PROFETAS EXÍLICOS Y POSTEXÍLICOS
A. Profetas exílicos
Entre los libros proféticos que nos exponen a las frustrantes condiciones del
exilio, además del de Jeremías mencionado en la sección anterior, encontramos
los de Lamentaciones (aunque en el canon hebreo aparece entre los Escritos,
por su contenido y forma aquí nosotros lo incluimos entre los libros
proféticos), el Segundo o Deutero Isaías 40–55 y Ezequiel.
1. Lamentaciones
Este libro más bien es una colección de cinco poemas independientes que
comparten un tema común: las expresiones de duelo, aflicción y lamento
por la destrucción de Jerusalén y del templo en el año 587 a.C. (véase 2 R.
25:8-10). Estas Lamentaciones son como el puente que nos provee acceso
para conocer el sufrimiento provocado por la caída de Jerusalén y nos
conecta con las duras condiciones que vivió Judá durante el exilio
babilónico.
2. Segundo o Deutero Isaías
Este libro está compuesto por los capítulos 40 al 55 del libro de Isaías, de
ahí su nombre. Su interés y preocupación ya no es la amenaza de Asiria y la
destrucción de Jerusalén, porque ya ocurrió (48:20), sino darle consuelo al
pueblo abatido por el exilio babilónico. «Consuelen, consuelen a mi pueblo;
hablen con cariño a Jerusalén y díganle que su esclavitud ha terminado, que
ya ha pagado por sus faltas, que ya ha recibido de mi mano el doble del
castigo por todos sus pecados» (40:1).
3. Ezequiel
Ezequiel perteneció a una familia sacerdotal. Fue llevado con el primer
grupo de deportados a Babilonia en el 597 a.C., incluyendo al rey Joaquín,
la familia real y otros de los principales sacerdotes. La experiencia del exilio
provocó cambios y modificaciones en la manera en que el pueblo entendió
su fe. Previo al destierro, durante el período monárquico, el pacto se
asociaba con la idea de la tierra prometida por Dios y el seguimiento de las
tradiciones rituales en el templo de Jerusalén. Luego, cuando se perdió el
control político y religioso sobre la tierra y el templo, una nueva visión
teológica emergió en Israel. El profeta Ezequiel en gran medida reflejó esos
cambios teológicos; y por ello representa una de las voces más importantes
del exilio. Al igual que Jeremías, este fue uno de los primeros profetas que
predicó inmediatamente después de enfrentar la crisis del exilio.
B. Profetas postexílicos
Los libros proféticos del período postexílico fechados durante el dominio del
imperio persa son Hageo, Zacarías (caps. 1–8), Tercer o Trito Isaías (caps. 56–
66), Malaquías y Joel. A estos profetas se les asocia con el tiempo de la
reconstrucción del templo (516 a.C.); algunos de ellos incluso se les fecha
antes de las reformas de Esdras y Nehemías. La información biográfica que
estos libros proveen sobre los profetas es muyescasa, y es de su mensaje que
podemos inferir los datos que tenemos sobre ellos.
Por ejemplo, sabemos que Hageo y Zacarías (Zac. caps. 1–8) recibieron el
mensaje de Dios para convocar a Zorobabel, nombrado gobernador de Judá por
el rey persa, y al sumo sacerdote Josué, para que agilizaran la reconstrucción
del templo. Diez y ocho años después de que el rey Ciro permitiera el regreso
de los exiliados a Jerusalén (538 a.C.), el templo todavía permanecía en ruinas
(Esd. 5:1; 6:14). Sus mensajes llenos de aliento y desafío alcanzaron el objetivo
deseado, ya que la reconstrucción del templo comenzó un mes después de su
primera profecía (Hag. 1:14-15). Al igual que Hageo, Zacarías apeló a la
nación haciendo referencia a una esperada figura mesiánica: «¡Alégrate mucho,
ciudad de Sión! ¡Canta de alegría, ciudad de ferusalén! Tu rey viene a ti, justo
y victorioso, pero humilde, montado en un burro, en un burrito, cría de una
burra» (Zac. 9:9 V.P.). En este tiempo, a este mesías se le identificó con el
gobernador Zorobabel (Zac. 6:9-15).
Otro mensaje que tuvo gran impacto durante este período fue el del así llamado
Trito Isaías (caps. 56–66). Estos capítulos, en su mayor parte, nos revelan la
situación de infidelidad en que vivía la comunidad postexílica. Los líderes y el
pueblo no podían entender la necesidad de mantener congruencia entre sus
estilos de vida y su fidelidad a Dios. «. . . El ayuno que a mí me agrada consiste
en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que
aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda
tiranía; en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre
sin techo; . . . entonces, si me llamas, yo te responderé» (58:6b-7a, 9a V.P).
El libro de Malaquías le recordó al pueblo que el amor de Dios se mostró en la
elección de Israel; y que, sin embargo, ni el pueblo ni sus líderes religiosos—
los sacerdotes—correspondieron a ese amor debidamente (2:8-9).
Este grupo de profetas postexílicos termina con el mensaje de Joel. Sus
profecías advierten al pueblo de la necesidad de arrepentirse. Su tema principal
es el «día del Señor» (2:13). Joel incorpora el lenguaje apocalíptico (2:28) que
luego examinaremos en el libro de Daniel.