La
Doctrina de la seguridad nacional es un concepto utilizado para definir
ciertas acciones de política exterior de los Estados Unidos, tendientes a que
las fuerzas armadas de los países latinoamericanos modificaran su misión para
dedicarse con exclusividad a garantizar el orden interno, bajo el pretexto de
cambiar pensamientos en el contexto de la Guerra Fría, así como fomentar la
cooperación entre estas dictaduras militares.
Antecedentes de la doctrina de la seguridad nacional en occidente:
La DSN fue la sistematización de teorías y experiencias relacionadas con la
geopolítica y se adoptó una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. Se
inscribió en el marco de la Guerra Fría desarrollada desde 1945 por los grandes
centros de poder militar.
Esta última guerra fue un instrumento o modalidad ocasional de una táctica
pos-bélica, una etapa de perplejidad, incertidumbre, alarmismo e indecisión que
tuvo, entre otros, los siguientes objetivos:
1. Conquistar al precio más bajo posible, preferiblemente sin derramamiento de
sangre, las áreas y territorios previstos como aptos para una integración política.
2. Conducir al enemigo al desprestigio e incertidumbre en aquellos territorios y
áreas aptas para la conquista. enero-abril del 2002, Núm. 27, pp. 11-3911
3. Fomentar y cimentar el pensamiento político de la población en aquellos
territorios o áreas en donde se destacan condiciones favorables para la
propaganda y la acción proselitista.
4. Mantener en el ambiente internacional o nacional un estado de continua
inquietud.
5. Explotar al máximo las fallas o deficiencias que ofrezcan los opositores,
enemigos o rivales (Gonzáles, 1960: 482).
Con fundamento en lo anterior, la guerra se asumió como la integración
de las distintas esferas de la acción militar, económica, sicológica e ideológica; así
surge el concepto geopolítico de “guerra total” que ya había sido considerado
por Hitler. Esta integración, concebida en el mediano y largo plazo, se fortaleció
con el carácter de permanente (guerra total y permanente). Estos conceptos
fueron adaptados a las necesidades de la DSN: de la guerra militar, se pasó a la
guerra total y permanente, o sea, a la Guerra Fría en el campo económico,
financiero, político, psicológico, científico y tecnológico (Briones, 1978: 305)
Doctrina de la seguridad y control social
La DSN fue un conjunto de concepciones o cuerpo de enseñanza derivado
de supuestas verdades, principios, normas y valores que un Estado, a través de
sus propias experiencias o las de otros Estados y de conformidad con su
Constitución Política y con las realidades del país, considera que debe llevar a la
práctica para garantizar el desarrollo integral del hombre y de la colectividad
nacional, preservándolos de interferencias a perturbaciones sustanciales de
cualquier origen.
Esta doctrina presumió ser síntesis total de todas las ciencias humanas,
capaz de ofrecer un programa completo para la acción. Como una síntesis
política, económica, social y de estrategia militar, ella cubrió todas las áreas de
acción, desde el desarrollo económico Édgar de Jesús Velásquez Rivera hasta la
educación o la religión y determinó los criterios fundamentales que debían ser
tomados en cuenta para, de una manera integrada, proponer el afianzamiento del
proceso para combatir al supuesto enemigo interno (Bidegain, 1983: 157).
La Doctrina de la Seguridad Nacional se asentó en dos postulados básicos:
la bipolaridad y la guerra generalizada. Tal bipolaridad se entendió como la
división del mundo en dos grandes fuerzas opuestas: la del bien y la del mal. Su
credo consistió en afirmar la existencia de una guerra permanente entre el
occidente cristiano y el oriente comunista, cuya expresión en las naciones
latinoamericanas, ante la imposibilidad de un enfrentamiento armado mundial, se
dio a través de las revoluciones sociales de la época o potenciales dentro de cada
país. Es importante tener en cuenta que a la DSN se le incorporó el
componente mesiánico para darle un sentido trascendental y
fundamentalista a cada una de sus acciones, ante la temeridad de considerar la
posibilidad de otras formas de gobierno, de actuar y de pensar (Gallón, 1983: 49).
La Doctrina de la Seguridad Nacional fue reiterativa en afirmar que el
mundo contemporáneo estaba dividido en las dos fracciones
irreconciliables indicadas, el occidente cristiano y el oriente
comunista. Este enfrentamiento se manifestaba mediante la subversión interna
que permitía el desarrollo del conflicto sin el riesgo de una guerra de
aniquilamiento suicida. Los países latinoamericanos eran objeto de subversión
interna en la medida en que formaban parte del bloque político occidental; la
subversión provenía, por lo tanto, del enemigo, del comunismo; la seguridad
nacional y la sociedad misma estaban en peligro y, en esas condiciones, el hombre
común (el pueblo en gen eral) se encontraba inerme, era incapaz de
enfrentar esa c o n s p i r a c i ó n q u e l e q u e r í a a r r e b a t a r “ s u s e r
n a c i o n a l ” . E n consecuencia no quedaba más alternativa a las fuerzas ar ma
das que asumir la conducción política del Estado en defensa de esos valores,
preservando su seguridad (Briones, op. cit.).
La DSN fundamentó su filosofía en que todo individuo era un amigo o un
enemigo, que América Latina estaba en estado de guerra contra el Historia de la
Doctrina de la Seguridad Nacional comunismo mundial y que su lugar se situaba al
lado del mundo occidental, que la guerra tenía un nuevo sentido: total y global, in di
visible y permanente, puesto que todo estaba implicado y la agresión podía venir
tanto del interior como del exterior, el comunismo se filtraba por todas partes.
Como consecuencia de lo anterior, se llegó a entender que todas las actividades
individuales o colectivas eran actos de guerra a favor o en contra de la nación.
Según esta doctrina, no había actos neutros, ni existía diferencia entre el estado de
paz y el estado de guerra. La paz no era sino la continuación de la guerra. La paz
era la Guerra Fría (Bidegain, op. cit.).
Según los ideólogos de la DSN, ésta debía responder a los intereses vitales
de una nación, su desarrollo y seguridad. Consideraron a las fuerzas arma das
como un organismo generador de desarrollo y progreso, también afirmaron
que las interferencias y las perturbaciones sustanciales a las cuales debía
enfrentar la DSN tenían que ver con los c o n f l i c t o s s o c i a l e s , y q u e e s t o s
s e d i v i d í a n e n e s t r u c t u r a l e s , ideológicos, personales, y entre Estados.
Los conflictos estructurales, según los teóricos, eran las huelgas, las
manifestaciones públicas y los procesos electorales acalorados, los cuales era
necesario “controlar”. Los ideológicos, por su parte, eran los que resultaban de la
diferencia de ideas, creencias y doctrinas cuando a través de ellas se pretendía
imponer pautas de comportamiento extrañas a la forma de vida, tradiciones y
costumbres de la nación, es decir, contrarias a algunos de sus más preciados
intereses.
Los conflictos por intereses personales o de grupo ocurrían en el campo
económico, entre personas y/o grupos de presión compuestos por los diversos
sectores de la economía: productores, exportadores, importadores y
comerciantes. Los conflictos en tre Estados eran aquellos que se desarrollan
al calor de disputas regionales por límites, por explotaciones de recursos naturales
fronterizos y por problemas étnicos o de comunicaciones.
Es importante tener en cuenta que la mayoría de estos conflictos fueron
promovidos por los mismos Estados Unidos para desestabilizar la región y, en tre
otras cosas, vender armas y tener un pretexto para ocupar un territorio como
también, para Édgar de Jesús Velásquez Rivera colocar zonas claves de
producción de recursos energéticos bajo el dominio de un país “amigo”.
Según la Doctrina de la Seguridad Nacional hubo aspectos que incidieron
en el surgimiento de interferencias y perturbaciones sustanciales para su
aplicación. Estas tuvieron que ver con la existencia de espacios vacíos en los
territorios nacionales, las diferencias marcadas en los niveles de vida de las
distintas clases sociales, el marginalismo social, económico y regional; los
desequilibrios entre las áreas urbanas y rurales, la carencia de una infraestructura
adecuada, la e s c a s a e i r r a c i o n a l e x p l o t a c i ó n de los recursos
n a t u r a l e s y l a intolerancia política y religiosa (Ibid.).
Otros componentes de la DSN fueron los aspectos legales, los cuales
tuvieron que ver con la situación “a cubierto” o de protección que debía
conformarse. Los aspectos legales eran los encargados de darle laxitud a la
consecución de los objetos nacionales de la DSN, valiéndose de las leyes y
normas jurídicas sancionadas ex profeso, cuando no de actos delincuenciales.
Desde la DSN se pregonó que para que ésta fuera operante y eficaz debía ser
verdaderamente nacional, “no ser copia textual o adaptación inadecuada de
doctrinas foráneas”, responder en lo político a aquellas necesidades y aspiraciones
de la nación, responder en su organización a las exigencias de los problemas de
seguridad y responder en lo técnico al nivel de desarrollo, y en lo moral a una causa
justa (Op.cit.).
La religión no fue excluída. La DSN se presentó como defensora de la
civilización cristiana contra el comunismo y el ateísmo. Ofreció a instituciones
eclesiásticas favores y privilegios, prestigio y apoyo. Pero el cristianismo que la
DSN promovió fue uno centrado en los mitos, ritos, costumbres y gestos de la
ortodoxia judeo cristiana. Un cristianismo sin compromiso pop u lar. La DSN no
concibió una Iglesia comprometida con los grandes problemas estructurales y
coyunturales del pueblo latinoamericano, sino con los principios tutelares del
orden, la autoridad, la defensa de la propiedad privada y, en gen eral, con los
postulados del conservadurismo. La DSN promovió la llegada de otras confesiones
religiosas a América Latina desde los años 60, las cuales se convirtieron a la
postre en importante base social de la derecha, con el propósito exclusivo de
penetrar en aquellos sectores sociales más vulnerables económicamente y
políticamente maleables y reventarles su capacidad de lucha y organización por
unas mejores condiciones de Historia de la Doctrina de la Seguridad Nacional vida.
La DSN conspiró contra el clero comprometido social, política y evangélicamente
con el pueblo (Ibid.)
Caracterizada la DSN, internalizada y hecha suya por las fuerzas arma das
latinoamericanas, que la han reproducido como patrimonio académico de su
“formación”, ha desembocado en el militarismo.
Hablamos de militarismo desde el momento mismo en que la
institución castrense al servicio de las clases dominantes asume una ideología
específica y se proyecta como un súper poder entronizado en el Estado burgués,
erigiéndose en factor decisivo de la política del régimen con pretensiones de
controlar, mediante una metodología de guerra, toda la vida nacional. Emerge en
el marco de un régimen que responde a los estrechos intereses de la cúspide
oligárquica que en el proceso de su regresión institucional y política ha venido
otorgando cada vez mayores prerrogativas a su “brazo armado” y acentuando, en
todos los planos, la opresión sobre el pueblo en gen eral, sin renunciar a su
apariencia “democrática”. A la vez, por estar supeditado el militarismo a la
política del neoliberalismo, coloca en esa misma condición subordinada a su
aparato represivo militar (Caicedo, 1979: 299).
Este militarismo ha implicado un gran desprecio por las
instituciones democráticas, las cuales han sido objeto de diversas olas golpistas
para suplantarlas, o en su defecto, buscar la ubicación de generales, civiles
militaristas o de derecha en puestos estratégicos de las administraciones
nacionales para aparentar una naturaleza democrática de los gobiernos
civiles; pero lo que subyace es un monitoreo por parte de las fuerzas militares
hacia los actos de gobierno de los civiles. Además, el militarismo, para reducir
todos los actos de la vida social al lenguaje y a los mecanismos castrenses se
yergue como un ente intocable que succiona los recursos económicos del erario
público sin ninguna retribución a las arcas del Estado.
Ahora bien, el militarismo no es sólo de los militares, el militarismo incumbe
también a los civiles quienes piensan que las soluciones a los problemas, y en gen
eral toda la vida social, se debe regir por la disciplina castrense. Estos civiles
constituyen la expresión política del mi l i t a r i s mo a r ma d o y s o n su p u n t a d e
l a n z a e n l a s d i ve r sa s corporaciones públicas y privadas. Un caso patético se
evidencia en los Ministerios de Defensa de los países latinoamericanos donde en
los últimos años, desde la década de los ochenta hacia acá, han actuado como
Ministros de Defensa, civiles, por supuesto de absoluta confianza tanto
de las clases dominantes como de las mismas instituciones castrenses, de los
grupos económicos hegemónicos y de Estados Unidos. Vale la pena destacar que
la llegada de civiles como Ministros de Defensa en absoluto ha implicado el
desmonte de la DSN, por el contrario, se han incrementado propuestas para
fortalecer organizaciones armadas asistidas por el propio Estado colombiano para
que cumplan funciones que éste es incapaz de garantizar en regiones de los
países y por las vías legales.
Los instrumentos de que Estados Unidos se ha valido para poner en
práctica la DSN en América Latina han sido disímiles. Pues tienen que ver con
tratados, agregados militares, misiones especiales, cursos en escuelas
especializadas, además de un sutil adoctrinamiento y seguimiento de
quienes se forman en la referida ideología. Uno de estos mecanismos es la
creación de la Escuela Militar de las Américas (US Army Scholl of the Americas,
USARSA), ubicada en Ford Gulick, zona del Canal de Panamá, para impartir
adiestramiento a personal latinoamericano escogido a fin de que alcance niveles
superiores de profesionalismo, mejor capacitación en el mantenimiento de la
seguridad interna y una mayor colaboración militar en el desarrollo nacional, lo
que la constituye en el campo de adiestramiento más importante para
operaciones de contrainsurgencia, y es la única escuela del ejército
norteamericano que aloja exclusivamente a militares latinoamericanos. Los
cursos son impartidos en su mayoría por ciudadanos norteamericanos de
ascendencia mexicana, puertorriqueña o cubana, y a los graduados con mejores
calificaciones se les invita después como profesores visitantes.
En septiembre de 1975 se habían graduado 33 147 alumnos en la
USARSA, muchos de ellos ocuparon altos cargos en sus gobiernos. En octubre
de 1973, más de 170 graduados eran jefes de gobierno, ministros, comandantes,
generales o directores de los departamentos de inteligencia de sus respectivos
países. Los golpes de Estado en Perú, Bolivia, Panamá y Chile fueron llevados a
cabo por los más aplicados oficiales que habían asistido a cursos en la USARSA
(Klare, 1978: 121). En los pocos países de la región donde no hubo golpes de
Estado, a l t o s o f i c i a l e s t a m b i é n e g r e s a d o s d e l a U S A R S A , s e v i e r o n
comprometidos con la violación sistemática de Derechos Humanos lo cual indujo a
Organizaciones No Gubernamentales de Estados Unidos a presionar a su
gobierno para que se desmontaran estos centros. La Historia de la Doctrina de la
Seguridad Nacional.
Escuela de las Américas fue cerrada pero los mercenarios, en lo sucesivo, se
contrataron con firmas privadas y con ello los gobiernos de Estados Unidos
evitaron las críticas y las presiones, y continuaron la aplicación de la DSN,
obviamente con nuevas metodologías, recursos, actores y motivaciones.
Esta escuela, organizada en 1963, dictó cursos en español y
portugués destinados a “brindar” a los militares latinoamericanos una formación
que les permitiera contribuir a la seguridad militar de sus respectivos países.
Frente a concepciones políticas democráticas responde de manera directa a las
concepciones de Washington en materia de división continental del trabajo militar.
En tales escuelas los cursos inculcaron una ideología anticomunista y una
filosofía contrarrevolucionaria. Estas concepciones del Pentágono dedicaron un
tiempo desmesurado al anticomunismo y al adoctrinamiento
pronorteamericano (Rouquie, 1984: 154). Así, entre 1950 y 1969, recibieron
instrucción 54 000 oficiales. El 30% de la formación en la escuela es técnica y el
70% se refiere a a d o c t r i n a m i e n t o p o l í t i c o . L a s t e m á t i c a s q u e
l o s m i l i t a r e s latinoamericanos reciben en esta escuela son del siguiente
tenor: Así es el comunismo. Cómo funciona el partido comunista. Conquista y
colonización comunista. El dominio del partido comunista en Rusia. La respuesta de
una nación al comunismo. Cómo logran y retienen el poder los comunistas. La
democracia contra el comunismo. ¿Qué hacen los comunistas en libertad?
¿Cómo controla el comunismo las ideas de los pueblos?
Además, para oficiales de formación se dictó el curso “Comunismo ver sus
Democracia”, para tenientes y capitanes, el curso “Introducción a la Guerra
Especial”; y para mayores, los cursos “Ideología Comunista y Objetivos
Nacionales” y “La Amenaza Comunista” (Briones, op. cit.). El anterior proceso fue
el resultado parcial de un vínculo directo entre las autoridades estadounidenses y
las fuerzas armadas latinoamericanas, nexo que tomó fuerza desde 1950
mediante los acuerdos bilaterales suscritos con títulos como el Pacto de Ayuda
Mutua. En lo sucesivo se establecieron pactos, tratados, convenios y actividades
conjuntas, como las Operaciones Unitas, la JID, el Colegio Interamericano de
Defensa y la Reunión de Comandantes en Jefe. Ya en 1939, en la perspectiva del
enfrentamiento al nazi fascismo, se celebró la Conferencia Interamericana de
Panamá en la que se Édgar de Jesús Velásquez Rivera planteó el concepto de
“Solidaridad Con ti nen tal”. Luego se reafirmó a través del Acta de Chapultepec en
1945 y terminó de adquirir su contenido anticomunista con el Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) suscrito en Río de Ja neiro
en 1947. Como consecuencia, se le ha dado un alto grado de dependencia
técnica y financiera y una subordinación casi total a las fuerzas armadas
latinoamericanas con respecto a Estados Unidos. La subordinación ideológica viene
dada por los procesos de formación de la oficialidad y sub-oficialidad de América
Latina, por parte de las fuerzas armadas estadounidenses (Ibid.).
Además, los militares latinoamericanos son objeto de presiones ideológicas
para desarrollar en ellos el sentido de la admiración por el “american way of life”, lo
cual logran a través de las actitudes sociales y del “patrocinador social”. Este
ejerce el papel de tutor en cada uno de los cursos antes mencionados y se hace
posteriormente un seguimiento al militar cuando regresa a su país. También se
valen para ello de giras de “orientación” para oficiales de alta graduación que
recorren los Estados Unidos con el objeto de compenetrarse más del “espíritu
americano”. Otras instituciones estadounidenses encargadas de formar la
oficialidad y sub-oficialidad latinoamericana son la Academia Interamericana de
las Fuerzas Aéreas, la Universidad del Aire, la Escuela para Comandantes de
Escuadrón, la Academia de Comandos y Estado Mayor, la Academia de Guerra
Aérea, la Academia de Guerra Naval y la Academia Interamericana de Policía
(Ibid.).
Todas esas instituciones produjeron una militarización creciente de la
política latinoamericana como resultado, en gran medida, de la dependencia militar
con respecto a los Estados Unidos y al criterio de defensa del hemisferio
contra el comunismo. Es así como el anticomunismo se constituyó en
elemento esencial para la preparación ideológica de las fuerzas armadas. Los
gobiernos norteamericanos, desde Truman y Eisenhower, en razón a lo anterior
se declararon partidarios de una política de estabilidad en el continente, donde el
golpe de Estado y la dictadura se convirtieron en la norma y no en la excepción
(Pinzón, 1985: 167). A cada golpe de Estado y la consecuente dictadura se le
dieron nombres simbólicos como eufemismos de acuerdo con su envergadura e
importancia, tenemos los casos de: Operación Mandrake en Bolivia, Operación
Pop eye en Laos, Operación Revuelta en Panamá, Plan Historia de la Doctrina de
la Seguridad Nacional.
Came loten Chile, Plan Lasso en Ecuador y Colombia, Plan de Aldeas
Estratégicas en Vietnam, Operación 20 en Cuba, Plan Colonia en Perú, La Alianza
Anticomunista en Ar gen tina, La Operación Tonton Macouts en Haití, Rosa
Blanca en Cuba, Patria y Libertad en Chile, Escuadrón de la Muerte en Brasil,
Mono en Nicaragua, Gato en Venezuela, Halcones en México, Guerreros Blancos
en El Salvador, y los Planes Bandera y Simpático, además de la última Operación
“Causa Justa” llevada a cabo en Panamá en diciembre de 1989, sin contar con la
Org an i za ci ó n Tra d i ci ó n , Fa m i l i a y Pro p ie d a d (TFP) co mo explicación
mesiánica de los planes del imperialismo estadounidense
(Herrera, 1979: 17).
Aparte de lo anterior, los Estados Unidos se vieron implicados en los
accidentes aéreos que causaron la muerte a Omar Torrijos de Panamá y a Jaime
Roldós Aguilera del Ecuador; y en el minado de los puertos marítimos
nicaragüenses, arguyendo que el continente americano se encontraba bajo ataque
y que estaba siendo penetrado por el poder soviético; ya que según ellos, la
cuenca del Caribe estaba poblada por apoderados soviéticos y delimitada por
estados socialistas (Bouchey, 1989: 21). Esta doctrina de seguridad hemisférica
adoptada por el gobierno de Wash ing ton se vio acompañada, desde el punto de
vista político, por una actitud fa vorable hacia los regímenes militares en América
Latina, o por lo menos se reconoció y dio apoyo a los gobiernos de facto sin
ninguna consideración de orden moral o jurídico (Pinzón, op. cit.).
El proceso golpista anterior se encarna en la Guerra Fría y ésta se
compone de las siguientes fases: la preparatoria, la política y la de acción. En la
primera se trata de conocer el medio donde se va a actuar, elaborar planes
especiales en cada país y estructurar los organismos que van a intervenir. En la
fase política se busca crear en el territorio elegido un ambiente adecuado, se
siembra publicitariamente el descontento para acondicionar el pensamiento de la
población al plan trazado. La última fase, la de la acción o de terrorismo, es
cuando la fase política no dio resultados. Entonces se busca crear desconfianza
en el pueblo hacia las instituciones gubernamentales, las fuerzas del orden y la
ley, indisponiendo y fomentando el odio y la retaliación entre los diferentes grupos
sociales, económicos, políticos y raciales para causar bajas en las fuerzas arma
das y destruir la moral de sus miembros.
También producen bajas entre la población aún ajena a toda actividad
política para crear el desasosiego, la incertidumbre, el terror y obtener su apoyo
irrestricto. Para el conjunto de dichas actividades se ocupan de “terroristas”
propios o contratados, los cuales son eliminados después (Ibid.). Para lograr sus
objetivos, también utilizan las acciones cívico militares en cada país. Estas tienen
el objetivo de llevar a vastos sectores de la población la ayuda del gobierno,
especialmente en el campo de la asistencia social, aprovechando para ello la
organización militar de la nación. Su acción se basa en la idea de emplear los
medios militares para llevar a cabo programas de mejoramiento económico y so
cial que despiertan en la población beneficiada la confianza y las simpatías hacia
las autoridades y sus fuerzas militares.
De este modo merman la influencia comunista. Se pretende lograr apoyo y
legitimación pop u lar hacia el régimen constituido y las instituciones y demostrar
que el bienestar y mejoramiento pueden llegar por las vías de Historia de la
Doctrina de la Seguridad Nacional 21 la legalidad y del orden; esto se lleva a cabo
mediante la coordinación de niveles gubernamentales y el clero en ocasiones. A la
acción cívico-militar hay que concebirla dentro del nuevo concepto del papel que
deben desempeñar los ejércitos en los países subdesarrollados (Ruiz, 1963: 493).
En este momento es importante recordar dos elementos claves: uno,
respecto al origen de la acción cívico-militar y el otro referente a sus fases y
operatividad. La acción cívico-militar está articulada a la creciente militarización de
la sociedad latinoamericana a partir de la Segunda Guerra Mundial, y de los
sectores civiles más reaccionarios, quienes han concebido al ejército como un
factor de desarrollo económico, supeditado al modelo estadounidense. En lo que
respecta a sus fases, la acción cívico-militar se divide en cuatro etapas: la primera
es el acercamiento a la población civil para romper las barreras “ficticias” entre
ésta y el estamento castrense mediante brigadas de salud, recreación,
construcción de vías, servicios de peluquería y zapatería, y “obsequios” de
alimentos y ropa. La segunda corresponde a la identificación del apoyo político y
sustento económico del enemigo ¾que en nuestro caso son los movimientos
populares, entre ellos, los grupos insurgentes¾. Realizada esta identificación se
corta el apoyo político mediante el hostigamiento a la población civil, la tortura, la
desaparición y el asesinato, también se elimina el apoyo económico, confiscando
los bienes de la “subversión no armada”, el arrasamiento de sementeras, el robo
de animales domésticos, el con trol a las remesas, el bloqueo de las vías
obstaculizando las entradas y salidas a la zona, además de la carnetización de la
población, el monopolio en la prestación de cualquier servicio y despertar a la
población civil a tempranas horas del días al ritmo de himnos marciales.
Concluidas estas dos etapas, se pasa a la tercera que consiste en ubicar
geográfica y espacialmente al enemigo. Finalmente, se pasa a la cuarta etapa,
que es el ataque al enemigo, para lo cual se valen de categorías como la
operación rastrillo, operativo envolvente, y los bombardeos indiscriminados donde
lo característico es arrasar con todo aquello que tenga vida, sea humana, vegetal
o animal; tales acciones son llevadas a cabo, en no pocas ocasiones, por efectivos
bajo los efectos de sustancias psicotrópicas. Para la puesta en marcha de esta
cuarta etapa usualmente ya han eliminado o desterrado a líderes Édgar de Jesús
Velásquez Rivera 22 populares, reventado el tejido social de las organizaciones
civiles haciéndolo amparados en normas legales de reciente creación por el
legislativo, entre las cuales destacan la asignación de funciones de jueces a
miembros de la fuerza pública y el establecimiento de los “teatros de operaciones”.
Estas acciones cívico-militares sólo se deberían desarrollar hasta la primera
fase, el problema es que las que se llevan a cabo tras una incursión de un grupo
armado no son de tipo preventivo, tampoco se le da continuación y concreción a
todas las expectativas creadas, con lo que logran un mayor resentimiento hacia el
Estado por parte de la población civil enrolada en esta conflictiva situación. Es
tanta la premura de las autoridades estadounidenses por que se ejecuten dichas
acciones, que muchas veces ellos mismos las efectúan en uno o varios países
como ha ocurrido en Centroamérica. En Costa Rica, por ejemplo, en 1985 marinos
del U.S.S., en misión de “buena voluntad”, pintaron dos escuelas en la ciudad de
Puerto Limón, situada en la Costa Atlántica. En Gua te mala, en 1983, médicos del
Hospital Gorgas al ejército de los Estados Unidos, ubicados en la zona del Canal
de Panamá, dieron tratamiento a indígenas en la región del Triángulo. En este
mismo país, en 1985, la Operación “Apretón de Manos” con la fragata “Fahrion” de
la marina estadounidense, desembarcó y distribuyó juguetes y víveres a los niños.
En Honduras, la operación “Grupo Conjunto de Trabajo Bravo” desde 1962
proyectada por término indefinido, con un grupo de trabajo localizado en la Base
Aérea Bravo Pamerola, provee regularmente servicios médicos, odontológicos,
educativos, farmacéuticos y veterinarios a la población civil. En este mismo país,
en 1983, se llevó a cabo la Operación “Medicina Tropical”, prestando servicios
médicos a 12 600 personas de la frontera con Nicaragua.
En 1984 desarrollaron la Operación “Granadero I” en la cual los militares
estadounidenses ejecutaron maniobras conjuntas con personal militar de
Honduras y El Salvador, mientras grupos médicos norteamericanos examinaron a
23 000 pacientes y atendieron 4 500 consultas odontológicas, 12 000 consultas
veterinarias y vacunaron 35 000 cabezas de ganado. Al año siguiente, en 1985, la
oportunidad fue para la Operación “Jornada Universal”, en el que se dio
tratamiento médico a las prostitutas que vivían cerca de la base estadounidense
Comayagua (Barry, 1988: 47). Historia de la Doctrina de la Seguridad Nacional 23
Colombia no podía ser la excepción.
En amplios círculos sociales, políticos, culturales y académicos se conoce
el papel de registro, con - trol, reconocimiento y espionaje que cumple el Instituto
Lingüístico de Verano. Otro caso es el de la presencia de militares
estadounidenses en el Pacífico al final de la administración de César Gaviria
Trujillo donde, con el argumento de construir una escuela, estaban detectando la
presencia de material radioactivo para su industria militar. Violación de la
soberanía nacional, cohonestada por la clase política hegemónica, las fuerzas
armadas y los medios de comunicación. El entonces ministro de defensa, Rafael
Pardo Rueda ¾ primer ministro de defensa “civil” en este país en los últimos
cincuenta años¾ acompañó a los miembros del ejército de los Estados Unidos a
las localidades de Juan chaco y Ladrilleros, cerca del puerto de Buenaventura. Los
mecanismos desarrollados para combatir al enemigo interno de los países
latinoamericanos tienen, además, una expresión criolla materializada por las
fuerzas arma das lo cales, se trata de la conformación de autodefensas que,
según ellos, son organizaciones encaminadas particularmente a proteger a los
núcleos humanos rurales contra ataques armados de grupos subversivos o
bandas al margen de la ley; aquellas establecen una estrecha relación y
coordinación con las autoridades militares.
La autodefensa tiene cuatro principios básicos: vigilancia total y continua,
alarma oportuna, reacción inmediata y apoyo mutuo. En Gua te mala, por ejemplo,
los grupos Mano Blanca, Ojo por Ojo, Escuadrón de la Muerte, Buitre Justiciero y
Fraternidad Blanca, entre 1970 y 1988, desaparecieron a 40 000 personas
(Rouquie, 1994). Por su parte, en El Salvador, el mayor Roberto d`Abuisson
comandó la “Unión Guerrera Blanca”. En el resto de países latinoamericanos este
tipo de organizaciones se reproducen de manera silvestre.
Dentro de estas concepciones de los guerreristas estadounidenses y de
sus representantes lo cales, han hecho carrera en el argot castrense las
categorías de conflictos de acuerdo con su magnitud y capacidad de destrucción.
Se habla de conflicto de alta, de media y baja intensidad. El conflicto de alta
intensidad correspondería al ejecutado con alta tecnología sin restricciones
geográficas. Dentro de esta naturaleza sólo se han registrado durante la primera y
segunda guerras mundiales. Conflictos de media intensidad los constituyen los
generados por dos Édgar de Jesús Velásquez Rivera 24 países. En este nivel
están los conflictos del Medio Oriente y el recientemente concluido en los años
noventa entre Ecuador y Perú. El conflicto de baja intensidad se manifiesta como
guerra irregular; guerra de guerrillas. Se conoce también con el nombre de “guerra
revolucionaria”.
Ésta se caracteriza por la universalidad de la confrontación, su
permanencia, su integridad hombre y naturaleza, su totalidad aplicado el concepto
de “pueblo en armas”, abarcando todos los campos de las actividades (Guerrero,
1988: 322). Es el conflicto armado en las perspectiva de la toma del poder: es
donde las autoridades de cada país, impotentes por no ser capaces de aniquilar a
las organizaciones revolucionarias, vierten su ira contra sus simpatizantes o
sospechosos de serlo, lo que desemboca en la llamada “guerra sucia”, que es
llanamente la eliminación del enemigo interno en todos los campos.
La doctrina del conflicto de baja intensidad está todavía en pleno
desarrollo, aún pervive en algunos países de la región, ésta deifica al
anticomunismo paranoico, a las pequeñas guerras sucias, al aventurerismo militar
y a la guerra psicológica. En 1981, el ejército de los Estados Unidos publicó un
“Manual de Campo” sobre conflictos de baja intensidad (FM 100-20), en el que se
plantea la necesidad de realizar campañas nacionales de pacificación. Aquí se
enfatiza la necesidad de organizar patrullas lo cales de defensa y otras fuerzas
para garantizar la seguridad de las regiones como las “Convivir” lideradas en el
Departamento de Antioquia, en Colombia, por Álvaro Uribe Vélez. En octubre de
1985, el Comando de Entrenamiento Doctrinario del Ejército, en Fort Monroe
Virginia, actualizó la doctrina del conflicto de baja intensidad donde manifiesta el
papel del ejército de los Estados Unidos. Se consideró que una lucha político-
militar limitada, tendiente a lograr objetivos políticos, sociales, económicos o
psicológicos, puede ser con frecuencia prolongada y extendida desde la presión
diplomática, económica, social, psicológica, hasta el terrorismo e insurgencia, y
que el conflicto de baja intensidad está generalmente contenido dentro de una
región geográfica determinada y se caracteriza por sus limitaciones en cuanto al
tipo de armas, tácticas y nivel de violencia.
Según los estrategas estadounidenses, el conflicto de baja intensidad debe
incluir tres categorías de acción: una es la con Historia de la Doctrina de la
Seguridad Nacional 25 tra-insurgencia, la cual debe implicar más apoyo a sus
voceros criollos; la otra es la ayuda para la insurgencia anticomunista con el uso
de cualquier recurso paramilitar para debilitar a los regímenes comunistas o zonas
influencia comunista en países “amigos”, con la exacerbación de los disidentes, el
apoyo a las fuerzas paramilitares y con el uso de recursos de la CIA y el
Departamento de Defensa para ayudar a las fuerzas autóctonas. La última
categoría de acción es el contraterrorismo, para lo cual se llevan a cabo
entrenamientos de inteligencia y contrainteligencia para sus agentes (Barry, op.
cit.). La segunda categoría de acción se ha desarrollado en Cuba, Nicaragua y
Colombia. Tal como ellos lo manifestaron se han valido de cualquier recurso
paramilitar para debilitar el régimen cubano, exacerbando los ánimos de disidentes
como en el conflicto con la embajada española en La Habana y el de los balseros
a mediados de 1994, utilizando personas del lumpen, elevadas al pedestal de
presos políticos y héroes por los medios de comunicación de occidente. Respecto
a Nicaragua, su conducta ha sido más desvergonzada: se recurrió al terrorismo
minando sus principales puertos, al descrédito mundial del régimen andinista,
secundados por un sector de la Iglesia Católica que le hizo el juego y al
mantenimiento de una fuerza contrarrevolucionaria entrenada y financiada con
recursos de la CIA y del Departamento de Defensa que, al momento de iniciar su
desmovilización, sobrepasaban los 20 000 mercenarios ubicados en los países
limítrofes con la anuencia de los respectivos gobiernos y en la Costa Atlántica
nicaragüense, entrenados inicialmente por argentinos contratados por la CIA. En
lo que tiene que ver con Colombia, se organizaron grupos armados entrenados
por ex militares israelitas y financiados por la CIA, el Departamento de Estado y
los narcotraficantes, con la misión de exterminar no sólo a comunistas y dirigentes
populares, sino también a liberales y conservadores demócratas, incluso han sido
víctimas algunos religiosos progresistas.
Todo ello con la mirada complaciente del establecimiento en gen eral y de
los organismos encargados de ve lar, legalmente, por la defensa de la vida de los
civiles, en par tic u lar. A propósito de lo anterior, uno se pregunta, ¿qué
legitimidad tiene el Estado colombiano cuando su única alternativa de solucionar
los conflictos sociales es la eliminación física de quienes cuestionan la
nomenclatura y expresan su incorformidad? Édgar de Jesús Velásquez Rivera 26
Además de las categorías descritas, este conflicto está conformado por las
siguientes etapas: las formulaciones prácticas para el adiestramiento personal
latinoamericano en el Comando Sur desde 1981, el Mandato para el Liderazgo II
desde 1984, y, finalmente, desde 1986 cuando el Estado Mayor Conjunto de los
Estados Unidos lo de - fine como una lucha político-militar limitada para lograr
objetivos políticos, sociales, económicos y psicológicos (Jaramillo, 1988: 59). De
tal manera que en la actual percepción estratégica norteamericana está ubicado
todo el Tercer Mundo en lo que ellos denominan área de “Conflicto de Baja
Intensidad”, “Guerras Pequeñas o Menores” y “Violencia de Baja Intensidad”,
“Contingencias Limitadas” o “Conflictos Regionales”.
En estos conflictos de Baja Intensidad se desarrolla una estrategia a través
de la cual los programas de ayuda pueden ser realizados en regiones conflictivas
sin la carga ominosa que significa la intervención militar directa. Se trata de evitar
los de bates en el congreso, los movimientos antibélicos, los marines muertos
devueltos a los Estados Unidos, es decir, evitar lo que ocurrió en Vietnam (Ibid.).
Después de estos episodios cuando los Estados Unidos participan en guerras o
invaden, utilizan como punta de lanza a efectivos de sus fuerzas de ascendencia
hispana o negra. Una vez elegido como pres i dente de los Estados Unidos,
Ronald Reagan, se adoptó una propuesta geopolítica y militar con la pretensión de
reordenar al mundo, no a partir del consenso, sino de la violencia restaurando la
imagen de unos Estados Unidos fuertes, dispuestos al rearme militar y hacer valer
su liderazgo sobre aliados y adversarios en función de una drástica redefinición
política de contener el “avance del comunismo en todo el mundo” (Maira, 1984:
160). De manera simultánea fue elegida como primer ministro en Inglaterra,
Margaret Tatcher, y entre ambos mandatarios, impulsaron la aplicación del modelo
neoliberal. Con él, los Estados y las fuerzas armadas asumieron nuevas funciones
en concordancia con los intereses de las economías de los países centrales. La
misma administración de Ronald Reagan y los defensores del Conflicto de Baja
Intensidad, como el Secretario de Estado, George Shultz, elevaron el
contraterrorismo al nivel de la política nacional, utilizándolo como instrumento de
contrainsurgencia para combatir la protesta social dirigida hacia el Estado,
entrenan
Líneas Fundamentales de la Doctrina de la Seguridad Nacional
La Seguridad de la Nación es competencia esencial y responsabilidad del
Estado, fundamentada en el desarrollo integral de ésta y su defensa es
responsabilidad de los venezolanos y venezolanas; también de las personas
naturales y jurídicas, tanto de derecho público como de derecho privado, que se
encuentren en el espacio geográfico nacional.
Asegurar la soberanía plena y jurisdicción de la República Bolivariana de
Venezuela en los espacios continentales, áreas marinas y submarinas, insulares,
lacustres, fluviales, áreas marinas limítrofes históricas y vitales
Defender los puntos estratégicos que garantizan el desenvolvimiento de las
actividades de los diferentes ámbitos: social, político, cultural, geográfico,
ambiental, militar y económico y tomar las previsiones para evitar su uso por
cualquier potencial invasor.
Preparar y organizar al pueblo para la defensa integral con el propósito de
coadyuvar a la independencia soberanía e integridad del espacio geográfico de la
Nación.
Contribuir en preservar o restituir el orden interno, frente a graves
perturbaciones sociales, previa decisión del Presidente o Presidenta de la
República Bolivariana de Venezuela y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada
Nacional Bolivariana.
Organizar, planificar, dirigir y controlar el Sistema de Inteligencia Militar y
Contrainteligencia Militar de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Promover y realizar actividades de investigación y desarrollo, que
contribuyan al progreso científico y tecnológico de la Nación, dirigidas a coadyuvar
a la independencia tecnológica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana;
Analizar, formular, estudiar y difundir el pensamiento militar Bolivariano;
Participar en el desarrollo de centros de producción de bienes y prestación de
servicios integrados de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana;
Formular y ejecutar el Plan Estratégico de Desarrollo de la Fuerza Armada
Nacional Bolivariana de acuerdo con las líneas generales del Plan de Desarrollo
Económico y Social de la Nación;
Participar y cooperar en las actividades de búsqueda y salvamento de
conformidad con la ley y en ejecución de los tratados válidamente suscritos y
ratificados por la República Bolivariana de Venezuela.
La función meteorológica que se lleve a cabo con fines de seguridad y
defensa de la Nación, así como la consolidación y operación de su red;
Prestar apoyo a las comunidades en caso de catástrofes, calamidades
públicas y otros acontecimientos similares;
La posesión y el uso exclusivo de armas de guerra, así como, regular,
supervisar y controlar la fabricación, importación, exportación, almacenamiento,
tránsito, registro, porte, tenencia, control, inspección, comercio, y posesión de
otras armas, partes, accesorios, municiones, explosivos, artificios pirotécnicos y
sustancias precursoras de explosivos, conforme a la ley respectiva;
Participar en la protección del patrimonio público en cualquiera de sus
formas de manifestación;
Fomentar y participar en las políticas y planes relativos a la geografía,
cartografía, hidrografía, navegación y desarrollo aeroespacial, que involucren la
seguridad, defensa militar y desarrollo integral de la Nación;
Participar en las operaciones que se originen como consecuencia de los
estados de excepción, que sean decretados de conformidad con la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela y la ley;
Ejercer las competencias en materia de servicio civil o militar, de
conformidad con la ley;
Ejercer las actividades de policía administrativa y de investigación penal, de
conformidad con la ley;
Las demás que le atribuyan la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela y la ley.
El orden público
Es la situación de normal funcionamiento de las instituciones públicas y
privadas, en las que las autoridades ejercen sus atribuciones propias y las
personas ejercen pacíficamente sus derechos y libertades. Está estrechamente
relacionado con el concepto de legitimidad en el ejercicio del poder político y el
de consenso social. Desde el punto de vista del Derecho civil, el orden público es
el «conjunto de principios jurídicos, políticos, morales y económicos obligatorios
para conservar el orden social del pueblo en una época determinada».
Como expresión, muy a menudo se restringe en su uso a su sentido
negativo: la (alteración del orden público), asimilada a distintas formas
de delincuencia, marginalidad, protesta pública, revuelta y, en los casos más
graves, revolución o subversión; especialmente desde una
concepción autoritaria del (orden), que lo equipara al mantenimiento de
la jerarquía social, las instituciones y el sistema político, considerando «desorden»
cualquier alteración en (lo establecido).
Se puede definir al orden público como (un conjunto de principios e
instituciones que se consideran fundamentales en la organización social de un
país y que inspiran su ordenamiento jurídico). Sin embargo, en esta amplia
definición caben toda clase de fenómenos jurídicos: los principios generales del
Derecho, la constitución política de cada Estado, la costumbre jurídica, el ius
cogens, etc.
El conflicto social
De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), es la falta
de acuerdo entre dos o más personas. Sin embargo, siempre y cuando, dicha falta
de acuerdo persista en el tiempo, afectando, de esta forma, a un gran grupo de
individuos a los que dicha situación llega a generarles efectos negativos.
La seguridad ciudadana
Es la acción integrada que desarrolla el Estado, con la colaboración de
la ciudadanía y de otras organizaciones de interés público, destinada a asegurar
su convivencia y desarrollo pacífico, la erradicación de la violencia. La utilización
pacífica y ordenada de vías y de espacios públicos y en general evitar la comisión
de delitos y faltas contra las personas y sus bienes.
Practicas de seguridad en Venezuela durante los años 80 y 90
En la década de los '80, Venezuela pasó de ser un país tranquilo con mínimos
niveles de violencia a un país con altas tasas de homicidios, comparables con
México y Brasil, y un aumento de protestas populares. Estos cambios se atribuyen
a la combinación de altos niveles de corrupción en la elite política, frustración por
un sistema altamente excluyente (en 1958, los dos partidos principales firmaron un
pacto para alternar el poder), y la recesión económica creada por la crisis de la
deuda externa. Entonces surgieron varios grupos sociales demandando mayor
democracia y buscando construir un proyecto alternativo basado en un modelo de
crecimiento económico diferente y la consolidación de un nuevo orden político. El
proceso fue altamente conflictivo causando que se incrementara la violencia
política, la criminalidad y la inseguridad en todo el país. En febrero de 1989
empezaron unas grandes protestas populares en contra de un paquete de
medidas económicas y financieras de corte neoliberal presentadas por el
Presidente Carlos Andrés Pérez, quien respondió en una manera represiva.
Después de cinco días terminó la protesta y se calculan que hubo por lo menos
250 muertos y miles de heridos. A partir de entonces las protestas se convirtieron
en un acto recurrente en la vida cotidiana. En febrero de 1992 los comandantes
Hugo Rafael Chávez Frías y Francisco Arias Cárdenas intentaron liderar un golpe
de Estado que fue controlado por el gobierno rápidamente. Chávez fue
encarcelado, pero su perfil nacional empezó a subir mientras el apoyo para el
presidente caía. En noviembre del mismo año otro grupo intento liderar un golpe
de Estado. Una vez mas el gobierno pudo controlar la situación dentro del mismo
día. El gobierno no cambió de manos pero los golpes fallidos impulsaron cambios
en los diálogos políticos e económicos que terminaron propulsando a Chávez a la
presidencia en 1999 y le permitió ser reelegido en el 2005.
Como muchos países en América latina, la evolución de la seguridad
ciudadana está íntimamente relacionada con las políticas públicas propuestas por
los diferentes gobiernos. Es muy difícil evaluar los cambios de la seguridad pública
en Venezuela pero sin embargo se pueden identificar algunas de las causas que
han resultado en la alta criminalidad existente: la falta de atención hacia las clases
desfavorecidas y la creciente desigualdad socio-económica, la complacencia hacia
los delincuentes y las altas tasas de corrupción y un limitado sistema educativo.
Se encuentran muy pocas estadísticas recientes sobre violencia y criminalidad en
el país sin embargo se puede analizar la situación actual observando las tasas del
Global Peace Index. Este índice presentado por el Economist Intelligence Unit es
un índice complejo que abarca una gran cantidad y diversidad de indicadores con
el que se pretende mostrar el nivel de paz y seguridad comparando a 140 países.
En este contexto, Venezuela aparece como el 123 de la clasificación para el año
2008. [2] Según datos de la CICPC (Cuerpo de Investigaciones Científica, Penales
y Criminalísticas de Venezuela), el total de homicidios para el año 2006 fue de
12,257, lo que representó 45 homicidios por cada 100 mil habitantes. En
comparación con los datos de 1996, se observa un grave incremento de ambas
tasas: en 1996, el total de homicidios era de 4,961, o 22 homicidios por cada 100
mil habitantes. Más inquietante aún es el crecimiento del total considerado de
homicidios en Venezuela en los últimos 20 años, lo cual representa el 438% .
El gobierno venezolano admite que la preocupación principal social de los
ciudadanos es la seguridad y ha dado inicio a diversos programas para enfrentar
este grave problema, el último siendo el Programa "Caracas Segura 2008" que
busca disminuir la violencia en la capital venezolana, que registra una de las tasas
más altas de violencia del país. En adición, algunas municipalidades han
empezado programas propios como en Chacao con el "Plan 180", cuyo objetivo es
consolidar un Sistema de Justicia eficaz y eficiente. De hecho, el informe 2007 del
Latinobarómetro señala que 75% de los encuestados venezolanos sienten el
miedo de ser víctima de delitos con violencia. El informe también pone de relieve
que Venezuela tiene la tasa más alta de víctimas de delitos, en comparación con
el resto de los países de la región alcanzando el 49% .
En vista del aumento constante de la tasa de homicidios y de la percepción
de inseguridad en el país, el gobierno venezolano creó una Comisión Nacional
para la Reforma Policial con el objetivo de mejorar la seguridad de los
venezolanos al igual que para mejorar la lucha contra la violencia. El resultado de
esta iniciativa fue el lanzamiento del Sistema Nacional de Policía que culminó con
la adopción de la Nueva Ley de Policía Nacional y de Servicio de la Policía en
mayo 2008. Esta nueva legislación trae enormes cambios en el sector de la
seguridad ciudadana de Venezuela ya que regula a todas las policías, unifica los
criterios en torno al régimen educativo, disciplinario, de seguridad social, los
principios de actuación, el diseño de las políticas de uso de fuerza física, la
rendición de cuentas y la atención a las víctimas. La nueva Policía Nacional
deberá por otra parte asumir características de policía comunitaria y promover la
participación de los ciudadanos para la reducción de la violencia y de los delitos.
Esta nueva ley también permite la creación de un Consejo General de Policía cuya
función es la definición, la planificación y la coordinación de las políticas públicas
en materia del servicio de policía así como del desempeño profesional de la
policía. El gobierno venezolano también votó una nueva Ley de Inteligencia y
Contra-Inteligencia que lleva a la creación de cuatro nuevas instituciones de
seguridad. La Dirección General de Inteligencia y la Dirección General de Contra-
Inteligencia serán directamente puestas bajo la dirección del Ministerio del Poder
Popular para Relaciones Interiores y Justicia.
Estas nuevas iniciativas gubernamentales buscan enfrentar la creciente
criminalidad en Venezuela y demuestra la intención de parte del gobierno de
promover nuevas políticas más adaptas a la situación de la seguridad ciudadana
en el país. La simplificación de la estructura policial, la medida más innovadora en
este tema, tendrá que ser analizada en los próximos meses para evaluar los
resultados y poder analizar de manera más completa la eficacia de los programas
gubernamentales venezolanos como respuesta a una seguridad pública todavía
muy débil.
Incidencias en las prácticas represivas en Venezuela
Conflictividad social en Venezuela en 2014
Registro histórico de 9.286 protestas en 2014 52% de las protestas en rechazo al
gobierno
El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró entre enero y
diciembre de 2014 al menos 9.286 protestas, cifra inédita en las últimas décadas,
equivalente a 26 protestas diarias en todo el país.
En 2014 se documentaron 111% más protestas que en 2013, cuando fueron
4.410, con un promedio diario de 12 protestas diarias en todo el territorio nacional.
Durante este período se mantuvieron las protestas y conflictos de índole social
reportados en años anteriores. Adicionalmente, se registró una ola de protestas
ciudadanas con contenido político y social, rechazando a la administración del
presidente Nicolás Maduro y denunciando la implementación de prácticas
represivas por parte de funcionarios venezolanos y civiles afectos al gobierno en el
contexto de manifestaciones pacíficas.
Primer semestre de 2014 atípico. En seis meses, más protestas que en un año
Los datos del primer semestre decretaron al 2014 como un año récord, 6.369
protestas, un promedio de 35 protestas diarias en todo el territorio nacional, si la
comparamos con las 4.410 de 2014 o las 5.483 de 2013.
En la primera semana de febrero se inició una jornada de protestas pacíficas en
Venezuela, realizadas principalmente por jóvenes, estudiantes universitarios y
activistas de partidos políticos de oposición, a las que progresivamente se
sumaron vecinos. Tuvieron lugar en los principales centros urbanos del país. El
incremento extraordinario de las protestas presentó un denominador común: la
motivación política, ausente en las protestas de calle durante los últimos años. Por
esta razón las protestas registradas en el primer semestre pueden ser
considerarlas atípicas, pero previsibles en un país donde anualmente hay un alto
número de manifestaciones, 15 mil en los últimos tres años, de rechazo a políticas
públicas deficientes y a recientemente decisiones tomadas por el poder Ejecutivo,
principalmente en relación a la garantía de derechos económicos y sociales.
Primer semestre de 2014 atípico. En seis meses, más protestas que en un año
Los datos del primer semestre decretaron al 2014 como un año récord, 6.369
protestas, un promedio de 35 protestas diarias en todo el territorio nacional, si la
comparamos con las 4.410 de 2014 o las 5.483 de 2013.
En la primera semana de febrero se inició una jornada de protestas pacíficas en
Venezuela, realizadas principalmente por jóvenes, estudiantes universitarios y
activistas de partidos políticos de oposición, a las que progresivamente se
sumaron vecinos. Tuvieron lugar en los principales centros urbanos del país. El
incremento extraordinario de las protestas presentó un denominador común: la
motivación política, ausente en las protestas de calle durante los últimos años. Por
esta razón las protestas registradas en el primer semestre pueden ser
considerarlas atípicas, pero previsibles en un país donde anualmente hay un alto
número de manifestaciones, 15 mil en los últimos tres años, de rechazo a políticas
públicas deficientes y a recientemente decisiones tomadas por el poder Ejecutivo,
principalmente en relación a la garantía de derechos económicos y sociales.
2014 año de la protesta política
En 2014 se documentaron 4.833 protestas vinculadas a derechos políticos, un
número claramente superior a las 302 reportadas en 2013.
Estas protestas tienen sus antecedentes en hechos históricos de años recientes,
particularmente 2013, cuando el país estuvo inmerso en una constante
conflictividad que se agudizó con la desaparición física del presidente Hugo
Chávez, en marzo, que significó un punto de quiebre en la conducción de grandes
conflictos sociales y en la hegemonía instaurada durante más de 14 años por
quienes ocupan los principales cargos de poder en el país.
A la ausencia física del presidente Hugo Chávez se le sumó el triunfo de Nicolás
Maduro en las elecciones presidenciales en abril, también la jornada de protestas
ciudadanas en todo el país rechazando los resultados electorales presidenciales.
Estas protestas fueron reprimidas y obstaculizadas por la fuerza pública del
Estado y grupos de civiles armados pro gobierno. En esos tiempos observamos a
los ciudadanos expresar en las calles su rechazo a la nueva administración de
gobierno, así como el descontento con los resultados de las políticas públicas,
sobre todo en materia social.
En 2014 se registró un ola de protestas, a partir de febrero, que comenzó con
jóvenes universitarios exigiendo seguridad ciudadana y rechazo a los altos índices
de criminalidad y violencia en las universidades. En las semanas siguientes las
demandas fueron ampliándose a otros actores que protestaban y a otros derechos
como alimentación, participación política,
derecho a la vida, a la libertad e integridad personal y a libertad de expresión.
Destacamos que los participantes de estas manifestaciones reflejaron una postura
o planteamiento común y articulador en sus acciones: rechazo al presidente
Nicolás Maduro, a su equipo de gobierno y a las prácticas represivas
implementadas en el contexto de manifestaciones pacíficas. Fueron protestas con
un alto contenido político y vinculado con derechos sociales.
52% de las protestas en rechazo al gobierno
Hacemos una diferenciación entre las protestas relacionadas con el rechazo al
presidente y a la represión a manifestantes, unas 4.833, 52% del total, que fueron
clasificadas como “protestas en rechazo al gobierno”, y otras que, aunque también
estaban orientadas a la exigencia de derechos y descontento con medidas
gubernamentales, en temas relacionados al mundo laboral, vivienda, servicios
básicos, cárceles, seguridad ciudadana, no plantearon un rechazo al presidente y
su equipo de gobierno, 4.453, 48% del total.
Escalada del conflicto
El gobierno venezolano respondió a esta ola de protestas y movilizaciones
pacíficas con un discurso de descalificación, prácticas sistemáticas de represión,
militarización de algunas ciudades y criminalización de la protesta. Esta situación
promovió una escalada del conflicto con resultados lamentables en todo el país.
La violencia y represión hacia manifestantes alcanzó cifras inéditas en la historia
venezolana, solo comparable con los sucesos del Caracazo de 1989. Según datos
oficiales, difundidos por el Ministerio Público en el mes de junio, desde febrero
hasta junio se registraron 3.306 manifestantes detenidos, 973 heridos y 42
fallecidos.
Desde los poderes públicos se respaldó el uso desproporcionado y excesivo de la
fuerza de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y de la Policía Nacional
Bolivariana (PNB). Además de la fuerza pública del Estado, los manifestantes
fueron agredidos por grupos paramilitares1, civiles armados pro-gobierno, que
actuaron con permisividad y en coordinación con funcionarios del Estado.
Durante el primer trimestre de 2014 se registraron acciones violentas de grupos
paramilitares en al menos 437 protestas, equivalente a 31% de las protestas
registradas en ese período. En la mayoría de las protestas donde se presentaron
estos grupos se reportaron heridos de bala.
La política represiva se justificó con el argumento de garantizar el orden interno
del país. Según las autoridades venezolanas todas las protestas eran violentas y
tenían un objetivo insurreccional y desestabilizador.
Sin embargo, el seguimiento diario realizado por Conflictove y el OVCS determinó
que las protestas violentas representaron una minoría y en muchos casos fueron
en rechazo o consecuencia de la represión infringida a manifestantes. En otros, la
violencia formó parte del espiral de conflictividad que afectó a todo el país, sobre
todo en los principales centros urbanos. En este período se registraron 510
protestas violentas, equivalente al 8% del total. Por tanto, el argumento de las
autoridades venezolanas carece de veracidad.
Al cierre del presente informe anual, constatamos que la política de criminalización
de la protesta y la impunidad en los casos donde intervinieron grupos paramilitares
o donde hubo víctimas como consecuencia de la actuación abusiva de las fuerzas
represivas del estado, persisten.
Aunque los tribunales han puesto en libertad -algunos en libertad plena y otros con
cautelares- a jóvenes y estudiantes que estaban presos o procesados por las
protestas del primer semestre de 2014, hay que mencionar que aún persisten
casos emblemáticos. Esto último, por cierto, ha sido en los últimos años una
táctica usada y repetida por el gobierno: castigos ejemplarizantes para,
probablemente, infundir miedo en la población que quiera salir a protestar
Protestas por derechos y reivindicaciones sociales
Durante este período se mantuvieron las protestas y conflictos de índole social
reportados en años anteriores. Presentaron una disminución cuantitativa en los
primeros 4 meses, en el contexto de la ola de protestas vinculadas con derechos
sociales y políticos, tal y como explicamos en nuestro informe del primer semestre.
A partir del segundo semestre retomaron la tendencia, en crecimiento, registrada
en los últimos 5 años, alcanzado el 48% de la totalidad de protestas
documentadas en 2014.
En 2014 las protestas se orientaron hacia:
1. Rechazo al gobierno 4.833 (52,04%)
2. Derechos laborales 1.415 (15,23%)
3. Solicitud de vivienda y servicios básicos 1.365 (14,69%)
4. Demandas por seguridad ciudadana, derechos de personas privadas de
libertad, derecho a la justicia 971 (10,45%)
5. Rechazo a la escasez de alimentos, medicinas y productos de higiene 481
(5,17%)
6. Exigencias educativas 221 (2,37%).
Conflictividad laboral
En 2014 los trabajadores se mantuvieron en el primer lugar de las protestas
sociales en Venezuela. Aunque en un porcentaje menor que en los últimos tres
años, reportando una disminución de 21% en comparación con 2013.
Las concentraciones, marchas, cierres de calle, huelgas de hambre,
paralizaciones, asambleas permanentes y entrega de volantes fueron algunas de
las expresiones de lucha realizadas por trabajadores de empresas públicas y
privadas.
Observamos este año ciertos cambios en la conflictividad laboral, sobre todo en
los últimos meses, respecto a años anteriores. La situación de crisis económica y
algunas de las políticas oficiales, acentuadas en los últimos tiempos, ha sido
causa directa de protestas y conflictos en el mundo laboral del sector privado,
sobre todo en los últimos meses del año, bien sea por el cierre (definitivo o
temporal a causa de falta de insumos o materia prima) de empresas o por
reivindicaciones laborales. Aunque la cifra de protestas en ese sector es muy
inferior al del sector público, es de prever, de continuar generándose las causas
que los originan, una tendencia al crecimiento.
Durante este año fueron múltiples los conflictos de trabajadores y empleados del
sector público. La falta de respuestas a peticiones, la política de no discutir
contrataciones colectivas o el retardo en la firma de las mismas, la aparición de
nuevas reivindicaciones laborales y la parálisis de algunas empresas del Estado
han sido las principales causas que han movido la conflictividad en este sector.
Las protestas en las empresas básicas de Guayana, donde se asienta una masa
laboral importante y con una tradición sindical, han punteado, al igual que en años
anteriores, las estadísticas. Pero también se han hecho sentir este año, de manera
importante, protestas en sectores asociados al petróleo, al gas y a la electricidad,
y un leve aumento en las protestas de empleados y trabajadores de empleados de
gobernaciones y alcaldías.
Los trabajadores de la educación y la salud mantuvieron sus protestas. Hacemos
notar que en el caso de la salud, muchas veces las protestas se ejercieron por
reivindicaciones laborales y por la escasez de insumos hospitalarios.
En las protestas del sector laboral también se ha hecho presente la
criminalización, la represión y, en algunos casos, hechos de violencia por parte de
personas que no forman parte de los cuerpos represivos, lo cual ha causado
nuevas protestas.
Durante todo el año se estuvo discutiendo, y aprobando, el Contrato Colectivo
Marco de la Administración Pública, pero el año cerró sin su firma, “a la espera de
los anuncios de nuevas medidas económicas”.
Protestas por el derecho a la vivienda digna
En 2014 se registraron 1.365 protestas para exigir el derecho a una vivienda
digna. Esta cifra refleja una un aumento de 37% en comparación con el año
anterior, cuando fueron 996
1. En 2014 aumentaron las protestas por servicios básicos en todo el territorio
nacional.
2. Los servicios más demandados por los vecinos: electricidad, agua potable, gas
doméstico y recolección de basura.
3. La modalidad de protesta más empleada por las personas exigiendo mejoras en
los servicios básicos: cierre de calle pacífico.
4. Déficit de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) en entrega de casas
motivó protestas pacíficas en los principales centros urbanos del país.
5. La modalidad de protesta más empleada por las personas exigiendo
adjudicación de viviendas: concentraciones y el cierre de calle pacífico.
6. Las protestas por adjudicación de viviendas se desarrollaron en las
inmediaciones de oficinas pertenecientes al Ministerio de Vivienda y Hábitat
(Minvih).
Protestas por el desabastecimiento y escasez
En el reporte anual de 2013 destacamos que “las protestas para exigir el derecho
a la alimentación fueron constantes en todo el territorio nacional. El
desabastecimiento y escasez de alimentos, medicinas y productos de higiene
reflejan cómo los planes y políticas para la independencia y soberanía alimentaria
propuestos por el gobierno nacional han sido insuficientes”.
En el segundo semestre de 2014 se incrementaron las protestas en las
inmediaciones de supermercados, abastos y locales comerciales de venta de
alimentos y productos de higiene personal.
El tema de la escasez saltó a primera plana en el segundo semestre del año y fue
causa, como puede apreciarse en el gráfico, de protestas por ese motivo. Las
medidas que tomó el gobierno a mediados de año (ajuste de precios, importación
de productos de primera necesidad, capta huellas, etc) no fueron suficientes
solucionar el problema a corto plazo y los reclamos fueron en aumento.
Es de hacer notar que aunque las protestas por la escasez de alimentos y de
medicinas fueron los más evidentes, por las colas que se originaban, también los
efectos del desabastecimiento de materia prima, repuestos, etc, fueron causas de
protestas en sectores como el de la industria automotriz, el transporte de carga y
de pasajeros y hospitales.
Represión en Venezuela
Caracterización del patrón de represión desarrollado por el gobierno de Venezuela
en 2014.
1. Ataques conjuntos de Guardia Nacional Bolivariana (GNB), Policía Nacional
Bolivariana (PNB) y grupos Paramilitares.
2. Uso sistemático de sustancias tóxicas y armas de fuego.
3. Práctica de tratos crueles, inhumanos o degradantes a manifestantes.
4. Practica de Torturas y abusos sexuales a manifestantes.
5. Detenciones arbitrarias.
6. Allanamientos sin orden judicial.
7. Criminalización de la protesta.
8. Ataques a manifestantes durante la transmisión de cadenas presidenciales de
radio y televisión.
9. Fuertes operativos de la fuerza pública y paramilitar realizados después de las 6
de la tarde.
10. Agresión a periodistas durante la cobertura
11. Persecución a dirigentes de partidos de oposición.
12. Persecución a líderes sociales y estudiantiles.
Legalización de la represión y criminalización
En 2014 el gobierno de Venezuela continuó el desarrollo de un entramado jurídico
dirigido a judicializar y criminalizar a la protesta social y pacífica. El
24.04.14 la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) dictó una
sentencia en la que se obliga a todas las personas a solicitar un permiso para
ejercer su derecho humano a la manifestación pacífica y obliga a los cuerpos de
seguridad a dispersar cualquier manifestación que no tenga tal permiso. Esta
medida afecta principalmente a los habitantes de sectores populares y
trabajadores que son los que más protestan en Venezuela, de manera espontánea
y exigiendo derechos sociales
Bibliografia
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%20responsabilidad,que%20se%20encuentren%20en%20el
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