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Crítica de Teatro

La crítica teatral de 'Los cuerpos perdidos', dirigida por Marco Espinoza, aborda la serie de femicidios en Ciudad Juárez, explorando la impunidad y la crueldad que rodean estos crímenes. La obra presenta un ambiente frío y distante que contrasta con la gravedad del tema, utilizando un relato fragmentado y la participación activa del elenco para enfatizar la realidad de las víctimas. A través de su representación, se insinúa un estado emotivo de indiferencia y curiosidad hacia la violencia contra las mujeres, sugiriendo una crítica a la desensibilización social frente a estos actos atroces.
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Crítica de Teatro

La crítica teatral de 'Los cuerpos perdidos', dirigida por Marco Espinoza, aborda la serie de femicidios en Ciudad Juárez, explorando la impunidad y la crueldad que rodean estos crímenes. La obra presenta un ambiente frío y distante que contrasta con la gravedad del tema, utilizando un relato fragmentado y la participación activa del elenco para enfatizar la realidad de las víctimas. A través de su representación, se insinúa un estado emotivo de indiferencia y curiosidad hacia la violencia contra las mujeres, sugiriendo una crítica a la desensibilización social frente a estos actos atroces.
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Crítica de teatro: “Los cuerpos perdidos”, frialdad y pasión

El director Marco Espinoza introduce en este montaje un factor perturbador en la lista de posibles causas que
explican la serie de crímenes de mujeres que se producen desde hace dos décadas en Ciudad Juárez, en
México.

Viernes 20 de julio de 2012| por Leopoldo Pulgar Ibarra

Cada vez que se alude a la tortura, violació n y asesinato sistemá tico de cientos de mujeres en Ciudad Juá rez
(México), la impunidad y la crueldad surgen como los verdaderos personajes, acrecentando el “misterioso”
origen de estos luctuosos hechos.

En “Los pasos perdidos”, del dramaturgo españ ol José Manuel Mora, que dirige Marco Espinoza (“Piaf”), es
posible advertir otro ingrediente perturbador: la posibilidad de que, al menos en parte, los crímenes en esta
localidad fronteriza con Estados Unidos se cometan también por simple diversió n, para combatir la rutina.

Hace tiempo que el mundo del arte ha abordado estos femicidios como palpitante material humano, social,
político y econó mico, un contexto indispensable para entender estas muertes que comenzaron a transformarse
en hechos sistemá ticos en 1993.

Películas, documentales, videos musicales, cortometrajes, notas y reportajes periodísticos en medios escritos y
audiovisuales, y novelas han abordado el tema. Destaca el libro “2666”, el ú ltimo trabajo del destacadísimo y
extinto escritor chileno Roberto Bolañ o, texto adaptado por los españ oles Pablo Ley y Alex Rigola, director de
la obra teatral que se presentó en Matucana 100, en enero del 2008.

Algunas aristas

Un logro importante del montaje chileno de “Los cuerpos perdidos”, Premio de la Sociedad General de Autores
y Editores de Españ a, 2009, no está en la arista documental que tiene, sino en su capacidad de generar sobre el
escenario un ambiente frío y má s cercano de lo impersonal, en contraste con lo dramá tico y vital del tema. Un
ambiente global al que contribuyen los diseñ os de Jorge “Chino” Gonzá lez y Koke Velis, en la escenografía,
vestuario e iluminació n; y en el aporte audiovisual de Rafael Burgos.

En la obra se construye una frontera donde cohabitan pasiones humanas con datos objetivos de la realidad;
relaciones formales, aparentemente inofensivas, con abusos, impotencia de las víctimas, acostumbramiento,
corrupció n y complicidad de autoridades civiles y policiales… Y silencio mortal. Incluso por allí revolotea el
deseo, estimulado por el machismo cavernario. Este ú ltimo factor también influiría en la agresió n de mujeres en
su mayoría entre 15 y 25 añ os, socialmente vulnerables y desconectadas de sus familias, que sobreviven
trabajando como temporeras en las maquiladoras, empresas mayoritariamente estadounidense que pagan
salarios miserables.

Causas y azares

En su estructura, la obra se vertebra alrededor del relato fragmentado de un profesor de origen españ ol de la
Universidad de Ciudad Juá rez. Este narrador e intérprete (el actor Eduardo Paxeco) aporta desde lo académico
otro elemento que contribuye a construir sobre el escenario esta frontera rica en diversidad escénica. A su vez,
todos los integrantes del elenco (Eduardo Herrera, Marcela Salinas, Félix Venegas, Santiago Meneghello y
Alejandra Díaz), sentados en los costados del escenario, interpretan varios roles, cambios de apariencia que se
realizan a la vista del pú blico, lo que enfatiza que la ficció n que se crea busca subrayar la importancia de la
terrible realidad que se cuenta.

Sin embargo, también es posible advertir en la obra un factor que no obedece a causas precisas para explicar los
asesinatos, como son la pobreza, la inseguridad, la corrupció n u otra razó n de cará cter social.

Tal vez lo má s sugerente del montaje sea ese estado emotivo latente que, en ciertas escenas, expresan los
personajes masculinos, individual o grupalmente, cuando parecen mirar con curiosidad e indiferencia el cuerpo
de una mujer asesinada… Incluso, como si se divirtieran. Un gesto rutinario que denota el cansancio del á nimo
que se produce luego de un goce obtenido a la fuerza… aunque también puede asomar cuando hay
consentimiento. Una conducta corporal que parece obedecer a la intenció n de la obra de só lo insinuar la
manifestació n de un deseo que se satisface.

(Matucana 100. Ju. a sá ., 21.00; do., 20.30. $ 4.000 y $ 2.500; Ju., $ 2.000).

Contesta:
1. ¿Por qué el texto anterior corresponde a una crítica teatral?
2. ¿De qué se trata la obra criticada? Subraya los pá rrafos donde se presenta la temá tica.
3. ¿Cuá les son los aspectos que se critican negativamente?
4. ¿Cuá les son los aspectos que se critican positivamente?
5. ¿Qué podemos decir del contexto de producción de esta obra?
6. ¿Por qué se cita a Roberto Bolaño?
7. ¿Cuá l es el factor perturbador que introduce en el montaje el director Marco Espinoza?

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