¿Qué Has Hecho Con Tu Hermano
¿Qué Has Hecho Con Tu Hermano
» 2014 - 2015
«El Evangelio nos invita siempre a correr el
riesgo del encuentro con el rostro del otro,
con su presencia física que interpela, con su
dolor y sus reclamos, con su alegría que con-
«¿Qué has hecho
tagia en un constante cuerpo a cuerpo. La
verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne
es inseparable del don de sí».
con tu hermano?»
Papa Francisco,
Exhortación apostólica
(Gn 4, 9)
Evangelii Gaudium, 88
Adviento y navidad
2014 - 2015
«¿QUÉ HAS HECHO
CON TU HERMANO?»
(Gn 4, 9)
ADVIENTO Y NAVIDAD
2014 - 2015
Escriben:
Francisco Maya Maya (Coordinador)
Ricardo Cabezas de Herrera
Vicente Martín Muñoz
José Moreno Losada
Delegado Episcopal
de Cáritas Diocesana
de Plasencia (Cáceres)
Nihil obstat Imprimi potest
Vicente Altaba † Atilano, Obispo de Sigüenza-Guadalajara
Delegado Episcopal de Cáritas Española Obispo acompañante de Cáritas Española
Septiembre, 2014
I.S.B.N.: 978-84-8440-588-7
Depósito Legal: M-22415-2014
Tras la larga y fecunda andadura de Rafael Prieto, comenzamos una nueva etapa
en nuestros guiones litúrgicos en la que damos la bienvenida a tres equipos que se
hacen cargo de su redacción, asumiendo cada uno de ellos un ciclo litúrgico:
Ciclo A: Félix Quijada Balbuena (coordinador), M.ª Águila Cordero Olivero,
Andrés Gotor de Astorza y Juan Raya Marín.
Ciclo B (el que comenzamos): Francisco Maya Maya (coordinador), Ricardo
Cabezas de Herrera, Vicente Martín Muñoz y José Moreno Losada.
Ciclo C: Luis Antonio Preciado Sáez de Ocáriz (coordinador), Antonio Badiola
Sáenz de Ugarte y Juan Jáuregui Castelo.
Agradecemos muy sinceramente a los tres equipos su disponibilidad para ésta
experiencia nueva que nos permite seguir ofreciendo desde Cáritas unos materiales
especialmente significativos para cuantos estamos al servicio de los pobres en las
periferias sociales de éste tiempo, pues somos plenamente conscientes de que la ca-
ridad tiene su fuerza y consistencia en la mística eucarística que la nutre y en la espi-
ritualidad que la anima y orienta.
Con el Papa Francisco recordamos que «la Palabra de Dios escuchada y celebra-
da, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y
los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico», por eso, «siempre hace
falta cultivar un espacio interior que otorga sentido al compromiso».
Gracias, pues, a todos y cada uno de los nuevos redactores. Bienvenidos a éste
servicio litúrgico, que es también caritativo y social, como es por naturaleza el culto
cristiano. Y que el Espíritu os ilumine y haga fecundo vuestro servicio.
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ÍNDICE
Páginas
INTRODUCCIÓN............................................................................................ 9
ADVIENTO 2014............................................................................................. 13
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento................................................... 39
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento................................................... 51
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción............................................................ 61
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento.................................................... 71
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento................................................... 81
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza.............................. 91
Otros cánticos para Adviento............................................................................ 99
TIEMPO DE NAVIDAD 2014......................................................................... 103
Diciembre, 25: Natividad del Señor................................................................. 117
Diciembre, 28: La Sagrada Familia ................................................................ 135
Diciembre, 31: Celebración Fin de Año........................................................... 147
Otros cánticos para Navidad............................................................................ 161
OTRAS CELEBRACIONES DE ADVIENTO Y NAVIDAD.......................... 165
Abonaré la espera con mis hojas secas............................................................ 167
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo.............................................................. 173
Con María construimos espacios de esperanza................................................ 183
AÑO 2015......................................................................................................... 191
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios............................................................. 193
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad............................................. 203
Enero, 6: Epifanía del Señor............................................................................. 213
Enero, 11: Bautismo del Señor......................................................................... 227
TIEMPO ORDINARIO.................................................................................... 237
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B....................................... 239
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B.......................................... 249
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Índice
Páginas
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INTRODUCCIÓN
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Introducción
ésos han de ser nuestros hermanos preferidos. Sin los hermanos no hay esperanza,
Dios quiere darla y nadie tiene derecho a quitársela. La historia de la salvación nos
da la clave definitiva, el verdadero contenido de la esperanza es el propio Dios que
se promete, y este Dios sólo es amor, fraternidad cumplida en la historia, que no
puede ser sino de salvación para todos.
De este modo el creyente recoge la antorcha del Pueblo de Israel, que siempre
reconoció en Yahvé al Dios de la promesa, provocador de la confianza, desde la fide-
lidad, y por ello mismo de la esperanza.
Todo comenzó con Abrahán, quien «creyó contra toda esperanza» la promesa del
Señor que le desinstalaba para el encuentro con la vida ansiada; hijos de esta fe,
aquellos harapientos hebreos «creyeron contra todo poder» que la compasión de
Yahvé era más fuerte que Egipto y «amanecieron» en la tierra prometida, tras la difí-
cil conquista de la libertad en el desierto; serían estos mismos, los exiliados, que, a
la voz de los profetas, «creyeron frente a la ruina de su propio pecado» que Él, que
gratuitamente los había creado, amorosamente los rehabilitaría en la dignidad de ele-
gidos y de plenitud futura. El mismo pueblo, dolido por el misterio de la muerte y la
iniquidad, experimentado en la persecución y el martirio (época de los macabeos),
avalado por la experiencia continua del Dios que siempre los había acompañado,
«creyó contra toda muerte» que el amor de Dios no los dejaría en las garras del
«sheol» y habló de resurrección como actuación definitiva.
Qué gran marco de comprensión para entender que el Señor que promete quiera
hacerse contenido de la promesa: Dios Padre Todopoderoso y creador, «creyendo en
cada hombre y en la creación entera», se hace criatura en Jesucristo, y toda criatura
—por Él, con Él y en Él— estalla de un modo definitivo en el corazón del Creador,
en una efusión que no tiene retroceso porque la Alianza es eterna y ha sido sellada
con su sangre, que es nuestra sangre, y con su vida —divina y gloriosa— que se nos
da como primicia y como cuerpo resucitado del que formamos parte por su Espíritu.
Ahora todos somos hermanos, la esperanza fecunda el deseo y la realidad de la fra-
ternidad, deseo que se alimenta en la eucaristía de la justicia y la salvación.
Somos hijos en el Hijo y estamos llamados a la vida eterna, al gozo de ser con
Cristo, en la fraternidad plena de la comunión de los santos, cobrada en la justicia y
en la libertad total y definitiva, junto con toda la creación.
Nuestra esperanza tiene sentido, un gran sentido, porque Cristo Jesús, el Mesías
esperado y anunciado por los profetas en el Antiguo Testamento, el Hijo de Dios, se
hizo carne, «plantó su tienda entre nosotros». Se hizo uno de los nuestros, es decir:
nuestro Dios es un Dios cercano, ha compartido nuestra humanidad, ha sabido de las
alegrías y esperanzas de los hombres, ha vivido en el mundo que los hombres día a
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Introducción
día van tejiendo: «hecho hombre por vosotros». Ahora tenemos la misma sangre y
nos sentimos reclamados como hijos amados de Dios en todos los hermanos que ne-
cesitan de su esperanza y su gracia.
Nunca podrán quitarnos nuestra esperanza porque «nadie ni nada podrá separar-
nos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús». La esperanza cristiana es la vir-
tud que nos dinamiza, nos libera del miedo a la muerte, y nos hace adentrarnos en el
corazón de la historia sabiendo que el único discurso creíble sobre la resurrección y
la vida eterna es aquél que se articula en el lenguaje de las esperas humanas —como
hizo Dios en Jesús de Nazaret—, en el compromiso serio y real de la Iglesia, y en
ella, de cada cristiano, a favor de los hombres en la búsqueda de la justicia, la liber-
tad y la paz verdadera que anuncian y anticipan lo que creemos y esperamos.
A los creyentes nos queda la misión y el gozo de dar razón de nuestra esperanza,
en la transparencia de una vida que camina ya desde lo que espera como definitivo:
un reino de libertad, de justicia y de paz en el amor absoluto.
Lo definitivo se hará realidad desde la religación amorosa con el presente que vi-
vimos, dejándonos afectar apasionadamente por todo lo que siendo humano se nos
revela como divino, sobre todo el otro que necesita y quiere ser nuestro hermano en
su debilidad, sintiéndonos llamados a mirar todas esperas y a dolernos con todas
desesperanzas, haciéndolas nuestras para redimirlas en la esperanza que nace del re-
sucitado.
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monía con nosotros mismos, con los otros, con Dios y con la naturaleza; no había
miedo, ni temor, ni desconfianza. Éramos criaturas, pero estábamos bien fundamen-
tados, centrados, con razones para vivir en lo profundo: «arraigados en Dios»; está-
bamos en su casa, en su mesa, con su compañía, no nos faltaba de nada: material,
cultural, espiritual. Allí sólo había vida y no había muerte, dolor, ni miedo alguno.
¿Qué rompió nuestra esperanza?
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menos necesita de los demás, que es bueno que los demás necesiten de nosotros pero
no al revés. Nadie quiere depender de nadie. La dependencia se entiende como una
fuente de infelicidad y le tenemos miedo. Se convierte en un camino de tristeza y su-
frimiento. Aparece entonces la realidad que rompe y divide: la Soberbia.
La soberbia nos ha llevado a querer ser muy prácticos y hábiles pero muy poco
entrañables; hemos perdido el horizonte de lo humano entregándonos sin más al éxi-
to. Pero este éxito se construye desde el fracaso de los otros, no puede ser para to-
dos, se hace excluyente. Ahí está la sociedad soberbia que separa y divide. En conse-
cuencia este hombre se hace incapaz de la contemplación, de la visión profunda y
humanista de la realidad y de la historia. La raíz de la soberbia se basa en esta igno-
rancia de la fragilidad, de la falta de reconocimiento de la estructura de la criatura,
de la necesidad de los otros porque todos somos frágiles, dependientes, criaturas. Y
una sociedad soberbia desespera a casi todos y no satisface en profundidad a nadie.
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Adviento 2014
sufrir mucho; «hermanos sí… primos no». Los buenos pierden… Hay miedo a ser
buenos y se prima y se valoran actitudes que realmente esconden el mayor vicio de
la humanidad y la raíz del ensimismamiento frustrante: el Egoísmo.
En este marco, la prioridad sin límites la va a tener el bien-estar sobre el bien-
ser, lo que especialmente se da en los espacios más ricos del mundo, que son los que
realmente se lo pueden permitir, en cuanto que son los que controlan dicho sistema
de producción-consumo. En la medida que se impone esta cultura, las competencias
que se desarrollan en el hombre son fundamentalmente las de la habilidad y las del
placer-consumo. El bien-estar se impone sobre el bien-ser en las aspiraciones pro-
fundas personales, en los ideales comunitarios e históricos. La crisis que padecemos
es la consecuencia de un mercado basado en el bienestar y el lucro, sin la clave del
bien-ser. Con esta dinámica se hacen agujeros de desesperación que cada día absor-
ben una masa mayor de seres humanos. La crisis que estamos padeciendo no es más
que un signo más de la enfermedad-egoísmo del bienestar, que paraliza lo humano y
lo bueno.
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tamos según lo analizan los economistas con perfil humanizador y ético. La preocu-
pación por el otro y lo comunitario es lejano y dificultoso, que exige profundidad y
donación como esquema de vida; el hacer sustituye al ser y la persona tiene entonces
valor funcional, no se le reconoce valor en sí mismo. Y de resultas nace un hombre
que no tiene horizontes propios más allá de lo contable, ni nada común más allá de
los muy suyos. No hay deseo de lo público, ni valoración de lo que es de todos. La
alegría de la comunidad se somete en el factor de la «buena vida» y el hombre se
adentra en una tristeza de consumo no felicitante ni realizador. Se entra en una cade-
na de insatisfacción que desespera, porque el tener más no sacia, la riqueza no tiene
límites y el que es seducido por ella se esclaviza sin horizonte alguno de libertad. El
rico, para serlo, ha de entregar su esperanza y la de la comunidad, porque siempre se
siente insatisfecho y amenazado por el otro, aunque lo que lo amenaza continuamen-
te es lo que posee o desea poseer.
Siempre, ahora más que nunca, habremos de volver a la justicia: nos la traga-
mos; para nosotros sí… para los demás nos da miedo. Es curioso, cuando más dere-
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chos proclamados tenemos, la realidad del hambre y del paro se insertan con dere-
cho de ciudadanía entre nosotros y no pensamos en hacer más vagones, sino sólo en
luchar por ir en el de primera; y cuando esto ocurre campea como quiere la Injusti-
cia, que genera dolor y desesperanza, sobre todo en los más débiles y últimos de la
historia.
Está siendo grave en nuestra sociedad la ruptura entre trabajo y necesidades, la
mercantilización del trabajo: el trabajo, convertido en mercancía y utilizado para la
producción de riqueza (dinero), cada vez tiene menos relación con su origen funda-
mental que lo consideraba como una dimensión natural de la vida humana y de la
comunión social. El resultado es que muchas formas de trabajo actuales, basadas en
la precariedad y en la flexibilidad, y orientadas a obtener la máxima productividad
del ciclo de producción y el máximo beneficio del ciclo de consumo, no ayudan a la
persona a desarrollarse como tal, satisfaciendo sus necesidades materiales, culturales
y espirituales en el seno de una familia y de una comunidad social y política. Es de-
cir: chocan el sistema de producción y consumo con el proyecto de humanización.
En lugar de someter la producción y el consumo a la satisfacción de las necesidades
humanas, se ha sometido a las personas al sistema de producción y consumo. Esta
inversión es lo que representa el conflicto social. Ésta es la obra del capitalismo sal-
vaje que denuncia la doctrina social de la Iglesia. Lo humano es producto de compra
y de venta, la injusticia se hace gigante cuando la persona deja de ser humana y dig-
na. La desesperanza en los proyectos de vida personales se hace dueña de las ilusio-
nes y de los pueblos.
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Adviento 2014
zo más humano para las personas y para la sociedad. La fe religiosa maneja unas
preguntas sobre el origen y el final, sobre el sentido de la vida y de la muerte, que
resultan ridículas o amenazantes para el hombre y la mujer modernos. Y mientras
tanto enfermamos haciéndonos cargo de la insoportable levedad del ser, del vivir
cada día sin ilusión ni esperanza, viviendo más del prozac —de los fármacos—
que de la filosofía de una vida con sentido, de una utopía, de un ideal, de una es-
peranza.
Utopía y el sueño de la esperanza: «Más vale pájaro en mano que cientos vo-
lando». No hay fruto más fuerte del pecado que cuando consigue quitarnos la espe-
ranza, cuando creemos que nosotros no podemos hacer nada, que somos pocos y que
esto siempre ha sido así, ¿cómo vamos a ser testigos del crucificado que ha resucita-
do? ¿Quién va a creer nuestro anuncio?: Desesperanza.
El hombre postmoderno no está preocupado por buscar fundamentos o identida-
des definitivas; sino que lo que busca es ir construyendo su vida en retazos, por eta-
pas cortas, con una «moral de situación», no sabemos lo que somos, ahora somos
esto y mañana podemos ser lo otro sin más. La crisis genera como fruto espontáneo
el nihilismo que podríamos considerar como la actitud que renuncia a buscar los
porqués de la existencia.
El proceso es el siguiente: se vive con la sensación de que los valores, las nor-
mas y principios que regían en tiempos pasados la existencia ya no sirven; pero, una
vez instalados en esta crisis, los individuos se deslizan cada vez más hacia actitudes
impregnadas de nihilismo, nada tiene razón ni horizonte. Se trata de vivir por vivir,
de llevarse lo más posible de cada momento, pero no en lo interno y en lo profundo,
ni en lo compartido y amado, sino en el puro placer y la comodidad. Es la dureza de
sentirse y ser como las hojas caídas en el otoño sin más horizonte que deshacerse en
lo anónimo de lo que podía no haber sido, porque lo que han vivido no ha tenido va-
lor alguno y mucho menos permanencia. Esto crea ambientes y espacios de verdade-
ro desaliento y desánimo, componentes perfectos para abonar la desesperanza.
Pero es aquí donde ha de operar como buena semilla, como grano de trigo y de
mostaza, como verdadera levadura y luz, el evangelio de la vida y la esperanza que
nos ha sido dado en el espíritu de Cristo resucitado. Es aquí donde la Iglesia quiere
ser adviento fecundo que reavive y renueve la esperanza de lo verdadero, auténtico y
original que nos ha sido regalado por el Padre de la historia. Es nuestro reto evange-
lizador orientado hacia el Reino y su justicia: construir espacios de esperanza.
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Adviento 2014
En medio de una crisis como la que estamos viviendo —para muchos muy permanen-
te en las zonas de pobreza del mundo— uno de los mayores peligros es perder la esperan-
za; cuando en una sociedad se pierde la esperanza, todo corre el riesgo de resquebrajase y
degradarse. El ser humano necesita la esperanza como necesita el aire para respirar. Es en
la esperanza viva donde se encuentran las fuerzas y el ánimo para construir la fraternidad
propia del Reino que nos ha sido prometido como realización de la felicidad esperada.
Desde una perspectiva cristiana se puede decir que creer en Jesucristo es, preci-
samente, descubrir en él la esperanza última que anima la existencia humana. De ahí
que la Iglesia, quiere anunciar el evangelio de Jesús, está llamada a ser «la comuni-
dad de la esperanza» y su primera tarea es saber despertarla en medio del mundo.
Hoy podemos decir que el mejor servicio que hace la caridad cristiana al mundo es
el de poder avivar, levantar y despertar la esperanza en aquéllos que la han perdido.
Fue lo que hizo Jesús cuando le pedían señales de identidad: «Id y decidle a Juan lo
que estáis viendo y oyendo… los ciegos, los cojos, los pobres… vuelven a la espe-
ranza y confían».
Éste es el ministerio que levanta y anima a la humanidad, ésta es la Iglesia que tie-
ne que despertarse —ser evangelizada— para despertar a otros —evangelizar— en el
sueño de una salvación real que ha comenzado ya, pero que espera plenitud. Ya ha co-
menzado la fraternidad y con ella la vida eterna, pero está preñada de plenitud y tene-
mos que esperarla, porque es don, pero acelerándola porque nos mueve ya hacia ella la
fuerza del Espíritu del resucitado que nos habita.
El adviento es un tiempo que nos invita a renovar y avivar la esperanza como
Iglesia. La escucha de la Palabra de Dios en este tiempo será un aliciente que nos
puede ayudar a recuperar algunos rasgos vivos para abrir caminos de esperanza.
Ante los temores provocados por la desfundamentación, por la pérdida del prin-
cipio y fundamento, y ahí está la fuente de la desesperanza…, de la que hemos ha-
blado anteriormente, necesitamos tener y avivar una:
• E
speranza lúcida y vigilante: Frente a una cultura y un modo de vivir desfunda-
mentado, sin fuentes ni principios para la razón del sentido y el porqué de la histo-
ria y de la fraternidad como utopía, podemos dar razón de nuestra esperanza. Jesús
lo hizo de un modo existencial, desde lo concreto de Nazaret supo vivir en los sen-
timientos de Padre y su proyecto de vida enraizó su voluntad en unos niveles tales
que él mismo se ha convertido en piedra angular para todos nosotros. Aprendió a
mirar la realidad con pasión y afecto, de una forma lúcida y vigilante. Hoy como
nunca se necesitan personas —cristianos— que sepan realizar una lectura creyente
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toda la creación. Eso ya está iniciado y a nosotros nos toca dejarnos conducir
por un mismo Espíritu, por el que pertenecemos a Cristo.
Ahora sólo toca compartir y caminar juntos. Hacer caminos de ilusión y de
esperanza. No se trata de volver a la aldea de lo individual, de la riqueza que
asegura, del egoísmo que adormece. Ahora nos toca construir señales de lo co-
munitario, incluso allí donde el hombre parece más destrozado y desesperado,
lugares de marginación fijada y continua; pero también donde parece que el
demonio ha obtenido el poder para siempre, aunque no es verdad, como puede
ser luchar desde la ética por una banca de lo humano, donde se genere vida y
no muerte. Creemos en la posibilidad de estructuras sociales, políticas, econó-
micas, culturales que sirvan a la vida y al pueblo, y que desde ahí generen una
verdadera esperanza y el deseo de una vida feliz y compartida entre los hom-
bres, donde la felicidad y la realización no se divida ni se reste, sino que se
sume y se multiplique como los panes y los peces del evangelio.
• E
speranza enraizada en Cristo: Pero todo esto no podremos hacerlo sin el
agua de la vida, sin conocer el Don de Dios, sin saber quién es el que nos
pide de beber —nuestra colaboración— porque quiere darnos el agua de vida
y hacer de nuestro corazón «una fuente que salte hasta la vida eterna» en la
que puedan beber todos los que se acerquen. Jesús de Nazaret es para noso-
tros fundamento y principio de la esperanza plena. En Él se nos ha mostrado
por dónde vienen la verdad, el camino y la luz; por dónde se puede avanzar
hasta el tesoro que, una vez que lo encontramos en el campo de la vida, por la
alegría que nos da, somos capaces de lo imposible y lo entregamos todo para
que esa alegría nuestra no nos falte y pueda llegar al mundo. Eso lo descubri-
mos en Jesús de Nazaret, el que supo vivir en medio del pueblo pobre, andar
por todos su caminos, encontrarse con toda la gente, acompañando, comien-
do el mismo pan y bebiendo el mismo vino, el que supo crear ambientes de
calor para el amor y la confianza serena y fraterna, quien se aventuró en la
empresa de una comunidad para el Reino, sin fronteras ni límites e hizo sen-
tirse privilegiados y queridos a los humillados y ofendidos de la historia.
• Hoy el adviento que genera esperanza ha de transitar ésos mismos caminos
con ésas mismas claves:
— Bajar al dolor del mundo.
— Encender pequeños fuegos que den cobijo y calor.
— Apostar por lo comunitario: fomentar experiencias de encuentro y relación.
— Defender a los humillados y ofendidos.
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En la realidad que vivo y atisbo, cuando soy contemplativo y me dejo llevar por
el Espíritu, veo el empuje de una humanidad que se despierta y ya no resiste, ni
aguanta, la quietud de lo viejo que impide el nacimiento de lo nuevo, lo libre y lo
creativo. Siento el Espíritu que grita —a veces, en medio del desierto— que «algo
nuevo está brotando», y que nos lanza la pregunta, profética e ilusionante, ante los
exiliados que van a volver… «¿no lo notáis?».
Esperar es soñar
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pía. ¿Por qué no? En el sueño somos gestados, engendrados, queridos, y en el sueño de
la muerte, cuando nos llega, nos despedimos para ser siempre lo que fuimos en la esfe-
ra de un futuro esperanzado, en el sueño de la resurrección de Cristo que no nos aban-
dona en la muerte, nos conduce a la plenitud de la creación y de la humanidad en un
mundo nuevo de vida y de paz; futuro que se abre rompiéndose en el horizonte del ab-
soluto, adentrándonos en el corazón del Dios Padre donde encontraremos la vida eterna
que nadie nos podrá arrebatar. Nada queda agarrado en la historia de lo humano y, sin
embargo, todo puede ser vivido en el anhelo de la vida, el deseo y el espíritu de la eter-
nidad. Hemos sido hechos para volar a lo más alto, para ser libres sin límites, para vivir
por encima de la muerte, Dios nos ha querido —soñado— hijos suyos eternamente.
Esperar es anhelar
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Esperar es inquietarse
Inquietud viva, horizonte abierto… ¡sin ti no soy nada! Como el sarmiento arro-
jado de la vid, como el trillo en la era abandonado, como la noria que acabó fija sin
dar vueltas, como la no amada… Inquietud, sin ti no somos nada. Pero eres un
sin vivir, no podemos abarcarte, necesitamos dejarnos abrazar por ti cuando la muer-
te nos amenaza si tú te vas. Los jóvenes gritan en las plazas que otro mundo es posi-
ble y, en su fondo, estás tú despertando, llamándonos al centro del pueblo, a lo más
alto de la tierra y del horizonte, para que reivindiquemos la fuente de la vida, la que
de modo inquieto nunca deja de manar.
Sí, allí estás tú, inquieta, inmortal, imperecedera, aunque nosotros hayamos per-
dido, entre los matorrales de lo falso y de las prisas, la vereda que llevaba a la fuente
de los que nos dieron la vida, la vereda de la verdad que se encuentra caminando,
aun en la vejez, sin perder las raíces y abriéndose en la altura de un cielo y en la in-
mensidad de los mares. En la vereda y en el camino se esconde la respuesta; veredas
con sus fuentes y su luz nos guían al paraíso de lo auténtico y de lo original y, del
mismo modo, nos iluminan a lo singular de lo divino en lo humano y de lo humano
en lo divino.
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Entremos en el disfrute del tiempo que viene, como místicos iluminados, y dejemos
que la luz, la idea y las buenas noticias de lo humano y de la esperanza, del verdadero
anhelo del absoluto, en el adviento de la plenitud, nos contagien y nos seduzcan en la
obra y el espíritu de esta historia de lo humano en Jesús de Nazaret, que se dejó hacer
criatura, siendo creador. En Él está nuestro horizonte, y nuestras esperas se convierten
en esperanza de lo último, la esperanza de lo que plenifica y hace justicia a la historia.
El Papa Francisco está marcando, frente a la realidad sufriente y doliente del pecado,
que provoca la desesperanza, una línea de evangelio que quiere ser referente de la verda-
dera esperanza, fundamentada en la buena noticia del Evangelio de Jesucristo. En cada
momento nos va mostrando, con gestos y palabras, la necesidad de ser fieles a Jesucristo,
nos recuerda que Él es la Buena Noticia que debe acaparar todo nuestro anuncio. De ahí
nacen retos que se convierten en ejes transversales para una Iglesia que quiere alimentar
la esperanza. Vamos ahora a dejarnos llevar por frases significativas de los mensajes del
obispo de Roma, que contemplamos como retos para la Iglesia en medio del mundo.
No es más rico el que más tiene, ni el que más sabe, ni el que más puede… sino
el que más siente: «Donde está tu tesoro, allí está tu corazón» (Mt 6, 21). La prolon-
gación de la encarnación del Verbo sigue siendo un reto y una clave de la misión de
la Iglesia. Se trata de ser fiel a lo que Dios ha hecho en Jesucristo; en Él no encon-
tramos a un hombre poderoso —«un niño envuelto en pañales y acostado en un pe-
sebre» (Lc 2, 12)—, ni sabio según el mundo —decían: «¿no es éste el hijo del car-
pintero?» (Mt 13, 55)— y, mucho menos, rico —«no tenía dónde reclinar la cabeza»
(Lc 9, 58)—. Lo que sí encontramos es a un Dios humanado (el Dios finito, que de-
cía Zubiri), que es compasivo y misericordioso, que anda por los caminos y se deja
afectar por todos, especialmente por los más débiles, y se une a ellos en cuerpo y
alma: «Lo que hicisteis a uno de éstos a mí me lo hicisteis», (Mt 25, 40).
Hoy, como nunca, el mundo, la sociedad y los alejados necesitan una iglesia afec-
tada, con sensibilidad profunda y auténtica, y éste es el verdadero tesoro que los cris-
tianos llevamos en vasos de barro para que los demás pueden beber consuelo y espe-
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ranza. Permanece como reto fundamental que las alegrías y las tristezas de los hom-
bres sean las de la Iglesia.
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2013). Tenemos que pasar de una Iglesia envejecida, triste, con gente con cara de ca-
dáver o sonrisas de azafata… a una Iglesia joven y alegre, levadura y fermento en la
sociedad, con la alegría y la libertad del Espíritu (cf. EG 2-13).
3. Una Iglesia generosa y gratuita: «Deseo una Iglesia pobre y para los pobres»
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y sus tradiciones, sino por una vuelta a la fuente original del Evangelio, dejándonos
purificar y transformar por él; dichosos nosotros si nos reconocen los necesitados de
la historia: «Porque tuve hambre, enfermo, en la cárcel…».
6. Una Iglesia sencilla y corresponsable: «Esto es lo que Jesús nos enseña y esto
es lo que yo hago. Es mi deber, me sale del corazón y amo hacerlo»
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Sólo Dios podría hacerlo —y no lo ha hecho— sino que se muestra en el estilo de Je-
sús («Quien me ha visto a mí ha visto al Padre»): los sentó en grupo… y tomó los
cinco panes y los dos peces… (Mc 6, 30-42). Todo contando con ellos, con los discí-
pulos y con todos los demás, con su realidad y su autonomía personal, para que todos
fueran protagonistas del acontecimiento; lo común se hace desde la entrega de lo pro-
pio y lo personal, para enriquecer a todos. Y así es el Reino de Dios y su justicia, a
todos nos hace hijos del Padre y no hay mayor poder ni protagonismo posible.
«Tus cinco panes y dos peces», cosa de pocos para muchos, ahí está el misterio
de la Iglesia. La grandeza del misterio de lo comunitario y del verdadero compromi-
so no está en dar mucho o poco, no está tanto en el saber, tener o poder, sino en el
querer, en el darse, en la vida: «Esta viejecita ha echado más que nadie, porque ha
echado de lo que tenía para vivir» (Mc 12, 44). Lo que tengo para vivir, «donde está
tu tesoro allí está tu corazón», y viceversa. Estar desde el corazón, desde lo profun-
do, atento, sensible, dándose, facilitando, disponible… porque el amor es servicial.
La vida nos enseña que, a veces, el que tiene más riqueza lo tiene más difícil
para arriesgar y darse en el vacío del amor y lo auténtico, o de ponerlo al servicio de
lo comunitario porque parece perder más: el joven rico, a quien Jesús miró con cari-
ño y lo animó a compartir con radicalidad, le dio miedo; ha quedado como símbolo
de que es muy difícil que un rico quiera entrar en el dinámica del Reino. Qué difícil
es… que un rico se comprometa en lo comunitario y lo público…, que se autoim-
ponga recortes a favor de los demás; algunos se engañan creyendo que es bueno pri-
mero hacerse ricos para después dar más y mejor, pero la práctica enseña —y Jesús
lo avisa— que la dinámica de la riqueza y del poder engancha e impide ser para los
demás, porque es insaciable. La Iglesia ha de cuidar siempre el ser para los demás o
quedará sin identidad verdadera.
7.
Una Iglesia de la comunidad y la fraternidad: «Acoger con afecto y ternura a toda la
humanidad, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños»
No hay yo sin nosotros: «Lo tenían todo en común…» (Act 4, 32). Los hechos nos
presentan cómo los primeros seguidores de Jesús tenían claro que la fe era comunita-
ria y construía comunidad. Una comunidad abierta al mundo: «Id por todo el mundo»
(Mc 16, 15). Vivir y generar fraternidad… ahí está escondido el misterio de la vida y
del reino. El propio Jesús parte de un grupo de vida: «Los llamó para que estuvieran
con Él y para enviarlos» (Mc 3, 14). Comunidad y misión en el mundo. No hay mi-
sión sin comunidad, pero no hay verdadera comunidad cristiana si ésta no tiene como
horizonte el mundo.
31
Adviento 2014
Jesús convive en comunidad viva y profunda con sus apóstoles y discípulos más
cercanos; toda su vida quiere ser levadura y grano de mostaza en medio del mundo
para sembrar y hacer crecer la masa con la fraternidad del reino, que se mete en todas
las hendiduras y entresijos: política, economía, salud, familia, niños, pobres, prostitu-
tas, gente de la calle, cárceles, empresarios, pescadores, en la plaza, en la sinagoga, en
el mercado, en el templo, en los caminos… Y la comunidad desde la concreción: des-
de el grupo de referencia, desde las mediaciones reales y posibles, ya sea en la aldea o
en Jerusalén. Pero siempre con las mismas claves, cumpliendo la voluntad del Padre,
para que todos tengan vida en abundancia, especialmente los preferidos de Dios, los
últimos. Ahí está gran parte de la originalidad de estar en el mundo, en la sociedad, en
la vida y en la religión —desde los últimos— para ser fieles a Dios y hacer verdadera
comunidad. No hay ni habrá nada más original en la Iglesia.
Por eso, la comunidad eclesial ha de pasar de una Iglesia centrada en ella misma,
autorreferencial, preocupada por el proselitismo… a una Iglesia de los pobres, preocu-
pada ante todo del dolor y del sufrimiento humano, de la guerra, del hambre, del paro
juvenil, de los ancianos, etc. «Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evan-
gelio y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es el signo del Reino que Jesús
vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra
fe y los pobres. Nunca los dejemos solos» (EG, 48). «Para la Iglesia la opción por los
pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica»
(EG, 198).
El ser y el actuar de la Iglesia se juegan en el mundo de la pobreza: «Sólo una
Iglesia que se acerca a los pobres y a los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lu-
cha y trabaja por su liberación, por su dignidad y por su bienestar, puede dar un testi-
monio coherente y convincente del mensaje evangélico. Bien puede afirmarse que el
ser y el actuar de la Iglesia se juegan en el mundo de la pobreza y del dolor, de la mar-
ginación y de la opresión, de la debilidad y del sufrimiento» (1). La Iglesia, ha de ser:
«una Iglesia pobre y para los pobres» (EG, 198).
Nada más lejos del Evangelio que huir de la vida, la historia, la humanidad. El
reino está dentro de vosotros y en medio de la realidad, como los lirios, los pájaros,
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Adviento 2014
9. Una Iglesia universal desde los últimos: «Que la unción llegue a todos, incluso
a las “periferias”, donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora»
Con verdadera humildad: a nadie debáis nada más que amor. El texto de Mateo 25
sobre el juicio escatológico no es complementario ni específico, es transversal y gene-
ral en lo que se refiere a las verdaderas competencias cristianas para las que nos habili-
ta la gracia y no debemos saltarlo por alto u olvidarlo. Y menos debe hacerlo la Iglesia
si tiene o quiere tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús: «Porque tuve
hambre, sed, estuve desnudo, enfermo, en la cárcel, fue peregrino… ¿cuándo? Cada
vez que lo hicisteis con uno de los pequeños lo hicisteis conmigo» (Mt 25, 31ss).
Podríamos decir entre nosotros: «Estas palabras las grabarás a fuego en tu frente, en
tu corazón, en la palma de tu mano y en la jamba de tu puerta». Es aquí donde debe es-
tar nuestro tesoro, riqueza, éxito, reconocimiento y poder; si no es así, no seremos creí-
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Adviento 2014
No hay duda, la Iglesia no puede ser sin Cristo: «Sin Él, no podemos hacer
nada» (Jn 15, 5) y, si lo hacemos, pierde su valor más auténtico. Vivir desde el Padre
es la clave fundamental desde la que vivió Jesús y es lo que quiso transmitirnos
como elemento central de la fe:
• Una Iglesia que confía en Él: «Si esto hace con los lirios y con los pájaros
qué no hará por vosotros, hombres de poca fe» (Mt 6, 28). «Te doy gra-
cias…». La confianza en el Padre es la única fuerza y motor que nos puede
llevar a nosotros al verdadero compromiso fraterno y comunitario en el mun-
do; lo que no hagamos desde esta confianza acabará siendo esfuerzo prome-
teico que terminará con nuestras fuerzas y con nuestra ilusión, quitándonos la
verdadera esperanza. Por eso, nuestra oración no puede decaer, no podemos
desistir: «Cuando oréis decid: Padre nuestro que estás en el cielo, venga a no-
sotros tu reino, hágase tu voluntad…» (Mt 6, 15).
• Una Iglesia que hace lo que Jesús ha aprendido de su Padre: «Hace salir el
sol sobre buenos y malos», acoge al hijo pródigo, lo perdona todo, sale a la
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Adviento 2014
ELOGIO DE LA ESPERANZA(2)
La esperanza es:
• Peregrinación, no meta. La meta «mata» la esperanza.
• Búsqueda, no huida. «El que busca encuentra» (Lc, 11, 9).
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Adviento 2014
La esperanza es:
• La noria de los días que da vueltas sin desesperar.
• Otoño preñado de vida en paciencia y perseverancia.
• Prólogo de una sinfonía sin estrenar.
• Echarse en los brazos de Dios sin tocar esos brazos.
• Tener siempre la puerta abierta (Apoc 3, 20).
La esperanza es:
• Llama que no me quema y me alumbra.
• Agua que humedece la impaciencia.
• Trigo sembrado en la tierra de la espera.
• Fe en el Dios de la Promesa y la Palabra.
• Vigilancia en la noche y en la duda.
• Certeza impalpable que supera el sueño.
• Gracia de seguir esperanza alcanzar la gloria.
La esperanza es:
• «La esperanza es la fe y el amor que peregrinan» (B. Haring).
• «La esperanza es la fe y la caridad en forma de proa que zarpa hacia su pleni-
tud» (F.X. Darwel).
• «La esperanza es como levantar un vuelo de palomas, un viento favorable
que facilita la navegación, que te sostiene en medio de la prueba, como un
instinto de superación» (R. Prieto).
• La esperanza es virtud teologal, don de Dios, para alcanzar a Dios y Vida
eterna.
Cultiva la esperanza
• Sé «adviento» cada día, abierto al Viento del Espíritu.
• Espera y a la vez sal al encuentro. Sé peregrino.
• Sé «centinela». Vigila, no duermas. No te instales.
• Abona la tierra «aérea» de tu esperanza con la oración.
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Adviento 2014
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Noviembre, 30:
PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO
SALIR DE LA APATÍA
Is 63, 16b-17; 64, 1. 3b-8. Tú eres nuestro padre; nosotros la arcilla y tú el alfarero.
Sal 79: Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
I Cor 1, 3-9. Aguardamos la manifestación de Jesucristo nuestro Señor.
Mc 13, 33-37. Velad, entonces… pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.
A LA LUZ DE LA PALABRA
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Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
De la apatía a la simpatía
• En el profeta Isaías Dios es el «padre» y «alfarero» que nos llama a cambiar
y a vivir como personas nuevas: éste es nuestro desafío. En este primer do-
mingo, debemos tomar en las manos nuestra propia arcilla, la arcilla de nues-
tra vida, y preguntarnos sincera y seriamente: ¿Qué haré con esta arcilla?,
¿qué proyecto tengo?, ¿qué hombre/mujer quiero moldear?
• En la primera carta a los Corintios se nos dice que Dios, que es fiel y «nos
mantendrá firmes hasta el final», nos «ha enriquecido en todo» para que po-
damos llevar a cabo esta tarea.
• En el evangelio de Marcos el Señor nos encarga que llevemos a cabo esta ta-
rea hasta que Él vuelva. Nos pide que estemos en vela.
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Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
Ante este reto esperanzador nos sentimos débiles; por ello, con el Salmo, le deci-
mos al Señor: «Despierta tu poder y ven a salvarnos», ayúdanos a:
• Sacudir nuestra posible «a-pathía».
• Eliminar nuestros miedos.
• Superar nuestras «desesperanzas».
«Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la con-
ciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con
cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plena-
mente en el triunfo», como nos ha recordado el Papa en la Evangelii gaudium (86).
Y qué podemos hacer para pasar de la desesperanza a la esperanza activa.
Tal vez podrían valer algunas de estas aproximaciones (no pasan de ser eso, en
modo alguno pretenden ser respuestas), que intentan concretar esa novedad, ese nuevo
modo de vivir que arranca del mensaje final del evangelio de hoy: «Velad»; esto es:
No nos acostumbremos:
• A la «a-pathía».
• A dejar de «sentir-con» Él y con ellos.
• A perder (por la rutina, el cansancio y la desesperanza) nuestra sensibilidad
creyente, nuestra «com-pasión» con este mundo dolorido.
Se nos llama como Iglesia a una tarea sencilla pero urgente: «Preparar el cami-
no al Señor».
• Haciendo el camino, pero un camino nuevo.
• Haciéndolo con los demás: «Sentimos el desafío de descubrir y transmitir la
mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos los bra-
zos, de apoyarnos, de participar de esa manera algo caótica, que puede con-
vertirse en una verdadera experiencia de fraternidad» (EG, 87).
• En verdadera búsqueda, no como si ya hubiésemos llegado.
• Saliendo de nuestra modorra y somnolencia.
41
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
Sin duda que fallaremos muchas veces y tendremos que decirle: «¡Ojalá rasga-
ses el cielo y bajases!», «Tú eres fiel, tú eres el amén». Pero, sobre todo, más que pe-
dirle, démosle gracias, pues nos ha regalado ser sensibles a su venida, silenciosa y
de puntillas, sin duda; pero no por ello menos importante.
Es lo que celebramos en este primer domingo de Adviento, en la Eucaristía: Dios vino,
viene y vendrá. Ahora, está aquí. Hemos de estar vigilantes. Celebremos su presencia, acoja-
mos su Palabra y alimentémonos con su Pan de vida. Y al comulgar hoy, sepamos descubrir-
nos solidarios del gran proyecto humano: la comunidad universal en la misma esperanza.
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
El Papa Francisco nos invita a mirar nuestra vida y el mundo con ojos de esperanza.
¡No nos dejemos robar la esperanza! Iniciemos el Adviento desterrando los pesimis-
mos. ¡Dejemos de ser «profetas de calamidades»! Y construyamos espacios de esperanza.
«La alegría del Evangelio es ésa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16, 22).
Los males de nuestro mundo —y los de la Iglesia— no deberían ser excusas para re-
ducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Ade-
más, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu
Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que “donde abundó el pecado sobreabundó
la gracia” (Rm 5, 20). Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede con-
vertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña. A cincuenta
años del Concilio Vaticano II, aunque nos duelan las miserias de nuestra época y este-
mos lejos de optimismos ingenuos, el mayor realismo no debe significar menor con-
fianza en el Espíritu ni menor generosidad. En ese sentido, podemos volver a escuchar
las palabras del beato Juan XXIII en aquella admirable jornada del 11 de octubre de
1962: “Llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas
personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la me-
dida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina […] Nos parece
justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos
acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente mo-
mento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones hu-
42
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
manas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas
intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues
todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia”.
Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la concien-
cia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de
vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en
el triunfo. El que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y
entierra sus talentos. Aun con la dolorosa conciencia de las propias fragilidades, hay
que seguir adelante sin declararse vencidos y recordar lo que el Señor dijo a san Pa-
blo: “Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad” (2 Co 12, 9).
El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es ban-
dera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal. El
mal espíritu de la derrota es hermano de la tentación de separar antes de tiempo el tri-
go de la cizaña, producto de una desconfianza ansiosa y egocéntrica» (EG, 84-85).
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Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
(3) Cf. Cáritas Española, Construyendo espacios de esperanza, Carpeta Didáctica. Campaña
Institucional 2013-2014, Cuaderno de Adultos, Documento de trabajo 3, Cáritas Española, Madrid,
2013, 26-29.
(4) www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=WtSmxoY4pil.
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Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
Haz de mí
Haz de mí, Señor, una persona sensible a todo lo humano.
Haz de mí, Señor, una persona capaz de llegar
a ese secreto donde cada hombre y mujer viven y mueren,
luchan y esperan, buscan y ansían la felicidad.
Haz de mí, Señor, una persona a quien
nada verdaderamente humano le deje indiferente.
Haz de mí, Señor, una persona tan evangélica
y seguidora de Jesús, que se estremezca
ante el dolor y las lágrimas de personas que lloran,
ante la ilusión y la esperanza
de los que sueñan caminos nuevos.
Haz de mí, Señor, una persona que ame al mundo
y los problemas de la humanidad.
¿Cómo anunciar que eres Dios de encarnación,
si me mantengo al margen de los grandes interrogantes de la humanidad de hoy?
¿Cómo anunciar un futuro que no acaba, si sólo sé ver
las huellas de la muerte sin horizonte de resurrección?
Haz de mí, Señor, un experto en humanidad
asumiendo siempre y en todas partes la solicitud por el hombre
que Jesús mismo practicó con su trato con los pobres y necesitados,
con los que buscaban la verdad, con los que eran injustamente tratados,
con los heridos al borde del camino, con los excluidos por la sociedad.
Haz de mí, Señor, una persona de verdad en medio de la mentira;
una persona de libertad en medio de las modernas esclavitudes;
una persona de palabra en medio de quienes roban la palabra.
Haz de mí, Señor, una persona de bondad en medio de los que siembran cizaña;
una persona de humanidad en medio de los que deshumanizan;
una persona de Vida en medio de tanta muerte.
Han de mí, Señor, una persona de Buena Noticia
en medio de la noche del mundo.
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Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
• ¿Con qué actitudes me propongo vivir este Adviento para superar la apa-
tía y renovar la esperanza?
• En la crisis estructural en la que estamos viviendo, ¿qué razones ves para
la esperanza? Describe los aspectos positivos que detectas en las personas
y en las instituciones en estos momentos.
• Detecta y plantea cuáles son las situaciones o hechos que nos roban la es-
peranza.
• ¿Cómo ser signos de esperanza en nuestra sociedad para tantas personas
que la han perdido?
• Comenta lo que más te ha llamado la atención de los textos del Papa
Francisco y el de Cáritas Española.
Sacerdote: Hermanas y hermanos, con las mismas palabras que el apóstol Pablo
va a dirigirnos hoy en la segunda de las lecturas, os saludo ahora: «La gracia y la paz
de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor, Jesucristo, estén siempre con vosotros».
Lector: Comenzamos hoy el nuevo año litúrgico con la celebración del tiempo
de Adviento.
Antes de la lectura del evangelio encenderemos el primero de los cuatro cirios,
que adornan la corona que aparece sobre el altar.
La corona de Adviento expresa la expectación propia del tiempo de Navidad. Su
color verde es signo de esperanza, las velas quieren recordarnos que Cristo es la luz
del mundo y su forma redonda nos remite a la eternidad.
La corona de Adviento expresa, pues, que la luz y la vida triunfarán sobre la ti-
niebla y la muerte.
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Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
Todo ello será para nosotros manifestación de nuestro deseo de que Él venga a
transformar nuestras vidas, que Él nos libere de la apatía en nuestra vida.
Y el Señor viene, nos dicen nuestra fe y nuestra esperanza; levantemos, pues, a
Él nuestro corazón, abiertos a su llegada.
Sacerdote: Ahora, en silencio, pidamos a Dios que venga a renovarnos y nos dis-
ponga a celebrar esta Eucaristía.
• Jesús, hermano de los hombres, que vienes para abrir un camino nuevo de es-
peranza en nuestras vidas, Señor, ten piedad.
• Mesías esperado, que eres la Buena Noticia, Cristo, ten piedad.
• Hijo de Dios, que vienes a llevar a su plenitud todas las esperanzas de los
hombres, Señor, ten piedad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…
Lector: Vamos ahora a encender el primero de los cuatro cirios que adornarán
nuestra corona de Adviento.
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Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
El sentido que pretende transmitir este gesto es el siguiente: esta llama quiere ser
símbolo de esperanza, de que acogemos la invitación a estar en vela, que el Señor va
a hacernos en el evangelio.
Sacerdote: Enciende el primer cirio y dice: Os anuncio el gozo del Adviento.
Con la primera llama ardiendo os hago presente que se acerca ya la Navidad; perma-
nezcamos, pues, vigilantes.
Sacerdote: Oremos al Señor, que viene a salvarnos, y digámosle: Ven, Señor, Jesús.
Lector: Para que la Iglesia esté siempre a la espera de su Señor, que viene. Oremos.
Para que reinen entre los hombres la paz y la justicia y no haya pueblos martiri-
zados por el hambre y la guerra. Oremos.
Para que prevalezcan entre los hombres la solidaridad y la concordia, que destie-
rren toda marginación. Oremos.
Para que todos vivamos a la escucha de la Palabra de Dios, que nos llega. Oremos.
Para que el Señor libere a toda nuestra comunidad de la apatía, que imposibilita
la transformación de nuestro mundo. Oremos.
Para que vivamos siempre atentos a la venida de Cristo. Oremos.
Sacerdote: Ven, Señor; ven y renuévanos a todos. Tú, que vives y reinas...
Lector:
• Te presentamos, Señor, esta planta como signo de esperanza; y te pedimos
que, como ella, todos nosotros, tu comunidad, también demos color a la vida
de aquéllos que viven en nuestro entorno.
• Te presentamos, Señor, esta Biblia, desde la que queremos que se configure
la vida de toda nuestra comunidad parroquial.
• Te presentamos, Señor, el pan y el vino: ellos van a ser para nosotros el pan
de vida y el vino de salvación; te pedimos que tu comunidad, animada por
esta comida y esta bebida, llene siempre de esperanza el camino de los hom-
bres hacia ti.
48
Noviembre, 30: Primer domingo de Adviento
SALMO 1.º DE ADVIENTO
Música: Juan Jáuregui
1. Pastor de Israel, escu_cha;
tú que te sientas sobre querubines, resplande_ce.
Despierta tu poder y ven a salvar_nos.
2. Dios de los ejércitos, mira des-deel cie_lo,
ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó__
y que tú hiciste vigoro_sa.
3. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tu fortalecis_te.
No nos alejaremos de ti; danos vi_da,
para que invoquemos tu nom_bre.
49
Diciembre, 7:
SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO
A LA LUZ DE LA PALABRA
Casi siempre hemos entendido el adviento como un tiempo seco, duro, adusto y
áspero, en el que sólo tenían cabida la ascesis y la penitencia (de aquí el color mora-
51
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento
Es una respuesta que se eleva por encima del pesimismo y la frustración humana,
como un canto de esperanza: El Dios que nos hace su visita no es el Dios del castigo, ni
del temor, sino el Pastor que consuela a su pueblo. Ésta es hoy su respuesta de consuelo a
nuestra necesidad de ser animados; y en esta respuesta consoladora sabemos que el Padre
siempre nos remite a su Hijo, como lo que es «El/La Buena Noticia»; pero en ese envío a
que nos encontremos con Él, siempre hay algo que nos desconcierta; pues, nos remite a su
propio Hijo como un «esperado», pero que siempre viene de modo «inesperado»; nos
orienta un «precursor», que nos invita a «preparar caminos» y «reorientar» nuestras vidas.
Pero en un espacio como el desierto, en el que no hay señales ni caminos que orienten; es
un lugar lejos de influencias, de los intereses y de los privilegios de los poderosos de este
mundo. Por eso, Juan es una persona libre, crítica y valiente; un rebelde.
Quizá podamos decir que es el mismo mensaje, extraño y desconcertante, de todos los
advientos (y sin duda que es así); pero también es verdad que, como todos los advientos,
este mensaje vuelve a desconcertarnos, vuelve a «pro-vocarnos», sintiéndonos (en esa
«pro-vocación») llamados a ser «radicales» y «originales»; es decir, a ir a nuestras «raíces»
más auténticas. A buscar nuestros verdaderos orígenes. A descubrir en el desierto el valor
de lo que es esencial para vivir, como nos recuerda el Papa en su exhortación (86).
Y ahí (en lo más «radical» y «original» de nosotros mismos) nos sabemos invita-
dos a escuchar de nuevo esa Palabra que nos consuela en nuestro dolor, nos alienta
en nuestra desesperanza, y se nos acerca como «Buena Noticia». La Buena Noticia
de sabernos amados incondicionalmente por Dios: «Todo ser humano es objeto de la
ternura infinita del Señor, y Él mismo habita en su vida. Jesucristo dio su preciosa
52
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento
sangre en la cruz por esa persona. Más allá de toda apariencia, cada uno es inmensa-
mente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega» (EG, 274).
Es, tal vez ante todo, una llamada a hacer efectivas (y afectivas) las palabras que
escuchábamos en el libro de Isaías: «Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro
Dios». Consolar en Isaías quiere decir liberar: «Se acabó el tiempo de la esclavitud…
Aquí está vuestro Dios para salvaros» (Is 40, 1 ss; y 49, 13; 51, 3.13). Estamos llama-
dos a ser profetas que consuelen: liberen, sanen, anuncien la aurora de la salvación, y
acompañen a las personas rotas, para que salgan del destierro en el que habitan.
Sin duda que deseamos hacerlo; por ello estamos celebrando el domingo aquí y
ahora todos reunidos, con el deseo de convertirnos, de cambiar de rumbo, queriendo
cambiar nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Queremos ser profetas de esperanza:
transformar todas nuestras energías en vehículos de creatividad, de fraternidad, de soli-
daridad, de justicia y de consuelo. Por ello, una vez más, estamos dando gracias al Se-
ñor en esta celebración de la Eucaristía, porque «Tú vienes, vienes, vienes siempre».
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
53
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento
«En algunos lugares se produjo una «desertificación» espiritual, fruto del pro-
yecto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces cris-
tianas. Allí “el mundo cristiano se está haciendo estéril, y se agota como una tierra
sobreexplotada, que se convierte en arena”. En otros países, la resistencia violenta al
cristianismo obliga a los cristianos a vivir su fe casi a escondidas en el país que
aman. Ésta es otra forma muy dolorosa de desierto. También la propia familia o el
propio lugar de trabajo puede ser ese ambiente árido donde hay que conservar la fe y
tratar de irradiarla. Pero “precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de
este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importan-
cia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el
valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos
los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados
de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe
que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta for-
ma mantengan viva la esperanza”. En todo caso, allí estamos llamados a ser perso-
nas-cántaros para dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una
pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos en-
tregó como fuente de agua viva. ¡No nos dejemos robar la esperanza! (EG, 86).
(5) Cáritas Española, Modelo de Acción Social, Madrid 2009, Cáritas Española, 53.
54
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento
«“Él nos amó primero”. Como dice el Papa Francisco en su exhortación Evangelii
gaudium, la aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo
con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus accio-
nes una primera y fundamental reacción: “desear, buscar y cuidar el bien de los demás”»
(EG, 178).
55
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento
Esta experiencia es la que nos posibilita y habilita para amar, para salir de noso-
tros y abrir los ojos y el corazón al encuentro de todo lo creado, en especial, del ser
humano. Es el motor que nos impulsa a fijarnos en lo que pasa en nuestro entorno y
en lo que pasan muchos de los que están en nuestro entorno. Como expresa Vicente
Altaba, es la llamada a observar bien, a estar atentos, a mirar conscientemente, a
darnos cuenta de la realidad social, económica y política que nos envuelve, porque
en ella podemos escuchar el susurro de Dios que se nos manifiesta y habla en sus
criaturas y en lo que el Concilio Vaticano II llamó los signos de los tiempos.
Hoy estos signos claman al cielo, como la sangre derramada por Caín, y nos interpe-
lan: ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué has hecho? “Lo que hicisteis a uno de estos hermanos
míos más pequeños, me lo hicisteis a mí” (Mt 25, 40). Lo que hagamos a los demás tiene
una dimensión trascendente: “Con la medida con que midáis, se os medirá” (Mt 7, 2).
Tenemos la libertad de elegir. Responder a nuestra vocación de fraternidad, man-
teniendo así el vínculo de reciprocidad y de comunión, o traicionarla, dejando paso
al egoísmo y a la indiferencia en nuestra vida.
Pero resulta difícil mirar hacia otro lado. No podemos vivir ajenos al drama de
los cerca de 6 millones de personas que no tienen trabajo, a lo eres o a los cierres de
cientos de empresas, a los jóvenes excluidos del mercado de trabajo y con horizonte
incierto, al 1.770.000 familias con todos sus miembros en paro y que no llegan a fin
de mes con escasas posibilidades de procurar alimento y bienestar básico a sus hijos.
Es imposible no sentir, no escuchar, no querer ver. La respuesta de Caín, “¿soy aca-
so guardián de mi hermano?” (Gen 4,), se convierte hoy en una pregunta homicida que
tiene que interpelarnos porque nos hace cómplices. Nuestra dignidad humana no nos
permite ocuparnos sólo de lo nuestro, ni dejarnos indiferentes ante el derroche de los
poderosos y el hambre de los pobres. Hoy también, miles de años después, el dolor del
pueblo de Dios, el dolor de la gran familia humana llega a nosotros como a Moisés:
“Ve, pues yo te envío al Faraón para que saques a mi pueblo de Egipto” (Ex 3, 9-10).
Ha llegado el momento de conmovernos y movernos, de salir de nuestra tierra, nues-
tra casa, a otra tierra de paz y prosperidad, y a otra casa que sea hogar de comunión,
pero para llegar allí antes deberemos cargar los unos con los otros, acompañarnos y aco-
gernos, y estar dispuestos a transitar caminos y lenguajes nuevos de justicia, austeridad,
de trabajo y bienestar para todos, más allá de nuestro intereses personales e individuales.
Soy guardián de mi hermano, soy guardián de sus derechos, de los nuestros, de
los que nos hacen persona. Sin los derechos humanos no podemos abrir la puerta de
un orden civil acorde a la dignidad humana. Todos, somos guardianes de la verdad,
de la libertad, de la justicia, del amor.
56
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento
1. Saludo inicial
57
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento
Hoy esa Palabra suya de consuelo y ánimo sale a nuestro encuentro y nos llama
a la «conversión», llega a nosotros como una luz que ilumina nuestra vida, guía
nuestros pasos y nos manifiesta su presencia.
Lector: Vamos ahora a encender el segundo de los cuatro cirios que adornan
nuestra corona de Adviento.
58
Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento
Esta vela quiere invitarnos a que acojamos en nuestra vida el cariño de Dios, pre-
parando nuestros corazones para recibirlo.
Sacerdote: Enciende el segundo cirio y dice: Os anuncio el gozo del Adviento.
Con esta segunda vela os hago presente que se acerca ya la Navidad: convertíos y
preparad de este modo la venida del Señor.
Lector:
• Te presentamos, Señor, este pañuelo como símbolo de nuestro deseo de enju-
gar las lágrimas y ser consuelo para tantas personas que sufren.
• Te presentamos, Señor, este calendario, con el que queremos expresar que
nos sentimos responsables del ritmo de la historia, aunque sólo sea Dios el
único que conoce su final.
• Te presentamos, Señor, el pan y el vino, que ellos sean el alimento y la bebi-
da, que nos dan fuerza en nuestro caminar por la historia.
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Diciembre, 7: Segundo domingo de Adviento
1. Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz,
a su pueblo y a sus amigos».
2. La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra,
la misericordia y la fidelidad se encuentran.
3. La justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
4. El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante Él, la salvación seguirá sus pasos.
60
Diciembre, 8:
INMACULADA CONCEPCIÓN
61
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción
A LA LUZ DE LA PALABRA
No podemos descartar que tal vez nos resulte más fácil alejarla y adornarla con
joyas que situarla en nuestra cercanía y dejar que su vida pueda cuestionar la nuestra.
Realmente hoy celebramos no a una mujer de otra galaxia, sino a María, que,
como su Hijo, es «una de las nuestras», como dice el concilio Vaticano (GS, 22).
Realmente celebramos a ambos; pues, como nos han dicho las lecturas, la fiesta de
hoy es, ante todo, cristológica: Celebramos la concepción inmaculada de aquélla que
un día será «la Madre de Jesús».
Prototipo de creyente
¿Cómo situarla en nuestra cercanía?, ¿cómo dejarnos otra vez afectar por ella?
Quizá, ante todo, contemplándola en su realidad y descubriendo que ella, como
cualquiera de nosotros, en ocasiones «duda» y «da vueltas a los acontecimientos
tratando de dar con su significado». Pero, a pesar de no entender, «se pone a la es-
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Diciembre, 8: Inmaculada Concepción
El reto de reconciliar
63
Diciembre, 8: Inmaculada Concepción
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
La llena de gracia
Inmaculada
Ant.: Unidos a todos los pueblos, cantamos al Dios que nos salva
(7) Benedicto XVI, «Catequesis sobre la fe», en La Virgen María, icono de la Virgen obediente,
Audiencia General 19 de diciembre 2012.
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Diciembre, 8: Inmaculada Concepción
Ant.: Unidos a todos los pueblos, cantamos al Dios que nos salva
Ant.: Unidos a todos los pueblos, cantamos al Dios que nos salva
(8) www.mercedariasmisionerasdeberria.net
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Diciembre, 8: Inmaculada Concepción
Lector: En medio de este tiempo de preparación a la venida del Señor, nos reuni-
mos hoy llenos de espíritu de alegría y de fiesta.
Nos convoca el recuerdo de aquélla que trajo al mundo la Luz y la Vida para
todo hombre; de aquélla en quien Dios fijó su mirada para abrirnos a todos el cami-
no de la salvación.
Dios la escogió desde el principio para ser la Madre de su Hijo y la liberó de
toda mancha. Es el anuncio anticipador de que Dios ha realizado su proyecto de sal-
vación en favor de la humanidad entera.
Celebremos gozosamente hoy esta fiesta de María la Madre de Jesús.
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Diciembre, 8: Inmaculada Concepción
• M
esías esperado, que vienes a dar la Buena Noticia a los pobres, a curar los
corazones desgarrados y a anunciar la libertad a los cautivos, Señor, ten piedad.
• Jesús, hermano de los hombres, que vienes a fortalecer a tu pueblo, Cristo,
ten piedad.
• Hijo de Dios, que vienes a realizar todas las esperanzas de los hombres, Se-
ñor, ten piedad.
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone…
Lector: Desde el principio los hombres nos hemos ido alejando del camino de
Dios; desde el principio el mal abarca nuestra historia.
Escuchemos ahora el relato, de fuerte contenido simbólico, que nos describe esta
situación; pero escuchemos cómo, también desde el principio, Dios nos anuncia su
salvación, que, como bien sabemos, llegará a su plenitud en el Hijo de María.
Lector: Escuchemos ahora la alabanza que el autor de la Carta a los Efesios diri-
ge a Dios por la salvación que nos ha regalado.
Todo es, nos dice, una gran historia de amor, que hoy proclamamos gozosamente
en esta fiesta.
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Diciembre, 8: Inmaculada Concepción
Para que María la Virgen, que esperó con amor e ilusión el nacimiento de su
Hijo, sea para nosotros el estímulo que nos ayude a preparar su venida. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, nuestra oración, que te presentamos en la fiesta de la
Madre de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Lector:
• Con esta jarra de agua limpia y pura, queremos representar las entrañas de
la Virgen María. Nadie como Ella, con un corazón noble, bueno y reluciente,
supo acoger al Señor que viene en Navidad.
• Señor, presentamos ante tu altar los dones de pan y vino, fruto de la tierra y
del trabajo del hombre, que por acción de tu Santo Espíritu, se transformarán
en tu Cuerpo y en tu Sangre, Sacramento de vida eterna, que nos fortalece y
anima a seguirte cada día.
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Diciembre, 8: Inmaculada Concepción
69
Diciembre, 14:
TERCER DOMINGO DE ADVIENTO
VIVIR EN LA ALEGRÍA
71
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento
A LA LUZ DE LA PALABRA
El Adviento de la alegría
La alegría de lo humano
Es posible que alguno piense que interpretar de este modo el Adviento es algo
propio de la posmodernidad, algo propio de un «pensamiento débil», que nos condu-
ce a interpretación, también «débil», de este tiempo litúrgico. Pueden hacernos du-
dar los que así piensan; pero ¿no será más bien que los que apuestan por una inter-
pretación «fuerte» parten de una extraña antropología? De una antropología en la
que:
• La tristeza es más humana-radical que la alegría.
• El odio más dinamizador que el cariño.
• El castigo más eficaz que el consuelo.
• El llanto más auténtico que la risa.
• El dolor más cristiano que la felicidad.
Pero ¿es esto así? Nos da la sensación de que esas afirmaciones no correlacionan
demasiado bien con lo que acabamos de escuchar en las lecturas de la Palabra de Dios.
72
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento
Por eso nos parece más propio de un cristiano aceptar como «existenciales» el cariño,
el consuelo, la alegría, la risa y la felicidad; a eso tendríamos que sabernos enviados.
• Como el Bautista, a ser y anunciar el/la Buena Noticia (I lectura y Evangelio.)
— Ya nos lo dijo Pablo VI: «la Iglesia existe para evangelizar».
— Y si no «evangeliza», ¿tiene alguna razón para existir?
— Y si no somos percibidos como «buena noticia», ¿no pasa nada en nues-
tro ser cristiano?
Hoy, igual que siempre, se necesitan personas que den testimonio. Que anuncien la
buena nueva a los pobres. Que testifiquen que el amor, la justicia, la liberación y
la paz no son sólo palabras y tópicos, sino realidades que están cerca.
• Como María, dejar que Él haga «obras grandes» en y a través de nuestra «de-
bilidad» (Sal):
— Todos hemos recibido «carismas» suficientes para ello.
— Pero no olvidemos que son «carismas», «regalos».
— Así pues, «lo que hemos recibido gratis, démoslo gratis» (Mt 10, 8). «La vida
se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad» (EG, 10).
— Como nos pide Pablo, «estad siempre alegres» (Flp 4, 4: «os lo repito,
estad alegres»).
— Tal vez sea necesario para esto que previamente nos hayamos sentido
perdonados y salvados: nos hayamos sentido gratuitamente queridos: «La
alegría siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la
certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo».
— ¿Por qué habremos transmitido tantas veces el mensaje de que el buen
cristiano es alguien triste, serio y duro? «Un evangelizador no debería te-
ner permanentemente cara de funeral» (EG, 10).
— ¿No será ese cristiano así porque nunca se ha sentido gratuitamente per-
donado, salvado y querido? Quizá porque nunca nos hemos creído del
todo que Dios es «nuestro Padre», a pesar de que hayamos rezado mu-
chas veces el «Padrenuestro» (desde luego que no es fácil creérselo).
Ésta es la Buena Noticia, que hemos acogido en nuestras vidas, por la que le da-
mos gracias y que aquí y ahora estamos celebrando.
73
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
«La primera palabra de parte de Dios a los hombres, cuando el Salvador se acer-
ca al mundo, es una invitación a la alegría. Es lo que escucha María: ¡Alégrate! Cris-
to nace de la alegría de Dios y muere y resucita para traer su alegría a este mundo
contradictorio y absurdo.
Sin embargo, la alegría no es fácil. A nadie se le puede obligar a que esté alegre
ni se le puede imponer la alegría por la fuerza. La verdadera alegría debe nacer y
crecer en lo más profundo de nosotros mismos.
De lo contrario; será risa exterior, carcajada vacía, euforia creada quizás en una
«sala de fiestas», pero la alegría se quedará fuera, a la puerta de nuestro corazón.
La alegría es un don hermoso, pero también muy vulnerable. Un don que hay
que saber cultivar con humildad y generosidad en el fondo del alma.
Pero hay algo más. ¿Cómo se puede ser feliz cuando hay tantos sufrimientos
sobre la tierra? ¿Cómo se puede reír, cuando aún no están secas todas las lágri-
mas, sino que brotan diariamente otras nuevas? ¿Cómo gozar cuando dos terce-
ras partes de la humanidad se encuentran hundidas en el hambre, la miseria o la
guerra?
La alegría de María es el gozo de una mujer creyente que se alegra en Dios sal-
vador, el que levanta a los humillados y dispersa a los soberbios, el que colma de
bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos.
La alegría verdadera sólo es posible en el corazón del hombre que anhela y bus-
ca justicia, libertad y fraternidad entre los hombres. María se alegra en Dios, porque
viene a consumar la esperanza de los abandonados.
Sólo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con los
que lloran. Sólo tiene derecho a la alegría quien lucha por hacerla posible entre los
humillados. Sólo puede ser feliz quien se esfuerza por hacer felices a otros. Sólo
puede celebrar la Navidad quien busca sinceramente el nacimiento de un hombre
nuevo entre nosotros» (9).
(9) J. A. Pagola, El camino abierto por Jesús. Lucas, PPC, Madrid, 2012, 23-24.
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Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento
1. «Si hablas por teléfono, hazlo con alegría. La otra persona se dará cuenta
que, en tu interior, hay una fuerza poderosa: el optimismo de la fe.
2. Si has de corregir a alguien, hazlo con alegría. Se consigue más con miel
que con hiel. Denotará que, Jesús, dirige tus palabras.
3. En tu trabajo procura poner el esfuerzo de la sonrisa. Los que te vean com-
prenderán que, una fuerza superior, te hace diferente a lo que te rodea.
4. En el sufrimiento no pierdas nunca la esperanza de la fe. Una enfermedad
con el peso de la tristeza coloca más peso sobre la debilidad de nuestras
personas. Lleva ilusión allá donde exista dolor.
5. Aunque por dentro llores, lleva siempre un buen gesto en tu rostro. Hay
muchas personas que se conduelen con las lágrimas de los demás pero,
otras, se burlan de ellas.
6. Lleva con gozo y con cintura tu pertenencia a la Iglesia. Manifiesta, con
alegría, lo mucho que recibes de ella. ¿Que no te entienden? ¿Acaso Cristo
fue bien acogido en Belén?
7. La alegría debe ser el lenguaje normal y ordinario de los cristianos. Jesús,
en todas circunstancias, buscó el bien de los demás. El júbilo debe ser el
carné de identidad de una persona que cree y espera a la Navidad.
8. E
l Adviento afina las cuerdas del alma. Prepárate con la Palabra de
Dios, con la eucaristía de cada día, con el sacramento de la reconcilia-
ción y… por dentro sentirás una especial armonía: la alegría de ser
todo/a para Dios.
9. Recuerda aquello de: «Quien ríe el último, ríe mejor». Muchos, en la Navi-
dad, se perderán entre las telarañas del consumo, de las luces sin sentido o
de los mensajes sensibles pero sin contenido cristiano. Jesús no pretende
ser acogido por todos pero sí por algunos. Entre ellos… tú.
10. J esús crece en el seno de la Virgen y florece en el pesebre de Navidad.
Que seas tú, con tus labios, un pregón de lo que está por acontecer: La
Navidad es el amor de Dios a la humanidad ¿Lo vas a silenciar o procla-
mar?» (10).
75
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento
• «Los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la ori-
lla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás… Por con-
siguiente un evangelizador no debería tener permanentemente cara de fu-
neral. Recobremos y acrecentemos el fervor, “la dulce y confortadora ale-
gría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas”»
(EG, 10). Veamos cuáles son los obstáculos y resistencias que tenemos
para anunciar el evangelio con alegría y con pasión.
• S
ólo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con
los que lloran. ¿Se percibe y se vive así la alegría en nuestro mundo, y en
nuestras comunidades?, ¿cómo se busca y se vive la alegría en la sociedad?
• ¿Qué signos de liberación y de justicia debe ofrecer nuestra Iglesia en el
mundo para que sea creíble?
• Concreta en tu vida y en la comunidad cómo vivir la alegría del Adviento.
Elaborad un decálogo de la alegría en vuestra comunidad.
Lector: «Hermanos, estad siempre alegres, sed constantes en la oración, dad las
gracias en toda ocasión. Ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto a vo-
sotros». Así hablaba el apóstol Pablo a los cristianos de Tesalónica; así nos habla
hoy a todos nosotros en este tercer domingo de adviento.
Ésta invitación es, además, una invitación a la alegría que vivimos ante la proxi-
midad de la celebración del nacimiento de Jesús, pues sabemos, como nos van a de-
cir las lecturas, que está próxima la noticia más grande que la humanidad haya podi-
do soñar jamás: Dios viene a compartir nuestra vida y con ello nos trae la esperanza
y la alegría completas.
76
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento
Lector: Hace muchos siglos, en la Jerusalén devastada, cuando los israelitas re-
tornados del exilio se esforzaban en la reconstrucción de su patria, el profeta anuncia
la llegada de alguien que iba a transformar la vida de todos y especialmente la vida
de los más débiles y desvalidos. Jesús hizo suyo este anuncio y nosotros ahora va-
mos a escucharlo como lo que es: la Buena Noticia.
Lector: Escuchemos ahora las palabras de san Pablo, que nos invita a vivir en ac-
titud de esperanza alegre y gozosa.
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Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento
Sacerdote: Oremos con fe por nosotros y por todos los hombres; oremos para
que la fuerza del Espíritu transforme a la humanidad entera.
Oremos diciendo: Ven, Señor Jesús.
Lector: Por la Iglesia, para que sea y anuncie la Buena Noticia de Jesús. Oremos.
Por todos aquéllos que sufren, por los corazones desgarrados, los cautivos, los
hambrientos y los pobres, a quienes Dios ama y a quienes estamos invitados a que-
rer. Oremos.
Por los enfermos y por todos los que los cuidan, para que ni los unos ni los otros
pierdan la esperanza y nos encuentren a todos solidarios con ellos. Oremos.
Por nosotros aquí reunidos, para que seamos portadores y testigos creíbles de
amor, esperanza y alegría. Oremos.
Sacerdote: Ven, Señor Jesús; ven y renueva el mundo entero. Tú, que vives y rei-
nas por los siglos de los siglos.
Lector:
• Señor, te presentamos estos caramelos y dulces, como símbolo de la alegría
que tenemos y la dulzura con la que queremos vivir.
• Señor, te presentamos este cayado, como símbolo de nuestro compromiso
por ayudar a los demás en el camino de la vida.
• Señor, te presentamos este pan y este vino, que ellos sean para nosotros el ali-
mento y la bebida que nos hagan capaces de sentar a nuestra mesa a los millo-
nes de seres humanos que no pueden comer debido a sus extremas condiciones
de miseria.
78
Diciembre, 14: Tercer domingo de Adviento
SE ALEGRA MI ESPÍRITU
Lucas 1, 46-55
Música: Juan Jáuregui
1. Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
2. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí,
su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles.
3. Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
4. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel su siervo,
acordándose de la misericordia.
5. Como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.
79
Diciembre, 21:
CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
ACOGER E INCLUIR
Declinar el verbo de la acogida es caminar para que nadie en este mundo se sien-
ta excluido. El propio Verbo encarnado viene por los caminos del encuentro, donde
los perdidos se hallan, los que buscan encuentran y a los que llaman se les abre.
Dios no tiene puertas, están todas abiertas y se puede transitar de dentro afuera y de
afuera adentro sin ningún límite. El amor es el camino y la intemperie el vestido
para que nadie se sienta extraño ni forastero. En cualquier rincón excluido puede es-
tar el centro de la creación, el alfa y la omega, el corazón de Dios manifestándose.
Por eso ya nada nos es indiferente, y la vigilancia para que el otro nos encuentre dis-
ponible es la mejor arma para estar despiertos en la noche del adviento que anuncia
la vigilia de lo nuevo y de lo que explota en un corazón que trae la vida eterna, aun-
que sea de noche y haga frío. La salvación ya es imparable, viene acogiendo e inclu-
yendo, no hay otros modos en lo divino.
81
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento
A LA LUZ DE LA PALABRA
Estamos ya casi tocando con los dedos la Navidad, el tiempo en el que celebramos par-
ticularmente que «la Palabra ha puesto su tienda en medio de nosotros» (Jn 1, 14). Y en es-
tos días conmemoramos de un modo especial que nos encontramos con un Dios que vive
una experiencia que tal vez muchos de nosotros hemos también vivido: Está buscando casa
para su Hijo; pero, a pesar de lo que nos ha dicho de Él la segunda lectura (Él es «el único
sabio»), no parece saber hacerlo demasiado bien: «No hay sitio para Él en la posada».
No da, pues, la sensación este Dios de ser, como muchas veces nos han dicho a
través de los catecismos, «infinitamente sabio»; más bien parece un Dios que:
• Vive como un excluido. No hay casa para su Hijo.
• O un incluido en la exclusión.
• Quizá sea imposible imaginar a un Dios tan débil como este Dios nuestro.
La debilidad es su fuerza
Todos sabemos que estamos contemplando lo más nuclear de nuestra fe, lo que
parece más nuclear en y del Dios en quien creemos:
• Del Dios que se ha «aprox/jimado» a nosotros.
• Del Dios «samaritano» para con nosotros.
• Del Dios «com-pasivo» con nosotros.
Ésas sí que es «el misterio de nuestra fe»; ¿cómo podremos hablar de este miste-
rio, de este Dios tan desconcertante?
82
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento
¿Cómo, entonces, podremos ser testigos de este Dios en nuestra historia, aunque
sea sólo mediante balbuceos y sin poesía?, ¿quizá así?
• Dejándonos, como María, llevar por el Espíritu, que:
— Nos orienta mediante signos extraños y, a menudo, desconcertantes, v.g.:
Una estéril concibe a un hijo y una esclava al Señor.
— Esto es: ¿Buscando al «Todopoderoso» en los «débiles»?
Tenemos que aprender a mirar de otra manera nuestra ciudad y nuestro Advien-
to. Mirar la vida desde los más pobres, desde la fragilidad y la debilidad de los pe-
queños, de los que sufren. Iniciar el proceso de encontrarnos con el Señor en los lu-
gares inhóspitos, en los lugares de la enfermedad, la marginación, el dolor, allí don-
de el Todopoderoso se nos manifiesta en los «débiles».
• Ofreciendo, como María, una casa.
— Nuestra propia vida.
— A tantos que nadie acoge.
— Y siguen muriendo de frío.
Ser posada
83
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento
ble prestar atención para estar cerca de nuevas formas de pobreza y fragilidad donde
estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente» (EG, 209-210).
Quizás este modo de vivir que se nos propone en la celebración de la Eucaristía
sea un modo adecuado de vivir este Adviento-Navidad, a asumir estas actitudes nos
invita hoy y aquí la Palabra de Dios que acaba de ser proclamada.
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
La debilidad de Dios
En Belén Jesús nos ofrece una nueva forma de mirar la debilidad, porque la debi-
lidad de Dios es expresión de su gratuidad:
En la contemplación de Jesús en el misterio de la Navidad se nos enseña a con-
templar la debilidad humana como una forma de presencia de Dios. Dios está entre
nosotros como debilidad en los débiles, en los excluidos, en los pobres, en las caren-
cias de todo tipo, en cada limitación nuestra.
En segundo lugar, Dios está en la debilidad, llevada hasta sus últimas consecuen-
cias en la cruz de Jesús, para llevarla a la plenitud de la vida resucitada.
En tercer lugar, tenemos que aprender a mirar la debilidad humana de cualquier
signo que sea (económico, psicológico, moral...), como llamada a la contempla-
ción, como palabra de Dios que nos convoca para la comunión y el compromiso
con Él.
Por eso mismo, salir, bajar al encuentro de la carencia humana, es una forma de
peregrinación hacia el santuario de Dios más vivo y sorprendente. Con los mismos
pasos con que nos acercamos a la debilidad, nos acercamos a Dios.
La Navidad es la gran fiesta, porque Dios nace en nuestra debilidad y porque
somos invitados a unirnos a Él para llevarla a la plenitud de la vida, confundiéndo-
se nuestro trabajo con el suyo, sin saber dónde empieza él y dónde empezamos no-
sotros.
Si Dios ha corrido la suerte de encarnarse, nacer pobremente y crecer como sal-
vación desde los excluidos de este mundo, ya no hay excluidos para Dios, nadie que-
da fuera de Dios. Y el lugar principal para la fiesta es allá donde aparece: en las
afueras, donde no hay sitio, donde todo parece agotarse y está condenado a crecer en
la amenaza y a la intemperie de las construcciones humanas.
84
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento
No hubo posada para Jesús, experimentó la exclusión en su vida, hoy muchos vi-
ven estos procesos de exclusión, fruto de nuestro modelo social.
Una primera constatación que se impone si miramos a nuestro modelo social es
su capacidad para generar situaciones de pobreza y de exclusión social.
No nos detendremos en su análisis y explicación, pues, siendo importantes, han
sido suficientemente abordadas desde otros trabajos y perspectivas. Enumeraremos
simplemente tres notas significativas:
• A escala planetaria, la creciente brecha entre el Norte y el Sur, entre las socie-
dades ricas y opulentas y los países eufemísticamente llamados en vías de de-
sarrollo, es resultado de un modelo que sólo beneficia a un tercio de su pobla-
ción.
• Al interior de las sociedades ricas, el modelo genera bolsas de pobreza y de
exclusión social para franjas muy amplias de población que, si bien partici-
pan en algunas ventajas de la riqueza, lo hacen a título de préstamo, bajo la
amenaza permanente de embargo.
• El imparable fenómeno de la inmigración y la emigración (según desde don-
de se mire), como puente entre ambas situaciones.
Pero no sólo genera exclusión, también la gestiona desde los principios y valores
que le son consustanciales. Así, «mide» y descubre la pobreza como carencia, si-
tuándola desde la negatividad. Cuando la valora desde una perspectiva exclusiva-
mente individualista trata a los pobres como responsables de su propia situación: son
parásitos, vagos, engañan y son culpables de su situación. Por último, son entendi-
85
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento
dos en términos mercantiles como gasto y como amenaza para el proceso de creci-
miento que hay que combatir como enemigos del bienestar (12).
86
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento
Sacerdote: La paz, el amor y la esperanza, que nos llegan con Jesús, estén con
todos vosotros.
87
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento
Sacerdote: A ti, Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios, que has querido compar-
tir tu vida y te has quedado con nosotros, te decimos con fe: Escúchanos, Jesús.
Lector: Que nadie sea rechazado, como tú lo fuiste. Oremos.
Que nadie se sienta forastero, como tú te sentiste. Oremos.
Que todos encuentren un trabajo digno, como tú tuviste en Nazaret. Oremos.
Que sepamos respetar, valorar e integrar a cuantos viven entre nosotros, como
prolongación de tu presencia. Oremos.
Que crezca en el mundo la paz que tú nos regalaste. Oremos.
Sacerdote: Escúchanos, Jesús, cólmanos de tu gracia y de tu paz y haznos artífi-
ces del mundo nuevo que tú inauguraste. Tú, que vives y reinas…
Lector:
• Te presentamos, Señor, este papel, que acoge lo que en él escribimos, como
símbolo de nuestro deseo de que cada uno de nosotros deje escribir en su
vida tu voluntad.
• Te presentamos, Señor, este corazón que quiere latir con los corazones de to-
dos aquéllos con los que compartimos la vida.
• Te presentamos, Señor, el pan y el vino, sobre los que va a actuar tu Espíritu;
que también nosotros dejemos que este mismo Espíritu trabaje y cambie
nuestras vidas.
88
Diciembre, 21: Cuarto domingo de Adviento
SALMO 4.º DOMINGO DE ADVIENTO
Música: Juan
Jáuregui
1. Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edifi_cio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad».
2. Sellé una alianza con mi elegi_do,
jurando a David mi sier_vo:
«Te fundaré un linaje perpe___tuo,
edificaré tu trono por todas las eda_des».
3. Él me invocará: «Tú eres mi pa_dre,
mi Dios, mi Roca salvado_ra».
Le mantendré eternamente tu favor,
y mi alianza con Él será esta_ble.
89
CELEBRACIÓN PENITENCIAL
CONSTRUIR ESPACIOS DE ESPERANZA
Monición de entrada
91
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza
En el nombre del Padre… La gracia de N/Señor JC, el amor del Padre y la co-
munión del Espíritu Santo…
Hermanos, sed todos bienvenidos. Nos hemos reunido porque queremos preparar
nuestro corazón para acoger mejor a Cristo. Que Él toque la fibra de nuestro ser, rompa
las cadenas de nuestro egoísmo y nos dé la libertad de espíritu suficiente para despren-
dernos de lo que tenemos en favor de los demás. Que el Padre nos acoja con misericor-
dia y el Espíritu Santo nos dé la alegría de descubrir el misterio de la Encarnación del
Hijo de Dios. Todo esto lo pedimos con confianza por Jesucristo N/Señor. Amén.
Lector:
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses (2, 5-11)
92
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas: (Lc. 19, 1-10).
93
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza
distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura.
Entonces se adelantó corriendo y, para verlo, se subió a una higuera, porque iba a
pasar por allí. Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo:
—Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa.
El bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver aquello, se pusieron todos a
criticarlo diciendo:
—¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador!
Zaqueo se puso en pie y, dirigiéndose al Señor, le dijo:
—La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien he extor-
sionado dinero, se lo restituiré cuatro veces.
Jesús le contestó:
—Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán.
Porque el Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo.
Palabra del Señor
Homilía
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Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza
y paz a los entristecidos, compartir nuestro dinero con los más empobrecidos,
acoger a los más frágiles, incluir a los excluidos.
• Pidamos perdón al Señor y a nuestros hermanos. Dejemos que él se hospede
en nuestra casa, que su Palabra ilumine nuestras vidas y nos invite a la con-
versión.
95
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza
96
Celebración penitencial. Construir espacios de esperanza
Padre Nuestro
Gesto penitencial
Deseamos que nuestra conversión se traduzca en limosna, en fraternidad y soli-
daridad con nuestros hermanos. Ahora pasaremos los cestos, para compartir nuestro
dinero con los más pobres.
97
OTROS CÁNTICOS PARA ADVIENTO
¿CUÁNDO VENDRÁS?
¿Cuándo vendrás?
Letra: José A. Olivar
Letra: José A. Olivar
Música:
Música:Miguel
MiguelManzano
Manzano
j œ. œ œ œ
rem DoM rem DoM rem
Voz & b c œ. œ œ œ œ. œ ˙ ˙. Œ
¿Cuán - do ven - drás, Se - ñor, cuán - do ven - drás?
4 FaM DoM
j rem Sib7 La7 rem
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¿Cuán - do ten - drán los hom - bres la li - ber - tad? Nos
Nos
7 rem DoM
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di - cen que ma - ña - nay nun - ca lle - gas nos
di - cen que vi - va - mos re - sig - na - dos nos
bia - ron el sen - ti - doa tus pa - la - bras al
j
3
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9 rem DoM rem DoM
&b œ œ œ œ œ œ œ œ. œ œ œ ‰ œ œ
di - cen que yaes - tás y no te ve - mos
di - cen que túal hom - bre das con - sue - lo mien - tras
gri - to de lour - gen - tehan pues - to fre - no de tihi -
j
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11 solm7 Do7 Fa7M Sib7M
&b œ œ œ œ œ œ c
3
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di - cen quee - res a - mor y nos - o - dia - mos
tan - to lain - tri - ga ha - ce sues - tra - go mien - tras
cie - ron un Dios a su me - di - da in - ten -
j
13 solm6 3 Mi7 La7
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3
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99
di - cen quee - res u - nión, va - mos dis - per - sos Noes tu
tan - toel ren - cor es nues - tro due - ño
ta - ron tam - bién com - prar tu cie - lo.
15 rem
j SolM Sib7 La7
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di - cen que túal hom - bre das con - sue - lo mien - tras
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Otros cánticos para Adviento
di - cen quee - res a - mor y nos - o - dia - mos
tan - to lain - tri - ga ha - ce sues - tra - go mien - tras
cie - ron un Dios a su me - di - da in - ten -
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13 solm6 3 Mi7 La7
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di - cen quee - res u - nión, va - mos dis - per - sos Noes tu
tan - toel ren - cor es nues - tro due - ño
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rei - no Se - ñor la tie - rra noes tu rei - no - no. Noes tu
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rei - no Se - ñor, la tie - rra noes tu -
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23 ReM La7 ReM
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Si no - so - tros sa - li - mos a la vi - da par -
Si no - so - tros sa - li - mos a la vi - da ar -
Si no - so - tros sa - li - mos a la vi - da vi -
26
## Sib DoM ReM
j
Re7
& œ œ œ œ œ œ œ œ œ. œ œ œ ‰ ‰ œj
tien - do nues - tro pan con el ham - brien - to rom -
ma - dos de con - cor - diay sin es - truen - do qui -
vien - doen nues - tra car - ne tue - van - ge - lio di -
# SolM j
& # œ œ
28 Si7 La7 ReM sim
œ œ œ œ œ œ œ. œ œ œ ‰ ‰ œj
pien - do pie - draa pie - dra las dis - cor - dias, po -
tan - do lao - pre - sión del o - pri - mi - do a -
cien - do quees ur - gen - te des - per - tar - se que
30
## Mi7 mim
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La7 ReM Re7
& œ œ œ œ œ œ. œ œ œ œ œœ œ œ œ œ
œ œ œ œ œ nœ œ œ
nien - doel bien en to - dos tus sen - de - ros. La tie - rraem - pe - za - rá
brien - do nues - tra ca - saal fo - ras - te - ro.
so - lo los sin - ce - ros ven tu rei - no.
33
## SolM solm ReM
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Mi7 La7 ReM ReM Re7
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˙. bœ œ œ #œ nœ œ œ noœ . œ la
Se - ñor a ser tu rei - tie - rraem - pe - za - rá
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37 SolM solm ReM Mi7 La7 ReM
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Se - ñor a ser tu
œrei -
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no.
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40 rem DoM rem DoM rem
100& b œ. œ œ œ œ. ˙ ˙. Œ
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¿Cuán - do ven - drás, Se - ñor cuán - do ven - drás?
43 FaM DoM
j rem Sib7 La7 rem
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¿Cuán - do ten - drán los hom - bres la li - ber - tad.
so - lo los sin - ce - ros ven tu rei - no.
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## SolM solm ReM
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Mi7 La7 ReM ReM Re7
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Se - ñor a ser tu rei - tie - rraem - pe - za - rá
37
## SolM solm ReM
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Mi7 La7 ReM
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˙. bœ œ œœ œ œOtros
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Se - ñor a ser tu rei -
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¿Cuán - do ven - drás, Se - ñor cuán - do ven - drás?
43 FaM DoM
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¿Cuán - do ten - drán los hom - bres la li - ber - tad.
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Voz
Ven a nues - tro mun - do que tu_a - mor nos sal - ve, ven a re - di - mir - nos,
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4 rem Sol7 DoM lam
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ven, Se - ñor, no tar - des. 1. - ¡Qué be - lla_es la
2. - Le - van - ta los
3. - Con la Vir - gen
4. - La no - che_ha pa -
5. - Pre - pa - ra_el ca -
7 FaM DoM
j
lam SolM lam
&c œ œ ‰ œ œ œ œ œ œ œ. j œ œ
œ œ œ œ œ
no - che cua - ja - da de_es - tre - llas! Si voy de tu ma - no las
o - jos, del sue - ño des - pier - ta, que ba - ja_el Me - sí - as, del
Ma - dre te_es - pe - ra la_I - gle - sia. Ya pron - to se cum - plen, Se -
sa - do, el dí - a se_a - cer - ca. El "Dios con no - so - tros" ya_es -
mi - no al Rey - que se_a - cer - ca. El Hi - jo del Pa - dre es
42 ˙
10 rem Sol7 DoM
& œ œ œ œ œ œ
ve - - - o más cer - ca.
cie - - - lo_a la tie - rra. a$
ñor - - - tus pro - me - sas.
tá en nues - tra tien - da
hom - - bre de ve - ras.
101
TIEMPO DE NAVIDAD 2014
EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN
103
Tiempo de Navidad 2014
104
Tiempo de Navidad 2014
Como podemos comprender ya desde esta reflexión, ése estar expuesto a los lí-
mites que supone la encarnación no es simplemente algo puntual en la vida de Jesús,
sino que es más bien una clave de su vida, una síntesis de su forma de ser persona.
Iluminar desde la fragilidad y la debilidad es la constante de la vida de Jesús. En el
Nuevo Testamento hay un término que explica de forma adecuada esta idea y que es
el término central de un himno que aparece en la carta de Pablo a los Filipenses (2,
6-11). Este término es Kénosis (abajamiento, hacerse siervo, vivir desde abajo, com-
partir la condición humana, en definitiva, vivir desde los límites), en él se unen naci-
miento-encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección.
El himno concentra la vida y el mensaje de Jesús, desde la clave de la kénosis,
de la siguiente manera:
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
Al contrario, se despojó de su rango, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó y le dio el nombre sobre todo nombre,
para que, al nombre de Jesús, toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
105
Tiempo de Navidad 2014
Para completar esta reflexión, hemos de fijarnos en el final del Himno de Fili-
penses: Según nos transmite este texto, Jesús es exaltado por haberse empequeñeci-
do y este estilo de vida es el que se propone a los seguidores de Jesús. Seguir a Jesús
es creer que decreciendo se crece, que entregando se gana, que dando la vida, se re-
cobra. En definitiva es la dinámica del tesoro escondido, del grano de trigo:
Os aseguro que si el grano de trino no cae en tierra y muere no da fruto, pero si
muere da mucho fruto.
El que quiera guardar la vida la perderá, pero el que la pierda por mí y por el evan-
gelio, la salvará…
Siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza.
Resumiendo, podemos afirmar que seguir a Jesús es el proceso por el que la co-
munidad cristiana se convence de que la única forma de ser feliz, de ganar la vida,
de dar fruto, de disfrutar del tesoro escondido, etc., es vivir la vida desde la entrega y
106
Tiempo de Navidad 2014
Navidad en la historia
Un primer peligro es contemplar la Navidad fuera del tiempo y del hoy concreto
en el que nos encontramos. Desconectar el misterio del nacimiento de Cristo de la
historia de la salvación. Hacer de ella un rito descontextualizado de la historia y de
su proceso, como si fuera un aerolito que llega sin más y que ahí permanece como
recuerdo del pasado. Pero este hecho teológico venía preparado desde muchos siglos
antes, en un avatar de promesas continuas que Dios venía haciendo al pueblo de Is-
107
Tiempo de Navidad 2014
rael y, desde él, a toda la humanidad. Jesús fue consciente e interpretó su nacimiento
en el marco de una historia de salvación realizada a través del pueblo de Israel. Se-
guro que Él conoció esta tradición que pasaba de padres a hijos y que iluminaba el
presente y las esperanzas con las que vivían: «Cuando te pregunte tu hijo el día de
mañana… Tú le responderás: “Nosotros éramos esclavos del faraón de Egipto y el
Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte. El Señor hizo a nuestros ojos milagros y
prodigios grandes y terribles en Egipto contra el faraón y toda su corte. Y a nosotros
nos sacó de allí para introducirnos y darnos la tierra que había prometido a nuestros
antepasados”». (Dt 6, 20-23).
A la Iglesia, a los cristianos, nos toca esa prolongación del Verbo encarnado hoy y
aquí, para eso tendremos que descubrir, al hilo de los sentimientos de Cristo y su pro-
yecto del Reino de Dios, por dónde sopla el Espíritu y se dan las señales de la salva-
ción; por dónde apuntan las promesas de lo definitivo y escatológico. Está claro que la
salvación y la presencia real de Dios no se da fuera de lo humano, fuera de la historia,
ni fuera del mundo. Toda presentación del misterio de la Navidad fuera de la histo-
ria no será fiel a lo que Dios ha querido realizar al hacerse criatura en la debilidad de
un niño recién nacido, en un pueblo y en una familia concreta. Nos toca descubrir hoy
las señales de la encarnación, en el espíritu del resucitado, las que siguen dando cuen-
ta de que las promesas de Dios se cumplen aquí y ahora en su proximidad y cercanía
108
Tiempo de Navidad 2014
salvadora. Nos toca interpretar y vivir nuestro presente en la esperanza de que nada
nos podrá separar del Dios que por amor se ha hecho hombre y que, una vez encarna-
do —humanado—, ya nunca nos deja, porque nunca ya deja de ser humano.
No hay más razón para la encarnación que el puro amor: «Tanto amó Dios al
mundo que entregó a su Hijo único» (Jn 3, 16). El amor y la gratuidad es el eje
transversal de lo divino que pasa por la creación, la encarnación, la cruz y la resu-
rrección, uniendo en un mismo sentimiento toda la realidad creada y toda la historia
de la salvación. Historia y creación se ven involucradas en el mismo proceso de
amor:
«El Señor se fijó en vosotros y os eligió, no porque fuerais más numerosos
que los demás pueblos, pues sois el más pequeño de todos, sino por el amor que os
tiene y para cumplir el juramento hecho a vuestros antepasados. Por eso os ha saca-
do de Egipto con mano fuerte y os ha librado de la esclavitud del poder del fa-
raón, rey de Egipto» (Dt 7, 7-8).
«Porque amas todo cuanto existes y no aborreces nada de lo que hiciste, pues si
odiaras algo, no lo habrías creado. ¿Cómo subsistiría algo si tú no lo quisieras?
¿Cómo permanecería si tú no lo hubieras creado? Pero tú eres indulgente con todas
las cosas, porque todas son tuyas, Señor, amigo de la vida» (Sb 11, 24-26).
Celebrar el nacimiento de Cristo es reconocer el artículo marco del credo cristia-
no, a Dios como Padre. En el nacimiento de Cristo, está la raíz que posibilita que to-
dos seamos hijos en el Hijo, sin vuelta atrás. El amor gratuito, realizado en la liber-
tad que posibilita la dignidad de todos los hombres, es el centro de nuestra fe y es la
razón última del misterio de la Navidad.
La Iglesia que dice a Dios hoy que quiere ser fiel al misterio divino de amor y a
la libertad manifestada en el nacimiento de Jesús de Nazaret, ha de andar por el ca-
mino de libertad amorosa manifestada en la gratuidad radical, que se hace real cuan-
do sienta en su mesa y hace protagonistas de su familia a los que no pueden pagar y
sin embargo traen la salvación. Es necesaria una iglesia co-creadora con el Espíritu
que genera vida en los que no son nada. Frente al comercio y al consumo, estructu-
rado desde la clave del éxito y la eficacia, la Iglesia con sencillez ha de ser signo de
la libertad, manifestada en la gratuidad y en la fe en los pobres; su clave ha de ser
entregarse por amor a la humanidad. Sólo este discurso, vivo y comprometido, hará
creíble la celebración del misterio navideño.
109
Tiempo de Navidad 2014
El nacimiento de Jesucristo fue de una manera que rompió los marcos y las fron-
teras que la religión había ido imponiendo institucionalmente a la voluntad divina.
Frente a un Dios del poder, del éxito, la riqueza y la eficacia, aparece la señal de lo
divino en lo limitado de la historia, en el marco de lo débil, lo excluido, lo pobre, lo
insignificante y aparentemente ineficaz. El Dios todopoderoso muestra su poder de
un modo escandaloso en un pesebre y en un final de cruz, maderas de lo pobre que
110
Tiempo de Navidad 2014
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Tiempo de Navidad 2014
tante y liberador que trae la alegría para todo el pueblo: «El ángel les dijo: “No temáis,
porque os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad
de David, os ha nacido un salvador, que es el Mesías, el Señor”» (Lc 2, 10-11). La clave
del Reino se revelaba en la señal del niño envuelto en pañales que en su pobreza enrique-
ce y levanta a la humanidad caída. Es fruto del espíritu y su coherencia con el pesebre se
hará realidad, sin ambigüedades, en su adultez: Llegó a Nazaret, donde se había criado.
Según su costumbre, entró en la sinagoga un sábado y se levantó para hacer la lectura…
«El espíritu de Dios está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a
los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista los ciegos, a
libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4, 16-19).
La salvación viene de Nazaret y el mensaje del Nazareno se articula en las bien-
aventuranzas que traen un orden nuevo desde su propio nacimiento, será Él quien:
• Coma con los pecadores y pobres.
• Abra el Reino para los que estaba cerrado sin excepción.
• Transforme las claves fundamentales del monoteísmo, de la ley y del templo
y las haga universales para acoger en su seno todo lo perdido del mundo: Un
Dios Padre de todos en la cercanía y en la proximidad, un nuevo culto en es-
píritu y en verdad, una ley que sólo puede generar libertad y salvación para
los que la descubren.
112
Tiempo de Navidad 2014
113
Tiempo de Navidad 2014
La Navidad se presenta como lugar y fecha de alegría. Pero con la alegría ocurre
como con el amor, puede tener significados y contenidos muy distintos. Por eso ante
este tiempo es bueno preguntarse por la verdadera alegría, aquélla de la que hablan
los evangelios cuando nos narran en nacimiento de Jesús. Para eso es necesario tener
en cuenta una serie de consideraciones sobre la alegría y el momento que estamos
viviendo en nuestra sociedad actual.
114
Tiempo de Navidad 2014
más; los que por miedo se paralizan y sólo quieren seguir seguros, y aunque se dan
cuenta de la maldad del sistema y del sufrimiento de los otros, sólo se preocupan de
no tentar a los que tienen poder y asegurar su cuota pequeña de «felicidad segura»
en su pobre individualidad y parcela afectiva y placentera (clase media).
Pero también están los que se enfrentan al miedo: a los que lo causan (el faraón
en Egipto), a los que los sufren poniéndose a su lado y entendiendo la historia desde
ellos (pobres y crucificados siempre presentes en la historia); interpelando a los que
se adormecen y se venden por pequeños platos de lentejas de la seguridad (la masa de
la sociedad acomodada con un bienestar parcelado y excluyente); los que se arriesgan
y se abrazan al pesebre y a la cruz no para perpetuarla sino para transformarla. Éstos
son los que han entendido que el «bien-estar» requiere del «bien-ser» para ser autén-
tico y humano, y que no pueden doblegarse y entregar el «bien-ser» para asegu-
rar el «bien-estar», porque éste sin aquél es engañoso, y aunque aparentemente otorga
alegría no es verdadera, ni permanente, porque se asienta sobre caprichos, injusticias
y mentiras y se convierte en causa de pena y tristeza para otros, los más débiles; sa-
bemos que toda alegría que suponga dolor y tristeza para otros no es verdadera; aun-
que nos entretenga y nos dé placer; no deja de ser un sucedáneo de lo verdadero.
La alegría que proclaman los ángeles, la que sienten los pastores, la que hace sal-
tar de alegría a Isabel, la que descubren los magos de Oriente, esa alegría es la que
trae el Enmanuel —Dios con nosotros, El que es—, ahí está la alegría navideña. El
Dios que es bueno en su plenitud, que es gratuidad y fundamenta nuestro ser, es el
que nos llama a la verdadera alegría que se fundamenta en el «bien-ser». Él viene
para darnos su vida, su ser, sus sentimientos, para proclamar el camino de las bien-
aventuranzas como horizonte de dicha y felicidad. No hay otro camino para la ale-
gría que la encarnación del ser, de lo bueno que nos ha sido dado Jesucristo. Todos
los que tienen su Espíritu se hacen testigos de la alegría única de una buena noticia
que trae la salvación para todo el pueblo: «El Ángel les dijo: no temáis, os traigo una
buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy en la ciudad de David, les
ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto os servirá de señal: encon-
traréis a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,
10-12).
115
Diciembre, 25:
NATIVIDAD DEL SEÑOR
Nacer es un verbo divino que lleva a Dios como sujeto en la acción y a Jesús
en la entrega del que es donado. Contemplar el misterio de lo humano en el absoluto
de la historia, amada y fecundada por el amor creador de Dios, es la respuesta cre-
yente que abre los ojos al ciego, ayuda a caminar a los cojos y endereza a los que ya
se doblan. Él es la buena noticia para los pobres. El creador se ha hecho criatura y la
palabra creadora carne, ya no hay nada ni nadie en esta creación ni en esta historia
que le sea indiferente, todo le afecta porque todo lo ama, porque lo ha creado y se ha
hecho hermano de lo creado adentrándose en la limitación de lo pequeño, en una se-
ñal que ya nunca vendrá con otro poder ni gloria que la ternura de los pañales de la
debilidad que lo envuelve y de la riqueza del pesebre, para que nunca nadie se pueda
sentir menos ante Él y todos lleguen a alegrarse y gozar de su señorío eterno.
117
Diciembre, 25: Natividad del Señor
A LA LUZ DE LA PALABRA
Celebramos hoy, sin duda, una de las fiestas más importantes, más entrañables y,
a la vez, más desconcertantes de la historia de la humanidad: una fiesta en la que
proclamamos que por las venas de Dios corre sangre humana; y que por el corazón
del hombre resuenan los latidos del corazón de Dios. Nunca podremos «comprehen-
der» esto («si comprehendis, non est Deus», decía san Agustín hacia el año 415);
quizá por ello, ante este «misterio», lo único que cabe es la adoración y el silencio
agradecido.
Y, desde luego, la fiesta, la alegría y la risa: Ellas son el momento no verbaliza-
ble de toda experiencia profundamente humana, que nos conmueve hasta privarnos
de la palabra adecuada para describirla.
Lo que celebramos
Y lo ha llevado a cabo del modo más extraño que podríamos imaginar: En la pe-
queñez, en la debilidad, en la ternura de un niño recién nacido. Ese niño del pesebre,
es el mismo del que habla Juan y lo contempla «vuelto hacia el Padre y por medio
del cual se hizo todo». Éste es el lenguaje de Dios, el lenguaje de lo pequeño, de lo
débil, de lo pobre…
Hoy Dios nos desarma y desinstala. Rompe nuestros cálculos, abruma nuestras
cabezas calculadoras y cuadradas. Así, de este modo, como todo ha sucedido, ¡nadie
lo esperaba…! Nadie esperaba a un Dios mendigo, a un Dios frágil y pobre, a un
Dios en la dependencia más absoluta de un bebé. Nace en el extrarradio, a las afue-
ras de Belén, en ningún sitio hay hueco para Él. Paradójicamente éste ha sido su de-
118
Diciembre, 25: Natividad del Señor
seo: frágil, indefenso, al socaire de los hombres —para acogerlo o rechazarlo— ¡Di-
fícilmente imaginable!
Contemplemos desarmados este misterio: la ternura de Dios, la alegría del recién
nacido, la pequeñez y dependencia del Niño, el silencio roto por sus sollozos, la ri-
queza hecha pobreza. La Palabra que, siendo eterna y mayúscula, se hace minúscula
entre los hombres. Misterio desconcertante y asombroso: de la pequeñez brota la
fuerza, del silencio la Palabra, de la esperanza la vida. Con el Niño todo se trastoca:
los pobres son bienaventurados, los leprosos son curados, los ciegos ven, la vida
brota en lo inesperado.
¿Qué hacer ante esto?, ¿cómo ser testigos creíbles de esto? Quizá sea imposible,
pues el acontecimiento nos desborda por completo. Pero no nos dejemos seducir por
el sólo «hacer»; pues, y en este caso de modo paradigmático, «la profecía sin místi-
ca se convierte en ideología». Es tiempo para adorar el misterio que nos trasciende.
En cualquier caso, tal vez sólo puedan ser testigos creíbles de esto los que apues-
tan por la pequeñez, la debilidad y la ternura; pues éste fue el signo de un Dios que
nace, haciéndose historia.
Pero ¿quién va a creer este mensaje? Quizá únicamente:
• Los que son capaces de escuchar en medio de tantos ruidos atronadores el
grito del silencio de Dios.
• Los que son capaces de entender «la» señal: «Un niño envuelto en pañales y
acostado en un pesebre» (Lc 2, 12).
• «Los pequeños» y «los más pequeños» (Mt 25, 40). Los que saben que «la
fuerza de Dios se manifiesta en la debilidad» (II Cor 12, 9). Los que experi-
mentan que «Dios es ternura» (I Jn 4, 8.16).
119
Diciembre, 25: Natividad del Señor
Y desearlo sí que lo deseamos, por ello estamos aquí y ahora reunidos; así que
vamos a celebrarlo y a cantar con el profeta Isaías: «¿Qué hermosos son sobre los
montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva…! Rom-
ped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo…».
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
El peregrino se acerca,
con gozo a tu puerta llama.
«No había sitio para ellos,
—en el pueblo—, en la posada».
Hay madrugada de diciembre,
la noche en las sombras nada.
El pulso el mundo retiene
y María rompe aguas.
El Verbo de Dios es carne,
pero carne enamorada.
Me sumerjo en el asombro
y el Misterio se derrama.
El alba borró las sombras,
la noche se hizo mañana.
José desdobla recuerdos,
María llora una nana.
Nos huele a cielo la noche
y a Dios sube la palabra.
La Navidad nos recrea
«la historia jamás contada».
—¿Qué estás contando, poeta,
remero del llanto del alba?
—Estoy gritando a los vientos
que Dios es de nuestra raza.
120
Diciembre, 25: Natividad del Señor
121
Diciembre, 25: Natividad del Señor
niños, los pobres, los extranjeros. A partir de la sencilla palabra sobre la falta de sitio
en la posada, podemos darnos cuenta de lo necesaria que es la exhortación de san
Pablo: «Transformaos por la renovación de la mente» (Rm 12, 2) (14).
122
Diciembre, 25: Natividad del Señor
2, 12). En verdad habría que decir que la señal era tan desconcertante que más pro-
vocaba extrañeza que alegría por la ayuda recibida. Hoy, Dios sigue mandando ayu-
da celestial para que nosotros podamos encontrarnos con Él, sabiendo dónde habita.
Es un ángel sin alas, pero con mucha ternura, que quiere llevar a la Iglesia en volan-
das por donde huele a evangelio. Como ángel viste de blanco y tiene por nombre
Francisco, igual que un hombre de Asís enamorado de la Navidad. Éstas son algunas
señales que él nos indica para ayudarnos en la búsqueda y encuentro con el Señor:
• Ser una Iglesia pobre y para los pobres. «Hay que privilegiar sobre todo a los
pobres y enfermos, a ésos que suelen ser despreciados y olvidados… La
evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús
vino a traer» (EG, 48).
• Preferencia por «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la ca-
lle antes que por una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de afe-
rrarse a las propias seguridades» (EG, 49).
• Una Iglesia que se acerca a las personas, «se rebaja hasta la humillación si es
necesario y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el
pueblo» (EG, 24).
• Una Iglesia que sale de sí misma y va hacia las periferias, no para llevar a
Cristo, sino para encontrarse con Él allí, pues habrá llegado antes que noso-
tros y nos espera.
• Una Iglesia misericordiosa. Sueño, dice el papa, con una Iglesia Madre y Pas-
tora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo
de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y
consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro.
• Establecer un sistema económico justo, que tenga como centro, no al dinero,
sino al hombre y la mujer, como Dios quiere.
• «Es indispensable prestar atención para estar cerca de nuevas formas de po-
breza y fragilidad donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente: los
sin techo, los tóxico-dependientes, los refugiados, los pueblos indígenas,
los ancianos cada vez más solos y abandonados, los migrantes…» (EG, 210).
123
Diciembre, 25: Natividad del Señor
124
Diciembre, 25: Natividad del Señor
125
Diciembre, 25: Natividad del Señor
Lector: Esta noche, como aquélla de la que hablan los libros, se nos ha anuncia-
do una gran noticia, una gran alegría que lo es para todo el pueblo.
Hace un rato me han dicho los ángeles que sea yo quien anuncie a la comunidad
que Jesús ha nacido. ¿Sabéis? Ellos andan muy ocupados en el cielo limpiando es-
trellas para que esta noche luzcan más brillantes que nunca.
Y me han encargado que os muestre el sitio donde ha nacido. Y también que jun-
tos alabemos al Padre por el gran regalo del nacimiento de Jesús en cada uno de no-
sotros, en nuestra vida. Así que, aclamemos juntos a Dios de forma que esos ángeles
sonrían mientras dan brillo a las estrellas y el Niño Jesús no se duerma sin sentir
nuestro cariño.
Sacerdote:
Cuando se hizo de noche,
aquella noche,
el silencio de Dios atronaba los oídos
(hacía mucho tiempo que no se escuchaba su Palabra
y estábamos desacostumbrados a ella),
nuestros corazones estaban inquietos
y nuestros ojos parecían atisbar en el horizonte
que algo iba a suceder.
Pero el silencio de Dios seguía pesando demasiado.
126
Diciembre, 25: Natividad del Señor
de modo inesperado,
saltó por los aires hecho pedazos,
quedó por completo roto.
127
Diciembre, 25: Natividad del Señor
Lector: Las lecturas de esta fiesta basculan todas entre la espera y el cumpli-
miento de la gran noticia: Él está a punto de llegar, Él ha llegado.
Es una noticia que se hace realidad de un modo extraño y desconcertante: El que
está a punto de llegar, el que ha llegado, no encontró un sitio en la posada aquella
noche; y cuando nació, su madre lo tuvo que acostar en un pesebre, porque no había
un lugar para Él en nuestro pequeño mundo.
128
Diciembre, 25: Natividad del Señor
SALMO DE NOCHEBUENA
Música: Juan Jáuregui
A 1. Cantad al Señor un cántico nuevo,
C cantad al Señor, toda la tierra;
D cantad al Señor, bendecid su nombre.
A 2. Proclamad día tras día su victoria.
C Contad a los pueblos su gloria,
D sus maravillas a todas las naciones.
3. Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque.
A 4. Delante del Señor, que ya llega,
D ya llega a regir la tierra.
129
Diciembre, 25: Natividad del Señor
Sacerdote:
Hermanas y hermanos,
os anunciamos una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo.
Escuchadla con un corazón de fiesta.
130
Diciembre, 25: Natividad del Señor
Lector: Las lecturas de esta fiesta basculan todas entre la espera y el cumpli-
miento de la gran noticia: Él está a punto de llegar, Él ha llegado.
Es una noticia que se hace realidad de un modo extraño y desconcertante: El que
está a punto de llegar, el que ha llegado no encontró un sitio en la posada aquella no-
che; y cuando nació, su madre lo tuvo que acostar en un pesebre, porque no había un
lugar para Él en nuestro pequeño mundo.
(Antes de leer el Evangelio, se trae al Niño en brazos y se canta un Villan-
cico).
131
Diciembre, 25: Natividad del Señor
Lector:
• Se presenta la colecta. Poco podemos ofrecerte, Señor, pero queremos ser so-
lidarios con los que tenemos cerca, en nuestra propia ciudad. Por eso te pre-
sentamos esta colecta. Simboliza que la ayuda a los demás no es algo perso-
nal, sino comunitaria. Te damos gracias porque hemos compartido tiempo,
dinero y alegría con los que nos necesitan.
• Te presentamos, Señor, estas llaves. Signo de nuestra apertura y disponibili-
dad. Unas llaves, más para abrir que para cerrar, para acoger a todo el que
pase y se sienta allí como amigo y hermano, para que nadie se sienta sin te-
cho y sin cariño, para ir creando confianza y solidaridad. Unas llaves para el
amor.
• Finalmente, te presentamos el pan y el vino. A través de ellos, Tú, Señor, nos
manifiestas tu presencia y un mensaje de Amor a los hermanos. Haz que la
132
Diciembre, 25: Natividad del Señor
8. Paz
Sacerdote:
Señor Jesús: aquella noche de Navidad, los ángeles anunciaron tu nacimiento a
los pastores proclamando la paz para todos los hombres, amados de Dios. Haz des-
cender hoy sobre nosotros tu paz: que descienda sobre nuestras familias, sobre nues-
tra ciudad, sobre nuestro país, sobre el mundo entero, especialmente sobre los que
viven en medio de los horrores de la guerra. Que la Paz del Señor…
9. Adoración
Lector:
La alegría que sentimos dentro de nosotros, la haremos extensiva a toda la tierra,
y con una sola voz, agradecemos a Dios el milagro de su encarnación, de querer
compartir con nosotros nuestra vida. Por ello debemos hacer que la tierra sea un
gran Belén y que cada día puede se Navidad. A continuación pasamos a adorar al
Niño-Dios. Mientras nos acercamos vamos cantando villancicos.
133
Diciembre, 25: Natividad del Señor
SALMO DE NAVIDAD
Música: Juan Jáuregui
134
Diciembre, 28:
LA SAGRADA FAMILIA
135
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
A LA LUZ DE LA PALABRA
La familia es una realidad social que siempre ha vivido (en) una situación de cri-
sis permanente; leamos dos textos, muy breves, que lo dicen con toda claridad. El
primero afirma lo siguiente: «La juventud de hoy está podrida hasta la médula y es
mala, irreverente y perezosa. Nunca será como la juventud del pasado y será incapaz
de conservar nuestra civilización». El segundo dice esto: «El fin está próximo: Los
hijos ya no obedecen a sus padres».
Son palabras que, seguro, todos nosotros hemos escuchado (o dicho) alguna vez
con pequeñas variantes; pero lo curioso de caso es que la primera afirmación tiene
unos cinco mil años (procede, según dicen, de una tablilla cuneiforme sumeria del
3000 a. C.) y la segunda, así se cuenta, unos cuatro mil (procede un de un texto jero-
glífico escrito por un sabio egipcio hacia el año 2000 a. C.).
Crisis y salvación
Actualidad permanente
Como veis, es una situación que a ninguno quizás nos resulte excesivamente lejana;
pues en aquélla situación y en esta nuestra se está produciendo un cambio de paradigma
cultural, que afecta a todo y «particularmente» (así se dice a menudo) a la familia:
136
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
Así, en una situación de crisis, parece verla el Sirácida y por ello apela a los va-
lores, que, según él, son fundamentales en la familia judía; pero no olvidemos que
también en la Biblia aparecen otros modelos de familia distintos, v. g.: poligámica
(Abraham, David, Salomón…).
¿Qué quiero decir con esto? que quizá sería un grave error identificar «un» mo-
delo histórico de familia con «el» modelo de familia creyente; pues, de hecho, en el
ámbito cristiano:
• Ya en el s. ii el autor de la Carta a Diogneto decía que «los cristianos se ca-
san como los demás» (V, 6).
• Y a través de la historia, como bien sabemos, se han dado muchos modelos
distintos de familia cristiana, y no parece fácil suponer que este proceso haya
llegado a su fin.
Lo específicamente cristiano
¿Qué decir entonces? Tal vez que «lo específicamente cristiano» (aquí y ahora
referido a la familia) no es el «qué», sino el «desde quién», como nos ha dicho la II
lectura: «Sea todo en el nombre del Señor, Jesús».
Y es «desde este quién» desde donde adquieren «sentido cristiano» esos valores
que proclama el autor de Colosenses y que pueden ayudarnos, hoy y aquí, a cons-
truir un modelo de familia en la que se vivan:
137
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
• «La misericordia entrañable», como la del «Dios que nos ha visitado» (Lc 1,
78-69).
• «La humildad, la dulzura, la comprensión», que se han manifestado en Jesús.
• Y el perdón gratuito: «Como Él nos ha perdonado».
Desde la asunción de estas actitudes (desde Él) esta familia se sentirá llamada a
aceptar el fallo de cualquiera de sus miembros:
• No como una catástrofe irreparable.
• Sino como la posibilidad de un nuevo comienzo.
• Y vivirá la experiencia de «ser agradecidos» a Aquél que ha hecho posible
que, desde este modo histórico de ser familia, sus componentes, cristianos.
• Puedan ser, como nos dijo Pablo VI, «El rostro tierno de la Iglesia».
• De una Iglesia enviada al mundo a evangelizar.
El peligro de encerrarse
138
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
139
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
(17) Juan Pablo II, Exhortación apostólica Familiaris consortio, 1981, 17.
140
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
las amenazas de Herodes nos muestra que Dios está allí donde el hombre está en peli-
gro, allí donde el hombre sufre, allí donde escapa, donde experimenta el rechazo y el
abandono; pero Dios también está allí donde el hombre sueña, espera volver a su pa-
tria en la libertad, proyecta y elige para la vida y la dignidad suya y de sus familiares.
Hoy nuestra mirada sobre la Sagrada Familia nos deja atraer también por la senci-
llez de la vida que ella conduce en Nazaret. Es un ejemplo que hace tanto bien a nues-
tras familias, las ayuda a convertirse cada vez más en comunidad de amor y de recon-
ciliación, en la que se experimenta la ternura, la ayuda recíproca, el perdón recíproco.
Recordemos las tres palabras clave para vivir en paz y alegría en la familia: «per-
miso», «gracias», «perdón». Cuando en una familia no se es entrometido y se pide
permiso, cuando en una familia no se es egoísta y se aprende a decir gracias, gracias,
y cuando en una familia uno se da cuenta de que ha hecho algo malo y sabe pedir per-
dón, ¡en ésa familia hay paz y hay alegría!
Recordemos estas tres palabras. Pero podemos repetirlas todos juntos. ¡He! Per-
miso, gracias, perdón. Todos: Permiso, gracias, perdón.
Pero también quisiera animar a las familias a tomar conciencia de la importancia que
tienen en la Iglesia y en la sociedad. En efecto, el anuncio del Evangelio pasa ante todo, a
través de las familias, para alcanzar después los diversos ámbitos de la vida cotidiana (18).
141
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
Lector: Estos días de Navidad ponen ante nuestros ojos a aquel niño débil, al
Hijo de María, que nos muestra el rostro lleno de ternura de nuestro Dios. En él «se
nos ha manifestado la bondad de Dios y su amor a los hombres».
Este niño, el Dios hecho hombre, nace y crece en el seno de una familia como la
nuestra; el recuerdo de aquélla familia de Nazaret se hace presente hoy entre noso-
tros como una llamada a descubrir el camino de Dios, que se manifiesta en nuestra
vida de cada día.
Os recuerdo que hoy celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia, que nos remite
a reavivar lo mejor de nuestras propias familias, aquello que con tanto trabajo y cari-
ño hemos conseguido o siempre estamos en camino de conseguir.
142
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
Lector: Este pasaje de la carta a los cristianos de Colosas, aunque teñido en al-
gunos fragmentos de afirmaciones propias de aquel modelo sociocultural y hoy no
aceptables, resulta, en general, un cuadro completo de vida para una familia cristiana
también hoy; ya que lo que, por encima de todo, resalta es el amor, la comprensión,
la formación cristiana y la oración agradecida a Dios.
Lector:
• Con estas gafas en forma de corazón, queremos simbolizar ante tu altar la ca-
pacidad que debemos tener todos los cristianos de ver con amor a todos los
que, por cualquier circunstancia, son diferentes en nuestras familias a nues-
tros ojos, pero iguales a los tuyos.
143
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
• Con esta toquilla que arropa a los bebés en los primeros meses de vida que-
remos reflejar la acogida de las que hacen gala todas las familias a sus nuevos
miembros y esta comunidad a todos los que se acercan a ella.
• Con las biblias portadas por estos niños, queremos traer ante el altar su ilu-
sión por conocerte y seguirte y nuestra convencida tarea de transmitirles Tu
vida y Tu Palabra.
• Traemos ante esta mesa compartida el botiquín de la familia, queremos ma-
nifestar cómo dentro de las familias, como la que Tú elegiste para nacer, se
curan las heridas con Besos, Abrazos y Sonrisas.
• Con el cáliz repleto de vino y la patena rebosante de pan, llevamos hasta el
altar las fatigas, los trabajos, los éxitos, los estudios, la responsabilidad, las
dificultades y el amor de todas nuestras familias.
144
Diciembre, 28: La Sagrada Familia
SALMO SAGRADA FAMILIA
Música:
Juan Jáuregui
1. ¡Dichoso el que teme al Señor,
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien.
2. Tu mujer, como parra fecunda
en medio de tu casa;
tus_ hijos, como renuevos de olivo
alrededor de tu mesa.
3. Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor:
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que_ veas la prosperidad de Jerusalén,
todos los días de tu vida.
145
Diciembre, 31:
CELEBRACIÓN FIN DE AÑO
Canto:
Sacerdote:
En pocas horas, cierras un volumen más del libro de tu vida.
Cuando comenzaste este libro todo era tuyo,
te lo puso Dios en las manos,
podías hacer con él lo que quisieras:
un poema, una pesadilla, una canción,
un sistema, una oración.
Podías… Hoy ya no puedes; no es tuyo,
ya lo has escrito, ahora es de Dios.
Te lo va a leer todo Dios
el mismo día en que te mueras,
con todos sus detalles.
Ya no puedes corregirlo.
Ha pasado al dominio de la eternidad.
Piensa unos momentos,
en esta última noche del año.
147
Diciembre, 31: Celebración fin de año
148
Diciembre, 31: Celebración fin de año
Monitor:
Comencemos mirando este volumen del año 2014 dando gracias al Señor, por-
que de mil maneras se ha manifestado en nuestras vidas, porque ha sido grande con
nosotros y hemos podido experimentar su bondad, su misericordia y ternura.
Date cuenta de que todo lo que hizo y dijo Jesús está ordenado a tu vida, a tu sal-
vación. Siéntete gozosamente afortunado. Si tu corazón te lo sugiere, repite despa-
cio, muchas veces, la palabra «Gracias».
Recuerda gestos gratuitos en este año pasado. Personas, lejanas o cercanas a las
que te gustaría dar las gracias. Tú eras o eres alguien importante para ellas. Agradé-
ceselo ahora. Pequeñas cosas, servicios cotidianos, gestos significativos. Contempla
la fuente de donde vienen: Dios. Da gracias al Padre.
Digamos Todos:
GRACIAS,
Gracias, Señor, porque estás esperándome
siempre que abro mis puertas a la vida.
Gracias porque iluminas y coloreas con tu luz
los rincones y valles de mi tierra.
Gracias porque con tu amor y tus caricias me recreas
y modelas a tu manera.
Gracias, Señor, porque con tu luz descubro nuevos valores:
la riqueza interior de las personas,
la fuerza de la debilidad y la ternura,
la importancia de los gestos sencillos,
la grandeza de las cosas recién nacidas,
la belleza de las rosas con espinas,
149
Diciembre, 31: Celebración fin de año
Monitor:
Y ahora dirígete de manera muy particular a todos y cada unos de tus hermanos
de comunidad diciéndole:
Gracias por haberte abierto a la gracia,
y a la escucha de la palabra.
Gracias por haber acogido
en tus entrañas a quien es
la Vida y el Amor.
Gracias por haber mantenido
tu «Hágase»
a través de todos
los acontecimientos de tu vida.
Gracias por tus ejemplos dignos de ser acogidos y vividos.
150
Diciembre, 31: Celebración fin de año
Monitor:
Miremos ahora esas otras páginas de este año, que están borrosas; páginas en las
que sentimos que nuestra vida es pequeña, débil, pecadora. Contemplamos que son
muchos los dones que recibimos y no llegamos a explotarlos, a hacer que fructifica-
ran como el Señor esperaba de nosotros. Por eso, al calor de la misericordia de Dios,
decimos todos:
PERDÓN
Perdón, Señor, por las guerras en las que tantos inocentes han muerto,
por el hambre que padecen millones de personas,
por la situación sangrante de los inmigrantes que mueren en las pateras,
por los que no poseen trabajo, vivienda ni hogar.
Perdón, Señor, por mis negligencias,
descuidos y olvidos, por mi orgullo y vanidad,
151
Diciembre, 31: Celebración fin de año
Canto de perdón
Oración:
Al terminar el año y al comenzar otro nuevo acudimos a ti, Jesús, Señor del sába-
do y Señor del tiempo. Ayúdanos a llenar los días que nos regalas, que no pasen vacíos
y estériles, sino que podamos dar los frutos que tú esperas de nosotros. Por N.S.J.
LECTURAS
Escribe al ángel de la Iglesia de Éfeso: Esto dice el que tiene en su mano dere-
cha las siete estrellas y pasea en medio de los siete candelabros de oro:
Conozco tus obras, tu esfuerzo y tu entereza. Sé que no puedes soportar a los
malvados, que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles sin serlo y los ha-
152
Diciembre, 31: Celebración fin de año
llaste mentirosos. Tienes entereza y has sufrido por mi nombre sin claudicar. Pero he
de echarte en cara que has dejado enfriar el amor primero. Recuerda, pues, de dón-
de has caído; cambia de actitud y vuelve a tu conducta primera.
Todos:
153
Diciembre, 31: Celebración fin de año
154
Diciembre, 31: Celebración fin de año
HOMILÍA
Al inicio del nuevo año 2015 presentemos nuestras oraciones al Señor de la vida,
de la esperanza y del futuro nuevo.
Respondemos todos: Señor, escúchanos y sálvanos.
Por los que esperan y por los que desesperan.
Por los que buscan y por los que ya no buscan.
Por lo que saben caminar y por los que ya se cansaron de caminar.
Señor, escúchanos y sálvanos.
155
Diciembre, 31: Celebración fin de año
156
Diciembre, 31: Celebración fin de año
Ofrendas
Todos:
Padre, me pongo en tus manos
para ofrecerte
este año que comienza.
Quiero crecer en mi compromiso
de seguir los pasos de Jesús.
Ayúdame a conseguirlo.
Quiero ser tu discípulo, Señor,
seguir tus pasos.
Acompañarte
en la construcción del Reino.
Quiero caminar contigo,
ayúdame a descubrirte
vivo y presente
entre los hombres de hoy.
Soñando un mundo nuevo
y trabajando para lograrlo.
Quiero sumar mi esfuerzo
para que todos puedan vivir mejor.
Escucha nuestras palabras,
Padre Bueno.
Hay mucha gente que sufre;
enséñanos a compartir
y a intentar cambiar las cosas.
Que no nos quedemos,
que no aflojemos,
que no perdamos la esperanza.
Que aprendamos a ver
las luces del mañana
que asoman, pequeñas, hoy.
Ayúdanos
a construir la esperanza,
a dar la vida
por la utopía del Evangelio,
por un mundo de hermanos
157
Diciembre, 31: Celebración fin de año
PLEGARIA EUCARÍSTICA
Señor de la existencia,
eres quien abre el surco y lanza la semilla,
quien amasa la crecida vital de cada ser.
Tú conoces la causa de la noche y del desierto,
por qué el hombre se pierde en laberintos sin sentido,
se ciega al caminar en pleno día,
muere de sed a la anunciada orilla del venero.
Te desconoce a Ti, Dios, manantial y origen,
te arroja lejos de su vida.
Danos, Señor, la luz precisa,
el fuerte impulso de tu mano amiga.
Danos, Señor, saber reconocerte.
Viniste como Amigo.
Llegaste a mí, humilde y discretamente,
para ofrecerme tu amistad.
Me elevaste a tu nivel, abajándote Tú al mío,
y deseas un trato familiar,
pleno de abandono.
Permaneces en mí misteriosamente,
como un amigo siempre presente,
dándoseme siempre,
y colmando por completo
todas mis aspiraciones.
Para que nuestra amistad sea perfecta,
Tú me asocias a tus sufrimientos y alegrías,
compartes conmigo tus esperanzas,
tus proyectos, tu vida.
Me invitas a colaborar en tu obra redentora,
a trabajar contigo con todas mis fuerzas.
158
Diciembre, 31: Celebración fin de año
159
Diciembre, 31: Celebración fin de año
160
OTROS CÁNTICOS PARA NAVIDAD
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En - to - nad los ai - res, con voz ce - les - tial:
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5 Mi7 lam Re7 SolM
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Dios ni - ñoha na - ci - do po - breen un por - tal. En - to -
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9 MiM Mi7 lam
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tal 1. - A - nun - cia- leel An - gel la nue - vaal pas - tor,
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13 Re7 SolM Re7 SolM
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que ni - ñoha na - ci - do nues - tro Sal - va - dor.
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A - nun - dor. 2. - A - do - ran pas - to -
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25 Re7 SolM 161
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do deu - na Vir - gen Dios. A - do - Dios.
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29 MiM Mi7 lam
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13 Re7 SolM Re7 SolM
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que ni - ñoha na - ci - do nues - tro Sal - va - dor.
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17 MiM
Otros cánticos para Navidad
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A - nun - dor. 2. - A - do - ran pas - to -
# Mi7
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21 lam Re7 SolM
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res en som - bras al sol que ni - ñoha na - ci -
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Re7 SolM
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25
J œ œ. a$
do deu - na Vir - gen Dios. A - do - Dios.
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& Œ. ‰
29 MiM Mi7 lam
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3. - Ha - cién - do - se hom - bre al hom - bre sal - vó.
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33 Re7 SolM Re7 SolM
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Un ni - ñoha na - ci - do ha na - ci - do Dios.
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37
œ. a$
Ha-cién - Dios.
162
-2-
Otros cánticos para Navidad
Que na - die le des - pier - te que que - seha dor - mi - do, que
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& œœ œœj œ
5 SolM DoM Sol7 DoM FaM
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œ œ œ . œ . œ œ œ œ œœ œ ..
œ œœ œœ .. œœ .. œœ œ œ œ. œ. œ
na - die rom - pael sue - ño del Dios na - ci - do. Que na - die le des - pier -
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9 DoM rem7 DoM Sol7
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te quees - tá so - ñan - do con la paz y la gra - cia que vie - nea dar -
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Fin
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13 DoM SolM
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nos. Sue - ña con los sen - de - ros de Pa - les - ti - na, si - len -
Sue - ña con pes - ca - do - res de Ga - li - le - a, con cal -
Sue - ña con pre - di - car bie - na - ven - tu - ran - zas con - vir -
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16 rem7 Sol7 DoM
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cio - sos tes - ti - gos de su má - gi - ca voz. Sue -
mar tem - pes - ta - des y cu - rar to - do mal. Sue -
tién - do - seen vi - da, en ca - mi - no y_en luz. Sue -
j j SolM j j DoMj
& œœ .. œœ œœ Jœœ œœ œœJ œœ Jœœ œœ œœ œœ ‰ j j œj j j œ . œ .
19 rem7
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ña con pe - ca - do - res a - rre - pen - ti - dos que re - ci - ben a cam - bio
ña con fa - ri - se - os que le per - si - guen y con gen - te sen - ci - lla
ña con re - di - mir al gé - ne - ro_hu - ma - no y_en - tre - gar - nos su vi - da
j j j a$
œœ œœ œœ œœj œœj œœ ..
22 Sol7 DoM
&‰ ˙˙ ..
el di - vi - no per - dón.
que_o - i - rá su ver - dad.
ex - pi - ran - do_en la cruz
163
OTRAS CELEBRACIONES
DE ADVIENTO Y NAVIDAD
ABONARÉ LA ESPERA CON MIS HOJAS SECAS
Lector:
Es una tarde fría y lluviosa. Como cada día me dirigí al parque, aligeré mis pasos…
Eran de esos días otoñales en el que el viento sacudía los árboles y comenzaba a desnudar
sus ramas, dejando caer sus hojas, que poco a poco crean una hermosa alfombra de colo-
res. Al pisarlas me parecía que crujían de angustia por su muerte. Miré hacia arriba y la
distancia entre la copa del árbol y el suelo era la distancia que separa el ser de la nada.
(Silencio. Música)
Me estremecía al sentir cómo una de las hojas rozó mi cara como una despedida,
dejándome en la mejilla una gota de lluvia, que tal pareciera como una lágrima. For-
mé parte de la naturaleza, abrí mi alma para elevar mi oración al Señor de la vida.
¿Qué quieres de mí, Señor? ¿Es acaso que me presente despojado de lo caduco, des-
nudo, como estos árboles que mueren, para que en su interior se empiecen a gestar
los brotes de una vida nueva?
Señor, me duele verme desnudo, caduco, sin vida. Me surgen las dudas. ¿Volverá
a mí de nuevo la vida?, ¿podré renacer de nuevo?
Canto: Maranatha
Lector:
Siento caer las hojas secas de mi vida, se desprenden de mi ser y mi cuerpo tiem-
bla, ¿acaso la muerte puede más que la vida?
(Personas que llevan hojas secas y las ponen junto al árbol seco,
que previamente hemos colocado en el local o templo)
167
Abonaré la espera con mis hojas secas
Todos:
• Perdón, Señor, por cuando dejo que la tristeza me paralice y bombee por mis
arterias la inseguridad, la angustia y la rabia.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por cuando el miedo y la desesperanza me paralizan, secando
los proyectos que Tú tienes para mí.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por cuando el frío de la indiferencia se apodera de mí y con-
gela el tronco y la rama de mi ser.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por cuando me acostumbro a ver cómo son pisoteados los de-
rechos de mis hermanos sin que se conmuevan mis entrañas.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por cuando no escucho el gemido de mis hermanos, no quiero
escuchar el llanto de familias completas mordidas por la crisis, y no comparto
lo que soy y lo que tengo.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor, por mi egoísmo, por mi falta de amor a los más cercanos, a los
más lejanos, quedando al descubierto un árbol raquítico por el que no corre
vida alguna.
(Persona que lleva hojas secas y las pone junto al árbol)
• Perdón, Señor…
Canto: Perdón
Lector:
168
Abonaré la espera con mis hojas secas
ante el paro, ante los embargos, los desahucios, el sufrimiento de tus hijos?, ¿quieres
desnudarme de todo y convertirme en pobre madera apta sólo para el fuego?
(Se saca el cartel: Abonaré la espera con mis hojas secas.
Se apagan algunas luces)
Pero Dios no calla. Hoy como ayer nos habla por los profetas.
Lectura:
Todos:
Lector:
169
Abonaré la espera con mis hojas secas
ra del invierno, protege, espera, perdona, libera. Nos reviste de dignidad y de gra-
cia.
Dios se acerca, viene, nos trae la liberación. Nacerá en una cuadra y llegará la
luz resplandeciente iluminando al mundo, porque a pesar de tantas muertes nos na-
cerá un niño y volverá a brotar con brío la vida, porque un niño va a nacer y su nom-
bre es Emmanuel.
(Se trae al Niño y se coloca en el pesebre)
Evangelio
Por aquellos días salió edicto de César Augusto, para que se empadronara todo
el mundo. Éste es el primer censo hecho siendo Quirino gobernador de Siria. Todos
iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde la ciudad de Na-
zaret de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la
casa y de la patria de David, para inscribirse con María, su mujer, que estaba en-
cinta. Mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto y dio a luz a su hijo pri-
mogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no había sitio
para ellos en la posada (Lc 2, 1-8).
Homilía
Credo
Todos:
170
Abonaré la espera con mis hojas secas
Peticiones-Ofrendas
• Ven y haz que el árbol del Estado de Bienestar vuelva a dar cobijo digno y es-
table a las familias, que broten de nuevo los derechos al trabajo, a una vivien-
da, a un salario digno, que de las hojas secas renazcan los valores de la justi-
cia, de la interdependencia solidaria y de la fraternidad universal.
(Se llevan flores y se ponen pequeñas velas encendidas)
Todos: Que tu vida haga brotar nuestra vida.
• Ven, cura nuestros ojos ciegos con la luz del Espíritu. Que conozcamos nues-
tra verdad y conozcamos tu misterio.
(Se llevan flores y se ponen pequeñas velas encendidas)
Todos: Que tu vida haga brotar nuestra vida.
• Ven y aleja nuestras tristezas con la alegría del Espíritu. Que tu Espíritu triunfe
sobre nuestras tinieblas de venganza, muerte y destrucción incruenta del otro.
(Se llevan flores y se ponen pequeñas velas encendidas)
Todos: Que tu vida haga brotar nuestra vida.
171
Abonaré la espera con mis hojas secas
PLEGARIA EUCARÍSTICA
Poscomunión
172
ALUMBRAR LA VIDA. ALUMBRAR EL MUNDO
Sacerdote:
Lector:
173
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo
Todos:
Señor, abre mis oídos a tu Palabra.
Señor, despierta mi corazón a la esperanza.
Tú vienes, vienes siempre a mi encuentro.
Tú vienes siempre con amor.
Ven a limpiar nuestro barro,
ven a encender nuestras lámparas,
ven a colmar la esperanza,
ven, Señor, a salvarnos.
Haz que me ponga en camino para recibirte.
Te abriré la puerta de mi vida.
Nos daremos el abrazo entrañable.
Y al oír los pasos de tantos caminantes del mundo,
me sentiré hermano de todos
y compartiré con ellos mi paz y mi esperanza.
Lector:
Relato:
174
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo
Lector:
Lector 2:
Reflexión:
• ¿Qué actividades de las tinieblas tengo que dejar de lado? ¿Cómo anda mi
corazón de dureza? ¿Tengo actitudes de indiferencia, de prepotencia?
• ¿Hasta dónde he perdido mi entusiasmo? ¿Hasta dónde llega mi pesimismo?
¿Hasta dónde me siento conformista?
• ¿Cómo caminaré tejiendo de luz y confianza las relaciones que tengo con los
demás? ¿Cómo trataré a cada persona con respeto, con cariño, con igualdad?
• ¿Camino dando codazos a los que me rodean y poniéndoles zancadillas?
• ¿Cómo tengo que actuar para que mi vida, junto a la de muchos, contribuya a
abrir horizontes nuevos y se cumpla la promesa de Dios: «los cielos nuevos y
tierra nueva en los que habitará la justicia» (2 Pe 3, 13)?
Lector:
175
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo
Comencemos a barrer todo lo que hay en nosotros de viejo y caduco, todo lo que
nos lleva a la tristeza, a la apatía y al desaliento.
• Sopla las penas fugitivas como sopla el niño la hoja seca.
• No te agarres a las inquietudes; serás entonces como quien abraza a las espinas.
• No te detengas en los fracasos y el desánimo, que se te paralizarán las fibras
del alma.
• Los sentimientos negativos no te pertenecen, aunque se te peguen como lapas
a las paredes del alma; échalos fuera.
• Deja a un lado la indiferencia y crea un clima de belleza en el pequeño mun-
do que te rodea.
• Barre todo aquella basura que te hace no estar a gusto contigo mismo y
• Acoge la PROMESA del Señor que nos trae la ESPERANZA.
Lector:
En el desierto siempre nos encontramos con pequeños oasis. Siempre hay algu-
nos que en medio de la oscuridad conservan una pequeña luz. Con ella intentan
alumbrar sus caminos y el de los demás (salen algunos con unas pequeñas lámparas
encendidas).
Relato:
Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que
una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendi-
da. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquélla. En determinado
momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se
da cuenta de que es Pepe, el ciego del pueblo. Entonces, le dice:
176
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo
Lector:
Canción de esperanza
Lector:
Asómate a la vida.
¿Dónde anida la esperanza? ¿En qué lugar del corazón humano tiene su casa?
¿Cómo distinguirla en medio de los pueblos? ¿Te la has encontrado dentro de ti?
Cuando una brasa está escondida entre cenizas, se retiran éstas y se sopla sobre
la brasa para que brote el fuego. Cuando aparece un hilito de agua en el manantial,
se lo guía hacia los árboles para que éstos no se sequen. Pero cuando la esperanza
está escondida en el cansancio, en el dolor, en la monotonía, ¿cómo hacerla revivir?
Lector:
(Se traen las figuras del Belén: Niño Jesús, María y José.
Se presentan a la comunidad)
177
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo
Vete a la fuente de la esperanza, que está en Belén. La esperanza nos es dada por
un niño, un bebé, que con su ternura y debilidad viene a ofrecerte su luz, su amor, su
apoyo, su fuerza. Pero no te desconciertes, eres tú quien tendrás que acogerlo, quien
tendrás que darle calor, quien tendrás que mecerlo y acostarlo. Acoge el regalo de su
vida y ponte en disposición de dar vida y esperanza a otros.
Contempla a José y a María. Esperaron a Jesús con inefable amor de padres.
Ahora, en su hogar aparece cumplido el milagro de la esperanza. Recuerda agradeci-
do a tantos hombres y mujeres que, a lo largo de los siglos, han mantenido viva la
llama de la esperanza. Pon tus ojos en el Espíritu. El cumplimiento de la promesa es
obra de Él. Invócalo para que nada se quede en el camino. Acoge a Jesús, el gran re-
galo que Dios ha preparado para todos los que tienen amor a su venida. Él viene
para salvar a base de amor. Si quieres salir al paso de la esperanza de los pueblos y
de las gentes, anuncia con tu vida y con tu palabra a Jesús, verdadera novedad que
supera todas las expectativas del hombre. Nuestro hoy y el futuro del mundo son ilu-
minados por su presencia: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaban en tierra de sombras y una luz les brilló» (Is 9, 1).
(Se colocan las figuras en el portal)
Canto
Lector:
Y este niño viene a darnos vida y a alentar nuestra esperanza. Nosotros no hubié-
ramos podido liberarnos sólo por nuestras fuerzas. Fue necesario que viniera el Sol
para ahuyentar los poderes tenebrosos y curar nuestras cegueras. Él hace que lo im-
posible se haga posible. Escucha cuál es su misión.
Sacerdote:
Juan se enteró en la cárcel de las obras que hacía el Mesías y mandó dos discípu-
los a preguntarle: ¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro? Jesús les res-
pondió: Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos
andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los
pobres se les anuncia la buena noticia. Y dichoso el que no se escandalice de mí.
178
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo
Comentario:
Lector:
179
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo
Sacerdote:
Lector:
180
Alumbrar la vida. Alumbrar el mundo
Sacerdote:
Ven, Señor, a nuestra vida e ilumínanos con tu Palabra. Por Jesucristo Nuestro Señor.
Plegaría eucarística
181
CON MARÍA CONSTRUIMOS ESPACIOS
DE ESPERANZA
MONICIÓN DE ENTRADA
Nos reúne la obra de Dios en María, que nos invita a todos a su fiesta para cantar
con ella el amor del Señor, para admirar en ella la gracia que embellece su corazón,
para trabajar, unidos a ella, por el mundo nuevo que Dios quiere.
Con María queremos ser constructores de esperanza. Dios no se olvida de su mi-
sericordia y de sus promesas a favor de los humildes, los hambrientos y excluidos de
nuestro mundo.
ORACIÓN-PRESENTACIÓN
Lector:
183
Con María construimos espacios de esperanza
184
Con María construimos espacios de esperanza
LITURGIA DE LA PALABRA
Introducción
María cree, espera y ama, tres claves sobre las que podemos construir a nuestro
alrededor espacios de esperanza ante los problemas e incertidumbres que sufrimos
en nuestra propia vida, o ante las dificultades de las personas con las que nos encon-
tramos en nuestro día a día, o ante los acontecimientos y realidades difíciles que
afrontamos.
Lectura: Lc 2, 39-45.
(Silencio orante)
Reflexión:
María es dichosa porque cree y se siente amada por Dios. Ella es mujer de
fe porque vive pendiente de Dios, a quien mete en lo más profundo de su intimidad;
porque confía totalmente en Dios y se pone en sus manos. Esta fe de María es la
fuente de su esperanza.
Tenemos la convicción de que «quien ha sido tocado por el amor de Dios empie-
za a intuir lo que quiere decir la palabra esperanza» (Spe Salvi, 27). La experien-
cia de sentirnos amados por Dios nos inunda de una esperanza desbordante y nos in-
vade de una confianza y de una certeza de saber que nuestra vida está en buenas ma-
nos, que hay un futuro ilusionante sobre nosotros…
Para acceder a esta esperanza es necesario ser personas sencillas y humildes, que
se han desprendido de su ego, de su estar centrados en sus intereses, conscientes de
su fragilidad y su vulnerabilidad…
185
Con María construimos espacios de esperanza
Todos:
Lectura: Lc 2, 46-55.
(Silencio orante)
186
Con María construimos espacios de esperanza
Reflexión
María lo espera todo de Dios. Sabe que Él puede convertir los sueños en realidad
y sueña con colaborar en la realización de lo imposible, aportando lo poco que ella
es. María cultivaba ya esta esperanza del pueblo de Dios, que se concentraba en la
espera del Mesías y en sintonía plena con el Espíritu entona el Magníficat: Dios no
se olvidará de su misericordia y de sus promesas a favor de los humildes, los ham-
brientos y los excluidos del mundo.
La esperanza que ha nacido fruto de este Amor experimentado, nos hace sentir
salvados y esto no podemos guardárnoslo para nosotros solos. Esta esperanza quere-
mos que llegue y se contagie a todos (cf. Spe Salvi, 3). Nuestra esperanza no es indi-
vidualista, sino comunitaria. Jesús y su Reino nos comprometen a favor de los de-
más, nos hacen sentirnos responsables de los otros, nos lanzan a despertar esperan-
zas entre la gente sencilla, humilde y pobre.
La esperanza cristiana no es espera pasiva del futuro, ni resignación conformista,
ni tampoco se reduce a un ingenuo optimismo. Estamos en camino hacia la sociedad
en la que habite la justicia y con nuestras obras tratamos de ir anticipándola cada día
en nuestro caminar por esta vida.
Lectura: Lc 1, 26-38.
Reflexión
María es para los creyentes ejemplo de amor tanto a Dios como al prójimo. El Padre
eligió a María, para ser la madre del mismo Salvador y ella respondió con una disponibili-
dad plena: «he aquí la esclava del Señor». Amor en María significa acogida y entrega.
187
Con María construimos espacios de esperanza
Escenificación
Queremos seguir los pasos de María, vivir en el amor, lavar los pies de los herma-
nos, ser compasivos. Éste quiere ser el itinerario de Cáritas en nuestra comunidad.
«Así mira y actúa el corazón de Cáritas»
(Tres personas: una caída, el que ayuda y el narrador. Música de fondo)
1.ª escena
2.ª escena
(Sale una persona de Cáritas, se dirige al que está caído y lo levanta con mucho
cuidado, haciendo como que lo cura)
Narrador:
«Si no puedes soportar la injusticia de ver un corazón caído y has DECIDIDO ir
en su ayuda para LEVANTARLO del suelo y aliviar sus heridas… HABRÁS HE-
CHO UNA COSA BUEN».
188
Con María construimos espacios de esperanza
3.ª escena
(Las dos personas hacen como que se despiden y se marchan cada una por un
lado del altar. El que estaba caído se marcha cojeando, pero la otra persona se de-
tiene, se pone a pensar y se vuelve en ayuda del otro. Lo coge del hombro y le acom-
paña bajando del altar al mismo paso)
Narrador:
«Pero si no te conformas con haberlo levantado del suelo y haberle aliviado sus
heridas… Y quieres MIRARLO CON ESPERANZA Y ACOMPAÑARLO para que
recobre su sitio en la vida, en la sociedad y en la comunidad.
Descubrirás que tu corazón y el suyo se engrandecen cuando se COMPARTE
LA VIDA…
Y lo que parecía imposible, se hace posible: LOS CORAZONES CAÍDOS RE-
COBRAN SU DIGNIDAD».
4.ª escena
Narrador:
«Así funciona el corazón de Cáritas: MIRANDO, LEVANTANDO, ACOGIEN-
DO Y ACOMPAÑANDO a tantos corazones caídos que hay a nuestro alrededor».
Canto: Madre de los pobres…
Peticiones
189
Con María construimos espacios de esperanza
• Por los pobres y los que sufren para que les llegue la alegría del Evangelio.
Oremos.
• Por nuestra comunidad para que sea un lugar de acogida y fraternidad, donde
las personas sean capaces de vivir y convivir juntas como signo de otro mun-
do posible. Oremos.
• Por nosotros, para que sepamos mirar, levantar y acompañar a tantas personas
caídas a nuestro alrededor y así seamos constructores de vida y esperanza.
Oremos.
Padrenuestro
Oración final:
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María,
te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
No me dejes, Madre mía.
190
AÑO 2015
Enero, 1:
SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
193
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios
A LA LUZ DE LA PALABRA
Acaba de terminar un año hace muy pocas horas; y, quizás, como nos sucede
muy a menudo, nos hemos despedido de él de un modo no demasiado optimista;
pues tenemos aún en nuestras retinas imágenes de terribles catástrofes naturales,
muertes, hambres, crisis, pobreza... Es posible que este panorama tan trágico nos
haya animado a desearnos con más fuerza un año 2015 lleno de paz, de justicia y de
felicidad. Pero nosotros los cristianos, como hombres de esperanza que somos, más
que a mirar al pasado, nos sentimos invitados a mirar al futuro, al año que acabamos
de estrenar y cuyas páginas están todavía en blanco (lo que nos produce un cierto
vértigo); y ante este año nuevo todos soñamos con una situación también nueva, en
la que tanta tragedia y tanto dolor, que frecuentemente hemos creado nosotros mis-
mos, pasen de una vez por todas al «museo de los horrores».
Sí, hoy, día de año nuevo, soñamos que las generaciones futuras:
• Puedan llegar a comentar que todos estos males sólo eran concebibles en per-
sonas muy extrañas, que vivieron a comienzos del siglo xxi.
• Lo comenten en un clima de paz conseguida e instaurada definitivamente en
todos los pueblos.
• Y lo vivan en «un mundo nuevo, donde reine la justicia» (II Pe 3, 13).
Esto es lo que hoy y aquí soñamos todos nosotros, personas de buen corazón y
buena voluntad; más aún, soñamos que estos sueños:
• Serán un día una realidad tangible y fácilmente experimentable.
• Porque también nosotros les hemos transmitido a las generaciones futuras
nuestras ansias de justicia, de paz, de libertad y de fraternidad.
• Así como los instrumentos necesarios con los que poder hacer de esos deseos
una realidad esplendorosa.
Pero ¿cómo iniciar este proceso hacia ese «mundo nuevo» aquí y ahora? ¡Ojalá
alguno tuviera «la» respuesta exacta! Quizás ni siquiera exista; pero es posible que
todos tengamos «una» pequeña respuesta, que, sin duda, merece ser tenida en cuenta
por todos.
194
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios
Saber ver
El mensaje de las lecturas de hoy y la «Jornada Mundial por la Paz» que celebra-
mos tal vez puedan ayudarnos a formular esas pequeñas respuestas, pues nos dicen
que, si queremos construir un «mundo nuevo», es necesario analizar la realidad con
esmero, «intentando acertar con su sentido exacto», como hizo María, la Madre de
Jesús (Evangelio):
• Asumiendo la oscuridad, la incertidumbre, el no saber cómo acertar.
• Pero manteniendo la esperanza aun en esas circunstancias.
• Y siguiendo avanzando, aunque sea entre tinieblas, por ese camino.
195
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
• «La paz no es un ideal utópico que pueda ser dejado al entusiasmo de ciertos
grupos soñadores. La paz universal se ha convertido en una condición indis-
pensable para la subsistencia de la humanidad (…).
Éste es el resumen del mensaje de Jesús en relación con la paz: Dios ha
intervenido en el mundo para suscitar el amor y la fraternidad entre todos los
hombres, concediéndonos el don de la paz y pidiéndonos nuestra colabora-
ción mientras llega la plenitud de la salvación.
• La paz es don de Dios. Quienes reciben en su corazón la buena noticia del
Reino adquieren una nueva visión del mundo y de la vida; experimentan el
perdón y el amor de Dios que les hace a su vez capaces de perdonar y amar a
los hombres como ellos mismos son amados y perdonados (…). Por todo ello
los pacíficos son llamados “hijos de Dios” y Jesús los proclama bienaventu-
rados: “Bienaventurados los que buscan la paz porque ellos serán llamados
hijos de Dios”.
• La paz es fruto del amor. Esta tarea de pacificación, como el amor cristiano
que la inspira, va siempre más allá de las leyes escritas y de las observancias
legales: «Si alguno te obliga a andar una milla, vete dos con él». Prohíbe de-
volver mal por mal y manda, en cambio, hacer el bien incluso a los que hacen
el mal y a los enemigos; no se toleran odios, desprecios, venganzas ni repre-
salias contra nadie (…).
• La paz, responsabilidad de los hombres. La paz, como todo don de Dios al
hombre, debe contar con nuestra disponibilidad y colaboración. La conver-
sión al Reino de Dios incluye necesariamente nuestro compromiso en favor
de la paz. Este compromiso tiene unos contenidos y unas exigencias morales
que podemos llamar “su verdad”: justicia, amor, verdad, misericordia, espe-
cialmente con los pobres y los oprimidos (…).
Para construir la paz es necesario amar a Dios y a los hombres, insepara-
bles entre sí: «si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que un her-
mano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar y vete pri-
mero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve a presentar tu ofrenda».
De aquí que la “verdad de la paz” tenga sus exigencias y compromisos en fa-
vor del hombre. La calidad cristiana de este compromiso se manifiesta espe-
cialmente en la preferencia por los desvalidos y humillados, en quienes Jesús
mismo se hace presente y nos juzga.
196
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios
• La paz, aspiración de todos los hombres y los pueblos, es un don de Dios, que por
“la Cruz elevada sobre el mundo, lo abraza simbólicamente y tiene el poder de re-
conciliar Norte y Sur, Este y Oeste”. Paz no quiere decir sólo “ausencia de guerra”,
no se reduce al solo equilibrio de fuerzas contrarias, ni nace de un dominio despóti-
co, sino que con razón y propiedad se define como la obra de la justicia.
No hay verdadera paz si no hay justicia: “la paz construida y mantenida
sobre la injusticia social y el conflicto ideológico nunca podrá convertirse en
una paz verdadera para el mundo”.
La justicia se expresa principalmente en el respeto a la dignidad de las per-
sonas y los pueblos y en la ayuda eficaz a su desarrollo. La paz, continuamente
amenazada por el pecado, ha de fraguarse en el corazón del hombre: “ante
todo, son los corazones y las actitudes de las personas los que tienen que cam-
biar, y esto exige una renovación, una conversión de los individuos”» (19).
«La paz para todos nace de la justicia de cada uno. Nadie puede desentenderse
de una tarea de importancia tan decisiva para la humanidad. Es algo que implica a
cada hombre y mujer, según sus propias competencias y responsabilidades» (Juan
Pablo II, «De la justicia de cada uno nace la paz para todos», XXXI Jornada Mun-
dial de la Paz, 1 de enero de 1998, n.º 7).
El método que se deberá seguir, basado en:
• La conversión de los corazones y las mentalidades y en la búsqueda de la verdad.
• El diálogo, fundado en el respeto a todo ser humano, reconocido como hermano.
• El empeño en educarnos y educar para la paz.
• La búsqueda del ecumenismo desde el respeto a la conciencia de cada persona.
(19) Conferencia Episcopal Española, Constructores de la Paz, 1986, números: 22. 33-36,
49-50.
197
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios
(20) Cf. Secretariado social Diocesano, «Construir la paz, un compromiso permanente». Guión
para el trabajo pastoral por la paz. www.iglesiadeasturias.org
198
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios
199
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios
200
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios
Por todos los que estamos aquí reunidos, para que hallemos hoy y durante todo
el año en la eucaristía que celebramos el alimento que da la paz. Oremos.
Sacerdote: Dios, Padre nuestro, escucha nuestra oración, escucha los anhelos de
paz y bienestar de todos los hombres y danos fuerzas para llevarlos a su cumpli-
miento. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Lector:
La paz es «shalon», armonía con Dios, con los hermanos y con la creación; es
felicidad espiritual y material, consecuencia de la justicia, la libertad y el amor. Pero
la paz es también una tarea de todos y de cada uno. Es responsabilidad común, es
una de las aspiraciones más hondas del ser humano. Es consecuencia del respeto de
la dignidad personal; es cultura solidaria, bienes compartidos, sociedad justa... La
paz no es algo hecho, sino un constante quehacer. ¡Que este año nos visite definiti-
vamente la PAZ!
201
Enero, 1: Santa María, Madre de Dios
1. El Señor tenga piedad y nos bendi___ga,
ilumine su rostro sobre noso__tros:
conozca la tierra tus cami__nos,
todos los pueblos tu salvación.
2. Que canten de alegría las nacio__nes,
porque riges el mundo con justi__cia,
riges los pueblos con rectitud__-,
y gobiernas las naciones de la tierra.
3. ¡Oh Dios!, que te alaben los pue__blos,
que todos los pueblos te ala__ben.
Que Dios nos bendi__ga;
que le teman, hasta los confines del orbe.
202
Enero, 4:
SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD
Nada nos podrá separar de su amor manifestado en Cristo Jesús, una vez que se
ha encarnado y ha hecho suyo nuestro emblema de lo humano, ahora estamos toca-
dos de ternura y de resurrección divina en la humanidad de Jesucristo. Ahora el ca-
mino de la vida se convierte en el lugar donde somos alimentados con la bendición
del Padre en el Hijo, que nos llena de su Espíritu, para que no nos falte la sabiduría
de la vida. Para poder leer creyentemente la historia y saber que sólo Él es el cami-
no, la verdad y la vida que se nos ha hecho carne, para que el encuentro nos sea
plausible a los que somos torpes para entender la Escritura y lo que nos dice de Él.
Ahora todo nos habla de ti y no podemos seguir a otro ni comer otro pan que el que
tú nos das partido en la mesa de la comunidad humana, donde somos trabajadores
del Reino de la paz y la justicia a tu lado, con un jornal de Gloria que nada ni nadie
podrá ya quitarnos jamás.
TEXTOS DE LA CELEBRACIÓN
Sir 24, 1-4. 12-16. La Sabiduría abre la boca en la Asamblea del Altísimo.
Sal 147. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Ef 1, 3-6. 15-18. Bendito sea Dios, que nos ha bendecido en la persona de Cristo.
Jn 1, 1-18. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.
203
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad
A LA LUZ DE LA PALABRA
Vivir es caminar
Sabiduría
Las lecturas de hoy nos ofrecen unas pistas para llevar a cabo este recorrido; nos
dicen que necesitamos sabiduría (I lectura), que, a pesar del cansancio:
• Nos ayude a buscar una y otra vez el sentido de ese recorrido, de la vida, de
sus acontecimientos y de sus sorpresas.
• Nos ayude a descubrir, en ese caminar, signos de esperanza donde los demás
sólo los ven de desesperanza y de muerte.
• Nos ayude a mantenernos en esa esperanza, a pesar de todos los problemas
que encontremos y de todos los errores que cometamos.
Gratuidad
204
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad
Agradecimiento
Dios se hace carne para conocer nuestra fragilidad, nuestra pequeñez, nuestro
dolor, y se establece aquí, pone su tienda para estar siempre cerca de nosotros, vi-
viendo junto a nosotros. Dios quiere estar con nosotros y quiere entrar en nuestras
vidas, pero no para que lo encerremos en nuestras categorías, en nuestros esquemas,
en nuestras maneras de pensar, quiere que lo acojamos allí donde Él hoy vive entre
nosotros: en los pobres, los enfermos, los pequeños, los que sufren.
Celebrar, pues, la Navidad es ser capaces de ir a la tienda, entrar en ella, encon-
trarnos con Él y descubrir quién es realmente. Y es dejarse «afectar» por el mundo
de los pobres y de los excluidos de este mundo donde Dios habita.
Dar gracias
Desde esta experiencia habremos de ser capaces de decir, como nos ha dicho el
autor de Efesios:
• «No ceso de dar gracias a Dios por vosotros». ¡Y cuántos «vosotros», afortu-
nadamente, hay en la vida de cada uno de nosotros!
• Dar las gracias al que ha puesto «su casa de piel» (así llaman algunos bedui-
nos a sus tiendas) en medio de nosotros.
• ¿Y qué más cercano a nosotros que «la piel», que nos individualiza y, a la
vez, nos pone en relación con los demás?
Es posible que, de este modo, nos resulte más fácil iniciar el camino, comenzar a
recorrer este año que acabamos de estrenar; es posible que, de este modo, nos resulte
más fácil empezar a poner las bases de lo que será nuestro futuro y el de nuestros
descendientes. Comencemos a vivir este nuevo año con la nueva sabiduría de Dios,
un Dios que viene a habitar «en» nosotros y «con» nosotros. Dios se deja afectar por
205
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
206
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad
tiempo, te dice: pídesela a Dios, déjate conducir por el único Sabio, capaz incluso de
devolverte la vida que pierdes, y confía tu realización última a Él. Lucha por tu reali-
zación, pero también suplícale y recíbela» (21).
(21) J. L. Elorza, “Drama y Esperanza”. En El ser humano interrogado por la realidad. Tomo
III, Frontera, Vitoria, 2005, 30.
207
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad
sentimos más lejanos, y tantas otras cosas que cambian… Yo creo que incluso mi-
ramos a Dios de otra manera… Y lo importante es entonces, y pese a todos, seguir
mirándole» (22).
• Al iniciar este nuevo año, ¿cuál ha de ser la sabiduría con la que afronte-
mos el año que tenemos por delante?
• ¿Cómo ser bendición para los otros en este año 2015?
• ¿A quiénes tenemos que dar gracias por todo lo que hemos recibido como
don en el año que ha finalizado?
• Jesús «ha puesto su tienda en medio de nosotros». La Navidad es ser capa-
ces de ir a la tienda, entrar en ella, encontrarnos con Él y descubrir quién es
realmente. Y es dejarse «afectar» por el mundo de los pobres y de los ex-
cluidos de este mundo donde Dios habita. ¿Qué pasos o proceso seguir para
«ir» a la tienda de Jesús y dejarte afectar por el mundo de los pobres?
Sacerdote: Jesús, el hijo de Dios, el hijo de María, esté con todos vosotros.
(22) D. Mollá Llácer, «Espiritualidad y acción social en el documento “La Iglesia y los po-
bres”, Corintios XIII, 143 (2012), 104-105.
208
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad
Es un mensaje para todos nosotros, una invitación a que también nosotros ponga-
mos nuestra tienda en medio del campo de la vida de los hombres, sin buscar privile-
gio alguno.
Demos gracias a aquel que «se hizo carne y acampó entre nosotros», como nos
va a decir dentro de unos minutos la lectura del Evangelio.
Lector: Este texto que vamos a escuchar pertenece a uno de los pasajes del Anti-
guo Testamento en los que la Sabiduría es personificada en forma de mujer.
Aquí la Sabiduría «hace su propio elogio»; es decir, se nos da a conocer a sí misma.
Los cristianos creemos que esta Sabiduría es un anticipo de lo que en Cristo va a
llegar a su plenitud, como nos dirá después la lectura del Evangelio.
Lector: En este himno cristológico el autor de la Carta a los Efesios nos dirá que
el Padre gratuitamente nos ha hecho hijos suyos en Jesús su Hijo, en quien se perso-
naliza «la esperanza a la que hemos sido llamados».
209
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad
Lector: Por la Iglesia, para que sea siempre un espacio acogedor en el que todos
puedan sentarse en torno a la misma mesa. Oremos.
• Por todos los hombres de buena voluntad que luchan por la paz y la justicia.
Oremos.
• Por todos los que en los diversos países del mundo dedican su vida a crear
condiciones dignas de vida para todos los ciudadanos. Oremos.
• Por los niños que muy pronto recibirán sus regalos de reyes, para que man-
tengan siempre la ilusión y la capacidad de sorprenderse. Oremos.
• Por nosotros que estamos aquí reunidos celebrando la Eucaristía, para que
contribuyamos con nuestro esfuerzo a crear un mundo más justo y más soli-
dario. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, estas oraciones, que te hemos presentado con fe por
Jesucristo nuestro Señor.
210
Enero, 4: Segundo domingo después de Navidad
1. Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios Sión,
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
2.
Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina;
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz.
Anuncia su palabra a Jacob,
3.
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.
211
Enero, 6:
EPIFANÍA DEL SEÑOR
213
Enero, 6: Epifanía del Señor
A LA LUZ DE LA PALABRA
El regalo
Fiesta y Alegría
La gran alegría es que el Todopoderoso se nos manifiesta ahora en nuestra carne, Dios
se ha acostado en un pesebre, es el Dios de la debilidad, el Dios necesitado del hombre.
(23) No olvidemos lo que nos decía A. Machado: «Todo necio / confunde valor y precio» (Ma-
chado, A. Proverbios y cantares, LXVIII).
214
Enero, 6: Epifanía del Señor
Fiesta y encuentro
El Papa nos anima a buscar a Aquél que se deja encontrar a los que lo bus-
can de corazón: «Dios es luminoso y se deja encontrar por aquellos que lo bus-
can con sincero corazón… Para los magos, la luz de Dios se ha hecho camino,
como estrella que guía por una senda de descubrimientos. La estrella habla así
de la paciencia de Dios con nuestros ojos, que deben habituarse a su esplendor.
El hombre religioso está en camino y ha de estar dispuesto a dejarse guiar, a
salir de sí, para encontrar al Dios que sorprende siempre» (Papa Francisco, Lu-
men fidei, 35).
Buscar en la debilidad
215
Enero, 6: Epifanía del Señor
Fiesta y estudio
Pero celebramos también una dimensión que hoy, a menudo, se nos escapa, «LA
FIESTA DE LOS INTELECTUALES»:
• Es la fiesta de todos aquellos que en aquella y en esta época se dedican al es-
tudio.
• Y buscan el sentido último de la/su vida.
• De aquellos que tratan de «dar razón de su esperanza a todo el que se lo soli-
cita» (I Pe 3, 15).
• Son personas que iluminan nuestra realidad y nos ayudan a entenderla.
• Y, si son cristianos, contribuyen a hacer de nuestra Iglesia «una Iglesia inte-
lectualmente habitable», lo que tantas veces echamos de menos.
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
Los Magos fueron buscadores del Niño Dios. Hoy la pregunta está en la calle:
¿Dónde está tu Dios?
216
Enero, 6: Epifanía del Señor
217
Enero, 6: Epifanía del Señor
Oración del Voluntario (El voluntario está llamado a ser estrella en este mundo)
Ser Magos
«Nosotros, los mayores, tenemos que hacer de Magos, para decir a los niños que
hay estrellas que guían a la Navidad, en la ruta de la vida, que sigue abierta.
1.
Nosotros, los mayores, somos responsables directos o indirectos de los
40.000 niños de Belén y sus alrededores (todo el mundo) que mueren de
hambre cada día, asesinados por un sistema que sólo se busca a sí mismo.
Nosotros, los Magos, debemos crear un mundo donde ningún niño-Dios
muera abandonado.
218
Enero, 6: Epifanía del Señor
2. Nosotros, los Magos, debemos enseñar a los niños (con nuestro ejemplo so-
lidario) que la vida es un don, que el oro del mundo es un regalo, para todos
los hombres y mujeres del mundo: que la economía de la tierra está al servi-
cio de la vida y la ilusión de todos, desde China, la India y Persia (tierras de
los Magos) hasta el extremo del occidente. Que no nos mataremos por oro ni
petróleo, sino que lo compartiremos, para bien de todos los niños.
3. Nosotros, los Magos, tenemos que decir a los niños con nuestro ejem-
plo y nuestra vida hecha regalo que la vida es gozo y gloria, es incien-
so de admiración y de ternura, de intimidad orante y de cercanía. Tene-
mos que decirles que no buscaremos la gloria del poder, la victoria de
la imposición, el incienso de la mentira, sino que buscaremos y com-
partiremos el incienso del amor que puede celebrarse en intimidad de
familia. Les diremos que habrá siempre un perfume a su lado (a nues-
tro lado), al lado de todos los hombres y mujeres, que podrán comer y
gozarse y soñar...
4. Nosotros, los Magos tendremos que enseñar a los niños que la vida está he-
cha también de mirra. La mirra es perfume de amor (de enamorados), pero
también es bálsamo de muerte (se emplea para honrar a los cadáveres). La
mirra es como una flor preciosa que nos puede acompañar en la vida, en el
crecimiento de cada día, en la comunión de cada noviazgo, en la tristeza y
esperanza de cada despedida... Que cada muerte sea tiempo de amor, espe-
ranza de amor (y no fruto de violencia)» (25).
La Navidad no es un cuento
219
Enero, 6: Epifanía del Señor
• Te regalo mi alegría para que tengas una fuente inagotable de paz.
• Te regalo mis fuerzas para que te sostengas en tu cansancio cuando sirvas a
los demás.
220
Enero, 6: Epifanía del Señor
• Te regalo mis ojos para que con ellos puedas dar una nueva mirada a este uni-
verso que puse a tu servicio.
• Te regalo mi caridad para que sientas el anhelo de trabajar por los desposeí-
dos y de compartir tu pan con los hambrientos.
• Te regalo mi amor para que llene tu corazón de él, puedas prodigarte a los
demás.
• Te regalo mi paz para que con tu buena voluntad des gloria a Dios.
• Te regalo mi humildad para que, desde tu condición de hombre, estés dis-
puesto a crecer y superarte.
• Te regalo mi sencillez para que puedas llegar al Reino de los Cielos.
• Te regalo la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar y mi va-
lentía para cambiar las que puedo.
• Te regalo las caricias de mis manos para que te consuelen y alienten.
• Te regalo mi presencia gratuita.
• Te regalo mi humildad para engrandecerte.
• Te regalo la luz de mi mirada para que guíe tus pasos.
• Te regalo mi misericordia para que con ella juzgues a tus hermanos.
• Te regalo mi alegría para que con ella contagies al mundo.
• Te regalo mi ternura para que con ella sirvas a los pequeños y a los nece-
sitados.
• Te regalo mis manos para que con ellas construyas mi Reino.
• Te regalo mi amistad para que en ella te apoyes.
• Te regalo mi paz para que la contagies a todos los que crucen en tu camino.
• Te regalo mi hombro que sostuvo la cruz del pecado de la humanidad para
que te ayude a cargar tu cruz.
• Te regalo el perdón para que como un bálsamo sane el rencor y cada ofensa
que guardes en tu corazón y así en paz contigo mismo me ofrezcas lo mejor
de ti.
• Te regalo mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.
• Te regalo mis pies para que te guíen por el camino de la verdad.
• Te regalo mi amor para que sea la prenda de tu felicidad.
• Te regalo mi palabra para que con ella denuncies la injusticia.
221
Enero, 6: Epifanía del Señor
222
Enero, 6: Epifanía del Señor
Es la fiesta que llama a toda la Iglesia, a cada uno de nosotros, a ser epifanía,
manifestación, para todos los hombres de nuestro tiempo, del Niño nacido en Belén.
Lector: El autor de la Carta a los Efesios nos dirá que la discriminación, introdu-
cida en la humanidad por ciertas religiones y culturas, va en contra del proyecto ini-
cial de Dios; un proyecto que se ha manifestado de modo definitivo en Jesús, el Hijo
de Dios, en favor de todos los pueblos.
Lector: Por la Iglesia, para que en un mundo dividido por luchas y discordias sea
signo profético de unidad y de paz. Oremos.
223
Enero, 6: Epifanía del Señor
Por todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que el Espíritu conti-
núe inspirándoles sentimientos de solidaridad y los aliente en su trabajo en favor de
la justicia y de la fraternidad entre todos. Oremos.
Por los niños que hoy gozan con la ilusión de los juguetes y por todos aquellos
que no pueden tenerlos; por los padres y los educadores, para que se esfuercen en
hacer crecer a los pequeños en los valores de la generosidad y de la fraternidad. Ore-
mos.
Por todos nosotros, para que seamos capaces de transmitir con nuestra vida la ra-
zón de nuestra esperanza. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, la oración que con fe te hemos dirigido por Jesucris-
to nuestro Señor.
Lector:
Queremos poner encima del altar unos signos de nuestra vida, que deseamos
que, unidos a la ofrenda de la vida de Cristo, sean fecundados por su gracia en favor
de la Iglesia, de la sociedad y de todos los que compartimos esta eucaristía:
as espigas que tienen muchos granos de trigo. Cada grano debe morir para
• L
dar fruto, pero fundamentalmente para transformarse y darnos el pan tan ne-
cesario como alimento para nuestro cuerpo, tan necesario para los pobres; y
el pan de la Eucaristía, signo de nuestra comunión entre nosotros y con Dios:
signo de la ofrenda del Cristo. Unidas a la uva, que se transforma en el vino,
que es fuente de nuestra salvación; Sangre que Cristo ha derramado por noso-
tros, y que alegra el corazón de los hombres y mujeres, que se saben amados
y liberados por Dios.
• Vela encendida. Queremos ser, unidos a ti, Señor, la luz que ilumina en
nuestro mundo en estas horas tan difíciles para nuestro mundo y nuestra Igle-
sia.
• Una caja de regalos abierta. El mundo necesita más de nuestra familiaridad
que de nuestras cosas. Queremos ser regalos para nuestro prójimo, ofrecer
como Jesús nuestra misma vida.
224
Enero, 6: Epifanía del Señor
SALMO EPIFANÍA
Música: Juan Jáuregui
225
Enero, 11:
BAUTISMO DEL SEÑOR
227
Enero, 11: Bautismo del Señor
A LA LUZ DE LA PALABRA
Afortunadamente hoy no nos sucede lo mismo que a algunos cristianos del siglo I,
para quienes la relación entre Jesús y el Bautista era un foco de problemas (¿era
Juan más importante que Jesús, puesto que aquél había bautizado a éste?), que trata-
ron de «solucionar» convirtiendo al «Bautista» en «Precursor» (como podemos ver
con facilidad, si leemos diacrónicamente los relatos evangélicos del bautismo de Je-
sús); es decir, poco a poco Juan pasa a ser no el que bautiza a Jesús (en Jn ya no se
nos cuenta esto), sino el que lo anuncia.
Hoy, sin embargo, todos aceptamos con normalidad que:
• Jesús pudo ser discípulo de Juan, al menos durante un tiempo.
• Y que, sin duda, Juan fue quien bautizó a Jesús.
Pero no menos importantes que estos puntos de contacto son las discrepancias
que se dan entre ambos; por ejemplo, éstas:
Distintos espacios en que se desarrolla la misión de uno y otro:
• La del Bautista en el desierto, separado de la ciudad y sus habitantes.
• La de Jesús en la ciudad, en cercanía con los hombres y, en especial, con to-
dos aquellos a quienes la religión y la cultura «oficiales» consideraban como
personas con las que no se debía tratar.
• Su modo de comportarse: el de Juan, al menos, parece sombrío, duro y ame-
nazante, Jesús, nos ha dicho la II lectura, «pasó haciendo el bien y curando a
los oprimidos». Él vivió su vida de acuerdo con lo que nos ha dicho la I lec-
tura: «No voceará por las calles, no quebrará la caña cascada, no apagará el
pábilo vacilante».
228
Enero, 11: Bautismo del Señor
• Jesús nos habla de un Dios «Abbá», que «tanto amó al mundo, que le entregó a su
Hijo único» (Jn 3, 16): Un Dios que se hace presente en él como Buena Noticia.
Juan Bautista habla de condena, de juicio, de miedo ante un Dios al que hay que
temer. Jesús habla de amor, de salvación, de perdón, de misericordia. El Padre Dios
envía a su Hijo al mundo para que no sigamos por las corrientes de muerte y destruc-
ción por las que camina la humanidad; viene para realizar el plan de Dios, un plan de
fraternidad que ha de realizarse a través de la «compasión» y de la solidaridad con las
miserias humanas. Jesús viene para sembrar esperanza para todos. Con Jesús hay es-
peranza para cada uno de nosotros, aunque estemos llenos de grandes miserias.
No al miedo
Jesús no viene para que le tengamos miedo a Dios, no viene con un mensaje
amenazador, sino con un mensaje de vida. Él no utiliza la espada, ni siquiera la hoz
para cortar la caña cascada. Ni sopla amenazador sobre la llama que despide una luz
cada vez más mortecina.
Todo es, tal vez, un mensaje que nos invita a:
Ser ciudadanos
• Insertarnos en la ciudad.
— Sin ventajas, sino desde la propia debilidad.
— Sirviendo gratuitamente a todos.
— Pero privilegiadamente a aquellos que están en los márgenes.
Siendo entre los hombres «buena noticia» del que es la Buena Noticia.
• Sin «gritar», «quebrar» ni «apagar», a lo que, a veces, estamos los cristianos
tan acostumbrados.
• Olvidando el anuncio sombrío de Juan, que tantas veces ha caracterizado el
anuncio de la Iglesia a través de los siglos.
229
Enero, 11: Bautismo del Señor
Haciendo presente con nuestra vida no al Dios justiciero del Bautista, sino al
«Dios-Abbá» de Jesús, al Dios que «tanto amó al mundo…».
Cada uno de nosotros, por el bautismo, quedamos «injertados» en Cristo Jesús.
Escuchamos las mismas palabras del Padre: «Tú eres mi hijo querido». Y el viento
amoroso de Dios nos envía al mundo para testimoniar con gestos, con palabras, con
vida, que somos seguidores de Jesús. Ahora nuestra vida quiere configurarse según
Jesús, queremos ser compasivos como Él, queremos ser personas de esperanza abra-
zando a la humanidad herida, levantando a los que se encuentran caídos, queremos
ser felices según el espíritu de Jesús: el espíritu de las bienaventuranzas.
En el fondo éste es el mensaje de toda la Navidad; el mensaje del que estamos
intentando ser testigos en estos días y durante toda nuestra vida. Por eso hoy como
bautizados, aquí y ahora, le damos gracias al Padre en esta celebración.
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
El bautismo y la transmisión de la fe
230
Enero, 11: Bautismo del Señor
ser recibida, entrando en la comunión eclesial que transmite el don de Dios: nadie se
bautiza a sí mismo, igual que nadie nace por su cuenta. Hemos sido bautizados» (27).
Aquel hombre estaba lleno de orgullo y satisfacción, había sido Padre. Por su ca-
beza sólo circulaban proyectos para la nueva criatura, sueños que no había alcanzado
y que podrían hacerse realidad en su descendencia; pero lo que más le importaba es
que fuese feliz en esa vida que empezaba.
La formación que había ido adquiriendo, unas veces de forma reglada, otras auto-
didacta y, la mayoría de las fundamentales, por propia experiencia de la vida, le hacía
intuir que el verdadero camino a la felicidad pasaba por ser persona. Ser persona en
toda su plenitud, desarrollando todas las potencias del ser humano, física, mental y es-
piritualmente. Creándose un proyecto de vida y disfrutar cumpliendo etapas.
231
Enero, 11: Bautismo del Señor
Lo inscribiría en los mejores colegios, en los mejores cursos, en las mejores aso-
ciaciones… Lo educaría, o encargaría que lo educaran, en los mejores valores.
Por todo ello, y también por la tradición familiar, dio los pasos necesarios para
celebrar su nacimiento con el bautizo, invitaría a los amigos y familiares, daría una
buena comida. Fue a informarse a la parroquia más cercana, alguna vez había apare-
cido por allí, y se dirigió al cura para ultimar los detalles.
El sacerdote le explicó que tendría que hacer un cursillo; un trámite más, pensó.
Le dieron un cuestionario que le planteaba los motivos reales por los que pedía el
Bautismo para su hijo, lo que suponía y a lo que se comprometía.
Fue interesante aquello de comentar los valores humanos, que nada malo le iba a
reportar a su hijo; fue entretenida la explicación del rito, así se enteraría mejor y po-
dría saber qué tenía que hacer en cada momento… Pero, cuando le preguntaron que
de qué le había servido su bautismo quedó perplejo.
De pronto comprendió que su Padre Dios había tenido para él los mismos sen-
timientos que se despertaron en él para con su criatura, que le había creado un plan
de vida que le permitiría ser persona, en una familia, con un proyecto y un com-
promiso, y se había comprometido en ayudarle a llevarlo a cabo en aquel rito del
Bautismo que había quedado guardado en su corazón como quedó guardado el ba-
tón de cristianar en el cajón de la cómoda. Y pensó: ¿Cómo podría yo revitalizar
mi bautismo?
232
Enero, 11: Bautismo del Señor
Sacerdote: El amor y la paz de nuestro Señor, Jesucristo, el Hijo amado del Pa-
dre, estén con todos vosotros.
Lector: Celebramos hoy la fiesta del bautismo del Señor. Jesús, aquel niño a quien
hemos adorado durante estos días pasados de la Navidad, es ya un hombre adulto dis-
puesto a llevar a cabo la misión de anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios.
Hoy contemplaremos cómo el Espíritu desciende sobre Él y el Padre lo proclama
como su Hijo amado, su preferido.
Ahora nosotros, reunidos en torno a su mesa y a su palabra, trataremos de reno-
var nuestra fe en Él y nuestro deseo de seguir su camino.
Sacerdote: Cada vez que celebramos la eucaristía recibimos el amor y el perdón que Je-
sús gratuitamente nos ha conseguido; por eso hoy, una vez más, comenzamos nuestra cele-
bración con unos momentos de silencio, en los que acogemos su perdón y su misericordia.
• Tú, el Hijo amado del Padre, Señor, ten piedad.
• Tú, luz que ilumina a todos los hombres, Cristo, ten piedad.
• Tú, camino, verdad y vida, Señor, ten piedad.
Lector: El primer cántico del Siervo de Yahweh nos muestra a una persona a la
que se le encomienda la misión de anunciar la Buena Noticia; pero no gritando, sino
sosteniendo la esperanza de los demás, siendo luz para todos.
En Jesús, a quien veremos en el Evangelio de hoy comenzando su misión junto
al Jordán, se nos va a manifestar de un modo definitivo que esa Buena Noticia se ha
personificado en él.
233
Enero, 11: Bautismo del Señor
Lector: En los primeros días de Navidad hemos contemplado a Jesús, que nacía
entre nosotros, y hemos reconocido en Él todo el amor y toda la bondad de Dios
para con nosotros.
Ahora este texto del libro de los Hechos de los Apóstoles nos va a decir que
«pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos».
Sacerdote: Unidos con Jesús, el Hijo amado de Dios, presentemos nuestras ora-
ciones al Padre, diciendo: Padre, Escúchanos.
Lector: Por todos los cristianos, para que tengamos siempre puestos nuestros
ojos en Jesús, el fundamento último de nuestras vidas. Oremos.
Por todas las mujeres y todos los hombres, para que en su corazón crezcan los
mismos sentimientos de Jesús, a fin de que nuestro mundo sea cada vez más huma-
no. Oremos.
Por nosotros que estamos aquí reunidos celebrando la Eucaristía, para que, como
Jesús, nos dejemos poseer por su Espíritu. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, nuestra oración y concédenos lo que con fe te hemos
pedido por Jesucristo nuestro Señor.
Lector:
• Señor, queremos recordar nuestro bautismo, esta agua nos ha convertido en
hijos de Dios, y así queremos vivir: como verdaderos hijos de Dios que se
comprometen por construir el Reino entre los hombres.
• Señor, te presentamos este pan y este vino, fruto de la tierra del hombre, los
que se convertirán por la acción del Espíritu Santo en tu cuerpo y en tu san-
gre, alimento que nos fortalece el espíritu y nos impulsa en el caminar de la
vida.
234
Enero, 11: Bautismo del Señor
SALMO BAUTISMO DEL SEÑOR
Música: Juan Jáuregui
1. Hijos de Dios, aclamad_ al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
2. La voz del Señor sobre las a__guas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es magnífica.
3. El Dios de la gloria ha trona__do.
El Señor descorteza las sel__vas.
En su templo un grito unánime: ¡Glo_ria!
4. El Señor se sien__ta
por encima del aguace__ro,
el Señor se sienta como rey eterno.
235
TIEMPO ORDINARIO
Enero, 18:
SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B
239
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B
A LA LUZ DE LA PALABRA
Lo ordinario en el seguimiento
Es esta «vida ordinaria» nuestra una vida de la que, con frecuencia, hacemos un
análisis parecido al que formulaba el autor del primer libro de Samuel en los ver-
sículos que anteceden a la primera lectura de hoy (y que inexplicablemente no han
sido tenidos en cuenta, con lo que se nos ha privado del contexto). Decía dicho autor
así:
• «En aquel tiempo era rara la Palabra de Yahvé».
• «Y no eran corrientes las visiones».
• En aquel tiempo, en síntesis, se caminaba «cuando aún era de noche».
240
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B
Hoy, dos mil años después, volvemos a escuchar estas mismas palabras; pero en
un contexto lleno de ofertas y de respuestas, por lo que la pregunta podría ser refor-
mulada de este otro modo: «¿Qué buscáis en este amplio mercado de ofertas de todo
tipo que la vida hoy nos ofrece?». Y tal vez no sabemos responder demasiado bien,
pues con frecuencia en este mercado:
• Tomamos cualquier oferta.
• La utilizamos y, al poco tiempo, la tiramos, pues no nos llena.
• Y volvemos a comenzar otra vez el mismo proceso.
Pero en este repetitivo proceso de «usar y tirar» resuena de nuevo su palabra que
nos dice:
• «¿Qué buscáis?»… y nos sentimos desconcertados y no sabemos qué res-
ponder.
• Y en ocasiones hasta descubrimos que ni siquiera sabíamos que «buscába-
mos»: «Sólo vivíamos «monó-ton-amente», «Señor», le decimos:
Pero, como sucede en el Evangelio de hoy, sentimos que Él «se nos queda mi-
rando»… y, como aquellos dos, le preguntamos: «Rabí, ¿dónde vives?». Y escucha-
mos que Él nos responde con una invitación:
«Venid»
• Dejad lo ya sabido.
• Poneos en camino.
• Fiaos de mi palabra.
«Y lo veréis»
• Aunque sea en oscuridad.
• Y sólo consigamos atisbos parciales.
• …Y siga siendo de noche.
Ante esta invitación suya a todos nos gustaría ser capaces de responder como lo
hizo Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».
241
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B
Lo extraordinario de lo ordinario
¿Y si fuese sólo (?) esto lo que se nos pide en este tiempo ordinario?
• Escuchar su palabra.
• Ponernos en camino.
• Buscar, aunque «sea de noche».
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
¿Qué buscáis? (29)
242
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B
Sin duda, se trata de una reacción vital frente a una civilización que adormece el
vigor espiritual del hombre y frente a una sociedad tan saturada de confort, confor-
mismo y banalidad.
Y los cristianos, ¿buscamos algo? ¿Qué buscamos al creer en Jesús? Ciertamen-
te, no es posible encontrarse vitalmente con Cristo si uno no adopta una postura de
búsqueda sincera. No es posible un encuentro auténtico con Él desde una actitud
de indiferencia, apatía e insensibilidad ante la propia vida y la de los demás.
En nuestros tiempos se hace cada vez más difícil creer en algo. La vida nos es-
carmienta muy pronto y uno no sabe ya en qué o en quién apoyar su existencia. Se
diría que sólo podemos creer en alguien cuando comprobamos por experiencia que
su presencia nos hace vivir. Lo mismo podríamos decir de nuestra fe en Dios.
Los cristianos de hoy nos descubriremos con gozo como creyentes cuando haya-
mos hecho la experiencia personal de buscar a Dios y hayamos experimentado en lo
íntimo de nuestro ser que también hoy Dios hace vivir a quien lo busca».
«Lo primero que queremos significar es que para nosotros, cristianos, el volunta-
riado no es un entretenimiento, ni una manera de ocupar el tiempo libre, ni sólo una
forma de sentirnos útiles y hacer algo por los demás.
Nos hemos puesto en marcha hacia el mundo de los pobres y hemos puesto
nuestra vida a su servicio, no por ocupar el tiempo y buscar un entretenimiento, sino
porque nos hemos sentido llamados a este servicio desde nuestra identidad y com-
promiso cristiano. Esto mismo estoy seguro de que se puede decir de la mayoría de
los cristianos que viven su voluntariado en otras instituciones.
¡Hemos sido llamados! Ésta es la raíz de nuestro voluntariado. Y hemos sido lla-
mados a gritos, pues eso significa literalmente vocación: llamados a gritos por la po-
breza, la marginación, la exclusión social. Llamados al clamor por la justicia, la fra-
ternidad, la gratuidad del amor. Llamados por un Dios que tiene entrañas de amor
—eso significa misericordia—, que se conmueve ante la pobreza y el sufrimiento
humano y nos convoca a todos a su Reino, a una nueva humanidad en la que la vida
sea posible para todos, todos puedan sentarse a la mesa y en la que los excluidos
puedan integrarse a la comunidad y vivir con dignidad» (30).
(30) V. Altaba Gargallo, Gozos y retos del voluntariado vivido como vocación, Cáritas Españo-
la, 2011, 17-18.
243
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B
244
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B
• Tú, que has venido a anunciarnos la Buena Noticia, Señor, ten piedad.
• Tú, que nos llamas a seguirte, Cristo, ten piedad.
• Tú, que quieres reunir a todos los hombres, Señor, ten piedad.
El Padre, que en Jesucristo nos llama una y otra vez a la conversión, tenga mise-
ricordia de nosotros, perdone...
245
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B
(Por todas las Iglesias cristianas, para que en estos próximos días de especial
oración por la unidad demos pasos significativos de acercamiento entre nosotros.
Oremos.)
Por nosotros que estamos aquí reunidos, para que sepamos tener una actitud
abierta a las llamadas que Dios nos dirige. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, esta oración que, movidos por tu Espíritu, te hemos
dirigido con fe por Jesucristo, nuestro Señor.
246
Enero, 18: Segundo domingo del tiempo ordinario B
247
Enero, 25:
TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B
COMO TÚ
Ya no podemos querer otra cosa. Hemos ido por el campo de la vida, te hemos
encontrado como un tesoro y, por la alegría que nos ha dado, ya no podemos que-
rer otra cosa que ser contigo. Nuestro horizonte se ha abierto para la eternidad, te-
nemos sed de vida eterna, de vivir y ser contigo en el paraíso. Mientras vamos de
camino, una tensión nos mantiene, la de entrar en la dicha de tu reino y vivir las
bienaventuranzas. Queremos ser como Tú, tener hambre y sed de justicia, ser man-
sos y pacíficos, sentir la riqueza de la pobreza, llorar con los que lloran y procla-
mar tu misericordia con un perdón sin límites, vencer el fracaso con tu esperanza,
y fecundar la muerte con el amor y la entrega. Ahora nada nos da miedo, sólo sen-
timos el temor reverente de no saber acoger tu amor, de no abrirnos de un modo
suficiente a tus sentimientos, por eso te pedimos «conviértenos, para que nos con-
virtamos a Ti».
249
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B
A LA LUZ DE LA PALABRA
Invitados al Evangelio
Cuando Jesús comienza su vida pública, el primer mensaje que, según Mar-
cos, transmite a sus oyentes está como troquelado en muy pocas palabras, pala-
bras tan sencillas y escuetas como éstas: «Convertíos y creed en el Evangelio».
Son unas palabras que, quizás, nos recuerden a todos el rito de la imposición de
la ceniza, con el que se inicia la Cuaresma; pues son estas mismas palabras las que
acompañan dicho rito.
Pero, nos recuerden o no este rito, estas palabras de Jesús son ante todo:
• Una llamada a la conversión.
• Una invitación a que acojamos al/la Buena Noticia.
La conversión es un proceso
Por todo ello, si queremos entender el mensaje que hoy Jesús nos dirige, lo pri-
mero que hemos de hacer es tratar de clarificar qué significa «conversión»; y es evi-
dente que «conversión» no es:
• La reacción superficial e inmotivada propia de personas inmaduras, que
«cambian» sus planteamientos ante cualquier situación adversa que pueda al-
terar su «bien-estar».
• Ni tampoco la fe de aquellas personas que ven la realidad como mala y re-
chazable, por lo que tratan de ignorarla… y «miran hacia otro lado».
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Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B
Más ¿qué es eso de «la Buena Noticia»? A través de la historia nos han ofrecido,
y nos siguen ofreciendo, demasiadas «buenas noticias»; por ejemplo:
• «Busque lo mejor para usted y olvide los problemas de los demás», «no se
meta en líos, si no va a sacar algún provecho de ello»…
• Son las «buenas noticias» que fetichizan la vida y endurecen el corazón.
• Y reducen todo al propio interés y al olvido del otro.
Para nosotros, cristianos, «la Buena Noticia» es «el Buena Noticia», aquél en
quien «se ha manifestado la bondad de Dios y su amor a los hombres» (Tit 3, 4): Creer
en «el Buena Noticia» es pues:
• «Tener sus mismos sentimientos» (Flp 2, 5).
• Siendo, como Él, «buena noticia» en nuestro entorno.
• Convertirnos.
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Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B
«Éste es el ayuno que quiere el Señor», nos decía el profeta (Is 58, 6) ¿Que esto
no pasa de ser una «utopía»? Tal vez sea así. Pero, si hay un «topos», ¿cuál mejor
que éste: una celebración, ésta de la Eucaristía, que algunos llaman «la fiesta de los
locos» (H. Cox)?
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
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Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B
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Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B
Lector: Como los primeros discípulos de Jesús también nosotros hemos oído
su llamada, que nos dice: «Se ha cumplido el plazo, se ha acercado el Reino de
Dios. Convertíos, cambiad vuestra forma de ver las cosas, creed en la Buena Noti-
cia».
Hemos oído este anuncio, hemos reconocido en Jesús a Alguien que nos ofrece
palabras capaces de hacer de nosotros personas nuevas y hemos deseado ponernos
en su seguimiento.
Este seguimiento es lo que ahora celebramos agradecidos.
Lector: La primera lectura que vamos a escuchar es sencilla y clara; nos habla de
un hombre que recibe la llamada de Dios para anunciar la Buena Noticia a unas per-
sonas a las que Él creía que no había que anunciarla; pero, después de superar sus
resistencias, llevará finalmente a cabo su misión.
254
Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B
Sacerdote: Elevemos ahora juntos nuestra oración a Dios, nuestro Padre, y digá-
mosle: Padre, Escúchanos.
Lector: Por la Iglesia, para que se sienta siempre necesitada de conversión. Ore-
mos.
Por nuestros gobernantes, para que trabajen por la construcción de un futuro me-
jor para nuestro pueblo. Oremos.
Por los que no se creen necesitados de conversión, para que despierten de su ilu-
soria seguridad. Oremos.
(Por todas las Iglesias cristianas, para que en estos días de especial oración por la
unidad demos pasos significativos de acercamiento entre nosotros. Oremos.)
Por los pobres, para que encuentren acogida en nuestras vidas. Oremos.
Por nosotros, para que experimentemos la conversión como una llamada a la ale-
gría y a la fiesta. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, estas oraciones que te hemos dirigido con fe y con-
fianza por Jesucristo nuestro Señor.
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Enero, 25: Tercer domingo del tiempo ordinario B
SALMO 3.er DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Música: Juan Jáuregui
1. Señor, enséñame tus cami_nos,
instrúyeme en tus sen_das.
Haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
2. Recuerda, Señor, que tu ternu_ra
y tu misericordia son eter_nas;
acuérdate de mi con misericor_dia,
por tu bondad, Señor.
3. El Señor es bueno y rec_to,
y enseña el camino a los pecado_res;
hace caminar a los humildes con rectitud___,
enseña su camino a los humil_des.
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Febrero, 1:
CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B
PODER Y AUTORIDAD
257
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B
A LA LUZ DE LA PALABRA
258
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B
El verdadero discípulo
Porque ya vamos avanzando por esta senda, a pesar de tantos obstáculos como la
vida nos pone y de nuestras propias resistencias, le damos ahora gracias al Señor en
esta celebración de la Eucaristía.
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
(32) 82.ª Asamblea de la Unión de Superiores Generales (USG). 27-29 de noviembre de 2013.
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Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B
Los gestos y las enseñanzas del Papa Francisco invitan a una conversión en el
servicio a los hermanos en tres áreas:
a) Un servicio que sabe expresarse en un modo simple y directo: Escuchar mu-
cho para aprender las palabras que los demás comprenden. Cuidar la comu-
nicación y su pedagogía. Usar un lenguaje actual, con palabras que toquen
el corazón de las personas.
b) Un servicio que es un caminar con los hermanos: Caminar delante de ellos,
para abrir el camino e indicar la meta; caminar detrás de ellos, al paso del
más débil, para que ninguno se pierda; caminar en medio a ellos, en el co-
mún compromiso de fidelidad a la vocación.
c) Un servicio que busca la voluntad de Dios junto con los hermanos: El dis-
cernimiento y la colegialidad hacen crecer la comunión. El discernimiento
exige paciencia y tiempo, escucha y diálogo, libertad interior, espíritu de fe
y valor para asumir las decisiones.
260
Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B
a) Un servicio profético: Acoger y hacer acoger los signos que nos invitan al
cambio. Expresar profecía, visión de futuro, cercanía con los pobres. Vivir y
testimoniar la fraternidad, que nos une a los demás y nos ayuda a superar la
tentación del clericalismo.
b) Un servicio que tiene el coraje de salir y hacer salir: Ir hacia las periferias
geográficas y existenciales, en un vital dinamismo de salida, en un estado
permanente de misión, liberándonos de toda forma de rigidez institucional y
de autorreferencialidad.
c) Un servicio que expresa y difunde la cultura del encuentro: Vivir y promover
la cultura del encuentro como estilo de vida y de misión, con gestos de cer-
canía especialmente hacia los últimos, los débiles, los enfermos, que son la
carne de Cristo entre nosotros.
d) Un servicio gozoso, portador de esperanza: Reavivar la esperanza de los
hermanos, calentar sus corazones. Valor para abrir caminos nuevos, arries-
gándonos a lo desconocido con fe y esperanza, en fidelidad creativa al caris-
ma y a la audacia de los fundadores.
«Jesús rechaza el poder opresivo y despótico de los jefes sobre las Naciones
(cf. Mc 10, 42) y su pretensión de hacerse llamar benefactores (cf. Lc 22, 25), pero
jamás rechaza directamente las autoridades de su tiempo. En la diatriba sobre el
pago del tributo al César (cf. Mc 12, 13-17; Mt 22, 15-22; Lc 20, 20-26), afirma que
es necesario dar a Dios lo que es de Dios, condenando implícitamente cualquier in-
tento de divinizar y de absolutizar el poder temporal: sólo Dios puede exigir todo del
hombre. Al mismo tiempo, el poder temporal tiene derecho a aquello que le es debi-
do: Jesús no considera injusto el tributo al César.
Jesús, el Mesías prometido, ha combatido y derrotado la tentación de un mesia-
nismo político, caracterizado por el dominio sobre las Naciones (cf. Mt 4, 8-11; Lc
4, 5-8). Él es el Hijo del hombre que ha venido «a servir y a dar su vida» (Mc 10,
45; cf. Mt 20, 24-28; Lc 22, 24-27). A los discípulos que discuten sobre quién es el
más grande, el Señor les enseña a hacerse los últimos y a servir a todos (cf. Mc 9,
33-35), señalando a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, que ambicionan sentarse
a su derecha, el camino de la cruz (cf. Mc 10, 35-40; Mt 20, 20-23)» (33).
(33) Pontificio Consejo «Justicia y Paz»: Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, 2005, n. 379.
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Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B
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Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B
Lector: Estos primeros domingos del año las lecturas nos van exponiendo, poco
a poco, quién es Jesús de Nazaret y cuáles han de ser las actitudes de los que nos
disponemos a seguirlo.
En el evangelio de hoy escucharemos cómo se extiende la fama del Señor y
cómo la gente reacciona desconcertada ante su persona y su mensaje. Son personas,
nos dirá el texto, que no permanecen insensibles ante esta novedad.
Nosotros ahora nos disponemos a encontrarnos con Él, a escuchar su Palabra y a aco-
gerlo. Que este encuentro nuestro con Él no nos deje indiferentes, sino que mueva nuestros
corazones hacia la comunión con Él y a vivir comprometidamente de cara a los demás.
Sacerdote: Preparemos nuestros corazones para acoger al Señor, que quiere en-
trar en nuestras vidas.
• Tú, que eres el camino que nos conduce hasta el Padre, Señor, ten piedad.
• Tú, que eres la verdad que nos hace libres, Cristo, ten piedad.
• Tú, que eres la vida que renueva el mundo, Señor, ten piedad.
Lector: La lectura que ahora va a ser proclamada nos pone en la situación ade-
cuada para poder escuchar después el Evangelio: Jesús es el profeta prometido por
Dios; Él mismo es la Palabra de Dios, su Verdad.
Lector: Continuamos leyendo la primera carta del apóstol Pablo a los cristianos
de Corinto. Hoy el apóstol, partiendo de su experiencia personal, explica, sin exigír-
selo a nadie, cuál es el estado de vida que le parece mejor para poderse dedicar ple-
namente a la difícil tarea de proclamar el evangelio.
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Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B
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Febrero, 1: Cuarto domingo del tiempo ordinario B
1. Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
vitoreándolo al son de instrumentos.
2. Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo.
3. «No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto,
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
aunque habían visto mis obras.
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Febrero, 8:
QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B
CURANDO HERIDAS
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Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B
A LA LUZ DE LA PALABRA
Parece claro que el hombre, como nos dice el eslogan olímpico, nunca como
ahora ha llegado «tan alto», nunca ha corrido «tan rápido», ni nunca se ha sentido
«tan fuerte»; sin embargo, este mismo hombre actual, un día cualquiera, se detiene
un momento, se mira en el espejo y, quizás casi sin darse cuenta, comienza a for-
mularse preguntas acerca, precisamente, de esa vida «tan alta», «tan rápida» y «tan
fuerte». Y en ese mismo día el hombre, cualquiera de nosotros, comienza a descu-
brir en esa vida suya muchos puntos frágiles; comienza a experimentar su limita-
ción, su finitud.
Es lo mismo que experimenta Job (un personaje, ciertamente, literario; pero no
por ello menos real), quien dice: «Mi vida es un soplo», «mis ojos no verán ya la di-
cha».
Y, en ese mismo día, es posible que el hombre, cualquiera de nosotros, experi-
mente con claridad que, cuando vive el peso de su fragilidad y de sus preguntas,
siente la necesidad de encontrar una luz desde la que poder atisbar un poco de senti-
do en y para su vida.
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Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B
Algo así debió de sucederles a los dos personajes históricos (no olvidemos que Job
sólo lo es literario) de los que nos han hablado las lecturas de hoy; son personas que
experimentaron cómo, de pronto, sus vidas se vieron llenas de sentido: la suegra de
Pedro, en su limitación, debió de sentirse desbordada por la llegada de alguien que
hace posible su reincorporación a la salud: Pablo, quien vive la experiencia de que «el
Señor se ha dejado ver en favor suyo»; y en adelante todo cambia para ambos.
La respuesta de una y otro (una vez que han encontrado el sentido de sus vidas)
fue la misma: Ponerse al servicio de… La suegra de Pedro, nos ha dicho el texto,
«se puso a servirlos» y Pablo se pone al servicio del Evangelio: «¡Ay de mí, si no lo
anuncio!».
¿Cómo puede esto iluminar nuestras vidas? Sin duda que la de cada uno de no-
sotros de modo distinto; pero ¿podría valer esta aproximación a una respuesta (aun-
que sea muy global)? Todo sería como una llamada a ponernos en actitud de búsque-
da y tratar de dejarnos encontrar por Él. Y, si esto acontece, ponernos gratuitamente
al servicio del Evangelio, al servicio de los demás.
Es posible que a veces, como Pablo, nos preguntemos: «¿Cuál es mi recompen-
sa?», ¿cuál mi paga por este servicio? Sería importante que, como él hizo, fuésemos
capaces de responder: seguir «anunciando el Evangelio de balde» (I Cor 9, 18). Ésta
es nuestra tarea; una tarea que, a pesar de nuestras limitaciones e incoherencias, es-
tamos llevando a cabo desde hace ya tiempo. Por ello ahora juntos, animados por el
Espíritu, le damos gracias al Padre por medio de su Hijo en esta celebración.
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
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Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B
ternura hacia los maltratados por la vida o la sociedad, su ayuda para recuperar un
corazón más limpio y atento al Espíritu de Dios, su llamada a liberarse del miedo y
la inseguridad para vivir desde una confianza absoluta en el Padre. En realidad, las
tradiciones evangélicas nos describen a Jesús como alguien que pone en marcha un
profundo proceso de sanación tanto individual como social: “El Hijo del Hombre ha
venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lc 19, 10). Por eso, el cuarto
evangelio entiende toda la praxis de Jesús como “biofilia”, creación de vida: “Yo he
venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).
Esta «terapia mesiánica» la presenta Jesús como revelación y encarnación de la
salvación que Dios ofrece al ser humano: “Si yo expulso los demonios por el Espíritu
(Lc 11,20 = ‘por el dedo’) de Dios, es que el Reinado de Dios está llegando a voso-
tros” (Mt 12,28). La salud que Jesús genera no es sólo una curación de carácter médi-
co sino una acción sanadora integral que revela y encarna a Dios como “Amigo de la
vida” (Sab 11,26) y “Sanador” (Ex 15,26). La sanación como proceso creativo de re-
cuperación de vida, crecimiento integral de la persona, victoria sobre las fuerzas del
mal es una experiencia privilegiada de la salvación de Dios. Es significativo observar
que Jesús entiende su acción evangelizadora y su llamada a la conversión como una
acción sanadora: “No necesitan médico los sanos sino los que están mal. Yo no he ve-
nido a llamar a la conversión a justos sino a pecadores” (Lc 5, 31-32 = Mc 2, 17 y Mt
9, 12-13). Convertirse a Dios, acoger el Evangelio de Jesucristo, entrar en el Reino es
ponerse en camino hacia una verdadera salud; iniciar la sanación de nuestro ser, entrar
por una vía que conduce al despliegue y la maduración sana de la persona» (34).
Jesús es salud (35)
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Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B
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Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B
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Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B
Sacerdote: Al Dios que sana los corazones destrozados oremos diciendo: Escú-
chanos, Padre.
Lector: Por la Iglesia, presente en nuestra comunidad, para que sea sensible a los
sufrimientos y perplejidades de nuestro tiempo y ofrezca con todo respeto la luz de
Cristo. Oremos.
Por todos aquellos que, como Job, no encuentran sentido y fuerzas para seguir
adelante, para que hallen el apoyo y el acompañamiento que necesitan. Oremos.
Por cuantos toman de la mano y levantan a las personas y grupos más olvidados.
Oremos.
Por nosotros, para que pasemos por la vida haciendo el bien y anunciando que
Dios está cerca de sus hijos. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, estas oraciones que te hemos dirigido con fe por Je-
sucristo nuestro Señor.
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Febrero, 8: Quinto domingo del tiempo ordinario B
SALMO 5.º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Música:
Juan Jáuregui
1. Alabad al Señor, que la música es bue_na;
nuestro Dios merece una alabanza armonio_sa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel.
2. El sana los corazones destroza_dos,
vendas sus heri_das.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre.
3. Nuestro Señor es grande y podero_so,
su sabiduría no tiene medi_da.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados.
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Febrero, 15:
SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO B
VENID VOSOTROS…
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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B
Lev 13, 1-2. 44-46. El leproso tendrá su morada fuera del campamento.
Sal 31. Tú eres mi refugio.
I Cor 10, 31-11,1. Seguid mi ejemplo como yo sigo el de Cristo.
Mc 1, 40-45. Le desapareció la lepra y quedó limpio.
A LA LUZ DE LA PALABRA
Posiblemente esta legislación y esta práctica nos parezcan hoy rechazables. Y sin
duda lo son; pero no olvidemos que en nuestra sociedad siguen existiendo exclusio-
nes tan terribles como las de ayer; por ejemplo:
• El sida (al menos hasta hace muy pocos años) ha sido para muchos la lepra
de hoy: «exclusión de la salud».
• Los integrismos religiosos conducen hoy mismo a la «exclusión religiosa».
• La xenofobia y el racismo provocan la «exclusión social».
• La pobreza, el hambre. Hoy, nos lo recuerda Manos Unidas. (Campaña)
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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B
Más aún, si abrimos un poco más nuestra mirada y la dirigimos al ámbito de lo so-
ciocultural, quizás descubramos actitudes que parecen estar diciéndonos constantemente
que necesitamos establecer distancias; pues la cercanía puede generarnos problemas, así
que no te levantes al encuentro con el otro, ni dejes que nadie se te acerque, te toque.
Lo peor de aquellas y de estas situaciones de exclusión es que, antes y ahora, po-
demos acostumbrarnos a ellas y terminar por parecernos normales; o, al menos, in-
evitables.
Indignación y compasión
Dispongámonos a abrir nuestras puertas, nuestros sentidos, para ver esa realidad
que hoy reclama nuestra indignación y nuestra compasión. Seamos solidarios, sepa-
mos compartir y luchar para acabar con esta tragedia de hambre y pobreza. Es ur-
gente generar un nuevo orden de relaciones, entre personas, asociaciones, empresas,
organismos públicos, y entre países, que refleje la fraternidad que nos une a todos.
Porque el desarrollo de los pueblos depende, sobre todo, de que aprendamos a vivir
como miembros de la misma familia. Es necesario un compromiso solidario mundial
para que todos podamos beneficiarnos de los frutos de la tierra.
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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B
Quizás todo sea un gran juego en el que, como sucede en y con todos los juegos, exis-
ten unas reglas; pero las de este juego son tan extrañas como éstas: el que pierde gana, el
más importante es el que sirve, y en el que es necesario abrazarse con fuerza a este nuestro
pequeño mundo, si es que queremos «esperar unos cielos nuevos» (II Pe 3, 13).
Ya estamos dando muchos pasos por esta senda, así que vamos ahora juntos a
darle gracias al Señor por ello, tratando de compartir en esta Campaña de Manos
Unidas con nuestros hermanos la terrible tragedia que todos los días viven.
DOCUMENTACIÓN Y TESTIMONIO
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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B
didas y derroches cada vez mayores. Bastaría eliminarlos para reducir drásti-
camente el número de hambrientos».
8. «El desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la “cultura del des-
carte” que a menudo lleva a sacrificar hombres y mujeres a los ídolos de las ga-
nancias y del consumo; un triste signo de la “globalización de la indiferencia”».
9. «El reto del hambre y de la malnutrición no tiene sólo una dimensión eco-
nómica o científica, que se refiere a los aspectos cuantitativos y cualitativos
de la cadena alimentaria, sino también y sobre todo una dimensión ética y
antropológica».
10. «Educar en la solidaridad significa entonces educarnos en la humanidad.
Apoyar y proteger a la familia para que eduque a la solidaridad y al respeto es
un paso decisivo para caminar hacia una sociedad más equitativa y humana».
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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B
(37) www.reflejosdeluz.net/pastoral/texpaz4.htm
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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B
Lector: Hoy Jesús nos enseña a ir más allá de los confines de nuestro yo y nos
invita a que, con Él y por Él, todos nos hagamos realmente universales y abiertos al
servicio de todos los hombres.
Hoy también nos invita la lectura del Evangelio a romper toda exclusión y a ser
agentes de inclusión de tantos excluidos como a través de la historia hemos ido
creando los hombres.
Participemos en esta celebración llevando a ella todos estos mensajes y tratando
de hacer de ellos vida nuestra.
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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B
Lector: En contraste con la primera lectura san Pablo va a decirnos que la norma
de santidad más importante es la opción por el bien de los demás, por encima de la
búsqueda egoísta del propio interés.
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Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B
Para que los gobernantes de las naciones y los dirigentes de la economía mundial
tomen las medidas necesarias, a fin de que los más débiles y necesitados lleguen a
un desarrollo justo. Oremos.
Para que todos los que trabajan en Manos Unidas sigan apostando por los más
débiles. Oremos.
Para que los que vivimos en el primer mundo seamos cada vez más solidarios
con los más pobres de la tierra. Oremos.
Sacerdote: Escucha, Padre, esta plegaria que te hemos dirigido con fe por Jesu-
cristo, nuestro Señor.
283
Febrero, 15: Sexto domingo del tiempo ordinario B
SALMO 6.º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Música: Juan Jáuregui
1. Dichoso el que está absuelto de su cul_pa,
a quien le han sepultado su peca_do;
dichoso el hombre a quien el Señor__
no le apunta el deli_to.
2. Había pecado, lo reconocí__,
no te encubrí mi deli_to;
propuse: «confesaré al Señor mi cul_pa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi peca_do.
3. Alegraos, justos con el Señor__;
aclamadlo los de corazón since_ro.
Tú eres mi refu_gio,
me rodeas de cantos de liberación.
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«¿QUÉ HAS HECHO CON TU HERMANO?» 2014 - 2015
«El Evangelio nos invita siempre a correr el
riesgo del encuentro con el rostro del otro,
con su presencia física que interpela, con su
dolor y sus reclamos, con su alegría que con-
«¿Qué has hecho
tagia en un constante cuerpo a cuerpo. La
verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne
es inseparable del don de sí».
con tu hermano?»
Papa Francisco,
Exhortación apostólica
(Gn 4, 9)
Evangelii Gaudium, 88
Adviento y navidad
2014 - 2015