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Tectónica de Placas en Argentina

La teoría de la tectónica de placas explica la dinámica geológica de la Tierra. La corteza terrestre está dividida en placas tectónicas que se mueven debido a procesos en el manto. El territorio argentino se ubica sobre varias placas y está afectado por la actividad del margen activo de los Andes y el margen pasivo del Atlántico. La teoría de placas también explica la deriva de los continentes y la formación de montañas.

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Tectónica de Placas en Argentina

La teoría de la tectónica de placas explica la dinámica geológica de la Tierra. La corteza terrestre está dividida en placas tectónicas que se mueven debido a procesos en el manto. El territorio argentino se ubica sobre varias placas y está afectado por la actividad del margen activo de los Andes y el margen pasivo del Atlántico. La teoría de placas también explica la deriva de los continentes y la formación de montañas.

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Tectónica de placas

El territorio argentino, ubicado en el extremo suroeste de Sudamérica, comprende por el


oeste la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes, y por el sureste el Mar Argentino.
En la región central, desde el límite norte con Bolivia y Paraguay hasta la provincia de
Buenos Aires, es manifiesto el desarrollo de importantes cuencas sedimentarias,
interpuestas entre los Andes y el núcleo continental. Al sur de los ríos Colorado y Negro,
en el espacio extra-andino, se destacan las mesetas patagónicas. Al noreste, las regiones
pampeana y mesopotámica transitan hacia el núcleo continental uruguayo-brasilero.

La composición y distribución de rocas y sedimentos del territorio, formas de relieve,


altimetría, pendientes del terreno y red fluvial, están relacionados con la historia
geológica-geodinámica, explicada según la teoría de la Tectónica de Placas.

La teoría de la Tectónica de Placas, se halla en desarrollo desde mediados del siglo pasado,
y posibilita la comprensión integral de los procesos generadores de la actividad geológica
del planeta, las diferencias y relación entre continentes y océanos, variedad de rocas y
estructuras sedimentarias, estructuras tectónicas y relieve resultantes.

Entre los antecedentes destacados está la teoría de la deriva continental, propuesta por el
naturalista Alfred Wegener en 1912. La forma de las líneas de costa, similitud de
composición, estructura y contenido paleobiológico de Sudamérica, Antártida, África,
Madagascar, India y Australia, le permitieron postular a Wegener que, en el pasado,
formaron una única masa continental, que denominó Gondwana. La posterior
fragmentación de Gondwana originaría los mencionados continentes, con una dispersión
que implica la deriva hasta las actuales posiciones. No obstante, el desconocimiento de los
mecanismos que explicaban estos movimientos, motivó para entonces el rechazo de la
teoría y la prevalencia de las ideas denominadas fijistas.
Los conceptos movilistas fueron retomados en la segunda mitad del siglo pasado, con los
resultados obtenidos en el estudio geológico-geofísico de los océanos. Al mismo tiempo,
el conocimiento geológico de los continentes se había acrecentado, con la realización de
extensos mapeos y creciente obtención de resultados de nuevas tecnologías, como los
que aporta la geología isotópica y el uso de fotografías aéreas e imágenes satelitales.
También se contaba con mayor información del interior del planeta.

El conocimiento del interior terrestre proviene principalmente del estudio de las ondas
sísmicas (sus velocidades y trayectorias), producidas por eventos de ruptura de la masa
rocosa (terremotos o sismos), que se producen a variada profundidad. Para el estudio
profundo, es importante el comportamiento de las ondas P (primarias), que son más
veloces respecto a las ondas S (secundarias). Las primeras atraviesan sólidos y líquidos,
mientras las segundas sufren retardos y pueden ser anuladas en un medio de tipo viscoso,
hasta líquido. De aquí proviene la distinción de las capas concéntricas denominadas
corteza, manto y núcleo, de diferente densidad y composición mineral.
La corteza no es homogénea. En los continentes es más espesa (30-70 km) y está
compuesta por una amplia variedad de rocas, aunque predominan las de baja densidad,
afines a los conocidos granitos (por eso también se la denomina corteza continental o
granítica). Opuestamente, en los océanos es delgada (8-10 km) y muy limitada la variedad
rocosa, de mayor densidad, siendo la roca predominante de tipo basalto (corteza oceánica
o basáltica).

La composición interior de la Tierra también se divide entre litosfera, astenosfera y


mesosfera. La distinción tiene estrecha relación con la teoría de la tectónica de placas.
La distinción de litosfera y astenosfera fue esencial para explicar la dinámica propuesta
por la Tectónica de Placas. La litosfera tiene un espesor que varía desde 80-100 km bajo
los océanos, hasta los 200-400 km en los continentes. Incluye a la corteza y a la parte
superior del manto (también llamado manto litosférico). Es frágil y quebradiza, fría.
Por debajo, la astenosfera es una parte del manto, de espesor variable, que se caracteriza
como “zona de baja velocidad” de las ondas sísmicas.
La astenosfera es dúctil y buena conductora de calor, permite el movimiento de los
fragmentos litosféricos (placas).

El calor en el interior del planeta proviene, en parte, del tiempo de su formación, cuando
fue sometido a intenso impacto meteorítico.
La distribución de temperatura en la astenosfera-mesosfera es muy heterogénea, pero
hay evidencias que avalan el funcionamiento de circulación de energía calórica por células
de convección y plumas mantélicas, en ambos casos por la fusión de un bajo porcentaje
de las rocas. Las plumas tienen origen en la base del manto y ascienden llegando a
superficie en los puntos calientes, que tienen posición fija por largo tiempo geológico. Por
el contrario, las células de convección consisten en circuitos que asoman materiales
calientes y alivian temperatura en las dorsales medio-oceánicas, para luego en las fosas
oceánicas iniciar el regreso de rocas frías a las profundidades mantélicas.

-Los ciclos geológicos:


En conjunto, la actual configuración de placas funciona desplazando continentes, expande
océanos en algunos límites y los restringe en otros, origina nuevos océanos (por ejemplo,
el valle del Rift africano, el mar Rojo), y también crea elevadas montañas acompañadas de
sismicidad y volcanismo (orógenos como los Andes). Ocasionalmente, por otra parte, la
dinámica litosférica provoca la colisión y soldadura de continentes (entre la India y Asia,
donde dio lugar a los montes Himalaya), así como la activación destructiva de fallas
transformantes (en el caso de Haití en el arco del Caribe, San Andrés en Norteamérica, e
Indonesia).
Los puntos calientes son alimentados por plumas mantélicas, columnas que se originan en
la base del manto donde se produce de manera persistente la extrusión de lavas
basálticas. Este fenómeno origina enormes cuerpos volcánicos, cuya base se asienta en los
fondos oceánicos a profundidades de 4.000 a 5.000 m y que, ocasionalmente, emergen
alcanzando altitudes del orden de los 2.000 m. Son numerosos y se sitúan
mayoritariamente en corteza oceánica, como es el caso de Hawai en el Pacífico y de
Walvis en el Atlántico.

-El territorio argentino:


El territorio argentino se desarrolla sobre las placas Sudamericana, de Scotia y Antártica.
La placa Sudamericana está integrada con litosfera continental y oceánica. Por el Este se
extiende hasta la dorsal Atlántica, limitando con la placa Africana. Por el Oeste, con las
placas de Nazca y Antártica. Tanto al norte como al sur, el cierre consiste en sistemas
transformantes de los arcos del Caribe y Scotia.
Por el oeste, está relacionado con un borde continental activo, donde evoluciona el
orógeno andino, de alta sismicidad y actividad volcánica, con las mayores elevaciones
sobre el nivel del mar, estructuras marginales de faja plegada y corrida, y elevación de
bloques de corteza a 700-800 km de la costa pacífica.
Por el este, en el litoral atlántico, el territorio pertenece a un margen continental pasivo,
de baja altitud, sin actividad sísmica ni magmática y con el desarrollo de importantes
cuencas sedimentarias en régimen de extensión. Incluye a la Plataforma Continental e
Islas Malvinas, hasta el talud que profundiza las aguas desde los 200 m hasta los 4000-
6000 m de los fondos oceánicos.
A la placa de Scotia pertenecen las tierras en el extremo sur de Tierra del Fuego, islas
Georgias, Sandwich, Orcadas y Shetland del Sur. En la placa Antártica, el territorio entre
los meridianos de 25° y 74° incluye principalmente a la Península Antártica.
-Rocas y sedimentos:
La Tierra es uno de los planetas rocosos del Sistema Solar. Efectivamente, las rocas
constituyen la materia sólida de la litosfera, aunque en los continentes pueden estar
ocultas en grandes superficies cubiertas por los sedimentos, materiales formados por
rocas que fueron desagregadas o fragmentadas previamente. El espesor de los
sedimentos sobre el sustrato rocoso, sin embargo, es siempre relativamente menor
comparado con las dimensiones del planeta, más aun si se considera que los sedimentos
están formados por fragmentos de roca.

-Rocas:
Las rocas de la corteza terrestre están formadas por un conjunto de minerales
íntimamente relacionados, en el caso general, de varias especies, aunque pueden ser de
una sola especie.
El estudio sistemático de las rocas se hace según tres grandes conjuntos, rocas ígneas (o
magmáticas), rocas sedimentarias y rocas metamórficas. La relación entre estos grupos se
representa en el denominado ciclo de las rocas.
Los tres grupos de rocas tienen significativa participación en la composición de la corteza
terrestre. Las rocas ígneas forman aproximadamente el 65% del volumen total, las
metamórficas el 27% y las sedimentarias el 8% restante.
Las ígneas y metamórficas son dominantes en los núcleos continentales. Los núcleos,
también llamados cratones, corresponden a las áreas estables de los continentes, regiones
que no han sido afectadas por procesos orogénicos desde la finalización del Precámbrico.
Se considera que en el Precámbrico los procesos orogénicos fueron intensos. En las zonas
orogénicas, por otra parte, el predominio es de las rocas ígneas, tanto plutónicas como
volcánicas. Finalmente, las rocas sedimentarias, pese a ser minoritarias en volumen,
tienen gran expresión superficial, con grandes afloramientos en las áreas donde se
desarrollan las cuencas sedimentarias. En Sudamérica, corresponde al espacio interpuesto
entre el orógeno andino y el núcleo continental.
-Fuerza y esfuerzo
La aplicación de una fuerza sobre una roca genera un esfuerzo. En un plano cualquiera en
el interior de la litosfera, una fuerza se descompone en una componente perpendicular a
la superficie del plano, que produce un esfuerzo normal, y una componente paralela a la
superficie del mismo, causante de un esfuerzo de cizalla.
Cabe destacar que los esfuerzos normales no son deformantes, solo producen cambios de
cambios de volumen de cuerpo, que pueden ser de compactación o de expansión.
Opuestamente, los esfuerzos de cizalla son los que pueden deformar a las rocas y generar
así estructuras tectónicas.

-Los pliegues son ondulaciones que se producen en las rocas por acortamiento ante
esfuerzos compresivos, en un patrón donde se suceden anticlinales (altos; convexos) y
sinclinales (bajos; cóncavos). Son estructuras de interés principalmente en sucesiones
estratificadas, sedimentarias y volcano-sedimentarias.
Las partes componentes de los pliegues son los flancos o limbos, charnelas, plano axial y
eje. Un flanco o limbo, anticlinal o sinclinal, se extiende entre el punto de inflexión y la
charnela correspondientes. El plano axial es el plano de simetría en sentido longitudinal y
la intersección de ese plano con cualquier superficie constituye el eje del pliegue.

-Una falla es una estructura tectónica en la que una superficie llamada plano de falla
divide un cuerpo de roca en dos partes, que se desplazan una respecto de la otra. Según la
orientación del campo de esfuerzos resultan tres tipos de fallas, denominadas fallas
normales o directas, fallas inversas y fallas de rumbo.
Las fallas normales o directas son consecuencia de esfuerzos tensionales. El plano de falla
es inclinado, dejando un bloque colgante o techo que desciende en relación a un bloque
yacente o piso. El resultado es un alargamiento del terreno.
En las fallas inversas el esfuerzo es compresional. En ellas el bloque colgante (techo)
asciende respecto al bloque yacente (piso), provocando un acortamiento del terreno.
En las fallas de rumbo o cizalla el plano de falla es vertical. No hay alargamiento ni
acortamiento del terreno, pero si un movimiento de las partes con alivio del esfuerzo
aplicado.

-Supercontinentes
Un supercontinente es el resultado de la amalgama, en un determinado tiempo geológico,
de una parte importante o toda la corteza continental existente. El ensamble de dos de
esas partes se produce por acercamiento, a través del consumo de corteza oceánica por
subducción, y la suturación por colisión de continentes, procesos ambos que conforman el
desarrollo de los ciclos orogénicos. En el armado de un supercontinente se produce una
sucesión de colisiones de bloques continentales.
Los supercontinentes no son estables por largo tiempo geológico. Pasados un par de
cientos de millones de años, sufren un proceso de ruptura en varias partes por acción de
corrientes convectivas. El proceso de apertura de valles rift, subsidencia y extensión de la
litosfera, conduce a la invasión de aguas marinas y expansión oceánica, que individualiza a
nuevos continentes en etapa de dispersión.

-Con los actuales continentes del hemisferio sur Wegener reconstruyó un


supercontinente que llamó Gondwana, incluyendo a Sudamérica, África, Madagascar,
Antártida, India y Australia.
Gondwana fue un supercontinente desarrollado durante el Proterozoico superior.
Los fragmentos que constituyeron Gondwana estaban reunidos al finalizar el eón
Proterozoico (542 Ma). Gondwana fue estable en todo el Paleozoico (542-252 Ma), para
posteriormente sufrir ruptura y dispersión desde comienzos del Mesozoico hasta la
actualidad.
-En los últimos estadios de la consolidación de Gondwana, se ha propuesto el armado y
dispersión de Pannotia, un supercontinente de corta duración (580-540 Ma). En el borde
occidental de Gondwana habrían colisionado Laurentia, Siberia y Báltica, aunque tras unas
decenas de millones de años hubo ruptura y dispersión de esas piezas cratónicas.

-La ruptura de Pannotia comenzaría en el Proterozoico tardío-Cámbrico temprano, con la


apertura del océano Iapetus y la separación de Laurentia de Sudamérica y Báltica.
En los márgenes del Iapetus la actividad geodinámica fue intensa, dando lugar a arcos
volcánicos, cuencas extensionales en retroarco y fragmentación con dispersión de
fragmentos continentales. El cierre del océano configura un complejo de numerosos
terranes acretados en los márgenes de Gondwana y Laurentia durante el Ordovícico
(movimientos tacónicos en los Apalaches y equivalentes en la Islas Británicas y
Escandinavia) y Silúrico-Devónico (movimientos acádicos y caledónicos). En el
Carbonífero-Pérmico tuvo continuidad la integración continental con la colisión que
origina el cinturón varíscico. Hacia el oriente y durante el transcurso del Pérmico (280
Ma), tienen lugar los últimos movimientos de continentes para la constitución de Pangea,
literalmente toda la tierra. Siberia colisiona con Báltica y se anexa mediante el cinturón
orogénico Uraliano (Montes Urales).

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