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Reducir Reciclar

El documento presenta varios cuentos populares breves. Entre ellos se encuentran historias como "El falso maestro", sobre un maestro hipócrita; "Los dos halcones", sobre un halcón que no volaba hasta que rompieron la rama en la que estaba; y "El foso de las ranas", sobre una rana sorda que logró salir de un foso profundo. Los cuentos transmiten lecciones de vida como la importancia de la honestidad, la cooperación y no rendirse ante las dificultades.

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El documento presenta varios cuentos populares breves. Entre ellos se encuentran historias como "El falso maestro", sobre un maestro hipócrita; "Los dos halcones", sobre un halcón que no volaba hasta que rompieron la rama en la que estaba; y "El foso de las ranas", sobre una rana sorda que logró salir de un foso profundo. Los cuentos transmiten lecciones de vida como la importancia de la honestidad, la cooperación y no rendirse ante las dificultades.

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Reutilizar
El Falso Maestro
Había una vez un renombrado maestro, uno que perseguía la
fama y coleccionaba discípulos. Cuando alcanzó a tener
cientos de seguidores, los reunió bajo una gran carpa y con
voz impositiva dijo: –Amados míos, escuchen la voz del
sabio. Se hizo el silencio, no se escuchaban ni las
respiraciones de los presentes. —Jamás se relacionen con la
mujer del otro, no beban alcohol ni consuman carne.
Entonces uno de los presentes se atrevió a hablar: —Pero ¿No
estaba usted abrazando a la esposa de Jai ayer? —Sí, era yo—respondió el maestro.
Entonces, otro seguidor le preguntó:
—¿No le vi anoche beber en la taberna hasta desfallecer:
—Sí, ese era yo—respondió el maestro sin vergüenza alguna.
Un tercer seguidor decidió interrogar también al sabio:
—Y a la hora de la cena te vi comiendo carne del mercado. —Sí, era yo—afirmó el sabio.
En ese instante, todos los seguidores se levantaron de sus sillas y empezaron a protestar. —
Entonces, ¿Por qué nos pides que hagamos cosas que no haces tú? El falso maestro
respondió entonces: —Yo solo me dedico a enseñar, no a practicar.

Los dos halcones


“Había una vez un rey el cual amaba los animales, que un
día recibió como regalo dos hermosas crías de halcón. El
rey los entregó a un maestro cetrero para que los
alimentara, cuidara y entrenara. Pasó el tiempo y después
de unos meses en los que los halcones crecieron el cetrero
pidió una audiencia con el rey para explicarle que si bien
uno de los halcones había alzado ya el vuelo con
normalidad, el otro había permanecido en la misma rama
desde que llegó, no emprendiendo el vuelo en ningún momento. Ello preocupó en gran
medida al rey, que mandó llamar a múltiples expertos para solucionar el problema del ave.
Sin éxito.
Desesperado, decidió ofrecer una recompensa a quien lograra que el ave consiguiera volar.
Al día siguiente el rey pudo ver cómo el ave ya no estaba en su rama, sino que volaba
libremente por la región. El soberano mandó llamar al autor de tal prodigio, encontrándose
con que quien lo había logrado era un joven campesino. Poco antes de entregarle su
recompensa, el rey le preguntó cómo lo había logrado. El campesino le contestó que
simplemente había partido la rama, no quedándole otra opción al halcón que echar a volar.”
El Foso de las Ranas
Había una vez un grupo de ranas que iban al bosque a jugar y cantar. Se
reunían todas y jugaban, saltaban y cantaban hasta bien entrada la
noche. Eran mejores amigas y siempre reían y nada las separaba.
Un día decidieron conocer un bosque nuevo y empezaron a jugar, tal
fue su suerte que tres ranitas del grupo cayeron en un foso muy
profundo. Las demás miraron horrorizadas que el foso era demasiado
profundo para rescatar a sus amigas.
—Morirán—dijeron muy conmocionadas.
Las tres ranitas trataron y trataron de subir escalando las paredes del foso, pero era difícil,
avanzaban un poco y volvían a caer. Las que quedaron arriba comentaban que era
imposible, que sus esfuerzos eran en vano, que mejor se resignaran, porque ninguna rana
podía escalar una pared tan alta.
Dos ranas escucharon los comentarios y se dejaron caer en el fondo del foso, esperando su
muerte con resignación, pero la tercera continuó y continuó, a veces caía, pero no dejó de
intentarlo. Finalmente, logró salir. Las ranas sorprendidas le preguntaron:
—¿Cómo lograste lo imposible?
La ranita no contestó, era completamente sorda.

El pájaro víctima de la bondad


“Hubo una vez una gaviota, la cual descendió volando a uno
de los suburbios de la capital de Lu. El marqués de la zona
se afanó en agasajarla y darle la bienvenida en el templo,
preparando para ella la mejor música y grandes sacrificios.
Sin embargo, el ave estaba aturdida y triste, no probando la
carne o el vino. Tres días después murió. El marqués de Lu
agasajó a la gaviota tal y como a él le hubiese gustado serlo,
no como al ave le hubiese gustado”
Esta historia corta nos cuenta algo muy importante: a
menudo no tenemos en cuenta que nuestras necesidades y
gustos no tienen porqué ser los mismos que los de los demás (y de hecho pueden ser
directamente opuestos a los propios), siendo necesario que prestemos atención a lo que el
otro necesita por tal de poder ayudarle o agasajarle de verdad.

El cojo y el ciego
“Hubo una vez un cojo y un ciego que iban paseando juntos cuando se encontraron un río,
el cual ambos debían cruzar. El cojo le dijo al ciego que él no podría llegar a la otra orilla, a
lo que el ciego respondió que él sí podría pasar pero ante su falta de visión podría resbalar.
Ante ello, se les ocurrió una gran idea: el hombre ciego sería quien llevaría la marcha y
sostendría a ambos con sus piernas, mientras que el hombre cojo sería los ojos de ambos y
podría guiar a ambos durante el cruce. Subiendo el cojo encima del ciego, ambos
procedieron a cruzar cuidadosamente el río, lográndolo con éxito y consiguiendo alcanzar
la otra orilla sin dificultades.”
Esta pequeña historia, que cuenta con otras variantes (como por ejemplo que en vez de
cruzar un río ambos tienen que escapar de un incendio), nos sirve para entender la
importancia de colaborar y cooperar con los demás, algo que permite aunar las habilidades
de todos para alcanzar un proyecto común.

El zorro y el tigre
“ Había una vez un enorme tigre que cazaba en los bosques de China.
El poderoso animal se topó y empezó a atacar a un pequeño zorro, el
cual ante el peligro únicamente tuvo como opción recurrir a la
astucia. Así, el zorro le increpó y le indicó que no sabía hacerle daño
puesto que él era el rey de los animales por designio del emperador
del cielo.
Asimismo le indicó que si no le creía le acompañara: así vería como
todos los animales huían atemorizados al verle llegar. El tigre así lo
hizo, observando en efecto como a su paso los animales escapaban. Lo que no sabía era que
esto no era debido a que estuvieran confirmando las palabras del zorro (algo que el tigre
acabó por creer), sino que de hecho huían de la presencia del felino.”

El lobo y la grulla
“Érase una vez un lobo el cual, comiendo carne, sufrió el atasco de un
hueso en su garganta. Esta empezó a hinchársele y a generarla gran dolor,
corriendo el lobo desesperado intentando sacárselo o encontrar ayuda.
Durante su camino encontró una grulla, a la cual tras explicarle la situación
suplicó ayuda prometiéndole darle lo que le pidiera. A pesar de que
desconfiaba, la grulla aceptó con la condición de que el lobo cumpliera lo
pactado. El ave procedió a introducir su cabeza por su garganta,
consiguiendo que el hueso se desprendiera. Se retiró y observó como el
lobo se recuperaba, pudiendo ahora respirar con normalidad, tras lo cual
le pidió que cumpliera con lo prometido. Sin embargo el lobo contestó
que suficiente recompensa era no haberla devorado pese a haberla tenido
entre sus dientes.”
El zorro y las uvas
“Había una vez un zorro que caminaba, sediento, por el bosque. Mientras lo hacía vio en lo
alto de la rama de un árbol un racimo de uvas, las cuales deseó al instante al servirle para
refrescarse y apagar su sed. El zorro se acercó al árbol e intentó alcanzar las uvas, pero
estaban demasiado altas. Tras intentarlo una y otra vez sin conseguirlo, el zorro finalmente
se rindió y se alejó. Viendo que un pájaro había visto todo el proceso se dijo en voz alta que
en realidad no quería las uvas, dado aún no estaban maduras, y que en realidad había
cesado el intento de alcanzarlas al comprobarlo.”

La gallina de los huevos de oro


“Érase una vez una pareja de granjeros que, un día, descubrieron en uno de
los nidos en los que criaban gallinas un huevo de oro macizo. La pareja fue
observando que el ave producía tal prodigio día tras día, obteniendo cada
día un huevo de oro.
Reflexionando sobre qué era lo que hacía que la gallina en cuestión tuviese
esa habilidad, sospecharon que que ésta poseía oro en su interior. Para
comprobarlo y obtener todo el oro de una vez, mataron a la gallina y la
abrieron, descubriendo para su sorpresa que por dentro la prodigiosa ave
era igual a las demás. Y también se dieron cuenta que, en su ambición, habían acabado con
aquello que les había estado enriqueciendo.”

El árbol mágico
Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en
cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: soy un
árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.
El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabra,
supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y muchas
otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por
favor, arbolito!!", y entonces, se abrió una gran puerta en el
árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue
haciendo magia". Entonces el niño dijo "¡¡Gracias,
arbolito!!", y se encendió dentro del árbol una luz que
alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y
por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias", son las palabras mágicas.

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