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Módulo 2. Salud Mental-1

Este documento presenta información sobre la clasificación de trastornos mentales y psicopatológicos. Explica los sistemas de clasificación más utilizados como el DSM y la CIE, describiendo las categorías de trastornos que contienen y los cambios entre versiones. También discute ventajas y limitaciones de estos sistemas, señalando que si bien facilitan la comunicación y la investigación, a veces consideran patológicos patrones de conducta femeninos.
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Módulo 2. Salud Mental-1

Este documento presenta información sobre la clasificación de trastornos mentales y psicopatológicos. Explica los sistemas de clasificación más utilizados como el DSM y la CIE, describiendo las categorías de trastornos que contienen y los cambios entre versiones. También discute ventajas y limitaciones de estos sistemas, señalando que si bien facilitan la comunicación y la investigación, a veces consideran patológicos patrones de conducta femeninos.
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Salud

Mental
psicopatología
Laura Rodríguez Viéitez y Raquel González Gutiérrez
Antes de empezar...

Debemos destacar la mayor vulnerabilidad de las mujeres con problemas de salud


mental y otras patologías respecto a la generalidad de las víctimas de violencia de
género. Pues, el impacto de la violencia de género sobre estas mujeres no solo tiene
mayores repercusiones negativas frente al resto de la población general a nivel
individual, en cuanto a su salud física, psíquica y emocional, sino también a nivel social.
Así, a las circunstancias que ya comparten con las mujeres que no padecen patologías
asociadas, se une el estigma y los prejuicios que giran en torno a la enfermedad
mental, afectando a su desarrollo vital y limitando y anulando las relaciones familiares
e interpersonales, el nivel formativo-laboral y el económico, entre otros. Cuestiones
que por tanto, promueven que dichas mujeres se hallen en una situación de mayor
vulnerabilidad y exclusión social.
Según la feminista Kimberlé Williams Crenshaw (autora de este concepto)
la interseccionalidad se define como “el fenómeno por el cual cada individuo
sufre opresión u ostenta privilegio en base a su pertenencia a múltiples
categorías sociales”.
La interseccionalidad que atraviesa a las mujeres con problemas de salud
mental que además son víctimas de violencia de género, las sitúa en una
posición de discriminación múltiple y de mayor vulnerabilidad respecto al
resto de mujeres que no cuentan con patologías mentales asociadas. Las
mujeres con trastornos mentales tienen mayor probabilidad de verse
expuestas a situaciones de violencia y abuso.
El ser mujer, tener una enfermedad mental y ser VVG, conlleva que se
concentren en una misma persona un sinfín de prejuicios, constructos
sociales y dificultades propias de cada categoría. E ahí donde, nacen las
barreras internas y externas inherentes a la enfermedad mental y a la
situación de violencia de género, que de manera simultánea se encuentran
a diario estas mujeres.
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
1. Conceptos básicos en Salud MEntal (SM)

Signo: Indicador objetivo de un proceso orgánico anómalo.


Síntoma: Indicador subjetivo de un proceso orgánico y/o funcional.
Síndrome: Conjunto de signos y síntomas que aparecen en forma de cuadro clínico.
Enfermedad mental: Entidad nosológica.
Clasificación: Procedimiento utilizado para construir agrupaciones o categorías y para asignar entidades.
Identificación: Proceso de asignación de una entidad (enfermedad mental) a una determinada categoría Diagnóstico.
Taxonomía: Estudio sistemático del proceso de clasificación Nosología.
Patología dual: Convergencia de un trastorno de adicción y un trastorno mental (psiquiátrico).
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
2. Psicopatología
a. Clasificación psicopatológica

Los sistemas de clasificación


psicopatológica más utilizados y
conocidos por las y los profesionales
son los manuales "Diagnostic and
statistical manual of mental
disorders" (DSM) y "Clasificación
internacional de la enfermedades"
(CIE).
2. Psicopatología
a. Clasificación psicopatológica

La American Psychological Association (APA) publica su último manual DSM-5 en 2013 y la


Organización Mundial de la Salud (OMS) publica su último manual, la CIE-11 en 2018.
Se van a intentar utilizar estas últimas publicaciones pero es importante hacer referencia a sus
versiones anteriores ya que, aunque han sufrido cambios, existe la posibilidad de que se encuentren
ante un informe médico que contenga un diagnóstico de la versión anterior.
Por ejemplo, la categoría de los “Trastornos somatomorfos” del DSM-IV pasa a denominarse
“Trastornos de síntomas somáticos y trastornos relacionados” en el DSM-5.
En la siguiente diapositiva se presentan todos los trastornos que contiene el DSM-5 y los cambios
respecto a su antecesor, DSM-IV-TR.
TRASTORNOS: DSM-5 vs. DSM-IV-TR Cambios en las categorías
diagnósticas del DSM-5
TRASTORNOS DEL NEURODESARROLLO (ANTES T. DE INICIO EN LA INFANCIA , NIÑEZ O ADOLESCENCIA). respecto al DSM-IV-TR.
ESPECTRO DE LA ESQUIZOFRENIA Y OTROS TRASTORNOS PSICÓTICOS (ANTES ESQUIZOFRENIA Y OTROS TRASTORNOS PSICÓTICOS).
TRASTORNOS BIPOLARES Y TRASTORNOS RELACIONADOS (ANTES EN T. DEL ESTADO DE ÁNIMO).
TRASTORNOS DEPRESIVOS (ANTES EN T. DEL ESTADO DE ÁNIMO).
TRASTORNOS DE ANSIEDAD (T. ANSIEDAD).
TRASTORNO OBSESIVO‐COMPULSIVO Y TRASTORNOS RELACIONADOS (ANTES EN T. ANSIEDAD).
TRASTORNOS RELACIONADOS CON TRAUMAS Y FACTORES DE ESTRÉS (ANTES EN T. ANSIEDAD Y T. ADAPTATIVOS).
TRASTORNOS DISOCIATIVOS (T. DISOCIATIVOS).
TRASTORNOS DE SÍNTOMAS SOMÁTICOS Y TRASTORNOS RELACIONADOS (ANTES T.SOMATOMORFOS).
TRASTORNOS DE LA ALIMENTACIÓN Y DE LA INGESTA DE ALIMENTOS (T. DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA).
TRASTORNOS DE LA EXCRECIÓN (ANTES EN T. DE INICIO EN LA INFANCIA, NIÑEZ O ADOLESCENCIA).
TRASTORNOS DEL SUEÑO‐VIGILIA (ANTES TRASTORNOS DEL SUEÑO).
DISFUNCIONES SEXUALES (ANTES EN T. SEXUALES Y DE LA IDENTIDAD SEXUAL).
DISFORIA DE GÉNERO (ANTES EN T. SEXUALES Y DE LA IDENTIDAD SEXUAL).
TRASTORNO DISRUPTIVOS, DEL CONTROL DE IMPULSOS Y DEL COMPORTAMIENTO (ANTES EN T. INFANCIA Y EN T. CONTROL DE IMPULSOS).
TRASTORNOS RELACIONADOS CON SUSTANCIAS Y TR. ADICTIVOS (ANTES EN T. RELACIONADOS CON SUSTANCIAS).
TRASTORNOS NEUROCOGNITIVOS (ANTES DELIRIUM, DEMENCIA, TRASTORNOS AMNÉSICOS Y OTROS TRASTORNOS COGNOSCITIVOS).
TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD (T. DE LA PERSONALIDAD).
TRASTORNOS PARAFÍLICOS (ANTES EN T. SEXUALES).
OTROS TRASTORNOS MENTALES.
TRASTORNOS MOTORES INDUCIDOS POR MEDICACIÓN Y OTROS EFECTOS ADVERSOS DE LA MEDICACIÓN (ANTES EN OTROS TRASTORNOS MENTALES QUE PUEDEN SER OBJETO DE ATENCIÓN CLÍNICA).
OTRAS CONDICIONES QUE PUEDEN SER OBJETO DE ATENCIÓN CLÍNICA (CATEGORÍA MÁS AMPLIA).
DSM CIE

T normalmente diagnosticados por 1ª vez en la infancia, la niñez y la adolescencia. T mentales orgánicos.

Delirium, demencia, trastornos amnésicos y otros trastornos cognitivos. T mentales y del comportamiento debidos al consumo de sustancias psicótropas.

T mentales debidos a una alteración médica general, no clasificados en otros apartados. Esquizofrenia, trastorno esquizotípico y trastornos de ideas delirantes.

T relacionados con sustancias. Trastornos del humor.

Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. T neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y somatomorfos.

T del estado de ánimo. T del comportamiento, asociados a disfunciones fisiológicas y a factores somáticos.

T de ansiedad. T de la personalidad y del comportamiento adulto.

T somatoformes. Retraso mental.

T facticios. T del desarrollo psicológico.

T disociativos. T de comienzo en la infancia y adolescencia.

T sexuales y de identidad de género.

T alimentarios.

T del sueño. Correspondencia entre los


T del control de los impulsos, no clasificados en otros apartados.
trastornos que contiene el
DSM y los trastornos que
T adaptativos. contiene la CIE

T de la personalidad.

Otras alteraciones que pueden ser foco de atención clínica.


2. Psicopatología
a. Clasificación psicopatológica

Podríamos señalar, entre otras, las siguientes ventajas y limitaciones de dichos sistemas de clasificación:
Ventajas:
Facilita la comunicación entre profesionales, la investigación y la intervención.
Ayuda a entender las conductas y manifestaciones como consecuencia del impacto psicológico, evitando así la victimización
secundaria.
Ofrece una orientación a la hora de intervenir y/o hacer la derivación correspondiente.
Limitaciones:
En el sistema DSM, se considera estándar el patrón conductual de los hombres, lo que genera que se considere como patológica
a la mujer de forma más frecuente (Kaplan, 1983 citado en Matud, 2017).
Se utilizan categorías de “todo o nada”. No se tienen en cuenta las diferencias individuales.
Las etiquetas diagnósticas conllevan un estigma deshumanizante y permanente. El cual se sumaría a los obstáculos y barreras
que ser mujer y víctima de violencia de género acarrean.
2. Psicopatología
b. Sintomatología y comorbilidad

Sintomatología más frecuente en mujeres víctimas de violencia de género

Consecuencias comportamentales y sociales:


Aislamiento y evitación de sus redes sociales (amistades y familia de origen).
Miedo y/o ansiedad a iniciar y/o mantener relaciones más íntimas con otras personas.
Desconfianza persistente /hipervigilancia.
Desmotivación, desinterés y evitación de actividades y de lugares que anteriormente realizaban y/o frecuentaban.
Disminución de habilidades sociales tanto de comunicación como de inicio y mantenimiento de relaciones interpersonales.
Déficit en asertividad/déficit en solución de problemas cotidianos, con tendencia a sentimientos de inseguridad, conductas pasivas y/o
condescendientes, o reacciones de ira desadaptativas.
Tendencia a padecer conductas adictivas: consumo de psicofármacos, alcohol y otras drogas.
Incremento en la probabilidad de padecer conductas compulsivas: alimenticias, limpieza, compras y juego.
Victimización de otras personas: la mujer víctima de violencia puede desviar la rabia que de forma natural tendría que dirigir al agresor,
hacia sí misma o hacia otras personas que considera inferiores o con poco poder como a otras mujeres y a niñas/os.
Conductas de riesgo físico /intentos o planificación de suicidio.
2. Psicopatología
b. Sintomatología y comorbilidad

Sintomatología más frecuente en mujeres víctimas de violencia de género

Consecuencias cognitivas:
Autoevaluaciones negativas.
Negación del maltrato/minimización de las conductas violentas que sufre.
Cambios en los esquemas cognitivos: creencias sobre sí misma, las otras personas y sobre el mundo.
Ideas de muerte y/o de suicidio.
Ideas de desconfianza y suspicacia.
Errores perceptivos sobre ellas mismas, las otras personas y el mundo.
Disminución de la atención, concentración y de memoria.
Amnesia de acontecimientos traumáticos y/o dificultad para recordar.
Esfuerzos para evitar pensamientos sobre sus vivencias.
Recuerdos intrusivos de las agresiones.
Episodios disociativos transitorios. Despersonalización. Sensación de daño psíquico permanente. Sensación de ser completamente diferente a las otras
personas.
Alteraciones en el sistema de significados: la vida puede perder sentido para ellas; ideas de catastrofismo y negatividad sobre su futuro; desmotivación y
apatía para cambiar o mejorar; bloqueo en la toma de decisiones o iniciativas para prosperar o defenderse.
2. Psicopatología
b. Sintomatología y comorbilidad

Sintomatología más frecuente en mujeres víctimas de violencia de género

Consecuencias emocionales y afectivas:


Disforia persistente, insatisfacción o inquietud/ansiedad, fobias (habitualmente agorafobia), crisis de pánico.
Dependencia y labilidad afectiva/vulnerabilidad.
Baja autoestima y autoconcepto: sentimientos de fracaso, visión negativista y catastrófica sobre sí misma, infravaloración, sentimientos de incapacidad
para sentirse competente y de inutilidad, pobre concepto físico y personal de sí misma.
Bloqueo emocional (falta de expresividad emocional y afectiva)/ Anhedonia (incapacidad para sentir placer por cosas que antes se lo producían).
Rabia/Ira: con ataques de ira o extremadamente inhibidas (pueden alternar).
Sentimiento de vergüenza.
Autoculpabilización: por causar los malos tratos, por no ser capaz de pararlos y por tolerarlos.
Impulsos suicidas crónicos.
Depresión: sentimiento de tristeza permanente.
Alteraciones del sueño: insomnio, hipersomnia, pesadillas y/o terrores nocturnos.
Impotencia aprendida.
2. Psicopatología
b. Sintomatología y comorbilidad

Antes de presentar los trastornos psicopatológicos más comunes en mujeres víctimas de violencia de género, la clasificación y los
criterios marcados por estos manuales para su diagnóstico, se deben destacar algunos aspectos:
En la práctica profesional es más común atender a mujeres que presenten sintomatología sin llegar a cumplir los criterios para
establecer un diagnóstico. Cuando hablamos, por ejemplo, de sintomatología ansiosa derivada de los malos tratos sufridos, lo
normal es que esta sintomatología aminore o desaparezca con la intervención psicológica ya que es consecuencia del impacto de
la violencia.
Además, es habitual que se dé comorbilidad (tanto si presentan sintomatología como si tienen un trastorno mental
diagnosticado) con otros síndromes o diagnósticos. Incluso se puede ver que los manuales de clasificación psicopatológica
utilizan como especificadores de un trastorno la sintomatología de otros, por ejemplo: Trastorno ciclotímico con ansiedad.
Por último, se deben tener en cuenta las diferencias individuales. Por ejemplo, podemos encontrarnos a dos mujeres que tengan
un mismo diagnóstico y su comportamiento sea diferente (ya que influyen otros factores como la consciencia de la
enfermedad, la adherencia al tratamiento, etc.).
Por todo esto se debe hacer un uso adecuado de los manuales diagnósticos y emplearlos como una guía.
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en
mujeres víctimas de VG

La Violencia de Género influye directamente en la calidad de vida y la salud


mental de las mujeres que la padecen. Las consecuencias de la violencia
ejercida contra la mujer por su pareja son graves y numerosas tanto para
ella, como para sus hijos e hijas. La violencia física normalmente, se
detecta y se trata en atención primaria o urgencias, sin embargo la
violencia psicológica tiene consecuencias devastadoras y puede pasar
desapercibida. Es por esto que, muchas mujeres sometidas a este tipo de
violencia, pueden acabar desarrollando diversos trastornos
psicopatológicos (Echeburúa, 2004; Golding, 1999).
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG

DSM-5: Maltrato, abuso y negligencia


El DSM-5 contempla el maltrato por parte de la pareja, lo que refleja el grave impacto psicológico que la violencia
genera en las víctimas. Éste lo sitúa dentro de la categoría “Otros problemas que pueden ser objeto de atención
clínica”, concretamente “Maltrato, abuso y negligencia”:
Maltrato del adulto y problemas de negligencia:
Violencia física por parte de cónyuge o la pareja
Violencia sexual por parte del cónyuge o la pareja
Negligencia por parte del cónyuge o la pareja
Maltrato psicológico por parte del cónyuge o la pareja
Además incluye las especificaciones “confirmada”, “sospecha” u “otras circunstancias”, guiando al personal
sanitario por ejemplo a alertar a las autoridades o a hacer la derivación correspondiente a un recurso
especializado de atención a víctimas de violencia de género.
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG

Al hablar del desarrollo de trastornos


psicopatológicos, se ha encontrado que los más
comunes en víctimas de violencia de género suelen
ser el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), el
Trastorno de Ansiedad, el Insomnio, el Trastorno
Depresivo, los Trastornos de la Personalidad (como es
el Trastorno Límite), la Esquizofrenia o el Trastorno
Bipolar (con fases maníacas) (Amor, Bohórquez y
Echeburúa, 2006; García, 2017; Golding, 1999; Heise,
Ellsberg y Gottermoeller,1999; Matud, 2004).
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG

1. Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)


2. Trastorno Depresivo
3. Trastorno Bipolar
4. Trastorno de Ansiedad
5. Esquizofrenia
6. Trastornos de la Personalidad
7. Insomnio
Vamos a utilizar las
siguientes
diapositivas para
conocer un poco más
de la clínica de estos
trastornos
DSM-5: Trastornos relacionados con traumas y factores de estrés

313.89 (F94.1). Trastorno de apego reactivo

313.89 (F94.2). Trastorno de relación social desinhibida

309.81 (F43.10). Trastorno de estrés postraumático

308. 3 (F43.0). Trastorno de estrés agudo

___.___(__.__). Trastornos de adaptación

309.89 (F43.8). Otro trastorno relacionado con traumas y factores de estrés especificado

309.9 (F43.9). Trastorno relacionado con traumas y factores de estrés no especificado


DSM-5: Trastorno de estrés postraumático

A. Exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza, en una (o más) de las formas siguientes:
1. Experiencia directa del suceso(s) traumático(s).
2. Presencia directa del suceso(s) ocurrido a otros.
3. Conocimiento de que el suceso(s) traumático(s) ha ocurrido a un familiar próximo o a un amigo íntimo. En los casos de amenaza o realidad de muerte de un familiar o amigo, el suceso(s) ha de haber
sido violento o accidental.
4. Exposición repetida o extrema a detalles repulsivos del suceso(s) traumático(s) (p. ej., socorristas que recogen restos humanos; policías repetidamente expuestos a detalles del maltrato infantil).
Nota: El Criterio A4 no se aplica a la exposición a través de medios electrónicos, televisión, películas o fotografías, a menos que esta exposición esté relacionada con el trabajo.

B. Presencia de uno (o más) de los síntomas de intrusión siguientes asociados al suceso(s) traumático(s), que comienza después del suceso(s) traumático(s):
1. Recuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios e intrusivos del suceso(s) traumático(s). Nota: En los niños mayores de 6 años, se pueden producir juegos repetitivos en los que se expresen temas o
aspectos del suceso(s) traumático(s).
2. Sueños angustiosos recurrentes en los que el contenido y/o el afecto del sueño está relacionado con el suceso(s) traumático(s). Nota: En los niños, pueden existir sueños aterradores sin contenido
reconocible.
3. Reacciones disociativas (p. ej., escenas retrospectivas) en las que el sujeto siente o actúa como si se repitiera el suceso(s) traumático(s). (Estas reacciones se pueden producir de forma continua, y
la expresión más extrema es una pérdida completa de conciencia del entorno presente.) Nota: En los niños, la representación especifica del trauma puede tener lugar en el juego.
4. Malestar psicológico intenso o prolongado al exponerse a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).
5. Reacciones fisiológicas intensas a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).

C. Evitación persistente de estímulos asociados al suceso(s) traumático(s), que comienza tras el suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto por una o las dos características siguientes:
1. Evitación o esfuerzos para evitar recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos acerca o estrechamente asociados al suceso(s) traumático(s).
2. Evitación o esfuerzos para evitar recordatorios externos (personas, lugares, conversaciones, actividades, objetos, situaciones) que despiertan recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos
acerca o estrechamente asociados al suceso(s) traumático(s).
DSM-5: Trastorno de estrés postraumático

D. Alteraciones negativas cognitivas y del estado de ánimo asociadas al suceso(s) traumático(s), que comienzan o empeoran después del suceso(s) traumático(s), como se pone de
manifiesto por dos (o más) de las características siguientes:
1. Incapacidad de recordar un aspecto importante del suceso(s) traumático(s) (debido típicamente a amnesia disociativa y no a otros factores como una lesión cerebral,
alcohol o drogas).
2. Creencias o expectativas negativas persistentes y exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo (p. ej., “Estoy mal,” “No puedo confiar en nadie,” “El mundo es muy
peligroso,” “Tengo los nervios destrozados”).
3. Percepción distorsionada persistente de la causa o las consecuencias del suceso(s) traumático(s) que hace que el individuo se acuse a sí mismo o a los demás.
4. Estado emocional negativo persistente (p. ej., miedo, terror, enfado, culpa o vergüenza).
5. Disminución importante del interés o la participación en actividades significativas.
6. Sentimiento de desapego o extrañamiento de los demás.
7. Incapacidad persistente de experimentar emociones positivas (p. ej., felicidad, satisfacción o sentimientos amorosos).

E. Alteración importante de la alerta y reactividad asociada al suceso(s) traumático(s), que comienza o empeora después del suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto
por dos (o más) de las características siguientes:
1. Comportamiento irritable y arrebatos de furia (con poca o ninguna provocación) que se expresan típicamente como agresión verbal o física contra personas u objetos.
2. Comportamiento imprudente o autodestructivo.
3. Hipervigilancia.
4. Respuesta de sobresalto exagerada.
5. Problemas de concentración.
6. Alteración del sueño (p. ej., dificultad para conciliar o continuar el sueño, o sueño inquieto).
DSM-5: Trastorno de estrés postraumático

F. La duración de la alteración (Criterios B, C, D y E) es superior a un mes.

G. La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

H. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., medicamento, alcohol) o a otra afección médica.

Especificar si:
-Con síntomas disociativos: Los síntomas cumplen los criterios para el trastorno de estrés postraumático y, además, en respuesta al factor de estrés, el individuo
experimenta síntomas persistentes o recurrentes de una de las características siguientes:

1. Despersonalización: Experiencia persistente o recurrente de un sentimiento de desapego y como si uno mismo fuera un observador externo del propio proceso mental
o corporal (p. ej., como si se soñara; sentido de irrealidad de uno mismo o del propio cuerpo, o de que el tiempo pasa despacio).
2. Desrealización: Experiencia persistente o recurrente de irrealidad del entorno (p. ej., el mundo alrededor del individuo se experimenta como irreal, como en un sueño,
distante o distorsionado). Para utilizar este subtipo, los síntomas disociativos no se han de poder atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej.,
desvanecimiento, comportamiento durante la intoxicación alcohólica) u otra afección médica (p. ej., epilepsia parcial compleja). Especificar si: Con expresión
retardada: Si la totalidad de los criterios diagnósticos no se cumplen hasta al menos seis meses después del acontecimiento (aunque el inicio y la expresión de algunos
síntomas puedan ser inmediatos).
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psi (por e , el T c on
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En función del tiempo que transcurra desde la aparición del q u
t á n e a m
t i e m p
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e s
estresor a la manifestación de la sintomatología, según el
DSM hay diferentes tipos:
T. por estrés agudo: 1 mes
T. estrés postraumático agudo: < 3 meses
T. estrés postraumático crónico: > 3 meses
T. estrés postraumático de inicio demorado: + 6 meses
CIE-10: F43.1 Trastorno de estrés postraumático
Se trata de un trastorno que surge como respuesta tardía o diferida a un acontecimiento estresante o a una situación (breve o duradera) de naturaleza
excepcionalmente amenazante o catastrófica, que causarían por si mismos malestar generalizado en casi todo el mundo (por ejemplo catástrofes naturales o producidas
por el hombre, combates, accidentes graves, el ser testigo de la muerte violenta de alguien, el ser victima de tortura, terrorismo, de una violación o de otro crimen).
Ciertos rasgos de personalidad (por ejemplo, compulsivos o asténicos) o antecedentes de enfermedad neurótica, si están presentes, pueden ser factores predisponentes y
hacer que descienda el umbral para la aparición del síndrome o para agravar su curso, pero estos factores no son necesarios ni suficientes para explicar la aparición del
mismo.

Las características típicas del trastorno de estrés post-traumático son: episodios reiterados de volver a vivenciar el trauma en forma de reviviscencias o sueños que
tienen lugar sobre un fondo persistente de una sensación de "entumecimiento" y embotamiento emocional, de despego de los demás, de falta de capacidad de respuesta al
medio, de anhedonia y de evitación de actividades y situaciones evocadoras del trauma. Suelen temerse, e incluso evitarse, las situaciones que recuerdan o sugieren el
trauma. En raras ocasiones pueden presentarse estallidos dramáticos y agudos de miedo, pánico o agresividad, desencadenados por estímulos que evocan un repentino
recuerdo, una actualización o ambos a la vez, del trauma o de la reacción original frente a él. Por lo general hay un estado de hiperactividad vegetativa con hipervigilancia,
un incremento de la reacción de sobresalto e insomnio. Los síntomas se acompañan de ansiedad y de depresión y no son raras las ideaciones suicidas.

El consumo excesivo de sustancias psicótropas o alcohol puede ser un factor agravante.

El comienzo sigue al trauma con un período de latencia cuya duración varía desde unas pocas semanas hasta meses (pero rara vez supera los seis meses).

El curso es fluctuante, pero se puede esperar la recuperación en la mayoría de los casos. En una pequeña proporción de los enfermos, el trastorno puede tener durante
muchos años un curso crónico y evolución hacia una transformación persistente de la personalidad.
El DSM-5, por tanto, es más restrictivo que la CIE-10, ya que considera que para que se dé un
TEPT es necesario que haya un suceso que implique la exposición (criterio A) a la muerte,
lesión grave o violencia sexual, ya sea real o en forma de amenaza, propias o de alguien muy
allegado. De esta forma, el DSM-5 (a diferencia de la CIE-10) dejaría fuera sucesos que
pueden ser muy traumáticos y tener efectos devastadores. Sin embargo, ha de destacarse,
que el DSM-5 aporta una lista más detallada de las consecuencias del trauma cuando se
convierte en un problema psicológico. Así, el trauma no reside en el suceso en sí, sino en el
efecto de la experiencia amenazante que ha dejado en la persona.
Cuando hablamos de estrés es importante tener en cuenta si éste es debido a sucesos vitales o a sucesos menores.

Suceso vital: evento social que requiere algún tipo de CAMBIO respecto al ajuste habitual del individuo (Holmes).Pueden evocar
reacciones psicofisiológicas. El potencial estresante de un suceso vital está en función de la cantidad de cambio que conlleva.
Sucesos menores (estrés diario):
Hassles (fastidios, contrariedades o sucesos negativos): Algunos autores defienden que son mejores predictores de
trastornos físicos y psicológicos que los sucesos vitales. Lazarus ha llamado la atención sobre este tipo de sucesos de
menor impacto y menos salientes pero mucho más frecuentes: los sucesos diarios.

Shapiro (2001), en esta línea, también diferencia entre:


Trauma simple (tipo I y T): situaciones que comprendemos como trauma, en las que el organismo se encuentra o ha
permanecido en peligro de muerte y que constituyen experiencias terriblemente dolorosas.
Trauma complejo (tipo II y t): aquellas experiencias perturbadoras que no llegan a representar una amenaza de muerte para el
cuerpo, pero que al repetirse un número variable de veces pueden producir un efecto acumulativo tan impactante como un
trauma T.
Los sistemas de clasificación que acabamos de ver (DSM y CIE) indican que el TEPT se origina tras haber sufrido u observado un
acontecimiento altamente traumático (atentado, violación, asalto, secuestro, accidente, etc.), en el que está en juego la vida de las
personas. Se refieren a los tres grandes bloques de síntomas: reexperimentación, evitación y aumento de la activación,
característicos del estrés producido por un suceso vital.
En los servicios de atención a mujeres víctimas de violencia de género podemos encontrarnos este tipo de estresor (por ejemplo en
un caso de violación), pero la gran mayoría de síntomas que manifiesten las mujeres serán cambios en la personalidad incluyendo
deformaciones en la capacidad de relacionarse, en la identidad, etc. consecuencia de abusos prolongados y del sometimiento a un
control totalitario definitorio del maltrato de pareja (sucesos menores).
La CIE-11 incluye un nuevo diagnóstico hermano del TEPT llamado Trastorno por Estrés Post-Traumático Complejo (TEPTC). El
TEPTC está destinado a sustituir el anterior diagnóstico de la CIE-10 “Transformación persistente de la personalidad tras
experiencia catastrófica” (TEPIC).
Como se describe en la CIE-10, los síntomas principales del TEPIC son: la desconfianza relacionada con el trauma hacia el
mundo, el aislamiento social, los sentimientos de vacío y desesperanza, el distanciamiento, y una sensación crónica de ser
amenazado.
El TEPTC o también llamado Trastorno de estrés extremo (DESNOS: Disorder of Extreme Stress Not Otherwise Specified) se
produce en los casos de abusos interpersonales prolongados y severos (historia de sometimiento prolongado), en los que la
situación traumática se haya producido repetidamente y a lo largo de mucho tiempo, de tal manera que la exposición
prolongada al trauma condiciona el desarrollo de la personalidad del individuo, por lo que es más adecuado para evaluar la
sintomatología de estrés de las mujeres maltratadas.
Hay varios estudios que lo relacionan con la sintomatología del Trastorno Límite de la personalidad, el cual veremos
posteriormente.
CIE-11: 6B41 Trastorno de estrés postraumático complejo

El trastorno de estrés postraumático complejo (TEPTC) es un trastorno que puede desarrollarse después de la exposición a
un evento o una serie de eventos de naturaleza extremadamente amenazadora u horrible, eventos frecuentemente
prolongados o repetitivos de los que resulta difícil o imposible escapar (por ejemplo, tortura, esclavitud, campañas de
genocidio, violencia doméstica prolongada, abuso sexual o físico repetido en la infancia).
Se cumplen todos los criterios de diagnóstico del trastorno de estrés postraumático.
Además, el TEPTC se caracteriza por la gravedad y la persistencia de:
1. los problemas en la regulación del afecto (desregulación afectiva);
2. las creencias respecto de sentirse uno mismo disminuido, derrotado o sin valor, así como sentimientos de vergüenza,
culpa o fracaso relacionados con el evento traumático (autoconcepto negativo); y
3. las dificultades para mantener relaciones y sentirse cerca de los demás (perturbaciones en las relaciones).
Estos síntomas causan un deterioro significativo en la esfera personal, familiar, social, educativa, ocupacional u otras áreas
importantes del funcionamiento.
CLINICA TEPT COMPLEJO
Se proponen alteraciones en 6 dominios de funcionamiento:

1. Alteración en la regulación de afectos e impulsos: incluyendo dificultad con la modulación de la ira y autodestructividad (se ha sugerido que la
desregulación del afecto puede ser la disfunción central del trauma psicológico), se atemorizan fácilmente, parecen tener reacciones "extremas" a
estímulos neutrales o moderados, tienen problemas para calmarse y pueden usar medidas extremas autodestructivas, tales como autolesión, impulsos
suicidas crónicos, abuso de drogas, trastornos alimentarios o actividad sexual compulsiva, en un intento de manejar sus emociones (Felitti et al, 1998;
Linehan et al, 1994).
2. Alteraciones en atención y conciencia: llevando a amnesias de los acontecimientos traumáticos, episodios disociativos pasajeros, desrealización y
despersonalización y, revivir experiencias en forma de síntomas intrusivos o como preocupación excesiva.
3. Alteraciones en la auto-percepción: como una sensación crónica de culpa, responsabilidad y sentimientos de vergüenza. Sentimientos de indefensión o
parálisis de la iniciativa. Con frecuencia desarrollan visiones negativas sobre sí mismas/os, se sienten impotentes, inútiles e indeseables a las demás
personas. Sensación de profanación y estigma.
4. Alteraciones en la relación con los otros: aislamiento y distanciamiento, dificultades para confiar en otros, incapacidad para sentir intimidad con los
demás, búsqueda constante de un rescatador, desconfianza persistente, revictimizaciones y victimización de otros (Fleming et al, 1999; Bryer et al, 1987;
Lisak, Koper y Song, 1996). Respecto a la percepción del perpetrador de la violencia, incluyendo la preocupación por la relación con él y la preocupación
por la venganza, la atribución no realista de poder total a éste, la idealización o gratitud paradójica, la sensación de una relación especial o sobrenatural
y la aceptación del sistema de valores o de racionalización del perpetrador.
5. Somatización y/o problemas médicos: pueden sufrir dolencias físicas sin explicación médica.
6. Alteración en el sistema de significados: con frecuencia sienten desesperanza sobre encontrar a alguien que entienda su sufrimiento. Suelen informar de
que su vida no tiene sentido (Herman, 1992). Una profunda sensación de impotencia aprendida, adoptan una actitud fatalista de la vida, anticipando que
no serán capaces de hacer cambios positivos en su vida.
CLINICA TEPT COMPLEJO

Las personas que han sido maltratadas desarrollan una sensación de separación y una perdida de confianza en el mundo y en los demás. Además de
los síntomas del TEPT, reexperimentación, evitación y activación fisiológica, en los casos complejos:
Se siente vergüenza y culpa.
Se tiene una sensación de embotamiento y falta de sentimientos.
No se puede disfrutar de nada.
Se controlan las emociones mediante el uso de drogas, alcohol o haciéndose daño a sí misma.
Se aísla de lo que está sucediendo a su alrededor (disociación).
Se tienen síntomas físicos causados por la angustia.
No se puede expresar las emociones con palabras.
Se puede desear acabar con la vida.
Se asumen riesgos y se hacen cosas “sin pensarlo”.
Tratamiento: el trauma complejo es un trastorno que requiere ser abordado desde varios niveles: psicobiológico, relacional y social. Es importante
que de forma transversal durante toda la terapia se vayan trabajando las creencias sobre sí misma, sobre los demás y sobre el mundo, que supone
en muchas ocasiones lo más difícil de modificar.
Factores clave: cuerpo (cambios, alteraciones), memoria (explícita, implícita), emociones (regulación emocional muy afectada) y consciencia.
Una de las autoras más destacadas en el estudio de las consecuencias clínicas del estrés traumático complejo es Judith Lewis Herman. Herman (1992) en su
libro “Trauma y recuperación” describe las fases de recuperación del trauma, la sintomatología asociada y los componentes a tener en cuenta para el proceso
terapéutico eficiente:

Bessel van der Kolk, entre otros, también contribuyó al concepto de trauma complejo.
TEPT y género

Se considera que el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) es la categoría diagnóstica más


adecuada para las mujeres que han sufrido algún tipo de maltrato de su pareja (Golding, 1999;
Calvete, Estévez y Corral, 2007; Martín, 2013). De hecho, algunos estudios aportan datos y
evidencias sobre la fuerte vinculación que existe entre sufrir maltrato por parte de la pareja y la
sintomatología del TEPT (Echeburúa et al., 2002; O’ Campo et al., 2006; Aguirre et al., 2010; Matud,
Fortes y Medina, 2014).
En un meta-análisis realizado por Golding (1999), se encontró que la prevalencia media de
Trastorno por Estrés Postraumático es mucho mayor en víctimas de violencia de género respecto a
la población general femenina, alcanzando el 63’8%. Datos que según Amor, Echeburúa, Corral,
Zubizarreta y Sarasua (2001, p.10) son muy parecidos a los que presentan las víctimas de
agresiones sexuales que se sitúan en torno al 70%.
Síndrome de la mujer maltratada (SMM)

Algunos autores definen el síndrome de la mujer maltratada, como una adaptación a la situación aversiva,
caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y
minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o
disociación que generan un cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo.
También pueden desarrollar síntomas del trastorno de estrés postraumático, síntomas depresivos, de rabia,
baja autoestima, culpa y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales,
conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.
Algunos autores equiparan estos efectos al trastorno de estrés postraumático, cuyos síntomas y
características, sin duda, aparecen en algunas de estas mujeres: reexperimentación del suceso traumático,
huida de las situaciones asociadas al maltrato y aumento de la activación.
Estas mujeres tienen dificultades para dormir, ya que con frecuencia sufren pesadillas en las que reviven
lo pasado, están continuamente alerta, hipervigilantes, irritables y con problemas de concentración.
Síndrome de la mujer maltratada
Este síndrome se caracteriza por los siguientes rasgos:
Indefensión aprendida: la mujer acaba asumiendo su propia incapacidad para eliminar la conducta violenta del agresor, lo que, en el contexto de
una autoestima baja, acaba transformándose en la idea de merecer las agresiones de éste.
A la indefensión se llega cuando se expone a la víctima a peligros físicos y no se le advierte o ayuda a evitarlos, se la sobrecarga con trabajos, se le
hace pasar por torpe, descuidada, ignorante, etc.; la falta de afecto unido a la repetición y prolongación en el tiempo de actitudes despreciativas,
acompañadas con bruscos cambios del estado de ánimo del agresor, sólo es comparable a algunas torturas (Miguel Lorente Acosta).
Baja respuesta conductual: inicialmente la mujer pone en marcha cuantas acciones y trucos cree efectivos para evitar o disminuir la conducta
violenta de su pareja y, tras comprobar que ninguna es útil, abandona la búsqueda de cualquier estrategia y acaba aceptando pasivamente la
conducta agresiva del otro. Esta actitud además contribuye a aminorar su sensación de culpa y de sufrimiento (parcialmente sustituido por la
indiferencia aparente). Esta baja respuesta conductual se acompaña de la convicción de la víctima de que el control de la situación le es ajeno y
externo a ella misma.
Identificación con el agresor: existen ocasiones, sobre todo en fases avanzadas, en que los mecanismos de adaptación hacen que la víctima no sólo
crea ser merecedora de la agresión, sino que incluso justifica al agresor (al igual que ocurre en el síndrome de Estocolmo para los secuestrados), lo
que dificulta la intervención externa.

La variante del “Síndrome de Estocolmo” en las mujeres agredidas por su pareja, es el


Síndrome de adaptación paradójica a la violencia doméstica (SAPVD) en el que se crea
entre el agresor y la víctima un vínculo interpersonal de “protección”.
Síndrome de la mujer maltratada

Marie-France Hirigoyen diferencia entre dos fases en las consecuencias, las que se producen en la fase de dominio y
las que lo hacen a largo plazo:
1. En la primera fase, la mujer está confusa y desorientada, llegando a renunciar a su propia identidad y
atribuyendo al agresor aspectos positivos que la ayudan a negar la realidad. Se encuentran agotadas por el
sinsentido que el agresor impone a su vida, sin poder comprender lo que sucede, solas, aisladas de su entorno
familiar y social, y en constante tensión ante cualquier respuesta agresiva de su pareja.
2. Las consecuencias a largo plazo serían las que se refieren a las etapas por las que pasan las víctimas a partir
del momento en que se dan cuenta del tipo de relación en la que están inmersas. Durante esta fase, las
mujeres pasan un choque inicial en el que se sienten heridas, estafadas y avergonzadas, además de
encontrarse apáticas, cansadas y sin interés por nada.
En esta línea, ya Walker (1984), además de explicar el ciclo
de la violencia, señalaba que entre las consecuencias
emocionales de las víctimas cabe destacar la impotencia
aprendida. La mujer, al estar sometida a un maltrato
repetitivo disminuye su capacidad para responder. Su
personalidad se transforma y adopta una actitud sumisa y
pasiva ante los abusos del dominador. La habilidad
cognoscitiva para percibir el éxito también cambia (no cree
que sus respuestas conlleven consecuencias, ya sean
favorables a ella o no). La mujer víctima llega a creer que
nada de lo que haga alterará su futuro y/o destino. Como
consecuencia, se vuelve más propensa a la posibilidad de
sufrir ansiedad y depresión y su sentido de bienestar
emocional se vuelve precario.
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG

1. Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)


2. Trastorno Depresivo
3. Trastorno Bipolar
4. Trastorno de Ansiedad
5. Esquizofrenia
6. Trastornos de la Personalidad
7. Insomnio
DSM-5: Trastornos depresivos

296.99 (F34.8). Trastorno de desregulación perturbador del estado de ánimo


___.___(__.___). Trastorno de depresión mayor
300.4 (F34.1). Trastorno depresivo persistente (distimia)
625.4 (N94.3). Trastorno disfórico premenstrual
___.___(__.__). Trastornos depresivo inducido por sustancias/medicamentos
293.83 (__.__). Trastorno depresivo debido a otra afección médica
311 (F32.8). Otro trastorno depresivo especificado
311 (F32.9). Trastorno depresivo no especificado
DSM-5: Episodio depresivo mayor
A. Presencia de cinco (o más) de los siguientes síntomas durante un período de 2 semanas, que representan un cambio respecto a la actividad previa; uno de los síntomas debe ser 1
estado de ánimo depresivo o 2 pérdida de interés o de la capacidad para el placer.
1. estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto (p. ej., se siente triste o vacío) o la observación realizada por otros (p. ej., llanto). En
los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable
2. disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, la mayor parte del día, casi cada día (según refiere el propio sujeto u
observan los demás)
3. pérdida importante de peso sin hacer régimen o aumento de peso (p. ej., un cambio de más del 5 % del peso corporal en 1 mes), o pérdida o aumento del apetito casi cada día. Nota:
En niños hay que valorar el fracaso en lograr los aumentos de peso esperables
4. insomnio o hipersomnia casi cada día
5. agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día (observable por los demás, no meras sensaciones de inquietud o de estar enlentecido)
6. fatiga o pérdida de energía casi cada día
7. sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados (que pueden ser delirantes) casi cada día (no los simples autorreproches o culpabilidad por el hecho de estar enfermo)
8. disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, casi cada día (ya sea una atribución subjetiva o una observación ajena)
9. pensamientos recurrentes de muerte (no solo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse
B. Los síntomas no cumplen los criterios para un episodio mixto.
C. Los síntomas provocan malestar clínicamente.
D. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) o una enfermedad médica (p. ej., hipotiroidismo).
E. Los síntomas no se explican mejor por la presencia de un duelo (p. ej., después de la pérdida de un ser querido), los síntomas persisten durante más de 2 meses o se caracterizan por
una acusada incapacidad funcional, preocupaciones mórbidas de inutilidad, ideación suicida, síntomas 115 psicóticos o enlentecimiento psicomotor.
DSM-5: Trastorno depresivo mayor

A. Presencia de un único episodio depresivo mayor.


B. El episodio depresivo mayor no se explica mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no está superpuesto
a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado.
C. Nunca se ha producido un episodio maníaco, un episodio mixto o un episodio hipomaníaco.
Nota: Esta exclusión no es aplicable si todos los episodios similares a la manía, a los episodios mixtos o a la hipomanía son
inducidos por sustancias o por tratamientos o si se deben a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica.
DSM-5: Trastorno depresivo mayor recurrente
(DSM-IV-TR: Distimia)

A. Presencia de dos o más episodios depresivos mayores.


Nota: Para ser considerados episodios separados tiene que haber un intervalo de al menos 2 meses
seguidos en los que no se cumplan los criterios para un episodio depresivo mayor.
B. Los episodios depresivos mayores no se explican mejor por la presencia de un trastorno
esquizoafectivo y no están superpuestos a una esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un
trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado.
C. Nunca se ha producido un episodio maníaco, un episodio mixto o un episodio hipomaníaco.
CLÍNICA DEPRESIÓN
La depresión se presenta como un conjunto de síntomas de predominio afectivo (tristeza patológica, apatía, anhedonia, desesperanza, decaimiento,
irritabilidad, sensación subjetiva de malestar e impotencia frente a las exigencias de la vida) aunque, en mayor o menor grado, también están presentes
síntomas de tipo cognitivo, volitivo y somático, por lo que podría hablarse de una afectación global psíquica y física, haciendo especial énfasis en la
esfera afectiva.
La posibilidad diagnóstica de un trastorno depresivo se suele plantear a partir de datos observacionales poco específicos, como el deterioro en la
apariencia y en el aspecto personal, enlentecimiento psicomotriz, tono de voz bajo, facies tristes, llanto fácil o espontáneo, disminución de la atención,
verbalización de ideas pesimistas (culpa, hipocondría, ruina...) alteraciones del sueño y quejas somáticas inespecíficas. La base para distinguir estos
cambios patológicos de los ordinarios, viene dada por la persistencia de la clínica, su gravedad, y el grado de deterioro funcional y social.
Muchos casos de depresión son claramente apreciables en la práctica clínica, aunque resulte difícil establecer su autonomía diagnóstica respecto a otras
entidades psicopatológicas. Así, por ejemplo, frecuentemente se percibe el trastorno depresivo asociado a ansiedad con diversas combinaciones
sintomáticas en sus manifestaciones. La depresión también puede concurrir con el abuso de alcohol y otras sustancias, y con algunas enfermedades
orgánicas cerebrales y sistémicas. También es frecuente su asociación con trastornos de la conducta alimentaria y algunos trastornos de la
personalidad.
(GPC Depresión)
Farmacoterapia de la Depresión
PRINCIPALES FÁRMACOS ANTIDEPRESIVOS

IRNS ISRS IMAO Otros

Antidepresivos tricíclicos: IMAO no selectivos


-Amitriptilina Fluoxetina e irreversibles:
-Imipramina Paroxetina -Fenelzina Bupropión
-Clomipramina Fluvoxamina -Tranilcipromina Reboxetina
Sertralina Agomelatina
Citalopram Trazodona
ISRSN: Escitalopram RIMA:
-Venlafaxina -Moclobemina
Eficacia de los antidepresivos en los trastornos mentales

ALTA MODERADA LIMITADA

Depresión
T. de angustia Fobia social TOC
T. ansiedad generalizada

Todos estos usos requieren administración crónica durante semanas para que se observe el efecto terapéutico suficiente, y un periodo de
mantenimiento de varios meses.
Efectos comunes de los antidepresivos

Efecto antidepresivo
Efecto ansiolítico-sedante
Efecto analgésico
Incremento de la probabilidad de crisis convulsivas
Intensifican la fase maníaca del trastorno bipolar
Pueden aparecer disfunciones sexuales
Depresión y género
Se ha encontrado que las consecuencias psíquicas de la violencia de la pareja son graves y duraderas (Alonso y
Labrador, 2008) siendo la depresión y el trastorno de estrés postraumático las que concurren con mayor frecuencia
en las mujeres agredidas (Amor et al., 2001; Bermúdez, Buela-Casal y Matud, 2009; Golding, 1999; Pató, Corbalán y
Limiñana, 2007). Es habitual que ambos trastornos aparezcan junto con otros indicadores sintomatológicos, variando
en función de la situación y el caso de la mujer. Así ́ mismo, son varios los estudios e investigaciones que han mostrado
la comorbilidad de depresión y TEPT en mujeres agredidas por su pareja (Cascardi, O’ Leary y Schlee, 1999; O’ Campo et
al., 2006). De hecho, el riesgo de sufrir depresión aumenta de forma notoria cuando una persona ha experimentado un
trauma (Breslau, 2000).
La gravedad de los síntomas de depresión en muestras de mujeres maltratadas ha sido asociada a una mayor
frecuencia, severidad, duración y combinación de tipos de maltrato, con el tiempo transcurrido desde el cese de la
violencia, así como con un menor apoyo social recibido por la mujer (Campbell, Kub y Rose, 1996; Campbell, Sullivan y
Davidson, 1995; Cascardi y O’Leary,1992; Michell y Hodson,1983; Patró, Limiñana y Corbalán, 2004; Villavicencio, 1999).
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG

1. Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)


2. Trastorno Depresivo
3. Trastorno Bipolar
4. Trastorno de Ansiedad
5. Esquizofrenia
6. Trastornos de la Personalidad
7. Insomnio
DSM-5: Trastorno bipolar y trastornos relacionados

___.___(__.___). Trastorno bipolar Iª


296.89 (F31.81). Trastorno bipolar IIª
301.13 (F34.0). Trastorno ciclotímico
___.___(__.__). Trastornos bipolar y trastorno relacionado inducidos por
sustancias/medicamentos
293.83 (__.__). Trastorno bipolar y trastorno relacionado debidos a otra afección médica
296.89 (F31.89). Otro trastorno bipolar y trastorno relacionado especificado
296.80 (F31.9). Trastorno bipolar y trastorno relacionado no especificados
DSM-5: Episodio maníaco
A. Un período diferenciado de un estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, que dura al menos 1 semana (o cualquier duración si es necesaria la hospitalización).

B. Durante el período de alteración del estado de ánimo han persistido tres (o más) de los siguientes síntomas (cuatro si el estado de ánimo es sólo irritable) y ha habido en un grado significativo:

1. autoestima exagerada o grandiosidad


2. disminución de la necesidad de dormir (p. ej., se siente descansado tras sólo 3 horas de sueño)
3. más hablador de lo habitual o verborreico
4. fuga de ideas o experiencia subjetiva de que el pensamiento está acelerado
5. distraibilidad (p. ej., la atención se desvía demasiado fácilmente hacia estímulos externos banales o irrelevantes)
6. aumento de la actividad intencionada (ya sea socialmente, en el trabajo o los estudios, o sexualmente) o agitación psicomotora
7. implicación excesiva en actividades placenteras que tienen un alto potencial para producir consecuencias graves (p. ej., enzarzarse en compras irrefrenables, indiscreciones sexuales o
inversiones económicas alocadas)

C. Los síntomas no cumplen los criterios para el episodio mixto.

D. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave como para provocar deterioro laboral o de las actividades sociales habituales o de las relaciones con los demás, o para necesitar
hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mismo o a los demás, o hay síntomas psicóticos.

E. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p.ej. una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a una enfermedad medica (p. ej., hipertiroidismo).

Nota: Los episodios parecidos a la manía que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (p. ej., un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica)
no deben ser diagnosticados como trastorno bipolar I.
DSM-5: Episodio hipomaníaco
A. Un período diferenciado durante el que el estado de ánimo es persistentemente elevado, expansivo o irritable durante al menos 4 días y que es claramente diferente del estado de ánimo
habitual.

B. Durante el período de alteración del estado de ánimo, han persistido tres (o más) de los siguientes síntomas (cuatro si el estado de ánimo es sólo irritable) y ha habido en un grado significativo:
1. autoestima exagerada o grandiosidad
2. disminución de la necesidad de dormir (p. ej., se siente descansado tras sólo 3 horas de sueño)
3. más hablador de lo habitual o verborreico
4. fuga de ideas o experiencia subjetiva de que el pensamiento está acelerado
5. distraibilidad (p. ej., la atención se desvía demasiado fácilmente hacia estímulos externos banales o irrelevantes)
6. aumento de la actividad intencionada (ya sea socialmente, en el trabajo o los estudios o sexualmente) o agitación psicomotora
7. implicación excesiva en actividades placenteras que tienen un alto potencial para producir consecuencias graves (p. ej., enzarzarse en compras irrefrenables, indiscreciones sexuales o
inversiones económicas alocadas)

C. El episodio está asociado a un cambio inequívoco de la actividad que no es característico del sujeto cuando está asintomático.

D. La alteración del estado de ánimo y el cambio de la actividad son observables por los demás.

E. El episodio no es suficientemente grave como para provocar un deterioro laboral o social importante o para necesitar hospitalización, ni hay síntomas psicóticos.

F. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).
Nota: Los episodios parecidos a los hipomaníacos que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (p. ej., un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica
lumínica) no deben diagnosticarse como trastorno bipolar II.
bipolar I.
DSM-5: Episodio mixto
A. Se cumplen los criterios tanto para un episodio maníaco como para un episodio depresivo mayor (excepto en la duración) casi cada día
durante al menos un período de 1 semana.
B. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave para provocar un importante deterioro laboral, social o de las relaciones
con los demás, o para necesitar hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mismo o a los demás, o hay síntomas psicóticos.
C. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento u otro
tratamiento) ni a enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).
Nota: Los episodios parecidos a los mixtos que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (p. ej., un
medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica) no deben ser diagnosticados como trastorno bipolar I.

En el DSM-5 se convierte en
una especificación para el
episodio depresivo, maníaco o
hipomaníaco: con
características mixtas.
DSM-5: TB I

Para el diagnóstico de trastorno bipolar I, es necesario que


se cumplan los criterios para un episodio maníaco. Antes o
después del episodio maníaco pueden haber existido
episodios hipomaníacos o episodios de depresión mayor.

DSM-5: TB II

Para el diagnóstico de trastorno bipolar II, es necesario que


se cumplan los criterios para un episodio hipomaníaco
actual o pasado y los criterios para un episodio de
depresión mayor actual o pasado.
DSM-5: Trastorno ciclotímico
(DSM-IV-TR: Ciclotimia)

A. Presencia, durante al menos 2 años, de numerosos períodos de síntomas hipomaníacos y numerosos períodos de síntomas depresivos
que no cumplen los criterios para un episodio depresivo mayor.
Nota: En los niños y adolescentes la duración debe ser de al menos 1 año.
B. Durante el período de más de 2 años (1 año en niños y adolescentes) la persona no ha dejado de presentar los síntomas del Criterio A
durante un tiempo superior a los 2 meses.
C. Durante los primeros 2 años de la alteración no se ha presentado ningún episodio depresivo mayor, episodio maníaco o episodio mixto.
Nota: Después de los 2 años iniciales del trastorno ciclotímico (1 año en los niños y adolescentes), puede haber episodios maníacos o
mixtos superpuestos al trastorno ciclotímico (en cuyo caso se diagnostican ambos trastornos, el ciclotímico y el trastorno bipolar I) o
episodios depresivos mayores (en cuyo caso se diagnostican ambos trastornos, el ciclotímico y el trastorno bipolar II).
D. Los síntomas del Criterio A no se explican mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no están superpuestos a una
esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado.
E. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) o a una
enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).
F. Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del
individuo.
bipolar I.
CLÍNICA TRASTORNO BIPOLAR
El Trastorno Bipolar es un trastorno mental grave y recurrente que se extiende a lo largo de la vida y que se caracteriza por
oscilaciones en el estado de ánimo con fases de manía, hipomanía o mixtas que generalmente se alternan con episodios
depresivos.
Clínicamente se distinguen varias formas según los episodios que predominen. Los pacientes con Trastorno Bipolar I (TB I)
tienen al menos un episodio de manía franco o un episodio mixto y pueden tener antes o después episodios depresivos. En el
Trastorno Bipolar II (TB II) el sujeto experimenta síntomas maníacos menos graves que se denominan fases hipomaníacas y
episodios depresivos. También se distingue la Ciclotimia en la cual se alternan la hipomanía con los cuadros depresivos
subclínicos.
Se estima que entre el 10 y el 15% de los pacientes con TB I cometen suicidio. Esto es más frecuente durante las fases
depresivas o en las mixtas. Al menos un tercio de los pacientes ha realizado algún intento de suicidio.
Cuando se diagnostica y se trata a un paciente con trastorno bipolar, debe prestarse atención a la potencial comorbilidad
con otros trastornos, especialmente trastornos de ansiedad y abuso/dependencia de sustancias, presentes hasta en la
mitad de casos. Ante un paciente bipolar con abuso de tóxicos comórbido, se recomienda tratar ambos trastornos dada la
relación recíproca que suele existir entre ambos. La optimización del tratamiento de la patología afectiva puede reducir el
craving. El abandono del consumo tóxico mejora el pronóstico del cuadro afectivo.
(GPC Bipolar)
Farmacoterapia de l Trastorno Bipolar

Tratamiento preventivo/mantenimiento:

Litio (no autorizado en menores de 12 años)


Lamotrigina (no autorizado en menores de 18 años, sí para tratamiento de la epilepsia desde los 2 años)

Tratamiento agudo de los episodios:

Episodios de manía, hipomanía, mixto (fármacos efectivos preferibles al litio):


Fase depresiva (baja eficacia del litio):
Valproato
No se aconseja la monoterapia con antidepresivos
Carbamazepina
Litio, lamotrigina, valproato (efecto significativo pero modesto)
Quetiapina
Indicios claros de eficacia desde 2006: quetiapina y especialmente la
Olanzapina
combinación olanzapina/fluoxetina
Aripiprazol
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG

1. Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)


2. Trastorno Depresivo
3. Trastorno Bipolar
4. Trastorno de Ansiedad
5. Esquizofrenia
6. Trastornos de la Personalidad
7. Insomnio
DSM-5: Trastornos de ansiedad
309.21(F93.0). Trastorno de ansiedad por separación
313.23 (F94.0). Mutismo selectivo
300.2 (___.__). Fobia específica
300.23(F40.10). Trastorno de ansiedad social (fobia social)
300.01 (F41.0). Trastorno de pánico
300.22 (F40.00). Agorafobia
300.02 (F41.1). Trastorno de ansiedad generalizada
___.__ (___.__). Trastorno de ansiedad inducido por sustancias/medicamentos
293.84 (F06.4). Trastorno de ansiedad debido a otra afección médica
300.09 (F41.8). Otro trastorno de ansiedad especificado
300.00 (F41.9). Trastorno de ansiedad no especificado
DSM-5: Trastorno de ansiedad generalizada
A. Ansiedad y preocupación excesivas (expectación aprensiva) sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar), que
se prolongan más de 6 meses.
B. Al individuo le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación.
C. La ansiedad y preocupación se asocian a tres (o más) de los seis síntomas siguientes (algunos de los cuales han persistido más de 6 meses).
Nota: En los niños sólo se requiere uno de estos síntomas:
1. inquietud o impaciencia
2. fatigabilidad fácil
3. dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco
4. irritabilidad
5. tensión muscular
6. alteraciones del sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sensación al despertarse de sueño no reparador)
D. El centro de la ansiedad y de la preocupación no se limita a los síntomas de un trastorno; por ejemplo, la ansiedad o preocupación no hacen referencia a la
posibilidad de presentar una crisis de angustia (como en el trastorno de angustia), pasarlo mal en público (como en la fobia social), contraer una enfermedad (como
en el trastorno obsesivo‐compulsivo), estar lejos de casa o de los seres queridos (como en el trastorno de ansiedad por separación), engordar (como en la anorexia
nerviosa), tener quejas de múltiples síntomas físicos (como en el trastorno de somatización) o padecer una enfermedad grave (como en la hipocondría), y la
ansiedad y la preocupación no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno por estrés postraumático.
E. La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la
actividad del individuo.
F. Estas alteraciones no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o a una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo) y
no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno del estado de ánimo, un trastorno psicótico o un trastorno generalizado del desarrollo.
T. de ansiedad: conceptos básicos
Ansiedad: predominio de componentes psíquicos. Estado emocional difuso, sin fuente externa de
amenaza reconocible. Orientación hacia el futuro.
Spielberger (1980):
Ansiedad-estado: estado ansioso caracterizado por sentimientos subjetivos como la
percepción consciente de tensión y una elevada actividad del sistema nervioso autónomo.
Ansiedad-rasgo: tendencia o predisposición relativamente estable a presentar ansiedad como
aspecto de la personalidad.
Angustia: predominio del componente físico.
Miedo: se asocia a algún estímulo externo amenazante identificable. Para Barlow (1988) el miedo se
compone de elementos más primigenios, biológicos y en cierto modo automáticos. Orientación hacia el
presente.
Fobia (Marks, 1969): miedo desproporcionado, evitación, carácter irracional, ausencia de control
voluntario, malestar.
CLÍNICA TRASTORNO ANSIEDAD

De la ansiedad normal a la ansiedad patológica:


Es importante entender la ansiedad como una sensación o un estado emocional normal ante determinadas situaciones y que constituye una respuesta habitual a diferentes
situaciones cotidianas estresantes. Así, cierto grado de ansiedad es incluso deseable para el manejo normal de las exigencias del día a día. Tan sólo cuando sobrepasa cierta
intensidad o supera la capacidad adaptativa de la persona, es cuando la ansiedad se convierte en patológica, provocando malestar significativo con síntomas que afectan tanto al
plano físico, como al psicológico y conductual.

Síntomas físicos Síntomas psicológicos y conductuales

Vegetativos: sudoración, sequedad de boca, mareo, inestabilidad Preocupación, aprensión

Neuromusculares: temblor, tensión muscular, cefaleas, parestesias Sensación de agobio

Cardiovasculares: palpitaciones, taquicardias, dolor precordial Miedo a perder el control, a volverse loco o sensación de muerte
inminente

Respiratorios: disnea Dificultad de concentración, quejas de pérdida de memoria

Digestivos: náuseas, vómitos, dispepsia, diarrea, estreñimiento, Irritabilidad, inquietud, desasosiego


aerofagia, meteorismo

Genitourinarios: micción frecuente, problemas de la esfera sexual Conductas de evitación de determinadas situaciones

Inhibición o bloqueo psicomotor Obsesiones o compulsiones


PRINCIPALES FÁRMACOS ANSIOLÍTICOS

ANTIDEPRESIVOS (Apartado anterior)

BENZODIACEPINAS (Siguiente diapositiva)

Zopiclona (Datolán, Limován)


FÁRMACOS DE ACCIÓN SIMILAR A LAS BENZODIACEPINAS
Zolpidem (Cedrol, Dalparán)

BARBITÚRICOS Y MEPROBAMATO Pentobarbital, Fenobarbital, Tiopental,..

BLOQUEANTES ß-ADRENÉRGICOS (ß-bloqueantes) Propranolol, Sumial, Sumial Retard

AGONISTAS PARCIALES DE LOS RECEPTORES 5-HT1A Buspirona, Buspar, Buspisal, Effiplén, Norol

OTROS Neurolépticos antihistamínicos (Hidroxicina)


BENZODIACEPINAS

DE ACCIÓN CORTA (1-5h): DE ACCIÓN INTERMEDIA (8-25 h): DE ACCIÓN PROLONGADA (1-40h; 30-200h):

Alprazolam
Lorazepam Clordiazepóxido
Flunitrazepam Clorazepato
Midazolam
Loprazolam Diazepam
Triazolam
Bromazepam Flurazepam
Oxazepam Clonazepam
Clotiazepam
Efectos comunes de las benzodiacepinas
Usar dosis mínima efectiva,

no más de 22 semanas,

retirada progresiva,

cambio a BZP de acción prolongada,


Efectos farmacológicos agudos:
A dosis bajas son preferentemente ansiolíticos tratamientos intermitentes

Si se sube la dosis, pueden aparecer otros efectos:


Sedación, somnolencia, sueño, acción anticonvulsionante, acción miorrelajante, problemas de coordinación
fina, disartria, diplopía, alteraciones de la memoria anterógrada, reducción de los síntomas del síndrome de
abstinencia alcohólico
Efecto de la administración crónica:
Tolerancia (más potente para la sedación, somnolencia y sueño que para el efecto ansiolítico).
Dependencia (con dosis altas durante 5 semanas): ansias de consumo, ansiedad, irritabilidad, insomnio,
hipersensibilidad sensorial, y en algunos casos crisis convulsivas.
Eficacia de los tratamientos farmacológicos en el TAG

ALTA MODERADA LIMITADA

ISRS Benzodiacepinas
Buspirona
ISRSN (Venlafaxina) (lorazepam, oxacepam)
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG

1. Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)


2. Trastorno Depresivo
3. Trastorno Bipolar
4. Trastorno de Ansiedad
5. Esquizofrenia
6. Trastornos de la Personalidad
7. Insomnio
DSM-5: Espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos
301.22 (F21). Trastorno esquizotípico (de la personalidad)
297.1 (F22). Trastorno de delirios
298.8 (F23). Trastorno psicótico breve
295.40 (F20.81). Trastorno esquizofreniforme
295.90 (F20.9). Esquizofrenia
___.__ (___.__). Trastorno esquizoafectivo
___.__ (___.__). Trastorno psicótico inducido por sustancias/medicamentos
___.__ (___.__). Trastorno psicótico debido a otra afección médica
293.89 (F06.1). Catatonía asociada a otro trastorno mental
293.89 (F06.1). Trastorno catatónico debido a otra afección médica
293.89 (F06.1). Catatonía no especificada
298.8 (F28). Otro trastorno del espectro de la esquizofrenia especificado y otro trastorno psicótico
298.9 (F29). Trastorno del espectro de la esquizofrenia no especificado y otro trastorno psicótico
DSM-5: Esquizofrenia
A. Dos (o más) de los síntomas siguientes, cada uno de ellos presente durante una parte significativa de tiempo durante un período de un
mes (o menos si se trató con éxito). Al menos unos de ellos ha de ser (1), (2) o (3):
1. Delirios.
2. Alucinaciones.
3. Discurso desorganizado (p. ej., disgregación o incoherencia frecuente).
4. Comportamiento muy desorganizado o catatónico.
5. Síntomas negativos (expresión emotiva disminuida o abulia).
B. Durante una parte significativa del tiempo desde el inicio del trastorno, el nivel de funcionamiento en uno o más ámbitos principales,
como el trabajo, las relaciones interpersonales o el cuidado personal, está muy por debajo del nivel alcanzado antes del inicio (o cuando
comienza en la infancia o la adolescencia, fracasa la consecución del nivel esperado de funcionamiento interpersonal, académico o
laboral).
C. Los signos continuos del trastorno persisten durante un mínimo de seis meses. Este período de seis meses ha de incluir al menos un
mes de síntomas (o menos si se trató con éxito) que cumplan el Criterio A (es decir, síntomas de fase activa) y puede incluir períodos de
síntomas prodrómicos o residuales. Durante estos períodos prodrómicos o residuales, los signos del trastorno se pueden manifestar
únicamente por síntomas negativos o por dos o más síntomas enumerados en el Criterio A presentes de forma atenuada (p. ej., creencias
extrañas, experiencias perceptivas inhabituales).
DSM-5: Esquizofrenia

D. Se han descartado el trastorno esquizoafectivo y el trastorno depresivo o bipolar con características psicóticas porque 1)
no se han producido episodios maníacos o depresivos mayores de forma concurrente con los síntomas de fase activa, o 2) si
se han producido episodios del estado de ánimo durante los síntomas de fase activa, han estado presentes sólo durante una
mínima parte de la duración total de los períodos activo y residual de la enfermedad.

E. El trastorno no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga o medicamento) o a otra
afección médica.

F. Si existen antecedentes de un trastorno del espectro del autismo o de un trastorno de la comunicación de inicio en la
infancia, el diagnóstico adicional de esquizofrenia sólo se hace si los delirios o alucinaciones notables, además de los otros
síntomas requeridos para la esquizofrenia, también están presentes durante un mínimo de un mes (o menos si se trató con
éxito).
Esquizofrenia: subtipos
DSM-IV-TR:
El DSM-5 suprime los subtipos de
Paranoide esquizofrenia

Desorganizado
Indiferenciado
Catatónico
Residual
CIE-10:
Paranoide
Hebefrénica
Catatónica
Indiferenciada
Depresión post-esquizofrénica
Residual
Simple
Otra esquizofrenia
Sin especificación
Esquizofrenia: sintomatología Subtipos:
paranoide, catatónico

Síntomas positivos

Alucinaciones

Clerembault
Otelo
Ideas delirantes Cotard
Capgras o Síndrome de Sosías
Fregolí

Vestido y apariencia
Comportamiento social y sexual
Comportamiento extravagante
Comportamiento agresivo y agitado
Conducta repetitiva

Descarrilamiento (asociaciones laxas)


Tangencialidad
Incoherencia (esquizofasia)
Ilogicidad
Trastornos formales del pensamiento
Circunstancialidad
Presión del habla
Distraibilidad
Asociaciones fonéticas
Síntomas negativos Subtipos:
Desorganizado, residual

Expresión facial inmutable


Escasez de ademanes expresivos
Pobreza afectiva Escaso contacto visual
Incongruencia afectiva y ausencia de respuesta
Ausencia de inflexiones vocales

Pobreza del lenguaje


Pobreza del contenido del lenguaje
Alogia
Bloqueo
Latencia de respuesta incrementada

Falta de energía, de impulso y de interés


Aseo e higiene
Incapacidad para iniciar o completar por uno mismo las tareas
Abulia-apatía
Anergia física
Inerte (puede permanecer sentada durante horas)
Participación en las actividades de forma fugaz

Falta de interés vital por las actividades normalmente placenteras o falta de implicación en las relaciones sociales (pasan la
mayor parte del tiempo solo):
-Intereses o actividades recreativos
Anhedonia
-Actividad e interés sexual
-Capacidad para sentir intimidad y proximidad
-Relaciones con amigos y semejantes

Atención
CLÍNICA ESQUIZOFRENIA
Con el término esquizofrenia se designa a un conjunto de trastornos psicóticos, caracterizados todos ellos por la presencia de síntomas psicóticos positivos en algún
momento de su desarrollo, y donde los síntomas negativos y cognitivos se asocian, a su vez, a un grado variable de discapacidad. Sus manifestaciones básicas consisten en
una mezcla de signos y síntomas característicos. Los síntomas afectan a múltiples procesos psicológicos, como la percepción (alucinaciones), ideación, comprobación de la
realidad (delirios), procesos de pensamiento (asociaciones laxas), sentimientos (afecto plano, afecto inapropiado), conducta (catatonia, desorganización), cognición
(atención, concentración), motivación y juicio. No hay ningún síntoma que sea, por sí solo, patognomónico de la esquizofrenia. Estas características psicológicas y
conductuales se asocian a diversos tipos de deterioro. Los síntomas característicos de la esquizofrenia se han clasificado a menudo en dos grandes categorías -síntomas
positivos y negativos (o déficits)-, a las que se ha añadido una tercera, la de desorganización. No todos los síntomas descritos están presentes en cada uno de los pacientes
diagnosticados de esquizofrenia. No son específicos, pues se dan también en otras enfermedades. El trastorno se caracteriza por una gran heterogeneidad entre los distintos
individuos y una variabilidad en cada uno de ellos a lo largo del tiempo.
La mayor parte de los pacientes alternan en su curso clínico episodios psicóticos agudos con fases estables de remisión total o parcial. Son frecuentes los síntomas
residuales entre los episodios. Este trastorno, que a menudo es de tipo crónico, puede caracterizarse mediante tres fases que se fusionan unas con otras sin que existan
unos límites claros y absolutos entre ellas.
Fase aguda (o crisis): Durante esta fase los pacientes presentan síntomas psicóticos graves, como delirios y/o alucinaciones, y un pensamiento gravemente
desorganizado; y generalmente, no son capaces de cuidar de sí mismos de forma apropiada. Con frecuencia, los síntomas negativos pasan a ser también más intensos.
Fase de estabilización (o postcrisis): Durante esta fase, se reduce la intensidad de los síntomas psicóticos agudos. La duración de la fase puede ser de seis meses o más
tras el inicio de un episodio agudo (o crisis).
Fase estable (o de mantenimiento): La sintomatología puede haber desaparecido o es relativamente estable y, en el caso de que persista, casi siempre es menos grave
que en la fase aguda. Unos pacientes pueden mantenerse asintomáticos; otros pueden presentar síntomas no psicóticos, como tensión, ansiedad, depresión o insomnio.
Cuando persisten los síntomas negativos (déficits) y/o positivos, como delirios, alucinaciones o trastornos del pensamiento, a menudo están presentes en formas
atenuadas no psicóticas (por ejemplo, ilusiones en vez de alucinaciones o ideas sobrevaloradas en vez de delirios).
Antes de que un paciente, que se encuentre en la fase estable, presente una recaída, habitualmente se produce un período prodrómico en el que pueden manifestarse
síntomas disfóricos no psicóticos, formas atenuadas de síntomas positivos o conductas idiosincrásicas. Este período prodrómico puede durar entre varios días y unas
semanas, pero en ocasiones puede persistir durante varios meses.
CLÍNICA ESQUIZOFRENIA
La mayor parte de los estudios longitudinales de la esquizofrenia sugieren que su curso es
variable; en algunos pacientes no se presentan nuevos episodios, en la mayoría se producen
exacerbaciones y remisiones, y en una pequeña parte persiste un estado psicótico grave de
forma crónica. Dadas las diferencias existentes en los criterios diagnósticos utilizados en los
estudios que se han llevado a cabo, no es posible realizar un resumen exacto y completo de la
evolución a largo plazo de la esquizofrenia.

La remisión completa (es decir, el restablecimiento de la función previa a la aparición del


trastorno) no es frecuente en esta enfermedad. De los pacientes que continúan estando
afectados, algunos parecen mantener un curso relativamente estable, mientras que otros
presentan un empeoramiento progresivo asociado a una discapacidad grave. En la fase inicial de
la enfermedad, pueden predominar los síntomas negativos y manifestarse fundamentalmente
como alteraciones prodrómicas. Posteriormente, aparecen los síntomas positivos. Dado que
estos síntomas positivos responden especialmente bien al tratamiento, es característico que
disminuyan con el mismo; sin embargo, pueden persistir los síntomas negativos. Se ha sugerido
que los síntomas negativos pueden intensificarse en algunos individuos durante el curso de la
enfermedad.

(GPC Esquizofrenia)
PRINCIPALES FÁRMACOS NEUROLÉPTICOS

TÍPICOS ATÍPICOS

Fenotiacinas (sedantes):
Benzamidas:
Clorpromazina
Sulpirida
Flufenacina (decanoato)

Inhibidores serotonin-
dopaminérgicos:
Clozapina
Tioxantenos: Olanzapina
Zuclopentixol (decanoato) Risperidona
Quetiapina

Estabilizadores del
Butirofenonas: sistema dopamina-serotonina:
Haloperidol Aripiprazol
Efectos comunes de los neurolépticos
Pautas:
Se comienza con dosis altas de neurolépticos potentes los primeros días que generan mejora rápida en la agitación, hiperactividad,
combatividad, hostilidad (efecto agudo neuroléptico). Posteriormente se pasa a dosis de mantenimiento (inferior a la inicial y
normalmente con neurolépticos atípicos y frecuentemente con preparados depot, especialmente si hay desobediencia).
El efecto antipsicótico es consecuencia de la administración crónica tardando en aparecer entre 6 y 8 semanas (si no hay respuesta
adecuada en ese momento lo más probable es que el paciente sea resistente). La eficacia principal es sobre los síntomas positivos
(delirios paranoides, alucinaciones) menos eficacia o incluso intensificación de los negativos (anhedonia, retraimiento social,...).
Se necesitan entre 3 a 6 meses para determinar la eficacia global en los pacientes que responden al tratamiento. No se cuenta con
pruebas convincentes de que las combinaciones de fármacos antipsicóticos ofrezcan alguna ventaja.
Eficacia aproximada:
70 % notable mejoría
20 % ligera mejoría
10 % nada
Mantenimiento (después del máximo de eficacia):
Si es primera crisis: 2 años
Si no: al menos 5 años
Si agresividad o autolesión: indefinido
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG

1. Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)


2. Trastorno Depresivo
3. Trastorno Bipolar
4. Trastorno de Ansiedad
5. Esquizofrenia
6. Trastornos de la Personalidad
7. Insomnio
Trastornos de la personalidad

Los trastornos de la personalidad se caracterizan por patrones de percepción, reacción y relación que son relativamente fijos e inflexibles
y socialmente desadaptados, incluyendo variedad de situaciones.
Las personas con trastornos de la personalidad generalmente no son conscientes de que su comportamiento o sus patrones de
pensamiento son inapropiados; por el contrario, a menudo creen que sus patrones son normales y correctos.
Conjuntamente considerados, los trastornos de personalidad afectan al individuo en diferentes ámbitos, que incluyen la cognición, la
afectividad, los impulsos y el ámbito interpersonal. En general se trata de afectaciones en:
La forma de percibir e interpretar los acontecimientos, incluyendo la percepción de uno mismo y de los demás.
Alteraciones en la atención y concentración, así como en la atención selectiva.
La naturaleza, la intensidad y la adecuación de la respuesta emocional.
La actividad y las relaciones interpersonales.
El control de los impulsos.
Reacciones imprevisibles.
Disminución de la capacidad de respuesta.
Dificultad de ejecución en las tareas complejas.
DSM-5: Trastornos de la personalidad

Trastorno general de la personalidad: Otros trastornos de la personalidad


Grupo A: Cambio de personalidad debido a afección médica
Trastorno de la personalidad paranoide Otro trastorno de la personalidad especificado
Trastorno de la personalidad esquizoide Otro trastorno de la personalidad no especificado
Trastorno de la personalidad esquizotípica
Grupo B:
Trastorno de la personalidad antisocial
Trastorno de la personalidad límite
Trastorno de la personalidad histriónica
Trastorno de la personalidad narcisista
Grupo C:
Trastorno de la personalidad evasiva
Trastorno de la personalidad dependiente
Trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva
GRUPO A

Trastorno paranoide de la personalidad: desconfianza y suspicacia general desde el inicio de la edad adulta, de forma que las intenciones
de los demás son interpretadas como malévolas. La suspicacia y desconfianza típicas de los sujetos con esta alteración hace que tengan
naturaleza combativa y predominen en ellos expresiones de hostilidad, lo que a su vez puede provocar en los demás una respuesta hostil.
Así mismo, pueden experimentar episodios psicóticos breves que duren minutos u horas, al igual que son frecuentes comportamientos
asociados al uso de alcohol y/o drogas.
Trastorno esquizoide de la personalidad: Patrón de distanciamiento de las relaciones sociales y una gama restringida de la expresión
emocional en el plano interpersonal, que comienza al principio de la edad adulta . Reaccionan pasivamente ante las circunstancias adversas
y tienen dificultades para responder adecuadamente a acontecimientos vitales importantes. Pueden tener períodos con síntomas
psicóticos muy breves, que duren varios minutos u horas, incluyendo ideas delirantes y alucinaciones, especialmente ante estímulos
estresores. En ocasiones también pueden presentar asociado un trastorno del estado de ánimo.
Trastorno esquizotípico de la personalidad: Patrón general de déficits sociales e interpersonales asociados a malestar agudo y capacidad
reducida para las relaciones personales, así como distorsiones cognoscitivas o perceptivas y excentricidades del comportamiento. Los
sujetos también suelen presentar síntomas asociados de ansiedad, depresión u otros estados de ánimo disfóricos, así como episodios
psicóticos breves y transitorios.
GRUPO B

Trastorno antisocial de la personalidad: Patrón dominante de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la
edad de 15 años.
Trastorno límite de la personalidad: Patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, autoimagen, afectividad e
impulsividad marcada, comienzo en la edad adulta. Entre las manifestaciones comportamentales se encuentran actos impulsivos, auto-
lesivos y suicidas. La impulsividad de este tipo de sujetos suele manifestarse en áreas potencialmente peligrosas para ellos mismos y en
ocasiones también para los demás. Suelen ser frecuentes las amenazas e intentos de suicidio y, asociados a ellas, comportamientos
temerarios, imprudentes, de automutilación y autodestructivos.
Trastorno histriónico de la personalidad: Patrón general de excesiva emotividad y una búsqueda de atención, que empiezan al principio de
la edad adulta. Es frecuente que se presente simultáneamente con los trastornos límite, narcisista, antisocial y por dependencia. Este
trastorno también cursa con frecuentes intentos y amenazas de suicidio que, aunque no se conozca riesgo real de suicidio, constituyen
formas de coacción. Deseo de presionar para atraer sobre sí la atención de los demás.
Trastorno narcisista de la personalidad: Patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), necesidad de
admiración y falta de empatía, empieza en el principio de la edad adulta. Puede ir asociado a otros trastornos, siendo en este caso el
histriónico, límite, antisocial y paranoide, los más comórbidos. La falta de interés por la sensibilidad de los demás y la vulnerabilidad de la
propia autoestima, los predisponen a reacciones dañosas, agresivas y hostiles. Adicionalmente, puede ir asociado a trastornos depresivos,
episodios hipomaníacos y abuso de drogas, especialmente, cocaína.
GRUPO C

Trastorno de personalidad evitativa: Patrón general de inhibición social, sentimientos de inadecuación e hipersensibilidad a la evaluación
negativa, que comienza al principio de la edad adulta. Suele presentarse asociado, además de a trastornos del estado de ánimo y de
ansiedad, al trastorno límite, paranoide, esquizoide y esquizotípico.
Trastorno de personalidad por dependencia: Necesidad general y excesiva de que se ocupen de uno, ocasiona un comportamiento de
sumisión, adhesión y temores de separación, que comienza al inicio de la edad adulta. Es característico de este trastorno la tendencia a
evitar la responsabilidad, así como la fuerte ansiedad que se experimenta ante la toma de decisiones.
Trastorno obsesivo‐compulsivo de la personalidad: Un patrón general de preocupación por el orden, perfeccionismo y el control mental e
interpersonal a expensas de la flexibilidad, la espontaneidad y la eficiencia, que empieza al principio de la edad adulta. Es posible que
también se pueda ver afectada la toma de decisiones. Si bien es cierto que rara vez expresan explícitamente su ira este tipo de sujetos
suelen trastornarse o enfadarse en situaciones en que son incapaces de controlar su entorno físico e interpersonal. Carecen de la
suficiente flexibilidad como para hacer frente a situaciones nuevas de modo eficiente y adaptativo, y comparten características con otros
trastornos de la personalidad como la hostilidad, competitividad y sensación de urgencia, además de asociarse frecuentemente a
trastornos del estado de ánimo y de ansiedad.
DSM-5: F60.3 Trastorno de la personalidad límite (301.83)

Patrón dominante de inestabilidad de las relaciones interpersonales, de la autoimagen y de los afectos, e impulsividad intensa, que comienza en las
primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos, y que se manifiesta por cinco (o más) de los hechos siguientes:
1. Esfuerzos desesperados para evitar el desamparo real o imaginado.
(Nota: No incluir el comportamiento suicida ni de automutilación que figuran en el Criterio 5.)
2. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas que se caracteriza por una alternancia entre los extremos de idealización y de
devaluación.
3. Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de la autoimagen y del sentido del yo.
4. Impulsividad en dos o más áreas que son potencialmente autolesivas (p. ej., gastos, sexo, drogas, conducción temeraria, atracones alimentarios).
(Nota: No incluir el comportamiento suicida ni de automutilación que figuran en el Criterio 5.)
5. Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicidio, o comportamiento de automutilación.
6. Inestabilidad afectiva debida a una reactividad notable del estado de ánimo (p. ej., episodios intensos de disforia, irritabilidad o ansiedad que
generalmente duran unas horas y, rara vez, más de unos días).
7. Sensación crónica de vacío.
8. Enfado inapropiado e intenso, o dificultad para controlar la ira (p. ej., exhibición frecuente de genio, enfado constante, peleas físicas
recurrentes).
9. Ideas paranoides transitorias relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves.
CLÍNICA TLP
La mayoría de las personas con trastorno límite de la personalidad lo pasan muy mal
cuando están solos, incluso por periodos muy cortos de tiempo.
Con frecuencia se sienten dependientes y hostiles, de ahí sus relaciones tumultuosas.
Pueden depender mucho de las personas cercanas y demostrar tremendos enfados o
rabia hacia éstas en momentos de frustración. Tienen un bajo nivel de tolerancia a la
frustración y gran dificultad para canalizarla de forma adecuada. En los arranques de
ira puede dar la impresión de que está totalmente fuera de control y aunque es
consciente de su comportamiento, en ese momento no lo puede evitar.
En cuanto a las relaciones interpersonales, presentan un patrón de relaciones
inestables e intensas. Pueden idealizar a quienes se ocupan de ellos. Sin embargo,
cambian rápidamente de forma de pensar y pueden pasar de idealizar a los demás a
devaluarlos, pensando que no les prestan suficiente atención.
Tienen respuestas impredecibles, consistentes en cambios bruscos de humor o
repentinas explosiones emocionales. Pueden mostrar sarcasmo extremo, amargura
persistente o explosiones verbales.
Pueden alternar entre sentirse llenos de sentimientos o bloquearse dando una imagen
de apatía total y absoluta. Con estos intensos sentimientos o pensamientos de tipo
negro/blanco, la desilusión a menudo se convierte en ira, que puede ser dirigida hacia
otros, en ataques verbales o físicos, o dirigida hacia uno mismo en intentos de suicidio o
conductas autolíticas.
Autolesión vs. suicidio

La autolesión se caracteriza por:


Intención de infringirse daño a sí misma (pero no de morir).
Ser generalmente efectiva a corto plazo.
En la mayor parte de los casos pretende ser adaptativa (nunca se alcanza este fin).
Una persona se autolesiona para:
Sentir alivio.
Frenar el dolor.
Para sentirse vivo o “real”.
Para mostrar lo mucho que sufren.
Para pedir ayuda.
Para sentir que tienen un motivo real para sentir dolor, algo “visible”, “explicable”.
Para comprobar que no están soñando.
Para volver a la realidad (salir de un estado disociativo).
Sensación de purificación o limpieza (sale la sangre y con ésta todo lo malo).
Para “obtener su merecido” (castigo).
Para castigar a otros o vengarse.
Autolesión vs. suicidio

Durkheim define el suicidio como: toda muerte que resulta mediata o inmediatamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la
víctima misma, sabiendo ella que debía producir ese resultado. La tentativa de suicidio es el mismo acto que hemos definido, detenido en su
camino antes de que dé como resultado la muerte.
Idea suicida: pensamiento de acabar con la propia existencia (en las siguientes diapositivas se explicará en mayor profundidad).
Tipos de manifestación:
Idea suicida sin método específico ni planificación.
Idea suicida con un método inespecífico o indeterminado.
Idea suicida con un método específico pero no planificado.
Plan suicida.
Autolesión vs. suicidio

La ideación suicida ocurre cuando una persona de manera recurrente piensa, planifica o desea cometer suicidio. Según Beck, Kovacs y
Weissman (1979), pioneros es este ámbito de estudio, entienden que la ideación suicida son pensamientos intrusivos y repetitivos sobre la
muerte auto-infringida, sobre las formas deseadas de morir y sobre los objetos, circunstancias y condiciones en que se propone morir. El
primer antecedente de la conducta suicida y predictora de futuros intentos hasta su consumación es la ideación suicida. De ahí, la
importancia de detectar con precocidad la presencia de ideas suicidas.
Algunas señales de alerta verbales en la conducta suicida pueden ser:
Comentarios negativos sobre sí mismo o sobre su vida: “no valgo para nada”, “esta vida es un asco”, “soy una carga para todo el
mundo”, “estoy cansada de luchar”, “toda mi vida ha sido inútil”...
Comentarios negativos sobre sí misma: “lo mío no tiene solución”, “quiero terminar con todo”, “no deseo seguir viviendo”...
Comentarios relacionados con el acto suicida o la muerte: “me gustaría desaparecer”, “quiero descansar”, “no deseo seguir viviendo”...
Despedidas verbales o escritas: “quiero que sepas que en todo este tiempo me has ayudado mucho...”
Autolesión vs. suicidio

Factores de riesgo:
Individuales:
Trastornos mentales: Depresión mayor; Abuso de drogas; T. de ansiedad; T. bipolar; T. psicóticos; T. personalidad; T. conducta
alimentaria.
Factores psicológicos: desesperanza; rigidez cognitiva; mecanismos de defensa desadaptativos; déficit en la resolución de
problemas; falta de habilidades sociales; baja autoestima; voluntad fuerte y carácter retraído.
Género: mujeres: más tentativas de suicidio; hombres: más suicidio consumado.
Otros: enfermedades físicas; dolor crónico; discapacidad; intentos previos de suicidio.
Familiares o contextuales: falta de apoyo en la familia; rigidez en creencias; nivel socioeconómico, situación laboral y bajo nivel
educativo.
Otros: historia de maltrato y abuso sexual; acoso; fácil acceso a medios de suicidio.
Autolesión vs. suicidio

Mitos y creencias erróneas sobre el suicidio:


Hablar con la persona sobre las ideas suicidas incrementa el riesgo de suicidio.
Hablar sobre el suicidio públicamente tiene efectos devastadores.
La persona que comunica que se va a suicidar no lo hace.
La mayoría de los suicidas no avisa.
Después de una tentativa de suicidio y la posterior mejoría, ya no hay riesgo de volver a intentarlo.
Cuando la persona se compromete a no suicidarse no lo va a hacer.
Sólo los enfermos mentales tratan de suicidarse.
Los intentos de suicidio aparecen en personas con problemas graves.
La conducta suicida se hereda.
El suicidio es impulsivo.
Las personas que se suicidan lo hacen porque realmente desean morir.

Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida (2010)


Algunas recomendaciones en la exploración de riesgo de conducta suicida

¿Qué hacer? ¿Qué no hacer?

-Escuchar, mostrar empatía y mantener la calma.


-Mostrar apoyo y preocupación. -Ignorar la situación.
-Tomar en serio la situación y evaluar el grado de -Mostrarse consternado o avergonzado y entrar en
riesgo. pánico.
-Preguntar acerca de los intentos previos. -Decir que todo estará bien.
-Explorar posibilidades diferentes al suicidio. -Retar a la persona a seguir adelante.
-Preguntar acerca del plan de suicidio. -Hacer parecer el problema como algo trivial.
-Ganar tiempo, pactar un contrato de no suicidio. -Dar falsas garantías.
-Identificar otros apoyos. -Jurar guardar secreto.
-Quitar los medios si es posible. -Dejar a la persona sola.
-Tomar acción, contar a otros, obtener ayuda. -Dejar ver que el tiempo solucionará el problema.
-Si el riesgo es alto, permanecer con la persona.
Autolesión vs. suicidio

La verbalización de ideación suicida y su tentativa no siempre tienen la finalidad real de morir, sino que pueden tener otros propósitos
como llamar la atención o ser una llamada de auxilio ante un problema que desborda a la persona y del que no sabe cómo salir. La
verbalización de ideación e intención autolítica puede tener, por tanto, múltiples funciones e incluso puede tener una función liberadora.
Esto ocurre cuando la persona después de verbalizar sus pensamientos autolíticos y de liberarlos, los refuta inmediatamente con frases del
tipo “estoy diciendo tonterías”.
Desde esta perspectiva, hay que distinguir entre dos tipos de actitudes o de roles que adopta la persona con pensamientos suicida. Puede
adoptar un rol pasivo o un rol activo. El rol pasivo adoptará un tipo de verbalizaciones como “no deseo vivir”, “quiero desaparecer” o “el
mundo estaría mejor sin mí”. Mientras que el rol activo, verbalizará afirmaciones como “quiero matarme”, “voy a acabar con mi vida” o
“voy a saltar de un puente”. Las verbalizaciones de carácter pasivo son más fácilmente reestructurables que las activas al no tener la
mayoría de las veces una intencionalidad mortal sino la de pedir ayuda, la de encontrar una solución al problema externo o interno. Las
autolesiones pueden cumplir también aquí una función de alivio del propio dolor o angustia que se experimenta, sin que tengan una
finalidad suicida.
Autolesión vs. suicidio

Se plantea la existencia de distintas fases en la cadena de suicido. En esta cadena, es central explorar qué es lo que hace que la persona
con ideación suicida no lleve a cabo el suicidio o la tentativa del mismo. Así, sus convicciones morales pueden ser lo que le impiden atentar
contra su vida, o meramente que la victimización haya cesado, aunque las secuelas y el daño psicológico que puedan haber causado en la
víctima pueden ser tan elevados que la ideación suicida activa siga contemplándose como la forma de liberarse del intenso distrés
emocional experimentado.
Autolesión vs. suicidio

Fases en la ideación suicida Técnicas terapéuticas

1) La persona se plantea el suicidio como estrategia -Buscar alternativas de solución al problema.-Reestructuración


para resolver sus problemas. cognitiva sobre el suicidio como única vía de solución.

2) Hay ambivalencia con respecto a vivir o morir. -Análisis de aspectos positivos vs negativos de la decisión de suicidarse.

-Introducir la ambivalencia, para lo cual hay que apoyarse en aspectos


3) Decisión firme de acabar con la vida. familiares, sociales, religiosos...que permitan hacer menos firme la
decisión de llevar a cabo el intento autolítico.

4) La persona ha ejecutado el plan de suicidio. -Aviso inmediato a los servicios de urgencias.

Nota importante: nosotras como profesionales (ya sea de la Red de Violencia de Género, del ámbito educativo, del ámbito policial...) si
nos encontramos ante una mujer que verbaliza ideas de muerte debemos de activar el Protocolo de Urgencias Hospitalarias ante
conductas suicidas, llamando al 112, para que sea valorada por las y los profesionales del ámbito sanitario.
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG

1. Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)


2. Trastorno Depresivo
3. Trastorno Bipolar
4. Trastorno de Ansiedad
5. Esquizofrenia
6. Trastornos de la Personalidad
7. Insomnio
DSM-5: F51.01 Trastorno de insomnio (307.42)
A. Predominante insatisfacción por la cantidad o la calidad del sueño, asociada a uno (o más) de los síntomas siguientes:
1. Dificultad para iniciar el sueño.
2. Dificultad para mantener el sueño, que se caracteriza por despertares frecuentes o problemas para volver a conciliar el sueño después de
despertar.
3. Despertar pronto por la mañana con incapacidad para volver a dormir.
B. La alteración del sueño causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral, educativo, académico, del comportamiento u
otras áreas importantes del funcionamiento.
C. La dificultad del sueño se produce al menos tres noches a la semana.
D. La dificultad del sueño está presente durante un mínimo de tres meses.
E. La dificultad del sueño se produce a pesar de las condiciones favorables para dormir.
F. El insomnio no se explica mejor por otro trastorno del sueño-vigilia y no se produce exclusivamente en el curso de otro trastorno del sueño-
vigilia (p. ej., narcolepsia, un trastorno del sueño relacionado con la respiración, un trastorno del ritmo circadiano de sueño-vigilia, una
parasomnia).
G. El insomnio no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento).
H. La coexistencia de trastornos mentales y afecciones médicas no explica adecuadamente la presencia predominante de insomnio.
Nota: El insomnio agudo y de corta duración (es decir, síntomas que duran menos de tres meses pero que, por otro lado, cumplen todos los
criterios respecto a la frecuencia, intensidad, malestar y/o alteración) se codificará como otro trastorno de insomnio especificado.
CLÍNICA TRASTORNO DE INSOMNIO

Dificultades para iniciar, mantener el sueño o sensación de sueño no


reparador. Despertar pronto (a pesar de que las condiciones son
favorables). Somnolencia diurna y disminución del rendimiento.
Pero además...
¿Latencia de sueño? Más de 30minutos
¿Vigilias nocturnas? Más de 30 minutos
¿Duración total de las horas de sueño? Inferior a 6 y 1/2h
¿Veces por semana? 3 o más
¿Duración temporal mínima? 3 meses
A modo de resumen...

Hasta aquí se han comentado los principales


trastornos mentales que algunas investigaciones
señalan como prevalentes en las mujeres víctimas de
violencia de género. La intención de hacerlo desde una
perspectiva clínica y utilizando manuales diagnósticos,
es para conocer los signos y síntomas más comunes, y
familiarizarnos con el lenguaje utilizado por
profesionales del ámbito sanitario.
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
Antes de empezar con la evaluación e intervención...

Debemos tener en cuenta que cuando una mujer acude a pedir ayuda, suele ser tras un largo período de sufrimiento
como víctima (el promedio que reflejan diferentes estudios es superior a 7 años), y después de haber agotado, con
escaso éxito, los recursos de que dispone. La gravedad de los daños psicológicos y físicos que experimentaron, además de
las consecuencias para hijos e hijas, es la principal razón para tomar la decisión de pedir ayuda y/o denunciar, según
declara la mayor parte de las mujeres víctimas de violencia.
La evaluación psicológica, o al menos su inicio, debe revestir un formato de acogida, de apoyo y aceptación de quien
acude pidiendo ayuda. Se debe, en consecuencia, hacer hincapié de inmediato en establecer un entorno seguro y
tranquilo. Ha de hacerse explícito que en ese momento está en una situación de seguridad, que no está sola, que el
objetivo básico es ayudarla a superar los problemas que ahora le parecen insuperables y donde se va a aceptar los que
diga, al ritmo que ella lo desee, que tiene razón en sus quejas y en su malestar, y que en absoluto es “culpable” de su
problema y su sufrimiento.

Álvarez García 2020


3. Evaluación
El proceso de evaluación ha de ser breve y facilitador de una intervención adecuada y rápida. Debe permitir detectar si hay
algún riesgo importante para la víctima (agresión, suicidio...), o hijos/as. Pero también ha de ser lo suficientemente precisa
y específica para detectar los principales problemas y orientar una acción terapéutica rápida y eficaz.
Se recomienda iniciar la evaluación con una entrevista semiestructurada en la que se aborden el tipo o tipos de violencia
que ha sufrido, el inicio, la duración, la frecuencia, la intensidad (el episodio más grave), la evolución y si afecta a otros
miembros de la casa. También indagar sobre las estrategias de afrontamiento que ha puesto en marcha y qué resultados ha
obtenido con ellas, de qué manera considera ella que le ha afectado la situación vivida y si cuenta con apoyo social. Esta
identificación permitirá establecer las características del problema de manera más precisa, así como las posibilidades de
solución o los recursos específicos con que se podrá contar en la intervención.
Por último, valorar la situación de peligro o posible riesgo. Y, es importante identificar el riesgo de suicidio o intentos
autolíticos.
Con la evaluación obtendremos los indicadores sobre los que basaremos el plan de intervención.

Álvarez García 2020


3. Evaluación
En la primera sesión es fundamental establecer un vínculo de confianza que favorecerá posteriormente la relación terapéutica. Ha de sentirse
en un espacio libre, contingente y de acogida.
Es importante abordar los antecedentes personales, analizar la violencia sufrida (o si continua en el momento actual, atender la peligrosidad de
la persona agresora), analizar el apoyo social y los estilos de afrontamiento.
En un segundo momento convendría evaluar las consecuencias del maltrato sufrido. Teniendo en cuenta que entre las consecuencias
psicopatológicas más habituales cuya presencia es importante indagar, examinaremos: el TEPT, el DESNOS, sintomatología depresiva,
sintomatología ansiosa, problemas de autoestima, problemas de adaptación (personal, familiar y social), problemas de sueño o adicción a
sustancias (alcohol, tranquilizantes, otras drogas...). Para ello nos ayudaremos de inventarios (como los que se exponen en las siguientes
diapositivas).
Por último, se llevará a cabo una sesión de devolución, para explicarle los resultados de la valoración. Aquí es importante adaptar las
explicaciones a los diferentes niveles de conciencia de la persona involucrada.

Álvarez García 2020


3. Evaluación
1. Entrevista semiestructurada de historia y tipo de maltrato (Matud, 1999). Entrevista que recoge los aspectos fundamentales
relacionados con el maltrato por parte de la pareja, incluyendo tanto los aspectos actuales como la historia y dinámica funcional del
maltrato.
2. Inventario de autoestima (SEQ-MR-05). Versión reducida y validada con mujeres maltratadas por su pareja del SEQ de Rector y
Roger (1993). Recoge los componentes de la autoestima de seguridad y confianza en sí misma (Confianza en sí misma) y la
autovaloración negativa y la inseguridad (Baja autoestima e inseguridad).
3. Cuestionario de Salud General de Goldberg (GHQ-28) (Goldberg y Hillier, 1979). Prueba diseñada para detectar trastornos psíquicos
en el ámbito comunitario y en medios clínicos no psiquiátricos, centrándose en los componentes psicológicos actuales de mala salud y
refiriéndose a dos tipos principales de fenómenos: la incapacidad para seguir llevando a cabo las funciones de salud normales, y la
aparición de fenómenos de malestar psíquico. Consta de 4 subescalas que evalúan: Síntomas somáticos, Ansiedad e insommio,
Disfunción social y Depresión grave.
4. Inventario de evaluación del maltrato a la mujer por su pareja (APCM) (Matud, 1999). Evalúa maltrato físico (golpes, empujones,
mordiscos...); maltrato psicológico (insultos, degradaciones, control...) y; maltrato sexual.
5. Inventario de Apoyo Social (AS-M) (Matud, 1998). Evalúa la percepción de disponibilidad de apoyo en las áreas más relevantes
(económica, laboral, afectiva, diversión...).
6. Escala de gravedad de síntomas del trastorno de estrés postraumático de Echeburúa, Corral, Amor, Zubizarreta y Sarasúa (1997).
Escala de evaluación hetereoaplicada cuyos ítems están basados en los criterios diagnósticos del DSM-IV. Los objetivos son tanto el
diagnóstico categorial de este cuadro clínico como la evaluación de la severidad del trastorno, cuantificando tanto la frecuencia
como la intensidad de los síntomas de reexperimentación, evitación y aumento de la activación. Nota: evalúa el TEPT simple, como
vimos en el apartado del TEPT, la sintomatología de estrés postraumático que presentan las mujeres víctimas de violencia de género
sería más acorde al TEPT complejo. Si utilizamos este test debemos ayudar a la mujer a que piense en un suceso traumático
concreto (suele utilizarse el último episodio violento).
*En la actualidad se utiliza la versión revisada de esta escala, la Escala de gravedad de síntomas del trastorno de estrés
postraumático-revisada (EGS-R) de Echeburúa, Amor, Sarasua, Zubizarreta, Holgado-Tello y Muñoz (2016). Esta escala, como novedad,
añade: si la victima sufrió exposición directa, si ha sido testigo o si por el contrario se dan otras situaciones (testigo por referencia o
interviniente); si se trata de un episodio único o episodios continuados; si ocurre en la actualidad y si se ha recibido tratamiento
psicológico o farmacológico; si se da en la adolescencia, si es una revictimización a otro suceso traumático y si se experimentaron
secuelas físicas. También evalúa la presencia de alteraciones cognitivas y estado de ánimo cognitivo; la disfuncionalidad en la vida
cotidiana relacionada con el suceso traumático, la presentación demorada del cuadro y, por último, la presencia de síntomas
disociativos.
7. Inventario para la ansiedad de Beck (BAI) (Beck y Steer, 1990). Este inventario evalúa sintomatología ansiosa y su gravedad
(normal, leve-moderada, moderada-grave y grave), tanto en población psiquiátrica como clínica.
8. Inventario para la depresión de Beck-Segunda Edición (BDI-II) (Beck, Steer y Brown, 1996). El BDI-II evalúa la gravedad (depresión
mínima, depresión leve, depresión moderada y depresión grave) de la sintomatología depresiva en adultos/as y en adolescentes con
edad mínima de 13 años.
9. Cuestionario de estilos de afrontamiento del maltrato (CSQ-M). Adaptación para el estudio del afrontamiento del maltrato por
parte de la pareja del Coping Styles Questionnaire (CSQ) de Roger, Jarvis y Najarian, (1993). Trata de evaluar la forma típica de la
mujer de hacer frente a los abusos recibidos de su pareja y en su validación con mujeres maltratadas la estructura factorial es la
siguiente: Racionalización; Emocionalidad; Distanciamiento del problema y; Evitación del problema.
3. Evaluación

La evaluación nos aporta datos objetivos tanto para establecer la propuesta de intervención
(con las debilidades y fortalezas a abordar), como para realizar un informe de la situación de
la mujer con respecto a la afectación causada por la situación de violencia vivida.
Pero no podemos olvidarnos, que a su vez, el procedimiento de evaluación tiene un efecto
terapéutico, pues éste actúa como un espacio de expresión emocional y de validación de las
experiencias de la mujer al expresar sus vivencias, temores, problemas y deseos.
3. Evaluación

Aspectos para facilitar Otros aspectos que van a favorecer el


la comunicación clima de la entrevista

Atención Creer en la mujer y hacérselo saber


Empatía Validar sus sentimientos
Claridad del lenguaje Ofrecerle mensajes positivos y señalarle sus capacidades y logros
Uso de silencios Resaltar los problemas que ha resuelto
Retroalimentación Apoyar las decisiones de la mujer
Uso de preguntas Ofrecerle informaciones que le ayuden a entender
Respeto

Álvarez García 2020


3. Evaluación
Actitudes a evitar durante la entrevista

Pretender dar la impresión de que todo se va a arreglar fácilmente.


Dar falsas esperanzas.
Decir que basta con irse para solucionar el problema.
Culpabilizar a través de frases como "¿Por qué sigue con él?, ¿Qué ha hecho usted para que él sea tan violento?, Si usted quisiera realmente acabar
con la situación se iría".
Evitar una actitud paternalista ya que ésta implicaría una interferencia en el proceso de adquisición de su autonomía en el que estas mujeres están
inmersas.
Tratar el problema como un simple conflicto de pareja o derivarla a terapia de pareja (contraindicada).
No imponer los propios criterios y decisiones ya que ante todo está la seguridad de la víctima.

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Otros instrumentos de evaluación en SM
MMPI-II-RF
MCMI-III (Millon)
Rasgos y dimensiones psicopatológicas Cuestionario de análisis clínico (CAQ-II)
(Krug)
SCL-90-R (Screening)

T-MAS (Taylor)
STAI (Spielberg)
Ansiedad
S-R, IA (Endler)
ISRA (Tobal)

HRSD (Hamilton)
Depresión
IDER (Spielberg)

16 PF-5 (Cattell)
EPQ R (Eysenck)
Rasgos normales de personalidad
NEO PI-R (Costa y McCrae)
BFQ
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
4. Intervención
La recuperación integral de las mujeres víctimas de violencia de género, hace necesario un planteamiento multidisciplinar.
La intervención debe contar con perspectiva de género.
En lo referente a la intervención psicológica, se sigue una estrategia de abordaje individual aunque puede combinarse posteriormente
con intervenciones grupales, en función de las necesidades de cada mujer.
Las consecuencias en la salud mental del maltrato machista pueden ser el agravamiento de patologías y/o la aparición de trastornos
cognitivos y relacionales.
4. Intervención
La intervención psicológica tendrá un valor transformador si se apoya en las necesidades actuales de la paciente y le muestra cómo
funciona la psique.
Es importante, por ello, realizar un trabajo psicoeducativo, pues le permitirá comprender los efectos que el maltrato ha causado en su
mente, en sus emociones y en su cuerpo.
También, explicarles que el tratamiento no es un proceso lineal, puesto que habrá avances y retrocesos.
Es clave hacerlas sujetos de su propia recuperación, promoviendo la construcción de defensas que no habían sido construidas y la
reparación de las que han sido dañadas.
Es fundamental ser empáticas y tener presente que conductas que a nosotras nos pueden parecer naturales y sencillas, a ellas pueden
resultarles obstáculos insalvables.
La intervención debe facilitar modelos de buenos tratos a las víctimas, pero no el asistencialismo o el paternalismo.
Los objetivos deben establecerse con las mujeres víctimas de violencia de género y deben ser realistas y asequibles a la situación en la
que se encuentran (riesgo de retraumatizarlas).
Uno de los objetivos que debemos lograr es que puedan reconocer y modificar los modelos y pautas de comportamiento
fundamentalmente inconscientes con los que se relacionan y generar competencias que les permita mantener relaciones igualitarias.
Álvarez García 2020
4. Intervención
El contacto psicológico debe permitir el desahogo emocional, la escucha activa, tranquilizar, dar seguridad, canalizar y contener sus emociones,
mostrar empatía, transmitir esperanza y mostrar un posicionamiento contra la violencia.
Además, se debe examinar el problema, explorar la violencia, informar de los recursos y derechos, promover la toma de decisiones y valorar el
riesgo.
También se debe ofrecer seguridad (alejamiento del agresor), facilitándole los recursos de acogida, y si retorna al hogar facilitándole los
recursos de autoprotección.
Por último, en cuanto a la recuperación emocional, se debe visibilizar la violencia, trabajar de forma específica las creencias erróneas (revisión
de los roles de género, aspectos emocionales, habilidades como la relajación entre otras, psicoeducación con los micromachismos), revisar las
redes de apoyo y, resignificar el hecho traumático (Romero, 2015).

Álvarez García 2020


4. Intervención
Por tanto, podríamos resumir la intervención, a grandes rasgos, en Empoderamiento
cinco objetivos fundamentales: Modificación de mitos y creencias
Valoración del riesgo Autoafirmación
Medidas de autoprotección Asertividad, regulación emocional
Reconocimiento del maltrato Toma de decisiones
Reconocimiento del ciclo de la violencia Potenciación de la autonomía y de las relaciones igualitarias y
Reconocimiento de sus indicadores de ansioso-depresivos en de buen trato.
violencia Abordaje de la dependencia emocional.
Reconocimiento de la tipología de la violencia sufrida Sintomatología clínica
Reconocimiento del impacto en los/as hijos/as Cambios en la realidad social
Entrenamiento en habilidades sociales
Desarrollo de actividades sociales y red de apoyo social
Afrontamiento del área formativo-laboral

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Establecer estilos de afrontamiento
Valoración del riesgo
Potenciar sus recursos personales (detectar situaciones de riesgo y conocer medidas de autoprotección)

Devolución de información: exposición del modelo explicativo y propuesta de tratamiento


Psicoeducación sobre el TEPT. Información sobre las respuestas traumáticas normales
Reconocimiento del
Psicoeducación sobre el Ciclo de la violencia (Walker, 1989-2012) y la indefensión aprendida
maltrato
Nombrar el abuso. Validar sus experiencias de maltrato
Psicoeducación sobre el impacto de la violencia en los/as hijos/as

Revisión de creencias
Revisión de problemas
Prestar atención a los sentimientos de culpa y a los sentimientos de vergüenza
Empoderamiento Valoración de aspectos positivos. Inventario de sí misma
Trabajo intrapsíquico: resignificación del hecho traumático
Psicoeducación sobre asertividad
Trabajar las relaciones igualitarias

Técnicas de control de la respiración


Ejercicio físico
Técnicas de relajación
Sintomatología clínica
Elaboración del duelo por ruptura de la relación
Información sobre el Síndrome de la mujer maltratada
Psicoeducación sobre el trauma

Programación de tareas y actividades agradables


Cambios en la realidad
Entrenamiento en expresar y recibir afecto
social
Entrenamiento en iniciar y mantener contactos sociales
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4. Intervención
Si la mujer a la que atendemos presenta problemas de salud mental, debemos tener en
cuenta que:
Tener un trastorno mental diagnosticado no implica que necesariamente presente
discapacidad intelectual.
Además, podemos ayudarnos de algunos medios que facilitan la intervención como
utilizar un lenguaje sencillo y realizar preguntas concretas. También podemos apoyarnos
en notas escritas. Es recomendable utilizar refuerzos positivos verbales, proporcionar
información real y clara, así como evitar el uso de suposiciones, hipótesis... Debemos
adoptar una actitud comprensiva y paciente respecto a sus dificultades de comprensión
o a los problemas de atención.
Otros aspectos fundamentales a evitar son la urgencia temporal y las situaciones
estresantes.
Debemos tener presente el contexto y las personas que la o las rodean, psicoeducando
sobre el trastorno mental para evitar prejuicios y/o miedos injustificados. Mostrar
empatía y buscar la inclusión en el grupo.
SINPROMI
Intervención en SM y género
Desde los recursos de la red de violencia de género, si en un primer contacto con la mujer, se detectan indicadores de
patología mental, es necesario el abordaje prioritario frente a la intervención sobre las secuelas derivadas del maltrato,
puesto que, es una problemática de base que condiciona el resto de las intervenciones y afecta a las diferentes áreas
vitales. Una vez se establezca un diagnóstico, e inicie, si se considera oportuno, un tratamiento que favorezca su
estabilización mental y física, la intervención para hacer frente a las problemáticas añadidas será más fructífera.
Es fundamental la participación activa y el apoyo por parte de los diferentes organismos y recursos de atención en las
diversas áreas de afectación, con el fin de mejorar la calidad de los servicios que se les ofrece a las víctimas.
Intervención en crisis

Procesos de intervención:

Primer orden: la llevan a cabo profesionales diversos “primera ayuda psicológica”. En este caso el personal que
intervenga en violencia de género debe estar preparado, pues en cualquier momento puede presentarse una situación
en la que haya que aplicar los “Primeros Auxilios Psicológicos”.
Segundo Orden: la llevan a cabo terapeutas con conocimientos de evaluación y tratamiento. La llamada “Terapia en
crisis”.

Durante el tiempo
de crisis activa hay
una oportunidad de
cambio y
crecimiento
Intervención en crisis
Intervención en crisis
Segundo orden: “Terapia en crisis”

Planteamiento multidisciplinar. Desde el área Psicológica se aportan las referencias para la recuperación de la mujer (da las
pautas para trabajar los aspectos emocionales, afectivos y conductuales).
En el caso de las mujeres víctimas de violencia de género con un problema de salud mental añadido:
a. Toma de conciencia del trastorno mental (si no existiera).
b. Derivación a la Unidad de Salud Mental.
c. Seguimiento y trabajo conjunto con el personal de los servicios sanitarios.
Casos en los que se detectase presencia de sintomatología mental asociada:
Administración de pruebas específicas.
Posible trastorno de la personalidad: IPDE o SCID-II
Screening: SCL-90R
En el caso de sintomatología psicótica: solicitud de seguimiento del equipo ECA.
Metodología:
Abordaje individual (puede combinarse con sesiones grupales).
Enfoque cognitivo-conductual.
Intervención prolongada en el tiempo

Los enfoques cognitivos-conductuales son los que cuentan con una mayor evidencia científica para trabajar las secuelas de la
violencia de género (Kamphuis y Emmelkamp, 2005).

A continuación se presenta el programa multicomponente de Matud et. al. (2005) que utiliza principalmente técnicas
cognitivo conductuales para el tratamiento de las secuelas derivadas del maltrato.

Posteriormente se exponen los tratamientos que presentan una mayor eficacia para el tratamiento de cada uno de los
trastornos psicopatológicos que se presentaron anteriormente.
Programa cognitivo conductual

Guía de tratamiento psicológico para mujeres maltratadas por su pareja


(Matud, Padilla y Gutiérrez, 2005)

Objetivo principal: ayudar a que la mujer recupere el control de su vida.


Formato: individual o grupal.
Sesiones: 10 (adaptar a las necesidades de cada caso).
Contenidos:
Psicoeducación: en género y en violencia de género.
Reducir de la sintomatología presente.
Autoestima y seguridad en sí mismas.
Habilidades de comunicación y las habilidades sociales.
Toma de decisiones y la solución de problemas.
Programa cognitivo conductual

Sesiones
Programa cognitivo conductual

Sesiones
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia

TRATAMIENTO DE LA ANSIEDAD GENERALIZADA

BIEN ESTABLECIDO PROBABLEMENTE EFICAZ FASE EXPERIMENTAL

TCC (Relajación, TC,


EFICACIA Exposición, prevención de
recaídas)
X Hipnosis + TCC
Farmacoterapia: ISRS,
IRSN (Venlafaxina),
BZD, Buspirona
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia

TRATAMIENTO DEL TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

BIEN ESTABLECIDO PROBABLEMENTE EFICAZ FASE EXPERIMENTAL

Exposición (prolongada)
Farmacoterapia
TC (Beck)
(ISRS: Sertralina y
EFICACIA
Manejo de ansiedad (EIE) fluoxetina)
X
EMDR

Terapia de
Hipnoterapia
procesamiento cognitivo (Resi
ck)
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia

TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN

BIEN ESTABLECIDO PROBABLEMENTE EFICAZ FASE EXPERIMENTAL

Farmacoterapia
EFICACIA
TC (Beck) Terapia sistémica
X
TIP (Klerman)
Terapia psicodinámica
Terapia de conducta
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia

TRATAMIENTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

BIEN ESTABLECIDO PROBABLEMENTE EFICAZ FASE EXPERIMENTAL

Litio
EFICACIA Psicoeducación
Terapia interpersonal y
TCC X
del ritmo social

Terapia familiar y
marital
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia

TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOFRENIA

BIEN ESTABLECIDO PROBABLEMENTE EFICAZ FASE EXPERIMENTAL

IPT
EFICACIA
TCC (síntomas positivos)
EHS Terapia
de focalización (alucinaciones a
uditivas)
Terapia familiar psicoeducativa
Farmacoterapia
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia

TRATAMIENTO DE LOS TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD

TLP T. POR EVITACIÓN T. PERSONALIDAD EN GENERAL

PROBABLEMENTE EFICAZ PROBABLEMENTE EFICAZ FASE EXPERIMENTAL

EFICACIA Terapia TCC


dialéctica cognitivo-
conductual Terapia de conducta (EHS y
Terapia psicodinámica
exposición gradual)
Terapia de conducta
Terapia centrada en el cliente
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia

TRATAMIENTO DEL INSOMNIO

BIEN ESTABLECIDO PROBABLEMENTE EFICAZ FASE EXPERIMENTAL

Programas multicomponentes
EFICACIA (Control de E, higiene
y técnicas cognitivas)
Restricción del sueño Higiene del sueño
Relajación progresiva

Control de estímulos
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
5. Género y SM
Como ya se anunciaba en la primera unidad, existen escasas investigaciones y estudios que
analicen y relacionen la violencia de género con los problemas de salud mental, haciendo
hincapié en la repercusión de la confluencia de ambas.
Teniendo en cuenta los estudios y guías publicadas hasta el momento, todas las autoras y
autores coinciden en que la formación e información del personal de los equipos profesionales
que intervienen de manera directa, es una pieza clave en la lucha contra la violencia de
género hacia las mujeres con problemas de salud mental y adicciones. Es preciso destacar la
importancia que ésta tiene para el conocimiento y detección de las violencias específicas en
los casos que ostentan esta triple vulnerabilidad, y la percepción positiva que las mujeres
puedan tener al sentirse adecuadamente atendidas y comprendidas.
Tanto la formación como los protocolos de actuación de todas y todos los profesionales deben ser comunes y
conocidos por ambas partes.
A pesar de la existencia del protocolo interinstitucional contra la violencia de género en Canarias, la
coordinación entre los distintos ámbitos: sanitario, social, judicial, etc., sigue siendo insuficiente e ineficiente.
Limitándose en la gran mayoría de veces a la derivación de casos de unos servicios a otros, desvinculándose de
todo problema ajeno al del ámbito de intervención propio.
Es necesaria la creación de espacios y equipos interdisciplinares que trabajen de manera conjunta en los
planes de intervención y recuperación de las víctimas con problemas de salud mental.

Una crítica habitual entre servicios y profesionales es que, ante un mismo caso, de salud mental o adicciones y
violencia de género, se trabaje de forma paralela priorizando unas problemáticas frente a otras, sin tener en
cuenta que estas tres problemáticas se retroalimentan.
Pues no siempre son la causa o resultado de la otra
(V.G. - S.M. – Drogas)
5. Género y SM
Ámbito sanitario y género

Varios artículos exponen que, de forma generalizada, en los servicios de


atención primaria del sector sanitario, se detecta y se trata la violencia física
con mayor asiduidad que la psicológica. Aun cuando ésta es más frecuente y
provoca daños incluso más graves, la violencia psicológica pasa desapercibida
siendo un problema ya que, según diversas fuentes, entre las que se pueden
destacar García (2017) o Garriga y Martín (2010), más de dos tercios de las
mujeres que sufren violencia psicológica de forma constante, acabarán
desarrollando diversos trastornos psicopatológicos.
5. Género y SM
Ámbito sanitario y género

Por otra parte, investigaciones como la de Markez et al. (2004), Linardelli


(2015), Correa y García (2019), Bacigalupe et al. (2020) y Gil-García et al.
(2020), entre otras, exponen una acusante discriminación sexual en la
prescripción de psicofármacos por facultativos médicos.
Se han realizado muchas investigaciones al respecto y, sin lugar a duda, éstas
demuestran que “ante similar diagnóstico y número de consultas, la mujer
recibe mayor cantidad de psicofármacos que los varones, lo que hace pensar
en errores diagnósticos o sesgos de género en el diagnóstico” (Markez et al,
2004b, p.46).
5. Género y SM
Ámbito sanitario y género

Bacigalupe et al. (2020) insisten, por ejemplo, en que:

En el campo de la salud mental, en el que la medicalización del malestar es


especialmente habitual, algunos problemas que tienen un origen social
acaban recibiendo atención psiquiátrica o psicológica, de manera que la
actuación médica, lejos de abordar la etiología del problema, puede
provocar daños en forma de iatrogenia farmacológica y dependencias
psicológicas (p.66).
5. Género y SM
Ámbito sanitario y género

El debate en cuanto a las causas de esta realidad baraja, entre otras, las
siguientes hipótesis que recogen Markez et al. (2004b) en su investigación en
Atención Primaria:
1. La hipótesis de la morbilidad
2. La hipótesis de la consulta y de la manifestación de las emociones
3. La hipótesis del estereotipo
4. La hipótesis del control social
5. Género y SM Ámbito sanitario y género

1. La hipótesis de la morbilidad.

Según la cual las mujeres tienden a tener más problemas de salud mental que los hombres. Es
sabido que las mujeres tienen una vida más larga que los hombres, pero un estado de salud
peor que éstos. Desde la perspectiva de género esto se explica por las desigualdades que
viven hombres y mujeres en cuanto a sus posiciones en la vida social. Las mujeres se sitúan
en una posición desfavorecida, en la que deben compaginar la vida familiar y laboral,
asumiendo unos roles de género (doble jornada: trabajo doméstico y laboral, cuidados de
familiares, etc.) que deterioran significativamente su salud física y mental. Esta sobrecarga
de responsabilidades, la baja autoestima y confianza personal al no poder desarrollar su vida
social y laboral en igualdad de condiciones, y la falta de redes de apoyo, tienen un impacto
directo sobre la salud de las mujeres.
5. Género y SM Ámbito sanitario y género

2. La hipótesis de la consulta y de la manifestación de las emociones

La hiperfrecuentación de las mujeres en Atención Primaria se ha relacionado con una mayor prevalencia de
problemas de salud mental en éstas. Sin embargo, estudios de género han explicado que la asistencia
mayoritaria de mujeres a los centros médicos se debe al proceso de socialización, por el que las mujeres
aprenden a expresar sus sentimientos con libertad y buscar apoyo y respuestas en los otros, tienden a
acudir con mayor asiduidad a las consultas médicas y expresar su malestar “a través de conductas como el
llanto, quejas de tristeza y depresión” (Markez et al., 2004a), mientras que los hombres se expresan
habitualmente mediante la irritabilidad e indecisión, ya que se les enseña a reprimir sus emociones y a
evitar expresar sus necesidades y problemas. Esto se traduce en que no soliciten ayuda en la misma
proporción que las mujeres.
5. Género y SM Ámbito sanitario y género

Se ha demostrado que las mujeres acuden con mayor frecuencia a las consultas por sus
propias necesidades y por las de sus familiares a cargo (menores, progenitores, parejas,
hermanas/os, etc.). Por tanto, la hiperfrecuentación de las mujeres a consultas no implica
que tengan más problemas de salud mental que los hombres. Es más aceptado socialmente
que las mujeres expresen sus sentimientos que ellos, y esa permisividad facilita que ellas
estén más alertas respecto a sus sentimientos y recurran a profesionales en busca de
ayuda. En relación con esto, se ha tratado también el denominado “malestar de las mujeres”
o “semiología de las mujeres”, por el cual se relaciona esa expresividad de las emociones y el
desahogo de las mujeres con la sintomatología de trastornos mentales. Lo que conlleva a que
se sobrediagnostique a las mujeres y/o se infradiagnostique a los hombres.
5. Género y SM Ámbito sanitario y género

3. La hipótesis del estereotipo

Otra de las explicaciones que barajan algunos autores es que los


estereotipos de género también están presentes en el personal sanitario,
dado que al igual que el resto, son personas que viven en una sociedad
patriarcal con unas estructuras de género muy marcadas. Los
estereotipos femeninos etiquetan a las mujeres como seres débiles,
irracionales, emocionales e histéricas. De ahí que puedan existir sesgos
de género y se les prescriba con mayor facilidad psicofármacos, por la
relación inconsciente que se establece entre el sexo y los problemas de
salud mental.
5. Género y SM Ámbito sanitario y género

4. La hipótesis del control social.

Como recoge Markez et al. (2004a) en su investigación:


Los problemas psicológicos en las mujeres generan más
inestabilidad social que los de los varones. La prescripción de
psicofármacos puede servir como una forma de «control» de
comportamientos inaceptables y que generan problemas en las
comunidades y familias de las mujeres que son prescritas. Para
decirlo de manera concreta: «que mantengan a las mujeres en sus
lugares» (p. 53).
5. Género y SM Ámbito sanitario y género

Como explica Bacigalupe et al. (2020) en el Informe SESPAS: “desde el nivel institucional es necesario un
compromiso fuerte orientado a frenar la medicalización de los malestares cotidianos desde una clara
perspectiva de género”.

En este sentido, es necesario que se promuevan intervenciones más profundas en los encuentros
terapeuta-paciente, de manera que, sin que la mujer se sienta juzgada, la médica o médico pueda
reorientar y resignificar la demanda o los problemas iniciales que motivaron la consulta, evitando la
sobremedicación, a veces precipitada por la inmediatez de la respuesta, los sesgos de género y por tanto
malos diagnósticos.

Por todo ello, la formación en género es imprescindible ya que de lo contrario, se podría errar en los
diagnósticos, patologizando la expresión de las condiciones que están viviendo las mujeres (muchas veces
resultado de situaciones de violencia de género), revictimizándola e invisibilizando el problema.
5. Género y SM
Ámbito sanitario y género

El ámbito sanitario es un contexto privilegiado para identificar a las mujeres que son maltratadas por
su pareja, po rel fácil acceso que tienen éstas a dichos servicios. Por ejemplo, cuando la mujer lleva a
sus hijos/as al pediatra.
En un estudio cualitativo sobre la percepción de las mujeres maltratadas acerca de cómo el sector
sanitario puede ayudar a mejorar su situación y, por tanto, su salud, Gerber y cols. (1999) planteaban
que si el personal sanitario sospecha que la mujer está siendo maltratada no debería esperar que la
mujer lo exprese abiertamente sino, más bien, asumir que ello sucede, reconociendo que el maltrato es
una situación muy negativa y confirmando el valor de la mujer. Después de validar la situación de la
mujer y su valía, deberían obtener información de los abusos y hacer un plan para la seguridad de la
mujer a la vez que se le ofrece la validación y apoyo continuo y se le refiere a otros servicios
comunitarios que pueda precisar. (Matud, 2009)
Cómo actuar si se confirma el maltrato
Explicarle que lo que está viviendo es muy frecuente, que es injusto y que ella no ha hecho nada para merecerlo.
Desculpabilizar a la mujer. Muchas veces, las mujeres con enfermedad mental se autoculpabilizan por la violencia sufrida, que
creen justificada a causa de la sintomatología que genera la enfermedad.
Devolverle que no es justo lo que está viviendo o lo que vivió en el pasado. Que puede tener una enfermedad mental, pero que eso
no justifica en ningún caso cualquier tipo de violencia sobre su persona.
Situar la violencia vivida en el contexto de una sociedad con desigualdades de género que construye relaciones de dominio y de
sumisión.
Creer siempre el relato de la mujer. No ponerlo en duda ni emitir juicios.
Trabajar con ella un relato que le permita encontrar coherencia a lo que está viviendo:
Relacionar su sentimiento de poca valía con el discurso del maltratador.
Relacionar sus contradicciones con el ciclo de la violencia.
No presionar a la víctima. Hacerle saber que no es necesario denunciar si no esta preparada y que tiene derecho a recibir ayuda
para salir de su situación respetando sus decisiones y su ritmo.
Si en momentos de descompensación psicopatológica existen contenidos delirantes, contrastarlos con el relato que ella realiza en
momentos de estabilidad. Si existen dudas sobre la existencia real de violencia, contrastarlas entre un equipo profesional. Ante
esto, debe tenerse presente que estos casos son la excepción y no la norma. García (2017, p.12). FEDEAFES.
Ámbito sanitario y género

Otra aportación importante del personal sanitario al tratamiento integral de las mujeres maltratadas tiene que ver con
las cuestiones legales y con la forma de hacer sus informes y registrar el maltrato en las historias clínicas de las mujeres.
Como señalan Isaac y Enos (2001) un informe médico bien documentado puede ser útil a nivel legal en caso de juicio, ya que
constituye la evidencia de una tercera parte que corrobora o establece la existencia de abuso. Algunas de las directrices a
seguir para mejorar la aportación son:
Hacer fotos de las lesiones que se sabe o sospecha que son consecuencia del maltrato de pareja; escribir de forma
legible intentando que queden claros los hechos y usando frases tales como “la paciente dice” o “la paciente informa”
de modo que la información recogida en el informe refleje las propias palabras de la mujer y; evitar frases que
pongan en duda de forma implícita la fiabilidad de la mujer tales como “la paciente alega” o “la paciente pretende”. Se
recomienda usar términos médicos y evitar términos legales (como por ejemplo perpetrador o agresor) y utilizar las
propias afirmaciones de la mujer entrecomilladas para definir a la persona que le causó daño (por ejemplo: la paciente
dijo “mi marido me dio patadas y puñetazos”). Por último, evitar resumir el relato de abuso de una paciente en
términos concluyentes (por ejemplo evitar frases como “la paciente es una mujer maltratada” o términos como
“violación”) ya que, si no están acompañados de información relativa a los hechos puede no ser admitida como prueba.
(Matud, 2009)
Datos estadísticos

Según algunos de los datos publicados por González (2011) y González et al.
(2013), recogidos por García (2017) de manera conjunta en la “Guía sobre
violencia contra las mujeres con enfermedad mental” de FEDEAFES (Federación
de Euskadi de asociaciones de familiares y personas con enfermedad mental):
3 de cada 4 mujeres con enfermedad mental grave (EMG) han sufrido
violencia en el ámbito familiar o/y en la pareja alguna vez en su vida.
Alrededor del 80% de las mujeres con EMG que han estado emparejadas en
algún momento de su vida han sufrido violencia procedente de la pareja.
El 52% de las mujeres con EMG que conviven con familiares han sido
victimizadas en el último año.
El riesgo que tiene una mujer con EMG de sufrir violencia en la pareja se
multiplica entre 2 y 4 veces respecto a las mujeres en general (García,
2017 p.6).

Pic.: FEDEAFES 2017


Datos estadísticos

Al igual que en resto de la población femenina, el tipo de violencia más


frecuente en la pareja es la psicológica. Sin embargo, la violencia física y la
sexual son también muy elevadas:
Más de la mitad de las mujeres con EMG que han estado en pareja han
sufrido violencia física.
Algo más del 40% han sufrido violencia sexual.
Más del 40% de las mujeres con EMG que están sufriendo violencia en la
pareja en la actualidad no la identifican como tal.
En la mitad de los casos, la o el profesional de referencia en la Red de
Salud Mental de la mujer no conocía la existencia del maltrato ocurrido
durante el último año (García, 2017 p.6).

Pic.: FEDEAFES 2017


Datos estadísticos

Las mujeres víctimas de violencia de género con problemas de salud mental o drogodependencias no acceden en la misma
proporción que otras mujeres que no cuentan con patologías asociadas a la red de recursos públicos de atención a
víctimas de violencia de género. Del mismo modo, que tampoco acceden a los recursos alojativos y especializados de salud
mental en la misma proporción que sus compañeros varones.
El último Plan de Salud Mental de Canarias (2019-2023), aporta innumerables datos que van en línea con el argumento
anterior, sobre el acceso a la atención del ámbito de salud mental de mujeres y hombres. No obstante, se ha de comentar
que no todos los datos que aportan están segregados por sexo, lo que limita el análisis de la información, a pesar de contar
con un apartado de Línea estratégica de Salud Mental y Género.
Por este motivo, se presentarán a continuación algunas de las gráficas de mayor interés para este curso, segregadas por
sexo, que permiten conocer la asistencia de mujeres y hombres a las unidades de salud mental. Se ha tener en cuenta que
estos datos se obtienen de estudios en la población general y no en mujeres víctimas de violencia de género.
Morbilidad asistida en las unidades de salud mental

Datos extraídos del Registro Acumulativo de Casos Según los datos expuestos en el PSMC (2019-2023) la
Psiquiátricos de Canarias (RECAP) en 2016. prevalencia de personas que asisten a las unidades de salud
mental es femenina alcanzando el 55,74% del total de la
población general, frente al 44,26% compuesto por hombres.
Sin embargo, y coincidiendo con otros datos que se aportan
posteriormente, cuando se analizan las cifras de las personas
que acceden a los servicios de rehabilitación psicosocial y otros
programas destinados a la atención en salud mental, los
números se invierten, siendo los hombres los principales
usuarios de dichos servicios.

Si el acceso de las mujeres ya es inferior al de los hombres en


Gráfica Plan de Salud Mental de Canarias 2019-2023 (p.94)
la población en general, en el caso de las VVG el acceso se ve
mucho más limitado como resultado de la violencia que sufren.
Pacientes por sexo en dispositivos de rehabilitación
psicosocial (Canarias Año 2016)

En estos datos se refleja el


acceso mayoritariamente
masculino a los dispositivos de
rehabilitación psicosocial.

Gráfica Plan de Salud Mental de Canarias 2019-2023 (p.164)


Incidencia tratada por diagnóstico (Canarias Año
2016)

F2: Esquizofrenia, trastorno


esquizotípico y trastornos de
ideas delirantes.
F3: Trastornos del humor
(afectivos).
F4: Trastornos neuróticos,
secundarios a situaciones
estresantes y somatomorfos.
F9: Trastornos del
comportamiento y de las
emociones de comienzo habitual
en la infancia y adolescencia.

Gráfica Plan de Salud Mental de Canarias 2019-2023 (p.97)


Prevalencia tratada por diagnóstico (Canarias Año
2016)

F2: Esquizofrenia, trastorno


esquizotípico y trastornos de
ideas delirantes.
F3: Trastornos del humor
(afectivos).
F4: Trastornos neuróticos,
secundarios a situaciones
estresantes y somatomorfos.
F9: Trastornos del
comportamiento y de las
emociones de comienzo habitual
en la infancia y adolescencia.

Gráfica Plan de Salud Mental de Canarias 2019-2023 (p.99)


Datos estadísticos
En agosto de 2019, ATELSAM llevó a cabo una investigación con perspectiva de género del perfil de las personas
participantes de los diferentes programas que se llevan a cabo en la Asociación. De esta investigación se publicó un Informe
titulado “I Análisis de la situación de los recursos y programa familia por sexo y con perspectiva de género de la Asociación
Salud Mental ATELSAM” que arroja datos muy interesantes en cuanto al acceso y uso de los recursos de atención a salud
mental. A continuación se citarán algunos de ellos.

Se ha de tener en cuenta que en el momento de la investigación (agosto 2019)


los programas con los que contaba la Asociación eran:
CRPS CO (Centros Ocupacionales) – 36% plazas totales ATELSAM
PAP (Promoción de Autonomía Personal en domicilio) – 20% del total de
plazas ATELSAM
CRPS (Centros de Rehabilitación Psicosocial) – 18% del total de plazas
ATELSAM
Recursos alojativos (miniresidencias 14% y pisos supervisados 12%)
Y un programa de atención a las familias.

Documento original Análisis ATELSAM. Disponible en https://www.atelsam.org/web/informacion-y-formacion-relevante


Datos estadísticos
Según los datos obtenidos en dicha investigación:

En los CRPS CO (Centro ocupacional) del total de 100 personas atendidas, 27 fueron
mujeres (27%) y 73 fueron hombres (73%).
En los CRPS (Centros de rehabilitación psicosocial) siendo de régimen abierto, del total de
50 personas que ocupaban plaza en estos recursos: 15 estaban ocupadas por mujeres
mientras que 35 eran ocupadas por hombres.
En el recurso de PAP (Promoción de Autonomía Personal en domicilio) que se desarrolla en
la comunidad y más específicamente en el hogar de las personas usuarias con enfermedad
mental grave y persistente. (…) En el momento de la investigación contaba con 58 plazas
ocupadas, de las cuales 24 (41,37%) eran de mujeres y 34 (58,62%) de hombres.
En las miniresidencias de la asociación, teniendo en aquel momento un total de 40 plazas
ocupadas, 10 eran plazas ocupadas por mujeres (25%) y 30 por hombres (75%) (p.16).
En cuanto a las viviendas supervisadas, en agosto de 2019, la asociación contaba con 7
viviendas, que sumaban 35 plazas en total. De estas plazas 11 estaban ocupadas por
mujeres (31,43%) mientras que 24 eran ocupadas por hombres (68,57%).
Curiosamente las cifras se invierten cuando nos fijamos en los datos del programa destinado a las familias de
pacientes con enfermedad mental grave. Del total de 84 personas que forman parte de este programa, 59 eran
mujeres (70,24%) , frente a 25 que eran hombres (29,76%), ambos grupos eran familiares de pacientes.
Algo similar ocurre en el Programa de Autonomía Personal en domicilio, en el que las cifras se equilibran un poco,
alcanzando en este caso el 41,37% las mujeres, frente al 58,62% de los hombres.

Estos datos podrían estar relacionados con el uso de los espacios tradicionalmente destinados a mujeres y hombres
de forma diferencial, según el cual las mujeres deben permanecer en el ámbito privado (rol reproductivo), mientras
que los hombres ocupan el ámbito público (rol productivo). Al tratarse de un Programa que se desarrolla
principalmente en el hogar, se podría interpretar que las mujeres acceden en mayor medida al no requerir
abandonar el domicilio familiar, en el que desempeñan sus roles y responsabilidades familiares; pues es evidente la
diferencia en cifras respecto al uso de otros programas residenciales y ocupacionales, que son ocupados
mayoritariamente por hombres.
¿Todavía dudan si el género influye de manera directa en el acceso a los recursos y uso de derechos de unas y
otros?
Al interpretar los datos extraídos por ATELSAM, se ve claramente como hay una diferencia muy significativa
en el acceso y uso de los recursos de atención a la salud mental, entre mujeres y hombres.
En la mayoría de programas las mujeres apenas alcanzan el 30% de las plazas ocupadas, excepto en el
programa destinado a familiares, en el que las mujeres desempeñan el rol de cuidadoras y superando a los
hombres en este caso, ocupan el 70% de las plazas. Y en el programa de autonomía personal en domicilio, en
el que aún sin superar el número de plazas ocupadas por hombres, si se aproximan a éstos en porcentajes,
siendo como su nombre indica un programa que se desarrolla en el hogar de las personas participantes.
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
6. Barreras y factores de riesgo que incrementan la
victimización

Son muchas las barreras internas y externas que rodean a las mujeres con problemas de salud mental que sufren
violencia de género, algunas son generadas por la propia mujer al identificarse como culpable de la violencia que
recibe, y otras les son impuestas al relacionarse con otras personas, familiares e incluso profesionales.
Autores y autoras como Escudero et al. (2005), García (2017) y Garriga y Martín (2010) señalan las siguientes
barreras como factores que incrementan la victimización y la falta de detección de violencia de género desde los
servicios públicos en mujeres con problemas de salud mental, insistiendo además en que en las investigaciones
realizadas se detecta cierta tendencia a responsabilizar y culpar a las víctimas de la violencia que reciben,
justificándola con el trastorno que padecen.
6.1. Barreras internas y factores de riesgo que incrementan la victimización
La baja autoestima.
El sentimiento de culpabilidad y vergüenza.
Escasa o inexistente red de apoyo socio-familiar (ver la siguiente diapositiva).
El sentimiento de baja capacidad para enfrentarse a la vida en solitario.
El estigma social que rodea la enfermedad mental (estereotipos y prejuicios).
La menor credibilidad que se concede a su relato cuando verbalizan situaciones de violencia (debido al estigma de la enfermedad).
La minimización de la violencia ejercida por el agresor.
La tendencia a justificar las relaciones abusivas sobre ellas mismas debido al sentimiento de poca valía.
Las mayores probabilidades de situarse en relaciones desiguales debido a las mayores dificultades para encontrar pareja, vinculadas al estigma y autoconcepto.
La baja participación social.
El aislamiento social y la soledad.
La carencia de autonomía y la dependencia de otras personas.
Haber sufrido violencia en el ámbito familiar en la infancia. Haber sido testigo de la violencia del padre sobre la madre.
La carencia de empleo y de recursos económicos. La falta de recursos propios para defenderse.
Estar en un momento de descompensación de la enfermedad.
El desconocimiento y la dificultad en el acceso a la información y a los servicios especializados.
El priorizar los intereses y necesidades del agresor frente a los propios, aun cuando estos puedan resultar perjudiciales para ellas por la fuerte dependencia emocional.

Escudero et al. (2005), García (2017) y Garriga y Martín (2010)


Otros obstáculos...
Apoyo Socio-familiar

En diversos artículos se ha estudiado la falta de apoyo familiar y social a las mujeres


cuando los cuidados recaen sobre ellas y no sobre otras personas.
Culturalmente se ha impuesto a las mujeres ser las eternas proveedoras de cuidados,
sin embargo, cuando son ellas quienes necesitan ser cuidadas y atendidas muchas
veces la familia desaparece. Es habitual ver cómo las mujeres acuden solas a los
servicios (de cualquier índole), mientras que los hombres siempre van acompañados y
cuentan con el apoyo de su pareja y familia. Las mujeres por el contrario se ven
castigadas y juzgadas cuando no cumplen con el estereotipo y rol femenino
normativo, o cuando “delegan” sus responsabilidades familiares para someterse a
tratamiento (ingreso hospitalario). De hecho, a menudo las mujeres abandonan los
tratamientos antes de terminarlos para retomar sus roles, debido a la presión y
crítica que ejerce la familia y entorno social.
6.2. Barreras externas y factores de riesgo que incrementan la victimización
6.2.1. Relativas a profesionales:
El miedo infundado en profesionales no formados a abordar este problema y provocar una descompensación en la víctima (No hay
evidencia científica de que esto ocurra).
Preocupaciones sobre poder “ofender” a la mujer al preguntarle sobre esta cuestión.
La inadecuación a sus necesidades de los recursos públicos que atienden situaciones de violencia.
Sesgos de género. Falsas creencias y prejuicios en torno a la violencia de pareja, que minimizan los efectos de la violencia.
Actitudes defensivas ante el temor de que las víctimas realicen “acusaciones falsas”. Miedo a posibles represalias del agresor.
Consideración por parte de numerosos profesionales de que la intervención en cuestiones de violencia (salvo las consecuencias
físicas directas) es un tema que concierne sólo a la ley y a los servicios sociales.
Sensación de incapacidad y falta de formación para poder orientar y tratar estas situaciones.
Falta de información sobre los recursos comunitarios.
Miedo de que no haya suficiente tiempo para abordar estas cuestiones.
Falta de tiempo y espacios de coordinación entre profesionales de distintos ámbitos para elaborar planes de intervención
conjuntos.
Escasez de recursos y sobresaturalización de los servicios de salud mental (listas de espera, largos periodos de tiempo entre citas
de seguimiento en SM) González et al (2010, p.12) y García (2017, pp.8-10)
La postura que muestre el personal de los servicios de atención ante la sospecha o detección de una situación de violencia podrá ser
determinante, no solo en cuanto al reconocimiento de la violencia por parte de la víctima sino también, en cuanto a la participación de ésta
en el Plan de Intervención Individualizado o en la derivación y acceso a otros recursos especializados.
En estudios llevados a cabo por Chang et al. (2005) y Feder et al. (2006) se encontró que las mujeres que habían sufrido violencia y lo habían
manifestado a profesionales del ámbito sanitario, no habían recibido la respuesta que esperaban, afirmando que se habían sentido incómodas
y que hubieran preferido una atención específica por parte del personal que tuviera en cuenta la complejidad de la situación, generando un
espacio de seguridad y apoyo; en lugar de lo que se encontraron: una actitud directiva del personal, cargada de prejuicios sobre su actitud
respecto a la narración de los hechos.
Por el contrario, las mujeres preferían que la atención fuera individualizada y personalizada y que, ante una sospecha de agresión, se les
explicara el motivo de la exploración, proporcionando información, apoyo y acceso a los recursos, independientemente de si reconoce o no la
situación de violencia y si decide o no denunciar.
Según datos aportados por Cobo et al. (2010) y García (2017), en la gran
mayoría de casos en que las mujeres con problemas de salud mental acuden a
los servicios sanitarios o urgencias no se les pregunta ni se indaga en la
posibilidad de haber sufrido o estar sufriendo violencia de género, así como
tampoco si el problema de salud por el que solicitan atención ha sido resultado
de un episodio de dicha violencia, asociando muchas veces el problema de salud
a una descompensación en la medicación.
Son varias las autoras y autores que apuntan que, debido a las barreras
existentes antes expuestas, y a la desconfianza de las víctimas cuando son
atendidas, no se detectan la mayor parte de los casos de violencia de género y
que, aquellos que son detectados, no obtienen la respuesta adecuada que se
esperaría, al no estar adaptados los servicios a sus necesidades (Cobo et al.,
2010; García, 2017).
6.2. Barreras externas y factores de riesgo que incrementan la victimización

6.2.2. Recursos alojativos:

Los recursos alojativos, son escasos y generalmente de corta temporalidad. Esta temporalidad supone que no se tenga en cuenta que cada
persona tiene un proceso de recuperación y unas circunstancias personales y sociodemográficas diferentes, que generan unas necesidades
específicas (por ejemplo: una mujer con un diagnostico de trastorno mental, y menores a cargo, que se encuentre en situación de desempleo,
no tendrá las mismas oportunidades de inserción laboral y de llevar a cabo una vida independiente a corto plazo, que una mujer con sus
mismas características sociodemográficas pero que no cuente con una patología mental).
No obstante, se ha de reseñar que precisamente las mujeres con patologías mentales suelen ser los perfiles que acceden en menor medida a
estos recursos, y cuando lo hacen tienden a abandonarlos antes de completar su plan de intervención.
6.2. Barreras externas y factores de riesgo que incrementan la victimización

6.2.2. Recursos alojativos:


A excepción de los recursos alojativos de violencia de género, los recursos de salud mental suelen ser generalmente mixtos, con listas de
espera y destinados a trastornos mentales graves, excluyendo en estos casos, por ejemplo: los trastornos límites de la personalidad, los
trastornos depresivos, los trastornos de ansiedad y los trastornos por estrés postraumático.
No hay recursos específicos para víctimas de violencia de género con problemas de salud mental y menores a cargo. Los recursos alojativos
del ámbito de salud mental no admiten el ingreso de unidades familiares, es decir de mujeres con menores a cargo. Esto supone que muchas
mujeres no accedan a los recursos, al carecer de apoyo familiar, y no poder delegar sus responsabilidades familiares. A su vez, supone que
aquellas mujeres acogidas en los recursos alojativos de la red de violencia de género (que sí admiten la acogida de personas a cargo) vean
limitado su acceso a recursos especializados en salud mental.
Los recursos alojativos del ámbito de violencia de género, no suelen estar adecuados/adaptados a las necesidades y características
específicas de mujeres con trastornos mentales graves. Por lo que a menudo se generan conflictos en la convivencia con otras unidades
familiares, por los problemas asociados a prejuicios, al trastorno en sí mismo o a la difícil adaptación al funcionamiento y normativa de los
centros.
Y en los recursos alojativos mixtos, no se dan espacios propios para las mujeres, en los que ahondar en sus experiencias de vida y posibles
historias de violencia
Propuestas de mejora...

Promover la participación y creación de grupos de mujeres con problemas de salud mental, tanto para identificar
la violencia de género y empoderarlas, como para fomentar la creación de redes sociales de apoyo, previniendo el
aislamiento y estigma social.
Creación de espacios de encuentro, de apoyo y acompañamiento a mujeres, con y sin problemas de salud mental.
Sensibilización social sobre violencia de género y su relación con los problemas de salud mental.
Fomento de programas y actividades de inserción sociolaboral y de ocio, para mujeres víctimas de violencia de
género con problemas de salud mental.
Facilitar la independencia económica de las mujeres con problemas de salud mental mediante el desarrollo de la
autonomía y el acceso al ámbito laboral.
Accesibilidad y adaptación de la información en materia de derechos y recursos públicos destinados a víctimas de
violencia de género
Diseño de programas y recursos de acogida específicos, o adaptados a las necesidades reales de las mujeres con
problemas de salud mental (y adicciones).
Propuestas de mejora...

ÁMBITO PROFESIONAL

Revisión continua de la práctica profesional para reducir los sesgos de género y evitar la revictimización de las
mujeres con problemas de salud mental.
Formación continua de las y los profesionales que intervienen de manera directa e indirecta con mujeres, en
materia de género e interseccionalidad (salud mental, violencia de género, adicciones, discapacidad, etc,),
Creación de espacios para la coordinación entre profesionales del ámbito sanitario (atención primaria y
especializada) y social, así como con otros intervinientes.
Creación de protocolos específicos de atención a víctimas de violencia de género con patologías mentales (y
adictivas). Formulación de protocolos, herramientas e indicadores de detección de violencia de género hacia
mujeres con problemas de salud mental.
Desarrollo de programas preventivos en materia de violencia de género en salud mental y adicciones.
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
7. Guía de recursos
de salud mental

Plan de Salud Mental de Canarias 2019-2023.


Disponible en https://www3.gobiernodecanarias.org/sanidad/scs/content/d7a0d910-4973-11e9-910b-f705e6f363c5/PSMC_completo.pdf
7. Guía de recursos
de salud mental
Referencias
American Psychiatric Association (2002). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Cuarta edición revisada. Mason:
Barcelona.
American Psychiatric Association. Diagnostic and statistical manual of mental disorders, fifth edition (DSM-5). Washington, DC: APA; 2013
Amor P., Bohórquez I. y Echeburúa E. (2006). ¿Por qué y a qué coste físico y psicológico permanece la mujer junto a su pareja maltratadora?
Acción Psicológica, 4 (2), 129-154.
Amor, P. J., Echeburúa, E., Corral, P. D., Zubizarreta, I., y Sarasua, B. (2001). Perfil psicopatológico diferencial en víctimas de maltrato doméstico
y en víctimas de agresiones sexuales. Análisis y modificación de conducta, 27(114), 605-629.
ATELSAM (2019). I Análisis de la Situación de los Recursos y Programa Familia por Sexo y con Perspectiva de Género de la Asociación Salud
Mental Atelsam. Tenerife: ATELSAM. Recuperado de https://www.atelsam.org/web/informacion-y-formacion-relevante
Beck, A. T., Epstein, N., Brown, G. y Steer, R. A. (1998). An Inventory for measuring clinical anxiety: Psychometric properties. Journal of
Consulting and Clinical Psychology, 56, 893-897.
Beck, A. T., Steer, R. A. y Brown, G. K. (1996). BDI-II. Beck Depression Inventory. Manual. San Antonio, TX: The Psychological Corporation.
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