Otto Fenichel - Perversiones y Neurosis Impulsivas
Otto Fenichel - Perversiones y Neurosis Impulsivas
GENERALIDADES.
Las actividades perversas y los impulsos de los psicópatas, tales como el impulso de
fuga, la cleptomanía o la afición a las drogas, son designados a veces con el nombre de
síntomas compulsivos porque los pacientes sienten la compulsión de llevar a cabo tal o
cual acción patológica. Pero la manera en que ellos sienten tales impulsos es tan
característicamente diferente de las experiencias compulsivas, que inmediatamente se
puede presumir que tiene que haber diferencias estructurales específicas en relación con
esa manifiesta diferencia. No basta, sin embargo, para definir satisfactoriamente esta
manifiesta diferencia, el dejar establecido, en general, que las perversiones y los impulsos
mórbidos son placenteros, o que al menos son llevados a la práctica con la esperanza de
obtener un placer, en tanto que los actos compulsivos son penosos y se llevan a cabo con
la esperanza de librarse de un dolor. Esta regla padece excepciones: una acción perversa
puede estar tan perturbada por sentimientos de culpa que en realidad llegue a sentirse
como penosa, a la par que algunos juegos compulsivos pueden adquirir un carácter
placentero. Más característica es la manera de sentir el impulso apremiante. El neurótico
obsesivo se siente forzado a hacer algo que no le agrada hacer, es decir, obligado a usar
su capacidad volitiva contra sus propios deseos, mientras que el perverso se siente
forzado a que algo le guste, aun contra su voluntad. Sus impulsos pueden verse
contrariados por sentimientos de culpa; eso no impedirá que en el momento de la
excitación sienta el impulso como sintónico del yo, como algo que quiere hacer con la
esperanza de alcanzar un placer positivo. En contraste con los impulsos compulsivos, los
impulsos en cuestión tienen un carácter instintivo; son sentidos de la misma manera en
que las personas normales sienten sus normales impulsos instintivos. Es por esta
diferencia que los perversos y los neuróticos impulsivos a veces ni siquiera son
denominados neuróticos, sino psicópatas.
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PERVERSIONES EN GENERAL
El punto de arranque inicial para la investigación de las perversiones fue suministrado por
Freud cuando descubrió la sexualidad infantil y reveló que los fines sexuales del perverso
son iguales a los del niño, 555. En las perversiones, la sexualidad está sustituida por uno
de los componentes de la sexualidad infantil. El problema consiste en el conocimiento de
la causa y la naturaleza de esa sustitución.
Ya antes del psicoanálisis algunos observadores habían destacado el hecho de que los
actos perversos constituyen una deformación unilateral y exagerada de actos que, en una
forma menos exclusiva y menos definida, también tienen lugar en el comportamiento
sexual de las personas normales, especialmente en las actividades preliminares al coito.
El condenar las perversiones bajo el rótulo de inferioridad constitucional constituye una de
las expresiones de la tendencia universal a la represión de la sexualidad infantil. De
hecho, las perversiones son algo universalmente humano. Fueron practicadas en todos
los tiempos y entre todas las razas, y algunas de ellas, en determinados períodos, fueron
toleradas por la generalidad de la gente, e incluso altamente estimadas. Freud agregó
además la observación de que se dan tendencias perversas y ocasionalmente actos
perversos, o por lo menos fantasías, en la vida de todo individuo, ya sea normal o
neurótico, y que mediante el psicoanálisis se revela que los síntomas del neurótico son
actos perversos disfrazados. Si es cierto dice Freud, que los obstáculos reales a la
satisfacción sexual, o la privación en este aspecto, traen a la superficie tendencias
perversas en personas que de otro modo no habrían mostrado tales tendencias, debemos
deducir que hay algo en estas personas que está dispuesto a aceptar las perversiones; o,
si se prefiere, que en ellas estas tendencias tienen que haber estado presentes, en forma
latente, 596. Puesto que los fines de la sexualidad perversa son idénticos a los de la
sexualidad infantil, la posibilidad de todo ser humano de transformarse, en determinadas
circunstancias, en perverso, radica en el hecho de haber sido niño alguna vez.
Los perversos son personas en las cuales la sexualidad es infantil en lugar de ser adulta.
Esto puede deberse a una detención en el desarrollo o a una regresión. El hecho de que
frecuentemente las perversiones se desarrollan como reacción a desengaños en el orden
sexual, tiende a demostrar la efectividad de la regresión. Aquí surge, por sí sola, una
fórmula bien simple: las personas que reaccionan a las frustraciones sexuales con una
regresión a la sexualidad infantil, son perversas, los que reaccionan con otras defensas o
emplean otras defensas después de la regresión, son neuróticas. Ésta era la fórmula que
todavía aplicaba Freud en su Introducción al Psicoanálisis.
En realidad las cosas no son tan enteramente simples. Es cierto que hay estados
patológicos que representan nada más que regresiones a la sexualidad infantil, pero éstas
no constituyen las perversiones típicas. Los actos perversos de esas personas son
polimorfos; el centro de gravedad de su vida sexual está desplazado hacia el placer
preliminar y no es fácil decir dónde termina la estimulación y dónde comienza la
gratificación. Los pacientes de este tipo son también infantiles en otros aspectos que no
son los sexuales, 701, 904.
El perverso típico tiene una sola manera de hallar placer sexual. Todas sus energías
sexuales se hallan concentradas en un instinto parcial particular, y este instinto
hipertrofiado compite con su primacía genital. Sin embargo, si el acto perverso llega hasta
su fin, la persona llega a tener un orgasmo genital, por lo cual sería volver a recurrir a una
fórmula demasiado simple el afirmar que estos pacientes carecen de primacía genital. La
capacidad para el orgasmo genital está bloqueada por algún obstáculo que es más o
menos superado por el acto perverso. La sexualidad perversa no es, por lo tanto,
simplemente desorganizada, como lo es la sexualidad perversa polimorfa de los niños y
de las personalidades infantiles; se halla más bien organizada bajo la férula de cierto
componente instintivo, cuya satisfacción posibilitará nuevamente el orgasmo genital.
El análisis demuestra que los perversos, como los neuróticos, tienen represiones. Tienen
además, también ellos, represiones patógenas específicas. Tienen un complejo de Edipo
y una angustia de castración inconscientes. De este modo, el extremado predominio de
un determinado componente de su sexualidad infantil no excluye que sean rechazadas
otras partes de la misma. En efecto, el síntoma perverso, como el síntoma neurótico,
facilita la descarga de una parte de la catexis de impulsos originariamente rechazados, y
de esta manera hace más fácil el rechazo de la parte restante, 58, 601, 1252. La
diferencia entre las neurosis y las perversiones radica en el hecho de que en las neurosis
el síntoma está desexualizado, mientras que en las perversiones es un componente de la
sexualidad infantil, y además, en que la descarga es penosa en las neurosis, en tanto que
en las perversiones acarrea el orgasmo genital.
1. El factor que primariamente perturba la primacía genital es idéntico al que produce igual
efecto en los neuróticos: angustia y sentimientos de culpa dirigidos contra el complejo de
Edipo. Sin embargo, entre las angustias de carácter neurótico que motivan la defensa, la
angustia de la pérdida de amor es menos importante en las perversiones, a la vez que la
angustia por la propia excitación no puede ser tampoco de mucha importancia, dado que
el logro del orgasmo resulta eventualmente posible. Debe considerarse, por lo tanto, como
factor decisivo, la angustia de castración, y los sentimientos de culpa, que son derivados
de la angustia de castración.
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En las perversiones, la sexualidad adulta es suplantada por la infantil. Algo debe haber de
repulsiva en la sexualidad adulta, y algo especialmente atrayente en la sexualidad infantil.
Mientras este último factor es variable, el primero es constante; siempre es el complejo de
castración el que estorba a la capacidad de disfrutar de una completa sexualidad genital.
De hecho, las diferencias entre el complejo de castración masculino y el femenino
corresponden directamente a las diferencias entre las perversiones masculinas y las
femeninas.
2. Una vez que el goce genital se ha hecho imposible a causa del temor a la castración, la
persona tratará de regresar a aquella parte de su sexualidad infantil a la que está fijada.
Sin embargo, no se trata simplemente de que un determinado componente infantil que en
su tiempo no fue temido va a ocupar el lugar de la temida sexualidad genital. Partes
explícitas, decisivas, de esta sexualidad infantil son reprimidas, y la hipertrofia de un
determinado componente sexual infantil es utilizada, aparentemente, para fortalecer dicha
represión.
Un paciente recordaba que al ver, cierta vez, siendo adolescente, una muchacha con las
piernas desnudas, sintió la orden de recordar esto: Tienes que recordar toda la vida que
también las muchachas tienen piernas. Más adelante el paciente creó un interés fetichista
por los pies. En la época de este incidente el paciente, a causa del temor a la castración,
ansiaba inconscientemente tener una experiencia que le permitiera abrigar la creencia de
que las muchachas tienen pene. Vale decir que la perversión no surgió porque
accidentalmente el muchacho se sintió excitado sexualmente a la vista de las piernas
femeninas, sino que se sintió excitado porque la vista de las piernas femeninas apaciguó
su temor a la castración, que de otra manera hubiera perturbado su excitación sexual,
423.
Entre las experiencias fijadoras que sirven de base a las perversiones, hay una que se
destaca particularmente: las experiencias de satisfacción sexual que al mismo tiempo han
dado lugar a un sentimiento de seguridad mediante la negación o la contradicción de
algún temor. Cada vez que siente perturbada su sexualidad genital por el temor a la
castración, el perverso regresa a aquel componente de su sexualidad infantil que alguna
vez, en su infancia, le proporcionó un sentimiento de seguridad o al menos de
aseguramiento contra el temor, y cuya gratificación fue sentida con especial intensidad a
causa de esa negación o reaseguramiento. Para decirlo de una manera esquemática, el
perverso es una persona cuyo placer sexual está bloqueado por la idea de castración.
Mediante la perversión trata de probar la inexistencia de la castración, y en la medida en
que llega a creer en esta prueba, vuelven a ser posibles nuevamente el placer sexual y el
orgasmo.
La hipertrofia del instinto parcial infantil reasegurador sirve al mismo tiempo para la
represión del complejo de Edipo y de otros remanentes rechazados de la sexualidad
infantil. Esto se consigue mediante una represión parcial de la sexualidad infantil, al
mismo tiempo que otras partes de la misma son exageradas, 601.
Algunas personas creen que los perversos disfrutan de algún género de placer sexual
más intenso que el de la gente normal. Esto no es cierto. Su descarga llega a hacerse
posible sólo a través de obstáculos y deformaciones, y por ello es forzosamente
incompleta. Son, como dice Freud, pobres diablos que tienen que pagar un alto precio por
su limitado placer, 601. La opinión opuesta arraiga probablemente en el hecho de que los
perversos, aun cuando sienten menos placer que la gente normal, disfrutan en cierto
sentido de más placer que los neuróticos, cuyas reprimidas ansias sexuales infantiles no
encuentran gratificación. Los neuróticos pueden envidiar a los perversos el que éstos
expresen abiertamente anhelos perversos que ellos han reprimido.
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El siguiente examen de las circunstancias que prevalecen en determinadas perversiones
específicas servirá para poner a prueba esta teoría.
HOMOSEXUALIDAD MASCULINA.
El hecho de elegir un partenaire sexual del mismo sexo no puede ser designado
simplemente como instinto parcial infantil. Sin embargo, el sexo del partenaire es mucho
menos importante para el niño que para el adulto, y durante el período de latencia y en la
adolescencia, bajo las actuales condiciones culturales, regularmente aparece un cierto
grado de homosexualidad, más o menos manifiesta.
Tiene gran importancia práctica tener en cuenta este hecho. Un poema compuesto por un
paciente en su infancia, en colaboración con el hermano y la hermana mayores que él,
permaneció sin aclarar durante cierto tiempo en su análisis. En el poema aparecían tres
hombres y tres mujeres; era imposible entender a quién representaban estos personajes,
hasta que el análisis reveló que eran una doble representación de los tres hermanos. Sin
tener en cuenta su sexo, aparecían en una parte como hombres y en otra como mujeres.
La transferencia contrasexual, es decir, una transferencia de la madre que un paciente
hace a un analista varón, o una transferencia del padre hecha a una analista, constituye
un hecho corriente en la práctica analítica.
Para la mayoría de los pacientes no tiene mucha importancia el sexo del analista.
Pacientes de uno y otro sexo pueden desarrollar, y desarrollan, en efecto, con su analista,
sea hombre o mujer, tanto la transferencia del padre como de la madre. Una minoría de
pacientes, sin embargo, pueden tener una reacción completamente diferente según se
trate de analista varón o mujer. Esta minoría de pacientes se compone de personas que
se hallan más que otros bajo el dominio de su complejo de castración, y entre ellos se
incluyen los homosexuales.
El hecho de que en una persona normal la elección de objeto queda más o menos
limitada, más Tarde, al sexo opuesto, constituye un problema en sí mismo. Este problema
presenta una dificultad menor en lo que se refiere al varón, por cuanto su primer objeto
amoroso, la madre, pertenece al sexo opuesto; la evolución de la niña hacia una elección
normal de objeto es más complicada a causa de que su primer objeto ha sido el carácter
homosexual.
En toda persona queda, como residuo de la primitiva libertad de elección, cierto grado de
sentimiento sexual hacia el propio sexo.
Esta libertad puede ser atribuida a una bisexualidad biológica del hombre. Este término,
empero, no tiene un sentido muy definido, 216,
Por otra parte, tampoco en el terreno psicológico resulta claro el significado del término
bisexualidad. Tres aspectos del problema, que han sido frecuentemente confundidos entre
sí, deberán ser distinguidos:
aa) si la persona hace recaer su elección en un objeto del mismo sexo o del sexo
opuesto,
La primera pregunta que hay que plantearse en relación con esto se refiere al papel que
corresponde a los factores constitucionales físicos. Bajo la presión de ciertos conflictos,
algunos individuos se hallan más inclinados que otros a utilizar los mecanismos que
vamos a describir, y entre los activos determinantes de esta predisposición tienen carácter
decisivo los factores biológicos, hormonales.
La naturaleza de estos factores podrá resultar más comprensible una vez que hayamos
aclarado los factores psicogénicos que obstruyen la elección de objeto heterosexual.
En algunas situaciones en que no hay mujeres, en alta mar, por ejemplo, o en las
prisiones, hombres que en otras circunstancias hubieran permanecido normales
establecen relaciones homosexuales.
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A esto se
La vista de genitales femeninos puede hacer surgir angustia en un niño de dos maneras:
1, El reconocimiento del hecho de que realmente hay seres humanos sin pene conduce a
la conclusión de que uno mismo puede convertirse también en un ser como ése; una
observación de esta índole confiere eficacia a todas las viejas amenazas de castración,
566, 599, 612. O bien 2, los genitales femeninos, por la vinculación de la angustia de
castración a viejas angustias orales, pueden ser percibidos como un instrumento
castrador capaz de morder o arrancar el pene, 814. Una combinación de ambos tipos de
temor es hallada con bastante frecuencia.
La mitología y los sueños de hombres que padecen angustia de castración, están llenos
de ideas acerca de terribles mujeres fálicas, como la cabeza de la Medusa, donde las
serpientes son decididamente símbolos fálicos, o las brujas, con un solo diente en
protrusión y cabalgando sobre un palo de escoba. Estas figuras no son atemorizadoras
porque son fálicas, sino a pesar de ser fálicas. Las características fálicas representan
intentos de negar y sobrecompensar lo que falta; sin embargo, la adjudicación de tales
características no demuestra tener éxito, y la figura continúa infundiendo terror a pesar de
lo añadido, 634.
Otto Fenichel - Teoría Psicoanalítica de las Neurosis
419
Algunos pocos homosexuales, a saber, aquellos que en su temprana infancia tuvieron una
desusada fijación a un hombre, casos en los que no había figura materna, de modo que el
padre tuvo que ocupar el lugar que usualmente ocupa la madre, regresan simplemente,
después de incurrir en tal actitud, la homosexual, a su punto de fijación, y eligen hombre
que les recuerden a su objeto primario, 1621. La mayor parte de los homosexuales, sin
embargo, no pueden librarse tan fácilmente de la normal nostalgia biológica de las
mujeres. Continúan siendo atraídos por ellas, pero no pudiendo soportar la idea de seres
desprovistos de pene, ansían mujeres fálicas, seres hermafroditas, por decir así. Esta
aguda nostalgia de objetos dotados de pene los empuja a buscar muchachos, pero éstos
deben poseer, en lo posible, el máximum de rasgos afeminados y femeninos. Estas
personas, siguen siendo afectas a su primitivo objeto de amor, pero dado que los atributos
físicos de la feminidad les producen repugnancia, los objetos deben aparecer con
catadura masculina. En las prácticas y fantasías de homosexuales desempeñan un papel
considerable los hombres vestidos de mujer, así como las niñas vestidas de hombre, y el
ideal homosexual del paje demuestra que realmente, están a la búsqueda de la niña con
pene.
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Luego de la identificación decisiva, la evolución posterior puede tomar varias direcciones:
1. El tipo de individuo que es más narcisista que femenino se esfuerza, ante todo, por
asegurarse un sustituto para sus ansias edípicas. Habiéndose identificado con la madre,
se comporta como antes había querido que su madre se comportara con él. Elige como
objetos de amor a jóvenes o niños que, a su juicio, se parecen a él mismo, y los ama y
trata con la ternura que había deseado recibir de su madre. Al mismo tiempo que actúa
como si fuera su madre, está centrado emocionalmente en su objeto amoroso, disfrutando
así el goce de ser amado por sí mismo.
Este tipo de desarrollo produce individuos homoeróticos, que buscan activamente, como
objetos, a personas más jóvenes, 164, 465. Estando narcisísticamente enamorados de sí
mismos y de su pene, siendo caracteres fálicos, véase pág. 568, y estando fijados a aquel
período de la vida en que se produjo el viraje decisivo, estas personas habitualmente
aman a varones adolescentes que los representan a ellos mismos en la época de su
propia adolescencia, 555. La mayor parte de las veces se comportan muy tiernamente
con su objeto, pero también puede ocurrir, si previamente su sexualidad había sufrido una
deformación masoquista, que su conducta con ellos sea bastante sádica.
Un joven, que tenía dificultades de carácter, aparecía en el análisis como muy delicado y
femenino, dispuesto siempre a ceder el paso a los demás. Su vida sexual manifiesta se
limitaba a la masturbación, y tenía muchas amistades del mismo sexo, por quienes sentía
más interés que por las mujeres. Durante el análisis estuvo ocupado, a menudo, en hacer
comentarios psicológicos sobre sus amigos, que en realidad eran aplicables a él mismo.
De esta manera se hizo evidente que elegía los amigos sobre la base del tipo narcisista o
de elección de objeto. Se dedicaba a sus amigos con un tierno cuidado que sólo podía
llamarse maternal. Gradualmente llegó a convencerse de que su carácter pasivo se
parecía al de su plácida madre. Mi madre y yo, dijo en una ocasión, debemos marchar
juntos, porque somos compañeros de sufrimiento. Estas palabras, si bien tenían un
significado consciente bien definido, encubrían al mismo tiempo su identificación genital
con la, castrada, madre. a quien imitaba inconscientemente, al elegir amigos que se
parecían a él mismo.
Otro paciente, cuya personalidad y cuya neurosis se regían por una identificación con la
madre, tenía el perverso deseo de hacer orinar a su novia delante de él, mientras él la
animaba amistosamente. Estaba desempeñando el papel de su madre, quien
acostumbraba ponerlo sobre el orinal cuando era un bebé.
Este mismo mecanismo se presenta también en individuos heterosexuales. Hombres
narcisistas, que en la infancia o la pubertad sentían agrado
en pensar que eran niñas, pueden enamorarse luego de chiquillas, más o menos
varoniles, en quienes ven la reencarnación de sí mismos y a quienes tratan más tarde
como les hubiera gustado ser tratados por su propia madre, 416. Estos hombres no aman
a su partenaire femenino como ente individual, sino que aman en ellas las partes
femeninas de su propio yo, 1565. Una angustia de castración, similar a la de los casos de
homosexualidad, puede dar por resultado una constelación inconsciente en la que la niña
narcisísticamente elegida, amada con la ternura alguna vez deseada de la propia madre
para sí, represente no solamente la propia persona en la adolescencia, sino también,
específicamente, el propio pene, 428. Algunos tipos de carácter se hallan regidos por la
necesidad de dar a otros lo que ellos mismos no consiguieron, disfrutando del placer de
recibir mediante una identificación con la persona a la que dan, 607, Anna Freud ha
descrito un altruismo de este tipo, en el que, ciertos placeres que la persona se siente
inhibida de permitirse a sí misma, son ofrecidos a otros y disfrutados por identificación con
estos últimos, 541. El amor sentido hacia las privilegiadas amigas puede ser, en ese caso,
un sentimiento muy ambivalente, mezclado de envidia, y que puede transformarse en
inmediata furia si las niñas no son tan felices como los pacientes quieren que lo sean.
manera en que les hubiera gustado ser tratados, o bien de una manera completamente
opuesta, 950.
De una manera sublimada, los mismos motivos que producen la paidofilia pueden
engendrar un interés pedagógico. El amor hacia los niños significa habitualmente esto:
Los niños deben pasarlo mejor de como lo pasé yo. En un número de casos que
constituyen una minoría, es verdad lo opuesto: Los niños no deben pasarlo mejor de
como lo pasé yo, 128.
Una actitud paidofílica reprimida puede dar lugar a una especie de temor a los niños, o a
una falta de aptitud para entender a los niños. Algunas personas sienten un embarazo
más o menos acentuado cuando se ven obligadas a ocuparse de niños o adolescentes.
Se trata, en la mayor parte de los casos, de personas que se ven obligadas a reprimir lo
que ellos mismos sintieron cuando niños o adolescentes. En ciertos casos que son la
minoría, los otros niños no representan a uno mismo, sino a otros niños pertenecientes a
la historia infantil del paciente, hermanos o hermanas de la misma edad, por ejemplo.
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madre. Con esto como punto de partida, el padre se convierte en el objeto de amor, y el
individuo se esfuerza por someterse a él, como lo hace la madre, de una manera pasivo
receptiva, 555. Al ocuparnos de las neurosis obsesivas quedó aclarado cuáles son las
situaciones que favorecen la regresión anal, así como se vio también que una regresión
anal en los hombres da por resultado un incremento en las reacciones femeninas, véase
pág. 346. La feminidad que fue rechazada, y se mantuvo en estado latente, en los
neuróticos obsesivos, se hace manifiesta en el homosexual de este tipo. A esto se debe el
caso de los individuos homoeróticos del objeto, 465. En estos casos el complejo de Edipo
ha sido resuelto asumiendo la actitud edípica negativa, característica del sexo opuesto,
608.
Aun cuando los pacientes de este tipo, siendo femeninos, manifiestan una conducta
afectuosa y tierna, inconscientemente pueden estar gobernados por un grado mayor o
menor de hostilidad hacia las figuras paternas a las cuales se someten. Nunberg ha
Algunos homosexuales se hallan inconscientemente regidos por el amor ambivalente
hacia los muchachos mayores, que se atreven a hacer cosas que ellos no se atreven. El
participar en las aventuras sexuales de los muchachos del otro lado de la calle ofrece la
ventaja de un placer sexual con mengua de la responsabilidad: No lo hice yo, lo hicieron
los otros. El amor hacia esos muchachos puede estar combinado con todos los grados de
hostilidad y de miedo hacia los mismos.
padre, 599.
La feminidad en el hombre, es decir, el objetivo sexual de que un partenaire sexual le
introduzca algo en el cuerpo, vinculado habitualmente a la fantasía de ser mujer, 163, está
aa) La identificación decisiva con la madre puede surgir del miedo a la castración, unido al
hecho de haber visto sus genitales. Algunos hombres, que no tienen nada de
homosexuales, ostentan un amor plagado de rasgos de identificación con su partenaire
sexual. La identificación sirve para combatir la angustia. Un paciente que amaba a las
mujeres con este tipo de amor de identificación, quería demostrar a sus amigas esto:
¡Mirad qué bien os entiendo y comprendo todos vuestros intereses! ¡Mirad hasta qué
punto soy capaz de simpatía, que realmente no hay diferencia entre vosotras y yo! La
observación traumática, relativamente tardía, de los genitales de una mujer, había
perturbado el desarrollo de este muchacho. Había sentido aquello que se presentaba a su
vista como alga enteramente raro. Todos sus anteriores temores a la castración los
condensó en el temor a esa cosa extraña, que percibió como un peligro oral. Trató de
dominar esa angustia mediante la negación de que la mujeres fueran diferentes. He aquí
la actitud que asumió: Las mujeres son exactamente iguales a como soy yo. No hay
descubrimientos atemorizantes para hacer, porque en materia femenina lo conozco todo.
Se identificó con el objeto de su angustia y se hizo femenino.
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La feminidad como protección contra el peligro de castración puede fracasar
completamente si la persona no puede negar que el convertirse en mujer significaría
perder el pene. Múltiples intentos de mantener en vigor esta negación hallamos en los
hombres femeninos. Tratan de destacar el hecho de que, aun cuando actúan como si
fueran niñas, tienen realmente un pene: luego hay niñas que tienen pene. Un
razonamiento inconsciente frecuente, similar a éste, es el que podría formularse en los
términos siguientes: Tengo miedo de que podría ser castrado. Si actúo como una niña, la
gente creerá que eso ya ha ocurrido, y de esta manera me salvaré.
Al ocuparnos de los estados de inhibición hemos descrito ciertos tipos masculinos cuya
actividad se halla inhibida en un sentido general, a causa, principalmente, de que poseen
inconscientemente una gran agresividad, a la que sienten temor, véanse págs. 208 y sig..
Los hombres de este tipo sienten a veces que, de ser mujeres, nadie esperaría de ellos
que fueran activos, e incuban, en consecuencia, anhelos femeninos. La agresividad
rechazada puede entonces volver, y el pensamiento inconsciente predominante puede
llegar a ser este otro: Si yo fuera mujer, tendría la oportunidad de vengarme de los
hombres.
4. Ya hemos mencionado la posibilidad de que una persona que ha sido criada sin madre
reaccione a un trauma de castración con la pérdida del interés en todas las mujeres, y el
regreso a los objetos masculinos de su niñez, 1621.
Un paciente cuyo hermano tenía grandes éxitos consiguió sentirse partícipe de la gloria
del hermano. Pero la primitiva envidia se delató en su obsesiva cavilación acerca de si tal
o cual héroe era el más grande.
Este tipo de amor sobrecompensatorio sirve bien al propósito de librarse de un odio
perturbador y sin esperanza, dado que el paciente ya no necesita competir más con el
hermano. Entre él y su hermano pueden repartirse, por decir así, los campos de actividad.
Algunos sectores de especial esfuerzo serán abandonados al hermano, ya que el éxito de
éste habrá de satisfacer todas las necesidades de gratificación. Se evitará de esta manera
todo choque competitivo con el hermano. Esto constituye la base, una vez más, de ciertas
formas de altruismo en las cuales el éxito envidiado es cedido voluntariamente a la otra
persona, 604, Identificándose con el otro, se puede disfrutar de su éxito, mientras que el
goce de un éxito propio hubiera sido imposible a causa de los sentimientos de culpa, 541.
El terreno de la actividad sexual se halla particularmente bajo la influencia de este tipo de
evasión. Si una persona es homosexual y desea como objeto al hermano mismo, la
competencia sexual con éste es de ese modo eludida.
Salta a la vista que existen muchos puntos de contacto entre este tipo de amor de
identificación sobrecompensatorio y los tipos de homosexualidad antes descritos. El
hermano con el cual uno se comporta en forma altruista puede representar al mismo
tiempo la imagen de lo que uno mismo ha querido ser. Una identificación con la madre no
excluye ciertamente la existencia simultánea, en algún otro nivel, de una identificación con
un hermano.
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Los niños tienden en general a identificarse más con aquel de sus progenitores que les
hizo sufrir las frustraciones de más duradera impresión. Esto explica los descubrimientos
hechos por Freud en el sentido de que los hombres más proclives a hacerse
homosexuales son aquellos que han tenido un padre débil, o que del todo carecieron de
padre, 555, vale decir, en otros términos, aquellos que se vieron frustrados por la madre
en cosas esenciales. Lo contrario, no obstante, también es cierto. Los niños que
carecieron de madre también tienen predisposición a hacerse homosexuales, si bien por
otros motivos: el goce de los placeres pasivos del período pregenital a manos de un
hombre en vez de una mujer, crea una disposición para la homosexualidad. Freud hizo la
sugestión de que el auge de la homosexualidad masculina en la antigua Grecia puede
haberse debido al hecho de que los niños eran criados por esclavos de sexo masculino,
555.
HOMOSEXUALIDAD FEMENINA.
Al trauma de la castración, que tiene su origen en haber visto los genitales femeninos, se
debe, como principal factor, que el sexo femenino resulte inaceptable para el hombre
homosexual. ¿Es posible que, de una manera similar, la vista de un pene, en algunas
mujeres, llegue a perturbar el placer sexual? La respuesta es afirmativa, siempre que no
pasemos por alto ciertas diferencias. La vista de un pene puede crear el temor de una
violación inminente. Con más frecuencia, lo que sucede es que moviliza pensamientos y
emociones acerca de la diferencia en el aspecto físico. Estos temores, pensamientos y
emociones pueden perturbar en un grado tal la capacidad para el goce sexual que éste
sólo sea posible donde no haya confrontación con un pene. Hasta aquí la homosexualidad
femenina es realmente igual a la masculina. Pero hay otro factor que complica el cuadro.
En la mujer la exclusión de los genitales del sexo opuesto puede ser el resultado de una
regresión. El primer objeto de todo ser humano es la madre; a diferencia de los hombres,
todas las mujeres han tenido un vínculo homosexual primario, el cual puede revivir más
tarde si la normal heterosexualidad es bloqueada. Al paso que el hombre, en esta
situación, sólo tiene la posibilidad de una regresión de la relación objetal con la madre a
una identificación con la madre, la mujer puede regresar de una relación objetal con el
padre a una relación objetal con la madre, 328, 329, 626, 628, 1007.
En la homosexualidad femenina hay que considerar, por lo tanto, dos factores etiológicos,
a, el violento apartamiento de la heterosexualidad originado por el complejo de castración,
y b, la atracción hacia la madre, a través de tempranas fijaciones. Los dos factores se
complementan, por cuanto la fijación a la madre puede tener una función protectora y de
reaseguramiento, destinada a contrarrestar la fuerza del complejo de castración. De
manera que la fórmula general para las perversiones es válida otra vez: son revividas
aquellas fijaciones que simultáneamente tienden a procurar satisfacción sexual y
seguridad.
En el caso descrito por Freud, 604, el desengaño decisivo fue el nacimiento de un bebé
en la familia, durante la pubertad de la paciente, es decir, en una época en que
inconscientemente ella misma deseaba intensamente tener un bebé con el padre. Al
ocuparse de este caso, pregunta Freud si el desarrollo de esta especial orientación
homosexual no pudo haberse debido al hecho de que el desengaño decisivo fue
experimentado por la niña en la época de la pubertad y no antes. Parece más probable
que este acontecimiento, al ocurrir en la pubertad, produjo un efecto tan grave porque fue
sentido como la repetición de alguna experiencia análoga de la infancia. Se podría
suponer que tal experiencia infantil tuviera relación con el complejo de castración; el
incompleto análisis del caso nada revela, sin embargo, en tal sentido. Sólo sabemos que,
además del bebé nacido durante la pubertad de la paciente, había nacido otro en la
familia tres años antes.
Este tipo 2 parece ser frecuente entre homosexuales femeninas. Las pacientes responden
al desengaño en sus deseos edípicos con una identificación con el padre, después de lo
cual adoptan una actitud masculina activa hacia las mujeres que representan sustitutos de
la madre. La conducta de estas homosexuales activas masculinas hacia sus objetos,
equivalentes de la madre, se combina a menudo con todos los rasgos del tipo de
complejo de castración femenino descrito por Abraham, 20, con el nombre de
cumplimiento de lo deseado, nota al final de página. Del mismo modo que la paciente de
Freud utilizaba su homosexualidad como agresión contra el padre, otras pacientes
pueden combinar la homosexualidad con hostilidad hacia los hombres en general, como si
quisieran demostrar lo siguiente: No necesito ningún hombre, yo misma puedo ser un
hombre.
Al describir el desarrollo sexual normal, dijimos que la capacidad de perturbar la
sexualidad normal, que tiene la sexualidad clitoridiana en la mujer, es mayor que la
correspondiente capacidad perturbadora de la erogeneidad prostática en el hombre,
véase pág. 104. Esta es una de las razones por las cuales la masculinidad en la mujer
tiene mayor importancia que la feminidad en el hombre.
nota de final de página: Wishfulfillment.
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La otra razón es el diferente trato que se acuerda al hombre y a la mujer bajo las
condiciones culturales actuales.
Una paciente había estado expuesta en su niñez a ataques incestuosos de parte del
padre. Éste solía colocar la manita de la niña sobre su pene y masturbarse así. La
homosexualidad de la paciente comenzó con el siguiente incidente. En la época de la
pubertad entró cierta vez en la cama de su hermana menor y puso la mano de la
hermanita sobre el clítoris de ella. En otras palabras, se condujo con su hermanita como
su padre se había conducido con ella. Las experiencias incestuosas de la paciente la
condujeron a incubar un extraordinario temor de que fueran dañados sus genitales; el
enorme pene del padre podría penetrar en su pequeño cuerpo y partirla en dos o
despedazarla. A consecuencia de esta angustia, ponía reparos al pene en general y sólo
era capaz de amar a condición de que el pene fuera excluido. En sus relaciones
heterosexuales prefería a hombres impotentes. Sin embargo, prefería las mujeres a los
hombres, y con ellas repetía su experiencia infantil con la hermana. Apropiándose del
papel del padre, trataba de hacer a las otras mujeres lo que su padre le había hecho a
ella, 415.
Una paciente amaba a las jóvenes hermosas. Tenía un poderoso complejo de fealdad y
un intenso anhelo de ser tan hermosa como sus objetos. Jugaba ante el espejo
representando el papel de su objeto amado. Estaba muy celosa, además, del crecimiento
de su hijita. En sus ambivalentes amores homosexuales su conducta mostraba evidentes
características de identificación con el padre.
Finalmente, un antagonismo entre hermanas puede también verse sobrecompensado y
transformarse en un suave amor homosexual entremezclado con identificación.
Cierta paciente, sin ser abiertamente homosexual, tenía un número desusado de amigas.
Se hallaba constantemente colmada de sentimientos de la más tierna preocupación por
su hermana mayor; se reprochaba severamente cada pequeño placer que disfrutaba sin
que también le tocara a la hermana. Era muy altruista, y gozaba con los placeres de su
hermana como si se tratara de los suyos propios. No era difícil demostrar, en este caso, la
presencia de un subyacente odio primitivo hacia esta hermana.
En la mujer el apartarse de la heterosexualidad constituye una regresión que reaviva los
rastros mnémicos de las primeras relaciones con la madre. La homosexualidad femenina
tiene por esto un sello más arcaico que la masculina. Con ella vuelven las normas de
conducta, los fines, los placeres, pero también los temores y los conflictos, de los
primeros años de vida. Las actividades reales de las mujeres homosexuales consisten en
su mayor parte en jugar mutuamente a hacer la madre y la hija, 328, 329; el hecho
empírico de que el erotismo oral se halla habitualmente en primer plano, como en el
hombre el erotismo anal, se halla en consonancia también con este carácter arcaico.
Las mujeres en quienes la actitud pasivo receptiva hacia la madre se halla en el primer
plano de su homosexualidad, no son necesariamente masculinas en su comportamiento
general.
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FETICHISMO.
La forma de perversión que nos toca tratar ahora, el fetichismo, tampoco consiste
simplemente en la hipertrofia de un instinto parcial infantil. Sin embargo, la función de
negación del temor, a la castración es aquí particularmente evidente.
Como lo ha destacado Freud, la mayoría de los fetiches típicos son símbolos de pene:
zapatos, cabello largo, aros. Las pieles hacen de sustituto simbólico del vello puberal, y la
vista de las mismas bien puede hacer que un niño pregunte si debajo de ellas no hay un
pene. El interés sexual por la ropa interior de la mujer se ve aumentado, como alusión a la
desnudez femenina, en los casos en que la desnudez completa ha de ser evitada.
Cuando se da el caso de emplear fetiches menos típicos, la historia de la primera infancia
del individuo revela experiencias en las que el fetiche, en cada caso, adquirió
subjetivamente el significado de un pene femenino, 621.
Un paciente en análisis relató el siguiente recuerdo. Cierta vez, teniendo
aproximadamente cuatro años de edad, se hallaba acostado en la cama de sus padres.
Por accidente, quedó al desnudo el pene de su padre, y el niño se asustó de su tamaño.
Se preguntó si su madre también tendría un pene tan grande. Esperó una oportunidad en
que inadvertidamente pudo levantarle un poquito el camisón; vio un pene grande, y se
sintió muy satisfecho con el descubrimiento. El paciente comprendía, por supuesto, lo
absurdo de su relato, pero el incidente tenía tal vividez en su memoria, que le producía la
impresión de que podía responder de su exactitud. La contradicción contenida en el
relato, en cuanto a que primeramente el tamaño del pene del padre le causó terror,
mientras que ese mismo hecho, en cuanto a la madre, le satisfizo, sirvió de punto de
partida para el análisis de este recuerdo encubridor. Pareció probable que los hechos
habían ocurrido en orden inverso. El niño probablemente vio, cuando una casualidad los
puso al descubierto, los genitales de la madre, se sintió aterrorizado por lo que veía, se
preguntó si el aspecto del padre también sería así, levantó el camisón del padre, y con
gran satisfacción vio que éste tenía un gran pene, 437.
Este paciente no se hizo fetichista. La. percepción que utilizó para negar el hecho de la
falta de pene en la madre surgió de la observación del cuerpo del padre. Podemos
imaginar que, si en lugar de utilizar, como hizo, el pene del padre, hubiera usado, con el
mismo propósito, un sustituto del pene, relacionado de algún modo con el cuerpo de la
madre, habría de convertirse más tarde en fetichista.
Una objeción a esta teoría sobre el fetichismo, 621, parece presentarse en casos en los
que el fetiche no representa un símbolo del pene, sino de las heces, la orina u objetos
vinculados alguna vez a actividades pregenitales, 77, 677, 987. Algunos fetichistas eligen
como fetiches objetos ahuecados, en los cuales introducen sus dedos, o bien objetos que
tienen un significado de pene, o incluso su propio pene; un fetiche de esta clase parece
incluso representar una vagina, 476. Además, en los fetichistas, la urgencia posesiva de
ser el único poseedor del objeto es particularmente acentuada, y algunos fetichistas son
coleccionistas, 1597; el fetiche puede ser un objeto de poco valor intrínseco, pero cobra
una importancia inmensa mediante la sobrevaloración fetichista. A menudo el olor es un
factor decisivo.
En el análisis de un hombre que tenía una preferencia fetichista por ciertos olores,
preferencia que era, a todas luces, de determinismo anal, se pusieron de manifiesto,
como determinantes de la misma, sorprendentes fantasías inconscientes. Durante su
primera infancia murió la madre, y durante su crianza se le inculcó la creencia de que la
madrastra era su madre verdadera.
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Es posible que, para ciertos hombres, toda mujer provoque un temor a la castración. El
objeto que representa, en tales casos, el pene de la mujer, sólo origina una excitación
sexual mientras no tenga alguna relación con un cuerpo de mujer. El objeto original sigue
estando enteramente reprimido, y solamente el fetiche, que alguna vez formó parte de él,
mantiene su carácter consciente con exagerada intensidad. El deseo que se siente no es
por zapatos calzados por una mujer, sino por zapatos de mujer separados de la mujer.
Freud habló de una represión parcial que hace que una pars pro toto pueda ser retenida
en la conciencia a la par que el totum se halla reprimido, 621, y cfr. también 4, 1215.
El fetichismo como intento de negar una verdad simultáneamente conocida, por otra
parte, de la personalidad, presupone cierto desdoblamiento del yo.
Hay una relación entre el fetichismo y las condiciones subjetivas normalmente planteadas
como precondiciones para el amor. En parte estas condiciones previas representan
simplemente fijaciones infantiles, tipo anaclítico, 585. En un grado mayor, sin embargo,
son estructuradas de acuerdo con un mecanismo análogo al fetichismo. Las condiciones
exigidas representan inconscientemente reaseguramientos contra peligros que se creen
vinculados a la sexualidad.
Esta teoría sobre el fetichismo parece ser aplicable solamente a los casos masculinos. El
hacer hincapié en un símbolo del pene no bastaríapara poner a la niña en condiciones de
mantener la creencia de que posee un pene. En realidad, los casos de mujeres fetichistas
son muy raros, por lo menos mucho más raros que los casos masculinos. Sin embargo,
de los casos que han sido estudiados surge la probabilidad de que circunstancias
excepcionales hayan colocado de hecho, a las mujeres en cuestión, en condiciones de
hacer lo que en general no es probable: aceptar la presencia de un símbolo del pene
como factor apaciguador de las emociones vinculadas a la idea de la carencia de ese
órgano. También en el fetichismo femenino el papel principal corresponde al complejo de
castración, con acentuada referencia al tipo de cumplimiento de lo deseado, 20. El fetiche,
en estos casos, también representa un pene, al mismo tiempo temido y deseado, el pene
que la mujer desea poseer mediante una identificación con el padre, 824.
TRANSVESTISMO.
El homosexual masculino sustituye el amor hacia la madre con una identificación con la
misma; el fetichista se niega a reconocer que la mujer carece de pene. El transvestista
masculino adopta ambas actitudes a la vez, 161, 416. Fantasea con la idea de que la
mujer tiene pene, superando con ello su angustia de castración, y se identifica con la
mujer fálica así creada. De aquí que el rasgo fundamental del transvestismo sea el mismo
que hallamos en la homosexualidad y el fetichismo: la refutación de la idea de existencia
de un peligro de castración. Sin embargo, la identificación con la madre no se establece
imitando su elección de objeto, sino imitando el hecho de ser mujer. El acto transvestista
tiene dos significados inconscientes: a, un significado eróticoobjetal y fetichista, la persona
cohabita no con una mujer sino con sus prendas de vestir, representando éstas,
simbólicamente, el pene de la misma,; b, un significado narcisístico: el transvestista
mismo representa la mujer fálica bajo cuya ropa se esconde un pene. Los transvestistas
que son exhibicionistas en cuanto a la ostentación de su atavío femenino, muestran su
pene simbólico de la misma manera y por la misma razón que los verdaderos
exhibicionistas muestran realmente su pene. Una conducta de esta clase presupone una
orientación bastante narcisista. A niveles más profundos, se hallan fantasías de
introyección en las que el pene equivale a una mujer introyectada. En un nivel más
superficial, el transvestista, identificado con una mujer fálica, busca nuevos objetos, en
primer término, como en el tipo homosexual; 2, el padre, a quien parece decir: Ámame
como amas a mamá, y No es cierto que este deseo mío ponga en peligro mi pene. Un
factor accidental frecuente es que la identificación femenina puede representar no una
identificación con la madre, sino con una niñita, una hermanita, por ejemplo, real o
imaginaria,, y en un nivel más profundo, con el propio pene, 428.
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En cuanto a transvestismo femenino, el ponerse vestimenta
masculina no puede dar, desde luego, a la mujer que lo hace, la ilusión de tener un pene
bajo la misma; pero puede dar la ilusión de que los espectadores lleguen a creer en la
existencia de dicho pene, y tiene el significado de jugar a ser hombre. Hacer creer que se
posee un pene y jugar a hacer el papá, son los significados inconscientes del
transvestismo femenino. La diferencia entre el transvestismo de hombres y el de mujeres
consiste en que el hombre, a pesar de jugar a hacer de mujer, tiene de hecho la
posibilidad de demostrarse a sí mismo que en el juego no pierde el pene, en tanto que la
mujer no se halla en condiciones de obtener un reaseguramiento semejante; lo único que
EXHIBICIONISMO.
En el exhibicionismo se intenta una negación de la castración simplemente por la
sobrecatexis de un instinto parcial. En los niños, el exhibicionismo tiene ciertamente el
carácter de un instinto parcial. Todo niño siente placer en la ostentación de sus genitales,
y en épocas pregenitales, en la ostentación de otras zonas erógenas y sus funciones,
véase pág. 93. Los perversos regresan a este objetivo infantil porque la acentuación del
mismo puede ser útil para la negación del peligro que se cree vinculado a la sexualidad
normal. Un reaseguramiento contra la castración puede ser obtenido por un exhibicionista
masculino de las siguientes maneras:
El significado sádico del exhibicionismo masculino puede ser también resultado de ideas
infantiles de ataques uretrales, y estar relacionado con el significado agresivo de mojar la
cama. y de este modo, por lo tanto, con ciertos tipos de eyaculación precoz.
3. El acto exhibicionista es llevado a cabo como una especie de gesto mágico. Significa
esto: Te muestro lo que yo quisiera que pudieras mostrarme a mí, 555. En este plano, el
exhibicionismo no sólo es una máscara de la escoptofilia, sino que la exhibición del pene
es concebidatambién en términos de un recurso mágico para producir una situación en la
cual la niña atacada pueda exhibir precisamente la misma cosa, es decir un pene, y no un
órgano femenino. En este sentido, el exhibicionista actúa como el transvestista: hace el
papel de la niña que muestra su pene.
Harnik explicó esta diferencia en la elaboración del exhibicionismo en uno y otro sexo por
la diferencia entre el complejo de castración masculino y el femenino. El hecho mismo de
que la niña no tiene pene y siente esto como una herida para su narcisismo, le hace
desplazar sus impulsos exhibicionistas y reemplazar su deseo infantil de exponer los
genitales por el deseo de exponer todo el cuerpo con excepción de los genitales, 736. Por
esta razón, el exhibicionismo desplazado no se adapta a los propósitos de un
reaseguramiento y no puede transformarse en una perversión.
Otto Fenichel - Teoría Psicoanalítica de las Neurosis
439
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si estuviera simulando, y teme al mismo tiempo que la verdad salga a flote. La idea de
quedar al descubierto en la condición de castrada es el principal contenido inconsciente
de más de una histeria de angustia femenina. Es también el contenido típico del temor al
tablado, en la mujer., El hecho de que puedan hallarse ideas análogas en los casos
masculinos de temor al tablado, se debe a que también el hombre puede presentar un tipo
femenino de complejo de castración, es decir, tener la idea de que alguna vez fue
realmente lesionado y que sus genitales resultarán ser inferiores en comparación con los
de otros hombres, 501. En ciertas circunstancias puede verse un paradójico
exhibicionismo de fealdad como resultado de un tipo obstinado y vengativo de complejo
de castración femenino: un gesto mágico enderezado a castrar a los hombres al forzarlos
a contemplar la herida de castración, 483, 634, 739, 1249. Todos los conflictos neuróticos
que giran alrededor del exhibicionismo como medio de forzar la concesión de suministros
narcisísticos, conflictos de que nos hemos ocupado en relación con la eritrofobia, véase
pág. 234, y la inhibición social, véase pág. 211, actúan también en los perversos
exhibicionistas.
A veces, sin embargo, una franca tendencia a exhibir los órganos genitales, en la mujer,
tiene su papel en el placer preliminar. El análisis demuestra que esto sucede en el caso
de mujeres cuyas experiencias les han permitido mantener en alto grado la ilusión de
poseer un pene.
VOYEURISMO.
En el inconsciente de los voyeurs se hallan las mismas tendencias que en los
exhibicionistas. Las experiencias infantiles a las cuales quedan fijados los voyeurs a
veces son escenas que procuraron reaseguramiento; así por ejemplo, escenas tales como
el incidente del fetichista del pie en el caso de Freud, 596. Sucede con mayor frecuencia
que los voyeurs quedan fijados a experiencias que provocaron su angustia de castración,
ya se trate de escenas primarias o de la contemplación de genitales adultos. El paciente
intenta negar el fundamento de este miedo repitiendo, con algunas alteraciones, las
escenas temidas; este tipo de voyeurismo se basa en una ansia de recuerdos
encubridores, es decir, de experiencias bastante semejantes a la original como para
sustituirla, pero difiriendo en el punto esencial, para poder de este modo procurar un
reaseguramiento en el sentido de que no hay peligro, 1198. Esta tendencia puede estar
condensada con una tendencia a repetir una escena traumática con el propósito de lograr
un tardío control.
Abraham relató el caso de un perverso que sólo podía obtener gratificación a condición de
que un hombre y una mujer realizaran un coito en una habitación contigua. El paciente
comenzaba a llorar, y entonces la mujer tenía que abandonar a su compañero y correr
apresuradamente hacia el paciente. Esto representaba probablemente el deseo que
quedó insatisfecho cuando, siendo niño, realmente presenció la escena primaria. Sabina
Spielrein describió una perversión de acechar con la cual el paciente trataba de superar
una temprana represión de la erogeneidad genital y manual, provocada por un intenso
temor a la castración, 1454.
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al otro que lo hacía, es una excusa que los chicos dan con mucha frecuencia, véase pág.
556. De la misma manera, los voyeurs desplazan su interés por destruir, castrar, hacia el
de mirar, a objeto de evitar los sentimientos de responsabilidad y de culpa. Fracasan por
lo general, y el mirar adquiere el significado inconsciente del impulso original.
El anhelo de reemplazar la acción por la contemplación hace que las personas que se
hallan en conflicto acerca de si han de seguir o no determinado impulso, tengan el ansia
de que algún otro realice el acto en cuestión. El alivio de responsabilidad logrado de este
modo, explica la eficacia del ejemplo seductor, 1258.
CORTAR TRENZAS.
COPROFILIA.
Cuando la excitabilidad sexual de una persona adulta continúa vinculada a las funciones
excretoras, ya sea con las de su objeto o autoeróticamente con las suyas propias,
demuestra claramente que su sexualidad se halla en un nivel infantil. Pero también en
estos casos la regresión sirve de defensa contra deseos genitales, no sólo de un modo
general, como sucede en todo neurótico obsesivo, sino también de manera más
específica, representando las fantasías coprofílicas, por lo general, intentos de negar el
peligro de castración. En casos de pronunciada perversión anal encontramos muy a
menudo que este interés se ha visto acrecentado a expensas de un interés uretral
originariamente de igual intensidad, y ello debido a que no existe diferencia de sexo en las
funciones anales. La acentuada analidad expresa el deseo de alcanzar placer sexual sin
tener que recordar la diferencia entre los sexos, cosa que movilizaría el temor a la
Frances Deri observó un caso de coprofilia que se debía al hecho de que el paciente,
siendo niño, había visto a su madre defecando. El significado inconsciente de esta
experiencia era análogo al del fetichista que contempló el pie de su institutriz. Las heces
de la madre fueron percibidas como un símbolo de pene.
Las perversiones eróticouretrales, especial mente un interés sexual de parte del hombre
en la micción femenina, implican, aparentemente, el dirigir especialmente la atención a la
diferencia entre los sexos, y no parecen adecuadas, en consecuencia, para procurar un
reaseguramiento contra los temores de castración. El análisis de estos casos demuestra,
sin embargo, que de hecho ciertas experiencias de la infancia, de carácter especial, han
hecho viable el hacer valer incluso la micción femenina para el logro de un
reaseguramiento de esta índole.
En un caso en que el interés sexual se concentraba en la micción femenina, quedó
demostrado primeramente que este interés significaba, en un sentido general, lo
siguiente: Cada vez que me excito sexualmente, se actualiza mi complejo de castración.
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cual le permitía al paciente aferrarse a la fantasía de que las mujeres orinan por el ano, y
evitar una vez más, de este modo, que la contemplación de una mujer orinando le hiciera
recordar la castración. En un plano más profundo, el interés por ver a las mujeres
orinando significaba la esperanza de descubrir que también ellas tienen un pene. La niña
que orina significaba, por sí misma, un pene que orina, 428.
mientras se está sentado en el retrete. Esto se debe a la idea de que, al mismo tiempo
que una sustancia es expulsada del cuerpo, otra sustancia deberá entrar en él.
PERVERSIONES ORALES.
Una preferencia por la zona oral como instrumento de gratificación sexual raras veces se
presenta como una perversión completa por sí misma, que excluya la posibilidad de otras
formas de gratificación sexual. Una vez más, el análisis demuestra que la boca se
constituye en sustituto preferente de los genitales en aquellos casos en que la actividad
genital se halla inhibida por el temor a la castración, 13. Esto resulta claro en aquellos
casos de felacio que en el análisis se manifiestan como negación de arrancar el pene de
un mordisco o como equivalente de hacerlo. También en la preferencia del cunilingüe
ambos sexos pueden estar influidos por la tendencia a excluir del acto el pene o por la
fantasía de un pene femenino oculto.
El análisis de un paciente con preferencia por el cunilingüe demostró que tenía la fantasía
de ser una mujer disfrutando del goce de la homosexualidad femenina. Esta fantasía
constituía un fugarse del pene, el cual movilizaba el temor a la castración.
Una extrema sumisión, como condición para el logro de una gratificación sexual, es una
perversión que se presenta no sin frecuencia en la mujer, y ocasionalmente también en el
hombre, 1200, 1261. Representa una extrema exageración de ciertos rasgos que se
hallan presentes. en todo enamoramiento, es decir, se desplaza el centro de gravedad de
la propia existencia a la personalidad del partenaire. El paciente vive solamente con el
partenaire y a través de él, siente que por sí no es nada y que el partenaire lo es todo.
Está dispuesto a realizar cualquier sacrificio en beneficio del partenaire, y especialmente
para despertar en el partenaire el interés por él mismo, El enamoramiento, de por sí, no
es por cierto una perversión, pero lo es allí donde la única excitación sexual posible
consiste en la sensación de la propia insignificancia en comparación con la grandeza del
partenaire, 606.
Otto Fenichel - Teoría Psicoanalítica de las Neurosis
446
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Tiene de común con el primero su carácter monomaníaco, y con el segundo, el goce de la
propia insignificancia.
El sentimiento de que yo soy pequeño, el amado es grande, por cierto constituye, ante
todo, una reminiscencia inconsciente de la época en que esto era literalmente cierto, es
decir, cuando el paciente era niño y sentía amor por una persona adulta. La sumisión
apunta hacia el complejo de Edipo, y ciertos rasgos de la misma son frecuentes en las
personas histéricas en general. Sin embargo, cuando esta sumisión se intensifica hasta
llegar a constituir una forma de perversión, no refleja tan sólo el amor del niño hacia sus
padres, sino especialmente un determinado aspecto de este amor.
Ya hemos dicho que un genuino clímax genital, en una relación de objeto, acarrea
también una especie de regresión a su precursor más temprano. Es una incorporación, en
la medida en que se produce un sentimiento de unión y desaparece el sentimiento de
separación. El apasionamiento se caracteriza por la modalidad que adquiere este
sentimiento: Somos uno, pero el partenaire constituye la mitad más importante. La
sobreestimación del partenaire sexual significa al mismo tiempo: Participo de la grandeza
de mi partenaire. En este sentido, todo amor es una gratificación narcisista, una
recuperación de la omnipotencia perdida y proyectada, 585.
La lucha por los necesarios suministros narcisísticos puede tener lugar de diversos
modos. Uno de los modos está representado por la fantasía de ser incorporado por el
objeto, de ser nada más que una parte de una personalidad más poderosa, y de superar,
de ese modo, la propia insuficiencia, 265, 712. La idea de ser incorporado puede ser
utilizada simultáneamente como una defensa contra la idea sádica de incorporar
activamente. Si puede lograrse el sentimiento de que la unión con el partenaire se realiza
sin mediar la acción del sujeto, ya no hará falta una manera violenta de establecerla, 428.
Pero la negación del sadismo no siempre tiene éxito, y a menudo resulta enteramente
La identificación con el pene del partenaire es una fantasía que encontramos en ambos
sexos. La fantasía básica del transvestismo masculino, me muestro como una mujer
fálica, se halla a menudo condensada con la fantasía de hacer el papel de pene.
En un paciente, la feminidad se hallaba vinculada a un ingenuo amor narcisista hacia su
pene, al que daba un sobrenombre cariñoso. Hasta el nombre femenino que gustaba
tomar cuando hacía el papel de niña, era muy parecido a este sobrenombre del pene,
416.
La identificación con el pene es aún más frecuente en las niñas. Esta fantasía, soy un
pene, es aquí una fuga del conflicto entre dos tendencias contradictorias que se expresan
de este modo: Me gustaría tener un pene y me gustaría amar a un hombre. La fantasía de
ser el pene de un hombre, y hallarse vinculada de este modo, en indestructible y
armoniosa unión, al hombre, sirve a la represión sobrecompensatoria de la idea opuesta:
Deseo robar el pene de un hombre y temo por ello su venganza.
Los peligros que son negados mediante esta fantasía pueden ser de diferente carácter. O
bien el pene con que se identifican los pacientes representa el pene de la madre, y en
consecuencia niega la existencia de seres sin pene, o bien representa el pene del padre,
y niega con ello la angustia mediante una identificación con el agresor.
Todos los casos en que las relaciones con el pene están regidas por fantasías de
introyección, tienen por base una historia pregenital. El pene con que se identifican las
personas sometidas representa también el niño, las heces, el contenido del vientre
materno, o la leche. El pene es solamente el último eslabón de una larga cadena de
objetos introyectados, 593.
Puede hallarse también una extrema sumisión en ciertas formas del culto a los héroes
que se hallan basadas en la fantasía inconsciente de ser una parte del héroe. Es
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RILKE, nota uno al final de página.
Was wirst Du tun, Gott, wenn ich sterbe? Ich bin Dein Trank, wenn ich verderbe, bin Dein
Gewand and Dein Gewerbe, Ich bin Dein Krug; wenn ich zerscherbe, mit mir verlierst Du
Deinen Sinn.
Ich weiss, dass ohne mich Gott nicht ein Nu kann leben, werdich zu nicht, er muss vor Not
den Geist aufgeben.
SADISMO.
¿Puede aplicarse al sadismo la teoría general de las perversiones, es decir, es concebible
que el torturar un objeto pueda procurar un reaseguramiento contra el temor a la
castración? Y en caso afirmativo, ¿a qué se debe la elección específica de esta forma de
reaseguramiento?
Entre los niños que sufren de angustia, los hermanos o hermanas mayores se hallan
siempre en mejor situación que los menores, porque pueden amenazar a éstos.
La idea de que antes de poder gozar sexualmente debo convencerme de ser poderoso
todavía no es, a buen seguro, igual a esta otra: Logro placer sexual torturando a otras
personas. Sin embargo, la primera constituye un punto de partida para la aparición del
sadismo. El tipo de exhibicionista amenazador, el cortador de trenzas y el hombre que
muestra
láminas pornográficas a su inocente partenaire, disfruta de la impotencia de éste porque
ella significa no tengo por qué temerle, y esto hace posible, a su vez, el placer que de otro
modo estaría bloqueado por el miedo. Mediante la amenaza a sus objetos, los sadistas de
este tipo demuestran su preocupación respecto a la idea de que ellos mismos podrían ser
amenazados.
Hay muchas personas que temen no sólo la posibilidad de ser víctimas de alguna forma
de castración durante el acto sexual, sino también la de ser dañados por su propia
excitación. Una vez más, pueden librarse de este temor si Logran despertar en otros un
parejo temor a la excitación.
Análogo a esto es el frecuente síntoma obsesivo de la risa como reacción a noticias, de
muerte. Este síntoma no se presenta tan sólo tras la muerte de una persona acerca de la
cual el paciente haya tenido previamente deseos inconscientes de muerte. Puede ser una
expresión de reaseguramiento, de carácter mucho más general, contra la angustia
producida por la noticia, en cuanto subraya el propio triunfo: El que murió es el otro, no
soy yo.
A menudo los sadistas no sólo luchan con una inconsciente angustia respecto a la
castración o al peligro de su propia excitación, sino también contra ciertas tendencias
autodestructivas que ellos mismos albergan. El origen de las tendencias autodestructivas
será examinado más adelante, véanse págs. 405 y sigs. Pero una vez que estas
tendencias se han formado, son combatidas mediante el procedimiento de volverlas hacia
afuera, contra los objetos sexuales. Dado que el masoquismo surge, por regla general, de
la vuelta hacia adentro de un sadismo originario, pueden producirse tres capas. El
sadismo manifiesto de la tercera capa es muy diferente de la originaria hostilidad de la
primera capa. En su estudio titulado Pegan a un niño, Freud describió el desarrollo
histórico típico de esta triple formación, 601.
A semejanza de los cortadores de trenzas, hay también otros sadistas que proceden no
solamente según la fórmula soy el castrador, no el castrado, sino también de acuerdo con
la idea complementaria: soy solamente un pseudo castrador, no un castrador real.
Castrando simbólicamente en vez de hacerlo de manera efectiva, consiguen, a través de
las experiencias de sus víctimas, reasegurarse de que las terribles cosas que ellos temían
no son tan enteramente terribles, después de todo. Los actos perversos que realmente
son llevados a cabo por los sadistas tienen a menudo un carácter de juego y tienen el
mismo propósito que toda otra clase de juego. El paciente, temeroso de una posible
vinculación entre una excitación sexual completa y la castración, trata de aprender a
controlar esta situación vinculando los actos sexuales, en forma activa y de tanteo, a
castraciones menores.
La idea de que el cabello vuelve a crecer, en el caso de los cortadores de trenzas, y en
los coprofilicos la idea de que las heces vuelven a producirse todos los
días, es usada como prueba de que la castración no tiene por qué ser definitiva, 740,
1054.
nota uno de final de página: ¿Qué será de ti, Dios, cuando yo muera?
nota 2 de final de página: Soy tan grande como Dios: Él tan pequeño como yo: no puede
estar sobre mí, ni yo bajo Él.
Sé que sin mí Dios no puede vivir un instante.
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El caso siguiente muestra la misma tendencia en una forma algo más complicada. Las
fantasías sexuales de un paciente neurótico obsesivo estaban llenas de ideas sádicas de
hacer avergonzar a las mujeres. Se trataba de obligar a las niñas a mostrar su excitación
sexual en una forma humillante. Durante su infancia, el paciente acostumbraba
masturbarse por el ano. Se sentía muy avergonzado por ello, y efectivamente ocultó
cuidadosamente esa actividad. Su neurosis estaba dominada por un temor a ser
descubierto y por una anticipada vergüenza. Siendo niño había tenido el anhelo
inconsciente de ser descubierto, e incluso había tratado de provocarlo. El motivo de esto
último no era tanto una necesidad de castigo como un intento de seducir a otros, un
anhelo de apartarse del autoerotismo hacia objetos que pudieran participar en sus
actividades sexuales.
En sus actividades y fantasías de carácter sádico hacía a los demás lo que, en forma
ambivalente, había pensado alguna vez que podría sucederle a él. Su sadismo tenía los
significados siguientes: 1, Lo que el paciente teme, no le sucede a él, sino que él se lo
hace a otros. 2, Aquello que anheló, y que al mismo tiempo había temido, finalmente ha
sucedido, y lo experimenta en una forma altruista y por lo tanto sin peligro, en lo que
siente con las niñas a quienes hace lo que debió habérsele hecho a él. 3, Lo que
realmente tiene lugar no es castración sino únicamente el mal menor de ser avergonzado.
En los casos de extrema sumisión, el sentimiento de unidad con un objeto, del que resulta
un reaseguramiento contra la angustia de ser abandonado, se logra mediante la idea de
ser una pequeña parte del enorme cuerpo del partenaire. Puede lograrse también por la
idea opuesta, de que la otra persona no es más que una pequeña parte del cuerpo propio.
Y este sentimiento puede ser el resultado de crear una situación en la que el partenaire
dependa absolutamente del paciente y de sus antojos.
Un paciente había tenido la costumbre de jugar, siendo niño, al juego sádico de hipnotizar
a todo el mundo. Gozaba con la idea de la impotencia de sus víctimas. Antes de eso
había sido tartamudo y había sido ridiculizado por su hermana. Este recuerdo había sido
usado para encubrir otras situaciones en que la hermana lo había ridiculizado por su
inferioridad sexual. La fantasía sádica del hipnotismo era una venganza contra la
hermana. Valiéndose de ella, le mostraba a la hermana su superioridad e incluso su
omnipotencia. Mediante su sadismo, negaba su temor de ser sexualmente inferior,
castrado, Pero las dudas de la hermana sobre su masculinidad debían su eficacia al
hecho de coincidir con sus propias dudas. Las sueños revelaron que la idea de hipnotizar
había reemplazado a una idea más antigua, la de ser hipnotizado por el padre. De esta
manera, el sadismo era usado para contradecir un peligroso masoquismo.
Hasta el presente no ha sido analizado ningún asesino sexual. Pero si se pueden tomar
en cuenta tanto los casos en que las fantasías de esta índole desempeñaron un papel
predominante, 1444, como las experiencias recogidas en el caso de sadistas menos
extremados, se puede suponer que en tales casos el superyó desempeña un papel que
complica la situación, 1029. El acto sádico no significa solamente mato para evitar que me
maten, sino también castigo para evitar el ser castigado, o más bien fuerzo el perdón
mediante la violencia. Las personas que sienten la necesidad de suministros narcisísticos
muestran, al ser frustrados, una tendencia a responder con reacciones sádicas intensas.
En ciertas circunstancias, esta tendencia puede intensificarse hasta culminar en un acto
que constituye la negación de un temor por otro. En vez de si hago algo sexual, tendré
que ser castigado, ahora es: Te torturo hasta obligarte, por la intensidad de tu sufrimiento,
a perdonarme, a liberarme del sentimiento de culpa que bloquea mi placer, y de este
modo, mediante y en tu perdón, a procurarme una satisfacción sexual. El sadista, que
pretende ser independiente, delata de este modo su profunda dependencia de su víctima.
Obliga a su víctima a amarlo por fuerza. El amor que busca es de carácter primitivo, y
tiene el significado de un suministro narcisístico.
El modelo de este tipo de sadismo es el Rey Federico Guillermo de Prusia, quien
acostumbraba pegar a sus súbditos, al mismo tiempo que les gritaba: ¡No debes
temerme, debes amarme!
Estas complicaciones, que surgen del superyó, indudablemente desempeñan también su
papel en el tipo de sadismo del mal menor.
castración. La tendencia a dominar la angustia por este medio depende, por supuesto, de
la historia primitiva del componente instintivo sádico, 1157.
Este componente instintivo, para empezar, puede ser, por razón de constitución,
particularmente fuerte. Algunos niños muestran más placer que otros en torturar animales.
Las fijaciones sádicas reconocen las mismas causas que las demás fijaciones, véanse
págs. 83 y sig. Las frustraciones intensifican particularmente la cualidad sádica con que el
fin de la tendencia frustrada es eventualmente perseguido, en cierto momento. No hay
ninguna duda de que las características sádicas se hallan vinculadas más a fines
pregenitales que a fines genitales. Los impulsos sádicos no se limitan, por supuesto, a
pulsiones correspondientes a una zona erógena específica. Hay un sadismo manual, o
más correctamente, un sadismo relacionado con el erotismo muscular, 1338, 1346. Hay
un sadismo de la piel, que es probablemente una proyección del masoquismo erógeno de
la piel y la fuente del placer sexual de pegar, 601, 613. Hay un sadismo anal, rechazado
en la neurosis obsesiva, 581.
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Hay un sadismo oral, cuyos rasgos distintivos fueron estudiados más específicamente en
las neurosis que representan negativos de estas perversiones, la neurosis
impulsiva y la depresión, que en las perversiones mismas. Abraham, 26, y Van Ophuijsen,
1205, demostraron, sin embargo, que también en la perversión del sadismo los fines
sexuales pueden ser derivados de las tendencias destructivas del período oral. Y hay
también un pronunciado sadismo fálico, 385. El hecho de que la idea de incorporación
está vinculada, objetivamente, a la destrucción del objeto, hace que todas las relaciones
de objeto que tienen como objetivo la incorporación sean ambivalentes. Los individuos
que regresan a fines de incorporación son precisamente los mismos que tienden también
a hacerse sadistas.
La idea, tan frecuente, de que pegan a un niño, es el resultado de una evolución que pasa
por varias etapas. En el plano más profundo, la fantasía conserva el recuerdo del período
De esta manera, las perversiones sadomasoquistas también sirven para reprimir las
consabidas y dañinas ideas de la sexualidad infantil, las tendencias edípicas y el temor a
la castración. Una vez más, el sadista es una persona que ha mantenido consciente, e
incluso exageradamente, una parte de su sexualidad infantil, para facilitar la represión de
las partes más censurables de la misma.
MASOQUISMO.
Los problemas del masoquismo son análogos a los del sadismo, pero más complicados
en un aspecto. El masoquismo contradice aparentemente el principio de placer. En tanto
que, en general, el hombre tiende a evitar todo lo que sea dolor, en los fenómenos del
masoquismo el dolor parece proporcionar placer y constituir un objetivo que el individuo
se empeña en lograr, 613.
Un intento de aplicar la fórmula general válida para las perversiones conduce a aparentes
contradicciones. Por un lado, el conflicto entre el impulso y la angustia es evidente en los
masoquistas. Abiertamente ostentan tendencias contradictorias de luchar por la
satisfacción y de posponerla. Prefieren, aparentemente, el placer preliminar al placer final,
y la fantasía a la realidad, 1297, 1299. Por otro lado, parece una paradoja que un dolor
temido pueda ser evitado o negado mediante un sufrimiento real.
1. Ciertas experiencias pueden haber hecho arraigar tan firmemente la convicción de que
el placer sexual tiene que estar unido al dolor, que el sufrimiento se ha convertido en un
prerrequisito del placer sexual, prerrequisito al que no se tiende originariamente, pero sí
es buscado secundariamente como precio que es forzoso pagar para excluir
perturbadores sentimientos de culpa, 1277.
3. Cualquier angustia puede ser combatida mediante una acción que anticipe, en forma de
juego, la cosa temida. Es función de todo juego anticipar activamente aquello que podría
resultar aplastante si sucediera en forma inesperada, correspondiendo al yo el determinar
el momento y el grado en que esto ha de realizarse, 1552. Así como ciertos sadistas
torturan a otras personas con el propósito de negar la idea de que ellos mismos pueden
ser torturados, los masoquistas se torturan, o aseguran su tortura mediante sus propios
planes e indicaciones, para eludir la posibilidad de ser torturados en una forma o un grado
inesperados, 349, 350, 351.
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Los cuatro mecanismos descritos actúan, sin lugar a dudas, en el masoquismo, pero no
bastan para explicarlo. Ellos harían comprensible el hecho de que una persona se ve
obligada a soportar una cierta dosis de sufrimiento antes de alcanzar la capacidad de
disfrutar un placer. Pero esto no es lo característico del perverso masoquista, quien
parece derivar su placer del sufrimiento más que obtenerlo después de sufrir.
Pero esto no puede explicar los casos de efectivo placer en el dolor que existen fuera de
toda duda. En el masoquismo propiamente dicho, la anticipación activa de un mal menor
se complica a causa de otro factor, que explica la simultaneidad de dolor y placer. Así
como en otras perversiones, la medida de reaseguramiento está condensada con un
placer erógeno. La existencia de un masoquismo erógeno puede adscribirse al hecho de
que, tal como sucede con todas las sensaciones en el organismo humano, también la
sensación de dolor puede ser fuente de excitación sexual, 555, 601, véase pág. 90. Esto
sólo puede ser así bajo ciertas condiciones: el dolor no debe ser demasiado intenso ni
demasiado grave. El ser pegado excita sexualmente a los niños porque constituye una
intensa excitación de las zonas erógenas de la piel de las nalgas y de los músculos
subcutáneos., El desplazamiento de libido del ano a la piel parece ser un antecedente
característico de todo placer en ser pegado. Por esta razón una constitución anal, y las
fijaciones anales, estimulan el desarrollo del masoquismo., Si el dolor se hace demasiado
intenso, el displacer pesa más que la estimulación erógena y cesa el placer.
Detrás de una conducta aparentemente muy activa, e incluso sádica, puede esconderse
en los niños un ansia de gratificación del masoquismo erógeno, así como también, en un
período posterior, el ansia de gratificación de un masoquismo perverso, en adultos.
Muchos niños, y también personas mayores, conocen exactamente la manera de ser
desobediente para provocar a los demás a que les peguen, o que los castiguen en forma
tal que equivale a ser pegado.
Las fijaciones al masoquismo erógeno pueden producirse por las mismas razones que las
fijaciones a cualquier otro componente instintivo. Si los individuos con tal fijación son
obligados más tarde, por el temor a la castración, a usar los mecanismos descritos, el
resultado puede ser que el sufrimiento ya no sea tan sólo un prerrequisito del placer sino
incluso una fuente de placer.
Entre las causas de fijación al masoquismo erógeno, hay un tipo que predomina: la
fijación basada en la simultaneidad de placer erógeno y reaseguramiento contra el temor.
La seguridad se logra sometiéndose a un castigo, mediante el cual es logrado el perdón, y
el placer sexual, bloqueado antes por sentimientos de culpa, resulta nuevamente
accesible.
1. Luego que la hostilidad ha sido vuelta contra el propio yo. La experiencia clínica
demuestra efectivamente que el masoquismo representa un viraje del sadismo, que se
vuelve contra uno mismo.
Ante todo, se nos puede permitir que dudemos acerca de si alguna vez el masoquismo se
presenta con carácter primario, o si más bien se produce regularmente por transformación
del sadismo, 555.
objeto al yo. Debe darse por establecido que existen instintos con fin pasivo, pero la
pasividad no es todo el masoquismo. También pertenece a él la característica del dolor, un
asombroso acompañamiento de la gratificación de un instinto. La transformación del
sadismo en masoquismo parece ser debida a la influencia del sentimiento de culpa, 601.
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En el análisis de la típica fantasía de ser pegado, Freud ha demostrado, de una manera
análoga, que el deseo de ser pegado fue precedido por un deseo de que fuera pegado el
odiado rival, 601.
La feminidad, por otra parte, puede hacer aumentar la angustia de castración, a causa de
la idea de que la satisfacción femenina sólo podría lograrse al precio de la castración,
599. De este modo, la vinculación entre la feminidad en los hombres, la angustia de
castración y los sentimientos de culpa es muy estrecha. Si estos hombres desarrollan
también uno de los mecanismos arriba descritos, deformarán sus deseos femeninos en un
sentido masoquista. Ser pegado por una mujer, por la madre, encubre la idea, más
profundamente oculta, de ser pegado por un hombre, por el padre, y el significado de las
prácticas masoquistas termina por ser el de desempeñar el papel de la mujer en el coito o
en el alumbramiento, 601, 613.
A veces los arreglos previos del masoquista producen una impresión diferente. Así como
los neuróticos traumáticos procuran, una y otra vez, la repetición de sus traumas
dolorosos, ciertos masoquistas parecen también incapaces de liberarse de las ideas de
castración. Una y otra vez tienen que repetir ciertas alusiones a la castración,
probablemente en un esfuerzo por lograr la consoladora seguridad de que esta vez, de
seguro, es solamente una zurra y no una castración, de seguro tan sólo un juego y no
cosa grave. Pero al parecer no pueden nunca estar completamente seguros, y una y otra
vez necesitan una reaseguradora aproximación a actos parecidos a la castración. Cada
vez que se excitan sexualmente, se produce, por lo regular, la interferencia del
trastornante temor inconsciente a la castración. Se opta por ser pegado, no solamente
porque esta idea despierta un masoquismo erógeno en la piel y en los músculos, sino
también porque el castigo tentado, en la esperanza de librarse finalmente de la
perturbadora presión del superyó, no es demasiado grave.
También aquí la condensación de una agresión cargada de culpa con un placer erógeno,
se halla vinculada, por vía de asociación, al complejode Edipo, y sirve al propósito de
asegurar la represión del complejo de Edipo, 121, 642, 1604.
Una mujer había sentido, siendo niña, un gran amor hacia su padre, un misógino que sin
ninguna reserva hizo conocer a su hija su antipatía hacia las mujeres. La paciente tenía
una hermana mayor, a quien el padre prefería evidentemente. El padre era muy severo en
la prohibición de toda práctica eróticoanal, de cualquier índole. La paciente se hallaba
enfrentada, por consiguiente, a los problemas siguientes. Amar al padre, coma lo exigía
su instinto, pero eliminando toda conciencia de la existencia de un pene, la causa de sus
contrariedades, dado que su carencia de pene era la causa de la antipatía que inspiraba
al padre, Además, tenía que eliminar toda expresión de sus fuertes deseos anales y del
deseo de vengarse de la hermana; tenía que aprender a soportar la severidad y el
desprecio del padre sin dejar de amarlo. Se hizo masoquista, con el fin sexual de ser
pegada. El pene, por ser censurable, fue suplantado por la mano que pega; el ano,
igualmente censurable, por la superficie cutánea de las nalgas. Para su inconsciente, no
era ella a quien pegaban, sino la hermana y sólo secundariamente era desviado ese
castigo hacia ella. Y la conducta real de su padre pudo seguir siendo adecuada para
satisfacer su complejo de Edipo, deformado en sentido masoquista.
A menudo una fantasía masoquista explica solamente la mitad de una fantasía completa,
en tanto que la otra mitad ha sido reprimida. El descubrimiento de esta segunda parte
revelará la conexión respectiva con el complejo de Edipo.
El fin sexual de ser pegada, en la paciente a que acabamos de referirnos, pudo ser
vinculado a dos experiencias de la infancia. Recordaba la paciente a un niñito a quien
pegaban con frecuencia, y también a una niñita que acostumbraba exhibir sus nalgas y
sus genitales. La paciente solía fantasear con que la niñita era pegada por su mal
comportamiento, tal como el niñito era realmente pegado. Se identificaba con la niñita, y
su fantasía inconsciente puede formularse en estos términos: Quiero exhibirme como esta
niñita y luego ser pegada por ello como aquel niñito. El placer de exhibirse constituía un
tópico destacado de su análisis. Al comienzo, su exhibicionismo tenía un carácter
femenino, y se manifestaba, por ejemplo, en el orgullo que sentía en estar enferma o
sangrar, lo cual se condensaba en fantasías de parto. Más adelante se vio que este
orgullo de sangrar era una sobrecompensación de su gran temor a la castración.
Finalmente resultó evidente que todo su exhibicionismo femenino era el sustituto
relativamente tardío de un primitivo exhibicionismo fálico que fue inhibido por la angustia.
Sobre la base de diversos sueños, se llegó a la conclusión de que tanto la niñita
exhibicionista como el niñito que realmente había sido pegado se habían exhibido y
habían orinado delante de la paciente. De modo que el texto completo de la fantasía
sexual, dentro de la cual el ser pegada sólo era una pequeña parte, sería como sigue:
Quiero estar en condiciones de exhibir un pene, como lo hace el niñito, de modo que mi
padre llegue a quererme. Me niego a creer que me han castrado, o me castrarían, por
este hecho. No, únicamente me pegarían por ello, porque veo que este niño que ha sido
pegado sigue teniendo un pene, cfr. 326, 1008.
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Esta vinculación es la causa del carácter provocativo y de ostentación de algunos de los
preparativos masoquistas, 1297, 1299. No sólo el exhibicionismo, sino también otras
perversiones, como el fetichismo y la coprofilia, están a menudo condensados con el
masoquismo o son encubiertos por él.
Una paciente que tenía temor a las experiencias sexuales se afeaba para carecer de
atractivos para los hombres. En el análisis llegó a admitir que sentía una paradójica
satisfacción masoquista en ser fea. Mostraba asimismo su masoquismo en otras formas
Acostumbraba tironearse el vello pubiano hasta que sentía dolor, y se produjo una
dermatitis. Siendo niña, su padre acostumbra empolvar sus genitales y su región anal. No
había duda de que, al producirse una dermatitis, trataba inconscientemente de seducir a
su padre para que repitiera esa actividad. Pero la experiencia de ser tratada por el padre
no fue placentera. El padre, que era una persona muy severa, causante de que su hijo se
hiciera masoquista debido a su severidad, le había dado la impresión de que el
tratamiento era un castigo por la masturbación. Su temor a la sexualidad era un temor de
que el hecho, imaginado por ella, de que había arruinado su cuerpo, pudiera ser
descubierto. Su intento de evitar ese descubrimiento poniéndose fea, dio por resultado la
reaparición de lo que había sido rechazado. El intento de evitar la exhibición del supuesto
estrago, dio por resultado precisamente la demostración de esto mismo. En un plano más
profundo, estaba colmada de vengativas fantasías activas de castración. El ponerse fea
significaba: a, forzar al padre a hacerle algo de carácter sexual, b, vejar al padre,
masturbándose ante sus propios ojos, ponerse fea = a arruinarse = a masturbarse, c,
arruinar al padre al obligarle a ver que ella estaba arruinada.
A esta misma categoría pertenece la psicología del ascetismo. En los ascetas, que se
afanan por mortificar la carne, este mismo acto de mortificación se transforma en una
expresión deformada de la sexualidad bloqueada, y proporciona un placer masoquista.
Este tipo de masoquismo es, por regla general, de carácter más anal, caracterizado por la
retención y por la aptitud para la tensión. Afín a esto es el orgullo de sufrir que exhiben
muchos niños, que tratan de negar su debilidad soportando tensión.
Los casos de masoquismo moral, más graves, en que no hay ninguna vinculación
manifiesta con la sexualidad, o en los que el paciente no se da cuenta, incluso, de que se
está torturando, no pueden ser considerados como perversiones sexuales.
Inconscientemente, los rasgos de carácter de esta índole seguramente no evolucionaron
independientemente de la sexualidad. Representan intentos del yo de imponerse a un
severo superyó. Dos índices contradictorios, apropiados para medir tales empeños, la
rebelión y la propiciación, se condensan en el masoquismo moral. El sufrimiento propio es
visto como una demostración del grado de propiciación, de la medida en que se está
dispuesto a sufrir para lograr el perdón paterno. Al mismo tiempo, la conducta masoquista
es una expresión de rebelión, un modo de demostrar, de manera hostil, los hechos
terribles que es capaz de cometer el padre.
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Así como los ritos de iniciación prometen privilegios y protección con la condición de
obediencia, y refuerzan esta obediencia mediante una castración simbólica, 1284, los
masoquistas de este tipo tratan de forzar la concesión de sus privilegios y de la protección
de parte de las personas omnipotentes, castrándose de una manera más
o menos real. Después de ese sacrificio, los todopoderosos no podrán menos que
conceder todas sus promesas, 523, 1481. Mientras por un lado el procedimiento extremo
de recuperar la participación en la omnipotencia consistiría en matar a la persona
Es posible que, en última instancia, todas las formas de real autodestrucción representen
residuos de la norma arcaica de reacción de autotomía: una tensión es superada
mediante el abandono del órgano revestido de catexis, 1242.
Freud insiste con especial empeño en el concepto de que las inclinaciones perversas se
presentan bajo la forma de pares antitéticos, tanto de fin activo como pasivo, 555. El
estudio del sadismo y el masoquismo nos muestra por qué ambos impulsos aparecen,
necesariamente y en forma regular, en una misma persona.
COMBINACIONES DE PERVERSIONES Y NEUROSIS, ETIOLOGÍA
Las perversiones se combinan, a menudo, con neurosis, la mayor parte de las veces, a
causa de la común fijación pregenital, con las neurosis obsesivas y las psicosis. De
hecho, los diversos casos corresponden a las tres posibilidades siguientes: 1, La
perversión y la neurosis se desarrollan una junto a la otra. 2, Una neurosis viene a
complicar una perversión primariamente establecida. 3, Una perversión se suma a una
neurosis primariamente establecida.
De vez en cuando uno se encuentra con pacientes que manifiestan su deseo de librarse
de su neurosis, pero quieren conservar la perversión. Por la naturaleza misma del
psicoanálisis, se comprende fácilmente que es imposible prometer nada por el estilo. Es
factible, por supuesto, en el caso de un homosexual que presenta una angustia
secundariamente desarrollada, que el psicoanálisis pueda curar esta última sin afectar a
la homosexualidad. Pero no se puede asegurar de antemano si ello será posible. Es
mucho más probable que el paciente tenga que afrontar la alternativa de todo o nada.
Otto Fenichel - Teoría Psicoanalítica de las Neurosis
465
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En los casos, le homosexualidad en que la apariencia física del paciente presenta rasgos
nidos del sexo opuesto, es decir, los casos que representan una transición biológica hacia
un pseudo hermafroditismo, el análisis será tanto más difícil. Pero aun si se descartan
cuidadosamente todos los individuos con tales características, queda todavía un buen
número de casos en que el psicoanálisis está indicado. Varios autores han señalado que
el pronóstico del tratamiento psicoanalítico de los homosexuales es más favorable de lo
que generalmente se supone, 742, 1516. Surge la necesidad de algunas modificaciones
en la técnica, análogas a las sugeridas por Freud para la histeria de angustia, 600. Lo que
en esta última es la situación fóbica que se trata de evitar, estaría representado, en las
perversiones, por la situación normal sexual, que el analista, a cierta altura del análisis,
puede sugerir al paciente como finalidad, 742.
NEUROSIS IMPULSIVAS EN GENERAL.
Hay otras formas de actividad impulsiva, sintónicas del yo, si bien no sexuales, y que
también sirven aparentemente al propósito de huir de un peligro, negar un peligro o
reasegurarse contra un peligro., Cierto es que esta fórmula sólo es válida si entre los
peligros se incluye la depresión. El resultado de la lucha contra el peligro tanto puede ser
un éxito como un fracaso.
caracteriza a estos impulsos irresistibles es la manera en que los esfuerzos por lograr
seguridad se condensan con aquellos que se proponen una gratificación instintiva.
Los impulsos no son sentidos como compulsiones. Son sintónicos del yo, no ajenos a
éste. Pero no son sentidos, sin embargo, del mismo modo que los impulsos instintivos
normales se hacen sentir en las personas normales. Delatan una irresistibilidad
característica, diferente de la que presenta una pulsión instintiva normal, y que se debe a
la condensación del apremio instintivo con el esfuerzo defensivo, 99.
¿A qué se debe que estos pacientes no toleren tensiones, y cuál es el factor que
determina el carácter de los impulsos sintónicos del yo tendientes a superar las
intolerables tensiones?
En lo que se refiere a la primera pregunta, estos pacientes se caracterizan por una fijación
erótica oral y cutánea, la cual puede estar basada en factores constitucionales o en
experiencias fijadoras. Las experiencias traumáticas tempranas, que incrementan el temor
a las tensiones dolorosas, también desempeñan en esto un papel predisponente.
Los actos elegidos para liberarse de tensiones son de diversa índole. En ciertos casos,
estos actos distan poco de una perversión, como es, por ejemplo, el caso con la
piromanía. En otros casos, es la defensa lo que está en primer plano. En general, las
neurosis impulsivas ponen de manifiesto, como ningún otro fenómeno neurótico, el
vínculo dialéctico entre los conceptos de gratificación de un instinto y defensa contra un
instinto. La primera de todas las gratificaciones, la leche, proporciona simultáneamente, al
bebé, gratificación y seguridad. Las exigencias instintivas subsiguientes son derivadas del
hambre del bebé, pero también lo son las exigencias subsiguientes de seguridad y las
necesidades narcisísticas. Los pacientes que temen el peligro del instinto, pueden
suspirar por la seguridad de que disfrutaron al pecho de la madre, pero se hallan ante un
serio dilema si conciben este anhelo, en sí mismo, como una peligrosa tensión instintiva.
Sus actos impulsivos pueden significar entonces un esfuerzo en pos de una finalidad que
simultáneamente tratan de evitar porque les inspira temor. Hacen responsables a sus
objetos de no proporcionarles el relajamiento que necesitan, y se sienten culpables por la
agresividad con que provocan a sus objetos. Esto puede llevarles a provocar repulsas,
que alivian sus sentimientos de culpa, al proporcionarles una base para la idea de que
son víctimas de un trato injusto, apropiada para racionalizar las actitudes sádicas de
venganza.
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La impulsividad de estos pacientes orales significa, en consecuencia, o bien no daré nada
porque nadie me dio nada a mí, o doy a todo el mundo, para mostrar que soy más
generoso de lo que mis padres lo fueron conmigo, 104, 106, 110. Por regla general, estos
conflictos hallaron expresión primeramente en luchas alrededor de la masturbación, la que
fue reemplazada más tarde por la cavilación enfermiza, 1440.
FUGA IMPULSIVA.
La fuga impulsiva, 85, 1083, 1310, 1471, 1482, 1483, significa o bien a, huir de un
supuesto peligro o de una tentación, o b, correr hacia un reaseguramiento o una
satisfacción. El peligro está representado, por regla general, por la depresión y los
sentimientos de culpa, que es lo que el fugitivo trata de dejar a sus espaldas. El acto de
huir puede representar defensas contra la depresión o equivalentes de ella. La relación
entre la manía ambulatoria y los estados maníaco depresivos puede deducirse del hecho
de que en algunos casos los ataques se producen a intervalos regulares.
Hay una analogía entre la conducta de este tipo de paciente, que huye de una situación
externa, pero que en realidad está tratando de escapar de un estado de tensión interna. y
la de una persona fóbica, que proyecta un peligro interno. Su tragedia reside en que, huya
a donde huya, se lleva a sí mismo. Su típica inquietud se debe a su intolerancia para la
tensión y a una regresión a formas pasivo receptivas de control. Huir significa, en
consecuencia, huir de un lugar donde nadie ayuda a un lugar donde se puede contar con
una ayuda protectora. Por lo común, la fuga se complica a causa de la violencia sádica
con que el paciente trata de forzar la ayuda que necesita, y el temor a esta agresividad.
El hecho de que el lugar que constituye la meta de las fugas es una madre oral que
ayuda, una gratificación sin culpa, puede verse en los raros casos en que toda la neurosis
se cura súbitamente cuando el paciente ha logrado encontrar un lugar de esta índole.
Abraham describió el caso de un impostor que se enmendó cuando encontró una
situación que le permitió una profunda satisfacción de sus deseos edípicos y de su fijación
a la madre oral, sin verse en el caso de sentirse culpable por ello, 29. De una manera
simbólica, esta búsqueda de descanso y protección al pecho de la madre se expresa en el
anhelo que frecuentemente inspira el océano sin límites, en que la nostalgia busca,
aunque nunca puede hallar, su gratificación, long voyage home, La inquietud corriente en
los andariegos arraiga en el hecho de que en su mayor parte la protección que buscan se
transforma, una vez más, en un peligro, a causa de que la violencia de su anhelo se hace
sentir como un instinto peligroso. Para hacer posible un relativo descanso, la situación
hacia la que corren deberá ser bastante cercana a la finalidad inconsciente originaria
como para ser aceptable como sustituto y bastante alejada de ella como para no crear
ansiedad. Cuando está en su casa, el marinero cree que ese lugar está en el mar; cuando
está a bordo, lo supone en la casa.
El acto mismo de huir puede tener un oculto significado sexual. Para todo el mundo es
excitante viajar, a causa de las múltiples conexiones que este hecho tiene con instintos
sexuales parciales. Ver el mundo gratifica la escoptofilia; ir de un lado a otro gratifica el
erotismo muscular; viajar en vehículos veloces gratifica el erotismo del equilibrio. Irse, en
general, tiene el significado de exogamia, es decir, el significado de ir a un lugar donde no
rige el incesto del tabú ni las amenazas que se oyen en casa, y en otro plano, por vía del
retorno de lo reprimido, significa habitualmente emprender una búsqueda cuyo premio
será la conquista de la madre, 10. Pero todos estos síntomas sexuales ocultos no nos
darán el cuadro completo de una neurosis impulsiva si en ellos no se expresan, al mismo
tiempo, los conflictos típicos más arriba descritos.
CLEPTOMANIA.
En principio, la cleptomanía significa apropiarse de cosas que otorgan la fuerza o el poder
necesarios para combatir supuestos peligros, y en especial, como en casos anteriores,
supuestos peligros de pérdida de autoestima o de afecto. Su fórmula inconsciente es la
siguiente: Si ustedes no me lo dan, lo tomaré yo mismo, 47, 92, 169, 248, 644, 756, 757,
912, 944, 955, 1043, 1112, 1401, 1408, 1526, 1533, 1606, 1646.
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Si es cierto que el cleptómano lucha por una satisfacción sexual perdida, que a un mismo
tiempo fue protección, perdón y regulador de autoestima, la propiedad robada
forzosamente tiene que representar, simbólicamente, la leche. Pero esta interpretación, la
más profunda, no es necesariamente la única. El anhelo cleptomaníaco puede ser
también la expresión de un deseo de objetos que corresponden a niveles más altos de
organización, heces, pene, niño, si el deseo de estos objetos tiene el tinte de una forma
más profunda, oral, del anhelo. La importancia relativa de estos diferentes significados
inconscientes del objeto robado depende de los puntos de fijación predominantes del
paciente. En los afanes cleptomaníacos de pacientes que no están profundamente
perturbados, el significado de pene estará en primer plano. Esto explica por qué la
cleptomanía es, por lo general, más común en la mujer que en el hombre. Robar un pene
es la principal fantasía de algunas mujeres que pertenecen al tipo vengador del complejo
de castración femenino, 20, que temen la agresividad abierta y sustituyen el robo por el
hurto. Aun en los niños varones el deseo de tener un pene es menos absurdo de lo que
podría parecer a primera vista, ya que puede darse, en su caso, el deseo de tener un
pene diferente, grande, como el del padre.
Robar, tal como vagar de un lado a otro, puede tener también un significado sexual
directo. Puede, por ejemplo, tener el sentido de hacer en forma secreta una cosa
prohibida, y significar con ello masturbación. En algunos casos este significado sexual
directo está en primer plano, y las cleptomanías de este tipo son cercanas a la perversión.
Una mujer de cuarenta años, que constantemente volvía al latrocinio, informó que se
excitaba sexualmente cada vez que robaba, y que incluso llegaba al orgasmo en el
momento en que consumaba el hurto. Era frígida en el coito, y en la masturbación
imaginaba estar robando.
En los casos de este tipo, la incautación oral que procura satisfacción sexual sirve al
mismo tiempo de reaseguramiento contra la amenazadora posibilidad de una castración,
del mismo modo que el fetiche en el fetichismo. Es muy probable que los objetos robados
por los cleptómanos perversos sean realmente sus fetiches.
PIROMANIA.
La excitación sexual a la vista del fuego es un hecho normal en los niños. Esto no es fácil
de explicar. El psicoanálisis revela la existencia de impulsos sádicos, que tratan de
destruir el objeto, y un placer cutáneo al calor del fuego. Pero hay, además de esto, algo
más específico en esto de la excitación provocada por el fuego. El hallazgo de una
relación con el erotismo uretral, profundamente situada, es lo regular. Freud se sirvió de
esto cómo punto de partida para una hipótesis especulativa sobre el origen del uso
cultural del fuego, 627. Del mismo modo que hay perversiones coprofílicas basadas en el
erotismo uretral, también pueden producirse perversiones basadas en un derivado del
erotismo uretral, el placer del fuego. El placer de prender un fuego, en realidad o en la
fantasía, puede transformarse en condición indispensable para el goce sexual, 229, 1221,
1623, y cfr. también 788. En una perversión incendiaria, la vida sexual está regida por
intensos impulsos sádicos, sirviendo la fuerza destructiva del fuego como símbolo de la
intensidad del apremio sexual. Los pacientes se sienten llenos de impulsos vengativos,
que reciben su forma específica de la fijación eróticouretral. De manera análoga a lo que
ocurre en otras neurosis impulsivas, la finalidad típica de esta hostilidad es forzar al objeto
a conceder el afecto o la atención narcisísticamente necesitada.
JUEGO DE AZAR.
La pasión del juego es también una expresión desplazada de conflictos atinentes a la
sexualidad infantil, conflictos provocados por el miedo de perder reaseguramientos
necesarios en relación con la angustie o los sentimientos de culpa, 116, 623, 1435. Estos
conflictos son, por lo general, los centrados en la masturbación.
Todo esto, sin embargo, escasamente logra explicar específicamente la pasión del juego.
El juego constituye, en esencia, una provocación al destino,
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Un apasionado jugador a la lotería se comportaba como si fuera cosa segura que algún
día él había de ganar el premio mayor. Esto era simplemente una deuda que el destino
tenía con él. El análisis demostró que el destino era una imagen encubridora tras de la
cual se ocultaba su padre. El aceptar o tomar dinero de su padre, o el rechazar este
dinero, era el left motiv de su vida. El paciente había sido muy mimado en los primeros
tres años de su vida, después de lo cual el padre lo privó súbitamente de sus privilegios.
Durante toda la vida pedía compensación por ello.
En el juego, de azar, honesto, las probabilidades de perder son tan grandes como las de
ganar. El jugador se atreve a obligar a los dioses a tomar una decisión respecto a él, en la
esperanza de lograr su perdón. Pero aun perder, ser condenado o ser muerto, le parece
preferible a la prolongación de la insoportable presión del superyó.
Si ganar en el juego significa rebelión para lograr lo que se necesita, el hecho de perder
es sentido inconscientemente como una propiciación para lograr el mismo propósito.
Como un caso extremo de este tipo, Freud describió el criminal por sentimiento de culpa,
592, es decir, aquella persona que se siente tan oprimida por una culpa inconsciente, que
lleva a cabo algún acto reprensible con el propósito de hallar alivio mediante el hecho de
recibir un castigo y la racionalización de su sentimiento de culpa, es decir, desvaneciendo
el sentimiento de culpa de origen desconocido al vincularlo a un factor conocido.
El juego, de azar, y la masturbación tienen otra cosa típica en común, y es que en ambos
hay cierta intención de juego. La función psicológica del juego es la de liberarse de
tensiones externas mediante la repetición activa o la anticipación de las mismas en la
dosis y el momento que uno mismo elige. La masturbación en la infancia y la pubertad es,
en este sentido, un jugar a la excitación sexual, haciendo que el yo trabe conocimiento
con esta excitación y preparándolo para ser capaz de controlarla. En un principio, el juego
Existen también actos impulsivos menos típicos. En el caso de ciertas personas con
fijación narcisista oral puede suceder que todos los actos queden encerrados en un
círculo vicioso como el que acabamos de describir y deban ser realizados en una forma
patológicamente impulsiva.
relaciones deformadas con el superyó, 31, 756, 911, 1266. Los casos de menos gravedad
se caracterizan por una insatisfacción crónica.
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Son hipersexuales e hiperinstintivos, a causa de su estado de estancamiento. Los casos
de gravedad mayor están regidos por fijaciones orales y cutáneas, por la extrema
ambivalencia hacia todos los objetos, igualdad entre las necesidades eróticas y
narcisísticas y por conflictos entre rebelión y propiciación.
Algunos impostores tienen una gran habilidad para enamorar a sus víctimas, al solo
objeto de traicionarlas luego. Se hallan bajo el dominio de una necesidad narcisística de
demostrarse a sí mismos que poseen la capacidad de ser amados. Quedan, sin embargo,
insatisfechos, y se vengan por esta insatisfacción.
Las anomalías son inmediatamente comprensibles, a veces, en términos de la respectiva
historia infantil. Los hallazgos anamnésicos típicos entre delincuentes de este tipo son los
cambios frecuentes de medio, un ambiente desamorado o una influencia ambiental muy
inestable. El complejo de Edipo, y su solución, son consecuentemente desorganizados,
débiles, inestables. Algunos pacientes simplemente no aprendieron nunca a establecer
relaciones objetales.
Hay diversos tipos de anomalías cualitativas del superyó y de su relación con el yo que
constituyen una parte significativa del problema de la impulsividad. Una de ellas es el
soborno del superyó, la negociación de libertades instintivas a cambio del cumplimiento,
anticipado o simultáneo, de un requerimiento ideal o de un castigo, véanse págs. 332 y
sig.. Un mecanismo de carácter más general, que puede utilizar o no este soborno, fue
descrito por Reich como característico en los caracteres gobernados por los instintos,
1266: el aislamiento de todo el superyó. Mientras que ordinariamente el yo se esfuerza
por satisfacer las exigencias del superyó, o bien toma medidas, ocasionalmente, para
rechazarlas, aquí el yo parece tener al superyó a distancia, en forma activa y constante.
Las experiencias con las personas cuya incorporación dio lugar a la creación del superyó
han dado al yo la posibilidad de sentir la conciencia en un lugar determinado o en ciertos
períodos, y la mayor parte de las veces de manera muy deformada, para sentirse
relativamente libre de las influencias inhibidoras del superyó en el momento de ser puesto
a prueba por el apremio irresistible de las necesidades de gratificación o de seguridad. La
capitulación ante el impulso tiene lugar inmediatamente, antes de que pueda producirse
una inhibición proveniente del superyó, y el remordimiento es sentido después,
frecuentemente luego de producirse un desplazamiento en un sentido completamente
diferente.
el momento de sufrir tales experiencias, por una regulación oral de la autoestima y una
intolerancia a las tensiones, desarrolladas bajo la influencia de traumas tempranos o
experiencias que han conducido a la fijación oral.
La alternancia de períodos de acción con períodos de remordimiento muestra el
parentesco de estos casos con los trastornos maníaco depresivos; fa actividad
corresponde a la manía y el remordimiento a la depresión.
Afín al problema de la conducta impulsiva es el del acting out, nota al final de página, en
el tratamiento psicoanalítico, 445, 1570. Bajo la influencia de la transferencia, toda
persona cuyos conflictos infantiles son reactivados por el análisis puede desarrollar una
tendencia a repetir experiencias pasadas en la realidad presente, o a interpretar
erróneamente la realidad presente como si fuera una repetición del pasado, antes que
recordar los hechos reprimidos en su correcta configuración. Algunos pacientes, sin
embargo, se hallan más inclinados que otros al acting out, y existe un tipo de neurosis en
que este acting out no se limita al tratamiento analítico, sino que la vida entera del
paciente se compone de actos no adaptados a la realidad sino dirigidos al alivio de
tensiones inconscientes. Fue éste el tipo de neurosis que en primer lugar describió
Alexander con el nombre de carácter neurótico, 38. De estos tipos nos ocuparemos luego,
con más detalles, véanse págs. 564 y sigs.. En general, tienen la misma estructura oral
que los neuróticos impulsivos. Una complicación de esto, que se presenta también en
ciertos neuróticos impulsivos, está representada por el hecho de que los actos en cuestión
pueden significar también intentos de dominar experiencias traumáticas mediante la
repetición y la dramatización activa.
ADICCIÓN A LAS DROGAS.
El mismo apremio que gobierna los demás impulsos patológicos rige también en el caso
de los adictos a las drogas: la necesidad de lograr algo que no es meramente satisfacción
sexual sino también seguridad y
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Los adictos, nota uno al final de página, representan el tipo de impulsivos más netamente
definido.
Algunos cleptómanos caen dentro de un círculo vicioso fatal a causa de que el acto de
robar les va resultando cada vez más insuficiente para procurar alivio. Tienen que robar
más y más. Estas personas podrían llamarse adictos al robo. Otras personas se sienten
compelidas violenta e impulsivamente a devorar todo alimento que en un determinado
momento está a su alcance; son adictos a los alimentos. Esta denominación sugiere ya el
carácter urgente de la necesidad y la insuficiencia final de todos los intentos de
satisfacerla. La adicción a las drogas difiere de estas adicciones sin drogas en un aspecto
que las hace mucho más complicadas: los efectos químicos de las drogas.
Los efectos habituales de las drogas usadas por los adictos son o bien sedantes o
estimulantes. Hay muchas ocasiones en la vida humana en que el anhelo de lograr tales
efectos puede ser muy legítimo. Si una persona usa drogas al hallarse en una tal situación
y deja de usarlas cuando ha salido de esa situación, no se le llama adicto. Una persona
que está sufriendo dolor y recibe una inyección de morfina ha sido objeto de un acto de
protección necesaria. De una manera semejante, las drogas eufóricas constituyen una
protección contra estados psíquicos penosos, por ejemplo, contra las depresiones, y
efectivamente son, a menudo muy eficaces. Mientras el uso de drogas no deja de ser
puramente una medida de protección, no hay adicción. Un adicto es, por el contrario, una
persona para quien la droga tiene un significado sutil e imperativo. Inicialmente, el
paciente pudo haber buscado nada más que consuelo, pero termina por usar o tratar de
usar el efecto de la droga para la satisfacción de otra necesidad, que es interior. La
persona se hace dependiente de este efecto, y esta dependencia, en cierto momento, se
hace tan abrumadora como para anular todo otro interés. De esta manera el problema de
la adición se reduce a la cuestión de la naturaleza de la gratificación específica que las
personas de esta clase obtienen, o tratan de obtener, de su sedación o estimulación
químicamente inducida, y de las condiciones que determinan el origen del deseo de esta
gratificación.
En otras palabras, los adictos son personas que tienen una predisposición a reaccionar a
los efectos del alcohol, la morfina y otras drogas, de una manera específica, es decir, de
una manera tal que tratan de usar estos efectos para satisfacer el arcaico anhelo oral que
es al mismo tiempo anhelo sexual. una necesidad de seguridad y una necesidad de
conservar la autoestima, 1236, 1239. El origen y la naturaleza de la adicción no residen,
en
El factor decisivo es, por lo tanto, la personalidad premórbida. Los que se hacen adictos a
las drogas son aquellas personas para quienes el efecto de la droga tiene un significado
específico. Significa para ellos la realización, o al menos la esperanza de realización, de
un deseo profundo y primitivo que sienten de una manera más apremiante de lo que es el
caso para los anhelos instintivos, ya sean sexuales o de otra índole, en las personas
normales. Este placer, o esperanza de placer, hace que la sexualidad genital carezca para
ellos de interés. Se quiebra la organización genital y se inicia una extraordinaria regresión.
Los diversos puntos de fijación determinan cuáles sectores de la sexualidad infantil,
complejo de Edipo, conflictos de la masturbación, y en especial, impulsos pregenitales,
pasarán a primer plano, y finalmente la libido queda transformada en una energía amorfa
de tensión erótica sin características diferenciales o formas de organización, 1236.
El estudio previo de la conducta impulsiva hace más fácil que comprendamos ahora cuál
es el género de placer buscado por los adictos. Los pacientes dispuestos a renunciar a
toda forma de libido objetal, necesariamente son personas que nunca estimaron
demasiado las relaciones de objeto. Se hallan fijados a una finalidad narcisista pasiva v
sólo muestran interés en el logro de su gratificación, nunca en satisfacer a sus partenaires
ni tampoco, para el caso, en la personalidad específica de sus partenaires. Los objetos no
son para ellos otra cosa que proveedores de suministros. Desde el punto de vista
erógeno, las zonas dominantes son la zona oral y la pie]. La autoestima, y la existencia
misma, dependen de la consecución de alimento y calor.
El efecto de la droga reside en el hecho de que se lo siente como tal alimento y calor. Las
personas de esta clase reaccionan a las situaciones que crean la necesidad de sedación
o estimulación, de una manera diferente a corno lo hacen los demás. No toleran la
tensión. No pueden tolerar el dolor, la frustración, las situaciones de espera. Aprovechan
cualquier oportunidad para escapar con mayor rapidez pueden sentir el efecto de la droga
como algo mucho más gratificante que la situación original interrumpida por el dolor o la
frustración precipitantes. Después de la elación, nota 2 al final de página, el dolor o la
frustración se hacen aún más intolerables, dando lugar a un uso más intenso de la droga.
Todos los demás, impulsos van siendo gradualmente reemplazados por el anhelo
farmacotóxico, 1239. Gradualmente desaparece todo interés por la realidad. excepto lo
que se relacione con el hecho
de procurarse la droga.
nota uno de final de página:
Si bien el uso de la palabra hábito podría servir, en principio, para traducir addiction,
afición patológica a una droga, tiene la dificultad de que no podría usarse el respectivo
adjetivo, habituado. Existe, por otra parte, el problema que acarrea la extensión del
concepto de adicción en expresiones tales como adictos al amor o adictos a la comida.
Hemos preferido emplear, por eso, como solución general para el caso, adicción y adictos.
T. fin de nota uno.
nota 2 de final de página: La traducción de elation origina especiales dificultades. Fuera
de elación, que es palabra anticuada. la palabra que más se acerca a dar la idea de
elation en castellano es exaltación. El uso de ambos términos, el segundo como
aclaración del primero, es la solución quo se prefirió en la reciente traducción de The
Psychoanalysis of Elation, de Bertram D Lewin. De acuerdo con los términos del autor de
esta última obra, véase el prólogo de la edición castellana, Editorial Nova, 1953, elation es
aproximadamente sinónimo de manía e hipomanía, y lo opuesto de depresión, T, fin de
nota 2.
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Por último, toda la realidad puede llegar a reducirse a la inyección hipodérmica. La
tendencia hacia un resultado semejante, arraigada en una dependencia oral frente a los
suministros externos, constituye la esencia de la adicción a las drogas. Todos los demás
rasgos son incidentales.
El análisis de los adictos a las drogas demuestra que la primacía genital tiende a hacer
colapso en aquellas personas en quienes esta primacía ya era inestable. Toda clase de
deseos y conflictos pregenitales pueden revelarse, de una manera confusa, en el análisis.
Las etapas finales son más instructivas que los confusos cuadros que se presentan
durante el proceso. La tensión amorfa, que aparece en cierto momento, se parece, en
realidad, a la etapa más temprana del desarrollo libidinoso, antes de que existiera ninguna
clase de organización, es decir, la orientación oral del bebé, que pide gratificación sin
ninguna capacidad de dar ni consideración alguna hacia la realidad. Las tendencias orales
y cutáneas aparecen manifiestas en aquellos casos en que la droga es ingerida por la
boca o recibida mediante una inyección hipodérmica. Cierto es que la jeringa puede tener
también un significado simbólico genital, pero el placer es logrado a través de la piel y es
de carácter pasivo receptivo. Más importante que todo placer erógeno, en la elación por
las drogas, es, sin embargo, el extraordinario incremento de la autoestima. Durante este
estado de elación por las drogas, nuevamente coinciden, visiblemente, las satisfacciones
eróticas con las narcisísticas. Y esto es lo decisivo.
Diversos hallazgos de otros autores, 299, pueden conciliarse fácilmente con esta
formulación. Según Simmel el uso de drogas representa primeramente la masturbación
genital, acompañada de fantasías y contenidos apropiados; pero más adelante aparecen
conflictos de niveles más profundos del desarrollo, que se extienden retrospectivamente
hasta la etapa oral, 1441. Esto corresponde a la gradual desintegración regresiva de la
sexualidad, proceso cuyo punto terminal es ciertamente más significativo que los
momentos intermedios. Simmel demostró también que para los adictos a las drogas, los
órganos pueden representar objetos introyectados, lo cual está también de acuerdo con
una regresión oral. De una manera semejante, los hallazgos de Gross, en cuanto a que
existe en el adicto una disfunción del superyó y de otras identificaciones, 721, concuerdan
con el mismo punto de vista, ya que la identificación es la relación objetal de la etapa oral.
ve obligado a recurrir a dosis más elevadas a intervalos más cortos. La falta de efecto
intensifica el anhelo. Al no ser satisfecho éste, la tensión se hace más insoportable. Ahora
bien, la inyección hipodérmica no es usada tanto con el propósito de encontrar placer,
cuanto como un intento inadecuado de protección contra una tensión insoportable, que
tiene relación con el hambre y el sentimiento de culpa.
La disminución del efecto de la droga tiene ciertamente una raíz fisiológica, pero hay
también raíces psicológicas. Si luego de una elación lograda mediante la droga es
necesario enfrentar nuevamente la situación desdichada que condujo a usar la droga,
esta situación parecerá ahora, forzosamente, más insoportable, y obligará a evasiones
cada vez más frecuentes e intensas. Ya hemos dicho también que los actos impulsivos
llevados a cabo con propósito de protección contra peligros supuestos pueden volverse
peligrosos ellos mismos, lo que puede dar lugar a un círculo vicioso. Esto es lo que pasa
también con los adictos a las drogas. Si éstos se percatan de su progresiva
desintegración mental, ciertamente lo perciben como un peligro, pero carecen de otros
medios para enfrentar este peligro que el de aumentar la dosis de la droga. La idea de
que el intento de forzar a los dioses a conceder protección puede ser peligroso, y que a
causa de este peligro será necesario forzar aún más a los dioses, es operante en toda
neurosis impulsiva. Sólo que en la adicción a las drogas la idea de que la medida
protectora puede ser peligrosa, es, por razones fisiológicas, de carácter muy real. Es un
peligro. Los pacientes se percatan de ello y caen dentro de un círculo vicioso insalvable.
El círculo maníaco depresivo de elación y de la mañana siguiente se hace cada vez más
irregular; la elación se hace cada vez más corta y en cierto momento desaparece, en
tanto que la depresión va tomando un carácter permanente.
La elación específica del alcohol se caracteriza por el hecho de que las inhibiciones y las
consideraciones sobre la realidad que tienden a refrenar al individuo, desaparecen de la
conciencia antes que los impulsos instintivos, de modo que la persona que no tiene el
atrevimiento de realizar actos instintivos consigue a la vez, con la ayuda del alcohol,
satisfacción y alivio. El superyó ha sido definido como aquella parte de la psique que es
soluble en alcohol. El alcohol, por ello, fue siempre ensalzado por su poder de ahuyentar
la inquietud. Los obstáculos parecen menores y la satisfacción de deseos más cercana,
en algunas personas por la disminución de las inhibiciones, y en otras, por el abandono
de la realidad y su sustitución por placenteros sueños diurnos.
Otto Fenichel - Teoría Psicoanalítica de las Neurosis
481
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En concordancia con esto, las razones que hacen volver al alcohol son
Una vez que la desdicha, externa o interna, llega a su fin, la bebida puede interrumpirse o
no. Las personas en quienes esto último no sucede, son llamadas alcoholistas. Se
caracterizan por su personalidad premórbida oral y narcisista, tal como ésta fue descrita
para las adicciones en general. Hay, sin embargo, unos pocos aspectos que son de
carácter específico en el alcoholismo. Knight, 960, 963, 964, y otros, 2, 157, 260, 273,
301, 450, 685, 799, 856, 903, 926, 947, 1142, 1155, 1156, 1305, 1561, demostraron que
en los alcoholistas crónicos constelaciones familiares difíciles habían creado frustraciones
orales específicas en la infancia. Estas frustraciones dan origen a fijaciones orales, con
todas las consecuencias que dichas frustraciones tienen para la estructura de la
personalidad. En los varones, estas frustraciones dan lugar a que el niño se aparte de la
madre frustradora para acercarse al padre, es decir, dan lugar a tendencias
homosexuales, más o menos reprimidas. Los impulsos inconscientes en los alcoholistas
son por su carácter, típicamente. no solamente orales sino también homosexuales.
Basta recordar las numerosas costumbres características del bebedor para hallar
confirmación a esto. Es más probable que los homosexuales latentes, seducidos por
frustraciones sociales, sean particularmente afectos al alcohol, y no que éste, por sus
efectos tóxicos, sea el que conduce a la homosexualidad.
Es muy importante establecer si una persona recurre al alcohol a causa de una aflicción,
depresiva, de carácter externo o interno, abandonándolo cuando cesa el motivo que lo ha
hecho necesario, o bien toda su psicosexualidad y su autoestima son regidas por el deseo
de un estado de borrachera y elación, o, finalmente, si este deseo de borrachera y elación
se halla en peligro de quiebra y el paciente, en estado de impotencia farmacotóxica, está
tratando de perseguir una felicidad inalcanzable.
Resulta decisivo también el establecer si el suministro necesitado es requerido todavía de
un objeto, y el alcohol es utilizado, por lo tanto, como un medio de facilitar el logro de ese
objeto, o bien el alcohol se ha transformado él mismo en ese suministro, y el interés por el
alcohol ha reemplazado todo interés dirigido hacia los objetos.
La conducta general del paciente en relación con el ambiente proporciona un índice, con
cierto grado de certeza, del grado de desintegración a que han llegado sus relaciones de
objeto. Aquellos que beben en tren de convite, con amigos, tienen un pronóstico mejor
que los bebedores solitarios.
El trastorno periódico de los bebedores se estructura de acuerdo a lineamientos generales
semejantes a los de la periodicidad de los estados maníaco depresivos. Cuando el alcohol
se ha usado para huir de una desdicha, externa o interior, esta desdicha, pasada la
elación, parece mayor.
Si bien, en general, el alcohol ayuda a liberarse de los estados de ánimo depresivos que
sólo vuelven con los efectos de la `mañana siguiente, en algunas personas puede
precipitar depresiones en forma inmediata. El análisis logra, a veces, explicar este fracaso
de la intención del tomador basado en su historia. Todo logro efectivo de los suministros
necesitados puede transformarse en nuevo peligro o culpa. La bebida representa, en tal
caso, el papel de introyección patognomónica, que precipita las depresiones.
Sólo en pequeña escala han sido objeto de estudios psicoanalíticos las psicosis de los
adictos, especialmente las psicosis alcohólicas, 205, 946, 1254, 1379, 1529, 1585. En la
medida en que son de carácter maníaco depresivo, basta como explicación la relación
psicológica entre ambos cuadros nosológicos. Cuando la adicción puede ser considerada
como el último recurso para evitar la caída en la depresión, se comprende que la caída
sobreviene cuando la adicción se ha hecho ya decididamente insuficiente. La inutilidad del
mundo de los objetos, que la orientación farmacotóxica ha hecho superfluo, facilita
evidentemente una eventual ruptura con la realidad, de carácter psicótico.
Frecuentemente la psicosis comienza durante el período de abstinencia, debido a que la
misma prescindencia de la bebida hace que los remanentes de realidad resulten aún más
insoportables. Tratándose de psicosis que no son maníaco depresivas, no está
claramente establecido dónde. se originan los síntomas clínicos, en qué medida son
psicogénicos y en qué medida orgánicos o tóxicos. Para una exposición referente a los
síntomas paranoides, véase el capítulo sobre esquizofrenia, págs. 479 y sigs..
ADICCIONES SIN DROGAS.
Los mecanismos y síntomas de las adicciones pueden presentarse también sin el empleo
de ninguna droga, y por lo tanto, sin las complicaciones acarreadas por los efectos
químicos de las drogas. Una categoría especial es la de los ya mencionados adictos a la
comida, entre los que se cuentan varios tipos diferentes, 99. En los adictos a la comida,
ningún desplazamiento ha transformado el primitivo objeto, alimento, de las ansias de
gratificación simultánea de la sexualidad y la autoestima. Sin embargo, en etapas
posteriores de desarrollo se han agregado otros significados inconscientes al alimento
patológicamente anhelado, que puede representar, de este modo, heces, niño, embrión, y
pene. En casos graves, la esfera de la comida termina por ser el único vínculo de interés
que conecta a la persona con la realidad. Wulff ha descrito un tipo especial de adicción a
la comida, que se presenta solamente en la mujer, y que sigue un curso cíclico y tiene
estrecha relación con las perturbaciones maníaco depresivas, 1619, véanse págs. 277 y
sigs..
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El alimento exigido es a veces de carácter específico y depende de experiencias
olvidadas que, en su tiempo, y en forma aguda, provocaron los conflictos en que se basa
la adicción. Un caso de éstos era una adicción a las salchichas.
Existe una relación característica entre los deseos vehementes de alimento y las fobias a
los alimentos o ciertos casos de anorexia. Estos últimos casos pueden ser consecuencia
de la represión de ansias mórbidas. El análisis logra descubrir a veces, en casos de fobia
Un paciente, que era incapaz de toda espera, tenía la necesidad obsesiva de llevar libros
consigo para poder leer en todo segundo que tuviera libre. Tenía que evitar estar solo
consigo mismo. El libro en el bolsillo le procuraba el mismo reaseguramiento que la
morfina en el bolsillo ofrece al adicto a esta droga. El análisis demostró que el acto de leer
era inconscientemente equiparado a comer. Este significado es típico tanto para la
adicción a la lectura como para los trastornos neuróticos de la lectura, 124, 1512. Las
fobias a la lectura pueden tener su origen en una represión del ansia de leer. Los rituales
compulsivos en la lectura pueden representar las condiciones en que es dable ceder
nuevamente al ansia de leer. El impulso de leer mientras se come es un intento de
distraer la atención de una excitación erótica oral, la que, sin embargo, vuelve de la
represión.
Otro tanto puede decirse de los hobbys que tienden a rebasar su carácter de tales para
transformarse en una preocupación obsesiva y eventualmente en una condición
absolutamente indispensable para el bienestar y para la protección contra la depresión,
99.
El tipo más importante está representado por los adictos al amor, nota al final de página,
es decir, aquellas personas para quienes el afecto o la confirmación que reciben, le
objetos externos, desempeña el mismo papel que los alimentos en el caso de los adictos
a la comida. Si bien son incapaces de retribuir amor, tienen absoluta necesidad de un
objeto por el que se sienten amados, pero sólo como un instrumento para procurarse la
condensada gratificación oral. Estos adictos al amor representan un alto porcentaje de los
hipersexuales anteriormente
descritos, véanse págs. 279 y sigs. y a menudo son candidatos para ulteriores trastornos
maníaco depresivos, véanse págs. 436 y sigs..
Una paciente sufría, a consecuencia de ciertas experiencias infantiles, de un grave temor
angustioso de ser abandonada. A semejanza del niño temeroso que no es capaz de
dormirse si le falta la presencia protectora de la madre junto a su cama, esta paciente
necesitaba, en su vida adulta, tener la seguridad de una unión protectora con los demás.
En el análisis, su principal resistencia consistió en que no tenía más interés que el de
asegurarse de que el analista estaba de su parte. Era incapaz, por esta razón, de decir no
a ningún hombre. Siempre que se hallaba sola, tenía que salir a encontrar
Todos los impulsos mórbidos, así como las adicciones, con o sin drogas, constituyen,
dígase una vez más, intentos infructuosos de dominar la culpa, la depresión o la angustia
mediante la actividad. Como tales, son afines a las actitudes contrafóbicas, véanse págs.
536 y sigs..
Los pacientes tratan de revivir en forma de juego los peligros que temen, y aprender de
este modo a controlarlos. Pero sucede a menudo que el juego se transforma en la cosa
real, y el peligro que procuraban controlar termina por arrollarlos.
ESTADOS DE TRANSICIÓN ENTRE LOS IMPULSOS MÓRBIDOS
Y LAS COMPULSIONES.
En este capítulo hemos establecido una neta distinción entre impulsos mórbidos yos
intónicos y los síntomas de los neuróticos obsesivos, que son extraños al yo. Pero
también existen algunas formas de transición. Algunas de las adicciones sin drogas
apenas se distinguen de las obsesiones. A veces ciertos síntomas compulsivos, que en su
mayor parte son, relativamente, de carácter insignificante, se sexualizan secundariamente
y se constituyen en
número apreciable de estos juegos compulsivos menores, que le procuran una diversión
que no le agradaría perder.
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La similitud entre estos juegos compulsivos y los juegos infantiles, en los que hay que
obedecer a ciertas reglas estrictas, conduce a pensar que una sexualización secundaria
de actividades que primitivamente estuvieron al servicio de medidas defensivas puede
desempeñar también un papel importante en la psicología de los juegos infantiles.
Algunos hobbys y ciertas actividades obsesivas o predilectas, que representan derivados
del autoerotismo infantil, ocupan una posición intermedia entre los actos impulsivos y las
perversiones, 1159, 1304.
Otro paciente encontraba un placer obsesivo en hacer compras por correo y sentía el
orgullo de ser un experto en toda clase de mercaderías. De niño acostumbraba estudiar
hasta los menores detalles los catálogos de Sears Roebuck, nota uno al final de página, y
en el hobby que luego adquirió trató de demostrar que no lo había hecho en vano. La
historia de esta afición resultó ser bastante complicada. Serán suficientes, sin embargo,
para advertir su doble carácter de actividad sexual y de reaseguramiento, los hechos
siguientes:
1. Cierta vez, siendo aún pequeño, su padre le mostró una lámina de catálogo que
reproducía la estatua de una mujer desnuda, diciéndole: Este es el aspecto que tienen las
mujeres. Según lo que recordaba el paciente, no había entendido del todo lo que su padre
quiso decir y se sintió bastante confuso. Durante el análisis se formuló la hipótesis de que
en realidad el niño había visto por sí solo la lámina, se sintió confundido por la falta de
pene, preguntó al padre y obtuvo esta respuesta: Este es el aspecto que tienen las
mujeres. El ulterior estudio de los catálogos era análogo a una perversión escoptofílica:
contemplando las ilustraciones, el paciente trataba de superar y negar su ignorancia y
confusión, y en un plano más profundo, su temor a la castración. Pero la mujer desnuda
de la primera ocasión era demasiado atemorizante y tuvo que ser reemplazada por las
mercaderías.
2. En cierta ocasión, hacia la misma época, el paciente fue, solo, a una ferretería, a
comprar unas herramientas; pero no supo exactamente qué era lo que quería y fue
reprendido y mandado a casa por el vendedor. Esta herida narcisística tenía que ser
compensada, primeramente, adquiriendo un extraordinario conocimiento en materia de
mercaderías, el estudio de los catálogos era una obsesiva preparación para la cosa real
de una verdadera compra, y en segundo lugar, cambiando el acto de comprar
personalmente por la compra por correo. Los sueños y los síntomas demostraron que el
suceso de la ferretería servía de recuerdo encubridor a un hecho todavía anterior. De
acuerdo con la reconstrucción analítica, el niño, en cierta ocasión, había mojado los
pantalones estando en una tienda, y se había avergonzado por ello.
3. La madre del paciente había sido muy exigente y severa en sus críticas, aunque
bastante arbitraria. No solamente hería frecuentemente al niño en su orgullo masculino,
sino que criticaba también al padre, a quien echaba en cara el no ser activo y haber
dejado que otros se aprovecharan de él. La ambición de ser un buen comprador
representaba también el deseo edípico del niño.
puede ser buscada en la masturbación con el mismo frenesí con que el jugador lo hace en
el juego. Y de una manera similar a lo que pasa con el juego, la masturbación puede ser
también llevada a cabo con un propósito de castigo, al ser concebida como un equivalente
de la castración, 412. El yo demuestra al superyó su autodestrucción, solicitando el
perdón mediante la propiciación y la terquedad. Y el superyó hace lo que hicieron los
dioses que castigaron la codicia del rey Midas, nota 2 al final de página, llevándolo a la
perdición mediante la satisfacción de sus deseos. Le es concedida al yo la sexualidad que
desea, pero en una forma dolorosa y aniquiladora. Lo mismo puede decirse de ciertos
actos perversos, que por ello podrían llamarse perversiones compulsivas. Un
comportamiento instintivo de esta índole puede representar también un intento
desesperado e inadecuado de descarga, en forma sexual, de tensiones de todo género.
El acto es realizado no sólo para encontrar placer o lograr un castigo, sino también para
liberarse de una tensión dolorosa e insoportable y aliviarse de un estado de depresión,
665. Del mismo modo que en las adicciones una droga puede resultar insuficiente y ser
necesaria una dosis cada vez mayor de la misma, la impotencia orgástica, 1270, puede
crear, en estos casos, una necesidad cada vez mayor de tales actos pseudosexuales. En
los casos graves de adicción sexual, la sexualidad pierde
nota 2 de final de página: Mitológico Rey de Frigia, a quien Dyonisos concedió el don de
ver trocado en oro todo lo que tocara. Puesto en trance de morir de inanición a causa de
esto, fue salvado por el mismo dios, por cuyo consejo se bañó en el Pactolo. Desde
entonces este río arrastra oro en sus aguas. T. fin de nota 2.
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Los individuos de este tipo, que se preocupan por su sexualidad sin encontrar un placer
sexual, pueden lograr en cambio un placer narcisista derivado de su supuesta potencia,
véase pág. 574.
En algunas formas de actividad sexual, el partenaire sexual sirve a la misma finalidad que
la droga en la adicción.
Hay mucho debate aun acerca de la terapia psicoanalítica de personas con impulsos
mórbidos o adicciones. Un enfoque comprensivo de los mecanismos implicados pone en
evidencia que en principio estos pacientes pueden ser sometidos a un tratamiento
psicoanalítico, pero que, desde el punto de vista práctico, esto obliga a superar ciertos
problemas especiales. No sólo que el síntoma es de por sí placentero, con lo que el caso
ofrece al analista la misma dificultad que el del perverso, sino que además la constitución
pregenital, narcisista, del paciente, impone la necesidad de retroceder hasta las capas
más profundas, y la intolerancia a la tensión impone la necesidad de modificaciones en la
técnica. Se admite generalmente, sin embargo, que el tratamiento psicoanalítico ha de
intentarse siempre que sea posible. Si se obtiene un éxito en la curación de un adicto,
logrando el abandono del hábito, y al mismo tiempo se deja que quede inalterada la
disposición premórbida, el paciente se verá pronto inducido a volver al uso de la droga.
No es el efecto químico de la droga lo que debe combatirse, sino el deseo mórbido de una
embriaguez eufórica.
El período más favorable para iniciar un análisis es, por supuesto, el de la abstinencia, o
inmediatamente después que ésta se ha iniciado. Pero no es dable esperar que el
paciente ha de mantener la abstinencia a lo largo del análisis. Si la oportunidad se
presenta, probablemente volverá a hacer uso de la droga cada vez que en su análisis
predomine la resistencia. Es ésta la razón por la cual los adictos han de ser analizados en
instituciones más bien que como pacientes ambulatorios, 219, 964, 1440. No se pueden
formular reglas de carácter general sobre el momento y la manera en que se debe cortar
el uso de la droga cuando se trata de reincidentes. De la concepción general que se tiene
de este trastorno se deduce que la adicción sigue el curso de un proceso crónico
desintegrador, y que lo más importante a tener en cuenta, desde el punto de vista
terapéutico, es el grado de desintegración alcanzado en el momento de iniciarse el
análisis. El concepto de adicto a las drogas incluye individuos que presentan relaciones
muy variadas con la realidad y de capacidad también muy diversa para el establecimiento
de la transferencia, 1440.
No debe tampoco pasarse por alto el hecho de que una adicción comienza como una
búsqueda de un guardián protector contra una estimulación dolorosa. En el caso de
muchos a quienes se acusa de borrachos, la bebida es esencialmente un medio de
apartarse de situaciones externas insoportables. En tales casos, la terapia no será de
ninguna utilidad mientras persistan esas condiciones externas, y resultará innecesaria si
éstas cambian.
En cuanto a los casos que responden más a causas de carácter interno, puede darse por
sentado, en general, que el pronóstico será tanto más favorable cuanto más reciente sea
la adicción.
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CAPÍTULO 17.
DEPRESIÓN Y MANÍA.
DEPRESIÓN Y AUTOESTIMA.
La comprensión de las neurosis impulsivas y las adicciones nos ofrecen los prerrequisitos
básicos para el estudio de ese mecanismo de formación de síntomas, tan frecuente y al
mismo tiempo tan lleno de problemas, que es la depresión. En forma leve, la depresión se
presenta en casi todas las neurosis, al menos, bajo la forma de sentimientos neuróticos
de inferioridad. En su forma más intensa, es el más terrible de los síntomas que
caracterizan el angustioso estado psicótico de la melancolía.