VIVIENDO NUESTRO CUARTO DÍA CON CONVICCIÓN,
DECISIÓN, Y CONSTANCIA
Referencia: Envío Nacional de Cursillos – junio 2011
El título de este artículo es un recordatorio a lo que Eduardo Bonnín se refirió cuando
hablaba de la “Mentalidad de Cursillo.”
Eduardo se refirió a la Mentalidad de Cursillo como la proclamación de: “La mejor
noticia de la mejor realidad, que Dios en Cristo nos ama. Esta noticia es comunicada
por el mejor medio, que es la amistad. Está dirigida hacia lo mejor de cada uno, su ser
de persona; su capacidad de convicción, de decisión, y de constancia.”
Esta mentalidad según expresada por Eduardo tiene sus raíces en el Precursillo. La
mayor parte de las veces pasamos nuestro tiempo y esfuerzos buscando el candidato (a)
perfecto (a). Sin embargo, si nos concentramos más en la persona que tiene capacidad de
convicción, de decisión, y de constancia, usted puede estar seguro que ellos captarán el
mensaje presentado durante el fin de semana de Cursillo, y por lo tanto vivirán su cuarto
día ayudando a otros a vivir sus vidas con convicción, decisión, y constancia.
Convicción (piedad) - al dirigir toda nuestra vida a Dios, establecemos una
relación íntima con Él, una amistad abierta y personal. Es absolutamente
necesario que tengamos una relación íntima con Jesucristo para que nuestra
piedad sea genuina.
Decisión (estudio) - poner nuestras mentes al servicio de la verdad o aplicando
nuestras mentes para aprender la verdad. Esencialmente, es el proceso de
aprender amar y responder en fe alcanzando nuestro potencial como personas;
totalmente humano y totalmente Cristiano. Solamente satisfaciendo nuestro
potencial podemos comenzar a entender el amor de Dios para nosotros, y
comenzar a vivir en ese amor.
Constancia (acción) - es la perfección de la piedad, dedicando nuestra vida a Dios
alineando nuestra voluntad a Su voluntad, y luego haciendo lo que se nos ha
pedido. La acción es responder al mandato de Jesús según encontramos en Juan
13:34-35. Simplemente dicho, la acción es ejercitar nuestra potencia de amar
igual como Jesús nos ha amado.
El Cursillo proporciona un llamado a ser Cristiano, dedicar la vida a Cristo y a vivir a
Cristo completa y totalmente. Así como las “Ideas Fundamentales” claramente indica:
“La vida cristiana "suscita y exige: el seguimiento y la imitación de Jesucristo, la
recepción de sus Bienaventuranzas, la escucha de la Palabra de Dios, la participación
en la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia, la oración individual, familiar y
comunitaria, el hambre y sed de justicia, el llevar a la práctica el Mandamiento del
amor, en todas las circunstancias de la vida y al servicio de los hermanos, especialmente
de los más pequeños, de los pobres y de los que sufren.” (IF #424)
“Este es, en definitiva, ‘el nuevo sistema de vida', del que frecuentemente habla Juan
Pablo II: la civilización de ‘los hombres nuevos’". (IF #425)
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Hemos atestiguado el espíritu de generosidad que llena los Cursillistas al final del
Cursillo. De hecho, muchos que han vivido un Cursillo tienen generalmente un deseo de
servir a Cristo y su Iglesia mediante los diversos ministerios de la parroquia. Esto es un
hecho bien conocido en la Iglesia. Sin embargo, esto no presupone que, aunque este
servicio se ofrece alegremente a la iglesia, el Cursillo tiene que ser exclusivamente para
tales actividades. El Cursillo despierta nuestro deseo de servir, por lo tanto los
Cursillistas se entregan a las diversas actividades, grupos, ministerios, etc. de su
parroquia local.
Podemos también reconocer las muchas vocaciones al sacerdocio, al diaconado, a la vida
religiosa, etc. que se suscitan del Movimiento de Cursillo. Esto tampoco significa que
éste es el objetivo del Movimiento. Sin embargo, damos gracias a Dios por estas
bendiciones. Ahora, no nos olvidemos de la finalidad primaria del Movimiento de
Cursillo, es decir, la meta que deseamos alcanzar si deseamos realizar el “cómo” y el
“por qué” del Movimiento.
Según el Obispo Hervás expresa en su Carta Pastoral, a los hombres se le debe pedir una
respuesta mayor: “a los laicos se les debe proponer ideales más altos, considerando que
nos encontramos en un momento donde el soplo del Espíritu Santo está llamando muchas
almas al heroísmo y a una entrega total. Seamos santamente audaces, proponiendo
metas de alta santidad. Si no se le pide mucho a los hombres, no darán incluso lo que les
corresponde.”
El Cursillo nos provee con un método por el cual aprendemos a vivir el Evangelio en las
circunstancias diarias de nuestra vida. Es como un mapa que nos ayuda a vivir nuestras
vidas como Cristianos - vivir el Evangelio como laicos. Nos hace Cristianos
respondiendo al llamado de nuestro bautismo y de la Iglesia. Un Cristiano es una persona
que ha aceptado el llamado de Jesús para hacer el amor del Padre visible y sentido por
otros. Su misión primaria es alimentar a otros con la convicción de su valor, dignidad e
importancia en los ojos del Padre. La vida de cada Cristiano y de su conversión personal
experimenta el cambio continuo mientras que realizan que cada persona, cada
acontecimiento, todo lo que uno hace, son un vehículo de nuevas y diversas posibilidades
para el Evangelio.
“El Cursillo pretende conseguir, y por la gracia de nuestro Señor lo logra, el mensaje
Evangélico – la Buena Nueva. Buena para todos y siempre nueva porque nos renueva;
llegue al mayor número, y sobretodo alcance a la gente normal, diaria. Gente que no
tiene tiempo para relajarse, ya que tienen que trabajar para vivir y para sobrevivir.
Gente, que no tiene ninguna otra forma de entretenerse más que leer apresuradamente el
periódico, escuchar la radio, y terminar dormidos frente su televisión sin que ninguna de
estas actividades resuelvan los problemas vitales de la vida. Es el hombre o la mujer que
conocen y reconocen a Dios a través de Cristo, un Cristo vivo, presente, y humano. El
hombre entonces descubre que sin salir de sí mismo, es posible tener la amistad y
proximidad de Cristo.” (Eduardo Bonnín - Historia de un Carisma)
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Toda la esencia del Cursillo es simplemente ayudar a la persona, no sólo a vivir la Buena
Nueva, sino a convertirse en la Buena Nueva para la otra persona dentro de la normalidad
de sus vidas donde están en el momento.
Ser Cristiano/Ser Iglesia
Hay un lema que dice: “Yo no cuento los segundos, yo hago los segundos contar.” Ésta
es una buena analogía de lo que significa tener convicción como Cristiano. No es una
cuestión de hacer “un apostolado” por la tarde después de un día de trabajo, o cada vez
que tengamos un tiempo libre. ¿Y qué sucede con el resto de nuestro día? Hemos sido
llamados a ser apóstoles las 24 horas al día, siete días a la semana, 365 días al año.
El libro Vertebración de Ideas lo resume de manera muy simple: “Ser Cristiano consiste
considerablemente más que en hacer ‘cosas cristianas’, ser Cristiano es vivir a Cristo.
Hacer cosas cristianas es vivir para sí mismo en nombre de Cristo”. La gente puede
hacer cosas cristianas, pero eso no los hace automáticamente Cristianos.
Eduardo Bonnín ha dicho que el Cursillo no ha sido pensado para satisfacer el hambre de
Dios, ha sido desarrollado para crear hambre de Él. No ha sido pensado para contestar
interrogantes, ha sido designado más bien para provocar interrogantes, la clase de
interrogantes que envíen a cada uno de nosotros en nuestra propia jornada de
descubrimiento, para entrar más y más profundamente en todo lo que es Cursillo, no para
ser un mejor Cursillista sino ser mejores y mejores Cristianos.
La belleza del Movimiento de Cursillo es que Dios nos envía compañeros a la jornada
con nosotros, gente cuyas trayectorias nunca habrían cruzado las nuestras a no haber sido
por el Cursillo, y llegan a ser tan importantes en nuestra jornada que nos preguntamos
cómo lo haríamos sin ellos.
“Somos comunidad por el hecho de ser Cristianos, de ser Iglesia. En su vida interna, la
comunidad eclesial se caracteriza por la realización de aquellas cuatro ‘perseverancias’
de la primitiva Iglesia, descritas en los ‘Hechos de los Apóstoles’” (He. 2, 44-47) - (IF
#428).
Así como los Hechos de los Apóstoles describen cómo vivieron los primitivos Cristianos
el mensaje presentado en los Evangelios, así también la Cristiandad en acción nos
demuestra cómo ser auténticos Cristianos en el mundo real, que a propósito, es como
penetramos nuestros ambientes.
En Cursillo aprendimos que el enfoque primario para todos nuestros esfuerzos de
evangelización debe comenzar con nosotros mismos (Rollo Estudio del Ambiente);
debemos estar profundamente convencidos del amor de Dios para nosotros antes de ir
hacia fuera y compartir ese amor y amistad con los demás.
A veces, en la terminología de Cursillo la palabra “evangelización” o “evangelizar”
puede sonar algo extraña para nuestro vocabulario; sin embargo, Eduardo Bonnín nos
ayuda a clarificar su significado: “Cuando hablamos de evangelización en el contexto de
Cursillo, no lo decimos, ni lo queremos decir en el sentido de simplemente hablar del
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Evangelio o de comunicar la Buena Nueva del Evangelio, sino tratar de hacerlo vida
viva en la vida de cada uno de manera que la persona se ‘convierta’ en la Buena Nueva,
la Buena Nueva jubilosa de que Cristo está vivo en y entre su pueblo hoy, como lo fue
hace 2000 años.”
Debemos comenzar con nosotros mismos y convertirnos nosotros en la Buena Nueva
para aquellos a quienes encontramos en nuestras vidas diarias; en nuestro movible metro
cuadrado. Es convirtiéndonos en testigos vivos del mensaje del Evangelio que verdadera
y eficazmente podemos evangelizar nuestros respectivos ambientes. Nuestros esfuerzos
evangélicos en todas las fases del Movimiento nacen de un cristianismo vibrante y una
viva Cristiandad en acción.
Es en una Cristiandad en Acción, es decir, en nuestra Reunión de Grupo y en la Ultreya,
que vivimos nuestro cuarto día, el resto de nuestras vidas. En nuestra Reunión de Grupo
caminamos juntos con un Grupo de amigos, compartiendo nuestras vidas y nuestras
experiencias unos con otros; compartiendo unos con otros nuestros éxitos y triunfos así
como nuestras luchas. Todos tenemos diversas experiencias, pero compartimos un enlace
común unos con otros; estamos unidos mediante nuestro común amor en el Señor y el
compartir de nuestra jornada Cristiana de unos con otros. Somos amigos, aunque más
bien una familia puesto que apenas no solo nos vemos en nuestra Reunión semanal, sino
que algunos de nosotros compartimos otras mutuas actividades sociales y de la iglesia
durante la semana.
La vida de cada miembro del Grupo se convierte en testimonio que atrae otros a la verdad
del Evangelio. Somos ejemplos vivos de lo que Cristo ha enseñado. Por nuestras
palabras y acciones, con el favor de Dios convertiremos aquellos que están alejados de
Dios. No necesitamos estar parados en la esquina de la calle y proclamar la Palabra;
nuestras acciones deberán hablar más fuertemente que nuestras palabras. Es así como
podemos tener un efecto positivo con aquellos con quienes nos encontramos a diario, y
por consiguiente, transformar nuestros ambientes para que sean más Cristianos.
En conclusión, les comparto está cotización del libro A Quién Enviaré, Discerniendo la
Voluntad de Dios del padre Frank Salmani: “Todos sabemos la gran y difícil tarea que
Cristo ha puesto en nuestras manos. Implica dedicación y trabajo. La cosecha es
abundante. Hay mucho trabajo que hacer, pero los trabajadores son pocos. La misión
apostólica es inmensa y puede ser hecha por un grupo pequeño. Ha llegado el tiempo
que los líderes laicos o religiosos dejen atrás todas las ataduras, prejuicios y excusas. El
trabajo de Dios tiene que hacerse y si nosotros no despertamos a la ocasión, el trabajo
quedará sin hacerse. Por tal razón, recordemos lo que Jesús nos encomendó: ‘“¡Vayan,
pues y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos!”’
El Cursillo no es sólo sobre la proclamación de la Buena Nueva, sino de convertirnos
nosotros en la Buena Nueva para los más posibles a medida que vivimos nuestro Cuarto
Día con convicción, decisión, y constancia.
¡Ultreya!
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