—¡Pssst! —lo llamo—. Oye... ¿Estas vivo?
—Susurro asomando la cabeza en la puerta en
un intento de que me escuche; necesito saber si está dormido—. ¡Pssst!
Al no obtener respuesta me voy entrando a la habitación cuidando que la puerta haga el
menor ruido posible, aun sabiendo que puedo andar confiada como en otras noches ya que
nadie se despertará. De todas formas el morbo me encanta. Cierro detrás de mí y camino
hacia el lado izquierdo de la cama con ayuda del resplandor de luz, proviene de los postes
que están alrededor de la casa. Veo como yace: La tela solo le cubre parte del torso y los
muslos, tiene el cabello despeinado y el rostro hacia un lado sobre la almohada y un brazo
debajo de esta. Halo el edredón hacia arriba para luego meterme en el y acomodarme al
lado del sujeto profundamente dormido, Pienso en cómo puedo entrecruzar nuestras piernas
evitando que se espante, pero antes de hacerlo me levanto yendo al ventanal cerrado para
soltar las cortinas de black-out y volver al sitio de antes. Sin previo aviso choco con el
somier.
—¡Agh! —el gemido escapa de mi garganta provocando que el chico frente a mí se mueva,
quedando sobre el lado izquierdo de su cuerpo.
Me apresuro a sentarme en la cama sobando mi pierna por el golpe. Siento un movimiento,
y sus brazos ya están rodeándome, pega mi espalda a su pecho y caemos en la cama de
costado. Meto mis pies bajo una brecha del edredón esparcido. Él sube su pierna derecha
sobre las mías y con su brazo libre termina de arroparnos.
—Pensé que no vendrías... —susurra con voz pastosa. Me abraza fuerte. Percibo como
olfatea mi cabello que está atado en una cola y gime de satisfacción. Me quedo en silencio
sonriendo con los ojos cerrados; sintiendo como mi corazón estalla de emoción—. ¿Ahora
no hablas? —pregunta curioso y yo solo me vuelvo más pequeña en sus brazos.
—¡Shhh! Déjame dormir... —replico. Suelta una pequeña risa y me besa en la mejilla como
puede, después no recuerdo en que momento me dejé ir.
Llevo varios minutos divagando entre soñar o despertar. Estoy tan cómoda en la cama tibia,
arropada, dejando los pies fuera de las sabanas que reciben el aire fresco que entra por la
ventana, no quiero salir de aquí.
Abro los ojos y miro al alrededor. Me gusta la claridad que hay, aún más cuando esta repica
en las paredes blancas.
La puerta se abre, mis ojos caen en él: ya no viste el chándal azul oscuro con el que durmió;
Ahora lleva una franela verde oscuro y unos joggers grises. Su cabello está húmedo y su
colonia emana por toda la habitación, "¡Que rico!". Está parado frente al espejo colgado en
la pared poniendo gel en sus greñas. Río volcando los ojos por mis pensamientos
envidiosos y me volteo en la cama quedando con la cara enfrente de la almohada a la
misma vez que me cubro por completo. "Quiero volver a dormir".
Escucho su risa, puedo apostar a que es por lo que acabo de hacer. Me remuevo
haciéndome bolita, sin volver a dormir, obviamente porque acabo de despertar y lo único
que lograre si no me levanto ahora mismo es volverme más pesada con ánimos de vagancia.
Sigo oyendo esta vez como se cepilla su cabello varias veces, va al vestidor y vuelve
tirando sus zapatos. La cama se hunde a mis pies porque acaba de sentarse parar atarse los
tenis como siempre hace. Se va.
Emerjo en busca de aire. Su colonia aún permanece.
—¡Aaahhhh! —Grito de susto porque agarra mis pies por encima de la sábana y me arrastra
de sorpresa llevándome al borde de la cama, me la saca de encima y sin darme tiempo de
nada me carga en sus brazos—. ¡Diablo, que maldito susto! —Le tomo del cuello y golpeo
su hombro. Ríe.
Piso la baldosa fría cuando me baja en el baño del pasillo y se sale de este, me quedo
parada enfrente al espejo tratando de controlar mi respiración con la mano en el pecho.
—Toma —llama mi atención y me lanza una toalla a la cara escapando.
—¡Te voy a matar, deja que te agarre! —recojo la tela del suelo y la cuelgo.
Me lavo los dientes y la cara, luego me despojo del short de lana gris y la camiseta rosa que
tenía para entrarme a la ducha y bañarme evitando mojarme el cabello que tanto me costó
lacear, luego de unos minutos salgo y en vez de ir a su habitación me voy a la mía.
Las paredes blancas me reciben y mi cama aún sigue intacta porque la noche de ayer ni
siquiera la toque, me la había pasado sentada en el escritorio leyendo en mi teléfono. Me
dirijo al vestidor, saco un t-shirt blanco con unos jeans y zapatillas doradas, me los coloco,
me peino dejando mi cabello suelto y antes de salir de la habitación dejo mi toalla colgando
en el baño de dentro.
En el nivel inferior no hay nadie aún, puesto que son las 7:13 a. m. cuando veo el reloj de la
sala y no sé a dónde se habrá ido el bastardo.
Tomo un cereal de la alacena y busco la leche en el refrigerador, llevo días comiendo el
mismo disparate a cada nada, a este paso la bolsa de cinco kilos solo durara diez días más.
Los sirvo en un plato y tomo una cuchara después de dejar todo en su lugar, la humedad del
clima toca mi piel y tomo asiento en la silla del jardín metiendo una cucharada del cereal en
mi boca. Los pajaritos cantan a lo lejos y no se escucha nada más aparte de los vehículos de
los vecinos que salen a trabajar, supongo. Veo como las luces en los cuartos de la casa
empiezan a encenderse, puesto que la tengo de frente, y mis ojos captan como alguien sale
de esta a mi dirección.
—Buenos días —saluda posado frente a mí y se inclina a besar mis labios, lo recibo
mordiendo su labio inferior en venganza por el susto de esta mañana—. ¡Ow! —jadea entre
mis labios, le suelto y sin desaprovechar la oportunidad me toma del rostro evitando que
gire y muerde mi buche.
—¡Ay, yaaa! Suéltame —gimo de dolor, pongo el cereal que tenía en las manos encima de
la mesa para poder empujarlo lejos de mí. Coloco una mano en el lugar donde me mordió
mirándolo con odio. Me saca la lengua con gracia tomando asiento a mi lado y come del
cereal que me serví.
—Vaya milagro —habla Amelia acercándose y toma asiento frente a mí— ¿A dónde vas
tan temprano? —pregunta sacando su celular del bolso. Su tez trigueña resalta con la blusa
negra, jeans y balerinas del mismo color. Parece como si fuera a un velorio con esas pintas,
pero ciertamente es su estilo. Lleva el cabello hacia atrás atrapado en una diadema de
perlas, su pelo rubio cenizo cae sobre sus hombros.
—Hoy tengo clases —murmuro con desgana— ¿Diana ya despertó?
—Creo que sí, tiene que estar en su cuarto —responde distraída en la pantalla.
—¿Y tú, adónde vas? —devuelvo su pregunta.
—Iremos a comprar el regalo de Miranda —contesta. Sé que con "iremos" se refiere a
Adrien.
—¿Qué le vas a comprar?
—Estoy viendo, ¿Te gusta este? —me muestra la imagen que miraba.
Es un arreglo de rosas con el nuevo bolso Channel y varios productos M.a.c.
—¡Too expensive, girl! —Sonrío en aprobación—. ¿Te lo van a entregar hoy? —me
preocupo. La fiesta es mañana y desde hoy acomodaremos todo.
—Sí, ayer le dije al chico de la tienda que preparara varios regalos para decidir y solo tener
que irlos a buscar.
—Tráeme uno —demando picara.
Mi mirada va a Adrien, está a punto de terminarse mi tazón mientras mira las carreras de
fórmula 1 en su móvil. "Con razón no ha molestado en tantos segundos..." Le acaricio el
cabello castaño llamando su atención.
—¿Son dos regalos?— pregunta confundida alzando las cejas.
—No —río y quito mis manos de Adrien—, ese es para mí —me levanto para entrar a la
casa.
No tardo en encontrarme a Diana ya que está en la cocina con ropa de ejercicio.
—¡Hey! ¿Que hubo pues parcera? —le digo con acento colombiano a lo que ella ríe.
—¿Que hubo parce?, ¿Porque está usted levantadita a esta hora? —responde con el mismo
acento.
—Ganas de matarme es lo que hay —digo sentándome en el desayunador. Diana sonríe por
mi comentario, pero continúa picando los tomates en la mesada—. ¿Qué vas a cocinar? —
Cambio el tema—. No quemes la casa, ¡eh! —advierto.
—Si eres babosa... A que no te sirvo nada —vuelca los ojos dedicándome una mirada
asesina después. Debo admitir que me siento un poco retada con sus palabras.
—¡No, no! Continúe —me retracto—, incendie todo, no hay problema. La casa es suya
dama —hago una leve reverencia—. ¡Gente, evacúe que va a arder el infierno, ¡Juemadre!
—grito entre risas y me voy corriendo para que Diana no me lance algo.
—Oye, oye —vuelvo a su lado—. ¿El pastel ya lo trajeron? —cambio de cara demostrando
seriedad.
—Sí, está en el refri del garaje. —Señala la puerta que va al lugar y continúa mezclando los
huevos con las verduras y el tomate ya picado antes de vaciarlo al sartén. La casa ya
empieza a oler.
—¿Quién lo dejó ahí? —frunzo el ceño.
—Patrick —dice y el susodicho de piel morena aparece con el torso descubierto, dejando
ver su sixpack, unos cargo pants beige que caen en su cadera y Adidas blancos, el cabello
cae en bucles sobre sus cejas y su atención se dirige a Diana por haber mencionado su
nombre.
—¿Eh...? —pregunta, pero no obtiene respuesta. Saca el mismo cereal y la leche que había
tomado más temprano y se sirve. Lo escudriño con la mirada—. ¿Porque me miras así?
Quién lo compra para que te lo comas todo soy yo —responde a la defensiva, captando mis
razones.
—¿Y qué con eso? Es mí cereal. Lo compras para mí —hablo haciendo énfasis en la
palabra—, pero tú y Adrien no pueden comprarme algo sin querer comérselo, ¿verdad? —
contraataco.
—Tienes que aprender a compartir —me golpea la frente con dos dedos cuando pasa por
mi lado en dirección al jardín y bufo molesta.
—¿Porque le peleas por el confle ese, si te vas a comer lo que cociné como quiera? —
interviene Diana colocando encima del desayunador varios vasos con jugo de naranja y
platos con huevos revueltos, pan tostado y mermelada.
—Mushas gracias —le agradezco tomando mi desayuno y salgo con Diana detrás que trae
el suyo.
—Ve a buscar tu plato —le ordena a Patrick que está sentando donde yo estaba—, está en
la barra —, Avisa y este se levanta a buscarlo—. ¿No quieren? —dirige su pregunta a los
dos estúpidos que tienen vicio con el celular, ambos niegan y me fijo en que mi chico se
terminó todo el cereal.
Me siento en el lateral de la mesa quedando del otro lado de Adrien y Diana toma asiento a
mi derecha.
—¿Me lo das? —le pregunto a mi novio tocando su muslo.
—¿Qué cosa? —voltea a verme.
—Tu desayuno —fuerzo una sonrisa tierna.
—Si —asiente y vuelve al teléfono—. Ve búscalo.
—¡Patrick! —Exclamo alargando su nombre—. ¡Tráeme el que sobra! —demando mirando
la puerta. No quiero volver a pararme.
—En esta vuelta Johnson pierde — le asegura Patrick a Adrien cuando vuelve. —Le voy a
McGiber —pone el plato frente a mí y se sienta.
—Él no sirve, que le meta nitro al Honda— contradice sin apartar la vista.
Al parecer van en equipo contrario, y rezo internamente porque no hayan apostado.
—¿Estás loco? —se burla—, McGiber es el dueño de la pista.
—¿Quién no?, si todas sus carreras son arregladas por publicidad —afirma.
—¡Pero esta no! —Contraataca— Ya verás, él va a ganar, confía en mí.
Minutos después se escucha el alardido de las personas en el autódromo, Patrick se les une.
—dice el comentarista de la carrera.
—Son diez hermano, te dije que perdería —dice Patrick con sorna y una sonrisa gigante,
extiende su mano hacia Adrien y este le entrega 10 dólares de su bolsillo decepcionado de
su equipo.
Apostaron.
Ruedos los ojos con ira.
—¿A que hora vuelves de la universidad? —pregunta Diana desviando mi atención,
supongo que sabe la molestia que le tengo a las apuestas que hacen los chicos.
—Ehh... —pienso tratando de recordar mi agenda mirando a todos lados —Solo debo
presentar un ensayo... —le doy un sorbo al jugo topándome con la mirada color miel de
Adrien de paso—, entregar la maqueta de arte y retirar unos papeles de la oficina de
administración.
—¡Oh! , Casi nada, ¿verdad? —el sarcasmo tiñe sus palabras. Volteo a verla encogiéndome
de hombros—, ven desde que salgas que debemos organizar todo antes de que miranda
regrese.
Asiento y me enfoco en terminar el desayuno.
—Vamonos, Amelia —pide Adrien y se levanta tomando las llaves del volvo xc60 y el
tazón de cereal de la mesa, se encamina a la casa sin esperarla junto a Patrick.
—¿Te paso a buscar? —me pregunta Amelia tomando el bolso ya de pie y arreglando su
cabello.
—No, me iré en la Crv, Gracias —le Sonrió, y me devuelve el gesto diciendo adiós antes de
ir a alcanzar a los chicos.
—Tiene varios días sin desayunar... —le digo a Diana—. ¿Te has dado cuenta?
—Ni que lo digas! —me dice—, de seguro está otra vez a dieta —alega.
—Pero si tiene un cuerpo lindo —me quejo—Va a parecer bastoncillo como no se detenga.
—Diana ríe ante mi preocupación y veo la hora—. Ya me voy, recógelo por mi ¿si?—
señalo mis platos en la mesa.
—Ve —asiente y me levanto para levantar su cara y besarle en la frente.
Entro de prisa y subo corriendo las escaleras. Alcanzo mi mochila colgada detrás de la
puerta de mi cuarto, abro el cierre y entro todas las cosas que necesito. ingreso al vestidor
y me rocío uno de los perfumes que mantengo en el estante y salgo apurada.
"¡Uy!, las llaves."
Devuelvo mis pasos buscándolas y no las encuentro en el escritorio. Camino por el pasillo y
accedo al cuarto de Adrien quien se esta poniendo un hoodie, del mismo color que su
franela, dándome la espalda.
—De casualidad, ¿Has visto las llaves de la crv?— interrogo y voltea alisando la prenda
quedando de frente.
—Míralas ahí— señala detrás de mi y giro para ver el cuelga llaves a un lado de la puerta
—. Gracias —Las agarro e intento salir sola pero el me abraza por detrás y bajamos juntos.
Veo a Patrick sentado de copiloto peleando con Amelia