo los elementos del mundo y les recuerda que no han recibido un espíritu de
esclavos para recaer en el temor (Ga 4, 3-6; Rm 8, 14-16), se refiere a una experien-
cia profunda que los destinatarios han vivido o están viviendo: el peso esclavizante de
un temor que no puede ser alejado. En este terreno, Pablo se mueve con seguridad.
Percibe el secreto mejor guardado de una existencia vivida de espaldas a Dios: ese
secreto radica en el temor, aunque éste permanezca enmascarado. A los romanos, a
las gálatas y a nosotros nos ayuda Pablo a reconocer en nuestra experiencia de escla-
vitud y de temor nuestra secreta situación de condena.
158. Nadie puede vivir a Dios como Padre si no vive la vida con confianza: como don
de Dios
En esa raíz de la propia existencia se manifiesta la originalidad y la fuerza propia de la
fe. Tendemos a conjugar la imagen que tenemos de Dios y la imagen que tenemos del
mundo y de la vida. Nuestra relación con Dios como Padre y nuestra confianza filial en
El, implica reconocer el mundo y la vida como don de Dios. La confianza en Dios es
fuente de la confianza "básica" para poder vivir. Es difícil vivir a Dios como Padre, si
no se vive la realidad entera como don de Dios. Con confianza. Más aún, esto condi-
ciona la configuración de la propia identidad, de forma que podría decirse: "Dime qué
imagen tienes de Dios (o de la vida) y te diré quién eres".
159. De espaldas a Dios, la vida humana se agosta CONFIANZA/TEMOR Los psicólogos
dicen que el sentimiento de identidad se desarrolla viviendo en confianza. Y se vive en
confianza cuando sentimos que alguien está con nosotros, nos acepta, nos ama. E in-
separablemente, cuando también somos nosotros todo esto para quienes nos rodean.
Sin embargo, una y otra vez surgen interrogantes que sitúan la vida humana en una
tensión abierta entre la confianza y el temor. El aburrimiento, el tedio y la angustia
nacen en nosotros de sentir el fondo de nuestra propia inconsistencia. La angustia co-
rroe todas las cosas del mundo y pone al descubierto todas las ilusiones. Sin embar-
go, la angustia nos ha servido a los hombres con mucha frecuencia, para ponernos
delante de Dios. De espaldas a Dios, la vida humana se agosta. Como dice el profeta
Jeremías: Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, manantial de aguas vivas,
para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen» (2, 13). Si el
hombre quiere alcanzar su salvación, habrá de renunciar a su autonomía idolátrica y
abrirse a la acción salvadora de Dios. Entonces, la vida será ante todo el fruto siempre
nuevo de un don que viene de Dios. En realidad, la fe nos libera de la ilusión, de creer
que podemos fundar nuestra existencia personal en virtud de nuestra propia decisión.
Tal ilusión viene a ser una pretensión idolátrica que destruye al hombre mismo.
160. Jesús, revelador definitivo del plan de Dios. Una historia de amor
Jesús, el revelador de Dios, funda su misión en las decisiones del Padre, que se le van
manifestando en el interior de los mismos acontecimientos: Mi alimento es hacer la
voluntad del Padre (Jn, 4, 34; Lc 22, 42; Jn 14, 10-31). Jesús invita a todos a abrirse
como niños al plan de Dios (Mc 10, 15), un plan preparado desde toda la eternidad y
manifestado progresivamente en la historia humana, un plan que le devuelve al hom-
bre la confianza de que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le
aman (Rm 8, 28).
161. El comienzo del plan de Dios: "El espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de
las aguas..." PLAN-DE-D/HT-A:
CREACION/A-D El plan de Dios es una historia de amor. Ya desde sus comienzos: la
creación es un gesto de amor por parte de Dios. Acoger el mensaje cristiano de la
creación es creer en el amor. Es poner el amor en el principio mismo del ser, es expli-
car el origen del mundo a partir de una generosidad misteriosa. Es concebir el mundo
como un don, considerar toda la realidad como dependiente de una benevolencia vigi-
lante. Utilizando una imagen expresiva, la del ave que aletea sobre el nido donde na-
cerán sus polluelos, el relato bíblico de la creación (/Gn/01/01 ss.) presenta la acción
de Dios amorosa y vigilante sobre la realidad llamada por El a la existencia.
162. Ante el pecado del hombre el amor de Dios se manifiesta como misericordia La
historia humana aparece desde sus orígenes como historia de pecado. Los primeros
capitulos del Génesis (2-11) describen abundantemente el impacto del pecado en me-
dio de un mundo que, en cuanto salido de las manos de Dios, era bueno (Gn 1,
4.10.12.18.21.25.31). El pecado domina de forma casi absoluta, es «señor del mun-
do»: entregados a la dureza de su propio corazón, los hombres caminan según sus
designios (Sal 80, 13). En este contexto Dios llama a Abraham a una experiencia de fe
y amistad y lo que hizo con él piensa hacerlo con todas las naciones de la tierra (Gn
12, 3). Ante el pecado del hombre, el amor de Dios aparece como misericordia: "Tenía
mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde y provocador" (/Rm/10/21;
/Is/65/02).
163. Dios actúa en la historia gratuitamente. «Me manifesté a quienes no pregunta-
ban por mí» El rostro de Dios Padre se manifiesta en la historia de Israel. Dios actúa
en ella. También en la historia humana. Siempre de forma gratuita. Es significativo
que Abraham fuera llamado por Dios cuando era incircunciso, cuando no era creyente.
Esto lo tiene muy presente Pablo (Rm 4, 9-12), pues Abraham es así figura de todos
los creyentes, llamados por Dios cuando éramos enemigos (Rm 5, 6-11; 2 Co 5, 18).
Así se cumple la palabra del profeta Isaías: "Fui hallado de quienes no me buscaban;
me manifesté a quienes no preguntaban por mí" (Is 65, 1; Rm 10, 20).
164. Como a la niña de sus ojos Israel ha experimentado especialmente la acción
amorosa de Dios. Yahvé se reveló como padre de Israel en el éxodo: «Lo encontró en
una tierra desierta, en una soledad pobiada de aullidos: lo rodeó cuidando de él, lo
guardó como a las niñas de sus ojos. Como el águila incita a su nidada revolando so-
bre los polluelos, asi extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas. El Señor
solo los condujo, no hubo dioses extraños con él" (Dt 32, 10-12).
165. Como quien alza a un niño contra su mejilla Toda la historia de Israel está presi-
dida por el amor de Dios. Oseas expresa gráficamente su inmensa ternura: "Cuando
Israel era joven le amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando le llamaba, él se aleja-
ba, sacrificaba a los Baales, ofrecía incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraim,
le alzaba en brazos, y él comprendía que yo le curaba. Con cuerdas humanas, con co-
rreas de amor le atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me
inclinaba y le daba de comer" (/Os/11/01-04).
166. «Yo no te olvidaré... En mis palmas te llevo tatuada» Isaías compara el amor de
Yahvé, que no olvida, al amor de una madre: «¿Puede una madre olvidarse de su
criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo
no te olvidaré. Mira, en mis palmas te llevo tatuada» (/Is/49/15-16).
167. Los ángeles son servidores de Dios en nuestro favor El amor de Dios y su pre-
sencia en la historia de los hombres se manifiesta también a través de enviados, men-
sajeros o ángeles. La Escritura habla a menudo de los ángeles. Ellos son cooperadores
de la bondad de Dios, espíritus inteligentes y libres, fuerzas poderosas del bien, que
nos asisten en nuestra peregrinación terrestre: «¿Qué son todos (los ángeles) sino es-
piritus en servicio activo, que se envían en ayuda de los que han de heredar la salva-
ción?" (Hb 1, 14). Cristo, por ser «el Principio», «el primero en todo" (Col 1, 18), es el
Señor de los Angeles: «tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime
es el nombre que ha heredado" (Hb 1, 4); Dios le otorgó (a Jesús) el Nombre que está
sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble (Flp 2, 9-11).
Cuanto se dice de los ángeles en la Escritura proclama el alegre mensaje de que Dios
se ocupa y preocupa de mil maneras de nosotros. Su existencia es una verdad de la
doctrina católica (cf. Pablo VI, CPD 8).
168. Jesucristo, máxima prueba de amor por parte de Dios La prueba suprema del
amor nos la da Dios en la persona de Jesucristo. Dios ha amado tanto este mundo pe-
cador que ha enviado a quien quiere, a su Hijo muy amado, aun sabiendo que sería
rechazado, sacrificado: «Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo
señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un
justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que
Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros"
(Rm 5, 6-8).
169. Confiar en Dios Padre, centro del mensaje de Jesús La revelación de Dios como
Padre está en el centro del mensaje de Jesucristo. El secreto de la vida humana con-
siste en llegar a confiar en Dios. Son los «pequeños», los que, humildes, creen y con-
fían, los que descubren su acción y su presencia (Mt 11, 25), los que acogen la llega-
da del Reino de Dios, los que piden el cumplimiento de la voluntad del Padre: «Padre
nuestro del cielo, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad en
la tierra como en el cielo» (Mt 6, 9-10).
170. Delante de Dios, tal como somos Jesús nos enseña que el hombre puede acudir
siempre al Padre, tal como es en lo profundo de su vida, con sus miserias y necesida-
des ordinarias: «Danos hoy el pan nuestro de cada día. Perdónanos nuestras ofensas,
pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido; no nos dejes caer en
tentación, sino líbranos del maligno» (Mt 6, 11-13). Quienes así se presentan delante
de Dios saben también qué cosa es la fundamental: «Sobre todo, buscad el Reino de
Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura» (Mt 6, 33).
171. El corazón de Dios Padre: entre el respeto a la libertad del hijo y la misericordia
El corazón de Dios Padre lo manifiesta Jesús de forma incomparable en la parábola del
hijo pródigo (/Lc/15/11-32), parábola que podría llamarse del padre misericordioso.
En realidad, la figura principal es el padre. En el contexto del Evangelio, Dios no apa-
rece como el padre que atranca la puerta para que los hijos no salgan de noche, sino
como luz que alumbra, como brújula que orienta al hombre en sus opciones, que no lo
abandona en el ejercicio arriesgado de la libertad, y que crea nuevas perspectivas de
liberación, rehaciendo los epílogos que parecían desastrosos.
172. Paternidad de Dios, crecimiento y maduración del hombre /Lc/15/11-32 La pa-
ternidad de Dios no es una paternidad opresora que reduce al hombre a la pasividad,
a una dependencia infantil, al mero sentimiento de culpabilidad, a la anulación de su
propia personalidad. Por el contrario, la paternidad de Dios vivida con los sentimientos
de Cristo y bajo la acción del Espiritu, ayuda al hombre a ser más responsable, más li-
bre, más consciente. Dios Padre, al ofrecernos su perdón, suscita en nosotros una es-
peranza liberadora. Todas las etapas del hijo pródigo, desde la partida hasta el regre-
so, son rescatadas por el abrazo del Padre. El regreso a la casa del Padre es el redes-
cubrimiento del sentido de las cosas y de los acontecimientos. La paternidad de Dios
no se opone -antes al contrario- al más profundo desenvolvimiento del hombre. Dios
es Creador y Salvador.
173. La confianza evangélica, escándalo para el hombre Jesús nos invita a confiar en
el Padre y a no ser esclavos de la preocupación angustiada: «No os agobiéis por el
mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgus-
tos» (Mt 6, 34). La confianza en el cuidado de Dios providente es una característica
del espíritu evangélico. Esta confianza en Dios resulta escandalosa para quienes viven
agobiados por la preocupación por tantas cosas: acumulación de riquezas, aumento
de comodidades, salud y enfermedad, guerra y paz, y, finalmente, la muerte.

174. Por el miedo a la muerte, vivimos esclavizados de por vida La muerte... Muchos
pensadores afirman que, para poder escapar a la preocupación de la muerte, el hom-
bre se aturde, juega, se divierte, se consagra "a los negocios": y todo para olvidar.
Esto mismo percibe el autor de la Carta a los Hebreos, cuando dice que el hombre,
por el miedo que tiene a la muerte, vive esclavizado de por vida (/Hb/02/15).
175. No andéis agobiados... Es sorprendente la insistencia evangélica de Jesús: «No
estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo pen-
sando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que
el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo,
vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vo-
sotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué
os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hi-
lan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos.
Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la
viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados
pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los genti-
les se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de
todo eso. Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por
añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su pro-
pio agobio. A cada dia le bastan sus disgustos" (Mt 6, 25-34; cf. Mt 10, 19; Mc 13,
11; Lc 12, 11).
176. Confiar en el Padre, don del Espíritu. "El Espíritu viene en ayuda de nuestra fla-
queza" (Rm 8, 26) 176. Sucede, sin embargo, que al hombre le falta valor para vivir
confiadamente. Necesita de la fuerza del Espíritu para que pueda vivir con corazón de
hijo para con Dios Padre. La acción del Espíritu viene a ser la prueba de la filiación:
«Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama:
¡Abba! (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo, eres también he-
redero por voluntad de Dios» (Ga 4, 6-7). En efecto, "os que se dejan llevar por el Es-
píritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido no un espíritu de esclavitud,
para recaer en el temor, sino un espiritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar:
¡Abba! (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde; que somos
hijos de Dios, y si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos
con Cristo" (Rm 8, 14-17).
177. Somos realmente hijos de Dios por la fe en Cristo La filiación adoptiva era ya uno
de los privilegios de Israel (Rm 9, 4), pero ahora los cristianos son hijos de Dios, en
un sentido mucho más fuerte, por la fe en Cristo (Ga 3, 26; Ef 1, 5). La fe viva supone
en ellos una verdadera regeneración (Tt 3, 5; cf. 1 P 1, 3; 2, 2) que los hace partíci-
pes en la vida del Hijo. Tal es el sentido del bautismo, por el que el hombre adquiere
una vida nueva (Rm 6, 4), renace del agua y del Espíritu (Jn 3, 3.5). A los que creen
en Cristo, en efecto, Dios les hace capaces de ser hijos suyos (cf. Jn 1, 12). Esta vida
de hijos es para nosotros una realidad actual, aun cuando el mundo lo ignore (1 Jn 3,
1). Vendrá un dia que se manifestará abiertamente y entonces seremos semejantes a
Dios porque le veremos tal cual es (1 Jn 3, 2).
178. El Padre da el espíritu a todos los que se lo piden El Padre concede el Don del Es-
piritu a todos los que se lo piden: "Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se
os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan le dará una piedra? ¿O si le pide
un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo le dará un escorpión? Si voso-
tros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro
Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?» (Lc 11, 9-13).
179. Himno al amor de Dios. "Dios está con nosotros". Sin miedo a nada.
Abiertos al futuro Por el Don del Espíritu Santo comprendemos que Dios está con no-
sotros, superamos todo tipo de miedo y podemos cantar con San Pablo este himno al
amor de Dios: "Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no
perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará
todo con él? ... ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni
potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de
Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rm 8, 31-39).
180. Confiar en Dios Padre y vivir fraternalmente con los demás hombres Vivir con
confianza en Dios Padre no es posible sin vivir fraternalmente con los demás hombres.
También desde esta perspectiva, el segundo mandamiento de la Ley es semejante al
primero (Mt 22, 39): «Entonces clamarás al Señor y te responderá, gritarás y te dirá:
Aquí estoy. Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicen-
cia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brilla-
rá tu luz en las tiniebias, tu oscuridad se volverá medio dia» (Is 58, 9-10).
181. "Amad a vuestros enemigos... Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el
cielo" Si Dios es nuestro Padre, entonces todos somos hermanos. Según el Evangelio
de Jesús, quedan incluidos también los enemigos: «Habéis oido que se dijo: Amarás a
tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros ene-
migos y rezad por los que os persiguen. Asi seréis hijos de vuestro Padre que está en
el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injus-
tos" (Mt 5, 43-45). Sólo aquél que no excluya a su enemigo puede decir con verdad:
El mundo es la casa de todos. Todos somos hermanos. Dios es nuestro
Padre. ........................................................................
PISTAS PARA LA REUNION

TEMA 19. EL ROSTRO DE DIOS PADRE


1) ¿Cómo repercute mi experiencia de Jesucristo en mi imagen de Dios?, ¿se ha dado
un proceso en este sentido?, ¿puedo distinguir entre un "antes" y un "ahora"?
2) "Nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt
11, 27). ¿Responde a mi experiencia esta afirmación de Jesús?
3) Comentar en grupo Ga 4, 3-6 y Rm 8, 14-16: ¿vives con confianza o con temor?
4) Ver ICA, Doc. 7 sobre Madurez humana y asentimiento de fe, de J. A. GARCIA-
MONGE: fe proclamada desde el Padre (P), desde el Adulto (A) o desde el Niño (N). A
la predominancia de P. A o N en la persona o en el grupo corresponden unas actitu-
des, una imagen de Dios y unas dimensiones teológicas, tal y como puede verse en el
siguiente cuadro: ¿dónde me sitúo yo?, ¿dónde se sitúa el grupo? 

5) Comentar en grupo los nn. 171-172.


6) Comentar en grupo la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32): ¿qué reacción sus-
cita en ti la parábola de Jesús?, ¿con qué personaje te identificas en este momento?
7) Presentación del tema 19 «EI rostro de Dios Padre»: lectura personal, cuchicheo,
diálogo sobre lo que consideras más importante.
8) "EI mundo es la casa de todos. Todos somos hermanos. Dios es nuestro Padre".
¿Es esto así? ¿Tiene consecuencias sociales?
9) Comentar en grupo: "Dios lucha por la causa de quienes no están sentados a la
mesa de los bienes del mundo, que ha sido preparada por Dios para todos" (J.
Osés). ........................................................................

TEMA 19
OBJETIVO: DESCUBRIR EL VERDADERO ROSTRO DE DIOS PADRE, REVELADO POR JE-
SUS
PUNTOS CLAVE
* Jesús, revelador del Padre. * ¿Temor o confianza? * El plan de Dios, historia de
amor, de salvación . * Jesucristo, prueba suprema. * Entre la libertad y la misericor-
dia. * El don del Espíritu. * Hermanos de todos. * Hijos del Padre.
PLAN DE LA REUNION * Oración inicial. Salmo. * Información: Personas, hechos, pro-
blemas... * Presentación del tema 19: Lectura personal, cuchicheo, diálogo. * Lectura
a escoger. * Oración final. Canto.
CATECUMENADO 20 
LA HORA DEL ESPÍRITU HA LLEGADO
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir la presencia y la acción del Espíritu, la gran pro-
mesa de Jesús. * Descubrir su significado.
182. «¿Podrían revivir estos huesos?» (Ez 37, 3) "Entonces me dijo: Hijo de Adán,
esos huesos son toda la Casa de Israel. Ahí los tienes diciendo: Nuestros huesos están
calcinados, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos. Por eso profetiza
diciéndoles: Esto dice el Señor: Yo voy a abrir vuestros sepulcros, os voy a sacar de
vuestros sepulcoros, pueblo mío... Infundiré mi espíritu en vosotros para que reviváis,
os estableceré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago -oráculo
del Señor-" (/Ez/37/11-14).
183. La plenitud que se escapa o el paraíso perdido "Nuestros huesos están calcina-
dos, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos" (Ez 37, 11). Israel ha
llegado hasta el fondo de una situación desoladora, en la que se vive como ilusoria
toda esperanza. La vida queda lejos. El camino, cerrado. Es "como una enfermedad de
las cosas", una experiencia de debilidad que alcanza a todo hornbre: "Toda carne es
hierba y su belleza como fior del campo: se agosta la hierba, se marchita la flor" (Is
40, 6-7).
184. La carne, nombre de la debilidad humana CARNE/DEBILIDAD
La escritura expresa la debilidad radical del hombre con una palabra: carne. La carne
es, primeramente, lo que nosotros llamanos "el cuerpo", pero el cuerpo sometido a la
muerte, el cuerpo que se halla en constante amenaza" (Gn 6, 3; Is 40, 6). La carne, o
«la carne y la sangre» (Mt 16, 17; Co 15, 50), son también todas las construcciones
del hombre. Las más impresionantes son nada en presencia de Dios. La carne es
siempre debilidad (Jr 17, 5 ss.; Jb 10, 4 ss.). Dios es espíritu. Dios lo puede todo so-
bre el mundo, el cual no puede nada sin El, nada contra El. Incluso Egipto, símbolo
humano del poder y de la fuerza, es carne, debilidad, todo un gigante con pies de ba-
rro: «En cuanto a Egipto, es humano, no divino, y sus caballos, carne, y no espíritu»
(Is 31, 3).
185. La carne, el pecado de un falso apoyo La carne expresa también la condición pe-
cadora del hombre, que pretende afirmarse a sí mismo de espaldas a Dios, olvidando
la Ley y los profetas, que advierten: «Si no os afirmáis en Mí, no seréis firmes» (Is 7,
9) y, sobre todo, a Cristo, que llevó a su culmen, desbordándolos por superación, a la
Ley y a los Profetas. También afirmaron los Profetas: «Maldito quien confía en el hom-
bre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un
cardo en la estepa, no verá llegar el bien: habitará la aridez del desierto, tierra salo-
bre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Se-
rá un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue
el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja
de dar fruto» (/Jr/17/05-08).
186. Vivir según la carne La carne tomada como norma de la existencia le impone al
hombre su tiranía; reduce a su esclavitud a los que obedecen a la "ley del pecado"
(Rm 7, 25). Con insolencia (Col 2, 23) manifiesta entonces sus deseos (Rm 8, 5 ss.),
sus apetencias (Rm 13, 14; Ga 3, 3; 5, 13.16-17), produce obras malas (Ga 5, 19),
hace carnal hasta el entendimiento mismo (Col 2, 18; cf. 1 Co 3, 3). El cuerpo tam-
bién -si bien de suyo puede ser carnal y espiritual- cuando está dominado por la carne
se llama el cuerpo de la carne (Col 2, 11), se identifica con el cuerpo del pecado (Rm
6, 6) y es, en verdad, carne de pecado (Rm 8, 3).
187.¿Según la carne o según el espíritu? "Andad según el Espíritu y no realicéis los
deseos de la carne, pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne.
Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisiérais. En cambio, si os
guía el espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley. Las obras de la carne están pa-
tentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechiceria, enemistades, contien-
das, envidias, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, discordias, borracheras,
orgias y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que asi obran
no heredarán el Reino de Dios. En cambio, el fruto del Espiritu es: amor, alegria, paz,
comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de si. Contra esto no
va la Ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y
sus deseos» (Ga 5, 16-24).

188. Experiencia de la propia incapacidad: "La carne no sirve para nada»


Las obras de la carne, esto es, de quien vive según la carne, manifiestan la condición
pecadora del hombre y su incapacidad para entrar, por si mismo, en el Reino de Dios:
"lo de la carne es carne; lo del Espiritu, es espiritu. No te asombres que te haya di-
cho: Tenéis que nacer de lo alto» (/Jn/03/06), dice Jesús a Nicodemo. Por si mismo,
el hombre de la carne es incapaz de reconocer a Dios y Jesucristo en el centro de la
propia vida y, al mismo tiempo, de amar gratuita y desinteresadamente al hermano.
189. Creemos y amamos por don de Dios GRATUIDAD/FE/A Nadie cree por propia
cuenta, nadie ama por propia cuenta. Se cree y se ama verdaderamente por la gracia
de Dios. San Pablo nos hace saber que "nadie puede decir: ¡Jesús es Señor!", sino por
influjo del Espíritu Santo (/1Co/12/03). Y San Juan: "Todo espiritu que confiesa a Je-
sucristo, venido en carne, es de Dios" (1 Jn 4, 2). Así como también: "Todo el que
ama ha nacido de Dios" (4, 7). En definitiva, creemos y amamos por don de Dios. La
fe y el amor son de Dios, no nuestros; y, al mismo tiempo, la gracia de Dios los hace
"nuestros": el Espíritu Santo que habita en nosotros enraiza en nuestro espiritu esos
valores como dones gratuitos, de suerte que el hijo de Dios vive realmente la vida di-
vina y colabora en ella, la comparte.
190. No tenemos un retrato del Espíritu. ES/SIMBOLOS: La Escritura lo presenta
siempre en accion Este don de la gracia de Dios es radicalmente fruto de la presencia
activa del Espíritu Santo en nosotros. La Escritura utiliza la palabra espiritu (ruah en
hebrero, pneuma en griego, spíritus en latin) para expresar ambas realidades: los do-
nes de Dios y el Espiritu Santo. Originariamente, espíritu significa soplo del viento y
aliento vital. El Espiritu de Dios no es ni lo uno ni lo otro. Se usan éstas y otras imáge-
nes para representarlo de algún modo. Es inmaterial. La Sagrada Escritura no nos
presenta en ninguna parte un retrato, ni siquiera una descripción del Espíritu. El Espi-
ritu no tiene rostro, ni siquiera un nombre susceptible de evocar una figura humana.
No podemos situarnos ante la faz del Espíritu, contemplarlo, seguir sus gestos. La Es-
critura nos lo presenta siempre en acción, actuando en nuestros corazones. «Lo cono-
céis porque vive con vosotros y está con vosotros» (/Jn/14/17). Conocer al Espíritu es
experimentar su acción, dejarnos invadir por su influencia, hacernos dóciles a sus im-
pulsos; es pretender que El sea, de modo cada vez más consciente para nosotros, la
fuente de nuestra vida.

191. Como el viento El Espíritu -y todo el que nace del Espiritu- es como el viento: "el
viento sopla donde quiere, y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde
va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu" (/Jn/03/08). En efecto, en el viento hay
algo misterioso. No podemos apresarlo. No se cansa. El viento pertenece a la escolta
de Dios. Lleva al Señor sobre sus alas (Ez 1, 4; Sal 17, 11). Y corre a transmitir sus
órdenes hasta las extremidades de la tierra (Sal 103, 4; 146, 18). Viene del cielo y
actúa sobre la tierra y la transforma. Unas veces la deseca con su soplo abrasador (Ex
14, 21; Is 30, 27-33; Os 13, 15), otras barre todas las obras humanas como si fueran
paja (Is 17, 13; 41, 16; Jr 13, 24; 22, 22), y otras trae lluvia sobre el suelo reseco y
le devuelve la fertilidad (1 R 18, 45). A la tierra, inerte y estéril, se contrapone el
viento por su ligereza alada y por su poder de vida y fecundidad.
192. Como el aliento de vida ES/IMAGENES Como el viento penetra la tierra, así el
aliento vital penetra la carne. Como el viento, la respiración es igualmente una ima-
gen del Espíritu. Así como el viento trae vida a la tierra reseca, asi también el soplo
respiratorio (aparentemente frágil y vacilante) es la fuerza que vigoriza y da agilidad
al cuerpo y a su masa, y le hace vivo y activo (Gn 2, 7; Sal, 103, 29-30; Jb 33, 4; Qo
12, 7).
193. Como el agua El espíritu es también como el agua. Como el agua que purifica:
«Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmun-
dicias e idolatrías os he de purificar. Os daré un corazón nuevo y os infundiré un es-
píritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de
carne» (/Ez/36/25-26). Como el agua que fecunda la tierra reseca: «Voy a derramar
mi aliento sobre tu estirpe y mi bendición sobre tus vástagos. Crecerán como hierba
junto a la fuente, como sauces junto a las acequias» (/Is/44/03-04). Como el agua
que apaga la sed: «El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús en pie gritaba:
El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí que beba. (Como dice la Escritu-
ra: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva.) Decía esto refiriéndose al Es-
píritu, que habían de recibir los que creyeran en él» (/Jn/07/37-39).
194. Como el fuego El Espíritu es también como el fuego. Como el fuego encendido en
la palabra profética de Elías: "Entonces surgió un profeta como un fuego cuyas pala-
bras eran horno encendido" (Si 48, 1). O en las entrañas de Jeremías: "Había en mi
corazón algo asi como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trabajaba
por ahogarlo, no podía" (Jr 20, 9). Como fuego en la predicación valiente de los pri-
meros cristianos: "se les aparecieron unas lenguas como de fuego que dividiéndose se
posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusie-
ron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 02, 03-
04). "Acabada su oración, retembló el lugar donde estaban reunidos, y todos queda-
ron llenos del Espíritu Santo y predicaban la Palabra de Dios con valentía" (Hch 4, 31).
195. Como el aceite ACEITE/UNCION: El Espíritu es también como el aceite. Para una
tierra rica en olivos como la "tierra prometida" (Dt 6, 11; 8, 8), el aceite aparece
como símbolo de la bendición divina (Dt 7, 13; Jl 2, 19; Os 2, 24). El aceite no es sólo
alimento indispensable, como el trigo y el vino, sino también ungüento que perfuma el
cuerpo (Am 6, 6), fortifica los miembros (Ez 16, 9), suaviza las llagas (Is 1, 6), ali-
menta continuamente la llama que alumbra (Ex 27, 20; Mt 25, 3-8). ES/ACEITE: Si el
aceite es símbolo de la bendición divina, los ungidos con aceite (el rey y el sumo
sacerdote) tienen la bendición de Dios y, con ella, la misión de iluminar al pueblo y
guiarlo por el camino de la salvación. El aceite de la unción es signo exterior de la ac-
ción del Espíritu que transforma al elegido (1 S 10, 1--6; 16, 13). A diferencia del
agua, que se desliza sobre la piedra y se evapora, el aceite la impregna. Así sucede
con el Espíritu: puede cambiar los corazones más duros (Ez 36, 26).
196. Antiguo Testamento: una fuerza divina en beneficio del pueblo En el Antiguo Tes-
tamento el Espíritu de Dios -si bien todavía no ha sido revelado como una persona di-
vina- es percibido como una fuerza divina que transforma personalidades humanas y
las hace capaces de gestos excepcionales al servicio del pueblo de Israel. La misma
fuerza física de Sansón se llama fuerza del Espíritu de Dios, en cuanto unió al pueblo
(Jc 13, 25; 14, 6-19; 15, 14). La inspiración profética era don del Espíritu de Dios (1 S
10, 6; Ez 11, 5; Za 7, 12). La sabiduría de los ancianos que administraban justicia ve-
nía del Espíritu de Dios (Nm 11, 17). El rey es el ungido por el Espíritu de Dios (1 S
16, 13).
197. La espera de un Espíritu dado a todos En los casos citados, Dios daba su Espíritu
a ciertas personas elegidas. Pero también se esperaba un don del Espíritu que se co-
municaría al pueblo entero. Un día fue corriendo un joven a decirle a Moisés cómo dos
hombres estaban profetizando, pero no en la tienda sagrada, sino simplemente en el
campamento. Y Josué reaccionó con esta exclamación: "Señor mío, Moisés, prohíbe-
selo." Moisés íe respondió: "¿Estás celoso de mi? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera
profeta y recibiera el Espíritu del Señor!)) (Nm 11, 28-29). ¡Todo el pueblo animado
por el Espíritu de Dios! Esto mismo lo anunció el profeta Joel para los tiempos mesiá-
nicos: "Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos dias" (Jl 3,
2).
198. Lo que Jesús dará: el Espíritu de Dios en los corazones de los hombres Todo el
pueblo estará animado del Espíritu de Dios. Joel pensaba en visiones proféticas y en
fenómenos especiales de que gozarían todos. Ezequiel prevé un efecto más ordinario,
pero más profundo: "Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os in-
fundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que pongáis por obra
mis mandamientos" (Ez 36, 26-27). Y Jeremías: "Una alianza nueva... Meteré mi ley
en su pecho, la escribiré en sus corazones" (Jr. 31, 31-33). El Espíritu realizará una
instrucción suave e interior y favorecerá una experiencia amorosa de la voluntad de
Dios. Estos textos de Ezequiel y de Jeremias son cimas espirituales del Antiguo Testa-
mento, y describen a aquel Espíritu que Jesús dará para la expansión de su obra sal-
vadora. El Espíritu de Jesús será el que realice la acción última en la instauración del
Reino de Dios.
199. Jesús, poseído por el Espíritu La acción del Espíritu se manifiesta de muchas ma-
neras en la vida de Jesús. Asi, en el bautismo, recibido de manos de Juan: "En un
bautismo general, Jesús también se bautizó. Y mientras oraba, se abrió el cielo, bajó
el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: "Tú eres mi
Hijo, el amado, el predilecto")) (Lc 3, 21-22). Lleno del Espíritu Santo, Jesús es con-
ducido por el mismo Espíritu (como en otro tiempo Israel) al desierto (Lc 4, 1). La ac-
ción del Espiritu en la vida de Jesús se manifiesta también en la predicación: «Jesús
volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca.
Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan" (Lc 4, 14-15). Ungido por el Espíritu
del Señor, anuncia a los pobres la Buena Nueva (Lc 4, 18). Lleno de gozo en el Espíri-
tu, bendice al Padre (Lc 10, 21). Sus milagros que tienen en jaque al mal y a la muer-
te, la fuerza y la verdad de su palabra, su familiaridad inmediata con Dios son pruebas
de que sobre él reposa el Espíritu (Cf. Is 61, 1), sin medida (Jn 3, 34) y de que es, a
la vez, el Mesías que salva, el profeta esperado y el siervo muy amado.
200. Una promesa repetida insistentemente. "Os lo he dicho antes de que suceda..."
(Jn 14,29) En las circunstancias dramáticas de la última cena, Jesús hace una comuni-
cación importante a sus discipulos: El se va, por el odio y el pecado del mundo, pero
enviará el Espiritu de Dios, que llevará adelante la obra de Jesús (Jn 16,12-13) y cu-
rará con su fuerza divina la debilidad humana de los discipulos (15, 27), debilidad de-
jada al descubierto por el pánico de la persecución: "mirad que llega la hora (y ha lle-
gado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo» (Jn 16,
32). Jesús hace la comunicación en el momento oportuno: "no os dije esto desde el
principio, porque estaba yo con vosotros" (16, 4), y lo anuncia "antes de que suceda
para que, cuando suceda, creáis" (14, 29). Aquella noche de despedida, Jesús insiste
una y otra vez en la venida del Espiritu. San Juan relata cinco momentos, cinco pro-
mesas acerca del Espiritu.
201. El Espíritu estará con vosotros Primera promesa: «Yo le pediré al Padre que os
dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espiritu de la verdad. El mundo no
puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque
vive con vosotros y está con vosotros" (Jn 14,16-17). Jesús promete el Espíritu con la
fórmula ordinaria de la Alianza (Estar con), fórmula que aparece en el Exodo referida
a Yahvé (Ex 3, 12.14) y en el Evangelio referida a Jesús (Mt 28, 20). Por esta Alianza
realizada en el Espíritu, cada creyente queda vinculado personalmente con el Padre y
con Jesús, su Unico Hijo, hecho hombre. Frente a la incomprensión y el odio del mun-
do, el creyente no se queda solo (Jn 14, 18). El dia que se cumpla esta promesa, dice
Jesús, "entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con voso-
tros" (Jn 14, 20).
202. El Espíritu de la verdad continúa la obra de Jesús Segunda y quinta promesas:
«El Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo
enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho" (Jn 14, 26). «Muchas co-
sas quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora: cuando venga El,
el Espiritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será
suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El me glorificará,
porque tomará de lo mio y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mio. Por eso
os he dicho que tomará de lo mio y os lo anunciará" (Jn 16, 12-15).
203. El Espíritu, defensor de Jesús y acusador del mundo Tercera y cuarta promesas:
«Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espiritu de la Verdad,
que procede del Padre, él dará testimonio de mí» (Jn 15, 26). Lo que os digo es la
verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el
Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al
mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado,
porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre y no me veréis; de
una condena, porque el Principe de este mundo está condenado" (Jn 16, 7-11). El
contexto de estas promesas es judicial: el Espiritu aparecerá como defensor de Jesús
y como acusador del mundo.
204. Un inmenso proceso religioso enfrenta a Jesús con el mundo. El Espíritu actuará
a favor de Cristo ES/DEFENSOR:
La acción del Espíritu se produce en el contexto de un proceso. Del proceso que en-
frenta a Jesús con el mundo y que conduce a la condenación del mundo y a la exalta-
ción de Cristo sobre la cruz. En este inmenso proceso religioso en el que Jesús y el
mundo se hallan frente a frente, es en el que el testimonio del Paráclito adquiere au-
téntico y profundo sentido: ante la hostilidad del mundo, los discípulos de Jesús se ha-
llarán continuamente expuestos al escándalo, sentirán la tentación de desertar, expe-
rimentarán la duda y el desaliento. Precisamente en esa hora intervendrá el Espíritu
de verdad, el defensor de Jesús: El dará testimonio de Jesús en el interior de la con-
ciencia de los discipulos. El los confirmará en su fe y les dará toda su seguridad cris-
tiana.
205. Amplitud de la causa iniciada por o contra Cristo I/PERSECUCION:Se trata, pues,
de un proceso que sigue abierto y continúa en la existencia de los discipulos presentes
y futuros. Lo recoge el evangelista San Juan. San Juan no se preocupa por determinar
cuáles serán históricamente los tribunales que condenarán a los discípulos; estos tri-
bunales humanos desaparecen totalmente detrás de una potencia única, misteriosa,
sin rostro: el mundo. Este tema del "mundo" nos hace calibrar toda la amplitud de la
causa que se ha iniciado por o contra Cristo. Esta lucha supera ampliamente la oposi-
ción de los judíos contra Jesús durante su vida terrena; se prolonga más allá, en la
oposición a la Iglesia.

206. El Espíritu hará la revisión del proceso seguido contra Jesús Durante su vida te-
rrena, Jesús había sido rechazado por los judíos e iba a ser condenado durante la pa-
sión. El Paráclito hará la revisión de este proceso y mostrará a los discipulos que el
pecado está de parte del mundo, que la justicia está de parte de Jesús, y que el ver-
dadero condenado, en esta confrontación religiosa, es el príncipe de este mundo (Cf.
Jn 16, 8-11).
207. Los Hechos de los Apóstoles, el Evangelio del Espíritu La persecución de Jesús
puso al descubierto la debilidad de los discípulos (Jn 16, 32), de modo que también en
esto se cumplió la Escritura que dice: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del
rebaño» (Mt 26, 31). Pero después de su muerte redentora, el Espiritu fluye sobre
ellos y ellos comienzan a experimentar su acción y su fuerza. Lo narran los Hechos de
los Apóstoles, que son como el Evangelio del Espiritu.
208. Los hechos de Jesús reviven entre los suyos En la Iglesia se repiten los gestos de
poder y gracia que Jesús había llevado a cabo en el Espiritu, durante su vida mortal:
los cojos andan (Hch 3, 1-10; 5, 12-16; 14, 8-10), los muertos resucitan (9, 40; 20,
10), los corazones se convierten (2, 41; 5, 14; 10, 44-48; 15, 7-9.12), la palabra de
Dios es anunciada con valentía (4, 13; 5, 20; 9, 27; 14, 3; 28, 31), las amenazas y
persecuciones son arrostradas con paz y alegría (5, 41; 7, 55; 20, 17-38; 21, 10-14).
209. Actitudes, gestos y reacciones más profundas. La fisonomía del propio Jesús Asi
las actitudes mismas de Jesús, sus gestos característicos, sus reacciones más profun-
das reviven entre los suyos. Es imposible pensar que la raiz de esto se encuentra en
la persistencia de costumbres adquiridas mediante el contacto con Jesús, en una vo-
luntad deliberada de reproducir su existencia. Lejos de eso, mientras Jesús estuvo con
los suyos, tuvo que echar mano de toda su autoridad y de la fuerza de su personali-
dad para conservarlos en torno a El, en medio de tantos desvíos e incomprensiones.
Hoy, que ya no le ven y que por la suerte que El sufrió saben los peligros a que se ex-
ponen, vemos que los discípulos -espontáneamente- siguen las huellas marcadas por
Jesús, y se asombran de que se les conceda el poder participar en sus padecimientos.
La raíz de esta experiencia (que es propiamente la experiencia cristiana) San Pablo
nos la dará en una fórmula inolvidable: "Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien viven
en mi» (Ga 2, 20). Todas las páginas de los Hechos de los Apóstoles lo ilustran: el Es-
píritu que anima a los cristianos es el Espiritu mismo de Jesús. Este Espiritu con su ac-
ción ayuda a reproducir en los discípulos de Jesús de hoy y de siempre la misma fiso-
nomía, la del propio Jesús.
210. La hora del Espíritu y de una nueva alianza, profunda, universal La Iglesia primi-
tiva pone particular énfasis en la gran manifestación del Espíritu que tuvo lugar el día
de Pentecostés, fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí. Ha llegado la hora
del Espíritu y la de una nueva alianza realizada en los corazones, una alianza para to-
dos sin excepciones, una alianza que supera las divisiones de los hombres y las barre-
ras de los pueblos, lenguas y culturas. Los apóstoles han perdido el pánico a la perse-
cución y anuncian con valentía, fuerza y poder la buena noticia de Jesús.
211. Quedaron todos llenos del Espíritu Santo "Llegado el día de Pentecostés, estaban
todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una
ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les
aparecieron unas lenguas como de fuego que, dividiéndose, se posaron sobre cada
uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras
lenguas, según el Espiritu les concedia expresarse... Partos, medos y elamitas; habi-
tantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la
parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses
y árabes... Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: ¿Qué
significa esto? Otros, en cambio, decían: ¡Están llenos de mosto!
212. El por qué de ese estallido: ¡La buena noticia de Jesús! "Entonces Pedro, presen-
tándose con los Once, levantó su voz y les dijo: Judíos y habitantes todos de Jerusa-
lén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras: No están éstos
borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día, sino que es lo que
dijo el profeta: Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre
toda carne, y profetizarán sus hijos e hijas... Israelitas, escuchad estas palabras: A
Jesús Nazareno, hombre a quien Dios acreditó entre vosotros con milagros, prodigios
y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a
éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios,
vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos, a éste, pues, Dios
le resucitó librándole de los dolores del Hades (Muerte), pues no era posible que que-
dase bajo su dominio... A este Jesús Dios le resucitó, de lo cual todos nosotros somos
testigos. Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espiritu Santo pro-
metido y ha derramado lo que vosotros véis y oís... Sepa, pues, con certeza toda la
casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros
habéis crucificado.»
213. Creyeron unas tres mil personas: "¿Qué hemos de hacer?" «Al oír esto, dijeron
con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué hemos de hacer,
hermanos? Pedro les contestó: Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bauti-
zar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don
del Espíritu Santo; pues la promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para to-
dos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro... Los que acogieron
su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas tres mil almas".
214. Los comienzos de la Iglesia
«Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunidad fraterna, a la
fracción del pan y a las oraciones. El temor se apoderó de todos, pues los apóstoles
realizaban muchos prodigios y señales. Todos los creyentes vivían unidos y tenían
todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos,
según la necesidad de cada uno. Acudían al templo todos los días con perseverancia y
con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría
y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El
Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar" (Hch 2, 1-47).
215. Frutos del Espíritu Es como un nuevo renacimiento del hombre. Por la fuerza del
Espíritu el hombre se vuelve más libre, más consciente, más irrandiante, más perso-
nal. El Espíritu de Dios es poseedor de una energía vital capaz de transfigurar nues-
tras relaciones, de acercarnos a lo más intimo y deseable de nuestro ser, de saciar
nuestra sed de dignidad y plenitud personal, de colmar nuestro deseo de infinito, de
introducirnos en la esfera del Dios viviente y vivificante... Las manifestaciones y frutos
del Espiritu son, a la vez, de inagotable variedad y de continuidad profunda: «amor,
alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza" (Ga
5, 22-23). También son fruto del Espíritu los carismas, que contribuyen al crecimiento
y edificación de la Iglesia: «así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el
hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, re-
cibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedi-
do hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus.
A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas» (1 Co 12, 8-10).
216. El mayor fruto del Espíritu: el amor. El amor no acaba nunca El mayor carisma
del Espíritu es el amor: "Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un
camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles;
si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podria tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber; podría
tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir
en limosnas todo lo que tengo y aún dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada
me sirve. El amor es paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe; no
es mal educado ni egoista; no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la
injusticia, sino que goza de la verdad. Disculpa sin limites, cree sin limites, espera sin
límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de profecia?, se acabará.
¿EI don de lenguas?, enmudecerá. ¿EI saber?, se acabará" (1 Co 12, 31-13, 8).
217. La hora del Espíritu, tambien para el mundo de hoy La acción del Espiritu es una
realidad que brota a borbotones como fruto de la Pascua de Cristo. Desde entonces, la
hora del Espiritu ha llegado. También para el mundo de hoy. El mensaje cristiano pro-
clama un hecho actual, que no envejecerá jamás: el Espiritu Santo está en acción,
dando testimonio de Cristo: «Si en la actualidad, dice ·Agustín-san, la presencia del
Espiritu Santo no se manifiesta con semejantes milagros, ¿cómo será posible que sepa
cada uno que ha recibido el Espiritu? Que cada uno interrogue a su propio corazón: si
ama a su hermano, el Espiritu de Dios está en él..."
218. Un hombre nuevo: ¡Podrán revivir estos huesos! La acción del Espiritu transfor-
ma al hombre de la carne en un hombre nuevo, hombre del Espiritu (cf. /Rm/08/08-
09). Sitúa al hombre en una relación significativamente nueva con respecto a Dios,
con respecto a los demás, con respecto al mundo e incluso con respecto a sí mismo.
La experiencia del Espiritu como presencia eficaz en la vida del creyente transforma
profundamente la imagen que el hombre tiene de Dios, de los demás, del mundo, de
sí mismo. Es como un nuevo nacimiento del hombre (Jn 3, 3.5.7), como llegar a des-
cubrir que todo se ha vuelto posible, como el cumplimiento de un sueño en el que la
suerte humana cambia de signo (/Sal/125/01): ¡Podrán revivir estos
huesos! ........................................................................

PISTAS PARA LA REUNIÓN

TEMA 20. LA HORA DEL ESPIRITU


1) Comentar en grupo: "Si en la actualidad, la presencia del Espíritu no se manifiesta
con semejantes milagros, ¿cómo será posible que sepa uno que ha recibido al Espíri-
tu?» (San Agustin).
2) Comentar Hch 19, 1-7: ¿recibisteis el Espiritu Santo cuando abrazasteis la fe?
3) Comentar en grupo los nn. 183-189: la contraposición carne-espiritu, ¿es un dato
de nuestra propia experiencia?
4) La carne es sinónimo de debilidad, expresa nuestra condición pecadora... Carne
son también todas las construcciones del hombre. Las más impresionantes son nada
en presencia de Dios. Poner en común algunas grandes construcciones del hombre de
hoy.
5) "La carne no sirve para nada" (Jn 6, 63). ¿Tenemos esta experiencia de la propia
incapacidad?
6) No tenemos un retrato del Espíritu. La Escritura nos lo presenta siempre en acción:
es como el viento, como el aliento de vida, como el agua, como el fuego, como el
aceite. Poner en común experiencias actuales que puedan ser expresadas a través de
estas imágenes.
7) El Espíritu es la gran promesa de Jesús. Comentar en grupo los nn. 201-206: lo
que te parece más importante.

8) El Espíritu es el gran animador de la comunidad cristiana. Comentar los nn. 208-


214.

9) ¿Cuáles son las grandes señales de la acción del Espíritu en la Iglesia de


hoy? ........................................................................

TEMA 20
OBJETIVO: DESCUBRIR LA EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU (Y SU SIGNIFICADO)
PUNTOS CLAVE * Carne >< Espiritu. * Debilidad >< Fuerza. * El Espíritu, en acción:
Viento, aliento, agua, fuego, aceite... * Ei Espíritu, la gran promesa de Jesús: Las cin-
co promesas. * El Espíritu, animador de la comunidad.
PLAN DE LA REUNIÓN * Oración inicial. Salmo. * Información: Personas, hechos, pro-
blemas... * Presentación del tema 20: Lectura, cuchicheo, diálogo sobre lo más im-
portante. * Lectura a escoger. * Oración final. Canto.
CATECUMENADO 21 

EL MISTERIO DE DIOS:
DIOS ES AMOR Y AMOR ENTRE PERSONAS
LA SANTISIMA TRINIDAD
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que Dios es amor y, por tanto, misterio de co-
munión interpersonal. * Descubrir que el amor hace que personas distintas sean una
sola cosa.
219. Un Dios vivo y amante La Biblia no es un tratado científico sobre Dios. Presenta a
Dios en tanto que interviene en los acontecimientos humanos y naturales y habla al
hombre abriéndole su voluntad, su juicio, su gracia, su amor. Recoge, de este modo,
una profunda experiencia de Dios promovida en el hombre por Dios mismo. Nos invi-
ta, pues, no sólo a hablar de Dios, sino, sobre todo, a escucharle cuando habla y a
responderle confesando su gloria y acogiendo su acción. Todo el que escucha su pala-
bra y se abre a su voluntad divina, percibe y proclama la gloria de Dios.
220. Por los caminos del Dios viviente: "Hazme saber el camino a seguir, porque hacia
ti levanto mi alma" (Sal 142, 8) El gran misterio consiste en reconocer los caminos de
Dios y seguirlos, pero, como dice el libro de la Sabiduría, «pues, ¿qué hombre conoce
el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los
mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mor-
tal es lastre del alma y la tienda terrestre abruma la mente pensativa. Apenas adivi-
namos lo terrestre y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues, ¿quién ras-
treará las cosas del cielo; ¿quién conocerá tu designio, si tú no le das la sabiduría en-
viando tu santo espíritu desde el cielo? Sólo así fueron rectos los caminos de los te-
rrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada y la sabiduria los salvó" (/Sb/
09/13-18).
221. Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios En efecto, Dios es el más
profundo misterio. Los creyentes anunciamos lo que ni el ojo vio ni el oído oyó: "Dios
nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de
Dios. ¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro
de él? Pues lo mismo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios" (1 Co 2, 10-
11).
222. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob No obstante, Dios ha decidido salir al
encuentro del hombre. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es un Dios vivo que
interviene, actúa en la historia humana y en la naturaleza y se da a conocer a los
hombres liberándolos de dioses y poderes que les asedian y esclavizan.
223. Reconocer los caminos de Yahvé, Señor de la historia: "Yo estoy contigo" ESTAR-
CON El Dios que sale al encuentro del hombre es el Dios de Moisés. Moisés recibe de
Dios una misión: liberar a su pueblo del poderoso Faraón egipcio. Esto le parece dis-
paratado, imposible: "¿Quién soy yo para acudir al Faraón o para sacar a los israelitas
de Egipto?" (Ex 3, 11). "Yo estoy contigo" (Ex 3, 12), es la repuesta de Dios. Moisés
comienza la aventura del Exodo, fiándose de esta palabra de Dios. Poco después, él y
todo el pueblo experimentarán que Dios cumple lo que anuncia, que Dios actúa en su
historia, que Dios está con ellos, que Dios les ama. "Estar con" es la fórmula ordinaria
de la Alianza. Amar a Dios es estar con Dios. Amar al hermano es estar con el herma-
no. Dios está con nosotros. Dios nos ama: "¿Puede una madre olvidarse de su criatura
no conmoverse del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvida-
ré. Mira, en mis palmas te llevo tatuada (oh, Sión)" (/Is/49/15-16).
224. Reconocer los caminos de Jesús, Señor de la historia: "Yo estoy con vosotros"
Dios está con nosotros. Dios nos ama. El Dios de Abraham, Isaac, Jacob, Moisés es el
Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo. De tal manera amó Dios al mundo que le
entregó a su Hijo Unigénito (Jn 3, 16). Jesús es el Hijo Unigénito del Padre. Las confe-
siones de fe de la Iglesia primitiva proclaman Señor a Jesús, como en la Antigua
Alianza el mismo Yahvé fue denominado Señor. Jesús también promete a los suyos su
asistencia eficaz en la tarea de comunicar el evangelio a los pueblos: «Yo estoy con
vosotros todos Los dias, hasta el fin deL mundo» (Mt 28, 20). Los apóstoles comien-
zan la aventura de la predicación, fiándose de esta palabra de Jesús. En seguida reco-
nocen que la palabra de Jesús se cumple, que Jesús actúa en medio de ellos, que está
con ellos, que colabora con ellos (Mc 16, 20).
225. Jesús, Dios vivo, presente entre nosotros Jesús es el Dios vivo que se hace pre-
sente entre nosotros. Su presencia no es accesible a la carne (Mt 16, 17), ni reserva-
da a un pueblo (Col 3, 11), ni ligada a un lugar (Jn 4, 21): es el don del Espiritu (Rm
5, 5; Jn 6, 63).
226. El Espíritu Santo estará con vosotros El Espiritu es la gran promesa de Jesús a
sus apóstoles: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con
vosotros» (Jn 14, 16). Y también: «él dará testimonio de mí» (Jn 15, 26). El Espíritu
estará con ellos, como dijo Jesús (utilizando también aquíi la fórmula ordinaria de la
Alianza). Y no sólo el Espíritu, sino Jesús y el Padre, pues el día que se cumpla esta
palabra «entonces sabréis -dice Jesús- que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y
yo con vosotros» (Jn 14, 20).
227. El Espíritu Santo, don de Dios Jesucristo resucitado, en unión con el Padre nos
envía su Espiritu Santo. El Espiritu nos hace verdaderos hijos de Dios. El Espiritu es el
don del Padre, de cuya vida El nos hace participes. Por la acción del Espiritu somos
capaces de transfigurar nuestras relaciones, de amarnos unos a otros, de vivir como
hijos de Dios (Ga 4, 6; Rm 8, 15-16.26). El conocimiento de Dios, propio de los que
han nacido de Dios, se relaciona con la experiencia del amor fraterno: "todo el que
ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama, no ha conocido a Dios, por-
que Dios es amor" (1 Jn 4, 7-S).
228. Dios es amor (Sal 103) "Dios es amor. Estos dos nombres, Ser y Amor, expresan
de manera inefable la misma esencia divina de Aquél que se nos quiso manifestar a Si
mismo y que, habitando la luz inaccesible, está en sí mismo sobre todo nombre y so-
bre todas las cosas e inteligencias creadas" (·Pablo-VI, CPD 9). Tal es el secreto... Tal
es el secreto al que se tiene acceso sólo por medio de Jesucristo (1 Jn 4, 8-16). En Je-
sucristo reconocemos el amor que Dios nos tiene: "Quien confiese que Jesús es el Hijo
de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que
Dios nos tiene, y hemos creido en El. Dios es amor y quien permanece en el amor
permanece en Dios y Dios en él" (1 Jn 4, 15-16). La fe en Jesucristo y la caridad fra-
terna manifiestan que permanecemos en Dios y Dios en nosotros. 229. Imagen de
Dios: nuestra vida en este mundo imita lo que es Jesús (cf. 1 Jn 4, 17). El misterio di-
vino de amor interpersonal El hombre ha sido hecho a imagen de Dios. El hombre es
eminentemente imagen de Dios cuando ama, pues Dios es amor. Podemos amar no-
sotros, "porque El nos amó primero" (1 Jn 4, 19). Ahora bien, el amor humano no es
posible sino en relación a otros. Por esto, podemos afirmar que cuando amamos a los
demás reflejamos hondamente este amor de Dios. Dios es amor y por consiguiente,
amor entre personas. El misterio de Dios no es un misterio de soledad, sino de comu-
nion de amor. En Dios, el que ama (el Padre), el amado (el Hijo) y el don del amor (el
Espiritu Santo) viven en comunión la misma insondable riqueza divina.
230. Padre, Hijo y Espíritu Santo: el misterio de la unidad y Trinidad de Dios La distin-
ción real de las Personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, no sólo no se opone a
que Dios sea uno, sino que precisamente las tres personas divinas son el Dios uno a
causa de las relaciones y vínculos mutuos que se dan entre ellas: «Los mutuos víncu-
los que constituyen a las tres Personas desde toda la eternidad, cada una de las cua-
les es el único y mismo Ser divino, son la vida íntima y dichosa del Dios santísimo, la
cual supera infinitamente todo aquello que nosotros podemos entender según el modo
humano» (Pablo-Vl, CPD 9); «en las tres Personas divinas, que son eternas entre sí e
iguales entre sí, la vida y felicidad del Dios enteramente Uno..., se consuman de ma-
nera máximamente excelente» {CPD 10).
232. La Santísima Trinidad en los símbolos de la Iglesia y la Liturgia TRI/SIMBOLOS
La fe de la Iglesia expresada en los Símbolos, Reglas y Profesiones de fe, está en con-
tinuidad con el contenido de la revelación bíblica sobre este Misterio. La formulación
teológica (expresada fundamentalmente en los Credos o Símbolos) sobre la Trinidad
de personas en Dios, ha ido elaborándose a lo largo de los siglos con ayuda de con-
ceptos filosóficos, y ha sido defendida contra negaciones y falsas interpretaciones.
Cuanto más sutiles han sido éstas, más necesidad ha habido de afinar las nociones
empleadas para guardar siempre la fidelidad al misterio revelado. En el Credo de la
Misa (Simbolo Nicenoconstantinopolitano) en que coinciden todas las confesiones cris-
tianas, confesamos: Creo en un solo Dios Padre Todopoderoso... En un solo Señor, Je-
sucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma
naturaleza que el Padre... En el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede
del Padre y del Híjo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria...
Una vía más catequéticamente apropiada es la de la liturgia que se mantiene en ma-
yor proximidad a las expresiones bíblicas del Misterio trinitario: Al final de la plegaria
eucarística se proclama: «Por Cristo, con El y en El, a Ti Dios Padre Omnipotente en la
unidad del Espiritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos.
Amén.» La actitud del hombre más apropiada para el acceso a este Misterio es la ado-
ración. En realidad, el Misterio de la Santísima Trinidad es el Misterio de la Fe Cristia-
na visto desde su aspecto más divino. Por lo que si el Misterio Cristiano es siempre in-
sondable, el Misterio Trinitario es el Misterio insondable por excelencia.
235. Que todos sean uno, para que el mundo crea Dios es el único ser que no está di-
vidido. Es puro don, es amor. Jesús ora para que nosotros seamos también ·"una sola
cosa", reflejo de la unidad trinitaria. Nuestra unidad será un testimonio que convenza
al mundo, radicalmente necesitado del don de la concordia pacífica: «Que todos sean
uno, como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que ellos también lo sean en nosotros, para
que el mundo crea que Tú me has enviado» (Jn 17, 21): Esta es la raíz de la unidad
de la Iglesia: «Toda la Iglesia aparece como una muchedumbre reunida por la unidad
del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo» (LG 4). Asi se expresa el Concilio Vaticano
II, citando a San Cipriano de Cartago. También el Concilio Vaticano II, al tratar de la
actividad misionera de la Iglesia, contempla toda la misión eclesial como vocación en-
trañada en la naturaleza misma de la comunidad de Cristo «porque (la Iglesia) tiene
su origen en la misión del Hijo y en la misión del Espiritu Santo, según el proyecto de
Dios Padre" (AG 2).
237. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu La misión evangelizadora de la
Iglesia -y, por tanto, el proceso catecumenal- culmina con la fe en el Padre y en el
Hijo y en el Espíritu. Todas las gentes serán bautizadas en esta fe, así como se les ini-
ciará en el resto del evangelio de Jesús. La Iglesia naciente recibe esta misión de Je-
sús resucitado, constituido Señor del Cielo y de la Tierra: «Me ha sido dado todo po-
der en el Cielo y en la Tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizán-
dolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar
todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los dias hasta
el fin del mundo" (Mt 28, 1 8-20). ........................................................................

TEMA 21. EL MISTERIO INTERPERSONAL DE DIOS


1) La historia de la salvación tiene tres momentos culminantes marcados por el "yo
estoy con vosotros", del Dios de Israel, de Jesús de Nazaret y del Espíritu. Comentar
en grupo los pasajes biblicos correspondientes: Ex 3, 7-15; Jn 14, 15-26; Mt 28, 16-
20.
2) Comentar los nn. 228-235: el amor hace que personas distintas sean una sola
cosa.
3) El proceso catacumenal culmina con la fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu:
¿hemos llegado a vivir esta fe?
4) Dios no es un misterio de soledad, sino de comunión, de amor (1 Jn 4, 7-8): ¿nos
reconocemos creados a imagen de Dios? Experiencias
concretas. ........................................................................

TEMA 21
OBJETIVO: DESCUBRIR QUE DIOS ES AMOR Y, POR TANTO, AMOR ENTRE PERSONAS
PISTAS PARA LA REUNION * Celebración de la palabra de Dios cumplida en el "Yo es-
toy con vosotros". - Del Padre. - Del Hijo. - Del Espiritu.
PLAN DE LA REUNION * Oración inicial. Canto. * Ex 3, 7-15 (silencio). * Salmo 103. *
Jn 14, 15-26 (silencio). * Canción a elegir. * Mt 28, 16-20. * Conversación (homilía):
significado existencial. * Oración comunitaria.
CATECUMENADO 22 P/VEJEZ 

DEL HOMBRE VIEJO AL HOMBRE NUEVO


OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir el proceso de conversión como un paso del
hombre viejo al hombre nuevo.
1. En una relación nueva con respecto a Dios, a los demás, al mundo y a sí mismo
CV/RELACION-NUEVA: El nuevo nacimiento y la consiguiente experiencia religiosa,
que transforma al hombre de la carne en hombre del Espiritu (Rm 8,8-9), que repro-
duce la imagen de Jesús (Rm 8, 29), coloca al hombre en una relación nueva con res-
pecto a Dios, a los demás, al mundo, e incluso, a sí mismo*.
2. Del hombre viejo al hombre nuevo en proceso de conversión Por ello dicho cambio
es vivido en el cruce de dos coordenadas esenciales a toda antropología: a) la persona
en relación con los otros; b), la persona en relación con el mundo. La primera coorde-
nada (antropológico-existencial: ser con los otros) es principal, no exclusivamente in-
terpersonal. El creyente es el hombre que se sabe en relación con Dios y sus herma-
nos. Es el hombre de la Alianza. En el cumplimiento de las exigencias de la misma,
que realizó Cristo, consisten toda la Ley y los profetas. Dicho cumplimiento no es tan-
to una conquista por parte del hombre, cuanto su acogida a una dinámica de gracia
que procede en último término del Padre. De hecho, nos encontramos en un régimen
de gracia, que culmina en la presencia eficaz del Espíritu prometido por Cristo. Toda
existencia humana se desenvuelve entre el rechazo de ese régimen de gracia, rechazo
que configura al hombre, según la concepción bíblica, como hombre viejo, y la acepta-
ción de la oferta del Padre que renueva, vivifica y salva lo que estaba perdido (hom-
bre nuevo). CV/QUÉ-ES Este cambio profundo se llama conversión. Desde sus orí-
genes, la Iglesia distingue claramente entre conversión primera, conversión segunda y
conversión continua. La conversión primera es propia de quien abraza la fe por prime-
ra vez (Cfr. Hch 2, 38). La conversión segunda es la de aquellos que por el pecado
pierden la gracia bautismal y han de ser de nuevo justificados por el sacramento de la
penitencia. A este sacramento, los Santos Padres le llamaron con propiedad «la se-
gunda tabla después del naufragio que supone el perder la gracia» (Jn 20, 22-23; cfr.
Concilio de Trento, DS 1542). La conversión continua es propia de los justos que fre-
cuentemente han de orar con humildad y verdad: «Perdónanos nuestras ofensas» (Mt
6, 12; cfr. DS 1536). En definitiva, la vida del cristiano es todo un proceso de conver-
sión en un hombre nuevo por la continua acogida al don del Espíritu.
3. El pecado, condición histórica del hombre ante Dios P/ACEPTACION:
El pecado, en efecto, configura al hombre como hombre viejo. Sin embargo, el hom-
bre no reconoce por sí mismo que es pecador. Es preciso que venga el Espíritu para
que convenza al mundo de pecado (/Jn/16/08) y el hombre pueda reconocer su peca-
do contra Dios (/Sal/050/06). Miradas las cosas desde Dios y su designio salvador,
todo lo humano está bajo el signo del pecado o bajo el signo de la gracia. El pecado
constituye, pues, una de las formas de estar y vivir históricamente ante Dios. El peca-
do lleva consigo caída, oscuridad y ceguera, y se manifiesta en la corrupción de órde-
nes fundamentales de la vida: familia, trabajo, política, religión. El pecado es la rebe-
lión humana contra el orden de cosas configurado, según el designio original de Dios,
como Alianza, por relaciones de fidelidad y de amor; y, consiguientemente, el pecado
toma cuerpo en una determinada forma de desarrollo histórico a través del cual Dios
ya en el presente condena al hombre (Rm 1, 18).
4. El pecado: no a Dios, serie de rupturas, callejón sin salida P/RUPTURA: Toda una
serie de rupturas descoyunta y deshace la realidad tal como había proyectado Dios
originalmente. El corte de la religación del hombre con Dios es la raíz que origina y
mantiene cualquiera otra ruptura. «Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como
su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda
su ordenación, tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los
demás y con el resto de la creación... El pecado rebaja al hombre, impidiéndole lograr
su propia plenitud» (GS 13). Su pretensión fracasa; el pecado lo divide en sí mismo,
lo empequeñece, desviándolo de la plenitud a la que estaba destinado y, además, lo
coloca en una situación de la que no puede salir por sí mismo. Así, el pecado lleva
consigo una negación frente a Dios, las consiguientes rupturas y una situación como
de un callejón sin salida. La Biblia expresa este estado de cosas con diversas imáge-
nes.
5. En proceso de conversión: de la sed al agua de la vida El pecado aparece como se-
quía y agostamiento de una tierra destinada por Dios a ser fértil y productiva: «Doble
mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse
cisternas; cisternas agrietadas que el agua no retienen" (Jr 2, 13). El pecado deja al
hombre con tal sed que nada ni nadie fuera de Dios puede apagarla. La llamada a la
conversión lo es a apagar esa sed: «¡Oid, sedientos todos, acudid por agua!» (Is 55,
1). Es la llamada que hace Jesús a la Samaritana: «Si conocieras el don de Dios y
quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva...; el que beba
del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá
dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4, 10-14).
6. En proceso de conversión: de la ceguera a la luz P/CEGUERA:
El pecado aparece también en la Sagrada Escritura como ceguera total que incapacita
al hombre para ver la acción de Dios en medio de la naturaleza y de la historia. En
este sentido, todos los hombres somos ciegos de nacimiento. Nuestra ceguera original
debe ser curada lavándonos en la piscina del Enviado, es decir, en la piscina de Cristo,
que custodia celosamente la Iglesia: Bautismo y Penitencia. Y nuestros ojos inútiles se
abrirán al horizonte de la fe: a Cristo, Luz del Mundo. Jesús concedió la vista al ciego
de nacimiento. «Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo puso en los ojos al
ciego, y le dijo: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé" (que significa Enviado). El fue, se
lavó y volvió con vista" (/Jn/09/06-07). La llamada a la conversión es una llamada a
la luz, Cristo nos ofrece la curación de nuestra ceguera. "Jesús añadió: 'Para un juicio
he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven queden cie-
gos"» (Jn 9, 39).
7. En proceso de conversión: de la muerte a la vida Como los pasajes evangélicos de
la Samaritana y del ciego de nacimiento, el pasaje de la resurrección de Lázaro perte-
nece a la antigua liturgia catecumenal y, dentro de ella, a la de los domingos más an-
tiguos de la Cuaresma (tercero, cuarto y quinto). Quien se encuentra en proceso de
conversión es un hombre que está pasando de la muerte a la vida. Es un hombre que,
como Lázaro, se encontraba muerto y ante cuya tumba dijo Jesús: «Quitad la losa».
Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro
días". Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». Entonces
quitaron la losa. Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, ven afuera». El muerto
salió, los pies y las manos atadas con vendas y la cara envuelta en un sudario. Jesús
les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar» (Jn 11, 39-44). De forma semejante, el hombre
que nace a la fe es un hombre a quien Dios ha hecho salir de su sepulcro y ha recupe-
rado para la vida. Así se cumple la profecia de Ezequiel para los tiempos mesiánicos:
«Esto dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la
tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros sabréis que soy el Señor; os infun-
diré mi espíritu y viviréis» (Ez 37, 12-14). -
8. En proceso de conversión por la fuerza del Espíritu De la sed al agua viva. De la ce-
guera a la luz. De la muerte a la vida. El paso del hombre viejo al hombre nuevo, la
conversión del corazón, es un nuevo nacimiento por la fuerza del Espíritu. Como dice
Jesús a Nicodemo: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Es-
píritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne es carne; lo nacido
del Espíritu es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo
alto. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a
dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu» (Jn 3, 5-8).
9. EI Espíritu obra en el corazón COR/QUÉ-ES:
El Espíritu obra en el interior del hombre, en su conciencia religiosa y moral. La Escri-
tura, además del término conciencia (Rm 14, 5; 1 Co 10, 25-29), utiliza frecuente-
mente la palabra corazón y también la palabra espíritu. En nuestra manera de hablar,
el corazón se considera ligado a la vida afectiva. Para el hebreo se trata de algo mu-
cho más amplio. El corazón es lo más íntimo del hombre; ahora bien, en lo más íntimo
se encuentran los sentimientos, pero también los recuerdos y los pensamientos, los
razonamientos y los proyectos. El corazón del hombre designa entonces toda su per-
sonalidad vista como un todo, desde el fondo de su ser. desde su centro viviente y
osiginal.
10. El problema religioso se juzga en el corazón del hombre Así el problema religioso
del hombre radica en el corazón. Israel fue comprendiendo cada vez mejor que no es
suficiente una religión exterior. Para hallar a Dios hay que buscarlo «con todo el cora-
zón» (Dt 4, 29). Israel comprendió, al fin, que debía fijar su corazón en Dios (1 S 7,
3) y amarle con todo el corazón (Dt 6, 5), viviendo con entera docilidad a su ley.
11. Un cambio de corazón, un cambio profundo. Un nuevo nacimiento
COR/CAMBIO:«De dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulte-
rios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que hace impuro al
hombre» (Mt 15, 19-20). En esta situación resulta necesario un corazón nuevo, una
conciencia nueva, una personalidad nueva. Los profetas anuncian para el futuro me-
siánico un cambio radical, un cambio de corazón (Jr 31, 33; 32, 39; 24, 7; Ez 18, 31).
Dios mismo reaíizará ese cambio: «Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros
un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón
de carne» (/Ez/36/26).
12. El problema religioso del hombre, problema de «oído» Para la Escritura, actitud
primordial del hombre creyente es la actitud de escucha: ¡Escuchad la palabra de
Dios! (Am 3, 1; Jr 7, 2; Dt 6, 4; Mc 12, 29; 4, 3.9). En el centro de las relaciones en-
tre Dios y el hombre, tal como nos las presenta la Sagrada Escritura, está la palabra
de Dios al hombre, que éste debe escuchar y acoger en su corazón y en el seno de la
comunidad fraterna. Ahí está en juego la vida entera del creyente: escuchar la voz del
Señor. Como dice el salmista: «Ojalá escuchéis hoy su voz" (/Sal/094/07), palabras
que glosará ampliamente la Carta de los Hebreos (3, 7-11).
13. Rechazar la palabra del Señor es embotar el propio corazón y endurecer el oído_
Rechazar la palabra del Señor, endurecer el propio corazón y oscurecerse la concien-
cia son una misma cosa. Escuchar la voz del Señor y abrir el corazón a Dios es lo mis-
mo que creer en el sentido pleno que esta palabra tiene de ordinario en la Biblia y es
lo opuesto a la idolatría. La fe en Dios se opone al servicio de los ídolos, pues este
servicio no deja oír la voz de Dios, endurece el corazón y oscurece la conciencia. Así
se cumple una y otra vez la profecía de Isaías: «Oíd con vuestros oídos, sin entender;
mirad con vuestros ojos, sin comprender. Embota el corazón de ese pueblo, endurece
su oído, ciega sus ojos: que sus ojos no vean, que sus oídos no oigan, que su corazón
no entienda, que no se convierta y sane" (Is 6, 9-l0, Mt 13, 14 15)
(14) ........................................................................

TEMA 22

OBJETIVO: DESCUBRIR EL PROCESO DE CONVERSION COMO UN PASO DEL HOMBRE


VIEJO AL HOMBRE NUEVO
PLAN DE LA REUNION * Información: personas, problemas, acontecimientos... * Pre-
sentación del tema 22 en sus puntos clave. * Lectura de alguno de los pasajes bíblicos
que presentan la necesidad de un cambio radical. * Lectura de Mt 5,1-48: la orienta-
ción del cambio.
PISTA PARA LA REUNION
PUNTOS CLAVE * Un cambio radical: de la sed al agua de la vida (Jn 4,1-42); de la
ceguera a la luz (Jn 9,1-41); de la muerte a la vida (Jn 11,1-44).
* Un nuevo nacimiento por la fuerza del Espiritu (Jn 3,5-8). * Un corazón nuevo (Ez
36,26). * Problemas de oído (Sal 95,7).
CATECUMENADO 23 

CONVENCIDOS DE PECADO POR EL ESPÍRITU 


OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que el pecado del hombre debe ser desenmas-
carado desde la experiencia de la fe.
14. Sólo delante de Dios el hombre adquiere conciencia del pecado P/RECONCILIA-
CION:El creyente es el hombre que vive en relación con Dios. Sólo delante de Dios
puede adquirir el hombre conciencia de pecado. En la medida en que creemos en Dios
vamos reconociendo, a la vez, el propio pecado, el pecado de la humanidad y el peca-
do del mundo. Hay en el corazón humano como una profunda aversión a reconocerse
pecador, aversión que sólo la presencia eficaz del Espíritu va lentamente dominando
con una pedagogía inseparable de la pedagogía de la fe. Como bien se ha dicho, no
puede uno verse pecador sino por comparación, no se ve uno pecador sino por gracia
de Dios, no se conoce uno a sí mismo sino conociendo a Dios, no sabe uno lo que ten-
dría que ser sino cuando conoce lo que Dios le propone ser, no sabe uno lo que le fal-
ta hasta que se lo dan. Dice el libro de los Proverbios: "Al hombre le parecen rectos
todos sus caminos, pero es Yahvé quien pesa los corazones" (21, 2) (21).
15. Una personalidad de pecador, un cuerpo de pecado. Pasa desapercibida la raíz
más profunda de la miseria humana PECADOR/CIEGO-SORDO: El pecado arraiga pro-
fundamente y se hace como connatural al hombre, estableciendo en él una personali-
dad de pecador, un cuerpo de pecado (/Rm/06/06). El pecado endurece los oídos, cie-
rra los ojos y embota el corazón (/Mt/13/15), y así pasa desapercibida la raíz más
profunda de la miseria humana. Porque el pecado consiste también en no reconocer el
propio pecado. Como dice San Juan: «Si decimos que no hemos pecado, nos engaña-
mos y no somos sinceros. Pero si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo,
nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos
pecado, le hacemos mentiroso y no poseemos su palabra» (/1Jn/01/08-10). La aver-
sión a reconocer el propio pecado se manifiesta con especial sinuosidad en el caso de
la hipocresía farisaica (Cfr. Mt 23, 23 ss) y llega a su extremo en la actitud demoníaca
(22).
16. Padecemos los efectos, ¿pero vemos el pecado?
El hombre padece sus propios crímenes y miserias; padece las guerras, que parecen
brotar como por necesidad y como si nadie las quisiera; padece la acumulación de
bienes económicos, con la ambición, la soberbia y las grandes fachadas de falsedad
que hay detrás de ella; padece también el envenenamiento de la atmósfera social por
la lucha de clases y una fe ciega en el recurso de la violencia; padece profundas
contradicciones y equívocos: en el seno de una Europa que se decía culta y cristiana
han muerto -no hace tanto tiempo- millones de personas en las cámaras de gas; pa-
dece el hombre una incapacidad profunda para romper el círculo del propio egoísmo y
amar (23).
17. El incumplimiento del Decálogo señala e identifica al hombre viejo Frente a la ce-
guera del hombre para reconocer su propio pecado, la Palabra de Dios levanta acta de
acusación por medio del Decálogo «para que toda boca enmudezca y el mundo entero
se reconozca reo delante de Dios» (Rm 3, 19). El Decálogo señala al hombre como
pecador, le identifica como hombre viejo. Todo aquello que, saliendo de dentro del co-
razón, supone una transgresión del Decálogo, mancha y desfigura al hombre. Como
dice Jesús: «de dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios,
fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que hace impuro al hom-
bre» (Mt 15, 19-20; cfr. Ga 3, 19 ss) (24).
18. Todos somos pecadores Todos somos pecadores: «todos, judíos y gentiles, están
bajo el dominio del pecado; así dice la Escritura: Ninguno es justo, ni uno solo, no hay
ninguno sensato, nadie que busque a Dios. Todos se extraviaron, igualmente obstina-
dos, no hay uno que obre bien, ni uno solo. Su garganta es un sepulcro abierto, mien-
tras halagan con la lengua, con veneno de víboras en sus labios. Su boca está llena de
maldiciones y fraudes, sus pies tienen prisa para derramar sangre; destrozos y ruinas
jalonan sus caminos, no han descubierto el camino de la paz. El temor de Dios no
existe para ellos» (/Rm/03/23). Por la palabra de Dios y en la fe en Cristo llegamos a
reconocernos pecadores. Alcanzar la verdad sobre uno mismo es don de Dios. Que el
mundo sea convencido de pecado es señal de la acción del Espiritu (/Jn/16/08) (25).
19. Aceptar esperanzadamente el juicio de Dios sobre el propio pecado
Sólo desde la fe que nos hace capaces de una nueva experiencia se puede aceptar la
verdad sobre el pecado humano. Y además esperanzadamente, sin derrotismos; sabe-
mos que "a los que aman a Dios todo les sirve para el bien" (/Rm/08/28). San Pablo
subraya las seguridades de la fe cuando escribe: «Si Dios está por nosotros, ¿quién
contra nosotros...? Dios es quien justifica, ¿quién condenará (Rm 8, 31.33). El mismo
reconocimiento del propio pecado viene a ser signo evangélico, «buena noticia" (26).
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TEMA 23-1
OBJETIVO: DESCUBRIR LAS RASGOS FUNDAMENTALES DEL HOMBRE VIEJO
PLAN DE LA REUNION * Relato de acontecimientos más significativos ocurridos desde
la última reunión. * Presentación del objetivo, plan y pista de la reuni6n . * Lluvia de
ideas y confrontación. * Oraci6n comunitaria: desde la propia situaci6n.

PISTA PARA LA REUNION * Lluvia de ideas: ¿Qué es lo que hace del hombre un hom-
bre deshumanizado? O bien: ¿Qué es lo que hace de este mundo un mundo opresor?
* Confrontar los resultados con el Decálogo (y con Gn 3).
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TEMA 23-2 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE SOLO DELANTE DE DIOS EL HOMBRE AD-
QUIERE CONCIENCIA DE PECADO
PLAN DE LA REUNION * Información: personas, hechos, problemas...
* Presentación del tema 23 en sus puntos clave.
* Lectura de Rm 3,10-19 y Jn 16,1-15: comentario comunitario sobre lo más impor-
tante.
* Oración comunitaria: desde la propia situaci6n.
PISTA PARA LA REUNION PUNTOS CLAVE * El pecado pasa inadvertido: debe ser des-
enmascarado. * El Decálogo identifica al hombre como pecador, como hombre viejo
(Rm 3,19; Mt 15,19-20). * Se requiere la experiencia del Espíritu para que el hombre
reconozca su pecado (Jn 16,8). * Todos somos pecadores (Rm 3,10-18).
CATECUMENADO 24 MAL/ESCANDALO 

LA EXPERIENCIA DEL MAL, EL PECADO,


LA RAÍZ MAS PROFUNDA DE LA MISERIA HUMANA
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir la experiencia del mal y del pecado como la raíz
más profunda de la miseria humana.
20. Experiencia del mal: ¿Quién es el responsable? MAL/EXPERIENCIA: La experiencia
del mal parece desvirtuar la primera enseñanza bíblica, a saber, que el mundo y la
vida son don de Dios, y constituye una objeción insistentemente dirigida al propio co-
razón de la fe: «Dios es amor» (1 Jn 4, 8.16). Si esto es así, ¿cómo es posible el mal?
Por eso esta experiencia del mal desencadena a veces la afirmación impía: No hay
Dios (/Sal/009B/010/04; /Sal/013/014/01), esta es la reacción de algunos contempo-
ráneos nuestros ante el mal: Dios no es justo, no es bueno (tolera el sufrimiento de
los inocentes), luego no existe. En este contexto se produce otra gran proclamación
bíblica (Gn 2 y 3), la de la justicia y la inocencia de Dios ante el mal del mundo. El re-
lato yahvista del pecado de la primera pareja, recogido en el Génesis, está orientado
principalmente a proclamar y confesar que Dios no tiene la culpa. La raíz más profun-
da de la miseria humana no está en Dios, sino en el hombre mismo. Y en forma figu-
rada reproduce el drama original, cuyas consecuencias vienen a decidir la condición
del hombre y toda su historia (28).
21. Se introdujo el pecado y la muerte en el mundo. Así se introduce todavía hoy P/
CAUSA-MAL Según las primeras páginas del Génesis, entre el mundo de nuestra expe-
riencia y la creación original no hay una continuidad perfecta: en un lugar se produce
una fractura. Era el mundo bueno, muy bueno al salir de las manos de Dios (Gn 1 y
2). Se ha introducido un elemento perturbador: el pecado del hombre (Gn 3). El peca-
do, rebeldía del hombre contra el designio salvador de Dios, constituye la raíz más
profunda de la miseria humana. Con este relato busca la Biblia no tanto especular so-
bre los orígenes de la historia cuanto iluminar, la vida del hombre en orden a su con-
ducta, mostrándole cómo vino la desgracia y la miseria al mundo y siguen viniendo
aún hoy y cómo de ellas es el hombre y no Dios el responsable (29).

22. La gran mentira: «Dios, rival del hombre y envidioso de su felicidad». Falsa auto-
nomía religiosa y moral P-O/AUTONOMIA-FALSA
El relato de Gn 3 manifiesta la radical perversión del hombre pecador e «hijo del pa-
dre de la mentira" (Jn 8, 44). Dios se le presenta al hombre, según el tentador, como
su rival, envidioso de su bien y felicidad. El hombre pretende ser un dios, pero sin
Dios. Quiere, ante todo, conseguir la ciencia del bien y del mal, decidir por sí mismo lo
que es bueno y lo que es malo y obrar en consecuencia: una falsa autonomía por la
que pueda hacerse por sí mismo y desde sí mismo su propio proyecto de vida, confi-
gurado por la ruptura del orden religioso de la existencia y del consiguiente orden mo-
ral. «Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios
en el conocimiento del bien y del mal» (/Gn/03/05). El autor del relato de Gn 3 descri-
be la tentación de la «serpiente» con los rasgos de la tentación que para los israelitas
significaron los cultos de los cananeos, habitantes como ellos de la Palestina. Tras
todo ello se perfila la profunda tentación del proyecto cananeo de vida: sin el Dios de
Israel (37).
23. La mentira primordial: «Ser como un dios, pero sin Dios» La mentira primordial
cautiva más fácilmente por su falsa apariencia de bien. El fruto prohibido aparece
«apetitoso, atrayente y deseable porque daba inteligencia» (Gn 3, 6). La utopía de ser
como un dios, pero sin Dios, que alimenta el propio proyecto cananeo de vida aparece
realizable y apetecible. La fruta prohibida está al alcance de la mano. El hombre la
come y cumple la experiencia radical del pecado, experiencia que le configura bíblica-
mente como hombre viejo. El pecado trastorna la vida del hombre. Ese trastorno está
caracterizado por una constelación de rupturas con Dios, con los demás, consigo mis-
mo (38).
24. Ruptura con Dios, ruptura fundamental en el orden de la fe P/RUPTURA La ruptura
con el Dios de la Alianza, con su proyecto de salvación, es la ruptura radical, funda-
mento de las demás. Es una ruptura en el orden de la fe, de esta fe que es acogida
del Dios que se complace en comunicarse personalmente con el hombre. Habiendo pe-
cado, el hombre no acoge a Dios, rehuye su rostro y su presencia, se oculta. Ocurre lo
contrario a lo que acontece en la conversión. El pecador se refugia en las tinieblas,
pues, como dice San Juan, «todo el que obra perversamente detesta la luz y no se
acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras» (/Jn/03/19-20). El hombre se
oculta porque se siente desnudo. La conciencia de desnudez implica conciencia de
desamparo, impotencia y deshonor y, por ello, avergüenza. El hombre, con su preten-
sión de ser un dios, pero sin Dios, se siente por ello mismo reducido a su humanidad
desnuda, impotente y desamparada. El hombre que pierde a Dios, pierde el funda-
mento de su propia consistencia (/Is/07/09; /Is/28/16; /Is/30/15); es pura fantasma-
goría y sombra que pasa (39).
25. Ruptura con los demás: ruptura del orden del amor La moral bíblica es una moral
de alianza fundamentada en un orden de gracia. Dios llama al hombre a la justicia, a
la fidelidad y al amor. El hombre debe responder con fe viva y con amor a los requeri-
mientos de Dios. La fe es la raíz de la moral de alianza. Rota la alianza con Dios por la
infidelidad del hombre, se rompe también la alianza entre los hombres y el orden mo-
ral y viceversa. El segundo mandamiento es semejante al primero (Mt 22, 39). La
ruptura del orden moral supone la ruptura del amor al hermano, a quien vemos (1 Jn
4, 20), y la instalación en el propio egoísmo. En el relato del Génesis, la ruptura de la
alianza entre hombre y mujer se manifiesta ya en la acusación. «La mujer...» (Gn 3,
12). El proyecto original de Dios de hacer de marido y mujer "una sola carne" (/Gn/
02/24), se resquebraja también por el pecado. En la acusación aparece el síntoma de
la fisura. No se asume la propia responsabilidad y se descarga sobre otro, sea quien
sea: «La mujer...», «la serpiente» (3, 13). Prácticamente, la capacidad para autojusti-
ficarse falsamente el hombre no tiene término. Nadie quiere hacerse cargo ni de los
pecados del mundo ni de los pecados propios (40).
26. Impacto del pecado en el ámbito de la familia y del amor humanos
El pecado afecta a las funciones y actividades esenciales del hombre. A la mujer le
dijo: «Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu
marido y él te dominará» (Gn 3, 16). Este versículo supone la contradicción existen-
cial que el pecado introduce en el orden de la familia y del amor humanos. Esta es la
miseria de la mujer, que -rota por el pecado la comunidad de la Alianza- no sirve
(dentro de la cultura del Oriente Antiguo) para otra cosa sino para engendrarle hijos a
su marido. No es la «reina» del hogar, sino la «esclava». Por ello vivirá la maternidad
como una carga y dará a luz a sus hijos con trabaio (en sentido existencial, no mera-
mente fisiológico). Por otro lado, la relación interpersonal del amor conyugal queda
rebajada y desvirtuada en relaciones meramente instintivas y ciegas, de deseo, domi-
nio y fuerza. Es lo que modernamente llamamos dialéctica de los sexos, una situación
en que el hombre vive su incapacidad para amar (42).
27. Consecuencias del pecado en el orden del trabajo Al hombre pecador le dijo: «Por-
que le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldito
sea el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotarán para ti
cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el
pan...» (/Gn/03/17-19). Este pasaje pretende únicamente exponer las condiciones
existenciales en que el hombre vive su trabajo y las contradicciones que el pecado ha
introducido en el orden del mismo. A causa del pecado, el trabajo no será ya siempre
una actividad creadora, gratificadora y plenificante, sino más bien algo duro e ingrato
expresado bajo las imágenes de fatiga, espinas y sudor. Proyectando esta luz sobre la
complejidad creciente del mundo del trabajo -particularmente en nuestro mundo in-
dustrializado- aparece éste configurado en un marco de relaciones de dominio, opre-
sión y esclavitud (43).
28. Ruptura del orden de la esperanza El autor del relato de Gn 3 quiere mostrar tam-
bién que por el pecado se hunde el hombre en una situación de suyo sin salida, sin
fundamento para la esperanza. Rota la alianza con Dios, el hombre queda abandonado
a sí mismo y a los acontecimientos naturales. La imagen del polvo (v. 19) expresa la
inconsistencia del hombre apartado de Dios. El hombre ha encontrado la muerte; éste
es el salario del pecado (Rm 6, 23; 7, 11). Así, por el pecado queda el hombre despo-
jado de toda esperanza, aun de la esperanza de vivir gozosa y plenamente para siem-
pre; sin Dios, el hombre queda también sin futuro, abandonado al proceso de suyo
natural de la muerte (44).
29. Una situación de la que el hombre, por sí mismo, no puede salir Por el pecado, el
hombre queda fuera del Paraíso, se produce la escisión entre lo sagrado y lo profano,
entre el lugar donde mora Dios y el lugar donde el hombre hace su historia. Así el
hombre vive fuera del Paraíso y fuera del templo. "Echó al hombre, y a oriente del jar-
din de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que se agitaba para cerrar
el camino del brbol de la vida" (/Gn/03/24). "Querubin" corresponde al nombre de los
Káribu babilónicos: genios que guardaban los templos, centinelas de lo sagrado. Con
su espada de llama vibrante, el querubín expresa de forma difícilmente superable el
estatuto teológico en que queda el hombre pecador. El hombre ha entrado por el pe-
cado en una situación de la que no puede salir por sí mismo, sin la acción salvadora
de Dios. El pecado, en efecto, introduce el drama: «Por eso toda la vida humana, indi-
vidual o colectiva, se nos presenta como una lucha, por añadidura dramática, entre el
mal y el bien, entre las tinieblas y la luz. Más aún, el hombre se encuentra incapacda-
do para resistir eficazmente por sí mismo a los ataques del mal, hasta sentirse como
aherrojado con cadenas. Y el pecado, ciertamente, empequeñece al hombre, alejándo-
le de la consecución de su propia plenitud. (GS 13) (45).
30. La naturaleza, creada para el hombre, participa de su destino La naturaleza, crea-
da para el hombre, participa de su destino. A causa del pecado, actualmente se en-
cuentra violentada: «La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación
de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por
uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería libe-
rada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos
de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con
dolores de parto" (/Rm/08/19-22). Así pues, el mundo acusa también el impacto del
pecado, como dice el salmista: "EI cambia los ríos en desierto, y en sequedad los ma-
nantiales, la tierra fértil en salinas, por la malicia de sus habitantes" (/Sal/
106/107/33-34) (46).
31. El pecado, acontecimiento universal: "EI mundo entero yace en poder del Maligno"
(/1Jn/05/19) El relato del Gn 3 anuncia en el fondo un acontecimiento de consecuen-
cias universales: el hombre es pecador, todos somos pecadores. Después de este re-
lato, la historia bíblica primitiva describe el fratricidio, la corrupción de los contempo-
ráneos de Noé, la construcción de la torre de Babel, caídas que prefiguran nuestros
grandes pecados; la historia bíblica posterior irá haciéndonos tomar cada vez más cla-
ra conciencia de que el pecado es un acontecimiento universa. "No hay hombre que
no peque" (/1R/08/46); ésta es una de las tesis fundamentales de la teologia proféti-
ca. Para los profetas el pecado ha venido a ser como unasegunda naturaleza ya en el
pueblo de Israel: "¿Muda el cusita su piel o el leopardo sus pintas?" "¡También voso-
tros podéis entonces hacer el bien los avezados a hacer el mal" (Jr 13,23). La humani-
dad se ha hundido en el pecado como en un pantano sin fondo. Job se pregunta si es
posible sacar pureza de lo impuro (14, 4). San Pablo asegura que todos, judíos y pa-
ganos, están bajo el dominio del pecado"... Todos pecaron y están privados de la glo-
ria de Diosb (/Rm/03/10/23). Como dice San Juan: "EI mundo entero yace en poder
del Maligno" (/1Jn/05/19) (47).
32. Nacemos en pecado El salmista considera al hombre concebido en maldad y en
pecado (Sal 50,7). Jesús proclama la necesidad de un nuevo nacimiento para entrar
en el Reino de Dios (Jn 3, 5) y librar al hombre del Princlpe de este mundo (Jn 12,31).
En relación a Dios somos sordos y ciegos de nacimiento. Todos a excepción de la In-
maculada Virgen María, enemiga del mal desde su concepción (Cfr. Tema 51), nace-
mos extraños a Dios, nacemos en pecado: "... por la desobediencia de uno todos se
convirtieron en pecadores»... (/Rm/05/19). El pecado de Adán no se transmite por vía
de imitación y mal ejemplo, sino por propagación o como por un contagio universal,
que da una personalidad de pecador -un cuerpo de pecado- a cada hombre en tanto
que es hijo de Adán. Por eso no puede salvarse por sí mismo el hombre; para ello ha
de nacer de nuevo, de lo alto, por la acción de Dios. Este nacimiento y esta acción han
tenido lugar en Jesús. Por él, por su obediencia, «todos se convertirán en justos».
«Con el don no sucede como con la culpa. Si por la culpa de uno murieron todos, mu-
chos más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios des-
bordaron sobre todos. Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia» (Rm 5,
15.19.20) (48).

33. La naturaleza humana: herida, responsable, necesitada de Cristo Según la ense-


ñanza de la Iglesia a lo largo de los siglos, el pecado original ha dañado a la naturale-
za humana, pero no la ha corrompido. Ha cambiado al hombre y le ha situado «en un
estado peor» (Cfr. Il Concilio de Orange, DS 371 y Concilio de Trento, DS 1511), le ha
alejado «de la consecución de su propia plenitud» (Concilio Vaticano II, GS 13, b). Por
el pecado, la libertad humana no fue extinguida, «aunque sí atenuada y desviada en
sus fuerzas» (Concilio de Trento, DS 1521). Es decir, el hombre sigue siendo libre y
responsable de su vida, aunque a consecuencia del pecado esté parcialmente condi-
cionado y debilitado (Cfr. GS 15, a). Puede hacer el bien. No todas sus obras son pe-
cado. Sin embargo, para orientarse hacia Dios con «plena eficacia, ha de apoyarse ne-
cesariamente en la gracia de Dios» (GS 17). Más aún, la gracia de Dios manifestada
en Cristo es el origen de la justificación humana (Cfr. DS 1523 y 1525). Por Cristo
"verdaderamente nos llamamos y somos justos" (DS 1529), somos hijos de Dios. Al
hombre, así justificado y transformado por la gracia, le es posible observar los manda-
mientos de Dios y guardar las palabras de Cristo (Cfr. 1 Jn 5, 2 ss; Jn 14, 23; DS
1536) (49).
34. Salvados por medio de Jesucristo A pesar del pecado, puede haber salvación para
el hombre. Cristo es nuestra salvación: «Así pues, ya hemos recibido la justificación
por la fe, esta paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos ob-
tenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos y nos gloriamos apoyados en
la esperanza de alcanzar la gloria de Dios» (Rm 5,1-2). Aun después de la redención
de Cristo siguen actuando ciertas consecuencias del pecado original: la inclinación al
pecado, la dificultad para discernir el camino del bien moral, el dolor, la enfermedad,
la muerte... Pero estas consecuencias del pecado han cambiado de signo por la acción
redentora de Cristo. El hombre, en virtud de la gracia de Cristo, puede recobrar poco
a poco en la presente situación histórica lo que según el proyecto original de Dios está
llamado a ser: imagen de Dios, verdadero hijo de Dios (50).

35. La naturaleza humana, caída En nuestro tiempo, el Papa Pablo VI ha propuesto


esta fórmula en el Credo del Pueblo de Dios como profesión de fe de la Iglesia sobre el
pecado original: «Creemos que todos pecaron en Adán». Y explica este hecho así "Lo
cual significa que la culpa original cometida por él hizo que la naturaleza humana, co-
mún a todos los hombres, cayera en un estado tal en el que padeciese las consecuen-
cias de aquella culpa. Este estado ya no es aquel en el que la naturaleza se encontra-
ba al principio en nuestros primeros padres, ya que estaban constituidos en santidad y
justicia, y en el que el hombre estaba exento del mal y de la muerte. Así pues, esta
naturaleza humana, caída de esta manera, destituida del don de la gracia del que an-
tes estaba adornada, herida en sus mismas fuerzas naturales y sometida al imperio de
la muerte, es dada a todos los hombres; por tanto, en este sentido, todo hombre nace
en pecado. Mantenemos, pues, siguiendo el Concilio de Trento, que el pecado original
se transmite, juntamente con la naturaleza humana, por propagación, no por imita-
ción, y que se halla como propio en cada uno» (CPD 1 6)
(51 ). ........................................................................

TEMA 24-1 OBJETIVO: DESCUBRIR LA RAIZ MAS PROFUNDA DE LA MISERIA HUMA-


NA: EL ORIGEN DEL MAL
PLAN DE LA REUNION * Información: personas, hechos, problemas...
* Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión . * Comunicación de pequeño
grupo y puesta en común de lo más importante. * Lectura de Gn 3: comentario. *
Oración comunitaria: desde la propia situación.
PISTA PARA LA REUNION * Interrogantes que vuelven una y otra vez: ¿por qué existe
el mal en el mundo?; ¿será Dios el responsable7 ¿existe el pecado? * ¿Cómo me sitúo
yo ante éstos y otros interrogantes
parecidos? ........................................................................

TEMA 24-2 OBJETIVO: DESCUBRIR LA RAIZ MAS PROFUNDA DE LA MISERIA HUMA-


NA: EL ORIGEN DEL MAL
PLAN DE LA REUNION * Relato de acontecimientos más significativos ocurridos desde
la última reunión. * Presentación del objetivo y plan de la reunión. * Presentación del
tema 24 en sus puntos clave. * Diálogo. * Oraci6n comunitaria: desde la propia situa-
ción.
PISTA PARA LA REUNION PUNTOS CLAVE * ¿Quién es el responsable? * Como al prin-
cipio, así hoy. * La mentira primordial: ser como Dios, pero sin Dios. * Ruptura con
Dios. * Ruptura con los demás: familia y trabajo. * Ruptura de la esperanza. * Situa-
ción de la que el hombre, por sí mismo, no puede salir. * La naturaleza humana: heri-
da, responsable, necesitada de Cristo.
CATECUMENADO 25 
 
SIN AMAR CON AMOR AUTÉNTICO
OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir que el pecado del hombre desfigura la relación
personal de amor y que el amor verdadero es don de Dios.
36. La persona egoísta, básicamente incapaz de amar EGOISMO/A:Toda actitud hu-
mana que de alguna manera cierra al individuo sobre sí mismo, que no favorece a su
apertura e integración, que fomenta el aislamiento o la soledad es un camino que no
conduce hacia la propia identidad. Es una actitud egoísta. La persona egoísta sólo se
interesa por sí misma, desea todo para sí misma, no siente satisfacción en dar, sino
únicamente en tomar. Considera el mundo exterior sólo desde el punto de vista de lo
que puede obtener de él. Carece de interés por las necesidades ajenas y de respeto
por la dignidad e integridad de los demás. No ve más que a sí misma, juzga a todos
según su utilidad; es básicamente incapaz de amar de verdad. Pero el egoísta no sólo
es incapaz de amar a los demás; ni siquiera puede amarse de verdad a sí mismo (53).
37. Lo contrario del amor fraterno El excluir a alguien de nuestro amor se opone di-
rectamente al mandato del Señor, cuando dice: ama a tu prójimo como a ti mismo. El
amor fraterno es el amor incondicional a todos los seres humanos: el amor al desvali-
do, al pobre, al desconocido, al enemigo es su signo distintivo. Amar a los de nuestra
propia carne y sangre no es hazaña alguna. Los animales aman a sus vástagos y los
protegen. El desvalido ama a su dueño, porque en el fondo depende de él; el niño
ama a sus padres, pues los necesita. El amor fraterno sólo comienza a desarrollarse
cuando amamos a quienes no necesitamos para nuestros fines personales. «Porque si
amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los pu-
blicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No
hacen lo mismo también los gentiles?» (/Mt/05/46-48) (54).
38. Dios ama al frágil e inseguro ser humano. Sin acepción de personas En forma har-
to significativa, en el Antiguo Testamento el objeto central del amor del hombre es el
pobre, el extranjero, la viuda y el huérfano y, eventualmente, el enemigo nacional, el
egipcio y el edomita. Al tener compasión del desvalido el hombre comienza a desarro-
llar el amor a sus hermanos; y al amar a su hermano, se ama también a sí mismo y a
todo el que necesita ayuda: amar al frágil e inseguro ser humano, a quien Dios ama:
«No endurezcáis vuestra cerviz, que el Señor, vuestro Dios, es Dios de dioses y Señor
de señores, Dios grande, fuerte y terrible, no es parcial ni acepta soborno, hace justi-
cia al huérfano y a la viuda, ama al forastero, porque forasteros fuisteis en la tierra de
Egipto» (Dt 10, 16-19). La carta de Santiago, en el Nuevo Testamento, insiste en es-
tas ideas: «Hermanos, no juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la
aceptación de personas... Si mostráis favoritismos, cometéis un pecado» (2, 1.9)
(55).
39. Amplitud del amor cristiano al prójimo El sermón de la montaña nos revela toda la
amplitud del amor cristiano al prójimo: «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente
por diente. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si
uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra. Al que quiera ponerte pleito
para quitarse la túnica, dale también la capa; a quien te pide, dale, y al que te pide
prestado no le rehúyas. Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a
tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os
persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol
sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos» (Mt 5, 38-45) (56).
40. ¿Necedad, utopía o incapacidad no confesada? La razón humana, si se toma sólo a
sí misma como punto de partida, viene a decir cosas como éstas: «Yo (y mi familia)
tengo razón; yo no puedo prescindir de esto o de lo otro»; «la caridad bien entendida
empieza por uno mismo» (en realidad, quiere decir que comienza, sigue y termina en
uno mismo). O también: «El que me la hace, me la paga». «Perdono, pero no olvido».
"Por ahí no paso". El mundo considera necedad y utopía la modalidad evangélica de
amar. En ello se revela su incapacidad de amar así, aunque dicha incapacidad no sea
confesada y reconocida. En realidad, todos somos principiantes en el amor. El egoís-
mo, la insinceridad, la incapacidad e inmadurez interiores hacen de nosotros inexper-
tos que tienen que ir aprendiendo siempre. El hombre, si se apoya sólo en sus propias
fuerzas, es incapaz de amar al prójimo con los sentimientos de Cristo y según la ley
del Espíritu (57).
41. Incomunicación y lucha en el ámbito del amor y de la familia Esta incapacidad de
amar llega a ser tan honda en el hombre que penetra incluso en el ámbito más íntimo
de la vida humana: el amor conyugal, la familia. Por el pecado la relación personal de
amor queda desvirtuada en relaciones instintivas y ciegas, de deseo y dominio, de
predominio y fuerza: "Tendrás ansia de tu marido y él te dominará" (/Gn/03/16). El
pecado introduce la contradicción y la incomunicación en el orden de la familia y del
amor humanos (58).
42. Un corazón de piedra El pecado destruye, disgrega. Introduce la división en medio
de los hombres: en cada uno de ellos se oculta un corazón de piedra que debe ser
quitado, sustituido por uno de carne: «Esto dice el Señor: Os reuniré de entre los pue-
blos, os recogeré de los países en los que estáis dispersos y os daré la tierra de Israel.
Entrarán y quitarán de ella todos los ídolos y abominaciones. Les daré un corazón ín-
tegro e infundiré en ellos un espíritu nuevo: les arrancaré el corazón de piedra y les
daré un corazón de carne para que sigan mis leyes y pongan por obra mis mandatos;
serán mi pueblo y yo seré su Dios» (Ez 11, 17-20) (59).
43. El amor es de Dios. La era del corazón nuevo, corazón de carne Tener un corazón
de carne significa amar: amar a la manera evangélica, a la manera de Dios. «El amor
es de Dios» (1 Jn 4, 7). El amor es, pues, don de Dios. «Todo el que ama ha nacido
de Dios y conoce a Dios» (id); conoce ya la nueva era que anunciaban los profetas: La
era del corazón nuevo, corazón de carne
(60). ........................................................................

TEMA 25 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE SIN LA GRACIA NO PODEMOS AMAR CON AMOR
AUTENTICO
PLAN DE LA REUNION * Información: personas, hechos, problemas... * Oración inicial,
canción. * Presentación de la pista adjunta: ¿con qué frase me identifico más?, ¿por
qué? * Lectura de Ez 1 1,17-20 y de Mt 5,38-48: comentar los aspectos más impor-
tantes. * Oración comunitaria, canción.
PISTA PARA LA REUNION 1 El que la hace, la paga. 2 Amar al desvalido, al pobre, al
desconocido, al enemigo. 3 Necedad o utopía, la forma evangélica de a mar. 4 La re-
lación personal de amor queda desvirtuada en relaciones de fuerza (Gn 3,16). 5 El
amor es de Dios (1 Jn 4,7).
CATECUMENADO 26  
EXPLOTACIÓN Y UTILIZACIÓN DEL HOMBRE
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que, por el pecado del hombre, el trabajo se
convierte en una realidad dura, esclavizante
44. Sociedad competitiva: el otro como rival El mundo del trabajo está presidido fre-
cuentemente por la ley de la competitividad. Esta competitividad llega a ser lucha sin
entrañas, en la que «el otro» es considerado como rival, sin más consideraciones. No
importa el hombre por sí mismo, sino el dinero, el negocio, el capital, el éxito perso-
nal, el poder; como dice el libro de la Sabiduría: «Piensa que la existencia es un juego
de niños y la vida un concurrido y lucrativo mercado. Ganar por todos los medios,
dice, aun malos, es lo que importa" (Sb 15, 12) (62).
45. El poder del pecado en el mundo del trabajo En la Sagrada Escritura, el trabajo es
uno de los órdenes de la actividad humana en que más ampliamente despliega el pe-
cado su poder. Arbitrariedad, violencia, injusticia, rapacidad hacen del trabajo no sólo
un peso abrumador, sino objeto de odio y causa de divisiones y conflictos. Obreros
privados de su salario (Is 58, 3; St 5, 4), poblaciones sometidas a prestaciones forzo-
sas por un gobierno enemigo (2 S 12, 31), y también por el propio soberano (1 S 8,
10-18; 1 R 5, 27; 12, 1-4), esclavos condenados al trabajo y a los golpes (Si 33, 25-
29). Este mundo del trabajo lo conoció Israel en la forma más inhumana en Egipto:
trabajo forzado a un ritmo agotador, bajo la vigilancia despiadada en medio de una
población hostil, en provecho de un gobierno enemigo, trabajo organizado sistemáti-
camente para aniquilar al pueblo y quitarle toda capacidad de resistencia (Ex 1, 8-14;
2, 11-15; 5, 6-18); se trata ya del mundo de los campos de concentración del campo
de trabajo (63).
46. Relaciones laborales como relaciones de fuerza Pervertido el orden del trabajo, la
humanidad deja de ser una fraternidad de trabajadores, ligada con vínculos de solida-
ridad. Los bienes económicos, acumulados en exceso por individuos, regiones y nacio-
nes, dividen y enfrentan a los hombres. De este modo, las relaciones sociales quedan
configuradas en relaciones de dominio, opresión y violencia. «En un momento en que
el desarrollo de la vida económica, orientada y ordenada de una manera racional y
humana, podría permitir una atenuación de las desigualdades humanas, con demasia-
da frecuencia trae consigo un endurecimiento de ellas y, a veces, un retroceso en las
condiciones de vida de los más débiles y el desprecio de los más pobres... y mientras
un pequeño número de hombres dispone de muy grande poder de decisión, otros es-
tán privados de toda iniciativa y de toda responsabilidad, frecuentemente en condicio-
nes de vida y de trabajo indignas de la persona humana... Entre las naciones econó-
micamente más avanzadas y las otras naciones se va creando una oposición cada día
más grave que puede poner en peligro la misma paz del mundo» (GS 63) (64).
47. Algunos desórdenes actuales en el mundo del trabajo Algunos desórdenes del
mundo del trabajo en los que aparece actualmente el poder del pecado: incumpli-
miento de deberes profesionales; injusticias en los salarios y en el rendimiento labo-
ral; discriminaciones sociales contra los más débiles; despido arbitrario de trabajado-
res; abusos de la competencia; limitación en el derecho de defensa de sus legítimos
intereses a sectores del mundo del trabajo. Otros desórdenes sociales son la evasión
de cargas fiscales o sociales o su desproporción; las nuevas formas de usura; abusos
respecto al alojamiento; desinterés por las necesidades vitales de los más débiles; fal-
ta de acogida a los inmigrados; manipulación de los medios de comunicación social y
exigir lo imposible a los dirigentes de la sociedad en todos los órdenes (65).
48. Participar en la acción transformadora de un mundo que Dios ha creado para to-
dos Estamos llamados a colaborar y a participar en la acción transformadora de un
mundo que Dios ha creado para todos. El mundo es la casa de todos. Todos somos
hermanos. Dios es nuestro Padre "Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene
para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben
llegar a todos en forma equitativa y bajo la égida de la justicia y con la compañía de la
caridad... Por tanto, el hombre no debe tener las cosas exteriores que legítimamente
posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que
no le aprovechen a él solamente, sino también a todos los demás» (GS 69). Desde
este llamamiento podemos apreciar todo el alcance de la perversión del orden del tra-
bajo y de las relaciones sociales fundadas sobre él. «Por eso, hay que seguir pregun-
tándose sobre el sujeto del trabajo y las condiciones en las que vive. Para realizar la
justicia social en las diversas partes del mundo, en los distintos países, y en las rela-
ciones entre ellos, son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad con los
hombres del trabajo. Esta solidaridad debe estar siempre presente allí donde lo re-
quiere la degradación social del sujeto del trabajo, la explotación de los trabajadores y
las crecientes zonas de miseria e incluso de hambre. La Iglesia está vivamente com-
prometida en esta causa porque la considera como su misión, su servicio, como verifi-
cación de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente la «Iglesia de los po-
bres» (·JUAN-PABLO-II, LE 8)
(66). ........................................................................

TEMA 26-1
OBJETIVO: DESCUBRIR QUE, POR EL PECADO DEL HOMBRE, EL TRABAJO SE CON-
VIERTE EN UNA REALIDAD DURA, ESCLAVIZANTE
PLAN DE LA REUNION * Información: personas, hechos, problemas...
* Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: algunas condiciones que hacen
del mundo laboral un mundo opresor, indigno de la persona humana.
Y también: ¿afrontamos problemas concretos? * Oración comunitaria: desde la propia
situación.
PISTA PARA LA REUNION 1. La vida es un mercado. 2. Ganar por todos los medios. 3.
Incumplimiento profesional. 4. Injusticia salarial. 5. Discriminaciones contra los más
débiles. 6. Despido arbitrario. 7. Limitación en el derecho de defensa de sus legítimos
intereses a sectores del mundo del trabajo. 8. Paro
(...). ........................................................................

TEMA 26-2

OBJETIVO: ABORDAR EL PROBLEMA DEL PARO: CAUSAS, CONSECUENCIAS, MEDIDAS


DIVERSAS
PLAN DE LA REUNION , * Presentación del objetivo, plan y documento de la reunión:
«El paro obrero, problema de todos» (PC 1,6.2). * Lectura personal, o exposición;
diálogo: implicaciones diversas. * Oración comunitaria
PISTA PARA LA REUNION * Ultimos datos disponibles. * Uno de los más graves pro-
blemas. * Diferencias geográficas. * Diferencias de sexo y edad. * Consecuencias del
paro. * Las causas del paro. * Medidas diversas (...).
CATECUMENADO 27  

DOMINIO DEL HOMBRE SOBRE EL HOMBRE


OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que, por el pecado del hombre, la autoridad de-
genera en dominio del hombre sobre el hombre.
49. La autoridad como servicio, no como poder y mando en provecho propio
AUTORIDAD/SERVICIO: El pecado corrompe también el concepto y ejercicio de la au-
toridad. Esta corrupción es de la mayor trascendencia en el orden individual y colecti-
vo (social, político y religioso). La Escritura la denuncia, por ejemplo, en Sb 6, 1-6.
Pero el trastorno de las relaciones sociales por la perversión de la autoridad y el poder
aparece en toda su verdad, si lo apreciamos desde las exigencias del Evangelio. El
Evangelio de Jesús (/Mc/10/35-45) nos coloca en el corazón del problema. El deseo de
poder de los hijos del Zebedeo indigna al resto de los apóstoles que, a su vez, mantie-
nen la misma aspiración. Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son teni-
dos como jefes de las naciones las gobiernan como señores absolutos y los grandes
las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera
llegar a ser grande entre vosotros será vuestro servidor y el que quiera ser el primero
entre vosotros será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del Hombre ha venido a ser
servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos». PODER/SERVICIO:
Jesús señala la profunda contradicción existente entre la actitud evangélica de servicio
a los demás y una interpretación de la autoridad como poder y mando en provecho
propio. En nuestro tiempo, la autoridad como servicio tiene en el orden social y políti-
co un nombre: la participación (GS31) (69).
50. El creyente ante el abuso de autoridad y la idolatría del poder político La corrup-
ción del poder culmina cuando éste se ejerce contra los creyentes (los «santos»), los
pobres de Yahvé (Jn 16, 2; Mt 10, 17 ss; Lc 6, 26). El capítulo 7 del libro de Daniel -
esbozo de teología de la historia aplicable a cualquier tiempo- pone de manifiesto la
dura condición histórica del creyente ante este forma de idolatría que hace del poder
una bestia. En este relato, las bestias (que simbolizan reyes, naciones, imperios...)
atacan a «los santos del Altísimo» (vv. 18-25); éstos resisten en todo tiempo a la ido-
latría de la bestia, expresada incomparablemente en Ap 13, 4: «¿Quién como la Bes-
tia?». Pero, en tales circunstancias surgirá siempre un enviado de Dios que asuma y
encarne la función de Miguel, que significa ¿Quién como Dios? Ambos gritos recorren
la historia de los hombres de un extremo a otro del tiempo (70).
51. La Bestia y el Hijo del Hombre, frente a frente: «¡No serviré!» «¡Serviré!» La Bes-
tia no sirve a nadie. Encarna históricamente el grito satánico: ¡No serviré! Es la supre-
ma manifestación de poder («señores absolutos», Mc 10, 42), poder que termina opri-
miendo al hombre, particularmente a los débiles y pequeños. El Hijo del Hombre ha
venido, por lo contrario, a servir, y en este servicio al hombre que, en el fondo, es
amor, el hombre recupera su verdadero rostro. La paradoja evangélica consiste en
que el hombre se humaniza sirviendo, es decir, amando. Y así cumple la voluntad de
Dios, se diviniza (71).
52. Cristo, sirviendo, revela al rostro más perfecto de lo humano En el mensaje sim-
bólico del sueño de Daniel (cap. 7) las figuras del anciano y del Hijo del Hombre (figu-
ras humanas) aparecen como contrapunto dialéctico de esas otras figuras no humanas
o, mejor, inhumanas, bestiales: sólo lo divino es profundamente humano y el hombre,
cuando se aparta de Dios, se degrada hasta la condición de bestia. La expresión semi-
ta «Hijo del Hombre» equivale ordinariamente a Hombre. Según ello, la definición pro-
pia del hombre no es la bestia, sino el Hijo del Hombre. Cristo, de una forma inconce-
bible para el mundo (¡sirviendo!), deja al descubierto el rostro más perfecto de lo hu-
mano: «Cristo revela plenamente el hombre al hombre» (GS 22). Desde ahí podemos
rastrear lo hondo de la perversión en el modo de entender y ejercer los hombres el
poder y la autoridad (72). ........................................................................

TEMA 27
OBJETIVO: DESCUBRIR QUE, POR EL PECADO DEL HOMBRE, LA AUTORIDAD DEGENE-
RA EN DOMINIO DEL HOMBRE SOBRE EL HOMBRE
PLAN DE LA REUNION * Oración inicial. * Presentación de Dn 7. * Canción adecuada.
* Presentación de Mc 10,35-45. * Comentario: ¿qué significa hoy? * Oración comuni-
taria.
PISTA PARA LA REUNION * Presentación (y lectura) de Dn 7 y Mc 10,35-45, destacan-
do la importancia y significado de los dos símbolos: la Bestia y el Hijo del Hombre.
CATECUMENADO 28 

SIN ADORAR AL DIOS VERDADERO


EN ESPIRITU Y EN VERDAD
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que, por el pecado del hombre, la relación con
Dios se desfigura y corrompe.
53. CULTO/ALIENACION:
Se dan, a veces, en la sociedad, por el influjo del pecado, formas de vida religiosa
centradas en un culto meramente exterior. Constituyen una religión y un culto separa-
do de la vida, con olvido del Dios vivo y verdadero, del amor al prójimo, sin corazón y
sin entrañas para el otro. Bajo la capa de un culto ofrecido al verdadero Dios, el hom-
bre satisface superficialmente cierta necesidad de vida religiosa aunque el verdadero
centro de interés de su vida vaya por otra parte, muy lejos del deseo auténtico de ha-
cer la voluntad de Dios. Busca en el rito una seguridad que le tranquiliza y adormece.
Y así puede acumular, incluso obsesivamente, prácticas religiosas vacías (75).
54. Dios no se deja engañar Antes del pecado las relaciones del hombre con Dios se
muestran sencillas. Después del pecado, el hombre pretendía aplacar a Dios con sacri-
ficios de animales, pero sin verdadera conversión del corazón. Sin embargo, Dios no
se deja engañar: Dios no acepta cualquier culto. Y el mismo pueblo experimenta el
vacío de un culto formalista y sin corazón. «-¿Para qué ayunar, si no haces caso?
¿Mortificarnos, si tú no te fijas?" (/Is/58/03). A veces, el rito religioso corre el peligro
de convertirse en simple práctica que pretende enmascarar y sustituir la conversión
del corazón. Frente a tal desviación, los profetas recordaron siempre las condiciones
de un culto auténtico (76).
55. «Buscabais vuestro negocio» AYUNO/HIPOCRESIA:
La Escritura señala ese vacío religioso: «Mirad: el día de ayuno buscáis vuestro interés
y apremiáis a vuestros servidores; mirad: ayunáis entre riñas y disputas, dando puñe-
tazos sin piedad. No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces. ¿Es
ése el ayuno que el Señor desea para el día en que el hombre se mortifica? Mover la
cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día
agradable al Señor?» (/Is/58/03-05) (77).
56. Fidelidad del corazón, condición de un culto-auténtico El culto de Israel vendrá a
ser espiritual en la medida en que él adquiera conciencia del carácter interior de las
exigencias de la alianza: Esta es la insistente predicación de los profetas. Esta fideli-
dad del corazón es la condición de un culto auténtico y la prueba de que Israel no tie-
ne más Dios que a Yahvé (Ex 20, 2 ss.). Por ello, continúa el profeta (Isaías) diciendo:
«El ayuno que yo quiero es éste -oráculo del Señor-: abrir las prisiones injustas, hacer
saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos,
partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves
desnudo, y no cerrarte a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora, en-
seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del
Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá, gritarás, y te dirá: Aquí estoy...»
(Is 58, 6-9) (78).
57. «Cuando extendéis las manos, cierro los ojos» En otro pasaje del profeta Isaías
dice Dios algo semejante: «No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable.
Novilunios, sábados, asambleas, no los aguanto. Vuestras solemnidades y fiestas las
detesto; se me ha vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos
cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos
están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas accio-
nes. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al
oprimido; defended al huérfano, proteged a la viuda» (/Is/01/13-17) (79).
58. La justicia ha sido olvidada CV/JUSTICIA:
Durante el reinado de Jeroboam II (783-743), Dios habla por medio de Amós, el pro-
feta de la amenaza. Todo estaba tranquilo, sereno, próspero. El lujo se extendía por la
corte de Samaría, cuando llega el profeta venido del Sur. No tiene ningún título huma-
no para hablar. No tiene más que una obligación apremiante: la de ser portavoz de
Dios. Amós se alza contra el desarrollo solemne de las ceremonias cultuales que
contrastan con las injusticias sociales y la opresión de los pobres. La justicia y el dere-
cho no son observados. El profeta no les echa en cara el haber olvidado los ritos de
arrepentimiento. Más bien parece indicar que los han practicado con exceso (Am 4, 4;
5, 5.21). Pero ¿eso es convertirse? La verdadera conversión exige un cambio de vida
que ponga fin a la injusticia (Am 8, 4-8). Más aún, supone una interiorización que per-
mita volver a encontrar a Dios (Am, 4, 4.6) (80).
59. Vanidad del culto por la corrupción de los corazones Los profetas no desechan los
ritos, sino que piden que se les dé su verdadero sentido. Samuel afirma que Dios de-
secha el culto de los que desobedecen (1 S 15, 22). Amós e Isaías lo repiten fuerte-
mente (Am 5, 21 -26; Is 1, 11 -20; 29, 13), y Jeremías proclama en pleno templo la
vanidad del culto que se celebra en él, denunciando la corrupción de los corazones (Jr
7,4-15; 21 ss.). Ezequiel, el profeta sacerdote, anunciando incluso la ruina del templo,
contaminado por la idolatría, describe el nuevo templo de la nueva alianza (E, 37, 26
ss.), que será el centro cultural del pueblo fiel (Ez 40-48). El profeta del retorno indica
cómo aceptará Dios el culto de su pueblo; es preciso que sea una comunidad verdade-
ramente fraterna (Is 58, 6-13; 66,1 ss.). El libro de los Proverbios se manifiesta en
términos semejantes: «Si uno cierra los oídos a la ley, hasta su oración será aborreci-
ble» (Pr 28, 9) (81).
60. Religiosidad al servicio de los intereses políticos Los profetas, a la vez que el for-
malismo ritual, combaten la confusión del orden religioso en relación con el ámbito
político. Este es otro aspecto de la corrupción del orden religioso: uncirse al yugo de
los intereses politicos. En el Nuevo Testamento el libro de Apocalipsis, usando un len-
guaje simbólico, denuncia cómo lo religioso queda, a veces, al servicio de lo político.
«Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero,
pero hablaba como una serpiente. Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servi-
cio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia...» (Ap
13, 11-12). Esta visión alegórica tiene su fuente de inspiración en el profeta Daniel.
Las bestias de Daniel, subiendo del mar, representan los sucesivos imperios. Por su
parte, las dos bestias del Apocalipsis simbolizan los dos componentes del imperio: el
poder político y una falsa orientación del sentimiento religioso. La visión de San Juan
es aguda. Tertuliano explicará como invención diabólica esa confusión entre la política
y la religión que persigue a los cristianos por el crimen de lesa majestad (82).
61. «En sus días no fue zarandeado por príncipe...» POLÍTICA/RELIGIÓN: La concien-
cia del creyente bíblico es irreductible ante la confusión y absorción de lo religioso en
aras de lo político. El libro del Eclesiástico, por ejemplo, presenta al profeta Eliseo del
siguiente modo: «Cuando Elías en el torbellino quedó envuelto, Eliseo se llenó de su
espíritu. En sus días no fue zarandeado por príncipe y no pudo dominarle nadie» (/
Si/48/12). La libertad e independencia en el desempeño de su misión es signo y ga-
rantía de su autenticidad profética. Por su parte, el Salmo 74 lamenta la intrusión y
avasallamiento de poderes políticos en el terreno de lo religioso, cuyo símbolo es el
templo: «En el lugar de tus reuniones -reza el salmista- rugieron tus adversarios, pu-
sieron sus enseñas, enseñas que no se habían conocido, en el frontón de la entrada»
(Sal 73, 4) (83).
62. El dinero, peligro de corrupción del orden religioso Junto al poder, también el di-
nero es un peligro de corrupción del orden religioso. Así lo denuncia el profeta Mi-
queas: «Escuchadlo, jefes de Jacob, príncipes de Israel: vosotros que abomináis la
justicia y defraudáis el derecho, edificáis con sangre a Sión, a Jerusalén con crímenes.
Sus jueces juzgan por soborno, sus sacerdotes predican a sueldo, sus profetas adivi-
nan por dinero. Y encima se apoyan en el Señor, diciendo: ¿No está el Señor en medio
de nosotros? No puede sucedernos nada malo. Por vuestra culpa será arado Sión
como un campo; Jerusalén será una ruina; el monte del Templo, un cerro de maleza»
(Mi 3, 9-12; cfr. Is 1, 23) (84).

63. «No podéis servir a Dios y al dinero» Jesús denuncia de diversas maneras el poder
corruptor del dinero. Así lo hace dirigiéndose a los escribas, cuando dice de ellos que
«devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones» (Lc 20, 47). Lo hace
increpando a los ricos: «Más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja que
un rico entrar en el Reino de los Cielos» (Mt 19, 24). De una forma general y progra-
mática hace Jesús la denuncia del dinero en su discurso evangélico del Sermón de la
Montaña: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y
querrá al otro o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No
podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6, 24) (85).
64. La levadura de los fariseos Para Jesús la corrupción del orden religioso se mani-
fiesta de una manera especial en la «levadura de los fariseos» (Mc 8, 15). «Vosotros
los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de ro-
bos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera ¿no hizo también lo de dentro? Dad
limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que
pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pa-
sáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar sin descuidar
aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sina-
gogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal,
que la gente pisa sin saberlo!» (Lc 11, 39-44) (86).
65. ¡Ay de vosotros, también, maestros de la ley...! «Un maestro de la ley intervino y
le dijo: Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros. Jesús replicó: ¡Ay de
vosotros también, maestros de la ley, que abrumáis a la gente con cargas insoporta-
bles, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo! ¡Ay de vosotros, que edificáis
mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos
de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron y vosotros
les edificais sepulcros... ¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis quedado
con la llave del saber: vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los
que intentaban entrar!» (Lc 11, 45-52) (87).
66. Incapacitados para adorar al Dios verdadero El hombre tiene necesidad de Dios.
Pero cuando el hombre no adora al verdadero Dios, termina adorando ídolos. Esta es
la experiencia bíblica. Por otra parte, la corrupción del orden religioso de la existencia
revela una y otra vez hasta qué punto el hombre, abandonado a sí mismo ("la carne y
la sangre"), se encuentra incapacitado para creer, para adorar al Dios verdadero en
espíritu y en verdad (Jn 4, 21-24) (88).

67. Creer con fe viva CREER/QUÉ-ES El verdadero culto a Dios implica una fe viva.
Esta fe incluye la actitud de apoyarse solamente en Dios, el Dios vivo y verdadero, la
Roca inquebrantable. Creer lleva a ver más allá de la corteza opaca de los aconteci-
mientos de la historia y llega hasta el Dios que los dirige; es ir resolviendo el proble-
ma fundamental de toda vida auténticamente religiosa: comporta reconocer los cami-
nos de Dios y seguirlos. Creer implica vivir en actitud de oración, atención y vigilancia,
como el salmista: «Indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma a ti"
(Sal 142, 8) (89). ........................................................................
TEMA 28

OBJETIVO: DESCUBRIR QUE, POR EL PECADO DEL HOMBRE, LA RELACION CON DIOS
SE DESFIGURA Y CORROMPE
PLAN DE LA REUNION * Oración inicial: Sal 74.
* Presentación del tema 28 en sus puntos clave.
* Lectura de Is 58,3-9.
* Canción apropiada.
* Lectura de Lc 11,39-52.
* Diálogo: ¿qué significan hoy estas lecturas? * Oración comunitaria: Sal 142, canción
apropiada.

PISTA PARA LA REUNION PUNTOS CLAVE * Religiosidad vacía y exterior.


* Dios no se deja engañar.
* «El ayuno que yo quiero»...
* Al servicio de intereses políticos y econ6micos.
* «No podéis servir a Dios y al dinero.» * Papel de los fariseos y maestros de la ley.
* Adorar al Dios verdadero en espíritu y en verdad.
 
CATECUMENADO 29 
SIN ESTABLECER UNA RELACIÓN
ENTRE HOMBRE Y MUJER
SEGÚN EL DESIGNIO DE DIOS
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que, por el pecado humano, se corrompe la re-
lación entre hombre y mujer.
68. El prójimo no es un instrumento al servicio del propio egoísmo Muchos llegan a
confundir el deseo sexual con el amor, y piensan que se ama cuando se desea física-
mente. Esta es la idea falsa del amor que aparece con frecuencia en publicidad, en la
literatura erótica, en el cine, etc. Con ello se reduce la relación profunda del amor hu-
mano auténtico entre personas de distinto sexo a la esfera de la simple atracción ins-
tintiva y egoísta. Otros piensan que el modo de superar la separación es manifestar,
sin ningún dominio de sí mismo, los propios impulsos agresivos, con exhibición de
enojo, odios, etc. De este modo piensan dar pruebas de intimidad. No es auténtico un
amor que hace del prójimo un simple instrumento del propio egoísmo o que no respe-
ta en todo momento su dignidad como persona (95).
69. Amor erótico y amor fraterno. El eros, ser mortal EROS/AGAPE En realidad, si el
deseo de unión física no está estimulado por el amor, si el amor erótico no es a la vez
amor oblativo, libre de egoísmos posesivos, jamás conduce a la unión salvo en un
sentido orgiástico y transitorio. La atracción sexual crea por un momento la ilusión de
la unión, pero -sin amor auténtico- la unión deja a los desconocidos tan separados
como antes. A veces los hace avergonzarse el uno del otro, y aun odiarse recíproca-
mente, porque -cuando la ilusión se desvanece- sienten su separación más aguda-
mente que antes. El eros, separado del amor, se manifiesta al final como caduco: el
eros es un ser mortal, se ha dicho acertadamente. El amor auténtico entre hombre y
mujer no puede realizarse fuera del matrimonio. La unión física entre varón y mujer
sólo es legítima y digna dentro del mismo (Cfr. Tema 39) (96).
70. Ruptura de la alianza entre hombre y mujer MA/RUPTURA MA/UNIÓN-REDIMIDA
En el Génesis, la separación entre hombre y mujer se manifiesta ya en la acusación
que el hombre hace: «La mujer...» (/Gn/03/12) es quien tiene la culpa. Esta acu-
sación es el primer síntoma, la primera fisura que deja al descubierto una realidad
profunda: la ruptura de la alianza entre hombre y mujer. El plan de Dios de hacer am-
bos «una sola carne» (2, 24) se deshace y resquebraja también por el pecado. El pe-
cado introduce entre ellos la fuerza de la división y el deseo de la posesión egoísta».
«Tendrás ansia de tu marido y él te dominará» (3, 16) (97).
71. La relación entre hombre y mujer necesita ser redimida En el clima paradisíaco, el
encuentro entre el hombre y mujer tiene lugar en la simplicidad: «Los dos estaban
desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro» (/Gn/
02/25). Pero el pecado, separación de Dios, introduce entre ellos la distancia y el mie-
do. Ahora la relación sexual es ya ambigua. No deja de ser fundamentalmente buena,
pero ha caído bajo la influencia de la fuerza de división que es el pecado. En realidad,
dicha relación necesita ser redimida
(98). ........................................................................

TEMA 29

OBJETIVO: DESCUBRIR QUE, POR EL PECADO HUMANO, SE CORROMPE LA RELACION


ENTRE HOMBRE Y MUJER

PLAN DE LA REUNION
PISTA PARA LA REUNION * Oración inicial. * Presentación del tema 29, en sus puntos
clave.
* Diálogo: sobre lo más importante y, si procede, sobre experiencias concretas.
* Oración comunitaria: Sal 127, canción apropiada.

PISTA PARA LA REUNION


PUNTOS CLAVE
* El prójimo no es un instrumento
* Amor erótico y amor fraterno.
* Ruptura de la alianza entre hombre y mujer (Gn 3,12.16).
* La relación entre hombre y mujer necesita ser redimida.
 
CATECUMENADO 30

EN UNA SOCIEDAD DE CONSUMO


OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que la codicia de la sociedad de consumo consti-
tuye una herida al prójimo y una verdadera idolatría.
72. Sociedad de consumo: una relación inadecuada con las cosas TENER/SER:La so-
ciedad de consumo es una forma de vida que no sólo supone una teoría concreta de
las realidades económicas, sino que implica, al menos de hecho, una concepción de la
totalidad de la existencia. No se define exclusivamente por el consumo de productos,
sino también por un aumento en el grado de deshumanización: así da origen a un tipo
de hombre desinteriorizado, materializado, cerrado en el círculo de la producción y del
consumo. El «consumismo» comienza allí donde acaba la satisfacción de las necesida-
des para una vida digna. Se crean nuevas necesidades que son presentadas como im-
prescindibles, pero que son superfluas. Pasan a segundo plano las necesidades real-
mente importantes. La persona se convierte así en una máquina no sólo productora,
sino además consumidora de los productos que fabrica. El mismo hombre acaba por
materializarse y convertirse en objeto, en cosa en una pieza más del engranaje frené-
tico y esclavizante de la sociedad de consumo. Por tener más, el hombre prefiere ser
menos: no acierta a establecer una relación adecuada con las cosas (bienes materia-
les, riqueza, dinero) (100).
73. La codicia, avidez violenta CODICIA/IDOLATRIA:
La experiencia bíblica, desde un contexto distinto, ilumina, sin embargo, las raíces
más profundas del consumismo de hoy. Más allá de los condicionamientos sociológi-
cos, encontramos en el hombre la sed de poseer cada vez más sin ocuparse de los
otros, e incluso muchas veces a sus expensas. Esto es lo que la Biblia entiende por
codicia. La codicia coincide ampliamente con la avidez y la perversión del deseo, pero
parece acentuar algunos de sus caracteres: es una avidez violenta y casi frenética (Ef
4, 19), especialmente contraria al amor del prójimo, sobre todo al amor de los pobres,
y que, en primer lugar, va dirigida a los bienes materiales: la riqueza, el dinero... La
codicia inflige una herida al prójimo y constituye una verdadera idolatría, ofendiendo,
por tanto, al Dios de la Alianza (101).
74. La codicia, contraria al amor al prójimo La codicia aparece directamente opuesta
al amor al prójimo, sobre todo de los pobres, a los que la Ley protege contra ella (Ex
20, 17; 22, 24; Dt 24, 10-22). Mientras que Yahvé prescribe: «No endurezcas el cora-
zón» Dt 15, 7), el codicioso es un malvado con el alma desecada (Si 14, 9), que se
muestra despiadado (27, 1). Profetas y sabios de Israel denuncian los atentados
contra los derechos del prójimo inspirados por la codicia. Esta conduce al mercader,
con frecuencia falto de conciencia (Si 26, 29-27, 2), a falsear las balanzas, a especu-
lar y hacer dinero de todo (Am 8,5 ss); al rico a hacer extorsiones (5, 12), a acaparar
las propiedades (Is 5, 8; Mi 2, 2-9), a explotar a los pobres (Ne 5, 1 -5; Am 2, 6), in-
cluso negando el salario merecido (Jr 22, 13); al jefe y al juez a proceder por cohecho
(Mi 3, 11; Pr 28, 16) para violar el derecho (Is 1, 23; 5, 23; Mi 7, 3). Los jefes codi-
ciosos, cautivados por su interés, como lobos que desgarran su presa, recurren inclu-
so a la violencia para aumentar sus lucros (Jr 22, 17) y afirmar su voluntad de domi-
nio (Ez 22, 27) (102).
75. La codicia, en el fondo, una idolatría El Antiguo Testamento presiente su carácter
idolátrico y la tradición yahvista presenta con la fisonomía de la codicia (Gn 3, 6) el
acto por el que Adán y Eva, queriendo ser como dioses (3, 5) negaron a Dios su con-
fianza y su dependencia propias de criaturas. El Génesis sugiere así que la codicia es
el origen de todo pecado. El pecador, queriendo poseer sólo para sí mismo lo que vie-
ne del amor de Dios para su servicio, pone un bien creado y, finalmente, se pone él
mismo en lugar de Dios. Por esto, el comentario que la Biblia hace sobre el precepto
de no codiciar (Ex 20, 17) identifica a los paganos, pecadores por excelencia, con «los
que codician». Pablo, por su parte, pensando probablemente en el relato del Génesis,
reduce al mismo precepto toda la Ley (Rm 7, 7) y resume todos los pecados de la ge-
neración del desierto en la codicia (/1Co/10/06), expresión del repudio de la experien-
cia espiritual propuesta por Dios (Dt 8, 3; Mt 4, 4). El codicioso, que corre tras bienes
precarios (Si 6, 2), siempre insatisfecho (Pr 27, 20; Qo 4, 8), será castigado por su
desprecio de Dios y por las injusticias infligidas al prójimo. La codicia acaba por matar
al que la tiene (Pr 1,19), mientras que el que aborrece la codicia prolongará sus días
(28, 16) (103).
76. «Donde está tu tesoro, allí está tu corazón» En el Nuevo Testamento la codicia se
presenta también como opuesta al amor: el codicioso sacrifica a los otros a sí mismo
y, si es necesario, con violencia: «Codiciáis y no tenéis; matáis», dice Santiago (4. 2).
La codicia aparece también como opuesta a la fe, como idolatría (Lc 16,13ss; Col
3,5); es ocupar totalmente con los bienes creados un corazón que sólo pertenece a
Dios: «No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, don-
de los ladrones abren boquetes y los roban. Amontonad tesoros en el cielo, donde no
hay polilla ni carcoma que los roan ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque
donde está tu tesoro, allí está tu corazón" (/Mt/06/19-21) (104).
77. «Aunque uno ande sobrado, la vida no depende de sus bienes» «Dijo uno del pú-
blico a Jesús: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. El le con-
testó: Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros? Y dijo a la gen-
te: Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida
no depende de sus bienes. Y les propuso una parábola: Un hombre tuvo una gran co-
secha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo dónde almacenar la cosecha.
Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y
almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mis-
mo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y
date buena vida. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que
has acumulado, ¿de quién será? Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico
ante Dios» (/Lc/12/13-21) (105).
78. Muchedumbres enteras carecen de las cosas indispensables Como se ha dicho an-
teriormente, el pecado corrompe la relación del hombre con las cosas. En esa relación
manifiesta también su corazón egoísta e insolidario. El Concilio Vaticano II se hace eco
profético de un problema grave de nuestro mundo. Muchedumbres enteras carecen
aún de las cosas indispensables. «Mientras una ingente multitud carece aún de las co-
sas indispensables, algunos, también en las regiones menos desarrolladas, viven opu-
lentamente o malgastan sus bienes. El lujo y la miseria coexisten. Mientras unos po-
cos gozan de la máxima posibilidad de elegir, muchos carecen, casi por completo, de
toda posibilidad de actuar con iniciativa y responsabilidad propias, encontrándose mu-
chas veces en condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana» (GS
63) ( 106). 
79. Deben desaparecer las grandes desigualdades económicas Y frente a un mundo
que lucha frenéticamente en la competición del confort y del lujo, denuncia las gran-
des desigualdades económicas como una situación que no satisface a las exigencias
de la justicia y de la equidad. «Para satisfacer a las exigencias de la justicia y de la
equidad se ha de intentar enérgicamente que, salvaguardados los derechos de las
personas y la índole peculiar de cada pueblo, las ingentes desigualdades económicas
que existen ahora y que muchas veces aumentan, acompañadas de discriminaciones
individuales y sociales, desaparezcan lo antes posible» (GS 66) (107).
80. La codicia, subdesarrollo moral, colosal amenaza:AVARICIA/CODICIA:
·Pablo-VI decía en la Encíclica Populorum Progressio. «Así, pues, el tener más, lo mis-
mo para los pueblos que para las personas, no es el fin último. Todo crecimiento es
ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra
como en una prisión desde el momento en que se convierte en el bien supremo, que
impide mirar más allá. Entonces los corazones se endurecen y los espíritus se cierran;
los hombres ya no se unen por amistad, sino por interés, que pronto les hace oponer-
se unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva de poseer se convierte en un obs-
táculo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza; para las nacio-
nes, como para las personas, la avaricia es la forma más evidente de un subdesarrollo
moral» (PP 19). Por la avaricia (idolátrica) del hombre el progreso, de suyo bueno,
termina convirtiéndose en una colosal amenaza: «El hombre actual -dice Juan Pablo
II- parece estar siempre amenazado por lo que produce, es decir, por el resultado del
trabajo de sus manos y más aún por el trabajo de su entendimiento, de las tendencias
de su voluntad... El hombre, por tanto, vive cada vez más en el miedo" (RH 15)
(108). ........................................................................

TEMA 30-1

OBJETIVO: DESCUBRIR LA CODICIA DE LA SOCIEDAD DE CONSUMO COMO UNA IDO-


LATRIA QUE HIERE AL PROJIMO
PLAN DE REUNION * Información: personas, hechos, problemas...
* Oración inicial: Sal 73.
* Presentaci6n del tema 30 en sus puntos clave.
* Diálogo: ¿el proceso catecumenal influye en el estilo de vida?
Experiencias de comunicación de bienes.
* Oración comunitaria: desde la propia situación.

PISTA PARA LA REUNION


PUNTOS CLAVE
* Relación inadecuada con las cosas.
* La codicia, avidez violenta, contraria al amor, idolatría .
* «Donde está tu tesoro»...
* «La vida no depende de los bienes»...
* «Muchedumbres..., carecen de las cosas indispensables.» * Deben desaparecer las
grandes desigualdades econ_micas.
* La codicia, colosal amenaza.
........................................................................

TEMA 30-2 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE, POR EL PECADO HUMANO, SE ESTABLECE


UNA RELACION INADECUADA CON LAS COSAS
PLAN DE LA REUNION * Presentación del objetivo y plan de la reunión. * Presentación
del montaje "Salmo al Idolo Tener". * Diálogo: nuestra reacción ante el montaje. *
Oración comunitaria: desde la propia situación.
PISTA PARA LA REUNION * Presentación del montaje audiovisual "Salmo al Idolo Te-
ner", de D. GONZALEZ CORDERO (Ed. Paulinas, Madrid): se evoca al ídolo Tener, en-
tronizado en el templo de la Bolsa, y a los hombres jadeando en busca de dicho dios
(ver AUCA 31/32; también, DEPARTAMENTO DE AUDIOVISUALES (SNC), Montajes au-
diovisuales. Fichas críticas (II, S-11)
CATECUMENADO 31 

LA TENTACIÓN DE LA VIOLENCIA
OBJETIVO CATEQUETICO * Abordar el problema de la violencia (y sus raíces), así
como la respuesta evangélica.
81. El dominio de los otros, intento constante En la historia humana nos encontramos
con este hecho: el intento constante del hombre por dominar a sus semejantes en
provecho propio, incluso sin que ellos se den cuenta. El egoísmo, el deseo de dominio
sobre los demás y, al mismo tiempo, el miedo a ser dominado por los otros, es mu-
chas veces la raíz de la mentira, de la simulación, del fraude, de la coacción, de la vio-
lencia moral disimulada, de la manipulación egoísta y de las guerras (110).
82. Violencia e injusticia. La espiral de la violencia La violencia es fruto muchas veces
de la injusticia, implantada en muchos rincones de la tierra; la rebelión contra esa si-
tuación injusta, y la represión por parte del orden establecido, como respuesta a la re-
belión. La violencia del mantenimiento de una situación injusta engendra irremisible-
mente la aparición de movimientos de resistencia violenta y éstos, a su vez, provocan
una acción represiva cada vez más violenta. Este es el engranaje de la violencia, el
círculo de la violencia. agresión, reacción vengadora, rencor y nueva agresión, odio y
represalias de nuevo, y así sucesivamente, inacabablemente (111).
83. Quien a espada mata, a espada muere El ejemplo y la palabra de Jesús nos apar-
tan del camino de la violencia. «Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano
para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un
tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo: Envaina la espada:
quien usa espada, a espada morirá» (Mt 26, 50-52). Jesús enuncia aquí una ley histó-
rica: aquellos que empuñan la espada y desencadenan la violencia perecen por la
agresión, ya que ésta se vuelve contra ellos mismos (112).
84. La violencia, destrucción de la vida social. El siervo de Yahvé La violencia se perci-
be también a través de su efecto mayor: la destrucción de la vida social. En este caso
el término va asociado frecuentemente con otro que significa explotación, opresión,
devastación, ruina. Los profetas se lamentan del estado de violencia en que se halla
sumergido el pueblo (Am 3, 10; Jr 6, 7; 20, 8; Is 60,18). Y recurren a Yahvé, único
que puede remediar este estado de injusticia. Así, constantemente, se oyen los gritos
de los oprimidos que quieren ser liberados de los hombres violentos (2 S 22, 3; Sal
17, 49; 2-5). Estas víctimas ponen su esperanza en una réplica de la misma naturale-
za: que el hombre violento sea presa del infortunio, que se le devuelva golpe por gol-
pe (Sal 139, 12). Sin embargo, poco a poco, se irá imponiendo por su fuerza moral la
figura única del Siervo de Yahvé, que ha renunciado definitivamente a la violencia:
«Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca: como cordero llevado al
matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca» (Is 53, 7)
(113).
85. Dios condena progresivamente toda violencia injusta Indudablemente, Dios con-
dena toda violencia injusta. Pero lo hace progresivamente, teniendo en cuenta las di-
ferentes épocas en que vive su pueblo. Así se apropia la ley del Talión (Ex 21, 24),
que representa un progreso considerable con respecto a los tiempos de Lamec, quien
se venga sin medida (Gn 4, 23ss). El Dios del Antiguo Testamento no es un Dios
cruel, es un Dios con entrañas. Se pone de parte del pueblo oprimido en Egipto (Ex 3,
9) y le exige un comportamiento semejante con el débil: «No vejarás al forastero: co-
nocéis la suerte del forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto» (Ex 23,
9). Dios se constituye, pues, en defensor de las víctimas de la injusticia de los hom-
bres, y más en particular del huérfano, de la viuda, del pobre (Dt 24,20). Pero surge
una dificultad: ¿No aparece en el Antiguo Testamento la imagen terrible de un Dios
guerrero, que extermina a los primogénitos de Egipto (Ex 12), se pone a la cabeza del
combate (2 S 5, 24), aprueba la fuerza vengadora y destructora de Sansón (Jc 15,
16) y su celo va hasta el extremo de matar al transgresor de la Alianza? (114).
86. Progreso de la revelación y maduración religiosa del hombre En la lectura de la
Escritura se ha de tener en cuenta que existe un progreso en toda la revelación, con-
dicionado por el momento de maduración religiosa del hombre y por su «dureza de
corazón». Así sucede con otros problemas, como el del juramento (Mt 5, 33-37) o el
del «acta de repudio» (Mt 19, 7-8): «Al principio no fue así». El corazón de Dios no
cambia. Su verdadero rostro se manifiesta progresivamente a los hombres. Y se mani-
fiesta en plenitud en el evangelio de Cristo. Sería ilegítimo servirse de un momento
precedente del progreso de la Revelación para tomar posiciones veterotestamentarias
en nombre del Nuevo Testamento (115).
87. «Hasta setenta veces siete» Frente a la violencia que reina en el mundo, Jesús se
muestra más radical que el Antiguo Testamento. La Ley del Talión requería la equidad
en la venganza, que restablece la justicia lesionada; Jesús exige el perdón (Mt 6,
12.14ss; Mc 11, 25) hasta setenta veces siete (Mt 18, 22). A todos les ordena: «Amad
a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen» (Mt 5, 44; Lc 6, 27). A sus
discípulos les dice: «No hagáis frente al que os agravia» (Mt 5, 39). Jesús no formula
un juicio sobre el acto de violencia, cuya causa pueda ser conforme a derecho, sino
que señala un camino que trasciende todo derecho, el de quien -en orden de gracia-
tiene la fuerza de actuar conforme al Evangelio. Quien no devuelve mal por mal, pone
las cosas en un plano totalmente nuevo (116).
88. «Mi gente habría combatido.» El reino de Dios no se instaura por medios violentos
Jesús fue por delante. Resiste a la tentación de instaurar el Reino de Dios por medios
violentos: no quiere dominar a los hombres por la fuerza (Mt 4, 8ss), se niega a ser
un político revolucionario (Jn 6, 15) y a obtener la gloria sin pasar por el sacrificio de
la cruz (Mt 16,22 ss). En el huerto de los Olivos renuncia al derecho que tiene de ser
defendido por la violencia: «¡Dejad! !Ya basta!» Va hasta el extremo de curar a su ad-
versario (Lc 22,49ss). Y ante Pilatos declara la diferencia de procedimiento propia de
su Reino: «Mi reino no es de este mundo.
Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que yo no cayera en
manos de los judíos» (Jn 18, 36) (117).

89. La bienaventuranza de los perseguidos. El juicio, en las manos de Dios. Oferta


presente de reconciliación ¿Por qué, pues, no resistir al malvado? No por ninguna téc-
nica de no violencia, sino por el espíritu del amor, único medio de obtener la reconci-
liación entre el violento y su víctima. El Reino de Dios no se establece con la fuerza.
Como anuncia el profeta Isaías: «Fundirán sus espadas para hacer rejas de arado y
sus lanzas para hacer hoces» (Is 2, 4). A diferencia de los jefes de las naciones, que
hacen pesar sobre ellas su poder y su dominio, el discípulo de Jesús debe hacerse el
servidor de los otros (Mt 20, 25). Cuando Jesús se bate en retirada como el Siervo de
Dios ante la maldad de sus enemigos (Mt 12, 15.18-21; 14, 13; 16, 4) se remite a
Dios y realiza la bienaventuranza de los perseguidos (Mt 5, 10 ss), profetizada en los
cantos del Siervo (Is 50, 5; 53,9). Pero cuando perdona a los que lo crucifican injusta-
mente (Lc 23, 34), cuando exige a su discípulo que ofrezca la otra mejilla, Jesús no
sólo remite al juicio de Dios (1 P 2,23), sino que ofrece al violento una reconciliación
que puede ser obtenida ya desde ahora (118).
90. La carrera de armamentos, gravísima plaga de la humanidad En relación con el
problema de la violencia y de la guerra, el Concilio Vaticano II denuncia en el momen-
to presente la «carrera de armamentos» como una «gravísima plaga de la humani-
dad», que, además, «perjudica intolerablemente a los pobres»: «Hay que declarar
una vez más: La carrera de armamentos es una gravísima plaga de la humanidad y
periudica intolerablemente a los pobres. Y es muy de temer que si continúa, termine
por ocasionar todas las fatales catástrofes para las que ya prepara los medios... La di-
vina Providencia requiere de nosotros con insistencia que nos liberemos de la antigua
esclavitud de la guerra. Si no queremos hacer este esfuerzo, no sabemos a dónde ire-
mos a parar por este mal camino en que nos hemos metido» (GS 81) (119).
91. ¡Todos contra la guerra! GUERRA/ARMAS:
El Concilio convoca a todos a un esfuerzo común en contra de ese viejo azote que es-
claviza a la humanidad, la guerra: «Es, pues, evidente que hemos de hacer un esfuer-
zo para preparar con todas las fuerzas los tiempos en que, con el consentimiento de
las naciones, pueda ser proscrita totalmente toda clase de guerra» (GS 82). Sin em-
bargo, se reconoce el servicio que prestan las fuerzas armadas a la seguridad y a la
paz de las naciones, así como el derecho de la autoridad pública a mantener un eficaz
dispositivo de defensa que garantice la necesaria protección de los ciudadanos contra
agresiones exteriores. «Los que al servicio de la patria se hallan en el ejército, consi-
dérense instrumentos de la seguridad y libertad de los pueblos, pues desempeñando
bien esta función contribuyen realmente a estabilizar la paz» (GS 79) (120).
92. La objeción de conciencia OBJECION-CONCIENCIA Pero dice también el Concilio
sobre los objetores de conciencia: «Parece equitativo que las leyes provean humanita-
riamente al caso de quienes por objeciones de conciencia se niegan a emplear las ar-
mas, con tal que acepten otra forma de servir a la comunidad» (GS 79) (121).

93. No basta una paz impuesta, sino una paz fundada en la reconciliación de los ani-
mos PAZ/VIOLENCIA:
El uso de la violencia por parte de las fuerzas armadas puede ser necesario en algu-
nos casos para defensa y protección de los ciudadanos. Pero la verdadera paz no se
construye con las armas. Como ha dicho Pablo VI: «No basta reprimir las guerras,
suspender las luchas, imponer treguas y armisticios, definir confines y relaciones,
crear fuentes de intereses comunes, paralizar las hipótesis de contiendas radicales
mediante el terror de inauditas destrucciones y sufrimientos; no basta una paz im-
puesta, una paz utilizada y provisoria; hay que tener una paz amada, libre, fraterna,
es decir, fundada en la reconciliación de los ánimos» (Mensaje para la celebración de
la Jornada de la Paz, 1 de enero de 1975)
(122). ........................................................................

TEMA 31
OBJETIVO: ABORDAR EL PROBLEMA DE LA VIOLENCIA Y SUS RAICES, ASI COMO LA
RESPUESTA EVANGELICA
PLAN DE LA REUNION * Presentar en vídeo los acontecimientos más importantes
transmitidos por TV: ¿Qué nos dicen? * Presentación del tema 31 en sus puntos clave.
* Diálogo: implicaciones más importantes, a nivel personal, social o eclesial. * Oración
comunitaria: desde la propia situación.
PISTA PARA LA REUNION PUNTOS CLAVE * El dominio de los otros. * Injusticia, rebe-
lión, represión: espiral de la violencia . * «Quien a espada mata»... * Destrucción de
la vida social. * Progreso de la revelación. * El Reino de Dios no se instaura por la
fuerza. * La carrera de armamentos. * Objeción de conciencia. * No basta una paz
impuesta: reconciliación.
CATECUMENADO 32
DERECHOS-HMS
 
DIGNIDAD Y DERECHOS DEL HOMBRE:
¿UNA UTOPÍA?
OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir que el proceso de evangelización implica la de-
fensa de la dignidad y derechos del hombre .
94. Los derechos humanos, ¿utopías? La preocupación por promover los derechos hu-
manos debe estar presente en los medios informativos, en programas educativos, en
planificaciones políticas, en planteamientos laborales y en la acción educativa y pasto-
ral de la Iglesia. Sin embargo, los derechos humanos, no pocas veces y en la práctica,
son rechazados como utopías. Y con ellos se rechaza la dignidad del hombre (124).
95. Signo de nuestro tiempo La promoción de los derechos humanos, no obstante, ha
venido a ser un signo de nuestro tiempo, discernido y sancionado por el Magisterio de
la Iglesia como acción del Espíritu en nuestro mundo (125).
96. La Iglesia detecta y discierne este signo de nuestro tiempo La Iglesia jerárquica,
en el ejercicio de su ministerio profético, recoge las voces -en ocasiones concordes y
firmes; a veces, más o menos aisladas o fluctuantes- de los espíritus más clarividen-
tes y avisados que, en el curso de la historia, proclaman los derechos del hombre ba-
sados en la dignidad inalienable de su ser personal libre. La Iglesia, a la luz del Evan-
gelio, discierne lo que hay de verdadero y noble en esas reivindicaciones y, después
de someterlas a purificación y examen, las propone como orientaciones de la conducta
auténticamente humana y cristiana e incluso las presenta como exigencias de un com-
portamiento que pretenda seguir las huellas trazadas por Jesús (126).
97. La Iglesia proclama con autoridad los derechos humanos La Iglesia no puede ser
indiferente, en absoluto, a la proclamación de esos derechos por múltiples motivos:
- Porque en esa proclamación subyace siempre, de modo más o menos explícito, una
concepción de lo que es el hombre, y la Iglesia, aleccionada por la revelación divina,
conoce el fundamento de la dignidad del hombre y posee la clave de su vocación au-
téntica: el hombre es imagen de Dios, llamado a ser hijo suyo y redimido por la san-
gre de Cristo.
- Porque la Iglesia profesa que la redención tiene una específica eficacia en la instau-
ración en Cristo de todos los ámbitos humanos (Cfr. entre otras muchas enseñanzas
solemnes: GS 38; AA 5, y CPD 27). A partir de la convicción cristiana de que la socie-
dad ha de ser ordenada según la concepción del hombre que se inspira en el Evange-
lio, la Iglesia ha denunciado, por ejemplo, en los tiempos más recientes, las concep-
ciones que intentan estructurar el orden social sobre determinismos materialistas, li-
beralismos capitalistas, estatismos totalitarios, sistemas todos ellos opuestos al desa-
rrollo de la persona humana, llamada a la libertad de los hijos de Dios.
- Porque la Iglesia, al profundizar los datos tradicionales sobre el pecado original, des-
cubre la realidad del «pecado del mundo» (Jn 1, 29); comprende entonces que los pe-
cados de unos hombres influyen en la conducta moral de otros; que las deslealtades
de un pecador se contagian en torno suyo y que esas reacciones epidémicas "produ-
cen" estructuras pecaminosas, subversiones de valores morales en el ámbito de la fa-
milia, de las relaciones profesionales, de la sociedad, en suma. Por ello, ante la di-
mensión social del pecado, la Iglesia juzga con autoridad las circunstancias ambienta-
les que cohíben los derechos fundamentales de la persona humana, señalando siem-
pre que su origen más profundo y último radica en la soberbia y el egoísmo de los
hombres (Cfr. GS 25).
- Porque «la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación
recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida con-
creta, personal y social del hombre. Precisamente por esto la evangelización lleva con-
sigo un mensaje explícito, adaptado a las diversas situaciones y constantemente ac-
tualizado, sobre los derechos y deberes de toda persona humana, sobre la vida fami-
liar, sobre la vida comunitaria de la sociedad, sobre la vida internacional, la paz, la
justicia, el desarrollo» (Pablo Vl, EN 29) (127).
98. ¿En qué momentos la Iglesia debe proclamar esos derechos? La Iglesia jerárquica,
sin embargo, no puede en todo momento concreto puntual de la historia discriminar la
validez o la nocividad de determinadas reivindicaciones que, en una encrucijada deter-
minada, se proponen aquí y allá. En esas situaciones conflictivas, dependientes de
multitud de factores y concausas contingentes, la Iglesia espera, antes de dar su jui-
cio evangélico, para no arrancar precipitadamente el trigo bueno junto con la cizaña.
El Concilio Vaticano II se refiere a esta actitud sobria y prudente de los Pastores en el
siguiente texto: «A la conciencia bien formada de los seglares corresponde lograr que
la ley divina se inscriba en la vida de la ciudad terrena. De los sacerdotes, los laicos
esperen luz e impulso espiritual. Pero no piensen que sus Pastores están siempre en
condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones
que surjan, aunque éstas sean graves. No es ésa su misión» (GS 43). Todos los
miembros del pueblo cristiano, iluminados interiormente por el Espíritu de Dios y guia-
dos por las orientaciones de los Pastores, deben discernir en cada caso las exigencias
concretas del Evangelio (Cfr. Pablo VI, Octogesima adveniens, 5). A continuación se
presentan algunos derechos humanos más importantes, confirmados por el Magisterio
de la Iglesia (128).
99. Derecho de reunión y de asociación «Toda persona tiene derecho a la libertad de
reunión y de asociación pacífica. Nadie puede ser obligado a pertenecer a una deter-
minada asociación» (Declaración Universal de Derechos Humanos [DDH], 20, 12).
100. Derecho de participación política «Toda persona tiene derecho a participar en el
gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogi-
dos» (DDH 21, 1).
-«La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad
se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente
por sufragio universal e igual y por voto secreto que garantice la libertad del voto»
(DDH 21, 3).
101. Derecho de participación laboral «Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos
y a sindicarse para la defensa de sus intereses" (DDH 23, 4).
- «De la intrínseca sociabilidad de los seres humanos surge el derecho de reunión y de
asociacion, como también el derecho de dar a las asociaciones la estructura más con-
veniente para obtener sus objetivos y el derecho a moverse dentro de ellas por la pro-
pia iniciativa y responsabilidad para que las asociaciones alcancen la finalidad desea-
da» (Juan XXIII, PT 23; cfr. GS 73, b) (129).
- «Es perfectamente concorde con la naturaleza humana que se constituyan estructu-
ras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y
con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en
la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la
cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los límites de las dife-
rentes instituciones y en la elección de los gobernantes. Recuerden, por tanto, todos
los ciudadanos el derecho y el deber que tienen de votar con libertad para promover
el bien común» (GS 75; cfr. PT 26) (130).
- «Entre los derechos fundamentales de la persona humana debe contarse el derecho
de los obreros a fundar libremente asociaciones que representen auténticamente al
trabajador y puedan colaborar en la recta ordenación de la vida económica, así como
también el derecho de participar libremente en las actividades de las asociaciones sin
riesgos de represalias» (GS 68) (131).
- «Hoy día es posible liberar a muchísimos hombres de la miseria de la ignorancia. Por
ello uno de los deberes más propios de nuestra época, sobre todo de los cristianos, es
el de trabajar con ahínco para que tanto en la economía como en la política, en el
campo nacional como en el internacional se den las normas fundamentales para que
se reconozca en todas partes y se haga efectivo el derecho de todos a la cultura, exi-
gido por la dignidad de la persona sin distinción de raza, sexo, nacionalidad, religión o
condición social» (GS 60) (132).
102. Derecho a la educación «Toda persona tiene derecho a la educación. La educa-
ción debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y funda-
mental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional
habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos en
función de los méritos respectivos» (DDH 26, 1).
103. El trabajo infantil, un problema Para muchos, en concreto preadolescentes y ni-
ños, su única escuela es todavía el trabajo físico, como dice el libro de Las Lamenta-
ciones: «Han arrastrado la muela los muchachos, bajo la carga se han doblado los ni-
ños» (/Lm/05/13). «El trabajo infantil sigue siendo un problema que se plantea tanto
en los países desarrollados como en los que se encuentran en vías de desarrollo. Em-
pleados en labores agrícolas, industriales, artesanas o de otra índole, multitud de ni-
ños se ven privados de la educación a que tienen derecho» (El Correo de la Unesco,
octubre 1973, pp. 8-9). «El niño debe estar protegido contra toda forma de negligen-
cia, de crueldad y de explotación. No debe estar sometido al tráfico, bajo cualquier
forma que sea. El niño no debe ser admitido al empleo antes de tener una edad míni-
ma apropiada; no debe, en ningún caso, estar sujeto o autorizado a tomar una ocupa-
ción o un empleo que perjudiquen su salud o su educación o que dificulten su desarro-
llo físico, mental o moral" (Declaración de los Derechos del Niño [DDN] 9) (133).
104. El respeto a los derechos humanos, objetivo educativo Tanto los individuos como
las instituciones deben promover, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a
los derechos humanos: «La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la per-
sonalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las li-
bertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre
todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; promoverá el desarrollo de
las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz» (DDH 26, 2;
cfr. DDN 10) (134).
105. Derecho de expresión e información «Todo individuo tiene derecho a la libertad
de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus
opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas, sin
limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión» (DDH 19).
106. Derecho a no ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes «Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes>, (DDH 5).
- Nadie será sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de escla-
vos están prohibidas en todas sus formas (DDH 4).
- «Todo ser humano tiene el derecho natural al debido respeto de su persona, a la
buena reputación, a la libertad para buscar la verdad y, dentro de los límites del orden
moral y del bien común, para manifestar y defender sus ideas... y... para tener una
objetiva información de los sucesos públicos» (PT 12) (135).
- «Cuanto ofende a la vida humana es en sí mismo infamante. Cuanto atenta contra la
vida...; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las muti-
laciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la men-
te ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahuma-
nas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitu-
ción, la trata de blancas y de jóvenes o las condiciones laborales y degradantes que
reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y
a la responsabilidad de la persona humana; todas estas prácticas y otras parecidas
son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus
autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador"
(GS 27, c) (136).
107. Derecho a una vida verdaderamente humana «Toda persona tiene derecho a un
nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y
en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios
sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de enfermedad, in-
validez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por cir-
cunstancias independientes de su voluntad» (DDH 25, 1).
108. Derecho a la libertad religiosa «Toda persona tiene derecho a la libertad de pen-
samiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de
religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, in-
dividual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la
práctica, el culto y la observancia» (DDG 18).
- «Es, pues, necesario que se facilite al hombre todo lo que éste necesita para vivir
una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el
derecho a la libre elección de estado y a fundar una familia, a la educación, al trabajo,
a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la
norma recta de su conciencia, o la protección de la vida privada y a la justa libertad
también en materia religiosa» (GS 26, b) (137). «Este Concilio Vaticano declara que la
persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que to-
dos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas parti-
culares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal mane-
ra, que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le
impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros,
dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa
está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana...» (DH 2) (138).
109. El otro es respetado cuando se le ama El evangelio asume y defiende los dere-
chos humanos, pero va más allá de lo que es simpiemente justo: el otro es respetado
cuando se le ama. Como dice Juan Pablo II: «La experiencia del pasado y de nuestros
tiempos demuestra que la justicia por sí sola no es suficiente y que, más aún, puede
conducir a la negación y al aniquilamiento de sí misma si no se le permite a esa forma
más profunda que es el amor plasmar la vida humana en sus diversas dimensiones»
(DM 12) (139). ........................................................................

TEMA 32
OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EL PROCESO DE EVANGELIZACION IMPLICA LA DEFENSA
DE LA DIGNIDAD Y DERECHOS DEL HOMBRE

PLAN DE LA REUNION * Información: personas hechos, problemas...


* Presentación del tema 32 en sus puntos clave.
* Información seria sobre el panorama internacional a este respecto
(Amnistia Internacional, Justicia y Paz...). * Diálogo. * Oración comunitaria.
PISTA PARA LA REUNION PUNTOS CLAVE * ¿Utopías? Signo de nuestro tiempo. * De-
recho de reunión y asociación, de participación política, de participación laboral, de
expresión e información, de libertad
religiosa, de no ser sometido a torturas, de educación. * El otro es respetado cuando
se le ama.
 
CATECUMENADO 33  

MI SITUACIÓN PUEDE CAMBIAR:


LA CONVERSIÓN
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que la situación del hombre puede cambiar (por
la fuerza del Espíritu).
110. Nicodemo: «Habría que nacer de nuevo.» Jesús: «Tenéis que nacer de lo alto.»
Nicodemo es maestro en Israel. De todo lo que dice y hace Jesús, ha entendido sola-
mente una cosa: que Dios está con él y que, por tanto, es todo un maestro. Pero le
resultan las palabras de Jesús verdaderamente extrañas: ¡Nacer de lo alto! «¿Cómo
puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el
vientre de su madre y nacer? ¿Cómo puede suceder eso?" (/Jn/03/04/09). Nicodemo
se asombra de que Jesús venga diciendo: Tenéis que nacer de lo alto. La buena nueva
de un nacimiento del espíritu le resulta un lenguaje absolutamente desconocido: ¿le
es posible al hombre cambiar? (142).
111. Dios quiere que el mundo se convierta y se salve El hombre, por sí solo, no pue-
de cambiar hasta el punto de alcanzar la condición de hijo de Dios. Sin embargo, la
respuesta que Cristo da a Nicodemo anuncia al hombre, metido en esa situación irre-
denta, la posibilidad de salir de ella: «Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para
juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3, 17). El corazón de
Dios no es el corazón del hombre, y el Santo no gusta de destruir (Os 1 1, 8-9). Lejos
de querer la muerte del pecador, quiere su conversión para poder prodigar su perdón,
porque sus caminos no son nuestros caminos, y sus pensamientos rebasan nuestros
pensamientos en toda la altura del cielo (Is 55, 7-9) (143).
112. La misión de Jesús frente a la dureza de corazón Cristo ha venido al mundo para
llamar a los pecadores a la conversión (Lc 5, 32): este es el aspecto esencial del
Evangelio. Por lo demás, el hombre, que toma conciencia de su estado de pecador,
puede volverse a Jesús con confianza, pues «el Hijo del hombre tiene potestad en la
tierra para perdonar los pecados» (Mt 9, 6 ss). Pero el mensaje de conversión tropieza
con la dureza del corazón humano bajo todas sus formas: desde el apego a las rique-
zas (Mc 10, 21-25) hasta la soberia seguridad de los fariseos (Lc 18, 9) (144).
113. Bajo el signo de Jonás. Un plazo para la higuera estéril Jesús se alza como el
«signo de Jonás" en medio de una generación mala, con disposiciones peores para con
Dios que en otro tiempo Nínive (Lc 11,29-32). Así eleva contra ella una requisitoria
llena de amenazas: los hombres de Nínive la condenarán el día del juicio (Lc 11, 32);
Tiro y Sidón tendrán una suerte menos rigurosa que las ciudades del Lago (Lc 10,13
ss). La impenitencia actual de Israel es, en efecto, señal del endurecimiento del cora-
zón (Mt 13,15 ss). Si los oyentes impenitentes de Jesús no cambian de conducta pere-
cerán a semejanza de la higuera estéril: «Uno tenía una higuera plantada en su viña y
fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves: tres
años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para
qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía
este año, yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que
viene la cortarás» (/Lc/13/06-09) (145).
114. Convertirse: un corazón nuevo, un hombre nuevo Convertirse es romper con
todo lo que separa de Dios, abandonar el mal camino que aleja de El, según la fórmu-
la de Jeremías: «Volveos cada cual de su mal camino» (Jr 18, 11). Convertirse es
cambiar profundamente, adquirir «un corazón nuevo y un espiritu nuevo", como
anuncia Ezequiel (Ez 18, 31). Tal conversión supone una nueva creación, un hombre
nuevo (Col 3, 10), algo que sólo puede venir de la iniciativa de Dios, aunque exige al
mismo tiempo una decisión auténtica por parte del hombre, como dice el profeta Jere-
mías: «Hazme volver y volveré, pues tú, Yahvé, eres mi Dios» (Jr 31, 18) (146).
115. Desde Cristo, convertirse es convertirse a Cristo CV/CONTINUA
Jesús comienza su predicación a la manera de los grandes profetas: «Convertíos por-
que está cerca el Reino de los Cielos» (/Mt/04/17). Sin embargo, a pesar de las apa-
riencias, hay un hecho que supone una novedad decisiva: el Reino de Dios se encarna
en su Persona. En adelante, pues, convertirse es convertirse a Cristo. Quien no cree
en Cristo se está condenando a sí mismo: «El que cree en él no es condenado; pero el
que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de
Dios. Y la condenación está en que vino la luz al mundo y los hombres amaron más
las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Jn 3, 18-19) (147).
116. Jesús invita a la conversión y la suscita Jesús no sólo invita a la conversión a to-
dos los que la necesitan (Lc 5,32), sino que suscita esta conversión (Zaqueo, Lc 19, 1-
10), revelando que Dios es un Padre que tiene su gozo en perdonar (Lc 15) y cuya vo-
luntad es que nada se pierda (Mt 18,12 ss.). Jesús no sólo anuncia ese perdón al que
se abre a la fe con arrepentimiento y humildad (Lc 7,47-50 y 18,9- 14), sino que ade-
más lo ejerce y testimonia con sus obras. Dispone de este poder reservado a Dios de
perdonar los pecados (Mc 2, 5- 11). Cristo ama como Dios, perdona como Dios y crea
como Dios. Cuando Cristo concede al hombre el perdón de Dios, transforma realmente
al hombre y, en cierto modo, lo crea de nuevo. Sólo el Espíritu de Dios -que es tam-
bién Espíritu de Cristo- puede hacer que surja un hombre distinto: el hombre que se
deja guiar por el Espíritu de Dios y que se convierte así en hijo de Dios (/Rm/08/14) y
hermano de los hombres (Mt 18, 21 ss.; 22, 39-40) (148).
117. La fe y la conversión, don del Padre
La fe y la conversión suponen un don que, en último término, procede del Padre. Je-
sús recuerda esto a quienes murmuran, se escandalizan y no creen. Esto es algo así
como el abecedario evangélico: «Nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre»
(/Jn/06/65). Es lo primero que hay que saber o, mejor, lo primero que hay que acep-
tar y reconocer. Quien no da ese paso se queda fuera. No se trata tanto de una con-
quista del hombre cuanto de la aceptación y acogida de un plan y de una historia de
salvación que, en último término, procede del Padre (Jn 6, 37 ss.) (149).
118. La conversión, algo progresivo y dinámico La conversión se realiza en el contexto
de una historia de salvación. Según ello, no aparece como algo puntual y estático,
sino como algo progresivo y dinámico. Como dice San Pablo: «Todos nosotros nos va-
mos transformando conforme a la acción del Señor" (2 Co 3, 18). En el lenguaje para-
bólico del Evangelio, el Reino de los Cielos, que aparece en medio de nosotros insepa-
rablemente de la conversión del hombre, es semejante a una semilla destinada a cre-
cer (/Mt/13/31-32) (150).
119. Cambio progresivo de sentimientos y de costumbres El Concilio Vaticano II, ha-
biando de evangelización y conversión, distingue entre una conversión inicial y un
cambio progresivo de sentimientos y de costumbres que paulatinamente debe mani-
festarse después (durante el catecumenado): «Esta conversión hay que considerarla
ciertamente inicial, pero suficiente para que el hombre perciba que, arrancado del pe-
cado, es introducido en el misterio del amor de Dios, quien lo llama a iniciar una co-
municación personal con El en Cristo, puesto que, por la acción de la gracia de Dios, el
nuevo convertido emprende un camino espiritual por el que, participando ya por la fe
del misterio de la muerte y de la resurrección, pasa del hombre viejo al nuevo hombre
perfecto en Cristo. Trayendo consigo este tránsito un cambio progresivo de sentimien-
tos y de costumbres, debe manifestarse con sus consecuencias sociales y desarrollar-
se paulatinamente durante el catecumenado» (AG 13) (151).
120. La gracia nos transforma y hace capaces de amar Si la situación de cada uno
puede cambiar por medio de una conversión es porque Cristo nos ha redimido con su
pasión, muerte y resurrección. En virtud de su acción redentora Cristo nos ofrece la
gracia del perdón de Dios y el don del Espíritu Santo. Cristo está presente en la Iglesia
y actúa especialmente a través de la proclamación que la Iglesia hace de la palabra de
Dios y particularmente de los sacramentos. Por la gracia de Cristo podemos superar
nuestra incapacidad para amar a Dios por encima de todas las cosas, liberarnos de
nuestros pecados, convertirnos, vivir como hijos de Dios. El Espíritu Santo, enviado
por el Padre y por el Hijo, no sólo nos inclina a responder con generosidad a la llama-
da de Dios, sino que, si correspondemos a la gracia de Dios, nos transforma en lo más
profundo de nuestro ser y nos hace verdaderamente partícipes de la vida de Dios, y
Dios mismo se entrega a nosotros como un don
(152). ........................................................................

TEMA 33
OBJETIVO: DESCUBRIR QUE LA SITUACION DEL HOMBRE PUEDE CAMBIAR (POR LA
FUERZA DEL ESPIRITU)
PLAN DE LA REUNION * Oración inicial: Sal 50. * Presentación del tema 33 en sus
puntos clave. * Diálogo: ¿le es posible al hombre cambiar? Experiencias concretas. *
Oración comunitaria: desde la propia situación
PISTA PARA LA REUNION PUNTOS CLAVE * «Habría que nacer de nuevo.» * «Tenéis
que nacer de lo alto.» * Un plazo para la higuera estéril. * Un corazón nuevo, un
hombre nuevo. * Convertirse a Cristo. * Invitación de Cristo, don del Padre. * Algo
progresivo y dinámico. * Cambio progresivo de sentimientos y costumbres.
CATECUMENADO 34  
EL HOMBRE NUEVO,
CONFIGURADO CON CRISTO
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que por la vida de fe el hombre adquiere una
nueva identidad: es un hombre nuevo.
1. Identidad y vida de fe El hombre que acepta con fe viva la revelación de Dios tiene
una nueva luz para saber quién es Dios y quién es el hombre. Dios nos ha hablado de
nuestro origen y de nuestro destino. Nos ha mostrado nuestro camino. Quiere hacer
de nosotros, en Cristo Jesús, un hombre nuevo. Sólo Dios puede esclarecer plenamen-
te el misterio del hombre: su situación presente, sus aspiraciones profundas, su liber-
tad, su pecado, su dolor, su muerte, su esperanza de vida futura. El cristianismo
construye su identidad personal en la vida de fe, esperanza y caridad. El creyente afir-
ma su personalidad al profundizar en su relación personal con Cristo (4).
2. Dios dirige la historia J/SEÑOR-HT:
Tanto el Viejo como el Nuevo Testamento anuncian un hecho que conmueve los ci-
mientos de la experiencia humana común: el hecho es que Dios actúa en la historia.
Su acción es muchas veces inadvertida. Como dice el salmista: «por el mar iba tu ca-
mino, por las inmensas aguas, tu sendero, y no se descubrieron tus pisadas» (/Sal/
076/20). Desde Abraham al último de los profetas, éste es uno de los aspectos más
profundos y característicos de la historia de Israel: Dios dirige la historia sin suprimir
ni limitar la libertad de los hombres. Dios no nos abandona (Cfr. Is 49, 1 5ss). A veces
Dios interviene en ella de manera significativa y manifiesta. Israel tuvo experiencia de
esta intervención misericordiosa de Dios: «Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares» (Sal 125, 1-
2) (5).
3. El gran acontecimiento: Jesús ha resucitado. Cristo es el Señor El Nuevo Testamen-
to nos presenta una nueva intervención de Dios, verdaderamente inaudita, inespera-
da: «Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis,
Dios lo ha constituido Señor y Mesías» (Hch 2, 36). Este es el gran acontecimiento de
la historia de salvación: un muerto, Jesús, condenado y ejecutado por la justicia de
los hombres, ha sido constituido Señor de la historia. ¡Al igual que a Yahvé le corres-
ponde el Nombre-que-está- sobre-todo-nombre! Este es el kerygma (mensaje, procla-
mación) del Nuevo Testamento (6).
4. El amanecer de un nuevo día que no se cerrará jamás TERCER-DIA:
La Iglesia primitiva tiene experiencia de esto, pues se le ha dado el reconocer a Jesús
en los múltiples signos que se producen como fruto de su pascua. Su misterio pascual
ha inaugurado para el mundo entero el amanecer de un nuevo día, el día de la resu-
rrección, el «tercer día». El «tercer día» no es un día solar de calendario, sino todo un
período, el tiempo que sigue a la resurrección de Jesús. El «tercer día» es un día que
queda abierto y que no se cerrará jamás (Cfr. Tema 18). Es el propio futuro del hom-
bre el que ha quedado inaugurado con la resurrección de Jesús y su constitución como
Señor de la historia. En Jesucristo ha aparecido así el verdadero prototipo del hombre.
«Cristo manifiesta plenamente el hombre al hombre» (GS 22). El es, por antonoma-
sia, el hombre nuevo (Ef 2, 15) (7).
5. El nacimiento de un nuevo hombre Pablo sabe por experiencia que el que se ha en-
contrado con Cristo es como si hubiera vuelto a nacer, una criatura nueva, un hombre
nuevo (2 Co 5, 17). El confiesa que ha encontrado el verdadero y definitivo sentido de
su vida gracias al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús; ya nadie ni nada podrá
separarle de ese amor (/Rm/08/35-39): en un sentido profundamente cierto en el en-
cuentro con Cristo ha sido recreado. La profundidad de la relación interpersonal de Pa-
blo con Cristo queda expresada de forma difícilmente superable en la siguiente fórmu-
la: «¡Vivo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí!» (Ga 2, 20) (8).
6. Pablo, un hombre nuevo El descubrimiento de este acontecimiento saca a Pablo
«fuera de sí», derriba sus viejos centros de interés, invierte su jerarquía de valores,
quebranta los cimientos de su mundo: «Todo eso que para mí era ganancia, lo consi-
deré pérdida comparado con Cristo, más aún, todo lo estimo pérdida, comparado con
la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo
lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía -la
de la ley- sino con la que viene de ña fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se
apoya en la fe» (Flp 3, 7-9). Pablo es un hombre nuevo, radicalmente transformado,
está poseído totalmente por Jesús, con el que se ha encontrado ya para siempre y de
cuyo mensaje será el pregonero más fiel. Proclamará no su palabra, sino la Palabra de
Dios viva y operante en los creyentes (1 Ts 2, 13) (9).
7. Situación y conducta del hombre nuevo. Las bienaventuranzas, una llamada y una
exhortación Entre las enseñanzas de Jesús sobre la situación y la conducta del hombre
nuevo, del hombre que pertenece ya al Reino de Dios, destaca el mensaje de las bien-
aventuranzas (Mt 5-7; Lc 6. 20ss). Las bienaventuranzas de Jesús no son máximas de
sabiduría, sino -como la enseñanza de los profetas- una llamada y una exhortación.
Jesús, en el sermón de la montaña habla de los pobres y afligidos que no tienen nada
que esperar de este mundo, pero que lo esperan todo de Dios; los que en su ser y en
su conducta son mendigos ante Dios; los misericordiosos que abren su corazón a los
otros; los artífices de paz que triunfan de la fuerza y de la violencia con la reconcilia-
ción, los que no se encuentran a gusto en un mundo lleno de astucias, etc. Desde
ahora, los dichosos de este mundo no son ya los ricos, los satisfechos, aquellos que
son alabados por los hombres, sino los que tienen hambre, los que lloran, los pobres,
los perseguidos (Cfr. 1 P 3. 14; 4, 14). El mensaje de las bienaventuranzas se dirige a
todos los hombres. Se les invita a tomar las actitudes de mansedumbre, paciencia y
humildad, a renunciar a la violencia y a no oponerse al mal con el mal (21).
8. El anuncio de un don y la proclamación de una exigencia: «El Reino de Dios está
cerca; convertíos.» (Mc 1. 15) La palabra de Jesús, prometiendo la bienaventuranza,
no es sólo el anuncio de un consuelo para la otra vida; significa también que el reino
de Dios viene a nosotros. Todas las bienaventuranzas se orientan al reino inminente
de Dios: Dios quiere estar presente y estará presente en todos los que tienen necesi-
dad de El, para cada uno en particular; Dios les consolará, les saciará, tendrá miseri-
cordia de ellos, les llamará hijos suyos; les dará la tierra como heredad, les manifes-
tará su rostro. Va a establecer su reino en favor de ellos. Y este reino está cerca. Las
bienaventuranzas evangélicas no son sólo la proclamación de una exigencia, sino ante
todo el anuncio de un don. La auténtica felicidad humana no se encuentra en la satis-
facción de los propios egoísmos o en las posesiones y bienes de este mundo, sino el
camino de la generosidad, del amor, de la entrega total en las manos de Dios. Dios se
entrega al hombre como un don. Jesús nos llama a vivir ya en conformidad con esta
situación de salvación que El nos ofrece de parte de Dios. La gracia precede a la exi-
gencia (22).
9. Jesús vivió personalmente el espíritu de las bianaventuranzas. Jesús está en el cen-
tro de las bienaventuranzas evangélicas. Jesús quiso encarnar las bienaventuranzas
viviéndolas personalmente, mostrándose manso y humilde de corazón (Mt 11, 29).
Cuando el Evangelio le llama a alguien bienaventurado, lo hace siempre en referencia
a Jesús (cfr. Lc 1,48; 11,27). Jesús llama bienaventurados a los que escuchan la pala-
bra de Dios (Lc 11, 28), a los que creen sin haber visto (Jn 20, 29), a Simón, a quien
el Padre reveló que Jesús es el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 17), a los que han visto a Je-
sús (Mt 13, 16), a los discípulos que, esperando el retorno del Señor, serán fieles,
permanecerán vigilantes (Mt 24, 46) y perseverarán dedicados por completo los unos
a los otros (Jn 13,17; cfr. Ap 1, 3; 22, 7; 16,15; 19,9; 20, 6) (23).
10. La alegría del tesoro escondido RD/ALEGRIA/FELICIDAD
Un aspecto importante del sermón de la montaña es la alegría. La alegría es una ca-
racterística esencial del Evangelio. La expresión bienaventurados (dichosos), no sólo
contiene una promesa, sino también una felicitación. Jesús anuncia la llegada del
Reino de Dios en medio de felicitaciones, de congratulaciones, de bienaventuranzas
(Mt 5, 3-12). Sería una contradicción anunciar la Buena Noticia en medio de la triste-
za: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo en-
cuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y
compra el campo» (/Mt/13/44). El «ir», el «vender», el «comprar» se debe a la aleg-
ría de haber descubierto en la propia vida la acción de Dios. Esa alegría subyace a to-
das las decisiones y también a todas las renuncias. Brota en medio de los insultos y
de las persecuciones (Mt 5, 11-12) y se hace incontenible cuando el discípulo experi-
menta el poder de la Buena Nueva que anuncia (Lc 10, 17). Por encima de todo, el
verdadero motivo de la alegría evangélica es éste: «Vuestros nombres están inscritos
en el cielo» (Lc 10, 20) (24).
11. Entrad desde ahora en el Reino de Dios Cristo vino a proclamar los mandamientos
que liberan: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los
Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los
que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los per-
seguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de íos Cielos» (Mt 5, 3-
10) (25).
12. Actitudes básicas de la existencia cristiana: fe, esperanza y caridad
Si las bienaventuranzas nos describen la orientación global de la existencia cristiana,
las actitudes básicas de esta experiencia cristiana son las virtudes teologaíes: fe, es-
peranza y caridad. Ya en sus primeras cartas, San Pabío sintetiza toda la existencia
cristiana en «la fe, esperanza y caridad» (1 Co 13, 13; 1 Ts 1, 3; 5, 8). Así también eí
Vaticano II: «Cristo, el único Mediador, instituyó y mantiene continuamente en la tie-
rra a su iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y caridad, como un todo visible,
comunicando mediante ella la verdad y la gracia a todos» (LG 8) (26).
13. El hombre nuevo vive conforme a la Palabra de Dios La vida de fe, esperanza y
caridad nace y se desarrolla con la obediencia a la Palabra de Dios. El hombre nuevo
vive conforme a la Palabra de Dios. El hombre nuevo nace de Dios. Es el que recibe su
Palabra (Jn 1, 12), el que la escucha. La Palabra de Dios es su Manifestación; se ha
cumplido en Cristo: Cristo es la mejor exégesis del Padre; en Cristo, la Palabra se hizo
carne y puso su morada entre nosotros (Jn 1, 14). El resto de la Escritura, la Ley y los
Profetas, es presentado desde la óptica del Nuevo Testamento, donde el Antiguo al-
canza no su abolición, sino su cumplimiento (Mt 5, 17), esto es, su consumación, su
consecución de la meta terminal, donde se condensa y sublima todo cuanto fue dicho
anteriormente. Y el Nuevo Testamento es presentado desde la óptica del Sermón de la
Montaña, una de las síntesis más significativas de las exigencias prácticas del Buen
Anuncio de Jesús. PD/ESCUCHA:El hombre que nace del Sermón de la Montaña, ése sí
que es hombre nuevo, recuperado: al recobrarse, se manifiesta desconocido, distinto.
Por la presencia eficaz de Jesús en medio de nosotros y la comunicación de su Espíri-
tu, se vuelve posible el cumplimiento de las bienaventuranzas a quien no podía cum-
plir la ley. Escuchar la palabra de Dios no es sólo prestarle un oído atento, sino abrirle
el corazón (Hch 16, 14), ponerla en práctica (Mt 7, 24ss). Es ser como la buena tierra
que, acogiendo la semilla de la Palabra, responde a la voluntad del Sembrador (Mt 13,
3ss) (44).
14. El hombre nuevo nace de la comunidad y vive en ella La vida de fe, esperanza y
caridad nace y se desarrolla en el seno de la Iglesia. El hombre nuevo nace de la co-
munidad y vive en ella. Vive en comunión con los hermanos. Es el hombre de la Alian-
za. Nace a la fe -y vive- en el contexto de una Alianza con Dios y entre los hombres.
El hombre nuevo es un hombre comunitario, es Pueblo de Dios (1 P 2, 10; LG II),
Cuerpo de Cristo resucitado (Ef 1, 22-23; LG 7), Iglesia (Mt 16, 18; 1 Co 1, 2; LG I),
pueblo jerarquizado (Mt 10, 1-42; Jn 21, 15-17; LG lll) y pueblo carismático a la vez
(1 Co 12, 4ss; LG 12), signo en medio de las naciones de cuanto es verdadera salva-
ción y justicia, sacramento universal de salvación (LG 1), pueblo de promesas y co-
munidad de esperanza (LG Vll), pueblo que honra a María, Virgen y Madre de Dios,
como imagen consumada de lo que él mismo está llamado a ser (LG Vlll) (45).
15. El hombre nuevo nace y vive por la celebración del misterio de Cristo La vida de
fe, esperanza y caridad nace y se desarrolla en el encuentro del hombre con Cristo, de
una manera especial, a través de los Sacramentos. El hombre nuevo nace y vive por
la celebración del Misterio de Cristo, bajo la acción del Espíritu. El hombre nuevo es el
hombre de la Celebración, de la Liturgia, de la Fiesta. Los grandes momentos de la
vida de fe están significativamente configurados por la presencia eficaz del Espíritu.
Son los sacramentos. El Bautismo, sacramento del nacimiento a la fe; la Confirma-
ción, sacramento del testimonio de la fe; la Penitencia, sacramento de la reconcilia-
ción, misterio de misericordia y de conversión; la Eucaristía, sacramento del Pan de
Vida y celebración de la Pascua del Señor; la Unción de los enfermos, sacramento de
la esperanza cristiana frente al dolor de la enfermedad y de la muerte; el Orden, sa-
cramento del servicio a la comunidad de los creyentes; el Matrimonio, sacramento del
amor humano, signo de fidelidad definitiva y de paternidad sabia y responsable (Cfr.
LG 11) (46). ........................................................................

TEMA 34-1

OBJETIVO: DESCUBRIR QUE POR LA VIDA DE FE EL HOMBRE ADQUIERE UNA NUEVA


IDENTIDAD: ES UN HOMBRE NUEVO
PLAN DE LA REUNION * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: puntos
clave del tema 34, introducción en el hombre nuevo. * Diálogo: lo más importante,
experiencias actuales * Oración comunitaria: desde la propia situación, salmo compar-
tido.
PISTA PARA LA REUNION PUNTOS CLAVE * Identidad y vida de fe. * Dios dirige la his-
toria. * El gran acontecimiento: Jesús es el Señor. * Nacimiento de un hombre nuevo:
- vive conforme a la Palabra: - vive en comunidad, en Iglesia: - vive de los sacramen-
tos. ........................................................................

TEMA 34-2
OBJETIVO: DESCUBRIR LA ACTUALIDAD DE LOS RELATOS EVANGELICOS EN LA EX-
PERIENCIA PRESENTE DE FE
PLAN DE LA REUNION * Presentación del objetivo y plan de la reunión. * Presentación
de uno de los relatos del montaje: se pretende resaltarla actualidad del mismo.
* Diálogo: ¿tiene que ver con experiencias nuestras? * Oración comunitaria: desde la
propia situación .
PISTA PARA LA REUNION * Presentación del montaje audiovisual "Seis en uno. Rela-
tos evangélicos para chicos y grandes, de D. GONZALEZ CORDERO (Ed. Paulinas, Ma-
drid): seis relatos evangélicos, independientes entre sí (La pesca milagrosa, Zaqueo,
El fariseo y el publicano, Emaús, El buen samaritano y La semilla). (Ver AUCA 29/30;
también, DEPARTAMENTO DE AUDIOVISUALES (SNC), Montajes audiovisuales. Fichas
críticas (Il), S-13.) ........................................................................

TEMA 34-3

OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EN EL ENCUENTRO CON CRISTO EL HOMBRE ADQUIERE


UNA NUEVA IDENTIDAD: ES UN HOMBRE NUEVO
PLAN DE LA REUNION * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: expe-
riencia de Pablo. * Lecturas: Hch 22,1-16; 26,4-18. * Diálogo: interrogantes, expe-
riencias actuales. * Oraci6n comunitaria: salmo compartido, canto apropiado.
PISTA PARA LA REUNION
1. Desde mi juventud, fariseo (de la estricta observancia). 2. Me había creído obligado
a combatir a Jesús Nazareno. 3. Perseguía a los cristianos hasta en ciudades extranje-
ras. 4. En este empeño iba hacia Damasco: una luz, caímos a tierra. 5. Una voz: ¿por
qué me persigues? 6. Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 7. Vete a Damasco: allí se te
dirá lo que has de hacer. 8. Recobra la vista; serás testigo ante los gentiles.

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