Módulo 2. Salud Mental-1
Módulo 2. Salud Mental-1
Mental
psicopatología
Laura Rodríguez Viéitez y Raquel González Gutiérrez
Antes de empezar...
Delirium, demencia, trastornos amnésicos y otros trastornos cognitivos. T mentales y del comportamiento debidos al consumo de sustancias psicótropas.
T mentales debidos a una alteración médica general, no clasificados en otros apartados. Esquizofrenia, trastorno esquizotípico y trastornos de ideas delirantes.
T del estado de ánimo. T del comportamiento, asociados a disfunciones fisiológicas y a factores somáticos.
T alimentarios.
T de la personalidad.
Podríamos señalar, entre otras, las siguientes ventajas y limitaciones de dichos sistemas de clasificación:
Ventajas:
Facilita la comunicación entre profesionales, la investigación y la intervención.
Ayuda a entender las conductas y manifestaciones como consecuencia del impacto psicológico, evitando así la victimización
secundaria.
Ofrece una orientación a la hora de intervenir y/o hacer la derivación correspondiente.
Limitaciones:
En el sistema DSM, se considera estándar el patrón conductual de los hombres, lo que genera que se considere como patológica
a la mujer de forma más frecuente (Kaplan, 1983 citado en Matud, 2017).
Se utilizan categorías de “todo o nada”. No se tienen en cuenta las diferencias individuales.
Las etiquetas diagnósticas conllevan un estigma deshumanizante y permanente. El cual se sumaría a los obstáculos y barreras
que ser mujer y víctima de violencia de género acarrean.
2. Psicopatología
b. Sintomatología y comorbilidad
Consecuencias cognitivas:
Autoevaluaciones negativas.
Negación del maltrato/minimización de las conductas violentas que sufre.
Cambios en los esquemas cognitivos: creencias sobre sí misma, las otras personas y sobre el mundo.
Ideas de muerte y/o de suicidio.
Ideas de desconfianza y suspicacia.
Errores perceptivos sobre ellas mismas, las otras personas y el mundo.
Disminución de la atención, concentración y de memoria.
Amnesia de acontecimientos traumáticos y/o dificultad para recordar.
Esfuerzos para evitar pensamientos sobre sus vivencias.
Recuerdos intrusivos de las agresiones.
Episodios disociativos transitorios. Despersonalización. Sensación de daño psíquico permanente. Sensación de ser completamente diferente a las otras
personas.
Alteraciones en el sistema de significados: la vida puede perder sentido para ellas; ideas de catastrofismo y negatividad sobre su futuro; desmotivación y
apatía para cambiar o mejorar; bloqueo en la toma de decisiones o iniciativas para prosperar o defenderse.
2. Psicopatología
b. Sintomatología y comorbilidad
Antes de presentar los trastornos psicopatológicos más comunes en mujeres víctimas de violencia de género, la clasificación y los
criterios marcados por estos manuales para su diagnóstico, se deben destacar algunos aspectos:
En la práctica profesional es más común atender a mujeres que presenten sintomatología sin llegar a cumplir los criterios para
establecer un diagnóstico. Cuando hablamos, por ejemplo, de sintomatología ansiosa derivada de los malos tratos sufridos, lo
normal es que esta sintomatología aminore o desaparezca con la intervención psicológica ya que es consecuencia del impacto de
la violencia.
Además, es habitual que se dé comorbilidad (tanto si presentan sintomatología como si tienen un trastorno mental
diagnosticado) con otros síndromes o diagnósticos. Incluso se puede ver que los manuales de clasificación psicopatológica
utilizan como especificadores de un trastorno la sintomatología de otros, por ejemplo: Trastorno ciclotímico con ansiedad.
Por último, se deben tener en cuenta las diferencias individuales. Por ejemplo, podemos encontrarnos a dos mujeres que tengan
un mismo diagnóstico y su comportamiento sea diferente (ya que influyen otros factores como la consciencia de la
enfermedad, la adherencia al tratamiento, etc.).
Por todo esto se debe hacer un uso adecuado de los manuales diagnósticos y emplearlos como una guía.
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en
mujeres víctimas de VG
309.89 (F43.8). Otro trastorno relacionado con traumas y factores de estrés especificado
A. Exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza, en una (o más) de las formas siguientes:
1. Experiencia directa del suceso(s) traumático(s).
2. Presencia directa del suceso(s) ocurrido a otros.
3. Conocimiento de que el suceso(s) traumático(s) ha ocurrido a un familiar próximo o a un amigo íntimo. En los casos de amenaza o realidad de muerte de un familiar o amigo, el suceso(s) ha de haber
sido violento o accidental.
4. Exposición repetida o extrema a detalles repulsivos del suceso(s) traumático(s) (p. ej., socorristas que recogen restos humanos; policías repetidamente expuestos a detalles del maltrato infantil).
Nota: El Criterio A4 no se aplica a la exposición a través de medios electrónicos, televisión, películas o fotografías, a menos que esta exposición esté relacionada con el trabajo.
B. Presencia de uno (o más) de los síntomas de intrusión siguientes asociados al suceso(s) traumático(s), que comienza después del suceso(s) traumático(s):
1. Recuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios e intrusivos del suceso(s) traumático(s). Nota: En los niños mayores de 6 años, se pueden producir juegos repetitivos en los que se expresen temas o
aspectos del suceso(s) traumático(s).
2. Sueños angustiosos recurrentes en los que el contenido y/o el afecto del sueño está relacionado con el suceso(s) traumático(s). Nota: En los niños, pueden existir sueños aterradores sin contenido
reconocible.
3. Reacciones disociativas (p. ej., escenas retrospectivas) en las que el sujeto siente o actúa como si se repitiera el suceso(s) traumático(s). (Estas reacciones se pueden producir de forma continua, y
la expresión más extrema es una pérdida completa de conciencia del entorno presente.) Nota: En los niños, la representación especifica del trauma puede tener lugar en el juego.
4. Malestar psicológico intenso o prolongado al exponerse a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).
5. Reacciones fisiológicas intensas a factores internos o externos que simbolizan o se parecen a un aspecto del suceso(s) traumático(s).
C. Evitación persistente de estímulos asociados al suceso(s) traumático(s), que comienza tras el suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto por una o las dos características siguientes:
1. Evitación o esfuerzos para evitar recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos acerca o estrechamente asociados al suceso(s) traumático(s).
2. Evitación o esfuerzos para evitar recordatorios externos (personas, lugares, conversaciones, actividades, objetos, situaciones) que despiertan recuerdos, pensamientos o sentimientos angustiosos
acerca o estrechamente asociados al suceso(s) traumático(s).
DSM-5: Trastorno de estrés postraumático
D. Alteraciones negativas cognitivas y del estado de ánimo asociadas al suceso(s) traumático(s), que comienzan o empeoran después del suceso(s) traumático(s), como se pone de
manifiesto por dos (o más) de las características siguientes:
1. Incapacidad de recordar un aspecto importante del suceso(s) traumático(s) (debido típicamente a amnesia disociativa y no a otros factores como una lesión cerebral,
alcohol o drogas).
2. Creencias o expectativas negativas persistentes y exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo (p. ej., “Estoy mal,” “No puedo confiar en nadie,” “El mundo es muy
peligroso,” “Tengo los nervios destrozados”).
3. Percepción distorsionada persistente de la causa o las consecuencias del suceso(s) traumático(s) que hace que el individuo se acuse a sí mismo o a los demás.
4. Estado emocional negativo persistente (p. ej., miedo, terror, enfado, culpa o vergüenza).
5. Disminución importante del interés o la participación en actividades significativas.
6. Sentimiento de desapego o extrañamiento de los demás.
7. Incapacidad persistente de experimentar emociones positivas (p. ej., felicidad, satisfacción o sentimientos amorosos).
E. Alteración importante de la alerta y reactividad asociada al suceso(s) traumático(s), que comienza o empeora después del suceso(s) traumático(s), como se pone de manifiesto
por dos (o más) de las características siguientes:
1. Comportamiento irritable y arrebatos de furia (con poca o ninguna provocación) que se expresan típicamente como agresión verbal o física contra personas u objetos.
2. Comportamiento imprudente o autodestructivo.
3. Hipervigilancia.
4. Respuesta de sobresalto exagerada.
5. Problemas de concentración.
6. Alteración del sueño (p. ej., dificultad para conciliar o continuar el sueño, o sueño inquieto).
DSM-5: Trastorno de estrés postraumático
G. La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
H. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., medicamento, alcohol) o a otra afección médica.
Especificar si:
-Con síntomas disociativos: Los síntomas cumplen los criterios para el trastorno de estrés postraumático y, además, en respuesta al factor de estrés, el individuo
experimenta síntomas persistentes o recurrentes de una de las características siguientes:
1. Despersonalización: Experiencia persistente o recurrente de un sentimiento de desapego y como si uno mismo fuera un observador externo del propio proceso mental
o corporal (p. ej., como si se soñara; sentido de irrealidad de uno mismo o del propio cuerpo, o de que el tiempo pasa despacio).
2. Desrealización: Experiencia persistente o recurrente de irrealidad del entorno (p. ej., el mundo alrededor del individuo se experimenta como irreal, como en un sueño,
distante o distorsionado). Para utilizar este subtipo, los síntomas disociativos no se han de poder atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej.,
desvanecimiento, comportamiento durante la intoxicación alcohólica) u otra afección médica (p. ej., epilepsia parcial compleja). Especificar si: Con expresión
retardada: Si la totalidad de los criterios diagnósticos no se cumplen hasta al menos seis meses después del acontecimiento (aunque el inicio y la expresión de algunos
síntomas puedan ser inmediatos).
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En función del tiempo que transcurra desde la aparición del q u
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estresor a la manifestación de la sintomatología, según el
DSM hay diferentes tipos:
T. por estrés agudo: 1 mes
T. estrés postraumático agudo: < 3 meses
T. estrés postraumático crónico: > 3 meses
T. estrés postraumático de inicio demorado: + 6 meses
CIE-10: F43.1 Trastorno de estrés postraumático
Se trata de un trastorno que surge como respuesta tardía o diferida a un acontecimiento estresante o a una situación (breve o duradera) de naturaleza
excepcionalmente amenazante o catastrófica, que causarían por si mismos malestar generalizado en casi todo el mundo (por ejemplo catástrofes naturales o producidas
por el hombre, combates, accidentes graves, el ser testigo de la muerte violenta de alguien, el ser victima de tortura, terrorismo, de una violación o de otro crimen).
Ciertos rasgos de personalidad (por ejemplo, compulsivos o asténicos) o antecedentes de enfermedad neurótica, si están presentes, pueden ser factores predisponentes y
hacer que descienda el umbral para la aparición del síndrome o para agravar su curso, pero estos factores no son necesarios ni suficientes para explicar la aparición del
mismo.
Las características típicas del trastorno de estrés post-traumático son: episodios reiterados de volver a vivenciar el trauma en forma de reviviscencias o sueños que
tienen lugar sobre un fondo persistente de una sensación de "entumecimiento" y embotamiento emocional, de despego de los demás, de falta de capacidad de respuesta al
medio, de anhedonia y de evitación de actividades y situaciones evocadoras del trauma. Suelen temerse, e incluso evitarse, las situaciones que recuerdan o sugieren el
trauma. En raras ocasiones pueden presentarse estallidos dramáticos y agudos de miedo, pánico o agresividad, desencadenados por estímulos que evocan un repentino
recuerdo, una actualización o ambos a la vez, del trauma o de la reacción original frente a él. Por lo general hay un estado de hiperactividad vegetativa con hipervigilancia,
un incremento de la reacción de sobresalto e insomnio. Los síntomas se acompañan de ansiedad y de depresión y no son raras las ideaciones suicidas.
El comienzo sigue al trauma con un período de latencia cuya duración varía desde unas pocas semanas hasta meses (pero rara vez supera los seis meses).
El curso es fluctuante, pero se puede esperar la recuperación en la mayoría de los casos. En una pequeña proporción de los enfermos, el trastorno puede tener durante
muchos años un curso crónico y evolución hacia una transformación persistente de la personalidad.
El DSM-5, por tanto, es más restrictivo que la CIE-10, ya que considera que para que se dé un
TEPT es necesario que haya un suceso que implique la exposición (criterio A) a la muerte,
lesión grave o violencia sexual, ya sea real o en forma de amenaza, propias o de alguien muy
allegado. De esta forma, el DSM-5 (a diferencia de la CIE-10) dejaría fuera sucesos que
pueden ser muy traumáticos y tener efectos devastadores. Sin embargo, ha de destacarse,
que el DSM-5 aporta una lista más detallada de las consecuencias del trauma cuando se
convierte en un problema psicológico. Así, el trauma no reside en el suceso en sí, sino en el
efecto de la experiencia amenazante que ha dejado en la persona.
Cuando hablamos de estrés es importante tener en cuenta si éste es debido a sucesos vitales o a sucesos menores.
Suceso vital: evento social que requiere algún tipo de CAMBIO respecto al ajuste habitual del individuo (Holmes).Pueden evocar
reacciones psicofisiológicas. El potencial estresante de un suceso vital está en función de la cantidad de cambio que conlleva.
Sucesos menores (estrés diario):
Hassles (fastidios, contrariedades o sucesos negativos): Algunos autores defienden que son mejores predictores de
trastornos físicos y psicológicos que los sucesos vitales. Lazarus ha llamado la atención sobre este tipo de sucesos de
menor impacto y menos salientes pero mucho más frecuentes: los sucesos diarios.
El trastorno de estrés postraumático complejo (TEPTC) es un trastorno que puede desarrollarse después de la exposición a
un evento o una serie de eventos de naturaleza extremadamente amenazadora u horrible, eventos frecuentemente
prolongados o repetitivos de los que resulta difícil o imposible escapar (por ejemplo, tortura, esclavitud, campañas de
genocidio, violencia doméstica prolongada, abuso sexual o físico repetido en la infancia).
Se cumplen todos los criterios de diagnóstico del trastorno de estrés postraumático.
Además, el TEPTC se caracteriza por la gravedad y la persistencia de:
1. los problemas en la regulación del afecto (desregulación afectiva);
2. las creencias respecto de sentirse uno mismo disminuido, derrotado o sin valor, así como sentimientos de vergüenza,
culpa o fracaso relacionados con el evento traumático (autoconcepto negativo); y
3. las dificultades para mantener relaciones y sentirse cerca de los demás (perturbaciones en las relaciones).
Estos síntomas causan un deterioro significativo en la esfera personal, familiar, social, educativa, ocupacional u otras áreas
importantes del funcionamiento.
CLINICA TEPT COMPLEJO
Se proponen alteraciones en 6 dominios de funcionamiento:
1. Alteración en la regulación de afectos e impulsos: incluyendo dificultad con la modulación de la ira y autodestructividad (se ha sugerido que la
desregulación del afecto puede ser la disfunción central del trauma psicológico), se atemorizan fácilmente, parecen tener reacciones "extremas" a
estímulos neutrales o moderados, tienen problemas para calmarse y pueden usar medidas extremas autodestructivas, tales como autolesión, impulsos
suicidas crónicos, abuso de drogas, trastornos alimentarios o actividad sexual compulsiva, en un intento de manejar sus emociones (Felitti et al, 1998;
Linehan et al, 1994).
2. Alteraciones en atención y conciencia: llevando a amnesias de los acontecimientos traumáticos, episodios disociativos pasajeros, desrealización y
despersonalización y, revivir experiencias en forma de síntomas intrusivos o como preocupación excesiva.
3. Alteraciones en la auto-percepción: como una sensación crónica de culpa, responsabilidad y sentimientos de vergüenza. Sentimientos de indefensión o
parálisis de la iniciativa. Con frecuencia desarrollan visiones negativas sobre sí mismas/os, se sienten impotentes, inútiles e indeseables a las demás
personas. Sensación de profanación y estigma.
4. Alteraciones en la relación con los otros: aislamiento y distanciamiento, dificultades para confiar en otros, incapacidad para sentir intimidad con los
demás, búsqueda constante de un rescatador, desconfianza persistente, revictimizaciones y victimización de otros (Fleming et al, 1999; Bryer et al, 1987;
Lisak, Koper y Song, 1996). Respecto a la percepción del perpetrador de la violencia, incluyendo la preocupación por la relación con él y la preocupación
por la venganza, la atribución no realista de poder total a éste, la idealización o gratitud paradójica, la sensación de una relación especial o sobrenatural
y la aceptación del sistema de valores o de racionalización del perpetrador.
5. Somatización y/o problemas médicos: pueden sufrir dolencias físicas sin explicación médica.
6. Alteración en el sistema de significados: con frecuencia sienten desesperanza sobre encontrar a alguien que entienda su sufrimiento. Suelen informar de
que su vida no tiene sentido (Herman, 1992). Una profunda sensación de impotencia aprendida, adoptan una actitud fatalista de la vida, anticipando que
no serán capaces de hacer cambios positivos en su vida.
CLINICA TEPT COMPLEJO
Las personas que han sido maltratadas desarrollan una sensación de separación y una perdida de confianza en el mundo y en los demás. Además de
los síntomas del TEPT, reexperimentación, evitación y activación fisiológica, en los casos complejos:
Se siente vergüenza y culpa.
Se tiene una sensación de embotamiento y falta de sentimientos.
No se puede disfrutar de nada.
Se controlan las emociones mediante el uso de drogas, alcohol o haciéndose daño a sí misma.
Se aísla de lo que está sucediendo a su alrededor (disociación).
Se tienen síntomas físicos causados por la angustia.
No se puede expresar las emociones con palabras.
Se puede desear acabar con la vida.
Se asumen riesgos y se hacen cosas “sin pensarlo”.
Tratamiento: el trauma complejo es un trastorno que requiere ser abordado desde varios niveles: psicobiológico, relacional y social. Es importante
que de forma transversal durante toda la terapia se vayan trabajando las creencias sobre sí misma, sobre los demás y sobre el mundo, que supone
en muchas ocasiones lo más difícil de modificar.
Factores clave: cuerpo (cambios, alteraciones), memoria (explícita, implícita), emociones (regulación emocional muy afectada) y consciencia.
Una de las autoras más destacadas en el estudio de las consecuencias clínicas del estrés traumático complejo es Judith Lewis Herman. Herman (1992) en su
libro “Trauma y recuperación” describe las fases de recuperación del trauma, la sintomatología asociada y los componentes a tener en cuenta para el proceso
terapéutico eficiente:
Bessel van der Kolk, entre otros, también contribuyó al concepto de trauma complejo.
TEPT y género
Algunos autores definen el síndrome de la mujer maltratada, como una adaptación a la situación aversiva,
caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y
minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o
disociación que generan un cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo.
También pueden desarrollar síntomas del trastorno de estrés postraumático, síntomas depresivos, de rabia,
baja autoestima, culpa y rencor; y suelen presentar problemas somáticos, disfunciones sexuales,
conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales.
Algunos autores equiparan estos efectos al trastorno de estrés postraumático, cuyos síntomas y
características, sin duda, aparecen en algunas de estas mujeres: reexperimentación del suceso traumático,
huida de las situaciones asociadas al maltrato y aumento de la activación.
Estas mujeres tienen dificultades para dormir, ya que con frecuencia sufren pesadillas en las que reviven
lo pasado, están continuamente alerta, hipervigilantes, irritables y con problemas de concentración.
Síndrome de la mujer maltratada
Este síndrome se caracteriza por los siguientes rasgos:
Indefensión aprendida: la mujer acaba asumiendo su propia incapacidad para eliminar la conducta violenta del agresor, lo que, en el contexto de
una autoestima baja, acaba transformándose en la idea de merecer las agresiones de éste.
A la indefensión se llega cuando se expone a la víctima a peligros físicos y no se le advierte o ayuda a evitarlos, se la sobrecarga con trabajos, se le
hace pasar por torpe, descuidada, ignorante, etc.; la falta de afecto unido a la repetición y prolongación en el tiempo de actitudes despreciativas,
acompañadas con bruscos cambios del estado de ánimo del agresor, sólo es comparable a algunas torturas (Miguel Lorente Acosta).
Baja respuesta conductual: inicialmente la mujer pone en marcha cuantas acciones y trucos cree efectivos para evitar o disminuir la conducta
violenta de su pareja y, tras comprobar que ninguna es útil, abandona la búsqueda de cualquier estrategia y acaba aceptando pasivamente la
conducta agresiva del otro. Esta actitud además contribuye a aminorar su sensación de culpa y de sufrimiento (parcialmente sustituido por la
indiferencia aparente). Esta baja respuesta conductual se acompaña de la convicción de la víctima de que el control de la situación le es ajeno y
externo a ella misma.
Identificación con el agresor: existen ocasiones, sobre todo en fases avanzadas, en que los mecanismos de adaptación hacen que la víctima no sólo
crea ser merecedora de la agresión, sino que incluso justifica al agresor (al igual que ocurre en el síndrome de Estocolmo para los secuestrados), lo
que dificulta la intervención externa.
Marie-France Hirigoyen diferencia entre dos fases en las consecuencias, las que se producen en la fase de dominio y
las que lo hacen a largo plazo:
1. En la primera fase, la mujer está confusa y desorientada, llegando a renunciar a su propia identidad y
atribuyendo al agresor aspectos positivos que la ayudan a negar la realidad. Se encuentran agotadas por el
sinsentido que el agresor impone a su vida, sin poder comprender lo que sucede, solas, aisladas de su entorno
familiar y social, y en constante tensión ante cualquier respuesta agresiva de su pareja.
2. Las consecuencias a largo plazo serían las que se refieren a las etapas por las que pasan las víctimas a partir
del momento en que se dan cuenta del tipo de relación en la que están inmersas. Durante esta fase, las
mujeres pasan un choque inicial en el que se sienten heridas, estafadas y avergonzadas, además de
encontrarse apáticas, cansadas y sin interés por nada.
En esta línea, ya Walker (1984), además de explicar el ciclo
de la violencia, señalaba que entre las consecuencias
emocionales de las víctimas cabe destacar la impotencia
aprendida. La mujer, al estar sometida a un maltrato
repetitivo disminuye su capacidad para responder. Su
personalidad se transforma y adopta una actitud sumisa y
pasiva ante los abusos del dominador. La habilidad
cognoscitiva para percibir el éxito también cambia (no cree
que sus respuestas conlleven consecuencias, ya sean
favorables a ella o no). La mujer víctima llega a creer que
nada de lo que haga alterará su futuro y/o destino. Como
consecuencia, se vuelve más propensa a la posibilidad de
sufrir ansiedad y depresión y su sentido de bienestar
emocional se vuelve precario.
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG
Depresión
T. de angustia Fobia social TOC
T. ansiedad generalizada
Todos estos usos requieren administración crónica durante semanas para que se observe el efecto terapéutico suficiente, y un periodo de
mantenimiento de varios meses.
Efectos comunes de los antidepresivos
Efecto antidepresivo
Efecto ansiolítico-sedante
Efecto analgésico
Incremento de la probabilidad de crisis convulsivas
Intensifican la fase maníaca del trastorno bipolar
Pueden aparecer disfunciones sexuales
Depresión y género
Se ha encontrado que las consecuencias psíquicas de la violencia de la pareja son graves y duraderas (Alonso y
Labrador, 2008) siendo la depresión y el trastorno de estrés postraumático las que concurren con mayor frecuencia
en las mujeres agredidas (Amor et al., 2001; Bermúdez, Buela-Casal y Matud, 2009; Golding, 1999; Pató, Corbalán y
Limiñana, 2007). Es habitual que ambos trastornos aparezcan junto con otros indicadores sintomatológicos, variando
en función de la situación y el caso de la mujer. Así ́ mismo, son varios los estudios e investigaciones que han mostrado
la comorbilidad de depresión y TEPT en mujeres agredidas por su pareja (Cascardi, O’ Leary y Schlee, 1999; O’ Campo et
al., 2006). De hecho, el riesgo de sufrir depresión aumenta de forma notoria cuando una persona ha experimentado un
trauma (Breslau, 2000).
La gravedad de los síntomas de depresión en muestras de mujeres maltratadas ha sido asociada a una mayor
frecuencia, severidad, duración y combinación de tipos de maltrato, con el tiempo transcurrido desde el cese de la
violencia, así como con un menor apoyo social recibido por la mujer (Campbell, Kub y Rose, 1996; Campbell, Sullivan y
Davidson, 1995; Cascardi y O’Leary,1992; Michell y Hodson,1983; Patró, Limiñana y Corbalán, 2004; Villavicencio, 1999).
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG
B. Durante el período de alteración del estado de ánimo han persistido tres (o más) de los siguientes síntomas (cuatro si el estado de ánimo es sólo irritable) y ha habido en un grado significativo:
D. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave como para provocar deterioro laboral o de las actividades sociales habituales o de las relaciones con los demás, o para necesitar
hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mismo o a los demás, o hay síntomas psicóticos.
E. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p.ej. una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a una enfermedad medica (p. ej., hipertiroidismo).
Nota: Los episodios parecidos a la manía que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (p. ej., un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica)
no deben ser diagnosticados como trastorno bipolar I.
DSM-5: Episodio hipomaníaco
A. Un período diferenciado durante el que el estado de ánimo es persistentemente elevado, expansivo o irritable durante al menos 4 días y que es claramente diferente del estado de ánimo
habitual.
B. Durante el período de alteración del estado de ánimo, han persistido tres (o más) de los siguientes síntomas (cuatro si el estado de ánimo es sólo irritable) y ha habido en un grado significativo:
1. autoestima exagerada o grandiosidad
2. disminución de la necesidad de dormir (p. ej., se siente descansado tras sólo 3 horas de sueño)
3. más hablador de lo habitual o verborreico
4. fuga de ideas o experiencia subjetiva de que el pensamiento está acelerado
5. distraibilidad (p. ej., la atención se desvía demasiado fácilmente hacia estímulos externos banales o irrelevantes)
6. aumento de la actividad intencionada (ya sea socialmente, en el trabajo o los estudios o sexualmente) o agitación psicomotora
7. implicación excesiva en actividades placenteras que tienen un alto potencial para producir consecuencias graves (p. ej., enzarzarse en compras irrefrenables, indiscreciones sexuales o
inversiones económicas alocadas)
C. El episodio está asociado a un cambio inequívoco de la actividad que no es característico del sujeto cuando está asintomático.
D. La alteración del estado de ánimo y el cambio de la actividad son observables por los demás.
E. El episodio no es suficientemente grave como para provocar un deterioro laboral o social importante o para necesitar hospitalización, ni hay síntomas psicóticos.
F. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento u otro tratamiento) ni a una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).
Nota: Los episodios parecidos a los hipomaníacos que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (p. ej., un medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica
lumínica) no deben diagnosticarse como trastorno bipolar II.
bipolar I.
DSM-5: Episodio mixto
A. Se cumplen los criterios tanto para un episodio maníaco como para un episodio depresivo mayor (excepto en la duración) casi cada día
durante al menos un período de 1 semana.
B. La alteración del estado de ánimo es suficientemente grave para provocar un importante deterioro laboral, social o de las relaciones
con los demás, o para necesitar hospitalización con el fin de prevenir los daños a uno mismo o a los demás, o hay síntomas psicóticos.
C. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento u otro
tratamiento) ni a enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).
Nota: Los episodios parecidos a los mixtos que están claramente causados por un tratamiento somático antidepresivo (p. ej., un
medicamento, terapéutica electroconvulsiva, terapéutica lumínica) no deben ser diagnosticados como trastorno bipolar I.
En el DSM-5 se convierte en
una especificación para el
episodio depresivo, maníaco o
hipomaníaco: con
características mixtas.
DSM-5: TB I
DSM-5: TB II
A. Presencia, durante al menos 2 años, de numerosos períodos de síntomas hipomaníacos y numerosos períodos de síntomas depresivos
que no cumplen los criterios para un episodio depresivo mayor.
Nota: En los niños y adolescentes la duración debe ser de al menos 1 año.
B. Durante el período de más de 2 años (1 año en niños y adolescentes) la persona no ha dejado de presentar los síntomas del Criterio A
durante un tiempo superior a los 2 meses.
C. Durante los primeros 2 años de la alteración no se ha presentado ningún episodio depresivo mayor, episodio maníaco o episodio mixto.
Nota: Después de los 2 años iniciales del trastorno ciclotímico (1 año en los niños y adolescentes), puede haber episodios maníacos o
mixtos superpuestos al trastorno ciclotímico (en cuyo caso se diagnostican ambos trastornos, el ciclotímico y el trastorno bipolar I) o
episodios depresivos mayores (en cuyo caso se diagnostican ambos trastornos, el ciclotímico y el trastorno bipolar II).
D. Los síntomas del Criterio A no se explican mejor por la presencia de un trastorno esquizoafectivo y no están superpuestos a una
esquizofrenia, un trastorno esquizofreniforme, un trastorno delirante o un trastorno psicótico no especificado.
E. Los síntomas no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) o a una
enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).
F. Los síntomas provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del
individuo.
bipolar I.
CLÍNICA TRASTORNO BIPOLAR
El Trastorno Bipolar es un trastorno mental grave y recurrente que se extiende a lo largo de la vida y que se caracteriza por
oscilaciones en el estado de ánimo con fases de manía, hipomanía o mixtas que generalmente se alternan con episodios
depresivos.
Clínicamente se distinguen varias formas según los episodios que predominen. Los pacientes con Trastorno Bipolar I (TB I)
tienen al menos un episodio de manía franco o un episodio mixto y pueden tener antes o después episodios depresivos. En el
Trastorno Bipolar II (TB II) el sujeto experimenta síntomas maníacos menos graves que se denominan fases hipomaníacas y
episodios depresivos. También se distingue la Ciclotimia en la cual se alternan la hipomanía con los cuadros depresivos
subclínicos.
Se estima que entre el 10 y el 15% de los pacientes con TB I cometen suicidio. Esto es más frecuente durante las fases
depresivas o en las mixtas. Al menos un tercio de los pacientes ha realizado algún intento de suicidio.
Cuando se diagnostica y se trata a un paciente con trastorno bipolar, debe prestarse atención a la potencial comorbilidad
con otros trastornos, especialmente trastornos de ansiedad y abuso/dependencia de sustancias, presentes hasta en la
mitad de casos. Ante un paciente bipolar con abuso de tóxicos comórbido, se recomienda tratar ambos trastornos dada la
relación recíproca que suele existir entre ambos. La optimización del tratamiento de la patología afectiva puede reducir el
craving. El abandono del consumo tóxico mejora el pronóstico del cuadro afectivo.
(GPC Bipolar)
Farmacoterapia de l Trastorno Bipolar
Tratamiento preventivo/mantenimiento:
Cardiovasculares: palpitaciones, taquicardias, dolor precordial Miedo a perder el control, a volverse loco o sensación de muerte
inminente
Genitourinarios: micción frecuente, problemas de la esfera sexual Conductas de evitación de determinadas situaciones
AGONISTAS PARCIALES DE LOS RECEPTORES 5-HT1A Buspirona, Buspar, Buspisal, Effiplén, Norol
DE ACCIÓN CORTA (1-5h): DE ACCIÓN INTERMEDIA (8-25 h): DE ACCIÓN PROLONGADA (1-40h; 30-200h):
Alprazolam
Lorazepam Clordiazepóxido
Flunitrazepam Clorazepato
Midazolam
Loprazolam Diazepam
Triazolam
Bromazepam Flurazepam
Oxazepam Clonazepam
Clotiazepam
Efectos comunes de las benzodiacepinas
Usar dosis mínima efectiva,
no más de 22 semanas,
retirada progresiva,
ISRS Benzodiacepinas
Buspirona
ISRSN (Venlafaxina) (lorazepam, oxacepam)
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG
D. Se han descartado el trastorno esquizoafectivo y el trastorno depresivo o bipolar con características psicóticas porque 1)
no se han producido episodios maníacos o depresivos mayores de forma concurrente con los síntomas de fase activa, o 2) si
se han producido episodios del estado de ánimo durante los síntomas de fase activa, han estado presentes sólo durante una
mínima parte de la duración total de los períodos activo y residual de la enfermedad.
E. El trastorno no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga o medicamento) o a otra
afección médica.
F. Si existen antecedentes de un trastorno del espectro del autismo o de un trastorno de la comunicación de inicio en la
infancia, el diagnóstico adicional de esquizofrenia sólo se hace si los delirios o alucinaciones notables, además de los otros
síntomas requeridos para la esquizofrenia, también están presentes durante un mínimo de un mes (o menos si se trató con
éxito).
Esquizofrenia: subtipos
DSM-IV-TR:
El DSM-5 suprime los subtipos de
Paranoide esquizofrenia
Desorganizado
Indiferenciado
Catatónico
Residual
CIE-10:
Paranoide
Hebefrénica
Catatónica
Indiferenciada
Depresión post-esquizofrénica
Residual
Simple
Otra esquizofrenia
Sin especificación
Esquizofrenia: sintomatología Subtipos:
paranoide, catatónico
Síntomas positivos
Alucinaciones
Clerembault
Otelo
Ideas delirantes Cotard
Capgras o Síndrome de Sosías
Fregolí
Vestido y apariencia
Comportamiento social y sexual
Comportamiento extravagante
Comportamiento agresivo y agitado
Conducta repetitiva
Falta de interés vital por las actividades normalmente placenteras o falta de implicación en las relaciones sociales (pasan la
mayor parte del tiempo solo):
-Intereses o actividades recreativos
Anhedonia
-Actividad e interés sexual
-Capacidad para sentir intimidad y proximidad
-Relaciones con amigos y semejantes
Atención
CLÍNICA ESQUIZOFRENIA
Con el término esquizofrenia se designa a un conjunto de trastornos psicóticos, caracterizados todos ellos por la presencia de síntomas psicóticos positivos en algún
momento de su desarrollo, y donde los síntomas negativos y cognitivos se asocian, a su vez, a un grado variable de discapacidad. Sus manifestaciones básicas consisten en
una mezcla de signos y síntomas característicos. Los síntomas afectan a múltiples procesos psicológicos, como la percepción (alucinaciones), ideación, comprobación de la
realidad (delirios), procesos de pensamiento (asociaciones laxas), sentimientos (afecto plano, afecto inapropiado), conducta (catatonia, desorganización), cognición
(atención, concentración), motivación y juicio. No hay ningún síntoma que sea, por sí solo, patognomónico de la esquizofrenia. Estas características psicológicas y
conductuales se asocian a diversos tipos de deterioro. Los síntomas característicos de la esquizofrenia se han clasificado a menudo en dos grandes categorías -síntomas
positivos y negativos (o déficits)-, a las que se ha añadido una tercera, la de desorganización. No todos los síntomas descritos están presentes en cada uno de los pacientes
diagnosticados de esquizofrenia. No son específicos, pues se dan también en otras enfermedades. El trastorno se caracteriza por una gran heterogeneidad entre los distintos
individuos y una variabilidad en cada uno de ellos a lo largo del tiempo.
La mayor parte de los pacientes alternan en su curso clínico episodios psicóticos agudos con fases estables de remisión total o parcial. Son frecuentes los síntomas
residuales entre los episodios. Este trastorno, que a menudo es de tipo crónico, puede caracterizarse mediante tres fases que se fusionan unas con otras sin que existan
unos límites claros y absolutos entre ellas.
Fase aguda (o crisis): Durante esta fase los pacientes presentan síntomas psicóticos graves, como delirios y/o alucinaciones, y un pensamiento gravemente
desorganizado; y generalmente, no son capaces de cuidar de sí mismos de forma apropiada. Con frecuencia, los síntomas negativos pasan a ser también más intensos.
Fase de estabilización (o postcrisis): Durante esta fase, se reduce la intensidad de los síntomas psicóticos agudos. La duración de la fase puede ser de seis meses o más
tras el inicio de un episodio agudo (o crisis).
Fase estable (o de mantenimiento): La sintomatología puede haber desaparecido o es relativamente estable y, en el caso de que persista, casi siempre es menos grave
que en la fase aguda. Unos pacientes pueden mantenerse asintomáticos; otros pueden presentar síntomas no psicóticos, como tensión, ansiedad, depresión o insomnio.
Cuando persisten los síntomas negativos (déficits) y/o positivos, como delirios, alucinaciones o trastornos del pensamiento, a menudo están presentes en formas
atenuadas no psicóticas (por ejemplo, ilusiones en vez de alucinaciones o ideas sobrevaloradas en vez de delirios).
Antes de que un paciente, que se encuentre en la fase estable, presente una recaída, habitualmente se produce un período prodrómico en el que pueden manifestarse
síntomas disfóricos no psicóticos, formas atenuadas de síntomas positivos o conductas idiosincrásicas. Este período prodrómico puede durar entre varios días y unas
semanas, pero en ocasiones puede persistir durante varios meses.
CLÍNICA ESQUIZOFRENIA
La mayor parte de los estudios longitudinales de la esquizofrenia sugieren que su curso es
variable; en algunos pacientes no se presentan nuevos episodios, en la mayoría se producen
exacerbaciones y remisiones, y en una pequeña parte persiste un estado psicótico grave de
forma crónica. Dadas las diferencias existentes en los criterios diagnósticos utilizados en los
estudios que se han llevado a cabo, no es posible realizar un resumen exacto y completo de la
evolución a largo plazo de la esquizofrenia.
(GPC Esquizofrenia)
PRINCIPALES FÁRMACOS NEUROLÉPTICOS
TÍPICOS ATÍPICOS
Fenotiacinas (sedantes):
Benzamidas:
Clorpromazina
Sulpirida
Flufenacina (decanoato)
Inhibidores serotonin-
dopaminérgicos:
Clozapina
Tioxantenos: Olanzapina
Zuclopentixol (decanoato) Risperidona
Quetiapina
Estabilizadores del
Butirofenonas: sistema dopamina-serotonina:
Haloperidol Aripiprazol
Efectos comunes de los neurolépticos
Pautas:
Se comienza con dosis altas de neurolépticos potentes los primeros días que generan mejora rápida en la agitación, hiperactividad,
combatividad, hostilidad (efecto agudo neuroléptico). Posteriormente se pasa a dosis de mantenimiento (inferior a la inicial y
normalmente con neurolépticos atípicos y frecuentemente con preparados depot, especialmente si hay desobediencia).
El efecto antipsicótico es consecuencia de la administración crónica tardando en aparecer entre 6 y 8 semanas (si no hay respuesta
adecuada en ese momento lo más probable es que el paciente sea resistente). La eficacia principal es sobre los síntomas positivos
(delirios paranoides, alucinaciones) menos eficacia o incluso intensificación de los negativos (anhedonia, retraimiento social,...).
Se necesitan entre 3 a 6 meses para determinar la eficacia global en los pacientes que responden al tratamiento. No se cuenta con
pruebas convincentes de que las combinaciones de fármacos antipsicóticos ofrezcan alguna ventaja.
Eficacia aproximada:
70 % notable mejoría
20 % ligera mejoría
10 % nada
Mantenimiento (después del máximo de eficacia):
Si es primera crisis: 2 años
Si no: al menos 5 años
Si agresividad o autolesión: indefinido
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG
Los trastornos de la personalidad se caracterizan por patrones de percepción, reacción y relación que son relativamente fijos e inflexibles
y socialmente desadaptados, incluyendo variedad de situaciones.
Las personas con trastornos de la personalidad generalmente no son conscientes de que su comportamiento o sus patrones de
pensamiento son inapropiados; por el contrario, a menudo creen que sus patrones son normales y correctos.
Conjuntamente considerados, los trastornos de personalidad afectan al individuo en diferentes ámbitos, que incluyen la cognición, la
afectividad, los impulsos y el ámbito interpersonal. En general se trata de afectaciones en:
La forma de percibir e interpretar los acontecimientos, incluyendo la percepción de uno mismo y de los demás.
Alteraciones en la atención y concentración, así como en la atención selectiva.
La naturaleza, la intensidad y la adecuación de la respuesta emocional.
La actividad y las relaciones interpersonales.
El control de los impulsos.
Reacciones imprevisibles.
Disminución de la capacidad de respuesta.
Dificultad de ejecución en las tareas complejas.
DSM-5: Trastornos de la personalidad
Trastorno paranoide de la personalidad: desconfianza y suspicacia general desde el inicio de la edad adulta, de forma que las intenciones
de los demás son interpretadas como malévolas. La suspicacia y desconfianza típicas de los sujetos con esta alteración hace que tengan
naturaleza combativa y predominen en ellos expresiones de hostilidad, lo que a su vez puede provocar en los demás una respuesta hostil.
Así mismo, pueden experimentar episodios psicóticos breves que duren minutos u horas, al igual que son frecuentes comportamientos
asociados al uso de alcohol y/o drogas.
Trastorno esquizoide de la personalidad: Patrón de distanciamiento de las relaciones sociales y una gama restringida de la expresión
emocional en el plano interpersonal, que comienza al principio de la edad adulta . Reaccionan pasivamente ante las circunstancias adversas
y tienen dificultades para responder adecuadamente a acontecimientos vitales importantes. Pueden tener períodos con síntomas
psicóticos muy breves, que duren varios minutos u horas, incluyendo ideas delirantes y alucinaciones, especialmente ante estímulos
estresores. En ocasiones también pueden presentar asociado un trastorno del estado de ánimo.
Trastorno esquizotípico de la personalidad: Patrón general de déficits sociales e interpersonales asociados a malestar agudo y capacidad
reducida para las relaciones personales, así como distorsiones cognoscitivas o perceptivas y excentricidades del comportamiento. Los
sujetos también suelen presentar síntomas asociados de ansiedad, depresión u otros estados de ánimo disfóricos, así como episodios
psicóticos breves y transitorios.
GRUPO B
Trastorno antisocial de la personalidad: Patrón dominante de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la
edad de 15 años.
Trastorno límite de la personalidad: Patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, autoimagen, afectividad e
impulsividad marcada, comienzo en la edad adulta. Entre las manifestaciones comportamentales se encuentran actos impulsivos, auto-
lesivos y suicidas. La impulsividad de este tipo de sujetos suele manifestarse en áreas potencialmente peligrosas para ellos mismos y en
ocasiones también para los demás. Suelen ser frecuentes las amenazas e intentos de suicidio y, asociados a ellas, comportamientos
temerarios, imprudentes, de automutilación y autodestructivos.
Trastorno histriónico de la personalidad: Patrón general de excesiva emotividad y una búsqueda de atención, que empiezan al principio de
la edad adulta. Es frecuente que se presente simultáneamente con los trastornos límite, narcisista, antisocial y por dependencia. Este
trastorno también cursa con frecuentes intentos y amenazas de suicidio que, aunque no se conozca riesgo real de suicidio, constituyen
formas de coacción. Deseo de presionar para atraer sobre sí la atención de los demás.
Trastorno narcisista de la personalidad: Patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), necesidad de
admiración y falta de empatía, empieza en el principio de la edad adulta. Puede ir asociado a otros trastornos, siendo en este caso el
histriónico, límite, antisocial y paranoide, los más comórbidos. La falta de interés por la sensibilidad de los demás y la vulnerabilidad de la
propia autoestima, los predisponen a reacciones dañosas, agresivas y hostiles. Adicionalmente, puede ir asociado a trastornos depresivos,
episodios hipomaníacos y abuso de drogas, especialmente, cocaína.
GRUPO C
Trastorno de personalidad evitativa: Patrón general de inhibición social, sentimientos de inadecuación e hipersensibilidad a la evaluación
negativa, que comienza al principio de la edad adulta. Suele presentarse asociado, además de a trastornos del estado de ánimo y de
ansiedad, al trastorno límite, paranoide, esquizoide y esquizotípico.
Trastorno de personalidad por dependencia: Necesidad general y excesiva de que se ocupen de uno, ocasiona un comportamiento de
sumisión, adhesión y temores de separación, que comienza al inicio de la edad adulta. Es característico de este trastorno la tendencia a
evitar la responsabilidad, así como la fuerte ansiedad que se experimenta ante la toma de decisiones.
Trastorno obsesivo‐compulsivo de la personalidad: Un patrón general de preocupación por el orden, perfeccionismo y el control mental e
interpersonal a expensas de la flexibilidad, la espontaneidad y la eficiencia, que empieza al principio de la edad adulta. Es posible que
también se pueda ver afectada la toma de decisiones. Si bien es cierto que rara vez expresan explícitamente su ira este tipo de sujetos
suelen trastornarse o enfadarse en situaciones en que son incapaces de controlar su entorno físico e interpersonal. Carecen de la
suficiente flexibilidad como para hacer frente a situaciones nuevas de modo eficiente y adaptativo, y comparten características con otros
trastornos de la personalidad como la hostilidad, competitividad y sensación de urgencia, además de asociarse frecuentemente a
trastornos del estado de ánimo y de ansiedad.
DSM-5: F60.3 Trastorno de la personalidad límite (301.83)
Patrón dominante de inestabilidad de las relaciones interpersonales, de la autoimagen y de los afectos, e impulsividad intensa, que comienza en las
primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos, y que se manifiesta por cinco (o más) de los hechos siguientes:
1. Esfuerzos desesperados para evitar el desamparo real o imaginado.
(Nota: No incluir el comportamiento suicida ni de automutilación que figuran en el Criterio 5.)
2. Patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas que se caracteriza por una alternancia entre los extremos de idealización y de
devaluación.
3. Alteración de la identidad: inestabilidad intensa y persistente de la autoimagen y del sentido del yo.
4. Impulsividad en dos o más áreas que son potencialmente autolesivas (p. ej., gastos, sexo, drogas, conducción temeraria, atracones alimentarios).
(Nota: No incluir el comportamiento suicida ni de automutilación que figuran en el Criterio 5.)
5. Comportamiento, actitud o amenazas recurrentes de suicidio, o comportamiento de automutilación.
6. Inestabilidad afectiva debida a una reactividad notable del estado de ánimo (p. ej., episodios intensos de disforia, irritabilidad o ansiedad que
generalmente duran unas horas y, rara vez, más de unos días).
7. Sensación crónica de vacío.
8. Enfado inapropiado e intenso, o dificultad para controlar la ira (p. ej., exhibición frecuente de genio, enfado constante, peleas físicas
recurrentes).
9. Ideas paranoides transitorias relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves.
CLÍNICA TLP
La mayoría de las personas con trastorno límite de la personalidad lo pasan muy mal
cuando están solos, incluso por periodos muy cortos de tiempo.
Con frecuencia se sienten dependientes y hostiles, de ahí sus relaciones tumultuosas.
Pueden depender mucho de las personas cercanas y demostrar tremendos enfados o
rabia hacia éstas en momentos de frustración. Tienen un bajo nivel de tolerancia a la
frustración y gran dificultad para canalizarla de forma adecuada. En los arranques de
ira puede dar la impresión de que está totalmente fuera de control y aunque es
consciente de su comportamiento, en ese momento no lo puede evitar.
En cuanto a las relaciones interpersonales, presentan un patrón de relaciones
inestables e intensas. Pueden idealizar a quienes se ocupan de ellos. Sin embargo,
cambian rápidamente de forma de pensar y pueden pasar de idealizar a los demás a
devaluarlos, pensando que no les prestan suficiente atención.
Tienen respuestas impredecibles, consistentes en cambios bruscos de humor o
repentinas explosiones emocionales. Pueden mostrar sarcasmo extremo, amargura
persistente o explosiones verbales.
Pueden alternar entre sentirse llenos de sentimientos o bloquearse dando una imagen
de apatía total y absoluta. Con estos intensos sentimientos o pensamientos de tipo
negro/blanco, la desilusión a menudo se convierte en ira, que puede ser dirigida hacia
otros, en ataques verbales o físicos, o dirigida hacia uno mismo en intentos de suicidio o
conductas autolíticas.
Autolesión vs. suicidio
Durkheim define el suicidio como: toda muerte que resulta mediata o inmediatamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la
víctima misma, sabiendo ella que debía producir ese resultado. La tentativa de suicidio es el mismo acto que hemos definido, detenido en su
camino antes de que dé como resultado la muerte.
Idea suicida: pensamiento de acabar con la propia existencia (en las siguientes diapositivas se explicará en mayor profundidad).
Tipos de manifestación:
Idea suicida sin método específico ni planificación.
Idea suicida con un método inespecífico o indeterminado.
Idea suicida con un método específico pero no planificado.
Plan suicida.
Autolesión vs. suicidio
La ideación suicida ocurre cuando una persona de manera recurrente piensa, planifica o desea cometer suicidio. Según Beck, Kovacs y
Weissman (1979), pioneros es este ámbito de estudio, entienden que la ideación suicida son pensamientos intrusivos y repetitivos sobre la
muerte auto-infringida, sobre las formas deseadas de morir y sobre los objetos, circunstancias y condiciones en que se propone morir. El
primer antecedente de la conducta suicida y predictora de futuros intentos hasta su consumación es la ideación suicida. De ahí, la
importancia de detectar con precocidad la presencia de ideas suicidas.
Algunas señales de alerta verbales en la conducta suicida pueden ser:
Comentarios negativos sobre sí mismo o sobre su vida: “no valgo para nada”, “esta vida es un asco”, “soy una carga para todo el
mundo”, “estoy cansada de luchar”, “toda mi vida ha sido inútil”...
Comentarios negativos sobre sí misma: “lo mío no tiene solución”, “quiero terminar con todo”, “no deseo seguir viviendo”...
Comentarios relacionados con el acto suicida o la muerte: “me gustaría desaparecer”, “quiero descansar”, “no deseo seguir viviendo”...
Despedidas verbales o escritas: “quiero que sepas que en todo este tiempo me has ayudado mucho...”
Autolesión vs. suicidio
Factores de riesgo:
Individuales:
Trastornos mentales: Depresión mayor; Abuso de drogas; T. de ansiedad; T. bipolar; T. psicóticos; T. personalidad; T. conducta
alimentaria.
Factores psicológicos: desesperanza; rigidez cognitiva; mecanismos de defensa desadaptativos; déficit en la resolución de
problemas; falta de habilidades sociales; baja autoestima; voluntad fuerte y carácter retraído.
Género: mujeres: más tentativas de suicidio; hombres: más suicidio consumado.
Otros: enfermedades físicas; dolor crónico; discapacidad; intentos previos de suicidio.
Familiares o contextuales: falta de apoyo en la familia; rigidez en creencias; nivel socioeconómico, situación laboral y bajo nivel
educativo.
Otros: historia de maltrato y abuso sexual; acoso; fácil acceso a medios de suicidio.
Autolesión vs. suicidio
La verbalización de ideación suicida y su tentativa no siempre tienen la finalidad real de morir, sino que pueden tener otros propósitos
como llamar la atención o ser una llamada de auxilio ante un problema que desborda a la persona y del que no sabe cómo salir. La
verbalización de ideación e intención autolítica puede tener, por tanto, múltiples funciones e incluso puede tener una función liberadora.
Esto ocurre cuando la persona después de verbalizar sus pensamientos autolíticos y de liberarlos, los refuta inmediatamente con frases del
tipo “estoy diciendo tonterías”.
Desde esta perspectiva, hay que distinguir entre dos tipos de actitudes o de roles que adopta la persona con pensamientos suicida. Puede
adoptar un rol pasivo o un rol activo. El rol pasivo adoptará un tipo de verbalizaciones como “no deseo vivir”, “quiero desaparecer” o “el
mundo estaría mejor sin mí”. Mientras que el rol activo, verbalizará afirmaciones como “quiero matarme”, “voy a acabar con mi vida” o
“voy a saltar de un puente”. Las verbalizaciones de carácter pasivo son más fácilmente reestructurables que las activas al no tener la
mayoría de las veces una intencionalidad mortal sino la de pedir ayuda, la de encontrar una solución al problema externo o interno. Las
autolesiones pueden cumplir también aquí una función de alivio del propio dolor o angustia que se experimenta, sin que tengan una
finalidad suicida.
Autolesión vs. suicidio
Se plantea la existencia de distintas fases en la cadena de suicido. En esta cadena, es central explorar qué es lo que hace que la persona
con ideación suicida no lleve a cabo el suicidio o la tentativa del mismo. Así, sus convicciones morales pueden ser lo que le impiden atentar
contra su vida, o meramente que la victimización haya cesado, aunque las secuelas y el daño psicológico que puedan haber causado en la
víctima pueden ser tan elevados que la ideación suicida activa siga contemplándose como la forma de liberarse del intenso distrés
emocional experimentado.
Autolesión vs. suicidio
2) Hay ambivalencia con respecto a vivir o morir. -Análisis de aspectos positivos vs negativos de la decisión de suicidarse.
Nota importante: nosotras como profesionales (ya sea de la Red de Violencia de Género, del ámbito educativo, del ámbito policial...) si
nos encontramos ante una mujer que verbaliza ideas de muerte debemos de activar el Protocolo de Urgencias Hospitalarias ante
conductas suicidas, llamando al 112, para que sea valorada por las y los profesionales del ámbito sanitario.
2. Psicopatología
c. Trastornos mentales más habituales en mujeres víctimas de VG
Debemos tener en cuenta que cuando una mujer acude a pedir ayuda, suele ser tras un largo período de sufrimiento
como víctima (el promedio que reflejan diferentes estudios es superior a 7 años), y después de haber agotado, con
escaso éxito, los recursos de que dispone. La gravedad de los daños psicológicos y físicos que experimentaron, además de
las consecuencias para hijos e hijas, es la principal razón para tomar la decisión de pedir ayuda y/o denunciar, según
declara la mayor parte de las mujeres víctimas de violencia.
La evaluación psicológica, o al menos su inicio, debe revestir un formato de acogida, de apoyo y aceptación de quien
acude pidiendo ayuda. Se debe, en consecuencia, hacer hincapié de inmediato en establecer un entorno seguro y
tranquilo. Ha de hacerse explícito que en ese momento está en una situación de seguridad, que no está sola, que el
objetivo básico es ayudarla a superar los problemas que ahora le parecen insuperables y donde se va a aceptar los que
diga, al ritmo que ella lo desee, que tiene razón en sus quejas y en su malestar, y que en absoluto es “culpable” de su
problema y su sufrimiento.
La evaluación nos aporta datos objetivos tanto para establecer la propuesta de intervención
(con las debilidades y fortalezas a abordar), como para realizar un informe de la situación de
la mujer con respecto a la afectación causada por la situación de violencia vivida.
Pero no podemos olvidarnos, que a su vez, el procedimiento de evaluación tiene un efecto
terapéutico, pues éste actúa como un espacio de expresión emocional y de validación de las
experiencias de la mujer al expresar sus vivencias, temores, problemas y deseos.
3. Evaluación
T-MAS (Taylor)
STAI (Spielberg)
Ansiedad
S-R, IA (Endler)
ISRA (Tobal)
HRSD (Hamilton)
Depresión
IDER (Spielberg)
16 PF-5 (Cattell)
EPQ R (Eysenck)
Rasgos normales de personalidad
NEO PI-R (Costa y McCrae)
BFQ
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
4. Intervención
La recuperación integral de las mujeres víctimas de violencia de género, hace necesario un planteamiento multidisciplinar.
La intervención debe contar con perspectiva de género.
En lo referente a la intervención psicológica, se sigue una estrategia de abordaje individual aunque puede combinarse posteriormente
con intervenciones grupales, en función de las necesidades de cada mujer.
Las consecuencias en la salud mental del maltrato machista pueden ser el agravamiento de patologías y/o la aparición de trastornos
cognitivos y relacionales.
4. Intervención
La intervención psicológica tendrá un valor transformador si se apoya en las necesidades actuales de la paciente y le muestra cómo
funciona la psique.
Es importante, por ello, realizar un trabajo psicoeducativo, pues le permitirá comprender los efectos que el maltrato ha causado en su
mente, en sus emociones y en su cuerpo.
También, explicarles que el tratamiento no es un proceso lineal, puesto que habrá avances y retrocesos.
Es clave hacerlas sujetos de su propia recuperación, promoviendo la construcción de defensas que no habían sido construidas y la
reparación de las que han sido dañadas.
Es fundamental ser empáticas y tener presente que conductas que a nosotras nos pueden parecer naturales y sencillas, a ellas pueden
resultarles obstáculos insalvables.
La intervención debe facilitar modelos de buenos tratos a las víctimas, pero no el asistencialismo o el paternalismo.
Los objetivos deben establecerse con las mujeres víctimas de violencia de género y deben ser realistas y asequibles a la situación en la
que se encuentran (riesgo de retraumatizarlas).
Uno de los objetivos que debemos lograr es que puedan reconocer y modificar los modelos y pautas de comportamiento
fundamentalmente inconscientes con los que se relacionan y generar competencias que les permita mantener relaciones igualitarias.
Álvarez García 2020
4. Intervención
El contacto psicológico debe permitir el desahogo emocional, la escucha activa, tranquilizar, dar seguridad, canalizar y contener sus emociones,
mostrar empatía, transmitir esperanza y mostrar un posicionamiento contra la violencia.
Además, se debe examinar el problema, explorar la violencia, informar de los recursos y derechos, promover la toma de decisiones y valorar el
riesgo.
También se debe ofrecer seguridad (alejamiento del agresor), facilitándole los recursos de acogida, y si retorna al hogar facilitándole los
recursos de autoprotección.
Por último, en cuanto a la recuperación emocional, se debe visibilizar la violencia, trabajar de forma específica las creencias erróneas (revisión
de los roles de género, aspectos emocionales, habilidades como la relajación entre otras, psicoeducación con los micromachismos), revisar las
redes de apoyo y, resignificar el hecho traumático (Romero, 2015).
Revisión de creencias
Revisión de problemas
Prestar atención a los sentimientos de culpa y a los sentimientos de vergüenza
Empoderamiento Valoración de aspectos positivos. Inventario de sí misma
Trabajo intrapsíquico: resignificación del hecho traumático
Psicoeducación sobre asertividad
Trabajar las relaciones igualitarias
Procesos de intervención:
Primer orden: la llevan a cabo profesionales diversos “primera ayuda psicológica”. En este caso el personal que
intervenga en violencia de género debe estar preparado, pues en cualquier momento puede presentarse una situación
en la que haya que aplicar los “Primeros Auxilios Psicológicos”.
Segundo Orden: la llevan a cabo terapeutas con conocimientos de evaluación y tratamiento. La llamada “Terapia en
crisis”.
Durante el tiempo
de crisis activa hay
una oportunidad de
cambio y
crecimiento
Intervención en crisis
Intervención en crisis
Segundo orden: “Terapia en crisis”
Planteamiento multidisciplinar. Desde el área Psicológica se aportan las referencias para la recuperación de la mujer (da las
pautas para trabajar los aspectos emocionales, afectivos y conductuales).
En el caso de las mujeres víctimas de violencia de género con un problema de salud mental añadido:
a. Toma de conciencia del trastorno mental (si no existiera).
b. Derivación a la Unidad de Salud Mental.
c. Seguimiento y trabajo conjunto con el personal de los servicios sanitarios.
Casos en los que se detectase presencia de sintomatología mental asociada:
Administración de pruebas específicas.
Posible trastorno de la personalidad: IPDE o SCID-II
Screening: SCL-90R
En el caso de sintomatología psicótica: solicitud de seguimiento del equipo ECA.
Metodología:
Abordaje individual (puede combinarse con sesiones grupales).
Enfoque cognitivo-conductual.
Intervención prolongada en el tiempo
Los enfoques cognitivos-conductuales son los que cuentan con una mayor evidencia científica para trabajar las secuelas de la
violencia de género (Kamphuis y Emmelkamp, 2005).
A continuación se presenta el programa multicomponente de Matud et. al. (2005) que utiliza principalmente técnicas
cognitivo conductuales para el tratamiento de las secuelas derivadas del maltrato.
Posteriormente se exponen los tratamientos que presentan una mayor eficacia para el tratamiento de cada uno de los
trastornos psicopatológicos que se presentaron anteriormente.
Programa cognitivo conductual
Sesiones
Programa cognitivo conductual
Sesiones
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia
Exposición (prolongada)
Farmacoterapia
TC (Beck)
(ISRS: Sertralina y
EFICACIA
Manejo de ansiedad (EIE) fluoxetina)
X
EMDR
Terapia de
Hipnoterapia
procesamiento cognitivo (Resi
ck)
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia
TRATAMIENTO DE LA DEPRESIÓN
Farmacoterapia
EFICACIA
TC (Beck) Terapia sistémica
X
TIP (Klerman)
Terapia psicodinámica
Terapia de conducta
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia
Litio
EFICACIA Psicoeducación
Terapia interpersonal y
TCC X
del ritmo social
Terapia familiar y
marital
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia
TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOFRENIA
IPT
EFICACIA
TCC (síntomas positivos)
EHS Terapia
de focalización (alucinaciones a
uditivas)
Terapia familiar psicoeducativa
Farmacoterapia
Psicoterapias
Psicología basada en la evidencia
Programas multicomponentes
EFICACIA (Control de E, higiene
y técnicas cognitivas)
Restricción del sueño Higiene del sueño
Relajación progresiva
Control de estímulos
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
5. Género y SM
Como ya se anunciaba en la primera unidad, existen escasas investigaciones y estudios que
analicen y relacionen la violencia de género con los problemas de salud mental, haciendo
hincapié en la repercusión de la confluencia de ambas.
Teniendo en cuenta los estudios y guías publicadas hasta el momento, todas las autoras y
autores coinciden en que la formación e información del personal de los equipos profesionales
que intervienen de manera directa, es una pieza clave en la lucha contra la violencia de
género hacia las mujeres con problemas de salud mental y adicciones. Es preciso destacar la
importancia que ésta tiene para el conocimiento y detección de las violencias específicas en
los casos que ostentan esta triple vulnerabilidad, y la percepción positiva que las mujeres
puedan tener al sentirse adecuadamente atendidas y comprendidas.
Tanto la formación como los protocolos de actuación de todas y todos los profesionales deben ser comunes y
conocidos por ambas partes.
A pesar de la existencia del protocolo interinstitucional contra la violencia de género en Canarias, la
coordinación entre los distintos ámbitos: sanitario, social, judicial, etc., sigue siendo insuficiente e ineficiente.
Limitándose en la gran mayoría de veces a la derivación de casos de unos servicios a otros, desvinculándose de
todo problema ajeno al del ámbito de intervención propio.
Es necesaria la creación de espacios y equipos interdisciplinares que trabajen de manera conjunta en los
planes de intervención y recuperación de las víctimas con problemas de salud mental.
Una crítica habitual entre servicios y profesionales es que, ante un mismo caso, de salud mental o adicciones y
violencia de género, se trabaje de forma paralela priorizando unas problemáticas frente a otras, sin tener en
cuenta que estas tres problemáticas se retroalimentan.
Pues no siempre son la causa o resultado de la otra
(V.G. - S.M. – Drogas)
5. Género y SM
Ámbito sanitario y género
El debate en cuanto a las causas de esta realidad baraja, entre otras, las
siguientes hipótesis que recogen Markez et al. (2004b) en su investigación en
Atención Primaria:
1. La hipótesis de la morbilidad
2. La hipótesis de la consulta y de la manifestación de las emociones
3. La hipótesis del estereotipo
4. La hipótesis del control social
5. Género y SM Ámbito sanitario y género
1. La hipótesis de la morbilidad.
Según la cual las mujeres tienden a tener más problemas de salud mental que los hombres. Es
sabido que las mujeres tienen una vida más larga que los hombres, pero un estado de salud
peor que éstos. Desde la perspectiva de género esto se explica por las desigualdades que
viven hombres y mujeres en cuanto a sus posiciones en la vida social. Las mujeres se sitúan
en una posición desfavorecida, en la que deben compaginar la vida familiar y laboral,
asumiendo unos roles de género (doble jornada: trabajo doméstico y laboral, cuidados de
familiares, etc.) que deterioran significativamente su salud física y mental. Esta sobrecarga
de responsabilidades, la baja autoestima y confianza personal al no poder desarrollar su vida
social y laboral en igualdad de condiciones, y la falta de redes de apoyo, tienen un impacto
directo sobre la salud de las mujeres.
5. Género y SM Ámbito sanitario y género
La hiperfrecuentación de las mujeres en Atención Primaria se ha relacionado con una mayor prevalencia de
problemas de salud mental en éstas. Sin embargo, estudios de género han explicado que la asistencia
mayoritaria de mujeres a los centros médicos se debe al proceso de socialización, por el que las mujeres
aprenden a expresar sus sentimientos con libertad y buscar apoyo y respuestas en los otros, tienden a
acudir con mayor asiduidad a las consultas médicas y expresar su malestar “a través de conductas como el
llanto, quejas de tristeza y depresión” (Markez et al., 2004a), mientras que los hombres se expresan
habitualmente mediante la irritabilidad e indecisión, ya que se les enseña a reprimir sus emociones y a
evitar expresar sus necesidades y problemas. Esto se traduce en que no soliciten ayuda en la misma
proporción que las mujeres.
5. Género y SM Ámbito sanitario y género
Se ha demostrado que las mujeres acuden con mayor frecuencia a las consultas por sus
propias necesidades y por las de sus familiares a cargo (menores, progenitores, parejas,
hermanas/os, etc.). Por tanto, la hiperfrecuentación de las mujeres a consultas no implica
que tengan más problemas de salud mental que los hombres. Es más aceptado socialmente
que las mujeres expresen sus sentimientos que ellos, y esa permisividad facilita que ellas
estén más alertas respecto a sus sentimientos y recurran a profesionales en busca de
ayuda. En relación con esto, se ha tratado también el denominado “malestar de las mujeres”
o “semiología de las mujeres”, por el cual se relaciona esa expresividad de las emociones y el
desahogo de las mujeres con la sintomatología de trastornos mentales. Lo que conlleva a que
se sobrediagnostique a las mujeres y/o se infradiagnostique a los hombres.
5. Género y SM Ámbito sanitario y género
Como explica Bacigalupe et al. (2020) en el Informe SESPAS: “desde el nivel institucional es necesario un
compromiso fuerte orientado a frenar la medicalización de los malestares cotidianos desde una clara
perspectiva de género”.
En este sentido, es necesario que se promuevan intervenciones más profundas en los encuentros
terapeuta-paciente, de manera que, sin que la mujer se sienta juzgada, la médica o médico pueda
reorientar y resignificar la demanda o los problemas iniciales que motivaron la consulta, evitando la
sobremedicación, a veces precipitada por la inmediatez de la respuesta, los sesgos de género y por tanto
malos diagnósticos.
Por todo ello, la formación en género es imprescindible ya que de lo contrario, se podría errar en los
diagnósticos, patologizando la expresión de las condiciones que están viviendo las mujeres (muchas veces
resultado de situaciones de violencia de género), revictimizándola e invisibilizando el problema.
5. Género y SM
Ámbito sanitario y género
El ámbito sanitario es un contexto privilegiado para identificar a las mujeres que son maltratadas por
su pareja, po rel fácil acceso que tienen éstas a dichos servicios. Por ejemplo, cuando la mujer lleva a
sus hijos/as al pediatra.
En un estudio cualitativo sobre la percepción de las mujeres maltratadas acerca de cómo el sector
sanitario puede ayudar a mejorar su situación y, por tanto, su salud, Gerber y cols. (1999) planteaban
que si el personal sanitario sospecha que la mujer está siendo maltratada no debería esperar que la
mujer lo exprese abiertamente sino, más bien, asumir que ello sucede, reconociendo que el maltrato es
una situación muy negativa y confirmando el valor de la mujer. Después de validar la situación de la
mujer y su valía, deberían obtener información de los abusos y hacer un plan para la seguridad de la
mujer a la vez que se le ofrece la validación y apoyo continuo y se le refiere a otros servicios
comunitarios que pueda precisar. (Matud, 2009)
Cómo actuar si se confirma el maltrato
Explicarle que lo que está viviendo es muy frecuente, que es injusto y que ella no ha hecho nada para merecerlo.
Desculpabilizar a la mujer. Muchas veces, las mujeres con enfermedad mental se autoculpabilizan por la violencia sufrida, que
creen justificada a causa de la sintomatología que genera la enfermedad.
Devolverle que no es justo lo que está viviendo o lo que vivió en el pasado. Que puede tener una enfermedad mental, pero que eso
no justifica en ningún caso cualquier tipo de violencia sobre su persona.
Situar la violencia vivida en el contexto de una sociedad con desigualdades de género que construye relaciones de dominio y de
sumisión.
Creer siempre el relato de la mujer. No ponerlo en duda ni emitir juicios.
Trabajar con ella un relato que le permita encontrar coherencia a lo que está viviendo:
Relacionar su sentimiento de poca valía con el discurso del maltratador.
Relacionar sus contradicciones con el ciclo de la violencia.
No presionar a la víctima. Hacerle saber que no es necesario denunciar si no esta preparada y que tiene derecho a recibir ayuda
para salir de su situación respetando sus decisiones y su ritmo.
Si en momentos de descompensación psicopatológica existen contenidos delirantes, contrastarlos con el relato que ella realiza en
momentos de estabilidad. Si existen dudas sobre la existencia real de violencia, contrastarlas entre un equipo profesional. Ante
esto, debe tenerse presente que estos casos son la excepción y no la norma. García (2017, p.12). FEDEAFES.
Ámbito sanitario y género
Otra aportación importante del personal sanitario al tratamiento integral de las mujeres maltratadas tiene que ver con
las cuestiones legales y con la forma de hacer sus informes y registrar el maltrato en las historias clínicas de las mujeres.
Como señalan Isaac y Enos (2001) un informe médico bien documentado puede ser útil a nivel legal en caso de juicio, ya que
constituye la evidencia de una tercera parte que corrobora o establece la existencia de abuso. Algunas de las directrices a
seguir para mejorar la aportación son:
Hacer fotos de las lesiones que se sabe o sospecha que son consecuencia del maltrato de pareja; escribir de forma
legible intentando que queden claros los hechos y usando frases tales como “la paciente dice” o “la paciente informa”
de modo que la información recogida en el informe refleje las propias palabras de la mujer y; evitar frases que
pongan en duda de forma implícita la fiabilidad de la mujer tales como “la paciente alega” o “la paciente pretende”. Se
recomienda usar términos médicos y evitar términos legales (como por ejemplo perpetrador o agresor) y utilizar las
propias afirmaciones de la mujer entrecomilladas para definir a la persona que le causó daño (por ejemplo: la paciente
dijo “mi marido me dio patadas y puñetazos”). Por último, evitar resumir el relato de abuso de una paciente en
términos concluyentes (por ejemplo evitar frases como “la paciente es una mujer maltratada” o términos como
“violación”) ya que, si no están acompañados de información relativa a los hechos puede no ser admitida como prueba.
(Matud, 2009)
Datos estadísticos
Según algunos de los datos publicados por González (2011) y González et al.
(2013), recogidos por García (2017) de manera conjunta en la “Guía sobre
violencia contra las mujeres con enfermedad mental” de FEDEAFES (Federación
de Euskadi de asociaciones de familiares y personas con enfermedad mental):
3 de cada 4 mujeres con enfermedad mental grave (EMG) han sufrido
violencia en el ámbito familiar o/y en la pareja alguna vez en su vida.
Alrededor del 80% de las mujeres con EMG que han estado emparejadas en
algún momento de su vida han sufrido violencia procedente de la pareja.
El 52% de las mujeres con EMG que conviven con familiares han sido
victimizadas en el último año.
El riesgo que tiene una mujer con EMG de sufrir violencia en la pareja se
multiplica entre 2 y 4 veces respecto a las mujeres en general (García,
2017 p.6).
Las mujeres víctimas de violencia de género con problemas de salud mental o drogodependencias no acceden en la misma
proporción que otras mujeres que no cuentan con patologías asociadas a la red de recursos públicos de atención a
víctimas de violencia de género. Del mismo modo, que tampoco acceden a los recursos alojativos y especializados de salud
mental en la misma proporción que sus compañeros varones.
El último Plan de Salud Mental de Canarias (2019-2023), aporta innumerables datos que van en línea con el argumento
anterior, sobre el acceso a la atención del ámbito de salud mental de mujeres y hombres. No obstante, se ha de comentar
que no todos los datos que aportan están segregados por sexo, lo que limita el análisis de la información, a pesar de contar
con un apartado de Línea estratégica de Salud Mental y Género.
Por este motivo, se presentarán a continuación algunas de las gráficas de mayor interés para este curso, segregadas por
sexo, que permiten conocer la asistencia de mujeres y hombres a las unidades de salud mental. Se ha tener en cuenta que
estos datos se obtienen de estudios en la población general y no en mujeres víctimas de violencia de género.
Morbilidad asistida en las unidades de salud mental
Datos extraídos del Registro Acumulativo de Casos Según los datos expuestos en el PSMC (2019-2023) la
Psiquiátricos de Canarias (RECAP) en 2016. prevalencia de personas que asisten a las unidades de salud
mental es femenina alcanzando el 55,74% del total de la
población general, frente al 44,26% compuesto por hombres.
Sin embargo, y coincidiendo con otros datos que se aportan
posteriormente, cuando se analizan las cifras de las personas
que acceden a los servicios de rehabilitación psicosocial y otros
programas destinados a la atención en salud mental, los
números se invierten, siendo los hombres los principales
usuarios de dichos servicios.
En los CRPS CO (Centro ocupacional) del total de 100 personas atendidas, 27 fueron
mujeres (27%) y 73 fueron hombres (73%).
En los CRPS (Centros de rehabilitación psicosocial) siendo de régimen abierto, del total de
50 personas que ocupaban plaza en estos recursos: 15 estaban ocupadas por mujeres
mientras que 35 eran ocupadas por hombres.
En el recurso de PAP (Promoción de Autonomía Personal en domicilio) que se desarrolla en
la comunidad y más específicamente en el hogar de las personas usuarias con enfermedad
mental grave y persistente. (…) En el momento de la investigación contaba con 58 plazas
ocupadas, de las cuales 24 (41,37%) eran de mujeres y 34 (58,62%) de hombres.
En las miniresidencias de la asociación, teniendo en aquel momento un total de 40 plazas
ocupadas, 10 eran plazas ocupadas por mujeres (25%) y 30 por hombres (75%) (p.16).
En cuanto a las viviendas supervisadas, en agosto de 2019, la asociación contaba con 7
viviendas, que sumaban 35 plazas en total. De estas plazas 11 estaban ocupadas por
mujeres (31,43%) mientras que 24 eran ocupadas por hombres (68,57%).
Curiosamente las cifras se invierten cuando nos fijamos en los datos del programa destinado a las familias de
pacientes con enfermedad mental grave. Del total de 84 personas que forman parte de este programa, 59 eran
mujeres (70,24%) , frente a 25 que eran hombres (29,76%), ambos grupos eran familiares de pacientes.
Algo similar ocurre en el Programa de Autonomía Personal en domicilio, en el que las cifras se equilibran un poco,
alcanzando en este caso el 41,37% las mujeres, frente al 58,62% de los hombres.
Estos datos podrían estar relacionados con el uso de los espacios tradicionalmente destinados a mujeres y hombres
de forma diferencial, según el cual las mujeres deben permanecer en el ámbito privado (rol reproductivo), mientras
que los hombres ocupan el ámbito público (rol productivo). Al tratarse de un Programa que se desarrolla
principalmente en el hogar, se podría interpretar que las mujeres acceden en mayor medida al no requerir
abandonar el domicilio familiar, en el que desempeñan sus roles y responsabilidades familiares; pues es evidente la
diferencia en cifras respecto al uso de otros programas residenciales y ocupacionales, que son ocupados
mayoritariamente por hombres.
¿Todavía dudan si el género influye de manera directa en el acceso a los recursos y uso de derechos de unas y
otros?
Al interpretar los datos extraídos por ATELSAM, se ve claramente como hay una diferencia muy significativa
en el acceso y uso de los recursos de atención a la salud mental, entre mujeres y hombres.
En la mayoría de programas las mujeres apenas alcanzan el 30% de las plazas ocupadas, excepto en el
programa destinado a familiares, en el que las mujeres desempeñan el rol de cuidadoras y superando a los
hombres en este caso, ocupan el 70% de las plazas. Y en el programa de autonomía personal en domicilio, en
el que aún sin superar el número de plazas ocupadas por hombres, si se aproximan a éstos en porcentajes,
siendo como su nombre indica un programa que se desarrolla en el hogar de las personas participantes.
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
6. Barreras y factores de riesgo que incrementan la
victimización
Son muchas las barreras internas y externas que rodean a las mujeres con problemas de salud mental que sufren
violencia de género, algunas son generadas por la propia mujer al identificarse como culpable de la violencia que
recibe, y otras les son impuestas al relacionarse con otras personas, familiares e incluso profesionales.
Autores y autoras como Escudero et al. (2005), García (2017) y Garriga y Martín (2010) señalan las siguientes
barreras como factores que incrementan la victimización y la falta de detección de violencia de género desde los
servicios públicos en mujeres con problemas de salud mental, insistiendo además en que en las investigaciones
realizadas se detecta cierta tendencia a responsabilizar y culpar a las víctimas de la violencia que reciben,
justificándola con el trastorno que padecen.
6.1. Barreras internas y factores de riesgo que incrementan la victimización
La baja autoestima.
El sentimiento de culpabilidad y vergüenza.
Escasa o inexistente red de apoyo socio-familiar (ver la siguiente diapositiva).
El sentimiento de baja capacidad para enfrentarse a la vida en solitario.
El estigma social que rodea la enfermedad mental (estereotipos y prejuicios).
La menor credibilidad que se concede a su relato cuando verbalizan situaciones de violencia (debido al estigma de la enfermedad).
La minimización de la violencia ejercida por el agresor.
La tendencia a justificar las relaciones abusivas sobre ellas mismas debido al sentimiento de poca valía.
Las mayores probabilidades de situarse en relaciones desiguales debido a las mayores dificultades para encontrar pareja, vinculadas al estigma y autoconcepto.
La baja participación social.
El aislamiento social y la soledad.
La carencia de autonomía y la dependencia de otras personas.
Haber sufrido violencia en el ámbito familiar en la infancia. Haber sido testigo de la violencia del padre sobre la madre.
La carencia de empleo y de recursos económicos. La falta de recursos propios para defenderse.
Estar en un momento de descompensación de la enfermedad.
El desconocimiento y la dificultad en el acceso a la información y a los servicios especializados.
El priorizar los intereses y necesidades del agresor frente a los propios, aun cuando estos puedan resultar perjudiciales para ellas por la fuerte dependencia emocional.
Los recursos alojativos, son escasos y generalmente de corta temporalidad. Esta temporalidad supone que no se tenga en cuenta que cada
persona tiene un proceso de recuperación y unas circunstancias personales y sociodemográficas diferentes, que generan unas necesidades
específicas (por ejemplo: una mujer con un diagnostico de trastorno mental, y menores a cargo, que se encuentre en situación de desempleo,
no tendrá las mismas oportunidades de inserción laboral y de llevar a cabo una vida independiente a corto plazo, que una mujer con sus
mismas características sociodemográficas pero que no cuente con una patología mental).
No obstante, se ha de reseñar que precisamente las mujeres con patologías mentales suelen ser los perfiles que acceden en menor medida a
estos recursos, y cuando lo hacen tienden a abandonarlos antes de completar su plan de intervención.
6.2. Barreras externas y factores de riesgo que incrementan la victimización
Promover la participación y creación de grupos de mujeres con problemas de salud mental, tanto para identificar
la violencia de género y empoderarlas, como para fomentar la creación de redes sociales de apoyo, previniendo el
aislamiento y estigma social.
Creación de espacios de encuentro, de apoyo y acompañamiento a mujeres, con y sin problemas de salud mental.
Sensibilización social sobre violencia de género y su relación con los problemas de salud mental.
Fomento de programas y actividades de inserción sociolaboral y de ocio, para mujeres víctimas de violencia de
género con problemas de salud mental.
Facilitar la independencia económica de las mujeres con problemas de salud mental mediante el desarrollo de la
autonomía y el acceso al ámbito laboral.
Accesibilidad y adaptación de la información en materia de derechos y recursos públicos destinados a víctimas de
violencia de género
Diseño de programas y recursos de acogida específicos, o adaptados a las necesidades reales de las mujeres con
problemas de salud mental (y adicciones).
Propuestas de mejora...
ÁMBITO PROFESIONAL
Revisión continua de la práctica profesional para reducir los sesgos de género y evitar la revictimización de las
mujeres con problemas de salud mental.
Formación continua de las y los profesionales que intervienen de manera directa e indirecta con mujeres, en
materia de género e interseccionalidad (salud mental, violencia de género, adicciones, discapacidad, etc,),
Creación de espacios para la coordinación entre profesionales del ámbito sanitario (atención primaria y
especializada) y social, así como con otros intervinientes.
Creación de protocolos específicos de atención a víctimas de violencia de género con patologías mentales (y
adictivas). Formulación de protocolos, herramientas e indicadores de detección de violencia de género hacia
mujeres con problemas de salud mental.
Desarrollo de programas preventivos en materia de violencia de género en salud mental y adicciones.
Índice de contenido
1. Conceptos básicos
2. Psicopatología
a. Clasificación
b. Sintomatología y comorbilidad
c. Trastornos más comunes
3. Evaluación
4. Intervención
5. Género y salud mental
6. Barreras y factores de riesgo
7. Guía de recursos
7. Guía de recursos
de salud mental