Los copistas
Los copistas, como el nombre lo dice, son aquellas personas con el oficio de “copiar”
alguna obra, ya sea literaria o artística. En la Edad Media, antes de la invención de la
imprenta, los copistas eran monjes cuya misión era reproducir libros dentro de los
monasterios.
Un copista experimentado era capaz de escribir de dos a tres folios por día. Escribir un
manuscrito completo ocupaba varios meses de trabajo.
Con este trabajo se pretendía tener copias duraderas para que se incluyeran en las
bibliotecas de las abadías y conventos para así poder usarlas durante siglos. Los
monasterios poseían una sala dedicada para esta labor de copia llamada scriptorium. A
esta sala solo tenían acceso los monjes copistas, así como el abad y el bibliotecario.
Generalmente, la labor de editor, de selección de los libros que se debían copiar,
correspondía al abad, que conocía los recursos disponibles y las necesidades más
inmediatas. Para este trabajo contaba con el asesoramiento de los copistas. Había que
ser muy cuidadoso con la selección de lo que se iba a copiar o traducir para evitar
cualquier tipo de desviación y herejía.