C uentan que antiguamente en Japón había un picapedrero llamado
Hashmu, que era pobre y a menudo se quejaba
de su cansadora tarea. Un día, cuando
estaba cortando una piedra, vio
pasar al rey montado en un hermoso
caballo. ¡Qué maravilloso sería si yo
pudiera ser el rey!, pensó. Y mientras
conservaba ese pensamiento, oyó
una voz que le dijo: "¡Tú serás el rey!" Y de inmediato se
transformó en el rey de su país.
Pasado cierto tiempo, Hashmu se dio cuenta de que la
función real tenía también sus sinsabores, y aspiró ser el astro
rey que todo lo dominaba. Y se convirtió en Sol. Pero cuando
las nubes le impidieron brillar sobre la tierra, pidió ser una
nube. Y convertido en nube, regó magníficamente los campos
de lluvia. Pero el agua que produjo arrastro todo, con
excepción de una gran roca que había en medio del río.
Buscando siempre lo más poderoso, Hashmu esta vez dijo:
"¡Quiero ser una roca"!. Cuando estuvo tranformado en roca, un escultor comenzó a
tallarlo con el martillo y el cincel, y decidió que sería ser simplemente un hombre.
Entonces su voz interior le dijo: "¡Hashmu, sé tú mismo!" Así que volvió a tomar sus
herramientas y reanudó contento su trabajo de picapedrero.
Cuántos son a veces como el hombre de este relato. Y se dicen para sí mismos: "Si yo
pudiera ser como fulano... Si pudiera tener su dinero, o su buena memoria, o sus vestidos,
o su color de piel... entonces si sería una persona feliz". No hay nada mejor que ser uno
mismo, valorarnos por las cosas buenas que podemos hacer y tratar de ser cada vez una
mejor persona.
Todos tenemos algo valioso que está dentro de nosotros. La verdadera belleza está en el
corazón y no en la cara bonita, ni el cuerpo atractivo. Esa belleza no se ve, pero se
manifiesta en los actos, en los sentimientos, en el comportamiento con los demás.