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El Ciervo Escondido

Este cuento filosófico chino narra la historia de un leñador que mata un ciervo pero luego cree haberlo soñado. Otro hombre encuentra el ciervo enterrado y reclama la propiedad, lo que lleva a una disputa legal sobre si los eventos ocurrieron en la realidad o en un sueño. El juez falla a favor de repartir el ciervo entre los hombres, pero este fallo también es cuestionado, planteando la pregunta filosófica central de cómo distinguir entre la realidad y los sueños.
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El Ciervo Escondido

Este cuento filosófico chino narra la historia de un leñador que mata un ciervo pero luego cree haberlo soñado. Otro hombre encuentra el ciervo enterrado y reclama la propiedad, lo que lleva a una disputa legal sobre si los eventos ocurrieron en la realidad o en un sueño. El juez falla a favor de repartir el ciervo entre los hombres, pero este fallo también es cuestionado, planteando la pregunta filosófica central de cómo distinguir entre la realidad y los sueños.
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El ciervo escondido

de Lieh-tzu (Siglo IV a. C.)

Ilustración de Liz Medrano.


El cuento del cuento: Hace muchísimos años (unos dos mil trescientos, más o menos)
vivió un filósofo chino que quería ser inmortal, como la montaña que está siempre:
crece y cambia, pero se queda. Se llamaba Lieh-tzu y su nombre da título a un libro muy
importante en la filosofía taoísta. Pero nada más. Se sabe muy poco de este sabio.

Tal vez escribió “El ciervo escondido” después de pasar mañanas y tardes observando
la naturaleza, reflexionando sobre el sentido de la vida, la igualdad, la muerte, el
tiempo… o las antenas de las cucarachas.

Era contemporáneo de Chuang-tzu, otro filósofo taoísta del que se conoce esta
microficción (que por cierto ha sido reelaborada por muchos escritores más): “Chuang-
tzu soñó que era una mariposa, y al despertar ignoraba si era Chuang-tzu que había
soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era
Chuang-tzu”. 

¿Y, tú? ¿Estás seguro que despertaste hoy? ¿Cómo sabes que ya dejaste de soñar?
¿Cómo sabes que no eres un sueño, el sueño de alguien o el sueño dentro de otro
sueño?

Cuando lees una historia increíble y al final resulta que “todo era un sueño”, puedes
sentir que el autor te tomó el pelo, que traicionó el encanto de la ficción: creer que lo
que te cuentan es cierto. Pero hay narraciones que juegan con el tema de los sueños
sin desencantar al lector, al contrario, lo dejan inquieto, le generan preguntas sobre el
funcionamiento de la realidad. Se trata de literatura que propone una invención y
reinvención constante del mundo.

Así sucede en este breve relato que empieza con un enterramiento y termina con una
incógnita. Como ésta: “Había una vez un sabio llamado Lieh-tzu”. Y nada más. Se sabe
muy poco de él. Casi nada. ¿Sería el sueño de alguien?

El cuento: Un leñador de la provincia de Chêng se hallaba en el bosque, recogiendo


leña, cuando se encontró con un ciervo extraviado. Se apresuró a seguirlo hasta que
consiguió matarlo y mucho se alegró por su buena suerte. Sin embargo, tuvo miedo de
que otros lo descubrieran, así que lo enterró en una zanja seca y lo tapó con hojas y
ramas. Poco después olvidó el lugar donde lo había ocultado y se convenció de que todo
aquello había sido sólo un sueño. Y así fue contándolo a las personas con las que se
topaba en su andar, como si hubiera sido un sueño.

Un hombre, que escuchó la historia, decidió ir a buscar al ciervo y lo encontró, cubierto


con hojas y ramas, en la zanja seca. Al llegar a su casa, con el ciervo, dijo a su mujer:

—Un leñador soñó que había matado un ciervo, pero no podía recordar el sitio exacto
donde lo había escondido y yo lo he encontrado, por lo que me parece que su sueño
era un sueño verdadero.

—Al contrario —dijo su esposa—. Debes ser tú quien soñó que conoció a un leñador
que había matado a un ciervo. Aquí está el ciervo, cierto, pero ¿dónde está el leñador?
Es evidente que es tu sueño el que se ha hecho realidad.

—Ciertamente he matado a un ciervo —replicó su marido—. Entonces, ¿qué importa si


fue el sueño de otro o el mío?

Mientras tanto, el leñador llegó a su casa. No se lamentaba de haber perdido al ciervo,


pues seguía convencido de que lo había soñado todo. Pero esa misma noche
realmente soñó con el lugar donde lo había escondido y el hombre que lo había
encontrado. Por lo tanto, a la mañana siguiente, fue a la casa del hombre a reclamar
su ciervo.

Una pelea se produjo y el asunto hubo de ser llevado ante un juez, quien se pronunció
en estos términos:

—Tú —le dijo al leñador— empezaste por matar a un ciervo, pero creíste, por error,
que había sido sólo un sueño. Después soñaste que habías matado a un ciervo, pero
creíste, por error, que era verdad. Este otro hombre encontró al ciervo, realmente, y
ahora te lo disputa. Por otro lado, sumujer dice que él soñó al ciervo y al hombre que
lo había matado. Así que nadie puede decir quién mató al ciervo. Pero aquí tenemos al
ciervo. Lo mejor es que se lo repartan.

El caso llegó a oídos del rey de la provincia de Chêng, quien dijo:


—¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?

Esa nueva pregunta llegó a los oídos del primer ministro, quien se confesó incapaz de
distinguir qué parte era sueño y qué parte no.

—Si quieren distinguir entre estar despierto o estar soñando —dijo—, sólo el
Emperador Amarillo o Confucio pueden ayudarlos. ¡Pero estos dos sabios están
muertos!, así que ya no hay nadie vivo que sepa distinguir entre sueño y realidad.

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