INSTITUCIÓN EDUCATIVA SANTIAGO VILA ESCOBAR
AREA: CIENCIAS SOCIALES GRADO: DÉCIMO
DOCENTE(S) YUZ MARY ANDRADE LEAL
CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA, EL D.I.H. Y SITUACIÓN DEL DEPARTAMENTO DEL TOLIMA
Conflicto en Colombia: antecedentes históricos y actores
La historia de Colombia en los últimos sesenta años ha estado marcada por el conflicto armado. En sus
inicios, la desigual repartición de la tierra y la falta de espacios para participación política dieron cabida al uso
de la violencia y la lucha armada. Un método que en los años siguientes se fue reforzando con la irrupción del
narcotráfico, el narcoterrorismo, la presencia de nuevos actores políticos y armados en un contexto de lucha
revolucionaria, Guerra Fría y guerra contra el terrorismo que han ido transformando el conflicto en su razón de
ser y métodos de subsistencia.
En este contexto, los grupos armados han justificado el uso de la violencia por considerarla el único método
para poder transformar la sociedad y con la intención de no permitir cambios considerados como ilegítimos.
Así pues, la fractura creada por las desigualdades, el uso de la violencia y la lucha por el poder han marcado
las dinámicas sociales y políticas que han tenido lugar en Colombia desde que se instauró la República
([Link]) hasta el día de hoy, cuando Colombia abre un nuevo capítulo en su historia con los actuales procesos
de paz.
Periodo La Violencia
En el [Link] el Partido Conservador y el Partido Liberal de Colombia se institucionalizaron. El primero, se
caracterizaba por tener una agenda continuista del sistema social y político que protegía los intereses de la
clase adinerada; mientras que el segundo, se presentaba como una alternativa reformadora y en defensa de
los intereses de comerciantes y grupos menos favorecidos de la sociedad. La lucha entre ambas fuerzas se
evidenció a través de 54 guerras civiles: 14 de conservadores contra liberales, 2 de liberales contra
conservadores y 38 de liberales contra liberales. El enfrentamiento terminó desencadenando en lo que se
conoce como el periodo de la violencia.
El Bogotazo: A inicios del siglo XX los enfrentamientos entre liberales y conservadores, el auge de la
violencia, los asesinatos y agresiones estaban a la orden del día. El contexto social y económico en el que se
encontraba el país (inflación e impacto de la crisis económica ocasionada por la Segunda Guerra Mundial)
fomentó los procesos de radicalización de los movimientos políticos. El asesinato del candidato a la
presidencia liberal Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 propició una ola de violencia en la ciudad de
Bogotá conocida como el Bogotazo (1948) que pronto se extendió al resto del país. Se produjeron actos
violentos: incendios a edificios públicos, destrucción de archivos, asesinatos a funcionarios, asaltos a
comercios, atracos a iglesias. En algunas localidades se establecieron tribunales populares, se produjo la
destitución de alcaldes, fuga de presos y se formaron gobiernos revolucionarios.
Frente Nacional: En 1956 el partido conservador y el partido liberal firmaron el Pacto de Benidorm, en
España. Un acuerdo que establecía el sistema de alternancia política entre ambas fuerzas. Este pacto tuvo
vigencia hasta el año 1974 y fue defendido como un regreso al sistema democrático después de la dictadura
militar del General Gustavo Rojas Pinilla. Sin embargo, el pacto incluía únicamente a los dos partidos
tradicionales, razón por la cual se originó el surgimiento de movimientos opositores: el Movimiento
Revolucionario Liberal (MRL), el Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (MOIR) y Alianza Nacional
Popular (ANAPO).
Los protagonistas del conflicto armado: Una de las características del conflicto en Colombia es la
pluralidad de actores que han alimentado y transformado el conflicto armado en el país. Aunque los
principales actores del conflicto siempre han sido, en su mayoría, los partidos políticos tradicionales y los
movimientos guerrilleros, el surgimiento de diferentes grupos revolucionarios, paramilitares y la influencia del
narcotráfico han tenido mayor o menor predominancia según el período que se estudie. Además, cabe
recordar que, en líneas generales, Colombia se ha caracterizado por una brecha social entre una élite política
con una fuerte presencia regional, latifundista y monopolizadora y, por otro lado, grupos minoritarios como los
indígenas, afrodescendientes y campesinos que no han contado con el mismo acceso a los derechos de
propiedad ni a los servicios de Estado.
Entre 1974 y 1990 la historia de Colombia se encuentra marcada por varias reformas constitucionales que, a
pesar de presentar algunos avances, mantendría serias deficiencias sociales de carácter estructural. Entre
ellas destaca la promulgación de una reforma agraria con el objetivo de permitir el acceso a las tierras. En
1978 la represión política y armada ejercida bajo la legislatura del presidente Julio César Turbay Ayala (1978-
1982) del Partido Liberal fue conocida por la promulgación del controvertido Estatuto de Seguridad bajo el
objetivo de apaciguar las revueltas sociales que desencadenó numerosas violaciones a los derechos
humanos. En paralelo, a lo largo de la década de 1970 se realizaron cambios drásticos en política económica:
se redujo la intervención estatal dando lugar a los procesos de liberalización económica. El resultado fue el
deterioro de la estructura social, el aumento de las tasas de interés, aumento de la especulación y la
concentración empresarial.
Surgimiento de las guerrillas contemporáneas: El origen de las guerrillas contemporáneas en Colombia se
atribuye, entre otros aspectos, a la exclusión socioeconómica y a la falta de espacios para la libre participación
política. Entre los sectores excluidos se destacan el ámbito universitario e intelectual, la población campesina
e indígena. Entre las guerrillas más notorias de la segunda mitad del siglo XX, se encuentran las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP), el Ejército de Liberación Nacional
(ELN), el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Movimiento Diecinueve de Abril (M-19). Cada movimiento
ha respondido a una concepción política, ideológica y militar reflejo de toda la gama de líneas en la que se ha
encontrado dividida la izquierda colombiana. Cada uno de estos movimientos nació en situaciones históricas y
regionales particulares y adoptaron idearios políticos diferenciados y formas particulares de operar. En los
primeros años los movimientos guerrilleros se presentaron como fruto de la frustración política y social.
a) Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP)
Las FARC-EP se formó en 1964 como un grupo de autodefensa campesina, de ideología marxista-leninista y
cuya estrategia militar ha sido principalmente la lucha guerrillera. Los orígenes de este grupo tienen lugar en
la primera conferencia del Bloque Sur. Pedro Antonio Marín Marín, alias Manuel Marulanda Vélez o Tirofijo,
integró las filas de las autodefensas campesinas liberales en la década de 1950, en un territorio del
corregimiento de Gaitania (Departamento del Tolima) denominado República de Marquetalia. El objetivo fue
crear la guerrilla para representar a la población rural y para constituir un gobierno que se dedicara a la
redistribución del bienestar.
En 1982, en la VII Conferencia en la región del Guayabero (Meta) la guerrilla decidió añadir "Ejército del
Pueblo (FARC-EP)" al nombre y aclaran la concepción operacional táctica y estratégica. A nivel geográfico
este grupo armado ha sido más extenso en las regiones sudorientales de la selva y en las llanuras de la base
de la Cordillera de los Andes. En el año 2000 el movimiento controlaba casi el 40 por ciento del territorio
colombiano, con cerca de 12.000 combatientes y en 2007 con 18.000 según las declaraciones de la
organización. En el año 2008, Tirofijo murió a causa de un infarto cardíaco y dejó en el mandato a Alfonso
Cano quien falleció en manos del Ejército en 2011. Actualmente Rodrigo Lodoño Echeverri, conocido como
Timochenko dirige el movimiento y cuenta con cerca de 8.000 integrantes.
b) Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN): El ELN nace en 1965 influenciada por la Revolución
Cubana (1959) y la Teología de la Liberación. Junto con las FARC-EP conforman el denominado foco
insurreccional. Históricamente, el surgimiento de este movimiento tiene que ver con la radicalización de la
lucha de clases a través de la violencia. Ese proceso se entrelaza con la necesidad de sobrevivencia y la
convicción de la imposibilidad de darle una salida por medio de otras vías a la situación que vive el país. En la
actualidad el jefe del ELN es Nicolás Rodríguez Bautista alias “Gabino” y dispone de cerca de 3.000
combatientes y la base ideológica es marxista-leninista. El ELN ha tenido presencia mayoritariamente en la
zona del Catatumbo, en la zona Norte de Santander, el sur del Departamento de Bolívar, los departamentos
de Arauca, Cesar, Antioquia, Cauca, Nariño, el Chocó y Valle del Cauca. El objetivo principal de este grupo
armado es la incidencia sobre poderes locales y regionales; portadores de la propuesta de "doble poder"
recogida de la experiencia en El Salvador. El ELN nace con la influencia de la Revolución Cubana y otras
luchas de tipo nacionalista.
c) Ejército Popular de Liberación Nacional (EPL): El Ejército Popular de Liberación Nacional se constituye
en 1966 y a diferencia de los anteriores su ideología es marxista-leninista-maoísta vinculado al Partido
Comunista. Este grupo pasó por un proceso de desmovilización de 2.000 combatientes en 1991. En la
actualidad opera una pequeña disidencia denominada Frente Libardo Mora Toro en el Norte de Santander.
d) Movimiento 19 de abril (M-19): El M-19 entra en escena en 1973 y se diferencia de las demás
experiencias subversivas por su carácter rural, discurso democratizador y porque se autodefinían como un
movimiento antioligárquico, antiimperialista, de unidad y con una propuesta política. Nació a raíz del declarado
fraude electoral en 1970. Algunos de sus líderes principales habían combatido previamente en las FARC-EP y
se convirtieron en fuerza política (Alianza Democrática M-19) después de la firma del acuerdo de Corinto en
1984, de un acuerdo de paz en 1990 y del proceso de desmovilización acordado en 1989 que dio como fruto
una nueva Constitución en 1991. En este año se desmovilizaron también el EPL, Partido Revolucionario de
Trabajadores (PRT) y el Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL).
Paramilitarismo: Son grupos de extrema derecha, que se multiplicaron en la década de 1980 y tienen su
origen en la promulgación de la Ley 48 de 1968 a través de la cual el Estado colombiano permitió la
privatización de la lucha armada a manos de civiles protegidos por los intereses de las élites regionales. En la
década de los ochenta, el ingreso en escena de los narcotraficantes volvió aún más complejo el conflicto con
las guerrillas. Los traficantes empezaron a invertir sus extraordinarias ganancias en propiedades rurales, por
lo cual se convirtieron en blancos de extorsión.
Los paramilitares se extendieron gracias al apoyo de ricos hacendados y pequeños industriales. Un evento
que marcó de forma decisiva la conformación del paramilitarismo en estos años fue el secuestro por parte del
M-19 de Martha Nieves Ochoa, familiar de miembros del cártel de Medellín. En los años noventa se creó el
grupo Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que unió a diversos grupos paramilitares. La AUC se disolvió
entre 2003 y 2006 en un proceso de desmovilización emprendido por la Ley de Justicia y Paz (Ley 975 del
2005) impulsada por el entonces presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez. En los primeros dos años se
desmovilizaron 23 grupos en los cuales participaban cerca de 14.000 personas. No obstante, algunas
facciones no adscritas al proceso de desmovilización han formado lo que hoy se conoce como las BACRIM o
bandas criminales.
Fuerzas de seguridad: Las Fuerzas de seguridad comprenden las Fuerzas Militares (Ejército, Armada y
Fuerzas Aéreas) y la Policía Nacional. Estos organismos iniciaron la lucha contra de los grupos insurgentes
con la adopción de la Doctrina de Seguridad Nacional que tenía como objetivo la erradicación de la amenaza
comunista a través de la creación de cuerpos de seguridad antiterroristas y de asistencia para el desarrollo.
En los últimos años, las fuerzas de seguridad han pasado por un proceso de reestructuración y modernización
a través de programas como el Plan Colombia que ha contado con el apoyo de Estados Unidos y que ha
tenido como objetivo reafirmar el Estado de Derecho y acotar la red de narcotráfico y tráfico de armas que
alimenta la violencia guerrillera y de otras organizaciones armadas. Sin embargo, según el informe de Human
Rights Watch de 2015, hasta julio de 2014 la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía ha investigado más
de 3.500 casos de ejecuciones ilegales presuntamente perpetradas por 785 miembros del Ejército (soldados
de bajo rango y suboficiales) entre 2002 y 2008.
Narcotráfico: En la década de 1990, Colombia se convirtió en el primer productor de hoja de coca del
planeta. Según Rafael Pardo en su libro "La historia de las guerras", entre 1975 y 1995 la estructura del
negocio era sencilla. Bolivia y Perú producían el 90 por ciento de la hoja de coca y de la pasta y base de coca,
ésta se transportaba en pequeños aviones a las selvas colombianas donde se refinaban el 90 por ciento de la
cocaína del mundo, la cual se vendía a Estados Unidos. Esta estructura se volvió más compleja cuando los
gobiernos de Perú, Colombia y Ecuador decidieron controlar las fronteras. Sin embargo, en el momento en
que en Perú y Bolivia apareció un hongo que acabó con el área cultivada, Colombia pasó a controlar también
el cultivo. Las FARC-EP acogieron gran parte de las hectáreas de cultivo, lo que provocó que su capacidad
militar también se incrementara y pasó a controlar 150 mil hectáreas de cultivos de hoja de coca localizados
en dos millones de hectáreas de selva en el sur del país.
La participación de las FARC-EP en el narcotráfico: tiene que ver con el proceso de producción de este
narcótico. La guerrilla se financia del cobro por seguridad a los cultivos ilícitos, del impuesto a laboratorios
("impuesto de gramaje") y del uso de pistas clandestinas. Por lo tanto, en medio del conflicto armado, el
narcotráfico ha servido como medio de financiación tanto para las guerrillas como para las autodefensas.
El crimen organizado: Las redes de criminalidad se dedican mayoritariamente al tráfico de drogas y de
armas. En los años setenta y ochenta, los cárteles de droga se concentraron principalmente en las ciudades,
siendo los más conocidos el cártel de Medellín y el cártel de Cali. Estos dos fueron desmantelados durante los
años noventa después de haber sido el blanco de extensivas intervenciones por la policía colombiana. El
cártel de Medellín fue desmantelado y el de Cali encarcelado, lo que constituyó un logro para las autoridades.
No obstante, según el reporte "Cuatro décadas de Guerra contra las drogas ilícitas: un balance costo-
beneficio" del Ministerio de Relaciones Exteriores, se registró un aumento considerable del cultivo de coca
después de este periodo. Tras la desaparición de los cárteles nuevas agrupaciones han surgido y se ha
observado un desplazamiento de las actividades de éstas hacia Centroamérica y México. Los cárteles de
crimen organizado mantienen nexos con los paramilitares y con las guerrillas. Aunque las drogas no eran
propiamente un factor de guerra, lo fueron cuando los involucrados en el narcotráfico decidieron retar al
Estado para cambiar sus leyes, en particular, el tratado de extradición con los Estados Unidos.
Víctimas: El informe ¡Basta Ya! del Centro de Memoria Histórica, publicado en 2013 señala que entre 1958 y
2012 el conflicto causó la muerte de 40.787 combatientes y 177.307 civiles. El número de desaparecidos entre
1981 y 2010 fue de 25.000, el de secuestrados 27.023 y el de asesinatos 150.000. De esta última cifra el 38,4
por ciento fue responsabilidad de los paramilitares, el 16,8 por ciento de la guerrilla y el 10,1 por ciento de la
Fuerza Pública (Centro de Memoria Histórica, 2013).
En la misma línea, el anuario de procesos de paz 2015 de la Escuela de Cultura de Paz apunta que en 40
años de conflicto interno hubo 39.000 colombianos que fueron víctimas de secuestro, con una tasa de
impunidad del 92 por ciento. Un 37 por ciento de los secuestros fueron atribuidos a las FARC-EP y un 30 por
ciento al ELN. El anuario reporta que según el Uppsala Conflict Data Programme (UCDP) se registra un
mínimo de 1.000 muertos anuales relacionados con el combate (Escuela de Cultura de Paz, 2015).
Por otro lado, la organización ACNUR sostiene que desde 1997 se han producido 3,9 millones de
desplazamientos forzosos en Colombia (ACNUR, 2013). La sociedad civil ha resultado afectada en su
mayoría por el conflicto armado y desde hace muchos años realiza protestas en contra de la violencia ejercida
por todos los involucrados en el conflicto. Las comunidades de mujeres, afrodescendientes e indígenas, entre
otros, representan un papel crucial en las demandas ciudadanas, desde 1998 (el año en el que se creó
el Consejo Nacional de Paz) aportan en el diálogo de paz, dirigiendo sus peticiones tanto a las guerrillas como
a los grupos paramilitares y al gobierno.
En cuanto al número de personas desplazadas el informe ¡Basta Ya! reporta 5,7 millones de víctimas entre
1985 y 2012 (Centro de Memoria Histórica, 2013). En 2011, el presidente Santos aprobó la Ley de Víctimas y
Restitución de Tierras, que incluía la restitución de millones de acres a personas desplazadas y la
recompensa financiera para víctimas de violaciones de los derechos humanos. Según el informe de Human
Rights Watch, este proceso está ralentizado por los grupos sucesores de los paramilitares, quienes continúan
creciendo, cometiendo atrocidades generalizadas y manteniendo extensos vínculos con los miembros de las
fuerzas de seguridad pública y los grupos políticos locales (Human Rights Watch, 2015).
Internacionalización del conflicto: El proceso de internacionalización del conflicto en Colombia se ha dado
tanto por parte del Estado colombiano como de los grupos insurgentes. Mientras que el Estado se concentró
en la búsqueda de legitimidad y asistencia militar de otros Estados, las FARC-EP optaron por desarrollar lo
que Ana Trujillo, profesora de la Universidad Javeriana, denomina en su estudio sobre la internacionalización
del conflicto colombiano como ‘diplomacia paralela', una estrategia adoptada por la guerrilla en la década de
1990 para copar espacios dejados por el Estado colombiano. En términos generales estos dos actores del
conflicto han buscado dos tipos de cooperación internacional: en primer lugar, apoyo político y reconocimiento
exterior; y, en segundo lugar, apoyo militar y logístico.
La internacionalización del conflicto también se debe entender a partir del contagio o de los daños y efectos
colaterales que produce un conflicto armado en la región y a nivel internacional. Es decir, el proceso a través
del cual un fenómeno trasciende sus propias fronteras con violaciones a los derechos humanos, al derecho
internacional humanitario y crímenes transnacionales tales como: narcotráfico, tráfico ilícito de armas y
personas, por citar algunos ejemplos. Uno de los mayores hitos en la internacionalización del conflicto se
podría marcar durante el gobierno de Andrés Pastrana durante el cual se apostó por involucrar a la comunidad
internacional y, en concreto Estados Unidos, mediante la creación del Plan Colombia. Un proyecto cuya
prioridad era la erradicación de cultivos ilícitos y el fortalecimiento del Estado (Borda y Cepeda, 2012).
Durante estos años, la ayuda de Estados Unidos a Colombia fue clave para forzar el repliegue de las FARC-
EP. Como resultado de esta confrontación armada, la presencia de las facciones de las FARC-EP se fue
desplazando hacia las fronteras, especialmente hacia Ecuador y Venezuela, fomentando de esta manera la
internacionalización del conflicto.
Por otro lado, durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez se tomó la decisión de negar la existencia de un
conflicto armado. Esta estrategia complicó la aplicación del derecho internacional humanitario, la aplicación de
algunos mecanismos en términos de cooperación al desarrollo, debilitó las relaciones de Colombia con
Venezuela y Ecuador. Según el Observatorio de Política Exterior Colombiana, la ambigüedad del Estado a la
hora de calificar a los grupos armados y de establecer su vínculo con el narcotráfico ha dificultado la posición
de la Comunidad Internacional frente al conflicto en ciertas instancias. A modo de ejemplo, si al inicio del
gobierno de Pastrana se diferenciaba al grupo armado del tráfico de narcóticos, al final del mandato para el
Presidente Pastrana, ambos actores eran considerados uno solo.
Por otro lado, la posición de Estados Unidos y de la Unión Europea ha sido tradicionalmente dispar. En 2002
la Unión Europea decidió incluir a las FARC-EP en la lista de organizaciones terroristas y en 2004 al ELN.
Este acto confirmó que la guerra contra el terrorismo había causado un efecto en Europa. El bloque ha
adoptado posturas conjuntas, como por ejemplo con la ley de Justicia y Paz para la desmovilización (individual
o colectiva) de paramilitares (ley 795/2005), pero en paralelo Francia ha jugado un rol individual sobre todo
por el intercambio humanitario y la liberación de la candidata presidencial Ingrid Betancourt en 2008.
En el contexto regional, las posiciones de los países vecinos pueden clasificarse en tres grupos: primero
aquellos que consideran abiertamente a los movimientos subversivos como agrupaciones beligerantes
(Venezuela); segundo, aquellos países que los catalogan como un grupo terrorista (Estados Unidos, Canadá,
Chile, Perú, Costa Rica, Honduras, entre otros); y tercero, los que condenan sus acciones violentas y exigen
la liberación de los secuestrados, pero prefieren abstenerse de calificarlos (Ecuador, Argentina, Bolivia, Brasil,
México, por citar algunos).
En los últimos años el presidente Juan Manuel Santos ha sabido mostrar la importancia de Colombia al
mundo a través de mecanismos de cooperación, intensificación y la redirección de las relaciones entre países,
el fortalecimiento de las políticas de desarrollo fronterizo y la inserción del país a nuevos mercados a través de
Tratados de Libre Comercio (TLC). Además, el presidente Santos ha mostrado liderazgo en las discusiones
sobre el cambio de perspectiva en la lucha contra las drogas sobre todo a nivel regional. De esta manera
Colombia ha intentado demostrar el fortalecimiento de sus relaciones exteriores mediante estrategias que
buscan mejorar el desarrollo económico y social, y la construcción de una política exterior eficiente y creíble.
Los Estados Unidos: Los Estados Unidos han jugado un papel central en el desarrollo del conflicto en
Colombia. En 1999 el presidente Bill Clinton, en alianza con su homólogo Andrés Pastrana, crearon un
programa de colaboración militar antinarcótico dentro del cual se diseñó el Plan Colombia, que consistía en la
creación de unidades militares fuertes y entrenadas para tomar el control de las zonas cocaleras y proteger a
la Policía en sus labores de erradicación de cultivos. El control de estas zonas se convirtió en prioritario, pero
la Policía Antinarcóticos no tenía capacidad plena para enfrentar a las guerrillas, que protegían esas áreas,
por lo que se hizo necesaria la participación del Ejército.
En febrero de 2016, el Plan Colombia fue renovado, entre otras cosas por los nuevos retos que el avance en
los diálogos de paz entre las FARC–EP y el Gobierno Nacional planteaban. Así, durante la celebración de los
15 años del Plan Colombia, el presidente Barack Obama anunció el inicio del nuevo Plan “Paz Colombia”,
confirmándose como uno de los principales socios para la paz en el país. El monto total consistiría en un
primer desembolso de 450 millones de dólares en 2017 con destino directo al presupuesto nacional
colombiano. Los 450 millones de dólares (de los cuales 390 millones son administrados por el Departamento
de Estado y 60 millones por el Departamento de Defensa estadounidenses) estarían invertidos en cuatro
áreas principales: seguridad y antinarcóticos, desarrollo rural, víctimas y justicia, y desminado.
En junio de 2016 fueron aprobados por el Senado los 390 millones que serían administrados por el
Departamento de Estado. Sin embargo, el Senado estipuló que se daría la dotación de este monto siempre y
cuando, antes de ser entregados los fondos el secretario de Estado, se pueda certificar que:
El Tribunal creado en los Acuerdos de Paz para juzgar las violaciones de derechos humanos, sea
independiente y cuente con las facultades para imponer sanciones y penas privativas, acciones de reparación
y garantías de no repetición.
Que los militares responsables de ornar, cometer o encubrir los falsos positivos esté siendo investigados,
sancionados y retirados de sus cargos.
La entrega de los Fondos constituye una prioridad para los intereses en seguridad nacional de los Estados
Unidos.
De manera paralela, la ayuda para Colombia hace trámite en la Cámara de Representantes, en donde se han
diferenciado el monto dirigido al combate del narcotráfico y el terrorismo (300 millones de dólares), y los
fondos destinados al posconflicto (191 millones de dólares). Así, el monto total debe alcanzar unos 491
millones de dólares, 50 millones más de lo pedido por Colombia y lo estipulado en el proyecto original
presentado por el presidente Obama (450 millones).
El proyecto en su totalidad tenía que ser aprobado por el Subcomité de Operaciones en el Extranjero, el
Comité de Apropiaciones, y por Plenaria en el Congreso. Sin embargo, con la llegada de Donald Trump a la
Presidencia del país cooperante, la ayuda queda supeditada a los nuevos lineamentos de la administración.
Sus asesores expresaron en múltiples ocasiones la necesidad de hacer una revisión de lo acordado con las
FARC-EP para definir si apoyaban o no los procesos de implementación, sin embargo, la última palabra sobre
el apoyo al proceso de paz como tema prioritario para Estados Unidos estuvo en el Congreso de Estados
Unidos, con quien se movilizan continuamente esfuerzos de diálogo y diplomacia.
Finalmente, el 9 de mayo de 2017, El Congreso aprobó una partida de 450 millones de dólares para la
iniciativa de paz en Colombia, ratificando las buenas relaciones con el país. El Plan Colombia ha visto muchas
críticas por su ineficacia y su impacto negativo sobre la salud humana, los derechos humanos y el medio
ambiente. Sin embargo, gracias a esta estrategia se le han otorgado a Colombia aproximadamente US$9.600
millones en apoyos centrados en la reducción de las hectáreas de cultivos de coca para debilitar las finanzas y
capacidad operacional de los grupos armados ilegales (DNP, febrero 2016).
Del monto invertido, cerca del 71% ha beneficiado a las Fuerzas Armadas y la Policía. El restante 29% apoyó
proyectos productivos en el campo, atención a la población desplazada, fortalecimiento de unidades de la
Fiscalía y del sistema de justicia, reintegración de excombatientes, y las unidades de víctimas y de restitución
de tierras. De acuerdo al director del Departamento de Planeación Nacional, de cada 10 dólares 7 fueron
invertidos en componentes militares (85% en la lucha contra el narcotráfico) y 3 en desarrollo económico y
social.
LA INFLUENCIA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN FRENTE LOS CONFLICTOS
Una larga historia: 57 años después de su fundación, y tras cinco del final del
proceso de paz que llevó a su desmovilización, las Fuerzas Revolucionarias
de Colombia (FARC) fueron retiradas a finales de noviembre de la lista de
organizaciones terroristas extranjeras de Estados Unidos.
Y aunque algunos sectores disidentes de la antigua guerrilla, que no
aceptaron el Acuerdo de Paz y continúan en la clandestinidad, fueron
incluidos en la misma lista, la salida de las FARC es un paso más hacia la
conclusión del violento conflicto civil en Colombia que lleva casi seis décadas
y ha involucrado a diferentes grupos guerrilleros, paramilitares y agentes
estatales.
Solo desde 1985 se han contabilizado 8,2 millones de desplazados internos en Colombia debido a este
conflicto, según Human Rights Watch, y un total de 267.565 muertos entre 1958 y 2020, de acuerdo con
el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia (CNMH)
¿Pero de dónde vienen las FARC, cuál es su historia reciente y en qué estado se encuentran ahora?
Historia de las FARC en Colombia
(Crédito: LUIS ROBAYO/AFP/Getty Images)
Los orígenes de las FARC se remontan al período de conflicto civil en
Colombia entre 1948 y 1953 —conocido como "La Violencia"— que comenzó
con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, candidato del Partido Liberal,
seguido las revueltas enmarcadas en el Bogotazo, como recuerda el
(CNMH).
"Este hecho, desencadenaría una violenta guerra entre los partidos
Conservador y Liberal que llevaría a Colombia a experimentar una década
de inestabilidad política y persecución contra intelectuales, artistas e
investigadores", señala el CNMH.
A la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) le siguió el retorno desde el exilio de liberales y
conservadores, y en este contexto se crearon en 1964 las dos guerrillas más importantes de Colombia: las
FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
En el caso de las FARC, sus orígenes se encuentran en Tolima, una zona campesina que vio mucha violencia
y el surgimiento de comunidades de autodefensa en aquellos años, como señalan Juan Guillermo Ferro
Medina y Graciela Uribe Ramón en su libro "El Orden de la Guerra".
El germen de las FARC provendría de uno de estos grupos, de acuerdo con los investigadores de la Pontificia
Universidad Javeriana, escindido de los liberales para declararse comunistas, y maduraría durante como
resistencia a la Operación Soberanía del ejército de Colombia en Marquetalia. En las décadas siguientes no
pararía de crecer, y en su pico de 2008 se cree que llegó a contar con unos 35.000 miembros, de acuerdo con
el investigador James J. Brittain en su libro "Revolutionary Social Change in Colombia".
El largo conflicto con el Estado colombiano: Las FARC comenzaron a organizarse a partir de 1966 como
un movimiento revolucionario dedicado a la guerra de guerrillas, con su propio Estado mayor, y en 1982 el
grupo adaptó su nombre al de Fuerzas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y elaboró
estrategias para intentar extender su influencia por fuera de sus territorios de origen e intentar tomar el poder,
reconstruyen Ferro Medina y Uribe Ramón.
La década de 1980 vio también el surgimiento de grupos paramilitares y bandas narcotraficantes, que se
sumarían al conflicto ya existente entre guerrillas y estado. Crímenes como el asesinato, el secuestro —
incluyendo el de la excandidata presidencial Ingrid Betancourt, que estuvo en cautiverio de las FARC entre
2002 y 2008—, la extorsión y los atentados contra la infraestructura productivas se hicieron corrientes.
Sobre el rol de los paramilitares, la analista Claudia López (hoy alcaldesa de Bogotá) menciona en su libro de
2013 "Adiós a las FARC. ¿Y ahora qué?" tres formas de considerarlos: como parte de la estrategia
contrainsurgente del Estado colombiano que se salió luego de control por la influencia del narcotráfico; como
grupos autónomos liderados por señores de la guerra y dedicados a buscar recursos económicos; o bien
como grupos autónomos con sus propias ideas de organización estatal.
También las FARC, que se atrincheraron en grandes territorios, recurrieron en diferentes momentos de su
historia al tráfico de drogas para financiarse, y fue designada como organización terrorista por Estados Unidos
y luego la Unión Europea.
Durante el gobierno de Belisario Betancur en Colombia, se inició una era de acercamientos con las FARC
conocido como Acuerdos de La Uribe, que llevan a la creación del partido Unión Patriótica para la
participación política de combatientes de la guerrilla.
Una seguidilla de asesinatos contra líderes de la Unión Patriótica y la posterior Operación Casa Verde del
Ejército contra la base de las FARC en 1990 terminarían con este proceso de paz, pero en años siguientes
hubo varios intentos más de llegar a un acuerdo, en medio de recrudecimientos de la violencia y operaciones
del ejército.
El Acuerdo de Paz de 2012 y la desmovilización: Tras un nuevo intento fallido de acordar la paz en 2002,
durante el gobierno del presidente Andrés Pastrana, que llevó a la formación de la Zona de Distensión, en
2012 las autoridades colombianas y las FARC volvieron a reunirse para intentar poner fin al conflicto.
Durante cuatro años las negociaciones entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, lideradas por
Rodrigo Londoño, alias "Timochenko", avanzaron en La Habana, con Cuba y Noruega como garantes, hasta
en 2016 finalmente firmaron el Acuerdo de Paz.
El cese del fuego entró en vigor el 29 de agosto y la histórica firma entre Santos y Timochenko tuvo lugar el 26
de septiembre. Al Acuerdo de Paz le quedaría, sin embargo, un obstáculo más: en el plebiscito celebrado el 2
de octubre para refrendar las negociaciones, triunfó el "No".
Pero tras incorporar propuestas de los partidarios del "No" a una nueva versión del acuerdo, en 2017
se abrieron las puertas a la participación política de los miembros de las FARC y comenzó la desmovilización
y entrega de armas. De acuerdo con datos de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia,
hasta 2020 se habían desmoviliado 13.394 miembros de las FARC, 10.293 hombres y 3.101 mujeres.
Disidencias: Pero no todos los combatientes de las FARC
aceptaron el Acuerdo de Paz. Incluso desde su entrada en vigor en
2017, frentes de las FARC no aceptaron la desmovilización, que
consistía en acudir a las zonas veredales, entregar las armas e
iniciar el tránsito hacia la vida legal. Conocidos como disidentes,
estas facciones no reciben ninguno de los beneficios del Acuerdo
de Paz y siguen siendo considerados actores al margen de la ley.
En 2016 se hablaba especialmente del Frente 1 "Armando Ríos"
(450 miembros) y el Frente 7 (300 miembros), dedicados al
narcotráfico y minería criminal en Meta y Guaviare, de acuerdo con
un reporte de la Procuraduría de Colombia. En 2017 disidentes
incluso secuestraron a un funcionario de la ONU en Colombia. Y en 2019 los veteranos guerrilleros de las
FARC alias Iván Márquez, Jesús Santrich, El Paisa y Romaña, aparecieron en un video anunciado que
pasaban a la disidencia y que retomarían las armas. Al respecto, a comienzos de diciembre el director general
de la Policía Nacional de Colombia, general Jorge Luis Vargas, dijo que existía una alta probabilidad de que
"El Paisa", alias de Hernán Darío Velásquez Saldarriaga, haya muerto en Venezuela como resultado e una
disputa interna. [Link]
WEGRAFIA.
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