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06 Consumos Problematicos

Este documento trata sobre los consumos problemáticos, especialmente de sustancias psicoactivas y alcohol, desde una perspectiva de salud pública. Explica que estos consumos se ven influenciados por factores sociales como la presión del consumo y el cumplimiento de roles, y pueden interferir en el desarrollo de las personas. Propone abordar el tema desde un enfoque comunitario e integral, sin prejuicios, reconociendo la complejidad de cada situación y buscando estrategias de prevención.

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06 Consumos Problematicos

Este documento trata sobre los consumos problemáticos, especialmente de sustancias psicoactivas y alcohol, desde una perspectiva de salud pública. Explica que estos consumos se ven influenciados por factores sociales como la presión del consumo y el cumplimiento de roles, y pueden interferir en el desarrollo de las personas. Propone abordar el tema desde un enfoque comunitario e integral, sin prejuicios, reconociendo la complejidad de cada situación y buscando estrategias de prevención.

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CONSUMOS

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PROBLEMÁTICOS
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Presidente de la Nación
Ing. Mauricio Macri

Vicepresidente de la Nación
Lic. Gabriela Michetti

Jefe de Gabinete de Ministros


Lic. Marcos Peña

Ministra de Desarrollo Social


Dra. Carolina Stanley

Secretaria de Acompañamiento y
Protección Social
Prof. Paula Ximena Perez Marquina

Subsecretario de Juventud
Sr. Pedro Robledo

Directora Nacional de Inclusión Joven


Lic. Camila Crescimbeni

Directora Nacional de Juventudes


Mg. María Lila Castillo

UNICEF Argentina realizó aportes a los


contenidos de la presente publicación.
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Introducción
Las sociedades en las que vivimos se caracterizan por generar un sinnúmero de
estímulos dirigidos, a grandes rasgos, a fomentar la posesión de bienes materiales
y a cumplir objetivos propios y ajenos. Mientras las exigencias agobian, se imponen
modos de felicidad y placer que en apariencia ayudarían a cumplir con el deber ser
social imperante. Estos modos pueden conducir a la posesión desmesurada y al
cumplimiento compulsivo de dichos objetivos.
Cada persona porta características físicas y emociones que están construidas con los elementos y dis-
cursos de un mundo donde el consumo se encuentra naturalizado y forma parte de la estructura de la
vida cotidiana. Luego, cada sujeto interactúa con el contexto reproduciendo o intentando cambiar ese
hábitat en el que se encuentra inmerso. Esta interacción funciona por una oferta de bienes de consumo
diversos y por el incentivo a experimentar nuevas sensaciones para cumplir necesidades de superviven-
cia, para obtener placer y buscar la supuesta felicidad.
El resultado se manifiesta cada vez con más frecuencia en un consumo desmesurado, alentado desde
la publicidad y los medios que necesitan que esto funcione para que el sistema siga existiendo como
tal. Esta realidad y la autoexigencia de poseer y de cumplir conduce a exacerbar la relación de los
sujetos con esos objetos, sustancias y sensaciones ofertados. Llegado este punto, los consumos po-
drían interferir en las actividades de la vida cotidiana generando la fantasía de que pueden servir para
que las personas respondan a las expectativas sociales del modo que se espera. Desde “Hablemos de
Todo”, entonces, buscamos facilitar la reflexión sobre las condiciones en que se producen los diferentes
consumos que pueden resultar problemáticos. Buscamos también que la comunidad pueda mirarse
críticamente e interpelarse en sentidos comunes y prácticas naturalizadas. En particular las juventudes,
como protagonistas de cambios sociales a través de la historia y como herramienta para mejorar sus
oportunidades y calidad de vida.
En este contexto, prácticamente cualquier mercancía circulante en la sociedad de mercado puede de-
venir en consumo problemático, ya sean compras compulsivas, el juego, la tecnología, los cuidados del
cuerpo, las soluciones espirituales, los alimentos, entre otras.
Nuestra propuesta focaliza aquellos que –por su urgencia– preocupan e interpelan especialmente a las
comunidades, como los consumos de sustancias psicoactivas y el alcohol, teniendo en cuenta que se
consume desde edades cada vez más tempranas.
Mucho se ha investigado y escrito acerca del impacto de estos consumos y el modo en el que influyen
en el desarrollo físico y psíquico de las personas y los procesos que se esperan de ellas. La alteración
del desarrollo y el alejamiento de los modelos hegemónicos que impone la sociedad de consumo lleva a
una suerte de atravesada porconlleva crecientes sentimientos de desadaptación, marginación, angustia
y desesperanza en los sujetos. La resolución de esta problemática implica la elaboración de respuestas
comunitarias integrales que consideren a las personas en toda su complejidad atravesada por la interac-
ción de sus condiciones personales psicoemocionales y por el conglomerado de factores de mercado e
interpersonales mencionado.
Para abordar estas temáticas es necesario visibilizar los prejuicios y obstáculos que obturan el análisis
de las situaciones y que forman parte de los discursos instalados acríticamente y que dificultan el aná-
lisis de las situaciones generando estrategias equivocadas o insuficientes.
Nuestro trabajo desde la Subsecretaría de Juventud se centra en el colectivo juvenil como grupo diná-
mico, diverso y en constante construcción –muchas veces estigmatizado y otras, idealizado– que puede
aportar una nueva mirada que interpele lo establecido y se constituya en el motor de cambios sociales.
Reconocemos a las y los jóvenes como sujetos de derechos, lo que implica su participación en el diseño
e implementación de las políticas públicas que los afectan. Se debe considerar a las juventudes como
parte de una respuesta integradora y no como un problema en sus comunidades.

1
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Así, las herramientas de esta publicación se dirigen a la comunidad en general: agentes sociales, refe-
rentes de redes y organizaciones sociales, integrantes de cooperativas, federaciones, gremios y ámbitos
educativos, referentes de organismos gubernamentales nacionales, provinciales o municipales y todas
aquellas personas involucradas en la prevención de los consumos problemáticos.
Nuestro objetivo primordial entonces poner en cuestión los discursos y prácticas cotidianas para re-
flexionar acerca de las actitudes que se producen y reproducen en torno a la temática de los consumos
problemáticos y construir estrategias para el abordaje.
Para esto, será necesario:
• Identificar, analizar y debatir acerca de los prejuicios, roles y estereotipos que obstaculizan un abor-
daje adecuado de los consumos problemáticos.
• Desarrollar actividades de formación utilizando diferentes dinámicas grupales, trabajando los as-
pectos relacionados con la comprensión, prevención y tratamiento de los consumos problemáticos.
• Favorecer una visión compleja y multidimensional que comprenda los procesos de
consumo compulsivo.
• Articular acciones para la información y formación con otros organismos estatales que trabajen
desde esta perspectiva.
• Afianzar los canales de comunicación entre los sujetos intervinientes en esta política pública (desti-
natarios y multiplicadores).
• Visibilizar ante la comunidad y brindar recursos y herramientas de prevención.
Considerar la cuestión de los consumos problemáticos desde una mirada amplia y sin prejuicios nos
ayudará a plantear las estrategias de abordaje más adecuadas a las necesidades de la comunidad en la
que vivimos.
Recordemos que prejuicio es un “juicio u opinión, generalmente negativo, que se forma inmotivadamen-
te de antemano y sin el conocimiento necesario”1. Se sabe que muchos de los obstáculos que se deben
enfrentar para modificar las prácticas que no son efectivas a la hora de prevenir el consumo problemá-
tico de sustancias, se relacionan con los prejuicios personales y colectivos.
Nuestro país es amplio y diverso, incluso en nuestro ámbito cercano. Existen muchas realidades y nece-
sidades construidas a partir de una multiplicidad de factores. Aceptar y celebrar estas características es
un desafío, una tarea compleja que se ve recompensada con una mayor inclusión de las personas desde
su particularidad.
En este sentido, Hablemos de Todo es un programa que busca abarcar la multiplicidad de miradas y de
prácticas que construyen las y los jóvenes en su hacer cotidiano. Por eso abordamos las temáticas des-
de la perspectiva de la educación popular que permite interrogar sentidos comunes y simplificaciones
que se traducen en prácticas estereotipadas y discriminatorias que quedan naturalizadas incluso en el
diseño de políticas públicas.2

1 [Link]
2 [Link]

2
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Algunas consideraciones
sobre los consumos problemáticos

Marco legal
En la Argentina la prevención, capacitación y asistencia de los consumos problemáticos es jurisdicción
de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfi-
co (SEDRONAR), en conjunto con ministerios nacionales y provinciales.
La legislación en el país, con foco en las sustancias psicoactivas, tiene un recorrido largo y diverso que
se ha centrado en la penalización, en el uso, la tenencia y/o producción. Esto ha llevado a la sanción
de leyes nacionales que oscilan entre posturas más o menos permisivas, mientras surgen otras que
amplían los derechos de las personas que requieren tratamiento. A su vez diferentes jurisdicciones del
país han generado sus propias normas, sin entrar en contradicción con la Ley N° 23.7373. Actualmente
la legislación argentina contempla como consumos problemáticos una variedad de usos y costumbres
que enmascaran problemáticas cuya detección y tratamiento ayuda a mejorar la calidad de vida de las
personas y la comunidad en la que viven.
A nivel nacional existen cuatro leyes que se ocupan de la temática. Las mismas tienen diferentes alcances.
Ley N° 23.737: penaliza la tenencia de drogas ya sea para consumo personal, comercialización o ela-
boración. Las personas que incurran en esta penalización serán detenidas o deberán someterse a un
tratamiento educativo/terapéutico.
Ley N° 26.586: crea el Programa Nacional de Educación y Prevención sobre las Adicciones y el Con-
sumo Indebido de Drogas. Orienta las prácticas educativas para trabajar en la educación y prevención
sobre las adicciones y el consumo indebido de drogas, en todas las modalidades y niveles del Sistema
Educativo Nacional.
Ley N° 26.657: ley del Derecho a la Protección de la Salud Mental. En su art. 4° especifica que “Las adic-
ciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental. Las personas con
uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen
en la presente ley en su relación con los servicios de salud”, considerando la problemática desde la pers-
pectiva de los derechos humanos.
Ley N°26.934: Crea el IACOP (Plan Integral para el Abordaje de los Consumos Problemáticos) Esta ley
entiende por consumos problemáticos “aquellos consumos que —mediando o sin mediar sustancia al-
guna— afectan negativamente, en forma crónica, la salud física o psíquica del sujeto, y/o las relaciones
sociales”. Esta legislación abre la posibilidad del abordaje que comprenda al sujeto en su contexto per-
mitiendo intervenir sobre las causas de los diferentes consumos como así también en forma indirecta
sobre otras situaciones conflictivas que se presentan en territorio.

El término “droga” y sus complejidades


La droga es, en el sentido amplio del término, una sustancia química que tiene efectos biológicos co-
nocidos en humanos o animales. Los alimentos son excluidos de esta definición a pesar de sus efectos
fisiológicos conocidos en la mayoría de las especies animales.4 Sin embargo, podemos encontrar diver-
sas acepciones. Tomemos como ejemplo dos bien diferentes:

3 [Link]
4 [Link]

3
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

• “Droga” es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración
produce una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y es,
además, susceptible de crear dependencia ya sea psicológica, física o ambas.5
• “Droga” es una sustancia que se utiliza con la intención de actuar sobre el sistema nervioso para
potenciar el desarrollo físico o intelectual, de alterar el estado de ánimo o de experimentar nuevas
sensaciones, y cuyo consumo reiterado puede crear dependencia o puede tener efectos secunda-
rios indeseados.6
Ambas reconocen “droga” como sustancia y está extendido, y es usual, asociar la palabra droga con la
segunda opción y, si lo pensamos un poco, cabe aclarar que no necesariamente las drogas producen
alteraciones o cosas que ocurran en el sistema nervioso.
Por otra parte, “droga” aparece en el uso común como una palabra satanizada y estigmatizante. Para
evitar esta situación se la ha reemplazado por el genérico “sustancias”. Tratando de aclarar un poco el
rol de ambos términos podríamos decir que si bien las drogas son sustancias no son exactamente lo
mismo y si no despejamos las diferencias terminaremos demonizando también la palabra sustancia.
Las drogas se diferencian de otras sustancias en que producen efectos identificables y focalizados en
el organismo, se suelen usar con variados fines relacionados con la salud y pueden ser prescriptas por
médicos o no.
Las sustancias no son solo drogas. En lo que a las personas y la vida cotidiana respecta todos consumi-
mos sustancias en forma permanente, por ejemplo las denominadas “sustancias alimenticias” que la pri-
mera acepción excluye pero que bien vale explorar. Estas abarcan desde el agua y sus derivados hasta
las comidas que son las sustancias que en forma habitual incorporamos sin hacernos mayor problema
en si se trata de un sándwich o una empanada. En este caso el efecto buscado será el mismo, que es
simplificando, función nutricional en primera instancia pero también con un aspecto social, recreativo,
emocional o la inevitable combinación de estas.

5 [Link]
6 [Link]

4
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Se lo llame como se lo llame y tenga el objeto que tenga, hay un grupo de sustancias que no son los
alimentos o algunos medicamentos o suplementos de venta libre como las aspirinas. Nos referimos a las
denominadas sustancias psicoactivas entre las que aparecen las relacionadas con los consumos proble-
máticos. La diferencia con los otros consumos problemáticos es que generan daños en el cuerpo y que
su consumo y/o comercialización están penalizados. El tema se complica aún más por el volumen de
dinero que mueve y que ha generado una economía paralela con la que los estados entablan una guerra
que recrudece día a día.
Bajo la denominación de “sustancia psicoactiva” o “droga”, se incluye un grupo variado de sus-
tancias, cuyo potencial adictivo, así como su peligrosidad, puede variar significativamente. Estas
diferencias se deben no sólo a características farmacológicas particulares de cada sustancia, sino
también a la cronicidad del uso, la dosis, la vía de administración, las características del usuario y el
contexto en que se consume.7
Estos consumos tienen que ver con necesidades emocionales o psicológicas y usualmente se llega a
ellas por recomendaciones de amigos o a través de la propia investigación. En líneas generales se po-
dría decir que se busca incidir en la relación entre uno mismo y el mundo externo, como aumentar la
conexión con el entorno o, por el contrario, amortiguar o intentar aislarse de condiciones displacenteras
o desequilibrantes.
Pueden ser más o menos ocasionales o más o menos intensos. El problema comienza cuando esos
consumos se convierten en un requisito indispensable sin el cual se comienza a alterar la vida cotidiana.
Cuando esta presencia o ausencia bloquea aspectos de la persona, también cuando empieza a alterar la
salud física como así también la relación con otras personas o cuando se convierten en el sostén emo-
cional de un sujeto.
Hay otros consumos intelectuales, sensoriales o emocionales que funcionan de modo similar al grupo de
esas sustancias. Estos están escasamente instalados en la opinión pública, merecen una mayor atención y
por eso están especificados en el artículo 2 de la ley 26.934 (IACOP)8. Esto nos pone sobre la pista de que
la vida cotidiana está construida de objetos, emociones, sustancias, entre otras cosas que pueden cons-
tituirse en consumos problemáticos en tanto se entramen con aspectos emocionales de las personas.
Como se dijo, usualmente se considera a las drogas como si fueran una sola, sin distinciones, sin espe-
cificaciones. Este es un primer estereotipo que se basa en un concepto monolítico de “droga” actúa
ocultando la variedad existente. Las sustancias ilícitas a las que la SEDRONAR denomina de forma gene-
ral “drogas” son fundamentalmente: cannabis y sus resinas (marihuana); cocaína; adormidera; heroína;
opio; mescalina, tetra-hidro-cannabinol, etc. (Para más información al respecto, ver Anexo al final de
este documento.)
No solo recaen prejuicios sobre el concepto “droga”, sino también fetichización o demonización de las
sustancias.9 El fetichismo hace que se le atribuyan a “la cosa” características de las que carece. En esta
línea una de las formas de abordar las “drogas” es identificarlas con una especie de ente mágico, con pro-
piedades casi divinas. Ese ente aparece como algo externo a la sociedad e “infecta” al cuerpo social “sano”.
Por otra parte, cuando hablamos de sustancias lícitas podemos distinguir entre las permitidas pero de
circulación regulada, que están en el mercado con fines terapéuticos –medicamentos– y las permitidas
y socialmente estimuladas desde los medios masivos de comunicación, como el alcohol y el tabaco. La
ruptura de este estereotipo debería lograr que no se hable del “bloque de la droga” sino, en todo caso,
de diversas sustancias con efectos distintos, modalidades diferentes de consumir y efectos de consumo.

7 [Link]
8 [Link]
9 Prevención del consumo problemático de drogas [Link]

5
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Existen una serie de términos que creemos necesario tener claros y para esto nos remitimos nuevamen-
te a las definiciones de la SEDRONAR.10
Medicamento: preparación o producto farmacéutico empleado para la prevención, el diagnóstico y/o el
tratamiento de una enfermedad o estado patológico.
Nombre genérico: denominación de un principio activo o droga farmacéutica adoptados por la autori-
dad sanitaria nacional.
Estupefacientes: sustancias que han sido consideradas prohibidas por el Poder Ejecutivo Nacional y que
figuran en las listas I y II de la Convención Única de Estupefacientes de 1961.
Sustancias psicotrópicas: en la práctica el término se utiliza como sinónimo de estupefacientes.

Distintos acercamientos teóricos a la problemática


Haciendo un poco de historia, los desarrollos teóricos sobre la problemática paulatinamente avanzaron
hacia una comprensión cada vez más profunda y pluricausal de los diferentes elementos interactuantes
–la tríada droga, sujeto, contexto– y de la relevancia que se le da a cada uno de estos elementos. De
acuerdo al modelo desde el que se actúe surgen medidas sociales, preventivas, legislativas y sanitarias
de muy diversa índole. Existen, entonces, cinco grandes modelos o paradigmas desde los cuales analizar
y entender la situación del consumo de sustancias psicoactivas o drogas.11
Modelo ético-jurídico: el paradigma punitivo, basado en el Derecho, categorizó el consumo de drogas
como un delito, planteando que los sujetos, al trasgredir la ley con total responsabilidad e intencionali-
dad, se convierten en culpables y por ello deben ser castigados. Este modelo está centrado en la sus-
tancia como referente y enfatiza las medidas legales y penales dirigidas a los usuarios de drogas. Estos
son percibidos como “delincuentes” que infringen la ley. Como “la droga” se concibe bajo el prisma del
delito, el modelo lleva a la criminalización y a la estigmatización de los usuarios, a la vez que produce
la creación de un mercado negro cada vez más poderoso. Este modelo es el eje central del paradigma
prohibicionista (que propone la prohibición de las sustancias como “solución” del problema).
Modelo médico-sanitario: en un segundo momento se produce un salto desde el paradigma punitivo a
otro basado en la desviación. La medicina, como agencia encargada de dar respuesta a esta problemá-
tica, considera que los sujetos / “pacientes” no son responsables de la práctica de consumir drogas. En
este sentido, el rótulo de “enfermo”, y ya no de vicioso, lo hace pasible de un “tratamiento” en vez que
de un “castigo”. Para este modelo el “drogadicto” es considerado un “enfermo” al que hay que curar
(diagnosticar, prescribir y tratar) y reinsertar en la sociedad.
Modelo psicosocial: a diferencia de los otros dos, este modelo –que surge a mediados de los años ´80–
corre el foco de la sustancia y lo coloca en el sujeto. Por eso, interpreta que el adicto es un enfermo y
que la adicción es la resultante de un malestar psíquico. El interés se centra en el tipo de vínculo que
una persona establece con la sustancia. El discurso psico-social entiende el concepto de adicto como
sinónimo de “esclavo”.12 Este modelo se sustenta en el reconocimiento de la complejidad de cada indivi-
duo y del peso que tienen los factores psicológicos y ambientales sobre sus decisiones. Al centrarse en
el sujeto, busca saber cuáles son las necesidades que lo llevaron al abuso de sustancias tóxicas. Basado
principalmente en el encuadre psicológico, es el de mayor peso en comunidades terapéuticas y centros
de rehabilitación actuales.

10 Prevención del consumo problemático de drogas [Link]


11 [Link]
12 G. Touzé. “Parte I. Discursos, políticas y prácticas”. En G. Touzé (Organizadora). Saberes y prácticas sobre drogas. El caso de la pasta base de cocaína.
Buenos Aires, Intercambios Asociación Civil y Federación Internacional de Universidades Católicas, 2006.

6
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Modelo sociocultural: este modelo postula que el significado asociado a las drogas está determinado
no por sus propiedades farmacológicas, sino por la forma en que una sociedad define el consumo de las
mismas y por las estrategias preventivas que utiliza con los consumidores. El fundamento que lo rige es
que una verdadera política preventiva no puede hacer abstracción de la estructura socioeconómica y de
los aspectos culturales que constituyen el contexto social de los consumidores de drogas. Las desigual-
dades, la falta de oportunidades para grandes sectores de la población, la marginación, la pobreza, el
desempleo, el abandono escolar, la discriminación, el analfabetismo, la carencia de una vivienda digna,
los procesos de urbanización e industrialización sin una planificación adecuada, deben considerarse
como factores causantes de la aparición masiva de las drogadependencias.

Modelo geo-político estructural: en este modelo la droga es vista como mercancía y se acentúan los
determinantes estructurales de su consumo. Toma como punto de partida la ineficacia que han demos-
trado los modelos preventivos importados de los países denominados del “primer mundo” y el entender
que no se pueden obviar las características específicas latinoamericanas como elementos fundamentales
para comenzar a pensar en cómo resolver el problema del consumo de drogas en nuestro contexto. Este
modelo se sustenta en la conceptualización del consumo de drogas y el narcotráfico como un fenómeno
global consustancial a las circunstancias que crean y mantienen el subdesarrollo y propician la depen-
dencia de los países latinoamericanos. En este sentido, destaca el marco geopolítico de América Latina
como responsable de las peculiaridades del problema del consumo de drogas. Para este modelo, el
contexto no es solo el ambiente individual, familiar y comunitario, sino toda la sociedad con sus factores,
cambios y contradicciones. Este es un modelo más reciente y es el que está menos instalado socialmente.

A partir de estos cinco modelos surgen paradigmas en prevención de los consumos que, a través de la
historia, estuvieron centrados principalmente en sustancias como el alcohol y las drogas o en el juego.13

Abstencionismo: es el paradigma clásico y prácticamente universalizado para abordar la temática. Se


basa en una mirada reduccionista que intenta dominar la situación a través de la normativización y la
persecución legal de todo el fenómeno.

…durante el siglo XX se fueron acumulando, superponiendo, reforzando en torno a la cuestión


“drogas” los discursos de la defensa social, la seguridad nacional y ciudadana, mezclados con la
definición internacional, hasta conformar, hacia fines de la década del ‘80 y principios de la década
del ’90, una matriz “prohibicionista-abstencionista” cuya principal expresión fue la respuesta penal
y sus principales destinatarios los usuarios de estupefacientes. Basándose en la idea de que toda
conducta vinculada a estas sustancias que no tuviera “fines médicos o científicos” debía ser consi-
derada ilícita, no solo se hizo mayor esfuerzo en desarrollar respuestas destinadas al control de la
producción y tráfico, sino que se incluyó en ellas al usuario de estupefacientes como parte integran-
te de ello. Así, quedaban definidos en la ubicua condición de “delincuentes-enfermos” y se genera-
ban representaciones (contagiosos, viciosos, peligrosos, autodestructivos, inestables, incapaces de
cuidar de sí o de otros) que condicionaban respuestas estatales coercitivas como la ley penal o la
internación o tratamientos obligatorios.14

Reducción de la demanda: se busca evitar y prevenir el primer consumo de drogas, y abordar las con-
secuencias negativas, tanto para la salud como para la sociedad, originadas por el uso indebido de dro-
gas por medio de programas de tratamiento, rehabilitación y reinserción.15 La dificultad que presenta la
prevención y la abstención conduce a buscar, por lo menos, retrasar lo más posible la edad de inicio en
el consumo.

13 [Link]
14 [Link]
15 [Link]

7
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

La reducción de daño en el consumo de sustancias: es una estrategia que reconoce al sujeto como
responsable de sus actos y su objetivo primario no es la abstinencia sino que la situación de consumo
no provoque daños más allá de los que la sustancia produce. Esta perspectiva permite, además, abordar
la cuestión contemplando la situación de los sujetos y el contexto en el que viven. Es una estrategia
que no busca destacar las virtudes de las sustancias psicoactivas ni alienta su consumo. Está destinada
a personas que ya se encuentran en situación de consumo. Al desestimar mitos y prejuicios sobre la
temática permite abordar el problema con la profundidad requerida con objetivos claros y concretos.
Sus objetivos son:
• Contactar a los servicios de salud con los usuarios con objeto de que se les brinde la ayuda que
necesiten (desintoxicación, tratamiento, etc.), como así también distribuir jeringas, materiales desin-
fectantes, preservativos, etc. y servirles como puentes con otros servicios.
• Limitar la transmisión por vía intravenosa del virus VIH y de otras enfermedades como la hepatitis B.
• Reducir el consumo de drogas.
• Evitar que el sujeto consuma sustancias adulteradas que son mucho más peligrosas que aquello
que supone que va usar.
• Buscar mejorar la situación familiar, laboral y social del usuario;
• Disminuir las conductas asociales motivadas por la adicción y que son impulsadas por la criminali-
zación del consumo.

Niveles de consumo y sus problemáticas


Los usos y consumos de drogas engloban una realidad social compleja caracterizada por diferentes
dimensiones: antropológica, sanitaria, cultural, moral, farmacológica, jurídica y económica.
Por otra parte, así como no todo consumo de drogas ilícitas deriva en una adicción o consumo proble-
mático, en el mismo sentido cabe destacar que el consumo de drogas lícitas puede derivar en adicción
o bien llevar a situaciones problemáticas. De acuerdo al vínculo que establecen las personas con la sus-
tancia puede ser catalogada como uso, abuso o dependencia.
• Uso: se entiende por uso de una sustancia el consumo aislado, ocasional, episódico, sin tolerancia
(es decir, sin necesidad de recurrir a dosis cada vez más altas que la inicial para obtener los mismo
efectos) ni dependencia, aunque es importante tener en cuenta que en solo consumo podría ser
mortal como en el caso de intoxicación aguada.
• Abuso: es un uso inadecuado por la cantidad que se consume, la frecuencia y finalidad con la que
se lo hace, conlleva a un deterioro clínico significativo que da lugar al incumplimiento de las tareas
habituales y alteración en las relaciones.
• Dependencia: cuando se tiene necesidad inevitable de consumir alguna sustancia, se manifiesta la
necesidad de cantidades marcadamente crecientes de la misma para obtener el efecto deseado,
consumiendo en muchos casos para evitar algún destello de abstinencia (conjunto de síntomas que
aparecen cuando se suspende en forma abrupta la ingesta de sustancias.
Cuando el consumo se exacerba a punto tal que comienza a afectar las actividades cotidianas, las rela-
ciones sociales y familiares, el trabajo, los estudios y la salud decimos que ese consumo es problemático.
No es basta con que esta característica se sostenga en el tiempo para ser considerada problemática.
Abarca la pérdida ocasional de control de sí mismo o el incurrir en prácticas de riesgo para sí mismo
o para los demás. Por ejemplo el manejo de vehículos luego de tomar alcohol o consumir alguna sus-
tancia de las que nos ocupan, motivo por el cual hay leyes que penalizan drásticamente el conducir
en estas condiciones.

8
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

El problema con la sustancias psicoactivas llamadas “drogas” aparece cuando su consumo comienza a
representar un peligro y una fascinación. Peligro, en tanto se encuentra por fuera de las normas socia-
les de control. Por otro lado, fascinación, porque permite la incorporación de valores y estilos de vida
alternativos a los que la sociedad propone. El problema se profundiza con el panorama de consumismo
actual que a pesar de las legislaciones que la limitan o prohíben, según corresponda, introduce a estas
dentro de la lógica de la mercancía en general que se rigen por las reglas del mercado.16

Cómo afecta a las juventudes y los géneros


Un estereotipo habitual asocia las drogas con la cultura juvenil y con la desviación social. Identifica
también al consumo de drogas como la expresión de una actitud individual o colectiva de oposición a la
sociedad y de afirmación de una cultura propia que busca diferenciarse de los mandatos hegemónicos
y normativizantes. Sin embargo, hoy, el consumo de sustancias psicoactivas se encuentra cada vez más
relacionado con la pretensión de inclusión social en el marco de los discursos del mercado de una socie-
dad consumista. Por eso, con frecuencia el consumidor ha dejado de ser una persona contestataria para
convertirse en una persona “hiperadaptada” a las pautas de consumo del medio y a las normas sociales
que exigen un mayor rendimiento por parte del sujeto.
Este concepto no es nuevo, ya en la UNESCO se afirmó: “No existen problemas de la juventud, sino la
repercusión de los problemas globales de la sociedad en los jóvenes”.17 La identificación de “las drogas”
con las juventudes oculta, además, el creciente consumo de sustancias psicoactivas entre la población
adulta, tanto el de las legales como el de las ilegales. Por eso, el discurso de los adultos “sanos” hacia los
jóvenes “enfermos” es rápidamente decodificado por las/los adolescentes como una gran hipocresía,
desaprovechándose así una excelente oportunidad de prevención. Esta situación profundiza aún más la
fractura que divide el discurso adulto del juvenil. Estas posiciones, muchas veces encontradas, obstacu-
lizan la posibilidad de que adultos y jóvenes construyamos juntos una propuesta mejor.

16 Lapegna y Viotti (2001)


17 [Link]

9
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Por otra parte, muchas de las prácticas asociadas a este consumo de sustancias psicoactivas se encuen-
tran enmarcadas en conductas de alto riesgo, con bajísimas expectativas de futuro y con un alto dete-
rioro de la salud. Hasta los ochenta el consumo de sustancias por parte de muchas personas solía estar
motivado por la búsqueda de nuevas percepciones o sensaciones, en la actualidad, para muchos niños,
adolescentes y jóvenes, pareciera encontrarse motorizada por la exclusión social.
Que haya cientos de miles de jóvenes que no estudian ni trabajan supone una pérdida insalvable
para la sociedad. Se trata de una triple exclusión: de la enseñanza, de la capacitación laboral, de la
esperanza en la propia vida; quedar afuera de las instituciones socializadoras: la escuela, el trabajo,
a veces de la familia.18
La cultura y las habitualidades sociales necesarias para incorporarse como miembro adulto a la
sociedad se adquieren en esas instituciones que deberían transformar al niño en ciudadano apto
para desenvolverse en la sociedad. Las instituciones de enseñanza, los lugares de trabajo y la
familia deberían brindar al niño y joven los recursos para moverse competentemente en el medio
social (…) ¿Qué queda para el joven excluido de las instituciones, que no trabaja, no estudia y tiene
un hogar problemático?19
Este planteo incorpora a esta dinámica la perspectiva de desigualdad social y vulneración de derechos
que se traduce como condiciones de sufrimiento social que propicia el desarrollo de innumerables situa-
ciones problemáticas entre las que también están los consumos que nos ocupan.20
La asimetría social se pone de manifiesto de un modo descarnado no solo en la marginalización des-
cripta. Es un hecho que los sectores más vulnerables consumen drogas baratas y de mala calidad como
la pasta base, el paco, pegamentos, etc., mientras que los sectores sociales más altos se inclinan por las
denominadas drogas sintéticas, entre ellas éxtasis, popper, ketamina, y anfetamina en polvo.21 (Para más
información al respecto, ver Anexo al final de este documento.)
Analizando la problemática desde la perspectiva de género, el consumo de sustancias no tiene el mismo
significado para hombres y mujeres, ni es valorado del mismo modo por los demás. Mientras que entre
los hombres el consumo de sustancias es percibido como una conducta social y culturalmente más
aceptada (salvo en situaciones donde el consumo problemático aparece asociado a conductas violentas
o antisociales), entre las mujeres supone un reto a los valores sociales dominantes. Por eso, las mujeres
que presentan un consumo problemático de sustancias –sean legales o no– soportan un mayor grado
de estigma social. Esto significa que, además del estigma asociado a ser “una mujer adicta” desde su
espacio privado, es juzgada en el ejercicio de su rol materno (si es que existe) –ya que no brindaría el
cuidado socialmente esperado a sus hijos/as– y desde lo público es vista como una persona que no es
capaz de controlar su situación familiar, por ende es alguien en quien no se puede confiar desde otros
ámbitos, como el laboral, académico, etc.
Esta diferente respuesta del entorno social ante las situaciones de consumo problemáticas explica por
qué muchas mujeres optan por ocultar el problema, temerosas de ser estigmatizadas como adictas y
sufrir la exclusión o rechazo de su pareja, familia y entorno próximo. Es así como las mujeres con consu-
mos problemáticos de sustancias sienten –con más frecuencia e intensidad que los hombres– que han
fracasado a nivel personal, familiar y social, incapaces de desempeñar satisfactoriamente el papel que
les ha sido asignado por la sociedad (como ser una buena madre o una buena ama de casa).

18 [Link]
19 Mario Margulis. La cultura de la noche: la vida nocturna de los jóvenes en Buenos Aires. 1994.
20 [Link]
21 [Link]

10
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Por esto es fundamental que el diseño de programas y acciones dirigidas a prevenir el consumo proble-
mático de sustancias se realice con perspectiva de género, lo que implica tener en cuenta: los diferentes
motivos por los cuales los varones y mujeres consumen sustancias para poder poner en marcha meca-
nismos individuales y colectivos de protección; y los roles asignados a varones y mujeres que tienen un
impacto muy importante en la salud y en los consumos de sustancias.
Resulta evidente que el abordaje de las mujeres en situación de consumos problemáticos tiene necesi-
dades específicas y requiere de una revisión y actualización de los marcos teóricos para incorporar las
diferencias y especificidades relativas al género. “Trabajar desde un enfoque de género nos permitiría
analizar la problemática de las mujeres teniendo en cuenta sus condiciones de vida y su propia subje-
tividad”.22

22 [Link] Para más información pueden


consultar también los cuadernillos “Géneros y sexualidades” y “Violencias” de esta serie Chau Tabú.

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CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Recursos y propuestas
para trabajar con la comunidad
En la comunidad, cada uno desde su rol puede ser de alguna manera un “promotor de salud” si se dis-
pone de la información adecuada. En este marco es útil pensar desde el paradigma de la reducción de
daños como una realidad a abordar perentoriamente. El consumo de sustancias psicoactivas en los dife-
rentes ámbitos de nuestras comunidades es una realidad muchas veces velada, lo que dificulta e incluso a
veces imposibilita el impedir que se produzca. El objetivo entonces es que, si no se puede evitar, se brin-
den elementos para que las personas y su entorno no empeoren su situación. Tengamos en cuenta que:
• Siempre es preferible evitar el consumo de sustancias psicoactivas.
• Una persona es la única capaz de cuidar su cuerpo y mente en ese momento.
• Quien consume cualquier sustancia ofrecida o producida por fuera de los circuitos formales debe
asumir el riesgo de que carece de controles de su contenido o los efectos exactos que pueda pro-
vocar. Se depende de la buena fe de quien la está proveyendo.
• Todas las sustancias tienen efectos en el organismo, en algunos casos producen un daño directo
por su consumo. Este daño se puede atenuar si se siguen pautas de consumo seguro.
Existen diversas perspectivas para el abordaje que varían según el momento histórico y de acuerdo a la
perspectiva desde la que se entienda la temática.
El tipo de tratamiento o la combinación de los mismos depende de las necesidades del sujeto y su histo-
ria en el consumo de las sustancias. Encontramos tres grandes grupos de tratamiento: los individuales,
que abarcan al sujeto y su entorno; la internación en granjas de rehabilitación; y el abordaje comunitario.
El tratamiento individual abarca terapias conductuales, psicoanalíticas, psiquiátricas a través de medi-
camentos como transición hasta abandonar el consumo o resolver los efectos secundarios del mismo.
Por lo general estos tratamientos se realizan en forma combinada y buscan que la persona pueda inves-
tigar los conflictos que lo llevaron a esa situación de consumo mientras aprende a mejorar las destrezas
de comunicación, las relaciones interpersonales y la crianza de hijos (si hubiera), así como la dinámica
familiar. Estos tratamientos pueden darse también en grupos terapéuticos.23
Lo que se conoce genéricamente como granjas de rehabilitación o terapéuticas son espacios en los que
el sujeto es aislado del entorno conflictivo para su tratamiento y a los que se ingresa cuando se cum-
plen ciertos requisitos y potenciales de avance. Abarcan el plano asistencial, de desintoxicación, terapia
laboral, aprendizaje de oficios, psicoterapia individual y grupal entre otros. El tratamiento finaliza con la
paulatina reinserción de la persona en la sociedad.
El abordaje comunitario implica el reconocimiento de los consumos problemáticos como un problema
sistémico que involucra a toda la comunidad y en el que los sujetos son los emergentes mensajeros de
un malestar. Este reconocimiento requiere comprender el proceso de exclusión que abarca todas las
dimensiones de la sociedad y propicia el establecimiento de conductas y hábitos a través de los cuales
los sujetos buscan reparar las situaciones de sufrimiento social en la que se encuentran inmersos. Estas
estrategias son construidas tomando los elementos que la propia situación de exclusión les brinda, re-
sultando en acciones que no hacen más que profundizar la condición en la que se encuentran. Es en este
contexto que aparecen cada vez con más frecuencia las situaciones de violencias de géneros, embara-
zos no deseados, trata de personas, narcotráfico y la exacerbación de los consumos que nos ocupan.
Estos consumos, resaltamos, abarcan no solo las adicciones a las sustancias sino también las actitudes
y consumos de diferentes índoles, como las ludopatías, compras compulsivas, adicción a la tecnología

23 [Link]
para-la-dro

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CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

y otros comportamientos similares que abarcan el ámbito personal de los sujetos como la sexualidad, la
alimentación y las emociones entre otros.
El abordaje comunitario considera como punto de partida la perspectiva multicausal que hace referen-
cia a que la razón de los consumos problemáticos no puede ser reducida a un aspecto de la vida de un
sujeto. Sin embargo, muchas veces suelen escucharse afirmaciones tajantes como: “La causa de que se
drogue es su familia”, o “la causa de que consuma pastillas son las malas juntas de la esquina”.24
La comprensión de estos factores abre la posibilidad de implementar formas de tratamiento que con-
trasten y reduzcan los efectos de las dinámicas excluyentes. Esto requiere de una coordinación de los
diferentes actores de la comunidad como ser el estado, las escuelas, clubes, espacios de culto, locales de
esparcimiento, diversos grupos sociales, etc., para articular lo que llamamos un tratamiento comunitario.
El tratamiento comunitario es entendido como un conjunto de procesos en el cual se articulan acto-
res, conceptos, acciones, instrumentos, prácticas y recursos organizados cuyo objetivo es promover el
mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, grupos, redes, comunidades vinculadas en
procesos de exclusión social grave por diferentes razones. Desde estas premisas este abordaje tiene
como objetivo reconocer y construir alternativas de intervención comunitarias a la problemática de los
consumos. Alternativas que no impliquen negar los espacios institucionales, pero que en consonancia
con la Ley de Salud Mental y la Ley N° 26.934 (IACOP) que las internaciones no son la primera y única
opción de intervención para transformarse efectivamente, como dice la norma, en el último recurso de
un abordaje integral.
Una de las formas posibles de tratamiento comunitario de la problemática es la implementación del
dispositivo de talleres desde la perspectiva de la educación popular. Se trata de una metodología par-
ticipativa, un instrumento útil para operar en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Su estructura peda-
gógica está basada en la acción, permitiendo integrar la teoría, la práctica y la reflexión en un “apren-
der-haciendo” a través de actividades individuales, en pequeños grupos y con el grupo total en torno a
un proyecto común.25
En este trabajo territorial de los consumos problemáticos resulta necesario especificar algunas cuestio-
nes insoslayables para abordar en nuestros talleres, como ser:
• Legislación vigente.
• Debate de prejuicios, estereotipos y estigmatizaciones.
• Empoderamiento las personas jóvenes mediante el conocimiento de sus derechos y garantías.
• Promoción y fortalecimiento de los espacios de formación e intercambio garantizando que sean
receptivos y con actitud de escucha.
A modo de ejemplo compartimos algunas de las técnicas de taller utilizadas por el equipo de Chau Tabú.
Técnicas de presentación
Presentación por parejas: se forman pareja entre las y los participantes que no se conocen. Se da un
tiempo para que se presenten. Luego, se vuelve al grupo y cada participante presenta a su pareja.
Nombres escritos: cada participante escribe su nombre en un papel. Se colocan en ronda y hacen cir-
cular el nombre en ambos sentidos. Cuando se da la voz de alto cada participante debe conservar el
cartel con el nombre que tiene y buscar a quién corresponda. Se realizará varias veces para facilitar el
recuerdo de nombres.

24 [Link]
25 [Link]

13
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Técnica para dividir en subgrupos. Numerar


Se pide a los participantes que se numeren según la cantidad de grupos que se quieran armar, por ejem-
plo del 1 al 5, y que recuerden el número. Una vez que todos se han numerado, los “unos” se encuentran
con los “unos”, los “dos” con los “dos” y así sucesivamente, hasta formar los cinco subgrupos.
Técnicas para el desarrollo de temas
Tormenta de ideas: los participantes plantean ideas acerca de un tema determinado en un clima de li-
bertad y sin censura. Un coordinador va ordenando estas ideas y va conduciendo a través de preguntas.
Daños y sensaciones (consumos problemáticos): se utilizan tarjetas con los nombres de las sustancias
del cuadernillo, se exponen a los participantes y se los invita a incluir alguna nueva que consideren que
falta. Se reparten las tarjetas entre los participantes y cada uno escribirá, en el reverso, alguna de estas
opciones según le haya tocado a su grupo grupo: 1. La sensación que cree que producirá, un efecto ad-
verso y una precaución para el que la consume. 2. Un motivo para consumirla, un efecto adverso y una
precaución para el que la consume y un motivo para no consumirla.

Recursos territoriales
Para terminar destacamos que existen centros de atención y líneas telefónicas de atención del estado
nacional.
Línea 141: es un servicio de asistencia telefónica permanente de la SEDRONAR anónimo, gratuito y de
alcance nacional, atendido por profesionales las 24 horas, los 365 días del año.26 Esta línea de comuni-
cación es un servicio público de contacto inmediato, sin barreras ni distancia, para cualquier persona
(consumidor, familiar, amigo, profesional de la salud, etc.) que requiera ayuda por problemas relaciona-
dos con el consumo de alcohol y drogas.
Recursos territoriales de la SEDRONAR27
Casas Educativas Terapéuticas (CET): en estos espacios abiertos a la comunidad se recibe orientación
y atención individual y grupal, ya sea para quien consume, el grupo familiar o los amigos. Allí se trabaja
desde una metodología comunitaria y en redes territoriales, contemplando la restitución de derechos
de forma integral.
Centros Preventivos Locales de las Adicciones (CePLA): estos espacios, a través de la recreación y el
juego, ofrecen acciones de prevención de consumos problemáticos y brindan actividades culturales,
formativas, deportivas y de encuentro, para uien consume, su grupo familiar o sus amigos.
Puntos de Encuentro Comunitario (PEC): en estos puntos se nuclean los actores territoriales que desa-
rrollan actividades de prevención, promoción de la salud y sensibilización a la población en relación con
la temática.
Guía de derivaciones: se trata de un directorio interdisciplinario de lugares de tratamiento y consulta
en la ciudad de Buenos Aires elaborado por el Ministerio de Justicia de la Nación. Disponible en: http://
[Link]/atencion-al-ciudadano/guia-de-derivaciones/[Link].

26 [Link]
27 [Link]

14
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Anexo: algunos conceptos específicos


sobre sustancias psicoactivas
Como se desarrolló en esta publicación, “droga” es toda sustancia que tiene acción sobre los seres vivos
y que incorporada al organismo produce un cambio. Dentro de la inmensa variedad de sustancias que
responden a esta definición de droga, encontramos un grupo que se denomina sustancias psicoactivas.
Son todas aquellas que pueden ser introducidas al organismo por diversas vías (inhalación, ingestión,
intramuscular, endovenosa) y son capaces de actuar sobre el sistema nervioso central provocando una
alteración física y/o psicológica, las experimentación de nuevas sensaciones o la modificación de un es-
tado psíquico, es decir, capaces de cambiar el comportamiento de la persona, con el riesgo de generar
dependencia y tolerancia en sus consumidores.
Las sustancias psicoactivas pueden clasificarse siguiendo distintos criterios, uno de los cuales es agru-
parlas según el significado que tienen en nuestra sociedad, entendida como una construcción occiden-
tal y latinoamericana de una diversidad compleja de simplificar. Una cultura o sociedad puede aceptar
alguna droga, mientras otras pueden rechazarlas. El alcohol, por ejemplo, es ampliamente aceptado en
nuestra cultura occidental, mientras que es rechazado por la cultura islámica. La aceptación o el rechazo
de algunas sustancias por parte de las sociedades no necesariamente se relacionan con los daños que
puede producir ni con los efectos farmacológicos de esas sustancias sino con la historia y la cultura.
Vamos centrarnos en dos tipos de sustancias, lícitas o ilícitas o ilegales. Las primeras abarcan tres tipos:
• Medicamentos que están en el mercado con fines terapéuticos.
• Alcohol, el tabaco y preparaciones caseras.
• Sustancias de uso veterinario.

Sustancias lícitas de venta libre


El tabaco y el alcohol son las sustancias permitidas y socialmente estimuladas desde los medios masivos
de comunicación.
El alcohol tiene un mayor riesgo de intoxicación en el corto plazo, desinhibe, provoca la disminución de
los reflejos, del juicio crítico y puede llevar a producir situaciones peligrosas y muy frecuentes como los
accidentes de tránsito, no solo como conductor sino también como peatón. Se aconseja no conducir
alcoholizado ni permitir que otro conduzca luego de consumir alcohol. Su consumo también puede
facilitar peleas con heridas o muertes con armas blancas y elementos contundentes producto de la des-
inhibición y la pérdida de control y juicio crítico ante situaciones límite.
Existen también preparados caseros a partir de flores, conocido como floripondio, o también a partir de
hongos. Estos pueden provocar alteraciones de consciencia y descompensaciones físicas o emocionales
que no se encuentran sistematizadas.

Sustancias lícitas de uso médico o veterinario


Tienen una prescripción específica que el profesional conoce y de cuya administración se responsabiliza.
Su utilización sin control médico puede tener consecuencias indeseadas y efectos que luego pueden
requerir tratamiento. Entre las de uso veterinario la más conocida es la ketamina, que tiene proporciones
y componentes pensados para animales y el uso por humanos implica riesgos adicionales.

15
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

Sustancias ilegales
Las sustancias ilícitas o prohibidas aquí y ahora, de acuerdo con la legislación actual tienen nombres
técnicos y su nombre en la calle o en el mercado. Las más conocidas son:
• Cannabis (marihuana, porro, faso).
• Cocaína (blanca, merca, línea, pala, frula).
• MDMA (éxtasis, drogas de diseño, pastis).
• Pasta base de cocaína (paco, susto).
• LSD (ácido, papel, cartón, bicicleta).
La prohibición, que se da en el nivel jurídico-normativo, no tiene necesariamente relación con su nivel de
perjuicio o peligrosidad. Su consumo implica dos riesgos que hay que asumir: la consecuencia policial y
judicial de su comercialización y/o consumo; y el hecho de que es una sustancia cuya calidad y pureza de-
penden de la buena fe del que la produce, dado que carece de control. Por lo tanto, es incierto cuáles son
sus ingredientes y cuánto contiene la dosis (por lo cual es también incierto qué efectos pueda provocar).

Clasificación farmacológica de las sustancias


Tiene en cuenta la estructura química de la sustancia y el efecto que tiene a nivel del sistema nervioso
central, o sea el tipo de cambio que produce en el organismo. Desde aquí podemos distinguir cuatro
grandes grupos:
• Estimulantes: estimulan la actividad mental y nerviosa. Aquí se encuentran las anfetaminas y me-
tanfetaminas como el éxtasis, cocaína (clorhidrato de cocaína), la pasta base, paco, crack, nicotina,
cafeína, teína, mateína.
• Depresores: producen relajación y depresión de la actividad mental, esto quiere decir que atenúan o
inhiben los mecanismos cerebrales de alerta. Aquí están incluidos los derivados naturales y sintéticos
del opio (morfina, codeína, heroína, metadona), los barbitúricos, benzodiacepinas, diazepan, loreze-
pan, disolventes volátiles como los pegamentos y demás productos a base de tolueno y el alcohol.
• Alucinógenos: producen alteraciones de la sensopercepción, del humor y de la conciencia. Incluyen
LSD, ayahuasca, mezcalina, hongos alucinógenos.
• Cannabinoides: tienen una capacidad estimulante, depresora y alucinógena según la dosis y la vía
de administración. Los efectos pueden variar según las expectativas y experiencia del consumidor,
así como la cantidad y tipo de preparación utilizada. Incluyen la marihuana y el hachís.

16
CONSUMOS PROBLEMÁTICOS

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