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¿Qué Has Hecho Con Tu Hermano

Este documento presenta un guion litúrgico para el Adviento y la Navidad de 2014-2015. Incluye introducciones y oraciones para las celebraciones de los domingos de Adviento, Navidad, Año Nuevo y Epifanía, así como para otras celebraciones como la Inmaculada Concepción y la Sagrada Familia. También contiene lecturas bíblicas, cánticos y reflexiones para acompañar estas celebraciones y animar a la comunidad a cultivar la esperanza y la fraternidad.

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¿Qué Has Hecho Con Tu Hermano

Este documento presenta un guion litúrgico para el Adviento y la Navidad de 2014-2015. Incluye introducciones y oraciones para las celebraciones de los domingos de Adviento, Navidad, Año Nuevo y Epifanía, así como para otras celebraciones como la Inmaculada Concepción y la Sagrada Familia. También contiene lecturas bíblicas, cánticos y reflexiones para acompañar estas celebraciones y animar a la comunidad a cultivar la esperanza y la fraternidad.

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«¿QUÉ HAS HECHO CON TU HERMANO?

»  2014 - 2015
«El Evangelio nos invita siempre a correr el
riesgo del encuentro con el rostro del otro,
con su presencia física que interpela, con su
dolor y sus reclamos, con su alegría que con-
«¿Qué has hecho
tagia en un constante cuerpo a cuerpo. La
verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne
es inseparable del don de sí».
con tu hermano?»
Papa Francisco,
Exhortación apostólica
(Gn 4, 9)
Evangelii Gaudium, 88

la esperanza nos abre


a los hermanos

Adviento y navidad
2014 - 2015
«¿QUÉ HAS HECHO
CON TU HERMANO?»
(Gn 4, 9)

La esperanza nos abre


a los hermanos
«¿QUÉ HAS HECHO
CON TU HERMANO?»
(Gn 4, 9)

La esperanza nos abre


a los hermanos

ADVIENTO Y NAVIDAD
2014 - 2015
Escriben:
Francisco Maya Maya (Coordinador)
Ricardo Cabezas de Herrera
Vicente Martín Muñoz
José Moreno Losada

Música: Juan Jáuregui

                Delegado Episcopal
                de Cáritas Diocesana
                de Plasencia (Cáceres)
Nihil obstat Imprimi potest
Vicente Altaba † Atilano, Obispo de Sigüenza-Guadalajara
Delegado Episcopal de Cáritas Española Obispo acompañante de Cáritas Española

Septiembre, 2014

Edita: Cáritas Española - Embajadores, 162 - 28045 Madrid


Tel. 91 444 10 00 - Fax 91 593 48 82
[email protected] - www.caritas.es

I.S.B.N.: 978-84-8440-588-7
Depósito Legal:  M-22415-2014

Imprime: Gráficas Arias Montano, S. A. • Puerto Neveros, 9


28935 MÓSTOLES (Madrid)
ACOGIDA Y PRESENTACIÓN
DE LOS NUEVOS REDACTORES

Tras la larga y fecunda andadura de Rafael Prieto, comenzamos una nueva etapa
en nuestros guiones litúrgicos en la que damos la bienvenida a tres equipos que se
hacen cargo de su redacción, asumiendo cada uno de ellos un ciclo litúrgico:
Ciclo A: Félix Quijada Balbuena (coordinador), M.ª Águila Cordero Olivero,
Andrés Gotor de Astorza y Juan Raya Marín.
Ciclo B (el que comenzamos): Francisco Maya Maya (coordinador), Ricardo
Cabezas de Herrera, Vicente Martín Muñoz y José Moreno Losada.
Ciclo C: Luis Antonio Preciado Sáez de Ocáriz (coordinador), Antonio Badiola
Sáenz de Ugarte y Juan Jáuregui Castelo.
Agradecemos muy sinceramente a los tres equipos su disponibilidad para ésta
experiencia nueva que nos permite seguir ofreciendo desde Cáritas unos materiales
especialmente significativos para cuantos estamos al servicio de los pobres en las
periferias sociales de éste tiempo, pues somos plenamente conscientes de que la ca-
ridad tiene su fuerza y consistencia en la mística eucarística que la nutre y en la espi-
ritualidad que la anima y orienta.
Con el Papa Francisco recordamos que «la Palabra de Dios escuchada y celebra-
da, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y
los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico», por eso, «siempre hace
falta cultivar un espacio interior que otorga sentido al compromiso».
Gracias, pues, a todos y cada uno de los nuevos redactores. Bienvenidos a éste
servicio litúrgico, que es también caritativo y social, como es por naturaleza el culto
cristiano. Y que el Espíritu os ilumine y haga fecundo vuestro servicio.

Vicente Altaba Gargallo


Delegado Episcopal de Cáritas Española

5
ÍNDICE

Páginas

INTRODUCCIÓN............................................................................................ 9
ADVIENTO 2014............................................................................................. 13
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento................................................... 39
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento................................................... 51
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción............................................................ 61
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento.................................................... 71
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento................................................... 81
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza.............................. 91
Otros cánticos para Adviento............................................................................ 99
TIEMPO DE NAVIDAD 2014......................................................................... 103
Diciembre, 25: Natividad del Señor................................................................. 117
Diciembre, 28: La Sagrada Familia ................................................................ 135
Diciembre, 31: Celebración Fin de Año........................................................... 147
Otros cánticos para Navidad............................................................................ 161
OTRAS CELEBRACIONES DE ADVIENTO Y NAVIDAD.......................... 165
Abonaré la espera con mis hojas secas............................................................ 167
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo.............................................................. 173
Con María construimos espacios de esperanza................................................ 183
AÑO 2015......................................................................................................... 191
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios............................................................. 193
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad............................................. 203
Enero, 6: Epifanía del Señor............................................................................. 213
Enero, 11: Bautismo del Señor......................................................................... 227
TIEMPO ORDINARIO.................................................................................... 237
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B....................................... 239
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B.......................................... 249

7
Índice

Páginas

Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B........................................ 257


Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B........................................ 267
Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B. Campaña
de Manos Unidas.............................................................................................. 275

8
INTRODUCCIÓN

NADIE NOS PODRÁ QUITAR LA ESPERANZA DE LA FRATERNIDAD

En estos tiempos de crisis el mayor peligro es caer en la desesperanza. La deses-


peranza se enraíza en el olvido y la indiferencia ante el otro, como si fuera extraño y
dejara de ser carne de nuestra carne y huesos de nuestros huesos. La esperanza se
verifica y se hace creíble en la fraternidad que se ejerce en todo tiempo, para que sea
de gracia y de luz, tanto en la adversidad como en la bonanza. Los cristianos, hoy
como nunca, estamos llamados a ser testigos y a dar razón de nuestra esperanza des-
de el compromiso con la existencia. Necesitamos reavivar nuestra reflexión teológi-
ca y espiritual sobre esta virtud.
Existen dos modos de esperar, uno se refiere al futuro como realidad determina-
da de antemano a la vez que incierta, conduciendo al temor y a la inseguridad o a la
indiferencia burguesa de lo seguro; otro mira el futuro en cuanto realidad abierta,
desde una comprensión de la historia como espacio novedoso en el que se encuen-
tran dos libertades, la humana y la divina.
El cristiano, que camina por la segunda versión de la espera, vive el futuro como
esperanza, desde una serenidad y certeza que inquieta lo más profundo del ser hu-
mano para amar la historia y hacerla capaz de eternidad en el corazón de Dios, vi-
viéndola como gracia a la luz de la promesa divina que nos lanza a la fraternidad sin
límites. Sabemos que la esperanza es un bien divino y universal, las esperas pueden
estar determinadas por tiempos, colectivos, tierras, pero la esperanza es de todos, no
puede ser solamente individual, es colectiva y universal, con dirección de absoluto,
por eso no puede haber esperanza sin los hermanos. Se trata de un tesoro que lleva-
mos en vasijas de barro pero que pertenece a toda la humanidad, y los que más pue-
den reclamarla porque más derecho tienen a ella son los pobres y los desesperados,

9
Introducción

ésos han de ser nuestros hermanos preferidos. Sin los hermanos no hay esperanza,
Dios quiere darla y nadie tiene derecho a quitársela. La historia de la salvación nos
da la clave definitiva, el verdadero contenido de la esperanza es el propio Dios que
se promete, y este Dios sólo es amor, fraternidad cumplida en la historia, que no
puede ser sino de salvación para todos.
De este modo el creyente recoge la antorcha del Pueblo de Israel, que siempre
reconoció en Yahvé al Dios de la promesa, provocador de la confianza, desde la fide-
lidad, y por ello mismo de la esperanza.
Todo comenzó con Abrahán, quien «creyó contra toda esperanza» la promesa del
Señor que le desinstalaba para el encuentro con la vida ansiada; hijos de esta fe,
aquellos harapientos hebreos «creyeron contra todo poder» que la compasión de
Yahvé era más fuerte que Egipto y «amanecieron» en la tierra prometida, tras la difí-
cil conquista de la libertad en el desierto; serían estos mismos, los exiliados, que, a
la voz de los profetas, «creyeron frente a la ruina de su propio pecado» que Él, que
gratuitamente los había creado, amorosamente los rehabilitaría en la dignidad de ele-
gidos y de plenitud futura. El mismo pueblo, dolido por el misterio de la muerte y la
iniquidad, experimentado en la persecución y el martirio (época de los macabeos),
avalado por la experiencia continua del Dios que siempre los había acompañado,
«creyó contra toda muerte» que el amor de Dios no los dejaría en las garras del
«sheol» y habló de resurrección como actuación definitiva.
Qué gran marco de comprensión para entender que el Señor que promete quiera
hacerse contenido de la promesa: Dios Padre Todopoderoso y creador, «creyendo en
cada hombre y en la creación entera», se hace criatura en Jesucristo, y toda criatura
—por Él, con Él y en Él— estalla de un modo definitivo en el corazón del Creador,
en una efusión que no tiene retroceso porque la Alianza es eterna y ha sido sellada
con su sangre, que es nuestra sangre, y con su vida —divina y gloriosa— que se nos
da como primicia y como cuerpo resucitado del que formamos parte por su Espíritu.
Ahora todos somos hermanos, la esperanza fecunda el deseo y la realidad de la fra-
ternidad, deseo que se alimenta en la eucaristía de la justicia y la salvación.
Somos hijos en el Hijo y estamos llamados a la vida eterna, al gozo de ser con
Cristo, en la fraternidad plena de la comunión de los santos, cobrada en la justicia y
en la libertad total y definitiva, junto con toda la creación.
Nuestra esperanza tiene sentido, un gran sentido, porque Cristo Jesús, el Mesías
esperado y anunciado por los profetas en el Antiguo Testamento, el Hijo de Dios, se
hizo carne, «plantó su tienda entre nosotros». Se hizo uno de los nuestros, es decir:
nuestro Dios es un Dios cercano, ha compartido nuestra humanidad, ha sabido de las
alegrías y esperanzas de los hombres, ha vivido en el mundo que los hombres día a

10
Introducción

día van tejiendo: «hecho hombre por vosotros». Ahora tenemos la misma sangre y
nos sentimos reclamados como hijos amados de Dios en todos los hermanos que ne-
cesitan de su esperanza y su gracia.
Nunca podrán quitarnos nuestra esperanza porque «nadie ni nada podrá separar-
nos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús». La esperanza cristiana es la vir-
tud que nos dinamiza, nos libera del miedo a la muerte, y nos hace adentrarnos en el
corazón de la historia sabiendo que el único discurso creíble sobre la resurrección y
la vida eterna es aquél que se articula en el lenguaje de las esperas humanas —como
hizo Dios en Jesús de Nazaret—, en el compromiso serio y real de la Iglesia, y en
ella, de cada cristiano, a favor de los hombres en la búsqueda de la justicia, la liber-
tad y la paz verdadera que anuncian y anticipan lo que creemos y esperamos.
A los creyentes nos queda la misión y el gozo de dar razón de nuestra esperanza,
en la transparencia de una vida que camina ya desde lo que espera como definitivo:
un reino de libertad, de justicia y de paz en el amor absoluto.
Lo definitivo se hará realidad desde la religación amorosa con el presente que vi-
vimos, dejándonos afectar apasionadamente por todo lo que siendo humano se nos
revela como divino, sobre todo el otro que necesita y quiere ser nuestro hermano en
su debilidad, sintiéndonos llamados a mirar todas esperas y a dolernos con todas
desesperanzas, haciéndolas nuestras para redimirlas en la esperanza que nace del re-
sucitado.

11
ADVIENTO 2014

I.  LAS ESPERAS Y LA DESESPERANZA

No temáis: el miedo y la tristeza

La perversión de la religión se da cuando ésta se convierte en un instrumento que


conduce al temor y al miedo; cuando así se hace, queda deformada la imagen de
Dios y se le transforma en causa de la tristeza y hasta en Señor de la muerte, aunque
claramente los libros sapienciales ya nos decían que ni era su creador, ni la quería.
A veces hemos caído en ese error; es más, hemos definido la vida como un «va-
lle de lágrimas», entendiéndolo negativamente, en clave pesimista e incluso ponien-
do a Dios como razón de esa situación: «lo ha querido Dios… nos lo ha mandado
Dios…». Hemos creído, y transmitido, que la vida era un lugar de dolor y de triste-
za, que teníamos que superar como pudiéramos, confiando en que Dios un día nos
llevaría a otro lugar y a otra vida. Aquí tocaba sufrir sin más y ofrecérselo a Dios.
Incluso hemos llegado a decir que cuanto más sufrimiento y tristeza aguantemos con
resignación, más santos seremos. El santo sería el que sufre mucho. Pero ¿Dios
quiere el sufrimiento y la tristeza? Nada más lejos de la realidad. Si miramos el pro-
ceso de la historia de la salvación se hace evidente que Dios nos creó por puro amor
y nuestros comienzos fueron geniales: «Y vio Dios que era muy bueno». El optimis-
mo de Dios es claro y manifiesto, el amor es la razón fundamental de todo lo creado.
Nuestro estado de referencia no es otro que el paraíso; en el paraíso, con paz, en ar-

13
Adviento 2014

monía con nosotros mismos, con los otros, con Dios y con la naturaleza; no había
miedo, ni temor, ni desconfianza. Éramos criaturas, pero estábamos bien fundamen-
tados, centrados, con razones para vivir en lo profundo: «arraigados en Dios»; está-
bamos en su casa, en su mesa, con su compañía, no nos faltaba de nada: material,
cultural, espiritual. Allí sólo había vida y no había muerte, dolor, ni miedo alguno.
¿Qué rompió nuestra esperanza?

El pecado (capricho) nos adentró en el pesimismo y la desesperanza

Frente al sentido comunitario y fraterno del paraíso que se asentaba en Dios, el


hombre, caprichoso, quiso adentrarse y hacerse dueño de la realidad sin referente al-
guno, sólo desde él mismo, desconectando de su fuente, de sus hermanos, de la natu-
raleza y se encontró con su ser criatura desfundamentada. Vio su barro y su desnu-
dez, su muerte y comenzó a tener miedo: «Oí tus pasos en el jardín y sentí miedo…
Vergüenza…» «Me escondí…» (cf. Gen, 3).
Sin Dios sólo quedan la muerte, el miedo, la tristeza y la insatisfacción, el sin
sentido. El hombre quiere huir de ella siempre y de todos los datos que puedan ha-
blarle de su realidad, por eso vive desde el miedo y desde la inseguridad. Cuando
eso ocurre, cada uno se centra en sí mismo y quiere defender su vida a toda costa sin
mirar nada más: por eso lucha, teme, sufre y se entristece.
La obsesión comienza a ser la seguridad y se huye con todas las fuerzas, por
miedo, a aspectos que son propios de la criatura y que marcan nuestro ser humano;
sí, huimos de elementos y actitudes que eran presentadas como horizonte vital y que
ahora se convierten en lugares de temor y de rechazo permanente. Los elementos
que más se rechazan, por su colateralidad con la criatura y la limitación, son: fragili-
dad, dolor, bondad, pobreza, verdad, amor, compromiso, justicia, muerte y futuro.
Nos adentramos en los temores provocados por la desfundamentación, por la pérdi-
da del principio y fundamento, que es la raíz de la soberbia, la indiferencia, el egoís-
mo, la riqueza, la falsedad, el relativismo, la tibieza, y ahí está la fuente de la deses-
peranza. Vamos a profundizar en ellos.

La soberbia es el signo de la fragilidad no aceptada

Fragilidad: no queremos aceptar la fragilidad, deseamos ser muy fuertes y per-


trecharnos con armas que nos hagan aparecer ante los demás como no necesitados,
queremos tener bien armado nuestro currículo. Entendemos que es más feliz quien

14
Adviento 2014

menos necesita de los demás, que es bueno que los demás necesiten de nosotros pero
no al revés. Nadie quiere depender de nadie. La dependencia se entiende como una
fuente de infelicidad y le tenemos miedo. Se convierte en un camino de tristeza y su-
frimiento. Aparece entonces la realidad que rompe y divide: la Soberbia.
La soberbia nos ha llevado a querer ser muy prácticos y hábiles pero muy poco
entrañables; hemos perdido el horizonte de lo humano entregándonos sin más al éxi-
to. Pero este éxito se construye desde el fracaso de los otros, no puede ser para to-
dos, se hace excluyente. Ahí está la sociedad soberbia que separa y divide. En conse-
cuencia este hombre se hace incapaz de la contemplación, de la visión profunda y
humanista de la realidad y de la historia. La raíz de la soberbia se basa en esta igno-
rancia de la fragilidad, de la falta de reconocimiento de la estructura de la criatura,
de la necesidad de los otros porque todos somos frágiles, dependientes, criaturas. Y
una sociedad soberbia desespera a casi todos y no satisface en profundidad a nadie.

La impasibilidad, dolor frustrado

Dolor: queremos que no exista, lo ocultamos, no queremos verlo, nos hacemos


indoloros; no sabemos qué hacer con él. Creemos que donde hay dolor no hay ale-
gría, sólo tristeza, resignación. Cada uno lleva el suyo como puede. Pasamos de lar-
go, porque complica la vida. Cuando nos toca… a aguantarlo. Y esto fomenta una
actitud que en cualquier cultura impide la sanación y el consuelo.
Es propio del momento un vacío espiritual y ausencia de sentido del mundo mo-
derno. El desencanto configura el ambiente general. Se habla del final de la historia
y desde ella se considera que los acontecimientos están sin interconexión; la historia
desaparece, no hay horizonte: erramos sin fin ni objetivos últimos. La consecuencia
se manifiesta como disfrute hedonista del presente: «quieren las flores ahora y no en
el funeral». Nos volvemos narcisistas, olvidándonos de la entrega, nos centramos
en la realización personal y en la felicidad propia; llegamos a vivir sin ideales. Ena-
morados de nosotros mismos, carecemos de ojos para mirar el mundo exterior, y
mucho menos el dolor y el sufrimiento, que se consideran obscenos, pues en el dolor
desesperamos y desperanzamos.

El egoísmo, la parálisis de lo bueno

Se impone una filosofía paralizante que no anima a la esperanza de lo bue-


no: si eres bueno, te comen; como te dejes llevar por los buenos sentimientos, vas a

15
Adviento 2014

sufrir mucho; «hermanos sí… primos no». Los buenos pierden… Hay miedo a ser
buenos y se prima y se valoran actitudes que realmente esconden el mayor vicio de
la humanidad y la raíz del ensimismamiento frustrante: el Egoísmo.
En este marco, la prioridad sin límites la va a tener el bien-estar sobre el bien-
ser, lo que especialmente se da en los espacios más ricos del mundo, que son los que
realmente se lo pueden permitir, en cuanto que son los que controlan dicho sistema
de producción-consumo. En la medida que se impone esta cultura, las competencias
que se desarrollan en el hombre son fundamentalmente las de la habilidad y las del
placer-consumo. El bien-estar se impone sobre el bien-ser en las aspiraciones pro-
fundas personales, en los ideales comunitarios e históricos. La crisis que padecemos
es la consecuencia de un mercado basado en el bienestar y el lucro, sin la clave del
bien-ser. Con esta dinámica se hacen agujeros de desesperación que cada día absor-
ben una masa mayor de seres humanos. La crisis que estamos padeciendo no es más
que un signo más de la enfermedad-egoísmo del bienestar, que paraliza lo humano y
lo bueno.

La seguridad, la pobreza del dinero

En la idolatría del dinero la pobreza se entiende como la mayor desgracia,


como maldición. Es más feliz el que más tiene, lo que genera miedo a no tener y la
búsqueda de la seguridad como único horizonte. Al final se centra la vida en aquello
que la quita, como la parábola del hombre que acumuló y, cuando lo tenía todo, per-
dió la vida: Seguridad. Pero ¿qué es lo auténtico, lo seguro?
Claramente el conflicto social que estamos viviendo en esta crisis está defini-
do por una cultura estructural que ha determinado el ser humano desde la econo-
mía y el mercado. Claramente el proceso productivo y sus claves, en el desarrollo
y en el progreso, se han orientado de un modo mercantil y de consumo. El orden
de prioridades se ha alterado desde una comprensión de las necesidades; los de-
seos y los caprichos han venido dados como idénticos, perdiendo de este modo
nuestra capacidad de discernir y distinguir los mismos. Se ha entendido que la fi-
nalidad del mercado tenía dos horizontes únicos: producir y consumir; y en la ten-
sión producción-consumo se ha generado la cultura del éxito y la seguridad como
los elementos de la satisfacción y la felicidad. Ahí el hombre es objeto y produc-
to, el margen para la historia creativa, personal y comunitaria se pierde y el hom-
bre desespera. La seguridad que se ofrece está cimentada sobre arena, y los vien-
tos de la competitividad hacen del hermano un opositor, y de la fraternidad, una
selva.

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Adviento 2014

La desconfianza, disfraz de la verdad

«Y ¿qué es la Verdad?»: se asegura y se predica que como vayas con la verdad


por delante, te crucifican; el que dice la verdad se queda sin ella; como seas auténti-
co, lo tendrás difícil. No te confíes. La verdad es lo que conviene. Y es terrorífico el
mundo de la desconfianza, o ¿acaso no es esto uno de los factores que hoy organiza
y transversaliza la crisis?: Desconfianza.
La verdad se confunde con la técnica. La técnica abarca la totalidad de la activi-
dad humana, en este sentido el hombre es un ser técnico. Se construye una civiliza-
ción técnica en la que todo, tanto la economía como la organización social, o el ser
humano, se consideran desde la razón instrumental, desde la utilidad como horizonte
único de la verdad y la validez. Los problemas importantes son los técnicos. Desde
la razón instrumental los efectos en lo humano son rápidos y nos encontramos con el
«hombre-máquina» y «hábil». La verdad de cada uno es lo que produce, y desde ahí
su valoración personal y comunitaria; este esquema de vida provoca la competitivi-
dad, donde se busca el ser competente, el ganar, el éxito; y desde estas aspiraciones
individualistas crecen el ambiente y el contexto de la desconfianza, pues tememos
ser superados o vencidos. El que no gana porque no produce, no es, no existe, y esto
desespera en una sociedad en la que más del cincuenta por ciento de los jóvenes no
tienen nada que hacer cada mañana al levantarse; y junto a ellos, millones de ciuda-
danos. Para ellos no hay verdad, sólo hay desesperanza.

La tibieza, el amor asfixiado

Se cuestiona la fuente de la esperanza que es el Amor: «como tú no mires por


ti, no va a mirar nadie… La caridad comienza por uno mismo». Se establece el mie-
do al amor y al compromiso, a morir por el otro. Entregarse es un lenguaje descono-
cido. Se hace el discurso de la solidaridad, pero da miedo: se ensalza este valor, pero
son muy pocos los que dan la vida por ella. Se apodera del hombre ese elemento que
es vomitante según la carta del ángel a las iglesias en el apocalipsis: la Tibieza.
Recordamos aquello de «porque no eres frío ni caliente, deseo vomitarte de mi
boca…». Aparece un hombre unidimensional que busca especializarse para ser valo-
rado, y poder permitirse deseos y caprichos que se constituyen casi como su espacio
de necesidad y justificación de todo. Los objetivos son en este caso producir para
obtener beneficios, de un modo u otro. El horizonte de todo parece ser el beneficio
material, económico, todo lo que se refiere al «estar», a lo externo. Las dinámicas
generadas por este planteamiento han contribuido al momento de crisis en el que es-

17
Adviento 2014

tamos según lo analizan los economistas con perfil humanizador y ético. La preocu-
pación por el otro y lo comunitario es lejano y dificultoso, que exige profundidad y
donación como esquema de vida; el hacer sustituye al ser y la persona tiene entonces
valor funcional, no se le reconoce valor en sí mismo. Y de resultas nace un hombre
que no tiene horizontes propios más allá de lo contable, ni nada común más allá de
los muy suyos. No hay deseo de lo público, ni valoración de lo que es de todos. La
alegría de la comunidad se somete en el factor de la «buena vida» y el hombre se
adentra en una tristeza de consumo no felicitante ni realizador. Se entra en una cade-
na de insatisfacción que desespera, porque el tener más no sacia, la riqueza no tiene
límites y el que es seducido por ella se esclaviza sin horizonte alguno de libertad. El
rico, para serlo, ha de entregar su esperanza y la de la comunidad, porque siempre se
siente insatisfecho y amenazado por el otro, aunque lo que lo amenaza continuamen-
te es lo que posee o desea poseer.

Desgracia, el límite del compromiso

Vivimos el declive del imperio de la razón; el sentimiento se asienta con fuer-


za sobre la razón: «siento, luego existo». Coherentemente con este sentir se impo-
ne el imperio de lo «débil», lo «light», y se desprecian las grandes construcciones
y los pensamientos fuertes. El hombre se instala en el nihilismo sin tragedia y
acepta su fragmentación. En esta situación se ha pasado de la tolerancia a la indi-
ferencia y abundan los paganos amables que ejercen la indiferencia mutua. La in-
diferencia es el tono de la pérdida de los ideales y se confunde con lo indoloro,
aunque se le llame tolerancia. La tolerancia es compromiso, acogida, inclusión.
Sin ella se camina al ostracismo de la soledad de lo humano, donde la desesperan-
za acampa a sus anchas.
La desgracia es lo que no hicimos al ahogar el espíritu de lo bueno. La cultu-
ra de la satisfacción cuestiona el compromiso cristiano: todo con límite… ¿qué
hemos dejado de hacer que de verdad lo sentíamos y lo queríamos? ¿Qué? El miedo
a vivir de lo que somos y tenemos nos paraliza; nuestra fe no va al fondo, lo mejor
de nosotros mismos lo guardamos y no lo llevamos a la plaza pública, nos da miedo
eso que es tan propio de la gracia y que tanto necesita nuestro mundo.

Justicia o injusticia, sin término medio

Siempre, ahora más que nunca, habremos de volver a la justicia: nos la traga-
mos; para nosotros sí… para los demás nos da miedo. Es curioso, cuando más dere-

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Adviento 2014

chos proclamados tenemos, la realidad del hambre y del paro se insertan con dere-
cho de ciudadanía entre nosotros y no pensamos en hacer más vagones, sino sólo en
luchar por ir en el de primera; y cuando esto ocurre campea como quiere la Injusti-
cia, que genera dolor y desesperanza, sobre todo en los más débiles y últimos de la
historia.
Está siendo grave en nuestra sociedad la ruptura entre trabajo y necesidades, la
mercantilización del trabajo: el trabajo, convertido en mercancía y utilizado para la
producción de riqueza (dinero), cada vez tiene menos relación con su origen funda-
mental que lo consideraba como una dimensión natural de la vida humana y de la
comunión social. El resultado es que muchas formas de trabajo actuales, basadas en
la precariedad y en la flexibilidad, y orientadas a obtener la máxima productividad
del ciclo de producción y el máximo beneficio del ciclo de consumo, no ayudan a la
persona a desarrollarse como tal, satisfaciendo sus necesidades materiales, culturales
y espirituales en el seno de una familia y de una comunidad social y política. Es de-
cir: chocan el sistema de producción y consumo con el proyecto de humanización.
En lugar de someter la producción y el consumo a la satisfacción de las necesidades
humanas, se ha sometido a las personas al sistema de producción y consumo. Esta
inversión es lo que representa el conflicto social. Ésta es la obra del capitalismo sal-
vaje que denuncia la doctrina social de la Iglesia. Lo humano es producto de compra
y de venta, la injusticia se hace gigante cuando la persona deja de ser humana y dig-
na. La desesperanza en los proyectos de vida personales se hace dueña de las ilusio-
nes y de los pueblos.

Enfermos, sin sentido de la vida

Una sociedad que vive enfermizamente la salud: La obsesión por la salud y el


cuerpo: se esconde la muerte, como si no existiera, y engañamos. Curiosamente,
ante un Dios que sana, nos encontramos un mundo que vive la salud enfermizamen-
te, tenemos el mundo más técnico y de mayor progreso y las medicinas que más
consumimos son ansiolíticos y antidepresivos, «hartos pero no saciados» y nos hace-
mos verdaderos Enfermos.
Pensadores actuales nos hablan de que vivimos en una cultura de luces cortas,
de la inmediatez, del corto plazo, de la inmanencia, de los deseos cortos… Y esto
nos enferma de falta de sentido, hace también que la dimensión religiosa del hom-
bre y la mujer modernos sea reprimida o desatendida. Porque esa dimensión nos
obliga a poner las luces largas, a mirar lejos, a hacernos preguntas sobre el senti-
do, a pagar el peaje de ciertas renuncias a corto plazo para garantizar un largo pla-

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Adviento 2014

zo más humano para las personas y para la sociedad. La fe religiosa maneja unas
preguntas sobre el origen y el final, sobre el sentido de la vida y de la muerte, que
resultan ridículas o amenazantes para el hombre y la mujer modernos. Y mientras
tanto enfermamos haciéndonos cargo de la insoportable levedad del ser, del vivir
cada día sin ilusión ni esperanza, viviendo más del prozac —de los fármacos—
que de la filosofía de una vida con sentido, de una utopía, de un ideal, de una es-
peranza.

Utopía, dormidos sin sueños

Utopía y el sueño de la esperanza: «Más vale pájaro en mano que cientos vo-
lando». No hay fruto más fuerte del pecado que cuando consigue quitarnos la espe-
ranza, cuando creemos que nosotros no podemos hacer nada, que somos pocos y que
esto siempre ha sido así, ¿cómo vamos a ser testigos del crucificado que ha resucita-
do? ¿Quién va a creer nuestro anuncio?: Desesperanza.
El hombre postmoderno no está preocupado por buscar fundamentos o identida-
des definitivas; sino que lo que busca es ir construyendo su vida en retazos, por eta-
pas cortas, con una «moral de situación», no sabemos lo que somos, ahora somos
esto y mañana podemos ser lo otro sin más. La crisis genera como fruto espontáneo
el nihilismo que podríamos considerar como la actitud que renuncia a buscar los
porqués de la existencia.
El proceso es el siguiente: se vive con la sensación de que los valores, las nor-
mas y principios que regían en tiempos pasados la existencia ya no sirven; pero, una
vez instalados en esta crisis, los individuos se deslizan cada vez más hacia actitudes
impregnadas de nihilismo, nada tiene razón ni horizonte. Se trata de vivir por vivir,
de llevarse lo más posible de cada momento, pero no en lo interno y en lo profundo,
ni en lo compartido y amado, sino en el puro placer y la comodidad. Es la dureza de
sentirse y ser como las hojas caídas en el otoño sin más horizonte que deshacerse en
lo anónimo de lo que podía no haber sido, porque lo que han vivido no ha tenido va-
lor alguno y mucho menos permanencia. Esto crea ambientes y espacios de verdade-
ro desaliento y desánimo, componentes perfectos para abonar la desesperanza.
Pero es aquí donde ha de operar como buena semilla, como grano de trigo y de
mostaza, como verdadera levadura y luz, el evangelio de la vida y la esperanza que
nos ha sido dado en el espíritu de Cristo resucitado. Es aquí donde la Iglesia quiere
ser adviento fecundo que reavive y renueve la esperanza de lo verdadero, auténtico y
original que nos ha sido regalado por el Padre de la historia. Es nuestro reto evange-
lizador orientado hacia el Reino y su justicia: construir espacios de esperanza.

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II.  ADVIENTO: LA ESPERANZA NOS ABRE A LOS HERMANOS

En medio de una crisis como la que estamos viviendo —para muchos muy permanen-
te en las zonas de pobreza del mundo— uno de los mayores peligros es perder la esperan-
za; cuando en una sociedad se pierde la esperanza, todo corre el riesgo de resquebrajase y
degradarse. El ser humano necesita la esperanza como necesita el aire para respirar. Es en
la esperanza viva donde se encuentran las fuerzas y el ánimo para construir la fraternidad
propia del Reino que nos ha sido prometido como realización de la felicidad esperada.
Desde una perspectiva cristiana se puede decir que creer en Jesucristo es, preci-
samente, descubrir en él la esperanza última que anima la existencia humana. De ahí
que la Iglesia, quiere anunciar el evangelio de Jesús, está llamada a ser «la comuni-
dad de la esperanza» y su primera tarea es saber despertarla en medio del mundo.
Hoy podemos decir que el mejor servicio que hace la caridad cristiana al mundo es
el de poder avivar, levantar y despertar la esperanza en aquéllos que la han perdido.
Fue lo que hizo Jesús cuando le pedían señales de identidad: «Id y decidle a Juan lo
que estáis viendo y oyendo… los ciegos, los cojos, los pobres… vuelven a la espe-
ranza y confían».
Éste es el ministerio que levanta y anima a la humanidad, ésta es la Iglesia que tie-
ne que despertarse —ser evangelizada— para despertar a otros —evangelizar— en el
sueño de una salvación real que ha comenzado ya, pero que espera plenitud. Ya ha co-
menzado la fraternidad y con ella la vida eterna, pero está preñada de plenitud y tene-
mos que esperarla, porque es don, pero acelerándola porque nos mueve ya hacia ella la
fuerza del Espíritu del resucitado que nos habita.
El adviento es un tiempo que nos invita a renovar y avivar la esperanza como
Iglesia. La escucha de la Palabra de Dios en este tiempo será un aliciente que nos
puede ayudar a recuperar algunos rasgos vivos para abrir caminos de esperanza.
Ante los temores provocados por la desfundamentación, por la pérdida del prin-
cipio y fundamento, y ahí está la fuente de la desesperanza…, de la que hemos ha-
blado anteriormente, necesitamos tener y avivar una:
•  E
 speranza lúcida y vigilante: Frente a una cultura y un modo de vivir desfunda-
mentado, sin fuentes ni principios para la razón del sentido y el porqué de la histo-
ria y de la fraternidad como utopía, podemos dar razón de nuestra esperanza. Jesús
lo hizo de un modo existencial, desde lo concreto de Nazaret supo vivir en los sen-
timientos de Padre y su proyecto de vida enraizó su voluntad en unos niveles tales
que él mismo se ha convertido en piedra angular para todos nosotros. Aprendió a
mirar la realidad con pasión y afecto, de una forma lúcida y vigilante. Hoy como
nunca se necesitan personas —cristianos— que sepan realizar una lectura creyente

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y comprometida de la historia y de los acontecimientos. Saber mirar desde la luz


que escudriña la realidad para saber discernir y distinguir los caminos de la bondad
y la justicia de toda ambigüedad y cizaña que pueda habitarla. Para ello habremos
de estar vigilantes sabiendo que nada nos es indiferente. Nos toca ser profetas y vi-
gías para que nada de lo sencillo, de lo humano y lo cotidiano se escape. Hoy nece-
sitamos ser Nazaret —taller de lo profundo en lo sencillo— en medio del mundo
para contemplar y comunicar lo contemplado y ser así voz, incluso de los que no la
tienen, pero a quien el Padre se la ha dado sin duda, en la Palabra hecha carne.
•  E
 speranza inconformista y creativa: el evangelio es claro, la salvación no
está en el pasado, ni la plenitud es volver al paraíso del comienzo, sino a la
plenitud del futuro, a donde se llega con la inconformidad y la creatividad. Lo
sabemos, desde el humanismo cristiano, de esta crisis —ni de ninguna— se
sale volviendo a como estábamos antes, eso es una falacia y además no nos
conviene. Precisamente por estar como estábamos llegamos a la crisis. No nos
vale la soberbia del mercado, desde un bienestar de consumo insolidario e in-
dividualista. Hoy creemos que se puede ser más con menos, que se puede tra-
bajar menos para poder trabajar todos, que hay un consumo felicitante y que
puede haber hasta una economía que dé vida.
Pero falta el reto de creer que «donde está nuestro tesoro está nuestro cora-
zón» y que eso supone poner la dignidad de lo humano en el centro del corazón
y de las aspiraciones de nuestro ser y quehacer en la historia. Nos sabemos lla-
mados a una vocación, que más allá de los estados clásicos de vida, nos inter-
pela por un estado de vida que sea profético y que muestre, desde la inconfor-
midad, la creatividad de un estilo de vida alternativo en lo personal y lo comu-
nitario, capaz de trascender la miopía de una seguridad insana que excluye y di-
vide en la explotación de la desconfianza y la desesperanza. No hay duda de
que si a la crisis —ésta y las que vienen de lejos— hemos llegado por los cami-
nos de la comodidad, ahora es el momento para las opciones y los compromi-
sos, desde lo diario y lo ordinario, que proclaman que estamos saliendo de la
indiferencia y apostando por la alternancia de un modo de vivir que es felici-
tante sin cadenas, marcado por la fraternidad que da señales de que otro mundo
es posible.
•  E
 speranza compartida y solidaria: Los cristianos no nos podemos permitir
ser seres del pesimismo. Hay proyecto de Reino que nos empuja y que cada
día se está haciendo creíble en multitud de signos. Ya son muchos ciegos los
que ven, cojos que andan, pobres que se alegran… y eso nos alienta en el pro-
ceso de lo que esperamos. No hay salvación individual, la clave de la resurrec-
ción no tiene vuelta atrás: resucitará todo el hombre, todos los hombres, con

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toda la creación. Eso ya está iniciado y a nosotros nos toca dejarnos conducir
por un mismo Espíritu, por el que pertenecemos a Cristo.
Ahora sólo toca compartir y caminar juntos. Hacer caminos de ilusión y de
esperanza. No se trata de volver a la aldea de lo individual, de la riqueza que
asegura, del egoísmo que adormece. Ahora nos toca construir señales de lo co-
munitario, incluso allí donde el hombre parece más destrozado y desesperado,
lugares de marginación fijada y continua; pero también donde parece que el
demonio ha obtenido el poder para siempre, aunque no es verdad, como puede
ser luchar desde la ética por una banca de lo humano, donde se genere vida y
no muerte. Creemos en la posibilidad de estructuras sociales, políticas, econó-
micas, culturales que sirvan a la vida y al pueblo, y que desde ahí generen una
verdadera esperanza y el deseo de una vida feliz y compartida entre los hom-
bres, donde la felicidad y la realización no se divida ni se reste, sino que se
sume y se multiplique como los panes y los peces del evangelio.
•  E
 speranza enraizada en Cristo: Pero todo esto no podremos hacerlo sin el
agua de la vida, sin conocer el Don de Dios, sin saber quién es el que nos
pide de beber —nuestra colaboración— porque quiere darnos el agua de vida
y hacer de nuestro corazón «una fuente que salte hasta la vida eterna» en la
que puedan beber todos los que se acerquen. Jesús de Nazaret es para noso-
tros fundamento y principio de la esperanza plena. En Él se nos ha mostrado
por dónde vienen la verdad, el camino y la luz; por dónde se puede avanzar
hasta el tesoro que, una vez que lo encontramos en el campo de la vida, por la
alegría que nos da, somos capaces de lo imposible y lo entregamos todo para
que esa alegría nuestra no nos falte y pueda llegar al mundo. Eso lo descubri-
mos en Jesús de Nazaret, el que supo vivir en medio del pueblo pobre, andar
por todos su caminos, encontrarse con toda la gente, acompañando, comien-
do el mismo pan y bebiendo el mismo vino, el que supo crear ambientes de
calor para el amor y la confianza serena y fraterna, quien se aventuró en la
empresa de una comunidad para el Reino, sin fronteras ni límites e hizo sen-
tirse privilegiados y queridos a los humillados y ofendidos de la historia.
• Hoy el adviento que genera esperanza ha de transitar ésos mismos caminos
con ésas mismas claves:
— Bajar al dolor del mundo.
—  Encender pequeños fuegos que den cobijo y calor.
— Apostar por lo comunitario: fomentar experiencias de encuentro y relación.
— Defender a los humillados y ofendidos.

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«Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza y no nos


faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda. Su resurrección no es
algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde pare-
ce que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrec-
ción. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existie-
ra: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero tam-
bién es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo,
que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la
vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a
volver y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucitará trans-
formada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a rea-
parecer de nuevas maneras y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de
lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador
es un instrumento de ese dinamismo» (EG 275-276).
Para la construcción de estos espacios de esperanzas necesitamos ser habitados por
el espíritu de lo absoluto, por el ánimo de la utopía que genera el amor de Dios que va
desde la creación hasta el apocalipsis esperado, y ya iniciado. Necesitamos, hoy más
que nunca, saber soñar, anhelar, amar para adentrarnos en la inquietud que provoca el
cambio y traer al aquí de nuestra historia real la prenda de la gloria, que no se marchita.

III.  EL ESPÍRITU Y LA MÍSTICA DEL ADVIENTO

En la realidad que vivo y atisbo, cuando soy contemplativo y me dejo llevar por
el Espíritu, veo el empuje de una humanidad que se despierta y ya no resiste, ni
aguanta, la quietud de lo viejo que impide el nacimiento de lo nuevo, lo libre y lo
creativo. Siento el Espíritu que grita —a veces, en medio del desierto— que «algo
nuevo está brotando», y que nos lanza la pregunta, profética e ilusionante, ante los
exiliados que van a volver… «¿no lo notáis?».

Esperar es soñar

El sueño, como símbolo de la utopía, es un instrumento de Dios para construir la


historia de la salvación. Dios hace soñar a los hombres y en el sueño se hace promesa
de que será posible lo que parece imposible: serás padre de un pueblo, seréis un pueblo,
tendréis una tierra, seréis libres… Por eso podemos decir que Dios nos ha hablado y se
ha revelado en sueños a los hombres y los hombres, desde Dios, hemos soñado la vida
y la historia con una esperanza sin límite. Nos hace falta el lenguaje del sueño y la uto-

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pía. ¿Por qué no? En el sueño somos gestados, engendrados, queridos, y en el sueño de
la muerte, cuando nos llega, nos despedimos para ser siempre lo que fuimos en la esfe-
ra de un futuro esperanzado, en el sueño de la resurrección de Cristo que no nos aban-
dona en la muerte, nos conduce a la plenitud de la creación y de la humanidad en un
mundo nuevo de vida y de paz; futuro que se abre rompiéndose en el horizonte del ab-
soluto, adentrándonos en el corazón del Dios Padre donde encontraremos la vida eterna
que nadie nos podrá arrebatar. Nada queda agarrado en la historia de lo humano y, sin
embargo, todo puede ser vivido en el anhelo de la vida, el deseo y el espíritu de la eter-
nidad. Hemos sido hechos para volar a lo más alto, para ser libres sin límites, para vivir
por encima de la muerte, Dios nos ha querido —soñado— hijos suyos eternamente.

Esperar es anhelar

Anhelar es abrirse a la búsqueda de un horizonte para caminar, de una inquietud


para vivir, de un cimiento para apoyarse, de un lugar para identificarse, de mares
para navegar, de un camino para ir, de una vejez para arribar a la otra orilla. Perma-
necer es morir; pero salir, andar, caminar en búsqueda inquieta de quien quiere ser y
hacerse, eso es vivir. El proceso es imparable y la humanidad, cansada de permane-
cer quieta, se siente agonizante. Así, en cada uno de sus suspiros, anhela volver a la
fuente del agua de la vida, al espíritu, a la creación inquietante de un amanecer que
anuncia las alegrías de lo verdaderamente humano y que escapa de la institucionali-
zación de lo normado en el mercado del tiempo, porque abre espacios de libertad
creativa y creadora, porque todo está por hacer en el camino de la eternidad.
No debemos, no podemos renunciar al anhelo del absoluto, porque sólo en él po-
dremos descansar con este corazón inquieto que nos golpea y empuja al nuevo día,
al octavo de la resurrección y la vida, donde todo se hará nuevo, «porque el primer
mundo ha pasado y el mar ya no existe». Por eso esperamos y creemos en la justicia
y en la dignidad de lo humano, lo anhelamos cuando nos acercamos a los sufrimien-
tos de la humanidad en aquéllos que son los más desprotegidos y necesitados, ante
ellos queremos construir espacios de esperanza que alivien, consuelen, animen y ale-
gren el camino de la vida en la comunidad de lo fraterno.

Esperar es caminar en el amor

El camino es infinito, millones de años de creación y siglos de historia, pero la


huella de lo más humano es cercana y hogareña, vivimos desde las cosas de cada
día. Desde esta perspectiva, nos acogen en la vida los que nos quieren y nos cuidan

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con sentido de la generosidad y la gratuidad, y el amor se nos hace horizonte cálido


y cimiento único, ¿qué sería de nosotros sin los que nos han querido y nos quieren?
Nosotros hemos sido amados y nadie nos podrá arrebatar el principio y fundamento
de lo que somos en el amado y en el amante. Todo es amor y lo que no lo es no es de
ningún modo, queda en pura apariencia y tiene sus días contados en el regreso sin
futuro ni esperanza; sólo el amor permanece, todo lo demás que se genera con desa-
mor —la injusticia, la desigualdad, la soledad, la opresión, la esclavitud…— aunque
hoy se lleve los aplausos de un éxito aparente, no tiene verdad ni fondo, caerá como
dice el evangelio como la casa sin cimientos cuando el viento de lo auténtico sople y
quede manifiesto todo lo que era pura apariencia.
Son y se hacen camino los amantes de lo humano, los que fueron para los otros
y, en la trascendencia, nos abrieron el rostro de lo totalmente otro, de lo inabarcable,
de lo divino, de aquel horizonte cuyo camino no tiene límites, sino luz y señales ha-
cia el infinito. Sólo los que aman permanecerán, incluso aunque hayan fracasado
aparentemente en esta historia, porque, como dice la Sagrada Escritura, pasará la fe,
incluso la esperanza —para ser recobradas de un modo nuevo—, pero nunca lo ha-
rán el amor, la ternura, la compasión, la caricia… El amor genera esperanza y esa
esperanza, engendrada en el amor, no quedará defraudada.

Esperar es inquietarse

Inquietud viva, horizonte abierto… ¡sin ti no soy nada! Como el sarmiento arro-
jado de la vid, como el trillo en la era abandonado, como la noria que acabó fija sin
dar vueltas, como la no amada… Inquietud, sin ti no somos nada. Pero eres un
sin vivir, no podemos abarcarte, necesitamos dejarnos abrazar por ti cuando la muer-
te nos amenaza si tú te vas. Los jóvenes gritan en las plazas que otro mundo es posi-
ble y, en su fondo, estás tú despertando, llamándonos al centro del pueblo, a lo más
alto de la tierra y del horizonte, para que reivindiquemos la fuente de la vida, la que
de modo inquieto nunca deja de manar.
Sí, allí estás tú, inquieta, inmortal, imperecedera, aunque nosotros hayamos per-
dido, entre los matorrales de lo falso y de las prisas, la vereda que llevaba a la fuente
de los que nos dieron la vida, la vereda de la verdad que se encuentra caminando,
aun en la vejez, sin perder las raíces y abriéndose en la altura de un cielo y en la in-
mensidad de los mares. En la vereda y en el camino se esconde la respuesta; veredas
con sus fuentes y su luz nos guían al paraíso de lo auténtico y de lo original y, del
mismo modo, nos iluminan a lo singular de lo divino en lo humano y de lo humano
en lo divino.

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Entremos en el disfrute del tiempo que viene, como místicos iluminados, y dejemos
que la luz, la idea y las buenas noticias de lo humano y de la esperanza, del verdadero
anhelo del absoluto, en el adviento de la plenitud, nos contagien y nos seduzcan en la
obra y el espíritu de esta historia de lo humano en Jesús de Nazaret, que se dejó hacer
criatura, siendo creador. En Él está nuestro horizonte, y nuestras esperas se convierten
en esperanza de lo último, la esperanza de lo que plenifica y hace justicia a la historia.

IV.  LA IGLESIA QUE ALIMENTA LA ESPERANZA

El Papa Francisco está marcando, frente a la realidad sufriente y doliente del pecado,
que provoca la desesperanza, una línea de evangelio que quiere ser referente de la verda-
dera esperanza, fundamentada en la buena noticia del Evangelio de Jesucristo. En cada
momento nos va mostrando, con gestos y palabras, la necesidad de ser fieles a Jesucristo,
nos recuerda que Él es la Buena Noticia que debe acaparar todo nuestro anuncio. De ahí
nacen retos que se convierten en ejes transversales para una Iglesia que quiere alimentar
la esperanza. Vamos ahora a dejarnos llevar por frases significativas de los mensajes del
obispo de Roma, que contemplamos como retos para la Iglesia en medio del mundo.

Retos para la Iglesia:

1. Una Iglesia afectada: «Prefiero una Iglesia accidentada por salir


que enferma por encerrarse»

No es más rico el que más tiene, ni el que más sabe, ni el que más puede… sino
el que más siente: «Donde está tu tesoro, allí está tu corazón» (Mt 6, 21). La prolon-
gación de la encarnación del Verbo sigue siendo un reto y una clave de la misión de
la Iglesia. Se trata de ser fiel a lo que Dios ha hecho en Jesucristo; en Él no encon-
tramos a un hombre poderoso —«un niño envuelto en pañales y acostado en un pe-
sebre» (Lc 2, 12)—, ni sabio según el mundo —decían: «¿no es éste el hijo del car-
pintero?» (Mt 13, 55)— y, mucho menos, rico —«no tenía dónde reclinar la cabeza»
(Lc 9, 58)—. Lo que sí encontramos es a un Dios humanado (el Dios finito, que de-
cía Zubiri), que es compasivo y misericordioso, que anda por los caminos y se deja
afectar por todos, especialmente por los más débiles, y se une a ellos en cuerpo y
alma: «Lo que hicisteis a uno de éstos a mí me lo hicisteis», (Mt 25, 40).
Hoy, como nunca, el mundo, la sociedad y los alejados necesitan una iglesia afec-
tada, con sensibilidad profunda y auténtica, y éste es el verdadero tesoro que los cris-
tianos llevamos en vasos de barro para que los demás pueden beber consuelo y espe-

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ranza. Permanece como reto fundamental que las alegrías y las tristezas de los hom-
bres sean las de la Iglesia.

2. Una Iglesia arriesgada: «Que no nos venza el miedo y el pesimismo,


tentaciones del maligno»

La salvación y la realización eclesial —su misión— no llegan por la seguridad,


sino por el riesgo de la entrega: «El que quiera ganar su vida la perderá y el que esté
dispuesto a perderla la ganará» (Mc 8, 35). Lo mejor de la Iglesia no se desarrolla
realmente cuando el criterio es la seguridad o conservación —provocados por el mie-
do— sin más frente a los otros. Cuando el criterio es la seguridad, nos buscamos a
nosotros mismos y nos encerramos poniendo límites a los de fuera y, sin darnos cuen-
ta, así nos los ponemos a nosotros mismos. Jesús lo tiene claro: la persona y la comu-
nidad cristiana se realiza y se enriquece cuando se abre y arriesga sin miedo para rea-
lizar los deseos y sueños más profundos y comprometidos. Jesús hizo de su vida un
proyecto arriesgado y así lo mostró sin engaño: «El que quiera seguirme que se nie-
gue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga» (Lc 9, 24). Es la cruz de la coherencia
que lleva a la vida auténtica del resucitado. Y cuando lo invitan a la seguridad munda-
na, evitando el riesgo de su proyecto, lo rechaza bruscamente: «Apártate de mí, Sata-
nás, piensas como los hombres, no como Dios» (Mc 8, 33).
Dios piensa de otra manera, no hay duda; su Hijo fue coherente con este modo de
pensar de su Padre: «se despojó de su rango, haciéndose uno de tantos y llegando in-
cluso a la muerte y una muerte de cruz» (Flp 2, 7-8). La clave del riesgo está en darse:
«Cogió el pan, lo partió y se lo dio diciendo: tomad, comed, esto es mi cuerpo que será
entregado…» (Mt 2, 6, 26). Hoy, en nuestro mundo, es una revolución coger trozos de
vida y darlos gratuitamente a lo comunitario y generosamente a lo público. Ahí está la
antigua y la nueva evangelización, pero, sobre todo, el camino de la Iglesia auténtica.
La persona y la comunidad cristiana se realizan y enriquecen cuando se abren y
arriesgan sin miedo para realizar los deseos y sueños más profundos y comprometi-
dos. «La Iglesia es enviada a despertar esta esperanza en todas partes, especialmente
donde es ahogada por condiciones existenciales difíciles, a veces inhumanas, donde
la esperanza no respira, se sofoca. Necesitamos el oxígeno del Evangelio, el soplo
del Espíritu de Cristo Resucitado, que vuelva a encender los corazones. La Iglesia es
la casa en la que las puertas están siempre abiertas no sólo para que todos puedan
encontrar acogida y respirar amor y esperanza, sino para que nosotros podamos salir
para llevar este amor y esta esperanza. El Espíritu Santo nos empuja a salir de nues-
tro recinto y nos guía hasta las periferias de la humanidad» (Papa Francisco, 15-10-

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2013). Tenemos que pasar de una Iglesia envejecida, triste, con gente con cara de ca-
dáver o sonrisas de azafata… a una Iglesia joven y alegre, levadura y fermento en la
sociedad, con la alegría y la libertad del Espíritu (cf. EG 2-13).

3.  Una Iglesia generosa y gratuita: «Deseo una Iglesia pobre y para los pobres»

Vencer la tentación de la posesión como elemento de seguridad es condición básica


para poder vivir lo comunitario y ser comprometidos. Para Jesús estaba claro cuando pro-
clamaba que «no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de
Dios». La seguridad de la institución, del número, del poder —«Di que estas piedras se
conviertan en pan» (Mt 4, 3)— pueden matar la auténtica vocación y grandeza de la Igle-
sia y llevarse así lo mejor de sus sueños; en especial, la dimensión comunitaria, fraterna y
tu capacidad de compromiso. Por eso Jesús invita a acumular tesoros en el cielo, donde ni
la polilla ni la carcoma los corroen. La generosidad, como clave eclesial, enriquece y lle-
va a la plenitud su realidad sacramental. Sólo hay un modo de ser Iglesia, la gratuidad
que genera el verdadero amor: «Ha echado lo que tenía para vivir» (Mc 12, 44).

4. Una Iglesia que busca el verdadero reconocimiento: «Somos príncipes, pero


príncipes del crucificado»

El éxito, que se presenta seductor y atrayente en el mundo, puede ser el mayor


obstáculo para llegar a la verdadera y profunda alegría eclesial, que se gesta en la co-
herencia de lo auténtico y lo original. Jesús sabía que esa clave ponía en juego lo más
importante de la vida de la comunidad: «No tentarás al Señor tu Dios». La tentación
del éxito y de la búsqueda del reconocimiento en lo externo y en la valoración de los
otros según las cánones del mundo —«Tírate hacia abajo: mandaré a mis ángeles
para que no tropieces y todos te reconocerán» (Mt 4, 6-7)— nos puede llevar a una
falta de Espíritu y a ser guiados por otros cánones, donde seremos según los otros nos
exijan y valoren, renunciado a la coherencia más profunda de ser nosotros mismos.
Siempre va a haber llamadas más fuertes y seductoras que las del servicio y la
entrega, pero no por eso más verdaderas y profundas. A Jesús se le reconoció este
principio fundamental de vida: «Sabemos que tú dices la verdad (…) no te importa
lo que otros piensan (…) tú enseñas con autoridad…» (Mc 12, 13). Él, cuando lo
tentaron con el éxito, huyó con rapidez. El reconocimiento a la Iglesia en medio del
mundo le ha de llegar de la lectura creyente realizada desde el corazón del Padre, a
la luz de las bienaventuranzas, para servir en este mundo y especialmente a los más
necesitados. El reconocimiento hoy no puede venir por una defensa de la institución

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y sus tradiciones, sino por una vuelta a la fuente original del Evangelio, dejándonos
purificar y transformar por él; dichosos nosotros si nos reconocen los necesitados de
la historia: «Porque tuve hambre, enfermo, en la cárcel…».

5. Una Iglesia que sirve: «Que el servicio sea nuestro poder»

«Sacerdotes, obispos, cardenales o Papa, sin Cristo, y este crucificado, no somos


nada». «Todo esto te daré si te postras y me adoras» (Mt 4, 9): El poder, tan necesario
junto a la verdadera autoridad para el bien común, fuera del contexto del compromiso
y la comunidad, se hace cruel e injusto. Cuando el poder se convierte en objetivo a al-
canzar por sí mismo, se pervierte y produce muerte de lo común y lo fraterno. Hay
claves de autoridad que dan vida… Son aquéllas a las que se accede desde un com-
promiso de servicio; cuando no es así, se cae en la tiranía aunque se revista de respal-
do de mayoría o de dogmas religiosos. Si esto sucede, el arma más elemental es que
muera uno por el pueblo, y siempre es el otro. Caer en la tentación del poder fuera
del servicio acaba anulando al que lo ejerce y al que lo sufre: «Mirad, los jefes de los
pueblos los oprimen y tiranizan…» (Mc 10, 35-45). Pero hay otros modos: «Entre
vosotros que no sea así (…) el que quiera ser el primero que sea el último y el que
quiera ser el jefe que sea el servidor de todos». No se trata de rechazar o aborrecer el
poder, sino de acogerlo en la vida con la claves del verdadero servicio: «No he veni-
do a ser servido sino a servir y dar mi vida para rescatar a muchos».
Ojalá nuestra autoridad sea la vida y la alegría de los demás, el poder compartir-
la después de haberla favorecido y acompañado desde el lugar que nos haya corres-
pondido y buscando siempre, cómo no, el mayor bien posible y al mayor número.
Hoy, como nunca, necesitamos una Iglesia que tenga y use de verdadera autoridad,
al estilo de Jesús. Una Iglesia que genere en su seno personas que ejerzan la autori-
dad con servicio en todos los campos: sociales, políticos, económicos, culturales, re-
ligiosos, estudiantiles, sanitarios, jurídicos… No entrar en compromisos de este or-
den, en el fondo, es adorar la indiferencia que posibilita el poder corrupto y tirano, y
la tibieza que nos hace cómplices, desde la comodidad y el silencio, de la injusticia:
«Que caiga su sangre sobre nosotros…» (Mt 27, 25).

6. Una Iglesia sencilla y corresponsable: «Esto es lo que Jesús nos enseña y esto
es lo que yo hago. Es mi deber, me sale del corazón y amo hacerlo»

La grandeza de lo comunitario y del verdadero compromiso, en la Iglesia, no con-


siste en que uno tiene el poder y la riqueza y los utiliza, como dueño, para los otros.

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Sólo Dios podría hacerlo —y no lo ha hecho— sino que se muestra en el estilo de Je-
sús («Quien me ha visto a mí ha visto al Padre»): los sentó en grupo… y tomó los
cinco panes y los dos peces… (Mc 6, 30-42). Todo contando con ellos, con los discí-
pulos y con todos los demás, con su realidad y su autonomía personal, para que todos
fueran protagonistas del acontecimiento; lo común se hace desde la entrega de lo pro-
pio y lo personal, para enriquecer a todos. Y así es el Reino de Dios y su justicia, a
todos nos hace hijos del Padre y no hay mayor poder ni protagonismo posible.
«Tus cinco panes y dos peces», cosa de pocos para muchos, ahí está el misterio
de la Iglesia. La grandeza del misterio de lo comunitario y del verdadero compromi-
so no está en dar mucho o poco, no está tanto en el saber, tener o poder, sino en el
querer, en el darse, en la vida: «Esta viejecita ha echado más que nadie, porque ha
echado de lo que tenía para vivir» (Mc 12, 44). Lo que tengo para vivir, «donde está
tu tesoro allí está tu corazón», y viceversa. Estar desde el corazón, desde lo profun-
do, atento, sensible, dándose, facilitando, disponible… porque el amor es servicial.
La vida nos enseña que, a veces, el que tiene más riqueza lo tiene más difícil
para arriesgar y darse en el vacío del amor y lo auténtico, o de ponerlo al servicio de
lo comunitario porque parece perder más: el joven rico, a quien Jesús miró con cari-
ño y lo animó a compartir con radicalidad, le dio miedo; ha quedado como símbolo
de que es muy difícil que un rico quiera entrar en el dinámica del Reino. Qué difícil
es… que un rico se comprometa en lo comunitario y lo público…, que se autoim-
ponga recortes a favor de los demás; algunos se engañan creyendo que es bueno pri-
mero hacerse ricos para después dar más y mejor, pero la práctica enseña —y Jesús
lo avisa— que la dinámica de la riqueza y del poder engancha e impide ser para los
demás, porque es insaciable. La Iglesia ha de cuidar siempre el ser para los demás o
quedará sin identidad verdadera.

7. 
Una Iglesia de la comunidad y la fraternidad: «Acoger con afecto y ternura a toda la
humanidad, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños»

No hay yo sin nosotros: «Lo tenían todo en común…» (Act 4, 32). Los hechos nos
presentan cómo los primeros seguidores de Jesús tenían claro que la fe era comunita-
ria y construía comunidad. Una comunidad abierta al mundo: «Id por todo el mundo»
(Mc 16, 15). Vivir y generar fraternidad… ahí está escondido el misterio de la vida y
del reino. El propio Jesús parte de un grupo de vida: «Los llamó para que estuvieran
con Él y para enviarlos» (Mc 3, 14). Comunidad y misión en el mundo. No hay mi-
sión sin comunidad, pero no hay verdadera comunidad cristiana si ésta no tiene como
horizonte el mundo.

31
Adviento 2014

Jesús convive en comunidad viva y profunda con sus apóstoles y discípulos más
cercanos; toda su vida quiere ser levadura y grano de mostaza en medio del mundo
para sembrar y hacer crecer la masa con la fraternidad del reino, que se mete en todas
las hendiduras y entresijos: política, economía, salud, familia, niños, pobres, prostitu-
tas, gente de la calle, cárceles, empresarios, pescadores, en la plaza, en la sinagoga, en
el mercado, en el templo, en los caminos… Y la comunidad desde la concreción: des-
de el grupo de referencia, desde las mediaciones reales y posibles, ya sea en la aldea o
en Jerusalén. Pero siempre con las mismas claves, cumpliendo la voluntad del Padre,
para que todos tengan vida en abundancia, especialmente los preferidos de Dios, los
últimos. Ahí está gran parte de la originalidad de estar en el mundo, en la sociedad, en
la vida y en la religión —desde los últimos— para ser fieles a Dios y hacer verdadera
comunidad. No hay ni habrá nada más original en la Iglesia.
Por eso, la comunidad eclesial ha de pasar de una Iglesia centrada en ella misma,
autorreferencial, preocupada por el proselitismo… a una Iglesia de los pobres, preocu-
pada ante todo del dolor y del sufrimiento humano, de la guerra, del hambre, del paro
juvenil, de los ancianos, etc. «Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evan-
gelio y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es el signo del Reino que Jesús
vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra
fe y los pobres. Nunca los dejemos solos» (EG, 48). «Para la Iglesia la opción por los
pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica»
(EG, 198).
El ser y el actuar de la Iglesia se juegan en el mundo de la pobreza: «Sólo una
Iglesia que se acerca a los pobres y a los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lu-
cha y trabaja por su liberación, por su dignidad y por su bienestar, puede dar un testi-
monio coherente y convincente del mensaje evangélico. Bien puede afirmarse que el
ser y el actuar de la Iglesia se juegan en el mundo de la pobreza y del dolor, de la mar-
ginación y de la opresión, de la debilidad y del sufrimiento» (1). La Iglesia, ha de ser:
«una Iglesia pobre y para los pobres» (EG, 198).

8. Una Iglesia encarnada: «El preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide


ser vivido con ternura»

Nada más lejos del Evangelio que huir de la vida, la historia, la humanidad. El
reino está dentro de vosotros y en medio de la realidad, como los lirios, los pájaros,

(1)  Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española, La Iglesia y


los pobres, 1994, n. 10.

32
Adviento 2014

la pesca, la oveja perdida, la siembra, el padre y el hijo, la mujer que barre en la


casa, el administrador, el empresario, el obrero, el viñador, el pastor, la plaza, la si-
nagoga, el camino, el lago, la orilla, mar adentro… Encarnarse, meterse en el mun-
do, como la levadura en la masa, como la sal en el guiso, como el grano de trigo en
la tierra, todo para darse y entregarse, para hacer el mundo según Dios. Al Padre,
en el Hijo, por el Espíritu, nada le es ajeno o lejano, Él es prójimo de todo y le afecta
todo. En Jesús, el creador se ha hecho creatura y nada ni nadie de este mundo le es
extraño a su carne ni a su espíritu; y el hombre en Cristo es lo que Dios ha querido
llegar a ser, para que pueda llegar a la plenitud del amor trinitario. El camino para la
plenitud de la Iglesia no está en escaparse y fugarse de este mundo y sus entresijos
para dejarlo en manos de los paganos como lugar del mal.
El mundo está abierto y necesita que nos sembremos en él: en la política, en la
economía, en la cultura, en la escuela, en las profesiones; ser Iglesia frente al mal y
el sufrimiento. Los hombres del Reino, al estilo de Jesús, son encarnados, historiza-
dos, mundanos, no hay otro camino de salvación. Esta encarnación eclesial viene
por la participación activa y creativa en los espacios concretos y cercanos en los que
nos toca vivir; sólo desde el Nazaret bien vivido se podrá llegar un día al templo de
Jerusalén —centro de la vida y símbolo del pueblo—. En los templos de la política,
de la gestión, de la economía, de la cultura y de lo religioso necesitamos personas
que vengan de un proceso vivo y profundo, de su Nazaret particular, de su vida pri-
vada y consagrada donde uno se encuentra con el amor del Padre y se va sintiendo
llamado a ser y darse para los demás, donde mejor puede hacer el bien para todos,
en lo comunitario y en lo público.

9. Una Iglesia universal desde los últimos: «Que la unción llegue a todos, incluso
a las “periferias”, donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora»

Con verdadera humildad: a nadie debáis nada más que amor. El texto de Mateo 25
sobre el juicio escatológico no es complementario ni específico, es transversal y gene-
ral en lo que se refiere a las verdaderas competencias cristianas para las que nos habili-
ta la gracia y no debemos saltarlo por alto u olvidarlo. Y menos debe hacerlo la Iglesia
si tiene o quiere tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús: «Porque tuve
hambre, sed, estuve desnudo, enfermo, en la cárcel, fue peregrino… ¿cuándo? Cada
vez que lo hicisteis con uno de los pequeños lo hicisteis conmigo» (Mt 25, 31ss).
Podríamos decir entre nosotros: «Estas palabras las grabarás a fuego en tu frente, en
tu corazón, en la palma de tu mano y en la jamba de tu puerta». Es aquí donde debe es-
tar nuestro tesoro, riqueza, éxito, reconocimiento y poder; si no es así, no seremos creí-

33
Adviento 2014

bles en el mensaje de Jesús de Nazaret. ¿Desde dónde está la Iglesia en el mundo?, es


decir, ¿cómo nos pensamos y realizamos en nuestras comunidades e Iglesias diocesa-
nas, qué nivel de universalidad hay en nuestras opciones y comportamientos de vida en
las distintas dimensiones de nuestra existencia y quehacer pastoral? Ésta es la pregunta.
Jesús nos invita a pensar y sentir desde la universalidad que se ejerce cuando nos
acercamos a los últimos y los pequeños, ellos nos dan la medida de la universalidad
y de la voluntad salvífica del Padre —que quiere que «todos los hombres lleguen al
conocimiento de la verdad» y se realicen plenamente, especialmente los más su-
frientes y limitados de la historia—. Cuando lleguemos a este conocimiento de la
verdad de la vida, entonces entraremos realmente en el conocimiento de Jesucristo y,
como Pablo, todo lo consideraremos pérdida y basura comparado con estos senti-
mientos profundos de Cristo. Entonces se nos hará familiar el pensar y el sentir de la
Carta de Santiago cuando nos habla de la fe y sus obras, y cómo se muestran una a
la otra, refrendándose y reconociéndose mutuamente, identificando la ortodoxia
de la fe y la praxis del amor. Lección que nos sigue costando entender a los seguido-
res del Maestro, que tan claro lo tenía y nos lo dio: «Amaos unos a otros como yo os
he amado» (Jn 13, 34), y hacedlo con la generosidad de Dios: «Dando gratis lo que
habéis recibido gratis» (Mt 10, 8).

10. Una Iglesia de Cristo: «Podemos caminar todo lo que queramos, podemos


edificar tantas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no funciona»

No hay duda, la Iglesia no puede ser sin Cristo: «Sin Él, no podemos hacer
nada» (Jn 15, 5) y, si lo hacemos, pierde su valor más auténtico. Vivir desde el Padre
es la clave fundamental desde la que vivió Jesús y es lo que quiso transmitirnos
como elemento central de la fe:
• Una Iglesia que confía en Él: «Si esto hace con los lirios y con los pájaros
qué no hará por vosotros, hombres de poca fe» (Mt 6, 28). «Te doy gra-
cias…». La confianza en el Padre es la única fuerza y motor que nos puede
llevar a nosotros al verdadero compromiso fraterno y comunitario en el mun-
do; lo que no hagamos desde esta confianza acabará siendo esfuerzo prome-
teico que terminará con nuestras fuerzas y con nuestra ilusión, quitándonos la
verdadera esperanza. Por eso, nuestra oración no puede decaer, no podemos
desistir: «Cuando oréis decid: Padre nuestro que estás en el cielo, venga a no-
sotros tu reino, hágase tu voluntad…» (Mt 6, 15).
• Una Iglesia que hace lo que Jesús ha aprendido de su Padre: «Hace salir el
sol sobre buenos y malos», acoge al hijo pródigo, lo perdona todo, sale a la

34
Adviento 2014

búsqueda de lo perdido, sana, arriesga, entrega, lucha, defiende, critica, libe-


ra. Y lo hace todo en el camino de la historia y de la vida, en medio del pue-
blo, en lo cotidiano y en lo diario, en lo sagrado y lo profano, porque desde la
encarnación ya no hay frontera.
• Una Iglesia que lee de modo creyente la historia: Este quehacer y sentir no se
improvisa, sólo puede venir dado si se nace de lo alto —«Tienes que nacer
del agua y del espíritu» (Jn 3, 5)—; esto es a lo que se nos invita: a abrirnos
al Espíritu para leer creyentemente la historia, la vida, los acontecimientos y,
en ellos, la revelación del Dios que nos ama y que salva. Palabra y vida, sa-
cramento de salvación, es el referente de su significación.
• Una Iglesia con horizonte definido: Para llegar a la identidad con Cristo, po-
der decir con Pablo: «Ya no soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mí»
(Gal 2, 20), y poder proclamar todos, en medio del mundo, «un solo Señor,
una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre», viendo cumplirse el de-
seo más profundo de Cristo ante la humanidad: «Que sean uno Padre, como tú
y yo somos uno para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21).

ELOGIO DE LA ESPERANZA(2)

«Dios, fuente de esperanza, llene de alegría y de paz vuestra fe.


Y la acción poderosa del Espíritu Santo os colme de esperanza» (Rom 15, 3)

La esperanza, virtud de jóvenes y peregrinos y camino de todo adviento, es el


deseo de poseer al Dios que me posee, de lograr la plenitud desde la carencia, de go-
zar un día —sin méritos— de su Gloria.
La esperanza es:
• Brisa de Dios que mitiga la espera.
• Aliento interior que anida en el corazón trabajado.
• Hambre que espera saciarse.
• Barrunto de la Presencia que sólo creo y adivino.

La esperanza es:
• Peregrinación, no meta. La meta «mata» la esperanza.
• Búsqueda, no huida. «El que busca encuentra» (Lc, 11, 9).

(2)  A. Bellido Almeida, sacerdote de Mérida-Badajoz, Elogio de la esperanza.

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Adviento 2014

• Tallo, no espiga. Y antes, trigo enterrado y muerto.


• Deseo: «Marana tha», no silencio «esperando a Godot».

La esperanza es:
• La noria de los días que da vueltas sin desesperar.
• Otoño preñado de vida en paciencia y perseverancia.
• Prólogo de una sinfonía sin estrenar.
• Echarse en los brazos de Dios sin tocar esos brazos.
• Tener siempre la puerta abierta (Apoc 3, 20).

La esperanza es:
• Llama que no me quema y me alumbra.
• Agua que humedece la impaciencia.
• Trigo sembrado en la tierra de la espera.
• Fe en el Dios de la Promesa y la Palabra.
• Vigilancia en la noche y en la duda.
• Certeza impalpable que supera el sueño.
• Gracia de seguir esperanza alcanzar la gloria.

La esperanza es:
• «La esperanza es la fe y el amor que peregrinan» (B. Haring).
• «La esperanza es la fe y la caridad en forma de proa que zarpa hacia su pleni-
tud» (F.X. Darwel).
• «La esperanza es como levantar un vuelo de palomas, un viento favorable
que facilita la navegación, que te sostiene en medio de la prueba, como un
instinto de superación» (R. Prieto).
• La esperanza es virtud teologal, don de Dios, para alcanzar a Dios y Vida
eterna.

Cultiva la esperanza
• Sé «adviento» cada día, abierto al Viento del Espíritu.
• Espera y a la vez sal al encuentro. Sé peregrino.
• Sé «centinela». Vigila, no duermas. No te instales.
• Abona la tierra «aérea» de tu esperanza con la oración.

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Adviento 2014

• Ten alma de «niño» que confía en los brazos de su padre.


• «Atesora» un corazón de «pobre» que espera y se vacía.
• Siembra, siémbrate y serás pan candeal del amor ofrecido.
• Cree en el Dios de las Promesas y espera, «una esperanza que no defrauda»
(Rom 5, 5).
• Confía en Dios, porque Él es el «Dios de la esperanza» (Rom 15, 13).
• Espera, aguarda y reza: «In te Dómine, speravi, non confundar in aeternum».
• Aguarda pacientemente y escucha: «Nadie que pone la mano en el arado y
mira atrás es apto para el Reino» (Lc 9, 62).
• Vive la racionalidad de la esperanza teologal y huye del sucedáneo de los me-
sianismos.
• Reconócete frágil, huye de la desesperanza, no siembres vientos, ni palpes
sombras.
• Déjate acompañar: «¡Vae soli» (Ecles 4, 10) «¡ay del solo!»
• Mima, cuida, alimenta, defiende, abona la esperanza.

37
Noviembre, 30:
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

SALIR DE LA APATÍA

El papa Francisco ha sido taxativo en su apreciación sobre el momento y la necesi-


dad acuciante de espabilar: «prefiero una Iglesia accidentada a una Iglesia enfer-
ma…». La apatía, tan cercana a la acedia, rompe con la esperanza y se engalana de tris-
teza con una seguridad que huele a viejo y que no abre puertas para nada ni para nadie.
Todo lo contrario del Reino, él viene en la intemperie por el camino del riesgo, del en-
sayo, del barro en manos del alfarero, de lo nuevo, de aquello que se mueve y espera
porque nada da por perdido y sabe que todo se puede hacer nuevo. Así es el Adviento.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Is 63, 16b-17; 64, 1. 3b-8. Tú eres nuestro padre; nosotros la arcilla y tú el alfarero.
Sal 79: Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
I Cor 1, 3-9. Aguardamos la manifestación de Jesucristo nuestro Señor.
Mc 13, 33-37. Velad, entonces… pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

A LA LUZ DE LA PALABRA

Un nuevo tiempo y la pasión de vivir

Comenzamos el tiempo de adviento, lo sabemos todos, comienza un nuevo año


litúrgico; pero la verdad es que nadie ha organizado fiestas. No hay titulares en los

39
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

periódicos, ¿dónde, pues, está la novedad? Da la sensación de que, si ésta existe,


debe de haber entrado de puntillas, sin ruido alguno: sólo perceptible para los que
están «en vela», como nos ha dicho Jesús en el evangelio.
Pero ¿cómo hablar de «novedad», si con frecuencia nos parece que seguimos
—en medio del mundo y de la iglesia—, como los judíos de la primera lectura, en el
destierro? ¿Cómo hacer fiesta, si nos sentimos viviendo a la intemperie? Ellos nos
cuentan cómo a pesar de algunas palabras de ánimo y de consuelo que escuchan, sin
embargo han perdido la esperanza y se encuentran invadidos por la «a-pathía». Están
sin ánimo, sin pasión por vivir.
Quizás ésta sea también nuestra situación: vivimos aturdidos, confusos, sin gran-
des esperanzas ante la crisis que vivimos y la apatía nos aprisiona. Es un hecho in-
cuestionable: los grandes problemas que preocupan a la humanidad, lejos de desapa-
recer, han crecido amenazadoramente: el hambre, las injusticias, la falta de libertad,
el paro, acompañados por la falta de credibilidad y desprestigio de líderes en su de-
fensa de la justicia y de la democracia. Todos sabemos que estas palabras reflejan
una triste realidad. ¿Se puede esperar algo en estas circunstancias? En esta situación,
tan «a-páthica» y desesperanzadora, nos sabemos invitados de nuevo a descubrir la
novedad, a «renovar» la esperanza; así nos lo dice la palabra de este domingo.

De la apatía a la simpatía

• En el profeta Isaías Dios es el «padre» y «alfarero» que nos llama a cambiar
y a vivir como personas nuevas: éste es nuestro desafío. En este primer do-
mingo, debemos tomar en las manos nuestra propia arcilla, la arcilla de nues-
tra vida, y preguntarnos sincera y seriamente: ¿Qué haré con esta arcilla?,
¿qué proyecto tengo?, ¿qué hombre/mujer quiero moldear?
• En la primera carta a los Corintios se nos dice que Dios, que es fiel y «nos
mantendrá firmes hasta el final», nos «ha enriquecido en todo» para que po-
damos llevar a cabo esta tarea.
• En el evangelio de Marcos el Señor nos encarga que llevemos a cabo esta ta-
rea hasta que Él vuelva. Nos pide que estemos en vela.

El reto es apasionante, no se puede vivir con «a-pathía», no podemos vivir como


las personas sin esperanza. Aprovechar este tiempo de adviento para otear horizon-
tes de luz, generar esperanza, rastrear los signos de vida en nosotros y en el mundo.
Despertar significa desarrollar la sensibilidad para con Dios; para los signos silen-
ciosos con los que Él quiere guiarnos; para los múltiples indicios de su presencia.

40
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

Ante este reto esperanzador nos sentimos débiles; por ello, con el Salmo, le deci-
mos al Señor: «Despierta tu poder y ven a salvarnos», ayúdanos a:
• Sacudir nuestra posible «a-pathía».
• Eliminar nuestros miedos.
• Superar nuestras «desesperanzas».

«Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la con-
ciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con
cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plena-
mente en el triunfo», como nos ha recordado el Papa en la Evangelii gaudium (86).
Y qué podemos hacer para pasar de la desesperanza a la esperanza activa.
Tal vez podrían valer algunas de estas aproximaciones (no pasan de ser eso, en
modo alguno pretenden ser respuestas), que intentan concretar esa novedad, ese nuevo
modo de vivir que arranca del mensaje final del evangelio de hoy: «Velad»; esto es:

Prohibido acostumbrarse y desapasionarse

No nos acostumbremos:
• A la «a-pathía».
• A dejar de «sentir-con» Él y con ellos.
• A perder (por la rutina, el cansancio y la desesperanza) nuestra sensibilidad
creyente, nuestra «com-pasión» con este mundo dolorido.
Se nos llama como Iglesia a una tarea sencilla pero urgente: «Preparar el cami-
no al Señor».
• Haciendo el camino, pero un camino nuevo.
• Haciéndolo con los demás: «Sentimos el desafío de descubrir y transmitir la
mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos los bra-
zos, de apoyarnos, de participar de esa manera algo caótica, que puede con-
vertirse en una verdadera experiencia de fraternidad» (EG, 87).
• En verdadera búsqueda, no como si ya hubiésemos llegado.
• Saliendo de nuestra modorra y somnolencia.

Y para esta tarea, no vale decir: «Yo no valgo para esto».


• A todos se nos ha encomendado esta tarea.

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Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

• Todos «hemos sido enriquecidos» gratuitamente.


• Todos podemos preparar ese camino; pero un camino nuevo, ya que nueva es
la situación y nuevos los protagonistas.

Sin duda que fallaremos muchas veces y tendremos que decirle: «¡Ojalá rasga-
ses el cielo y bajases!», «Tú eres fiel, tú eres el amén». Pero, sobre todo, más que pe-
dirle, démosle gracias, pues nos ha regalado ser sensibles a su venida, silenciosa y
de puntillas, sin duda; pero no por ello menos importante.
Es lo que celebramos en este primer domingo de Adviento, en la Eucaristía: Dios vino,
viene y vendrá. Ahora, está aquí. Hemos de estar vigilantes. Celebremos su presencia, acoja-
mos su Palabra y alimentémonos con su Pan de vida. Y al comulgar hoy, sepamos descubrir-
nos solidarios del gran proyecto humano: la comunidad universal en la misma esperanza.

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

¡No nos dejemos robar la esperanza!

El Papa Francisco nos invita a mirar nuestra vida y el mundo con ojos de esperanza.
¡No nos dejemos robar la esperanza! Iniciemos el Adviento desterrando los pesimis-
mos. ¡Dejemos de ser «profetas de calamidades»! Y construyamos espacios de esperanza.
«La alegría del Evangelio es ésa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16, 22).
Los males de nuestro mundo —y los de la Iglesia— no deberían ser excusas para re-
ducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Ade-
más, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu
Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que “donde abundó el pecado sobreabundó
la gracia” (Rm 5, 20). Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede con-
vertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña. A cincuenta
años del Concilio Vaticano II, aunque nos duelan las miserias de nuestra época y este-
mos lejos de optimismos ingenuos, el mayor realismo no debe significar menor con-
fianza en el Espíritu ni menor generosidad. En ese sentido, podemos volver a escuchar
las palabras del beato Juan XXIII en aquella admirable jornada del 11 de octubre de
1962: “Llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas
personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la me-
dida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina […] Nos parece
justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos
acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente mo-
mento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones hu-

42
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

manas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas
intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues
todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia”.
Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la concien-
cia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de
vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en
el triunfo. El que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y
entierra sus talentos. Aun con la dolorosa conciencia de las propias fragilidades, hay
que seguir adelante sin declararse vencidos y recordar lo que el Señor dijo a san Pa-
blo: “Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad” (2 Co 12, 9).
El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es ban-
dera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal. El
mal espíritu de la derrota es hermano de la tentación de separar antes de tiempo el tri-
go de la cizaña, producto de una desconfianza ansiosa y egocéntrica» (EG, 84-85).

Para entender la esperanza

Cáritas Española, en la Campaña institucional Construyendo espacios de esperanza,


nos ofrece las razones para entender la esperanza y la utopía que mueve a Cáritas:
Las personas somos seres que esperamos, somos esencialmente proyecto de fu-
turo. Vivir sin esperanza sería desintegrarse como persona…. El ser humano necesita
una esperanza que vaya más allá; siempre aspiramos a más (cf. Spe salvi, 30).
Desde Cáritas: nosotros, la comunidad cristiana, tenemos la convicción de que
«quien ha sido tocado por el amor de Dios empieza a intuir lo que quiere decir la pala-
bra esperanza» (Spe salvi, 27). La experiencia de sentirnos amados por Dios nos inunda
de una esperanza desbordante y nos invade de una confianza y de una certeza de saber
que nuestra vida está en buenas manos, que hay un futuro ilusionante sobre nosotros…
Para acceder a esta esperanza es necesario ser personas sencillas y humildes, que
se han desprendido de su ego, de su estar centrados en sus intereses, conscientes de
su fragilidad y su vulnerabilidad…
Esta esperanza que ha nacido fruto de este Amor experimentado, nos hace sentir
salvados y esto no podemos guardárnoslo para nosotros solos. Esta esperanza quere-
mos que llegue y se contagie a todos (cf. Spe salvi, 3). Nuestra esperanza no es indi-
vidualista, sino comunitaria. Jesús y su Reino nos comprometen a favor de los de-
más, nos hace sentirnos responsables de los otros, nos lanza a despertar esperanzas
entre la gente sencilla, humilde y pobre.

43
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

La esperanza cristiana no es espera pasiva del futuro, ni resignación conformista, ni


tampoco se reduce a un ingenuo optimismo. Nuestra esperanza brota de la confianza
que ponemos en Dios, que nos ayuda a afrontar la realidad con serenidad, sin dejar que
el peso de las dificultades nos aplasten e intentando cambiar lo que se puede cambiar.
Estamos en camino hacia una sociedad en la que habite la justicia y, con nuestras
obras, tratamos de ir anticipándola cada día en nuestro caminar por esta vida.
Esperar es tener capacidad para ver, aun cuando nuestros ojos no vean. Es recu-
perar nuestra capacidad de soñar un mundo mejor para todos, es cuestionar las es-
tructuras y las ideologías humanas, que hacen infelices a las personas, y es colaborar
activamente para que nazca un mundo nuevo y liberado. Esperar es descubrir y aco-
ger cada día la fuerza de vida de Jesús Resucitado, que hace nuevo este mundo con
la fuerza de su Espíritu Santo.
En esto se funda la esperanza que mueve el actuar de Cáritas, la acción social de
la Iglesia. Detrás de sus múltiples acciones y compromisos visibles, se encuentra la
fuente de esta esperanza, que nutre y dinamiza toda su acción social y caritativa (3).

Bienaventuranzas del Adviento (4)

Felices quienes siguen confiando, a pesar de las muchas circunstancias adversas


de la vida.
Felices quienes tratan de allanar todos los altibajos de la existencia: odios, mar-
ginaciones, discordias, enfrentamientos, injusticias.
Felices quienes descienden de sus cielos particulares para ofrecer esperanza y
anticipar el futuro, con una sonrisa en los labios y con mucha ternura en el corazón.
Felices quienes aguardan, contemplan, escuchan, están pendientes de recibir una
señal y cuando llega el momento decisivo, dicen: sí, quiero, adelante, sea, en marcha…
Felices quienes denuncian y anuncian con su propia vida y no sólo con meras
palabras.
Felices quienes rellenan los baches, abren sendas, abajan las cimas, para que la
existencia sea para todos más humana.

(3)  Cf. Cáritas Española, Construyendo espacios de esperanza, Carpeta Didáctica. Campaña
Institucional 2013-2014, Cuaderno de Adultos, Documento de trabajo 3, Cáritas Española, Madrid,
2013, 26-29.
(4)  www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=WtSmxoY4pil.

44
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

Felices quienes acarician la rosa, acercan la primavera, regalan su amistad y re-


parten ilusión a manos llenas con su ejemplo y sus obras.
Felices quienes cantan al levantarse, quienes proclaman que siempre hay un
camino abierto a la esperanza, diciendo: «No tengáis miedo, estad alegres. Dios es
como una madre, como un padre bueno que no castiga nunca, sino que nos acom-
paña y nos alienta, pues únicamente desea nuestra alegría y nuestra felicidad».

Haz de mí
Haz de mí, Señor, una persona sensible a todo lo humano.
Haz de mí, Señor, una persona capaz de llegar
a ese secreto donde cada hombre y mujer viven y mueren,
luchan y esperan, buscan y ansían la felicidad.
Haz de mí, Señor, una persona a quien
nada verdaderamente humano le deje indiferente.
Haz de mí, Señor, una persona tan evangélica
y seguidora de Jesús, que se estremezca
ante el dolor y las lágrimas de personas que lloran,
ante la ilusión y la esperanza
de los que sueñan caminos nuevos.
Haz de mí, Señor, una persona que ame al mundo
y los problemas de la humanidad.
¿Cómo anunciar que eres Dios de encarnación,
si me mantengo al margen de los grandes interrogantes de la humanidad de hoy?
¿Cómo anunciar un futuro que no acaba, si sólo sé ver
las huellas de la muerte sin horizonte de resurrección?
Haz de mí, Señor, un experto en humanidad
asumiendo siempre y en todas partes la solicitud por el hombre
que Jesús mismo practicó con su trato con los pobres y necesitados,
con los que buscaban la verdad, con los que eran injustamente tratados,
con los heridos al borde del camino, con los excluidos por la sociedad.
Haz de mí, Señor, una persona de verdad en medio de la mentira;
una persona de libertad en medio de las modernas esclavitudes;
una persona de palabra en medio de quienes roban la palabra.
Haz de mí, Señor, una persona de bondad en medio de los que siembran cizaña;
una persona de humanidad en medio de los que deshumanizan;
una persona de Vida en medio de tanta muerte.
Han de mí, Señor, una persona de Buena Noticia
en medio de la noche del mundo.

45
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• ¿Con qué actitudes me propongo vivir este Adviento para superar la apa-
tía y renovar la esperanza?
• En la crisis estructural en la que estamos viviendo, ¿qué razones ves para
la esperanza? Describe los aspectos positivos que detectas en las personas
y en las instituciones en estos momentos.
• Detecta y plantea cuáles son las situaciones o hechos que nos roban la es-
peranza.
• ¿Cómo ser signos de esperanza en nuestra sociedad para tantas personas
que la han perdido?
• Comenta lo que más te ha llamado la atención de los textos del Papa
Francisco y el de Cáritas Española.

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: Hermanas y hermanos, con las mismas palabras que el apóstol Pablo
va a dirigirnos hoy en la segunda de las lecturas, os saludo ahora: «La gracia y la paz
de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor, Jesucristo, estén siempre con vosotros».

2.  Monición inicial

Lector: Comenzamos hoy el nuevo año litúrgico con la celebración del tiempo
de Adviento.
Antes de la lectura del evangelio encenderemos el primero de los cuatro cirios,
que adornan la corona que aparece sobre el altar.
La corona de Adviento expresa la expectación propia del tiempo de Navidad. Su
color verde es signo de esperanza, las velas quieren recordarnos que Cristo es la luz
del mundo y su forma redonda nos remite a la eternidad.
La corona de Adviento expresa, pues, que la luz y la vida triunfarán sobre la ti-
niebla y la muerte.

46
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

Todo ello será para nosotros manifestación de nuestro deseo de que Él venga a
transformar nuestras vidas, que Él nos libere de la apatía en nuestra vida.
Y el Señor viene, nos dicen nuestra fe y nuestra esperanza; levantemos, pues, a
Él nuestro corazón, abiertos a su llegada.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: Ahora, en silencio, pidamos a Dios que venga a renovarnos y nos dis-
ponga a celebrar esta Eucaristía.
• Jesús, hermano de los hombres, que vienes para abrir un camino nuevo de es-
peranza en nuestras vidas, Señor, ten piedad.
• Mesías esperado, que eres la Buena Noticia, Cristo, ten piedad.
• Hijo de Dios, que vienes a llevar a su plenitud todas las esperanzas de los
hombres, Señor, ten piedad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: Comenzamos este tiempo de Adviento escuchando una oración dolorida


y esperanzada. El profeta contempla a Jerusalén devastada y clama al Señor para que
reconstruya su ciudad y a su pueblo. Son palabras intensas y fuertes, que le salen de
lo más hondo de su corazón.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Escuchemos ahora el principio de la primera carta de Pablo a los cristia-


nos de Corinto. Escuchemos sus palabras como una llamada, como un estímulo para
nuestra vida cristiana.

6.  Antes del Evangelio: al encender la primera vela

Lector: Vamos ahora a encender el primero de los cuatro cirios que adornarán
nuestra corona de Adviento.

47
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

El sentido que pretende transmitir este gesto es el siguiente: esta llama quiere ser
símbolo de esperanza, de que acogemos la invitación a estar en vela, que el Señor va
a hacernos en el evangelio.
Sacerdote: Enciende el primer cirio y dice: Os anuncio el gozo del Adviento.
Con la primera llama ardiendo os hago presente que se acerca ya la Navidad; perma-
nezcamos, pues, vigilantes.

7.  Oración universal

Sacerdote: Oremos al Señor, que viene a salvarnos, y digámosle: Ven, Señor, Jesús.
Lector: Para que la Iglesia esté siempre a la espera de su Señor, que viene. Oremos.
Para que reinen entre los hombres la paz y la justicia y no haya pueblos martiri-
zados por el hambre y la guerra. Oremos.
Para que prevalezcan entre los hombres la solidaridad y la concordia, que destie-
rren toda marginación. Oremos.
Para que todos vivamos a la escucha de la Palabra de Dios, que nos llega. Oremos.
Para que el Señor libere a toda nuestra comunidad de la apatía, que imposibilita
la transformación de nuestro mundo. Oremos.
Para que vivamos siempre atentos a la venida de Cristo. Oremos.
Sacerdote: Ven, Señor; ven y renuévanos a todos. Tú, que vives y reinas...

8.  Presentación de las ofrendas

Lector:
• Te presentamos, Señor, esta planta como signo de esperanza; y te pedimos
que, como ella, todos nosotros, tu comunidad, también demos color a la vida
de aquéllos que viven en nuestro entorno.
•  Te presentamos, Señor, esta Biblia, desde la que queremos que se configure
la vida de toda nuestra comunidad parroquial.
•  Te presentamos, Señor, el pan y el vino: ellos van a ser para nosotros el pan
de vida y el vino de salvación; te pedimos que tu comunidad, animada por
esta comida y esta bebida, llene siempre de esperanza el camino de los hom-
bres hacia ti.

48
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento

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SALMO 1.º DE ADVIENTO

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Música: Juan Jáuregui

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
1. Pastor de Israel, escu_cha;
tú que te sientas sobre querubines, resplande_ce.

Despierta tu poder y ven a salvar_nos.
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
2. Dios de los ejércitos, mira des-deel cie_lo,
ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó__

y que tú hiciste vigoro_sa.
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
3. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tu fortalecis_te.
No nos alejaremos de ti; danos vi_da,
para que invoquemos tu nom_bre.

49
Diciembre, 7:
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

DISPUESTOS AL CONSUELO Y A LA LIBERTAD

La mayor perfección de lo divino se ha manifestado en el ámbito de la misericor-


dia que consuela, ahí es donde está Dios y lo encuentran los limpios de corazón. Ahí
está también la verdadera fuente de la libertad, la que salta hasta la vida eterna e
inunda todos los corazones apagando la sed de la tristeza y de la soledad. Hoy el
pueblo está en peregrinaje y necesita sentir el abrazo del consuelo y los gestos de li-
beración que trae el que nos salva, y que nos adentra en el paraíso de lo absoluto y lo
definitivo. Hoy como nunca nos toca la labor de allanar los senderos para que todos
puedan entrar en las sendas de la justicia verdadera, la que dota de sentido y justifica
toda vida que ha sido creada desde y para el amor.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Is 40, 1-5. 9-11. Consolad, consolad, a mi pueblo.


Sal 84. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
II Pe 3, 8-14. Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva.
Mc 1, 1-8. Allanad los senderos del Señor.

A LA LUZ DE LA PALABRA

Tiempo de consuelo y alegría

Casi siempre hemos entendido el adviento como un tiempo seco, duro, adusto y
áspero, en el que sólo tenían cabida la ascesis y la penitencia (de aquí el color mora-

51
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento

do de las vestiduras litúrgicas); un tiempo en el que apenas resonaba una palabra de


esperanza, aliento y consuelo (que parecía correlacionar mejor con las vestiduras
verdes). Sin embargo hoy todos estamos convencidos de que esto no es así; ya el pa-
sado domingo escuchábamos unas lecturas en las que se nos decía que Dios es nues-
tro «padre» y que nosotros somos su «pueblo». Hoy, ante la petición que hemos diri-
gido al Señor con palabras del Salmo 84: «muéstranos, Señor, tu misericordia y da-
nos tu salvación», escuchamos la respuesta divina:
• El II Isaías: «Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios» (¿existe al-
gún libro que comience mejor que éste?).
• La segunda carta de Pedro: «El Señor no tarda en cumplir su promesa».
• El evangelio de Marcos de un modo directo: «Jesús es el Buena Noticia».

Es una respuesta que se eleva por encima del pesimismo y la frustración humana,
como un canto de esperanza: El Dios que nos hace su visita no es el Dios del castigo, ni
del temor, sino el Pastor que consuela a su pueblo. Ésta es hoy su respuesta de consuelo a
nuestra necesidad de ser animados; y en esta respuesta consoladora sabemos que el Padre
siempre nos remite a su Hijo, como lo que es «El/La Buena Noticia»; pero en ese envío a
que nos encontremos con Él, siempre hay algo que nos desconcierta; pues, nos remite a su
propio Hijo como un «esperado», pero que siempre viene de modo «inesperado»; nos
orienta un «precursor», que nos invita a «preparar caminos» y «reorientar» nuestras vidas.
Pero en un espacio como el desierto, en el que no hay señales ni caminos que orienten; es
un lugar lejos de influencias, de los intereses y de los privilegios de los poderosos de este
mundo. Por eso, Juan es una persona libre, crítica y valiente; un rebelde.

Ir a nuestras raíces: radicales y originales

Quizá podamos decir que es el mismo mensaje, extraño y desconcertante, de todos los
advientos (y sin duda que es así); pero también es verdad que, como todos los advientos,
este mensaje vuelve a desconcertarnos, vuelve a «pro-vocarnos», sintiéndonos (en esa
«pro-vocación») llamados a ser «radicales» y «originales»; es decir, a ir a nuestras «raíces»
más auténticas. A buscar nuestros verdaderos orígenes. A descubrir en el desierto el valor
de lo que es esencial para vivir, como nos recuerda el Papa en su exhortación (86).
Y ahí (en lo más «radical» y «original» de nosotros mismos) nos sabemos invita-
dos a escuchar de nuevo esa Palabra que nos consuela en nuestro dolor, nos alienta
en nuestra desesperanza, y se nos acerca como «Buena Noticia». La Buena Noticia
de sabernos amados incondicionalmente por Dios: «Todo ser humano es objeto de la
ternura infinita del Señor, y Él mismo habita en su vida. Jesucristo dio su preciosa

52
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento

sangre en la cruz por esa persona. Más allá de toda apariencia, cada uno es inmensa-
mente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega» (EG, 274).

Nuestra misión: consolar y liberar

Y, desde esta experiencia alentadora vivida, nos sabemos llamados a la misión


del consuelo y la libertad:
• Ser portadores de una palabra de consuelo hasta para aquéllos que, como los
judíos de la primera lectura, ya han perdido la esperanza. ¿Quiénes esperan
hoy nuestro consuelo y acompañamiento?
• Suscitar una esperanza activa en «unos cielos nuevos y una tierra nueva» en
quienes esta esperanza se encuentra mortecina, apagada. ¿Cómo empeñarnos
para suscitar ésos cielos nuevos y esa tierra nueva?
• Hacernos presentes en nuestra historia como «buena noticia» de aquél que es
«el/la Buena Noticia». Nuestras comunidades han de ser Buena Noticia para
todos, especialmente para los más pobres y desheredados.

Es, tal vez ante todo, una llamada a hacer efectivas (y afectivas) las palabras que
escuchábamos en el libro de Isaías: «Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro
Dios». Consolar en Isaías quiere decir liberar: «Se acabó el tiempo de la esclavitud…
Aquí está vuestro Dios para salvaros» (Is 40, 1 ss; y 49, 13; 51, 3.13). Estamos llama-
dos a ser profetas que consuelen: liberen, sanen, anuncien la aurora de la salvación, y
acompañen a las personas rotas, para que salgan del destierro en el que habitan.
Sin duda que deseamos hacerlo; por ello estamos celebrando el domingo aquí y
ahora todos reunidos, con el deseo de convertirnos, de cambiar de rumbo, queriendo
cambiar nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Queremos ser profetas de esperanza:
transformar todas nuestras energías en vehículos de creatividad, de fraternidad, de soli-
daridad, de justicia y de consuelo. Por ello, una vez más, estamos dando gracias al Se-
ñor en esta celebración de la Eucaristía, porque «Tú vienes, vienes, vienes siempre».

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

Para dar de beber a los demás

En el contexto de «desertificación» espiritual en el que vivimos, el Papa Francis-


co nos pide que seamos personas-cántaros para dar de beber a los demás.

53
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento

«En algunos lugares se produjo una «desertificación» espiritual, fruto del pro-
yecto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces cris-
tianas. Allí “el mundo cristiano se está haciendo estéril, y se agota como una tierra
sobreexplotada, que se convierte en arena”. En otros países, la resistencia violenta al
cristianismo obliga a los cristianos a vivir su fe casi a escondidas en el país que
aman. Ésta es otra forma muy dolorosa de desierto. También la propia familia o el
propio lugar de trabajo puede ser ese ambiente árido donde hay que conservar la fe y
tratar de irradiarla. Pero “precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de
este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importan-
cia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el
valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos
los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados
de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe
que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta for-
ma mantengan viva la esperanza”. En todo caso, allí estamos llamados a ser perso-
nas-cántaros para dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una
pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos en-
tregó como fuente de agua viva. ¡No nos dejemos robar la esperanza! (EG, 86).

Entablar encuentros verdaderos

Necesitamos entablar encuentros verdaderos, que humanicen; encuentros que ha-


gan emerger las potencialidades mutuas desde el amor:
Para ser un verdadero encuentro, mutuamente personalizador, éste ha de ser au-
téntico y profundo. Precisa del reconocimiento del otro como sujeto, asimétrico a
nosotros pero completamente igual en dignidad. Y necesita del cimiento de la solida-
ridad y del amor.
Debemos entender esa relación amorosa como la que genera actitudes y conduc-
tas, no sólo sentimientos. Comportamientos que hacen del otro legítimo interlocutor,
persona con todas las letras.
Se construye el encuentro “confiando” y “acompañando”, pero siempre partien-
do de las potencialidades. Eso es lo único que permite al ser humano un desarrollo
en plenitud. Todo encuentro con el otro, así vivido, remite en última instancia al To-
talmente Otro (5).

(5)  Cáritas Española, Modelo de Acción Social, Madrid 2009, Cáritas Española, 53.

54
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento

Quiero servirte en los demás, Señor

Quiero entregar mi vida y lo mejor de mí,


Para el servicio a los que me rodean.
Muéstrame los caminos de la solidaridad.
Llévame por la huella de la compasión.
Condúceme al horizonte del amor eficaz.
Dame tu mano, Señor, y guíame hacia donde me necesiten.
Te ofrezco mi tiempo, mi esfuerzo,
Mis ganas de dar y de darme.
Quiero seguir tu ejemplo,
Ser capaz de dar todo por los otros.
Quiero vivir con alegría la fiesta del dar,
Como tantos que anduvieron estos senderos
Y los fecundaron con sus vidas.
Prepara mis manos, mi corazón y mi mente,
Para estar atento a los otros.
Para tener una mirada que sepa descubrir
Tu rostro vivo en los que sufren.
Para vivir abierto a tu llamada en los que están marginados.
Para encontrar tu presencia en los que nadie quiere ver.
Dios Bueno, que quieres el bien y la vida digna para todos.
Ayúdame a servirte en los demás,
Para vivir honrando tu nombre
Y construyendo tu Reino.

“¿Qué has hecho con tu hermano?” (6)

«“Él nos amó primero”. Como dice el Papa Francisco en su exhortación Evangelii
gaudium, la aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo
con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus accio-
nes una primera y fundamental reacción: “desear, buscar y cuidar el bien de los demás”»
(EG, 178).

(6)  Cáritas Española, Campaña Institucional, 2014-2017, Fundamentación.

55
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento

Esta experiencia es la que nos posibilita y habilita para amar, para salir de noso-
tros y abrir los ojos y el corazón al encuentro de todo lo creado, en especial, del ser
humano. Es el motor que nos impulsa a fijarnos en lo que pasa en nuestro entorno y
en lo que pasan muchos de los que están en nuestro entorno. Como expresa Vicente
Altaba, es la llamada a observar bien, a estar atentos, a mirar conscientemente, a
darnos cuenta de la realidad social, económica y política que nos envuelve, porque
en ella podemos escuchar el susurro de Dios que se nos manifiesta y habla en sus
criaturas y en lo que el Concilio Vaticano II llamó los signos de los tiempos.
Hoy estos signos claman al cielo, como la sangre derramada por Caín, y nos interpe-
lan: ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué has hecho? “Lo que hicisteis a uno de estos hermanos
míos más pequeños, me lo hicisteis a mí” (Mt 25, 40). Lo que hagamos a los demás tiene
una dimensión trascendente: “Con la medida con que midáis, se os medirá” (Mt 7, 2).
Tenemos la libertad de elegir. Responder a nuestra vocación de fraternidad, man-
teniendo así el vínculo de reciprocidad y de comunión, o traicionarla, dejando paso
al egoísmo y a la indiferencia en nuestra vida.
Pero resulta difícil mirar hacia otro lado. No podemos vivir ajenos al drama de
los cerca de 6 millones de personas que no tienen trabajo, a lo eres o a los cierres de
cientos de empresas, a los jóvenes excluidos del mercado de trabajo y con horizonte
incierto, al 1.770.000 familias con todos sus miembros en paro y que no llegan a fin
de mes con escasas posibilidades de procurar alimento y bienestar básico a sus hijos.
Es imposible no sentir, no escuchar, no querer ver. La respuesta de Caín, “¿soy aca-
so guardián de mi hermano?” (Gen 4,), se convierte hoy en una pregunta homicida que
tiene que interpelarnos porque nos hace cómplices. Nuestra dignidad humana no nos
permite ocuparnos sólo de lo nuestro, ni dejarnos indiferentes ante el derroche de los
poderosos y el hambre de los pobres. Hoy también, miles de años después, el dolor del
pueblo de Dios, el dolor de la gran familia humana llega a nosotros como a Moisés:
“Ve, pues yo te envío al Faraón para que saques a mi pueblo de Egipto” (Ex 3, 9-10).
Ha llegado el momento de conmovernos y movernos, de salir de nuestra tierra, nues-
tra casa, a otra tierra de paz y prosperidad, y a otra casa que sea hogar de comunión,
pero para llegar allí antes deberemos cargar los unos con los otros, acompañarnos y aco-
gernos, y estar dispuestos a transitar caminos y lenguajes nuevos de justicia, austeridad,
de trabajo y bienestar para todos, más allá de nuestro intereses personales e individuales.
Soy guardián de mi hermano, soy guardián de sus derechos, de los nuestros, de
los que nos hacen persona. Sin los derechos humanos no podemos abrir la puerta de
un orden civil acorde a la dignidad humana. Todos, somos guardianes de la verdad,
de la libertad, de la justicia, del amor.

56
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento

Todos somos convocados por Dios a vivir la fraternidad, la mesa compartida,


construyendo y rehabilitando la vida desde una nueva forma de relación con el otro.
Porque el ejercicio universal de la dignidad humana es posible (Victor Renes),
estamos llamados a vivir con una mirada alternativa, creadora, que es capaz de hacer
posible lo imposible».

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• En tus experiencias de desierto, ¿has llegado a descubrir qué es lo esen-


cial para vivir, y qué es lo que necesitas relativizar? ¿Cuáles son las cosas
necesarias?
• ¿Quiénes son los que hoy en tu contexto vital esperan consuelo y acom-
pañamiento?
• ¿Quiénes son los que hoy en el mundo y en tu comunidad son profetas
que liberan, sanan, anuncian la aurora de la salvación y acompañan a las
personas rotas?
• Nuestras acciones para ser significativas deben anunciar, desvelar, encar-
nar y proponer otro modelo de sociedad, el modelo del Reino, ¿qué accio-
nes podemos realizar personal y comunitariamente que ayuden a preparar
el camino al Señor?
• Comenta los textos del Papa Francisco y el de Cáritas Española.

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1. Saludo inicial

Sacerdote: El Dios del consuelo y la misericordia, que nos llama a la conver-


sión, esté con todos vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: La Palabra de Dios nos invitaba el pasado domingo a vigilar, a estar a la


«espera» de la venida del Señor.

57
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento

Hoy esa Palabra suya de consuelo y ánimo sale a nuestro encuentro y nos llama
a la «conversión», llega a nosotros como una luz que ilumina nuestra vida, guía
nuestros pasos y nos manifiesta su presencia.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: Pongámonos ahora en silencio ante el Señor y pidámosle que des-


cienda sobre nosotros su perdón y su consuelo.
• Tú, que, al venir al mundo, haces el camino con nosotros, Señor, ten piedad.
• Tú, que nos llamas a cambiar nuestra vida, Cristo, ten piedad.
• Tú, que nos envías a anunciar tu palabra, Señor, ten piedad.
• Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: Vamos a escuchar ahora el comienzo del Segundo Isaías, el comienzo


del libro de la «consolación de Israel».
Son unas palabras de aliento para un pueblo que vive en el destierro; son las pa-
labras de un Dios que «toma en brazos a los corderos y hace recostar a las madres»,
pues Él viene como liberador y pastor.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Es inútil establecer un calendario de la historia de la salvación; sólo Dios


sabe cuándo y cómo va a acabar la historia humana.
Pero nos invita a todos los cristianos a estar en una actitud de espera activa,
aguardando y anticipando con nuestro esfuerzo y nuestro trabajo «unos cielos nue-
vos y una tierra nueva donde habite la justicia».

6.  Antes del Evangelio: al encender la segunda vela

Lector: Vamos ahora a encender el segundo de los cuatro cirios que adornan
nuestra corona de Adviento.

58
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento

Esta vela quiere invitarnos a que acojamos en nuestra vida el cariño de Dios, pre-
parando nuestros corazones para recibirlo.
Sacerdote: Enciende el segundo cirio y dice: Os anuncio el gozo del Adviento.
Con esta segunda vela os hago presente que se acerca ya la Navidad: convertíos y
preparad de este modo la venida del Señor.

7.  Oración universal

Sacerdote: Oremos al Padre de la misericordia y Dios de todo consuelo que ven-


ga en nuestra ayuda y nos dé su salvación.
Respondamos diciendo: Ven, Señor, a salvarnos.
Lector: Para que la Iglesia viva en actitud constante de conversión y sea la pri-
mera en servir a los más necesitados. Oremos.
Para que entre todos los hombres de buena voluntad hagamos posible una paz
fundada en el amor y la justicia. Oremos.
Para que los pobres y los que sufren, viendo nuestro modo de vivir, recuperen la
esperanza en la posibilidad de «un mundo nuevo donde reine la justicia». Oremos.
Para que los que celebramos la Eucaristía tratemos siempre con nuestra vida de
anticipar los valores del Reino. Oremos.
Para que todos nosotros vivamos lo que anunciamos, compartamos nuestra vida
y seamos consuelo para otros. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, estas oraciones que te presentamos con fe por Jesu-
cristo nuestro Señor.

8.  Presentación de las ofrendas

Lector:
• Te presentamos, Señor, este pañuelo como símbolo de nuestro deseo de enju-
gar las lágrimas y ser consuelo para tantas personas que sufren.
• Te presentamos, Señor, este calendario, con el que queremos expresar que
nos sentimos responsables del ritmo de la historia, aunque sólo sea Dios el
único que conoce su final.
•  Te presentamos, Señor, el pan y el vino, que ellos sean el alimento y la bebi-
da, que nos dan fuerza en nuestro caminar por la historia.

59
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento

DOMINGO 2.º DE ADVIENTO


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Música: Juan Jáuregui
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1. Voy a escuchar lo que dice el Señor:

«Dios anuncia la paz,
a su pueblo y a sus amigos».


2. La salvación está ya cerca de sus fieles

y la gloria habitará en nuestra tierra,
la misericordia y la fidelidad se encuentran.
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3. La justicia y la paz se besan;
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la fidelidad brota de la tierra,
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y la justicia mira desde el cielo.
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4. El Señor nos dará la lluvia,

y nuestra tierra dará su fruto.
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La justicia marchará ante Él, la salvación seguirá sus pasos.

60
Diciembre, 8:
INMACULADA CONCEPCIÓN

HORIZONTES DE ESPERANZA EN LA PEQUEÑEZ

El cielo se ha roto, se ha abierto y ya no tiene vuelta atrás. La comunión entre


cielo y tierra ya está establecida para siempre. No lo han conseguido las fuerzas de
este mundo, ni sus poderes, ni los ejércitos, ha sido el corazón del Padre en la com-
plicidad de una mujer sencilla del Pueblo que ha creído que Dios cumple lo que pro-
mete, y que cada promesa cumplida se convierte en fuente de una nueva esperanza,
que es inagotable y que se abre al futuro para hacerse absoluta y plena. El que pro-
mete, acaba comprometiéndose, y ya no puede darse, si no es a sí mismo; esto sólo
puede hacerse por amor en el corazón de una mujer aldeana sencilla y firme que se
fía de Dios y que se pone a su disposición como una esclava para generar la verda-
dera libertad en la historia. En ella está nuestra esperanza y nuestra libertad, la del
Pueblo de Dios.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Gn 3, 9-15. 20. Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer.


Sal 97. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
Ef 1, 3-6. 11-12. Nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo.
Lc 1, 26-38. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

61
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción

A LA LUZ DE LA PALABRA

Una de las nuestras

Todos estamos acostumbrados a que, con relativa frecuencia, se rindan homena-


jes a determinadas personas, sin duda, muy significativas en nuestra sociedad (a me-
nudo, y por desgracia, después de muertos) Y, para magnificarlas, normalmente las
segregamos, las separamos del resto y destacamos en ellas, sobre todo, lo que
las hace diferentes de los demás; y nos parece lo lógico actuar de este modo, ya que
suponemos que sólo el elemento diferenciador es lo que las hace significativas. Es-
tos modelos sociales de comportamiento hemos ido poco a poco introyectándolos
todos nosotros; por lo que, casi sin darnos cuenta, los vamos repitiendo, también, en
el ámbito religioso; v. g., se necesita que una persona haga «milagros» para poderla
canonizar (=proponerla como canon). Es posible que con María, la madre de Jesús,
actuemos de un modo similar; que celebremos de y en ella lo mismo que en esos
grandes personajes de nuestra sociedad (lo diferencial), con lo que:
• La separamos del resto y la situamos muy alta y muy lejana de todos noso-
tros.
• La colocamos en una categoría superior.
• Y (al menos de hecho) terminamos por considerarla tan distinta, que apenas
tiene algo que ver con nosotros… No separamos de ella, aunque creamos es-
tar en su cercanía.

No podemos descartar que tal vez nos resulte más fácil alejarla y adornarla con
joyas que situarla en nuestra cercanía y dejar que su vida pueda cuestionar la nuestra.
Realmente hoy celebramos no a una mujer de otra galaxia, sino a María, que,
como su Hijo, es «una de las nuestras», como dice el concilio Vaticano (GS, 22).
Realmente celebramos a ambos; pues, como nos han dicho las lecturas, la fiesta de
hoy es, ante todo, cristológica: Celebramos la concepción inmaculada de aquélla que
un día será «la Madre de Jesús».

Prototipo de creyente

¿Cómo situarla en nuestra cercanía?, ¿cómo dejarnos otra vez afectar por ella?
Quizá, ante todo, contemplándola en su realidad y descubriendo que ella, como
cualquiera de nosotros, en ocasiones «duda» y «da vueltas a los acontecimientos
tratando de dar con su significado». Pero, a pesar de no entender, «se pone a la es-

62
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción

cucha de la Palabra y la pone en práctica» (Lc 8, 2). Y, desde luego, comparte su


vida con los demás (cf. Hech 1, 14).
Por ello será considerada por Lc como prototipo de creyente, como aquélla que
puede servirnos como referente; pero, ¿cómo? Quizá así:
• Poniéndonos, como ella, a la escucha de la Palabra; acogiéndola con sencillez
y dejándonos configurar por ella. «He aquí la esclava del Señor, hágase en
mí según tu palabra» (Lc 1, 38). La verdadera libertad se realiza en la acogi-
da de Dios como fundamento sobre el que edificar nuestra vida. Descubrien-
do en esa Palabra que, aunque las apariencias digan lo contrario, la historia
está cimentada y sostenida por la «bendición» (en último término, es ésto lo
que celebramos hoy).
•  Siendo, como María, personas «enemistadas».
— Ella, como leyó la comunidad cristiana en Gn 3, 15, lo fue.
— Y nos invita a enemistarnos con la insolidaridad, la violencia…
— A enemistarnos con todo aquello que mata la esperanza y rompe la frater-
nidad (cf. Gn 4, 9); a pesar de lo que tantas veces nos repiten los actuales
«profetas de calamidades», contra los que clamaba Juan XXIII.

El reto de reconciliar

• Recomponiendo tantos vínculos rotos:


— Con el cosmos, con la sociedad, con nosotros mismos, con Dios.
— Pues «Él nos ha destinado en Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus
hijos» (Ef 1, 5).
—  Y, consecuentemente, a construir relaciones fraternas con todos y con todo.

Ésta es nuestra tarea: recomponer vínculos familiares, laborales, sociales, políti-


cos… Vivir en armonía con Dios, con uno mismo, con los otros y con todo lo creado.
Por todo ello demos gracias al Señor en este día de adviento; pues la fiesta que
hoy celebramos no sólo no nos aparta de ese espíritu de adviento, sino que tal vez
nos ayuda a situarnos adecuadamente en este camino hacia la Navidad. Contemple-
mos la belleza de Dios en María nuestra Madre. Asombrémonos de las maravillas
que Dios puede realizar en una persona humana y cantemos alegres al Dios de la be-
lleza, el amor y la alegría. Cuando somos capaces de ver la belleza de Dios, que está
esparcida por el mundo, la esperanza renace en nosotros.

63
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

La llena de gracia

En el saludo del ángel, se llama a María «llena de gracia»; en griego el térmi-


no «gracia», charis, tiene la misma raíz lingüística de la palabra «alegría». Tam-
bién en esta expresión se clarifica ulteriormente la fuente de la alegría de María:
la alegría proviene de la gracia; es decir, proviene de la comunión con Dios, del
tener una conexión vital con Él, del ser morada del Espíritu Santo, totalmente
plasmada por la acción de Dios. María es la criatura que de modo único ha abierto
de par en par la puerta a su Creador, se puso en sus manos, sin límites. Ella vive
totalmente de la y en relación con el Señor; está en actitud de escucha, atenta a
captar los signos de Dios en el camino de su pueblo; está inserta en una historia
de fe y de esperanza en las promesas de Dios, que constituye el tejido de su exis-
tencia. Y se somete libremente a la palabra recibida, a la voluntad divina en la
obediencia de la fe (7).

Inmaculada

Ant.: Unidos a todos los pueblos, cantamos al Dios que nos salva

Bendito eres, Señor,


porque has hecho bendita entre todas la mujeres
a María, madre de tu Hijo y madre nuestra.
En esta fiesta de María queremos alabarte y bendecirte
porque nos has entregado a tu Hijo,
a través de la encarnación, haciéndolo como nosotros.
Así como la venida de tu Mesías
es la fuente de nuestro júbilo y de nuestra esperanza,
así también el gesto de María,
disponible y obediente a recibir con fe la Palabra divina
en su venida sobre la tierra, nos llena de alegría.

(7)  Benedicto XVI, «Catequesis sobre la fe», en La Virgen María, icono de la Virgen obediente,
Audiencia General 19 de diciembre 2012.

64
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción

Ant.: Unidos a todos los pueblos, cantamos al Dios que nos salva

Sabemos, Padre, que la acogida que, en su seno,


reservó María al Verbo hecho carne
fue resultado de un acto de fe profunda.
Por eso abrió la puerta de este mundo
al Mesías liberador.
Pero también sabemos que todos estos gestos suyos,
toda su vida, fue un don maravilloso
que Tú hiciste al género humano,
preparando el camino de la otra donación,
única y definitiva, que estabas gestando:
tu propio Hijo unigénito.

Ant.: Unidos a todos los pueblos, cantamos al Dios que nos salva

Eres grande y generoso, Señor,


porque has querido que una mujer
fuese la primera creyente en tu Palabra santa,
cuando se iba a encarnar en nuestra naturaleza humana.
Ante este actuar tuyo, tan distinto del nuestro,
no podemos sino repetir las palabras de María:
nuestra alma engrandece al Señor
y nuestro espíritu se alegra en Dios nuestro Salvador,
porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava (8).

Mujer del silencio y de la escucha

Mujer de los silencios y la escucha,


La Virgen vigilante de esperanza,
Dócil siempre al Espíritu Divino,
Escucha sus palabras y las guarda.
Y la Palabra se hace entraña en ella,
Enamorada, se llena de Palabra.
¡Qué bien negoció con Dios María,
Ganó divinidad casi por nada!

(8) www.mercedariasmisionerasdeberria.net

65
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción

María es el anhelo de los pobres,


La más pobre y pequeña de su raza,
Abierto el corazón, vacía el alma.
Y el Sí de Dios a la pobreza humana.
Ensalza a los humildes, los hambrientos
Y profetiza el día de mañana:
Todo será mejor, será distinto,
El mundo del amor y de la gracia.
Eres, María, icono y anticipo
De nueva creación resucitada.
Bendita tú, María, luz materna,
Caridad y esperanza iluminada.

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: La gracia y el amor de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de María, es-


tén con todos vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: En medio de este tiempo de preparación a la venida del Señor, nos reuni-
mos hoy llenos de espíritu de alegría y de fiesta.
Nos convoca el recuerdo de aquélla que trajo al mundo la Luz y la Vida para
todo hombre; de aquélla en quien Dios fijó su mirada para abrirnos a todos el cami-
no de la salvación.
Dios la escogió desde el principio para ser la Madre de su Hijo y la liberó de
toda mancha. Es el anuncio anticipador de que Dios ha realizado su proyecto de sal-
vación en favor de la humanidad entera.
Celebremos gozosamente hoy esta fiesta de María la Madre de Jesús.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: En silencio preparémonos para celebrar la eucaristía, pidiéndole al


Señor que nos perdone.

66
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción

•  M
 esías esperado, que vienes a dar la Buena Noticia a los pobres, a curar los
corazones desgarrados y a anunciar la libertad a los cautivos, Señor, ten piedad.
• Jesús, hermano de los hombres, que vienes a fortalecer a tu pueblo, Cristo,
ten piedad.
• Hijo de Dios, que vienes a realizar todas las esperanzas de los hombres, Se-
ñor, ten piedad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: Desde el principio los hombres nos hemos ido alejando del camino de
Dios; desde el principio el mal abarca nuestra historia.
Escuchemos ahora el relato, de fuerte contenido simbólico, que nos describe esta
situación; pero escuchemos cómo, también desde el principio, Dios nos anuncia su
salvación, que, como bien sabemos, llegará a su plenitud en el Hijo de María.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Escuchemos ahora la alabanza que el autor de la Carta a los Efesios diri-
ge a Dios por la salvación que nos ha regalado.
Todo es, nos dice, una gran historia de amor, que hoy proclamamos gozosamente
en esta fiesta.

6.  Oración universal

Sacerdote: En unión con María, confiando en la Palabra salvadora de Dios, ore-


mos diciendo: Escúchanos, Padre.
Lector: Para que todos los cristianos seamos en todas partes portadores de paz y
de esperanza. Oremos.
Para que en el corazón de todos los hombres y mujeres del mundo crezcan senti-
mientos de generosidad, servicio y justicia. Oremos.
Para que los que viven hundidos en la desesperanza sientan la fuerza del Espíritu
que los ayuda a levantarse. Oremos.

67
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción

Para que María la Virgen, que esperó con amor e ilusión el nacimiento de su
Hijo, sea para nosotros el estímulo que nos ayude a preparar su venida. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, nuestra oración, que te presentamos en la fiesta de la
Madre de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

7.  Presentación de las ofrendas

Lector:
• Con esta jarra de agua limpia y pura, queremos representar las entrañas de
la Virgen María. Nadie como Ella, con un corazón noble, bueno y reluciente,
supo acoger al Señor que viene en Navidad.
• Señor, presentamos ante tu altar los dones de pan y vino, fruto de la tierra y
del trabajo del hombre, que por acción de tu Santo Espíritu, se transformarán
en tu Cuerpo y en tu Sangre, Sacramento de vida eterna, que nos fortalece y
anima a seguirte cada día.

68
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción

SALMO DÍA DE LA INMACULADA


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Música: Juan Jáuregui
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69
Diciembre, 14:
TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

VIVIR EN LA ALEGRÍA

No se puede fabricar ni llega por caminos de conquista elaborada, se trata de una


búsqueda que fructifica en el encuentro de un don que ha sido enviado. Hay una ale-
gría que es fuente y única, no puede comprarse ni repartirse, sólo se puede estar en
ella bautizándose en ella misma, viviendo en su interior. Es la alegría del Dios de la
vida; la que viene como don en la entrega de la gratuidad, y el camino es el de dejar-
se habitar por ese amor sin precio ni medida que se arroja en nuestro corazón en
cuanto ve una rendija abierta. Es como la luz que necesita adentrarse y cuando lo
hace, sana, consuela, acoge, alegra, ríe, canta, salta, abraza… Hoy el Espíritu está
sobre él y quiere adentrarse en ésta historia y en este mundo, quiere alegrarse, se
siente imperativo acuciante para exigirnos el estar alegres, y nos avisa que no lo con-
trolaremos porque seguirá siendo alegría en lo anónimo de lo amado sin más criterio
que la voluntad de un Padre que no tiene medida, porque es la misericordia su per-
fección.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Is 61, 1-2a. 10-11. El Señor me ha enviado para dar la Buena Noticia.


Sal 46-48. 49-50. 53-54. Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.
I Tes 5, 16-24. Estad siempre alegres.
Jn 1, 6-8. 19-28. En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

71
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento

A LA LUZ DE LA PALABRA

El Adviento de la alegría

Se nos ha repetido con insistencia que el Adviento era un tiempo «penitencial» y,


«por lo tanto», un tiempo de dolor y tristeza: Por ello las vestiduras litúrgicas eran
(son) moradas, no se debían poner flores en el altar, ni utilizar música (la excepción
era hoy: el domingo «gaudete», domingo de la alegría).
Bien sabemos todos que es ésta una mala interpretación del Adviento, por mucho
que haya triunfado en la Iglesia durante demasiado tiempo. Los textos de hoy nos
explicitan una interpretación mucho más exacta:
• Primera lectura.: «El Señor (…) me ha enviado para dar la Buena Noticia».
• Salmo: «Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador».
• Segunda lectura: «Estad siempre alegres».
• Evangelio: «En medio de vosotros hay uno que no conocéis»: «el/la Buena
Noticia».

La Palabra de Dios nos invita a participar de la alegría, porque éste es el tiempo


de la Liberación y de la Justicia.

La alegría de lo humano

Es posible que alguno piense que interpretar de este modo el Adviento es algo
propio de la posmodernidad, algo propio de un «pensamiento débil», que nos condu-
ce a interpretación, también «débil», de este tiempo litúrgico. Pueden hacernos du-
dar los que así piensan; pero ¿no será más bien que los que apuestan por una inter-
pretación «fuerte» parten de una extraña antropología? De una antropología en la
que:
• La tristeza es más humana-radical que la alegría.
• El odio más dinamizador que el cariño.
• El castigo más eficaz que el consuelo.
• El llanto más auténtico que la risa.
• El dolor más cristiano que la felicidad.

Pero ¿es esto así? Nos da la sensación de que esas afirmaciones no correlacionan
demasiado bien con lo que acabamos de escuchar en las lecturas de la Palabra de Dios.

72
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento

Por eso nos parece más propio de un cristiano aceptar como «existenciales» el cariño,
el consuelo, la alegría, la risa y la felicidad; a eso tendríamos que sabernos enviados.
• Como el Bautista, a ser y anunciar el/la Buena Noticia (I lectura y Evangelio.)
— Ya nos lo dijo Pablo VI: «la Iglesia existe para evangelizar».
— Y si no «evangeliza», ¿tiene alguna razón para existir?
— Y si no somos percibidos como «buena noticia», ¿no pasa nada en nues-
tro ser cristiano?

Testigos del evangelio de la alegría

Hoy, igual que siempre, se necesitan personas que den testimonio. Que anuncien la
buena nueva a los pobres. Que testifiquen que el amor, la justicia, la liberación y
la paz no son sólo palabras y tópicos, sino realidades que están cerca.
• Como María, dejar que Él haga «obras grandes» en y a través de nuestra «de-
bilidad» (Sal):
— Todos hemos recibido «carismas» suficientes para ello.
— Pero no olvidemos que son «carismas», «regalos».
— Así pues, «lo que hemos recibido gratis, démoslo gratis» (Mt 10, 8). «La vida
se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad» (EG, 10).
— Como nos pide Pablo, «estad siempre alegres» (Flp 4, 4: «os lo repito,
estad alegres»).
— Tal vez sea necesario para esto que previamente nos hayamos sentido
perdonados y salvados: nos hayamos sentido gratuitamente queridos: «La
alegría siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la
certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo».
— ¿Por qué habremos transmitido tantas veces el mensaje de que el buen
cristiano es alguien triste, serio y duro? «Un evangelizador no debería te-
ner permanentemente cara de funeral» (EG, 10).
— ¿No será ese cristiano así porque nunca se ha sentido gratuitamente per-
donado, salvado y querido? Quizá porque nunca nos hemos creído del
todo que Dios es «nuestro Padre», a pesar de que hayamos rezado mu-
chas veces el «Padrenuestro» (desde luego que no es fácil creérselo).

Ésta es la Buena Noticia, que hemos acogido en nuestras vidas, por la que le da-
mos gracias y que aquí y ahora estamos celebrando.

73
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

Hoy es posible la alegría

«La primera palabra de parte de Dios a los hombres, cuando el Salvador se acer-
ca al mundo, es una invitación a la alegría. Es lo que escucha María: ¡Alégrate! Cris-
to nace de la alegría de Dios y muere y resucita para traer su alegría a este mundo
contradictorio y absurdo.
Sin embargo, la alegría no es fácil. A nadie se le puede obligar a que esté alegre
ni se le puede imponer la alegría por la fuerza. La verdadera alegría debe nacer y
crecer en lo más profundo de nosotros mismos.
De lo contrario; será risa exterior, carcajada vacía, euforia creada quizás en una
«sala de fiestas», pero la alegría se quedará fuera, a la puerta de nuestro corazón.
La alegría es un don hermoso, pero también muy vulnerable. Un don que hay
que saber cultivar con humildad y generosidad en el fondo del alma.
Pero hay algo más. ¿Cómo se puede ser feliz cuando hay tantos sufrimientos
sobre la tierra? ¿Cómo se puede reír, cuando aún no están secas todas las lágri-
mas, sino que brotan diariamente otras nuevas? ¿Cómo gozar cuando dos terce-
ras partes de la humanidad se encuentran hundidas en el hambre, la miseria o la
guerra?
La alegría de María es el gozo de una mujer creyente que se alegra en Dios sal-
vador, el que levanta a los humillados y dispersa a los soberbios, el que colma de
bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos.
La alegría verdadera sólo es posible en el corazón del hombre que anhela y bus-
ca justicia, libertad y fraternidad entre los hombres. María se alegra en Dios, porque
viene a consumar la esperanza de los abandonados.
Sólo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con los
que lloran. Sólo tiene derecho a la alegría quien lucha por hacerla posible entre los
humillados. Sólo puede ser feliz quien se esfuerza por hacer felices a otros. Sólo
puede celebrar la Navidad quien busca sinceramente el nacimiento de un hombre
nuevo entre nosotros» (9).

(9)  J. A. Pagola, El camino abierto por Jesús. Lucas, PPC, Madrid, 2012, 23-24.

74
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento

Decálogo de la alegría de Adviento

  1. «Si hablas por teléfono, hazlo con alegría. La otra persona se dará cuenta
que, en tu interior, hay una fuerza poderosa: el optimismo de la fe.
  2. Si has de corregir a alguien, hazlo con alegría. Se consigue más con miel
que con hiel. Denotará que, Jesús, dirige tus palabras.
  3. En tu trabajo procura poner el esfuerzo de la sonrisa. Los que te vean com-
prenderán que, una fuerza superior, te hace diferente a lo que te rodea.
  4. En el sufrimiento no pierdas nunca la esperanza de la fe. Una enfermedad
con el peso de la tristeza coloca más peso sobre la debilidad de nuestras
personas. Lleva ilusión allá donde exista dolor.
  5. Aunque por dentro llores, lleva siempre un buen gesto en tu rostro. Hay
muchas personas que se conduelen con las lágrimas de los demás pero,
otras, se burlan de ellas.
  6. Lleva con gozo y con cintura tu pertenencia a la Iglesia. Manifiesta, con
alegría, lo mucho que recibes de ella. ¿Que no te entienden? ¿Acaso Cristo
fue bien acogido en Belén?
  7. La alegría debe ser el lenguaje normal y ordinario de los cristianos. Jesús,
en todas circunstancias, buscó el bien de los demás. El júbilo debe ser el
carné de identidad de una persona que cree y espera a la Navidad.
 8.  E
 l Adviento afina las cuerdas del alma. Prepárate con la Palabra de
Dios, con la eucaristía de cada día, con el sacramento de la reconcilia-
ción y… por dentro sentirás una especial armonía: la alegría de ser
todo/a para Dios.
  9. Recuerda aquello de: «Quien ríe el último, ríe mejor». Muchos, en la Navi-
dad, se perderán entre las telarañas del consumo, de las luces sin sentido o
de los mensajes sensibles pero sin contenido cristiano. Jesús no pretende
ser acogido por todos pero sí por algunos. Entre ellos… tú.
10.  J esús crece en el seno de la Virgen y florece en el pesebre de Navidad.
Que seas tú, con tus labios, un pregón de lo que está por acontecer: La
Navidad es el amor de Dios a la humanidad ¿Lo vas a silenciar o procla-
mar?» (10).

(10)  J. de la Heras, www.revistaeclesia.com/decalogo-de-la-alegría-de-adviento

75
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• «Los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la ori-
lla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás… Por con-
siguiente un evangelizador no debería tener permanentemente cara de fu-
neral. Recobremos y acrecentemos el fervor, “la dulce y confortadora ale-
gría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas”»
(EG, 10). Veamos cuáles son los obstáculos y resistencias que tenemos
para anunciar el evangelio con alegría y con pasión.
•  S
 ólo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con
los que lloran. ¿Se percibe y se vive así la alegría en nuestro mundo, y en
nuestras comunidades?, ¿cómo se busca y se vive la alegría en la sociedad?
• ¿Qué signos de liberación y de justicia debe ofrecer nuestra Iglesia en el
mundo para que sea creíble?
• Concreta en tu vida y en la comunidad cómo vivir la alegría del Adviento.
Elaborad un decálogo de la alegría en vuestra comunidad.

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: El Señor, que viene a salvarnos, esté con todos vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: «Hermanos, estad siempre alegres, sed constantes en la oración, dad las
gracias en toda ocasión. Ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto a vo-
sotros». Así hablaba el apóstol Pablo a los cristianos de Tesalónica; así nos habla
hoy a todos nosotros en este tercer domingo de adviento.
Ésta invitación es, además, una invitación a la alegría que vivimos ante la proxi-
midad de la celebración del nacimiento de Jesús, pues sabemos, como nos van a de-
cir las lecturas, que está próxima la noticia más grande que la humanidad haya podi-
do soñar jamás: Dios viene a compartir nuestra vida y con ello nos trae la esperanza
y la alegría completas.

76
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento

3.  Acto penitencial

Sacerdote: Pongámonos ahora en silencio ante el Señor; pidámosle que descien-


dan sobre nosotros su amor y su misericordia.
• Jesús, hermano de los hombres, que vienes a fortalecer a tu pueblo y a abrir
un camino nuevo en nuestras vidas, Señor, ten piedad.
•  M
 esías esperado, que vienes a dar la Buena Noticia a los pobres, a curar los
corazones desgarrados, a anunciar la libertad a los cautivos, Cristo, ten piedad.
• Hijo de Dios, que vienes a realizar las esperanzas de los hombres, Señor, ten
piedad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone...

4.  Monición a la primera lectura

Lector: Hace muchos siglos, en la Jerusalén devastada, cuando los israelitas re-
tornados del exilio se esforzaban en la reconstrucción de su patria, el profeta anuncia
la llegada de alguien que iba a transformar la vida de todos y especialmente la vida
de los más débiles y desvalidos. Jesús hizo suyo este anuncio y nosotros ahora va-
mos a escucharlo como lo que es: la Buena Noticia.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Escuchemos ahora las palabras de san Pablo, que nos invita a vivir en ac-
titud de esperanza alegre y gozosa.

6. Al encender el tercer cirio de la corona de Adviento

Lector: Vamos ahora a encender el tercero de los cuatro cirios de la corona de


Adviento.
El nombre de este tercer cirio es testimonio; es decir, es una invitación a que
también nosotros, como los antiguos profetas, testimoniemos con nuestras vidas la
Buena Noticia que es y nos anuncia Jesús.
Sacerdote (enciende el cirio y dice): Os anuncio el gozo del Adviento. Que el
mundo brille todo él con ésta claridad, que testimonia el amor y la alegría que el Pa-
dre nos ha manifestado en su Hijo.

77
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento

7.  Oración universal

Sacerdote: Oremos con fe por nosotros y por todos los hombres; oremos para
que la fuerza del Espíritu transforme a la humanidad entera.
Oremos diciendo: Ven, Señor Jesús.
Lector: Por la Iglesia, para que sea y anuncie la Buena Noticia de Jesús. Oremos.
Por todos aquéllos que sufren, por los corazones desgarrados, los cautivos, los
hambrientos y los pobres, a quienes Dios ama y a quienes estamos invitados a que-
rer. Oremos.
Por los enfermos y por todos los que los cuidan, para que ni los unos ni los otros
pierdan la esperanza y nos encuentren a todos solidarios con ellos. Oremos.
Por nosotros aquí reunidos, para que seamos portadores y testigos creíbles de
amor, esperanza y alegría. Oremos.
Sacerdote: Ven, Señor Jesús; ven y renueva el mundo entero. Tú, que vives y rei-
nas por los siglos de los siglos.

8.  Presentación de las ofrendas

Lector:
• Señor, te presentamos estos caramelos y dulces, como símbolo de la alegría
que tenemos y la dulzura con la que queremos vivir.
• Señor, te presentamos este cayado, como símbolo de nuestro compromiso
por ayudar a los demás en el camino de la vida.
• Señor, te presentamos este pan y este vino, que ellos sean para nosotros el ali-
mento y la bebida que nos hagan capaces de sentar a nuestra mesa a los millo-
nes de seres humanos que no pueden comer debido a sus extremas condiciones
de miseria.

78
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento

SE ALEGRA MI ESPÍRITU

Lucas 1, 46-55
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Música: Juan Jáuregui


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
1. Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
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
2. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí,
su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles.

3. Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

4. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo,

acordándose de la misericordia.

5. Como lo había prometido a nuestros padres,

en favor de Abrahán

y su descendencia por siempre.

79
Diciembre, 21:
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

ACOGER E INCLUIR

Declinar el verbo de la acogida es caminar para que nadie en este mundo se sien-
ta excluido. El propio Verbo encarnado viene por los caminos del encuentro, donde
los perdidos se hallan, los que buscan encuentran y a los que llaman se les abre.
Dios no tiene puertas, están todas abiertas y se puede transitar de dentro afuera y de
afuera adentro sin ningún límite. El amor es el camino y la intemperie el vestido
para que nadie se sienta extraño ni forastero. En cualquier rincón excluido puede es-
tar el centro de la creación, el alfa y la omega, el corazón de Dios manifestándose.
Por eso ya nada nos es indiferente, y la vigilancia para que el otro nos encuentre dis-
ponible es la mejor arma para estar despiertos en la noche del adviento que anuncia
la vigilia de lo nuevo y de lo que explota en un corazón que trae la vida eterna, aun-
que sea de noche y haga frío. La salvación ya es imparable, viene acogiendo e inclu-
yendo, no hay otros modos en lo divino.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

II Sam 7, 1-5. 8b-11. El reino de David durará por siempre.


Sal 88. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Rom 16, 25-27. El misterio mantenido en secreto durante siglos, se ha manifestado…
Lc 1, 26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.

81
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento

A LA LUZ DE LA PALABRA

Dios incluido en la exclusión

Estamos ya casi tocando con los dedos la Navidad, el tiempo en el que celebramos par-
ticularmente que «la Palabra ha puesto su tienda en medio de nosotros» (Jn 1, 14). Y en es-
tos días conmemoramos de un modo especial que nos encontramos con un Dios que vive
una experiencia que tal vez muchos de nosotros hemos también vivido: Está buscando casa
para su Hijo; pero, a pesar de lo que nos ha dicho de Él la segunda lectura (Él es «el único
sabio»), no parece saber hacerlo demasiado bien: «No hay sitio para Él en la posada».
No da, pues, la sensación este Dios de ser, como muchas veces nos han dicho a
través de los catecismos, «infinitamente sabio»; más bien parece un Dios que:
•  Vive como un excluido. No hay casa para su Hijo.
•  O un incluido en la exclusión.
•  Quizá sea imposible imaginar a un Dios tan débil como este Dios nuestro.

La debilidad es su fuerza

Pero lo que no se puede decir de Él es que no sea un Dios original y creativo;


pues muy pronto encuentra solución a su problema:
• Busca y halla una casa ambulante (nunca mejor dicho).
• El seno de María: La debilidad y la pobreza de una jovencita.
• La única que se fía de la Palabra de este Dios tan paradójico: «He aquí la es-
clava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (=«que se cumpla en mí lo
que tú has dicho»).

Todos sabemos que estamos contemplando lo más nuclear de nuestra fe, lo que
parece más nuclear en y del Dios en quien creemos:
•  Del Dios que se ha «aprox/jimado» a nosotros.
•  Del Dios «samaritano» para con nosotros.
•  Del Dios «com-pasivo» con nosotros.

«El misterio de nuestra fe»

Ésas sí que es «el misterio de nuestra fe»; ¿cómo podremos hablar de este miste-
rio, de este Dios tan desconcertante?

82
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento

• No disponemos de palabras adecuadas, sólo de balbuceos.


• Es posible que sólo los poetas puedan aproximarse a este Misterio.
• Quizás porque ellos son los únicos que se aproximan con palabras a los gran-
des misterios de la vida.

¿Cómo, entonces, podremos ser testigos de este Dios en nuestra historia, aunque
sea sólo mediante balbuceos y sin poesía?, ¿quizá así?
•  Dejándonos, como María, llevar por el Espíritu, que:
— Nos orienta mediante signos extraños y, a menudo, desconcertantes, v.g.:
Una estéril concibe a un hijo y una esclava al Señor.
— Esto es: ¿Buscando al «Todopoderoso» en los «débiles»?

Levantemos una ciudad nueva

Tenemos que aprender a mirar de otra manera nuestra ciudad y nuestro Advien-
to. Mirar la vida desde los más pobres, desde la fragilidad y la debilidad de los pe-
queños, de los que sufren. Iniciar el proceso de encontrarnos con el Señor en los lu-
gares inhóspitos, en los lugares de la enfermedad, la marginación, el dolor, allí don-
de el Todopoderoso se nos manifiesta en los «débiles».
•  Ofreciendo, como María, una casa.
— Nuestra propia vida.
— A tantos que nadie acoge.
— Y siguen muriendo de frío.

Ser posada

Ser posada para otros, lugar de acogida, de ternura y de misericordia.


• Siendo, como Él, «próx/jimos», «samaritanos» y «com-pasivos».
—  Con tantos heridos y abandonados.
—  A los que frecuentemente «excluimos».
—  Pero a los que Él nos invita a «in-cluir».

«Jesús, el evangelizador por excelencia y el Evangelio en persona, se identifica


especialmente con los más pequeños (cf. Mt 25, 40). Esto nos recuerda que todos los
cristianos estamos llamadas a cuidar a los más frágiles de la tierra… Es indispensa-

83
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento

ble prestar atención para estar cerca de nuevas formas de pobreza y fragilidad donde
estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente» (EG, 209-210).
Quizás este modo de vivir que se nos propone en la celebración de la Eucaristía
sea un modo adecuado de vivir este Adviento-Navidad, a asumir estas actitudes nos
invita hoy y aquí la Palabra de Dios que acaba de ser proclamada.

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

La debilidad de Dios

En Belén Jesús nos ofrece una nueva forma de mirar la debilidad, porque la debi-
lidad de Dios es expresión de su gratuidad:
En la contemplación de Jesús en el misterio de la Navidad se nos enseña a con-
templar la debilidad humana como una forma de presencia de Dios. Dios está entre
nosotros como debilidad en los débiles, en los excluidos, en los pobres, en las caren-
cias de todo tipo, en cada limitación nuestra.
En segundo lugar, Dios está en la debilidad, llevada hasta sus últimas consecuen-
cias en la cruz de Jesús, para llevarla a la plenitud de la vida resucitada.
En tercer lugar, tenemos que aprender a mirar la debilidad humana de cualquier
signo que sea (económico, psicológico, moral...), como llamada a la contempla-
ción, como palabra de Dios que nos convoca para la comunión y el compromiso
con Él.
Por eso mismo, salir, bajar al encuentro de la carencia humana, es una forma de
peregrinación hacia el santuario de Dios más vivo y sorprendente. Con los mismos
pasos con que nos acercamos a la debilidad, nos acercamos a Dios.
La Navidad es la gran fiesta, porque Dios nace en nuestra debilidad y porque
somos invitados a unirnos a Él para llevarla a la plenitud de la vida, confundiéndo-
se nuestro trabajo con el suyo, sin saber dónde empieza él y dónde empezamos no-
sotros.
Si Dios ha corrido la suerte de encarnarse, nacer pobremente y crecer como sal-
vación desde los excluidos de este mundo, ya no hay excluidos para Dios, nadie que-
da fuera de Dios. Y el lugar principal para la fiesta es allá donde aparece: en las
afueras, donde no hay sitio, donde todo parece agotarse y está condenado a crecer en
la amenaza y a la intemperie de las construcciones humanas.

84
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento

Navidad es el tiempo de acoger con ternura lo germinal, lo pequeño, lo que


nace después de gestarse oscuramente en el misterio de las personas y los gru-
pos. Es el momento de salir hacia los excluidos, hacia los que no pueden llegar
hasta nosotros. Desde esa debilidad podemos sentir que pasa por nosotros la
fuerza de Dios, su santo «brazo» (Lc 1,51), que transforma toda la realidad, y
podemos sentir la alegría de María, de José y de los pastores, la inaccesible ale-
gría, la que sólo puede ser recibida como regalo de donde nace el compromiso
esperanzado (11).

No hubo posada para Jesús: la exclusión

No hubo posada para Jesús, experimentó la exclusión en su vida, hoy muchos vi-
ven estos procesos de exclusión, fruto de nuestro modelo social.
Una primera constatación que se impone si miramos a nuestro modelo social es
su capacidad para generar situaciones de pobreza y de exclusión social.
No nos detendremos en su análisis y explicación, pues, siendo importantes, han
sido suficientemente abordadas desde otros trabajos y perspectivas. Enumeraremos
simplemente tres notas significativas:
• A escala planetaria, la creciente brecha entre el Norte y el Sur, entre las socie-
dades ricas y opulentas y los países eufemísticamente llamados en vías de de-
sarrollo, es resultado de un modelo que sólo beneficia a un tercio de su pobla-
ción.
• Al interior de las sociedades ricas, el modelo genera bolsas de pobreza y de
exclusión social para franjas muy amplias de población que, si bien partici-
pan en algunas ventajas de la riqueza, lo hacen a título de préstamo, bajo la
amenaza permanente de embargo.
• El imparable fenómeno de la inmigración y la emigración (según desde don-
de se mire), como puente entre ambas situaciones.

Pero no sólo genera exclusión, también la gestiona desde los principios y valores
que le son consustanciales. Así, «mide» y descubre la pobreza como carencia, si-
tuándola desde la negatividad. Cuando la valora desde una perspectiva exclusiva-
mente individualista trata a los pobres como responsables de su propia situación: son
parásitos, vagos, engañan y son culpables de su situación. Por último, son entendi-

(11)  Benjamín González Buelta, Sal Terrae 11 (1996), 791-799.

85
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento

dos en términos mercantiles como gasto y como amenaza para el proceso de creci-
miento que hay que combatir como enemigos del bienestar (12).

Padre, que seamos una Cáritas

Padre, que seamos una Cáritas que se purifique y se renueve:


Que aprenda del pasado a ser humilde y esperanzada;
Que escuche mejor y se deje interpelar
por la sangrante realidad de la exclusión
y la pobreza en que viven la mayoría de los hombres;
Que se deje evangelizar por los pobres y se haga más pobre;
Que combata con más valor las causas de la injusticia;
Que apoye a todos los movimientos a favor de la solidaridad
y suscite otros nuevos;
Que sea casa de acogida para todos;
Que aprenda a interpretar los signos de los tiempos;
Que, vivificada por el Espíritu, se convierta cada día
al amor misericordioso de Jesucristo. Amén

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• Dios, el Todopoderoso, se hace debilidad. ¿Reconocemos a Dios en la de-


bilidad de los pobres, los ancianos, los discapacitados, los enfermos, los
niños?, ¿cómo los acogemos?
• En María, con su fiat, su sí, algo empezó a germinar en sus entrañas. El «hága-
se» es generativo de procesos de vida. ¿Podría dar yo un «sí» en este momen-
to?, ¿qué puede germinar en mí?, ¿podría pronunciar un «hágase» a Dios para
todo cuanto me está proponiendo?, ¿qué vida puedo generar y ofrecer a otros?
• ¿Qué hemos de cuidar en nuestras comunidades para que san «posadas»,
lugares de acogida, de ternura y de misericordia?
• Qué te sugiere este texto del Papa Francisco: «María es la que sabe trans-
formar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres paña-
les y una montaña de ternura. Ella es la esclavita del Padre que se estre-
mece en la alabanza…» (EG, 286).

(12)  Cáritas Española, Modelo de Acción Social, o.c. pp. 25-26.

86
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: La paz, el amor y la esperanza, que nos llegan con Jesús, estén con
todos vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Hoy, en el cuarto domingo de Adviento, celebramos el anuncio del gran


acontecimiento ya muy próximo del nacimiento del Señor. Así nos lo va a anunciar
la lectura del texto evangélico que dentro de unos minutos será proclamado.
Que esta celebración nuestra de hoy sea un «sí» como el de María en la anuncia-
ción; que seamos capaces de decir al Señor: «Hágase en mí según tu palabra».

3.  Acto penitencial

Sacerdote: En unos momentos de silencio pidamos al Señor que nos perdone.


•  Por nuestros rechazos y faltas de acogida, Señor, ten piedad.
•  Por nuestra insolidaridad y nuestro egoísmo, Cristo, ten piedad.
• Por nuestra falta de coherencia entre lo que celebramos y lo que vivimos, Se-
ñor, ten piedad.

Sacerdote: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición introductoria a las lecturas

Lector: En el evangelio vamos a escuchar que en Jesús se ha cumplido la prome-


sa hecha a David y que es recogida en la primera de las lecturas: «Tu casa y tu reino
durarán para siempre».
Este Jesús, en quien esta promesa se ha cumplido, es, según nos dirá san Pablo
en la segunda lectura, «la revelación del misterio», aquél en quien ha llegado a su
plenitud de modo definitivo el plan salvador de Dios en favor de sus hijos los hom-
bres.

87
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento

5.  Antes de la proclamación del Evangelio

Lector: Vamos ahora a encender el último de los cirios de la corona de Adviento,


que nos anuncia la proximidad inmediata de la venida del Señor. Que su luz ilumine
lo que resta de nuestro camino hacia la Navidad.
Sacerdote (enciende el cuarto de los cirios de la corona): Que el resplandor de
esta luz anime nuestro camino al encuentro del Señor, que ya llega.

6.  Oración universal

Sacerdote: A ti, Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios, que has querido compar-
tir tu vida y te has quedado con nosotros, te decimos con fe: Escúchanos, Jesús.
Lector: Que nadie sea rechazado, como tú lo fuiste. Oremos.
Que nadie se sienta forastero, como tú te sentiste. Oremos.
Que todos encuentren un trabajo digno, como tú tuviste en Nazaret. Oremos.
Que sepamos respetar, valorar e integrar a cuantos viven entre nosotros, como
prolongación de tu presencia. Oremos.
Que crezca en el mundo la paz que tú nos regalaste. Oremos.
Sacerdote: Escúchanos, Jesús, cólmanos de tu gracia y de tu paz y haznos artífi-
ces del mundo nuevo que tú inauguraste. Tú, que vives y reinas…

7.  Presentación de las ofrendas

Lector:
• Te presentamos, Señor, este papel, que acoge lo que en él escribimos, como
símbolo de nuestro deseo de que cada uno de nosotros deje escribir en su
vida tu voluntad.
• Te presentamos, Señor, este corazón que quiere latir con los corazones de to-
dos aquéllos con los que compartimos la vida.
• Te presentamos, Señor, el pan y el vino, sobre los que va a actuar tu Espíritu;
que también nosotros dejemos que este mismo Espíritu trabaje y cambie
nuestras vidas.

88
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento


SALMO 4.º DOMINGO DE ADVIENTO

Música: Juan
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Jáuregui


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
1.  Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Porque dije: «Tu misericordia es un edifi_cio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad».

2.  Sellé una alianza con mi elegi_do,

jurando a David mi sier_vo:


«Te fundaré un linaje perpe___tuo,
edificaré tu trono por todas las eda_des».

3. Él me invocará: «Tú eres mi pa_dre,

mi Dios, mi Roca salvado_ra».

Le mantendré eternamente tu favor,

y mi alianza con Él será esta_ble.

89
CELEBRACIÓN PENITENCIAL
CONSTRUIR ESPACIOS DE ESPERANZA

Monición de entrada

Buenas tardes a todos. En este tiempo de Adviento en el que nos preparamos


para celebrar y recordar el nacimiento del Hijo de Dios, es bueno que juntos nos
pongamos ante el Señor para reconocernos pecadores y necesitados de su ayuda. Es
lo que vamos a hacer con esta sencilla celebración.
Queremos construir espacios de esperanza, salir de la apatía, consolar y liberar a
los hermanos, vivir con alegría y acoger e incluir a los excluidos. Esperamos que la
luz del Emmanuel ilumine nuestro corazón endurecido y nos saque de la apatía. Es-
peramos y le pedimos que esta Navidad traiga para el mundo y para todos nosotros
una mayor justicia y solidaridad. Y que la alegría inunde nuestro corazón para poder
cantarle y alabarle para siempre. Ahora, esperamos del Señor su perdón y su miseri-
cordia.
Canto: Vamos a preparar el camino del Señor
Vamos a preparar el camino del Señor. Vamos a construir la ciudad de nuestro
Dios. Vendrá el Señor con la aurora, Él brillará en la mañana, pregonará la verdad.
Vendrá el Señor con su fuerza, Él romperá las cadenas. Él nos dará la libertad.
1. Él estará a nuestro lado. Él guiará nuestros pasos. Él nos dará la salvación.
Nos limpiará del pecado, ya no seremos esclavos. Él nos dará la libertad.
2. Visitará nuestras casas, nos llenará de esperanza, Él nos dará la salvación.
Compartirá nuestros cantos, todos seremos hermanos. Él nos dará la liber-
tad.

91
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza

Sacerdote: Saludo y Oración

En el nombre del Padre… La gracia de N/Señor JC, el amor del Padre y la co-
munión del Espíritu Santo…
Hermanos, sed todos bienvenidos. Nos hemos reunido porque queremos preparar
nuestro corazón para acoger mejor a Cristo. Que Él toque la fibra de nuestro ser, rompa
las cadenas de nuestro egoísmo y nos dé la libertad de espíritu suficiente para despren-
dernos de lo que tenemos en favor de los demás. Que el Padre nos acoja con misericor-
dia y el Espíritu Santo nos dé la alegría de descubrir el misterio de la Encarnación del
Hijo de Dios. Todo esto lo pedimos con confianza por Jesucristo N/Señor. Amén.

Lector:

Escuchemos ahora la Palabra de Dios, para que despierte en nosotros deseos de


convertirnos sinceramente…

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses (2, 5-11)

Entre vosotros tened la misma actitud del Mesías Jesús:


Él, a pesar de su condición divina,
no se aferró a su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
haciéndose uno de tantos.
Así, presentándose como simple hombre,
se abajó, obedeciendo hasta la muerte
y muerte en cruz.
Por eso, Dios lo encumbró sobre todo
y le concedió el título que sobrepasa todo título;
de modo que a ese título de Jesús
toda rodilla se doble
—en el cielo, en la tierra, en el abismo—
y toda boca proclame
que Jesús, el Mesías, es Señor,
para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios

92
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza

Cantamos: Tu palabra me da vida…

Todos (Salmo 15)

Tú eres, Señor, mi riqueza.


Tú eres la riqueza, el valor consumado,
patrón y fundamento de todos los valores.
Sin Ti, el mundo se apaga, se enfría y se vacía.
Tú das valor inapreciable
a las cosas más sencillas,
al beso, a la flor, a la semilla,
y a la palabra.
«Prefiero una palabra de tu boca
a miles de monedas de oro y plata»
Prefiero la mirada agradecida de un pobre,
la caricia del niño,
la mano tendida del amigo,
la sana convivencia,
a todos los valores de la Bolsa
y a todos los dólares del mundo.
La gente se desvive por el poder y el dinero:
son dioses falsos
que llevan insatisfacción en las entrañas.
Acumulan preocupaciones, pesadillas,
y ya no son libres ni dichosos.
Dame, Señor, tu riqueza, hazte, Señor, mi riqueza
y condúceme a tu pobreza.
Enséñame el sendero de la vida,
enséñame a perder en la vida,
enséñame a perder la vida,
para así ganarla del todo;
así me saciaré de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Cantamos: Tu palabra me da vida...

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas: (Lc. 19, 1-10).

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó y empezó a atravesar la ciudad. En esto,


un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de recaudadores y además rico, trataba de

93
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza

distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura.
Entonces se adelantó corriendo y, para verlo, se subió a una higuera, porque iba a
pasar por allí. Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo:
—Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa.
El bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver aquello, se pusieron todos a
criticarlo diciendo:
—¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador!
Zaqueo se puso en pie y, dirigiéndose al Señor, le dijo:
—La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien he extor-
sionado dinero, se lo restituiré cuatro veces.
Jesús le contestó:
—Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán.
Porque el Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo.
Palabra del Señor

Homilía

• «Nosotros apetecemos las cumbres; para ser grandes aprendamos lo pequeño.


¿Quieres conocer la excelsitud de Dios? Comprende primero la humildad de
Dios» (San Agustín). En Jesús Dios se ha hecho uno de nosotros, «uno
de tantos» (Flp 2, 7). Aparece entre nosotros con la fragilidad con que brota
la vida.
• En la debilidad solidaria de su nacimiento se revela de manera insuperable el
amor solidario del Dios-con-nosotros. El modo de encarnarse de Dios nos ha-
bla de su locura de amor, un escándalo para la humanidad. Pero «la locura de
Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios más fuerte que los
hombres» (1 Cor 1, 25).
• El Dios encarnado pone su tienda entre nosotros, quiere ser acogido, quiere
entrar en nuestra casa como lo hizo con Zaqueo.
• Su presencia, su amor, su fragilidad, su solidaridad, nos invitan a una conver-
sión de vida, conversión a la misericordia y al amor: abrir nuestro corazón a
las necesidades de los hermanos, compartir los dones que hemos recibido, vi-
vir para los demás, servir a los otros, consolar a los que sufren, llevar alegría

94
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza

y paz a los entristecidos, compartir nuestro dinero con los más empobrecidos,
acoger a los más frágiles, incluir a los excluidos.
• Pidamos perdón al Señor y a nuestros hermanos. Dejemos que él se hospede
en nuestra casa, que su Palabra ilumine nuestras vidas y nos invite a la con-
versión.

Examen de conciencia. Monitor:


A la luz de la compasión que Dios tiene por nosotros pecadores. Confiados en su
perdón y en su misericordia, alegres porque su gracia nos da hoy una nueva oportu-
nidad de cambio, examinamos nuestra conciencia.
¿Qué nos impide ser compasivos y misericordiosos?
•  N
 os puede nuestra apatía y comodidad, nuestros propios intereses. Estamos
ciegos para ver y sordos para escuchar el clamor de los que sufren. Nuestro co-
razón está apagado, sin sensibilidad ni amor. Ya no hay espacio en él para los
demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza
de la alegría del amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. (Silencio).
• Estamos quizá demasiado apegados a nuestra imagen. El orgullo nos impide re-
conocer nuestra miseria y debilidad ante los demás y nosotros mismos. Vivimos
obsesionados con nuestra imagen y atemorizados por el qué dirán. Necesitamos
ser más humildes para poder aceptarnos y aceptar a los demás. (Silencio).
• Pecamos mucho de soberbia. Nos creemos los mejores, superiores a todos.
Enseguida sacamos a la luz los defectos de los demás, sin fijarnos en la viga
que tenemos en nuestros ojos. (Silencio).
• Somos ricos. ¿Es pecado ser rico? El pecado no está en el dinero sino en el
uso que hacemos de él. El dinero acaba convirtiéndose en un dios que compi-
te con la voluntad del Dios vivo y verdadero. Acumulamos dinero y bienes
sin darnos cuenta de que se lo estamos quitando a otros. Dar de lo que nos
sobra es hacer justicia, porque con ello restituimos la voluntad del Padre; dar
de lo que necesitamos, ésa la verdadera caridad. ¿Cuánto tendría que dar yo?
¿Cuánto podría dar yo? Lo importante no es la cantidad sino definir un pro-
yecto, para nosotros mismos empezar un camino de progresiva generosidad y
desprendimiento. El Papa nos invita a vivir una solidaridad desinteresada y a
pasar a una ética a favor del ser humano (EG, 58). (Silencio).
• Cuando hablamos de compartir, enseguida pensamos en el dinero, y sin em-
bargo también tenemos que compartir nuestro tiempo. Compartir ese tiempo
que tan celosamente guardamos para nosotros mismos o para nuestras cosas.

95
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza

Dar con generosidad de nuestro tiempo a los demás. Tiempo en forma de


compañía, diálogo, presencia, servicio a los demás. (Silencio).
• Tenemos de todo o de casi todo, menos tiempo y ganas para estar con Dios.
¿Cómo vamos a conocer su voluntad si nunca nos paramos a preguntársela?
¿Cómo vamos a gozar de su amistad si nunca dialogamos con Él? La escucha
de la palabra y la oración son decisivas en la vida del cristiano.

Peticiones de perdón: Recitadas por todos


Después de cada petición cantamos «Perdón, Señor, perdón»
• Por nuestra indiferencia y apatía ante los problemas y sufrimientos del mundo.
• Por nuestros pecados contra la justicia, por acción u omisión
• Por nuestra cerrazón y falta de amor.
• Por no escuchar a Dios.
• Por nuestros gastos superfluos y nuestros apegos materiales.
• Por nuestra vida consumista.
• Por la dureza de nuestro corazón.
• Por nuestra indiferencia hacia los demás.
• Por nuestro rechazo del pobre.
• Por nuestras comodidades y perezas.
• Por nuestro egoísmo y soberbia.

Preces: Recitadas por un lector (despacio)


Señor, te pedimos:
• Un corazón misericordioso, como el tuyo.
• Que tengamos actitud de servicio y ayuda.
• Capacidad para acoger al hermano, y compartir, aun aquello que necesitamos.
• Capacidad para escuchar y dejarnos evangelizar por los pobres.
•  Fortaleza para denunciar las injusticias y para consolar y liberar a los opri-
midos.
• Que sepamos encontrarte en el pobre y en el que sufre.
• Abrirnos de verdad a tu venida.
• Que sepamos empobrecernos para que otros se enriquezcan.

96
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza

Padre Nuestro

Confesión y absolución individual

Gesto penitencial
Deseamos que nuestra conversión se traduzca en limosna, en fraternidad y soli-
daridad con nuestros hermanos. Ahora pasaremos los cestos, para compartir nuestro
dinero con los más pobres.

Oración final: Recitada por todos

Señor, con todos los hombres y mujeres


que en la noche buscan la justicia,
que van tras un destello de paz,
que gritan el amor en el desierto..
esperamos la debilidad sorprendente,
saludamos a la inesperada luz,
te recibimos a ti, vida de la vida
que supera toda capacidad de esperanza.

Bendición y Canto: Hoy, Señor, te damos gracias.

97
OTROS CÁNTICOS PARA ADVIENTO

¿CUÁNDO VENDRÁS?
¿Cuándo vendrás?
Letra: José A. Olivar
Letra: José A. Olivar
Música:
Música:Miguel
MiguelManzano
Manzano

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Voz & b c œ. œ œ œ œ. œ ˙ ˙. Œ
¿Cuán - do ven - drás, Se - ñor, cuán - do ven - drás?
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¿Cuán - do ten - drán los hom - bres la li - ber - tad? Nos
Nos
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di - cen que ma - ña - nay nun - ca lle - gas nos
di - cen que vi - va - mos re - sig - na - dos nos
bia - ron el sen - ti - doa tus pa - la - bras al

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3

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9 rem DoM rem DoM

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di - cen que yaes - tás y no te ve - mos
di - cen que túal hom - bre das con - sue - lo mien - tras
gri - to de lour - gen - tehan pues - to fre - no de tihi -

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11 solm7 Do7 Fa7M Sib7M

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di - cen quee - res a - mor y nos - o - dia - mos
tan - to lain - tri - ga ha - ce sues - tra - go mien - tras
cie - ron un Dios a su me - di - da in - ten -

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13 solm6 3 Mi7 La7

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3

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99
di - cen quee - res u - nión, va - mos dis - per - sos Noes tu
tan - toel ren - cor es nues - tro due - ño
ta - ron tam - bién com - prar tu cie - lo.
15 rem
j SolM Sib7 La7
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Otros cánticos para Adviento
di - cen quee - res a - mor y nos - o - dia - mos
tan - to lain - tri - ga ha - ce sues - tra - go mien - tras
cie - ron un Dios a su me - di - da in - ten -

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13 solm6 3 Mi7 La7

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rei - no Se - ñor la tie - rra noes tu rei - no - no. Noes tu
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rei - no Se - ñor, la tie - rra noes tu -

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Si no - so - tros sa - li - mos a la vi - da par -
Si no - so - tros sa - li - mos a la vi - da ar -
Si no - so - tros sa - li - mos a la vi - da vi -
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## Sib DoM ReM
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& œ œ œ œ œ œ œ œ œ. œ œ œ ‰ ‰ œj
tien - do nues - tro pan con el ham - brien - to rom -
ma - dos de con - cor - diay sin es - truen - do qui -
vien - doen nues - tra car - ne tue - van - ge - lio di -

# SolM j
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28 Si7 La7 ReM sim
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pien - do pie - draa pie - dra las dis - cor - dias, po -
tan - do lao - pre - sión del o - pri - mi - do a -
cien - do quees ur - gen - te des - per - tar - se que
30
## Mi7 mim
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La7 ReM Re7

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œ œ œ œ œ nœ œ œ
nien - doel bien en to - dos tus sen - de - ros. La tie - rraem - pe - za - rá
brien - do nues - tra ca - saal fo - ras - te - ro.
so - lo los sin - ce - ros ven tu rei - no.
33
## SolM solm ReM
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Mi7 La7 ReM ReM Re7

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VEN A NUESTRO MUNDO

Ven, a nuestro mundo Música: Juan Jáuregui


Juan Jáuregui
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DoM lam DoM FaM DoM rem SolM

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Voz

Ven a nues - tro mun - do que tu_a - mor nos sal - ve, ven a re - di - mir - nos,

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4 rem Sol7 DoM lam

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ven, Se - ñor, no tar - des. 1. - ¡Qué be - lla_es la
2. - Le - van - ta los
3. - Con la Vir - gen
4. - La no - che_ha pa -
5. - Pre - pa - ra_el ca -
7 FaM DoM
j
lam SolM lam

&c œ œ ‰ œ œ œ œ œ œ œ. j œ œ
œ œ œ œ œ
no - che cua - ja - da de_es - tre - llas! Si voy de tu ma - no las
o - jos, del sue - ño des - pier - ta, que ba - ja_el Me - sí - as, del
Ma - dre te_es - pe - ra la_I - gle - sia. Ya pron - to se cum - plen, Se -
sa - do, el dí - a se_a - cer - ca. El "Dios con no - so - tros" ya_es -
mi - no al Rey - que se_a - cer - ca. El Hi - jo del Pa - dre es

42 ˙
10 rem Sol7 DoM

& œ œ œ œ œ œ
ve - - - o más cer - ca.
cie - - - lo_a la tie - rra. a$
ñor - - - tus pro - me - sas.
tá en nues - tra tien - da
hom - - bre de ve - ras.

101
TIEMPO DE NAVIDAD 2014

«Él, siendo rico, se hizo pobre


para enriquecernos con su pobreza» (2 Cor 8, 9)

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN

I.  Navidad: «Decrecer para crecer»

La época en que vivimos, que denominamos como un momento de crisis, nos


está haciendo reflexionar sobre una cuestión fundamental humana, social y cultural:
los límites de la naturaleza, de la persona, de la sociedad, de la economía. Es más,
está naciendo una filosofía nueva que invita en movimientos nuevos a vivir de otra
manera; el eslogan de este nuevo espíritu es sencillo: «Decrecer para crecer». Nos
preguntamos qué podemos decir en esta aventura desde la teología, el evangelio, la
cristología. La respuesta no se hace esperar, en Jesús de Nazaret encontramos la pa-
labra que nos ilumina y nos transfigura para este momento, y especialmente el mis-
terio de la encarnación que celebramos en la Navidad, que es iluminado por la pala-
bra que se hace carne, acampa entre nosotros y nos muestra cómo Cristo siendo rico
se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. El nacimiento de Jesús es respues-
ta divina para este momento de un modo singular. En este tiempo no hay duda de
que la Navidad nos invita a decrecer para crecer. En ella se abren para nosotros los
caminos que nos invitan a desmontar una imagen falseada de Dios como el omnipo-
tente, ilimitado, infinito, fuera de la historia y del mundo, para verlo en la debilidad,

103
Tiempo de Navidad 2014

en los límites, en la finitud, enmarcado en la historia y ligado al mundo, «como uno


de tantos». Precisamente en dicha debilidad y limitación es donde vamos a encontrar
su fuerza y su poder, manifestado en una misericordia entrañable, una ternura infini-
ta e ilimitada que es capaz de vencer hasta los límites de la propia muerte.

Los límites de Dios: «Un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre»

La expresión «nuestro Dios limitado», puede iluminar en parte el modo en el


que, en Jesús, Dios se hace presente en Belén —«envuelto en pañales y acostado en
un pesebre»—, aceptando los límites y viviéndolos como posibilidad. Es una expre-
sión acuñada en el siglo octavo, en el segundo concilio de Nicea. Los padres conci-
liares trataban de dilucidar si era o no lícito representar a Dios en imágenes, pintu-
ras, esculturas, etc… con forma humana. Algunos consideraban esto una falta de res-
peto a la majestad de un Dios todopoderoso (iconoclastas). Para responder a la cues-
tión, los padres conciliares alegan que no es el artista (pintor, escultor, etc.) el que
reduce la majestad de Dios al representarlo en forma humana, sino que es el mismo
Dios el que, en Jesucristo hecho hombre, ha decidido libremente someterse a los lí-
mites de la propia humanidad. En la encarnación, Dios se circunscribe, se limita a
los riesgos y a las posibilidades que tiene la aventura de ser persona, y es desde este
límite, desde el que, en Jesús, se nos revela el rostro del Padre, se nos anuncia el
Reino de Dios y se nos llama a vivir nuestra vida de creyentes. Desde esta clave es
desde la que los padres conciliares llaman a Jesús nuestro «Dios limitado»…

Dios a la intemperie de la debilidad humana

Efectivamente, la encarnación implica aceptar los límites de la aventura de ser


persona. Límites que pueden tener que ver con lo personal, con lo ambiental, con lo
social, con lo cultural, con lo religioso… Encarnarse es exponerse a los límites, vivir
a la intemperie, contar con las reglas de juego con las que las personas cuentan…
Cuando decimos que en Jesús Dios se ha encarnado, se ha hecho hombre, no sólo
estamos diciendo que asume la naturaleza humana, 46 cromosomas, que diría la
ciencia actual; la encarnación va mucho más allá, e implica todo lo que es límite en
la persona. Con una preciosa expresión nos explica esta gran verdad de nuestra fe el
prólogo del evangelio de Juan (1, 14):
El verbo se hizo carne
Y puso su tienda entre nosotros
Y hemos visto su gloria…

104
Tiempo de Navidad 2014

Carne, sarx, ser humano constituido en debilidad, en fragilidad, en límite. Si en


el relato de la creación, Dios creó al hombre del barro de la tierra, este prólogo de
Juan nos habla de carne, expresando la misma idea de aquel barro, frágil, expuesto,
limitado.
Pues es, desde esta limitación de la propia encarnación, como Jesús se sitúa en
condiciones adecuadas para transmitirnos la Buena Noticia de que Dios nos ama. El
hecho de la Navidad, del nacimiento de Cristo, es la clave de comprensión del amor
todopoderoso e ilimitado de Dios, que se expresa a la intemperie en la debilidad más
desnuda.

Pesebre y cruz, la misma madera

Como podemos comprender ya desde esta reflexión, ése estar expuesto a los lí-
mites que supone la encarnación no es simplemente algo puntual en la vida de Jesús,
sino que es más bien una clave de su vida, una síntesis de su forma de ser persona.
Iluminar desde la fragilidad y la debilidad es la constante de la vida de Jesús. En el
Nuevo Testamento hay un término que explica de forma adecuada esta idea y que es
el término central de un himno que aparece en la carta de Pablo a los Filipenses (2,
6-11). Este término es Kénosis (abajamiento, hacerse siervo, vivir desde abajo, com-
partir la condición humana, en definitiva, vivir desde los límites), en él se unen naci-
miento-encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección.
El himno concentra la vida y el mensaje de Jesús, desde la clave de la kénosis,
de la siguiente manera:
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
Al contrario, se despojó de su rango, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre sobre todo nombre,
para que, al nombre de Jesús, toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Hemos de fijar nuestra atención en el movimiento que describe el himno: El que


era de condición divina, toma la condición de siervo, hasta las últimas consecuen-
cias. Decrecer al máximo, con todo lo que eso tiene de entrega, de servicio, de vida

105
Tiempo de Navidad 2014

compartida a favor de los demás. En este primer movimiento, Jesús es el agente de


la acción, el que lo decide y lo lleva a cabo, con todo lo que significa. Es lo que ve-
mos reflejado en la ternura exigente y radical del niño en el portal; no se trata de un
sentimentalismo sino de las entrañas y del ser de Dios.
A este movimiento le sigue un segundo movimiento, según el cual Jesús es colo-
cado en lo más alto. Pero en este caso, no es Jesús el agente de la acción, sino que es
Dios quien lo exalta. Y lo más llamativo es que este segundo movimiento se nos pre-
senta como una consecuencia del primero: Por haberse abajado, ha sido exaltado,
por haberse hecho el servidor de todos, es reconocido como Señor de todos, por vi-
vir la vida desde lo pequeño, alcanza la grandeza, por decrecer, crece y hace crecer.
El que nace en Belén, en el anonimato más craso, es el único Señor exaltado en los
cielos a la derecha del Padre.
No podemos olvidar, al leer este Himno de Filipenses, que es una especie de sín-
tesis de la propia vida de Jesús, que arranca en su proceso de encarnación, pasa por
la vida y pasión, muerte de cruz y es plenificado en el acontecimiento de la resurrec-
ción; no nos es nada difícil recordar escenas de la vida de Jesús viviendo desde el
servicio a los pobres, enfermos, huérfanos, viudas, extranjeros, etc., y es precisa-
mente esta forma de vivir y de entregar la vida desde el pesebre y la cruz, la que
hace que los discípulos le confiesen como el Señor.

Espiritualidad para tiempo de crisis

Para completar esta reflexión, hemos de fijarnos en el final del Himno de Fili-
penses: Según nos transmite este texto, Jesús es exaltado por haberse empequeñeci-
do y este estilo de vida es el que se propone a los seguidores de Jesús. Seguir a Jesús
es creer que decreciendo se crece, que entregando se gana, que dando la vida, se re-
cobra. En definitiva es la dinámica del tesoro escondido, del grano de trigo:
Os aseguro que si el grano de trino no cae en tierra y muere no da fruto, pero si
muere da mucho fruto.
El que quiera guardar la vida la perderá, pero el que la pierda por mí y por el evan-
gelio, la salvará…
Siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza.
Resumiendo, podemos afirmar que seguir a Jesús es el proceso por el que la co-
munidad cristiana se convence de que la única forma de ser feliz, de ganar la vida,
de dar fruto, de disfrutar del tesoro escondido, etc., es vivir la vida desde la entrega y

106
Tiempo de Navidad 2014

desde el servicio, el Señor nos invita a entrar en su sacramentalidad, en la señal de la


salvación que está en la debilidad y los límites amados y transformados en la obe-
diencia al Padre, aceptando DECRECER PARA CRECER. Así lo vivió Jesús en Na-
zaret y así se nos llama a vivirlo a nosotros.

II.  Claves para la celebración de una Navidad auténtica y original

Pensadores actuales en el ámbito de la filosofía y de la teología española han ha-


blado de la necesidad de matar nuestros dioses para poder llegar al Dios verdadero
que se nos ha manifestado en Jesucristo. Explican cómo a lo largo de la historia del
cristianismo hemos ido elaborando imágenes del Dios de Jesucristo a nuestro modo,
y cómo dichas representaciones culturales y morales en lugar de acercarnos a la ex-
periencia de Dios la acaban obstaculizando. El propio Concilio Vaticano II nos avisa-
ba cómo una de las causas del ateísmo contemporáneo podía ser la vivencia e imagen
de Dios que transmitíamos los cristianos, que habríamos desfigurado su rostro.
Traemos este punto a colación porque, en paralelo, nos puede pasar algo parecido
con el misterio de la encarnación y más en concreto con el sentido, vivencia y cele-
bración de la Navidad, referida a dicho misterio. A lo largo de los siglos hemos ido
celebrando y viviendo este misterio de modos y formas distintas y quizás también
distantes de la realidad del misterio que se celebra: el nacimiento de nuestro Señor
Jesucristo, el misterio de la encarnación. Del mismo modo que los expertos en feno-
menología de la religión nos invitan a desmontar ciertas imágenes de lo divino para
poder encontrarnos con Él, nos gustaría hacer ese ejercicio con el misterio de la Na-
vidad y su celebración. Entrar en claves teológicas y celebrativas que nos ayuden a
acercarnos, con autenticidad y originalidad —las propias de este misterio— a la cele-
bración de esta Navidad. Para ello vamos a ir planteando algunas cuestiones que nos
parecen sugerentes para interpelarnos y descubrir con gozo la alegría de la salvación
que nos ha llegado con esta buena noticia de Jesús de Nazaret, nacido de María.

Navidad en la historia

Un primer peligro es contemplar la Navidad fuera del tiempo y del hoy concreto
en el que nos encontramos. Desconectar el misterio del nacimiento de Cristo de la
historia de la salvación. Hacer de ella un rito descontextualizado de la historia y de
su proceso, como si fuera un aerolito que llega sin más y que ahí permanece como
recuerdo del pasado. Pero este hecho teológico venía preparado desde muchos siglos
antes, en un avatar de promesas continuas que Dios venía haciendo al pueblo de Is-

107
Tiempo de Navidad 2014

rael y, desde él, a toda la humanidad. Jesús fue consciente e interpretó su nacimiento
en el marco de una historia de salvación realizada a través del pueblo de Israel. Se-
guro que Él conoció esta tradición que pasaba de padres a hijos y que iluminaba el
presente y las esperanzas con las que vivían: «Cuando te pregunte tu hijo el día de
mañana… Tú le responderás: “Nosotros éramos esclavos del faraón de Egipto y el
Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte. El Señor hizo a nuestros ojos milagros y
prodigios grandes y terribles en Egipto contra el faraón y toda su corte. Y a nosotros
nos sacó de allí para introducirnos y darnos la tierra que había prometido a nuestros
antepasados”». (Dt 6, 20-23).

En la experiencia fundante de Israel queda claro que Dios es el Dios de la histo-


ria; la historia es lugar teológico, Dios es secular. Y esto que se inició con el éxodo
ha encontrado plenitud en el momento de la historia en que el creador se ha hecho
criatura, adentrándose en la historia, en un lugar concreto y en una época singular:
“En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto… y cada uno iba a
inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de
Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David» (Lc 2,
1-4). Dios creador se hace criatura y se adentra en la historia para vivirla y asumirla
en toda su realidad, para hacerse cargo de ella, «como uno de tantos».

En este sentido la Navidad viene a proclamar el sentido de la historia que se rea-


liza en lo concreto del pueblo, en sus avatares, sus alegrías y tristezas, sus esperan-
zas y desesperanzas, fracasos y éxitos. A nosotros nos toca adentrarnos en este mo-
mento histórico que pertenece también al proyecto de salvación de Dios Padre y es
en nuestro ahora donde nos toca celebrar la encarnación. No se trata tanto de mirar
hacia atrás para recordar algo que aconteció allá a lo lejos hace más de veinte siglos;
sino para rememorar esa presencia histórica de nuestro Dios, a quien vez que se ha
ligado a la humanidad en Jesucristo nada les ajeno, y quiere prolongar su encarna-
ción salvadora en esta época y en este pueblo del que nosotros formamos parte.

A la Iglesia, a los cristianos, nos toca esa prolongación del Verbo encarnado hoy y
aquí, para eso tendremos que descubrir, al hilo de los sentimientos de Cristo y su pro-
yecto del Reino de Dios, por dónde sopla el Espíritu y se dan las señales de la salva-
ción; por dónde apuntan las promesas de lo definitivo y escatológico. Está claro que la
salvación y la presencia real de Dios no se da fuera de lo humano, fuera de la historia,
ni fuera del mundo. Toda presentación del misterio de la Navidad fuera de la histo-
ria no será fiel a lo que Dios ha querido realizar al hacerse criatura en la debilidad de
un niño recién nacido, en un pueblo y en una familia concreta. Nos toca descubrir hoy
las señales de la encarnación, en el espíritu del resucitado, las que siguen dando cuen-
ta de que las promesas de Dios se cumplen aquí y ahora en su proximidad y cercanía

108
Tiempo de Navidad 2014

salvadora. Nos toca interpretar y vivir nuestro presente en la esperanza de que nada
nos podrá separar del Dios que por amor se ha hecho hombre y que, una vez encarna-
do —humanado—, ya nunca nos deja, porque nunca ya deja de ser humano.

Navidad, la razón de amor divino

No hay más razón para la encarnación que el puro amor: «Tanto amó Dios al
mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3, 16). El amor y la gratuidad es el eje
transversal de lo divino que pasa por la creación, la encarnación, la cruz y la resu-
rrección, uniendo en un mismo sentimiento toda la realidad creada y toda la historia
de la salvación. Historia y creación se ven involucradas en el mismo proceso de
amor:
«El Señor se fijó en vosotros y os eligió, no porque fuerais más numerosos
que los demás pueblos, pues sois el más pequeño de todos, sino por el amor que os
tiene y para cumplir el juramento hecho a vuestros antepasados. Por eso os ha saca-
do de Egipto con mano fuerte y os ha librado de la esclavitud del poder del fa-
raón, rey de Egipto» (Dt 7, 7-8).
«Porque amas todo cuanto existes y no aborreces nada de lo que hiciste, pues si
odiaras algo, no lo habrías creado. ¿Cómo subsistiría algo si tú no lo quisieras?
¿Cómo permanecería si tú no lo hubieras creado? Pero tú eres indulgente con todas
las cosas, porque todas son tuyas, Señor, amigo de la vida» (Sb 11, 24-26).
Celebrar el nacimiento de Cristo es reconocer el artículo marco del credo cristia-
no, a Dios como Padre. En el nacimiento de Cristo, está la raíz que posibilita que to-
dos seamos hijos en el Hijo, sin vuelta atrás. El amor gratuito, realizado en la liber-
tad que posibilita la dignidad de todos los hombres, es el centro de nuestra fe y es la
razón última del misterio de la Navidad.
La Iglesia que dice a Dios hoy que quiere ser fiel al misterio divino de amor y a
la libertad manifestada en el nacimiento de Jesús de Nazaret, ha de andar por el ca-
mino de libertad amorosa manifestada en la gratuidad radical, que se hace real cuan-
do sienta en su mesa y hace protagonistas de su familia a los que no pueden pagar y
sin embargo traen la salvación. Es necesaria una iglesia co-creadora con el Espíritu
que genera vida en los que no son nada. Frente al comercio y al consumo, estructu-
rado desde la clave del éxito y la eficacia, la Iglesia con sencillez ha de ser signo de
la libertad, manifestada en la gratuidad y en la fe en los pobres; su clave ha de ser
entregarse por amor a la humanidad. Sólo este discurso, vivo y comprometido, hará
creíble la celebración del misterio navideño.

109
Tiempo de Navidad 2014

Navidad sin comercio, sólo el de la generosidad

«Odio, desprecio vuestras fiestas, me disgustan vuestras solemnidades. Me presen-


táis holocaustos y ofrendas pero yo no los acepto, ni me complazco en mirar vuestros
sacrificios de novillos cebados. Apartad de mí el ruido de vuestros cánticos, no quiero
oír más el son de vuestras arpas. Haced que el derecho fluya como el agua y la justicia
como río inagotable» (Am 5, 21-25). Los profetas continuamente avisan al pueblo de
la tentación de vivir en un religión acomodada, de culto vacío. La clave fundamental
de esa religión falsa es que no favorece el derecho y la justicia, sino que calla y se di-
rige a Dios sin compromiso de misericordia en la historia. Esto rompe el rostro verda-
dero de Dios, hace del Templo un poder y de la Ley un lugar de opresión y dominio.
Hoy se nos pide huir de una Navidad enjaulada en oro y consumo, sometida al
Dios del consumo y del dinero. Un culto vacío sin justicia ni verdad. Para celebrar
este misterio no podemos olvidar que Jesús presenta la verdad de la religión desde la
voluntad del Padre, acorde con su misericordia, y da un nuevo rostro de Dios y del
monoteísmo, así como del templo y de la ley. Su nacimiento sencillo y pobre se con-
vierte para nosotros en la referencia, examen e interpelación de nuestro modo de en-
tender el cristianismo, el culto y la verdadera praxis cristiana.
El Dios de Jesucristo no es compatible con una religión que busca el acomodo en
un ámbito neoliberal-capitalista, que, para asegurar su permanencia, calla, sin actuar,
ante un derecho excluyente y una injusticia flagrante. Buscar los caminos de la verda-
dera religión y en ella del verdadero culto es una llamada constante en el orden actual
en que nosotros vivimos. No podemos someter la celebración de la pobreza divina
que nos enriquece a un marco de consumo depredador y asfixiante. La Navidad es el
momento de redescubrir la generosidad y la posibilidad de celebrar la vida en la fies-
ta de la fraternidad, donde la riqueza son los otros como hermanos. Sólo así podre-
mos llegar al culto de lo verdadero generado en los sentimientos del evangelio que
nos hace hermanos.

Navidad, perfección en los límites

El nacimiento de Jesucristo fue de una manera que rompió los marcos y las fron-
teras que la religión había ido imponiendo institucionalmente a la voluntad divina.
Frente a un Dios del poder, del éxito, la riqueza y la eficacia, aparece la señal de lo
divino en lo limitado de la historia, en el marco de lo débil, lo excluido, lo pobre, lo
insignificante y aparentemente ineficaz. El Dios todopoderoso muestra su poder de
un modo escandaloso en un pesebre y en un final de cruz, maderas de lo pobre que

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Tiempo de Navidad 2014

generan la vida y la esperanza de la resurrección y de un mundo nuevo. La perfec-


ción de lo divino camina por los límites más que por lo ilimitado; o, si queremos,
por lo ilimitado de la misericordia y la ternura entrañable de Dios con los limitados
de la historia. El absoluto de la creación, la historia y la vida se revela en lo concre-
to, lo parcial, lo pequeño de la realidad:
«La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria…»
(Jn 1, 14).
«Pues ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo
rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9).
«Esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y acos-
tado en un pesebre» (Lc 2, 12).

El misterio de la encarnación, refrendado en la resurrección, es la apuesta total de


Dios por el hombre, por todo el hombre y por todos los hombres. Este misterio se hace
creíble en su apuesta por los más débiles; si Dios opta por ellos, entonces opta por to-
dos; no hay marginación ni exclusión alguna. En el débil y en el pobre está la señal de
Dios y su carácter universal. La Iglesia ha de ser —y no puede ser otra cosa si quiere
ser fiel a lo que es: sacramento— encarnada y su encarnación es apuesta por todos los
hombres desde los débiles. La opción, por tanto, no es por los pobres sino por la hu-
manidad entera, lo cual sólo se hace creíble desde los pobres que es donde se cobra su
verdadera universalidad y, por tanto, su catolicidad.
Si como cristianos queremos anunciar al Dios de los hombres, hemos de andar por
los caminos de la catolicidad —de la universalidad en el ecumenismo de los débi-
les—, no se trata de que vengan los últimos o de que hagamos algo por ellos, sino de
que sean estructurantes de nuestra familia eclesial, de que la Iglesia sea de su carne.
Fieles al evangelio de Jesús, frente al mensaje competitivo y diferenciador, frente al
particularismo y reduccionismo implantado desde la imposición de los poderes que
quieren ser únicos y universales, hemos de presentar la catolicidad de una universali-
dad que partiendo de lo débil y de lo pequeño se hace lugar accesible para todos fun-
damentando una ética nueva y universal.

Navidad, buena noticia para los pobres

El relato evangélico no ofrece dudas: el nacimiento de Jesús provocó alegría en los


últimos y sencillos de aquella realidad anónima y olvidada en medio de la humanidad, en
medio del campo. Es allí, a los pastores —en los que se sacramentaliza toda la humani-
dad que vive desnuda a la intemperie—, donde se proclama la alegría de un gloria exul-

111
Tiempo de Navidad 2014

tante y liberador que trae la alegría para todo el pueblo: «El ángel les dijo: “No temáis,
porque os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad
de David, os ha nacido un salvador, que es el Mesías, el Señor”» (Lc 2, 10-11). La clave
del Reino se revelaba en la señal del niño envuelto en pañales que en su pobreza enrique-
ce y levanta a la humanidad caída. Es fruto del espíritu y su coherencia con el pesebre se
hará realidad, sin ambigüedades, en su adultez: Llegó a Nazaret, donde se había criado.
Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para hacer la lectura…
«El espíritu de Dios está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a
los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista los ciegos, a
libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4, 16-19).
La salvación viene de Nazaret y el mensaje del Nazareno se articula en las bien-
aventuranzas que traen un orden nuevo desde su propio nacimiento, será Él quien:
• Coma con los pecadores y pobres.
• Abra el Reino para los que estaba cerrado sin excepción.
• Transforme las claves fundamentales del monoteísmo, de la ley y del templo
y las haga universales para acoger en su seno todo lo perdido del mundo: Un
Dios Padre de todos en la cercanía y en la proximidad, un nuevo culto en es-
píritu y en verdad, una ley que sólo puede generar libertad y salvación para
los que la descubren.

La Iglesia, fiel a Jesucristo en el pesebre de la vida y la historia, ha de revisar conti-


nuamente su ser con la inquietud permanente que le haga preguntarse qué Dios, qué
templo y qué ley es a la que está sirviendo y proponiendo a los hombres. Un verdadero
medidor de su ser y calidad estará en su referencia a los que no son en el mundo frente a
la preocupación angustiosa por su seguridad y permanencia como institución. Frente
a un mundo que siempre se dirige y se organiza desde los fuertes y los poderosos —pri-
meros de este mundo— hemos de anunciar el Evangelio de Jesucristo a los más pobres
y a los que nunca llega. No sólo hay que hacer por los pobres sino que tenemos que dar-
les la primacía en el anuncio del evangelio y del amor del Padre, que este incluye como
dato y primario y originario. Necesitamos hoy una espiritualidad de la encarnación que
nos abra los caminos de la experiencia cristiana en nuestro propio mundo para llevarnos
a la «mística» y a la «política». No hay otro camino para una nueva evangelización.

Navidad, pascua de la creación

«Dios, sin embargo, lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues


era imposible que ésta lo retuviera en su poder…» (Act 2, 24).

112
Tiempo de Navidad 2014

El que ha resucitado es el «siervo de Yahvé», el «Emmanuel», el «hijo amado».


La resurrección confirma teológicamente toda la historia de la salvación: el éxodo,
la creación, la liberación del pecado, la alianza y la promesa, pero sobre todo la en-
carnación, la vida y el mensaje de Jesús, la cruz como lugar de gloria y no de
muerte.
El que resucita es el que nació en un pesebre en Belén, el de las llagas y el costa-
do abierto, el que no tenía donde reclinar la cabeza, el hereje, el blasfemo, el que co-
mía con los pecadores haciéndose uno de ellos, el que perdonaba lo imperdonable,
el que no cumplía la ley y se puso de parte de los hombres en nombre de Dios.
La verdad de la encarnación se une y confirma cuando creemos en lo imposible,
desde los signos que llevan al hombre de la nada y la muerte al todo y a la vida, y
que gritan continuamente: «No está aquí, ha resucitado».
El pobre Jesús de Nazaret, que nació envuelto en pañales, ha resucitado y vive
para siempre. La resurrección es signo de la libertad y la justicia definitiva que tiene
como fundamento y objeto al Dios de la vida afectando toda la realidad humana. En
la resurrección la libertad y la igualdad se hacen definitivas y se unifican, no puede
ser una sin la otra. La resurrección da libertad y fundamenta la igualdad desde la fra-
ternidad que ya se hace viable y posible. Nosotros celebramos la Navidad desde el
Resucitado, es su fuerza la que construye la humanidad nueva del Reino y la que nos
abre, desde el Espíritu de la vida, a creer que podemos nacer de nuevo y de lo alto,
como Jesús; que otra Iglesia y otro mundo es posible. Sabemos que la fraternidad
generada en Belén no tiene vuelta atrás y así la comunidad confiesa. Creemos que
por Él y en Él vamos a nacer a la vida eterna, y entonces la Navidad de la creación y
de la humanidad se harán Pascua definitiva en la plenitud de lo divino.
Entonces descubriremos el misterio pleno de la encarnación, del Dios que se
hizo hombre para que todos nosotros naciéramos definitivamente en el corazón de
Dios: «Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva… Y dijo el que estaba sentado en el
trono: he aquí que hago todas las cosas nuevas… Me dijo finalmente: ¡Ya está he-
cho! Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed, le daré a be-
ber gratis de la fuente del agua de la vida. El vencedor recibirá esta herencia, pues
yo seré su Dios y él será mi hijo» (Ap 21,1.5-7). Por eso frente a la grandeza de los
milagros presentamos lo milagroso de lo pequeño —«Esto os servirá de señal»—
que se universaliza en la novedad absoluta del corazón del Padre. Los pequeños sig-
nos del cielo nuevo y la tierra nueva no se dan sin la incorporación de los hombres,
especialmente de los pequeños, en la mesa —casa de la humanidad— de Dios, por-
que haciéndose pequeño fue como se incorporó él para llevar a plenitud nuestra sal-
vación.

113
Tiempo de Navidad 2014

Navidad, alegría sin miedo

La Navidad se presenta como lugar y fecha de alegría. Pero con la alegría ocurre
como con el amor, puede tener significados y contenidos muy distintos. Por eso ante
este tiempo es bueno preguntarse por la verdadera alegría, aquélla de la que hablan
los evangelios cuando nos narran en nacimiento de Jesús. Para eso es necesario tener
en cuenta una serie de consideraciones sobre la alegría y el momento que estamos
viviendo en nuestra sociedad actual.

La alegría es una emoción fundamental para la realización de la existencia hu-


mana, la buscamos y la necesitamos para poder ser y poder alcanzar la identidad
propia de una vida que se considera digna y llena; siempre la humanidad la ha bus-
cado y se ha interesado por obtenerla. Los caminos para alcanzarla han ido desde lo
más básico, como cubrir la necesidades elementales del ser humano, hasta el poder
alcanzar deseos, cuando no caprichos, que nos llenan de sensaciones placenteras y
festivas. Pero esto, que parece ser tan fácil, no tiene itinerarios claros y definidos,
más bien ambiguos y tortuosos, porque cuántos ciudadanos actualmente nos respon-
derían afirmativamente si les preguntamos si se sienten felices y satisfechos en el
momento actual, ¿qué nos responderían los millones de parados, o los que consumen
los fármacos que más se dispensan en nuestras farmacias y que son antidepresivos y
antiansiolíticos, y los ancianos, y… nosotros mismos?

Necesitamos un discernimiento profundo, que siempre ha estado en la palestra


pero que ahora se hace más urgente y grave por la crisis que padecemos en nuestra
sociedad, y es el que se refiere a la relación entre «bien-estar» y «bien-ser» como ca-
mino de alegría y felicidad. Cuando se impone el bienestar en la sociedad como cri-
terio casi único de realización y felicidad, enseguida aparece la clave de la seguridad
como elemento fontal de la alegría plena y el individuo se ve llamado a competir y
defenderse para poder llegar a asegurarse el éxito que garantiza cierta plenitud en el
bienestar; pero esta alegría o felicidad se convierte en dependiente de elementos
muy externos que además necesitan el reconocimiento de los otros, y eso es darle la
llave de nuestra alegría a poderes que son extraños: mercado, consumo, dinero, posi-
ción social, currículo, premios y reconocimientos… Hasta la Navidad puede caer en
esta debilidad y convertirse en Navidad del consumo.

Cuando se impone el consumo y la competitividad, entonces vivimos desde la


lucha, pero sobre todo desde el miedo. Un miedo que tiene componentes humanos
muy distintos: están los que provocan y causan miedo, porque sus decisiones impo-
nen o quitan bienestar con una fuerza superior (los mercaderes); los que sufren el
miedo y el dolor de una cruz pesada (pobres, parados, inseguros…) y que son los

114
Tiempo de Navidad 2014

más; los que por miedo se paralizan y sólo quieren seguir seguros, y aunque se dan
cuenta de la maldad del sistema y del sufrimiento de los otros, sólo se preocupan de
no tentar a los que tienen poder y asegurar su cuota pequeña de «felicidad segura»
en su pobre individualidad y parcela afectiva y placentera (clase media).
Pero también están los que se enfrentan al miedo: a los que lo causan (el faraón
en Egipto), a los que los sufren poniéndose a su lado y entendiendo la historia desde
ellos (pobres y crucificados siempre presentes en la historia); interpelando a los que
se adormecen y se venden por pequeños platos de lentejas de la seguridad (la masa de
la sociedad acomodada con un bienestar parcelado y excluyente); los que se arriesgan
y se abrazan al pesebre y a la cruz no para perpetuarla sino para transformarla. Éstos
son los que han entendido que el «bien-estar» requiere del «bien-ser» para ser autén-
tico y humano, y que no pueden doblegarse y entregar el «bien-ser» para asegu-
rar el «bien-estar», porque éste sin aquél es engañoso, y aunque aparentemente otorga
alegría no es verdadera, ni permanente, porque se asienta sobre caprichos, injusticias
y mentiras y se convierte en causa de pena y tristeza para otros, los más débiles; sa-
bemos que toda alegría que suponga dolor y tristeza para otros no es verdadera; aun-
que nos entretenga y nos dé placer; no deja de ser un sucedáneo de lo verdadero.
La alegría que proclaman los ángeles, la que sienten los pastores, la que hace sal-
tar de alegría a Isabel, la que descubren los magos de Oriente, esa alegría es la que
trae el Enmanuel —Dios con nosotros, El que es—, ahí está la alegría navideña. El
Dios que es bueno en su plenitud, que es gratuidad y fundamenta nuestro ser, es el
que nos llama a la verdadera alegría que se fundamenta en el «bien-ser». Él viene
para darnos su vida, su ser, sus sentimientos, para proclamar el camino de las bien-
aventuranzas como horizonte de dicha y felicidad. No hay otro camino para la ale-
gría que la encarnación del ser, de lo bueno que nos ha sido dado Jesucristo. Todos
los que tienen su Espíritu se hacen testigos de la alegría única de una buena noticia
que trae la salvación para todo el pueblo: «El Ángel les dijo: no temáis, os traigo una
buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David, les
ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto os servirá de señal: encon-
traréis a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,
10-12).

115
Diciembre, 25:
NATIVIDAD DEL SEÑOR

HECHO HERMANO DE LO CREADO

Nacer es un verbo divino que lleva a Dios como sujeto en la acción y a Jesús
en la entrega del que es donado. Contemplar el misterio de lo humano en el absoluto
de la historia, amada y fecundada por el amor creador de Dios, es la respuesta cre-
yente que abre los ojos al ciego, ayuda a caminar a los cojos y endereza a los que ya
se doblan. Él es la buena noticia para los pobres. El creador se ha hecho criatura y la
palabra creadora carne, ya no hay nada ni nadie en esta creación ni en esta historia
que le sea indiferente, todo le afecta porque todo lo ama, porque lo ha creado y se ha
hecho hermano de lo creado adentrándose en la limitación de lo pequeño, en una se-
ñal que ya nunca vendrá con otro poder ni gloria que la ternura de los pañales de la
debilidad que lo envuelve y de la riqueza del pesebre, para que nunca nadie se pueda
sentir menos ante Él y todos lleguen a alegrarse y gozar de su señorío eterno.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Is 52,7-10. Los confines de la tierra verán la victoria de nuestro Dios.


Sal, 97. Los confines de la tierra han contemplado…
Hb 1, 1-6. Dios nos ha hablado por su Hijo.
Jn 1, 1-18. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

117
Diciembre, 25: Natividad del Señor

A LA LUZ DE LA PALABRA

Dios con sangre humana

Celebramos hoy, sin duda, una de las fiestas más importantes, más entrañables y,
a la vez, más desconcertantes de la historia de la humanidad: una fiesta en la que
proclamamos que por las venas de Dios corre sangre humana; y que por el corazón
del hombre resuenan los latidos del corazón de Dios. Nunca podremos «comprehen-
der» esto («si comprehendis, non est Deus», decía san Agustín hacia el año 415);
quizá por ello, ante este «misterio», lo único que cabe es la adoración y el silencio
agradecido.
Y, desde luego, la fiesta, la alegría y la risa: Ellas son el momento no verbaliza-
ble de toda experiencia profundamente humana, que nos conmueve hasta privarnos
de la palabra adecuada para describirla.

Lo que celebramos

Esto es, lo que celebramos hoy y aquí:


• No es lo bueno que somos y queremos ser, lo que no es poco precisamente;
de hecho conduce a toda persona de buen corazón a que desee que siempre
sea Navidad.
• Lo que celebramos, ante todo, es al Dios bueno, que, en su Hijo, «ha puesto
su tienda en medio de nosotros».
• Al Dios, que, en su Hijo, se ha hecho nuestro «próximo», «uno de los nues-
tros» (GS, 22).

Y lo ha llevado a cabo del modo más extraño que podríamos imaginar: En la pe-
queñez, en la debilidad, en la ternura de un niño recién nacido. Ese niño del pesebre,
es el mismo del que habla Juan y lo contempla «vuelto hacia el Padre y por medio
del cual se hizo todo». Éste es el lenguaje de Dios, el lenguaje de lo pequeño, de lo
débil, de lo pobre…
Hoy Dios nos desarma y desinstala. Rompe nuestros cálculos, abruma nuestras
cabezas calculadoras y cuadradas. Así, de este modo, como todo ha sucedido, ¡nadie
lo esperaba…! Nadie esperaba a un Dios mendigo, a un Dios frágil y pobre, a un
Dios en la dependencia más absoluta de un bebé. Nace en el extrarradio, a las afue-
ras de Belén, en ningún sitio hay hueco para Él. Paradójicamente éste ha sido su de-

118
Diciembre, 25: Natividad del Señor

seo: frágil, indefenso, al socaire de los hombres —para acogerlo o rechazarlo— ¡Di-
fícilmente imaginable!
Contemplemos desarmados este misterio: la ternura de Dios, la alegría del recién
nacido, la pequeñez y dependencia del Niño, el silencio roto por sus sollozos, la ri-
queza hecha pobreza. La Palabra que, siendo eterna y mayúscula, se hace minúscula
entre los hombres. Misterio desconcertante y asombroso: de la pequeñez brota la
fuerza, del silencio la Palabra, de la esperanza la vida. Con el Niño todo se trastoca:
los pobres son bienaventurados, los leprosos son curados, los ciegos ven, la vida
brota en lo inesperado.

Contemplar seducidos lo más pequeño en el absoluto

¿Qué hacer ante esto?, ¿cómo ser testigos creíbles de esto? Quizá sea imposible,
pues el acontecimiento nos desborda por completo. Pero no nos dejemos seducir por
el sólo «hacer»; pues, y en este caso de modo paradigmático, «la profecía sin místi-
ca se convierte en ideología». Es tiempo para adorar el misterio que nos trasciende.
En cualquier caso, tal vez sólo puedan ser testigos creíbles de esto los que apues-
tan por la pequeñez, la debilidad y la ternura; pues éste fue el signo de un Dios que
nace, haciéndose historia.
Pero ¿quién va a creer este mensaje? Quizá únicamente:
• Los que son capaces de escuchar en medio de tantos ruidos atronadores el
grito del silencio de Dios.
• Los que son capaces de entender «la» señal: «Un niño envuelto en pañales y
acostado en un pesebre» (Lc 2, 12).
•  «Los pequeños» y «los más pequeños» (Mt 25, 40). Los que saben que «la
fuerza de Dios se manifiesta en la debilidad» (II Cor 12, 9). Los que experi-
mentan que «Dios es ternura» (I Jn 4, 8.16).

No entenderemos la Navidad si no sabemos hacer silencio en nuestro corazón,


abrir nuestra alma al misterio de un Dios que se nos acerca, acoger la vida que se
nos ofrece y saborear la fiesta de la llegada de un Dios amigo.
Nunca estaremos preparados para tantas novedades, a pesar de que celebremos esta
fiesta todos los años. Aunque, tal vez, con sólo desearlo, sí que transmitiremos, aunque
sea sólo con balbuceos y palabras inconexas, «lo que hemos visto con nuestros pro-
pios ojos, lo que hemos contemplado, lo que han tocado nuestras manos» (I Jn 1, 1)

119
Diciembre, 25: Natividad del Señor

Desearlo con entrañas

Y desearlo sí que lo deseamos, por ello estamos aquí y ahora reunidos; así que
vamos a celebrarlo y a cantar con el profeta Isaías: «¿Qué hermosos son sobre los
montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva…! Rom-
ped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo…».

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

Villancico del Peregrino

El peregrino se acerca,
con gozo a tu puerta llama.
«No había sitio para ellos,
—en el pueblo—, en la posada».
Hay madrugada de diciembre,
la noche en las sombras nada.
El pulso el mundo retiene
y María rompe aguas.
El Verbo de Dios es carne,
pero carne enamorada.
Me sumerjo en el asombro
y el Misterio se derrama.
El alba borró las sombras,
la noche se hizo mañana.
José desdobla recuerdos,
María llora una nana.
Nos huele a cielo la noche
y a Dios sube la palabra.
La Navidad nos recrea
«la historia jamás contada».
—¿Qué estás contando, poeta,
remero del llanto del alba?
—Estoy gritando a los vientos
que Dios es de nuestra raza.

120
Diciembre, 25: Natividad del Señor

Que en las ancas de la historia


un Dios de carne cabalga.
Asombro de angelería
en la noche buena santa.
No me apaguéis la alegría,
no me robéis la esperanza,
que la fe obra el milagro
de hospedarse en mi casa.
La Navidad es «Kairós»,
tiempo de gloria y de gracias.
Abre la puerta que nace
en tu vida la Palabra.
(«La Palabra se hizo carne»
y la carne se hace gracia) (13)

Extracto de la homilía de Navidad de Benedicto XVI

¿Tenemos un puesto para Dios cuando Él trata de entrar en nosotros? ¿Tenemos


tiempo y espacio para Él? ¿No es precisamente a Dios mismo al que rechazamos? Y
así se comienza porque no tenemos tiempo para Dios. Cuanto más rápidamente nos
movemos, cuanto más eficaces son los medios que nos permiten ahorrar tiempo, me-
nos tiempo nos queda disponible. ¿Y Dios? Lo que se refiere a Él, nunca parece ur-
gente. Nuestro tiempo ya está completamente ocupado. Pero la cuestión va todavía
más a fondo. ¿Tiene Dios realmente un lugar en nuestro pensamiento? La metodolo-
gía de nuestro pensar está planteada de tal manera que, en el fondo, Él no debe exis-
tir. Aunque parece llamar a la puerta de nuestro pensamiento, debe ser rechazado
con algún razonamiento. Para que se sea considerado serio, el pensamiento debe es-
tar configurado de manera que la «hipótesis Dios» sea superflua. No hay sitio para
Él. Tampoco hay lugar para Él en nuestros sentimientos y deseos. Nosotros nos que-
remos a nosotros mismos, queremos las cosas tangibles, la felicidad que se pueda
experimentar, el éxito de nuestros proyectos personales y de nuestras intenciones.
Estamos completamente «llenos» de nosotros mismos, de modo que ya no queda es-
pacio alguno para Dios. Y, por eso, tampoco queda espacio para los otros, para los

(13)  A. Bellido Almeida, sacerdote de Mérida-Badajoz, Villancico del peregrino, Navidad


2013.

121
Diciembre, 25: Natividad del Señor

niños, los pobres, los extranjeros. A partir de la sencilla palabra sobre la falta de sitio
en la posada, podemos darnos cuenta de lo necesaria que es la exhortación de san
Pablo: «Transformaos por la renovación de la mente» (Rm 12, 2) (14).

La Navidad y sus señales

Navidad es fiesta, es vida, es ternura, es misterio, es derroche… de amor, de aba-


jamiento, de cercanía, de humanidad, de historia…
Navidad es alegría, la alegría del evangelio, que diría «el hombre del año». En un
lugar perdido, insignificante, donde brillan la pobreza y la esperanza, en medio de
las sombras de la noche, se gesta una sinfonía de luz y sonido, de silencios y susu-
rros, de soledad y compañía. En la presencia de un recién nacido, frágil, indefenso,
necesitado, se juntan ángeles y pastores, el cielo y la tierra, Dios y los hombres. Se
universaliza la alegría por el Emmanuel, patrimonio de la humanidad.
Navidad es un camino. Del cielo a la tierra y de ésta a aquél. De Dios a los hom-
bres y de los hombres a Dios. Éste hace el camino de Belén para venir a nuestro en-
cuentro, para quedarse con y entre nosotros. Abandonando su casa del cielo ha deci-
dido hacer de la tierra su hogar. No es la suya una existencia ahistórica. De ahí que
el encuentro con Dios no se da fuera del mundo, sino en él, mirando la realidad con
hondura, con ojos de fe. Hay que ponerse en camino, con todo lo que eso supone,
ponerse a tiro de Dios, dejarse buscar y encontrar por Él, dejarse mirar y amar por
Él. Viene a traernos vida en abundancia. Es el de Belén camino de ida y vuelta. Re-
correrlo implica salir de sí. Fuera comodidades, conformismos, tradiciones parali-
zantes. Vamos a Belén para volver de Belén. En Belén, hogar de la presencia en po-
breza y debilidad, encontramos la sabiduría de Dios, asumimos su estilo, nos empa-
pamos de su manera de ser, de situarse, de pensar, de sentir, de actuar y las hacemos
nuestras para ir haciendo realidad su proyecto del reino y así la vida digna y para to-
dos se vaya haciendo realidad.
En el camino son importantes las señales. Orientan, informan, evitan pérdidas,
marcan la ruta… Navidad supone detectar las señales de la presencia del Emmanuel.
Los pobres pastores, en el desconcierto de la noche, tras el gozoso anuncio de que
«hoy ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor» (Lc 2, 11),
encontraron apoyo celestial para detectar su presencia: «Miren cómo lo reconocerán:
hallarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc

(14)  Benedicto XVI, Homilía de Navidad, Lunes 24 diciembre 2012.

122
Diciembre, 25: Natividad del Señor

2, 12). En verdad habría que decir que la señal era tan desconcertante que más pro-
vocaba extrañeza que alegría por la ayuda recibida. Hoy, Dios sigue mandando ayu-
da celestial para que nosotros podamos encontrarnos con Él, sabiendo dónde habita.
Es un ángel sin alas, pero con mucha ternura, que quiere llevar a la Iglesia en volan-
das por donde huele a evangelio. Como ángel viste de blanco y tiene por nombre
Francisco, igual que un hombre de Asís enamorado de la Navidad. Éstas son algunas
señales que él nos indica para ayudarnos en la búsqueda y encuentro con el Señor:
• Ser una Iglesia pobre y para los pobres. «Hay que privilegiar sobre todo a los
pobres y enfermos, a ésos que suelen ser despreciados y olvidados… La
evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús
vino a traer» (EG, 48).
• Preferencia por «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la ca-
lle antes que por una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de afe-
rrarse a las propias seguridades» (EG, 49).
• Una Iglesia que se acerca a las personas, «se rebaja hasta la humillación si es
necesario y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el
pueblo» (EG, 24).
• Una Iglesia que sale de sí misma y va hacia las periferias, no para llevar a
Cristo, sino para encontrarse con Él allí, pues habrá llegado antes que noso-
tros y nos espera.
• Una Iglesia misericordiosa. Sueño, dice el papa, con una Iglesia Madre y Pas-
tora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo
de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y
consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro.
• Establecer un sistema económico justo, que tenga como centro, no al dinero,
sino al hombre y la mujer, como Dios quiere.
• «Es indispensable prestar atención para estar cerca de nuevas formas de po-
breza y fragilidad donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente: los
sin techo, los tóxico-dependientes, los refugiados, los pueblos indígenas,
los ancianos cada vez más solos y abandonados, los migrantes…» (EG, 210).

Siguen siendo, pues, la pobreza y la debilidad espacios privilegiados de encuen-


tro con el Señor. Ojalá hagamos caso a estas orientaciones para evitar que se pueda
decir aquello de «con nosotros está y no le conocemos» (15).

(15)  A. Sáenz Blanco, sacerdote de la Diócesis de Mérida-Badajoz, misionero en Perú.

123
Diciembre, 25: Natividad del Señor

Descendiste a nuestro infierno y asumiste nuestras


miserias
Para que tuviéramos la luz,
te hiciste ciego.
Para que tuviéramos la unión,
experimentaste la separación del Padre.
Para que poseyéramos la sabiduría,
experimentaste la «ignorancia».
Para que esperáramos,
casi desesperaste.
Para que Dios estuviera con nosotros,
lo sentiste lejos de ti.
Para que fuera nuestro el cielo,
sentiste el infierno.
Para darnos una existencia gozosa
en la tierra entre cien hermanos y más,
Fuiste excluido del cielo y de la tierra,
de los hombres y de la naturaleza (16).

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• ¿Cómo recuperar hoy el corazón de esta fiesta y descubrir el misterio que


da origen a nuestra vida?
• ¿Tenemos un puesto para Dios cuando Él trata de entrar en nosotros? ¿Te-
nemos tiempo y espacio para Él?, ¿qué obstáculos ponemos para que
Dios no haga morada en/entre nosotros?
• ¿Cuáles son los signos que nos hablan de la presencia de Dios entre noso-
tros, el Dios encarnado?
• ¿Quiénes son hoy los mensajeros que nos anuncian que Dios está entre
nosotros?, ¿qué mensaje nos transmiten?
• ¿Cómo ser testigos del Dios por cuyas venas corre sangre humana?

(16)  Chiara Lubich, Cittá Nuova, ¡In memoriam!

124
Diciembre, 25: Natividad del Señor

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

MISA DEL NACIMIENTO DEL SEÑOR.


MISA DE MEDIANOCHE

1.  Monición inicial

Lector: Hermanas y hermanos,


os anunciamos una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo.
Escuchadla con un corazón de fiesta.

Habían pasado miles y miles de años


desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra
e hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza.

Miles y miles de años habían transcurrido


desde que cesó el diluvio
y el Altísimo hizo resplandecer el arcoiris,
signo de alianza y de paz.

En el año 752 de la fundación de Roma;


durante la olimpíada 94,
en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,
mientras en toda la tierra reinaba la paz,
en la sexta edad del mundo,
hace unos 2.000 años,
en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel,
ocupado entonces por los romanos,
en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada,
de Santa María la Virgen, esposa de José,
de la casa y familia de David,
nació Jesús, llamado Mesías y Cristo,
el Salvador que el pueblo esperaba.

Hermanas y hermanos, alegraos.


Ésta es la buena noticia del ángel:
«Os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor».

125
Diciembre, 25: Natividad del Señor

2.  Procesión con el niño hasta el pesebre

Lector: Esta noche, como aquélla de la que hablan los libros, se nos ha anuncia-
do una gran noticia, una gran alegría que lo es para todo el pueblo.
Hace un rato me han dicho los ángeles que sea yo quien anuncie a la comunidad
que Jesús ha nacido. ¿Sabéis? Ellos andan muy ocupados en el cielo limpiando es-
trellas para que esta noche luzcan más brillantes que nunca.
Y me han encargado que os muestre el sitio donde ha nacido. Y también que jun-
tos alabemos al Padre por el gran regalo del nacimiento de Jesús en cada uno de no-
sotros, en nuestra vida. Así que, aclamemos juntos a Dios de forma que esos ángeles
sonrían mientras dan brillo a las estrellas y el Niño Jesús no se duerma sin sentir
nuestro cariño.

3.  Pregón de Navidad

Sacerdote:
Cuando se hizo de noche,
aquella noche,
el silencio de Dios atronaba los oídos
(hacía mucho tiempo que no se escuchaba su Palabra
y estábamos desacostumbrados a ella),
nuestros corazones estaban inquietos
y nuestros ojos parecían atisbar en el horizonte
que algo iba a suceder.
Pero el silencio de Dios seguía pesando demasiado.

¿Y quién podría romper ese silencio de Dios?


¿quién sería tan osado como para imaginar
que su voz iba a convertirse en palabra desveladora de lo secreto?
Desde luego habría de ser alguien
tan importante como un emperador,
como un sabio de renombre universal,
como un sumo sacerdote.

Pero cuando se hizo de noche,


aquella noche,
el silencio de Dios,

126
Diciembre, 25: Natividad del Señor

de modo inesperado,
saltó por los aires hecho pedazos,
quedó por completo roto.

¿Quién sería el autor


de este hecho desconcertante?
No; no penséis que lo rompió
ninguno de esos importantes personajes.
No; desde luego que no.

El silencio de Dios quedó roto


por el llanto de un niño,
que acababa de llegar
a las orillas de nuestro pequeño mundo.
El silencio de Dios quedó roto
por el llanto de un niño recién nacido,
por el llanto de «uno de los nuestros».

Y, desconcertados, podemos tocar


su piel recién estrenada y suave.
Y descubrimos,
sobrepasados por el misterio,
que ese llanto
es la única Palabra de Dios,
«que no tiene otra»,
que, «en dárnosla, como nos la dio,
en adelante ha quedado mudo».

Y experimentamos que su corazón


se ha unido al nuestro
de un modo tal,
que ya nadie podrá separarlo.

Y nos sentimos invitados


a vivir en «con-cordia»,
a compartir el corazón con todos.
Y, admirados,
sólo somos capaces de balbucear:
«Así de humano,
sólo puede serlo el mismo Dios».

127
Diciembre, 25: Natividad del Señor

4.  Monición a las lecturas

Lector: Las lecturas de esta fiesta basculan todas entre la espera y el cumpli-
miento de la gran noticia: Él está a punto de llegar, Él ha llegado.
Es una noticia que se hace realidad de un modo extraño y desconcertante: El que
está a punto de llegar, el que ha llegado, no encontró un sitio en la posada aquella
noche; y cuando nació, su madre lo tuvo que acostar en un pesebre, porque no había
un lugar para Él en nuestro pequeño mundo.

5.  Oración universal

Sacerdote: Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre de modo muy especial en


esta fiesta que hoy celebramos.
Respondamos diciendo: Que tu salvación ilumine nuestra vida.
Lector: Por la Iglesia, para que sea una puerta siempre abierta a todos los que no
tienen un lugar en el mundo. Oremos.
Por la paz, el bienestar y la justicia de todos los hombres; en especial por los que
están viviendo situaciones de hambre, violencia o privación de libertad. Oremos.
Por nuestro país, por nuestra ciudad y por nuestro barrio, por nuestros amigos y
compañeros, por nuestra familia y nuestra parroquia; por tanta gente a la que quere-
mos. Oremos.
Por nosotros que estamos aquí reunidos celebrando el nacimiento del Señor y
por todos los cristianos que hoy, en todo el mundo, viven la misma alegría que noso-
tros. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre nuestra oración. Te la presentamos con toda confian-
za por Jesucristo, tu Hijo, que hoy nace hombre como nosotros y vive y reina conti-
go por los siglos de los siglos.

128
Diciembre, 25: Natividad del Señor

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SALMO DE NOCHEBUENA

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Música: Juan Jáuregui


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A  1.  Cantad al Señor un cántico nuevo,
C  cantad al Señor, toda la tierra;
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D  cantad al Señor, bendecid su nombre.
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A 2.  Proclamad día tras día su victoria.
C  Contad a los pueblos su gloria,

D  sus maravillas a todas las naciones.
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3.  Alégrese el cielo, goce la tierra,

retumbe el mar y cuanto lo llena;
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vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque.
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A 4.  Delante del Señor, que ya llega,
D  ya llega a regir la tierra.

129
Diciembre, 25: Natividad del Señor

NATIVIDAD DEL SEÑOR. MISA DEL DÍA

1.  Saludo inicial

Sacerdote: Hermanas y hermanos, hoy nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha


dado. Es el hijo de María, el hijo de Dios hecho hombre. Es la luz y la vida; el Sal-
vador, el Mesías, el Señor.
Que Él esté siempre con vosotros.

2.  Monición inicial

Sacerdote:
Hermanas y hermanos,
os anunciamos una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo.
Escuchadla con un corazón de fiesta.

Habían pasado miles y miles de años


desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra
e hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza.

Miles y miles de años habían transcurrido


desde que cesó el diluvio
y el Altísimo hizo resplandecer el arcoiris,
signo de alianza y de paz.

En el año 752 de la fundación de Roma;


durante la olimpíada 94,
en el año 42 del imperio de Octavio Augusto,
mientras en toda la tierra reinaba la paz,
en la sexta edad del mundo,
hace unos 2.000 años,
en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel,
ocupado entonces por los romanos,
en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada,
de Santa María la Virgen, esposa de José,
de la casa y familia de David,

130
Diciembre, 25: Natividad del Señor

nació Jesús, llamado Mesías y Cristo,


el Salvador que el pueblo esperaba.

Hermanas y hermanos, alegraos.


Ésta es la buena noticia del ángel:
«Os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor».

3.  Acto penitencial

Sacerdote: Hagamos durante unos momentos silencio dentro de nosotros mis-


mos y pidamos al Señor que nos perdone.
•  Tú, que, nacido de María, te has hecho hermano nuestro, Señor, ten piedad.
•  Tú, que a todos acoges, Cristo, ten piedad.
•  Tú, hermano de los hombres, Señor, ten piedad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición al gloria

Sacerdote: Alegrémonos hermanos y hermanas, con gozo grande, esta noche,


que es la 2.015 de las Noches Buenas. Cantemos gozosamente la gloria al Señor.
Aquella noche en Belén los ángeles anunciaron el nacimiento de la Vida. Hoy, noso-
tros, que como los pastores hemos venido aquí para contemplar al Dios hecho hom-
bre, nos unimos a su cántico con todo nuestro corazón.

5.  Monición a las lecturas

Lector: Las lecturas de esta fiesta basculan todas entre la espera y el cumpli-
miento de la gran noticia: Él está a punto de llegar, Él ha llegado.
Es una noticia que se hace realidad de un modo extraño y desconcertante: El que
está a punto de llegar, el que ha llegado no encontró un sitio en la posada aquella no-
che; y cuando nació, su madre lo tuvo que acostar en un pesebre, porque no había un
lugar para Él en nuestro pequeño mundo.
(Antes de leer el Evangelio, se trae al Niño en brazos y se canta un Villan-
cico).

131
Diciembre, 25: Natividad del Señor

6.  Oración universal

Sacerdote: Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre de modo muy especial en


esta fiesta que hoy celebramos.
Respondamos diciendo: Que tu salvación, Señor, ilumine nuestra vida.
Lector: Por la Iglesia, para que sea una puerta siempre abierta a todos los que no
tienen un lugar en el mundo. Oremos.
Por la paz, el bienestar y la justicia de todos los hombres; en especial por los
que están viviendo situaciones de hambre, violencia o privación de libertad. Ore-
mos.
Por nuestro país, por nuestra ciudad y por nuestro barrio, por nuestros amigos y
compañeros, por nuestra familia y nuestra parroquia; por tanta gente a la que quere-
mos. Oremos.
Por nosotros que estamos aquí reunidos celebrando el nacimiento del Señor y
por todos los cristianos que hoy, en todo el mundo, viven la misma alegría que noso-
tros. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre nuestra oración. Te la presentamos por Jesucristo, tu
hijo, que hoy nace hombre como nosotros y vive y reina…

7.  Presentación de las ofrendas

Lector:
• Se presenta la colecta. Poco podemos ofrecerte, Señor, pero queremos ser so-
lidarios con los que tenemos cerca, en nuestra propia ciudad. Por eso te pre-
sentamos esta colecta. Simboliza que la ayuda a los demás no es algo perso-
nal, sino comunitaria. Te damos gracias porque hemos compartido tiempo,
dinero y alegría con los que nos necesitan.
• Te presentamos, Señor, estas llaves. Signo de nuestra apertura y disponibili-
dad. Unas llaves, más para abrir que para cerrar, para acoger a todo el que
pase y se sienta allí como amigo y hermano, para que nadie se sienta sin te-
cho y sin cariño, para ir creando confianza y solidaridad. Unas llaves para el
amor.
• Finalmente, te presentamos el pan y el vino. A través de ellos, Tú, Señor, nos
manifiestas tu presencia y un mensaje de Amor a los hermanos. Haz que la

132
Diciembre, 25: Natividad del Señor

alegría de la Navidad perdure en el compartir nuestra vida, así como Tú lo


haces en la fracción del Pan.

8. Paz

Sacerdote:
Señor Jesús: aquella noche de Navidad, los ángeles anunciaron tu nacimiento a
los pastores proclamando la paz para todos los hombres, amados de Dios. Haz des-
cender hoy sobre nosotros tu paz: que descienda sobre nuestras familias, sobre nues-
tra ciudad, sobre nuestro país, sobre el mundo entero, especialmente sobre los que
viven en medio de los horrores de la guerra. Que la Paz del Señor…

9. Adoración

Lector:
La alegría que sentimos dentro de nosotros, la haremos extensiva a toda la tierra,
y con una sola voz, agradecemos a Dios el milagro de su encarnación, de querer
compartir con nosotros nuestra vida. Por ello debemos hacer que la tierra sea un
gran Belén y que cada día puede se Navidad. A continuación pasamos a adorar al
Niño-Dios. Mientras nos acercamos vamos cantando villancicos.

133
Diciembre, 25: Natividad del Señor

SALMO DE NAVIDAD
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Música: Juan Jáuregui
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134
Diciembre, 28:
LA SAGRADA FAMILIA

LA FUSIÓN DEL AMOR

Quién bendice y revela a quién, si el que promete se promete en una relación de


amor que no tiene vuelta atrás. Dios trinitario, enraizado en la relación que dignifica
y diviniza, nos ha querido entrar en su familia amorosa para amarnos como ellos se
aman y darnos su identidad y vida. Ahora la fusión del amor viene explosionada en
cada gesto de ternura y de entrega donde se hace manifiesto lo gratuito de la ternura
a favor del otro, donde la vida se dice dándose. Ya no hay definición de familia por-
que se ha definido en el amor del Padre que nos ha entregado al Hijo, para que nos
conceda su Espíritu y podamos amar como ellos se aman. Ahora la familia está en
todo lo que es amado con la radicalidad de un absoluto que se revela en las cosas pe-
queñas de cada día: cada gesto paterno o materno, la mirada filial y fraterna, comer,
rezar, reír, jugar, sanar, festejar, hacer duelo, trabajar, aprender, dar… ahora todo
hace familia en la esperanza de Reino, ahora toda familia es divina y Dios no puede
ser otra cosa que familia.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Eclo 3, 2-6.12-14. El que teme al Señor honra a sus padres.


Sal 127, 1-5. Dichosos los que temen al Señor.
Col 3, 12-21. Vida de familia vivida en el Señor.
Lc 2, 22-40. El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría.

135
Diciembre, 28: La Sagrada Familia

A LA LUZ DE LA PALABRA

La familia y la crisis de siempre

La familia es una realidad social que siempre ha vivido (en) una situación de cri-
sis permanente; leamos dos textos, muy breves, que lo dicen con toda claridad. El
primero afirma lo siguiente: «La juventud de hoy está podrida hasta la médula y es
mala, irreverente y perezosa. Nunca será como la juventud del pasado y será incapaz
de conservar nuestra civilización». El segundo dice esto: «El fin está próximo: Los
hijos ya no obedecen a sus padres».
Son palabras que, seguro, todos nosotros hemos escuchado (o dicho) alguna vez
con pequeñas variantes; pero lo curioso de caso es que la primera afirmación tiene
unos cinco mil años (procede, según dicen, de una tablilla cuneiforme sumeria del
3000 a. C.) y la segunda, así se cuenta, unos cuatro mil (procede un de un texto jero-
glífico escrito por un sabio egipcio hacia el año 2000 a. C.).

Crisis y salvación

Una situación parecida de profunda crisis está viviendo también el autor de la


I lectura. Es un sabio de Israel, que, a principios del s. ii a. C., vive unas circunstan-
cias socio-religiosas bastante complicadas, ya que ve cómo su pueblo y sus tradicio-
nes experimentan una fuerte presión por parte de las ideas helenísticas que los inva-
den y hacen que entren en crisis sus convicciones, que, al menos durante los últimos
siglos, habían considerado casi intangibles e inmutables.
Es una situación provocada, a la muerte de Alejandro Magno, por la dominación
primero lágida (dominante en Egipto y Judea durante el s. iv a. C.) y ahora seléucida
(proveniente de Siria y Babilonia, que, en el s. iii a. C., ha derrotado a Egipto y do-
mina Judea) y que a este sabio le produce vértigo, pues detecta el peligro de que las
tradiciones y los hábitos de vida de su pueblo se pierdan en favor de nuevos modos
de ver y de interpretar la vida y construir la sociedad.

Actualidad permanente

Como veis, es una situación que a ninguno quizás nos resulte excesivamente lejana;
pues en aquélla situación y en esta nuestra se está produciendo un cambio de paradigma
cultural, que afecta a todo y «particularmente» (así se dice a menudo) a la familia:

136
Diciembre, 28: La Sagrada Familia

•  Una institución que parece estar siempre en crisis, según dicen.


•  Pero que en todas las encuestas aparece como una de las mejor valoradas.

Así, en una situación de crisis, parece verla el Sirácida y por ello apela a los va-
lores, que, según él, son fundamentales en la familia judía; pero no olvidemos que
también en la Biblia aparecen otros modelos de familia distintos, v. g.: poligámica
(Abraham, David, Salomón…).
¿Qué quiero decir con esto? que quizá sería un grave error identificar «un» mo-
delo histórico de familia con «el» modelo de familia creyente; pues, de hecho, en el
ámbito cristiano:
• Ya en el s. ii el autor de la Carta a Diogneto decía que «los cristianos se ca-
san como los demás» (V, 6).
• Y a través de la historia, como bien sabemos, se han dado muchos modelos
distintos de familia cristiana, y no parece fácil suponer que este proceso haya
llegado a su fin.

La familia y sus cambios

Y es que la familia es una realidad social en permanente cambio:


• En función de los diversos modelos culturales en los que está inserta.
• Por lo que no podemos decir que haya existido nunca un modelo ideal-per-
manente de familia, ni siquiera en el ámbito cristiano.

¿No existen, pues, unos valores familiares «específicamente cristianos»? Quizá


no; ya que aun los que han sido propuestos en la II lectura, al menos en su mayor
parte, son fácilmente asumibles por cualquier familia, cristiana o no.

Lo específicamente cristiano

¿Qué decir entonces? Tal vez que «lo específicamente cristiano» (aquí y ahora
referido a la familia) no es el «qué», sino el «desde quién», como nos ha dicho la II
lectura: «Sea todo en el nombre del Señor, Jesús».
Y es «desde este quién» desde donde adquieren «sentido cristiano» esos valores
que proclama el autor de Colosenses y que pueden ayudarnos, hoy y aquí, a cons-
truir un modelo de familia en la que se vivan:

137
Diciembre, 28: La Sagrada Familia

• «La misericordia entrañable», como la del «Dios que nos ha visitado» (Lc 1,
78-69).
•  «La humildad, la dulzura, la comprensión», que se han manifestado en Jesús.
•  Y el perdón gratuito: «Como Él nos ha perdonado».

La posibilidad frente a la condena

Desde la asunción de estas actitudes (desde Él) esta familia se sentirá llamada a
aceptar el fallo de cualquiera de sus miembros:
•  No como una catástrofe irreparable.
•  Sino como la posibilidad de un nuevo comienzo.
• Y vivirá la experiencia de «ser agradecidos» a Aquél que ha hecho posible
que, desde este modo histórico de ser familia, sus componentes, cristianos.
•  Puedan ser, como nos dijo Pablo VI, «El rostro tierno de la Iglesia».
•  De una Iglesia enviada al mundo a evangelizar.

El peligro de encerrarse

Siempre es tentador para toda familia encerrarse en su propia felicidad; tratar de


conseguir un «hogar feliz» de espaldas a los problemas, agobios y angustias de otras
familias o de otros hombres y mujeres privados incluso de hogar. Entonces se vive el
amor de puertas adentro; se circunscribe la solidaridad a los límites de la familia; la
gratuidad queda reducida al mundo privado de los intereses familiares y su amor no
supera los lazos de la sangre. Nos mantenemos al margen, sin hacernos responsables
de los problemas de los demás y sin interferirnos nunca en sus alegrías y penas.
«Cada uno en su casa y Dios en la de todos» como dice en refrán.

Hogar sin fronteras

Pero el amor cristiano, no conoce límites, no puede quedar restringido egoísta-


mente en las fronteras del propio hogar. El hogar cristiano ha de ser abierto. Una fa-
milia abierta a los dolores de la humanidad, dispuesta a compartir con los necesita-
dos y comprometiéndose en la medida de sus posibilidades para mejorar la convi-
vencia social. La familia ha de ser la escuela del amor, de la solidaridad, del compar-
tir, del perdón y la reconciliación. No puede convertirse la familia en la escuela del

138
Diciembre, 28: La Sagrada Familia

egoísmo, ni de la sola búsqueda de los intereses personales. Muchas veces, el fin de


lo que pretendemos nos lleva a olvidar incluso los medios que vamos a utilizar. En
las actuales circunstancias hemos de plantearnos en qué medida podemos compartir
trabajo, quitar horas extraordinarias y no acumular en exceso.
Como ya estamos tratando de llevar a cabo este mensaje de fraternidad entraña-
ble vamos a celebrarlo, como estamos haciendo hoy, en esta celebración de la Euca-
ristía, en la que contemplamos a la familia de Nazaret. Familia en amor y familia
abierta; convivencia en el amor y encarnación en mundo necesitado. La familia de
Nazaret no aparece replegada sobre sí misma, no es celosa guardiana de su tranquili-
dad privada, está abierta a los demás y al Espíritu que les habla a través de ellos.

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

Texto de Juan Pablo II: ¡Familia, sé lo que eres!

«En el designio de Dios Creador y Redentor la familia descubre no sólo su


“identidad”, lo que “es”, sino también su “misión”, lo que puede y debe “hacer”. El
cometido, que ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la historia,
brota de su mismo ser y representa su desarrollo dinámico y existencial. Toda fami-
lia descubre y encuentra en sí misma la llamada imborrable, que define a la vez su
dignidad y su responsabilidad: familia, ¡“sé” lo que “eres”!
Remontarse al “principio” del gesto creador de Dios es una necesidad para la familia,
si quiere conocerse y realizarse según la verdad interior no sólo de su ser, sino también de
su actuación histórica. Y dado que, según el designio divino, está constituida como “íntima
comunidad de vida y de amor”, la familia tiene la misión de ser cada vez más lo que es, es
decir, comunidad de vida y amor, en una tensión que, al igual que para toda realidad crea-
da y redimida, hallará su cumplimiento en el Reino de Dios. En una perspectiva que ade-
más llega a las raíces mismas de la realidad, hay que decir que la esencia y el cometido de
la familia son definidos en última instancia por el amor. Por esto la familia recibe la misión
de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor
de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa.
Todo cometido particular de la familia es la expresión y la actuación concreta de
tal misión fundamental. Es necesario, por tanto, penetrar más a fondo en la singular
riqueza de la misión de la familia y sondear sus múltiples y unitarios contenidos.
En este sentido, partiendo del amor y en constante referencia a él, el reciente Sí-
nodo ha puesto de relieve cuatro cometidos generales de la familia:

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Diciembre, 28: La Sagrada Familia

1.  Formación de una comunidad de personas.


2.  Servicio a la vida.
3.  Participación en el desarrollo de la sociedad.
4.  Participación en la vida y misión de la Iglesia» (17).

La familia cristiana, signo y profecía


• En una sociedad que supervalora la capacidad adquisitiva, el lucro y el consu-
mo, el tener y el derrochar, los cristianos en familia tienen que preguntarse si
su fe les ha ido enseñando el gozo de compartir con los necesitados y de va-
lorar el ser sobre el tener.
• En una sociedad que glorifica la agresividad en la política y en los negocios y
que parece convencida de que el que pega primero pega mejor, los cristianos
en familia deben saber buscar caminos de aproximación a los agredidos y de
educación para la no-violencia activa y comprometida.
• En una sociedad que trabaja para holgar y que busca la diversión por sí misma,
que hace del placer el máximo valor y del dolor una maldición, los cristianos en
familia tienen que ir adquiriendo la sabiduría del estar disponibles para enjugar
lágrimas ajenas y en ellas percibir las lecciones de los crucificados de cada día.
• En una sociedad que institucionaliza la mentira y el fingimiento, que oculta
sus intenciones y diviniza la propaganda, los cristianos en familia deben ex-
perimentar que la verdad hace hombres y mujeres libres.
• En una sociedad que convierte la guerra en el máximo negocio y la discordia
en el único modo de autoafirmación, los cristianos en familia han de saber
hacer de la familia un espacio para la reconciliación y una escuela donde se
formen promotores de la concordia y luchadores por la paz.
• En una sociedad que condecora a los arribistas y convierte la tolerancia en
ventajismo mientras vende los ideales y las promesas al mejor postor, los
cristianos en familia sabrán ir creciendo en fidelidad al compromiso y educar
hombres tenaces e invencibles, firmes hasta la persecución.

Tres palabras clave para vivir en paz y alegría en la familia: «permiso»,


«gracias», «perdón»
Jesús ha querido pertenecer a una familia que ha experimentado el exilio, para que
nadie se sienta excluido de la cercanía amorosa de Dios. La fuga en Egipto a causa de

(17)  Juan Pablo II, Exhortación apostólica Familiaris consortio, 1981, 17.

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Diciembre, 28: La Sagrada Familia

las amenazas de Herodes nos muestra que Dios está allí donde el hombre está en peli-
gro, allí donde el hombre sufre, allí donde escapa, donde experimenta el rechazo y el
abandono; pero Dios también está allí donde el hombre sueña, espera volver a su pa-
tria en la libertad, proyecta y elige para la vida y la dignidad suya y de sus familiares.
Hoy nuestra mirada sobre la Sagrada Familia nos deja atraer también por la senci-
llez de la vida que ella conduce en Nazaret. Es un ejemplo que hace tanto bien a nues-
tras familias, las ayuda a convertirse cada vez más en comunidad de amor y de recon-
ciliación, en la que se experimenta la ternura, la ayuda recíproca, el perdón recíproco.
Recordemos las tres palabras clave para vivir en paz y alegría en la familia: «per-
miso», «gracias», «perdón». Cuando en una familia no se es entrometido y se pide
permiso, cuando en una familia no se es egoísta y se aprende a decir gracias, gracias,
y cuando en una familia uno se da cuenta de que ha hecho algo malo y sabe pedir per-
dón, ¡en ésa familia hay paz y hay alegría!
Recordemos estas tres palabras. Pero podemos repetirlas todos juntos. ¡He! Per-
miso, gracias, perdón. Todos: Permiso, gracias, perdón.
Pero también quisiera animar a las familias a tomar conciencia de la importancia que
tienen en la Iglesia y en la sociedad. En efecto, el anuncio del Evangelio pasa ante todo, a
través de las familias, para alcanzar después los diversos ámbitos de la vida cotidiana (18).

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• Existe un pluralismo familiar, fruto del pluralismo social y cultural. ¿Cuá-


les han de ser los rasgos propios/específicos de la familia cristiana?
• La familia ha de ser transmisora de la fe. ¿Cómo transmitir la fe a los hi-
jos en el actual contexto de secularización?
• La familia es escuela y hogar. ¿Cuáles son los valores en los que ha de educar?
• La familia ha de estar abierta a los dolores de la humanidad, ¿cómo edu-
car en el compartir y en el compromiso social?
• ¿Qué debe cuidar la familia para vivir en paz y armonía?

(18)  Papa Francisco en el Ángelus del Día de la Sagrada Familia , 2013.

141
Diciembre, 28: La Sagrada Familia

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: La paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se ha manifestado en su


Hijo, nacido para nuestra salvación, estén con todos vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Estos días de Navidad ponen ante nuestros ojos a aquel niño débil, al
Hijo de María, que nos muestra el rostro lleno de ternura de nuestro Dios. En él «se
nos ha manifestado la bondad de Dios y su amor a los hombres».
Este niño, el Dios hecho hombre, nace y crece en el seno de una familia como la
nuestra; el recuerdo de aquélla familia de Nazaret se hace presente hoy entre noso-
tros como una llamada a descubrir el camino de Dios, que se manifiesta en nuestra
vida de cada día.
Os recuerdo que hoy celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia, que nos remite
a reavivar lo mejor de nuestras propias familias, aquello que con tanto trabajo y cari-
ño hemos conseguido o siempre estamos en camino de conseguir.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: En silencio preparémonos para recibir el perdón del Señor.


•  Tú, que, nacido de María, te has hecho hermano nuestro, Señor, ten piedad.
•  Tú, que convocas a todos los hombres a formar una sola familia, Cristo, ten piedad.
•  Tú, que a todos nos invitas a construir la fraternidad, Señor, ten piedad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: Un judío del siglo II antes de Cristo, comentando el correspondiente


mandamiento de la Ley de Dios, nos expone lo que la sabiduría judía de aquellos
tiempos consideraba el modelo ideal del comportamiento que un hijo debe tener ha-
cia sus padres.

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Diciembre, 28: La Sagrada Familia

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Este pasaje de la carta a los cristianos de Colosas, aunque teñido en al-
gunos fragmentos de afirmaciones propias de aquel modelo sociocultural y hoy no
aceptables, resulta, en general, un cuadro completo de vida para una familia cristiana
también hoy; ya que lo que, por encima de todo, resalta es el amor, la comprensión,
la formación cristiana y la oración agradecida a Dios.

6.  Oración universal

Sacerdote: En Jesús se nos ha hecho definitivamente presente «la bondad de


Dios y su amor a los hombres»; por eso, en Él, podemos orar al Padre con toda con-
fianza.
Respondamos diciendo: Padre, escúchanos.
Lector: Por la Iglesia, familia de los seguidores de Jesús, para que sea signo vivo
de fraternidad y de servicio desinteresado a todos los hombres. Oremos.
Por la gran familia humana universal, de cada país y de cada pueblo, para que to-
dos nos sintamos y actuemos como hermanos, desterrando el odio, la división, la
violencia y la ruptura entre los hombres. Oremos.
Por nuestras familias, para que sepamos vivir compartiendo, ayudándonos y per-
donándonos. Oremos.
Por cada uno de nosotros, para que estas fiestas de Navidad nos ayuden a estar
más dispuestos a construir una verdadera fraternidad entre todos. Oremos.
Sacerdote: Dios y Padre nuestro, fuente de todo amor y de toda vida, escucha
nuestras peticiones y renuévanos con tu amor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro
Señor.

7.  Presentación de las ofrendas

Lector:
• Con estas gafas en forma de corazón, queremos simbolizar ante tu altar la ca-
pacidad que debemos tener todos los cristianos de ver con amor a todos los
que, por cualquier circunstancia, son diferentes en nuestras familias a nues-
tros ojos, pero iguales a los tuyos.

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Diciembre, 28: La Sagrada Familia

• Con esta toquilla que arropa a los bebés en los primeros meses de vida que-
remos reflejar la acogida de las que hacen gala todas las familias a sus nuevos
miembros y esta comunidad a todos los que se acercan a ella.
• Con las biblias portadas por estos niños, queremos traer ante el altar su ilu-
sión por conocerte y seguirte y nuestra convencida tarea de transmitirles Tu
vida y Tu Palabra.
• Traemos ante esta mesa compartida el botiquín de la familia, queremos ma-
nifestar cómo dentro de las familias, como la que Tú elegiste para nacer, se
curan las heridas con Besos, Abrazos y Sonrisas.
• Con el cáliz repleto de vino y la patena rebosante de pan, llevamos hasta el
altar las fatigas, los trabajos, los éxitos, los estudios, la responsabilidad, las
dificultades y el amor de todas nuestras familias.

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Diciembre, 28: La Sagrada Familia

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SALMO SAGRADA FAMILIA

Música: 
Juan Jáuregui

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
1.  ¡Dichoso el que teme al Señor,

y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,

serás dichoso, te irá bien.

2.  Tu mujer, como parra fecunda

en medio de tu casa;

tus_ hijos, como renuevos de olivo
alrededor de tu mesa.


3.  Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor:

Que el Señor te bendiga desde Sión,
 
que_ veas la prosperidad de Jerusalén,
todos los días de tu vida.

145
Diciembre, 31:
CELEBRACIÓN FIN DE AÑO

Habla con el Señor; pero, sobre todo, escúchale.


De Él recibirás el alimento para tu corazón y tu vida.
(Ponemos un libro abierto en una mesa)

Canto:

Sacerdote:
En pocas horas, cierras un volumen más del libro de tu vida.
Cuando comenzaste este libro todo era tuyo,
te lo puso Dios en las manos,
podías hacer con él lo que quisieras:
un poema, una pesadilla, una canción,
un sistema, una oración.
Podías… Hoy ya no puedes; no es tuyo,
ya lo has escrito, ahora es de Dios.
Te lo va a leer todo Dios
el mismo día en que te mueras,
con todos sus detalles.
Ya no puedes corregirlo.
Ha pasado al dominio de la eternidad.
Piensa unos momentos,
en esta última noche del año.

147
Diciembre, 31: Celebración fin de año

Toma tu libro y hojéalo despacio,


deja pasar sus páginas por tus manos y por tu conciencia.
Ten el gusto de verte a ti mismo. Lee todo.
Repite aquellas páginas de tu vida
en las que pusiste tu mejor estilo.
No olvides que uno de tus mejores maestros eres tú mismo.
Lee también aquellas páginas
que nunca quisieras haberlas escrito.
No… no intentes arrancarlas, es inútil.
Ten valor para leerlas, son tuyas.
No puedes arrancarlas, pero puedes anularlas
cuando escribas tu siguiente libro.
Si lo haces, Dios pasará éstas de corrida
cuando te lea tu libro en el último día.
Lee tu libro viejo en la última noche del Año.
Hay en él trozos de ti mismo;
es un drama apasionado en el que
el primer personaje eres tú.
Tú en escena con Dios, con tu familia,
con tu trabajo, con la sociedad, con la comunidad.
Tú lo has escrito con el instrumento asombroso
de tu libre albedrío sobre la superficie
inmensa y movediza del mundo.
Es un libro misterioso, que en su mayor parte,
la más interesante, no puede leerlo
nadie más que Dios y tú.
Si tienes ganas de besarlo, bésalo,
si tienes ganas de llorar,
llora fuerte sobre tu viejo libro
en la ultima noche del año.
Pero, sobre todo, reza sobre tu libro viejo.
Tómalo en tus manos, levántalo hacia el cielo
y dile a Dios sólo dos palabras:
¡Gracias! ¡Perdón!
Después dáselo a Cristo. No importa como esté,
aunque tenga páginas negras, Cristo sabe perdonar.

148
Diciembre, 31: Celebración fin de año

Esa noche te ha de dar Dios otro libro


completamente blanco y nuevo.
Es todo tuyo. Vas a poder escribir en él lo que quieras.
Pon el nombre de Dios en la primera página.
Después dile que no te deje escribirlo sólo.
Dile que te tenga siempre de la mano... y del corazón.

Monitor:

Comencemos mirando este volumen del año 2014 dando gracias al Señor, por-
que de mil maneras se ha manifestado en nuestras vidas, porque ha sido grande con
nosotros y hemos podido experimentar su bondad, su misericordia y ternura.
Date cuenta de que todo lo que hizo y dijo Jesús está ordenado a tu vida, a tu sal-
vación. Siéntete gozosamente afortunado. Si tu corazón te lo sugiere, repite despa-
cio, muchas veces, la palabra «Gracias».
Recuerda gestos gratuitos en este año pasado. Personas, lejanas o cercanas a las
que te gustaría dar las gracias. Tú eras o eres alguien importante para ellas. Agradé-
ceselo ahora. Pequeñas cosas, servicios cotidianos, gestos significativos. Contempla
la fuente de donde vienen: Dios. Da gracias al Padre.
Digamos Todos:

GRACIAS,
Gracias, Señor, porque estás esperándome
siempre que abro mis puertas a la vida.
Gracias porque iluminas y coloreas con tu luz
los rincones y valles de mi tierra.
Gracias porque con tu amor y tus caricias me recreas
y modelas a tu manera.
Gracias, Señor, porque con tu luz descubro nuevos valores:
la riqueza interior de las personas,
la fuerza de la debilidad y la ternura,
la importancia de los gestos sencillos,
la grandeza de las cosas recién nacidas,
la belleza de las rosas con espinas,

149
Diciembre, 31: Celebración fin de año

la claridad de los sucesos grises,


las pequeñas realidades de cada día…
Gracias, Señor, por la Iglesia,
a través de ella nos ofreces tu palabra viva,
nos das el pan de la vida,
nos reconcilias contigo
y podemos experimentar tu presencia en medio de los hermanos.
Gracias, Señor, por las personas que por esta casa han pasado,
por la alegría que recibieron,
por la paz que sintieron,
por tu palabra que escucharon,
por la esperanza que albergaron.
Gracias por convertirse esta comunidad en santuario donde tú te revelaste.
Gracias, Señor, por mi comunidad,
por todo cuanto comunitariamente hemos compartido,
por mis hermanos que tanto cariño me han dado,
por la paciencia que tuvieron,
por el apoyo que me ofrecieron,
por la corrección que me hicieron.

Canto de acción de gracias

Monitor:

Y ahora dirígete de manera muy particular a todos y cada unos de tus hermanos
de comunidad diciéndole:
Gracias por haberte abierto a la gracia,
y a la escucha de la palabra.
Gracias por haber acogido
en tus entrañas a quien es
la Vida y el Amor.
Gracias por haber mantenido
tu «Hágase»
a través de todos
los acontecimientos de tu vida.
Gracias por tus ejemplos dignos de ser acogidos y vividos.

150
Diciembre, 31: Celebración fin de año

Gracias por tu sencillez,


por tu docilidad,
por esa magnífica sobriedad,
por tu capacidad de escucha,
por tu bondad,
por tu fidelidad,
por tu generosidad,
y por todos aquellos valores
que Dios nos permite atisbar en Ti.
Gracias por tu mirada maternal,
por tus oraciones e intercesiones,
tu ternura,
tus auxilios y orientaciones.
Gracias por tu vida,
por haberte tenido como hermano,
porque conociendo tu debilidad y pequeñez
puedo decirte que eres digno de ser querido
porque Dios habita en ti
y eres su presencia viva entre nosotros.

Monitor:

Miremos ahora esas otras páginas de este año, que están borrosas; páginas en las
que sentimos que nuestra vida es pequeña, débil, pecadora. Contemplamos que son
muchos los dones que recibimos y no llegamos a explotarlos, a hacer que fructifica-
ran como el Señor esperaba de nosotros. Por eso, al calor de la misericordia de Dios,
decimos todos:

PERDÓN

Perdón, Señor, por las guerras en las que tantos inocentes han muerto,
por el hambre que padecen millones de personas,
por la situación sangrante de los inmigrantes que mueren en las pateras,
por los que no poseen trabajo, vivienda ni hogar.
Perdón, Señor, por mis negligencias,
descuidos y olvidos, por mi orgullo y vanidad,

151
Diciembre, 31: Celebración fin de año

por mi necedad y capricho,


por mi silencio y mi excesiva locuacidad.
por creerme superior a los demás.
Perdón, Señor, por prejuzgar a mis hermanos,
por mi mezquindad y mis críticas,
por mi falta de alegría y entusiasmo,
por mi falta de fe y confianza en Ti,
por mi cobardía y mi temor en mi compromiso.
Perdón, porque me han perdonado
y no he sabido perdonar.
Perdón por mi hipocresía y mi doblez,
por esa apariencia que con tanto esmero cuido,
pero que en el fondo no es más que engaño a mí mismo.
Perdón por no valorar suficientemente a mis hermanos,
por no estar atento a cuantos necesitaban de mí,
por vivir con prejuicios e indiferencias ante ellas,
por no saber descubrir en ellas tu propio rostro.
Perdón por…

Canto de perdón

Oración:

Al terminar el año y al comenzar otro nuevo acudimos a ti, Jesús, Señor del sába-
do y Señor del tiempo. Ayúdanos a llenar los días que nos regalas, que no pasen vacíos
y estériles, sino que podamos dar los frutos que tú esperas de nosotros. Por N.S.J.

LECTURAS

Lectura del Libro del Apocalipsis (Ap 2, 1-11)

Escribe al ángel de la Iglesia de Éfeso: Esto dice el que tiene en su mano dere-
cha las siete estrellas y pasea en medio de los siete candelabros de oro:
Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu entereza. Sé que no puedes soportar a los
malvados, que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y los ha-

152
Diciembre, 31: Celebración fin de año

llaste mentirosos. Tienes entereza y has sufrido por mi nombre sin claudicar. Pero he
de echarte en cara que has dejado enfriar el amor primero. Recuerda, pues, de dón-
de has caído; cambia de actitud y vuelve a tu conducta primera.

Todos:

Quiero seguirte, Señor:


A pesar de las incomprensiones de los demás.
A pesar de mis momentos débiles.
A pesar de las horas de cansancio.
A pesar de...
Quiero seguirte, Señor.
Quiero ser dichoso con los que te siguen con corazón sencillo:
Con los pobres que sienten necesidad de Ti.
Con los que sufren en su caminar por la vida.
Con los que trabajan por implantar la justicia.
Con los de corazón puro.
Con los que llevan consigo la paz y la transmiten.
Señor, hago opción por ser de los tuyos:
Opto por desterrar de mí la hipocresía, la ostentación, la soberbia.
Opto por tener un corazón abierto para dar y recibir el perdón.
Opto por atesorar en el Cielo, gastando mi vida por los demás en la tierra.
Opto por…
AYÚDAME, Señor, a ser fiel a mi opción por Ti.
Hoy te pido que me ayudes a ayudarte,
que llenes mi vida de esperanza y generosidad.
No abandones la obra de tus manos. Señor.
Quiero dar lo mejor de mi persona,
ofrecer lo que tengo,
lo que sé, lo que soy,
para trabajar, junto a otros
en hacer presente el Reino.
Que no me guarde mi vida,
que la gaste
en beneficio de los demás,
que la pierda por el Evangelio
y por los demás.

153
Diciembre, 31: Celebración fin de año

Quiero contagiar alegría,


esperanza, buen ánimo.
Ganas de empezar de nuevo,
una y otra vez,
sin dejar caer los brazos
ante las dificultades,
que existen
y son parte de la vida,
y con fe y esfuerzo se superan.
Padre Bueno,
te ofrezco este año que comienza.
Te doy mi vida,
condúcela por tu camino.
Anímame a crecer
dame fuerzas
para amar de verdad.
Te pido,
por todos los que necesitan,
por mi familia, por mis amigos,
y te doy gracias,
desde adentro, porque sé
que, en las buenas y en las malas,
siempre vas a estar conmigo.

Evangelio (Mt 25, 14-30)

El Reino de los cielos es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a


sus servidores y les entregó sus bienes.
A uno le dio cinco talentos, a otro dos y uno sólo a otro: a cada uno según su ca-
pacidad; y se marchó.
El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar
con ellos y llegó a ganar otros cinco.
Del mismo modo el que había recibido dos, ganó otros dos.
Pero el que había recibido uno, fue, cavó en la tierra y escondió el dinero de su
señor.

154
Diciembre, 31: Celebración fin de año

Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas


con ellos.
Llegado el que había recibido los cinco talentos, presentó otros cinco diciendo:
señor, cinco talentos me entregaste, he aquí otros cinco que he ganado.
Le respondió su amo: muy bien, siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en
lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor.
Llegado también el que había recibido los dos talentos, dijo: señor, dos talentos
me entregaste, he aquí otros dos que he ganado.
Le respondió su amo: muy bien siervo bueno y fiel; puesto que has sido fiel en lo
poco, yo te confiaré lo mucho: entra en el gozo de tu señor.
Llegado por fin el que había recibido un talento, dijo: señor, sé que eres un hom-
bre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste: por eso
tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo.
Le respondió su amo, diciendo: siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no
he sembrado y recojo de donde no he esparcido; por eso mismo debías haber dado mi di-
nero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío junto con los intereses.
Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez.
Porque a todo el que tenga se le dará y abundará; pero a quien no tiene, aún lo
que parece tener se le quitará.
En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas exteriores: allí será el llanto
y el rechinar de dientes.

HOMILÍA

Oración de los fieles

Al inicio del nuevo año 2015 presentemos nuestras oraciones al Señor de la vida,
de la esperanza y del futuro nuevo.
Respondemos todos: Señor, escúchanos y sálvanos.
Por los que esperan y por los que desesperan.
Por los que buscan y por los que ya no buscan.
Por lo que saben caminar y por los que ya se cansaron de caminar.
Señor, escúchanos y sálvanos.

155
Diciembre, 31: Celebración fin de año

Por los que matan y por los que son matados.


Por los que aman y por los que estropean cada día el amor
Por los que confían y por los que desconfían.
Señor, escúchanos y sálvanos.
Por los que todavía ven un futuro posible y por los que ya no creen en nada.
Por los que deponen las armas y por los que se aferran a las armas.
Por los que promueven el mal entre los hombres y por los que sólo siembran bondad.
Señor, escúchanos y sálvanos.
Por los que callan, y su silencio es pecado.
Por los que hablan, y su palabra es pecado.
Por los que siembran cizaña y por los que quieren arrancar la cizaña deprisa.
Por los que tienen miedo y se encierran en el ayer.
Por los que son incapaces de abrirse a lo nuevo.
Señor, escúchanos y sálvanos.
Por los que llaman a Dios por su nombre y se ríen de los hombres.
Por los que quieren dominar a Dios y dominan también a los hombres.
Por los que dicen que Dios está sólo de su parte y desprecian a los demás.
Por los que dicen que escuchan a Dios y sólo se escuchan a sí mismos.
Señor, escúchanos y sálvanos.
Por los que están llenos de miedo y no quieren vivir
Por los que están llenos de vida y la estropean.
Por los que no tienen ojos para ver la presencia de Dios hoy.
Por los que se hacen un dios a su medida.
Por los que no creen en Dios.
Señor, escúchanos y sálvanos.
Por los que hacen la paz y por los que hacen la guerra.
Por los que viven aprovechándose de los demás,
por los que son explotados por los demás.
Por los que no les interesa cambiar y por los que están abiertos a la verdad,
por los que la hacen y la buscan y trabajan por ella.
Señor, escúchanos y sálvanos.
Por los que buscan a Dios donde Dios no está.
Por los que buscan a Dios en su egoísmo
Por los que dicen que Dios no está en los pobres.
Por los que monopolizan a Dios.
Por los que manipulan a Dios para su propio interés
Señor, escúchanos y sálvanos.

156
Diciembre, 31: Celebración fin de año

Ofrendas

Todos:
Padre, me pongo en tus manos
para ofrecerte
este año que comienza.
Quiero crecer en mi compromiso
de seguir los pasos de Jesús.
Ayúdame a conseguirlo.
Quiero ser tu discípulo, Señor,
seguir tus pasos.
Acompañarte
en la construcción del Reino.
Quiero caminar contigo,
ayúdame a descubrirte
vivo y presente
entre los hombres de hoy.
Soñando un mundo nuevo
y trabajando para lograrlo.
Quiero sumar mi esfuerzo
para que todos puedan vivir mejor.
Escucha nuestras palabras,
Padre Bueno.
Hay mucha gente que sufre;
enséñanos a compartir
y a intentar cambiar las cosas.
Que no nos quedemos,
que no aflojemos,
que no perdamos la esperanza.
Que aprendamos a ver
las luces del mañana
que asoman, pequeñas, hoy.
Ayúdanos
a construir la esperanza,
a dar la vida
por la utopía del Evangelio,
por un mundo de hermanos

157
Diciembre, 31: Celebración fin de año

sin dominados, sin explotados,


sin egoísmos ni marginación.

PLEGARIA EUCARÍSTICA

Acción de gracias para después de la comunión

Señor de la existencia,
eres quien abre el surco y lanza la semilla,
quien amasa la crecida vital de cada ser.
Tú conoces la causa de la noche y del desierto,
por qué el hombre se pierde en laberintos sin sentido,
se ciega al caminar en pleno día,
muere de sed a la anunciada orilla del venero.
Te desconoce a Ti, Dios, manantial y origen,
te arroja lejos de su vida.
Danos, Señor, la luz precisa,
el fuerte impulso de tu mano amiga.
Danos, Señor, saber reconocerte.
Viniste como Amigo.
Llegaste a mí, humilde y discretamente,
para ofrecerme tu amistad.
Me elevaste a tu nivel, abajándote Tú al mío,
y deseas un trato familiar,
pleno de abandono.
Permaneces en mí misteriosamente,
como un amigo siempre presente,
dándoseme siempre,
y colmando por completo
todas mis aspiraciones.
Para que nuestra amistad sea perfecta,
Tú me asocias a tus sufrimientos y alegrías,
compartes conmigo tus esperanzas,
tus proyectos, tu vida.
Me invitas a colaborar en tu obra redentora,
a trabajar contigo con todas mis fuerzas.

158
Diciembre, 31: Celebración fin de año

Quieres que nuestra amistad


sea fecunda y productiva,
para mí mismo y para los demás.
Dios amigo del hombre,
Creador amigo de la creatura,
Santo amigo del pecador.
Eres el Amigo ideal,
que nunca falla en su fidelidad
y nunca se rehúsa a sí mismo.
Al ofrecimiento de tan magnífica amistad,
quisiera corresponder
como Tú lo esperas y mereces,
procediendo siempre como tu amigo.
Capacítame para creer en Ti,
capacítame para creer que Tú estás vivo,
que Tú no me ignoras, que Tú me conoces,
que Tú te ocupas de mis aflicciones.
Capacítame para confiar en Ti.
Capacítame para que sea firme
en mi confianza en Ti.
Ayuda a mi fe.
Haz que mi fe crezca, que se desarrolle
y que dé frutos en tu reino.
Capacítame a través de tu Espíritu para que yo haga tu voluntad.
Haz que tu voluntad dirija mi vida
y determine mis comportamientos.
Pero sobre todo quiero confiar en Ti,
sin titubear, sin temblar,
sin tambalearme, sin llenarme de angustia
cuando vea al mundo temblar cerca de mí.
Sólo Tú puedes transformar mi espíritu.
Sólo Tú puedes transformar mi personalidad.
Sólo Tú puedes cambiar mis viejos esquemas.
Sólo Tú puedes derribar los muros,
detrás de los cuales se esconden
mis malos comportamientos,

159
Diciembre, 31: Celebración fin de año

mis malas costumbres,


mis pensamientos destructivos,
mi falsa visión de la vida,
mis miedos,
mis angustias.
Sólo Tú puedes cambiarme.
Yo sé que sólo Tú puedes hacerme feliz.
Todos los días de mi vida quiero andar por la vida
impulsado por la Vida, que es Jesucristo,
mi Salvador y Redentor.

160
OTROS CÁNTICOS PARA NAVIDAD

ENTONAD LOS AIRES

Entonad los airesLetra: Liturgia de las Horas


Música: Juan Jáuregui
Letra: Liturgia de las Horas
Música: Juan Jáuregui
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SolM DoM SolM
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En - to - nad los ai - res, con voz ce - les - tial:
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5 Mi7 lam Re7 SolM

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Dios ni - ñoha na - ci - do po - breen un por - tal. En - to -
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9 MiM Mi7 lam

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tal 1. - A - nun - cia- leel An - gel la nue - vaal pas - tor,
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13 Re7 SolM Re7 SolM
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que ni - ñoha na - ci - do nues - tro Sal - va - dor.
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17 MiM

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A - nun - dor. 2. - A - do - ran pas - to -
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21 lam Re7 SolM

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res en som - bras al sol que ni - ñoha na - ci -
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25 Re7 SolM 161
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do deu - na Vir - gen Dios. A - do - Dios.
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29 MiM Mi7 lam
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13 Re7 SolM Re7 SolM
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que ni - ñoha na - ci - do nues - tro Sal - va - dor.
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17 MiM
Otros cánticos para Navidad
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A - nun - dor. 2. - A - do - ran pas - to -
# Mi7
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21 lam Re7 SolM

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res en som - bras al sol que ni - ñoha na - ci -
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Re7 SolM

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25

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do deu - na Vir - gen Dios. A - do - Dios.
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29 MiM Mi7 lam

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3. - Ha - cién - do - se hom - bre al hom - bre sal - vó.
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33 Re7 SolM Re7 SolM

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Un ni - ñoha na - ci - do ha na - ci - do Dios.
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37

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Ha-cién - Dios.

162

-2-
Otros cánticos para Navidad

QUE NADIE LE DESPIERTE

Que nadie le despierte Letra: José Antonio Olivar


Música: Juan Jáuregui
Letra: José Antonio Olivar
Música: Juan Jáuregui
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& 98 Ó . Œ œj œ œj j œ œœj œœ . œ . œ j
DoM SolM Sol7 DoM DoM
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Voz

Que na - die le des - pier - te que que - seha dor - mi - do, que

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5 SolM DoM Sol7 DoM FaM
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na - die rom - pael sue - ño del Dios na - ci - do. Que na - die le des - pier -

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9 DoM rem7 DoM Sol7
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te quees - tá so - ñan - do con la paz y la gra - cia que vie - nea dar -

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Fin
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13 DoM SolM

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œ. œ. œ J J J œ œ œ
nos. Sue - ña con los sen - de - ros de Pa - les - ti - na, si - len -
Sue - ña con pes - ca - do - res de Ga - li - le - a, con cal -
Sue - ña con pre - di - car bie - na - ven - tu - ran - zas con - vir -

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16 rem7 Sol7 DoM

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cio - sos tes - ti - gos de su má - gi - ca voz. Sue -
mar tem - pes - ta - des y cu - rar to - do mal. Sue -
tién - do - seen vi - da, en ca - mi - no y_en luz. Sue -
j j SolM j j DoMj
& œœ .. œœ œœ Jœœ œœ œœJ œœ Jœœ œœ œœ œœ ‰ j j œj j j œ . œ .
19 rem7

œ œ œ œ œ. œ.
ña con pe - ca - do - res a - rre - pen - ti - dos que re - ci - ben a cam - bio
ña con fa - ri - se - os que le per - si - guen y con gen - te sen - ci - lla
ña con re - di - mir al gé - ne - ro_hu - ma - no y_en - tre - gar - nos su vi - da

j j j a$
œœ œœ œœ œœj œœj œœ ..
22 Sol7 DoM

&‰ ˙˙ ..
el di - vi - no per - dón.
que_o - i - rá su ver - dad.
ex - pi - ran - do_en la cruz

163
OTRAS CELEBRACIONES
DE ADVIENTO Y NAVIDAD
ABONARÉ LA ESPERA CON MIS HOJAS SECAS

Lector:

Es una tarde fría y lluviosa. Como cada día me dirigí al parque, aligeré mis pasos…
Eran de esos días otoñales en el que el viento sacudía los árboles y comenzaba a desnudar
sus ramas, dejando caer sus hojas, que poco a poco crean una hermosa alfombra de colo-
res. Al pisarlas me parecía que crujían de angustia por su muerte. Miré hacia arriba y la
distancia entre la copa del árbol y el suelo era la distancia que separa el ser de la nada.
(Silencio. Música)
Me estremecía al sentir cómo una de las hojas rozó mi cara como una despedida,
dejándome en la mejilla una gota de lluvia, que tal pareciera como una lágrima. For-
mé parte de la naturaleza, abrí mi alma para elevar mi oración al Señor de la vida.
¿Qué quieres de mí, Señor? ¿Es acaso que me presente despojado de lo caduco, des-
nudo, como estos árboles que mueren, para que en su interior se empiecen a gestar
los brotes de una vida nueva?
Señor, me duele verme desnudo, caduco, sin vida. Me surgen las dudas. ¿Volverá
a mí de nuevo la vida?, ¿podré renacer de nuevo?

Canto: Maranatha

Lector:

Siento caer las hojas secas de mi vida, se desprenden de mi ser y mi cuerpo tiem-
bla, ¿acaso la muerte puede más que la vida?
(Personas que llevan hojas secas y las ponen junto al árbol seco,
que previamente hemos colocado en el local o templo)

167
Abonaré la espera con mis hojas secas

Todos:

• Perdón, Señor, por cuando dejo que la tristeza me paralice y bombee por mis
arterias la inseguridad, la angustia y la rabia.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por cuando el miedo y la desesperanza me paralizan, secando
los proyectos que Tú tienes para mí.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por cuando el frío de la indiferencia se apodera de mí y con-
gela el tronco y la rama de mi ser.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por cuando me acostumbro a ver cómo son pisoteados los de-
rechos de mis hermanos sin que se conmuevan mis entrañas.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por cuando no escucho el gemido de mis hermanos, no quiero
escuchar el llanto de familias completas mordidas por la crisis, y no comparto
lo que soy y lo que tengo.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por mi egoísmo, por mi falta de amor a los más cercanos, a los
más lejanos, quedando al descubierto un árbol raquítico por el que no corre
vida alguna.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
•  Perdón, Señor…

Canto: Perdón

Lector:

La noche me fue cubriendo y mis ojos apenas descubrían mi cuerpo desnudo,


que temblaba de frío. Me había desprendido de tanta seguridad, de tantas cosas, que
me sentía asustado, tirado por el suelo.
Y grité a Dios preguntándole: ¿dónde estás?, ¿eres un mero espectador del espec-
táculo cruel que se está representando en este mundo?, ¿qué dices ante esta crisis,

168
Abonaré la espera con mis hojas secas

ante el paro, ante los embargos, los desahucios, el sufrimiento de tus hijos?, ¿quieres
desnudarme de todo y convertirme en pobre madera apta sólo para el fuego?
(Se saca el cartel: Abonaré la espera con mis hojas secas.
Se apagan algunas luces)
Pero Dios no calla. Hoy como ayer nos habla por los profetas.

Lectura:

Lectura del profeta Isaías:


Así habla Yahvé: No temas, pues yo te he redimido, te he llamado por tu nombre,
tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo, la corriente no te anegará;
cuando pases por el fuego no te quemarás y las llamas no te abrasarán… Tú eres
precioso ante mí, de gran precio, y yo te amo.
No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo.; mirad que realizo algo
nuevo, ya está brotando ¿no lo notáis? Abriré un camino en el desierto, corrientes
en el yermo. (Is 43, 1-3. 18-20). Palabra de Dios.

Todos:

Tú, Dios, que amas y recreas la vida


y cuidas de los pequeños brotes con ternura,
que siempre permaneces en vela
para acogernos, regarnos y abrirnos,
mira los espacios muertos de mi corazón
que todavía rehúsan darte refugio y entrada.
No hagas caso de mis quejas,
trabájame a tu estilo,
con tu tierno, pero firme amor,
para que brote en mí la esperanza más fuerte, más bella y más sana…
Canto: Ven, ven, Señor, no tardes.

Lector:

Y Dios no descansa, porque Dios es amor, y el amor ni cansa ni descansa,


siempre está actuando, hace crecer, poda y da vida a lo caduco. Dios hace primave-

169
Abonaré la espera con mis hojas secas

ra del invierno, protege, espera, perdona, libera. Nos reviste de dignidad y de gra-
cia.
Dios se acerca, viene, nos trae la liberación. Nacerá en una cuadra y llegará la
luz resplandeciente iluminando al mundo, porque a pesar de tantas muertes nos na-
cerá un niño y volverá a brotar con brío la vida, porque un niño va a nacer y su nom-
bre es Emmanuel.
(Se trae al Niño y se coloca en el pesebre)

Evangelio

Por aquellos días salió edicto de César Augusto, para que se empadronara todo
el mundo. Éste es el primer censo hecho siendo Quirino gobernador de Siria. Todos
iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde la ciudad de Na-
zaret de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la
casa y de la patria de David, para inscribirse con María, su mujer, que estaba en-
cinta. Mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto y dio a luz a su hijo pri-
mogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no había sitio
para ellos en la posada (Lc 2, 1-8).

Homilía

Credo

Todos:

• Creo en un Dios que ama locamente y que en un exceso de amor dibujó mi


alma…
• Creo en un Dios capaz de haber pensado un universo para que mi corazón lo
abrazara…
• Creo en un Dios que no tolera ninguna clase de muerte, ni de dolor, ni de par-
tida…
• Creo en un Dios papá, que en cada cumpleaños me vuelve a regalar nada más
y nada menos que la ¡vida!...
• Creo en un Dios siempre presente en mi vida que, lejos de castigarme, siem-
pre está a mi lado para curarme las heridas….

170
Abonaré la espera con mis hojas secas

• Creo en un Dios capaz de hacer brotar lo mejor de mí a pesar de mis múlti-


ples caídas…
• Creo en un Dios maravilloso que me engendró en sus entrañas, con el único
sueño de que disfrute la vida…
• Creo en un Dios que se retuerce de dolor ante una tierra que vuelve a crucifi-
car al amor todos los días….
• Creo en un Dios que ha enviado a su Hijo para hacer que brote la vida…

Peticiones-Ofrendas

Cada flor es la luz de la mirada de Dios. Y nosotros necesitamos ojos limpios


para ver los apuntes de lo nuevo. Algo nuevo ya está brotando.
(A cada petición se ponen flores en el portal,
y se ponen pequeñas velas encendidas)
• Ven curando nuestras dolencias con la medicina de tu Espíritu, con el óleo de
su amor y la fuerza de su libertad. Que nosotros, comunidad eclesial, vivamos
tu justicia dentro de sus muros y no sólo las prediquemos para los demás.
(Se llevan flores y se ponen pequeñas velas encendidas)
Todos: Que tu vida haga brotar nuestra vida.

• Ven y haz que el árbol del Estado de Bienestar vuelva a dar cobijo digno y es-
table a las familias, que broten de nuevo los derechos al trabajo, a una vivien-
da, a un salario digno, que de las hojas secas renazcan los valores de la justi-
cia, de la interdependencia solidaria y de la fraternidad universal.
(Se llevan flores y se ponen pequeñas velas encendidas)
Todos: Que tu vida haga brotar nuestra vida.
• Ven, cura nuestros ojos ciegos con la luz del Espíritu. Que conozcamos nues-
tra verdad y conozcamos tu misterio.
(Se llevan flores y se ponen pequeñas velas encendidas)
Todos: Que tu vida haga brotar nuestra vida.
• Ven y aleja nuestras tristezas con la alegría del Espíritu. Que tu Espíritu triunfe
sobre nuestras tinieblas de venganza, muerte y destrucción incruenta del otro.
(Se llevan flores y se ponen pequeñas velas encendidas)
Todos: Que tu vida haga brotar nuestra vida.

171
Abonaré la espera con mis hojas secas

• Ven. Haznos receptores de tu Buena Noticia y profetas de esperanza, dando vida


por las veredas del mundo y haciendo que la tristeza se convierta en alegría.
(Se llevan flores y se ponen pequeñas velas encendidas)
Todos: Que tu vida haga brotar nuestra vida.
• Ven, que seamos pan y vino para tanta gente que sufre y vive en la calle, sin
hogar ni justicia.
(Se presenta el pan y el vino)
Todos: Que tu vida haga brotar nuestra vida.

PLEGARIA EUCARÍSTICA

Poscomunión

Contigo esperaré a que crezca el árbol y dé sombra.


Pero abonaré la espera con mis hojas secas.
Esperaré a que brote el manantial y me dé agua.
Pero despejaré mi cauce de memorias enlodadas.
Esperaré a que apunte la aurora y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche de postraciones y sudarios.
Esperaré a que llegue lo que no sé y me sorprenda.
Pero vaciaré mi casa de todo lo conquistado.
Y al abonar el árbol,
despojar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento
se abrirán a la esperanza.

172
ALUMBRAR LA VIDA. ALUMBRAR EL MUNDO

Canto: Ven, ven, ven, Señor, no tardes.

Sacerdote:

Preparamos el camino al Señor. Que su luz, su amor y su ternura os acompañen


en vuestras vidas.

Lector:

En la oscuridad de la noche los hombres habían perdido la luz y caminaban en la


oscuridad.
(Salen algunos con vendas en los ojos. Recorren la Iglesia chocándose
y tropezando con otros. Música)
Se trata de la oscuridad de la noche:
• La oscuridad de las familias paradas ante el desastre de la crisis, que las hace
vivir en el dolor, la impotencia, la inseguridad y la amenaza del futuro.
• La oscuridad de la pobreza, el hambre y el subdesarrollo. 865 millones de
personas están desnutridas y más del 8% de los niños en los países en desa-
rrollo mueren antes de los cinco años.
• La oscuridad de los inmigrantes que montados en una patera no saben si po-
drán sobrevivir.
• La oscuridad del padre y la madre de familia angustiados ante la incertidum-
bre de un hijo suyo tirado en las calles por la droga.
• La oscuridad de la familia cuando a final de mes tienen que pedir dinero fia-
do para poder seguir viviendo.

173
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo

• La oscuridad de mi vida cansada de iniciar y reiniciar procesos de crecimien-


to personal que no acaban de cuajar y culminar.
• La oscuridad de no sentirme querido/a, de no experimentar que soy valioso/a
para los demás.
• La oscuridad de mis contradicciones, mis egoísmos incontrolados, mis doble-
ces y engaños, mis desencantos y desconfianzas.
• La oscuridad de una vida sin Dios, sin acabar de experimentar cuánto me
ama y de vivir sin querer acercarme a Él.
• La oscuridad de mis miedos para dar testimonio de Ti: «No me creerán», «no
escucharán mi voz», «no sé hablar» (Ex 4).

Todos:
Señor, abre mis oídos a tu Palabra.
Señor, despierta mi corazón a la esperanza.
Tú vienes, vienes siempre a mi encuentro.
Tú vienes siempre con amor.
Ven a limpiar nuestro barro,
ven a encender nuestras lámparas,
ven a colmar la esperanza,
ven, Señor, a salvarnos.
Haz que me ponga en camino para recibirte.
Te abriré la puerta de mi vida.
Nos daremos el abrazo entrañable.
Y al oír los pasos de tantos caminantes del mundo,
me sentiré hermano de todos
y compartiré con ellos mi paz y mi esperanza.

Lector:

Si deseas encontrarte con la luz y la esperanza, estas llegarán. No te canses de


esperar y moviliza todo tu ser como lo hizo esta anciana:

Relato:

En cierta ocasión, una anciana fue en peregrinación a un lejano santuario situado


en una montaña, en plena estación de lluvias. De camino, se detuvo en una posada

174
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo

para pedir alojamiento y pasar la noche antes de comenzar el ascenso a la montaña


sagrada. «No podrá trepar por el resbaladizo barro de la montaña con este tiempo.
Es imposible, —le dijo el posadero—». «Será muy fácil —contestó la anciana—. Mi
corazón lleva años allí. Ahora sólo es cuestión de llevar mi cuerpo».

Lector:

Serena tu espíritu y escucha con calma. Jesús viene a despertarnos, a convertir la


noche en día, a invitarnos a dejar lo pasado para que brote en nosotros la vida nueva,
traspasada por la esperanza.

Lector 2:

Ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora tenemos la salvación más


cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa enci-
ma: dejemos las actividades propias de las tinieblas y pertrechémonos para actuar
en la luz (Romanos 13, 11-14).

Reflexión:

• ¿Qué actividades de las tinieblas tengo que dejar de lado? ¿Cómo anda mi
corazón de dureza? ¿Tengo actitudes de indiferencia, de prepotencia?
• ¿Hasta dónde he perdido mi entusiasmo? ¿Hasta dónde llega mi pesimismo?
¿Hasta dónde me siento conformista?
• ¿Cómo caminaré tejiendo de luz y confianza las relaciones que tengo con los
demás? ¿Cómo trataré a cada persona con respeto, con cariño, con igualdad?
• ¿Camino dando codazos a los que me rodean y poniéndoles zancadillas?
• ¿Cómo tengo que actuar para que mi vida, junto a la de muchos, contribuya a
abrir horizontes nuevos y se cumpla la promesa de Dios: «los cielos nuevos y
tierra nueva en los que habitará la justicia» (2 Pe 3, 13)?

Lector:

Es bueno reconocer que necesitamos un cambio, necesitamos barrer y echar fue-


ra de nosotros todo aquello que nos paraliza e impide vivir con alegría. ¿Hacemos
un ejercicio de limpieza? (Se saca una escoba).

175
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo

Comencemos a barrer todo lo que hay en nosotros de viejo y caduco, todo lo que
nos lleva a la tristeza, a la apatía y al desaliento.
• Sopla las penas fugitivas como sopla el niño la hoja seca.
•  No te agarres a las inquietudes; serás entonces como quien abraza a las espinas.
• No te detengas en los fracasos y el desánimo, que se te paralizarán las fibras
del alma.
• Los sentimientos negativos no te pertenecen, aunque se te peguen como lapas
a las paredes del alma; échalos fuera.
• Deja a un lado la indiferencia y crea un clima de belleza en el pequeño mun-
do que te rodea.
• Barre todo aquella basura que te hace no estar a gusto contigo mismo y
• Acoge la PROMESA del Señor que nos trae la ESPERANZA.

Lectura del profeta Isaías:

El desierto florecerá, se alegrará la estepa, desbordará de gozo y alegría. Sed


fuertes, no temáis. Vuestro Dios viene, viene en persona. Se despegarán los ojos del
ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del
mudo cantará. De un árbol viejo brotará un retoño. Aquel día se dirá: Aquí está
nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara (Is 35, 1-10).

Lector:

En el desierto siempre nos encontramos con pequeños oasis. Siempre hay algu-
nos que en medio de la oscuridad conservan una pequeña luz. Con ella intentan
alumbrar sus caminos y el de los demás (salen algunos con unas pequeñas lámparas
encendidas).

Relato:

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que
una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendi-
da. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquélla. En determinado
momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se
da cuenta de que es Pepe, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:

176
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo

—¿Qué haces Pepe, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves.


Entonces, el ciego le responde:
—Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de
memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí…
Silencio Música

Lector:

Lo nuevo está siempre brotando


(Se presenta una rama con hojas con flores)
Hay mil señales de vida en el mundo. Dios mira cada mañana la creación y la deja
vestida de hermosura. Todo esto lo ve quien va por la vida con los ojos abiertos, limpios
y avanza hacia Dios de comienzo en comienzo. «Tu luz nos hace ver la luz». No es fácil,
¡pero es tan hermoso ver el sol! ¡Es tan hermoso creer que lo mejor de la persona está en
un futuro más pleno, que el amor pervivirá por encima de heridas y menosprecios! Dios
invita siempre a una mirada contemplativa, envuelta en la sorpresa y en la admiración.
«Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Is 43, 18-19).

Canción de esperanza

Lector:

Asómate a la vida.
¿Dónde anida la esperanza? ¿En qué lugar del corazón humano tiene su casa?
¿Cómo distinguirla en medio de los pueblos? ¿Te la has encontrado dentro de ti?
Cuando una brasa está escondida entre cenizas, se retiran éstas y se sopla sobre
la brasa para que brote el fuego. Cuando aparece un hilito de agua en el manantial,
se lo guía hacia los árboles para que éstos no se sequen. Pero cuando la esperanza
está escondida en el cansancio, en el dolor, en la monotonía, ¿cómo hacerla revivir?

Lector:

(Se traen las figuras del Belén: Niño Jesús, María y José.
Se presentan a la comunidad)

177
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo

Vete a la fuente de la esperanza, que está en Belén. La esperanza nos es dada por
un niño, un bebé, que con su ternura y debilidad viene a ofrecerte su luz, su amor, su
apoyo, su fuerza. Pero no te desconciertes, eres tú quien tendrás que acogerlo, quien
tendrás que darle calor, quien tendrás que mecerlo y acostarlo. Acoge el regalo de su
vida y ponte en disposición de dar vida y esperanza a otros.
Contempla a José y a María. Esperaron a Jesús con inefable amor de padres.
Ahora, en su hogar aparece cumplido el milagro de la esperanza. Recuerda agradeci-
do a tantos hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, han mantenido viva la
llama de la esperanza. Pon tus ojos en el Espíritu. El cumplimiento de la promesa es
obra de Él. Invócalo para que nada se quede en el camino. Acoge a Jesús, el gran re-
galo que Dios ha preparado para todos los que tienen amor a su venida. Él viene
para salvar a base de amor. Si quieres salir al paso de la esperanza de los pueblos y
de las gentes, anuncia con tu vida y con tu palabra a Jesús, verdadera novedad que
supera todas las expectativas del hombre. Nuestro hoy y el futuro del mundo son ilu-
minados por su presencia: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaban en tierra de sombras y una luz les brilló» (Is 9, 1).
(Se colocan las figuras en el portal)

Canto

Lector:

Y este niño viene a darnos vida y a alentar nuestra esperanza. Nosotros no hubié-
ramos podido liberarnos sólo por nuestras fuerzas. Fue necesario que viniera el Sol
para ahuyentar los poderes tenebrosos y curar nuestras cegueras. Él hace que lo im-
posible se haga posible. Escucha cuál es su misión.

Sacerdote:

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (11, 2-6)

Juan se enteró en la cárcel de las obras que hacía el Mesías y mandó dos discípu-
los a preguntarle: ¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro? Jesús les res-
pondió: Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos
andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los
pobres se les anuncia la buena noticia. Y dichoso el que no se escandalice de mí.

178
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo

Comentario:

• También los fuertes se cansan. Juan, el de la voz potente en el desierto, el que


se enfrentó con las injusticias, el que habló de fuego abrasador, se ha cansado
de luchar. Desde la cárcel se pregunta desconsolado: Y todo ¿para qué?
• Revive tú alguna experiencia en la que te hayas sentido hondamente desilu-
sionado, en la que te has preguntado: ¿merece la pena seguir?
• El que alentó a otros en la esperanza, ahora tiene que pedir ayuda. Y se acer-
ca con humildad a Jesús. A ver qué dice el amigo de Dios y de los hombres.
• ¿Sueles acudir en busca de ayuda cuando el horizonte se pone negro, cuando
te crece por dentro del desaliento? Recuerda alguna experiencia.
• Jesús le abre el corazón. Le ofrece su vida, que es la realización de las pro-
mesas. Le ofrece su vida pobre, perseguida también. En ella está apareciendo
lo verdaderamente nuevo para la humanidad, porque está ocurriendo algo
grande para los pobres.
• ¿Dejas que la palabra y la actividad de Jesús ilumine tu vida? ¿Dejas que su
presencia aliente tu camino?
• A Juan se le ilumina la cárcel. El aliento y el ánimo, el cariño de Jesús, han
atravesado los muros de la injusticia. Se ha hecho presente en la noche, hasta
convertirla también en tiempo de salvación. Y en los barrotes dibuja una flor.
Nada se ha perdido. Ha merecido la pena llegar hasta ahí.
• ¿Cómo has salido de las situaciones de oscuridad que has tenido en tu vida?
¿Cómo has resistido en el silencio hasta que lleguen los tiempos nuevos? Haz
presentes a todos los que están defraudados y decepcionados. Ponlos ante Je-
sús. ¿Cómo tendrías que hablar y actuar para ser aliento en la desesperanza?

Lector:

Vivir y Anunciar la esperanza es:

•  Hablar con Jesús y hablar de Jesús con tu vida.


•  Vivir tu fe en comunidad.
•  Disfrutar de la vida.
•  Acompañar desde tu debilidad a los más débiles.
•  Creer en la bondad de un Padre que es todo ternura y amor.

179
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo

•  Aceptar tus límites y seguir cantando.


• Contemplar a María como mujer donde todas las esperas se cumplen en ple-
nitud.
•  Dar respuesta desde tus dones a los desafíos que llaman a tu puerta.
•  Unir tu voz a otras voces que gritan el mundo nuevo que Dios quiere.
•  Sembrar gratuidad a tu alrededor.
• Dejarse sorprender por lo inesperado, por Dios que llega siempre con ropaje
nuevo.
•  Querer mucho a la gente.
• Romper toda frontera y saludar la nueva humanidad que el Espíritu recrea
cada noche.

Oración de los fieles

Sacerdote:

Presentemos al Dios de la vida nuestros anhelos y necesidades.

Lector:

•  Donde hay desaliento y desconfianza en el futuro:


Marana tha. ¡Ven, Señor, Jesús!
•  Donde crecen la intolerancia y la violencia:
Marana tha. ¡Ven, Señor, Jesús!
• Donde abunda la injusticia y se margina al débil:
Marana tha. ¡Ven, Señor, Jesús!
• Donde no hay pan para comer ni casa para vivir:
Marana tha. ¡Ven, Señor, Jesús!
•  Cuando la llama está a punto de apagarse:
Marana tha. ¡Ven, Señor, Jesús!
•  Cuando los buenos se cansan de hacer el bien:
Marana tha. ¡Ven, Señor, Jesús!

180
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo

•  Cuando todo parece quedar en un intento:


Marana tha. ¡Ven, Señor, Jesús!
•  Cuando la soledad no es sonora, ni música el silencio:
Marana tha. ¡Ven, Señor, Jesús!

Sacerdote:

Ven, Señor, a nuestra vida e ilumínanos con tu Palabra. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Plegaría eucarística

Acción de gracias. Todos:

• Gracias, Señor, por la veta de espiritualidad encarnada que recorre la Iglesia.


• Gracias, Señor, por el cosmos y su increíble sinfonía.
• Gracias, Señor, por cada mujer, ternura de Dios en el mundo.
•  Gracias, Señor, por los que tienen siempre en los labios una palabra de aliento.
• Gracias, Señor, por todos los que con el diálogo buscan la sintonía.
• Gracias, Señor, por los gestos de paz que hacen frente a la violencia.
• Gracias, Señor, por la cercanía siempre fresca de los amigos.
• Gracias, Señor, por los débiles de la tierra y su contribución impagable a la
esperanza.
• Gracias, Señor, por tantos gestos cotidianos de servicio y gratuidad.
• Gracias, Señor, por el milagro del agua y del pan, del abrazo y del beso.
• Gracias, Señor, por el camino de comunión de hombre y mujer, que se asoma
en el horizonte.
• Gracias, Señor, por ti, por tu alimento de vida, por tu amor encarnado, por tu
presencia en nuestras vidas.
• Gracias, Señor, por las personas que nos acompañan y alientan, por los que
nos han acercado a ti y nos muestran tu rostro.
• Gracias, Señor, por esta celebración de vida y esperanza.

181
CON MARÍA CONSTRUIMOS ESPACIOS
DE ESPERANZA

MONICIÓN DE ENTRADA

Nos reúne la obra de Dios en María, que nos invita a todos a su fiesta para cantar
con ella el amor del Señor, para admirar en ella la gracia que embellece su corazón,
para trabajar, unidos a ella, por el mundo nuevo que Dios quiere.
Con María queremos ser constructores de esperanza. Dios no se olvida de su mi-
sericordia y de sus promesas a favor de los humildes, los hambrientos y excluidos de
nuestro mundo.

SALUDO DEL SACERDOTE

Bienvenidos a esta celebración. María, la llena de gracia, la que creyó, esperó y


amó, nos convoca para entonar un cántico de acción de gracias a la obra de Dios.
Que la gracia y la paz de quien llenó a María de gracia esté también con vosotros.

ORACIÓN-PRESENTACIÓN

Lector:

María, llena de gracia, Inmaculada,


Míranos reunidos aquí
para cantar las maravillas que Dios ha hecho en ti.
Presenta nuestros nombres ante Dios,
sé hoy nuestra abogada ante el Padre.
Todos: Ven con nosotros al caminar, Santa María, ven (cantando)

183
Con María construimos espacios de esperanza

María, llena de gracia,


queremos hacer el camino contigo.
Enséñanos a estar en una actitud de continua escucha
para captar las llamadas de los hombres
y los lenguajes secretos de Dios.
En estos momentos centramos la mirada en ti
la llena de gracias, la Virgen fiel.

Todos: Ven con nosotros al caminar, Santa María, ven (cantando)


María, llena de gracia,
Tú que supiste decir sí a Dios
en medio de la tiniebla y la noche;
tú que aceptaste la voluntad de Dios
sin reservas ni trabas
y abriste tu casa y tu corazón
al Dios que llama a la puerta.

Todos: Ven con nosotros al caminar, Santa María, ven (cantando)


María, llena de gracia,
tú que hiciste del servicio a los demás
la norma de tu vida
lánzanos al encuentro de los otros,
lánzanos al encuentro del Otro
en esta noche de gracia y oración.

Todos: Ven con nosotros al caminar, Santa María, ven (cantando)


María, llena de gracia,
enciende nuestro corazón
con los sentimientos y con el fuego
que tu sentías por Dios.
Que nada ni nadie nos apague el alma
en el camino de la vida.

Todos: Ven con nosotros al caminar, Santa María, ven (cantando)


María, llena de gracia,
en esta Vigilia,
haznos orantes,
haznos dispuestos a Dios,

184
Con María construimos espacios de esperanza

haznos fieles seguidores de tu Hijo,


haznos servidores de los hermanos,
haznos constructores de esperanza.
Todos: Ven con nosotros al caminar, Santa María, ven (cantando)

LITURGIA DE LA PALABRA

Introducción

María cree, espera y ama, tres claves sobre las que podemos construir a nuestro
alrededor espacios de esperanza ante los problemas e incertidumbres que sufrimos
en nuestra propia vida, o ante las dificultades de las personas con las que nos encon-
tramos en nuestro día a día, o ante los acontecimientos y realidades difíciles que
afrontamos.

1.  «Dichosa tú que has creído»

Lectura: Lc 2, 39-45.
(Silencio orante)

Reflexión:

María es dichosa porque cree y se siente amada por Dios. Ella es mujer de
fe porque vive pendiente de Dios, a quien mete en lo más profundo de su intimidad;
porque confía totalmente en Dios y se pone en sus manos. Esta fe de María es la
fuente de su esperanza.
Tenemos la convicción de que «quien ha sido tocado por el amor de Dios empie-
za a intuir lo que quiere decir la palabra esperanza» (Spe Salvi, 27). La experien-
cia de sentirnos amados por Dios nos inunda de una esperanza desbordante y nos in-
vade de una confianza y de una certeza de saber que nuestra vida está en buenas ma-
nos, que hay un futuro ilusionante sobre nosotros…
Para acceder a esta esperanza es necesario ser personas sencillas y humildes, que
se han desprendido de su ego, de su estar centrados en sus intereses, conscientes de
su fragilidad y su vulnerabilidad…

185
Con María construimos espacios de esperanza

Todos:

Tú eres, María, la experiencia más bella del Evangelio.


En ti Dios se ha hecho Noticia Buena para el hombre.
Eres como la luz del alba que abre camino al Sol;
eres esa estrella matutina que anuncia el día.
Eres la mujer creyente que acoge y guarda la Palabra;
la Mujer joven que entra en el plan de Dios libre y gozosa.
Eres estilo de vida, nuevo y fascinante en la historia;
eres, María, la virgen bella y fecunda de Nazaret.
Gracias, María, por tu corazón bueno y disponible.
Gracias, María, por tu corazón sincero y transparente.
Gracias, María, por tu corazón claro y luminoso.
Gracias, María, por tu corazón sencillo y humilde.
Gracias, María, por tu corazón lleno de luz y de amor.
Gracias, María, por tu corazón abierto al infinito.
Gracias, María, por tu corazón joven; sencillamente, joven.
Aquí me tienes, en busca de un camino libre de fe.
Aquí me tienes, en busca de un proyecto de vida.
Aquí me tienes, en busca de Alguien a quien dar mi amor.
Aquí me tienes, en busca de semillas de alegría.
Aquí me tienes, en busca de la paz y el bien.
Aquí me tienes, en busca de un sendero de justicia.
Aquí me tienes, en busca del rostro del Dios vivo.
Aquí me tienes, en busca de la libertad perdida.
Gloria a ti, María, Casa donde Dios mora.
Gloria a ti, María, Madre de Cristo y Madre mía.
(Silencio orante)
Canto: Madre de los creyentes.

2.  Madre de la esperanza

Lectura: Lc 2, 46-55.
(Silencio orante)

186
Con María construimos espacios de esperanza

Reflexión

María lo espera todo de Dios. Sabe que Él puede convertir los sueños en realidad
y sueña con colaborar en la realización de lo imposible, aportando lo poco que ella
es. María cultivaba ya esta esperanza del pueblo de Dios, que se concentraba en la
espera del Mesías y en sintonía plena con el Espíritu entona el Magníficat: Dios no
se olvidará de su misericordia y de sus promesas a favor de los humildes, los ham-
brientos y los excluidos del mundo.
La esperanza que ha nacido fruto de este Amor experimentado, nos hace sentir
salvados y esto no podemos guardárnoslo para nosotros solos. Esta esperanza quere-
mos que llegue y se contagie a todos (cf. Spe Salvi, 3). Nuestra esperanza no es indi-
vidualista, sino comunitaria. Jesús y su Reino nos comprometen a favor de los de-
más, nos hacen sentirnos responsables de los otros, nos lanzan a despertar esperan-
zas entre la gente sencilla, humilde y pobre.
La esperanza cristiana no es espera pasiva del futuro, ni resignación conformista,
ni tampoco se reduce a un ingenuo optimismo. Estamos en camino hacia la sociedad
en la que habite la justicia y con nuestras obras tratamos de ir anticipándola cada día
en nuestro caminar por esta vida.

Testimonio de una persona

¿Qué significa para ella ser una persona con fe y esperanza?


(Silencio orante)
Canto: Santa María de la Esperanza.

3.  María ejemplo de amor

Lectura: Lc 1, 26-38.

Reflexión

María es para los creyentes ejemplo de amor tanto a Dios como al prójimo. El Padre
eligió a María, para ser la madre del mismo Salvador y ella respondió con una disponibili-
dad plena: «he aquí la esclava del Señor». Amor en María significa acogida y entrega.

187
Con María construimos espacios de esperanza

Acogida de la Palabra y entrega al cuidado y servicio de la Palabra. Y esta entrega respon-


sable la lleva al servicio de los pequeños y necesitados, a quienes ve con ojos de esperanza.
Mirar con esperanza es ver más allá de la apariencia de deterioro que observa-
mos en una persona o situación; ver más allá del fracaso, o de su limitación. Mirar
con esperanza es mirar con el corazón y, cuando se mira desde ahí, pronto se descu-
bren las potencialidades ocultas, las posibilidades a desarrollar, a estimular. Es cuan-
do empezamos a creer que es posible, que hay futuro.
(Silencio orante)
Canto: Quiero decir que sí, como tú, María.

Escenificación

Queremos seguir los pasos de María, vivir en el amor, lavar los pies de los herma-
nos, ser compasivos. Éste quiere ser el itinerario de Cáritas en nuestra comunidad.
«Así mira y actúa el corazón de Cáritas»
(Tres personas: una caída, el que ayuda y el narrador. Música de fondo)

1.ª escena

(Aparece una persona en el altar caída o arrodillada con síntomas de heridas)


Narrador (leyendo lentamente):
«Cuando veas un corazón caído, sin fuerzas, arrinconado y maltrecho en la cune-
ta del mundo por culpa de las injusticias…».

2.ª escena

(Sale una persona de Cáritas, se dirige al que está caído y lo levanta con mucho
cuidado, haciendo como que lo cura)
Narrador:
«Si no puedes soportar la injusticia de ver un corazón caído y has DECIDIDO ir
en su ayuda para LEVANTARLO del suelo y aliviar sus heridas… HABRÁS HE-
CHO UNA COSA BUEN».

188
Con María construimos espacios de esperanza

3.ª escena

(Las dos personas hacen como que se despiden y se marchan cada una por un
lado del altar. El que estaba caído se marcha cojeando, pero la otra persona se de-
tiene, se pone a pensar y se vuelve en ayuda del otro. Lo coge del hombro y le acom-
paña bajando del altar al mismo paso)

Narrador:
«Pero si no te conformas con haberlo levantado del suelo y haberle aliviado sus
heridas… Y quieres MIRARLO CON ESPERANZA Y ACOMPAÑARLO para que
recobre su sitio en la vida, en la sociedad y en la comunidad.
Descubrirás que tu corazón y el suyo se engrandecen cuando se COMPARTE
LA VIDA…
Y lo que parecía imposible, se hace posible: LOS CORAZONES CAÍDOS RE-
COBRAN SU DIGNIDAD».

4.ª escena

(Las dos personas suben al altar y extienden la pancarta de Cáritas)

Narrador:
«Así funciona el corazón de Cáritas: MIRANDO, LEVANTANDO, ACOGIEN-
DO Y ACOMPAÑANDO a tantos corazones caídos que hay a nuestro alrededor».
Canto: Madre de los pobres…

Peticiones

Uniendo nuestra oración a la de María Inmaculada, te pedimos Padre:


R/Que la Inmaculada interceda por nosotros.
• Por la Iglesia, en la lucha diaria contra el mal y el pecado, para sea santa e in-
maculada como María. Oremos
• Por todos nosotros, para que, a ejemplo de María, sepamos guardar la pala-
bra, crecer en la fe, la esperanza y el amor. Oremos.

189
Con María construimos espacios de esperanza

• Por los pobres y los que sufren para que les llegue la alegría del Evangelio.
Oremos.
• Por nuestra comunidad para que sea un lugar de acogida y fraternidad, donde
las personas sean capaces de vivir y convivir juntas como signo de otro mun-
do posible. Oremos.
• Por nosotros, para que sepamos mirar, levantar y acompañar a tantas personas
caídas a nuestro alrededor y así seamos constructores de vida y esperanza.
Oremos.

Padrenuestro

Oración final:
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María,
te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
No me dejes, Madre mía.

Canto final: Estrella y camino

190
AÑO 2015
Enero, 1:
SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

JORNADA MUNDIAL POR LA PAZ

La paz es una apuesta y tiene ganador, Dios la ha prometido y nos la ha con-


cedido en su Hijo Jesucristo. En Él ha desaparecido todo muro de división y rup-
tura, en su sangre hemos sido reconciliados y el don se ha puesto en nuestras
manos. Para poder acogerlo nos llega en la forma que nosotros podemos recibir-
lo, nos lo da en una madre que ha entendido la historia como salvación, en una
mujer que ha tenido como grandeza la confianza en el Dios de la vida y del pue-
blo, el que nunca confunde porque siempre tiene piedad y bendice. A nosotros
nos ha llegado la paz, porque el niño de María ha entrado en nuestra sangre, de
corazón, y nos ha revolucionado con la libertad del servicio y de la entrega gra-
tuita. Por eso no tenemos más horizonte que construir lo que nos ha sido regala-
do, como nos dice el himno de la liturgia las horas: «nos sacó al desierto con el
alba y nos dijo “levantad la ciudad”, nos presentó un campo de batalla y nos dijo
“construid la paz”».

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Núm 6, 22-27. Invocarán mi nombre sobre los israelitas y los bendeciré.


Sal 66. El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Gál 4, 4-7. Dios envió a su Hijo nacido de una mujer.
Lc 2, 16-21. Encontraron a María y a José y al niño. A los ocho días le pusieron por
nombre Jesús.

193
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios

A LA LUZ DE LA PALABRA

Año nuevo, sueño nuevo

Acaba de terminar un año hace muy pocas horas; y, quizás, como nos sucede
muy a menudo, nos hemos despedido de él de un modo no demasiado optimista;
pues tenemos aún en nuestras retinas imágenes de terribles catástrofes naturales,
muertes, hambres, crisis, pobreza... Es posible que este panorama tan trágico nos
haya animado a desearnos con más fuerza un año 2015 lleno de paz, de justicia y de
felicidad. Pero nosotros los cristianos, como hombres de esperanza que somos, más
que a mirar al pasado, nos sentimos invitados a mirar al futuro, al año que acabamos
de estrenar y cuyas páginas están todavía en blanco (lo que nos produce un cierto
vértigo); y ante este año nuevo todos soñamos con una situación también nueva, en
la que tanta tragedia y tanto dolor, que frecuentemente hemos creado nosotros mis-
mos, pasen de una vez por todas al «museo de los horrores».
Sí, hoy, día de año nuevo, soñamos que las generaciones futuras:
• Puedan llegar a comentar que todos estos males sólo eran concebibles en per-
sonas muy extrañas, que vivieron a comienzos del siglo xxi.
• Lo comenten en un clima de paz conseguida e instaurada definitivamente en
todos los pueblos.
• Y lo vivan en «un mundo nuevo, donde reine la justicia» (II Pe 3, 13).

Un sueño que será realidad

Esto es lo que hoy y aquí soñamos todos nosotros, personas de buen corazón y
buena voluntad; más aún, soñamos que estos sueños:
• Serán un día una realidad tangible y fácilmente experimentable.
• Porque también nosotros les hemos transmitido a las generaciones futuras
nuestras ansias de justicia, de paz, de libertad y de fraternidad.
• Así como los instrumentos necesarios con los que poder hacer de esos deseos
una realidad esplendorosa.
Pero ¿cómo iniciar este proceso hacia ese «mundo nuevo» aquí y ahora? ¡Ojalá
alguno tuviera «la» respuesta exacta! Quizás ni siquiera exista; pero es posible que
todos tengamos «una» pequeña respuesta, que, sin duda, merece ser tenida en cuenta
por todos.

194
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios

Saber ver

El mensaje de las lecturas de hoy y la «Jornada Mundial por la Paz» que celebra-
mos tal vez puedan ayudarnos a formular esas pequeñas respuestas, pues nos dicen
que, si queremos construir un «mundo nuevo», es necesario analizar la realidad con
esmero, «intentando acertar con su sentido exacto», como hizo María, la Madre de
Jesús (Evangelio):
• Asumiendo la oscuridad, la incertidumbre, el no saber cómo acertar.
• Pero manteniendo la esperanza aun en esas circunstancias.
• Y siguiendo avanzando, aunque sea entre tinieblas, por ese camino.

Apostar por la paz

Apostando por la paz (I lectura y Jornada Mundial por la Paz):


• Sabiendo que no podemos llegar a la paz desde la violencia: «No hay cami-
nos para la paz, la paz es el camino» (Gandhi).
• Pidiendo perdón cuando descubra que no he sido «constructor de paz» en mi en-
torno y dando gracias cuando haya creado espacios habitables a mi alrededor.
• Apoyando las causas en favor de la paz, la justicia y la fraternidad, que tantas
instituciones hoy y aquí defienden; y con las que puedo colaborar de modo
afectivo y efectivo, pero sin olvidar lo que nos decía Benedicto XVI: «La so-
ciedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más herma-
nos» (CiV, 19).

Vivir confiados y en comunidad

Viviendo confiados (II lectura):


• Pues somos hijos de un Padre que nos quiere.
• Y, en su Hijo, hace el camino con nosotros.
• Por lo que, aunque en ocasiones nos parezca increíble, no estamos solos.

La comunidad de la que formamos parte, la Palabra que ha sido proclamada y el


pan y el vino de los que vamos a participar nos darán sin duda la fuerza necesaria
para llevar a cabo esta misión. Es posible que éste no sea un modo demasiado malo
de comenzar este nuevo año. Incluso puede ser el mejor modo. Así que, ¡feliz 2015!

195
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

Texto de los Obispos Españoles sobre la Paz

• «La paz no es un ideal utópico que pueda ser dejado al entusiasmo de ciertos
grupos soñadores. La paz universal se ha convertido en una condición indis-
pensable para la subsistencia de la humanidad (…).
Éste es el resumen del mensaje de Jesús en relación con la paz: Dios ha
intervenido en el mundo para suscitar el amor y la fraternidad entre todos los
hombres, concediéndonos el don de la paz y pidiéndonos nuestra colabora-
ción mientras llega la plenitud de la salvación.
• La paz es don de Dios. Quienes reciben en su corazón la buena noticia del
Reino adquieren una nueva visión del mundo y de la vida; experimentan el
perdón y el amor de Dios que les hace a su vez capaces de perdonar y amar a
los hombres como ellos mismos son amados y perdonados (…). Por todo ello
los pacíficos son llamados “hijos de Dios” y Jesús los proclama bienaventu-
rados: “Bienaventurados los que buscan la paz porque ellos serán llamados
hijos de Dios”.
• La paz es fruto del amor. Esta tarea de pacificación, como el amor cristiano
que la inspira, va siempre más allá de las leyes escritas y de las observancias
legales: «Si alguno te obliga a andar una milla, vete dos con él». Prohíbe de-
volver mal por mal y manda, en cambio, hacer el bien incluso a los que hacen
el mal y a los enemigos; no se toleran odios, desprecios, venganzas ni repre-
salias contra nadie (…).
• La paz, responsabilidad de los hombres. La paz, como todo don de Dios al
hombre, debe contar con nuestra disponibilidad y colaboración. La conver-
sión al Reino de Dios incluye necesariamente nuestro compromiso en favor
de la paz. Este compromiso tiene unos contenidos y unas exigencias morales
que podemos llamar “su verdad”: justicia, amor, verdad, misericordia, espe-
cialmente con los pobres y los oprimidos (…).
Para construir la paz es necesario amar a Dios y a los hombres, insepara-
bles entre sí: «si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que un her-
mano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar y vete pri-
mero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve a presentar tu ofrenda».
De aquí que la “verdad de la paz” tenga sus exigencias y compromisos en fa-
vor del hombre. La calidad cristiana de este compromiso se manifiesta espe-
cialmente en la preferencia por los desvalidos y humillados, en quienes Jesús
mismo se hace presente y nos juzga.

196
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios

• La paz, aspiración de todos los hombres y los pueblos, es un don de Dios, que por
“la Cruz elevada sobre el mundo, lo abraza simbólicamente y tiene el poder de re-
conciliar Norte y Sur, Este y Oeste”. Paz no quiere decir sólo “ausencia de guerra”,
no se reduce al solo equilibrio de fuerzas contrarias, ni nace de un dominio despóti-
co, sino que con razón y propiedad se define como la obra de la justicia.
No hay verdadera paz si no hay justicia: “la paz construida y mantenida
sobre la injusticia social y el conflicto ideológico nunca podrá convertirse en
una paz verdadera para el mundo”.
La justicia se expresa principalmente en el respeto a la dignidad de las per-
sonas y los pueblos y en la ayuda eficaz a su desarrollo. La paz, continuamente
amenazada por el pecado, ha de fraguarse en el corazón del hombre: “ante
todo, son los corazones y las actitudes de las personas los que tienen que cam-
biar, y esto exige una renovación, una conversión de los individuos”» (19).

Construir la paz, un compromiso permanente

«La paz para todos nace de la justicia de cada uno. Nadie puede desentenderse
de una tarea de importancia tan decisiva para la humanidad. Es algo que implica a
cada hombre y mujer, según sus propias competencias y responsabilidades» (Juan
Pablo II, «De la justicia de cada uno nace la paz para todos», XXXI Jornada Mun-
dial de la Paz, 1 de enero de 1998, n.º 7).
El método que se deberá seguir, basado en:
• La conversión de los corazones y las mentalidades y en la búsqueda de la verdad.
• El diálogo, fundado en el respeto a todo ser humano, reconocido como hermano.
• El empeño en educarnos y educar para la paz.
• La búsqueda del ecumenismo desde el respeto a la conciencia de cada persona.

El respeto y la promoción efectiva de los derechos de las personas:


• Comenzando por el derecho a la vida en su sentido integral.
• Siguiendo por la libertad religiosa y las demás libertades.
• El derecho a la educación y al desarrollo.
• Los derechos de la familia, de los niños, de las mujeres.

(19)  Conferencia Episcopal Española, Constructores de la Paz, 1986, números: 22. 33-36,
49-50.

197
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios

• Los derechos de las minorías de toda índole.


• Los derechos de la naturaleza, creada por Dios.

El compromiso frente a las estructuras de pecado y los obstáculos que se han de


remover para construir la paz, tales como:
• Los mecanismos que generan o perpetúan la violencia.
• El belicismo y el tráfico de armamentos.
• Las divisiones del mundo en zonas o bloques.
• Las situaciones de opresión económica, política o religiosa.
• Las estructuras económicas internacionales que condenan a gran parte de la
humanidad a la pobreza y el hambre (20).

Oración de los niños por la paz

Jesús, ayúdame a vivir en paz con


los que me rodean.
Que busque la paz en mi familia,
poniendo buen humor, ganas de ayudar,
comprensión para mis papás,
y cariño para mis hermanos.
Que busque la paz en mi grupo de amigos,
evitando las peleas y discusiones,
renunciando a todo tipo de agresión,
ayudando a mejorar las relaciones,
aprendiendo a perdonar y a aceptar
el perdón de otros,
contagiando alegría y ganas de
hacer cosas buenas.
Que busque la paz en todos los lugares
que me encuentre,
para ser, como decía San Francisco de Asís,
un verdadero instrumento de paz.
¡Que así sea, Señor!

(20)  Cf. Secretariado social Diocesano, «Construir la paz, un compromiso permanente». Guión
para el trabajo pastoral por la paz. www.iglesiadeasturias.org

198
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• ¿Tienes presente en la oración las situaciones de violencia?, ¿pides a Dios


el don de la paz?, ¿cultivas actitudes de amor a las personas, incluso a los
enemigos, con el estilo que Cristo propone?
• ¿Cuáles son las causas que impiden que la paz sea una realidad en nuestro
mundo?
• ¿Qué se está haciendo en tu comunidad cristiana a favor de la paz?, ¿qué
más se puede hacer?
• ¿Asumes, como cristiano y como ciudadano, la responsabilidad de cons-
truir la paz en todos los ámbitos de la vida personal y social?, ¿cuáles de
las dimensiones indicadas del compromiso cristiano a favor de la paz te
parecen más urgentes actualmente?, ¿qué estás haciendo personalmente
por ello?, ¿qué más puedes hacer?

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: Hermanas y hermanos, feliz año 2015 a todos vosotros. Y en este


año que comienza que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la
comunión del Espíritu Santo estén siempre con vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Hoy todos llevamos en el corazón un deseo de felicidad, un deseo de


que las cosas nos vayan bien en este año que comienza.
Con esta actitud nos disponemos a celebrar la Eucaristía en esta fiesta en la que
la Iglesia tiene un recuerdo muy especial para María, la Madre de Dios.
Y en nuestra oración tendremos también un recuerdo muy especial para la paz,
cuya jornada mundial hoy celebramos y en la que el Papa nos invita a que entre to-
dos la construyamos.

199
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios

3.  Acto penitencial


Sacerdote: En unos momentos de silencio pidamos al Señor que nos perdone.
•  Tú, el origen de nuestra existencia, Señor, ten piedad.
•  Tú, el sentido de nuestra vida, Cristo, ten piedad.
•  Tú, el Señor de la historia, Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: Escuchemos ahora una fórmula de bendición propia del sacerdocio de


Israel. Son unas palabras llenas de fe y confianza en un Dios que es considerado
fundamento de la vida del hombre.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Pablo anuncia la salvación de Cristo, subrayando la solidaridad de Jesús


con todos nosotros, su hacerse hombre como cualquiera de los hombres. Su nombre,
Jesús, será un resumen de toda su vida: Dios (nos) salva (en él).

6.  Oración universal


Sacerdote: En este día primero del año 2015 oremos por todas las naciones y
por todos sus habitantes, para que a todos llegue la paz del Señor.
Oremos diciendo: Escúchanos, Padre.
Lector: Por la Iglesia, para que los cristianos vivamos con mayor generosidad el
evangelio y lo comuniquemos de un modo creíble a todas las gentes. Oremos.
Por todos los hombres, para que en este año que ahora comienza nos aceptemos
con actitud de respeto viviendo en verdadera paz con todos. Oremos.
Por nuestro país, para que crezca en todos los ciudadanos el espíritu de solidari-
dad. Oremos.
Por los enfermos y por los que los cuidan, para que unos y otros sientan la ternu-
ra de Dios y no teman, porque el Señor está con ellos. Oremos.

200
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios

Por todos los que estamos aquí reunidos, para que hallemos hoy y durante todo
el año en la eucaristía que celebramos el alimento que da la paz. Oremos.
Sacerdote: Dios, Padre nuestro, escucha nuestra oración, escucha los anhelos de
paz y bienestar de todos los hombres y danos fuerzas para llevarlos a su cumpli-
miento. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

7.  Presentación de las ofrendas

Lector:

 on esta paloma (pintada en un cartel) queremos pedirte, Padre, que tu Hijo,


•  C
el recién nacido y Príncipe de la Paz, haga llevar la paz a todos los rincones
del mundo. Danos a nosotros también tu gracia para que seamos pacíficos y
pacificadores.
 e traemos esta agenda, aún no estrenada. Contiene este nuevo año en blan-
•  T
co. En tus manos ponemos el año y nuestras vidas. Con ella van también to-
dos nuestros deseos e ilusiones. Y, cómo no, el compromiso de vivir cada uno
de estos 365 días desde Ti y para Ti.
 e presentamos este calendario del año que se inicia. Tú, Señor, creaste to-
•  T
das las cosas y pusiste en movimiento los años, los meses y los días, porque
eres un Dios Creador y el Señor que dirige la historia hasta tu eternidad. Po-
nemos ahora en tus manos nuestras vidas y el año que hoy iniciamos. Danos
tu bendición y tus dones para vivirlos conforme a tu voluntad.
 con este pan y con este vino, símbolos de tu Cuerpo y de tu Sangre, te pre-
•  Y
sentamos nuestra vida. Transfórmala y haz que sea fecunda durante este año.

8.  Monición de despedida

La paz es «shalon», armonía con Dios, con los hermanos y con la creación; es
felicidad espiritual y material, consecuencia de la justicia, la libertad y el amor. Pero
la paz es también una tarea de todos y de cada uno. Es responsabilidad común, es
una de las aspiraciones más hondas del ser humano. Es consecuencia del respeto de
la dignidad personal; es cultura solidaria, bienes compartidos, sociedad justa... La
paz no es algo hecho, sino un constante quehacer. ¡Que este año nos visite definiti-
vamente la PAZ!

201
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios

SALMO AÑO NUEVO


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Música: Juan Jáuregui
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
1.  El Señor tenga piedad y nos bendi___ga,

ilumine su rostro sobre noso__tros:

conozca la tierra tus cami__nos,
todos los pueblos tu salvación.


2. Que canten de alegría las nacio__nes,

porque riges el mundo con justi__cia,

riges los pueblos con rectitud__-,
y gobiernas las naciones de la tierra.


3.  ¡Oh Dios!, que te alaben los pue__blos,

que todos los pueblos te ala__ben.

Que Dios nos bendi__ga;
que le teman, hasta los confines del orbe.

202
Enero, 4:
SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD

AHORA TODO NOS HABLA DE TI

Nada nos podrá separar de su amor manifestado en Cristo Jesús, una vez que se
ha encarnado y ha hecho suyo nuestro emblema de lo humano, ahora estamos toca-
dos de ternura y de resurrección divina en la humanidad de Jesucristo. Ahora el ca-
mino de la vida se convierte en el lugar donde somos alimentados con la bendición
del Padre en el Hijo, que nos llena de su Espíritu, para que no nos falte la sabiduría
de la vida. Para poder leer creyentemente la historia y saber que sólo Él es el cami-
no, la verdad y la vida que se nos ha hecho carne, para que el encuentro nos sea
plausible a los que somos torpes para entender la Escritura y lo que nos dice de Él.
Ahora todo nos habla de ti y no podemos seguir a otro ni comer otro pan que el que
tú nos das partido en la mesa de la comunidad humana, donde somos trabajadores
del Reino de la paz y la justicia a tu lado, con un jornal de Gloria que nada ni nadie
podrá ya quitarnos jamás.

TEXTOS DE LA CELEBRACIÓN

Sir 24, 1-4. 12-16. La Sabiduría abre la boca en la Asamblea del Altísimo.
Sal 147. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Ef 1, 3-6. 15-18. Bendito sea Dios, que nos ha bendecido en la persona de Cristo.
Jn 1, 1-18. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

203
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad

A LA LUZ DE LA PALABRA

Vivir es caminar

Acabamos de comenzar nuestra andadura por el nuevo año y todavía tenemos la


sensación de estar pisando un terreno virgen y desconocido; experimentamos, consi-
guientemente, una sensación de desorientación y, a la vez, de novedad. Además, en
nuestra cultura al menos, «el año nuevo» está cargado de un fuerte simbolismo, que lo
pone en relación con la vida, con el caminar, con el estar permanentemente iniciando
un camino nuevo, del que no conocemos cuál es su recorrido ni, menos aún, dónde
termina este sendero. Por ello con frecuencia nos preguntamos: ¿qué nos va a suceder
en el trayecto? O dicho de otro modo: «¿qué nos traerá este nuevo año?»; quizá, en lo
más profundo, lo que todos deseamos conocer es el final de este recorrido.
Pero, bien lo sabemos todos, para ello es necesario conocer/hacer ese recorrido
mismo; por más que, en ocasiones, experimentemos un fuerte cansancio ya en sus
mismos comienzos. Más, a pesar de ese posible cansancio, queremos hacer ese reco-
rrido; aunque es posible que no sepamos cuál es el modo adecuado de realizarlo.

Sabiduría

Las lecturas de hoy nos ofrecen unas pistas para llevar a cabo este recorrido; nos
dicen que necesitamos sabiduría (I lectura), que, a pesar del cansancio:
• Nos ayude a buscar una y otra vez el sentido de ese recorrido, de la vida, de
sus acontecimientos y de sus sorpresas.
• Nos ayude a descubrir, en ese caminar, signos de esperanza donde los demás
sólo los ven de desesperanza y de muerte.
• Nos ayude a mantenernos en esa esperanza, a pesar de todos los problemas
que encontremos y de todos los errores que cometamos.

Gratuidad

Necesitamos experimentar y vivir la gratuidad (II lectura), pues:


• Somos hijos de de la bendición gratuita del Padre: «Él nos ha bendecido en
la persona de su Hijo».
• «Nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos por Jesucristo».
• Él nos ayuda a descubrir «la esperanza a la que nos llama».

204
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad

Agradecimiento

Necesitamos vivir el agradecimiento (Evangelio):


• A ese Padre, que, gratuitamente, nos ha hecho hijos en su Hijo.
• Que, en su Hijo, «ha puesto su tienda en medio de nosotros».
• Y, en Él, se ha hecho «uno de los nuestros» (GS, 22).

Dios de lo pequeño y lo pobre

Dios se hace carne para conocer nuestra fragilidad, nuestra pequeñez, nuestro
dolor, y se establece aquí, pone su tienda para estar siempre cerca de nosotros, vi-
viendo junto a nosotros. Dios quiere estar con nosotros y quiere entrar en nuestras
vidas, pero no para que lo encerremos en nuestras categorías, en nuestros esquemas,
en nuestras maneras de pensar, quiere que lo acojamos allí donde Él hoy vive entre
nosotros: en los pobres, los enfermos, los pequeños, los que sufren.
Celebrar, pues, la Navidad es ser capaces de ir a la tienda, entrar en ella, encon-
trarnos con Él y descubrir quién es realmente. Y es dejarse «afectar» por el mundo
de los pobres y de los excluidos de este mundo donde Dios habita.

Dar gracias

Desde esta experiencia habremos de ser capaces de decir, como nos ha dicho el
autor de Efesios:
• «No ceso de dar gracias a Dios por vosotros». ¡Y cuántos «vosotros», afortu-
nadamente, hay en la vida de cada uno de nosotros!
• Dar las gracias al que ha puesto «su casa de piel» (así llaman algunos bedui-
nos a sus tiendas) en medio de nosotros.
• ¿Y qué más cercano a nosotros que «la piel», que nos individualiza y, a la
vez, nos pone en relación con los demás?

Es posible que, de este modo, nos resulte más fácil iniciar el camino, comenzar a
recorrer este año que acabamos de estrenar; es posible que, de este modo, nos resulte
más fácil empezar a poner las bases de lo que será nuestro futuro y el de nuestros
descendientes. Comencemos a vivir este nuevo año con la nueva sabiduría de Dios,
un Dios que viene a habitar «en» nosotros y «con» nosotros. Dios se deja afectar por

205
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad

el mundo, por el hombre, por el sufrimiento de la gente. Y acojamos y escuchemos a


la Palabra hecha carne. Acojámosla con agradecimiento en un doble sentido: prime-
ro para recibirla más profundamente con mayor atención, silencio y delicadeza en
nosotros mismos y luego detectarle en la presencia real de los que se nos acercan y
de los que viven con nosotros. Animémonos, pues Él hace el camino con nosotros;
y, como ahora mismo, nos ofrece momentos de descanso y repara nuestras fuerzas
con su palabra, con su pan y su vino y con la cercanía de la comunidad.

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

Vivimos en un mundo donde abunda la astucia, pero falta la Sabiduría

«Cuentan que tiempo atrás acusaron injustamente a una persona de asesinato. El


juez encargado de dictar sentencia estaba enemistado con el acusado, pero para dar
ante el pueblo una imagen de imparcialidad dijo al pueblo que iba a dar una oportuni-
dad al acusado para que fuera él quien decidiera su suerte eligiendo entre dos papeles
en los que iba a escribir en uno inocente y en el otro culpable. Los dobló y le dio a es-
coger uno. El acusado eligió uno, se metió el papel en la boca y se lo tragó. La única
forma de saber cual había sido la elección era abrir el otro papel. Y vieron que había
escrita la palabra culpable.
El pueblo pidió que dejaran libre al acusado, y el juez de mala gana tuvo que ha-
cerlo. Lo que desconocía el pueblo era que el juez había escrito la palabra culpable
en ambas papeletas.
¿Cómo podríamos definir la forma como actuó el acusado? ¿Fue listo, fue sabio,
al actuar de esta forma? Más bien podríamos decir que fue ASTUTO, fue hábil, fue
listo, fue espabilado, pero no fue sabio en el sentido que enseña la Palabra de Dios.
Vivimos en un mundo donde ABUNDA la ASTUCIA, pero la Sabiduría es ESCASA.

La sabiduría es aprendizaje y poder humanos, pero también «temor de


Dios». Es poder contar conmigo mismo y contar con Él. Se puede conquistar la sabi-
duría, pero acaba por ser petición humilde y confiada a Dios: en último término es
don de Dios. Es fruto del empeño del hombre, pero a menudo es sólo regalo de Dios,
luz y seguridad que sólo Él puede concederte en los azares e incertidumbres de la
existencia. Una sabiduría con dos fuentes: el hombre y Dios. Los libros sapienciales
te piden vivir una doble actitud: aprende de ti mismo y de todo, empéñate en la vida,
tómala en tus manos y moldéala, es tu reto y tu quehacer apasionado; pero, al mismo

206
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad

tiempo, te dice: pídesela a Dios, déjate conducir por el único Sabio, capaz incluso de
devolverte la vida que pierdes, y confía tu realización última a Él. Lucha por tu reali-
zación, pero también suplícale y recíbela» (21).

Dejarse «afectar» por los pobres

«Dejarse “afectar” es permitir que el mundo de nuestros afectos (nuestro mundo


más nuestro, más intimo, más personal…) sea trastocado, transformado, herido por
los pobres y por sus sufrimientos. El Evangelio habla reiteradas veces del “conmo-
verse” de Jesús. Sí: son entrañas que se conmueven, revolución interior y, ¿por qué
no decirlo?, dolor de estómago… Entonces nuestra caridad es amor; y nuestra ac-
ción social es amor. Si no, es burocracia o beneficencia o paternalismo.
Ese dejarse afectar es el punto final de ese movimiento del acercamiento con-
templativo, del encuentro, del tú a tú con la otra persona, con el pobre como persona
y no sólo como beneficiario, como estadística, como usuario o como carente. Como
persona que es y tiene: dignidad, valores, historia, derechos… Cuando en el acerca-
miento al pobre no llegamos a sentirnos “afectados” es que no contemplamos bien,
es que no contemplan lo suficiente… Seguimos siendo nosotros el centro de nuestra
acción, de nuestra contemplación, de nuestra mirada… Y contemplar es intentar salir
de nosotros mismos y ver al otro como realmente es, y oír lo que realmente dice y
atravesar la frontera de nuestros gustos y nuestros olores para percibir lo que la otra
persona gusta y huele.
(…)
Vivimos momentos en los que se nos predica, y se nos impone, una “lógica (que
es la “lógica”, no olvidemos…, que tiene sus argumentos y sus razones…) que deja
a los pobres en sus sufrimientos o los aumenta. “Dejarse afectar” es experimentar el
rechazo interior hacia esa lógica y preguntarse y buscar y estudiar y proponer una ló-
gica que no genere tanto sufrimiento…
“Dejarse afectar” es, en suma, dejar que el pobre entre en nuestra vida… Y
cuando el pobre entra en nuestra vida es para resolverla… De repente nos encon-
tramos con que ya no podemos orar del modo en que orábamos, y que cosas que
nos parecían muy claras se nos oscurecen, y que nos sentimos distanciados de ami-
gos que formaban parte de nuestro mundo y de los que cada vez, con dolor, nos

(21)  J. L. Elorza, “Drama y Esperanza”. En El ser humano interrogado por la realidad. Tomo
III, Frontera, Vitoria, 2005, 30.

207
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad

sentimos más lejanos, y tantas otras cosas que cambian… Yo creo que incluso mi-
ramos a Dios de otra manera… Y lo importante es entonces, y pese a todos, seguir
mirándole» (22).

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• Al iniciar este nuevo año, ¿cuál ha de ser la sabiduría con la que afronte-
mos el año que tenemos por delante?
• ¿Cómo ser bendición para los otros en este año 2015?
• ¿A quiénes tenemos que dar gracias por todo lo que hemos recibido como
don en el año que ha finalizado?
• Jesús «ha puesto su tienda en medio de nosotros». La Navidad es ser capa-
ces de ir a la tienda, entrar en ella, encontrarnos con Él y descubrir quién es
realmente. Y es dejarse «afectar» por el mundo de los pobres y de los ex-
cluidos de este mundo donde Dios habita. ¿Qué pasos o proceso seguir para
«ir» a la tienda de Jesús y dejarte afectar por el mundo de los pobres?

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: Jesús, el hijo de Dios, el hijo de María, esté con todos vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Acampar es poner la tienda en el campo, en despoblado, a la intemperie.


Es precisamente esto lo que celebramos de modo muy especial durante estos días, el
gran acontecimiento que supera nuestra posibilidad de comprensión: Dios ha puesto
su tienda en medio de nosotros, a la intemperie de la historia.

(22)  D. Mollá Llácer, «Espiritualidad y acción social en el documento “La Iglesia y los po-
bres”, Corintios XIII, 143 (2012), 104-105.

208
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad

Es un mensaje para todos nosotros, una invitación a que también nosotros ponga-
mos nuestra tienda en medio del campo de la vida de los hombres, sin buscar privile-
gio alguno.
Demos gracias a aquel que «se hizo carne y acampó entre nosotros», como nos
va a decir dentro de unos minutos la lectura del Evangelio.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: En unos momentos de silencio pidamos al Señor que nos perdone.


• Tú, que pusiste tu tienda en medio de nosotros, Señor, ten piedad.
• Tú, que haces el camino con nosotros, Cristo, ten piedad.
• Tú, que nos esperas junto al Padre intercediendo por nosotros, Señor, ten pie-
dad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone...

4.  Monición a la primera lectura

Lector: Este texto que vamos a escuchar pertenece a uno de los pasajes del Anti-
guo Testamento en los que la Sabiduría es personificada en forma de mujer.
Aquí la Sabiduría «hace su propio elogio»; es decir, se nos da a conocer a sí misma.
Los cristianos creemos que esta Sabiduría es un anticipo de lo que en Cristo va a
llegar a su plenitud, como nos dirá después la lectura del Evangelio.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: En este himno cristológico el autor de la Carta a los Efesios nos dirá que
el Padre gratuitamente nos ha hecho hijos suyos en Jesús su Hijo, en quien se perso-
naliza «la esperanza a la que hemos sido llamados».

6.  Oración universal

Sacerdote: Elevemos juntos ahora, hermanos, nuestra plegaria a Dios, nuestro


Padre, respondiendo: Padre, Escúchanos.

209
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad

Lector: Por la Iglesia, para que sea siempre un espacio acogedor en el que todos
puedan sentarse en torno a la misma mesa. Oremos.
• Por todos los hombres de buena voluntad que luchan por la paz y la justicia.
Oremos.
• Por todos los que en los diversos países del mundo dedican su vida a crear
condiciones dignas de vida para todos los ciudadanos. Oremos.
• Por los niños que muy pronto recibirán sus regalos de reyes, para que man-
tengan siempre la ilusión y la capacidad de sorprenderse. Oremos.
• Por nosotros que estamos aquí reunidos celebrando la Eucaristía, para que
contribuyamos con nuestro esfuerzo a crear un mundo más justo y más soli-
dario. Oremos.

Sacerdote: Escucha, Padre, estas oraciones, que te hemos presentado con fe por
Jesucristo nuestro Señor.

210
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad

SALMO DEL DOMINGO 2.º DE NAVIDAD


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Música: Juan Jáuregui
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
1. Glorifica al Señor, Jerusalén,

alaba a tu Dios Sión,
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

2. 
Ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina;
Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz.

Anuncia su palabra a Jacob,
3. 
sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

211
Enero, 6:
EPIFANÍA DEL SEÑOR

LA LÓGICA DEL DON

La lógica del don no sabemos si es lógica, pero es divina porque es la propia de


Dios. Jesucristo es el regalo y el don por antonomasia que nos sirve para desvelarnos
cómo es Dios realmente —«Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre»— y al mis-
mo tiempo nos revela nuestra propia verdad humana en el mismo crucificado y resu-
citado —«ecce homo» y «no está aquí, ha resucitado»—. La humanidad necesitada
de esta lógica deambula toda la historia buscando sin saber bien qué ni dónde. Pero
hay una sabiduría que ilumina y que hace que la estrella se pare en lo más sencillo
de esa misma historia y nos hace descubrir el «todo» allí donde creíamos que no ha-
bía nada. Allí donde está la señal de lo humano en desnudo y a la intemperie, pero
transparente y limpio de corazón en su debilidad y sencillez. La grandeza de Dios se
presenta como don en la pobreza del hombre. Ya el regalo ha preñado la historia y es
ineludible el camino: «Cristo, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su
pobreza». Por eso no podemos no sentirnos reyes, si nos hemos encontrado con Él.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Is 60, 1-6. La Gloria del Señor amanece sobre ti.


Sal 71. Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.
Ef 3, 2-3a. 5-6. Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de
la promesa.
Mt 2, 1-12. Venimos de Oriente para adorar al Rey.

213
Enero, 6: Epifanía del Señor

A LA LUZ DE LA PALABRA

El niño que llevamos dentro

Al menos sociológicamente, la fiesta que hoy celebramos es la fiesta de la ale-


gría, de la ilusión, de la sorpresa, del regalo…: La fiesta de los niños; la fiesta tam-
bién del niño que, afortunadamente, todos los adultos, por muchos años que tenga-
mos, aún llevamos dentro de nosotros. ¿Qué, pues, celebramos hoy?

El regalo

Hoy celebramos, quizás ante todo, «LA FIESTA DEL REGALO»:


• En una sociedad y en una cultura como las nuestras, extremadamente mer-
cantilistas.
• En las que todo parece tener un precio; en las que parece más importante sa-
ber cuánto «cuesta» algo, que saber cuánto «vale» (23).
• Celebramos hoy una fiesta provocadora, en la que se pueden conseguir los
sueños, sin tener que pagar por ello.
• Hoy se nos da el gran regalo de Dios: su propio Hijo, el «aguinaldo del cie-
lo», la Palabra hecha carne.

Fiesta y Alegría

Hoy celebramos «LA FIESTA DE LA ALEGRÍA»:


• Quizá los más sensatos dirían a los Magos que no merecía la pena hacer un
viaje tan largo sólo para «llevarse una alegría» (Evangelio).
• Que para ello existen caminos más cortos y más fáciles; caminos que no pa-
san por el cansancio, la zozobra, la inquietud…
• Quizá les dirían esos tan sensatos que fuesen a «ver» y a «postrarse» ante
otros señores más importantes y serios que un niño pequeño.

La gran alegría es que el Todopoderoso se nos manifiesta ahora en nuestra carne, Dios
se ha acostado en un pesebre, es el Dios de la debilidad, el Dios necesitado del hombre.

(23)  No olvidemos lo que nos decía A. Machado: «Todo necio / confunde valor y precio» (Ma-
chado, A. Proverbios y cantares, LXVIII).

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Enero, 6: Epifanía del Señor

Fiesta y encuentro

Hoy celebramos «LA FIESTA DEL ENCUENTRO»:


• Él «se manifiesta» («epi-phanía»), sale al encuentro de:
— Los buscadores: «Venían de Oriente».
— Los aventureros por los mundos desconocidos: «¿Dónde está?».
— Los que se fían de los pequeños signos: Una estrella, un niño...

• Pero no lo encontraron los de siempre, quienes:


— Saben dónde está: «En Belén de Judá, como dice el profeta...»
— Se sobresaltan, pero no se ponen en camino.

• Ninguno de éstos ve la estrella; quizás:


— Porque creen no necesitarla.
— Porque ninguno de ellos está al aguardo.
— Porque ninguno de ellos está a la espera.

El Papa nos anima a buscar a Aquél que se deja encontrar a los que lo bus-
can de corazón: «Dios es luminoso y se deja encontrar por aquellos que lo bus-
can con sincero corazón… Para los magos, la luz de Dios se ha hecho camino,
como estrella que guía por una senda de descubrimientos. La estrella habla así
de la paciencia de Dios con nuestros ojos, que deben habituarse a su esplendor.
El hombre religioso está en camino y ha de estar dispuesto a dejarse guiar, a
salir de sí, para encontrar al Dios que sorprende siempre» (Papa Francisco, Lu-
men fidei, 35).

Buscar en la debilidad

Pero, si Dios está en la historia, si es el Dios luminoso, si está en la vida,


¿por qué no lo encontramos? No lo encontramos porque muchas veces buscamos
un Dios que no existe: el que resuelva nuestros problemas, el que se someta a
nuestros caprichos; un Dios del que podamos disponer a nuestro antojo. Para en-
contrar a Dios hay que aprender y recorrer antes el camino de Belén. Éste es el
reto: encontrar y anunciar a un Dios en debilidad, en pobreza, desnudo en la sen-
cillez de un niño acostado en un pesebre, «porque no había para ellos lugar en el
mesón».

215
Enero, 6: Epifanía del Señor

Fiesta y estudio

Pero celebramos también una dimensión que hoy, a menudo, se nos escapa, «LA
FIESTA DE LOS INTELECTUALES»:
• Es la fiesta de todos aquellos que en aquella y en esta época se dedican al es-
tudio.
• Y buscan el sentido último de la/su vida.
• De aquellos que tratan de «dar razón de su esperanza a todo el que se lo soli-
cita» (I Pe 3, 15).
• Son personas que iluminan nuestra realidad y nos ayudan a entenderla.
• Y, si son cristianos, contribuyen a hacer de nuestra Iglesia «una Iglesia inte-
lectualmente habitable», lo que tantas veces echamos de menos.

No es precisamente éste un tema menor, así nos lo decían:


• Pablo VI: «La ruptura entre evangelio y cultura es, sin duda alguna, el dra-
ma de nuestro tiempo» (EN, 20).
• Juan Pablo II: «Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogi-
da, no enteramente pensada, no fielmente vivida» (ChL, 59).

Todos los que os dedicáis al estudio y a la investigación, tenéis un importante pa-


pel que desempeñar entre nosotros, en la Iglesia, en la universidad y en la sociedad
toda: De hecho, muchos de vosotros ya lo estáis jugando y más que bien.
¿No son todos estos datos (regalo, alegría, encuentro, reflexión intelectual) moti-
vos más que suficientes para celebrar una fiesta? Sin duda que sí, al menos si con-
servamos dentro de nosotros un corazón de niño; estoy seguro de que es así. Vamos,
pues, a celebrarlo.

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

Los Magos fueron buscadores del Niño Dios. Hoy la pregunta está en la calle:
¿Dónde está tu Dios?

«¿Dónde esta tu Dios?, me dices.


¿Dónde pones la Esperanza?
¿Por qué nos puebla el silencio
si tu Dios es la PALABRA?

216
Enero, 6: Epifanía del Señor

¿Dónde está tu Dios?, me dices.


¿Por qué remas sobre el agua
de la nada? Centinela
de la sombra, ¿de quién aguardas?
Quisiera ser pregonero
del Dios-Amor que nos salva,
del «amigo de la vida»,
de la Palabra encarnada.
Mi Dios está en la herida
del todo el que sufre y sangra,
en los mártires redivivos
del Islam en «guerra santa».
Mi Dios está en el parado,
muerta en vida su esperanza.
Y en la inocencia del niño
que rompen los pederastas.
Mi Dios está en el aborto,
muerte de vida anunciada,
en la patera-portal,
en la sombra y la desgracia.
Que dónde esta mi Dios, dices:
en la piel de cada lágrima,
en la espera y el vacío
y en la flor pisoteada.
Mi Dios nace en Navidad,
nos nació en carne humana,
nos nace junto al cariño
y a Dios sabe la mañana.
Que dónde nace Dios, dices.
«No había sitio en la posada»
y está naciendo en la noche
entre la nieve y las pajas.
Que dónde nace Dios, dices:
en la sonrisa que arrancas,
en las manos que bendicen
y en la humilde flor de pascuas.

217
Enero, 6: Epifanía del Señor

¡Gloria a Dios en las «bajuras»


y paz en la tierra amarga!
Que Dios nace y nacemos
en la vida de la Gracia.
Nace Dios en la Noche-buena.
Se acabó la noche mala.
Nos nace Dios y es Amor,
le pido a la noche el alba.
(Que donde nace Dios, dices:
en tu puerta sueña y llama)» (24).

Oración del Voluntario (El voluntario está llamado a ser estrella en este mundo)

Gracias, Señor, por haberme llamado a servir gratuitamente,


a dar mi tiempo, mis energías y mi amor a quienes sufren.
Aquí estoy, Señor, envíame.
Dispón mi mente y mi corazón a escuchar sin prejuicios,
a servir hasta las últimas consecuencias.
Envíame, Señor, a pesar de que yo también soy débil;
así comprenderé que eres Tú nuestra fuerza,
y mis hermanos descubrirán tu rostro en mi presencia discreta,
envíame, Señor,
y así comprenderé que la mayor felicidad está en servirte.
Amén

Ser Magos

«Nosotros, los mayores, tenemos que hacer de Magos, para decir a los niños que
hay estrellas que guían a la Navidad, en la ruta de la vida, que sigue abierta.
1. 
Nosotros, los mayores, somos responsables directos o indirectos de los
40.000 niños de Belén y sus alrededores (todo el mundo) que mueren de
hambre cada día, asesinados por un sistema que sólo se busca a sí mismo.
Nosotros, los Magos, debemos crear un mundo donde ningún niño-Dios
muera abandonado.

(24)  A. Bellido Almeida, sacerdote de Mérida, Navidad 2010.

218
Enero, 6: Epifanía del Señor

2. Nosotros, los Magos, debemos enseñar a los niños (con nuestro ejemplo so-
lidario) que la vida es un don, que el oro del mundo es un regalo, para todos
los hombres y mujeres del mundo: que la economía de la tierra está al servi-
cio de la vida y la ilusión de todos, desde China, la India y Persia (tierras de
los Magos) hasta el extremo del occidente. Que no nos mataremos por oro ni
petróleo, sino que lo compartiremos, para bien de todos los niños.
3. Nosotros, los Magos, tenemos que decir a los niños con nuestro ejem-
plo y nuestra vida hecha regalo que la vida es gozo y gloria, es incien-
so de admiración y de ternura, de intimidad orante y de cercanía. Tene-
mos que decirles que no buscaremos la gloria del poder, la victoria de
la imposición, el incienso de la mentira, sino que buscaremos y com-
partiremos el incienso del amor que puede celebrarse en intimidad de
familia. Les diremos que habrá siempre un perfume a su lado (a nues-
tro lado), al lado de todos los hombres y mujeres, que podrán comer y
gozarse y soñar...
4. Nosotros, los Magos tendremos que enseñar a los niños que la vida está he-
cha también de mirra. La mirra es perfume de amor (de enamorados), pero
también es bálsamo de muerte (se emplea para honrar a los cadáveres). La
mirra es como una flor preciosa que nos puede acompañar en la vida, en el
crecimiento de cada día, en la comunión de cada noviazgo, en la tristeza y
esperanza de cada despedida... Que cada muerte sea tiempo de amor, espe-
ranza de amor (y no fruto de violencia)» (25).

La Navidad no es un cuento

«Alguien me acercó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte. Lo contaré


a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús niño.
Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pese-
bre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, es-
taba allí, temblando y temeroso.
—Acércate —le dijo Jesús— ¿Por qué tienes miedo?
—No me atrevo… no tengo nada para darte.
—Me gustaría que me des un regalo —dijo el recién nacido.

(25)  X. Pikaza http://blogs.periodistadigital.com

219
Enero, 6: Epifanía del Señor

El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:


—De verdad no tengo nada… nada es mío; si tuviera algo, algo mío, te lo da-
ría… mira.
Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja de cuchillo
herrumbrada que había encontrado.
—Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…
—No —contestó Jesús— guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría
que me hicieras tres regalos.
—Con gusto —dijo el muchacho— pero ¿qué?
—Ofréceme el último de tus dibujos.
El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y
José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús:
—No puedo… mi dibujo es «remalo»… ¡nadie quiere mirarlo…!
—Justamente, por eso yo lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los
demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
—Pero… ¡lo rompí esta mañana! —tartamudeó el chico.
—Por eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida,
yo quiero arreglarlo… Y ahora —insistió Jesús— repíteme la respuesta que le diste
a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció; bajó la cabeza avergonzado y, triste-
mente, murmuró:
—Les mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto…
¡Estaba enojado y lo tiré con rabia!
—Eso es lo que quería oírte decir —dijo Jesús— Dame siempre lo que hay de malo en
tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías y tus crueldades. Yo voy a descargarte de
ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdo-
narte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa» (26).

Los regalos de Jesús en este día de los Reyes

• Te regalo mi alegría para que tengas una fuente inagotable de paz.
• Te regalo mis fuerzas para que te sostengas en tu cansancio cuando sirvas a
los demás.

(26)  A. D. Busso, Caminos de cielo limpio, Lumen.

220
Enero, 6: Epifanía del Señor

• Te regalo mis ojos para que con ellos puedas dar una nueva mirada a este uni-
verso que puse a tu servicio.
• Te regalo mi caridad para que sientas el anhelo de trabajar por los desposeí-
dos y de compartir tu pan con los hambrientos.
• Te regalo mi amor para que llene tu corazón de él, puedas prodigarte a los
demás.
• Te regalo mi paz para que con tu buena voluntad des gloria a Dios.
• Te regalo mi humildad para que, desde tu condición de hombre, estés dis-
puesto a crecer y superarte.
• Te regalo mi sencillez para que puedas llegar al Reino de los Cielos.
• Te regalo la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar y mi va-
lentía para cambiar las que puedo.
• Te regalo las caricias de mis manos para que te consuelen y alienten.
• Te regalo mi presencia gratuita.
• Te regalo mi humildad para engrandecerte.
• Te regalo la luz de mi mirada para que guíe tus pasos.
• Te regalo mi misericordia para que con ella juzgues a tus hermanos.
• Te regalo mi alegría para que con ella contagies al mundo.
• Te regalo mi ternura para que con ella sirvas a los pequeños y a los nece-
sitados.
• Te regalo mis manos para que con ellas construyas mi Reino.
• Te regalo mi amistad para que en ella te apoyes.
• Te regalo mi paz para que la contagies a todos los que crucen en tu camino.
• Te regalo mi hombro que sostuvo la cruz del pecado de la humanidad para
que te ayude a cargar tu cruz.
• Te regalo el perdón para que como un bálsamo sane el rencor y cada ofensa
que guardes en tu corazón y así en paz contigo mismo me ofrezcas lo mejor
de ti.
• Te regalo mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.
• Te regalo mis pies para que te guíen por el camino de la verdad.
• Te regalo mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.
• Te regalo mi palabra para que con ella denuncies la injusticia.

221
Enero, 6: Epifanía del Señor

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

Los sabios, personas inquietas y buscadoras, demuestran que quienes miran


llegan a ver y que quienes buscan consiguen encontrar. Representan una sabi-
duría poco común: la de quienes saben leer los signos de los tiempos y en-
tienden que la salvación de la humanidad no está en la prepotencia y el po-
der, sino en la sencillez, la ternura y la bondad.
• ¿Dónde está Jesús para mí? ¿Dónde lo busco? ¿Dónde lo encuentro?
• ¿Qué «estrellas» veo aparecer en mi vida? ¿Cómo puedo ser «estrella»
que conduce a Jesús, en mi ambiente familiar, laboral, de amistad…?
• Los Magos adoran al Niño. ¿Ante quién nos arrodillamos nosotros?,
¿cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos
decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén?, ¿ponemos
a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar?, ¿estamos dispuestos a
escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia?
• Dios multiplica sus signos y mensajes para que lo descubramos y lo manifes-
temos, ¿cuáles son los signos de la presencia de Dios hoy entre nosotros?

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: Hermanas y hermanos, la paz y el amor de Dios, nuestro Padre, que se


ha manifestado en su Hijo, nacido para nuestra salvación, estén con todos vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Celebramos hoy la fiesta de la epifanía, de la manifestación del Señor a


los Magos de Oriente.
Y, como aquellos magos, también nosotros queremos dejarnos conducir por la es-
trella de la fe, que nos señala aquí y ahora que el que nos invita a esta celebración de
la eucaristía es el Señor, «la luz, que, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre».

222
Enero, 6: Epifanía del Señor

Es la fiesta que llama a toda la Iglesia, a cada uno de nosotros, a ser epifanía,
manifestación, para todos los hombres de nuestro tiempo, del Niño nacido en Belén.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: En silencio pidamos al Señor que nos perdone.


•  Tú, luz para todos los pueblos, Señor, ten piedad.
•  Tú, salvador de los pobres y protector de los que sufren, Cristo, ten piedad.
•  Tú, fuente de vida y esperanza, Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone...

4.  Monición a la primera lectura

Lector: El profeta va a hablar a su pueblo, sumido en las tinieblas de la desespe-


ranza, de un Dios que es luz, que se manifiesta como un amanecer luminoso, que ex-
pande su claridad a todo el universo.
Esta visión esperanzadora es llamada a la alegría, a la acción de gracias.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: El autor de la Carta a los Efesios nos dirá que la discriminación, introdu-
cida en la humanidad por ciertas religiones y culturas, va en contra del proyecto ini-
cial de Dios; un proyecto que se ha manifestado de modo definitivo en Jesús, el Hijo
de Dios, en favor de todos los pueblos.

6.  Oración universal

Sacerdote: Abiertos a las necesidades de todos los hombres y de la Iglesia ente-


ra, oremos a Dios nuestro Padre con fe y confianza.
Oremos diciendo: Padre, Escúchanos.

Lector: Por la Iglesia, para que en un mundo dividido por luchas y discordias sea
signo profético de unidad y de paz. Oremos.

223
Enero, 6: Epifanía del Señor

Por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que el Espíritu conti-
núe inspirándoles sentimientos de solidaridad y los aliente en su trabajo en favor de
la justicia y de la fraternidad entre todos. Oremos.
Por los niños que hoy gozan con la ilusión de los juguetes y por todos aquellos
que no pueden tenerlos; por los padres y los educadores, para que se esfuercen en
hacer crecer a los pequeños en los valores de la generosidad y de la fraternidad. Ore-
mos.
Por todos nosotros, para que seamos capaces de transmitir con nuestra vida la ra-
zón de nuestra esperanza. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, la oración que con fe te hemos dirigido por Jesucris-
to nuestro Señor.

7.  Presentación de las ofrendas

Lector:
Queremos poner encima del altar unos signos de nuestra vida, que deseamos
que, unidos a la ofrenda de la vida de Cristo, sean fecundados por su gracia en favor
de la Iglesia, de la sociedad y de todos los que compartimos esta eucaristía:
 as espigas que tienen muchos granos de trigo. Cada grano debe morir para
•  L
dar fruto, pero fundamentalmente para transformarse y darnos el pan tan ne-
cesario como alimento para nuestro cuerpo, tan necesario para los pobres; y
el pan de la Eucaristía, signo de nuestra comunión entre nosotros y con Dios:
signo de la ofrenda del Cristo. Unidas a la uva, que se transforma en el vino,
que es fuente de nuestra salvación; Sangre que Cristo ha derramado por noso-
tros, y que alegra el corazón de los hombres y mujeres, que se saben amados
y liberados por Dios.
• Vela encendida. Queremos ser, unidos a ti, Señor, la luz que ilumina en
nuestro mundo en estas horas tan difíciles para nuestro mundo y nuestra Igle-
sia.
• Una caja de regalos abierta. El mundo necesita más de nuestra familiaridad
que de nuestras cosas. Queremos ser regalos para nuestro prójimo, ofrecer
como Jesús nuestra misma vida.

224
Enero, 6: Epifanía del Señor

SALMO EPIFANÍA
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Música: Juan Jáuregui
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225
Enero, 11:
BAUTISMO DEL SEÑOR

BAUTIZADOS EN LA CRUZ, RESUCITADOS PARA MOJARNOS


EN LA HISTORIA

Mojarse es propio de Dios. Él no se queda fuera cuando ruge la tormenta o la tem-


pestad nos tambalea en el lago, cuando los nubarrones pintan negros y no hay donde
cobijarse. No, Él está siempre a pie de camino, en la barca o a la intemperie, siempre
con nosotros. La encarnación se hace simbólica en el Jesús de Nazaret que descubri-
mos en la fila de los pecadores afectado por los pecados de todos y por la fuerza que
hace que todos estén tocados por el pecado. No huye de este mal que nos rompe y nos
lanza al miedo de la inseguridad y la incertidumbre, sino que se adentra en él con la
fuerza de su Palabra y de su Amor, para, siendo uno de tantos, como un hombre cual-
quiera, entrar en la lucha sostenido por el Espíritu del Padre, siendo Hijo obediente, y
así poder escuchar en su interior la voz del amante que le dice «tú eres mi hijo querido
en el que me complazco», y poder vivir de esa voz hasta la Cruz. Cruz en la que he-
mos sido liberados y bautizados nosotros, para que su sangre nos hiciera sentir ese
amor incondicional del Padre como hijos en el Hijo. Y ahora nosotros, con su Espíritu
de resucitado, nos mojamos en la historia y en la esperanza porque somos libres.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Is 42, 1-4. 6-7. Mirad a mi Siervo a quien sostengo.


Sal 28. El Señor es mi fuerza y mi escudo.
Hech 10, 34-38. Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del E. Santo.
Mc 1, 6b-11. Tú eres mi Hijo amado, en Ti me complazco.

227
Enero, 11: Bautismo del Señor

A LA LUZ DE LA PALABRA

Jesús y Juan, relación de salvación

Afortunadamente hoy no nos sucede lo mismo que a algunos cristianos del siglo I,
para quienes la relación entre Jesús y el Bautista era un foco de problemas (¿era
Juan más importante que Jesús, puesto que aquél había bautizado a éste?), que trata-
ron de «solucionar» convirtiendo al «Bautista» en «Precursor» (como podemos ver
con facilidad, si leemos diacrónicamente los relatos evangélicos del bautismo de Je-
sús); es decir, poco a poco Juan pasa a ser no el que bautiza a Jesús (en Jn ya no se
nos cuenta esto), sino el que lo anuncia.
Hoy, sin embargo, todos aceptamos con normalidad que:
• Jesús pudo ser discípulo de Juan, al menos durante un tiempo.
• Y que, sin duda, Juan fue quien bautizó a Jesús.

Pero no menos importantes que estos puntos de contacto son las discrepancias
que se dan entre ambos; por ejemplo, éstas:
Distintos espacios en que se desarrolla la misión de uno y otro:
• La del Bautista en el desierto, separado de la ciudad y sus habitantes.
• La de Jesús en la ciudad, en cercanía con los hombres y, en especial, con to-
dos aquellos a quienes la religión y la cultura «oficiales» consideraban como
personas con las que no se debía tratar.
• Su modo de comportarse: el de Juan, al menos, parece sombrío, duro y ame-
nazante, Jesús, nos ha dicho la II lectura, «pasó haciendo el bien y curando a
los oprimidos». Él vivió su vida de acuerdo con lo que nos ha dicho la I lec-
tura: «No voceará por las calles, no quebrará la caña cascada, no apagará el
pábilo vacilante».

Diferencias significativas en la imagen de Dios

Son diferencias muy importantes, que impactarán en la sensibilidad creyente de


los seguidores de uno y otro; pero existe entre ambos una diferencia mucho más ra-
dical: La imagen de Dios que transmiten uno y otro:
• Juan nos anuncia a un Dios que «tiene puesta el hacha en la raíz de los árbo-
les» y «todo el que no dé fruto será cortado y echado al fuego» (Mc 3, 10).

228
Enero, 11: Bautismo del Señor

• Jesús nos habla de un Dios «Abbá», que «tanto amó al mundo, que le entregó a su
Hijo único» (Jn 3, 16): Un Dios que se hace presente en él como Buena Noticia.

Juicio, condena o amor

Juan Bautista habla de condena, de juicio, de miedo ante un Dios al que hay que
temer. Jesús habla de amor, de salvación, de perdón, de misericordia. El Padre Dios
envía a su Hijo al mundo para que no sigamos por las corrientes de muerte y destruc-
ción por las que camina la humanidad; viene para realizar el plan de Dios, un plan de
fraternidad que ha de realizarse a través de la «compasión» y de la solidaridad con las
miserias humanas. Jesús viene para sembrar esperanza para todos. Con Jesús hay es-
peranza para cada uno de nosotros, aunque estemos llenos de grandes miserias.

No al miedo

Jesús no viene para que le tengamos miedo a Dios, no viene con un mensaje
amenazador, sino con un mensaje de vida. Él no utiliza la espada, ni siquiera la hoz
para cortar la caña cascada. Ni sopla amenazador sobre la llama que despide una luz
cada vez más mortecina.
Todo es, tal vez, un mensaje que nos invita a:

Ser ciudadanos

•  Insertarnos en la ciudad.
—  Sin ventajas, sino desde la propia debilidad.
—  Sirviendo gratuitamente a todos.
—  Pero privilegiadamente a aquellos que están en los márgenes.

Ser buena noticia

Siendo entre los hombres «buena noticia» del que es la Buena Noticia.
• Sin «gritar», «quebrar» ni «apagar», a lo que, a veces, estamos los cristianos
tan acostumbrados.
• Olvidando el anuncio sombrío de Juan, que tantas veces ha caracterizado el
anuncio de la Iglesia a través de los siglos.

229
Enero, 11: Bautismo del Señor

• Apostando por el modo de situarse de Jesús en medio de los hombres: «Pasó


haciendo el bien y curando a los oprimidos».

Bautizados en Cristo, hijos queridos

Haciendo presente con nuestra vida no al Dios justiciero del Bautista, sino al
«Dios-Abbá» de Jesús, al Dios que «tanto amó al mundo…».
Cada uno de nosotros, por el bautismo, quedamos «injertados» en Cristo Jesús.
Escuchamos las mismas palabras del Padre: «Tú eres mi hijo querido». Y el viento
amoroso de Dios nos envía al mundo para testimoniar con gestos, con palabras, con
vida, que somos seguidores de Jesús. Ahora nuestra vida quiere configurarse según
Jesús, queremos ser compasivos como Él, queremos ser personas de esperanza abra-
zando a la humanidad herida, levantando a los que se encuentran caídos, queremos
ser felices según el espíritu de Jesús: el espíritu de las bienaventuranzas.
En el fondo éste es el mensaje de toda la Navidad; el mensaje del que estamos
intentando ser testigos en estos días y durante toda nuestra vida. Por eso hoy como
bautizados, aquí y ahora, le damos gracias al Padre en esta celebración.

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

El bautismo y la transmisión de la fe

«La transmisión de la fe se realiza, en primer lugar, mediante el bautismo. Pudie-


ra parecer que el bautismo es sólo un modo de simbolizar la confesión de fe, un acto
pedagógico para quien tiene necesidad de imágenes y gestos, pero del que, en último
término, se podría prescindir. Unas palabras de san Pablo, a propósito del bautismo,
nos recuerdan que no es así. Dice él que “por el bautismo fuimos sepultados en él en
la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria
del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva” (Rm 6, 4). Mediante el
bautismo nos convertimos en criaturas nuevas y en hijos adoptivos de Dios. El Após-
tol afirma después que el cristiano ha sido entregado a un “modelo de doctrina” (ty-
pos didachés), al que obedece de corazón (cf. Rm 6, 17). En el bautismo el hombre
recibe también una doctrina que profesar y una forma concreta de vivir, que implica a
toda persona y la pone en el camino del bien. Es transferido a un ámbito nuevo, colo-
cado en un nuevo ambiente, con una forma nueva de actuar en común, en la Iglesia.
El bautismo nos recuerda así que la fe no es obra de un individuo aislado, no es un
acto que el hombre pueda realizar contando sólo con sus fuerzas, sino que tiene que

230
Enero, 11: Bautismo del Señor

ser recibida, entrando en la comunión eclesial que transmite el don de Dios: nadie se
bautiza a sí mismo, igual que nadie nace por su cuenta. Hemos sido bautizados» (27).

Vocación del laico

  1.  Ser laico es vivir el bautismo con todas las consecuencias.


  2. Es saber que para santificarme no tengo que salirme de este mundo «que
tanto amó Dios que le entregó a su Hijo Único».
  3. Es vivir en la esperanza firme de que te sientes llamado a transformar el
mundo según el corazón de Dios.
  4. Es poner los pies en el suelo y el corazón en el Amor de Dios.
  5.  Es saborear el gozo de convivir codo con codo con nuestros hermanos.
  6.  Es experimentarse cercano a los gozos y a las esperanzas de todos.
  7.  Es saber que la santidad se vive en las entrañas del mundo.
  8. Es vivir siempre el gozo y la alegría de quien sabe que Dios se hizo hom-
bre con todas las consecuencias.
  9. Es saber que todo lo humano es digno de ser vivido si lo hacemos unidos a
Cristo.
10. Es descubrir que el laicado es vivir en la Iglesia y en el mundo con los Sen-
timientos de Cristo. ¿Te atreves?(28).

Cuento-reflexión sobre el bautismo

Aquel hombre estaba lleno de orgullo y satisfacción, había sido Padre. Por su ca-
beza sólo circulaban proyectos para la nueva criatura, sueños que no había alcanzado
y que podrían hacerse realidad en su descendencia; pero lo que más le importaba es
que fuese feliz en esa vida que empezaba.
La formación que había ido adquiriendo, unas veces de forma reglada, otras auto-
didacta y, la mayoría de las fundamentales, por propia experiencia de la vida, le hacía
intuir que el verdadero camino a la felicidad pasaba por ser persona. Ser persona en
toda su plenitud, desarrollando todas las potencias del ser humano, física, mental y es-
piritualmente. Creándose un proyecto de vida y disfrutar cumpliendo etapas.

(27)  F. Cerro, www.caminodeemaus.net/Francisco_Cerro/Decalogos.htm


(28)  Lumen fidei, 41.

231
Enero, 11: Bautismo del Señor

Lo inscribiría en los mejores colegios, en los mejores cursos, en las mejores aso-
ciaciones… Lo educaría, o encargaría que lo educaran, en los mejores valores.
Por todo ello, y también por la tradición familiar, dio los pasos necesarios para
celebrar su nacimiento con el bautizo, invitaría a los amigos y familiares, daría una
buena comida. Fue a informarse a la parroquia más cercana, alguna vez había apare-
cido por allí, y se dirigió al cura para ultimar los detalles.
El sacerdote le explicó que tendría que hacer un cursillo; un trámite más, pensó.
Le dieron un cuestionario que le planteaba los motivos reales por los que pedía el
Bautismo para su hijo, lo que suponía y a lo que se comprometía.
Fue interesante aquello de comentar los valores humanos, que nada malo le iba a
reportar a su hijo; fue entretenida la explicación del rito, así se enteraría mejor y po-
dría saber qué tenía que hacer en cada momento… Pero, cuando le preguntaron que
de qué le había servido su bautismo quedó perplejo.
De pronto comprendió que su Padre Dios había tenido para él los mismos sen-
timientos que se despertaron en él para con su criatura, que le había creado un plan
de vida que le permitiría ser persona, en una familia, con un proyecto y un com-
promiso, y se había comprometido en ayudarle a llevarlo a cabo en aquel rito del
Bautismo que había quedado guardado en su corazón como quedó guardado el ba-
tón de cristianar en el cajón de la cómoda. Y pensó: ¿Cómo podría yo revitalizar
mi bautismo?

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• Estar Bautizado es a la vez un don y una tarea. ¿Valoro realmente el estar


Bautizado? ¿En qué lo noto? ¿Se nota algo en mi ambiente cercano, fami-
liar, de trabajo, de ocio?
• Viendo el contraste entre el mensaje de Juan Bautista y el de Jesús, ¿de
quién somos más seguidores: de Juan o de Jesús?, ¿por qué?
• ¿Cómo revitalizar o renovar mi ser de bautizado?, ¿cómo vivir con una
identidad cristiana en el mundo?, ¿cómo vivir mi pertenencia a la Iglesia?
• Por el bautismo hemos sido ungidos por el Espíritu que nos envía al mun-
do para ofrecer signos de vida, liberación y consuelo. ¿Qué signos pode-
mos ofrecer en nuestros ambientes?

232
Enero, 11: Bautismo del Señor

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: El amor y la paz de nuestro Señor, Jesucristo, el Hijo amado del Pa-
dre, estén con todos vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Celebramos hoy la fiesta del bautismo del Señor. Jesús, aquel niño a quien
hemos adorado durante estos días pasados de la Navidad, es ya un hombre adulto dis-
puesto a llevar a cabo la misión de anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios.
Hoy contemplaremos cómo el Espíritu desciende sobre Él y el Padre lo proclama
como su Hijo amado, su preferido.
Ahora nosotros, reunidos en torno a su mesa y a su palabra, trataremos de reno-
var nuestra fe en Él y nuestro deseo de seguir su camino.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: Cada vez que celebramos la eucaristía recibimos el amor y el perdón que Je-
sús gratuitamente nos ha conseguido; por eso hoy, una vez más, comenzamos nuestra cele-
bración con unos momentos de silencio, en los que acogemos su perdón y su misericordia.
•  Tú, el Hijo amado del Padre, Señor, ten piedad.
•  Tú, luz que ilumina a todos los hombres, Cristo, ten piedad.
•  Tú, camino, verdad y vida, Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: El primer cántico del Siervo de Yahweh nos muestra a una persona a la
que se le encomienda la misión de anunciar la Buena Noticia; pero no gritando, sino
sosteniendo la esperanza de los demás, siendo luz para todos.
En Jesús, a quien veremos en el Evangelio de hoy comenzando su misión junto
al Jordán, se nos va a manifestar de un modo definitivo que esa Buena Noticia se ha
personificado en él.

233
Enero, 11: Bautismo del Señor

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: En los primeros días de Navidad hemos contemplado a Jesús, que nacía
entre nosotros, y hemos reconocido en Él todo el amor y toda la bondad de Dios
para con nosotros.
Ahora este texto del libro de los Hechos de los Apóstoles nos va a decir que
«pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos».

6.  Oración universal

Sacerdote: Unidos con Jesús, el Hijo amado de Dios, presentemos nuestras ora-
ciones al Padre, diciendo: Padre, Escúchanos.
Lector: Por todos los cristianos, para que tengamos siempre puestos nuestros
ojos en Jesús, el fundamento último de nuestras vidas. Oremos.
Por todas las mujeres y todos los hombres, para que en su corazón crezcan los
mismos sentimientos de Jesús, a fin de que nuestro mundo sea cada vez más huma-
no. Oremos.
Por nosotros que estamos aquí reunidos celebrando la Eucaristía, para que, como
Jesús, nos dejemos poseer por su Espíritu. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, nuestra oración y concédenos lo que con fe te hemos
pedido por Jesucristo nuestro Señor.

7.  Presentación de las ofrendas

Lector:
• Señor, queremos recordar nuestro bautismo, esta agua nos ha convertido en
hijos de Dios, y así queremos vivir: como verdaderos hijos de Dios que se
comprometen por construir el Reino entre los hombres.
• Señor, te presentamos este pan y este vino, fruto de la tierra del hombre, los
que se convertirán por la acción del Espíritu Santo en tu cuerpo y en tu san-
gre, alimento que nos fortalece el espíritu y nos impulsa en el caminar de la
vida.

234
Enero, 11: Bautismo del Señor

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SALMO BAUTISMO DEL SEÑOR

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Música: Juan Jáuregui

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
1.  Hijos de Dios, aclamad_ al Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

2. La voz del Señor sobre las a__guas,

el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es magnífica.

3.  El Dios de la gloria ha trona__do.

El Señor descorteza las sel__vas.

En su templo un grito unánime: ¡Glo_ria!
4.  El Señor se sien__ta

por encima del aguace__ro,

el Señor se sienta como rey eterno.


235
TIEMPO ORDINARIO
Enero, 18:
SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B

QUÉDATE CON NOSOTROS

La señal de lo divino sigue escapando de la pretensión de la riqueza, del po-


der y del éxito. Sigue dándose en la lógica de una palabra que se dice en el silen-
cio de lo oculto y lo anónimo de lo ordinario. La vida está hecha a jirones de lo
pequeño en el corazón inquieto de una humanidad que cada día se levanta con el
afán de sostener la creación con un cariño no publicado por nada ni por nadie,
pero sentido en una muchedumbre inmensa de corazones de lo pequeño y lo sen-
cillo, en el afán de vivir y de dar la vida por los otros en opciones que son firmes
y radicales en cada pareja, hogar, calle, pueblo y ciudad… En medio de esa reali-
dad, monótona y diaria, es donde está y habla el Señor, aunque parezca que esca-
sean sus palabras. En la eucaristía de lo diario y en el sagrario de lo anónimo
está realmente presente y lo ven aquellos que van, ven donde vive y se quedan
con Él.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

I Sam 3, 3b-10. 19. Habla, Señor, que tu siervo escucha.


Sa 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
I Cor 6, 13c-15a. 17-20. Vuestros cuerpos son miembros de Cristo.
Jn 1, 35-42. Vieron dónde vivía y se quedaron con Él.

239
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B

A LA LUZ DE LA PALABRA

Lo ordinario en el seguimiento

Estamos comenzando el tiempo que la liturgia, en contraposición a los «tiem-


pos fuertes» (Adviento-Navidad, Cuaresma-Pascua), denomina «tiempo ordina-
rio»; y durante él la liturgia, especialmente a través de Marcos, nos irá presentando
a la persona de Jesús e invitándonos a que poco a poco vayamos descubriéndolo y
poniéndonos en seguimiento suyo. A la vez estos mismos textos litúrgicos nos
mostrarán:
•  Cuál es el perfil que debe tener todo seguidor de Jesús.
•  Es decir, nosotros, tanto individual como colectivamente.

Consecuentemente este «tiempo ordinario» no carece en absoluto de interés e


importancia; quizás sea como una gran parábola de nuestra «vida ordinaria», coti-
diana y, a menudo, «monótona»; pero en la que, día a día, se va construyendo esta
nuestra vida.

Dios habla en lo diario y oscuro

Es esta «vida ordinaria» nuestra una vida de la que, con frecuencia, hacemos un
análisis parecido al que formulaba el autor del primer libro de Samuel en los ver-
sículos que anteceden a la primera lectura de hoy (y que inexplicablemente no han
sido tenidos en cuenta, con lo que se nos ha privado del contexto). Decía dicho autor
así:
•  «En aquel tiempo era rara la Palabra de Yahvé».
•  «Y no eran corrientes las visiones».
•  En aquel tiempo, en síntesis, se caminaba «cuando aún era de noche».

Es en este contexto («cotidiano», «vital», «ordinario» y «monótono»), donde, en


contra de lo que se podía esperar, resuena la llamada de Yahweh, quien se dirige a un
«niño» y éste responde de modo claro al Señor: «Habla, Señor, que tu siervo te es-
cucha».
Muchos años después, cuando también parecía ser «rara la Palabra del Señor»,
resuena de nuevo esa palabra en el corazón y en los oídos de dos hombres, que escu-
chan a un desconocido que les dice: «¿Qué buscáis?».

240
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B

¿Qué buscáis en la vida de cada día?

Hoy, dos mil años después, volvemos a escuchar estas mismas palabras; pero en
un contexto lleno de ofertas y de respuestas, por lo que la pregunta podría ser refor-
mulada de este otro modo: «¿Qué buscáis en este amplio mercado de ofertas de todo
tipo que la vida hoy nos ofrece?». Y tal vez no sabemos responder demasiado bien,
pues con frecuencia en este mercado:
• Tomamos cualquier oferta.
• La utilizamos y, al poco tiempo, la tiramos, pues no nos llena.
• Y volvemos a comenzar otra vez el mismo proceso.

Pero en este repetitivo proceso de «usar y tirar» resuena de nuevo su palabra que
nos dice:
• «¿Qué buscáis?»… y nos sentimos desconcertados y no sabemos qué res-
ponder.
• Y en ocasiones hasta descubrimos que ni siquiera sabíamos que «buscába-
mos»: «Sólo vivíamos «monó-ton-amente», «Señor», le decimos:

¿Dónde vives? Ven y verás

Pero, como sucede en el Evangelio de hoy, sentimos que Él «se nos queda mi-
rando»… y, como aquellos dos, le preguntamos: «Rabí, ¿dónde vives?». Y escucha-
mos que Él nos responde con una invitación:
«Venid»
•  Dejad lo ya sabido.
•  Poneos en camino.
•  Fiaos de mi palabra.

«Y lo veréis»
•  Aunque sea en oscuridad.
•  Y sólo consigamos atisbos parciales.
•  …Y siga siendo de noche.

Ante esta invitación suya a todos nos gustaría ser capaces de responder como lo
hizo Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».

241
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B

Lo extraordinario de lo ordinario

¿Y si fuese sólo (?) esto lo que se nos pide en este tiempo ordinario?
•  Escuchar su palabra.
•  Ponernos en camino.
•  Buscar, aunque «sea de noche».

Quizá así seríamos capaces de escuchar una «symphonía» «poliphónica» donde


los demás sólo perciben ruidos «monótonos». ¿Podríamos comenzar a hacerlo aquí
y ahora en esta celebración?

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

¿Qué buscáis? (29)

«Hay preguntas enormemente sencillas y elementales, que si nos atrevemos a es-


cucharlas con sinceridad, son capaces de trastocar nuestra vida entera.
Una de ellas es la que Jesús dirige a los dos discípulos del Bautista que le si-
guen: “¿Qué buscáis?”.
No es fácil responder con prontitud a esta pregunta. En definitiva, ¿qué es lo que
andamos buscando cada uno, en nuestras luchas, esfuerzos y trabajos? ¿Qué objetivo
último se esconde tras tantos proyectos, ilusiones y anhelos humanos?
Probablemente, sin saber precisarlo demasiado, muchos nos hablarían de felici-
dad, paz, seguridad, plenitud, amor, reconciliación total. Los hombres somos un de-
seo insaciable de algo que todavía no poseemos. Hay en nosotros algo que quiere vi-
vir, vivir intensamente, vivir en plenitud, vivir para siempre.
Hay algo en el hombre que no se sacia jamás con el dinero, el sexo, el poder ni el
éxito. Siempre hay «un espacio vacío» que nos llama a seguir buscando.
No deja de sorprender en nuestra sociedad occidental el número de jóvenes y
adultos que se sienten atraídos por las religiones orientales o el budismo Zen. Hom-
bres y mujeres que buscan en la oración, el silencio interior y la meditación, una ex-
periencia que transfigure su existencia.

(29)  J. A. Pagola, http://iglesiadesopelana3b.blogspot.com.es

242
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B

Sin duda, se trata de una reacción vital frente a una civilización que adormece el
vigor espiritual del hombre y frente a una sociedad tan saturada de confort, confor-
mismo y banalidad.
Y los cristianos, ¿buscamos algo? ¿Qué buscamos al creer en Jesús? Ciertamen-
te, no es posible encontrarse vitalmente con Cristo si uno no adopta una postura de
búsqueda sincera. No es posible un encuentro auténtico con Él desde una actitud
de indiferencia, apatía e insensibilidad ante la propia vida y la de los demás.
En nuestros tiempos se hace cada vez más difícil creer en algo. La vida nos es-
carmienta muy pronto y uno no sabe ya en qué o en quién apoyar su existencia. Se
diría que sólo podemos creer en alguien cuando comprobamos por experiencia que
su presencia nos hace vivir. Lo mismo podríamos decir de nuestra fe en Dios.
Los cristianos de hoy nos descubriremos con gozo como creyentes cuando haya-
mos hecho la experiencia personal de buscar a Dios y hayamos experimentado en lo
íntimo de nuestro ser que también hoy Dios hace vivir a quien lo busca».

El gozo de vivir el voluntariado como vocación

«Lo primero que queremos significar es que para nosotros, cristianos, el volunta-
riado no es un entretenimiento, ni una manera de ocupar el tiempo libre, ni sólo una
forma de sentirnos útiles y hacer algo por los demás.
Nos hemos puesto en marcha hacia el mundo de los pobres y hemos puesto
nuestra vida a su servicio, no por ocupar el tiempo y buscar un entretenimiento, sino
porque nos hemos sentido llamados a este servicio desde nuestra identidad y com-
promiso cristiano. Esto mismo estoy seguro de que se puede decir de la mayoría de
los cristianos que viven su voluntariado en otras instituciones.
¡Hemos sido llamados! Ésta es la raíz de nuestro voluntariado. Y hemos sido lla-
mados a gritos, pues eso significa literalmente vocación: llamados a gritos por la po-
breza, la marginación, la exclusión social. Llamados al clamor por la justicia, la fra-
ternidad, la gratuidad del amor. Llamados por un Dios que tiene entrañas de amor
—eso significa misericordia—, que se conmueve ante la pobreza y el sufrimiento
humano y nos convoca a todos a su Reino, a una nueva humanidad en la que la vida
sea posible para todos, todos puedan sentarse a la mesa y en la que los excluidos
puedan integrarse a la comunidad y vivir con dignidad» (30).

(30)  V. Altaba Gargallo, Gozos y retos del voluntariado vivido como vocación, Cáritas Españo-
la, 2011, 17-18.

243
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• ¿Quién o qué te ha conducido a dirigirte a Jesús en tu historia personal?


• Ahora Jesús se fija en ti y te pregunta: «¿Qué buscas?». Trata de contestar
desde lo profundo de ti mismo.
• Cuando Jesús dice «venid y veréis», te invita a seguirlo. ¿Qué miedos sur-
gen en ti y qué expectativas tienes?
• ¿Qué destacas del artículo de José A. Pagola? Comparte tu experiencia de
encuentro con Jesús.
• ¿Cuál ha sido la historia de mi vocación, de mi llamada al voluntariado?
Hacer memoria de las etapas más significativas de mi voluntariado.

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: Hermanas y hermanos, sed bienvenidos a esta celebración. El Señor


esté con vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Hemos concluido el tiempo de Navidad, celebración del nacimiento y de


la manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Hoy volvemos comenzar el ci-
clo constituido por los domingos propios del tiempo ordinario.
El Señor nos invita hoy, como cada domingo, a que escuchemos su Palabra, siga-
mos su camino y anunciemos a todos los que conviven con nosotros la Buena Noticia
con nuestras vidas: Que hemos encontrado al Mesías, guía y luz de nuestra existencia.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: En unos momentos de silencio nos ponemos ante el Señor y le pedi-


mos que nos renueve y nos perdone.

244
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B

•  Tú, que has venido a anunciarnos la Buena Noticia, Señor, ten piedad.
•  Tú, que nos llamas a seguirte, Cristo, ten piedad.
•  Tú, que quieres reunir a todos los hombres, Señor, ten piedad.

El Padre, que en Jesucristo nos llama una y otra vez a la conversión, tenga mise-
ricordia de nosotros, perdone...

4.  Monición a la primera lectura

Lector: Durante el tiempo de Navidad y Epifanía hemos celebrado la manifesta-


ción de Cristo a los hombres. El Evangelio de hoy será una continuación de esta re-
velación de Jesús: Él se da a conocer, Él llama a los hombres a seguirlo.
Escuchemos ahora, en la primera lectura, una llamada muy importante que Dios
hizo en el Antiguo Testamento.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Hoy, y durante los próximos domingos, leeremos en la segunda de las


lecturas textos de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.
En esta carta Pablo quiere que los miembros de esa comunidad se aparten de los
cultos idolátricos y de la prostitución sagrada propia de aquella época; por ello les
habla del valor del cuerpo para un cristiano.

6.  Oración universal

Sacerdote: Como hijos de Dios oremos unidos diciendo: Señor, Escúchanos.


Lector: Por la Iglesia, para que nos sintamos ilusionados al anunciar la Buena
Noticia. Oremos.
Por todos los cristianos, para que consideremos nuestros cuerpos como templos
del Espíritu y así los valoremos. Oremos.
Por la paz entre las naciones y, de modo especial, pidamos hoy por los pueblos
que habitan la tierra que pisó el Señor, para que lleguen a enterrar todo lo que los di-
vide y creen entre todos las necesarias condiciones para la paz. Oremos.

245
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B

(Por todas las Iglesias cristianas, para que en estos próximos días de especial
oración por la unidad demos pasos significativos de acercamiento entre nosotros.
Oremos.)
Por nosotros que estamos aquí reunidos, para que sepamos tener una actitud
abierta a las llamadas que Dios nos dirige. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, esta oración que, movidos por tu Espíritu, te hemos
dirigido con fe por Jesucristo, nuestro Señor.

246
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B

SALMO 2.º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


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Música: Juan Jáuregui
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247
Enero, 25:
TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B

COMO TÚ

Ya no podemos querer otra cosa. Hemos ido por el campo de la vida, te hemos
encontrado como un tesoro y, por la alegría que nos ha dado, ya no podemos que-
rer otra cosa que ser contigo. Nuestro horizonte se ha abierto para la eternidad, te-
nemos sed de vida eterna, de vivir y ser contigo en el paraíso. Mientras vamos de
camino, una tensión nos mantiene, la de entrar en la dicha de tu reino y vivir las
bienaventuranzas. Queremos ser como Tú, tener hambre y sed de justicia, ser man-
sos y pacíficos, sentir la riqueza de la pobreza, llorar con los que lloran y procla-
mar tu misericordia con un perdón sin límites, vencer el fracaso con tu esperanza,
y fecundar la muerte con el amor y la entrega. Ahora nada nos da miedo, sólo sen-
timos el temor reverente de no saber acoger tu amor, de no abrirnos de un modo
suficiente a tus sentimientos, por eso te pedimos «conviértenos, para que nos con-
virtamos a Ti».

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Jon 3, 1-5. 10. Los ninivitas se convirtieron de su mala vida.


Sal 24. Señor, enséñame tus caminos.
I Cor 7, 29-31. La representación de este mundo se termina.
Mc 1, 14-20. Convertíos y creed en el Evangelio.

249
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B

A LA LUZ DE LA PALABRA

Invitados al Evangelio

Cuando Jesús comienza su vida pública, el primer mensaje que, según Mar-
cos, transmite a sus oyentes está como troquelado en muy pocas palabras, pala-
bras tan sencillas y escuetas como éstas: «Convertíos y creed en el Evangelio».
Son unas palabras que, quizás, nos recuerden a todos el rito de la imposición de
la ceniza, con el que se inicia la Cuaresma; pues son estas mismas palabras las que
acompañan dicho rito.
Pero, nos recuerden o no este rito, estas palabras de Jesús son ante todo:
•  Una llamada a la conversión.
•  Una invitación a que acojamos al/la Buena Noticia.

La conversión es un proceso

Por todo ello, si queremos entender el mensaje que hoy Jesús nos dirige, lo pri-
mero que hemos de hacer es tratar de clarificar qué significa «conversión»; y es evi-
dente que «conversión» no es:
• La reacción superficial e inmotivada propia de personas inmaduras, que
«cambian» sus planteamientos ante cualquier situación adversa que pueda al-
terar su «bien-estar».
• Ni tampoco la fe de aquellas personas que ven la realidad como mala y re-
chazable, por lo que tratan de ignorarla… y «miran hacia otro lado».

Ciertamente no es esto la conversión; pero ambas posturas nos han aportado


algo, ya que semánticamente «conversión» significa:
• «Cambiar la dirección de la mirada», «volverse», «darse la vuelta»…, porque
consideramos «mala» nuestra orientación.
• Y aplicando esto a la vida de una persona expresa:
—  El cambio de orientación que alguien imprime a su vida.
— Aconteciendo esto normalmente en un momento importante y por razones
también importantes.

250
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B

Tú tienes palabras de Vida

Pero ¿convertirnos a qué? ¿a la tristeza, como tantas veces se nos ha dicho? En


modo alguno: «Convertíos y creed en la Buena Noticia»; esto es, Él (que es «el Bue-
na Noticia») nos invita:
•  No a la desesperanza, el remordimiento y la culpa neuróticos
•  Sino a la alegría, la esperanza y la fiesta.
• A «creer en la Buena Noticia» y a experimentarla: Ésta es la conversión a la
que Él nos llama.

Más ¿qué es eso de «la Buena Noticia»? A través de la historia nos han ofrecido,
y nos siguen ofreciendo, demasiadas «buenas noticias»; por ejemplo:
• «Busque lo mejor para usted y olvide los problemas de los demás», «no se
meta en líos, si no va a sacar algún provecho de ello»…
•  Son las «buenas noticias» que fetichizan la vida y endurecen el corazón.
•  Y reducen todo al propio interés y al olvido del otro.

Para nosotros, cristianos, «la Buena Noticia» es «el Buena Noticia», aquél en
quien «se ha manifestado la bondad de Dios y su amor a los hombres» (Tit 3, 4): Creer
en «el Buena Noticia» es pues:
•  «Tener sus mismos sentimientos» (Flp 2, 5).
•  Siendo, como Él, «buena noticia» en nuestro entorno.
•  Convertirnos.

Queremos ser y sentir como Tú

Esto se puede concretar de muchos modos en la vida de cada uno de nosotros;


quizás podrían valer como ejemplos éstos:
• Salir al encuentro del otro, como Jesús, que no espera a que el otro dé un
paso; sino que él se anticipa y llama a su compañía.
• Ser solidarios con los demás, compartiendo con ellos una palabra de aliento,
una mano cariñosa, un camino esperanzado.
• Ser «buena noticia», esperanza, fiesta y alegría en un medio en el que no pa-
recen ser muy frecuentes estas «buenas noticias».
•  …

251
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B

«Éste es el ayuno que quiere el Señor», nos decía el profeta (Is 58, 6) ¿Que esto
no pasa de ser una «utopía»? Tal vez sea así. Pero, si hay un «topos», ¿cuál mejor
que éste: una celebración, ésta de la Eucaristía, que algunos llaman «la fiesta de los
locos» (H. Cox)?

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

La conversión misionera de la que nos habla el Papa Francisco en «Evangelii


Gaudium» será fruto de la experiencia del encuentro con el Señor resucitado. Tanto
Benedicto XVI (cf. DCE 1) como el Papa Francisco (cf. EG 264) nos dicen que la fe
cristiana no es un sistema de ideas o ético, está ante todo el encuentro con Jesús. Lo
fundamental es encontrarse con una Persona viva, dejarse implicar totalmente por Él
y su Evangelio.
Jesús llamó, en primer lugar, a sus discípulos para que «estuvieran con Él» (Mc
3,14) para que vivan con Él, compartan su vida y aprendan sus enseñanzas. «La pri-
mera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa expe-
riencia de ser salvados por Él, que nos mueve a amarlo siempre más… La mejor mo-
tivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, es dete-
nerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su be-
lleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez. Para eso urge recobrar un
espíritu contemplativo, que nos permita redescubrir cada día que somos depositarios
de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor
para transmitir a los demás» (EG 264).
El encuentro con Jesús abre la ruta para un proceso vital, personal y comunitario,
de conversión y vida nueva, que conocemos como «discipulado». Somos llamados
para adherirnos a Él y a su Evangelio, para seguirle. Así, el «seguimiento», se con-
vierte en «pro-seguimiento» de la misión de Jesús de anunciar el Reino y ofrecer
vida a todos los hombres. «Unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo
que Él ama. En definitiva, lo que buscamos es la gloria del Padre; vivimos y actua-
mos “para la alabanza de la gloria de su gracia” (Ef 1,6). Si queremos entregarnos a
fondo y con constancia, tenemos que ir más allá de cualquier motivación» (EG 267).
«Los llamados por Jesús cambian un lugar social de seguridad económica y fa-
miliar por otro de desposesión e inseguridad que los llevará a la predicación itineran-
te; dejan un trabajo conocido por otro desconocido para el que no están prepara-
dos; y un proyecto personal, centrado en sus propias necesidades y las de su fa-
milia, por otro en el que tendrán la primacía las necesidades de los demás.

252
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B

Esta migración (cambio de dirección) es condición para que puedan integrarse


en la comunidad de los seguidores de Jesús, corresponsables de la causa del Rei-
no» (31).

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

La condición para ser seguidor de Jesús es «DEJAR LAS REDES». Y eso


significa.
• Cambiar mi «lugar social»…
• Dejar mi seguridad económica y familiar…
• Desposesión e inseguridad…
• Dejar mi trabajo «ya conocido»…
• Asumir un trabajo desconocido para que el que no me siento prepa-
rado…
• Dejar mi proyecto personal centrado en mí…
• Asumir un proyecto de vida cuya primacía está constituida por las ne-
cesidades de los demás…

Supuesto todo esto, nos preguntamos:


1. ¿Cómo traducir todos estos rasgos a nuestra realidad concreta perso-
nal y familiar?
2. ¿Qué sentimientos me vienen al contemplar este proyecto concreto
que es condición para una vida coherente con mi ser «discípulo de
Cristo»?
3.  ¿Puedo concretar las dificultades reales que se me presentan?
4.  ¿Puedo superar esas dificultades?, ¿cómo?
5.  Consecuencias concretas para mi vida…

(31)  C. Bravo Gallardo, Jesús hombre en conflicto, Sal Terrae, 1986.

253
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: El Señor del amor y de la misericordia, que nos llama a la conver-


sión, esté siempre con vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Como los primeros discípulos de Jesús también nosotros hemos oído
su llamada, que nos dice: «Se ha cumplido el plazo, se ha acercado el Reino de
Dios. Convertíos, cambiad vuestra forma de ver las cosas, creed en la Buena Noti-
cia».
Hemos oído este anuncio, hemos reconocido en Jesús a Alguien que nos ofrece
palabras capaces de hacer de nosotros personas nuevas y hemos deseado ponernos
en su seguimiento.
Este seguimiento es lo que ahora celebramos agradecidos.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: En estos momentos de silencio nos ponemos ante el Señor y le pedi-


mos que nos renueve.
•  Tú, que has venido a anunciarnos la Buena Noticia, Señor, ten piedad.
•  Tú, que nos llamas a seguirte, Cristo, ten piedad.
•  Tú, que quieres reunir a todos en tu Reino, Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: La primera lectura que vamos a escuchar es sencilla y clara; nos habla de
un hombre que recibe la llamada de Dios para anunciar la Buena Noticia a unas per-
sonas a las que Él creía que no había que anunciarla; pero, después de superar sus
resistencias, llevará finalmente a cabo su misión.

254
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B

Jesús en el Evangelio va también a llamar a unos hombres y los invitará a seguir-


lo y, un día, a que también sean testigos creíbles de la Buena Noticia.
Es la misma invitación que ahora el Señor nos dirige a nosotros.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Proseguimos hoy la lectura de la primera carta de san Pablo a la comuni-


dad cristiana de Corinto.
El apóstol subraya, con intencionada exageración, la relatividad de todo lo que
vivimos. Lo subraya, para que el cristiano sea y se sienta libre.
Viene a decirnos que todo es importante en la vida; pero que lo más importante
es el Reino de Dios.

6.  Oración universal

Sacerdote: Elevemos ahora juntos nuestra oración a Dios, nuestro Padre, y digá-
mosle: Padre, Escúchanos.
Lector: Por la Iglesia, para que se sienta siempre necesitada de conversión. Ore-
mos.
Por nuestros gobernantes, para que trabajen por la construcción de un futuro me-
jor para nuestro pueblo. Oremos.
Por los que no se creen necesitados de conversión, para que despierten de su ilu-
soria seguridad. Oremos.
(Por todas las Iglesias cristianas, para que en estos días de especial oración por la
unidad demos pasos significativos de acercamiento entre nosotros. Oremos.)
Por los pobres, para que encuentren acogida en nuestras vidas. Oremos.
Por nosotros, para que experimentemos la conversión como una llamada a la ale-
gría y a la fiesta. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, estas oraciones que te hemos dirigido con fe y con-
fianza por Jesucristo nuestro Señor.

255
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B

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SALMO 3.er DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
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Música: Juan Jáuregui


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
1. Señor, enséñame tus cami_nos,

instrúyeme en tus sen_das.

Haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

2. Recuerda, Señor, que tu ternu_ra

y tu misericordia son eter_nas;

acuérdate de mi con misericor_dia,

por tu bondad, Señor.

3. El Señor es bueno y rec_to,

y enseña el camino a los pecado_res;

hace caminar a los humildes con rectitud___,

enseña su camino a los humil_des.

256
Febrero, 1:
CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B

PODER Y AUTORIDAD

La verdadera autoridad no es la que viene por el poder impuesto, sino al contra-


rio: por el reconocimiento logrado que la concede y la reconoce en bien de lo co-
mún, que es lo más necesario; no es el que ostenta el poder el que es necesario, sino
la comunidad a la que sirve y le da sentido a él. No vale justificar que el personaje es
cuestión de necesidad para la comunidad, que cuidando el personaje se cuida la ins-
titución y que ése es el verdadero servicio. Hoy, como nunca, nos hace falta recupe-
rar la verdadera autoridad, la que se hace creíble y necesaria en el quehacer de la
vida, en la casa, en la familia, en la escuela, en la calle, en la ciudad, en la política,
en la justicia, en la empresa y en la comunidad eclesial. La interpelación es clara: el
poder no concede la autoridad, ese proceso está fallido y no va a funcionar ya. Tene-
mos el reto de ir a la auténtica autoridad y de recobrar los valores y la confianza de
los que están a la sombra de las instituciones y de los que las dirigen. Y nos confir-
mamos en el aserto eclesiológico: «La iglesia que no sirve, no sirve para nada».

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Deut 18, 15-20. Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca.


Sal 94. ¡Ojalá escuchéis hoy su voz…!
I Cor 7, 32-35. Preocuparse de los asuntos del Señor.
Mc 1, 21-28. Las enseñanzas con autoridad.

257
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B

A LA LUZ DE LA PALABRA

La contraposición del Evangelio

Acabamos de escuchar un texto de Marcos que a este evangelista debió parecerle


muy importante, ya que lo sitúa en el capítulo primero y lo narra como el primer sig-
no que hizo Jesús. Por lo que parece que, al menos para él, tiene un valor programá-
tico; como si a través de él Marcos quisiera comenzar a mostrarnos de un modo más
detallado: Quién es Jesús y quién es y cómo debe ser un discípulo suyo.
Es un relato bastante polémico, ya que en él Jesús es contrapuesto a:
•  Los escribas, los mejores especialistas en la Ley, personas además muy esti-
madas por el pueblo: Sin embargo Él, nos ha dicho Marcos, enseña de un
modo distinto a ellos, «con autoridad».
•  Los fariseos (en la época de Jesús los escribas lo eran mayoritariamente), es-
trictos cumplidores de la Ley: Él la quebranta, al curar en sábado.
• «El espíritu inmundo», lo que puede parecernos lo más lógico; pero no olvi-
demos que es el único que proclama que Jesús es «el santo de Dios».

Una autoridad que viene de arriba

Y respecto a Jesús resalta estos datos:


•  Él es «el santo de Dios».
•  Tiene (la) «autoridad» («exoûsía») (de Dios).
• Su enseñanza es «nueva»: Mas no en un mero sentido cronológico, sino cua-
litativamente «nueva».

Quizás en esta aproximación al misterio de la persona de Jesús nos está diciendo


también el autor, aunque sea en modo negativo, que, para ser discípulo de Jesús, no
es suficiente:
•  Ser como los escribas: buenos conocedores de la Palabra de Dios y de la de su
Hijo; pero capaces de adulterarla mediante una casuística opresora y asfixiante.
•  Ni como los fariseos: quienes, desde una vivencia de la Ley, generadora de
miedo y amenazante, piensan que sólo su cumplimiento estricto es el que salva.
•  N
 i como los espíritus inmundos: ellos ciertamente proclaman adecuadamente
la fe, pero oprimen y «retuercen» a los demás, impidiéndoles ser libres

258
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B

El verdadero discípulo

O dicho en positivo: Sólo puede ser discípulo de Jesús aquel que:


• Vive la relación con Dios, su Padre, como una experiencia festiva: «Él ha ve-
nido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia» (Jn 10, 10).
• Ha sido capaz de superar todo miedo, pues «no hay temor en el amor» (I Jn
4, 18).
• Crea en su entorno espacios de libertad y se pone en seguimiento de aquel
que «nos ha liberado para la libertad» (Gál 5, 1).

En síntesis, Marcos acaba de decirnos que:


• Jesús es aquel que, ungido por Dios y con su autoridad, nos ha liberado de
todo miedo y de toda opresión.
• Y, consecuentemente, un discípulo suyo habrá de ser capaz de crear en su en-
torno espacios de libertad.
• O dicho de otro modo: Ese discípulo de Jesús habrá de ser testigo creíble de
aquel que «pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos» (Hech 10, 38),
de aquel que es «el Buena Noticia».

Porque ya vamos avanzando por esta senda, a pesar de tantos obstáculos como la
vida nos pone y de nuestras propias resistencias, le damos ahora gracias al Señor en
esta celebración de la Eucaristía.

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

Puntos fuerza para el servicio evangélico de la autoridad (32)

La reflexión que hicieron los Superiores Generales sobre la autoridad quedó


plasmada en un denso documento de dos páginas. He aquí una síntesis, que tiene
como epígrafe unas palabras que el Papa Francisco dirigió a las Superioras Genera-
les el pasado 8 de mayo:
Sabed ejercer siempre la autoridad acompañando, comprendiendo, ayu-
dando, amando, abrazando a todos y a todas, especialmente a las personas
que se sienten solas, excluidas, áridas; las periferias existenciales del corazón

(32)  82.ª Asamblea de la Unión de Superiores Generales (USG). 27-29 de noviembre de 2013.

259
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B

humano. Mantengamos la mirada dirigida a la Cruz: allí se coloca toda auto-


ridad en la Iglesia, donde Aquel que es el Señor se hace siervo hasta la entrega
total de sí.

Los gestos y las enseñanzas del Papa Francisco invitan a una conversión en el
servicio a los hermanos en tres áreas:

1.  Conversión de las actitudes personales

a) Un servicio centrado en lo esencial: Lo esencial es Jesucristo, el testimonio


del Evangelio según el propio carisma. Sostener a nuestros hermanos en su
caminar hacia el Señor. Vivir el discipulado para realizar nuestra misión. Po-
ner en el centro a la persona.
b) Un servicio que tiene su autoridad moral en la autenticidad: Nuestra credibi-
lidad está ligada a la correspondencia de las palabras y los gestos con la ver-
dad de la vida. Cuidar nuestra libertad interior. Testimoniar un estilo de vida
simple, humilde y gozoso.
c) Un servicio que se expresa con profunda humanidad: Expresar ternura, so-
bre todo hacia los más vulnerables. Reconocer nuestros pecados y límites.
No pretender tener siempre respuestas para todo y para todos. Buscar pa-
cientemente la verdad junto con los otros.

2.  Conversión de las relaciones

a) Un servicio que sabe expresarse en un modo simple y directo: Escuchar mu-
cho para aprender las palabras que los demás comprenden. Cuidar la comu-
nicación y su pedagogía. Usar un lenguaje actual, con palabras que toquen
el corazón de las personas.
b) Un servicio que es un caminar con los hermanos: Caminar delante de ellos,
para abrir el camino e indicar la meta; caminar detrás de ellos, al paso del
más débil, para que ninguno se pierda; caminar en medio a ellos, en el co-
mún compromiso de fidelidad a la vocación.
c) Un servicio que busca la voluntad de Dios junto con los hermanos: El dis-
cernimiento y la colegialidad hacen crecer la comunión. El discernimiento
exige paciencia y tiempo, escucha y diálogo, libertad interior, espíritu de fe
y valor para asumir las decisiones.

260
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B

3.  Conversión de las prospectivas y del estilo de la misión.

a) Un servicio profético: Acoger y hacer acoger los signos que nos invitan al
cambio. Expresar profecía, visión de futuro, cercanía con los pobres. Vivir y
testimoniar la fraternidad, que nos une a los demás y nos ayuda a superar la
tentación del clericalismo.
b) Un servicio que tiene el coraje de salir y hacer salir: Ir hacia las periferias
geográficas y existenciales, en un vital dinamismo de salida, en un estado
permanente de misión, liberándonos de toda forma de rigidez institucional y
de autorreferencialidad.
c) Un servicio que expresa y difunde la cultura del encuentro: Vivir y promover
la cultura del encuentro como estilo de vida y de misión, con gestos de cer-
canía especialmente hacia los últimos, los débiles, los enfermos, que son la
carne de Cristo entre nosotros.
d) Un servicio gozoso, portador de esperanza: Reavivar la esperanza de los
hermanos, calentar sus corazones. Valor para abrir caminos nuevos, arries-
gándonos a lo desconocido con fe y esperanza, en fidelidad creativa al caris-
ma y a la audacia de los fundadores.

Jesús y la autoridad política

«Jesús rechaza el poder opresivo y despótico de los jefes sobre las Naciones
(cf. Mc 10, 42) y su pretensión de hacerse llamar benefactores (cf. Lc 22, 25), pero
jamás rechaza directamente las autoridades de su tiempo. En la diatriba sobre el
pago del tributo al César (cf. Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-26), afirma que
es necesario dar a Dios lo que es de Dios, condenando implícitamente cualquier in-
tento de divinizar y de absolutizar el poder temporal: sólo Dios puede exigir todo del
hombre. Al mismo tiempo, el poder temporal tiene derecho a aquello que le es debi-
do: Jesús no considera injusto el tributo al César.
Jesús, el Mesías prometido, ha combatido y derrotado la tentación de un mesia-
nismo político, caracterizado por el dominio sobre las Naciones (cf. Mt 4, 8-11; Lc
4, 5-8). Él es el Hijo del hombre que ha venido «a servir y a dar su vida» (Mc 10,
45; cf. Mt 20, 24-28; Lc 22, 24-27). A los discípulos que discuten sobre quién es el
más grande, el Señor les enseña a hacerse los últimos y a servir a todos (cf. Mc 9,
33-35), señalando a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, que ambicionan sentarse
a su derecha, el camino de la cruz (cf. Mc 10, 35-40; Mt 20, 20-23)» (33).

(33)  Pontificio Consejo «Justicia y Paz»: Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, 2005, n. 379.

261
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• ¿Cómo se entiende y se vive la autoridad en vuestras comunidades?


• Comentad este párrafo del Papa Francisco en el discurso que dirigió a las
Superioras Generales el 8 de mayo de 2013:
Un segundo elemento que quisiera subrayar en el ejercicio de la au-
toridad es el servicio: nunca debemos olvidar que el poder verdadero,
en todos los niveles, es el servicio, que tiene su cumbre luminosa en la
cruz. Benedicto XVI, con gran sabiduría, ha recordado varias veces a
la Iglesia que, si para el hombre a menudo la autoridad es sinónimo de
posesión, de dominio, de éxito, para Dios la autoridad es siempre sinó-
nimo de servicio, de humildad, de amor; significa entrar en la lógica de
Jesús, que se inclina para lavar los pies de los Apóstoles (cf. Ángelus,
29-1-12) y que dice a sus discípulos: «Sabéis que los jefes de los pue-
blos los tiranizan [...]. No será así entre vosotros» —precisamente el
lema de vuestra Asamblea: «No será así entre vosotros»—: «el que
quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que
quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo» (Mt 20, 25-
27). Pensemos en el daño que ocasionan al Pueblo de Dios los hombres
y las mujeres de Iglesia arribistas, «trepas», que «utilizan» al pueblo, a
la Iglesia, a sus hermanos y hermanas —ellos, que deberían servir—
como trampolín para sus intereses y ambiciones personales. Éstos ha-
cen un gran daño a la Iglesia.
•  ¿Qué pasos hemos de dar para entender la autoridad como servicio?
• ¿Cómo se podría aplicar las claves de «mandar» en la vida familiar? ¿y en
la vida parroquial?

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comu-


nión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

262
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B

2.  Monición inicial

Lector: Estos primeros domingos del año las lecturas nos van exponiendo, poco
a poco, quién es Jesús de Nazaret y cuáles han de ser las actitudes de los que nos
disponemos a seguirlo.
En el evangelio de hoy escucharemos cómo se extiende la fama del Señor y
cómo la gente reacciona desconcertada ante su persona y su mensaje. Son personas,
nos dirá el texto, que no permanecen insensibles ante esta novedad.
Nosotros ahora nos disponemos a encontrarnos con Él, a escuchar su Palabra y a aco-
gerlo. Que este encuentro nuestro con Él no nos deje indiferentes, sino que mueva nuestros
corazones hacia la comunión con Él y a vivir comprometidamente de cara a los demás.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: Preparemos nuestros corazones para acoger al Señor, que quiere en-
trar en nuestras vidas.
•  Tú, que eres el camino que nos conduce hasta el Padre, Señor, ten piedad.
•  Tú, que eres la verdad que nos hace libres, Cristo, ten piedad.
•  Tú, que eres la vida que renueva el mundo, Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: La lectura que ahora va a ser proclamada nos pone en la situación ade-
cuada para poder escuchar después el Evangelio: Jesús es el profeta prometido por
Dios; Él mismo es la Palabra de Dios, su Verdad.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Continuamos leyendo la primera carta del apóstol Pablo a los cristianos
de Corinto. Hoy el apóstol, partiendo de su experiencia personal, explica, sin exigír-
selo a nadie, cuál es el estado de vida que le parece mejor para poderse dedicar ple-
namente a la difícil tarea de proclamar el evangelio.

263
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B

6.  Oración universal

Sacerdote: Pongamos nuestras vidas en manos de Dios, también la vida de los


que tenemos cerca, y oremos especialmente por los que más sufren, diciendo: Padre,
Escúchanos.
Lector: Por la Iglesia, para que viva con fidelidad y coherencia la misión que tie-
ne de anunciar la Buena Noticia. Oremos.
Por todas las personas que viven oprimidas por el mal y la injusticia, para que no
pierdan la esperanza en su lucha por salir de esa situación. Oremos.
Por los que trabajan por un mundo más acogedor y justo, para que no se cansen
de animarnos a los demás en la consecución de esos fines. Oremos.
Por todos nosotros, que hoy y aquí nos hemos reunido a celebrar la Eucaristía,
para que intentemos vivir de acuerdo con la Palabra de Dios que nos ha sido anun-
ciada. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, esta plegaria que te hemos dirigido con fe por Jesu-
cristo nuestro Señor.

264
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B

SALMO 4.º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


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Música: Juan Jáuregui
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
1. Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,

vitoreándolo al son de instrumentos.


2. Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo.

3. «No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto,

cuando vuestros padres me pusieron a prueba
aunque habían visto mis obras.

265
Febrero, 8:
QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B

CURANDO HERIDAS

Jesús ha tomado postura ante el sufrimiento y el dolor de un modo único: acer-


cándose, mirando fijamente y amando… haciéndose prójimo del caído a la vera del
camino…, curando y consolando…, siendo una buena noticia en el encuentro con
todos. Ahí está la clave de la espiritualidad y el alimento de lo fundamental de la
Iglesia con los que sufren: «no tenemos plata ni oro… pero en nombre de Jesucristo
echa a andar». Y desde ahí creer que la santidad y la perfección —al estilo de
Dios— no se recibe si no es desde la vivencia de la compasión. Hemos sido sanados
y nos preocupa cómo crecer en compasión con los que sufren a nuestro alrededor.
Cómo ser profesionales que miran y aman, que se acercan para curar y sanar, que
dignifican y ponen en pie a las personas exigiendo justicia para que puedan tener el
lugar que les corresponde en la sociedad. Todo un reto del reino de Dios que nos ha
elegido para construir un mundo de hermanos.

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Jb 7, 1-4. 6-7. Mis días se consumen sin esperanza.


Sal 146. Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.
I Cor 9, 16-19. 22-23. ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Mc 1, 29-39. Curó a muchos enfermos de diversos males.

267
Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B

A LA LUZ DE LA PALABRA

Tan fuertes y tan débiles

Parece claro que el hombre, como nos dice el eslogan olímpico, nunca como
ahora ha llegado «tan alto», nunca ha corrido «tan rápido», ni nunca se ha sentido
«tan fuerte»; sin embargo, este mismo hombre actual, un día cualquiera, se detiene
un momento, se mira en el espejo y, quizás casi sin darse cuenta, comienza a for-
mularse preguntas acerca, precisamente, de esa vida «tan alta», «tan rápida» y «tan
fuerte». Y en ese mismo día el hombre, cualquiera de nosotros, comienza a descu-
brir en esa vida suya muchos puntos frágiles; comienza a experimentar su limita-
ción, su finitud.
Es lo mismo que experimenta Job (un personaje, ciertamente, literario; pero no
por ello menos real), quien dice: «Mi vida es un soplo», «mis ojos no verán ya la di-
cha».
Y, en ese mismo día, es posible que el hombre, cualquiera de nosotros, experi-
mente con claridad que, cuando vive el peso de su fragilidad y de sus preguntas,
siente la necesidad de encontrar una luz desde la que poder atisbar un poco de senti-
do en y para su vida.

El hombre en busca de sentido

Y quizás, en ese día, se ponga a la búsqueda de ese sentido tratando de encontrar


una respuesta; sobre todo si vive un momento en que experimenta que el «sin-senti-
do» lo aplasta; mas corriendo un serio peligro:
• El de creer que puede valerle «lo que sea», con tal que sea «de efecto inme-
diato».
• Y hasta es posible que coloque ese «lo que sea» como el centro de su vida.
• Pues, al menos momentáneamente, parece poder aligerarle el peso de sus pre-
guntas.

Pero también sabe que en esa búsqueda y en esa centralidad:


• Aun en la intemperie, el desamparo y, al menos al principio, el sinsentido.
• Aun en la finitud asolada por las ansias de “infinitud”.
• Encuentre algo/Alguien que dé sentido a su búsqueda, a su vida.

268
Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B

Sanados para sanar la vida

Algo así debió de sucederles a los dos personajes históricos (no olvidemos que Job
sólo lo es literario) de los que nos han hablado las lecturas de hoy; son personas que
experimentaron cómo, de pronto, sus vidas se vieron llenas de sentido: la suegra de
Pedro, en su limitación, debió de sentirse desbordada por la llegada de alguien que
hace posible su reincorporación a la salud: Pablo, quien vive la experiencia de que «el
Señor se ha dejado ver en favor suyo»; y en adelante todo cambia para ambos.
La respuesta de una y otro (una vez que han encontrado el sentido de sus vidas)
fue la misma: Ponerse al servicio de… La suegra de Pedro, nos ha dicho el texto,
«se puso a servirlos» y Pablo se pone al servicio del Evangelio: «¡Ay de mí, si no lo
anuncio!».

Buscar, sanarnos y servir

¿Cómo puede esto iluminar nuestras vidas? Sin duda que la de cada uno de no-
sotros de modo distinto; pero ¿podría valer esta aproximación a una respuesta (aun-
que sea muy global)? Todo sería como una llamada a ponernos en actitud de búsque-
da y tratar de dejarnos encontrar por Él. Y, si esto acontece, ponernos gratuitamente
al servicio del Evangelio, al servicio de los demás.
Es posible que a veces, como Pablo, nos preguntemos: «¿Cuál es mi recompen-
sa?», ¿cuál mi paga por este servicio? Sería importante que, como él hizo, fuésemos
capaces de responder: seguir «anunciando el Evangelio de balde» (I Cor 9, 18). Ésta
es nuestra tarea; una tarea que, a pesar de nuestras limitaciones e incoherencias, es-
tamos llevando a cabo desde hace ya tiempo. Por ello ahora juntos, animados por el
Espíritu, le damos gracias al Padre por medio de su Hijo en esta celebración.

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

La salvación de Dios ofrecida como salud

«Toda la actuación de Jesús promueve la salud integral: su condena de los meca-


nismos inhumanos, discriminatorios y destructivos de la sociedad judía, su resisten-
cia y rebeldía contra tantos comportamientos patológicos de raíz religiosa, su lucha
por crear una convivencia más solidaria y fraterna, su ofrecimiento del perdón re-
conciliador de Dios que libera a las gentes de la culpabilidad y la ruptura interior, su

269
Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B

ternura hacia los maltratados por la vida o la sociedad, su ayuda para recuperar un
corazón más limpio y atento al Espíritu de Dios, su llamada a liberarse del miedo y
la inseguridad para vivir desde una confianza absoluta en el Padre. En realidad, las
tradiciones evangélicas nos describen a Jesús como alguien que pone en marcha un
profundo proceso de sanación tanto individual como social: “El Hijo del Hombre ha
venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19, 10). Por eso, el cuarto
evangelio entiende toda la praxis de Jesús como “biofilia”, creación de vida: “Yo he
venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).
Esta «terapia mesiánica» la presenta Jesús como revelación y encarnación de la
salvación que Dios ofrece al ser humano: “Si yo expulso los demonios por el Espíritu
(Lc 11,20 = ‘por el dedo’) de Dios, es que el Reinado de Dios está llegando a voso-
tros” (Mt 12,28). La salud que Jesús genera no es sólo una curación de carácter médi-
co sino una acción sanadora integral que revela y encarna a Dios como “Amigo de la
vida” (Sab 11,26) y “Sanador” (Ex 15,26). La sanación como proceso creativo de re-
cuperación de vida, crecimiento integral de la persona, victoria sobre las fuerzas del
mal es una experiencia privilegiada de la salvación de Dios. Es significativo observar
que Jesús entiende su acción evangelizadora y su llamada a la conversión como una
acción sanadora: “No necesitan médico los sanos sino los que están mal. Yo no he ve-
nido a llamar a la conversión a justos sino a pecadores” (Lc 5, 31-32 = Mc 2, 17 y Mt
9, 12-13). Convertirse a Dios, acoger el Evangelio de Jesucristo, entrar en el Reino es
ponerse en camino hacia una verdadera salud; iniciar la sanación de nuestro ser, entrar
por una vía que conduce al despliegue y la maduración sana de la persona» (34).

Jesús es salud (35)

Señor, Tú eres la Salud.


Tú viniste para darnos Vida,
para ofrecernos nuevas posibilidades
y abrirnos nuevos horizontes.
Señor, Tú ensanchas nuestro corazón
y das alas a nuestra libertad.
Tú curas nuestras heridas internas

(34)  J. A. Pagola, La comunidad cristiana, fuente de salud integral: tareas y posibilidades, en


Instituto Superior de Pastoral, Misión sanante de la comunidad cristina, Verbo Divino, Estella (Nava-
rra) 2002, 145-146.
(35)  Conferencia Episcopal Española, Dando vida, sembrando esperanza, Edice, Madrid
2010, 35.

270
Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B

y nos invitas a ser


dueños de nosotros mismos
y servidores de los demás.
Tú nos ayudas a vivir sanamente
las experiencias dolorosas de la vida
y a crecer desde la pequeñez.
Gracias, Señor,
porque has compartido nuestra vida,
y, amándonos hasta el final,
nos has revelado
que sólo el amor sana y salva. Amén.
(Día del enfermo 1991)

CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

Jesús viene a ofrecer salud. Nos ofrece:


• Una salud que abarca a la totalidad de tu persona. ¿Por dónde experimen-
to que se me va la vida?
• Una salud que quiere levantarnos de las postraciones, como lo hizo con
aquella mujer encorvada: Lc 13, 10-13. ¿Qué cosas nos tienen encorvados
en la vida, no nos dejan vivir con libertad?
• Una salud con un horizonte; invita a metas más altas. El bienestar físico
no tiene la última palabra para Jesús. Hay bienes por los cuales vale la
pena arriesgar el bienestar, la salud e incluso la vida. ¿Cuáles son los bie-
nes por los que deberíamos estar dispuestos a arriesgar hasta la misma
salud?
• Una salud ofrecida a los más débiles. ¿Cómo poder ofrecer la salud a los
más empobrecidos y débiles de nuestra sociedad?
• Una salud abierta a la salvación total: en el diálogo con Marta, la hermana
de Lázaro, Jesús afirma: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aun-
que muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.
¿Crees esto?» (Juan 11, 25…). La salud humana no puede apartar el ries-
go de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. ¿Cómo afrontar la
enfermedad y la muerte?

271
Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: La gracia, la misericordia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesu-


cristo, el Señor, estén con todos vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Un domingo más nos hemos reunido como comunidad de creyentes en


Cristo para celebrar el misterio de su muerte y de su resurrección.
La lectura del Evangelio nos hablará de los comienzos de la predicación de Je-
sús, así como de su actividad sanadora, que crea en su entorno un clima de alegría,
de esperanza y de entusiasmo. Él es y anuncia la Buena Noticia con palabras y sig-
nos liberadores.
Que esta participación nuestra en la Eucaristía sea un gesto de comunión con to-
dos los que en nuestro entorno esperan esa palabra y ese signo liberadores.

3.  Acto penitencial

Sacerdote: Ante Jesús, el Señor, reconozcamos nuestro pecado y pidámosle que


nos perdone.
•  Tú, que has compartido nuestra vida, Señor, ten piedad.
•  Tú, que estás con nosotros y nos amas, Cristo, ten piedad.
•  Tú, que has dado la vida por nosotros, Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: Muchas veces nos sentimos agobiados, desconcertados; y esta experien-


cia no es sólo nuestra, es una experiencia común a otros muchos hombres. Escuché-
moslo en las palabras de un escritor del Antiguo Testamento.

272
Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: Escuchemos en las palabras de Pablo a los cristianos de Corinto cuál es


la misión de todo apóstol y cómo se planteaban su misión los primeros seguidores
de Jesús.

6.  Oración universal

Sacerdote: Al Dios que sana los corazones destrozados oremos diciendo: Escú-
chanos, Padre.
Lector: Por la Iglesia, presente en nuestra comunidad, para que sea sensible a los
sufrimientos y perplejidades de nuestro tiempo y ofrezca con todo respeto la luz de
Cristo. Oremos.
Por todos aquellos que, como Job, no encuentran sentido y fuerzas para seguir
adelante, para que hallen el apoyo y el acompañamiento que necesitan. Oremos.
Por cuantos toman de la mano y levantan a las personas y grupos más olvidados.
Oremos.
Por nosotros, para que pasemos por la vida haciendo el bien y anunciando que
Dios está cerca de sus hijos. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, estas oraciones que te hemos dirigido con fe por Je-
sucristo nuestro Señor.

273
Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B

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SALMO 5.º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Música:
Juan Jáuregui

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
1. Alabad al Señor, que la música es bue_na;

nuestro Dios merece una alabanza armonio_sa.

El Señor reconstruye Jerusalén,

reúne a los deportados de Israel.

2. El sana los corazones destroza_dos,

vendas sus heri_das.

Cuenta el número de las estrellas,

a cada una la llama por su nombre.

3. Nuestro Señor es grande y podero_so,

su sabiduría no tiene medi_da.

El Señor sostiene a los humildes,

humilla hasta el polvo a los malvados.

274
Febrero, 15:
SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B

CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS

VENID VOSOTROS…

Ante la realidad de pobreza y hambre, hemos de ser conscientes de que la igno-


rancia, la indiferencia o la actitud indolora nos identificarían, en la pasión histórica
de Jesús, con aquellos que gritaron «que su sangre caiga sobre nosotros y nuestro
pueblo» ante el sufrimiento del inocente y débil. Sentimos la llamada del crucificado
a unirnos con todos los crucificados de la historia, a los que hoy lo están viviendo y
sufriendo. La fe en el resucitado nos avisa de que la injusticia que provoca muerte ya
está vencida, que el pueblo que vive en comunidad y se deja afectar para compartir
en tiempo de crisis, luchando juntos por sus ideales, no quedarán defraudados por-
que Dios está con ellos. Es el momento de despertar como cristianos y como ciuda-
danía para hacernos cargo de nuestra sociedad de un modo activo y participativo, la
comunidad eclesial tiene la responsabilidad de formar y llamar a sus miembros para
que se encarnen en este momento histórico y sepamos llegar con nuestros dedos y
nuestras manos a la señales del sufrimiento en la humanidad. Hoy nos toca ceñirnos
la toalla del servicio, la que nos ha entregado nuestro hermano y maestro en la últi-
ma cena, y creer que el crucificado resucita, que merece la pena gastar nuestra vida
y comprometernos en la construcción de un mundo nuevo, el mundo de la libertad y
la alegría del resucitado.

275
Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B

TEXTOS PARA LA CELEBRACIÓN

Lev 13, 1-2. 44-46. El leproso tendrá su morada fuera del campamento.
Sal 31. Tú eres mi refugio.
I Cor 10, 31-11,1. Seguid mi ejemplo como yo sigo el de Cristo.
Mc 1, 40-45. Le desapareció la lepra y quedó limpio.

A LA LUZ DE LA PALABRA

Desde aquel leproso

El texto del evangelio que acabamos de escuchar nos ha presentado a un leproso,


a una persona afectada por una enfermedad que hoy nos resulta muy lejana, ya que
prácticamente está erradicada de Europa occidental. Pero si hiciésemos un esfuerzo
y nos situásemos en aquel contexto, descubriríamos en el leproso a:
•  « Un excluido de la salud», a una persona enferma incurable; por ello decían
los rabinos: «Tan difícil es curar a un leproso como resucitar a un muerto».
• «Un excluido religioso», a una persona que no podía ir al templo; pues él
«tendrá su morada fuera del campamento» (I lect.).
• «Un excluido social», a una persona que, consecuentemente, ha de vivir
al margen de los demás, a una persona que, con sus gritos, («¡impuro, im-
puro!») evitará su contacto con la gente: «ha de vivir solo», nos ha dicho
la I lectura.

La ley que excluye, ayer y hoy

Posiblemente esta legislación y esta práctica nos parezcan hoy rechazables. Y sin
duda lo son; pero no olvidemos que en nuestra sociedad siguen existiendo exclusio-
nes tan terribles como las de ayer; por ejemplo:
• El sida (al menos hasta hace muy pocos años) ha sido para muchos la lepra
de hoy: «exclusión de la salud».
• Los integrismos religiosos conducen hoy mismo a la «exclusión religiosa».
• La xenofobia y el racismo provocan la «exclusión social».
•  La pobreza, el hambre. Hoy, nos lo recuerda Manos Unidas. (Campaña)

276
Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B

Más aún, si abrimos un poco más nuestra mirada y la dirigimos al ámbito de lo so-
ciocultural, quizás descubramos actitudes que parecen estar diciéndonos constantemente
que necesitamos establecer distancias; pues la cercanía puede generarnos problemas, así
que no te levantes al encuentro con el otro, ni dejes que nadie se te acerque, te toque.
Lo peor de aquellas y de estas situaciones de exclusión es que, antes y ahora, po-
demos acostumbrarnos a ellas y terminar por parecernos normales; o, al menos, in-
evitables.

Un hombre divino, nuevo, compasivo

En este contexto surge un hombre un tanto extraño; pues no le importa levantarse


y salir al encuentro de los demás; ni tampoco le asusta «extender la mano» y «to-
car» al leproso, a pesar de que era algo prohibido por la Ley; su palabra y su mano
abren todos los caminos a aquel que estaba excluido, a fin de que pueda reinsertarse
en la comunidad social, religiosa y de la salud.
De hecho nos ofrece una «mística de la cercanía y del riesgo», en la que:
•  Todo pasa por tocar con cariño estremecido la realidad herida.
•  Todo pasa por acoger cálidamente al desamparado.
• Todo pasa por dejar siempre la puerta abierta y una silla vacía para todo aquel
que desee compartir nuestra mesa.
•  Aquí, tal vez, está en juego algo nuclear cristiano: La «com-pasión».
• Y, como nos ha dicho la II lectura, hacerlo todo «para la gloria de Dios»;
pero no olvidemos que, como a finales del s. ii nos decía san Ireneo, «la glo-
ria de Dios es el hombre vivo».

Indignación y compasión

Dispongámonos a abrir nuestras puertas, nuestros sentidos, para ver esa realidad
que hoy reclama nuestra indignación y nuestra compasión. Seamos solidarios, sepa-
mos compartir y luchar para acabar con esta tragedia de hambre y pobreza. Es ur-
gente generar un nuevo orden de relaciones, entre personas, asociaciones, empresas,
organismos públicos, y entre países, que refleje la fraternidad que nos une a todos.
Porque el desarrollo de los pueblos depende, sobre todo, de que aprendamos a vivir
como miembros de la misma familia. Es necesario un compromiso solidario mundial
para que todos podamos beneficiarnos de los frutos de la tierra.

277
Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B

Quizás todo sea un gran juego en el que, como sucede en y con todos los juegos, exis-
ten unas reglas; pero las de este juego son tan extrañas como éstas: el que pierde gana, el
más importante es el que sirve, y en el que es necesario abrazarse con fuerza a este nuestro
pequeño mundo, si es que queremos «esperar unos cielos nuevos» (II Pe 3, 13).
Ya estamos dando muchos pasos por esta senda, así que vamos ahora juntos a
darle gracias al Señor por ello, tratando de compartir en esta Campaña de Manos
Unidas con nuestros hermanos la terrible tragedia que todos los días viven.

DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO

El Papa Francisco, contra el hambre en el mundo en 10 frases

El papa Francisco calificó de «escándalo» que exista el hambre y la malnutrición en


el mundo y criticó «el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos» en un
mensaje enviado al director de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimenta-
ción y la Agricultura (FAO):
1. «Es un escándalo que todavía haya hambre y malnutrición en el mundo.
Nunca pueden ser consideradas un hecho normal al que hay que acostum-
brarse, como si formara parte del sistema».
2. «Hay que abatir con decisión las barreras del individualismo, del encerrarse
en sí mismos, de la esclavitud, de la ganancia a toda costa; y esto no sólo en
la dinámica de las relaciones humanas, sino también en la dinámica econó-
mica y financiera global».
3. 
«Sólo cuando se es solidario de una manera concreta, superando visiones
egoístas e intereses de parte, también se podrá lograr finalmente el objetivo de
eliminar las formas de indigencia determinadas por la carencia de alimentos».
4. «La solidaridad no se reduce a las diversas formas de asistencia, sino que se
esfuerza por asegurar que un número cada vez mayor de personas puedan
ser económicamente independientes».
5. «Se han dado muchos pasos en diferentes países, pero todavía estamos lejos
de un mundo en el que todos puedan vivir con dignidad».
6. «Debemos cambiar nuestro estilo de vida, incluido el alimentario, que en
tantas áreas del planeta está marcado por el consumismo, el desperdicio y el
despilfarro de alimentos».
7. «Los datos proporcionados por la FAO indican que aproximadamente un ter-
cio de la producción mundial de alimentos no está disponible a causa de pér-

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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B

didas y derroches cada vez mayores. Bastaría eliminarlos para reducir drásti-
camente el número de hambrientos».
 8. «El desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la “cultura del des-
carte” que a menudo lleva a sacrificar hombres y mujeres a los ídolos de las ga-
nancias y del consumo; un triste signo de la “globalización de la indiferencia”».
  9. «El reto del hambre y de la malnutrición no tiene sólo una dimensión eco-
nómica o científica, que se refiere a los aspectos cuantitativos y cualitativos
de la cadena alimentaria, sino también y sobre todo una dimensión ética y
antropológica».
10.  «Educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad.
Apoyar y proteger a la familia para que eduque a la solidaridad y al respeto es
un paso decisivo para caminar hacia una sociedad más equitativa y humana».

Oración de manos unidas (36)

Que seamos, Señor, manos unidas


en oración y en don.
Unidas a tus Manos en las Manos del Padre,
unidas a las alas fecundas del Espíritu,
unidas a las manos de los Pobres.
Manos del Evangelio,
sembradores de Vida,
lámparas de Esperanza,
vuelos de Paz.
Unidas a tus Manos solidarias,
partiendo el Pan con todos.
Unidas a tus Manos traspasadas
en las cruces del Mundo.
Unidas a tus Manos ya gloriosas de Pascua.
Manos abiertas, sin fronteras,
hasta donde haya manos.
Capaces de estrechar el Mundo entero,
fieles al Tercer Mundo,
siendo fieles al Reino.

(36)  P. Casaldaliga, www.manosunidas.org

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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B

Tensas en la pasión por la Justicia,


tiernas en el Amor.
Manos que dan lo que reciben,
en la gratitud multiplicada,
siempre más manos,
siempre más unidas.
¡Fraternas manos de tus propias Manos!

Catorce ideas sobre la Compasión (37)

• La compasión es sentir como propio el dolor de los demás seres.


• La compasión implica aliviar el sufrimiento y evitarlo si se puede.
• La compasión no juzga. Comprende y ayuda.
• La compasión y la caridad se dan la mano.
• El ser humano sin compasión es una fiera.
• La compasión puede modificar nuestra vida como también la modifica la ca-
ridad.
• La compasión implica un compromiso con los seres concretos de la creación.
• A los niños se les debe educar en la compasión hacia los demás y hacia los
animales para que desarrollen la semilla de amor que llevan en su interior.
• Un ser compasivo jamás hará daño a nadie.
• Detalles de una compasión infinita se encuentran en la vida de santos de to-
das las religiones.
• La compasión ilumina nuestro mundo con la luz del amor.
• Tener compasión (padecer con) y tener misericordia (poner el corazón) viene
a ser lo mismo.
• «Bienaventurados los misericordiosos (compasivos) porque alcanzarán mise-
ricordia (compasión)».

(37) www.reflejosdeluz.net/pastoral/texpaz4.htm

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CUESTIONARIO PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

• ¿Cómo nos interpela personal y comunitariamente el hambre en el


mundo?
• ¿Qué está generando en nuestra sociedad «la globalización de la indife-
rencia», de la que tanto habla el Papa?
• La necesaria solidaridad requiere «el paso de la limosna al don de sí mis-
mo», ¿qué te sugiere esta expresión?, ¿a qué compromete?
• ¿Qué causas políticas, económicas y sociales están generando un mundo
tan desigual e injusto?
• ¿Qué deberíamos exigir a los poderes (económicos-políticos-financieros,
sociales) de nuestro mundo para erradicar el hambre y conseguir los obje-
tivos del milenio?

PARA CELEBRAR COMUNITARIAMENTE

1.  Saludo inicial

Sacerdote: El Dios de la paz y la misericordia esté siempre con vosotros.

2.  Monición inicial

Lector: Hoy Jesús nos enseña a ir más allá de los confines de nuestro yo y nos
invita a que, con Él y por Él, todos nos hagamos realmente universales y abiertos al
servicio de todos los hombres.
Hoy también nos invita la lectura del Evangelio a romper toda exclusión y a ser
agentes de inclusión de tantos excluidos como a través de la historia hemos ido
creando los hombres.
Participemos en esta celebración llevando a ella todos estos mensajes y tratando
de hacer de ellos vida nuestra.

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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B

3.  Acto penitencial

Sacerdote: Y ahora, en unos momentos de silencio, pidamos al Señor que nos


perdone y que nos dé un corazón sensible y «compasivo» como el suyo.
• Porque a veces no vemos más allá de nuestros propios intereses, Señor, ten
piedad.
• Porque en ocasiones ahogamos nuestros sentimientos de responsabilidad ante
los más débiles, Cristo, ten piedad.
• Porque con frecuencia nos engañamos, haciendo de lo superfluo una necesi-
dad y del capricho un absoluto, Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…

4.  Monición a la primera lectura

Lector: La primera lectura de hoy subraya y acentúa la total marginación a la


que estaba sometido el enfermo de lepra en aquel contexto.
Es precisamente a este grupo, nos va a decir el Evangelio, al que Jesús, contravi-
niendo lo que dice la Ley, se va a acercar.

5.  Monición a la segunda lectura

Lector: En contraste con la primera lectura san Pablo va a decirnos que la norma
de santidad más importante es la opción por el bien de los demás, por encima de la
búsqueda egoísta del propio interés.

6.  Oración universal

Sacerdote: Sintiéndonos solidarios de los anhelos de nuestro mundo, y en espe-


cial de los más pobres de él, presentemos al Padre nuestra oración. Respondamos di-
ciendo: Escúchanos, Padre.
Lector: Para que la Iglesia sea siempre fiel al mandato recibido del Señor y con
su acción acompañe y defienda a cuantos sufren. Oremos.

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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B

Para que los gobernantes de las naciones y los dirigentes de la economía mundial
tomen las medidas necesarias, a fin de que los más débiles y necesitados lleguen a
un desarrollo justo. Oremos.
Para que todos los que trabajan en Manos Unidas sigan apostando por los más
débiles. Oremos.
Para que los que vivimos en el primer mundo seamos cada vez más solidarios
con los más pobres de la tierra. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, esta plegaria que te hemos dirigido con fe por Jesu-
cristo, nuestro Señor.

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SALMO 6.º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

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Música: Juan Jáuregui

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
1. Dichoso el que está absuelto de su cul_pa,
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a quien le han sepultado su peca_do;

dichoso el hombre a quien el Señor__
no le apunta el deli_to.
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
2. Había pecado, lo reconocí__,

no te encubrí mi deli_to;

propuse: «confesaré al Señor mi cul_pa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi peca_do.

3. Alegraos, justos con el Señor__;

aclamadlo los de corazón since_ro.
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
Tú eres mi refu_gio,
me rodeas de cantos de liberación.

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«¿QUÉ HAS HECHO CON TU HERMANO?»  2014 - 2015
«El Evangelio nos invita siempre a correr el
riesgo del encuentro con el rostro del otro,
con su presencia física que interpela, con su
dolor y sus reclamos, con su alegría que con-
«¿Qué has hecho
tagia en un constante cuerpo a cuerpo. La
verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne
es inseparable del don de sí».
con tu hermano?»
Papa Francisco,
Exhortación apostólica
(Gn 4, 9)
Evangelii Gaudium, 88

la esperanza nos abre


a los hermanos

Adviento y navidad
2014 - 2015

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