Aadc2022 Catecismo
Aadc2022 Catecismo
RESUMEN: El Papa Francisco ha dinamizado la vida eclesial emprendiendo un camino de reforma eclesial.
Para recorrer este camino ha realizado varios cambios en el Código de Derecho Canónico y en el
Código de Cánones de la Iglesias Orientales, orientados a fortalecer la colegialidad y la
descentralización de la vida eclesial, alentando la cercanía, la eficiencia y la agilidad. Para ello ha
dado a los Obispos diocesanos, Conferencias episcopales y a la Jerarquía de las Iglesias Orientales,
facultades que hasta el momento eran competencia de la Sede Apostólica. En este artículo se expone
la reforma al canon 775, referente a la capacidad que ahora tienen las Conferencias episcopales y la
Jerarquía de las Iglesias Orientales para editar, aprobar y publicar Catecismos nacionales
requiriendo del Dicasterio para la Evangelización solamente la confirmatio.
ABSTRACT: Pope Francis has energized ecclesial life by embarking on a path of ecclesial reform. To follow
this path, he has made several changes in the Code of Canon Law and in the Code of Canons of the
Eastern Churches, aimed at strengthening the collegiality and decentralization of ecclesial life,
encouraging closeness, efficiency and agility. To this end, it has given to the diocesan Bishops,
Episcopal Conferences and the Hierarchy of the Eastern Churches, faculties that until now were the
competence of the Apostolic See. This article presents the reform to canon 775, referring to the
capacity that the Episcopal Conferences and the Hierarchy of the Oriental Churches now have to edit,
approve and publish national Catechisms, requiring only the confirmatio from the Dicastery for
Evangelization.
I.- INTRODUCCIÓN
Nos referiremos aquí, específicamente, a los cambios introducidos en el canon 775 acerca
de la competencia de la Conferencia Episcopal para editar catecismos para su territorio sin
la necesidad de la aprobación de la Sede Apostólica sino con la sola confirmatio.
3
Cf. FRANCISCO, Motu Proprio Competentias quasdam decernere, en: OR 162 (2022), n. 37, pág. 8.
4
Cf. MATOS HOLGADO, M. Y PEDROSA ARÉS, V., Catecismos y catecismo, en: PEDROSA ARÉS, V.,
NAVARRO, M., LÁZARO, R. Y SASTRE, J., (dirs.), Nuevo Diccionario de Catequética, Madrid 1999, Vol. I,
pág. 264-281.
5
El filósofo neoplatónico convertido al cristianismo en edad muy avanzada, Mario Victorino (s. IV) lo
explica así: “... resonar al lado de uno, como sucede cuando uno, al principio, quiere hacerse cristiano y le
suenan a su derredor los nombres de Dios o de Cristo”: Comentario a la Carta de Pablo a los Gálatas, 2, 6, 6,
en: PL 8, 1194A.
6
Cf. RICO PAVÉS, J., El Catecismo de la Iglesia Católica: Naturaleza, género literario y autoridad doctrinal
a la luz de su recepción eclesial, en: Teología y catequesis 122 (2012), págs. 72-73.
En la época patrística, en que florece el catecumenado como preparación al bautismo, entre
los siglos II al V, el vocablo catechizare se hace más preciso en su contenido y señala la
instrucción fundamental cristiana dada de palabra a los catecúmenos o candidatos al
bautismo durante todo el catecumenado hasta su culminación en los Sacramentos de
Iniciación, incluida la instrucción oral cristiana ofrecida a los neófitos o recién bautizados,
la catequesis mistagógica. Desaparecido el catecumenado pre bautismal para adultos, en
los siglos VI al IX, el término catechizare siguió significando catechemenus fieri,
convertirse en catecúmeno. El niño era catequizado antes de ser bautizado. Esta acción
equivalía a los escrutinios que, en forma de preguntas-coloquio, el ministro hacía al niño o
a los padrinos para comprobar su situación de fe; las respuestas positivas que estos daban,
eran la garantía de la catequesis futura posterior al bautismo que el niño iba a recibir. Así la
palabra catechizare irá adquiriendo el sentido de dar una enseñanza cristiana inicial en
forma de preguntas y respuestas. Más adelante catechizare será lo mismo que dar
el catechismus –el catecismo–, es decir, dar esa enseñanza cristiana elemental que los
padres y padrinos ofrecían a los niños bautizados. Las familias recibían este encargo de los
pastores: enseñaban a los hijos el Padrenuestro, el símbolo apostólico y el Avemaría, y les
iniciaban en la piedad (oración) y la vida honesta (moral evangélica). En la Edad media, el
verbo catechizare seguirá designando solamente la instrucción anterior al bautismo. A
partir de los siglos XV-XVI este término equivaldrá a proporcionar el catechismus –el
catecismo–, esto es, la enseñanza oral de los fundamentos de la fe a los ya bautizados. De
manera que el sustantivo catechismus designará, por una parte, la institución para enseñar
la doctrina cristiana, orientada principalmente a los niños y, por otra, será el nombre
común del libro destinado a realizar esa enseñanza. Durante este período del humanismo
renacentista se multiplicarán en toda la Iglesia las escuelas dominicales del catecismo o
doctrina cristiana para los niños, en los locales parroquiales o de las cofradías. Después del
concilio de Trento se crearán también escuelas para los jóvenes7.
La institución del catecismo infantil llega hasta el Vaticano II, asumiendo después de este
las aportaciones del movimiento catequético, en especial las que la renovación pedagógica
había producido en el ámbito escolar. El catecismo se organizará o dentro de la misma
escuela, como parte de la enseñanza general, o como institución parroquial.
En resumen, sobre todo desde el Renacimiento, se entiende el catecismo, como una forma
de educar la fe, un sistema de enseñanza religiosa elemental, destinado preferentemente a
niños, inserto bien en la institución escolar, bien en la parroquia y, de ordinario, marcado
por la centralidad pedagógica y doctrinal del libro del catecismo. Esta es la nueva acepción
de catecismo: un libro peculiar8.
7
Cf. GARCÍA SUÁREZ, A., Algunas reflexiones sobre el sentido y la evolución histórica de los catecismos en
la Iglesia, en: Actualidad catequética 76 (1976), págs. 159-164; GUTIÉRREZ MARTÍNEZ CONDE, L., Hitos en
la historia del manual de catecismo, en: Miscelánea Comillas 51 (1993), págs. 257-294.
8
“La palabra catecismo, aplicada a un manual de la doctrina cristiana, se encuentra por primera vez en 1357,
fecha de la obra Lay folks Catechisme del Cardenal Thoresby, arzobispo de York. En España, el cardenal
Pedro González de Mendoza, confesor de la reina Isabel la Católica, escribe en 1478 un Catechismus pro
iudeorum conversione, bilingüe, publicado en Sevilla. El Concilio de Tortosa de 1492 prescribe la redacción
de un “breve y útil resumen de la Doctrina Cristiana”. En 1528, A. Althamer edita en Nuremberg un
Katechismus in Frag und Antwort (catecismo en pregunta y respuesta). Inspirándose, probablemente, en esta
obra, Lutero publica en 1529 su célebre Katechismus en dos ediciones o modalidades: el catecismo maior,
extenso, destinado a párrocos, sacerdotes y personas cultas; y el catecismo minor, conciso, adecuado al
pueblo llano y particularmente a los niños. Para contrarrestar el éxito de los catecismos de Lutero, el jesuita
Pedro Canisio publica entre 1555 y 1559 tres versiones de un catecismo: mayor, mediano y menor. En 1566,
tres años después de la clausura del Concilio de Trento, se publica el catecismo que los padres conciliares
habían pedido con el título Catecismo romano o Catechismus ad parochos. Después se conocería también
con el nombre de Catecismo de san Pío V” (RICO PAVÉS, J., El Catecismo de la Iglesia Católica, págs. 73-
74).
Los catecismos son compendios sucintos y claros de la doctrina cristiana, con frecuencia
en forma de preguntas y respuestas, sancionados, de una manera u otra, por la autoridad
eclesiástica, y destinados bien a los niños o gente sencilla, bien a los propios catequistas,
sacerdotes y gente culta, para proporcionar los elementos fundamentales de la fe en
situaciones históricas diversas. Además, se distingue el catecismo “magisterial” –el Catecismo
Romano–, de carácter universal y normativo 9, de los catecismos locales, elaborados como
adaptación de aquél a las necesidades coyunturales de las diócesis o áreas de misión.
Tres son las notas distintivas de todo catecismo: ofrecer una síntesis de las verdades de la fe en
armonía con la vida cristiana, recibir el respaldo y aprobación de la autoridad eclesiástica, y tener
como finalidad la educación personal de la fe 11. El catecismo debe recoger de modo sistemático
y orgánico la Verdad revelada, como la vive y expresa la Iglesia en los distintos lenguajes
litúrgico y oracional, testimonial, comunitario y magisterial. Cada lenguaje es limitado y
uno solo no puede introducir, con toda la riqueza de la tradición eclesial, en la sustancia
viva de la fe y la vida de la Iglesia. El catecismo es un libro de tradición, ya que la Iglesia
entrega hoy lo que recibió de los apóstoles.
A la luz de esta definición del catecismo como libro de fe, se podría considerar, de algún
modo, como primer catecismo el Símbolo de los apóstoles, ya que en él se halla el
fundamento y norma de la vida cristiana. El Credo o más concretamente los Símbolos, en
momentos cruciales de la vida de la Iglesia, recogieron en síntesis felices la fe de la Iglesia.
Durante siglos, un elemento importante de la catequesis era precisamente la traditio
Symboli (o transmisión del compendio de la fe), seguida de la entrega de la oración
dominical13. El Símbolo no quedaba encerrado en el corazón de los catecúmenos tras la
entrega oral y explicada del mismo en el catecumenado pre bautismal, sino que, aprendido
de memoria, los catecúmenos lo pronunciaban en su momento en forma de profesión de fe
bautismal (Redditio symboli), en medio de la asamblea cristiana. Así pues, el Símbolo de
los apóstoles, como resumen de la doctrina revelada, fijada como fórmula breve de fe y
memorizada, tiene bastante que ver con el catecismo-compendio de fe. El Símbolo de los
apóstoles, dentro de su género de profesión de fe, es una visión global y sintética de la fe,
que no se presta a parcialidades ni ambigüedades como compendio de la Sagrada Escritura
9
El Catecismo Romano de 1566, fruto del Concilio de Trento, y el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992,
fruto del Concilio Vaticano II, son los dos únicos catecismos publicados por el Papa para uso de la Iglesia
universal.
10
COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS, La catequesis de la comunidad. Orientaciones para
la catequesis en España hoy, en: Documentos de la Conferencia Episcopal Española
([Link]).
11
Cf. RICO PAVÉS, J., El Catecismo de la Iglesia Católica, págs. 76-77.
12
Cf. MATOS HOLGADO, M. Y PEDROSA ARÉS, V., Catecismos y catecismo, en: PEDROSA ARÉS, V.,
NAVARRO, M., LÁZARO, R. Y SASTRE, J., (dirs.), Nuevo Diccionario de Catequética, Madrid 1999, Vol. I,
pág. 264-281.
13
Cf. JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae, n. 28.
y es producto del afán pastoral de los santos Padres por proponer la regula fidei, de modo
que la revelación tomara contacto real con los creyentes de la comunidad viva y concreta.
Entre los siglos VII al IX el catecumenado pre bautismal de adultos, como proceso
institucionalizado de la iniciación cristiana, desapareció y la instrucción e iniciación
cristiana recae —durante toda la Edad media— en otras instituciones ya existentes: la
familia cristiana y el padrinazgo, por una parte, y la predicación dominical y ocasional, por
otra. Los Obispos y los Sínodos episcopales establecen normas frecuentes para los padres y
padrinos como responsables directos de la educación religiosa de los niños. A esta forma
informal de enseñanza religiosa se la llamará, ya entrada la Edad
media, catechismus y catechizare —catecismo y catequizar— y, al que la
recibe, catechizatus —catequizado—.
Pero el siglo XVI presentará un cambio radical. Por causas complejas se multiplican las
escuelas de la doctrina cristiana, organizadas por primera vez a finales del siglo XV. Sería
la forma oficial de la enseñanza religiosa para todos los niños de determinado territorio
eclesiástico… una especie de catecumenado organizado para una enseñanza colectiva con
personas oficialmente designadas; intentaban además una iniciación a la conducta moral y
a la vida eclesial en colaboración con las familias. El concilio de Trento prescribe el
catecismo dominical y festivo para niños y jóvenes, mediante la exacta imitación de las
escuelas de la doctrina cristiana.
El género literario catechismus –catecismo– se extiende, sobre todo, a partir del siglo XVI.
Los catecismos tendrán como telón de fondo la urgencia de una auténtica cristianización
mental y vital y, por consiguiente, la de una sincera y honda conversión, y la de un cultivo
serio, aunque inicial, de los fundamentos de la fe cristiana en relación a niños, jóvenes y
adultos.
En 1566, tres años después de clausurado Trento, se publica el catecismo pedido por el
Concilio y llamado Catecismo romano o de san Pío V o Catechismus ad parochos. En su
momento fue una obra maestra por su contenido y por su didáctica, por haber seleccionado
por haber ordenado sabiamente las fórmulas o estructuras catequísticas más importantes: el
símbolo, los sacramentos, los mandamientos y la oración dominical.
Con esta estructuración, en efecto, se articulan el pensamiento central del cristianismo y las
aportaciones del humanismo renacentista. Inspirándose en los tiempos apostólicos y
patrísticos, el catecismo pone de relieve la iniciativa de Dios, exponiendo en la primera y
segunda parte –símbolo y sacramentos– las intervenciones salvíficas de Dios en la historia
de la salvación. Por el contrario, en la tercera y cuarta parte –mandamientos y oración–
presenta preferentemente la respuesta del hombre al amor de Dios, resaltando la libertad y
el protagonismo en su salvación y tareas temporales, según el espíritu del tiempo. Los
textos bíblicos y patrísticos dan riqueza y cercanía al catecismo.
Según la normativa del Código de Derecho Canónico vigente, la licencia se debe dar, en
primer lugar, para las ediciones de la Sagrada Escritura, que sólo pueden publicarse si han
sido aprobados por la Sede Apostólica o por la Conferencia Episcopal14.
Además, los libros litúrgicos se pueden imprimir con las condiciones indicadas en el canon
838, modificado en 2017 por el motu proprio Magnum Principium. Es competencia de la
Sede Apostólica publicar los libros litúrgicos, revisar las adaptaciones aprobadas según la
norma del derecho por la Conferencia Episcopal. Corresponde a las Conferencias
Episcopales preparar fielmente las versiones de los libros litúrgicos en las lenguas
vernáculas, adaptadas convenientemente dentro de los límites definidos, aprobarlas y
publicar los libros litúrgicos, para las regiones de su pertinencia, después de la
confirmación de la Sede Apostólica15.
Para reeditar libros litúrgicos o partes de los mismos así como sus traducciones a la lengua
vernácula, es necesario que conste su conformidad con la edición aprobada, mediante
testimonio del Ordinario del lugar en donde se publiquen16.
En cuanto a los libros de oraciones y devocionarios, se publiquen sin licencia del Ordinario
del lugar libros de oraciones para uso público o privado de los fieles17.
Para el resto de los libros, Sin perjuicio de lo que prescribe el canon 775 § 2, que habla de
la edición de catecismos nacionales, es necesaria la aprobación del Ordinario del lugar para
editar catecismos y otros escritos relacionados con la formación catequética, así como sus
traducciones18.
Como se ve, será el Ordinario del lugar el competente para la mayoría de los libros que los
fieles suelen editar. Por ello, queda por ver cuál es este Ordinario del lugar. A ello
responde el canon 824 §, que determina que es el Ordinario local propio del autor o el
Ordinario del lugar donde se editan los libros. Será el autor el que decida a cuál de los dos
Ordinarios pide la licencia. El lugar de edición no es el de impresión: muchas veces las
editoriales contratan imprentas para sus libros en otras poblaciones. El ordinario del lugar
de impresión, en este supuesto, no tiene competencias. El competente es el del lugar de
edición, esto es, el del domicilio de la editorial.
Para la tarea de censura que le compete al Ordinario del lugar, es común que se sirva de la
ayuda de peritos en las materias de que se trata. Para ello, muchos Obispos, especialmente
14
Cf. can. 825 § 1.
15
Se debe notar que desde 2017, fecha en que se promulgó esta versión del can. 838, son las Conferencias
episcopales las que aprueban las traducciones litúrgicas a las lenguas vernáculas. Hasta esta fecha todas las
traducciones debían ser enviadas a la Santa Sede para la aprobación. La Santa Sede se reserva el derecho a
aprobar adaptaciones litúrgicas.
16
Cf. can. 826 § 2.
17
Cf. can. 826 § 3.
18
Cf. can. 827 § 1.
en diócesis con gran raigambre editorial, disponen de expertos (que el Código, usando un
término tradicional, llama censor) que le ayuden en su tarea. Para ayudar al Ordinario, las
Conferencias Episcopales pueden establecer un cuerpo de censores.
Respetando el derecho de cada Ordinario del lugar de encomendar el juicio sobre los libros
a personas que él mismo haya aprobado, puede la Conferencia Episcopal elaborar una lista
de censores, que destaquen por su ciencia, recta doctrina y prudencia y estén a disposición
de las curias diocesanas, o también constituir una comisión de censores, a la que puedan
consultar los Ordinarios del lugar19. Muchas Conferencias Episcopales constituyen
Comisiones doctrinales que asumen esta función que el Código les da. El censor emite un
dictamen por escrito, pero es el Ordinario quien asume la responsabilidad última sobre la
licencia que concede o deniega.
19
Cf. can. 830 § 1
20
Cf. FRANCISCO, Constitución Apostólica sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia en el mundo,
Praedicate Evangelium, n. 58. Hasta la última reforma de la Curia Romana impulsada por el Papa Francisco,
la competencia sobre la catequesis estaba confiada al Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva
Evangelización, de acuerdo a lo establecido por el Papa Benedicto XVI con la Carta apostólica Fides per
doctrinam que capacitaba a ese Consejo para la aprobación requerida por la Sede Apostólica para los
catecismos y otros escritos relativos a la instrucción catequística. La aprobación de la Sede Apostólica era
necesaria para los textos siguientes: Catecismos nacionales, Directorios nacionales para la catequesis, o los
textos similares de igual valor, Catecismos y los Directorios regionales, traducciones del Catecismo de la
Iglesia Católica en las lenguas nacionales y textos escolares nacionales, en los territorios donde la enseñanza
de la religión católica tiene un valor para la catequesis o donde tales textos son de uso catequístico.
Por su parte, bajo la autoridad de la Sede Apostólica, cada Obispo diocesano, como primer
responsable de la catequesis y catequista por excelencia21, de acuerdo al canon que estamos
analizando, tiene los siguientes deberes:
— coordinar toda la tarea catequética y hacer cumplir las normas que pueda establecer la
Santa Sede;
— aprobar los catecismos y textos catequéticos y prescribir los que se deben utilizar en las
catequesis oficiales de la diócesis;
Así, los Obispos dirigen las catequesis que dependen oficialmente de la diócesis, de modo
particular las parroquiales; ejercen un control específico sobre las catequesis de aquellos
otros que actúen públicamente, como es el caso de las catequesis que se imparten por los
miembros de institutos religiosos y sociedades de vida apostólica en sus obras apostólicas;
coordinan las actividades catequéticas que tienen lugar en la diócesis mediante el oficio
catequístico diocesano; y vigilan para que cualquier iniciativa catequética esté conducida
por un genuino espíritu católico.
En los parágrafos 2 y 3, se establece que las Conferencias Episcopales tengan una función
subsidiaria. A la vez se les capacita en el canon para estas dos responsabilidades que en sí
mismas no se indican como preceptivas:
El Obispo diocesano, por su parte, es competente para aprobar catecismos y para, cuando
así lo juzgue oportuno, señalar algunos como textos oficiales para su diócesis. En el caso
de que el Obispo decida establecer algunos catecismos como oficiales en su diócesis, a
tenor de lo que se indica en el canon, no necesitarán esos textos un control previo por parte
de la Santa Sede, precisamente lo contrario de lo que sucede con los catecismos y textos
nacionales, que siendo publicados por las Conferencias necesitaban la aprobación y a partir
de ahora solamente de confirmatio de la Santa Sede.
21
Cf. JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae, n. 63.
22
Muchas Conferencias han publicado catecismos; por ejemplo la Conferencia Episcopal española ha
publicado, tres catecismos que se consideran como catecismos nacionales: Padre nuestro, Jesús es el Señor y
Ésta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia. La Conferencia Episcopal italiana también ha señalado varios
textos para que sean usados en las catequesis de las distintas edades.
23
Redacción original del canon modificado por Su Santidad el Papa Francisco (cf. Carta Apostólica en forma
de Motu Proprio Competentias quasdam decernere del 11 de febrero de 2022): “Can. 775 § 2. Compete a la
Conferencia Episcopal, si se considera útil, procurar la edición de catecismos para su territorio, previa
aprobación de la Sede Apostólica”.
Para la aprobación y uso de catecismos hay que atenerse, además de a lo indicado en este
canon, a la Respuesta de la Congregación de la Doctrina de la Fe, del 7 de julio de 1983 24,
a las dudas propuestas sobre la interpretación del Decreto Ecclesiae Pastorum, en donde se
determina lo siguiente:
Sobre los contenidos de los catecismos nada se dice en los cánones, pero desde los
primeros siglos formó parte esencial de la catequesis la transmisión del símbolo de la fe y
de la oración dominical; añadiendo a éstos la explicación de los diez mandamientos y de
los sacramentos, encontramos los temas en los que se han venido sintetizando los
contenidos de la fe y vida cristiana.
En Catechesis Tradende, Juan Pablo II afirmaba que toda actividad de la Iglesia tiene una
dimensión catequética, las obras de catecismo, lejos de perder su importancia esencial,
adquieren importante relieve. Uno de los aspectos más interesantes del florecimiento de la
catequesis posterior al Vaticano II consiste en la renovación y multiplicación de los libros
catequéticos que en la Iglesia se ha verificado por doquier. Sin embargo, para que
respondan a su finalidad, son indispensables algunas condiciones:
24
Responsa ad proposita dubia de interpretatione decreti «Ecclesiae Pastorum», 7 de julio de 1983, en:
AAS 76 (1984), págs. 45-52.
que se propongan decir todo el mensaje de Cristo y de su Iglesia, sin pasar por alto
ni deformar nada, exponiéndolo todo según un eje y una estructura que hagan
resaltar lo esencial;
Por su parte, todos los que asumen la pesada tarea de preparar el texto de un catecismo, no
pueden hacerlo sin la aprobación de los Pastores que tienen autoridad para darla. El santo
Pontífice alentaba a las Conferencias episcopales a afrontar con paciencia pero también
con firme resolución, el formidable trabajo a realizar de acuerdo con la Sede Apostólica,
para lograr catecismos fieles a los contenidos esenciales de la Revelación y puestos al día
en lo que se refiere al método, capaces de educar en una fe robusta a las generaciones
cristianas de los tiempos nuevos25.
También expone este Directorio que los catecismos se caracterizan por dos trazos
principales: tienen un carácter oficial, y son una síntesis orgánica y básica de la fe.
“El catecismo local, que es expresión de un acto del magisterio episcopal, es texto
oficial de la Iglesia. El carácter oficial de estos catecismos establece una
distinción cualitativa en referencia a otros instrumentos útiles en la pedagogía de
la catequesis, como textos didácticos, catecismos no oficiales, guías para
catequistas. Además, cada catecismo es una síntesis orgánica y básica de la fe, en
el que se presentan los acontecimientos y las verdades fundamentales del misterio
cristiano. Es un conjunto estructurado de documentos de la Revelación y de la
Tradición cristianas, compuesto, sin embargo, con un fin pedagógico teniendo en
cuenta situaciones concretas. Siendo un instrumento de primer orden, no es, sin
embargo, el único punto de referencia: son necesarias otras herramientas de
trabajo más inmediatas”27.
25
Cf. JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae, n. 49-50.
26
PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN, Directorio para la
catequesis, n. 401.
27
PONTIFICIO CONSEJO PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN, Directorio para la
catequesis, n. 402.
Sin dudas, el Catecismo de la Iglesia Católica es el texto que por su naturaleza se da como
referencia para el catecismo local.
Hay una diferencia sustancial entre la aprobación y la confirmación por parte de la Santa
Sede. La aprobación es la disposición por la cual una autoridad superior, en este caso, la
Santa Sede, habiendo examinado la legitimidad y conveniencia de un acto de autoridad
inferior, permite su ejecución. En cambio, la confirmación es la simple ratificación de la
autoridad superior, que da mayor autoridad a la disposición de la autoridad inferior. De
esto se desprende que la aprobación, en comparación con la confirmación, implica un
mayor compromiso e implicación de la autoridad superior. Por lo tanto, es evidente que
pasar de solicitar la aprobación a solicitar la confirmación no es sólo un cambio
terminológico, sino sustancial, que va precisamente en la dirección de la descentralización.
28
Cf. ibídem 404-405.
29
Cf. ibídem 407.
Esta nota interpretativa del Papa Francisco debe aplicarse también al último motu proprio
Competentias quasdam decernere. La confirmatio es un acto autoritativo por el que se ratifica
la aprobación de la Conferencia Episcopal, dejando la responsabilidad al munus doctrinal y
pastoral de la Conferencia de Obispos. Es cierto que la confirmatio no es un acto
meramente formal, sino necesario para revalidar lo ya aprobado.
VIII.- CONCLUSIÓN